Una amistad que encontré en el bosque
Hace muchos años, en un lugar cerca de la ciudad, vivía una pequeña familia que solía salir a pasear
por un bosque cercano a su casa. Aura, la hija, era una amante de la naturaleza, solitaria, lectora y
muy curiosa. Siempre que estaba perturbada por algo, iba al campo para relajarse y alejarse del
bullicio de la ciudad. Sin embargo, ella tenía pesadillas espeluznantes, desde parálisis del sueño hasta
sueños lúcidos, y no podía comprender por qué le sucedía esto. En una de esas noches traumáticas,
decidió hablar con la naturaleza y fue en rumbo del bosque más cercano, se sentó en una piedra y le
contó sobre su pesadilla más aterradora.
Hay tantas cosas que no te he contado mi bella naturaleza. Hubo una vez en la que experimenté algo
aterrador. Mientras me preparaba para dormir, sentí una extraña sensación, pero no le di importancia y
seguí adelante. Sin embargo, lo que ocurrió después me dejó llena de terror. Recuerdo cómo mi
cuerpo cayó en la oscuridad absoluta. Estaba sola y desorientada, y de repente no pude moverme.
Grité pidiendo ayuda, pero nadie parecía escucharme. Me di cuenta que estaba atrapada en un sueño
en el que no tenía ningún control. La angustia se apoderó de mí y miré a mi alrededor con temor. Fue
entonces cuando una sombra negra comenzó a acercarse a mí. Era una especie de monstruo deforme,
con ojos de un brillo rojizo. En eso me di cuenta que se trataba de un ser sobrenatural. Traté de
escapar, pero fue inútil. Este ser infernal se abalanzó sobre mí y trató de matarme. Grité, lloré y
supliqué por ayuda, pero todo fue en vano. Él se acercó a mí, puso sus manos en mi cuello y me dijo
en voz baja: “siempre estoy contigo”. Estaba perturbada, y tenía claro que no estaba sola y que este
ser todavía permanecía conmigo. Decidí luchar y hacer todo lo posible para obtener el control de la
situación. Mi mente y mi alma entraron en pánico y no sabía qué hacer, pero finalmente logré
moverme y despertar del sueño.
De repente, el sonido de una rama al romperse la sobresaltó y Aura se encontró frente a frente con un
duende verde, que la miraba con ojos curiosos.
"¿Quién eres tú?", preguntó Aura, con cierta desconfianza.
"Mi nombre es Izan", respondió el duende. "He estado escuchando tu conversación con la naturaleza y
sé que tienes miedo".
Aura frunció el ceño ¿Cómo era posible que este ser diminuto pudiera escuchar sus pensamientos?
"¿Cómo puedes saber lo que estoy pensando?”, inquirió Aura.
"Los duendes tenemos una conexión especial con la naturaleza y podemos oír todo lo que se dice en el
bosque", explicó Izan.
Aura asintió, aún sorprendida y confundida. Sin embargo, quería entender más acerca de este pequeño
ser y su mundo. Izan parecía darse cuenta y, sin más preámbulos, comenzó a contarle su historia.
"Yo nací en las aldeas más lejanas, gracias al descuido de un mago que derramó polvo de hadas en un
lago, hace miles de años, sin pensar que duendes iban a salir de ahí. Al principio, vivíamos en paz y
armonía con la naturaleza, hasta que los humanos comenzaron a invadir nuestros territorios y a
hacernos daño solo por placer. Desde entonces, hemos tenido que vivir escondidos y alejados de todo
contacto humano", dijo Izan con tristeza en su voz.
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Aura lo miraba atentamente y sentía empatía por el duende. En ese momento, recordó algo que su
padre solía decir: "La naturaleza es un misterio y guarda secretos que solo los más valientes pueden
descubrir".
Izan parecía haber leído su mente "¿Quieres descubrir uno de esos secretos conmigo, Aura?",
preguntó el duende, tomando su mano.
Juntos, caminaron por el bosque hasta llegar a un claro rodeado de árboles y arbustos. Izan le pidió a
Aura que cerrara los ojos y comenzó a mover sus manos en círculos. De repente, el bosque empezó a
llenarse de vida y las flores y plantas que antes parecían marchitas, ahora estaban llenas de color.
Aura abrió los ojos y quedó alucinada con lo que veía. Todo a su alrededor estaba animado y lleno de
vida. El duende le explicó que gracias a su conexión con la naturaleza, podía invocar su energía y
hacer que todo floreciera.
De repente, Aura recordó la pesadilla que la había estado atormentando y la tristeza volvió a invadir
sus pensamientos. Izan, al percibir su tristeza, le preguntó qué la tenía tan angustiada.
"Es una pesadilla que he tenido desde hace varios días", explicó Aura. "Siempre siento como si algo
me estuviera persiguiendo, algo oscuro y terrorífico. Y no sé cómo deshacerme de él".
Izan frunció el ceño, como si estuviera pensando en algo. " Quiero contarte una sensación rara que he
visto en tu interior al conocerte, Aura. Esa criatura que te atormenta tiene su origen en una maldición
que tu padre tenía hace años", dijo el duende con un tono grave.
Aura se quedó atónita "¿Una maldición? ¿De qué estás hablando?", preguntó ella.
"Esta criatura fue invocada por uno de tus ancestros con el fin de realizar un bien común a la familia,
pero al saber que solo iba a ser utilizado, cambió los planes y dijo que desde ahora sus hijos sufrirán
pesadillas y solo habrá una solución, pero eso no lo iba a mencionar hasta que lo investiguen por su
cuenta", respondió Izan seriamente.
Aura estaba sobrecogida ¿Cómo podía ser posible que su familia estuviera maldita? Y, lo más
importante, ¿cómo podía librarse de esa maldición? Izan pareció comprender su angustia y prometió
ayudarla a buscar una solución.
Él le dio algunas instrucciones a Aura, con una voz suave y dulce. "Primero deberás pestañear fuerte
en una de tus pesadillas", dijo Izan. "Segundo, trata de decirle: “¿Está todo bien?". "Tercero, debes
decirle “que quieres para dejarme en paz", agregó Izan con una voz suave. Aura se sorprendió un poco
y preguntó: "¿Todo eso voy a hacer?"
Así es, le respondió el duendecillo asintiendo con la cabeza.
Se despidieron y Aura fue con ansias a su casa, ya que no volvería a temerle a las noches oscuras. Al
anochecer todo lo que sucedió fue sorprendente. Ya en el sueño, se le apareció esa sombra negra y
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recordó las instrucciones de Izan. Ella pestañeó fuerte y entró en calma esperando una respuesta. El
ser medio confuso le preguntó, "¿Qué estás haciendo?".
Ella le respondió: "¿Está todo bien?" El monstruo quedó perplejo, pero luego dijo: "La verdad es que
me apena atormentarte, pero mi odio hacia tu familia es más grande". Aura le contestó en voz baja y
triste: "¿Qué es lo que quieres?. Él le pidió una disculpa y un ramo de margaritas para calmar su
rencor hacia la familia de su papá, Aura aceptó hacer lo que le pidió, con la esperanza de poder
detener esas pesadillas que tanto la atormentaban, pero quedó confusa porque eran cosas que no tenían
tanto valor. Sin embargo comprende que necesita sosiego con nosotros.
Al amanecer, Aura fue a buscar lo que le había pedido. Le contó a Izan lo que sucedió y cómo se
sintió al enfrentarse a esa sombra negra. El duendecillo le dijo que se mantuviera tranquila y que no
hiciera nada que pudiera molestarlo.
Llegó la noche y en sus sueños, Aura entregó la ofrenda. Para su sorpresa, el monstruo la aceptó y
agradeció su esfuerzo. Se disculpó con ella y le prometió que no volvería a atormentarla nunca más.
Desde ese día, Aura disfrutó de noches más tranquilas y se sintió más segura en su hogar. Izan seguía
siendo su amigo leal y siempre estaba listo para ayudarle en caso de que lo necesitara. Así
transcurrieron los días, en paz y armonía.
La historia del duende de Aura es un verdadero ejemplo de amistad verdadera y cómo, a pesar de
nuestras diferencias, podemos ayudarnos mutuamente y superar incluso las situaciones más
desesperadas. Aura se sintió feliz y agradecida por la ayuda del duende y le agradeció el tiempo que
pasó con ella. Nunca olvidaría la belleza de la naturaleza en su máximo esplendor y cómo el duende le
mostró el camino para encontrar la solución a este acontecimiento aterrador.