6OOD6
Editorial Don Bosco
SAL SCHKOLNIK
NDICE
EL PUSIRI COLLO LA PRINCESA Y LA BESTIA 9 21
EL CNDOR Y EL AND
EL ZORRO Y EL QUIRQUINCHO
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EL TAT Y SU CAPA DE FIESTA LOS PAYACHATA
EL QUIRQUINCHO MSICO
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LUGARES, HABITANTES, VIDA EL ALTIPLANO Y LA SIERRA CHILENOS CULTURA AYMARA FLORA Y FAUNA DOS AVES CITADAS EN LOS CUENTOS OTROS ANIMALES CITADOS EN LOS CUENTOS .
71 73 77 81 87 ,.91
A todos los docentes interesados en difundir el patrimonio cultural de los pueblos originarios de Chile.
EL
COLLO
ocoroma La Vieja es un antiqusimo pueblo andino, de esos que todava abundan en el altiplano del norte de Chile.
Socoroma es hoy un poblado situado en las cercanas de Futre, que se asienta en una explanada a 3200 metros sobre el nivel del mar desde la cual se domina un sugestivo valle con tierras de cultivo. Tiene alrededor de doscientas casas con muros de piedra y barro y techos de paja brava. Las viviendas han sido construidas manteniendo la usanza prehispnica consistente en una gran habitacin en la cual se habita: duerme, cocina y come. No obstante, una que otra residencia ha sido levantada alrededor de dos patios. Al de servicio llegan las carretas, rebaos y vendedores,
en cuyas dependencias habita si es que la hay la servidumbre, y en el cual se encuentran la cocina y las bodegas. El patio principal, al cual se accede desde la calle mediante un zagun, est rodeado por las habitaciones, salones y comedores de los patrones. Unas cien casas se mantienen hoy habitadas en forma estable y en ellas viven no ms de quinientas personas. Si alguna vez t viajas desde Arica, por la carretera que se dirige hasta Futre, debes tomar un desvo que te llevara hasta Socoroma La Vieja son noventa kilmetros. Al llegar podrs ver en las afueras del pueblo, un cerro, el Pusiri Collo. Si lo subes, te encontrars en una altiplanicie en la que apenas si crecen algunos pastos y una que otra flor de alta montaa, pero lo que s te llamar la atencin sern unas formaciones rocosas
muy extraas. Al verlas te parecer como si alguien o algo hubiera colocado esas piedras que, obviamente, nada tienen que ver con el cerro mismo. Cuentan, dicen... que hace mucho tiempo, antes de que dichas piedras estuvieran all, antes incluso de que llegaran los espaoles, el pueblo aymara que habitaba toda esa zona celebraba en esa meseta el Pachallampe, que en su lengua significa "tierra blanda". Esta festividad se llevaba a cabo durante la primavera con el objeto de que toda la comunidad diera comienzo a la siembra de papas. Hasta hace algunos aos, los abuelos suban a ese cerro que era de todo el pueblo, aunque todava no se llamaba Pusiri Collo sino que tena otro nombre que ya se ha olvidado, para realizar ceremonias. Una era la de la lluvia, otra para mejorar la salud de las gentes y los animales
y tambin para que todo estuviera preparado para lograr una buena produccin de papas y maz. Entonces todos suban, nadie se quedaba en el pueblo. Dicen que el nombre de Pusiri Collo tuvo su origen un da en que se celebraba la fiesta del Pachallampe en el pueblo. La cosa sucedi as: Es medioda. En la casa del vecino principal de la aldea, los msicos zampoeros que acompaarn la procesin, estn almorzando. En el pueblo, todos disfrutan de la comida o se engalanan para la procesin que se llevar a cabo durante la tarde. Dicen que entonces aparece caminando, apoyado en su viejo bastn, un viejito harapiento, derrengado, con cara de hambre y enfermo. Llega, pero
ninguno de los habitantes de la aldea se da vuelta, siquiera, para mirarlo. Qu decir de ayudarlo! Por el contrario, cuando l se les acerca, ellos, o bien se hacen a un lado, o bien lo rechazan. Entonces el viejito se dirige a la mansin del seor, la que, por supuesto es la vivienda ms grande del pueblo, y entra por atrs, por el patio de los animales que conduce luego al patio principal. Dicen que antes de entrar a esa casa se encuentra en el corral con una seora que carga una guagita mientras ribetea un hermoso pao bordado. La seora, al verlo, le dice:
Ay, tata! Kunatjumax ak'am t'ant'apachas sarnaqtasa. Kawkit purjtasa. Kunarapasjtamsti tata?... (Ay, tata seor! Por qu andas as t tan harapiento, tan perdido, qu te pasa, de dnde vienes?...). Luego le ofrece un chalcito para que se cubra. Para que no pase mucho fro, mejor ser que se abrigue le dice. Dicen que el viejito le dio muchas gracias pero le dijo que no se molestara ya que no tena fro, y sin agregar palabra, entr en la casa. Una vez que estuvo adentro, pidi: Dame algo de tu comida, seor, tengo hambre. Mas al presentarse en medio de la habitacin, unos invitados lo insultaron:
ndate, viejo rooso! Nada tienes que hacer en este lugar. El mismo dueo de casa, el que ms tarde encabezara la fiesta, lo increp: Qu quiere usted, viejo asqueroso? Vayase ahorita. Pero los msicos terciaron: Todos, algn da dijeron, vamos a llegar a viejos. Dejemos que este viejito se quede. Ven le dijeron, sintate con nosotros a la mesa y, por favor, come algo. Despus subirs con todo el pueblo al cerro. Nosotros danzaremos y tocaremos nuestros instrumentos toda la tarde y t cantars y bailars con nosotros...
Luego, los zampoeros lo lavaron y lo limpiaron. Despus, dicen, lo sentaron en medio de ellos para que almorzara tranquilo. Le pasaron un plato y una copa y los llenaron de manjares y bebida. El dueo de casa, sin embargo, no qued conforme. Estaba molesto y miraba al viejito como echndolo. Por eso, el anciano, una vez que termin de almorzar, se dirigi a los msicos y, esgrimiendo su aosa vara, les dijo: Ya me voy, ya me voy, pero ustedes, zampoeros, es mejor que se vayan muy lejos. Vayanse sin mirar para atrs porque me temo que algo terrible va a pasar aqu.
Luego sali al patio y le dijo a la seora: Suma warmijuma alcat sarxam wawamanti ukat janipiniw akar ujtanintati. (Mujer bondadosa, ndate de aqu con tu guagua, no vayas a mirar hacia ac, ndate de ac muy lejos). Aunque con bastante miedo por lo que el anciano les haba dicho, no saban si creerle o no. Al final los msicos, y la seora con ellos, subieron tocando sus instrumentos hasta la meseta del cerro. Pero cuando estaban descansando en lo alto, uno de ellos, curioso, quiso ver qu era lo que iba a pasar y mir hacia el pueblo. Dicen que en ese momento brotaron unas llamaradas despidiendo un humo azulado y amarillento el color del demonio desde aquel antiguo pueblo que, a partir de entonces, nadie pudo habitar.
Y los zampoferos? Como que ah no ms quedaron los msicos. Se convirtieron en piedras, igual que la mujer. Dicen que si subes al cerro y miras a tu alrededor, puedes ver a los msicos con sus zamponas transformados en una roca de dos metros de altura con estras verticales, y en otras dos piedras menores de forma circular, el tambor redoblante y el bombo. Pero tambin podrs ver que hay una alta columna algo distante de las anteriores... es la mujer con su guagua a la espalda que sufri la misma suerte que los msicos... Es por eso que este cerro se llama Pusiri Collo, que en aymara quiere decir el 'Cerro de los Msicos'.
PRINCESA V LA BESTIA
sta historia nos fue relatada por una mujer que cuando nia acompa un anochecer a su abuelo por el tranquilo camino de la costa, mientras iban desde un pueblecito de pescadores hasta la cercana ciudad de Iquique.
Rosa, que as se llamaba aquella nia, es ya una mujer y trabaja como profesora en la escuela del lugar. Sentada a la puerta de su casa, coloca una mano sobre su falda mientras seala, con la otra, los montes cercanos y comienza as su relato: El cerro La Gloria, est cercano al pequeo Salar del Soronal entre la Pampa Blanca y el mar. Como usted sabe, este cerro no pasa de ser una colina que ni en los mapas figura...
Algunas noches, la neblina esconde la costa y el mar se encabrita golpeando con furia los roqueos... Esas noches aparece, an hoy, una princesa indgena envuelta en una delicada tnica blanca bordada de flores, con un gran lazo en la cintura. Lleva los pies calzados con relucientes sandalias de oro y plata. Sus cabellos, acicalados con finos aceites y adornados con una diadema de gemas que resplandecen en mil colores. Qu puede decirse de ella? Majestuosa, esplndida, soberbia! Sin embargo... su joven y atractivo rostro no puede ocultar una gran angustia y un horror indescriptible. Cuando algn caminante nocturno, inadvertido de su aparicin, se arriesga a transitar por aquel sendero costeo, oscuro y desamparado, ella
desciende desde la cima del cerro, se detiene en una roca alta frente al camino e implora: Viajero, no me abandones! Un gran peligro me acecha! Debes defenderme! Sus sollozos conmueven a todos los que la llegan a escuchar y no han faltado hombres valientes dispuestos a ayudarla pero... Una noche caminbamos con mi tata desde una de las caletas hacia la ciudad. Se nos haba hecho tarde. La neblina costera haba invadido la ribera y el mar golpeaba estrepitoso la arena y las rocas. De pronto, todo pareci oscurecerse ms an. La luna desapareci del cielo y las olas rugieron ms potentes... entonces una luz pareci bajar desde el cerro junto a nosotros.
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El temor me invadi y me escond detrs de mi abuelo. Una mujer muy hermosa bajaba por la colina. Se detuvo sobre unas piedras a unos diez metros de donde estbamos nosotros y habl: Oh, seor! dijo Escucha mi ruego! Una grave amenaza se cierne sobre m! Debes ayudarme! Al verla suplicando, mi tata se detuvo y le pregunt cul era la causa de su temor. Me he extraviado! fue su respuesta. S que desde lo alto de este cerro vendr el peligro. Pero no s cul es. Solo s que ser mortal para m si t no me defiendes. Mi abuelo, que era tan valiente como todos los otros intrpidos hombres que por all haban pasado antes, no dud en ponerse a su disposicin, a pesar de que viajaba conmigo.
La joven, entonces, sac de entre sus vestimentas un pual adornado con piedras preciosas de gran belleza y se lo entreg a mi tata para que l se enfrentara con el supuesto peligro. Luego de largos momentos de espera, y mientras mi abuelo, con la daga firmemente empuada, observaba atentamente la colina, se oy un ruido ensordecedor y vimos bajar a una velocidad endemoniada un enorme bulto lanzando llamaradas y rodeado de una nube negra de polvo. Era una gigantesca bestia de bramar estremecedor que avanzaba cerro abajo echando fuego por ojos y fauces. El espectculo era terrorfico, espeluznante... Al ver tal visin demonaca, que jams nadie haba podido soportar, mi abuelo dio media vuelta, de puro susto arroj lejos el pual y huy, claro
que conmigo pegada a sus pantalones, hasta que ambos desaparecimos del lugar, ocultos por las quebradas de la costa y por la oscuridad de la noche sin siquiera atrevernos a mirar hacia atrs. Aunque s pudimos distinguir a la bestia que se estrellaba contra la joven produciendo una tan descomunal explosin, que ni el mismsimo diablo hubiera podido hacer otra mejor, y entonces ambos se esfumaron envueltos en una enorme nube de humo y misterio.
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EL CNDOR V EL
' ace muchsimos aos, muchos ms de los que te imaginas, tanto el , cndor como el suri, que es el nombre que le dan al and all por el norte, saban volar. As es! Y volaban muy bien, a pesar de su gran tamao, surcando el cielo desde el cual contemplaban bosques, campos, montaas y a veces hasta el lejano mar. Un da, mientras dejaban que las brisas cordilleranas los impulsaran por entre las nubes, vieron desde lo alto una cra de llamo recin nacida que haba muerto y que por ello haba sido abandonada por su madre.
Volaron hacia donde se encontraba y entre los dos se la comieron como buenos amigos que eran. Cuando hubo terminado de comer, el cndor mir hacia el suelo y le dijo as a la diosa de la tierra que le haba ayudado: Gracias, Pachamama, porque hoy me has dado de comer! Te estoy agradecido. Me siento satisfecho. Entonces mir a su amigo el and, esperando que este hiciera lo mismo. Pero el and no quiso agradecer. No le import no dar las gracias. Se hizo el leso y, mirando para cualquier parte, se dedic a mordisquear una espiga. El cndor vol. No era asunto suyo si su amigo daba o no las gracias a la Pachamama.
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Sin embargo, el and, de puro terco que era, insisti: Lo que es yo dijo obstinado, no agradezco nada. Pa'qu si fui yo el que descubri al llamito? Eso quiere decir que era para m. Por eso me lo com. Y as se qued. No quiso reconocer la ayuda de la diosa Madre Tierra. Entonces agit las alas para irse volando, pero sucedi que cuando trat de hacerlo, no lo logr. Solo pudo correr... Intent varias veces, pero lo que era volar... lo que era volar... nada! As es que subi el cerro corriendo, mientras parloteaba: Desde ac voy a poder elevarme y volar como siempre lo he hecho.
Lleg a lo alto del cerro y parti a correr para tomar vuelo suficiente para remontar, pero lo nico que logr fue un trastazo. Casi se quebr las patas! Llam al cndor para que le ayudara: Eh, compadre le grit, ven y dame un empujoncito para que pueda salir volando! El cndor, buen amigo que era, le dio un empelln, pero lo nico que logr el suri fue que casi se quebr el pico con el porrazo... Definitivamente, no pudo volar. Y ya ni siquiera trata de hacerlo. Hoy, el and (suri que le dicen all en el norte) no vuela, corre dando vueltas en una extraa danza, como si tratara de elevarse, pero nada!
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No ha logrado volar desde aquella vez en que la Pachamama lo castig debido a que no supo agradecerle por la cra de llamo que haba merendado. Eso fue lo que le sucedi por no dar las gracias a la diosa de la tierra, la Pachamama. Y mientras le dure lo terco y su mala educacin, as se quedar: sin volar!
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EL ZORRO V EL
zorro y el eran amigos. . all E liba el zorro,quirquinchoquirquincho. De. inseparables!,venadonde . all iba el all de donde el quirquincho, de all mismito vena el zorro. Eran amigos, los dos. Entonces sucedi que haba una joven que tena una guagita. Viva sola porque su marido se haba muerto. El zorro lleg a esa vivienda, vio a la joven madre y le dijo al quirquincho, que por supuesto haba llegado con l: Mira, esa nia me gusta.
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El quirquincho le dijo que tambin a l le gustaba. Fueron donde la joven y se lo dijeron. Mira le aseguraron, no s si seremos muy atrevidos, pero t y tu guagita nos gustan mucho. Por favor, no lo tomes a mal pero creemos que los dos queremos casarnos contigo. Ella dud. Dices que los dos o que uno de los dos quiere casarse conmigo? Los dos, pero solo uno de los dos lo har. Tienes que decidir cul. Yo tengo que elegir? As es.
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Pues si alguno de mis pretendientes quiere casarse conmigo y convertirse en el padre de mi hijo, primero tiene que traerme seis cerdas del bigote de un puma. Solo as podr amarlo. Y amars al que traiga las seis cerdas? le preguntaron sin poder creerlo, porque era muy fcil conseguirlas. S respondi ella. Los dos amigos, ahora adversarios, partieron en busca del trofeo que les haban pedido, cada uno dispuesto a ser el primero en volver. Te cuento que parti el quirquincho y se meti de cabeza por debajo de la tierra. Luego meti el resto del cuerpo. As lleg, cavando un tnel, hasta un campo en el que un puma se haba tendido muy satisfecho a reposar despus de una esplndida comilona. Cuando el quirquincho estuvo justo
debajo de l, zas!, de un solo mordisco le cort seis cerdas del bigote. Tan bien lo hizo, que la fiera ni lo sinti. El zorro, por su parte, has de saber, se dirigi a un lugar en el que l haba dejado haca ya algn tiempo varios pumas muertos. Tom seis cerdas de uno de los bigotes y se los llev. Pero el quirquincho lleg primero con las cerdas recin cortadas, por lo que gan esa prueba. La nia tom las seis cerdas. Ahora trenzaremos y ondularemos estas cerdas y con ellas tejeremos un bello canasto. Las cerdas del zorro ni las mir, se parecan ms a una espiga seca y tiesa que a los bigotes de un puma.
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Los llam de nuevo la nia y les dijo: Irn a traerme un mechn de pelos de la cola de una llama. El zorro parti trotando a toda la velocidad. Tambin el quirquincho, aunque sus cortas patas solo le permitan andar al trotecito. Pero el quirquincho, que saba meterse por debajo de la tierra, se fue hasta un prado donde paca un rebao de llamas. Esper a que el pastor se descuidara y entonces, saliendo de repente a la superficie, zas!, de un solo mordisco cort un mechn de pelos de la cola de una de ellas. Como por esos das el zorro haba dado muerte a varias llamas, se dirigi al lugar donde las haba dejado y le cort a una un mechn de pelos de su cola. Era viejo ese mechn!
Ambos llegaron al mismo tiempo donde la joven. El mechn de pelos del quirquincho se vea fresquito, mientras que el del zorro estaba todo lacio y reseco. El quirquincho gan esta prueba dijo la nia. Tom el mechn de pelos y con l teji una abrigadora manta para su guagita. La tercera y ltima prueba consistir en plantar choclos en mi huerta anunci la muchacha. Partieron al campo. El quirquincho volvi a meterse bajo la tierra. Dej el campo limpio de malezas y la tierra bien removida, luego plant los choclos. Brotaron lindos sus choclos. Con grandes mazorcas rellenas de granos amarillos y jugosos.
El zorro limpi el campo, pero muy superficialmente. Cuando plant los choclos, la tierra estaba sin remover y llena de malezas. Los choclos lej salieron apestados, casi sin granos. Mientras tanto, la nia le enseaba a su hijo: Pa' all que es la mano derecha, vas a decir pap. Pa' ac, que es la izquierda, te quedas callado. Entendiste? S, mamita le contest el nio. No te olvidars? No, mamita. Entonces llegaron el zorro y el quirquincho con los choclos. Los del zorro hubo que botarlos a la basura. Con los del quirquincho la nia prepar unas ricas humitas para su hijo.
Vengan llam a sus pretendientes la joven, pnganse aqu a mi lado y le mostraba el lado derecho al zorro y el izquierdo al quirquincho, pero estos no se fijaron y el quirquincho se puso a la derecha y el zorro a la izquierda. Puro e inocente, antes de que la joven pudiera corregirlo, el nio grit como haba aprendido: -Pap! Pero resulta que se lo grit al quirquincho, que estaba a la derecha, y no al zorro, como su madre hubiera querido. Y as, el quirquincho volvi a ganar y pocos das despus se cas con la nia... y yo termino el cuento con un verso que reconforta, porque el zorro se fue a cazar perdices y todos fueron muy felices.
Vengan llam a sus pretendientes la joven, pnganse aqu a mi lado y le mostraba el lado derecho al zorro y el izquierdo al quirquincho, pero estos no se fijaron y el quirquincho se puso a la derecha y el zorro a la izquierda. Puro e inocente, antes de que la joven pudiera corregirlo, el nio grit como haba aprendido: -Pap! Pero resulta que se lo grit al quirquincho, que estaba a la derecha, y no al zorro, como su madre hubiera querido. Y as, el quirquincho volvi a ganar y pocos das despus se cas con la nia... y yo termino el cuento con un verso que reconforta, porque el zorro se fue a cazar perdices y todos fueron muy felices.
T/tT V SU C/lpA DE FIESTA
uienes deban divulgar la noticia eran las gaviotas andinas, que recoman hasta los ltimos confines del Altiplano, volando de un punto a otro, incansables, para comunicar que esa noche de luna llena, noche en que brilla redonda, todos los animales estaban afectuosamente invitados a una gran fiesta. Habra msica, danza y un opparo banquete a orillas del lago. El que ms se alegraba cada vez que esto suceda era, sin duda, el propio lago Chungar. Sus riberas, a menudo desamparadas, cobraban nueva vida con la algaraba y entusiasmo que sus moradores ponan en celebrar la ocasin de verse y comentar los ltimos acontecimientos. Cada cual se preparaba con esmero para esta oportunidad.
Se emperifollaban, limpiaban sus plumajes y sus pieles con los mejores aceites especiales para que resplandecieran y causaran la admiracin de todos. Era muy hermoso el espectculo que entonces se produca y se oan murmullos de aprobacin cuando algn comensal haca su entrada adornado con prendas esplndidas y bien presentadas. Todo esto lo saba Tat, el quirquincho que ya haba asistido a algunas de estas fastuosas fiestas que su querido amigo Chungar gustaba de organizar. Y justamente en esta ocasin deseaba ir mejor que nunca, pues haca poco haba sido nombrado Integrante muy Principal de la comunidad. Y l comprenda bien lo que esto significaba... Deba ser responsable y digno. De seguro que esas deban haber sido las cualidades que se consideraron al darle este ttulo honorfico que tanto lo honraba.
Ahora, lo nico que deseaba, muy ntimamente, era que todos se maravillaran y sintieran que no se haban equivocado en su designacin. Aunque an faltaban muchos das, en cuanto recibi la invitacin se puso a tejer una tnica nueva, majestuosa, para que ningn comensal quedara sin advertir su magnfica presencia. Como todos saban que l era un muy buen tejedor, se concentr en hacer una trama fina, fina a tal punto, que recordara alguna maravillosa telaraa, de esas que se suspenden en el aire entre rama y rama de algn arbusto. Llevaba bastante adelantado, aunque el trabajo, a veces, se le haca lento y penoso. Un da, como quien no quiere la cosa, pas deambulando por el frente de su hogar, el zorro, que gustaba de meter siempre su nariz en lo que no le importaba.
Al ver a Tat, le pregunt con curiosidad: Qu haces? No me distraigas. No ves que estoy muy ocupado confeccionando mi traje? le contest inquieto el Tat, porque el zorro le produca bastante incomodidad. Es que acaso ests enojado? insisti en interrogarlo el recin llegado. Por qu habra de estarlo? A ver, entonces, qu ests haciendo con tanto empeo?... No ves que tejo una manta para ponrmela el da de la fiesta en el lago? Cmo? sonri el zorro irnicamente. Acaso piensas que irs a la fiesta de esta noche y recalc la palabra "esta", aunque todava no
ests vestido y no te baas ni te perfumas y ni siquiera terminas de tejer capa? El quirquincho levant sus ojos algo miopes de su labor y, con una mirada confundida y angustiosa, exclam: Dijiste "esta" noche? Eso mismo dije. Y para ser ms exacto, a la medianoche, es decir, solo en un rato ms, nos encontraremos todos y bailaremos y cantaremos.. Al pobre Tat se le fue el alma a los pies. Qu mala fortuna! Cmo pudo haber pasado tan rpido el tiempo sin que l se diera cuenta? Siempre le suceda algo parecido... es que calcul muy mal los das y las horas... una gruesa lgrima rod por su rostro. Tant prepararse para la ceremonia y todo en vano...
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El encuentro con sus amigos lo haba imaginado distinto de lo que sera ahora. Tendra fuerzas y, sobre todo, tiempo para terminar su tnica tan hermosamente comenzada, o se quedara con las puras ganas de lucirla? El zorro capt su desesperacin, y sin decir ms, muy satisfecho, se alej riendo entre dientes. Sin buscarlo, haba encontrado el modo de inquietar a alguien... y eso le produca un extrao placer. Tat tendra que apurar mucho el paso si quera ir con vestido nuevo a la fiesta: Ji, ji, ji!... ri maliciosamente. Un primer pensamiento de clera contra el viejo zorro cruz por la cabecita del quirquincho. Pero al mirar con detencin su capa bajo la luz brillante que caa de las estrellas, advirti que, si bien no haba quedado como l la imaginara, de todos modos el resultado era de autntica belleza y esplendor. No tendra para qu agregarle ms adornos. Quizs as
quedara mejor, ms suelta y aireada, lo cual le otorgaba un toque extico y atractivo. El zorro sera el primero en asombrarse cuando la viera... per adems no le guardara rencor, porque haba sido su propia culpa dejarse asustar por alguien que tena fama de travieso y juguetn. Simplemente, el zorro no poda resistir la tentacin de burlarse de todos... y siempre encontraba alguna vctima. Ir a la fiesta arropado con mi manto se dijo con voz decidida. Al final todo sali bien, el zorro le haba hecho un favor porque Tat se luci y caus una enorme sensacin con su tnica nueva cuando lleg, al fin, el momento de su aparicin triunfal en la fiesta de su amigo, el lag< Chungar.
PAY/ICHA.T/1
JT\ promulgarse la regionalizacin de Chile, el antiguo /^Departamento de Arica dio vida a dos provincias: la de Arica, que qued formada por los territorios costeros, y la de Parinacota, que es esencialmente montaosa al estar en la zona altiplnica limitando con el Per por el norte y Bolivia, por el este. En su territorio, que es un verdadero Edn por su serena belleza y su lmpido aire, la cordillera se baa en las fras aguas de la laguna de Cotacotani y del lago Chungar. En tiempo del apogeo del imperio incaico vivan en esta zona dos tribus de aymars. Como en todo lugar donde hay seres humanos, es natural que la paz no fuera para nada estable, lo cual se ratificaba en las
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continuas rencillas que separaban cada vez mas a estos conglomerados indgenas. La rivalidad de los del norte contra los del sur se mantena desde tiempos remotos, sin que la paz con su mensaje de amistad pudiera hacerse presente. Porque cuando el odio se apodera de las personas, parece como que nadie puede sacarles el demonio del cuerpo y solo existe un medio para abrir una hendidura hasta en los ms perversos corazones, y este no es otro que el amor. Fue este regalo del cielo que encendi los corazones de los hijos de los sendos jefes tribales en un momento en que las respectivas caravanas de auqunidos se cruzaron casualmente. El amor a primera vista fue fulminante y nada pudo impedir que los prncipes continuaran vindose, primero en forma breve.
Luego de persistente lucha contra sus progenitores, los jvenes enamorados pudieron visitarse y pasear en las mrgenes del Chungar. Parinac, hija nica del Seor de las Cumbres del Norte, amaba con toda su alma al apuesto heredero de las blancas Cumbres del Sur, llamado Huainallac, quien corresponda este cario con verdadero gozo. Era tal la dicha de ambos, que no tenan ojos para ver el rencor y malestar que provocaba su amistad en sus pueblos, que se oponan a cualquier acercamiento tendiente a limar las asperezas existentes y estimaban que la rivalidad deba mantenerse por siempre en homenaje a sus ilustres antepasados. Y hoy estos jvenes tenan la sacrilega impudicia de pretender terminar con esa segn ellos noble tradicin!
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Huainallac y Parinac, sin embargo, a esa altura solo pensaban en unir sus vidas para siempre. Tenan eso s, antes, que vencer la oposicin de sus padres, ya que ellos por lo menos al comienzo eran los que llevaban la antorcha de este torpe antagonismo y se enfrentaban ahora a la disyuntiva de aceptar u oponerse al matrimonio de sus hijos. Qu les podan decir a sus pueblos? Comprenderan sus compatriotas este cambio tan drstico? Despus de inculcar tanto tiempo el odio enfermizo a sus pueblos, ahora diran que queran unir en matrimonio a sus hijos? Esperanza haba poca, aunque eran muchas las interrogantes sin respuesta lgica que bullan en las mentes paternas de los jefes aymars, impidindoles conciliar el sueo.
Fue tanta la angustia de esos reyes altiplnicos que decidieron reunirse, dejando de lado sus diferencias, y buscar una solucin. El cnclave fue secreto, tuvieron conocimiento de su realizacin solo los ms ntimos miembros de ambos clanes. La necesaria conversacin se llev a cabo en medio de sacrificios a sus dioses para que les iluminaran el camino, teniendo presente que tanto la felicidad de sus adorados hijos como la autoridad sobre sus subditos deba dejar conformes a todos. La montaa nevada reciba los primeros rayos del sol matinal, mientras los jefes tribales continuaban su negociacin. Finalmente, despus de varios das, cuando la desesperacin haca presa de ellos, el padre de la muchacha, dando un chasquido con sus dedos, dijo repentinamente:
Se me ocurre una idea. Podemos decir a nuestros pueblos que fuimos citados por los dioses, quienes ordenaron por medio de profecas, como sacrificio para terminar con el odio, el matrimonio de nuestros hijos. La idea fue bien acogida por su adversario, reparando este, eso s, que podan ser castigados por los espritus de sus antepasados. Debatan ambos hombres sobre las consecuencias que tendra el mentir a sus conciudadanos, cuando de improviso la habitacin se ilumin intensamente, dejando cegados a los jefes, quienes perdieron el conocimiento. Todo pudo ser fugaz, quizs fueron horas o tal vez das los que demoraron en recobrar la conciencia. Los jefes tribales no atinaban a comprender lo sucedido, ya que un gran sopor los dej muy cambiados. Se estrecharon en un abrazo de confraternidad, dicindose:
No ms resquemores entre nosotros y desde ahora seremos amigos. Saldremos para comunicar a nuestros subditos el cambio que se ha registrado en nuestros corazones y sera bueno que los dos pueblos tambin hubieran cambiado para bien y aceptaran el matrimonio de nuestros hijos. As ni cuenta nos daremos cuando la comarca estalle en alegra por el anuncio de la boda. -i Casar a los prncipes? rugi la gente indignada al conocer el anuncio de sus gobernantes. Eso jams lo aceptaremos! Ni los ruegos ni las amenazas los conmovieron. Entre tanto, la orden segua latente en las mentes patriarcales. Las nupcias seran en un futuro muy prximo. Ese sera el punto de partida para la unin de ambos pueblos en un solo reino, o si no, el castigo caera sin clemencia sobre todos ellos. Pero...
Los opositores urdieron entonces una siniestra trama: eliminaran a los novios. As, todo quedara igual que antes. Silenciosamente, los antagonistas confabulados se reuniran para finiquitar hasta los ms nfimos detalles de la siniestra conjura. Y as fue como una maana, cuando los novios se aprestaban a marcha desde sus respectivos hogares hacia el altar, sus vidas fueron sesgadas como una flor an en botn. Entonces, un temor generalizado se apoder de los indgenas al comprender que ese crimen traera graves consecuencias y que los dioses clamaran justicia por no ser obedecidos. Todos acompaaron al cortejo fnebre hasta los sepulcros, que fueron cavados en el lmite de esos belicosos reinos, es decir, uno prximo al ot para que sus almas estuvieran cerca, una de la otra.
__:
En el momento en que todos escuchaban los responsos con especial arrepentimiento, las aguas del Chungar se sublevaron llevando a sus oscuras profundidades a esos belicosos pueblos, que no deseaban la paz. Simultneamente, los sepulcros se elevaron, dando vida desde entonces a los Payachata (mellizos).
Ellos son el Parinacota, de 6.330 metros de alto y el Pomerape de 6.24 metros de elevacin, cuyas cimas se elevan como un baluarte de las tumh de los prncipes aymars, esa pareja de enamorados a quien el odio de le hombres impidi ser feliz.