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Ética y Retórica en Quintiliano

El documento presenta una introducción a la retórica como disciplina antigua que buscaba persuadir mediante el discurso. Explica que la retórica surgió en la antigua Grecia y que trataba de hacer creíble un argumento más que mostrar la verdad. Detalla las cinco operaciones de la retórica antigua (inventio, dispositio, elocutio, memoria y pronuntiato) y las cuatro partes fundamentales del discurso (exordio, narración, argumentación y epilogo). Finalmente, ofrece una breve descrip

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Ética y Retórica en Quintiliano

El documento presenta una introducción a la retórica como disciplina antigua que buscaba persuadir mediante el discurso. Explica que la retórica surgió en la antigua Grecia y que trataba de hacer creíble un argumento más que mostrar la verdad. Detalla las cinco operaciones de la retórica antigua (inventio, dispositio, elocutio, memoria y pronuntiato) y las cuatro partes fundamentales del discurso (exordio, narración, argumentación y epilogo). Finalmente, ofrece una breve descrip

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INTRODUCCIÓN

La Retórica ha afectado nuestras vidas más de lo que podemos imaginar. Desde


un simple aviso televisivo intentando vendernos algún producto, hasta los discursos
políticos en una campaña electoral, pasando por la actuación de los abogados en la
defensa de algún acusado, todos llevan algo de esta vieja disciplina que comenzó a ser
tratada como objeto de estudio hace más de dos milenios.
Sin embargo, la relación entre la Retórica y la ética ha sido casi siempre
conflictiva. En la mentalidad cotidiana se relaciona a la oratoria con trucos
malintencionados con el fin de obtener algún beneficio con la ingenuidad de las
personas. La manipulación de las emociones en estos tiempos es algo que se ve a diario.
En este trabajo monográfico se pretende observar la relación entre la Retórica y
la Ética vista desde la óptica de un orador y docente del siglo primero de nuestra era:
Quintiliano. El concepto de “hombre bueno” (vir bonus) será analizado desde la postura
de este orador. Se verá cómo el autor trata de conciliar algo que tiene tanta mala fama
como lo es la oratoria, con una buena moral.
Para lograr este cometido se utilizará la obra de Quintiliano Instituciones
Oratorias (Institutio oratoria), más específicamente el Libro XII, que es donde el autor
trata este tema en profundidad. Se comenzará con una breve descripción de los orígenes
de la Retórica como disciplina y sus principales aspectos; luego se hará un acercamiento
a la obra de Quintiliano y se examinará algo de su vida y el contexto socio-político en
que le tocó vivir para finalmente ver diferentes posturas teóricas al concepto de
“hombre bueno” expuesto por Quintiliano.
Se cree que el tema es pertinente pues fue escrito en tiempos de cambios
políticos, sociales y culturales. Además quien escribió esta obra era un docente con una
honda preocupación por la educación de los jóvenes de su tiempo. En días en que en
nuestro país se debate acerca de una posible reforma educativa, es útil que se oiga la voz
de alguien que ya tenía esto mismo en mente unos veinte siglos atrás.
2

LA RETÓRICA

La retórica es una de las disciplinas más antiguas del mundo occidental. Se trata
de un análisis sistemático del discurso que busca persuadir para lograr un fin. La
utilización del lenguaje como vehículo para transmitir el pensamiento, ya era una
preocupación en la antigua Grecia mucho antes de que los textos sobre retórica fueran
escritos. Esto se puede ver en Homero, por ejemplo, quien presenta varios discursos
donde se puede notar el cuidado en la presentación de las ideas en forma organizada,
lógica y bella. El elogio y respeto por las llamadas “palabras aladas” de quienes hacían
un buen uso del lenguaje se puede ver a lo largo de toda la Ilíada. En la comedia y en la
tragedia también es común el uso de tales prácticas retóricas. Esto demuestra que ya
antes del siglo V a.C. se había desarrollado en Grecia un sofisticado sistema retórico y
confirma la idea de que en ese lugar existía una gran preocupación por el logos, lo cual
no solo se podría definir como palabra sino una cuidadosa combinación de pensamiento
y expresión.
La tradición, recogida por, entre otros, Aristóteles y Cicerón, atribuye la
paternidad a Córax, en Sicilia, alrededor del 476 a.C. Según esta tradición, un discípulo
suyo llamado Tisias la llevó a la Grecia continental. Siguiendo con esta tradición,
muchos ciudadanos se vieron en la necesidad de reclamar sus posesiones, las cuales
habían sido confiscadas por los tiranos. Estos reclamos judiciales en las asambleas
políticas demandaban cierta preparación para poder hablar en público y persuadir al
jurado. Córax entonces, elaboró un método para estos tipos de debates. 1
Lo que se propuso Córax no fue mostrar la verdad sino hacer creíble un
argumento. Entre dos argumentos, siempre había uno que era el más probable. El fin
entonces era persuadir.
Murphi afirma que solo en Grecia tuvo lugar un tratamiento analítico y
expositivo de la comunicación humana, convirtiéndose así en la cuna del arte del
discurso, lo cual incluye además a la lógica y a la gramática. Dicho autor sostiene que
esta preocupación por el tratamiento de la forma discursiva no existió en otras culturas
desarrolladas de la antigüedad, como ser la egipcia o babilónica, por ejemplo, a pesar de
que éstas produjeron literatura. Tal preocupación, hizo que la producción de obras
escritas acerca del tratamiento del lenguaje público fuera numerosa. Este corpus reunido

1
Murphy, J. James. (Ed) Sinopsis histórica de la retórica clásica. Madrid: Gredos, 1983. p. 14.
3

primeramente por los griegos y luego por los romanos se conoce con el nombre de
“retórica”, o la ciencia del orador público.2

El discurso
El tratamiento del discurso incluía varios aspectos. El texto latino más antiguo
que teoriza acerca de la oratoria es un escrito anónimo llamado Rhetorica ad
Herennium, escrito hacia el 90 a.C.3
No se pretende en este trabajo hacer un análisis detallado acerca de la
Retórica y sus fundamentos teóricos por no tratarse del tema central del mismo, sino
que se trata apenas de un acercamiento al tema con el fin de hacer más comprensible el
marco teórico a que nos estamos refiriendo.
Existían tres tipos de discursos: El epidictico, en el que el orador alababa o
censuraba alguna persona concreta; el discurso deliberativo, el cual consistía en
discusiones de carácter político con el fin de persuadir o disuadir en algún asunto; y
finalmente el discurso judicial o forense, donde el orador defendía ante los jueces a
algún acusado. 4
El discurso en la retórica antigua constaba de cuatro partes fundamentales: El
exordio o proemio, la narración, la argumentación y el epilogo o peroración.
El exordio o proemio. Es la introducción al discurso. Tenía como finalidad atraer la
atención y la benevolencia del público y, en el discurso forense, de los jueces. Bien se
podría decir que es una especie preámbulo, es decir, un adelanto de lo que se
argumentará en el discurso. En los diferentes tratados de retórica que existían en la
antigüedad se señalaban diferentes situaciones, tipos de discursos, auditorios y
oponentes. Todo esto hacía que el proemio variara según la ocasión.
La narración. (Narratio)Es la exposición de los acontecimientos. En el discurso judicial
era la parte en que se relataba cómo había sucedido el hecho sobre lo que el juez debía
decidir. Se trataba entonces de una información de los hechos. En la retórica antigua,
toda buena narración debía poseer tres cualidades: debía ser breve, clara y verosímil.
La argumentación (Argumentatio) En la retórica antigua, y fundamentalmente en el
discurso forense, era la parte principal del discurso. En la argumentación se presentaban
las pruebas y se trataba de destruir las que eran contrarias al caso del orador.
2
Ibid. p. 10.
3
Ibid. p.124.
4
Ibid. p. 126.
4

El epilogo o peroración (Peroratio) Se trata de la parte final del discurso. En esta


sección final se procuraban dos cosas: A. Hacer una recapitulación de los temas que se
trataron en la argumentación con el fin de traer nuevamente a la memoria lo expuesto y
tener así una visión de conjunto. B. Mover las emociones con el fin de influenciar a los
jueces o al auditorio.

Las cinco operaciones de la Retórica.

Las cinco operaciones o secciones de la retórica son la inventio, la dispositio, la


Elocutio, la Memoria y la Pronuntiato o actio.
Inventio. .Capacidad de encontrar los argumentos. El orador debe buscar los materiales
para tener la mejor argumentación posible.
Dispositio. Ordenación o distribución de los argumentos. Deberá buscar la forma de
arreglar esos argumentos no solo de una manera lógica sino adecuada a su discurso. Acá
existían diferentes opiniones. Había quienes enseñaban que se debía colocar los
argumentos más débiles al principio y reservar los más fuertes para el final a fin de dar
un buen remate a su discurso. Otros por el contrario, preferían comenzar con sus
argumentos más fuertes al principio con el fin de causar una buena impresión en los
jueces o en los oyentes.
Elocutio. El buen uso de palabras y frases. El orador debía escoger aquellas formas del
lenguaje que fueran más convenientes y causaran el mayor impacto en los oyentes.
Debía hacer uso de diferentes figuras y tropos con el fin de persuadir. En su definición
de tropo dice Quintiliano que “es la mutación del significado de una palabra a otro, pero
con gracia”. (I.O. VIII, II) En cuanto a la figura afirma Quintiliano: “La figura, como
por el mismo nombre se ve, es una manera de hablar apartada del modo común y más
obvio”. (I.O. IX, I)
Memoria. El orador debía memorizar su discurso. Quintiliano escribe el capítulo II de
su libro undécimo de las Instituciones oratorias tratando este asunto. En este capítulo
enseña una serie de técnicas de memorización lo cual consiste en ir de lo muy familiar a
lo que se quiere memorizar. De esta forma, el orador deberá asociar las partes de su
discurso con algo que le resulta conocido o familiar.
Pronuntiato o actio. Regular de manera agradable la voz, los gestos, el aspecto, etc.
Quintiliano afirma que de nada sirve la mejor preparación de un discurso si no es bien
pronunciado en público. “Más la pronunciación tiene en los oradores una admirable
5

fuerza y poder. Porque no es de tanta importancia aquello que compusimos allá a solas,
como el modo con que ha de producirse; pues cada uno se mueve según lo que oye”.
(I.O. XI; III)
Tiene mucho que ver con la actuación, pues el orador tiene que actuar su
discurso, de ahí que se le llame también “actio”.

ACERCA DE LA OBRA Y SU CONTEXTO HISTÓRICO Y SOCIAL

Para tener una comprensión más a fondo del tema que se trata en este trabajo
monográfico, conviene hacer una aproximación breve al contexto socio-político de la
6

época en que le tocó vivir a Quintiliano y conocer algo de su vida. Debido a que no se
pretende aquí hacer un estudio biográfico del autor referido, es que solo se tocará
aquellos aspectos más destacados de la vida de Quintiliano.

Vida de Quintiliano

Marco Fabio Quintiliano nació entre el año 30 y 40 d.C. en España, en la


provincia de Calagurris, la cual era un fuerte centro de la cultura romana. España era en
aquella época una provincia donde la civilización romana estaba fuertemente extendida.
Quintiliano ocupa un lugar destacado entre los oradores romanos, y en el siglo I
de nuestra era, es la personalidad más destacada en la oratoria. Aparentemente, su
primera educación la recibió en la mencionada provincia, pero alrededor del 50 d.C. sus
padres lo enviaron a Roma para recibir la educación superior. En la capital Imperial se
destacó como abogado y maestro de oratoria, llegando a ser maestro de Plinio el Joven;
Juvenal; Suetonio y Tácito, entre otros. Su fama como maestro de retórica llegó a ser tal
que el Emperador Vespasiano subvencionó su escuela en el 72 d.C y en el 87 d.C. fue
designado director de la escuela estatal de Roma. En su vida recibió diferentes honores
y llegó a hacer una gran fortuna gracias a su labor como profesor de oratoria, la cual
duró alrededor de veinte años.
Hacia el 92 d.C. Quintiliano se retiró de la enseñanza y es probable que durante
esos años, entre el 92 al 95 d.C., haya escrito su obra más importante: la institutio
oratoria. En esos años de retiro recibió del emperador Domiciano la insignia consular,
un singular honor. Se cree que murió alrededor del 96 d.C.5
Institutio oratoria
La obra en que se basa este trabajo es, como ya se mencionó en la introducción,
Instituciones Oratorias, de Quintiliano. Entre todas las obras de Quintiliano, esta es la
única que se ha conservado. Se trata de un tratado de oratoria que consta de doce libros.
El énfasis en esta obra es la enseñanza de oratoria en el plano teórico y el educativo y
refleja su labor como docente. El presente trabajo tratará en particular del libro
duodécimo, donde Quintiliano trata “no solamente del modo de decir sino también de
las costumbres del orador”6 Es decir, se ocupa del aspecto ético del orador, o como lo
dirá él en el título del capítulo primero del referido libro duodécimo: Que ninguno
puede ser orador sin ser hombre de bien

5
Ibid. p. 216-218.
6
Quintiliano. Instituciones oratorias. Proemio al libro duodécimo.
7

Esta obra es un meta discurso, pues es un tratado acerca de la enseñanza de la


oratoria, la cual; junto a otras asignaturas, como ser la gramática o la aritmética;
formaba parte de la formación de la cultura general de los jóvenes romanos.7 En ella,
Quintiliano reúne su experiencia de años de dedicación a la retórica volcada a la
enseñanza y formación de futuros oradores. En la Roma de los tiempos de Quintiliano,
los niños eran instruidos en la retórica por parte del rhetor, es decir, un maestro de
oratoria. Lo que Quintiliano hace entonces, es instalar encima de la mesa el tema del
sistema educativo del primer siglo.
Se puede apreciar aquí, las preocupaciones y aspiraciones de Quintiliano con
relación a la enseñanza de oratoria del primer siglo así como su deseo de preparar
buenos ciudadanos para el sistema político romano.
Respecto a esta obra y su contenido, dice Mortara Garavelli lo siguiente:
Compendia de forma didáctica y envidiablemente clara todas
las tesis principales que han determinado el desarrollo de la
retórica antigua. No se trata, pues, de una nueva teoría, sino de
una summa de las doctrinas precedentes, reelaboradas
pedagógicamente y confrontadas con precisión y sistematicidad,
cuya intención fundamental es la de documentar e incluso conciliar
los diversos puntos de vista, sin que ello implique, no obstante, una
disminución de la actitud y la conciencia críticas. 8

Su aguda percepción lleva al autor de las Instituciones oratorias a exponer en


una forma clara y profunda todo lo que tiene relación a la formación del buen orador
romano. Así pues, Quintiliano se ocupa de la elección de los maestros, la diferencia
entre la enseñanza de carácter privado y la que brindan las escuelas públicas, la
metodología a aplicar, las condiciones naturales del alumno y todo lo vinculado a la
oratoria en general. 9
El contexto en el cual Quintiliano escribe esta obra, entre el 92 y el 95 d. C. sirve
para tener una comprensión más clara sobre la realidad que rodeaba al autor.10 El
Emperador Domiciano (81-96) había instalado un período de terror. No existían
libertades ni garantías para nadie. La desconfianza de Domiciano y su autoritarismo
hacían que el clima político fuera tenso y peligroso. Finalmente, Domiciano murió
asesinado en su palacio.11

7
Teodoro Mommsen. El mundo de los Césares. México: Fondo de cultura económica, 1945. p.694.
8
Mortara Garavelli, Bice. Manual de retórica. Madrid: Ediciones Cátedra, 1991. p.42.
9
Ibid.
10
Murphy.p.218.
11
León Homo, El Imperio Romano. Madrid: Espasa Calpe, 1961. pp. 48-50.
8

A la caída de la república, quedaba muy poco lugar para la elocuencia en Roma.


Ya no se podía decir libremente lo que se pensaba. La educación pasa de ser impartida
en el hogar, a ser dictada en las escuelas. Mortara Garavelli agrega que “con las
exhibiciones artificiosas de las declamaciones, el ejercicio de los preceptos retóricos
abandona el compromiso político y civil.” (Negritas del autor) 12
Este interés por las declamaciones artificiosas carentes de contenido, es, como
ya se ha visto, debido a la falta de libertad de expresión en el período en que le tocó
vivir Quintiliano. Al respecto agrega el antes mencionado autor Mortara Garavelli:
entre la primera mitad del siglo I y el siglo V d.C., que se conoce con
el nombre de Segunda Sofística. La declamatio, ejercicio escolar de
composición y recitación, era de dos tipos: la suasoria, propia del
género deliberativo, se consideraba la más simple, y, por ello, era
anterior en el currículum; la controversia, que requería un mayor
esfuerzo, era un ejercicio de oratoria forense en el género judicial.
Lucio Anneo Séneca el Viejo publicó diez libros de controversias
y uno de suasorias en el primer cuarto del siglo I d.C., ofreciendo
así un rico ejemplario de argumentos y de métodos para tratarlos.13

Teodoro Mommsen contrasta el uso de la retórica en el período de la República


con el de los tiempos imperiales:
Pero al llegar esta época se opera aquí, en todos los aspectos, una extraña
transformación. La composición de discursos políticos escritos decae,
como la misma oratoria pública. Lo mismo en Roma que en todas las
antiguas ciudades-estados, el discurso político alcanzaba su apogeo en las
asambleas de los ciudadanos: en ellas, el orador no se sentía embarazado,
como cuando hablaba ante los senadores, por consideraciones
corporativas y formas entorpecedoras, ni, como ante los tribunales, por
los intereses de la acusación o de la defensa, ajenos de por sí a la política;
era ésta la única tribuna en que podía dejar hablar libremente al corazón
ante los grandes y poderosos comicios de Roma, pendientes de sus
labios. Pero esto había pasado a la historia.14

Otro autor expresa lo siguiente en referencia a la decadencia de la retórica y las


condiciones sociales y políticas de la época:
La necesidad de reconciliar las exigencias de organización del Imperio
con un auto-gobierno que se basara el libre intercambio de ideas le
resultó a Roma demasiado difícil, por no decir imposible. El resultado
fue una pérdida total de los hábitos de auto-gobierno que se habían
fomentado en las primeras ciudades-estado. En suma, las condiciones

12
Mortara Garavelli, p. 40
13
Ibid
14
Mommsen. p. 738.
9

sociales y políticas que habían dado lugar a la existencia de una retórica


sumamente creativa ya no eran patrimonio del mundo romano. 15

Se puede apreciar entonces, que la decadencia del sistema educativo de la Roma


imperial era algo que causaba una profunda preocupación en Quintiliano. El autor antes
citado agrega:
Este ambiente general que caracterizó al Imperio iba a afectar
profundamente a la enseñanza romana. Las enseñanzas que se impartían
en las escuelas romanas habían dejado atrás el tipo de instrucción que se
transmitía de padres a hijos, no solo en cuanto a los contenidos sino
también en cuanto a los métodos. Este desarrollo llevó al
establecimiento de tres niveles de educación según estuviera bajo el
control del litterator, del grammaticus, o del rhetor. Que la retórica
significó uno de los principales factores formativos en la educación de
los niños romanos de esta época es algo universalmente admitido.16

Quintiliano estaba seguro que si la educación del hombre romano fallaba,


también fallaría todo el sistema político y social romano. Su preocupación entonces, al
final de sus días, fue dejar sus impresiones al respecto y volcar toda su experiencia
como docente de oratoria.

QUINTILIANO Y SU CONCEPTO DE HOMBRE BUENO

El concepto moral del hombre de bien en la obra de Quintiliano es fundamental


para conocer la causa de su preocupación por la formación ética en el orador romano.
15
Prentice A. Meador, Jr. “Quintiliano y la Institutio Oratoria”, en Murphi, James J. (ed.) Sinopsis
histórica de la retórica clásica. Madrid: Gredos, 1983. p. 213.
16
Ibid. 214.
10

Ya hemos visto que en los tiempos de Quintiliano, Roma atravesaba por una profunda
crisis de carácter ético. Conociendo un poco del tiempo en que le tocó vivir resultará
más fácil comprender su preocupación por formar ciudadanos de bien en la Roma
Imperial.

La imagen pública del orador. Aristóteles decía que el ethos del orador debía ser una
construcción discursiva. La imagen pre discursiva del orador, cómo ser su conducta, su
familia o su posición social, sí eran muy importantes pero no debían ser determinantes. 17
Lausberg afirma que el ethos era algo que el orador podía echar mano en
cualquier momento como forma de captar la simpatía del público o de los jueces. 18 Es
claro que la mayoría de los oradores veían el carácter del orador como una forma de
construcción discursiva.
Quintiliano va a combatir esto y tratará de reconciliar la retórica con la filosofía.
Siguiendo a Catón, propondrá que el hombre bueno pronuncia cosas buenas, es decir
que el hombre de bien debe ser instruido en la elocuencia.

El Vir Bonus. El hombre bueno

Según un autor “La contribución más original de Quintiliano a la teoría de la


educación retórica es su doctrina acerca del “hombre bueno”.19
Ante la decadencia moral de Roma, lo cual se dejaba ver en forma clara en la
retórica, Quintiliano reacciona y pretende inculcar en sus alumnos no solo los
fundamentos técnicos sino la integridad ética del orador.
Su preocupación es preparar oradores que a su vez sean filósofos y estadistas. Es
importante para Quintiliano preparar no solo oradores sino estadistas, es decir personas
que puedan gobernar bien y ser útiles al estado. Cabe señalar que el “hombre bueno” de
que habla Quintiliano lo es en el sentido romano. El orador debe poseer cualidades que
lo hagan apto para contribuir a la patria. No cualquier persona puede gobernar pues esto
es considerado por él como un arte.
Para Quintiliano un buen hombre es un buen romano. Para él, no se puede ser un
hombre bueno sin participar en la vida pública. Aunque muchas de las cualidades y
17
Bermúdez,Nicolá[Link] noción de Ethos.
[Link]
18
Lausberg, H. Manual de retórica literaria. Fundamentos de una ciencia de la literatura.
Madrid:Gredos, 1990. p.234.
19
Prentice A. Meador, Jr. “Quintiliano y la Institutio Oratoria”, en Murphi, James J. (ed.) Sinopsis
histórica de la retórica clásica. Madrid: Gredos, 1983. p. 240.
11

acciones del buen orador que presenta Quintiliano en esta obra puedan chocar con los
conceptos morales actuales, vale decir que el autor concibe al hombre bueno en función
de su contribución al bien público.
El bien público debería estar por encima de cualquier otra aspiración en el
orador. Así pues, en el capitulo primero de su decimosegundo libro, Quintiliano afirma
que el orador algunas veces tendrá que decidir entre falsear la verdad y lograr un mejor
resultado para la patria; o decir la verdad y estar dispuesto a aceptar un efecto no
deseado como ser que un criminal quede libre o que el enemigo triunfe. Él dice que “…
la mayor parte de las cosas son o buenas o malas, no tanto por sus efectos como por sus
causas.”
En este pensamiento de Quintiliano se puede apreciar en mejor forma su
concepto de lo adecuado. (decorum) 20Lo que en algunos individuos o en determinadas
circunstancias está mal, en otras sin embargo, es lo más apropiado. “…a la manera que a
los niños cuando están enfermos les decimos muchas cosas que no hay, para
contentarlos, y les prometemos otras muchas que no hemos de cumplir, ¿Con cuánta
más razón cuando sea necesario disuadir a un malhechor de cometer un homicidio o a
engañar al enemigo por la defensa de la patria?”
En el libro XII de las Instituciones Oratorias se definen las cualidades del
hombre bueno:
A diferencia del filósofo, el orador debe conocer la opinión pública y valerse de
ella para presentar sus argumentos, pues en la retórica lo que se debe probar no es la
verdad sino lo verosímil. A su vez, el orador debe gozar del respeto de la opinión
pública, (XII, 1, 12) Cuando se carece de una buena reputación, se carece del respeto de
la gente y esto resulta en alguien sin honor, cosa que para Quintiliano era de suma
importancia. (XII, 1, 24)
Pero un hombre bueno que carecía de elocuencia, no era un hombre útil a la
patria.
En el capítulo segundo del libro duodécimo, Quintiliano reconoce la separación
entre la filosofía y la oratoria. La filosofía no busca inmiscuirse en los asuntos públicos.
(Platón, Gorgias,515ª) “…ningún otro tenor de vida ha sido más ajeno de los cargos
civiles y de todo oficio de un orador. Porque ¿cuál de los filósofos asistió puntualmente
a los tribunales o se hizo célebre en las justas del pueblo? ¿Cuál de ellos, finalmente, se

20
Cf. Marco Tulio Cicerón. El orador. XXI
12

empleó en el gobierno de la república, cosa que la mayor parte de ellos encarga que se
evite?”
El orador debe conocer y profundizar en la filosofía para ser así una mejor
persona. Sin embargo, dedicarse a la filosofía significaría abandonar la actividad
pública, lo cual no es el propósito de Quintiliano. Por el contrario, el afirma: “Mas yo
pretendo formar en el orador que instruyo un sabio romano que, no en las privadas
disputas, sino con la experiencia de las cosas y con sus acciones, se porte como un
hombre verdaderamente civilizado.” Cómo se puede observar, la preocupación de
Quintiliano es hacer del orador un hombre público. Él, más que nadie, busca la armonía
entre la retórica y filosofía en el mundo político.21
En ciertas ocasiones el deber debe estar por encima del decoro, (decorum) es
decir lo apropiado para el momento. Si se tiene que decidir entre persuadir o hacer lo
adecuado, se debe preferir sacrificar la persuasión. Ante la disyuntiva entre el ethos y el
pathos, se debe optar por el ethos.
El ethos del orador debe ser, según Quintiliano, el principal elemento de la
retórica. Esto está de acuerdo con su idea del vir bonus y reafirma el carácter
esencialmente ético de la retórica. 22
Cabe destacar que ethos en Quintiliano, está íntimamente relacionado con su
ideal político acerca del orador. Por encima de todo, está la patria. Para Quintiliano lo
bueno es aquello que es bueno para los ciudadanos romanos. Su ideal del ethos es muy
diferente al que plantea Platón en Gorgias. Platón planteaba el dilema de ser acusado
por un hombre malvado pero buen orador. Ante esto, Platón hace decir a Sócrates que
prefiere defenderse solo ante la posibilidad de ser defendido por un buen orador pero
mala persona. La pésima opinión que tenía Platón de la retórica es mencionada por
Quintiliano, quien reconoce que algunas veces, el orador debe falsear la verdad. Ante
esta posibilidad, Quintiliano no tiene reparos en reconocer que su postura va en contra
de la opinión de los filósofos: “Y si alguno se maravillare de que yo le proponga (sin
embargo de que no es este propiamente mi modo de pensar, sino de aquellos a quienes
la antigüedad tuvo por los más graves maestros de la sabiduría)”23

21
Del Río Sanz, E. Quintiliano y su idea del decorum; estilo, ética y retórica. Biblioteca Gonzalo
de Berceo.
http: //www. [Link]/berceo/delriosanz/[Link]
22
Ibid.
23
Quintiliano. Instituciones oratorias. XII, I.
13

El ethos forma parte de los argumentos que el orador debe proveerse en una de
las cinco operaciones de la Retórica, es decir la inventio.24 Entre todo el conjunto de
argumentos que el orador podrá hacer uso en el discurso, debe echar manos a su
conducta. Esto lo hará como forma de persuadir, es decir, para dar más credibilidad a su
discurso.
Quintiliano tenía una preocupación muy grande acerca de la integridad moral del
orador. Para él, la retórica era un arma que no debía caer en manos de malas personas.
En el proemio del libro duodécimo de Instituciones Oratorias, el autor afirma que se
propone abordar la parte más importante de su obra, lo referido a las costumbres y
obligaciones del orador, es decir, de su integridad moral. La dificultad que enfrenta es
tal que llega a decir “si yo hubiera conocido al principio como la conozco ahora por la
experiencia, hubiera consultado antes mis fuerzas.” La mayor dificultad que enfrenta es
la falta de precedentes en cuanto al tema. Utilizando una alegoría de la navegación, dice
que ha navegado en solitario sin divisar casi a persona alguna. “En tan inmenso mar
solo me parece que veo á Marco Tulio, el que, sin embargo de haber entrado en él con
segura y diestra nave, recoge las velas, deja los remos y se contenta al cabo de enseñar
que género de decir ha de usar el ya perfecto orador.”([Link],Proemio)
Esto muestra el descuido que tuvieron los autores anteriores en cuanto a este
asunto. Aristóteles, en su Retórica, se ocupa muy brevemente diciendo que “a las
personas buenas les creemos más”.25 Para que los oradores sean dignos de crédito son
necesarias la discreción, la virtud y la buena voluntad.26 Aún así, su preocupación no
pasa tanto por la necesidad de ser un hombre bueno sino dar una buena impresión en los
oyentes para hacer creíble su discurso, como ya se apuntó anteriormente. En otra parte
de su obra dirá también: “A la buena comprensión del discurso ayudará todo ello, y así
como también el presentarse como persona honrada, ya que a éstas se les hace más
caso."27
El enfrentamiento entre la retórica y la filosofía fue la pretensión de aquella de
constituirse en una ars teórica. Los filósofos consideraban a la retórica como una simple
έ o aun una simple habilidad. Platón dice en Gorgias que la retórica no es un arte.
En cambio afirma que es “una especie de práctica”. Se trata, según Platón, de una

24
Lausberg, H. Manual de retórica literaria. Fundamentos de una ciencia de la literatura.
Madrid:Gredos, 1990. p.234.
25
Aristóteles. Retórica. L.I, 2.
26
Ibid., [Link], 1.
27
Ibid. [Link], 14.
14

práctica para producir agrado y placer, ¡similar a la culinaria¡28 En cambio los retóricos
daban a la filosofía un lugar secundario. La filosofía era solamente una preparación para
el orador. 29
En el capítulo primero del libro duodécimo de Instituciones Oratorias, el autor
demuestra su preocupación por este asunto. Comienza ese capítulo con el encabezado
“Que ninguno puede ser orador sin ser hombre de bien.” Afirma Quintiliano:
El orador, pues, para cuya instrucción escribo, debe ser como
el que Catón define: Un hombre de bien instruido en la elocuencia.
Pero la primera circunstancia que él puso, aun de su misma naturaleza,
es, el ser un hombre de bien; no tan solamente porque si el arte de
decir llega a instruir la malicia, ninguna cosa hay más perjudicial
que la elocuencia, ya en los negocios públicos y ya en los particulares,
sino porque yo mismo, que en cuanto está de mi parte me he esforzado
á contribuir en alguna cosa á la elocuencia, haría también el más
grave perjuicio a la humanidad disponiendo estas armas, no para
un soldado, sino para algún ladrón. (I.O. XII, I)

La principal crítica que se le ha hecho a la Retórica es su carácter puramente


técnico, desprovisto de un contenido ético, Del Río Sanz dice que “la retórica en Roma
es, ante todo un ars, una tékhne.”30 Esta función puramente instrumental y amoral es lo
que causa el rechazo por parte de figuras como por ejemplo Catón.31
En Roma, la retórica era la principal enseñanza que se recibía y en torno a lo
cual giraban las demás disciplinas. Quintiliano se propone entonces superar esa
condición puramente técnica de la retórica para convertirla en una educación integral
para el ser humano y convertirlo así en un ciudadano útil a Roma.

El carácter moral de la retórica. Quintiliano tenía una convicción muy grande acerca de
la eficacia del orador que además posee la cualidad de “hombre bueno.” Para él, el
hombre bueno no era solo una cuestión de buenas acciones, sino que además
necesariamente se debía reflejar en la buena disposición del orador y en la motivación
que le guiaba. El propósito entonces, era fundamental para ejercer el oficio de orador.
Las emociones fingidas tarde o temprano quedarían al descubierto. Quintiliano creía que
el hombre de bien instruido en la elocuencia no hacía uso de la hipocresía. Aquel orador
que fingía sus emociones, no solo no era un hombre de bien sino que tampoco lograría

28
Platón, Gorgias. 462 b.
29
Lausberg, H. Manual de retórica literaria. Fundamentos de de una ciencia de la literatura.
Madrid:Gredos, 1990. p.90.
30
Del Río Sanz, E., Fernández J. Quintiliano y la retórica romana. [Link]
[Link]/urunuela31/retórica/[Link]
31
Ibid.
15

un discurso eficaz. “Porque por más que se disimule, al cabo se descubre el fingimiento
y nunca ha sido tan grande la fuerza de la elocuencia, que no titubee y vacile siempre
que las palabras desmienten el corazón.” Tal es la convicción acerca de esto, que llega a
decir: “Un hombre malo, por precisión tiene que decir lo contrario de lo que siente; pero
a los hombres de bien jamás les faltará que hablar de las cosas buenas, ni dejarán de
inventar siempre lo mejor (porque ellos mismos serán siempre prudentes)32
Cómo ya se ha visto, Quintiliano no creía que para ser un buen orador se debía
renunciar a ser un hombre de bien. En el capítulo primero del libro XII vemos un
llamado a los estudiantes de retórica a ser hombres de bien y a la vez buenos oradores.
Por cuya razón los jóvenes, ó por mejor decir, los de todas las
edades (pues para el que tiene buenos deseos siempre es tiempo),
aspiremos con todo empeño á llegar á este grado de perfección,
y á esto nos esforcemos, pues tal vez nos cabrá en suerte el
conseguirla. Pues si la naturaleza no impide el ser uno[sic]
hombre de bien y al mismo tiempo buen orador, ¿Por qué
razón no ha de de poder alguno, cualquiera que sea, conseguir
lo uno y lo otro? (I.O. XII, I)

Mas adelante dice Quintiliano, hablando acerca de la necesidad de desterrar la


maldad del corazón del orador:
Pero desterremos enteramente de nuestro corazón esta
máxima de que la elocuencia, que es la cosa más preciosa
que hay en la naturaleza, puede mezclarse con los errores
del entendimiento. Así que, si esta facultad se encuentra
en los hombres malos, la misma facultad debe igualmente
reputarse por vicio, porque ella hace peores á aquellos en
quienes se halla. ([Link], I)

No obstante esto, se puede apreciar el lado práctico de Quintiliano, pues admite


que a veces el orador debe mentir si el destino de la patria así lo requiere, por ejemplo si
se debe engañar a un enemigo para obtener un triunfo militar, “Y en primer lugar es
preciso que todos me concedan lo que aun los más rigurosos de los estoicos confiesan
que alguna vez podrá suceder: que un hombre de bien falte á la verdad y tal vez con
muy leves fundamentos…” (I.O XII,I)
Este lado práctico de Quintiliano se puede apreciar además cuando admite sin el
menor prejuicio que hay casos en que el orador deberá defender un caso que tenga
apariencia de ser injusto o que tenga una mala reputación con el fin de que una mejor
causa se beneficie. “Supongamos ahora que es acusado de un delito manifiesto un buen

32
Quintiliano. Instituciones oratorias. XII, I
16

general del ejército, sin cuya conducta no puede la ciudad conseguir una honrosa
victoria; ¿Por ventura la común utilidad no le proporcionará un abogado que le
defienda?” ([Link], I) Con esto Quintiliano estaba diciendo que el fin justifica los
medios, pues ese general, aunque hubiera cometido un delito, podría ser más útil a la
patria si se lo defendiera y saliera absuelto aunque el abogado estuviera seguro que era
culpable del delito por el que se le acusaba.
Para Quintiliano es injusticia castigar a un inocente tanto como dejar a un
criminal impune. “…y si se tiene por delito el desear que se castiguen las maldades,
muy cerca están de permitirse las maldades mismas; y el permitirse que vivan
impunemente los malos, es sin duda alguna perjudicial a los buenos.” ([Link], VII)
Cabe destacar que cuando se refiere a “los buenos”, es obvio que se está refiriendo a los
ciudadanos romanos. La justicia para Quintiliano no lo era en el sentido más amplio
sino en lo que se refería de una manera u otra a Roma.
La causa en las que el abogado romano debía actuar debía estar supeditada a la
justicia de la misma. El buen orador, según Quintiliano, debe estar abierto para defender
aquellas causas justas, sin hacer distinción de la condición social o económica. Sin
embargo, no debe aceptar las causas de personas viciosas. “Mas no ha de defender el
orador indistintamente a todos; y al paso que debe tener abierto a todos los infelices el
puerto de su defensa, lo cerrará a los piratas, y solo debe moverle a la defensa de una
causa la bondad de ella.” 33 Nuevamente vemos aquí que el hombre bueno se caracteriza
no solo por su integridad personal sino también por las causas que decide defender. Para
Quintiliano, el orador no debe pensar en su beneficio personal sino en el beneficio de
todos los romanos. Esto queda claro cuando afirma que el buen orador no deberá buscar
enriquecerse con la retórica. Según Quintiliano, el orador debe quedar satisfecho con
defender las causas justas y no buscar riquezas materiales. “Así que el orador nada
pretenderá adquirir más de lo justo, y aunque sea pobre no lo recibirá como recompensa,
sino permitirá que sus clientes le manifiesten con algunas expresiones su mutuo
agradecimiento” (I.O. XII, VII)
Como se puede apreciar, lo moral, más allá de la concepción que cada uno tenga
como forma de medir lo ético, era fundamental en la mentalidad de Quintiliano.

33
Instituciones oratorias. XII, VII.
17

CONCLUSIÓN
Luego de haber examinado el tema acerca del cual hemos comenzado a
investigar, es decir, el concepto de hombre bueno según Quintiliano, se ha llegado a la
conclusión de que el tema ético no puede estar ausente en un debate educativo. Cómo
hemos visto, Quintiliano, un docente con una dilatada experiencia, le preocupaba que el
tema ético fuera descuidado en las escuelas de oratoria romanas.
También se ha descubierto que en tal discusión es imposible desprenderse de
prejuicios políticos y estructuras de carácter socio-políticas. Examinando algo de la vida
de Quintiliano vemos que fue alguien que sacó mucho provecho del turbulento período
18

en que le tocó vivir y siempre quedó “bien parado” cualquiera fuera el emperador de
turno.
Por otro lado, nos tenemos que conformar con lo está escrito en su obra, pues
como ya se ha visto, en sus tiempos la libertad de expresión no existía, por lo que, tal
vez, Quintiliano hubiera querido decirnos muchas más cosas. Tal vez las dijo, pero para
descubrirlas hubiera sido necesario mucha más sagacidad y capacidad que la que posee
este alumno de Facultad de Humanidades.
En conclusión, para Quintiliano, el hombre bueno es aquel que es culto,
elocuente y útil para su país.
Por último, es digno de destaque la importancia que tiene la comunicación
humana. En tiempos en que somos bombardeados por la publicidad, es interesante
advertir que mucho de lo que hoy se usa para comunicar un mensaje proviene de
aquellos tiempos.

BIBLIOGRAFÍA

Bermúdez, Nicolás. La noción de Ethos.


[Link]

Del Río Sanz, E. Quintiliano y su idea del decorum; estilo, ética y retórica. Biblioteca
Gonzalo de Berceo.
http: //www. [Link]/berceo/delriosanz/[Link]

Del Río Sanz, E., Fernández J. Quintiliano y la retórica romana


[Link] [Link]/urunuela 31/retórica/[Link]

Homo, León. El Imperio Romano. Madrid: Espasa Calpe, 1961.


19

Lausberg, H. Manual de retórica literaria. Fundamentos de una ciencia de la literatura,


Madrid, Gredos, 1990.

Mommsen, Teodoro. El mundo de los Césares. México: Fondo de cultura económica,


1945.

Mortara Garavelli, Bice. Manual de retórica. Madrid: Ediciones Cátedra, 1991.

Murphi J. James. (ed.) Sinopsis histórica de la Retórica Clásica Madrid: Editorial


Gredos, 1988.

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