Ética y Retórica en Quintiliano
Ética y Retórica en Quintiliano
LA RETÓRICA
La retórica es una de las disciplinas más antiguas del mundo occidental. Se trata
de un análisis sistemático del discurso que busca persuadir para lograr un fin. La
utilización del lenguaje como vehículo para transmitir el pensamiento, ya era una
preocupación en la antigua Grecia mucho antes de que los textos sobre retórica fueran
escritos. Esto se puede ver en Homero, por ejemplo, quien presenta varios discursos
donde se puede notar el cuidado en la presentación de las ideas en forma organizada,
lógica y bella. El elogio y respeto por las llamadas “palabras aladas” de quienes hacían
un buen uso del lenguaje se puede ver a lo largo de toda la Ilíada. En la comedia y en la
tragedia también es común el uso de tales prácticas retóricas. Esto demuestra que ya
antes del siglo V a.C. se había desarrollado en Grecia un sofisticado sistema retórico y
confirma la idea de que en ese lugar existía una gran preocupación por el logos, lo cual
no solo se podría definir como palabra sino una cuidadosa combinación de pensamiento
y expresión.
La tradición, recogida por, entre otros, Aristóteles y Cicerón, atribuye la
paternidad a Córax, en Sicilia, alrededor del 476 a.C. Según esta tradición, un discípulo
suyo llamado Tisias la llevó a la Grecia continental. Siguiendo con esta tradición,
muchos ciudadanos se vieron en la necesidad de reclamar sus posesiones, las cuales
habían sido confiscadas por los tiranos. Estos reclamos judiciales en las asambleas
políticas demandaban cierta preparación para poder hablar en público y persuadir al
jurado. Córax entonces, elaboró un método para estos tipos de debates. 1
Lo que se propuso Córax no fue mostrar la verdad sino hacer creíble un
argumento. Entre dos argumentos, siempre había uno que era el más probable. El fin
entonces era persuadir.
Murphi afirma que solo en Grecia tuvo lugar un tratamiento analítico y
expositivo de la comunicación humana, convirtiéndose así en la cuna del arte del
discurso, lo cual incluye además a la lógica y a la gramática. Dicho autor sostiene que
esta preocupación por el tratamiento de la forma discursiva no existió en otras culturas
desarrolladas de la antigüedad, como ser la egipcia o babilónica, por ejemplo, a pesar de
que éstas produjeron literatura. Tal preocupación, hizo que la producción de obras
escritas acerca del tratamiento del lenguaje público fuera numerosa. Este corpus reunido
1
Murphy, J. James. (Ed) Sinopsis histórica de la retórica clásica. Madrid: Gredos, 1983. p. 14.
3
primeramente por los griegos y luego por los romanos se conoce con el nombre de
“retórica”, o la ciencia del orador público.2
El discurso
El tratamiento del discurso incluía varios aspectos. El texto latino más antiguo
que teoriza acerca de la oratoria es un escrito anónimo llamado Rhetorica ad
Herennium, escrito hacia el 90 a.C.3
No se pretende en este trabajo hacer un análisis detallado acerca de la
Retórica y sus fundamentos teóricos por no tratarse del tema central del mismo, sino
que se trata apenas de un acercamiento al tema con el fin de hacer más comprensible el
marco teórico a que nos estamos refiriendo.
Existían tres tipos de discursos: El epidictico, en el que el orador alababa o
censuraba alguna persona concreta; el discurso deliberativo, el cual consistía en
discusiones de carácter político con el fin de persuadir o disuadir en algún asunto; y
finalmente el discurso judicial o forense, donde el orador defendía ante los jueces a
algún acusado. 4
El discurso en la retórica antigua constaba de cuatro partes fundamentales: El
exordio o proemio, la narración, la argumentación y el epilogo o peroración.
El exordio o proemio. Es la introducción al discurso. Tenía como finalidad atraer la
atención y la benevolencia del público y, en el discurso forense, de los jueces. Bien se
podría decir que es una especie preámbulo, es decir, un adelanto de lo que se
argumentará en el discurso. En los diferentes tratados de retórica que existían en la
antigüedad se señalaban diferentes situaciones, tipos de discursos, auditorios y
oponentes. Todo esto hacía que el proemio variara según la ocasión.
La narración. (Narratio)Es la exposición de los acontecimientos. En el discurso judicial
era la parte en que se relataba cómo había sucedido el hecho sobre lo que el juez debía
decidir. Se trataba entonces de una información de los hechos. En la retórica antigua,
toda buena narración debía poseer tres cualidades: debía ser breve, clara y verosímil.
La argumentación (Argumentatio) En la retórica antigua, y fundamentalmente en el
discurso forense, era la parte principal del discurso. En la argumentación se presentaban
las pruebas y se trataba de destruir las que eran contrarias al caso del orador.
2
Ibid. p. 10.
3
Ibid. p.124.
4
Ibid. p. 126.
4
fuerza y poder. Porque no es de tanta importancia aquello que compusimos allá a solas,
como el modo con que ha de producirse; pues cada uno se mueve según lo que oye”.
(I.O. XI; III)
Tiene mucho que ver con la actuación, pues el orador tiene que actuar su
discurso, de ahí que se le llame también “actio”.
Para tener una comprensión más a fondo del tema que se trata en este trabajo
monográfico, conviene hacer una aproximación breve al contexto socio-político de la
6
época en que le tocó vivir a Quintiliano y conocer algo de su vida. Debido a que no se
pretende aquí hacer un estudio biográfico del autor referido, es que solo se tocará
aquellos aspectos más destacados de la vida de Quintiliano.
Vida de Quintiliano
5
Ibid. p. 216-218.
6
Quintiliano. Instituciones oratorias. Proemio al libro duodécimo.
7
7
Teodoro Mommsen. El mundo de los Césares. México: Fondo de cultura económica, 1945. p.694.
8
Mortara Garavelli, Bice. Manual de retórica. Madrid: Ediciones Cátedra, 1991. p.42.
9
Ibid.
10
Murphy.p.218.
11
León Homo, El Imperio Romano. Madrid: Espasa Calpe, 1961. pp. 48-50.
8
12
Mortara Garavelli, p. 40
13
Ibid
14
Mommsen. p. 738.
9
Ya hemos visto que en los tiempos de Quintiliano, Roma atravesaba por una profunda
crisis de carácter ético. Conociendo un poco del tiempo en que le tocó vivir resultará
más fácil comprender su preocupación por formar ciudadanos de bien en la Roma
Imperial.
La imagen pública del orador. Aristóteles decía que el ethos del orador debía ser una
construcción discursiva. La imagen pre discursiva del orador, cómo ser su conducta, su
familia o su posición social, sí eran muy importantes pero no debían ser determinantes. 17
Lausberg afirma que el ethos era algo que el orador podía echar mano en
cualquier momento como forma de captar la simpatía del público o de los jueces. 18 Es
claro que la mayoría de los oradores veían el carácter del orador como una forma de
construcción discursiva.
Quintiliano va a combatir esto y tratará de reconciliar la retórica con la filosofía.
Siguiendo a Catón, propondrá que el hombre bueno pronuncia cosas buenas, es decir
que el hombre de bien debe ser instruido en la elocuencia.
acciones del buen orador que presenta Quintiliano en esta obra puedan chocar con los
conceptos morales actuales, vale decir que el autor concibe al hombre bueno en función
de su contribución al bien público.
El bien público debería estar por encima de cualquier otra aspiración en el
orador. Así pues, en el capitulo primero de su decimosegundo libro, Quintiliano afirma
que el orador algunas veces tendrá que decidir entre falsear la verdad y lograr un mejor
resultado para la patria; o decir la verdad y estar dispuesto a aceptar un efecto no
deseado como ser que un criminal quede libre o que el enemigo triunfe. Él dice que “…
la mayor parte de las cosas son o buenas o malas, no tanto por sus efectos como por sus
causas.”
En este pensamiento de Quintiliano se puede apreciar en mejor forma su
concepto de lo adecuado. (decorum) 20Lo que en algunos individuos o en determinadas
circunstancias está mal, en otras sin embargo, es lo más apropiado. “…a la manera que a
los niños cuando están enfermos les decimos muchas cosas que no hay, para
contentarlos, y les prometemos otras muchas que no hemos de cumplir, ¿Con cuánta
más razón cuando sea necesario disuadir a un malhechor de cometer un homicidio o a
engañar al enemigo por la defensa de la patria?”
En el libro XII de las Instituciones Oratorias se definen las cualidades del
hombre bueno:
A diferencia del filósofo, el orador debe conocer la opinión pública y valerse de
ella para presentar sus argumentos, pues en la retórica lo que se debe probar no es la
verdad sino lo verosímil. A su vez, el orador debe gozar del respeto de la opinión
pública, (XII, 1, 12) Cuando se carece de una buena reputación, se carece del respeto de
la gente y esto resulta en alguien sin honor, cosa que para Quintiliano era de suma
importancia. (XII, 1, 24)
Pero un hombre bueno que carecía de elocuencia, no era un hombre útil a la
patria.
En el capítulo segundo del libro duodécimo, Quintiliano reconoce la separación
entre la filosofía y la oratoria. La filosofía no busca inmiscuirse en los asuntos públicos.
(Platón, Gorgias,515ª) “…ningún otro tenor de vida ha sido más ajeno de los cargos
civiles y de todo oficio de un orador. Porque ¿cuál de los filósofos asistió puntualmente
a los tribunales o se hizo célebre en las justas del pueblo? ¿Cuál de ellos, finalmente, se
20
Cf. Marco Tulio Cicerón. El orador. XXI
12
empleó en el gobierno de la república, cosa que la mayor parte de ellos encarga que se
evite?”
El orador debe conocer y profundizar en la filosofía para ser así una mejor
persona. Sin embargo, dedicarse a la filosofía significaría abandonar la actividad
pública, lo cual no es el propósito de Quintiliano. Por el contrario, el afirma: “Mas yo
pretendo formar en el orador que instruyo un sabio romano que, no en las privadas
disputas, sino con la experiencia de las cosas y con sus acciones, se porte como un
hombre verdaderamente civilizado.” Cómo se puede observar, la preocupación de
Quintiliano es hacer del orador un hombre público. Él, más que nadie, busca la armonía
entre la retórica y filosofía en el mundo político.21
En ciertas ocasiones el deber debe estar por encima del decoro, (decorum) es
decir lo apropiado para el momento. Si se tiene que decidir entre persuadir o hacer lo
adecuado, se debe preferir sacrificar la persuasión. Ante la disyuntiva entre el ethos y el
pathos, se debe optar por el ethos.
El ethos del orador debe ser, según Quintiliano, el principal elemento de la
retórica. Esto está de acuerdo con su idea del vir bonus y reafirma el carácter
esencialmente ético de la retórica. 22
Cabe destacar que ethos en Quintiliano, está íntimamente relacionado con su
ideal político acerca del orador. Por encima de todo, está la patria. Para Quintiliano lo
bueno es aquello que es bueno para los ciudadanos romanos. Su ideal del ethos es muy
diferente al que plantea Platón en Gorgias. Platón planteaba el dilema de ser acusado
por un hombre malvado pero buen orador. Ante esto, Platón hace decir a Sócrates que
prefiere defenderse solo ante la posibilidad de ser defendido por un buen orador pero
mala persona. La pésima opinión que tenía Platón de la retórica es mencionada por
Quintiliano, quien reconoce que algunas veces, el orador debe falsear la verdad. Ante
esta posibilidad, Quintiliano no tiene reparos en reconocer que su postura va en contra
de la opinión de los filósofos: “Y si alguno se maravillare de que yo le proponga (sin
embargo de que no es este propiamente mi modo de pensar, sino de aquellos a quienes
la antigüedad tuvo por los más graves maestros de la sabiduría)”23
21
Del Río Sanz, E. Quintiliano y su idea del decorum; estilo, ética y retórica. Biblioteca Gonzalo
de Berceo.
http: //www. [Link]/berceo/delriosanz/[Link]
22
Ibid.
23
Quintiliano. Instituciones oratorias. XII, I.
13
El ethos forma parte de los argumentos que el orador debe proveerse en una de
las cinco operaciones de la Retórica, es decir la inventio.24 Entre todo el conjunto de
argumentos que el orador podrá hacer uso en el discurso, debe echar manos a su
conducta. Esto lo hará como forma de persuadir, es decir, para dar más credibilidad a su
discurso.
Quintiliano tenía una preocupación muy grande acerca de la integridad moral del
orador. Para él, la retórica era un arma que no debía caer en manos de malas personas.
En el proemio del libro duodécimo de Instituciones Oratorias, el autor afirma que se
propone abordar la parte más importante de su obra, lo referido a las costumbres y
obligaciones del orador, es decir, de su integridad moral. La dificultad que enfrenta es
tal que llega a decir “si yo hubiera conocido al principio como la conozco ahora por la
experiencia, hubiera consultado antes mis fuerzas.” La mayor dificultad que enfrenta es
la falta de precedentes en cuanto al tema. Utilizando una alegoría de la navegación, dice
que ha navegado en solitario sin divisar casi a persona alguna. “En tan inmenso mar
solo me parece que veo á Marco Tulio, el que, sin embargo de haber entrado en él con
segura y diestra nave, recoge las velas, deja los remos y se contenta al cabo de enseñar
que género de decir ha de usar el ya perfecto orador.”([Link],Proemio)
Esto muestra el descuido que tuvieron los autores anteriores en cuanto a este
asunto. Aristóteles, en su Retórica, se ocupa muy brevemente diciendo que “a las
personas buenas les creemos más”.25 Para que los oradores sean dignos de crédito son
necesarias la discreción, la virtud y la buena voluntad.26 Aún así, su preocupación no
pasa tanto por la necesidad de ser un hombre bueno sino dar una buena impresión en los
oyentes para hacer creíble su discurso, como ya se apuntó anteriormente. En otra parte
de su obra dirá también: “A la buena comprensión del discurso ayudará todo ello, y así
como también el presentarse como persona honrada, ya que a éstas se les hace más
caso."27
El enfrentamiento entre la retórica y la filosofía fue la pretensión de aquella de
constituirse en una ars teórica. Los filósofos consideraban a la retórica como una simple
έ o aun una simple habilidad. Platón dice en Gorgias que la retórica no es un arte.
En cambio afirma que es “una especie de práctica”. Se trata, según Platón, de una
24
Lausberg, H. Manual de retórica literaria. Fundamentos de una ciencia de la literatura.
Madrid:Gredos, 1990. p.234.
25
Aristóteles. Retórica. L.I, 2.
26
Ibid., [Link], 1.
27
Ibid. [Link], 14.
14
práctica para producir agrado y placer, ¡similar a la culinaria¡28 En cambio los retóricos
daban a la filosofía un lugar secundario. La filosofía era solamente una preparación para
el orador. 29
En el capítulo primero del libro duodécimo de Instituciones Oratorias, el autor
demuestra su preocupación por este asunto. Comienza ese capítulo con el encabezado
“Que ninguno puede ser orador sin ser hombre de bien.” Afirma Quintiliano:
El orador, pues, para cuya instrucción escribo, debe ser como
el que Catón define: Un hombre de bien instruido en la elocuencia.
Pero la primera circunstancia que él puso, aun de su misma naturaleza,
es, el ser un hombre de bien; no tan solamente porque si el arte de
decir llega a instruir la malicia, ninguna cosa hay más perjudicial
que la elocuencia, ya en los negocios públicos y ya en los particulares,
sino porque yo mismo, que en cuanto está de mi parte me he esforzado
á contribuir en alguna cosa á la elocuencia, haría también el más
grave perjuicio a la humanidad disponiendo estas armas, no para
un soldado, sino para algún ladrón. (I.O. XII, I)
El carácter moral de la retórica. Quintiliano tenía una convicción muy grande acerca de
la eficacia del orador que además posee la cualidad de “hombre bueno.” Para él, el
hombre bueno no era solo una cuestión de buenas acciones, sino que además
necesariamente se debía reflejar en la buena disposición del orador y en la motivación
que le guiaba. El propósito entonces, era fundamental para ejercer el oficio de orador.
Las emociones fingidas tarde o temprano quedarían al descubierto. Quintiliano creía que
el hombre de bien instruido en la elocuencia no hacía uso de la hipocresía. Aquel orador
que fingía sus emociones, no solo no era un hombre de bien sino que tampoco lograría
28
Platón, Gorgias. 462 b.
29
Lausberg, H. Manual de retórica literaria. Fundamentos de de una ciencia de la literatura.
Madrid:Gredos, 1990. p.90.
30
Del Río Sanz, E., Fernández J. Quintiliano y la retórica romana. [Link]
[Link]/urunuela31/retórica/[Link]
31
Ibid.
15
un discurso eficaz. “Porque por más que se disimule, al cabo se descubre el fingimiento
y nunca ha sido tan grande la fuerza de la elocuencia, que no titubee y vacile siempre
que las palabras desmienten el corazón.” Tal es la convicción acerca de esto, que llega a
decir: “Un hombre malo, por precisión tiene que decir lo contrario de lo que siente; pero
a los hombres de bien jamás les faltará que hablar de las cosas buenas, ni dejarán de
inventar siempre lo mejor (porque ellos mismos serán siempre prudentes)32
Cómo ya se ha visto, Quintiliano no creía que para ser un buen orador se debía
renunciar a ser un hombre de bien. En el capítulo primero del libro XII vemos un
llamado a los estudiantes de retórica a ser hombres de bien y a la vez buenos oradores.
Por cuya razón los jóvenes, ó por mejor decir, los de todas las
edades (pues para el que tiene buenos deseos siempre es tiempo),
aspiremos con todo empeño á llegar á este grado de perfección,
y á esto nos esforcemos, pues tal vez nos cabrá en suerte el
conseguirla. Pues si la naturaleza no impide el ser uno[sic]
hombre de bien y al mismo tiempo buen orador, ¿Por qué
razón no ha de de poder alguno, cualquiera que sea, conseguir
lo uno y lo otro? (I.O. XII, I)
32
Quintiliano. Instituciones oratorias. XII, I
16
general del ejército, sin cuya conducta no puede la ciudad conseguir una honrosa
victoria; ¿Por ventura la común utilidad no le proporcionará un abogado que le
defienda?” ([Link], I) Con esto Quintiliano estaba diciendo que el fin justifica los
medios, pues ese general, aunque hubiera cometido un delito, podría ser más útil a la
patria si se lo defendiera y saliera absuelto aunque el abogado estuviera seguro que era
culpable del delito por el que se le acusaba.
Para Quintiliano es injusticia castigar a un inocente tanto como dejar a un
criminal impune. “…y si se tiene por delito el desear que se castiguen las maldades,
muy cerca están de permitirse las maldades mismas; y el permitirse que vivan
impunemente los malos, es sin duda alguna perjudicial a los buenos.” ([Link], VII)
Cabe destacar que cuando se refiere a “los buenos”, es obvio que se está refiriendo a los
ciudadanos romanos. La justicia para Quintiliano no lo era en el sentido más amplio
sino en lo que se refería de una manera u otra a Roma.
La causa en las que el abogado romano debía actuar debía estar supeditada a la
justicia de la misma. El buen orador, según Quintiliano, debe estar abierto para defender
aquellas causas justas, sin hacer distinción de la condición social o económica. Sin
embargo, no debe aceptar las causas de personas viciosas. “Mas no ha de defender el
orador indistintamente a todos; y al paso que debe tener abierto a todos los infelices el
puerto de su defensa, lo cerrará a los piratas, y solo debe moverle a la defensa de una
causa la bondad de ella.” 33 Nuevamente vemos aquí que el hombre bueno se caracteriza
no solo por su integridad personal sino también por las causas que decide defender. Para
Quintiliano, el orador no debe pensar en su beneficio personal sino en el beneficio de
todos los romanos. Esto queda claro cuando afirma que el buen orador no deberá buscar
enriquecerse con la retórica. Según Quintiliano, el orador debe quedar satisfecho con
defender las causas justas y no buscar riquezas materiales. “Así que el orador nada
pretenderá adquirir más de lo justo, y aunque sea pobre no lo recibirá como recompensa,
sino permitirá que sus clientes le manifiesten con algunas expresiones su mutuo
agradecimiento” (I.O. XII, VII)
Como se puede apreciar, lo moral, más allá de la concepción que cada uno tenga
como forma de medir lo ético, era fundamental en la mentalidad de Quintiliano.
33
Instituciones oratorias. XII, VII.
17
CONCLUSIÓN
Luego de haber examinado el tema acerca del cual hemos comenzado a
investigar, es decir, el concepto de hombre bueno según Quintiliano, se ha llegado a la
conclusión de que el tema ético no puede estar ausente en un debate educativo. Cómo
hemos visto, Quintiliano, un docente con una dilatada experiencia, le preocupaba que el
tema ético fuera descuidado en las escuelas de oratoria romanas.
También se ha descubierto que en tal discusión es imposible desprenderse de
prejuicios políticos y estructuras de carácter socio-políticas. Examinando algo de la vida
de Quintiliano vemos que fue alguien que sacó mucho provecho del turbulento período
18
en que le tocó vivir y siempre quedó “bien parado” cualquiera fuera el emperador de
turno.
Por otro lado, nos tenemos que conformar con lo está escrito en su obra, pues
como ya se ha visto, en sus tiempos la libertad de expresión no existía, por lo que, tal
vez, Quintiliano hubiera querido decirnos muchas más cosas. Tal vez las dijo, pero para
descubrirlas hubiera sido necesario mucha más sagacidad y capacidad que la que posee
este alumno de Facultad de Humanidades.
En conclusión, para Quintiliano, el hombre bueno es aquel que es culto,
elocuente y útil para su país.
Por último, es digno de destaque la importancia que tiene la comunicación
humana. En tiempos en que somos bombardeados por la publicidad, es interesante
advertir que mucho de lo que hoy se usa para comunicar un mensaje proviene de
aquellos tiempos.
BIBLIOGRAFÍA
Del Río Sanz, E. Quintiliano y su idea del decorum; estilo, ética y retórica. Biblioteca
Gonzalo de Berceo.
http: //www. [Link]/berceo/delriosanz/[Link]