Formación y Biodiversidad de Sierra Nevada
Formación y Biodiversidad de Sierra Nevada
Sierra Nevada es el tercer sistema montañoso más alto de Europa después de los Alpes y del
frecuentemente olvidado monte Elbrus, en el Cáucaso (5.633 m.), inserto en los mismos límites del
continente europeo, casi mil metros más alto que el Mont Blanc (4.810). Su cima más elevada, el
Mulhacén, alcanza los 3.478,6 metros. Algunos viajeros del siglo XIX denominaron a Granada la Suiza
Andaluza y a Sierra Nevada los Alpes de Andalucía, estableciendo una evidente relación entre la
cordillera centroeuropea y la Penibética.
En el Mioceno reciente, hace apenas 15 millones de años (Ma), la Sierra Nevada que hoy conocemos
estaba sumida en el fondo de un mar en el que se depositaban sedimentos (areniscas,
conglomerados, margas, calizas…) que, desde hace unos 7-8 Ma, pasaron a ser continentales, al
tiempo que los relieves de la sierra se levantaban. Los sedimentos erosionados se depositaban en
depresiones adyacentes (Granada, Lecrín, Guadix, Corredor de la Alpujarra), constituyendo su orla
externa, por lo que el relieve es joven en términos geológicos. Sin embargo, las rocas que forman las
montañas más altas son bastante más antiguas y aparecen intensamente deformadas por el
plegamiento alpino, que configuró gran parte de la orografía de Europa, Alpes, Pirineos y Sierra
Nevada incluidos.
En su mayoría, las rocas de Sierra Nevada son antiguos depósitos acumulados en cuencas
sedimentarias que se abrieron entre las placas tectónicas de Iberia (Europa) y África durante el
Paleozoico (550-250 Ma) y el Mesozoico (250-66 Ma). Al acercarse durante el Cenozoico (post-66 Ma)
las placas colisionaron entre sí hacia el final del Mioceno antiguo, hace unos 20-15 Ma y las cuencas
previamente abiertas se cerraron. Sus sedimentos fueron plegados, arrastrados y apilados unos
sobre otros a favor de superficies de cabalgamiento y alcanzaron gran profundidad, por lo que
sufrieron metamorfismo al aumentar la presión y la temperatura durante el enterramiento. Después,
la pila de cabalgamientos se abombó formando un pliegue cuyo núcleo constituye las altas cumbres
de Sierra Nevada, que eran talladas en el relieve naciente al tiempo que los fragmentos erosionados
iban a parar a las cuencas circundantes. Por eso, bajo los sedimentos del Mioceno reciente, las rocas
de Sierra Nevada se organizan concéntricamente, configurando otros dos conjuntos geológicos
diferentes: el Complejo Alpujárride conforma los relieves de la media montaña; bajo éste se
encuentra el Complejo Nevado-Filábride, cuyas rocas constituyen las cumbres más altas.
Al final del Cenozoico, al iniciarse la época geológica denominada Pleistoceno, dentro del periodo
Cuaternario (últimos 2,6 Ma) el levantamiento de Sierra Nevada había hecho alcanzar cotas muy altas
a las rocas de su núcleo, a pesar de la rapidísima erosión a la que eran sometidas. Al mismo tiempo,
el clima de la Tierra tendía gradualmente a un enfriamiento pulsante: el clima global, hasta entonces
relativamente cálido, comenzó a experimentar rapidísimos enfriamientos climáticos (glaciaciones); el
hielo se adueñó de gran parte de los continentes, hasta ocupar más de 42 millones de kilómetros
cuadrados a nivel global. Las latitudes más altas del planeta absorbieron las mayores acumulaciones
de nieve que formaron glaciares que aparecieron en numerosas montañas, entre ellas Sierra Nevada.
El arrastre de las masas heladas hacia cotas inferiores provocó la formación de valles en U por donde
se deslizaban las lenguas glaciares. De todo este proceso hay abundantes testimonios en Sierra
Nevada: la retirada de los hielos tras la última glaciación, hace unos diez mil años, dejó expuestos
grandes circos, cubetas, aristas y puntales en las proximidades de las cumbres permitiendo que, en
las depresiones producidas por sobreexcavación o limitadas por morrenas, el agua del deshielo haya
quedado atrapada dando origen a un conjunto de lagunas de origen glaciar, evocadoras de hermosas
leyendas. Antonio Castillo ha identificado hasta 72 lagunas, lagunillos y charcas situadas por encima
de los 2.600 metros, 74 según otros autores. La más alta es la del Corral del Veleta (3.086 m.); las mas
grandes, las de la Caldera (25.000 m2) y la Larga (22.000 m2).
El macizo de Sierra Nevada tiene una extensión hidrológica de unos 2.000 kilómetros cuadrados de
los que el 65 por 100 pertenecen a la cuenca mediterránea y el 35 por 100 restante a la atlántica. Tres
ríos cuyas aguas proceden de Sierra Nevada desembocan en la vertiente mediterránea: Guadalfeo
(Dúrcal, Torrente, Lanjarón, Chico, Poqueira, Trevélez y Cádiar), Adra (Mecina, Válor, Nechite, Laroles,
Bayárcal y Alcolea) y Andarax (Laujar y Nacimiento). Dos lo hacen en la atlántica: el Fardes, con su
tributario el Guadix y él lo es a su vez del Guadiana Menor y el Genil (San Juan, Maitena, Dílar,
Monachil y Aguas Blancas). A su vez, el Genil es el resultado previo de la unión del Valdecasillas,
Valdeinfierno y Bacares que al unirse forman el Real, convertido en Genil al fundirse con el Vadillo.
Quiere decir que cada uno de estos cinco ríos principales se alimenta de un conjunto de ríos
secundarios o tributarios que conforman una red de casi cincuenta en su periferia. Los recursos
hídricos procedentes de Sierra Nevada se estiman en unos 750 hm3/año procedentes en su mayor
parte del deshielo de la nieve acumulada en las cumbres.
La gran altitud que alcanza Sierra Nevada y su gran proximidad a un mar cálido como el Mediterráneo,
en una latitud en torno a los 36º, hace que su diferencia de temperaturas oscile entre -25 y +25
grados centígrados, lo que ha creado un paisaje botánico muy peculiar en el que conviven la tundra
ártica en las más altas cumbres, con los cultivos tropicales, junto al mar, en una distancia que en línea
recta alcanza tan sólo unos pocos kilómetros, de manera que desde las cumbres son perfectamente
visibles las aguas del Mediterráneo y, excepcionalmente, las montañas africanas del Rif o el estrecho
de Gibraltar. Las cumbres tienen una apariencia desértica, pero para el botánico constituyen
realmente el paraíso de los endemismos, plantas que no existen en ningún
otro lugar del mundo y de las que en Sierra Nevada subsisten al menos 77. En Sierra Nevada existen,
además, otras 25 especies endémicas compartidas con otras sierras próximas, 170 endémicas de la
Península Ibérica y 200 compartidas con el norte de África. En conjunto y según las más recientes
investigaciones realizadas por Juan Lorite, son 2.354 las especies que habitan Sierra Nevada.
Entre las joyas botánicas endémicas más singulares hay que citar la manzanilla de la sierra, Artemisia
granatensis, que vive en pastizales secos, pedregales y cascajales a partir de los 2.500 metros,
utilizada medicinalmente durante mucho tiempo y contra cuya extinción se libra hoy una lucha
encarnizada. Otra, la violeta de Sierra Nevada, Viola crassiuscula, en la misma ubicación que la
anterior, constituye una de las especies endémicas más hermosas de Sierra Nevada. O la estrella de
las nieves, Plantago nivalis, que prefiere vivir al borde de los lagunillos, en suelos más húmedos y
generosos, formando hermosos y abundantes tapices que blanquean entre el verde de los
borreguiles.
Algo parecido sucede en el caso de la fauna, con especies como la mariposa Erebia hispania observada
únicamente en Sierra Nevada y en los Pirineos o la Pseudochazara hippolyte o la hormiga
Rossomyrmex, existentes en Sierra Nevada y algunas otras montañas del centro y sur de la península
y en Asia Central y los Urales, sin que existan poblaciones intermedias. Algunas de las plantas
endémicas constituyen la base alimenticia de una raza específica de cabra montés que, desaparecidos
los osos, los lobos y los linces que antiguamente poblaban la sierra, forman la presencia de ungulados
más importante, con una población superior a los 13.000 ejemplares. Además, se pueden contar
ejemplares tan interesantes como el topillo nival, Chionomys nivalis, el águila real, Aquila chrysaetos,
el acentor alpino, Prunella collaris, y la lagartija ibérica, Podarcis hispanica, así como innumerables
especies de insectos, muchos de ellos también endémicos de Sierra Nevada. Mítica resulta la
mariposa apolo, Parnassius apollo nevadensis, caracterizada por la presencia de manchas circulares
canelo-anaranjadas en las alas posteriores o amarillo-anaranjadas en los ejemplares muy volados.
Todo ello es el resultado de una adaptación producida durante milenios a un medio hostil
caracterizado por una presencia prolongada de la nieve, bajas temperaturas en invierno, altas en las
zonas soleadas durante el verano, fuerte radiación solar, baja disponibilidad de agua durante largos
periodos, viento frecuente que deseca el suelo y las plantas y suelos de escasa profundidad y pobres
nutrientes que ha provocado un proceso de especialización y de reducción de su ciclo vital al mínimo.
Esto ha llevado a la aparición de especies nuevas que no han encontrado en ningún otro lugar
condiciones similares.
La superficie aproximada del macizo montañoso es de unos 1.750 kilómetros cuadrados y se extiende
a lo largo de unos ochenta kilómetros de longitud en sentido este a oeste y una anchura comprendida
entre los diez y los treinta kilómetros, en sentido norte-sur. La curva de nivel de los 3.000 metros
incluye 23,71 kilómetros cuadrados con una cresta de cumbres superiores a dicha altitud, entre el
Picón de Jérez y el Cerro del Caballo, de 24 kilómetros y una anchura media de 895
metros. A nivel inferior, podría decirse que Sierra Nevada comienza en el vértice de la confluencia
entre los ríos Nacimiento y Andarax, en la provincia de Almería y termina en el Suspiro del Moro, a
pocos kilómetros de Granada.
En la provincia almeriense las cumbres más altas son el citado Monte Negro (1.710 m.), la Polarda
(2.252 m.), el Buitre (2.465 m.), el Cerro del Almirez (2.519 m.) y el Chullo (2.609 m.).
En la de Granada es posible hacer la integral de Sierra Nevada recorriendo casi 25 kilómetros por
encima de los tres mil metros, entre el Picón de Jérez (3.088) y el Cerro del Caballo (3.011); el número
de cimas que alcanzan esa altitud es variable, en función de los criterios de medición que se utilicen
(altura entre collado y cima y distancia entre dos cimas). Recientemente Juan Luis Ortega y José
Manuel Peula han propuesto la cifra de 29 cumbres que en Sierra Nevada superan los tres mil metros.
Las más altas, las que superan los 3.200 metros, son las once siguientes: Mulhacén (3.479), Veleta
(3.396), Alcazaba (3.369), Cerro de los Machos (3.327), Puntal de la Cornisa (3.318), Peñón del Globo
(3.389), Puntal de Siete Lagunas (3.251), Tajos de la Virgen (3.239), Puntal de Loma Púa (3.224), Puntal
de la Caldera (3.222) y Puntal del Goterón (3.204). Ello, sin contar otras intermedias que no tienen la
consideración de cimas independientes. Las tres primeras se encuentran entre las cinco más elevadas
de la Península Ibérica.
No hay en Sierra Nevada valles que rompan la continuidad de las cumbres, de manera que las dos
vertientes están incomunicadas y son muy diferentes entre sí. La vertiente norte, en la que se
encuentra la ciudad de Granada, es la más escarpada, con enormes tajos como el de la Alcazaba, el
del Mulhacén o el Corral del Veleta. La vertiente sur, más suave, orientada al sol y muy cerca del mar,
permite que los núcleos pequeños de población asciendan hasta los mil quinientos metros de altitud.
La comunicación entre las dos vertientes se ha realizado históricamente a través de una serie de
puertos cuya ascensión y descenso no han estado exentos de dificultad y de peligros diversos: el
puerto de la Ragua (2.038 m.), el de Trevélez o de las Albardas (2.798 m.), el de Jérez o de los Rejones
(2.873 m.), el de Mecina (2.621 m.), el del Lobo o de los Bérchules (2.412 m.), el de Bacares (3.002
m.) y el collado de Capileira o Carigüela del Veleta, también un puerto natural antiguamente (3.200
m.), célebre porque en este lugar sitúa la tradición cristiana la aparición de la Virgen de las Nieves al
beneficiado de Válor, Martín de Mérida, cuando éste hacía el viaje desde la Alpujarra hasta Granada,
el 5 de agosto de 1717. Los primeros unían la Alpujarra con el Marquesado del Zenete; los dos últimos
lo hacían con la propia ciudad de Granada, aunque su franqueo únicamente fuera posible unos cuatro
meses al año.
El primer testimonio escrito que existe sobre Sierra Nevada se debe al geógrafo e historiador griego
Estrabón. Está incluido en el libro tercero de su Geografía y en el mismo afirma, refiriéndose a las
costas del litoral mediterráneo, que “A partir de Calpe se extiende una cordillera montañosa que
cruza la Bastetania y el país de los oretanos, y que está cubierta de tupidos bosques con grandes
árboles, y que separa la costa de la zona interior. En ella hay muchos lugares que producen oro y otros
metales”. No hace referencia alguna a la nieve, pero ya es bastante si tenemos en cuenta que hizo la
descripción hace más de dos milenios. Estrabón utilizó el nombre de Oróspeda, aunque refiriéndose,
posiblemente, a todo el conjunto montañoso que parte de las sierras de Segura y Cazorla y termina
en la Serranía de Ronda.
Más preciso en la denominación fue Caio Plinio quien, en el siglo I se refirió a lo que hoy es Sierra
Nevada como Solorio monte y habló de un río que desembocaba en el Betis al que denominó, sin
decir de donde venía, Singilius fluvius. Es la misma terminología que en el siglo IV utilizarían Julio
Honorio y Rufo Festo Avieno. El último testimonio de la antigüedad es ya del siglo VII y corresponde
al obispo hispalense Isidoro que refleja el mismo nombre para la cadena penibética: Solorius o Solorio
( “Solorius a singularitate dicitur, quod omnibus montibus solus altior videatur”: Solorio se le dice por
su singularidad, porque de todos los montes de Hispania él solo parece más alto).
Y esta es la herencia que recibiría la literatura árabe, en cuyos textos se utiliza unas veces Yabal al-
Taly (Monte de la Nieve) y otras, las más de ellas, Yabal Sulayr (Monte Sulayr) o solo Sulayr. El primero
es un topónimo árabe plenamente descriptivo: monte de la nieve; el segundo es la transcripción
fonética al árabe de su antiguo nombre latino Solorius o Mons Solaris, que en árabe se convertiría en
Sulayr, de donde volvería al castellano con la primera denominación conocida: Sierra Solera, nombre
que aparece ya en el siglo XVI y que se mantendrá en algunas fuentes, principalmente judiciales, hasta
el siglo XVIII. Pero pronto tendrá que competir con otras denominaciones, tales como Sierra de la
Helada (Lafuente Alcántara y Antonio Ponz) y Sierra Nevada, nombre que se generaliza cada vez más.
Así pues, Oróspeda, Solorio, Monte de la Nieve, Monte Sulayr, Sierra Solera y Sierra de la Helada son
algunos de los nombres con los que se vino conociendo esta montaña antes de que se afirmara en la
segunda mitad del siglo XVIII, su actual denominación: Sierra Nevada.
BIBLIOGRAFÍA
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MÓDULO 1
Al hablar de una alta montaña siempre existe la curiosidad de preguntarse y averiguar quién fue el
primero que llegó hasta ella. A pesar de su elevada altitud, en Sierra Nevada esta pregunta no tiene
como respuesta un nombre propio.
Particularmente ocurre esto con las mujeres. La primera mujer que describió una subida a Sierra
Nevada fue la británica Louisa Tenison en 1850. Pero antes de esa fecha habían dejado sus huellas y
su sudor en la Sierra las mujeres alpujarreñas, las de Güéjar, de Dílar o Monachil, que habían vivido
de la Sierra y en la Sierra sin que nadie dejara constancia escrita de su existencia.
También los neveros realizaron su aportación y dejaron su impronta, su toponimia y hasta sus vidas
en Sierra Nevada. El de nevero fue un viejo oficio granadino. Neveros eran los hombres que durante
los meses de verano subían con caballerías a las zonas más altas de la Sierra, donde la nieve nunca
desaparece, y de noche, evitando los rigores del sol, emprendían el camino de regreso con sus mulos
cargados de nieve para su distribución en Granada. La nieve era un bien muy apreciado como
refrescante, conservante y curativo, cuya propiedad había vendido el rey a la ciudad de Granada y su
cabildo sacaba anualmente a subasta obteniendo el arrendador el derecho exclusivo de venderla en
la ciudad y a autorizar para ello a quienes le subarrendaran el negocio y lo cierto es que hasta la
aparición de las primeras fábricas de hielo artificial a comienzos del siglo XX, los neveros prestaron
un formidable servicio a una calurosa población, como es la de Granada en los meses de julio y agosto,
dejando su trayecto sembrado de nombres que los identificaban, como el Camino de los Neveros y la
Fuente de los Neveros. Por cierto que, al ser considerada la nieve de Sierra Nevada como bien de
propios del Ayuntamiento de Granada, en 1871 y a raíz de la desamortización de Madoz, fue vendida
en pública subasta a un particular que la explotó hasta la finalización de aquel gélido negocio en 1918.
Por otra parte, al desarrollarse en buena parte sobre las tierras de Sierra Nevada la rebelión de los
moriscos, todos los autores que trataron la guerra de La Alpujarra, incluyeron en sus textos
descripciones más o menos precisas de aquellos territorios de media y baja montaña, aunque en
todos los casos fueron los acontecimientos militares y políticos los que inspiraron su narración; tal
ocurre con Diego Hurtado de Mendoza, Ginés Pérez de Hita y Luis Mármol y Carvajal en el siglo XVI
y con Francisco Bermúdez de Pedraza y Francisco Henríquez de Jorquera en el XVII.
En el siglo XVIII Sierra Nevada comienza a ser estudiada y científicamente conocida gracias a los
trabajos de los primeros geógrafos y botánicos que acudieron a sus cimas y divulgaron lo que vieron
y conocieron.
La primera descripción extensa que existe sobre Sierra Nevada se halla inserta en el libro del
granadino Francisco Fernández Navarrete, médico en la corte de Felipe V, Cielo y suelo granadinos,
escrito entre 1729 y 1734 aunque no publicado hasta 1999, en el que demuestra ya un buen
conocimiento general del macizo montañoso y de su estructura geográfica, y, aunque no consta que
él llegara a realizar personalmente el viaje, tuvo buenas fuentes que es imprescindible seguir en la
actualidad.
La primera información documental que existe de una ascensión a Sierra Nevada fue datada en 1754,
aunque posiblemente se realizara más tarde, y la llevó a cabo el célebre autor “ilustrado” de libros
de viajes Antonio Ponz. Es realmente la primera narración extensa que el siglo XVIII nos dejó sobre
un viaje a la Sierra antes de que el macizo comenzara a ser objeto de atención por parte de botánicos
y naturalistas como José Quer, Guillermo Bowles, Antonio Palau o Guillermo Thalacker. Y es que la
altura y su proximidad a un mar cálido como el Mediterráneo, han creado un hábitat específico
poblado de casi un centenar de especies botánicas exclusivas de la Sierra de Granada y abundantes
endemismos animales.
Esta situación hizo que Sierra Nevada se convirtiera pronto en un punto de atracción para los
botánicos nacionales y extranjeros. Entre aquellos primeros científicos destaca Simón de Rojas
Clemente, que visitó Sierra Nevada en 1804 y 1805, estudió su vegetación y midió sus alturas,
llegando entonces a la sorprendente y verídica conclusión de que el Mulhacén, y no el Veleta, era el
pico más alto de Sierra Nevada con 3.556 metros según su medición, una diferencia de poco más de
77 metros, que no empaña, por lo rudimentario del procedimiento, el sorprendente logro geodésico
y la primacía del “Cerro” que según la leyenda guarda los restos del penúltimo de los reyes nazaríes,
el sultán Muley Hacén.
El interés científico por Sierra Nevada sería constante desde entonces y entre sus estudiosos bien
merece ser recordado el suizo Edmond Boissier, que permaneció en Granada durante buena parte
de 1837 y publicó en París en 1845 uno de los más grandes libros de botánica que se escribieron en
aquella centuria, Voyage botanique par le Midi de l´Espagne pendant l' année 1837. La obra de
Boissier ha merecido desde siempre los mayores elogios y su nombre quedó vinculado al de
numerosas especies endémicas de Sierra Nevada.
Lugar destacado también entre los científicos que se acercaron a Sierra Nevada merece un botánico
austriaco, Moritz Willkomm, quien, probablemente atraído por la curiosidad que en Europa despertó
la obra de Boissier, visitó Sierra Nevada en 1844, en 1850 y en 1873. Fruto de su primer viaje a España
fue la publicación en 1847 del libro Dos años en España y Portugal . Desde entonces, sus trabajos
sobre la flora hispánica y nevadense van a ser abundantes. Después de su último viaje Willkomm
escribió y publicó en Viena en 1882 un nuevo libro, Las Sierras de Granada, que es un maravilloso
libro de recuerdos montañeros y una llamada de atención a los turistas europeos sobre las
excelencias de un país y de unas gentes que él amó y comprendió como nadie.
Más tarde, otros científicos alemanes adoptarán a Sierra Nevada como su propio laboratorio de
investigación y personajes como Richard von Drasche en la geología, Karl Voigt en la botánica o
Johannes Rein en la geografía, merecen ser recordados en lugares de honor en la historia
decimonónica de esta montaña andaluza.
Inevitablemente, a partir de los años treinta del XIX comenzaron a aparecer por Granada los "curiosos
impertinentes", los viajeros románticos, para quienes Granada era un punto de concurrencia
imprescindible y, para muchos de ellos, la subida a Sierra Nevada representó una atracción
irrefrenable.
El triunfo del romanticismo se puede situar a partir de 1825 y su crisis unos 25 años después, hacia
1850, si bien su pulso se notará aún una década más, aunque ya falto de vitalidad y de iniciativa. Para
las aspiraciones del romántico, España constituía el destino más adecuado; su pasado y su presente
lo permitían; su retraso en relación con otros países de Europa lograba mostrar un ambiente de
primitivismo, de ingenuidad, que a los románticos apasionaba. Y Granada encarnaba todos los
anhelos y aspiraciones de un buen romántico. Entre lo que se veía, se intuía, se adivinaba y se in-
ventaba, Granada era el lugar sagrado de las peregrinaciones románticas, el lugar en el que cualquier
viajero hubiera deseado quedarse el resto de sus días
Viajeros británicos como Sir Arthur de Capell Brooke, Samuel Cook, Richard Ford, Georges Dennis,
William George Clark o Louisa Tenison; alemanes como Franck Pfendler D' Ottensheim, que busca
en Sierra Nevada remedio contra la tisis; suecos como Engron Lundgren, o franceses como Charles
Didier, Théophile Gautier, el propio Alejandro Dumas, viajero en Granada en 1846 y cuya impresión
sobre Sierra Nevada plasmó en una novela titulada El bandido de Sierra Nevada, que publicó en 1853,
o el mismo Gustavo Doré que, acompañando a Charles Davillier, recorrió Sierra Nevada y la Alpujarra
en 1862, dejando media docena de dibujos de extraordinario interés.
Todos ellos son testimonios extranjeros antes de que los autores más próximos se ocuparan por las
excelencias naturales y literarias de una montaña que tenían ante sus ojos pero que,
lamentablemente, tardarían mucho en ver. Por fin, dos autores de Guadix, experimentaron tal
deslumbramiento y Torcuato Tárrago y Mateos, famosísimo entonces e ignorado ahora, publicó en
Madrid a partir de 1872 varias ediciones de una inverosímil novela de aventuras, A doce mil pies de
altura y Pedro Antonio de Alarcón dio a la imprenta en 1874 su celebérrimo libro La Alpujarra, con el
que el autor cumplía con uno de sus confesados anhelos de niñez.
El descubrimiento montañero
Granada seguía viviendo a la sombra de la Sierra aunque de ella solo se ocupaban los pastores de
Monachil o los manzanilleros de Güéjar. Pero a partir de 1882 la relación entre la ciudad y Sierra
Nevada va a ir lentamente cambiando. Aquel año, la sociedad El Fomento de las Artes realizó a Sierra
Nevada una excursión dirigida por Indalecio Ventura Sabatel, auténtico pionero del montañismo
granadino, quien, además, pretendió por primera vez la apertura de la Sierra al turismo mediante la
construcción de veredas y albergues, la formación de guías y la edición de planos. En aquella
excursión participó un grupo de más de veinte personas entre las que se hallaba un alemán, Máximo
Hertting, que publicó un magnífico testimonio de la misma en la prensa de Granada.
Seis años más tarde, 1888, el ingeniero de caminos y miembro de la Institución Libre de Enseñanza,
Luis de Rute, realizó una larga excursión a Sierra Nevada, preocupándose después de difundir los
conocimientos adquiridos mediante la publicación de su diario de la expedición, de artículos y de
conferencias, en el más puro estilo que caracterizaría a los miembros de la Institución, para quienes
el montañismo era una de las formas más completas de mejorar la condición humana mediante la
educación. Esta difusión, unida a la fuerte personalidad de su autor, hizo que el viaje de Rute haya de
ser considerado como el punto de apoyo sobre el que se asienta el arranque del montañismo
granadino a partir de la década de los años noventa bajo el impulso del Centro Artístico y Literario de
Granada.
Efectivamente, los llamamientos que Luis de Rute realizó en Granada dieron su fruto en los años
siguientes y en 1891 el Centro Artístico, bajo la dirección de Valentín Barrecheguren y Alberto Álvarez
de Cienfuegos realizó su primera excursión a Sierra Nevada. Las excursiones a la Sierra organizadas
por el Centro se institucionalizaron en los años siguientes. Fruto de las de 1894 y 1895 fue la edición
de sendos trabajos con el mismo título, La Suiza Andaluza, escritos respectivamente por Diego Marín
y Elías Pelayo, que terminaron por relanzar en Granada la afición al montañismo.
En 1898 se produjo, sin embargo, el cierre del Centro Artístico. Este fue el momento en el que un
grupo de aficionados montañeros se decidieron a crear una organización bajo cuya denominación
podrían seguir practicando su ilusión anual, la ascensión a las cumbres de Sierra Nevada. Fue así
como, a finales de 1898, nació la sociedad Diez Amigos Limited, decana de las sociedades montañeras
granadinas y una de las primeras de España. Su primera excursión la realizaron en 1899 y quedaría
inmortalizada en un pequeño libro que Nicolás María López publicó al año siguiente con el título En
Sierra Nevada. Desde su fundación, la sociedad Diez Amigos Limited estuvo presente en la mayor
parte de las actividades montañeras que se llevaron a cabo en Sierra Nevada. Ellos serían el punto de
mira, interior y extranjero, de cuanto sucedió en la Sierra, los promotores del excursionismo, los
innovadores de nuevas rutas y los organizadores de importantes actos, casi "multitudinarios" en la
Sierra.
Catorce años estuvieron en solitario los "Diez Amigos" organizando sus excursiones a Sierra Nevada,
hasta que en el verano de 1912 un gobernador civil, Benito del Campo y Otero, tras una excursión a
la cima del Mulhacén, promovió el nacimiento de la Sociedad Sierra Nevada, como una sociedad por
acciones, que se debería encargar de la construcción de una carretera, un sanatorio y un hotel en la
Sierra. De todo ello, sólo efectuó lo último, un hermoso albergue montañero situado en el Peñón de
la Mojonera, a 2.250 metros de altura, que entró en funcionamiento en diciembre de 1915,
produciendo un cambio importante en el montañismo granadino. Con el albergue, la aventura, el
peligro que hasta ahora había que afrontar para ir a la Sierra, si no desaparecen, se amortiguan
sensiblemente. La Sierra se abre con él a nuevas posibilidades deportivas, a nuevas rutas más
cómodas, a unas visitas menos cargadas de incertidumbre y a un montañismo menos incierto y
adverso.
Como se verá más detenidamente en un capítulo posterior, este es el momento en que se inicia el
desarrollo de las comunicaciones a Sierra Nevada. El 5 de noviembre se constituye la sociedad
"Tranvía Ferrocarril de Granada a Sierra Nevada" por iniciativa del Duque de San Pedro de Galatino,
con un trazado que pasaría por Pinos Genil, Güéjar Sierra y El Charcón. Las obras comenzaron en
mayo de 1920 y tras más de cuatro años de trabajos, el 21 de febrero de 1925 se inauguró el primer
tramo del tranvía, hasta el puente del Blanquillo. Su costo ascendía a 4 millones de pesetas. En 1928
el tranvía llegó hasta la estación de Maitena. Después de la guerra civil, hasta el Barranco de San Juan.
Simultáneamente al del ferrocarril, el Duque inicia los trabajos para la construcción de un gran hotel
en la Sierra. El lugar elegido es el denominado Cortijo Hundido, entre Collado Redondo y el Barranco
de San Juan, a 1.600 metros de altura. Desde allí, es necesario construir un camino que, en
pronunciado zig-zag, desciende hasta el Charcón, lugar hasta donde llegará el tranvía. El hotel contaba
con 100 habitaciones, con unos servicios totalmente electrificados y su costo ascendió a dos millones
de pesetas. Se abrió al público, en el 20 de marzo de 1925, pocos días después de la inauguración
del primer tramo del tranvía, que para el establecimiento era un elemento indispensable.
También en 1920 y después de varios años de proyecto y de negociación política, dieron comienzo
las obras de la carretera de Sierra Nevada, dirigidas por el ingeniero Juan José Santa Cruz. Quince
años después, el 15 de septiembre de 1935 se pudo subir por vez primera en coche al pico del Veleta.
Formando parte del proyecto de la carretera se construyeron dos casillas albergues, como las
denominó Santa Cruz; se trata de los albergues de las Sabinas y de Hoya de la Mora, aun en buen
funcionamiento.
Con tal desarrollo de infraestructuras el montañismo granadino comenzó a florecer de manera
extraordinaria a partir de aquellos momentos.
Además de la Sociedad Sierra Nevada, entre 1913 y 1914 funcionó en Granada otra sociedad
montañera, la Agrupación Alpinista Granadina, que tuvo como dirigentes a Miguel Alvarez
Salamanca, primero y al ingeniero de montes José Almagro, después. También de vida efímera fue
la Sociedad Penibética de la que conocemos algunas de sus actividades montañeras desarrolladas en
1921. De 1922 es la noticia relativa a la existencia de una agrupación dedicada a la baja montaña y
denominada El Camión; en 1925 se crea el grupo granadino de los Exploradores de España, bajo la
presidencia del polifacético canónigo Luis López Dóriga; en 1926 llegó a constituirse otro grupo, la
Sociedad Muley-Hacem, bajo la iniciativa de Jorge Scheweinfurth; en 1927 nacen dos sociedades que
se encargarán de renovar la actividad montañera en Granada: la Asociación Alpinista Granadina y el
Club Penibético, a las que ahora se hará referencia; en 1929 se fundan Veleta Club, el Club Alpinista
Mulhacén y los 13 Alpinos Solitarios; en 1930 lo hace Skis Club Granadino y en 1931 el Club
Montañero Granadino.
De ellas, las más importantes, junto con la Sociedad Sierra Nevada, fueron la Asociación Alpinista y el
Club Penibético, ambas fundadas, como se ha dicho, en 1927. La Asociación Alpinista Granadina nació
bajo la iniciativa de un grupo de inquietos montañeros locales entre los que destacan Demetrio
Spinola, Francisco Olmedo García, José Molina Contreras y Luis Criado Rodríguez y mantuvo su
existencia hasta 1936. Organizó múltiples excursiones, fomentó el deporte del esquí entre los jóvenes
granadinos, creó secciones de fútbol y ciclismo, fue la promotora de las Carreras de Montaña, que se
celebran desde 1929, creó el concurso de esquí para neófitos y compitió duramente con las restantes
sociedades montañeras.
También en 1927 se fundó el Club Penibético. Tras una serie de excursiones preparatorias de las que
se publican las crónicas correspondientes en la prensa de Granada, el 3 de agosto de 1927 y en el
local de la Real Sociedad Económica de Amigos del País tuvo lugar la constitución del Club Penibético.
El alma fundacional, cronista incansable y luchador perpetuo es José Casares Roldán, profesor de la
Universidad, de cuyos artículos montañeros están salpicadas las páginas de los periódicos y revistas
de la época. El Club Penibético organizó numerosísimas excursiones a Sierra Nevada, divulgó la
cultura y la propaganda alpina, realizó exposiciones fotográficas y publicó una revista, Penibética.
Pero su mayor realización deportiva fue la organización de las Semanas Deportivas de Sierra Nevada,
iniciadas en 1928 bajo la inspiración del Duque de San Pedro, que se celebró ininterrumpidamente
hasta 1936. En enero de 1931 Baldomero Martín Martín sustituyó a José Casares al frente del Club
Penibético, manteniendo hasta 1936 su pujante actividad.
La nueva carretera, el tranvía, el albergue de la Sociedad Sierra Nevada, el Hotel del Duque y los
nuevos albergues de Obras Públicas y de la Universidad, abrieron para Sierra Nevada unos horizontes
deportivos que los jóvenes granadinos supieron aprovechar, pero que la Guerra Civil cortó en seco,
convirtiéndose la Sierra en campo de operaciones del enfrentamiento armado.
BIBLIOGRAFÍA
TITOS MARTÍNEZ, Manuel (1991). La aventura de Sierra Nevada, 1717-1915. Granada: Universidad
de Granada.
TITOS MARTÍNEZ, Manuel (1997). Sierra Nevada: una gran historia. Granada: Universidad de
Granada, Cetursa Sierra Nevada S.A. y Sogefinsa.
TITOS MARTÍNEZ, Manuel y RUIZ DE ALMODÓVAR SEL, Miguel (1998). Los Diez Amigos Limited y los
orígenes del montañismo granadino (1898-1913). Granada: Comares.
TITOS MARTÍNEZ, Manuel (2002). Textos históricos sobre Sierra Nevada. Madrid: Ministerio de
Medio Ambiente (Organismo Autónomo Parques Nacionales).
TITOS MARTÍNEZ, Manuel (2014). Los neveros de Sierra Nevada. Historia, Industria y Tradición.
Madrid: Organismo Autónomo Parques Nacionales.
MÓDULO 1
ALBERT EINSTEIN
En este apartado más que una descripción del espacio habitado nevadense y de sus manifestaciones
más representativas, valiosas o tangibles (tipos de hábitat, configuración urbana, sistemas de riego,
tipologías edificatorias, fórmulas materiales de adaptación al entorno, modelos de aprovechamiento
de recursos, etc.) que se manifiestan en la orla de Sierra Nevada, vamos a intentar plantear algunas
reflexiones que ayuden a responder a los objetivos de este módulo introductorio que parte de una
pregunta tan básica como ineludible: ¿qué es Sierra Nevada?
Obviamente los contenidos del curso van a desarrollar de manera analítica y pormenorizada la
respuesta a dicha pregunta genérica. Pero en nuestra aportación eludiremos la descripción de los
múltiples aspectos y concreciones materiales que configuran esa “Sierra Nevada habitada” y que
aparecerán tratados en gran parte de los módulos y epígrafes del presente curso. En cambio,
queremos señalar y ofrecer algunas ideas que pueden complementar y ser abordadas teniendo en
cuenta los hechos que se van a describir en los distintos apartados del curso. Así pues más que un
recordatorio o ampliación del conocimiento analítico y sistemático de Sierra Nevada como espacio
habitado planteamos un ejercicio de reflexión para una mejor contextualización de la información y
conocimiento disponibles sobre Sierra Nevada. Resulta, bajo nuestra perspectiva, imprescindible
comprender cómo se ha forjado nuestro concepto actual, con sus manifestaciones materiales, de
Sierra Nevada habitada. Así sea lo que fuere Sierra Nevada como espacio habitado y con
independencia de sus manifestaciones territoriales, el análisis y la descripción de los hechos objetivos
que la definen y concretan ese espacio, vendrán dados siempre, de las circunstancias (históricas,
económicas, sociales, culturales, científicas, etc.) que condicionarán y precederán a cualquier lectura
o enfoque de dichos hechos. Aunque dichas circunstancias serán tenidas en cuenta a no dudarlo en
el desarrollo de los distintos apartados del curso, queremos aquí y ahora proponer aquellas
consideraciones generales y previas que deberían, en nuestra opinión, anteceder al análisis de los
hechos objetivos y favorecer una mejor contextualización y comprensión de nuestra actual visión de
Sierra Nevada como espacio habitado.
Sierra Nevada es, ha sido y será un espacio construido por las percepciones, valores y acciones
humanas
Del conservacionismo más estricto a la explotación utilitarista y depredatoria de los muchos recursos
de estas montañas, todo tipo de actitudes y acciones han cabido en la historia que relaciona Sierra
Nevada con el factor humano. En definitiva, han sido las diversas formas de acercamiento y “uso” de
Sierra Nevada (desde el interés científico a la actitud estética o a la pura y dura necesidad de
supervivencia) las que han condicionado y explican no sólo la evolución de estas montañas sino su
actual situación y perspectivas de futuro. En gran medida, toda Sierra Nevada es un espacio habitado
(material o simbólicamente) y es, precisamente, en la capacidad de conocimiento y valorización las
formas de habitar este espacio donde se encuentra uno de los mayores retos para el mantenimiento
de sus valores. En definitiva la ampliación de nuestra imagen de Sierra Nevada a su multisecular uso
y ocupación humanos, aparte de ser un ineludible punto de partida para la gestión, enriquece las
posibilidades de dicho espacio, incluso desde la perspectiva de la conservación de sus riquezas
naturales.
No es necesario insistir una vez más en que Sierra Nevada es un excepcional espacio natural
merecedor de manera incontestable de la máxima protección. De ahí el ejercicio de responsabilidad
que se debe asumir sin ningún género de dudas para la conservación de sus valores. Pero no resulta
de más recordar que conceptos como espacio natural sólo adquieren un valor reconocible cuando
individuos y sociedades le dan sentido a dicho concepto mediante su conversión, esta sí muy
comprensible, individual o socialmente, en espacios vividos, lugares o medios de vida. La Sierra
Nevada habitada plasma materialmente y de una forma históricamente construida las formas de
entender, vivir y valorar Sierra Nevada, incluso desde la perspectiva de un espacio natural protegido.
Esa percepción humana de Sierra Nevada es la que, a fin de cuentas, ha favorecido y favorece las
perspectivas, expectativas, acciones concretas o procesos de los que se ha derivado nuestra actual
situación material y simbólica de Sierra Nevada. Por consiguiente, Sierra Nevada es algo más que
espacio y naturaleza en tanto y en cuanto es un “lugar”, humanamente reconocible y reconocido. Ello
y exige, por tanto, el reconocimiento de esos valores como algo propio de un individuo o sociedad.
Incluso las más altas cumbres inhabitadas de nuestra sierra, o sus especies más valiosas “están
habitadas” en el imaginario y en las expectativas o comportamientos humanos que dicha visión
produce. Igualmente, Sierra Nevada ha sido y sigue siendo modos de vida, modos muy específicos y
valiosos de “habitar el mundo” en una localización determinada y con unas características físico-
biológicas pero también humanas específicas. Gran parte de la Sierra Nevada habitada que hemos
heredado ha competido y coexistido con otros modos de vida y lo sigue haciendo hoy día. No
olvidemos , por ejemplo, que determinadas visiones o expectativas de desarrollo económico, ajenas
a las potencialidades y valores del macizo pueden perturbar o destruir modos de habitar Sierra
Nevada que hoy nos pueden parecer valiosos y dignos de conservación. Por consiguiente, la mejor
forma de preservar Sierra Nevada es convertir ese espacio, naturaleza y medio en un “lugar” en el
que sus habitantes y sus usuarios, habiten o no este territorio, encuentren un sentido a sus visiones
de desarrollo humano. Y eso pasa ineludiblemente por una revalorización del espacio habitado al que
hay que considerar no sólo un patrimonio inerte propio de épocas pretéritas o un problema o
enemigo de la preservación de espacio tan singular. El espacio habitado en Sierra Nevada es también
Sierra Nevada, amplía y enriquece nuestra perspectiva de la misma y ha sido, puede y debe ser un
ejemplo de fértil simbiosis entre Naturaleza y Cultura.
¿Quiénes habitaron y habitan Sierra Nevada? ¿Por qué, para qué y cómo?
Un análisis mínimamente cuidadoso de las formas de habitar Sierra Nevada que se concretan en lo
que podríamos llamar espacio humanizado (pueblos, infraestructuras, usos de territorio, etc, así
como las relaciones e interacciones que se establecen entre esas materializaciones de la acción
humana) nos señala que las respuestas a las preguntas que abren este epígrafe resultan de una gran
complejidad, riqueza y pertinencia. En efecto, detrás de todas y cada una de las concreciones en que
esa Sierra Nevada habitada se manifiesta, hay una serie de circunstancias que las explican y dan
sentido. Los fines que persiguieron y persiguen los habitantes o usuarios de Sierra Nevada
(supervivencia, estudio, recreo…) han estado condicionadas por medios técnicos, económicos,
culturales… (posibilidades, en suma) que permitieron una consecución concreta de dichos fines con
mejores o peores niveles de adaptación a los valores potenciales o reales de Sierra Nevada. Sierra
Nevada, efectivamente, “ha servido, sirve y puede servir” para objetivos humanos muy dispares, no
pocas veces contradictorios o incompatibles. Yéndonos a un extremo, bajo una perspectiva
puramente utilitarista en su sentido más estrecho, los mejores, evidentes y más dignos de protección
valores de Sierra Nevada, serían absolutamente irrelevantes si no despreciables. En otro sentido,
modos de vida, usos de los recursos, valores patrimoniales de toda índole que hoy pueden resultar
no rentables o residuales según determinada lógica utilitarista resultaron imprescindibles para la
simple y llana supervivencia de estos espacios vividos. Hoy, además, pueden y deben tener una alta
y renovada valoración como bienes irrenunciables e insustituibles, no sólo como curiosidad histórica
o por sus valores estéticos, sino como fórmula pragmática de buena adaptación a lo que el medio
ofrece. Somos herederos de resultados materiales que constituyen el espacio habitado de Sierra
Nevada (acequias, utilización de materiales constructivos, cultivos específicos de montaña, tramas
urbanas, patrimonio inmaterial, etc.) que deberían constituirse en el mejor aval no sólo de la
preservación de estos valores culturales, sino en la mejor defensa de los valores como espacio natural
con los que interactuaron armónicamente durante siglos.
Sierra Nevada habitada: retos para el futuro
El reto del presente y del futuro en la gestión sostenible de Sierra Nevada depende en gran medida,
por consiguiente, del desarrollo de formas de habitar dicho espacio que permitan, en primer lugar, la
valoración de su singularidad y el respeto y mantenimiento de los ya conocidos valores del macizo.
Ello nos debería llevar a una seria e ineludible reconsideración de los factores que condicionan hoy
las formas de percibir, pensar, conocer o sentir dichos valores. Se precisa, también, una
revalorización del espacio habitado de Sierra Nevada que ha constituido una simbiosis interactiva
permanente con el sector menos transformado y primigenio de la misma. Una Sierra Nevada ajena a
la consideración prioritaria de ese marco de interacción e interdependencia resultaría ajena a la
verdadera funcionalidad de dicho espacio. Sierra Nevada es también las poblaciones que la habitan,
con sus manifestaciones materiales, culturales, tecnológicas, productivas, etc. De cómo se organicen
espacialmente esas poblaciones o de la conservación y/o revalorización de la rica herencia de usos
humanos del territorio, se deriva la posibilidad real del mantenimiento y conservación de los valores
que Sierra Nevada tiene como espacio natural particularmente valioso.
En conclusión, de cómo construyamos como “habitantes” en cualquier sentido posible Sierra Nevada
surgirán modelos de interacción con las potencialidades que Sierra Nevada nos ofrece para no sólo
una mejor conservación de sus valores naturales sino también para la consecución de unos objetivos
de desarrollo humano en los que la conservación de dichos valores constituye la pieza esencial e
ineludible.
La consideración y revalorización de esa Sierra Nevada habitada que se manifiesta en comarcas tan
dispares como únicas (Marquesado, Alpujarras, Lecrín, Tabernas…) deberán ser el punto de
referencia esencial para entender y valorar el verdadero significado de la pregunta ¿qué es Sierra
Nevada?: Sierra Nevada son, han sido y serán lo que sus habitantes y usuarios pudieron, quisieron y
supieron construir. Y en ese binomio indisociable naturaleza-cultura no podemos entender la una sin
la otra.
BIBLIOGRAFÍA
CHACÓN, José y ROSÚA, José Luis (editores) (1996). Conferencia Internacional. Sierra Nevada,
Conservación y Desarrollo Sostenible. 5 vols. Granada.
TITOS, Manuel y PIÑAR, Javier (1995). Álbum cartográfico de Sierra Nevada 1606-1936. Granada:
Fundación Caja de Granada.
VVAA (1988). “Sierra Nevada y su entorno”. Actas del Encuentro Hispano-Francés sobre Sierra
Nevada. Granada: Universidad de Granada.
MÓDULO 1
Las altas cumbres de Sierra Nevada: Cimas con más de 3.000 m de altura.
Sierra Nevada se caracteriza, entre muchas otras cosas, por poseer la cima más alta de toda la
península ibérica, el Mulhacén, con 3.479 m de altura sobre el nivel del mar. El podium de las alturas
ibéricas lo completan, en segundo lugar, la cumbre pirenaica del Aneto (3.404 m), y en tercer lugar
tenemos de nuevo una cima nevadense: el Veleta (3.396 m). Pese a no ser el más alto, este pico es,
probablemente, el más representativo de Sierra Nevada por dos razones: La primera es que, a
diferencia del Mulhacén, el Veleta es completamente visible desde la ciudad de Granada y su Vega lo
que hace que la gran mayoría de sus habitantes asocien el Veleta con Sierra Nevada, incluso sin haber
pisado nunca este macizo. La segunda razón radica en la carismática forma de su cima con la
impresionante verticalidad de su pared Norte, lo que hace que su imagen dibujada a través de unos
sencillos trazos sea el emblema de entidades tan significativas como el parque nacional o la estación
de esquí de Sierra Nevada.
Cabe preguntarse cuántas cumbres hay en este macizo que superen los tres mil metros, picos que
denominaremos tresmiles. La respuesta no es sencilla y está llena de controversia. Se acepta, con
certeza, que en nuestro planeta hay catorce ochomiles (cimas con más de 8.000 m de altura). En los
Alpes están catalogados todos sus cuatromiles (con más de 4.000 m), contabilizándose 82 “oficiales”
y otras 46 cimas “subsidiarias”. También se sabe que los Pirineos cuentan con un número de 212
tresmiles (cimas con más de 3.000 m). Sin embargo, para Sierra Nevada no hay un único valor que
cuantifique los tresmiles que posee y, dependiendo de las fuentes que se consulten, ese número
puede variar enormemente y el intervalo que hay entre los valores extremos que pueden encontrarse
en diferentes fuentes es demasiado amplio (entre 52 y 15). Está claro que la ambigüedad proviene de
los criterios que se utilicen para contabilizar (o no) un tresmil como pico independiente, siendo estos
criterios la altura entre collado y cima, y la distancia entre dos cimas que estén muy próximas entre
sí. Ante tal controversia, los autores de esta cápsula del curso propusieron, en su libro Los Tresmiles
de Sierra Nevada y otras excursiones de un día, establecer 29 tresmiles como cifra que contabilizara
las cimas de más de 3.000 m de altura en este macizo. Para dar tal cifra, se tomó como punto de
partida la excelente descripción de la zona de altas cumbres que hace D. Eugenio Fernández Durán
en la obra “Sierra Nevada y la Alpujarra” del Padre Ferrer y los datos de diferentes fuentes
cartográficas. También queremos aclarar se contabilizó como un único “tresmil” todos aquellos casos
en donde no hay una cumbre claramente definida, sino que lo que se tiene son aristas compuestas
por una sucesión de pequeños puntalillos que superan dicha cota, como es el caso de los Tajos de la
Virgen y del Nevero, o el Cerro de los Machos y las Campanitas, o los puntales que conforman los
Crestones de Río Seco.
Como una imagen vale más que mil palabras, en la siguiente fotografía se muestra la ubicación de los
29 tresmiles en una vista general de Sierra Nevada desde la Vega de Granada.
La alta montaña en Sierra Nevada suele englobar a toda la zona que supera los 2.500 m de altura.
Dentro de esta catalogación encontramos las altas cumbres nevadenses que se distribuyen a lo largo
de una distancia de unos 25 km lineales con altura siempre superior a 3000 m. La línea de cumbres
que va uniendo los picos que superan esta altitud coincide en gran medida con la divisoria de aguas
o de mares, es decir, la cuerda montañosa que separa la vertiente mediterránea, más suave y
orientada al Sur, de la atlántica, mucho más abrupta y orientada al Norte. Esta última es visible desde
Granada y su Vega mientras que la mediterránea arropa a la comarca de la Alpujarra. Algunos
tresmiles escapan a esta divisoria, como la Atalaya o Mojón Alto y el Juego de Bolos que pertenecen
a la vertiente atlántica, mientras que, Cerro Pelao en la zona más oriental, el Peñón del Globo, los
Raspones de Río Seco o el Tajo de los Machos y Cerrillo Redondo en el sector más occidental, son
tresmiles exclusivos de la vertiente mediterránea. El recorrido que permite coronar la mayoría de
estas cumbres se conoce como “Integral de Sierra Nevada” y, en una distancia de alrededor de 40 km
(según el itinerario escogido), enlaza el refugio de Postero Alto con la Rinconada de Nigüelas,
siguiendo una dirección noreste-suroeste y teniendo al Picón de Jérez y al Caballo como cumbres
extremo de la ruta. La imagen de la alta montaña nevadense es muy variada teniendo como principal
material geológico los micasquistos (lastras). Se pueden observar enormes “lastronales” (acúmulos
de esquistos de mediano tamaño) de diferentes pendientes con aristas muy aéreas; lagunas rodeadas
de verdes “borreguiles” vestigio de antiguos glaciares; caóticos canchales de enormes bloques
pétreos; “caras Norte” verticales, escarpadas y majestuosas; y enormes lomas o panderones de roca
muy fragmentadas como las del Mulhacén o la Alcazaba.
Utilizando el itinerario de la integral de Oeste a Este, vamos a hacer una descripción de los sitios más
emblemáticos indicando la altura de los diferentes tresmiles según el Instituto Geográfico Nacional.
El más occidental de ellos es el Caballo (3.011 m) donde los suaves panderones de su vertiente
atlántica contrastan con el circo glaciar de su laguna y su agreste cara Sur que da salida de la alta
montaña hacia el mediterráneo al valle del río Lanjarón. La Loma de Cáñar limita este valle por el
Sureste albergando dos tresmiles, el Pico del Tajo de los Machos (3.086 m) y Cerrillo Redondo (3.056
m). Avanzando por la cresta en nuestro recorrido integral, Tajos Altos (3.113 m) y el Tozal del Cartujo
(3.152 m) cierran por el noroeste este valle donde nacen las excelentes aguas del pueblo alpujarreño
de Lanjarón. Y en este último pico se alcanza la divisoria de aguas y se culmina la conocida Arista del
Cartujo, enorme espolón de piedra visible desde la ciudad de Granada que se descuelga hasta el
mismo rio Dílar por las Chorreras del Molinillo.
El acceso estival al Corral desde el Oeste se hace por los Tajos del Campanario a través diversos
vasares o veredones (estrechas repisas horizontales que enlazándose unas a otras permiten flanquear
los tajos). Si nos dirigimos hacia el Este buscando el Mulhacén (3.479 m), podemos hacerlo por la
vertiente atlántica recorriendo la Alta Montaña de la cabecera del Genil en lo que sin duda es una de
las travesías nevadenses más espectaculares. Para ello, atravesamos el Corral del Veleta, y salimos de
él remontando la inmensa Loma del Lanchar que cierra por el Este el valle del Guarnón desde la
Vereda de la Estrella, donde este río se une con el Real para formar el Genil, hasta el inicio de la arista
norte del Cerro de los Machos (3.327 m). La Loma se atraviesa por el Collado de Veta Grande para
alcanzar el Corral de Valdeinfierno y el circo de Laguna Larga separado de la vertiente sur por los
Crestones de Rio Seco (3.147 m y 3.121 m), y los Puntales de la Larga (3.182 m) y de la Caldera (3.222
m). Por debajo de la arista norte de este último tresmil se alcanza la laguna del Mulhacén, en la Hoya
del mismo nombre, a los pies de la imponente cara norte de la cumbre de la península. Desde aquí
podemos alcanzar fácilmente la divisoria por el Collado de la Mosca, nombre que también recibe la
laguna antes indicada por su pequeña dimensión si es observada desde la cumbre del Mulhacén. Esta
denominación, actualmente aceptada de manera general, es relativamente reciente, porque en la
literatura histórica aparece con un nombre mucho más hermoso y adecuado: Laguna del Mulhacén.
Este mismo recorrido, pero en la vertiente Sur, suele estar más transitado al discurrir por la antigua
pista que conectaba el collado de la Carigüela con Capileira en la Alpujarra. No salva un gran desnivel
y suele ser el utilizado en condiciones invernales tomando las debidas precauciones al atravesar el
paso de los Machos (delicado según las condiciones nivológicas). Justo debajo de la Carigüela está la
laguna de Aguas Verdes, origen del río Veleta, desde donde se puede apreciar en la divisoria, la aérea
arista de las Campanitas que une el Veleta con el Cerro de los Machos por el Este. Una vez superado
el paso anterior, se llega a Río Seco, espectacular paraje cuyas lagunas están flanqueadas al Oeste por
un conjunto de afiladas agujas rocosas con altura superior a los tres mil metros: los Raspones de Río
Seco (3.141 m). Avanzando hacia el Este, paralelamente a los Crestones de Rio Seco en su vertiente
meridional, remontamos el suave lastronal de Loma Pelá para dar vista desde su parte más elevada
al circo de laguna de la Caldera y la cara Oeste del Mulhacén. Si bordeamos la laguna por el norte, en
las estribaciones del Puntal de la Caldera alcanzaremos el Collado del Ciervo, mencionado
anteriormente. Hasta este punto hemos hecho aproximadamente la mitad de la distancia de la
integral.
Desde la Hoya del Mulhacén podemos acceder al espectacular Vasar de la Alcazaba, cornisa de un par
de metros de anchura que transita a media altura por la escarpada vertiente oeste del mágico pico
de la Alcazaba (3.369 m), quinta altura de la península. Esta verdadera fortaleza pétrea está
flanqueada por el Puntal de la Cornisa (3.318 m) al Sur y el Puntal del Goterón (3.204 m) al Norte en
una composición cuya silueta es inolvidable una vez vista. La verticalidad en todo el entorno es
impresionante y otra formación peculiar característica de esta zona y que atravesamos siguiendo el
gran vasar es el Espolón de la Alcazaba, inmenso raspón de roca que desde el río Valdecasillas se
extiende hasta la cumbre de este pico.
Alternativamente, desde el Collado de la Mosca podemos buscar la entrada al angosto vasar que,
recorriendo la Norte del Mulhacén de Oeste a Este, nos traslada al Puntal de Siete Lagunas (3.251 m)
en la cabecera de la Cañada del mismo nombre, conjunto de lagunas con un espectacular borreguil
que desagua hacia el rio Culo de Perro buscando la población de Trévelez. Finalmente podemos optar
por coronar la cumbre de la península por la marcada vereda que recorre su cara Oeste y desde la
cima destrepar por la cara Este hasta el collado de Siete Lagunas o descender por la vereda de la
Cuerda del Resuello hasta la Laguna Hondera en la parte más baja de la Cañada. Si continuamos por
esta vertiente mediterránea podemos ascender a la Loma de la Alcazaba por debajo de los tajos del
Peñón del Globo (3.289 m) y ver otra formación pétrea característica, la Piedra del Yunque por donde
se accede a la Cañada del Goterón, parte inferior de los Tajos del Goterón por los que la Loma de la
Alcazaba se descuelga verticalmente hacia el Noreste. A partir de aquí, siguiendo la divisoria, vamos
encontrando la sucesión de tresmiles orientales comenzando por el Puntal de las Calderetas (3.071
m) al que le sigue el Puntal de Vacares, históricamente Bacares, (3.144 m) con su característica silueta,
su laguna en la vertiente mediterránea y la Cuneta de Vacares que es otro de los pasos tradicionales
desde el serrano pueblo de Güéjar Sierra a Trevélez y punto culminante de la conocida Cuesta de los
Presidiarios y Loma del Calvario. A continuación, el Pico del Cuervo (3.147 m), Pico de la Justicia (3.141
m) y Cerro del Mojón Alto o Atalaya (3.117 m) dan forma a la cabecera del rio Vadillo. Un último sitio
a reseñar antes de alcanzar el Puntal de Juntillas (3.143 m) para, dejando a la izquierda el Picón de
Jérez (3.088 m) y la derecha Cerro Pelao (3.182 m), comenzar el descenso al refugio del Postero Alto
siguiendo el curso del arroyo del Alhorí. Los Lavaderos de la Reina, pequeño valle con orientación
Norte que al abrigo dos tresmiles, el Puntal de los Cuartos (3.154 m) y el Puntal de Covatillas (3.115
m), muestra todos los años un espectacular deshielo con infinidad de chorreras y lagunillos.
Montañas: beneficios físicos
Las actividades deportivas en estas cotas tan elevadas engloban áreas del montañismo muy diversas:
alpinismo, esquí de montaña, carreras por montaña o escalada son varias de las disciplinas que van
ganando adeptos día tras día, sin olvidar el beneficio físico que puede reportarnos el simple hecho de
pasear o andar haciendo senderismo por estas montañas. En Sierra Nevada, el acceso a determinadas
zonas de sus altas cumbres es relativamente sencillo desde el punto de vista técnico. Sin duda el
Veleta, como cumbre emblemática, es la más asequible de todas, incluso físicamente, dada la
proximidad a la estación de esquí y los diversos medios de automoción que nos pueden dejar muy
cerca de su cumbre. El acceso al Mulhacén tampoco tiene dificultad técnica ninguna si se hace desde
la Carigüela por la vertiente sur o a través de su inmensa loma desde los pueblos alpujarreños, aunque
en este caso hollar su cima si requiera una preparación física más exigente. Esto hace que, en cierta
forma, se haya perdido del respeto a la alta montaña, entorno que puede resultar muy hostil en
cualquier época del año. Unas condiciones meteorológicas muy cambiantes con frecuencia de fuertes
vientos, la alta insolación, la falta de oxígeno, deshidratación, fuertes desniveles…, son factores a
tener en cuenta cuando diseñamos rutas en altura.
BIBLIOGRAFÍA
ARRIBAS MIR, Lorenzo (1994). Sierra Nevada en esquís. Madrid: Ediciones Desnivel.
BUENO PORCEL, Pablo (1987). Sierra Nevada (Guía montañera). Granada: Editorial Universidad de
Granada. Nuevas ediciones en 1993 y 1999.
CASTILLO AMARO, Aurelio del y CASTILLO RODRÍGUEZ, Antonio (1983). Sierra Nevada Inédita.
Granada: Editorial Andalucía. 2010, Granada: Editorial Penibética.
FERNANDEZ DURAN, Eugenio, "La alta montaña en Sierra Nevada", en Manuel FERRER, Sierra Nevada
y la Alpujarra, Granada, Editorial Andalucía, 1985, II, pp. 379-474.
ORTEGA VINUESA, Juan Luis y PEULA GARCÍA, José Manuel (2012). Los Tresmiles de Sierra Nevada y
otras excursiones de un día. Granada: Editorial Universidad de Granada.
MÓDULO 1
El Espacio Natural de Sierra Nevada está integrado por tres figuras básicas que son: el Parque
Nacional, el Parque Natural y la Reserva de la Biosfera. Estos tres Espacios tienen superficies en su
mayoría coincidentes, de tal forma que la zona núcleo de la Reserva de la Biosfera coincide con el
Parque Nacional y la zona tampón y de transición al igual que la zona periférica del Parque Nacional
se corresponde con el Parque Natural.
Y no se ha concluido con la declaración de las figuras citadas del parque, sino que igualmente ha
sido declarado en 2003 como Zona de Especial Protección para las Aves (ZEPA), incluida en el
inventario de Espacios naturales protegidos de Andalucía, está adherido desde 2004 a la Carta
Europea de Turismo Sostenible, está incluida desde 2006 en la lista del Convenio Ramsar por las
turberas y humedal del Padul y está declarado en 2012 como Zona de Especial Conservación. En
2014 se incluyó en la Lista Verde de áreas protegidas y conservadas de la Unión Internacional de
Conservación de la Naturaleza (UICN Greenlist). Además, se han declarado dos monumentos
naturales: el de la Falla de Nigüelas y el de las Canales de Padules.
Contamos así con un Espacio natural con indudables valores en el que se representa el ecosistema
de alta montaña mediterránea integrando valores geológicos, valores hidrológicos, una vegetación
con alta biodiversidad y numerosos endemismos, una fauna con cerca de 300 especies de
vertebrados y más de 2000 especies de invertebrados, con unos innegables valores naturales y
culturales, etc.. De todo ello conocerán a lo largo de este curso.
La configuración física del Espacio natural se distribuye entre las provincias de Granada y Almería
con una superficie total de 172.238 ha, de las que 85.883 se corresponden con el Parque Nacional y
86.355 con el Parque Natural.
Derivado de las calificaciones que ostenta el parque, igualmente, han de tenerse en cuenta en la
gestión del mismo los criterios que derivan del Organismo Autónomo de Parques Nacionales
(OAPN), dependiente del actual Ministerio de Transición Ecológica, por ser el responsable tanto en
su Ley de Parques Nacionales, como su Plan Director de Parques Nacionales.
Toda la gestión que se realiza en el parque está regulada mediante la disposición básica que
representa la ordenación del Espacio natural, tanto el plan de ordenación de recursos naturales
(PORN), como el plan rector de uso y gestión (PRUG) tanto del parque nacional como del parque
natural (Decreto 238/2011, del 12 de julio, por el que se establece la ordenación y gestión de Sierra
Nevada).
El PORN y los PRUGs son, como decíamos, la base normativa fundamental para la gestión de todo
lo que ocurre en el Espacio natural.
El plan de ordenación de recursos naturales define las características a conservar, la flora y la fauna
que integra los hábitats de interés, define el tejido empresarial, las actividades, los equipamientos,
el patrimonio cultural, regula la ordenación urbanística, el régimen de autorización de actividades,
establece la zonificación, etc.
Los planes rectores de uso y gestión establecen los criterios de gestión que deben mantenerse para
conservar y mejorar el paisaje y los valores del parque, garantizar la funcionalidad hidráulica,
recuperar las poblaciones amenazadas y conservar los hábitats, entre otros, con medidas como el
control de la capacidad erosiva de los cauces, el mantenimiento de los cauces ecológicos, la
eliminación progresiva de especies alóctonas, la rehabilitación de edificaciones de interés, entre
otras.
Gestión de la Conservación
La gestión de la conservación en el Espacio Natural se lleva a cabo por parte de los técnicos
integrados en la unidad del mismo nombre y representados por profesionales de distintas
titulaciones como son biólogos, veterinarios, ingeniero de montes, licenciados en ciencias
ambientales, etc., un equipo multidisciplinar mediante el cual se ejercen dos tipos de actividades.
Ello puede proceder, por tanto, de los ayuntamientos que tramitan licencias de obras de reformas,
de edificaciones, de cambios de uso, de actuaciones forestales, etc. O bien puede proceder de la
propia administración autonómica que, como órgano sustantivo, tramita los expedientes de
autorización ambiental de acuerdo con lo dispuesto en la Ley 7/2007, de 9 de julio, de Gestión
Integrada de la Calidad Ambiental.
Tanto en unos como en otros, el equipo técnico del Parque emite su informe respecto a la
adecuación de la actuación solicitada o pretendida, que se transforma en el informe del parque a
integrar en los respectivos procedimientos o, en su caso, en una autorización para la actividad
deseada.
En segundo lugar la unidad de conservación es la responsable del impulso de los distintos programas
de biodiversidad y geodiversidad que se llevan a cabo en el Espacio natural, bien de forma exclusiva
o bien dentro de los planes que se desarrollan en todo el territorio andaluz.
A ellos hay que añadir el trabajo que se realiza por el Observatorio de Cambio Global. El
Observatorio es un proyecto de la Consejería y de la Universidad de Granada para desarrollar
conjuntamente un programa de seguimiento y gestión de la información que pretende diagnosticar
el grado de exposición de los ecosistemas nevadadenses a los impactos del cambio global y
fomentar la resiliencia y adaptación de los ecosistemas mediante las medidas de gestión adecuadas.
Gestión Administrativa
La base administrativa y documental de toda la gestión que se lleva a cabo en el Espacio natural se
concentra en la unidad administrativa representada por 11 personas que se ubican en cuatro de las
sedes del Espacio Pinos Genil, Huéneja, Canjayar, y Almeria.
Para tener una idea del peso que esta unidad tiene en la gestión, se pueden dar algunos datos como
son los más de 1800 registros de documentos que entraron el pasado año para su tramitación por
parte del Espacio Natural o los casi 1000 expedientes que se tramitaron de los distintos
procedimientos.
Además de las citadas solicitudes provenientes de los ayuntamientos del parque o directamente de
los ciudadanos, se emiten otra serie de informes a solicitud de la delegación territorial de desarrollo
sostenible o directamente de la consejería para su incorporación a los trámites de los expedientes
en los que son órgano sustantivo, como las actuaciones sometidas a procedimientos de prevención
y control ambiental, la tramitación de los planes de prevención de incendios, los certificados de no
afección a la Red Natura 2000, y un largo etcétera en que en 2020 supuso más de 2500 informes
emitidos.
Se conoce por Uso Público al conjunto de actividades que se llevan a cabo por parte de los
ciudadanos en el territorio del Espacio Natural con un fin lúdico, educativo, colaborativo, además
de los relacionados con el turismo sostenible.
Quizás sea uno de los aspectos más importantes en la gestión del Parque Nacional y Parque Natural
por su incidencia en la sociedad y por la relación que se establece entre esta y el medio natural.
Las principales actividades que se llevan a cabo bajo el paraguas del Uso Público están desarrolladas
por los guías e intérpretes del Espacio Natural que asumen las tareas de atención al visitante
información, comunicación y seguridad, el seguimiento y evaluación del uso público en el Espacio y
sus equipamientos, la educación e interpretación ambiental, el voluntariado ambiental y la
colaboración con las empresas adheridas a la Carta Europea de Turismo Sostenible, así como a la
Marca Parque Natural de Andalucía.
Empezando por los equipamientos que se ponen a disposición de los ciudadanos, hemos de
enumerar los existentes en la actualidad, que son los siguientes: 16 áreas recreativas, tres aulas de
la naturaleza, 13 carriles cicloturista, una casa rural, dos centros de visitantes, un jardín botánico,
18 miradores, un observatorio, un punto de información, 17 refugios vivac, dos refugios guardados,
24 senderos señalizados y una zona de acampada.
Dentro de las actividades de voluntariado, a lo largo del último año, la red de voluntariado ambiental
ha desarrollado 36 acciones de reforestación y arreglo de senderos, campañas de sensibilización
ambiental o restauración de acequias tradicionales.
En cuanto a los programas de educación ambiental, ha sido tradicional atender acerca de medio
centenar de centros y más de 1200 alumnos y 1300 alumnos y docentes si bien los últimos tiempos,
por razón de la pandemia, no se acercan ni lejanamente a las medias anuales que hasta ahora se
habían alcanzado.
La información de los ciudadanos es una tarea fundamental para el equipo de gestión del Espacio
Natural, por ello se ha continuado y se está mejorando la difusión de la ficha de seguridad que
semanalmente se edita y difunde desde el Parque, para conocimiento de la sociedad interesada, las
condiciones en las que se encuentra la montaña, en especial las altas cumbres, para aquellos que
desean visitarlas.
Pero no puede concebirse una gestión del uso público del Parque sin que haya una cuantificación
de los usuarios del mismo, así como un seguimiento de los diferentes equipamientos que conforman
la red oficial.
Para ello contamos con el trabajo de los Guías-intérpretes de uso público, los Agentes de medio
ambiente y Celadores forestales y, cada vez más, de los aforadores.
Hace cuatro años se empezaron a instalar aforadores, habiéndose incrementado este año en un 50
% su número hasta los 16 existentes en la actualidad.
Los aforadores son el sistema más objetivo para conocer la frecuencia de visitantes en el parque.
Gracias a ellos se consiguen datos casi exactos de las personas o vehículos que se internan en el
territorio en las distintas zonas.
De todas formas, estos datos se complementan con encuestas a partir de las cuales se infiere la
estimación anual del número de visitantes.
Se ha hablado mucho de si el número de visitantes del parque es adecuado o excesivo. Para hacer
una valoración de esto vamos a acudir a dos referencias.
Por un lado, las encuestas de calidad de la visita que nos han arrojado datos por los que más de un
60% de los encuestados opinaron que había un número adecuado de personas o que había pocas
personas.
Por otro lado, con un criterio más objetivo, acudimos a las tablas de visitantes de Parques
Nacionales, editadas por el Organismo Autónomo de Parques Nacionales. El Parque de Sierra
Nevada se encuentra en sexto lugar según el número de visitantes comparado con los 14 parques
restantes. Si tenemos en cuenta la superficie de cada uno de los parques llegaremos al siguiente
reparto de densidades en las visitas.
Hay que tener en cuenta que estos datos se refieren a la superficie de Parque Nacional, donde se
concentran las altas cumbres.
En otro orden de cosas para el desarrollo integral del espacio protegido contamos con el II Plan de
Desarrollo Sostenible, con 32 actuaciones, de las que nos vamos a parar en el ecoturismo.
Desde 2004 la Junta de Andalucía está integrada en la Carta Europea de Turismo Sostenible. Es una
herramienta basada en un compromiso conjunto y acuerdos voluntarios entre el parque y
empresarios del territorio para promover un turismo responsable en el Espacio Natural.
A día de hoy contamos con 42 empresas adheridas a la Carta y más de 60 puntos de información.
Todo ello permite realizar un turismo respetuoso con el entorno y difundir Los valores que el Parque
y Reserva de la Biosfera atesora.
El control de lo que ocurre en el territorio del parque se lleva a cabo por el servicio de Agentes de
Medio Ambiente y Celadores Forestales, que garantiza el cumplimiento de la normativa.
Cuenta con una plantilla de 57 personas de ambas categorías y con un coordinador general.
Realizan funciones de autorización control y denuncia en las materias: atención a la ciudadanía y
educación ambiental, seguridad y emergencias, gestión y desarrollo Forestal, quemas agrícolas
controladas, incendios forestales, vías pecuarias, prevención y calidad ambiental, aguas, caza, pesca
continental, flora y fauna, etc..
El Control de la Gestión
El primer sistema de control es el que se establece en la citada normativa que rige el Parque, un
sistema de indicadores que se estableció en 2011 y que, anualmente, debe valorarse.
En segundo lugar, el haber sido declarado Reserva de la Biosfera en 1986, también nos obliga a dar
cumplimiento a una serie de requerimientos que serán evaluados con distinta periodicidad. Así, se
realiza el informe decenal tanto como la evaluación por los indicadores de la Reserva establecidos
por la UNESCO. Precisamente en el año 2021 se han llevando a cabo las dos valoraciones por parte
de un equipo de auditores independiente, obteniéndose resultados muy favorables.
En tercer lugar, el estar incluido en la lista verde o Green List de la UICN, nos obliga a realizar una
valoración periódica sobre el cumplimiento de sus objetivos en materia especialmente de la gestión
del parque nacional y parque natural. También 2021 es el momento de iniciar esta revisión.
Por otro lado, el Espacio Natural tiene dos sistemas propios de control de su gestión.
Uno representado por la norma ISO 14.001 en la que se encuentra certificado y que anualmente ha
de llevarse a cabo la auditoría correspondiente para comprobar las posibles no conformidades o
dictar las recomendaciones necesarias para su cumplimiento.
Y en último lugar el control, quizás más importante, que es el que ejerce la sociedad. Éste se lleva
acabo a través del Consejo de Participación del Espacio Natural.
El Consejo está integrado por más de 60 miembros y periódicamente se reúnen para verificar el
desarrollo de los trabajos llevados a cabo por el equipo de gestión y el personal del parque.
Todas estas y muchas más actividades son las que se ejecutan por el equipo humano del Parque
Nacional y Parque Natural de Sierra Nevada, integrado por 95 personas y con una dotación
presupuestaria de más de 11 millones de euros y, sobre todo, con una dedicación digna de elogio.