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Oración del Padre Nuestro: Reflexión Espiritual

Este documento es una oración dirigida a Dios Padre en la que se le pide que santifique su nombre, que traiga su reino a la tierra y que se cumpla su voluntad entre los hombres. Se le pide el pan de cada día para alimentar el alma, el perdón de las deudas y la protección contra el mal. Al final, se da gloria a la Santísima Trinidad.

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Oración del Padre Nuestro: Reflexión Espiritual

Este documento es una oración dirigida a Dios Padre en la que se le pide que santifique su nombre, que traiga su reino a la tierra y que se cumpla su voluntad entre los hombres. Se le pide el pan de cada día para alimentar el alma, el perdón de las deudas y la protección contra el mal. Al final, se da gloria a la Santísima Trinidad.

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Oh santísimo Padre nuestro: ¡creador, redentor, consolador y salvador nuestro!

Que estás en los cielos: en los ángeles y en los santos; iluminándolos para conocer,
porque tú. Señor, eres la luz; inflamándolos para amar, porque tú, Señor, eres el amor;
habitando en ellos y colmándolos para gozar de la eterna bienaventuranza, porque tú.
Señor, eres el bien sumo, eterno, de quien todo bien procede, sin quien no hay bien
alguno.
Santificado sea tu nombre: clarificada sea en nosotros tu noticia, para que conozcamos
cuál es la anchura de tus beneficios, la largura de tus promesas, la sublimidad de tu
majestad y la hondura de tus juicios.
Venga tu reino: para que reines en nosotros por la gracia, y nos hagas llegar a tu reino,
donde está la visión manifiesta de ti, el amor perfecto a ti, la unión bienaventurada
contigo, la fruición de ti por siempre.
Hágase tu voluntad, en la tierra como en el cielo: para que te amemos con todo el
corazón, pensando siempre en ti; con toda el alma, deseándote siempre a ti; con toda la
mente, dirigiendo todas nuestras intenciones a ti, buscando en todo tu honor; y con
todas nuestras fuerzas, destinando todas nuestras fuerzas y los sentidos del alma y del
cuerpo al servicio de tu amor y no a otra cosa; y para que amemos a nuestros prójimos
como a nosotros mismos, atrayendo a todos, según nuestras fuerzas, a tu amor,
alegrándonos de los bienes ajenos como de los nuestros y compadeciéndolos en los
males, y no siendo causa de tropiezo para nadie.
El pan nuestro de cada día: tu amado Hijo, nuestro Señor Jesucristo, dánosle hoy: para
que recordemos, comprendamos y veneremos el amor que nos tuvo y cuanto por
nosotros dijo, hizo y padeció.
Y perdónanos nuestras deudas: por tu inefable misericordia, por el poder de la pasión
de tu amado Hijo y por los méritos e intercesión de la beatísima Virgen y de todos tus
elegidos.
Así como nosotros perdonamos a nuestros deudores: y lo que no perdonamos
plenamente, haz tú, Señor, que plenamente lo perdonemos; para que por ti amemos de
verdad a los enemigos y por ellos intercedamos devotamente ante ti, no devolviendo a
nadie mal por mal, y para que nos esforcemos por ser en ti útiles en todo.
Y no nos dejes caer en la tentación: oculta o manifiesta, imprevista o insistente.
Mas líbranos del mal: pasado, presente y futuro.
Gloria al Padre, y al Hijo, y al Espíritu Santo. Como era en el principio, ahora y siempre y por los siglos de
los siglos. Amén.

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