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Telefonía celular
¿Por qué hay gente que no tolera estar desconectada?
Nomofobia: cómo es el terror a
vivir sin el celular
Es uno de los miedos de mayor impacto en el siglo XXI. Provoca altos
niveles de estrés, frustración, ansiedad y angustia. Las estrategias de
prevención más eficaces y cómo saber si se padece el trastorno.
Por Agencia de noticias científicas de la UNQ
16 de mayo de 2022 - 13:56
La nomofobia es el miedo o ansiedad exterma a estar sin usar el celular.
La nomofobia se considera un trastorno del mundo moderno y hace referencia al miedo o
la ansiedad extrema de carácter irracional que se origina cuando una persona
permanece mucho tiempo sin poder usar su teléfono celular. Esto se extiende a
quedarse sin batería, sin cobertura, datos o saldo y, por supuesto, a perder el dispositivo. Al
igual que otras fobias, se manifiesta a través de síntomas comunes como el miedo, el
nerviosismo o la angustia, pero también con otros como taquicardias, dolor de
cabeza, dolor de estómago o pensamientos obsesivos.
Cómo saber si uno tiene nomofobia
Quienes sufren nomofobia están continuamente pendientes de su teléfono móvil, hasta el
punto de abandonar otras facetas de su vida diaria, incluso las relaciones familiares, de
pareja y, en general, cualquier otro aspecto de la vida que podría requerir de atención. Por
ejemplo, el nomofóbico puede llegar a evitar viajar o acudir a zonas en las que la
cobertura puede ser deficiente, porque eso supondría su “desconexión”. O bien,
puede eludir ir a lugares en los que no disponga de una fuente de electricidad
cercana en la que poder conectar su dispositivo, por miedo a quedarse sin batería.
Otro efecto dañino se produce a través del insomnio. Algunos llegan al punto de alterar su
sueño hasta despertarse en innumerables ocasiones durante la noche, con el fin de
comprobar que siguen disponiendo de conexión y consultar actualizaciones en sus redes
sociales.
Las causas de la fobia a estar sin celular
Las causas de la nomofobia suelen ser bastante evidentes. Con frecuencia, la adicción a los
teléfonos móviles es su principal origen, provocando el miedo a carecer de la falsa fuente de
satisfacción que produce la consulta compulsiva del teléfono.
Los expertos coinciden en que existen varios factores relacionados con esta patología: la
imposibilidad para comunicarse con otros, la pérdida de conexión, la incapacidad de
acceder a la información y la renuncia a la comodidad. En ese sentido, quienes padecen
este trastorno suelen sentir picos de ansiedad, agobio, miedo y hasta llegan a sentirse
paralizados en el caso de no poder comunicarse mediante su celular.
En diálogo con la Agencia de noticias científicas de la UNQ, Yago Franco, presidente
del Colegio de Psicoanalistas, lo explica así: “La fobia -el temor- a la desconexión tiene
que ver con un ideal social, que es una suerte de mandato, de estar permanentemente
conectados. Abarca a todas las edades y clases sociales y se profundizó en la pandemia.
En ese contexto, no tener el celular significa dejar de existir, perder a los otros, dejar de ser
para ellos, ya que el celular devino en el modo privilegiado de comunicación”.
Para Franco, los largos diálogos telefónicos han sido suplantados por conexiones
espasmódicas y cada vez más breves: sean escritas o mensajes de voz, o emoticones. En
ese sentido, “si no estamos conectados todo el tiempo estamos solos con nosotros
mismos, y el diálogo con uno mismo no es nada sencillo en esta época”, asegura.
¿Cómo combatir este miedo?
Algunos especialistas coinciden en que la clave es aprender a controlarse y
desprenderse del móvil de forma gradual, y lograr separar momentos: la noche es
para dormir y, por lo tanto, el teléfono debe de estar apagado; del mismo modo, que la
cena es para comer y no para estar con el celular.
Sin embargo, para salir de este encierro, Franco dice que “es posible, por un lado, con una
reflexión colectiva acerca de esa situación impuesta y autoimpuesta y, por otro lado,
recreando modos ya conocidos de lazo con los otros, como el diálogo, sea telefónico,
presencial o mediante las cartas que solían enviarse por mail”.
El poder transformador de la tecnología está fuera de toda duda. Sin embargo, entender
que la “vida virtual” no es más que una faceta parcial de algo mucho más grande, que es la
vida real, también puede ayudar a evitar este trastorno.