0% encontró este documento útil (0 votos)
38 vistas34 páginas

Historia de la Retórica

La retórica se originó en el siglo V a.C. en el sur de Italia. Corax de Siracusa y Tisias son considerados los primeros en sistematizar preceptos retóricos para ayudar a los oradores en juicios. Los sofistas como Protágoras y Gorgias contribuyeron al desarrollo de la retórica al revalorizar el lenguaje. Isócrates fue una figura clave que situó la retórica en el centro de su programa educativo para políticos.

Cargado por

Cosito Bam
Derechos de autor
© © All Rights Reserved
Nos tomamos en serio los derechos de los contenidos. Si sospechas que se trata de tu contenido, reclámalo aquí.
Formatos disponibles
Descarga como PDF, TXT o lee en línea desde Scribd
0% encontró este documento útil (0 votos)
38 vistas34 páginas

Historia de la Retórica

La retórica se originó en el siglo V a.C. en el sur de Italia. Corax de Siracusa y Tisias son considerados los primeros en sistematizar preceptos retóricos para ayudar a los oradores en juicios. Los sofistas como Protágoras y Gorgias contribuyeron al desarrollo de la retórica al revalorizar el lenguaje. Isócrates fue una figura clave que situó la retórica en el centro de su programa educativo para políticos.

Cargado por

Cosito Bam
Derechos de autor
© © All Rights Reserved
Nos tomamos en serio los derechos de los contenidos. Si sospechas que se trata de tu contenido, reclámalo aquí.
Formatos disponibles
Descarga como PDF, TXT o lee en línea desde Scribd

RETÓRICA

[email protected]
TEMA 1. CONCEPTO GENERAL DE RETÓRICA. SUS ORÍGENES
1.1. ETIMOLOGÍA DE LA PALABRA RETÓRICA
El término retórica, (rhetoriké ‘arte retórica’), deriva de rhétor ‘arte del rhétor’. No obstante, en el dialecto jónico-ático
de los poemas homéricos o los discursos de Demóstenes tenía el sufijo -ter. Pero rhéter y rhétor tienen el mismo
significado de ‘orador político’.
Los pactos verbales a los que se llegan en las reuniones en las que el orador político habla en público recibían el nombre
de rétras (rhétrai), que luego se grabarían en piedras, como las famosas disposiciones de los eleos, llamadas rétras. Con
ese nombre se conoce la famosa “Gran Retra” de Esparta, conjunto de leyes y reformas atribuidas a Licurgo, que
transformaron la sociedad espartana del siglo VII a. de C.
Retórica es el nombre griego de lo que en latín se llama oratoria, y se puede afirmar que el uso de “retórica” se
especializó para la teoría cuya práctica era la “oratoria”. Ambas condiciones podían coincidir en la misma persona, pero
no siempre. En general, el rétor era el profesor que enseñaba a componer y pronunciar discursos.
1.2. DEFINICIÓN Y CONCEPTO DE RETÓRICA
1.2.1. Concepciones clásicas
Desde sus planteamientos clásicos el concepto de retórica ha evolucionado y no siempre se ha entendido la retórica en el
mismo sentido.
a. Platón: la entiende como psicagogia o arte de conducción de las almas a la verdad, y subordinada a la dialéctica, arte
susceptible de elevarse a la verdad mediante el análisis del movimiento de las formas. La verdad necesita de un esfuerzo
de persuasión, y ése es el lugar de la retórica.
b. Aristóteles: crítico en la Metafísica con la filosofía platónica, dice que la retórica es la contrapartida de la dialéctica,
el análisis lógico de todas las nociones creíbles que manejamos en la vida corriente. La retórica tiene su propio ámbito: el
auditorio, y es la "Capacidad para contemplar en cada caso los medios apropiados para persuadir" (Retórica 1355b 25-
26). Persuadir significa que los demás abandonen sus puntos de vista por los que el orador quiere inculcarles; por
consiguiente, no hay espacio aquí para el dialogismo, si es que se entiende por tal escuchar y estar dispuesto a hacer valer
la posición ajena. Tampoco se trata de una capacidad comunicativa. El sentido clásico de “retórica” refiere a una
doctrina, es decir, a un conjunto articulado de principios y preceptos, que, si se estudia sistemáticamente y se practica,
produce un incremento en la capacidad de persuadir.
c. Quintiliano: dice en su Institutio Oratoria (93-95 d. J. C.) es una 'técnica de hablar bien', donde hay que entender en
“bien” tanto un componente técnico-moral. Quintiliano critica la definición de Aristóteles por olvidar que la retórica, sólo
con argumentos, pero sin palabras, se queda en nada. Así que para él será la unión de la argumentación con la elocución.
1.2.2. Concepciones modernas
Muy pronto la propia retórica clásica fue objeto de críticas, con mayor o menor intensidad según las épocas y los autores.
En el Renacimiento se produjo una escisión entre la teoría y técnica de la argumentación, y la teoría del estilo o
elocución, que dibujaron la crisis de la disciplina. Y a partir del racionalismo del XVIII se extiende el cuestionamiento,
asumido con fuerza por el Romanticismo, sobre la validez los preceptos retóricos. El siglo XIX y gran parte del XX
asumirán en buena medida esa visión. La degeneración de sus clasificaciones, su normativa pedante y sus alardes
expresivos en la práctica oratoria pública, la convirtieron en sinónimo de “declamación, frialdad, exceso, ostentación y
engaño”. Así, mientras que “estilo” o “tener estilo” tiene una carga positiva, “retórica” y derivados, manifiestan una
concepción peyorativa. En el ámbito español corroboran este punto dos de las acepciones que aparecen en el Diccionario
de la Real Academia Española.
Se trata, como vemos, de un sentido peyorativo que acompaña una consolidada recuperación de los saberes retóricos en
las últimas décadas, marcada por la publicación del Traité de l'argumentation de Perelman y Olbrechts-Tyteca. Las
teorías de la retórica, hoy ampliamente difundidas, conciernen a las investigaciones filosóficas, jurídicas, lingüísticas,
literarias, semióticas, pragmáticas, a los estudios sobre las técnicas de la información y de la comunicación de masas.
1.3. LOS ORÍGENES DE LA RETÓRICA
1.3.1. Corax y Tisias
Antes de configurarse como disciplina, diversos testimonios, como los poemas homéricos, o las obras de Eurípides,
Aristófanes, Herodoto, Tucídides o Hesiodo muestran preocupación por la composición, ejecución y efectos del discurso.
La invención de la retórica suele situarse al Sur de Italia en el siglo V a. C. Empédocles de Agrigento, discípulo de
Pitágoras, fue el impulsor de una retórica psicológica, llamada “psicagógica” (“conductora de las almas”), que se basaba
en el poder de la palabra para manipular al auditorio por sus emociones. Junto a esta línea psicologista, su discípulo
Córax de Siracusa, y su alumno Tisias, delimitan otra orientación más racional, que es la que triunfará entre los sofistas.
La mayoría de los autores asocian el origen de la retórica al contexto judicial, en concreto, a la defensa de las propiedades
confiscadas por los tiranos en la Siracusa del siglo V a. C. Pues aunque la mayor parte sabía defender sus intereses,
pronto se vio la conveniencia de contar con manuales que recogieran las orientaciones y preceptos sobre las técnicas de
persuasión más eficaces.
CÓRAX de Siracusa es considerado uno de los primeros que se interesó por la sistematización de estos preceptos. El
inventor del arte de las palabras, destacó sobre todo por su “doctrina de la probabilidad general” y desarrollar el esquema
tripartito de proemio, narración y epílogo, su mayor aportación. Sobre TISIAS se ha dicho que fue maestro de los
oradores áticos Lisias e Isócrates, pero no nos ha llegado ninguna de sus obras, como tampoco de sus predecesores:
Córax y Empédocles.
1.3.2. Los sofistas
La antigua retórica estuvo estrechamente relacionada con los sofistas del siglo V a.C. El significado de sofista como
“portador de la verdad” pronto se relacionó con verdaderos especialistas en el manejo de la palabra, que mostraban
grandes habilidades persuasivas. La revalorización del lenguaje de los sofistas, para quienes la palabra era vehículo de
expresión de las ideas a la par que instrumento de razonamiento, fue esencial en el desarrollo de la retórica, junto al
crecimiento del interés por el hombre, la sociedad, la libertad, la ética o la lengua. Entre los sofistas más relacionados con
la retórica se encuentran Protágoras, Gorgias, o el mismo Sócrates.
PROTÁGORAS de Abdera fue uno de los primeros y más afamados maestros de retórica, y quien introdujo los
razonamientos erísticos, que parten de lo plausible, aunque en realidad no lo sean. Estudiado como el padre del debate,
pensaba que ningún hombre podía estar seguro de la verdad y que era importante debatir los dos aspectos de toda
cuestión. La utilización antitética de los argumentos, de presentar un mismo asunto desde puntos de vista contrarios, le
ocasionó numerosas críticas, especialmente de Platón, por el fuerte relativismo que conllevaba.
Otros autores fueron conocidos por aportaciones más concretas. Así, Trasímaco escribe uno de los primeros tratados
sobre la pronunciación de los discursos y a las primeras reflexiones sobre los tropos y otras figuras; Hipias se interesó por
la memoria; el discípulo de Gorgias, Alcidamante, trató de la improvisación; Pródico de Ceos se detuvo en las
definiciones de las palabras y en las relaciones sinonímicas, etc.
Junto a estos sofistas hubo también quienes, como Antifonte o Lisias, fueron escritores a sueldo de discursos, que
adaptaban al estilo o a las circunstancias del orador que les había contratado. Eran logógrafos, escritores que hacían
discursos para que otros los pronunciaran. Lisias, por ejemplo, destacó por su atención al estilo sencillo y su capacidad de
adaptarlo de manera natural al habla corriente.
1.3.3. Los primeros cultivadores de la retórica
GORGIAS de Leontino (485-380 a.C.) abrió una escuela de retórica en Atenas y sigue los postulados de los sofistas,
para Gorgias no había posibilidad de conocer objetivamente la realidad a través de la palabra, por lo que el único objeto
del logos retórico era la opinión. De ahí que insistiera en los conceptos de la oportunidad (kairós) y de la probabilidad o
verosimilitud (eikós), y que se preocupara por la belleza formal.
Su aportación principal es su búsqueda de un estilo poético en la prosa, y su atención en ella al efecto de recursos como
la aliteración, la antítesis, los paralelismos, el ritmo, etc. Se ha hablado incluso de “figuras gorgianas” para aludir a
recursos como las antítesis de sentido o los paralelismos fónicos y sintácticos, como el isocolon (igual número y
disposición de las palabras de un mismo periodo) o el homotéleuton (palabras que acaban igual en una misma frase o
periodo). Estos rasgos pueden apreciarse en su conocido Elogio de Elena.
Aunque fue criticado por Isócrates y Platón, principalmente, influyó en Pericles, Tucídides, Isócrates, Alcidamante,
Menón y Agatón, entre otros, que apreciaron la ornamentación lingüística de sus discursos.
ISÓCRATES (436-338 a.C.) fue una figura clave en el desarrollo de la retórica clásica al situarla en el centro de su
programa educativo para políticos y estadistas. Ha pasado a la posteridad como el inventor de la prosa ática.
Discípulo de Gorgias, para Isócrates un buen orador debía contar con una habilidad natural combinada con práctica, y un
conocimiento adecuado de la materia de que se tratase. Esta última es considerada la menos importante, pues el
conocimiento no implicaba que el orador pudiera enfrentarse con eficacia ante un auditorio. Su método de enseñanza,
aunque partía de unas nociones o reglas básicas, se centraba en la repetición práctica de modelos de discursos. Este
enfoque tendrá gran repercusión en las escuelas de retórica romanas, e influirá después en el resto de Europa y América.
En cuanto a su estilo, es más moderado que Gorgias en el uso de recursos. Trabajó sobre todo la sonoridad de la oración
“periódica”, en la que se mantenía el suspense con la incorporación de varios incisos hasta que se completaba el sentido
con el clímax final. En unas ocasiones situaba al final el sujeto y el verbo, y en otras solo el verbo, consiguiendo
mantener en expectativa al auditorio hasta la solución final. Este procedimiento, al que estaba muy acostumbrado el
público, será también característico de Cicerón.
Su obra se encuentra dispersa en dos textos fundamentales: Contra los sofistas y Antidosis, en los que sostiene que la
retórica es un arte, no una ciencia. Las aptitudes naturales son imprescindibles, igual que la voz y la seguridad en sí
mismo, ya que los mejores oradores son los que unen habilidad y preparación técnica. Por eso reivindica el desarrollo
conjunto de facultades físicas, morales e intelectuales, la práctica de diversos modelos de discurso y de estilos en prosa, y
propone un estilo periódico, que evite los excesos de Gorgias.
PLATÓN (427-347 a. C.). Su maestro Sócrates protagonizó muchos de sus diálogos, lo que ha dificultado el identificar
las ideas de cada uno. Una de sus grandes aportaciones es precisamente su desarrollo del diálogo como método
expositivo. Este procedimiento, denominado “diálogo socrático”, conecta directamente con el género dramático y con la
argumentación oratoria. De ahí que se le considere como el padre de la dialéctica, y que se hable específicamente de
“método socrático” como herramienta para llegar al fondo de una cuestión por medio de preguntas que van poniendo de
relieve las contradicciones en los razonamientos y las opiniones.
La visión que tiene Platón de la retórica es contradictoria. En sus primeros diálogos, Protágoras y Gorgias, arremete
contra ella y la rechaza por su falta de veracidad y no tener verdaderos conocimientos sobre la materia de la que trata.
Pero en el Fedro, la elogia, tratándola como “el arte de ganarse el alma por medio del discurso”. La virtud reside en el
uso que se haga de la misma. La retórica es un arte difícil, pero especialmente útil en cuestiones dudosas, por lo que
resulta esencial que el orador domine el tema y tenga un buen conocimiento del alma humana.
Platón trató de la estructura de los discursos y de sus partes principales (proemio, narración, testimonio, prueba,
probabilidades y recapitulación), aunque no las desarrolló con detenimiento. Será su discípulo, Aristóteles, quien escriba
después un tratado específico de retórica.
TEMA 2. INTRODUCCIÓN A LA HISTORIA DE LA RETÓRICA: LA RETÓRICA CLÁSICA
2.1. LA RETÓRICA DE ARISTÓTELES
Aristóteles (394-322 a.C.), nació en Estagira, fue el discípulo más importante de Platón. A la muerte de su maestro se
trasladó a Macedonia para encargarse de la educación de Alejandro Magno, y más tarde regresó a Atenas, donde
permanecerá hasta su muerte.
Hizo frente a las críticas de Platón sobre la retórica en el diálogo Gorgias (afirmaba que el objeto de la retórica no era la
verdad, sino la opinión, y que su fin era el agrado del auditorio mediante el recurso a la emociones) con un diálogo
titulado Grilo o Sobre la Retórica, del que nos han llegado solo fragmentos sueltos, en el que valora la retórica como una
ciencia. Aristóteles sostiene que la opinión no es una deformación de la realidad que deba evitarse, sino una
manifestación de la realidad. La retórica se ocupará de la opinión y de los pensamientos dialécticos, mientras que la
filosofía lo hará de los pensamientos apodícticos, que son demostrables en su acierto o falsedad.
Para Aristóteles la retórica es “la facultad de teorizar lo que es adecuado en cada caso para convencer”, “su tarea no
consiste en persuadir, sino en reconocer los medios de convicción más pertinentes para cada caso”. Se caracteriza por su
capacidad de aplicar los medios adecuados para persuadir en las circunstancias concretas. Su Retórica se compone de tres
libros, dedicadas al èthos del emisor-orador, describiendo las técnicas argumentativas del orador; al pàthos del receptor,
estudiando las pasiones y los efectos del discurso en el oyente, lo que serían los argumentos subjetivos y morales; y al
mensaje o discurso, analizando los procedimientos discursivos y de la elocución.
En el primer libro, Aristóteles está convencido de que el conocimiento humano se basa más en opiniones que en verdades
demostrables. De ahí su valoración de la probabilidad y la proximidad que establece entre Dialéctica y Retórica: la
primera se centra en la razón y en los argumentos, mientras que la Retórica ve los argumentos a la luz de su relación con
el èthos del orador y el pàthos de los receptores.
Al abordar los distintos medios de persuasión, Aristóteles, habla de las pruebas técnicas (testimonios, confesiones) y no
técnicas (leyes, testigos, torturas, juramentos), y presta atención especial a los denominados entimemas, figuras de
deducción retórica que atienden a lo probable, verosímil, frecuente o deseable; y a los ejemplos, figuras de inducción
retórica. También desarrolla la teoría de los tres géneros retóricos de sus predecesores: el deliberativo, judicial y
epidíetico. Que son estudiados sistemáticamente a partir de distintos criterios basados en su contenido, tiempo al que se
refieren, lugar en el que tiene lugar, y tipo de auditorio al que se dirige.
El género deliberativo, es el que se centra en lo posible que depende de la voluntad, en el bien y en la felicidad del
auditorio, que tiene como finalidad aconsejar y deliberar en la actuación pública a fin de establecer las ventajas o
desventajas que puedan sobrevenir en un futuro. Su ámbito temático gira en torno a la guerra y la paz, la legislación, la
adquisición de bienes, etc.
El género epidíctico tiene como objetivo agradar a partir de unos valores o modelos con los que puede identificarse el
auditorio. Es el género propio del elogio, el panegírico y la felicitación. Se busca que el auditorio se identifique con la
tesis propuesta y que actúe o esté inclinado a actuar en una determinada línea. Entre sus tópicos figuran la virtud, el vicio,
la belleza, la fealdad... Es el género más ornamental.
El género judicial, basado en la idea de justicia o injusticia, tiene como fin la reparación de la injusticia ante hechos
cometidos en un tiempo pasado. Por ello estudia las circunstancias que influyen en los comportamientos y en los hechos,
los móviles, los perjuicios de las acciones, etc.
En el segundo libro de su Retórica, Aristóteles se ocupa de las cualidades que contribuyen a la credibilidad del orador
(prudencia, virtud, benevolencia), así como de las reacciones de los oyentes (ira, mansedumbre, favor, gratitud, piedad,
indignación, envidia, emulación...).
En el tercer libro describe las cualidades que debe tener el estilo: claridad, propiedad, naturalidad y corrección, así como
algunos procedimientos especialmente relevantes, como la metáfora, el ritmo o la antítesis, y las partes principales que
pueden articular de manera eficaz los discursos: exordio, exposición, prueba y epílogo.
Además de estas aportaciones en relación con la estructuración del discurso o las propiedades del estilo oratorio, que
ponen en contacto Poética y Retórica, Aristóteles destacó por su análisis de los tópicos y su valoración de la
verosimilitud, tal y como había desarrollado también en su Poética. Entre sus aportaciones destaca también la atención a
dos perspectivas nuevas en el estudio de la retórica: en primer lugar sometió la doctrina retórica sobre las llamadas
pruebas o demostraciones a un análisis fundamental y científico al formular una verdadera teoría sobre los caracteres y
sobre los afectos. En segundo término, presentó la Retórica como una disciplina formal, consistente en formas expresivas
y psicológicas y no como una mera rutina de normas o recetas aplicables.
Así, la retórica de Aristóteles tiene una sólida fundamentación psicológica. Por un lado se preocupa por el componente
ético y moral, por el comportamiento profesional y privado del orador; y por otro, ofrece una especie de tratado sobre las
pasiones a la hora de analizar los efectos del discurso en el auditorio y las pasiones que han de moverse; incorporando a
su Retórica el primitivo componente psicagógico. Pero es también una retórica práctica, que tiene como objetivo influir y
persuadir al auditorio.
2.2. OTROS AUTORES GRIEGOS
Tras la aportación de Aristóteles a la retórica, sucedieron otros autores griegos que fueron consolidando el gran edificio
clásico de la retórica clásica. Entre los más significativos conviene recordar los siguientes:
TEOFRASTO (ca. 370 - ca 285 a. C.) discípulo de Aristóteles, cuya obra está perdida, pero es conocido por las
referencias de otros retóricos, que señalan su énfasis en las virtudes estilísticas de las pureza, claridad, propiedad y
ornamentación, así como por haber diferenciado los conocidos tres estilos (sencillo, medio y elevado).
DEMETRIO de Falero (ca. 350 - ca. 280 a. C.) discípulo de Teofrasto, autor de Sobre el estilo, en el que ofrece un
importante cuadro de la literatura griega clásica, y donde estudia la estructura de la frase, sus partes o periodos, y
describe los tipos de estilo (elevado, medio y bajo) a los que añade el estilo enérgico, y aborda con minuciosidad el
estudio del ritmo, tropos y figuras, partículas, hiato, palabras compuestas y onomatopéyicas, etc.
ZENÓN (ca. 334 - 261 a. C.) fundador de la escuela estoica, sitúa la Retórica y la Dialéctica en el campo de la Lógica.
La Retórica es la parte de la Lógica que aborda la composición del discurso científico con una técnica rigurosa.
HERMÁGORAS de Temnos (finales s. II a. C ) uno de los retóricos más importantes entre Aristóteles y Cicerón,
continuador de la tendencia estoica. Su principal aportación es en el campo de la disposición y su idea de la “eficaz
economía”. Diferenció entre la “tesis”, que presenta las cuestiones generales, y la “hipótesis”, que expone controversias
sobre casos particulares, siguiendo la distinción aristotélica entre “lugares comunes” y “lugares propios” o “específicos”.
Clasificó los discursos según el estatus de la causa, y estableció cuatro situaciones básicas para identificar el asunto de la
disputa: “conjetura” (¿quién es el autor de la acción encausada?), “definición” (¿es o no es delito?), “calificación” (¿con
qué intención lo hizo?) y aceptación del procedimiento judicial (¿compete a este juez atender el caso?).
APOLODORO de Pérgamo (ca. 104 - 2 a- C.) Concibe la Retórica como una ciencia, y establece en su Téchtie una
división cuatripartita de los discursos (proemio, narración, argumentación y peroración), en la que solo se permite el
páthos al principio y al final de los discursos.
Rhetorica ad Alexandrum, obra anónima del siglo IV a. C. atribuida a Anaximenes de Lámpsaco y también a
Aristóteles por estar dedicada a Alejandro. Tuvo escasa influencia, pero en la Edad Media fue traducida varias veces al
latín. En ella trata de los tres géneros oratorios, con sus distintos tipos, de las pruebas, y de numerosos aspectos
relacionados con la elocución y la disposición de los discursos.
2.2.1. La retórica griega en la época imperial
La Retórica se había extendido por Grecia y Roma, y su enseñanza se consolida con la creación de escuelas de rétores y
gramáticos, que ofrecían una formación literaria basada en los modelos clásicos. La primitiva orientación práctica de la
retórica se vio amortiguada por este desarrollo en la enseñanza. En el siglo I a. C. hay destacados autores griegos que se
trasladan a Roma y ejercieron gran influencia en la retórica latina. Entre ellos figuran los siguientes:
CECILIO de Caleacte (s. I a. C.) perdida la mayor parte de su obra, sabemos por otros que escribió un Arte retórica,
una obra Sobre las figuras, con una completa clasificación, y un tratado Sobre lo sublime, que suscitó las críticas de otra
obra anónima posterior sobre el mismo tema.
TEÓN de Alejandría (s. I d. C.) Contemporáneo de Quintiliano, es autor de los “progymnasmata” más antiguos. Eran
ejercicios escolares de composición retórica en los que se proponían modelos de autores clásicos para la fábula, relato,
chría, lugar común, encomio, vituperio, comparación, prosopopeya, descripción, tesis y ley.
DIONISIO de Halicarnaso (ca. 60 - ca. 5 a. C.) Contemporáneo de Horacio. Su obra más conocida es La composición
literaria, que trata de los mecanismos de redacción literaria, del orden de las palabras, del ritmo y la organización de la
frase, y de los efectos que producen. Entre sus aportaciones está la originalidad de su visión de los estilos y su ideal ático
de prosa artística.
El Pseudo Longino Sobre lo sublime es un tratado anónimo de amplia difusión tras su traducción en 1674 por Boileau-
Despréaux. Centrada en la descripción de lo sublime y en los efectos que produce, fija en cinco sus fuentes: la grandeza
de ideas, la intensidad de la emoción, el uso adecuado de imágenes, la elección de palabras elevadas y la dignidad y
emoción en el orden de las palabras. Es una obra de gran repercusión en la modernidad.
ELIO Aristides (ca. 120 - 187 d. C.) destacado orador del siglo II d. C. y uno de los principales representantes de la
Segunda Sofística. Sus intereses retóricos se centran en el discurso político, y en el estudio de los diferentes tipos de
estilo, según el contenido, las figuras y la expresión.
HERMÓGENES de Tarso (ca. 160 - 225 d. C.) Gran admirador de Demóstenes, fue un precoz y afamado retórico de su
tiempo, del que nos han llegado varios escritos suyos. Entre ellos figuran sus Progymnásmata, de autoría discutida, que
se centran en la fábula, chría, sentencia, refutación, confirmación, encomio, comparación, etopeya, descripción, tesis y
propuesta de ley.
AFTONIO (finales del siglo IV d. C.) Conocido sobre todo por sus Progymnámata, en la línea de los de Teón y
Hermógenes, dio modelos de fábula, relato, chría, sentencia, refutación, confirmación, lugar común, encomio, vituperio,
comparación, etopeya, descripción, tesis y propuesta de ley.
2.3. LA RETÓRICA LATINA
La retórica griega llega a Roma sobre el siglo II a.C. a través de los oradores y profesores griegos, hemos de tener en
cuenta las relaciones políticas, económicas, culturales, etc., existentes entre ambas civilizaciones. En este contexto, el
predominio del saber griego fue siempre una constante, sobre todo en los momentos iniciales. En términos generales, la
retórica latina adaptó los presupuestos griegos a sus circunstancias particulares, dotándola de sentido práctico y de una
orientación social y política, que poco a poco le hizo perder su original sentido filosófico y orientación interdisciplinar.
La Rhetórica ad Herennium (siglo I a.C.) es la retórica latina más antigua, fue atribuido durante la Edad Media a
Cicerón, y a Comificio en el Renacimiento, si bien la tendencia actual es la de dejarlo en el anonimato. Uno de los
elementos que más se valora es su organización, novedad respecto del resto de manuales, construidos la mayoría sobre
las partes de la oración judicial y las pruebas en los consabidos tres tipos de oratoria. Después del siglo I a.C. dichos
manuales se empiezan a organizar a partir de la "invención", dando prioridad a las partes de la oración. Otra novedad es
el incremento de las categorías tratadas, de tres a cinco, incorporando la "memoria" y la "actio". También se incrementan
las partes de la oración, de cuatro a seis, por adición de la "partición" y la "refutación", que se dividen a su vez en otras
partes. También llama la atención su teoría de los ejemplos en los tratados sobre la elocuencia al defender la
incorporación de los propios, en vez de utilizar ajenos, aun cuando sean de grandes poetas u oradores. De ahí que se haya
hablado de la postura nacionalista de su autor con respecto a las teorías griegas fundadas en la imitación.
CICERÓN (106 - 43 a. C.) aúna la dimensión práctica de la oratoria y la teórica. Para él la retórica es un arte que se
adapta a la realidad en la que se desenvuelve, y es inseparable de la Filosofía, en particular de la Lógica y la Dialéctica.
Esta visión es una de sus grandes aportaciones.
Escribió numerosas obras dedicadas a la oratoria; en ellas unió los saberes tradicionales griegos con la visión latina. Su
producción se clasifica en obras retóricas menores y mayores. Las primeras fueron escritas entre los años 84 y 45. Entre
ellas se sitúa De inventione (86 a. C.), de orientación judicial de gran difusión medieval, dedicada a la invención como
ámbito genérico que integra las demás operaciones retóricas, y en la que recoge preceptos extraídos de Aristóteles,
Hermágoras y otros autores; De optimo genere oratorum (46 a. C ), una defensa del estilo ático; Tópica (44 a. C.), un
resumen de los Tópicos de Aristóteles, con ejemplos jurídicos, filosóficos y literarios; y las Partitiones oratoriae (45 a. C
), un manual escolar muy esquemático en forma de preguntas y respuestas entre Cicerón y su hijo.
Sus obras retóricas más importantes fueron escritas en el último tramo de su vida. Se trata de la trilogía formada por De
Oratore, Brutus y Orator.
De Oratore (55 a. C.), en forma de diálogo, es considerada su mejor obra retórica. Sus tres libros se centran,
respectivamente, en el orador, en la invención y disposición, y en la elocución. Aparte de su estilo, de ella se ha valorado
la importancia que presta a la simpatía como identificación emocional, su atención a la novedad como valor estético y al
ritmo. También relaciona pensamiento y dicción, res y verba, considerando imprescindible la buena preparación del
orador público, que debe contar con dotes naturales, y toda una serie de cualidades relacionadas con cada una de las
disciplinas o profesiones que se sirven de la palabra (filósofos, dialécticos, jurisconsultos, poetas, actores...).
En Brutus, también diálogo, ofrece un panorama histórico de la oratoria anterior, en el que valora a numerosos oradores
griegos y latinos.
El Orator tiene forma de carta dirigida a Bruto, con la idea de establecer los rasgos del orador ideal. Y, aunque hace un
breve repaso por las partes fundamentales de la retórica, la elocución ocupa la mayor parte de la obra, sobre todo en lo
que respecta a la teoría del ritmo y de la prosa. Para Cicerón el orador ideal ha de dominar todos los estilos y ha de ser
capaz de probar, agradar y conmover al auditorio atendiendo a las circunstancias.
2.4. DECADENCIA DE LA RETÓRICA
La decadencia de la retórica antigua se asociando al debilitamiento de la democracia tras la caída de la República y al
auge del absolutismo imperial. Los discursos, juicios e intervenciones de los abogados se redujeron, y se afianzó el
aprendizaje de preceptos en las escuelas, proliferando las exhibiciones de declamación. Las “declamaciones”, ejercicios
retóricos escolares de composición y recitación, fueron frecuentes entre la segunda mitad del siglo I y el siglo V d. C,
(Segunda Sofística). Estas se orientaban al género político o deliberativo, en el tipo de la “suasoria”; y después, al género
judicial, más complejo, en las denominadas “controversias”. De todos los libros dedicados a este tipo de ejercicios
escolares destacan las declamaciones de Lucio Anneo Séneca, una colección de discursos ficticios de carácter judicial y
deliberativo.
QUINTILIANO (ca. 35 - ca. 96 d. C.) coincide con la decadencia de la retórica en Roma. De origen español, Fabio
Quintiliano alcanzó gran renombre en la enseñanza de la Retórica en la Roma de Vespasiano. Su obra más importante
conservada es Institutio Oratoria, escrita en sus años de retiro, entre los años 92 y 95 d.C. Su contenido se desdobla entre
lo teórico y lo educativo en sus doce libros que se presentan como la síntesis del saber retórico hasta la fecha.
Para Quintiliano la retórica es la base de la educación. De ahí que insista en la necesidad de una completa formación del
orador en las más diversas disciplinas, unida a sólidos principios morales. Entendida la retórica como “bene dicendi
scientia”, los tres fines de la retórica (enseñar, deleitar y mover) se articulan en torno a un principio ético, que se
materializa en el concepto de “vir bonus” como perfecto orador.
Aunque Quintiliano parte de la imposibilidad de fijar un rígido sistema de reglas sobre la retórica, su enfoque tiene una
cuidada organización. Se dirige a tres aspectos: al arte, al artista y a la obra. La escasa atención dedicada al receptor
refleja el cambio en la concepción de su finalidad con respecto a los autores antiguos: ya no se trata tanto de "persuadir"
a un tercero, cuanto de conseguir un discurso "bien dicho", dando a la retórica su identidad como arte. La reivindicación
que hace de la bondad del artista se aprecia en su identificación entre retórica y virtud. Por su parte, la obra o la materia
en sí de la retórica, no se limita a los géneros persuasivos o políticos, sino que presenta la amplitud de todo lo que pueda
convertirse en tema de discurso. Fiel a la tradición retórica, considera que los fines del orador son instruir, mover y
deleitar, lo que se logrará con la conjunción de naturaleza, arte y práctica, y hace especial hincapié en las causas forenses,
de mayor complejidad.
Su máxima aportación es el requisito de rectitud moral. Al considerar la oratoria como el arte o la virtud de decir bien lo
justo y verdadero, la formación moral del orador ocupa un lugar básico. Quiere lograr un orador sabio y bueno, pero en el
sentido romano de "verdadero hombre de estado", esta necesaria orientación hacia la vida pública le lleva a defender
virtudes en el orador del tipo de cortesía, amabilidad, moderación, benevolencia, fortaleza, sinceridad, etc.
Entre los discípulos de Quintiliano más conocidos figuraron Plinio el Joven, Juvenal, Suetonio y Tácito. Es probable que
en la Edad Media se conocieran algunos fragmentos, pero la obra completa no se utilizó hasta 1416, cuando fue
descubierta en el monasterio de San Galo por el humanista italiano Poggio Bracciolini. A partir de entonces tuvo una
enorme difusión desde el último tercio del siglo XV hasta principios del siglo XVII, llegando al sobrepasar entonces el
centenar de ediciones.
TÁCITO (ca. 54 - ca. 120 d. C.) es el autor al que se le atribuye el Diálogo de los oradores, donde se abordan las
repercusiones de la pérdida de libertas y de las condiciones políticas, educativas y sociales en la oratoria de siglo I d. C.
Resulta interesante la visión globalizadora de la retórica, y de la elocuencia como facultad de expresión en cualquier tipo
de discurso, prosaico o poético. En este sentido, vincula la oratoria a la finalidad práctica, a la utilidad, y el poético a la
belleza y el placer.
2.5. OTROS RETÓRICOS LATINOS
Fueron muchos los que destacaron en la retórica latina, tanto en el ámbito de la enseñanza como en el de la práctica
oratoria. Es el caso de los dos Plinios (Plinio el Viejo y Plinio el Joven), el filósofo Séneca el Joven o el poeta Juvenal.
TEMA 3. INTRODUCCIÓN A LA HISTORIA DE LA RETÓRICA (II). DE LA EDAD MEDIA AL SIGLO XIX
3.1. LA RETÓRICA EN LA EDAD MEDIA
3.1.1. Retóricas y Poéticas Medievales
Aunque la Retórica y la Poética nacen con objetivos diferentes, la confusión entre ambas se hace patente durante el
Imperio romano y se consuma en la Edad Media. La tendencia a reducir la Retórica a la elocutio estaba ya muy
generalizada. Sin embargo, la Retórica no era la que enseñaba las figuras y su uso, sino que ese era el cometido de los
estudios gramaticales. Todas estas discrepancias, debido a la diversidad de criterios y de escuelas surgidos, a la que hay
que sumar la herencia clásica difundida por el Imperio Romano y por el Imperio Bizantino, impidieron tener una visión
unitaria y coherente de la Retórica.
Su valor educativo en la Antigüedad la hizo continuar formando parte de los saberes medievales, pero influida por la
Segunda Sofistica terminó siendo un ejercicio escolástico. Formaron la base de la enseñanza retórica durante la Edad
Media: los tratados De Oratore y De Inventione, de Cicerón; la Rhetorica ad Herennium y sobre todo la Institutio
Oratoria de Quintiliano, que marcó las pautas de lo que serían la enseñanza, la teorización y la práctica retóricas a lo
largo del Medievo.
Podemos iniciar su andadura medieval en el siglo V, cuando aparecen la obra de San Agustín, De doctrína christiana,
intento de «cristianizar» la Retórica, y la de Marciano Capella, De Nuptiis Philologiae et Mercurii, alegoría en la que
aparecen enumeradas las siete artes liberales: Gramática, Dialéctica, Retórica, Geometría, Aritmética, Astronomía y
Música, agrupadas, más adelante, en trivium (que compendiaba todo lo relativo al dominio de las palabras) y en
quadrivium (que reunía los conceptos matemáticos). En las «artes» medievales hay que distinguir dos ramas: la patrística
y la profana.
3.1.2. Cristianismo versus paganismo
La historia de la Retórica no puede ignorar esta polémica, por la amplia repercusión que tuvo en los estudios gramaticales
durante los siglos IV y V, principalmente porque la «cristianización» de la Retórica marca algunas pautas en su
transmisión a etapas posteriores.
Teniendo en cuenta la influencia de la Retórica pagana durante el siglo IV, la tarea de las autoridades eclesiásticas
consistió en revisar los métodos pedagógicos y las pautas culturales que guiaban la formación de los catequistas y de los
predicadores.
Las reacciones iniciales, opuestas a la cultura pagana, coincidían con el pensamiento platónico al plantear el «poder
engañoso» de las palabras y al prevenir contra un culto excesivo a todo lo que no fuera «palabra divina» oponiendo
Verbum (palabra divina) a verbum (palabra humana). Critican los excesos retóricos de la Segunda Sofistica y defienden
la claridad y la sencillez expresivas. La oposición paganismo/cristianismo se traduce desde el punto de vista jurídico-
dialéctico, en la «elocuencia combativa» (apologética) de los Padres de la Iglesia y en el terreno de la comunicación, en
el desarrollo del sermo humilis evangélico.
Esta actitud radical no era compartida por todos. San Ambrosio consideraba la utilidad del ornato retórico. San Jerónimo
yuxtapone la reprobación y la aceptación de los procedimientos retóricos. Será San Agustín, con su De Doctrina
Christiana quien siente las bases de la oratoria sagrada, marcando un hito en la transmisión de la Retórica a la etapa
renacentista.
3.1.3. La huella de la retórica clásica en la poesía medieval. Las Artes
Ya en Roma y en el ámbito de la enseñanza, las tres modalidades de discurso retórico (forense, político y panegírico) se
habían convertido en meros ejercicios ficticios. El discurso que más influyó en la poesía medieval fue sin duda el
panegírico: la alabanza se consagró como tópico fundamental en los poemas de este periodo.
La tradición preceptiva clásica tiene ya como fundamento el ars grammaticae que incluye todos los aspectos
relacionados con el «arte verbal»: estudio de las figuras, comentario de obras literarias... Pero acabará cristalizando en las
artes medievales (ars praedicandi, ars dictaminis, ars poetriae), determinadas por su respectivo campo de aplicación (la
predicación eclesiástica, el dictado de cartas y la versificación) y limando los límites entre prosa y poesía: de hecho, el
ars dictaminis contemplaba tanto el verso como la prosa. Las ars poetriae incluían algunas cuestiones de carácter teórico,
otras relativas al «estilo» y a los diferentes tipos de ornatos que corresponde a cada uno.
3.1.4. La teoría de los tres estilos
Aparece por primera vez en la Rhetorica ad Herennium, aunque es Cicerón quien distingue entre varias modalidades de
estilo según el empleo que se haga de diferentes técnicas de composición. San Agustín distingue entre tres tipos: genus
submissum o tenue (apropiado para la enseñanza), genus temperatum o medio (propio para entretener) y genus grande
(indicado para conmover). Esta división la recogen los autores carolingios y la asimilan en los estudios de Poética. Y a
partir de ellos, Juan de Garlande lo sistematiza en la «rueda de Virgilio», en la que cada uno de los tres estilos se hace
coincidir con los tipos humanos que aparecen en tres obras de Virgilio: el pastor de las Bucólicas (que representa el
«estilo humilde»), el agricultor de las Geórgicas (que representa el «estilo medio») y el noble de la Eneida (que
representa el «estilo sublime»). Esta teoría tuvo aplicaciones en el ámbito de la creación literaria.
3.2. LA RETÓRICA EN EL RENACIMIENTO SIGLO XVI
3.2.1. El Humanismo italiano y el auge de la Retórica
El Renacimiento italiano se propuso recuperar los textos originales de autores latinos y restablecer el estilo ciceroniano,
que reemplazaría el estilo e incluso la cultura medievales. Los humanistas, impulsores de la cultura clásica, redescubren
la importancia de la Retórica en el ámbito de la enseñanza y de la práctica oratoria. Para ellos, la Retórica ya no es una
disciplina secundaria integrada en el trivium o unas técnicas que enseñan tratados como De Inventione o la Rhetorica ad
Herennium, sino que es un arte noble y creativo, cuyo conocimiento y práctica enaltece al individuo. El auge de la
Retórica va ligado a la revalorización de lo clásico.
El campo de la Retórica es amplio: se extiende a los ámbitos civil y religioso, judicial y académico, e incluso invade
claramente el terreno de la Poética. Sin embargo, se intensifica una exaltación del estilo, la elocutio, que intenta abarcar
tanto los rasgos de la latinitas como conseguir la eficacia necesaria acorde con el auditorio y con el fin propuesto.
3.2.2. La Retórica en la enseñanza
Pese a esta importancia creciente de la Retórica, los profesores de Dialéctica lucharon por ensanchar el ámbito de esta
última y colocar a la Retórica en el lugar secundario que había ocupado en la Edad Media. Esta polémica hace que
muchos tratadistas reformulen los contenidos específicos de cada una de estas disciplinas (unos intentaban armonizarlas
y otros metían una dentro de la otra), lo que también afectó a la clasificación de las partes de elaboración del discurso.
Con todo, la enseñanza de la Dialéctica siguió detrás de la Retórica y esta, como materia de enseñanza escolar, continuó
ocupando un lugar secundario y su contenido se redujo, en muchos casos, a cuestiones de estilo.
3.2.3. La recuperación de los textos clásicos
El redescubrimiento y la difusión de textos grecolatinos son vitales para el auge de la Retórica. En el siglo XIII ya se
habían traducido al latín algunas obras aristotélicas, un siglo después, Petrarca recuperaba cartas de Cicerón y Leonardo
Bruni traducía al latín varios diálogos platónicos. Sin embargo, es a comienzos del siglo XV cuando Poggio encontró en
el Monasterio de San Galo, en el año 1416, un manuscrito completo de las Institutiones Oratoriae de Quintiliano que
había llegado hasta entonces con numerosas lagunas. El éxito que alcanzó la obra completa fueron inmensos: Quintiliano
fue considerado, a partir de entonces, como una autoridad tanto en materia de educación como en el ámbito de las
técnicas retóricas. El panorama de descubrimientos de textos clásicos se completa unos años más tarde con la
recuperación de varios manuscritos íntegros de Cicerón (De Oratore, Orator y Brutus) por Gerardo Landriani.
Los viajes de los humanistas entre Italia, Grecia y Constantinopla produjeron un interesante intercambio cultural que
contribuyó a la difusión de la lengua y de la cultura griegas y a la recuperación de textos griegos: Sobre la composición
de Dionisio de Halicarnaso, Sobre las ideas de Hermógenes, Sobre el estilo de Demetrio y Sobre lo sublime, de Pseudo
Longino.
3.2.4. La Retórica en España
Aunque España nunca perdió sus raíces grecolatinas, es deudora de Italia en el ámbito de la Retórica, tanto en las
preceptivas y manuales como en la teoría y práctica oratorias. Los textos más utilizados eran la Rhetorica ad Herennium,
la de Trebisonda y las de Rodolfo Agrícola. Las clases de Retórica eran de dos tipos: teóricas, donde se exponían las
enseñanzas de los retóricos y prácticas que enseñaban la lengua latina y los textos clásicos. De esta división surgen dos
grupos de textos: las instituciones y los progimnasmas. En cuanto al ejercicio de la oratoria, destaca el auge de la sagrada
sobre la civil. Y pese a loables intentos, no podemos hablar de renovación pues la intransigencia ideológico-religiosa de
aquella época obstaculizó las posibilidades de cambios y de reformas.
Entre nuestros retóricos más importantes destacan Nebrija (1444-1522) que ejerció una gran influencia, Luis Vives
(1492- 1540) que demuestra una gran preocupación por la enseñanza y una gran calidad como pedagogo. En sus obras se
hace eco de la decadencia de la Retórica, e intenta aportar diversas soluciones a esta situación, comenzando por
recomendar que se estudie la Retórica tras la Dialéctica, y no después de la Gramática.
Mayor interés ofrece la aportación de «El Brocense» (1523-1601) en sus obras considera que el estudio de la Retórica
debe ser posterior al de la Dialéctica, e incluye en esta disciplina la inventio y la dispositio, mientras que asigna a la
Retórica la elocutio y la actio suponiendo un claro testimonio del proceso de literaturización de la Retórica que se
produjo en el Renacimiento español.
La Retórica (1541) de Miguel de Salinas es la primera retórica española escrita en lengua vulgar. Dedicada a los
predicadores, puede aplicarse también al ámbito civil. Convencido de la importancia del auditorio, Salinas organiza el
discurso en función de éste, por lo que considera fundamental cuidar el orden y la disposición, así como una adecuada
elección de los términos.
La Retórica de Arias Montano (1527-1598) recoge las doctrinas de Cicerón y Quintiliano, a la vez que recibe una fuerte
influencia de la Poética de Jerónimo Vida. Trata de los tres géneros clásicos y las cinco fases de la elaboración del
discurso, prestando especial atención a la elocutio y ofreciendo en la memoria unos procedimientos mnemotécnicos
originales.
En la transición entre renacentistas y postridentinos, destacamos la obra de Antonio Llull, que sintetiza ideas platónicas y
aristotélicas. Como otros tratadistas de esta época, confunde los límites entre Poética y Retórica. Esta confusión es
patente también en la Philosophía Antigua Poética (1596) de López Pinciano y en las Instituciones de Pedro Juan Núñez.
3.3. LA RETÓRICA EN EL SIGLO XVII
Muchos estudiosos coinciden en señalar una decadencia generalizada en el campo de los estudios retóricos. Por una
parte, es patente la escasa originalidad de los manuales publicados durante este siglo. Por otra, hay una menor calidad en
las enseñanzas retóricas que, en gran parte, se hallan en manos de los Jesuitas.
La práctica retórica sobre todo en el ámbito de la oratoria sagrada está estrechamente vinculada al Barroco, movimiento
que supuso una nueva «literaturización» de la Retórica que se traduce en el auge de un estilo recargado, bien por su
densidad conceptual, bien por un excesivo desarrollo del ornatus.
Contra ese estilo barroco, nace el llamado «estilo científico», surgido de unos planteamientos más lógicos, en los que se
busca un mayor equilibrio entre el contenido y la expresión. Al desarrollo de este «antirretoricismo humanista»
contribuye igualmente la creación de una serie de Instituciones que velan por un uso más correcto de la lengua en todas
sus manifestaciones, e intentan recuperar el ideal clásico, propósito que se desarrollaría durante el siglo XVIII.
3.3.1. El clasicismo francés
En Francia no se produce el desfase entre teoría y creación literaria que se da en otros, gracias a escritores como
Corneille, Racine, Molière o La Fontaine, que respetan y practican los principios de la teoría clásica. Ya desde el siglo
XVI es perceptible la influencia de los traductores y comentaristas de la Poética de Aristóteles, hecho que determina una
estética literaria que se caracteriza por la aceptación de las reglas, el predominio de la razón y de la claridad, y el rechazo
de la inspiración y de la fantasía desordenada.
La obra que mejor recoge este espíritu clasicista es el Arte Poética (1674) de Nicolás Boileau, que plantea: la defensa de
la pureza de la lengua francesa, la necesidad de una versificación rígida, la creencia en la belleza absoluta, eterna e
inmutable del ideal clásico, y mayor interés por la forma de la obra literaria que por su contenido.
3.3.2. La Presencia de los Jesuitas en la Retórica
Los Jesuitas desempeñaron un importantísimo papel en el Concilio de Trento y, desde finales del XVI, su sistema de
enseñanza (la Ratio studiorum) gozaba de un extraordinario prestigio: concedía la primacía a las Humanidades y
consideraba la Retórica como la más noble de todas.
Los Jesuitas franceses, intentando superar la querella entre ciceronianos y anticiceronianos adoptan en su Retórica la
imitatio multiplex, que confiere una importancia peculiar al uso de los «colores» (descripciones, recursos patéticos...) y a
la varietas ingeniorum, lo que permitía a cada orador crear su propio estilo. Se dedicaron preferentemente a un público
cortesano y en sus predicaciones utilizaron con profusión las descripciones acompañadas de «recursos fónicos».
3.3.3. Barroco y Retórica: deleitar/convencer
Puede decirse que la oratoria de este siglo insiste en la ilustración deleitosa del conocimiento que en la fuerza persuasiva
para doblegar la voluntad. Se trata, en definitiva, de una actitud muy barroca: impresionar deleitando, aun no
convenciendo desde el punto de vista estético. La Retórica tendrá una finalidad más decorativa que persuasiva. Una vez
más, la Retórica se reduce a la elocutio.
3.3.4. Resurgimiento de la Segunda Sofística en Italia
A finales del XVI, Italia ve resurgir una vez más la Segunda Sofística, y la pugna entre los estilos aticista y asianista
como las Dicerie sacre (1614) de Giambattista Marino. El asianismo, más ampuloso y para grandes auditorios, fue
cultivado por los oradores sagrados, mientras que el aticismo, propio de grupos más restringidos, se refugió en los
círculos eruditos, como divertimento aristocrático.
3.3.5. La Retórica en España: conceptismo e ingenio
También en España la Retórica se hallaba en decadencia con respecto al siglo anterior: había disminuido tanto la
publicación de tratados como el estudio de la materia.
3.4. LA RETÓRICA EN EL SIGLO XVIII
Durante el siglo XVIII, la Retórica y la Poética, siguen siendo materias integradas en la mayoría de los planes de estudio.
En la primera mitad de este siglo influyen, de manera especial, las obras de los teóricos franceses Boileau (1636-1711),
Rapin (1621-1687) y Le Bossu (1546-1626).
Debido a la influencia de la obra Sobre lo sublime, del Pseudo Longino, traducida Boileau en 1674, se cuestionan
algunos cánones de Aristóteles y de Horacio, y los juicios críticos se apoyan más en apreciaciones personales que en
reglas generales. Aunque la mayoría de los preceptistas siguen las normas clásicas, no faltan quienes escriben con
naturalidad.
Podemos apreciar también cierto resurgimiento de la Retórica filosófica, con planteamientos tradicionales como los de
Fenelón (1651-1715), o con formulaciones más modernas, a partir de los nuevos principios de la Lógica y de la
Psicología, como las de los racionalistas franceses y los empiristas británicos.
En esta época, la oratoria sagrada alcanza una gran popularidad, con predicadores tan prestigiosos como Tillotson (1603-
1694), Barrow (1764-1848), Atterbury (1662-1732) y los franceses Bossuet (1627-1704), Bourdaloue (1632-1704) y
Massillon (1653-1742).
En este siglo se sigue difuminando la división entre Poética y Retórica, abundan los manuales que integran ambas
disciplinas, y algunos autores afirman que esta confusión es la causa y efecto de la decadencia de la Retórica. Otra de las
posibles causas del anquilosamiento de la Retórica es la falta de objetivos reales para la elocuencia. El absolutismo
político permitía exclusivamente los discursos afirmativos, y las condiciones sociales no eran favorables para la práctica
libre de la oratoria persuasiva. Advirtamos también que, ya en este siglo, podemos apreciar algunos rasgos de ese proceso
de «literaturización» de la Retórica que se desarrolló plenamente en el siglo XIX.
En España, la traducción de José Luis Munárriz hizo posible que la obra de Blair fuera ampliamente conocida y que
ejerciera una considerable influencia. Uno de los primeros admiradores de Blair en España fue Juan Andrés quien, en su
libro titulado Origen, progresos y estado actual de toda la literatura (1784-1806), afirma que Blair fue uno de los
mejores predicadores y uno de los más doctos conocedores del arte de la palabra. La influencia de las Lecciones... de
Blair se hizo patente también en el Curso de humanidades castellanas (1794), de Gaspar Melchor de Jovellanos. En su
diario, Jovellanos señala a Blair como su guía en la preparación del Curso.
Por lo que respecta a la Poética -y, en concreto, a la teoría de los géneros literarios- hemos de advertir que la distinción
clásica en tres géneros estaba tan asentada que no se consideró conveniente examinar sus presupuestos para saber si
seguían o no siendo válidos. El género dramático y el épico continuaban manteniendo su prestigio porque eran los más
tratados en las Poéticas de Aristóteles y de Horacio. No obstante, en la práctica iban apareciendo otras modalidades
creativas que no se ajustaban a los patrones clásicos, lo que provocara la «querella de antiguos y modernos» que alcanzó
desigual fortuna en cada país.
3.4.1. Los tratados españoles de retórica y poética
En España, el siglo XVIII, tiempo de examen, de revisión crítica y de reforma educativa, es época de polémicas entre los
defensores de lo antiguo y los propugnadores de lo moderno. Aunque se advierten esfuerzos por modernizar la vida
intelectual y artística a partir de ideas extranjeras, hay que reconocer que la decadencia de la Retórica y la reiteración de
las mismas reglas de la Poética constituyen un hecho indiscutible.
Los tratados españoles de este siglo reúnen las enseñanzas de Retórica y Poética. Además de reeditarse obras del XVII,
alcanzan mucho éxito las traducciones de los franceses Batteux y Boileau, muy partidario de la preceptiva clasicista.
Teniendo en cuenta que eran manuales destinados a la enseñanza, los ejemplos de las teorías son textos griegos y latinos.
Sigue siendo patente la importancia de la predicación y la oratoria sagrada. Aunque también aparecen textos sobre la
oratoria civil, particularmente sobre la forense y la judicial. En cuanto al ámbito de la Poética, la obra más conocida es la
de Luzán.
En general podemos decir que las doctrinas de los retóricos españoles de este siglo son conservadoras. Luzán, Mayans y
Capmany, siguen los caminos de sus predecesores españoles o repiten planteamientos de tratadistas extranjeros.
3.4.2. Ignacio de Luzán (1702-1754)
Ignacio de Luzán es considerado como el representante de un clasicismo que se adapta a la situación española. Su
Poética (1739 y 1789) es el tratado español más conocido dedicado al estudio de la poesía y la tragedia. Junto con su
Poética, dejó un manuscrito, fechado en 1729 y titulado La Retórica de las conversaciones, que sirven de introducción a
la segunda edición de la Poética (1789). La primera edición de esta Retórica apareció en 1991.
Tras una introducción explica en qué consiste hablar bien. Desarrolla su teoría en cuatro apartados desiguales y en este
orden: la intellectio, a la inventio y a la dispositio; la elocutio; y la pronuntiatio y la exercitatio.
Luzán sostiene un carácter eminentemente persuasivo, describe la fuerza expresiva y comunicativa de los diferentes
procedimientos que normalmente se emplean en la conversación ordinaria y analiza las diferentes funciones que las
convenciones sociales le asignan al lenguaje. Uno de los caracteres definidores de esta obra es la originalidad. En ella
destacan sus teorías del hipérbaton, de la risa, y sus ataques a las «ceremonias» o fingimientos sociales.
3.4.3. Gregorio Mayans y Siscar (1699-1781)
Gregorio Mayans y Siscar, además de su obra capital Orígenes de la Lengua española (1737), escribió otras sobre la
oratoria: Oración que exhorta a seguir la verdadera idea de la Elocuencia Española (1727), El orador christiano (1733)
y Rhetorica (1757). Con esta, se proponía dar a conocer las teorías de los clásicos, tal como los explicaban los áureos.
Contiene gran cantidad de ejemplos castellanos del siglo XVI, y mantiene una perspectiva clásica del humanismo
cristiano. Su intención no era hacer una obra novedosa, por lo que sigue tratando de la Invención, Disposición,
Elocución, Pronunciación y Acción, y también de la Memoria.
Defiende la existencia de una «invención dialéctica» que trata de buscar la conexión de las ideas para buscar la verdad o
la falsedad en los discursos, y otra «invención retórica» que trata de buscar Pensamientos, Argumentos, Afectos, Maneras
de decir agradables, acompañadas de buena Pronunciación y convenientes Acciones.
Su obra es claramente clasicista: lo evidencian sus propias afirmaciones, la elección de sus modelos y la inclusión de las
partes tradicionales de la Retórica.
3.4.4. Antonio Capmany (1742-1813)
Su Filosofía de la Elocuencia (1777) es rica en elementos innovadores y se reduce a la elocutio. Su autor pone de
manifiesto su reacción contra las retóricas de su época, y defiende las retóricas en castellano. De especial interés son las
reflexiones gramaticales y las ideas estéticas, lo que provoca que su obra sea tenida más por un conjunto de nociones de
«estética» que de reglas «poéticas», ya que no pretende imponer preceptos sino formular principios usando el método
inductivo. Y apoya sus ideas en autoridades modernas, como D'Alembert, Voltaire, Diderot y Beauzée.
Su postura estética, frente al racionalismo jesuítico, es cercana al sensualismo, al sentimentalismo y al relativismo.
Propone la adopción de un estilo lingüístico acorde con los tiempos, tal como ha hecho toda Europa.
Tras el «Prólogo» y la «Introducción», Capmany dedica un capítulo a las «Calidades del talento oratorio» en el que
expone la mayoría de sus ideas estéticas. A continuación coloca el «Tratado de la elocución oratoria» que divide en tres
partes: «De la dicción», «Del estilo» y «De la exornación de la elocuencia»; en esta última relaciona los tropos y las
figuras. Termina con un breve «Apéndice». Posteriormente (1786-1794), publicó el Teatro histórico-crítico de la
elocuencia española que responde a un nuevo sentido de la historia de la literatura, íntimamente relacionado con el
sentimiento de diversidad y de afirmación de las propias individualidades nacionalistas.
3.5. LA RETÓRICA EN EL SIGLO XIX
3.5.1. Reformulación de la teoría de los géneros literarios
Aunque los manuales de preceptiva literaria decimonónicos no suelen hacerse eco de los supuestos románticos, sí
manifiestan ciertos cambios de actitud que acaban en una reformulación de la teoría de los géneros literarios. Frente a la
rigidez anterior, la clasificación de los géneros se basa en unos supuestos más flexibles que dan cabida a nuevas
modalidades creativas, como la novela y el drama, se favorece el hibridismo, se plantea la necesidad de describir y de
sistematizar las nuevas modalidades y, armonizar los géneros ya existentes con esas clasificaciones y caracterizaciones.
La teoría de los géneros culmina en la exposición de Hegel de sus Lecciones de Estética (1817-20). El filósofo alemán
sitúa los géneros literarios en un estadio intermedio entre la creación artística individual y el ideal de belleza y de verdad
que se pretende expresar en cada caso. Elaboró, además, una detallada tipología de los géneros desde una perspectiva
histórica que, aun hoy, sigue siendo válida.
A partir de la segunda mitad del siglo XIX, el triunfo del Positivismo propicia nuevos cambios: las teorías evolucionistas
siguen propugnando una consideración más flexible y abierta de las clasificaciones de los géneros y mayor hibridismo.
3.5.2. Los manuales de Retórica y Poética españoles
La larga lista de tratados de Retórica y Poética en la España del siglo XIX contradice la teoría de la «decadencia de la
Retórica». La superproducción de manuales obedece a que cada profesor de estas materias elaboraba su propio libro de
texto, deudor en gran medida de textos anteriores que habían gozado de gran prestigio. Sin embargo, aunque los títulos y
los índices guardan bastante similitud entre ellos, en muchos casos obedecen a distintas concepciones estético-filosóficas
que se reflejan en nociones como «Belleza», «Gusto» o incluso «Literatura».
En este sentido, es llamativa la fundamentación estética que aparece en la mayor parte de los casos. El éxito de las teorías
sensualistas de Blair contribuyó a que cambiara la percepción de muchos de estos conceptos. Sin embargo, sigue presente
la línea defensora de la normativa clásica: de ahí las alusiones y comentarios a autores como Cicerón, Longino, Casio o
Virgilio, y la reproducción de la Poética horaciana. La vigencia de tratados como el Arte poética de Boileau, traducido
por Arrieta, refuerza aún más esta defensa de los «antiguos».
También siguen siendo muy numerosos los textos dedicados a la oratoria sagrada; algunos destinados a la oratoria
forense, a la parlamentaria, e incluso al arte epistolar. Y se siguen publicando tratados de métrica que, en algunos casos,
presentan propuestas claramente innovadoras, como ocurre con Eduardo Benot.
A modo de ejemplo, podemos referirnos a los Principios de Retórica y Poética (1805) de Francisco Sánchez Barbero
(1764-1819) donde defiende que son los sentimientos del orador los que determinan la organización del discurso, los que
imponen su forma y los que condicionan sus contenidos. Defiende también que el estilo y sus diferentes recursos poseen
una base psicológica, una explicación emocional y una función expresiva. Sus ideas, por lo tanto, coinciden con las
prácticas románticas que en España se extendieron posteriormente. Según el autor, la Retórica como la Poética se deben
apoyar en un conocimiento del alma humana y necesitan, por lo tanto, de la ayuda de la Psicología.
Sánchez dedica también la mayor parte de su tratado a la elocutio y su interés principal radica en sus propias reflexiones
y en los análisis que hace sobre la naturaleza y sobre los fundamentos y tipos de recursos retóricos.
3.5.3. La integración de la Retórica en la Literatura
Se pone de manifiesto en aquellos tratados que, aunque mantienen los mismos contenidos de la Retórica y de la Poética,
prefieren el título genérico de «Literatura»: debemos recordar que, durante este siglo, aún resulta difícil delimitar el
alcance de conceptos como «Literatura», «Poesía» y «Oratoria». Como ejemplo nos puede servir las Lecciones
elementales de Literatura (1839), de Luis de Mata y Araujo o el Compendio de las definiciones y principios de Retórica
y Poética con nociones de literatura antigua y moderna (1846) de Plácido María Orodea que apoya todo su estudio en la
definición de «literatura», y cuya interpretación de la Retórica es exclusivamente literaria.
Otro ejemplo es La Retórica y Poética o Literatura Preceptiva de Claudio Polo (1877), que divide en dos partes: la
«elocución» y la naturaleza y las condiciones especiales de los tres géneros literarios: el poético, el didáctico y el
oratorio.
La Retórica y Poética de Sánchez Casado fue otro manual que, a partir del año 1881, alcanzó muchas ediciones, incluso
a lo largo del primer cuarto del siglo XX. En ella expone las nociones básicas de la Teoría Literaria y de la Estética, de la
Retórica y la Métrica.
TEMA 4. LAS NUEVAS RETÓRICAS
4.1. RETÓRICA Y TEORÍA LITERARIA
A lo largo de la historia, las conexiones entre retórica y poética, presentes desde sus mismos orígenes, se han reforzado o
intensificado. Esta vinculación es más estrecha en el siglo XX.
Las poéticas del desvío
Diversas corrientes teóricas del siglo XX: la estilística idealista, la poética estructuralista y la estilística generativa, se
han articulado en tomo a la noción retórica del desvío. Aquí el lenguaje literario es explicado como una desviación del
lenguaje cotidiano.
En el caso de la Estilística idealista se asocian las desviaciones idiomáticas con las peculiaridades psíquicas, para
entender la lengua literaria como la expresión intuitiva de la individualidad del artista.
En la Poética estructuralista el desvío de la norma característico del lenguaje poético toma el grado cero de poeticidad de
los textos científicos o del lenguaje corriente. Lo que lleva a plantear diferentes grados de poeticidad en los textos según
la densidad de sus desvíos, pero es insuficiente cuando pensamos en el empleo de procedimientos fónicos o sintácticos
similares en un poema o en un texto publicitario, por ejemplo. Ya que la esencia de cada texto no radica en su grado de
desvío, sino en sus funciones y contextos: el discurso poético es un acto de habla para persuadir; el poético para
“hechizar”; el del chiste para hacer reír, etc.
Desde la Estilística generativa, el estilo de un autor se determinaría descomponiendo un texto en sus frases nucleares,
componentes constantes, a las que se sumarían alternativas transformacionales de esa estructura profunda en la estructura
superficial.
La Escuela de Praga. Jakobson y la función poética
El concepto de extrañamiento, base de la literariedad que buscaban los formalistas rusos y sus continuadores en la
Escuela de Praga, fue en cierta manera previsto en la retórica clásica, con la forma como finalidad de la función poética y
el valor de la recurrencia como rasgo característico de la poesía. Aunque poesía y oratoria seguían leyes diferentes, el
discurso retórico no debía quedar desprovisto de ritmo, pero sin llegar al alto grado de recurrencia rítmica del metro, por
la artificiosidad y la distracción que podían generar en el auditorio. En este sentido, la distracción de quien escucha el
lenguaje poético, que espera una y otra vez la aparición de la misma secuencia varias veces repetida (Aristóteles,
Retórica), aplicada a actos de habla concretos, la vamos a encontrar en Jakobson, cuando introduzca los conceptos de
modelo de verso y modelo de ejecución, o la recurrencia. Así, esta recurrencia poética supondrá la trasposición del
principio de equivalencia del eje paradigmático o de la selección, al eje sintagmático o de la combinación.
La Pragmática literaria
El conocido libro de Austin How to do Things with Words mostró cómo el lenguaje sirve para la acción, igual que hiciera
Gorgias, cuando reconoció su capacidad para mover los sentimientos y encandilar a la población; o Aristóteles, cuando
en los distintos géneros de discurso estableció la capacidad que tiene la palabra de influir en los receptores, como ocurre
en el género epidictico, el más vinculado al placer estético y el más próximo al discurso literario.
Desde esta perspectiva, el discurso literario se presenta como un acto de habla en el que el emisor-autor, que se ve en la
necesidad de fijar la atención del lector, le invita a ponerse en una determinada situación de lector, en la que se le pide
que no tenga en cuenta la verdad o falsedad de lo que se dice, sino que se relaje y se deje llevar para experimentar deleite
con lo que va a leer, etc. En el discurso retórico, por su parte, el juez es encandilado por la belleza del discurso y por la
fuerza de los argumentos verosímiles, éticos y emocionales. El discurso retórico y el literario son, pues, consecuencia de
la realidad pragmática específica de cada uno de ellos.
La Hermenéutica y la Poética de la Recepción
La atención de la retórica aristotélica, y clásica en general, a la figura del receptor se aprecia en la misma división de los
géneros discursivos según la función de los receptores: juez (en la oratoria judicial), espectador que disfruta del discurso
(en la oratoria epidictica), o espectador que valora los hechos futuros (en la oratoria deliberativa). En su Poética también
mostró Aristóteles la importancia de los efectos de los distintos géneros en el público, cuando habla de la tragedia y de su
capacidad de purificar o purgar las emociones y los miedos de los espectadores por medio de la catarsis.
El origen relativamente tardío de la atención teórica a la recepción en la década de los setenta del siglo XX, con Jauss e
Iser, contrasta con el importante papel asignado a esta categoría en la retórica clásica. La fuerza histórica del destinatario
y su intervención en la obra literaria con su horizonte de expectativas fueron destacados por Jauss partiendo de la teoría
aristotélica cuando habló de tres categorías en la experiencia estética: la de poiesis (experiencia estética de la creación de
la obra), aisthesis (experiencia estética de la sensación), y katharsis (experiencia estética de la purificación de lo
emocional).
En este ámbito se ha de situar también la teoría del efecto estético, que resulta como respuesta entre lector y texto en el
proceso de lectura. La lectura de un texto literario es un proceso complejo, en el que el lector contribuye a la creación del
mundo de ficción completando las zonas vacías o indeterminadas del texto, mediante una serie de estrategias que resultan
de la relación dialéctica entre texto y lector, que le otorgan coherencia e intensifican su riqueza interpretativa a partir de
una estructura bien delimitada.
Desde la teoría clásica del efecto estético resulta una concepción orgánica de la obra literaria, como un todo
interrelacionado, ordenado, coherente, armónico y equilibrado en sus partes. En este contexto se sitúa el “lector
implícito” del que hablara Iser o el “lector modelo” de Eco, como el conjunto de las condiciones que establece un texto
para actualizar la interpretación en el sentido en que el autor ha previsto. Por otra parte, distinciones conceptuales
modernas como las establecidas entre destinatario y receptor se muestran de gran utilidad en el análisis de la categoría de
la recepción.
La ciencia empírica de la literatura
Frente a las limitaciones de visiones modernas sobre el hecho literario, la teoría literaria clásica (retórica y poética) no
olvidó la dimensión pragmática y el carácter social del lenguaje como acción, relacionándolo en todo momento con sus
usuarios: emisor y receptores. También en este sentido se adelanta a los presupuestos modernos de la “ciencia empírica
de la literatura” de S. J. Schmidt, cuando apuesta por una teoría global de la comunicación literaria que no se centre solo
en la textualidad, sino que responda a una teoría general de las acciones sociales y de la comunicación estética en
particular.
La literatura es vista hoy como un todo sistemático, en el que intervienen productores, mediadores, receptores y
procesadores, que ha de estudiarse en relación con los contextos en los que se actualiza. Y esta dimensión es prevista por
la retórica, desde el momento en que se justifica en y por un contexto, por un propósito y por unos efectos que se
pretenden conseguir en sus destinatarios, que están detrás de su propia configuración textual.
La Deconstrucción
La preocupación por el lenguaje y su relación con la realidad, con la capacidad de crear otras realidades y con ello
hechizar a los oyentes, que apreciamos en Gorgias de Leontino, nos acerca a la perspectiva con que teorías de finales del
siglo XX como la deconstrucción, se acercan al lenguaje. Gorgias dejó bien claro que el lenguaje solo produce lenguaje,
con el que solo comunicamos palabras, no realidades. Para Aristóteles el texto literario no reproduce la realidad, sino que
la imita o reproduce miméticamente.
De manera similar, para Derrida los signos lingüísticos se refieren solo a otros signos lingüísticos, por lo que no es
posible la interpretación definitiva de un texto: todo intento de interpretar un texto genera un texto interpretativo, que
necesita también de interpretación, y así sucesivamente. Por otra parte, en tanto que todo texto remite a otro texto, carece
de una estructura nítida y de un significado unívoco y claro. Los deconstructivistas dirán que no existe un centro ni un
logos como referencia original. Contrariamente a lo que encontramos en la poética estructuralista, desde este enfoque ni
el texto responde a un sistema lingüístico estructurado, ni la obra literaria tiene unidad orgánica o semántica descifrable.
La deconstrucción ataca la idea de la obra literaria como estructura total, cerrada y centrada, e incide en la necesidad de
leer los textos de distintas maneras y con distintas miradas. Desde ese punto de vista, la deconstrucción ve en el texto
solo escritura y diferencias, ecos continuos de otros textos, y de manera similar deconstruir es deshacer las oposiciones
entre signos y contenidos. Así, como pensaron Gorgias y Nietzsche, la esencia del lenguaje es fundamentalmente
retórica, y ese hecho es lo que tergiversa y genera una cadena indefinida de textos.
4.2. LA NEORRETÓRICA
Durante la primera mitad del siglo XX pervive una retórica decadente y normativa, que sigue otorgando protagonismo a
los aspectos elocutivos. Pero a mediados del siglo XX se produce una revitalización de la retórica desde el punto de vista
científico y académico, que la abre a otros campos: filosóficos, jurídicos, lingüísticos, pragmáticos, semióticos, de
comunicación de masas, etc. Más concretamente, se destacan tres orientaciones fundamentales: la filosófica, la
lingüística y la general (Pozuelo, 1988).
La retórica filosófica o argumentativa
Tiene su origen en Traité de I'argumentaction. La nouvelle rhétorique (1958), de Charles Perelman y Olbrechts-Tyteca
en la que se estudian las técnicas discursivas y los medios para lograr la adhesión.
Esta nueva retórica sitúa sus raíces en la teoría clásica aristotélica con la idea de construir una teoría del discurso y
organizar los esquemas argumentativos tradicionales. Se ocupa, por tanto, de estudiar las “técnicas discursivas adecuadas
para provocar o acrecentar la adhesión de los espíritus a las tesis que se presentan a su asentimiento”, como una especie
de lógica de los juicios de valor, que tiene como campo lo razonable y ligado al sentido común. Esta teoría,
esencialmente dialéctica, tiene como centro el auditorio. Su dimensión pragmática es, pues, clave en el relieve que
alcanza en las teorías del siglo XX.
Así lo refleja también la distinción que establecen entre persuadir y convencer. Entraría dentro de la persuasión la
argumentación que pretende ser válida solo para un auditorio concreto, y convincente, la que se considera apta para
obtener la adhesión de cualquier ser racional.
La segunda parte de su tratado se construye en torno a lo que constituye la base de la argumentación, y aborda los temas
sobre los que hay acuerdo; la elección de los datos, su presentación, y la forma del discurso, donde tienen su espacio las
figuras retóricas. Y la tercera parte se centra en las técnicas argumentativas y el orden de los argumentos. Tras estas
aportaciones a la teoría de la argumentación, esta ha continuado su desarrollo, especialmente desde el campo de la
ciencia jurídica.
La Retórica General del Grupo de Lieja
La revitalización lingüística de la retórica en el siglo XX se ha de situar en la línea de intereses de destacados teóricos
como Jakobson, que se plantea la renovación de la Poética y de la Retórica y aborda la cuestión de la metáfora y de la
metonimia en la década de los sesenta; o Roland Barthes que en esas mismas fechas propone un replanteamiento de la
Retórica basándose en la lingüística estructural; o Genette, que publica una serie de trabajos esenciales sobre las figuras.
En esta línea encontramos también la asimilación que hace Todorov de las relaciones fundamentales del texto literario
con las partes tradicionales de la retórica (inventio (semántica), dispositio (sintaxis) y elocutio (expresión)).
En este contexto el denominado Grupo μ inicial griega de metaphora, compuesto por Dubos, Edeline, Klikenberg,
Minguet, Pire, Trinon, organiza la teoría clásica de la elocutio (prescinden de la inventio y la dispositio), basándose en
conceptos lingüísticos estructuralistas, que la aproximan a la Lingüística, Semiótica y Poética, y relacionándola con los
trabajos de Du Marsais, Fontanier o la Estilística. Para estos autores la retórica no es el “arma de la dialéctica”, sino el
“instrumento de la poética”, con la que no se confunde porque opera en todos los tipos de discurso: aunque abundan las
figuras en el discurso argumentativo, no son exclusivas del mismo. En este sentido, la neorretórica hace frente a las
carencias de las estilísticas centradas en el desvío de ese hipotético “uso normal” del lenguaje.
En su Rhétorique générale del Grupo μ, de 1970, la retórica se presenta como la ciencia del discurso, igual que la
lingüística es la ciencia del código. Conciben la literatura como un uso específico del lenguaje, y la retórica como el
estudio de las técnicas de transformación del discurso, y ofrecen un completo cuadro de los procedimientos por los que el
lenguaje figurado transforma la lengua en el aspecto morfológico, sintáctico y semántico (metáboles), las modificaciones
de las relaciones entre el mensaje y el contenido en los usos trópicos o los mensajes ambivalentes. La palabra metabolé,
‘cambio’ en griego, pasó a designar “cualquier cambio en un aspecto cualquiera del lenguaje”. De su análisis en las
distintas unidades lingüísticas resulta su división en metáboles gramaticales: metaplasmos (nivel fono-morfológico),
metataxis (nivel sintáctico) y metasememas (nivel semántico), metáboles lógicas: los metalogismos (nivel lógico). De
esta manera, metaplasmos y metataxis se corresponderían con las figuras de expresión, y metasememas y metalogismos
con las figuras del contenido.
En cuanto a la norma sobre la que se miden estos desvíos, el Grupo μ define un “grado cero absoluto”, un discurso
reducido a sus semas esenciales, en el que no es posible la supresión de elementos sin quitarle al discurso toda su
significación. De la alteración de ese grado cero resultarán los efectos retóricos, que actualizan la función poética del
lenguaje en poesía, humor, habla jergal, etc. Las operaciones fundamentales para realizar estos cambios se basan en las
categorías modificativas clásicas, y son la supresión (total o parcial), la adición (simple o repetitiva), la supresión-
adición (parcial, completa o negativa) y la permutación (genérica o por inversión). Por ejemplo, en la metataxis por
supresión total tendríamos: la elipsis, el zeugma y el asíndeton; en la metataxis por adición el paréntesis; en la metataxis
por adición-supresión, el anacoluto; en los metasememas los distintos tropos; y en los metalogismos, la hipérbole.
Estos procedimientos de análisis han servido de referencia a otras propuestas posteriores, como las desarrolladas por
Plett, con la idea de no dejar fuera el resto de las operaciones retóricas y de aunar la realidad sintáctico-semántica y
pragmática del lenguaje con la propia noción de desvío. De ahí que hable de tres grandes clases de figuras: semio-
sintácticas, semio-semánticas, y semio-pragmáticas. Dentro de las figuras semio-sintácticas, por ejemplo, se hablaría de
otros muchos tipos, según las distintas operaciones (las que infringen las reglas y las que las refuerzan) y niveles
lingüísticos (fonológico, sintáctico, textual, semántico, grafémico).
Se trata, por tanto, de propuestas modernas que, aunque no son definitivas, muestran las posibilidades de las propuestas
clásicas y el grado de sofisticación y de refinamiento a que se está llegando en este campo con la atención a los últimos
avances en lingüística y con la integración de ámbitos no considerados con anterioridad.
En relación con estas propuestas de análisis de la elocución, se hace necesario mencionar la “retórica cognitiva” de
Sperber (1975). Al pensar en los problemas de la teoría de las figuras, Sperber se plantea en qué condiciones asume un
enunciado un valor figurado y de qué modo ha de interpretarse. La problemática de la fijación de ese grado cero desde el
que se define la noción de desvío es atajada, según Sperber, si se considera que las figuras no están en el texto, sino en la
representación conceptual de este, si se piensa que son una función del texto y de los conocimientos compartidos. Por eso
considera que son las condiciones que hacen posible el éxito de los actos comunicativos las que permiten identificar un
texto como figurado. En este caso se trata de una representación conceptual no satisfecha, que fuerza una representación
simbólica que dé sentido al texto tanto en el enunciado como en la enunciación.
La Retórica General Textual
En esta propuesta destaca el trabajo de García Berrio (1984), en el que aboga por una retórica entendida como ciencia
general del discurso, que conecta con las aportaciones de la retórica clásica y las procedentes de la Lingüística, la Teoría
literaria, la Dialéctica, la Lógica o la Teoría de la Comunicación. Esta Retórica General Textual en colaboración con la
Poética se configuraría en una Retórica General Literaria, en la que se reconvierte el aparato conceptual de la tradición
retórica a manos de la pragmática, lingüística del texto, sociolingüística, semiótica, etc., más otros planteamientos que
intervienen en el acto de habla retórico y literario (psicológicos, dialécticos, lógicos, de la ciencia jurídica, de la
comunicación, publicidad, etc.).
Así, asimila los conceptos de contenido y forma (res y verba) a las operaciones retóricas de la inventio, dispositio y
elocutio, y relaciona las partes del discurso retórico con las operaciones de enunciación verbal, convirtiéndose en un
completísimo instrumento de análisis del discurso en general.
De manera similar, Angel López García (1985) ha hablado de una retórica universal, en la que traduce los conceptos
clásicos a términos pragmáticos, estilístico-literarios y lingüísticos, como el paralelismo que establece entre la inventio y
la Semántica o la dispositio y la Sintaxis, por ejemplo. Y en la misma línea, también Tomás Albaladejo se sirve de teorías
lingüísticas modernas en su visión de la Retórica como disciplina englobadora. Diferencia entre texto retórico y hecho
retórico, caracteriza la inventio como una operación semántico-extensional, por la que se llega al referente del texto
retórico; la elocutio como operación retórica por la que se obtiene la construcción macroestructural del nivel de la
dispositio, etc.
La retórica de la cotidianeidad
Se refiere a una neorretórica orientada al análisis conversacional, que tiene su base en las corrientes pragmático-
lingüísticas modernas. Se trata de una retórica que atiende a la pluralidad de hechos discursivos, que enlazaría con las
propuestas de Sperber.
Ravazzoli (1981) habló de esta retórica sobre la base de dos procedimientos retóricos fundamentales: aquellos que tienen
como función un incremento general de la función lingüística (eje de amplificación), y aquellos que tienden a una
reducción de la información lingüística (eje de atenuación). Desde esta perspectiva, establece una distinción clara entre la
información lingüística y la información retórica. Esta última, más compleja, aúna la comunicación lexicalizada,
expresada por medios verbales y más estable, y la comunicación pragmática, menos estable, que incluye el contexto
lingüístico, extralingüístico, situacional, psicológico, social, semiótico, etc.
La retórica del silencio
Con este epígrafe nos referimos a la propuesta de una retórica filosófica que hace el crítico italiano Paolo Valesio (1980 y
1986). En ella convierte en objeto de la retórica todo el discurso humano, por lo que no queda nada fuera de la retórica.
El discurso literario sería el que mejor refleja la densidad de la comunicación.
La retórica no verbal, lleva a teorizar sobre la alternativa de lo que no se expresa con palabras. El silencio se entendería
no como una ausencia de comunicación, sino como un momento de reflexión sobre las posibilidades del lenguaje, el
desafío del inmenso dominio de la retórica. Esta propuesta es también una reformulación del análisis literario como una
“escucha de complejos textuales”, a modo de hermenéutica del lenguaje poético.
4.3. LA PLURIDISCIPLENARIEDAD DE LA RETÓRICA
La retórica estuvo vinculada desde sus orígenes a otras disciplinas y saberes filosóficos, gramaticales, psicológicos y de
todo tipo, que la podían auxiliar en determinados puntos. Así, Aristóteles en su Retórica daba gran importancia al
conocimiento y dominio de las pasiones para poder persuadir, apoyándose en el conocimiento directo del alma humana.
Cicerón también apoya la necesidad de conocer otras disciplinas (Filosofía, Dialéctica, Física, Historia, Derecho, etc.).
También vemos su interdisciplinariedad en el Medievo, por ejemplo, en su unión a la Gramática y a la Dialéctica en el
trivium, como disciplinas preparatorias todas ellas para una especialización posterior. Lejos de las visiones
reduccionistas, que asociaban la retórica sobre todo a los procedimientos de la elocutio y a sus implicaciones literarias,
las aproximaciones más recientes insisten precisamente en la amplitud de sus intereses, aplicaciones y efectos.

4.3.1. Retórica, Filosofía, Antropología, Psicología...


Retórica y Filosofía han guardado entre sí una relación muy estrecha y no siempre bien resuelta. Solo hay que atender a
los diálogos de Platón en Gorgias y Fedro. En el primero atacó la retórica de los sofistas, pero en el Fedro, presenta una
opinión más favorable. Aristóteles, por su parte, habló de la retórica como un arte, y la presentó como facultad
correlativa de la dialéctica. Y Cicerón también trató con detalle de las conexiones entre Retórica y Filosofía.

Cierto es que, si el hecho retórico conlleva una visión de la persona como ser racional, lingüístico, emocional, político y
social, esto lo aproxima a la preocupación filosófica sobre estas mismas cuestiones. Del otro lado quedan las necesarias
delimitaciones entre ambos campos: el enfoque más universal de la filosofía, frente al más particular de la retórica a cada
caso, o la atención retórica a los condicionantes de emisión y recepción del discurso, frente a la desvinculación filosófica
de las circunstancias concretas del emisor y del receptor.

En cuanto a los planteamientos más recientes, la atención a la Retórica por parte de la Filosofía se relaciona más con el
interés por la lengua como vehículo del pensamiento, casos como el de Russell o el de Perelman son buena muestra.

Si estrecha ha sido la relación de la Retórica con la Gramática, no lo ha sido menos con la Dialéctica, disciplina con la
que mantuvo históricamente una lucha de poder en el medio académico, que relegaría a la Retórica a un lugar secundario
durante la Edad Media. Recordemos que Jorge de Trebisonda intentó armonizar ambas disciplinas, y Lorenzo Valla, su
rival, consideró la Dialéctica como una parte de la Retórica. No obstante, la Dialéctica se pospuso en la mayoría de los
casos a la Retórica.

La Dialéctica de los sofistas, asociada al arte del diálogo, aportó a la Retórica un mejor conocimiento de los procesos de
argumentación, enseñando cómo construir argumentos sólidos, cómo demostrar nuestras ideas y rebatir las contrarias.

Retórica y Antropología. El estudio del comportamiento humano en el seno de una cultura ofrece una mejor
comprensión de la eficacia de los procedimientos retóricos en una determinada cultura o grupo social. La adecuación al
auditorio que exige todo acto persuasivo conlleva el necesario conocimiento de las formas de representar, comunicar,
gesticular o hablar..., de los grupos humanos.

Con respecto a la Psicología, la Retórica moderna tiene en ella una de las disciplinas más útiles a la hora de abordar
cuestiones como la empatía, la afinidad emocional, la influencia persuasiva, etc. La persuasión, en sentido amplio, se
logra en buena medida con el dominio de la psicología. De ahí también su fuerza transformadora o psicagógica. La
tradición clásica ya se ocupó del componente emocional del discurso y de su ejecución, especialmente Aristóteles, que
estudió las pasiones al tratar de los tipos de argumentos y del estilo. Y todas las aproximaciones posteriores de corte
pragmático, desde las corrientes sensistas y sensualistas de los siglos XVIII y XIX hasta la actualidad, no dejan al
margen este componente.

Además, los aspectos sociológicos, especialmente los relacionados con el receptor, pueden ser determinantes en el éxito
o fracaso de un discurso. El concepto de decoro, es clave en la planificación discursiva. Aspectos como el sexo, la edad,
la cultura, el lugar de nacimiento y de residencia o la profesión, ayudan a identificar las expectativas de los oyentes y en
gran medida su valoración, aceptación o rechazo de las palabras del orador.

Por último, la Pedagogía es la otra cara inseparable de la retórica. En el ámbito de la enseñanza, la Retórica ha ejercido
un papel central, en especial de los siglos XV al XVII. Si Quintiliano la vio como educación integral del ser humano, su
función se verá claramente limitada en estadios posteriores hasta llegar al reduccionismo que experimenta en el siglo
XVII en torno a las largas listas de tropos y figuras. Desde una perspectiva moderna, la relación de la retórica con la
enseñanza de determinados contenidos tradicionalmente vinculados a ella queda sobrepasada por su eficacia práctica en
el discurso académico a la hora de explicar contenidos o difundir los resultados de investigaciones realizadas.

4.3.2. Retórica, Publicidad y Política


La persuasión es el fundamento común entre Retórica y Publicidad, cuya finalidad es la creación de mensajes con el
propósito comercial de vender un determinado producto, valiéndose sobre todo de la alabanza del producto, de la lisonja
al consumidor, de la configuración atractiva del propio mensaje, etc. El análisis del lenguaje publicitario ha sido uno de
los aspectos más estudiados, al contener una amplísima muestra de tropos y figuras retóricas de todo tipo.
Con respecto a la Política, no podemos olvidar que el discurso político es un tipo de discurso público, fundamentalmente
oral, que tiene por objeto también la persuasión final del auditorio. Muy vivo en las sociedades democráticas, este género
no ha perdido el interés en la sociedad contemporánea desde sus orígenes clásicos. Las aproximaciones al discurso
político desde la retórica cuentan con múltiples estudios desde la perspectiva del estilo y de las figuras retóricas, pero no
tantos formulan una teoría nueva general sobre los mismos en el marco de la composición discursiva. Es más, se puede
decir que los trabajos que se publican en Europa son más sólidos desde el punto de vista teórico que los que encontramos
en la América de habla inglesa, en los que se ha insistido en la construcción ideológica de este tipo de discursos en sus
diferentes niveles.

Entre las aportaciones retóricas más recientes a este tema desde el ámbito de la comunicación resaltan aquellas que
inciden en el carácter constructivo del discurso por medio del discurso retórico, al hablar de “personaje retórico”,
“audiencia implícita”, “entendimiento del contexto”, y “ausencias del texto”.

Finalmente, como sabemos, el nacimiento histórico de la oratoria, y de la retórica como arte de la persuasión, está
vinculado al Derecho, hasta el punto de que la primera retórica europea es una retórica jurídica. De hecho, el objeto
propiamente dicho de la retórica jurídica es “la causa en sí, los hechos comprobados, el lenguaje que se utiliza para
mover al juez, y el pueblo representado en el Jurado”. De ahí también el interés que ha despertado en los momentos en
los que las libertades así la favorecen al plantear las tareas del abogado en el estrado. Su campo de acción es básicamente
la teoría y la práctica de la argumentación jurídica, que determina sobre todo cómo y qué debe decirse en el ámbito
jurídico, e investiga cómo hablan los juristas, por qué tienen o no éxito, etc.

4.3.3. Retórica, Poética, Lingüística, Semiótica, Teatro y Teoría literaria

La conexión entre Retórica y Poética es antigua. El hecho de que los ámbitos fundamentales de la Retórica fueran el
género judicial, deliberativo y demostrativo, pronto vinculó este último a las posibilidades elocutivas del discurso, y estas
con las prácticas estilísticas del discurso adornado objeto de la Poética.

En cuanto a las relaciones entre Retórica y Lingüística, la corrección gramatical siempre ha sido requisito insoslayable
de una adecuada comunicación, y de la oratoria en particular. Por otra parte, el marco general de la Lingüística del Texto
puede aportar un mejor conocimiento del discurso en su dimensión global, además de las aportaciones que una
Pragmática lingüística puede proporcionar por su atención al texto en relación con sus usuarios. Y esto mismo podemos
decir de la Semiótica, que estudia los procesos culturales como procesos de comunicación, en los que todos los signos se
vuelven significantes. No es difícil percibir la relación que ha guardado la Retórica con la multiplicidad de significados
que conllevan todos los elementos que intervienen en la práctica oratoria, desde la imagen del orador, su posición, gestos,
movimientos, modulación de voz, aparte de todos los componentes discursivos que lo constituyen.

Con respecto al Teatro como manifestación semiótico-literaria, hemos de mencionar la pronta interrelación que se
estableció en los propios tratados de retórica con el arte de la declamación actoral y la actuación en los escenarios. La
progresiva literaturización de la retórica y su restrictiva atención a los textos escritos, favoreció a veces el desgajamiento
de los contenidos de la actio en tratados de declamación orientados a la formación de los actores.

TEMA 5. EL ASUNTO DEL DISCURSO


5.1. INTRODUCCIÓN
La retórica divide la elaboración del discurso en inventio, dispositio, elocutio, memoria y actio. Pero antes de comenzar a
construir el discurso, hay que analizar el asunto del que va a tratar. Este asunto del discurso (tema) es una noción muy
amplia, que puede analizarse desde distintos ángulos. Así, desde una perspectiva externa, atendiendo al destinatario y a
las circunstancias derivadas de este hecho tenemos la clasificación aristotélica de los géneros retóricos (judicial,
deliberativo y demostrativo); y desde una perspectiva inmanente, y debido al predominio de lo judicial y lo político, estos
temas se convertían en quaestiones.
5.2. LOS GÉNEROS RETÓRICOS
Los géneros retóricos (judicial, deliberativo y demostrativo) son tipos de discurso definidos por su destinatario.

 Género judicial (genus iudiciale). Se concreta en los discursos pronunciados ante un juez y su objetivo es acusar
o defender un asunto pertenece al pasado. Estos discursos pueden orientarse hacia la comprobación del hecho o
hacia la interpretación de la ley, que la retórica distinguió, respectivamente, entre genus rationale (o valorativo)
y genus legale.
 Género deliberativo o forense (genus deliberativum). Se concreta en los discursos pronunciados en una
asamblea; el orador pretende aconsejar o disuadir acerca de un hecho que se verificará en el futuro.
 Género demostrativo o epidíctico (genus demonstrativum). Se concreta en los discursos sobre personas o cosas a
las que se trata de alabar o denostar. En estos discursos no es preciso tomar una decisión sobre su asunto, lo que
les confiere un carácter menos práctico y dialéctico, y cobran importancia como objeto de valor artístico
percibiéndose el nexo de unión entre retórica y literatura.
Durante la Edad Media, a estos se les añadirán las artes: ars praedicandi, ars dictandi y ars poetriae. Salvo en el primer
caso, estas nuevas modalidades no son orales, sino que implican la escritura. Además, el ars poetriae subraya la entrada
explícita de la literatura en el terreno de la reflexión retórica.

 Ars praedicandi. Es la técnica de elaborar sermones. Sus tratados lo integran consejos prácticos para el orador
cristiano, que, como adoctrinador, debe construir sermones elocuentes y atractivos para los fieles.
 Ars dictandi (o ars dictaminis). Es el arte de escribir cartas. Sus tratados contienen repertorios de fórmulas para
configurar mecánicamente los escritos.
 Ars poetriae. Son tratados teóricos que conjugan preceptos gramaticales, métricos y retóricos para ser un buen
poeta. Retórica, gramática y poética confluyen de manera expresa, por tanto, en esta modalidad.
5.3. LAS QUAESTIONES
La quaestio puede clasificarse según: su grado de complejidad, su grado de concreción y el elemento esencial de la
disputa (status).
3.1. Quaestiones según su grado de complejidad

 Quaestio simplex. La controversia gira sobre un solo asunto o tema (¿Cometió el crimen?).
 Quaestio coniuncta. Está constituida por más de un asunto (¿Cometió robo u homicidio?).
 Quaestio comparativa. Se centra en el cotejo y valoración de varios supuestos (¿Quién debe recibir una
herencia entre los posibles legatarios?).

3.2. Quaestiones según su grado de concreción

 Quaestio finita. Se centra en un asunto de carácter concreto e individual, es una causa que conlleva
circunstancias, hechos y protagonistas con nombre propio (¿fue necesaria la guerra civil española?)
 Quaestio infinita. Se centra en un asunto de carácter general, abstracto o teórico, no se focaliza en
circunstancias, hechos o individuos concretos, pudiendo suscitar argumentos en uno y otro sentido. (¿Es
necesaria la guerra?)

3.3. Quaestiones según el tipo de conflicto: los Status


Se denomina status, a la disputa o conflicto. Este concepto resulta especialmente aplicable al terreno judicial, pero es
también aplicable a los otros dos, el deliberativo y el demostrativo, puesto que ambos poseen componentes dialécticos.
La tipología retórica de los status se desarrolla tomando como base el caso judicial.

 Conflicto de conjetura (status coniecturae). Las dos partes no se ponen de acuerdo sobre la existencia o
autoría del hecho, que es afirmado por la acusación y negado por el acusado o su defensa.
 Conflicto de delimitación del hecho (status finitionis). En este caso se admite la autoría, pero las dos partes no se
ponen de acuerdo sobre la denominación legal del hecho; el acusado reconoce que ha cometido una acción, pero
niega que sea aquella de la que se le acusa.

 Conflicto de adecuación a la norma (status qualitatis). También se admite aquí la autoría del hecho, pero se
discrepa sobre si éste se ajusta o no a la norma o a derecho.

 Conflicto de impugnación (status translationis). Poco importa aquí el haber cometido o no la acción, pues lo que
se discute es si el proceso mismo es lícito (An actio iure intendatur).
TEMA 6. INVENTIO. LOS TÓPICOS RETÓRICOS
6.1. CONCEPTO DE INVENTIO
Su finalidad es establecer los contenidos del discurso. El contenido no es su asunto: un discurso versa sobre un asunto y
está constituido por contenidos o ideas específicas. El sustantivo inventio significa «hallazgo»: el orador no busca ideas
nuevas, sino que selecciona las más adecuadas en un catálogo tipificado en la memoria, que es concebida como un
conjunto dividido en topoi o loci (tópicos o «lugares»). El lugar retórico (topos o locus) es, pues, una casilla ordenada en
un sistema de contenidos aplicables a todas las partes del discurso, aunque son más adecuados para unas que otras. Así,
en la búsqueda de ideas la inventio y dispositio confluyen.
Hoy se entiende por tópico una idea de uso frecuente, un cliché. Pero en Oratoria exige deslindar dos niveles: el sistema
y criterios que organizan las ideas; y las más importantes de éstas. En lo sucesivo reservaremos las etiquetas locus, lugar
o tópico para designar un conjunto general de ideas y hablaremos de locus, lugar o tópico tradicional para aludir a una
idea específica consagrada por el uso retórico o literario.
6.2. LOS TÓPICOS O LUGARES RETÓRICOS
Las clasificaciones más comunes de los loci se ordenan en torno a dos ejes: las personas que intervienen en el discurso y
el propio hecho que lo constituye, que distiguen entre loci a persona y loci a re. El proceso de obtención de la idea es
semejante en todos los loci: el lugar indica un elemento de la persona o del hecho que puede determinar el
comportamiento de aquélla o la realización de éste.
6.2.1. Lugares de persona («loci a persona»)
De todos ellos se derivan atributos y comportamientos de los que habrá que seleccionar los que interesen a la intención
de su discurso. En la práctica oratoria estos se funden y confluyen de modo natural. En el plano literario, los loci a
persona serán empleados para la caracterización de los personajes, de manera especial en el retrato.
NOMBRE. Puede asociarse el nombre de un individuo a algún hecho o cualidad digna de alabanza o vituperio. La
denominada antonomasia vossiana, mediante la que se designa a un individuo destacable por una cualidad con el nombre
de un personaje célebre por la misma causa, se fundamenta en este locus.
NACIMIENTO. Se investigará la posible influencia del entorno familiar en un comportamiento. Quintiliano, en
Institutio oratoria, al tratar los lugares de persona, pondera la importancia de padres y antepasados, pues existe la
creencia de que la semejanza que con ellos tienen sus hijos y descendientes es a veces causa de su comportamiento
honesto o vergonzoso.
NATURALEZA. Se incluyen aquí factores como si el individuo en cuestión es varón o mujer, extranjero o natural del
país, viejo o joven, noble o plebeyo, bello, fuerte o sus características contrarias. Por lo general, en todos los casos se
presupone una esperable conexión entre el rasgo de naturaleza y el comportamiento del individuo. El decoro en el diseño
de un personaje literario se sostiene en buena parte sobre este extremo, enriquecido con otros rasgos como el habla o el
atuendo.
MODO DE VIDA. Se hará referencia aquí a la educación recibida y a los maestros, a los amigos, la administración de
sus bienes y la organización de su hogar, factores todos que, ya de entrada, pueden decir mucho del individuo.
OCUPACIÓN. Considerar su actividad puede aportar un caudal de ideas de gran magnitud al orador, a la hora de
caracterizar a un individuo.
FORTUNA. Los factores como si el individuo es libre o siervo, rico o pobre, particular u hombre público, poderoso,
justo o tirano, hace más o menos creíbles o justificables sus. Sobre esta inversión del locus a persona referente a la
fortuna se articulan las comedias lopescas donde el comendador transgrede la norma de comportamiento que se
presupone a su condición.
TALANTE O CALAÑA. Hay que contemplar también lo que Quintiliano llama animi natura, esto es, la calaña o
talante del individuo: si la persona es avara, airada, piadosa, serena... Estos atributos dibujan una forma de ser que,
hábilmente manejada u obviada por el orador, contribuye a perfilar el retrato del sujeto. Lo mismo sucede con las
ambiciones y deseos personales que, muy a menudo, son motores de los actos. Al plasmarse este locus en el terreno
elocutivo, se manifiesta la figura de la etopeya o descripción del carácter de una persona.
6.2.2. Lugares de cosa («loci a re»)
Al mismo tiempo, el orador deberá considerar también los actos de los protagonistas del discurso y sus circunstancias,
que, en general, le ofrecen diversas vías para una argumentación positiva o negativa, según sus objetivos oratorios.
CAUSA. Se analizará si el hecho fue realizado por el deseo de obtener, practicar o conservar el bien, de evitar el mal, o
por las causas contrarias.
MODO. Contemplará si el hecho fue cometido de manera justa o injusta, sabia o necia, prudente o imprudente, etc., y, en
el segundo caso de los binomios, si ese modo negativo fue o no debido a ignorancia, azar, error involuntario, necesidad,
pasión, ebriedad...
ESPACIO. Las características del lugar donde se produjo el hecho, público o privado, sagrado o profano, pueden arrojar
interesantes consideraciones que influyan en su presentación, por ejemplo, un robo se convierte en sacrilegio si media la
circunstancia de haber sido comeido en lugar sagrado.
TIEMPO. El momento en que sucedió el hecho puede también propiciar interesantes consideraciones. Se pueden
abordar varios condicionantes temporales: referencias a una época histórica (reinado, papado...) o acontecimiento
destacado (guerra, epidemia...), a una estación del año, a un momento del día, etc.
CIRCUNSTANCIAS. Las circunstancias de la acción influyen en su valoración y en la forma de presentarla; así sucede
con frases, actos o señales anteriores que acompañan al hecho y sugieren una determinada interpretación. Como pueden
ser las señales en el cuerpo de una víctima o violentas discusiones y amenazas que precedieron a la muerte.
COMPARACIÓN. Se fundamenta en la comparación del hecho sobre el que versa el discurso con otros, en virtud de
relaciones de semejanza u oposición. De aquí derivan dos lugares: el locus a simili y el locus a contrario.
a) El locus a simili debe ser puesto en relación con las nociones de exemplum y similitudo: los hechos son
comparables a otros anteriores semejantes. La semejanza girará sobre lo virtuoso o censurable si el discurso es
moral, y lo hará sobre la intensidad del sentimiento o acción en textos de tema amoroso o religioso.
b) El locus a contrario buscará un hecho opuesto al que se está abordando y, sobre todo, su valoración positiva o
negativa, para así enfrentar ambos extremos de manera natural, como ocurre en la antítesis.
INDUCCIÓN Y DEDUCCIÓN. Se vinculará la acción a otras más generales o más específicas, nunca idénticas (locus a
simili) ni opuestas (locus a contrario), en cuya valoración quedará o no incluido el hecho que se está tratando. Existen
aquí dos posibilidades: el locus a minore ad maius, «lugar de menor a mayor» o inducción, que prueba lo más por lo
menos; y el locus a maiore ad minus, «lugar de mayor a menor» o deducción, que prueba lo menos por lo más.
6.3. LOS TÓPICOS TRADICIONALES
Si consideramos que la nómina de los loci es infinita porque cada discurso plantea nuevas posibilidades en el desarrollo
del esquema. Al definirse el tópico tradicional por su uso continuado, su nómina se reduce. Pero plantean el problema de
precisar si es tradicional. Esta nómina ha sido organizada en torno a los ejes del esquema general de los loci. Habrá,
pues, tópicos tradicionales de persona y de cosa.
6.3.1. Tópicos tradicionales de persona
Estos también se constituyen en torno a atributos, actitudes y acciones de los individuos que pueblan el discurso.
HUMILITAS AUTORIAL. fórmulas que manifiestan la humildad autorial, especialmente utilizada en inicios,
dedicatorias y prólogos (exordio).
EL HOMBRE COMO PEQUEÑO MUNDO. Sirve a la caracterización del género humano antes que al individuo, y se
vincula al locus a natura, pues de la naturaleza del hombre procede esta definición.
ANALOGÍAS NÁUTICAS. Caracterizan al individuo como navegante y al navegante como codicioso que atraviesa el
mar en busca de riquezas. Estas metáforas y alegorías de persona tienen un correlato de cosa que las integra: la
identificación de la vida con la navegación. Es muy frecuente esta analogía en la literatura moral o religiosa.
EL ELOGIO PERSONAL. Aquí se incluyen tópicos vinculados a la naturaleza del individuo poseedor de rasgos dignos
de alabanza. Entre los más destacados se encuentran las siguientes manifestaciones:
 El joven y el anciano (puer/senex): que presenta dos vertientes. La primera de ellas atribuye al anciano, sabio de
por sí, las cualidades físicas propias del joven; aunque es más habitual encontrar el caso contrrio, un joven añade
la sabiduría a sus cualidades físicas.
 El sobrepujamiento. La alabanza de la persona por encima de otros referentes. De este modo, la idea de que el
personaje elogiado supera a figuras célebres es un tópico tradicional de persona, por cuanto se orienta al
panegírico del individuo, aunque también resulta evidente su conexión con el locus a comparatione (vid. supra).
Sus tradicionales manifestaciones literarias lo han desarrollado con el fin de intensificar un sentimiento,
cualidad o acción, que superan a otros en donde ese rasgo está ya en grado muy elevado.
 Sabiduría y valor (sapientia et fortitudo). Cualidades arquetípicas en el retrato de nobles, héroes y soberanos,
este tópico se emplea en la caracterización de grandes hombres. Así, Ruy Díaz es presentado a lo largo de todo
el Cantar de Mió Cid como un dechado de virtudes, en quien se conciban las cualidades de un buen cristiano
(sapientia) con los atributos del perfecto soldado (fortitudo).
 La nobleza del alma: «Noble es quien se comporta noblemente»
 «Los hechos y fama del individuo son conocidos en todas partes». Constituye un tópico muy habitual de los
elogios amorosos y político-militares.
 La hermosura corporal Es otro rasgo característico en las descripciones laudatorias de nobles, héroes y damas.
6.3.2. Tópicos tradicionales de cosa
Estos giran en torno a objetos, entre las especies fundamentales, destacan
TÓPICOS DE LA CREACIÓN LITERARIA. Se asocia atópicos que van desde los motivos que justifican la escritura
hasta las causas de su conclusión.
Exordio. vinculado a la parte introductoria de la obra (inicios, prólogos o dedicatorias). Los topoi tradicionales a
continuación señalados se han construido y consagrado sobre el locus a causa, pues todos ellos parten de la idea de
explicar las razones que han movido al escritor a elaborar y ofrecer su obra.

 La obra puede estar concebida como dedicatoria o consagración, objetivo que autoriza su composición.

 El argumento de orden moral «Quien posee conocimientos debe divulgarlos».

 «Escribo para evitar la ociosidad» es otro razonamiento de base moral.

 Con «Todo libro, aunque malo, aprovecha» se defiende la utilidad (utilitas) del libro presentado al lector.

 La invocación de las Musas donde el escritor se dirige a las Musas en busca de inspiración, ánimo o fuerza;
más que un tópico de causa, se trata, por tanto, de un topos de modo. En su vertiente cristiana, esta invocación
se dirige a Dios, la Virgen o los santos.

 la falsa traducción. Distanciado en la figura de un refundidor que hace acopio y traslado de diversos materiales,
el autor presenta el verosímil artificio del códice o cartapacio antiguo traducido, donde se contenían las hazañas
que él, fielmente, relata.

 «No encuentro palabras». No necesariamente ya en el ámbito del exordio, el autor, enfrentado al modo de
expresar la magnitud de un hecho con palabras, recurre a menudo a la fórmula de afirmar lo inútil de tal
pretensión, por cuanto el lenguaje no puede plasmar en su justa medida las realidades inefables. En último
término, esta renuncia contribuye a ponderar el objeto en cuestión.

 Analogías literarias. Que se basa en una comparación de semejanza entre la obra escrita y otros elementos de
muy diverso rango. Una de estas identificaciones es la metáfora (o alegoría) náutica que asemeja la creación
literaria a una travesía marítima. También cabe señalar aquí el tópico tradicional Ut pictura poesis, que
establece paralelismos entre las creaciones literaria y pictórica.
Tópica de la conclusión. fórmulas de conclusión, que también derivan del locus a causa, pues se trata de ideas
consagradas como justificaciones de la culminación del acto de escritura. Entran aquí:
 final abrupto, que consiste simplemente en terminar de manera brusca, sin despedidas ni rodeos, indicando
escuetamente que la obra o una parte de ella ha acabado: i
 Otra manera tópica de terminar es apelar al cansancio o ala musa fatigada
 También se puede justificar la conclusión debido a que se hace de noche
TÓPICA DE LA CONSOLACIÓN. Ligada originariamente al pésame, recoge fórmulas en el intento de preparar al
hombre para la difícil aceptación de la muerte. En este sentido, estos argumentos constituyen loci a modo y entre ellos
encontramos ideas como: “la muerte es el final para todos”, “Dios o la muerte se lleva siempre a los mejores” donde
encontramos mezcladas alabanzas y reproches, o “la muere conduce al conocimiento de Dios”
TÓPICOS TRADICIONALES DE ESPACIO. abordan el tratamiento del lugar donde ocurre el hecho: Locus
amoenus. vinculado a la poesía bucólica, modelo de descripción paisajística caracterizado por elementos que invitan al
descanso y a las imaginaciones y cantos relacionados con el amor. Locus eremus, opuesto al lugar ameno; sirve a
menudo de marco o reflejo de la soledad del amante o la crueldad de su amada, pero también se ha aplicado como
referente negativo en reflexiones de carácter político. La invocación de la naturaleza. Es uno de los tópicos tradicionales
vinculados al espacio literario, destinatario de llamadas o confidente de lamentos mediante la apóstrofe. El Beatus ille.
Este tópico, asociado a Horacio, elogia al sabio que, despreciando el mundo y sus afanes, se refugia en la medianía y el
ocio rústico para ejercitar la virtud y su propio conocimiento. Bajo la anhelada paz campestre (locus a loco) se encuentra,
evidentemente, la defensa moralizante de un determinado modo de vida, lo cual hace de esta categoría un topos muy
complejo. Cuando el rechazo del mundo y el elogio de la retirada medianía se comparan y concentran en la corte y la
vida rústica, nos hallamos ante la idea del «Menosprecio de corte y alabanza de aldea».
TÓPICOS TRADICIONALES DE TIEMPO (locus a tempore) enfocan las diferentes actitudes del hombre ante su
incesante transcurrir hacia la muerte. Ubi sunt? interrogación retórica sobre el paradero de las pasadas glorias y
esplendores humanos, borrados por el tiempo. En el siglo XVII, la imagen de ruinas se asocia a este tópico Contemptus
mundi. Es el menosprecio del mundo, pues es ésta la actitud que despierta la fragilidad de los bienes terrenos, efímeros
engaños ante el efecto destructor del tiempo. Dios, la virtud o el retiro reflexivo son algunos de los valores opuestos a la
mundanal vanidad Carpe diem. La reacción ante la muerte y el paso del tiempo también puede ser la de aprovechar el
momento, el esplendor de la pasajera juventud.
TÓPICOS DE CIRCUNSTANCIAS. Circunstancias que la retórica considera que influyen en el desarrollo de la acción.
Como la perturbación natural que acompaña a un hecho importante como el nacimiento o la muerte de los
protagonistas. El mundo al revés. Que en la literatura satírica y moral aparece con frecuencia para dibujar un orden social
dominado por lacras, vicios y falsedad. El escritor recurre entonces a retratarlo como un mundo al revés, cuyos valores se
encuentran paradójicamente desordenados, invertidos por la acción de esos comportamientos censurables. Cuando la idea
se vincula al sentimiento amoroso, es la intensidad de éste la que trastorna el orden natural.
TÓPICOS DE COMPARACIÓN. locus a comparatione, es decir, sobre la comparación de dos realidades. La vida
como viaje marítimo. visto antes. La vida como camino. La vida humana es una senda que se recorre desde el nacimiento
hasta la muerte. Las armas y las letras. Las anteriores colaciones eran analógicas o de semejanza. Otra posibilidad es la
que intenta determinar la superioridad de uno de los elementos. En este punto, tal vez el binomio más famoso en
literatura sea el que encaman las armas y las letras.
TEMA 7. DISPOSITIO. CONCEPTO DE LA DISPOSITIO RETÓRICA Y SU LUGAR EN LA ELABORACIÓN
DEL DISCURSO
7.1. CONCEPTO DE DISPOSITIO
La dispositio es la fase elaborativa del discurso que se ocupa de la organización de sus contenidos. Pese a que sigue a la
inventio, los tratadistas de retórica suelen tratar ambas dimensiones oratorias conjuntamente, con frecuencia las ideas que
suministra la inventio ya están vinculadas a determinadas partes del discurso.
En la práctica, los rétores antiguos subordinaron a la inventio la dispositio, pero la actual narratología ha encontrado en
este dominio un terreno poco explorado y se ha aplicado a estudiarlo con avidez. La dispositio afecta a todos los
elementos de la cadena del discurso; no obstante, se centra en análisis de los constituyentes mayores, pues de la
combinación de las palabras en oraciones y de las oraciones en parágrafos se ocupa la compositio, uno de los
constituyentes de la elocutio.
7.1.1. Las partes del discurso
Con respecto al número de partes, los discursos tienden a una estructura bipartita o tripartita, que pueden subdividirse.
La disposición bipartita supone dos constituyentes que mantienen una tensión recíproca semejante a la estructura de una
oración adversativa: el primer elemento introduce una idea, que será completada por el segundo formante. Algunos
ejemplos de esta estructura los vemos en obras como Cantar de Mío Cid, Diálogo de las cosas acaecidas en Roma, El
Diálogo de Mercurio y Carón. La forma estrófica del soneto ilustra perfectamente esta dispositio bipartita. Así, son muy
frecuentes los sonetos que aprovechan la disposición estrófica cuartetos y tercetos para organizar en torno a ella el
contenido: en ocasiones, los cuartetos desarrollan una idea que se contradice o matiza en los tercetos.
La dispositio tripartita implica la existencia de un principio, un medio y un fin en la obra. La estructuración más
frecuente del discurso oratorio se acomoda a este molde. La parte inicial se denomina exordium; su finalidad primordial
es captar la atención y ganarse los afectos del auditorio (captatio benevolentiaé), e insinuar el asunto. La parte medial
consta de dos elementos básicos: narratio y argumentatio. La narratio es una exposición clara, verosímil y breve de la
causa y toma de postura del orador (tesis). La argumentatio está integrada por un conjunto de razonamientos que
sostienen la tesis defendida y refutan la opinión contraria. Por último, la parte tercera y final es la perorado o conclusio,
que constituye una recapitulación del discurso y un nuevo intento de conseguir la simpatía de los jueces o de conmover
los ánimos del auditorio. Ejemplos de esta estructura los vemos en el Libro de Alexandre, la Vida es sueño de Calderón,
en los Milagros de Nuestra Señora de Berceo.
7.1.2. El ordo naturalis y el ordo artificialis
Las posibilidades básicas de la disposido en lo que atañe al orden de las partes del discurso son dos: el ordo naturalis y
el ordo artificialis.
El ordo naturalis es un tipo de estructuración no marcada. Tiene lugar cuando se respeta una disposición establecida por
convención o fijada por la propia naturaleza. Un subtipo especial de ordo naturalis, a medio camino entre lo
convencional y lo natural, está constituido por la tendencia oratoria a jerarquizar los elementos estructurales del discurso:
a partir del rango inferior —desde el punto de vista formal o semántico—, se va incrementando la importancia de los
constituyentes hasta finalizar con el grado máximo. La estructura de la canción cortés o el villancico con glosa puede
interpretarse como manifestación de esta clase de ordo.
El ordo artificialis supone la modificación del ordo naturalis. Teóricamente, puede manifestarse en la alteración del
orden habitual de las partes del discurso (exordio, narratio...). Es más común que actúe sobre la dispositio establecida
por naturaleza. El ordo artificialis aporta una mayor carga de expresividad al discurso debido a su ruptura de la norma
estructural establecida por naturaleza o convención. Una de sus manifestaciones principales en la narración de
acontecimientos es el inicio del relato in medias res, como se ve en el Cantar de Mío Cid o en La vida es sueño. Otra de
sus manifestaciones es el relato analéptico o flash back. Menos frecuentes son las prolepsis o anticipaciones.
TEMA 8. ELOCUTIO. EL ORNATUS RETÓRICO. TROPOS
8.1. CONCEPTO DE LA ELOCUTIO RETÓRICA Y SU LUGAR EN LA ELABORACIÓN DEL DISCURSO
Esta fase retórica consiste en expresar verbalmente de manera adecuada los materiales de la inventio ordenados por la
dispositio. Es la dimensión de la retórica que hoy llamamos estilo. La elocución se verifica en dos estratos
fundamentales: las cualidades elocutivas y los registros elocutivos.
8.1.1. Cualidades de la elocución: puritas, perspicuitas y ornatus.
La puritas es la corrección gramatical de la lengua empleada, para evitar el barbarismo (palabra incorrecta) y el
solecismo (construcción sintáctica viciosa). Aunque estas desviaciones son retóricamente admisibles cuando se
encaminan a lograr efectos de estilo. Sin embargo, la propia intención del discurso y el carácter del destinatario imponen
restricciones.
La perspicuitas es el grado de comprensibilidad del discurso. Si el orador tiende a hacer más compleja la intelección de
sus palabras, puede excederse e incurrir en la obscuritas; si, por el contrario, el discurso tiende a un desmedido deseo de
claridad, se corre el riesgo de empobrecerlo. Aunque también se tomen estas desviaciones artísticamente aceptables, el
objetivo del discurso y la condición de su destinatario determinarán su libertad.
El ornatus tiene por misión el embellecimiento verbal del discurso.
8.1.2. Registros de la elocución: la teoría de los tres estilos.
Los genera elocutionis son modalidades estilísticas que dependen de las combinaciones de las cualidades elocutivas.
Estos son numerosos; sin embargo, se catalogan tres modelos básicos: genus humile, genus medium y genus sublime.
Todos ellos pueden convivir en un mismo discurso u obra.
El genus humile o estilo llano tiene por finalidad la enseñanza (docere); sus cualidades elocutivas son la puritas y la
perspicuitas sencillas, y un ornatus que evita los tropos; en cuanto a la sintaxis, predomina el estilo suelto junto a
escasos períodos de construcción simple. En la rota Virgilii, le corresponderán personas y asuntos vulgares.
El genus médium o estilo medio pretende deleitar (delectare), la puritas y la perspicuitas admiten más licencias; su
ornatus es moderado: proliferan las figuras, son admisibles los tropos y en su compositio hay mayor alternancia de estilo
suelto y período. En la rota Virgilii, le corresponden asuntos y personajes ni vulgares ni graves.
El genus sublime o estilo elevado tiene como objetivo conmover (movere), puritas y perspicuitas admiten el grado
máximo de dificultad, y su ornatus es complejo, debido al uso de tropos y figuras paradójicas, y al predominio de los
distintos tipos de compositio periódica. En la rota Virgilii, le corresponden personajes nobles y asuntos solemnes.
En la práctica literaria, existen algunos factores que matizan las anteriores equivalencias de estilo. Así, la intención
paródica del autor puede transgredirlas conscientemente, como ocurre en el Quijote. Desde la Edad Media, el estilo
característico de la literatura cristiana entró en confrontación pues se produce una discordancia entre la nobleza del tema
y la humildad del estilo empleado para exponerlo debido a su didactismo.
8.2. CONCEPTO DE ORNATUS RETÓRICO Y ELEMENTOS QUE LO CONSTITUYEN
El ornatus es el constituyente principal de la elocutio: en torno a él giran todos los elementos de la configuración
estilística. Era concebido como un conjunto de elementos susceptibles de ser añadidos a un registro lingüístico estándar
para embellecerlo y hacerlo así más atractivo y persuasivo. El ornatus consta de dos formantes básicos: la elección de
palabras (tropos y figuras) y su combinación (compositio).
8.2.1. TROPOS
Los tropos: son licencias que anulan la regla: a cada concepto le corresponde una palabra apropiada. Consiste en el uso
de una palabra inapropiada para designar un concepto. Sus distintas categorías dependen del distinto tipo de relación
establecida entre los conceptos que posibilitan el intercambio léxico

METÁFORA: Tropo por semejanza que se manifiesta en el ámbito de la palabra; sustitución de un vocablo apropiado
por otro inapropiado en virtud de una relación de semejanza entre sus conceptos. Si el elemento inicial sobre el que actúa
el tropo, está explícito, se habla de metáfora in praesentia; cuando ha sido omitido, in absentia. En sentido estricto, sólo
esta última modalidad implica una sustitución de conceptos, pues en el caso de la metáfora in praesentia se produce una
simple identificación de realidades.
ALEGORÍA: Tropo por semejanza que se verifica en un conjunto de palabras: es una metáfora continuada. La
distinción entre tropo in praesentia e in absentia, también afecta a la alegoría.
HIPÉRBOLE: Tropo por exageración, que parte de un concepto real para magnificarlo o minimizarlo a través de su
sustitución por otra idea semejante, cuya equiparación con el primer término resulta desproporcionada.
METONIMIA: Tropo fundado en la relación de contigüidad existente entre dos conceptos, que permite el intercambio
de sus denominaciones. El tropo actúa sustituyendo el conjunto («vaso de vino») por su contenido («vino») o por su
continente («vaso»), en el segundo. También puede darse la sustitución de la causa por el efecto, el efecto por la causa,
instrumento por artífice, símbolo por la idea simbolizada…
SINÉCDOQUE: Tropo basado en la relación de contigüidad manifiesta entre los constituyentes de un mismo concepto.
En la práctica, en este caso contigüidad equivale a inclusión, en dos direcciones: una parte puede designar el todo o el
todo puede designar una parte. Con frecuencia, la sinécdoque es incluida en la metonimia, noción teóricamente muy
cercana y, en ocasiones, difícil de distinguir de la primera en el plano práctico.
ANTONOMASIA. Sustitución de un nombre propio por un nombre común o, en general, un apelativo que designa una
cualidad especialmente característica del sujeto en cuestión (san Pablo es «el Apóstol»). Este procedimiento está
estrechamente ligado a la sinécdoque. Como subtipo especial es considerada la antonomasia vossiana, mediante la que se
designa a un individuo destacable por determinado hecho con el nombre de un personaje célebre por la misma causa: «Es
una Venus», dicho de una mujer hermosa.
ÉNFASIS: Técnica que permite emplear una palabra o expresión en un sentido más restringido y preciso del que
habitualmente tiene en la lengua ordinaria; así, por ejemplo, el vocablo hombre en «Es todo un hombre» no designa al
ser humano varón, sino a las cualidades propias de la hombría. Este recurso también se halla vinculado a la sinécdoque.
IRONÍA Y SARCASMO: es la expresión de un pensamiento a través de un enunciado de sentido literal diferente o
incluso opuesto a lo que en el fondo se piensa y se pretende decir; en este caso el contexto aporta las claves para la
correcta interpretación, por ejemplo: «¡Muy bonito, hombre!», cuando recriminamos a alguien que ha actuado de manera
indebida. Si la ironía está teñida de crueldad y hostilidad malignas, se habla de sarcasmo.
TEMA 9. CONCEPTO DE FIGURA RETÓRICA. FIGURAS DE DICCIÓN
9.1. CONCEPTO DE FIGURA RETÓRICA. SU CLASIFICACIÓN
Las figuras, frente a los tropos, están constituidas por vocablos utilizados en acepciones apropiadas de acuerdo con la
lengua común (verba propria), sin embargo, debido a alguna particularidad de carácter fónico, gramatical o semántico, se
alejan de la norma usual y, así, resultan especialmente expresivos.
Frente a las críticas que suscita toda clasificación, resulta indiscutible que cualquier recurso retórico desempeña una
función significativa en un enunciado, y que se apoya en un hecho de significante, de significado o en ambos a un
tiempo, y, a partir de ahí, se proyecta sobre el contenido del discurso que la integra.
De acuerdo con la aproximación clásica, las figuras se dividen en dos grupos principales: figuras de dicción frente a
figuras de pensamiento. Clasificación que no es completamente uniforme ya entre los tratadistas antiguos.
9.2. CONCEPTO DE FIGURA DE DICCIÓN. CLASES
Conjunto de procedimientos que se apoya en el significante, pero que, simultáneamente, puede fundarse también en un
hecho de significado, esto es, en las dos caras del signo a un tiempo. Se equiparan a menudo a las «figuras de
significante», las que afectan a la forma de las palabras; sin embargo, no todas las figuras de dicción son figuras de
significante. La traducción es una sencilla prueba para detectar estos recursos, pues las figuras de dicción pierden su
esencia al ser vertidos de un idioma a otro.
Dentro de las figuras de dicción deben distinguirse las siguientes categorías: figuras de metaplasmo, de repetición, de
omisión y de posición.
9.2.1. FIGURAS DE METAPLASMO. Constituyen licencias que permiten el uso de barbarismos, formas léxicas
incorrectas en la gramática ordinaria. Como también se producen en la lengua común, no siempre resulta sencillo
determinar cuándo nos encontramos ante usos poéticos y cuándo ante simples hechos de habla. Entre estas figuras
encontramos:
PRÓTESIS. Adición de uno o más fonemas al comienzo de un vocablo.
EPÉNTESIS. Adición de uno o más fonemas en medio de un vocablo.
PARAGOGE. Adición de uno o más fonemas al final de un vocablo.
AFÉRESIS. Supresión de uno o más fonemas al comienzo de un vocablo.
SÍNCOPA. Supresión de uno o más fonemas en medio de un vocablo.
APÓCOPE. Supresión de uno o más fonemas al final de un vocablo.
DIÁSTOLE O ÉCTASIS. En latín, una sílaba breve se pronuncia como larga. En lenguas sin cantidad vocálica como el
español, el recurso se aplica a la acentuación: la diástole consiste en desplazar la posición del acento de una sílaba a la
siguiente.
SÍSTOLE. Fenómeno opuesto a la diástole. En latín, una sílaba larga se convierte en breve; en español, consiste en
desplazar la posición del acento de una sílaba a la anterior.
DIÉRESIS. Escisión de un diptongo en dos sílabas.
SINÉRESIS. Concentración de dos sílabas en una sola.
SINALEFA. Fusión de las vocales final e inicial de dos palabras contiguas, que, en el cómputo silábico poético, se
consideran como integrantes de una misma sílaba.
ECTHLIPSIS. Correlato de la sinalefa en el plano de los fonemas consonánticos. Fusión de las consonantes final e
inicial —cuando son idénticas o muy similares— de dos palabras contiguas.
METÁTESIS. Transposición del orden de los fonemas de un vocablo.
9.2.2. FIGURAS DE REPETICIÓN. Consisten en el uso de un elemento verbal que ya había sido empleado en el
discurso, y que puede pertenecer a los distintos subcomponentes del sistema lingüístico. La idea de repetición debe
entenderse en un sentido flexible: el elemento repetido sufre a veces ligeros cambios. Ni que decir tiene que esta
flexibilidad, debida al principio general de la variación (variatio), evita que una iteración excesivamente rígida y marcada
haga pesados y monótonos los pasajes.
ALITERACIÓN Y ONOMATOPEYA. Consiste en la repetición acusada de un fonema en un estrecho margen de
texto; cuando los elementos repetidos pretenden imitar algún sonido de la naturaleza, estamos ante ejemplos de
aliteración onomatopéyica.
HOMEOTÉLEUTON Y HOMEÓPTOTON. El homeotéleuton (o similidesinencia) supone la igualdad o semejanza de
los sonidos finales de palabras que cierran frases o miembros consecutivos. En latín, la terminación de frases o miembros
sucesivos en la misma desinencia casual se distinguía con la figura del homeóptoton (o similicadencia), que coincide con
el homeotéleuton cuando se produce también la semejanza fonética. El procedimiento constituye el correlato prosístico
de la rima en poesía.
ANÁFORA. Repetición de una palabra o grupo de palabras a comienzo de verso o frase.
EPÍFORA. Repetición de una o varias palabras al final de verso o frase.
COMPLEXIO. Combinación de anáfora y epifora.
GEMINACIÓN, ANADIPLOSIS Y GRADACIÓN. La geminación consiste en la repetición de una palabra o grupo de
palabras seguidos en el texto. Cuando la primera palabra aparece al final de un verso, hemistiquio o frase, y la segunda al
comienzo del siguiente, nos hallamos ante la variedad concreta de la anadiplosis o reduplicación; tal repetición suele ser
idéntica, aunque es admisible alguna leve variación del cuerpo léxico. Asimismo, cuando la anadiplosis avanza en
unidades sucesivas del verso o prosa, se denomina gradación o clímax; aquí, es más frecuente que la repetición de los
cuerpos léxicos no sea perfecta.
Desde un punto de vista retórico, la gradación es un encadenamiento exclusivamente formal, esto es, de significantes. Sin
embargo, los escritores aprovecharon esta progresión formal para expresar contenidos dispuestos en orden
semánticamente ascendente o descendente, dando lugar a un incrementum semántico, lo que ha llevado a que esta
característica semántica se haya incorporado a su definición.
EPANADIPLOSIS. Se produce cuando una secuencia comienza y termina por la misma palabra. El encadenamiento de
varias puede coincidir, evidentemente, con la figura de la complexio.
POLISÍNDETON. Repetición de una conjunción coordinante al comienzo de varias frases o de los miembros e incisos
de la enumeración.
ANNOMINATIO. Repetición de un cuerpo léxico con alguna variación que provoca el cambio de significación, más o
menos acusado, de la palabra. Sus manifestaciones son diversas. Dentro de su esfera, se establece una subdivisión entre
los procedimientos en cuya base hay un cambio no gramatical (paronomasia), y aquellos cuyo fundamento es una
alteración de raíz morfológica (derivado, figura etimológica y poliptoton).
PARONOMASIA. Para algunos tratadistas, es sinónimo de annominatio. Sin embargo, se restringe su alcance a la
repetición de un lexema con una variación fónica no gramatical.
DERIVADO. Repetición de un lexema con una variación gramatical que afecta a morfemas derivativos.
FIGURA ETIMOLÓGICA. Repetición de un lexema con una variación gramatical derivativa producto del
desdoblamiento interno de un vocablo, como ocurre en los usos transitivos de verbos intransitivos (acusativos internos)
—así, «Vivir una vida desgraciada»—.
POLIPTOTON. ANNOMINATIO cuya alteración gramatical se fundamenta en morfemas flexivos, frente a los
anteriores subtipos, de carácter derivativo; de este modo, se distinguirá entre poliptoton nominal y poliptoton verbal.
TRADUCTIO. Consiste en la repetición acusada de un vocablo, perfecta o con alguna alteración gramatical; en este
segundo caso, la traductio entra en una zona de intersección con la annominatio; de modo paralelo, la voz repetida puede
estar tomada en diversas acepciones, ocasión en que la traductio se solapa con la antanaclasis.
EQUÍVOCO O ANTANACLASIS. Se produce cuando se repite un mismo significante léxico, pero asociado a
significados distintos en cada caso.
EL PARALELISMO, ISOCOLON, PARISON Y CORRELACIÓN. El isocolon consiste en la igualdad o semejanza en
la longitud silábica de varias secuencias; constituye, así, el correlato prosístico del isosilabismo en poesía. El parison, de
simetría más marcada, es una identidad estructural entre frases y oraciones que implica una correspondencia casi exacta
entre sus constituyentes sintácticos. Por eso, puede ser incluido entre las figuras de posición, pues dicha similitud
sintáctica es un fenómeno de parecido orden. La correlación consiste en una semejanza estructural provocada no por la
coincidencia en la sintaxis de oraciones sucesivas, sino por la simétrica colocación de palabras en el interior de los
miembros de frases y oraciones.
QUIASMO Y COMMUTATIO. El quiasmo es la disposición cruzada de elementos equivalentes o semejantes en dos
grupos de palabras. La commutatio o retruécano tiene lugar cuando, además de su posición en el texto, los terminos
equivalentes y repetidos cruzan también sus funciones sintácticas.
9.2.3. FIGURAS DE OMISIÓN. Supresión de un elemento lingüístico necesario para la configuración del texto.
ASÍNDETON. Consiste en la ausencia de conjunción coordinante al comienzo de varias frases o de los miembros e
incisos de la enumeración. Esta falta de conjunción otorga un carácter cortado, abrupto, al fluir oracional, y ello
contribuye a lograr una gran fuerza expresiva.
ELIPSIS. Supresión de uno o varios vocablos, necesarios de acuerdo con la ortodoxia gramatical de la lengua, pero
retóricamente prescindibles; el conocimiento del sistema lingüístico permite la reconstrucción de los elementos elididos.
ZEUGMA. Consiste en expresar una sola vez un vocablo en un discurso que lo requiere en más ocasiones, de manera
que, tras su primera aparición, el término debe ser sobreentendido; está emparentado con la elipsis; sin embargo, mientras
que la supresión de ésta exige acudir al sistema de la lengua para reconstruir el texto, en el caso del zeugma el elemento
omitido se encuentra explícitamente en un segmento contiguo. El zeugma complejo introduce modificaciones semánticas
o morfosintácticas.
SILEPSIS. Consiste en el uso de un término en dos acepciones simultáneas, generalmente una recta y otra figurada, en el
mismo contexto; en este sentido, la silepsis puede ser considerada como un caso extremo de zeugma complejo.
RETICENCIA O APOSIOPESIS. Consiste en la interrupción abrupta de un discurso.
9.2.4. FIGURAS DE POSICIÓN. Entran aquí todos aquellos procedimientos que se fundan en una alteración del orden
usual que los constituyentes sintácticos de la oración tienen en la lengua ordinaria.
HIPÉRBATON. En sentido amplio, el hipérbaton designa cualquier alteración de la sintaxis normal de una secuencia.
Sin embargo, en su acepción restringida, el hipérbaton consiste en la intercalación de elementos entre dos unidades
(palabras, frases o cláusulas) sintácticamente inseparables.
ANÁSTROFE. Inversión del orden sintáctico de los elementos de una secuencia.
TMESIS. Ruptura de una palabra, mediante la inserción de elementos ajenos a ella en su interior.
SYNCHYSIS O MIXTURA VERBORUM. Grado extremo de confusión sintáctica, que, conjugando hipérbatos y
anástrofes muy complejos, provoca la total dislocación de los constituyentes de una secuencia. En latín, la declinación
facilitaba la reconstrucción del orden recto de los elementos; el español, al carecer de este rico sistema flexivo, no
propicia la synchysis, pues la recomposición sintáctica de una expresión sometida a este proceso es muy complicada.
TEMA 10. FIGURAS DE PENSAMIENTO
10.1. CONCEPTO DE FIGURA DE PENSAMIENTO.
Conjunto de procedimientos cuyo valor expresivo se fundamenta primariamente en los significados de las palabras.
Frente a las figuras de dicción, las figuras de pensamiento no desaparecen al ser sometidas a un proceso de traducción.
Dentro de las figuras de pensamiento cabe distinguir las siguientes:
10.1.1. FIGURAS DE AMPLIFICACIÓN. En sentido estricto, la amplificatio de una idea no exige su desarrollo más
extenso, sino, simplemente, su realce, que puede conseguirse mediante otros procedimientos. Sin embargo, en la práctica,
desde la época medieval se interpretó generalmente la amplificación como alargamiento de contenidos.
EXPOLITIO. Amplifica una idea desarrollando su exposición muy por extenso. Este desarrollo puede concretarse en
varias vías; puede amplificar la extensión de una idea al repetirla, al acompañarla de argumentos que la corroboran o al
dividirla en aspectos parciales enumerados detalladamente. En este último caso, la expolitio suele fundirse con la
enumeración.
INTERPRETATIO Y PARÁFRASIS. La interpretatio es una técnica de expolitio que permite reiterar un contenido a
través del uso de sinónimos; puede enmarcarse, por tanto, en el concepto más amplio y común de paráfrasis.
ISODINAMIA. Conjunción de interpretatio y litotes, consiste en repetir una idea mediante la negación de su contrario.
DIGRESIÓN Mediante este procedimiento, en lugar de continuar tratando la materia central del discurso, el orador o
poeta se ocupa de un asunto secundario, sugerido por el pensamiento principal.
PARÉNTESIS. Consiste en la inserción de una idea, diferente pero lógicamente emparentada, en mitad de otro
pensamiento, el cual resulta de este modo interrumpido y matizado antes de su culminación.
10.1.2. FIGURAS DE ACUMULACIÓN. Estos procedimientos implican la suma de elementos de rango semejante. De
todos modos, no resulta improcedente ni inhabitual considerar estas técnicas junto con las precedentes.
ENUMERACIÓN. Una enumeración es la suma o acumulación de miembros oracionales unidos mediante coordinación.
Este enlace coordinado puede manifestarse textualmente mediante conjunciones, o bien asindéticamente, esto es, de
forma yuxtapuesta. Los miembros de la enumeración suelen designar realidades diferentes; si estos elementos guardan
una relación de sinonimia entre sus significados estaremos, más bien, en las esferas de la expolitio o la interpretatio.
Figuras de reiteración como la anáfora o el paralelismo pueden reforzar la expresión de las series enumerativas.
DISTRIBUTIO. Una idea general, expuesta al inicio, se desglosa en sus distintos componentes.
EPÍFRASIS. Consiste en la adición de nuevas ideas a la exposición de un pensamiento que ya parecía cerrado. Si se
elimina el complemento oracional que supone la epífrasis, la expresión de la idea restante hace sentido por sí sola.
EPÍTETO. Consiste en añadir a un sustantivo un adjetivo que complementa o determina el significado de aquél en
diversa medida. Es en este aspecto donde no hay acuerdo entre los tratadistas. El problema fundamental radica en
precisar hasta qué punto resulta necesario el epíteto para la total comprensión del sustantivo. El grado de novedad y
especificación que aporta esta figura varía notablemente según las distintas interpretaciones. Las posturas oscilan entre
considerar epítetos sólo aquellos adjetivos que abundan en un rasgo inherente al sustantivo, o bien incluir en el concepto
adjetivos que, en mayor o menor medida, agregan algún significado (especificativos).
10.1.3. FIGURAS LÓGICAS. Conjunto de procedimientos que gira en torno a los vínculos lógicos de las ideas en el
dominio del discurso, en especial alrededor de la relación de antinomia o contradicción.
ANTÍTESIS, COHABITACIÓN, PARADOJA Y OXÍMORON. En un sentido general, la antítesis es la oposición de
ideas, oposición que, lingüísticamente, puede manifestarse entre palabras aisladas, frases u oraciones. Dentro de este
ámbito, diversas figuras concretan variantes de la general oposición de ideas. Así, hay una modalidad de correctio que
enfrenta una idea a la negación de su contrario, con el fin de intensificar su expresión. Este tipo de correctio presenta dos
esquemas fundamentales de desarrollo: no A, sino B, y B, no A. Otra figura especial de la antítesis la constituye la
cohabitación: consiste en la convivencia natural de contrarios dentro de un mismo sujeto, y resulta muy útil para reflejar
las contradicciones del individuo en las esferas amorosa o moral.
La paradoja es una figura retórica peculiar, que manifiesta, de un modo vago, un contenido sorprendente por ser contrario
a lo esperado. Un indicio para su reconocimiento práctico: su marco textual es superior a la oración simple. Frente a ella,
el oxymoron se restringe al ámbito de la oración simple, generalmente a la frase, y en él es donde se produce la unión de
dos términos contrarios. Desde otra perspectiva, se puede considerar que la diferencia entre oxymoron y paradoja es
análoga a la existente entre metáfora y alegoría. Con respecto a la cohabitación, el oxímoron y la paradoja suponen un
mayor grado de discordancia de los elementos antinómicos: que, en un instante, un enamorado pase de la felicidad al
llanto —un caso de cohabitado— es un contraste natural, mientras que la expresión Vivir es morir resulta más
sorprendente, más paradójica.
10.1.4. FIGURAS DE DEFINICIÓN Y DESCRIPCIÓN. Merced a estos procedimientos, el autor pretende plasmar
verbalmente la esencia o apariencia de los sujetos, objetos y conceptos que integran su obra. Desde otra perspectiva, estas
figuras de contenido suelen desarrollarse formalmente en molde de enumeración.
DEFINITIO. Relación de las características esenciales de un concepto; si resultan omitidas la palabra o palabras que
designan la noción definida, se origina la perífrasis.
PROSOPOGRAFÍA. Descripción del aspecto externo de una persona o animal.
ETOPEYA. Descripción del carácter y costumbres de una persona.
PRAGMATOGRAFÍA. Descripción de objetos.
TOPOGRAFÍA. Descripción de lugares.
CRONOGRAFÍA. Descripción de tiempos.
EVIDENTIA O DEMONSTRATIO. En sentido general, la evidentia consiste en la presentación viva y detallada de una
realidad, poniéndola «ante los ojos» del lector. Esta técnica aparece siempre asociada a otros procedimientos como la
descripción pormenorizada del objeto, la enumeración, la translatio temporum, cuya concreción más habitual es el
llamado presente histórico, por el que una acción pasada se traslada al presente del que lee, con lo que aquélla se
actualiza y refleja más vivamente, la apostrofe o apelación a un interlocutor presente en el texto hace más vivo y real
aquello que se expresa, como si en verdad se dijese ante el lector, la sermocinatio que reproduce en el texto el discurso
directo de un personaje, y la similitudo, que tiene lugar cuando un asunto se expresa a través de su similitud con una
esfera de la realidad diferente y, sobre todo, de índole más gráfica y cotidiana.
10.1.5. FIGURAS OBLICUAS. Así denominadas por constituir enunciados oblicuos, es decir, por designar de forma
indirecta una realidad merced a la combinación de una serie de palabras empleadas en sentido recto. En este punto se
encuentra la frontera entre la figura y el tropo, el cual, como ha sido indicado, nombra un objeto mediante un término que
no es el que propiamente le corresponde en el sistema lingüístico.
PERÍFRASIS O CIRCUNLOQUIO. Designación indirecta de un concepto a través de un conjunto de sus
características; este procedimiento, que en ocasiones es incluido entre los tropos, también se encuentra vinculado a la
definitio.
LÍTOTES. Expresión de una idea mediante la negación de su contrario; como en el caso de la perífrasis, algunos
tratadistas incluyen la lítotes entre los tropos.
PRETERICIÓN. Implica la manifestación expresa por parte del autor de evitar el desarrollo pormenorizado de una idea;
en este sentido, la preterición es un procedimiento de abreviación; sin embargo, debe ser considerada primariamente
como figura oblicua, pues la renuncia a insistir en un asunto suele esconder la intención de realzarlo, al ser presentado
como obvio. Muy frecuente resulta la combinación de esta figura con la interrogación retórica: al exigir una respuesta
negativa, expresiones del tipo ¿Quién podrá contar...? se interpretan en el sentido de la preterición, esto es, Nadie podrá
contar... o No podré contar...
HISTEROLOGÍA. Incluida habitualmente entre las clases de hipérbaton en sentido amplio, la histerología, como figura
de pensamiento, es el correlato de la anástrofe, figura de dicción. Consiste en la inversión de la secuencia lógica de las
ideas.
10.1.6. FIGURAS DE DIÁLOGO Y ARGUMENTACIÓN. Este conjunto halla su ámbito de desarrollo (no exclusivo) en
el estilo directo, particularmente en el diálogo, pues hacen hincapié en el discurso como acto de comunicación.
APÒSTROFE O INVOCACIÓN. Consiste en dirigir una apelación a un destinatario mencionado en el texto. En su
originaria acepción retórica, la apostrofe suponía un brusco y efectivo giro, al producirse un cambio del principal
destinatario del discurso a otro repentinamente invocado por el orador. No obstante, en los textos literarios, lo más
frecuente es considerar que el intenso efecto de la apostrofe se ocasiona al variar el normal discurrir del texto (narración,
digresión, etc.) mediante la inclusión de un elemento apelativo.
Este procedimiento, junto con la exclamación, interrogación retórica, optación, imprecación y deprecación, constituye
el subconjunto de las llamadas figuras patéticas, que pretenden incidir afectivamente en el destinatario.
EXCLAMACIÓN. Expresión intensa de una emoción o sentimiento, caracterizada por una curva de entonación que
presenta oscilaciones en relación con la enunciativa.
INTERROGACIÓN RETÓRICA: INTERROGATIO Y QUAESITUM. La interrogación retórica es una pregunta cuya
respuesta no es necesaria, por obvia. Consta de dos modalidades: cuando la respuesta posible sería simplemente sí o no,
se habla de interrogatio, en cambio, si la hipotética contestación debe ser más precisa, distinta de sí o no, estamos ante el
quaesitum.
OPTACIÓN E IMPRECACIÓN. La optación es la manifestación vehemente de un deseo. Cuando se desea
el mal a alguien, nos hallamos ante muestras de imprecación.
DEPRECACIÓN. Consiste en un ruego, súplica o plegaria fervientes.
10.1.7. FIGURAS DIALÉCTICAS. Este conjunto de procedimientos es característico de la disputatio o debate
dialéctico, en donde dos interlocutores se constituyen en oponentes que discuten sobre un determinado tema. En este
contexto, cada litigante debe cuidar la precisión de sus palabras e, igualmente, poner de relieve las imprecisiones de su
rival.
CONCESSIO. Consiste en reconocer que la parte contraria lleva razón en un aspecto del asunto sobre el que se disputa, y
que la opinión propia está equivocada. Sin embargo, esta actitud esconde un giro en sentido inverso, pues el punto en el
que el autor o litigante reconoce su error es presentado como algo intrascendente en comparación con el tema central
CORRECTIO. Mediante este artificio, el orador o poeta rechaza una palabra inicialmente propuesta, para sustituirla por
otra más precisa. Por lo general, los dos términos implicados en la correctio establecen entre sí una relación de
antonimia.
DUBITATIO Y COMMUNICATIO. La dubitatio consiste en la expresión de una duda entre las distintas alternativas
posibles para designar un concepto. La communicatio, en cambio, presenta dos o más posibilidades referidas al modo de
actuar en una determinada situación; el orador puede hacerse esta pregunta a sí mismo o dirigirla a un interlocutor.
CONCILIATIO. Consiste en utilizar un vocablo, previamente empleado en un sentido determinado, en una acepción
diferente; por lo general, la conciliatio se emplea en el marco de una disputa, pues permite a un interlocutor torcer el
sentido de las palabras del rival.
DISTINCTIO O PARADIÁSTOLE. Este recurso pone de relieve cómo dos términos en apariencia sinónimos no lo
son en realidad; de este modo, la distinctio descubre y rechaza una conciliatio.
10.1.7.1. LAS PROBATIONES ARGUMENTATIVAS. Las «pruebas» retóricas son argumentaciones que se presentan
para fundamentar tesis y convicciones. Se dividen en dos grupos: las «pruebas extratécnicas» son anteriores a la
causa misma y ajenas a la habilidad del orador (leyes, testimonios, confesiones, etc.); y las «pruebas
intratécnicas», que dependen de la capacidad retórica del orador, pertenecen a los ámbitos de lo simile, el
argumentum y la sententia.
Esfera de lo «simile». La probatio se apoya en la analogía o relación de semejanza: el autor trae a colación un hecho
similar al asunto tratado. Entran en este dominio, por una parte, exemplum y similitado y, por otra, símil y comparación.
Exemplum y similitudo. Cuando ese hecho al que se hace referencia tiene un carácter finito, es decir, se trata de un
suceso concreto, protagonizado por determinados personajes en un tiempo dado, hablaremos de exemplum. Cuando el
hecho referido por analogía tiene un carácter no finito, esto es, cuando se trata de un suceso cotidiano, sin unos
protagonistas concretos, nos hallamos ante casos de similitudo.
Comparación y símil. También la comparación y el símil establecen una analogía entre dos términos a partir de una
característica compartida; pero, a diferencia de las anteriores, tienen primariamente un valor ornamental, no probatorio.
En la práctica, sobre todo en la poesía lírica, no siempre resulta posible deslindar las dimensiones del ornato y la
argumentación; se tiende, de este modo, a considerar como comparaciones o símiles los enunciados analógicos breves.
De acuerdo con la tendencia contemporánea, reservaremos el nombre de comparación para aquellos ejemplos en que uno
de los términos es presentado como superior o inferior al otro en virtud de alguna cualidad; cuando se establezca una
relación de igualdad entre los dos términos comparados hablaremos de símil.
Argumentum. Prueba argumentativa que, partiendo de hechos conocidos, opera por deducción y alcanza conclusiones
novedosas; su manifestación más clara es el silogismo. Como se verá al hablar de la compositio, desde el punto de vista
de la sintaxis el argumentum suele asociarse a un estilo periódico que recurre con frecuencia a la subordinación. Ello
resulta lógico, si se considera que es ésta la relación sintáctica que mejor traduce lingüísticamente los pasos del
razonamiento deductivo que plantea el argumentum.
Sententia. Afirmación breve de carácter general sobre algún aspecto de la vida, el hombre, el mundo, etc., con
pretensiones de validez universal. La relación entre esta probatio y la tesis que pretende defender es de inclusión: lo
general (sententia) engloba lo particular (tesis). La cita de adagios de otros autores o de refranes debe ser considerada
como procedimiento aparte.
10.1.8. FIGURAS DE FICCIÓN. En virtud de este conjunto de procedimientos, el orador o poeta, convencionalmente,
tiene la potestad de presentar como reales situaciones imaginarias.
PERSONIFICACIÓN O PROSOPOPEYA. Consiste en conceder entidad y atributos humanos a seres inanimados, ya
concretos, ya abstractos, o a seres irracionales. Para algunos autores, la prosopopeya es una variante de la alegoría.
SERMOCINATIO E IDILOPEYA. Mediante la sermocinatio, el orador o poeta finge que su discurso lo pronuncia otra
persona, cuyo estilo y voz se imitan; cuando esta suplantación afecta a una persona muerta se habla de idolopeya.
SUBIECTIO O PERCONTATIO. Ficción de diálogo: el orador o poeta construye un diálogo ficticio entre él mismo y su
destinatario, desempeñando el papel de ambos interlocutores.
TEMA 11. LA COMPOSITIO. ESTILO SUELTO Y ESTILO PERIÓDICO
11.1. CONCEPTO DE COMPOSITIO: APROXIMACIÓN TEÓRICA
La compositio estudia la estructura sintáctica y fónica de los grupos de palabras, esto es, analiza sus constituyentes y sus
distintas posibilidades de distribución en el discurso. Por tanto, dentro de este ámbito debe distinguirse entre la oración y
sus partes (o compositio sintáctica) y la combinación de las palabras en la oración (o compositio fonética).
Dos son los asuntos fundamentales que analizan los tratados de retórica dentro de la compositio sintáctica: la distinción
entre estilo suelto y periódico, y los constituyentes y tipología del período.
11.2. ESTILO SUELTO Y PERÍODO.
Ya Aristóteles (Retórica) reconoce un estilo seguido y otro periódico. El primero de ellos entrelaza las oraciones por
conjunción, y no tiene fin en sí mismo hasta que termina el asunto expuesto; por contra, el periódico fragmenta el
discurso en partes con fin en sí mismas (períodos), abarcables con la mirada y que se graban fácilmente gracias al
numerus o recurrencia de cantidades silábicas.
Demetrio (Sobre el estilo) también caracteriza el período por la estrecha trabazón de sus miembros, que se entrelazan
desarrollando el razonamiento completo, y cuya ligazón se corresponde rítmicamente con la regularidad del numerus. A
este opone el suelto, que carece de la trabazón del anterior.
Quintiliano (Institutio oratoria) diferencia entre un discurso suelto, y otro «sujeto y entrelazado» que se corresponde con
el período. El estilo suelto tiene un ritmo mucho más relajado que el periódico; éste se caracteriza por la presencia del
numerus y, en el plano del contenido, encierra un pensamiento completo abarcable por la memoria.
Sintetizando todas estas consideraciones, optaremos por una división dual entre una noción general de estilo suelto y el
período. Dos son los criterios que presiden la diferencia entre ellos:
1) Un criterio rítmico, según el cual el período se rige por las exigencias del numerus (el metro poético), que no afectan
al estilo suelto.
2) Un criterio semántico-lógico: el discurso construido periódicamente estructura su contenido de manera que cada
período desarrolla un razonamiento completo; por contra, el estilo suelto lo prolonga de manera continua hasta su
conclusión.
11.2.1. Diferenciación rítmica
En latín, la diferencia rítmica entre ambos estilos giraba en torno al concepto de numerus que poseía el período y del que
carecía el estilo suelto. El numerus regularizaba la sucesión de sílabas largas y breves, y dicha regularización se aplicaba
de una forma rígida (metro estructurado en diferentes pies) si el texto estaba en verso, y con más flexibilidad si se trataba
de prosa. En consecuencia, la regularidad rítmica de la prosa concentraba el numerus en partes marcadas como los
finales de pasajes, y recurría a apoyos rítmicos como la regularidad y simetría en el orden y sintaxis de las palabras y
secuencias. Todo ello, lógicamente, dentro de la prosa periódica; la prosa suelta no precisa esa flexible presencia del
numerus.
En las lenguas romances se ha perdido la cantidad sobre la que gira el numerus; sin embargo, hay textos escritos en
estilo periódico y en estilo suelto: para hallar el criterio heredero del numeras se debe recurrir al ritmo, entendido como
la introducción de cierta regularidad en una sucesión de palabras o frases. Así, esa regularidad, más o menos rígida (verso
o prosa), de largas y breves se aplica en el período romance al orden y disposición sintáctica de sus miembros.
11.2.2. Diferenciación Semántico-lingüística
El contenido de un texto en estilo suelto se prolonga como una suma continua de ideas que encuentra su final en la
culminación del discurso. Frente a este sistema, el estilo periódico estructura el contenido en una serie de partes
(períodos) que desarrollan un razonamiento completo.
Las repercusiones estilísticas de esta estructuración semántica resultan bastante evidentes: la continua suma de ideas se
corresponde con una sintaxis coordinada; por su parte, la trabazón conceptual del estilo periódico se corresponde más
bien con los distintos tipos de interordinación y subordinación: sus diversos valores gramaticales van estructurando
lingüísticamente las distintas fases de este escalonado razonamiento que construyen los períodos.
Sin embargo, dentro de esta equivalencia general, la tipología del período requerirá interesantes matizaciones, como se
verá en el apartado siguiente.
11.2.3. Constituyentes del periodo
Todos los tratados, excepto los de Aristóteles y Hermógenes, consideran el período integrado bien por miembros (o kola),
bien por incisos (o kommata). La diferencia entre ellos se fundamenta en la noción de integridad: se exige al miembro
una integridad que le viene dada por constituir una oración completa o un grupo de palabras con predicado; por contra,
esta exigencia no afecta al inciso. No obstante, la frontera entre ambos es fluctuante, y muchas veces el inciso es
considerado como un miembro breve.
Debido a esta complicación es más práctica la división entre periodos y miembros que establecen Aristóteles y
Hermógenes, sobre todo al complementarla con una diferenciación entre miembros largos y breves.
11.2.4. Tipología de los periodos
La mayoría de las retóricas coinciden en diferenciar: el período circular y el período de miembros.
Aristóteles distingue entre un período simple y otro de miembros por divisiones u oposiciones. Demetrio, en cambio,
considera tres subtipos: el «período histórico» o cíclico; el «período conversacional», próximo a la oratio perpetua pero
donde domina la subordinación; y el «período retórico», a medio camino entre los anteriores. Quintiliano distingue, como
Aristóteles, entre un período simple y circular y otro de miembros e incisos. La tradición retórica hispana compartirá esta
distinción.
a) Período circular. Su estructura cíclica se sustenta en dos constituyentes fundamentales, prótasis y apódosis, que se
cierran en un círculo al implicar el primero al segundo. La modalidad denominada larga o extensa se diferencia por la
amplificación de ambas partes. Este encadenamiento de elementos adyacentes supone una mayor presencia de la
subordinación adverbial o la interordinación (condicionales, causales, adversativas, etc.), diferentes de la coordinación
copulativa, que predominarán en el período de miembros.
b) Período de miembros. La conclusión que cierra el razonamiento se prolonga como una sucesión rectilínea. Este hecho
implicará una menor presencia de la subordinación frente al período circular, y un aumento de coordinación y
yuxtaposición.
Frente a la mayor complejidad en la organización intelectual del período circular, el período de miembros denota una
mayor sencillez en su construcción. Efectivamente, así como el primero se dirige sobre todo a la persuasión intelectiva o
racional (docere), el período de miembros e incisos prefiere llegar al lector por la moción de sus afectos, proporcionando
gran energía a la expresión. A menudo, recursos como el paralelismo, anáforas, polisíndeton y asíndeton contribuyen a
incrementar la expresividad del período de miembros.
TEMA 12. MEMORIA Y ACTIO
12.1. CONCEPTO DE MEMORIA ORATORIA
El primer tratado conservado en el que se analiza la memoria oratoria es la Rhetorica ad Herennium. En él aparecen dos
tipos de memoria: la memoria naturalis aptitud innata de un individuo para recordar; la memoria artificiosa, constituida
por un conjunto de recursos mnemotécnicos (loci e imagines).
Los loci, «lugares», son espacios físicos conocidos o imaginados por el orador, donde se ubican las imagines en un orden
determinado. Las imagines son representaciones mentales de lo que se quiere recordar y pueden representar cosas (ideas,
argumentos...) o palabras.
La importancia de la memoria es capital, además de en los estudios, en algunos géneros literarios de transmisión oral,
como la poesía épica, donde se utilizan dos procedimientos mnemotécnicos: las fónnulas —secuencias repetidas en
contextos idénticos— y los motivos —episodios cuya sucesión conforma la acción narrada (por ejemplo, la partida, el
duelo singular, la batalla...)—. Se puede establecer el paralelismo entre imágenes de palabras y fórmulas, por una parte,
y, por otra, entre imágenes de cosas y motivos.
12.2. CONCEPTO DE ACTIO O PRONUNTIATIO
La actio o pronuntiatio atañe a la puesta en escena del discurso ante un auditorio. En la Rhetorica ad Herennium se
sistematizan las técnicas que configuran la pronuntiatio del discurso. Sus constituyentes principales son la modulación de
la voz y el movimiento del cuerpo.
La modulación de la voz está condicionada por el volumen, la firmeza y la flexibilidad. Su volumen depende de cada
individuo. La firmeza es también connatural, pero puede reafirmarse con cuidados específicos. Por último, la flexibilidad
vocal permite distintas posibilidades en la declamación oratoria. La firmeza y la flexibilidad son objeto de análisis
retórico.
La conservación de una voz firme a lo largo de todo un discurso requiere que se eviten esfuerzos articulatorios
innecesarios (gritos violentos, tesitura excesivamente aguda...). En el exordio, el orador debe adoptar un tono calmado y
bajo. Además, conviene realizar pausas respiratorias frecuentes con objeto de descansar la voz; tales pausas son al tiempo
recomendables para permitir que el oyente reflexione sobre el contenido de las sentencias.
La flexibilidad de la voz es la variación potencial de la entonación con que se pronuncia el discurso. Entre las distintas
posibilidades de la inflexión vocal, hay un tipo adecuado a cada pieza oratoria de acuerdo con la materia tratada. Incluso,
en rigor, hay una suerte de entonación apropiada a cada parte de un discurso, pues, para evitar la monotonía, es
recomendable alternar los registros entonativos, a saber, el tono conversacional, el tono de debate y el tono
amplificatorio.

 El tono conversacional pretende reflejar el carácter distendido del habla ordinaria. Tiene cuatro subtipos: el tono
digno requiere gravedad y voz calmada; el tono explicativo es propio de la exposición de ideas; el tono
narrativo, más flexible, se adecúa al relato de acontecimientos; el tono de broma admite cierto temblor
humorístico en la voz.
 El tono de debate es propio de la discusión dialéctica. Consta de dos modalidades: el tono sostenido exige
premura expositiva y un volumen de voz moderadamente elevado; el tono cortado se caracteriza por
exclamaciones y pausas frecuentes con vociferación acre.
 El tono amplificatorío busca conmover al oyente. Se manifiesta de dos modos: el tono de exhortación mueve a
la indignación, con frecuentes cambios de entonación y ritmo verbal; el tono patético induce a la misericordia
con pausas frecuentes y largas. En ambos casos se requiere una tesitura vocal grave.

Además, el orador debe controlar el movimiento del cuerpo y la expresión, para reforzar la modulación de la voz propia
de cada tipo de discurso. Así, Los tonos digno y narrativo requieren movimientos suaves y un gesto de alegría o tristeza,
acorde con el tema. El tono explicativo aconseja inclinar levemente el cuerpo hacia el oyente. El tono de broma exige una
leve sonrisa, nunca exagerada. El tono sostenido necesita rápidos movimientos de brazos, con distintas expresiones de
rostro y una mirada penetrante; mientras que en el tono cortado el orador pasea por la sala, golpea a menudo el suelo con
sus pies y observa fijamente a los destinatarios. Al tono exhortatorio conviene una gesticulación más calmada, y el tono
patético combina gestos graves con palmadas en las piernas y la cabeza, así como una expresión gestual turbada.

También podría gustarte