Max Weber: racionalización y desencanto del mundo
Max Weber siempre estuvo interesado desde su juventud por la religión como fenómeno
social, es así que en su obra “la ética protestante” la hipótesis fundamental gira entorno
a que el capitalismo moderno se consolida a través del pasaje de una racionalidad fundada
en la explicación teológica a una racionalidad apoyada en la adecuación de medios para la
consecución de determinados fines.
Si Marx estaba decidido en estudiar las leyes del desarrollo del capitalismo y su derrota
revolucionaria a través de una determinada praxis que articula práctica y teoría, y
Durkheim, a través de su producción teórica proponía colaborar con la consolidación moral
de Francia, en el marco de la Tercera República, amenazado por el antisemitismo, la
convulsión social y las nostalgias por el pasado bonapartista, lo que Weber expresa es el
progresivo aislamiento entre los hombres sometidos a una razón impersonal. Si la
racionalización en el capitalismo se funda en el cálculo racional entre costes y beneficios, el
destino de la humanidad es habitar en un mundo donde la creciente especialización
encierra a los hombres en una jaula de hierro de la cual es imposible escapar.
En los ensayos sobre la ética protestante se fija en una tarea especial que consiste en la
examinación de las implicaciones económicas de un proceder religioso específico (una ética).
Su objetivo es clarificar el papel que han empeñado las fuerzas religiosas en el desarrollo
de la cultura moderna, en la secular, en la interacción de innumerables factores históricos
diferentes.
En la “ética protestante y el espíritu capitalista” el autor expone los resultados de su
construcción de tipo ideal, lo cual significa que la investigación y sus manifestaciones en la
realidad histórica, estarán orientadas según el particular y subjetivo punto de vista del
investigador.
Weber, entonces, definió al capitalismo como un fenómeno moderno conformado por un
sistema complejo de instituciones de carácter racional y producto de una serie de procesos
de desarrollo muy particulares de la civilización occidental. Es así, que es un fenómeno
único, ya que no apareció antes en la historia de occidente y porque tampoco surgió
espontáneamente en el oriente. El desarrollo de este no fue ni históricamente inevitable
ni históricamente necesario, sino que se vieron implicados tres factores complementarios;
el espíritu racional, la racionalización de la conducta en la vida y una ética económica
racionalista.
En la obra de la ética protestante realizó un esquema comparativo, donde mostraba que
en los países donde se concentraba el trabajo empresarial se había desarrollado el
protestantismo fuertemente. La causa a ello es que la ruptura con el tradicionalismo
comercial llevó a que las personas se alejaran de la tradición en general y de las
instituciones religiosas. Es por ello que el capitalismo moderno se caracteriza por una
combinación de disciplina y dedicación a la ganancia de dinero por medio de una actividad
legítima, con el hecho de usar esos ingresos para gustos privados. Esta actitud se la
vincula con la creencia en el valor de la realización eficiente como un debe y una virtud de
la vocación profesional que se ha elegido.
Señala que el concepto de profesión-vocación se formó en los tiempos de la reforma. Esta
consiste en el cumplimiento de un deber para con Dios por medio de la gestión moral de su
vida de cada día, motivando al énfasis que pone el protestantismo en las tareas
mundanas y se diferencia del catolicismo que se orienta en el aislamiento en los
monasterios y el rechazo del temporal.
El autor sin pretender estudiar los dogmas del protestantismo ascético, se interesa por
las doctrinas que afectan directamente la conducta práctica de los individuos en la
actividad económica. Con este propósito analiza la doctrina calvinista.
Los tres principios éticos del Calvino los cuales weber le atribuye una afinidad con el
espíritu capitalista:
Libre albedrío: al caer en el pecado original, las personas viven en una desviación del
bien, por ello, al no poder ganarse la salvación, lo único que puede hacer es obrar
activamente en la tierra con dedicación e intención, ya que el universo ha sido creado para
gloria de Dios.
Predestinación: la voluntad de Dios ha elegido a uno para la gran gracia de la
salvación, este no se puede ni desviar ni modificar por obra de los hombres.
Justificación mediante la fe: trabajar puede hacer que se despeje la duda religiosa
concediéndole seguridad a uno, sobre la elección del destino de la gracia.
En esta doctrina se produce una gran soledad interior en los hombres. Cada uno de ellos
estaba frente a Dios, no había sacerdote ni laico que pudiera interceder entre el sujeto y
Dios para lograr la salvación. Es el sacramento y la erradicación de la salvación lo que la
diferencia al catolicismo del luteranismo como el calvinismo.
El calvinismo exige a sus fieles una vida coherente y disciplinada, el trabajo en el mundo
material goza para un calvinista de la más alta valoración ética, el concepto de
profesión-vocación otorga un gran valor al deber de un individuo de tomar su vocación de
manera metódica como instrumento de Dios. Pero por otro lado, la acumulación de
riquezas se condena como una incitación al lujo y a la pereza, en cambio cuando las
ganancias se obtienen por medio del cumplimiento de un trabajo disciplinado como un deber
cristiano, son toleradas.
Weber en sus estudios sobre la religión no busca realizar una tipología sistemática de las
religiones, lo que le interesa es analizar la relación existente entre religiones y
mentalidades económicas.
Al mismo tiempo señala que una ética económica no significa que todas las creencias
religiosas contengan una orientación explicita y formulaciones específicas de qué tipo de
actividad económica se considera correcta o permisible. El grado de influencia de las
religiones sobre las actividades económicas varía, como varia la naturaleza de esa
influencia. Con ello, se aleja del materialismo y el idealismo al afirmar que las formas de
organización económica exteriormente similares pueden corresponderles éticas muy
diferentes.
En la sociología de la religión, Weber analiza la distinción que hacen los individuos que
participan de una religión o de ritos mágicos, entre objetos y seres que tienen cualidades
especiales, y los que pertenecen al mundo ordinario. Afirma que solo determinados objetos
poseen cualidades religiosas y solo ciertos individuos pueden alcanzar estados de
perfección o gracia que los hacen acreedores de poderes religiosos. A esos poderes los
define como extraordinarios como carismáticos.
Las fuerzas mágicas a diferencia de la religión, no reciben culto, sino que subordinan las
necesidades humanas mediante el empleo de fórmulas mágicas. O sea, la diferencia
fundamental entre ambas está dada por la diferencia de rango y poder de considerable
importancia histórica entre los sacerdotes por un lado y los magos/hechiceros por el otro.
Lo distintivo del sacerdocio es que está compuesto por un grupo de funcionarios que están
a cargo de las funciones de un culto.
El profeta religioso es importante como un sacerdote. Para el autor es un puro portador
personal de carisma, teniendo cómo misión el anunciar una doctrina religiosa o un mandato
divino. La profecía es la doctrina decisiva que produce cambios radicales en las
instituciones religiosas, y es así el factor que elimina la magia del mundo. Así es como se
inicia el proceso de desencantamiento del mundo, que alcanza su punto máximo en el
capitalismo racional.
En todos los tiempos no ha habido más que un medio que destruya la magia y establecer
un proceder racional en la vida y esto ha sido la profecía racional.
Las profecías han liberado al mundo del poder de la magia, y al hacerlo pusieron las bases
para nuestra ciencia y tecnología moderna.
Para Weber un criterio de la racionalización de la religión, es el grado en que se ha
liberado de la magia y el grado en el que se ha unificado la relación entre Dios y el mundo,
con ello también su propia relación ética con el mundo.
(Ver casos de religiones como el hinduismo y el protestantismo asiático)
El autor considera al capitalismo y al protestantismo moderno, junto con otros aspectos
de la civilización occidental, como el resultado de un proceso histórico que tiene raíces en el
antiguo Israel.
En fin, el capitalismo moderno es para Weber la manifestación de un fenómeno de
racionalización más general que afecta a Occidente, desde todas las esferas. Solo en
occidente se da un Estado cómo institución política, con una Constitución racional y un
derecho racional.
El autor sostiene que el estado occidental como la iglesia moderna, fue obra de juristas,
que el racionalismo jurídico constituyó un legado del derecho romano y que el carácter del
capitalismo occidental fue condicionado por la ciencia occidental.
Weber entendía que el proceso de racionalización se había llevado a cabo de manera más
completa en el Occidente que en cualquier civilización, ya que todos los aspectos de la
cultura fueron afectados por la creciente racionalización secular.
Este despliegue de la razón es conocido por el autor como el desencantamiento del mundo.
El triunfo de la ciencia es el ejemplo más acabado del triunfo de la razón sobre otras
formas de conocimiento.
Al mismo tiempo, sostiene que para dar cuenta del crecimiento y despliegue de la
racionalización secular en occidente, es importante trazar la distinción entre
racionalización formal o sustantiva, y racionalidad instrumental o de contenido.
La racionalidad forma de la acción, se define por el grado en que el proceder está
organizado según principios racionalmente calculables, o sea, la conducta orientada a la
elección de medios racionales para obtener un fin.
La racionalidad sustantiva se manifiesta en el accionar orientado sobre la subordinación
de los fines, por valores que sostienen los actores sociales, un patrón de acción que
articula las acciones racionales con arreglo a valores.
Weber plantea que el capitalismo racional moderno es el sistema económico más avanzado
que el hombre ha desarrollado. La racionalización moderna y su manifestación es un
esquema de administración burocrática, da origen a la jaula de hierro dentro de la cual los
hombres están cada vez más aprisionados. Los hombres están limitados a la realización
de un trabajo especializado y la consecuencia de esa limitación, es la renuncia del placer
mundano.
La humanidad vivir en un conflicto entre dioses (o valores) y no sabe a cuál de ellos
seguir. La ciencia, creía Weber, puede ofrecer medios a los hombres pero no fines, por lo
tanto nunca puede señalarnos el camino hacia los valores verdaderos. La ciencia debe de
facilitarles a los hombres las herramientas y técnicas para dominar el mundo sus
manifestaciones conflictivas y la vida en sus incertidumbres mundanas.
A la ciencia social le compete comprender el significado de la acción de los hombres y la
naturaleza orientada sobre valores. Los hombres aspiran a una pluralidad de valores, de
modo que la realización de ellos, puede verse impedida por su excesivo costo o por la
necesidad de sacrificar a otros.
Cuando los individuos eligen sus valores en máxima libertad, cómo los hacen los otros,
eligen también los medios para realizarlo, y ven las consecuencias de determinada elección.
Sin embargo, es tarea de la política abordar la realidad caótica y conflictiva, responder a
la irracionalidad del mundo y actuar de una manera racional respecto a los objetivos y en
forma ética respecto de los valores para la consecución del ideal humano como forma de
vocación profesional.
Weber se alejó del materialismo de Marx y de la sociedad pacífica que esperaba Durkheim;
en su análisis además de mostrar el creciente racionalismo, también alertó del desenlace
del mundo que mutilaría al espíritu, más allá de la forma de organización económica que se
eligiera.
La reconstrucción de los lazos comunitarios es imposible dentro de un mundo que tiene una
racionalización profunda, dónde la emergencia de las masas y la socialización creciente
generaban el crecimiento de la burocratización y un progresivo aislamiento entre los
hombres, sometidos a una razón impersonal; las ideas no se hallan en categorías
esenciales.
Weber empieza su obra la ética protestante y el capitalismo con la indagación de que en
la Europa moderna los protestantes participaban más en la posesión del capital, en la
dirección y los puestos más altos de trabajo especializado. No se trata de un hecho
contemporáneo, sino de un hecho histórico, ya que buscando en los orígenes de la compañía
se puede ver qué en los primeros centros de desarrollo capitalista a principios del siglo
XVI eran protestante.
La obra de Weber parte de una anomalía: precisar y explicar esta anomalía es lo que
constituye es la originalidad de la obra. Con el proceso de secularización, parecía que las
personas se hubieran alejado de las instituciones religiosas y de la tradición, pero en el
protestantismo se vio algo distinto, ya que les exigió a sus adherentes una disciplina más
vigorosa que el catolicismo, lo cual introdujo un factor religioso en todos los ámbitos de la
vida del creyente. Hay una relación entre el capitalismo moderno y el protestantismo
dónde la segunda es consecuencia de la primera.
El caso es que el protestantismo difiere de la forma religiosa que le precedió, que al igual,
el capitalismo moderno presenta características básicas que le distinguen de las especies
anteriores de actividad capitalista.
El espíritu del capitalismo moderno viene caracterizado por una combinación de la
dedicación a la ganancia de dinero, por medio de una actividad económica legítima, junto
con la utilización de esos ingresos para gustos personales. Esto se enlaza con la creencia
en el valor de la realización eficiente, como un deber y una virtud, de la vocación
profesional que eligieron. Pero el espíritu capitalista no se puede deducir del crecimiento
global del racionalismo en la sociedad occidental. La racionalización es un fenómeno
complejo, que toma muchas formas concretas y que se desarrolla variable mente en
muchos campos de la vida social.
Weber muestra que el concepto de profesión-vocación se formó en los tiempos de la
Reforma: la importancia de él, es que sirve para colocar los asuntos mundanos de la vida
cotidiana dentro de un influjo religioso que todo lo abarca. La vocación-profesión del
individuo consiste en cumplir su deber para con Dios por medio de la gestión moral de su
vida cada día.
La Reforma desempeñó un papel esencial en la introducción del concepto de profesión-
vocación, poniendo en el centro de interés el cumplimiento del deber en las actividades
mundanas. El origen de este concepto fue obra de las posteriores sectas protestantes,
que constituyen las ramas que Weber denominó «protestantismo ascético».
El autor distingue cuatro corrientes principales del protestantismo ascético: calvinismo,
metodismo, pietismo y sectas baptistas. Estás corrientes estuvieron estrechamente
relacionadas entre sí y no siempre se pueden distinguir entre ellas.
El estudio de Weber se interesa solamente por los elementos de sus doctrinas que afecta
de manera directa y significativa a la conducta práctica de los individuos en su actividad
económica.
Entonces Weber procede a precisas los tres principios básicos que se consideran
importantes en el calvinismo: primero, la doctrina de que el universo ha sido creado para
aumentar la gloria de Dios y que solo tiene sentido en relación con los propósitos divinos.
Segundo, que los motivos del Todopoderoso están más allá de la comprensión humana (los
hombres solo pueden saber los pequeños fragmentos de la verdad divina que Dios quiere
revelarles). Tercero, la creencia de la predestinación: solo son pocos los hombres elegidos
para conseguir la gracia eterna.
Es aquí que el hombre está solo, no hay sacerdote, ni laico que pueda interceder ante Dios
para conseguir la salvación.
La posibilidad de una salvación por medio de la Iglesia y los sacramentos, es la diferencia
más decisiva que separaba al calvinismo y el luteranismo del catolicismo.
Los protestantes tenían un método para eliminar toda duda sobre la salvación; la
primera de ella, es que el individuo debía de creer que era uno de los escogidos, ya que
cualquier duda de la elección es demostración de fe imperfecta, y por lo tanto de carencia
de gracia. Y la segunda de ella, la intensidad de actividad en el mundo es el medio
apropiado para desarrollar y mantener esa necesaria confianza en sí mismo. Es decir, la
realización de obras buenas llegó a considerarse un signo de elección.
El concepto puritano de profesión-vocación, en contraste con el luterano, otorga un gran
valor al deber del individuo de tomarse su vocación de una manera metódica, cómo
instrumento de Dios. La acumulación de riqueza se condena moralmente solo en medida
que incita al lujo y a la pereza.
Los orígenes del espíritu capitalista deben de buscarse en aquella ética religiosa que se
desarrolló de la forma más precisa en el calvinismo. En esta ética se debe de buscar la
raíz de las cualidades que distinguen las actitudes latentes a la moderna actividad
capitalista, del carácter amoral de la mayor parte de las formas anteriores de
adquisición de capital. El espíritu del ascetismo cristiano fue el que creó la racionalización
de la conducta sobre la idea profesional.
La conclusión específica de la ética protestante y el espíritu del capitalismo es que,
aunque los puritanos hayan elegido trabajar en una profesión, debido a su fe religiosa, el
carácter especializado de la división capitalista del trabajo obliga al hombre moderno a
hacerlo así.
El principal logro de la obra según Weber, es mostrar que la instrumentalidad moral del
espíritu del capitalismo es un hijo inesperado de la ética religiosa de Calvino, y de un modo
más general, del concepto profesión-vocación en el mundo, concepto con el cual el
protestantismo rompió con el ideal monástico del catolicismo. El rasgo que distingue a la
obra es que pretende demostrar que la racionalización de la vida económica,
característica del capitalismo moderno, está vinculado a opciones valorativas irracionales.
Se trata de una tarea preliminar a la evaluación de las relaciones causales, que igual no
basta para precisa las causas. Weber afirma que para conseguir esto hay que emprender
dos tareas: la primera, es el análisis de los orígenes y difusión del racionalismo en otros
ámbitos, además del económico. Y el segundo, es la investigación de los medios por los
cuales el ascetismo protestante recibió un influjo de las fuerzas sociales y económicas.
La ética protestante y el espíritu del capitalismo concluyen, con el rechazo a la
interpretación materialista de la historia como la idealista, en tanto como esquemas
teóricos generales, ya que ambas "son igualmente inadecuadas para servir la verdad
histórica".
Los antecedentes de los ensayos metodológicos de Weber deben de situarse dentro del
esquema de controversia sobre la relación entre las ciencias naturales y las ciencias
sociales/humanas.
Mientras Durkheim estaba impregnado de una tradición positiva, en Alemania se produjo
un debate complicado y prolijo sobre el estatuto de las ciencias del hombre, abrió el camino
a temas que ya eran cosas adquiridas en la historia y en la filosofía social francesa.
Weber, junto a otros contemporáneos, rechaza la idea de Conté sobre que las ciencias se
ordenan en forma de una jerarquía lógica y empírica. Aparte, no sigue con la idea de los
autores Rickert y Windelband que reconocer dos órdenes de ciencias fundamentalmente
distintos; «las naturales» y las «culturales» o la dicotomía entre lo «nomotético» y lo
«ideográfico», pero adopta la distinción trazada entre la lógica de los juicios de
generalización y la explicación de lo único e irrepetible, aplicándolo de una manera distinta.
El primero de sus ensayos metodológicos es una crítica a Roscher y Knies: en ella afirma
Weber que la distinción entre ciencias naturales y sociales puede que se emplee para
defender un intuicionismo ilegítimo.
Weber concede que las ciencias sociales de preocupan de los fenómenos espirituales o
ideales que son características propiamente humanas que no existen en el objeto
considerado por las ciencias naturales.
Es lógicamente imposible que una disciplina empírica establezca científicamente, ideales
que definan lo que "debe ser". Pero también es verdad que los juicios de valor no pueden
validar por medio del análisis científico, quedando bien en claro que de ningún modo los
juicios deban de ser substraídos del ámbito del estudio científico.
El análisis científico puede permitirnos determinar las posibilidades de un conjunto de
medios para alcanzar un fin determinado, pero ningún conjunto de conocimientos científicos
puede demostrar lógicamente que un hombre deba de aceptar un determinado fin como
un valor.
Es entonces que el científico social puede demostrar que ventajas se obtendrán
empleando tal medio en lugar de otro y que costes acarreará en comparación con el otro
(puede haber dos costes: el primer es la realización parcial de un fin deseado, y el
segundo, es la producción de efectos secundarios que perjudican a los otros fines que tiene
el individuo).
El uso de la ciencia empírica y del análisis lógico puede mostrarle al individuo lo que es
posible lograr, cuáles son las consecuencias de la realización y ayudarle a clarificar la
naturaleza de sus ideales, pero no puede mostrarle que decisión debe de tomar. La
consecuencia lógica y el antecedente necesario para que Weber adopte está posición es
que el universo humano se caracteriza por la existencia de ideales irreductiblemente
competitivos, ya que en toda la historia no hay un ideal único o un conjunto de ellos, que el
análisis científico pueda demostrar que sea bueno o malo, no puede haber una ética
universal. Por eso, para que se dé un proceso de objetividad, según Weber, se debe de dar
una neutralidad valorativa.
La ética de responsabilidad, supone conciencia de lo que Weber denomina la paradoja de
consecuencias. Las consecuencias efectivas de la acción de un individuo pueden ser
completamente diferentes de las intenciones que tenía al realizarla y a veces contrarias
a ellas (tal es el ejemplo de la política).
El objetivo global del análisis de Weber es que hay un abismo lógico absoluto entre la
verdad fáctica y la verdad ética, y que ninguna acumulación de conocimientos empíricos
puede validar la prosecución de una ética más que la otra.
La misma ciencia se apoya sobre ideales que no puede validar científicamente. Así es como
el objetivo principal de las ciencias sociales, según Weber, es la comprensión de la unidad de
la realidad en la que nos movemos, es decir, que el punto principal de las ciencias sociales
es comprender por qué los fenómenos históricos particulares llegan a ser como son.
Aunque la realidad está integrada por una abundancia infinitamente partible. O sea que
cualquier forma de análisis científico, cualquier cuerpo de conocimientos científicos, implica
una selección dentro de la infinitud de la realidad.
Las ciencias sociales, entonces, se interesan por conocer, por una parte, el contexto y el
significado cultural de cada uno de los acontecimientos en sus manifestaciones actuales, y
por otra, las causas históricas de que se hayan producido así y no de otra forma. Ya que,
la realidad es infinita, extensiva e intensamente y puesto que, es obligatorio que el
científico social tenga que elegir algún tipo de selección de problemas de intereses. Se
deben de preguntas cuáles son los criterios de valor que determinan «lo que queremos
conocer» (caso de que en las ciencias naturales no solo se da el descubrimiento de leyes).
Esto muestra que la distinción entre las ciencias naturales y las sociales no es absoluta
desde el punto de vista de la diferenciación entre conocimiento nomotético e ideográfico
(refutación de Weber).
Lo que no hay que imaginarse es que hay una causa puntual o un conjunto de ellas, que
puedan dar una explicación completa de la individualidad de un fenómeno histórico. E igual,
esto no quiere decir que no se puedan realizar, en las ciencias sociales, la formulación de
proposiciones nomotéticas.
El hecho de que se dé una selección e identificación de los objetivos que le interesan a la
ciencia social sea algo necesariamente subjetivo, no significa que no se pueda realizar un
análisis causal objetivamente válido. Por lo tanto, la selección de temas para la
investigación como el grado en el que el investigador penetra en la trama causa, se rige
por suposiciones de valores.
Weber especifica la naturaleza de los conceptos tipos ideales y de su uso en las ciencias
sociales, en conexión lógica con su punto de vista epistemológico general.
Los conceptos que se emplean en las ciencias sociales no pueden proceder de la realidad sin
presupuestos valorativos, ya que los mismos problemas que definen los objetivos
dependen de estos presupuestos. De modo que, para explicar e interpretar una
configuración histórica se requiere la construcción de conceptos específicamente diseñados
para ese fin, y que no reflejen propiedades esenciales de toda la realidad.
Weber no busca aplicar una nueva forma de método conceptual, sino explicitar lo que se
hace en la práctica.
Un tipo ideal se construye mediante la abstracción y la combinación de un número
indefinido de elementos, que rara vez se los puede encontrar específicamente en la
realidad, aunque pertenezcan a ella.
El tipo ideal no es ni una descripción de un aspecto de la realidad, ni una hipótesis, pero
puede ayudar tanto en la descripción como en la explicación. Un tipo ideal es un tipo puro
en sentido lógico y no en sentido ejemplar. La utilidad de ellos, solo se puede evaluar en
relación con un problema o una serie de problemas, y el único objetivo de su construcción es
facilitar el análisis de cuestiones empíricas (aspectos que se distinguen).
El tipo ideal no se da de una serie de reflexiones puramente conceptuales, sino que se
crea, se modifica y se precisa por medio de un análisis empírico de problemas concretos y a
su vez, aumenta la precisión del análisis.
Es por ello, que los tipos ideales son diferentes de los conceptos descriptivos, tanto por su
finalidad como su uso. Los tipos descriptivos se limitan a describir los rasgos comunes de
una agrupación de fenómenos empírico. Mientras que el tipo ideal hace una acentuación en
uno o más puntos de vista, el tipo descriptivo hace una síntesis, por abstracción de
aquello que es común en varios fenómenos concretos.
Cualquier concepto descriptivo puede volver en un tipo ideal por medio de la abstracción y
la nueva combinación de ciertos elementos.
Weber concentra su estudio en la formulación de los tipos ideales que se relacionan con la
clarificación de configuración histórica específicas, ya que acá se ven la distinción entre
ambos tipos. El pasaje de un concepto descriptivo a un tipo ideal, se da cuando se pasa de
la clasificación descriptiva de fenómenos a un análisis explicativo o teórico.
«La problemática de las disciplinas empíricas ya de recibir una respuesta libre de valores,
pues no se trata de problemas de valor. En cambio, en los problemas de las ciencias
sociales se eligen bajo influjo de la relevancia de los valores de los fenómenos tratados».
En los mismos ensayos metodológicos, Weber concibe a la sociología como subordina a la
historia; estima que los principales problemas que le interesan a las ciencias sociales son
aquellos que refieren a cuestiones de determinada importancia cultural.
En su obra económica y sociedad, el centro de interés de Weber se traslada a la
preocupación directa por establecer las uniformidades de la organización social y
económica. Es decir, se traslada a la sociología.
"La sociología se preocupa de la formulación de principios generales y de conceptos-tipo
genéricos en relación con la acción humana". La historia, al contrario, se esfuerza por
encontrar el análisis e imputaciones causales de las personalidades, estructuras y
acciones individuales consideradas culturalmente importantes.
En su ensayo sobre la objetividad, Weber pone en relieve que en las ciencias sociales se
trata de la intervención de procesos mentales cuya comprensión constituye una tarea
específicamente distinta de la que puede o procuran ejecutar las fórmulas del
conocimiento exacto de la naturaleza. Uno de los pasos para el análisis de los fenómenos
sociales es hacer entendible la base subjetiva sobre la que descansan.
Debe entender por sociología, aquella ciencia que pretende entender, interpretándola, la
acción social para explicarla casualmente en sus desarrollos y efectos.
La acción o proceder social es aquel sentido subjetivo que hace referencia a otro individuo
o grupo. El sentido de ella puede analizarse de dos formas; o bien por referencia al
significado concreto que la acción tiene para un agente individual, o bien por la relación con
un tipo ideal de significado subjetivo del hipotético agente.
No hay una distinción entre la acción y el comportamiento irreflexivo o automático.
Amplios sectores de la actividad humana (que son importantes para fines sociológicos) se
sitúan en los márgenes de la acción significativa.
Weber, entonces, admite que el sentido subjetivo es parte del proceder humano, y quiere
dejar en claro que el intuicionismo no es la única doctrina que puede ofrecer la posibilidad
de estudiar ese proceder: al contrario, la sociología interpretativa puede y debe basarse
en técnicas de interpretación del sentido que se puede repetir, y por lo tanto, verificar
según los cánones convencionales del método científico.
La sociología debe de tener en cuenta los objetos y acontecimiento privados de sentido
subjetivo, ya que influyen en la actividad humana. Estos fenómenos (factores climáticos,
geográficos o biológicos) son condiciones de condiciones del comportamiento humano, y
carecer de una relación necesaria con los objetivos del individuo. En medida a qué estos se
involucran con los fines subjetivos humanos, adquieren sentido y se convierten en
elementos de la acción social.
El análisis científico de la acción social avanza por medio de la construcción de tipos
ideales. Y dado que las complicaciones que implica la comprensión de muchas formas de
acción dirigida por valores o influida por emociones, normalmente se construyen tipos
racionales. Es un artificio metodológico que cuyo empleo no implica la existencia de una
predisposición racionalista.
Weber distingue dos tipos básicos de comprensión de sentido, cada uno de los cuales puede
subdividirse según se trate de la comprensión de acciones racionales o emotivas: el primer
tipo es la «comprensión directa», se entiende el sentido de la acción mediante la
observación directa (subdividido en racional e irracional). Y el segundo tipo es la
«comprensión explicativa», que difiere del primero por el hecho de que implica poner el
claro un vínculo de motivos que se interpone entre la actividad observada y su sentido
para el agente.
En la comprensión explicativa, la acción concreta se sitúa en una situación comprensible de
motivaciones o conexiones de sentido.
Explicar, entonces, significa para la ciencia que se ocupa del sentido subjetivo de la acción,
captar la conexión o complejo de sentido dentro del cual ocurre una acción. Esto es
importante en el análisis del autor sobre la aplicación de la sociología interpretativa al
análisis empírico.
La interpretación de una acción es subjetivamente adecuada si la motivación que dé le
atribuye está de acuerdo con los modelos normativos admitidos. Esto, equivale a mostrar
que la acción que de trata es significativa porque tiene sentido de según las normas
aceptadas.
Acciones semejantes realizadas por varios individuos, pueden ser consecuencia de motivos
diversos. Y motivos semejantes pueden estar vinculados con diferentes formas de
comportamiento.
Weber no limita el alcance de la información valiosa para el estudio del proceder social
humano a aquella que puede analizarse según el método de la sociología interpretativa.
Hay muchos tipos de procesos e influencias que tienen relevancia causal para la vida
social y que no son comprensibles, pero que cuya importancia Weber no la desestima.
Weber observa que el funcionalismo es útil para abordar el estudio de la vida social: para
fines de orientación provisional y de ilustración práctica, no solo es útil sino necesaria. El
análisis funcional en las ciencias sociales permite descubrir que unidades dentro del todo
(sociedad) importa estudiar. Pero tiene un precio a pagar; un nivel inferior de precisión y
de certeza en las conclusiones, característico de las ciencias sociales.
La sociología interpretativa, según Weber, no implica la suposición de que los fenómenos
sociales pueden explicarse reduciéndolos a términos psicológicos; el sociólogo se interesa
por el análisis interpretativo de las acciones sociales (no las motivaciones). Weber
rechaza la idea de que las instituciones sociales pueden deducirse de generalizaciones
psicológicas. Puesto que la vida humana se configura por influjos socioculturales, haría
que la sociología le aporte a la psicología.
La acción social abarca cualquier tipo de proceder humano. Es así que no todo tipo de
contacto entre individuos constituye, en los términos de Weber, una relación social.
El autor distingue cuatro tipos de orientación del proceder social:
El proceder racional con arreglo a fines (acción): el individuo valora racionalmente las
consecuencias que se puede dar en un determinado acto, dónde elige los medios para la
obtención de un fin determinado.
La acción racional con arreglo a valores; se realiza una acción que pasa sobre un ideal y
no se tiene en cuenta ninguna otra consideración. Se trata de una acción racional ya que
fija objetivos coherentes hacia los cuales el individuo encauza su actividad.
. Acción emotiva: son aquellas que dé llevan a cabo debajo de un tipo de estado emotivo, y
está en los límites de un proceder significativo cómo no (puede ser irracional).
La acción tradicional; son aquellas que se llevan a cabo debajo de un influjo de costumbre
y hábitos, cómo una rutina.
Este es un esquema típico ideal que nos permite aplicar la afirmación de Weber, de que el
análisis de la acción social puede ejerces con el uso de tipos racionales que sirvan como
puntos de referencia para medir las desviaciones irracionales.
Entonces, se puede decir que toda relación social se apoya en la probabilidad con que un
agente o pluralidad de agentes dirigirá su acción de una forma específica.
Las formas más estables de relación social son aquellas en las cuales las actitudes
subjetivas de los individuos que participan en ella están orientadas a la creencia de un
orden legítimo. Orientar la acción por la creencia de un orden legítimo no equivale siempre
a hacerlo por adhesión a los principios de este orden (los delincuentes, por ejemplo).
Las interrelaciones entre lo jurídico, lo religioso y lo político tienen una importancia
decisiva para la estructura económica y el desarrollo económico. Weber define a la sociedad
política como; aquella que cuya existencia y cuyo orden están protegidos continuamente,
dentro de un área territorial determinada, por la amenaza y la aplicación de fuerza física
por parte del personal gubernativo. Una organización política se convierte en un Estado
cuando se llega a ejercer un monopolio legítimo sobre el uso organizado de fuerza dentro
de un territorio determinado.
El autor define el poder como la probabilidad de que un agente pueda realizar sus propios
objetivos aun frente a la oposición de otros con los cuales se encuentra en una relación
social. La realidad es que toda relación social, es en cierto grado y circunstancias, una
relación de poder. El concepto de dominación es más específico, ya que se refiere a aquellos
casos donde el ejercicio del poder en qué un agente obedece un mandato específico
emanado por otro.
Weber distingue tres tipos ideales de legitimidad sobre los cuales puede fundarse una
relación de dominio:
La tradicional: la autoridad tradicional se basa en la creencia de la santidad de las
normas y poderes de mando heredados de tiempo inmemorial. En los tipos más
elementales de dominación tradicional los que gobiernan carecer de personal
administrativo especializado, por medio del cual pueda ejercer su autoridad. Este tipo
puro de organización tradicional contrasta con el tipo ideal de burocracia racional, que se
funda en la dominación legal.
El legal: la autoridad tiene virtud de normal impersonales que se han establecido
conscientemente dentro de un contexto de racionalidad con arreglo a fines o de
racionalidad con arreglo a valores. Los que están sujetos a la autoridad obedecen a su
superior, a causa de que aceptan esas normas que definen a esas autoridades.
El tipo puro de organización burocrática presenta estás características; las actividades
del personal administrativo se llevan a cabo con regularidad, ya que constituyen deber
oficiales determinados. El ámbito de competencia entre los funcionarios está delimitado,
al igual que los niveles de autoridad que se delimitaron en una jerarquía de puestos. Las
normas que rigen el proceder persona, su autoridad y responsabilidad, están consignadas
por escrito. La incorporación de funcionarios se basa en la demostración de competencia
especializada por medio de exámenes competitivos o la posesión de diplomas que
testifiquen las cualidades apropiadas. Solo en el moderno capitalismo se encuentran
organizaciones que se aproximan a esta forma típica ideal. El avance de la
burocratización en el mundo moderno viene asociado con la expansión de la división del
trabajo en los varios ámbitos de la vida social. La separación del trabajo del control de
sus medios de producción, que Marx coloco como el rasgo distintivo del capitalismo
moderno, no solo se limita a la industria, también se extiende en el campo de la política, el
ejército y demás sectores de la sociedad en qué destacan organizaciones en gran escala.
Así es que el Estado depende de la burocracia para mantenerte su existencia. La condición
muy importante para el desarrollo de la burocracia tiene que ver con la formación de un
mercado supralocal, puesto que exige la distribución regular y coordinada de bienes y
servicios.
La dominación carismática: tanto la dominación tradicional cómo legal son sistema
permanente de administración ocupados en las tareas rutinarias de la vida de cada día. El
tipo puro de dominación carismática es un tipo extraordinario. El autor define al carisma
como aquella cualidad que pasa por extraordinaria, de una personalidad, y que por cuya
virtud se la considera en posesión de fuerzas sobrenaturales o sobrehumanas. El individuo
carismático es aquella que posee facultades no comunes, que son notables. Este tipo de
dominación puede surgir en los contextos sociales e históricos más variados. Así la
pretensión de legitimidad de la autoridad carismática, en cualquier contexto, se funda en
la creencia de la autenticidad, tanto del que aporta esos rasgos como de lo que le siguen.
El dirigente carismático tiene un número indeterminable de íntimos que participan de su
carisma. Este carece de medios de sostenimiento económico instituidos sistemáticamente:
estos provienen de donaciones o pillaje. Las resoluciones se toman en relación con cada caso
particular y se presentan como revelaciones divinas. Es según Weber, un fenómeno
particularmente irracional, ya que la única base de reconocimiento de la autenticidad son
las pretensiones del dirigente: por lo tanto, los ideales del movimiento carismático no
están vinculados a los sistemas de dominación existente.
El problema que se presenta con ello, es cuando una persona muere o se retira de la
escena, no hay una sucesión como tal. Pero, Weber da unas soluciones históricamente a
este problema: la designación de un sucesor, que no es elegido, sino que, se pone en
manifiesto que posee las cualidades carismáticas apropiadas para la autoridad. Cuando
está se vuelve tradicional, se convierte en la fuente sagrada de legitimidad de los que
ocupan el poder, de modo que pertenece a un elemento permanente de la vida social.
EL INFLUJO DE LAS RELACIONES DE MERCADO: CLASES Y ESTAMENTOS.
Si las teorías de la historia son inaceptables globalmente, de ello se sigue que cualquier
teoría que intente vincular el desarrollo histórico al predominio causal universal de las
relaciones económicas está condenada al fracaso.
La concepción de clase de Weber parte de un análisis más generalizado de la acción
económica en el mercado. Weber define a la acción económica como el proceder que busca,
por medios pacíficos, adquirir el control de las utilidades deseadas (los bienes y servicios).
El mercado se distingue del intercambio recíproco directo (trueque) en la medida que
incluye a la acción económica orientada a la obtención de ganancias por medio del comercio
competitivo.
Las clases solo pueden existir cuando el mercado ha empezado a existir, y esto presupone
la formación de una economía monetaria. La moneda desempeña un papel importante, ya
que posibilita la estimación de los valores intercambiados, en términos cuantitativos y
fijos. Así las relaciones económicas se liberan de las obligaciones y vínculos particulares de
la económica comunitaria local, y su fluidez queda determinada por las oportunidades
materiales que tienen los individuos de usar la propiedad, bienes y servicios que poseen
para cambiarlos en el mercado competitivo. Con esto, es donde comienza la lucha de
clases.
La forma en la que está distribuida la posesión sobre bienes de intercambio, crea por si
mismas posibilidades específicas de existencia. O sea, que los que comparten la misma
situación de mercado o de clase, están todos sometidos a las mismas exigencias
económicas, que influyen casualmente sobre los esquemas de su vida material y sobre las
experiencias de vida personal que están a su alcance. Una "clase" es un agregado de
individuos que comparten la misma situación de clase.
Weber reconoce al igual que Marx, que la posesión contra la no posesión de la propiedad es
la base importante de la división de clases en un mercado competitivo. Le sigue también
la distinción de las clases, al igual que Marx: para Weber, las clases poseedoras son
aquellas en que los poseedores de propiedad reciben rentas por su posesión de tierra,
minas, etc. Estás clases son poseedoras positivamente favorecidas. Las negativamente
favorecidas son aquellas que no tienen ni propiedad ni destreza de trabajo que ofrecer.
Entre los grupos favorecidos positivamente y los negativamente favorecidos se
extienden una amplia gama de clases medias, que o bien poseen pequeñas propiedades, o
poseen alguna capacitación que puede ofrecerse como servicio en el mercado. En esta clase
participan artesanos, campesino, funcionarios, etc.
En las clases comerciales, los grupos positivamente favorecidos son, los empresarios que
ofrecen artículos para vender en el mercado o los que participan en la financiación de esas
operaciones, cómo los banqueros. Los trabajadores asalariados constituyen las clases
comerciales negativamente favorecidas. Las clases medias incluyen la pequeña burguesía
y los funcionarios administrativos del gobierno o de la industria. Y también distingue a las
clases denominadas clases simplemente sociales: en la medida que los individuos pueden
trasladarse libremente dentro de un conjunto común de situación de clases, constituyen
una clase social determinada.
Las clases de los obreros manuales.
La pequeña burguesía.
Los trabajadores de cuello blanco, los técnicos y los intelectuales carentes de propiedad.
Los grupos dominantes, empresariales o propietarios, que tienen el privilegio de acceder
a las oportunidades educativas.
No son siempre las desigualdades más notables de distribución de la propiedad las que
llevan a la lucha de clases. Tal conflicto solo es probable que se desarrolle dónde la
distribución desigual de oportunidades de vida ya no se percibe como un hecho inevitable.
La clase enemiga es un grupo que aparece visiblemente en directos competencia
económica.
Dónde hay un gran número de personas que comparten la misma situación de clase.
. Dónde es sencillo organizar asambleas y la comunicación entre sí.
Dónde la clase en cuestión busca un dirigente que proporciona objetivos claros y
comprensibles a sus actividades.
La clase hace referencia a las características objetivas de la situación de mercado de
muchos individuos, e influye sobre la acción social independientemente de cualquier
valoración que puedan realizar de sí mismos o de los demás.
La situación de clase se distingue de la situación de estamento: la situación estamental
de un individuo se refiere a la evaluación que hacen los otros de él y de su posición social,
atribuyéndole alguna forma de consideración o prestigio social. Los que forman un
estamento, por lo general al contrario de las clases, son casi siempre conscientes de su
situación común. Las clases según la propiedad a menudo constituyen estamentos
determinados; las clases comerciales raramente lo hacen. Los que forman un estamento
normalmente manifiestas su distinción de los demás llevando un estilo de vida particular y
poniendo cortapisas a la interacción o relación con los demás de ellos.
Según Weber, la estratificación por estamentos no es simplemente una complicación de las
jerarquías de clase. Los estamentos, diferenciados de las clases, tienen una importancia
vital en numerosas fases del desarrollo histórico. Es más, los estamentos pueden influir
en el funcionamiento del mercado y así pueden afectar las relaciones de clase. La
propiedad material no es siempre una base suficiente para ingresar en un estamento
dominante.
La relación entre el contenido de creencias religiosas y las formas de actividad económica
que caracterizan un determinado orden social, a menudo es indirecta y recibe influjo de
otras instituciones del mismo orden social.
Weber recalca que sus estudios de religiones del mundo son tipológicos, puesto que
consideran lo que es típicamente importante dentro de la materialización histórica de las
éticas religiosas.
Afirma que las influencias de la ética religiosa sobre la organización deber considerarse
por encima de todo, desde un punto de vista particular: aquel que se refiere a sus
conexiones con el avance o retroceso del racionalismo, tal como ha llegado a dominar la vida
económica de Occidente.
El grado de influjo de la religión varía en la vida económica, lo mismo que la naturaleza de
tal influjo. Cómo en la ética protestante y el espíritu del capitalismo, la atención de Weber
no sé concentra en la lógica interna de determinada ética religiosa, sino en sus
consecuencias psicológicas y sociales para las acciones de los individuos. Las creencias
religiosas no son más de uno de los muchos bloques de influencias que pueden condicionar la
formación de una ética económica, y la misma religión recibe la intensa influencia de otros
fenómenos económicos, políticos y sociales.
Es típico que los hombres, al participar en una religión y en la magia, distingan entre los
objetos y seres que tienen cualidades especiales, y los que pertenecen al mundo de lo
ordinario.
Solo pocos objetos poseen cualidades religiosas; solo pocos individuos pueden alcanzar
estados de perfección o gracia que los hacen acreedores de poderes religiosos. Estos
poderes extraordinarios son carismáticos, y su fuente originaria hay que buscarla en
formas relativamente indiferenciado como la mana. Cómo ha aclarado Weber, no sé puede
considerar al carisma como una plena propiedad individual.
Weber está de acuerdo con Durkheim en qué las formas más primitivas de la religión hay
factores espirituales generalizados que no se han personificado cómo dioses, pero tiene
rasgos volitivos.
Según Weber, solo el judaísmo y el islam son monoteístas en el sentido real de la palabra.
En el cristianismo, la deidad suprema tiene a considerarse como una representación de la
Santísima Trinidad. Se puede ver un inicio a la tendencia hacia el monoteísmo en todas las
religiones de significación histórica mundial; son varias las razones por las que estas han
progresado más en unas religiones que en otras, pero una de los factores más
importantes ha sido la resistencia de los estragos clericales que tienen intereses en el
mantenimiento del culto de los dioses particulares que ellos representan. El segundo
factor es la necesidad del pueblo de tener dioses de fácil acceso y susceptibles de
influencia mágica. Cuánto más Todopoderoso se vuelve un dios, más lejanas quedan las
necesidades cotidianas de la masa de la población.
Dónde el hombre se relaciona con entidades divinas por medio de la oración, el culto y la
súplica, se puede hablar de la existencia de religión, distinta de la magia. En cambio, la
fuerza mágica no recibe culto, sino que se subordinan a las necesidades humanas
mediante el empleo de fórmulas o ensalmos.
La distinción entre religión y magia corresponde a la diferencia de rango y poder de
considerable importancia histórica entre los sacerdotes y los magos y hechiceros.
Un sacerdocio se compone por un grupo permanente de funcionarios que están a cargo de
las funciones de culto. La existencia de un estrato sacerdotal es de especial importancia
en lo que respecta al grado de racionalización de las creencias religiosas.
En la sociología religiosa de Weber, el profeta religioso es una figura igual de importante
que el sacerdote. «Un profeta es un puro portado e personal de carisma, que en virtud de
su misión, anuncia una doctrina religiosa o un mandato divino».
Según Weber, la profecía aporta la fuente histórica decisiva de las doctrinas que
producen cambios radicales en las instituciones religiosas. Esto es cierto, ya que se refiere
al impulso histórico de la eliminación de la magia del proceder ordinario de la vida de cada
día. El proceso de desencantamiento del mundo que alcanza su culminación con el
capitalismo racional.
Rara vez los profetas proviene del sacerdocio. Estos mismos, se encuentran divididos en
dos tipos de profetas: «el profeta ético» que cuya enseñanza se basa en la propagación
de una misión divina a los cuales se le exige una sumisión como un deber moral (muy común
en el próximo Occidente). Y «el profeta ejemplar» que es el que pone en manifiesto el
camino de la salvación mediante ejemplos de su vida personal, pero que no pone pretensión
de ser un mediador de una misión divina (está es muy común en India). Ambos tipos
actúan para fomentar la revelación de una visión coherente del mundo que estimula a una
"actitud consciente frente a la vida".
El desarrollo de la profecía en la China tradicional fue reducido, muy pronto, a la
incapacidad. En la india, al contrario, surgió una importante religión de salvación, aunque
los profetas hindúes por ser profetas ejemplares, no sé consideraban receptores de una
misión divina que se debería de difundir activamente.
El hinduismo es una religión ecléctica y tolerante, ya que es posible ser un devoto hindú y
aceptar otras doctrinas, ya que existen muchas creencias compartidas por hindúes que
son dogmas, que contienen verdad y su negación se considera una herejía. La más
importante de ellas es la transmigración de las almas y la compensación (el karma).
Ambas están directamente relacionadas con la ordenación social del sistema de castas. Es
por eso, que castas más bajas pueden conquistar el mundo, ya que por medio de sucesivas
encarnaciones puede alcanzar los niveles más altos, lograr el paraíso y obtener la
divinidad.
En la historia primitiva de la India, en la era que el hinduismo llegó a su establecimiento
firme, la manufactura y el comercio llegaron a su desarrollo máximo. No solo ello, la ciencia
racional también había llegado a su punto máximo, al igual que el desarrollo de sistemas
jurídicos semejantes a los de Europa Occidental, pero la aparición del sistema de castas,
junto con el ascenso del sacerdocio brahmán, impidió cualquier desarrollo económico ulterior
en la línea que tomó Europa.
El influjo principal de las castas sobre la actividad económica ha consistido en la
estabilización ritualmente de la estructura profesional, y por ello, actuando en contra de
cualquier avance en la racionalización económica. El ritualismo de castas insiste en el
trabajo de la dignidad y el valor de las capacidades tradicionales para producir objetos de
belleza. Cualquier intento por parte de un individuo de escindirse de estas tareas
vocacionales perjudica sus oportunidades de una encarnación más favorable de la vida.
Entonces, Weber aclara que en ningún momento la moderna organización del capitalismo
se puede haber originado sobre el sistema de castas, a causa de que la ley ritual en la
que se den cualquier cambio de profesión o técnica de trabajo, se puede dar una
degradación ritual. Se vuelve incapaz dar origen a una revolución tecnológica y económica.
Había una gran diferencia entre los brahmanes de India y los hombres de letras de la
China tradicional. Su dominación o autoridad dependía de su acceso a las escrituras
clásicas, escritas en un lenguaje distinto del de los seglares. Ambos grupos rechazaron
cualquier conexión con la magia, y cualquier tipo de orgiasticismo dionisíaco.
Aunque hubo diferencias entre ambos grupos. Los hombres de letras chinos formaban un
cuerpo de funcionario dentro de una burocracia patrimonial: los brahmanes eran
originalmente un sacerdocio, pero estuvieron empleando diversas ocupaciones.
En la China tradicional hubo evoluciones importantes que Weber caracteriza como
conducentes a la racionalización de la economía. Entre ellas se encuentra la aparición de
ciudades y gremios cómo los de India, la formación de un sistema monetario, el desarrollo
del derecho, y el logro de la integración política dentro de un Estado patrimonial. Pero la
formación de una economía monetaria solo alcanzó un nivel rudimentario. Además, la
ciudad de China no adquirió la autonomía política y la independencia jurídica que poseían las
comunidades urbanas de la Europa medieval.
El ciudadano de la ciudad de China tendía a mantener sus vínculos primarios de
parentesco con su aldea natal; la ciudad siguió clavada en una economía agraria local y no
se levantó como en Europa. De modo que, la importancia virtual de los gremios fue
refrenada por la falta de independencia jurídica y política de las administraciones urbanas.
El bajo nivel de autonomía política de las ciudades debía de atribuirse al temprano
desarrollo de la burocracia estatal.
Uno de los rasgos más importantes de la estructura social de la China tradicional fue que
el emperador tenía la supremacía religiosa y la política a la vez, ya que carecía de un
estrato poderoso de sacerdotes y no se dio origen a profetas que presentaran un desafío
al orden imperial.
La utilización de las cualificaciones educativas fue la base para el nombramiento de los
puestos burocráticos, que estaban vinculados al emperador y al Estado. El nivel de cada
funcionario era evaluado de nuevo cada tres años, de modo que estaban sometidos a la
continua supervisión de las autoridades educativas estatales.
Sus intereses económicos eran conservadores debido al uso sistemático de los puestos
oficiales para obtener ingresos procedentes de los impuestos. El grupo de parentesco fue
la base directa de prácticamente todas las formas de empresa económica.
El poder de los ancianos locales ofrecía un importante contrapeso al gobierno de los
hombres de letras. El funcionario estaba sometido a la autoridad del más anciano del clan.
El contenido de la educación era totalmente literario, ya que contaban con un sistema
precario en los cálculos, y orientado hacía el conocimiento profundo de los escritos clásicos.
Se creía que los hombres de letras poseían cualidades carismáticas. Y no tenían ninguno
sinónimo de la palabra religión, pata ellos lo que más se aproximaba era «doctrina» y
«rito», los cuales no distinguen entre lo sagrado y lo secular.
Lo que más se valora del confucianismo es el hombre cultivado que se comporta con
propiedad y dignidad en todo, y que va al unísono consigo mismo y con el mundo exterior. El
control de sí mismos y sus emociones, viene exigido por esta ética, ya que la armonía del
alma es el bien último y no debe de permitirse que la pasión altere el equilibrio. La moción
de pecado y el concepto de salvación están ausentes.
El protestantismo ascético ha sido la que poseen un gran grado de racionalización, que es
más radical que cualquier otra religión, pero el confucianismo está a la altura del
puritanismo por haber conseguido un alto grado de racionalidad forma. Pero mientras la
ética puritana introdujo una profunda tensión entre los ideales religiosos y el mundo
terrenal, la ética confuciana se centró en la adaptación armoniosa del individuo a un orden
dado e inevitable.
Así, a pesar de todos los factores que pudieran haber contribuido a la aparición, el
capitalismo racional no se desarrolló de manera espontánea en China.
Weber deja en claro que la aparición del capitalismo racional fue impedida por la falta de
una mentalidad determinada, lo cual se debía a las prescripciones normativas enraizadas
en el ethos chino. En Europa occidental esta mentalidad llegó a la existencia con la
formación del protestantismo ascético.
Entre las características que distinguen el desarrollo europeo se encuentran la forma
particular del Estado y la existencia de un derecho racional. Weber le atribuye peso a la
significación de la herencia del derecho romano para el posterior desarrollo económico y
social en Europa y el surgimiento del Estado moderno.
El capitalismo moderno se originó en Inglaterra, pero este país no estaba muy influido
por el derecho romano que los países continentales. La existencia previa de un derecho
racional no fue más que un influjo dentro de una complicada acción recíproca de factores
conducentes a la formación del Estado moderno.
Sin bien es verdad que el avance del orden económico capitalista y el crecimiento del
Estado vienen íntimamente conectados, el desarrollo de los mercados nacionales e
internacionales y la destrucción del influjo de los grupos locales, fomentaron el monopolio y
la reglamentación de toda fuerza coactiva legítima por medio de una institución coactiva
universal.
La posibilidad del cálculo racional de ganancia y pérdidas en términos de dinero, es algo
esencial de la empresa capitalista moderna. Weber detalla, entonces, las circunstancias
para la existencia de contabilidad del capital en las empresas productivas estables, son:
1. La existencia de una gran masa de trabajadores asalariados, que no están libres
legalmente para ofrecer su fuerza de trabajo en el mercado libre, sino que están
obligados a hacerlo.
2. La eliminación de monopolios estamentales sobre la producción y el consumo.
3. El uso de una tecnología elaborada y organizada sobre la base de principios racionales.
4. La separación entre la economía doméstica y la empresa productiva.
Pero estás característica no se podrían dar sin la administración jurídica racional del
Estado Moderno. Se trata de algo puntualmente específico del orden capitalista cómo lo
es la división de clases entre el capital y el trabajo en el ámbito económico.
Weber agrega a la idea de Marx, de la expropiación del trabajador del control, la
organización política de los Estados tradicionales tiene un carácter de propiedad, con el
que los medios de administración están controlados por los funcionarios. Cuánto más
consigue el gobernante rodearse de una persona que carece de propiedad, tanto menos
tendrá que aguantar la oposición de poderes nominalmente subordinados. Este proceso
llega a su forma más completa en el moderno Estado burocrático.
El desarrollo del estado burocrático prosigue con el avance de la democratización política,
porque las exigencias de representación política y de igualdad ante la ley requieren una
disposición jurídica y administrativa para impedir la práctica de privilegios.
En el Estado democrático moderno es imposible que la masa de población gobierne, en el
sentido de que participen continuamente en el poder. La democracia directa solo es posible
en las pequeñas comunidades en la que los miembros pueden reunirse en un mismo sitio. En
el mundo occidental, la democracia solo puede designarse en una situación donde primero,
los gobernados puedan ejercer influencia por medio de las urnas sobre los que gobiernan
(voto), y segundo, dónde las asambleas representativas o parlamentos puedan influir
sobre las decisiones tomadas por los dirigentes ejecutivos.
Según Weber, si la economía moderna estuviera organizada sobre una base socialista, que
pueda alcanzar en la producción y distribución de mercancías un mayor nivel que el del
capitalismo, haría que se incremente la importancia de los burócratas profesionales. La
división especializada del trabajo exigiría la precisa coordinación de funciones. La
formación de un Estado socialista acarrearía un grado mayor de burocratización, puesto
que pondría en manos del Estado un espacio mayor de tareas administrativas.
También provee varios problemas económicos, en especial si se espera que funcione por
medio de créditos de trabajo en lugar de dinero como medio de remuneración. Otro de los
problemas en un Estado socialista podría ser la manutención de los incentivos para
trabajar, ya que no vienen impuestos por la pérdida de un empleo. Aunque podría servirse
virtualmente del fuerte de entusiasmo de las masas por los ideales socialistas.
Las principales objeciones de Weber al socialismo se refieren a las derivaciones
burocráticas que podría traer consigo, haciendo que se reduzca la autonomía política de la
masa de población.
La extensión de la burocracia en el capitalismo moderno es a la vez causa y consecuencia
de la racionalización del derecho, de la política y de la industria. La tendencia general
hacia la racionalización en Occidente es el resultado de una acción recíproca de numerosos
factores, siendo la expansión del mercado capitalista ha sido el impulso predominante.
La difusión de la racionalización se la puede catalogar como el progresivo
desencantamiento del mundo, es decir, la eliminación del pensamiento y la práctica de la
magia.
Los grandes profetas religiosos y las actividades sistematizadoras de los sacerdotes, son
las fuerzas principales que producen la racionalización de la religión.
Al evaluar la significación del crecimiento de la racionalización secular en occidente, es
importante tener en cuenta la distinción entre racionalidad formal y racionalidad materia
o de contenido: la racionalidad formal de la acción designa el grado en el que proceder está
organizado según principios calculables. Se puede decir que la racionalidad formal de la
cultura occidental se pone en evidencia con la ciencia y como penetra. Y la racionalidad de
contenido es la aplicación del cálculo racional al fomento de objetivos o valores concretos.
La racionalización de la vida moderna, especialmente con la organización burocrática, da
origen a la jaula dentro de la cual los hombres están cada vez más aprisionados.
Entonces se puede decir que la sociedad occidental se encuentra en una antinomia separa
entre la racionalidad forma y la de contenido; antinomia que según Weber no se puede
resolver.