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Caso 2

Carmen, de 32 años, se encuentra en paro después de que su puesto de trabajo desapareciera debido a una reorganización. Está experimentando ansiedad, insomnio, y pensamientos negativos sobre su futuro laboral y económico. También ha dejado de disfrutar de sus actividades habituales y su relación con su pareja se ha deteriorado. Solicita terapia psicológica para hacer frente a estos problemas, aunque le preocupa el coste a largo plazo.

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Caso 2

Carmen, de 32 años, se encuentra en paro después de que su puesto de trabajo desapareciera debido a una reorganización. Está experimentando ansiedad, insomnio, y pensamientos negativos sobre su futuro laboral y económico. También ha dejado de disfrutar de sus actividades habituales y su relación con su pareja se ha deteriorado. Solicita terapia psicológica para hacer frente a estos problemas, aunque le preocupa el coste a largo plazo.

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Carmen es una mujer de 32 años, actualmente en paro.

Acude a consulta por “una


fuerte angustia” y “desmotivación en todas las áreas de mi vida”. Estudió Ingeniería
industrial en una universidad pública y encontró trabajo al poco tiempo de acabar. Ha
estado siete años trabajando para la misma empresa, pero debido a una
reorganización de la misma su puesto de trabajo ha desaparecido. Vive sola en un piso.
Carmen está cobrando el subsidio de desempleo, prestación que finalizará en breve.
Ha repartido su currículum por distintas empresas pero hasta ahora no ha pasado de la
primera entrevista. Dice sentirse “profundamente preocupada” por su situación
económica y laboral, y afirma “dormir muy mal” por estas preocupaciones. A lo largo
del día piensa bastante en esto, sobre todo cuando no está haciendo nada. Algunos
ejemplos de pensamiento son “nunca volveré a encontrar trabajo”, “no sirvo para
nada” y “siempre tengo mala suerte”.
Ha empezado a fumar a raíz del despido, y nota que cada vez consume más cigarrillos.
“Creo que fumar me relaja, como a mucha gente”. Respecto a la angustia, dice sentir
“ahogo”, además de “palpitaciones, sofoco y ganas de llorar”. La primera vez que le
ocurrió fue a urgencias, donde le dijeron que era “psicológico” y le recomendaron ir a
un psicólogo, además de recetarle algunos ansiolíticos. Ahora, cuando nota estas
sensaciones toma una pastilla que “siempre lleva a mano” o, si está en casa, se va a su
cama a llorar.
Dice que ya no se siente “a gusto con nadie”, ni siquiera con su pareja, con la que lleva
10 años saliendo. Refiere que no le apetece “quedar con gente ni hacer cosas fuera de
casa”, y que por ello algunos amigos han dejado de contactar con ella. Carmen
entiende su reacción, y piensa de sí misma que es “una carga para los demás”.
Antes le gustaba el patinaje, salir con sus amigos, leer, ver series, quedar con su pareja,
viajar e ir a exposiciones. Ahora no hace ninguna de las actividades mencionadas,
“porque no me apetece”. Dice, además, que no quiere “forzarse a hacer lo que hacía
antes”, porque si no le surgen las ganas “de manera natural” no las disfrutaría. Con su
pareja siempre se ha llevado muy bien, con pocos conflictos fácilmente resueltos.
Siempre ha sabido que es fuente de apoyo y ha tratado de ser recíproca. Sin embargo,
ahora no siente “lo que sentía” y eso también es fuente de preocupación.
Prácticamente la mitad de las veces que se ven acaban discutiendo “por tonterías”, y la
relación se deteriora. Su pareja está dispuesta a acudir a sesión si fuera necesario.
Tiene buenos círculos sociales, ya que conserva amigos tanto de su infancia como de la
carrera y el trabajo. Antes trataba de verlos a menudo, aunque de algunas amistades
se ha distanciado “por nada en especial”.
Siempre se ha sentido querida y respetada, y actualmente una de las cosas que más
echa de menos es “los ratos con mis amigos, tomando algo en una terraza”. La relación
con su familia es “complicada”. Se lleva estupendamente con su padre, que tiene algún
problema de salud de poca envergadura. Con su madre se lleva peor, ya que dice 36
que “siempre me está atosigando”.
Carmen cree que su madre es una de las “principales fuentes de agobio”, aunque no
llega a especificar de qué manera su madre provoca esta sensación. Tiene un hermano
pequeño con el que se lleva bastante bien y con el que habla “de cosas de la vida”.
Actualmente está en Londres por cuestiones laborales y, aunque hablan una vez a la
semana, le echa de menos. Por último, Carmen confiesa que también le preocupa el
precio de las sesiones. La prestación que recibe no es muy alta y tiene que pagar
alquiler y facturas. Dice que, si la terapia va a durar mucho, prefiere saberlo y no
empezar “porque tendría que dejarlo a medias”.

ACTIVIDADES PROPUESTAS

Realizar el análisis funcional del presente caso, considerando variables como, antecedentes,
conductas problemas, triple sistema de respuesta, consecuencias a corto, mediano y largo
plazo, variables mantenedoras, factores protectores

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