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La Fe

La fe es una luz que ilumina el camino hacia Dios y orienta la vida del creyente. La fe nace del encuentro con Dios y se relaciona con la esperanza en la promesa divina. Así como la fe de Abraham lo llevó a confiar en las promesas de Dios a pesar de la incertidumbre, la fe cristiana es confianza en el amor de Dios manifestado plenamente en Jesucristo. Mediante la fe, el creyente recibe la salvación como un don de Dios y aprende a verse a sí mismo como parte de
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La fe es una luz que ilumina el camino hacia Dios y orienta la vida del creyente. La fe nace del encuentro con Dios y se relaciona con la esperanza en la promesa divina. Así como la fe de Abraham lo llevó a confiar en las promesas de Dios a pesar de la incertidumbre, la fe cristiana es confianza en el amor de Dios manifestado plenamente en Jesucristo. Mediante la fe, el creyente recibe la salvación como un don de Dios y aprende a verse a sí mismo como parte de
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Trabajo practico n°2

Preguntas de referencia
¿Por qué la fe es luz?
¿la fe es escucha o visión?
¿la fe se relaciona con la esperanza?
¿la idolatría es compatible con la fe?
¿la fe es solo una actitud individual?
¿Cuál es el centro de la fe?
¿Jesús tuvo fe?
¿Cómo se cree en Jesús?
¿la fe se relaciona con la salvación?
Al hablar de fe como luz.
La fe se notaba como una luz ilusoria, que imposibilitaba al hombre continuar la audacia del saber.
El espacio de la fe se crearía ahí donde la luz del motivo no pudiera llegar, ahí donde el ser humano
por el momento no pudiera tener certezas. La luz del motivo autónoma no consigue alumbrar
suficientemente el futuro. De esta forma, el ser humano renuncio a la averiguación de una luz
enorme, a una verdad enorme y se adaptó a pequeñas luces fugaces, que abren pequeños senderos.
Una vez que hay falta de luz, todo se vuelve confuso, es imposible diferenciar el bien del mal, el
camino que lleva a la meta de aquella otra que nos hace ofrecer vueltas y vueltas, sin una dirección
fija.
Una luz por descubrir
La fe nace del encuentro con el Dios vivo, que nos llama y nos expone su amor, un amor que nos
precede y en el cual nos tenemos la posibilidad de ayudar para estar seguros y edificar la vida. La
fe, que hemos recibido de Dios como don sobrenatural, se muestra como luz en el camino, que
orienta nuestro camino en la era. Por una sección, tenemos la luz del pasado, es la luz de una
memoria fundante, la memoria de la vida de Jesús, donde su amor se ha manifestado
previsiblemente, capaz de derrotar a el deceso.
La fe nace en el 50 aniversario de la apertura del concilio vaticano II. El mismo ha hecho que la fe
brille en la vivencia humana, recorriendo de esta forma los senderos del ser humano
contemporáneo. De esta forma, se vio como la fe enriquece a la realidad humana en cada una de sus
magnitudes.
El inconmensurable tesoro de la fe, que Dios da como luz sobre el camino de todo hombre.
Abrahán, nuestro padre en la fe
La fe está asociada a la escucha. La fe de Abrahán va a ser continuamente un acto de memoria, una
memoria capaz de abrir al futuro, de alumbrar los pasos en todo el camino. De esta modalidad, la fe,
en cuanto memoria del futuro, está estrechamente ligada con la esperanza.
La fe entiende que el término, aparentemente efímera y pasajera, una vez que es pronunciada por el
Dios fiel, se convierte en lo más seguro e inquebrantable que logre haber, en lo cual hace viable que
nuestro camino tenga continuidad en la era.
Abrahán reconoce en dicha voz que se le lidera una llamada intensa, inscrita a partir de
constantemente en su corazón. Para Abrahán, la fe en Dios ilumina las raíces más profundas de su
ser, le posibilita reconocer la fuente de bondad que hay en los principios de cada una de las cosas, y
confirmar que su historia no viene de la nada o la casualidad, sino de una llamada y un amor
personal.
La fe de Israel
La luz de la fe está asociada al relato concreto de la vida, al recuerdo agradecido de las ventajas de
Dios y al cumplimiento progresivo de sus promesas. La luz de Dios nos llega por medio de la
crónica de su revelación y, de esta modalidad, puede alumbrar nuestro camino en la época,
rememorando las ventajas divinas, demostrando cómo se cumplen sus promesas.
Creer significa confiarse a un amor misericordioso, que constantemente acoge y disculpa, que
sostiene y orienta la vida, que se afirma poderoso en su capacidad de enderezar lo torcido de nuestra
historia. La fe es un don gratuito de Dios que pide la humildad y el costo de fiarse y confiarse, para
lograr ver el camino luminoso del encuentro entre Dios y los hombres, la narración de la salvación.
La plenitud de la fe cristiana
la vida de Jesús se presenta como la intervención definitiva de Dios, la manifestación suprema de su
amor por nosotros. La Palabra que Dios nos dirige en Jesús no es una más entre otras, sino su
Palabra eterna a fe cristiana es, por tanto, fe en el Amor pleno, en su poder eficaz, en su capacidad
de transformar el mundo e iluminar el tiempo. si Dios fuese incapaz de intervenir en el mundo, su
amor no sería verdaderamente poderoso, verdaderamente real, y no sería entonces ni siquiera
verdadero amor, capaz de cumplir esa felicidad que promete. En tal caso, creer o no creer en él sería
totalmente indiferente. Los cristianos, en cambio, confiesan el amor concreto y eficaz de Dios, que
obra verdaderamente en la historia y determina su destino final, amor que se deja encontrar, que se
ha revelado en plenitud en la pasión, muerte y resurrección de Cristo.
La fe cristiana es fe en la encarnación del Verbo y en su resurrección en la carne; es fe en un Dios
que se ha hecho tan cercano, que ha entrado en nuestra historia.
La salvación mediante la fe
El que cree, aceptando el don de la fe, es transformado en una creatura nueva, recibe un nuevo ser,
un ser filial que se hace hijo en el Hijo. La vida en la fe, en cuanto existencia filial, consiste en
reconocer el don originario y radical, que está a la base de la existencia del hombre. La salvación
mediante la fe consiste en reconocer el primado del don de Dios. La fe sabe que Dios se ha hecho
muy cercano a nosotros, que Cristo se nos ha dado como un gran don que nos transforma
interiormente, que habita en nosotros, y así nos da la luz que ilumina el origen y el final de la vida,
el arco completo del camino humano.

La forma eclesial de la fe
El creyente aprende a verse a sí mismo a partir de la fe que profesa: la figura de Cristo es el espejo
en el que descubre su propia imagen realizada. La fe tiene una configuración necesariamente
eclesial, se confiesa dentro del cuerpo de Cristo, como comunión real de los creyentes. La palabra
de Cristo, una vez escuchada y por su propio dinamismo, en el cristiano se transforma en respuesta,
y se convierte en palabra pronunciada, en confesión de fe. En conclusión, la fe se hace operante en
el cristianismo a partir del don recibido, el amor que atrae hacia cristo. Quien ha sido transformado
de este modo adquiere una nueva forma de ver, la fe se convierte en luz para sus ojos.

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