PERDÓN MUTUO
LEMA
Si quieres ser feliz por un día: véngate. Si quieres ser feliz por siempre: PERDONA.
OBJETIVOS
Mostrar de dónde viene el perdón (origen del perdón).
Analizar la importancia de perdonar.
Investigar sobre el perdón en la actualidad y mostrar las formas en que se puede practicar este
en el contexto actual.
CONTENIDO
El perdón es el acto de no retribuir las ofensas con el castigo merecido. Diferentes palabras en
hebreo se utilizan para comunicar la idea de p. En la misma forma que el verbo bara (crear), que
solamente se usa en relación con Dios, el término salah, equivalente al verbo “perdonar”, se
aplica al acto divino de perdonar los pecados. No se utiliza para el caso de humanos que estén
perdonando las ofensas de otros.
El perdón es la puerta a la reconciliación en cualquier relación que necesita restauración y el
paso previo para poder amarnos los unos a los otros. No se puede amar sin perdonar. El
objetivo de la vida es el amor, si se guarda rencor no se puede alcanzar. El Señor, nuestro
Maestro nos enseña:
“…PERDONAD Y SERÉIS PERDONADOS” (LC 6,37) .
DIOS NO NOS PERDONA SI NOSOTROS NO
PERDONAMOS
El perdón viene de Dios, aparece en el antiguo testamento desde el génesis cuando, nuestros
padres realizaban ofrendas para tener el perdón de Dios. En el éxodo presenta a Dios como
“clemente y compasivo” (Ex. 34, 6-7). Así, podemos ver como Dios perdonó a su pueblo desde
los comienzos: desde el pecado que Adán y Eva cometieron, el pecado de David, el de Salomón
y así hasta llegar a nosotros. Además, este perdón también se muestra en muchos hombres de
fe en la antigüedad, así como José con sus 12 hermanos.
Así pues, como Israel (Lc 1,77), Juan Bautista aguarda la remisión de los pecados y predica un
bautismo que es su condición: «Haced penitencia; de lo contrario, el que viene os bautizará en
el fuego; para él, este fuego es el de la ira y del juicio, el que consume la barcia una vez
separado el buen grano» (Mt 3,1-12). Esta perspectiva es la de los discípulos de Juan que
siguieron a Jesús; quieren hacer que caiga el fuego del cielo sobre los que se cierran a la
predicación del maestro (Lc 9.54). Y Juan Bautista se hace sus preguntas (Lc 7,19-23) al oir a
Jesús no sólo invitar a los pecadores a convertirse y a creer Mc 1,15, sino proclamar que ha
venido únicamente para jurar y perdonar.
sin pedirse perdón, sin hacer la paz.”
La biblia tiene bastante que decir sobre el perdón y la falta de perdón. Quizá la más
conocida de las enseñanzas sobre la falta de perdón es la parábola de Jesús acerca del
siervo despiadado, registrada en Mateo 18.
En la parábola, un rey perdona una deuda sumamente grande (básicamente una que
nunca podría ser reembolsada) de uno de sus siervos. Sin embargo, más tarde ese mismo
siervo se niega a perdonar una pequeña deuda de otro hombre. El rey escucha acerca de
esto y revoca el perdón que había otorgado. Jesús concluye diciendo:
"Así también mi Padre celestial hará con vosotros si no perdonáis de todo corazón cada
uno a su hermano sus ofensas" (Mateo 18:35).
La falta de perdón también nos priva de la vida plena que Dios quiere para nosotros. En
lugar de promover la justicia, nuestra falta de perdón empeora y termina en amargura.
"Seguid la paz con todos, y la santidad, sin la cual nadie verá al Señor. Mirad bien, no
sea que alguno deje de alcanzar la gracia de Dios; que brotando alguna raíz de
amargura, os estorbe, y por ella muchos sean contaminados" (Hebreos 12:14-15)
Cuando elegimos perdonar, liberamos a una persona de su deuda para con nosotros.
Renunciamos al derecho de buscar venganza personal. Decidimos que no vamos a
mantener su transgresión contra él. No obstante, no podemos permitir que esa persona
necesariamente vuelva a ganar nuestra confianza o incluso liberar totalmente a esa
persona de las consecuencias de su pecado.
Se nos dice que "la paga del pecado es muerte" (Romanos 6:23)
El perdón no significa que actuamos como si no se hubiera hecho ningún mal; significa
que reconocemos que la abundancia de la gracia nos has sido dada y que no tenemos
derecho a mantener la maldad de alguien sobre su cabeza.
"Antes sed benignos unos con otros, misericordiosos, perdonándoos unos a otros, como
Dios también os perdonó a vosotros en Cristo". (Efesios 4:32)
“En cambio, el que no la conoce y hace algo que merezca castigo, recibirá pocos golpes. A
todo el que se le ha dado mucho, se le exigirá mucho; y al que se le ha confiado mucho, se
le pedirá aun más.” ( Lucas 12:48)
Cuando vino Jesús al mundo dio un nuevo mandamiento:
“LES DOY UN MANDAMIENTO NUEVO: QUE SE AMEN
LOS UNOS A LOS OTROS. USTEDES DEBEN AMARSE
UNOS A OTROS COMO YO LOS HE AMADO.” (JN.
13,34-35).
Jesús nos dice esto para que nosotros podamos vivir en paz en comunidad y tengamos amor
mutuo y amor fraterno entre nosotros. Es así como Jesús nos llama a vivir una vida de amor y
en comunidad, por ello que la vida cristiana no es de uno solo, sino que es una vida en la Iglesia,
un solo corazón.
La vida cristiana en comunidad no se improvisa y hay que educarla con cuidado. Para este
aprendizaje, la enseñanza de Jesús sobre la vida comunitaria, recogida en el evangelio de
Mateo, reclama algunas actitudes que la catequesis debe fomentar: el espíritu de sencillez y
humildad, la solicitud por los más pequeños, la atención preferente a los que se han alejado, la
corrección fraterna, la oración en común y el perdón mutuo. Este último, dice Jesús, consiste
en:
ENTONCES PEDRO SE ACERCÓ CON ESTA PREGUNTA:
“SEÑOR, ¿CUÁNTAS VECES TENGO QUE PERDONAR
LAS OFENSAS DE MI HERMANO? ¿HASTA SIETE
VECES?” JESÚS LE CONTESTÓ: “NO TE DIGO SIETE,
SINO SETENTA Y SIETE VECES”. (MT. 18,22)
En el contexto bíblico siete es el número perfecto de Dios, por lo que lo que Jesús nos quiere
decir es que debemos perdonar siempre, un siempre sin excepciones ni retractos, un perdón
verdadero.
Hoy en día, es muy común la frase “Yo perdono, pero no olvido”, pero bueno, primero que
nada, hay que aclarar algo en cuanto a este enunciado: No existe perdón sin olvido, pues donde
no hay olvido, tampoco hay perdón. Y al referirme al “olvido”, no es necesariamente el que de
repente la situación desaparezca de nuestra memoria, sino que tiene un alcance mucho más
profundo que viene de la actitud interior y del corazón. Sencillamente, quien dice perdonar
pero que aún guarda el rencor en su corazón, es como aquel que dice amar a Dios, pero no es
capaz de ver a Dios en el prójimo, para lo cual Juan en sus cartas advierte muy bien que aquel
que no es capaz de amar a su hermano – a quien ve – no es capaz de amar a Dios, a quien no ve.
Para practicar el perdón vale la pena que por un momento nos preguntemos: ¿qué hubiese
hecho yo en su lugar?, y en la mayoría de los casos descubriremos que hubiésemos actuado
mucho peor que el otro, y es que muchas veces somos rápidos para juzgar y lentos para
perdonar. Y, ¿Qué sería de nosotros si Dios adoptase la misma actitud al momento de
perdonar? Seguramente no tendríamos esperanza alguna de alcanzar la salvación, sin embargo,
hemos de alegrarnos porque la realidad es todo lo contrario. Siendo Dios tan Misericordioso,
nos da la gracia para imitarlo, permitiéndonos a nosotros también perdonar y ser perdonados.
Esto también lo dice y lo decimos cada día en la oración que Él mismo nos ha enseñado –el
Padre Nuestro- Jesús nos hace pedirle al Padre: «Perdona nuestras ofensas, como también
nosotros perdonamos a los que nos ofenden». Y al final comenta: «Si perdonan sus faltas a los
demás, el Padre que está en el cielo también los perdonará a ustedes. Pero si no perdonan a los
demás, tampoco el Padre los perdonará a ustedes» (Mt 6,12.14-15). En realidad, no sé cuántas
veces al día repetimos esta pequeña frase, que en la mayoría o todos los casos se convierte en
una oración. La pregunta sería, ¿qué tan coherentes somos con lo que pedimos?
En conclusión, estamos llamados al perdón. En la naturaleza espiritual el perdón es el inicio de
la reconciliación. La Biblia dice que, si un hermano tiene algo contra nosotros y no hemos hecho
las paces, no podemos venir a Dios a presentar ofrenda.
...POR TANTO, SI TRAES TU OFRENDA AL ALTAR, Y
ALLÍ TE ACUERDAS DE QUE TU HERMANO TIENE ALGO
CONTRA TI, DEJA ALLÍ TU OFRENDA DELANTE DEL
ALTAR, Y ANDA, RECONCÍLIATE PRIMERO CON TU
HERMANO, Y ENTONCES VEN Y PRESENTA TU
OFRENDA. (MATEO 5,23)
El perdón es difícil, pero se debe acostumbrar al cuerpo y los sentimientos para poder hacerlo.
Perdonar es un don que Dios nos da, es el don que nos lleva a la libertad y a la felicidad. Es
decir, cuando no hay perdón los sentimientos esclavizan a la propia persona, ya que está muy
ligado a la paz interior, por lo tanto, debemos ver el perdón como una herramienta de paz. La
primera vez que perdonas es muy difícil, sobre todo si te hicieron mucho daño, sin embargo, a
medida que este se va practicando con mayor frecuencia más fácil es de hacerlo. Es decir, hay
muchas circunstancias diarias en las que nos encontraremos que tenemos que pedir perdón o
perdonar. Cuanto `cantes comprendamos que es un tema con el que viviremos a diario, antes
podremos acostumbrarnos a perdonar con facilidad. Esto para los que son de un corazón
misericordioso, pero que caen en el rencor. Hay muchos que tienen un corazón violento o
egoísta y no pueden amar nunca.
Como lo dice el Papa Francisco, en su catequesis sobre el perdón recíproco y el amor duradero,
sin el perdón “Ningún amor puede durar”. Además, agrega que el perdón comienza en la
familia, si aprendemos a vivir en perdón, lo hacemos también afuera. Es por ello que se dice que
los padres (papá y mamá) son los primeros catequistas, ya que ellos se encargan de enseñarle a
su hijo e inducirlo en la fe. Por otra parte, el aprendizaje no sólo se da en la niñez, sino que se da
a lo largo de toda la vida del ser humano y la mejor manera de hacerlo es por medio de la
imitación, es por esto que el Papa nos exhorta a actuar de una forma u otra, en este caso,
perdonar, perdonar como lo dice Jesucristo sin límite ni tiempo, sin edad ni distinción, porque si
un joven o hermano que no practica el perdón nos ve hacerlo va a llevarlo a cuestionarse y ,
luego, a imitar este comportamiento. Finalmente, el Papa concluye aconsejándonos que: “hay
un secreto simple para sanar las heridas y para disolver las acusaciones, es este: no dejar que
termine el día
BIBLIOGRAFÍA
Bibliatodo. (s.f.). Diccionario bíblico. Obtenido de [Link]
biblico/perdon
Francisco, P. (Noviembre de 2015). El perdón mutuo. Roma, Italia.
La Biblia Latinoamericana. (s.f.).
Leon Dufour, X. (1962). Diccionario de teología bíblica. Obtenido de [Link]
Neira, S. (s.f.). 4 consejos prácticos para perdonar. Obtenido de Aleteia:
[Link]