0% encontró este documento útil (0 votos)
154 vistas5 páginas

Filosofía de Descartes: Método y Cogito

El resumen del documento en 3 oraciones o menos es: Descartes establece un método filosófico basado en el racionalismo que busca un conocimiento cierto a través de ideas innatas y la duda hiperbólica. El pilar de este conocimiento es el famoso "pienso luego soy" que demuestra la existencia del yo pensante. Finalmente, Descartes busca demostrar la existencia de Dios para garantizar la veracidad de nuestros conocimientos y la existencia del mundo material.

Cargado por

violeta987df
Derechos de autor
© © All Rights Reserved
Nos tomamos en serio los derechos de los contenidos. Si sospechas que se trata de tu contenido, reclámalo aquí.
Formatos disponibles
Descarga como PDF, TXT o lee en línea desde Scribd
0% encontró este documento útil (0 votos)
154 vistas5 páginas

Filosofía de Descartes: Método y Cogito

El resumen del documento en 3 oraciones o menos es: Descartes establece un método filosófico basado en el racionalismo que busca un conocimiento cierto a través de ideas innatas y la duda hiperbólica. El pilar de este conocimiento es el famoso "pienso luego soy" que demuestra la existencia del yo pensante. Finalmente, Descartes busca demostrar la existencia de Dios para garantizar la veracidad de nuestros conocimientos y la existencia del mundo material.

Cargado por

violeta987df
Derechos de autor
© © All Rights Reserved
Nos tomamos en serio los derechos de los contenidos. Si sospechas que se trata de tu contenido, reclámalo aquí.
Formatos disponibles
Descarga como PDF, TXT o lee en línea desde Scribd

LA FILOSOFÍA DE DESCARTES

INTRODUCCIÓN

El texto al que nos enfrentamos corresponde a la IV parte del Discurso del método de Descartes
(1596-1650). El filósofo francés pretende establecer un método que nos permita alcanzar un
conocimiento verdadero y seguro. Un método que pueda aplicarse a todas las ciencias y, por
supuesto, a la filosofía. La preocupación por encontrar un método firme surge fundamentalmente
en el Renacimiento. En este periodo aparece con fuerza la ciencia nueva, que destrona a la vieja
autoridad escolástica. Ya no basta con recurrir a Dios, a la Revelación o a la tradición aristotélica
para explicar el cosmos. El hombre se siente libre para usar sus propias fuerzas
(antropocentrismo), pero a su vez desamparado. De ahí la necesidad de encontrar un método que
asegure el camino que pisamos y que nos oriente eficazmente hacia el conocimiento. Galileo es
el mejor ejemplo de este nuevo uso metodológico. Su método matemático es eficaz y nos acerca
a nuevas verdades. Debido a la potencia metodológica de las matemáticas, Descartes intentará
extrapolar dicho método a todas las ciencias y a la filosofía. Se trata de encontrar un método
universal que nos aleje del error y nos aproxime al conocimiento seguro.

EL SISTEMA FILOSÓFICO DE DESCARTES (LÍNEAS TEMÁTICAS)

1. La búsqueda de un método
Descartes es un filósofo racionalista, lo que implica que el conocimiento debe partir del uso de la
razón sin apoyarse en la experiencia de los fenómenos (frente a Aristóteles, Santo Tomás de
Aquino o al empirismo de Locke). Pero, como hemos advertido, para garantizar un conocimiento
seguro necesitamos un método, una forma de proceder sistemática y ordenada. El método
cartesiano consta de cuatro reglas: La primera, la evidencia, consiste en admitir solamente ideas
claras y distintas; claras, porque se justifican por sí mismas, y distintas porque no puede ser
confundidas con otras. Esta primera evidencia será el pilar desde donde se construya el
conocimiento. Ahora bien, la forma de aproximarnos a ella consistirá en aplicar una duda que
elimine todo aquello que es confuso y poco claro. La segunda, el análisis, consiste en dividir el
problema en partes pequeñas para estudiar mejor cada una de ellas. Se procede de lo complejo a
lo simple. (Es lo más parecido a lo que hoy entendemos por un análisis de sangre. cuando se
separan los ingredientes del compuesto). De esta manera podemos obtener ideas simples, claras y
distintas, cuando nos enfrentemos a un complicado problema. La tercera, la síntesis, se trata de
un proceso inverso al anterior. ir de lo simple a lo complejo. Ahora, se trata de recomponer
ordenadamente esas partes estudiadas para llegar al conocimiento de lo más complicado.
(Siguiendo con el ejemplo anterior, sacamos conclusiones de los ingredientes estudiados:
cantidades de glóbulos, deficiencias minerales, elementos extraños, sustancias nocivas, etc.).
La última, la revisión, consiste en repasar los pasos anteriormente dados para asegurarnos de que
todo el proceso ha sido correcto.
Como podemos apreciar, Descartes confía en la capacidad de la razón humana para ampliar y
desarrollar el conocimiento. Sin embargo, aquí surge un gran problema: ¿Qué valor tiene el
conocimiento? ¿Cómo estar seguro de su validez? ¿Y si los escépticos tienen razón?
Debido a estas cuestiones Descartes deberá hallar un pilar indubitable donde se asiente el
conocimiento, y que nos permita desarrollar tranquilamente el método establecido.

2. El pilar del conocimiento. El Cogito

Para obtener este preciado fundamento (una verdad incuestionable), Descartes hace uso de la
duda presentada en la primera regla del método. Nuestro filósofo se propone dudar de todo
aquello que no sea absolutamente seguro para alcanzar la verdad que desea obtener. Debemos
tener presente que la duda cartesiana no es una duda escéptica, que niega la posibilidad de
alcanzar un conocimiento firme, sino una duda metódica, usada como un medio a través del cual
se pueda llegar a encontrar la primera evidencia. La duda cartesiana es, pues, un medio y no un
fin en sí mismo. La duda ha de ser universal (duda de todo lo que es posible dudar: conocimiento
sensible, sueño y vigilia, y razón), metódica (es un medio para alcanzar la verdad) e hiperbólica
(tan completa es la duda que llega a la exageración de plantear la posibilidad hipotética de que
exista un genio maligno, es decir un dios malo y engañador que se complacería en confundir mis
pensamientos). Ahora bien, ¿de qué podemos dudar? Podemos dudar, en primer lugar, de los
sentidos, puesto que éstos nos engañan continuamente. También podemos desconfiar de la vigilia
y del sueño puesto que muchas veces los sueños parecen reales. Por último, podemos dudar
incluso de la razón: por ejemplo, cuando realizamos sencillas operaciones matemáticas muchas
veces nos equivocamos.
Aplicada la duda a todos los campos posibles parece difícil encontrar la idea que precisa
Descartes para levantar el edificio del conocimiento. Ahora bien, a pesar de que dudo de todo, no
puedo dudar de que estoy dudando, y si estoy dudando es porque estoy pensando, y si pienso es
porque necesariamente soy. Este razonamiento se resume en la fórmula del cogito ergo sum:
pienso luego soy. Este "pienso luego soy” es la primera evidencia requerida por el método, la
primera idea clara y distinta de la que no se puede dudar; es la piedra desde la que empezar a
levantar el edificio del conocimiento. Con el cogito llegamos, pues, a la primera idea verdadera
(clara y distinta) y a la primera sustancia: la res cogitans. Sin embargo, debe quedar claro que
para el pensador francés no todas las ideas poseen la misma categoría o valor. Las más
importantes son las ideas innatas (el cogito o Dios. por ejemplo). Ya hemos subrayado que para
un racionalista es fundamental partir de las elaboraciones mentales del sujeto y no de la
experiencia. Los sentidos y el mundo nos pueden engañar por lo que no son asientos fiables para
establecer el conocimiento. Las ideas innatas, en cambio, surgen en la propia mente del sujeto,
son ideas evidentes, claras y distintas, por lo que no tenemos necesidad de argumentarlas.
En segundo lugar, las ideas adventicias son aquellas que provienen de la experiencia exterior e
interior, es decir, de las sensaciones del mundo o del propio cuerpo (hambre, calor...). Se trata de
ideas pasajeras, sujetas a cambio y, por lo tanto, muy poco fiables. Por último, las ideas facticias,
son creadas por el ser humano; son fruto de la imaginación humana y proceden de la
combinación de ideas adventicias (una sirena, por ejemplo, es la suma de dos ideas adventicias:
mujer y pez). Su valor, según Descartes, es nulo: solo provocan confusión.

3. La necesidad de demostrar la existencia de Dios

A pesar de que Descartes ha descubierto la idea innata del cogito para edificar el conocimiento
no puede demostrar directamente la existencia del mundo: los sentidos nos engañan
continuamente y la vigilia se confunde con el sueño. Además, el genio maligno puede inducimos
contantemente a error. De ahi que el filósofo francés se esfuerce en demostrar primero la
existencia de Dios. Si Dios es un ser perfecto nunca nos engañaría puesto que en la perfección no
cabe la mentira.
¿Cómo demuestra la existencia de Dios nuestro pensador? A través de tres argumentos. El
primero afirma que la presencia en mi de la idea de Dios no ha podido ser producida por un ser
finito e imperfecto como yo (lo finito e imperfecto no puede producir lo infinito y perfecto). Por
lo tanto, el ser infinito y perfecto, Dios, fue quien la puso en mi. El segundo afirma que si todo
efecto tiene causa entonces yo soy causado y no soy causa de mi mismo, porque, si asi fuera, me
hubiera dado todas las perfecciones, cosa que no ha ocurrido. Si yo fuera causa de mi mismo yo
no seria contingente, seria un ser necesario, yo seria Dios, lo cual no es cierto. Por lo tanto, debe
existir una causa primera, Dios, de la cual dependen todos los seres. El tercero hace uso de un
argumento lógico muy similar al argumento ontológico de San Anselmo. Si concibo en mi mente
la idea de un ser mayor que el cual nada puede ser pensado, entre sus perfecciones tiene que estar
la de existir, pues de lo contrario no sería el més perfecto que pueda pensarse y habria otro ser
por encima de él y más perfecto que existiria realmente Dios tiene todas las perfecciones y no le
puede faltar la existencia, porque entonces dejaria de ser el ser perfecto. Dios existe en el
pensamiento y en la realidad, ya que existir sólo en el pensamiento es menos perfecto que existir
en la realidad. A ravés de estos argumentos. Descartes obtiene una nueva idea innata y una nueva
estancia: la res infinita, Dios. Una vez demostrada la existencia de Dios, el filósofo puede
proceder con seguridad al escasso del modo fisico. Dios garantiza la veracidad de mis
conocimientos (mis ideas claras Tosciatas) y la existencia del mundo. De esta manera el edificio
del saber está a salvo. Con la realidad corpora llegamos a la tercera y última sustancia: la res
extensa. Debemos.
bargo, subrayar una cuestión acerca de esta res extensa. No todos los rasgos que percibimos de
las realidades corpóreas son claros y distintos. Descartes distingue entre las acades secundarias
(color. sonido gusto...) que son subjetivas. y las cualidades primeras (extensión y movimiento
que son objetivas Las primeras, por lo tanto, no tienen
lo epistemológico. Las segundas en cambio, expresan la verdadera realidad de los cuerpos: una
realidad mecánica y móvil que puede ser matematizada. Aquí percibimos de nuevo la influencia
de Galileo.

4. El hombre: la relación mente-cuerpo

El hombre (a diferencia de las plantas y los animales que sólo son máquinas ( res extensa) es la
unión de dos sustancias: el alma (res cogitans) y el cuerpo (res extensa). La unión de ambas
sustancias no es necesaria; yo podría pensar aunque no tuviera cuerpo, podría ser un espíritu
pensante. El pensamiento es lo que convierte al hombre en un ser superior al cielo, la tierra y
todo lo material que no piensa. El valor del pensamiento es mayor que toda la inmensidad de la
extensión. El ser humano es similar a una máquina con un dispositivo pensante: el cuerpo es
como una máquina extensa compuesta de piezas móviles y el alma es la parte pensante, la más
importante. Descartes dará una solución fisiológica al problema de la comunicación entre las
sustancias en el hombre. La localización de la glándula pineal, en el centro del cerebro, es la
hipótesis sin verificar que le sirve a Descartes para situar el punto de unión entre el alma y el
cuerpo. La interacción de ambas sustancias independientes deja espacio a la libertad, ya que el
alma, como sustancia pensante, queda diferenciada del mecanicismo corporal. Esta libertad es la
que permite la vida moral del hombre, ya que tiene que decidir responsablemente su modo de
vivir y actuar, tiene que elegir entre el bien y el mal.

También podría gustarte