Ansiedad
Ansiedad
- Introducción
La mayoría de las personas sabemos lo que es sentir ansiedad.
Aunque la prevalencia de los trastornos por ansiedad en la población constituye uno de los
problemas más frecuentes en nuestra sociedad actual, partimos de un concepto de la ansiedad
basado en la normalidad.
A lo largo de este curso intentaremos desarrollar una serie de características generales sobre ella,
ofreciendo una visión global e interconectada con las diferentes esferas del individuo.
En las siguientes páginas abordaremos sus principales particularidades, síntomas y causas, con el
objetivo de poder aumentar nuestro conocimiento sobre ella.
Con este curso intentaremos comprender el funcionamiento que origina y mantiene un proceso
de ansiedad y cómo se relaciona con los pensamientos, las emociones y las respuestas físicas.
- El concepto de ansiedad
El concepto de ansiedad tiene su origen en el término latino anxietas, que expresa la sensación de
angustia y aflicción que puede experimentar una persona.
La podríamos definir, como una "respuesta de anticipación involuntaria del organismo frente a
estímulos que pueden ser externos o internos y que son percibidos por el individuo como
amenazantes".
Se trata de una señal de alerta adaptativa que advierte sobre un peligro inminente y que permite a
la persona movilizar las medidas necesarias para enfrentarse a una amenaza.
La ansiedad comprende las reacciones de las personas ante situaciones que perciben como
negativas o inciertas.
Por ejemplo, ante los exámenes finales o dar una charla en público, es normal sentir síntomas de
ansiedad, ya que el sujeto ha de enfrentarse a una situación nueva y reaccionar de forma
adaptativa.
La ansiedad, nos ayuda a poner en marcha nuestros propios recursos para hacer frente a una
circunstancia difícil.
Según el contexto, puede ser usada para explicar el miedo, la preocupación excesiva, la tensión,
una reacción de hiperactivación física, la angustia, etc.
El concepto de ansiedad que nosotros utilizaremos en este curso está fuertemente vinculado a
la percepción que tiene el sujeto sobre una situación de amenaza y a la respuesta que
desencadena para compensarla.
Como concepto, la ansiedad no ha de referir un estado negativo del sujeto, sino una normalidad
que como veremos más adelante depende de diversos factores.
Más adelante, expondremos los aspectos concretos de cada uno para conocer sus características
diferenciales.
- ¿Qué es la ansiedad?
El medio nos proporciona oportunidades para satisfacer nuestras necesidades, pero también nos
ofrece situaciones de riesgo y amenaza que intentamos compensar.
Con el paso del tiempo, hemos desarrollado mecanismos de adaptación para preservar nuestra
especie en diferentes circunstancias.
Uno de los mecanismos de alerta y defensa que cumple esta función es la ansiedad.
Ante una situación que nos provoca tensión incrementamos nuestra actividad cognitiva,
emocional, física y conductual.
Pongamos el ejemplo de una persona que padece una enfermedad y ha de someterse a una
operación. La reacción de sentir signos de ansiedad está totalmente dentro de la
normalidad. Preocuparse por que todo salga correctamente no deja de ser parte del proceso para
hacer frente a la situación amenazante.
La ansiedad es un mecanismo adaptativo que nos ayuda a activar una alerta ante sucesos que
vivimos como peligrosos.
Este grado de alerta nos aporta un equilibrio para afrontar los diversos desafíos que vamos
encontrando.
Cuando una circunstancia nos afecta en exceso, las reacciones pueden acompañarse de
emociones desagradables como el miedo, la ira, la tristeza, etc.
El estado emocional está muy ligado a nuestras respuestas, y delante de una misma situación
cada persona puede reaccionar de forma diferente.
La ansiedad, como ya hemos comentado, cumple la función de activar los sistemas de alerta y de
defensa en los individuos.
La ansiedad activa al organismo frente a situaciones que la persona vive como peligrosas, ya
sean reales o no.
Estas respuestas, funcionan como un mecanismo interno que nos permite defender nuestros
intereses delante de estímulos adversos.
El tipo de respuesta que un sujeto manifiesta depende de sus características particulares y de sus
circunstancias personales.
Los pensamientos negativos que experimenta la persona marcan la línea entre la reacción sana o
la evolución hacia una patología.
Frente a un accidente de tráfico, por ejemplo, es lógico sentir signos de ansiedad en los días
posteriores y que vayan desapareciendo gradualmente. Pero también, nos podríamos encontrar
con individuos, que a raíz del accidente desarrollen un miedo extremo a volver a conducir por el
temor a que se repita la misma situación. El mismo factor externo, un accidente, puede ser vivido
de forma distinta en cada persona y evolucionar hacia un trastorno de ansiedad o no.
Ante una demanda es necesario movilizar un cierto estado de alerta que nos permita una
activación psicológica y física, para poder reaccionar con capacidad de anticipación.
La anticipación es necesaria para poder prepararnos con tiempo, y nos ayuda a equilibrar los
signos de alerta de forma natural.
- La Ansiedad Sana
Ante una demanda es necesario movilizar un cierto estado de alerta que nos permita una
activación psicológica y física, para poder reaccionar con capacidad de anticipación.
La anticipación es necesaria para poder prepararnos con tiempo, y nos ayuda a equilibrar los
signos de alerta de forma natural.
La ansiedad moderada nos moviliza para permanecer concentrados y para hacer frente a los
retos. En niveles normales es necesaria e imprescindible para responder de forma eficiente frente
a un peligro.
Observamos múltiples situaciones en que las que la ansiedad aparece de forma normalizada,
como en los preparativos de una boda, la preparación de un jugador ante la final de liga o en una
primera entrevista de trabajo.
La ansiedad sana, mantiene a la persona atenta y preparada para los acontecimientos. Actúa
como señal de alarma para que el sujeto desencadene reacciones y afronte el peligro.
Nos ayuda en el desarrollo correcto de nuestra personalidad desde la infancia y nos aporta un
aprendizaje positivo para conseguir nuevos retos.
- La ansiedad toxica
La ansiedad, como hemos visto, está vinculada a la supervivencia y nos moviliza para responder
en situaciones amenazantes.
La persona ansiosa se llega a preocupar por todo lo que sucede a su alrededor, interpretando
cualquier situación como un peligro.
La percepción de amenaza puede surgir, aunque no sea real.
Para poder evaluar si la ansiedad es sana o tóxica, nos debemos fijar en si ayuda realmente a
resolver el problema que nos preocupa.
La ansiedad tóxica, genera un círculo vicioso entre los pensamientos, las respuestas y las
emociones.
Este tipo de pensamientos perjudican asimismo que las reacciones futuras sean efectivas.
Entonces, la ansiedad se puede presentar como causa de una valoración excesiva de la amenaza y
una depreciación de las aptitudes personales para hacerle frente.
Todos estamos familiarizados con la ansiedad, ya que se considera un aspecto normal que nos
ayuda a nuestro propio desarrollo y al aprendizaje.
Pero si se manifiesta en exceso o de forma alterada, es negativa para una correcta evolución
personal y se convierte en desadaptativa.
La ansiedad, cuando aparece de forma tóxica, se suele presentar como una vivencia dolorosa
y condiciona nuestra vida cotidiana.
Si nos sentimos preocupados constantemente y sin capacidad para responder de manera eficaz a
los problemas, la ansiedad deja de cumplir su función de ayuda y se convierte en nociva.
Son múltiples los factores que pueden influir en su evolución, aunque por su importancia,
destacaría los siguientes:
Estos aspectos nos pueden orientar sobre si la ansiedad que sentimos se puede convertir en un
problema más grave a largo plazo.
La ansiedad en cada persona se manifiesta de forma diferente, aunque estos factores son vitales
para descubrir el grado de ansiedad que muestra un individuo.
Aunque los organizamos en tres grandes grupos para explicarlos más específicamente, cada uno
está relacionado con los otros dos.
1. El componente cognitivo:
Este factor marca la influencia de los pensamientos y emociones sobre la respuesta que cada
sujeto muestra.
2. El componente fisiológico:
Se referiría al conjunto de sensaciones físicas e internas del organismo que pueden aparecer en
situaciones donde se vive un momento de ansiedad.
Por ejemplo: palpitaciones, sudoración, temblores, tensión muscular, sequedad de boca, presión
en el pecho, etc.
Cuando la ansiedad es muy excesiva suele manifestarse una elevada activación fisiológica del
cuerpo, hecho que ayuda a aumentar todavía más la sensación subjetiva de ansiedad.
Dentro de este aspecto, incluiríamos el grupo de conductas que realiza un sujeto dirigidas a
evitar, huir, luchar, etc., para liberarse de la percepción de amenaza.
Destacaríamos conductas como el comportamiento defensivo, la sumisión, la sobreactivación
motora, la agresividad, las conductas de evitación, etc.
Existe una relación muy vinculante en la ansiedad entre estos tres grandes aspectos, ya que la
aparición de uno de ellos influye en el incremento del otro directamente.
Estos pensamientos producen que su ansiedad aumente y le cause temblores en el habla, rubor y
palpitaciones más intensas.
Los diferentes componentes de la ansiedad crean una estrecha conexión entre ellos cuando se
manifiestan. Pueden aparecer de forma independiente, pero habitualmente muestran un vínculo
en su funcionamiento influyendo unos sobre los otros.
En los tratamientos terapéuticos se intenta que los sujetos que padecen un cuadro sintomático
aprendan a detectar los factores que inician el proceso, para así poder frenar la activación
posterior.
Reconocer los primeros indicios de ansiedad permite al individuo evitar que el proceso progrese.
- Síntomas cognitivos
La ansiedad puede mostrarse mediante diferentes signos, pero el factor cognitivo es siempre un
aspecto primordial para su evaluación.
En la mayoría de los casos, el sujeto no es consciente de que interpreta de forma nociva, y estos
razonamientos contribuyen a aumentar la sintomatología ansiosa.
La lista incluye algunos de los síntomas cognitivos más frecuentes, aunque no significa que un
mismo individuo los manifieste todos.
De igual manera, existen otros síntomas diferentes que pueden aparecer en los trastornos de
ansiedad y que no hemos detallado.
- Síntomas físicos
En la lección sobre la ansiedad sana ya comentamos que pueden aparecer para activar una alerta
y ayudar al sujeto a reaccionar.
En los trastornos de ansiedad este umbral de reacción no se podría considerar como una ayuda ni
una respuesta lógica.
Las respuestas físicas se mostrarían como una reacción involuntaria del organismo que el sujeto
no puede controlar. Por tanto, el sujeto las viviría como desagradables y desproporcionadas. Este
tipo de sintomatología responde a una activación automática del sistema nervioso.
Como ya hemos visto, se puede movilizar ante estímulos que se perciben como amenazantes,
pero también se pueden accionar por pensamientos, imágenes, emociones, etc.
De todos los tipos de síntomas, los físicos son los que frecuentemente el sujeto interpreta con
más molestos.
En ocasiones, el sujeto puede llegar a confundirlos con la presencia de una enfermedad física y
pedir ayuda médica.
Por ejemplo, frente a un ataque de angustia, el sujeto podría interpretar que su corazón no
funciona de forma adecuada y acudir al médico por sentir palpitaciones, sudores, mareos y
taquicardias.
En los departamentos de urgencias es habitual que se presenten personas que creen estar
sufriendo un ataque al corazón, ya que el sujeto puede confundir los síntomas con una
enfermedad de origen físico.
- Síntomas conductuales
Son cambios que el sujeto que padece un trastorno de ansiedad incorpora a sus hábitos para
sobrellevar las situaciones que percibe como peligrosas.
Son modificaciones en la conducta del sujeto que conscientemente o no, considera que le ayudan
a contrarrestar la ansiedad y el miedo.
Por ejemplo, un individuo con un trastorno por agorafobia que evita subir a un ascensor por
temor a sufrir una crisis de angustia. Esta conducta no estaría basada en un peligro real. El sujeto
la percibe como amenazadora debido a su trastorno y al temor intenso que siente. La anticipación
subjetiva de un posible desenlace adverso si sube en el ascensor, lo compensa modificando su
conducta lógica.
Este tipo de síntomas conductuales de evitación, son muy frecuentes en los trastornos de
ansiedad.
No fluyen aisladamente, sino que se acompañan de múltiples síntomas cognitivos y físicos de los
que el sujeto cree que debe protegerse.
- Impulsividad.
- Agitación.
- Intranquilidad motora.
- Conductas de evitación.
- Hiperactividad.
- Bloqueo afectivo.
- Alteraciones del estado de ánimo como llorar.
- Irritabilidad intensa.
- Verborrea (no dejar de hablar).
- Conductas repetitivas (rascarse, tocarse, tics).
- Paralizarse o sentirse bloqueado.
- Conductas de huida.
- Aislamiento social.
- Agresividad verbal o física.
- Mutismo.
- Dificultad para seguir el hilo de una conversación.
- Tartamudeo.
- Temblores nerviosos.
- Moverse de un lado para otro.
- Reacciones desproporcionadas ante un estímulo.
- Tendencia a las adicciones (fumar, beber en exceso, consumo de drogas, etc.).
Las emociones están formadas por la información interna que posee cada persona como son los
recuerdos, los afectos, el aprendizaje, las sensaciones, las experiencias individuales, etc.
Las emociones actúan como filtro para que el sujeto las perciba de una u otra manera.
La interpretación de una situación dependerá de las emociones que sienta una persona.
Por ejemplo, si vive con emoción positiva una circunstancia, la podría percibir como más
agradable que en el caso de sentir una emoción negativa.
Las emociones son respuestas que surgen ligadas al estado de ánimo de un individuo y van
asociadas a cambios corporales del sistema nervioso.
Por ejemplo, delante de una situación amorosa positiva, se experimentan unos cambios físicos
como la sudoración, el aumento de la tasa cardíaca, etc., que van ligadas a una emociones
agradables. Estos mismos síntomas físicos en cambio, se viven como desagradables si van
relacionados a un estado de miedo o ira hacia la persona.
Las emociones individuales modulan nuestras respuestas a diferentes niveles, ya sean reacciones
psicológicas (alegría, tristeza, ira, etc.) como puramente físicas.
En el caso que proponíamos anteriormente, la reacción física ante la persona que amas no es la
misma que ante un desconocido. Esta reacción física está filtrada por las emociones que sentimos
en cada contexto.
Las emociones están interrelacionadas con todos los aspectos del organismo.
La emoción que sentimos depende de la evaluación subjetiva que hacemos de un hecho y del
estímulo. Posee la capacidad de filtrar que nuestra reacción sea agradable o nos provoque
ansiedad.
Los pensamientos negativos, son aquel grupo de pensamientos que nos hacen sentir mal y nos
influyen en la forma de percibir el entorno y nuestro interior.
Preceden a la activación de la ansiedad. Son de una gran importancia para poder entender el
funcionamiento de cualquier trastorno psicológico.
La importancia de conocer qué son es básica para poder contrarrestarlos y cambiarlos por
pensamientos positivos.
Algunas personas, poseen una elevada presencia de pensamientos negativos sin saberlo, ya que
han desarrollado con el tiempo un sistema de pensamiento automático.
Podemos compararlo a un auto diálogo que un sujeto elaborara mentalmente y que influye
negativamente en su percepción.
Los pensamientos automáticos fluyen sin que el sujeto sea consciente de su presencia, por lo que
es incapaz de identificarlos y juzgar su veracidad.
Los pensamientos negativos perjudican nuestra mente y nuestro cuerpo, ya que son capaces de
sugestionar las diferentes emociones que sentimos.
Ejercen un significativo papel de filtro emocional del que dependen nuestras respuestas de
ansiedad.
Por ejemplo, si constantemente mis pensamientos negativos giran alrededor de la creencia de que
toda mi familia siente rencor hacia mí, mis emociones se verán afectadas por la ira, el dolor o la
culpabilidad. Estos pensamientos, acaban activando mis mecanismos de ansiedad, provocando
un posible distanciamiento o conflicto con ellos.
Además de perjudicar las relaciones con las otras personas en diversos ámbitos (familiar, laboral,
social, de pareja, etc.) los pensamientos negativos afectan de forma nociva el mundo interior del
individuo.
Este funcionamiento erróneo del pensamiento perjudica la percepción que tenemos sobre hechos
objetivos o sobre nosotros mismos.
John Paul Flint off, en su libro "Cómo cambiar el mundo" nos describe diez de los grupos de
pensamientos negativos más habituales:
“Cualquier pensamiento que no sea positivo y de naturaleza constructiva, relacionado con uno
mismo o con otro, es un pensamiento negativo”.
(Emmett Fox)
- La anticipación en la ansiedad
Algunas de las actividades a las que nos enfrentamos en la vida cotidiana nos producen ansiedad
anticipatoria.
Anticipar es completamente normal, ya que algunas circunstancias nos crean una necesidad
lógica de pensar lo que pasará. Utilizamos la anticipación como una forma de tranquilizarnos. En
principio, anticipar no tiene un sentido negativo. Nos ayuda a enfrentar situaciones que nos
crean incomodidad o incertidumbre, como por ejemplo un nuevo trabajo, un examen, una
primera cita, una prueba médica, etc. Nos permite visualizar en nuestro pensamiento los
resultados posibles y las diferentes opciones que nos podemos encontrar.
Pueden provocar temor, ataques de pánico, conductas de evitación, ataques de ansiedad, etc., si
se viven como anticipaciones catastrofistas.
Un ejemplo claro sería no acudir a una entrevista de trabajo por temor a no cumplir el perfil que
han demandado o creer que los demás estarán más capacitados para el puesto. La anticipación a
nivel negativo en este caso nos estaría provocando pensamientos que creemos como verídicos y
que nada tienen que ver con el resultado real de la entrevista. No asistir a la cita es un caso de
conducta de evitación, ocasionada por una alteración en los pensamientos anticipatorios del
sujeto sobre el posible desenlace.
En su grado máximo, la ansiedad anticipatoria aparece muy ligada a los trastornos de ansiedad
patológicos (fobias, ataques de pánico, etc.) y a las conductas de evitación.
Ejemplos de conductas de evitación serían, no viajar en avión por temor a sufrir un accidente
aéreo o no acudir a eventos sociales por miedo a perder el control y tener un ataque de ansiedad
etc.
Si el sujeto anticipa un desenlace negativo que le provoca ansiedad, desarrolla conductas para
evitar la situación que le atemoriza.
Actualmente, existen numerosas terapias cognitivas que centran su objetivo en enseñar a las
personas con trastornos de ansiedad a no vivir dependiendo del futuro, intentando modificar los
pensamientos negativos anteriores que sienten antes del evento.
En las próximas lecciones conoceremos un poco más de cada uno de estos trastornos de
ansiedad.
- Estrés y ansiedad
El entorno que nos rodea (el trabajo, la familia, la sociedad, etc.) puede provocar un cierto estado
de inquietud en la vida diaria.
Si estas demandas ambientales son elevadas, el sujeto moviliza unos recursos adaptativos para
compensarlas.
El problema con el estrés se desarrolla cuando el peso para sobrellevar la situación es excesivo y
los recursos para afrontarlo no obtienen resultados positivos.
Ejemplos habituales de agentes estresores pueden ser: el divorcio, los problemas de salud propios
o familiares, las relaciones sociales conflictivas, los problemas con los hijos, las relaciones de
pareja negativas, las dificultades económicas, el exceso de trabajo, etc. Todas estas situaciones
pueden actuar como desencadenantes y crear etapas donde las personas se sientan especialmente
más vulnerables y estresadas.
Si las demandas a las que debe responder una persona no se perciben en equilibrio con las
respuestas que ofrece, puede surgir un trastorno ansioso.
La ansiedad es una de las posibles manifestaciones del estrés al que un individuo se ve expuesto
de forma continuada.
El exceso de estrés con el tiempo puede provocar un trastorno de ansiedad, pero siempre aparece
asociado a otros aspectos personales.
Es importante destacar que para padecer un trastorno de ansiedad no es necesario que exista un
agente estresante real.
En la aparición de la ansiedad, las causas pueden ser diversas, pero la persona que está sometida
a una situación estresante es más vulnerable a desarrollarla.
El estrés puede provocar ansiedad, pero no todos los sujetos que muestran ansiedad tienen en su
origen una situación estresante.
Los trastornos de ansiedad no son siempre producto del estrés, ya que en su origen y
mantenimiento se implican múltiples factores.
Consideramos que la ansiedad, es un mecanismo adaptativo sano que en moderación nos ayuda a
prepararnos ante una amenaza.
Por ejemplo, una discusión con el jefe en el trabajo o con la pareja nos puede poner en alerta y
activarnos para responder eficazmente en ese contexto.
Pero también la ansiedad, puede presentarse como un rasgo de personalidad, donde el individuo
tiende a preocuparse en exceso y sufrir síntomas ansiosos sin que por ello se deba considerar
como una patología.
Las personas que presentan el rasgo de personalidad ansiosa muestran más propensión al miedo,
a la inestabilidad emocional, a preocuparse excesivamente por todo y a sentirse tensos.
Tener una personalidad ansiosa hace que atendamos de forma diferente lo que sucede en nuestro
entorno, pero inicialmente siempre ha de contemplarse desde el punto de la normalidad.
Por ejemplo, reaccionar con cierta ansiedad ante unas pruebas médicas estaría dentro de la
normalidad. Sentirse ansioso y desarrollar pensamientos negativos, crisis de angustia, insomnio y
malestar creyendo que serán unos resultados desastrosos, no.
La mayoría de los autores, consideran que las personas con una personalidad ansiosa tienen una
mayor predisposición para desarrollar problemas psicológicos relacionados con los trastornos de
ansiedad.
Esto no implica que la persona que tiene unos rasgos ansiosos como forma de funcionar deba de
desarrollar un posible trastorno patológico.
No poder comer en presencia de otras personas por miedo a tener un ataque de ansiedad y
desarrollar conductas de evitación de situaciones sociales, sería un ejemplo de patología ansiosa.
Son de gran utilidad ya que especifican los criterios exactos que deben presentar cada uno de
ellos.
Más adelante veremos su clasificación y comentaremos las particularidades de los trastornos más
conocidos y algunos ejemplos prácticos.
Cada trastorno específico muestra unos síntomas característicos que nos ayudan a realizar un
diagnóstico diferencial.
La sintomatología nos permite elaborar un diagnóstico del tipo de trastorno de ansiedad que
padece un sujeto.
Este diagnóstico debe realizarse por profesionales especializados. Es un paso previo ineludible
para lograr una intervención terapéutica exitosa con el paciente.
Por ejemplo, el cuadro sintomático de una persona con fobia puede tener aspectos comunes con
el de crisis de angustia, pero existen signos característicos en cada uno que nos permiten elaborar
un diagnóstico diferente, aunque los dos formen parte del grupo de los trastornos por
ansiedad. Entre los dos diagnósticos podemos encontrar signos comunes, pero analizar todos los
factores nos permite diferenciarlos y establecer una valoración exacta del problema.
Entre los mismos diagnósticos, encontramos cuadros sintomáticos comunes y específicos para
cada uno.
Existen unos síntomas característicos que permiten clarificar si se trata por ejemplo de una fobia
o de un trastorno por estrés postraumático, ya que es necesario cumplir unos criterios particulares
para poder definir cada tipo de trastorno.
Cuando la ansiedad se convierte en un problema de salud mental, aparecen signos como el temor
intenso, la preocupación excesiva, la activación física, los pensamientos negativos y la ansiedad
anticipatoria.
Estos aspectos se presentan como comunes en casi todos los tipos de trastornos de ansiedad.
Aunque aparezca una sintomatología similar, en los trastornos de ansiedad también los síntomas
varían de un diagnóstico a otro.
Dos personas que padecen una fobia social, por ejemplo, presentan signos comunes de esta
enfermedad, pero en cada caso aparecen también aspectos propios diferenciales.
Existen diversos grupos de clasificaciones de los síntomas, según los especialistas en los
trastornos de ansiedad.
Nosotros utilizaremos la más explicativa para organizar los tipos de síntomas que pueden
presentarse:
- Conductuales: incluiría el grupo de síntomas más evidentes des del exterior ya que serían
modificaciones de nuestra conducta habitual.
Las conductas de evitación de actos sociales que realizan las personas con fobia social o
las compulsiones son un buen ejemplo.
La mecánica de nuestro organismo se vería modificada sin que se presentara una causa de
origen físico como una enfermedad.
Es muy importante insistir en que los tres grandes grupos de síntomas no actúan
independientemente.
La aparición de un tipo se síntomas se asocia en el sujeto con los demás y se crea un circuito
continuado de influencia entre ellos.
Veamos como ejemplo un caso práctico:
Marta, ha sido diagnosticada de fobia social. Tiene un miedo irracional a interaccionar con otras
personas o realizar actividades sociales. Aunque trabaja sola en casa con el ordenador (sería una
conducta de evitación que la hace sentir protegida) se ha organizado una reunión con todo el
grupo laboral donde se ve obligada a asistir. Lleva días con pensamientos recurrentes sobre el
acto, y presenta insomnio y taquicardia por las noches. Ella percibe este malestar y su temor
aumenta cada día más, al mismo tiempo que sus razonamientos son cada vez más irreales. Tiene
miedo a no ser aceptada y a ser juzgada negativamente por sus compañeros. El día anterior
manifiesta fiebre, dolores estomacales, vómitos y vértigo, por lo que decide no asistir a la
reunión anual. Posteriormente se siente mal, con baja autoestima, inseguridad y culpabilidad por
no haber sido capaz de asistir a causa de su miedo.
Si nos fijamos, en el caso de Marta, aparecen los tres tipos de síntomas de los que hablamos: los
pensamientos (psicológicos), los físicos y los conductuales.
Cada uno de ellos al incrementarse provoca que los demás grupos de signos aumenten.
Aunque es consciente de lo que le pasa, ha necesitado desarrollar una estrategia de evitación para
no asistir y sentirse protegida.
En las siguientes lecciones, especificaremos una lista de los síntomas más frecuentes que suelen
asociarse con cada tipo de trastorno de ansiedad.
Tal como hemos comentado anteriormente los cuadros de ansiedad son diferentes en cada
individuo y se viven de forma distinta.
Un trastorno de ansiedad, por ejemplo, puede tener influencia de la herencia genética del propio
individuo y encontrar en la familia más sujetos con trastornos similares.
Cuando se produce un estado de activación insano de la ansiedad, es difícil hablar de una sola
causa. En el desarrollo de un trastorno de ansiedad intervienen múltiples factores que pueden
desempeñar un papel notable y de los que dependerá su evolución.
La mayoría de los estudios están de acuerdo en afirmar que existen una serie de factores
físicos o genéticos, que hacen que una persona sea más vulnerable que otra a desarrollar
un trastorno de ansiedad.
Normalmente se utiliza el historial clínico personal y familiar para encontrar una relación
directa entre el trastorno y la personalidad previa o la prevalencia del problema en
familiares cercanos.
Existen factores no biológicos que pueden activar la ansiedad por causas diversas y no
solo la predisposición física.
- Factores desencadenantes:
Por ejemplo, una separación conyugal traumática, un proceso de duelo por la pérdida de
un ser querido, un atraco agresivo, la enfermedad de un hijo, una situación de estrés
durante un largo período, etc., son tipos de desencadenantes que pueden crear temor,
preocupación, inquietud durante un largo tiempo y evolucionar hacia algún tipo de
trastorno más grave.
Todas ellas provocarían una reacción de alerta inicial en cualquier persona: la diferencia
estaría en la dificultad para poder superar estos síntomas y que con el tiempo se
cronificarán, dando lugar a una patología.
La historia personal del sujeto, sus pensamientos y sus alteraciones conductuales crean un
círculo vicioso distorsionado que mantiene el problema.
- Causas de la ansiedad
El mecanismo de respuesta sufre unas modificaciones que convierten las reacciones sanas en un
trastorno patológico.
Entre las causas más frecuentes que podemos observar destacamos las siguientes:
- Genéticas: la ansiedad puede heredarse mediante los genes y originar una predisposición
innata en un individuo. Los estudios genéticos con personas afectadas demuestran que la
probabilidad de padecer un trastorno de ansiedad es más alta entre familiares de primer
grado. Esto no implica que una persona por tener una predisposición en los genes hubiera
de padecer un trastorno de ansiedad. En la información que se traspasa de padres a hijos
tiene un gran peso la educación y el aprendizaje y no solo los genes.
- Bioquímicas: algunas sustancias del cerebro como los neurotransmisores (mensajeros
químicos del cerebro) pueden modificar las respuestas de ansiedad e influir en su
evolución. Los tratamientos farmacológicos que se aplican en los trastornos de ansiedad
acostumbran a dar resultados positivos cuando se combinan con terapias psicológicas.
- Personalidad ansiosa: algunas características de la personalidad ansiosa como rasgo,
predisponen a un sujeto a incrementar la posibilidad de sufrir un trastorno de ansiedad.
Un patrón de respuesta ansioso puede resultar un factor de riesgo que aporte mayor
vulnerabilidad para que evolucione hacia una patología. Por sí sola, no implica un
desarrollo patológico de la ansiedad, aunque puede influir en su mantenimiento y en su
origen.
- Eventos traumáticos: ante una situación extrema, como vivir por ejemplo un atentado o
una agresión intensa, un sujeto puede desarrollar un trastorno de ansiedad. Esta
sensación, puede disminuir cuando pasa el tiempo o bien perpetuarse de forma crónica y
evolucionar hacia un trastorno. Un ejemplo claro sería el trastorno por estrés
postraumático, del que hablaremos más adelante.
- Situaciones vitales significativas: la aparición de un trastorno de ansiedad no requiere de
la existencia de un evento realmente traumático. Diversos estudios muestran que
situaciones vitales como ser padres, un embarazo, una situación económica preocupante o
un accidente doméstico, por ejemplo, pueden ejercer un papel desencadenante en un
proceso ansioso.
- Circunstancias estresantes: padecer una situación de estrés durante una larga etapa puede
ocasionar una reacción no adaptativa de la ansiedad. La que sería una respuesta
momentánea a una situación estresante, no se desactiva con el paso del tiempo y
evoluciona hacia en un trastorno de ansiedad.
- Consumo de tóxicos o fármacos: el alcohol, algunos fármacos, las drogas y el exceso de
consumo de cafeína también pueden originar diferentes trastornos relacionados con la
ansiedad.
El trastorno de ansiedad es una alteración de la salud que se caracteriza por la presencia de unos
síntomas intensos de ansiedad patológica. El concepto de trastorno refiere un desequilibrio
personal que altera el razonamiento o la conducta de un sujeto. Es una de las enfermedades
psíquicas más frecuentes en la población occidental.
Mantiene una estructura interior muy compleja, relacionada con el individuo y con los
acontecimientos que han vivido.
Pero los individuos con trastorno por ansiedad generalizada se preocupan excesivamente en
general por todo sin que exista una razón lógica.
Es uno de los trastornos más frecuentes en el mundo occidental y se presenta con mayor
prevalencia en las mujeres que en los hombres.
Los sujetos con trastorno por ansiedad generalizada presentan ansiedad y una excesiva
preocupación sobre diferentes ámbitos durante 6 o más meses sin que exista una causa real.
Las preocupaciones pueden estar ligadas al contexto del trabajo, la familia, la salud, las
relaciones interpersonales, etc.
Al individuo le resulta difícil controlar este estado de malestar constante, aunque pueda ser
consciente de su falta de veracidad.
Esta inquietud puede influir en el deterioro de la vida personal, social y laboral, aunque
normalmente no es un trastorno grave.
Los pacientes con este trastorno a menudo se sienten desbordados y desmoralizados por este
problema.
La psicoterapia cumple una función muy importante para ayudar a manejar estos síntomas y
ayudar al sujeto a enfrentar la preocupación excesiva que le producen determinadas situaciones.
Es importante destacar la diferencia entre padecer este trastorno y mostrar ansiedad en momentos
concretos ante una situación conflictiva. El diagnóstico sólo se confirmará si existe una
cronicidad de como mínimo seis meses.
Los ataques de ansiedad o crisis de angustia son episodios muy intensos de ansiedad y temor,
que aparecen repentinamente en diferentes situaciones.
Los síntomas físicos que acompañan a una crisis de angustia son muy intensos y se manifiestan
de forma súbita:
La persona que sufre un ataque de pánico tiene la sensación de que no es capaz de controlar la
crisis. En ocasiones puede incluso tener la certeza de que puede morir en ese momento o que está
sufriendo un ataque al corazón.
Junto a estos síntomas físicos, aparecen también una serie de pensamientos de pérdida de control,
miedo a morir, miedo a volverse loco, sensación de irrealidad, ganas de escapar, etc.
Estos pensamientos catastrofistas, aumentan todavía más las respuestas fisiológicas del sujeto
provocando una reacción más desconcertante.
La persona que sufre una crisis de angustia interpreta todos estos signos de forma incorrecta y
con un gran temor e incertidumbre.
Los episodios surgen de forma brusca y acostumbran a durar entre 10 y 30 minutos.
Por ejemplo, puede aparecer de forma imprevisible mientras se pasea por la calle, conduciendo,
en el supermercado, en una fiesta, en una conferencia, en el cine, etc.
No son ser contextos donde el sujeto se sienta amenazado por factores externos y no espera que
sucedan.
Este factor sorpresa crea un sentimiento de indefensión y acaba asociando diversos lugares con el
miedo a la aparición de las crisis.
Las personas con ataques de angustia desarrollan un temor secundario a que estas crisis puedan
de nuevo repetirse.
La presencia de conductas de evitación es muy frecuente en las personas que sufren crisis de
pánico.
Esta preocupación recurrente le provoca que evite determinadas situaciones o lugares por miedo
a que se desencadenen de nuevo.
Al sufrir una crisis, el pensamiento del sujeto anticipa su repetición con un gran temor y lo
generaliza a diferentes contextos.
Los síntomas tan intensos que poseen las crisis de pánico crean en la persona un gran miedo a
volver a sufrir un ataque.
Esto provoca que se desarrolle una fobia o miedo intenso a enfrentarse a diferentes situaciones.
Las personas con agorafobia sienten un temor intenso a encontrarse en lugares o situaciones de
dónde creen que sería difícil escapar o no recibir ayuda si sufrieran una crisis.
- Ansiedad y nerviosismo.
- Ataques de pánico.
- Temblores.
- Sudoración.
- Ritmo cardíaco acelerado.
- Pensamientos negativos.
- Mareos y vértigo.
- Desmayo.
- Dificultad para respirar.
- Agitación motora.
Si los episodios de crisis aumentan en frecuencia, el individuo va restringiendo cada vez más sus
actividades y su bienestar se va limitando.
Este mecanismo que desarrolla para evitar situaciones amenazantes es un sistema de aprendizaje
erróneo que mantiene o empeora el problema.
Los pensamientos de miedo en la persona con agorafobia y ataques de pánico van dirigidos
habitualmente a:
- Miedo a desmayarse.
- Miedo a tener un ataque al corazón.
- Miedo a asfixiarse.
- Miedo a perder el control.
- Miedo a sentir miedo.
- Miedo a estar solo.
- Miedo a estar en lugares de los que no pueda escapar.
- Miedo a que ocurra algo negativo.
Sus sensaciones de miedo son elevadas, ya que anticipa unos resultados desastrosos si se expone
a la situación.
El miedo y los síntomas ansiosos pueden ser más intensos durante la anticipación previa que
durante la exposición al lugar temido.
Las conductas que realiza el sujeto para protegerse provocan que evite cada vez más situaciones.
1. Las obsesiones.
2. Las compulsiones.
Causan un malestar intenso y aunque la persona entiende que son ficticios no puede
controlarlos.
- Las compulsiones: son comportamientos repetitivos que impulsan a realizar una conducta
reiteradamente para aliviar la ansiedad.
Pueden ser conductas repetitivas, como lavarse las manos u ordenar objetos, o actos
mentales como contar palabras en silencio o repetir frases.
No poder efectuar estos rituales obsesivos, provoca en el sujeto un elevado nivel de angustia.
Esta acción repetitiva puede reconocerla como excesiva, aunque no es capaz de controlarla ya
que le ocasionaría una angustia desmesurada.
Existen múltiples ejemplos prácticos sobre este trastorno, aunque describiremos los más
habituales:
- Conductas relacionadas con la limpieza, como lavarse las manos, fregar el suelo, no
pasear por lugares como hospitales o cerca de contenedores.
- Rituales de orden: ordenar escrupulosamente todo de mayor a menor, por colores, colocar
todo en posiciones exactas, intentar que esté siempre en un orden establecido, etc. Un
pequeño cambio en la colocación de sus objetos le produce una gran intranquilidad.
- Conductas repetitivas, como santiguarse cinco veces seguidas, tocar un objeto un número
de veces exacto, contar números, repetir palabras o frases en silencio, contar al andar las
baldosas del suelo, tocar diez veces el pomo de la puerta antes de abrir, apagar y encender
la luz siempre un mismo número de veces, etc.
- Conductas de verificación, como comprobar muchas veces haber cerrado la puerta bien,
revisar si el gas está encendido o la plancha enchufada, por ejemplo.
Todas estas conductas se realizan en forma de rituales según las obsesiones de cada individuo.
Pueden ser más o menos incapacitantes, dependiendo del número y tipo de compulsiones que
manifieste.
Es frecuente que una persona con un trastorno obsesivo compulsivo muestre diferentes
obsesiones y conductas repetitivas relacionadas.
Cuando el trastorno va evolucionando, pueden añadirse diferentes obsesiones o rituales a los que
inicialmente ya mostraba.
En estos casos, la vida del paciente se ve muy limitada ya que constantemente se encuentra
ejecutando acciones compulsivas para frenar su ansiedad.
Una película que nos expone un caso muy explicativo y práctico de este trastorno es "Mejor
imposible" (1997), de Jack Nicholson.
- Fobia específica
Consideramos una fobia como el miedo intenso a un objeto, animal, actividad o situación
concreta.
Por ejemplo, el miedo a volar, a las alturas, a los insectos, a las arañas, a los espacios cerrados, a
las inyecciones, a la sangre, al agua, a la oscuridad, a los gérmenes, etc.
El sujeto con una fobia diagnosticada como trastorno, no siente un miedo lógico, sino un miedo
irracional que provoca estados de ansiedad muy intensos.
La persona que padece una fobia específica siente verdadero pánico si anticipa un supuesto
contacto con el objeto o situación que le genera el temor.
Esta situación puede ocasionar que el sujeto sufra verdaderos ataques de angustia y que su vida
cotidiana se vea afectada.
Es habitual que este miedo irracional a estar expuesto a la situación amenazadora provoque en el
sujeto una serie de cambios físicos, cognitivos y conductuales.
Entre los signos físicos frecuentes destacaríamos la sudoración excesiva, la frecuencia cardíaca y
la tensión muscular.
Una consecuencia muy típica en las personas con fobias es que acostumbran a desarrollar
conductas de evitación.
Las conductas de evitación son aquellos comportamientos que el sujeto realiza con el objetivo de
protegerse del miedo que siente.
Están muy relacionadas con el pensamiento de anticipación ansiosa del que hablamos en
lecciones pasadas.
No todas las fobias resultan igual de limitantes para todos los afectados.
Por ejemplo, en el caso de una persona con fobia a volar. Si se trata de un sujeto que no necesita
subir a un avión en ninguna ocasión, la afectación no sería la misma que en un deportista de
élite que necesita continuamente volar hacia diferentes países para competir.
La persona puede desarrollar momentos de ansiedad significativos solo con pensar en estar
expuesto a la amenaza.
Pongamos como ejemplo el caso anterior de una persona con fobia a volar (aerofobia). El miedo
a volar en avión es común. Los pasajeros habitualmente sienten una cierta inquietud al despegar
y aterrizar. Las personas que sufren aerofobia sienten un miedo tan intenso que les impide
planear un viaje en avión o muestran un elevado malestar y ansiedad con sólo anticipar un viaje
futuro. Esta sería la gran diferencia entre sentir un miedo lógico y una fobia.
Las fobias específicas, son un trastorno psiquiátrico común y existen numerosas terapias.
Entre las fobias más frecuentes destacamos a modo de ejemplo (citados en el DSM.IV):
- Animales: temor a animales o insectos como arañas, serpientes, ratas, perros, pájaros, etc.
- Situacionales: temor a espacios cerrados, a túneles, a transporte público, aviones, coche,
etc.
- Ambientales: por ejemplo, temor a las tormentas, relámpagos, contaminación, fuego,
alturas, etc.
- Salud: temor a la sangre, inyecciones, al atragantamiento, a la muerte, etc.
- La fobia social
Es una de las fobias más limitantes para las personas, ya que interfiere de forma intensa en su
vida cotidiana.
Es normal que algunas actividades personales nos puedan crear una cierta inquietud.
Pero vivimos en sociedad y estamos acostumbrados a adaptarnos de forma positiva a las
relaciones interpersonales.
El sujeto con fobia social padece un temor acusado y persistente hacia las situaciones sociales o
actuaciones en público.
Cuando se ve expuesto a este tipo de circunstancias, puede sufrir una crisis de angustia o una
respuesta inmediata de ansiedad.
Este factor provoca que aumente su temor todavía más y anticipe que puedan repetirse los
síntomas ansiosos.
El individuo teme ser evaluado por los demás y que se percaten de la gran ansiedad que siente.
Algunos de los síntomas visibles que pueden manifestar son sudoración excesiva, temblor en la
voz, palpitaciones, rubor etc.
La persona con fobia social es consciente de estos síntomas y desarrolla un miedo intenso a estas
situaciones sociales.
Por ejemplo, puede manifestar pensamientos negativos del tipo "van a pensar que soy una
persona rara", "todo el mundo me está mirando", "me rechazarán porque verán que estoy
nervioso", "pareceré asustado", "estoy haciendo el ridículo", etc.
Aunque el sujeto reconoce que este temor es irracional, experimenta una intensa ansiedad hacia
los contextos que no pertenecen al ámbito familiar.
Como consecuencia a este elevado malestar, evita cualquier tipo de situación social con el
objetivo de controlar que no se repita.
Estas conductas de evitación de los contextos temidos están asociados a la ansiedad anticipatoria.
El sujeto anticipa su miedo e imagina pensamientos y situaciones antes de que sucedan, lo que le
provoca una gran inquietud previa.
Este dato, es básico para su diagnóstico y no debemos confundirlo con la persona tímida o
vergonzosa.
Estas evitaciones que realiza son las que agravan y mantienen el problema.
Veamos algunas de las conductas que pueden mostrar las personas con fobia social:
- Miedo a ser observados o ser el centro de atención.
- Evitar comer o beber en grupos sociales.
- Pánico a hablar en público.
- Dificultad para mantener un trabajo en equipo (o estudios).
- Evitar lugares públicos con demasiada gente, sobre todo si son espacios cerrados, como
por ejemplo un centro comercial.
- Temor a asistir a fiestas o eventos (o evitar ir).
- Percepción de inseguridad y desvalorización de uno mismo.
- Baja autoestima.
- Evitar relacionarse con desconocidos.
- Presencia de pensamientos autocríticos irreales.
- Trastorno por estrés postraumático
El trastorno por estrés postraumático es uno de los trastornos de ansiedad que puede surgir
después de haber sufrido o presenciado un acontecimiento peligroso.
No es necesario que la persona haya sido directamente afectada por un hecho traumático, en
ocasiones puede aparecer por proximidad con la persona que lo ha sufrido.
Por ejemplo, una persona puede desarrollar un trauma a causa del accidente grave de tráfico de
un hermano y presentar toda la sintomatología para su diagnóstico sin que sea necesario que ella
misma haya padecido un accidente.
Consideramos normal sentirse alterado durante un cierto tiempo después de estar expuesto a una
situación de estrés máximo.
En el trastorno por estrés postraumático los síntomas de activación del estrés no se recuperan con
el paso de las semanas y aparece un cuadro de ansiedad característico.
Las imágenes del hecho traumático se recuerdan una y otra vez de forma involuntaria,
provocando reacciones de una elevada ansiedad.
Estos recuerdos se vuelven intrusivos en la mente del sujeto y le causan un gran malestar ya que
no puede controlarlos.
- Guerra o combates.
- Agresiones sexuales.
- Accidentes de tráfico o aéreos.
- Desastres naturales o ambientales.
- Muerte o enfermedad grave.
- Delitos violentos (robo, atraco, tiroteo...).
- Violencia doméstica.
- Terrorismo.
- Secuestro.
- Incendio.
- Pesadillas.
- Escenas y pensamientos retrospectivos sobre el hecho.
- La sensación de que un acontecimiento aterrador sucede nuevamente.
- Culpabilidad hacia uno mismo o hacia otros.
- Evitar lugares asociados con el hecho traumático.
- Recordar constantemente el incidente con angustia (flashbacks).
- Pensamientos reiterativos que no puede controlar.
- Sensación de soledad.
- Dificultad para recordar los hechos.
- Pensamientos de preocupación, culpa, o tristeza.
- Alteración del sueño.
- Irritabilidad y ataques de ira.
- Pérdida de expresión emocional.
- Sensación de estar al límite.
- Insensibilidad emocional o indiferencia.
- Sensación de sentirse distante.
- Dificultades para concentrarse.
- Pérdida de interés hacia actividades o aficiones.
- Sensación de tener un futuro incierto.
- Estar hipervigilante y sobresaltarse fácilmente.
- Pensamientos de hacerse daño o hacer daño a otros.
El trastorno por estrés postraumático presenta un inicio y una evolución diferente en cada
individuo. En ocasiones empieza de forma inmediata y se va desarrollando lentamente. En otras,
puede surgir después de unos meses o incluso años.
Este tipo de trastorno mixto se define por la presencia de síntomas ansiosos y depresivos, sin que
ninguno de los dos sea suficientemente superior al otro para poder diagnosticarlo aisladamente.
Es habitual que, en épocas cortas de nuestra vida, manifestemos síntomas ansiosos y depresivos.
Las consideramos reacciones normales ante situaciones complicadas.
Sin embargo, cuando esta sintomatología se prolonga más de un mes sin razones aparentes,
puede complicarse hacia un trastorno.
En este trastorno, coexisten síntomas de ansiedad y depresión de forma menos intensa que en su
diagnóstico aislado.
- Tristeza persistente.
- Trastornos del sueño (insomnio o hipersomnia).
- Nerviosismo constante.
- Síntomas físicos de ansiedad: taquicardias, temblores, molestias estomacales, dolores
musculares.
- Apatía.
- Desmotivación.
- Dificultad para concentrarse y memorizar.
- Fatiga.
- Visión negativa del futuro.
- Preocupación excesiva.
- Pensamientos negativos recurrentes.
- Ganas de llorar.
- Autoestima baja y sentimientos de inutilidad.
- Temores inconcretos.
- Irritabilidad.
- Desesperanza.
El trastorno mixto ansioso-depresivo provoca actualmente numerosas consultas en atención
primaria, bajas laborales y absentismo escolar. Es una categoría muy frecuente. En él se solapan
diversos síntomas típicos de la ansiedad y de la depresión y resulta complicado su diagnóstico ya
que en ocasiones la depresión también se acompaña de signos ansiosos.
Por esta razón es importante realizar un diagnóstico diferencial exhaustivo para distinguirlo de
un trastorno depresivo puro, ya que su tratamiento no es equivalente.
Estos signos de ansiedad se deben totalmente a la enfermedad física que puede padecer un sujeto.
- Ansiedad generalizada.
- Ataques de angustia.
- Obsesiones.
- Compulsiones.
No podemos realizar el diagnóstico si consideramos que los síntomas son una reacción
psicológica por el hecho de sufrir una enfermedad médica.
Un sujeto puede presentar una serie de signos de malestar psicológico cuando se le diagnostica,
por ejemplo, una enfermedad digestiva. Sentirse preocupado o ansioso sería una reacción
psicológica debida a la situación complicada por la que pasa. En este caso, la enfermedad física
no es la que provoca síntomas de ansiedad por sí misma ya que su cuadro clínico no implica
signos ansiosos en su origen como particularidad.
Para su diagnóstico es necesario que a través del historial o las pruebas médicas se verifique que
existe una enfermedad que genera directamente estos síntomas.
Aunque existen muchos trastornos médicos que pueden provocar síntomas ansiosos como efecto
secundario, enumeraremos las más conocidos:
- Enfermedad cardiovascular.
- Anemia.
- Disfunción de las tiroides.
- Epilepsia.
- Dolor crónico.
- Arritmias cardíacas.
- Artritis reumatoidea.
- Enfermedad de Parkinson.
- Hipoxia.
- Insuficiencia respiratoria.
- Lupus eritematoso.
- Hipoglucemia.
- Esclerosis múltiple.
- Uremia.
Una persona que padece hipertiroidismo, por ejemplo, puede presentar una serie de síntomas
ansiosos como nerviosismo, palpitaciones, sudoración, etc. En este caso, como el origen de estos
síntomas es una enfermedad médica, se debería diagnosticar que el trastorno ansioso es debido
una causa fisiológica.
- Crisis de angustia.
- Fobias.
- Obsesiones.
- Compulsiones.
- Ansiedad generalizada intensa.
Los síntomas de ansiedad serán los característicos del trastorno concreto que muestre el sujeto
(palpitaciones, miedo, temblores, pensamientos negativos, irritabilidad, etc.).
- Alcohol.
- Alucinógenos.
- Anfetaminas o derivados.
- Cafeína.
- Cocaína.
- Cannabis.
- Inhalantes.
- Sedantes.
- Hipnóticos.
- Ansiolíticos.
- Fenciclidina.