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FRANCOIS-XAVIER GUERRA. “MODERNIDAD E
INDEPENDENCIAS
Historia - Artes Visuales (Instituto - Argentina)
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FRANCOIS-XAVIER GUERRA. “MODERNIDAD E INDEPENDENCIAS.
Capítulo I: Revolución Francesa y Revoluciones Hispánicas: Una relación compleja
El tema de la relación entre estas dos revoluciones es común en historiografía; siendo
también común afirmar que las revoluciones hispánicas serían “hijas” de la revolución en
Francia. Para el autor, esta tesis parece insostenible porque las ideas francesas son unas
pocas dentro del universo en el contexto y, además, porque una revolución no se debe sólo a
pensamientos. Para analizar el proceso, habría que separar las independencias de las
metrópolis de la revolución, que busca la adopción de algo nuevo.
Para analizar la Independencia, se deben vislumbrar las tensiones 1. con la Península Ibérica y
2. la crisis política que afecta a la unidad; para analizar la Revolución, se debe explorar 1. la
historia cultural y 2. la historia social y política. En otras palabras, se postula que se debe
tomar una perspectiva global que no separe a la península de lo local americano, porque las
relaciones eran más complejas. También, si se estudia la relación entre la Revolución Francesa
y la liberal española, los hispanoamericanos deben asumir su pasado español.
La pregunta que surge es porqué el paso a la Modernidad en el mundo hispánico se hizo por
la vía revolucionaria y no por la vía evolutiva de, por ejemplo, Inglaterra.
Las mutaciones del siglo XVIII
Para comprender esta ruta tan distinta entre países europeos, se deben examinar las
relaciones entre el régimen político, la sociedad y la cultura en el siglo XVIII, ¿Son las
mutaciones de Francia y España compatibles? Con mutaciones el autor se refiere a cambios.
Claves:
1. En ambos países el Absolutismo tiene tradición victoriosa. La crisis hasta el XVII de
Europa culmina con la imposición del rey en Francia y posteriormente la instauración
borbónica en España, es decir, en ambos países hay una imposición del absolutismo
real, que corresponde a una empresa de homogeneización de la sociedad, mermando
las instancias de socialización y la ruptura revolucionaria.
2. El término Ilustración, que postula la victoria del individuo considerado como valor
supremo y criterio de referencia para instituciones y comportamientos. Esto se ve en
autores como Descartes, Hobbes, Locke, Rousseau y Smith y lleva esencialmente al
nacimiento de la opinión pública moderna, opinión tildada de democrática. Las ideas
ilustradas llegan a toda Europa, pero sus resultados son diferentes de acuerdo a los
regímenes imperantes, por ejemplo, en Inglaterra asume un lento tránsito a lo
democrático; en tanto que en Francia y España las élites se subordinan al Estado,
dando origen a una imagen de sociedad contractual e igualitaria, lo que dista bastante
de la realidad. Es precisamente esta inconcordancia la que lleva a un solo camino: la
ruptura es lo apto.
Absolutismo, Ilustración y Revolución
Es muy simple, en todo caso, la oposición ilustración/absolutismo. Incluso, a veces estos dos
se asimilaban, enfrentando amigos comunes: el tradicionalismo y la inercia de la sociedad,
con un imaginario pactista y sin gusto al cambio. “Es, por tanto, ilusorio buscar, como se hace
a veces, los prolegómenos de la revolución en la modernidad de las ideas o de las medidas de
reforma social de la época de la ilustración”. Buena parte de las élites eran ilustradas y
apoyaban a la monarquía porque según ellos, ésta operaría los cambios y reformas deseados,
pero a medida que avanzaban “las luces”, que crecían las élites modernas y se fortalecía el
poder del Estado, la alianza comenzó a resquebrajarse; el estado absoluto no podía perder su
legitimidad, que operaba en el plano de lo tradicional y no lo moderno. Además, la monarquía
posee un “cuerpo místico”, de visión jerárquica y religiosa, incompatible con lo moderno. En
un poco, que en España se asume con Carlos IV, las élites dejaron de creer que la monarquía
era moderna, es decir, que servía de motor para construir la nueva sociedad. “Se desarrolla
así el “constitucionalismo histórico”, en la medida en que la aspiración al “gobierno libre” se
ampara en una reivindicación de las viejas libertades y de la antigua representación del
reino”.
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Dos lógicas diferentes
En vísperas del proceso revolucionario, se observa una aspiración a una Edad de Oro en que
existió la armonía rey-reino, pero esto conlleva la utilización de un lenguaje común que refiere
a imaginarios distintos. Es decir, hay dos grupos: los que creen que la nostalgia de un
gobierno libre es una máscara destinada a conquistar la nueva libertad, y los que realmente
buscan esa Edad de Oro. En lo que ambos están de acuerdos, es en que es necesaria una
representación de la sociedad ante el Estado, aunque esta imagen es muy distinta. Estas
diferencias serán importantes cuando el proceso revolucionario sed eche a andar.
La relación de estos grupos está dada porque constituyen una especie de alianza, donde cada
uno de los dos grupos convergen con un tercero en ciertas visiones y aspiraciones: La relación
A (entre modernos y absolutistas); coinciden en la imagen del poder real como una relación
binaria entre Estado e individuos, además luchan contra los privilegios de los cuerpos y las
tentativas de homogeneización social. La relación B (entre absolutistas y constitucionalistas)
se da por una coincidencia en los fundamentos históricos de la sociedad y en el imaginario de
una sociedad estamental y; la relación C (entre constitucionalistas y modernos) fue crucial en
inicios de la revolución, aunque de corta duración, y rechaza el poder absoluto y la necesidad
de una representación de la sociedad.
La vuelta a la Edad de Oro no podía ser una restauración, sino una invención: de ahí que la
libertad a la francesa sea nueva, abstracta y se rija por un arquetipo ideal. La pugna entre la
lógica y el modelo ideal fue corta en Francia: el segundo irrumpió pronto en la escena pública,
y los hombres como ciudadanos, entregan el mando de la nación (soberanía) al monarca,
siendo la nación libre de darse una nueva ley, la Constitución, que se trata de un pacto social.
La revolución francesa es una mutación cultural: nuevos lenguajes que manifiestan una nueva
visión del hombre y de la sociedad, pero que son también una pedagogía.
Ante la nueva realidad, los grupos que se adhieren a las nuevas referencias se radicalizaron:
por una parte surge la pugna dentro de las elites modernas (si la construcción del modelo es
posible y deseable), por otra parte, la radicalización resulta también de la difusión de ideas a
grupos cada vez más bajos en la escala social. “La situación había llegado, evidentemente, a
unos límites tan extremos que era necesario detener el proceso […] este parón no supuso la
vuelta a la lógica representativa, sino a regímenes híbridos en que el grupo revolucionario se
mantenía en el poder conservando las nuevas referencias, pero moderando su aplicación…”.
Con ello se volvía a la estrategia reformista de las elites ilustradas, es decir, apoyarse en el
Estado para transformar la sociedad: se mantenía la revolucionaria soberanía del pueblo, pero
se confiaba en otros medios. Aunque el modelo de sociedad ideal seguía latente.
Francia y el mundo Hispánico: semejanzas y diferencias
¿Cuál es el parentesco entre ambas revoluciones? Las semejanzas provienen de un
patrimonio romano y germánico semejante. La diferencia más importante afecta al campo
religioso. En España prácticamente no existen disidencias religiosas, en cambio en Francia sí.
Otra diferencia importante es la estructura plural de la Monarquía: en España la monarquía es
una unidad de reinos distintos, además en Francia la revolución es más radical que en España
porque aquí: no hay derechos feudales, no hay reacción señorial ante la crisis, no existe un
gran sentimiento antinobiliario y no existe un bajo pueblo numeroso y afectado. También
difieren las circunstancias políticas, ya que en el país galo el movimiento es antisistémico, en
cambio en España la revolución es en ausencia del rey y en nombre de él. El desface
cronológico añade diferencias suplementarias en las dos revoluciones: “la sociedad española
y aún más la americana, se muestran más corporativas y tradicionales y con menos elites
modernas que la francesa […] la Revolución Francesa no tiene precedentes y por eso su
capacidad inventiva es incomparablemente superior”. Es precisamente esta situación
precedente la que explica el actuar hispánico.
Ecos de la Revolución Francesa en el mundo Hispánico
La Revolución Francesa tiene un impacto alto e inmediato en España. Lo mismo sucede entre
las Antillas Francesas y la América Hispánica. Los medios sociales más atentos a los
acontecimientos franceses fueron las elites culturales. Y para la revolución hispana, los
revolucionarios franceses, conscientes de la analogía de las situaciones, animaban a los
españoles a seguir su mismo camino (reuniones de Cortes). Pero la Revolución Francesa se
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tradujo primero en desconfianza y luego, en hostilidad. En esta evolución, desempeñaron un
papel fundamental la ejecución de Luís XVI y la persecución religiosa. La alianza posterior
entre la Francia revolucionaria e imperial y la corona española moderarán esta profunda
hostilidad, pero sin borrar enteramente este imaginario. Dentro de esta misma dinámica de
diferencias, se debe distinguir las generaciones ilustradas: las más viejas imperaban primero
por una reforma social que llevara al cambio política, en cambio, las más jóvenes, buscaban la
reforma social por medio de la reforma política. Ellos fueron los que generaron la revolución
en España y en América. Por lo demás, la adhesión a la causa revolucionaria en España y
América no es tan amplia, pero si ferviente. Las únicas excepciones al carácter minoritario y
elitista de las adhesiones fueron las sociedades esclavistas: pero esto es una mayoría dentro
de si minoría.
“La revolución no empezará en el mundo hispánico por maduración interna, sino por la crisis
de la Monarquía provocada por la invasión de España por Napoleón”.
Revolución Española y Revoluciones Americanas
Al principio, la forzada abdicación de Fernando VII es aceptada sólo por una parte de las
élites: las que quieren cambios revolucionarios. “
El carácter masivo del levantamiento español y el apoyo unánime que le presta América
muestra bien la comunidad política de los dos pilares de la Monarquía”. ¿Por qué los mismos
patriotas que se oponen al heredero de la Francia, son los mismos que van a realizar una
revolución inspirada en la francesa? La respuesta está en el problema de la representación: la
acefalía y el rechazo a Pepe Botella no daba otra salida que apelar a la soberanía del reino,
del pueblo o de la nación. La formación de juntas en España desde los primeros momentos del
levantamiento era una forma improvisada de representación de la sociedad, en América el
reflejo es idéntico. Pero estas juntas, por su representatividad imperfecta, no podían dar una
legitimidad definitiva a los poderes provisionales de la resistencia.
El debate de la representación generó una gran mutación del sistema de referencias de las
élites hispánicas, surgiendo las siguientes preguntas: ¿Qué es la nación? Y ¿Cuál es, en su
seno, la relación entre la España peninsular y América? La primera se responde dependiendo
si se toma como asociación de comunidades antiguas o individuos. Como en Francia, el
debate entre constitucionalistas y revolucionarios llevó a que los últimos impusieran dieran
cuenta de la imposibilidad de la convocatoria de las cortes sin cambios. La segunda
interrogante se deriva de la desigualdad entre España y América, que parecía ser estructural:
el rechazo práctico por parte de los peninsulares de la igualdad proclamada será la causa
esencial de la Independencia de América. Es pues, a partir de 1808 cuando el mundo
hispánico se lanza a su vez a un proceso revolucionario que tiene extraordinarias semejanzas
con el de la Revolución Francesa.
En América las condiciones de libertad de prensa no existen aún, pero el debate peninsular
atraviesa el Atlántico gracias a los folletos y gacetas, contra los cuales nada puede hacer la
autoridad. Así, América participa en el debate desde lejos, con temor a ser aislado, y de esta
manera llega la mutación cultural de la Francia Revolucionaria, difundiéndose estas ideas a
través de grupos como tertulias, cafés, sociedades literarias, etc. En esta mutación, América
siguió al principio la evolución de España, pero luego, el proceso de ruptura da paso a
insurrecciones y a la guerra civil. En las regiones insurgentes, la ruptura se justifica primero
con un discurso pactista en el que hay muchos elementos del constitucionalismo histórico.
Muy pronto, se buscará la inspiración para construir la sociedad en las referencias
revolucionarias francesas. “A fin de fundar cuanto antes una nueva identidad y con ritmos que
son específicos en cada región, se adoptan rápidamente el lenguaje, los símbolos y la
iconografía, las fiestas y ceremonias, las sociabilidades y las instituciones de la Francia
revolucionaria”. Aún faltaba la aceptación del resto de la sociedad para el caso de estas
adopciones de las elites. En todo caso, estos elementos se funden con el fondo hispánico y las
raíces autóctonas, generando diversos resultados.
Especificidades y problemas americanos
Esta adopción de la vía francesa de acceso a la Modernidad, no será discutida nunca más en
Hispanoamérica. Hay ciertas paradojas que envuelven la historia de América Latina: por
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ejemplo, cuando Europa volvía a la monarquía, Hispanoamérica se sucumbía en repúblicas,
constituciones y libertades modernas. La explicación está en que la Independencia rompe el
vínculo con el rey, y, por tanto, una vuelta a la monarquía sería trágica e inaudita. Además,
otro elemento paradojal es la coexistencia de la modernidad con un tradicionalismo social
mucho mayor que el de Europa. Este tipo de contrastes serán ejes de movimiento de las
posteriores historias americanas. Las consecuencias del contraste son evidentes: primero, es
la desintegración territorial (pueblos dentro de un país). Los otros problemas son análogos a
los de la Europa latina: la nueva legitimidad está basada en la soberanía del pueblo; la
sociedad sigue siendo tradicional y es el pueblo el que es moderno. La legitimidad del
gobierno puede ser contestada, y en ese caso los pronunciamientos, golpes de estado o
levantamientos desempeñan un papel de cambio de gobierno. ¿Cómo generar una unión al
corte que separa a las elites del resto de la sociedad? La legislación, a la creación de la nación
moderna y otros símbolos y proyectos educativos son esenciales.
“Todos estos problemas no son específicos de América Latina, sino comunes también a
Francia y a los demás países latinos a los que su tradición institucional y su cultura
condujeron al tipo de paso a la Modernidad que Francia fue la primera en seguir. […] El
principal de estos problemas es, como ya lo hemos mostrado, la concurrencia entre la lógica
representativa y la de la construcción de un mundo ideal”.
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