SALA DE CASACIÓN CIVIL Desalojo
SALA DE CASACIÓN CIVIL Desalojo
Exp. AA20-C-2022-000012
En el juicio por desalojo de local comercial, interpuesto ante el Juzgado Tercero de Primera
Instancia en lo Civil, Mercantil, Agrario y del Tránsito de la Circunscripción Judicial del estado
Falcón, por el ciudadano JUAN ALEJANDRO YORIS VALLES, titular de la cédula de identidad
número V-14.734.110, representado judicialmente por los abogados José Alexis Prieto, Yohel
Carrillo y Jesús Martínez, inscritos en el Instituto de Previsión Social del Abogado (I.P.S.A.) bajo
los números 203.183, 112.216 y 265.008, respectivamente, contra el ciudadano RONALD
WILLIAM AÑEZ GONZÁLEZ, titular de la cédula de identidad número V-16.609.924,
representado judicialmente por los abogado Marcos Moisés Agraez Medina y Amilcar
Antequera Lugo, inscrito en el Instituto de Previsión Social del Abogado (I.P.S.A.) bajo los
números 285.952 y 103.204, en ese orden; el Juzgado Superior en lo Civil, Mercantil, Bancario,
del Tránsito y Marítimo de la misma circunscripción judicial, dictó sentencia en fecha 5 de
octubre de 2021, mediante la cual declaró:
“…PRIMERO: SIN LUGAR la apelación ejercida por el ciudadano RONALD WILLIAM AÑEZ
GONZALEZ, debidamente asistido por el abogado Marcos Moisés Agraez Medina, mediante
diligencia de fecha 28 de mayo de 2021.
En fecha 14 de febrero de 2022, se dio cuenta en Sala del presente expediente y se designó
ponente al Magistrado Dr. Guillermo Blanco Vásquez.
Así las cosas, consta que en fecha 27 de mayo de 2022, en virtud de la designación de los
Magistrados y Magistradas principales y suplentes del Tribunal Supremo de Justicia en sesión
ordinaria de la Asamblea Nacional del día 26 de abril de 2022, publicada en la Gaceta Oficial de
la República Bolivariana de Venezuela (Extraordinaria N°6.696 del 27 de abril de 2022), y
mediante Sala Plena de este Máximo Tribunal, quedó electa la Junta Directiva de esta Sala de
Casación Civil, quedando conformada de la siguiente manera: como Presidente, el Magistrado
Dr. Henry José Timaure Tapia, como Vicepresidente el Magistrado Dr. José Luis Gutiérrez Parra,
y la Magistrada Dra. Carmen Eneida Alves Navas; en consecuencia de lo anterior, se reasignó la
ponencia de la presente causa al Magistrado Dr. José Luis Gutiérrez Parra, quien con tal
carácter suscribe el presente fallo.
Cumplidas las formalidades legales, pasa la Sala a dictar su decisión bajo la ponencia del
Magistrado quien con tal carácter la suscribe, y lo hace bajo las siguientes consideraciones:
-I-
CASACIÓN DE OFICIO
En garantía del legítimo derecho que poseen las partes a la defensa y libre acceso a los órganos
de administración de justicia para ejercer el derecho a la tutela judicial efectiva de los mismos
y el de petición, consagrado en los artículos 49, numeral 1°, 26 y 51, todos de la Constitución
de la República Bolivariana de Venezuela, esta Sala en sentencia N° 22 de fecha 24 de febrero
del 2000, expediente N° 1999-625, caso: Fundación para el Desarrollo del estado Guárico
(FUNDAGUÁRICO) contra José Milagro Padilla Silva, determinó que conforme a la disposición
legal prevista en el artículo 320 del Código de Procedimiento Civil, y al principio constitucional
establecido en el artículo 257 de la precitada Constitución, referido a que "…El proceso
constituye un instrumento fundamental para la realización de la justicia...", tiene la
prerrogativa para extender su examen hasta el fondo del litigio, sin formalismos, cuando se
detecte la infracción de una norma de orden público o constitucional.
En este sentido, con el fin de aplicar una recta y sana administración de justicia, de
conformidad con lo establecido en el artículo 335 de la Constitución de la República
Bolivariana de Venezuela, y en aplicación del criterio vinculante sentado por la Sala
Constitucional de este Tribunal Supremo de Justicia en sentencia N° 1353 de fecha 13 de
agosto de 2008, expediente N° 2007-1354, caso: Corporación Acros, C.A., según el cual,
la casación de oficio, más que una facultad discrecional, constituye un verdadero imperativo
constitucional, porque “...asegurar la integridad de las normas y principios constitucionales es
una obligación de todos los jueces y juezas de la República, en el ámbito de sus
competencias (ex artículo 334 de la Constitución de la República Bolivariana de
Venezuela)...”, que “…la casación de oficio no viola principios o garantías constitucionales,
pues, al contrario, se trata de una labor que responde a la protección y vigencia del Texto
Fundamental…”, y que “…la casación de oficio no viola el derecho a la defensa pues no se
trata de un caso de tutela de intereses particulares, sino de respeto del orden público y de las
normas constitucionales…” (Sent. N° 116 de fecha 29 de enero de 2002, expediente N° 2000-
1561, caso: José Gabriel Sarmiento Núñez, y otros. Sala Constitucional), esta Sala de Casación
Civil, procede a obviar las denuncias articuladas en el recurso extraordinario de casación, dado
que la infracción evidenciada no fue denunciada por la formalizante.
Así pueden acumularse dos pretensiones de divorcio, porque ambas se siguen por el mismo
procedimiento especial; pero no pueden acumularse una de privación de la patria potestad
con una de divorcio, porque cada una tiene su procedimiento especial incompatible con el da
la otra.
La exigencia de la unidad del procedimiento es de tal entidad en esta materia, que si bien se
permite la acumulación subsidiaria de dos o más pretensiones incompatibles entre sí, esta
acumulación tampoco es posible cuando no hay unidad de procedimientos (Art. 78 C.P.C.)...”
(Arístides Rengel Romberg. Tratado de Derecho Procesal Civil Venezolano. Tomo II, pág.
110). (Cfr. Fallo de esta Sala N° 99 del 27 de abril de 2001, expediente N° 2000-178, caso: María
Josefina Mendoza Medina contra Luis Alberto Bracho Inciarte).
Asimismo ha dejado claro esta Sala que la acumulación de acciones es de eminente orden
público.
En tal sentido, el artículo 341 del Código de Procedimiento Civil, establece que el tribunal
admitirá la demanda “si no es contraria al orden público, a las buenas costumbres o a
alguna disposición expresa de la Ley”. De lo contrario deberá negar su admisión expresando
los motivos de su negativa.
Dichas disposiciones legales, han sido analizadas por la Sala Constitucional de este Tribunal
Supremo de Justicia, a la luz del derecho de acceso a los órganos jurisdiccionales como parte
del derecho constitucional a la tutela judicial efectiva, estableciendo con carácter vinculante, el
siguiente criterio:
“…Visto lo antes expuesto, aprecia esta Sala que, mediante la acción interpuesta, la ciudadana
LILA ROSA GONZÁLEZ DE PÉREZ cuestionó la valoración del juez de la alzada, dado que en su
solicitud de tutela constitucional expuso los razonamientos que –en su criterio- debieron darse
en el caso bajo examen, tomando además en consideración que el juzgador se extralimitó en
sus funciones al declarar inadmisible la demanda, por “inepta acumulación de pretensiones”,
sin que la misma haya sido alegada por la parte demandada durante el proceso.
Al efecto, esta Sala considera necesario precisar que, de acuerdo con el artículo 14 del
Código de Procedimiento Civil, el juez es el director del proceso y debe impulsarlo de oficio
hasta su conclusión, a menos que la causa esté en suspenso por algún motivo legal. No
obstante, este principio ya se anticipa en el artículo 11 eiusdem, donde como excepción al
principio del impulso procesal, se permite actuar al Juez de oficio cuando la ley lo autorice o
cuando en resguardo del orden público o de las buenas costumbres sea necesario dictar
alguna providencia legal, aunque no lo soliciten las partes.
Ahora bien, la aplicación del principio de la conducción judicial al proceso no se limita a la sola
formal condición del proceso en el sucederse de las diferentes etapas del mismo, sino que él
encuentra aplicación provechosa en la labor que debe realizar el juez para evidenciar, sin que
se requiera la prestancia de parte, los vicios en la satisfacción de los presupuestos procesales,
o cuando evidencie, también de oficio, la inexistencia del derecho de acción en el
demandante en los casos en que la acción haya caducado, o respecto a la controversia
propuesta se haya producido el efecto de la cosa juzgada o cuando para hacer valer una
pretensión determinada se invoquen razones distintas a las que la ley señala para su
procedencia o cuando la ley prohíba expresamente la acción propuesta. Todos estos actos
están íntimamente ligados a la conducción del proceso, ya que si no se satisfacen los
presupuestos procesales no nace la obligación en el juez de prestar la función jurisdiccional
para resolver la controversia propuesta.
En tal sentido, considera esta Sala que si nuestro ordenamiento jurídico establece que la
relación jurídica procesal debe constituirse válidamente satisfaciendo las formalidades que
la ley determina, sólo después de que se haya depurado el proceso de cualquier vicio que
afecte la válida constitución de la relación procesal o la haga inexistente, es que nace para el
órgano jurisdiccional la obligación de conocer y resolver el fondo de la controversia. Por ello,
para verificar el cumplimiento de los llamados presupuestos procesales, tanto las partes
como el Juez, están autorizados para controlar la válida instauración del proceso,
advirtiendo los vicios en que haya incurrido el demandante respecto a la satisfacción de los
presupuestos procesales.
Así pues, con independencia de cualquier consideración acerca de los razonamientos del Juez
Segundo de Primera Instancia en lo Civil y Mercantil de la Circunscripción Judicial del Estado
Nueva Esparta acerca de la existencia o no de una inepta acumulación de pretensiones y del
carácter de orden público que ostenta la prohibición contenida en el artículo 78 del Código de
Procedimiento Civil, debe esta Sala reiterar que, la valoración forma parte de la autonomía e
independencia de la que gozan los jueces al decidir, quienes -si bien deben ajustarse a la
Constitución y las leyes al resolver una controversia- disponen de un amplio margen de
apreciación del derecho aplicable a cada caso, por lo cual pueden interpretarlo y ajustarlo a su
entendimiento, como actividad propia de su función de juzgar, sin que el juzgador de amparo
pueda inmiscuirse dentro de esa autonomía del juez en el estudio y resolución de la causa,
salvo que tal criterio viole notoriamente derechos o principios constitucionales…” (Sentencia
N° 779, del 10 de abril del 2002 expediente N° 01-0464, caso: Materiales MCL, C.A.).
En este mismo sentido, dicha Sala, en fallo N° 1618 del 18 de abril de 2004, expediente N°
2003-2946, caso: Industria Hospitalaria de Venezuela 2943, C.A., estableció:
“…Ahora bien, la sentencia impugnada por la accionante fue dictada en la fase ejecutiva del
proceso de estimación e intimación de honorarios, en virtud de haber finalizado la etapa
declarativa como consecuencia de su falta de impugnación del derecho reclamado y por
haberse acogido a la retasa de los montos intimados. En tal sentido, se ha dicho que el juzgado
de retasa sólo podrá pronunciarse sobre el quantum de los emolumentos, no sobre la
procedencia del cobro de los mismos, ni sobre su carácter judicial o extrajudicial, ya que esta
cuestión debe ser dirimida por el juez de la causa en la fase declarativa del juicio de intimación
de honorarios.
No obstante lo anterior, la Sala estima que el rol del juez como director del proceso no se
agota con este pronunciamiento, porque de existir circunstancias que hagan presumir la
inadmisibilidad de la pretensión, como la misma está estrechamente vinculada con
la constitución válida del proceso, debe ser analizada, incluso en la fase ejecutiva.
En la sentencia consultada se indica que esta circunstancia debió exponerse al juez de la causa
principal y no al Juez de Retasa; pero la Sala considera que éste último, quien igualmente es
director del proceso, sin necesidad de que la inepta acumulación haya sido denunciada, debió
declararla.
La Sala, en otras oportunidades (cfr. sentencia nº 779/2002 del 10 de abril) ha señalado que el
juez, de conformidad con los artículos 11 y 14 del Código de Procedimiento Civil, es el director
del proceso y debe impulsarlo de oficio hasta su conclusión; dicha conducción judicial que no
se circunscribe sólo al establecimiento de las condiciones formales del proceso en el
sucederse de las diferentes etapas del mismo, encuentra aplicación provechosa en la labor
que debe realizar el juez para evidenciar, sin instancia de parte, los vicios en la satisfacción
de los presupuestos procesales o en la existencia del derecho de acción en el demandante . En
efecto, si el proceso es una relación jurídica, el mismo debe constituirse válidamente
satisfaciendo las formalidades que la ley determina, y sólo después de que se haya depurado el
proceso de cualquier vicio que afecte su válida constitución o lo haga inexistente, es que nace
para el órgano jurisdiccional la obligación de conocer y resolver el fondo de la controversia.
Se insiste que para verificar el cumplimiento de los llamados presupuestos procesales, tanto
las partes como el Juez, están autorizados para controlar la válida instauración del proceso,
con la advertencia de los vicios en que haya incurrido el demandante respecto de la
satisfacción de los presupuestos procesales y la falta de oposición por el demandado de las
cuestiones previas a que se refiere el artículo 346 del Código de Procedimiento Civil o de
cualquier otro mecanismo de defensa de cuestiones procesales, no obsta para que el Juez,
que conoce el derecho y dirige el proceso, verifique en cualquier estado y grado de la causa –
v.g.: en la ejecución o en la alzada-, el cumplimiento de los presupuestos procesales, aunque
al momento en que fue admitida la demanda por el Juez de la causa, no se hubiere advertido
vicio alguno para la instauración del proceso.
Pues bien, de los criterios jurisprudenciales transcritos se colige, que es necesario que estén
dados todos los presupuestos procesales para que nazca la obligación del juez de ejercer su
función jurisdiccional y pueda resolver el caso planteado.
Por ello, tanto las partes como el juez, están autorizados para controlar la válida instauración
del proceso y verificar así el cumplimiento de los llamados presupuestos procesales,
advirtiendo los vicios en que haya incurrido el demandante respecto a la satisfacción de los
mismos.
En este sentido, el artículo 341 del Código de Procedimiento Civil, dispone que el tribunal
admitirá la demanda “si no es contraria al orden público, a las buenas costumbres o a alguna
disposición expresa de la Ley”. De lo contrario deberá negar su admisión expresando los
motivos de su negativa.
De forma tal que la acumulación de pretensiones es un asunto que atañe al orden público lo
que autoriza la casación de oficio, así lo ha reconocido esta Sala, entre otras, en sentencia N°
99, del 27 de abril de 2001, expediente N° 2000-178, caso: María Josefina Mendoza Medina
contra Luis Alberto Bracho Inciarte, ratificada en sentencia N° RC-262 de fecha 9 de mayo de
2017, caso: Koqueta Boutique 2006, C.A. contra Inversiones Jaime Zighelboim, C.A. y otras,
Exp. N° 2016-950, en la que se señaló:
La doctrina pacífica y reiterada de esta Sala, ha venido sosteniendo que, para que el juez
pueda declarar la inadmisibilidad de la demanda por inepta acumulación de pretensiones,
debe verificar que efectivamente se hayan acumulado pretensiones que se excluyan
mutuamente o cuyos procedimientos sean incompatibles. (Cfr. Sentencia N° RC-262 de fecha
9 de mayo de 2017, caso: Koqueta Boutique 2006, C.A. contra Inversiones Jaime Zighelboim,
C.A. y otras, Exp. N° 2016-950).
Ahora bien, en el presente caso esta Sala ha evidenciado de una revisión del expediente, una
infracción de orden público en su formación, al violentar la acumulación prohibida prevista en
el artículo 78 del Código de Procedimiento Civil proceso por la no aplicación por parte de la
recurrida del artículo 14 eiusdem y las atribuciones del juez como director del proceso, y al
respecto es necesario puntualizar lo siguiente:
La presente causa dio inicio mediante demanda presentada en fecha 21 de abril de 2016, por
la representación judicial de la Sucesión de Alida Monsanto de Pizzolante; en dicho escrito se
observa la Sala que solicitaron la pretensión de desalojo de inmueble destinado a local
comercial conjuntamente con la pretensión de daños y perjuicios, en este sentido, señaló en
su petitorio lo siguiente:
CUARTO: De conformidad con lo establecido en los artículos 340 y 38 del Código ejusdem,
estimamos el valor total o cuantía de esta demanda en la cantidad de: TRES MIL DOLARES
AMERICANOS (3.000,00 $) o su equivalente en BOLÍVARES, calculado de acuerdo al valor del
precio oficial de la divisa establecido por el Banco Central de Venezuela (BCV) para el día del
pago, pidiendo expresamente que este valor sea indexado al momento de ejecutarse
efectivamente la sentencia…”. (Mayúsculas y negrillas del libelo de demanda)
Del escrito libelar previamente transcrito se observa que la representación judicial de la actora
demandó en principio, el desalojo del local comercial que mide: cuatro metros con cuarenta
centímetros (4,40 mts) de largo por siete metros con veinte centímetros (7,20 mts), ubicado en
la Av. Bolívar, sector el Cerro, al lado del Comercial Empino 2 C.A., de la población y Municipio
Dabajuro del estado Falcón, objeto del contrato verbal, conjuntamente con “…los Gastos de
Trámites Extrajudiciables, Daños, Perjuicios, Intereses Moratorios y compensatorios generados
por el impago de cánones de arrendamiento desde el inicio del contrato, hasta la fecha efectiva
del desalojo del inmueble…”, correspondientes a la suma de “…MIL CIEN DÓLARES
AMERICANOS (1.100 $) o su equivalente en BOLÍVARES, calculados de acuerdo al valor del
precio oficial de la divisa establecido por el Banco Central de Venezuela (BCV) para el día del
pago…”.
Por último, el demandante estimó el pago de las costas procesales, así como, intimó el pago de
honorarios profesionales, cuando señaló: “…por haber impulsado a mi representado a litigar y
a defender sus derechos, vista su actitud negligente y temeraria al no acceder a entregar el
local voluntariamente y negarse a pagar los cánones adeudados. Pido al Tribunal que condene
a EL DEMANDADO al pago de la suma de MIL DOLARES AMERICANOS (1000,00 $) o su
equivalente en BOLÍVARES, calculado de acuerdo al valor del precio oficial de la divisa
establecido por el Banco Central de Venezuela (BCV) para el día del pago, por concepto
de costas procesales incluyendo los honorarios profesionales de los tres abogados
apoderados y actuantes, así como de los técnicos y expertos que participen en dicho proceso
de desalojo…”.
En este orden de ideas, la Sala observa que ha sido práctica común del foro la acumulación en
la misma demanda, del desalojo de un inmueble destinado al uso comercial así como los daños
y perjuicios, estos últimos con fundamento en el artículo 1167 del Código Civil, incluso en
ocasiones confundiendo las pretensiones de desalojo con la de resolución de contrato, a lo
cual es acumulada la acción de daños y perjuicios.
En estos casos se recurre a demandar el desalojo y los supuestos daños y perjuicios causados
al actor, equivalentes a los meses que supuestamente se han dejado de pagar y los que se
dejen de pagar hasta que se le haga la entrega del inmueble a la actora, y la pretensión de dar
por terminado el contrato y la devolución del inmueble tiene dos fundamentos o bases legales
distintas, el desalojo fundamentado en el artículo 40 de la Ley de Regulación del
Arrendamiento Inmobiliario para el uso Comercial (o si es por resolución de contrato por el
1167 del Código Civil), mientras que la pretensión del cobro de los cánones causados hasta la
fecha de la presentación de la demanda y de los que se causen posteriormente hasta la
entrega del inmueble, tienen como fundamento el artículo 1167 del Código Civil.
En este sentido, conviene aclarar que tanto la acción de desalojo como la de resolución de
contrato de arrendamiento tienen como finalidad obtener la devolución del inmueble y la
terminación del vínculo contractual, sin embargo, estas acciones presentan diferencias
sustanciales entre una y otra; por un lado en la acción de desalojo es la voluntad del legislador
la de no permitir la acumulación de otra pretensión distinta a la de la devolución del inmueble
y la terminación del contrato, atenuando así el rigor de la acción resolutoria, por su parte en la
acción de resolución de contrato si pueden acumularse otras pretensiones como la de daños y
perjuicios prevista en el artículo 1167 del Código Civil.
De esta manera se observa que desde el año 1947, en Venezuela la legislación que regula la
materia inquilinaria establece supuestos de hecho en los cuales solo se puede obtener la
terminación del contrato de arrendamiento y la devolución del inmueble arrendado a través
de la demanda de desalojo, estando vedado el ejercicio de la acción resolutoria cuando se está
en presencia de las causales de desalojo.
Es así que tanto en la derogada legislación inquilinaria (Decreto Legislativo sobre Desalojo de
Viviendas del 27 de septiembre de 1947, Ley de Regulación de Alquileres del 1º de agosto de
1960, reformada parcialmente el 2 de enero de 1987 y Reglamento de la Ley de Regulación de
Alquileres y del Decreto Legislativo sobre Desalojo de Viviendas del 5 de febrero de 1972),
como en la legislación vigente (Decreto con Rango y Fuerza de Ley de Arrendamientos
Inmobiliarios, Ley para la Regularización y Control de los Arrendamientos de Vivienda y el
Decreto con Rango Valor y Fuerza de Ley de Regulación del Arrendamiento Inmobiliario para el
uso Comercial), cada vez que determinado supuesto de hecho fue establecido como una causal
de desalojo, no es permitido el ejercicio de la acción resolutoria.
Esto se manifiesta en la legislación derogada, cuando se trataba de la falta de pago del canon
de un arrendamiento a tiempo indeterminado, por cuanto sólo era posible intentar la acción
de desalojo y no la de resolución de contrato, estableciéndose como causal de desalojo la falta
de pago; esto se desprende del artículo 1° del Decreto Legislativo sobre Desalojo de Viviendas
del 27 de septiembre de 1947, que establece “…Solo podrá solicitarse y acordarse válidamente
la desocupación de casa: a) Cuando haya dejado de pagar el canon de arrendamiento…”; en
este sentido “solo” indica el imperativo del legislador de que no se puede solicitar por motivos
distintos la desocupación del inmueble, por la vía de la demanda de desalojo, excluyendo otras
acciones.
En esta ley fue introducido el cambio de que en los contratos a tiempo indeterminado, podía
ser intentada la acción resolutoria por causales distintas a las de desalojo, tal como lo prevé el
parágrafo segundo del artículo 34 al señalar que “…Queda a salvo el ejercicio de las acciones
judiciales que correspondan por otras causales distintas a las previstas en el presente
artículo…”.
En el caso del Decreto con Rango Valor y Fuerza de Ley de Regulación del Arrendamiento
Inmobiliario para el uso Comercial de 2014, aplicable en caso de marras, igualmente se
establece como causal de desalojo, la falta de pago del canon de arrendamiento, sin que la ley
haga distinción entre contratos a tiempo determinado o indeterminado; es preciso señalar que
en esta normativa el legislador agregó como causal de desalojo en su literal i) del artículo 40
“…Que el arrendatario incumpliera cualesquiera de las obligaciones que le corresponden
conforme a la Ley, el contrato, el documento de condominio y/o las Normas dictadas por el
‘Comité Paritario de Administración de Condominio’…”. Esto va en sentido contrario al uso que
el legislador venía haciendo respecto del establecimiento de ciertos supuestos de hecho como
causales de desalojo, puesto que una de las características del desalojo es que sus causales son
taxativas y no abiertas o extensivas.
Ahora bien, en materia de arrendamiento comercial, para obtener la devolución del inmueble
arrendado solo es posible ejercer la acción de desalojo, porque no solo los supuestos de hecho
contenidos en los literales del a) al h) del artículo 40 son causales taxativas de desalojo sino
que también lo son cualquier incumplimiento contractual o legal del arrendatario, a tenor de
lo previsto en el literal i), previamente señalado, tal como este lo dispone; dejándose claro que
dichas disposiciones son de eminente orden público y, por ende, de interpretación restrictiva.
En este sentido esta Sala mediante sentencia RC-018 de fecha 16 de enero de 2014, caso:
Seguros Horizonte, C.A. contra BP Oil Venezuela Limited, Exp. N° 2013-353, señaló la prelación
de las normas especiales sobre las generales, de conformidad con el principio de especialidad
de la materia, de la siguiente manera:
De allí que esta Sala aplicando por analogía lo expresado en el criterio jurisprudencial
transcrito, concluye que por ventilarse el presente caso ante una jurisdicción especial
aeronáutica cuyo conocimiento transitorio corresponde a la jurisdicción marítima, conforme lo
prevé la Reforma Parcial de la Ley de Aeronáutica Civil, se excluye indefectiblemente el fuero
atrayente de la jurisdicción contenciosa administrativa, a pesar de que actúe como actora una
empresa del Estado, como lo es Seguros Horizonte C.A. cuyo patrimonio está constituido por
aportes de la República, siendo que el Instituto de Previsión Social de la Fuerzas Armadas
(IPSFA) es el principal accionista con una participación decisiva de la República Bolivariana de
Venezuela, puesto que las acciones de indemnización por daños y perjuicios con ocasión de la
actividad aeronáutica, son competencia de la jurisdicción marítima…” (Destacado de la Sala).
Del criterio antes transcrito, se observa que constituye una derogatoria de la norma general la
norma especial en virtud del principio de especialidad de la materia; en este sentido cabe
recordar que las normas inquilinarias son especiales y que habiendo disposición expresa legal
que regula determinado supuesto no puede acudirse a normas de derecho común, para
regular ese mismo supuesto. Consagrando de manera expresa que la ley acción disponible es
el desalojo, mal puede pretenderse que para el mismo supuesto puede ejercerse una acción
distinta a la especial.
Por ello, en materia inquilinaria, solo es posible demandar cobro de los daños y perjuicios
causados por el arrendatario al cuando la misma legislación especial inquilinaria permite el
acceso resolutoria. Así por ejemplo, en materia de oficinas, el Decreto con Rango y Fuerza de
Ley de Arrendamientos Inmobiliarios, que es aplicable en esos casos, establece que tratándose
de contratos a tiempo determinado, puede demandarse su resolución. Al permitirse el
ejercicio de la acción resolutoria, es perfectamente posible acumular a ésta, el cobro de daños
adeudados, mientras que esa misma ley, establece de manera expresa que cuando se trate de
contratos a tiempo indeterminado, si se está en presencia de alguna de las causales taxativas
de su artículo 34, solo se podrá demandar el desalojo y en esos casos, no podrá acumularse la
acción de cobro de daños y perjuicios.
En este sentido, se tiene que la acción de desalojo es una acción especial y propia del derecho
inquilinario, cuyo principal objetivo es el obtener la devolución del inmueble arrendado (y por
vía de consecuencia la terminación del contrato), por lo que al no existir en la legislación
inquilinaria norma alguna que autorice el cobro de daños y perjuicios, para lograr esta
finalidad debe acudirse a la norma de carácter general contenida en el artículo 1167 del Código
Civil (lo que implica demandar la resolución del contrato y la acumulación de la acción de
daños); siendo que la legislación especial inquilinaria prohíbe en determinados casos el
ejercicio de la acción de resolución de contrato, permitiendo únicamente la acción de desalojo,
para la protección del arrendatario como débil jurídico.
De esta manera, se tiene que cuando se trata de un contrato de arrendamiento de un local
comercial, en el que la parte actora fundamenta su acción, como por ejemplo, en el supuesto
pago de los cánones de arrendamiento por dos (2) mensualidades consecutivas, al supuesto
uso indebido del inmueble o en los supuestos daños que se le ocasionen al inmueble, se está
en presencia de una causal de desalojo, en cuyo caso la ley autoriza el ejercicio de la acción de
desalojo mas no el de la resolución de contrato de arrendamiento, por lo cual, no procede la
acumulación de pretensiones, esto es, no procede la acumulación de la acción de desalojo con
la de cobro de daños y perjuicios.
Dichas acciones se excluyen entre si tal como ha quedado evidenciado de las razones
anteriormente expuestas, puesto que el legislador ha considerado convenientemente que en
los supuestos de hecho que se califican como causales taxativas de desalojo, no pueda
intentarse la acción por resolución de contrato la cual está facultada por la legislación
ordinaria para la acumulación de la pretensión de los cobros por los daños causados, esto
como medida de protección al arrendatario, débil jurídico de la relación.
Ahora bien, respecto a la facultad del juez como director del proceso la Sala Constitucional
mediante sentencia N° 1089, de fecha 22 de junio de 2001, caso: Williams Chacón Noguera,
Exp. N° 2001-892, ha señalado que:
De tal manera que, una vez iniciado el proceso, éste no es un asunto de exclusividad de las
partes, pues al ejercitarse la función jurisdiccional se está en presencia también del interés
público. En este sentido, el artículo 14 del Código de Procedimiento Civil, establece lo
siguiente:
“El Juez es el director del proceso y debe impulsarlo de oficio hasta su conclusión a menos que
la causa esté en suspenso por algún motivo legal” (omissis).
De tal modo, que es en el pronto desarrollo del proceso y en la realización del orden jurídico
que no se concibe la figura del juzgador como un mero espectador ante un debate en el cual se
compromete una de las funciones primordiales del Estado (jurisdiccional); antes por el
contrario, el juzgador es el director del proceso y es en esta función en la que le corresponde
impulsar el mismo, mediante la formación progresiva del procedimiento como fase externa
de aquel, a través de su intervención o dirección tendente a obtener la mayor cercanía
posible de la averiguación de la verdad material de los hechos, ya que, si se dejara a merced
de las partes la labor de indagar la verdad del objeto de la controversia, éstas tan sólo lo harían
dentro de los parámetros que más convengan a sus respectivos intereses…”. (Destacado de la
Sala)
Ahora bien, de conformidad con lo establecido en el artículo 11 del Código de Procedimiento
Civil, en materia civil el juez no puede iniciar el proceso sin previa demanda de parte, pero
puede proceder de oficio cuando la ley lo autorice, o cuando en resguardo del orden público o
de las buenas costumbres, sea necesario dictar alguna providencia legal aunque no la soliciten
las partes.
Dichas disposiciones legales, han sido analizadas por la Sala Constitucional de este Tribunal
Supremo de Justicia, a la luz del derecho de acceso a los órganos jurisdiccionales como parte
del derecho constitucional a la tutela judicial efectiva, estableciendo con carácter vinculante, el
siguiente criterio:
“…Visto lo antes expuesto, aprecia esta Sala que, mediante la acción interpuesta, la ciudadana
LILA ROSA GONZÁLEZ DE PÉREZ cuestionó la valoración del juez de la alzada, dado que en su
solicitud de tutela constitucional expuso los razonamientos que –en su criterio- debieron darse
en el caso bajo examen, tomando además en consideración que el juzgador se extralimitó en
sus funciones al declarar inadmisible la demanda, por “inepta acumulación de pretensiones”,
sin que la misma haya sido alegada por la parte demandada durante el proceso.
Al efecto, esta Sala considera necesario precisar que, de acuerdo con el artículo 14 del
Código de Procedimiento Civil, el juez es el director del proceso y debe impulsarlo de oficio
hasta su conclusión, a menos que la causa esté en suspenso por algún motivo legal. No
obstante, este principio ya se anticipa en el artículo 11 eiusdem, donde como excepción al
principio del impulso procesal, se permite actuar al Juez de oficio cuando la ley lo autorice o
cuando en resguardo del orden público o de las buenas costumbres sea necesario dictar
alguna providencia legal, aunque no lo soliciten las partes.
Ahora bien, la aplicación del principio de la conducción judicial al proceso no se limita a la sola
formal condición del proceso en el sucederse de las diferentes etapas del mismo, sino que él
encuentra aplicación provechosa en la labor que debe realizar el juez para evidenciar, sin que
se requiera la prestancia de parte, los vicios en la satisfacción de los presupuestos procesales,
o cuando evidencie, también de oficio, la inexistencia del derecho de acción en el
demandante en los casos en que la acción haya caducado, o respecto a la controversia
propuesta se haya producido el efecto de la cosa juzgada o cuando para hacer valer una
pretensión determinada se invoquen razones distintas a las que la ley señala para su
procedencia o cuando la ley prohíba expresamente la acción propuesta. Todos estos actos
están íntimamente ligados a la conducción del proceso, ya que si no se satisfacen los
presupuestos procesales no nace la obligación en el juez de prestar la función jurisdiccional
para resolver la controversia propuesta.
En tal sentido, considera esta Sala que si nuestro ordenamiento jurídico establece que la
relación jurídica procesal debe constituirse válidamente satisfaciendo las formalidades que
la ley determina, sólo después de que se haya depurado el proceso de cualquier vicio que
afecte la válida constitución de la relación procesal o la haga inexistente, es que nace para el
órgano jurisdiccional la obligación de conocer y resolver el fondo de la controversia. Por ello,
para verificar el cumplimiento de los llamados presupuestos procesales, tanto las partes
como el Juez, están autorizados para controlar la válida instauración del proceso,
advirtiendo los vicios en que haya incurrido el demandante respecto a la satisfacción de los
presupuestos procesales.
Así pues, con independencia de cualquier consideración acerca de los razonamientos del Juez
Segundo de Primera Instancia en lo Civil y Mercantil de la Circunscripción Judicial del Estado
Nueva Esparta acerca de la existencia o no de una inepta acumulación de pretensiones y del
carácter de orden público que ostenta la prohibición contenida en el artículo 78 del Código de
Procedimiento Civil, debe esta Sala reiterar que, la valoración forma parte de la autonomía e
independencia de la que gozan los jueces al decidir, quienes -si bien deben ajustarse a la
Constitución y las leyes al resolver una controversia- disponen de un amplio margen de
apreciación del derecho aplicable a cada caso, por lo cual pueden interpretarlo y ajustarlo a su
entendimiento, como actividad propia de su función de juzgar, sin que el juzgador de amparo
pueda inmiscuirse dentro de esa autonomía del juez en el estudio y resolución de la causa,
salvo que tal criterio viole notoriamente derechos o principios constitucionales…” (Sentencia
N° 779, del 10 de abril del 2002 expediente N° 01-0464, caso: Materiales MCL, C.A.)…”.
En este mismo sentido, dicha Sala, en fallo N° 1618, del 18 de agosto de 2004, expediente N°
2003-2946, caso: Industria Hospitalaria de Venezuela 2943, C.A., estableció:
“...Ahora bien, la sentencia impugnada por la accionante fue dictada en la fase ejecutiva del
proceso de estimación e intimación de honorarios, en virtud de haber finalizado la etapa
declarativa como consecuencia de su falta de impugnación del derecho reclamado y por
haberse acogido a la retasa de los montos intimados. En tal sentido, se ha dicho que el juzgado
de retasa sólo podrá pronunciarse sobre el quantum de los emolumentos, no sobre la
procedencia del cobro de los mismos, ni sobre su carácter judicial o extrajudicial, ya que esta
cuestión debe ser dirimida por el juez de la causa en la fase declarativa del juicio de intimación
de honorarios.
No obstante lo anterior, la Sala estima que el rol del juez como director del proceso no se
agota con este pronunciamiento, porque de existir circunstancias que hagan presumir la
inadmisibilidad de la pretensión, como la misma está estrechamente vinculada con
la constitución válida del proceso, debe ser analizada, incluso en la fase ejecutiva.
En la sentencia consultada se indica que esta circunstancia debió exponerse al juez de la causa
principal y no al Juez de Retasa; pero la Sala considera que éste último, quien igualmente es
director del proceso, sin necesidad de que la inepta acumulación haya sido denunciada, debió
declararla.
La Sala, en otras oportunidades (cfr. sentencia nº 779/2002 del 10 de abril) ha señalado que el
juez, de conformidad con los artículos 11 y 14 del Código de Procedimiento Civil, es el director
del proceso y debe impulsarlo de oficio hasta su conclusión; dicha conducción judicial que no
se circunscribe sólo al establecimiento de las condiciones formales del proceso en el
sucederse de las diferentes etapas del mismo, encuentra aplicación provechosa en la labor
que debe realizar el juez para evidenciar, sin instancia de parte, los vicios en la satisfacción
de los presupuestos procesales o en la existencia del derecho de acción en el
demandante. En efecto, si el proceso es una relación jurídica, el mismo debe constituirse
válidamente satisfaciendo las formalidades que la ley determina, y sólo después de que se
haya depurado el proceso de cualquier vicio que afecte su válida constitución o lo haga
inexistente, es que nace para el órgano jurisdiccional la obligación de conocer y resolver el
fondo de la controversia.
Se insiste que para verificar el cumplimiento de los llamados presupuestos procesales, tanto
las partes como el Juez, están autorizados para controlar la válida instauración del proceso,
con la advertencia de los vicios en que haya incurrido el demandante respecto de la
satisfacción de los presupuestos procesales y la falta de oposición por el demandado de las
cuestiones previas a que se refiere el artículo 346 del Código de Procedimiento Civil o de
cualquier otro mecanismo de defensa de cuestiones procesales, no obsta para que el Juez,
que conoce el derecho y dirige el proceso, verifique en cualquier estado y grado de la causa –
v.g.: en la ejecución o en la alzada-, el cumplimiento de los presupuestos procesales, aunque
al momento en que fue admitida la demanda por el Juez de la causa, no se hubiere advertido
vicio alguno para la instauración del proceso.
Por ello, tanto las partes como el juez, están autorizados para controlar la válida instauración
del proceso y verificar así el cumplimiento de los llamados presupuestos procesales,
advirtiendo los vicios en que haya incurrido el demandante respecto a la satisfacción de los
mismos. (Cfr. Sentencia N° RC-687 de fecha 13 de noviembre de 2014, caso: Moralba González
de Tellechea, contra Matilde Da Silva de Cañizalez y otros, Exp. N° 2014-279).
Ahora bien, observa la Sala del libelo de la demanda, transcrito previamente, el cual no se
transcribe nuevamente en atención al principio de brevedad del fallo y por ende se da por
reproducido en este acto, que el demandante acumuló en su libelo de la demanda la
pretensión desalojo de inmueble y la pretensión de cobro por daños y perjuicios la cual se
fundamenta en el artículo 1167 del Código Civil, juicios que se sustancian y deciden por
procedimiento disímiles, el primero de conformidad con el procedimiento oral previsto en los
artículos 859 y siguientes del Código de Procedimiento Civil, por remisión expresa del artículo
43 de la Ley de Regulación del Arrendamiento Inmobiliario para el uso Comercial, y el segundo
conforme al procedimiento ordinario previsto en el Código de Procedimiento Civil, en sus
artículos 338 y siguientes. Asimismo tal y como fue reseñado en los
acápites supra desarrollados, la acción de desalojo es una acción especialísima de la materia
inquilinaria, la cual excluye, por no estar autorizada en las normas legales especiales, la
acumulación de la pretensión de daños y perjuicios.
En este orden de ideas, la Sala Constitucional de este Máximo Tribunal en sentencia N° 357 de
fecha 19 de noviembre de 2019, caso: José Juan Marín Girón, Exp. N° 2018-125, al conocer en
revisión constitucional, se pronunció sobre la inepta acumulación de una acción especial
derivada del desalojo conjuntamente con el cobro de los cánones de arrendamiento vencidos,
de la forma siguiente:
“En lo que atañe a la tercera denuncia formulada respecto al error en que incurrió el Juzgado
Superior Primero en lo Civil, Mercantil, Tránsito y Bancario de la Circunscripción Judicial del
Estado Carabobo, con sede en Valencia, cuando estimó que las dos pretensiones (desalojo y
cobro de cánones vencidos) esgrimidas por la empresa Polígono Industrial C.A., contra la
sociedad mercantil accionante en amparo, no habían sido planteadas de manera principal, sino
como subsidiaria una de la otra, esta Sala Constitucional aprecia que ambas pretensiones
persiguen finalidades disímiles; tal y como ocurre cuando se demanda la resolución y el
cumplimiento de un contrato de manera principal, en una de ellas se pretende acabar con el
vínculo o nexo contractual y en la otra, por el contrario, se persigue el cumplimiento de lo
pactado. En tal sentido, esta Sala Constitucional en sentencia N° 669 del 4 de abril de 2003
(caso: Magaly Gallo de Perdomo), expresó lo siguiente:
‘…Es indudable que no se pueden acumular en una misma demanda pretensiones de
cumplimiento y resolución, ya que son antinómicas, pero el acreedor demandante puede pedir
la ejecución o resolución, más los daños y perjuicios…’. (Negrillas de esta Sala).
Ahora bien, en el caso de autos la acción ejercida no es la resolución sino el desalojo, las
cuales presentan diferencias importantes en tres aspectos primordiales a saber: la primera
(la acción de resolución) se encuentra dirigida a poner fin a una relación arrendaticia por
escrito a tiempo determinado, independientemente de la naturaleza o índole del
incumplimiento y a los contratos verbales o por escrito a tiempo indeterminado por motivos
de incumplimiento distintos a los contemplados en el artículo 34 de la Ley de Arrendamientos
Inmobiliarios, mientras que la segunda (la acción de desalojo) resulta aplicable a una
relación arrendaticia, verbal o por escrito a tiempo indeterminado, con el objeto de obtener
la devolución del inmueble arrendado, por alguna de causales taxativas establecidas en el
artículo 34 eiusdem. Otra de las diferencias presentes entre ambas acciones, es que la
sentencia que se pronuncie sobre la resolución de un contrato es, en principio, recurrible a
través del ejercicio del recurso de casación -siempre que la cuantía de la causa así lo permita-
mientras que la sentencia que acuerde el desalojo no admite posibilidad alguna de incoar
dicho recurso, conforme lo prevé el artículo 36 de la ley especial que regula la materia y, por
último, la acción de desalojo requiere, respecto de la causal de falta de pago, que el
arrendatario hubiere dejado de pagar el canon de arrendamiento correspondiente a dos (2)
mensualidades consecutivas; mientras que en la acción de resolución en el contrato a tiempo
determinado, la falta de pago de una pensión arrendaticia es causa o motivo suficiente para
que el arrendador proceda a demandar la finalización de la relación contractual.
A pesar de que ambas acciones (desalojo y resolución) persigan el mismo objetivo, esto es la
devolución o entrega material del bien inmueble arrendado, ambas responden a motivos o
circunstancias disímiles para su ejercicio; por lo tanto, no resulta posible aplicar a la acción
de desalojo lo previsto en el artículo 1.167 del Código Civil, respecto de la acción de
resolución y la acumulación a ésta de una pretensión dirigida a obtener el pago de cánones
de arrendamientos insolutos.
(…omissis…)
De los criterios señalados en la cita previamente transcrita, se tiene que si bien las acciones de
desalojo y resolutoria persiguen el mismo objetivo, esto es la devolución o entrega material
del bien inmueble arrendado, las mismas responden a motivos o circunstancias disímiles para
su ejercicio; por lo tanto, no resulta posible aplicar a la acción de desalojo lo previsto en el
artículo 1167 del Código Civil, respecto de la acción de resolución y la acumulación a ésta de
una pretensión dirigida a obtener el pago de cánones de arrendamientos insolutos.
Lo anteriormente expuesto, a juicio de esta Sala deja ver palmariamente que en el presente
caso, estamos en presencia de un típico caso de inepta acumulación de pretensiones
excluyentes así como por procedimientos disímiles, que engendra la inadmisibilidad de la
acción, a tenor de lo dispuesto en los artículos 78 y 341 del Código de Procedimiento Civil;
razón por la cual considera la Sala que se encuentran dados los supuestos de la inepta
acumulación de pretensiones prevista en el artículo 78 del Código de Procedimiento Civil,
conforme a la doctrina y jurisprudencia antes citadas en este fallo.
DECISIÓN
PRIMERO: CASA DE OFICIO TOTAL y SIN REENVÍO el fallo recurrido, proferido por el Juzgado
Superior en lo Civil, Mercantil, Bancario, del Tránsito y Marítimo de la Circunscripción Judicial
del estado Falcón, en fecha 5 de octubre de 2021, y en consecuencia DECRETA SU NULIDAD
ABSOLUTA.
Se declaran NULAS todas las actuaciones procesales del presente juicio, incluyendo la
sentencia dictada por el Juzgado Tercero de Primera Instancia en lo Civil, Mercantil, Agrario y
del Tránsito de la Circunscripción Judicial del estado Falcón, con sede en Santa Ana de Coro, en
fecha 10 de mayo de 2021.
Dada, firmada y sellada en la Sala de Despacho de la Sala de Casación Civil, del Tribunal
Supremo de Justicia, en Caracas, a los cinco (5) días del mes de octubre de dos mil veintidós.
Años: 212º de la Independencia y 163º de la Federación.
Presidente de la Sala,
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Vicepresidente-Ponente,
_______________________________
Magistrada,
________________________________
La Secretaria,
_______________________________________________
Exp. AA20-C-2022-000012
La Secretaria,