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SALA DE CASACIÓN CIVIL Desalojo

Este documento presenta un resumen de un caso de casación civil relacionado con un juicio de desalojo de un local comercial. Se describe el proceso judicial a nivel de primera instancia y apelación. La Sala de Casación Civil decidió analizar el caso de oficio para verificar si se respetaron las normas procesales y constitucionales.

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SALA DE CASACIÓN CIVIL Desalojo

Este documento presenta un resumen de un caso de casación civil relacionado con un juicio de desalojo de un local comercial. Se describe el proceso judicial a nivel de primera instancia y apelación. La Sala de Casación Civil decidió analizar el caso de oficio para verificar si se respetaron las normas procesales y constitucionales.

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SALA DE CASACIÓN CIVIL

Exp. AA20-C-2022-000012

Magistrado Ponente: JOSÉ LUIS GUTIÉRREZ PARRA

En el juicio por desalojo de local comercial, interpuesto ante el Juzgado Tercero de Primera
Instancia en lo Civil, Mercantil, Agrario y del Tránsito de la Circunscripción Judicial del estado
Falcón, por el ciudadano JUAN ALEJANDRO YORIS VALLES, titular de la cédula de identidad
número V-14.734.110, representado judicialmente por los abogados José Alexis Prieto, Yohel
Carrillo y Jesús Martínez, inscritos en el Instituto de Previsión Social del Abogado (I.P.S.A.) bajo
los números 203.183, 112.216 y 265.008, respectivamente, contra el ciudadano RONALD
WILLIAM AÑEZ GONZÁLEZ, titular de la cédula de identidad número V-16.609.924,
representado judicialmente por los abogado Marcos Moisés Agraez Medina y Amilcar
Antequera Lugo, inscrito en el Instituto de Previsión Social del Abogado (I.P.S.A.) bajo los
números 285.952 y 103.204, en ese orden; el Juzgado Superior en lo Civil, Mercantil, Bancario,
del Tránsito y Marítimo de la misma circunscripción judicial, dictó sentencia en fecha 5 de
octubre de 2021, mediante la cual declaró:

“…PRIMERO: SIN LUGAR la apelación ejercida por el ciudadano RONALD WILLIAM AÑEZ
GONZALEZ, debidamente asistido por el abogado Marcos Moisés Agraez Medina, mediante
diligencia de fecha 28 de mayo de 2021.

SEGUNDO: Se CONFIRMA en todas sus partes la sentencia definitiva de fecha 10 de mayo de


2021, dictada por el Juzgado Tercero de Primera Instancia en lo Civil, Mercantil, Agrario y
Tránsito de la Circunscripción Judicial del estado Falcón, mediante la cual declaró CON LUGAR
la demanda de DESALOJO DE LOCAL COMERCIAL, incoada por los abogados Alexis Prieto, Yoel
Antonio Carrillo Jiménez, y Jesús Melecio Martínez Quintero, con el carácter de apoderados
judiciales del ciudadano JUAN ALEJANDRO YORIS VALLES, contra el ciudadano RONALD
WILLIAM AÑEZ GONZÁLEZ, en base a la confesión ficta del demandado.

TERCERO: Se condena en costas a la parte recurrente, de conformidad con lo establecido en el


artículo 281 del Código de Procedimiento Civil…” (Mayúsculas y subrayado del texto).

En fecha 14 de octubre de 2021, el abogado Amilcar Antequera Lugo, inscrito en el Instituto de


Previsión Social del Abogado (I.P.S.A.) bajo el número 103.204, actuando en
representación judicial de la parte demandada anunció recurso de casación, asimismo
presentó el respectivo escrito de formalización.

El 21 de octubre de 2021, el citado superior admitió el recurso de casación propuesto por la


parte demandada.
El expediente fue recibido en esta Sala, en fecha 24 de enero de 2022.

En fecha 14 de febrero de 2022, se dio cuenta en Sala del presente expediente y se designó
ponente al Magistrado Dr. Guillermo Blanco Vásquez.

Así las cosas, consta que en fecha 27 de mayo de 2022, en virtud de la designación de los
Magistrados y Magistradas principales y suplentes del Tribunal Supremo de Justicia en sesión
ordinaria de la Asamblea Nacional del día 26 de abril de 2022, publicada en la Gaceta Oficial de
la República Bolivariana de Venezuela (Extraordinaria N°6.696 del 27 de abril de 2022), y
mediante Sala Plena de este Máximo Tribunal, quedó electa la Junta Directiva de esta Sala de
Casación Civil, quedando conformada de la siguiente manera: como Presidente, el Magistrado
Dr. Henry José Timaure Tapia, como Vicepresidente el Magistrado Dr. José Luis Gutiérrez Parra,
y la Magistrada Dra. Carmen Eneida Alves Navas; en consecuencia de lo anterior, se reasignó la
ponencia de la presente causa al Magistrado Dr. José Luis Gutiérrez Parra, quien con tal
carácter suscribe el presente fallo.

Cumplidas las formalidades legales, pasa la Sala a dictar su decisión bajo la ponencia del
Magistrado quien con tal carácter la suscribe, y lo hace bajo las siguientes consideraciones:

-I-

CASACIÓN DE OFICIO

En garantía del legítimo derecho que poseen las partes a la defensa y libre acceso a los órganos
de administración de justicia para ejercer el derecho a la tutela judicial efectiva de los mismos
y el de petición, consagrado en los artículos 49, numeral 1°, 26 y 51, todos de la Constitución
de la República Bolivariana de Venezuela, esta Sala en sentencia N° 22 de fecha 24 de febrero
del 2000, expediente N° 1999-625, caso: Fundación para el Desarrollo del estado Guárico
(FUNDAGUÁRICO) contra José Milagro Padilla Silva, determinó que conforme a la disposición
legal prevista en el artículo 320 del Código de Procedimiento Civil, y al principio constitucional
establecido en el artículo 257 de la precitada Constitución, referido a que "…El proceso
constituye un instrumento fundamental para la realización de la justicia...", tiene la
prerrogativa para extender su examen hasta el fondo del litigio, sin formalismos, cuando se
detecte la infracción de una norma de orden público o constitucional.

En este sentido, con el fin de aplicar una recta y sana administración de justicia, de
conformidad con lo establecido en el artículo 335 de la Constitución de la República
Bolivariana de Venezuela, y en aplicación del criterio vinculante sentado por la Sala
Constitucional de este Tribunal Supremo de Justicia en sentencia N° 1353 de fecha 13 de
agosto de 2008, expediente N° 2007-1354, caso: Corporación Acros, C.A., según el cual,
la casación de oficio, más que una facultad discrecional, constituye un verdadero imperativo
constitucional, porque “...asegurar la integridad de las normas y principios constitucionales es
una obligación de todos los jueces y juezas de la República, en el ámbito de sus
competencias (ex artículo 334 de la Constitución de la República Bolivariana de
Venezuela)...”, que “…la casación de oficio no viola principios o garantías constitucionales,
pues, al contrario, se trata de una labor que responde a la protección y vigencia del Texto
Fundamental…”, y que “…la casación de oficio no viola el derecho a la defensa pues no se
trata de un caso de tutela de intereses particulares, sino de respeto del orden público y de las
normas constitucionales…” (Sent. N° 116 de fecha 29 de enero de 2002, expediente N° 2000-
1561, caso: José Gabriel Sarmiento Núñez, y otros. Sala Constitucional), esta Sala de Casación
Civil, procede a obviar las denuncias articuladas en el recurso extraordinario de casación, dado
que la infracción evidenciada no fue denunciada por la formalizante.

De allí que, con fundamento en lo anterior y autorizada por la facultad establecida en el


artículo 320 del Código de Procedimiento Civil, esta Sala de Casación Civil hará
pronunciamiento expreso, para casar el fallo recurrido con base en infracciones de orden
público y constitucional, encontradas en el caso bajo estudio, y al respecto observa:

Esta Sala ha establecido en diferentes ocasiones que la acumulación de pretensiones en una


causa, debe obedecer a la necesidad de evitar la eventualidad de fallos contrarios o
contradictorios en casos que, o bien son conexos, o existe entre ellos una relación de
accesoriedad o continencia. En este sentido, ha sostenido que ella tiene como objetivo influir
positivamente en la celeridad, ahorrando tiempo y recursos al fallar en una sola sentencia
asuntos en los que no hay razón para que se ventilen en diferentes procesos. (Ver, entre otras,
sentencia de 22 de mayo de 2001, caso: Mortimer Ramón contra Héctor José Florville
Torrealba). Sin embargo, debe verificarse si la acumulación se ajusta a derecho, esto es, que se
trate de pretensiones compatibles, que no se contraríen o excluyan entre sí, y que puedan ser
tramitadas en un mismo procedimiento.

La doctrina expresa, al respecto que:

“...Finalmente, no son acumulables las acciones o pretensiones que tengan procedimientos


legales incompatibles entre sí. La unidad de procedimiento es una característica de la
acumulación en general, y cuando a cada pretensión corresponde un procedimiento
incompatible con el de la otra, aquella unidad no puede lograrse y la acumulación por tanto no
es posible. Así, v. gr., una pretensión de reivindicación de un inmueble, no puede acumularse
con otra de ejecución de hipoteca, porque la primera tiene un procedimiento ordinario y la
segunda se sigue por uno especial. No pueden acumularse una pretensión de cobro de una
letra de cambio y una de rendición de cuentas, porque aunque ambas corresponden a la
competencia mercantil, la primera debe seguirse por el procedimiento ordinario y la segunda
por uno especial.

Es indiferente que ambas pretensiones tengan procedimiento especial si éstos no son


incompatibles.

Así pueden acumularse dos pretensiones de divorcio, porque ambas se siguen por el mismo
procedimiento especial; pero no pueden acumularse una de privación de la patria potestad
con una de divorcio, porque cada una tiene su procedimiento especial incompatible con el da
la otra.

La exigencia de la unidad del procedimiento es de tal entidad en esta materia, que si bien se
permite la acumulación subsidiaria de dos o más pretensiones incompatibles entre sí, esta
acumulación tampoco es posible cuando no hay unidad de procedimientos (Art. 78 C.P.C.)...”
(Arístides Rengel Romberg. Tratado de Derecho Procesal Civil Venezolano. Tomo II, pág.
110). (Cfr. Fallo de esta Sala N° 99 del 27 de abril de 2001, expediente N° 2000-178, caso: María
Josefina Mendoza Medina contra Luis Alberto Bracho Inciarte).

Asimismo ha dejado claro esta Sala que la acumulación de acciones es de eminente orden
público.

“…La doctrina pacífica y constante de la Sala ha sido tradicionalmente exigente en lo que


respecta a la observancia de los trámites esenciales del procedimiento, entendido el proceso
civil, como el conjunto de actos del órgano jurisdiccional, de las partes, y de los terceros que
eventualmente en él intervienen, preordenados para la resolución de una controversia, el cual
está gobernado por el principio de la legalidad de las formas procesales. Esto, como lo enseña
Chiovenda, que no hay un proceso convencional sino, al contrario, un proceso cuya estructura
y secuencia se encuentra preestablecidas con un neto signo impositivo, no disponible para el
juez, ni para las partes. Así, la regulación legal sobre la forma, estructura y secuencia del
proceso civil, es obligatoria en un sentido absoluto, tanto para las partes como para el juez,
pues esa forma, esa estructura y esa secuencia que el legislador ha dispuesto en la ley
procesal, son las que el Estado considera apropiadas y convenientes para la finalidad de
satisfacer la necesidad de tutela jurisdiccional de los ciudadanos, que es uno de sus objetivos
básicos.

Es por lo expresado que la Sala ha considerado tradicionalmente que la alteración de los


trámites esenciales del procedimiento quebranta el concepto de orden público, cuya finalidad
tiende a hacer triunfar el interés general de la sociedad y del Estado sobre los intereses
particulares del individuo, por lo que su violación acarrea la nulidad del fallo y las actuaciones
procesales viciadas, todo ello en pro del mantenimiento de la seguridad jurídica y de la
igualdad entre las parte, que es el interés primario en todo juicio…” (Sentencia de la Sala de
Casación Civil del 22 de octubre de 1997). (Cfr. Fallo de esta Sala N° 99 del 27 de abril de 2001,
expediente N° 2000-178, caso: María Josefina Mendoza Medina contra Luis Alberto Bracho
Inciarte).

Es de antigua data la siguiente doctrina de la Sala que señala lo siguiente:

“...También es de señalar que es doctrina inveterada, diuturna y pacífica de este Supremo


Tribunal de Justicia, -la cual queda aquí ratificada- que desde el 24 de diciembre de
1915: “QUE AUN CUANDO LAS PARTES LITIGANTES MANIFIESTEN SU ACUERDO, NO ES
POTESTATIVO A LOS TRIBUNALES SUBVERTIR LAS REGLAS LEGALES CON QUE EL LEGISLADOR
HA REVESTIDO LA TRAMITACIÓN DE LOS JUICIOS; PUES SU ESTRICTA OBSERVANCIA ES
MATERIA ÍNTIMAMENTE LIGADA AL ORDEN PÚBLICO”. (Memorias de 1916, Pág. 206. Sent.
24-12-15. -Ratificada: G.F. N° 34, 2 etapa, pág. 151. Sent. 7-12-61; G.F. N° 84. 2 etapa, pág. 589.
Sent. 22-05-74; G.F. N° 102, 3 etapa, pág. 416. Sent. 15-11-78; G.F. N° 113, V.I, 3 etapa, pág.
781. Sent. 29-07-81; G.F. N° 118. V. II. 3 etapa, pág. 1.422. Sent. 14-12-82)’ (cfr. CSJ, Sent. 4-5-
94, en Pierre Tapia, O.: ob. cit. N° 5, p. 283). (Destacado de la Sala). (Criterio reiterado en fallo
N° RC-848 del 10 de diciembre de 2008, expediente N° 2007-163, caso: ANTONIO ARENAS y
JUANA YNOCENCIA RENGIFO DE ARENAS, en representación de sus hijas fallecidas Danyali Del
Valle Arenas Rengifo, Yumey Coromoto Arenas Rengifo y Rosangela Arenas Rengifo, contra la
sociedad mercantil SERVIQUIM C.A., y la sociedad mercantil SEGUROS MERCANTIL C.A.)

En tal sentido, el artículo 341 del Código de Procedimiento Civil, establece que el tribunal
admitirá la demanda “si no es contraria al orden público, a las buenas costumbres o a
alguna disposición expresa de la Ley”. De lo contrario deberá negar su admisión expresando
los motivos de su negativa.

Por su parte el artículo 78 del Código de Procedimiento Civil, prohíbe la concentración de


pretensiones en una misma demanda, en los casos en que las pretensiones se excluyan
mutuamente o que sean contrarias entre sí; cuando, por razón de la materia, no correspondan
al conocimiento del mismo tribunal, y en los casos en que los procedimientos sean
incompatibles. De tal modo, que toda acumulación de pretensiones realizada en
contravención a lo dispuesto por la mencionada ley adjetiva, es lo que la doctrina denomina
inepta acumulación de pretensiones. (Cfr. Sentencia N° RC-124 de fecha 29 de marzo de 2017,
caso: Luís José Campos Montaño y otra contra Milagros Del Valle Parejo Guaimare, Exp. N°
2016-677).

En tal sentido, de conformidad con lo establecido en el artículo 11 del Código de


Procedimiento Civil, en materia civil el juez no puede iniciar el proceso sin previa demanda de
parte, pero puede proceder de oficio cuando la ley lo autorice, o cuando en resguardo del
orden público o de las buenas costumbres, sea necesario dictar alguna providencia legal
aunque no la soliciten las partes.

El anterior precepto se concatena con el artículo 14 eiusdem, según el cual, el juez es el


director del proceso y debe impulsarlo de oficio hasta su conclusión, a menos que la causa esté
en suspenso por algún motivo legal.

Dichas disposiciones legales, han sido analizadas por la Sala Constitucional de este Tribunal
Supremo de Justicia, a la luz del derecho de acceso a los órganos jurisdiccionales como parte
del derecho constitucional a la tutela judicial efectiva, estableciendo con carácter vinculante, el
siguiente criterio:

“…Visto lo antes expuesto, aprecia esta Sala que, mediante la acción interpuesta, la ciudadana
LILA ROSA GONZÁLEZ DE PÉREZ cuestionó la valoración del juez de la alzada, dado que en su
solicitud de tutela constitucional expuso los razonamientos que –en su criterio- debieron darse
en el caso bajo examen, tomando además en consideración que el juzgador se extralimitó en
sus funciones al declarar inadmisible la demanda, por “inepta acumulación de pretensiones”,
sin que la misma haya sido alegada por la parte demandada durante el proceso.
Al efecto, esta Sala considera necesario precisar que, de acuerdo con el artículo 14 del
Código de Procedimiento Civil, el juez es el director del proceso y debe impulsarlo de oficio
hasta su conclusión, a menos que la causa esté en suspenso por algún motivo legal. No
obstante, este principio ya se anticipa en el artículo 11 eiusdem, donde como excepción al
principio del impulso procesal, se permite actuar al Juez de oficio cuando la ley lo autorice o
cuando en resguardo del orden público o de las buenas costumbres sea necesario dictar
alguna providencia legal, aunque no lo soliciten las partes.

Ahora bien, la aplicación del principio de la conducción judicial al proceso no se limita a la sola
formal condición del proceso en el sucederse de las diferentes etapas del mismo, sino que él
encuentra aplicación provechosa en la labor que debe realizar el juez para evidenciar, sin que
se requiera la prestancia de parte, los vicios en la satisfacción de los presupuestos procesales,
o cuando evidencie, también de oficio, la inexistencia del derecho de acción en el
demandante en los casos en que la acción haya caducado, o respecto a la controversia
propuesta se haya producido el efecto de la cosa juzgada o cuando para hacer valer una
pretensión determinada se invoquen razones distintas a las que la ley señala para su
procedencia o cuando la ley prohíba expresamente la acción propuesta. Todos estos actos
están íntimamente ligados a la conducción del proceso, ya que si no se satisfacen los
presupuestos procesales no nace la obligación en el juez de prestar la función jurisdiccional
para resolver la controversia propuesta.

En tal sentido, considera esta Sala que si nuestro ordenamiento jurídico establece que la
relación jurídica procesal debe constituirse válidamente satisfaciendo las formalidades que
la ley determina, sólo después de que se haya depurado el proceso de cualquier vicio que
afecte la válida constitución de la relación procesal o la haga inexistente, es que nace para el
órgano jurisdiccional la obligación de conocer y resolver el fondo de la controversia. Por ello,
para verificar el cumplimiento de los llamados presupuestos procesales, tanto las partes
como el Juez, están autorizados para controlar la válida instauración del proceso,
advirtiendo los vicios en que haya incurrido el demandante respecto a la satisfacción de los
presupuestos procesales.

Así, contrariamente a lo alegado por la accionante, la falta de oposición por el demandado


de las cuestiones previas a que se refiere el artículo 346 del Código de Procedimiento Civil,
no obsta para que el Juez, que conoce el derecho y dirige el proceso, verifique en cualquier
estado de la causa, incluso en la alzada, el cumplimiento de los presupuestos procesales,
aunque al momento en que fue admitida la demanda por el Juez de la causa, no se hubiere
advertido vicio alguno para la instauración del proceso. (Resaltado añadido)

Así pues, con independencia de cualquier consideración acerca de los razonamientos del Juez
Segundo de Primera Instancia en lo Civil y Mercantil de la Circunscripción Judicial del Estado
Nueva Esparta acerca de la existencia o no de una inepta acumulación de pretensiones y del
carácter de orden público que ostenta la prohibición contenida en el artículo 78 del Código de
Procedimiento Civil, debe esta Sala reiterar que, la valoración forma parte de la autonomía e
independencia de la que gozan los jueces al decidir, quienes -si bien deben ajustarse a la
Constitución y las leyes al resolver una controversia- disponen de un amplio margen de
apreciación del derecho aplicable a cada caso, por lo cual pueden interpretarlo y ajustarlo a su
entendimiento, como actividad propia de su función de juzgar, sin que el juzgador de amparo
pueda inmiscuirse dentro de esa autonomía del juez en el estudio y resolución de la causa,
salvo que tal criterio viole notoriamente derechos o principios constitucionales…” (Sentencia
N° 779, del 10 de abril del 2002 expediente N° 01-0464, caso: Materiales MCL, C.A.).

En este mismo sentido, dicha Sala, en fallo N° 1618 del 18 de abril de 2004, expediente N°
2003-2946, caso: Industria Hospitalaria de Venezuela 2943, C.A., estableció:

“…Ahora bien, la sentencia impugnada por la accionante fue dictada en la fase ejecutiva del
proceso de estimación e intimación de honorarios, en virtud de haber finalizado la etapa
declarativa como consecuencia de su falta de impugnación del derecho reclamado y por
haberse acogido a la retasa de los montos intimados. En tal sentido, se ha dicho que el juzgado
de retasa sólo podrá pronunciarse sobre el quantum de los emolumentos, no sobre la
procedencia del cobro de los mismos, ni sobre su carácter judicial o extrajudicial, ya que esta
cuestión debe ser dirimida por el juez de la causa en la fase declarativa del juicio de intimación
de honorarios.

No obstante lo anterior, la Sala estima que el rol del juez como director del proceso no se
agota con este pronunciamiento, porque de existir circunstancias que hagan presumir la
inadmisibilidad de la pretensión, como la misma está estrechamente vinculada con
la constitución válida del proceso, debe ser analizada, incluso en la fase ejecutiva.

En el caso en cuestión se denunció la inepta acumulación de pretensiones, porque en el juicio


de intimación y estimación de honorarios iniciado por los abogados Alexis José Balza Meza,
María Elena Meza de Balza y Elizabeth Bravo Márquez contra la accionante se reclamaron
honorarios judiciales y extrajudiciales, los cuales tienen un procedimiento distinto, cuya
acumulación está prohibida por el legislador para mantener la unidad del proceso.

En la sentencia consultada se indica que esta circunstancia debió exponerse al juez de la causa
principal y no al Juez de Retasa; pero la Sala considera que éste último, quien igualmente es
director del proceso, sin necesidad de que la inepta acumulación haya sido denunciada, debió
declararla.

La Sala, en otras oportunidades (cfr. sentencia nº 779/2002 del 10 de abril) ha señalado que el
juez, de conformidad con los artículos 11 y 14 del Código de Procedimiento Civil, es el director
del proceso y debe impulsarlo de oficio hasta su conclusión; dicha conducción judicial que no
se circunscribe sólo al establecimiento de las condiciones formales del proceso en el
sucederse de las diferentes etapas del mismo, encuentra aplicación provechosa en la labor
que debe realizar el juez para evidenciar, sin instancia de parte, los vicios en la satisfacción
de los presupuestos procesales o en la existencia del derecho de acción en el demandante . En
efecto, si el proceso es una relación jurídica, el mismo debe constituirse válidamente
satisfaciendo las formalidades que la ley determina, y sólo después de que se haya depurado el
proceso de cualquier vicio que afecte su válida constitución o lo haga inexistente, es que nace
para el órgano jurisdiccional la obligación de conocer y resolver el fondo de la controversia.
Se insiste que para verificar el cumplimiento de los llamados presupuestos procesales, tanto
las partes como el Juez, están autorizados para controlar la válida instauración del proceso,
con la advertencia de los vicios en que haya incurrido el demandante respecto de la
satisfacción de los presupuestos procesales y la falta de oposición por el demandado de las
cuestiones previas a que se refiere el artículo 346 del Código de Procedimiento Civil o de
cualquier otro mecanismo de defensa de cuestiones procesales, no obsta para que el Juez,
que conoce el derecho y dirige el proceso, verifique en cualquier estado y grado de la causa –
v.g.: en la ejecución o en la alzada-, el cumplimiento de los presupuestos procesales, aunque
al momento en que fue admitida la demanda por el Juez de la causa, no se hubiere advertido
vicio alguno para la instauración del proceso.

La Sala admite que, en condiciones de normalidad, en la etapa de admisión de la demanda,


el juez de la causa debe evidenciar la falta de cumplimiento de los presupuestos procesales;
pero si ello no ocurre deberá ser verificado en cualquier estado y grado de la causa. En
efecto, en la presente causa, como el juez de la causa no advirtió la inepta acumulación de
pretensiones, pues en el libelo se indicó que “en el desarrollo del proceso y hasta la fecha que
estuvimos acreditados como Apoderados Judiciales de la Empresa, realizamos una ‘gran
cantidad de actuaciones’ (...) tampoco descartamos las múltiples reuniones que sostuvimos
con los socios y la Apoderada Judicial” (folios 500-501), el Juez de Retasa debía declararla, aun
cuando no hubiese sido opuesta por la parte demandada”.

Pues bien, de los criterios jurisprudenciales transcritos se colige, que es necesario que estén
dados todos los presupuestos procesales para que nazca la obligación del juez de ejercer su
función jurisdiccional y pueda resolver el caso planteado.

Por ello, tanto las partes como el juez, están autorizados para controlar la válida instauración
del proceso y verificar así el cumplimiento de los llamados presupuestos procesales,
advirtiendo los vicios en que haya incurrido el demandante respecto a la satisfacción de los
mismos.

Así pues, en condiciones de normalidad, en la etapa de admisión de la demanda, el juez de la


causa debe evidenciar la falta de cumplimiento de los presupuestos procesales; pero si ello no
ocurre puede ser verificado –de oficio- en cualquier estado y grado de la causa, al constituir
materia de orden público.

En este sentido, el artículo 341 del Código de Procedimiento Civil, dispone que el tribunal
admitirá la demanda “si no es contraria al orden público, a las buenas costumbres o a alguna
disposición expresa de la Ley”. De lo contrario deberá negar su admisión expresando los
motivos de su negativa.

Por su parte, en el artículo 78 del Código de Procedimiento Civil se prohíbe la concentración de


pretensiones en una misma demanda, en los casos en que las pretensiones se excluyan
mutuamente o que sean contrarias entre sí; cuando, por razón de la materia, no correspondan
al conocimiento del mismo tribunal, y en los casos en que los procedimientos sean
incompatibles. Así pues, toda acumulación de pretensiones realizada en contravención a lo
dispuesto por la mencionada ley adjetiva, es lo que la doctrina denomina inepta acumulación.

Se entiende, entonces, que la acumulación de pretensiones incompatibles, no puede darse en


ningún caso, es decir, ni de forma simple o concurrente, ni de manera subsidiaria. Por tanto, la
inepta acumulación de pretensiones debe forzosamente ser declarada en los casos en que
éstas se excluyan mutuamente o cuyos procedimientos sean incompatibles, constituye causal
de inadmisibilidad de la demanda. (Ver, entre otras, sentencia N° 175 del 13 de marzo de
2006. Caso: Celestino Sulbarán Durán c/ Carmen Tomasa Marcano Urbaez).

De forma tal que la acumulación de pretensiones es un asunto que atañe al orden público lo
que autoriza la casación de oficio, así lo ha reconocido esta Sala, entre otras, en sentencia N°
99, del 27 de abril de 2001, expediente N° 2000-178, caso: María Josefina Mendoza Medina
contra Luis Alberto Bracho Inciarte, ratificada en sentencia N° RC-262 de fecha 9 de mayo de
2017, caso: Koqueta Boutique 2006, C.A. contra Inversiones Jaime Zighelboim, C.A. y otras,
Exp. N° 2016-950, en la que se señaló:

“La acumulación de acciones es de eminente orden público.

‘...La doctrina pacífica y constante de la Sala ha sido tradicionalmente exigente en lo que


respecta a la observancia de los trámites esenciales del procedimiento, entendido el proceso
civil, como el conjunto de actos del órgano jurisdiccional, de las partes, y de los terceros que
eventualmente en él intervienen, preordenados para la resolución de una controversia, el cual
está gobernado por el principio de la legalidad de las formas procesales. Esto, como lo enseña
Chiovenda, que no hay un proceso convencional sino, al contrario, un proceso cuya estructura
y secuencia se encuentra preestablecidas con un neto signo impositivo, no disponible para el
juez, ni para las partes. Así, la regulación legal sobre la forma, estructura y secuencia del
proceso civil, es obligatoria en un sentido absoluto, tanto para las partes como para el juez,
pues esa forma, esa estructura y esa secuencia que el legislador ha dispuesto en la ley
procesal, son las que el Estado considera apropiadas y convenientes para la finalidad de
satisfacer la necesidad de tutela jurisdiccional de los ciudadanos, que es uno de sus objetivos
básicos.

Es por lo expresado que la Sala ha considerado tradicionalmente que la alteración de los


trámites esenciales del procedimiento quebranta el concepto de orden público, cuya finalidad
tiende a hacer triunfar el interés general de la sociedad y del Estado sobre los intereses
particulares del individuo, por lo que su violación acarrea la nulidad del fallo y las actuaciones
procesales viciadas, todo ello en pro del mantenimiento de la seguridad jurídica y de la
igualdad entre las parte, que es el interés primario en todo juicio....’ (Sentencia de la Sala de
Casación Civil del 22 de octubre de 1997)”. (Resaltado añadido).

La doctrina pacífica y reiterada de esta Sala, ha venido sosteniendo que, para que el juez
pueda declarar la inadmisibilidad de la demanda por inepta acumulación de pretensiones,
debe verificar que efectivamente se hayan acumulado pretensiones que se excluyan
mutuamente o cuyos procedimientos sean incompatibles. (Cfr. Sentencia N° RC-262 de fecha
9 de mayo de 2017, caso: Koqueta Boutique 2006, C.A. contra Inversiones Jaime Zighelboim,
C.A. y otras, Exp. N° 2016-950).

Ahora bien, en el presente caso esta Sala ha evidenciado de una revisión del expediente, una
infracción de orden público en su formación, al violentar la acumulación prohibida prevista en
el artículo 78 del Código de Procedimiento Civil proceso por la no aplicación por parte de la
recurrida del artículo 14 eiusdem y las atribuciones del juez como director del proceso, y al
respecto es necesario puntualizar lo siguiente:

La presente causa dio inicio mediante demanda presentada en fecha 21 de abril de 2016, por
la representación judicial de la Sucesión de Alida Monsanto de Pizzolante; en dicho escrito se
observa la Sala que solicitaron la pretensión de desalojo de inmueble destinado a local
comercial conjuntamente con la pretensión de daños y perjuicios, en este sentido, señaló en
su petitorio lo siguiente:

“…PETITUM DE LA ACCIÓN PROPUESTA:

Con razón en todos los fundamentos de Hecho y de Derecho anteriormente explanados en


nombre y representación de nuestro patrocinado, nos vemos en la forzosa necesidad de
Demandar al Ciudadano: RONALD WILLIAM AÑEZ GONZÁLEZ, antes identificado, por desalojo,
en los siguientes términos:

PRIMERO: Pedimos al Tribunal a su digno cargo se sirva admitir, sustanciar, tramitar la


Presente Demanda y Declare CON LUGAR la presente acción de desalojo intentada contra EL
DEMANDADO; Acuerde el desalojo del local comercial arriba identificado, para que se lo
entregue a nuestro representado libre de bienes y personas, tal como nuestro representado se
le entregó para el uso comercial.

SEGUNDO: Condene al DEMANDADO a pagarle a nuestro representado las sumas de: a)


NOVECIENTOS DOLARES AMERICANOS (900,00$) o su equivalente en BOLÍVARES
SOBERANOS, calculado de acuerdo al valor del precio oficial de la divisa establecido por el
Banco Central de Venezuela (BCV) para el día del pago, por concepto de los 18 meses de
cánones de arrendamiento vencidos y a su vez sea condenado a pagar CINCUENTA DOLARES
AMERICANOS (50,00$) o su equivalente en BOLÍVARES, calculado de acuerdo al valor del
precio oficial de la divisa establecido por el Banco Central de Venezuela (BCV) para el día del
pago, cada mes vencido o fracción de mes, contados a partir del Primero de Febrero de 2020,
hasta la fecha que el demando haga entrega formal del inmueble o hasta la ejecución forzosa
de la misma; y b) MIL CIEN DOLARES AMERICANOS (1.100,00) o su equivalente en BOLÍVARES,
calculado de acuerdo al valor del precio oficial de la divisa establecido por el Banco Central de
Venezuela (BCV) para el día del pago, por concepto de Gastos de Trámites Extrajuciales,
Daños, Perjuicios, Intereses Moratorios y compensatorios generados por el impago de cánones
de arrendamiento desde el inicio del contrato, hasta la fecha efectiva del desalojo del
inmueble, tomando en cuenta la situación económica del país caracterizada por altos índices
de inflación y devaluación.
TERCERO: Condene en costas a EL DEMANDADO por haber impulsado a mi representado a
litigar y a defender sus derechos, vista su actitud negligente y temeraria al no acceder a
entregar el local voluntariamente y negarse a pagar los cánones adeudados. Pido al Tribunal
que condene a EL DEMANDADO al pago de la suma de MIL DOLARES AMERICANOS (1000,00
$) o su equivalente en BOLÍVARES, calculado de acuerdo al valor del precio oficial de la divisa
establecido por el Banco Central de Venezuela (BCV) para el día del pago, por concepto de
costas procesales incluyendo los honorarios profesionales de los tres abogados apoderados y
actuantes, así como de los técnicos y expertos que participen en dicho proceso de desalojo.

CUARTO: De conformidad con lo establecido en los artículos 340 y 38 del Código ejusdem,
estimamos el valor total o cuantía de esta demanda en la cantidad de: TRES MIL DOLARES
AMERICANOS (3.000,00 $) o su equivalente en BOLÍVARES, calculado de acuerdo al valor del
precio oficial de la divisa establecido por el Banco Central de Venezuela (BCV) para el día del
pago, pidiendo expresamente que este valor sea indexado al momento de ejecutarse
efectivamente la sentencia…”. (Mayúsculas y negrillas del libelo de demanda)

Del escrito libelar previamente transcrito se observa que la representación judicial de la actora
demandó en principio, el desalojo del local comercial que mide: cuatro metros con cuarenta
centímetros (4,40 mts) de largo por siete metros con veinte centímetros (7,20 mts), ubicado en
la Av. Bolívar, sector el Cerro, al lado del Comercial Empino 2 C.A., de la población y Municipio
Dabajuro del estado Falcón, objeto del contrato verbal, conjuntamente con “…los Gastos de
Trámites Extrajudiciables, Daños, Perjuicios, Intereses Moratorios y compensatorios generados
por el impago de cánones de arrendamiento desde el inicio del contrato, hasta la fecha efectiva
del desalojo del inmueble…”, correspondientes a la suma de “…MIL CIEN DÓLARES
AMERICANOS (1.100 $) o su equivalente en BOLÍVARES, calculados de acuerdo al valor del
precio oficial de la divisa establecido por el Banco Central de Venezuela (BCV) para el día del
pago…”.

Por último, el demandante estimó el pago de las costas procesales, así como, intimó el pago de
honorarios profesionales, cuando señaló: “…por haber impulsado a mi representado a litigar y
a defender sus derechos, vista su actitud negligente y temeraria al no acceder a entregar el
local voluntariamente y negarse a pagar los cánones adeudados. Pido al Tribunal que condene
a EL DEMANDADO al pago de la suma de MIL DOLARES AMERICANOS (1000,00 $) o su
equivalente en BOLÍVARES, calculado de acuerdo al valor del precio oficial de la divisa
establecido por el Banco Central de Venezuela (BCV) para el día del pago, por concepto
de costas procesales incluyendo los honorarios profesionales de los tres abogados
apoderados y actuantes, así como de los técnicos y expertos que participen en dicho proceso
de desalojo…”.

En este orden de ideas, la Sala observa que ha sido práctica común del foro la acumulación en
la misma demanda, del desalojo de un inmueble destinado al uso comercial así como los daños
y perjuicios, estos últimos con fundamento en el artículo 1167 del Código Civil, incluso en
ocasiones confundiendo las pretensiones de desalojo con la de resolución de contrato, a lo
cual es acumulada la acción de daños y perjuicios.

En estos casos se recurre a demandar el desalojo y los supuestos daños y perjuicios causados
al actor, equivalentes a los meses que supuestamente se han dejado de pagar y los que se
dejen de pagar hasta que se le haga la entrega del inmueble a la actora, y la pretensión de dar
por terminado el contrato y la devolución del inmueble tiene dos fundamentos o bases legales
distintas, el desalojo fundamentado en el artículo 40 de la Ley de Regulación del
Arrendamiento Inmobiliario para el uso Comercial (o si es por resolución de contrato por el
1167 del Código Civil), mientras que la pretensión del cobro de los cánones causados hasta la
fecha de la presentación de la demanda y de los que se causen posteriormente hasta la
entrega del inmueble, tienen como fundamento el artículo 1167 del Código Civil.

En este sentido, conviene aclarar que tanto la acción de desalojo como la de resolución de
contrato de arrendamiento tienen como finalidad obtener la devolución del inmueble y la
terminación del vínculo contractual, sin embargo, estas acciones presentan diferencias
sustanciales entre una y otra; por un lado en la acción de desalojo es la voluntad del legislador
la de no permitir la acumulación de otra pretensión distinta a la de la devolución del inmueble
y la terminación del contrato, atenuando así el rigor de la acción resolutoria, por su parte en la
acción de resolución de contrato si pueden acumularse otras pretensiones como la de daños y
perjuicios prevista en el artículo 1167 del Código Civil.

En el caso de la Ley de Regulación del Arrendamiento Inmobiliario para el uso Comercial el


legislador conviene disponer el atemperamiento de las consecuencias y efectos de la acción
resolutoria, en virtud que en materia inquilinaria el arrendatario es un sujeto de derecho
vulnerable que necesita de una protección jurídica especial por parte del Estado, por cuanto
en las relaciones jurídicas materiales arrendaticias el inquilino es el débil jurídico de la misma.

De esta manera se observa que desde el año 1947, en Venezuela la legislación que regula la
materia inquilinaria establece supuestos de hecho en los cuales solo se puede obtener la
terminación del contrato de arrendamiento y la devolución del inmueble arrendado a través
de la demanda de desalojo, estando vedado el ejercicio de la acción resolutoria cuando se está
en presencia de las causales de desalojo.

Es así que tanto en la derogada legislación inquilinaria (Decreto Legislativo sobre Desalojo de
Viviendas del 27 de septiembre de 1947, Ley de Regulación de Alquileres del 1º de agosto de
1960, reformada parcialmente el 2 de enero de 1987 y Reglamento de la Ley de Regulación de
Alquileres y del Decreto Legislativo sobre Desalojo de Viviendas del 5 de febrero de 1972),
como en la legislación vigente (Decreto con Rango y Fuerza de Ley de Arrendamientos
Inmobiliarios, Ley para la Regularización y Control de los Arrendamientos de Vivienda y el
Decreto con Rango Valor y Fuerza de Ley de Regulación del Arrendamiento Inmobiliario para el
uso Comercial), cada vez que determinado supuesto de hecho fue establecido como una causal
de desalojo, no es permitido el ejercicio de la acción resolutoria.

Esto se manifiesta en la legislación derogada, cuando se trataba de la falta de pago del canon
de un arrendamiento a tiempo indeterminado, por cuanto sólo era posible intentar la acción
de desalojo y no la de resolución de contrato, estableciéndose como causal de desalojo la falta
de pago; esto se desprende del artículo 1° del Decreto Legislativo sobre Desalojo de Viviendas
del 27 de septiembre de 1947, que establece “…Solo podrá solicitarse y acordarse válidamente
la desocupación de casa: a) Cuando haya dejado de pagar el canon de arrendamiento…”; en
este sentido “solo” indica el imperativo del legislador de que no se puede solicitar por motivos
distintos la desocupación del inmueble, por la vía de la demanda de desalojo, excluyendo otras
acciones.

En el Decreto con Rango y Fuerza de Ley de Arrendamientos Inmobiliarios de 1999, igualmente


se estableció que tratándose de contratos a tiempo indeterminado, cuando haya habido falta
de pago de los cánones, se estaba en presencia de una causal de desalojo, impidiendo también
por ello el ejercicio, en estos casos de la acción resolutoria, tal como lo refleja su artículo 34 “…
Sólo podrá demandar el desalojo de un inmueble arrendado bajo contrato de arrendamiento
verbal o por escrito a tiempo indeterminado, cuando la acción se fundamente en una de las
siguientes causales…” literal a) “…Que el arrendatario haya dejado de pagar el canon de
arrendamiento correspondiente a dos (2) mensualidades consecutivas…”.

En esta ley fue introducido el cambio de que en los contratos a tiempo indeterminado, podía
ser intentada la acción resolutoria por causales distintas a las de desalojo, tal como lo prevé el
parágrafo segundo del artículo 34 al señalar que “…Queda a salvo el ejercicio de las acciones
judiciales que correspondan por otras causales distintas a las previstas en el presente
artículo…”.

Por su parte la Ley para la Regularización y Control de los Arrendamientos de Vivienda de


2011, mantiene asimismo la causal de desalojo por falta de pago de canon de arrendamiento,
impidiendo así el ejercicio de la acción de resolución de contrato, tal como lo prevé su artículo
91 “…Sólo procederá el desalojo de un inmueble bajo contrato de arrendamiento, cuando la
acción se fundamente en cualquiera de las siguientes causales…”, en su numeral 1 “…En
inmuebles destinados a vivienda, que el arrendatario o arrendataria haya dejado de pagar
cuatro cánones de arrendamiento sin causa justificada, de acuerdo a los criterios definidos por
la Superintendencia Nacional de Arrendamiento de Vivienda, para tal fin…”; con la distinción
que en materia de arrendamiento de vivienda no se hace la distinción si la falta de pago es
referida a contratos a tiempo determinado o indeterminado, y dejando la posibilidad de
ejercer la acción resolutoria solo cuando se esté en presencia de supuestos de hecho que no
coincidan con las causales de desalojo, como lo prevé el único aparte del parágrafo único de su
artículo 91 “…Queda a salvo el ejercicio de las acciones judiciales que correspondan por otras
causales distintas a las previstas en el presente artículo, o en el derecho común…”.

En el caso del Decreto con Rango Valor y Fuerza de Ley de Regulación del Arrendamiento
Inmobiliario para el uso Comercial de 2014, aplicable en caso de marras, igualmente se
establece como causal de desalojo, la falta de pago del canon de arrendamiento, sin que la ley
haga distinción entre contratos a tiempo determinado o indeterminado; es preciso señalar que
en esta normativa el legislador agregó como causal de desalojo en su literal i) del artículo 40
“…Que el arrendatario incumpliera cualesquiera de las obligaciones que le corresponden
conforme a la Ley, el contrato, el documento de condominio y/o las Normas dictadas por el
‘Comité Paritario de Administración de Condominio’…”. Esto va en sentido contrario al uso que
el legislador venía haciendo respecto del establecimiento de ciertos supuestos de hecho como
causales de desalojo, puesto que una de las características del desalojo es que sus causales son
taxativas y no abiertas o extensivas.

Ahora bien, en materia de arrendamiento comercial, para obtener la devolución del inmueble
arrendado solo es posible ejercer la acción de desalojo, porque no solo los supuestos de hecho
contenidos en los literales del a) al h) del artículo 40 son causales taxativas de desalojo sino
que también lo son cualquier incumplimiento contractual o legal del arrendatario, a tenor de
lo previsto en el literal i), previamente señalado, tal como este lo dispone; dejándose claro que
dichas disposiciones son de eminente orden público y, por ende, de interpretación restrictiva.

En el supuesto que se pretendiese sostener que en materia de arrendamiento comercial


tendría cabida la acción resolutoria en los casos en que se esté en presencia de un supuesto de
hecho distinto a los contenidos en los literales a) al h) del artículo 40, ya que el literal i) de este
artículo opera como el equivalente del parágrafo segundo del Decreto con Rango y Fuerza de
Ley de Arrendamientos Inmobiliarios, y el único aparte del parágrafo único del artículo 91 de la
Ley para la Regularización y Control de los Arrendamientos de Vivienda, es preciso señalar que
no cabe duda que se está en presencia de causales taxativas de desalojo, lo que trae como
consecuencia necesaria que solo pueda ejercerse la acción de desalojo y que quede excluida la
acción de resolución de contrato.

Permitir el ejercicio de la acción resolutoria en materia comercial inquilinaria sería darle


entrada a una interpretación extensiva y vaciaría de contenido lo establecido en el artículo 40
del Decreto con Rango Valor y Fuerza de Ley de Regulación del Arrendamiento Inmobiliario
para el uso Comercial, ya que le daría cabida al ejercicio de la acción de resolución de contrato,
incluso en los supuestos de hecho establecidos en dicho artículo dirigidos para la acción de
desalojo, convirtiendo una norma de orden público en una norma de carácter disponible por
las partes.

En este sentido esta Sala mediante sentencia RC-018 de fecha 16 de enero de 2014, caso:
Seguros Horizonte, C.A. contra BP Oil Venezuela Limited, Exp. N° 2013-353, señaló la prelación
de las normas especiales sobre las generales, de conformidad con el principio de especialidad
de la materia, de la siguiente manera:

“…De las normas precedentemente transcritas se pone de manifiesto la existencia de una


jurisdicción especial que regula la actividad aeronáutica o de prestación de servicios de
transporte aéreo de pasajeros, aeroportuaria o aquellas destinadas a la prestación de servicios
de navegación, funcionamiento de las infraestructuras aeronáuticas, rutas o actividades afines
o conexas que involucren la industria del transporte aéreo y cuyo conocimiento de las acciones
incoadas judicialmente con motivo de esta actividad aeronáutica, las conocerán
transitoriamente los tribunales de la jurisdicción marítima hasta tanto se encuentren
establecidos los tribunales superiores y de primera instancia correspondientes a la jurisdicción
aeronáutica.

En virtud del principio de especialidad de la materia que priva preferentemente respecto a la


reglas generales, se observa que el juicio se sustanció por la jurisdicción marítima, conforme lo
previsto en la Reforma Parcial de la Ley de Aeronáutica Civil, toda vez que el objeto del juicio
versa sobre la indemnización por los daños causados a la aeronave Beech Craft King Air 200,
siglas YV-1304 en la plataforma del Aeropuerto Caracas, Internacional del Centro, y cuya
competencia le está atribuida a esta Sala, en virtud del orden jerárquico y la afinidad con la
materia debatida.

Sobre el particular, la Sala Plena Especial Segunda, en sentencia N° 13 de fecha 1 de octubre de


2009, y publicada en fecha 7 de octubre de 2009 Caso: Sulma Alvarado de Carreño contra la
República Bolivariana de Venezuela, por órgano del Ministerio del Poder Popular para la
Defensa, en la cual asumió el criterio fijado por la Sala Político Administrativa en el caso:
Alejandro Ortega Ortega contra Banco Industrial de Venezuela, estableció la competencia de
los Tribunales contenciosos administrativos para conocer y decidir aquellas acciones incoadas
contra República, los Estados, los Municipios, o algún Instituto Autónomo, ente público o
empresa, en la cual alguna de las personas político territoriales (República, Estados o
Municipios) ejerzan un control decisivo y permanente, en cuanto a su dirección o
administración; siempre y cuando dicho conocimiento no esté atribuido a ninguna otra
autoridad, a partir de lo cual se entiende que la norma bajo análisis constituye una
derogatoria de la jurisdicción civil, que es la jurisdicción ordinaria, pero no de las otras
jurisdicciones especiales, tales como la mercantil, laboral, del tránsito o agraria.

De allí que esta Sala aplicando por analogía lo expresado en el criterio jurisprudencial
transcrito, concluye que por ventilarse el presente caso ante una jurisdicción especial
aeronáutica cuyo conocimiento transitorio corresponde a la jurisdicción marítima, conforme lo
prevé la Reforma Parcial de la Ley de Aeronáutica Civil, se excluye indefectiblemente el fuero
atrayente de la jurisdicción contenciosa administrativa, a pesar de que actúe como actora una
empresa del Estado, como lo es Seguros Horizonte C.A. cuyo patrimonio está constituido por
aportes de la República, siendo que el Instituto de Previsión Social de la Fuerzas Armadas
(IPSFA) es el principal accionista con una participación decisiva de la República Bolivariana de
Venezuela, puesto que las acciones de indemnización por daños y perjuicios con ocasión de la
actividad aeronáutica, son competencia de la jurisdicción marítima…” (Destacado de la Sala).

Del criterio antes transcrito, se observa que constituye una derogatoria de la norma general la
norma especial en virtud del principio de especialidad de la materia; en este sentido cabe
recordar que las normas inquilinarias son especiales y que habiendo disposición expresa legal
que regula determinado supuesto no puede acudirse a normas de derecho común, para
regular ese mismo supuesto. Consagrando de manera expresa que la ley acción disponible es
el desalojo, mal puede pretenderse que para el mismo supuesto puede ejercerse una acción
distinta a la especial.

De permitirse que los incumplimientos contractuales del arrendataria autorizasen el ejercicio


de la acción de resolución de contrato de arrendamiento, sería dejar de lado toda la protección
que el legislador le ha venido concediendo al arrendatario como débil jurídico, y que de
manera reiterada y progresiva se ha venido incorporando a la nueva legislación inquilinaria,
dejando abierta la posibilidad de que se intentasen demandas resolutorias por cualquier
motivos.
Con respecto a la posibilidad de acumular las acciones de desalojo y de daños y perjuicios, es
pertinente indicar que la legislación inquilinaria vigente, entre ellas el Decreto con Rango Valor
y Fuerza de Ley de Regulación del Arrendamiento Inmobiliario para el uso Comercial aplicable
al presente caso, no hace referencia a norma alguna que autorice al arrendador a demandar el
pago de daños y perjuicios, en los casos que el incumplimiento o conducta desplegada por el
arrendatario los cause. Cuando el arrendador exige judicialmente el pago de los daños y
perjuicios que le haya ocasionado el arrendatario con ocasión a algún incumplimiento
contractual, debe necesariamente fundar su demanda en las disposiciones normativas de
derecho común como la contenida en el contenido 1167 del Código Civil, que establece que en
el caso de los contratos bilaterales en los cuales una parte haya incumplido con las
obligaciones a su cargo, la otra puede solicitar la resolución del contrato y el pago de los daños
y perjuicios.

Ahora bien, como se señaló anteriormente, la legislación inquilinaria considera al arrendatario


el débil jurídico en esa relación, como consecuencia de lo cual estima procedente concederle
una protección en determinados casos. Una de las maneras de otorgar esa especial protección
al arrendatario es atemperando el rigor de la acción resolutoria impidiendo en ocasiones el
ejercicio de dicha acción y, en vez de permitir el ejercicio de la acción resolutoria, lo que
autoriza es a ejercer la acción de desalojo. No hay norma en la legislación inquilinaria, como se
señaló, que autorice el cobro de los daños y perjuicios y por tanto, siendo la acción de desalojo
una acción especial del derecho inquilinario no se encuentra equivalente al artículo 1167 del
Código Civil que permita la acumulación de la pretensión del cobro de los daños y perjuicios en
la acción de desalojo.

Por ello, en materia inquilinaria, solo es posible demandar cobro de los daños y perjuicios
causados por el arrendatario al cuando la misma legislación especial inquilinaria permite el
acceso resolutoria. Así por ejemplo, en materia de oficinas, el Decreto con Rango y Fuerza de
Ley de Arrendamientos Inmobiliarios, que es aplicable en esos casos, establece que tratándose
de contratos a tiempo determinado, puede demandarse su resolución. Al permitirse el
ejercicio de la acción resolutoria, es perfectamente posible acumular a ésta, el cobro de daños
adeudados, mientras que esa misma ley, establece de manera expresa que cuando se trate de
contratos a tiempo indeterminado, si se está en presencia de alguna de las causales taxativas
de su artículo 34, solo se podrá demandar el desalojo y en esos casos, no podrá acumularse la
acción de cobro de daños y perjuicios.

En este sentido, se tiene que la acción de desalojo es una acción especial y propia del derecho
inquilinario, cuyo principal objetivo es el obtener la devolución del inmueble arrendado (y por
vía de consecuencia la terminación del contrato), por lo que al no existir en la legislación
inquilinaria norma alguna que autorice el cobro de daños y perjuicios, para lograr esta
finalidad debe acudirse a la norma de carácter general contenida en el artículo 1167 del Código
Civil (lo que implica demandar la resolución del contrato y la acumulación de la acción de
daños); siendo que la legislación especial inquilinaria prohíbe en determinados casos el
ejercicio de la acción de resolución de contrato, permitiendo únicamente la acción de desalojo,
para la protección del arrendatario como débil jurídico.
De esta manera, se tiene que cuando se trata de un contrato de arrendamiento de un local
comercial, en el que la parte actora fundamenta su acción, como por ejemplo, en el supuesto
pago de los cánones de arrendamiento por dos (2) mensualidades consecutivas, al supuesto
uso indebido del inmueble o en los supuestos daños que se le ocasionen al inmueble, se está
en presencia de una causal de desalojo, en cuyo caso la ley autoriza el ejercicio de la acción de
desalojo mas no el de la resolución de contrato de arrendamiento, por lo cual, no procede la
acumulación de pretensiones, esto es, no procede la acumulación de la acción de desalojo con
la de cobro de daños y perjuicios.

Dichas acciones se excluyen entre si tal como ha quedado evidenciado de las razones
anteriormente expuestas, puesto que el legislador ha considerado convenientemente que en
los supuestos de hecho que se califican como causales taxativas de desalojo, no pueda
intentarse la acción por resolución de contrato la cual está facultada por la legislación
ordinaria para la acumulación de la pretensión de los cobros por los daños causados, esto
como medida de protección al arrendatario, débil jurídico de la relación.

Ahora bien, respecto a la facultad del juez como director del proceso la Sala Constitucional
mediante sentencia N° 1089, de fecha 22 de junio de 2001, caso: Williams Chacón Noguera,
Exp. N° 2001-892, ha señalado que:

“…Ahora bien, la Constitución de la República Bolivariana de Venezuela -artículo 49- consagra


el derecho al debido proceso, como el instrumento constitucionalmente legítimo para el
resguardo de tales derechos fundamentales. Por tanto, es a través del proceso que no sólo se
hace valer el derecho objetivo como medio de acceso a los valores fundamentales de justicia,
sino mediante el cual el Estado ejerce la función jurisdiccional, lo que caracteriza la función
pública del proceso.

De tal manera que, una vez iniciado el proceso, éste no es un asunto de exclusividad de las
partes, pues al ejercitarse la función jurisdiccional se está en presencia también del interés
público. En este sentido, el artículo 14 del Código de Procedimiento Civil, establece lo
siguiente:

“El Juez es el director del proceso y debe impulsarlo de oficio hasta su conclusión a menos que
la causa esté en suspenso por algún motivo legal” (omissis).

De tal modo, que es en el pronto desarrollo del proceso y en la realización del orden jurídico
que no se concibe la figura del juzgador como un mero espectador ante un debate en el cual se
compromete una de las funciones primordiales del Estado (jurisdiccional); antes por el
contrario, el juzgador es el director del proceso y es en esta función en la que le corresponde
impulsar el mismo, mediante la formación progresiva del procedimiento como fase externa
de aquel, a través de su intervención o dirección tendente a obtener la mayor cercanía
posible de la averiguación de la verdad material de los hechos, ya que, si se dejara a merced
de las partes la labor de indagar la verdad del objeto de la controversia, éstas tan sólo lo harían
dentro de los parámetros que más convengan a sus respectivos intereses…”. (Destacado de la
Sala)
Ahora bien, de conformidad con lo establecido en el artículo 11 del Código de Procedimiento
Civil, en materia civil el juez no puede iniciar el proceso sin previa demanda de parte, pero
puede proceder de oficio cuando la ley lo autorice, o cuando en resguardo del orden público o
de las buenas costumbres, sea necesario dictar alguna providencia legal aunque no la soliciten
las partes.

El anterior precepto se concatena con el artículo 14 eiusdem, según el cual, el juez es el


director del proceso y debe impulsarlo de oficio hasta su conclusión, a menos que la causa esté
en suspenso por algún motivo legal.

Dichas disposiciones legales, han sido analizadas por la Sala Constitucional de este Tribunal
Supremo de Justicia, a la luz del derecho de acceso a los órganos jurisdiccionales como parte
del derecho constitucional a la tutela judicial efectiva, estableciendo con carácter vinculante, el
siguiente criterio:

“…Visto lo antes expuesto, aprecia esta Sala que, mediante la acción interpuesta, la ciudadana
LILA ROSA GONZÁLEZ DE PÉREZ cuestionó la valoración del juez de la alzada, dado que en su
solicitud de tutela constitucional expuso los razonamientos que –en su criterio- debieron darse
en el caso bajo examen, tomando además en consideración que el juzgador se extralimitó en
sus funciones al declarar inadmisible la demanda, por “inepta acumulación de pretensiones”,
sin que la misma haya sido alegada por la parte demandada durante el proceso.

Al efecto, esta Sala considera necesario precisar que, de acuerdo con el artículo 14 del
Código de Procedimiento Civil, el juez es el director del proceso y debe impulsarlo de oficio
hasta su conclusión, a menos que la causa esté en suspenso por algún motivo legal. No
obstante, este principio ya se anticipa en el artículo 11 eiusdem, donde como excepción al
principio del impulso procesal, se permite actuar al Juez de oficio cuando la ley lo autorice o
cuando en resguardo del orden público o de las buenas costumbres sea necesario dictar
alguna providencia legal, aunque no lo soliciten las partes.

Ahora bien, la aplicación del principio de la conducción judicial al proceso no se limita a la sola
formal condición del proceso en el sucederse de las diferentes etapas del mismo, sino que él
encuentra aplicación provechosa en la labor que debe realizar el juez para evidenciar, sin que
se requiera la prestancia de parte, los vicios en la satisfacción de los presupuestos procesales,
o cuando evidencie, también de oficio, la inexistencia del derecho de acción en el
demandante en los casos en que la acción haya caducado, o respecto a la controversia
propuesta se haya producido el efecto de la cosa juzgada o cuando para hacer valer una
pretensión determinada se invoquen razones distintas a las que la ley señala para su
procedencia o cuando la ley prohíba expresamente la acción propuesta. Todos estos actos
están íntimamente ligados a la conducción del proceso, ya que si no se satisfacen los
presupuestos procesales no nace la obligación en el juez de prestar la función jurisdiccional
para resolver la controversia propuesta.

En tal sentido, considera esta Sala que si nuestro ordenamiento jurídico establece que la
relación jurídica procesal debe constituirse válidamente satisfaciendo las formalidades que
la ley determina, sólo después de que se haya depurado el proceso de cualquier vicio que
afecte la válida constitución de la relación procesal o la haga inexistente, es que nace para el
órgano jurisdiccional la obligación de conocer y resolver el fondo de la controversia. Por ello,
para verificar el cumplimiento de los llamados presupuestos procesales, tanto las partes
como el Juez, están autorizados para controlar la válida instauración del proceso,
advirtiendo los vicios en que haya incurrido el demandante respecto a la satisfacción de los
presupuestos procesales.

Así, contrariamente a lo alegado por la accionante, la falta de oposición por el demandado


de las cuestiones previas a que se refiere el artículo 346 del Código de Procedimiento Civil,
no obsta para que el Juez, que conoce el derecho y dirige el proceso, verifique en cualquier
estado de la causa, incluso en la alzada, el cumplimiento de los presupuestos procesales,
aunque al momento en que fue admitida la demanda por el Juez de la causa, no se hubiere
advertido vicio alguno para la instauración del proceso. (Resaltado añadido)

Así pues, con independencia de cualquier consideración acerca de los razonamientos del Juez
Segundo de Primera Instancia en lo Civil y Mercantil de la Circunscripción Judicial del Estado
Nueva Esparta acerca de la existencia o no de una inepta acumulación de pretensiones y del
carácter de orden público que ostenta la prohibición contenida en el artículo 78 del Código de
Procedimiento Civil, debe esta Sala reiterar que, la valoración forma parte de la autonomía e
independencia de la que gozan los jueces al decidir, quienes -si bien deben ajustarse a la
Constitución y las leyes al resolver una controversia- disponen de un amplio margen de
apreciación del derecho aplicable a cada caso, por lo cual pueden interpretarlo y ajustarlo a su
entendimiento, como actividad propia de su función de juzgar, sin que el juzgador de amparo
pueda inmiscuirse dentro de esa autonomía del juez en el estudio y resolución de la causa,
salvo que tal criterio viole notoriamente derechos o principios constitucionales…” (Sentencia
N° 779, del 10 de abril del 2002 expediente N° 01-0464, caso: Materiales MCL, C.A.)…”.

En este mismo sentido, dicha Sala, en fallo N° 1618, del 18 de agosto de 2004, expediente N°
2003-2946, caso: Industria Hospitalaria de Venezuela 2943, C.A., estableció:

“...Ahora bien, la sentencia impugnada por la accionante fue dictada en la fase ejecutiva del
proceso de estimación e intimación de honorarios, en virtud de haber finalizado la etapa
declarativa como consecuencia de su falta de impugnación del derecho reclamado y por
haberse acogido a la retasa de los montos intimados. En tal sentido, se ha dicho que el juzgado
de retasa sólo podrá pronunciarse sobre el quantum de los emolumentos, no sobre la
procedencia del cobro de los mismos, ni sobre su carácter judicial o extrajudicial, ya que esta
cuestión debe ser dirimida por el juez de la causa en la fase declarativa del juicio de intimación
de honorarios.

No obstante lo anterior, la Sala estima que el rol del juez como director del proceso no se
agota con este pronunciamiento, porque de existir circunstancias que hagan presumir la
inadmisibilidad de la pretensión, como la misma está estrechamente vinculada con
la constitución válida del proceso, debe ser analizada, incluso en la fase ejecutiva.

En el caso en cuestión se denunció la inepta acumulación de pretensiones, porque en el juicio


de intimación y estimación de honorarios iniciado por los abogados Alexis José Balza Meza,
María Elena Meza de Balza y Elizabeth Bravo Márquez contra la accionante se reclamaron
honorarios judiciales y extrajudiciales, los cuales tienen un procedimiento distinto, cuya
acumulación está prohibida por el legislador para mantener la unidad del proceso.

En la sentencia consultada se indica que esta circunstancia debió exponerse al juez de la causa
principal y no al Juez de Retasa; pero la Sala considera que éste último, quien igualmente es
director del proceso, sin necesidad de que la inepta acumulación haya sido denunciada, debió
declararla.

La Sala, en otras oportunidades (cfr. sentencia nº 779/2002 del 10 de abril) ha señalado que el
juez, de conformidad con los artículos 11 y 14 del Código de Procedimiento Civil, es el director
del proceso y debe impulsarlo de oficio hasta su conclusión; dicha conducción judicial que no
se circunscribe sólo al establecimiento de las condiciones formales del proceso en el
sucederse de las diferentes etapas del mismo, encuentra aplicación provechosa en la labor
que debe realizar el juez para evidenciar, sin instancia de parte, los vicios en la satisfacción
de los presupuestos procesales o en la existencia del derecho de acción en el
demandante. En efecto, si el proceso es una relación jurídica, el mismo debe constituirse
válidamente satisfaciendo las formalidades que la ley determina, y sólo después de que se
haya depurado el proceso de cualquier vicio que afecte su válida constitución o lo haga
inexistente, es que nace para el órgano jurisdiccional la obligación de conocer y resolver el
fondo de la controversia.

Se insiste que para verificar el cumplimiento de los llamados presupuestos procesales, tanto
las partes como el Juez, están autorizados para controlar la válida instauración del proceso,
con la advertencia de los vicios en que haya incurrido el demandante respecto de la
satisfacción de los presupuestos procesales y la falta de oposición por el demandado de las
cuestiones previas a que se refiere el artículo 346 del Código de Procedimiento Civil o de
cualquier otro mecanismo de defensa de cuestiones procesales, no obsta para que el Juez,
que conoce el derecho y dirige el proceso, verifique en cualquier estado y grado de la causa –
v.g.: en la ejecución o en la alzada-, el cumplimiento de los presupuestos procesales, aunque
al momento en que fue admitida la demanda por el Juez de la causa, no se hubiere advertido
vicio alguno para la instauración del proceso.

La Sala admite que, en condiciones de normalidad, en la etapa de admisión de la demanda,


el juez de la causa debe evidenciar la falta de cumplimiento de los presupuestos procesales;
pero si ello no ocurre deberá ser verificado en cualquier estado y grado de la causa. En
efecto, en la presente causa, como el juez de la causa no advirtió la inepta acumulación de
pretensiones, pues en el libelo se indicó que “en el desarrollo del proceso y hasta la fecha que
estuvimos acreditados como Apoderados Judiciales de la Empresa, realizamos una ‘gran
cantidad de actuaciones’ (...) tampoco descartamos las múltiples reuniones que sostuvimos
con los socios y la Apoderada Judicial” (folios 500-501), el Juez de Retasa debía declararla, aun
cuando no hubiese sido opuesta por la parte demandada”. (Destacado de la Sala).
Pues bien, de los criterios jurisprudenciales transcritos se colige que es necesario que estén
dados todos los presupuestos procesales para que nazca la obligación del juez de ejercer su
función jurisdiccional y pueda resolver el caso planteado.

Por ello, tanto las partes como el juez, están autorizados para controlar la válida instauración
del proceso y verificar así el cumplimiento de los llamados presupuestos procesales,
advirtiendo los vicios en que haya incurrido el demandante respecto a la satisfacción de los
mismos. (Cfr. Sentencia N° RC-687 de fecha 13 de noviembre de 2014, caso: Moralba González
de Tellechea, contra Matilde Da Silva de Cañizalez y otros, Exp. N° 2014-279).

Ahora bien, observa la Sala del libelo de la demanda, transcrito previamente, el cual no se
transcribe nuevamente en atención al principio de brevedad del fallo y por ende se da por
reproducido en este acto, que el demandante acumuló en su libelo de la demanda la
pretensión desalojo de inmueble y la pretensión de cobro por daños y perjuicios la cual se
fundamenta en el artículo 1167 del Código Civil, juicios que se sustancian y deciden por
procedimiento disímiles, el primero de conformidad con el procedimiento oral previsto en los
artículos 859 y siguientes del Código de Procedimiento Civil, por remisión expresa del artículo
43 de la Ley de Regulación del Arrendamiento Inmobiliario para el uso Comercial, y el segundo
conforme al procedimiento ordinario previsto en el Código de Procedimiento Civil, en sus
artículos 338 y siguientes. Asimismo tal y como fue reseñado en los
acápites supra desarrollados, la acción de desalojo es una acción especialísima de la materia
inquilinaria, la cual excluye, por no estar autorizada en las normas legales especiales, la
acumulación de la pretensión de daños y perjuicios.

En este orden de ideas, la Sala Constitucional de este Máximo Tribunal en sentencia N° 357 de
fecha 19 de noviembre de 2019, caso: José Juan Marín Girón, Exp. N° 2018-125, al conocer en
revisión constitucional, se pronunció sobre la inepta acumulación de una acción especial
derivada del desalojo conjuntamente con el cobro de los cánones de arrendamiento vencidos,
de la forma siguiente:

“…Ahora bien, respecto a la imposibilidad de acumular de forma simple, directa o


concurrente las pretensiones de desalojo y pago de cánones de arrendamiento vencidos, esta
Sala Constitucional en sentencia N° 1443 del 23 de octubre de 2014, caso: “Economax
Pharmacia’s Zona Industrial C.A.”, estableció:

“En lo que atañe a la tercera denuncia formulada respecto al error en que incurrió el Juzgado
Superior Primero en lo Civil, Mercantil, Tránsito y Bancario de la Circunscripción Judicial del
Estado Carabobo, con sede en Valencia, cuando estimó que las dos pretensiones (desalojo y
cobro de cánones vencidos) esgrimidas por la empresa Polígono Industrial C.A., contra la
sociedad mercantil accionante en amparo, no habían sido planteadas de manera principal, sino
como subsidiaria una de la otra, esta Sala Constitucional aprecia que ambas pretensiones
persiguen finalidades disímiles; tal y como ocurre cuando se demanda la resolución y el
cumplimiento de un contrato de manera principal, en una de ellas se pretende acabar con el
vínculo o nexo contractual y en la otra, por el contrario, se persigue el cumplimiento de lo
pactado. En tal sentido, esta Sala Constitucional en sentencia N° 669 del 4 de abril de 2003
(caso: Magaly Gallo de Perdomo), expresó lo siguiente:
‘…Es indudable que no se pueden acumular en una misma demanda pretensiones de
cumplimiento y resolución, ya que son antinómicas, pero el acreedor demandante puede pedir
la ejecución o resolución, más los daños y perjuicios…’. (Negrillas de esta Sala).

Del contenido de la decisión parcialmente transcrita supra, se advierte que es perfectamente


admisible en derecho que el arrendador pueda demandar la resolución de un contrato de
arrendamiento y al mismo tiempo exigir el pago de los cánones de arrendamiento vencidos,
estos últimos a título de indemnización por los daños y perjuicios que se le hubiesen podido
ocasionar (artículo 1.167 del Código Civil); estas son dos pretensiones que se tramitan a través
de un mismo procedimiento y que no se excluyen mutuamente.

Ahora bien, en el caso de autos la acción ejercida no es la resolución sino el desalojo, las
cuales presentan diferencias importantes en tres aspectos primordiales a saber: la primera
(la acción de resolución) se encuentra dirigida a poner fin a una relación arrendaticia por
escrito a tiempo determinado, independientemente de la naturaleza o índole del
incumplimiento y a los contratos verbales o por escrito a tiempo indeterminado por motivos
de incumplimiento distintos a los contemplados en el artículo 34 de la Ley de Arrendamientos
Inmobiliarios, mientras que la segunda (la acción de desalojo) resulta aplicable a una
relación arrendaticia, verbal o por escrito a tiempo indeterminado, con el objeto de obtener
la devolución del inmueble arrendado, por alguna de causales taxativas establecidas en el
artículo 34 eiusdem. Otra de las diferencias presentes entre ambas acciones, es que la
sentencia que se pronuncie sobre la resolución de un contrato es, en principio, recurrible a
través del ejercicio del recurso de casación -siempre que la cuantía de la causa así lo permita-
mientras que la sentencia que acuerde el desalojo no admite posibilidad alguna de incoar
dicho recurso, conforme lo prevé el artículo 36 de la ley especial que regula la materia y, por
último, la acción de desalojo requiere, respecto de la causal de falta de pago, que el
arrendatario hubiere dejado de pagar el canon de arrendamiento correspondiente a dos (2)
mensualidades consecutivas; mientras que en la acción de resolución en el contrato a tiempo
determinado, la falta de pago de una pensión arrendaticia es causa o motivo suficiente para
que el arrendador proceda a demandar la finalización de la relación contractual.

A pesar de que ambas acciones (desalojo y resolución) persigan el mismo objetivo, esto es la
devolución o entrega material del bien inmueble arrendado, ambas responden a motivos o
circunstancias disímiles para su ejercicio; por lo tanto, no resulta posible aplicar a la acción
de desalojo lo previsto en el artículo 1.167 del Código Civil, respecto de la acción de
resolución y la acumulación a ésta de una pretensión dirigida a obtener el pago de cánones
de arrendamientos insolutos.

(…omissis…)

En atención a las consideraciones precedentemente expuestas, y luego de una revisión de los


términos en que la empresa Polígono Industrial C.A., planteó su demanda, esta Sala
Constitucional aprecia que en el caso de autos la referida compañía incurrió en inepta
acumulación de pretensiones, tal como lo denunciara la parte demandada, hoy recurrente,
sociedad mercantil Economax Pharmacia's Zona Industrial C.A., toda vez que a su acción por
desalojo, dirigida a obtener la devolución del inmueble arrendado, acumuló de manera
directa y principal una reclamación de cobro de cánones de arrendamiento insolutos, propia
de una acción por cumplimiento de contrato; pretensiones que, si bien deben tramitarse a
través del mismo procedimiento, se excluyen mutuamente cuando son planteadas de
manera directa y no de forma subsidiaria una a la otra; admitir la procedencia de ambas
pretensiones de forma principal en una misma acción (demanda) -como erróneamente fue
aceptado por el Juez a quo- conllevó para la parte actora una inseguridad procesal absoluta,
al no tener certeza sobre la acción que se estaba haciendo valer en su contra (desalojo o
cumplimiento) con lo cual se limitó de manera efectiva su derecho a la defensa, vulnerando
al mismo tiempo su derecho a un debido proceso; y así se decide” (Resaltado de la Sala).

De los criterios señalados en la cita previamente transcrita, se tiene que si bien las acciones de
desalojo y resolutoria persiguen el mismo objetivo, esto es la devolución o entrega material
del bien inmueble arrendado, las mismas responden a motivos o circunstancias disímiles para
su ejercicio; por lo tanto, no resulta posible aplicar a la acción de desalojo lo previsto en el
artículo 1167 del Código Civil, respecto de la acción de resolución y la acumulación a ésta de
una pretensión dirigida a obtener el pago de cánones de arrendamientos insolutos.

Lo anteriormente expuesto, a juicio de esta Sala deja ver palmariamente que en el presente
caso, estamos en presencia de un típico caso de inepta acumulación de pretensiones
excluyentes así como por procedimientos disímiles, que engendra la inadmisibilidad de la
acción, a tenor de lo dispuesto en los artículos 78 y 341 del Código de Procedimiento Civil;
razón por la cual considera la Sala que se encuentran dados los supuestos de la inepta
acumulación de pretensiones prevista en el artículo 78 del Código de Procedimiento Civil,
conforme a la doctrina y jurisprudencia antes citadas en este fallo.

De esta manera, siendo que la demanda de desalojo, en razón de su especialidad no admite la


acumulación de la pretensión de daños y perjuicios, así como que dichas acciones tienen
procedimiento disímiles por un lado el procedimiento oral y por el otro el procedimiento
ordinario previstos en el Código de Procedimiento Civil, se observa que los jueces tenían la
obligación de verificar dicha situación y declarar la inepta acumulación de
pretensiones prevista en el artículo 78 del Código de Procedimiento Civil, lo cual fue omitido;
en este sentido, ya que ninguno de los jueces de instancia verificaron el cumplimiento de los
presupuestos procesales necesarios para la instauración y prosecución del juicio, la Sala
considera que la presente demanda debía ser declarada inadmisible. Así se decide.

En consideración de todo lo antes expuesto y ante la detección de un vicio de orden público


que presenta el fallo analizado por esta Sala, se CASA TOTAL Y SIN REENVÍO el fallo recurrido,
se DECRETA SU NULIDAD ABSOLUTA y, en consecuencia, acreditada como está en autos la
inepta acumulación de la pretensión de desalojo de inmueble y de daños y perjuicios
solicitadas por la representación judicial de la actora, por cuanto ambas pretensiones
responden a motivos o circunstancias disímiles para su ejercicio, al ser la primera de
obligatorio trámite por el procedimiento especial oral previsto en los artículos 859 del Código
de Procedimiento Civil y siguientes, de naturaleza sumaria, y la segunda pretensión regulada
por el procedimiento ordinario previsto en los artículos 338 y siguientes eiusdem; por cuanto
no resulta posible aplicar a la acción de desalojo lo previsto en el artículo 1167 del Código Civil,
respecto de la acción de daños y perjuicios, como consecuencia de la resolución y permitir la
acumulación a ésta de una pretensión dirigida a obtener el pago de cánones de
arrendamientos insolutos, siendo materia de eminente orden público, de conformidad con lo
que ordena el artículo 341 del Código de Procedimiento Civil, porque es contraria a lo
dispuesto en el artículo 78 eiusdem, y artículo 40 de la Ley de Regulación del Arrendamiento
Inmobiliario para el uso Comercial, resulta imperativo para esta Sala declarar inadmisible la
demanda, y en consecuencia nulas todas las actuaciones del presente juicio, incluyendo la
sentencia dictada por el Juzgado Tercero de Primera Instancia en lo Civil, Mercantil, Agrario y
del Tránsito de la Circunscripción Judicial del estado Falcón, con sede en Santa Ana de Coro, en
fecha 10 de mayo de 2021. Así se decide.-

DECISIÓN

Por las precedentes consideraciones, este Tribunal Supremo de Justicia de la República


Bolivariana de Venezuela, en Sala de Casación Civil, administrando Justicia en nombre de la
República y por autoridad de la ley, declara:

PRIMERO: CASA DE OFICIO TOTAL y SIN REENVÍO el fallo recurrido, proferido por el Juzgado
Superior en lo Civil, Mercantil, Bancario, del Tránsito y Marítimo de la Circunscripción Judicial
del estado Falcón, en fecha 5 de octubre de 2021, y en consecuencia DECRETA SU NULIDAD
ABSOLUTA.

Se declaran NULAS todas las actuaciones procesales del presente juicio, incluyendo la
sentencia dictada por el Juzgado Tercero de Primera Instancia en lo Civil, Mercantil, Agrario y
del Tránsito de la Circunscripción Judicial del estado Falcón, con sede en Santa Ana de Coro, en
fecha 10 de mayo de 2021.

SEGUNDO: INADMISIBLE la demanda por desalojo de inmueble destinado a local comercial


con daños y perjuicios ejercida por el ciudadano JUAN ALEJANDRO YORIS VALLES, contra el
ciudadano RONALD WILLIAM AÑEZ GONZÁLEZ.

Se CONDENA en costas del proceso a la demandante, de conformidad con lo previsto en el


artículo 274 del Código de Procedimiento Civil.

Queda de esta manera CASADA Y SIN REENVÍO la sentencia impugnada.

Publíquese y regístrese. Remítase el expediente al Juzgado Tercero de Primera Instancia en lo


Civil, Mercantil, Agrario y del Tránsito de la Circunscripción Judicial del estado Falcón, con sede
en Santa Ana de Coro. Particípese la presente decisión al Juzgado Superior de origen antes
mencionado, de conformidad con el artículo 326 del Código de Procedimiento Civil.

Dada, firmada y sellada en la Sala de Despacho de la Sala de Casación Civil, del Tribunal
Supremo de Justicia, en Caracas, a los cinco (5) días del mes de octubre de dos mil veintidós.
Años: 212º de la Independencia y 163º de la Federación.

Presidente de la Sala,
______________________________

HENRY JOSÉ TIMAURE TAPIA

Vicepresidente-Ponente,

_______________________________

JOSÉ LUIS GUTIÉRREZ PARRA

Magistrada,

________________________________

CARMEN ENEIDA ALVES NAVAS

La Secretaria,

_______________________________________________

VICTORIA DE LOS ÁNGELES VALLÉS BASANTA

Exp. AA20-C-2022-000012

Nota: publicada en su fecha a las

La Secretaria,

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