Poder Judicial
Poder Judicial
El Poder Judicial se compone de una serie de ó rganos que forman parte del
gobierno federal y que ejercen una funció n del poder del estado:
La administració n de justicia, jurisdicció n o funció n jurisdiccional.
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2. Establecimiento de los tribunales creados por la Constitución —o por la
ley conforme a ella— con calidad de jueces naturales, y abolición de
tribunales especiales, comisiones de la misma índole, etc. (art. 18).
También abolición de los fueros personales (o sea, del privilegio de ser juzgado
segú n el status personal —eclesiá stico, militar, universitario— por jueces
especiales) (art. 16).
y de los demás jueces inferiores por el Poder Ejecutivo con acuerdo del
Senado en base a una terna propuesta por el Consejo de la Magistratura
(art. 99 inc. 4º).
8. Competencia del Poder Judicial de la Nación (art. 116), con reserva de las
jurisdicciones locales (art. 75 inc. 12).
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13.Establecimiento por ley del juicio por jurados (arts. 24 y 75 inc. 12) y
conclusió n (después de establecida la institució n) de todos los juicios
criminales ordinarios por jurados (art. 118).
Consejo de la Magistratura
CSJN Jurado de enjuiciamiento
Cámaras de Apelación
En cambio, las personas físicas que deben cubrir esos cargos (los jueces), son
designados por el Poder Ejecutivo en acuerdo con el Senado (en el caso de la
CSJN) y a propuesta en terna del Consejo de la Magistratura (tribunales inferiores).
Por otro lado, al ser la República Argentina un Estado Federal, coexisten con el
Poder Judicial de la Nación los poderes judiciales provinciales, que cada
provincia está obligada a organizar con características similares a aquél.
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De esta manera, en cada punto del territorio nacional coexisten dos
jurisdicciones: la federal y la provincial, cada una de ellas en el á mbito de su
competencia, conforme a la Constitució n y las leyes complementarias.
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retirado que hubiese sido designado conforme al procedimiento
constitucional) (art. 191).
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Para este autor, la jurisdicció n administrativa es inconstitucional, porque la ú nica
jurisdicció n es la judicial, y cualquier ley que otorgue al Poder Ejecutivo o a
cualquier organismo de la administració n pú blica funciones de tipo jurisdiccional
es violatoria del art. 109 ya que el Poder Ejecutivo “en ningú n caso” puede ejercer
tales funciones, aun cuando exista un recurso de revisió n ante un tribunal judicial.
La constitució n de 1853 consagró para todos los jueces del poder judicial federal la
inamovilidad vitalicia mientras dure su buena conducta, que se mantiene con la
reforma en el art. 110.
Bidart Campos sostiene que “a veces se interpreta que la inamovilidad ampara
ú nicamente contra la remoció n, que es la violació n má xima. Sin embargo, la
inamovilidad resguarda también la sede y el grado. Un juez inamovible no puede
ser trasladado sin su consentimiento (ni siquiera dentro de la misma
circunscripció n territorial), ni cambiado de instancia sin su consentimiento
(aunque significara ascenso). Y ello porque su nombramiento lo es para un cargo
judicial determinado, y ese status no puede ser alterado sin su voluntad. De este
modo, la inamovilidad vitalicia se integra y complementa con la inamovilidad en el
cargo ocupado y en el lugar donde se desempeñ a”.
El consentimiento del juez para su promoció n a un grado superior o su traslado a
una sede distinta es imprescindible, pero a él, debe sumarse otro requisito
esencial: que el Senado preste acuerdo para el nuevo cargo.
Esto es así, ya que el nombramiento de los jueces por el Poder Ejecutivo con
acuerdo del Senado exige que “cada acuerdo acompañ e a cada cargo”: Quien está
desempeñ ando uno con acuerdo del Senado, y presta su consentimiento para ser
transferido a otro, requiere un nuevo acuerdo, porque la voluntad del juez no suple
ni puede obviar la intervenció n del Senado. Si así no fuera, bastaría la concurrencia
de la voluntad del Ejecutivo y la del juez, con salteamiento de la competencia
senatorial (Bidart Campos).
Ekmekdjian señ ala que el primer pá rrafo del art. 110 establece que los jueces
conservan sus empleos mientras dure su buena conducta. Se trata del ú nico caso
en una Repú blica de un cargo ad vitam, con la excepció n del tercer pá rrafo del art.
99 inc. 4:
Cuando cualquier magistrado del Poder Judicial cumple la edad de 75 añ os, pierde
la inamovilidad, ya que debe requerirse un nuevo acuerdo del Senado para
conservar su empleo, cada 5 añ os.
Respecto a este tema, en el caso “Fayt, Carlos S.” (1996) la CSJN declaró la
inconstitucionalidad de esta clá usula constitucional por no haber estado incluida
en la Ley 24.309 (declarativa de la necesidad de reforma). El argumento esgrimido
por la mayoría de la Corte fue que la asamblea constituyente había excedido el
temario dispuesto por la ley preconstituyente, lesionando el principio de
inamovilidad de los jueces.
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Asimismo, como segundo y má s contundente argumento, el juez Fayt había jurado
con la constitució n anterior a la reforma, en donde no se establecía un límite a la
edad, sino só lo el que establece el actual art. 110, es decir, la buena conducta, por
lo que la clá usula constitucional del art. 99 inc. 4 (incluida en la reforma) no le era
aplicable.
Para la Cá tedra, el caso “Fayt” atenta contra la seguridad jurídica porque establece
que lo dispuesto por una reforma constitucional es revisable judicialmente.
Fundamenta esta postura en virtud de la disposición transitoria n°11 que
establece que “la caducidad de los nombramientos y la duració n limitada prevista
en el art. 99 inc. 4 entrará n en vigencia a los 5 añ os de la sanció n de esta reforma”.
En cuanto a la inamovilidad de los jueces a nivel provincial, Bidart Campos opina
que ella no viene impuesta por la forma republicana, ni por la divisió n de poderes,
ni por la independencia del poder judicial. En este sentido, cuando aquella
inamovilidad es establecida por la Constitució n Nacional para los jueces federales
no cabe interpretar que se trate de un principio inherente a la organizació n del
poder, ni que las constituciones provinciales deban necesariamente reproducirlo
para su Poder Judicial local.
No obstante, “se ha de reputar preferible y má s valioso la inamovilidad vitalicia de
los jueces provinciales que la inamovilidad durante períodos de designació n
temporaria o perió dica, por lo que vale recomendar que las provincias cuyas
constituciones no prescriben la inamovilidad vitalicia, reformen y sustituyan el
mecanismo de los nombramientos temporales o perió dicos”.
En el caso de Santiago del Estero, nuestra Constitució n establece en su art. 178 un
límite de edad de 70 añ os para todos los magistrados, con la posibilidad de
extenderlo cada 5 añ os con un nuevo nombramiento del Poder Ejecutivo con
acuerdo de la Legislatura.
En lo atinente a la irreductibilidad de la remuneración, el segundo pá rrafo del
art. 110 dispone que la remuneració n de los jueces es determinada por la ley, y
que no puede ser disminuida en manera alguna mientras permanezcan en sus
funciones.
Para Bidart Campos, la irreductibilidad de la remuneració n de los jueces se puede
traducir de la siguiente manera:
En primer lugar, es indudable que si es la ley la que fija la retribució n de los
jueces, el no poder disminuirla en manera alguna tiene el sentido de
prohibir las reducciones nominales que dispusiera una ley. Por supuesto
que si la ley no puede hacer tales reducciones, mucho menos puede hacerlas
cualquier otro ó rgano del poder;
En segundo lugar, una interpretació n diná mica de la Constitució n exige que
la prohibició n se entienda referida no só lo a las mermas nominales, sino a
toda otra que, proveniente de causas distintas, implica depreciació n del
valor real de la remuneració n (por ejemplo, la no actualizació n de los
salarios por inflació n). De tal modo, la garantía de irreductibilidad
resguarda también toda pérdida de ese valor real en la significació n
econó mica del sueldo.
La Corte Suprema ha establecido que la intangibilidad de los sueldos de los jueces
es garantía de independencia del Poder Judicial, y que no ha sido establecida por
razó n de la persona de los magistrados, sino en mira a la institució n de dicho
poder.
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En el caso “Bonorino Peró vs. Estado Nacional” (1985), la Corte interpretó que la
prohibició n de disminuir las remuneraciones impone la obligació n constitucional
de mantener su significado econó mico y de recuperar su pérdida cada vez que ésta
se produce con intensidad deteriorante. En el citado caso, la Corte hizo lugar a la
actualizació n de los sueldos, reclamada mediante acció n de amparo por jueces
federales que alegaron disminució n emergente de la depreciació n monetaria.
Segú n el autor, las deducciones por aportes jubilatorios, cargas fiscales, o cualquier
otro concepto que, con generalidad, obliga a los habitantes no viola al art. 110, y
que los jueces está n sujetos a soportarlas como cualquier otra persona, pues de lo
contrario se llegaría al extremo ridículo de tener que eximirlos de todo gasto
personal para que su sueldo no sufriera merma (actualmente, los magistrados
está n exentos del pago de ganancias).
La proyecció n de la garantía del art. 110 a favor de jueces provinciales surge de la
jurisprudencia de la Corte: No puede ser desconocido en su contenido esencial por
el derecho provincial, con independencia de lo que cada constitució n local
establezca.
En el caso de nuestra provincia, el art. 178 de la Constitució n establece que la
remuneració n es irreductible “salvo cuando por razones de emergencia la
modificació n fuese dispuesta con cará cter general”.
OTRAS GARANTÍAS
Respecto a otras garantías del Poder Judicial, Bidart Campos sostiene que las
incompatibilidades son una de ellas: “La Constitució n no contiene má s
disposició n sobre incompatibilidad que la del art. 34, que prohíbe a los jueces de
las Cortes federales serlo al mismo tiempo de los tribunales de provincia. Pero se
encuentra tan consustanciada la incompatibilidad de otras actividades con el
ejercicio de la funció n judicial, que la ley no ha hecho má s que receptar una
convicció n uná nime: los jueces no pueden desarrollar actividades políticas,
administrativas, comerciales, profesionales, etc., ni tener empleos pú blicos o
privados. Por excepció n, pueden ejercer la docencia, y realizar tareas de
investigació n y estudios. No hay que ver estas incompatibilidades como
prohibiciones dirigidas a la persona de los jueces para crearles cortapisas en sus
actividades, sino como una garantía para su buen desempeñ o en la magistratura y
para el funcionamiento correcto e imparcial de la administració n de justicia”.
A su vez, Ekmekdjian considera que otra garantía es la protección del honor de
los jueces: Se trata de un derecho emanado de la jurisprudencia de la CSJN ante los
ataques de los medios de prensa que afectan el honor o la privacidad de los jueces,
ya que éstos, por el cargo que invisten, está n obligados a la “prudencia,
circunspecció n, mesura y estimació n respetuosa y comedida de todos los demá s
integrantes de la sociedad”.
JURISDICCIÓN Y COMPETENCIA
1. La jurisdicción proviene del latín juriditio ("decir el derecho”) y es la facultad
de administrar justicia, conforme al Preá mbulo y al art. 5. “Es el todo, lo
genérico”. Es decir, se trata del á mbito territorial donde se ejerce la soberanía,
o donde el juez ejerce su competencia.
La Cá tedra la define como “la funció n pú blica realizada por los ó rganos
competentes del Estado, con las formas requeridas por la ley, en virtud de la
cual, por acto de juicio, se determina el derecho de las partes, con el objeto de
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dirimir sus conflictos con relevancia jurídica, mediante desiciones con
autoridad de cosa juzgada”.
a. Función pública: Facultad exclusiva del Estado.
b. Órganos competentes: Juez o tribunal.
c. Formas requeridas por la ley: Normas procesales (Có digos de
procedimiento).
d. Acto de juicio: El juicio es el proceso que determina una decisió n entre
dos posturas. Se aplica la norma que le corresponde al derecho de las
partes.
e. Autoridad de cosa juzgada: No procede una instancia posterior a una
decisió n judicial.
2. La competencia es la facultad para ejercer (atribució n legítima), de cada
ó rgano judicial, la administració n de justicia. “Es la parte”.
Para la Cá tedra, la competencia es la capacidad o aptitud que la ley reconoce al
juez o tribunal, del poder de juzgar con relació n a determinado territorio,
materia, persona, grado o turno. Es decir, es la aptitud legal para ejercer la
jurisdicció n.
3. El fuero es la reunió n orgá nica de magistrados, funcionaros y empleados que
ejercitan la administració n de justicia en ciertas materias:
a. Especialidades: Civil, comercial, penal, etc.
b. Subespecialidades: Familia, concurso y quiebras, etc.
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LA CORTE SUPREMA DE JUSTICIA: COMPOSICIÓN
La Constitució n no fija el nú mero de miembros que componen la CSJN, como sí lo
hacía antes de la reforma de 1860 (9 miembros y 2 procuradores fiscales), por lo
que su determinació n corresponde al Poder Legislativo.
La Ley 26.183, establece que el nú mero de integrantes del tribunal es de 5.
Actualmente, la Corte está compuesta por:
Ricardo Luis Lorenzetti (Presidente);
Elena Highton de Nolasco (Vicepresidente);
Juan Carlos Maqueda;
Horacio Rosatti;
Carlos Rosenkrantz
El presidente de la Corte es, desde 1930, elegido por sus miembros y es renovable
perió dicamente.
La importancia del presidente radica en dos situaciones:
a. Preside el Senado cuando se enjuicia políticamente (art. 59);
b. Es uno de los funcionarios con vocació n sucesoria al ejercicio del Poder
Ejecutivo nacional, en caso de acefalía.
Por otro lado, la Corte Suprema está también integrada por una serie de
secretarios y funcionarios nombrados por ella, segú n lo prescripto por el art. 113:
El
Art. 113 – La Corte Suprema dictará su reglamento interno y nombrará
a sus empleados.
REQUISITOS
1.
Art. 111 – Ninguno podrá ser miembro de la Corte Suprema de Justicia,
sin ser abogado de la Nació n con ocho añ os de ejercicio, y tener las
calidades requeridas para ser senador.
Título de abogado: El abogado es, segú n la Cá tedra, el doctor o técnico en leyes.
La abogacía es la ú nica profesió n mencionada por la Constitució n para
garantizar los derechos individuales de los habitantes del país. Este título es
conditio sine qua non para ser magistrado.
2. 8 años de ejercicio de la profesión: Esto significa que no basta con tener el
título de abogado sino que se debe acreditar el ejercicio efectivo de la
profesió n, tanto en el á mbito pú blico como el privado.
3. Calidades requeridas para ser senador:
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a. Edad: 30 añ os.
b. Nacionalidad: Nativo, por adopció n u opció n. Sin embargo, por su
vocació n sucesoria, Ekmekdjian cree que el presidente del tribunal debe
ser só lo ciudadano nativo o por opció n.
c. Ciudadanía: Se exige 6 añ os de ciudadanía en ejercicio.
d. Renta anual: $2.000 fuertes. Esta clá usula se considera derogada por
desuso (“letra muerta”), ya que la exigencia de dicha remuneració n se
trata de un criterio discriminatorio (Cá tedra).
e. Residencia: La Constitució n exige al senador ser nativo de la provincia
en la cual se postula o con 2 añ os de residencia inmediata en ella. En
caso de los miembros de la Corte no es necesaria ya que no representa a
ninguna provincia.
f. Idoneidad (art. 16): La Cá tedra lo agrega como requisito.
Para Ekmekdjian, ademá s, el juramento al cargo es otro requisito esencial para ser
miembro de la Corte Suprema (art. 112):
Art. 112 – En la primera instalació n de la Corte Suprema, los individuos
nombrados prestará n juramento en manos del presidente de la Nació n,
de desempeñ ar sus obligaciones, administrando justicia bien y
legalmente, y en conformidad a lo que prescribe la Constitució n. En lo
sucesivo lo prestará n ante el presidente de la misma Corte.
En el caso de los jueces nacionales inferiores a la CSJN, las formas de remoció n son
las siguientes:
Renuncia;
Cumplir 75 añ os;
Jurado o jury de enjuiciamiento.
Este organismo especial es una de las novedades de la reforma, ya que
anteriormente, los jueces inferiores eran sometidos, al igual que los miembros de
la Corte, al juicio político.
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La naturaleza jurídica de este instituto es de un ó rgano equiparable a los
tribunales de justicia, que no puede apartarse de la acusació n ni del debido
proceso (CSJN).
Para otros autores, se trata de un proceso administrativo, ya que su ú nico objeto es
la remoció n del imputado (Montes de Oca, Joaquín V. Gonzá lez)
Bidart Campos desdobla el jurado de enjuiciamiento en dos etapas:
Primeramente, el Consejo de la Magistratura acusa al decidir la apertura del
procedimiento —y puede suspender al juez—;
En la segunda etapa, interviene el jurado de enjuiciamiento, que puede
remover, o no.
Se trata de una relació n entre dos ó rganos —Consejo y jurado— que forman parte
—ambos— del Poder Judicial, por lo que cabe calificar a esa relació n como
intraó rgano.
El art. 115 establece que los integrantes del tribunal será n legisladores,
magistrados y abogados de la matrícula federal. A su vez, la Ley 24.937
(modificada por la Ley 26.080) determina que son 7 los miembros integrantes del
jury:
1. 2 jueces que será n: de Cá mara, debiendo uno pertenecer al fuero federal del
interior de la Repú blica y otro a la Capital Federal.
2. 4 legisladores: 2 de cada Cá mara, uno por la mayoría y otro por la primera
minoría.
3. Un abogado de la matrícula federal que reú na los requisitos para ser juez de
la CSJN.
Respecto a su duración, el jurado de enjuiciamiento se constituye cada 4 añ os, al
inicio de las sesiones ordinarias del Congreso, y actuará en cada caso que se
formule acusació n a un magistrado. Sus miembros podrá n ser reelectos en forma
inmediata só lo una vez.
Las causales de remoción de un magistrado son las mismas que para el juicio
político (art. 53), es decir:
a. Mal desempeño de sus funciones: Joaquín V. Gonzá lez afirma que los actos de
un funcionario pueden no ser considerados delito, pero sí mal desempeñ o
porque perjudican al servicio pú blico, deshonran al país o a la investidura
pú blica, o impiden el ejercicio de los derechos y garantías de la Constitució n.
Sá nchez Viamonte, por su parte, lo define como “cualquier irregularidad de
cualquier naturaleza, que afecta gravemente el desempeñ o de las funciones”.
La CSJN ha elaborado el criterio de que el mal desempeñ o se produce “cuando
el funcionario, en conductas reiteradas, elige la peor solució n a los problemas
que entiende”.
En este aspecto, el art. 25 de la ley enumera algunas posibles causales de mal
desempeñ o:
El desconocimiento inexcusable del derecho;
El incumplimiento reiterado de la Constitució n Nacional, normas
legales o reglamentarias;
La negligencia grave en el ejercicio del cargo;
La realizació n de actos de manifiesta arbitrariedad en el ejercicio de
sus funciones;
Los graves desó rdenes de conducta personales;
El abandono de sus funciones;
La aplicació n reiterada de sanciones disciplinarias;
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La incapacidad física o psíquica sobreviniente para ejercer el cargo.
b. Delito en el ejercicio de sus funciones: En este sentido, el jurado debe aplicar
el Có digo Penal en lo referente a los delitos contra la administració n pú blica, es
decir, cohecho, abuso de autoridad, malversació n de fondos, incumplimiento de
los deberes de funcionario pú blico, especialmente los delitos de prevaricato
(ignorancia de la ley) y denegatoria de justicia (no se falla o se falla muy tarde).
c. Crímenes comunes: En este caso, también se debe aplicar el Có digo Penal,
pero en lo referente a los delitos dolosos, graves de cualquier tipo que sean, y
aunque no se cometan en el ejercicio de las funciones (homicidios, lesiones,
etc.).
En cuanto al procedimiento, debe ser oral y pú blico, y tiene que asegurar el
derecho de defensa del acusado. El fallo que decida la destitució n debe emitirse
con mayoría de 2/3 de sus miembros.
La apertura del procedimiento comienza con la formulació n de la acusació n por
parte de la Comisió n de Acusació n del Consejo de la Magistratura que se elevará al
plenario del Consejo, y para su aprobació n, requerirá el voto de los 2/3 del total de
sus miembros.
Ademá s, el Consejo puede determinar la suspensió n preventiva del magistrado.
Luego, la acusació n será presentada ante la secretaría permanente del jurado de
enjuiciamiento. A partir de allí, se correrá traslado de la demanda al acusado.
Si la sentencia es condenatoria, se destituirá definitivamente al magistrado.
El fallo, segú n Bidart Campos y Ekmekdjian, admite recurso extraordinario ante la
CSJN, a pesar de que la Constitució n afirma que es “irrecurrible” y la Ley 24.937
solo establece que procede un pedido de aclaratoria (para aclarar algú n concepto
oscuro o cualquier error material, sin alterar lo sustancial de la sentencia).
Si la sentencia es absolutoria, corresponderá reponer al magistrado.
Si no se dictare sentencia transcurridos 180 días de iniciado el procedimiento de
remoció n, también deberá ser repuesto el juez suspendido.
En cuanto a los efectos, el art. 115 dispone dos:
La destitució n del juez;
Consecuencia de lo anterior, la quita de la inmunidad de proceso penal, por
lo que el condenado podrá ser sometido a proceso en los tribunales
ordinarios.
Finalmente, la disposición transitoria 14 dice: “Las causas en trá mite ante la
Cá mara de Diputados al momento de instalarse el Consejo de la Magistratura les
será n remitidas a efectos del inciso 5º del art. 114. Las ingresadas en el Senado
continuará n allí hasta su terminació n (Corresponde al art. 115).”
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EL CONSEJO DE LA MAGISTRATURA: COMPOSICIÓN SEGÚN LA LEGISLACIÓN
ACTUAL
Segú n Bidart Campos, “cuando el art. 108 afirma que “el Poder Judicial será
ejercido por una Corte Suprema y los demá s tribunales inferiores” cabe entender
que allí la alusió n al Poder Judicial no se refiere a la estructura de ó rganos que lo
componen y hacen parte de él, sino a la funció n de administrar justicia en las
causas que otros artículos asignan a la competencia exclusiva del Poder Judicial (es
decir, de sus tribunales).
Esto conduce a afirmar que el Consejo de la Magistratura no es un ó rgano
extrapoderes que esté fuera del Poder Judicial, sino que orgá nicamente lo integra”.
Para Ekmekdjian, en cambio, se trata de un ó rgano extrapoder que no gobierna,
sino que controla el sistema judicial federal. Y su naturaleza jurídica es la de un
organismo administrativo, ya que la ú nica funció n jurisdiccional que tiene es la
disciplinaria sobre los jueces, a pesar de no ser su superior jerá rquico, ya que éste,
es la Corte Suprema.
Primeramente, el art. 114 establece que este instituto será “regulado por una ley
especial sancionada por la mayoría absoluta de la totalidad de miembros de
cada Cámara” por lo que resulta imprescindible remitirse a la Ley 24.937
(modificada por las Leyes 24.939, 26.080 y 26.855).
Rengló n seguido se determina la doble competencia del Consejo que es “la
selección de los magistrados, y la administración el poder judicial”.
Pá gina 14
En cuanto a su composición, el Consejo de la Magistratura está integrado, segú n la
Ley 24.937 (modificada por las Leyes 24.939, 26.080 y 26.855) por 13 miembros:
1. 3 jueces del Poder Judicial de la Nació n, elegidos por el sistema D´Hondt,
debiéndose garantizar la representació n igualitaria de los jueces de Cá mara y
de Primera Instancia y la presencia de magistrados, con competencia federal
del interior de la Repú blica.
2. 6 legisladores. A tal efecto los presidentes de la Cá mara de Senadores y de la
Cá mara de Diputados, a propuesta de los bloques parlamentarios de los
partidos políticos, designará n 3 legisladores por cada una de ellas,
correspondiendo 3 a la mayoría y 1 a la primera minoría.
3. 2 representantes de los abogados de la matrícula federal, designados por el
voto directo de los profesionales que posean esa matrícula. Uno de los
representantes deberá tener domicilio real en cualquier punto del interior del
país.
4. 1 representante del Poder Ejecutivo.
5. 1 representante del á mbito académico y científico que deberá ser profesor
regular de cá tedra universitaria de facultades de derecho nacionales y contar
con una reconocida trayectoria y prestigio, el cual será elegido por el Consejo
Interuniversitario Nacional con mayoría absoluta de sus integrantes.
Para Ekmekdjian, la integració n actual del Consejo de la Magistratura es
inconstitucional, ya que, al eliminar la presencia del presidente de la Corte
Suprema (presente en la Ley 24.937 y 24.939), no cumple con el mandato
constitucional de “representación de los jueces de todas las instancias”.
Asimismo, atenta contra el “equilibrio” que pregona la Constitució n, ya que de los
13 miembros, 5 tienen relació n con Poder Ejecutivo (un integrante del PE y 4
legisladores oficialistas), lo que provocará que en las votaciones trascendentes se
necesita necesariamente el consentimiento de aquél para reunir los 2/3 de votos
(9 sobre 13).
A su vez, El Consejo de la Magistratura se divide en cuatro comisiones, integradas
de la siguiente manera:
De Selección de Magistrados y Escuela Judicial (8 miembros): 3 jueces,
3 diputados, el representante del Poder Ejecutivo y el representante del
á mbito académico y científico.
De Disciplina y Acusación (9 miembros): un representante de los
abogados de la matrícula federal, 2 senadores, 2 diputados, 2 jueces, el
representante del á mbito académico y científico y el representante del
Poder Ejecutivo.
De Administración y Financiera (7 miembros): 2 diputados, un senador,
2 jueces, un representante de los abogados de la matrícula federal y el
representante del Poder Ejecutivo.
De Reglamentación (6 miembros): 2 jueces, un diputado, un senador, un
abogado y el representante del á mbito académico y científico.
Por otro lado, los miembros durará n 4 añ os en sus cargos, con posibilidad de una
reelecció n inmediata.
Cesan en sus cargos si se alterasen las calidades en funció n de las cuales fueron
seleccionados.
Finalmente, la disposición transitoria 13° dice: “A partir de los trescientos
sesenta días de la vigencia de esta reforma, los magistrados inferiores solamente
podrían ser designados por el procedimiento previsto en la presente Constitució n.
Pá gina 15
Hasta tanto se aplicará el sistema vigente con anterioridad (Corresponde el
artículo 114).”
PRINCIPALES ATRIBUCIONES
En cuanto a la formación de los cuadros judiciales:
Inc. 1 – Seleccionar mediante concursos pú blicos los postulantes a las
magistraturas inferiores
Inc. 2 – Emitir propuestas en ternas vinculantes, para el nombramiento de
los magistrados de los tribunales inferiores.
Inc. 5 – Decidir la apertura del procedimiento de remoció n de magistrados,
en su caso ordenar la suspensió n, y formular la acusació n correspondiente.
Respecto a su poder disciplinario:
Inc. 4 – Ejercer facultades disciplinarias sobre magistrados.
Inc. 6 – Dictar los reglamentos relacionados con la organizació n judicial y
todos aquéllos que sean necesarios para asegurar la independencia de los
jueces y la eficaz prestació n de los servicios de justicia.
En lo atinente a la administración de los recursos económicos:
Inc. 3 – Administrar los recursos y ejecutar el presupuesto que la ley asigne
a la administració n de justicia.
Ministerio Pú blico es el ú nico ó rgano que, fuera del Poder Legislativo, del Poder
Ejecutivo y del Poder Judicial, no aparece dentro del sector normativo dedicado a
cada uno de esos tres poderes. Posee una secció n normativa especial, no
compartida, que es la cuarta, contenida en la parte orgá nica del texto
constitucional (Bidart Campos).
Por tal motivo, la naturaleza del instituto es la de un ó rgano extrapoder (Bidart
Campos/Ekmekdjian).
Por otra parte, el art. 120 le otorga a este ó rgano autonomía funcional y autarquía
financiera:
a. La autonomía funcional traza, en primer lugar, una frontera externa que
impide cualquier injerencia de los otros poderes. En segundo término, implica
internamente que las relaciones dentro del organismo son conducidas por
quien inviste su jefatura má xima, que es el Procurador General, sin perjuicio
del vínculo que, en subordinació n hacia él, se da en el Defensor General y el
ministerio pupilar a su cargo.
La autonomía funcional —interna y externa— implica independizar al
Ministerio Pú blico de toda subordinació n a cualquier otro poder u ó rgano del
estado. Por ello:
Jamá s el Poder Ejecutivo puede impartirle instrucciones o mandato
de índole alguna;
Pá gina 16
No ha de estar funcionalmente sometido a control administrativo
alguno por parte del Consejo de la Magistratura;
No procede que dicho Consejo dicte reglamentos para el Ministerio
Pú blico, ni ejerza sobre sus miembros las facultades disciplinarias
que inviste sobre los magistrados, ni siquiera si a aquéllos se los
equipara con éstos;
Las políticas y las reglamentaciones para el funcionamiento del
Ministerio Pú blico deben ser adoptadas por el propio ó rgano; segú n
su naturaleza y á rea, por el Procurador General o por el Defensor
General; o unitariamente por ambos de comú n acuerdo.
b. La autarquía financiera indica que la ley de presupuesto debe asignarle los
recursos en forma separada, y que el mismo Ministerio Pú blico tiene a su
entera disposició n la administració n de los mismos.
Por ú ltimo, la ú ltima oració n del artículo habla de inmunidades funcionales e
intangibilidad salarial por las que Bidart Campos entiende:
Las inmunidades funcionales, mientras se desempeñ an los cargos,
conviene que se equiparen a las del Defensor del Pueblo que, conforme al
art. 86, son las mismas de los legisladores;
La remuneració n se ha de igualar a la de los jueces en cuya instancia actú a
cada uno de los funcionarios del Ministerio Pú blico, o aproximá rsele. La
intangibilidad de la remuneración remite a la severa norma del art. 110
que rige para los jueces;
La permanencia en el cargo hace muy conveniente que se identifique con
la de los jueces o, como mínimo excepcional, que abarque un período
suficientemente prolongado pero, en esta ú ltima hipó tesis es menester que
la remoció n cuente con un mecanismo especial que imposibilite los
desplazamientos por motivos políticos, o de oportunidad, o de mera
conveniencia;
La designación también torna indispensable eliminar cualquier clase de
influencias políticas o partidistas, a cuyo fin el mejor sistema reenvía al de
los jueces, en cuyo caso la ley reglamentaria no incurriría en exceso si
dispusiera la intervenció n del Consejo de la Magistratura, pues no juzgamos
que el art. 114 lo impida;
Finalmente, la destitució n combinada con un régimen de designació n y de
permanencia similar al de los jueces, habría de tramitarse por un jurado de
enjuiciamiento por remisió n a los arts. 114 y 115.
INTEGRACIÓN. FUNCIONES
El texto constitucional establece que este organismo “está integrado por un
procurador y un defensor general de la Nación y los demás miembros que la
ley establezca”. De esta manera, el Ministerio Pú blico es bicéfalo:
1. El Ministerio Público Fiscal, que comprende fundamentalmente a los fiscales
de todas las instancias, ante todos los tribunales nacionales y tiene por jefe al
Procurador General de la Nació n, que es el fiscal nato, para actuar ante la Corte
Suprema de la Nació n.
2. El Ministerio Público de la Defensa, integrado por los defensores de menores,
pobres, incapaces y ausentes de todas las instancias, cuya cabeza es el Defensor
General de la Nació n.
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A su vez, sus funciones son las de “promover la actuación de la justicia, en
defensa de la legalidad y de los intereses generales de la sociedad”:
a. Promover la actuación de la justicia: Implica que el Ministerio Pú blico Fiscal
debe incitar la persecució n penal en los delitos de acció n pú blica (por ser
titular de la acció n penal) y para iniciar juicios no penales.
b. Defensa de la legalidad: En cada proceso judicial que promueve o en el que
interviene.
c. Intereses generales de la sociedad: Por tal motivo, el Ministerio Pú blico de la
Defensa tiene a su cargo la defensa y representació n de los grupos etarios má s
vulnerables: menores, pobres, incapaces y ausentes.
Finalmente, las leyes especiales que regulan al Ministerio Pú blico son la 27.148
(MPF) y la 27.149 (MPD)
Ministerio Público
Consejo de la Magistratura
STJ Jurado de enjuiciamiento
Cámaras de
Apelación
Tribunales de Primera
Instancia
Pá gina 18
2. Tribunales inferiores: Compuesto por las Cá maras de Apelaciones (3
miembros) y los Tribunales de Primera Instancia (unipersonales). Su
intervenció n radica, segú n la materia, en juicios de derecho: penal, civil y
comercial, laboral y minas, competencias específicas (familia, concursal y
quiebras, Registro Pú blico de Comercio, ejecució n penal, etc.) y distinció n per
quantum (juez de paz letrado).
Pá gina 19
1. Un vocal del Superior Tribunal de Justicia, exceptuado su presidente, elegido por
sus pares.
2. Dos magistrados elegidos por sorteo entre los restantes integrantes del Superior
Tribunal de Justicia, de las cá maras y miembros del Ministerio Pú blico que actú en
ante las mismas.
3. Tres legisladores con formació n jurídica, si los hubiere, elegidos dos por la
mayoría y uno por la minoría, a propuesta de los respectivos bloques.
4. Tres abogados elegidos por el Superior Tribunal de Justicia mediante sorteo, que
se realizará anualmente de una lista con los abogados de la matrícula que reú nan
los requisitos para ser miembros del Superior Tribunal de Justicia”.
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