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Este documento describe la naturaleza y evolución de la tecnología. Explica que la tecnología se refiere al conocimiento aplicado para resolver problemas humanos y proviene de la combinación de técnica y logos. Luego describe las cuatro fases principales en la evolución de las tecnologías de comunicación e información: oralidad, escritura, imprenta y tecnologías digitales modernas como Internet. Finalmente, distingue entre tecnologías duras, blandas e intermedias y explica cómo la ciencia ha reemplazado a la

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Este documento describe la naturaleza y evolución de la tecnología. Explica que la tecnología se refiere al conocimiento aplicado para resolver problemas humanos y proviene de la combinación de técnica y logos. Luego describe las cuatro fases principales en la evolución de las tecnologías de comunicación e información: oralidad, escritura, imprenta y tecnologías digitales modernas como Internet. Finalmente, distingue entre tecnologías duras, blandas e intermedias y explica cómo la ciencia ha reemplazado a la

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Naturaleza, alcance y caracterización de la tecnología

Introducción
En esta primera lectura de la materia Tecnología, Humanidad y
Modelos Globales haremos un breve recorrido por el espacio que
ocupa la tecnología en nuestras vidas y la organización en
sociedad. Pondremos especial foco en entender la consistencia
de lo que llamamos tecnología, su relación con la técnica y la
ciencia, así como la tensión permanente que se produce con
quienes la crean y la aprovechan: los seres humanos.
1. Naturaleza de la tecnología
La humanidad tiene un impulso natural desde sus orígenes:
generar condiciones para adaptarse al medio en el que debe vivir
y buscar permanentemente su evolución y progreso. Como de
alguna forma la corriente filosófica del existencialismo francés
proponía: hemos sido arrojados al mundo sin cobertura y desde
allí debemos construir nuestra existencia. Eso mismo que aplica
a la dimensión más personal y psicológica del ser humano, se
traduce en la dinámica de las sociedades y comunidades que
habitamos. Debemos construir nuestra existencia, diseñar
maneras de convivir y autogenerarnos las soluciones que
necesitamos para hacer cada vez más digno y satisfactorio
nuestro paso por el mundo.

Son muchos los instrumentos y las creaciones que la especie


humana dispone para este recorrido de tan largo aliento. Pero
hay uno que adquiere especial dimensión: la tecnología. Este
concepto, tan presente en nuestras vidas, refiere a ese conjunto
de conocimiento condensado para lograr una aplicación concreta
para resolver una problemática real. El término, tan usado en
nuestras vidas actualmente, proviene del griego tekne (que
significa técnica u oficio) y logos (ciencia, conocimiento).

Es decir, hay tecnología (cualquiera sea el campo, la procedencia


y el alcance) siempre que se ha logrado producir y organizar un
espacio de conocimiento para el diseño y construcción de
instrumentos, herramientas o modelos que permiten algún tipo de
acción o movimiento para resolver problemas humanos.

Para comprenderlo mejor, vamos a tomar el caso de las


tecnologías de comunicación o información, comúnmente
conocidas como TIC, cuyo proceso de ideación y desarrollo viene
de tiempos remotos y permanece en plena evolución hasta
nuestros días.
La necesidad de disponer de una estructura con la información y
contenidos que los humanos crean y desarrollan en su devenir
nos ha acompañado siempre como civilización. La forma en que
se crea y se comparte conocimiento siempre está muy influida
por las tecnologías disponibles para su almacenamiento y
comunicación. Siguiendo a Walter Ong (1982), en Oralidad y
Alfabetización, podemos identificar cuatro grandes fases en el
recorrido por satisfacer esas necesidades, a partir de esas
herramientas o instrumentos de conocimiento condensado que
son las tecnologías en el sentido más amplio del término:
Oralidad: la gran mayoría del tiempo que llevamos en existencia,
los hombres nos hemos valido del lenguaje como tecnología
evolutiva para construir y entregar información y conocimiento.
Este es un instrumento eficaz, pero limitado porque depende
exclusivamente de la memoria humana y el encuentro físico para
su divulgación.
Escritura: de los 50 mil años aproximadamente desde el inicio del
Homo sapiens, recién en el 3500 a.C. pudimos generar
tecnologías de escritura para plasmar en algún formato tangible
toda la información contenida en la oralidad. El salto tecnológico
fue muy significativo, dado que por primera vez el ser humano
podía disponer de una memoria externa y artificial para amplificar
las capacidades propias.
Imprenta: un verdadero hito en este proceso de fases. Si bien
existen antecedentes de tecnologías previas, similares a la
imprenta, en Roma y China, fue en el Siglo XV cuando Johannes
Gutenberg logró crear un dispositivo mecánico para generar
impresiones de contenidos. Por primera vez en la historia de la
humanidad, el conocimiento proveniente de distintas fuentes y
puesto en forma de escritura podía circular y compartirse de una
manera mucho más potente y expansiva.
Tecnologías de comunicación propiamente dichas (TIC): bajo
este concepto de tanto impacto podemos incluir a un diverso
conjunto de dispositivos que hace muchas décadas forman parte
de esta nueva fase de tecnologías disponibles para producir y
circular conocimientos. Algunos dispositivos son: fotocopiadoras
de gran volumen, archivos de texto transferibles, impresoras de
alta capacidad, ordenadores personales en sus distintas
versiones y la verdadera herramienta disruptiva que es Internet.
Todos estos instrumentos tienen en común la búsqueda por
liberar a las personas de pesadas y costosas tareas para la
expansión del conocimiento y de bajar la dependencia e
intermediación de expertos para ganar autonomía en el acceso a
ese conocimiento.
El recorrido por estas fases nos permite comprender cuánto más
difícil hubiera sido el camino de progreso de la humanidad, si
este despliegue de capacidad e ingenio plasmado en tecnologías
evolutivas de información y conocimiento no hubiera sido tan
eficaz y potente. Como dato final para ilustrar esta reflexión,
podemos mencionar que los países con mayores índices de
penetración de Internet en la sociedad son también los países
que mayores índices de alfabetización tienen, como Noruega,
Dinamarca, etc. Las tecnologías de la información y el progreso
humano siempre van de la mano en el curso de la historia.
2. Técnicas, ciencias y sociedad del conocimiento
Las creaciones y prácticas tecnológicas se manifiestan de forma
muy diversa, tanto en las temáticas o los espacios en los que
existen problemáticas a resolver, como en las modalidades o
maneras en que las tecnologías intervienen y operan.
Usualmente, se clasifica a la tecnología de la siguiente forma:
Tecnologías duras: provienen de las ciencias más duras o
exactas, como la ingeniería, matemática, física o química. En
general, se plasman en aplicaciones y productos tangibles para
campos como la informática, la bioquímica, la electrónica. Por
ejemplo, sensores que generan la vigencia en Internet de las
cosas (IoT), computadoras portátiles, autos de manejo autónomo,
etc.
Tecnologías blandas: se vinculan a las ciencias más humanas,
como sociología, psicología o economía. Suelen focalizarse en el
desarrollo de mejores prácticas y modelos que permiten resolver
problemas y mejorar el funcionamiento de organizaciones,
empresas o la sociedad en su conjunto. Sus desenlaces suelen
ser elementos de mucho valor, aunque generalmente intangibles.
Por ejemplo, tecnologías para la creación y expansión de
emprendimientos por parte de personas y equipos; tecnologías
para mejorar la productividad y la calidad del trabajo en equipos
de personas; tecnologías para la conversación y construcción de
empatía entre personas; tecnologías para la organización y
gestión del comercio electrónico, etc.
Tecnologías intermedias: aquellas que se manifiestan en el
enorme campo del medio, en el que habitan temáticas y
disciplinas con componentes de rigurosidad, aunque sin la
exactitud de las ciencias duras. Construcción, industria,
herramientas y muchos otros campos específicos integran este
espacio de tecnologías intermedias, cuyos productos pueden ser
tanto tangibles como intangibles y tienen un enorme impacto en
la vida de las personas y las organizaciones. Por ejemplo:
tecnología de construcción de viviendas en seco; tecnologías
para la disposición de espacios y cadenas de trabajo (layout), etc.
En general, las tecnologías que se han creado en este incesante
devenir, tenían vínculo directo con lo que comúnmente se conoce
como técnicas, que no son otra cosa que habilidades de
aplicación que la imaginación y la necesidad humana han logrado
desarrollar en cada momento. Es a partir de ese flujo de
despliegue técnico que distintas tecnologías, por ejemplo, la
imprenta mecánica, lograron cobrar vida y expandirse. No todo
esfuerzo de creación técnica ha tenido el desenlace de llegar a
ser una nueva tecnología, pero en general ha sido esa vocación
por sofisticar el accionar humano a través de técnicas específicas
lo que, en etapas tempranas, generó que nos apropiemos de
distintas tecnologías como especie humana.

Progresivamente, el espacio de la técnica como origen de las


nuevas tecnologías fue reemplazado por la ciencia y la creciente
relevancia del método científico, basado en la comprobación
empírica de hipótesis de conocimiento y, consecuentemente, en
una vinculación estrecha entre los objetos de estudio de la
ciencia y la creación de tecnologías. La técnica cedió ante el rigor
conceptual y metodológico de la ciencia, que trasciende su
estado más puro (ciencia básica) para abordar con fuerte
ambición la misión de proveer soluciones tecnológicas concretas
a las problemáticas de la humanidad.
Figura 1: El método científico

Fuente: Ciencia fácil, s.f., [Link]


De esta forma, las tecnologías se vuelven cada vez más
intensivas en conocimiento (logrado a través del método
científico) y, a partir de allí, se construye la asociación tan potente
y natural en nuestros días entre ciencia y tecnología. Juntas,
estas dimensiones se erigen en causas fundamentales del
progreso de las sociedades.
Figura 2: Velocidad de adopción de las tecnologías más
conocidas
Fuente: Megias, 2012, [Link]
A tal punto adquiere relevancia la tecnología en el presente y
futuro de la especie humana que, si comparamos su evolución
con la de nuestra propia biología, veremos que el verdadero salto
cuántico que se ha dado en nuestras posibilidades y progresos
viene dado mucho más por las tecnologías que supimos crear y
desplegar que por cambios en la biología de nuestro ser. Por
supuesto que nuestros cerebros y cuerpos se han desarrollado y
han cambiado significativamente desde los orígenes, pero no es
menos válido afirmar que los cambios disruptivos y los saltos
cualitativos en nuestra historia han estado más asociados a la
evolución de las tecnologías y, especialmente, a las distintas
revoluciones tecnológicas.

A partir de lo que plantean Richard Susskind y Daniel Susskind


en su libro El Futuro de las Profesiones (2016) podemos
identificar cuatro aspectos en los que está basada la expansión y
desarrollo de las TIC:
Crecimiento exponencial en tecnología de la información: los
laboratorios de investigación del mundo no han parado de
generar nuevos activos para enriquecer las TIC, y quizá otro de
los más significativos sean las tecnologías de conectividad a
Internet, en las que el progreso ha venido siendo sostenido y
promete un enorme salto.
Máquinas cada vez más capaces: los dispositivos tecnológicos
trascienden la esfera de instrumentos y abordan campos propios
de la inteligencia humana y las habilidades cognitivas, gracias al
enorme desarrollo de la inteligencia artificial.
Dispositivos cada vez más generalizados: básicamente, este
campo de evolución científico tecnológica aplicado a TIC hace
referencia a la creciente portabilidad y accesibilidad de
dispositivos que nos permiten procesar, consumir y cocrear
conocimientos.
Seres humanos cada vez más conectados: la ciencia aplicada a
las TIC genera una diversidad de dispositivos, plataformas y
sistemas que nos permiten comunicarnos, investigar,
relacionarnos, compartir, construir comunidades, cooperar,
cocrear, competir y comerciar, cada vez con menos restricciones
y costos asociados.

3. Tensión permanente entre tecnología y sociedad


Si bien este proceso de desarrollo tecnológico constante de la
humanidad tiene un sentido positivo, portador de soluciones y
progreso, al amplificar la mirada podremos identificar que no se
trata de algo lineal ni exento de dificultades y contratiempos. El
proceso de construcción tecnológica siempre conlleva tensiones
entre los actores, los valores y las posibilidades concretas de las
sociedades en cada momento histórico.

Tomemos por caso la bicicleta, como solución tecnológica para


una movilidad rápida y accesible a mediados del siglo 19.
Veremos que esta tecnología, ampliamente validada y luego
aceptada, tuvo que vencer prejuicios y una diversidad de críticas
en sus primeros pasos, especialmente relacionados a las
limitaciones de un artefacto de dos ruedas y los prejuicios que se
tenía en aquellos tiempos sobre la mujer (lo que generaba
polémica en torno a su participación como usuaria de este nuevo
medio de movilidad).

Es que los procesos de incorporación social de nuevas


tecnologías permiten entender que, en definitiva, la tecnología es
un sistema interrelacionado de conocimientos, artefactos,
habilidades, recursos naturales, estimaciones económicas,
valores éticos, pautas culturales y acuerdos sociales. Las
sociedades y sus actores individuales no constituyen
espectadores pasivos de los procesos de innovación tecnológica,
sino que son protagonistas de estas complejas dinámicas que los
impulsan, los condicionan y, a veces, los combaten.

Por ello la tecnología es una práctica social que, según Pacey


(1990), tiene tres dimensiones:

La dimensión técnica (conocimientos, capacidades, destrezas


técnicas, instrumentos, herramientas y maquinarias, recursos
humanos y materiales, materias primas, productos obtenidos,
desechos y residuos) . . .
La dimensión organizativa: (política administrativa y gestión,
aspectos de mercado, economía e industria; agentes sociales:
empresarios, sindicatos, cuestiones relacionadas con la actividad
profesional productiva, la distribución de productos, usuarios y
consumidores, etc.) . . .
La dimensión ideológica - cultural: (finalidades y objetivos,
sistemas de valores y códigos éticos; creencia en el progreso,
etc.). (Acevedo Díaz, 1996, p. 36)

Solo abordando de forma amplia e inteligente las tres


dimensiones en un espacio y tiempo determinado, los procesos
de creación y adopción tecnológica suelen ofrecer resultados
más homogéneos y sostenibles. Es decir, al concebir la
dimensión técnica como una plataforma innovadora a partir de la
cual puede servirse a la sociedad, es factible y deseable que los
aspectos organizativos puedan abordarse y facilitarse en el
marco de un sistema de ideas y valores mayoritariamente
aceptados en una comunidad.

En definitiva, siempre lo que hagamos con las tecnologías que


inventamos será responsabilidad de personas y sociedades, en el
marco de las regulaciones y marcos institucionales que tienen
lugar en el sistema sociotécnico en el que se desarrollan, en
permanente interacción con las prácticas y valoraciones
culturales de cada momento histórico.
Figura 3: Vínculo entre tecnología y humanidad

++++++++++++++++++++++++++MODULO 2+++++++++++++++
+++
Paradigmas, evolución tecnológica y revoluciones industriales
Introducción
Con la base de lo visto en la primera lectura de la materia, aquí
nos adentraremos en la comprensión de los procesos de cambio
tecnológico (profundos o disruptivos), comúnmente conocidos
como revoluciones industriales o tecnológicas. En primer lugar,
introduciremos el concepto de paradigmas, ya que esto nos
permitirá enmarcar de forma científica los procesos de cambios
disruptivos que los hombres generan a través de las nuevas
tecnologías.

Nos concentraremos en las características más relevantes de


cada una de las revoluciones, buscando siempre los hilos
conductores que tienen que ver con el cambio tecnológico en el
marco de la tensión dialéctica con las personas y organizaciones
de la sociedad. Y dejaremos el trayecto esclarecido para ingresar
de forma consciente en nuestra época actual, la de la cuarta
Revolución Industrial.
1. Estructura de las revoluciones científicas
Thomas Kuhn, historiador y filósofo de origen estadounidense,
consideró que era de vital importancia dedicar tiempo al estudio
histórico para entender la dinámica de esos periodos en los que
la producción científica genera grandes cambios en la
organización social y económica, así como también las ideas y
concepciones subyacentes que acompañan dichos procesos que
habitualmente llamamos revoluciones.

En 1962, Kuhn publicó un libro de enorme trascendencia: La


estructura de las revoluciones científicas. Allí, el autor expone
que la evolución de la ciencia (y por ende, de gran parte de la
tecnología) no es el resultado de un recorrido uniforme y lineal
basado en la pureza del método científico. Más bien, retomando
la idea de profunda tensión entre sociedad y tecnología, esta
evolución se explica por saltos paradigmáticos; es decir, por
cambios en la manera de pensar que, en un momento
determinado de la historia, se consolidan en la comunidad
científica y tecnológica de una sociedad.

Cuando esos cambios en el sistema de ideas y pensamiento de


una sociedad se consolidan y adquieren plena vigencia, nuevas
teorías se construyen y se moviliza la producción científica que
permite una sucesión de hallazgos y validaciones. Esto, a su vez,
es lo que configura una revolución científico-tecnológica. En
definitiva, es el mecanismo de aceptación y validación social de
un paquete de conocimiento nuevo lo que origina el vendaval de
revolución científica que cambia el curso de la historia.
Específicamente, esos sistemas de ideas y pensamiento que
llamamos paradigmas, no se renuevan por imperio de la decisión
de alguna autoridad o fenómeno directo, sino que lo hacen a raíz
de la existencia de anomalías que no pueden resolverse
satisfactoriamente con las teorías vigentes en un momento de la
historia, lo cual desata procesos de crisis que son la antesala a la
creación de nuevas teorías. En este marco, la transición entre
viejas y nuevas teorías es el proceso en el cual se incuban y
producen las revoluciones científicas. De forma subyacente, lo
que Kuhn (1971) nos deja como legado es que la ciencia y el
conocimiento constituyen una sinfonía nunca terminada, sino en
constante evolución y transformación.

Esta dinámica de sustitución de paradigmas que Kuhn (1971)


relata en su explicación de las revoluciones científicas, se puede
ver con mucha claridad en los procesos de las llamadas
revoluciones industriales o tecnológicas que proponemos
recorrer, en líneas generales, a través de la presente lectura.
2. Primera Revolución Industrial
Una buena parte de la actividad humana tiene que ver
históricamente con la necesidad de energía para cumplir tareas y
actividades. Durante siglos, el trayecto de los hombres estuvo
basado en una matriz energética muy indigna: los esfuerzos
físicos. Y no solo de seres humanos, sino también de animales
como bueyes y caballos. Fueron siglos de entrega muscular
hacia las tareas requeridas para la vida, desde mover
mercaderías hasta construir obras comunitarias.

Conviene detenerse en una idea fundamental: el concepto de


energía tiene que ver con cualquier tipo de fuerzas que sea
capaz de movilizar y transformar a uno o más objetos de
cualquier índole. En toda acción o reacción hay una intervención
de la energía, que no puede inventarse o destruirse, sino
básicamente transformarse de un tipo a otro, en virtud del
principio de conservación de la energía.

Luego del largo periodo de predominio muscular, fueron los


elementos de agua y viento los que nos permitieron enfocar los
esfuerzos de producción energética. Las energías hidráulica y
eólica, emergentes de aquellos elementos, resultaron
determinantes para el progreso de las comunidades humanas,
pero rápidamente evidenciaron sus limitaciones, en materia de
cantidades y de localización geográfica (molinos de agua y de
viento). Energía condicionada por la disponibilidad de agua y
vientos ponía un techo cada vez más evidente al ímpetu y las
necesidades humanas en materia de producción, crecimiento y
progreso. El paradigma entraba en crisis y las fuerzas científicas
y emprendedoras comenzaban a movilizarse con pasión para
validar nuevas hipótesis, elaborar nuevo conocimiento y
materializar nuevos artefactos.
Es en las últimas décadas del siglo 18, específicamente desde
1760, cuando comienzan a aparecer nuevas tecnologías que se
convertirán en el epicentro de esta primera Revolución Industrial
de la historia humana. Esos nuevos artefactos se tratan de la
máquina de hilar o el telar mecánico y la máquina de vapor,
fundamentalmente. Su aparición y validación rápidamente
expandió la escala de las actividades económicas, a punto tal
que podemos afirmar que es con la irrupción de la máquina de
vapor que se pudo dar forma a la empresa industrial, verdadera
novedad frente a los procesos y establecimientos artesanales
que caracterizaban la economía hasta entonces.

Este proceso, que más tarde fue denominado como Revolución


Industrial (la primera, como dijimos), tuvo su epicentro en Gran
Bretaña. Se extendió, por lo menos, hasta la década de 1830 y
fue protagonizada por una multiplicidad de actores abocados con
entusiasmo e imaginación a diversas actividades económicas,
basados en el poder de las técnicas más que del conocimiento
científico.
Fue tanto el impacto de la introducción de la máquina de vapor
en los procesos productivos, que rápidamente se fue
configurando una sociedad con fuertes cambios en el marco de la
transformación más profunda desde el descubrimiento de la
agricultura. De una sociedad eminentemente agraria, pasamos a
una industrial, organizada en torno a los grandes
establecimientos que comenzaban a producir bienes y servicios
de forma mecanizada. Ello generaba, cada vez más, cuotas
crecientes de empleo. Técnicamente, entonces, podemos situar
en este proceso histórico al nacimiento de la fábrica moderna, a
partir de la organización del proceso productivo que la energía
hidráulica y sus artefactos asociados habilitaban.

En esta etapa comienza una nueva era en la relación histórica


entre hombre y tecnologías. Por primera vez, el hombre dispone
de artefactos y dispositivos que son mucho más que la extensión
herramental de las capacidades musculares humanas (martillos,
tenazas, arados, etc.). Así, se abre una categoría novedosa de
dispositivos de mayor complejidad y diversidad, que demandan
creciente atención y servicios por parte de los humanos para
hacerlas funcionar correctamente. La maquinaria tecnológica
será, cada vez más a partir de este momento, fuente de
realizaciones para el bienestar y, al mismo tiempo, de
preocupaciones para la autonomía de las personas y
comunidades.
Figura 1: Máquina agrícola a vapor francesa de mediados del XIX

Fuente: Cuaderno de Cultura Científica, s.f.,


[Link]
Vamos a ilustrar los principales conceptos de las revoluciones
industriales y tecnológicas que son objeto de la presente lectura
con el caso de una legendaria compañía alemana que, por su
antigüedad, ha transitado por este recorrido histórico y ha
modificado sus soluciones y modelos de negocios con el paso del
tiempo. Se trata de Siemens, compañía tecnológica creada en el
año 1847 en Alemania.

Siemens fue fundada en Berlín por Werner Von Siemens, con un


equipo inicial de solo 10 personas. Según la historia oficial que la
misma compañía relata en sus manuales, es la combinación
entre curiosidad científica y acción empresarial la nota
predominante que les ha permitido construir una organización
exitosa a través del tiempo, dominando la cadena de valor global
de la industria eléctrica.

La compañía alemana comienza su larga historia en los finales


de la primera Revolución Industrial que hemos venido relatando
aquí. Estrictamente, no estamos hablando de una compañía que
haya creado o fabricado la máquina de vapor que fue el epicentro
de dicha revolución, pero podemos considerar a Siemens como
una de las primeras grandes compañías industriales, en este
caso, especializada en productos y soluciones de ingeniería
eléctrica.

El telégrafo permite a Siemens arrancar su proeza empresarial.


Dicho artefacto, que ya había sido inventado y recibido
aportaciones de parte de distintos emprendedores y científicos,
fue la obsesión inicial de Siemens para llevarlo a una escala de
alto impacto y comercialización en el mundo. De esta forma, junto
al experto mecánico de su equipo, Johann Halske, lograron
mejorar el diseño de las primeras versiones de telégrafos y
construir el primero basado en agujas, superando los modelos
anteriores de telégrafos ópticos y electromecánicos, básicamente
utilizados para el funcionamiento de semáforos en las primeras
líneas de ferrocarriles que se instalaron en Europa en las
primeras décadas del siglo 18.
Previo a la segunda Revolución Industrial, el éxito en la
comercialización de la telegrafía eléctrica que Siemens logró en
distintas partes del mundo, sentó las bases de una nueva era en
materia de comunicaciones, casi similar a lo que veremos con la
introducción de Internet más de 200 años más tarde. El cambio
de paradigma que durante varias décadas se fue consolidando
en el marco de esta primera Revolución Industrial tuvo múltiples
manifestaciones y la primera tecnología de telegrafía eléctrica,
fue una de ellas. Y es aquí donde el rol de Siemens cobra valor
histórico: siempre las nuevas tecnologías requieren del coraje y
habilidad empresarial para llevarlas a instancias masivas y
modelos comercializables en distintas partes del mundo.
3. Segunda Revolución Industrial
Los enormes avances para generar energía y comunicaciones
logrados en esa primera Revolución Industrial debían
necesariamente desencadenar una nueva oleada de
conocimientos científicos y tecnológicos necesarios para soportar
el crecimiento de ciudades, actividades y expectativas de
personas y organizaciones.

Esa nueva oleada es lo que se conoce como Segunda


Revolución Industrial, que puede leerse como el gran triunfo de la
energía eléctrica masiva para las actividades humanas, a través
de los avances en materia de electricidad y petróleo. Se trata de
un periodo que va aproximadamente desde el año 1870 al 1914.
Tiene elementos de clara evolución y continuidad respecto de la
primera revolución que hemos expuesto y otros aspectos de
carácter más disruptivo y transformador, propios del concepto de
revolución.

El enorme desarrollo teórico y sucesión de inventos vinculados a


la electromecánica, propios del periodo anterior, encontrarán en
esta etapa un conjunto de oportunidades para ingresar en la era
de la electricidad. Los motores eléctricos, la lámpara
incandescente (Thomas Edison), el sistema trifásico y la
invención de la corriente alterna (creación de Nikola Tesla para
superar las limitaciones de la corriente continua de Edison) son
símbolos de esta enorme evolución que encuentra una caja de
resonancia en la primera exposición internacional de electricidad
realizada en París en 1881.
El mundo ingresaba en una nueva era de dignidad humana y
producción masiva por imperio de la electricidad y la iluminación
expandida. En paralelo, buena parte del esfuerzo expansivo de
este periodo tiene que ver con el hallazgo, extracción y uso más
intensivo de un conjunto de materiales que resultaron
fundamentales para el desarrollo científico tecnológico, como
acero, zinc, aluminio, níquel y cobre (especialmente el acero,
cuya producción pudo comenzar a ser masiva y a costos
accesibles).
Todo lo anterior, y muchos otros elementos y artefactos que no
mencionamos aquí, son combinados de una manera vertiginosa
en este periodo y adquieren la forma clara de nuevo sistema
tecnológico para la humanidad. Aquí comienza un proceso de
crecimiento sostenido de la economía y de nuevas
configuraciones de organización social y pautas culturales, en el
marco de esa vinculación siempre dialéctica que desarrollamos
en la lectura anterior. Máquinas de coser, máquinas de escribir,
bicicletas, radios, automóviles y muchos otros artefactos
comenzaron a formar parte de la sociedad, aún con limitaciones
para el acceso y uso por parte de las mayorías, por supuesto.

Quizás lo más relevante para esta materia y la lectura de la


historia que nos ha traído hasta nuestro presente, tenga que ver
con los efectos de las nuevas tecnologías en la organización de
la producción, la sociedad y el comercio internacional.
Básicamente, la creciente disponibilidad de energía eléctrica y
sus artefactos asociados permitió la evolución del prototipo de
fábrica industrial del periodo anterior, llevándola a un modelo de
absoluta mecanización y organización del trabajo.

Fue el ingeniero y economista norteamericano, Frederick Taylor,


quien le puso marco a todo esto, a través de su teoría científica
del proceso de producción, con su estudio y diagrama de tiempos
y movimientos de las personas para la maximización de la
eficiencia en procesos productivos. El taylorismo sería por
décadas el principio imperante en el management industrial y
general. Luego se complementaría con los aportes del gran
Henry Ford, mítico emprendedor de la industria del automóvil, y
se daría forma concreta a la cadena de producción en serie,
responsable más tarde del crecimiento exponencial de productos
de toda índole.

Figura 2: Cadena de producción en serie

Fuente: Autobild, s.f., [Link]


En el seno de esta revolución nace lo que podemos considerar
como globalización económica propiamente dicha. Si bien
siempre existió el comercio internacional, dentro de esta
Revolución adquiere la escala, magnitud y diversidad que permite
considerarlo como uno de los motores del vínculo y progreso de
las sociedades, gracias a los nuevos y más accesibles medios de
transporte, producción y comunicación.
También, y quizás como la otra cara de la moneda, es en este
momento histórico en el que la clase obrera, conocida como
proletariado, se conforma a partir de la disminución de
actividades agrarias o artesanales. La dinámica de esta
revolución productiva llevó al exceso de horas de trabajo bajo
condiciones insalubres y la consecuente carrera por la
dignificación de los trabajadores, de la mano de la sindicalización
y reglamentación de relaciones laborales. Hito de esta secuencia
es la famosa protesta de obreros en USA que desencadenó en el
fenómeno de los mártires de Chicago el 1 de mayo de 1886,
origen del Día Mundial del Trabajador.

Nuevamente, la compañía alemana Siemens será fuerte


protagonista de este periodo de revolución tecnológica, ya que en
1866 Siemens logra poner en valor el avance de conocimiento
eléctrico de la época para desarrollar un generador eléctrico que
haría mucho más viable y accesible el uso de electricidad para
distintas actividades, pero sobre todo para las industriales.

Con esta verdadera innovación protagonizada por Siemens, se


desencadenó un conjunto de aplicaciones que grafican el impacto
de la empresa en esta etapa de revolución tecnológica, como el
ferrocarril eléctrico, el primer alumbrado eléctrico permanente,
etc.
4. Tercera Revolución Industrial
El siglo 20 comenzó bajo una dinámica de innovación y progreso
muy marcada. La combinación de nuevos conocimientos y
tecnologías propias de la segunda Revolución estaban en plena
maduración, con nuevas regiones del mundo cada vez más
integradas a las corrientes de creación de valor y comercio
internacional.

Pero la historia humana se construye más de a saltos que bajo


procesos lineales y previsibles. De esta forma, llegaron la
Primera Guerra Mundial, la crisis económica mundial del 1929
(crack financiero internacional) y, acto seguido, la terrible
Segunda Guerra Mundial bajo la emergencia del nazismo. Es a
partir de los años 50, en pleno proceso de recuperación
posguerra, que comienza a organizarse la confluencia de
avances científicos y tecnológicos que darán origen a lo que se
conoce como la Tercera Revolución Industrial.

Como hemos explicado en la primera lectura del módulo, la


ciencia avanza progresivamente frente a la técnica en el origen
del desarrollo de las nuevas tecnologías. Y es en esta revolución
en la que dicha mutación puede percibirse con mayor claridad.
Esta Revolución Industrial de la segunda mitad del siglo 20 es la
que puede considerarse como la revolución científico-tecnológica
propiamente dicha, dado que la fusión entre líneas y
exploraciones propias del campo de la ciencia y el diseño, y la
creación de artefactos y sistemas tecnológicos nunca había sido
tan estrecha ni multifacética como en esta ocasión.
En este marco ocurre la renovada convergencia entre
microelectrónica, informática y telecomunicaciones que conforma
el epicentro de esta nueva revolución. Se configura un verdadero
sistema teleinformático, basado en el avance de la ciencia
aplicada. Pero también se suman a este proceso nuevas
aplicaciones de la biotecnología, la ciencia de materiales, las
energías alternativas o de fuente renovable, la industria espacial,
la medicina y la robótica. En todos estos campos se concretaron
enormes avances de conocimiento y aplicación a productos y
procesos concretos para resolver problemas humanos
(tecnologías).

Es la época de la evolución de la ciencia aislada y fragmentada


hacia la ciencia basada en equipos, áreas de I+D (investigación y
desarrollo) desde universidades y corporaciones y participación
activa del Estado para impulsar y financiar proyectos científicos.
Todo esto ocurrió en el marco de una conflagración mundial entre
sistemas opuestos que intentaban sacarse ventajas en materia
de conocimientos y tecnologías aplicando principios y
metodologías opuestas (capitalismo versus comunismo).

Es el ordenador o la computadora el artefacto sobresaliente que


empieza a emerger en primeras versiones en este proceso de
cambio tecnológico. Por primera vez, la humanidad entra en el
terreno de fabricar un portador tecnológico de información
interactiva: los ordenadores comenzaron a desarrollar
funcionalidades en esa dirección, habilitando una esfera de
complementación entre hombre y la máquina nunca vista.
Los hitos fundamentales que podemos mencionar son: la
aparición de la llamada tercera generación de computadoras con
la IBM 360 que, por primera vez, utiliza circuitos integrados para
su funcionamiento en 1964; la creación del primer computador
personal comercializado a gran escala que fue el Apple II de la
mítica compañía de Steve Jobs en 1977, rápidamente copiada y
mejorada por IBM con su primera PC en 1981. Luego, el avance
sería imparable, no solo en su componente de hardware
(estructura física y electrónica), sino fundamentalmente en el
software (programas y datos que permiten realizar actividades y
procesos con las computadoras) porque en este último radicaría
la gran revolución de las siguientes décadas a partir de la
introducción de la primera versión del sistema MS-DOS para
instalar en las PC de IBM por parte de otra compañía que hará
historia, Microsoft.

Todo este despliegue de avances científicos y tecnológicos en


múltiples dimensiones, pero fundamentalmente orientados a la
informática y las telecomunicaciones fue configurando una
arquitectura de organización y funcionamiento de la sociedad.
Esta transformación fue conocida bajo la denominación sociedad
del conocimiento o sociedad de la información.

La aparición de Internet es el eslabón que consolidará este


proceso y llevará a la sociedad del conocimiento e información a
su máxima expresión. Nuevamente la ciencia, a través de varios
expertos del MIT y de una Agencia Gubernamental del área de
Defensa de USA (DARPA), fueron quienes comenzaron a
producir conocimiento vinculado a redes de computadoras y
protocolos de información vía paquetes transmisibles. En 1969,
justamente el año en el que el hombre llega a la Luna, a través
del Plan Arpanet se logran conectar varios nodos informatizados
para enviar y recibir información en red.
Finalmente, llegó la World Wide Web (WWW) como la plataforma
para poder mostrar en pantallas los contenidos en red y un nuevo
protocolo para hacerlo viable a través del concepto del hipertexto
(http). Así, en 1991, Internet se convirtió en el medio abierto a la
comunidad y, en 1993, con el primer programa de software
(navegador) para hacer fácil su uso (Mosaic), la evolución fue
imparable y exponencial.

De esta manera, la tercera Revolución Industrial y tecnológica


dejó un estándar muy alto de nuevas tecnologías, la disrupción
de Internet y un enorme potencial para ingresar de lleno y muy
pronto en la era de la digitalización.
++++++++++++++++++MODULO 3+++++++++++++++++++++++
++++++++++++++++++++++
Cuarta revolución industrial. Inteligencia Artificial y tecnologías del
futuro
Introducción
El inicio del siglo 21 nos presenta un mundo que avanza a una
velocidad vertiginosa. Es como si la constante evolución de la
humanidad, propulsadas por las tres Revoluciones Industriales y
tecnológicas que hemos presentado en lecturas anteriores, se
hubiera acelerado de forma exponencial, llevándonos a un
estadio de enormes oportunidades, pero también de riesgos
difíciles de pronosticar y un fuerte sentimiento de miedo e
incertidumbre extendido en todos los rincones del mundo.
En esta lectura recorreremos la Cuarta Revolución Industrial,
veremos en qué consiste y podremos énfasis en las similitudes y
diferencias que podemos advertir con las tres anteriores. Cabe
tener en cuenta que es el proceso en el que estamos inmersos
actualmente y en el cual desarrollaremos gran parte de nuestra
vida profesional.
1. La génesis de la cuarta Revolución Industrial
La máquina de vapor, la energía eléctrica a gran escala y el
ordenador en red (Internet) son los grandes íconos de las
revoluciones industriales y tecnológicas precedentes. Estos
cambios desembocaron en una nueva etapa de creaciones e
integraciones tecnológicas de avanzada. Todo hacía prever que
lo mucho que ya habíamos creado en materia de ciencia aplicada
a la tecnología había puesto a la condición humana en un estadio
de ilimitadas posibilidades, cada día más cercano a las
imaginaciones de la ciencia ficción.

De esta forma, esa Internet de expansión avasallante y los


nuevos modelos de ordenadores con notables mejoras en
hardware y software se erigieron paulatinamente en plataformas
de desarrollo y diversificación de un conjunto de tecnologías para
distintas finalidades que comenzaron a hacerse viables de
diseñar y producir. El llamado mundo de la digitalización
ensanchó la instancia de lo posible y un nuevo paradigma de
tecnologías inteligentes fue cobrando forma a la luz de las
nuevas necesidades de producir y vender en un mundo de
creciente velocidad y globalización.
La cuarta Revolución Industrial es hija de este proceso y es fruto
del poder ilimitado de la digitalización. Fue Klaus Schwab,
fundador y director del Foro Económico Mundial de Davos quien
conceptualizó de manera explícita esta evolución tecnológica,
presentándola como cuarta Revolución Industrial en el libro de su
autoría que lleva este título. Él dice:
Nos encontramos al principio de una revolución que está
cambiando de manera fundamental la manera de vivir, trabajar y
relacionarnos unos con otros. En su escala, alcance y
complejidad, lo que considero la cuarta revolución industrial no se
parece a nada que la Humanidad haya experimentado antes
(Schwab, 2016, p. 13)
Siguiendo a Schwab (2016), esta Revolución adquiere una
naturaleza distinta a las anteriores, básicamente por las
siguientes razones:
Velocidad: la tecnología que ya disponemos tiene la capacidad de
generar nuevas tecnologías de forma fluida y en múltiples
dimensiones. Todo ello configura un ritmo de avance y cambio
nunca visto.
Amplitud y profundidad: múltiples tecnologías están en desarrollo
e integración. Es un cóctel mucho más diverso que en épocas
anteriores, con múltiples variantes y ramificaciones. Además, no
solo se transforman las actividades y procesos que hacemos y
cómo los hacemos, sino que se pone en jaque nuestra identidad
como seres humanos y se reaviva la reflexión filosófica de
quiénes somos y cuáles son nuestros propósitos en la vida
terrenal.
Impacto en los sistemas: todos los sistemas políticos, sociales,
empresariales, educativos, sanitarios, etc., son desafiados por
este nuevo paradigma tecnológico. Esto hace que la
transformación digital sea uno de los conceptos más utilizados y
discutidos de nuestro tiempo.

Impulsores y tecnologías de la cuarta Revolución


Siguiendo a Klaus Schwab (2016), hay tres grandes grupos de
impulsores del creciente conjunto de tecnologías que se
desarrollan, interrelacionan e integran en el marco de esta
revolución industrial:
Físicos

Figura 1: Vehículos autónomos

Fuente: iProUP, 2019, [Link]


Vehículos autónomos: autos, camiones, drones, aviones y barcos
tienen la posibilidad cada vez más concreta de ser conducidos a
través de sistemas tecnológicos inteligentes.
Fabricación 3D: se trata de una modalidad aditiva, es decir,
consiste en crear objetos mediante impresión capa por capa, a
partir de modelos digitales en 3D. Ya se utiliza en distintos
sectores y aplicaciones (automotriz, aeroespacial, salud, etc.) y
tiene la capacidad de poder recibir personalizaciones de forma
sencilla.
Robótica avanzada: son dispositivos cada vez más adaptables y
flexibles que permiten tener acceso a información de forma
remota en la nube, aprender con el uso y conectarse en red con
otros robots. De tareas muy controladas en industrias específicas
hacia todos los sectores y en el marco de instancias de
colaboración con humanos cada vez más complejas y
enriquecidas (robots).
Nuevos materiales: hay una especial revolución en este campo,
generando materiales más ligeros, sólidos, adaptables y
reciclables. Ya es posible crear materiales inteligentes con la
capacidad de autorrepararse o autolimpiarse; metales que
vuelven a su forma inicial, etc. Además de todo el segmento de
nanomateriales, que están comenzando su evolución. Por
ejemplo, el grafeno es doscientas veces más fuerte que el acero,
un millón de veces más delgado que un cabello humano y
conduce de manera eficiente el calor y la electricidad.

Digitales

Figura 2: Casas inteligentes

Fuente: Grupo TecmaRed, 2019, [Link]


Internet de las cosas (IoT): consiste en la tecnología de sensores
para que cualquier artefacto pueda estar conectado a Internet.
Blockchain: no es otra cosa que una base de datos distribuida
entre diferentes participantes, protegida criptográficamente y
organizada en bloques de transacciones, relacionadas entre sí
matemáticamente. Por lo tanto, es una base de datos que no
puede ser alterada. Se construye a través de una red global de
ordenadores que gestionan una gigantesca base de datos.
Ningún usuario particular ni autoridad central controla este
sistema de registración de operaciones, sino que puede ser
inspeccionado en cualquier momento por cada usuario. La
confianza digital y el consenso entre sus participantes es la base
de este modelo. Las monedas virtuales, como el bitcoin, son sus
aplicaciones más expandidas por el momento.
Plataformas de economía bajo demanda: tecnologías para uso
fundamentalmente mobile que permiten lograr arbitrajes más
eficientes entre ofertas y demandas de cualquier tipo de
mercados. Aplicaciones como Uber, Airbnb, Taskrabitt u otros,
eliminan fricciones para que la demanda de bienes y servicios
pueda acceder rápidamente a mejores condiciones de oferta
adaptada a sus necesidades y los prestadores puedan ejecutar
con costos decrecientes y unidades descentralizadas.

Biológicas

Genética: se han producido enormes avances en los últimos años


en materia de secuenciación genética y de modificación de
genes.
Biología sintética: la capacidad de alterar la biología puede
aplicarse a prácticamente cualquier tipo de célula y abre enormes
interrogantes de índole ética acerca de los límites que
debiéramos tener frente a estas aplicaciones que alteran la vida.
Tecnologías en experimentación permiten ya pronosticar la
personalización de organismos mediante la configuración de su
ADN.
Neurociencias: las tecnologías para conocer, interactuar, reparar
y emular el cerebro humano no paran de crecer, a partir de
constantes hallazgos. Lo que antes eran solo suposiciones y
modelos teóricos, ahora pueden corroborarse a partir de las
mejoras en las tecnologías para observar el funcionamiento
cerebral.

No obstante, debemos aclarar que la estructura de las


tecnologías que se encuentran en marcha en esta nueva
revolución puede variar y ampliarse, según el criterio y la
clasificación que cada autor o experto utilice para tal fin. A esta
reseña de Schwab en su libro La Cuarta Revolución Industrial, le
agregamos las siguientes tecnologías que creemos de alto
impacto y merecen un apartado específico para su consideración:
Inteligencia artificial: por la famosa IA se entiende a la ciencia y
tecnología que se proponen resolver problemáticas emulando
capacidades cognitivas humanas. De allí el concepto de
inteligencia, tan propio de la condición humana. Y el componente
de artificial sugiere que esta versión no proviene del cerebro
biológico, sino de programas computacionales. En la próxima
lectura nos dedicaremos específicamente a esta tecnología de
carácter muy transversal y que, a nuestro criterio, puede
considerarse el gran epicentro de la revolución tecnológica en
marcha. No obstante, podemos adelantar que está basada en la
enorme cantidad de datos que disponemos y la posibilidad
tecnológica de procesarlos de manera veloz y accesible y de
disponer de ellos en tiempo real para entender procesos y tomar
decisiones.
Realidad aumentada y virtual: dos tecnologías en franca
expansión que tienen el común denominador de llevarnos a
realidades que transcienden nuestra realidad física. A través de la
realidad virtual se pueden construir entornos que nos conduzcan
a experiencias digitales en las que podemos estar inmersos como
si fueran propias de la realidad. El software, las pantallas y los
dispositivos asociados pueden entregarnos realidades virtuales
en las que podemos involucrarnos para distintas actividades o
necesidades (viajar sin viajar, por ejemplo). Por su parte, la
tecnología de la realidad aumentada cobra valor de forma
creciente porque es a partir de nuestra realidad física que la
tecnología puede agregar capas de información y contenido
virtual que la enriquecen y complementan. Las pantallas y
artefactos especializados son cada día más accesibles.
Nuevas energías: en esta cuarta Revolución Industrial, los
avances en materia de energías alternativas, como solar, eólica,
bioenergía, etc., son enormes y están configurando un nuevo
estándar en el que familias e industrias pueden participar de una
red de energía sustentable.
Conectividad ubicua y tecnología 5G: la evolución de las TIC
(tecnologías de la información y la comunicación) y,
específicamente, la capacidad de conectarse entre personas y
organizaciones, también se traducen en tecnologías siempre
presentes en los procesos de revolución tecnológica. En esta
cuarta revolución industrial, el protocolo 5G aparece como la
realización del potencial de máxima ubicuidad que Internet
conlleva desde su nacimiento, incluyendo también a los nuevos
protagonistas de la red: los artefactos, conectados a través del
IoT, que todo el tiempo aportan información.
Tecnologías de movilidad: bicicletas eléctricas, autos eléctricos
de bajo porte o city-cars, mapas digitales creados con
información proporcionada por una comunidad de usuarios,
aplicaciones para compartir y/o alquilar vehículos de manera ágil
y accesible, entre otros.

2. Un paseo por el metaverso


Como en todo proceso de aprendizaje, es importante que
tomemos dimensión de algunas de las cosas descriptas en esta
lectura a partir de un ejemplo concreto. Y si hablamos de
tecnología de vanguardia y expansión, inteligencia artificial y
realidad virtual y aumentada, uno de los ejemplos más
interesantes es el de metaverso. Seguramente ya han escuchado
hablar de este nuevo espacio, que promete ser un alter ego de
nuestra vida analógica, pero digital.
El metaverso es un concepto de un universo 3D persistente en
línea que combina múltiples espacios virtuales diferentes. Puede
pensarse como una versión futura del Internet. El metaverso
permitirá a los usuarios trabajar, reunirse, jugar y socializar juntos
en estos espacios 3D.

El metaverso no existe del todo, pero algunas plataformas


contienen elementos similares a los de un metaverso. Los
videojuegos ofrecen actualmente la experiencia de metaverso
más cercana que existe. Los desarrolladores han superado los
límites de lo que es un juego mediante la organización de
eventos dentro del juego y la creación de economías virtuales.
(Binance Academy, 2021, [Link]

El concepto fue desarrollado en la novela de ciencia ficción Snow


Crash de Neal Stephenson. Sin embargo, si bien la idea de un
metaverso alguna vez fue ficción, ahora parece que podría ser
una realidad en el futuro.

El metaverso está impulsado por la realidad aumentada, y cada


usuario controlará un personaje o avatar. Por ejemplo, podés
tener una reunión de realidad mixta con un visor de realidad
virtual Oculus en tu oficina virtual, terminar el trabajo y relajarte
en un juego basado en blockchain, luego administrar tu portafolio
cripto y finanzas, todo dentro del metaverso.
...
Además de admitir juegos o redes sociales, el metaverso
combinará economías, identidad digital, gobernanza
descentralizada y otras aplicaciones. Incluso hoy en día, la
creación de usuarios y la propiedad de artículos valiosos y
monedas ayudan a desarrollar un metaverso único y unido. Todas
estas características, a la vez, brindan al blockchain el potencial
para impulsar esta tecnología futura. (Casas, 2022,
[Link]
Parece irreal ¿no? Para comprender mejor en qué consiste esta
“materialización de internet” de la que todos hablan, Alex
Williams, reportero del periódico New York Times, dio un
sorprendente paseo por la vida digital de la mano de su pequeño
hijo de 8 años. Podés leer su relato en este archivo:
++++++++++++++++++++++++++++++MODULO 4 ++++++++++
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Inteligencia artificial y riesgos a gestionar. El futuro de la
tecnología
Introducción
Hemos recorrido con profundidad los componentes de lo que se
conoce como Cuarta Revolución Industrial, haciendo hincapié en
la diversidad y potencia de las tecnologías involucradas.
Mencionamos allí a la inteligencia artificial (IA) como una de ellas
y destacamos su carácter transversal y su estadio muy preliminar
en materia de ejecución. Es tiempo ahora de ahondar más acerca
de la IA, su naturaleza, sus aplicaciones y proyecciones. Estamos
ante una tecnología que puede considerarse epicentro de la
revolución actual y que genera sentimientos encontrados en todo
el mundo: desde adoración hasta pánico.
1. Naturaleza y aplicaciones de la inteligencia artificial
Como camino constante del desarrollo tecnológico emerge el
fenómeno de la “desmaterialización” o conversión de “átomos a
bits” en múltiples campos. Todas las situaciones de naturaleza
física generan datos que pueden comenzar a ser debidamente
identificados, sistematizados, almacenados y utilizados.
Formas, luces, colores, olores, sonidos, imágenes, temperaturas,
estados emocionales, etc., todo puede convertirse en enormes
volúmenes de datos que, a diferencia de otros tiempos de la
humanidad, comienzan a recolectarse, estandarizarse,
almacenarse y procesarse a través de modelos y algoritmos
soportados en tecnologías digitales. Es decir, la enorme
producción de datos en todo lo que hacemos comienza a
convertirse en un capital. Es lo conocemos como Big Data.

Los datos son el insumo principal de la inteligencia artificial,


mientras que esta es considerada como la nueva electricidad de
la humanidad en la Cuarta Revolución Industrial. Pero, para llegar
a esta capacidad de gestionar los datos masivamente, la
disciplina de la inteligencia artificial viene transitando un largo
camino. John McCarthy, un profesor de Matemáticas en el
Dartmouth College de EE. UU., tuvo la audacia de proponer que
todos los aspectos del aprendizaje o cualquier otra característica
de la inteligencia podían describirse, en principio, con tanta
precisión como para diseñar máquinas capaces de simularlos. Ya
estaba en marcha el campo científico enfocado en detectar
patrones y modalidades para emular la inteligencia humana
utilizando tecnologías.

Como se trata de un campo de estudio amplio y multifacético,


suele haber dificultades para obtener una definición única, pero
podemos citar a Andrew Moore, decano de Ciencias de la
Computación de la Universidad Carnegie Mellon, autor de una
definición muy acertada: “La inteligencia artificial es la ciencia y la
ingeniería para hacer que las computadoras se comporten de una
manera que, hasta hace poco, creíamos que era solo posible
para la inteligencia humana” (2017).

De allí su riqueza y constante evolución, pues se trata nada más


y nada menos que de utilizar tecnologías para emular
capacidades humanas, a medida que la ciencia (especialmente
las neurociencias) nos permite entender más y mejor sobre el
siempre enigmático campo de la inteligencia humana.

Desde la recomendación de productos que podrían interesarte


comprar en Amazon o Mercado Libre hasta las sugerencias de
personas con las que podrías entablar vínculo en redes sociales,
o bien las series que mejor cuadran con tus intereses y gustos en
Netflix. Todas estas aplicaciones son obra de sistemas
tecnológicos que permiten generar y almacenar grandes
cantidades de datos, interpretarlos sobre la base de patrones o
algoritmos y generar predicciones más o menos acertadas. Esa
es la “esencia” de la IA.

Quizás lo más disruptivo de esta tecnología es que no se trata


solo de digitalizar los datos existentes en una empresa u
organización, sino de ampliar el espectro de generación de datos
a múltiples situaciones en las que hasta ahora se perdían y que
pueden ayudar a entender y predecir la realidad. Pensemos, por
ejemplo, en la posibilidad de que los sistemas pueden ya
reconocer imágenes, voces, rostros, etc., y, a pesar de su
naturaleza no estandarizada, entenderlos a partir de patrones de
forma cada vez más precisa. La apropiación de información y
conocimiento que puede ganarse sumando todas estas fuentes
no estructuradas de datos es exponencial.

Pero suele simplificarse la IA con cierta condición mística, como


supuesta caja negra que produce resultados de forma mágica.
Nada más alejado de la realidad: es necesario remarcar que no
se trata de un sistema automático, que hacer IA requiere de un
trabajo metódico e interdisciplinario que permita ir dando pasos
hasta ese estándar de capacidad de predicción que propone
mejorar la asertividad de las decisiones humanas en escala, en
cualquier campo de acción. Y que este proceso es ideado por
personas humanas.

Con semejante impacto transversal en el mundo de las


organizaciones y los negocios, los expertos suelen considerar
que, para una empresa de la Cuarta Revolución Industrial, no
tener una estrategia de implementación de IA en 2023 será como
no tener una estrategia de mobile (celulares) en año 2010 o de
Internet en general en el año 2000.
Si bien hay muchas dificultades aún para entender a la IA y
diseñar estrategias de implementación, no es menos cierto que
estamos rodeados de muchos casos en los que se está utilizando
esta tecnología con diversos grados de avance y niveles de éxito
por el momento, por ejemplo:
Automóviles sin conductor: la conducción de vehículos de forma
autónoma es un desafío que viene en marcha hace ya varios
años y sin IA sería imposible de concebir. Google y Tesla son dos
de las compañías que están haciendo punta en el tema, pero
toda la industria del automóvil está incorporando esta dimensión
que ya no tiene retorno a futuro, dado que las evidencias indican
que puede funcionar con mejores niveles de seguridad que la
conducción humana (en términos de accidentes) y liberando una
enorme cantidad de tiempo y dinero para aplicar a otras
actividades, mientras los autos se encargan de nuestros
traslados. Claro, el impacto en el empleo de transportistas de
diversa índole sigue siendo el gran riesgo.
Asistentes virtuales: Siri, Alexa, Cortana, el Asistente de Google y
otros utilizan inteligencia artificial para transformar las palabras
habladas en texto y asignar el texto a comandos específicos para
ayudarnos en crecientes necesidades de nuestra vida cotidiana.
La inteligencia artificial ayuda a los asistentes digitales a
comprender diferentes matices en el lenguaje hablado y sintetizar
voces similares a las de los humanos. Y se estima que, en
algunos años, el 50 % de nuestras conversaciones con empresas
serán a través de esos asistentes virtuales.
Traducción: durante mucho tiempo, traducir texto entre distintos
idiomas fue un punto de dolor para las computadoras. Pero el
aprendizaje profundo ayudó a crear una revolución en servicios
como Google Translate. Si bien la IA todavía tiene mucho camino
por recorrer antes de dominar el lenguaje humano, hasta ahora,
los avances son espectaculares. La traducción virtual ofrece cada
vez más una solución ágil y accesible para todo tipo de
contenidos que necesitamos.
Reconocimiento facial: actualmente, es una de las aplicaciones
más populares de la inteligencia artificial. Tiene muchos usos,
como desbloquear el teléfono, abonar compras de productos y
servicios con la cara y detectar intrusos en el hogar. Pero la
creciente disponibilidad de tecnología de reconocimiento facial
también ha suscitado preocupaciones con respecto a la
privacidad, la seguridad y las libertades civiles, especialmente en
países no muy afines a las instituciones que respetan los
derechos humanos.
Medicina: desde la detección del cáncer de piel y el análisis de
radiografías y resonancias magnéticas hasta el suministro de
consejos de salud personalizados y el manejo de sistemas de
salud completos, la inteligencia artificial se está convirtiendo en
un facilitador clave en la ejecución de los servicios médicos.

Profundizando la IA a través del Machine Learning


Como ya expresamos, en el intento de emular las capacidades
humanas, la IA se convierte en una plataforma para el
surgimiento y desarrollo de muchas tecnologías que, partiendo de
la misma matriz acerca del procesamiento de grandes volúmenes
de datos, permiten abordar distintas necesidades. Una buena
clasificación es la que estipula que pueden utilizarse dispositivos
de IA para:

Sentir: el procesamiento de audio y la visión por computadoras,


por ejemplo, les permiten a las máquinas percibir activamente el
mundo que las rodea adquiriendo y procesando imágenes,
sonido y voz. Por ejemplo, el reconocimiento facial en los puestos
de control fronterizos.
Comprender: los motores de procesamiento e inferencia del
lenguaje natural les permiten a los sistemas de IA analizar y
entender la información recopilada. Por ejemplo, la traducción de
idiomas en buscadores online. (Ovanessoff y Plastino, 2018, p.
32)

Actuar: a través de sistemas expertos y motores de inferencia, la


IA puede actuar o desarrollar acciones en el mundo físico. Por
ejemplo, la conducción autónoma en vehículos (Ovanessoff y
Plastino, 2018).

Para desarrollar estas aptitudes de forma evolutiva, se requiere


que la IA tenga capacidad de aprender de su “propia” experiencia
con el uso de los datos y de ir adaptando sus modelos y
algoritmos, sobre la base de las evidencias que se van logrando
en la realidad. Es aquí donde aparece un concepto que lleva la IA
a ese potencial superior: el aprendizaje automático o machine
learning. ¿Qué significa esto? Que se generan sucesivos
aprendizajes que van afinando el algoritmo hasta alcanzar una
excelente capacidad de predicción.

McDonald’s, por ejemplo, está creando su sistema de IA para


ayudar a sus trabajadores a recibir los pedidos mientras los
clientes están en las filas, haciendo más fácil, eficiente y precisa
la petición de los menús.

Uber está usando la tecnología de IA para prevenir el fraude y


mejorar la seguridad de pasajeros comprobando la foto del
conductor para garantizar que quien está al volante es la persona
correcta.

Volvo está haciendo lo propio para ayudar a reconocer cuándo


los conductores de vehículos están distraídos, con la idea de
alertarlos y prevenir accidentes.

En consecuencia, con machine learning, los modelos de IA se


liberan de sus diseños originales para adquirir nuevos formatos
con el aprendizaje de la experiencia propia de ponerlos en
funcionamiento. Por ello, muchas veces, a los mismos expertos
que los crearon les cuesta explicar las decisiones y el
funcionamiento interno de un algoritmo luego de que ha pasado
por varias ruedas de aprendizaje interactuando de forma
automática con los datos reales en cualquier campo. Esto es lo
que motiva a muchos analistas o expertos a poner el foco en
alertas acerca de la evolución de sistemas de IA que aprenden
solos y no parecen tener límites.

Es interesante recorrer cómo esta tecnología inteligente que ya


está entre nosotros se inserta activamente en empresas y
organizaciones de toda índole, ayudándolas a moldear
operaciones más ágiles y obtener resultados más sólidos. Por
ejemplo, podemos destacar el caso de Airbnb, la compañía de
alojamientos más grande del mundo que no tiene propiedad de
ningún establecimiento y basa su poder en la plataforma que
conecta ofertas de distintos tipos de alojamientos particulares
alrededor del mundo con la cada vez más diversa demanda que
existe para ellos.

La empresa define a los datos como “la voz de sus usuarios en


escala” y por ello la ciencia de datos adquiere un rol decisivo: ser
el intérprete de todo lo que los clientes le están diciendo a la
compañía. A través de modelos estadísticos y la debida
infraestructura informática, la empresa procesa millones de datos
para ayudar a su personal a tomar las mejores decisiones.

Si bien han creado un equipo especial de 100 expertos en ciencia


de datos, la premisa organizacional es que todos los empleados
deben estar preparados para tomar decisiones basadas en datos.
Para ello, se propusieron democratizar la ciencia de datos en
función de un modelo basado en tres ejes: accesibilidad a los
datos para todos, herramientas de datos y conocimiento amplio
sobre cómo utilizarlos.

Semejante esfuerzo con miles de empleados en 22 oficinas


repartidas por el mundo generó la creación de la Data University,
propia de la empresa. Su misión es capacitar a cada empleado
para la toma de decisiones basadas en datos. Esto conlleva una
filosofía de confianza en las decisiones autónomas de las
personas que trabajan en la compañía, aunque basadas en la
fuerza de los datos que se disponen con agilidad y pertinencia.

Es Airbnb un ejemplo de avanzada de algo que comenzamos a


ver en todas las empresas: los datos son el verdadero capital
para gestionar un negocio, siempre que podamos procesarlos,
entenderlos y disponerlos adecuadamente. La IA lo hace posible
y va más allá: aprender a partir de ellos para ayudarnos a tomar
mejores decisiones que construyan valor para clientes, usuarios y
ciudadanos.
Figura 1: Las “cinco V” de la Big Data

Fuente: [Imagen sin título sobre las “cinco V” de la Big Data].


(s.f.). [Link]
Los riesgos de la IA y el futuro de la tecnología
En el océano de innovaciones que conlleva esta Cuarta
Revolución Industrial, solemos perder de vista el poder disruptivo
que tiene alcanzar el estándar de que las máquinas puedan tener
autonomía para aprender solas. Lo que antes requería de
imaginar todas las reglas posibles para luego programar los
sistemas, ahora requiere grandes volúmenes de datos, mucho
uso y las tecnologías de aprendizaje propias del machine learning
para que las máquinas puedan adaptar su comportamiento a las
realidades y no dependan del poder de abstracción de quienes
las programan. Es la diferencia entre aprender a andar en
bicicleta haciéndolo y aprender a andar en bicicleta a través de
un texto. Como tenemos cada vez más datos y más capacidad de
cálculo, podemos enseñar a estos sistemas a que aprendan
cosas muy específicas.

Sin embargo, como ya expresamos, parece difícil y lejano que la


IA avance hacia una inteligencia general y ubicua, que sea capaz
de lidiar con diferentes situaciones como hacemos los seres
humanos: la imagen distópica de un mundo en el que robots
antropomórficos convivan con nosotros en relativas igualdades
de condiciones es todavía solo un atractivo terreno de ciencia
ficción.

Como bien expresa el pensador del futuro Maurice Conti, nos


dirigimos hacia un futuro en el que nuestras capacidades
humanas naturales se verán radicalmente aumentadas de tres
maneras: los sistemas computacionales nos ayudarán a pensar.
Los sistemas robóticos nos ayudarán a hacer. Y un sistema
nervioso digital nos conectará con el mundo mucho más allá de lo
que nuestro sistema nervioso natural puede ofrecer.

Por ello, en el mundo, cada día se revaloriza más el componente


de valores y propósitos para actuar en beneficio del conjunto,
además del individual. Más que nunca, la disposición de
tecnologías avanzadas como la IA debe acelerar ese movimiento
de capitalismo consciente, dado que siempre serán los seres
humanos los que sigan interactuando y gerenciando las
tecnologías, definiendo patrones para los datos que se
almacenan, premisas para modelos y algoritmos, entrenamientos
para que las máquinas avancen en su capacidad de aprendizaje
y niveles de usos adecuados y no adecuados para la información
que llena nuestras pantallas para la toma de decisiones.

Así, surge también la necesidad de pensar un marco ético global


para este vertiginoso avance de la IA. Después de mucho
trabajar en ello, en 2021, la Conferencia General de la
Organización de las Naciones Unidas para la Educación, la
Ciencia y la Cultura (UNESCO) y sus países miembro elaboraron
un marco normativo para tecnologías controvertidas como el
reconocimiento facial o los sistemas de recomendación de las
plataformas. Se trata de una guía para afrontar de manera
responsable los efectos conocidos y desconocidos de la
inteligencia artificial en los seres humanos, el medio ambiente,
las sociedades y los ecosistemas. El documento se titula
Recomendación sobre la Ética de la Inteligencia Artificial. Se
trata, sin duda, de un primer y augurioso gran paso en línea con
un tema que deberá ser revisado y repensado permanentemente,
casi con la misma intensidad con la que la IA va mostrando sus
avances. Es que el fin último, no lo olvidemos, es que seamos los
humanos quienes moldeemos y tengamos el control sobre las
máquinas, y no viceversa.
¿Por qué es importante tener un instrumento de estas
características? La Recomendación es innovadora y valiosa
porque tiene un alcance global y es un marco ético integral que
aborda temas fundamentales en el desarrollo de IA, como la
inclusión, la equidad y la no discriminación, en todas las etapas
del ciclo del sistema de IA.
Pero, además, no pretende ser una mera declaración de
principios y de valores universales como la tolerancia, el respeto,
la dignidad, sino que también favorece la transparencia, la
rendición de cuentas, la privacidad de la gobernanza de datos,
con el objetivo de desarrollar políticas más concretas. Es, sobre
todo, un instrumento para implementar mejores políticas y
acciones, haciendo especial hincapié en la inclusión, la igualdad
de género y la protección del medio ambiente y los ecosistemas.

Incluye acciones políticas en 10 áreas específicas: Evaluación de


impacto ético, Gobernanza y rectoría éticas, Política de datos,
Desarrollo y cooperación internacional, Medio ambiente y
ecosistemas, Género, Cultura, Educación e investigación,
Economía y trabajo, y Salud y bienestar social.

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