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Análisis de La Celestina y su Contexto Medieval

La Celestina explora los temas del amor, la muerte, el dinero y la ambición en la sociedad medieval. Los personajes se mueven principalmente por la lujuria, el interés y la codicia, lo que conlleva consecuencias fatales.
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Análisis de La Celestina y su Contexto Medieval

La Celestina explora los temas del amor, la muerte, el dinero y la ambición en la sociedad medieval. Los personajes se mueven principalmente por la lujuria, el interés y la codicia, lo que conlleva consecuencias fatales.
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LITERATURA MEDIEVAL siglo xv

Crisis de valores

Temas literarios

EL AMOR LA MUERTE

Poesía de cancionero
(amor cortés)
Las danzas de la muerte
LA CELESTINA

Lírica popular
Dos autores: anónimo y
Fernando de Rojas
El Romancero Género: comedia COPLAS A LA MUERTE DE
humanística/drama. SU PADRE
Versos de 8 sílabas, rima Tema: amor y muerte. (visión cristiana)
asonante en los pares. Amor cortés, ilícito, conduce a la
muerte. Tema: meditación sobre
Estilo: esencialidad y
Estructura: 21 actos en 3 partes: la muerte y la fugacidad
fragmentación.
1. Planteamiento de la vida.
Diálogos.
2. Meditación de Celestina y Género: elegía.
Descripciones muy breves.
muerte. Estructura: vida, ubi
Numerosas aliteraciones,
3. Pasión amorosa y muerte de los sunt? y muerte del padre.
paralelismos, repeticiones,
amantes. Tres muertes: terrenal,
etc.
Personajes: realismo psicológico. eternal y la fama.
Perspectivismo descriptivo. Estilo: sencillez,
Ausencia de moralización
Recursos teatrales: acotaciones y sentenciosidad,
apartes. Escenas simultáneas. exhortación a la refexión,
Diálogo. anáforas, repeticiones,
PROSA DE FICCIÓN
Recursos novelescos: uso fexible metáforas, etc.
del tiempo y del espacio. Intención: moralizante,
Novela sentimental
Estilo: el lenguaje caracteriza a doctrinal.
los personajes. Modernidad: expresión
Novela de caballerías
Los señores: culto. magistral del paso del
Los criados: popular tiempo.
Intención Moralizante. Otros temas: vanitas
vanitatis, tempus fugit,
Otros temas: egoísmo, codicia. fortuna y fama.
Confictos amo/criado.
La magia.
LA CELESTINA
(1499)

Mundo de los señores

Pleberio y Alisa
Mundo de la alcahueta

Prostitutas amigas de Celestina

Mundo de los criados


LA CELESTINA
(1499)

Portada de la edición
de 1500

EDICIONES Y TÍTULOS

1499 Burgos. Sin título.


Comienza en el argumento del primer acto.
Tiene 16 actos.

1500 (Toledo) y 1501 (Sevilla)


Comedia o tragicomedia de Calisto y Melibea.
16 actos + El autor a un su amigo + Octavas
acrósticas + Coplas de Alonso Proaza:
EL BACHJLLER FERNANDO DE ROJAS ACABÓ LA
COMEDIA DE CALISTO Y MELIBEA Y FUE NASCJDO EN
LA PUEBLA DE MONTALBÁN

1502 (Salamanca, Toledo y Sevilla)


Tragicomedia de Calisto y Melibea
(Libro de Calisto y Melibea y de la puta vieja Celestina)
Se añade un prólogo, el “Tratado de Centurio” y unos
versos finales moralizantes: hallé que querían que se
alargase el proceso de su deleite destos amadores...
acordé meter segunda vez la pluma...
¿QUIÉN ES EL AUTOR DE LA CELESTINA?
¿Son dos? ¿Varios?

a) Un autor y tres redacciones.


Fernando de Rojas
El primer acto sería un invento, una justificación.

b) Dos autores: Uno anónimo + Fernando de Rojas

¿QUÉ GÉNERO LITERARIO TIENE?

a) Novela dialogada
Inconveniente: no es narrativa.

b ) Comedia humanística: subgénero literario medieval,


erudito, urbano, que presenta amores ilícitos, cuyos
personajes son muy vivos, realistas y variados, destinados
a la lectura privada.
Teatro: estructura dramática (conflicto, desarrollo y
desenlace) y los personajes mantienen la tensión del
drama. Toda la obra está dialogada.

INTENCIÓN

La cual contiene de más de su agradable y dulce estilo


muchas sentencias filosofales y avisos muy necesarios
para mancebos, mostrándoles los engaños que están
encerrados en sirvientas y alcahuetas.
Síguese
la comedia o tragicomedia de Calisto y Melibea,
compuesta en reprehensión de los locos enamorados, que,
vencidos en su desordenado apetito, a sus amigas llaman y
dicen ser su Dios. Asimismo hecha en aviso de los engaños
de las alcahuetas y malos y lisonjeros sirvientes.
ARGUMENTO
1499: Calisto, enamorado de Melibea, recurre a los servicios de Celestina
para conseguir los favores sexuales de su amada. Tras el primer encuentro
amoroso en el huerto de Melibea, Calisto huyendo se cae desde la tapia y
muere. Melibea, al enterarse de la noticia, se suicida arrojándose desde una
torre.
1500: añade el “Tratado de Centurio”, amplía el goce amoroso de los jóvenes,
que ya no encuentran la muerte de inmediato.

CALISTO. En esto veo, Melibea, la grandeza de Dios.


MELIBEA. ¿En qué, Calisto?
CAL. En dar poder a natura que de tan perfecta hermosura te dotase, y hacer a
mí inmérito tanta merced que verte alcanzase, y en tan conveniente lugar, que mi
secreto dolor manifestarte pudiese. Sin duda, incomparablemente es mayor tal
galardón que el servicio, sacrificio, devoción y obras pías que por este lugar
alcanzar yo tengo a Dios ofrecido, ni otro poder mi voluntad humana puede
cumplir. ¿Quién vido en esta vida cuerpo glorificado de ningún hombre como
agora el mío? Por cierto, los gloriosos santos, que se deleitan en la visión divina,
no gozan más que yo agora en el acatamiento tuyo. Mas, ¡oh triste!, que en esto
diferimos: que ellos puramente se glorifican sin temor de caer de tal
bienaventuranza, y yo, mixto, me alegro con recelo del esquivo tormento, que tu
ausencia me ha de causar.
MEL. ¿Por gran premio tienes éste, Calisto?
CAL. Téngolo por tanto, en verdad, que si Dios me diese en el cielo la silla sobre
sus santos, no lo tendría por tanta felicidad.
MEL. Pues aún más igual galardón te daré yo, si perseveras.
CAL. ¡Oh bienaventuradas orejas mías, que indignamente tan gran palabra habéis
oído!
MEL. Más desventuradas de que me acabes de oír, porque la paga será tan fiera
cual merece tu loco atrevimiento; y el intento de tus palabras, Calisto, ha sido,
como de ingenio de tal hombre como tú, haber de salir para se perder en la
virtud de tal mujer como yo. ¡Vete, vete de ahí, torpe, que no puede mi paciencia
tolerar que haya subido en corazón humano conmigo el ilícito amor comunicar su
deleite!
CAL. Iré como aquel contra quien solamente la adversa fortuna pone su estudio
con odio cruel.
CRÍTICA SOCIAL
Todos los personajes se
EL AMOR
Mueve el mundo. mueven por la LUJURIA y el
Amor cortés: Calisto y Melibea. INTERÉS.
Las únicas relaciones sociales
Amor sensual: Calisto y Melibea,
sinceras son las que tiene Celestina
los criados, Celestina. con sus pupilas.
¿Misoginia?
Los sentimientos humanos
más sinceros quedan
encerrados en un burdel.

LA MUERTE
Venganza por los
excesos amorosos
o de avaricia

Temas
principales
de
La Celestina

DINERO Y AMBICIÓN
INVITACIÓN AL DISFRUTE La codicia conduce a la
Los personajes, conscientes de muerte de Celestina y
la fugacidad de la vida, se los criados.
entregan con verdadero Pleberio cambiaría sus
frenesí al disfrute de la vida, bienes por su hija, pero
saltando normas sociales y ya es tarde.
religiosas.
Estamos ante el CARPE DIEM
Texto nº 1

CELESTINA.- Desean harto mal para sí, desean harto trabajo. Desean llegar allá
porque llegando viven, y el vivir es dulce, y viviendo envejecen. Así, que el niño
desea ser mozo, y el mozo viejo, y el viejo más, aunque con dolor. Todo por
vivir, porque, como dicen, "viva la gallina con su pepita". Pero ¿quién te podría
contar, señora, sus daños, sus inconvenientes, sus fatigas, sus cuidados, sus
enfermedades, su frío, su calor, su descontentamiento, su rencilla, su pesadumbre;
aquel arrugar de cara, aquel mudar de cabellos su primera y fresca color, aquel
poco oír, aquel debilitado ver, puestos los ojos a la sombra, aquel hundimiento
de boca, aquel caer de dientes, aquel carecer de fuerza, aquel flaco andar, aquel
espacioso comer? Pues ¡ay, señora!, si lo dicho viene acompañado de pobreza,
allí verás callar todos los otros trabajos cuando sobra la gana y falta la
provisión, que jamás sentí peor ahíto que de hambre.
MELIBEA.- ¿Y qué tiempo ha?
CELESTINA.- Podrá ser, señora, de veintitrés años; que aquí está Celestina que lo
vio nacer.
MELIBEA.- Ni te pregunto eso, ni tengo necesidad de saber su edad; sino qué
tanto ha que tiene el mal.
CELESTINA.- Señora, ocho días. Que parece que ha un año en su flaqueza.
MELIBEA.- ¡Oh, cuánto me pesa con la falta de mi paciencia! Porque siendo él
ignorante y tú inocente, habéis padecido las alteraciones de mi airada lengua. En
pago de tu sufrimiento, quiero cumplir tu demanda y darte luego mi cordón. Y
porque para escribir la oración no habrá tiempo sin que venga mi madre, si esto
no bastare, ven mañana por ella muy secretamente.

Texto nº 2
Calisto, ya en su casa, se queja ante su criado Sempronio, quien le propone que busque la ayuda de
Celestina para su negocio. El otro criado, Pármeno, intenta hacerle desistir de sus propósitos así:
PÁRMENO. Si, entre cien mujeres, va y alguno dice: "¡Puta vieja!", sin ningún
empacho luego vuelve la cabeza y responde con alegre cara. En los convites, en
las fiestas, en las bodas, en las cofradías, en los mortuorios, en todos los
ayuntamientos de gente, con ella pasan tiempo. Si pasa por los perros, aquello
suena su ladrido; si está cerca las aves, otra cosa no cantan; si cerca los
ganados, balando la pregonan; si cerca las bestias, rebuznando dicen, “¡Puta
vieja!”; las ranas de los charcos otra cosa no suelen mentar. Si va entre los
herreros, aquello dicen sus martillos. Carpinteros y armeros, herradores,
caldereros, arcadores, todo oficio de instrumento forma en el aire su nombre.
Cántanla los carpinteros, péinanla los peinadores, tejedores. Labradores en las
huertas, en las aradas, en las viñas, en las segadas, con ella pasan el afán
cotidiano. Al perder en los tableros, luego suenan sus loores. Todas cosas que
son hacen, a doquiera que ella está, el tal nombre representan. ¡Oh qué comedor
de huevos asados era su marido! ¿Qué quieres más? Sino que, si una piedra
topa con otra, luego suena: "¡Puta vieja!"
Texto nº 3
Celestina, llamada por Calisto para que intermedie en sus amores con Melibea, intenta ganarse la
confianza de Pármeno, criado del anterior y que se opone a la vieja alcahueta:
CELESTINA. Has de saber, Pármeno, que Calisto anda de amor quejoso. Y no lo
juzgues eso por flaco, que el amor impervio todas las cosas vence. Y sabe, si no
sabes, que dos conclusiones son verdaderas: la primera, que es forzoso el
hombre amar la mujer y la mujer al hombre. La segunda, que el que
verdaderamente ama es necesario que se turbe con la dulzura del soberano
deleite, que por el hacedor de las cosas fue puesto, porque el linaje de los
hombres se perpetuase, sin lo cual perecería. Y no sólo en la humana especie;
mas en los peces, en las bestias, en las aves, en las reptilias ... ¿Qué dirás a
esto, Pármeno? ¡Neciuelo, loquito, angelico, perlica, simplecico! ¿Lobitos en tal
gestico? Llégate acá, putico, que no sabes nada del mundo ni de sus deleites...(...)
PÁRMENO. Como te conozco.
CELESTINA. ¿Quién eres tú?
PÁRMENO. ¿Quién? Pármeno, hijo de Alberto, tu compadre, que estuve contigo un
poco de tiempo, que te me dio mi madre, cuando morabas a la cuesta del río,
cerca de las tenerías.
CELESTINA. ¡Jesú, Jesú, Jesú! ¿Y tú eres Pármeno, hijo de la Claudina?
PÁRMENO. ¡Alahé, yo!
CELESTINA. ¡Pues fuego malo te queme, que tan puta vieja era tu madre como
yo! ¿Por qué me persigues, Pármeno? ¡Él es, él es, por los santos de Dios!
Allégate a mí, ven acá, que mil azotes y puñadas te di en este mundo y otros
tantos besos. ¿Acuérdaste cuando dormías a mis pies, loquito?

Texto nº 4
Después del primer encuentro nocturno de los enamorados, los dos criados de Calisto deciden,
todavía de madrugada, ir a reclamar a Celestina su parte de los beneficios del negocio que han
compartido; la vieja se lo niega.

SEMPRONIO. Déjate conmigo de razones. A perro viejo no cuz cuz. Dános las dos
partes por cuenta de cuanto de Calisto has recibido, no quieras que se descubra
quién tú eres. A los otros, a los otros, con esos halagos, vieja.
CELESTINA. ¿Quién soy yo, Sempronio? ¿Quitásteme de la putería? Calla tu
lengua, no amengües mis canas, que soy una vieja cual Dios me hizo, no peor
que todas. Vivo de mi oficio, como cada cual oficial del suyo, muy limpiamente. A
quien no me quiere no lo busco. De mi casa me vienen a sacar, en mi casa me
ruegan. Si bien o mal vivo, Dios es el testigo de mi corazón. Y no pienses con tu
ira maltratarme, que justicia hay para todos, a todos es igual. También seré oída,
aunque mujer, como vosotros muy peinados. Déjame en mi casa con mi fortuna.
Y tú, Pármeno, no pienses que soy tu cativa por saber mis secretos y mi vida
pasada y los casos que nos acaecieron a mí y a la desdichada de tu madre. Y
aun así me trataba ella, cuando Dios quería.
PÁRMENO. No me hinches las narices con esas memorias; si no, enviarte he con
nuevas a ella, donde mejor te puedas quejar.
CELESTINA. ¡Elicia, Elicia! Levántate de esa cama, daca mi manto presto que, por
los santos de Dios, para aquella justicia me vaya bramando como una loca. ¿Qué
es esto, qué quieren decir tales amenazas en mi casa? ¿Con una oveja mansa
tenéis vosotros manos y braveza? ¿Con una gallina atada? ¿Con una vieja de
sesenta años? ¡Allá, allá, con los hombres como vosotros; contra los que ciñen
espada, mostrad vuestras iras; no contra mi flaca rueca! [...]
SEMPRONIO. ¡Oh vieja avarienta, garganta muerta de sed por dinero! ¿No serás
contenta con la tercia parte de lo ganado?
CELESTINA. ¿Qué tercia parte? Vete con Dios de mi casa tú. Y esotro no dé
voces, no allegue la vecindad. No me hagáis salir de seso. No queráis que salgan
a la plaza las cosas de Calisto y vuestras.
SEMPRONIO. Da voces o gritos, que tú complirás lo que prometiste o complirás
hoy tus días.
ELICIA. Mete, por Dios, el espada. Tenlo, Pármeno, tenlo, no la mate ese
desvariado.
CELESTINA. ¡Justicia, justicia, señores vecinos; justicia, que me matan en mi casa
estos rufianes!
SEMPRONIO. ¿Rufianes o qué? Esperad, doña hechicera, que yo te haré ir al
infierno con cartas.
CELESTINA. ¡Ay, que me ha muerto, ay, ay! ¡Confesión, confesión!
PÁRMENO. Dale, dale; acábala, pues comenzaste! ¡Que nos sentirán! ¡Muera,
muera; de los enemigos los menos.
CELESTINA. ¡Confesión!
ELICIA. ¡Oh crueles enemigos, en mal poder os veáis! ¡Y para quién tuvistes
manos. ¡Muerta es mi madre y mi bien todo!
SEMPRONIO. ¡Huye, huye, Pármeno, que carga mucha gente! ¡Guarte, guarte, que
viene el alguacil!
PÁRMENO. ¡Oh pecador de mí, que no hay por do nos vamos, que está tomada
la puerta!
SEMPRONIO. Saltemos estas ventanas. No muramos en poder de justicia.
PÁRMENO. Salta, que yo tras ti voy.

Texto nº 5
Calisto y Melibea se reúnen de nuevo en el jardín tras la muerte de Sempronio y Pármeno; el
enamorado va acompañado de dos nuevos criados, Tristán y Sosia.
CALISTO. Jamás querría, señora, que amaneciese, según la gloria y descanso que
mi sentido recibe de la noble conversación de tus delicados miembros.
MELIBEA. Señor, yo soy la que gozo, yo la que gano; tú, señor, el que me haces
con tu visitación incomparable merced.
SOSIA. ¿Así, bellacos, rufianes, veníades a asombrar a los que no os temen? Yo
os juro que si esperárades, que yo os hiciera ir como merecíades.
CALISTO. Señora, Sosia es aquel que da voces. Déjame ir a valerle, no lo maten,
no está sino un pajecico con él. Dame presto mi capa, que está debajo de ti.
MELIBEA. ¡Oh triste de mi ventura! No vayas allá sin tus corazas; tórnate a armar.
CALISTO. Señora, lo que no hace espada y capa y corazón, no lo hacen corazas
y capacete y cobardía.
SOSIA. ¿Aún tornáis? Esperadme. Quizá venís por lana.
CALISTO. Déjame, por Dios, señora, que puesta está el escala.
MELIBEA. ¡Oh desdichada yo! ¿Y cómo vas tan recio y con tanta priesa y
desarmado a meterte entre quien no conoces? Lucrecia, ven presto acá, que es
ido Calisto a un ruido. Echémosle sus corazas por la pared, que se quedan acá.
TRISTÁN. Tente, señor, no bajes, que idos son; que no era sino Traso, el cojo, y
otros bellacos, que pasaban voceando. Que ya se torna Sosia. Tente, tente,
señor, con las manos al escala.
CALISTO. ¡Oh, válame Santa María! ¡Muerto soy! ¡Confesión!
TRISTÁN. Llégate presto, Sosia, que el triste de nuestro amo es caído del escala
y no habla ni se bulle,.
SOSIA. ¡Señor, señor! ¡A esotra puerta! ¡Tan muerto es como mi abuelo! ¡Oh gran
desventura!
LUCREClA. ¡Escucha, escucha, gran mal es éste!
MELIBEA. ¿Qué es esto que oigo? ¡amarga de mí!
TRISTÁN. ¡Oh mi señor y mi bien muerto! ¡Oh mi señor y nuestra honra,
despeñado! ¡Oh triste muerte y sin confesión! Coge, Sosia, esos sesos de esos
cantos, júntalos con la cabeza del desdichado amo nuestro. ¡Oh día de aciago!
¡Oh arrebatado fin!
MELIBEA. ¡Oh desconsolada de mí! ¿Qué es esto? ¿Qué puede ser tan áspero
acontecimiento como oigo? Ayúdame a sobir, Lucrecia, por estas paredes, veré mi
dolor; si no, hundiré con alaridos la casa de mi padre. ¡Mi bien y placer, todo
es ido en humo! ¡Mi alegría es perdida! ¡Consumióse mi gloria!
LUCRECIA. Tristán ¿qué dices, mi amor?, ¿qué es eso que lloras tan sin mesura?
TRISTÁN. ¡Lloro mi gran mal; lloro mis muchos dolores! Cayó mi señor Calisto del
escala y es muerto. Su cabeza está en tres partes. Sin confesión pereció. Díselo
a la triste y nueva amiga, que no espere más su penado amador. Toma tú, Sosia,
de esos pies. Llevemos el cuerpo de nuestro querido amo donde no padezca su
honra detrimento, aunque sea muerto en este lugar. Vaya con nosotros llanto,
acompáñenos soledad, síganos desconsuelo, vístanos tristeza, cúbranos luto y
dolorosa jerga.
MELIBEA. ¡Oh la más de las tristes, triste! ¡Tan poco tiempo poseído el placer, tan
presto venido el dolor!
LUCRECIA. Señora, no rasgues tu cara ni meses tus cabellos. ¡Agora en placer,
agora en tristeza! ¿Qué planeta hobo, que tan presto contrarió su operación?
¡Qué poco corazón es éste! Levanta, por Dios, no seas hallada de tu padre en
tan sospechoso lugar, que serás sentida. Señora, señora, ¿no me oyes? No te
amortezcas, por Dios. Ten esfuerzo para sufrir la pena, pues toviste osadía para
el placer.
MELIBEA. ¿Oyes lo que aquellos mozos van hablando? ¿Oyes sus tristes cantares?
¡Rezando llevan con responso mi bien todo! ¡Muerta llevan mi alegría! ¡No es
tiempo de yo vivir! ¿Cómo no gocé más del gozo? ¿Cómo tuve en tan poco la
gloria que entre mis manos tuve? ¡Oh ingratos mortales! ¡Jamás conocéis vuestros
bienes sino cuando dellos carecéis!

Texto nº 6
PLEBERIO.- Hija mía, Melibea, ¿qué haces sola? ¿Qué es tu voluntad decirme?
¿Quieres que suba allá?
MELIBEA.- Padre mío, no pugnes ni trabajes por venir adonde yo estoy, que
estorbarás la presente habla que te quiero hacer. Lastimado serás brevemente
con la muerte de tu única hija. Mi fin es llegado, llegado es mi descanso y tu
pasión, llegado es mi alivio y tu pena, llegada es mi acompañada hora y tu
tiempo de soledad. No habrás, honrado padre, menester instrumentos para
aplacar mi dolor, sino campanas para sepultar mi cuerpo. Si me escuchas sin
lágrimas, oirás la causa desesperada de mi forzada y alegre partida. No la
interrumpas con lloro ni palabras; si no, quedarás más quejoso en no saber por
qué me mato, que doloroso por verme muerta. Ninguna cosa me preguntes ni
respondas más de lo que de mi grado decirte quisiere. Porque, cuando el
corazón está embargado de pasión, están cerrados los oídos al consejo y en tal
tiempo las fructuosas palabras, en lugar de amansar, acrecientan la saña. Oye,
padre viejo, mis últimas palabras, y, si como yo espero, las recibes, no culparás
mi yerro. Bien ves y oyes este triste y doloroso sentimiento que toda la ciudad
hace.
Seguidamente Melibea narra a su padre sus amores con Calisto.

Concertó el triste concierto de la dulce y desdichada ejecución de su voluntad. Vencida


de su amor, dile entrada en tu casa. Quebrantó con escalas las paredes de tu huerto,
quebrantó mi propósito. Perdí mi virginidad; del cual deleitoso yerro de amor gozamos
casi un mes. Y como esta pasada noche viniese, según era acostumbrado, a la vuelta de
su venida, como de la fortuna mudable estuviese dispuesto y ordenado, según su
desordenada costumbre, como las paredes eran altas, la noche oscura, la escala
delgada, los sirvientes que traía no diestros en aquel género de servicio y él bajaba
presuroso a ver un ruido que con sus criados sonaba en la calle, con el gran ímpetu
que llevaba, no vido bien los pasos, puso el pie en el vacío y cayó. De la triste caída
sus más escondidos sesos quedaron repartidos por las piedras y paredes. Cortaron las
hadas sus hilos, cortáronle sin confesión su vida, cortaron mí esperanza, cortaron mi
gloria, cortaron mi compañía. Pues ¿qué crueldad sería, padre mío, muriendo él
despeñado, que viviese yo penada? Su muerte convida a la mía, convídame y fuerza que
sea presto, sin dilación; muéstrame que ha de ser despeñada por seguille en todo. No
digan por mí: “a muertos y a idos...” Y así contentarle he en la muerte, pues no tuve
tiempo en la vida. ¡Oh mi amor y señor Calisto! Espérame, ya voy; detente, si me
esperas; (...) ¡Oh padre mío muy amado! Ruégote, si amor en esta pasada y penosa vida
me has tenido, que sean juntas nuestras sepulturas, juntas nos hagan nuestras exequias.
(...) Gran dolor llevo de mi, mayor de ti, muy mayor de mi vieja madre. Dios quede
contigo y con ella. A él ofrezco mi alma. Pon tú en cobro este cuerpo que allá baja.

Texto nº 7 Llanto de Pleberio Final de la obra


PLEBERIO.- ¡Ay, ay, noble mujer! Nuestro gozo en el pozo. Nuestro bien todo es
perdido. ¡No queramos mas vivir! E porque el incogitado dolor te de mas pena,
todo junto sin pensarle, porque mas presto vayas al sepulcro, porque no llore yo
solo la perdida dolorida de entramos, ves alli a la que tu pariste e yo engendre,
hecha pedacos. Ayudame a llorar nuestra llagada postremeria.
¡O gentes, que venis a mi dolor! ¡O amigos e senores, ayudame a sentir mi pena!
¡O mi hija e mi bien todo! Crueldad seria que viva yo sobre ti. Mas dignos eran
mis sesenta anos, de la sepultura, que tus veynte. Turbose la orden del morir
con la tristeza, que te aquejaba. ¡O mis canas, salidas para haber pesar! Mejor
gozara de vosotras la tierra, que de aquellos rubios cabellos, que presentes veo.
¿Para quien adquiri honras? ¿Para quien plante arboles? ¿Para quien fabrique
navios? ¡O tierra dura!, ¿como me sostienes? ¿Adonde hallara abrigo mi
desconsolada vejez? ¡O fortuna variable, ministra e mayordoma de los temporales
bienes!, ¿por que no executaste tu cruel ira, tus mudables ondas, en aquello que
a ti es sujeto? ¿Por que no destruyste mi patrimonio? ¿Por que no quemaste mi
morada? ¿Por que no asolaste mis grandes heredamientos?
¿Que hare, quando entre en tu camara e retraymiento e la halle sola? ¿Que hare
de que no me respondas, si te llamo? ¿Quien me podra cobrir la gran falta, que
tu me hazes? Ninguno perdio lo que yo el dia de oy, avnque algo conforme
parescia la fuerte animosidad de Lambas de Auria, duque de los ginoveses, que a
su hijo herido con sus bracos desde la nao echo en la mar.
¡O amor, amor! Ni se si hieres con hierro ni si quemas con fuego. Sana dexas la
ropa; lastimas el coracon. Hazes que feo amen e hermoso les parezca. ¿Quien te
dio tanto poder? ¿Quien te puso nombre, que no te conuiene? Si amor fuesses,
amarias a tus siruientes. Si los amasses, no les darias pena. Si alegres viuiessen,
no se matarian, como agora mi amada hija. ¿En que pararon tus siruientes e sus
ministros? La falsa alcahueta Celestina murio a manos de los mas fieles
companeros, que ella para su seruicio enponconado, jamas hallo. Ellos murieron
degollados. Calisto, despenado. Mi triste hija quiso tomar la misma muerte por
seguirle. Esto todo causas. Dulce nombre te dieron; amargos hechos hazes.
Tu fuego es de ardiente rayo, que jamas haze senal do llega. La lena, que gasta
tu llama, son almas e vidas de humanas criaturas. Las quales son tantas, que de
quien comencar pueda, apenas me ocurre. No solo de christianos; mas de
gentiles e judios e todo en pago de buenos seruicios. ¿Que me diras de aquel
Macias de nuestro tiempo, como acabo amando, cuyo triste fin tu fuiste la
causa? ¿Que hizo por ti Paris? ¿Que Elena? ¿Que Egisto? Todo el mundo lo sabe.
Pues a Sapho, Ariadna, Leandro, ¿que pago les diste? Por tu amistad Sanson
pago lo que merecio, por creerse de quien tu le forcaste a darle fe. Otros
muchos, que callo, porque tengo harto que contar en mi mal.
¡O mi companera buena! ¡O mi hija despedacada! ¿Por que no quesiste que
estorbase tu muerte? ¿Por que no hubiste lastima de tu querida e amada madre?
¿Por que te mostraste tan cruel con tu viejo padre? ¿Por que me dejaste, quando
yo te habia de dejar? ¿Por que me dejaste penado? ¿Por que me dejaste triste e
solo in hac lachrymarum valle?

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