Miedo
Había una vez un pequeño pueblo enclavado en lo profundo de un bosque oscuro y
espeso. La gente del pueblo siempre había vivido en armonía con la naturaleza,
respetando las tradiciones antiguas y evitando cualquier perturbación en la tierra.
Pero a medida que pasaban los años, la codicia y la curiosidad comenzaron a
apoderarse de algunos habitantes. Una noche, un grupo de jóvenes decidió
aventurarse más allá de los límites del bosque prohibido, un lugar temido por
generaciones. Allí, se decía, acechaban espíritus y criaturas malévolas. A pesar de las
advertencias de los ancianos, los jóvenes desoyeron los consejos y se adentraron en
el oscuro bosque. A medida que avanzaban más y más en el bosque, la oscuridad se
volvía opresiva, y los sonidos de la naturaleza se desvanecían en un silencio
inquietante. Pronto, comenzaron a notar que los árboles se volvían más retorcidos y
siniestros, como si estuvieran vivos y los observaran con ojos invisibles. De repente,
uno de los jóvenes tropezó con una raíz y cayó al suelo. Cuando trató de levantarse,
notó que sus manos se hundían en el suelo como si estuvieran hechas de barro. Gritó
de pánico, pero sus amigos no pudieron ayudarlo; estaban paralizados por el miedo.
Mientras observaban impotentes, la tierra comenzó a envolver al joven atrapado,
como si el bosque mismo lo estuviera devorando. Sus gritos se desvanecieron
lentamente mientras era absorbido por el suelo. Sus amigos, ahora en estado de
shock, huyeron despavoridos. Al regresar al pueblo, los jóvenes contaron la
espantosa experiencia que habían presenciado en el bosque prohibido. Nadie sabía
qué hacer, y el miedo se apoderó de la comunidad. Los ancianos advirtieron que
habían despertado a una antigua fuerza en el bosque, una que debía permanecer en
paz. Los siguientes días estuvieron llenos de pesadillas y ansiedad. Los aldeanos
comenzaron a escuchar voces susurrantes en las sombras de sus casas y vieron
sombras acechando en los rincones. Cada noche, el pueblo estaba impregnado de
un terror que no podía ser ignorado. Mientras tanto, el grupo de jóvenes que escapó
del bosque estaba plagado de culpa y temor. Uno por uno, comenzaron a
desaparecer misteriosamente. La noche en la que habían dejado atrás a su amigo,
una entidad oscura los había marcado, y no había escapatoria. La paranoia se
extendió como una plaga en el pueblo. Los habitantes se volvieron sospechosos de
sus propios vecinos y amigos. La gente hablaba en susurros, temiendo que cualquier
palabra pronunciada en voz alta pudiera atraer la atención de la entidad del bosque.
Una noche, un niño pequeño afirmó haber visto a su madre transformarse en una
criatura espantosa con garras afiladas y ojos brillantes. La histeria se apoderó del
pueblo, y la gente comenzó a refugiarse en sus hogares, bloqueando puertas y
ventanas. Los ancianos se reunieron en un consejo de emergencia y decidieron que
la única manera de calmar la ira de la entidad del bosque era ofrecer un sacrificio. Se
eligió a uno de los jóvenes que habían desobedecido las advertencias y habían
desencadenado la pesadilla, un chico llamado Lucas. Lucas fue llevado al borde del
bosque prohibido, donde los árboles parecían retorcerse aún más, como si
estuvieran esperando su llegada. Los aldeanos ataron a Lucas a un árbol y
encendieron antorchas a su alrededor. La oscuridad era intensa, y el viento aullaba a
través de las ramas como un lamento. La entidad del bosque emergió de las
sombras, una criatura retorcida y cubierta de hojas y musgo. Con ojos brillantes y
amenazantes, se acercó a Lucas. El chico temblaba de miedo mientras miraba a la
criatura. Pero en lugar de atacarlo, la entidad habló en susurros ininteligibles. Los
ancianos observaban con atención y comprendieron que la entidad del bosque no
quería la vida de Lucas. Lo que buscaba era una promesa de que nunca más se
perturbaría su hogar sagrado. Los ancianos aceptaron la demanda y juraron
solemnemente que el pueblo nunca volvería a aventurarse en el bosque prohibido.
La entidad del bosque liberó a Lucas y desapareció en la oscuridad. El pueblo vivió
en paz durante generaciones, cumpliendo su promesa de no perturbar el bosque.
Los árboles retorcidos y los susurros desaparecieron, y el pueblo finalmente pudo
encontrar algo parecido a la tranquilidad. Sin embargo, la historia de lo que había
ocurrido en el bosque prohibido se transmitió de generación en generación como
una advertencia. Nadie olvidó las terribles consecuencias de desafiar a las fuerzas
antiguas, y el miedo a lo desconocido se mantuvo arraigado en sus corazones. La
historia del pueblo y su encuentro con la entidad del bosque se convirtió en una
leyenda de terror que perduró a lo largo de los años, recordándoles a todos que
algunas cosas no deben ser perturbadas, y que en lo más profundo de la oscuridad
siempre hay secretos aterradores esperando ser descubiertos.