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Hemoplasmosis Felina: Causas y Síntomas

La hemoplasmosis felina es una enfermedad causada por Mycoplasma haemofelis o M. haemominutum que infectan los eritrocitos de los gatos. Provoca fiebre, anemia y debilidad. Se transmite entre gatos por contacto directo o ectoparásitos. Aunque algunos gatos son portadores asintomáticos, la enfermedad puede ser grave especialmente si el gato está inmunocomprometido. El diagnóstico se realiza identificando los microorganismos en muestras de sangre del gato.

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Hemoplasmosis Felina: Causas y Síntomas

La hemoplasmosis felina es una enfermedad causada por Mycoplasma haemofelis o M. haemominutum que infectan los eritrocitos de los gatos. Provoca fiebre, anemia y debilidad. Se transmite entre gatos por contacto directo o ectoparásitos. Aunque algunos gatos son portadores asintomáticos, la enfermedad puede ser grave especialmente si el gato está inmunocomprometido. El diagnóstico se realiza identificando los microorganismos en muestras de sangre del gato.

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Histoplasmosis

Hemoplasmosis
Por: MVZ, Esp Jesús Marín Heredia
Por: MVZ, Esp. Jesús Marín Heredia
HEMOPLASMOSIS CANINA Y FELINA
HEMOPLASMOSIS FELINA
Autor: MVZ, Esp. Jesús Marín Heredia

RESUMEN

La hemoplasmosis felina es una enfermedad aguda o crónica de los gatos domésticos,


causada por un agente rickettsial que se multiplica dentro del sistema vascular; se caracteriza
por producir fiebre, anorexia, letargo, emaciación, esplenomegalia, anemia macrocítica
normocrómica sin hemoglobinuria y, ocasionalmente, ictericia. También se la conoce con el
nombre de anemia infecciosa felina. Puede causar enfermedad por si misma en forma
primaria o asociada a enfermedades inmunodepresopras como la leucemia viral felina o la
inmunodeficiencia felina.

La enfermedad se encuentra ampliamente distribuida en el mundo y la incidencia parece


ser mayor en ciertas áreas geográficas, pero aún no se ha hecho ningún estudio científico al
respecto.

ETIOLOGÍA
El agente causal, el Mycoplasma, antes era conocido como Haemobartonella felis,
Estudios de la secuencia del DNA de H. felis han revelado que está filogenéticamente más
asociado con organismos del género Mycoplasma, por lo que recientemente ha sido
renombrado. En la actualidad se sabe que en realidad existen dos tipos genéticamente y
morfológicamente distintos de H. felis, mismos que difieren entre sí por su patogenicidad, por
lo que se ha nombrado a la forma larga (Ohio) de H. felis como Mycoplasma haemofelis (Mhf)
y se ha sugerido nombrar a la forma pequeña (California) como Mycoplasma haemominutum
(Mhm). Estos dos genotipos de micoplasmas hematológicos reciben el nombre trivial de
“hemoplasmas felinos”. Estos son microorganismos pleomórficos que aparecen en forma de
cocos basófilos, de bastones o de círculos (como anillos). Los microorganismos son parásitos
epicelulares rickettsiales que suelen encontrarse en número variable en la superficie de los
eritrocitos, pero que, ocasionalmente, se ven libres en el plasma. Aparecen con forma de
cuerpos rojo-violeta oscuro, en los frotis de sangre, teñidos con Giemsa. El número de
eritrocitos afectados varía según la gravedad de la infección y la fase del ciclo vital de la
rickettsia.

Los microorganismos contienen ARN y ADN, se replican por fisión binaria y aparecen
adheridos a la membrana del eritrocito por puntos de contacto intermitentes.

Aunque se ha dicho que la membrana del eritrocito presenta ciertas manchas con
asociación al parásito, no se ha documentado una completa erosión de la misma.

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EPIZOOTIOLOGÍA
La enfermedad se transmite experimentalmente por la transferencia intravenosa,
intraperitoneal u oral, de pequeñas cantidades de sangre infectada a gatos susceptibles. En
los casos inducidos experimentalmente, el periodo de incubación varía de una a cinco
semanas y la recuperación no induce inmunidad ante la reinfección.

No se han establecido los métodos de transmisión natural; no obstante, parece haber


una mayor incidencia entre los gatos de uno a tres años de edad, particularmente en los
machos y tiende a ser más común en primavera y verano. Las peleas de los gatos y el
vagabundeo contribuyen al contagio. Se estima que la diseminación de la infección por
ectoparásitos chupadores de sangre, como las moscas, pulgas o garrapatas, es la forma de
transmisión natural más frecuente. Se sabe que puede haber transmisión vertical, aunque no
se ha determinado si esta ocurre de forma trasplacentaria, durante el parto o por la leche. La
transmisión iatrogénica también es posible, la cual ocurre por transfusiones sanguíneas de
gatos portadores.

Una porción significativa de la población de gatos porta la infección de forma latente. En


un estudio reciente se determinó mediante pruebas de PCR que 10 % de los gatos
clínicamente sanos están infectados con especies de hemoplasmas, confirmando que un
resultado positivo no siempre se relaciona con la presencia de la enfermedad clínica.

La presencia de enfermedades (como la leucemia viral felina), de algún tipo de condición


que debilite al gato o situaciones de estrés son factores de riesgo importantes para el
desarrollo de la enfermedad clínica severa. Se estima que cerca del 50% de los casos de
hemoplasmosis son LVFe positivos y 40% de los gatos positivos a VIF que padecen anemia
están infectados por hemoplasmas. Los gatos que padecen una enfermedad
inmunosupresora concurrente tienen un pobre pronóstico, por lo que a todos los gatos
positivos a hemoplasma se les debe de realizar una prueba de LVFe/VIF.

PATOGENIA
El curso de la enfermedad se divide en cuatro fases:
1) La fase de preparasitemia o prepatente comprende el periodo desde que el
hemoplasma entra al organismo hasta que se observa en los eritrocitos y varía de 2 a 34
días o hasta 51 días en gatos esplenectomizados.

2) La fase aguda representa el periodo de parasitemia, éste dura un mes o más, aunque en
ocasiones los gatos mueren rápidamente después de una parasitemia masiva al inicio de
la enfermedad. Los parásitos aparecen en la sangre de manera cíclica y su número se
incrementa en un máximo en uno a cinco días (sigue un rápido descenso). La
desaparición sincronizada de los microorganismos de la sangre puede ocurrir en una o

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dos horas. Varios días después de los episodios de parasitemia se observan, si acaso,
solamente algunos parásitos en los frotis sanguíneos. Los episodios de parasitemia, si se
repiten, ocasionan un daño progresivo al eritrocito y un periodo de vida más corto. La
fragilidad del eritrocito se incrementa después de la segunda parasitemia.

Los eritrocitos parasitados son secuestrados por el bazo (órgano que juega un papel
importante en la respuesta inmune específica), por lo que desciende el conteo globular y
se presenta el periodo de no parasitemia, el cual puede durar hasta 6 días. Es entonces
cuando los macrófagos remueven los parásitos, permitiendo que algunos de los
eritrocitos a los que se les ha liberado del hemoplasma regresen a la circulación, por lo
que puede aumentar el conteo globular en la sangre periférica. Otros eritrocitos se
consumen y ya no vuelven a la circulación.

La anemia ocurre como resultado de la eritrofagocitosis por células del sistema


retículoendotelial del bazo, pulmones, hígado y médula ósea. Sin embargo, también se
produce por hemólisis intravascular.

Puede desarrollarse producción de anticuerpos contra el parásito y de forma más


probable, contra el complejo parásito-eritrocito. El que los gatos infectados creen
anticuerpos contra sus propios hematíes, causa lo que se conoce como anemia
hemolítica autoinmune.

Se estima que una tercera parte de los gatos con hemobartonelosis aguda no
complicada, y sin tratamiento, mueren de anemia severa. Los gatos que producen
respuestas inmune y de médula ósea adecuadas se recuperan.

3) La fase de recuperación se presenta después de un mes, desde el último periodo de


parasitemia hasta que el conteo globular vuelve a los rangos normales.

4) La fase de portador se presenta en los gatos recuperados de un estado agudo de la


infección, los cuales permanecen crónicamente infectantes durante meses o años,
indefinidamente, dependiendo de la variedad de Mycoplasma que este afectando al gato;
por ejemplo, se menciona que para M. haemofelis el periodo de portador es corto,
mientras que para M. haemominutum puede llegar a durar años. Se supone que el
hospedero elimina a los parásitos extracelulares; no obstante, se han identificado
organismos intactos dentro de vacuolas fagocíticas del bazo y en los macrófagos
pulmonares.

SIGNOS CLÍNICOS
Los signos clínicos más comunes en los gatos afectados son depresión, anorexia,
debilidad, pérdida de peso, palidez de las membranas mucosas, esplenomegalia y
ocasionalmente ictericia. Los signos clínicos dependen de la variedad de Mycoplasma, del
estado de enfermedad y de la rapidez con la que se desarrolle la anemia; si progresa

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gradualmente, como en la mayoría de los casos, el gato pierde una cantidad
considerable de peso pero permanece alerta. Si la anemia es severa, la pérdida de peso no
es tan significativa, pero la depresión es muy marcada. La temperatura rectal generalmente
no varía, excepto en la fase aguda de la enfermedad, en la que se incrementa
aproximadamente en la mitad de los casos. (La temperatura es subnormal en los gatos
moribundos).

Las infecciones no complicadas, en las que no hay signos clínicos o estos son ligeros
y la anemia no es significativa, se asocian a infecciones por M. haemominutum, que se ha
caracterizado por ser de baja patogenicidad. Las infecciones severas, en las que existe
anemia hemolítica que puede llegar a ser fatal, se asocian a infecciones por M. haemofelis.

LESIONES
Los hallazgos de la necropsia incluyen una apariencia pálida de los tejidos en todos los
casos, emaciación en 75% de los casos, esplenomegalia de ligera a marcada en la mitad de
los animales y rara vez ictericia de severa a moderada.
Las anormalidades histológicas, incluyen una hiperplasia eritroide y, en ocasiones,
mieloide y congestión pasiva, hematopoyesis extramedular, hiperplasia folicular, eritrofagoci -
tosis y un incremento de la hemosiderina en el bazo. En algunos casos se observa
degeneración grasa, necrosis centrolobular en el hígado, o ambas lesiones.

DIAGNÓSTICO
Los recuentos totales y diferenciales de leucocitos varían mucho y representan una
ayuda limitada para el diagnóstico. No obstante, los conteos absolutos de monocitos a
menudo aumentan y presentan una apariencia poco usual en la fase aguda de la
enfermedad. Se aprecia eritrofagocitosis por monocitos o por macrófagos, si se examinan los
frotis sanguíneos bajo un lente de mínimo aumento.

Generalmente, los valores del hematocrito están abajo de 20% e incluso, debajo de 10%
antes de que el propietario note los signos clínicos de la enfermedad; sin embargo, el
hematocrito no siempre es un buen indicador de la masa total de eritrocitos en un gato con
hemoplasmosis. Cuando se hallan parasitados los eritrocitos secuestrados por el bazo
(principalmente), pueden regresar a la circulación después de que desaparezcan los
microorganismos de su superficie.

Cuando los signos clínicos son aparentes, en la mayoría de los casos se detecta
policromasia, anisocitosis y reticulocitosis, como respuesta a la anemia. Los eritrocitos son
macrocíticos e hipocrómicos. Se observan eritrocitos nucleados y un número considerable de
cuerpos de Howell-Jolly en la circulación, sin que estos hallazgos indiquen una respuesta
regenerativa en el gato.

Frecuentemente, se observa autoaglutinación en los frascos de las muestras sanguíneas


y en los tubos capilares para hematocrito, durante las primeras etapas de la hemoplasmosis

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aguda. Cuando ya se presentaron los signos clínicos, la prueba directa de Coombs da
resultado positivo. Hay que recordar que únicamente se usan en esta prueba los reactivos de
Coombs hechos especialmente para el gato.
Las concentraciones de proteínas plasmáticas se encuentran en rango normal, aunque
pueden estar aumentadas. No en todos los casos de hemoplasmosis felina se observa el
plasma ictérico. Los valores del índice ictérico y el contenido de bilirrubina no siempre
aumentan después de un descenso rápido del hematocrito, ya que los eritrocitos quedan
secuestrados en los senos capilares y venosos, sin destruirse.

Para el diagnóstico definitivo se necesitan frotis delgados de sangre teñida sin secar, sin
fijar y sin reactivos que precipiten la coloración, para lograr la identificación del parásito.
Cantidades elevadas de EDTA en la muestra favorecen la separación del hemoplasma de la
superficie del eritrocito, por lo que no se recomienda realizar frotis sanguíneos utilizando
sangre que haya estado más de 60 minutos incubándose con EDTA. Los frotis sanguíneos se
examinan antes de comenzar la terapia, ya que los microorganismos pueden desaparecer
cuando se trata a los gatos con tetraciclinas. Se deben distinguir los cuerpos de Howell-Jolly
y los puntos basófilos de los parásitos.

Es necesario realizar una serie de frotis sanguíneos durante un periodo de varios días,
para el diagnóstico exacto, debido a que los parásitos sólo aparecen periódicamente.
El procedimiento de teñido con naranja de acridina y la técnica de anticuerpos
fluorescentes, son métodos más sensibles para detectar la parasitemia (para ello se necesita
un microscopio para técnicas fluorescentes). Sin embargo, para determinar la especie de la
que se trata se deben realizar pruebas de reacción en cadena de la polimerasa (PCR).
Las rickettsias también se identifican en la médula ósea.

TRATAMIENTO
Si el gato tiene hematocrito de 15% o menor, posiblemente se recurra a una transfusión
sanguínea, dependiendo de la rapidez con que se desencadene la crisis hemolítica.

Se recomienda la administración de oxitetraciclina, en dosis de 20 mg/kg de peso, tres


veces al día, por vía oral, aunque este antibiótico mancha los dientes de los animales jóvenes
y causa anorexia, sin embargo en general se considera atóxico, aunque resulta poco práctico
para el propietario por la frecuencia de su administración. La doxiciclina a dosis de 10
mg/kg/día por vía oral se prefiere por tener menores efectos secundarios y cuenta con un
intervalo de aplicación más amplio que otras tetraciclinas. Se recomienda que el tratamiento
dure 28 días o más, dependiendo de la respuesta al tratamiento, pero tratamientos de 21 días
no eliminan la infección consistentemente, a pesar de ser efectivos para el tratamiento de la
anemia. La enrofloxacina a dosis de 5-10 mg/kg/día por vía oral también puede asociarse con
una mejoría clínica del paciente, pero generalmente no eliminan la infección.

En los gatos con anemia severa se indica la administración de corticoides orales, como la
prednisolona en dosis de 1 a 2 mg/kg de peso, dos veces al día, con la finalidad de inhibir la
eritrofagocitosis. La dosis del corticoide se disminuye gradualmente en la medida en que el
hematocrito aumenta.

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Aunque se menciona el uso de la tiacetarsamida de sodio para el tratamiento de la
hemobartonelosis en gatos, su administración en esta especie no se ha aprobado.
También se puede administrar cloramfenicol pero, por su toxicidad sobre la médula ósea,
no se recomienda.

PREVENCIÓN
Se sugiere eliminar los vectores chupadores de sangre, ya que transmiten la
enfermedad. La transmisión yatrogénica a través de las transfusiones de sangre, se
previenen realizando la esplenectomía al donador y frotis sanguíneos diez días después, con
el fin de que el animal no padezca una infección latente.

HEMOPLASMOSIS CANINA

DEFINICIÓN
La hemoplasmosis es una enfermedad (aguda o crónica) causada por un agente rickettsial
que se multiplica dentro del sistema vascular.

ETIOLOGÍA
La enfermedad en los perros es causada por por dos especies identificadas
recientemente por técnicas de PCR, el Mycoplasma haemocanis, antes conocido como
Haemobartonella canis, y el Mycoplasma haematoparvum, ambos microorganismos gram
negativos, no ácido resistente y epicelulares, que parasitan a los eritrocitos. Su rango para
hospedarse aparece restringido a los perros, así como la [Link] se restringe a los
gatos. No obstante, se ha informado sobre el desarrollo de infecciones subclínicas
experimentales por la M. haemocanis en gatos.

Estos microorganismos contienen tanto ADN como ARN, se replican por fisión binaria y
no pueden cultivarse fuera del hospedero. Aparecen en forma de cocos basófilos, bastones o
anillos; su número varía en la superficie del eritrocito. Forman cuerpos rojo-violeta-oscuro en
los frotis finos de sangre teñida con Giemsa. Ocasionalmente, se encuentran libres en el
plasma.

El [Link] comúnmente forma cadenas que se extienden a lo largo de la


superficie de los eritrocitos afectados y distorsiona la forma de los mismos, cosa que no
sucede con la M. haemofelis. Sin embargo, los microorganismos individuales pueden
aparecer como puntos pequeños o como anillos. Genéricamente, a la infección por este tipo
de hemoparásitos se le conoce como hemoplasmosis.

EPIZOOTIOLOGÍA
Se ha podido demostrar experimentalmente la transmisión de Mycoplasmas por la
garrapata café (Rhipicephalus sanguineus). También se ha descrito la transmisión

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transovárica que tiene lugar en las garrapatas, lo que indica que pueden ser un
reservorio importante y un vector de la infección. Puede presentarse la transmisión
iatrogénica, a partir de transfusiones sanguíneas, pero el perro receptor debe haberse esple-
nectomizado para presentar una enfermedad clínica significativa.

Se sabe que la hemoplasmosis ha ocasionado la muerte de dos cachorros menores de


cuatro semanas de edad. Estudios experimentales han demostrado que la transmisión
uterina hacia los cachorros o por la leche materna no implica infección aunque, al parecer,
existen evidencias indirectas de la primera. Hasta la fecha no se ha documentado la
transmisión por la administración oral de sangre infectada.

En contraste con la hemoplasmosis felina, la mayoría de los perros no


esplenectomizados, infectados con Mycoplasma, no desarrollan evidencias clínicas de la
enfermedad y probablemente, no llegan a presentar anemia ni a tener un número suficiente
de microorganismos en la sangre que se puedan identificar en los frotis sanguíneos. Sin
embargo, en estudios recientes se ha podido detectar, por medio de técnicas de PCR, una
prevalencia del 15% en individuos parasitados con garrapatas.

PATOGENIA
El periodo prepatente, después de la inyección intravenosa de sangre infectada en
perros esplenectomizados, se ha descrito en un rango que va desde uno a dos días y hasta
dos semanas o más.

Algunos casos se caracterizan por un desarrollo rápido de anemia con parasitemia


constante. En estos perros, la muerte ocurre después de un mes de la inoculación, mientras
que en otros, el desarrollo de la anemia es más gradual, presentándose episodios repetidos
de parasitemia. Se observa gran número de parásitos en la sangre durante una semana o
más.

Se requieren uno o dos meses para que el hematocrito y la concentración de


hemoglobina lleguen a valores mínimos; e igual tiempo para que retornen a la normalidad.
Aunque la evaluación inmunológica de los perros infectados ha sido limitada, parece que
existen anticuerpos que se producen contra los eritrocitos dañados.

A pesar de que se requiere la esplenectomía para que se presenten manifestaciones


clínicas de la hemoplasmosis en los perros, se han descrito casos clínicos en perros no
esplenectomizados, con infecciones concurrentes por Erlichia, Babesia, virus o bacterias. La
hemoplasmosis también se ha asociado con perros inmunodeprimidos y patologías
esplénicas. Se han reportado casos en perros con el bazo intacto y sin evidencia de
inmunosupresión.

SIGNOS CLÍNICOS
A menos que también estén presentes otras enfermedades, los signos clínicos de la
hemoplasmosis rara vez son aparentes (en los perros no esplenectomizados infectados con
Mycoplasma).

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Los perros esplenectomizados experimentalmente presentan decaimiento y palidez de
las membranas mucosas conforme se va desarrollando la anemia, pero tienen la temperatura
rectal y el apetito normales.

LESIONES
Los hallazgos en la necropsia, en los casos de hemoplasmosis canina, no han sido bien
documentados. Simplemente, los tejidos pueden estar pálidos, con la médula ósea roja y
gelatinosa. Se menciona también la presencia de una hiperplasia del sistema fagocítico
mononuclear.

DIAGNÓSTICO
Los microorganismos están presentes cuando existen evidencias clínicas de anemia.
Aunque la anemia varía de leve a severa, en los estudios de perros esplenectomizados
experimentalmente, el hematocrito se encuentra en niveles inferiores a 20%, antes de que los
signos de la hemoplasmosis puedan observarse.

Los microorganismos se detectan en la sangre en etapas tempranas de la infección.


Los cambios hematológicos indicativos de una regeneración (que se pueden observar)
son: reticulosis, policromasia, anisocitosis, presencia de eritrocitos nucleados circulantes y
cuerpos de Howell-Jolly. Los macrocitos tardan más en aparecer y pueden no estar
presentes cuando se realiza por primera vez el estudio.

No hay cambios consistentes en el hemograma. Ni el plasma ictérico ni la


hemoglobinemia se reconocen en casos no complicados, pero puede presentarse
bilirrubinuria. Puede haber esferocitos o pruebas directas de Coomb’s positivas. Los perros
con infecciones latentes tienen hemogramas normales.

El diagnóstico de la hemoplasmosis canina depende del reconocimiento de los


microorganismos en la sangre. El clínico debe ser capaz de diferenciarlos de los artificios que
puedan presentarse en las tinciones, así como de los cuerpos de Howell-Jolly.

El criterio más aceptado para el diagnóstico es la tendencia de H. canis a formar cadenas


de microorganismos a lo largo de la superficie del eritrocito afectado. Los frotis sanguíneos,
tanto de perros con anemia, como los de perros esplenectomizados deben examinarse
cuidadosamente.

TRATAMIENTO
Los estudios experimentales para evaluar la terapia en esta enfermedad son limitados.
Cuando se considere que la anemia puede poner en riesgo la vida del paciente, se
recomienda administrar transfusiones sanguíneas.

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La oxitetraciclina administrada por vía oral es efectiva en dosis de 40 mg/kg, cada ocho
horas, durante catorce días.
Si el animal sufre una recaída después de la terapia, es conveniente administrar un
segundo tratamiento que cuente con una dosis de 40 mg/kg, cada 24 horas, durante un mes
o más, con el fin de prevenir una recurrencia.

Se ha documentado un tratamiento exitoso con thiacetarsamida de sodio, en dosis de 2.2


mg/kg, por vía intravenosa, cada 24 horas, durante nueve días, en los perros infectados
experimentalmente. El tratamiento con cloramfenicol, en dosis de 22 mg/kg, por vía oral o
intravenosa, cada doce horas, durante nueve días también es efectivo en perros infectados
experimentalmente.

Los perros recuperados de la hemoplasmosis presentan una infección latente.

PREVENCIÓN
Se recomienda eliminar los artrópodos chupadores de sangre, pues son los transmisores
de la enfermedad a los perros.

La transmisión yatrogénica por transfusiones sanguíneas se puede prevenir


esplenectomizando a los animales donadores y examinando frotis sanguíneos de los mismos.
Esto, para detectar la presencia de los microorganismos diez días después, con la finalidad
de estar seguros de que no presentan infecciones latentes.

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LITERATURA COMPLEMENTARIA

1. August JR, editor. Consultations in feline internal medicine. St. Louis: Elsevier Saunders,
2006.

2. Chandler EA, Gaskell CJ, Gaskell RM. Feline medicine and therapeutics. 3rd ed. Iowa:
Blackwell Publishing, 2007.

3. Dowers KL, Tasker S, Radecki SV, Lappin MR. Use of pradofloxacin to treat experimentally
induced Mycoplasma hemofelis infection in cats. Am J Vet Res. 2009 Jan;70(1):105-11.

4. Ettinger SJ, Feldman EC. Textbook of Veterinary Internal Medicine, 6th ed., St. Louis:
Elsevier Saunders, 2005.

5. Norsworthy GD, editor. The feline patient. 3rd ed. Iowa: Blackwell Publishing, 2006.

6,Willi B, Boretti FS, Tasker S, Meli ML, Wengi N, Reusch CE, et al. From Haemobartonella to
hemoplasma: Molecular methods provide new insights. Vet Microbiol 2007; 125(3-4):197-209.

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