EUNSA DerechoCanonico
EUNSA DerechoCanonico
PARTEI
INTRODUCCIÓN AL DERECHO CANÓNICO
A. IGLESIA Y DERECHO
CAPÍTULO I
EL DERECHO COMO ORDEN SOCIAL JUSTO
l. El Derecho como fenómeno social y humano ... ....... .... ........... .. ... .... . 35
2. El Derecho y la justicia. Realismo jurídico y acepciones del térmi-
no «derecho» ...... .... ... ........... .... .. ... ..... .... .... ... .... .... ... ....... ................ .. 36
3. Características propias del Derecho .................................................. 38
4. Fin y funciones del Derecho ................................................ .............. 39
5. Dinamicidad y estabilidad del Derecho ............................................ 41
6. Derecho y Moral ... ... ........ .. ......... ...... ........ .... ....... ... ........ .... ... ..... .. .. .. . 41
7. Positivismo jurídico ........................................................................... 42
CAPÍTULO II
EL DERECHO EN LA IGLESIA
7
EL DERECHO DE lA IGLESIA ÍNDICE
e) Palabra, sacramentos y carismas en la fundamentación del Dere- b) Los Principios directivos .............................................................. 87
cho canónico ............................................................................... . 47 e) Proyectos sucesivos y promulgación del nuevo Código .............. 87
d) Fundamentación en la Iglesia como comunión y como sacra- 4. Características generales del Código de 1983 .................................... 89
mento .......................................................................................... . 50 a) Sistemática .................................................................................... 89
3. Derecho divino y Derecho humano .................................................. . 51 b) Rasgos distintivos ......................................................................... 90
a) El Derecho divino natural y positivo ......................................... .. 51 e) Relaciones con la normativ4t precedente (ce. 1-6) ........................ 91
b) Positivación y formalización del Derecho divino ...................... . 52 5. El Código de Cánones de las Iglesias Orientales ............................... 91
e) Relaciones entre Derecho divino y Derecho humano ................ . 53
4. Actitudes de oposición al Derecho canónico ................................... . 54
a) Antijuridicismos «eclesiales» ..................................................... . 54 C. NOCIONES GENERALES
b) Antijuridicismos «estatales» ....................................................... . 56
5. Características peculiares del Derecho canónico ............................. . 56 CAPÍTULO V
6. Derecho canónico y pastoral ........................................................... .. 58 RELACIONES JURÍDICAS Y SUJETOS DE DERECHO
7. Ciencia canónica y Teología ............................................................ .. 60
l. Noción de ordenamiento canónico .................................................... 97
2. La relación jurídica y sus elementos ...... ... ... .. .... .... ........ ...... ... .... ... ... 98
B. HISTORIA DEL DERECHO CANÓNICO 3. Persona y sujeto de Derecho. Concepción positivista ....................... 99
4. La persona física en el ordenamiento canónico ................................ 101
CAPÍTULO III 5. Factores que inciden en el estatuto jurídico de la persona física ...... 102
EL DERECHO CANÓNICO HASTA EL CóDIGO DE 1917 a) Comunión eclesiástica ................................................................. 102
b) Sanciones ..... ... .... ... .... ... ...... .... .... .... .... ... ... ... .... .... ... .. .... ... .... ... .... . 102
l. Desarrollo histórico del Derecho canónico ...................................... . 65 e) Otros factores determinantes .. ... .... .... ... ........... .... ... ...... ... .... ..... ... 102
2. El primer milenio .............................................................................. . 65 6. La persona jurídica en el ordenamiento canónico ... ... ...... .... ... ... .. .... . 107
a) Las comunidades cristianas primitivas ...................................... .. 65 a) Concepto ...................................................................................... 107
b) Las primeras colecciones canónicas .......................................... .. 67 b) Corporaciones y fundaciones ...................... ........... ..................... 108
e) Desnaturalización de los textos canónicos y Reforma Gregoriana 69 e) Personas jurídicas públicas y privadas ........................................ 109
3. El Derecho canónico clásico y el Corpus Iuris Canonici ................ . 70 d) Constitución, actuación y extinción de las personas jurídicas .... 11 O
a) Factores determinantes de su nacimiento ................................... . 70 7. Sujetos sin personalidad .................................................................... 111
b) El Decreto de Graciano .............................................................. . 71
e) El Corpus Iuris Canonici ............................................................ . 73
d) El Derecho común ...................................................................... . 74 CAPÍTULO VI
4. El Derecho canónico desde el Concilio de Trento hasta el Vaticano I 76 NORMAS CANÓNICAS
5.E1Códigode1917 ............................................................................. . 78
l. La norma en el ordenamiento canónico. Noción y características
comunes ................................................ .... ......................................... 113
CAPÍTULO IV 2. La ley canónica .................................................................................. 115
EL CONCILIO VATICANO 11 Y LA NUEVA CODIFICACIÓN a) Noción de ley eclesiástica o canónica ......................................... 115
b) Autores de la ley canónica. Legisladores y leyes universales y
l. Génesis de la revisión codicia] ........................................................ .. 81 particulares. Legislación delegada .............................................. 116
2. Relevancia canónica del Concilio Vaticano 11 .................................. . 82 e) Sujeto pasivo de la ley canónica. Leyes territoriales y personales 118
a) Principios doctrinales con trascendencia canónica ...................... . 83 d) Promulgación y entrada en vigor de la ley canónica ................... 119
b) Directrices jurídicas y nuevas instituciones ................................ . 85 e) Obligación, efectos e irretroactividad de la ley canónica ........... 120
3. Legislación postconciliar y elaboración del nuevo Código latino ... . 86 f) Duda, ignorancia y error acerca de la ley .... .. ... .... .. ... .... ...... ... .... . 121
a) Primeros pasos ............................................................................ . 86 g) Interpretación y suplencia de la ley canónica .............................. 122
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EL DERECHO DE LA IGLESIA
CAPÍTULO IX
h) Cesación de la ley canónica......................................................... 124
IGUALDAD FUNDAMENTAL DE LOS FIELES
3. La costumbre canónica ...................................................................... 125
a) Noción y clases de costumbre ..................................................... 125
l. El principio de igualdad .................................................................... . 159
b) Requisitos de la costumbre canónica........................................... 125
4. Normas administrativas ..................................................................... 127 2. El estatuto jurídico fundamental de los fieles ....................... · 160
5. Estatutos y reglamentos ..................................................................... 128 3. Deberes y derechos de todos-tos fieles ............................................. . 161
6. Jerarquía normativa ........................................................................... 129 a) Comunión con la Iglesia (c. 209) .................................... . 161
b) Santidad de vida y edificación de la Iglesia (c. 210) .................. . 162
e) Apostolado (c. 211) ................................................................... . 163
CAPÍTULO VII d) Obediencia y diálogo con los Pastores (c. 212) ......................... . 164
ACTOS JURÍDICOS e) Recepción de los bienes espirituales de la Iglesia (c. 213) ········· 166
f) Rito y espiritualidad (c. 214) ...................................................... . 167
l. Los actos jurídicos. Noción, elementos y clases ............................... 131 g) Asociación y reunión (c. 215) .................................................... . 168
2. Actos jurídicos públicos y función administrativa ............................ 133 h) Iniciativas apostólicas (c. 216) ................................................... . 169
3. Los actos jurídicos de la Administración eclesiástica en el Código . 134 i) Educación cristiana (c. 217) ...................................................... .. 169
4. Actos administrativos singulares ....................................................... 134 j) Investigación y opinión en las ciencias sagradas (c. 218) .......... . 170
a) Noción de acto administrativo singular ....................................... 134 k) Elección del propio estado de vida (c. 219) ............................... . 171
b) Decretos singulares. Regulación común y preceptos singulares . 136
1) Buena fama e intimidad (c. 220) ................................................ . 171
e) Rescriptos .................................................................................... 137
m) Tutela jurídica (c. 221) .................................................... . 172
5. Contenido propio de los rescriptos .................................................... 138
a) La administración de gracias en el ámbito canónico .................. 138 n) Participación en las necesidades de la Iglesia y justicia social
b) El privilegio ................................................................................. 139 (c. 222) ........................................................................................ . 173
e) La dispensa ..... ... ... ......... .... ... .... .... ..... .. ... ...... ..... .... ..... .... ......... ... . 140 4. Regulación del ejercicio de los derechos (c. 223) ............................ . 174
6. Actos jurídicos de la autonomía privada ................. .......................... 143
7. La prescripción................................................................................... 143
CAPÍTULO X
JERARQUÍA Y DIVERSIDAD EN LA IGLESIA
PARTE 11
EL PUEBLO DE DIOS l. Principio jerárquico y principio de variedad en la constitución de la
Iglesia ....................................... ......................... ................................. 175
A. LOS FIELES CRISTIANOS 2. Los ministros sagrados o clérigos ..................................................... 176
a) Función eclesial de los ministros sagrados: consagración y mi-
CAPÍTULO VIII sión............................................................................................... 176
INCORPORACIÓN AL PuEBLO DE DIOS Y COMUNIÓN CON LA IGLESIA b) Formación de los ministros sagrados .... .... .......... ..... ..... ... .... ... .... 178
e) La incardinación .......................................................................... 180
l. El misterio de la Iglesia ..................................................................... 147 d) Estatuto juridico de los clérigos .................................................. 180
2. La Iglesia como Pueblo de Dios .. ........ ...... ............ .... .... ..... ....... ........ 149 e) Pérdida de la condición jurídica de clérigo .. ... ... ... ...... ... .... ... ... ... 183
3. Nuevo planteamiento codicia! ........................................................... 151 3. Los fieles consagrados por la profesión de los consejos evangélicos 183
4. El bautismo y la común condición de fiel ......................................... 152 4. Los fieles laicos ................................................................................. 185
5. Exigencia de la comunión plena con la Iglesia ................................. 153 a) La secularidad, índole peculiar de los laicos ............................... 185
6. La pérdida de la comunión plena y sus consecuencias .......... ........... 154
b) Secularidad y eclesialidad de la vida y misión de los laicos: la
7. La Eucaristía, centro de la comunión eclesial ................................... 155
«unidad de vida» ... .... .... ... .... ... .. ...... ... ......... .. .... ... ... .... ..... .... .... ... . 186
8. Posición peculiar de los catecúmenos y vocación de todos los hom-
e) El estatuto jurídico de los laicos .................................................. 187
bres a la Iglesia ....... .... .... .... ... ... .... .. .. ... ... ....... .. ... .. ... ......... .. .... .. ......... 156
10 11
t·:t. 1>/:'RECHO DE lA IGLESIA ÍNDICE
CAPÍTULO XIV
CAPÍTULO XII FORMAS DE ATRIBUCIÓN Y EJERCICIO DE LA POTESTAD DE RÉGIMEN
INSTITUTOS DE VIDA CONSAGRADA
Y SOCIEDADES DE VIDA APOSTÓLICA l. Formas de atribución de la potestad de régimen .... .... .... .. .. .... .. .. .... ... 227
2. La potestad ordinaria ......................................................................... 227
l. Los institutos de vida consagrada ...................................................... 201 a) Potestad propia ............................................................................ 228
a) El concepto codicia! de vida consagrada por la profesión de los b) Potestad vicaria ............................................................................ 229
consejos evangélicos ................................................................... 201 3. La potestad delegada ......................................................................... 230
b) Tipos de institutos de vida consagrada en el CIC .... ................... 202 4. Delimitación jurídica del ejercicio de la potestad de régimen: as-
e) Erección, organización jurídica y supresión de institutos .... .... ... 203 pectos principales .. ... .... .... .... ..... ..... .... ... .... ... .... .... ... .... ... ...... .... ... .... .. 231
2. Régimen jurídico de los institutos de vida consagrada: normas co- a) Ámbitos de competencia .............................................. ............... 231
munes ................................................................................................. 204 b) La distinción de funciones ........................................................... 231
a) La profesión de los consejos evangélicos ................................... 204 e) Condiciones jurídicas de ejercicio de la potestad legislativa, eje-
b) La vida fraterna .. .. .. .. .. .. .. ... .. .. .. .. ... .. .. .. .. .. .. .. .. .. .. .. .. .. .. .. .. .. .. .. .. .. .. .. .. 205 cutiva y judicial ........................................................................... 233
e) El patrimonio espiritual del instituto .. .. .. .. ..... .. .. .. .. .... .. .. .... .... .... .. 205 d) Fuero interno y fuero externo ...................................................... 234
d) El Derecho propio de los institutos de vida consagrada .. .. .... .... . 206 5. La noción canónica de Ordinario y de Ordinario del lugar ............... 236
e) El gobierno de los institutos ........................................................ 206 6. Las facultades habituales .............. ..................................................... 237
f) Admisión y formación de los miembros .... .. .. .. ... .. .... ..... .. .. .... ... .. 208 7. La suplencia de la potestad ................................................................ 237
3. Los institutos religiosos ..................................................................... 209
a) Concepto y rasgos específicos .................................. ................... 209
b) Admisión, formación e incorporación de los miembros ............. 210 C. LA ORGANIZACIÓN JERÁRQUICA DE LA IGLESIA
e) Deberes y derechos de los institutos y de sus miembros ............ 211
d) Apostolado de los institutos religiosos .. ..... .. .. .. .. .. .. .. .. .... .. .. .... ... .. 213 CAPÍTULO XV
4. Los institutos seculares .......... :........................................................... 214 LA ORGANIZACIÓN ECLESIÁSTICA
a) Concepto y rasgos específicos ...................................................... 214
b) Régimen jurídico .... .. .. .... ... .... .... .... .... .... .... .. .. ... .. .... .. . .. .. ... .. .. .. ...... 215 l. Misión de la Iglesia y actividad institucional .................................... 241
5. Las sociedades de vida apostólica .................................................... 215 a) Las funciones públicas y la organización eclesiástica .................. 241
12 13
EL DERECHO DE LA IGLESIA
b) Sentido ministerial de la función jerárquica y organización ecle- d) Comunión, complementariedad y coordinación de las circuns-
siástica ......................................................................................... . 242 cripciones eclesiásticas ................................................................ 274
e) Distribución y ordenación de las funciones públicas ................. . 243 e) Régimen jurídico de las circunscripciones eclesiásticas: equipa-
2. Oficios eclesiásticos ......................................................................... . 245 ración y analogía con la diócesis ................................................. 276
a) Concepto ..................................................................................... . 245 2. Circunscripciones territoriales de régimen ordinario ......... ............... 278
b) Tipos ........................................................................................... . 245 a) La diócesis ..................,-:,.«........................................................... 278
e) Provisión de oficios .................................................................... . 246 b) La prelatura territorial y la abadía territorial ............................... 278
d) Pérdida del oficio ........................................................................ . 247 3. Circunscripciones territoriales de misión .......................................... 280
3. Organismos colegiales ...................................................................... . 248 a) El vicariato apostólico y la prefectura apostólica .. ...................... 280
a) Concepto ..................................................................................... . 248 b) La diócesis de misión y la misión «sui iuris» .............................. 281
b) Tipos de colegios en la organización eclesiástica ...................... . 249 4. Circunscripciones de régimen especial: la administración apostóli-
4. Circunscripciones eclesiásticas ........................................................ . 250 ca establemente erigida ..... ...................... .......................................... 281
a) Concepto ..................................................................................... . 250 5. Circunscripciones personales .................. .......................................... 282
b) Estructura orgánica ..................................................................... . 251 a) El ordinariato militar ................................................................... 283
e) Tipos ........................................................................................... . 252 b) La prelatura personal ..... .... ..... ........ ........ ........ ....... ......... .... ... .... .. 285
e) Los ordinariatos latinos para fieles de rito oriental ..................... 287
CAPÍTULO XVI
ORGANIZACIÓN DE LA IGLESIA UNIVERSAL CAPÍTULO XVIII
ORGANIZACIÓN INTERNA DE LA DIÓCESIS
l. Primado, episcopado y colegialidad en el gobierno de la Iglesia ..... 255
a) La autoridad suprema. Primado y colegialidad ... ........................ 255 l. El Obispo diocesano ..... .... ... .... .. ... .. .... ... .... .... ... .... .... ... ...... ... .... ... .... .. 289
b) Episcopado y función primacial .................................................. 257 2. Los obispos coadjutores y auxiliares ... ........... .... ... ...... ..... .... .... ... .... .. 291
2. El Romano Pontífice ..................... ..................................................... 259 3. El sínodo diocesano ........................................................................... 292
a) Elección del Sucesor de Pedro .................................................... 259 4. La curia diocesana ............................................................................. 293
b) La potestad del Romano Pontífice ............................................... 260 a) Los vicarios generales y episcopales ........................................... 293
3. El Colegio episcopal .......................................................................... 261 b) El canciller y otros notarios .... .... .... ..... ... ............. .. ......... .... ... .... .. 294
a) Pertenencia al Colegio y actuación colegial ................................ 261 e) El consejo de asuntos económicos y el ecónomo ........................ 295
b) El Concilio ecuménico ...... ... .. .. ..... .. .... ..... .... .... ... .... ... .... ..... ... ..... 263 5. Principales colegios diocesanos ........................................................ 295
4. El Sínodo de obispos ......................................................................... 263 a) El consejo presbiteral ................................................... ............... 296
5. El Colegio cardenalicio ..................................................................... 265 b) El colegio de consultores ................... .......................................... 297
6. La Curia Romana .... ........................................................................... 266 e) El cabildo de canónigos ............................................................... 297
7. Los legados pontificios ...... ..... .... .. .. ...... ... ...... ....... .... .... ........ .... ....... .. 268 d) El consejo pastoral ....... ...................... .......................................... 298
6. Organización parroquial ... ... ......... .... .... ..... ... .... .... ............ .. .... ........... 299
a) La parroquia ................. ........................................................ ........ 299
CAPÍTULO XVII b) El párroco ... .... .... ... ......... ... .... .......... .......... .... ... .... .... ......... ... .... .... 300
ORGANIZACIÓN DE LA IGLESIA EN CIRCUNSCRIPCIONES ECLESIÁSTICAS e) Los vicarios parroquiales ...... ......... ....... ........ .... ... .... ............ .... .... 302
d) Otros supuestos de organización del ministerio parroquial .... ... . 302
l. Nociones preliminares .......................................................... ............. 271 e) Los consejos parroquiales............................................................ 303
a) Iglesia universal e Iglesias particulares ....................................... 271 7. El arcipreste ....................................................................................... 304
b) La categoría teológica de Iglesia particular y las circunscripcio- 8. Los rectores de iglesias ...................................................................... 304
nes eclesiásticas .. ........... .................. .... ..... .... .... ... ... .... .... ... .... ...... 272 9. Los capellanes.................................................................................... 305
e) La delimitación de las circunscripciones: territorialidad y per-
sonalidad ...................................................................................... 27'J
14 15
EL DERECHO DE LA IGLESIA ÍNDICE
16 17
EL DERECHO DE lA IGLESIA Ht:.\\JO\ ~ ÍNDICE
a) Comunicación en el culto litúrgico no sacramental .................... 367 b) Ministro del Sacrificio eucarístico .............................................. 396
b) Comunicación en los sacramentos .............................................. 367 e) La asamblea eucarística ............................................................... 397
e) La intercomunión eucarística ...................................................... 368 3. Condiciones de la celebración eucarística que atañen al ministro .... 398
10. Fe, culto cristiano y sacramentos ... ... ....... ..... .... ... .. .... .... .... ... ........ .. . 369 a) Preparación y desarrollo de la celebración .................................. 398
b) Concelebración ... ..... ...... ..... .. ..... .... .... .. ... .... .... .... ..... ......... ... .... .... 399
e) Frecuencia de la celebraci'n .. .. ... ...... .... ... .... .... .... ....... .......... .. .. .. 400
CAPÍTULO XXIV d) Intención y ofrendas dadas para la aplicación de la Misa ........... 401
EL SACRAMENTO DEL BAUTISMO e) Tiempo y lugar de la celebración ................................................ 402
4. La sagrada comunión ...... ..... ... ..... .... .... ...... ... .... .... ... ...... ........ .... .... .... 403
l. Importancia y necesidad del bautismo .............................................. 371 a) Ministro de la sagrada comunión ................................................ 403
2. El signo sacramental del bautismo .................................................... 372 b) Derecho a recibir la sagrada comunión ....................................... 404
3. Relevancia canónica del bautismo .................................................... 373 e) La primera comunión de los niños, el precepto pascual y el Viá-
4. Sujeto del bautismo ........................................................................... 374 tico ............................................................................................... 405
a) Bautismo de adultos .................................................................... 374 d) El ayuno eucarístico y la facultad de comulgar dos veces al día 407
b) Bautismo de niños ....................................................................... 376 e) La comunión bajo las dos especies.............................................. 407
5. Ministro, lugar y día del bautismo ..................................................... 379 5. Reserva y veneración de la Santísima Eucaristía .............................. 408
6. Los padrinos ..................................................................... ................. 381
7. Anotación y prueba del bautismo. El bautismo bajo condición........ 381
CAPÍTULO XXVII
LOS SACRAMENTOS DE LA CURACIÓN
CAPÍTULO XXV
EL SACRAMENTO DE LA CONFIRMACIÓN l. El sacramento de la penitencia y de la reconciliación. Estructura
fundamental y efectos .. ....... .. ..... ... ...... ...... ... ... ........ ... ....... ... ... .......... 409
l. La confirmación: signo sacramental, efectos y relevancia canónica 383 2. Sujeto del sacramento y actos del penitente ...................................... 410
a) El signo sacramental y sus elementos ......................................... 383 3. El ministro del sacramento de la penitencia...................................... 412
b) Eficacia propia del sacramento ........................... ........................ 384 a) Potestad de orden y facultad de oír confesiones ......................... 412
e) Relevancia canónica de la confirmación ..................................... 385 b) Adquisición, extensión y pérdida de la facultad para confesar ... 413
2. Sujeto de la confirmación .................................................................. 385 4. Celebración y ejercicio del ministerio de la reconciliación .............. 414
3. Obligatoriedad de la confirmación y edad oportuna para recibirla ... 386 a) Forma ordinaria de celebrar el sacramento. Actitud y deberes
a) La obligación de recibir el sacramento ........................................ 386 del confesor ..... ... ........ ......... ... ...... ... ...... .... ........... ... .... ..... ....... .... . 414
b) La edad para la confirmación ...................................................... 387 b) El supuesto excepcional de las absoluciones colectivas ............. 416
4. Ministro de la confirmación .............................................................. 388 e) Lugar y sede de la celebración .... ......... ... .... ..... ... ... ...... ....... ... .... . 418
a) El obispo ........... ........................................................................... 388 d) Deber y derecho de recibir el sacramento ................................... 419
b) Otros ministros .................................................................... ........ 389 5. El sigilo sacramental y la tutela de la santidad del sacramento ........ 420
5. Padrino, anotación y prueba de la confirmación. La confirmación 6. Las indulgencias ................................................................................ 421
bajo condición ................... ............................................... ................. 390 7. La unción de los enfermos................................................................. 423
l. La Santísima Eucaristía en el misterio de la Iglesia .. ...... .... .... .... .... .. 393 l. El sacramento del ministerio apostólico ............................................ 427
2. La celebración eucarística .... .. ... ... .... .... ... .... .. .. .. ... ... ..... ... .... .... .... .... .. 394 2. Signo sacramental y efectos del sacramento del orden ..... ................ 428
a) El signo sacramental de la Eucaristía .................................. ........ 394 3. Sujeto del sacramento del orden ........................................................ 430
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EL DERECHO DE LA IGLESIA ÍNDICE
a) Condiciones de validez ............................................................... . 430 b) La forma jurídica sustancial ... .. ........... ... .. .. ... .. ....... ... ...... .... .. .... .. 469
b) Condiciones de licitud ................................................................ . 431 e) Los matrimonios obligados a la forma canónica y la dispensa
e) Condiciones del ordenando ........................................................ . 433 de forma ....................................................................................... 471
d) Irregularidades e impedimentos para recibir o ejercer órdenes .. 436 d) Celebración en forma extraordinaria ........................................... 472
e) Requisitos previos a la ordenación, documentación y escrutinios 437 e) Anotación del matrimonio celebrado .......................................... 472
4. Ministro y celebración del sacramento del orden ............................ . 438 3. La celebración litúrgica del Illtltrimonio ........................................... 473
5. Inscripción y certificado de la ordenación recibida ........................ .. 440 4. Algunos aspectos particulares de la relación jurídica matrimonial... 473
5. Convalidación y sanación del matrimonio inválido .......................... 475
a) Convalidación simple .................................................................. 475
CAPÍTULO XXIX b) Sanación en la raíz ....................................................................... 476
EL MATRIMONIO, INSTITUCIÓN NATURAL 6. Supuestos excepcionales de disolución del matrimonio ................... 477
Y SACRAMENTO DE LA NUEVA LEY a) Disolución del matrimonio no consumado ................................. 478
b) Privilegio paulino ........................................................................ 478
l. El matrimonio, institución natural .................................................... . 441 e) Otros supuestos de disolución de matrimonio no sacramental ... 479
a) Noción ........................................................................................ .. 441 7. La separación conyugal permaneciendo el vínculo .......................... 479
b) Esencia del matrimonio ............................................................. .. 442
e) Propiedades esenciales del matrimonio ...................................... . 444
d) Fines del matrimonio .................................................................. . 446 CAPÍTULO XXXII
2. El matrimonio, sacramento de la Nueva Ley .................................. .. 449 OTROS ACTOS DEL CULTO DIVINO. LUGARES Y TIEMPOS SAGRADOS
3. El «Ius connubii» y la regulación jurídica del matrimonio .............. .. 451
l. Otros actos de culto regulados en el CIC .......................................... 481
a) Los sacramentales ........................................................................ 481
CAPÍTULO XXX b) La liturgia de las horas .. .. .. .. .. ..... .. ..... ... .... ... ..... ..... .. ...... .... ... .... .... 483
RÉGIMEN CANÓNICO DEL MATRIMONIO (I) e) Las exequias eclesiásticas .... .... .... ........... .... .. .. ... .... ..... .... .... .... ... .. 485
d) El culto de los Santos, las reliquias y las imágenes sagradas ...... 486
l. Los impedimentos matrimoniales ..................................................... 453 e) El voto y el juramento ................................................................. 488
a) Noción, establecimiento y clases ................................................. 453 2. Los lugares sagrados ............... ........................................................... 489
b) Los impedimentos en particular .... .... .. .. ... .... .. .. ..... .. .. ... .. .... .... .... . 454 a) Las iglesias ................................................................................. 489
e) La dispensa de impedimentos...................................................... 457 b) Los oratorios y las capillas privadas ............................................ 490
2. El consentimiento matrimonial ......................................................... 458 e) Los santuarios ... ..... .. ...... ..... ... .. .... .... ... .... .... ... .... ... ..... .... .... .... ... ... 490
3. Anomalías del consentimiento .......................................................... 460 d) Los altares .................................................................................... 491
a) Incapacidad consensual ............................................................... 460 3. Los tiempos sagrados ........................................................................ 491
b) Defecto de consentimiento .. ..... .. ... .... .. .. .... .. .... .... .. .. .... .... .. .. .... .. .. 462 a) Los días de fiesta ......................................................................... 492
e) Consentimiento viciado .. .... .. .... .. ..... .... .. .. ... .. .. .... .. ... .. .. .... ............ 465 b) Los días de penitencia ................................................................. 492
20 21
a DERECHO DE LA IGLESIA ÍNDICE
l') 1,os hicncs eclesiásticos ............................................................... 498 e) Conveniencia de evitar los litigios innecesarios ......................... 525
2. Adquisición de bienes por parte de la Iglesia .................................... 498 2. El proceso .......................................................................................... 526
a) Deber y derecho de los fieles a sostener económicamente la mi- 3. La organización judicial en la Iglesia................................................ 527
sión de la Iglesia .......................................................................... 499 a) El tribunal de primera instancia................................................... 528
b) Aportaciones voluntarias de los fieles ......................................... 499 b) El tribunal de segunda instancia .................................................. 529
e) Tasas y ofrendas con ocasión de sacramentos y sacramentales .. 500 e) Los tribunales de Jos instill.ltos religiosos clericales de Derecho
d) Tributos eclesiásticos ................................................................... 501 pontificio ..................................................................................... 530
e) Corresponsabilidad de las diócesis con la Sede Apostólica .. .. ... . 50 l d) Los tribunales de la Sede Apostólica .................. .......................... 530
3. Organización económica de la sustentación de los ministros sagra- 4. Las partes que intervienen en el proceso ........................................... 532
dos: reforma del sistema beneficia! y régimen vigente ..................... 502 a) Capacidad y legitimación ............................................................ 532
4. Administración de bienes eclesiásticos ............................................. 503 b) El promotor de justicia y el defensor del vínculo ........................ 533
a) Competencias del Romano Pontífice .......................................... 504 e) El patrocinio de las partes ............................................................ 533
b) Competencias del Ordinario .. .. .. .... .. .... ..... .... .. .. .... .. .... ........ .... ..... 504
e) Los administradores inmediatos .. .. ...... ..... ... .... .. .. .... .... .. .. .... .... .... 504
5. La enajenación de bienes eclesiásticos .............................................. 505 CAPÍTULO XXXVI
6. Las pías voluntades y las fundaciones pías .. .. ... .. .... .... .... .. .. .... ....... ... 506 Los PROCESOS CANÓNICOS
Y EL SISTEMA DE JUSTICIA ADMINISTRATIVA
22 23
EL DERECHO DE LA IGLESIA
24 25
EL DERECHO DE LA IGLESIA SIGLAS Y ABREVIATURAS
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PRESENTACIÓN
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EL DERECHO DE LA IGLESIA PRESENTACIÓN \"\
capacita para captar en su justo valor y sentido los eleme~tos jurídi~os, profundizar con motivación redoblada en los contenidos de este orde-
en este caso, de la vida eclesial. Esa forma mentis, en su JUSta med1da, namiento. Ello contribuirá a que esa renovación pueda tener en la vida
contribuye a superar algunos planteamientos, todavía bastante extendi- de la Iglesia el alcance que de ella se espera, pues un mejor conoci-
dos, que tienden a contraponer la ley al Evangelio, la justicia a la cari- miento del Derecho canónico -por parte tanto de los clérigos, sobre
dad, o a considerar el Derecho como un freno a la acción pastoral o un los que con frecuencia recaerán especiales responsabilidades eclesia-
obstáculo para la libertad y eficacia profética de los carismas. les, como de los fieles consag:rtldos y de los laicos- será de gran ayu-
En efecto, al estudiar esta disciplina podrá advertirse mejor que da para fomentar el justo orden del Pueblo de Dios, plasmando en su
todo el Derecho canónico, y singularmente la ley eclesiástica, tiene un vida de modo concreto y práctico las enseñanzas y directrices del Con-
profundo y genuino carácter pastoral: como el Evangelio, se dirige en cilio Vaticano II. La adecuada formación canónica de los cristianos
último término -según su modo propio, claro está- a la salvación de está llamada, así, a prestar un precioso servicio a la comunión.
las almas, que es la ley suprema de la Iglesia (cf. c. 1752). Con razón se
ha dicho, por eso, que «la ley, en la vida de la Iglesia, es algo muy san-
to. No es una forma vacía, ni un arma para tener en un puño las con-
* * *
ciencias, sino una razonable y sobrenatural ordenación, según justicia. Los anteriores motivos y circunstancias han estado presentes en la
No es un simple instrumento para mandar, sino una luz para el servicio elaboración de este libro, que pretende presentar sintéticamente los as-
de la Iglesia entera, para iluminar a todos la senda del cumplimiento del pectos más importantes del Derecho canónico, especialmente del vi-
gran mandamiento del Amor» (San Josemaría Escrivá). En la vida ecle- gente para la Iglesia latina.
sial, en efecto, la justicia no se contrapone a la caridad; y ésta, a su vez,
El Curso básico de Derecho canónico está concebido primaria-
no debe sustituir o desplazar a la justicia, sino asumirla y elevarla -in-
mente como manual sistemático para el primer Ciclo de los estudios
formándola- hacia una justicia más alta, que es la santidad.
teológicos: la distribución de la materia en Partes quiere facilitar, pre-
A la luz de ese estudio, asimismo, se entenderá mejor la necesidad cisamente, su adaptación a los contenidos de los programas correspon-
de respetar lo que prescribe la Iglesia y de poseer, al menos, un mínimo dientes en los planes de estudios. Hemos procurado, sin embargo, que
saber canónico (p. ej., a la hora de administrar los sacramentos, o de el texto resulte útil también a cualquiera que desee actualizar su cono-
solicitarlos razonablemente), para no incurrir en actitudes injustas o ar- cimiento del Derecho de la Iglesia, o adquirir una visión de conjunto
bitrarias y vivir, en cambio, la auténtica caridad pastoral y la verdadera de sus conceptos y contenidos fundamentales.
comunión eclesial.
Aunque el trabajo de redacción directa de los diversos temas se ha
Se descubrirá, en fin, hasta qué punto el Derecho canónico sirve distribuido entre los dos autores 1, se ha procedido posteriormente a una
de cauce, más que de traba, para el recto ejercicio y para la pervivencia revisión conjunta de todo el contenido, para evitar reiteraciones, homo-
de los carismas, contribuyendo a que todo lo que promueve el Espíritu geneizar el estilo y la extensión, y colmar las lagunas advertidas o eli-
se desarrolle genuina y ordenadamente para el bien común del Pueblo minar lo que parecía superfluo para el fin de estas páginas. La finalidad
de Dios. Porque al Derecho canónico en su conjunto pueden aplicarse, de formación básica que se pretende ha llevado a optar por la máxima
sin duda, estas palabras de Juan Pablo 11 al promulgar el nuevo Codex simplificación de las referencias bibliográficas, que se reducen a la
Iuris Canonici: su fin «no es el de suplantar, en la vida de la Iglesia, la mención del nombre de los autores que se citan. No obstante, al final
fe de los fieles, su gracia, sus carismas y, sobre todo, su caridad. Por el del texto se ofrece un breve elenco de comentarios al Código, manua-
contrario ( ... ) tiende más bien a generar en la sociedad eclesial un or- les y otros textos de consulta de fácil acceso, que pueden servir como
den que, dando primacía al amor, a la gracia y al carisma, facilite al lecturas complementarias. Con esta misma finalidad se incluyen tam-
tiempo su ordenado crecimiento en la vida, tanto de la sociedad ecle- bién, aunque con criterio restrictivo, algunos artículos y monografías
sial, como de todos los que a ella pertenecen» (Const. ap. Sacrae disci- sobre temas menos desarrollados en obras generales.
plinae leges).
La renovación del Derecho canónico tras el Concilio Vaticano 11,
de la que han sido hitos destacados la promulgación del nuevo Código
l. D. Cenalmor es autor de los capítulos 1-IX, Xlll, XIV y XX-XXVIII; J. Miras, de los capítu-
latino y la del Código de cánones de las Iglesias orientales, invita a los X-XII, XV-XIX y XXIX-XXXVII.
30 31
EL DERECHO DE LA IGLESIA
32
CAPÍTULO 1
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35
INTRODUCCIÓN AL DERECHO CANÓNICO EL DERECHO COMO ORDEN SOCIALJUSTO
Junto a esto, es comúnmente aceptado que la sociedad es connatu- significado más fundamental del término «derecho», del que derivan los
ral al hombre. La persona humana no es un ser solitario, sino que nece- demás.
sita, por su propia naturaleza, de la vida social, que no es para ella algo
Solo puede hablarse de justicia cuando existen cosas debidas, es
accidental (cf. GS, 25). Si el hombre prescindiera totalmente del trato
decir, cosas que están repartidas y pertenecen a distintos sujetos. Lo
con los otros y de la ayuda mutua, aparte de los problemas de supervi-
propio de la justicia es dar a ctJ.da uno -«dar» en el sentido genérico
vencia que ello comportaría, estaría incapacitado para alcanzar muchas
de entregar, distribuir, otorgar, reconocer, respetar, restituir, etc.- lo
de sus metas y objetivos característicos, y su vida no sería plenamente
que ya era suyo y estaba, de algún modo, en poder de otro. Por eso se
humana.
dice que el ius, el derecho, preexiste a la justicia.
Como ha señalado Juan Pablo 11, que el hombre sea persona «a ima-
gen y semejanza de Dios supone también un existir en relación, en refe- En cambio, dar algo a alguien para que se convierta en suyo no perte-
rencia al otro 'yo'» (Exh. Ap. Mulieris dignitatem, 15.VIII.1988, n. 7). nece a la justicia. Este «reparto primero», como lo denomina Hervada, po-
drá depender de otras virtudes (liberalidad, prudencia, etc.), pero no de la
Existe, por tanto, una doble connaturalidad: entre Derecho y socie- justicia.
dad, y entre sociedad y hombre. Lo cual nos lleva a concluir que se da El ius o «lo suyo» es un concepto polivalente, que abarca todo tipo
también una estrecha relación entre el Derecho y el propio hombre. de derechos: tanto por la pluralidad de objetos (de bienes materiales o
La fuente primaria del Derecho «está más allá del Estado y de la espirituales debidos), como porque su pertenencia al sujeto no se da
sociedad: está en nosotros mismos, en nuestra conciencia racional, en siempre del mismo modo y en la misma medida. En efecto, cualquier
la idea de la justicia, como traducción de la naturaleza humana y del derecho, además de exigir un fundamento que capacite o habilite para
orden universal de las cosas. Ahondando todavía más, podemos decir poseerlo (el más básico es la dignidad del ser humano), surge por un tí-
que el origen primero del Derecho está en Dios, supremo autor de la tulo que atribuye la cosa al sujeto, y que puede ser muy variado (un
condición humana y del orden universal, que ha impreso la noción de convenio, una ley, la propia naturaleza humana ... ). Y más variada aún
lo justo en la conciencia de los seres racionales» (Castán Tobeñas). es la medida del derecho, o el ajustamiento entre lo debido y lo dado;
pues la cuantía de la atribución está determinada por factores muy di-
versos, naturales (como la cualidad, la cantidad y el tiempo) o positi-
2. EL DERECHO Y LA JUSTICIA. REALISMO JURÍDICO vos (la voluntad en último término). Todo esto entraña una gran diver-
Y ACEPCIONES DEL TÉRMINO «DERECHO» sidad en el ius. Pero lo que unifica las múltiples formas de «lo suyo»,
la característica primaria del ius, es que implica una misma clase de
El Derecho, además de ser una realidad social y humana, está vin- deuda: una deuda de justicia.
culado esencialmente con la idea de justicia. Incluso en su etimología,
P. ej., el título que permite a alguien residir en una vivienda alquilada,
la palabra «derecho» -del latín directum («lo derecho», «lo recto»)- y a su propietario obtener a cambio una retribución, suele surgir de un
es sinónima de «lo justo», «lo jurídico», y de la correspondiente voz la- pacto y quedar formalizado en un contrato de arrendamiento. La medida
tina ius, usada en la Roma clásica, de la que derivan iustum y iustitia. del precio del alquiler depende normalmente de la duración de éste, del ta-
La relación esencial entre justicia y Derecho se explica de modo maño, situación y calidad del local...; aunque la cantidad concreta la fija
radical al considerar que ius, o derecho, antes que hacer referencia a un en realidad la voluntad de ambos sujetos en conformidad con las leyes.
conjunto de normas, designa el objeto de la justicia, virtud que consis- Ese título y medida son diferentes, sin duda, de los que explican el respeto
a la vida de un inocente, que se fundamenta de manera próxima en la dig-
te en dar a cada uno lo suyo (suum cuique tribuere ). nidad del ser humano y no admite excepciones. Sin embargo, la obliga-
«Lo suyo», «lo justo» (el to díkaion de Aristóteles), aquello que se ción de respetar esa vida, la de pagar el alquiler de aquel local, o la de que
debe en justicia a cada uno, es lo que los romanos denominaron jus o de- el propietario permita su uso según lo acordado, tienen en común una
recho, y Santo Tomás llamó la res iusta, la cosa justa o debida. Este es el cosa: el ser de estricta justicia.
36 37
INTRODUCCIÓN AL DERECHO CANÓNICO EL DERECHO COMO ORDEN SOCIAL JUSTO
Sobre la base de estas premisas del realismo jurídico clásico -el La imperatividad de las exigencias jurídicas -y en particular de
derecho como cosa; o, en sentido propio y estricto, como la cosa justa las normas-, que interpelan a la persona para mover su voluntad, es
o debida- se comprenden mejor los usos derivados del término y su otra propiedad esencial del Derecho, conectada con la exigibilidad in-
conexión con la justicia: por qué se llama Derecho (escrito habitual- herente a la justicia («lo suyo», «lo justo», es por eso mismo exigible).
mente con mayúscula) al Derecho objetivo, es decir, al conjunto de Si faltara ese carácter imperado, ya proceda de la voluntad de la autori-
normas o disposiciones que regulan la conducta intersubjetiva (el Có- dad que rige la sociedad, ya efe la propia naturaleza humana o del de-
digo de Derecho Canónico sería un ejemplo), y que no hacen sino de- signio divino, no podría hablarse realmente de Derecho.
terminar el ius, lo que se debe a cada uno; por qué se habla de «tener Aunque no sean tan esenciales, la coactividad y la certeza son dos ca-
derecho a algo» para referirse al derecho subjetivo, o a la facultad de racterísticas del Derecho, relacionadas con su imperatividad, que contribu-
exigir y emplear «lo suyo» que corresponde en justicia a un sujeto yen a la eficacia del orden jurídico. La coactividad del Derecho, o su capa-
(como sucede con el derecho de asociación); y por qué se denomina cidad de obligar al sujeto para que actúe en conformidad con lo mandado
(y que no tiene por qué basarse solo en el poder físico: vide II, 4, b ), sirve
Derecho a la ciencia que estudia y delimita el ius; de forma que ser ju- para garantizar el orden establecido; mientras que la certeza del Derecho,
rista, poseer la ciencia jurídica, implica poder discernir y precisar «lo o la posibilidad de conocer con claridad y seguridad sus dictados (p. ej.,
suyo» de cada uno: «decir el derecho» (ius dice re o iuris dictio ), con su las leyes o mandatos de la autoridad), se requiere para que cumpla en la
título y medida. práctica su función ordenadora.
Esa relación intrínseca con la justicia, por último, está presente La exterioridad caracteriza tanto al Derecho como a la justicia,
también en la significación más global de la palabra Derecho: como porque «dar a cada uno lo suyo», aun siendo un «dar» genérico, supo-
ordenamiento o conjunto de factores que estructuran jurídicamente una ne algún tipo de acto que trasciende al exterior del sujeto; y se explica
sociedad. también si se considera que el ámbito propio del Derecho es el de las
acciones humanas externas, por ser las que tienen inmediata repercu-
sión social.
3. CARACTERÍSTICAS PROPIAS DEL DERECHO
Eso no significa que el Derecho desconozca totalmente los factores
internos; pues, al ocuparse de la conducta humana, debe tener en cuenta
Hasta ahora hemos visto que el Derecho es un orden social y hu- los componentes psicológicos de la actuación personal (como sucede, p.
mano, y que está esencialmente ligado a la realización de la justicia. El ej., cuando se valora diversamente la imputabilidad de un delito, según
ser y la actuación del Derecho, en efecto, son inseparables de ese dar a haya sido cometido con dolo, culpa o miedo irresistible). No obstante,
cada uno lo suyo en que consiste la justicia; de ahí que una norma in- para poder captar tales elementos, el Derecho ha de servirse también de
justa no sea verdaderamente jurídica. hechos objetivos o indicios externos.
38 39
INTRODUCCIÓN AL DERECHO CANÓNICO EL DERECHO COMO ORDEN SOCIAL JUSTO
El Derecho, en primer lugar, armoniza: acoge y ordena armónica- 5. DINAMICIDAD Y ESTABILIDAD DEL DERECHO
mente las exigencias de justicia presentes en las relaciones interperso-
nales y en las relaciones entre los individuos, sus agrupaciones y la co- El orden logrado por el Derecho no es un orden estático, ni algo
munidad, con objeto de posibilitar la convivencia social. acabado y perfecto. Al contrario, como la vida social que ordena, supo-
Entre esas exigencias destacarán siempre, como contenidos priorita- ne un dinamismo continuo; y como la justicia que promueve y que
rios, los derechos y deberes inherentes a la dignidad y libertad de la perso- nunca se encuentra plenament~ realizada, resulta siempre perfectible.
na humana, pues no debe olvidarse que el Derecho ha de atender ante todo El Derecho constituye así, tal como se da en la historia, un proceso de
a la persona, aunque considerándola no como un sujeto aislado, sino como realización (Hervada). Por eso, el ordenamiento jurídico que no se re-
miembro de la sociedad. Por eso, el orden jurídico deberá tener también en novara constantemente, para dirigirse mejor a su fin, envejecería y per-
cuenta el bien común y los derechos y deberes de la sociedad, sobre los dería utilidad.
que se fundamenta la existencia de la autoridad encargada de asegurarlos.
Bajo este aspecto armonizador, la acción del Derecho podría compararse Ese dinamismo y su necesidad los encontramos, p. ej., en las normas
con la que desarrollan las reglas de circulación o de planificación urbana urbanísticas: la anchura de las calles y la disposición de los espacios ver-
en sus respectivos ámbitos. des o de las áreas de servicio no obedecen a criterios fijos, desconectados
de la vida y del progreso, sino que se adaptan a sus demandas reales.
La ordenación jurídica, una vez establecida, debe actuar en la vida
social para facilitar una convivencia justa. De ahí que sea función del Pero el dinamismo y la renovación que reclama el Derecho han de
Derecho proveer a las personas y grupos sociales, mediante recursos ser compatibles con el respeto al orden jurídico vigente en cada momen-
jurídicos, de instrumentos idóneos -institucionales, personales y téc- to y con la estabilidad que exige la certeza jurídica. Un Derecho que, so
nicos- que permitan instaurar el orden previsto. pretexto de su posible modificación, no se cumpliera, sería incongruente
con el rasgo esencial de su imperatividad y resultaría ineficaz.
Volviendo al ejemplo de la circulación, esta función se correspon-
dería con la creación de instituciones y cargos, y con la administración Además, nunca deberá perderse de vista que el Derecho no es solo
de otros medios (vías, señales, etc.), destinados a facilitar el tráfico. creatividad del hombre; es también, en buena medida -como recuerdan
Hervada y Lombardía-, un orden dado (Derecho divino). Cualquier or-
Finalmente, el Derecho debe garantizar la armonía social que pro- denación jurídica que diseñe el hombre ha de basarse en ese orden peren-
mueve, defendiendo el orden social previamente diseñado e instaura- ne, establecido por Dios, que forma parte de la naturaleza humana como
do, y recomponiendo o afirmando los bienes sociales que hubieran regla de Derecho (Derecho natural); lo cual comporta su reconocimiento y
sido dañados o desconocidos. salvaguarda, y el esfuerzo del Derecho humano por concretar histórica-
mente sus exigencias (vide 11, 3).
Dentro del ejemplo anterior, encajarían en esta actividad las multas y
otras sanciones, así como los diversos procedimientos administrativos y
judiciales relacionados con la circulación.
6. DERECHO Y MORAL
A partir de estos tres cometidos del Derecho, de armonizar, pro-
veer y garantizar, pueden explicarse, respectivamente, la actividad nor- El orden jurídico no debe confundirse con el orden moral. «Mien-
mativa, ejecutiva y judicial que desarrollan los poderes públicos; aun- tras el orden moral es orden de la persona, el Derecho es orden de la
que cada una de esas actividades realice en cierto modo las demás comunidad» (del Portillo). La Moral está encaminada a orientar la con-
funciones del Derecho. Y no es difícil extraer consecuencias acerca de ducta del hombre y a procurar su virtud; el Derecho, a lograr un orden
los efectos que implicará el decaimiento de la actividad jurídica en una social justo.
sociedad: desorden, ineficacia, y proliferación de abusos o situaciones Así, en lo relativo a la recaudación de impuestos, el jurista se ocupa
injustas. En efecto, «el auténtico Derecho nunca ahoga la libertad, sino primordialmente de que los ciudadanos paguen lo que a cada uno le co-
que es su más firme garantía» (Fornés). rresponde en justicia; en tanto que al moralista le interesa en primer lugar
40 41
INTRODUCCIÓN AL DERECHO CANÓNICO EL DERECHO COMO ORDEN SOCIAL JUSTO
que el comportamiento de los individuos sea virtuoso, y consiguientemen- que estableciera en cada momento la autoridad. Una autoridad que, en
te justo. los países democráticos, podría invocar quizá la voluntad de la mayo-
ría para justificar sus normas (como ha sucedido cuando se ha legaliza-
Pese a la diferencia apuntada, existe una gran relación entre el or- do el aborto o la eutanasia); pero que acabaría menospreciando así la
den jurídico y el orden moral. A fin de cuentas, el hombre es célula y dignidad y derechos inherentes a la persona humana.
fundamento de la sociedad, y su bien personal está ligado al bien de la "1:
comunidad: ambos se influyen mutuamente; de ahí que el orden de la Esto puede hacer, además, que muchos ciudadanos lleguen a desesti-
mar la autoridad humana y la ley; cuando éstas, como el Derecho, son ne-
persona sea inseparable del orden de la comunidad. cesarias en toda sociedad, y están destinadas a proveer y garantizar el bien
Aspirar a una sociedad justa sin promover la virtud individual es una común y el de cada persona.
utopía; mientras que todo lo dirigido a que en la sociedad exista un orden
recto, además de conducir a un mejor desarrollo humano, facilita el ejerci-
cio de la justicia y la práctica del bien.
7. POSITIVISMO JURÍDICO
EL DERECHO EN LA IGLESIA
4.5
INTRODUCCIÓN AL DERECHO CANÓNICO EL DERECHO EN LA IGLESIA
Dios. Cristo el Señor, al llevar a cabo el designio de Dios de santificar Si en la Iglesia todo fuera de todos o nada fuera de nadie, el Dere-
y salvar a los hombres no individualmente y aislados, sin conexión en- cho canónico no tendría objeto. Sin embargo -como advierte Herva-
tre sí, sino haciendo de ellos un pueblo (cf. LG, 9), quiso edificar «SU da-, es evidente que en ella hay cosas que están repartidas, que per-
Iglesia santa en la tierra, comunidad de fe, esperanza y amor, como un tenecen a distintos sujetos y se les deben en estricta justicia. Hay
organismo visible» (LG, 8). De manera que el Cuerpo místico de Cris- deberes y derechos de los fieles, diversidad de miembros y de funcio-
to y la sociedad dotada de órganos jerárquicos «no han de considerar- nes, de ministerios y oficios; 1\áy atribución de jurisdicciones, de bie-
se dos realidades distintas, sino que forman más bien una realidad nes materiales ... Y todo ello -que se debe en buena medida al propio
compleja, en la que están unidos el elemento humano y el divino» (LG, ser de la Iglesia, y no solo a motivos prácticos- supone verdaderas re-
8). Pues bien, esto supone ya la existencia de un ordenamiento: porque laciones jurídicas que corresponde contemplar al Derecho.
la institución divina de la Jerarquía y los poderes a ella confiados com- P. ej., si un ente eclesiástico alquila un local a otro, parece obvio que
portan una serie de relaciones jurídicas, con los correspondientes debe- éste le deba el pago del alquiler en sentido propio y estricto. Del mismo
res y derechos (como los que entraña el ministerio de los Pastores), que modo que, si corresponde en justicia al Obispo diocesano nombrar a su
reclaman una adecuada regulación; y porque el propio hecho de que la Vicario general, ninguna otra persona u organismo de la diócesis debe (ni
única Iglesia de Cristo esté «constituida y ordenada en este mundo puede) arrogarse esa competencia. Y así podrían alargarse los ejemplos de
como sociedad» (LG, 8) exige necesariamente una ordenación jurídica, cosas que están repartidas en la Iglesia -unas por disposición humana, y
pues cualquier sociedad lleva consigo un Derecho (vide 1, 1). otras (las más fundamentales) por disposición divina-, que el Derecho
canónico y el canonista, cumpliendo cada uno con su papel, se encargan
Que la Iglesia en la tierra reúne desde sus orígenes todos los elemen- de decir de quiénes son.
tos esenciales para constituir una sociedad (según la descripción de esos
elementos ofrecida, p. ej., en CCE, 1880-1881 ), queda ya de manifiesto en
las fuentes de la Revelación, donde puede comprobarse que el nuevo Pue- e) Palabra, sacramentos y carismas en la fundamentación
blo de Dios: a) se presenta como una comunidad de personas bien diferen- del Derecho canónico
ciada; b) está dotado por Cristo de una estructura concreta; e) participa de
la propia misión de Cristo, por la que tiende hacia unos objetivos específi- Entre las relaciones de justicia que existen en la comunidad ecle-
cos; d) tiene una autoridad (jerárquica) instituida por el Señor para dirigir- sial, se encuentran sin duda aquellas cuya temática es más próxima a la
de los ordenamientos civiles, como las relativas a la propiedad de los
lo y lograr que todos sus miembros, «libre y ordenadamente, alcancen la
lugares de culto o a la retribución de quienes dedican su entera activi-
salvación» (LG, 18), es decir, el bien común último de la Iglesia; y e) está
dad a tareas eclesiásticas. Pero también se dan elementos jurídicos en
llamado a perdurar en el tiempo, más aún, «hasta la consumación de los
aquellas realidades que, por su íntima relación con la economía salvífi-
siglos» (cf. Mt 18, 20).
ca, forman parte del núcleo más esencial y original de la Iglesia. Con-
creta!llente, en factores tan específicamente eclesiales como la palabra
b) Fundamentación jurídico-realista de Dws, los sacramentos y los carismas, existe una dimensión de justi-
cia; y una dimensión tan importante que, así como la Iglesia crece y se
Pero la argumentación anterior, aun siendo perfectamente válida, estructura mediante dichos factores, sobre esa dimensión jurídica está
no alcanza a explicar algunos contenidos y exigencias de justicia ca- enraizado y edificado todo el ordenamiento canónico.
racterísticos de la comunidad eclesial. De ahí el empeño de ciertos au- La Palabra, en efecto, es imprescindible para que los hombres se
tores por desarrollar una fundamentación del Derecho canónico toda- acerquen a la fe de la Iglesia -fides ex auditu (Rm 1O, 17)- y, una
vía más radical, que muestra hasta qué punto la dimensión de justicia vez en ella, se dispongan a seguir más perfectamente al Señor. Cristo
es inherente al mysterium Ecclesiae. confió el depósito sagrado de su Palabra a la Iglesia, y a través de la mi-
sión otorgada a Pedro y a los demás Apóstoles, para que la desempeña-
En esta exposición partiremos del planteamiento de Hervada, que ran luego sus sucesores, instituyó el oficio del Magisterio, con el fin de
permite enlazar el realismo jurídico clásico (vide I, 2), aplicado al ordena- garantizar su custodia y exposición. Todo ello implica unos deberes y
miento de la Iglesia, con razones más eclesiológicas. derechos entre los fieles y sus Pastores. Pero además, la Palabra misma
46 47
INTRODUCCIÓN AL DERECHO CANÓNICO EL DERECHO EN LA IGLESIA
tiene un carácter jurídico, pues es un bien que no solo posee las notas Estas exigencias -como explica Hervada- se relacionan con la vir-
de exterioridad y alteridad típicas de la justicia, sino también -como tualidad ex opere operato de los sacramentos, cuya eficacia se funda en
hizo notar Morsdorf- su exigibilidad. los méritos de Cristo, y no en los del ministro, ni en los del sujeto. Por eso,
aunque no exista ante Dios derecho alguno a los sacramentos -porque es
La exterioridad y alteridad son propias de la palabra en general y no Dios y porque son dones-, si el sujeto está debidamente dispuesto, los
precisan demostración; por eso Morsdorf se preocupó de explicar solo la
pide oportunamente y no se ltJ impide el Derecho (cf. c. 843 § 1), el minis-
exigibilidad, que se desprende ,de la obediencia que Cristo pide a su Pala-
bra, y del poder conferido por El a los Apóstoles para enseñarla con su au- tro -que ha sido constituido en favor de los hombres, en favor de los fie-
toridad y en su nombre. les (cf. Hb 5, 1)- tiene el deber de conferírselos (teniendo en cuenta que
no hay un derecho a recibir el orden: vide XXVIII, 3, b). De ahí que LG,
La palabra de Dios tiene así una fundamental dimensión normati- 37 afirme el derecho de todos los fieles «a recibir abundantemente de los
va y jurídica: es vinculante para los fieles (de modo máximo, cuando sagrados Pastores los auxilios de los bienes espirituales de la Iglesia, prin-
se trata de verdades de fe divina y católica), hace surgir deberes y dere- cipalmente la palabra de Dios y los sacramentos» (cf. c. 21 3).
chos, reclama determinados oficios y, en general, una adecuada estruc-
turación de la Iglesia para conservarla y anunciarla fielmente. Y en tercer lugar, porque los sacramentos producen ex opere ope-
rato, y en unidad de acción, efectos ontológicos y jurídicos, como es
Esto permite entender muchos elementos del Derecho canónico: el
asentimiento que han de prestar los fieles a las enseñanzas del Magisterio fácil de advertir en el caso del bautismo y del orden, que tienen un pa-
auténtico; el derecho de los fieles a recibir una educación cristiana y el pel primordial en el crecimiento y estructuración de la Iglesia y consti-
conjunto de sus implicaciones (deberes y derechos de los padres, de los tuyen un título de actividad para los fieles.
Pastores ... ); el deber y el derecho al apostolado personal, etc. «Todos los sacramentos -señala Hervada- contribuyen a la exis-
tencia del Derecho de la Iglesia( ... ). Pero todos ellos dependen del bautis-
Los sacramentos son también medios por los que la Iglesia crece y
mo, que es la puerta de los demás, y del orden, que es el sacramento de la
se estructura según el designio de su Fundador. Y, al decir de Morsdorf,
jerarquía eclesiástica. Gracias al bautismo hay miembros del Pueblo de
tanto en ellos como en la Palabra se sitúa el fundamento eclesiológico
Dios, llamados a la vida sacramental; y gracias al orden, el Pueblo de Dios
del Derecho canónico y de su juridicidad. La trascendencia jurídica de
está jerárquicamente estructurado». Las obligaciones y derechos de los
los sacramentos se explica:
fieles derivadas del bautismo (ce. 208-223), así como las funciones minis-
Primero, por su propia índole, pues al ser «signos eficaces de la teriales a que destina el orden, dan idea de las importantes situaciones ju-
gracia, instituidos por Cristo y confiados a la Iglesia, por los cuales nos rídicas que se fundan en estos dos sacramentos; aunque el papel central en
es dispensada la vida divina» (CCE, 1131 ), poseen no solo las caracte- la edificación de la Iglesia corresponde a la Eucaristía, hacía la que se or-
rísticas de exterioridad (son signos sensibles) y alteridad (suponen la denan todos los sacramentos y obras de apostolado, y por la que la Iglesia
existencia de un ministro y un sujeto), sino también de exigibilidad (han vive y crece continuamente (vide XXVI, 1).
de celebrarse respetando siempre la norma dada para ellos por Cristo,
así como las legítimas disposiciones de la autoridad eclesiástica). Los carismas, es decir, las «gracias del Espíritu Santo, que tienen
De lo contrario, ¿en qué quedaría la objetividad del signo?; ¿cómo se sa- directa o indirectamente una utilidad eclesial» (CCE, 799), tienen asi-
bría que son los sacramentos de Cristo si no tuvieran unos elementos caracte- mismo una dimensión jurídica. Los verdaderos carismas -en expre-
rísticos que permiten reconocerlos? sión de Lombardía- son también títulos de actividad para los fieles,
recibidos del mismo Señor y, por tanto, fundados en el Derecho divino.
En segundo término porque, al haber sido instituidos en beneficio
de los fieles (o del hombre, si se trata del bautismo), y no ser propiedad Los carismas auténticos, discernidos como tales por la Jerarquía -a la
de los correspondientes ministros, que en relación con ellos han de ac- que compete proveer para que cooperen al bien común (cf. CCE,
tuar como fieles y prudentes administradores (cf. 1 Co 4, 1-2; Mt 24, 801 )-, pueden engendrar deberes y derechos; y no pocas veces dan
45), su dispensación comporta exigencias de justicia: deberes y dere- lugar a nuevas instituciones, que contribuyen al desarrollo de la misión
chos. salvífica de la Iglesia.
48 41)
INTRODUCCIÓN AL DERtTHO CANÓNICO \' EL DERECHO EN LA IGLESIA
d) Fundamentación en la Iglesia como comunión sus elementos visibles (externos), que por estar ordenados de un modo
y como sacramento determinado (generando relaciones armónicas entre los fieles, en las
que se aprecian la igualdad y la alteridad de lo jurídico), y haber sido
Vista la relevancia eclesial y jurídica de la palabra de Dios, los sa- establecidos fundamentalmente por Cristo (en lo que radica su exigibi-
cramentos y los carismas, todavía podrían aducirse otras vías para de- lidad), comportan una dimensión de justicia.
--~
mostrar que el misterio de la Iglesia incluye una dimensión de justicia, A todo ello -a la analogía sacramental de la Iglesia y a su dimensión
como las que parten del Pueblo de Dios como misterio de comunión, y jurídica- alude implícitamente el Concilio cuando señala: «En efecto, así
de la índole sacramental de la Iglesia; concepciones eclesiológicas en- como la naturaleza humana asumida está al servicio del Verbo divino
tre las que se da una estrecha relación. como órgano vivo de salvación que le está indisolublemente unido, de la
«El concepto de comunión (koinonía), puesto ya de relieve en los misma manera el organismo social de la Iglesia está al servicio del Espíri-
textos del Concilio Vaticano II, es muy adecuado para expresar el nú- tu de Cristo, que le da vida para que el cuerpo crezca» (LG, 8).
cleo profundo del Misterio de la Iglesia» (CN, 1). Aplicado a la comu-
nión eclesial, este concepto comprende a la vez dos aspectos: la comu-
nión invisible, que une a cada hombre con Dios y con los demás 3. DERECHO DIVINO Y DERECHO HUMANO
hombres mediante bienes de índole espiritual; y, en relación íntima
con ella, la comunión visible en la profesión de fe, en los sacramentos Una de las enseñanzas más básicas de la eclesiología del Vaticano
y en el orden jerárquico (vide VIII, 5), «dones divinos» por los que II, relacionada con la semejanza entre la Iglesia y el misterio del Verbo
«Cristo ejerce en la historia de diversos modos su función profética, encarnado, es que «la sociedad dotada de órganos jerárquicos y el
sacerdotal y real para la salvación de los hombres» (CN, 4), y en los Cuerpo místico de Cristo, el grupo visible y la comunidad espiritual, la
que se da una dimensión de justicia. Estos tres vínculos, en efecto, al Iglesia de la tierra y la Iglesia enriquecida de bienes del cielo, no han
unir visibl~mente a los fieles, suponen la alteridad y la exterioridad, y de considerarse dos realidades distintas, sino que forman más bien una
por requenrse para la plena comunión, son también exigibles. La tota- realidad compleja, en la que están unidos el elemento humano y el di-
lidad del Derecho de la Iglesia podría explicarse a partir de dicha di- vino» (LG, 8). Este doble componente de la Iglesia, divino y humano,
mensión, y como un instrumento al servicio de la communio: desde las distinguible y al mismo tiempo inseparable, existe también en su orden
normas canónicas, dirigidas siempre a promover y garantizar la comu- jurídico, en el que se integran el Derecho divino y el Derecho humano.
nión en la Iglesia, hasta cualquier otro elemento o actividad del orde-
namiento.
a) El Derecho divino natural y positivo
Corecco y Rouco Varela, al profundizar en la fundamentación del De-
recho canónico en la Palabra y los sacramentos, destacaron ya el principio El Derecho canónico objetivo no es un sistema de normas cuyo
de la communio ecclesiastica, así como el criterio de la sucesión apostóli- único título de validez radique en la voluntad de los legisladores ecle-
ca, por los que se asegura que la Palabra que se proclama y el sacramento siásticos. Por el contrario, sus prescripciones, al igual que todo el orde-
que se celebra son los del mismo Cristo. namiento canónico, se apoyan en una base de índole superior: el Dere-
cho divino, es decir, el conjunto de factores jurídicos que tienen a Dios
En cuanto a la consideración de la Iglesia como sacramento de sal-
por autor, y al que están subordinados los elementos de Derecho canó-
vación, es -significativamente- la primera que utiliza el Vaticano II
nico humano; y dentro del cual cabe diferenciar el Derecho (divino)
para referirse al misterio de la Iglesia, que «es en Cristo como un sa-
natural y el Derecho divino positivo.
cramento o signo e instrumento de la unión íntima con Dios y de la
unidad de todo el género humano» (LG, 1); y tiene además la ventaja . El Derecho ~atural es aquella parte de la Ley natural, escrita por
de subrayar que la conexión entre los aspectos invisibles y visibles de Dws en el corazon del hombre (cf. Rm 2, 15), que se refiere a las rela-
la Iglesia, constitutiva de la noción de sacramento, caracteriza también ciones de justicia; o, con una definición más precisa: el conjunto de
a la comunión eclesial (cf. CN, 4). La Iglesia en la tierra, en analogía factores jurídicos inherentes a la naturaleza humana que operan en el
con los siete sacramentos, transmite los bienes del cielo sirviéndose de orden natural.
50 SI
INTRODUCCIÓN AL 0/o'/W( ·¡U 1 ( 'ANl IN/( ·r 1 EL DERECHO EN LA IGLESIA
Dichos factores, como la Ley natural de la que forman parte, son esen- por el pecado. También es cognoscible a través de la divina Revelación,
cialmente universales, inmutables e indispensahles: afectan a cualquier de la que la humanidad caída necesitaba para poder alcanzar un conoci-
hombre, son tan estables como su naturaleza y no pueden ser dispensados miento seguro y completo de sus exigencias (he aquí otra de las razones
por la autoridad humana; y en ellos se sitúa el fundamento de aquellas face- por las que el Magisterio eclesiástico se considera intérprete auténtico
tas que el Derecho canónico tiene en común con los ordenamientos jurídi- de todo el Derecho divino). Por su parte, el Derecho divino positivo es
cos estatales. Por cuanto el Derecho natural opera en el ordl'n natural, su cognoscible solo por medio de la Revelación, cuyas fuentes (Sagrada
marco de aplicación primordial es el de las socil'dades ll'rnporales. Pero Escritura y Tradición, tal como son custodiadas y expuestas por el Ma-
esto no significa que sea ajeno al Pueblo de Dios; pues, en virtud del princi-
gisterio) lo manifiestan de un modo más o menos explícito. Pero el De-
pio teológico de que la gracia no destruye la naturaleza, sino que la perfec-
recho divino, natural y positivo, se encuentra originariamente bajo for-
ciona, sus principios y exigencias -respetando lo específicamente ecle-
sial- se hallan también integrados en el orden salvífico. El Derecho natural mas'ajenas a la cultura jurídica (cuando se habla de Ley natural o de
da razón, p. ej., del principio de socialidad como base antropológica de la Ley divina, no se usa el término ley en sentido técnico formal); de ahí
existencia del Pueblo de Dios; y de una serie de derechos y deberes, válidos que, para tener completa eficacia, precise ser aplicado mediante las téc-
también en la Iglesia, cuya observancia puede urgir ésta si lo considera nicas propias del Derecho: ser integrado en el ordenamiento.
oportuno (cf., p. ej., c. 220; vide IX, 3, 1). Además, su relación con el orden El modo en que se realiza esto ha sido explicado por Hervada me-
salvífica explica que el Derecho natural-y en general la Ley natural- sea diante un doble proceso de positivación y formalización. Partiendo de
uno de los objetos propios del Magisterio eclesiástico (cf. c. 747 § 2). la idea del Derecho como una realidad eminentemente histórica, este
autor comienza señalando que el Derecho divino, una vez promulgado
En la Iglesia, sin embargo, por Derecho divino se entiende primor- (el Derecho natural a través de la propia naturaleza humana, y el Dere-
dialmente el Derecho divino positivo, promulgado mediante la Revela- cho divino positivo mediante la Revelación), existe ya en la historia y
ción, y que no deriva de la naturaleza humana, sino de la elevación d~l puede calificarse de verdadero Derecho. Pero esto no significa que ten-
hombre al orden sobrenatural. El Derecho divino positivo puede defi- ga plena vigencia. Para ello, es necesario primero que se tome concien-
nirse como la dimensión de justicia del designio de Cristo acerca de su cia de sus contenidos concretos (positivación); y luego, que se integre
Iglesia; e incluye el conjunto de normas, principios d~ orden y de~~s formalmente en el ordenamiento: en sus normas y estructuras (formali-
elementos jurídicos que son inherentes al Pueblo de Dws y a la partiCI- zación); solo entonces adquiere completa eficacia jurídica.
pación del hombre en la vida divina. Es éste el núcleo fundamental de
lo específico del ordenamiento canónico; pues las características, fina- La positivación del Derecho divino positivo se realiza a través del
lidad y medios que Cristo confirió a su Iglesia,_ad~má~ de se~ realida- Magisterio, la Liturgia, la doctrina teológica o canónica, el sensus fide-
des inmutables de las que ésta no puede prescmd1r, diferencian neta- lium, etc. Este proceso, como el de su formalización, tiene lugar en el
mente su Derecho de otros ordenamientos. tiempo, y no pone en duda la validez permanente del Derecho divino.
Aunque, como ocurre con las verdades dogmáticas -cuyo conocimiento
De Derecho divino positivo son factores como: el principio de igual- es susceptible de progreso-, a medida que se conoce y formula mejor,
dad y el principio jerárquico; la institución del Primado petrino y el Cole- pueden tutelarse más fielmente sus exigencias.
gio de los Apóstoles, para desempeñar la misión pastoral suprema en la
Iglesia, que permanece en el Romano Pontífice y el Colegio Episcopal; las
importantes consecuencias jurídicas que dimanan de la institución por e) Relaciones entre Derecho divino y Derecho humano
Cristo de los sacramentos, incluido el lugar central de la Eucaristía; las
exigencias que comportan la llamada universal a la santidad y la misión de El Derecho divino constituye el núcleo fundamental del Derecho
la Iglesia; etc. canónico en un doble sentido: desde un punto de vista positivo, porque
las soluciones canónicas de Derecho humano deben apoyarse en el De-
b) Positivación y formalización del Derecho divino recho divino; y desde un punto de vista negativo, porque el Derecho
meramente eclesiástico carecería en absoluto de valor si se opusiera a
El Derecho natural es accesible a la sola razón, aunque no sin ries- él. Pero el Derecho divino no forma en la Iglesia un ordenamiento dis-
go de error, como consecuencia de las heridas causadas en el hombre tinto del humano; ambos constituyen un orden jurídico único e insepa-
52 53
INTRODUCCIÓN AL DERECHO CAN(JN/('(J EL DERECHO EN LA IGLESIA
rabie, con aspectos divinos y humanos, y en el que los aspectos huma- Dios, el Reino celeste y del Espíritu, no puede aceptar ningún poder huma-
nos han de ser expresión del esfuerzo por interpretar y desarrollar his- no fundado sobre principios externos y formales como los que supone el
tóricamente el designio de Cristo al fundar su Iglesia. Derecho. La Iglesia sería fundamentalmente espiritual e interior; el Dere-
cho, eminentemente temporal y mundano. La Iglesia, por tanto, se opondría
Aunque el Derecho divino indique aquello que es justo o injusto en en su misma esencia al Derecho. Este planteamiento fue refutado por
sus trazos fundamentales, no resuelve directa y explícitamente todos los Mórsdorf, que hizo notar, a Pf111ir de las nociones de Palabra y sacramento,
problemas concretos. Compete por eso al Derecho humano. además del que la dimensión jurídica es esencial al ser de la Iglesia (vide supra: 2, e).
empeño por formular cada vez mejor sus contenidos, la larca de aplicarlos
a las circunstancias particulares de lugar y de tiempo. Un ejemplo de esto En pus manifestaciones más recientes, la oposición eclesial al ca-
es el modo de organizarse la Iglesia a lo largo de los siglos, sobre las bases rácter jurídico del ordenamiento canónico ha estado motivada, ya sea
permanentes del Derecho divino y según las necesidades del momento. por considerar el Derecho como una imposición unilateral de la Jerar-
quía que conculca la libertad cristiana, ya por aplicar a la Iglesia los
principios de la dialéctica hegeliana o las ideas marxistas sobre la lu-
4. ACTITUDES DE OPOSICIÓN AL DERECHO CANÓNICO cha de clases.
Un ejemplo de estos antijuridicismos eclesiales contemporáneos es el
Los argumentos expuestos hasta ahora, para fundamentar el Dere- representado por ciertas Teologías de la liberación, que han puesto polé-
cho canónico y resaltar el origen divino de su núcleo más básico, han micamente en conflicto una «Iglesia institucional o jurídica» y una «Igle-
sido desarrollados por la doctrina, en buena medida, para explicar la sia profética»: la de la acción carismática de los fieles.
constante defensa por parte del Magisterio de la dimensión jurídica de
la Iglesia, ante ciertas posturas que la rechazaban. Esas posturas pue- Pero los antijuridicismos predominantes en el ámbito católico han
den sintetizarse en dos grandes grupos: Jos denominados antijuridicis- sido los caracterizados, más que por un rechazo riguroso y explícito
mos «eclesiales», surgidos dentro del ámbito cristiano, que, partiendo del Derecho canónico, por una intolerancia o total indiferencia ante los
de motivos religiosos, han tendido a contraponer Iglesia y Derecho; y aspectos jurídicos de la vida eclesial, estimados como algo perjudicial,
los antijuridicismos «estatales», que, apoyándose en supuestas razones o al menos inútil, para la libertad y la vida según el Espíritu. Estas pos-
técnico-jurídicas, han tendido a considerar el Derecho como algo pro- turas -a las que puede asociarse el llamado pastoralismo (vide infra:
pio del Estado, y a negar a veces el carácter jurídico del ordenamiento 6)- han surgido a veces como reacción frente a los excesos del forma-
canónico. lismo eclesiástico, y especialmente deljuridicismo, verdadera patolo-
gía del Derecho que presta más atención al cauce jurídico formal que a
la realidad vital que intenta encauzar. Sin embargo, estos antijuridicis-
a) Antijuridicismos «eclesiales» mos prácticos no dejan de suponer una notable incomprensión de la
naturaleza y del papel del Derecho en la vida eclesial, que no existe
A lo largo de su historia bimilenaria, el Derecho de la Iglesia ha para estorbar los verdaderos carismas y la libertad del fiel, sino como
sido rechazado por determinados sectores cristianos: gnósticos, monta- instrumento para facilitar y garantizar su recto ejercicio; y algunos de
nistas y docetas de la antigüedad; cátaros, valdenses, albigenses y otros ellos no es infrecuente que trasluzcan, en el fondo, una concepción es-
espiritualismos del medievo; protestantes, modernistas ... Todos ellos piritualista de la Iglesia.
han coincidido en una visión del cristianismo tan absolutizadora de lo
espiritual y carismático, que acababa por juzgar el Derecho canónico La doctrina católica ha corregido desde antiguo los diversos espiritua-
como un elemento espurio introducido en la Iglesia por el hombre. lismos, por no corresponderse con la realidad de la Iglesia, ni con la ima-
gen que ella tiene de sí misma. El Concilio Vaticano 11, al poner de mani-
Es célebre el gesto de Martín Lutero de quemar, junto con la Bula de fiesto la íntima unión entre los elementos visibles e invisibles de la Iglesia
excomunión, buena parte del Corpus luris Canonici. Pero un exponente to- (cf. LG, 8), ha salido al paso, una vez más, de los intentos de separarlos y
davía más radical de estas posturas lo encontramos, en el plano doctrinal, contraponerlos. Por otro lado, la propia imagen de Pueblo de Dios, usada
en las formulaciones presentadas a finales del siglo XIX por el jurista ale- por el Concilio, indica que se ha querido llamar la atención sobre la dimen-
mán Rudolf Sohm. Según Sohm, siendo la Iglesia el Reino de Cristo, de sión histórica, social y humana inherente a la realidad eclesial.
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INTRODUCCIÓN AL DERECHO CANÓNICO EL DERECHO EN LA IGLESIA 1\T'.'
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EL DERECHO EN LA IGLESIA
INTRODUCCIÓN AL DERECHO CANÓNICO
Plenitud. El Derecho canónico tiene, en su propio ámbito, plenitud fieles tienen su cometido, la acción pastoral sería una de las labores
de competencia (no hay ninguna materia o situación jurídica relativa al esenciales.
fin de la Iglesia que supere su capacidad reguladora) y plenitud de so- Algunas veces se ha dicho que el Derecho canónico coarta el mi-
beranía (no depende de un ordenamiento superior). nisterio de la evangelización y la acción pastoral. Pero estas opiniones,
al margen de la buena fe de quienes las defienden, denotan un desco-
Esto puede explicarse por la catolicidad de la Iglesia, uno de cuyos as- nocimiento del sentido del Defecho en la Iglesia. El Derecho canónico
pectos es la presencia de Cristo en su Cuerpo místico, que le hace recibir de
y la pastoral no están en conflicto, sino todo lo contrario; y ello por va-
Él la plenitud de Jos medios de salvación (cf. CCE, 830).
rias razones:
Elasticidad. El ordenamiento canónico posee una gran adaptabili- Porque el Derecho canónico es esencialmente pastoral (vide supra:
dad a las más diversas circunstancias personales, de lugar y de tiempo; 5). Dar leyes es un aspecto de la acción pastoral, lo mismo que proveer
así lo ponen de manifiesto instituciones tan típicas como la dispensa, el y garantizar que se cumpla el Derecho; son funciones que, como la
privilegio, la equidad canónica o la costumbre. pastoral misma, tienen por fin la edificación de la Iglesia.
Esa flexibilidad se justifica, en buena parte, por la catolicidad de la Si un Pastor dejara de lado el Derecho en el ejercicio de su ministerio,
Iglesia, que comporta una gran variedad de circunstancias que deben con- olvidaría además un importante presupuesto teológico: que cualquier fun-
siderarse. Pero se relaciona también con su santidad, puesto que todas las ción en la Iglesia (y la función ministerial de un modo peculiar) entraña
obras eclesiales (incluida la acción del Derecho) se dirigen a conseguir la una participación en los tria munera Christi, cuya unidad orgánica -radi-
santificación de cada uno de los hombres en Cristo y la glorificación de cada en la unidad de la Persona y misión del Verbo encarnado- exige
Dios (cf. CCE, 824). ejercer cada una de esas tres funciones (el munus propheticum, sacerdota-
le et regale) sin excluir las otras dos. ''Es lo que sucedería, p. ej. -señala
Pastoralidad. El Derecho canónico, al igual que la Iglesia, persi- Herranz-, si un Obispo fuese un óptimo predicador y maestro, un dili-
gue efectivamente la salus animarum, que es la ley suprema de la Igle- gente custodio y ministro de los Sacramentos, pero, al mismo tiempo, no
sia (cf. c. 1752): cualquier norma o institución eclesial está orientada conociese suficientemente las leyes de la Iglesia, o bien no las hiciese res-
hacia esta finalidad en último término. petar y aplicar debidamente».
La pastoralidad, que es intrínseca a toda norma eclesiástica -como Y también porque la dimensión de justicia es connatural al Pueblo
señaló Juan Pablo II en uno de sus discursos a la Rota Romana (18.1. de Dios (vide supra: 1 y 2), y ha de respetarse si efectivamente se quie-
1990)-, puede incluirse, así, entre las notas peculiares del ordenamiento re hacer Iglesia.
canónico. Algunas de sus manifestaciones son, p. ej., la concesión de facul-
tades especiales y de dispensas en peligro de muerte, la posibilidad de que Para vivir la caridad pastoral, Jos ministros sagrados deben comenzar
la potestad eclesiástica se ejerza solo en el fuero interno (cuando sea inne- por ser justos, por evitar el desorden y la arbitrariedad; conscientes, de to-
cesaria o perjudicial para la persona la divulgación de esos actos), etc. Pero dos modos, de que la pura justicia no basta (summum ius, summa iniuria):
la pastoralidad no se reduce a ciertos actos o medidas excepcionales, sino la justicia pide habitualmente ser matizada por la caridad, la moderación,
que empapa todo el Derecho canónico, como veremos a continuación. la prudencia ... , para adecuarse a lo que es bueno en el caso concreto, como
exige la equidad canónica. Pero si los Pastores no tuvieran en cuenta el
Derecho canónico en su actividad ministerial, y sustituyeran las solucio-
6. DERECHO CANÓNICO Y PASTORAL nes jurídicas por pretendidas soluciones pastorales -como hace el pasto-
ralismo-, no cumplirían bien su misión y harían un flaco servicio a la
Acción pastoral, en sentido propio, es la actividad ministerial de Iglesia. Es verdad que, en ocasiones, algunas normas pueden quedar des-
los pastores sagrados para facilitar a los hombres - y particularmente fasadas y no responder a Jos imperativos de la acción pastoral en una épo-
a los fieles-los medios espirituales confiados por Cristo a la Iglesia, ca o situación determinada. Sin embargo, en situaciones así, la actitud de
y ayudarles a recorrer el camino de la salvación. los fieles ha de ser de fidelidad (que es otro nombre de la comunión), res-
Si comparásemos la misión del Pueblo de Dios con la construc- petando el ordenamiento en vigor, que tiene siempre, junto a una gran
ción de un edificio que ha de apoyarse en Cristo, y donde todos los elasticidad, los cauces necesarios para su adecuada renovación.
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INTRODUCCIÓN AL DERECHO CANÓNICO EL DERECHO EN LA IGLESIA
7. CIENCIA CANÓNICA Y TEOLOGÍA Iglesia del Papa y del Colegio Episcopal; qué relación existe entre Cristo
y su Cuerpo místico; y, en general, todo aquello que tiene que ver con el
Al margen del problema de hasta qué punto pueda decirse si el De- núcleo fundamental de origen divino del Derecho canónico. Sin Teología
recho Canónico es una ciencia jurídica o una ciencia teológica -cues- no es posible poseer la Ciencia canónica. Más aún, el canonista debe ope-
tión en la que todavía persiste el debate doctrinal-, existen algunas rar también mediante la razón iluminada por la fe, como exige la acepta-
ción plena del misterio de la ~lesia, si de veras pretende cumplir bien su
ideas comúnmente aceptadas sobre la relación entre la Teología y la
cometido (cf. OT, 16).
Ciencia canónica.
La ciencia del Derecho Canónico estudia el ordenamiento jurídico
de la Iglesia, desde sus contenidos más fundamentales hasta los más
específicos e inmediatamente prácticos, sirviéndose del método jurídi-
co: analizando la realidad eclesial desde la perspectiva de la justicia. Y
puede dividirse en distintas ramas cientificas, según las materias de las
que se ocupe y los modos de abstraer y de conceptualizar empleados.
En esa división en ramas, la Teoría Fundamental del Derecho Canó-
nico representa el nivel de abstracción superior, pues mira directamente al
misterio de la Iglesia para deducir su dimensión de justicia y la íntima
esencia de las instituciones canónicas. Por debajo del nivel fundamental,
se sitúa el científico-técnico, que estudia el ordenamiento de la Iglesia a
partir de sus factores jurídicos positivos (leyes, costumbres, sentencias,
etc.) y empíricos (captables por la experiencia), teniendo en cuenta tam-
bién las aportaciones de la Teoría Fundamental. En este nivel entrarían las
demás ramas de la Ciencia canónica: el Derecho Constitucional -que es-
tudia los aspectos constitutivos de la Iglesia y de sus instituciones-, la
Organización Eclesiástica, el Derecho Administrativo, el Derecho Proce-
sal, etc. Finalmente, estaría el nivel prudencial o jurisprudencia!, que se
aplica a lo singular y concreto, y opera con los datos aportados por los
otros niveles; si bien no llega a constituir una rama de la ciencia del Dere-
cho Canónico, ya que en él no se da propiamente abstracción científica
(Hervada- Lombardía).
Aunque el método jurídico no sea el único utilizado, resulta nece-
sario al canonista, pues es inherente a la finalidad próxima del saber
canónico: decir lo que es justo o injusto en la Iglesia. Dicho método no
ha de confundirse con el modo de razonar positivista, restringido a los
datos empíricos y en el que se desatienden otros presupuestos. Si el po-
sitivismo jurídico (vide I, 7) es en sí mismo falso y, por tanto, inade-
cuado para cualquier ordenamiento, menos aún puede aplicarse al estu-
dio del Derecho canónico, donde prescindir de lo divino y trascendente
supone no comprender la Iglesia, no entender su realidad social y estar
incapacitado, en consecuencia, para determinar lo que es justo en ella.
El canonista debe partir de ciertos datos teológicos: ha de conocer
qué son los sacramentos, su función y sus efectos; cuál es la posición en la
60
61
--~?'"'
B. HISTORIA DEL DERECHO CANÓNICO
CAPÍTULO 111
EL DERECHO CANÓNICO
HASTA EL CÓDIGO DE 1917
1
2. EL PRIMER MILENIO
65
INTRODUCCIÓN AL DERECHO CANÓNICO EL DERECHO CANÓNICO HASTA EL CÓDIGO DE /917
nada a continuar en el tiempo la obra del Salvador. Su unidad, y la de etc. La Traditio Hipoliti, o Tradición Apostólica de San Hipólito, fue es-
las Iglesias locales en que se integraban, se basaba en la común partici- crita probablemente por este autor hacia el año 218, y es célebre por reco-
pación en la Eucaristía, en la comunión jerárquica con los Apóstoles y ger las normas y fórmulas más importantes sobre la administración del
sus sucesores, y en la comunión con los demás fieles mediante unos bautismo y la celebración de la Eucaristía, la colación de las órdenes sa-
mismos lazos de fe y caridad. Las Iglesias particulares estaban confia- gradas y las funciones de los ministros. Por último, las Constitutiones
das al cuidado pastoral de los Obispos, responsables principales del Apostolorum, procedentes d~Egipto o de Siria, y que datan del siglo IV,
anuncio del Evangelio y de la administración de los sacramentos, y incluyen normas sobre la elección de obispos, presbíteros, diáconos, lecto-
presidentes natos de la asamblea eucarística, como sucesores de aque- res y viudas.
llos Apóstoles que la celebraron por primera vez con Jesús. El primado Hasta comienzos del siglo IV la Iglesia vivió al margen del Dere-
sobre toda la Iglesia correspondía al Obispo de Roma, sucesor directo cho romano. Pero cuando el cristianismo dejó de ser perseguido, tras el
de San Pedro, a quien el Señor había atribuido preeminencia sobre los Edicto de Milán (a. 313), la influencia del Derecho romano sobre el or-
demás Apóstoles. Y ese primado se concretaba principalmente, confor- denamiento canónico se hizo cada vez más patente. Desde entonces,
me a la misión pe trina de confirmar a sus hermanos en la verdad (e f. muchas instituciones de la Iglesia adquirieron cierto color romanus (p.
Le 22, 32) y de pastoreados (cf. Jn 21, 15-17), en garantizar el depósi- ej., la demarcación en diócesis y provincias eclesiásticas); al tiempo
to de la fe y en resolver en última instancia las controversias disciplina- que el Derecho del Imperio, por influjo de los fieles, fue gradualmente
res. La comunión con la Iglesia de Roma sirvió pronto, además, como cristianizándose.
signo de comunión con las demás Iglesias.
De estos y otros aspectos de la vida en la primitiva Iglesia hay refe-
rencias continuas en la Revelación cristiana, cuyas fuentes, al transmitir el b) Las primeras colecciones canónicas
Derecho divino positivo, contienen el fundamento perenne de la disciplina
Los primeros textos eclesiásticos que muestran un estilo legislati-
canónica.
vo -fórmulas breves en tono imperativo- son los cánones dictados
Las primeras generaciones de fieles acudieron ante todo a las fuen- por concilios ecuménicos, regionales o provinciales. Dichos cánones
tes de la Revelación para regir su vida colectiva: a la herencia jurídica dieron nombre al Derecho de la Iglesia y constituyen su fuente más im-
de la Sagrada Escritura, y en particular del Nuevo Testamento (que no portante en los siglos IV y V.
destruyó el riquísimo legado del Antiguo, sino que lo perfeccionó), y a Si los cánones dogmáticos ofrecían reglas de fe, a fin de evitar des-
la Tradición recibida de los Apóstoles. Aunque también tuvieron pre- viaciones doctrinales, los cánones disciplinares daban la medida de lo jus-
sentes, como regla disciplinar, las costumbres derivadas de la perma- to en las causas sometidas al Concilio, que excedían la cura pastoral de un
nencia viva de esa misma Tradición apostólica, y las decisiones de los Obispo en su Iglesia particular. Y llama la atención comprobar que, tanto
Obispos. Con el correr del tiempo, muchas de esas disposiciones, usos en unos como en otros, el valor primordialmente tutelado era la comunión
y costumbres, de carácter tanto moral como litúrgico y disciplinar, fue- eclesial.
ron quedando plasmadas en ciertos escritos, de autores generalmente
desconocidos, que al exponer la Tradición se presentaron siempre como A partir del siglo V cobraron gran importancia las epístolas decre-
apostólicos. Entre éstos pueden destacarse la Didaché, la Didascalia tales, o simplemente decretales: respuestas decisorias de los Obispos
Apostolorum, la Traditio Hipoliti y las Constitutiones Apostolorum. de Roma, en las que éstos ejercían su poder supremo en materia dog-
mática o disciplinar, ya fuera por propia iniciativa o, más habitualmen-
La Didaché o Doctrina de los doce Apóstoles, compuesta en Siria, te, en respuesta a consultas provenientes de diversos lugares.
probablemente en el siglo 1, recopilaba normas morales, litúrgicas y de or-
ganización eclesiástica, y gozó de grandísimo prestigio. La Didascalia El interés de tener a mano los cánones y decretales, para facilitar
Apostolorum, redactada en Palestina o Siria durante el siglo 111, contenía su conocimiento, utilización y observancia -sobre todo a los minis-
también, en sus seis libros, un rico material doctrinal y disciplinar sobre tros sagrados, ya que «no es lícito que sacerdote alguno ignore sus cá-
materias muy variadas, como los deberes de los esposos cristianos, la ac- nones» (Epíst. de San Celestino I a los Obispos de Apulia y Calabria, a.
tuación y obligaciones de los Obispos, la administración de la penitencia, 429), porque «debe evitarse la ignorancia, madre de todos los errores,
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EL DERECHO CANÓNICO HASTA EL CÓDIGO DE 1917
INTRODUCCIÓN AL DERECHO CANÓNICO
primordialmente en los sacerdotes de Dios» (Conc. IV de Toledo, a. Adriano I a Carlomagno, en el año 774, de una colección basada prin-
633)-, dio origen a las colecciones canónicas. cipalmente en la Dionisiana, que se denominó Colección Hadriana. Y
de la fusión de esta colección con la Hispana surgió en el siglo IX la
Estas compilaciones, usadas en las distintas Iglesias locales y elabo- Colección Dacheriana.
radas casi siempre por particulares, recogían inicialmente cánones de con-
cilios ecuménicos, y de concilios regionales y provinciales de reconocida .<('
autoridad, siguiendo un orden cronológico. Bien pronto, sin embargo, se e) Desnaturalización de los textos canónicos
hizo habitual incluir en ellas una serie más o menos amplia de decretales; y Reforma Gregoriana
y desde el siglo VII comenzaron a elaborarse colecciones ordenadas siste-
máticamente. La colección Hadriana, pese a su universalidad, y a facilitar textos
indiscutidos de venerable antigüedad, se mostraba insuficiente para
Aunque existen precedentes más remotos, el primer gran movi- afrontar Jos nuevos problemas, relacionados en parte con la falta de in-
miento compilador occidental se produjo durante el Renacimiento Ge- dependencia de la Iglesia respecto de las estructuras feudales.
lasiano, período de florecimiento de la Iglesia romana que tuvo lugar
entre fines del siglo V y principios del VI. Fue entonces cuando el Ávidos de patrimonio, los nobles disfrutaban frecuentemente de los
monje Dionisio el Exiguo, que introdujo la era cristiana como sistema bienes eclesiásticos como si fueran de su libre disposición; y esto no solo
de cómputo temporal, llevó a cabo una intensa labor recopiladora de cuando estaban vacantes las sedes episcopales y los demás beneficios
cánones de concilios orientales (traducidos al latín) y africanos, así (cargos u oficios eclesiásticos con las dotes que llevaban anejas), pues en
ocasiones llegaban a remover a los Obispos de sus sedes, acusándoles ante
como decretales pontificias. Y el fruto más importante de ese trabajo
el monarca -a quien, por disposición de los concilios francos y visigo-
fue la Colección Dionisiana, que destaca por su espíritu universal, por
dos, correspondía juzgar sus causas-, incluso sin fundamento objetivo.
su empeño en recoger solo textos auténticos, y por su romanidad, re-
flejada en la importancia que tienen en ella las decretales de los Papas. Con el fin de evitar los abusos e ingerencias del poder civil, a me-
En ese mismo período surgieron también otras colecciones en Europa diados del siglo IX comenzaron a aparecer en Francia falsificaciones;
y Africa. Entre ellas es célebre la Colección Hispana, cuya primera re- es decir, colecciones que se apoyaban en el prestigio de los cánones an-
dacción, cronológica, y datada entre los años 633 y 636, se atribuye a tiguos, pero que contenían también algunos textos alterados o redacta-
San Isidoro de Sevilla. dos ex novo. Los autores de las falsas decretales y de los falsos capitu-
La colección Hispana fue el código fundamental de la Iglesia hispana lares (los capitula episcoporum eran estatutos dados por el Obispo
hasta el siglo XI, y contiene textos de concilios orientales, africanos, galos para ordenar la disciplina clerical y el ministerio parroquial) pretendie-
e hispano-visigodos, así como 102 decretales pontificias, todo lo cual da ron así reformar la organización eclesiástica y su régimen patrimonial,
idea de su universalidad. En el siglo VIII, a partir de los resúmenes por atribuyendo a Papas y monarcas anteriores unas normas que, al no ser
materias que se hicieron de ella, surgió la Hispana sistemática. De carác- cuestionadas por sus destinatarios (la naturaleza espuria de estas obras
ter más local, y naturaleza canónica difícil de precisar, son los abundantes no fue detectada hasta el siglo XV), lograrían importantes avances en
Libros Penitenciales que proliferaron por esos años, sobre todo en las Is- la recuperación de la libertad de la Iglesia para ejercer sus propios ac-
las Británicas. Se trataba de catálogos de pecados, con indicación de la pe- tos jurisdiccionales. La falsificación más famosa fue la colección Pseu-
nitencia adecuada, que reflejaban criterios muy dispares. Tampoco es fácil doisidoriana.
determinar el alcance canónico de los textos de la Colección Hibernensis,
compuesta en Irlanda hacia el año 700, pues entremezcla cánones y decre- El hecho de las falsificaciones -como ha señalado Lombardía- tes-
tal es con citas escriturísticas, patrísticas e históricas. timonia el problema fundamental del Derecho canónico desde el siglo IX:
la falta de ejercicio de un poder legislativo de eficacia universal que, en
Para fomentar el espíritu universal, y frente a las tendencias parti- continuidad con la tradición, afrontara los desafíos principales del mo-
cularistas de otras colecciones canónicas, especialmente las francas an- mento: hacer las necesarias reformas en la Iglesia, liberar a ésta de las in-
teriores a Carlomagno, los Romanos Pontífices impulsaron la difusión tromisiones del poder temporal, y alentar el sentido de unidad en tomo a
de las cólecciones Dionisiana e Hispana: el único material aceptado Roma (recuérdese que entre finales del siglo IX y mediados del XI trans-
entonces por todos. A este propósito respondería el envío por el Papa currió dolorosamente el denominado «Siglo de Hierro» del Pontificado).
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INTRODUCCIÓN AL DERECHO CANÓNICO EL DERECHO CANÓNICO HASTA HL CÓDIGO DE I 917
Pero desde el siglo XI fue tomando cuerpo la empresa de hacer frente a por sus originales aportaciones. Este nuevo Derecho canónico fue po-
esos problemas; y el pontificado de San Gregario VII (1073-1085) tuvo sible -como apunta Lombardía- por la concurrencia de tres factores
una importancia decisiva al respecto. principales:
La Reforma Gregoriana supuso una inflexión positiva de las ante- La presencia de una autoridad legislativa indiscutida y resuelta a
riores tendencias; y en sus aspectos canónicos, además de procurar ele- cumplir su función, constituida sobre todo por los Papas, apoyados en
var el nivel disciplinar y espiritual del clero, se dirigió principalmente el prestigio que fue ganando ~ Pontificado.
a obtener la libertad de la Iglesia en la elección y consagración de Los Papas legislaron habitualmente mediante decretales, que daban
Obispos, lo que exigía poner fin a la investidura episcopal por parte del solución a casos concretos, pero se consideraban aplicables a supuestos
Emperador y a las ordenaciones simoníacas. La Sede Apostólica era análogos. Como fuente normativa de esta época destacan también los cá-
consciente de que, para lograr este objetivo, debía contar con unas nor- nones de algunos concilios ecuménicos, que se denominan a veces gene-
mas adecuadas que hicieran posible el nuevo orden disciplinar; y aco- rales, para distinguirlos de los ocho concilios ecuménicos celebrados en
metió la tarea de colmar el vacío legal que había propiciado el inter- Oriente durante el primer milenio.
vencionismo del poder secular. Pero esa revisión normativa, más que
mediante la confección de textos nuevos, se realizó impulsando la ela- El uso de una técnica jurídica, gracias a la recepción del Derecho
boración de colecciones canónicas que recogieran auctoritates ya reco- romano clásico, que había sido bastante ignorado en los siglos anterio-
res a la Reforma Gregoriana.
nocidas (de concilios y decretal es anteriores, y de escritos patrísticos),
que fueron aprobadas implícitamente por la Santa Sede. De este modo Los estudios realizados en las bibliotecas romanas y en los archivos
se destacaban las raíces tradicionales de la reforma, al tiempo que se apostólicos a impulsos de la Reforma Gregoriana facilitaron el reencuen-
corregía lo que San Pedro Damián, refiriéndose a las colecciones pre- tro de las Pandectas o Digesto, donde se recogía el Derecho romano pre-
cedentes, denominó «mezcla de fábulas y de cánones». cristiano. Este hecho se mostró providencial, y contribuyó al florecimien-
to de las ciencias jurídicas.
Fruto directo de la Reforma Gregoriana fueron el Dictatus Papae de
Gregario VII, la Redacción gregoriana del Decreto de Burcardo, la Colec- Y la aparición y desarrollo de una ciencia jurídico-canónica, pro-
ción de Anselmo de Luca, la Colección de cánones del Cardenal Deusde- piciada por la simbiosis entre la Santa Sede y las universidades.
dit, y las diversas colecciones de Ivo de Chartres, quizá el canonista más
importante del siglo XL Las universidades medievales, fundadas bajo los auspicios de la San-
ta Sede, y que ayudaron a ese renacer de la cultura que incidió tan profun-
A partir de la Reforma Gregoriana y del Concordato de Worms (a. damente en la configuración espiritual de Europa, se convirtieron en po-
1122), con el que se resolvió la querella de las investiduras, la autori- tentes focos de estudio del Derecho romano y del Derecho canónico, hasta
dad del Papa salió muy favorecida; y empezó a surgir un Derecho nue- d~rles un carácter científico. La Universidad de Bolonia constituye un
vo que, sin necesidad de acudir sólo a las fuentes antiguas, pudo adap- eJemplo preclaro; alguno de los grandes Papas legisladores de este perío-
tarse mejor a las exigencias del momento. do, como Inocencia IV (Sinibaldo Fieschi), fueron antes profesores o dis-
cípulos de afamados canonistas en Bolonia.
a) Factores determinantes de su nacimiento La base sobre la que se apoyó el edificio del Derecho canónico
clásico fue una recopilación privada elaborada hacia el año 1140 por
Se denomina Derecho canónico clásico al del período comprendi- Juan Graciano, que trabajó como maestro en Bolonia. A él corresponde
do entre la segunda mitad del siglo XII y la primera del XIV, época en sin duda el mérito excepcional de haber dotado al Derecho de la Iglesia
la que se elaboró en la Iglesia un sistema jurídico actualizado, coheren- de un método científico propio.
te y completo, aplicado en todo el Occidente cristiano y desarrollado El propósito de Graciano al componer su célebre Decretum fue
científicamente, que tuvo un papel decisivo en la historia del Derecho concordar los cánones discordantes sobre las diversas materias (su
70 71
INTRODUCCIÓN AL DERECHO CANÓNICO EL DERECHO CANÓNICO HASTA EL CÓDIGO DE 19I7
obra se denominó también Concordia o Concordantia discordantium versidades, y su autor pasó a ser considerado el iniciador de la ciencia
canonum), hasta reducir a un solo cuerpo de doctrina todo el sistema canónica.
jurídico de la Iglesia tal como se había venido delineando en los once
siglos precedentes. Y es que las colecciones anteriores, en las que se
recogía una serie amplísima de textos heterogéneos, tomados fragmen- e) El Corpus Iuris Canonici
tariamente y sin especificar las circunstancias en que se redactaron, por -,· ~
no tener suficientemente en cuenta la naturaleza y rango de cada fuen- Desde la aparición del Decreto, el interés por el Derecho canónico
te, ni la elasticidad y contingencia histórica del orden disciplinar, pre- aumentó de tal manera que no tardó en reflejarse también en la activi-
sentaban no pocas contradicciones. dad legislativa. En efecto, a partir de la segunda mitad del siglo XII, a
causa de la creciente autoridad de Roma y de una mayor sensibilidad
No es lo mismo, p. ej., una ley preceptiva que una exhortación o un por las cuestiones jurídicas, los Papas fueron llamados con frecuencia
simple consejo; y tampoco es igual la autoridad de un concilio ecuménico a resolver l.as .más diversas controversias; y sus constituciones y decre-
que la de un Padre aislado. Además, el cambio de circunstancias de lugar, tos se multiplicaron tanto que, a los pocos años, se planteó la necesidad
tiempo o situación personal de los sujetos puede hacer que una norma (ley,
de recogerlos en colecciones.
costumbre, canon, constitución, etc.) pierda su razón de ser.
~ubo numerosos intentos de compilar el Derecho nuevo, posterior a
Tras advertir eso, el maestro Graciano procedió, en relación con Grac1ano (cuyos textos comenzaron también a denominarse extravagan-
cada uno de los temas tratados, a identificar los problemas, coordinar tes, porque vagaban! extra del Decreto de Graciano), en colecciones com-
los criterios y subsanar las contradicciones; manejando con esta finali- puestas por iniciativa papal o privada. Entre ellas destacan las Cinco Com-
dad, a lo largo de las tres partes de su Decretum, dos tipos de textos: la pilaciones Antiguas, así llamadas porque envejecieron rápidamente ante la
inmensa masa de fuentes en las que se apoyó o que trató de concordar Compilatio Nova, o colección de decretales de Gregorio IX.
(las auctoritates), extraídas en su mayoría de las mejores colecciones
canónicas del primer milenio, y sus propios desarrollos doctrinales (los Las Decreta/es de Gregario IX, promulgadas en 1234, supusieron
dicta de Graciano). el esfuerzo definitivo por reunir los textos canónicos más recientes en
una forma que respondiera a las necesidades del momento. San Raí-
Entre las auctoritates del Decreto, además de textos conciliares y pon-
mundo de Peñafort se encargó del trabajo técnico de su elaboración
tificios, se encuentran citas escriturísticas, patrísticas, de otros documentos
eclesiásticos, e incluso de leyes civiles. Algunas de esas auctoritates (las asumien?o lo~ textos d~ los Papas a partir de Alejandro III, suprimien-
paleas) se supone que fueron añadidas más tarde por Paucapalea, primer do las re!teracwnes.' ev!tando las contradicciones, y colmando las lagu-
discípulo de Graciano. Las tres partes de que consta el Decreto son: 101 nas mediante constituciOnes que Gregorio IX dictó a tal efecto.
distinciones, en las que Graciano comienza tratando del Derecho y de sus El Liher Extra -como también se conoce esta colección, por recoger
fuentes (cuyo diverso carácter determina --como hemos visto-la síntesis textos extraños a la concordia gracianea-, está subdividido en cinco li-
realizada en el resto de su obra), para seguir con diversas cuestiones sobre bros, cuyas materias se designan tradicionalmente con los términos: iudex
los clérigos y su ordenación; 36 causas, en las que parte de casos presenta- iudicium, clerus, connubium, crimen (juez, juicio, clero, matrimonio y de~
dos ante el juez, relativos a materias muy variadas, como el proceso, el pa- lito); y fue promulgado mediante la Bula Rex Pacificus, que sancionó su
trimonio, los religiosos, el matrimonio y la penitencia; y finalmente, 5 dis- carácter auténtico, .a~ribuyéndole fuerza de ley para la Iglesia universal, y
tinciones más, sobre el culto, los sacramentos y sacramentales, donde una nota de excluszvzdad, que excluía el recurso a cualquier colección an-
retoma el modo de exponer de la primera parte, distinguiendo los concep- terior que no fuera el Decreto de Graciano.
tos básicds, de acuerdo con la finalidad docente propia de la escuela.
Bonifacio VIII prosiguió la obra de Gregorio IX promulgando en
Pese a su carácter privado (nunca llegó a alcanzar el valor de cuer-
1298 una nueva compilación que recogía textos de los Concilios I y II
po normativo sancionado por la autoridad de la Iglesia), el Decreto de
de Lyon y decretales posteriores a 1234.
Graciano gozó pronto de tal prestigio que, además de imponerse y re-
legar casi' al olvido a las colecciones canónicas precedentes, fue adop- En el Líber Sextus, denominado así para subrayar su continuidad y
tado para el estudio del Derecho canónico en Bolonia y en otras uni- complementariedad con los cinco libros de las Decretales de Gregorio IX,
72
INTRODUCCIÓN AL DERECHO CAN(JNU '( J EL DERECHO CANÓNICO HASTA EL CÓDIGO DE 1917
se utilizó la misma sistemática que en éstas, si bien con algunas modifica- que coexistía. Sin embargo, esta situación del Derecho europeo, y la
ciones formales que lo aproximan más a las codificaciones modernas. tendencia expansiva de la jurisdicción eclesiástica, derivada del hiero-
cratismo medieval (que reconocía al Papa como cabeza de la societas
Pocos años más tarde, los dos primeros Papas del destierro de christiana) y del prestigio adquirido por los tribunales de la Iglesia (a
Avignon intervinieron en la publicación de una nueva colección ofi- cuya jurisdicción podían someterse cuestiones civiles ratione peccati,
cial: las Decretales Clementinas, preparadas por Clemente V y revisa- por motivos de conciencia), cambiaron radicalmente con la consolida-
das y promulgadas por Juan XXII en el año 1317. ción del Estado moderno y la decadencia del prestigio del Papado.
El Corpus canónico se completó aún con dos breves colecciones de Uno de los factores desencadenantes de la crisis del orden medieval y
decretales publicadas en los años 1500 y 1503 por el autor privado Juan del Derecho común fue la actuación de los legistas de Felipe el Hermoso
Chappuis: las Extravagantes de Juan XXII, con 20 decretal es de este Pon- de Francia. Con objeto de justificar las pretensiones de su soberano frente
tífice; y las Extravagantes comunes, que recogían más de 70 decretales a Bonifacio VIII, estos juristas se apoyaron en las Pandectas (un Derecho
debidas a varios Papas. Pero estas dos últimas colecciones nunca llegarían precristiano que ignoraba cualquier competencia del poder religioso) para
a ser sancionadas por la autoridad de la Iglesia como de carácter auténtico. contradecir la potestad del Papa. Pero el principal exponente de estas pos-
turas lo representa el secularismo propugnado por Marsilio de Padua, pro-
La unidad de estas obras se reflejó en la costumbre -de la que tegido del emperador Luis de Baviera, y que en su Defensor pacis (a. 1324)
hay constancia ya desde el siglo XV, y que fue adoptada oficialmente atribuía al Estado todo poder jurídico, incluso en el ámbito canónico. Con
por Gregorio XII en 1580- de llamar Corpus Iuris Canonici al con- esta mentalidad se asocia el creciente intervencionismo del poder civil en
junto de todas ellas: Decreto de Graciano, Líber Extra, Líber Sextus, los asuntos eclesiásticos.
Decretales Clementinas, Extravagantes de Juan XXII y Extravagantes
Comunes. Iniciado así el alejamiento entre el Derecho civil y el canónico, el
destierro de Avignon ( 1305-1377), el Cisma de Occidente ( 1378-1417)
De este modo se establecía un parangón entre el Corpus luris Civilis, y la difusión de las doctrinas conciliaristas, acabaron de precipitar el
en el que el emperador Justiniano había recopilado el Derecho romano, y
fin del régimen de Cristiandad y el declive del Derecho canónico clási-
las fuentes del Derecho canónico. Solo faltaba una obra que se asemejara
co. No obstante, las construcciones logradas por éste dejarían a la cul-
a las Institutiones de Justiniano en el ámbito canónico; y ese intento lo lle-
tura jurídica occidental un conjunto de aportaciones técnicas que toda-
vó a cabo Lancelotti, al publicar en 1557 sus Institutiones luris Canonici,
de valor puramente privado vía influyen en la actualidad, y cuyo mérito ha de atribuirse no solo al
legislador, sino también a la brillante canonística de la época.
Entre esas aportaciones pueden mencionarse: la relevancia de la vo-
d) El Derecho común luntad humana, más allá de los estrictos requisitos formales, para producir
actos con eficacia jurídica; la importancia de la verdadera justicia a la hora
El Derecho canónico clásico, y el desarrollo experimentado por el de valorar la ley y de aplicarla (lo que dio origen a la doctrina de la equi-
Derecho civil en ese mismo período, fueron configurando un sistema dad canónica); la elaboración del concepto de persona moral o jurídica; la
de Derecho culto o sabio que se denominó Derecho común, por ser humanización del Derecho penal; el desarrollo del Derecho matrimonial Y
aplicado en todo el Occidente cristiano. del Derecho de familia; el proceso romano-canónico, que constituye el
El Derecho común, civil y canónico, era el que se estudiaba en las núcleo del actual proceso civil; etc. Aparte de los hasta ahora menciona-
universidades europeas: el primero, a partir de la recopilación justineanea, dos, algunos de los grandes canonistas de este período son: Rolando Ban-
y el segundo sobre la base del Corpus Juris Canonici. Ambos se apoyaban dinelli, Enrique deSusa (el Hostiense), Nicolás de Tudeschi (el Abad Pa-
mutuamente, pues el Derecho romano servía para dotar de técnica jurídica normitano) y Juan de Andrés.
al canónico, al tiempo que éste ayudaba a adaptar, con espíritu cristiano,
las soluciones del Corpus Iuris Civilis a las nuevas necesidades.
Duránte mucho tiempo, el Derecho común influyó en el Derecho
de los distintos Reinos, Estados nobiliarios y ciudades libres, con el
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INTRODUCCIÓN AL DERECHO CANÓNICO EL DERECHO CANÓNICO HASTA EL CÓDIGO DE 1917
4. EL DERECHO CANÓNICO DESDE EL CONCILIO DE TRENTO Gregorio XIII mandó publicar en 1582 una edición oficial del Cor-
HASTA EL VATICANO I pus Iuris Canonici, en la que se corrigieron los errores de la edición
manuscrita, gracias a los avances de la filología que impulsó el huma-
A partir del siglo XVI se abrió un nueva etapa en la historia del nismo. Pero el Corpus, aunque continuara siendo la principal fuente es-
Derecho canónico, en la que influyeron notablemente, junto a la conso- crita del Derecho de la Iglesia, ya no podía ser aplicado en plena Edad
lidación del Estado moderno, la emancipación de su Derecho y la pér- Moderna con los mismos critefios bajo los que se forjó. Entre otras ra-
dida del poder papal ya mencionadas, la irrupción de la Reforma pro- zones, porque numerosas disposiciones papales, recogidas en inmensas
testante y el fenómeno del regalismo. colecciones cronológicas denominadas Bularios, habían ido matizando
La reforma protestante hizo que la Iglesia Católica no fuera reconoci- muchos de sus contenidos. Además, a partir de 1587, año en que Sixto
da ya como la única Confesión cristiana de Europa. Lutero, movido por su V organizó la Curia Romana mediante la Const. Immensa aeterni Dei,
actitud contraria al Derecho de la Iglesia, no tuvo problema, además, en los organismos de ésta, pese a que sus competencias eran en principio
confiar al poder civil la regulación de amplias materias eclesiásticas. Con- administrativas y judiciales, resolvieron multitud de cuestiones rectifi-
secuencias similares tuvo el Cisma de Inglaterra, que convirtió a su Rey en cando o ampliando el contenido del Corpus.
cabeza de la Iglesia anglicana. Por último, las monarquías católicas, por un La actividad de la Curia Romana está recogida en varias colecciones,
cierto mimetismo con los príncipes protestantes, y en aplicación de los po- como los 167 tomos del Tesoro de Resoluciones de la Sagrada Congrega-
deres que les atribuían las doctrinas regalistas, basadas en una magnifica- ción del Concilio, las fuentes con las decisiones de la S. Cong. para la Pro-
ción religiosa del poder real (el llamado Derecho divino de los Reyes), tam- pagación de la Fe, encargada de la evangelización del Nuevo Mundo, o las
poco fueron ajenas a este tipo de intromisiones en el ámbito de la Iglesia. Sentencias del Tribunal de la Rota Romana.
En esta misma época ha de mencionarse también otro hecho de ca- Durante el Concilio Vaticano I (1869-1870), muchos Obispos
riz diverso: la Iglesia Católica, que había perdido parte de Europa, co- aprovecharon para poner de manifiesto que la consulta del Corpus Iu-
menzó a expandirse por nuevos espacios, gracias a la cristianización ris Canonici entrañaba grandes inconvenientes, a causa de su amplitud,
que acompañó a los descubrimientos geográficos. Todos estos factores del diverso valor jurídico de cada una de sus partes, de su insuficiencia
son necesarios para comprender la evolución que experimentó desde sistemática y de su escasa adecuación a las exigencias de los tiempos.
entonces el Derecho canónico.
Muchas disposiciones no eran ya aplicables a las nuevas circunstan-
El Concilio de Trento (1545-1563), convocado para llevar a cabo cias, especialmente en materia de relaciones entre autoridad eclesiástica y
la reforma católica, fue uno de los hitos más importantes del Derecho poderes públicos; pues tras la Revolución francesa, algunas de esas cues-
canónico en la Edad Moderna. En efecto, aunque este Concilio tuvo tiones (libertad de acción de la Iglesia en el seno de los Estados, y mate-
una función primordialmente doctrinal, dirigida sobre todo a hacer rias mixtas: matrimonio, enseñanza, etc.) habían comenzado a abordarse
frente a los errores dogmáticos del protestantismo, sus decretos disci- mediante pactos o concordatos.
plinares constituyeron una de las principales fuentes canónicas hasta la
promulgación del Código de 1917. Si a esto se añadía la dificultad de identificar el Derecho vigente,
Basta recordar, p. ej., sus disposiciones sobre la enseñanza de la Es- multiplicada por el abundantísimo material legislativo posterior al Cor-
critura y la predicación, el deber de residencia de los Prelados en sus Igle- pus, en el que seguía habiendo importantes lagunas, se comprende que
sias, los Seminarios, la celebración del matrimonio (Decr. Tametsi), el ré- pareciera indispensable una reformatio iuris que pusiera fin a esa situa-
gimen canónico de la vida religiosa, la reforma de costumbres, etc. Pero ción y a los gravísimos inconvenientes que provocaba en la vida de la
las enseñanzas de Trento, al estar orientadas prevalen temen te hacia la jus- Iglesia. Algunos Obispos se limitaron a pedir una revisión del Corpus,
tificación y la eficacia de los sacramentos -como ha advertido Tejero-, o una nueva colección; pero otros, influidos sin duda por el proceso de
adolecieron de un vacío eclesiológico notable. Se comprende así que los codificación que se había realizado en varios Estados (incluido el Pon-
dos Concilios posteriores, especialmente el Vaticano Il, al profundizar en tificio), aconsejaron redactar un código de tipo moderno, promulgado
el ordeh constitucional de la Iglesia, hayan supuesto un fuerte incentivo por la autoridad suprema de la Iglesia, que presentara sistemáticamen-
para la renovación del Derecho canónico. te, con claridad y brevedad toda la legislación necesaria y vigente.
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INTRODUCCIÓN AL DERECHO CANÓNICO EL DERECHO CANÓNICO HASTA EL CÓDIGO DE 1917
5. EL CóDIGO DE 1917 que se hallan en los libros litúrgicos aprobados o son leyes de Derecho
divino, ya positivo, ya natural» (6. 0 ) .
A pesar de las ventajas que parecía deparar la codificación canóni- Para obviar el riesgo de que el Codex comportara por ello una cierta
ca, hubo bastante resistencia a aceptarla. Su realización planteaba pro- ruptura con la tradición de la Iglesia, los codificadores fueron muy cuida-
blemas no solo prácticos, sino también sustanciales: ¿Cómo soslayar el dosos en dejar patente la correspondencia de sus cánones con las anterio-
riesgo de que el uso de una técnica legislativa de raigambre positivista, res fuentes canónicas, que a~arecieron citadas a pie de página en la edi-
que en los Estados suele llevar consigo la completa pérdida de vigencia ción típica del Código, y editadas en una serie de nueve volúmenes bajo el
de toda la normativa anterior, alejara a la disciplina canónica de aque- título general Codicis luris Canonici fontes. Por lo demás, el propio c. 6
lla que no puede abandonarse sin el peligro de perder la comunión con establecía nítidamente en su inicio la voluntad de mantener la disciplina
la Iglesia apostólica?; ¿no sería -como planteó Ruffini- un modo de anterior en la mayoría de los casos.
legislar demasiado rígido, en abierto contraste con la tradicional flexi-
bilidad del Derecho canónico? El 15 .IX.1917, poco después de promulgarse el Código, Benedic-
to XV promulgó el M. p. Cum luris Canonici, dirigido a asegurar la es-
Fue preciso esperar al pontificado de San Pío X para afrontar di-
tabilidad del Codex y a evitar que volviera a producirse el estado de
cha tarea. El19 de marzo de 1904, mediante el M.p. Arduum sane mu- confusión en las fuentes canónicas que, mediante él, había querido su-
nus, ese Papa dio inicio a los trabajos de codificación, que se prolonga- perarse. Con esta finalidad, el citado motu proprio instab;l para que las
ron durante trece años, siendo su principal artífice Pietro Gasparri, con Congregaciones romanas no dieran en adelante decretos generales, sal-
la ayuda de canonistas tan célebres como Wemz. vo que lo aconsejara una necesidad grave de la Iglesia universal, al
Gasparri, primero Secretario y después Cardenal Presidente de la Co- tiempo que preveía la posibilidad de ir modificando el texto del Códi-
misión Pontificia a la que San Pío X encomendó las labores de codifica- go, o de introducir en él nuevos cánones para llevar a cabo las necesa-
ción, pidió inicialmente sugerencias al Episcopado y a las universidades rias innovaciones. Además, la misma disposición instituyó una Comi-
católicas. Entre 1912 y 1914 se enviaron los proyectos a los obispos del sión para la interpretación auténtica del Código cuya actividad sería
mundo entero, para que hicieran las observaciones que estimaran oportu- luego bastante intensa.
nas. El texto ya revisado fue remitido después para su consulta a los dicas-
terios de la Curia Romana; y en 1916 se concluyó.
San Pío X no pudo ver terminada la codificación que con tanto in-
terés había impulsado. Pero el Código de Derecho Canónico lo pro-
mulgó su inmediato sucesor, Benedicto XV, el 27 de mayo de 1917,
mediante la Bula Providentissima Mater (por esa razón el CIC 17 es
conocido como Código Pío-Benedictino). Comprendía 2.414 cánones,
y estaba dividido en cinco libros: normas generales, personas, cosas,
procesos, delitos y penas.
Esta sistemática se inspiraba en la división de las materias jurídicas
en personas, cosas y acciones; división proveniente del Derecho romano,
y que era utilizada por las lnstitutiones de Lancelotti y por los manuales de
instituciones de Derecho canónico que se usaban en las universidades.
78 79
CAPÍTULO IV
EL CONCILIO VATICANO 11
Y LA NUEVA CODIFICACIÓN
Hl
INTRODUCCIÓN AL DERECHO CANÓNICO EL CONCILIO VATICANO ll Y LA NUEVA CODIFICACIÓN
que esos cambios se hubieran reflejado en el CIC, a pesar de lo dispuesto otros precedentes magisteriales -como la Ene. Satis cognitum (29.VI.
en el M.p. Cum Iuris Canonici; 4) la falta de acogida en el Código de di- 1896) de León XIII, sobre la unidad de la Iglesia, o la Ene. Mystici Corpo-
versas instituciones que eran una realidad en la vida de la Iglesia, como ris (29.VI.l943) de Pío XII-, junto con el desarrollo de los estudios ecle-
los institutos seculares o las asociaciones laicales; y 5) la conveniencia de siológicos, el movimiento ecuménico, el movimiento litúrgico y la progre-
integrar en el ordenamiento canónico determinados progresos de la técni- siva toma de conciencia sobre el valor de la común condición de fiel y el
ca jurídica. protagonismo de los laicos eJt la misión eclesial, se encuentran en el tras-
fondo de la reflexión sobre la Iglesia que llevó a cabo el Vaticano II.
Considerando las razones expuestas, algunos canonistas pensaron
que, para llevar a cabo la revisión del Codex, bastaría con abrogar o La relevancia canónica del Concilio Vaticano II puede resumirse
derogar una serie de cánones y promulgar otros nuevos. Pero la Comi- en tres ámbitos: los principios doctrinales con incidencia en el Dere-
sión Pontificia encargada de ello, constituida a los pocos meses de ini- cho canónico contenidos en sus documentos; las directrices jurídicas
ciarse el Vaticano II, advirtió que el mandato del Legislador reclamaba propuestas por el Concilio para que fueran tenidas en cuenta a la hora
una tarea más amplia: si el Papa había presentado la reforma codicia! de revisar el Código; y las nuevas instituciones surgidas del Vaticano
como «coronación» del Concilio, parecía que era para expresar la ne- II, y que habrían de recogerse también en la futura legislación.
cesidad de una renovación legislativa profunda, donde se recogieran
Una vez vistas estas cuestiones, se comprenderá hasta qué punto la
las medidas disciplinares del Vaticano II y se aprovechara la riqueza
necesidad de reformar el Codex -advertida providencialmente por Juan
eclesiológica que empezaba a aflorar de su magisterio. De ahí que los
XXIII- no radicó tanto en las deficiencias técnicas de éste como en el
miembros de la citada Comisión, durante su primera reunión plenaria propio Concilio. En efecto, fue el Vaticano II, y especialmente su doctrina
en noviembre de 1963, acordaran diferir Jos trabajos formales de revi- sobre la Iglesia, lo que dio lugar a la neta superación de algunos de los
sión hasta la conclusión del Concilio, e iniciar entre tanto las oportunas principios que inspiraban el anterior cuerpo legal y obligó a una profunda
labores preparatorias de modo privado. remodelación de sus contenidos.
2. RELEVANCIA CANÓNICA DEL CONCILIO VATICANO li a) Principios doctrinales con trascendencia canónica
El Concilio Vaticano II, abierto solemnemente por Juan XXIII el La positivación de diversos aspectos del Derecho divino (vide II,
11 de octubre de 1962, y clausurado por Pablo VI el 8 de diciembre de 3, b) llevada a cabo durante el Concilio Vaticano II cuajó en una serie
1965, constituye uno de los acontecimientos fundamentales en la histo- de principios doctrinales que influyeron decisivamente en el proceso
ria del Derecho canónico. Y en parte ello ha sido así porque el carácter de revisión codicia!, y entre los que pueden destacarse:
renovador y pastoral de este magno Concilio, en el que participaron La noción de la Iglesia como sacramento y misterio de comunión,
más de 2.000 obispos de todas las partes del mundo, comportó una re- que está en el trasfondo de toda la eclesiología conciliar y es su punto
visión de la disciplina eclesiástica; pero también, y sobre todo, porque de partida (cf. LG, 1).
su objeto central fue la Iglesia: la realidad de cuya vida social se ocupa '
el Derecho canónico. No en vano, los 16 documentos aprobados en el Tras varios siglos en que los diversos planteamientos eclesiológicos
Vaticano II y promulgados por Pablo VI (4 constituciones, 9 decretos y contrapusieron o remarcaron desigualmente las dimensiones institucional
3 declaraciones), comenzando por la Const. Lumen gentium, verdade- y carismática de la Iglesia, su carácter visible e invisible, la consideración
ra espina dorsal del Concilio, giran en torno a estos dos temas principa- de la sacramentalidad de la Iglesia -cuyos elementos visibles y humanos
no repugnan a los invisibles y sobrenaturales, sino que les sirven de cau-
les: el misterio de la Iglesia, y su misión y actuación en el mundo.
ce-, y de la Iglesia como comunión, ayudan a integrar todos esos ele-
El interés del Magisterio por tratar directamente de la Iglesia arranca mentos, ilustran muchos aspectos básicos del ser y de la misión de la Igle-
al menos del siglo XIX. El Concilio Vaticano I ( 1869-1870) tenía previsto sia, y permiten fundamentar mejor el Derecho canónico (vide II, 2, e).
debatir un amplio proyecto De Ecclesia Christi, del que solo pudo exami-
nar la cuestión que parecía entonces más urgente: la doctrina sobre el pri- La Iglesia como Pueblo de Dios al que están convocados todos los
mado y la infalibilidad pontificia (Const. dogm. Pastor Aeternus). Este y hombres, y en el que cada uno de sus miembros participa del oficio sa-
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INTRODUCCIÓN AL DERECHO CANÓNICO EL CONCILIO VATICANO li Y LA NUEVA CODIFICACIÓN
cerdotal, profético y real de Cristo; tiene por condición «la dignidad y a los Pastores como a los demás fieles. Además, aclaró la posición jurídi-
la libertad de los hijos de Dios» (LG, 9); está llamado a la santidad; y ca de las comunidades cristianas que no están en plena comunión con la
es corresponsable en la edificación de la Iglesia. Sede Romana; y ofreció los criterios fundamentales para la recta praxis de
la communicatio in sacris (común participación con otros cristianos en el
Esta doctrina pone en primer plano la verdadera igualdad existente culto litúrgico y en algunos sacramentos: vide XXIII, 8-9).
entre los fieles (cf. LG, 32), con sus obligaciones y derechos comunes
(vide IX); y se relaciona con los deberes y derechos de los laicos (vide X, La doctrina sobre las rel!Jciones Iglesia-Mundo y el derecho de li-
4, e). Dentro de ella, la vocación universal a la santidad puede decirse que bertad religiosa.
es «el elemento más característico y, por así decir, el fin último de todo el
magisterio conciliar» (Pablo VI , M. p. Sanctitas clarior, 19.III.l969). La justa autonomía del orden temporal, concebida por el Vaticano II
como uno de los principios clave para las relaciones de la Iglesia con la
La estructuración de la Iglesia por los sacramentos, e incidencia comunidad política, supuso un desarrollo con respecto a las posiciones de
de los carismas. tiempos pasados. Esta doctrina tiene también consecuencias en el ámbito
interno de la Iglesia, donde reclama en primer lugar la tutela de la justa li-
El Vaticano II, además de resaltar la dimensión eclesial de los sacra- bertad del cristiano en los asuntos terrenos. Pero autonomía de lo tempo-
mentos, hizo referencia a la eficacia estructurante de algunos de ellos: el ral no significa independencia del orden establecido por el Creador. El Es-
bautismo, por el que los hombres se incorporan a la Iglesia de Cristo y tado, como cualquier persona o institución, ha de respetar en su actuación
participan de su sacerdocio real; el orden, por el que el Pueblo de Dios se la dignidad de la persona humana y sus derechos fundamentales, base so-
organiza jerárquicamente y del que surge el sacerdocio ministerial; y la bre la que se centran las relaciones entre la Iglesia y la sociedad civil. El
Eucaristía, que constituye el centro de crecimiento de la Iglesia. Pero el reconocimiento del derecho de libertad religiosa, al que el Concilio dedi-
Espíritu Santo, para estructurar y renovar al Pueblo de Dios, se sirve tam- có la Decl. Dignitatis humanae, ofrece un buen modo de garantizar sufi-
bién de los carismas que otorga a los fieles; y el ordenamiento canónico ciente autonomía a la Iglesia y a los diversos grupos religiosos en el con-
ha de cuidar de su adecuado despliegue. Todos estos principios son impor- texto de los Estados secularizados (vide XXXVII).
tantes para la fundamentación del Derecho canónico en el misterio de la
Iglesia (vide II, 2, b ). Al margen de estos principios, la exposición del misterio de la
Iglesia, tal y como aparece en la Const. Lumen gentium, se considerará
La sacramentalidad y colegialidad del episcopado, y la doctrina a partir del Vaticano II el prisma más esclarecedor para el estudio del
sobre la Iglesia particular y sus relaciones con la Iglesia universal. Derecho canónico (cf. OT, 16).
Estas enseñanzas conciliares -relacionadas con la doctrina de la
Iglesia como comunión-, y la insistencia del Vaticano II en mostrar la b) Directrices jurídicas y nuevas instituciones
autoridad jerárquica como servicio, han supuesto una profundización en
la naturaleza de la potestad en la Iglesia y una nueva concepción de impor- En cuanto a las directrices jurídicas que sancionó el Concilio de
tantes sectores de la organización eclesiástica: formas de ejercicio de la cara a la futura revisión codicial, la simple mención de algunas de ellas
colegialidad episcopal; relaciones entre Iglesia particular y universal, en- bastará para intuir su importancia: abolición o reforma del sistema be-
tre colegialidad y primado; autonomía del Obispo diocesano en su minis- neficia! (vide XXXIII, 3), de forma que quedara claro el valor primor-
terio pastoral; sentido de servicio con que han de cumplirse las funciones dial del oficio de los ministros sagrados (y del servicio que representa
de gobierno, y recurso a aquellas técnicas de organización que lo faciliten; cualquier cargo eclesiástico), frente al carácter secundario e instrumen-
etc. (vide XV-XIX). tal del derecho a sus rentas anejas (beneficio); reforma del instituto de
la incardinación (vide X, 2, e), para lograr una mejor distribución de
La importancia de promover la unidad de la Iglesia, que fue desde
los presbíteros, y en consonancia con la misión universal a la que des-
el principio uno de los objetivos principales del Vaticano II, y al que
tina el orden; restablecimiento del diaconado permanente (vide
consagró su Decr. Unitatis redintegratio.
XXVIII, 1); directrices sobre la constitución y régimen de los semina-
Entre otras directrices sobre ecumenismo, el Concilio señalaría que la rios (vide X, 2, b); revisión de las normas relativas al apostolado seglar
solicitud por el restablecimiento de la unión atañe a toda la Iglesia, tanto (vide X, 4, e), de acuerdo con las enseñanzas del Decr. Apostolicam ac-
84 85
INTRODUCCIÓN AL DERECHO CANÓNICO EL CONCILIO VATICANO II Y LA NUEVA CODIFICACIÓN
tuositatem; pleno reconocimiento del derecho de asociación en la Igle- Sumo Pontífice. En su alocución, Pablo VI trazó las bases de la futura
sia y de los distintos tipos de asociaciones de fieles (vide XI); etc. labor, recalcando que no consistiría solo en una nueva ordenación de
Por último, los textos conciliares contienen frecuentes alusiones a las leyes, similar a la que se llevó a cabo al elaborar el Código Pío-Be-
nuevos organismos y estructuras pastorales, reconocidos o instituidos nedictino, sino en reformar las normas de acuerdo con otra mentalidad
por él, que tras ser acogidos en las sucesivas leyes eclesiásticas consti- y exigencias, y siguiendo las directrices del Vaticano II.
tuyen hoy una realidad vigorosa. Cabe señalar en este sentido: el Síno- 1(
Pablo VI se refirió también a la posibilidad de elaborar, además del
do de los obispos (vide XVI, 4 ), las conferencias episcopales (vide Código latino y el oriental, un «Código común y fundamental, en el que se
XIX, 6), las prelaturas personales (vide XVII, 5, b), los consejos pres- contuviera el Derecho constitutivo de la Iglesia»; cuestión que había sido
biterales y pastorales (vide XVIII, 5, a y d; 6, e) así como diversas co- estudiada en los trabajos preparatorios, y que cuajó en el proyecto de la
misiones, consejos, secretariados, etc. Lex Ecclesiae Fundamentalis (LEF), que sin embargo no llegó a promul-
garse.
3. LEGISLACIÓN POSTCONCILIAR Y ELABORACIÓN
DEL NUEVO CóDIGO LATINO b) Los Principios directivos
a) Primeros pasos El Card. Ciriaci falleció a finales de 1966, dejando bien encami-
nada la obra de revisión, en la que se quiso contar, desde el primer
Antes de clausurarse el Concilio, y en años sucesivos, la Santa momento, con la opinión y participación de todo el Episcopado. Y en
Sede comenzó a publicar documentos que recogían las primeras deter- febrero de 1967 le sucedió Mons. Pericle Felici, que había sido Secre-
minaciones concretas de renovación disciplinar. tario General del Concilio Vaticano II. Una de las primeras tareas diri-
A título de ejemplo pueden citarse: el M. p. Apostolica sollicitudo, por gidas por el Card. Felici consistió en la redacción de un documento ti-
el que se instituía el Sínodo de los obispos; el M.p. De Episcoporum mu- tulado Principios que han de dirigir la revisión del Código de Derecho
neribus, sobre facultades y privilegios de los obispos; o el M.p. Ecclesiae Canónico.
Sanctae, relativo a diversas materias.
Se trataba de un texto articulado en diez puntos en el que, siguiendo
Pero el esfuerzo definitivo por traducir al lenguaje jurídico la doc- una sugerencia de Pablo VI, se procuró resumir las principales exigencias
trina y disposiciones del Vaticano II, por lo que se refiere a la Iglesia de reforma legislativa que podían deducirse del Concilio, para facilitar a
latina, lo representaría la elaboración y promulgación del Código de los consultores algunos criterios de orden doctrinal y técnico que orienta-
1983, que además de sustituir al de 1917 derogó la mayor parte de la ran su trabajo y les ayudaran a desarrollarlo de manera orgánica.
legislación postconciliar. Una vez discutidos en el seno de la Comisión y examinados tam-
La redacción del nuevo Código fue un proceso largo y laborioso, bién por el Papa, dichos principios, por deseo expreso de Pablo VI,
que se confió de manera inmediata a la Comisión Pontificia para la re- fueron presentados al Sínodo de obispos de octubre de 1967, que los
visión del Código de Derecho Canónico, creada por Juan XXIII el28 aprobó por gran mayoría.
de marzo de 1963, mediante el nombramiento de sus treinta primeros
miembros, cuyo primer Presidente fue el Card. Pietro Ciriaci. El texto de esos diez principios directivos está recogido en el primer
número de la revista oficial de la Comisión (<<Communicationes»), yapa-
En pleno funcionamiento, la Comisión estuvo integrada, además de rece resumido en el Prefacio del CIC. Muchos de ellos saldrán a colación
por sus miembros (inicialmente solo cardenales), a quienes correspondía en estas lecciones.
decidir las cuestiones de mayor importancia, por un amplio número de
consultores (en total intervinieron 183), que realizaron su trabajo técnico
distribuyéndose en grupos de estudio, y por el personal de la Secretaría. e) Proyectos sucesivos y promulgación del nuevo Código
Las tareas de revisión se inauguraron públicamente el 20 de no- Sobre la base de los principios directivos, de los propios documen-
viembre de 1965, mediante una sesión solemne de la Comisión ante el tos conciliares y de las sugerencias enviadas por los obispos, y toman-
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INTRODUCCIÓN AL DERECHO CANÓNICO EL CONCILIO VATICANO// Y LA NUEVA CODIFICACIÓN
do como punto de partida los cánones del Código de 1917, los grupos canee normativo, o los decretos generales de los organismos episcopales
de estudio de consultores comenzaron a elaborar sus respectivos pro- (concilios particulares, conferencias episcopales ... ), deben pasar por ella,
yectos (schemata), según una división provisional de materias. para garantizar su conformidad con el Derecho vigente. Se han querido así
Entre 1972 y 1977, a medida que terminaban de redactarse, se en- prevenir con mayor efectividad los riesgos de gradual confusión de las
fuentes normativas que trataron de evitar, sin conseguirlo plenamente, el
viaron diez proyectos parciales del Codex, con su correspondiente re-
Código de 1917 y las disposiciQ-nes posteriores de Benedicto XV.
latio o informe explicativo adjunto, a los miembros de la Comisión, a
todos los obispos del mundo y a diversos organismos, con la invitación
de que hicieran las observaciones y propuestas que les parecieran opor- 4. CARACTERÍSTICAS GENERALES DEL CóDIGO DE 1983
tunas. Y con fecha 29 de junio de 1980 se imprimió el primer borrador
unificado del Código, que fue enviado ya sólo a los miembros de la Como pedía el primer principio directivo, el nuevo Código latino
Comisión, pues someter de nuevo el proyecto al examen de todo el mantiene inalterado su carácter jurídico: está redactado en el tenor im-
Episcopado hubiera retrasado excesivamente una promulgación que se perativo, sobrio y preciso típico de las normas jurídicas. No faltan en
consideraba cada vez más urgente. él, sin embargo, exhortaciones y consejos, de los que tampoco debe
No obstante, para garantizar mejor la representatividad de los obis- prescindir el Derecho canónico. Así lo reclamó el tercer principio di-
pos, Juan Pablo 11 decidió ampliar para aquella ocasión el número de rectivo, que abogó además por desechar las normas excesivamente se-
miembros de la Comisión, que pasó a estar constituida por 57 cardenales y veras, y recordó la importancia de la equidad canónica (vide 11, 6), a fin
18 arzobispos y obispos de todo el mundo. de favorecer lo más posible la atención pastoral de las almas.
Lugares y tiempos sagrados IV. La función de santificar de la Iglesia distintos lugares. Y la relevancia que da a la costumbre como fuente
(420 ce.) innovadora del ordenamiento supone otra importante vía de diversifi-
Sacramentos Sacramentos cación de la disciplina.
Culto divino Los demás actos del culto divino Además, puede añadirse que el CIC 83, a semejanza del Vaticano
Magisterio eclesiástico Lugares y tiempos sagrados II, es un cuerpo legislativo renovador: porque entraña de por sí una re-
Beneficios ... novación de la disciplina eclesfástica; porque supone un incentivo ex-
Bienes temporales de la Iglesia V. Bienes temporales de la Iglesia (57 traordinario para la ciencia canónica, y augura el resurgir de un nuevo
ce.) Derecho sabio, que dé razón de sus instituciones; e incluso porque, ha-
IV. Procesos (643 ce.) VI. Las sanciones en la Iglesia (89 ce.) biendo sido promulgado en un momento en que decaía el interés por el
V. Delitos y penas (220 ce.) VII. Procesos (353 ce.) Derecho canónico en muchos ambientes eclesiales, ha hecho cambiar
esa tendencia durante los años que lleva en vigor.
El nuevo Código, como podrá apreciarse, sustituye el libro de
«personas» por el del Pueblo de Dios; no pone en primer lugar a los
clérigos, sino a los fieles; y, en lugar de incluir el Magisterio y los sa- e) Relaciones con la normativa precedente (ce. 1-6)
cramentos en un libro de «cosas», los sitúa respectivamente dentro de
las funciones de enseñar y santificar de la Iglesia. El Código latino no es fuente de Derecho en las Iglesias orientales,
como expresamente señala su c. l. Tampoco ha modificado los conve-
nios de la Santa Sede con las naciones o con otras sociedades políticas
b) Rasgos distintivos (c. 3); ni los derechos adquiridos, o los privilegios concedidos por la
Sede Apostólica, que estuvieran en uso y no hayan sido revocados (c.
El CIC 83 puede calificarse como la decantación y coronación ca- 4). Pero ha abrogado el Código de 1917 y las demás fuentes menciona-
nónica del Vaticano II para el ámbito de la Iglesia latina. Así lo destaca das en el c. 6 § 1, las normas litúrgicas contrarias a sus prescripciones
la Const. Ap. Sacrae disciplinae leges: «El Código es un instrumento (c. 2), y algunas costumbres, conforme a lo establecido en su c. 5.
que se ajusta perfectamente a la naturaleza de la Iglesia, sobre todo tal La profunda reforma canónica llevada a cabo en el CIC 83 no supo-
como la propone el magisterio del Concilio Vaticano II visto en su to- ne, sin embargo, una ruptura con la tradición. El nuevo Código se man-
talidad, y de modo especial su doctrina eclesiológica. Es más, en cierto tiene en clara línea de fidelidad a la legislación perenne de la Iglesia, y
modo este nuevo Código puede considerarse como un gran esfuerzo reproduce muchas veces conceptos e instituciones presentes ya en el De-
por traducir al lenguaje canónico esa misma doctrina, es decir, la ecle- recho antiguo, de modo que ha de entenderse en esos aspectos --como
siología del Concilio». dice su c. 6 § 2- «teniendo también en cuenta la tradición canónica».
Este empeño se refleja tanto en su contenido y en su sistemática,
como en las fuentes utilizadas para su redacción, que aparecen resumidas
en la edición típica del Código publicada en 1989. Sobre todo en los libros 5. EL CóDIGO DE CÁNONES DE LAS IGLESIAS ORIENTALES
11, 111 y IV, las citas del último Concilio son muy numerosas.
Las Iglesias orientales son las que dependen de uno de los anti-
Otra característica peculiar del CIC 83 es la de ser un Código
guos Patriarcados de Oriente (Constantinopla, Antioquía, Alejandría y
abierto. Lejos de pretender contener, como el anterior, la totalidad de
Jerusalén), o de otra Iglesia madre oriental.
la legislación universal para la Iglesia latina, su propio texto remite a
leyes especiales para la regulación de ciertas materias, como la organi- Salvo la Iglesia Maronita (del Líbano) y la !talo-Albanesa, totalmente
zación de la Curia Romana (c. 360) o el procedimiento en las causas de en comunión con Roma, las restantes Iglesias católicas orientales se co-
beatificación y canonización (c. 1403). En consonancia con un aspecto rresponden con una rama ortodoxa, separada de la Sede Apostólica y por
del principio de subsidiariedad recogido en el 5. 0 principio directivo, lo general mayoritaria. Entre estas Iglesias se encuentran: la Iglesia católi-
rompe con la tendencia centralizadora de la legislación eclesiástica, ca de los caldeos (con Patriarcado en Irak), las de los malabares y malan-
propiciando un mayor desarrollo del Derecho particular, adaptado a los cares (India), la de los coptos (Egipto), siríacos, armenios, melquitas,
l)l
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INTRODUCCIÓN AL DERECHO CANÓNICO EL CONCILIO VATICANO JI Y LA NUEVA CODIFICACIÓN
ucranianos, etc. En total hay 21 Iglesias orientales unidas a Roma, que Const. Ap. Sacri canones, y entró en vigor el 1 de octub¡-e de 1991.
cuentan con unos 15 millones de fieles. Está ordenado en 30 títulos y tiene 1.546 cánones. Dentro de este mar-
co común, cada una de las Iglesias orientales ha de desarrollar su pro-
En el momento en que se procedió a la codificación latina, el De- pio Derecho particular, de acuerdo con sus respectivas tradiciones dis-
recho de las Iglesias católicas orientales aparecía igualmente disperso ciplinares.
en multitud de fuentes que hacían muy difícil su manejo; con la cir-
cunstancia añadida de que en el Oriente cristiano, aun existiendo un El CCEO incluye tambiln casi todas las prescripciones de la Lex Ec-
patrimonio disciplinar común, representado sobre todo por los sagra- clesiae Fundamentalis presentes en el CIC; y como señala la Const. Ap.
dos cánones confirmados en el II Corre. de Nicea (a. 787), cada una de Sacri canones, es expresión de la enseñanza conciliar de que la variedad
las Iglesias autónomas (sui iuris) dispone de sus propias tradiciones de las Iglesias «no solo no daña a su unidad, sino que más bien la mani-
disciplinares. Se comprende por eso que el éxito inicial del CIC 17 mo- fiesta» (OE, 2). Desde su promulgación, este nuevo Código ha despertado
un notable interés científico por el Derecho oriental, tanto en las respecti-
viera a aplicar la técnica de la codificación al Derecho oriental.
vas Iglesias sui iuris como en el ámbito latino. Y es lógico que así fuera,
Los trabajos preparatorios para la elaboración de un Código común a pues las tradiciones orientales y el espíritu contenidos en él, tan estrecha-
todas estas Iglesias fueron iniciados por Pío XI en 1929, y gracias a ellos mente conectados con las antiguas fuentes del Derecho canónico, abren a
pudo hacerse una importante recopilación de fuentes del Derecho oriental. los estudiosos nuevos y sugerentes horizontes.
El mismo Pío XI constituyó en 1935 la Comisión Pontificia para la redac-
ción del «Código de Derecho Canónico oriental». Y fruto de sus trabajos Juan Pablo II ha afirmado en varias ocasiones que el CCEO, junto
fueron cuatro textos legales, que Pío XII promulgó entre 1949 y 1957: los con el CIC y la Const. Ap. Pastor Bonus sobre la Curia Romana, pue-
M.p. Crebrae allatae, Sollicitudinem nostram, Postquam apostolicis litte- den considerarse parte integrante de un mismo cuerpo unitario, de un
ris y Cleri sanctitati. nuevo «Corpus luris Canonici» de toda la Iglesia Católica. Por eso,
además de expresar su deseo de que en la edición de cada uno de los
Cuando Juan XXIII anunció la revisión del Código latino, hizo Códigos se recoja siempre la ley sobre la Curia Romana, ha exhortado
también referencia a una próxima promulgación del Código oriental. a que en las Facultades de Derecho canónico se provea al estudio com-
No obstante, la celebración del Vaticano II aconsejó su retraso, con el parativo de ambos Códigos.
fin de que ese Código, al igual que el latino, respondiera a la doctrina y
disposiciones del Concilio.
Pablo VI constituyó la Comisión Pontificia para la revisión del
Código Oriental el 1O de junio de 1972, en sustitución de la existente
hasta entonces; y confió el cargo de Presidente al Card. J. Parecattil, de
la Iglesia malabar. A partir de su creación, esta Comisión trabajó de
forma parecida a la latina: confeccionando sus propios Principios di-
rectivos, organizándose en grupos de estudio de consultores, elaboran-
do diversos proyectos y sometiéndolos a la consulta del Episcopado
oriental, de los dicasterios interesados y de otros organismos, tras obte-
ner el beneplácito del Papa.
El primer borrador unificado del Código oriental fue enviado en 1986
a los miembros de la Comisión Pontificia; y con las enmiendas que propu-
sieron se redactó el Schema novissimum, que se entregó al Santo Padre en
enero de 1989, quien quiso revisarlo también por sí mismo, con la ayuda
de algunos peritos.
92 93
C. NOCIONES GENERALES
CAPÍTULO V
RELACIONES JURÍDICAS
Y SUJETOS DE DERECHO
97
INTRODUCCIÓN AL DERECHO CANÓNICO RELACIONES JURÍDICAS Y SUJETOS DE DERECHO
98 99
RELACIONES JURÍDICAS Y SUJETOS DE DERECHO
INTRODUCCIÓN AL DERECHO CANÓNICO
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INTRODUCCIÓN AL DERECHO CANÓNICO RELACIONES JURÍDICAS Y SUJETOS DE DERECHO
Resulta indudable, por tanto, que toda persona humana es sujeto del 1), con sus deberes y derechos comunes, manifiestan su diversidad y
ordenamiento canónico. La diferencia entre los fieles y los no bautizados explican la variedad de situaciones jurídicas existentes en el ordena-
podría compararse, a grandes rasgos, con la que existe entre los ciudada- miento de la Iglesia. Algunos de esos factores -a los que se refieren
nos de un país y los extranjeros: todos son sujetos de Derecho, pero solo los cánones sucesivos- pueden afectar también a la capacidad de
los primeros tienen todos los deberes y derechos propios del nacional. .( obrar de los no bautizados.
Uso de razón y edad. Son•condiciones estrechamente relacionadas,
5. FACTORES QUE INCIDEN EN EL ESTATUTO JURÍDICO
pues ambas se refieren al propio sujeto, e inciden en su capacidad de
DE LA PERSONA FÍSICA
obrar de un modo similar: el uso de razón, como exigencia de Derecho
natural para la imputabilidad de los actos, y la edad, como criterio ob-
Como señala el c. 96, el estatuto jurídico de los bautizados está de- jetivo conectado naturalmente con el uso de razón y con la necesaria
terminado «teniendo en cuenta la condición de cada uno, en cuanto es- madurez psicológica.
tén en la comunión eclesiástica y no lo impida una sanción legítima- Por razón de la edad, que se mide según la normativa sobre el
mente impuesta». Veamos qué repercusión canónica concreta tienen cómputo del tiempo (ce. 200-203), el CIC establece tres categorías de
estos tres tipos de factores. personas: mayor, a partir de los 18 años; menor, si aún no ha cumplido
esa edad; e infante, cuando el menor tiene menos de 7 años. Desde los
7 años, «se presume» (con presunción iuris tantum, que admite prueba
a) Comunión eclesiástica en contra) que el menor tiene uso de razón. Al infante, en cambio, «se
Para ejercer en plenitud su condición de persona in Ecclesia o de le considera» (con presunción iuris et de iure, que no admite prueba en
fiel, el bautizado debe encontrarse en plena comunión con la Iglesia contra) sin uso de razón (cf. c. 97).
mediante los vínculos de la profesión de fe, de los sacramentos y del Característico del mayor es tener «pleno ejercicio de sus derechos»;
régimen eclesiástico (vide VIII, 5). La falta de comunión con la Iglesia del menor, estar sujeto a la potestad de sus padres o tutores en el ejercicio
por defecto de esos vínculos implica canónicamente una limitación de de esos derechos, excepto en aquello en que la ley divina o eclesiástica le
la capacidad de obrar: no se pierde la titularidad de los «deberes y de- eximan de tal potestad (cf. c. 98); y del infante, no estar obligado al cum-
rechos del cristiano», pero sí resulta afectado su ejercicio, para el que plimiento de las leyes meramente eclesiásticas, salvo cuando el Derecho
la comunión eclesiástica es condición primaria o fundamental. disponga expresamente otra cosa (cf. c. 11 ). Por lo demás, la capacidad de
obrar del menor que ya ha alcanzado el uso de razón dependerá del acto
concreto que se trate de realizar. El Código, p. ej., exige al menos 17 años
b) Sanciones para ser admitido válidamente al noviciado (cf. c. 643 § 1); 14 años a la
mujer y 16 al varón para contraer matrimonio (cf. c. 1083); y 14 años para
El normal ejercicio de los «deberes y derechos del cristiano» pue- que un menor pueda demandar en juicio y contestar por sí mismo, sin el
de quedar también limitado, de forma secundaria, por una «sanción le- consentimiento de sus padres o tutores, en las causas espirituales o cone-
gítimamente impuesta» (vide XXXIV). Entre ellas, tienen especial gra- xas con ellas (cf. c. 1478 § 3).
vedad la excomunión (c. 1331 ), que supone un apartamiento formal de
la comunión con la Iglesia, y el entredicho (c. 1332); las demás sancio- Quienes carecen habitualmente de uso de razón, con independen-
nes implican solo la suspensión de ciertos derechos, o prohibiciones y cia de su edad, «Se considera» (con presunción iuris et de iure) que no
privaciones concretas (p. ej., de una dignidad o un cargo). son dueños de sí mismos y se equiparan en el Derecho a los infantes
(cf. c. 99); de tal modo que están sujetos, como ellos, a la potestad de
sus padres o tutores (cf. c. 98 § 2), y están también eximidos de obser-
e) Otros factores determinantes
var las leyes meramente eclesiásticas (cf. c. 11 ).
Por último, bajo la expresión «condición de cada uno», el c. 96 Territorio. La relación de lugar se usa en el ordenamiento canóni-
alude a una serie de características y circunstancias personales que, co para determinar la condición jurídica de la persona, por razones de
respetando la igualdad radical de los fieles (cf. LG, 32; c. 208; vide IX, atención pastoral, buen gobierno y seguridad jurídica.
102 l<n
INTRODUCCIÓN AL DERECHO CANÓNICO RELACIONES JURÍDICAS Y SUJETOS DE DERECHO
Como se verá en su momento (vide XV, 4, a), el territorio es el crite- La consanguinidad es la relación de parentesco que surge de una
rio que utiliza habitualmente la Iglesia para organizarse; aunque, desde el común procedencia biológica, con independencia del carácter matri-
Concilio Vaticano II -que señaló que la territorialidad no es elemento monial o no de la unión de los progenitores. Para la medida de esta re-
constitutivo de la Iglesia particular-, el Derecho de la Iglesia prevé que lación, que sirve de modelo a las demás, el c. 108 emplea tres nociones
esa organizacción pueda hacerse también con arreglo a criterios persona- básicas: a) tronco, o persona o personas de las que descienden los con-
les. sanguíneos; b) línea, o conjlfnto de personas que descienden de un
mismo tronco, denominada recta cuando se da entre ellas procedencia
El Derecho canónico, inspirándose en el Derecho romano, ha acu-
sucesiva (abuelos, padres, nietos ... ), y colateral cuando existe un tron-
ñado tres conceptos principales para definir la relación de lugar: domi-
co común pero no proceden unas de otras (tíos, sobrinos, primos ... ); y
cilio, cuasidomicilio y lugar de origen.
e) grado, que indica la distancia entre los parientes. En línea recta hay
El domicilio y el cuasidomicilio (ce. 102-1 07), ya sea parroquial o tantos grados cuantas son las generaciones o personas, descontando el
al menos diocesano (sin determinar la parroquia concreta), constituyen tronco; y en línea colateral, cuantas personas hay en ambas líneas, des-
la sede jurídica de la persona: el lugar que la ley considera su centro de contando el tronco.
actividad jurídica. Y a las parroquias y diócesis se equiparan a estos
efectos las estructuras asimiladas a ellas: cuasiparroquias, prelaturas te- P. ej., entre abuelo y nieto existe un parentesco de segundo grado en
rritoriales, prefecturas apostólicas, etc. línea recta (dos generaciones, sin contar al abuelo); y entre primos herma-
nos, de cuarto grado en línea colateral (dos personas en cada línea, sin
El domicilio real se adquiere por la residencia en el territorio de una contar al abuelo o abuela común). El parentesco de consanguinidad causa
parroquia o diócesis que, o vaya unida a la intención de permanecer allí un impedimento matrimonial (c. 1091; vide XXX, l, b); y tiene también
perpetuamente si nada lo impide, o se haya prolongado de hecho por 5 trascendencia jurídica en los ámbitos patrimonial y procesal (cf. ce. 492 §
años. El cuasidomicilio real se adquiere por la residencia en ese lugar que, 3, 1298, 1448, 1449 y 1548 § 2, 2. 0
).
104 105
INTRODUCCIÓN AL DERECHO CANÓNICO RELACIONES JURÍDICAS Y SUJETOS DE DERECHO
propias y de su propio patrimonio teológico y espiritual (cf. OE, 2, 3 y señaladas en relación con la edad para el matrimonio o la elección del rito
5), es un importante factor de diversidad, pues contribuye a determinar de los hijos. Pero al margen de estas particularidades, fundadas en razones
la identidad eclesial de cada fiel y su condición jurídica. En efecto, ya diversas y que se contemplan en cualquier ordenamiento, puede decirse
hemos visto que el CIC es solo para la Iglesia latina (cf. c. 1), mientras que hombre y mujer tienen en la Iglesia las mismas obligaciones y dere-
que los católicos orientales se rigen por el CCEO y por las normas es- chos, incluidos los que pertenecen al consorcio de vida conyugal (c. 1135)
pecíficas de su Iglesia ritual; aunque esto no impide que ambos Códi- y, por supuesto, los que son CQillunes a todos los fieles (ce. 208-223).
gos tengan en cuenta otros ritos.
La adscripción a la Iglesia latina o a una de las Iglesias orientales cató- 6. LA PERSONA JURÍDICA EN EL ORDENAMIENTO CANÓNICO
licas se produce, ordinariamente, al recibir el bautismo. En la Iglesia latina,
el menor de 14 años se incorpora a ésta si es la Iglesia ritual de sus padres; a) Concepto
pero si uno de los cónyuges es de rito distinto, se incorpora a aquella en la
que ambos decidan bautizarle; y si faltara ese acuerdo, a la Iglesia ritual del En la Iglesia o en el ámbito civil, no solo la persona humana es ca-
padre. El mayor de 14 años puede elegir libremente en qué Iglesia se bauti- paz de obligaciones y derechos; también otros entes sociales, cuya
za, y quedará adscrito a ella (cf. c. 111 ). Después del bautismo es posible existencia y finalidad trascienden a quienes los componen en cada mo-
cambiar de rito sólo en ciertos supuestos (cf. c. 112). Y para los orientales
mento, son sujetos de relaciones jurídicas, con ciertas limitaciones.
católicos, existen prescripciones similares en el CCEO (ce. 29-38).
Esos entes se denominan personas jurídicas cuando su subjetividad es
Estado o condición canónica. Los estados o condiciones de vida reconocida plenamente por el ordenamiento.
que caracterizan estable y profundamente la existencia del fiel (laico o El Derecho romano admitía ya que los representantes de ciertas enti-
clérigo, consagrado, casado o célibe), se cuentan entre las principales dades, formadas por un conjunto de personas o por una masa de bienes
manifestaciones de la «diversidad de miembros y de funciones» exis- destinados a un fin, intervinieran en defensa de sus intereses. Buscando la
tentes en el Cuerpo místico de Cristo, conforme a los dones que el Espí- mejor solución a sus problemas jurídicos, Sinibaldo Fieschi (luego Inocen-
ritu Santo distribuye entre los fieles para el bien de la Iglesia (cf. LG, 7). cia IV) propuso fingir que dichas entidades eran personas (fingatur una
persona). Más tarde, la Escuela racionalista del Derecho natural empleó la
Estas condiciones o estados se relacionan normalmente con funciones noción de persona moral, de carácter abstracto, para referirse a aquellas
eclesiales específicas; e implican, desde el punto de vista canónico, distin- entidades a las que debían reconocerse derechos; y esta noción comenzó a
tas posiciones jurídicas, con obligaciones y derechos propios (de los lai- utilizarse en el ámbito canónico, con el fin apologético de justificar la so-
cos, clérigos, etc.) que se verán en su momento (vide X). beranía de la Iglesia y la libertad y autonomía de sus organismos públicos
Sexo. Si, en el ámbito natural, la feminidad y la masculinidad mo- frente al absolutismo estatal. En el siglo XIX apareció la expresión perso-
na jurídica, y el concepto -de cariz exclusivamente técnico- adquirió ya
dalizan la existencia y el papel de la persona en la familia y la socie-
perfiles más precisos. Aunque todavía sigue discutiéndose si la subjetivi-
dad, algo parecido sucede en la Iglesia, donde todos los fieles, varones
dad de estas entidades radica en su propio sustrato (teoría de la realidad), o
o mujeres, gozan de una «verdadera igualdad en cuanto a la dignidad y exige una intervención de la autoridad para otorgarles personalidad (como
acción común» (LG, 32), pero tienen ciertos cometidos que les son en el ambiente cultural del positivismo jurídico propuso Savigny).
más propios. En efecto, aunque el Código no mencione el sexo entre
los factores determinantes de la condición jurídica, es evidente que lo Las personas jurídicas pueden definirse como entes de base colec-
tiene presente. tiva o patrimonial, capaces de ser centro de imputación de situaciones
Concretamente, ser varón es necesario para recibir válidamente el sa- jurídicas, y a los que el Derecho da la calificación formal de sujetos.
cramento del orden (cf. c. 1024) -que no debe considerarse un derecho Entre la multiplicidad de colectividades y patrimonios con fines
(vide XXVIII, 3, a)-, así como para acceder a aquellos oficios o funciones que trascienden al individuo, el Derecho canónico regula sólo los que
que exigen dicho sacramento. Los encargos estables de lector y acólito se persiguen una finalidad congruente con la misión de la Iglesia: obras
reservan también a varones (cf. c. 230 § 1), quizá solo por motivos de con- de piedad, de apostolado o de caridad, tanto espiritual como temporal
veniencia. Y hay alguna distinción más entre mujer y varón, como las ya (cf. c. 114 ~~ 1 y 2).
106 107
INTRODUCCIÓN AL DERECHO CANÓNICO RELACIONES JURÍDICAS Y SUJETOS DE DERECHO
La ordenación de aquellas otras entidades que desarrollan actividades Las fundaciones son personas jurídicas formadas por unos bienes
o se proponen fines ajenos a esa misión compete más bien al poder civil; o cosas, espirituales o materiales, destinados a un fin por una voluntad
de ahí que el Código, sin desconocer su existencia, no se refiera a ellas fundacional. Las fundaciones para fines de piedad o caridad que tienen
como personas jurídicas in Ecclesia. personalidad jurídica propia se llaman fundaciones autónomas; y pue-
den ser dirigidas en su actividad por una o varias personas físicas, o
El CIC considera a la persona jurídica como un sujeto que, sin ser por un colegio (cf. c. 115 § 3).-
/
persona física, es titular «de las obligaciones y derechos congruentes
con su propia índole» (c. 113 § 2). Por tanto, la distinción entre personas colegiales y no colegiales al-
canza a las fundaciones. Existen también conjuntos de bienes para fines de
Efectivamente, hay derechos y obligaciones que son propios solo de piedad o caridad, sin personalidad jurídica propia, pero integrados en una
la persona física (p. ej., el derecho a la libre elección de estado); y sabe- corporación, que se llamanfundaciones no autónomas (p. ej., las mencio-
mos también que es exclusivo de la persona humana tener capacidad de nadas en el c. 1303).
obrar, por lo que las personas jurídicas necesitan representantes para ac-
tuar en el tráfico jurídico.
e) Personas jurídicas públicas y privadas
Para que un ente se constituya como persona jurídica en la Iglesia
Así como el CIC 17 utilizaba el concepto de persona moral para re-
se requiere, además, que así lo establezca una disposición general del
ferirse a las colectividades y patrimonios, y lo aplicaba solo a las piezas
Derecho o una «especial concesión de la autoridad competente dada
de la organización pública de la Iglesia o a las entidades que colaboran
mediante decreto» (c. 114 § 1).
de manera inmediata con ella, el CIC 83 maneja la noción de persona
En este segundo supuesto, solo se conferirá personalidad jurídica a jurídica, e incluye también en ella a ciertos entes surgidos de la libertad
aquellas entidades «que persigan un fin verdaderamente útil y que, ponde- y responsabilidad de los fieles: las personas jurídicas privadas.
radas todas las circunstancias, dispongan de medios que se prevé que pue- La anterior terminología se ha mantenido, no obstante, en el c. 113 §
den ser suficientes para alcanzar el fin que se proponen» (c. 114 § 3); y cu- 1: «La Iglesia Católica y la Sede Apostólica son personas morales por la
yos estatutos hayan sido aprobados por la autoridad competente (cf. c. 117). misma ordenación divina».
Las personas jurídicas públicas y las privadas se distinguen funda-
b) Corporaciones y fundaciones mentalmente por el modo de cumplir la función eclesial que se propo-
nen: las públicas, «en nombre de la Iglesia» (c. 116 § 1), comprome-
Según cuál sea su fundamento o sustrato, hay dos tipos principales
tiéndola de algún modo; y las privadas, actuando a título personal o
de personas jurídicas: las corporaciones o universitates personarum, y
privado, bajo la exclusiva responsabilidad de sus miembros (Molano ).
las fundaciones o universitates rerum (cf. c. 115 § 1).
A partir de ahí se explican otros rasgos distintivos. Las personas
Las corporaciones son personas jurídicas de base personal o co-
jurídicas públicas son creadas o constituidas «por la autoridad eclesiás-
lectiva, integradas por al menos tres personas. Son colegiales cuando tica competente» (c. 116 § 1), sin que eso excluya un posible origen re-
su acción, de acuerdo con las normas del Derecho y con sus estatutos, moto en la iniciativa privada; solo a ellas pueden confiarse los fines re-
es determinada por sus miembros, «que con o sin igualdad de derechos servados por su misma naturaleza a la Jerarquía, como la transmisión
participan en las decisiones»; en caso contrario se consideran no cole- de la doctrina cristiana en nombre de la Iglesia o la promoción del cul-
giales (cf. c. 115 § 2). to público (cf. c. 301 § 1); y dependen estrechamente, en su actuación
Es evidente, sin embargo, que no todas las actuaciones de las perso- y gobierno, de la autoridad de la Iglesia, como lo refleja el carácter
nas jurídicas colegiales han de realizarse colegialmente, y que también las eclesiástico de sus bienes (e f. c. 1257 § 1; vide XXXIII, 1, e). Las per-
no colegiales pueden actuar en algunos casos según el procedimiento co- sonas jurídicas privadas, por su parte, aunque muchas veces puedan
legial. Corporaciones colegiales son, p. ej., el Colegio episcopal y los ca- coincidir en sus fines y actividad con las públicas, son creadas por ini-
bildos catedrales; y no colegiales, las diócesis, las parroquias y los institu- ciativa de los fieles, sus bienes no son eclesiásticos, y actúan y songo-
tos religiosos. bernadas por sus miembros con gran autonomía.
108 109
If'.ITRODUCCIÓN AL DERECHO CANÓNICO RELACIONES JURÍDICAS Y SUJETOS DE DERECHO
Además de las diócesis, parroquias, seminarios, etc., son personas jurí- do así lo prevean los estatutos de las privadas (cf. c. 120 § 1). También
dicas públicas: los institutos religiosos y seculares, las órdenes terceras, las pueden fusionarse, dividirse o desmembrarse de distintas maneras.
cofradías y archicofradías que tengan como finalidad prioritaria el culto pú-
blico, o las asociaciones clericales (que hacen suyo el ejercicio del orden
sagrado para cumplir su propio fin). Personas jurídicas privadas son, p. ej., 7. SUJETOS SIN PERSONALIDAD
las asociaciones privadas de fieles a las que la autoridad eclesiástica conce-
de personalidad.
•
La noción de persona jurídica, al supeditar la atribución de perso-
nalidad al cumplimiento de ciertos requisitos, deja fuera algunas colec-
d) Constitución, actuación y extinción de las personas jurídicas tividades o patrimonios que pueden actuar como sujetos de diversas si-
tuaciones jurídicas que el Derecho les reconoce. Esas entidades,
En el nacimiento de las personas jurídicas es posible diferenciar existentes en cualquier ordenamiento, suelen denominarse sujetos sin
tres momentos principales, que en las públicas pueden ser más o me- personalidad o sujetos no personificados.
nos simultáneos: la constitución de su sustrato material (colectividad o
Entre este tipo de sujetos están las asociaciones privadas de fieles no
patrimonio); la aprobación de sus estatutos; y el acto de atribución de constituidas aún en persona jurídica (cf. c. 31 0), y las demás corporacio-
personalidad jurídica a esa entidad. En relación con este último paso, nes o fundaciones constituidas ya materialmente en la Iglesia, pero que no
las personas jurídicas públicas adquieren personalidad «bien en virtud gozan de personalidad jurídica por falta de aprobación de sus estatutos
del mismo Derecho, bien por decreto especial de la autoridad compe- (cf. c. 117) o por otra razón.
tente que se la conceda expresamente», mientras que las privadas la
obtienen solo mediante decreto (cf. c. 116 § 2). La existencia de sujetos sin personalidad demuestra que la noción
La Iglesia Católica y la Santa Sede tienen personalidad por Derecho de subjetividad jurídica es más amplia que la de personalidad jurídica;
divino (cf. c. 113 § 1). Las circunscripciones eclesiásticas suelen adquirir y pone de relieve la instrumentalidad y el carácter formal de esta últi-
personalidad jurídica por el propio Derecho al ser constituidas: Iglesias ma noción, así como su incapacidad de abarcar toda la fenomenología
particulares (cf. c. 373), provincias eclesiásticas (cf. c. 432 § 2), parro- derivada de la vitalidad eclesial, que exigirá siempre una pluralidad de
quias (cf. c. 513 § 3), etc. Lo mismo sucede con las conferencias episcopa- respuestas por parte del ordenamiento.
les (cf. c. 449 § 2). Las demás personas jurídicas públicas, y todas las pri-
vadas, adquieren personalidad por decreto especial.
110 111
CAPÍTULO VI
NORMAS CANÓNICAS
113
INTRODUCCIÓN AL DERECHO CANÓNICO
.. NORMAS CANÓNICAS
mente subjetivos) propuestos al sujeto, que sirven para orientar su con- En el ámbito natural, el bien común comporta por eso, en primer lu-
ducta en relación con los demás y para valorar sus actos, determinando gar, el respeto a la persona y a sus derechos fundamentales, además del
así lo que es justo. bienestar social, el desarrollo y la paz (cf. CCE, 1906-1912). Y en el ám-
bito eclesial, supone el reconocimiento, promoción y tutela de los dere-
Otro rasgo esencial de las normas, inherente a su naturaleza jurídi-
chos fundamentales del bautizado (vide IX), que se orienta al incremento
ca, es su carácter vinculante, obligatorio o imperado, por el que tienden de la comunión eclesial y ala.t>alvación de las almas. Más aún --como ex-
no solo a ilustrar la conciencia, sino también a mover la voluntad y a plicó Santo Tomás-, el bien común último al que debe dirigirse todo el
valorar la actuación según lo establecido en ellas. obrar humano es la bienaventuranza, que es también el máximo bien per-
Y en cuanto reglas, es típico también de las normas que no se ago- sonal.
ten en una sola aplicación, sino que tengan una índole más o menos
común o general. Las normas han de proceder de aquel que está al cuidado de la co-
munidad; es decir, de las personas o instituciones encargadas de asegu-
La generalidad o el carácter común de las normas, que se dirigen rar el bien común de la sociedad, y que cuentan con la autoridad o po-
siempre a un sujeto abstracto, descrito mediante un supuesto de hecho hi- testad necesaria para obligar y exigir (en justicia) a sus miembros la
potético, las diferencia de los actos jurídicos (una sentencia judicial, p. correspondiente obediencia.
ej.), que se limitan a un caso concreto.
Por último, las normas tienen que estar promulgadas: ser propues-
Entre las características contenidas en la definición de !ex de San- tas o dadas a conocer imperativamente, y del modo que sea oportuno
to Tomás, la racionalidad es la más sustancial. Si la norma, como la (no necesariamente por escrito) él sus destinatarios; de lo contrario, ca-
!ex, es esencialmente «una ordenación de la razón», una proposición de recerían de fuerza directiva y no serían auténticas normas jurídicas.
la razón práctica destinada a dirigir las acciones (aunque exija también
la voluntad de su autor), para tener fuerza vinculante deberá ante todo
ser racional: ser congruente con el orden divino natural y positivo, y 2. LA LEY CANÓNICA
estar en armonía con el resto del ordenamiento.
a) Noción de ley eclesiástica o canónica
Una regla de conducta contraria al orden divino, por más que se trata-
ra de imponer, no sería nunca una verdadera norma, sino una corrupción Dentro del género de las normas, la ley es la especie que cumple
de la norma, por «la esencial subordinación de la razón y de la ley huma- con más claridad los rasgos arriba expuestos, y destaca también por su
na a la Sabiduría de Dios y a su ley» (Juan Pablo 11, Ene. Veritatis splen- valor y por su eficacia innovadora del ordenamiento.
dor, 6.VIII.1993, n. 44). Según la doctrina tradicional, la racionalidad de
la norma exige rectitud (que no sea contraria al orden moral), oportunidad La primacía general de la ley como criterio regulador de la vida so-
(estar efectivamente ordenada al bien común en las circunstancias de la cial explica que el Derecho tienda a identificarse con un conjunto de leyes,
comunidad para la que se da) y posibilidad (que pueda ser observada por y que éstas figuren tradicionalmente a la cabeza de las fuentes jurídicas.
sus destinatarios). En la Iglesia, además, la idea de racionalidad integra Fuentes del Derecho o fuentes jurídicas, en su significación más común,
siempre la fe. En este sentido, cualquier norma canónica ha de considerar- son los factores que integran el Derecho objetivo (vide 1, 2). Pero este con-
se producto, no de la simple razón natural, sino de la razón iluminada por cepto no siempre se utiliza con la misma extensión, ni referido al mismo
la fe e informada por la gracia del Espíritu Santo (Urrutia). plano de la experiencia jurídica, de ahí que prefiramos evitarlo como cate-
goría sistemática.
La norma está ordenada al bien común, pues como regla y medida
de la conducta, más que el provecho particular debe buscar la utilidad ¿Qué se entiende por ley eclesiástica o canónica? Aunque el Códi-
general (S. Th. 1-II, q. 90, a. 2). Pero esto no implica contraposición, ya go deje habitualmente a la doctrina proponer este tipo de nociones, la
que, «conforme a la naturaleza social del hombre, el bien de cada uno cuestión tiene un claro interés práctico; sobre todo si se admite una je-
está necesariamente relacionado con el bien común», y éste, a su vez, rarquía normativa, en la que la ley ocuparía un lugar preeminente.
«solo puede ser definido con referencia a la persona humana» (CCE, Porque en la Iglesia, desde antiguo, se han utilizado diversos nombres
1905). y formalidades para promulgar las leyes; y esos nombres (constitución,
114 115
INTRODUCCIÓN AL DERECHO CANÓNICO NORMAS CANÓNIC'AS
motu proprio, decreto ... ), al no ser exclusivos de ellas, exigen recurrir ellos emanadas. Leyes que formalizan a veces contenidos de Derecho di-
a otros criterios que ayuden a identificarlas. vino (como el c. 207 § 1, cuando habla de la «institución divina» de los
ministros sagrados), y cuya fuerza de obligar radica entonces en él; pero
Para explicar la noción de ley canónica los autores se han referido tra- que también cuando son meramente eclesiásticas, porque provienen de la
dicionalmente a la definición de lex de Santo Tomás (vide supra: 1), pues razón de quien legisla y obligan por su autoridad (como es lo habitual),
los cuatro elementos que incluye resumen magistralmente su sustancia, lo deben ser congruentes con el Perecho divino.
que cualquier ley debe ser en sentido material: «Un precepto racional, co-
mún y obligatorio, promulgado por la autoridad pública» (Otaduy). Pero Legisladores universales son el Romano Pontífice y el Colegio
esta definición no llega a distinguir la ley de las demás normas. De ahí la episcopal cuando dan leyes para todos los fieles (leyes universales, co-
conveniencia de adoptar en la Iglesia un concepto de ley en sentido formal munes o generales).
semejante al que suelen manejar los ordenamientos estatales. Y este con-
cepto puede decirse que ha sido introducido con el nuevo Código. En En efecto, tanto el Romano Pontífice, Pastor y Cabeza visible de la
efecto, si se relaciona el c. 135 con el c. 29, puede concluirse que las leyes Iglesia (cf. LG, 18; c. 331), como el Colegio episcopal, en unión con su
canónicas se caracterizan como: a) normas o prescripciones generales; b) cabeza y nunca sin ella (cf. LG, 22; c. 336), son sujetos de la potestad su-
promulgadas por quien tiene potestad legislativa (éste sería su principal prema y plena sobre toda la Iglesia ~vide XVI, 1); y legislar es parte im-
rasgo formal); y e) que se ajustan a la legalidad in legislando, por lo que portante en el ejercicio de dicha potestad.
deben cumplir las condiciones establecidas en los ce. 7-22 (que suponen el
uso de una fórmula escrita) y ocuparán de ordinario una posición preva- Legisladores particulares, en cualquier porción de la Iglesia, son
lente en lajerarquía de normas (según determinan los ce. 31-34). el Romano Pontífice y el Colegio episcopal cuando dan leyes para un
grupo de fieles, delimitado por criterios territoriales o personales (leyes
La ley canónica puede definirse hoy -integrando sus aspectos particulares, especiales o peculiares). Y en el ámbito de su jurisdicción,
materiales y formales- como «un acto de la potestad legislativa de la con tal que sus leyes no se opongan al Derecho de rango superior, los
Iglesia, dotado de generalidad, cuyo tenor se expresa en una fórmula, siguientes oficios capitales (vide XV, 2, b): a) los obispos diocesanos
fijada mediante la promulgación» (Lombardía); o de un modo todavía (cf. c. 391); b) quienes presiden porciones del Pueblo de Dios asimila-
más sencillo, pero suficiente para distinguir la ley de las demás normas das a la diócesis, como una prelatura territorial o un vicariato apostóli-
jurídicas, como una norma (general) escrita, promulgada por quien co (cf. c. 381 § 2); y e) los Pastores a quienes se confía el gobierno de
tiene potestad legislativa en la Iglesia. Cualquier ley canónica es esto, otras circunscripciones eclesiásticas autónomas (vide XV, 4), como una
con independencia de su nombre o alcance. prelatura personal o un ordinariato castrense, por la analogía entre su
misión pastoral y la de los obispos diocesanos. Y en las mismas condi-
Esto explica por qué no solo los decretos generales dados por el legis- ciones, como organismos colegiales (vide XV, 3): a) los concilios par-
lador (cf. c. 29), sino también las prescripciones de los estatutos (normas
ticulares (plenarios y provinciales), que tienen reconocida «potestad de
para las personas jurídicas, generalmente de alcance interno), si han sido
«establecidas y promulgadas en virtud de la potestad legislativa, se rigen régimen, sobre todo legislativa» (c. 445), en su ámbito (vide XIX, 5); y
por las normas de los cánones acerca de las leyes» (c. 94 § 3; vide infra: 5). b) las conferencias episcopales, que solo pueden legislar en los casos
previstos por el Derecho común o cuando lo establezca un mandato es-
pecial de la Sede Apostólica (cf. c. 455 § 1; vide XIX, 6, d). Además, la
b) Autor de la ley canónica. Legisladores y leyes universales mayor parte de la doctrina afirma que también los moderadores supre-
y particulares. Legislación delegada mos y los capítulos generales de los institutos religiosos clericales de
Derecho pontificio, dotados de jurisdicción eclesiástica por el Derecho,
En principio, autor, sujeto activo o causa eficiente de la ley canó- tienen potestad legislativa respecto a los miembros de su instituto (c.
nica es el legislador: la autoridad eclesiástica dotada establemente de 596 § 2; vide XII, 2, e).
poder legislativo, ya sea respecto a toda la Iglesia o a una parte de ella
Conviene advertir que el uso de los términos Derecho o ley universal
confiada ordinariamente a su cuidado.
y Derecho o ley particular no es plenamente unívoco, ya que depende del
Aunque Dios sea el Legislador por excelencia, aquí nos referiremos marco donde se encuadre. Lo que sí es uniforme es el contraste terminoló-
solo a los legisladores eclesiásticos humanos y a las leyes positivas de gico entre universal y particular, común y especial, y general y peculiar.
116 117
INTRODUCCIÓN AL DERECHO CANÓNICO NORMAS CANÓNICAS
Así, aunque el CIC 83 es una ley particular en el ámbito de toda la Iglesia, chas leyes precisan más quién es su destinatario inmediato (p. ej., las
dentro de la Iglesia latina puede considerarse una ley universal, común o referentes a los clérigos).
general.
El CIC 83, a diferencia del CIC 17, excluye del sometimiento a las le-
Las leyes no siempre proceden directamente del legislador. Hay yes meramente eclesiásticas a los bautizados fuera de la Iglesia católica
casos excepcionales en que el autor de la ley canónica es otra autoridad que aún no han sido recibidos en ella; pero no a quienes, siendo católicos,
eclesiástica dotada ordinariamente de potestad ejecutiva, pero a la que se apartaron de la Iglesia porherejía, apostasía o cisma, salvo que al acto
el legislador otorga el poder de legislar sobre un determinado tema. formal de abandono se le atribuya algún efecto en este sentido (cf., p. ej.,
c. 1117). Cuestión distinta es la sujeción de todo cristiano al Derecho divi-
Son los fenómenos de legislación delegada previstos en el c. 30, para
no positivo, o de cualquier persona a la Ley natural, de las que ninguna
cuya validez se exige que se trate de casos particulares (no de una atri-
autoridad humana puede eximir.
bución general de potestad), y que haya una concesión expresa del le-
gislador competente, con esp~cificación 1e la materia y de_ las demás Uno de los criterios empleados por el Derecho canónico para de-
condiciones que deben cumplirse. Ademas, hay que advertir que el c. terminar mejor a quién afectan las leyes es la manera que tienen de al-
135 § 2 restringe notablemente esta posibilidad, al establecer que no canzar al sujeto: a través del territorio donde se encuentra o al que per-
puede delegarse válidamente la potestad legislativa «que tiene ~!legis tenece (leyes territoriales); o dirigiéndose a él de forma inmediata, con
lador inferior a la autoridad suprema, a no ser que el derecho d1sponga independencia del lugar donde esté (leyes personales).
explícitamente otra cosa».
Las leyes universales, por su propia índole, obligan «en todo el mun-
Esta limitación para delegar el poder de dar leyes es un modo de for- do a todos aquellos para quienes han sido dadas» (c. 12 § 1), y bajo este
talecer y defender la potestad que compete a los obispos (cf. c. 333 § 1), aspecto pueden considerarse personales; aunque es posible que alguna,
pues evita que sea absorbida por otras instancias. En cuanto a la eventual excepcionalmente, no esté vigente en un determinado territorio (cf. c. 12 §
colaboración de los dicasterios de la Curia Romana (vide XVI, 6) con el 2). Las leyes particulares se presumen territoriales, a no ser que conste
Sumo Pontífice en materia legislativa, el art. 18 de la Const. Ap. Pastor otra cosa (cf. c. 13 § l ); y de acuerdo con la regla general de estas últimas,
Bonus, aparte de reflejar el cauce de delegación previa ofrecido en el c. obligan a aquellos para quienes han sido dadas solo «si tienen allí su do-
30, insinúa un supuesto diverso, comparable hasta cierto punto con los de- micilio o cuasidomicilio y viven también de hecho en ese lugar» (c. 12 §
cretos-leyes del Derecho estatal: la «aprobación específica» por el Papa 3). No afectan, por tanto, a los transeúntes ni a los que están fuera de su te-
(que se diferencia de la aprobación en forma común, y debe constar for- rritorio, salvo en los dos casos que contempla el c. 13 § 2. Los vagos, por
malmente) en «casos singulares» de las normas elaboradas ya por esos di- su parte, «están obligados por las leyes, tanto universales como particula-
casterios, que adquirirán con ello fuerza de ley pontificia. res, que estén vigentes en el lugar donde ellos se encuentran» (c. 13 § 3).
118 1 llJ
INTRODUCCIÓN AL DERECHO CANÓNICO NORMAS CANÓNICAS
La forma de promulgación ha variado a lo largo de la historia. El tividad de las leyes; en cuyo caso -como prevé el mismo c. 9- éstas han
CIC 83 mantiene el criterio, establecido en 1908, de promulgar las leyes de disponer algo expresamente para los hechos anteriores a su entrada en
universales «mediante su publicación en el Boletín Oficial Acta Aposto- vigor.
licae Sedis, a no ser que, en casos particulares, se hubiera prescrito otro
modo de publicación» (c. 8 § 1); y señala que las leyes particulares «Se
f) Duda, ignorancia y errrtr acerca de la ley
promulguen según el modo determinado por el legislador» (c. 8 § 2),
que usualmente consistirá también en su publicación en el correspon- La duda es el estado de la mente caracterizado por la .fluctuación
diente boletín oficial diocesano o de la conferencia episcopal. del juicio ante una alternativa. De acuerdo con el c. 14, cuando hay
Para facilitar la recepción de la ley y la adopción de los nuevos cri- duda de derecho (sobre el sentido, extensión, existencia o vigencia de
terios que comporte, está prevista una vacatio le gis o suspensión de la una norma), la ley eclesiástica no obliga, aunque sea invalidante o in-
eficacia de la ley, desde su promulgación hasta su entrada en vigor, du- habilitante. Y si existe duda de hecho (sobre las circunstancias o el he-
rante un tiempo determinado. cho mismo al que tendría que aplicarse una norma, de suyo clara), pue-
El c. 8 establece una vacatio de tres meses para las leyes universales, de dispensar de la correspondiente ley el Ordinario (vide XIV, 5); salvo
«a no ser que obliguen inmediatamente por la misma naturaleza del asun- que, tratándose de una dispensa reservada a otra autoridad, ésta no sue-
to, o que en la misma ley se establezca especial y expresamente una vaca- la concederla en esos casos.
ción más larga o más breve» (como sucedió con el propio CIC, cuya vaca- A partir de los principios elaborados por la ciencia moral, para dar
tia fue más extensa); y de un mes para las leyes particulares, «a no ser que certeza a la conciencia, tradicionalmente se exige que la duda sea positiva
en la misma ley se establezca otro plazo». (es decir, que alegue razones), objetiva (que su causa no radique en el su-
jeto, como sucedería si surgiera por la falta del conocimiento debido) y
probable (que las razones sobre las que se funda sean suficientes).
e) Obligación, efectos e irretroactividad de la ley canónica
En el ordenamiento canónico, el principio general del Derecho de
La imperatividad de la ley canónica implica siempre una obliga- que «la ignorancia de la ley no exime de su cumplimiento» únicamen-
ción moral; es decir, una necesidad objetiva, impuesta a la voluntad, de te tiene plena aplicación en el caso de las leyes invalidantes e inhabili-
conciencia y ante Dios. Pero la ley suele tener además ciertos efectos tantes, cuya ignorancia no impide que tengan eficacia jurídica, salvo
jurídicos, con una proyección externa e intersubjetiva. que se establezca expresamente otra cosa (cf. c. 15 § 1). En cambio, las
Las leyes pueden mandar (leyes preceptivas, como el c. 400); prohi- leyes penales, y las leyes meramente preceptivas o prohibitivas, que-
bir (leyes prohibitivas, como el c. 286); permitir (leyes permisivas, como dan claramente al margen de este principio.
el c. 930); penalizar (leyes penales, como el c. 1398); invalidar un acto ju-
En efecto, la ignorancia inculpable de la ley penal exime de la pena, y
rídico (leyes invalidantes o irritantes, como el c. 169), o inhabilitar a un
la ignorancia inculpable de que la ley llevaba aneja una pena es una cir-
sujeto para realizarlo (leyes inhabilitantes, como los ce. 1083-1094, sobre
cunstancia atenuante (cf. ce. 1323,2. 1324,9. En cuanto al incumpli-
0
;
0
).
impedimentos dirimentes del matrimonio, donde los efectos invalidantes e miento por ignorancia de las leyes meramente preceptivas o prohibitivas,
inhabilitantes actúan simultáneamente).
suele juzgarse por criterios prioritariamente morales, de modo que la ilici-
Las leyes son generalmente irretroactivas: se aplican a hechos fu- tud de la transgresión gravará o no la conciencia según se deba a ignoran-
turos, no al pasado (cf. c. 9). Y esto por razones de justicia, orden y se- cia culpable o inculpable.
guridad jurídica; pues los sujetos tienen derecho a que su conducta, El error acerca de la ley ( cf. c. 15 § 1) tiene efectos similares a la
dentro del marco legal, no se juzgue después diversamente, y los actos ignorancia cuando radica en el propio sujeto. Pero el error común (en
realizados legítimamente reclaman la necesaria firmeza. el que puede caer cualquiera sin malicia ni culpa, y que se funda en un
Sin embargo, puesto que en ocasiones puede ser necesario u oportuno hecho objetivo y público) tiene además otras consecuencias, pues pue-
reformar situaciones jurídicas consolidadas que, por el cambio objetivo de de hacer que no se produzca el efecto irritante o inhabilitante de ciertas
circunstancias, han perdido su sentido, excepcionalmente cabe la retroac- leyes en algunos casos (cf. c. 144; vide XIV, 7).
120 121
INTRODUCCIÓN AL DERECHO CANÓNICO NORMAS CANÓNICAS
La relevancia que el Derecho canónico da a la duda, la ignorancia o el (que incluye más sujetos o más cosas), y una estricta (que incluye me-
error, en relación con la eficacia de las leyes, es uno de los rasgos que lo nos), ha de optarse por esta última.
distinguen de los ordenamientos estatales, y muestran su talante más mo-
ral y personalista. P. ej., el concepto de apóstata, hereje o cismático, a efectos de incu-
rrir en la pena de excomunión latae sententiae del c. 1364, solo incluye a
quienes se ponen voluntariamente en esa situación de un modo percepti-
g) Interpretación y suplencia de la ley canónica ble por terceros (cf. c. 1330). i.os impedimentos matrimoniales, que limi-
tan el ejercicio del derecho al matrimonio (ius connubii), deben entender-
El hecho de que las leyes tengan carácter general, y se procure for- se también de manera estricta; e igualmente las excepciones contenidas en
mularlas con sencillez y brevedad, hace que alguna vez no sea fácil de- algunas leyes que podrían llegar a desvirtuarlas si se interpretaran amplia-
terminar su verdadero sentido para aplicarlas bien en cada caso. De ahí mente.
la importancia de que la redacción de la ley resulte clara, y no dé pie al La interpretación auténtica de las leyes, que hace «el legislador y
error o a la duda; y de ofrecer a sus destinatarios, y a quienes corres- aquél a quien éste hubiera encomendado la potestad de interpretarlas
ponde aplicarla, los criterios de interpretación convenientes. auténticamente» (c. 16 § 1), es la más autorizada, y constituye un va-
Como señala el c. 17, «las leyes eclesiásticas deben entenderse se- lioso auxilio a la hora de entender y aplicar el Derecho. En relación a
gún el significado propio de las palabras, considerado en el texto y en las leyes universales, además del legislador, tiene competencia estable
el contexto». para realizar esta interpretación el Pontificio Consejo para los Textos
El medio primario de interpretación es la exégesis literal contextua/i- Legislativos (cf. PB, arts. 154-155).
zada (pues algunos términos, como «oficio» u «ordinario», tienen diver- De acuerdo con el c. 16 § 2, la interpretación auténtica manifestada
sos significados según el contexto); sin olvidar además que los cánones en forma de ley tiene igual fuerza que la misma ley, y debe promulgarse.
del Código, en la medida en que reproducen el Derecho antiguo (sus nor- En cambio, la interpretación contenida en las sentencias de los jueces o en
mas, instituciones o conceptos), «se han de entender teniendo también en los actos singulares de la autoridad administrativa no tiene nunca fuerza
cuenta la tradición canónica» (c. 6 § 2; cf. CCEO, c. 2). legal, y «solo obliga a las personas y afecta a las cosas para las que se ha
dado» (c. 16 § 3).
Si, con todo, la ley resultara dudosa y oscura, se acudirá entonces
a los demás recursos mencionados en el c. 17, menos asequibles de or- En cualquier ordenamiento jurídico es natural hallar lagunas lega-
dinario: «a los lugares paralelos, cuando los haya, al fin y circunstan- les, es decir, casos para los que no existe una norma legal directamente
cias de la ley y a la intención del legislador». aplicable; pero los propios ordenamientos prevén medios para suplir-
Los lugares paralelos son las otras leyes aplicables que traten de las las, y así sucede también en el Derecho canónico. Según el c. 19, cuan-
mismas -y no solo parecidas- cuestiones; el fin o razón de ser de la do sobre una materia concreta no exista prescripción expresa de ley o
ley, y las circunstancias en que fue promulgada, suelen deducirse de la de costumbre (vide infra: 3, a), la causa, salvo que sea penal (en esta
historia o iter de su texto (aunque la ratio legis puede constar a veces materia no cabe suplencia de ley), ha de resolverse atendiendo a los si-
dentro de la propia ley, convirtiéndose entonces en un importante recurso guientes recursos, conjuntados armónicamente: a) «a las leyes dadas
primario); y la mens o intención del legislador (lo que ha pretendido al para los casos semejantes» (analogía le gis); b) «a los principios gene-
promulgar la ley) es lo que en el fondo trata de descubrirse con los ante- rales del Derecho aplicados con equidad canónica», es decir, utilizando
riores medios. ciertas máximas jurídicas admitidas universalmente para buscar la jus-
ticia en el caso concreto (analogía iuris), y atemperando el rigor de
Como criterio particular, derivado de la tradicional regla jurídica ésta con la caridad; e) «a la jurisprudencia y praxis de la Curia Roma-
favorabilia amplianda, odiosa restringenda (debe ampliarse lo favora- na» (modo consolidado de resolver determinados asuntos los Tribuna-
ble y restringirse lo perjudicial), el c. 18 indica que «las leyes que esta- les pontificios y los órganos administrativos de la Curia Romana); y d)
blecen alguna pena, coartan el libre ejercicio de los derechos, o contie- «a la opinión común y constante de los doctores» (parecer moralmente
nen una excepción a la ley se deben interpretar estrictamente». De común de la doctrina canónica).
modo que si estas leyes admiten una interpretación extensa o «lata»
122 123
INTRODUCCIÓN AL DERECHO CANÓNICO NORMAS CANÓNICAS
Las leyes civiles no son propiamente un medio para suplir las lagunas que las leyes posteriores se han de comparar y, en la medida de lo posi-
legales; pero la ley canónica remite a ellas (las canoniza) en ocasiones ble, conciliarse con las anteriores» (c. 21 ).
(cf., p. ej., ce. 110 y 1290), y deben observarse entonces como si fueran le-
yes eclesiásticas, «Con los mismos efectos, en cuanto no sean contrarias al
derecho divino ni se disponga otra cosa en el derecho canónico» (c. 22). 3. LA COSTUMBRE CANÓNICA
. ..
a) Noción y clases de costumbre
h) Cesación de la ley canónica
La costumbre es una norma introducida por los usos comunita-
La noción de ley, por su propia índole jurídica y general (destina- rios, que no exige una fórmula escrita y cuya eficacia jurídica es co-
da a un número indeterminado de casos), entraña estabilidad y un ca- rroborada por el legislador.
rácter tendencialmente perpetuo. Pero la dinamicidad e historicidad del
Derecho (vide I, 5) reclaman, a su vez, que la ley pueda cesar o decaer Las costumbres contribuyen a ajustar el Derecho a la vida real, y ocu-
en su vigor en ciertos casos. pan un lugar destacado en el ordenamiento canónico, hasta el punto de po-
der adquirir «fuerza de ley». Esto se explica no solo por la mayor sensibili-
La doctrina ha advertido desde antiguo la posibilidad de que una ley dad de la Iglesia hacia las necesidades concretas, sino también porque las
cese ab intrínseco, si un cambio general y estable en la realidad que regu- costumbres legítimas constituyen una manifestación relevante del munus
la hace injusto, inoportuno o imposible su cumplimiento. Pero una desna- regale de todos los fieles y de su acción común en la edificación de la Igle-
turalización así de la ley, por pérdida de su racionalídad u ordenación al sia (cf. LG, 32), y pueden ser expresión de la fe y de la tradición. El precep-
bien común, es muy excepcional, y su identificación requiere un juicio to dominical, p. ej., parece haber surgido como una costumbre, antes de su
particularmente ponderado. Lo ordinario será que la ley cese ab extrínse- formulación legal.
co, mediante una nueva ley.
Por su relación con la ley, las costumbres pueden ser: secundum
Conforme al c. 20, la ley posterior puede revocar, abrogar o dero- legem (según la ley), cuando determinan el modo o modos de cumplir
gar a la precedente de tres modos: a) por revocación «expresa», que es lo establecido en la ley (en este sentido, el c. 27 señala que la costum-
la más clara y habitual; b) cuando es «directamente contraria», en bre «es el mejor intérprete de las leyes»); praeter legem (al margen de
cuyo caso la ley antigua cede en lo que tiene de contradictorio con la la ley o extralegales), si regulan una nueva materia o añaden algo no
nueva; y e) cuando «ordena completamente la materia» de la que tra- contemplado en las leyes (haciendo obligatorio, p. ej., uno de los mo-
taba la ley precedente. dos posibles de cumplir la ley); y contra legem (contra la ley), cuando
La primera forma de revocación, explícita, es la única que opera cuan- son contrarias a lo establecido en alguna ley, y tienden por tanto a sus-
do la ley nueva es universal y la antigua particular o especial; pues este tipo tituirla o derogada.
de leyes, lo mismo que las costumbres, responden a circunstancias que sue-
len escapar a las leyes comunes, y se supone que el legislador universal no b) Requisitos de la costumbre canónica
pretende revocarlas normalmente. En cuanto a las dos formas de revoca-
ción implícita, la última no siempre es fácil de determinar; solo «por el te- La legitimidad y el valor de una costumbre dependen de ciertos re-
nor de la nueva ley y por las variadas circunstancias que la acompañan de- quisitos, estudiados por la ciencia canónica desde su época clásica, y
berá recabarse si el legislador ha pretendido ordenar una materia o más que el CIC 83 recoge con precisión técnica.
bien ha querido mantener el vigor legal de las otras disposiciones sobre la
misma materia y determinar un punto particular» (Van Hove). Un ejemplo Aprobación del legislador. Para que una costumbre pueda alcanzar
de esta clase de revocación lo encontramos en la Const. Ap. Pastor Bonus, «fuerza de ley» es necesario que sea «aprobada por el legislador, con-
sobre la Curia Romana, que ha reordenado por completo la materia de la forme a los cánones que siguen» (c. 23). Es decir, ha de contar con la
que trataba la Const. Ap. Regimini Ecclesiae Universae. aprobación legal, por cumplir los requisitos que se recogen en los ce.
24-28 (racionalidad, comunidad capaz, ánimo de introducir Derecho, y
En caso de duda sobre la revocación, la ley precedente goza del fa- plazos), con independencia de que la autoridad eclesiástica tenga noti-
vor del Derecho; de forma que no se presumirá su revocación, «sino cia o no de ella.
124 125
INTRODUCCIÓN AL DERECHO CANÓNICO NORMAS CANÓNICAS
Esta aprobación, aparte de asegurar que las costumbres respeten des- En el fondo de este requisito -como advierte Otaduy- late la preo-
de su génesis la comunión eclesial -que incluye la comunión con los cupación de asegurar que la misma comunidad (mayor o menor) que intro-
Pastores-, sirve para salvaguardar el principio de que la potestad de regir duce una costumbre sea también sujeto pasivo de ella: «no se puede acep-
la Iglesia reside en los órganos jerárquicos, y no en el pueblo en cuanto tal tar que de la conducta comunitaria se deriven derechos para los introduc-
(vide XIII, 1), por lo que la plena eficacia normativa de una costumbre no tores y deberes para terceros ajenos a la comunidad». P. ej., una asociación
puede depender solo de los usos comunitarios. La supervisión por el legis- de fieles podría introducir un~costumbre que sirviera para determinar su
lador sirve además de garantía ante el riesgo de que alguna costumbre régimen interior; pero no para obtener privilegios que gravasen a otras
«sea un eco excesivamente inmediato de la debilidad humana y provoque personas o entidades.
relajamientos de la disciplina» (Lombardía). El CIC no exige, en cambio,
la aprobación especial de la costumbre, si bien no la descarta (cf. c. 26). Ánimo o intención de introducir Derecho. Para que un uso comu-
Este tipo de aprobación requeriría que el legislador conociera de hecho la nitario pueda considerarse normativo, no solo ha de ser uniforme, pú-
costumbre (lo cual es difícil en muchos casos), y la aprobara explícita o blico e ininterrumpido, sino que debe observarse «cum animo iuris in-
expresamente, aunque no lo hiciera mediante un documento formal. ducendi» (c. 25); con la convicción de que ese modo de actuar es justo,
debe ser respetado (tiene cierta obligatoriedad) y aporta soluciones ra-
Racionalidad. La consideración de este requisito, absolutamente cionales a problemas de la comunidad.
esencial para cualquier norma (vide supra: 1), tiene una gran trascen-
dencia práctica en el caso de la costumbre, pues la racionalidad es: a) Este ánimo de introducir Derecho permite también distinguir la cos-
lo primero que exige el legislador para aprobar una costumbre (cf. c. tumbre incoada de otros comportamientos, como la simple transgresión o
no aplicación de la ley.
24); b) lo que principalmente debe comprobar el juez para admitir su
legitimidad; e) algo a lo que deben atender siempre los Pastores, y par- Plazos. El c. 26 establece unos plazos para que los diversos tipos
ticularmente los Obispos, al cumplir su deber de «vigilar para que no de costumbres adquieran fuerza de ley, de forma que, p. ej., puedan in-
se introduzcan abusos en la disciplina eclesiástica» (c. 392 § 2); y d) el vocarse ya en juicio para la reclamación de derechos. Las costumbres
criterio fundamental que determina la licitud de atenerse a una costum- secundum legem son las únicas que no precisan de ningún plazo deter-
bre praeter legem o contra legem mientras se encuentre solamente in- minado. Las costumbres praeter legem necesitan haber sido observa-
coada (sin haber transcurrido todavía el tiempo necesario para que ad- das legítimamente durante 30 años continuos y completos; y lo mismo
quiera eficacia normativa). las contra legem. Pero frente a la ley canónica que contenga una cláu-
El c. 24 considera irracionales, además de las costumbres contrarias sula por la que se prohiben futuras costumbres contrarias, solo puede
al Derecho divino, las expresamente reprobadas por el Derecho. A la luz prevalecer una costumbre centenaria (mantenida durante cien años) o
de la tradición canónica, pueden citarse concretamente como irracionales: inmemorial (nadie, ni siquiera los más ancianos, recuerda su origen).
las costumbres que inducen a pecado; las que dañan la estructura de la El c. 26 prevé, sin embargo, la posibilidad de que el legislador aprue-
Iglesia; las que afectan a aspectos vinculados con su ministerio (como las be expresamente una costumbre sin esperar a que transcurran esos plazos.
que se opusieran al celibato sacerdotal); o las que «rompen el nervio de la Y en sentido contrario, si el legislador no solo prohibiera, sino que repro-
disciplina eclesiástica», por impedir el ejercicio de la potestad o lesionar bara expresamente una costumbre, se consideraría ilícita y no podría ad-
las líneas fundamentales de la regulación canónica de una materia (p. ej., quirir nunca eficacia normativa, por su irracionalidad (cf. c. 24).
las costumbres que llevaran a no obedecer los mandatos legítimos de los
Pastores).
Comunidad capaz. Según el c. 25, solo puede adquirir fuerza de 4. NORMAS ADMINISTRATIVAS
ley la costumbre que sea introducida «por una comunidad capaz, al
menos, de ser sujeto pasivo de una ley»; es decir, por una comunidad La autoridad ejecutiva o administrativa de la Iglesia tiene la fun-
que trasciende a las personas que la componen, y que puede ser con- ción de promover de manera práctica e inmediata el bien público ecle-
templada como destinatario común o indeterminado al que puede diri- sial, proveyendo a las necesidades concretas; y para ello no necesita ni
girse una ley u otra norma general. puede ordinariamente dictar leyes, salvo en los casos excepcionales en
126 127
INTRODUCCIÓN AL DERECHO ( 'i\N(JN/CO NORMAS CANÓNICAS
que reciba una delegación expresa del legislador (vide supra: 2, b). Sin A menudo los estatutos son elaborados y aprobados por la propia en-
embargo, quienes tienen potestad ejecutiva sí pueden dar normas infra tidad (una asociación, p. ej.), como expresión de su legítima autonomía, y
legem (de rango inferior a la ley), siempre que se ajusten a la legalidad; constituyen su Derecho especial en el marco del Derecho común, aunque
es decir, mientras no contradigan las leyes y tengan una habilitación le- no tengan rango de ley particular. Pero cuando las prescripciones de los
gal para ello, como corresponde a la actividad administrativa. estatutos han sido establecidas y promulgadas en virtud de la potestad le-
gislativa, son verdaderas leyesr(cf. c. 94 § 3). Este es el caso de los estatu-
Debido a su carácter infra legem, las normas de la autoridad ejecutiva tos de las circunscripciones eclesiásticas, como los de una diócesis, un or-
no pueden derogar las leyes, por lo que sus disposiciones que sean contra- dinariato castrense o una prelatura personal, que son dados por el
rias a ellas no tienen valor alguno. Y también por esa razón, dejan de estar legislador, y pueden afectar también a terceros. Por ello, los estatutos de
vigentes, además de por revocación explícita o implícita hecha por la au- esas circunscripciones (vide XVII, 5), más que estatutos en sentido propio,
toridad competente, cuando cesa la ley para cuya ejecución fueron dadas son «leyes con un contenido principalmente "estatutario"» (Baura).
(cf. ce. 33-34).
Reglamentos u ordines son las normas que regulan las reuniones
Entre las normas que puede dar la Administración eclesiástica (con- de personas -convocadas por la autoridad eclesiástica (un sínodo, una
junto de sujetos que ejercen la potestad ejecutiva en la Iglesia o colabo- elección) o promovidas por los fieles-, y otras celebraciones, deter-
ran en su ejercicio) se encuentran en primer lugar las normas ejecuto- minando su constitución, régimen y procedimiento (quién preside,
rias (decretos generales ejecutorios e instrucciones), que sirven para quién debe ser convocado, cómo se toman las decisiones, etc.). Estas
desarrollar, completar o ejecutar una ley previa, y que pueden dar quie- normas reglamentarias obligan a quienes toman parte en esas reunio-
nes tienen potestad ejecutiva dentro de los límites de su competencia nes o celebraciones (cf. c. 95).
(cf. ce. 31 § 1 y 34 ). Los decretos generales ejecutorios son normas ad-
ministrativas que se dirigen a los destinatarios de la ley (c. 32), y sirven
para determinar más detalladamente el modo que ha de observarse en el 6. JERARQUÍA NORMATIVA
cumplimiento de la ley o para urgir su observancia (c. 31). Por su parte,
las instrucciones se caracterizan por estar dirigidas a quienes tienen el Uno de los medios que emplean los ordenamientos jurídicos mo-
cometido de cuidar de la ejecución de las leyes (son de carácter inter- dernos para favorecer la seguridad jurídica es el principio de jerarquía
no), y tienen también un doble objeto: aclarar el contenido de las leyes, normativa, que implica la existencia de diversos rangos de normas (de
y desarrollar y determinar las formas en que han de ejecutarse (c. 34). modo que las inferiores han de ser conformes con la normativa supe-
rior), y unos requisitos más exigentes para producir las normas de ma-
La Administración eclesiástica puede emitir además, en ciertos casos,
yor nivel.
normas independientes o autónomas, que no dependen de una ley anterior.
Así sucede muchas veces con los estatutos, reglamentos u otras normas En el ordenamiento canónico existe también cierta jerarquía nor-
emitidas por dicasterios de la Curia Romana, en virtud de las competen- mativa, con arreglo a dos criterios principales: uno subjetivo, derivado
cias que les atribuye la Const. Ap. Pastor Bonus. de la naturaleza jerárquica de la Iglesia y que es el prevalente, por el
que las normas de la autoridad inferior no pueden ser contrarias a las
de la autoridad superior (e f. c. 135 § 2); y otro formal, donde las leyes
5. ESTATUTOS Y REGLAMENTOS ocupan ordinariamente el nivel más alto, salvo el caso excepcional de
una costumbre contraria que cuente con la aprobación del legislador.
Estatutos, «en sentido propio, son las normas que se establecen a
tenor del derecho en las corporaciones o en las fundaciones, por las
que se determinan su fin, constitución, régimen y forma de actuar» (c.
94 § 1). Estas normas obligan solo a quienes son miembros legítimos
de la corporación o gobiernan la fundación (cf. c. 94 § 2); aunque indi-
rectamente puedan interesar también a quienes se ponen en relación
con esos entes.
128 129
CAPÍTULO VII
ACTOS JURÍDICOS
131
INTRODUCCIÓN AL DERECHO CANÓNICO ACTOS JURÍDICOS
Esto no se da en el simple hecho jurídico (suceso o fenómeno, como En relación con esto, el c. 124 § 2 establece como presunción íuris
un pago o un robo, al que el Derecho atribuye efectos jurídicos positivos o tantum que son válidos los actos jurídicos debidamente realizados en
negativos). cuanto a sus elementos externos; de modo que no se reconocerá su nulidad
hasta que no se demuestre lo contrario (p. ej., así ocurre en la celebración
Cualquier acto jurídico está integrado siempre por tres tipos de del matrimonio).
elementos (subjetivos, objetivos y legales), que pueden descubrirse en
la noción anterior y a los que hacen referencia los ce. 124 y siguientes. Los actos jurídicos pueder1 clasificarse de diversas formas, para fa-
Los elementos subjetivos del acto son la capacidad o la habilidad cilitar su estudio y regulación. Según el número de sujetos que los rea-
del sujeto para realizarlo y su voluntariedad. La capacidad es un presu- lizan, pueden ser unilaterales (p. ej., un testamento), bilaterales, o
puesto general necesario, y exige siempre, por Derecho natural, la sufi- multilaterales (cuando concurren más de dos voluntades). Otra distin-
ciente discreción de juicio, según la naturaleza y objeto del acto (p. ej., ción importante es la que se da entre los actos jurídicos públicos, efec-
es distinto hacer la profesión religiosa que ingresar en una asociación tuados por la autoridad pública en ejercicio de su potestad, y los priva-
sin mayores compromisos); aunque también puede reclamar, por Dere- dos, realizados en virtud de la legítima autonomía privada de los
cho divino positivo o por exigencia legal, alguna otra condición en la individuos o de las personas jurídicas.
persona (como estar bautizado o ser sacerdote). La voluntariedad es Menos práctico es clasificar los actos jurídicos por su objeto, en fun-
esencial a todo acto humano, que ha de ser consciente y libre; no obs- ción de su contenido específico (mandato, prohibición, etc.), de que se re-
tante, si su defecto fuera solo parcial, el acto sería en principio válido, fieran primordialmente al munus docendi, sanctificandi o regendi, o de
aunque podría -salvo excepciones- rescindirse o anularse. acuerdo con otros criterios (personal, patrimonial, etc.), que admitirían
En lo referente a la libertad, el c. 125 establece que «se tiene como no una gama amplísima.
realizado el acto que una persona ejecuta por una violencia exterior a la que
de ningún modo ha podido resistir»; mientras que el acto realizado por mie-
do grave injustamente infundido o por dolo (que afectan parcialmente a la 2. ACTOS JURÍDICOS PÚBLICOS Y FUNCIÓN ADMINISTRATIVA
voluntariedad) es válido si el Derecho no determina otra cosa, aunque po-
dría rescindirse por sentencia del juez. Y respecto al conocimiento, el c. 126 La función de gobierno de la autoridad eclesiástica lleva consigo,
señala que es nulo el acto realizado por ignorancia o error acerca de su sus- muchas veces, actividades materiales o de gestión (visitas, estudios, in-
tancia o de una condición sine qua non; pero si la ignorancia o el error fue- - formes, etc.), o primordialmente metajurídicas (predicación, celebra-
ran solo accidentales, el acto se consideraría válido, a no ser que el Derecho ción de los sacramentos, oración, ejemplo, consejos, etc.). Pero, para
estableciera otra cosa, aunque podría también rescindirse en algunos casos. edificar y regir la Iglesia, la autoridad debe también dar normas, juzgar
y resolver los conflictos que se le presenten, y afrontar otras cuestio-
Los elementos objetivos o sustanciales son los constitutivos esen- nes, a menudo mediante actos jurídicos.
ciales del acto, es decir, aquellos elementos sin los cuales el acto no
existiría (p. ej., nadie puede adoptar una mesa, ni casarse sin dar el Entre los actos jurídicos que realiza la autoridad eclesiástica com-
consentimiento matrimonial). prometiendo su potestad pública (y no como simple sujeto privado), al-
gunos pertenecen a lafunción legislativa (como el acto de promulga-
Por razones obvias, la autoridad no puede suplir o dispensar ni estos ción, ciertos actos derogatorios, o el acto de delegar la capacidad de
elementos (cf. c. 86) ni los anteriores. legislar sobre una determinada materia: vide VI, 2). Más frecuentes son
Y los elementos legales son las formalidades y requisitos estable- los actos jurídicos públicos en el ejercicio de la función judicial, ya que
cidos por la ley positiva que, sin afectar a la sustancia del acto, pueden el proceso (vide XXXV, 2) implica una serie de actos judiciales (desde
condicionar su validez o la habilidad del sujeto para realizarlo (cuando el decreto por el que se admite la demanda del actor, hasta la sentencia
están prescritos por leyes irritantes o inhabilitantes: vide VI, 2, e), o ha- o decreto judicial mediante los que resuelve la causa).
cerlo rescindible o anulable (cf., p. ej., c. 149 § 2). No obstante, estos Pero el ámbito de la actividad de gobierno donde los actos jurídicos
requisitos suelen ser dispensables (la forma del matrimonio, p. ej., pue- públicos desempeñan un papel más central es el de la función adminis-
de dispensarse en algunos casos). trativa, pues el carácter práctico y concreto de sus actividades, así
132 133
INTRODUCCIÓN AL DERECHO CANÓNICO ry, ACTOS JURÍDICOS
como su variedad, hace que la autoridad administrativa deba servirse Esta noción se desprende del conjunto del Tít. IV (ce. 35-93) y de
muchas veces de actos jurídicos para atender a las necesidades eclesia- otras disposiciones codiciales, especialmente el c. 1732, sobre el recurso
les (proceder a un nombramiento o traslado, conceder una aprobación, jerárquico contra actos administrativos.
erigir una parroquia, etc.). Y al ser característica de la función adminis- El acto administrativo, en cuanto acto jurídico destinado por su
trativa su sumisión a la legalidad, se entiende que el legislador regule autor a producir determinados~efectos jurídicos, tiene siempre cierta ín-
especialmente tales actos, de manera que se sepa con certeza quién pue- dole dispositiva (dispone algo) y definitiva.
de llevarlos a cabo, con qué requisitos y condiciones, y qué garantías
protegen a los interesados ante posibles errores o injusticias. Esta categoría no incluye, por eso, los actos meramente materiales o
de gestión (p. ej., la redacción de un documento, o el pago de un recibo),
los actos meramente declarativos (p. ej., un certificado de bautismo), ni
3. LOS ACTOS JURÍDICOS DE LA ADMINISTRACIÓN ECLESIÁSTICA los actos preparatorios o de trámite que conducen a la emisión de un acto
administrativo. Todos estos actos suelen realizarse aunque no se tenga po-
EN EL CÓDIGO testad ejecutiva y no son directamente impugnables (cf. c. 1732 ss.).
En el CIC 17 no había un régimen general para los actos jurídicos Su carácter unilateral indica que adquieren eficacia jurídica por la
propios de la actividad administrativa: las normas aplicables estaban sola voluntad de la autoridad competente; de ahí que los contratos, u
dispersas, e incluso presentaban lagunas en aspectos importantes. De otros actos bilaterales o multilaterales, queden fuera de este concepto.
ahí que una de las novedades más significativas del CIC 83 sea la de
Sin embargo, como la formación de un acto administrativo es a veces
dedicar uno de sus títulos a los «actos administrativos singulares», que
compleja, por desarrollarse en diversas fases y exigir la intervención de
son el medio habitualmente utilizado por la Administración eclesiásti-
varios sujetos (la petición o la aceptación de un interesado, el parecer o
ca para distribuir personas, asignar recursos, y crear, modificar o extin- consentimiento de un colegio, etc.), su validez puede depender de que se
guir relaciones jurídicas, con el fin de proveer a las necesidades con- haya seguido el procedimiento establecido.
cretas del Pueblo de Dios.
El Tít. IV del Lib. I recoge primero unas «normas comunes» a todos Los actos administrativos tienen carácter singular porque se diri-
los actos administrativos singulares, y a continuación trata de sus dos espe- gen a un destinatario concreto y su eficacia no puede extenderse a
cies: los decretos singulares y los rescriptos. El CIC 83 sigue careciendo, otros casos (cf. c. 36 § 2); a diferencia de lo que ocurre con las normas
sin embargo, de una normativa para los contratos realizados por la autori- administrativas (vide VI, 4 ), de índole general.
dad eclesiástica; aunque contiene algunas figuras concretas que responden Esto explica que deban interpretarse estrictamente no solo los actos
a la noción canónica de contrato (acuerdo bilateral o multilateral de volun- administrativos que resulten gravosos para alguno de sus destinatarios,
tades con eficacia jurídica); p. ej., la agregación de clérigos a otra Iglesia sino también los que «lesionan los derechos adquiridos de terceros o son
particular (c. 271), la dedicación de laicos a la misión de una prelatura per- contrarios a una ley a favor de particulares; todos los demás deben inter-
sonal (c. 296), la encomienda de parroquias a un instituto religioso o a una pretarse ampliamente» (c. 36 § 1).
sociedad clerical de vida apostólica (c. 520), o los convenios con institutos
que atienden territorios de misión (c. 790). Únicamente se considera acto administrativo el proveniente de
una autoridad ejecutiva que actúa en cuanto tal y dentro de los límites
de su competencia (cf. c. 35; vide XIV, 4, a). Por tanto, ni los actos pri-
4. ACTOS ADMINISTRATIVOS SINGULARES vados de una autoridad eclesiástica, ni los actos públicos dictados en
virtud de la potestad legislativa o judicial-que tienen su propio régi-
a) Noción de acto administrativo singular men- son actos propiamente administrativos.
Es necesario estar dotado de potestad ejecutiva, y tener además com-
El acto administrativo singular (o simplemente acto administrati- petencia para ejercer esa potestad en el caso del que se trate, para poder
vo) puede definirse como un acto jurídico unilateral y singular de una emitir legítimamente un acto administrativo. Lo cual no impide que el le-
autoridad ejecutiva (Labandeira). gislador pueda también emitirlos (cf., p. ej., c. 76 § 1), ya que el legislador
134 135
INTRODUCCIÓN AL DERECHO CANÓNICO ACTOS JURÍDICOS
eclesiástico (Papa, obispos, etc.) tiene también potestad ejecutiva en su tencia. Según el c. 57, la autoridad competente debe responder en el plazo
ámbito. La sumisión a la legalidad que caracteriza el ejercicio de la potes- de tres meses a la legítima petición o recurso para obtener un decreto, sal-
tad ejecutiva hace que los actos administrativos deban ajustarse al Dere- vo que la ley prescriba otro plazo. Pero si transcurrido ese tiempo el decre-
cho vigente; de ahí que el c. 38 señale que todo acto administrativo carece to aún no hubiera sido emitido, se presume la respuesta negativa a efectos
de efecto «en la medida en que sea contrario a una ley o a una costumbre de interposición de recurso (vide XXXVI, 4 ); sin que esta presunción exi-
aprobada, a no ser que la autoridad competente hubiera añadido de mane- ma a dicha autoridad de la o!Wgación de emitir el decreto, e incluso de re-
ra expresa una cláusula derogatoria». El requisito formal de consignarlos parar el daño que quizá haya causado.
por escrito cuando afectan al fuero externo (cf. c. 37), para garantizar la
certeza y seguridad de las situaciones jurídicas, es vinculante para la auto- El precepto singular «es un decreto por el que directa y legítima-
ridad que lo emite; pero la infracción de esta norma no implica general- mente se impone a una persona o personas determinadas la obligación
mente la nulidad del acto, y sus consecuencias dependerán de lo regulado de hacer u omitir algo, sobre todo para urgir la observancia de la ley»
específicamente para cada tipo de acto. (c. 49). Se trata, por tanto, de un tipo especial de decreto singular, ca-
racterizado porque su contenido consiste en un mandato o prohibición
dirigido a un destinatario concreto, y que puede emitir quien tiene po-
b) Decretos singulares. Regulación común y preceptos singulares testad ejecutiva, con tal que lo imponga legítimamente; es decir, te-
niendo competencia sobre esa materia y sus destinatarios, y de acuerdo
«Por decreto singular se entiende el acto administrativo de la auto- con lo que establezca la ley o la costumbre canónica.
ridad ejecutiva competente, por el cual, según las normas del derecho
y para un caso particular, se toma una decisión o se hace una provi- Los preceptos singulares suelen clasificarse en preceptos simples, que
sión que, por su naturaleza, no presuponen la petición de un interesa- mandan hacer u omitir algo, y preceptos penales, en los que se añade
la conminación de una pena si no se acata el mandato (cf. c. 1319; vide
do» (c. 48).
XXXIV, 5, a), y que están sujetos a las peculiares garantías en materia pe-
El decreto singular es el paradigma del acto administrativo; y su con- nal, como la de su interpretación estricta (cf. c. 36 § 1). Pueden distinguir-
tenido puede ser variadísimo, pues decisión y provisión son términos tan se, además, los preceptos que solo urgen una obligación legal ya existente
genéricos que permiten incluir cualquier medida de gobierno (mandar, (como será lo habitual, según el c. 49), y los que imponen una obligación
prohibir, sancionar, nombrar, remover, erigir, autorizar, conceder, etc.). praeter legem (no presente explícitamente en la ley), pero que ha de estar
Que los decretos singulares no requieran la petición de un interesado no formulada también secundum ius (con arreglo a Derecho o legítimamente).
significa que ésta no pueda existir. De hecho, muchas decisiones o provi-
siones realizadas por decreto responden en realidad a peticiones (cf. c.
57); y cuando no conste que puede darse un rescripto (vide infra: 4, e), e) Rescriptos
debe emplearse un decreto.
Rescripto es un acto administrativo que la competente autoridad
Los decretos administrativos han de hacerse enforma escrita, y si ejecutiva emite por escrito para conceder un privilegio, una dispensa u
contienen una decisión, han de exponer sus motivos, al menos sumaria- otra gracia, ordinariamente a petición de alguien (e f. c. 59 § 1). Ade-
mente (e f. c. 51). La notificación del decreto a los interesados median- más de las notas comunes a todos los actos administrativos, el rescrip-
te documento legítimo cumple un papel análogo al de la promulgación to tiene los siguientes rasgos específicos:
de las normas jurídicas, ya que ningún decreto surte efectos hasta que Como su propia etimología indica, rescripto es una respuesta por
es ejecutado por quien corresponde (en los casos en que se requiere escrito a la petición de un interesado, que puede ser su destinatario u
ejecución), ni puede ser urgido antes de notificarse a su destinatario otro cualquiera (incluso sin el consentimiento de aquél en cuyo favor
(cf. ce. 54-56). se pide) a quien no le esté expresamente prohibido solicitarlo (cf. ce.
60-61).
El silencio administrativo es un mecanismo jurídico que sirve para
evitar los problemas de incertidumbre e indefensión que se derivarían de La petición recibe el nombre de preces y debe estar motivada, pues la
la falta de respuesta de la autoridad, por un tiempo más prolongado del ra- respuesta de la autoridad suele depender de la causa motiva proposita: de
zonable, a las peticiones que se le dirigen sobre cuestiones de su compe- las razones o causas que se proponen para mover su voluntad. La suhrep-
136 137
INTRODUCCIÓN AL DERECHO CANÓNICO ACTOS JURÍDICOS
ción, u ocultación de aquello que sería necesario haber manifestado en las competente puede o no concederla, de acuerdo con su prudente juicio de
preces, conlleva la invalidez del rescripto, salvo que la autoridad lo haya oportunidad, tras ponderar si supondrá verdaderamente un bien para el
otorgado motu proprio, con independencia de los motivos aducidos. La sujeto y si es compatible con el bien público o el interés general.
obrepción, o exposición de causas motivas falsas que se invocan para ob-
Esta actuación discrecional es bien distinta de la arbitrariedad. La dis-
tener el rescripto, impide siempre su validez (cf. c. 63).
crecionalidad, rectamente entendida, además de respetar los aspectos re-
El rescripto contiene la concesión de una gracia, algo no debido glados por las normas (condi~iones, garantías, plazos, etc.) y de ajustarse
en justicia, en favor de uno o varios beneficiarios concretos (vide infra: ~1 conjunto del ordenamiento, está al servicio de la equidad (de lo que es
5, a); por eso, corresponde al prudente juicio de la autoridad competen- JUsto en el caso concreto), y se ordena a la consecución del bien común.
te decidir si debe o no concederla. Tanto la discrecionalidad de la autoridad como el propio hecho de admi-
nistrar gracias no se oponen al trato igual que se debe a los sujetos; ya que
En virtud del derecho de petición de todos los fieles (c. 212 § 2; vide la igualdad, en Derecho, tiene en cuenta la proporción, «es decir, no signi-
IX, 3, d), la autoridad eclesiástica tiene siempre «una obligación -jurídi- fica dar a todos lo mismo, sino dar a todos lo que les corresponde, de
camente exigible- de estimar debidamente la petición y de darle la res- modo que a igual situación el trato debe ser igual y a distinta situación el
puesta que sea más justa, o si se trata de materias de carácter discrecional, trato debe ser distinto, pero proporcional» (Hervada).
más conveniente» (del Portillo). De ahí que el interesado tenga abierta la
vía del recurso administrativo frente a la denegación de lo solicitado. La La concesión de gracias puede justificarse por la intrínseca limita-
gracia denegada por una autoridad no puede ser concedida luego por otra ción de las normas para prever con carácter general todas las circuns-
inferior, pero sí por una autoridad del mismo rango, siempre que se obser- tancias, y armonizar el bien común y el bien particular en cada una de
ven las condiciones de los ce. 64-65, encaminadas a evitar posibles abu- las situaciones. Razón a la que se añade en la Iglesia la gratuidad mis-
sos, conflictos de competencia entre las autoridades y, en último término, ma de la Redención y las exigencias de flexibilidad de su ordenamien-
a salvaguardar la comunión eclesial. A estas y a las demás disposiciones to (vide II, 5), que busca primordialmente la salvación de las almas (cf.
sobre los rescriptos deben ajustarse las concesiones de licencias (que per- c. 1752). No es extraño, por eso, que la concesión de gracias tenga una
miten ejercer un poder del que ya se es titular, pero cuyo uso está sujeto a tradición tan larga y cierto carácter de ordinaria administración en el
ciertas limitaciones) y las concesiones orales de gracias (cf. c. 59§ 2). Derecho canónico (Canosa).
Entre las gracias que puede conceder la autoridad eclesiástica, se
cuentan dos tipos regulados de modo específico, como institutos canóni-
5. CONTENIDO PROPIO DE LOS RESCRIPTOS
cos: el privilegio y la dispensa, a los que el Lib. I, Tít. IV del Código dedi-
ca sus caps. IV y V.
a) La administración de gracias en el ámbito canónico
138
INTRODUCCIÓN AL DERECHO CANÓNICO ACTOS JURÍDICOS
nueva situación jurídica subjetiva del tipo poder (derechos, potestades o la dispensa difiere de la epiqueya, entendida como la no obligatoriedad de
facultades), que realmente ha de favorecer al sujeto (cf. c. 77), aunque él una ley en aquellos casos excepcionales en los que decaiga su racionali-
mismo no esté obligado a ejercitarla. dad, haciéndose su cumplimiento ciertamente injusto, inoportuno o impo-
sible; y que podría ser aplicada por el propio sujeto tras un juicio particu-
El «acto peculiar» por el que se concede un privilegio es normal- larmente ponderado (Baura).
mente un acto administrativo de tipo rescripto (ce. 59 y 75).
El objeto de la dispensa e1 «una ley meramente eclesiástica». Esta
Lo que se discute en la doctrina es si su contenido -el privilegio en
sí- tiene también carácter administrativo (Labandeira); o si el c. 76 § 1,
expresión puede entenderse en un sentido amplio, englobando no solo
al afirmar que los privilegios pueden ser concedidos «por el legislador o las leyes en sentido formal, sino también las demás normas generales
por la autoridad ejecutiva a la que el legislador haya otorgado esta potes- (costumbres y normas administrativas). Pero están excluidas de esta
tad», indicaría que su índole es más bien legislativa (Lombardía), aunque disciplina las leyes divinas, tanto naturales como positivas.
formalmente se considere un acto administrativo. El c. 86 señala expresamente que no son dispensables «las leyes que
determinan los elementos constitutivos esenciales de las instituciones o de
Según su duración, los privilegios pueden ser perpetuos o tempo- los actos jurídicos». Y es que tales elementos constitutivos (p. ej., la nece-
rales; si bien se presume su perpetuidad mientras no se pruebe lo con- sidad de promulgar las leyes) también forman parte del orden natural de
trario. Por razón de su beneficiario, se distingue entre privilegios per- las cosas, y no son exigencias meramente positivas.
sonales y reales; pues, aunque todos los privilegios favorezcan en
última instancia a las personas físicas o jurídicas (un fiel, una familia, La dispensa se refiere a «un caso particular», relativo a una situa-
una cofradía, etc.), algunos (los personales) lo hacen directamente, ción concreta, a ciertas personas físicas o jurídicas, o a un número limi-
acompañándolas durante toda su vida; en tanto que otros (los reales) se tado de actos.
conceden a un objeto o lugar (un santuario, una capilla, etc.) de modo
Esta particularidad es esencial en la dispensa, y no depende del nú-
inmediato (cf. c. 78). mero de situaciones o de personas afectadas, sino de su carácter concreto,
Los privilegios pueden extinguirse por diferentes causas, previstas en que permite que la ley continúe operando eficazmente en la comunidad
los ce. 78-84. fuera de ese supuesto. Lo ordinario es que la dispensa sea temporal, al
contrario que el privilegio; aunque algunas dispensas no agotan su eficacia
en un solo acto. Este tipo de dispensas de tracto sucesivo (p. ej., la dispen-
e) La dispensa sa del ayuno y la abstinencia para una diócesis que hubiese padecido inun-
daciones, mientras perdurara el estado catastrófico) cesan «de la misma
Otro de los medios que confieren flexibilidad al ordenamiento ca- forma que el privilegio, así como por la cesación cierta y total de la causa
nónico es la dispensa, que consiste en la «relajación de una ley mera- motiva» (c. 93). Si se tratase de suspender la obligatoriedad de una ley
mente eclesiástica en un caso particular» (c. 85). para un conjunto indefinido de personas o casos, no estaríamos ya ante
Por cuanto la dispensa suspende la obligatoriedad de la ley en un una dispensa, sino ante una norma general favorable, que exigiría la inter-
caso concreto, es en cierto sentido un acto contra legem, pero no con- vención del correspondiente poder legislativo (Baura).
tra ius; pues su concesión no innova el ordenamiento, y es la propia
normativa canónica la que formaliza esta institución. La concesión de dispensas puede considerarse una actividad admi-
nistrativa; ya que, además de realizarse habitualmente por rescripto,
La dispensa no implica revocación de la ley, que continúa, siendo que es un acto administrativo (cf. ce. 35, 59), la dispensa «puede ser
obligatoria para los demás casos; ni tampoco infracción de la norma, a pe- concedida, dentro de los límites de su competencia, por quienes tienen
sar de que su beneficiario actúe de modo contrario a lo previsto en la ley. potestad ejecutiva, así como por aquellos a los que compete explícita o
Se distingue, por eso, de la tolerancia, en la que la autoridad deja sin cas- implícitamente la potestad de dispensar, sea por propio derecho sea por
tigo una infracción legal; de la disimulación, donde la autoridad se com-
legítima delegación» (c. 85).
porta como si desconociese la infracción; de la absolución de la culpa o de
la pena derivada de transgredir una ley; y de la licencia, que es un requisi- Las reglas de competencia para la dispensa están contenidas en los
to para realizar válida o lícitamente un acto conforme a la ley. Asimismo, ce. 87-89 y 91, y pueden resumirse como sigue. Las leyes disciplinares da-
140 141
INTRODUCCIÓN AL DERECHO CANÓNICO ACTOS JURÍDICOS
das por la autoridad suprema de la Iglesia, excepto las penales, las proce- 6. ACTOS JURÍDICOS DE LA AUTONOMÍA PRIVADA
sales y aquellas cuya dispensa se reserva a la Sede Apostólica o a otra au-
toridad (cf., p. ej., c. 291), pueden ser dispensadas por el Obispo diocesa- Al igual que la edificación de la Iglesia no es tarea solo de la Jerar-
no, siempre que a su juicio redunde en bien de los fieles. Incluso cualquier quía, sino de todos los fieles, según la misión confiada a cada uno, su
Ordinario puede dispensar de tales leyes, aunque su dispensa esté reserva- estructuración jurídica depende tanto de la actuación de la autoridad
da a la Santa Sede, siempre que ésta suela concederla en las mismas cir- eclesiástica como de la variadh actividad que corresponde a los miem-
cunstancias, si es difícil recurrir a la Sede Apostólica y existe peligro de bros del Pueblo de Dios en virtud de su dignidad y libertad (cf. LG, 9).
daño grave en la demora. Respecto a las demás leyes, el Ordinario del lu-
gar puede dispensar de las diocesanas y, cuando considere que es en bien Es imposible establecer una distinción perfecta entre lo público y
de los fieles, de las procedentes de los concilios particulares o de las con- lo privado dentro de la Iglesia, porque hay muchos ámbitos interme-
ferencias episcopales. El párroco, los demás presbíteros y los diáconos dios donde no es fácil determinar qué corresponde a la autoridad y qué
solo pueden dispensar de la ley universal o particular cuando esa potestad a la libre iniciativa personal, y porque cualquier actuación de los fieles
les sea concedida expresamente (ipso iure o por delegación). Y, tanto las debe ordenarse, en último término, al fin de la Iglesia, que es la salva-
anteriores posibilidades generales de dispensa (a las que puede añadirse la ción de las almas. Pero eso no impide que haya espacios de actividad
del c. 14), como las específicas previstas en otras normas (cf., p. ej., ce. jurídica que dependen de la autonomía privada, es decir, del «poder ju-
1047 § 4, 1078-1080, 1127 § 2, 1245), pueden ejercerse respecto a los pro- rídico que se reconoce a la persona para que, libremente, regule las re-
pios súbditos en cualquier parte; «y si no se establece lo contrario, tam- laciones jurídicas que corresponden a su esfera de libertad e iniciativa
bién respecto a los transeúntes que se hallan de hecho en el territorio, y personal» (Molano).
respecto a sí mismo» (c. 91 ).
Manifestación típica de esta autonomía privada son una serie de figu-
Para dispensar de una ley eclesiástica debe haber una «causa justa ras contractuales, cuyo objeto puede ser variadísimo: constitución de aso-
y razonable, teniendo en cuenta las circunstancias del caso y la grave- ciaciones o fundaciones privadas, negocios de tipo patrimonial, etc.
dad de la ley dispensada; de otro modo, la dispensa es ilícita, y si no ha
sido concedida por el mismo legislador o por su superior, es también El Derecho canónico, en orden a encauzar la autonomía privada en
inválida» (c. 90 § 1). En efecto, así como toda norma debe ser racional, la Iglesia según el Derecho divino y lo que dicta la prudencia humana,
y no fruto exclusivo de la voluntad de su autor (vide VI, 1), la dispensa ofrece algunas normas en esta materia. Entre ellas destacan las que for-
debe estar motivada por una causa justa y razonable, y no depender del malizan los derechos fundamentales relativos a la condición de libertad
arbitrio de quien la concede. de los fieles (como los ce. 211, 214, 215, 219 ó 227), y que se desarro-
llan en otras disposiciones: a) para facilitar su ejercicio, o excluir algu-
La relajación de una ley (dirigida al bien común) en principio supone nas actividades reservadas a la Jerarquía (p. ej., ce. 300, 301) o que son
un daño social que debe estar excusado por las circunstancias del caso y inconvenientes para ciertos fieles (p. ej., c. 285); y b) para determinar
porque se prevé que redundará en bien de los fieles (cf. ce. 87 § 1 y 88). mejor los requisitos esenciales y formales de ciertos actos.
Incluso el que la dispensa concedida por el legislador o su superior sin una
causa justa y razonable, aun siendo ilícita, sea válida, es algo plenamente
justificado. ¿Qué sucedería, p. ej., si la validez de los matrimonios contra-
ídos con dispensa de un impedimento fuera siempre cuestionable? La cer- 7. LA PRESCRIPCIÓN
teza de las situaciones jurídicas y evitar la preocupación de las personas
-que simplemente deben solicitar las dispensas con rectitud, evitando los La prescripción es un modo de adquirir o de perder derechos, así
vicios de suprepción y obrepción (vide supra: 4, e), sin tener que indagar como de librarse de obligaciones, por el transcurso del tiempo con
más-, es algo que redunda en el bien espiritual de las almas, y motivo ciertas condiciones.
más que suficiente para justificar su validez en estos casos. Y esto se ex- Aunque este instituto jurídico, regulado desde el Derecho romano
plica también lo establecido en el c. 90 § 2: «Cuando hay duda sobre la su- clásico, se base en un hecho jurídico, más que en un acto jurídico, interesa
ficiencia de la causa, la dispensa se concede válida y lícitamente». al menos mencionarlo por su aplicación en diversos ámbitos del Derecho
canónico (patrimonial, penal, procesal, etc.).
142 143
INTRODUCCIÓN AL DERECHO CANÓNICO
144
CAPÍTULO VIII
l. EL MISTERIO DE LA IGLESIA
147
EL PUEBLO DE DIOS INCORPORACIÓN AL PUEBLO DE DIOS Y COMUNIÓN CON LA IGLESIA
Junto a esto, el Concilio Vaticano II se ha referido varias veces a la 2. LA IGLESIA COMO PUEBLO DE Dros
Iglesia como un sacramento; y a lo largo de sus textos ha puesto de re-
lieve otro concepto, el de comunión (koinonía), que ofrece también La palabra «pueblo» tiene en el lenguaje corriente diversas acep-
amplio espacio para la reflexión teológica (en relación con estas dos ciones, según el contexto. Pero el Concilio Vaticano II la ha empleado,
últimas nociones, vide II, 2, d). dentro de la expresión «Pueblo de Dios», en un sentido concreto: el de
su uso bíblico, mostrando la !emejanza y la continuidad existentes en-
Todas estas formas de explicar la Iglesia no son en modo alguno ex-
tre la Iglesia y el antiguo pueblo de Israel.
cluyentes, sino que se relacionan y han de armonizarse entre sí; como su-
cede con las diversas vistas empleadas para representar un objeto, que, Así lo indica la Const. Lumen gentium, cuando presenta la noción de
aun siendo particularmente ilustrativas (como una buena toma en perspec- Pueblo de Dios: «En todo tiempo y lugar ha sido grato a Dios quien le ama
tiva), o reflejando con singular claridad alguno de sus aspectos (como un y practica la justicia (cf. Hch 10, 35). Sin embargo, Dios quiso santificar y
plano detallado), no logran dar una idea cabal del conjunto cuando se to- salvar a los hombres no individualmente y aislados, sin conexión alguna
man aisladamente. Se entiende, por eso, que la CDF, después de reconocer entre sí, sino hacer de ellos un pueblo que le conociera en la verdad y le
la utilidad del concepto de comunión como clave de lectura para una reno- sirviera santamente. Eligió, pues, a Israel como pueblo suyo, hizo una
vada eclesiología católica, haya advertido sobre el peligro de una com- alianza con él y lo instruyó gradualmente( ... ). Todo esto sucedió, no obs-
prensión deficiente de este concepto, si no se integra bien con los de Pue- tante, como preparación y figura de aquella alianza nueva y perfecta que
blo de Dios y Cuerpo de Cristo, o no se atribuye la debida importancia a la iba a realizar en Cristo (... ), es decir, el nuevo testamento en su sangre,
relación entre la Iglesia como comunión y como sacramento (cf. CN, 1). convocando a las gentes de entre los judíos y los gentiles para que crecie-
ran en unidad, no según la carne, sino en el Espíritu, y constituyeran el
¿Qué ponen mejor de manifiesto cada una de estas nociones o nuevo Pueblo de Dios. (... )Este pueblo mesiánico tiene por Cabeza a Cris-
imágenes de la Iglesia que acabamos de mencionar? En síntesis, la des- to( ... ). Tiene por condición la dignidad y libertad de los hijos de Dios, en
cripción de la Iglesia como comunión expresa de modo adecuado el cuyos corazones habita el Espíritu Santo como en un templo. Tiene por ley
núcleo profundo de la realidad mistérica de la Iglesia, en cuanto miste- el mandamiento nuevo del amor, como el mismo Cristo nos amó. Tiene
rio de la unión personal de cada hombre con la Trinidad divina (dimen- por fin el Reino de J?ios, incoado por el mismo Dios en la tierra, hasta que
sión vertical de la comunión) y con los otros hombres (dimensión hori- sea consumado por El mismo al fin de los tiempos» (LG, 9).
zontal), que es al mismo tiempo invisible y visible. La imagen de la
Como se aprecia en el texto conciliar citado, la imagen del Pueblo
Iglesia como sacramento, expresada en analogía con los siete sacra-
de Dios enseña primeramente que la elevación del hombre al orden so-
mentos, resalta el papel instrumental y santificador de toda la Iglesia,
brenatural no afecta solo a la dimensión individual de la persona huma-
así como la relación existente entre sus elementos visibles y espiritua- na, sino también a su dimensión social.
les. La imagen del Cuerpo místico de Cristo, ampliamente usada por el
Magisterio, es quizá la más rica; pues arroja luz no solo sobre la cons- En efecto, así como en el orden natural, en virtud del principio de so-
titución interna de la Iglesia (su relación íntima con Cristo, al que tiene cialidad inherente a la naturaleza humana, los hombres tienden a relacio-
por Cabeza y como Esposo, y en el que participa de la vida trinitaria narse entre sí y a formar sociedades, en el orden salvífica la estructura del
por la gracia, formando la «familia de Dios»); sino que ilustra también ser cristiano incluye también una dimensión social, ya que Dios ha queri-
un modo de ser de su conformación externa: la variedad en la unidad, do que la santificación de los hombres se lleve a cabo constituyendo el
y con ello la distinción de funciones de los fieles. Pero la figura que se nuevo Pueblo Dios.
refiere más a la constitución externa de la Iglesia, subrayando especial- Pero la expresión Pueblo de Dios, entendida de acuerdo con sus
mente su dimensión histórica y social, es la del Pueblo de Dios, ima- raíces bíblicas (es decir, como grupo relativamente homogéneo proce-
gen profundamente enraizada en la historia de la salvación, y que ocu- dente de unos mismos antepasados, en el que se da una particular soli-
pa un puesto central en la exposición sobre la Iglesia realizada por el daridad y una cierta organización), pone además de manifiesto algunas
Concilio, que quiso titular así el capítulo segundo de su Const. Lumen características peculiares de la Iglesia, que permiten distinguirla clara-
gentium (nn. 9-17). mente de todos los grupos religiosos, étnicos, políticos o culturales de
la historia (cf. CCE, 782):
148 149
EL PUEBLO DE DIOS INCORPORACIÓN AL PUEBLO DE DIOS Y COMUNIÓN CON LA IGLESIA
Es el Pueblo «de» Dios. Sus miembros tienen un mismo origen, 3. NUEVO PLANTEAMIENTO CODICIAL
pertenecen a un mismo linaje, como el pueblo de Abraham; aunque en
este caso, no en virtud de la carne o de la circuncisión, sino «del agua El Libro II del Código, titulado «Del Pueblo de Dios», es el más
y del Espíritu» (Jn 3, 3-5), por haber renacido mediante la fe y el bau- extenso (ce. 204-746) y el más profundamente enriquecido por la doc-
tismo como hijos de Dios en Cristo. Los cristianos son, por tanto, her- trina eclesiológica del Concilio Vaticano II. Basta hojear algunos de
manos entre sí y tienen unas características ontológicas comunes; su sus contenidos, o repasar las t1ibricas de sus tres partes («De Jos fieles
identidad «es la dignidad y la libertad de los hijos de Dios en cuyos co- cristianos», «De la constitución jerárquica de la Iglesia», y «De los ins-
razones habita el Espíritu Santo como en un templo» (LG, 9). titutos de vida consagrada y de las sociedades de vida apostólica»),
El Pueblo de Dios forma un conjunto solidario, a semejanza del para advertir su sintonía con los capítulos centrales de la Const. Lumen
pueblo de la Antigua Alianza. Además de encontrarse injertados en gentium, cuyo cap. II tiene incluso idéntico título («De Populo Dei»).
Cristo, Cabeza de este Pueblo, sus miembros comparten una serie de En conformidad con el orden seguido por el Concilio, este Libro co-
bienes e intereses con una dimensión social: principalmente la caridad, dicia) expone la estructura de la Iglesia fijándose en primer lugar en su
que como «mandamiento nuevo» constituye su ley (cf. LG, 9); pero elemento comunitario, integrado por los fieles cristianos, que han adqui-
también la fe, otros bienes espirituales, sobre todo los sacramentos, y rido esta condición mediante el bautismo y constituyen la communio ji-
su régimen; y el entero Pueblo de Dios, como continuador de la misión delium. La segunda parte del libro se centra en el elemento jerárquico,
salvadora de Cristo, tiene una misión y un destino comunes, de orden dependiente del sacramento del orden y que implica entre los fieles la
sobrenatural, en el contexto de la humanidad. communio hierarchica. Queda así destacada la importancia de los sacra-
mentos del bautismo y del orden en la configuración jurídica de la Igle-
Y para poder realizar su misión de dilatar el Reino de Dios, este
sia, y la precedencia que tiene el bautismo, tanto en el orden lógico,
Pueblo se organiza socialmente en una unidad jurídica superior, cuya
como en el ontológico y funcional. En efecto, el sustrato comunitario del
índole es puramente religiosa -a diferencia de la del pueblo de Is-
Pueblo de Dios es lógicamente anterior a su estructuración jerárquica; la
rael-; y está dotado de una Jerarquía por voluntad también de su divi- condición de fiel es previa a la de ordenado; y la función general del
no Fundador. cristiano, más radical que la específica de los miembros de la Jerarquía.
La imagen del Pueblo de Dios utilizada por el Vaticano II resalta,
en resumen, junto con otros aspectos teológicos, las siguientes caracte- No obstante, como explica Molano, esos dos elementos constitutivos
de la Iglesia -el comunitario y el jerárquico- se articulan orgánicamen-
rísticas propias de la Iglesia: la unidad que forman todos los fieles y su
te y son inseparables, por lo que no resulta fácil distinguirlos perfectamen-
igualdad fundamental por encima de cualquier diversidad; la solidari- te al realizar una ordenación sistemática. No es extraño, por eso, que el
dad existente entre los bautizados; y la socialidad e historicidad de la Código se ocupe de ellos también en otros lugares.
Iglesia, ordenadas a su realización escatológica.
Todas estas peculiaridades de la Iglesia pueden expresarse también, El planteamiento anterior, la imagen misma del Pueblo de Dios y
con rasgos todavía más nítidos, mediante los términos pueblo (si se usa los principios doctrinales con él conectados, hacen que el CIC 83 difie-
para subrayar la identidad de linaje de sus miembros, y la igualdad y los ra notablemente del CIC 17. Pues el antiguo Libro II, «De personis»,
vínculos ontológicos que de ella dimanan), comunidad (en cuanto resalta distribuía su contenido sobre la base de los denominados «estados ca-
la solidaridad que comportan tales vínculos, y los bienes y objetivos co- nónicos» (clérigos, religiosos y laicos), atribuyendo un papel primor-
munes entre los fieles) y sociedad (que pone de relieve la conformación de dial a los clérigos, y considerando habitualmente a los demás fieles
la Iglesia como un cuerpo unitario y orgánico). Aunque estas tres palabras, como sujetos pasivos de la actividad de la Iglesia. Mientras que el Li-
que figuran en distintos lugares de los textos conciliares y que deben con- bro II del Código vigente, de acuerdo con la doctrina conciliar, presen-
siderarse complementarias entre sí (no idénticas, ni separables), son en ta al fiel o fiel cristiano (christifidelis) como figura central, antes de re-
realidad inherentes a la noción de Pueblo de Dios que acabamos de expli- ferirse a los diversos modos de vivir esta condición básica que
car; pues éste, según hemos visto, «se presenta como un pueblo de orden corresponden a los laicos, a los clérigos y a los fieles consagrados.
sobrenatural, con una connatural dimensión comunitaria, que se organiza La orientación del antiguo Código era debida -como advierte Arrie-
en sociedad» (Hervada). ta-, más que a una sobrevaloración del sacramento del orden, al influjo
150 151
EL PUEBLO DE DIOS INCORPORACIÓN AL PUEBLO DE DIOS Y COMUNIÓN CON LA IGLESIA
de una cierta concepción «estamental» de la Iglesia, que suponía la exis- según su propia condición, son llamados a desempeñar la misión que
tencia de distintas clases de cristianos y privilegiaba el status clerical, al Dios encomendó cumplir a la Iglesia en el mundo». En efecto, todos
que se accedía con la sola tonsura. Pero el Concilio Vaticano 11, sin dejar los bautizados, poseen el sacerdocio común o real, que ejercen «a tra-
de recordar que en el Cuerpo místico de Cristo hay diversidad de miem- vés de su participación, cada uno según su vocación propia, en la mi-
bros y de funciones, ni de señalar la diferencia esencial entre el sacerdocio sión de Cristo, Sacerdote, Profeta y Rey» (CCE, 1546), y están llama-
común y el sacerdocio ministerial (cf. LG, 10), ha proclamado inequívoca- dos por esta misma condición-bautismal a intervenir activamente en la
mente la igualdad fundamental de todos los fieles (cf. LG, 9 y 32). misión de la Iglesia.
Se pone así de relieve que el título del que deriva esa llamada no es un
privilegio, ni una concesión hecha por la Jerarquía, sino su incorporación a
4. EL BAUTISMO Y LA COMÚN CONDICIÓN DE FIEL
Cristo y a la Iglesia por el bautismo, y su consiguiente participación en los
tria munera Christi. Por eso, en el plano más radical, tan destinado está a
El c. 204, con el que se inicia el Libro II del CIC, puede conside- participar en la misión de la Iglesia un laico, como un clérigo o un fiel con-
rarse su «pieza clave». El § 1, además de explicar quién es el fiel y de- sagrado; aunque las funciones que les corresponda desempeñar --como su-
finirlo como miembro del Pueblo de Dios -tomando así como punto cede con los miembros del cuerpo- sean diferentes.
de partida ambas nociones-, contiene implícitamente los principios
de igualdad y diversidad, es germen de los deberes y derechos del bau- El tenor del c. 204 § 1 muestra con todo ello, implícitamente, que
tizado y ayuda a explicar las demás normas canónicas referentes a los los fieles poseen por el bautismo una condición jurídica de fundamen-
fieles. Por su parte, el § 2 pone de relieve el carácter societario de la tal igualdad, que se conjuga con cierta diversidad; como lo expresan
Iglesia y sirve de preámbulo a la parte sobre su constitución jerárquica, más claramente los ce. 208-223, sobre las obligaciones y derechos de
al señalar que «esta Iglesia, constituida y ordenada como sociedad en todos los fieles, y el c. 207.
este mundo, subsiste en la Iglesia católica, gobernada por el sucesor de
Pedro y por los Obispos en comunión con él» (cf. LG, 8).
El contenido del c. 204, lo mismo que el del c. 205 -al que nos refe-
5. EXIGENCIA DE LA COMUNIÓN PLENA CON LA IGLESIA
152 15J
EL PUEBLO DE DIOS INCORPORACIÓN AL PUEBLO DE DIOS Y COMUNIÓN CON LA IGLESIA
conciencia del interesado; la comunión visible, en cambio, es exigible cisma, existen otras actuaciones especialmente graves que, aunque no
y objetivable jurídicamente, mediante el triple vínculo «de la profesión quebranten directamente los vínculos visibles de comunión, por el daño
de fe, de los sacramentos y del régimen eclesiástico» (c. 205). eclesial que producen están sancionadas con la misma censura. Un ejem-
plo de ello es lo que se refiere en 1 Co 5, 5 (cuando San Pablo conmina a
Estos tres vínculos en los que se resume la comunión visible -y a los los fieles de Corinto a expulsar de la Iglesia al incestuoso); o lo que se ti-
que parece aludir la expresión paulina «Un solo Señor, una sola fe, un solo pifica en el c. 1398 (delitod~aborto). En cualquier caso, la excomunión
bautismo» (Ef 4, 5)-, lo mismo que los tria munera Christi, con los que presupone siempre una falta muy grave; si bien no prejuzga la situación de
se relacionan (Cf. CN, 4), son inseparables, de forma que cada uno de comunión mística.
ellos postula por definición los otros dos. Y así, la comunión plena en la
fe, p. ej., comporta en realidad la comunión plena en los sacramentos y en Los cristianos bautizados y educados fuera de la comunión visible
el régimen eclesiástico. con la Iglesia católica, al estar de buena fe en la herejía o el cisma, no
pueden ser acusados del pecado de separación y no se les considera
afectados por la censura de excomunión (cf. UR, 3; Dir. Ad totam Ec-
6. LA PÉRDIDA DE LA COMUNIÓN PLENA Y SUS CONSECUENCIAS clesiam, l4.V.1967, n. 19). Además, por su propio bautismo, «vínculo
sacramental de unidad» (UR, 22), y en la medida en que tengan una
La comunión eclesial tiene una raíz ontológica, originada por el misma fe, celebren los mismos sacramentos y reconozcan el orden je-
bautismo, que nunca desaparece; ni siquiera con la excomunión. Sin rárquico, tienen una comunión parcial con la Iglesia. Pero su falta de
embargo, como se deducirá de lo expuesto más arriba, la comunión comunión visible les impide llegar a ser fieles en sentido pleno; y no se
plena con la Iglesia puede resultar afectada de diversos modos, y con- les considera miembros de la Iglesia Católica, sino de sus respectivas
dicionar con ello el ejercicio de «los deberes y derechos que son pro- comunidades.
pios de los cristianos» (cf. c. 96). Desde el punto de vista jurídico, esta situación comporta fundamental-
La comunión mística de los fieles se pierde, al menos de modo sus- mente la suspensión de sus deberes y derechos específicamente eclesiales
tancial, con la pérdida de la gracia santificante por el pecado grave; y to- -no de los que les atribuye de modo incondicional el Derecho divino-,
talmente con la pérdida de la fe. Esto tiene implicaciones primordialmente exceptuados los que se refieren a su reincorporación a la comunión plena.
morales (como la exigencia de acudir al sacramento de la penitencia); sal- Por expresa voluntad del legislador, no están sometidos a las leyes mera-
vo en las situaciones de pecado grave manifiesto que reclamen también mente eclesiásticas, que obligan únicamente «a los bautizados en la Iglesia
una respuesta pública de la Iglesia (como la que prevé el c. 915). católica y a quienes han sido recibidos en ella» (c. 11). Y solo en determi-
nadas circunstancias y bajo ciertos requisitos, pueden ser admitidos a parti-
La comunión jurídica se quiebra de forma inmediata por la aposta- cipar en el culto litúrgico y en algunos sacramentos (vide XXIII, 8 y 9).
sía, que es el rechazo total de la fe cristiana (y por tanto, de la comu-
nión en los sacramentos y en el orden jerárquico); por la herejía, que es
la negación o duda pertinaz de una verdad que ha de creerse con fe di- 7. LA EUCARISTÍA, CENTRO DE LA COMUNIÓN ECLESIAL
vina y católica (por haber sido propuesta como divinamente revelada y
de fe por el Magisterio de la Iglesia); o por el cisma, que es el rechazo La Eucaristía, sacramento que significa y realiza la unidad del
de la sujeción al Sumo Pontífice o de la comunión con los miembros Pueblo de Dios (cf. LG, 11) y mediante el cual los cristianos se inser-
de la Iglesia en comunión con él (cf. c. 751). tan «plenamente en el Cuerpo de Cristo» (PO, 5), es el centro hacia el
Los delitos de apostasía, herejía y cisma llevan aparejada para el que convergen todos los elementos de la comunión eclesial, visibles e
católico la censura de excomunión (cf. c. 1364 § 1). invisibles. «Solo en este contexto tiene lugar la celebración legítima de
la Eucaristía y la verdadera participación en ella. Por tanto, resulta una
La excomunión es una pena medicinal (vide XXXIV, 3, a) por la que exigencia intrínseca a la Eucaristía que se celebre en la comunión y,
se separa a alguien formalmente de la comunión jurídica de los fieles concretamente, en la integridad de todos sus vínculos» (EDE, 35).
mientras no cese en su contumacia, y que tiene una serie de efectos jurídi-
cos en diversos grados según esté o no declarada (públicamente) por la au- Cualquier quiebra de la comunión eclesial tiene por eso una reper-
toridad eclesiástica (cf. c. 1331). Además de la herejía, la apostasía y el cusión disciplinar inmediata en la participación en la Eucaristía, que
154 155
EL PUEBLO DE DIOS INCORPORACIÓN AL PUEBLO DE DIOS Y COMUNIÓN CON LA IGLI:'SIA
constituye el principal signo de comunión desde la antigüedad. Y eso detalle sus obligaciones y prerrogativas (no se llega a hablar de derechos),
se manifiesta, ya sea a la hora de recibir o administrar la sagrada Co- que se recogen en parte en otros cánones.
munión (cf. ce. 844, 915, 916, etc.), o en la concelebración del Sacrifi-
cio eucarístico, que en ningún caso es legítima cuando falta la plena Los demás hombres, que no están bautizados ni han recibido toda-
comunión (cf. c. 908; vide XXIII, 9, e). vía el Evangelio, no dejan de estar ordenados al Pueblo de Dios de di-
versas maneras, como enseña~! n. 16 de la Const. Lumen gentium; y a
«Precisamente porque la unidad de la Iglesia, que la Eucaristía reali- ellos se dirige la actividad misional de la Iglesia. «De esta manera, la
za mediante el sacrificio y la comunión en el cuerpo y la sangre del Señor, Iglesia ora y trabaja al mismo tiempo para que la totalidad del mundo
tiene la inderogable exigencia de la completa comunión en los vínculos de se transforme en Pueblo de Dios, Cuerpo del Señor y Templo del Espí-
la profesión de fe, de los sacramentos y del gobierno eclesiástico, no es ritu y para que en Cristo, Cabeza de todos, se dé todo honor y toda glo-
posible concelebrar la misma liturgia eucarística hasta que no se restablez- ria al Creador y Padre de todos» (LG, 16).
ca la integridad de dichos vínculos. Una concelebración sin estas condi-
ciones no sería un medio válido, y podría revelarse más bien un obstáculo
a la consecución de la plena comunión, encubriendo el sentido de la dis-
tancia que queda hasta llegar a la meta e introduciendo o respaldando am-
bigüedades sobre una u otra verdad de fe» (EDE, 44).
La Eucaristía, culminación de todos los sacramentos, exige ser cele-
brada en conformidad con la fe de los Apóstoles y en comunión con el
Sucesor de Pedro, con el orden episcopal y con la Iglesia entera. Con es-
tos presupuestos, la Eucaristía consolida y lleva a la perfección la comu-
nión eclesial; y esta peculiar eficacia para promover la comunión -ha
subrayado Juan Pablo II- es uno de los motivos de la importancia de la
Misa dominical.
l. EL PRINCIPIO DE IGUALDAD
15l)
EL PUEBLO DE DIOS IGUALDAD FUNDAMENTAL DE LOS FIELES
2. EL ESTATUTO JURÍDICO FUNDAMENTAL DE LOS FIELES Pero el carácter constitucional de estos derechos y deberes puede
deducirse también, y más radicalmente, del hecho de que la mayoría de
Desde el punto de vista jurídico, el principio de igualdad se tradu- ellos tienen su origen en el bautismo, con anterioridad a cualquier con-
ce en la condición constitucional de fiel, que implica una serie de dere- creción o formalización jurídico-positiva; de manera que pueden deno-
chos y deberes comunes. Todas las demás situaciones jurídicas de los minarse en rigor derechos y deberes fundamentales del fiel.
miembros del Pueblo de Dios son derivaciones o determinaciones de Algunas de estas exigénc1as, sin embargo, son de índole primordial-
esa condición fundamental. mente natural (p. ej., la del c. 220) o de Derecho humano (cf. c. 221 § 3),
En referencia al estatuto jurídico de los fieles, el CIC 17 simple- y no son exclusivas de los fieles. Esto es una manifestación más de la di-
mente señalaba, en su c. 87 (precedente del actual c. 96), que «por el mensión humana e histórica de la Iglesia, cuyo ordenamiento no es ajeno
bautismo queda el hombre constituido persona en la Iglesia de Cristo, al Derecho natural (vide 11, 3, a) y ha de servirse de los recursos del Dere-
con todos los derechos y obligaciones de los cristianos»; pero esta afir- cho positivo para cumplir su misión en el mundo.
mación apenas se concretaba luego. De ahí que el título sobre las obli-
El sujeto de estos deberes y derechos es todo fiel (laico, clérigo o
gaciones y derechos de todos los fieles (ce. 208-223) sea una de las no-
consagrado); sufundamento más general, la dignidad o condición on-
vedades más importantes del Código vigente; aunque no suponga en
tológico-sacramental del bautizado; y su objeto, la prestación de una
realidad una disciplina nueva.
serie de bienes que corresponden a los fieles como derecho o como de-
La confección de estos cánones responde al 6. principio directivo
0
ber.
para la revisión del CIC (vide IV, 3, b), enunciado así en su Prefacio: «En
razón de la igualdad fundamental de todos los fieles, y de la diversidad de Conviene advertir que no todo lo incluido en estos cánones tiene ín-
dole jurídica. Los derechos sí, porque de lo contrario no serían auténticos
funciones y cargos que radica en el mismo orden jerárquico de la Iglesia,
derechos, que reclaman tutela jurídica; pero algunos deberes (cf., p. ej., c.
conviene que se definan adecuadamente y se protejan los derechos de las
21 O) son prevalentemente morales, y pueden exigirse en justicia solo en
personas. Esto hará que los actos de potestad aparezcan más claramente
determinados ámbitos. Por lo demás, el elenco de obligaciones y derechos
como un servicio, se dé una base más sólida al empleo del poder, y se eli-
de todos los fieles de los ce. 209-223 -que el CCEO ha incluido en su
minen los abusos». Pero la formalización de estos derechos y deberes en
Tít. 1- no es exhaustivo ni sistemático. La anteposición de las obligacio-
el Código de 1983 no se debe a una simple cesión ocasional a influencias
nes a los derechos en el encabezamiento del título se debe al interés de la
de la cultura jurídica contemporánea. La Iglesia se ha mostrado siempre
Iglesia por resaltar la importancia de los deberes, pero no tiene fines siste-
solícita en todo lo que contribuya a reconocer y promover la dignidad de máticos. Algún autor ha tratado de clasificar estas prescripciones en torno
las personas; y estas prescripciones reflejan una imagen de los miembros a los tria munera Christi; sin embargo, la imposibilidad de separar perfec-
del Pueblo de Dios que, aunque haya estado ensombrecida a veces, se en- tamente esa «triple función» de santificar, enseñar y regir, de la que parti-
contraba delineada ya claramente en el Nuevo Testamento (Feliciani). cipa la Iglesia, hace que dicha clasificación no siempre resulte clara. Y
Casi todos los cánones de este título están inspirados en textos del algo similar ocurre cuando se utilizan otros criterios. De ahí que, para ex-
plicar estos deberes y derechos, hayamos optado por seguir el orden con
Concilio Vaticano 11 y proceden del proyecto de la Lex Ecclesiae Fun-
que figuran en el Código, según sus distintos objetos.
damentalis, en el que se pretendió recoger el Derecho constitutivo de
la Iglesia. Esta es una de las razones por las que suele reconocerse a
estas normas un carácter constitucional, primario o fundamental; lo
3. DEBERES Y DERECHOS DE TODOS LOS FIELES
cual exige que el resto del ordenamiento sea al menos congruente con
ellas. a) Comunión con la Iglesia (c. 209)
Buena parte del Código puede entenderse como un desarrollo de es-
tos cánones; y esto es típico, efectivamente, de las normas fundamentales, La obligación de los fieles de observar siempre la comunión con la
que además de prevalecer sobre las ordinarias, y de reclamar una estabili- Iglesia, <<incluso en su modo de obrar» (c. 209), tiende a asegurar que
dad y tutela especiales, actúan como criterio inspirador y hermenéutico el estatuto jurídico del bautizado sea plenamente coherente con el ca-
(es decir, interpretativo) del resto del ordenamiento. rácter comunitario de la Iglesia, y aparece como su primer deber.
160 161
EL PUEBLO DE DIOS IGUALDAD FUNDAMENTAL DE LOS FIELES
Para cumplir esta obligación, que sobreviene con el bautismo, no bas- Al señalar que la santidad debe ser perseguida por cada uno «se-
ta con «Sentirse» miembro de la Iglesia. Es preciso que todas las actuacio- gún su propia condición», el c. 210 ha de entenderse en sintonía con la
nes del fiel, tanto en la esfera pública como en la privada, respeten los vín- doctrina conciliar, y respetando por tanto la enseñanza de que, si bien
culos de comunión eclesial (cf. c. 205), sin contradecir ni poner en crisis la santidad no existe en abstracto, sino que es vivida de un modo con-
su pertenencia al Pueblo de Dios. Hasta el punto de que si esta obligación creto, según las exigencias de la vocación personal de cada fiel, sin
fuera gravemente vulnerada, por cometer p. ej. un delito contra la fe o la embargo una sola es la santidtad que se cultiva en cualquier género de
comunión jerárquica, tendrían que aplicarse las sanciones convenientes, vida (cf. LG, 41), y el deber fundamental de tender a ella surge desde
sin excluir la excomunión. el bautismo (cf. LG, 42).
La comunión con la Iglesia es el principal criterio de legitimación «Todos los fieles, de cualquier condición y estado, están llamados por
y el límite fundamental para el ejercicio de todos los deberes y dere- el Señor, cada uno por su camino, a la perfección de aquella santidad con
chos del bautizado (Beyer). Es más, la communio es precisamente el la que es perfecto el Padre celestial» (LG, 11; cf. Mt 5, 48). Esto no es óbi-
espacio, teológico y jurídico, en el que se entienden y operan estos de- ce, sin embargo, para que, aparte del bautismo, existan otros títulos de los
rechos (Marzoa). Solo guardando esa comunión, los derechos y obliga- que derivan obligaciones especiales en relación con la santidad, como la
ciones del fiel -que se tienen en la Iglesia, no frente a la Iglesia- po- recepción del orden sagrado (cf. c. 276 § 1) o el concurso de ciertos caris-
seen fuerza y sentido, y su ejercicio contribuye al bien común eclesial. . mas (cf. c. 573 § 1).
Pero vivir en comunión con la Iglesia constituye para el bautizado no El deber de tender a la santidad -inseparable del empeño por in-
sólo un deber, sino también un derecho. Deber-derecho que preserva el crementar la Iglesia y promover su continua santificación- es ante
bien más básico para el fiel (comparable al bien de la vida en el ámbito todo un deber moral: el supremo deber moral del cristi5tno, por el que
natural), y en el que se sintetizan y del que derivan los principales de- se explican gran parte de sus obligaciones y derechos. Unicamente tie-
beres y derechos del bautizado; todo lo que éstos urgen y tutelan con- ne relevancia jurídica en la medida que lo reclame la justicia legal (que
duce, en definitiva, a proteger y fortalecer la comunión eclesial. exige el cumplimiento de las leyes de la Iglesia) en lo referente a la
La exhortación a que los fieles cumplan con gran diligencia sus debe- participación en los medios salvíficos y a la condición de vida y fun-
res con la Iglesia universal y particular (c. 209 § 2) es un corolario de la ciones de cada uno.
obligación anterior, y subraya que observar la comunión eclesial no es
algo meramente pasivo, sino que reclama del fiel respuestas positivas:
ante todo, cumplir sus deberes -comunes o propios, jurídicos o exclusi- e) Apostolado (c. 211)
vamente morales- con la Iglesia.
Difundir el Evangelio, con el testimonio y de palabra, es un deber
y un derecho originario del fiel, anterior a cualquier disposición o man-
b) Santidad de vida y edificación de la Iglesia (c. 21 O) dato de la Jerarquía. En efecto, «la vocación cristiana, por su misma
naturaleza, es vocación al apostolado» (AA, 2): todos los fieles, me-
El deber de esforzarse por llevar una vida santa, incrementar la diante el bautismo y la confirmación, «son destinados al apostolado
Iglesia y promover su continua santificación es otra forma de expresar por el mismo Señor» (AA, 3; cf. LG, 33).
las exigencias del canon anterior, puesto que la santidad es la plenitud El apostolado propio de los fieles, como deber, está implícito en el
de la comunión, y participar en la edificación de la Iglesia supone cum- canon anterior, y es en sí mismo de índole moral; pero puede tener
plir los deberes con ella. fuerza jurídica cuando, a la condición de fiel, se añaden otros factores
que suponen una relación de justicia, como ocurre con la formación de
El fundamento específico de este deber se encuentra en la vocación a los hijos en la fe (cf. ce. 226 § 2, 774 § 2, 793 y 872). Pero aunque se
la santidad de todos los bautizados; doctrina expuesta con especial vigor tenga fundamentalmente ante Dios, y de acuerdo con los carismas reci-
en el siglo XX por San Josemaría Escrivá, y que constituye una de las en- bidos, la existencia de este deber hace que el derecho al apostolado no
señanzas más reiteradas y significativas del Concilio Vaticano 11 (vide IV, solo deba ser respetado, sino también favorecido e impulsado. Esto
2, a). exige, por parte de la Jerarquía, apoyarlo, prestarle los necesarios auxi-
162 163
EL PUEBLO DE DIOS IGUALDAD FUNDAMENTAL DE LOS FIELES
lios espirituales, ordenar su ejercicio al bien común de la Iglesia, y vi- los terceros- el Derecho exige, tanto en relación con la existencia del
gilar para que se respeten la doctrina y el orden (cf. AA, 24). mandato como con su fuerza vinculante y su contenido» (del Portillo).
El derecho-deber al apostolado puede ejercerse individual o asociada- Derecho de petición (c. 212 § 2). La potestad de la Jerarquía tiene
mente; pero siempre en comunión con la Jerarquía y con los demás fieles, una esencial misión de servicio (vide XV, 1, b); de ahí que forme parte
como cualquier otro deber o derecho en la Iglesia. «Nada estaría más lejos de su cometido no solo mancij.lr lo necesario para el bien común, sino
del verdadero apostolado que una acción anárquica, apartada de la comu- también atender a las necesidades, dificultades o deseos de los fieles,
nión eclesiástica, de la que obtiene la garantía de eficacia y rectitud» (del especialmente en relación con su vocación a la santidad y con la vida
Portillo). Aunque esta exigencia de unidad -como advirtió el mismo au- de la Iglesia.
tor- no implica que toda acción apostólica de los fieles haya de encauzar-
se en formas y estructuras confesionalmente católicas; ni justifica la pre- El derecho de petición puede ejercitarse de palabra o por escrito, indi-
tensión, por parte de nadie, de arrogarse un derecho al monopolio en vidual o colectivamente; y admite una amplia gama de matices, que van
campos de apostolado propios de todos Jos fieles. desde el diálogo espontáneo hasta la petición de un rescripto (vide VII, 4,
b y 5). Este derecho comporta al menos el deber de los Pastores de recibir,
estudiar y responder en lo posible a las peticiones de los fieles que tienen
d) Obediencia y diálogo con los Pastores (c. 212) encomendados; pero no implica la obligación de otorgar lo pedido, salvo
que se pida algo a lo que se tiene estricto derecho, en cuyo caso ya no se-
Los tres parágrafos del c. 212, así como el canon siguiente, hacen ría una simple petición (Hervada).
referencia a la relación entre los fieles y la autoridad jerárquica (cf.
LG, 37). Derecho de opinión (c. 212 § 3). Se apoya en el correspondiente
Deber de obediencia a los Pastores (c. 212 § 1 ). Forma parte del derecho natural y, de manera próxima, en la corresponsabilidad de to-
deber de comunión (c. 209 § 1), y se fundamenta en la constitución je- dos los fieles en la misión de la Iglesia. Esto explica que expresar la
rárquica de la Iglesia, querida por Dios. Como obligación jurídica, solo propia opinión, a la Jerarquía o a los demás fieles, «sobre aquello que
es exigible respecto de los Pastores propios (con potestad sobre esos pertenece al bien de la Iglesia», pueda constituir también un deber para
fieles) cuando lo que enseñan o mandan entra en el ámbito legítimo de ellos, según el conocimiento, competencia y prestigio que tengan.
sus competencias. Fuera de este marco, puede ser frecuente que haya al Esas tres cualidades, aparte de condicionar el ejercicio de este dere-
menos un deber moral de obedecer, aunque no exista una obligación cho, determinan efectivamente la existencia de la posible obligación, al
jurídica. menos moral, de expresar la propia opinión; y los Pastores han de tenerlas
En relación con las enseñanzas del Magisterio, tal obligación asume en cuenta al vivir su deber de valerse del «prudente consejo» de los fieles
(cf. LG, 37).
una gradación, según las diversas modalidades recogidas en los ce. 749-
754 (vide XX, 7). Y en relación con la potestad de gobierno, no alcanza a Un límite absoluto de este derecho es el marcado por la «integri-
la esfera específicamente privada (vide infra: 3, 1), ni a la de los asuntos
dad de la fe y de las costumbres»: no cabe alegar el derecho de opinión
temporales. La actuación de la Jerarquía en este último ámbito se limita al
para contradecir al Magisterio auténtico en materia de fe o de moral.
cumplimiento de su misión magisterial de proponer los principios morales
en el orden social y de formar la conciencia de los fieles (vide XXXVII, 4, Dentro de estos límites, la «utilidad común» y la «dignidad de las per-
b ). Por lo demás, la «obediencia cristiana» que se pide a los fieles en este sonas», en particular la «reverencia hacia los Pastores», son condicio-
canon es la obediencia propia de la libertad y responsabilidad de los hijos nes para su recto ejercicio.
de Dios, que ni puede ser simplemente mecánica, ni se basa en las virtudes Aunque alguna de estas exigencias esté contenida ya en la obligación
personales de quien manda. Aunque, para facilitar el ejercicio de este de- de observar la comunión con la Iglesia (vide supra: 3, a), su mención ex-
ber, la autoridad eclesiástica ha de cumplir también con responsabilidad su presa en el canon aclara aquello que ha de tenerse presente para manifes-
función pastoral. De ahí que, entre otros aspectos, los mandatos de los tar la propia opinión de modo constructivo y sin provocar escándalo en los
Pastores hayan de ser <<jurídicamente constatables, de tal manera que se dé demás fieles.
en ellos la certeza y seguridad que -en bien del obligado a obedecer y de
164 165
EL PUEBLO DE DIOS IGUALDAD FUNDAMENTAL DE LOS FIELES
e) Recepción de los bienes espirituales de la Iglesia (c. 213) Aparte de la denegación de estos medios sin un motivo justo,
constituyen un abuso contra este derecho las prácticas que retrasen in-
El derecho de los fieles <<a recibir de los Pastores sagrados la ayu- debidamente la recepción de los sacramentos, que obliguen a recibirlos
da de los bienes espirituales de la Iglesia, principalmente la palabra de de formas no determinadas por el Derecho, etc.
Dios y los sacramentos», es uno de los más básicos; ya que estos bie-
nes son esenciales para seguir plenamente la vocación a la santidad y •
f) Rito y espiritualidad (c. 214)
para edificar la Iglesia (c. 210; vide II, 2, e), y la distinción y ordena-
ción recíproca entre Jerarquía y pueblo cristiano existe precisamente El rito y la espiritualidad son dos expresiones importantes del prin-
por razón del ministerio que ha recibido la primera de enseñar, santifi- cipio de variedad (vide X, 1), que pueden ser practicadas individual o
car y gobernar a los fieles (vide X, 1-2). colectivamente, y entre las que existe cierta relación.
El CIC 17 formalizaba ya este derecho (c. 682), aunque atribuyéndo- Derecho al propio rito. Por rito se entiende primordialmente la
lo solo a los laicos y refiriéndolo primordialmente a «los auxilios necesa- Iglesia ritual sui iuris o autónoma, a la que el fiel queda adscrito desde
rios para la salvación». Pero el Vaticano 11, además de predicarlo de todos el momento del bautismo, y a través de la cual guarda la comunión con
los fieles, ha corregido las interpretaciones minimalistas que se dieron de la Iglesia (vide V, 5, e). Todo fiel tiene derecho a dar culto a Dios según
su contenido, enseñando que se extiende no solo a lo indispensable, sino a las normas de su propio rito, que son las que normalmente le depararán
la recepción abundante de esos bienes (cf. LG, 37). Y el c. 213, que sigue mayor utilidad espiritual; e incluso debe practicarlo y mantenerlo (cf.
casi literalmente lo que señaló el Concilio, ha de entenderse de acuerdo OE, 4), siempre que ello no le impida recibir la ayuda de los bienes es-
con ese criterio. pirituales (cf. c. 213), y mientras no cambie de rito por alguno de los
Este derecho reclama de la Jerarquía que se organice (vide XV, 1, supuestos del c. 112.
b ), en la medida de sus posibilidades, de modo que los fieles puedan Este derecho y obligación pide por eso, como principio informador,
recibir la ayuda de los bienes espirituales según sus necesidades, e in- constituir estructuras u oficios pastorales para otros ritos donde sea conve-
cluso según su propia vocación. Y engendra deberes de justicia en niente (cf. OE, 4; c. 383 § 2; vide XVII, 5, e). El derecho al propio rito
aquellas personas e instituciones que tengan un vínculo ju~ídico con cabe extenderlo también, en algunos aspectos, a las diversas familias litúr-
los fieles, o que sean los únicos que pueden atenderles en cucunstan- gicas de Oriente y de Occidente, en la medida que puedan considerarse
cias especiales (cf., p. ej., ce. 911 § 2 y 986 § 2). propias del fiel y hayan sido aprobadas por los legítimos Pastores de la
Iglesia.
El Código puntualiza en otros lugares las múltiples exigencias que di-
manan de este derecho, particularmente en lo relativo al ministerio de la Derecho a la propia espiritualidad. Tiene su raíz última en la vo-
palabra de Dios (cf., p. ej., ce. 386 § 1, 528 § 1, etc.; vide XXI) y a la ad- cación universal a la santidad y en la pluralidad de formas en que ésta
ministración de los sacramentos. En relación con éstos, el c. 843 § 1 reco- puede alcanzarse, según los dones que el Espíritu distribuye entre los
ge el deber general de los Pastores de administrarlos y los requisitos gene- bautizados. Y exige en primer lugar respetar la libertad de los fieles en
rales que han de cumplir los fieles para recibirlos (vide XXIII, 7, e). Pero lo referente al trato con Dios y a sus expresiones externas: al modo de
siempre será necesaria una normativa más específica; pues la situación ju- cultivar las virtudes, de hacer uso de los medios de santificación, de
rídica del fiel varía con respecto a los siete sacramentos, y de poco servi- ejercer los carismas personales y actuar apostólicamente; sin encasillar
rían los ce. 213 y 843 § 1 si no se detallaran, sobre todo, las obligaciones la vida espiritual en moldes rígidos, ni pretender imponer a otros una
de los ministros en esta materia (cf., p. ej., ce. 528 § 2, 885 § 1, 912, 918, forma determinada. El único límite de este derecho es el marcado por
980, 986 § 1, etc.). En efecto, es raro que un fiel esté dispuesto, p. ej., a su conformidad con la doctrina de la Iglesia, cuyo juicio compete a la
exigir la comunión -que ilegítimamente se le niegue fuera de la Misa-, Jerarquía.
por la humilde actitud de indignidad personal con que todo fiel debe acer-
carse a comulgar. «Y mucho menos se encontrarán fieles que estén en dis- El derecho a la propia espiritualidad explica las normas que tutelan la
posición de confesarse por decisión de sentencia judicial o de recursos ad- libertad de los fieles para acceder a los medios de santificación (cf. ce. 239
ministrativos» (del Portillo). * * *
2. 240 1, 246 4, 923, 991, etc.); y actúa como principio informador
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EL PUEBLO DE DIOS IGUALDAD FUNDAMENTAL DE LOS FIELES
de la acción pastoral, que deberá desarrollarse de modo que se respete, fa- h) Iniciativas apostólicas (c. 216)
cilite y proteja la peculiar forma de vida espiritual de cada fiel, poniendo
también en juego todas las posibilidades de pastoral común y peculiar su- El derecho a promover y sostener iniciativas apostólicas más o
geridas por el Concilio, y recogidas luego en el CIC. menos institucionalizadas (escuelas, hospitales, asilos, editoriales, vo-
luntariados, etc.) radica en el bautismo, y puede considerarse una con-
g) Asociación y reunión (c. 215)
creción del deber-derecho al'apostolado (c. 211 ).
A semejanza del derecho de asociación (c. 215), con el que a menudo
Derecho de asociación. El legislador lo ha sancionado aquí, no en confluye, este derecho abarca: el derecho a fundar libremente esas empre-
su forma genérica de derecho humano, sino en referencia a los fines sas, el derecho a sumarse a ellas, y la libertad estatutaria y de gobierno.
eclesiales que puede proponerse el fiel; aspecto desde el cual es un de- Está sujeto a los mismos límites que el derecho de asociación, y exige
recho originario del bautizado, que se funda en la naturaleza social del guardar también la «debida relación>> con la autoridad eclesiástica. Para
hombre y en el principio de socíalidad eclesial. que estas iniciativas puedan atribuirse el nombre de católicas (que com-
El derecho de asociación comporta, en primer lugar, la libertad promete a la Iglesia como institución), deben obtener el consentimiento de
para constituir asociaciones en la Iglesia «para fines de caridad o pie- la autoridad eclesiástica competente (cf. ce. 300, 803 § 3, 808).
~ad, o para fomentar la vocación cristiana en el mundo»; es decir, para
fmes que corresponden a la misión eclesial del fiel en cuanto fiel, y a la
esfera de su legítima autonomía. Implica también el derecho a gober- i) Educación cristiana (c. 217)
nar esas asociaciones según lo establecido en el acto fundacional y en
los estatutos; así como la libertad para inscribirse en las ya fundadas El derecho a una educación cristiana, que el mismo c. 217 funda-
(privadas o públicas), que ha de armonizarse con el derecho de admi- menta y explica desde la llamada que todos reciben «por el bautismo a
sión que tienen las asociaciones. llevar una vida congruente con la doctrina evangélica», comprende la
enseñanza de la doctrina católica a todos los niveles: instrucción fun-
Las asociaciones privadas de fieles (ce. 321-326) son el marco de damental o catequética, predicación, y explicación más profunda del
aplicación más directa de este derecho. Pero la libertad de asociación inci- mensaje evangélico (cf. c. 229 § 2).
de también, en diverso grado, en la creación y gobierno de las demás enti-
dades asociativas recogidas en el CIC; incluso de las asociaciones públi- A estos tres niveles, el derecho a la educación cristiana exige recibir
cas, que la autoridad eclesiástica puede erigir a partir de una iniciativa la palabra de la fe «no mutilada, no falsificada, no disminuida, sino com-
privada previa, en las que debe tenerse en cuenta el derecho de inscrip- pleta e integral, en todo su rigor y en todo su vigor» (Juan Pablo 11, Exh.
ción, y en las que se da cierto margen de autonomía (cf. c. 315). El dere- ap. Catechesi tradendae, 16.X.l979, n. 30). Y no se limita a la transmisión
cho de asociación del fiel actúa, pues, como criterio inspirador de toda la de unos contenidos puramente teóricos; pues, como señala el c. 217, este
nonnativa canónica sobre esta materia (vide XI). derecho incluye la instrucción conveniente «en orden a conseguir lama-
durez de la persona humana y al mismo tiempo conocer y vivir el misterio
Además de los fines específicamente temporales -ámbito que co- de la salvación» (vide XXII, 1).
rresponde regular al ordenamiento secular-, un límite intrínseco de
es~e. derecho son las finalidades que suponen una participación en la El deber correlativo a este derecho incumbe a toda la comunidad
miSIÓn propia de la Jerarquía, que están reservadas a las asociaciones eclesial (cf. ce. 747 § 1, 794 § 1). Pero las obligaciones específicas de-
públicas de fieles. Y para garantizar la communio, toda asociación de penderán de las diversas responsabilidades; destacando en primer lugar
fieles ha de mantener la «debida relación» con la autoridad eclesiástica las de los padres (cf. c. 226 § 2, 774 § 2, 793 § 1, etc.), y las de la auto-
(AA, 19), según el tipo de que se trate. ridad eclesiástica y los pastores de almas, que, además de auxiliar a los
Derecho de reunión. La libertad de los fieles de congregarse even- fieles con la palabra de Dios (c. 213), «deben disponer lo necesario
tualmente, para procurar aquellos fines que pueden perseguir en virtud para que todos los fieles reciban educación católica» (c. 794 § 2). Estos
de su derecho de asociación, tiene el mismo fundamento y límites que deberes, y los de las instituciones docentes católicas, etc., se concretan
este derecho, con las oportunas adaptaciones. más en el Lib. Ili del Código.
]68 J(Jl)
EL PUEBLO DE DIOS IGUALDAD FUNDAMENTAL DE LOS FIELES
Existe también un deber genérico de recibir formación cristiana (cf. sión o escándalo si se expresa ante un auditorio común o en una publica-
DH, 14), que puede exigirse jurídicamente en diversos casos; como suce- ción divulgativa.
de en la admisión para algunos sacramentos (Eucaristía, orden, etc.), o en
la asunción voluntaria de formas de vida o de apostolado que requieran tal
formación en determinados grados.
k) Elección del propio estado de vida (c. ·219)
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EL PUEBLO DE DIOS IGUALDAD FUNDAMENTAL DE LOS FIELES
A nadie (Jerarquía, resto de los fieles o cualquier hombre) «le es lí- Derecho a la defensa legítima de los propios derechos (c. 221 § 1).
cito lesionar ilegítimamente la buena fama de que alguien goza» (p. ej., Se refiere a la protección de todos los derechos que el ordenamiento ca-
divulgando acusaciones infundadas); solo cuando haya razones legíti- nónico reconozca a los fieles; y comporta la posibilidad de reclamarlos
mas, admitidas por el Derecho divino o eclesiástico, es licito actuar legítimamente ante los demás fieles o ante la autoridad eclesiástica, así
aun cuando ello suponga menoscabo de esa f::tma. como la de defenderlos en el foro eclesiástico competente (administrati-
vo o judicial) con arreglo a lo oospuesto por el Derecho (vide XXXV, 1).
La tutela de este derecho exige evitar el peligro de infamia, no admi-
tir denuncias anónimas, garantizar el derecho a defenderse de las injurias, Derecho a ser juzgado según las normas jurídicas (c. 221 § 2).
etc.; y el Código provee a todo ello de diversas maneras (cf., p. ej., ce. Los fieles tienen también derecho a que se les juzgue, dado el caso
1361 § 3, 1455, 1548 § 2, 2. y 1717), también tipificando la lesión de la
0 (vide XXXV, 2), según las normas jurídicas ya establecidas (procesales
buena fama de otros como un delito que obliga a reparar el daño causado y sustantivas), que deben ser aplicadas «con equidad»; es decir, atem-
(cf. c. 1390). No obstante, excluido el sigilo sacramental, que «es sagrado perando el rigor de la ley con la misericordia, para que se realice mejor
y no puede ser revelado bajo ningún pretexto» (CCE, 2490; cf. c. 983 § 1; el ideal de justicia (vide 11, 6).
vide XXVII, 5), td Derecho divino autoriza a veces a descubrir defectos, Legalidad en materia penal (c. 221 § 3). La autoridad eclesiástica
faltas o delitos ajenos, cuando esté en juego un bien superior de las perso- solo puede infligir sanciones (vide XXXIV) con arreglo a la norma le-
nas, de la sociedad civil o de la Iglesia (p. ej., puede ser lícito incoar accio- gal; aunque esto no suponga que en la Iglesia estén previstos todos los
nes penales, aunque conlleve publicidad). supuestos de delito y las correspondientes penas anejas (cf. c. 1399).
Respeto a la intimidad. Abarca el ámbito de la conciencia y la es- El Derecho natural obliga a la autoridad a castigar sólo cuando haya
fera puramente privada de las personas e instituciones; y en la Iglesia razones legítimas y proporcionadas para ello; pero no llega a exigir una
adquiere rasgos particulares, por cuanto incluye muchos aspectos de la formalización exhaustiva de todos los delitos y penas, como pide el prin-
cipio de legalidad en materia penal (nullum crimen, nulla poena sine lege)
vida espiritual de los fieles. Nadie puede forzar el santuario de la con-
vigente en la mayoría de los Estados desarrollados. Por otra parte, en los
ciencia, que es absolutamente inviolable; solo con el consentimiento procesos penales debe extremarse el cumplimiento de las exigencias men-
deliberado y absolutamente libre es lícito acceder a él. En cuanto a los cionadas en el c. 221 § 2, también en lo que respecta a la equidad canóni-
demás ámbitos de la vida privada, solo pueden indagarse si hay razo- ca --que es un deber del juez, más que un derecho del justiciable-, sobre
nes legítimas, y respetando este derecho (cf., p. ej., c. 642). todo al aplicar la sanción (cf. ce. 1343 ss.).
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EL PUEBLO DE DIOS
· pontáneo (cf. c. 1261 § 1), mediante los donativos, las prestaciones perso- CAPÍTULO X
nales u otras iniciativas que lleven a cabo (fundaciones, instituciones pías,
etc.). Pero la autoridad eclesiástica puede pedirles además subvenciones, y
establecer razonablemente tributos o tasas en ciertos casos (cf. ce. 1262- JERARQUÍA Y DIVERSIDAD EN LA IGLESIA
1264; vide XXXIII, 2).
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EL PUEBLO DE DIOS JERARQUÍA Y DIVERSIDAD EN LA IGLESIA
men una peculiar forma de vida consagrada y los que no (§ 2). En esta dos al bien de todo el Cuerpo. En efecto, los ministros que poseen la
lección estudiaremos el fundamento y el sentido de esas distinciones sagrada potestad están al servicio de sus hermanos para que todos los
en la vida de la Iglesia. que son miembros del Pueblo de Dios( ... ) lleguen a la salvación» (LG,
La doble tipología que resulta de la consideración conjunta de los dos 18). La función propia de los ministros sagrados en la Iglesia es hacer
§§del c. 207 -clérigos-laicos 1 clérigos-laicos-consagrados- es asimé- presente a Cristo, no ya al modo en que todos los fieles, cooperando en
trica, porque combina el principio jerárquico y el principio de variedad pie de igualdad en cuanto a cftgnidad y acción (cf. c. 208), edifican su
(algunas de sus manifestaciones), que están en dos planos distintos. El Cuerpo, sino ejerciendo la acción específica que corresponde a Cristo,
principio jerárquico no es parte del principio de variedad: la desigualdad como Cabeza y Pastor, para guiar y apacentar a su grey. Esto requiere
que deriva directamente de la constitución jerárquica de la Iglesia (otra en los clérigos una específica capacitación ontológica que depende
cosa son algunos de sus reflejos indirectos en la vida cristiana de los mi- esencialmente de su participación personal en la consagración y misión
nistros sagrados: p. ej., en cuanto a la «espiritualidad sacerdotal», etc.) no de Cristo.
se da en el plano de igualdad de los fieles (no da lugar a modos de ser fiel),
sino que se refiere a la diferencia esencial entre la función de la Cabeza «El mismo Cristo es la fuente del ministerio en la Iglesia. Él lo ha
(Cristo) y la de los demás miembros del Cuerpo que es la Iglesia; la varie- instituido, le ha dado autoridad y misión, orientación y finalidad( ... ) Na-
dad se da, en cambio, en el plano de la condición de fiel. die, ningún individuo ni ninguna comunidad, puede anunciarse a sí mismo
el Evangelio( ... ) Nadie se puede dar a sí mismo el mandato ni la misión
de anunciar el Evangelio. El enviado del Señor habla y obra no con auto-
ridad propia, sino en virtud de la autoridad de Cristo; no como miembro
2. LOS MINISTROS SAGRADOS O CLÉRIGOS
de la comunidad, sino hablando a ella en nombre de Cristo. Nadie puede
conferirse a sí mismo la gracia: debe ser dada y ofrecida. Eso supone mi-
«Por institución divina, entre los fieles hay en la Iglesia ministros
nistros de la gracia, autorizados y habilitados por parte de Cristo» (CCE,
sagrados, que en el Derecho se denominan también clérigos» (c. 207 874-875).
§ 1 ). El CIC precisa que un fiel pasa a ser ministro sagrado «mediante
el sacramento del orden» (c. 1008), concretamente «por la recepción La función ministerial no se basa, por tanto, en una mera designa-
del diaconado» (c. 266 § 1). Por tanto, el Derecho vigente, modifican- ción de la comunidad, sino en la sagrada potestad de Cristo. Se trata
do la disciplina anterior, vincula la condición de clérigo a la sagrada de una destinación sacramental a desempeñar en nombre -y los sa-
ordenación: son clérigos exclusivamente quienes han recibido el sacra- cerdotes (obispos y presbíteros), en determinadas acciones, también en
mento del orden en alguno de sus tres grados: episcopado, presbiterado persona- de Cristo Cabeza las funciones sagradas de enseñar, santifi-
y diaconado (cf. c. 1009 § 1; vide XXVIII, 1). car y regir, que cada uno de los ministros desempeña según su propio
Se recibe así la doctrina del Concilio Vaticano II que, entre otros as- grado (cf. c. 1008).
pectos, clarifica los grados del sacramento del orden: «el ministerio ecle- «Cristo, a quien el Padre santificó y envió al mundo ( ... ), ha hecho
siástico, de institución divina, es ejercido en diversos órdenes por aquellos partícipes de su consagración y de su misión, por medio de sus apóstoles,
que desde antiguo son llamados obispos, presbíteros y diáconos» (LG, a los sucesores de éstos, es decir, a los obispos, los cuales han encomenda-
28). El M.p. Ministeria quaedam, de 15. VIII.1972, suprimió las órdenes do legítimamente el oficio de su ministerio, en diverso grado, a diversos
de institución eclesiástica (ostiariado, lectorado, exorcistado, acolitado, sujetos en la Iglesia» (LG, 28). «De Él los obispos y los presbíteros reci-
subdiaconado) y configuró las funciones de lector y acólito, ya no como ben la misión y la facultad (el 'poder sagrado') de actuar in persona Chri-
grados del orden, sino como ministerios laicales. sti Capitis; los diáconos las fuerzas para servir al pueblo de Dios en la
'diaconía' de la liturgia, de la palabra y de la caridad, en comunión con el
Obispo y su presbiterio( ... )» (CCE, 875).
a) Función eclesial de los ministros sagrados:
consagración y misión Por la sagrada ordenación, en efecto, se imprime en el sujeto un
carácter indeleble que lo configura sacramentalmente con Cristo Ca-
«Cristo el Señor, para dirigir al Pueblo de Dios y hacerle progresar beza (cf. c. l 008). De este modo recibe la capacidad para realizar váli-
siempre, instituyó en su Iglesia diversos ministerios que están ordena- damente los actos ministeriales que exigen la potestas sacra (este as-
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EL PUEBLO DE DIOS JERARQUÍA Y DIVERSIDAD EN LA IGLESIA
pecto de la sagrada potestad se denomina clásicamente potestad de or- La formación sacerdotal se recibe por norma general en centros es-
dt·n) y. simultáneamente, esa configuración con Cristo lo hace partíci- pecialmente erigidos para ese fin: los seminarios mayores (cf. ce. 235
pe de la misión pastoral de Cristo Cabeza. ss.), donde se forman durante el tiempo requerido (cf. ce. 235, 250) los
jóvenes que se sienten llamados por Dios al sacerdocio y son admitidos
Así pues, consagración y misión son inseparables: los ministros sa- por el Obispo, después de comprobar que reúnen las cualidades nece-
grados son consagrados para la misión, que solo ellos están ontológica-
sarias (cf. c. 241 ). •
mente capacitados para realizar, y enviados en cuanto participes de la
consagración, que solo se recibe en orden a la misión ministerial. Dirige el seminario el rector, ayudado, si es necesario, por un vice-
rrector, un ecónomo y los profesores necesarios. Debe haber también al
La constitución jerárquica de la Iglesia se asienta sobre el sagrado menos un director espiritual, pero queda a salvo el derecho de los alumnos
ministerio, cuya existencia es esencial: sin él la Iglesia no sería la co- de acudir a otros sacerdotes designados por el Obispo (c. 239; cf. c. 246 §
munidad salvífica, orgánicamente estructurada, instituida por Jesucris- 4; PDV, 68).
to ( cf. LG, 10-11 ). Por eso también los oficios que constituyen el nú-
Si es posible, cada diócesis debe tener su seminario mayor; si no
cleo principal de la organización del gobierno pastoral de la Iglesia los
es así, los alumnos pueden formarse en el seminario de otra diócesis o
desempeñan ministros sagrados (cf. c. 274 § 1; vide XV, 1).
en uno erigido para varias diócesis (interdiocesano) con la aprobación
Esta esencialidad del ministerio ordenado es la razón de que el c. 233 de la Sede Apostólica (c. 237 § 1).
se preocupe de recordar que toda la comunidad cristiana -cada uno en el