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Capacidad Jurídica y de Obrar

Este documento define la capacidad jurídica y distingue entre capacidad de goce y capacidad de obrar. Explica que la capacidad de goce se refiere a la aptitud de ser titular de derechos y deberes, mientras que la capacidad de obrar se refiere a la aptitud para ejercer esos derechos por sí mismo. También clasifica las diferentes capacidades y establece principios como que la capacidad es la regla y la incapacidad la excepción, y que la incapacidad debe estar establecida expresamente en la ley.

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Capacidad Jurídica y de Obrar

Este documento define la capacidad jurídica y distingue entre capacidad de goce y capacidad de obrar. Explica que la capacidad de goce se refiere a la aptitud de ser titular de derechos y deberes, mientras que la capacidad de obrar se refiere a la aptitud para ejercer esos derechos por sí mismo. También clasifica las diferentes capacidades y establece principios como que la capacidad es la regla y la incapacidad la excepción, y que la incapacidad debe estar establecida expresamente en la ley.

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Definición

De esta manera, la capacidad jurídica se entiende como “la medida

de la aptitud de las personas en relación con los derechos y deberes

jurídicos”5

. Sin embargo, hay quienes no la entienden como un sistema

o mecanismo de medición de la “aptitud”, sino como la “aptitud” misma

de tener derechos y deberes, que es lo que se conoce como “personalidad

jurídica”. Verbigracia: Echeverría define la capacidad como “aptitud que

un sujeto de derecho tiene para que le sean atribuidos deberes jurídicos

y derechos subjetivos”6

; Arturo Valencia Zea expresa con respecto a

la definición en comento “(…)en su más amplia acepción indica aptitud

para ser sujeto de derechos, por una parte, y aptitud para ejercer tales
derechos mediante negocios jurídicos”7

. (cursiva del autor).

Como se observa, los últimos dos autores citados, hacen de la

definición de capacidad un sinónimo de la personalidad jurídica, pues ésta,

sí debemos entenderla como la “aptitud” de un sujeto -por el sólo hecho

de ser persona- en ostentar derechos y deberes jurídico, situación que le

está vedado a las cosas o animales. Mientras que la “capacidad” implica la

medición de tales derechos y deberes. De allí que unos sujetos tengan más

derechos y deberes que otros o pueden ejercerlos, o no, por ellos mismos.

Clasificación

Aguilar Gorronodona nos presenta una clasificación que ha

sido prácticamente asumida por autores patrios, tales como Francisco

Hung y Héctor Peñaranda, que devienen de clasificaciones hechas por


la doctrina francesa y alemana. Así se tiene:

• Capacidad de goce, legal o jurídica.

• Capacidad de obrar.

• Capacidad negocial o de ejercicio.

• Capacidad delictual o de imputación.

• Capacidad procesal

En este mismo orden de ideas, ya se dijo líneas arriba que la

“capacidad” implica una medición de la “aptitud” en relación con los

derechos y deberes jurídicos que ostenta una persona. Ahora bien, cada

una de las “capacidades” que se encuentran reflejadas en la clasificación,

envuelven por supuesto una medición a la aptitud planteada, pero

enfocada en diferentes ópticas. Así se tiene que la capacidad de goce,


legal o jurídica es la “medida de la aptitud para ser titular de derechos y

deberes jurídicos”8

. En palabras de Valencia Zea y Ortiz Monsalve,

esa capacidad es la que “(…) se refiere simplemente a la posibilidad de

que determinado derecho se radique en cabeza de una persona”9

De esta capacidad gozan todos los individuos de la especie humana

desde el momento de su nacimiento, independientemente de la condición

física o mental en que se encuentren, de allí, que no importa, si se haya

en un estado de enfermedad mental donde no pueda discernir entre lo

malo y lo bueno o por el contrario, en su sano juicio. Por el sólo hecho

de ser persona, por ejemplo, en principio, se tiene la posibilidad jurídica

de suceder ab intestato, de manera testada o de realizar cualquier tipo de


acto jurídico10. En este sentido, un niño de 5 años tiene derecho a heredar

a sus padres; un adolescente o un enajenado mental tiene la posibilidad

jurídica de comprar o vender un inmueble.

Ahora, ¿será que ese niño o adolescente puede actuar personalmente

en la concretización de esos derechos en el plano de la realidad?.

Evidentemente que no, y es aquí donde entra en juego otro tipo de

capacidad, cual es la de “obrar”, entendida ésta como “la medida de la

aptitud para producir plenos efectos jurídicos mediante actos de la

propia voluntad”11. En el ej9emplo del niño o adolescente planteado

anteriormente, si bien tiene capacidad jurídica, legal o de goce; no ostenta

la de obrar, ya que el ordenamiento jurídico pudiere no darle “plenos

efectos jurídicos” a los actos o hechos que realice por su propia voluntad.

Principios que rigen la capacidad


1. Todos los individuos de la especie humana son personas

conforme lo estipula el artículo 16 del Código Civil, y toda

persona es un ente susceptible de tener derechos y deberes

jurídicos, en este sentido, desde que nacemos vivos se tiene

la categoría de persona. Por lo tanto, todos tienen capacidad

jurídica, legal o de goce. No hay persona alguna que carezca

totalmente de esta capacidad.

2. La capacidad de obrar presupone la capacidad jurídica, legal

o de goce, mientras que ésta no presupone la capacidad de

obrar. Es decir, una persona que tenga capacidad de obrar,

necesariamente debe entenderse que ostenta la capacidad

jurídica, legal o de goce, en virtud de que es imposible que

pueda actuar en el mundo jurídico de manera personal, sin


que tenga la posibilidad de ser titular de derechos y deberes

jurídicos. Caso contrario, una persona que tenga capacidad

jurídica, legal o de goce no necesariamente requiere tener

la capacidad de ejercerlos por sí mismo, por cuanto pudiere

hacerlo a través de otros sujetos de derechos.

3. Las normas que regulan la capacidad jurídica y la capacidad

de obrar son distintas. Así se tiene: a) Conforme al primer

principio, es imposible que una persona carezca totalmente

de la capacidad jurídica, no existe en el ordenamiento jurídico

norma alguna que genere una incapacidad general de goce, ya

que se estaría diciendo que el sujeto dejó de tener la categoría

de persona; mientras que sí existe incapacidad general de


obrar –niño o adolescente-; b) El número de personas que no

poseen capacidad de obrar es mayor al número de personas

que pueden estar sujetas a una incapacidad de goce; c) En los

casos que por excepción existe incapacidad de goce, ésta no

puede ser subsanada, mientras que la capacidad de obrar sí,

mediante, por ejemplo: el régimen de la representación.

4. Las normas que rigen al capacidad negocial son distintas a

las que rigen la capacidad delictual o de imputación. Para

tener capacidad negocial, se exige un elemento objetivo,

como lo es la edad: artículo 18 del Código Civil; mientras

que para que exista capacidad delictual se exige un elemento

subjetivo, como lo es el discernimiento: artículo 1.186 del

mismo cuerpo normativo.


5. La capacidad es la regla; la incapacidad la excepción. De allí:

a. No hay incapacidad sin texto legal que lo establezca: Al

buscarse en el ordenamiento jurídico venezolano si unapersona mayor de 18 años, tiene o no capacidad


para

realizar un determinado acto jurídico y no se consiguiese

norma alguna que le incapacite para realizarlo, debe

presumirse que dicho sujeto es titular de la capacidad

suficiente para que el acto produzca plenos efectos

jurídicos. Tal presunción se observa claramente en el

artículo 18 del Código Civil, cuando el legislador de

manera tajante, establece “El mayor de edad es capaz

para todos los actos de la vida civil(…)”

b. Las normas que establecen la incapacidad son de


interpretación restrictiva. Ello es así, puesto que desde

el punto de vista de la hermenéutica jurídica, toda

norma que contenga excepciones a la regla deben ser

interpretadas en este sentido, es decir, entender “que

la expresión de la ley fue más amplia que la intención

que tuvo el legislador”21, por lo tanto no pudiere

extenderse la norma a supuestos que la misma no ha

plasmado. Ejemplo: el artículo 1.481 del Código Civil

prohíbe la venta entre marido y mujer. Si aplicamos la

regla en comento, podríamos decir, en principio, que

la norma siendo de excepción, no pudiere extenderse

a las personas que viven bajo una relación de hecho –

concubinato-, puesto que se estaría rompiendo la regla


mencionada.

c. Quien afirma la incapacidad, ya sea, propia o ajena, tiene

la carga de probarlo. Si una persona, por ejemplo, quisiera

anular un contrato aduciendo que cuando lo suscribió

era incapaz por estar bajo el supuesto de minoridad,

debe demostrar que no tenía 18 años cuando suscribió el

respectivo contrato.

Incapacidades de goce

Todos tenemos capacidad de goce, sin embargo, y bajo supuestos

de excepción, hay situaciones puntuales en las cuales no se tiene ese tipo

de capacidad. Así por ejemplo:

1. Incapacidad para suceder ab-intestato.

1.1. Cualquiera que sea la persona de cuya sucesión se trate:


1.1.1. Los no concebidos para el momento de la apertura de la

sucesión (art. 809 C.C).

1.1.2. Los que no hayan nacido vivos (interpretación in contrario

sensu 17 C.C).

1.2. A determinadas personas.

1.2.1. Los indignos a menos que hayan sido rehabilitados

(arts. 810, 811, 813 C.C).

2. Incapaces para heredar por testamento.

2.1. Las iglesias de cualquier credo (art. 841, ord 1C.C).

2.2. Los institutos de manos muertas (art. 841, ord. 1 C.C y

art. 1.141 ap. Único C.C)

2.3. Los ordenados in sacris y los ministros de cualquier culto


(art. 841, ord. 2°).

3. Incapaces para recibir por testamento de determinadas personas

(arts. 844, 845, 846, 847, 848 C.C).

4. Incapaces para tener derecho de alimentos.

4.1. El que fuere de mala conducta (art. 299 C.C).

4.2. Quien cometa determinados hechos tipificados por la

normativa civil (art. 300 C.C).

5. Incapaces para recibir por donación (art. 1.436 C.C).

6. Incapaces para adquirir bienes inmuebles (art. 1.144 ap. Único).

7. Incapaces en materia de ventas.

7.1 Para vender y comprar (art. 1.481 C.C).

7.2 Para comprar (art. 1.482 C.C).

8. Incapaces en razón de tutela. (arts. 370, 397 y 408 C.C)22.


VI. Incapacidades de obrar

Aquí habría que diferenciar el tipo de capacidad de que se trate,

puesto que ésta se subdivide en: capacidad negocial o de ejercicio,

capacidad delictual o de imputación y capacidad procesal.

Con respecto a la primera, se tiene incapacidad negocial o de

ejercicio cuando se es menor de edad, lo cual conforme a la legislación

venezolana es por debajo de los 18 años, conforme a la interpretación in

contrariu sensu que se le da al artículo 18 del Código Civil, por tanto, de

conformidad con la denominación que le da a las personas que están bajo

esta condición por parte de Ley Orgánica de Protección de Niños, Niñas

y Adolescentes, en su artículo 2, serían los niños y adolescentes quienes

carecen de capacidad negocial o lo que es lo mismo, tienen incapacidad

negocial o de ejercicio como regla general, aún y cuando existen las


excepciones a esa regla, caso tal, por ejemplo, la posibilidad jurídica de

suscribir contratos de trabajo.

Asimismo, no sólo ellos son quienes pueden ostentar este tipo de

incapacidad, también se encuentran los entredichos y los inhabilitados,

sujetos estos que aún y cuando son mayores de edad, la ley como medidas

de protección hacía sí mismo o hacia la misma sociedad, les niega

la capacidad negocial o simplemente se las limita. El fundamento lo

encontramos en el artículo 1.144 del Código Civil.

Con respecto a la segunda incapacidad, el legislador, toma como

condición un elemento subjetivo, cual es “el discernimiento” conforme al

artículo 1.186 del Código Civil. De allí, una persona, sea mayor o menor de

edad, ante la ocurrencia de un hecho ilícito, habría que analizar si actúo o no


con discernimiento para que nazca en cabeza suya la obligación de responder

por el daño causado. Ahora bien, si un sujeto mayor de edad, materializa un

hecho ilícito, debería suponerse que éste actúo con discernimiento, tomando

en cuenta los principios ya analizados, puesto que siendo la capacidad laregla y la incapacidad la
excepción, aquel quien alegue la incapacidad propia

o ajena bajo el supuesto de haber obrado sin discernimiento, debe probarlo.

Hay una situación interesante contemplada en el artículo 1.187

del Código Civil, el cual faculta al juez para condenar una indemnización

equitativa a aquél que ha actuado sin discernimiento, cuando la víctima del

daño no ha podido tener la reparación de éste, por quien lo tiene bajo su

cuidado.

Con respecto a la tercera incapacidad, es decir, la procesal, el

legislador toma el elemento de la edad. En principio debe entenderse

una incapacidad procesal para aquellos sujetos de derecho que estén por
debajo de los 18 años de edad, es decir, los niños y adolescentes, salvo

las excepciones contempladas en el artículo 451 de la Ley Orgánica de

Protección de Niños, Niñas y Adolescentes. Asimismo, toma el elemento

subjetivo cuando se entiende incapaces procesalmente a los entredichos

e inhabilitados, conforme se desprende dicha incapacidad de los artículo

393 y 409 del Código Civil.

Incapacidad natural y civil

Contempla la doctrina patria que la incapacidad de obrar es posible

También clasificarla en natural y civil23, siendo la primera la que deriva

de la misma naturaleza y que por tal debe ser reconocida y tutelada por

el ordenamiento jurídico, so pena de ser injusto, caso que no lo hiciera.

Este es el caso, por ejemplo, del enajenado mental, que aún y cuando no

haya sido declarado entredicho por un órgano jurisdiccional mediante


una sentencia, los negocios jurídicos realizados por éste pueden ser

anulados. Así se tiene en el artículo 405 del Código Civil que tutela la

incapacidad natural cuando permite la anulación de los negocios jurídicos

realizados por una persona, anterior a la interdicción, bajo el supuesto de

que se demuestre, que la causa que originó la interdicción existía para el

momento de la celebración del contrato.

Ahora bien, la incapacidad civil, es la que deriva de la misma

normativa jurídica

En algunos casos, ambas incapacidades coinciden, como por

ejemplo, un enajenado mental que fue sometido al procedimiento de

interdicción y por ende, declarado entredicho. Aquí se tiene que la

persona está provista de una incapacidad natural por el sólo hecho de su

condición de enajenado mental y de una incapacidad civil, por el hecho


de la interdicción declarada por el juez y que conforme al artículo 393

mencionado, se entiende como carencia de realizar negocios jurídicos

válidos por actos de su propia voluntad. Sin embargo, hay situaciones en

las que no hay coincidencia de ambas incapacidades, como es el caso del

entredicho por condena penal, el cual posee la incapacidad civil, más no

la natural, puesto que está en plena facultad de sus capacidades mentales.

VIII. Incapacidades de protección y de defensa social

Esto tiene que ver con la razón de ser, de la incapacidad, puesto que la

misma fue establecida por el legislador para proteger al incapaz de terceros,

ya que ello busca evitar fraude de alguna persona que aprovechándose de su

situación pretenda obtener un beneficio propio o ajeno; o protegerlo contra

sí mismo, ya que el incapaz por su corta edad o dificultad mental pudiere


actuar –indistintamente de la mala fe de la otra parte del contrato- sin tener

conciencia de lo que hace y de las repercusiones negativas que trae para

consigo; y así lo ha señalado Ochoa: “Esa persona débil debe ser protegida

contra sí misma porque carece, más o menos, de inteligencia o de voluntad,

pudiendo actuar definitivamente sin tener conciencia de lo que hace”24; o

también por necesidad colectiva y no en protección del incapaz.

Todas las incapacidades negociales son en pro del incapaz, es

decir, se han establecido con el fin de protegerlo para evitar fraudes en

su perjuicio; sin embargo, la incapacidad que afecta a los sentenciados a

condena penal no ha sido contemplada para su protección sino en defensa

social.

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