0% encontró este documento útil (0 votos)
132 vistas14 páginas

1 Noteolvidarecap1

El documento presenta la historia de Kenna, una mujer que se muda a un nuevo apartamento después de declararse culpable por un accidente de tráfico en el que murió su exnovio Scotty. Al llegar a su nuevo hogar, la casera intenta darle un gatito a pesar de su negativa.

Cargado por

Verónica
Derechos de autor
© © All Rights Reserved
Nos tomamos en serio los derechos de los contenidos. Si sospechas que se trata de tu contenido, reclámalo aquí.
Formatos disponibles
Descarga como PDF, TXT o lee en línea desde Scribd
0% encontró este documento útil (0 votos)
132 vistas14 páginas

1 Noteolvidarecap1

El documento presenta la historia de Kenna, una mujer que se muda a un nuevo apartamento después de declararse culpable por un accidente de tráfico en el que murió su exnovio Scotty. Al llegar a su nuevo hogar, la casera intenta darle un gatito a pesar de su negativa.

Cargado por

Verónica
Derechos de autor
© © All Rights Reserved
Nos tomamos en serio los derechos de los contenidos. Si sospechas que se trata de tu contenido, reclámalo aquí.
Formatos disponibles
Descarga como PDF, TXT o lee en línea desde Scribd

COLLEEN HOOVER

NO TE OLVIDARÉ

Traducción de Lara Agnelli

No te [Link] 3 4/7/23 8:05


1

Kenna

Hay una pequeña cruz de madera clavada en el suelo, en


la cuneta, con la fecha de su muerte escrita en ella.
Scotty la odiaría. Me apuesto algo a que fue su madre
quien la puso ahí.
—¿Puede parar un momento?
El conductor reduce la velocidad hasta detener el taxi.
Bajo y me dirijo hacia la cruz. La sacudo a lado y lado has-
ta que la tierra que la sujeta se afloja y consigo arrancarla.
¿Moriría aquí mismo o en medio de la carretera?
No presté demasiada atención a los detalles durante la
vista previa del juicio. Al escuchar que se había alejado a
rastras varios metros del coche, empecé a canturrear men-
talmente para no oír lo que decía el fiscal. Y luego, para no
tener que enfrentarme a los detalles si el caso llegaba a
juicio, me declaré culpable.
Porque, técnicamente, lo fui.
Tal vez no lo matara con mis actos, pero sin duda lo
maté con mi inacción.
«Pensé que estabas muerto, Scotty, pero los muertos
no pueden arrastrarse.»

No te [Link] 7 4/7/23 8:05


Regreso al taxi con la cruz en la mano. La dejo en el
asiento trasero, a mi lado, y espero a que el taxista vuelva a la
carretera, pero no lo hace. Busco su mirada a través del re-
trovisor y compruebo que me observa con una ceja alzada.
—Robar memoriales de accidentes debe de traer mal
karma. ¿Está segura de que quiere llevárselo?
Aparto la mirada y le miento.
—Sí, fui yo quien lo puso.
Noto sus ojos todavía clavados en mí mientras se in-
corpora a la carretera.
Mi nuevo apartamento está a dos kilómetros y medio
de aquí, en dirección contraria a donde solía vivir. No ten-
go coche, por lo que me decidí por un piso más céntrico
para poder ir andando al trabajo. Siempre y cuando con-
siga un trabajo, claro, lo que no será fácil dado mi historial
y mi falta de experiencia. Por no hablar del mal karma que
debo de llevar conmigo ya, si le hago caso al taxista.
Robar el memorial de Scotty tal vez traiga mal karma,
pero se podría argumentar que dejar ahí la cruz de alguien
que expresó abiertamente el odio que sentía por los memo-
riales de carretera tampoco puede ser bueno. Por eso le pedí
al taxista que se desviara por esta carretera secundaria. Esta-
ba segura de que Grace habría colocado algo en el lugar del
accidente y sentía que tenía que quitarlo. Se lo debía a Scotty.
—¿Efectivo o tarjeta? —pregunta el conductor al parar.
Tras consultar el importe en el taxímetro, saco efectivo
del bolso y le pago, añadiendo una propina. Cojo la male-
ta y la cruz de madera que acabo de robar, salgo del taxi y
me dirijo al edificio.
Mi nuevo apartamento no forma parte de un gran blo-
que. Es un único edificio flanqueado por un aparcamiento

No te [Link] 8 4/7/23 8:05


abandonado a un lado y un pequeño supermercado al
otro. En la planta baja hay una ventana tapada con un ta-
blón de madera contrachapada. También hay varias latas
de cerveza en distintos grados de descomposición tiradas
por el suelo. Le doy una patada a una de ellas para que no
se me enganche en las ruedas de la maleta.
El sitio tiene peor aspecto al natural que por internet,
pero no esperaba otra cosa; la casera ni siquiera me pidió
el nombre cuando llamé para preguntar si tenían algún
apartamento disponible. Me dijo: «Siempre hay aparta-
mentos disponibles. El pago es en efectivo. Yo estoy en el
número uno». Y colgó.
Llamo al apartamento número uno. Un gato me mira
desde la ventana. Está tan quieto que me empiezo a plantear
si se trata de una estatua, pero luego pestañea y se escabulle.
Se abre la puerta y una diminuta mujer mayor me mira
con expresión contrariada. Lleva rulos en el pelo y la nariz
manchada de pintalabios.
—No necesito nada de lo que vende.
No puedo apartar la vista del pintalabios, que se escu-
rre en las arrugas que le rodean la boca.
—Llamé la semana pasada preguntando por un apar-
tamento. Me dijo que tendría uno disponible.
La expresión de la mujer, tan arrugada que parece una
ciruela pasa, cambia al reconocerme. Hace un sonido des-
pectivo mientras me examina de arriba abajo.
—No te imaginaba así.
No sé cómo tomarme su comentario. Bajo la vista ha-
cia los vaqueros y la camiseta mientras ella se aparta de la
puerta un momento y regresa con un monedero de los
que cierran con cremallera.

No te [Link] 9 4/7/23 8:05


—Son quinientos cincuenta al mes. La primera men-
sualidad y la última me las pagas ahora.
Cuento el dinero y se lo entrego.
—¿No hacemos contrato?
Ella se ríe mientras guarda el dinero en el monedero.
—Estás en el apartamento número seis. —Señala con
el dedo hacia arriba—. Es justo encima del mío, así que no
montes escándalo, que me acuesto temprano.
—¿Qué servicios se incluyen en el alquiler?
—El agua y las basuras, pero la luz la pagas tú. Toca
pagarla ya. Tienes tres días para hacer el cambio de nom-
bre. Hay que dejar un depósito de doscientos cincuenta
dólares para la compañía.
«Joder.»
¿Tres días para conseguir doscientos cincuenta dóla-
res? Empiezo a cuestionarme si he acertado al venir tan
pronto. Cuando se me acabó el período en la vivienda tu-
telada, tuve que elegir entre gastarme los ahorros tratando
de sobrevivir en aquella ciudad o recorrer trescientos ki-
lómetros y gastarme el dinero aquí.
Y decidí que prefería gastarlos en la ciudad donde vive
la gente que estuvo ligada a Scotty en el pasado.
La mujer retrocede un paso.
—Bienvenida a los apartamentos Paradise. Te llevaré
un gatito cuando ya estés instalada.
Inmediatamente apoyo la mano en la puerta para im-
pedir que la cierre del todo.
—Un momento. ¿Qué? ¿Un gatito?
—Sí, un gatito. Es como un gato, pero más pequeño.
Doy un par de pasos atrás, como si la distancia fuera a
protegerme de lo que acaba de decir.

10

No te [Link] 10 4/7/23 8:05


—No, gracias. No quiero un gatito.
—Es que tengo demasiados.
—No quiero un gatito —repito.
—¿Quién no querría un gatito?
—Yo misma.
Ella resopla, como si mi respuesta le resultara del todo
irracional.
—Te propongo un trato —me dice—. Me sigo ocupan-
do yo de la luz durante dos semanas si te llevas un gatito.
«Pero ¿dónde me he metido?»
—Vale —añade como si mi silencio fuera una táctica
de negociación—. Un mes entero. Pago yo la luz de todo
el mes si te llevas uno. Solo uno.
Entra en el piso, pero deja la puerta abierta.
No quiero un gatito ni de broma, pero por ahorrarme
pagar doscientos cincuenta dólares este mes me quedaría
con varios.
Vuelve a aparecer con un minino negro y naranja,
que me deja en las manos. Al parecer es una hembra,
porque dice:
—Ahí la tienes. Me llamo Ruth, por si necesitas algo,
pero intenta no necesitar nada. —Va a cerrar la puerta
otra vez.
—Un momento. ¿Podría decirme dónde puedo encon-
trar una cabina telefónica?
Ella se echa a reír.
—Sí, en 2005 —responde, y esta vez cierra la puerta del
todo.
La gatita maúlla, pero no es un sonido dulce; más bien
suena como un grito de socorro.
—Ya somos dos —murmuro.

11

No te [Link] 11 4/7/23 8:05


Me dirijo a la escalera con la maleta y... mi gatita.
Tal vez debí haber esperado un poco más antes de re-
gresar. Trabajé hasta reunir dos mil dólares, pero me lo he
gastado casi todo en el traslado. Tendría que haber ahorra-
do más. ¿Y si me cuesta encontrar trabajo? Y ahora encima
tengo la responsabilidad de mantener viva a esta gatita.
Mi vida acaba de volverse diez veces más complicada,
así, de golpe.
Llego al apartamento con la gatita colgando de la ca-
miseta.
Meto la llave en la cerradura, pero he de hacer fuerza
con ambas manos para que gire. Cuando abro la puerta de
mi nuevo piso, contengo el aliento: me da miedo el olor
que me encontraré.
Enciendo la luz y echo un vistazo alrededor, soltando
el aire lentamente. No huele mucho a nada... y eso es bue-
no y malo.
Hay un sofá en el salón. Básicamente, eso es todo lo
que hay.
El salón es pequeño; la cocina, todavía más pequeña, y
no hay comedor. Ni dormitorio. Es un estudio, de un solo
ambiente, con un armario y un baño tan pequeño que el
retrete está pegado a la bañera.
Es un puto antro. Un cuchitril que no llega a los cin-
cuenta metros cuadrados, pero para mí es una gran mejo-
ra. He pasado de compartir una celda de nueve metros
cuadrados con otra interna a compartir una vivienda tute-
lada con seis compañeras de piso, y ahora esto: un piso de
cincuenta metros cuadrados para mí sola.
Tengo veintiséis años y es la primera vez que vivo ofi-
cialmente sola. Es tan aterrador como liberador.

12

No te [Link] 12 4/7/23 8:05


No sé si podré seguir permitiéndome vivir aquí el mes
que viene, pero lo intentaré, aunque tenga que pedir tra-
bajo en todas las tiendas que vea.
Necesito vivir en mi propia casa si quiero defender mi
caso ante los Landry. Necesito que vean que soy indepen-
diente, aunque esa independencia no vaya a ser fácil de
conseguir.
La gatita quiere bajar, así que la dejo en el suelo del
salón.
Camina en círculos llamando a alguien que ha dejado
abajo. Siento una punzada en el pecho al verla buscar una
salida. Busca el camino de vuelta a casa. Quiere volver con
su madre y sus hermanos.
Parece un abejorro o algo disfrazado para Halloween,
con el pelaje moteado de negro y naranja.
—¿Cómo te vamos a llamar?
Sé que, casi seguro, seguirá sin nombre durante unos
cuantos días hasta que me decida; me tomo la responsabi-
lidad de ponerles nombre a las cosas muy en serio.
La última vez que me encargué de ponerle nombre a
alguien, me lo tomé más en serio que ninguna otra cosa
en la vida. Supongo que ayudó el hecho de que, durante
los meses que pasé embarazada en la celda, no tenía nada
más que hacer que pensar en nombres para el bebé.
Elegí el nombre de Diem porque sabía que, en cuanto
me soltaran, volvería aquí y haría todo lo posible por en-
contrarla.
Y aquí estoy.
«Carpe Diem.»

13

No te [Link] 13 4/7/23 8:05


2

Ledger

Mientras aparco la camioneta detrás del bar, me fijo en


que aún llevo las uñas de la mano derecha pintadas.
«Mierda.»
Había olvidado que anoche jugué a los disfraces con
una niña de cuatro años. Al menos, el lila de las uñas com-
bina con la camisa del uniforme.
Cuando bajo de la camioneta, veo que Roman está ti-
rando las bolsas de basura en el contenedor. Se fija en la
bolsa de regalo que llevo en la mano y sabe que es para él,
así que me la quita.
—Deja que lo adivine. ¿Una taza? —Echa un vistazo a
la bolsa.
Es una taza. Una taza con asa para el café. Como siem-
pre.
No me da las gracias. Nunca me las da.
Ninguno de los dos reconocemos lo que esas tazas sig-
nifican, pero le compro una todas las semanas. Con esta ya
van noventa y seis.
Tal vez debería dejar de comprarlas, porque tiene el
piso lleno de tazas de café, pero a estas alturas ya no puedo

14

No te [Link] 14 4/7/23 8:05


parar. Lleva casi cien semanas sobrio y estoy esperando a
ese momento para regalarle una taza especial: una de los
Broncos de Denver, el equipo que más odia.
Roman señala hacia la puerta trasera del bar.
—Hay una pareja dentro molestando a otros clientes.
Será mejor que no los pierdas de vista.
Qué raro. No solemos tener clientes problemáticos tan
temprano; todavía no son ni las seis de la tarde.
—¿Dónde se sientan?
—Cerca de la máquina de discos. —Cuando se fija en
mis uñas, añade—: Bonitas uñas, tío.
—¿Verdad? —Levanto la mano derecha y meneo los
dedos—. No está mal para tener cuatro años.
Abro la puerta trasera del bar y me recibe el molesto
sonido de mi canción favorita perpetrada por Ugly Kid
Joe.
«No me jodas.»
Cruzo la cocina y al asomarme al bar los veo inmedia-
tamente. Están inclinados sobre la máquina de discos. Me
acerco a ellos sin hacer ruido y veo que ella está marcando
los mismos cuatro números una y otra vez. Miro por enci-
ma de sus hombros mientras ambos se ríen como niños
traviesos. Cat’s in the cradle va a sonar treinta y seis veces
seguidas.
Me aclaro la garganta.
—¿Os parece divertido que vaya a tener que escuchar la
misma canción durante las próximas seis horas?
Mi padre se da la vuelta al oír mi voz.
—¡Ledger! —Me da un abrazo. Huele a cerveza y a acei-
te de motor. Y... ¿a limas, tal vez?
«¿Están borrachos?»

15

No te [Link] 15 4/7/23 8:05


Mi madre se aparta de la máquina de discos.
—Estábamos tratando de arreglarlo. No hemos sido
nosotros.
—Claro, claro. —Le doy un abrazo.
Nunca me avisan de cuándo van a venir. Simplemente
aparecen y se quedan un día o dos o tres, y luego vuelven a
marcharse en su autocaravana. Lo que resulta novedoso es
lo de presentarse borrachos. Miro por encima del hombro
y veo que Roman está detrás de la barra. Señalo a mis pa-
dres y le pregunto:
—¿Esto se lo has hecho tú o ya venían así?
Roman se encoge de hombros.
—Un poco de cada.
—Es nuestro aniversario —anuncia mi madre—. Esta-
mos de celebración.
—Espero que no hayáis venido conduciendo hasta
aquí.
—No —responde mi padre—. El coche está en el taller,
igual que la autocaravana. Hemos llamado a un conductor
de Lyft. —Me da palmaditas en la mejilla.
—Queríamos verte, pero llevamos dos horas esperando
a que llegues y ahora ya nos vamos porque tenemos ham-
bre.
—Por eso os digo que me aviséis cuando vayáis a venir.
Tengo una vida.
—¿Te habías olvidado de nuestro aniversario? —me
pregunta mi padre.
—Se me ha pasado, lo siento.
—Te lo dije —le dice a mi madre—. Afloja, Robin.
Mi madre se mete la mano en el bolsillo y le da un bille-
te de diez dólares.

16

No te [Link] 16 4/7/23 8:05


Apuestan constantemente, sobre cualquier cosa. Sobre
mi vida amorosa. Sobre qué días señalados recuerdo y cuá-
les no. Sobre todos los partidos de fútbol americano que he
jugado... Aunque sospecho que llevan varios años inter-
cambiándose el mismo billete de diez dólares.
Mi padre levanta el vaso vacío y lo sacude.
—Otra copa, camarero.
Cojo el vaso.
—¿Qué tal un poco de agua fresca? —Los dejo junto a
la máquina de discos y voy a la barra.
Mientras les estoy sirviendo dos vasos de agua, una chi-
ca entra en el bar con pinta de despistada. Mira a su alre-
dedor como si fuera la primera vez que estuviera aquí y, en
cuanto ve un sitio vacío en un extremo de la barra, va di-
recta hacia allí.
La sigo con la mirada mientras cruza el bar. La observo
con tanta atención que los vasos se desbordan y lo lleno
todo de agua. Cojo un trapo y seco el desastre que he mon-
tado. Cuando miro a mi madre, veo que ella está exami-
nando a la chica. Luego a mí. Y otra vez a la chica.
«Mierda.»
Lo último que necesito es que trate de emparejarme
con una clienta. Le encanta hacer de celestina cuando está
sobria; no me quiero ni imaginar lo que es capaz de hacer
tras haberse tomado unas copas. Debo sacarlos de aquí.
Les llevo los vasos de agua y le doy la tarjeta de crédito
a mi madre.
—Id al Jake’s Steakhouse. Yo invito. Id andando para
que se os pase un poco la borrachera por el camino.
—Qué amable. —Ella se lleva las manos al pecho tea-
tralmente y mira a mi padre—. Benji, lo educamos tan

17

No te [Link] 17 4/7/23 8:05


bien... Vamos a celebrar nuestro éxito como padres con su
tarjeta de crédito.
—Lo hicimos francamente bien —corrobora mi pa-
dre—. Deberíamos tener más hijos.
—Menopausia, cariño. ¿Te suena de algo? Fue aquella
época en que te odié durante un año entero. —Mi madre
coge el bolso y se llevan los vasos de agua para el camino.
—Deberíamos pedir entrecot, ya que paga él —mur-
mura mi padre mientras se alejan.
Suelto un suspiro de alivio y regreso al interior del lo-
cal. La chica sigue tranquilamente en su rincón, escribien-
do en una libreta. Roman no está en la barra en ese mo-
mento, así que supongo que nadie le ha tomado nota aún.
«Me presento voluntario como tributo.»
—¿Qué quieres que te traiga? —le pregunto.
—Agua y una Coca-Cola light, por favor.
No levanta la cabeza, así que voy a preparar lo que me
ha pedido. Cuando vuelvo con las bebidas, sigue escribien-
do. Trato de ver lo que ha anotado, pero ella cierra la libre-
ta y alza la mirada.
—Gra... —Se queda atascada a media palabra—. Gra-
cias —murmura, antes de meterse la pajita en la boca. Pa-
rece sofocada.
Quiero preguntarle cómo se llama y de dónde viene,
pero con los años que llevo como propietario de este local
he ido aprendiendo que hacerles preguntas a tipos solita-
rios puede acabar en conversaciones interminables de las
que luego me cuesta escabullirme.
Lo que pasa es que, en general, la gente que entra en el
bar no me llama la atención como ella. Señalando las dos
bebidas, le pregunto:

18

No te [Link] 18 4/7/23 8:05


—¿Esperas a alguien?
Ella se acerca los vasos un poco más.
—Nop. Es que tengo sed. —Rompe el contacto visual y
se echa hacia atrás, tirando de la libreta y volcando toda su
atención en ella.
Pillo la indirecta y me voy a la otra punta de la barra
para darle intimidad.
Roman regresa de la cocina y la señala con la cabeza.
—¿Quién es?
—No lo sé, pero no lleva anillo de casada, así que no es
tu tipo.
—Muy gracioso.

19

No te [Link] 19 4/7/23 8:05

También podría gustarte