Veblen y Bourdieu: Consumo Conspicuo
Veblen y Bourdieu: Consumo Conspicuo
Andrew B. Trigg,
Journal of Economic Issues, 32(1): 99-115, 2001.
Trad: M C Scattolin
Escrita hace 100 años, la Teoría de la Clase Ociosa de Thorstein Veblen todavía representa una
crítica poderosa a la teoría neoclásica del consumo. En contraste con la maximización estática
individual de la utilidad de acuerdo con preferencias exógenas como planteaba la perspectiva
neoclásica, Veblen desarrolla un marco evolutivo en el cual las preferencias se determinan
socialmente en relación con la posición de los individuos en la jerarquía social. De acuerdo con
la teoría de Veblen del consumo conspicuo, los individuos emulan los patrones de consumo de
otros individuos situados en puntos más altos de la jerarquía. Las normas sociales que gobiernan
tal emulación cambian a medida que la economía y el tejido social evolucionan en el tiempo.
Junto con un continuado, aunque limitado, rol en la corriente principal de la economía (Bagwell
y Berheim 1996, Bassmann 1988), la teoría del consumo conspicuo ha estado sujeta en los
últimos años a una considerable critica desde fuera de la corriente principal. Se han alzado tres
asuntos centrales. Primero se ha argumentado que la aproximación de Veblen es demasiado
restrictiva al apoyarse sobre todo en los patrones de consumo por efecto de goteo (trickle down)
desde el tope de la jerarquía social. Los establecedores del ritmo (pacesetters) de consumo
pueden ser también aquellos que están en la base de la jerarquía (Fine y Leopold, lears 1993).
Se sigue de esta proposición que el consumo conspicuo carece de generalidad como una teoría
del consumo puesto que se aplica solamente a los bienes lujosos. Segundo, puesto desde la
época de Veblen se ha argumentado que los consumidores no despliegan más su riqueza
conspicuamente. El estatus se informa de un modo más sofisticado y de modo más sutil
(Canterbery, Mason). Y tercero, para aquellos que escriben dentro de la tradición postmoderna,
el comportamiento de consumo ya no está más configurado por las posiciones de clase social
sino por los estilos de vida que atraviesan la jerarquía social (Featherstone, McIntire).
En este artículo mostramos que, en cierta medida, estos argumentos tergiversan la concepción
original de Veblen del consumo conspicuo y la sacan de contexto en relación con su marco
general. Además, para desarrollar una respuesta contemporánea a estos argumentos,
examinamos la posible contribución que puede hacerse utilizando el trabajo de Pierre Bourdieu,
el sociólogo y antropólogo que ha sido descrito como "el principal teórico social vivo de Francia"
(Shusterman 1999, 1) El vínculo entre Bourdieu y Veblen ya se ha observado en la literatura.
Colin Campbell (1995, 103), por ejemplo, describió a Bourdieu como "el teórico contemporáneo
más importante del consumo propiamente dicho" y afirmó que el trabajo principal de Bourdieu,
1
Distinction: A Social Critique of the Judgment of Taste (1984), "lleva" comparación, en carácter
e importancia, con la teoría de Veblen de la clase de ocio ". Sin embargo, se puede argumentar
que esta relación no ha sido ampliamente reconocida en toda la literatura institucional. Por
ejemplo, la reciente evaluación crítica de Veblen en la colección de ensayos editados por Doug
Brown (1998) no contiene ninguna referencia al trabajo de Bourdieu. La contribución de este
artículo es desarrollar una defensa y extensión de la teoría del consumo conspicuo explorando
los escritos de Veblen y Bourdieu. Una introducción a la teoría del consumo conspicuo de Veblen
en la primera parte del artículo es seguida en la segunda parte por una presentación de los
principales argumentos en su contra. En la tercera parte, se desarrolla una respuesta a cada
argumento utilizando Veblen y Bourdieu.
La teoría de Veblen del consumo conspicuo se basa en la evolución de una clase libre cuyos
miembros no están obligados a trabajar, sino que se apropian de un excedente producido por
quienes trabajan, la clase trabajadora. Una vez que las sociedades comienzan a producir un
excedente, la relación entre propiedad privada y estatus se vuelve cada vez más importante. "Se
hace indispensable acumular, adquirir propiedad, para retener el buen nombre" (Veblen 1899,
29). Se desarrolla una jerarquía en la que algunas personas poseen propiedades y otras no. Ser
propietario es tener estatus y honor, una posición de estima en esta jerarquía: no tener
propiedad es no tener estatus.
Por supuesto, la acumulación de propiedad puede indicar que una persona ha sido eficiente y
productiva, puede indicar destreza en asuntos financieros. Pero Veblen argumenta que la
riqueza heredada confiere aún más estatus que la riqueza que se obtiene a través de la
eficiencia. "Por otro refinamiento, la riqueza adquirida pasivamente por transmisión de
antepasados a otros antecedentes en realidad se vuelve aún más honorífica que la riqueza
adquirida por el propio esfuerzo del poseedor" (Veblen [1899] 1994, 29). El dinero antiguo (old
money) en poder de las familias aristocráticas proporciona el mayor estatus, ya que establece la
mayor distancia del trabajo requerido para su acumulación.
En principio, las personas pueden mostrar su riqueza a través de cualquiera de los métodos con
la misma facilidad: todo lo que esto requiere es una red efectiva para que corra la voz acerca del
grado de ocio de una persona y de los objetos que posee. Veblen argumenta, sin embargo, que
a medida que la población se vuelve más móvil, las comunidades se vuelven menos unidas. En
una sociedad más móvil, las personas pueden estar menos informadas sobre las actividades de
ocio en las que participan otras personas, por lo que la exhibición de riqueza a través del
consumo de bienes se vuelve más importante que la exhibición de ocio (Veblen [1899] 1994).
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Veblen etiqueta este tipo de comportamiento como consumo conspicuo. Las personas gastan
dinero en artefactos de consumo para dar una indicación de su riqueza a otros miembros de la
sociedad. Veblen considera que el consumo conspicuo es el factor más importante para
determinar el comportamiento del consumidor, no solo para los ricos sino para todas las clases
sociales. "El resultado es que los miembros de cada estrato aceptan como su ideal de decencia
el esquema de la vida en boga en el inmediato estrato superior, y combinan sus energías para
cumplir ese ideal" (84). Cada clase social trata de emular el comportamiento de consumo de la
clase superior, hasta el punto de que incluso las personas más pobres están sujetas a presiones
para participar en un consumo conspicuo. "Buena parte de la miseria y la incomodidad se
soportarán antes de que se elimine la última baratija o la última pretensión de decencia
pecuniaria" (Veblen [1899] 1994, 85).
Esta búsqueda del estatus a través del consumo es interminable. Lo que en un momento puede
conferir estatus puede más tarde ser adquirido por todos y no conferir ningún estatus. Las
personas siempre deben tratar de adquirir nuevos bienes de consumo para distinguirse de los
demás. Cuando Veblen escribía en la década de 1890, consideraba que este impulso al consumo
conspicuo era la principal fuerza detrás del auge del consumidor que comenzaba a ganar ritmo
en los Estados Unidos.
Los historiadores también han utilizado la teoría del consumo conspicuo para explicar la
revolución del consumidor que coincidió con la revolución industrial en Inglaterra durante el
siglo XVIII, sobre todo porque esto representó el nacimiento de la sociedad de consumo. El
notable libro “Birth of a Consumer Society: The Commercialization of Eighteenth-Century
England” analiza, entre otras cosas, la historia de éxito de uno de los grandes pioneros
industriales de este período, el alfarero Josiah Wedgwood (McKendrick, Brewer y Plumb 1982).
Se argumenta que Wedgwood instigó el auge de los consumidores de loza durante el siglo XVIII
persuadiendo a los miembros de la aristocracia europea para que usaran sus productos. "Al
apelar al grito de moda por las antigüedades, atendiendo a sus necesidades, pidiendo su consejo
y aceptando sus pedidos más pequeños, por adulación y atención, Wedgwood esperaba
monopolizar el mercado aristocrático y así ganar para sus mercancías una distinción especial, un
prestigio social que se filtraría a todas las clases de la sociedad "(11O).
Esta interpretación ha sido impugnada por Lorna Weatherhill (1986), quien argumenta que otros
fabricantes de loza no tomaron la iniciativa de Wedgwood. Si bien Wedgwood cortejó a la
aristocracia londinense invitándolos a sus exclusivas salas de exhibición, atendidas por
almacenes de Londres, Weatherhill argumenta que otros fabricantes utilizaron almacenes y
redes de distribución que eran independientes de sus propios negocios. Fue este modelo el que
proporcionaría el liderazgo a todos los fabricantes de loza cuando el siglo dieciocho llegó al
diecinueve. "Los productores comenzaron a depender de una red de distribución, y
gradualmente comenzaron a depender menos de sus propios almacenes de Londres" (212).
Incluso se ha argumentado que Wedgwood puede haber frenado el ritmo del cambio en la
industria de la loza. La estrategia de Wedgwood era cortejar el mercado de lujo cobrando un
precio alto, con la esperanza de llegar a un mercado más amplio cuando posteriormente bajara
los precios. Lejos de ser pioneros en la apertura de un mercado masivo de loza, Ben Fine y Ellen
Leopold (1993) sostienen que esta estrategia podría haber retrasado el aumento de la demanda.
Si Wedgwood hubiera puesto todos sus esfuerzos en una loza asequible que todos pudieran
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comprar, la revolución de la loza podría haber sido más vibrante de lo que realmente resultó
ser. "Es al menos tan plausible ver el mercado de lujo del siglo XVIII como un obstáculo para el
desarrollo de la producción en masa para las clases bajas en el siglo XIX, como lo es verlo como
un estímulo para la emulación desde abajo" (79).
Además, a pesar de la disputa sobre la loza, Fine y Leopold argumentan que para muchos otros
productos ni siquiera hay una oportunidad para la emulación. Tomemos, por ejemplo, el
aumento del consumo interno de carbón en el siglo XVIII, por al menos tres millones de
toneladas anuales desde 1700 hasta 1800 (Flinn 1984, 252). Según Fine y Leopold (1993, 79),
esto fue posible gracias a varios factores, incluidos el costo de producción, los niveles de ingresos
y las tasas de crecimiento de la población. "Sin embargo, sería descabellado ver el aumento del
consumo de carbón como resultado del comportamiento emulativo de las clases bajas (con la
moda que emanaba de Londres como el principal mercado interno)".
De hecho, para algunos bienes, puede haber emulación en la dirección opuesta al supuesto
"goteo" (trickle down) desde la capa superior de la jerarquía social. A partir del trabajo de George
Field (1970), Yngve Ramstad (1998, 13) se refiere a esto como el fenómeno de "flotación del
estatus": "la tendencia de las prácticas de moda a filtrarse hacia arriba de los grupos de estatus
más bajos a más altos". Fine y Leopold (1993) ilustran este fenómeno utilizando el caso de los
jeans, bienes de consumo que tienen su origen en los Estados Unidos como una prenda de
trabajo asequible, fuerte y de larga duración. Aunque los jeans son en gran medida un producto
estadounidense y, por lo tanto, pueden estar asociados con la riqueza y la prosperidad, se puede
señalar que el origen social de este producto proviene del consumo de la clase trabajadora. El
éxito original de los jeans como un elemento de consumo producido en masa no tuvo lugar
debido al comportamiento de las clases altas.
Campbell (1987) quien también retoma el argumento en contra del "goteo", se pregunta cómo
pudo haber sido posible en la revolución industrial que la nueva clase capitalista derrocara a la
aristocracia y al mismo tiempo la emulara. De manera similar, para T.J. Jackson Lears (1993, 28),
"el supuesto histórico de Veblen de que las influencias culturales fluyen solo de arriba hacia
abajo no se confirma". En relación con las tendencias de la moda, cita a Lois Banner (1983)
demostrando que "los que marcaban el ritmo en el juego de belleza eran cortesanas y coristas
que a menudo eran favorecidas por sus superiores sociales" (Lears 1993, 28). Para los críticos de
Veblen, un tema común es el argumento de que el "chorro hacia arriba" de los patrones de
consumo puede ser al menos tan importante como el "goteo". Se argumenta que la teoría del
consumo conspicuo es demasiado estrecha con su enfoque unidireccional en la transmisión de
gustos y preferencias, una restricción que limita la aplicabilidad de la teoría a tipos particulares
de bienes de lujo.
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Durante el período de posguerra, también se hizo más difícil para los ricos distinguir su consumo
del poder de gasto de las clases medias en ascenso. John Kenneth Galbraith (1958, 72-3)
argumentó que durante las décadas de 1940 y 1950 "el derroche exuberante se podía permitir
tanto que dejó de ser útil como señal de distinción". Del mismo modo, para Ray Canterbery
(1998, 148), "la clase media ahora podía emular a los ricos en ropa e incluso en automóviles,
especialmente cuando los ricos se redujeron a sus Volvos". Para los críticos de Veblen, la
combinación de un comportamiento menos ostentoso por parte de la clase rica y una clase
media de altos ingresos ha llevado a disminuir aún más la importancia de la teoría del consumo
conspicuo.
Llevando esta crítica un paso más allá, se ha argumentado que, para el consumidor posmoderno,
se ha disipado la relación entre la clase social y el consumo. Para Mason (1998, 130), bajo el
desarrollo del capitalismo contemporáneo, "'el estilo de vida (lifestyle)' creció en importancia
como indicador de pertenencia a grupos sociales, y estas identidades grupales, liberadas de las
viejas restricciones impuestas por la clase social y los grupos de estatus fijo, se aseguraron
mediante la adopción de patrones apropiados de consumo". Bajo el posmodernismo, existe una
"desagregación de la estructura social en estilos de vida" (Slater 1997, 193), con individuos ahora
libres de proyectar sus propios significados en los productos, con una imagen personal más
importante que la exhibición y la competencia. Richard Mclntyre (1992, 55) escribe que "los
objetos y las relaciones no tienen un origen, base o fundamento firmes. El consumo es ahora el
deber del individuo: ya no existe como ciudadano o trabajador, sino como consumidor". Se
argumenta que el enfoque de Veblen es irrelevante y desactualizado en relación con la nueva
composición cultural de la sociedad de consumo contemporánea.
En respuesta a estas críticas, se pueden formular dos líneas principales de defensa de la teoría
del consumo conspicuo. Primero, podemos observar más de cerca la forma en que se desarrolla
en los escritos de Veblen. Se puede argumentar que hasta cierto punto ha habido una
tergiversación y una simplificación excesiva del enfoque de Veblen por parte de sus críticos. La
teoría del consumo conspicuo es más sofisticada y sutil que la versión que se ha discutido en la
literatura. En segundo lugar, el trabajo de Bourdieu proporciona un desarrollo contemporáneo
de la teoría del consumo conspicuo que se basa en algunos de los aspectos más sutiles del marco
de trabajo de Veblen. Al examinar la relación entre Veblen y Bourdieu, se puede desarrollar un
marco más general en el que el modelo de consumo conspicuo forma parte. Cada uno de los
tres temas principales planteados por los críticos de Veblen será considerado en su momento.
El efecto de goteo
La primera cuestión por considerar es la acusación de que el modelo de goteo asociado con
Veblen es demasiado restrictivo, ya que también puede haber un "chorro hacia arriba" (trickle
up, surtidor, hacia arriba) de gustos desde la base de la jerarquía social. Al desarrollar una
defensa de la teoría del consumo conspicuo contra este cargo, podemos explorar la relación
entre Veblen y Bourdieu. Un punto clave del análisis de Veblen de las diferentes secciones de la
clase libre es que los miembros establecidos de la clase alta usan su cultura acumulada para
distinguirse de los del llamado "dinero nuevo". Canterbery (1999), por ejemplo, al aplicar el
análisis de Veblen a The Great Gatsby (1925) de Fitzgerald, argumenta que el advenedizo social
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Gatsby carece de la cultura necesaria para ganarse el amor de la refinada Daisy, que está casada
en una familia de dinero establecido. La cultura proporciona una barrera para entrar en los
niveles superiores de la clase de ocio. Para Bourdieu, un factor clave a considerar es el capital
cultural que se adquiere en diferentes puntos de la escala social. El capital cultural se puede
definir como el acervo acumulado de conocimiento sobre los productos de las tradiciones
artísticas e intelectuales, que se aprende a través de la formación educativa y, de modo
fundamental para Bourdieu, también a través de la educación social. En una poderosa
explicación de cómo se reproduce la desigualdad en la estructura social en el sistema educativo
(Bourdieu y Passeron 1990), el papel clave del capital cultural adquirido fuera de la educación
se utiliza para explicar el desempeño superior de los niños de entornos privilegiados.
Basándose en este análisis de la educación, en La Distinción (1984, 23) Bourdieu argumenta que
la adquisición de capital cultural está "inscrita, como una demanda objetiva, en la membresía
de la burguesía y en las calificaciones que dan acceso a sus derechos y deberes". El gusto estético
de las personas con alto capital cultural se utiliza para asegurar posiciones de estatus en la
jerarquía social mediante el ejercicio de una marca de distinción. “El gusto es una disposición
adquirida para 'diferenciar' y 'apreciar'… para establecer y marcar diferencias mediante un
proceso de distinción… (que asegura) el reconocimiento (en el sentido ordinario)” (466).
Además, este proceso de distinción es más poderoso y proporciona un medio de exclusión más
general que el consumo conspicuo: 'El exhibicionismo ingenuo del 'consumo conspicuo', que
busca la distinción en la muestra cruda de lujo mal dominado, no es nada comparado con la
capacidad única de la mirada pura, un poder casi creativo que diferencia al esteta del rebaño
común por una diferencia radical que parece estar inscrita en 'las personas'" (31). Aunque
Veblen ([1899] 1994) se enfoca más específicamente en el consumo de bienes y servicios, sin
embargo, debe señalarse que su énfasis en la naturaleza estética del gusto también deja abierta
la posibilidad de considerar los gustos de manera más general en su teoría social. Veblen escribe
sobre "ese cultivo de la facultad estética" que "requiere tiempo y aplicación, y las demandas
hechas al caballero en esta dirección, por lo tanto, tienden a cambiar su vida de ocio en una
aplicación más o menos ardua por el asunto de cómo aprender a vivir una vida de ocio ostensible
de manera progresiva"(75).
Para Bourdieu, para lograr la distinción, el gusto es siempre un fenómeno negativo, ya que se
basa en una crítica o diferenciación de lo que es popular. "No es casualidad que, cuando tienen
que justificarse, se afirman de manera puramente negativa, por la negativa de otros gustos"
(1984, 56). Una posible ilustración de este impulso hacia la distinción es proporcionada por
desarrollos recientes en el mercado de la música clásica. La ópera, que una vez fue la reserva
exclusiva de las clases altas, ha entrado en el ámbito de la música popular. En Europa, los tres
tenores -Domingo, Carreras y Pavarotti- cantaron para vender espectáculos al aire libre a
principios de los años noventa. A mediados de la década de 1990, sin embargo, el Sunday Times
(21 de abril de 1996) informó que "la música clásica se ha convertido en la última víctima de la
'fatiga cultural' de la clase media" y la "pérdida de interés de aquellos que consideran la ópera
como una escalera para el avance social resultó en ventas récord clásicas más bajas y
disminución de las audiencias de concierto ".
De la misma manera que aquellos en los niveles superiores de la jerarquía social tenderán a
distinguirse de los de abajo, Bourdieu también deduce que los de abajo tienen sus propios
valores y gustos. En el análisis de Bourdieu, las personas de clase trabajadora se preocupan por
lo que es necesario o útil. Además, esto proporciona la base para una teoría de la cultura popular
que resiste los gustos culturales de aquellos que están más arriba en la jerarquía social. Con el
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consumo de alimentos, por ejemplo, Bourdieu argumenta que los hogares de la clase
trabajadora tienden a garantizar que haya suficiente disponibilidad para satisfacer el apetito.
Esto contrasta con los hábitos alimenticios de las clases altas, que están más interesadas en
tratar la comida como una forma de arte. Un hogar de clase trabajadora no tenderá a dejarse
impresionar por las modas como la nouvelle cuisine, en la que la presentación de los alimentos
es más importante que la cantidad que se ofrece. Con los muebles, Bourdieu distingue entre la
fijación que las clases altas tienen para las antigüedades y los requisitos más prácticos de los
hogares de la clase trabajadora. Y con la ropa, argumenta que los hogares de clase trabajadora
tienden a no estar tan influenciados por la alta costura como las clases altas.
Entre la clase alta dominante y la clase trabajadora dominada Bourdieu examina el papel de las
clases medias, que aspiran a los gustos de la clase alta, aunque un capital cultural insuficiente
significa que se especializan en áreas culturales menos legítimas. Y, como hemos visto, los gustos
de la clase media también se formulan negativamente en oposición a los gustos "populares" de
la clase trabajadora. Sin embargo, para que las clases altas mantengan sus posiciones de estatus
se requiere una distinción de los gustos de las clases medias, lo que puede implicar un retorno
a los gustos populares/de la clase trabajadora:
Por lo tanto, para Bourdieu, hay un "surtidor (hacia arriba)" de gustos desde la clase trabajadora
a la clase alta que le permite a esta última rebasar a la clase media, cuya pretensión los deja
confundidos por la forma en que se abrazan a los gustos populares. Bourdieu también identifica
este fenómeno en relación con la adopción de platos campesinos por aquellos con alto capital
cultural (Bourdieu 1984, 185) y en relación con la música popular y el deporte (209).
La Figura 1 compara dos modelos alternativos para la transmisión de gustos entre clases
sociales. La Figura 1 (a) es el modelo de goteo descendente de Veblen, en el que los gustos se
transmiten desde la clase alta hasta los estratos de la clase media y trabajadora. Para Bourdieu,
sin embargo, hay más bien un "rodeo de gustos (trickle round)", con gustos de clase alta que a
veces provienen de gustos populares de la clase trabajadora y también se transmiten a la clase
media menos sofisticada (Figura 1 (b)). En lugar de un flujo de gustos unidireccional, la
transmisión es circular, abarca en cierta medida el efecto de goteo, pero también permite el
fenómeno de flotación de estatus, tan defendido por los críticos de Veblen, en el que hay
retroalimentación de la jerarquía social.
Sin embargo, téngase en cuenta que en la Figura 1 (b) hay una línea discontinua para representar
la diferencia entre Veblen y Bourdieu sobre el "goteo" de gustos de la clase media a la clase
trabajadora. Mientras que Veblen argumentó que las clases trabajadoras, aunque
obstaculizadas por la falta de recursos, están sujetas al impulso de la emulación, Bourdieu
desarrolla su noción de cultura popular para argumentar que las clases trabajadoras son
resistentes y se oponen a los gustos de aquellos que están más arriba en jerarquía social. Por un
lado, esto podría considerarse como una actualización del marco de Veblen en vista de la
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creciente importancia de la cultura popular desde el siglo pasado. Por otro lado, también se
podría argumentar que el marco de Bourdieu es algo inflexible al descartar la posibilidad de este
efecto de goteo. La línea punteada en la Figura 1 (b) deja abierta la posibilidad de desarrollar un
modelo flexible de transmisión del gusto que abarque los efectos de goteo y surtidor. La Figura
1 proporciona una base para examinar las similitudes y diferencias entre Veblen y Bourdieu, al
mismo tiempo que enfatiza la flexibilidad potencial del modelo de rodeo (trickle round) en
comparación con su contraparte de goteo.
Contra la acusación de que la teoría del consumo conspicuo carece de sutileza, podemos extraer
tanto de Veblen como de Bourdieu. Veblen sostiene que los consumidores de todas las clases
sociales, incluso la ambiciosa clase media, no necesariamente están tratando conscientemente
de consumir conspicuamente:
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un deseo de vivir hasta el estándar convencional de decencia en la cantidad de
grado de bienes consumidos. (Veblen 1899, 103)
La fuerza cultural inconsciente que impone el consumo conspicuo está ilustrada por la
propensión a comprar artículos caros que ni siquiera son vistos por los extraños, como ropa
interior y utensilios de cocina. Los estándares de decencia se extienden a todos los tipos de
consumo sin que los individuos necesariamente intenten impresionar a otros en su
comportamiento. La emulación opera en una "segunda eliminación", un aspecto del enfoque de
Veblen que, en opinión de Ramstad (1998, 16), es "ignorado universalmente" por los críticos de
Veblen.
Michele Lamont y Annette Lareau (1988, 158) señalan que "en contraste con Veblen que se
ocupó del consumo conspicuo (es decir, 'presumir lo que normalmente sería un acto
consciente), Bourdieu cree que la mayoría de las señales se envían inconscientemente porque
se aprenden a través de disposiciones o habitus, o son los resultados clasificatorios no deseados
de los códigos culturales''. Sin embargo, esta interpretación puede representar una
simplificación excesiva del enfoque de Veblen, ya que, como hemos visto, se puede argumentar
que él también considera el consumo conspicuo como un acto inconsciente. En lugar de
proporcionar una alternativa a Veblen, el concepto de habitus de Bourdieu puede verse como
una formalización de las ideas proporcionadas en el sofisticado análisis de Veblen del consumo
conspicuo.
Esta formalización del enfoque de Veblen también podría interpretarse como una contribución
a uno de los problemas del análisis evolutivo, a saber, su falta de énfasis en la agencia humana.
Anne Mayhew (1998) sostiene que el debate con la economía neoclásica ha alejado el enfoque
evolutivo de una consideración flexible de la agencia humana. Al permitir que las personas
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desarrollen sus estrategias a lo largo del tiempo, sujetas a restricciones estructurales, el
concepto de habitus podría hacer una contribución importante al desarrollo de un "enfoque
evolutivo revitalizado" (456).
Ha habido cierto debate en los últimos años sobre la relación entre la economía institucionalista,
que recurre a Veblen como uno de sus antepasados, y la nueva tradición posmoderna (véase,
por ejemplo, Klein 1998; Hoksbergen 1994). Al considerar el consumo conspicuo, examinamos
un factor secundario en la relación entre las dos tradiciones, a saber, el análisis de diferentes
estilos de vida.
Aunque Veblen escribió su Teoría de la clase ociosa ([1899] 1994) hace más de cien años, debe
tenerse en cuenta que no descartó la posibilidad de que haya varios estilos de vida, aunque
puede que no haya usado la palabra "estilo de vida" a este respecto. Sin embargo, se acercó
mucho al referirse a "estilos cambiantes" (174) y "esquemas de vida" (84). En un momento
también se refiere a las diversas "ramas del conocimiento": "Así, por ejemplo, en nuestro tiempo
existe el conocimiento de las lenguas muertas y las ciencias ocultas; de la ortografía correcta, de
la sintaxis y la prosodia; de las diversas formas de música doméstica y otro arte doméstico; de
las últimas propiedades de vestimenta, mobiliario y equipamiento; de juegos, deportes y razas
de animales, como perros y certámenes de razas"(45). Cada uno de estos se pone de moda en
diferentes momentos, convirtiéndose en "logros convencionales de la clase ociosa" (Veblen
1899, 45).
Utilizando los conceptos de capital cultural y habitus, Bourdieu es capaz de construir un marco
teórico en el que los estilos de vida de los diferentes grupos sociales pueden entenderse en
relación con la jerarquía social. En primer lugar, el habitus explica cómo puede haber una
agrupación de elementos de estilo de vida por medio de principios particulares que influyen en
el comportamiento de las personas. Segundo, diferentes tipos de estilos de vida están asociados
con combinaciones particulares de capital cultural y económico. Los estilos de vida no se
relacionan solo con puntos verticales en la jerarquía de clases, como en Veblen, sino que
también atraviesan horizontalmente la jerarquía social. Esto proporciona la base para una
respuesta coherente al impulso de algunos posmodernos para reducir el consumo a una
colección pluralista de estilos de vida, desprovistos de estructura social. De hecho, Bridget
Fowler (1997, 70) argumenta que "el trabajo de Bourdieu se entiende mejor como una
refutación sociológica de la historia del pensamiento posmodernista más crudo".
La flexibilidad del marco de Bourdieu a este respecto se basa en el reconocimiento de que los
diferentes tipos de estilos de vida pueden ganar legitimidad de acuerdo con la forma en que se
desarrolla la lucha de clases y la competencia. Además, se desarrollan jerarquías de legitimidad
para diferentes estilos de vida en relación con diferentes tipos de capital. Junto con el capital
cultural, Bourdieu otorga un papel principal al capital económico, una categoría general que
incluye recompensas monetarias de acciones y participaciones, empleo y propiedad.
Para Bourdieu, la intelectualidad, que posee reservas particularmente altas de capital cultural,
tiende a ejercer gustos de alto nivel en arte moderno, música clásica, una cultura más
establecida y legítima. Aquellos con un capital económico específicamente alto, que carecen de
las habilidades necesarias asociadas con un alto capital cultural, tienden a ejercer un gusto más
ordinario. En relación con la música clásica, por ejemplo, carecen de la educación social que se
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requiere para una apreciación completa de la música clásica. Bourdieu (1984, 75) observa que
"cuando, a una edad temprana, el niño es presentado ante un instrumento 'noble',
especialmente el piano, el efecto es, al menos, producir una relación más familiar con la música,
que difiere de la siempre algo distante relación contemplativa y a menudo verbosa con aquellos
que han llegado a la música a través de conciertos o incluso solo a través de discos".
Para aquellos que no tienen el trasfondo social adecuado para lograr conocimiento de la música
clásica, el área del cine puede proporcionar una salida más conveniente. Como forma de arte, el
cine no es tan legítimo como la música clásica: Bourdieu (1984,87) se refiere al cine como un
arte "aún no totalmente legítimo". La distinción también se puede lograr en una apreciación,
por ejemplo, del jazz, los cómics, la fotografía y, particularmente para aquellos con alto capital
económico, toda la gama de bienes de consumo disponibles bajo el capitalismo contemporáneo.
Los bloques diagonales restantes, bloques B y C, representan los estilos de vida de las personas
que carecen de uno de los dos tipos de capital. En el bloque B los individuos tienen capital
económico positivo. Esto podría ser, digamos, gente de pequeñas empresas que ganan mucho
dinero, pero no muestran ningún interés en las artes. El Bloque C, por otro lado, podría incluir
personas como maestros de primaria que no ganan mucho dinero (capital económico negativo)
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pero que tal vez se han beneficiado de una educación privilegiada y visitan incansablemente
galerías de arte y asisten al teatro.
Con el tiempo, puede haber movilidad cruzada entre bloques. Por ejemplo, una familia con una
pequeña empresa, pero poco capital cultural (bloque B) puede canalizar sus recursos para
comprar una educación para sus hijos, quienes luego buscan desarrollar el estilo de vida del
bloque C. Y, lo que es más importante para Bourdieu, otro ejemplo de socialización es la
movilidad de la "nueva clase media" que se emplea principalmente en las industrias de cultura
y servicios. Un bajo stock inicial de capital cultural "les da una relación incómoda con las
jerarquías de gustos existentes, pero al mismo tiempo los impulsa a abogar, o al menos a sentirse
cómodos, con un nuevo y disruptivo esquema de distinciones y legitimaciones culturales
(posmodernismo), que pueden utilizar para promover sus intereses en los campos económico,
social y cultural, y que, por consiguiente, entra en la reestructuración de la estructura de clases
en sí" (Slater 1997, 160). Aunque la Figura 2 proporciona un punto de partida útil para
comprender a Bourdieu, no logra captar la naturaleza tridimensional del modelo. La tercera
dimensión importante es el cambio dinámico en las combinaciones de capital cultural y
económico que tiene lugar con el tiempo (Bourdieu 1984, 114).
Este énfasis en la movilidad social da como resultado una estructura de estatus mucho menos
vertical que la asociada con Veblen. Dentro de la clase media, por ejemplo, hay fracciones de
clase, algunas de las cuales están creciendo (como la nueva clase media) y otras están
disminuyendo (como los agricultores). No es "accidental que las clases más antiguas o las
fracciones de clase sean también las clases en declive, como los agricultores y los propietarios
industriales y comerciales" (Bourdieu 1984, 108). Las personas en segmentos de clase en declive
tienden a adoptar gustos conservadores o anticuados como resistencia al cambio. Las nuevas
clases medias son más innovadoras y, de hecho, ayudan a dar forma a ese cambio. Si bien Veblen
también adopta el cambio en su enfoque evolutivo, la naturaleza vertical de su estructura de
estatus significa que existen normas dentro de la clase que predominan en cada punto de la
estructura. En los hogares de clase media baja, por ejemplo, la norma es que los hombres
trabajen, pero "la esposa de clase media todavía se dedica al ocio indirecto, por el buen nombre
del hogar y su dueño" (Veblen 1899, 81) Esto puede contrastarse con la observación de Bourdieu
de que las mujeres de clases más privilegiadas tienen un margen de maniobra considerable en
cuanto a si trabajan o no (Bourdieu 1984, 178). La existencia de fracciones de clase significa que
no existen las mismas normas primordiales que pueden generalizarse en un punto particular de
la jerarquía social.
En esta interpretación de Bourdieu, la naturaleza dinámica de los estilos de vida, bajo lo que
algunos llamarían una sociedad posmoderna, puede incorporarse en un análisis de la estructura
de clases. El doble papel del capital en sus formas culturales y económicas permite el análisis de
los cambios en diferentes estilos de vida en el marco de Bourdieu. Como argumenta Chuck Dyke
(1999, 194), el análisis de Bourdieu de las diferentes formas de capital "es una decisión bien
considerada con respecto a una agrupación de las causas de un movimiento social". La
flexibilidad de este marco permite a los individuos dar forma a la legitimidad de los estilos de
vida como parte de su lucha por la movilidad social, dentro de los límites de los principios
acordados por su habitus. Un examen de cómo los estilos de vida, que podrían caracterizarse
como posmodernos, evolucionan en relación con las identidades individuales no implica
necesariamente un abandono de las categorías de clase social y jerarquía.
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Conclusiones
Este artículo ha considerado tres cuestiones principales que han sido planteadas por los críticos
de la teoría del consumo conspicuo. Cada tema ha sido discutido examinando la concepción
original de la teoría por Veblen y la contribución contemporánea de Bourdieu. Primero, se ha
argumentado que la teoría es demasiado restrictiva debido a su "goteo" unidireccional de gustos
de arriba hacia abajo de la jerarquía social. Este problema se ha abordado desarrollando la
importancia dada por Veblen a la cultura como barrera para la movilidad social. Bourdieu
introduce el concepto de capital cultural para interpretar los gustos individuales como una
reserva acumulada de conocimiento. Los individuos adoptan estrategias que les permiten
adquirir el capital cultural requerido para asegurar posiciones particulares en la jerarquía social.
Al adoptar este enfoque para la formación del gusto, Bourdieu logra demostrar que puede haber
una retroalimentación de los gustos desde abajo hacia arriba en la escala social. Las clases altas
a veces adoptan los gustos de los que están en la parte inferior de la escala social para rebasar
a los miembros de la clase media aspirante a quienes les resulta difícil competir debido a la falta
de existencias de capital cultural. En contraste con el modelo restrictivo de goteo, el enfoque de
Bourdieu sugiere un modelo de rodeo (trickle round) goteo más general.
En relación con el problema del goteo, se ha hecho una segunda acusación de que la teoría del
consumo conspicuo carece de sutileza y sofisticación. Durante el período de posguerra, se
argumenta que los consumidores son menos abiertos en su exhibición de riqueza que en los días
de Veblen. Sin embargo, se ha demostrado que, incluso durante su tiempo, Veblen reconoció
que las secciones de clase alta de la clase dominante estaban ejerciendo sofisticación en su
comportamiento de consumo. De hecho, para todas las clases sociales, el consumo conspicuo
no se postula como un acto consciente, sino más bien un estándar de decencia que ejerce
presión social sobre el comportamiento de los individuos. El desarrollo de Bourdieu del concepto
de habitus, que es un conjunto de principios que influyen en las decisiones inconscientes dentro
de un entorno incierto y cambiante, proporciona una formalización de este enfoque. Se
argumenta que esto proporciona una contribución potencial al enfoque evolutivo al incorporar
la agencia de los individuos en el contexto de un proceso estructural.
El tercer tema que se ha planteado es la acusación de los autores posmodernos de que la teoría
del consumo conspicuo es demasiado restrictiva para abordar los múltiples estilos de vida que
caracterizan el capitalismo contemporáneo. Veblen permite diferentes "esquemas de vida" y
"estilos" de moda en su análisis, pero no hay una consideración explícita de los estilos de vida
(lifestyles), que es un concepto relativamente nuevo. Además, el modelo de Veblen analiza estos
esquemas de vida verticalmente, de acuerdo con diferentes puntos de la escala social. Una
respuesta contemporánea al posmodernismo la proporciona el análisis de diferentes estilos de
vida por Bourdieu. Utilizando el concepto de habitus y distinguiendo entre el capital cultural y
económico de los individuos, se desarrolla un modelo en el que los estilos de vida pueden variar
horizontalmente, atravesando la jerarquía social. Además, en este marco, la estructura social
determina y está determinada por el comportamiento de los individuos. Bourdieu puede
analizar la evolución de la nueva clase media empleada en las industrias culturales y de servicios,
un fenómeno que también ha sido examinado por escritores posmodernos.
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