Lectura:
Zapata, A. (2009). ¿Fracasó la reforma agraria? Recuperado de
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Cuarenta años después, la reforma agraria […] en parte tuvo éxito y mirados otros ángulos fue
un completo fracaso. Por un lado, liberó al campesinado de las ataduras serviles y amplió la
ciudadanía peruana, integrando al país más que ningún otro gobierno. Pero, sus propuestas
productivas fueron utópicas y sin mayor sentido, habiendo provocado un serio retraso de la
productividad agraria. Al terminar con la hacienda oligárquica, Velasco optó por no repartir la
tierra en forma individual entre los campesinos. Varias experiencias de reformas agrarias así lo
indicaban. En efecto, desde la revolución de los esclavos de Haití se ha sabido que el minifundio
arruina a una nación y que retrasa considerablemente sus fuerzas productivas. Pero ¿cómo
evitar el reparto después de expropiar a los grandes hacendados? La única manera es mantener
las unidades productivas con mano dura y proyectos a largo plazo. Por ello, el general Velasco
conservó la gran propiedad e incluso la amplió, llamándola cooperativa o sociedad agrícola de
interés social. Bajo esos nombres se proyectó el latifundio y el campesinado percibió al Estado
como nuevo dueño. Empezaron los problemas y contradicciones. Era difícil mantener grandes
complejos productivos; la disciplina del antiguo régimen había terminado y los intereses de los
grupos campesinos eran muy distintos. Aunque lo peor estaba por venir. Era una época de
precios controlados. No regía el mercado, sino que los ministerios fijaban los precios de una
serie de mercancías. Por supuesto, parte de estos precios controlados correspondían a los
productos del campo. Pues bien, a Velasco se le ocurrió que los campesinos debían colaborar
con los pobres de la ciudad. El general presidente pensaba que la reforma agraria era un enorme
aporte de su gobierno a la clase campesina. Además, sabía que no había hecho nada semejante
por el pueblo de las ciudades, no había reforma urbana ni estaba planeada. Pues bien, la forma
de compensar a la ciudad sería con productos del campo baratos, que permitan llegar a fin de
mes. El campesino ayudaría al proletario con una mesa cómoda. Esa política diferenciada de
precios arruinó al campo y evitó posibles efectos beneficiosos de la reforma agraria. El
intercambio entre campo y ciudad siempre es desigual, pero en este caso se hizo abismal. De
este modo, durante el docenio militar, la reforma agraria entregó la tierra a administradores
que laboraban nominalmente como representantes del campesinado. Pero, paralelamente
perjudicó económicamente al campo en su conjunto y extendió la pobreza rural. En este
contexto, los problemas sociales dentro de la reforma se hicieron más agudos. Sobrevino una
etapa de gruesas dificultades económicas. Los supuestos beneficiarios estaban pobres y
quisieron arreglárselas por sí mismos.
Por ello, el campesinado rechazó el modelo asociativo implementado por la reforma del general
Velasco. No había traído ni autogestión ni prosperidad. A continuación, empezaron una serie de
tomas de tierras protagonizadas por los mismos beneficiarios contra las cooperativas. Las
parcelaron. Cada campesino se hizo dueño de una pequeña chacrita y desapareció la economía
de escala, indispensable para una operación moderna y económicamente viable. Como
consecuencia vino el fracaso económico. El campo dejó de crecer. Descendió la rentabilidad
agraria y la producción de alimentos retrocedió. Pero, el campesinado había adquirido
ciudadanía; disponía de derechos políticos y avanzaba en su integración a la nación. Gracias a
ello, Sendero Luminoso no logró incendiar completamente la pradera campesina. Si se hubiera
dado el caso contrario, aún estaríamos intentando apagar los Andes.