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Mi Condesa Francesa - Claire Phillips

Emma Mary Castelton. Así la llamaremos de hoy en adelante. -Afirmaba realmente encantada lady Nora observando a la pequeña pelirroja de enormes ojos verdes observándola con cara de desconcierto. Ese era el primer recuerdo de Emma en su nueva vida, o así lo veía ella pasados los años. Poco recordaba de los años anteriores a ese instante o quizás poco quería recordar de ellos, ¿quién podría saberlo? Había sido feliz desde ese día por lo que no le interesaba nada de lo anterior siendo una niña. Lad

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Mi Condesa Francesa - Claire Phillips

Emma Mary Castelton. Así la llamaremos de hoy en adelante. -Afirmaba realmente encantada lady Nora observando a la pequeña pelirroja de enormes ojos verdes observándola con cara de desconcierto. Ese era el primer recuerdo de Emma en su nueva vida, o así lo veía ella pasados los años. Poco recordaba de los años anteriores a ese instante o quizás poco quería recordar de ellos, ¿quién podría saberlo? Había sido feliz desde ese día por lo que no le interesaba nada de lo anterior siendo una niña. Lad

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MI CONDESA FRANCESA

Claire Phillips

Dedico este libro a todos los que me leeís, a todos los que me pedís seguir
escribiendo y a todos los que durante estos casi tres años me habéis pedido
continuar publicando. Me habéis ayudado más de lo que puedo expresar
con palabras. Muchas gracias.
Durante estos últimos tres años casi no he publicado ningún escrito, no
porque dejase de escribir, de hecho, he continuado con muchas ganas cada
vez que me sentaba frente a la pantalla en blanco, pero publicar ha sido
difícil pues la única persona que leía mis libros antes de publicarlos
falleció por culpa no sé si del cáncer o del Covid o de la mala suerte de
tener las dos al mismo tiempo. Ángela, que así se llamaba, fue la primera
persona que leyó mi primera novela y la que me animó con más insistencia
a enviarla a distintas editoriales y fue a la primera a la que llamé cuando
Harper Collins decidió publicar “Ángel con ojos de color miel”. Después
fue ella la que me animó a autopublicar. Al terminar estas últimas novelas
(tengo dos más listas para publicarlas) mi único impulso era mándarselas
para que las leyese y escuchar sus comentarios y saber que no podía
hacerlo me ha resultado un poco más duro de lo que pensaba, por ello, os
pido disculpas por este silencio tan largo.
Gracias Ángela por ser mi amiga, mi crítica y mi más sincera lectora todos
estos años. Cuando nos volvamos a ver estoy segura que tendrás mil
comentarios que hacerme y yo estaré deseando oírlos. Te echamos de
menos.
-Emma Mary Castelton. Así la llamaremos de hoy en adelante. -Afirmaba
realmente encantada lady Nora observando a la pequeña pelirroja de
enormes ojos verdes observándola con cara de desconcierto.
Ese era el primer recuerdo de Emma en su nueva vida, o así lo veía ella
pasados los años. Poco recordaba de los años anteriores a ese instante o
quizás poco quería recordar de ellos, ¿quién podría saberlo? Había sido
feliz desde ese día por lo que no le interesaba nada de lo anterior siendo una
niña. Lady Nora y lord Phillip, los vizcondes de Killmore, habían sido muy
buenos, atentos y cariñosos con ella y los quería como a unos padres. ¿Por
qué preocuparse por nada que no fuese eso?
No era del todo cierto, y ella lo sabía. A veces tenía lo que, ella pensaba,
eran recuerdos olvidados. Imágenes, sonidos e incluso olores que, de algún
modo, le evocaban sensaciones de una vida que ahora ella desconocía. Pero,
aún con ello, no era ignorante de lo peligroso que era que su pasado viere la
luz, que otras personas conocieren el motivo por el que lord Phillip no solo
la llevó con él en su regreso a Inglaterra sino también por el que antes de
conocer a su esposa y desde ese día su madre, debía guardar silencio de sus
primeros siete años de vida.
Sentada en el escritorio de su nuevo hogar suspiró bajando los ojos al
retrato de lord Phillip que tenía sobre la mesa, con su brillante uniforme de
marino y esa sonrisa agradable que consiguió que la primera vez que lo vio,
dejase de llorar para finalmente dejarse tomar en sus brazos, comenzando,
desde ese momento, una nueva vida.
Era un buen hombre. Cariñoso, amable y con un gran corazón. Lo echaba
en falta. Su muerte, seis meses atrás, supuso un gran golpe para ella y para
lady Nora. Como sabía que lady Nora sentía la presencia de su esposo en
cada rincón de su casa en Irlanda, le sugirió trasladarse a Valley Rose donde
vivía la hermana de milady y la familia de ésta, la cual podría ayudarla a
superar el duelo.
Lady Marian, hermana de lady Nora, era la condesa viuda de Valleyland, un
título que según le explicó lady Nora, formaba parte de la familia del
ducado de Chester, de hecho, lord Valleyland, hijo de lady Marian, era
primo del duque de Chester y, al parecer, uno de los más cercanos
miembros de su círculo pues no solo eran familia y amigos sino parte de
unida familia integrada por algunos de los nobles más respetados de las
islas. Lord Adrian, que así se llamaba el conde, era el mayor de tres
hermanos, lord David y lord Josh que eran los menores. Había asumido el
título hacía bastantes años, al poco de regresar de la contienda contra
Napoleón pues su padre, doliente de una larga enfermedad, finalmente
murió dejando una esposa, tres hijos y un título que él asumiría como parte
de un largo y antiguo legado.
Sobre el papel parecía una buena idea marchar a Inglaterra y facilitar a lady
Nora, a la que quería sinceramente, una recuperación más llevadera en
compañía de su única familia. Ahora, tras varias semanas instaladas en
Valley Rose, en una propiedad a menos de veinte minutos de la propiedad
del conde, empezaba a dudar de esa idea. El conde, que se había
autodenominado a sí mismo, nada más llegar ellas, como responsable de
ellas y su cuidado por ser “el cabeza de familia”, consideraba su deber
imponer su voluntad, cosa que a lady Nora no gustaba en absoluto y solía
hacer su santa voluntad como mujer adulta y capaz que era, no en vano
había sido muchos años esposa de un marino que se ausentaba por largos
períodos dejándola a ella como la única que decidía sobre cómo llevar su
casa, sus propiedades y su vida. Y ella, que tampoco era del gusto de
obedecer sin más la autoridad de un barón y menos de uno que le era ajeno
y desconocido, tampoco estaba dispuesta a plegarse a sus designios.
De momento, los pocos momentos tirantes mantenidos con el conde, con el
“mandón conde” como ya pensaba en él, habían sido capeados con cierta
diplomacia y un poco de tensión más, sin embargo, el empeño que él y la
condesa viuda empezaban a mostrar para que, una vez terminado el periodo
estival de la navidad, comenzase a prepararse para ser presentada en
sociedad en los salones de la nobleza en Londres en primavera, comenzaron
a ser un punto de constantes desencuentros especialmente porque ella se
negaba a viajar a Londres y menos aún ser presentada en sociedad. ¿Para
qué? Pensaba con mente fría. De sobra sabía que no debía casarse con un
noble ni un aristócrata pues no tardaría en correr riesgos de ser descubierto
su origen.
Suspiró pesadamente fijando los ojos en el retrato.
- ¿Qué puedo hacer, milord? Os prometí guardar secreto de mi pasado, pero
el conde y su madre insisten y lady Nora parece empezar a estar de acuerdo
con ellos. Si le confieso a milady la verdad quizás me odie.
Gruñó dejando caer al cabeza sobre la madera de la mesa, ladeó la cabeza y
vio el enorme montón de papel que constituía su nuevo cuento. Había de
mandárselo al abogado para que se lo hiciere llegar a los editores. Sería su
tercer cuento y parecían gustar pues después del primer libro le pidieron
otro y ahora sería su tercera historia publicada. Volvió a suspirar alzando la
cabeza. Otro secreto que tenía con lady Nora. Lord Phillip y ella llevaron la
publicación del libro en secreto pues solo el abogado sabía su identidad real
y el dinero que ganaba era depositado en una cuenta que lord Phillip le
abrió meses atrás. Ató las hojas y las guardó en una caja que envolvió en
papel de estraza antes de tomarla junto con la carta para el abogado. Al
pasar por los pies de la cama, tomó su capa y su sombrero.
Al bajar se encontró a lady Nora arreglando las flores que seguramente
había tomado del invernadero en un bonito jarrón. Era una de las cosas que
más gustaba a milady, ocuparse de esos sencillos detalles que daban vida a
su hogar. Se acercó a ella con una sonrisa y la besó en la mejilla tras dejar la
caja en la mesa sobre la que se encontraba el jarrón mientras se ponía la
capa y se anudaba el lazo del sombrero bajo la barbilla.
-Voy al pueblo a mandar al abogado los papeles que solicitó. -Al menos en
eso no mentía, también iban en la caja los papeles que había pedido con el
listado de los resultados de la siembra de esos meses.
Lady Nora asintió haciendo un gesto al mayordomo que ella conocía bien
indicándole que llamase a una doncella para que la acompañase.
-No… -Se quejó en una queja infantil que sabía inútil.
Lady Nora la sonrió y dijo, como desde que se habían instalado en
Inglaterra:
-Ya sabes que aquí no puedes ir correteando a tu aire sin compañía. -Rodó
los ojos con resignación-. Y no os dediquéis a enredar con los pillastres del
pueblo que luego el maestro me reprende porque mi hija revoluciona a sus
pupilos.
Emma se rio porque en los pasados oficios el maestro de la escuela local se
hubo acercado a ella conteniendo una airada diatriba en contra de su hija
consciente de que la posición de lady Nora era con creces muy superior a la
de él, aun así, le expresó su malestar por lo ocurrido días atrás cuando
encontró a los pequeños jugando tras la escuela a criquet con ella y con
Dulcy, la doncella que desde pequeña la hubo acompañado y cuidado y,
aunque la adoraba y solía acompañarla en muchas de sus travesuras, no
gustaba que desde que se instalasen en Valley Rose tuviese que
acompañarla constantemente como si fuere una niña pequeña.
-Mamá, -la llamaba así para ablandar su corazón si bien lady Nora lo sabía
y solía fingirse conmovida por sus intentos de enredarla-, no revoluciono a
los pequeños, solo les ayudo a expresar su efusividad cuando no están en la
escuela. Son niños. -Sonrió divertida.
Lady Nora suspiró negando con la cabeza:
-Al menos, intenta que no te vea ese hombre pues realmente agotaría con su
pesado parlamento incluso a las piedras.
Emma se rio dándole un rápido beso tomando la caja saliendo casi a la
carrera.
-Dile a Dulcy que la espero en el establo pues pediré que preparen la calesa.
-Dile a Stuart que os lleve él.
-Stuart tiene cosas mejores que hacer y yo sé llevar perfectamente la
calesa… -Respondía sin detenerse y sin darle oportunidad de réplica pues se
alejó a toda prisa.
-Esta niña… -Suspiró negando con la cabeza girando el rostro para mirar a
Bronson, el que fuera uno de los marineros más curtidos de su esposo y que
con los años, puesto que una herida en una batalla le hubo dejado una ligera
cojera y quedó impedido para seguir trabajando en barcos, había pasado a
formar parte de la familia asumiendo el papel de mayordomo, aunque era
más bien un cuidador de las dos damas de la familia.
-Sí, milady, diré a Dulcy que acompañe a la señorita. -Se apresuró a decir
sin necesidad de que llegase a ordenárselo sonriendo ligeramente pues
siempre se divertía en extremo con su traviesa pelirroja, como la llamaba de
pequeña.
Estaba dejando la caja en el sillón de la calesa cuando vio acercarse dos
caballos y al fijarse bien vio que eran el conde y su hermano menor, lord
Josh. Suspiró porque como se le ocurriese decir que no era decoroso que
fuesen ella y la doncella solas al pueblo empezarían a discutir. Decidió no
hacerse notar y con suerte no mirarían en dirección a los establos.
Se equivocó. En cuanto el conde descendió del caballo en la rotonda de la
entrada a los pies de la escalera de mármol que llevaba a la puerta principal,
giró la cabeza como si supiese que estaba en esa dirección fijando los ojos
en la calesa que estaba ante el establo.
No se movió, fingió no darse cuenta y no mirar hacia allí hasta que él
comenzó a subir las escaleras con su hermano caminando junto a él.
-Maldita sea… si Dulcy no aparece pronto marcharé sin ella.
Adrien, lord Adrien, conde de Valleyland, no estaba de buen humor, llevaba
semanas sin estarlo. La llegada de su terca tía y esa ahijada carente de la
capacidad para escuchar y menos seguir consejo alguno, había logrado
ponerle de mal humor en demasiadas ocasiones en esas semanas. Su tía
Nora, hermana de su madre, era aún más terca e ingobernable que su madre
y, lo peor, al haber enviudado, él como cabeza de familia, debía asumir el
cuidado y protección de ambas pues era su deber y por su honor lo asumía,
no obstante, aquello se había convertido no solo en fuente de quebraderos
de cabeza, sino que, también, era una ardua tarea dado que ninguna de las
dos era dada a atender a razones. El más reciente ejemplo era el negarse a
pasar las fiestas con todos en Chesterhills, como el resto de la familia,
alegando que, al ser sus primeras fiestas tras la muerte del esposo y padre
de estas, querían pasarlas en tranquila reserva y, aunque esa razón le
impidió insistir en que acudieren, no por ello le gustó menos el que no
acudieren sabiéndolas solas en tan señaladas fiestas. Ahora, a instancias de
su madre y del resto de las damas de la familia, de las temibles damas de la
familia, especialmente de la duquesa viuda, su tía Olivia, y de la esposa de
Sebastian, la imperiosa Alejandra, duquesa de Chester, iba a llevar a su tía y
su ahijada a cómo diere lugar a pasar la jornada en Chesterhills con el resto
de la familia pues iban a almorzar en la mansión ducal.
Subía la escalera entrecerrando los ojos sabiendo que quién estaba tras la
calesa era Emma… ¿a dónde iría? ¿Y no pensaría ir sola? La creía muy
capaz, pues había demostrado que tenía la costumbre de moverse a sus
anchas sin compañía lo cual era algo que su madre y él mismo habían
insistido a su tía Nora no debía hacer pues ya no estaban en el pequeño
condado irlandés donde todos los vecinos se conocían y cuidaban unos de
otros.
-Voy a ver los caballos. -Exclamó Josh antes de llegar a la mitad de la
escalera corriendo en dirección a los establos sin esperar respuesta a lo que
claramente no había sido una petición.
Suspiró pesadamente rodando los ojos antes de seguir cruzándose, justo al
alcanzar el arco de la puerta principal que permanecía abierta, con una
doncella que tras hacer una rápida cortesía siguió su camino hacia el
exterior. Al ver al mayordomo de la casa acercarse presto entró y empezó a
quitarse sombrero y gabán que dejó en manos de uno de los lacayos. Sin
esperar nada más, lo condujo hasta su tía Nora que cortaba unas flores en el
invernadero. Suspiró para sí pues desde un primer momento le extrañó ese
personaje que hacía las veces de mayordomo que parecía contar con el
cariño de las dos mujeres de esa familia que lo trataban con mucha
familiaridad. Más tarde supo que había sido uno de los tripulantes en los
navíos de lord Phillip, lo cual explicaba no solo la relación con la familia,
como algunos otros miembros del servicio que las hubo acompañado a su
nuevo hogar, sino también el aspecto y modales siempre correctos, pero al
mismo tiempo, siempre desconfiados para con extraños, como si se
impusiere velar por sus dos señoras.
-Buenos días, tía. -La saludó con una ligera cortesía y un beso en la mejilla
como era costumbre en su familia-. Espero no os moleste mi visita sin
anuncio. Venimos para invitaros al almuerzo en Chesterhills. Las duquesas
lo han ordenado. -Sonrió travieso haciéndola reír.
- ¿Por qué dices venimos si estás solo?
-Josh está en los establos imagino que con el jefe de las cuadras
enredándolo para que le deje montar en uno de esos sementales que poseéis.
Al parecer, son mejores que los que un torpe carente de conocimientos
como yo soy capaz de elegir.
Lady Nora se rio porque el hijo pequeño de su hermana era un trasto que no
dudaba en burlarse de sus hermanos sin importar su posición ni edad.
-Bien, si lo dice un joven tan perspicaz como Josh, no seré yo quien lo
rebata.
Adrien rodó los ojos con impaciencia.
-Tía… -Tomó su mano posándola en su manga para acompañarla a un
salón-. Bien, entonces, ¿me dejaréis acompañaros a Chesterhills?
-Tendremos que esperar que Emma regrese del pueblo. Me temo acaba de
salir.
Adrien suspiró porque supo que debía haberla detenido sabiéndola tras la
calesa.
-No lo habrás dejado marchar sin compañía, ¿verdad?
Lady Nora sonrió:
-Adrien, querido, deberías empezar a asimilar de una vez por todas que ni
Emma ni yo somos dos apocadas damas que necesitan vigilancia y cuidado
constante, más, aun así, no has de preocuparte, sí, ha ido acompañada por
su doncella. Acércate al llamador y pide una bandeja de té mientras
esperamos que regrese Josh y después Emma.
- ¿Puedo preguntar qué ha ido a hacer tu ahijada al pueblo? -Preguntaba
mientras obedecía y tiraba del llamador.
-Enviar unos documentos al abogado de Phillip. Ya sabes que era un
hombre muy cuidadoso con sus asuntos y antes de dejarnos se aseguró no
solo de dejarnos en buenas manos sino de ensañarnos a ambas cómo
asegurarnos que somos nosotras las que atendemos nuestros asuntos y
vigilamos lo que otros hacen par a nosotros.
-Tía, sabes que siempre podrás contar con nosotros y que si necesitas
cualquier cosa solo has de pedírmelo.
-Lo sé, lo sé… Ahhh Bronson ¿podrían traernos una bandeja de té?
Asegúrate que ponen esos bollitos de canela que tanto gustan a Emma ya
que lord Josh está en la cuadra y se unirá a nosotros enseguida.
-Sí, milady.
En ese momento Emma ya se encontraba camino de Valley Rose pues
apenas hubo saludado a lord Josh que se acercó a la carrera alcanzándola
antes que Dulcy y después de dejarse embromar por él unos instantes, lo
que le hizo reír pues ese pequeño era un truhan que a sus once años lograría
engañar al mismísimo diablo. Con sus enormes ojos azules, idénticos a los
de lady Marion y lady Nora y ese cabello espigado y esa facilidad para
encandilar a propios y extraños con su sonrisa traviesa y su lengua
vivaracha.
-Dulcy, en cuanto dejemos esto en la oficina de envíos, tú y yo nos
premiaremos con una cajita de esos chocolates tan deliciosos que venden en
la calle mayor. Nos merecemos un premio. -Sonrió encantada azuzando a
los dos caballos de la calesa mientras de soslayo veía a Dulcy sonreír
negando con la cabeza.
Dos horas más tarde entraba tarareando en el salón en que el imaginaba
estaba lady Nora. Su viaje al pueblo, el pequeño paseo que hubo dado con
Dulcy por las calles saludando a algunos de los lugareños pues en esos
meses había hecho migas con algunos de los habitantes del pequeño
pueblecito y el haber entrado en la bombonería a comprar los dulces que
tanto le gustaban, había logrado mejorar su humor extraordinariamente.
-La señora Spencer me ha interceptado en la calle mayor. Es implacable.
Me ha recordado que nos comprometimos a llevar a la subasta de caridad
del domingo un par de dulces para la mesa de tartas. ¿Habría sido descortés
decirle que incluso prometíamos tres o cuatro dulces más si ella nos
correspondía con la promesa de no llevar eso que tiene la osadía de llamar
pudin de crema? -Iba preguntando mientras iba con la vista fija en el
paquete que sujetaba entre las manos-. Dulcy y yo nos hemos detenido en la
bombonería y hemos comprado los chocolates de licor que tanto os gustan y
unos de almendras que están deliciosos. -Al alzar la vista casi alcanzando
los sillones junto a la chimenea vio junto a lady Nora al conde y a su
hermano que jugueteaba con su conejo. Un animal enorme para su especie y
que ella había convertido en su más adorado compañero en esos dos últimos
años-. Milores. -Se apresuró a hacer una rápida reverencia antes de
inclinarse para besar a lady Nora en la mejilla.
-Cariño, Adrien y Josh han venido para acompañarnos a Chesterhills pues
sus excelencias nos han invitado al almuerzo.
- ¿Ah? -La miró sorprendida-. ¿Hoy?
Josh se acercó tomando la caja de bombones cambiándosela por Mr.
Carrots, nombre puesto porque lord Phillip la llamaba desde niña Miss
Carrot por su cabellera pelirroja, y su mascota era como ella, de un intenso
naranja.
- ¿Puedo comer uno? -Preguntaba Josh abriendo la caja sin esperar siquiera.
Emma sonrió pegándose a Mr. Carrots al pecho con las dos manos.
-Podéis, pero aseguraos de comer de los que no llevan licor.
Josh se reía dejándose caer en un puf con la caja abriéndola rápidamente.
-Si llego a Chesterhills beodo, seguro Sebastian te da un golpe en la cabeza
por permitirlo -Se burló mirando a su hermano metiéndose un bombón
entero en la boca.
-No llegaría a verte, mentecato, porque te mandaría a casa, después de ser
yo el que te dé a ti en la cabeza.
Josh se rio:
-Por suerte para los dos, de momento solo he comido de almendras. -Giró el
rostro alzando los ojos a Emma que tomaba asiento dejando a Mr. Carrots
en su regazo-. Es el conejo más gordo que he visto nunca.
Emma se rio:
-Pues no sabría deciros pues no sé qué clase de conejos habéis conocido,
milord, más, puedo admitir que Mr. Carrots es comilón. -Un carraspeo de
lady Nora le hizo sonreír-. Bien, y también confieso que suelo dar muchos
caprichos a mi gordo conejo.
Josh se rio antes de llevarse otro bombón a la boca.
-Josh, deja de comer bombones. Te has zampado todos los bollitos de la
bandeja de té y ahora tragas bombones como si nada. Acabarás con
empacho. -Se quejó Adrien con voz cansina.
Josh sonrió con inocencia antes de dejar la caja encima de la mesa no sin
antes tomar otros dos.
-Hemos venido a caballo, pero si quieres os acompaño en el carruaje de
camino a Chesterhills y me contáis algún secreto con el que poder lograr
que el jefe de estas cuadras me deje montar alguno de los caballos de lord
Phillip.
Emma se rio negando con la cabeza:
-Stuart no tiene secretos, es un libro abierto. Además, jamás revelaría sus
secretos de tenerlos para que vos le podáis chantajear para saliros con la
vuestra. Antes tendríais que torturarme. -Le sonrió alzando varias veces las
cejas con gesto travieso.
Josh se rio poniéndose en pie tomando de nuevo su conejo de sus manos.
-Pensadlo mejor, ahora tengo a vuestra mascota entre mis manos. -Dijo
poniendo cara y voz fingidamente maquiavélica.
Emma se rio poniéndose en pie de golpe lo que hizo Adrien por cortesía.
-Andad, traed, milord torturador. -Le quitó el conejo de las manos riéndose
antes de girar y mirar a lady Nora-. Voy a asearme para el almuerzo.
-Puedes aprovechar para llevar a su excelencia el libro de plantas que has
traído de casa. Seguro así podéis intercambiar secretos de vuestros
invernaderos.
Emma asintió.
-Le llevaré además un par de esquejes de Aulagas[i]. Sé que le gustaron
mucho la vez que vino a visitar mi invernadero. -Contestó caminando ya
hacia la puerta. Al alcanzar ésta le hizo un gesto a Bronson con la cabeza
para que le siguiese y enseguida lo comprendió siguiéndola. Cuando
alcanzaron las escaleras giró y lo miró-. ¿Solo han venido a invitarnos al
almuerzo en Chesterhills? -Preguntó con desconfianza.
Bronson asintió:
- ¿Qué te preocupa, niña?
Emma suspiró encogiéndose de hombros:
-Que el conde y su madre sigan insistiendo con marchar a Londres para la
temporada. Desde que acabaron las fiestas navideñas no han vuelto a
mencionarlo, pero sé que no se han dado por vencidos. Quizás buscan que
las duquesas y el resto de su familia les apoyen en esto y nos presionen.
Bronson entrecerró los ojos:
-Niña, milady quiere lo mejor para ti y si ir a Londres es bueno para tu
futuro iréis a Londres, pero dudo te obligue a nada que no quieras. Quizás,
debas contarle lo que temes.
Emma negó con la cabeza:
-Se lo prometí a lord Phillip y no he de faltar a mi palabra. Además, lord
Phillip nos advirtió del peligro ¿y si todavía existe ese peligro? Mientras
estábamos en Irlanda, como siempre decía, ese peligro era menor y creí que
si nos trasladábamos a un pequeño pueblo de Inglaterra no pasaría nada,
pero ¿cómo imaginar que la familia de milady es una de las más conocidas
de la nobleza? No pasaría desapercibida si soy presentada auspiciada por
ellos.
Bronson gruñó llevándose la mano a la nuca en un gesto que ella conocía de
preocupación.
-Niña, no creo que faltes a tu palabra si hablas con milady, al fin y al cabo,
como dices, se trata de algo que puede ser peligroso. No solo es tu vida la
que correría peligro sino la de milady y cuántos te rodeen.
-Lo sé. -Suspiró pegándose al cuello a Mr. Carrots sintiéndose culpable ante
la idea de que lady Nora corriese peligro por su culpa. Finalmente asintió
con gesto firme y mirándolo añadió-: Está bien, si aún insisten en marchar a
la presentación hablaré con milady.
-Bien, pues ahora, sube y vístete. No hagas esperar al conde y su hermano.
- ¿Darás de comer a Mr Carrots? -Preguntaba ya subiendo las escaleras.
-Niña, porque no coma de aquí a unas horas no se morirá. Tiene reservas
suficientes en su mullido cuerpo para no pasar hambre una buena
temporada.
Emma se rio:
- ¿Mullido? -Preguntaba divertida mirándolo por encima de su hombro.
Josh que permanecía escondido tras un enorme macetero se escabulló
discretamente para que no le vieren. ¿De modo que la señorita Emma tenía
un secreto y era peligroso? Pensaba sentándose en un sillón sin prestar
atención a la conversación entre su hermano y la tía Nora. Iba a tener que
hablar con Rupert, Teresa y Camile. Entre los cuatro averiguarían el secreto
y podrían ayudar a la tía Nora y a la señorita Emma… Sí, en cuanto llegase
a Chesterhills les contaría todo y entre todos lo averiguarían. Sonrió y
asintió en silencio con un sencillo golpe de cabeza como si así se
confirmase mejor su acierto.
-Josh, ¿por qué asientes? ¿No me digas que estás de acuerdo con ofrecer a
la señora Preston ayuda en su jardín?
Josh frunció el ceño y resopló:
- ¿Por qué iba a hacer eso? La señora Preston nunca nos deja probar su tarta
de calabaza en la feria del condado.
Adrien se rio sabiendo que no le había estado escuchando, pero aun así
quería saber que le había distraído y por su gesto terco sabía que estaría
planeando un enredo.
Camino de Chesterhills observaba de soslayo a la pupila de su tía dentro del
carruaje charlando con su tía. Él y Josh iban sobre sus caballos cabalgando
junto al carruaje. Había algo en ella que de algún modo siempre le ponía de
mal humor. Quizás esa manera terca de llevarle la contraria por norma o
quizás, el saber que lo ignoraba con intención obviando su presencia tras
hacer una formal cortesía de saludo, como un rato antes en la casa de su tía
Nora.
Josh había congeniado rápidamente con ella. Desde el primer día pareció
caerle en gracia y solía verla reírse con su hermano pequeño. David, de
veinte años, también parecía agradar a la joven. Conversaban sobre libros,
sobre animales, pues David tenía buena mano con todos ellos sin importar
especie o raza, y ella, al haber crecido en un pueblo irlandés, cerca de un
bosque, estaba más que habituada a todo tipo de animales, no solo de granja
o de compañía. De hecho, el que le gustasen tanto los animales y las plantas
le había granjeado también la simpatía de Alejandra, la duquesa de Chester,
y de Teresa, la hermana menor de la duquesa, las dos fieras españolas como
solían llamarlas, y no era raro verlas conversar y pasear por los alrededores.
En cuanto llegaron a Chesterhills, Josh saltó del caballo saliendo como
alma que lleva al diablo escaleras arriba sin esperar nada más. El esperó
junto al carruaje mientras las damas bajaban ayudadas por un palafrenero,
ofreciéndole de inmediato su brazo a su tía.
-Uy, parterres nuevos. -Escuchó a su espalda antes de girar el rostro y ver a
Emma salir presta en dirección a los jardines de la entrada donde veía a un
par de jardineros.
Gruñó y enseguida su tía se rio entre dientes por su gesto:
-Vamos, Adrien, déjala. Seguro que les sonsaca algún secretillo a los
jardineros que luego me resultará muy útil para mis jardines.
Adrien suspiró empezando a subir la escalera con ella mientras la veía,
atravesar los jardines frente a la casa con paso decidido deteniéndose
precisamente frente a unos parterres y un jardinero acercarse presto hacia
ella.
-Milady, un placer teneros en nuestra casa.
Se apresuró a saludarla Alejandra con un bebé en brazos haciendo a Adrien
elevar las comisuras de los labios. Los gemelos de Sebastian y Alejandra,
lord Andrés y lady María, pues la fiera duquesa española había decidido
que los nombres de sus primogénitos se dirían en español, no pasaban
mucho tiempo con las niñeras, más al contrario, parecía que éstas estaban
siempre ociosas pues la duquesa o el propio Sebastian, no gustaban alejarse
de sus hijos y no era extraño verlos con ellos en brazos, como en ese
momento, o paseando o incluso tumbados en algunas de las alfombras de
Aubussom jugando con ellos.
- ¿Y la señorita Emma? -Preguntó extrañada mirando tras ellos.
-Se ha quedado viendo unos parterres en la entrada. -Contestó él con aire
cansino.
-Muy observadora. -Sonrió Alejandra encantada de la vida lo que le hizo
rodar los ojos con resignación-. Son unas nuevas piezas de piedra que nos
han traído y he aprovechado para que cultiven Fressías.
Adrien suspiró negando con la cabeza:
-Duquesa, sois asesinable… -Contestaba dejando a las dos mujeres mientras
él caminaba hacia el fondo del salón en el que se encontraba el resto de la
familia.
-Espero que eso sea una broma o le diré a mi cuñada que te dispare con su
tirachinas y te recuerdo que tiene una puntería envidiable con ella. -
Señalaba Sebastian de pie mirándolo burlón mientras en sus brazos sostenía
otro de los bebés.
Adrien suspiró acercándose para ver el rostro del bebé y no pudo evitar
sonreír. La pequeña Maria era un calco de la hermosa duquesa y a la
hermana pequeña de esta, Teresa.
-Veo que sigues sin poder separarte de ninguna de tus damas ni un palmo.
Sebastian se rio.
-Mejor di que mis damas son incapaces de separarse de mis brazos. Mi
pequeña Mary llora en cuanto la coge en brazos alguien distinto a su
augusto padre. -Un carraspeo al fondo lo hizo sonreír para de inmediato
decir-: Mi pequeña María.
-Eso. -Confirmó Alejandra acercándose-. ¿Y qué es esa patraña de que llora
cuando no la coges tú? Adora estar en brazos de su madre.
Sebastian se rio inclinándose ligeramente besándola en la frente cuando la
tuvo a su lado:
-Bien, pues entonces solo llora cuando está en brazos ajenos a sus padres.
-Mejor que Teresa no te oiga decir eso. -Se rio Alejandra.
Adrien miró en derredor buscando precisamente a la mentada y al resto de
los niños.
- ¿Dónde están los niños?
-Josh ha entrado yendo directo hacia ellos y como si hubiese fuego en algún
lado, han salido a la carrera los cuatro sin esperar siquiera a decirnos dónde
iban.
- ¿Qué estará maquinando esta vez? -Preguntaba entrecerrando los ojos
pensando que Josh cuando se ponía a enredar con sus primos era un serio
peligro.
-Sea lo que sea, seguro no tardamos en enterarnos. ¿Te has dejada olvidada
a la señorita Emma, mentecato? ¿Otra vez has discutido con ella?
Adrien gruñó:
-No he discutido con ella y para tu información, duque del demonio, se
halla, por lo que parece, deslumbrada con los nuevos parterres de la
duquesa que ha ido a inspeccionar por sí misma.
Sebastian se carcajeó:
-Se te ha escapado, ¿eh conde? -Preguntó a su espalda “el doctor Roberto”
como aún gustaba ser llamado y no por su título que no era sino de conde
Vrolier, hermano de Alejandra y esposo, a su vez, de Alexa hermana menor
de Sebastian, aunque muchos en la familia le llamaban Cam.
-Doctor, no me obligue a pegarle en presencia de las damas de la familia
pues os recuerdo que seréis mejor espadachín y tirador, más, en boxeo sigo
siendo el más diestro de los presentes.
Cam se carcajeó y el pequeño Andrés empezó a llorar.
-Mentecato. -Masculló Sebastian.
-Ven, mi hermoso duque, tu tío Cam va a cuidar de ti. -Iba diciendo
mientras tomaba de los brazos de Alejandra al bebé comenzando a mecerlo.
-Mentecato, mi pequeño es el futuro duque. Aún estoy en la tierra de los
vivos. -Se quejó Sebastian.
En ese momento entró Emma en la sala y tras una cortesía a todos los
presentes se acercó a ellos obviando, como era su costumbre, a Adrien para,
sonriendo, tomar de los brazos de Cam a Andrés, que aún lloraba.
- ¿Qué le pasa al caballero más bonito del mundo? ¿Te ha hecho llorar este
galeno amenazándote con una inyección?
Cam se carcajeó:
-Señorita Emma es hora de dejar atrás el pasado y de echarme en cara cada
vez que me ve ese episodio.
Emma bufó:
-Ni siquiera esperó a que pudiese defenderme, me atacó a traición.
Cam se carcajeó:
- ¿A traición? ¿De veras? Yo no lo recuerdo así.
-Pues yo sí, que es lo importante. -Respondió ella con terquedad.
Alejandra se reía porque recordaba el día en que conoció a Emma. Acababa
de llegar a Valley Rose con Lady Nora y el viaje había sido duro pues
tuvieron muy mal tiempo gran parte de este y Emma acabó seriamente
acatarrada y para ayudarla a bajar sus fiebres crearon un pequeño remedio
con hierbas, pero como no había forma de que ponérselo pues le asustaban
en extremo las agujas, Cam tuvo que aprovechar un momento de descuido
para ponérselo sin que la viera.
- ¿Qué os han parecido mis Fressías? -Preguntó sonriendo.
Emma le correspondió la sonrisa sin dejar de mecer al bebé.
-Son preciosas, pero me ha dicho Billy que seguramente no aguanten con el
frío que hace aún y que tendrá que replantarlas en verano. Y mientras tanto
podréis usar para esos mismos parterres los bulbos que os he traído.
Aulagas de Wicklow.
-Oh ¿de veras? Gracias. -Sonrió y Sebastian se rio entre dientes.
-No mostraste tanto entusiasmo cuando te entregué la tiara de esmeraldas de
las duquesas de Chester.
Alejandra se encogió de hombros.
-Es muy bonita pero solo son piedras. Esto son flores, flores que cuando
hace calor desprenden un suave aroma a coco.
Sebastian de nuevo se rio.
- ¿Coco? ¿De veras? Muy exótico para Chesterhills, ¿no crees fierecilla?
Alejandra sonrió:
- No tanto como las palmeras que plantaré por toda la parte sur de los
jardines. -Lo miró desafiante y divertida.
Entraron los niños por las puertas francesas que daban a los jardines y con
cara de estar tramando algo se acomodaron cerca de la chimenea para jugar
a los palillos chinos mientras Emma con Alejandra, que había tomado a su
hija de los brazos de Sebastian paseaban por el salón adormeciendo a los
niños.
Adrien que observó unos segundos a los niños sabiéndolos con alguna
trastada en mente frunció el ceño al ver a la pequeña Teresa acariciar de
modo inconsciente el pequeño colgante con una perla negra que Gregory,
otro de sus primos y hermano de Lucas, conde de Cornelly, le hubo enviado
desde las Indias, donde había marchado hacía varios meses.
- ¿Sigue el pequeño trasto añorando tanto a Gregory?
Sebastian giró el rostro siguiendo la dirección de su mirada y suspirando
asintió:
-Tiene días malos, pero al menos ya no se pasa días enteros sin comer. -
Recordó las primeras semanas desde la partida de Gregory en que la niña
estaba tan triste que solo lloraba y no quería ni salir de su habitación y la
situación no mejoró cuando empezaron a llegar las cartas y regalos de
Gregory pues tras cada carta la niña se paseaba como alma en pena por todo
Chesterhills.
-Imagino que no le habréis dicho que lo más probable es que Gregory se
pase al menos cinco años fuera, ¿verdad?
-Sabes que ese trasto es muy listo y dudo no sea consciente de ello. Por eso,
opino, está tan apenada. De todos modos, ¿cómo explicarle que quizás sea
lo mejor? Ella es muy joven aún y Gregory necesitaba darle tiempo para
crecer y que el cariño que ahora sienten, si es lo que ha de pasar, lleve a otro
tipo de sentimientos y relación.
-Pues, como Lucas le advirtió, espero que no decida regresar muy tarde
perdiendo toda oportunidad con ella. Después de todo, tu pequeña cuñada
no solo será una belleza como tu esposa, sino que tiene la inteligencia y el
encanto para encandilar a cuando caballerete se le ponga por delante.
Sebastian chasqueó la lengua antes de desviar los ojos a su esposa al
escuchar la risa de ésta a lo lejos.
-Creo que eres el único con el que la señorita Emma discute pues con mis
damitas y el resto de la familia ha congeniado a las mil maravillas.
-Con mi madre no discute, pero disimula mal que no le agrada alguna de las
cosas que sugiere, especialmente la idea de presentarla esta temporada en
Londres.
Sebastian suspiró negando con la cabeza:
-Estaremos encantados de auspiciar su presentación, bien lo sabes y más
aún mi madre, más, ¿no crees que si no desea ser presentada aún no
deberías presionarla? Hace solo unos meses que murió el que consideraba
su padre. Quizás un periodo de luto no esté de más.
Adrien se rio:
-El luto, que sin dudar sea sincero tanto en ella como en mi tía, ambas lo
alegaron la primera vez que se negó, pero mi tía comprendió enseguida que
habrán pasado los suficientes meses y que retrasar su presentación en nada
la beneficia. Además, algo me dice que el motivo es mucho más sencillo.
Aun siendo ahijada de lord Phillip y auspiciada por todas las familias del
ducado de Chester, no hemos de ignorar que muchos le echarán en cara no
tener un origen cierto o al menos conocido y quizás eso, además de recelos,
provoque que muchas lenguas maledicentes la lleven a tener que soportar
susurros, feas palabras e incluso desconfianzas.
Sebastian entrecerró los ojos unos instantes antes de mirarlo serio:
- ¿Y por qué no averiguas todo lo que puedas de la joven antes de
presentarla? Quizás conocer su pasado permita evitarle esos desaires y
malos modos de aquéllos más mezquinos y envidiosos.
- ¿Crees que no lo había pensado? Mi tía solo sabe que lord Phillip regresó
con ella en brazos cuando apenas contaría con cinco años y desde entonces
para ella nada más importaba. Lo único que su esposo le contó fue que en
un barco inglés que había sido atacado y que ellos consiguieron llegar justo
a tiempo de salvar a los últimos supervivientes obligando a los piratas a
huir. Allí, en el barco, protegida por una moribunda niñera se encontraba
una niña pelirroja. Eso es todo lo que sabe mi tía, aunque sería más exacto
decir que era lo único que necesitó saber para decidir quedarse con la niña
sin más.
- ¿Crees que lord Phillip ignoraba quién era la niña o quizás lo sabía y
decidió ignorarlo?
-No sabría decir… Pero sin dato alguno de quién era o quién la acompañaba
en ese viaje, ¿cómo averiguar quién era antes de ser Emma, la protegida de
lord Phillip?
Sebastian se quedó unos segundos, meditabundo.
-Imagino que habrá registro del barco del que lord Phillip rescató a la niña.
Adrien entrecerró los ojos.
-Quizás sí los haya. En la Comandancia de Marina.
- ¿Por qué mencionáis la Comandancia de Marina?
La voz de Christian les hizo a los dos girarse topándose con él y con
Allegra, su esposa, que llevaba del brazo y que en ese momento
mordisqueaba una galleta lo que desde hacía unos días era muy habitual
verla pues su embarazo empezaba a notarse y también su ya de natural
nerviosismo.
-Pues… -Adrien miró a Allegra que rodó los ojos suspirando.
-Sí, sí, pesados, ya me voy… de todos modos quiero más galletitas de estas
y también voy a pasear a Forza.
Christian la besó en la sien sonriendo antes de que girase haciendo un gesto
que el perrito de su hermano Máximo obedeció presto.
-De modo que ese enano italiano ha regresado a la escuela. -Sonrió Adrien.
-Y por la cuenta que le trae, es mejor que no se le ocurra ninguna maldad
que obligue a su hermana, o peor aún a Davenport, tener que ir a la escuela
a sacarle del aprieto.
Sebastian se carcajeó porque el joven cuñado de Christian era tan inquieto e
incisivo como su esposa y solía pergeñar verdaderas trastadas.
-Bien, ¿qué es eso que los oídos de mi esposa no han de oír sobre la
Comandancia de Marina? Aunque ya os advierto que despierta su
curiosidad no cejará hasta saber qué es lo que tramáis.
Adrien rodó los ojos con resignación porque Sebastian, Christian y Lucas,
desde que se hubieron casado parecía embobados con sus esposas y no eran
capaces de guardar secreto alguno con ellas y encima, con lo inteligentes
que eras tanto Alejandra como Allegra como Ashton, se veían desbordados
por ellas a la primera ocasión.
-Qué obtusos os ha vuelto el matrimonio… -Se quejó haciéndolos reír-.
Tratamos de averiguar algo sobre el pasado de la señorita Emma antes de
caer en manos de lord Phillip. Seguimos intentando que sea presentada pero
no parece muy interesada en el asunto y empiezo a sospechar que es porque
desconoce su pasado lo que quizás sea motivo de recelos en otros y ella ha
de intuirlo.
-Umm, pues si sus sospechas de ser objeto de chismes y malintencionadas
palabras es su motivo para no querer ir a Londres, no seré yo el que le lleve
la contraria. Bien sabes que la nobleza puede ser despiadada sobre todo con
aquéllos a los que considere intrusos o simplemente de quiénes ignore su
pasado pues imaginarán las cosas más horribles y ahondarán en ello a la
menor oportunidad y más las palomitas y sus madres si la creen una digna
rival para sus intereses, lo cual, dado su aspecto y cualidades, no dudo sea.
Su cabellera rojiza y sus ojos verdes harán que muchos caballeros se fijen
en ella de inmediato lo que pondrá en alerta a las demás que la considerarán
una seria rival.
Adrien giró ligeramente el rostro y observó a la joven que paseaba con el
bebé en brazos con Alejandra a su lado. Sí, la ahijada de su tía era
realmente bonita y despertaría inmediato interés en muchos caballeros.
-Luego quizás el mejor método de protegerla sea conocer su pasado para
asegurarnos que nada ni nadie la daña. Si nada hay peligroso para su
reputación, podrá usarlo para defenderse y si lo hubiere, sabremos lo que
hemos de hacer para evitar que ese pasado la dañe.
- ¿Y qué tiene que ver la Comandancia de Marina en esto?
-Lo único que sabemos es que lord Phillip encontró a la niña en un barco
que había sido abordado. Quizás si sabemos qué barco podremos dar con el
manifiesto de pasajeros y averiguar quién era.
-Umm… supongo que sí…
Escuchó un grito fuera y salió como alma que lleva el diablo sabiendo que
ese grito era de Allegra. Tras él salieron Sebastian y Adrien. Al alcanzar los
jardines corrieron hasta el cenador donde Christian sabía gustaba pasear al
perro. Se encontraron a Allegra subida en un banco de mármol sosteniendo
en sus brazos a su perrito mirando hacia los rosales.
- ¿Cielo? -Preguntaba Christian alcanzándola.
- ¡Sube! -Le gritó-. Hay una serpiente enorme ahí.
Christian se subió al banco para abrazarla mirando de soslayo a sus primos
que, con cautela, rodearon el banco con la vista fija en los rosales.
-Válgame el cielo. -Exclamó Adrien al ver la serpiente que se movía por los
rosales-. En mi vida he visto una cosa tan enorme.
Sebastian se giró hacia uno de los lacayos que les habían seguido y notando
que se acercaban los niños y algunos de los miembros de la familia.
-Que no se acerquen. Y traedme una pistola.
Enseguida los lacayos obedecieron mientras que Christian tomaba a Allegra
y la bajaba del banco alejándola.
-No te muevas de aquí. -Decía dejándola junto a los demás.
- ¿Qué ocurre?
-Hay una serpiente enorme en los rosales. Juro que parece un dragón. Al
menos mide 30 pies.
- ¿Y qué van a hacer? ¿Disparar? -Preguntaba Emma frunciendo el ceño.
-Pues eso espero. Esa cosa nos comería entera a cualquiera de nosotras. -
Respondía Allegra sujetando al perrito para que no se escapare.
-Pues no veo por qué matarla. La pobre no ha hecho nada malo, Además, si
es tan grande como decís, no ha podido llegar hasta aquí sola. Ese tipo de
serpientes son originarias del Amazonas y otras zonas tropicales.
Todas las damas se volvieron hacia ella alzando las cejas.
-Me gustan los animales. -Respondió a la pregunta no formulada-. Además,
vi una en un circo de esos ambulantes de faranduleros y gentes nómadas
que se estableció cerca de casa por unas semanas. -Negó con la cabeza
cediéndole el bebé a lady Alexa que en ese momento estaba de pie junto a
ella y caminó decidida hasta donde estaban los caballeros.
-Señorita. -Un lacayo se pudo delante de ella queriendo evitar que se
acercase más.
-Pero buen hombre, no me va a ocurrir nada. -Decía rodeándolo como si
nada.
-Pero, -Adrien gruñó al verla colocarse junto a ellos-. ¿Qué demonios
hacéis aquí?
-Evitad que la matéis. La pobre no ha hecho nada. Solo hay que atraparla y
entregársela a alguien que sepa qué hacer con ella.
- ¿Y ese alguien quién es? -Preguntó Sebastian de pronto divertido.
-Pues no sabría deciros. -Se volvió a encoger de hombros-. Imagino que el
que la trajese hasta aquí sería un buen candidato.
-Perdón. -La miraron los tres con el gesto de evidente de asombro.
- ¿Cómo que quién la trajese hasta aquí? -Preguntó Sebastian de pronto
tenso.
-Esa serpiente no es de aquí. Alguien ha tenido que traerla. Además, fijaos
bien en el rastro que deja al moverse. Es muy grande y pesada, se nota el
surco por el que serpentea. Y no veo mucho rastro de ello alrededor de ese
rosal ni por aquí cerca. Y dado que no vuela, la conclusión lógica es que
alguien la ha traído y dejado allí.
Los tres caballeros parpadearon, miraron la serpiente y después entre sí.
- ¿Y cómo pretendéis que atrapemos a esa cosa? -Preguntó Adrien con
ironía.
Emma sonrió:
-Pues quizás atrayéndola con algún cebo caliente. Eligen sus presas por el
calor que emiten.
Adrien parpadeó desconcertado y después mirándola fijamente preguntó:
- ¿Cómo diablos sabéis eso?
-Leo mucho, milord. Deberíais probarlo. Cultiva la mente, nos descubre
otros mundos, ideas e incluso detalles como que nos hallamos ante una
serpiente pitón, de un tamaño bastante destacado y que seguramente se
halle con hambre.
Sebastian tuvo que contener una carcajada por la mordaz replica de la joven
y la mirada desafiante que lanzaba a Adrien que si no se equivocaba estaba
a punto de soltar un exabrupto, pero se libró gracias a Allegra que, mirando
al animal con desconfianza, señalaba:
-Estupendo, pues a mí que no se acerque a ver si me zampa de un bocado.
Seguro que quería comerse a Forza. Y a mi perro no se lo come nadie.
Christian sonrió negando con la cabeza antes de girar hacia Sebastian.
-Bien, pues aun reiterando lo preguntado anteriormente ¿cómo lo
atrapamos?
-Excelencia, su pistola. -Señaló un lacayo con gesto serio, aunque aún no
había recuperado el resuello tras la carrera en busca de lo ordenado por su
señor.
-No, no… No podéis matarla.
-Es un animal peligroso. -Insistió Adrien tomando la pistola.
-No ha hecho daño a nadie. -Chasqueó la lengua al mirar el gesto
impertérrito del conde-. Bien, bueno, ciertamente en su naturaleza está
atacar si se siente amenazada o si tiene hambre, pero no podéis culparla por
su posible peligrosidad si no ha hecho nada para que la sintáis peligrosa.
Adrien gruñó y miró a Sebastian.
-Un poco de ayuda, su ducal presencia. -Añadía con sarcasmo.
Sebastian lo miró lanzándole una mirada inquisitiva, aunque no podía evitar
sonreír porque era evidente aquello le parecía divertido.
-Señorita Emma, aun queriendo ponerme de vuestra parte y salvar este
animal, no podemos ignorar que es peligrosa y que, además, no sabemos
qué hacer con ella si es que conseguimos atraparla.
-Pues, si no encontramos a su dueño, me la quedaré yo hasta que
encontremos un lugar al que llevarla.
-En ninguna circunstancia, Emma. -Se escuchó decir a lady Nora detrás.
-Pero, -Giraba como un resorte-, no es culpa suya…
-Ni mía tampoco y no pienso tener en mi casa a un bicho como ese. Piensa
en Mr. Carrots -Sonrió complacida sabiendo que la mención de su preciado
gato sería bastante para convencerla.
Emma entrecerró los ojos.
-Ese es un golpe bajo.
-Puede que lo sea, pero no querrás poner en peligro a tu mascota.
-No, pero tampoco matar a un animal inocente… -No había acabado de
decir eso cuando se escuchó un disparo a su espalda y al girar como un
resorte se encontró a lord Adrien con el brazo estirado y la pistola humeante
en su mano. Bajó los ojos a la serpiente y la supo muerta pues le hubo
disparado a la cabeza. Jadeó impresionada antes de levantar la vista furiosa
y mirar al conde enfadada y decepcionada-. No era necesario matarla,
milord. Habría encontrado alguna solución.
Adrien le entregó la pistola a un lacayo al tiempo que decía:
-Nos acabo de ahorrar muchos quebraderos de cabeza. -Giró y miró a
Sebastian que le miraba con las cejas alzadas-. Deberías averiguar cómo
llegó esa cosa aquí.
Emma giró empezando a caminar hacia la terraza llena de ira contra el
conde por haber disparado a un animal sin darle a ella la oportunidad de
encontrar un modo de sacarla de allí sin daño.
-Canalla sin escrúpulos… -Mascullaba una vez se hubo alejado-. Así nos
ahorramos quebraderos de cabeza… -Susurraba con gesto de contrariedad
imitando su voz.
-Bien, creo que si antes no conseguías mantener una conversación que no
acabase en discusión con cierta pelirroja, ahora no llegarás siquiera a cruzar
palabra alguna con ella sin que te lance miradas airadas y reprobatorias…
“canalla sin escrúpulos” -Dijo Sebastian divertido bajando la voz mirando a
Adrien.
-Haz que saquen ese bicho de aquí e intenta averiguar cómo esa cosa ha
llegado a los jardines, “excelencia” -Señalaba mirándolo con sorna y gesto
de enfado no contenido mientras empezaba a caminar hacia el grupo de
mujeres y niños que aún permanecían en los jardines. Al alcanzarlos miró a
su hermano Josh que estiraba el cuello intentando ver la serpiente y con
gesto serio señaló-: Ni se os ocurra acercaros a la serpiente. Regresad todos
a la casa.
-Pero si ya está muerta… -Se empezó a quejar, pero al ver la cara de su
hermano mayor suspiró-. Está bien… -Dio una patada al aire pateando
ligeramente el jardín antes de girar y mirar a sus primos Rupert Camile y
Teresa-. ¿Vamos dentro? Aún tenemos cosas que hacer.
-Cosas que hacer… -Adrien miró a su hermano alzando una ceja-. ¿Qué
cosas?
Josh le miró por encima del hombro pues ya había apurado el paso con sus
amigos para entrar en la casa.
-Cosas nuestras. -Respondía sin más.
Josh, Teresa, Rupert y Camile entraron por las puertas francesas que daban
a uno de los salones, lejos de los adultos y sentándose alrededor de una
mesa se miraron los unos a los otros.
-Tenemos que averiguar cuál es el secreto peligroso de la señorita Emma. -
Insistió el asunto que trataron nada más llegar él a Chesterhills.
-Repite lo que oíste. -Señaló Camile mirando a su primo con fijeza.
Josh se encogió de hombros.
-La señorita Emma se quejaba ante Bronson de que mi madre y Adrien
insisten demasiado sobre marchar a Londres para la temporada y de que ella
no quiere ir. Dijo que era peligroso, que pensó que trasladarse a un pueblo
pequeño no las pondría en peligro pero que relacionarse con nosotros al ser
conocidos entre toda la nobleza, la estaba poniendo en peligro a ella y a
todos los que la rodeasen. Decía que había prometido a lord Phillip guardar
su secreto.
-De modo que ella guarda un secreto que puede ponerla en peligro a ella o a
otros. -Reseñó Rupert.
-Pero ¿qué clase de secreto? ¿Sobre ella? ¿Sobre lord Phillip? ¿Sobre algo
que hicieren? -Preguntaba Teresa meditabunda.
-No lo sé, pero ha de ser importante para haber prometido no contárselo
siquiera a tía Nora que es su única familia. -Respondía Josh.
-Umm, es cierto… -Intervenía Camile levantándose y poniéndose a caminar
alrededor de la mesa-. Pero Bronson lo sabe.
Josh asintió:
-Eso significa que sería algo ocurrido antes de que lord Phillip dejara la
marina pues Bronson fue uno de los tripulantes de su navío ¿no es cierto?
-Bueno, no necesariamente. -Señalaba Teresa-. Al fin y al cabo, cuando lord
Phillip llevó a su hogar a Bronson lo que demostraba era tenerle confianza y
aprecio. Seguro que le contaría sus secretos incluso los que ocurriesen tras
su regreso, o incluso si se trata de algo que hiciere lord Phillip una vez en
casa, Bronson le ayudase.
-Sí, pero en tal caso ¿por qué sería peligroso para la señorita Emma? -
Preguntaba Camile.
-Porque quizás lord Phillip hizo algo por ella o para protegerla, pero,
entonces, ¿de qué la protegería? -Preguntó Josh.
-Tenemos que seguirla. -Dijo tajante Rupert poniéndose en pie-. Hemos de
investigarla.
Josh sonrió:
-Sí, quizás averigüemos lo que esconde.
-Lleva años oculto y ni siquiera lady Nora lo sabe, ¿creéis que solo
siguiéndola podemos descubrir de qué se trata? -Preguntaba Camile
mirando a los dos como si hubiese dicho la mayor de las tonterías.
-La interrogaremos. -Insistió Josh.
-Interrogarla… ¿Cómo? -Volvió a decir Camile mirándolo con impaciencia.
-Pues la atamos y le obligamos a decirnos lo que queremos.
- ¿A quién queréis atar, enanos descerebrados? -David entró en el salón
sorprendiéndolos y Josh saltando del asiento miró a su hermano mayor
entrecerrando los ojos:
- ¿Cuánto llevas ahí espiándonos?
David se carcajeó acercándose.
-Cómo si no tuviese mejores cosas que hacer que espiar a cuatro enanos
peligrosos. Vengo a informaros que en unos minutos será servido el
almuerzo pues acabo de ver cómo entraban los lacayos en el comedor.
-Uy, pues estupendo porque tengo hambre. -Empezaba a decir Rupert
caminando brioso a la puerta seguido por sus tres amigos.
-Alto ahí. -Les ordenaba David-. ¿A quién ibais a atar e interrogar?
-No seas entrometido. -Respondía Josh sin detener su paso mirándolo
orgulloso.
David se rio comenzando a caminar tras ellos en dirección al salón previo al
comedor donde estaría la familia sonriendo mientras metía las manos en los
bolsillos.
- ¿Qué ha sido ese escándalo ocurrido en los jardines? Cuando he llegado
los lacayos parecían nerviosos.
Josh se detuvo girando y esperando hasta que les alcanzase sonriendo:
-Adrien ha matado una serpiente. Era enorme, David. Al menos debía medir
100 pies.
Camile rodó los ojos deteniéndose:
-Es un exagerado, pero sí que es cierto que era enorme.
David se agachó tomando en brazos a su prima sonriendo:
- ¿Cómo de grande? ¿Tanto como tú?
-Mucho más. La han tenido que coger entre cuatro hombres.
David alzó las cejas mirándola:
-Estáis exagerando.
-No, no, de verdad, era enorme. -Insistía Camile rodeándole los hombros
pues la llevaba en brazos aún-. La señorita Emma ha dicho que era una
Pilón.
-Pizón. -Le corrigió Rupert.
-Pitón. -Señalaba Teresa negando con la cabeza-. Y la señorita tenía razón
al decir que es un animal que procede de países muy lejanos. ¿Cómo habrá
llegado hasta lo jardines? ¡Sebastian! -Corrió a por el duque, el esposo de
su hermana Alejandra en cuanto llegaron al salón previo al comedor y éste,
de pie junto a sillón que ocupaba su esposa que sostenía en brazos a uno de
sus gemelos mientras que Alexa sostenía al otro, alzó la vista sonriendo al
verla correré hacia ellos-. ¿Qué ha pasado con la serpiente? ¿Dónde está?
Sebastian rodó los ojos porque junto a ella llegaron los tres niños tan
ansiosos por saber.
-La han llevado a uno de los descampados del norte donde la quemarán.
- ¿La quemarán?
-Un animal muerto siempre atrae otros animales, mal olor e incluso
enfermedades. -Contestaba Cam por él acercándose a su hermana.
-Entonces ¿es cierto lo que cuentan estos enanos peligrosos? ¿Había una
enorme serpiente en los jardines? -Preguntaba David al alcanzarlos.
-Sí y hemos de averiguar cómo ha ido a parar a los jardines. -Contestaba
Sebastian aceptando la copa que le entregaba Adrien.
Teresa miró en derredor y preguntó:
- ¿Dónde está la señorita Emma?
Adrien rodó los ojos.
-Seguramente en algún lugar de la casa maldiciendo mi existencia.
Alejandra sonrió desde el sillón alzando los ojos hacia él:
-Y motivos tiene, “canalla sin escrúpulos” -Repitió las palabras que Emma
mascullaba al irse-. Has de reconocer que ni siquiera te molestaste en
averiguar un modo de atrapar la serpiente antes de matarla sin más.
Adrien gruñó:
-Ese bicho era un peligro para todos, incluidos los niños.
-Sí, sí, si nosotros te creemos, pero dudo tengas la simpatía de la señorita
Emma de ahora en adelante. -Se reía entre dientes Alejandra divertida.
-Como si la hubiese tenido en algún momento. Parece sentir una natural
animadversión contra mí desde el instante de conocerme.
David se rio.
-La culpa es tuya. Nada más descender del carruaje le ordenaste meterse en
la cama como si fuera una niña pequeña sin capacidad siquiera para decidir
si podía o no quejarse.
Adrien rodó los ojos:
-Venía seriamente enferma y te recuerdo que se pasó días en cama lo que
demuestra que tenía razón.
-Sí, sí, si nosotros te creemos. -Señalaba Davis trayendo las palabras de
Alejandra con un evidente retintín en ellas y en el tono empleado.
Josh, que escuchaba atento frunció el ceño antes de separarse de ellos y
caminar hacia la terraza decidido a encontrar a la esquiva señorita Emma.
La encontró en un saloncito sentada mirando el fuego encendido de la
chimenea y parecía pensativa. Se acercó hasta sentarse frente a ella
dejándose caer en el sillón de modo desgarbado.
-Sigues enfadada. -Dijo sin formalidad alguna.
Emma giró la cabeza y le miró unos segundos sorprendida de no haberse
dado cuenta de que hubiese entrado y tomado asiento frente a ella.
-No estoy enfadada. -Josh ladeó la cabeza alzando una ceja con cara de
evidente diversión-. Bueno, sí. -Suspiró negando con la cabeza-. No debería
haberla matado. Ella no tenía la culpa de haber nacido así.
Josh se levantó y se sentó en el brazo de su sillón mirándola con aire
travieso.
-No te enfades con Adrien. Solo estaba protegiéndonos. Es lo que hacen
siempre. Sebastian, Christian, Lucas, Calvin y Adrien son los que cuidan de
todos. Es su deber porque son los cabezas de familia.
Emma sonrió divertida y enternecida por el comentario.
-Supongo que tenéis razón, pero no me agrada que se haga daño a los
animales. Al menos si no es necesario pues sea inevitable por ser realmente
peligrosos para alguien.
Sonriendo Josh le pasó el brazo por los hombros como hacía con sus
amigos:
-Pues eso es lo que pensó Adrien, que era realmente peligroso para
nosotros. No os enfadéis con él.
Emma sonrió negando con la cabeza:
-Milord, sois un embaucador.
- ¿De veras? -Preguntó sonriendo con evidente orgullo.
-No era un halago, milord. -Contestaba riéndose mientras se ponía en pie
alisando su falda-. Será mejor que nos marchemos no hagamos a los demás
demorar el almuerzo por nuestra culpa.
-No creo ello acontezca. En esta familia abundan los comilones y no
demorarán su festín por nosotros. -Contestaba burlón empezando a caminar
hacia su lado en dirección a la puerta.
Emma se reía entrando con él en el salón donde estaba la familia reunida
tomando asiento junto a David que le cedió el lugar al verla.
- ¿De qué se ríe, señorita Emma? -Preguntaba.
-Un secreto entre vuestro hermano y yo, milord, y no sería honorable por mi
parte contároslo. Pero sí que puedo contaros que ya he recibido el ejemplar
del libro que deseabais leer de perros labriegos. Me lo enviaron desde casa
y ayer mismo me lo entregaron.
David sonrió:
-Eso significa que en breve podré lograr que los perros de pastoreo de
ValleyHills sean tan eficientes como los de la propiedad de tía Nora en
pocos días.
Emma se rio:
-No os engañéis, milord, y menos intentéis crear falsas esperanzas en
aquéllos que os escuchen. Hace falta mucho más que la lectura de ese
legajo para alcanzar mi destreza en el entrenamiento de los labriegos. Son
muchos los años de experiencia con los pastores irlandeses y sus perros los
que avalan mi buen hacer. -La sonrió arrogante y traviesa-. A lo sumo
considero que lord Julian podría estar a mi altura, claro que su especialidad
son los perros de caza.
Julian al escuchar que le mencionaban se acercó:
- ¿Me llamabais?
David que se reía aún por el comentario de Emma le miró negando con la
cabeza:
-Al parecer, la señorita Emma me considera incapaz de alcanzar su destreza
en el arte del entrenamiento de perros de pastoreo, siendo tú, primo, el
único a la par de sus capacidades, aunque, en tu caso, comparable solo en
cuanto a perros de caza.
-De mis labios no ha salido, milord, que no os considere capaz de alcanzar
mi destreza, más, sí que la simple lectura de un libro, por destacado y
detallado que sea el mismo, os permita alcanzar las mismas dotes que las
mías que son producto de muchos años de experiencia práctica y no solo de
aprendizaje mediante libros.
David sonrió divertido,
-Lo dicho, me considera incompetente a su lado, y al tuyo, primo, pues tú sí
eres ducho en la materia.
Julian sonrió:
-Y nada he de corregir o matizar en la certera opinión de la señorita Emma,
David. Es evidente que tú no estás a nuestra altura.
-Arrogantes. -Se rio David divertido.
-Llamad a la verdad arrogancia, milord, más eso no la cambiará. -Replicó
Emma antes de mirarle traviesa alzando varias veces las cejas.
-Señorita Emma. -La voz de Camile le hizo girar el rostro y mirarla-. Se
sienta conmigo en la mesa.
Emma se rio porque ni preguntaba ni pedía simplemente afirmaba.
-Lo haré si prometéis no usarme en vuestras prácticas de esgrima como
pieza a abatir.
Camile se rio:
-No os preocupéis, Lucas, Sebastian y Albert son los mejores acericos.
De nuevo Emma se rio:
-Había olvidado que llamáis a vuestros contrincantes en los entrenamientos
de tiro con espada acericos.
-Ese nombre se lo puso Ashton. Ella dice que usa a Lucas de acerico pues
no es muy ducho con la espada. Le vence siempre.
Emma se rio de nuevo:
- ¿De veras? ¿La condesa vence a vuestro hermano siempre?
-Siempre. -Respondía con un gesto de cabeza afirmativo sonriendo
evidentemente encantada de saber que la esposa de su hermano era mejor
espadachín que él.
-Es bueno saber a quién no conviene hacer enfadar pues no tendría
posibilidad alguna espada en mano ya que yo, me temo, no sé ni siquiera
sostener como es menester un florete.
-Cuando estemos en Londres podéis venir con Teresa y conmigo a nuestras
clases de rsgrima. Leroy también viene a casa a dar las lecciones. El señor
Pirelly es el mejor maestro de esgrima del mundo y dice que Teresa y yo
seremos los mejores espadachines de Inglaterra.
Escucharon una risa haciendo a ambas alzar el rostro encontrándose
precisamente a Lord Lucas, conde de Cornelly, con su esposa, en estado de
buena esperanza de su brazo.
-Los mejores espadachines solo por terquedad, me temo, que no por menos
peligrosas y temerarias. -Sonrió a Camile abriendo la mano ante ella-.
Vamos, mi peligroso espadachín, el almuerzo ha sido anunciado.
Camile sonrió tomando su mano y mirando a Emma señaló:
-Vos conmigo.
Emma se rio negando con la cabeza al tiempo que se ponía en pie lo que de
inmediato hizo David ofreciéndole el brazo.
-Mejor obedecer a la fierecilla pues es capaz de insertarnos en su florete a
traición. -Señalaba David bromista logrando que Camile le sacara la lengua.
Adrien, que le había ofrecido el brazo a su prima Samantha, una de las
hermanas gemelas de Christian para acompañarla al comedor, fruncía
ligeramente el ceño mientras veía a la ahijada de su tía caminar del brazo de
su hermano caminando con éste y con su prima Camile.
-No te preocupes, seguro que el enfado se le pasa en unos días.
Miró a Samantha que le dedicó una sonrisa divertida.
- ¿Quién dice que esté preocupado? -Samantha se rio entre dientes-. Sam,
no me obligues a sacar el tema de la búsqueda de pretendientes delante de
tu madre, la mía, tía Olivia y las demás damas ociosas de la familia.
-Ni te atrevas. -Le reprendió-. Además, solo intentaba animarte. De
cualquier modo, debes tener presente que te conviene tenerme de tu lado
pues si aún pretendéis que sea presentada en sociedad esta temporada bajo
el auspicio del ducado, convendría que Juliet, Gloria y yo la preparemos
para lo que se va a encontrar, especialmente conocer a las matronas
peligrosas, a los crápulas que pululan por los salones y, por supuesto, las
palomitas que no dudarán en poner zancadillas a la menor oportunidad en
cuanto la consideren una amenaza.
Adrien suspiró lentamente.
-Eso si conseguimos que acuda a Londres pues parece empeñada en no ir.
-Bueno, aún no ha pasado el año de luto.
-Pero sí los seis meses de rigor.
Samantha se rio:
-Pareces muy empeñado en encontrarle esposo con premura. ¿Tanto te
molesta tenerla bajo tu responsabilidad?
Adrien no contestó cediéndole el asiento al llegar a la mesa, aunque esa
pregunta pareció de pronto molestarle de veras. Vio a Josh pegar un
pequeño empujón a David para quitarle el asiento junto a la señorita Emma
que quedaba entre Camile y él haciéndole rodar los ojos. ¿Qué estaría
planeando ese enano ahora?
Tras el almuerzo, Emma regresó a casa con lady Nora que deseaba
descansar y tras acompañarla a su alcoba y dejarla en manos de su doncella
fue a los establos deseando ir a montar a caballo ya que esa mañana no
había tenido ocasión.
-Señorita, no debe ensillar el caballo. -La reprendió Stuart como siempre
que la pillaba ensillando su montura en vez de dejarle a él o a su hijo Peter
que era quién le ayudaba en las tareas de la cuadra.
-Stuart, fuiste tú el que me enseñaste a ensillar diciéndome que es
obligación de todo jinete conocer su montura y cuidar de ella y ahora no
haces más que reprenderme por hacerlo. Eres toda una contradicción. -
Replicó ella como siempre arrancándole una sonrisa.
Negó con la cabeza sonriendo:
-Le diré a Little John que le acompañe, señorita. Milady no quiere que
pasee sola.
Emma rodó los ojos:
-Está bien, le espero en el sendero del sur. Voy a ver a los pastores. Ayer el
hijo del señor Bruster me dijo que en su rebaño había muchas hembras a
punto de tener a sus crías y que los esquiladores vendrán este año antes. -
Sonrió negando con la cabeza-. Ese chico no será pastor como su padre.
Estoy segura de que llegará a poseer medio condado. Es muy hábil
gestionando los asuntos de su padre y desde que empezó a cruzar sus ovejas
con las de los pastores del norte ha logrado que el rebaño de su padre crezca
de manera increíble.
Start sonrió:
-Ayer vino a pedir uno de los cachorros de Daisy. Se enteró por Peter que su
camada nacerá pronto y desea uno de los cachorros para pastorear.
Emma sonrió porque a las pocas semanas de llegar a Inglaterra, Silas, que
así se llamaba el joven, fue a verla porque había escuchado que sabía
entrenar perros de pastoreo y él acababa de comprar uno y no conseguía
entrenarlo bien porque era un pelín revoltoso. Y lo hizo con ayuda de Daisy,
la única de los perros del campo que se hubieron llevado con ellos desde
Irlanda, pues ella adoraba a su Border Collie, el último cachorro que hubo
entrenado lord Phillip con ella.
-No separaré a Daisy de sus cachorros hasta que sean grandes y para
entonces, dudo consiga ninguno de nosotros quiera separarse de los
cachorros. Serán buenos para la casa.
Stuart sonrió:
-Tenía la esperanza de que dijeseis eso porque nos vendrían bien un par de
perros como Daisy para los establos.
Emma sonrió:
-Le diré a Silas que le ayudaré a buscar un nuevo ejemplar de perro para sus
rebaños pero que los cachorritos de Daisy se quedarán con nosotros.
Salió con Little John hacia los prados del sur deteniéndose en un par de
ocasiones para saludar a uno de los arrendatarios de lady Nora y a una ajada
pareja que vivía en una pequeña casa cercana a los prados del sur y que
solían pasear cada tarde por esos senderos pues parecían de su agrado. Al
llegar a los campos ataron las monturas bajo la sombra de un roble y dejó a
Little John relajarse junto a uno de los riachuelos mientras ella se acercaba
a la colina donde veía a gran parte del rebaño del señor Bruster dormitando
y disfrutando del sol que parecía calentarles. Caminó hacia donde sabría
estaría el señor Bruster con sus dos hijos pequeños que solían acompañarle
a pastorear si hacía buen tiempo. Al verla uno de los niños se levantó de la
hierba en la que estaba tumbado y la sonrió.
-Buenas tardes, Jamie.
-Hola. -Sonrió travieso quitándose de la boca la brizna de hoja que sujetaba
entre los dientes.
-Veo que el rebaño está tan lozano como me había dicho tu hermano Silas.
Jamie asintió sonriendo.
-Silas dice que este año podremos ir a Valley Rose en las fiestas y concursar
a la mejor lana.
-Sí, yo también lo creo. -Sonrió viendo las ovejas-. Parecen muy tupidas.
Jamie se rio girando para que la siguiere al tiempo que decía.
-Padre está abajo con Paul. Estaban tomando bayas para que madre prepare
una tarta para la rifa del domingo. No hay muchas.
-Le diré a tu padre que os mande a ti y a Paul a bosquecillo que hay tras la
casa de lady Nora. Allí podréis coger cuantas gustéis. En esa zona aún hay
muchas.
Jamie sonrió asintiendo:
- ¿Nos da permiso para pedirle a la señora Pool un trozo de bizcocho?
Emma se rio porque la señora Pool, la cocinera que había vivido con ellas
desde que podía recordar, se dejaba ablandar con suma facilidad por los
niños y los que vivían en la propiedad de Lady Nora pronto le tomaron la
mano pues siempre que iban se llevaban algún dulce de premio.
-Tenéis permiso para engatusarla y que os dé lo que quiera. Seguro cuando
os vea aparecer por las puertas traseras os hace sentar para cebaros como a
cerditos.
-Estupendo. -Se rio satisfecho llevando su cayado hasta su nuca apoyando
sus muñecas a ambos lados dejando las manos caer caminando así de modo
desgarbado a su lado-. ¿Cuándo va a volver a la escuela a organizar un
nuevo partido de Croquet?
Emma se rio.
-Pues tendrá que ser un día en que el maestro no nos riña a ninguno.
Jamie chasqueó la lengua.
-Sí, es verdad. Nos riñó y estuvimos tres días escribiendo los textos de las
escrituras sobre pecados.
Emma sonrió negando con la cabeza:
-No te preocupes, ya me las ingeniaré para que el vicario logre que el
maestro nos permita jugar un día de la semana. -Alzó la vista hacia un lado
del camino donde vio al señor Bruster y el más pequeño de sus hijos, Paul
agachados junto a un par de arbustos en la linde del comienzo del bosque-.
Buenas tardes, señor Bruster, Paul.
El señor Bruster se enderezó llevándose la mano a la punta de la gorra que
llevaba haciendo una suave cortesía.
-Señorita Emma.
- ¿Cómo se encuentra, señor Bruster?
El buen hombre se rio entre dientes alzando ligeramente la cesta que
sostenía:
-Pues ya lo veis, señorita, obedeciendo los pedidos de mi esposa.
-Sí, Jamie ya me ha informado. Pero deje eso, señor Bruster. Deje a Jamie y
Paul ir a la mansión que allí podrán coger muchos y variados brotes. Hay
una zona en la que han crecido muy bien.
-Sois muy amable, señorita. ¿Seguro que no molestaremos a milady?
-Al contrario, estará encantada de saber que se toman para una buena causa.
-Guiñó un ojo a Jamie que se rio divertido.
Al escuchar un ladrido los cuatro giraron hacia el rebaño y vieron a lo lejos
a dos jinetes acercarse. Esperaron unos segundos y enseguida tuvo ganas de
gemir. Lord Adrien acompañado de lord Lucas.
Era increíble lo poco que empezaba a agradarle el conde y eso que la
primera vez que lo vio pensó que era el hombre más atractivo y con una
irresistible aura que jamás había visto. Con esos ojos azules tan brillantes,
ese cabello rubio bruñido y un rostro que bien podría haber cincelado el
mismísimo Miguel Ángel, estaba segura arrancaba suspiros a su paso y su
porte, apostura y cuerpo musculado, pues incluso bajo esos elegantes trajes
podía percibirse, haría más de una cabeza rodar para verle caminar. Pero ese
hechizo inicial dio paso rápidamente a una sensación de rabia pues en
cuanto descendió del carruaje y tras saludar a lady Nora, la miró de arriba
abajo y como si fuese una niña pequeña de diez años la mandó a la cama.
De inmediato quiso rebelarse y eso era lo que le ocurría en cuanto le veía.
En ella crecía de manera espontánea el deseo de rebelarse y simplemente
llevarle la contraria como si así sintiese que no se dejaba avasallar por esa
personalidad impositiva que siempre lucía con ella, cosa que, además, le
sacaba de quicio.
Detuvieron sus monturas a poco más de dos metros de ellos saludándolos
con un simple gesto de cabeza llevándose la mano al sombrero.
-Milores. -Los saludó frunciendo el ceño, curiosa por saber qué harían en la
propiedad de lady Nora.
-Señorita Emma. -Lord Lucas la saludó con una sonrisa-. ¿Ha venido a dar
un paseo? Un poco largo a pie, ¿no cree?
Emma negó con la cabeza señalando el árbol bajo el que tenía su montura y
al ver dos atadas Adrien frunció el ceño, pero ella se adelantó diciendo:
-He venido a caballo con un mozo, porque no es de buen tono salir de paseo
sin acompañante. -Añadió mirando con una ceja alzada a lord Adrien
desafiante.
Adrien, que sabía que esa incisiva respuesta era un dardo lanzado en su
dirección sonrió con inocencia y como si nada contestaba:
-Me alegra saber, señorita Emma, que ha adoptado rápidamente las buenas
costumbres de nuestra sociedad.
Emma tuvo ganas de darse un coscorrón por haberle puesto tan fácil
devolverle su comentario, pero decidió no hacer notar que le había
molestado la acidez de su tono y girando al señor Bruster señaló:
-Señor Bruster, será mejor que yo regrese. Deje a Jamie y Paul ir a tomar
bayas al bosquecillo y dígale de mi parte a su hijo Silas que venga a verme
para hablar del perro que deseaba.
-Lo haré, gracias, señorita.
Emma le dedicó una sonrisa y guiñó el ojo a Jamie que sonrió travieso
llevándose una nueva brizna de hierba a la boca.
-Milores. -Se despidió con una rápida reverencia antes de girar y echar a
andar en dirección a los caballos sin esperar nada más.
En cuanto se despidieron del pastor, siguieron camino hacia el lugar donde
continuaban las reformas que estaban terminándose en la parte norte, en la
linde entre la propiedad de Adrien, la de Sebastian y la de Christian pues
este estaba instalando un nuevo molino y un sistema de riegos. Lucas miró
de soslayo a Adrien mientras cabalgaban. Sonrió divertido pues era
evidente a la fierecilla pelirroja no le era nada simpático su primo. Se
detuvieron a llegar a las obras donde ya se encontraba Christian con David,
el hermano de Adrien. Saltaron de sus monturas y se acercaron a ellos que
en ese momento hablaban con el capataz.
-Apenas quedan unos días para comprobar si funciona. -Sonrió Christian-.
A tiempo para el comienzo de la época de riegos.
Adrien que mantenía la vista fija en una de las cuadrillas que terminaba de
colocar el último canalón de comunicación del río con la rueda del molino
apenas prestaba atención. En su cabeza solo parecía encontrarse la mirada
desafiante de esa irritante mujer que conseguía hacerle enfadar solo por su
empecinamiento por llevarle la contraria a cómo diere lugar.
-Te noto distraído, amigo mío. -Señaló Lucas con retintín. Adrien le miró y
negó con la cabeza-. Imagino que tiene que ver con cierta pelirroja que te
mira enfadada desde que disparaste a la serpiente.
-Me mira enfadada desde el primer momento. -Matizó-. Pero, sí, no he de
negar que necesito encontrar el modo de que acceda a acudir a la temporada
social y creo que la conversación mantenida con Sebastian me ha llevado a
la conclusión de querer averiguar el pasado de la ahijada de mi tía, bien
para calmar los temores que presume tiene, si estos son que algo de su
pasado pueda hacer que otros la menosprecien, más aún si realmente no hay
motivo para ello, bien, de haberlo, para estar sobre aviso y saber a qué nos
enfrentaremos de salir a la luz y protegerla de las lenguas maledicentes.
- ¿Por qué presumes hay algo en su pasado?
Adrien se encogió de hombros.
-Cuando llegaron, hablé con mi tía. Intenté que me contara lo que sabía de
la niña que su esposo llevó con él tras su último viaje y nada sabe. Podría
mentirme, desde luego, pero, creo que realmente mi tía desconoce todo de
la niña. Pero, entonces, ¿Por qué no contarle todos los detalles de la
pequeña a su esposa cuando la llevó con él a su casa si nada había que
ocultar?
-Quizás fuese hija de lord Phillip y tu tía, simplemente, se quiso hacer la
ignorante porque se encariñó con ella enseguida y de nada le servía saber
con certeza que era la hija ilegítima de lord Phillip.
-También he pensado en esa posibilidad, pero, de ser así, en la mención de
la joven en su testamento, del que soy albacea, ¿no habría indicación alguna
de ser su hija? Especialmente cuando recibí una carta suya pidiéndome
velar por su esposa y por ella tras su muerte. No se habría cuidado de
hacerme saber que era su hija para poder velar y proteger mejor a la joven si
lo que deseaba era discreción y que no se supiere que era su hija.
Lucas frunció el ceño.
-Umm, supongo que sí. Yo lo habría hecho en su caso. Pero entonces,
¿cómo vas a averiguar si hay algo en su pasado que deba preocuparla o
preocuparnos a nosotros que pueda hacer mella en su reputación?
Adrien le miró de medio lado y con una sonrisa torcida.
-Había pensado en valerme de lord Wilbor. Christian afirma que es
realmente bueno en labores de investigación por su experiencia en la
Guerra, además, el club y sus negocios le valen unos excelentes contactos al
marqués.
Lucas asintió:
-Esta semana viene a visitar a Ashton. Viene a traer a Leroy y a Janet para
que disfruten de los últimos días de campo antes del comienzo de la
temporada.
Adrien sonrió porque los pequeños pupilos del duque de Sucré, padrino de
la esposa de Lucas y que ella misma encontró en una calle de Londres y se
llevó a la mansión del duque para que vivieran allí, eran la debilidad de la
mayoría de ellos. Leroy, un impetuoso pelirrojo de apenas 7 años, listo
como una ardilla y extremadamente protector de su hermanita, era la
personificación de la desconfianza, fruto de los duros años que tuvo que
vivir en la calle, y del más grande de los corazones. Bajo el auspicio del
ducado de Sucré y de todos los que formaban parte del ducado de Chester,
ese pequeño llegaría lejos, especialmente porque era terco y decidido como
tanto les gustaba a ellos. Su hermanita, Janet, en cambio, era tan tímida y
asustadiza que todos procuraban hacerla sentir a salvo y acompañada. Sin
duda, sus primeros años de vida vividos en un orfanato y en las peores
calles de Londres, no eran fáciles de olvidar.
- ¿Acabo de escuchar mencionar a Leroy? -Preguntaba David colocándose
junto a ellos.
-El marqués de Wilbor trae a Janet y a Leroy para que pasen con nosotros lo
que resta hasta regresar a Londres. -Contestó Lucas.
-En ese caso, me conviene darme prisa en encargar la funda de espada que
le debo a ese enano peleón. -Adrien alzó las cejas curioso-. En la
competición del tiro al arco ese enano logró sonsacarme la promesa de
mandarle hacer una funda para espada, claro que he de decir que la esposa
de cierto conde le ayudó con más de un truco artero.
Lucas se rio:
-Defendería el honor de mi esposa diciendo que ella jamás emplearía truco
alguno para beneficiar a su protegido, pero me temo que condenaría mi
alma al infierno. -Negó con la cabeza riéndose-. Será mejor que regresemos
donde está Christian. Estoy seguro necesitará todos los brazos posibles para
alzar el tronco que estaban trayendo antes en la carreta… -Se detuvo
mirando el sendero que llegaba desde el camino principal al ver un carruaje
acercarse y al reconocerlo gruñó caminando a zancadas hasta allí.
Adrien se rio porque bien supo quiénes iban en ese carruaje y no se
equivocó al ver a Allegra, la esposa de Christian junto a la esposa de Lucas,
Ashton, y, cómo no podía ser de otro modo, Alejandra.
-Se supone que una mujer en estado debe hacer vida calmada. -Escuchaba
decir a Lucas acercándose raudo a Ashton.
-Bah, aún me quedan unas semanas y no pienso quedarme en cama… -
Respondía indiferente mirando en dirección a los trabajos-. Queremos ver el
molino funcionar. Hoy era la prueba, ¿no es cierto?
Lucas la rodeó con los brazos besándola en la frente descendiendo
ligeramente una mano a su abultado vientre.
-No puedes estarte quieta, ¿verdad que no mi fierecilla?
Ashton se rio:
-Enséñame ese prodigio de los nuevos avances técnicos del que tanto habéis
presumido estos meses. -Decía rodeando su brazo para apoyarse en ella.
- ¡Allegra! -El otro esposo afectado acudía casi a la carrera al verla-. El
doctor te dijo que tenías que estar calmada hasta que se mitigasen las
náuseas. ¿Qué demonios haces aquí?
La mencionada le sonrió con inocencia haciendo reír a Adrien sabiendo que
solo eso ya habría logrado su propósito y Christian no podría con ella.
-He venido a ver la maravillosa creación de mi maridito.
David y Adrien se carcajearon por la impertinente respuesta dicha en tono
meloso.
-Allegra… -Empezó a decir Christian, pero en cuanto ella le abrazó por los
costados y le puso esa mirada irresistible para él, no pudo decir nada más.
-Está bien, ¿cuándo empieza esa demostración? -Preguntaba sonriente
Alejandra.
Christian rodó los ojos antes de romper el abrazo con Allegra y mirar a la
duquesa.
-Excelencia, aún quedan un par de horas pues hemos de terminar de colocar
cierto tronco que nos facilitará la tarea.
- ¿Dos horas? -Preguntaron las tres mujeres a la vez.
-Ah no, yo no me paso dos horas sin comer que mi bebé es tan comilón
como su padre. -Protestaba Ashton arrancando una carcajada a Lucas.
- ¿De veras? ¿Tan comilón como yo?
-Sí, como tú, porque yo siempre he comido como las damitas apocadas que
comen pequeños y escasos bocaditos.
Lucas se carcajeó:
-Te he visto zampar una bandeja de bollitos junto a Leroy sin dejar siquiera
al resto probarlos. Pequeños y escasos bocaditos… lo que he de oír. Auch. -
Se quejó cuando ella le dio un puñetazo en el brazo que no le hizo el menor
daño.
-Eres un esposo terrible. -Le reprendió antes de mirar a las dos mujeres-.
¿Regresamos a casa? Dos horas es mucho para esperar aquí sin nada más
que hacer.
-Eso es cierto. -Sonreía Lucas satisfecho girándola y llevándola con su
brazo por la cintura hasta los pies de la escalerilla del carruaje-. Mis
hermosas damas, regresen a más cómodo lugar.
Alejandra rodó los ojos con resignación siguiendo a sus dos compañeras.
-Pero mañana nos hacéis otra demostración. -Les advirtió-. Uy, ya sé lo que
podríamos hacer antes de regresar a casa. Ir a visitar a la señorita Emma.
Josh dice que su perrita está a punto de tener cachorros. Quizás logre
convencerla para que me ceda uno y pueda hacer rabiar a Julian que
siempre dice que sus perros de caza son mejores que cualquier otro perro.
-Umm, interesante… provocación sin contención. Me gusta ese plan… -Se
reía Ashton acomodándose en el carruaje-… Con ese conde de ahí -Señaló
a Lucas lanzándole una mirada burlona- también funciona lo de arañar su
pundonor para que avive su inteligencia y se esfuerce más.
Adrien se carcajeó mirando a Lucas que rodaba los ojos mientras
mascullaba:
-Ya te enseñaré yo lo que se logra azuzando mi pundonor, “esposa”.
En cuanto el carruaje se alejó Adrien que aún se reía por el chascarrillo de
Ashton giró hacia Lucas que negaba con la cabeza, aunque era evidente
estaba divertido.
-Luc, siento decirte que estás claramente en las manos de tu esposa. Logra
de ti lo que gusta.
-Es posible. -Sonrió encantado-. Pero tiene muchas ventajas tener a la
esposa contenta bajo la creencia de que es ella la que tiene las riendas,
aunque en el fondo sea yo el que la deje vencer.
Adrien se rio:
-Dejarla vencer… Tú sigue diciéndote eso, primo, y a lo mejor te convences
de que es cierto… -Se burló.
Emma apenas hubo regresado de su paseo y se hubo aseado, fue avisada por
Bronson de la visita de las tres damas. Frunciendo el ceño bajaba las
escaleras principales temiendo que la rápida visita de la duquesa y las dos
condesas tuviere que ver con el plan del conde de lograr que acudiere a
Londres. Seguro ese era el motivo pues esa misma mañana habían estado
juntas y no había motivo para tan pronta visita.
-Ah Emma, siéntate, cielo… -La sonrió lady Nora mientras un par de
doncellas dejaban una bandeja de té y bollitos que ella sonriendo empezó a
servir.
-Temo preguntar el motivo de la visita ya que hoy mismo nos hemos visto. -
Señaló directa mientras le entregaba la taza de té a la duquesa.
-Señorita Emma, sois más desconfiada que Teresa y lo creía imposible. -
Sonrió divertida-. Hemos pasado a ver el molino, pero como aún no lo han
puesto en funcionamiento hemos preferido venir a veros que esperar allí y
ya que estamos aquí, pediros si podría hacerme con uno de los cachorros de
la perrita pastora de la que tanto habla Josh que según parece tendrá
cachorros en pocos días.
Emma sonrió:
-Al parecer los cachorros de la pobre Daisy están muy cotizados ya que sois
la segunda persona que me pide uno. Pero he de deciros, excelencia, que
salvo que tenga más de tres, no cederé ningún perrito pues nos gustaría
quedárnoslo para que ayuden aquí. Pero supongo que podría prometeros
que si tiene cuatro os cedería uno si os comprometéis a entrenarlo y
convertirlo en un buen pastor. No pueden echarse a perder sus dotes innatas.
Alejandra se rio:
-Tenéis mi promesa. De hecho, mi intención es presumir de mejor perro
ante lord Julian que siempre está alardeando de que sus perros de caza son
los mejores y aun no negando sus partidas sean destacadas, no conviene
dejar que el ego de ese caballero crezca tan desmesuradamente.
Emma se rio:
- ¿Pretendéis bajarle los humos con un perro pastor?
-Podría hacerlo moliéndolo a palos, pero no me parece muy civilizado. -
Contestó riéndose.
Emma de nuevo se rio porque realmente la duquesa tenía una vena satírica
y divertida que a ella le gustaba mucho. Miró a lady Ashton que se removía
incómoda en el sillón y ella sabía que era por su abultado vientre pues su
amiga Clara, que había sido madre hacía ya un año, no podía estar quieta ni
cinco minutos pues ninguna postura parecía cómoda para ella.
-Milady, ¿os gustaría que paseáramos? Podríamos recorrer los senderos de
los rosales, empiezan a florecer los primeros y están muy bonitos.
-Ay, sí, os lo ruego. -Se levantó rauda sonriendo y atrapando un último
bollito-. Realmente no logro entender cómo de niñas nos animan a tener
hijos diciendo que el periodo de buena esperanza es placentero y lleno de
felicidad, cuando es una tortura en la que el esposo vive feliz y la esposa
incómoda, hambrienta y de mal humor todo el día.
Alejandra se rio.
- ¿De mal humor? No recuerdo que a mí me cambiase el humor…
-Pues tenéis mala memoria, duquesa, pues os aseguro la mitad de
Chesterhills huía despavorido cuando estabais hambrienta y la otra mitad
cuando no conseguíais atrapar a Teresa cuando salía a la carrera
escapándose de su lenta hermana mayor. -Se burló Ashton sonriendo antes
de dar un bocado al bollito.
Alejandra jadeó ya puesta en pie como Allegra y Emma para salir de paseo.
-Eso es una grosería y una impertinencia.
-Lo es, lo es, más, no por ello deja de ser cierto. -Concluía Ashton
adelantándose en dirección a la terraza-. Hay muchos testigos para
corroborar esta consideración, puedo asegurároslo,
-A esos testigos sí que les voy a moler a palos… -Contestaba Alejandra
mirándola desafiante-. Fui una esposa, duquesa, hermana y amiga modélica
durante esos meses y muy especialmente teniendo en cuenta que yo llevaba
dos bebés en mis entrañas no uno… el que diga lo contrario sí que va a
conocer a una duquesa de mal humor.
Ashton se rio:
-Lo que yo decía.
Paseaba junto a la duquesa con lady Ashton y lady Allegra con un paso más
pausado tras ellas cuando escuchó un ruido procedente del cenador unos
metros más allá, como si algo se hubiese roto y tras un gesto a la duquesa
que también lo escuchó se encaminaron las dos hacia allí curiosas.
Al alcanzar la pequeña construcción de madera en medio de los jardines
vieron a un hombre arrancando de modo brusco algunas de las enredaderas
que rodeaban las pequeñas columnas.
-Pero, buen hombre, ¿qué hace? -Pregunta Emma acercándose, pensando
que era uno de los jardineros, pero cuando se volvió encontró el rostro de
un desconocido de piel tiznada y rasgos pronunciados que parecía
enajenado pues sus ojos la miraron como si fuera el enemigo y su cuerpo se
tensó de modo amenazante avanzando hacia ella-. ¿Quién sois? -Preguntaba
caminando hacia atrás donde Alejandra, que se había detenido mientras ella
entró en le cenador, la esperaba.
No contestó, sino que se llevó la mano a la espalda a la altura de la cintura y
sacó un enorme cuchillo avanzando hacia ella. Alejandra tomó su mano
tirando de ella hacia atrás para alejarla de ese hombre sin dejar de mirarlo.
Allegra y Ashton que estaban a un poco más de un metro detrás de ellas
abrieron los ojos y tras mirarse un segundo a los ojos giraron para salir a la
carrera en dirección contraria decididas a buscar ayuda mientras Alejandra
y Emma, procurando mantener la calma, caminaban hacia atrás sin dejar de
mirar a ese hombre y sin soltar sus manos.
- ¿Quién sois? -Insistió Emma mirando de soslayo por si veía algún rastrillo
o algo que los jardineros pudieren haber dejado por allí, pero no parecía
haber nada.
-Vuestra muerte. -Contestó con un marcado acento extranjero al tiempo que
dio una zancada hacia ellas que gritaron al tiempo que giraban para echar a
correr. Emma sintió la mano de ese hombre a su espalda cuando casi la
atrapa, pero no se detuvo como tampoco Alejandra alcanzando el principio
del rosal justo cuando por la terraza aparecía Bronson con una pistola en la
mano que se detuvo alzándola para apuntar tras ella y varios lacayos con él
que pasaron a su lado sin detenerse para alcanzarlas. Ella no se detuvo,
como tampoco Alejandra hasta alcanzar las escaleras de la terraza tras
sobrepasarle los lacayos y fue entonces cuando giraron viendo al hombre
salir huyendo con varios lacayos persiguiéndolo.
- ¿Estáis bien? -Preguntaba Allegra colocándose a su lado.
Emma asintió jadeante mirando entonces a Alejandra que también asintió.
-Dios mío, ¿quién era ese hombre? -Preguntó Ashton.
-No lo sé, pero no parece que viniera con buenas intenciones.
Alejandra chasqueó la lengua.
-Señorita Emma, sus intenciones eran mataros. Ya le habéis oído. Dijo que
era vuestra muerte.
Ashton abrió los ojos como platos.
- ¿Eso ha dicho?
Emma miró de soslayo a Bronson que mantenía un gesto serio y tenso.
-Seguro que es un enajenado y que atacaría a cualquiera. -Contestaba
intentando parecer sorprendida y al tiempo ajena a la posibilidad de ser ella
el objetivo. Miró a Ashton que permanecía con la mano en la baranda de
mármol y se acercó a ella-. Milady, mejor entremos. Dejemos que los
lacayos se ocupen de esto mientras vos os acomodáis en un salón. Dudo en
vuestro estado sean buenas ni las carreras ni este sobresalto.
Ashton rodó los ojos.
-Estoy gorda no inválida. -Contestaba del mismo modo que hacía con Lucas
cuando se ponía sobreprotector con solo dar dos pasos.
Emma se rio porque le resultó simpática esa contestación comenzando a
subir las escaleras con las tres mujeres y al pasar junto a Bronson ambos se
lanzaron una significativa mirada. No, no había sido buena idea salir de
Irlanda. Lo mismo pensaba una hora después cuando su casa parecía
invadida por la mitad de los varones de la familia ducal. Habían acudido
prestos en cuanto recibieron el aviso que lady Nora insistió en enviar pues
no quería que regresasen sola, aunque varios guardias fuesen con ellas.
El duque de Chester en ese momento junto a la chimenea conversaba,
claramente tenso con lord Lucas, lord Christian y lord Adrien quienes
habían ordenado una partida de búsqueda pues ese hombre se hubo
escapado.
- ¿Apareció sin más? -Preguntaba mirando a su esposa que, con un vaso de
limonada en la mano, asintió.
-Nos acercamos al senador al escuchar algo romperse. Estaba allí
rompiendo el interior como un loco y al girar cuando le llamamos sacó el
cuchillo y vino hacia nosotras.
- ¿Algún detalle que nos ayude a encontrarlo? -Preguntaba lord Adrien a
nadie en particular, aunque ella notaba que le miraba de soslayo a ella.
Emma se encogió de hombros:
-Alto, con ropas sencillas, pero parecían de buena calidad, pelo oscuro a la
altura de los hombros, piel tiznada, ojos oscuros…
- ¿No lo habíais visto nunca? -Insistió.
Emma negó con la cabeza.
-Pero habéis dicho que respondió que era vuestra muerte. ¿Venía a por vos?
-Preguntó Sebastian.
Emma negó con la cabeza:
-No sabría deciros. Creo que simplemente era un loco al que sorprendimos
cometiendo un acto de locura. Creo que atacaría al primero que se cruzase o
le hablase, que, en este caso, fui yo.
Adrien entrecerró los ojos presintiendo que bajo esa respuesta se escondía
algo, pero ¿cómo averiguarlo?
-Vayamos fuera. Quizás los lacayos y nuestros hombres hayan encontrado
algo que nos dé una pista. -Sugirió mirando a sus primos.
Una vez los cuatro caballeros se encontraban en los jardines caminando en
dirección al bosquecillo por el que se veían hombres buscando y peinando
el lugar Sebastian miró a Adrien.
- ¿Qué te parece?
-La serpiente y esto en el mismo día. No es casualidad y algo me dice que
esto tiene que ver con la ahijada de mi tía.
-Eso mismo pienso yo. -Corroboraba Lucas mirando dentro del cenador-.
Claro que el estado de este sitio desde luego corrobora que es un enajenado.
¿Para qué destrozar esto sin más?
-Para buscar una coartada antes de matar a esa joven pues se llegaría a la
conclusión que un loco entró en la propiedad y la mató en un acto de
demencia. -Contestó Christian entrecerrando los ojos con suspicacia
mirando en derredor-. Este sitio está bastante a la vista, pero con bastante
distancia de la casa para que le diese tiempo a huir al bosque si su “victima”
gritase.
-Pero ¿quién querría matarla? ¿Y por qué ahora? Desde luego sabría si
hubiese habido anteriores atentados contra la vida de mi tía y su ahijada
antes de su llegada aquí.
Sebastian miró a Adrien meditabundo.
-Buena pregunta… -Calló al ver a Alejandra acercarse sola por el sendero y
rodando los ojos la atrajo a sus brazos en cuanto la tuvo a su alcance-. Mi
fiera española ¿qué te he dicho de salir a los jardines hasta que atrapemos a
ese loco?
Alejandra sonrió:
-Bah, ahora no me pasaría nada. En cuanto he tenido oportunidad he
tomado la pistola que llevo en el carruaje por si acaso. -Sonrió mientras
Sebastian volvía a rodar los ojos con impaciencia-. Veréis, he pensado que
quizás debierais pensar que ese hombre no era un loco. Mi amiga Almira -
Señaló a su amiga de su infancia en Toledo-. Siempre me hablaba de que,
en su país, algunos hombres son ejecutores de las familias adineradas.
-Asesinos. -Intervino Sebastian.
Alejandra asintió:
-Y me ha venido a la cabeza ese recuerdo porque su piel aceitunada, sus
rasgos y ese acento parecía provenir de la zona del Sudán, además, algo que
no he mencionado porque he caído en la cuenta hace un par de minutos, es
que su cuchillo era más bien una daga curva como las morunas.
- ¿Estás insinuando que era un asesino a sueldo? -Preguntó Adrien
mirándola con fijeza.
-Bueno, no… o sí, no lo sé. Quizás era un loco o quizás no.
-Estupendo… -Masculló girando para echar a andar en dirección a la casa.
- ¿A dónde va? -Preguntaba Alejandra mirándolo.
-Creo que a averiguar lo que esconde esa chica. -Sonrió Lucas divertido
siguiéndolo con paso más calmo metiendo sus manos en sus bolsillos.
- ¿Lo que esconde? ¿A qué se refiere? -Preguntaba mirando a Sebastian que
tomando su mano la llevaba con él tras sus primos.
Emma alzó los ojos de su taza de té cuando escuchó a los cuatro caballeros
regresar frunciendo el ceño cuando el conde, con el gesto serio, fijó los ojos
en ella mientras caminaban hacia el grupo.
-Tía Nora, ¿me das permiso para hablar unos instantes con tu pupila? -
Preguntó desviando solo un instante los ojos de ella.
Lady Nora le miró frunciendo el ceño:
-No creo que haya nada que debas hablar con Emma sin que yo pueda estar
presente.
-Y tienes razón. -Respondió con una sonrisa amable y fingidamente
tranquila que Emma supo de inmediato era fingida-. Solo queremos repasar
con ella lo ocurrido en el jardín, tía, quizás estando allí recuerde algo
nuevo.
Lady Nora entrecerró los ojos, pero no tardó en asentir lo que hizo que ella
sintiese deseos de gritarle que se fuera al cuerno, en lugar de eso cuando
lady Nora la miró asintiendo dándole así permiso, no hizo sino levantarse
dejando la taza en la mesa y después caminar hacia las puertas francesas
que daban a la terraza rodeando la mesa para así no pasar junto al conde que
se vio obligado a girar y seguirla. Igual que Sebastian, Christian y Lucas,
aunque ella no se dio cuenta que los seguían. Al alcanzar la terraza se
detuvo y esperó que la alcanzase sorprendiéndose de veras cuando se
encontró que se colocaron a su lado los cuatro caballeros.
-Deberías empezar a decirnos qué ocurre. -Señaló Adrien obviando toda
formalidad mirándola inquisitiva haciendo a Lucas y Sebastian rodar los
ojos con resignación por su dura franqueza.
-No sé a qué os referís, milord, ¿Qué ocurre con qué?
Adrien entrecerró los ojos y la miró fijamente unos largos segundos.
-Dos atentados en un mismo día no es casualidad, como tampoco lo es que
te empecines de manera tan terca a no ir a Londres para la temporada social
cuando toda joven casadera espera con ansia ser presentada.
-Bueno, pues yo no soy como todas esas jóvenes. No sé qué tiene de
extraordinario acudir a salones donde los caballeros y sus madres me
evaluarán como si fuese una res lista para el matadero.
Christian soltó una carcajada antes de decir aun riéndose:
-Igualita a Allegra.
Adrien le lanzó una mirada furibunda a Christian que la ignoró
convenientemente mientras él giraba de nuevo la vista hacia Emma.
-No ignores la pregunta, Emma, dinos que pasa aquí. Si no quieres que nos
pongamos a investigar lo que ocurre, y dudo te agrade vernos interfiriendo
en tu vida, dinos qué es lo que pasa.
Emma giró y empezó a caminar al interior de la casa al tiempo que decía
enfadada.
-No sé qué estáis imaginando, milord, pero desconozco qué es lo que ocurre
aquí, si es que ocurre algo.
-Emma. -La llamó en tono seco, pero ella ni se detuvo ni se volvió a mirarlo
entrando en la casa ignorándolo-. Maldita sea.
-Definitivamente has perdido tus habilidades sociales. -Escuchó a su
espalda encontrándose a Christian sonriendo burlón cuando le miró.
-No veo qué hay de divertido en todo esto. -Le reprendió caminando hacia
la baranda de mármol donde apoyó las dos palmas al tiempo que suspiraba
pesadamente.
- ¿Y si ignora lo que ocurre? Era una niña cuando lord Phillip la llevó con
él, quizás ignore todo lo pasado y con ello si nuestra suposición de ser ella
el objetivo es o no cierta. -Señaló Sebastian con voz calma.
Adrien giró apoyándose en la baranda mirándolos con fijeza y gesto hosco.
-Sabéis que tenemos razón. Lo mencionado por tu esposa y lo ocurrido en
Chesterhills no es casualidad. Si ella ignora o no que alguien quiere hacerle
daño no debe llevarnos a error. Además, algo me dice que sabe lo que
ocurre o por lo menos lo sospecha.
-Pues con tu sutil modo de lograr su colaboración dudo la tengas de tu
parte. -Señaló Lucas con sarcasmo-. ¿Nunca has oído que se atrae más con
la miel que con los disparos?
Adrien rodó los ojos.
-Estupendo, tratarla con suavidad no creo que surta efecto especialmente
cuando desde el instante de conocernos no hace sino llevarme la contraria
por norma sin importar sin tengo o no razón o motivos adecuados para mis
opiniones.
Christian se rio:
-Bien, no hace mucho Allegra me miraba con contrariedad en cuanto
posaba sus ojos tercos en mí y más de uno de los presentes me aconsejó no
cejar y ganármela a cómo diere lugar.
Adrien rodó los ojos suspirando pesadamente.
-Dejaos de majaderías y proponed algo sobre lo que hemos de hacer porque,
aunque esto sea responsabilidad mía pues es la ahijada de mi tía, no podéis
ignorar que esto nos afecta a todos, prueba de ello es que en lo ocurrido hoy
había miembros de nuestra familia presente.
Lucas suspiró pesadamente recordando que solo tener a Ashton en sus
brazos nada más llegar allí tras el aviso de que acudieren, le hubo calmado.
Adrien tenía razón, de tener razón era un serio peligro para la joven y por
extensión para todos ellos.
-Está bien, hemos de meditar seriamente sobre lo que hacer, pero dudo entre
ello se encuentre presionar a la señorita Emma.
Adrien gruñó apretándose el puente de la nariz con dos dedos.
-Bien, pues hemos de decidir cómo actuar porque esto no debe repetirse.
Emma, escondida tras los cortinajes pues en cuanto cruzó las puertas se
detuvo quedando lejos de la vista de las damas, que no se hubieron dado
cuenta de que había entrado, y, también, de los cuatro caballeros pues
escondida tras los cortinajes quedaba lejos del alcance de sus ojos.
Intentaba escuchar lo que decían, pero no alcanzaba a hacerlo, pero
observándolos y por sus gestos era evidente que estaban planeando algo. La
pregunta del conde le hubo pillado desprevenida y solo pudo alejarse para
que no le pillare en la mentira que se vería obligada a contar, pero era
evidente que sospechaba algo pues tanto su pregunta como su actitud había
denotado su desconfianza para con ella y lo ocurrido y el modo en que se
comportaban el duque y sus primos y en que conversaban entre ellos le
hacia sospechar que estaban tramando algo y algo que, a buen seguro tenía
que ver con ella. Cuando vio que iban a entrar se apresuró a acercarse a las
damas disimulando cuando lady Nora le lanzó una mirada interrogativa y
ella le contestó en el mismo silencio pidiéndole no decir nada hasta
encontrarse a solas. Quizás, como hubo sugerido Bronson, había llegado el
momento de sincerarse con ella. Y no tardó en llegar ese momento porque
los duques, acompañados de sus familiares, se marcharon poco después. De
pie en el vestíbulo viendo a los duques subir al carruaje notó la mirada de
lady Nora y girar el rostro ésta le hizo una señal para que la siguiera a un
salón. Suspiró viéndola alejarse sabiendo que lo que había de acontecer.
Desvió los ojos hacia Bronson que asintiendo señaló:
-Este momento iba a llegar. Lo habíamos hablado. No hay mejor ocasión
que esta.
-Lo sé, -Suspiró pesadamente antes de seguir a lady Nora al salón tomando
asiento frente a ella de inmediato.
- ¿Qué tal si me cuentas lo que está ocurriendo?
Emma asintió mirándola seria:
-Pero no os enfadéis con lord Phillip, el sólo os ocultó la verdad por
protegerme, por procurar mi seguridad.
Lady Nora entrecerró los ojos al tiempo que la miró con fijeza esperando
que continuase.
-Mi madre era la hija del duque de Carmond.
Lady Nora abrió los ojos como platos jadeando.
-Supongo por vuestra reacción conocéis al que era mi abuelo.
-Sé quién es, Emma, y también lo que ocurrió años atrás. Más no logro
atisbar por qué acabaste en manos de Phillip ni tampoco el motivo por el
que no te llevó con tu abuelo cuando aún vivía.
-Mi abuelo fue el que le pidió no regresar conmigo y no desvelar mi
identidad a nadie hasta que él se lo indicase.
-No logro entenderlo…
Emma negó con cabeza antes de decir.
-Reconozco que algunos detalles escapan a mi entendimiento y
conocimiento, más, no así que el motivo final de ambos fue protegerme.
¿Qué sabéis de la historia del duque?
-No mucho, presumo lo que todo el mundo. La noche que desapareció su
hija, asesinaron al esposo de ésta. Muchos dicen que lo que ocurrió fue que
ella asesinó a su esposo y que se llevó a su hija con ella en su huida.
-Bueno, es cierto que me llevó en su huida, pero no porque ella le matase
sino porque vio quién lo hizo, como yo.
Lady Nora de nuevo jadeó.
-Emma, cuéntame la historia desde el principio y también el motivo por el
que lo ocurrido supone tanto peligro tantos años después.
-Apenas recuerdo mucho de mis primeros años. Supongo que he ido
olvidando detalles pues era pequeña, pero la noche que huimos mi madre y
yo la recuerdo bien porque vi a un hombre disparar a mi padre y después
entendí que lo había matado. Ese día habíamos celebrado mi cumpleaños.
Mi madre se encontraba conmigo en mi alcoba arropándome cuando
escuchamos voces a lo lejos. Me pidió que me quedara en la cama, pero yo
la seguí hasta el salón. Un hombre apuntaba a mi padre y mi madre, cuando
disparó, gritó corriendo hacia él. Quién disparó la apuntó entonces a ella
diciendo que si decía algo la dispararía, pero creo que mi madre apenas
entendía lo que le decía porque lloraba abrazando a mi padre. Al girar, antes
de marcharse, el hombre se dio cuenta de que yo estaba en la puerta y me
apuntó. Supongo que mi madre al verlo tomó algo para golpearlo porque al
sonar el disparo, éste no me dio, pero el hombre cayó al suelo inconsciente.
Mi madre, corriendo hacia mí, tomó mi mano y salimos de la casa a toda
prisa. Recuerdo llegar a una mansión que no me era desconocida, pero no
creo que pasase demasiado tiempo en ella o tuviere costumbre de ir a
menudo. Enseguida un hombre mayor nos condujo a un salón apareciendo
enseguida mi abuelo. Él y mi madre hablaron y él parecía muy inquieto y
preocupado porque no hacía más que moverse de un lado a otro. Debí
dormirme porque lo siguiente que recuerdo es que mi madre y yo
estábamos en un barco que nos conducía a Escocia y que ella estaba
realmente asustada. En la segunda noche nos atacaron y todos los del barco
murieron y yo estuve a punto, pero lord Phillip y sus hombres llegaron a
tiempo. Fue mi abuelo quién lo mandó para asegurarse de que llegásemos a
nuestro destino, eso me dijo tiempo después. El hombre que asesinó a mi
padre, al despertar, mandó a por nosotras. El duque sabía que no podía
dejarnos allí pues acabarían matándonos, pero tenía que mandarnos lejos
con premura. Cuando tuve edad para comprender mejor las cosas, lord
Phillip fue quién me contó lo que realmente pasó. El hombre que mató a mi
padre era un inglés que durante años fue espía de Napoleón. Le llaman la
rosa galesa porque usaba ese sello para comunicarse con las tropas
francesas, al menos eso es lo que me dijo lord Phillip. Nadie sabe quién es,
pero mi padre descubrió su identidad y por eso lo mató. Solo mi madre y yo
le vimos la cara. Imagino pensó que mi madre callaría sabiendo que podría
matar a todos los que ella conociese, pero al verme sus recelos
comprenderían que a una mujer asustada podría acallarla, a una niña
pequeña no porque podría decir algo inconveniente de manera inconsciente.
-Y si tu abuelo supo quién era ¿por qué no descubrirlo y que le apresasen?
-Porque no sabía quién era, como yo. No sé su nombre, pero sí he visto su
cara y la recuerdo. Si lo veo podré decir quién es.
-Entiendo… -Suspiró poniéndose pie para caminar un poco-. Phillip pensó
que llevándote con él todos pensarían que habíais muerto como el resto del
barco.
-Eso me dijo y también que mi abuelo pensó que era mejor que me creyesen
muerta. Pero me parezco mucho a mi madre, si alguien que la conociese me
ve, sabrá quién soy. Pocos de la nobleza recuerdan a mi madre pues ella
vivió hasta su presentación en Escocia y apenas vivió unos pocos meses en
Londres tras nacer yo.
-Y empiezo a creer, como tú, que lo ocurrido hoy demuestra que alguien te
ha visto y ha deducido quién eres.
-Quizás durante el camino hasta aquí, o quizás en el pueblo o no sabría
deciros…
Lady Nora abrió los ojos exageradamente y después la miró alarmada.
-O quizás haya sido culpa mía… Ay querida…
- ¿Culpa suya?
-Mandé el pequeño retrato que Phillip mandó hacer de los tres en casa a
Londres para que lo reprodujeren en grande en un taller cuyo pintor me
recomendó mi hermana pues dice que ha retratado a todas las grandes
familias y que gusta mucho su trabajo. Quizás alguno de sus clientes viere
el retrato que está pintando o el pequeño que le envié y comentó con
alguien ver una imagen parecida a la de la fallecida hija del duque.
Emma frunció el ceño, pensativa.
-Eso explicaría por qué después de tantos meses aquí en los que no he
conocido más que a los vecinos haya ocurrido esto de repente.
-Por eso te negabas a ir a Londres. Allí sería fácil llegar a toparse con ese
hombre si es de la nobleza. -Emma asintió-. Pues ahora deberemos ir y
hacer que ese hombre salga a la luz.
-No podemos hacer eso. Pondríamos en peligro a muchas personas. A todo
el que esté cerca de mí empezando por vos, milady.
-Es posible, más, tú ya estás en peligro. Si te saben aquí no dudarán en
seguir intentándolo
Emma chasqueó la lengua sabiendo que eso era cierto.
-Además, querida, creo que te toca reclamar tu puesto en sociedad. Eres la
nieta del duque de Carmond y, por lo tanto, una joven muy rica y con un
excelente pedigrí. -Emma resopló-. Cielo, eres mi hija y siempre lo serás. -
Dijo tras acercarse a ella y tomarle las manos-, pero también eres hija y
nieta de personas que te querían y que les habría gustado saberte reconocer
tu lugar. Además, tu tío, el hermano de tu madre, el actual duque, querrá
saber que tiene una sobrina.
Emma entrecerró los ojos:
-No veo qué necesidad hay de que lo sepa. ¿Y si por eso le pongo en
peligro? El abuelo quiso mantenerme lejos para protegerme a mí y a todos
los demás,
-Tu abuelo actuó impulsivamente movido por un miedo lógico, pero no
dudo quiera saberte ocupar tu lugar en su casa, familia y título. -De repente
sonrió poniéndose en pie-. De hecho, creo que deberías hacer una entrada
deslumbrante y para eso nadie mejor que su excelencia la duquesa madre
para poner a toda la nobleza dispuesta a prestar atención a cuanto ella
planee. -Se acercó al tirador de llamada apareciendo Bronson enseguida
pues se encontraba en la puerta esperando noticias-. Bronson, necesitamos
el carruaje pues nos vamos de inmediato a Chesterhills.
-Pero, yo no quiero ser presentada ni…
No llegó a terminar la frase porque lady Nora ya caminaba decidida hacia la
puerta mientras Bronson, aún sin moverse las miraba indistintamente.
-Tu primo Adrien nos ayudará y dejará esa pose de pesado inquisidor que
ha adoptado. -Iba diciendo, ignorando interesadamente la protesta de
Emma.
-No es mi primo. -Se quejó ella.
-Un detalle nimio… - Replicaba ya fuera de la estancia-… Bronson, buen
hombre, avise a Stuart de que prepare el coche y fingiré que no sabías lo
que ocurría. -Escucharon ya a lo lejos.
-Se lo ha tomado bien por lo que parece.
-Demasiado bien. -Se quejó Emma-. Si hasta parece contenta por saberme
la única persona que puede poner rostro al enemigo de la Corona más
buscado.
Bronson sonrió:
-Creo que le alegra saber que no eres hija de un pirata o de cualquier cosa
que imaginare estos años y con ello que podrá saberte su hija el resto de su
vida pues por mucho que reclames tu posición, no te alejará de ella.
Emma entrecerró los ojos y le miró un instante.
- ¿Tú crees?
Bronson se rio:
-Venga, mejor síguela que milady parece tan eufórica que quizás marche sin
ti y ni se dé cuenta.
Emma parpadeó un par de veces y después sonrió:
-Sí que la veo capaz… -Echó a correr mientras decía-. Yo aviso a Stuart, no
te preocupes…
Bronson sonrió porque quizás el contar con el apoyo del ducado de Chester
al final fuese no lo que le pusiese en peligro sino lo que le salvase la vida a
la pequeña.
Sentada en el carruaje frente a lady Nora sonrió porque la sabía callada
mientras cavilaba, pero de repente giró y la miró intensamente.
- ¿Cuál es tu verdadero nombre?
-Emma. -Sonrió porque ya tardaba en preguntárselo-. Lord Phillip pensó
que mejor mantenerlo pues era pequeña y quizás acabaría cometiendo un
error por algo tan sencillo como eso.
-Ah, bien, es una excelente noticia pues me iba a resultar muy extraño
llamarte de otro modo.
Emma se rio negado con la cabeza porque no esperaba esa respuesta.
- ¿Eso es lo único que os iba a resultar extraño?
Lady Nora sonrió:
-Phillip me conocía bien, sabía que no importaba ni quién era ni de dónde
venías, así que realmente no veo por qué preocuparme por cosas que no
tienen importancia, en cambio, dar a conocer tu identidad sí lo es. Lo que
me lleva a preguntar, además de tu parecido con tu madre tienes alguna
prueba de tu identidad.
Emma sonrió asintiendo.
-El cofre de joyas de mi madre, las cartas que mi abuelo envió a lord Phillip
hasta poco antes de morir, el sello que mi abuelo envió a lord Phillip cuando
decidió que mejor permaneciese con él como prueba de mi identidad… creo
que tengo pruebas más que suficientes.
-Es bueno saberlo. -Sonrió satisfecha haciéndola reír de nuevo por su
respuesta.
- ¿Vais entonces a pedir al duque que me ayude? Quizás esa ayuda le ponga
en peligro.
-Ah por eso no te preocupes. El duque y sus cuatro condes de la
Apocalipsis dudo se preocupen de que intenten dañarles, así como así.
- ¿Los qué del Apocalipsis?
Lady Nora se rio:
-Les tildan de tal modo. Creo que el apodo les viene de la adolescencia,
más, durante las guerras napoleónicas se ganaron que algunos les tildasen
de ser tan afortunados que ni el Diablo podía alcanzarles.
Emma alzó las cejas, desconcertada, pero enseguida suspiró al ver el
enrejado de la entrada de la enorme propiedad ducal que enseguida
atravesaron.
-Dos veces en un mismo día. Creo que tanta visita puede llegar a
considerarse descortesía.
Lady Nora se rio:
-Quizás pudiere serlo en otras circunstancias.
Para cuando alcanzaron la rotonda de acceso a la escalera principal de la
mansión, el mayordomo ya estaba anunciando la llegada de su carruaje a los
duques que se encontraban en un salón con gran parte de la familia.
-Grave ha de ser el asunto para que mi hermana regrese después de haber
estado aquí y, sobre todo, después de lo ocurrido. -Señaló lady Marian con
gesto preocupado mientras que Adrien, que se había puesto en pie, lanzaba
una mirada seria a Sebastian.
En cuanto entraron y tras las cortesías de rigor las dos tomaron asiento ante
la evidente expectación de la familia. Josh que permanecía en una mesa
algo apartada con sus tres amigos les hizo un gesto para que guardasen
silencio sabiendo, por la seriedad de la cara de todos, que si hacían ruido
recordarían que estaban allí y quizás les mandasen fuera para no escuchar
de lo que hablarían. Se quedaron muy quietos en sus sillas con la vista fija
en el grupo que rodeaba la enorme chimenea del salón verde de
Chesterhills.
Lady Marian que miraba a su hermana seria preguntó:
- ¿Ha ocurrido algo?
Lady Nora sonrió negando con la cabeza lo que hizo a Emma rodar los ojos
con resignación no dándose cuenta de que Adrien la observaba. Para ella,
hacer partícipes a más personas de su secreto era ponerlos en peligro, pero
lady Nora, al parecer, consideraba lo contrario e incluso que de ese modo la
protegería.
-Emma tiene algo que contar.
Emma frunció el ceño mirándola:
- ¿Yo? -Preguntaba sorprendida pues estaba segura de que era ella la que
contaría algunas de las cosas, pero no que ella tuviere que contar ante los
que aún eran casi extraños su mayor secreto, ese que llevaba ocultando
tanto tiempo.
-Sí, cielo, tú. Al fin y al cabo, eres tú la que ha vivido lo ocurrido. -Emma
suspiró pesadamente antes de mirar en derredor un instante observando la
cara expectante de todos ellos-. Cielo, empieza desde el principio. -Sugirió
lady Nora mientras ella pensaba que eso era fácil decirlo que no hacerlo.
De nuevo suspiró antes de mirar a lady Nora y después a su hermana,
prefiriendo fijar la vista en ella y su, de natural, rostro amable antes que en
ningún otro.
-Emm, pues… mi madre era lady Adele Jasplin, hija del duque de
Carmond. -Vio no solo los ojos de lady Marian abrirse de golpe, sino que
escuchó más de un jadeo.
-Dios santo. -Exclamó en un susurro la duquesa viuda-. ¿Eres lady
Emmaline Jasplin?
Emma giró el rostro y la miró asintiendo.
-Pero, yo os creía muerta. -Añadía lady Marian.
-Vos y todos, supongo. Esa era la idea… -Negó con la cabeza.
-Ejem… lo siento, pero haber vivido siempre en Italia me priva de cierta
información pues desconozco quién es el duque y más aún su hija, así que
no comprendo por qué tanto asombro. -Señaló Allegra mirándolos a todos.
Christian sonrió tomando asiento junto a su esposa rodándola con un brazo
acomodándola en su costado.
-Cielo, el duque de Carmond es uno de los grandes nombres de la nobleza
inglesa y escocesa. La hija del anterior duque desapareció con su nieta la
noche que murió su esposo. Muchos dicen que ella le asesinó y huyó. Días
más tarde el duque informó que su hija y nieta iban en un barco que fue
abordado y del que no hubo supervivientes.
-Evidentemente no estaba bien informado. -Señaló Allegra.
-En realidad, sí lo estaba. Fue idea suya y de lord Phillips hacerme pasar
por muerta para protegerme.
- ¿Protegerte de qué o quién? -Preguntó Adrien serio desde su lugar.
Emma le miró entrecerrando los ojos antes de volver a desviar los ojos a
lady Nora que asintió.
-Bueno, no sé su nombre, nadie en realidad lo sabe, pero sí le vi y eso hizo
que nos persiguiese a mi madre y a mí. -Suspiró cerrando un instante los
ojos antes de tomar una bocanada de aire y volver a mirarlos-. Tengo
recuerdos borrosos de muchas cosas, apenas si soy capaz de recordar mis
primeros años, pero sí recuerdo esa noche y con los años comprendí lo que
ocurrió. Mi madre estaba arropándome en mi alcoba cuando unas voces nos
alarmaron. Yo la desobedecí y la seguí queriendo saber lo que ocurría. Me
quedé en la puerta de la estancia cuando un disparo sonó. Un hombre que
apuntaba a mi padre le disparó. Mi madre corrió a su lado y el hombre le
ordenó guardar silencio. Ahora comprendo que la amenaza de hacer daño a
su familia era bastante para saber que ella no hablaría, sin embargo, cuando
me vio, comprendería que acallar a una niña era más difícil. Me apuntó,
pero mi madre le golpeó con algo en la cabeza a tiempo y me sacó de la
casa llevándome a la mansión del duque. No recuerdo mucho ni de esa casa
ni del propio duque, pero sí saberlo mi abuelo. Al despertarme mi madre y
yo nos hallábamos en un camarote y mi madre parecía realmente asustada.
Solo sé que íbamos a Escocia, pero no llegamos. Mis recuerdos del barco y
lo acontecido allí son bastante caóticos. Solo recuerdo a lord Phillips
sacándome del barco justo a tiempo y llevándome con él a lugar seguro.
Más adelante, cuando era un poco más mayor rellenó mis lagunas y mis
dudas. El duque le envió a protegernos cuando supo que el hombre que
asesinó a mi padre nos buscaba. Comprendiendo que nadie sabía que yo
había sobrevivido pues lord Phillips y sus hombres acabaron con los que
nos abordaron, ambos decidieron que el mejor modo de mantenerme a salvo
era fingir que yo había muerto pues no podían perseguir ni acusar a un
hombre del que no se sabía su identidad.
-Un momento. ¿Cómo que nadie sabe su identidad? ¿Y por qué mató a tu
padre?
-Es La rosa galesa.
El duque se enderezó como un resorte al igual que sus primos más mayores.
Se tensaron de inmediato.
- ¿Le habéis visto el rostro a la rosa galesa? -Preguntó Sebastian muy serio
y con evidente tensión en voz y rostro. Emma asintió-. Pero desconocéis su
nombre.
-Pero él no el mío. -Contestaba seria-. Por eso lord Phillip y mi padre
siempre procuraron mantenerme en lugares lejos de la vista de la nobleza
inglesa. Dicen que tengo un notable parecido con mi madre, de modo que,
cualquiera que la hubiere conocido podría saberme viva y llegaría a oídos
de ese hombre.
El duque miró a sus primos serios antes de ponerse en pie.
-Hay que avisar a la corona.
Adrien le detuvo tras unos segundos.
-Seb, hasta no saber quién es, podríamos equivocarnos avisando a su
majestad. La rosa galesa es de la nobleza, nadie sabe quién es ni tampoco si
forma parte del círculo cercano de su majestad. Sin descubrirlo y tener
pruebas en su contra nada lograremos alertando a otros sin saber siquiera si
estamos, precisamente, alertando a ese traidor.
-Bueno, lo vamos a alertar. -Dijo lady Nora con firmeza-. Porque después
de lo ocurrido hoy tenemos que dar por cierto que él sabe que Emma vive y
dónde está, de modo que solo queda tomar la iniciativa. Emma regresará a
su lugar. Regresará a Londres como quién es. La nieta y sobrina del duque
de Carmond y haremos que ese hombre sea el que deba arriesgarse para
asegurar su secreto o si no huir. Emma asegura que, si lo ve, lo podrá
reconocer y presumo eso es lo que ese hombre temerá.
El duque giró el rostro y miró a Emma serio:
- ¿Podríais reconocerlo?
Emma asintió:
-Es un rostro difícil de olvidar, excelencia. Aunque fuese una niña pequeña
y no comprendiese lo que ocurría, no olvidaría al hombre que asesinó a mi
padre.
-Vuelvo a sentirme perdida. -Intervino Allegra-. ¿Quién es la rosa galesa?
-Yo tampoco sé de lo que hablan. -Señaló Ashton mordisqueando una
galleta.
Lucas sonreía porque su esposa parecía simplemente estar escuchando un
cuento antes de dormir. La besó en la sien divertido antes de mirarla a los
ojos.
-Es un espía, cariño. Uno que nos hizo mucho daño durante la guerra,
especialmente porque hoy día sigue sin conocerse su identidad lo que no
deja de ser una herida abierta para muchos soldados y sus familias. Se
desconoce quién puede ser salvo un dato deducido de la envergadura de los
secretos que dio a conocer al enemigo. Su posición de noble. Una posición
que le permitió acceder a información delicada durante esos años. Incluso
se creó un grupo para investigar y dar con ese traidor y muchos nombres
salieron a la palestra, algunos siendo desprestigiados por la sola sospecha
de ser o estar relacionados con un traidor.
- ¿Y nadie sabe quién es? -Preguntó Ashton frunciendo el ceño.
-Se desconoce hasta su aspecto. -Respondió Lucas.
-Hasta ahora. -Sonrió Allegra-. Ella lo ha visto. Si lo ve de nuevo podrá
señalarlo. -Miró a Emma sonriente.
Emma alzó ambas cejas y después miró a lady Nora.
- ¿Puedes demostrar quién eres? -Preguntó serio Adrien.
Emma asintió.
-Lord Phillip y mi abuelo se aseguraron de ello.
-Pero sabes que en cuanto regreses a Londres correrás peligro. Por eso no
querías ser presentada… Y si encima demuestras quién eres, además de
despertar el interés de ese traidor, generarás interés en toda la nobleza y tu
historia lo que te convertirá aún más deprisa en un blanco y objetivo para él.
-Lo seré y todos los que estén conmigo también. Se trata de un hombre sin
escrúpulos, milord. Mató a todos los que estaban en un barco solo para
eliminarnos a mi madre y a mí.
Adrien alzó una ceja mirándola fijamente.
-Y no duda en usar asesinos con tan pocos escrúpulos como él. -Añadía
recordando lo ocurrido ese día-. Lo que no logro entender es cómo, después
de tanto tiempo ha descubierto que estabas vivas y cuál era tu paradero.
-Me temo que, de eso, es posible, sea yo la culpable. -Intervino lady Nora-.
Phillip me regaló un pequeño retrato de los tres. Yo lo envié a Londres para
que lo reprodujeren en mayor tamaño para colgarlo en mi dormitorio y
quizás alguien ha podido ver esa réplica en el taller del artista y reconocido
el rostro de Emma por su similitud con su madre.
Adrien miró a Sebastian que serio y atento a lo que se decía parecía pensar,
tanto como él, en las posibles consecuencias de que la ahijada de lady Nora
fuese, en realidad, lady Emmaline Jasplin.
-Tía Nora, si nos disculpáis un momento. -Dijo haciendo un gesto a sus tres
primos mayores que de inmediato salieron con él en dirección al despacho
de Sebastian mientras Emma fruncía el ceño sabiendo que iban a hablar de
ella y eso le molestaba, sobre todo, porque estaba segura iban a tomar
decisiones que le iban a afectar sin siquiera consultarle, cosa que, por otro
lado, solían hacer los caballeros, cuando se trataba de las damas, lo cual, a
ella, irritaba sobremanera.
-Si van a hablar de mí ¿no debería estar presente? -Preguntó a lady Nora
aun consciente de lo inconveniente que era hacer eso en presencia de otras
personas.
Para su sorpresa, la duquesa Alejandra se rio.
-No os preocupéis, señorita Emma, por mucho que ellos crean que después
nos informarán de lo que van a hacer o han decidido, nosotras después, les
convenceremos de lo que queramos.
-Eso. -Añadía tajante Ashton estirando el brazo para alcanzar un pequeño
mazapán-. ¿Tardarán mucho? Espero que no retrasen la cena.
Alejandra sonrió negando con la cabeza porque recordaba esa constante
hambre durante sus meses de embarazo.
- ¿Por qué tengo la sensación de que, por la cabeza de todos, especialmente
de mi tía Nora, surge la idea de usar de cebo a Emma? -Preguntaba Adrien
enfadado de pronto habiéndose acercado al mueble de las bebidas nada más
entrar en el despacho de Sebastian mientras sus primos, especialmente
Lucas y Sebastian intercambiaban una mirada.
- ¿Desde cuándo la ahijada de lady Nora es Emma? -Preguntaba Sebastian
en tono calmo mirándolo desde el sillón que acababa de ocupar.
-Seb no empieces que no estoy de humor. Por todos los santos. La nieta del
duque de Carmond. No podía haber dejado en mis manos una mera joven
casadera. No, lord Phillip tenía que poner en mis manos un problema de
proporciones épicas. Nada más y nada menos que evitar que sea asesinada
por un personaje buscado por todos los ingleses en los últimos veinte años.
-Refunfuñó antes de dar un trago a la copa de coñac que se hubo servido
obviando toda cortesía de servir a los demás.
Lucas se rio entre dientes.
-Míralo de este modo. En el pasado de la joven solo hay un excelente
pedigrí que en nada perjudicará su reputación y que sí, en cambio,
despertará el interés no solo de los caballeros sino de toda la sociedad.
-Estupendo. Saber que tengo que velar y lidiar con el interés de toda la
sociedad calma mucho mis recelos, Luc. Gracias. -Respondía con
sarcasmo-. Decidme si a alguno se le ocurre una solución que no pase por
convertirla en una diana a la espera de que ese traidor decida matarla.
Cam, que en ese momento entraba en la estancia pues acababa de llegar de
atender a un herido en una granja preguntó:
- ¿De qué traidor hablan, caballeros? ¿Y a quién quiere matar?
Sebastian negó con la cabeza con una media sonrisa porque realmente los
hermanos Gallardo tenían el don de la oportunidad. Tras instarlo a tomar
asiento le narró lo ocurrido antes de servir un licor a todos los caballeros.
- ¿De veras es la nieta del duque de Carmond? -Preguntó aún un poco
sorprendido por la noticia-. Si esa historia es cierta, no deja de ser trágico el
final de lord Jasplin y su esposa.
-Supongo que si ese tipejo los mató sería porque lord Jasplin descubrió su
identidad. -Meditó en alto Calvin mirando a Cam y después a Adrien-.
Sinceramente, no recuerdo en absoluto a lord Jasplin.
-Lógico. Era bastantes años mayor que nosotros y, además, era uno de los
nobles franceses que primero se alejó de Francia cuando Napoleón empezó
a tomar el control del país. -Contestaba Sebastian.
-Pero entonces, ¿qué pretendíais? ¿Usarla de cebo? -Preguntó Cam serio-.
Porque, sinceramente, me parece una idea espantosa. Sin ofender a lady
Nora, no creo que ese sea un buen modo de lograr que se libre del peligro
que la cierne, más, lo contrario, la estaríamos empujando de cabeza hacia
él.
-Pero no olvidéis, doctor, que ese peligro ya se cierne sobre ella de manera
muy firme, no en vano han descubierto donde se halla. -Matizó Christian.
Cam chasqueó la lengua.
-Eso es cierto. Y de no poner remedio a este asunto de una vez por todas,
habrá de esconderse de nuevo y pasarse la vida mirando por encima de su
hombro. Por no mencionar que ya es hora de hacer justicia a todos esos
hombres muertos por culpa del traidor.
Adrien rodó los ojos:
-Luego, doctor, vos también consideráis necesario usar a Emma de cebo.
- ¿Emma? -Preguntó alzando una ceja esbozando una media sonrisa
burlona.
-Doctor, definitivamente habéis perdido cualquier atisbo de lejanía para con
estos caballeros. Sois tan enervante como ellos. -Se quejaba Adrien
mirándolo como un niño enfurruñado.
Todos ellos se rieron, pero enseguida tornaron serios.
-Imagino entonces, damos por cierto el trasladarnos todos a Londres en un
par de semanas para preparar la temporada social y, más concretamente,
para ayudar a esa joven a recuperar su posición en la familia del duque de
Carmond. -Señaló serio Sebastian.
- ¿Mantienes buena relación con él? -Preguntó Adrien sabiendo que
Sebastian lo conocía de las veces en que ambos habían ido a Palacio como
miembros del Consejo Real.
Sebastian suspiró:
-Es un hombre reservado y nada dado a mantener conversaciones frívolas.
Serio y contenido, imagino que su carácter también es producto de la losa
que pesa sobre él. Sin más familia que su madre y con el pasado marcando
inevitablemente todos sus actos.
- ¿Le alegrará o le supondrá un problema saber que la hija de su hermana
sigue viva? -Preguntó Adrien con recelo.
-Pues no le conozco tanto para juzgar su carácter más allá de una ligera
impresión, pero, según mi ligero conocimiento de su persona, es un hombre
recto, que se toma muy en serio sus deberes, sus responsabilidades y su
título. Creo que saber a su sobrina viva al menos le llevará a asumir su
deber de protegerla y velar por ella.
-Supongo que menos es nada. -Se quejó de nuevo Adrien-. Pero antes de
ponerla en sus manos, debiéremos informarle de lo que ocurre y del peligro
que se avecina.
Sebastian asintió:
-Bien, pues en ese caso, creo que lo conveniente sería procurar el encuentro
entre el duque y su sobrina lo antes posible y hacerlo del modo más
discreto, por lo que, sugiero, invitarlo a Chesterhills antes de marchar todos
a Londres.
-Se os olvida, que ese traidor y el o los asesinos que haya contratado,
conocen el lugar en el que se halla. -Volvió a señalar Adrien.
-Cierto. -Asintió Lucas frunciendo el ceño-. De hecho, hemos de presumir
que el hombre de esta tarde aún debe andar por los alrededores.
-Maldita sea. -Masculló Adrien caminando hacia la puerta llamando de
inmediato a su hermano David que apareció presto y tras intercambiar unas
palabras con él volvió a marchar.
- ¿Qué le has pedido? -Preguntó Sebastian cuando regresó con ellos.
-Que vaya al regimiento y pida algunos hombres para mi propiedad. Hasta
marchar a Londres mi tía y su ahijada permanecerán en Valleyhills.
Lucas se rio entre dientes.
-Estoy seguro de que será una noticia no bien recibida por cierta joven a la
que no gusta que le des órdenes.
-Pues le guste o no las va a recibir y acatar. Su vida corre peligro y ya
puestos, la de todos nosotros. -Contestaba dejando la copa en la mesa
caminando hacia la puerta con la misma actitud que si fuese a la guerra y
esperase una dura batalla. Sus primos y Cameron le miraban sonriendo
divertidos y tras salir por la puerta Sebastian dijo a nadie en especial:
-Supongo que queda claro que además de exasperarlo, esa joven le agrada
más de lo que está dispuesto a admitir en este momento.
-En realidad, yo pienso que no la ha mirado aún de ese modo, pero
teniéndola cerca y velando por su seguridad, quizás lo haga. Adrien es muy
terco y su honor le obliga a atender primero sus responsabilidades antes de
atender a sus propios deseos, por ello creo que aún no ha mirado a la
señorita Emma más allá de ser su responsabilidad por ser ahijada de su tía. -
Respondía Lucas poniéndose en pie para seguir a Adrien-. Caballeros,
regresen al salón con premura pues mi esposa debe estar hambrienta y a mi
fierecilla y mi pequeño no se les hace pasar hambre.
Al mismo tiempo que los caballeros se hubieron marchado del salón, Josh y
sus tres amigos se escabulleron en silencio hacia otro de los salones.
- ¿Lo habéis oído? La señorita Emma puede desenmascarar a un traidor. -
Rupert los miró a los tres con vivo entusiasmo.
-Sí, pero también puede ser asesinada por ese traidor antes de señalarlo. -
Replicó Teresa seria.
-Es cierto, su vida corre peligro. Es una “testigo clave”. -Añadía serio Josh
con teatralidad.
Camile rodó los ojos con resignación:
-Debes dejar ya de leer esas novelas de misterio, Josh.
Josh bufó:
-Debemos proteger a la señorita Emma hasta que pueda acusar a ese
maldito traidor. Ya habéis oído a Seb y los demás. Ese hombre no solo es
peligroso, sino que es un traidor responsable de la muerte de muchos
soldados ingleses. Hay que llevarlo ante la justicia.
Rupert asintió con gesto severo confirmando la opinión de su primo
mientras las dos niñas intercambiaban una mirada de resignación no
contenida.
- ¿Y cómo pretendes que nosotros protejamos a la señorita Emma? -
Preguntaba con voz cansina Camile.
-Pues…. No sé, pero debiéramos ser como los guardias de su majestad que
protegen su regia persona de todo peligro.
-Tú sí que eres regio, pero un regio pesado. -Concluía Camile mirándolo
con gesto aburrido.
Al entrar en el salón, Adrien supo que cierta joven había estado esperando
su regreso pues sus ojos se fijaron en él sin quitar el ceño fruncido de su
frente en todo momento. Mientras se acercaba a la chimenea miró en
derredor.
- ¿Dónde está Josh?
Más de una cabeza miró en derredor siendo Alejandra la que contestó:
-Habrá ido a hacer alguna trastada con los demás.
Adrien gruñó:
-Eso es lo que temo. -Pero justo al decir eso veía a sus primos entrar por la
puerta y por otra distinta a Josh con sus tres “compinches” como les
llamaban, con cara de estar tramando algo. Entrecerrando los ojos le hizo
un gesto para que se acercase.
- ¿Qué tramas?
Josh sonrió con una más que fingida inocencia.
-Mi querido hermano, esa profunda desconfianza que ha arraigado en tu
persona te convierte no solo en un ser en exceso desconfiado, sino también
de trato irascible.
Se escuchó una carcajada de fondo viendo a Sebastian claramente divertido
por la respuesta impertinente de uno de sus primos más jóvenes.
-Josh, mi querido amigo, ¿no te han dicho nunca que no se ha de ofender ni
pinchar a aquél que tiene tu asignación en sus manos e incluso tu porvenir?
-Se burló Sebastian mirándolo con una más que evidente diversión.
Josh sonrió metiendo las manos en los bolsillos mirándolo con gesto
satisfecho:
-En realidad, es madre la que decide mi asignación y mi porvenir, de hecho,
el porvenir de todos nosotros, al fin y al cabo, no solo es una madre
excelente sino una dama inteligente y de buen corazón.
Adrien gruñó tomándolo de los hombros girándolo en dirección a la puerta
donde ya aparecía el mayordomo para avisarles de la cena:
-Ve al comedor antes de que acabe estrangulándote por insolente.
Al pasar junto a Emma le guiño un ojo y se detuvo diciendo:
- ¿Me acompañas, prima Emma?
Emma sonrió divertida, como siempre que estaba junto a Josh:
-Técnicamente no somos primos, más, sería un honor. -Se levantó tomando
su mano.
-Bueno, técnicamente Sebastian es la autoridad en esta casa, pero todos
sabemos que es Alex la que gobierna nuestros designios.
Se escucharon algunas carcajadas y Alejandra mirando a Sebastian, que
rodaba los ojos, dijo sonriendo con picardía al tiempo que se ponía en pie
para tomar tu brazo y le guiase hasta el comedor:
-Y yo que pensaba que era nuestro secreto.
Las damas, que iban aceptando el brazo de sus parejas y del resto de los
caballeros, se rieron entre dientes mientras Sebastian, no ocultando una
media sonrisa de diversión, besaba a su esposa en la sien llamándola
impertinente.
Sentados en la mesa del comedor, Emma no dejaba de lanzar miradas
inquisitivas a lady Nora, pero especialmente a lord Valleyland que parecía
ignorarla a propósito haciéndola enfadar más y más por momentos.
No se equivocaba. Adrien, que la sabía deseando ser informada de lo
ocurrido, no hacía más que fingir no percatarse de ello, más, en el fondo,
sentía que, en breve, la joven o bien le soltaría un exabrupto o bien le
lanzaría alguna impertinente indirecta y, de algún modo, estaba deseando
que así fuere, como si saberla exasperada y ser él la fuente de su
exasperación, le divirtiese.
En cuanto vio que se acercaban las fuentes de los postres ya no pudo
aguantar más y mirando enfadada primero a lady Nora y después “al
dichoso conde” como empezaba a pensar en él,
Enfadada fijó los ojos e el conde y preguntó:
- ¿No creéis, milord, que podríais ya informarme de lo que, según vuestro
augusto parecer, ha de acontecer respecto a mi vida? ¿Si he de ir o no a
Londres a pesar de conocer mi opinión al respecto?
Adrien se dejó caer en el respaldo del asiento desviando los ojos hacia ella
de modo perezoso al tiempo que esbozaba una lenta y tranquila sonrisa. Era
demasiado transparente, quizás debería pedir a sus primas más jóvenes que
enseñasen a la joven a disimular pues, de lo contrario, tendría una
desventaja importante en los salones. El brillo de sus ojos verdes era
demasiado obvio y, en ese momento, revelaban su más que evidente furia
dirigida hacia su persona.
- ¿Juzgáis este el mejor momento y lugar para tratar tan delicado asunto,
señorita Emma?
-Pues no sabría deciros, milord. -Replicaba cada vez más molesta por su
tono y esa sonrisa que ella le quitaría a golpes si pudiere-. ¿Es un buen
momento este para conocer el futuro que su sabio parecer considera el
“adecuado” para una pobre joven inexperta de la vida? -Añadía con
mordacidad no disimulada.
Adrien no pudo evitar reírse entre dientes mirando de soslayo a Sebastian
que obviamente contenía una carcajada por el tono y la mirada desafiante
de la joven.
-Está bien, supongo que es justo darte a conocer tu futuro a corto plazo, al
menos. -Respondía con ironía logrando que ella emitiese un bufido de
enfado y él sonrió más aún, aunque fingió ignorar su enfado-. Puesto que
hemos de dar por cierto que la rosa galesa conoce tu paradero, creemos lo
mejor hasta trasladarnos a Londres que mi tía y tú os trasladéis a
Valleyhills.
Emma abrió la boca sorprendida y sin contener su rápida respuesta señaló:
-Pero eso es un sinsentido. Si, como dais por cierto, conocen mi paradero
bien pueden también encontrarme en Valleyhills con la diferencia que dé se
pondrán más vidas en peligro.
Adrien sonrió por lo peleona que se mostraba, aunque cierta razón de fondo
no le faltaba.
-Bueno, ese peligro lo solventaremos hasta llegar a Londres con guardias
que David ha ido a buscar al campamento militar.
-Dudo poner cadetes cerca de Valleyhills “solvente” el peligro. -Replicaba
devolviéndole sus palabras.
Adrien se rio entre dientes.
-Pues menos lo solventará el permanecer las dos solas en casa de tía Nora.
Emma abrió la boca para protestar, pero rápidamente la cerró porque era
cierto que solas en la casa por mucho que el servicio se pusiere en alerta,
serían un blanco fácil. Resopló molesta por no poder callarlo y después
miró a lady Nora que como ella suspiró porque le gustaba mucho estar en
su casa, en la tranquilidad de su hogar y no tener que residir en casa ajena,
aunque fuese la de su hermana.
-Supongo que es lo mejor, Emma, hasta marchar a Londres.
-Umm, sí, es una excelente idea, prima Emma. -Decía Josh con la boca
llena de tarta de melaza a la que acababa de dar un buen tiento-. Además, lo
conveniente sería decir al bueno de Stuart que lleve a Valleyhills un par de
esos magníficos caballos de tío Phillip para que montes con ellos. No
conviene que pierdas habilidades como jinete. No te apures, yo los montaré
contigo y te protegeré cuando salgamos de paseo.
Emma lo miró un instante, sorprendida por el giro de la conversación y se
rio por lo pillastre que se mostraba.
-De modo que me protegerás cuando salgamos de paseo.
Josh asintió comiendo a dos carrillos.
-Soy un excelente tirador.
Adrien y el resto de los caballeros se carcajearon.
-Lo serás si no acabas ahogado por tu propia glotonería. -Se reía Adrien
viéndole tragar con esfuerzo.
-Está bien, supongamos que acepto instalarme en Valleyhills hasta la
marcha a Londres… -Empezaba a decir logrando que Adrien la mirase
alzando una ceja, inquisitivo, por ese tono desafiante- … ¿Qué pasara
después? ¿No pretenderéis que me pasee por los salones de la nobleza como
si tal cosa buscando un supuesto esposo adecuado?
-No, tienes que atrapar a un traidor. -Contestó tajante Josh. Adrien rodó los
ojos mientras más de un caballero se reía entre dientes-. ¿Qué? -Preguntaba
mirando a su hermano cuando esté le dedicó una mirada cansina-. Tiene que
atrapar a un traidor. Es importante que ese canalla sea condenado y llevado
a la torre de Londres por sus delitos.
-Es verdad. -Añadía con gesto terco Rupert apoyando a su primo.
Adrien negó con la cabeza.
-Lo primero que haremos será pedir al duque que se reúna aquí con
nosotros. Ha de saberte con vida y reconocer tu posición.
- ¿Quién dice que no lo sepa? -Preguntó Emma entrecerrando los ojos.
Adrien la miró desconcertado:
- ¿Perdón?
- ¿No os parece extraño, milord, que mi abuelo, que durante años me fue
enviando a través de lord Phillip cosas para poder probar mi procedencia,
no informase a su heredero, a mi único pariente vivo, que su nieta y sobrina
estaba viva y el lugar en el que me hallaba? Siempre me he preguntado por
qué no le informó o, en caso de hacerlo, por qué el duque no ha venido a
conocerme.
-Pues en eso tiene razón. ¿Quién nos dice que el duque no supiese de su
sobrina de labios de su propio padre antes de morir? -Preguntaba Ashton
ante de llevarse un bocado de dulce de almendra a los labios-. Ciertamente,
para el anterior duque habría sido una tranquilidad informar a su heredero
para que, de ser necesario, protegiese a su nieta ya que él la había protegido
a su modo durante años.
-Es verdad. ¿Y si el duque es el jazmín negro y por eso el anterior duque no
se lo dijo? -Preguntaba Allegra.
-La rosa galesa. -La corrigió Christian divertido antes de besarla en la sien
riéndose entre dientes mientras ella murmuraba un “como se llame”.
-Porque no habría dejado que su ducado pasase a manos de un traidor y un
asesino. -Respondía Alejandra- Claro que, de revelar quién era su hijo,
habría supuesto el fin de su linaje y su título…
-No, el duque no puede ser la rosa galesa. Era demasiado joven en aquella
época y un jovencito de apenas catorce años no habría tenido acceso a
tantos secretos. -Respondió Sebastian firme-. Más, una cosa si que podría
ser cierta, el duque pudo informar a su hijo de la existencia de lady
Emmaline antes de morir, luego, ¿por qué no acudió a ella al menos para
conocerla?
-O quizás el duque se llevó el secreto a la tumba sabiendo que ella contaba
con medios suficientes para probar su origen cuando fuese necesario y,
mientras, estaba protegida al estar lejos y sin que nadie conociese su
paradero, incluido su hijo. Os recuerdo que en una casa siempre hay
muchos ojos y oídos que pueden escuchar y ver lo que no debieren. -
Replicaba Adrien antes de mirar a Emma con determinación-. Si yo fuese el
duque no es que desconfiase de mi hijo sino de los posibles oídos
indiscretos. Además, quizás por decir lo que era un secreto, no solo pusiese
en peligro a su nieta sino también a su hijo y su propia estirpe.
Emma frunció el ceño pensando en ello unos instantes antes de suspirar
pesadamente.
-El caso es que tendré que ir a Londres, ¿no es cierto?
Adrien sonrió asintiendo, sabiéndola terca y en exceso disgustada por tener
que ir a la ciudad pues presentía que no solo era que no quisiese revelar su
identidad, sino que no le agradaba la idea de socializar.
-No te preocupes, yo te protejo. -Afirmó tajante Josh.
-De eso nada. Tú regresas a la escuela en dos semanas. -Se apresuró a
replicarle Adrien mirándolo serio.
-Pero… Es una cuestión de emergencia. -Se quejó mirándolo enfadado-. Es
mi deber como inglés y como familiar de la prima Emma protegerla. Nada
pasará por retrasar unos días mi regreso a la escuela.
Más de un caballero se rio negando con la cabeza.
-Tu deber como inglés… -Repetía Adrien mirándolo divertido-. Tú deber
como inglés es formarte como el mejor hombre que puedas ser, de modo
que regresarás al colegio en cuanto regresemos a Londres.
Josh bufó dejándose caer en el respaldo de modo desgarbado cruzando los
brazos al pecho mirándolo molesto.
Al terminar la cena y tras despedirse de la familia, lady Nora y ella
regresaron a casa pues a primera hora habían prometido instalarse en
Valeyhills a pesar de las reticencias de Emma. Adrien, por su parte, después
de asegurarse de que las acompañaban bastantes palafreneros armados,
regresó al salón donde los más jóvenes jugaban a las charadas. Se acomodó
en un sillón frente a Lucas que mantenía encajada en su costado a Ashton
que, adormilada, apoyaba la cabeza en el hueco de su hombro mientras él
acariciaba ocioso su mano dentro de la suya.
-Mañana a primera hora enviaré un mensajero con una misiva al duque de
Carmond. -Señaló Sebastian que en ese momento mecía de pie junto a la
chimenea principal de la estancia a la pequeña María que parecía decidida a
mantener alerta a sus confiados padres.
Adrien alzó los ojos y le miró asintiendo,
-Bien, pues cuando llegue averiguaremos si conocía que tenía una sobrina
con vida.
Sebastian sonrió:
-De haberlo sabido, seguro no fue a buscarla para evitar ponerla en peligro.
-Creía que no le conocías bien y pareces decidido a mostrar una buena
imagen de él. -Señalaba Adrien mirándolo con interés.
-No le conozco demasiado, Adrien, pero creo saber juzgar el carácter de un
hombre y dudo el duque me hubiese engañado hasta ese extremo.
-Bien, bueno, te recuerdo que el motivo de que nadie haya identificado a la
rosa galesa es que ha sabido engañar a todo el mundo durante muchísimos
años. Y sí, sí… sé que el duque no puede ser ese traidor por su edad. -Se
apresuraba a añadir.
Alejandra, que había subido al pequeño Andrés a su cuna, se les unió
después de acercarse a Sebastian para mirar el rostro adormilado de su hija
en brazos de su padre que sonrió pues le divertía que Alejandra se mostrase
tan protectora con los niños incluso aunque estuviesen en brazos de su
padre.
- ¿Y bien? ¿Qué planeáis?
Adrien la miró alzando una ceja.
-Nada que no sepas, duquesa.
Alejandra bufó.
-Vamos, hasta un niño se habría dado cuenta de que os habéis callado lo
más importante, ¿qué es? Presumo que es desenmascarar a ese traidor
usando a la señorita Emma de cebo pues, de otro modo, no solo no haríais
llamar al duque para que reconozca a su sobrina, sino que pretendéis que
todo Londres la conozca no como la ahijada de lord Phillip sino como lady
Emmaline Josplin.
Sebastian sonrió negando con la cabeza.
-No se te escapa una, mi duquesa.
-Ya, ya… -Hacía un gesto con la mano al aire-. No me engatuséis y
decidme que tramáis.
-Sí, la vamos a usar como cebo, pues de otro modo ese tipejo no dará nunca
la cara. -Reconoció Adrien molesto-. Más, no solo bastará que ella lo
señale, pues no era más que una niña y seguro alegará para defenderse la
mente confusa de una pequeña traumatizada, sino que hemos de lograr que
cometa algún error que le desenmascare sin ninguna duda.
Alejandra entrecerró los ojos mirándolo antes de desviar los ojos hacia
Lucas y Sebastian.
-Necesitáis pruebas.
Sebastian asintió serio:
-Después de la caza de brujas que hubo hace años en los que muchos
nombres salieron a la palestra y quedaron malparados, necesitamos unas
pruebas firmes que no dejen lugar a dudas. Puede que la señorita Emma lo
pueda identificar, pero muchos dudarán de la palabra de una niña.
-Entiendo… -Se quedó meditabunda unos segundos-. De modo que
necesitamos una trampa y que de esa trampa resulte no solo la culpabilidad
de ese canalla, sino que haya testigos creíbles de lo que ocurra.
- ¿Podemos planear nuestra estrategia mañana? -Masculló Ashton alzando
los ojos hacia Lucas-. Estoy agotada, esposo. Llévame a la cama.
Lucas se rio y después la besó en los labios.
-Eres muy mandona, esposa… -Decía mientras la tomaba en brazos y salía
del salón con ella rodeándole el cuello con sus brazos.
-Eso es un esposo considerado. -Se escuchó decir a Allegra arrancando una
carcajada a Christian que soltó las cartas que mantenía entre las manos con
las que jugaba frente a Calvin, Cam y Julian antes de ponerse en pie para
tomarla presto en brazos.
-Vamos, mi condesa italiana, te llevo a la cama ya que seré un poco lento,
pero no del todo obtuso y atrapo una indirecta cuando la escucho, más aún
cuando vienen de los impertinentes labios de mi esposa.
Allegra sonrió inocente.
-Eres lento, esposo, eso es cierto. Pero al menos, con un ligero empujoncito
comprendes bien tus obligaciones.
Se escuchó la carcajada de Christian ya a lo lejos pues había estado
caminando en dirección a la puerta sin detenerse.
-No creo que convenga que Lucas y Ashton nos acompañen a Londres. -
Señaló serio Adrien mirando a Sebastian-. Su estado está muy avanzado y
puede tener un percance en el camino.
Cam, que se había acercado y tomado asiento junto a Alexa en el lugar
ocupado antes por Lucas y Ashton, asintió.
-En eso tenéis razón. No conviene a su estado los rigores de un viaje tan
largo en carruaje. De cualquier modo, quizás dé a luz antes de partir a
Londres.
Alejandra asintió:
-En eso tiene razón. Es primeriza y puede ponerse de parto en cualquier
momento. Viajar no es nada recomendable. -Miró a Sebastian que parecía
embobado con su hija y sonrió sabiendo que la había dormido-. Eh, duque
del demonio, sube a mi pequeña a su cuna para que pueda dormir en
cómodo lecho.
Sebastian se rio entre dientes negando con la cabeza mientras Cam y Adrien
se reían divertidos.
-Esposa, esa mordacidad será castigada.
-Ya, ya… pero ahora ve a dejar a mi pequeña junto a su hermano.
Sebastian aún se reía saliendo del salón con su hija en brazos mientras
Alejandra sonreía divertida.
-Ese pobre duque no sabe hacer nada sin que se le ordene con claridad. -Se
burló Adrien recibiendo un golpe en el hombro de Alejandra.
-No te burles de mi duque, conde de demonio…
Al regresar Sebastian un rato después, Adrien, él y Calvin se quedaron
charlando relajadamente en un rincón de la estancia con una copa de coñac
y muchos de los habitantes de la casa ya retirados a sus habitaciones
descansando.
-Adrien. -Lo llamó Sebastian con gesto serio tras unos minutos cuando se
quedó callado mucho tiempo-. Pareces preocupado.
Adrien le miró tras beber un sorbo de la bebida ambarina que calentó su
garganta y suavizó el regusto amargo que tenía desde hacía horas en su
boca.
-Tengo la intuición de no hacer lo correcto.
Sebastian entrecerró los ojos:
-Si piensas que eres tú el que la va a exponer al peligro es que no has
prestado atención a la realidad que nos rodea. Ya está en peligro.
Adrien chasqueó la lengua fijando los ojos en su copa.
-Lo sé, pero aun así.
Sebastian suspiró:
-Adrien, el esposo de lady Nora, debía saber que tarde o temprano ella
habría de enfrentarse a la verdad y solo la protegió hasta saberla lo bastante
mayor para poder hacer frente a lo que pasaría. Ya no hay vuelta atrás.
Saben dónde está. Nada podrá quedar como hasta ahora o tarde o temprano
acertarán y la matarán.
Adrien asintió con un mero gesto de cabeza:
-No logro entender por qué no dijo nada a tía Nora, ¿por qué guardar ese
secreto ante su esposa?
-De nada sirve hacerse esas preguntas ahora, Adrien. -Añadía Calvin
apartando su copa de licor que dejó en la mesilla junto al sofá que ocupaba-.
Piénsalo de este modo. Él cumplió con su cometido de proteger a una joven
que quedó en sus manos y pasado esa responsabilidad a un hombre en el
que, sin ser directamente familia suya, sino de su esposa, confiaba hasta el
punto de encomendarle tal tarea.
Adrien suspiró pesadamente:
-Pues ya podría haberme encomendado simplemente el cuidado de su
yeguada.
Sebastian se carcajeó por el chascarrillo negando con la cabeza antes de
ponerse en pie al tiempo que decía:
-Aunque el misterio de la identidad y del pasado de la señorita Emma no
creo que esté de más solicitar la colaboración del marqués de Wilbor. Al fin
y al cabo, si vamos a intentar desenmascarar a un traidor, los ojos y oídos
que a buen seguro lord Wilbor tiene por todo Londres, no serán de ayuda.
Mientras, yo me retiro antes de que mi esposa me acuse de abandonarla.
Al otro lado del valle, Emma, completamente desvelada, metía en los
baúles objeto de los que no quería desprenderse y que llevaría con ella a la
casa del conde, aunque estuviese a pocas millas de allí. Tras meter su caja
de plata tallada, una que lord Phillip le regaló diciéndole que era, en
realidad, un presente de su abuelo en cuyo cajón secreto había varias joyas,
una carta y un pequeño sello de caballero con el blasón del ducado, ella lo
cubrió con un par de telas para cuidarlo y después cerró el baúl. Se sentó
con las piernas cruzadas en la cama y tomó a Mr. Carrot que dormitaba
sobre su manta de lana. Lo acarició como todas las noches y se quedó
pensativa.
El conde parecía empeñado en dirigir su vida y, en cambio, nada consciente
del peligro real que suponía estar cerca de ella y él, sin una pizca de
sensatez, le llevaba a su casa donde pondría en peligro a su madre, sus
hermanos y todos los habitantes de Valleyhills. No se engañaba. Los
ataques de ese día demostraban que ella no estaba segura en ningún sitio
pues ahora sabían que estaba viva, quién era y quiénes eran las personas
que le importaban. ¿Y qué tenía ella? Solo el recuerdo de un rostro, de una
voz y la sensación heladora de saber a ese monstruo sin escrúpulos, capaz
de matarla sin dudarlo como a todo el que se interpusiese en su camino.
-Mr Carrots, el conde es bobo. -Se quejó mirando sus ojitos mientras
acariciaba sus sedosas y largas orejas.
Miró en derredor. Su habitación de los últimos meses había acabado
convirtiéndose en su refugio, un refugio en el que escribir sus cuentos e
historias mientras se dejaba llevar por la sensación de protección que le
proporcionaban las cosas y objetos que le rodeaban y que la habían
acompañado desde niña. Su mesa de caoba, su secreter, su cómoda con
pequeñas vetas rubias que a ella le encantaban, su tocador de tres alas,
regalo de lord Phillip cuando se publicó su primer libro. Bufó.
-Y ahora por culpa de ese tirano he de marchar a Valeyhills. Conde del
demonio.
Colocó con cuidado a su gordo conejito junto a s almohadón y se tumbó
tras soplar la palmatoria junto a su cama para quedar a oscuras sin más foco
de luz que la chimenea del fondo de la sala.
Aún se estaba desperezando cuando Dulcy entró en la alcoba con una
bandeja con cacao caliente y un par de galletas de canela.
-El conde acaba de llegar.
Emma gruñó enterrando el rostro en la almohada.
-Ni desayunar tranquila me va a dejar ese pesado. -Masculló molesta.
-Vamos, niña, no has de quejarte. Solo quiere protegeros.
Emma giró y le miró:
-Presumo ya toda la casa sabe lo que ocurre.
Dulcy asintió.
-Bronson nos ha contado lo que ocurre para que estemos más pendientes.
Debiste decírmelo, niña. Has estado en peligro.
-Dulcy, se lo prometí a lord Phillip. Además, ahora quizás estéis vosotros
también en peligro por mi culpa.
-Nada va a pasarnos.
-No puedes saberlo. Te recuerdo que ayer se coló un hombre armado y que
parecía claramente peligroso y podía haberos atacado a cualquiera de
vosotros.
-Bah. Ahora podremos protegeros. Todos los hombres de la casa van
armados.
Emma se sentó de golpe para mirarla entrecerrando los ojos:
- ¿Todos?
-Bueno, todos los que saben disparar. -Se rio entre dientes-. Bronson ha
dicho que el que no sepa disparar que coja palos o cuchillos, pero nada de
pistolas a ver si se disparan en el trasero.
Emma se reía sin parar imaginándose la escena.
-Bueno, supongo que mientras estemos con el conde, no es necesario que
vayáis armados, aunque vengamos cada día a ver cómo va todo.
Dulcy se encogió de hombros.
-Quizás no esté de más que lleven esas armas un tiempo. Además, así si
aparece un extraño se pensará dos veces antes de venir a molestarme.
Emma se rio saltando de la cama negando con la cabeza pasando la mano
por el lomo de su conejito.
-Será mejor que me asee y baje a desayunar antes de que ese conde pesado
empiece a apurarnos y me quede sin desayunar.
Dulcy se rio:
-Que el todopoderoso no quiera que ocurra esa tragedia… -Señaló con
socarronería.
-Eah, por esa crueldad no te dejo quedarte aquí y librarte de mí durante dos
semanas. -Decía entrando en el vestidor haciendo a Dulcy reírse pues sabía
bien que no marcharían sin ella a casa del conde.
Bajaba al comedor con un vestido de amazona pues pensaba ir a la
propiedad del conde a caballo mientras sus cosas, lady Nora, su doncella y
Dulcy irían en el carruaje cuando escuchó un disparo en el vestíbulo.
Agarrando el bajo de sus faldas para no tropezar corrió escaleras abajo
encontrándose a Bronson con un arma en la mano reprendiendo a Jess, un
jovencísimo lacayo que miraba al suelo aparentemente avergonzado
mientras el conde junto a su hermano David permanecían a una prudente
distancia observando. Vio un jarrón roto un poco más allá y no le costó
averiguar lo que debió pasar. Sonrió negando con la cabeza.
-Bronson, buen hombre, deje de reprender al pobre Jess que seguro se ha
asustado más que nadie con ese pequeño accidente.
Vio a Bronson rodar los ojos disimuladamente antes de mirarla y después a
Jess haciéndole un gesto para que huyera lo que hizo casi volando,
arrancándole una sonrisa de comprensiva diversión.
-No sé por qué le riñes cuando la culpa es tuya. Incitarlos a llevar armas fue
una temeridad.
-Niña, no me obligues a pedir a milady que te dé unos azotes. Yo no les
incité a llevar armas, de hecho, prohibí expresamente a quién no supiese
usarlas tomar pistola alguna. -Contestaba bajando la voz cuando la tuvo a su
lado.
Emma le sonrió traviesa:
- ¿Y esperabas ser obedecido? -Le escuchó bufar mientras ella negaba con
la cabeza girando para ponerse en dirección del comedor de mañana
fingiendo no ver al conde y su hermano más allá.
-Buenos días. -La saludó David saliéndole al paso justo antes de ponerse a
su altura.
-Buenos días. -Le sonrió sin hacer el menor caso al conde que también se
movió para regresar al comedor-. Presumo esta visita temprana se debe a
que no piensan dejarnos escapatoria.
David soltó una risotada porque era obvio ese dardo no iba dirigido a él.
-Digamos que yo solo vengo para ayudar en el traslado.
-Qué detalle tan interesante, milord. ¿Vais a portar mis baúles vos mismo
hasta Valley Hills? -preguntó son sorna.
David sonrió travieso.
-Si fuera necesario lo haría. Soy joven, fuerte y tengo acceso a un
carromato.
Emma se rio por la burlona respuesta.
-Bueno es saberlo. Quizás solo os encomiende ser el custodio y velador de
mi pequeño Mr. Carrots.
David sonrió tras su taza de té de la que bebió antes de decir:
-En tal caso habré de hacer un gran hueco del carromato de modo imperioso
ya que si no recuerdo mal ese conejo debe pesar más de 10 libras.
Emma negó con la cabeza sonriendo también.
-Eso es sin duda una crueldad. Mr. Carrots no es tan gordito. -Un carraspeo
en la cabecera de la mesa le hizo mirar a lady Nora-. Bueno, un poco
gordito sí que está, pero no es culpa suya, nació grande.
Lady Nora se rio negando con la cabeza antes de desviar los ojos a Adrien.
-Bien, querido, ya tenemos lo que necesitamos perfectamente listo para ser
enviado a Valley Hills de modo que marcharemos con vosotros, más, has de
saber que tanto Emma como yo misma habremos de venir con asiduidad
para ocuparnos no solo de la casa sino de la propiedad.
Adrien rodó los ojos con resignación pues la obsesión de su tía y su ahijada
de valerse por sí mismas le parecía hasta cierto punto loable, más para él,
siendo el valedor y custodio de ellas por deseo expreso de lord Phillip no
dejaba de ser una fuente de constante preocupación pues había de
supervisar sus actos sin que ellas se enterasen, claro que el abogado de lord
Phillip, viejo amigo y hombre de confianza de éste, también era fiero
guardián de ambas y sus asuntos.
-Bien, pues si todo está listo, marcharemos en cuanto el desayuno termine.
-Sí, mi general. -Exclamó Emma enderezando la espalda exageradamente
llevándose la mano a modo de saludo militar a la frente.
David se tragó una carcajada mirando de soslayo a Adrien que gruñó
tocándose el puente de la nariz con dos dedos sabiendo que contenía a duras
penas un improperio mientras Emma lo miraba con una sonrisa burlona.
-Milady, milores, lord Josh acaba de llegar.
Adrien alzó los brazos y los dejó caer cansinamente antes de que su
hermano apareciese por la puerta de acceso al comedor caminando ufano.
-Buenos días. -Saludó haciendo una cortesía apenas formal.
- ¿Cómo diantres has llegado hasta aquí?
-Presumo que del mismo modo que tú, mi querido hermano, a lomos de un
excelente corcel. -Contestaba burlón antes de acercarse a su tía y darle un
beso en la mejilla-. Bollitos de canela... -Sonrió al ver una bandeja en el
centro de la mesa estirándose para alcanzar un par antes de tomar asiento
junto a Emma a la que sonriente saludo con un-: Prima Emma.
- ¿Un té para acompañar esos bollitos, primo Josh? -Preguntaba ella
mientras ya le servía una taza sonriendo encantada por el desparpajo del
niño.
-Gracias. -Contestaba con la boca llena.
- ¿Madre sabe que estás aquí o te has escapado? -Insistía Adrien mirándolo
con los ojos entrecerrados.
-Lo sabe. Pedí a Pomeroy que se lo dijere. -Contestó antes de darle un buen
tiento al té y un nuevo bocado a un bollito.
Adrien suspiró sabiendo que lo que su hermano había hecho era subirse al
caballo y antes de salir a la carrera decir al jefe del establo, al que llamaban
Pomeroy desde que eran críos, que le dijere a su madre dónde iba
librándose así de pedir permiso y sobre todo de obtener un no por respuesta.
-Pues ya que estás aquí vas a supervisar el que todos los enseres de tía Nora
y de “tu prima Emma” -Añadía con cierto retintín- son debidamente
colocados y llevados hasta Valley Hills.
Josh se encogió de hombros indiferente antes de volver a mirar a Emma:
- ¿Qué caballos nos llevaremos?
- ¿Nos? -Preguntó ella también con una media sonrisa.
-Bueno, yo voy a acompañarte en los paseos de modo que la montura que
escojamos ha de ser adecuada para mí.
Emma se rio entre dientes.
-Bien, en ese caso, quizás sea conveniente que, en vez de dedicaros a
supervisar cómo suben los enseres al carromato, me acompañéis a los
establos y escoger esa montura.
-Excelente sugerencia. -Sonreía satisfecho mirando con sorna a Adrien que
bufó.
En cuanto Emma y Josh salieron por la puerta, lady Nora miró con una
sonrisa ladina a Adrien que no había apartado los ojos de las dos figuras
hasta que desaparecieron por la puerta.
-Después de todo, no sois primos.
Adrien giró el rostro y se encontró a su tía mirándolo fijamente y tras unos
segundos se levantó sin decir nada caminando hacia la puerta y al
alcanzarla giró para mirar su tía.
-Será mejor que nos pongamos en marcha, tía, madre nos estará esperando.
Lady Nora sonrió cuando desapareció por la puerta y David, riéndose entre
dientes, se levantó ofreciéndole el brazo.
-Tía, te has adelantado. Aún ha de darse cuenta.
Lady Nora bufó:
-Si es como vuestro padre, más nos vale darle un empujoncito. Estuvo a
punto de perder a Marian por la lentitud de sus entendederas.
David soltó una risotada.
- ¿De veras? ¿Y quién le dio a él el empujoncito?
- ¿Quién va a ser? Yo. -Contestaba orgullosa caminando de su brazo-. Era
apenas una niña, pero no iba a permitir que mi hermana se casase con aquel
bobo vizconde que la pretendía cuando estaba enamorada de tu padre y él
de ella, aunque fuera más terco que una mula y demasiado orgulloso para su
bien, incapaz de reconocer que estaba loco por Marian.
Adrian alcanzó los establos después de asegurarse que empezaban a meter
los enseres de su tía y su terca ahijada en uno de los carromatos pues era
cierto que se había presentado allí bien temprano para no darles opción a
retrasar su traslado, y que, aunque la joven no se hubo negado a instalarse
en su hogar, sí que fue muy transparente en cuanto a la contrariedad que
ello le provocaba. Para colmo era intuitiva pues le echó en cara esa
intención en cuanto tomó asiento en el comedor. Al llegar, se topó con Josh
riéndose sentado en un fardo de heno mientras frente a él el jefe de cuadras
de su tía, Stuart, preparaba una montura dándole indicaciones de cómo
tratar al caballo cuando lo montase.
-Stuart, llevo montando desde los dos años.
Escuchó una risa más allá saliendo enseguida de uno de los boxes Emma
llevando con ella una bonita yegua ya ensillada.
-Haced caso a Stuart. No habéis montado un caballo como Granger. Es muy
temperamental y solo si gusta su jinete se dejará llevar sin bufar.
-Pero yo le gusto. -Afirmó arrogante saltando de su lugar acercándose al
imponente pura sangre para acariciarle el morro-. Sabe que soy un buen
jinete y un mejor caballero.
- ¿Un mejor caballero? ¿De veras? -Sonrió Emma mirándolo, alzando una
ceja.
-Claro. Soy valiente, inteligente y no me dejo engañar con facilidad. Mi
madre siempre dice que soy el más listo de sus hijos y el que tiene el
corazón más grande.
- ¿Lo dice? -Preguntó Adrien haciéndose notar riéndose entre dientes
porque sabía que era cierto que lo decía pues, en el fondo, era una gran
verdad. Ese enano revoltoso era el mejor de los tres hermanos.
-Claro. -Sonrió Josh mirándolo arrogante-. A la tercera va la vencida y
conmigo hizo el mejor de sus hijos.
Adrien de nuevo se rio negando con la cabeza acercándose al caballo para
observarlo al detalle.
-Un magnífico ejemplar, no hay duda.
Stuart que terminó de ensillar el caballo acercó un tocón para que el niño
subiese.
-Milord, recordad dejad a Granger mediros y confiar en vos antes de
azuzarlo para cabalgar. -Insistía y Josh sonriéndole asintió.
-Lo haré. Mañana vendré con prima Emma a veros paseando desde casa y
podréis ver cómo Granger confía en mí.
Emma se rio.
-A arrogante no os gana nadie, primo Josh.
Josh sonrió aupándose en el tocón.
-La sinceridad siempre es una buena aliada.
Emma que se había aupado a su montura sonrió ajustando las riendas.
-Así que la sinceridad es vuestra aliada, ¿no es así?
Josh asintió firme antes de tomar impulso para montarse en el caballo.
-Adrien, ¿nos sigues? -Preguntó no sin cierta maliciosa burla en su
pregunta.
Adrien gruñó negando con la cabeza al tiempo que caminaba por delante de
ellos en dirección a la puerta del establo donde estaba su montura y la de
David.
-Josh, no se os ocurra salir de la propiedad aún. Esperadnos que regresamos
todos juntos con tía Nora. ¿No querrás dejarla sola?
Josh chasqueó la lengua.
-No, claro… en fin, ya cabalgaremos mañana. -Añadía mirando a Emma
que asintió tragándose también un improperio por verse sometida al yugo
del conde que ni siquiera les dejaba cabalgar campo atraviesa.
Trotó hasta el carruaje donde estaba ya sentada lady Nora y observó con
una sonrisa cómo Dulcy, sentada junto a la doncella de milady, mantenía a
su lado sobre una pequeña manta a Mr. Carrots. Desde su montura sonrió a
Bronson que, de pie a los pies de las escaleras de acceso a la casa, la miró.
-Ten cuidado, niña. -Dijo bajando la voz.
Emma asintió.
-Y vosotros aquí también. No dejes que ningún habitante se pegue un tiro ni
que ningún desalmado les haga daño. -Bronson sonrió negando con la
cabeza-. Mañana vendré a veros. -Añadió para que estuviese tranquilo.
- ¿Dónde está Mr. Carrots? -Preguntó Josh colocándose a su lado.
Emma señaló el interior del carruaje. Josh asintió firme.
-Hay que presentárselo a Colie. -Dijo haciendo referencia a su perro.
Emma alzó una ceja.
-Bueno, salvo que quiera comérselo, se llevarán bien.
Josh echó la cabeza hacia atrás y soltó una sonora carcajada.
-A Colie no le gustan los animales vivos. No le gusta matar. No es buen
cazador. Es juguetón, pero no gusta cazar.
-Es bueno saberlo.
Adrien que ya se había aupado a su montura y les había seguido hasta
colocarse junto al carruaje los escuchaba bromear y reírse mientras a él lo
ignoraban hecho que empezaba a molestarle más allá de lo que quería
reconocer.
-Marchemos ya. -Ordenó cuando David se colocó delante del carruaje junto
a dos de los guardias que llevaban.
-Emma y yo podemos llegar antes si vamos campo atraviesa. -Dijo Josh
esperanzado.
-No, Josh, iremos todos juntos. -Contestaba serio Adrien instándolo a
colocarse tras David. Ni le pasó desapercibida la mirada de su hermano de
contrariedad ni tampoco la mueca de disgusto de Emma a la que estaba
seguro de darle una piedra se la lanzaría con saña pues no disimulaba ni su
animadversión por él ni su constante desacuerdo con cada palabra que
saliese de su boca.
Tres días después, sentado en su despacho tras haber despachado con su
administrador y dos arrendatarios, observaba el fuego de la chimenea
mientras bebía una taza de té. Apenas si había visto a Emma en ese tiempo.
Salía temprano a montar con Josh y un mozo, que en realidad era uno de los
cadetes de la academia pues no les dejaría moverse sin protección, y tras
pasar por la propiedad de su tía Nora regresaban y ella se encerraba en su
habitación durante horas hasta el almuerzo y después del mismo otras tantas
solo saliendo de ella para pasear con su tía y su madre, para jugar al ajedrez
con David o tocar el piano antes de la cena.
Se preguntaba qué hacía tantas horas en su habitación, pero no era tan iluso
para esperar una respuesta sincera de atreverse a preguntar. De todos los de
su familia, era el único al que evitaba o directamente ignoraba
deliberadamente y ese hecho, que antes asumía como algo normal por la
incompatibilidad de sus caracteres, o eso se decía, ahora le molestaba, más
cuando la voz de su tía diciéndole que no eran primos había hecho mella en
su cabeza y se repetía como un eco lejano cada vez que la veía aparecer con
su cabello de color rojo intenso brillando y esas ligeras pecas que asomaban
por su nariz. Gruñó apartando la taza de té con disgusto. ¿Por qué diantres
tenía que fijarse en esas cosas? Su única preocupación debía ser asegurarse
de que llegaba sana y salva a las manos de su tío, el duque de Carmond.
Dos golpecitos en la puerta le hicieron mirar hacia allí y responder
malhumorado un;
-Adelante.
Josh apareció con el enorme conejo de su “pesadilla” y sonriendo se acercó
como si nada.
- ¿Qué haces con esa bola de pelos entre las manos?
-Me toca darle de comer.
Adrien rodó los ojos, cansino.
- ¿No pensarás darle su copiosa comida en mi despacho?
Josh sonrió travieso:
- ¿Por qué presumes será copiosa?
-Porque ese animal está a un paso de explotar.
Josh se rio pegándose el gordo conejo al pecho sujetándolo con una mano.
-En realidad, venía a avisarte que prima Emma, mamá, tía Nora y yo nos
vamos a Chesterhills a pasar la tarde y que almorzaremos allí.
Adrien asintió sin apartar los ojos de él que enseguida giró, pero antes de
dar un paso lo llamó:
-Josh, ¿sabes lo que hace Emma tantas horas encerrada en su alcoba?
Josh se encogió de hombros.
-Supongo que cosas de niñas.
Adrien sonrió por la lógica infantil de su hermano.
-Sí, claro, cosas de niñas… -Se levantó y se acercó a él instándolo a salir
juntos.
- ¿Qué vais a hacer en Chesterhills?
-Ayer llegaron el marqués de Wilbor, Leroy y Janet a casa de Lucas y Alex
nos envió una misiva esta mañana para invitarnos a pasar el día en
Chesterhills ya que ellos también lo harán. Voy a comprobar cuánto ha
mejorado ese loco de Leroy con la espada. Seguro que ese maestro de
esgrima que le entrena en Londres le ha enseñado trucos nuevos.
Adrien sonrió porque el señor Pirelli, el maestro de esgrima que entrenaba
no solo a Leroy sino también a Teresa y Camile cuando estaban en Londres
a instancias de la esposa de Lucas, una de las avezadas alumnas de ese
maestro, era un diestro espadachín que parecía decidido a convertir a sus
tres pequeños pupilos en maestros con la espada y, con lo tercos que eran
los tres, lo conseguiría, prueba de ello era que todos los caballeros de la
familia se veían a la menor ocasión obligados a hacer de “acericos” y dianas
de esas tres fierecillas en sus entrenamientos diarios.
-Bien, dado que Teresa y Camile entrenan tanto como Leroy y ellas
entrenan mucho más que tú y Rupert con la espada, presume que ese
pelirrojo belicoso habrá mejorado tanto o más que tus primas.
Josh chasqueó la lengua.
-Sí, pero a diferencia de Teresa y Camile, Leroy nunca hace trampas. Dice
que no son honorables.
Adrien se rio entre dientes porque ciertamente esas dos fierecillas, a las que
no gustaba perder, usaban cualquier truco para salirse con la suya, mientras
que el terco y siempre peleón de Leroy era demasiado orgulloso para hacer
trampas y no solo no las hacía, sino que se enfadaba cuando alguien las
hacía delante suya.
-Lo que dice mucho a su favor. Además, recuerda que es tan terco como
esas dos fierecillas y no se rinde sin prestar batalla hasta su último hálito de
modo que no te confíes.
Josh sonrió llegando al salón donde estaban su madre y su tía conversando
mientras ambas bordaban en sus bastidores.
-Ya me ha informado Josh que pasaréis el día fuera.
Su madre alzó los ojos asintiendo, viendo por el rabillo del ojo como su hijo
menor se sentaba en una banqueta y daba de comer al conejo de Emma.
-Presumo tú no nos acompañas…
Adrien alzó una ceja porque diese por hecho que simplemente él no querría
ir.
-Quizás lo haga.
Josh se tragó una sonrisa pues había entrado para informar a su hermano
sabiendo que debía azuzarlo. Había escuchado días atrás a su madre y su tía
decir que su hermano necesitaba un empujoncito en dirección a Emma y él
iba a ayudarlas. Le gustaba mucho Emma y si se casaba con Adrien viviría
con ellos y no una de esas damas melindrosas que seguro esperaban acabar
desposadas con Adrien para ser la condesa de Valleyland.
-Voy a subir a avisar a Emma que saldremos en un ratito. Colie, vigila que
Mr, Carrots se come todo.
Adrien rodó los ojos viendo a su hermano salir a la carrera tras dar esa
absurda orden a su perro que permanecía indiferente tumbado junto a la
chimenea.
-Un poco de sentido común no le vendría mal a ese enano… -Se quejaba
acercándose al mueble de las bebidas para servirse un jerez mientras
escuchaba la risa de su madre y su tía.
David entró en ese momento en el salón sonriendo.
-Acabo de montar la yegua de Emma. He de decir que es magnífica. Quizás
el buen doctor consienta cruzarla con su pura sangre español. Tendrían unos
potrillos destacados. Toma. -Le entregó a Adrien un paquete envuelto en
papel de estraza-. He interceptado a Carsons cuando venía a entregártelo.
Adrien tomó el paquete ahorrándose el reprenderlo por interrumpir al pobre
mayordomo de la casa en sus quehaceres lo que a buen seguro le habría
molestado porque el viejo Carsons, que llevaba en la mansión desde antes
de nacer todos ellos, era demasiado estricto con sus deberes para pasar por
alto el que le impidiesen llevar a buen término todos ellos. Rompió el papel
y observó el contenido.
-Bien, ahora tengo un motivo para ir a Chesterhills.
David alzó las cejas mientras se servía otro jerez y al ver lo que sostenía
sonrió:
- ¿Presumes tendrá las mismas ventas que los dos anteriores?
-Según Lucas, incluso más.
David sonrió porque el escritor de cuentos infantiles de la editorial que
Adrien y Lucas crearon juntos parecía su mayor éxito. Todos los libros que
publicaban se vendían de inmediato y sus primos y Josh eran adictos a
ellos. En cuanto se publicaba uno lo leían con ansia todos juntos.
-Bien, pues si vas a llevarlo a Chesterhills los niños ya tendrán
entretenimiento para toda la tarde. -Sonrió mirando en derredor-. Hablando
de niños… -Vio al perro de Josh acomodado frente a la chimenea-…
¿dónde se halla nuestro temerario hermano menor?
Adrien suspiró señalando el techo.
-Ha ido a avisar a cierta joven de la pronta marcha a Chesterhills. -Se
acercó a él ya que veía a su madre y su tía enzarzadas en una nueva
conversación-. Hablando de esa joven, ¿sabes qué hace tantas horas
encerrada en su alcoba?
David sonrió travieso:
- ¿Por qué habría de saberlo? Más aún ¿por qué habría de interesarme?
Imagino que leerá, bordará, tocará el piano o qué sé yo… cosas de
damitas…
Adrien rodó los ojos:
-No gusta bordar, no puede pasarse el día entero leyendo y desde luego no
tiene un piano en su alcoba. -Refunfuñó por su respuesta.
-Pues si tanto interés tienes, pregúntaselo.
-Como si fuere a darme alguna respuesta… -Masculló, pero su hermano le
escuchó riéndose de su tono y su gesto.
-Vamos, tampoco creo que sea secreto real sujeto a horca de ser revelado.
¿Por qué no habría de decírtelo? Bueno, quizás, porque no eres su caballero
preferido, de hecho, dudo siquiera que seas de su agrado.
Adrien gruñó tocándose el puente de la nariz intentando contener el dolor
de cabeza que empezaba a surgirle.
-Me pasa por hablar contigo… -Volvía a mascullar malhumorado.
Entró Josh comiendo una galleta y con paso risueño.
-Prima Emma dice que ahora baja.
-Y tú en el camino de regreso te has pasado por las cocinas.
-No lo he hecho. Me acusas errando, hermano. -Contestó con orgullo
exagerado-. Carsons llevaba un par de cestas de ricas galletas al carruaje y
ha sido tan amable de darme un par para poder juzgar si serán del agrado
del exigente paladar de la duquesa.
Adrien se rio por la impertinente respuesta negando con la cabeza.
-Veremos qué opina la duquesa del modo que tienes de juzgar ese paladar,
enano deslenguado.
Josh se encogió de hombros agachándose para tomar el conejo.
-Voy a llevárselo a Dulcy para que lo cuide.
- ¿Quién es Dulcy? -Preguntó desconcertado.
-La doncella de Emma. -Contestó tras resoplar-. Hermano, pierdes
capacidad de atención a cuanto te rodea. Desconocer quién habita bajo tu
techo no es una buena señal.
David se rio por la respuesta de Josh que caminaba resuelto hacia la puerta
mientras daba ese impertinente tirón de orejas a Adrien.
-Que tenga que venir ese enano a hacerte ver ese fallo…
Adrien gruñó.
-Qué les costaba a nuestros padres haberse quedado solo con un hijo…
David sonrió por el comentario sarcástico y nada sincero.
-Pues la posibilidad de que el título acabase en manos del primo “Teddy” …
-Le recordó con el mismo tono sarcástico.
Adrien no pudo evitar sonreír porque su padre siempre decía eso para tomar
el pelo a sus dos hermanos menores haciendo referencia al primo de su
padre, un viejo huraño al que llamaban Teddy, aunque su verdadero nombre
era Theodore, cuyo carácter hosco e intransigente había hecho que durante
años fuese considerado la oveja malhumorada de la familia, por no
mencionar que no gustaba relacionarse con la gente y vivía casi apartado en
una enorme mansión en Sussex sin más visitas que las de sus viejos
camaradas de armas.
-Empiezo a considerarlo mejor heredero que los dos cabezas de chorlitos de
mis hermanos.
David sonrió divertido.
-Pues quizás no sería tan malo. Sinceramente, la idea de acabar
encargándome del legado familiar me provoca temblores y ese resquemor
en partes poco nobles.
Adrien rodó los ojos con resignación por el comentario, pero enseguida giró
los ojos hacia la puerta al escuchar dos voces y ver a Josh llevando de la
mano a Emma.
-Pues no sé qué decir, prima Emma, los conejos no tienen una vida larga
por estos lares. Aquí cuando se ve uno, se caza y se come.
Emma se rio.
-Como alguno de los habitantes de “estos lares” se atreva a cazar a Mr.
Carrots seguirá la senda que pensare darle a él y lo asaré. Mr Carrots ha de
llegar a ser un conejito senil que supere en años a Colie y a todo habitante
peludo de “estos lares”.
Josh se carcajeó.
-Eso sería una proeza.
-Pues lo será.
Josh negaba con la cabeza antes de detenerse frente a ellos.
-David, la prima Emma afirma que un conejo puede durar tanto o más que
un perro. ¿Qué opinas?
David se rio:
-No opino nada, pues ni soy experto en conejos ni en perros, más, creo que
esa pregunta sí podría contestarla con seguridad Julian que para eso se
considera un erudito en canes.
-Es cierto. Debo preguntar a Julian. Seguro que él sabrá si es posible que un
conejito sea más longevo que un perro. Julian será capaz de contestar lo que
la ignorancia de mis hermanos no puede.
Adrien le dio un golpecito en la cabeza:
-No tientes tu suerte con tu deslenguada impertinencia, enano.
Josh sonrió arrogante:
-Mi suerte es inagotable. Ahora tengo a Mr Carrots de mi parte y dicen que
da suerte.
-Lo que da suerte son sus patas. -Resopló.
-Cierto, pero nadie dice que hayan de ser patas de un conejo muerto. Y yo
tengo las cuatro patas de Mr Carrots de mi parte. -Replicó burlón antes de
desviar los ojos hacia su mano y apresar con ansia lo que sostenía-. ¡Es el
nuevo! -Exclamó encantado.
Adrien sonrió:
-Lo iba a llevar a Chesterhills para que lo leyeseis juntos.
-Estupendo. -Giró hacia Emma alzando el libro hasta la altura de sus ojos-.
Mira, es el libro de cuentos de la señora Potiffield. Sus cuentos son
estupendos. Nosotros hemos leído todos.
Emma con la cara de póker que le había enseñado lord Phillips lo miró:
-Lo siento, pero me es del todo desconocida esa señora.
- ¿De veras? -Preguntaba Josh bajando el libro-. Pues sus libros son
estupendos. Teresa y Camile afirman que es americana.
-Americana, ¿de veras?
Josh asintió:
-Pero yo creo que no importa de dónde sea. Sus cuentos son estupendos.
Adrien y Lucas los publican.
Aquello sí que era una sorpresa y mirando al conde entrecerrando los ojos
preguntó:
- ¿Qué significa que lo publicáis? -Preguntó temiendo en su fuero interno la
respuesta.
Adrien sonrió:
-La editorial que publica estos volúmenes nos pertenece a Lucas y a mí.
-Entiendo… -Contestó queriendo gemir pues de descubrir que era ella la
Señora Potiffield no dudaría en dejar de publicar sus libros y sería un duro
revés en caso de necesitar huir ya que lo pingües beneficios que le
reportaban los cuentos le daba acceso a un dinero que salvo el abogado y el
hombre de confianza de lord Phillip en el banco nadie sabía tenía y podría
vivir de él en caso de emergencia. Iba a tener que disimular muy bien, ese
secreto era, a la larga, su única seguridad para poder huir y ponerse a salvo,
alejarse de todo y esconderse como le hubo enseñado lord Phillip.
-Ven, vamos a por los caballos. -Dijo Josh tomando su mano llevándola con
él-. Sé un camino más rápido para llegar a Chesterhills.
-Emma vendrá en el carruaje con nosotras. -Dijo lady Marian sin siquiera
mirar a su hijo mientras enredaba el hilo antes de pinchar la aguja en el
bastidor y levantarse.
-Pero yo quería ir con ella a caballo. -Se quejó inútilmente mirando a su
madre.
Mientras Adrien observaba en el vestíbulo a las tres damas que tomaban sus
sombreros, abrigos y guantes para marchar en el carruaje que las llevaría a
Chesterhills, meditaba sobre la extraña reacción que había notado cuando
conversaron sobre el libro de cuentos. De pronto pareció tensa, aunque trató
de disimularlo.
-Toma.
Josh se plantó delante de él con gesto terco alzando el libro que él tomó por
inercia.
-En tu gabán cabrá mejor.
Sin más giró y le dejó con el libro en la mano y la queja en la boca. Escuchó
la risa a su lado y enseguida vio a David negando con la cabeza.
-O endureces tu carácter o cuando tengas hijos te comerán vivo, hermano.
Adrien rodó los ojos antes de echar a andar hacia el vestíbulo con paso vivo
pasando junto a Carsons al que hizo una señal para que avisare a los
guardias que acompañarían al carruaje.
Una vez sobre su caballo lo acercó al carruaje donde ya se encontraban las
tres mujeres y, haciendo un gesto al cochero, se puso en marcha delante de
él.
-Josh, hoy no irás campo atraviesa hasta Chesterhills. Si no recuerdo mal
prometiste proteger a “la prima Emma” y eso significa no alejarte de ella
cuando está en campo abierto.
Josh iba a protestar, pero finalmente asintió con gesto serio lo que le hizo
sonreír porque sabía que pinchando su orgullo Josh obedecería, aunque por
dentro desease quejarse y protestar.
Apenas divisaban el sendero de acceso a Chesterhills se vieron
interceptados por Calvin y Julian que dejando pasar el carruaje para
continuar camino, les hicieron a él y a David detenerse.
- ¿Qué ocurre? -Preguntó al ver el rostro serio de sus primos.
-Anoche el guardador del bosque del norte encontró rastros de que alguien
ha estado escondiéndose allí y cazando conejos y liebres durante días para
comer. Podría ser alguien que esté de paso y desconozca en propiedad de
quién está, pero sospechamos que pueda ser nuestro asesino pues no ha
encontrado pistas de dónde está a pesar de que algunos rastros han dejado,
pero no los bastantes lo que denota que o es una persona ajena a trucos de
caza y rastreo.
Adrien escuchaba atento a Calvin con el ceño fruncido temiendo ese tipo de
información.
-De modo que hemos de presumir que el que atentó en Chesterhills y en la
propiedad de mi tía ha estado tiempo por estos contornos y que es muy
posible que aún continúe cerca, pero no sabemos ni podemos averiguar
dónde.
Calvin asintió:
-Además, tenemos otro problema. -Intervino Julian-. Ha llegado el duque de
Carmond y parece no solo sorprendido sino molesto por descubrir que su
sobrina sigue viva.
- ¿Molesto por saberla viva o molesto por no haberlo sabido antes? -
Preguntó con desconfianza.
-No sabría decir, más, cuando hemos partido de la mansión estaba
encerrado con Sebastian en su despacho y se escuchaban las voces desde
bastante distancia. Digamos que está algo más que airado.
Adrien gruñó antes de azuzar su caballo y salir presto en dirección a
Chesterhills esperando encontrarse una tensa situación. Y no se equivocó.
Al llegar, Cam le esperaba bajo el arco principal con gesto serio.
-Presumo que estés aquí no es buena señal.
Cam hizo una mueca.
-No hemos informado aún a la señorita Emma que su tío está aquí. Se halla
con el resto de la familia en los jardines ya que Leroy y Janet se encuentran
allí con los niños jugando, lo que servirá para distraerlos a todos. El
marqués de Wilbor se encuentra en el despacho de Sebastian con él, Lucas
y Christian.
Adrien frunció el ceño pues el marqués, primo de la esposa de Lucas y buen
amigo de Christian era un personaje curioso no solo por sus relaciones y su
capacidad para descubrir los secretos de todos, sino porque tras un pequeño
pasado complicado tras perder la fortuna familiar, consiguió hacer una gran
fortuna con negocios que algunos nobles reprobaban y, además, durante los
años de guerra, ejerció de espía en algunas de las más peligrosas misiones
lo que le convertía en un hombre al que no debía menospreciarse.
-Está bien, será mejor que me reúna también con ellos.
-Te acompaño. -Se apresuró a decir Calvin colocándose a su lado, pero
antes de dar un paso apareció Josh a la carrera con el revoltoso Leroy y sus
inconfundibles rizos pelirrojos desordenados junto a él.
-Buenas días, Leroy. Veo que tu viaje desde Londres ha sido tranquilo pues
has llegado de una pieza.
Hizo una mueca antes de asentir.
-El marqués disparó a unos asaltadores que huyeron. Los muy cobardes no
presentaron batalla y no me dejaron insertarles en mi espada.
Adrien no pudo contener la carcajada que escapó de sus labios.
- ¿Has narrado esa historia a las siempre impresionables damas de esta
familia?
Asintió con un golpe de cabeza.
-Lady Ashton ha dicho que la próxima vez deberé asegurarme que apresen
a esos bandidos para darles una buena lección.
Negando con la cabeza miró a su hermano:
-Bueno, ¿qué hacéis aquí?
Josh sonrió:
-Tenemos que pedir permiso para ir a los campos del norte antes del
almuerzo. Han empezado la siembra y la prima Emma no ha visto nunca la
recogida del trigo aquí.
Adrien sonrió porque su hermano no perdía ocasión de llevar a Emma a
todos lados y enseñarle todo lo que les rodeaba.
-Pero asegúrate que no enreda a los niños de los jornaleros que la última
vez que los tuvo a todos juntos casi organizan un motín contra el maestro de
escuela. -Señaló Calvin divertido.
Josh se rio.
-Solo organizó un partido de criquet. -Metiendo las manos en los bolsillos
lo miró con una sonrisa-. ¿Y bien, mi querido hermano, das la venia para
que paseemos? -Preguntó con evidente sorna.
Adrien suspiró pesadamente.
-Recuerda que “tu prima” aún está en peligro y que, por lo tanto, solo puede
salir acompañada, en concreto, solo si vais acompañados de guardias.
- ¿Por qué está en peligro? -Preguntó Leroy frunciendo el ceño y antes de
darles ocasión de contestar Josh se adelantó y poniendo voz de maquinación
señaló mirándolo con fijeza:
-Sus padres fueron asesinados por un espía de los franceses y el tío Phillip
la ocultó para que no la descubriese porque ella sabe quién es. Pero ahora
sabe dónde está y ha intentado matarla. Pero vamos a descubrir quién es ese
traidor y hacer que lo ahorquen.
Leroy asintió con un golpe tozudo.
-Yo protegeré a la señorita Emma. A las damas buenas no se les debe hacer
daño.
Adrien rodó los ojos suspirando.
-Bien, pues ya que ambos os habéis erigido sus protectores, aseguraos que
nada le ocurre y que no se aleja de los guardias.
-Lo haremos. -Contestaron al unísono enderezando la espalda antes de girar
y salir a la carrera.
Calvin miró a Adrien negando con la cabeza.
-Esos dos enanos tercos no van a separarse de esa pobre mujer en lo que le
reste de vida.
Adrien sonrió.
-Cuento con ello.
A los pocos minutos entraban en el despacho de Sebastian encontrándose a
este con cara y gesto serios de pie frente a la chimenea mientras que Lucas,
Christian y el marqués, acomodados en los sillones parecían haber estado
escuchando atentos al duque de Carmond que, sentado frente a ellos, los
miraba serio.
-Excelencia, os presento a mis primos, el conde de Valleyland y el conde de
Frenshire. -Se apresuró a presentarlos Sebastian mientras hacían unas
rápidas cortesías.
-Milores.
-Excelencia. -Les correspondieron enseguida.
-Quizás sea un poco abrupto nada más presentarnos, más, milord, espero de
por cierto que desde hoy mismo mi sobrina queda a mi cuidado y
protección. -Señaló el duque mirando serio a Adrien.
Su primer impulso, uno que pronto no supo de donde surgía, fue decirle que
Emma estaba bajo su protección. En cambio, lo que hizo fue asentir y
quedarse un instante incómodo ante la imposición de ese hombre y la
certeza de que tenía derecho a decidir sobre el futuro de Emma antes que él.
-Imagino podré conocer a mi sobrina ya que os halláis aquí y su excelencia
me estaba explicando que residía en vuestra casa dados los últimos
acontecimientos.
Adrien que por unos instantes observó a ese hombre que tanto parecía tener
similitudes con ellos en presencia, posición y, por lo que empezaba a
atisbar, gusto y costumbre de no verse replicados, percibió enseguida el
parecido familiar con Emma. Los mismos ojos verdes, la misma mirada
terca y desconfiada y esa inexplicable capacidad para no dejarse avasallar
del modo más eficaz posible que no era sino anticiparse e imponerse sin
más.
-Acaba de decirme mi hermano menor que salían de paseo por los campos
antes del almuerzo. Cuando regresen podréis conocerla, excelencia.
-Por los campos… -Repitió mirándolos indistintamente a él y a Sebastian-.
Creí que habíais dicho que un asesino ha atentado contra su vida…
-Unos guardias le acompañan. -Se apresuró a decir antes de acercarse al
mueble de las bebidas y servirse un brandy sintiendo la imperiosa necesidad
de calmarse y contralar la ira que empezaba a surgirle por tener que dar
explicaciones a un hombre que parecía decidido a que solo su voz fuese
escuchada con relación a Emma.
- ¿Puedo preguntaros qué pensáis hacer con vuestra sobrina?
-Llevarla a casa, ¿qué si no? Es hora de que ocupe su lugar y vuelva a su
verdadero hogar.
-Os recuerdo, excelencia, que, a todos los efectos, siente a mi tía, lady Nora,
como su madre pues no en vano es quién la ha criado y cuidado estos años.
-Y no veré razón alguna para impedir cualquier relación que gusten tener de
ahora en adelante, más, como comprenderéis, milord, Emmaline es mi
sobrina, la hija de mi única hermana y, de hecho, mi único pariente vivo a
salvo un par de primos lejanos, de modo que no solo ha de regresar a casa
sino que deseo que lo haga, que ocupe su lugar en la familia y la sociedad
como le corresponde y que sea de nuevo parte de mi título pues es su lugar.
-Más, sabéis que, hasta que no encontremos a quién intenta asesinarla, su
vida corre serio peligro.
- ¿Encontremos? -Preguntó entrecerrando los ojos.
Sebastian se apresuró a intervenir sabiendo que Adrien iba a perder los
nervios con el duque que, acostumbrado a mandar y ser obedecido sin
ambages, no solía escuchar opiniones que no fueran la suya.
-Adrien, precisamente en ese punto estábamos ahora. Le estábamos
explicando a su excelencia que, aunque ahora sepamos la verdadera
identidad de la señorita… Quiero decir, de lady Emmaline, ello no cambia
el hecho de que ya le consideramos parte de nuestra familia por cuanto
ahijada de lady Nora y por cuanto lord Phillip te encargó expresamente el
cuidado de la joven.
-Pero siendo ello así, y aun agradeciendo los cuidados que mi sobrina ha
recibido todos estos años, no deja de ser mi responsabilidad y mi deber
cuidar y velar por ella y, por justicia hacia mi hermana y por fidelidad a mi
país, buscaré a ese traidor y lo llevaré ante la corona.
- ¿Y cómo pensáis hacer eso? -Preguntó Adrien con desconfianza.
-Os aseguro que, usando a mi sobrina como cebo, no.
Adrien miró a Sebastian acusador por haberle dicho o hecho creer tal cosa
al duque.
-No, no, no miréis a su excelencia como si él hubiese detallado vuestros
planes pues no ha sido así. No ha sido difícil deducir qué os traíais entre
manos desde el momento que me han confirmado que pensaban llevarla a la
ciudad, pues ello no haría sino despertar el interés de toda la sociedad por la
nieta del duque de Carmond desaparecida años atrás, más, especialmente la
de un traidor que puede verse desenmascarado por el regreso de mi sobrina.
Adrien suspiró:
-No puedo negar que algo de vedad hay en esas palabras, más, os aseguro
que queda lejos de nuestra intención causar o permitir que nadie cause daño
a vuestra sobrina. -Se defendió él.
-Os creo, más, siendo mi única familia, yo os aseguro a vos que no pienso
dejar que nada ni nadie dañe a la hija de mi hermana, una hija a la que
adoraban tanto ella como mi padre.
-Ya que mencionáis a vuestro padre, decidnos, si no lo consideráis un abuso
ni una impertinencia, ¿por qué creéis que vuestro padre no os confesó que
su nieta estaba viva antes de morir?
El duque negó con la cabeza.
-No sabría deciros, milord. Mi padre, a pesar de los rumores que surgieron
tras la desaparición de Adele, siempre supo que a mi hermana y su esposo
los asesinó el mismo individuo y desconfiaba de todos y todo desde esa
noche. Recelaba incluso de las personas cercanas a él. No me confesó lo de
Emmaline, más, ahora, cobran sentido las palabras dichas días antes de
fallecer pues me rogó cuidar de nuestro linaje y de todos sus miembros sin
dar pábulo a que nadie pudiere hacer mella en nuestra familia. Supongo que
era un modo de advertirme de lo que pasaría o, al menos, yo empiezo a
creer que era así.
Adrien le observó callado unos segundos antes de asentir serio:
-Vuestra sobrina asegura que su parecido con su madre es notable y que,
por ello, quién la asesinare no tardaría en saber quién es en cuanto la viere,
de hecho, es posible que así sea como la han descubierto.
El duque asintió.
-Su excelencia me ha puesto al día de vuestras sospechas de lo ocurrido. La
Emmaline que yo recuerdo sí que guardaba un parecido innegable con
Adele. Mismos ojos, mismo cabello incluso su sonrisa parecía idéntica. No
erráis al pensar que, si mantiene ese parecido, quién asesinare a Adele la
sabría hija suya al instante.
Dos golpes en la puerta hicieron a todos mirar hacia allí apareciendo la
pelirroja cabeza de Leroy y acto seguido la de Camile y Teresa antes de
abrir la puerta y entrar.
Sebastian rodó los ojos antes de hacerles un gesto para que entrasen no
quedándose en la puerta.
-Alex dice que Luc y Christian han de acompañarnos. -Empezó a decir
Camile mientras caminaba decidida hacia ellos.
- ¿Y puedo saber por qué nuestra presencia es requerida en ese paseo por
esa imperiosa duquesa? -Preguntaba Christian ya puesto en pie con ánimo
de marchar.
-Ha dicho que sois los culpables de que Ashton y Allegra se cansen
enseguida así que os corresponde velar por ellas. -Contestaba Teresa
sonriendo antes de abrir una cajita de cristal y sacar tres caramelos dando
uno a Leroy y otro a Camile.
Lucas, que sonreía divertido por la respuesta, se acercó a Leroy
entrecerrando los ojos.
- ¿Dónde está Janet?
-Caramelo la vigila. Está con lady Ashton y la señorita Emma. Esperan
junto a sendero para marchar todos. ¿Puedo coger otro caramelo para Janet?
-Preguntó mirando a Sebastian que asintiendo le hizo un gesto para que
abriese la cajita de la que tomó un caramelo más antes de girar y echar a
andar hacia la puerta.
-Eh, enano peleón. -Le llamó Lucas divertido tomando de una mano a cada
niña y cuando giró para mirarlo alzó las cejas-. ¿No olvidas algo?
Leroy suspiró pesadamente antes de hacer una desgarbada reverencia
mascullando un “qué pesadez” que le arrancó una carcajada a más de un
caballero, aunque el duque de Carmond no hizo sino alzar las cejas
sorprendido.
Una vez los tres niños, Lucas y Christian habían salido de la estancia el
duque miró a Sebastian.
- ¿Permiten a los niños moverse con libertad por la casa?
Sebastian sonrió:
-Somos unos excéntricos. -Se limitó a responder sonriendo divertido, pero
Adrien hacía unos minutos que no atendía lo que ocurría allí pues solo
pensaba que en campo abierto Emma sería un blanco fácil, aunque fuese
con guardias a su alrededor.
-Si me disculpáis. -Dijo dejando la copa en una mesa sin mirar a nadie
saliendo con paso vivo del despacho atravesando la casa en dirección a los
jardines para acceder al sendero que conducía a los campos del norte.
Sebastian en cambio, al verlo, se tragó una carcajada que no así una
significativa mirada de Calvin y de Julian que, como él, parecían con ganas
de reírse por su reacción.
No tardó en divisar el grupo que caminaba relajado por los caminos que
conducían a los campos de trigo. Gruñó cuando su vista solo se fijó en
cierta cabellera pelirroja que sobresalí de un sombrero de paja con un lazo
verde a juego con el vestido.
-Estupendo, ni siquiera se coloca en el centro del grupo. -Masculló para sí
enfadado acelerando el ritmo para alcanzarlos rápido.
-Pues si es un espía seguro que lord Wilbor da con él -Decía Leroy con una
brizna de trigo entre los labios mientras sostenía un palo que había tomado
por el camino y que usaba a modo de bastón.
Emma sonrió mirando al pillastre protegido de lady Ashton.
- ¿Y por qué crees que él podrá desenmascararlo?
-Es muy listo y tiene varios clubs de esos a los que van los estirados y lo
sabe todo de ellos.
Emma se rio negando con la cabeza;
- ¿Milord tiene clubs?
-Aja. Milady dice que es un bribón muy listo. Como yo.
Emma no pudo evitar detenerse y reírse.
- ¿De modo que eres un bribón muy listo?
-Sí. Además, milady y la duquesa dicen que soy un pillo seductor. Eso es
porque gusto mucho a las damas bonitas.
Se escuchó una carcajada delante de ellos topándose con Lucas, que llevaba
de su brazo a Ashton mirándolo sin dejar de reírse.
-Lo que haces es embelesarla con ardides, enano peleón. -Añadía Lucas
riéndose.
Leroy se encogió de hombros.
-Y también nos proteges, ¿verdad mi fiero protector? -Preguntaba Ashton
abriendo los brazos a los que se lanzó Leroy riéndose, rodeándola con sus
brazos por la abultada cintura apoyando la mejilla en su vientre.
-Ala… -Separó la mejilla abriendo los ojos como platos.
Ashton sonrió pasándole la mano por sus desordenados rizos.
-Eso es una patada. El bebé te está saludando.
- ¿De veras? Seguro que es una niña bonita y que le gusto.
Lucas se rio negando con la cabeza agachándose para tomar en brazos a
Janet a la que había llevado de la mano.
-Janet, di a tu hermano que no acapare a mis damas.
Leroy se rio:
-El duque dice que os enceláis porque les gusto más que vos.
Ashton se rio entre dientes mirando a Lucas que negó con la cabeza:
-No des alas a este enano.
-Prima Emma, ven.
Josh se colocó delante de ella tomándole la mano tirando ya de ella. Emma
se dejaba arrastrar riéndose divertida.
- ¿Dónde me lleváis? -Preguntaba mientras Leroy se apresuraba también a
tomar su otra mano sin soltar con la otra la correa de su perro.
-Vamos allí. -Señaló lo alto de una loma-. Desde allí se ve todo el campo
norte y podremos ver la recogida del trigo desde buen lugar.
Adrien que les había alcanzado y se encontraba detrás de ellos escuchó
como Josh y Leroy la instaban a ir hasta la loma donde ya empezaban a
acomodarse algunos de sus acompañantes.
Lucas, sonrió, pero pronto contuvo su sonrisa y le observó mirar a la joven.
-Presumo has dejado al duque con Sebastian. -Adrien giró el rostro para
mirarle asintiendo-. ¿Qué te ha parecido?
-La descripción que de él dio Sebastian de recto, sensato, reservado y con
sentido del honor parece ajustarse bastante a su excelencia.
-Y también con gusto a hacer su santa voluntad. -Sonrió de medio lado
sabiendo que su primo se había contenido en más de una ocasión de replicar
al caballero.
Adrien frunció el ceño, pero no contestó.
-Llevadme loma arriba, aunque sea empujándome. Quiero sentarme.
Lucas sonrió a Ashton por su chascarrillo y la besó en la frente antes de
enderezarse y mirar a Adrien.
-Sé útil y ayúdame a llevar a mi esposa a lugar cómodo.
Los dos la tomaron llevándola en volandas a la sillita mientras ella rodeaba
sus hombros con un brazo a cada uno sonriendo complacida con Janet
caminando por delante de ellos abrazando a su inseparable muñeca.
Tras dejar a Ashton junto a Lucas, él se acercó a Emma que no se dio
cuenta que se sentaba tras ella pues seguía inmersa en la conversación con
Josh que le detallaba pormenorizadamente las técnicas de recogida de trigo
que se llevaban a cabo en Chesterhills.
-Josh, id a por una de las cestas de recolección y enseñádsela. -Sugirió lo
que hizo que las tres cabezas situadas debajo de él en la loma girasen para
mirarlo.
-No es mala idea. Así verá cómo se colocan las ramas del trigo para no
dañarlas. -Josh sonrió y se puso de un salto de pie haciendo una señal a
Leroy para que le siguiese y este poniéndose en pie iba a hacerlo, pero
primero se inclinó hacia Emma y sonriendo pícaro señaló:
-No os mováis. Enseguida regresamos. Pero si creéis que estáis en peligro
gritad que vendremos enseguida. -Ladeó el rostro para mirar donde estaba
Lucas con su hermanita sentada junto él y dejando al perro junto a ella para
que la cuidase asegurándose al tiempo que Lucas la cuidaba también salió a
la carrera loma abajo.
Adrien sonrió negando con la cabeza, divertido por la siempre
sobreprotectora postura de ese enano pelirrojo no solo con su hermana sino
con todas las damas de la familia y, al parecer, ahora, también con Emma a
la que había decidido proteger. Tras unos segundos se movió para quedar
sentado junto a Emma que le miró entrecerrando los ojos con desconfianza.
-Deberías saber que tu tío se encuentra en Chesterhills y que espera no solo
encontrarse contigo allí sino asumir su papel de tío y tutor.
- ¿Tutor? ¿Qué significa eso? -Preguntaba con gesto tenso-. ¿No pretenderá
que me vaya a vivir con él? Yo vivo con lady Nora.
Adrien hizo una mueca.
-No tiene, al parecer, inconveniente alguno que sigas manteniendo relación
con mi tía tanto cuanto gustéis, más…
- ¿Cuánto gustemos? -Le interrumpió-. Lo que gusto es vivir con ella.
-Bien, bueno, supongo que eso podrás decírselo a él cuando le veas, más no
olvides que habíamos convenido que regresases a Londres a ocupar el lugar
que te corresponde y eso supone regresar a la mansión del ducado de
Carmond.
- ¿Y si yo no deseo vivir allí? ¿Podrá obligarme? Lord Phillip os nombró mi
tutor. Eso ha de significar algo ¿no es cierto?
Adrien sonrió:
-De modo que no soy tan mal tutor.
-Bueno, no sabría deciros, pero quizás sea mejor lo malo conocido que lo
bueno por conocer.
Adrien se rio.
-Me siento halagado.
Emma bufó:
-Es culpa vuestra por hacerlo llamar.
Adrien negó con la cabeza.
-No podíamos no llamarlo. Es tu familia.
-Mi familia es lady Nora.
-Y seguirá siéndola.
De nuevo bufó enfadada y con gesto hosco se desató el nudo del sombrero
para desprenderse de él dejándolo a un lado lo que hizo que él se quedase
unos instantes con los ojos clavados en su denso, brillante y sedoso cabello
pelirrojo deseando alargar la mano y hundirla en él para acariciar sus
mechones desprendiéndolos uno a uno de su recogido. Tuvo que desviar los
ojos ante la dirección peligrosa que de pronto seguía su cabeza topándose
con Lucas que sonreía a Ashton a la que mantenía acomodada entre sus
piernas para tenerla en cómoda postura.
-Mirad lo que me ha dado un hombre llamado Steven. -La voz de Leroy le
hizo mirar hacia él que sostenía una azada pequeña en una mano frente a
Emma.
Gruñó y suspiró todo al tiempo.
-Ten cuidado con ella, Leroy, aunque no lo parezca suelen estar muy
afiladas.
Leroy asintió con un golpe de cabeza antes de volver a mirar a Emma
sonriendo al dejarse caer a su lado.
-Tiene forma curva para cortar mejor un manojo. -Empezó a decirle
mientras él observaba como Emma con solo ponerse a hablar con otra
persona distinta a él relajaba su gesto y lo suavizaba de modo inmediato-.
Corta mucho, así que mejor no lo toquéis. Es peligroso.
Adrien sonrió negando con la cabeza por el gesto de alarma que puso
alertando a Emma.
-Anda, enano peligroso, ayuda a Josh a subir la cesta que parece que no
puede solo con ella.
Leroy miró loma abajo y salió corriendo, dejando la azada a un lado.
Camile, sorprendiéndolo, se arrodilló frente a él apoyando las manos en sus
rodillas haciendo así que no solo le mirase, sino que le prestase atención.
-Mañana has de venir a hacer de acerico.
Adrien gruñó:
-Para eso está tu hermano, Sebastian, Julian, Cam y si me apuras todos los
hombres de este bendito lugar.
-Lo sé, pero como ahora también entrenará Leroy necesitamos otro
caballero que nos ayude en las prácticas de esgrima.
-Yo vendré a ayudaros a luchar, pero me niego a hacer de diana para que me
insertéis. El papel de acerico se lo dejamos a ese mentecato hermano tuyo.
-Bueno, pero entonces tú entrenas el duelo conmigo.
Lucas más allá se rio:
-Eh, pequeñaja. Te recuerdo que yo soy tu hermano y me quieres por
encima de ningún caballero así que no debes usarme de acerico.
Camile sonrió traviesa.
-Y como tú me quieres por encima de todos, no pondrás trabas a mi
entrenamiento.
Ashton se rio alzando el rostro hacia Lucas.
-En eso tiene razón. No debes poner trabas a su entrenamiento así que harás
de acerico más que encantado.
Lucas rodó los ojos resignado.
-Esposa, ¿no deberías desear tenerme sano y salvo y de una pieza siempre?
-Bueno… supongo que debería, pero prefiero que Camy sea un excelente
espadachín.
Camile se rio burlona mirando desafiante a su hermano.
-He de ser un excelente espadachín.
Adrien le tiró de un mechón atrayendo su atención.
-Bien, enana, ahora ya puedes ir a reunirte con los demás ya que has
logrado que mañana entrene con tres peligrosos espadachines.
-Es verdad. He cumplido mi misión. -Sonrió orgullosa antes de impulsarse
y ponerse en pie.
Emma se rio entre dientes al verla marcharse toda satisfecha.
-No te rías que esa pequeñaja es realmente peligrosa, terca y decidida
cuando quiere.
-Pues a mí me parece una jovencita admirable. -Respondía con esto terco-.
Como bien ha dicho, tenía una misión y la ha cumplido con creces.
-Exactamente. -Corroboró Ashton apoyando mejor la espalda en el pecho
de Lucas que la mantenía cómoda en sus brazos-. No hay nada más
admirable que una jovencita tenaz que cumple los objetivos que se propone.
Le diré al señor Pirelly que es su mejor alumna, después de mí, claro.
-Claro. -Se rio Lucas besando su coronilla-. Después de todo nadie es más
tenaz y más diestro espadachín que mi terca esposa.
-Bueno, no puedo negar que el buen doctor es mejor espadachín que yo,
sobre todo ahora que mi estado no me permite ágiles movimientos.
Lucas sonrió alargando el brazo para acariciar su abultado vientre
suavemente y posando los labios en su oído le susurró para que nadie la
escuchase:
-Amor, anoche te movías con suma agilidad bajo mi cuerpo y acogías con
destreza mi espada mientras te tomaba enterrándome en ti hasta que me
agotaste por entero.
-Shh, calla, burro. -Le reprendió sin mucho convencimiento porque sonreía
por la licenciosa burla, aunque se ruborizó profundamente.
Aunque se mantuvo en todo momento cerca de Emma, Adrien no volvió a
intercambiar palabra alguna con ella, pero sí estuvo atento a la interacción
entre su hermano, Leroy y la joven hasta regresar para el almuerzo, pero
antes de entrar en la mansión y viendo en la terraza a Sebastian con el
duque, supo que debía preparar a la joven para su encuentro con el que
pasaría a ser su tutor desde ese mismo instante.
-Emma. -La llamó cuando alcanzaron el borde de los jardines.
Emma al escucharlo a su espalda, llamándola por su nombre sin más
formalidad y con voz firme pero aparentemente calma, se giró y lo miró.
-Espera un instante que he de hablar contigo.
Emma suspiró quedándose en el lugar mientras le veía hacer un gesto a Josh
y al pequeño Leroy para que continuasen con los demás. Cuando todos se
habían adelantado ella miró con desconfianza al conde.
-Bien ¿Qué era eso de lo que queríais hablar conmigo?
-Emma, el caballero que se encuentra en la terraza con su excelencia es el
duque de Carmond, tu tío. -Como un resorte giró y miró más allá-. Dudo no
pretenda que regreses con él a Londres y, si no quieres que te imponga sin
más su voluntad, te aconsejo que no te muestres tan airadamente peleona
con él como conmigo. Trata de lograr de él que consienta a lo que desees de
un modo calmo y pacífico o te aseguro él querrá imponer su voluntad. Por
la impresión que me ha dado, tiende a imponer sus deseos, a que estos sean
escuchados y, las más de las veces, obedecidos.
Emma resopló.
-Al parecer aquí hay muchos caballeros que encajan a la perfección en esa
definición.
Adrien no pudo contener la carcajada que se escapó de sus labios por el más
que evidente dardo dirigido a su persona.
-Si me estás llamando tirano, he de decirte que suelo ser bastante
impositivo, pero creo poder afirmar sin faltar a la verdad que tu tío me gana
con creces.
-Pues qué futuro tan aciago me espera. -Masculló molesta.
-Por eso, te aconsejo que temples tus impulsos y procures mostrarte calma y
con espíritu dialogante con él. Como digo, parece algo impositivo, pero no
irracional, aunque dudo le guste que se le impongan sin más los deseos y
opiniones ajenas, de modo que no te muestres en exceso terca o reclamante.
-Es evidente creéis que soy terca, reclamante y en exceso impulsiva. -
Replicó mirándole fijamente.
-En realidad, creo que te muestras muy desafiante con ciertas personas, en
concreto con aquéllas que pueden y deben decidir sobre tu vida. Al menos
es lo que has hecho conmigo desde que has llegado.
-Eso no es cierto. -Se quejó y Adrien le miró con una media sonrisa alzando
una ceja-. Es que vos siempre me estáis dando órdenes.
Adrien sonrió tomando su codo para girarla instándola a caminar hacia la
casa.
-Pues salvo que llegues a un pacífico entendimiento con su excelencia, me
temo que él también te dará constantes órdenes.
-Sé pensar por mí misma y decidir sobre mi vida y mis asuntos por mucho
que vos, y al parecer el duque, penséis que no puedo.
-Y de nuevo sale a relucir tu vena peleona como si te estuviesen atacando. -
La miro sin detener su caminar-. Atiende lo que digo, Emma, o el duque se
impondrá sin más y no escuchará lo que deseas.
Emma se detuvo y le miró con el ceño fruncido.
-Está bien, pero quizás no atienda a razones.
-No lo sabrás si no lo intentas. Venga, vamos que será mejor te presente al
duque antes de sentarnos a almorzar.
- ¿Veis? Otra vez dándome órdenes. -Se quejaba echando a andar por
delante de él-. Sois un tirano, no podéis evitarlo.
Adrien sonrió siguiéndola hasta la terraza apresurándose a colocarse a su
lado para poder presentarle al duque al que veía no apartar los ojos de ella
desde que había alcanzado la escalinata de acceso. Se puso en pie justo
cuando ellos se acercaron sin apartar los ojos de Emma que entrecerrando
los ojos lo observó con cierto recelo.
-Excelencia. -Lo correspondió en cuanto lo tuvo delante haciendo una
cortesía.
-Realmente sigues manteniendo un encomiable parecido con Adele. -Vio al
duque sonreír a Emma que tras enderezarse después de su genuflexión le
observó curiosa-. Por tu mirada entiendo no me recuerdas. -Emma negó con
la cabeza-. Es lógico. Yo aún estaba en Francia cuando Adele desapareció.
-Cuando la mataron. -Lo corrigió Emma rápidamente haciendo que Adrien
a su lado rodase los ojos pues era evidente su advertencia anterior quedaba
en el olvido y no estaba dispuesta a mostrarse contenida.
El duque asintió antes de ofrecerle el brazo cuando vio a Sebastian asentir
al mayordomo que había avisado del almuerzo.
-Vamos, Emmaline, durante el almuerzo podrás ponerme al día de lo
ocurrido.
Emma suspiró.
-Para eso necesitaría que el almuerzo tuviere cien platos. Han sido más de
doce años.
Adrien tuvo ganas de gemir porque realmente era demasiado peleona para
su propio bien, pero para su sorpresa, el duque soltó una carcajada
caminando con ella de su brazo.
-Eres igualita a Adele. Siempre discutía incluso consigo misma y gustaba
dar la última palabra.
- ¿De veras? -Preguntó ella mirándolo, ladeando la cabeza-. No recuerdo
eso.
-Lo hacía. Siempre venía a verme cuando teníamos sesiones de debate en la
escuela y solía entrenar conmigo los combates dialécticos con mis
supuestos contrincantes. Su madre fue una gran oradora, a decir de mi
padre, más como había fallecido antes de yo nacer, no puedo juzgar la
certeza de esa opinión.
- ¿Y vuestra madre cómo es?
-Bien, no puedo decir que sea una mujer con gusto por la cercanía ni
siquiera con su propio hijo, pero sí por las responsabilidades y los deberes
del cargo de modo que asumirá como una tarea importante el presentarte y
asegurar tu correcta introducción en sociedad.
Emma entrecerró los ojos sin detener su paso:
- ¿Y no creéis que lady Nora hará eso mejor que nadie ya que a mis ojos y a
los suyos no es sino una madre para mí?
El duque se detuvo y como él Sebastian, Adrien y Alejandra que les seguían
a prudente distancia, aunque no la bastante para evitar oírlos.
-Emmaline, eres nieta y sobrina del duque de Carmond. Es al ducado de
Carmond al que corresponde tu presentación en sociedad. Si bien la ayuda y
apoyo de lady Nora será bien recibida y agradecida, no olvides quién eres.
Quizás lo hayas ocultado muchos años, pero tú sabes quién eres y también
quiénes eran tus padres, tu abuelo, tu casa y tu apellido.
Emma abrió la boca para protestar, pero ¿qué podía protestar a eso? Era
sino la verdad por mucho que no le gustase saber que tenía que supeditarse
a los deseos del duque.
-Mi madre os enseñó bien a replicar. -Contestó vencida haciendo al duque
reírse entre dientes mientras de nuevo la llevaba de su brazo continuando el
camino del comedor siguiendo al grupo que les precedía.
Adrien que los escuchaba tuvo ganas de gruñir pues era evidente el duque
se había ganado a la joven y casi convencido, aunque no se diere cuenta.
Esa idea le molestaba, aunque no sabría decir por qué pues, a efectos reales,
que el duque asumiere su deber implicaba que le liberaba a él del mismo.
- ¿Conocéis a lady Nora, excelencia? -Se apresuró a presentársela en cuanto
alcanzaron el comedor antes de tomar asiento-. Milady, él es el duque de
Carmond, el hermano de mi madre.
-Milady. Creo que me encuentro en deuda con vos por cuidar durante todos
estos años a mi sobrina y protegerla como lo habéis hecho.
Lady Nora asintió asegurándose que el duque quedaba sentado a su lado,
obviando el orden correcto y protocolario de acomodarse en la mesa, para
así poder conversar con él y evitar, como presumía pretendía, llevarse a
Emma a su casa y, por lo tanto, lejos de ella. Emma, por su parte, se sentó,
conteniendo una sonrisa satisfecha y cómplice, al otro lado del duque,
sonrisa que pronto contuvo porque frente a ellos se sentó Adrien que les
observaba sin disimulo. Ella estaba segura que lo que pretendía era
controlar sus “arrebatos impulsivos” ya que según parecía convencido,
actuaba antes de pensar.
Leroy, una vez sentados y antes de tomar asiento en su lugar, se colocó
junto a Emma atrayendo su atención.
-Si necesitáis ayuda, estoy sentado allí. -Señaló al otro lado de la mesa
haciendo a Emma sonreír asintiendo mientras Lucas, sentado junto a
Ashton que a su vez estaba sentada junto a Adrien frente a Emma y el
duque, se rio divertido mientras que el duque, por su parte, alzó las cejas
sorprendido.
- ¿Quién es ese pequeño? -Preguntó observando a Leroy rodear la mesa
para ir a su lugar.
-El pupilo de duque de Sucré. -Contestó Emma como si nada-. Bien,
decidme, tío, ¿es cierto que he de consideraros mi tutor y que pretendéis
llevarme con vos a Londres?
Adrien gruñó al otro lado mascullando para Ashton y Lucas:
-Menos mal que la he instado a mostrarse comedida y contenida.
Ashton soltó una risilla divertida disimulando mientras se ponía la servilleta
en el regazo:
-Pues no puede decirse que sea una dama con inclinación a atender tu voz.
Lucas casi escupe el trago de vino que acababa de beber por el dardo de su
esposa hacia su primo mientras éste volvía a gruñir.
-Pues lo pretendo, sí. -Contestó el duque mirando a Emma-. Aunque por tu
gesto no parece ser un futuro de tu agrado.
-No quiero separarme de lady Nora.
-Bien, no pretendo que ello ocurra si no es necesario. Por supuesto, milady
es bienvenida en Carmond House cuanto guste acompañarnos.
-Ah. -Emma frunció el ceño mirando de soslayo a lady Nora que sonreía
asintiendo para ella disimuladamente confirmándole que esa idea le parecía
bien-. Pues yo esperaba vivir en una casa juntas en la ciudad.
-Pues no era eso lo que creía ocurriría ya que, de haber ido a Londres sin
mí, residirías en Valleyland House.
Emma entrecerró los ojos antes de mirar a Adrien que sonrió con inocencia.
-Ya veo, al parecer, mi destino siempre acaba en manos de otros.
El duque la miró alzando una ceja inquisitivamente.
-Emmaline, eres mi pupila, ¿Qué creías ocurriría?
- ¿Qué sé yo? ¿No tener que ir a Londres?
-Pues, me temo, eso no va a ocurrir. Irás a Londres, te presentarás en
sociedad como corresponde a la nieta y sobrina del duque de Carmond y
nos ayudarás a dar caza al traidor que mató a tu padre y a mi hermana y tu
madre.
Emma entrecerró los ojos y asintió:
-Solo si lo pides por favor. Me crispa mucho recibir órdenes tajantes cuando
se trata de mi vida.
Adrien volvió a gruñir esta vez tocándose el puente de la nariz con dos
dedos mascullando un “terca”. El duque por su parte la miró fijamente unos
segundos.
-No pienso pedírtelo por favor, pero sí que te lo pido sin más dejando de
lado las “ordenes tajantes”.
Emma le sostuvo la mirada unos instantes antes de volver a asentir.
-Supongo que eso me valdrá, pero milady viene conmigo.
El duque sonrió:
-Supongo que eso me valdrá. -Contestó con el mismo tono que ella.
-Y yo también lo supongo. -Añadió lady Nora sonriendo tras su copa de
vino antes de beber de ella.
-Pues si a todos les vale, creo que podré retirarme dignamente y tener a mi
bebé con tranquilidad. -Señaló Ashton poniéndose en pie.
- ¿Perdón? -Exclamó Lucas poniéndose en pie de un salto junto a ella.
-No me mires con cara de asombro y ayúdame a subir. Y ya que subo, Alex
¿podrías acompañarme y ayudarme a parir? Algo me dice que este esposo
mío no me será de ayuda.
-Yo, yo, yo te ayudo a subir. Te cuidaré. -Decía Leroy que había corrido
hasta ella colocándose frente a Ashton tomándole enseguida la mano.
Ashton sonrió divertida dejándose llevar de la mano por Leroy mientras por
encima de su hombro decía mirando a Lucas:
-Esposo, cuando salgas de tu estado de estupefacción no estaría de más que
te dignases a decir a ese doctor de allí que deje de comer y acompañe a la
duquesa a traer al mundo a mi bebé.
Cam con la boca llena la miró con gesto tranquilo.
-Ya voy, ya voy… ¿No es mejor tener a un doctor bien alimentado y sin
hambre que uno hambriento asistiendo el nacimiento de ese bebé? -
Preguntaba antes de ponerse en pie, dejando la servilleta en la mesa-. Las
damas de esta familia tienen la incómoda costumbre de ponerse de parto
cuando uno está comiendo.
Alex que ya caminaba junto a Ashton y Leroy le miró reprendiéndole con la
mirada.
-No recuerdo que interrumpieses tu cena navideña para mi parto, hermano.
De hecho, subiste cuando ya habías devorado varias bandejas.
-Por seguridad. Repito que no es bueno que el doctor atienda a un paciente
con el hambre nublando su juicio.
-Menuda patraña. -Se quejó Alejandra por delante de ellos-. Luc, despierta
de una vez y ayúdanos a subir a tu esposa a un cómodo lecho para traer a tu
bebé.
-Yo creo que si es niño debería llamarse Leroy.
Lucas al escuchar la afirmación de Leroy echó a andar con paso vivo tras
ellos.
-Enano, no intentes engatusar a mi esposa. Si es niño se llamará Lucas
como su padre.
-Se llamará Paul como su tío. -Afirmó Ashton sin detener su caminar.
-Gracias. -Contestó alzando la voz el marqués de Wilbor sonriendo
divertido-. Seré un padrino fantástico.
-He dicho que se llamará como tú no que vayas a ser su padrino,
acaparador. -Contestó de igual modo Ashton sin siquiera mirarlo o
detenerse.
Emma, tras haber salido Lucas, Ashton, Leroy, Cam y Alejandra miró en
derredor observando con cierta incredulidad que todos los presentes seguían
almorzando como si nada ocurriese. Se inclinó ligeramente a la izquierda y
susurró al duque:
-Ahora entiendo, por fin, lo que se considera flema inglesa.
El duque se rio casi escupiendo el vino.
-Te recuerdo que tú también eres inglesa.
-En realidad, soy francesa, tío. Mi padre era francés.
-Pero naciste en la sagrada Inglaterra.
- ¿Qué hace a Inglaterra sagrada? -Preguntaba mirándolo desafiante.
-El simple hecho de ser Inglaterra. -Contestó del mismo modo.
Emma bufó.
- ¿Tu padre era francés? -Preguntó Josh con la boca llena.
-Un noble francés que huyó de Francia cuando los bonapartistas empezaron
su caza de brujas.
-Ahh… -Tomó un trozo de panecillo que empezó a untar con algo de crema
mientras la miraba-… pues a lo mejor por eso pudo descubrir al traidor.
Quizás lo viese en Francia o lo reconociese de algo antes de venir a
Inglaterra.
Emma ladeó el rostro, pensativa:
-Pues no lo había pensado… -Giró el rostro y miró al duque-. ¿Cuánto
tiempo llevaba mi padre en Inglaterra cuando se casó con mi madre?
-Se casaron en Francia. Al poco, Napoleón empezó a ser una amenaza para
muchos nobles no afines a su loca causa y regresaron a Inglaterra de
inmediato, de hecho, debieras saber que tienes propiedades en Francia que
hasta hoy he estado gestionando pues formaban parte de la herencia de mi
hermana que creía me correspondía, pero que obviamente ahora son tuyas.
-Lo sé. El abuelo me enviaba una relación detallada de los bienes y de su
gestión y lord Phillip me enseñó desde niña a comprender y aprender.
Josh se rio entre dientes:
-Excelencia, os conviene haber hecho bien vuestros deberes y actuado
honradamente pues la prima Emma le puede reclamar el dinero.
Sebastian, desde la cabecera, se carcajeó por la impertinencia de su primo
antes de mirar al duque:
-Disculpad a mi joven primo, excelencia, es joven y aún no mide la
conveniencia de la sinceridad.
El duque le miró y después a Josh con una media sonrisa:
-Milord, ambos podemos estar tranquilos pues he hecho muy bien “mis
deberes” cumpliendo con el deber y el honor que era requerido.
-Supongo que deberé esperar escuchar de labios de la prima Emma la
veracidad de esa afirmación, excelencia, cuando ella revise
convenientemente los libros. -Añadía burlón y sarcástico.
-Josh, recuérdame cuando regresemos a casa que te azote por impertinente.
-Decía Adrien con voz cansina.
-Vale, y antes le recordaré a madre que te prohíba azotarme. Soy el mejor
de los hermanos y conviene mantenerme en buena forma.
Emma se rio mirándolo claramente divertida:
- ¿El mejor?
-Claro. A la tercera va la vencida.
-Cierto. -Contestaron al unísono Alexa, Juliet y Gloria-. Somos los mejores.
-Corroboraron encantadas.
A los pocos minutos y mientras volvían a fluir las conversaciones durante el
almuerzo entró Leroy a la carrera acercándose a Sebastian.
-La duquesa quiere que le suban un poco de té a milady y algo de comer
para ella.
Sebastian sonriendo hizo un gesto al mayordomo que presto acudió a
atender la petición de su señora mientras Sebastian hizo un gesto a Leroy
para que se acercase un poco más:
- ¿Hemos de presumir que el bebé tardará en llegar?
-No sé. -Se encogió de hombros-. El conde me ha dicho que baje y espere
aquí con los demás.
Sebastian sonrió señalándole el asiento a su lado que hubo dejado libre
Alex sabiendo que seguramente le hubieron mandado abajo para que no se
asustase.
-En ese caso, termina de comer. Si el bebé de ese mentecato se parece a él
vas a necesitar tener fuerzas para cuidar de él porque será muy inquieto. -
Sonrió al ver al ver a la niñera de sus hijos, la antigua tata de Teresa y Alex,
acercarse con su pequeña en brazos y poniéndose en pie la tomó en los
suyos volviéndose a acomodar en la silla- Mi nenita ya ha almorzado…
Leroy que no hubo tardado en dar buena cuenta de las bandejas que tenía
delante, lo observó comiendo a dos carrillos.
- ¿Por qué hacéis eso? -Sebastian le miró alzando una ceja instándole a
aclarar su pregunta-. Siempre que lady María come, os la traen.
Sebastian sonrió canalla.
-A las damitas de esta familia les gusta dormir en los brazos del imponente
duque.
-Ahh… -Asintió como si lo comprendiese, aunque estaba lejos de hacerlo-.
Y lord Andrés duerme en los de la duquesa.
Sebastian se rio entre dientes señalando al otro lado de la mesa donde Alexa
acunaba a su heredero.
-Si tiene ocasión de tomarlo sí, porque a veces las siempre imperiosas
damas de la familia se le adelantan.
Leroy que hubo seguido la dirección de su indicación asintió de nuevo al
ver a lady Alexa con el gemelo de lady Mary. Desvió su mirada a lady
Emma antes de volver a mirar a Sebastian deteniéndose un instante, como
siempre hacía, en su hermana Janet que permanecía junto a lady Camile
comiendo callada.
-Si lady Emma se va a vivir a casa del duque, no podremos protegerla.
Sebastian se rio entre dientes alzando los ojos del regordete rostro de su
hija.
-Bueno, será el duque el que habrá de asegurar su protección, pero eso no te
impedirá acudir a verla cuanto desees y acompañarla en sus paseos.
-Es cierto. La ciudad es peligrosa y deberé protegerla de los peligros de las
calles de Londres.
Sebastian sonrió divertido por esa vena protectora del pequeño, aunque,
como los demás, sabía que comentarios como ese desvelaban el duro
pasado que él y su hermanita debieron pasar cuando se escaparon del
orfanato.
Una hora después, todos permanecían acomodados en uno de los grandes
salones de la mansión ducal repartidos en grupos pues mientras unos
conversaban relajados, otros jugaban a los naipes o a las charadas o
simplemente leían en tranquilidad cerca de la chimenea, como era el caso
de Emma que, sentada en un sillón frente a lady Nora y al duque, ya no
atendía la conversación de estos centrada básicamente en organizar su
“temporada social” la cual a ella no solo no le entusiasmaba sino que estaba
deseando fuere breve e infructuosa ya que el único objetivo de ese ritual era
encontrar un esposo adecuado y ella no estaba muy dispuesta a desposarse
aún.
Al escuchar el ruido de los niños correr por el salón alzó la vista viéndolos
correr hacia una de las puertas por donde apareció lord Lucas con un bulto
entre sus manos.
-Familia, os presento a mi bonita lady Anne Louise Camile. -Anunció
haciendo que todos se levantasen mientras él se acercaba con el jaleo de los
más pequeños a su alrededor pidiéndole que se la enseñase-. Camy, siéntate
en un sillón para coger a tu sobrina.
Camile obedeció como un resorte y enseguida él le cedió al bebé.
-Se parece a milady. -Afirmó tajante Leroy que, apoyado en el brazo del
sillón, observaba al bebé.
-Y también lo hace su hermano. Lord Paul Albert. -Señaló Lucas hinchando
el pecho señalando la puerta por la que entraba Alejandra con otro bebé en
brazos.
-Ala. ¿Habéis tenido dos? -Preguntó asombrado Leroy mientras Alejandra
ponía en brazos de la madre de Lucas el bebé.
Lord Albert, hermano de Lucas sonrió:
-Bien, no he de negar que me siento halagado, aunque más lo habría estado
si mi nombre hubiere ido por delante del de ese marqués.
Paul se rio negando con la cabeza:
-Soy su padrino.
-No lo serás. -Se apresuró a decir Lucas mirando a su hermano Rupert que
observaba a su sobrino en brazos de la condesa viuda y el notar que lo
miraban sonrió arrogante.
- ¿Seré el padrino? -Lucas asintió y él sonrió enderezándose orgulloso antes
de mirar arrogante a su hermano Albert que se rio negando con la cabeza
llamándole pavo emplumado.
-Cielo, ¿Te has dado cuenta de que en esta familia hay una clara
predisposición a tener los hijos de dos en dos? -Preguntó con sorna
Christian acariciando ligeramente el abultado vientre de su esposa a la que
mantenía acomodada en su costado mientras ella devoraba una bandeja de
galletitas con el té.
Allegra alzó los ojos frunciendo el ceño.
-Ni se te ocurra. Yo los tendré de uno en uno. -Afirmaba tajante arrancando
una carcajada a Christian-. No te rías. -Se quejó dándole un golpecito en el
hombro no logrando que él se riese más.
Mientras todos parecían entretenidos con los bebés de Lucas y con los de
Sebastian y Alejandra que permanecían en una de las alfombras de
Aubussom cerca de la chimenea con Sebastian y la recién llegada Alex a su
lado, él no hacía sino observar a Emma que parecía querer ignorar no solo
los planes de su tía Nora y del duque sino incluso la idea de marchar a
Londres, pero había quedado claro que el duque, que marchaba al día
siguiente, pretendía ser acompañado por ella, y ahora también por su tía
Nora, en ese regreso a la ciudad. Frunciendo el ceño pensaba en lo
peligroso que iba a ser ese regreso para la joven. Apenas tardaría unos días
en correr como la pólvora la noticia de la llegada de la sobrina del duque de
Carmond a la ciudad y, dado el pasado de la joven y el completo
desconocimiento por la sociedad, todos los miembros de la nobleza y la
aristocracia se apresurarían a ser los primeros no solo en conocer los
pormenores de ese pasado, sino en conocer a la joven y juzgarla como a
buen seguro harían.
-Me marcho con prima Emma a la ciudad.
Alzó las cejas sorprendido por tan tajante afirmación que venía de Josh que,
sorprendiéndole, se había plantado con gesto terco frente a él. Al parecer,
pensó sonriendo ligeramente, no era el único que pensaba en la pronta
marcha de la joven.
-No. -Contestó tajante, aunque en su interior estaba claramente divertido.
-Pero ¿por qué no? Vosotros vais a ir dentro de unos días. Solo me adelanto.
Además, tía Nora y la prima Emma necesitan que un caballero de la familia
las acompañe para cuidar de ellas.
-Un caballero de la familia… pero si tú no eres más que un mocoso peleón.
Josh se lanzó a por él haciéndole caer hacia atrás sobre el respaldo del sillón
riéndose.
-Retira eso. -Decía forcejeando con él mientras Adrien se reía y le dejaba
hacer.
- ¿Ves? Lo que yo decía. Un enano peleón. -Forcejeaba con él sin dejar de
reírse hasta que por fin se detuvo.
-No podemos dejar a prima Emma sola. -Insistió con gesto serio después de
unos segundos.
-El duque la protegerá, Josh. Si no estuviese seguro de ello, no dejaría que
tía Nora y ella se marchasen.
-Aun así, es muy peligroso y tú lo sabes. Un asesino la persigue y ese espía
puede matarla en cuanto llegue a Londres. Ella es la única que le ha visto.
Es muy peligroso.
Adrien suspiró pesadamente porque en el fondo él estaba pensando
precisamente eso.
-Está bien, adelantaremos también nuestra marcha a Londres. Pediré al
duque que se quede un par de días para que madre pueda preparar la marcha
y viajaremos juntos.
-Estupendo. -Se enderezó sonriendo satisfecho y se ajustó el chaleco como
si fuera un caballerete-. Le diré a Leroy que no deshaga su petate.
- ¿Leroy? -Preguntó obviando la terminología que usó que seguramente
habría escuchado de Allegra, de su hermano Máximo o incluso del propio
Leroy.
-Claro. Si regresamos, el también vendrá. Ha de cuidar de Emma, lo ha
prometido.
-Josh, Leroy y Janet iban a pasar unos días con Lucas y Ashton.
-Bueno sí, pero acaban de tener a los bebés… -Sonrió satisfecho-. Seguro
que a madre le encanta tener a Janet en casa unos días. Siempre dice que
estar rodeada de hombres es muy cansado.
Adrien se rio porque cuando la volvían loca solía decir eso.
-Primero informa a lord Wilbor que Janet y ese terco peligroso serán
nuestros invitados. Mientras, yo hablaré con el duque.
Veinte minutos después, tras conversar con el duque, había conseguido que
aceptase marchar juntos dos días después. Al separarse fue a informar a su
madre encontrándosela con lady Nora organizando la partida. Rodó los ojos
acercándose a ellas.
- ¿Quién ha sido el delator?
Lady Marian sonrió:
-Como si no supieses que tu hermano excitado es incapaz de contener su
verborrea.
Gruñó girando y echando a andar directamente hacia el otro lado del salón
donde su hermano permanecía sentado sobre una enorme alfombra con el
resto de los niños escuchando atentamente la lectura del último cuento de
Señora Potiffield. Al acercarse bien a Emma, sentada en una butaca
sonriendo mientras escuchaba a los niños reírse en algunos pasajes, se
detuvo para observarla unos instantes. Era la primera vez que la veía tan
relajada y parecía realmente encantada con la imagen de los niños. La
observó en silencio unos instantes hasta que notó movimiento a su lado
encontrándose a Lucas con uno de sus bebés en brazos.
- ¿No debería estar con su madre descansando?
Lucas sonrió meciendo el pequeño bulto.
-Su madre está devorando un plato de sopa pues no le ha dado tiempo a
almorzar y con hambre no consigue dormir. Y me parece que mi pequeño es
igual porque lo he dejado durmiendo en su cuna completamente saciado tras
un atracón.
Adrien alzó una ceja bajando los ojos al regordete rostro del bebé que
sostenía.
- ¿Y te has bajado a Anne por alguna razón?
-No necesito razón para tener a mi pequeña conmigo, mentecato.
Adrien se rio negando con la cabeza.
-Pronto empiezas a adoptar las costumbres de ese duque pesado.
Miró de soslayo a Sebastian que mantenía a sus dos pequeños frente a él en
la alfombra en la que estaba acomodado frente a la chimenea con Alejandra
mientras sus bebés parecían atraídos por las figuritas que su madre movía
frente a sus ojos.
- ¿Qué es eso que ha ido diciendo Josh de que partís en dos días? Creía que
marcharíais todos juntos en una semana.
Adrien se encogió de hombros:
-Será mejor que vayamos a Londres para ayudar al duque en lo que pueda
necesitar con su sobrina. Además, en cuanto corra la voz de su aparición y
de que se haya en Londres, no solo ese espía será un peligro para ella.
Lucas se tragó una sonrisa burlona por la excusa que se buscaba para
acompañar a la joven a la ciudad.
-Por la reacción de los niños, este libro también será un éxito. -Dijo
sonriendo, cambiando de tema-. Quizás convenga avisar que aumenten la
tirada esta vez desde el inicio.
Adrien asintió:
-En cuanto llegue a la ciudad me ocuparé de que en la imprenta se ponen
con ello.
- ¿Por qué no está lady Anne en la camita? Tenéis que dejarla descansar.
La voz de Leroy les hizo a los dos mirar hacia abajo y a Adrien reírse entre
dientes por el mandato del pequeño que, sin importar la posición de uno y
otros, daba órdenes cuando se trataba de defender y proteger a las “damitas”
de la familia y a su hermanita.
Lucas sonriendo lo miró desafiante:
-Enano mandón, en brazos de su padre está muy a gusto.
-Pero empieza a hacer frío. Ha de estar en la camita. -Dijo rodeándolo para
empezar a empujarlo por la espalda o al menos creía estar empujándolo
porque Lucas riéndose se dejaba llevar.
-Enano, pienso darte azotes por esta osadía de empujarme.
Leroy bufó sin dejar de hacerlo.
-Milady no os dejará. Además, soy el protector de las damas de la familia y
milady me dará la razón.
Lucas se reía dejándose llevar al tiempo que decía:
-Nenita, no escuches a este protector impertinente que tu madre te ha
buscado. Tu padre siempre tiene la razón.
Adrien lo último que escuchó antes de verlos desaparecer por la puerta es el
bufido de Leroy. Se acercó donde estaban los niños tomando asiento cerca
de Emma que al notarlo lo miró:
- ¿Ya habéis confabulado bastante con el duque para decidir sobre mi vida?
-Preguntaba mirándolo ceñuda.
-Justo eso era lo que estaba haciendo. -Respondía con ironía.
-He pasado de las manos de un tirano a las de otro. -Se quejó.
Adrien la miró entrecerrando los ojos.
-No recuerdo que hayas obedecido ni una sola vez a este tirano en concreto.
- ¿No? Al llegar me metí en la cama.
Adrien se rio:
-No lo hiciste por hacerme caso y menos por obedecerme, sino solo porque
apenas te tenías en pie.
-Eso nunca lo sabréis. -Giró el rostro y miró a los niños que prorrumpieron
de golpe en ruidosas risas escuchando a Cam que era quién leía en voz alta
a los pequeños. Sonrió al darse cuenta de la parte que la narración de la que
se reían.
-Es una buena escritora la señora Potiffield, ¿no crees?
Al escuchar la pregunta a su lado giró de golpe el rostro para mirarlo
temiendo que su pregunta fuere con una segunda intención dando a
entender que había descubierto de quién se trataba. No notó gesto alguno en
ese sentido al mirarle a los ojos y se limitó a asentir.
- ¿Por qué presumís que es americana?
Adrien sonrió:
-Esa es la presunción de Lucas y de algunos de los niños. Según dicen, usa
expresiones que no se escuchan en Inglaterra.
Emma giró de nuevo el rostro observando la escena, aunque mantenía el
ceño ligeramente fruncido meditando esa conclusión. Bien, quizás sí que
usaba algunas expresiones alejadas del refinado estilo inglés, en parte no
solo porque ella se había criado en Irlanda, sino también, porque algunos de
los marineros de lord Phillip, que ahora eran arrendatarios en su propiedad
de Irlanda y con los que prácticamente había crecido, así como sus familias,
eran americanos, jamaicanos e incluso había una familia procedente de un
lugar muy al norte llamado Canadá. Aunque quizás la mayor influencia en
ese terreno, y no se había dado cuenta hasta ese momento, era Ariana, la
hija del abogado que cuidaba de sus asuntos y que lord Phillip se aseguró de
que la protegiese. No la conocía en persona, pero desde casi el inicio de la
relación con su padre, ella comenzó una relación epistolar con su hija pues
él las alentó a mandarse constantes misivas no solo por tener la misma edad
sino por ser hijas únicas y vivir en un lugar con pocos niños de su edad y
situación cerca. De hecho, sabía que la joven vivía a varias millas de
distancia de Londres junto a su madre y que al ser americana y el desdén
con el que la nobleza trataba a las jóvenes provenientes del nuevo
continente, considerándolas en su mayoría unas arribistas interesadas solos
en lograr posición y títulos, ella no gustaba relacionarse demasiado con la
aristocracia. Pero con ella logró establecer una relación bastante cercana
desde el principio.
- ¿Por qué tenéis una editorial? -Preguntó curiosa sabiendo que la inmensa
mayoría de los nobles consideraban indecoroso el trabajo, lejos de mantener
el patrimonio familiar, y más uno cercano a la burguesía como era un
negocio.
Adrien sonrió:
-Porque soy un hombre muy inteligente. -Emma alzó una ceja mirándolo
desafiante y él se rio-. En esta familia, los caballeros padecemos del mal de
la inquietud. Si no estamos ocupados, nos volvemos ansiosos. Christian
encontró su escape en la arquitectura, Julian en los perros, Calvin en los
caballos, Albert en las leyes, Lucas y yo… bueno, digamos que nos gustan
los negocios. -Sonrió canalla.
- ¿Y su excelencia? -Preguntó mirando a Sebastian.
Adrien se rio:
- Bastante tiene con ocuparse de esta familia, sin mencionar de ese par de
peligrosos españoles que su esposa ha tenido a bien darle.
Emma sonrió:
- ¿No son ingleses?
Adrien se rio:
-Teniendo en cuenta quién es su madre, no dudamos que su imperiosa
sangre española hará callar a la inglesa.
Emma entrecerró los ojos observando al duque y a su esposa que mantenían
frente a ellos a sus dos bebés con los que jugueteaban.
-No sabía que los nobles ingleses gustaban tener cerca a sus hijos hasta que
estuvieran ya crecidos.
-No todos los nobles son iguales. Deberías saberlo. Lord Phillip no era
como los nobles que mencionas.
-Lord Phillip era marino.
Adrien sonrió divertido por la respuesta orgullosa de la joven.
-Marino y noble. -Replicó él divertido por su vena peleona que siempre le
llevaba a querer discutir con él.
-Prima Emma. -La voz de Josh les hizo a los dos mirar para encontrárselo
frente a ellos que tenía los mofletes hinchados mientras masticaba con aire
travieso y sostenía en una de sus manos un bollito de canela.
Emma sonrió:
- ¿Dónde metes todo lo que comes? Siempre te veo comiendo algo.
Josh se encogió de hombros dando un nuevo bocado a su dulce antes de
contestar con la boca llena:
-Mamá dice que soy una lagartija inquieta. -Adrien se rio-. He estado
pensando… deberías apuntarte a clases de esgrima con el señor Pirelly. Es
el maestro de esgrima de Ashton y es muy bueno.
Emma sonrió:
-No sé… mi coordinación no es muy buena.
-Montas bien a caballo.
-Gracias. -Sonrió divertida-. Pero creo que, en ese caso, es más importante
la buena coordinación del caballo que del jinete. No creo que ocurra lo
mismo con la espada.
Josh echó la cabeza hacia atrás y se empezó a carcajear antes de mirarla
travieso.
-Puedes pedirle a Alex que te enseñe a disparar. No falla nunca. -Dijo
cuando recuperó el resuello.
-Algo me dice que, de poner un arma en mis manos, acabaría disparándome
a mí misma.
Josh sonrió sentándose a su lado.
-Mejor no. De todos modos, Leroy y yo te protegeremos.
Emma sonrió inclinándose para darle un beso en la mejilla.
-En el peor de los casos, usaré a mis protectores de parapeto.
Josh se rio.
-No serías capaz.
-Oh, sí que lo sería. Tengo el defecto de apreciar mi persona muchísimo. -
Bromeó ella.
-Pues me parece que es un defecto compartido con todo el mundo. -
Contestaba él risueño antes de dar un último bocado a su bollito y mirarla
serio-. ¿Cómo es la casa de tu tío?
Emma suspiró.
-Apenas si tengo recuerdos de la mía. Sinceramente, recuerdo algunas
estancias, pero no podría aseverar que fueran de mi casa o de la del duque.
-Bueno, no importa, dentro de poco estaremos allí y lo comprobaremos. Te
enseñaré mis lugares preferidos de Londres.
- ¿Y cuáles son?
-Me gusta mucho Hyde Park, Saint James Park y la Real Escuela de
Caballería y los jardines reales…
-Bien, lo he comprendido, os gusta todo lugar donde haya jardines y
espacios verdes.
Josh sonrió:
-Pues supongo que sí. -Miró al otro lado donde los niños, que daban buena
cuenta de unas bandejas de té pues habían interrumpido la lectura del libro,
se reían de algo. Él volvió a mirar a Emma y sonrió-. Cuando atrapemos al
espía podrás pedir a su Majestad una medalla.
Emma se rio:
- ¿Podré hacerlo?
-Claro. -Contestó firme-. Habremos atrapado a un traidor que lleva muchos
años escondido. Seguro nos dan una medalla a todos y nos declaran héroes.
Emma volvió a reírse:
-Y nos cubrirán de honores propios de nuestra hazaña.
Josh asintió tajante antes de que Adrien le hiciera un gesto con la cabeza
para que se reuniese con el resto de los niños.
-No creo que sea buena idea que vuestro hermano se tome como una misión
no solo protegerme sino dar caza a ese hombre. Se pondrá en peligro. -Dijo
Emma al saberlo ya incapaz de oírlos.
-No, no es buena idea, pero se le ha metido entre ceja y ceja y dudo
consigáis que la olvide. De cualquier modo, hay que atrapar a ese hombre a
como dé lugar o nunca estaréis a salvo. De hecho, ahora mismo corréis
peligro, bien lo sabéis.
Emma suspiró pesadamente antes de desviar los ojos hacia lady Nora que
conversaba animada con su hermana y la duquesa viuda, presumiendo que
lo que estarían haciendo era organizando sus días en la ciudad.
-Pero ahora corren peligro más personas, no solo yo. Todos quienes estén
cerca de mí, especialmente las personas que me importan están en peligro.
Adrien la miró serio y después al duque que parecía departir con Christian y
Calvin de asuntos serios pues lucían concentrados.
-Emma, -Atrajo su mirada antes de continuar-. Sé bien que no te gusta que
te digan lo que hacer, más, aún con ello, procura obedecer al duque.
Intentará protegerte y aunque a veces pienses que solo intenta imponerse a
ti, no lo contraríes sin más. Intenta pensar que lo que hace es por tu bien y
protección. Sabe bien moverse entre sus pares y juzgarles, no en vano
forma parte del consejo real por algo más que su título. Si su voz es
escuchada por su majestad, intenta juzgarlo un hombre capaz e inteligente.
Como bien dices, tu vida y la de otros está en peligro.
Emma gruñó sabiendo que esas palabras no apelaban sino a su propia
conciencia lo que no era sino un golpe bajo.
-Eso ha sido un poco rastrero. -Se quejó mirándolo acusatorio haciendo que
él sonriese satisfecho y divertido.
-Puede ser, pero, aun así, no deja de ser cierto y por ello intenta contener tu
carácter peleón.
-Qué pesado sois. Yo no tengo un carácter peleón. Vos sois enervante. Eso
es lo que ocurre.
Adrien se rio poniéndose en pie.
-Pues yo opino que soy un caballero encantador. -Se burló él sonriendo
travieso antes de hacer una cortesía y alejarse en dirección al lugar en el que
se encontraba Sebastian para informarle de sus planes.
Emma bufó al verlo alejarse. Pero en cuanto se quedó a solas observó al
duque y después a las personas a su alrededor. Quizás sí tenía razón. El
duque era un personaje dentro de la sociedad y podría aconsejarla bien.
Además, ahora no solo era su vida la que corría peligro sino la de todos los
que están junto a ella.
Dos días después, marchaba en el carruaje junto a lord Josh, Leroy, Janet,
Dulcy y las dos doncellas de lady Nora y lady Marian mientras en el
carruaje ducal, delante del suyo, iban el duque, lady Nora y lady Marian,
mientras lord David y el conde viajaban a caballo.
Durante esos días, había ayudado en la preparación del viaje y la estancia
en Londres. Se había mantenido ocupada y con intención de no contrariar ni
a lady Nora ni al duque que, parecía decidido, como ella, a no complicar en
exceso ni la relación mutua ni la situación respecto a los demás. Apenas si
había tenido tiempo de pensar o ver al conde a pesar de estar residiendo
bajo el mismo techo. Ella desayunaba con lady Nora en su habitación, como
era su costumbre desde que se instalaron en Inglaterra y al mediodía el
conde no almorzaba en la casa pues, según decía su madre, estaba apurando
el tiempo para dejar todo listo para su marcha presurosa a Londres. Sí,
había trastocado la vida de todos, incluido ese incordio del conde. Al pensar
en él giró el rostro para mirar por la ventanilla. Subido a su imponente
caballo negro, con su elegante gabán oscuro y su sombrero negro, que
ocultaba su cabello bruñido, era la imagen misma de un jinete del
apocalipsis.
-Nos detendremos en la posada del tuerto. -Escuchó decir a lord Josh lo que
hizo mirar hacia él-. Comeremos sus tortas de miel. -Sonrió travieso.
Leroy sonrió de oreja a oreja ante la información y ella sintió cierto alivio
porque llevaban muchas horas sin detenerse salvo para un rápido cambio de
caballos.
- ¿Qué tienen de especial esas tortas? -Preguntó curiosa mientras tomaba a
Janet sentándola en su regazo apoyando su cabeza en su hombro porque la
notaba incómoda a su lado desde hacía unos minutos por el zarandeo más
pronunciado del carruaje.
Leroy se puso en pie apoyándose a duras penas en los lados observando un
instante a su hermana sobre ella como si se asegurase de que estaba bien
antes de volver a dejarse caer en el asiento junto a Dulcy y lord Josh.
-Cuando lleguemos le diré a milady que deje a Janet dormir un ratito tras
comer. Vamos a detenernos al menos una hora así que podrá tumbarse en
lugar cómodo.
Leroy asintió con un golpe de cabeza a su comentario como si le diere el
visto bueno a su consideración que casi estuvo a punto de hacerla reír.
-Cuando estemos llegando a Londres subiré al pescante para decirle al
cochero las calles por las que ha de meterse. -Sonrió orgulloso-. Soy el que
conoce mejor las calles de Londres.
Emma sonrió, aunque por dentro le dio tristeza saber cómo ese pequeño
había llegado a conocer tan bien las calles de la ciudad por propia
supervivencia.
- ¿Y conoces donde está la casa de mi tío?
-Aja. -Asintió ensanchando aún más su sonrisa-. El duque me dijo dónde se
encontraba. Está cerca de Chester House y cerca de donde vive lady
Ashton. También está a pocas manzanas de la casa de lord Valleyland así
que podremos ir todos los días a veros y llevaros de paseo.
-En ese caso, cada día esperaré ansiosa vuestra visita presta para salir de
paseo.
Leroy asintió de nuevo con un gesto orgulloso sonriendo.
-Hemos dejado a caramelo en casa de lady Ashton para que cuide de milady
y de los bebés, pero no habéis de preocuparos porque milord y yo os
protegeremos.
Emma sonrió encantada de la firmeza del pequeño y lo protector que era.
-No puedo tener mejores protectores.
-Es verdad. Somos los mejores. Yo soy un héroe. Salvé a lady Ashton y
lady Allegra de los malos y os protegeré a vos también.
Apenas unos minutos después se detenía el carruaje siendo todos ayudados
a descender por dos de los palafreneros que iban en los carruajes. Entraron
en la posada siendo conducidos de inmediato a uno de los reservados donde
les sirvieron un poco de comida y bebida caliente. Emma, que mantenía a
Janet en su regazo la iba a ayudando a comer algo pues seguía ligeramente
adormilada y claramente cansada del largo viaje.
- ¿Tenemos tiempo para descansar un poco? -Preguntó a lady Nora que
miró a Adrien pues él decidía cuánto tiempo se quedarían.
Adrien asintió al tiempo que decía:
-Sí, nos quedaremos una hora más para dar tiempo a los guardias, cocheros
y palafreneros a descansar ya que no volveremos a detenernos hasta llegar a
Londres.
-Pero podremos encargar unas cestas para más tarde, ¿verdad? -Preguntaba
Josh comiendo a dos carrillos.
David se rio mirando a su hermano pequeño:
-Sí, glotón, encargaremos unas cestas. Que los cielos no quieran que tú
mueras de inanición por pasar más de tres horas sin comer.
- ¿Qué es inacon?
-Inanición. -Corrigió Adrien a Leroy que como su hermano comía a dos
carrillos-. Estar mucho tiempo sin comer. Pero vosotros dos no habéis de
preocuparos, tendréis una cesta llena de víveres para que no sufráis en el
camino, glotones.
-Pues, si vamos a quedarnos un rato, creo que subiré a Janet a una de las
alcobas y ambas echaremos una cabezadita en cómodo lugar. -Iba diciendo
Emma poniéndose en pie.
Adrien gruñó poniéndose en pie de golpe:
-Espera. No puedes moverte por una posada tú sola. -Suspiró pesadamente
antes de mirar al duque-. Acompañaré a vuestra sobrina a una de las
estancias y dejaré un par de mozos en la puerta.
El duque asintió viendo a su sobrina ya saliendo por la puerta sin esperar
permiso. Rodó los ojos al tiempo que decía.
-Mejor apresuraos, milord, pues al parecer, no considera necesario ni mi
consentimiento ni vuestra protección.
Adrien gruñó de nuevo saliendo presto siguiéndola escaleras arriba sin darle
siquiera tiempo a quitarle la niña de los brazos.
-Id a por la muñeca de Janet, milord. Me la he dejado en el banco.
Adrien suspiró.
-Cuando estéis en la habitación mandaré por ella. No pienso dejarte
deambular por la posada sola. Lo que me lleva a decirte que no vuelvas a
salir sin compañía. Espera a tu doncella o a alguien que te acompañe.
Esta vez fue ella la que suspiró:
-Quedo advertida.
Adrien se rio por el ofensivo tono con el que contestaba.
-Queda advertida y haz caso a la advertencia.
La escuchó suspirar caminando por delante de él por uno de los corredores
que llevaban a las habitaciones y que le había señalado una de las meseras
al empezar a subir las escaleras.
Esperó en la puerta mientras ella dejaba a Janet con cuidado en la cama y la
tapaba y cuando giró y lo vio allí le miró alzando una ceja.
-Esperaré a que lleguen los dos mozos y después enviaré a tu doncella con
la muñeca y para que os haga compañía.
Emma rodó los ojos antes de girar y quitarse el sombrero y los guantes.
-No creo que sea muy apropiado que esté a solas con un caballero.
-Y no lo es. -Sonrió Adrien divertido por el giro de la conversación-. Pero
por suerte, yo estoy fuera de la habitación, tú dentro, la puerta está abierta y
hay una niña junto a ti.
-Dormida. -Le corrigió ella.
Adrien se rio, pero para su sorpresa la risa se paró en seco y escuchó un
golpe brusco antes de girar topándoselo caído en el suelo, al parecer
inconsciente.
-Milord.
Exclamó acercándose rápida, pero al agacharse e inclinarse ligeramente
sobre él para intentar ver qué le pasaba, vio unas botas altas a su lado
girando de golpe el rostro, sobresaltada, mientras alzaba la mirada
topándose con un hombre enorme, de piel tiznada y un garrote en la mano.
Quiso gritar, pero una enorme mano le tapó la boca antes de alzarla
pegando su espalda al pecho de ese hombre. Pataleó inútilmente porque el
hombre era enorme y su agarre no pareció sufrir mengua alguna.
Un grito agudo y que casi le atraviesa el tímpano sobresaltó a ese tipo y
enseguida empezaron a escucharse pisadas fuertes en el corredor. La soltó
tirándola al suelo con brusquedad y enseguida aparecieron los dos mozos
del conde.
-Milady.
-Sigan a ese hombre. -Señaló al otro lado del corredor por el que se había
marchado mientras rápidamente se puso en pie acercándose a Janet que
seguía gritando. La abrazó fuerte y enseguida dejó de gritar-. Ya, nenita,
ya… ese hombre se ha marchado.
Aparecieron a la carrera David, Josh, el duque y Leroy. Éste corriendo
abrazó por la espalda a su hermana con fuerza.
-Ya estoy aquí, Jan. -La besó y la pequeña giró abrazándose fuerte a su
hermano mayor.
- ¿Qué ha pasado? -Preguntaban David y el duque, el primero con una
pistola en la mano y el segundo un cuchillo.
-Un hombre, el que nos atacó en casa, ha entrado y me tenía sujeta cuando
Janet ha gritado y ha huido pues los mozos debían estar muy cerca ya que
enseguida han aparecido.
David, que ya se agachaba junto a su hermano, vio el golpe en su nuca
pensando que cuando despertarse estaría con un humor terrible acorde a su
dolor de cabeza.
-Suerte que los mozos estaban cerca. -Dijo finalmente enderezándose,
tomando al conde para tumbarlo en la cama como un peso muerto
dejándolo caer sobre ella.
-Suerte que Janet gritó. -Añadió Emma sonriendo a la pequeña a la que
acariciaba sus rizos pelirrojos.
Janet alzó los ojos hacia ella sin aflojar el agarre de su hermano. Leroy la
miró sonriendo y después a Emma.
-El hombre malo nos tiene que haber seguido.
Emma asintió antes de mirar al duque que lucía tenso mientras desde la
puerta daba orden a dos de los guardias que los acompañaba para que
buscasen y atrapasen a ese hombre.
-Excelencia. -Esperó que entrase y se les acercase-. No entiendo por qué no
me ha matado directamente. Le habría dado tiempo.
El duque frunció el ceño y miró al conde que gruñía removiéndose a su
lado.
-Pues es una pregunta a la que hemos de dar respuesta pues presumo es una
información importante. -Miró a David antes de decir-. Quizás debiera ver a
vuestro hermano un galeno.
David negó con la cabeza esbozando una media sonrisa:
-Tiene una dura cabeza, excelencia. No os preocupéis.
-Te estoy oyendo, David.
La voz de Adrien que se enderezaba al tiempo que abría los ojos mirando a
su lado donde Emma, sentada junto a Leroy y a Janet, les hizo a todos
mirarlo.
- ¿Qué ha ocurrido?
-Me he cansado de vuestras órdenes y he tomado medidas. -Contestó Emma
burlona arrancando una carcajada a David mientras su hermano gruñía
sentándose.
-Excelencia, os deseo toda la suerte del mundo. Vuestra sobrina gusta pelear
incluso sin motivos.
El duque se rio entre dientes mirando a Emma que se encogía de hombros
antes de girarse y mirar a Leroy y a Janet.
- ¿Bajamos al reservado? Sinceramente, no creo que queramos ninguna de
las dos quedarnos en esta estancia. Además, la señorita Polly debe estar
esperándote. -Sonrió a Janet que se dejó tomar por ella mientras que Leroy
se enderezaba y se apresuró a caminar por delante de ellos.
Una vez fuera de la estancia volvió a preguntar.
- ¿Qué ha pasado?
-Que el hombre que la atacó en casa de tía Nora lo ha hecho de nuevo.
Suerte que los mozos ya subían y escucharon el grito de Janet. -Respondió
David calmado justo antes de que apareciese Josh jadeante.
-Se ha escapado.
David rodó los ojos porque era obvio que su hermano había salido tras los
guardias en busca de ese hombre.
Adrien se levantó de la cama tocándose la nuca notando el bulto que ya
comenzaba a salir, así como la humedad de la sangre que vio al poner su
mano de nuevo frente a sus ojos. Alzó los ojos hacia David y suspiró:
-Podían haberla matado otra vez. -David asintió-. Una sola persona no es
suficiente para protegerla, -Miró al duque que, serio, intercambió una
mirada con él-, ese hombre nos ha seguido y espiado esperando el mejor
momento.
-Sí, es evidente, de hecho, la presunción de ser un profesional cobra cada
vez más fuerza. Además, no parece dispuesto a cejar. Sin embargo,
Emmaline ha planteado una cuestión interesante. ¿Por qué no la mató de
inmediato?
- ¿Perdón? -Le miró sin comprender.
-Asegura que le habría dado tiempo a matarla y huir. -Contestó David.
-Pues porque seguro quiere sacar información de ella. Quizás saber cuánto
sabe o cuánto ha contado a los demás. -Contestó Josh con firmeza haciendo
que los tres caballeros le mirasen fijamente hasta que Adrien sonrió
negando con la cabeza.
- ¿Debería empezar a preocuparme tu gusto por esos libros detectivescos,
enano?
Josh sonrió altanero:
-Han despertado mi inteligencia deductiva.
David se rio girándolo en dirección a la puerta.
-Pon esa inteligencia deductiva a funcionar y pregunta a la prima Emma
qué recuerda. Con suavidad, Josh. Se debe haber llevado una fuerte
impresión por lo ocurrido.
Josh chasqueó la lengua.
-Ahora Janet estará muy asustada. Voy a pedir que le pongan un cacao y un
poco de bizcocho de canela. -Iba diciendo mientras salía de la estancia.
-Será mejor que también bajemos, milores. No creo que convenga que nos
alejemos de las damas. -Señalaba el duque-. Cuanto antes lleguemos a
Londres, más tranquilos podremos sentirnos. Aunque allí, Emmaline estará
en peligro, ahora mismo nos siento demasiado desprotegidos. Encargaré en
comandancia la vigilancia de Carmond House y a Scotland Yard hombres
que custodien a Emmaline.
Salió de la estancia y antes de que David lo hiciere con él, Adrien le detuvo
y bajando la voz preguntó:
- ¿Está bien? ¿No le ha hecho nada?
David sonrió porque su hermano, fuere o no consciente, empezaba a dar
muestras de sentir por Emma algo más que ganas de estrangularla por
llevarle siempre la contraria, como dijo unos días antes cuando ésta acababa
de contestar una de sus “sugerencias” como hacía casi de modo instantáneo.
-Creo que está mejor que tú, hermano. No parece dada a los histrionismos y
menos a asustarse fácilmente.
-Pero la pregunta de por qué no la ha matado de inmediato es, sin duda,
interesante. Quizás el que haya contratado a ese hombre tema que haya
contado algo a los demás y seguro que ahora nos cree una amenaza a los
demás.
-Pues seguramente. -Meditaba David siguiéndolo escaleras abajo. Sonrió
viendo cómo se ponía un pañuelo en la nuca mientras caminaba-. Has
perdido facultades, hermano. Te ha sorprendido con las defensas bajas.
Adrien gruñó sin detenerse.
-No le he oído llegar. Te aseguro que ese hombre es sigiloso.
-Como bien nos ha recordado su excelencia, es un profesional. Conviene
que no lo olvidemos.
-Te aseguro que yo no lo volveré a olvidar.
Al alcanzar el reservado, a cuyas puertas había dos guardias que a buen
seguro el duque había hecho colocar, se encontraron a Emma sentada con
Janet en su regazo con Leroy al lado de ambas con gesto de fiero
cancerbero mirando con hosca mirada al posadero que les servía cacao a
ambas en las tazas y dejaba frente a ellas un bizcocho y no cambió su rictus
hasta que se alejó de ambas. Quiso reírse, si no fuera por lo grave de la
situación. Su madre, al ver su pañuelo se apresuró a levantarse y mirar su
nuca a pesar de sus protestas por tratarlo como un niño.
Tras unos minutos en que dejó que las dos damas se calmaren tras escuchar
el relato de Josh y él no perder de vista a Emma y Janet, se acercó a ambas
y tomó a la pequeña en brazos a pesar del ceño fruncido de su hermano
mayor. La sentó en su regazo sin que ella soltare el fuerte agarre de su
muñeca y la rodeó con los brazos, protector.
-Has sido muy valiente. -Le decía con voz cariñosa-. Milady y yo estamos
con vida por tu ayuda. -Janet alzó los ojos hacia él sin separar su mejilla de
su pecho-. Cuando estemos en Londres, le diré a mi madre que os lleve a la
señorita Polly y a ti a la mejor modista de la ciudad para que os haga un
vestido nuevo con sombrero, toquilla y unos bonitos guantes. Y le diremos
a ese hermano peligroso tuyo que os acompañe para protegeros.
-Bueno. -Contestó en un murmullo.
-Eh, deje de engatusar a Janet. -Protestó Leroy mirándolo ceñudo.
-Yo no la engatuso. Creo justo compensar su heroica acción con un premio.
Leroy frunció el ceño un instante y después asintió:
-Es verdad, es justo. Bueno, entonces está bien.
David y Adrien soltaron sendas carcajadas mientras que el duque miraba
extrañado a ese pequeño que parecía tomarse licencias mientras que ni los
caballeros ni las damas le reprendía. Sabía que la familia del duque de
Chester era peculiar en cuanto algunos comportamientos familiares, pero
siempre les había creído con gusto por seguir y hacer seguir las estrictas
normas sociales, especialmente con relación al adecuado trato y respeto a su
rango, pero ese chico no parecía ser reprendido ni tampoco menoscabado
por obviar la posición del conde y los suyos.
-Excelencia, milores, los guardias acaban de regresar. Ese hombre ha
escapado. Tenía un compinche que le esperaba en el recodo junto a la colina
con los caballos listos para huir. -Les informó el cochero del duque que
apareció al cabo de unos minutos.
-Será mejor que los guardias se repartan para ir alrededor de los carruajes. -
Señaló el duque serio-. Solo haremos un alto para refrescar los caballos,
pero iremos directos a Londres. Decid al posadero que mande aviso al
regimiento que hay a unas millas de aquí para que mande soldados a los
caminos en busca de esos dos hombres. Recordad al comandante del
regimiento que trabajan para un traidor y que se trata de hombres
peligrosos.
-Y que son asesinos. -Añadía Josh con la boca llena.
-Eso. -Asintió asertivo Leroy antes de girar el rostro hacia Emma-. Decid al
conde que nos dé un arma a lord Josh y a mí. Si nos atacan en el camino,
somos quiénes os protegerán.
Adrien rodó los ojos.
-Ni hablar.
-Pero somos los protectores de las damas. Si nos atacan debemos tener algo
con lo que defenderlas. -Insistió terco.
-Eso. -Corroboraba Josh metiéndose un nuevo trozo de bizcocho en la boca.
Adrien suspiró:
-Yo iré en vuestro carruaje y David con madre, tía Nora y su excelencia.
Las doncellas irán en el carruaje trasero. -Vio a Emma a punto de protestar,
pero bajando el rostro hacia Janet la sonrió-. Así, mi bella heroína podrá ir
cómoda y a salvo en los brazos de un imponente caballero.
- ¿Y si el hombre malo regresa? -Preguntó en un susurro.
-Le dispararé presto. No dejaré que se acerque a mi bonita heroína ni a la
señorita Polly.
Ante eso la protesta de Emma se quedó en sus labios, aunque no se privó de
mirarlo molesta. Tenerlo en el carruaje el resto del camino implicaba que
seguramente estaría vigilándola.
Sentado en el carruaje junto a Josh, tuvo que contener una nueva sonrisa
que quería salir de sus labios cada vez que veía dirigir hacia él una mirada
airada de Emma. Era evidente que no le agradaba que él fuese en el carruaje
con ellos, pero por eso, de algún modo, resultaba tan divertido. Mantenía a
Janet sentada entre él y Josh, acomodada contra su costado, tapada con una
manta y abrazada a su perenne compañera, la señorita Polly. Frente a él, ella
y Leroy jugaban con Josh a las cartas sobre la mesita que había plegado.
-No es justo. Siempre ganáis. -Protestó Leroy recogiendo las cartas de la
última mano.
-El viaje hasta Valley Rose desde Irlanda fue muy largo y no tenía otra cosa
que hacer que jugar a las cartas con milady. -Se rio Emma ante la cara de
ofensa del pequeño.
-Ahhh… ¿entonces milady os enseñó a hacer trampas?
- ¿Quién ha hablado de trampas? -Se reía Emma-. Yo no hago trampas.
Simplemente soy mejor jugadora que vosotros.
Leroy le miró entrecerrando los ojos.
- ¿Seguro?
Emma se rio:
-Eres muy desconfiado y yo debería ofenderme por dudar de mí de un modo
tan descarado.
Leroy se rio entre dientes:
-Bueno, lo siento. -Dijo sin demasiado remordimiento en su voz.
Viéndola dejarse embromar por los dos niños, dejó que se relajase no
queriendo sacar el tema de nuevo del asalto, sobre todo porque no parecía
afectada en absoluto. Como decía David, no era nada dada a los miedos
exagerados y conseguía mantener los nervios templados a pesar de lo
ocurrido. Buscó con la mirada rastro alguno de daño en ella. Marca de
algún golpe o agarre, pero parecía estar bien. Se había confiado. Eso era
cierto. Ese hombre le hubo pillado completamente desprevenido y con la
guardia baja, lo cual no volvería a pasar. Bajó los ojos a los rizos rojos de
Janet que permanecía completamente dormida encajada en su costado
evitando así los zarandeos del carruaje. Ella sí se había asustado de veras.
Lo notó al tomarla en brazos en la posada. Parecía completamente tensa y
alerta y solo tras un buen rato en sus brazos comenzó a relajarse. Iba a tener
que asegurarse de que la pequeña estaría acompañada a cada momento para
que se sintiese a salvo. Alzó los ojos al escuchar la risa de Emma que se
reía porque Leroy se inclinaba hacia el lado contrario al de ella pegándose
las cartas al pecho con desconfianza.
-Primero me acusas de hacer trampas y ahora piensas que soy tan fullera de
mirar tus cartas.
Leroy la miró entrecerrando los ojos:
-Solo soy precavido.
Adrien no pudo evitar que se le escapase de entre los labios una carcajada.
-Precavido… -Decía sin dejar de reírse-. Leroy, eres tremendamente
desconfiado y no hay nada malo en ello, puedes creerme, más, ciertamente,
lo eres.
Leroy bufó:
-Milady siempre dice que un hombre receloso vale por dos pues está en
guardia y atento.
Adrien se rio de nuevo.
-Lady Ashton es una peligrosa influencia para ti, enano peleón.
De nuevo Leroy bufó antes de mirar a Emma y a Josh desafiante:
-Mostrad vuestra mano.
Josh sonrió arrogante:
-Dobles parejas de cinco y siete.
-Uy uy… lo mío es mejor. Trío de dieces. -Sonrió orgulloso de oreja a oreja.
-Ahh pero no es mejor que lo mío… -Sonrió Emma traviesa mostrando las
cartas en la mesa con gesto teatral al tiempo que decía-. Escalera de color.
Josh y Leroy abrieron la boca asombrados y el primero la miró después
entrecerrando los ojos:
-Eso es muy sospechoso.
Adrien soltó una carcajada.
- ¿De nuevo acusando de hacer trampas, señor mío? -Preguntaba burlón.
Leroy resopló mirando a Adrien y después a Emma.
- ¿Cómo habéis conseguido una escalera de color?
Emma sonreía divertida:
-La fortuna está de mi lado, amigo mío.
Leroy abrió la boca para protestar, pero la cerró mirándola con desconfianza
cruzando los brazos al pecho.
-Cuántos caramelos os debemos.
Emma recontó los palitos de esa mano y apuntó algo en la libreta y después
de unos segundos contestó:
-Lord Josh me debe seis caramelos de fresa, dos barras de regaliz y una caja
de caramelos de menta. Tú me debes… cuatro caramelos de fresa, dos
barras de regaliz y media caja de caramelos de menta.
Los dos abrieron los ojos y la boca con asombro:
-Pero eso es una fortuna. -Exclamó Leroy haciendo a Adrien reírse.
-No exageréis que eso es apenas medio chelín.
Leroy le miró con asombro.
-Tengo que hacer muchos deberes para conseguir medio chelín.
Adrien sonrió:
-Muchos… ¿De veras?
-Sí, lady Ashton me exige diez renglones de dictado para tres cuartos de
chelín.
Adrien se rio.
-Bien, pues te propongo una cosa. Por cada día que hagáis de guardianes de
Emma y de Janet yo os daré una libra a cada uno.
- ¿Una libra? -Preguntaron los dos al unísono con evidente asombro.
-Una libra entera para cada uno.
Emma rodó los ojos porque con ese incentivo se había asegurado de que
ninguno de los dos se separase de ella en cuanto pusiere un pie fuera de la
casa del duque.
-Estupendo. -Masculló y Adrien mirándola con una sonrisa satisfecha alzó
varias veces las cejas burlón.
- ¿Cuenta el día de hoy? -Preguntó Leroy.
-No cuenta porque habéis dejado que suba sola a la habitación de la posada.
-Pero vos ibais con ella. -Se quejó.
-Eso no es óbice para que vosotros también la acompañaseis. Un guardia
nunca se separa de su protegido.
-Umm…. -Leroy le miró meditabundo unos segundos antes de mirar a
Josh-. Debemos vivir en casa del tío de milady.
Josh asintió.
-No creo que eso sea…. -Empezó a decir Adrien, pero Josh sonriendo le
interrumpió:
-Has sido tú el que ha dicho que somos sus guardias. Ahora no puedes
echarte atrás. -Ensanchó su sonrisa porque desde un principio él quiso vivir
en la casa del duque para estar cerca de Emma.
Adrien gruñó porque su idea, de pronto, se le había revuelto y ese enano
listo como una ardilla que tenía por hermano había sabido sacarle partido a
su fallo.
-No podéis imponer a su excelencia vuestra presencia en su casa.
-Oh, no lo haremos. Seguro que prima Emma nos invita a su casa. Después
de todo, la casa del duque es su hogar también, aunque técnicamente la casa
de tus padres en Londres sea tu hogar…
Emma la miró seria pues no había pensado en la casa de sus padres en la
ciudad como posibilidad en la que instalarse con lady Nora.
-Ni se te ocurra. -Se apresuró a decir Adrien leyendo sus pensamientos-. Tu
tutor desea tenerte en su casa, lo que, te recuerdo, no solo es por tu
protección sino por la necesidad de ser debidamente presentada en
sociedad. Sin mencionar que prometiste a tu tío intentar mantener una
buena relación con él y procurar obedecerle en lo que se refiere a tu
seguridad y al descubrimiento de ese traidor.
Emma suspiró pesadamente:
-Ese ha sido un golpe bajo. -Se quejó.
Adrien se encogió de hombros divertido dejándose caer en el respaldo del
asiento con tranquilidad.
- ¿Tendré que hacer deberes durante el tiempo que estemos en casa del
duque? -Preguntó Leroy.
-Sí. -Contestaron a la vez Adrien y Emma lo que hizo que él la mirase
travieso y a ella suspirar pesadamente.
-Janet dormirá conmigo.
Emma sonrió a Leroy.
- ¿Quieres que Janet comparta habitación contigo?
Leroy asintió:
-Si estamos en una casa extraña, no se sentirá segura.
Emma sonrió:
-Como mis protectores, presumo querréis estar en las habitaciones
contiguas a las mías, de modo que podríamos pedir que os asignen una
habitación comunicada con la mía y así Dulcy cuidará también de Janet, no
solo de mí.
Leroy asintió con un golpe de cabeza:
-Es una buena idea.
Adrien se carcajeó por la respuesta del pequeño.
-Primero pedid permiso al duque.
-Se lo pide milady. A ella no le puede negar nada. A las damas bonitas y
buenas se las debe complacer. Eso dice lady Ashton.
Adrien se rio entre dientes sabiendo que seguramente sería cierto que habría
dicho algo similar.
A pocas millas de Londres, mientras cambiaban los caballos, Leroy salió
del carruaje y se acercó al duque, a Adrien y a David que conversaban de
pie junto a los carruajes.
- ¿Puedo ir junto al cochero?
Adrien sonrió:
- ¿Quieres ir en el pescante? Empieza a hacer frío.
Se encogió de hombros:
-Llevo el abrigo que me regaló milady y mi gorra. Llegaremos más deprisa
si le voy diciendo al cochero qué calles tomar.
Adrien le miró divertido asintiendo:
-Está bien, pero agárrate fuerte y no enredes.
En cuanto Leroy entró en el carruaje para tomar sus cosas el duque miró a
Adrien.
-Ese pequeño era un niño de la calle, ¿me equivoco?
-Es el pupilo del duque de Sucré. -Contestó serio Adrien.
-Pero antes era…
-No importa, excelencia. Es el pupilo del duque, protegido del marqués de
Wilbor y de todos los que formamos parte del ducado de Chester.
El duque se rio entre dientes.
-Presumo esa es más una advertencia que una descripción.
-Es posible.
-Está bien. Lo he entendido. Pupilo del duque de Sucré y punto.
Adrien sonrió sin darse cuenta de que Emma, que había descendido del
carruaje para estirar un poco las piernas, los hubo escuchado. Se volvió
viendo a Leroy saltar del carruaje y sonrió acercándose a él.
-Ven. -Se agachó anudándole bien el gabán para cerrárselo-. Agárrate bien.
-Siempre me agarro bien. -Sonrió divertido como si fuera un consejo tonto-.
Cuando lleguemos habéis de decirle a la cocinera de vuestro tío que nos
prepare una buena cena. Estaremos cansados y hambrientos.
Emma se rio por el tono de viejo sabio que usaba y, tomando la gorra de sus
manos, se la colocó.
-Bien, pues lo primero que haré cuando lleguemos será asegurarnos una
copiosa cena y un lecho cómodo.
-Bien. -Giró para subirse al pescante, pero reculó y la miró-. Cuidad de
Janet.
-Tienes mi palabra. La tumbaré a mi lado y la taparé con mi manta.
-Bueno.
Sonrió al verlo subirse y sentarse junto al cochero antes de ponerse a decirle
qué calles tomar haciendo al pobre hombre reírse divertido. Se subió al
coche encontrándose a Janet y Josh sentados juntos comiendo con la cesta
entre ellos. Se rio sentándose frente a ellos.
-Presumo no pensáis dejar nada en esa cesta.
Josh sonrió metiendo la mano en la cesta sacando un panecillo
ofreciéndoselo. Lo tomó divertida mientras él volvía a meter la mano y
sacaba un pequeño trozo de queso que daba a Janet.
-Josh, eres un glotón.
La voz del conde precedió a la entrada de éste en el carruaje tomando
asiento junto a ella sin pedir permiso.
-Le he prometido a Leroy dejar que Janet duerma a mi lado.
Adrien la miró alzando una ceja.
-Bien, pues cuando estos dos glotones terminen, dejaré que Janet ocupe mi
lugar.
-Bien.
-Si no lo creyese imposible juraría que os molesta mi compañía.
-Pero lo creéis imposible. -Contestó ella con irónica impertinencia.
Adrien se rio. Observó a Josh mientras daba de comer a Janet con
paciencia. Sonrió por el modo en que trataba a la pequeña y cómo ella
dejaba que él la guiase. Cuando Josh cerró la cesta y la dejó en el suelo,
Emma tomó a Janet en brazos y lo miró alzando una ceja.
-Sí, sí, ya me muevo… -Decía riéndose entre dientes cambiando de lugar.
- ¿Ya os ha dado permiso el duque para dormir en su casa? -Preguntó a Josh
sabiendo que el duque, durante esa parada, había consentido que los tres
niños permaneciesen en su casa, más por resignación que por otra cosa,
presumía, ya que Josh lo abordó nada más detenerse los carruajes y con su
insistente verborrea apenas si le dio oportunidad a negarse.
-Sí. Ha dicho que estará gustoso de que seamos sus invitados.
-Dudo haya usado el término gustoso. -Se rio él.
Josh sonrió travieso:
-Era una licencia poética.
Emma se rio por la contestación.
- ¿Y madre ha sido informada del lugar en el que permanecerás los
próximos días?
-Eso lo dejo en tus manos, hermano. -Contestó burlón antes de auparse en el
asiento y abrir el ventanuco que daba al pescante desde donde podían ver y
comunicarse con el cochero-. Eh, Leroy, ¿se ve ya Londres? -Preguntaba
alzando la voz.
-No. Aun nos quedan… -Miró al cochero que contestó por él-… diez
millas.
Adrien rodó los ojos cuando los dos niños empezaron a intercambiar
bromas a través del ventanuco durante unos minutos. Tras ellos Josh volvió
a acomodarse en el asiento sonriendo.
-Ashton dice que los pelirrojos son temerarios y peligrosos.
Emma se rio ya que sabía lo preguntaba no solo por Leroy sino por ella:
-No sabría deciros, milord. Si hemos de tomar como referencia a Leroy, me
temo que acierta de lleno en su conclusión.
Josh se rio asintiendo, pero enseguida miró a Janet que dormía con la
cabeza apoyada en el regazo de Emma.
-Pero Janet es muy tranquila y callada…
Emma bajó el rostro hacia la pequeña y suspiró:
-Pienso que en el caso de Janet deberemos atribuir su carácter asustadizo y
callado a las vivencias que hayan tenido ella y su hermano en sus primeros
años de vida.
Josh chasqueó la lengua:
- ¿Crees que con el tiempo olvidará esos años?
-El tiempo lo cura todo, milord, o eso dicen. Yo he olvidado muchas cosas
de mis primeros años. Quizás regresar a la que fue la casa de mi abuelo o la
de mis padres me hagan rememorar todos o algunos de ellos, más, presumo,
no pueden compararse los recuerdos de mi niñez con los de Janet.
Josh suspiró y durante unos segundos se quedó mirando el cabello de la
pequeña que sobresalía de la manta que la cubría. Adrien por su parte
observaba callado a su hermano.
-Josh. -Esperó a que lo mirase y lo sonrió-. El mejor modo de que Janet
olvide o, al menos, deje atrás todo aquello, es hacerla sentir segura, a salvo,
protegida y, sobre todo, con la seguridad de que nunca volverá a estar
indefensa. Ni ella ni Leroy. Debe saber que hay muchas personas que los
estiman y que no los dejarán nunca solos o desvalidos de nuevo. El duque
de Sucré les ha nombrado sus pupilos de modo que ha garantizado cierto
porvenir para ellos, más, también convendría que sepan que son
importantes para todos nosotros.
- ¿Por eso Luc y Ashton se aseguran de pasar tiempo con ellos?
-Por eso y porque así se aseguran de que terceras personas sepan que ambos
están no solo bajo la protección del ducado sino de ellos y de toda nuestra
familia. Su origen será un dardo que personas envidiosas y de mal corazón
usarán para insultarlos o menospreciarlos, pero será nuestra labor
asegurarnos que esas personas reciben justo castigo por ello mostrándoles
no solo nuestra estima por los hermanos, sino que están bajo nuestra
protección y que no dejaremos que nada ni nadie los menosprecie sin
recibir un escarmiento.
-Entiendo. Ashton dice que Leroy vendrá con Rupert y conmigo a la
escuela dentro de unos meses. Nosotros nos encargaremos de que nada le
pase.
Adrien sonrió asintiendo. Emma sonrió también sabiendo que lord Josh era
demasiado bueno para no ser fiel a su palabra.
-Bien, pues cuando lleguemos, nos aseguraremos de que Janet es instalada
en una estancia contigua a la mía y que vuestro hermano cumple su palabra
y le regala un vestido a juego con el de la señorita Polly.
Josh asintió:
-Madre le llevará a la modista y escogerá un bonito vestido para ellas. -
Ensanchó su sonrisa traviesamente-. Le diremos que no repare en gastos.
Emma se rio mientras que Adrien gruñó:
-Josh, te recuerdo que yo administro tu asignación.
Josh se encogió de hombros.
-Y mamá administra nuestras vidas. Ella compensará lo que tú me quites. -
Adrien sonrió negando con la cabeza porque realmente su hermano era un
pillo encantador-. Mañana temprano saldremos a montar y te enseñaré la
escuela de Caballería. Es el mejor sitio para montar temprano.
Emma sonrió porque lord Josh se había empeñado en que se llevasen dos
puras sangres de la cuadra de lord Phillip para poder montar por la ciudad y
un par de días atrás, dos mozos se hubieron adelantado llevando a la ciudad
esos caballos con paso calmos.
-Llevaréis escolta, Josh. -Le advirtió su hermano que se encogió de
hombros con indiferencia y mirando a Emma que fruncía el ceño añadió-:
No puedes moverte por la ciudad sin protección. Ha quedado probado el
peligro constante. Además, desde ahora, has de tener presente que tu
aparición despertará mucho interés entre la nobleza. Algunos sentirán
curiosidad, otros, simplemente, gustarán ser los primeros en cuchichear e
incluso en verter rumores. Ese es un peligro del que ningún escolta te
librará, más, sí el no hallarte sola en ningún momento para que nadie te
coloque en una situación comprometida. Desde que lleguemos a la ciudad,
vas a ser observada, estudiada e incluso juzgada, de modo que habrás de
tener cuidado no solo con el peligro de un asesino, sino con el peligro de la
propia sociedad.
-Yo no deseo zambullirme en esa sociedad ni tampoco ser paseada por los
salones para buscar esposo.
-Pues has de hacerlo. Y no solo para buscar esposo, Emma. También para
ocupar el puesto en la sociedad que te corresponde. Lord Phillip te protegió,
pero también te alejó de la posición que tu nacimiento, cuna y familia te
dio. Y ya que lo menciono, he de decir que tu familia no es cualquier
familia. Tu abuelo era duque de Carmond, tu tío es duque de Carmond.
Ambos han sido cabezas visibles no solo de una de las familias más
prominentes de la nobleza, sino también de las más influyentes. Los duques
de Carmond han formado parte de los consejos de los reyes y reinas de esta
nación por muchas generaciones. Muchos desearán que cometas algún error
para menoscabar a tu tío.
-Siempre puedes casarte con David y así te ahorras el tener que buscar
esposo y podrás seguir viviendo cerca de tía Nora. -Dijo Josh sonriendo.
Emma se rio entre dientes:
-¿No creéis que vuestro hermano David tendría algo que decir?
-Bah, estará encantado.
Emma se rio por la respuesta.
-No estaría tan segura…
Josh alzó el rostro hacia Adrien que miraba a Emma entrecerrando los ojos:
- ¿A que sería estupendo tener a Emma como hermana?
Adrien bajó los ojos hacia Josh y suspiró:
- ¿Desde cuándo te gusta el papel de alcahueta, enano?
Josh sonrió divertido:
- ¿Qué puedo decir? Soy un caballero de muchas y variadas facetas.
Emma se rio mientras que Adrien gruñó:
-Lo que eres es un dolor en las posaderas.
Al cabo de una hora se abrió la portezuela de arriba y apareció la cabeza de
Leroy sonriente.
-Estamos llegando a Londres. Peter desea saber si vamos primero a vuestra
casa o a casa del duque.
-A casa del duque. -Contestó Adrien sonriendo por la cara de diversión del
pequeño que desapareció unos instantes antes de volver a aparecer mirando
a Emma-. Mirad por la ventanilla. Podréis ver el Buckingham Palace en
unos minutos.
Emma se rio abriendo las cortinillas.
-Leroy, ponte derecho y sujétate bien. -Le pidió antes de mirar por la
ventanilla escuchando la risa del pequeño antes de cerrarse la portezuela
apareciendo las primeras sombras de edificios de la ciudad pues ya había
anochecido.
- ¿No has venido nunca a la ciudad desde que te marchaste siendo niña? -
Preguntaba Josh.
Emma negó con la cabeza:
-La única ciudad grande que he visto ha sido Dublin. Milord nos llevó un
verano. Estuvimos pasando unos días allí. No me gustó mucho. -Hizo una
mueca-. Había mucha gente, el aire siempre estaba cargado y olía raro.
Josh se rio:
- ¿Olía raro?
-A suciedad.
Josh volvió a reírse.
-Pues en Londres huele a suciedad, a carbón… Hay sitios en los que hay
que ponerse un pañuelo en la boca para pasar.
Adrien rodó los ojos.
-Enano, no lo pintes todo tan idílico.
Josh se rio.
-Bueno, es verdad. -Sonrió guiñándole un ojo a Emma-. Pero también hay
sitios bonitos y divertidos. En Hyde Park se hacen representaciones de
titiriteros, ponen ferias y suelen haber tenderetes de buñuelos, chocolate
caliente y barquillos.
Un par de golpecitos en el techo hizo que Adrien se riese entre dientes:
-Ese, presumo, es el aviso de ese pelirrojo peligroso para que mires por la
ventanilla. -Señaló con el dedo la misma desde la que empezaba a ver la
silueta del palacio real.
Emma pegó la nariz a la ventanilla curiosa y cuando empezó a ver las luces
de palacio y las siluetas de los guardias reales frente a las puertas forjadas
de la entrada sonrió.
-La bandera está en la cúspide. Eso significa que su majestad está allí,
¿verdad?
Josh asintió dando un empujoncito a Adrien para que se deslizare por el
banco y cambiaren de lugar para quedar frente a ella.
-Sí. -Sonrió-. Seguro que el duque te consigue una pronta audiencia con su
majestad para vuestra presentación e iréis al salón del trono.
Emma suspiró y miró de soslayo a Adrien que no se perdía detalle de la
joven.
- ¿Es obligatorio?
Adrien se rio entre dientes.
-Digamos que es un trámite inexcusable.
-Leroy y yo te acompañaremos porque somos tus guardias.
Adrien rodó los ojos.
-Dudo podáis asistir a esa audiencia.
-Claro que sí. -Contestaba Josh mirándolo desafiante-. El duque no dejará
que Emma vaya sola.
-Irá de su brazo, Josh, y seguramente la duquesa viuda y tía Nora vayan con
ella.
-Estupendo. Leroy irá como acompañante de tía Nora y yo de Emma. Así el
duque llevará a su madre.
Adrien se rio por la ocurrencia.
-Bien, tu propón al duque tal idea a ver qué opina.
-Pensará que es una idea excelente. -Contestaba tajante.
-Sí, excelente. -Repetía con sarcasmo.
Apenas media hora después y tras atravesar la ciudad, alcanzaban la zona
noble de Mayfair deteniéndose frente a la mansión del duque en cuya
entrada había tres guardias. El carruaje se detuvo frente a la misma y antes
de que uno de los palafreneros abriese la portezuela, él observó a Emma
que mantenía la vista fija en la casa.
-La recuerdas, ¿verdad?
Emma desvió los ojos hacia él y tras unos segundos asintió pues recordaba
esa fachada, esa verja de hierro, esa rotonda con la fuente de la entrada.
-Estupendo. Eso es bueno. -Decía Josh poniéndose en pie antes de
inclinarse hacia Janet-. Eh, Janet. -La despertó con suavidad-. Hemos
llegado. -Le ofreció la mano al tiempo que decía-. Ven conmigo.
Adrien observó a su hermano salir del carruaje llevando a Janet de la mano
alzando las cejas pensando que quizás más adelante debiera dar un segundo
pensamiento al comportamiento de su hermano para con ella pues junto a
Leroy era el que parecía estar más pendiente de ella cuando no estaba en
compañía de Ashton, Lucas o alguno de ellos.
-En fin.
La voz de Emma que suspiraba pesadamente antes de ponerse en pie lo hizo
mirarla. Sonrió apresurándose a saltar del carruaje y ofrecerle la mano
logrando que ella suspirase pesadamente como si ese gesto de cortesía le
resultase fatigoso aún con ello, aceptó su mano y descendió del carruaje. De
inmediato el duque se acercó a ella ofreciéndole su brazo.
-Bienvenida a tu casa, Emmaline.
Emma se dejó guiar mientras veía a Leroy tomar de la mano a Janet y
seguirlos con Josh, lady Marian, lady Nora y el conde tras ellos.
- ¿Vuestra madre nos espera? -Preguntó al ver al abrirse la puerta, antes de
subir las escaleras de mármol de la entrada a una dama de pie en el centro
del vestíbulo mientras que el mayordomo se encontraba junto a la puerta.
-Mandé aviso hace dos días. No te preocupes por ella. Conoce bien su deber
y lo cumple al pie de la letra.
-Conoce bien su deber… ¿eso que significa?
El duque sonrió:
-Ya tendremos tiempo de hablar, más, mi madre fue segunda esposa. Mi
padre se casó con ella tras morir el que había sido su amor de juventud, la
madre de Adele. Sabía que necesitaba heredero y se desposó de nuevo con
mi madre. Joven, de buena cuna y conocedora de lo que se esperaba de ella.
No hubo amor en su matrimonio, pero siempre se respetaron y apreciaron.
Emma la observaba conforme se acercaban pensando que debió ser muy
triste casarse sabiendo que no era más que una sustituta a un amor anterior
y solo un modo de cumplir con un deber para con el título. La mayoría de
los nobles se casaban en un matrimonio de conveniencia, más, saberse,
además, como simplemente la segunda esposa de alguien que sí había
amado a su primera esposa, debió resultar muy duro. Parecía más joven de
lo que esperaba e incluso más joven que lady Nora. Debió ser muy joven al
casarse con su abuelo.
El duque se rio entre dientes lo que la hizo mirarlo sin detenerse:
-Sé lo que estás pensando. Sí, apenas si tenía dieciocho cuando se casó con
mi padre. Adele debía tener ya los diez años.
Llegaron hasta ella haciendo una reverencia mientras el duque decía:
-Madre, os presento a mi sobrina, lady Emmaline. Emmaline, ella es mi
madre, la duquesa viuda de Carmond, su excelencia Patricia Carmond.
-Excelencia.
Cuando alzó la vista tras el saludo la vio observarla con detalle, como si la
estudiase.
-Realmente eres idéntica a tu madre. Bienvenida.
-Gracias excelencia.
-Madre, ya conocéis a lady Marian, condesa viuda de Valleyland y a su hijo,
lord Adrien. A su lado se encuentra lady Nora, vizcondesa de Killmore y la
valedora de Emmaline a la que debemos estar agradecidos por hallarla sana
y salva.
-Milord, miladies. Imagino que se encontrarán fatigados del viaje. Si gustan
pasaremos al salón donde nos servirán un refrigerio.
-Qué bien. -Exclamó Josh sonriendo.
Emma se rio entre dientes y miró a la duquesa.
-Excelencia, permitid que os presente a lord Josh, hermano de lord Adrien y
al señor Leroy y la señorita Janet, pupilos del duque de Sucré.
- ¿Podemos comer ya? -Preguntó Leroy mirando a Emma suplicante con su
rostro ligeramente manchado del polvo del camino con la marca de la gorra
dibujada en su frente.
Emma se agachó sonriendo, tomando su pañuelo.
-Pues como ha indicado su excelencia, vamos a un salón donde podremos
descansar y comer algo… -Le iba diciendo, pasando el pañuelo por su cara
pecosa-. Pero tú antes de acostarte, habrás de darte un baño caliente pues
estás algo sucio.
Leroy frunció el ceño antes de suspirar.
-Está bien… pero primero comeremos, ¿verdad?
Emma se ponía en pie tomando su mano y la de Janet antes de mirar a la
duquesa.
-Excelencia, me temo que venimos un poco hambrientos pues ha sido un
largo viaje.
La duquesa asintió con gesto pétreo antes de guiarlos hasta un salón
mientras Adrien ofreciendo su brazo a su madre y tía observaba con detalle
a la duquesa.
-No parece en exceso extrañada ni por nuestra presencia ni por la de tres
niños.
Su madre sonrió:
-La duquesa conoce bien cuál es su posición y su rango y hace honor al
mismo. No comete errores en cuanto al título. Promoverá a Emma pues es
parte de la familia y se asegurará de que obtiene la posición que le
corresponde.
-Es bueno saberlo… -Masculló Adrien sin apartar los ojos de la espalda de
Emma que caminaba con Janet y Leroy de la mano y Josh detrás-. ¿Y
respecto a Janet y Leroy?
-Mientras su hijo diga que son invitados de la casa, nada objetará. Además,
ella no ha de saber quiénes son más allá de los pupilos del duque de Sucré. -
Contestaba lady Marian.
Sentados, repartidos en cómodos sillones mientras los niños se habían
acomodado en unas banquetas alrededor de una mesa de té donde había
bandejas con comida y té, el duque informaba a su madre de lo ocurrido en
el camino lo que hizo pensar a Emma que ya conocía que no solo estaba allí
para ser presentada en sociedad, sino que el duque debía haberla informado
de todo lo demás. A ese paso, lo sabría todo Londres en menos de una
semana, mascullaba para sí molesta.
-Supongo que por eso hay tres guardias en la puerta. -Dijo sacándola de sus
pensamientos y haciendo que la mirase.
-Lo siento, excelencia. No querría ocasionar problemas….
El gesto de la duquesa alzando la mano para detenerla la hizo callar.
-Eres la sobrina del duque de Carmond. Este es tu lugar y aquí has de
permanecer. Esos hombres nos protegerán a todos. Además, ha llegado el
momento de limpiar el nombre de tu madre. Después de todo, muchos creen
que Adele mató a su esposo y huyó y ahora deberán tragarse sus
maledicencias y malos pensamientos.
Emma la miró asombrada y después al duque que sonriendo señaló:
-Después de todo, Adele era su hijastra y mi hermana. No queremos que
nadie ensucie su nombre.
-Pues lo primero que hay que hacer es atrapar a ese espía. -Dijo Josh con la
boca llena haciendo a Adrien rodar los ojos.
-Josh, querido, muestra un poco de modales… -Dijo su madre con
resignación.
Emma se rio entre dientes al verlo rodar los ojos con los mofletes inflados.
-Pero atrapar a ese espía será un trabajo que comenzaremos mañana. De
momento, en cuanto saciéis vuestro voraz apetito nos iremos a descansar. -
Señaló a Janet que permanecía adormilada abrazada a su muñeca.
La duquesa miró a los tres niños y después a su hijo.
- ¿He de entender que tenemos más invitados?
Josh asintió como si le hubiesen preguntado a él:
-Excelencia, Leroy y yo somos los guardias de la prima Emma, así que nos
quedaremos junto a ella.
Adrien de nuevo rodó los ojos:
-Josh, recuérdame enseñarte un poco de contención antes de regresar a la
escuela.
-Bueno. -Contestó con absoluta indiferencia antes de mirar a la duquesa
como si nada-. ¿Podemos instalarnos en las habitaciones junto a la de
Emma? Además, tía Nora también necesitará compañía.
Lady Nora se rio negando con la cabeza.
-Lo que he de escuchar…
Adrien permaneció en silencio simplemente entrando en calor con su copa
de brandy mientras escuchaba al duque y la duquesa intercambiar palabras
con su madre y su tía sobre las actividades de los próximos días,
empezando por la audiencia con su majestad, que como hubo intuido Josh,
ya había sido concedida y estaba prevista para tres días después, durante los
cuales, Emma parecía quedar en manos de su tía Nora y de la duquesa
dispuestas a prepararla como si fuere a la más fiera de las batallas. Tras un
rato, observó a Janet cerrársele los ojos intentando permanecer derecha en
la banqueta. Se acercó y la tomó en brazos antes de mirar a la duquesa.
-Excelencia, ruego disculpéis mi abuso, más, ¿podríais indicarme la
habitación donde podrá descansar Janet?
Leroy se puso en pie como un resorte mirando a su hermana y después a la
duquesa.
-Jeffrey, sea tan amable de acompañar a milady y a sus invitados hasta sus
habitaciones. -Se apresuró a adelantarse el duque al tiempo que Emma se
ponía en pie.
Emma iba a tomar a Janet en brazos, pero Adrien negó con la cabeza.
-Milady.
La voz del mayordomo les hizo mirarlo y a Adrien contener una sonrisa por
la cara de pocos amigos que ella le lanzó, pero que pronto quedó atrás
porque Leroy la tomó de la mano al tiempo que decía:
-Inspeccionaré bien vuestra alcoba para asegurarme que no haya peligro.
Eso hizo a Adrien reírse entre dientes y a Emma sonreír.
Una vez supieron a Emma lejos con los niños, el duque y la duquesa
intercambiaron una mirada antes de desviar los ojos hacia lady Nora:
-Presentarla será sumamente fácil e incluso presumo encontrar candidatos
adecuados pues belleza no le falta, más, ¿creéis que está preparada para
enfrentarse a la curiosidad que va a despertar su aparición? -Preguntaba la
duquesa.
Lady Nora asintió:
-No le agradan los juegos de sociedad y no cree estar preparada aún para el
matrimonio, más, eso no será óbice para hacer frente a cualquier reto. Es
demasiado pertinaz para dejarse vencer por lo que otros hagan o digan.
La duquesa asintió:
-Bien, porque retos no le van a faltar. Si además de tener que enfrentar una
sociedad curiosa y maliciosa, ha de ayudar a atrapar a un espía, necesitará
de toda la voluntad que pueda. -Miró al duque con una media sonrisa-. Ya
es hora de limpiar el nombre de la pobre Adele.
-Sin embargo, para hacerlo, primero hemos de identificar a ese traidor y
para hacerlo, no escapa al entender de ninguno de los presentes, hemos de
usar a Emmaline de cebo.
La duquesa suspiró pesadamente:
-Quizás tu padre debiera habernos prevenido antes y así podríamos haber
preparado el camino para hacerle más fácil estos días.
Pero no lo fueron. No en absoluto fueron fáciles esos primeros días. Emma
quiso las más de las veces gritar de impotencia y desesperación pues se
sentía en manos de otras personas que, aunque pretendiesen protégela y
ayudarla, no hacían sino hacerla sentir sin aire las más de las veces,
encerrada en su propia jaula de oro. Desde esa primera noche en la que tras
instalarse en una habitación enorme que, desde luego, ella no recordaba en
absoluto, como la mayoría de las estancias de esa mansión, sus únicos
momentos tranquilos eran los que pasaba con Leroy y Josh montando a
caballo por la Escuela de caballería, a pesar de que lo hacían bajo la
protección y atenta mirada de dos guardias armados y un mozo que no se
separaban de ellos de ninguna de las maneras.
Sí, esos primeros días habían sido agotadores, pues lady Nora, lady Marian
y la duquesa la llevaban de un lugar a otro comprando vestidos,
complementos y mil detalles que no paraban de decir necesitaría para su
presentación. Y si malo era sentirse una muñequita de porcelana en manos
de las tres damas, peor lo fueron las horas preparando su presentación en la
corte ante su majestad pues tanto el duque como la duquesa la aleccionaron
a conciencia para ese momento sabiendo que mil ojos estarían puestos en
ella y más aún que la expectación que causaba su regreso había generado
demasiado interés por ese momento. Ni siquiera había pasado un día desde
su llegada a Londres cuando no había habido periódico o panfleto que no
mencionare la aparición de lady Emmaline Jasplin. Se sentía como un
pececito en una pecera con todo el mundo pendiente de ella. En cuanto
ponía un pie fuera de la mansión sentía que todos le miraban, hablaban de
ella y la estudiaban.
En menos de unas horas sería conducida a palacio para su audiencia y tanto
Dulcy como una doncella que la duquesa le había asignado se afanaban
para prepararla sin dejar ningún detalle, incluso su tío hubo sacado de la
caja fuerte algunas joyas de su madre para que escogiere cual lucir con el
vestido que la duquesa y lady Nora habían escogido para ella y que una
madame Beesy, considerada la mejor para las damas que se presentaban en
sociedad, se había encargado de confeccionar con presta eficiencia.
Miraba de soslayo a Janet, que, sentada en una banqueta con su muñeca en
los brazos, con sus vestidos nuevos, regalo del conde, observaba con interés
todo el movimiento a su alrededor, pues las doncellas la peinaban, las
planchadoras daban los últimos retoques a su vestido y un par de doncellas
más ayudaban a que el resto de sus complementos estuvieren perfectos.
Durante esos pasados días solo hubo visto al conde en una ocasión, cuando
tras regresar de su paseo a caballo con los dos niños, se topó con él en el
vestíbulo pues acababa de tener una reunión con el duque, pero salvo las
cortesías de rigor, no intercambiaron palabra alguna. Sabía, pues así se lo
había dicho lady Nora, que lord Valleyland, lady Marian y los duques de
Chester estarían en palacio durante la recepción y suponía que acudirían
solo para apoyarla, lo cual, dada la expectación que parecía causar su
aparición, no podía sino agradecer sobremanera.
Vio por el rabillo del ojo que de la puerta de comunicación con el salón que
unía su habitación con la que ocupaban Leroy y Janet aparecían un cabeza
llena de rizos rojos que giraba a todos lados, claramente investigando lo que
ocurría.
-Leroy, ven. -Lo llamó alzando la voz riéndose entre dientes.
-Este niño… -Escuchó resoplar a Dulcy antes de girar y mirarlo-. No se
entra en la estancia de una dama y menos cuando está preparándose.
Leroy que se acercaba con una sonrisa traviesa contestó orgulloso:
-Soy el guardián de milady, he de saberla a salvo en todo momento.
Emma se rio por la contestación estirando el brazo para que se acercare
procurando no moverse pues la pobre doncella que la peinaba estaba
intentando colocar con mucho cuidado los peinecillos con diamantes que la
duquesa hubo escogido para ese día.
-Leroy, mientras estoy fuera, deberás asegurarte de que todo en la casa está
en orden y que Janet se acuesta a su hora.
Leroy miró de soslayo a Janet y después asintió y la sonrió:
-Vais a ver a la reina Victoria.
Emma sonrió:
-Un pajarito me ha dicho que tú la conociste el pasado verano.
Leroy sonrió de oreja a oreja.
-En la fiesta de los jardines de palacio. El duque nos llevó a Janet y a mí y
lady Ashton paseó con nosotros y nos presentó a la reina. Es muy buena.
Emma sonrió por la cara de henchido orgullo del pequeño.
-Emma, tienes que llevar esto bajo las faldas.
- ¡Milord! -Se quejó Dulcy ante las palabras de Josh que entraba ufano por
el mismo sitio que Leroy sin esperar siquiera a ver qué era lo que llevaba en
las manos.
Josh, que se acercaba, miró a Dulcy y después a Emma, se colocó junto a la
banqueta y le mostró un cuchillo.
-Milord. -Volvió a quejarse Dulcy por la indiscreción y la osadía mientras
que Emma, riéndose, tomaba el cuchillo.
-Pues, aunque descubriese dónde llevarlo, he de decir que el vestido que
voy a lucir apenas si me deja respirar menos aún moverme y desde luego
resultaría imposible que, aun alcanzando el cuchillo para usarlo, llegare a
lograr la proeza de hacer algo más que blandirlo inútilmente.
Josh frunció el ceño y después resopló.
-Pues te quitas el vestido para atacar a quién intente hacerte daño.
- ¡Milord! -Volvió a exclamar Dulcy escandalizada.
-Es verdad, quitaos el vestido. Con todo lo que lleváis no se os verá nada. -
Corroboró Leroy haciendo a Emma reírse y a más de una doncella bajar el
rostro para evitar que las vieran reírse por la ocurrencia.
-Está bien. Lo llevaré bajo el vestido. -Decía dejando el cuchillo junto a su
abanico de marfil- y prometo que si me hallo en peligro me desnudaré
delante de toda la corte.
Leroy asintió con un gesto terco y Josh se rio divertido.
-Creo que mejor no le digas a tía Nora que esa será tu intención o quizás no
te deje salir de la casa.
Emma volvió a reírse por lo pillo que lucían los dos delante de ella.
-Andad, id a cenar y después a la cama que mañana temprano saldremos a
montar por los campos de la Escuela y no quiero que cuando os venza uséis
la excusa de estar cansados.
Josh se rio:
-Prima Emma, no nos vencerás porque la que estarás cansada serás tú y
como perderás deberás invitarnos a cacao y buñuelos. -giró y se acercó a
Janet-. Ven, Janet, vayamos a cenar. -Le ofreció la mano y ella aceptó
saltando de su lugar mientras Leroy giraba para seguirlos, pero antes sonrió
a Emma por encima de su hombro y dijo:
-Decid a la duquesa Alex que prometió llevarnos de paseo cuando llegase a
la ciudad. Además, Lady María y lord Andrés necesitan protección para
moverse por la ciudad.
-Eres un caballerete muy ocupado… -Señalaba Emma riéndose entre
dientes-… Protegernos a Janet y a mí, a los hijos de los duques…
Leroy se rio sin detenerse camino de la puerta.
-Sí que soy un caballero ocupado…
Emma se volvió a reír por la respuesta y el tono de viejo sabiendo que
ponía.
-No podéis llevar un cuchillo a palacio. -Dijo Dulcy nada más cerrarse la
puerta.
-En realidad, dudo nadie sepa que lo llevo. No mirarán bajo mis faldas. -
Sonrió traviesa mirándola por el reflejo del espejo.
Cerca de allí, en Chester House, Adrien se reunía con Sebastian en su
despacho.
-Veo que estás ansioso por acudir a palacio. -Se burló Sebastian estando de
pie junto a la chimenea, tan engalanado como él para la audiencia en
palacio, aunque eso sí, llevando a uno de sus hijos en brazos al que mecía
lentamente.
Adrien suspiró:
-No diría ansioso precisamente, sobre todo porque el duque me informó el
pasado día que, durante la audiencia, en reserva, informará a la reina de lo
ocurrido años atrás y también los pasados días.
Sebastian frunció el ceño apartando los ojos del regordete rostro de su
heredero para mirar a Adrien de nuevo.
-Eso puede no ser una buena idea. Si la reina pide consejo a terceras
personas, quizás, sin saberlo, esté informando al espía que buscamos.
-Sí, el duque también lo cree y precisamente, porque está convencido de
que el espía forma parte del círculo cercano de su majestad, es que pretende
informar a ésta y así, quizás, obligar a ese traidor a dar un paso en falso.
-O simplemente alertarlo más de lo que ya debe estarlo por la aparición de
la niña que un día lo vio, y precipitar su huida.
Adrien suspiró pesadamente antes de que por la puerta entrase Teresa
caminando decidida hacia Sebastian parándose antes a su lado instándolo a
agacharse para darle un beso en la mejilla y después ponerse frente a
Sebastian extendiendo los brazos.
-Alex dice que me des a Andrés que va a acostarlo antes de que os
marchéis.
Sebastian sonrió poniendo al pequeño en sus brazos con cuidado.
-Di a tu imperiosa hermana que la estamos esperando.
-Bueno, se lo diré… -Contestaba caminando con su sobrino en brazos hacia
la puerta que el mayordomo mantenía abierta para ella-… pero dudo se dé
más prisa por saber eso.
Sebastian se carcajeó por la impertinencia.
-Imagino tu casa será un remanso de paz sin Josh enredando por allí todo el
día. -Se burló.
Adrien rodó los ojos:
-Me manda informes detallados de lo hecho durante el día.
Sebastian se carcajeó porque sabía muy capaz a ese enano terco de hacer
eso para informar a su hermano de su “misión”.
- ¿Y te cuenta algo interesante?
-Salvo que mi madre, tía Nora y la duquesa no hacen más que llevar a
Emma de un lado a otro y que ella no hace más que suspirar en cuanto de
los labios de alguna de ellas sale alguna nueva ocurrencia, nada destacable.
Sebastian sonrió acercándose al mueble de las bebidas mientras decía:
-Adrien, no llames a lady Emmaline Emma en la corte o todos empezarán a
pensar que entre ambos existe una cercanía no conveniente pues dará
pábulo a muchos rumores.
Adrien rodó los ojos por el tirón de orejas.
-No te atrevas a servirte copa alguna. -La voz de Alejandra les hizo a los
dos girar hacia la puerta-. Os quiero bien despejados que en la corte hay
muchos peligros. La reina aún es joven y todavía no es capaz de controlar a
los cortesanos peligrosos.
El comentario les hizo a los dos sonreír porque para ambos, aunque era un
chascarrillo también encerraba una innegable verdad. La reina Victoria
apenas llevaba unos meses en el trono y todo a su alrededor eran
confabulaciones e intereses políticos bullendo en un sentido y otro
aprovechando que aún tenían un reina demasiado joven, demasiado
inexperta y manipulable. Pero con suerte, como decía Sebastian que ya la
conocía bien y se relacionaba con ella como parte del consejo, no tardaría
demasiado en tomar el pulso a la corona y saber en quiénes confiar y
quiénes no pues, decía, era inteligente, tenaz y tenía el carácter suficiente
para que, cuando tuviere confianza, no se achantare ni amilanare ante nada
ni ante nadie logrando ver los intereses de unos y otros para saber tratarlos.
-Estás preciosa, cielo. -Dijo Sebastian rodeándola por la cintura besándola
en los labios.
Alex sonrió dejándose acomodar en sus brazos como hacía siempre y
mirando a Adrien sonrió.
-Desde hoy la señorita Emma, quiero decir, lady Emmaline -se corrigió
rápidamente- se verá asediada por una horda de pretendientes. Con lo
bonita que es y su pedigrí no esperarán siquiera a que vaya a su primer
baile. Todos en la audiencia estarán deseando hacer llegar la descripción de
la reaparecida lady Emmaline Jasplin a todos los rincones de la ciudad y
más de un caballero se frotará las manos y no todos ellos son hombres
deseables. Seguro que más de un crápula está deseando echarle el guante a
la nueva palomita que considerará una pieza fácil creyéndola una inocente
que carece de toda picardía social al haberse criado lejos de los enredos de
la nobleza.
Adrien alzó una ceja, inquisitivo.
-Pues si la creen una palomita boba se van a llevar una sorpresa. -Contestó
sin querer entrar en el juego que intuía estaba jugando Alex.
-Sí, es cierto, nuestra señorita Emma sabe defenderse de cualquier
impertinente… -Sonrió divertida antes de alzar el rostro hacia Sebastian-.
Será mejor que marchemos ya para estar en la corte cuando ella llegue.
Sebastian asintió y miró a Adrien.
- ¿Avisas a nuestras madres que estamos listos para marchar?
Adrien rodó los ojos con resignación ante la costumbre de Sebastian de usar
a sus primos para recados tontos en vez de pedir a un lacayo que fuere, no
dudando que lo hacía para pincharlos. Una vez alejado bajó los ojos a
Alejandra cerrando mejor los brazos a su alrededor encajándola en su
cuerpo.
- ¿Por qué aguijoneas a ese pobre conde? Es demasiado listo para no saber
lo que haces.
-Sé que sabe lo que hago, pero, aun así, lo aguijoneo para que no se demore.
Me gusta la señorita Emma y como Adrien se ponga tonto a lo mejor se le
escapa de entre los dedos.
Sebastian se rio antes de besarla llamándola alcahueta. Teresa entró con su
perenne mascota Greter siguiéndola y moviendo su rabito con entusiasmo.
-Mañana por la mañana me gustaría pasear por la escuela de caballería con
Josh, Leroy y la señorita Emma. Camile no vendrá a Londres hasta que los
bebés de Lucas tengan algunas semanas y sin ella no puedo salir de paseo a
primera hora.
Alejandra sonrió divertida.
-Mañana puedes ir a montar con ellos y no te preocupes, ya puedo volver a
montar todos los días así que te acompañaré antes de tus lecciones de
esgrima.
-Ah bien. -Sonrió ladeando la cabeza mirando después a Sebastian con
gesto serio-. Hoy era día de correo.
Sebastian suspiró sabiendo que Teresa llevaba cuenta de todo lo que entraba
en la casa los días de correo procedentes de barcos esperando noticias de
Gregory que ya llevaba un año lejos y lo añoraba en extremo esperando
ansiosa cada misiva, noticia o paquete suyo que, dado que se encontraba en
el cada vez más pujante mercado oriental, no eran fáciles de recibir. Se
acuclilló para ponerse a su altura y la atrajo a sus brazos.
-Gregory estará bien, cielo. No has de preocuparte. Te añorará muchísimo.
En sus cartas siempre lo dice, ¿no es cierto? Antes de que te des cuenta
recibiremos cartas suyas y algún presente para Camy y para ti.
Teresa suspiró rodeándole el cuello con los brazos.
-Pero ya hace dos semanas de su última carta… -Señaló con tristeza.
-Te diré lo que haremos. -Rompió el abrazo y la miró a esos ojos verdes tan
idénticos a los de Alex-. Mañana iremos a las oficinas de la Compañía de
las Indias y le diremos a su director que nos cuente las últimas noticias que
él tenga del grupo de Gregory. Escribe una carta y se la entregaremos en
mano para que lo mande en el próximo barco de su compañía que salga
hacia allí.
Teresa suspiró, pero finalmente asintió:
-Está bien. -Giró y echó a andar hacia la puerta con Greter correteando a su
alrededor.
-El tiempo no lo está haciendo más fácil sino lo contrario. La ausencia de
Gregory y el que cada vez sus cartas sean más espaciadas empiezan a hacer
mella en ella. -Dijo Alex con la vista fija en la puerta.
Sebastian la abrazó y la besó en la sien.
-Lo sé, cielo, pero tenía que marchar. Tenía que dar tiempo a Teresa para
crecer y convertirse en la mujer que él quiere a su lado. Además, Gregory
también necesitaba crecer, madurar y vivir lejos de la seguridad de casa.
Cuando regrese será un mejor hombre para ella.
Entraron en palacio y mientras en el gran salón previo al del trono
entregaban sus capas y sombreros a los lacayos, Adrien miraba en derredor
con el ceño fruncido.
-Desde luego más de un incordio deseoso de chismorreos se ha acercado a
la audiencia sin dudarlo. -Dijo molesto bajando la voz.
Su madre y la duquesa viuda que caminaron por delante de ellos se
detuvieron para saludar a una pareja ajada mientras que Sebastian, con Alex
de su brazo, lo sonrió:
-Se ha corrido rápido la voz de que hoy venía lady Emmaline. -Con
discreción le señaló un rincón en el que había varias damas con algunos
caballeros conversando animados-. De ahí, la mitad esperan que cometa
alguna torpeza y la otra mitad están deseando salir presurosos de aquí para
narrar con todo lujo de detalles lo que ocurra a cuantos oídos se presten a
escucharlos.
Adrien gruñó maldiciendo para sí el gusto de su clase por los chismorreos y
los rumores. Para colmo, además de grandes cabezas de la nobleza,
mientras caminaban hacia la entrada del salón de tronos, veía muchos
nobles deseosos de cazar a la presa más codiciada de cada año y desde
luego en cuanto vieren a Emma la tildarían como una candidata a ese título
sin dudarlo.
-Creo que este año adelantaremos el baile de Chester House y así
contaremos con la ventaja de nuestro terreno para presentar a lady
Emmaline. -Señaló la madre de Sebastian sorprendiéndolos antes de entrar
con lady Marian a su lado.
Miró a Sebastian que parecía tan sorprendido como él.
- ¿No deberían ser el duque de Carmond y su madre quiénes la presenten? -
Preguntó, aunque ya conocía la respuesta.
Sebastian se rio entre dientes negando con la cabeza:
-Seguro esperará a que primero sea el baile de presentación en Carmond
House, pero es evidente mi madre quiere dejar claro que la señorita… que
lady Emmaline, también forma parte del ducado.
-Pues claro que sí. -Sonrió Alex traviesa al tiempo que pasaba entre ambos
siguiendo a la duquesa viuda-. Al fin y al cabo, cariño, no olvides que es “la
prima Emma” y que, siendo la prima de este conde de aquí, de algún modo,
también forma parte del ducado.
Sebastian contuvo una carcajada viendo a Alex pasar entre ellos y
adelantarlos mientras Adrien entrecerraba los ojos sin apartar los ojos de
ella mascullando un “no somos primos”. Sebastian no disimuló su sonrisa
apresurándose a atrapar a Alex y poner su mano en su manga queriendo
besarla apasionadamente después de llamarla bruja por cómo sabía y
lograba aguijonear a Adrien con solo proponérselo. En lugar de eso le
susurró un “eres mala” mientras contenía una carcajada de pura diversión
logrando que Alex le sacase la lengua burlona tan divertida como él.
Se colocaron en cómodo lugar para observar con detalle lo que ocurría a la
espera de la llegada del duque con Emma y mientras intercambiaban
algunos saludos un rostro familiar se colocó antes ellos tres.
-Tan bella como siempre, duquesa. -Sonrió a Alejandra que riéndose entre
dientes se puso de puntillas y le dio un beso en la mejilla.
-No seas zalamero que tengo a mi esposo a mi lado.
-Sí, Davenport, no seas zalamero si no quieres ser zarandeado por un duque.
Allan se rio mirando a su amigo divertido por los celos que siempre
mostraba aun cuando bien sabía que eran innecesarios. Miró a Adrien
divertido.
-Ya he sido informado del papel que juegas en todo este enredo. De modo
que también te han designado tutor de una fierecilla impetuosa… -Señaló
burlón recordando que no hacía muchos meses, él había sido el tutor de
Allegra tras morir el padre de Máximo y Allegra nombrándolo a él custodio
de los hermanos y que, tras el matrimonio con Christian, ahora solo le
concernía respecto al menor de los hermanos.
Adrien rodó los ojos:
-Presumo Allegra te ha puesto al día de todo…
Allan negó con la cabeza, divertido.
-Ha sido la duquesa viuda. -Sebastian y Adrien alzaron las cejas mirando de
soslayo a la mentada que conversaba animada junto a lady Marian con la
madre de Allan.
Sebastian gruñó:
-Por eso estáis aquí.
Allan sonrió asintiendo:
-Es evidente quiere contar con muchos aliados en el día de hoy. Máximo ya
me hubo hablado de la joven cuando regresó de su visita este verano. -Miró
a Adrien-. Supuse que no tardarías en traerla a la ciudad para presentarla y
buscar esposo, más, desde luego, este giro de los acontecimientos no me lo
esperaba.
Adrien gruñó:
-Nosotros tampoco, puedes creerme. -Suspiró negando con la cabeza y
mirando serio a Allan señaló bajando la voz-. Además, hay cosas que no
sabes.
Sebastian bajando también la voz añadió:
-Tras la audiencia, ven a Chester House y te informaremos de todo. La
sobrina del duque corre un serio peligro.
Allan frunció el ceño absteniéndose de preguntar allí sabiendo que no era
un lugar para hablar ni mencionar temas sin peligro de que alguien los
escuchase. Asintió mirándolos indistintamente.
Unos minutos después notaron los murmullos crecer y supieron que
enseguida al duque llegando en ese momento. Apareció bajo las puertas de
acceso al salón del trono con su madre a un lado y Emma al otro mientras
lady Nora iba del brazo del lord Chambelán lo que solo podía significar que
ya habían tenido una audiencia previa y privada con la reina y que por eso
se estaría retrasando su majestad.
-Vaya, vaya, una preciosa pelirroja. -Sonrió Davenport divertido mirando de
soslayo a Adrien que no había apartado los ojos de ella desde que entró en
el salón.
Adrien quiso gemir. Cada par de ojos de esa sala miraba a Emma y lo que
era peor, sabía a todos los hombres comiéndosela con la mirada. Estaba
realmente deslumbrante con ese vestido verde agua que no hacía sino
realzar el color de su cabello. Elegante, señorial y de porte regio, sin duda
parecía lo que era, toda una dama de la nobleza. Sus ojos lucían
desconfiados, como si esperase ser asaltada por todos los que la rodeaban
de un momento a otro, pero no tardó en comprender que lo que estaba
haciendo era observar los rostros a su alrededor buscando alguno conocido,
buscando un rostro en particular.
-Si hace algún gesto que denote que ha descubierto a quién busca, estará en
serio aprieto. -Dijo bajando la voz sabiendo que Sebastian le escuchaba.
-Confía en ella, Adrien. Ha sabido guardar su secreto muchos años y sabrá
hacerlo aquí. Acerquémonos a saludarlos antes de que empiecen a
abordarles y así ayudaremos a su excelencia a protegerla. -Sugirió.
No esperó a escuchar nada más. Ofreció presto su brazo a su madre
mientras Sebastian le ofrecía el suyo libre a la duquesa viuda y echaron a
andar en dirección hacia ellos decididos.
Enseguida los saludaron con las cortesías de rigor sabiéndose observados
con curiosidad por todos.
-Excelencias, tía, permitidme presentaros al vizconde de Davenport. -Se
apresuró Adrien a presentarlos aprovechando el movimiento de todos para
colocarse junto a Emma que seguía concentrada y alerta-. Milady. -La
saludó con cortesía mientras ella le miraba entrecerrando los ojos
apresurándose enseguida a hacer una reverencia al comprender dónde se
hallaban.
-Milord.
Bajando la voz preguntó:
- ¿Ya habéis tenido la audiencia con la reina? -Asintió seria lo que le hizo
fruncir el ceño-. ¿Ha ocurrido algo?
Emma se encogió de hombros mirando de soslayo al duque y a la duquesa
que habían empezado a hablar con los demás.
-El duque ha informado a la reina de todo lo ocurrido, incluso de los planes
de atrapar a ese hombre. -Susurró.
Adrien suspiró:
-No puedes delatarte ante los demás. Ten cuidado, mil ojos te observan.
-No creo que importe que me delate. El duque ya se ha encargado de ello.
La reina no tardará en contárselo a alguien y de ahí a que lo sepa todo
Londres será cuestión de días. -Masculló enfadada.
Adrien miró disimuladamente en derredor. Prácticamente estaban en medio
del salón y en cuanto la reina apareciere y todos se movieren a los lados
dejando el eje central despejado quedarían muy expuestos. Tomó su mano
enguatada sin miramientos y la colocó en su brazo al tiempo que decía:
-Excelencias, milord, miladies, creo que lo mejor es movernos y dirigirnos
a un lugar menos expuesto.
Todos entendieron lo que decía y asintiendo les siguieron pues Emma se
dejó llevar por él hasta uno de los laterales sin apenas decir palabra pues él
se limitaba a saludar con un mero gesto de cabeza a las personas que les
rodeaban. En cuanto alcanzaron un discreto lugar y con las cuatro más
ajadas damas acomodándose en unas sillas junto a una columna que les
daba un cómodo lugar para observar y ser observadas, él con Emma a su
lado y Alejandra, Sebastian y Davenport al otro giró ligeramente para poder
mirar mejor a Emma.
-Escúchame. Tu tío ha obrado del mejor modo que ha creído, de cualquier
modo, has de reconocer que cuánto antes se delate ese hombre y aquéllos a
los que haya contratado, antes podremos acabar con este asunto.
-Sí, pero para delatarse lo que han de hacer es matarme. -Replicó ella
enfadada en un mero susurro disimulando todo lo que podía.
-No van a matarte. -Respondió tajante y ella alzó los ojos para mirarlo
fijamente claramente enfadada-. No van a matarte, Emma. -Repitió firme-.
No dejaremos que te pase nada.
-Cómo si pudieseis hacer nada… Además… -De pronto sintió un escalofrío
y deteniendo lo que estaba diciendo miró al fondo de la sala por donde
aparecía la reina seguida de sus dos damas de compañía y dos hombres.
Jadeó sin siquiera ser consciente de que todos hacían una reverencia.
-Emma… -Susurró Adrien haciendo una cortesía tirando de su mano
suavemente para que hiciere la reverencia a la reina que ella, casi sin darse
ni cuenta, hizo sin apartar los ojos de un hombre que seguía tras la reina.
Adrien al ver que ella había perdido el color de la cara y parecía a punto de
desmayarse se la acercó susurrando mientras ella se enderezaba-. Lo has
visto.
Emma, que no apartó la vista de su objetivo, asintió. Adrien siguió de golpe
la dirección de su mirada y casi se le escapa una imprecación. Miró a
Sebastian que rápidamente comprendió y giró como él la vista hacia el
hombre que miraba Emma.
-Es…
Adrien la detuvo antes de que terminase esa frase apretando su mano.
-Aquí no. -Le ordenó en un susurro, pero con firmeza-. No le mires, Emma.
Ahora sé quién es y no hace falta que digas nada.
-Lo conocéis… -Lo miró sorprendida.
-Yo y todos los de esta sala. Es el marqués de Villton, el secretario de la
cámara de los lores y ha sido la mano derecha de los dos anteriores reyes. -
Contestó en apenas un susurro colocándose delante de ella a modo de
protección, pero también para alejar a ese hombre de la vista de ella y a ella
de la vista de él.
-Dios mío… La mano derecha del rey…
-De los dos anteriores, Emma. -La corrigió empujándola con suavidad hacia
la pared detrás de una columna aprovechando que todos los ojos aún
seguían centrados en la reina y el nuevo embajador francés que, por suerte,
era el primero al que por importancia daría audiencia pública ese día-.
Escucha. -La colocó con la espalda apoyada en la pared sintiendo el ligero
temblor de su cuerpo. La situó de tal modo que Sebastian y Davenport
quedaban delante de ellos alejándolos de la vista de extraños, gesto que
tanto Sebastian como Davenport notaron y no se movieron de su lugar-.
Emma, mírame… -Ella tardó unos segundos en alzar los ojos con evidente
alarma, pero, también, miedo y odio a partes iguales-. Emma, lord Villton
es un hombre en extremo poderoso, pero no como antaño. La reina lo
mantiene en el consejo y como parte del pequeño grupo de nobles que le
aconsejan, más, no es la mano derecha de la reina. Por suerte, el primer
ministro tiene influencia sobre ella y ha alejado a ciertos personajes lo
bastante para que no influyan en exceso, más, aun así, sigue siendo un
hombre poderoso. Vas a tener que disimular. Tendrás que ser fuerte y no
mostrar gesto alguno cuando el duque te lleve frente a la reina de nuevo
para la formalidad de la presentación ante la corte. No le mires, no hagas
gestos que te delaten. No dudo sepa ya o tarde poco en saber que te
acuerdas bien de él, más, ante la corte, no muestres tus cartas aún.
Necesitamos pruebas, y más contra alguien como él.
-No voy a poder evitarlo. Mató a mis padres… Ese hombre…
-Emma… -Le tomó el rostro entre las manos obligándola a mirarlo
fijamente sabiendo que si alguien se movía vería algo raro tras Sebastian y
Davenport y quedaban muy expuestos, pero en ese momento le preocupaba
en extremo cómo estaba y cómo podría reaccionar ante la reina-. Emma.
Piensa en tu madre, en tu padre, en tu abuelo, en lord Phillip, has de tener
sangre fría por todos ellos, pero también por ti, por todos nosotros. Ese
hombre caerá. Te doy mi palabra, pero no será aquí ni ahora. Tenemos que
ser más inteligentes que él.
Emma escuchó atenta cada palabra. La miraba con evidente alarma. Sus
ojos azules parecían brillar más que nunca y por primera vez vio en ellos
algo más que la mirada del hombre que hasta ese día la hacía enfadar. Vio
algo que le hizo sentir segura, a salvo. Como si en ellos encontrase una
verdad que durante años le había sido negada. La verdad de saber que ella
importaba más allá de su secreto y su pasado.
-Más inteligentes que él… -Repitió en un susurro como si quisiere grabarse
esa idea en la cabeza-. Está… está bien… lo intentaré. -Convino finalmente
tomando una bocanada de aire mientras él soltaba su rostro mirando por
encima de su hombro el gesto de Sebastian para que se apresurase.
-Emma. Tienes que disimular. Toma aire. Hemos de movernos. En breve el
chambelán convocará a tu tío.
Emma asintió separando la espalda de la pared obligándolo a dar un paso
atrás.
-Estoy bien. -Adrien alzó una ceja impertinentemente y ella frunció el
ceño-. Estoy bien. -Repitió con terquedad haciéndole esta vez sonreír.
Se apartó dejando que ella saliere de ese lugar colocándose junto a
Davenport que no movió su rictus como si nada hubiere pasado. Adrien se
colocó a su otro lado haciendo un gesto de asentimiento al duque que le
miraba frunciendo el ceño sabiendo que algo pasaba.
Disimuladamente, tras los pliegues de su falda, tomó su mano y la apretó
ligeramente haciendo que ella le mirase de nuevo.
-Mantén la vista en la reina. No te amilanes. Camina firme del brazo de tu
tío sin apartar los ojos del trono y de la reina. No desvíes la mirada en
ningún momento. -Le empezó a decir fingiendo estar mirando hacia el trono
y no a ella mientras ella, apartando los ojos de él, también se puso a mirar al
trono intentando no desviar los ojos a la derecha donde estaba ese canalla
de pie con una sonrisa arrogante.
- ¿Y si me pregunta algo sobre mi ausencia estos años?
-La reina ya conoce la historia. Os ha recibido, nada preguntará. No ha
tenido tiempo de informar a nadie aún y dudo lo haga en al menos unos días
lo que nos da un poco de ventaja. -Respondía sin mirarla manteniendo todo
el tiempo la voz muy baja.
-Llevo un cuchillo en la liga. -Dijo sorprendiéndolo pues de golpe bajó los
ojos hacia ella que, mirándolo de soslayo, de pronto sonrió-. Me la ha dado
vuestro hermano.
Adrien suspiró negando con la cabeza sabiendo al uno capaz de dársela y a
la otra de llevarla consigo.
-Por lo que más quieras, no te lances a por ese hombre.
De pronto esa imagen a Emma le hizo sonreír pues llegar a la corte para ser
presentada a la reina y lanzarse como una loca cuchillo en mano contra uno
de los nobles más poderosos del país, convertirían su presentación ante la
corte como la más recordada en muchos años.
-Por todos los santos, ni se te ocurra. -Masculló Adrien viéndola esbozar
una sonrisa ligeramente maliciosa.
Emma ladeó el rostro y lo miró:
-No sé si podré contenerme… -Replicó sumamente divertida.
Adrien rodó los ojos soltando su mano cuando escuchó el nombre del duque
en voz alta. Enseguida el duque dio un paso adelante y tras hacer una
cortesía a la reina en la distancia, ofreció su brazo a su madre y a Emma que
acudieron junto a él antes de poderse a andar hacia el trono.
- ¿Estás bien? -Preguntó el duque en un susurró apenas audible sin dejar de
caminar mirando hacia el frente.
Emma quiso asentir, pero se limitó a susurrar;
-Sí, solo me he puesto un poco nerviosa, pero ya estoy bien.
-Tranquila. Esto no es más que una formalidad. Solo haz la reverencia y
deja que yo me encargue.
Eso hizo. Formal y callada no apartó los ojos de la reina limitándose a
esbozar una tímida sonrisa cuando ella le dio la bienvenida y deseándole
parabienes en su temporada. Un triunfo, pensaba mientras caminaban de
regreso a su lugar unos minutos después, un triunfo era lo que le había
costado no desviar los ojos hacia ese hombre y gritarle asesino. Pero
consiguió contenerse, no supo cómo, pero lo logro. Le temblaban
ligeramente las manos y las piernas querían cederle y dejarla caer sin más,
pero finalmente alcanzaron de nuevo el lugar donde estuvieron antes y
aceptó rápido tomar asiento cuando el duque se lo ofreció. No se había dado
cuenta que había estado conteniendo el aliento desde que giraron después
de la reverencia de despedida a la reina, hasta que tomó asiento y este
escapó de sus labios.
-Lo habéis hecho muy bien. -La voz de Alejandra le hizo mirar a su derecha
pues acababa de sentarse junto a ella mientras tomaba su mano y se la
apretaba animándola-. Pero, me temo, aún tendréis que soportar un poco
más. -Miró de soslayo a su lado viendo cómo algunos rostros las
observaban-. Ahora deberemos socializar un poco y poner buena cara.
Emma suspiró asintiendo, sabiendo que tenía razón. Si bien lo más difícil lo
había hecho, no podía dejarse aún llevar ni por su rabia ni por el cansancio.
Tras las audiencias, que duraron una hora más, todos los personajes del
salón, incluida la reina, comenzaron a moverse de sus lugares y a conversar
y socializar unos con otros. Ella, instada por el duque, se dejó guiar por la
duquesa viuda de Carmond que la fue llevando por el salón presentándole a
muchos personajes bajo la atenta mirada y custodia del duque que no se
separó de ellos y de lady Nora que tampoco quiso dejarla sola.
Adrien, por su lado, no dejó de vigilarla en todo momento desde cierta
distancia para no llamar la atención sin dejar tampoco de observar con
sigilo al marqués de Villton que, como también se dieron cuenta Sebastian,
Davenport y Alejandra, vigilaba a la joven con cierta precaución. Para
colmo, notaba el interés que Emma despertó no solo en personajes gustosos
de chismorreos, sino también en algunas de las grandes dames de la
nobleza y en caballeros que la miraban con algo más que curiosidad.
Al cabo de otra hora y cuando la reina se hubo retirado, miró a Sebastian.
-Deberíamos sacarla ya de aquí.
Sebastian sonrió:
-Me temo, primo, que ya no puedes decidir sobre su vida y que es el duque
el que ha de tomar esa decisión.
Adrien entrecerró los ojos.
-La verdad es que yo también estoy un poco cansada. -Señaló Alejandra
harta de las intrigas palaciegas-. Sé bueno y dile al duque que le invitamos a
cenar en casa y así nos marchamos todos juntos. -Decía mirando a
Sebastian que sonriendo negó con la cabeza antes de inclinarse y besarla en
los labios ignorando las miradas de algunos que consideraban del todo
inaceptable esas muestras de cariño y más aún en la corte.
Una vez Sebastian se alejó en dirección a su objetivo, Alejandra miró a
Adrien que seguía sin apartar los ojos de Emma.
-No tienes que agradecérmelo. -Dijo con sorna logrando que él apartase los
ojos de Emma y la mirase-. Espero comprendas mis dotes de titiritera.
Adrien alzó las cejas y después se rio comprendiendo su chascarrillo pues
realmente sabía cómo manejarlos a todos si quería. Era, sin duda, digna
sucesora de su tía, la duquesa viuda.
-Davenport, tú también estás invitado. -Añadía girando hacia el amigo de
Sebastian que continuaba de pie junto a ellos y que ante la invitación tan
poco solemne de Alejandra se rio entre dientes.
-Y con humildad acepto la invitación, mi hermosa duquesa.
Alejandra sonrió divertida mientras veía a Sebastian regresar directo hacia
ellos y decir, nada más alcanzarlos:
- ¿Otra vez galanteando a mi duquesa, Davenport?
Alejandra se rio pasando sus brazos por la cintura de Sebastian apoyando la
mejilla en su pecho importándole tan poco como a su marido el qué dirían
los rancios nobles que les rodeaban, sobre todo porque Sebastian cerró los
brazos a su alrededor encajándola en ellos.
-Solo aceptaba mi invitación. -Sonrió alzando el rostro hacia él-. No riñas al
pobre vizconde.
Adrien y Davenport se rieron por el tono de madre que ponía como si Allan
fuera un niño al que proteger.
-Cielo, no defiendas a este mentecato. -Se quejó sin mucha convicción
Sebastian.
En pocos minutos salían de palacio y Adrien, habiéndose asegurado de que
el duque había salido justo delante de ellos, se acomodó en el carruaje de
Sebastian algo más relajado por fin.
-El marqués de Villton. -Dijo de pronto la madre de Sebastian seria pues
por fin Sebastian informó a las damas de lo que había ocurrido-. Es grave,
Sebastian. Para hacerle caer habrá que presentar pruebas irrefutables ante la
corte.
Sebastian asintió:
-Lo sé. No bastará que lady Emmaline le señale. Eso generaría rumores y
sospechas, pero sin pruebas nada más ocurrirá. Alegará que era una niña
confundida y que solo su confusión le hace creerlo un traidor.
Adrien, que miraba meditabundo la ventanilla sabía que tenía razón, pero el
modo en que el marqués hubo vigilado a Emma, le hacía pensar que sabía
que ella le había reconocido.
- ¿Y qué pruebas vais a buscar? Durante varios lustros nadie ha sabido
quién es ese hombre y nadie ha encontrado prueba alguna. -Preguntaba lady
Marian mirando a Sebastian y Adrien indistintamente.
-Pero quizás sabiendo con certeza que es él podamos dar con alguna pista. -
Pensó Alejandra en voz alta.
-Será difícil -Reconoció Adrien-. Ni siquiera cuando se buscó
denodadamente al traidor, nadie sugirió el nombre del marqués. Yo no
recuerdo su nombre en sospecha alguna.
Sebastian negó con la cabeza.
-Yo tampoco recuerdo sospecha alguna dirigida hacia él. -Miró serio a
Adrien tomando la mano de Alejandra dentro de la suya-. Es un hombre
listo, que sabe moverse y tiene influencias. No hay casa de la nobleza que
no lo haya acogido, incluso en Chester House debe haber estado en alguna
ocasión.
La duquesa chasqueó la lengua:
-Sí, estoy segura de haberlo invitado en alguna ocasión. -Negó con la
cabeza-. Limitarnos a informar a la reina, de nada servirá sin pruebas, e
incluso aunque acudas al primer ministro, de nada servirá pues no podrá
enfrentarse a él sin prueba alguna.
Sebastian asintió y después miró a Adrien.
-El duque entrará en cólera. Ese hombre trabajó junto a su padre en el
Ministerio durante la guerra.
-Lo que le dio acceso a muchísimos secretos que luego pasó a los franceses.
-Respondió serio.
-Dime lo que ocurrió en el salón de actos. -Inquirió el duque tras unos
minutos sentado frente a ella en el carruaje que los llevaba a Chester House
según le dijo lady Nora antes de subir.
Emma suspiró pesadamente y le miró unos instantes dudando si decir la
verdad, pero, llegados a ese punto, de nada le iba a servir no hablar.
-Es el marqués de Villton.
El duque entrecerró los ojos y serio señalaba:
-Cuando dices que es el marqués de Villton ¿estás diciendo que fue él? ¿Él
es el traidor?
-Pero… -La duquesa se removió incómoda mientras Emma asentía-… Eso
es imposible. Ha sido la mano derecha del último rey, ha estado en nuestra
casa… -Miró a su hijo comprendiendo lo que significaba-… Dios mío… tu
padre se habría muerto si lo hubiere sabido.
- ¿Le conocéis bien? -Preguntó Emma alarmada.
-Sí, bueno, supongo que en realidad no sé nada de ese hombre… -Negó con
la cabeza-. Empiezo a entender por qué ese canalla nos hizo tanto daño
durante la guerra. Era uno de los hombres por los que pasaba gran parte de
la información clave del ministerio de la guerra.
Emma lo miró serio:
- ¿Cómo se le puede detener? Es evidente el que yo le señale de nada
servirá. Quizás genere rumores o sospechas, pero nada más.
-Cierto. Sin pruebas irrefutables, nada podremos hacer contra él. Aunque
pierda parte de su poder por las sospechas que pesasen sobre él, no recibirá
castigo. -Reconocía el duque con pesar-. De modo que, o encontramos esas
pruebas, o le forzamos a confesar con testigos.
-No hablará delante de testigos. Lleva años ocultando su verdadera cara sin
que nadie sospeche de él.
-Pero ahora, nos aseguraremos de que no haya rincón de Londres que no
sospeche de ese canalla. -Dijo tajante la duquesa mirándola con fijeza antes
de mirar a su hijo-. Los rumores no son pruebas, pero pueden causar
estragos y quizás, si presionamos lo bastante, ese canalla se descubra solo.
Hasta ahora ha actuado bajo la confianza de su secreto, de que nadie le creía
capaz de traicionar a Inglaterra y la corona, pero ¿qué pasará cuando
empiece a ver las miradas de sospechas y desconfianza en todos cuantos le
rodeen?
-Puede huir. -Señaló Emma.
La duquesa asintió:
-Es cierto. Puede huir, más eso sería como confesar. Además, ¿dejar atrás
todas sus propiedades y bienes?
-Mejor eso que la horca. -Pensó-. Aunque ciertamente los rumores por sí
solos no le llevarán a la horca, solo lograrán el descrédito y la mirada
suspicaz a su paso. -Meditó en alto antes de negar con la cabeza-. Pero
lograr su confesión… no será nada fácil.
-No, no lo será y hemos de ser más inteligentes que él. Sembrar la duda sin
acusarlo directamente. -Contestaba la duquesa.
Emma suspiró pesadamente mirando a lady Nora que la sonrió animosa.
- ¿Creéis que su esposa no sabrá lo que ha estado haciendo durante tantos
años? -Preguntó tras unos minutos en que se quedó meditabunda.
- ¿Su esposa? -El duque la miró serio antes de sonreír-. No se ha casado,
Emmaline. El marqués permanece… -Se calló de golpe, pero sonrió y giró
el rostro a su madre que le devolvió la sonrisa.
- ¿Qué? -Preguntó ella ya que por la cara de ambos parecían saber algo.
-Su amante. Tiene una cortesana por amante desde hace muchos años. Si
alguien conoce al marqués es ella. -Contestaba la duquesa sonriendo
complacida-. Excelente idea, Emmaline, excelente idea. Creo que
empezaremos a verter rumores y de paso podríamos aprovechar a cierta
mujer para nuestros propósitos.
El duque sonrió como su madre justo cuando el carruaje se detuvo frente a
Chester House. Una vez dentro de la mansión apareció lady Teresa con cara
de sueño bajando las escaleras con su cabello alborotado y vestida
únicamente con una bata y un camisón.
-Hola. -Los saludó bostezando.
Emma sonrió:
-Milady, deberíais estar en la cama.
-Es que quiero saber qué ha ocurrido en palacio. -Señalaba mirándola
fijamente.
-Pues ya sé quién es el traidor y ahora hemos de atraparlo.
-Ahh… -Sonrió divertida de pronto-. ¿Y dónde están Sebastian, Alex y
mamá duquesa?
No llegaron a contestar porque justo en ese momento entraron por detrás de
ellos y ella sonrió a Davenport acercándose a él dándole un beso en la
mejilla.
-Máximo sigue en la escuela, ¿verdad?
Allan sonrió tomándola de la mano llevándola con él al salón sin siquiera
pedir permiso.
-Sí, pero podrás verlo dentro de tres días porque viene a visitarnos.
-Ah, qué bien. Prometed que le diréis que venga a visitarme.
Davenport se rio entrando en uno de los salones con ella mientras los demás
los observaban desde el vestíbulo.
-Al parecer, ese mentecato nos da permiso para entrar en mi propio salón. -
Decía Sebastian tras entregar su capa al mayordomo mientras Alejandra
sonreía mirando al mayordomo que con una media sonrisa comprendía la
pregunta no formulada de su señora:
-En cuanto escuchaba un carruaje bajaba corriendo. Milady ha estado
esperando en el saloncito previo a su alcoba, excelencia.
Alejandra negó con la cabeza suspirando con resignación.
-Mañana estará agotada y con lo terca que es no lo reconocerá ni aunque se
caiga del caballo.
Sebastian se rio tomando su mano llevándola con él al salón por el que
había desaparecido junto a su amigo.
-Excelencias, mis queridas damas, entremos en el salón y tomemos un
refrigerio.
Todos les siguieron hasta el salón, pero Emma se vio detenida justo en
cuando iba a cruzar la puerta por Adrien.
- ¿Estás bien? -Le preguntó serio.
Emma asintió:
-A la duquesa se le ha ocurrido una idea para atrapar a ese hombre.
Adrien alzó las cejas sorprendido.
- ¿De veras?
-Sí. -Sonrió negando con la cabeza-. Creo que mi abuelo no escogió como
segunda esposa a una jovencita boba…
Adrien, que no se esperaba semejante respuesta, soltó una carcajada
realmente sincera.
-Bien, bueno, tu abuelo no era un hombre sin cerebro. -Se reía tomando su
mano posándola en su manga-. Vamos, estoy deseando conocer esa idea.
Tomaron asiento en el salón escuchando cómo Sebastian ordenaba a Teresa
subir a acostarse bajo los refunfuños de ésta, que, no obstante, obedeció.
Antes de que apareciesen los lacayos con unas bandejas de refrigerio y
mientras los caballeros sirvieron unas copas a todas las damas menos a
Emma, Sebastian relataba a Davenport lo ocurrido. Tras unos segundos en
que observó callado a Emma y después al duque de Carmond, asintió con la
cabeza diciendo:
-Ciertamente serán necesarias pruebas, pruebas irrefutables para hacer algo
más que hundir la reputación del marqués.
-En realidad, quizás no sea necesario más que hundir la reputación del
marqués para así lograr que actúe y se delate. -Replicó la duquesa.
Todos la miraron y Emma intercambió una mirada con lady Nora que, como
ella, sonrió ligeramente divertida.
-Explicaos, excelencia, os lo ruego. -Señaló Sebastian mirándola con fijeza
mientras Alejandra empezaba a servir el té y los platitos con el refrigerio.
-Pues, es evidente no se va a desenmascarar sin más y obtener pruebas de su
traición no será nada fácil dado que ha demostrado ser un hombre muy
hábil, más, ¿qué pasaría si vertiésemos rumores de que él es el traidor que
tantos años se busca y empieza a sentirse observado, vigilado e incluso
objeto de susurros constantes? Seguramente se sentirá en extremo
vulnerable, no en vano, la seguridad que le daba la falta de sospechas y su
eficiencia en guardar su secreto, habían sido su mejor arma, más, ¿qué
pasará cuando no cuente con ellas?
La madre de Sebastian sonrió ampliamente.
-Es una excelente idea. Vertemos aquí y allá, en distintos sitios y con
absoluta discreción, el rumor y en pocos días toda la ciudad recelará de él.
Se sentirá oprimido por quién le rodea. Quizás cometa entonces un error…
-O quizás no. -Añadía el duque serio-. Más, nada perdemos por intentarlo
por esa vía y si, además, presionamos a su otro punto débil, quizás
logremos por fin desenmascararlo, aunque no encontremos pruebas.
- ¿Su otro punto débil? -Preguntó Alejandra cada vez más animada.
-Su amante. -Contestó Emma sonriendo abiertamente.
- ¿Tiene una amante? -Preguntaba Alejandra divertida.
-Sí, una cortesana. -Contestó ella mientras lady Nora rodaba los ojos por la
más evidente diversión de la joven.
Adrien que la miraba de pronto divertido negó con la cabeza antes de mirar
al duque:
-Presumo pretendéis sonsacarle información.
-Bien por las buenas bien por las malas. Si no sabe de las actividades del
marqués, ha de saber cosas de él que nos puedan servir. No en vano lleva
con él casi diez años.
- ¿Diez años con la misma amante? -Preguntó asombrada Emma haciendo a
los tres caballeros sonreír por su incredulidad.
-Lo que no hace sino permitirnos suponer que conoce bien al marqués. -
Insistía la duquesa.
-Y mientras tanto… ¿yo que hago? Ahora que se ha cerciorado de que me
quedaré en la ciudad, seré un blanco más fácil para él. -Preguntó Emma.
Adrien miró al duque queriendo escuchar lo que decía pues ciertamente era
un blanco demasiado fácil de alcanzar lo cual empezaba a molestarle y
alarmarle en exceso.
-Pues me temo que hasta que no le atrapemos correrás peligro.
Extremaremos la protección y procurarás no informar a nadie de tus pasos
por si tiene a alguien espiándote.
Emma frunció el ceño, pero rápidamente asintió para después mirar a
Adrien.
-No creo que sea buena idea que vuestro hermano, Leroy y Janet estén tan
cerca de mí. Estarán en peligro.
Adrien suspiró pesadamente.
-Salvo que los encadenemos no veo cómo lograr que cejen en su “misión”.
Emma sonrió:
-Soy una misión.
-A los ojos de esos dos tercos enanos, sí. -Negó con la cabeza-. De
cualquier modo, mientras siempre vayáis acompañada de guardias, nada
malo debiera pasarles. -Miró al duque antes de decir-: Supongo que haréis
un baile de presentación en Carmond House.
El duque miró a su madre que sonrió:
-De aquí a diez días. Eso nos dará tiempo para prepararlo todo,
especialmente porque mañana a esta hora toda la ciudad comentará la
presencia de Emmaline ante la reina y esperarán ansiosos ser invitados a su
presentación y aunque la organicemos tan pronto dudo falte nadie a la
fiesta. También dará tiempo para empezar a verter aquí y allí comentarios
sobre el marqués.
-Un momento. ¿Baile de presentación? ¿Por qué un baile de presentación?
Ya me he presentado ante la reina, ¿no era esa la finalidad? Que me
vieran… ya me han visto. -Decía Emma mirándolos, sobre todo a lady
Nora-. ¿No pensaréis pasearme por los salones de la aristocracia buscando
esposo? No busco esposo, no quiero esposo. Solo quiero atrapar a ese
hombre y que lo lleven a la torre…
Empezó a quejarse haciendo a Adrien contener una sonrisa porque
realmente no parecía muy consciente de los planes no solo de la duquesa y
su tía sino de todas las damas presentes y si se apuraba de todos los allí
presentes. Aunque esa idea, a él, en ese momento, le molestó, más, no quiso
ahondar ni en esa molestia ni en su origen.
-Pues sí, has de pasearte por todos los salones de la nobleza, querida. -
Empezó a decir la duquesa de Carmond-. Quizás no tengas que buscar
esposo de inmediato, más, me temo, habrás de hacerlo tarde o temprano.
Además, has de socializar para que todos empiecen a reconocer no solo
quién eres sino lo que le pasó a tu madre. Recuerda que tu presencia
permitirá limpiar su nombre, aunque habrás de hacer frente a los curiosos, a
sus preguntas impertinentes y a más de un cuchicheo a tus espaldas. Y más
cuando entre los rumores que vertamos se encuentre el de que el marqués
fue visto saliendo de la casa de tus padres apresuradamente y armado la
noche en que desaparecisteis y murió tu padre. Tendrás que fingir ante otros
y ser hábil en las contestaciones que des al respecto sin afirmarlo, pero
también sin negarlo.
Emma entrecerró los ojos:
- ¿Pensáis susurrar eso a otros?
La duquesa sonrió asintiendo:
-No solo queremos atraparlo, ¿recuerdas? También limpiar el nombre de tu
madre sin que a nadie le quepa la menor duda.
Emma la miró en silencio unos segundos y después asintió:
-Puedo hacer eso… ni afirmar ni desmentir… sembrar la duda y hacerla
creíble… lo haré. -Afirmó con gesto tajante.
-Bien, -La madre de Sebastian dio una palmada y continuó-, pues ya que
aceptamos el papel que nos corresponde a cada uno, deberíamos hablar de
los pasos a seguir.
Emma rodó los ojos intuyendo que esos pasos a seguir implicaban pasearla
por toda la ciudad de soirée en soirée como una palomita a la caza de
esposo.
Adrien contuvo una carcajada viendo su gesto y su mueca de contrariedad
mientras tomaba un par de bocaditos de salmón que colocaba en su plato
para empezar a comer sin prestar atención a cómo las damas
intercambiaban comentarios sobre las fiestas y reuniones de sociedad más
convenientes de las próximas semanas tras traerles el mayordomo la caja
con las invitaciones recibidas que no eran sino las mejores de la sociedad
dado el lugar que no solo Sebastian, sino toda la familia, ocupaban en la
nobleza. La vio responder con simples “lo que digáis” “lo que su excelencia
considere” o un simple “si, por supuesto” a cualquier indicación de ir a tal o
cual fiesta mirándolas a todas ellas con absoluta indiferencia y podría jurar
que ni siquiera las escuchaba.
Al cabo de media hora entró la niñera de los gemelos llevando en sus
brazos a María y sin mediar intención alguna de dejársela a su madre o de
pedir indicación de lo que hacer, fue directa a Sebastian que sonriendo la
tomó en brazos acunándola bajo la atónita mirada de la duquesa de
Carmond que parecía no salir de su asombro.
-No os molestáis excelencia por la presencia de mi hija y menos por
mantenerla en mis brazos, pero como presupongo habréis oído rumorear por
doquier, soy un duque al que no gusta mantener alejadas a sus españolas.
Alejandra se rio entre dientes porque desde su boda las muestras públicas
de cariño entre ellos les había hecho levantar más de un suspiro y un jadeo
de reproche que ambos ignoraban convenientemente.
Sebastian sonrió mirando el regordete rostro de su hija que mantenía
abiertos y fijos en él los ojos verdes idénticos a los de su madre y su tía
Teresa que a él tanto gustaban. Perspicaces, directos, embelesadores…
-Cielo, cierra los ojitos que es muy tarde. -Le susurraba cariñoso-. Además,
no dejarás al tragón de tu hermano dormir solo.
Alejandra sonrió negando con la cabeza:
-Deja de decir que mi pequeño es un tragón. Tiene un apetito sano para un
bebé de su edad.
Sebastian se rio por la vena protectora y terca que le salía.
-Lo que tú digas, cielo. -Contestó con sorna y condescendencia ganándose
una mirada de reproche de Alejandra.
Al despedirse de los duques, de su tía y de Emma, él se retiró al salón
donde su madre, Alejandra, Sebastian y la duquesa viuda aun departían
relajados.
-Has de reconocer que nada hay más peligroso que una dama de sociedad
curtida. -Sonrió la duquesa viuda a su hijo y a Adrien.
-Sí, la duquesa de Carmond ha resultado una temible aliada. -Sonrió
Sebastian sin apartar los ojos de su hija que ya dormitaba-. Otra dama
temible, cielo. Al parecer las atraemos.
Alejandra se rio entre dientes.
-Sube a mi pequeña a su cuna para que duerma junto a su hermano, duque
endemoniado.
Sebastian se reía unos segundos después caminando hacia la puerta con su
hija en brazos.
- ¿Ves, nenita, lo que decía? Damas temibles por doquier.
Adrien se levantó apresurándose a seguirlo alcanzándolo en la escalera.
Sebastian lo miró de soslayo y sonrió:
-¿De qué hemos de hablar que no quieres que se enteren las damas? -
Preguntó con socarronería mientras caminaban por el corredor en dirección
a la alcoba ducal.
Adrien suspiró:
-El marqués de Villton, Sebastian… Ese hombre no parará hasta matar a
Emma y bien sabemos ambos que no solo es inteligente sino tiene poder.
Puede que la duquesa tenga razón y cuando vea su máscara de impoluto
honor resquebrajada, se vea en la tesitura de hacer alguna tontería o de
cometer el error que durante estos años no ha cometido. Pero también puede
revolverse como un perro rabioso y atacar con furia.
-En realidad, ya cometió un grave error, Adrien. -Contestó deteniéndose
justo ante la puerta de la alcoba contigua a la suya donde dormían, por
mandato expreso de Alex y del propio Sebastian, los dos niños-. Creyó
muerta a lady Emmaline tras haberla convertido en una involuntaria testigo.
Adrien chasqueó la lengua.
-Bien, bueno, ciertamente ese fue su único error.
-Que sepamos. Quizás poniéndolo en evidencia ante la sociedad, podamos
descubrir más pasos en falsos que antes pueden haber pasado
desapercibidos.
-Mientras tanto, intentará matar a Emma a como dé lugar. -Afirmó tenso.
Sebastian sonrió:
-Salvo que te asegures eso no ocurre. -Adrien le miró entrecerrando los
ojos-. Vamos, Adrien, a nadie haría más daño que a ti de sufrir ella daño
alguno.
- ¿Por qué habría de…?
No llegó a terminar su pregunta porque Sebastian se giró riéndose entre
dientes abriendo la puerta de la alcoba de los niños cuya chimenea estaba
encendida para dar calor a la estancia y una doncella, que rápidamente se
puso en pie, vigilaba a los pequeños hasta que los duques se retiraban a
descansar dejando la puerta de comunicación entre las estancias abiertas
para que Sebastian y Alex escucharen cualquier ruido en la habitación de
sus hijos. Una costumbre del todo alejada de lo que hacía la nobleza pero
que ambos habían instaurado pues querían a sus hijos cerca de ellos.
-Sebastian. -Suspiró pesadamente tras dejarlo acostar y acunar a su hija en
silencio antes de salir los dos de la habitación-. Estás imaginando cosas.
-Ni por asomo. ¿Crees que te enfadarías tanto con ella cada vez que
discutís, cada vez que te lleva la contraria, si no fuera porque ella remueve
todo tu mundo con su sola presencia? Te volvía loco saberla bajo tu mano y
al tiempo tan lejos de ella como tu honor te imponía pues como su tutor ni
siquiera te consentías pensar en lady Emmaline más allá de una mera
responsabilidad, pero ahora, saberla lejos de tu mano y de todo poder para
imponer tus deseos sobre ella, aunque en estos momentos esos deseos
primen solo en torno a su protección, te está poniendo del todo ansioso,
nervioso y casi que diría de constante mal humor.
Adrien gruñó tocándose el puente de la nariz empezando a notar que de
nuevo le dolía la cabeza.
-No sigas la senda de tu esposa y hagas de alcahueta.
Sebastian se rio metiendo las manos en los bolsillos de su pantalón mientras
echaba a andar por el corredor.
-Me gusta seguir la senda de mi duquesa. Suele llevarme a ella. -Contestó
burlón-. Además, amigo mío, te recuerdo que todos vosotros os burlasteis a
placer cuando Alex apareció en Chesterhills.
Adrien se rio:
-No apareció en Chesterhills, tú y tía Olivia os encargasteis de que acabare
allí.
Sebastian se carcajeó:
-Una gran jugada de nuestra parte, no he de negarlo. -Se detuvo y le miró
serio-. Adrien, dejando de lado que seas o no el hombre destinado a lady
Emmaline, has de procurar que esté a salvo o lo que le pase te torturará
hasta la muerte.
Asintió mirando el final de la escalera antes de empezar a descender.
- ¿Qué sabes de la amante del marqués?
Sebastian se encogió de hombros.
-Nada, pero podemos investigar y ya puestos decir al primo de Ashton que
investigue también en sus clubs sobre todo cuando empezamos a verter
rumores que eso avivará a las lenguas deseosas de contar detalles de tan
augusto personaje.
Justo cuando estaban a punto de alcanzar las puertas del salón aparecieron
en ella las tres damas.
-Adrien, querido, mejor regresemos a casa que es tarde y mañana a primera
hora irás a visitar a tu hermano para cerciorarte de que está bien.
Adrien rodó los ojos ante el mandato impositivo de su madre.
-Madre, Josh está perfectamente. Me he encargado de que el duque le
asignase como valet al hermano del sargento Lumber.
Su madre alzó una ceja de modo inquisitivo.
- ¿El sargento de tu regimiento? -Sonrió Sebastian divertido ya que Adrien,
al igual que Christian, hizo muchas labores de espionaje durante la guerra y
su segundo en muchas de sus misiones fue un joven sargento de talentos
destacados según él.
Christian asintió:
- ¿No pensaríais que no pondría a una fiera niñera a vigilar a esos dos
peligrosos enanos? Además, es un excelente espía y vigila bien lo que
ocurre en la mansión.
- ¿Y su excelencia conoce ese detalle? -Preguntó su madre con
desconfianza.
Adrien sonrió:
-Solo le dije que era alguien de mi confianza para vigilar a mi hermano.
Sebastian se rio mientras cerraba los brazos alrededor de Alejandra viendo
cómo Adrien y su tía se ponían sus capas y guantes.
- ¿Así que un espía? -Preguntaba Alejandra mirando a Adrien apoyando sus
manos en los brazos que Sebastian mantenía a su alrededor-. Quizás
debamos hacer eso para espiar a Teresa y Camile porque últimamente no
hacen más que enredar por doquier.
Sebastian la besó en la sien sonriendo.
-Cielo, deja a esas dos pequeñajas enredar. Aún están en edad de hacerlo.
Además, siempre acaban descubriéndose a sí mismas. Son fáciles de
apresar.
Alejandra bufó antes de mirar a Adrien:
-Bueno, como sea. Tú mañana asegúrate de que no enreda en exceso
cuando vaya de paseo con Josh y Leroy.
- ¿Perdón? -Preguntaba Adrien desconcertado.
-Mañana. Irá a pasear con lady Emma y esos dos enanos a la escuela de
caballería y tú irás para vigilarlos, -Lo miró falsamente pedigüeña antes de
añadir un lastimero-. Por favor…
Adrien rodó los ojos girando tras tomar su bastón:
-Excelencia, os estáis convirtiendo en una dama exigente.
Alejandra se rio apoyando la mejilla en el pecho de Sebastian sin dejar de
mirar a Adrien llevando a su madre del brazo mientras bajaba las escaleras
de Chester House. Cuando la puerta se cerró tras ellos, alzó los ojos hacia
Sebastian.
-Soy una casamentera estupenda.
Sebastian se reía mientras que la duquesa viuda sonreía negando con la
cabeza.
-Vamos, mi casamentera, es hora de descansar.
Alejandra bufó sabiendo que descansar no era lo que precisamente harían
en cuanto alcanzasen su alcoba.
Como era habitual, antes de salir a cabalgar, antes de que amaneciere,
Emma se reunía con Josh y Leroy en el comedor de mañana para tomar un
té caliente y un bollo. Al cruzar las puertas de acceso ya se los encontró a
los dos sentados que simplemente alzaron los ojos hacia ella unos segundos
antes de continuar con su primer desayuno. Ella se acercó más a la mesa
dejando que el mayordomo de su tío le retirase la silla para poder tomar
asiento.
-Buenos días, mis hambrientos caballeros.
-Tenemos que esperar a Teresa. -Dijo Josh con la boca llena-. El duque me
ha dicho que hoy paseará con nosotros.
Emma miró al otro lado porque su tío no estaba en la mesa.
- ¿Cuándo has visto…?
No llegó a terminar la frase porque Leroy señaló:
-Está en su despacho y antes de sentarnos nos ha hecho llamar. Ha dicho
que lady Teresa vendrá con nosotros y que hemos de estar atentos.
Emma sonrió:
- ¿Eso os ha dicho?
-Bueno, ha dicho que desconfiemos de los extraños y que no nos
distraigamos. -Añadía Josh-. Eso significa que ayer ante la reina visteis al
traidor ¿verdad?
Emma asintió:
-Pero de eso hablaremos más tarde. Cuando vayamos a ver a vuestra madre
tras el paseo.
Josh asintió sonriendo, sabiendo que no quería que nadie los oyera y
enseguida desvió los ojos de la mesa al escuchar la puerta del comedor
abrirse apareciendo Teresa de la mano del conde.
- ¿Qué hacéis aquí? -Preguntó con desconfianza en cuanto él se sentó en la
mesa.
Adrien sonrió complacido por conseguir esa contrariedad nada más verlo.
-Pues parece que contrariar a una dama y obedecer a otra. La imperiosa
duquesa quiere que vigile a estos tres peligrosos temerarios.
Los tres niños sonrieron encantados de ser tildados de tal modo y cuando
iba a replicar apareció el duque por la puerta.
-Buenos días, milord.
-Excelencia. -Le correspondía él poniéndose en pie sonriendo con aire
tranquilo.
-Veo que no soy el único al que ciertos pequeños hacen madrugar.
Adrien alzó la ceja, curioso por el comentario y Leroy, con los carrillos
hinchados de su último bocado repitió:
-Nos ha dicho que estemos atentos.
Adrien miró a Leroy que asintió confirmándose a sí mismo lo que le hizo
reír entre dientes.
-Bien, pues os conviene estar atentos o no recibiréis vuestros estipendios.
-Hablando de estipendios… -Josh le miró fijamente-… Tienes que
abonarnos lo que nos adeudas, hermano.
Adrien se carcajeó.
-Os abonaré esa deuda en cuanto regresemos sanos y salvos hoy.
Leroy sonrió de oreja a oreja y miró a Emma.
-Podríamos ir a tienda de las cintas. Le compraré unas bonitas a Janet.
Emma asintió. Leroy siempre pensaba antes en su hermana que en sí mismo
y eso era conmovedor.
-Iremos a la tienda de las cintas.
- ¿Nos vamos ya? Tengo una cita con Sebastian. -Señaló Teresa tras pillar
un bollito antes de ponerse en pie.
- ¿Una cita con Sebastian? -Preguntó divertido.
-Sí, vamos a las oficinas de la Compañía de las Indias.
Adrien se limitó a asentir sabiendo que Sebastian solo intentaba encontrar
un modo de hacer más llevadera la ausencia de noticias de Gregory para la
hermana pequeña de Alex, aunque bien sabría que casi era imposible lograr
tal cosa.
-Pues, en ese caso, será mejor que nos marchemos ya que no es propio de
una dama elegante hacer esperar a sus citas. -Señalaba Emma poniéndose
en pie lo que imitaron el duque y Adrien y de inmediato Leroy se puso en
pie de un salto imitándolos.
- ¿Cuidaréis bien de mi hermana? -El duque se limitó a asentir pues era la
pregunta que hacía cada mañana antes de marchar.
-Dulcy y lady Nora estarán con ella. Además, si vamos a visitar a lady
Marian y después ir a comprar cintas, sería conveniente que le dijese a
Dulcy que se asegure de ponerle su vestido nuevo.
-Vale. -Salió a la carrera y Emma sonrió porque sabía que subía a informar
a Dulcy.
El duque rodó los ojos con resignación:
-En esta casa ya nadie camina como un ser civilizado.
Adrien se carcajeó.
-Prima Emma, hoy pasearemos por los prados de sur. -Empezó a decir Josh
tomando de la mano a Emma caminando con ella y con Teresa por delante
de ellos sin siquiera esperarlos.
Adrien suspiró apresurándose a seguirlos tras despedirse del duque. Al
alcanzar el vestíbulo se los encontró a todos poniéndose sus abrigos
mientras el mayordomo les decía que los guardias y mozos les esperaban
fuera.
Emma al notarlo se giró y bajando la voz para que no le oyesen los niños
señaló:
-No deberíais venir. Ya no sois mi tutor.
-Pero sigo siendo responsable de tu seguridad.
-Dejó de serlo cuando mi tío asumió mi tutoría. -Insistió.
-Eres ahijada de mi tía y, por lo tanto, parte del título. Eres mi
responsabilidad. -Respondió tajante antes de deslizar los ojos a las escaleras
por las que bajaba su tía llevando de la mano a Janet. Se acercó a ellas y
tras una cortesía a su tía se acuclilló frente a Janet-. Buenos días, pequeña.
Estás muy bonita con tu vestido nuevo y la señorita Polly también. -Sonrió
porque la pequeña aferraba con fuerza su muñeca.
-Milord, deje a mi hermana que tiene que desayunar. -Lo azuzó Leroy
arrancando una carcajada a Adrien mientras se enderezaba.
-Es de caballeros corteses saludar a las damas, pequeñajo impertinente.
Leroy bufó mirándolo ofendido.
- ¿Nos vamos o no? -Preguntó impaciente Josh mirando a su hermano.
Y así transcurrió la siguiente hora. Él siguiendo a esos enanos mandones
que no hacían más que imponer su criterio, ahora vamos aquí, ahora por
allí, tomaremos ese sendero… y Emma mirándolo con desconfianza.
Se reía cuando, a mitad de la cabalgada bajando la loma, las gorras de Josh
y Leroy salieron despedidas mientras los dos azuzaban a sus caballos
intentando alcanzar a Teresa que no les dio cuartel venciéndoles sin piedad.
-Venga, id a por vuestras gorras. -Les dijo cuando terminó la carrera con
todos ellos recuperando el resuello.
-No podemos separarnos de Emma. -Se quejó Josh.
-Me quedo con las dos damas. -Se rio divertido por la protectora respuesta.
-Pero no os alejéis. -Le ordenó Leroy mirándole desconfiado lo que no hizo
sino que se riese.
-Vete, enano mandón.
Cerca del sendero donde se encontraban detenidos vieron a un par de jinetes
acercarse lo que provocó que él hiciere un gesto a los dos guardias para que
se pusieren delante de ellas dos, movimiento que hizo a Emma mirar en
derredor y después a él que haciéndole un suave gesto de cabeza le señaló
el sendero.
- ¿Los conocéis?
Adrien negó con la cabeza:
-Precisamente por serme desconocidos conviene ponernos en guardia.
Emma asintió limitándose a no apartar los ojos de los dos jinetes.
-Esos dos se acercan.
La voz de Leroy les hizo mirar encontrándose a Josh y a Leroy en sus
monturas mirando al mismo sitio que ellos.
-Seguramente solo sean dos jinetes montando en la mañana temprano como
nosotros. -Señaló Emma, aunque como los demás no apartaba la vista de los
dos hombres.
Estando distraídos con esos dos caballeros fue lo que les hizo despistarse
pues a su espalda, tras los árboles, un hombre apuntaba al grupo esperando
tener tiro en su objetivo.
-Deberíamos alejarnos de zona abierta. -Sugirió Adrien sintiéndose alerta.
-Como Josh ha llegado el último él invita al chocolate. -Dijo Teresa
sonriendo satisfecha.
-El último ha sido Adrien. -Se defendió el mentado sonriendo orgulloso a su
hermano que rodando los ojos suspiró pesadamente.
-Está bien. Nos detendremos en la cantina de la escuela a tomar un
chocolate.
Giraban hacia el sendero cuando algo silbó para enseguida Emma sentir un
pinchazo en el costado. Gimió unos segundos después al notar un fuerte
dolor y al mirar su costado vio una mancha empezar a surgir en la tela
brocada de su traje de montar. Alzó los ojos con alarma de manera
instintiva hacia Adrien que frunciendo el ceño la miró para enseguida notar
como perdía el color del rostro y cómo su cuerpo se ladeó ligeramente con
un gesto de dolor. Se inclinó y la rodeó con un brazo impidiendo que se
cayese y Emma gimió de dolor.
-Emma. -Susurró pegándola a su cuerpo para enseguida sentarla en su
regazo al tiempo que alzando la voz dijo a los guardias-. A nuestra espalda.
-Josh y Leroy se giraron como un resorte para mirarlos-. Josh, Leroy,
Teresa, a galope sin deteneros hasta salir de la escuela.
-Pero, milady está…
-Leroy, obedece. Yo llevo a milady. -La pegó fuerte a su pecho sintiendo
como su cuerpo se aflojaba-. Aguanta, pequeña. -Susurró apretándola a él-.
Agárrate porque voy a ponerme a galope.
Emma gimió porque apenas si sentía fuerza en los brazos para sujetarse y su
brazo alrededor de la cintura para sujetarla con fuerza le estaba
comprimiendo la herida.
Adrien salió en cabalgada tras los niños sintiendo su corazón latir en su
pecho con fuerza mientras intentaba mantener la calma pues aún podían
recibir un nuevo disparo en cualquier momento. Escuchó un par de disparos
a su espalda que supo por el ruido que eran las pistolas de los guardias lo
que le hizo suponer que, al menos no corrían peligro de que quién
disparase, fuese quién fuese, les siguiese si estaba huyendo de los guardias.
Dudó por unos instantes, pero Chester House estaba más cerca del parque
que la mansión del duque de Carmond y con suerte, Cameron se encontraría
aún allí pues mientras estaban en la ciudad solía ayudar en uno de los
hospitales.
-Vamos pequeña, aguanta que enseguida llegamos. -Maldecía tener que
aminorar la macha al alcanzar las calles fuera del parque no solo por los
carruajes y el bullicio que empezaba a esas horas sino, además, por el
peligro de que sus caballos resbalasen en los adoquines-. Niños, A Chester
House. -Les ordenó cuando alcanzaron la entrada hacia Mayfair.
En cuanto detuvieron los caballos a la entrada aparecieron los mozos.
-Leroy, Josh subid y avisar al doctor. Teresa, llama a tu hermana.
Enseguida saltaron de sus caballos obedeciendo mientras él con sumo
cuidado le cedía a un mozo a Emma para que la sostuviere para poder bajar
también. Saltó y volvió a tomar a Emma en brazos subiendo las escaleras
con ella a la carrera encontrándose a Alejandra y Sebastian saliendo prestos
de un salón con Teresa junto a ellos.
-Arriba, Adrien. -Le ordenó Alejandra antes de empezar a dar instrucciones
al mayordomo.
Sebastian iba a su lado mientras subían las escaleras.
-Un tirador entre los árboles.
Adrien asintió a la pregunta no formulada realmente como tal pues no era
difícil imaginar lo que había pasado.
-Me distraje, maldita sea. Me distraje con dos jinetes.
Sebastian le miró de soslayo no queriendo decir nada. A alcanzar la parte
superior vieron a Cam aparecer por el corredor corriendo hacia ellos con
Leroy y Josh a su lado llevando uno el maletín y el otro lo que parecían
unas telas mientras Cam se iba remangando la camisa.
-Aquí. -Señaló Sebastian una alcoba abriéndola, dejándole paso.
- ¿Se pondrá bien? -Leroy se subió a la cama por el lado contrario al que él
dejaba a Emma que parecía casi desmayada.
-Dejadme. -Cam se colocó a su lado haciendo que él se apartase
ligeramente-. Bueno, la bala no está dentro. -Señaló tras moverla para verla
bien-. Josh, Leroy, salid.
Los dos niños protestaron, pero ante la cara y mirada que les lanzaron los
tres caballeros obedecieron.
-Desvestirla. -Ordenó Cam mientras empezaba a sacar su instrumental.
-Yo lo hago. -Respondía Alejandra entrando en la alcoba.
Sebastian y Adrien se apartaron. Adrien no apartó los ojos de Emma que
sudaba y empezaba a perder todo el color del rostro.
-Alex.
Alejandra miró por encima de su hombro un instante sin detener su
actividad.
-Se pondrá bien, Adrien. Es fuerte.
-Está perdiendo mucha sangre. -Dijo viendo las ropas que ella le quitaba y
la colcha de seda ya empapada en color rojizo.
-Sebastian, esperad fuera. -Le pidió Alejandra y él, obedeciendo, tomó a
Adrien del brazo empezando a arrastrarlo fuera.
-Vamos, Adrien, aquí nada hacemos, pero podemos intentar encontrar a ese
hombre. Además, hay que avisar a tu tía y al duque. ¿Alguien ha visto lo
que ha pasado? -Preguntaba cerrando la puerta a su espalda encontrándose a
los niños de pie frente a ellos con evidente preocupación.
Adrien se detuvo mirando la puerta cerrada con gesto tenso.
-Estábamos en la escuela. No había nadie y los jinetes que pasaron a
nuestro lado justo unos minutos antes dudo hayan escuchado el disparo.
-Pero hemos cruzado Mayfair contigo llevándola en brazos, Adrien. Seguro
nos han visto. -Señaló Josh.
-Podremos decir que saliste a montar con Teresa y os encontrasteis. La
trajiste cuando ella se desmayó. -Contestaba Sebastian mirándolo serio.
Adrien le miró un instante antes de volver a fijar los ojos en la puerta.
-Me distraje. -Repitió reprochándoselo.
-Ven. -Sebastian le hizo un gesto para que lo siguiere antes de mirar a Leroy
y Josh- Id abajo. Cuando lleguen el duque y lady Nora conducidlos aquí.
Leroy frunció el ceño mirando la puerta del mismo modo que Adrien.
-No se morirá, ¿verdad?
Adrien bajó los ojos al pequeño pelirrojo pecoso y vio la alarma dibujada en
sus ojos castaños.
-Se pondrá bien, Leroy. El doctor y Alex la cuidarán muy bien.
-No hemos sabido protegerla.
Adrien suspiró:
-Lo habéis hecho bien, Leroy. Los asesinos son peligrosos por mucho
cuidado que se ponga.
-Pero…
Adrien se agachó frente a él:
-Si hubiese estado sola habría acertado en un lugar más certero y no
podríamos haberla traído rápido.
Leroy frunció el ceño, pero finalmente asintió:
-Me quedo aquí y no dejaré que nadie entre.
Adrien sonrió pensando que ese pequeñajo era terco como nadie y que en
ese momento ese era su modo de sentirse útil.
-Bien, pues si ves o escuchas algo, das la voz de alarma.
Asintió enderezándose firme.
Adrien siguió a Sebastian escaleras abajo, aunque deseaba quedarse junto a
Leroy vigilando esa maldita puerta.
-El marqués no ha demorado su ataque. Es evidente que sintió peligro al
verla ayer en palacio.
Maldijo al llegar al despacho de Sebastian acercándose al mueble de las
bebidas a pesar de la temprana hora pues necesitaba algo que quemase su
garganta para que ésta dejase de ahogarlo.
Sebastian que acababa de dar órdenes al mayordomo para mandar aviso de
Carmond House, giró para verlo tomar de un trago la copa.
-Josh, espera con Teresa la llegada del duque y condúcelo aquí mientras ella
acompaña a lady Nora a la habitación pues no querrá separase de milady.
Los dos salieron del despacho rápidamente mientras Sebastian se acercaba a
Adrien quitándole la copa de las manos al ver que iba a servirse otra.
-Mejor mantener la cabeza despejada.
-La han disparado estando su lado. -Masculló enfadado-. Ni siquiera me ha
dado cuenta hasta ver que perdía el color del rostro y que de su costado
salía sangre. ¿Qué clase de hombre no es capaz de proteger a quiénes están
bajo su protección?
-Uno capaz de errar como los demás, Adrien. -Señaló serio-. Sabíamos que
corría peligro. Nadie puede proteger a otro de todo peligro en todo
momento por mucho que lo intente. Bien lo sabes.
Adrien esperó tenso varios minutos mientras Sebastian, a su lado, intentaba
mantenerse tranquilo pues veía su estado cada vez más nervioso. Apareció
el duque acompañado de Josh al que Sebastian mandó arriba para
acompañar a Leroy mientras el duque tomaba asiento.
-No ha tardado en intentarlo. -Señaló serio mirándolos indistintamente.
-Peor será cuando empecemos a verter rumores que le hagan enfadar. -
Señaló serio Adrien de pie frente a la chimenea antes de girar y mirarlo
fijamente-. Sinceramente, empiezo a pensar que nuestro plan no hará sino
que la maten.
El duque le sostuvo la mirada, serio, unos instantes antes de señalar:
-Si no acabamos con el marqués, nunca estará a salvo y ahora que todos
saben que está viva, no podemos esconderla como hizo mi padre.
Adrien se frotó la frente cerrando los ojos sintiendo ese constante dolor en
la cabeza que parecía no abandonarlo desde que habían llegado a la ciudad.
-Y mientras tanto, ¿qué, excelencia? ¿Seguimos usando a vuestra sobrina
como cebo? -Preguntó molesto.
Sebastian carraspeó sabiendo que su primo, tras ese mordaz comentario y el
tono bronco, no iba a contener su ya incontenible furia y menos cuando, sin
saberlo, mostraba tan abiertamente unos sentimientos de los que no parecía
del todo consciente.
-Adrien, dudo nadie quiera ocurra nada como esto de nuevo y obviamente
intentaremos todos tomar las precauciones necesarias…
-Como bien me recordabas hace unos minutos, -lo interrumpió-, no hay
forma de evitar todos los peligros.
Sebastian elevó ligeramente las comisuras de los labios, pero rápidamente
contuvo la sonrisa que estuvo a punto de salir de sus labios. Su primo se
mostraba demasiado abiertamente incluso ante quién no le conocía tan bien
como él. Cam entró en ese momento con las ropas aun ligeramente
desordenadas haciendo a los tres mirarlo con fijeza.
-Aun no está fuera de peligro, pero al menos he contenido la hemorragia y
he cerrado las heridas. -Anunció antes de que ninguno preguntase-. Por
suerte, la bala no llegó a dañar ningún órgano.
El duque, ya de pie y mirándolo serio preguntó:
- ¿Puedo llevármela a casa?
-Mejor no moverla en unos días, excelencia. Ha perdido bastante sangre y
no conviene que la herida se abra. Lady Nora permanece con ella, además,
estando Alex y yo aquí podremos atenderla mejor.
-Entiendo. -Asintió asertivo-. Enviaré guardias para que vigilen Chester
House.
Sebastian asintió pues de nada le iba a servir quejarse y solo lograría
ofender al duque.
-Deberíamos comentar cómo tratar este asunto de cara a la sociedad. Ahora
que todos esperan ver a milady, estarán pendientes de todo lo que ocurre
con ella.
-Cierto.
Adrien suspiró mirándolos a ambos.
-Quizás solo podríamos decir que sufrió un desmayo. Cansancio por los
preparativos de la temporada.
El duque lo miró entrecerrando los ojos:
- ¿Nadie ha visto lo ocurrido?
Adrien negó con la cabeza:
-A lo sumo me han visto llevarla a caballo una vez salimos de la escuela de
Caballería, pero nuestra excusa justifica lo ocurrido y el que yo montase
con lady Teresa por aquellos terrenos y los encontrase, justifica que fuere
yo el que la trajese de regreso.
- ¿A caballo? -Preguntaba el duque desconfiado-. Cualquiera hubiere
tomado un carruaje y llevado a Carmond House, no la habría llevado a
caballo y traído aquí.
Adrien alzó una ceja pues ciertamente eso habría sido lo adecuado en
circunstancias normales.
-Bien, ciertamente no podríamos decir que buscaba con premura a cierto
doctor.
Cam se rio al verse nombrado.
-O quizás sí. Si Teresa iba con vos, baste decir que ella sugirió traerla aquí
al saberme en la mansión. -Sugirió-. No es la mejor de las excusas, pero al
menos es creíble.
Los dos asintieron pues parecía una excusa endeble pero creíble.
-Excelencia. -Alejandra que entró en ese momento saludó al duque mientras
todos hacían una cortesía-. Lamento volver a verle en estas circunstancias.
Si queréis ya podéis subir a ver a vuestra sobrina. Está dormida y lady Nora
se quedará con ella.
El duque asintió siendo conducido de inmediato por un lacayo mientras ella
se sentaba junto a Sebastian y dejaba que este le entregase un vaso de
limonada.
-Imagino no podré verla. -Señaló Adrien.
Alejandra sonrió:
-Podría hacerme la ignorante una vez el duque se haya marchado.
Sebastian se rio entre dientes por el malicioso comentario de su esposa.
-Entonces, como dice Cam ¿se pondrá bien? -Preguntó Adrien.
-La duda sobre mi palabra y opinión profesional me ofende. -Contestó Cam
con una evidente diversión.
Sebastian sonrió mientras Alejandra miraba a Adrien.
-Sí, se pondrá bien. Habrá que tener cuidado unos días, pero se pondrá bien.
¿Exactamente qué ha ocurrido?
Adrien les contó todo desde que llegaron a la Real escuela de caballería y se
quedaron unos segundos en silencio. Alexa entró y tomó asiento a su lado
acomodándose en su costado como solía hacer como costumbre.
-Supongo que imagináis que el que haya disparado ha de haber estado
siguiendo a lady Emmaline para saber dónde estaba exactamente. -Señaló
serio Cam pasando un brazo por los hombros de Alexa para acomodarla
mejor a su lado.
Adrien entrecerró los ojos, serio, y después le observó:
- ¿Crees que ha tenido suerte y la ha visto salir esta mañana?
-Pues, si como pensáis, es una reacción del marqués por la audiencia de
ayer, habremos de suponer que mandaría seguirla desde ese momento. Eso
nos ha de hacer ver dos cosas. La primera que no ha de tener rutinas que
sean fáciles de intuir y, la segunda, que no podemos presumir que no la
pueda seguir desde el primer momento que salga de la mansión e incluso
que no sea capaz de deslizarse dentro de ella.
Adrien de nuevo asintió comprendiendo lo que decía.
-De modo que ha de estar acompañada en todo momento, lo que dudo le
agrade sobre todo con esa costumbre que tiene de encerrarse en su alcoba
durante horas.
- ¿Perdón? -Preguntó Sebastian curioso a la par que divertido por saber esas
cosas de ella.
Adrien suspiró:
-Durante el tiempo que estuvo en nuestra casa, desaparecía durante varias
horas. Estaba en su alcoba, aunque no tengo la menor idea de lo que hacía
en ella.
- ¿Leer en la cómoda tranquilidad de su privacidad? -Sugirió Alexa
sonriendo divertida.
-Quizás. -Contestó no convencido de ello.
Sebastian negó con la cabeza sonriendo.
-Bien, pues si quiere permanecer en su alcoba deberemos asegurarnos de
que está acompañada.
-Quizás diga una obviedad, pero ¿de qué servirá que esté acompañada si ese
asesino puede sorprender a quién le acompañe también? -Señaló Alejandra
mirando de soslayo a Sebastian con una media sonrisa burlona.
Adrien gruñó:
-Eso es cierto.
Alejandra se rio entre dientes:
-Pero una pistola a mano siempre podrá ayudarla.
Adrien rodó los ojos.
-No creo que sea lo más conveniente. No todos tienen su destreza con un
arma, excelencia. -Acabó diciendo con sarcasmo.
-Cierto, más, tampoco estará de más que aprenda a disparar. A veces el
arma pude servir no como arma sino como elemento disuasorio si alguien la
ve empuñándola.
Sebastian se rio entre dientes:
-Si el que intenta matarla es un asesino profesional, dudo que simplemente
se asuste por verla empuñar un arma.
-No ayudáis. -Se quejó Adrien haciendo que los dos se riesen por su rostro
en exceso serio-. Voy a por esos dos enanos que seguro están delante de la
puerta de la alcoba como dos estatuas de sal. -Se levantó enfadado consigo
mismo.
Alejandra se rio por su excusa sabiendo que lo que quería era ver a Emma a
cómo diere lugar.
-Pues mándalos aquí que voy a pedir una bandeja de té con pastas. Y dile a
Teresa que también baje que no dudo encuentre una excusa para entrar en la
habitación de lady Emma.
Adrien subió encontrándose a Josh y Teresa sentados con las piernas
cruzadas frente a la puerta jugando a los palillos mientras que Leroy se
movía de un lado a otro delante de la puerta como si fuera un soldado de
guardia. Esa imagen le hizo sonreír.
-Bajad al salón que han pedido un té y pastas. -Los tres le miraron sin
moverse de sus respectivos sitios-. Bajad. -Insistió.
-Pero he de vigilar la habitación. -Se quejó Leroy.
-Mira allí. -Señaló al fondo del pasillo-. Esos dos lacayos están ahí para
vigilar esta estancia y los dos van armados. Se asegurarán de que mientras
no estés, nadie molesta a milady.
Leroy frunció el ceño y después le miró:
-Le diré al duque que me traslado aquí para vigilar a lady Emma.
Adrien sonrió:
-Bien, informa al duque, pero antes baja a informar a los dueños de esta
morada de que serás su invitado.
-Lo haré. -Contestó tajante como si fuese un trámite. Empezó a caminar
hacia las escaleras con Josh y Teresa a su lado, pero se detuvo tras unos
metros girando para mirar a Adrien-. Pero Janet también vendrá.
Adrien se rio entre dientes:
-Lo he dado por supuesto.
-Ah, bueno…
Tras verlos desaparecer por el corredor dio un par de golpes en la puerta
pasando a entrar de inmediato sin esperar contestación alguna por el otro
lado. Enseguida caminó hacia la cama junto a la que se encontraba su tía
Nora sentada en una silla mirando con fijeza a Emma. El duque permanecía
de pie junto al ventanal con gesto tenso.
-Excelencia, quizás convendría que aprovechaseis que vuestra sobrina
duerme para organizar la protección mientras esté aquí. Además, vuestra
madre aún no ha sido informada de lo ocurrido.
El duque asintió y tras mirar unos segundos a Emma y hacer una cortesía a
lady Nora marchó cerrando la puerta tras él.
-Lo siento, tía. -Giró el rostro alzándolo y lo miró mientras él se colocaba a
su lado.
-No es culpa tuya. A lo sumo todos tenemos la culpa. La presionamos para
venir a Londres. -Tomó la mano de Emma y se la acarició con cariño-. Ella
nos lo advirtió.
Adrien la observó sin decir palabra alguna durante unos minutos. Parecía
tranquila, calmada, con su rostro rodeado por esas bonitas y brillantes
hebras rojizas. Observó con detalle su rostro y ahora, en esa cercanía podía
ver que tenía ligeras pecas por las mejillas y que podría contar una a una y
seguramente ella le reprendería por ello. Sus labios, ligeramente
entreabiertos, estaba seguro serían suaves y cálidos. Ese pensamiento
rápidamente le hizo fruncir el ceño pues en nada le beneficiaba pensar en
ella de ese modo. Era su responsabilidad… en realidad, era la
responsabilidad del duque ¿no era cierto?
-Tía, ¿por qué no te reúnes con los demás en el salón y disfrutas de un té?
La tía Olivia y mi madre no creo tarden en reunirse contigo. Podrías
organizar el traslado de tu doncella y de la de Emma aquí pues por unos
días permaneceréis aquí. Leroy también se vendrá lo que supone que con él
lo hagan Josh y Janet. Yo me quedo con Emma hasta que vuelvas.
Su tía miró seria a Emma unos instantes antes de volver a alzar el rostro
hacia él.
- ¿No hay forma de llevárnosla de nuevo sin que nadie se entere?
-La hay, pero no de que ese hombre no la busque y vuelva a intentar matarla
una y otra vez. Como bien me ha recordado el duque hace unos minutos,
primero hay que acabar con el marqués o Emma nunca estará a salvo.
Lady Nora suspiró pesadamente mirando con fijeza el rostro dormido de
Emma.
-Es evidente mi esposo hizo bien ocultándola tantos años. Sabía lo que
pasaría y la protegió.
-Sí, pero también sabía que tarde o temprano había de regresar, tía. -Posó su
mano en su hombro y se lo apretó suavemente-. Baja, tía. Intenta templar
los nervios. Yo me quedo con ella. -Le insistió.
-Está bien, pero no la dejes sola.
-No lo haré. -Respondía mientras su tía se ponía en pie y se inclinaba
dándole un beso en la mejilla.
-Descansa, cielo.
Cuando se cerró la puerta dejándolo a solas con Emma y la doncella que
permanecía en una silla un poco más allá, se sintió culpable de nuevo
mientras miraba el rostro de Emma. Miró a la doncella y dijo:
-Será mejor que se asegure que la habitación contigua queda lista para la
doncella de milady que no tardará en llegar. Procure también que las
estancias de lord Josh y de los hermanos Smith se encuentren contiguas a
ésta.
-Sí, milord. -Contestaba antes de retirarse tras una cortesía.
Se sentó en el borde de la cama sin dejar de mirar el rostro dormido y
aparentemente tranquilo de Emma. Tras unos segundos tomó su mano y le
acarició el dorso con el dedo mientras la observaba dormir.
-No creo que sea muy adecuado que te encuentres a solas con ella.
La voz de Alejandra no le hizo moverse ni tampoco soltar la mano de
Emma mientras ella se acercaba.
-Poco me importa ahora mismo. Está así porque no he sabido protegerla.
-No te enroques en esa idea, Adrien. Es casi imposible proteger a nadie de
todo peligro. -Decía mientras se colocaba de pie junto a la cama y posaba su
mano en la frente de Emma-. De momento no tiene fiebre. Eso es bueno.
No creo que al duque le agrade saberte solo aquí con Emma. Tomará una de
dos opciones. Exigirte actuar con más decoro y no volver a acercarte a ella
de este modo o creerte interesado en ella y exigirte actuar con decoro y
proceder como un pretendiente.
Adrien suspiró alzando los ojos hacia ella.
-No pienso actuar como el pretendiente de quién no hace ni un mes era mi
pupila.
-Bien, pues en ese caso, actúa con el decoro correspondiente a un caballero
que no es de su familia ni tampoco su pretendiente y espera abajo cualquier
cambio en ella. -Contestaba Alejandra conteniendo una sonrisa por azuzarlo
de ese modo-. Además, otros sí querrán ser sus pretendientes y no les
agradará saber que ha estado a solas con un caballero soltero que, no
olvidemos, tiene fama de canalla seductor.
Adrien rodó los ojos por el modo de referirse a él.
- ¿Puedo entrar? -La voz de Leroy les hizo a los dos girar el rostro hacia la
puerta por donde asomaba la cabeza del pequeño lo que, además, libró a
Adrien de dar un segundo pensamiento a la idea de caballeros rondando a
Emma pretendiendo su mano.
-Entra. -Contestaba Alejandra sonriendo.
Leroy entró con paso vivo acercándose a la cama y poniéndose de puntillas
para ver a Emma.
- ¿Se pondrá bien?
Alejandra le pasó la mano por sus desordenados rizos sonriendo.
-Se pondrá bien. ¿Por qué has subido de nuevo?
Leroy se encogió de hombros.
-Su esposo me ha dicho que puedo leer a milady. Dice que así practico la
lectura y así milady se sentirá acompañada.
Alejandra sonrió pues sabía que Sebastian notaba al pequeño inquieto y
sintiéndose impotente y, dándole esa tarea, lo que hacía era mantenerlo
tranquilo.
-Una excelente idea. ¿Qué libro vas a leer?
De nuevo se encogió de hombros:
-No sé.
- ¿Quieres que te escoja uno de la biblioteca y le digo a Janet que te lo suba
cuando llegue? Así los dos hacéis compañía a milady.
Asintió con un golpe de cabeza antes de mirar la mano sujeta por Adrien.
- ¿Le ha pedido permiso? -Adrien alzó las cejas sorprendido por la
pregunta-. Lady Ashton siempre dice que para tomar la mano de una dama
hay que pedirle permiso.
Alejandra se dobló del ataque de risa que le entró por la pregunta y, sobre
todo, por el repentino rubor de Adrien que de pronto parecía azorado
mientras rápidamente soltaba la mano mirando enseguida a Alejandra
frunciendo el ceño.
-No le animes. -Le reprochó mientras ella no dejaba de reírse.
Leroy se aupó a la cama sentándose en el borde obligándolo a apartarse
mientras él quedaba con las piernas colgando y tomaba la mano de Emma.
-No te he oído pedirle permiso. -Le reprochó.
Leroy sonrió arrogante.
-Porque yo no necesito pedirle permiso. Soy su protector.
Alejandra sin parar de reírse empezó a caminar hacia la puerta.
-Leroy, no seas duro con ese pobre conde. Al fin y al cabo, no es ni tan listo
ni tan encantador como tú.
- ¿Qué te he dicho de no animarle? -Preguntaba inútilmente Adrien ya de
pie pues no le quedé otra que apartarse.
En cuanto la puerta se cerró acercó la silla antes ocupada por su tía y la
colocó de nuevo junto a la cama sentándose al lado de Leroy que sostenía la
mano de Emma y la miraba frunciendo el ceño.
- ¿Qué pasa por esa cabecita tuya?
Leroy le miró serio y después a ella.
- ¿Por qué no atrapan al hombre malo que quiere matar a milady si ya saben
quién es?
Adrien suspiró.
-Porque si no tenemos pruebas de sus fechorías no podrá ser condenado y
quedará libre. Además, él no ha disparado a milady. Se lo ha ordenado a
otro.
- ¿Un matón? Hay muchos en el East River. Podemos ir a buscarlo.
Adrien sonrió porque Leroy, tras vivir un par de años en las calles de
Londres protegiéndose a él y a su hermana y malviviendo, no era, a pesar
de su corta edad, ignorante de la crueldad de algunos personajes.
-Dejaremos a los agentes de Down Street esa tarea. Nosotros hemos de
cuidar de milady, ¿recuerdas?
-Los policías no encuentran nunca a los malos. -Se quejó.
-Pero nosotros los encontraremos. -Contestó con una media sonrisa.
Leroy bufó mostrando su incredulidad.
-El duque va a traer más guardias y lord Josh y yo no nos separaremos de
ella. Podéis ir a buscar a ese matón.
Adrien se rio.
- ¿Me estas echando, enano?
Leroy asintió:
-Reparto tareas. -Sonrió orgulloso.
Adrien de nuevo se rio.
-Repartes tareas… -Repitió negando con la cabeza.
-Sebastian dice que bajes.
Esta vez fue la voz de Josh la que les hizo mirar encontrándoselo, entrando
en la estancia con unas galletas en la mano que mordisqueaba. Adrien
suspiró:
-Acostumbraos a llamar a la puerta antes de entrar, enanos descerebrados. -
Decía poniéndose en pie antes de mirar a Emma-. No os mováis de aquí
hasta que llegue lady Nora y -miró a Leroy-, si vas a leer a milady, recuerda
que está convaleciente así que lee suave y tranquilo.
Josh se sentó en la silla de modo desgarbado apoyando los pies en la cama
mientras decía mirando a Leroy:
-He pensado que debemos hacer guardias por las noches. Uno de los dos ha
de dormir aquí.
Adrien se detuvo al escuchar la ocurrencia volviéndose para mirar a ambos.
-Ni hablar. Emma necesita descansar. No vais a dormir aquí. Se quedará una
doncella con ella y pondremos guardias tanto en la puerta como en los
jardines. Además, vosotros, enanos peligrosos, vais a dormir en una de las
alcobas de enfrente.
Los dos lo miraron sin decir nada y en cuanto él salió de la estancia Josh
miró a Leroy:
-Yo me quedo esta noche. -Afirmó con terquedad ignorando las palabas de
su hermano.
Leroy asintió sonriendo.
Adrien bajó encontrándose a su tía subiendo las escaleras que al verlo
frunció el ceño:
-Están Leroy y Josh con ella. -Se apresuró a decir antes de que saliese de
sus labios queja alguna.
Entró en el despacho de Sebastian pues allí fue donde le dijo el mayordomo
que se encontraba, sorprendiéndose ligeramente al encontrarse no solo a
Sebastian, a Cam y al duque sino a su hermano David, Calvin, Christian y
el hermano de éste, Albert.
-Habéis llegado pronto a la ciudad. -Señaló entrando y tomando asiento
frente a Christian y Calvin.
-Y Allegra no está muy entusiasmada ante la idea de pasearse por los
salones, claro que ahora no ha de hacerlo como debutante sino como
condesa. -Sonrió divertido Christian sabiendo que a su esposa le aburrían
sobremanera los chismes, las fiestas de la nobleza y el tener que fingir
cortesía delante de ésta-. Pero el plan de la duquesa de ir vertiendo rumores
del marqués para hacerlo cometer un error quizás la anime.
Adrien alzó los ojos con resignación por el chascarrillo.
-Veo que ya os han puesto al día.
-Y de lo ocurrido esta mañana también. -Señaló serio Calvin-. Es grave y
desde luego nos ha de poner en guardia a todos. Si es capaz de cometer la
imprudencia de matar en una escuela de caballeros disparando a una dama
de la nobleza en pleno día, no debemos considerar imposible que cometa
otras locuras con tal de salirse con la suya.
-Pediré a lord Paul que nos ayude en la tarea de verter rumores y también a
saber rápidamente las reacciones de los que van a sus clubes. Seguro que
creyendo al marqués un traidor, muchos no teman decir lo que piensan o
saben de él.
Adrien sabiendo que el marqués, primo de lady Allegra, contaba con la
confianza de Christian y, lo que era aún mejor, de un privilegiado lugar para
conocer los secretos de terceros por sus clubs, estaría encantado de
ayudarles.
-Aun con ello, seguimos teniendo el problema de cómo protegerla. -Dijo
serio conteniéndose para nombrarla por su nombre ya que el duque estaba
delante, aunque no le pasó por alto ni la mirada burlona de Sebastian ni el
gesto, casi imperceptible, de Calvin y Christian que supo conteniendo una
sonrisa de sorna.
El duque suspiró pesadamente:
-Lo sabéis, milord. Atrapando al marqués o nunca estará a salvo.
En ese instante llamaron a la puerta entrando tras dar permiso, Alejandra
llevando apoyada en una cadera a Janet seguidas de la duquesa de Carmond
que se acercó a su hijo con alarma en el rostro poniéndose en pie los
caballeros enseguida:
- ¿Qué ha ocurrido? -Preguntó enseguida-. Solo sé que está herida.
-No os asustéis, madre, ya está fuera de peligro.
-Pero ¿cómo que fuera de peligro? ¿Qué ha ocurrido?
-Madre, con el permiso de sus excelencias, os acompaño arriba y os explico
lo ocurrido… -Empezó a decir con voz calma mientras la tomaba del codo y
la iba llevando hasta la puerta.
Alejandra sonrió divertida cuando Adrien le quitó a Janet de los brazos al
tiempo que decía:
-Ven conmigo, pequeña, te llevaré con ese enano peleón que tienes por
hermano.
En cuanto dio unos pasos siguiendo a los duques Alejandra lo llamó y con
sorna alzó un libro:
-Bien, pues ya que tienes excusa para volver a las habitaciones de milady, al
menos ten la amabilidad de llevar este libro al enano peleón.
Sebastian se rio entre dientes mientras que él tomaba el libro y se marchaba
mordiéndose la lengua para no replicar sabiendo que de hacerlo todos los de
esa estancia se burlarían de él despiadadamente.
-Bien, ¿ya ha reconocido que quiere a milady como condesa? -Preguntó
Calvin levantándose y acercándose al mueble de las bebidas para servir
copas para todos-. Porque conociéndoos, no habréis dejado de azuzar a ese
pobre condenado hacia lady Emma.
Alejandra sonrió orgullosa dejándose caer junto a Sebastian que la acomodó
enseguida en sus brazos:
-Me ofendería semejante impertinencia de no ser cierta. Sin embargo, es
duro de roer. Se está haciendo de rogar. Lucas y Christian cayeron con más
facilidad.
Christian se carcajeó:
-Me ofendería semejante impertinencia de no ser cierta. -Contestaba con sus
mismas palabras-. De cualquier modo, la preocupación de Adrien hacia la
joven es ya en exceso evidente a los ojos de cualquiera. Incluso él mismo
debe saber lo que ocurre. Solo es cuestión de tiempo que lo acepte.
-No creo que sea tan sencillo. Está decidido a no admitir más que siente un
deber hacia la joven por su tía. -Señaló Sebastian empezando a sonreír
cuando vio a la niñera de sus hijos acercarse tras una cortesía con el
cochecito de los pequeños.
Se puso en pie tomando a su hija en brazos mientras la niñera le cedía a su
heredero a Alejandra acomodándose los dos de nuevo en el sillón con sus
hijos en brazos.
-Sinceramente, creo que es buena idea poner nervioso al marqués, más, ha
quedado demostrado que ello no le hará dudar a la hora de matar a lady
Emma y presumo a todo aquél que le moleste. -Dijo serio Christian tras
unos minutos.
Sebastian le miró apartando los ojos del regordete rostro de su hija.
-Eso mismo mencionaba Adrien antes lo que no hace sino que recele del
acierto de nuestro plan.
-Y razones no le faltan para recelar a juzgar los hechos de hoy. -Señaló
Calvin de pie junto a la chimenea-. Pero, ciertamente, lady Emma nunca
estará a salvo hasta desenmascarar y mandar a la horca al marqués.
Teresa entró en ese momento con su perrito tras ella y se sentó en el brazo
del sillón junto a Sebastian y mirando el rostro serio de los presentes
preguntó:
- ¿Ha ocurrido algo nuevo? ¿No vamos a ir a ver a ese hombre de la
Compañía de las Indias? -Preguntó mirando a Sebastian.
Sonriendo negó con la cabeza:
-Te dije que te llevaría y te llevaré. Esta tarde iremos a pasear con los
gemelos y después nos detendremos allí.
-Ah, bueno…. -giró el rostro y miró a Christian-. ¿Allegra irá a ver a
Maximo?
Christian sonrió:
-Será todo lo contrario. Ese italiano ha anunciado que tiene unos días libres
y que vendrá a pergeñar maldades con su hermana.
Teresa se rio entre dientes:
-Bah, tampoco serán tan terribles. Máximo y Leroy son unos pesados con
no hacer trampas y por eso se les pillan enseguida sus travesuras.
Sebastian se rio:
- ¿De modo que son malos delincuentes porque no gustan de hacer
trampas?
Teresa se encogió de hombros:
-Si no mientes no puedes ocultar tus fechorías. -Sonrió orgullosa
inclinándose para ver el rostro dormido de su pequeña sobrina y después
saltó del brazo de asiento colocándose delante de Sebastian de pie
alargando los brazos-. Yo la subo a su cuna.
Sebastian sonrió porque era imposible llevar la contraria a sus mandonas
españolas. Puso a su hija en brazos de Teresa y después tomó de los brazos
de Alejandra a su hijo.
-Vamos, mi imperiosa española, llevemos a mis pequeños a su cuna.
-Y después veremos cómo sigue Emma. Leroy dice que va a hacer guardia
con Josh.
En cuanto Adrien alcanzó el piso superior con Janet en sus brazos, supo que
no regresaría a su casa mientras Emma estuviese allí. Algo le decía que no
debía alejarse de ella por mucho que se rebelase.
Llamó a la puerta del dormitorio donde se encontraba la duquesa, su tía
Emma y el duque sentados junto a la chimenea. Tras un gesto de cabeza se
acercó a la cama junto a la que se encontraban Leroy y Josh, sentados
cuchicheando. Al verlos, Leroy se levantó de un resorte y tomó la mano de
su hermana a la que Adrien dejó de pie a su lado.
-Toma. La señora de esta casa me ha dado este libro para que leas a milady.
Leroy tomó el libro y lo observó un instante antes de sonreír.
-De piratas.
Adrien se rio entre dientes antes de desviar los ojos a la cama a la que
habían cerrado los cortinajes seguramente para dejar a Emma descansar.
-Milady está durmiendo. Lady Nora ha dicho que no la molestemos ni
hagamos ruido. -Dijo Leroy mirándolo con cierto desafío como si así le
indicase que no se le ocurriese molestarla.
-Bien, pues no haremos ruido. -Bajó los ojos a Janet que permanecía con su
perenne muñeca la señorita Dolly sujeta contra su pecho y la mano dentro
de la de Leroy-. Janet, ¿Quieres que nos sentemos cerca de la ventana y
hasta que despierte milady leemos un poco?
Tomó el libro de las manos de Leroy sin esperar respuesta y después la
mano de Janet a la que guio hasta los ventanales que daban al hermoso
jardín de Chester House. Sentó a Janet en su regazo y abriendo el libro
sonrió al ver que contenía bastantes ilustraciones. Era evidente Alejandra
sabía que Leroy aún estaba mejorando su lectura y con ilustraciones cada
pocas páginas se cansaba menos.
Estaba sentado leyendo en voz baja a Janet cuando Teresa apareció con
Sebastian. La primera se fue directa donde estaban Leroy y Josh mientras
que Sebastian, tras una cortesía a las dos damas y al duque que seguían más
allá al fondo de la habitación, caminó hasta Adrien.
-Deberías dejar que Teresa se lleve a Janet a pasear por el jardín.
Cerrando el libro asintió antes de que las dos niñas saliesen de la habitación
mientras él seguía sentado junto al gran ventana de la estancia.
-Presumo acabo de quitarte la excusa que tenías para permanecer aquí. -
Sonrió Sebastian con malicia.
Adrien suspiró y miró un instante los cortinajes cerrados de la cama.
-Será mejor que bajemos. -Decía poniéndose en pie, pero se detuvo al ver
entrar a Alejandra que rodeó la cama abriendo una de las cortinas antes de
inclinarse y tomar la temperatura de Emma mientras él la observaba en
silencio. Cuando volvió a cerrar la cortina lo miró sonriendo.
-No tiene fiebre. -Respondió a la pregunta antes de que la formulase, pero
enseguida se plantó frente a ella Leroy.
-Debería tomar sopa.
Alejandra sonrió porque para Leroy todo se curaba con sopa caliente y una
cama calentita.
-Pediré que se la suban para cuando despierte.
-Pero yo la probaré antes. Los malos pueden intentar envenenarla.
Alejandra le pasó las manos por sus rizos desordenados.
-En tal caso, serías tú el que enfermase.
-Soy su protector.
-Mejor decimos a la cooker que no deje que nadie se acerque a la cocina.
Así nos aseguramos de que nadie envenena la comida.
Leroy chasqueó la lengua.
-Y un hombre que vigile la bandeja hasta que la traigan.
Alejandra sonrió divertida por la desconfianza del pequeño.
-Bien, pues haremos que el más fiero de los lacayos traiga la bandeja y no
aparte sus ojos de ella.
-Bien. -Asintió con un golpe de cabeza antes de alzar los ojos hacia
Sebastian-. ¿Podemos tomar unas espadas de la sala de armas? Debemos
estar preparados. -Josh, de pie junto a él asentía corroborando su acuerdo
con él.
Alejandra sonrió:
- ¿Pretendéis que deje a dos temerarios peligrosos como vosotros moverse
por mi casa armados como dos pendencieros justicieros?
-La guardia real va armada y nosotros somos la guardia que ha de proteger
a milady. -Insistió con terquedad.
Adrien se rio entre dientes por la mirada del pequeño. Poniendo las manos
en los hombros de los dos niños los giró al tiempo que decía:
-Lo primero es lo primero. Vamos a inspeccionar los alrededores de la casa.
Hay que asegurar el perímetro.
Empezaron a caminar en dirección a la puerta del dormitorio mientras
Sebastian y Alejandra les seguían al tiempo que Leroy insistía:
-Y después tomamos las espadas.
-Ya veremos. Dudo tengamos cinto de vuestro tamaño para poder llevarlas.
Leroy le miró ladeando el rostro sin detener sus pasos.
-Podemos llevarlas sujetas en la cintura.
-Para que cada vez que os sentéis os las clavéis en vuestros traseros
inquietos… excelente sugerencia.
Sebastian y Alejandra se rieron tras ellos y Leroy los miró por encima de su
hombro con el ceño fruncido.
En cuanto los niños salieron al jardín para “asegurar el perímetro”, él
regresó al despacho de Sebastian donde aún continuaban Calvin, Cameron,
David y Christian, éste sentado junto a Allegra que llevaba unos minutos
allí.
-Bien, ahora que el marqués ha dado el primer paso, supongo que nos
corresponde a nosotros dar el siguiente. -Dijo Allegra mirando a Adrien con
fijeza haciendo a Christian reírse entre dientes y a Adrien rodar los ojos.
-Qué temibles son las mujeres mediterráneas…
Alejandra y Allegra sonrieron orgullosas. Aparecieron el duque y su madre
que tras disculparse marcharon para su casa pues, decían, lady Nora quería
permanecer junto a Emma y ésta debía descansar.
Conversaba con sus primos cuando entraron Leroy y Josh como si
estuvieren desfilando y enseguida se pusieron frente a él.
-Ahora vamos a por nuestras espadas. Sube a vigilar a Emma. -Le ordenó
Josh con voz exigente arrancando una carcajada a más de un caballero que
no a Adrien que rodaba los ojos con evidente desesperación. Se puso en pie
sin apartar los ojos de los dos niños.
-Podéis ir a escoger una navaja pequeña ya que tenéis edad para llevar una
como todos nosotros, -Dijo mencionando una tradición de la familia ya que
todos los caballeros llevaban una navaja tallada con el sello ducal-, pero no
quiero veros con una espada moviéndoos ni por la casa ni alrededor de
Emma.
Leroy alzó el rostro caminando por delante de él que les había dado un
empujoncito hacia la puerta.
-A la guardia de su majestad no se le priva de sus espadas.
Adrien sonrió caminando tras ellos metiendo sus manos en sus bolsillos.
-Pero ni Emma es su majestad ni vosotros, mis peligrosos amigos, sois
guardias reales.
Leroy resopló:
-Pero soy un héroe y el protector de Clortonhills.
-Y como héroe y protector de Clortonhills se te permite llevar cuchillo.
De nuevo Leroy resopló con indignación.
Emma sentía su cabeza embotada y le costaba abrir los ojos, pero sobre
todo le dolía el costado. Intentó moverse, pero el dolor la traspasó. Con
esfuerzo consiguió abrir los ojos, pero todo pareció darle vueltas durante
unos minutos. Gimió notando el cuerpo dolorido y pesado mientras
centraba con esfuerzo la vista.
- ¿Emma? -La voz de lady Nora le hizo girar la cabeza.
-Hola. -Contestó con voz casposa que le hizo carraspear enseguida.
-Espera, cielo, toma… -Se apresuró a tomar un vaso de agua y ayudándola a
incorporar ligeramente la cabeza la instó a beber.
- ¿Estoy muy grave? -Preguntó cuando dejó caer la cabeza de nuevo en la
almohada cerrando ligeramente los ojos.
-Te pondrás bien, cielo. Pero has de procurar no moverte.
Emma de nuevo giró el rostro para mirarla.
- ¿Dónde estamos?
-En Chester House. Adrien pensó que era mejor traerte para que el doctor te
atendiere con presteza. -Se giró y susurró algo a la doncella notando ella
movimiento más allá pero no se movió.
- ¿Mi tío?
Lady Nora se sentó en el borde para que ella pudiere mirarla sin moverse.
-Ha bajado hace unos minutos con su excelencia para despedirse de los
duques. Nos avisaron de inmediato.
-Ah…
- ¿Te duele mucho? Quizás sea mejor que pida un poco de láudano a lord
Cameron… -Empezó a sugerir cuando le vio contener un gesto de dolor.
-No, no, creo que prefiero no tener la cabeza tan aturdida.
-Pero, si te duele, es mejor que lo tomes. Además, has de descansar.
Adrien subía a la habitación de Emma cuando vio a la doncella salir de ella
con paso vivo.
- ¿Le ha ocurrido algo a milady? -Preguntó alarmado.
-Se ha despertado, milord. Lady Nora me manda a buscar a lord Cameron.
-Id. -La dejó continuar mientras él apretaba el paso para alcanzar la alcoba
entrando justo cuando su tía arropaba a Emma como si fuera una niña
pequeña. Se acercó a la cama y vio el rostro pálido de Emma que cerraba
los ojos con pesadez.
-Tía. -Lady Nora le miró y sonrió al tiempo que Emma abrió ligeramente
los ojos girando la cabeza para poder mirarlo.
-Debe descansar. -Se limitó a decir.
Adrien se sentó en el borde de la cama sin apartar los ojos de Emma.
- ¿Cómo te encuentras?
- ¿Habéis atrapado al que disparó?
Adrien hizo una mueca:
-De momento no.
-No sois nada competente.
Lady Nora se rio y Adrien suspiró:
-Estaba concentrado en traerte para que te curasen.
-No sois nada competente. -Repitió-. No podéis hacer dos sencillas cosas a
la vez.
Esta vez sí se rio.
-Pues al parecer no debo ser nada competente porque no, no conseguí hacer
dos cosas a la vez.
-Hola.
Leroy entró a la carrera sin pedir siquiera permiso aupándose a un lado de
la cama mientras decía:
-Una doncella acaba de decir al doctor que habéis despertado. -Se inclinó
ligeramente sobre ella y le tocó la frente-. No tenéis calentura. Eso significa
que ya no estáis malita. -Emma sonrió ligeramente-. Tengo un libro para
leer y que podáis dormir mejor. ¿Lo traigo?
Emma sonrió:
-Ve a por él y te sientas a mi lado a leerme.
-Sí. Vuelvo enseguida. -Respondía animado saltando de la cama y saliendo
a la carrera a la estancia contigua.
Adrien suspiró por su entusiasmo y su evidente indiferencia a toda
formalidad entrando en las estancias con libertad sin importar la
conveniencia o no de hacerlo.
Escuchó pasos a su espalda y al girar se topó con Alejandra y su hermano
entrando.
-Milady, deberíais estar descansando. -La reprendió Cam sin mucho
convencimiento mientras él le observaba apartar la sábana para ver su
herida.
-Adrien. -Alejandra lo miraba fijamente clara señal de que quería que
apartase la vista.
Gruñó girando para darles la espalda queriendo decirles que no era la
primera mujer que veía desnuda por muy descortés que hubiere sido eso.
- ¡Ya estoy aquí! -Exclamaba Leroy entrando a la carrera con el libro entre
las manos.
-Y aquí te quedas hasta que el doctor termine con milady. -Le respondía
Adrien deteniéndolo de golpe tomándolo por la cintura dejándolo después
junto a él de espaldas a la cama. Sebastian mirándolos desde el umbral de la
puerta apoyado en él se rio entre dientes.
-Creo, primo, que cierto temerario guardián no piensa dejar a milady a
solas.
Adrien suspiró pesadamente por el subrepticio aviso que implícitamente
parecía lanzarle de ese modo.
-Bien. -Cam se acercó a Adrien unos minutos después y sonriendo se
agachó antes Leroy-. Ve a leer a milady si quieres, pero en voz baja que en
breve se dormirá y ha de descansar. -Asintiendo obedeció mientras Adrien y
Cam le observaban-. Le he dado un poco más de láudano para que
descanse. La herida se cura bien, pero ha de permanecer quieta para que no
se le abra ni se le infecte durante varios días. -Continuó diciendo a Adrien
bajando la voz.
Adrien asintió mientras Alejandra salía de la estancia con lady Nora.
- ¿Vas a quedarte aquí? -Preguntó Sebastian colocándose junto a ellos. Que
observaban desde la otra punta de la estancia a Leroy sentado en el borde de
la cama con las piernas colgando, empezando a leer a Emma.
- ¿Por qué presumo que el bulto que sale de la espada a la altura de la
cintura es el cuchillo que ha tomado del armero? -Preguntó mirando a
Leroy fijamente.
Sebastian se rio.
-Porque lo es. De hecho, puedo afirmar sin riesgo a equivocarme que Josh y
ese enano han tomado los cuchillos más grandes que han visto. Imagino han
pensado “si no puedo tomar una espada, cogeré el cuchillo más grande que
vea”.
-Se lo van a acabar clavando en el trasero. -Protestaba Adrien refunfuñando
y logrando que Cam y Sebastian se riesen mientras salían de la estancia.
Se acercó a la cama cuando la puerta se cerró tras ellos y observó a Emma
dormirse mientras Leroy leía lentamente poniendo cuidado en las palabras.
-Leroy. -Lo llamó bajando la voz-. Se ha dormido.
Le miró sin moverse y después a Emma.
-Me quedo vigilando.
-Mejor, baja a almorzar con todos y después, si quieres, sube con Josh,
Teresa y Janet y jugáis en el salón contiguo.
-Pero he de hacer guardia.
-Yo me quedo con ella.
-Pero lady Nora dice que no puede quedarse un caballero viejo como vos a
solas con milady.
Adrien se rio tomándolo por debajo de las axilas dejándolo de pie junto a la
cama.
-No soy tan viejo, enano impertinente. Y nada ocurrirá por quedarme con
ella. Te recuerdo que también está bajo mi protección.
Leroy le observó entrecerrando los ojos. Le dio un empujoncito mientras le
decía:
-Si no bajas te vas a quedar sin comida. Josh es muy comilón.
Leroy sonrió travieso mirándolo por encima de su hombro caminando hacia
la puerta.
-La duquesa Alejandra me quiere mucho. No me dejará sin comida.
Adrien se rio entre dientes mientras negaba con la cabeza. Tras unos
segundos tomó la misma butaca que horas antes, la acercó a la cama y se
sentó observando a Emma dormir. Apenas unos minutos después entró
Christian con Calvin quedándose un instante observando a Emma antes de
que él se levantase y se acomodase con ellos en los sillones frente a la
chimenea para poder hablar sin molestar a Emma.
- ¿Por qué no estáis abajo almorzando con los demás?
Calvin sonrió:
- ¿Y dejarte a solas con una joven casadera? Menudo escándalo.
Adrien rodó los ojos con impaciencia mientras sus primos sonreían con
sorna.
Emma empezó a sentir una profunda somnolencia tras la visita del doctor y
después, con la voz de Leroy leyéndole lo que pensó era una historia de
piratas, acabó sucumbiendo al sueño. Imágenes de su vida en Irlanda, de su
viaje hasta Inglaterra, los últimos días junto a lord Phillip bailaron en su
cabeza. Empezó a recordar momentos de su infancia junto a sus padres,
paseos por el parque con ellos, meriendas al aire libre, su padre leyéndole
junto a la chimenea, su madre arropándola. Pronto en su mente empezaron a
formarse recuerdos de la noche en que murió su padre, en que huyeron y
éstos dieron pasos a recuerdos que ella no sabía tenía de ese mismo día.
Adrien escuchó un gemido de la cama y girando el rostro la vio removerse
como si tuviese una pesadilla. Se acercó en pocas zancadas y después se
sentó a su lado tomando su mano entre la suya.
-Shh, tranquila, todo está bien. -Le susurró viéndola removerse intentando
que no se moviere. Miró a sus primos al tiempo de decir-: Id a por Alex o
por Cam.
Calvin salió de la habitación mientras que Christian se acercó a la cama con
una media sonrisa.
-A mí también me encanta calmar a Allegra cuando tiene pesadillas, claro
que yo la calmo de un modo mucho más efectivo. -Sonrió canalla haciendo
a Adrien mirarle con cara de pocos amigos sabiendo que se refería a intimar
con ella.
- ¿No tienes que vigilar a tu muy embarazada y peligrosa esposa?
Christian se carcajeó girando y echando a andar con las manos en los
bolsillos:
-Pues como imagino ya habrá terminado su almuerzo y no corro peligro de
que intente devorarme a mí y no cualquier otro suculento plato, no veo por
qué no acudir a los siempre agradables brazos de mi peligrosa esposa.
-Shhh, Emma, tranquila… -Susurró acercándose a su rostro-. Todo está
bien, estás a salvo. -La besó en la sien notando la tibieza de su piel y aroma
floral de su cabello. Gruñó cuando su pequeño momento de debilidad se vio
interrumpido por el manotazo que ella, inconsciente, le dio-. Así no se trata
a tu protector. -Se quejó inútilmente ya que ella no le escuchaba.
-No deberías estar así con ella.
La voz de su tía le hizo enderezarse de golpe como si fuese un niño pillado
in fraganti haciendo algo mal.
-Solo intentaba calmarla. Parecía inquieta.
-Y aún con ello no deberías estar así con ella. -Insistió con una sonrisa
acercándose hasta la cama al tiempo que él se apartaba ligeramente-.
Deberías bajar y almorzar.
Adrien se tragó una respuesta que sabría no bien acogida por su tía y menos
aún por él mismo. Se apartó tras hacer una cortesía dejando a su tía con
Emma saliendo después de la estancia. Al llegar abajo en vez de dirigirse al
salón con los demás, salió de la casa necesitando alejarse, mantener a raya
su inquietud, una inquietud que empezaba a hacerle desear golpear algo con
fuerza y no parar hasta calmarse. No le gustaba esa sensación de
impotencia, ni sentirse a merced de sentimientos que escapaban a su
control.
Empezó a caminar sin rumbo y sin prestar siquiera atención al camino que
seguía en indiferente paso. Al cabo de no supo cuánto tiempo se encontró
frente a Valleyland House, abriéndole la puerta antes siquiera de subir el
primer escalón su siempre eficiente mayordomo. Tras un breve momento de
indecisión mientras le entregaba sombrero, gabán y bastón, fue directo a su
despacho.
-Milord, ¿gustáis os lleve una bandeja de almuerzo?
Adrien miró a Lincoln alzando una ceja y una media sonrisa:
-Algún día tendrás que decirme cómo siempre conoces cuándo he o no
comido… -Sonreía caminando hacia su despacho sorprendiéndose de que
incluso su mayordomo le arrancase una sonrisa.
Se topó con David sentado tras el escritorio y tras alzar la vista dijo:
-Imagino que Emma ha de estar mejor si te hayas aquí.
Adrien asintió:
-Descansando.
-Presumo, -Empezó a decir poniéndose en pie para acercarse a los sillones
que había frente a la chimenea ya que Adrien parecía dirigirse a ellos-, lo
ocurrido alterará en algo tus planes.
- ¿Mis planes?
David sonrió divertido:
-Ahh que aún no has hecho planes…
-No sé de lo que hablas.
-Sí, ya me doy cuenta. -Sonrió burlón-. Pero parece que tú no te has dado
cuenta aún o te resistes a lo que sí has comprendido ya.
-Déjate de acertijos David que no estoy en un día favorable para ellos.
David se rio:
-Sí, ya lo veo. -Negó con la cabeza decidiendo apiadarse de su hermano
mayor-. Deberías cortejar a Emma.
Adrien gruñó:
-No empieces tú también.
-Lo creas o no, no deseo molestarte sino abrirte los ojos. Quizás no sea el
mejor momento pues Emma se haya en peligro y dudo su cabeza y menos
su corazón pueda centrarse en otra cosa que no sea atrapar a ese maldito
traidor, más, ¿no crees que tú has de atrapar las oportunidades cuando se te
presentan? Sobre todo cuando no lo hiciste en un primer momento y la
fortuna ha decidido concederte otra.
- ¿Otra?
-El día de la llegada de Emma a casa supe que tú habías reconocido a la
destinada a ser la sufrida esposa del conde de Valleyland. La miraste de un
modo que parecías querer devorarla y al mismo tiempo atraparla entre tus
brazos para que nadie ni nada llegase a dañarla en modo alguno. -Se rio
entre dientes sin apartar los ojos de Adrien-. Y ese tono dictatorial que
usaste con ella para ordenarla acostarse me lo confirmó pues solo te
muestras de ese modo cuando tu preocupación por aquéllos a quienes
quieres supera tu autocontrol y sangre fría. Los días posteriores dudé de mi
acierto pues parecías incapaz de conectar con Emma, pero al cabo de un
tiempo comprendí que o bien no te habías dado cuenta o bien te negabas a
admitir que ella era lo que buscabas y que por eso intentabas mostrarte
hosco logrando que ella fuere la que pusiere distancia entre vosotros.
-Estás creando una historia a tu conveniencia, David. Nada de lo que dices
es cierto.
David se encogió de hombros:
-No pienso defender mi teoría pues no lo necesito. Sé que estoy en lo cierto
y tú también y si no lo sabes aún, lo acabarás sabiendo y entonces, quizás,
sea tarde.
Entró el mayordomo con la bandeja con su almuerzo que dejó en la mesa
frente a los sillones antes de retirarse,
- ¿Un almuerzo tardío? -Preguntó con sorna.
-David, ¿no tienes mejores cosas que hacer que incordiarme?
-Pues ya que lo dices… -Sonrió poniéndose en pie-. Voy a buscar al editor
ya que Lucas me pidió, pues tú pareces ocupado, que me encargase de que
hacen una nueva tirada de vuestro escritor estrella, la señora Potifield.
Adrien rodó los ojos viéndole salir tras dedicarle una nueva mirada burlona.
Comió sin muchas ganas y sin apenas prestar atención a su almuerzo y para
cuando su madre entró en el despacho, Lincoln ya había recogido la bandeja
mientras que él aún seguía con sus erráticos pensamientos perdidos en
tonterías.
-Acabo de hablar con la duquesa de Carmond y creo que acierta al decidir
poner en práctica sus planes de susurrar a convenientes oídos la posible
identidad del traidor pues con ello no solo empezará a ponerlo nervioso, o
eso esperamos, sino que alejará la curiosidad por la ausencia de Emma
durante unos días de jardines y de las primeras reuniones de té y almuerzos
que empiezan a desarrollarse por la ciudad.
Adrien, que permaneció ligeramente impertérrito ante su madre mientras
ésta tomaba asiento y él esperaba que lo hiciera para volver a ocupar su
lugar se tragó un suspiro de cansancio.
-Y mientras vierte esos rumores, ¿qué excusa dará para la ausencia de una
debutante en las primeras reuniones de su primera temporada social? Más
cuando tantos parecen interesados en ver a la recién aparecida lady
Emmaline.
-Un inoportuno catarro consecuencia sin duda de los nervios y el ajetreo
vivido estos últimos días.
-Ya veo. Parece entonces que lo tenéis todo bien atado.
-Salvo cómo proteger a Emma. Nora está francamente preocupada y, con
sinceridad, a tenor de lo ocurrido, no puedo sino darle la razón.
Adrien volvió a suspirar pesadamente.
-Intentaremos protegerla, madre.
- ¿Lo intentaréis? -Preguntó mirándolo como cuando era un niño e intentaba
parecer imponente-. Esperaba que con rotundidad prometieses que no
volvería a pasar nada como lo de hoy.
-Madre, ni yo ni nadie podría hacer esa promesa, al menos no con sincero
convencimiento.
-Pues ya puedes convencerte porque no creo que tu tía te perdonase el que a
ella le pasare algo como tampoco creo que tú te perdonases a ti mismo de
ocurrir.
-Buenas tardes, madre, hermano.
Los dos miraron a la puerta viendo a Josh entrar ufano con paso vivo hacia
ellos.
-Te creía en Chester House. -Dijo su madre tranquilamente-. ¿No habrás
venido solo desde allí?
Josh negó con la cabeza.
-Me ha traído Sebastian ya que iba de camino a una cita inexcusable con
Teresa y llevaban de paseo a los gemelos. Dice que quiere presumir de hijos
ante los nobles menos nobles que él.
Lady Marian se rio porque era una frase que el padre de Sebastian solía usar
mucho para burlarse más de sí mismo que de otros.
-Lo que sigue sin contestar qué haces aquí y no cumpliendo con tu deber de
custodio. -Señaló Adrien mirándolo extrañado.
-Es la guardia de Leroy. -Se abalanzó sobre la cajita de cristal de Bohemia
que solía tener en su despacho repleta de caramelos de miel para después
dejarse caer de modo despreocupado en uno de los sillones-. He venido a
por mis mapas de la ciudad. Tenemos que conocer bien las calles por las
que nos moveremos para no vernos sorprendidos cuando paseemos con
Emma.
Adrien lo miró alzando una ceja.
-Empiezas a hablar como Leroy.
Josh sonrió.
-La idea es suya. Dice que los buenos militares son los que conocen bien el
terreno de batalla y se anticipan a los movimientos de los enemigos.
Adrien se rio porque Leroy constantemente decía que sería militar y que
tendría bajo su imperioso mando a muchos soldados y nadie lo ponía en
duda con lo terco y mandón que era ese enano belicoso. Después de unos
segundos de hilaridad miró serio a su hermano:
-Aunque me alegra saber que te tomas en serio tu deber para con Emma,
Josh, no podéis salir de paseo con ella sin más. Emma no puede ir a ningún
sitio solo acompañada de dos enanos belicosos.
Josh hizo una mueca.
-Pero cuando se recupere no tendrá que estar todo el día en casa, ¿verdad?
Ella no ha hecho nada malo sino ese traidor. Debe ser él quién se esconda.
Adrien sonrió por el gesto terco que lucía. Su hermano pequeño era todo un
carácter no dispuesto a soportar injusticias.
-Y tienes razón. Más, no la vamos a tener encerrada, Josh, pero sí conviene
que la protejamos. Está en peligro, recuérdalo.
-Hasta que atrapemos a ese canalla.
-Hasta que atrapemos a ese canalla. -Repitió con la misma sonrisa que él.
-Pues eso. -Asintió poniéndose en pie de golpe sonriendo satisfecho-. Voy a
por los mapas y después me acompañas a Chester House. Tú también tienes
deberes que cumplir.
Lady Marian se rio entre dientes por el aguijonazo de su hijo menor y
mientras le veía salir supo a Adrien algo más que arañado por su propio
hermano así que esperó a verlo salir para decir:
-El que tu propio hermano haya de recordarte ciertas cosas no es buena
señal. Tú nunca dejas de lado tus deberes, ¿qué te ocurre?
- ¿Qué ha de ocurrirme? Nada, madre. Solo quise dejar un poco de tiempo a
solas a tía Nora con Emma.
-Bien. Ahora dime la verdad.
Adrien la miró durante largo rato sin decir nada.
-Si ella es tu condesa deberías empezar a aceptarlo. Pareces decido a negar
la verdad, más, ésta siempre acaba llegando, de modo que, cuanto antes
abras los ojos, antes podrás empezar a actuar como te mereces.
Adrien gruñó tocándose el puente de la nariz.
- ¿Por qué todos estáis tan empeñados en que ella es mi condesa?
Su madre sonrió:
-Porque te queremos y lo que es más importante, te conocemos mejor de lo
que crees.
Adrien suspiró pesadamente poniéndose en pie.
-Si me disculpáis, madre, he de ir a cumplir con mis deberes. -Añadía
marcando con fuerza las últimas palabras.
En el vestíbulo se topó con Josh que llevaba un enorme portafolio de cuero
que ya averiguaría de dónde lo habría sacado.
-Listo. -Dijo al alcanzarlo y sonriendo a Lincoln añadió-: Si me necesitan
estaré unos días en Chester House. Emma esta allí así que he de cuidarla.
Adrien negó con la cabeza mientras el mayordomo decía con gesto
fingidamente serio:
-Sí, milord.
Caminando junto a Josh en dirección a Chester House le observó con
detalle. Era un calco de sí mismo. Rubio, ojos azules y esa sonrisa que bien
sabía lograba encandilar a las damas cuando así lo quería. Era listo como
una ardilla y tenía un gran corazón.
-Dime por qué te gustó tanto Emma desde que la conociste. Enseguida te
encariñaste con ella.
Josh le miró ladeando la cabeza un segundo y después sonrió sin detener su
paso.
-Es lista, es buena, quiere mucho a tía Nora y le gusta el campo y los
animales. Además, sabe mucho de caballos y de historia. Me gustará como
hermana más que como prima.
Adrien gruñó:
-Qué pesadilla…
Josh se rio.
-David dice que hay que darte un empujoncito por tu bien porque a veces te
comportas como un necio carente de juicio.
Adrien gruñó porque estaba seguro que tales palabras habían salido
literalmente de os labios de su hermano David.
- ¿No creéis que sé mejor que nadie lo que quiero?
-No. Los hombres enamorados a veces se comportan como ciegos ante la
verdad. Es lo que dicen Cami y Teresa. -Sonrió divertido-. Las niñas
siempre saben más de estas cosas.
-Tú reconociendo que esas dos fierecillas son más listas que tú.
-He dicho que saben más de estas cosas, no que sean más listas. -Puntualizó
con seriedad arrancándole una carcajada por su tono orgulloso.
-Bien, pues si eso es cierto, dado que las niñas siempre saben más de estas
cosas, ¿no crees que, si tu teoría fuese cierta, y Emma debiere ser tu
hermana no tu prima, ella se habría dado cuenta de ello?
-Bueno… -hizo una mueca con los labios-… Es que ha estado muy
ocupada. -Adrien se carcajeó de nuevo por su explicación-. Aunque, bueno,
como siempre la haces enfadar, seguramente no te encuentre nada
conveniente para ella. Quizás sea mejor, después de todo, que escoja a
David. -Puntualizó sorprendiéndole de nuevo como siempre hacía.
De golpe dejó de reírse deteniéndose sin darse cuenta viéndole caminar por
delante de él con pasos risueños, que en ese momento se le antojaron con
cierta burla hacia él. Gruñó pensando que estaba perdiendo facultades si
incluso su hermano menor conseguía callarlo con un sencillo comentario
malicioso.
Al alcanzar Chester House, Josh no esperó siquiera obtener permiso para
salir a la carrera en dirección a la estancia donde estaba Emma y,
obviamente, Leroy, su compinche en este enredo como empezaba a pensar
en él.
-Su excelencia se encuentra de paseo. -Empezaba a decir el mayordomo
mientras él le entregaba el gabán y el sombrero-. Lord Cameron se
encuentra en el salón en compañía del duque de Carmond, milord. Acaban
de llegar los guardias que vigilarán la mansión.
Adrien asintió caminando después con paso decidido hacia el salón donde
estaban los dos caballeros junto a Calvin.
-Caballeros. -Les saludó con una cortesía desviando momentáneamente los
ojos a la figura que al otro lado de las puertas francesas que daban a los
jardines permanecía quieta cerca de la balaustrada-. Por lo que veo,
excelencia, no ha demorado la seguridad y sus hombres ya se encuentran en
Chester House.
-Ha quedado claro que no debemos descuidarnos con el marqués, milord.
No dudará en atacar cuando menos nos lo esperemos. -Apartó la copa que
tenía n una mano y después lo miró con fijeza-. Esta noche mi madre acude
a una velada tras la representación en el Drury Lane y comenzará a verter
ciertos comentarios ante ciertos personajes propicios.
- ¿Y el no ir acompañada de lady Emmaline?
-Un conveniente resfriado que la mantendrá alejada de los salones al menos
tres días. Si se alarga la convalecencia se hará necesaria una excusa
adecuada porque muchos sospecharán que una debutante esté alejada tantos
días y comenzarán a verterse rumores inventados a buen seguro.
Asintió viendo por el rabillo del ojo a Leroy entrar caminando directo hacia
ellos.
-Excelencia. -Hizo una cortesía ante el duque lo que les hizo sonreír a
Calvin y a él. Era evidente que los días en Carmond House al menos había
logrado que mostrase cierta formalidad ante el duque que no así ante ellos a
los que simplemente miró.
- ¿Cómo sigue mi sobrina, señor Smith? -Preguntaba el duque con tono
solemne.
-Está dormida. Pero debe tener pesadillas porque no está tranquila. Seguro
sueña con ese hombre malo.
Adrien entrecerró los ojos observándole.
- ¿Ahora está de guardia Josh?
Leroy asintió:
-Voy a las cocinas a pedir un poco de té para lady Nora.
- ¿Por qué no ha pedido una bandeja? -Preguntó extrañado. Leroy se
encogió de hombros lo que le hizo sonreír-. ¿He de entender que te has
buscado una excusa para asaltar las cocinas?
Leroy sonrió travieso, pero enseguida tornó su rostro serio y miró de nuevo
al duque:
-Los guardias ¿son soldados? -El duque asintió-. Ah… ¿y van armados? -
De nuevo asintió y él miró a Adrien acusatorio.
-Enano, no pienso poner en tus manos una espada. Esos hombres llevan
armas más que suficientes.
El duque sonrió:
-Lo cierto es que ya tienes edad para empezar a disparar.
Leroy sonrió de oreja a oreja.
- ¿De veras?
-Yo aprendía a tu edad. Quizás podamos decir al sargento mientras sus
hombres y él están aquí que te enseñen a disparar. Aunque ciertamente,
estoy de acuerdo con milord, no debes portar arma alguna todavía. Eres
demasiado pequeño.
-No soy pequeño. Soy casi tan alto como lord Josh y él es mucho más viejo
que yo.
Adrien, Calvin y Cam se rieron.
- ¿Viejo Josh? -Preguntaba divertido Adrien ya que Josh apenas si acaba de
cumplir once años-. Nos ahorraré preguntarte qué somos nosotros pues
presumo nos considerarás decrépitos.
Leroy sonrió:
- ¿Qué es eso?
-Tan viejos que podrían confundirnos con momias. -Respondió Cam
divertido.
Leroy echó la cabeza hacia atrás carcajeándose antes de girar aún riéndose
y metiendo las manos en los bolsillos del pantalón de modo travieso
comenzó a caminar hacia la puerta.
-Voy a decirle a lord Josh que quizás sí tenga que ser conde porque sus
hermanos mayores son como las momias que vimos con lady Ashton en ese
edificio del centro.
Adrien sonrió mientras el duque sonreía divertido con ese niño que se le
antojaba indomable.
-Al menos el saludo de cortesía al llegar lo he logrado inculcar. Ahora
queda el de despedida.
Cam, Calvin y Adrien se rieron:
-Os deseo suerte, excelencia. Las normas de cortesía se le resisten. -Señaló
Cam divertido mientras Adrien se ponía en pie antes de decir haciendo una
cortesía:
-Pues caballeros, yo, que sí tengo muy inculcadas esas normas, me retiro
cortésmente pues parto a ver a mi tía. Quiero asegurarme que no necesita
nada.
Tras verlo partir el duque entrecerrando los ojos miró serio a Calvin.
- ¿He de empezar a tomar medidas ya para alejar al conde de mi sobrina o
me finjo ignorante por pura conveniencia hasta que me solicite su mano?
Calvin casi escupió el licor que acababa de beber.
-Mejor esperad, excelencia. Al fin y al cabo, de ese modo, tendréis un
esposo adecuado para vuestra sobrina ahorrándoos la tortura de ejercer de
fiero custodio por todos los salones de la nobleza.
El duque asintió con una media sonrisa.
-Sin embargo, mi sobrina no parece inclinada hacia ese enlace. ¿Me
equivoco?
-Digamos que, de momento, gustan más lanzarse dardos el uno al otro que
palabras cargadas de velados galanteos. -Sonrió Calvin divertido.
Adrien alcanzó la alcoba de Emma topándose con Alejandra saliendo de
ella.
-Te creía de paseo con cierto duque y la fierecilla española.
Alejandra sonrió:
-He dejado a la fierecilla torturar a Sebastian en solitario. Está mejor. -Se
adelantó a responder a la pregunta no formulada-. Sin embargo, parece
tener sueños perturbadores. ¿Tenía pesadillas anteriormente sobre lo
ocurrido la noche del asesinato de su padre?
Adrien frunció el ceño.
-No sabría decir… -La miró serio-. ¿Pesadillas de esa noche?
Alejandra asintió:
-Es una suposición, por supuesto, más llama a su padre.
Adrien suspiró pesadamente.
-No debimos traerla a Londres.
-Quizás, más, tarde o temprano había de acabar todo. ¿Por qué no hacerlo
ahora?
-Porque la hemos puesto en peligro.
-No, Adrien, nosotros no la hemos puesto en peligro. Lo está desde la noche
que murió su padre y más tarde cuando murió su madre. -Miró por encima
del hombro de Adrien viendo que se acercaba Leroy con una doncella tras
él llevando una bandeja-. Será mejor que entres aprovechando que Leroy se
ha asegurado de darte unos minutos de privacidad con Emma pues lady
Nora se acomodará unos minutos en el salón contiguo para tomar el té.
Adrien entró en la estancia topándose a Josh sentado frente a la chimenea
con Janet jugando con un tablero de maderas. Se acercó a la cama junto a la
que se encontraba su tía bordando con un bastidor.
-Tía. -Miró hacia la cama y vio a Emma que ciertamente no lucía como si
tuviese un sueño tranquilo-. ¿Desde cuándo tiene las pesadillas?
Su tía apartó el bastidor y lo miró.
-Desde hace unas horas. Tiene un poco de calentura.
Adrien frunció el ceño y permaneció de pie a un metro de la cama mientras
su tía se retiraba con Janet a la habitación contigua para tomar el té y Josh y
Leroy se colocaban junto a la ventana con uno de los mapas extendido
frente a ellos.
Los miró unos segundos y bajando la voz señaló:
-Es mejor que vayáis al salón contiguo. La tía Nora aún está nerviosa y le
vendría bien saberos cerca. Además, Emma necesita tranquilidad.
Los dos le miraron unos segundos y después se levantaron y fueron hacia el
salón con sus mapas.
Se sentó en el borde de la cama y durante largos minutos permaneció en
silencio observando a Emma. Realmente tenía un sueño intranquilo. No
parecía dormir calmada sino por el contrario, lucía ligeramente tensa.
Atento intentó entender sus murmullos. En varias ocasiones atinó a
entender que llamaba a su padre, después palabras inconexas como caja,
cajón o piedras. Le tocó la frente con suavidad y notó su calentura. Tomó un
paño de lino de la mesita y lo mojó en la pequeña pila de porcelana y se lo
puso en la frente con sumo cuidado.
Empezó a susurrar en la inconsciencia del sueño intranquilo que tenía y de
nuevo intentó concentrarse en esas palabras que salían de sus labios, pero
apenas si conseguía entender nada, no obstante, la inquietud de ella le
empezó a hacer sentir una pareja, revolviéndose en la silla queriendo, por
algunos instantes, tomarla, rodearla en sus brazos y acunarla para hacerla
sentir su presencia a su lado. Tomar consciencia de esas sensaciones le llevó
a levantarse y caminar por la habitación queriendo por momentos salir de
allí corriendo, sin embargo, algo se lo impedía, algo le retenía allí, algo en
su interior clamaba para no alejarse de esa cama. Giró el rostro para ver ese
lecho y al verla de pronto intentar incorporarse le hizo acudir presto a su
lado sujetándola por los hombros instándola a tumbarse. Abrió los ojos y le
miró con su mirada verde completamente desconcertada unos segundos
para de inmediato y suspirando al dejar caer la cabeza en el almohadón sin
apartar sus ojos de los de él, pareció tener de golpe consciencia y recuerdo
de dónde se hallaba.
- ¿Por qué cada vez que despierto estáis aquí?
Su voz carraspeante y su mirada terca le hicieron sonreír de pronto
divertido.
-Tía Nora está en la habitación contigua tomando un té pues no dudo lo
necesitaba ya que no se aparta de tu lado.
-Eso no explica por qué estáis aquí. -Replicó antes de toser lo que le hizo
tomar el vaso de agua de la mesilla y, ayudándola a incorporarse, se lo
acercó a los labios.
Adrien esperó a que terminase de beber y tras dejar el vaso en la mesilla de
nuevo la miró fijamente sosteniéndole la mirada:
- ¿Preferirías despertar estando sola antes que encontrarme a mí? -En
cuanto formuló la pregunta supo que deseaba realmente conocer qué
opinaba.
Lo miró largamente y después suspiró.
-Supongo que no.
-Me siento halagado. -Contestó riéndose entre dientes. Cuando la vio hacer
una mueca de molestia al moverse un poco tornó su rostro serio-. ¿Llamo a
Cam?
- ¿Cam?
-El doctor. -Sonrió pues ya por costumbre muchos de ellos llamaban al
doctor por el modo en que se referían a él sus hermanas-. ¿Te duele?
Hizo una mueca de ligera contrariedad antes de negar con la cabeza. Adrien
suspiró pesadamente sabiendo que mentía por sus gestos y la ligera palidez
de su rostro.
-Debieras intentar dormir. El descanso te vendrá bien para recuperarte.
-Quiero ir a la casa de mis padres. -Se le escapó sin control y sin saber por
qué decía eso y menos a él.
-A la casa de tus padres. -Repitió sin apartar los ojos de ella y de repente
supo que su sueño le había hecho recordar algo-. ¿Qué has recordado?
Emma negó con la cabeza:
-No lo sé. -Reconoció.
A pesar de ello, sabía importante ira la casa de sus padres, estar allí, intentar
rememorar esa noche por dolorosa que fuere. Algo dentro de su cabeza le
decía que debía ir y saber de una vez por todas si algo en su memoria podría
ayudarla.
-Emma. -Suspiró colocando un brazo a cada lado de su cuerpo acercando su
rostro al de ella-. Aun no puedes salir de esta cama y menos aún exponerte
a que el marqués o alguno de sus secuaces te tenga a su alcance.
Emma le miró de pronto sintiendo un cosquilleo en la piel que no provenía
si de su herida ni de malestar alguno. Se fijó en las pequeñas trazas verdes
de sus ojos azulados y en sus largar pestañas castañas y por un momento se
olvidó de la protesta que iba a escapar de sus labios.
-No me habéis dicho por qué estáis aquí.
Adrien contuvo la sonrisa arrogante que estuvo a punto de salir de sus
labios por el ligero rubor de sus mejillas fruto de su azoramiento.
-Velar por ti, ¿qué si no? -Contestó con sorna.
-Vos no habéis de velar por mí.
Tomó un pequeño mechón de su rojiza y brillante melena que caía
ligeramente por su frente y lo acarició antes de apartarlo de su rostro.
-No debimos traerte tan pronto a Londres. Es culpa nuestra que te halles
postrada en una cama.
Emma entrecerró los ojos porque supo que él se sentía culpable. Culpable
de llevarla a Londres, de exponerla a ese peligro y de encontrarse, como
decía, postrada en la cama.
-No es vuestra culpa. No voy a fingir que yo deseaba venir, más tampoco
puedo echar las culpas ni a vos ni a nadie. No ignoro que tarde o temprano
tendría que enfrentarme a la verdad, a mi pasado, al asesino de mis padres.
Vos no tenéis la culpa. -Repitió.
Adrien esbozó una media sonrisa perezosa.
-Josh quiere que seas su hermana.
Emma parpadeó por el cambio de dirección de su conversación, tan
repentina y al tiempo tan extraña.
-Ya me informó de su deseo de que me despose con lord David.
Adrien ensanchó su sonrisa.
-Al parecer, ha cambiado su elección de hermano.
Emma alzó las cejas y se rio entre dientes.
- ¿Tenéis un hermano que no conozco, milord?
Adrien se rio negando con la cabeza.
-En ese caso, tendrá que conformarse con ser primos pues no pienso
desposarme con un tirano déspota como vos. En menos de una semana, en
vez del marqués, sería yo la que acabaría en la torre por matar a un par del
reino y dudo que alegar que era una esposa sufrida me librase de los
grilletes y de la soga.
-Esposa sufrida… -Repitió riéndose entre dientes-. Empiezo a comprender
no solo por las palabras tirano y déspota que imaginas la vida a mi lado
como la peor de las torturas cuando unos esposos bien avenidos suelen
conseguir provechosos momentos juntos. -Se burló.
-Vos lo habéis dicho ”bien avenidos”, más, dudo ese llegare a ser nuestro
caso. Sois demasiado mandón y a mí no me agrada seguir órdenes, de
hecho, no hace mucho me señalasteis la costumbre que al parecer tengo de
llevar la contraria en todo momento.
Adrien se rio entre dientes porque recordase eso.
-Bien, en tal caso, de salirse Josh con la suya, seríamos unos esposos muy
peleones, más, quizás, las reconciliaciones fueren muy agradables. -Añadía
enronqueciendo la voz acercando su rostro un poco más al de ella-. Las
parejas apasionadas discuten acaloradamente, más, del mismo modo hacen
las paces. -La sonrió canalla mientras notaba el creciente rubor de su rostro
y el pequeño jadeo que escapó de sus labios cuando sus pupilas se dilataron
de un modo demasiado delatador para no hacerle sentir satisfecho por lograr
en ella algo más que una reacción meramente furiosa como meses atrás.
- ¿Desde cuándo hacéis caso a vuestro hermano? -Preguntaba entrecerrando
los ojos saliendo de su momentáneo estupor.
Adrien sonrió travieso separando solo ligeramente el rostro del de ella pues
esa capacidad que tenía de sorprenderlo, de recobrar fácilmente su carácter
peleón demostrando que no era una mujer que se dejase dominar sin más,
era una de las cosas que más le gustaba de ella, incluso cuando discutía con
él solo por llevarle la contraria y no hacer lo que él quería.
-Bien, no he de negar que no siempre atiendo a sus locuras, más, admito
que es demasiado inteligente para ignorar siempre sus locas ideas.
Emma bufó, pero enseguida notó un fuerte pinchazo en el costado por el
que hizo una mueca involuntaria recordándole no solo su herida sino del
lacerante dolor que conllevaba y que empezaba a ser algo más que palpable.
Un beso en su frente la paralizó y al separar el rostro de ella el conde le
miró fijamente y con gesto serio:
-Voy a hacer llamar a Cam. Tienes calentura y tu rostro me advierte del
dolor que has de estar sintiendo.
Abrió la boca y tardó unos segundos en decir:
- ¿Me habéis besado?
Adrien negó con la cabeza:
-Cuando te bese de verdad lo sabrás.
Sin más se levantó dejándola con la boca y los ojos abiertos de asombro
mientras él caminaba hacia el tirador junto a la chimenea sintiéndose de
pronto satisfecho consigo mismo no solo por haber expresado su deseo de
besarla hasta hacerla rendirse a él, lo cual sí que no expresaría delante de
ella, sino, además, con la evidente certeza de saber que los endemoniados
que les rodeaban y que le habían estado azuzando los últimos días tenían
razón. Él la sabía suya y pronto ella sabría que él era suyo. Emma, la terca y
peleona Emma, estaba destinada a ser su condesa.
A los pocos segundos de tirar del cordón apareció una de las doncellas a la
que pidió llamar de inmediato a Cam y, mientras, regresaba para
acomodarse en la silla junto a la cama para esperar la llegada de ese doctor
que seguro aparecía con su hermana, sonreía divertido por la mirada de
desconfianza que le lanzaba Emma.
-Eh enanos… -Dijo antes de alcanzar la cama alzando un poco la voz
llamando a Leroy y a Josh pues estando la puerta de comunicación al salón
abierta le oirían.
No se equivocaba. Apenas un minuto después aparecían los dos a paso
vivo. Sonrió tomando asiento como si nada mientras los dos miraban a
Emma que se había incorporado ligeramente apoyando la espalda en los
almohadones.
- ¿Estáis bien? -Preguntó Leroy aupándose a la cama como si nada.
Emma asintió mientras él le ponía la mano en la frente y fruncía el ceño:
-Tenéis calentura.
-Razón por la que tú y Josh deberíais bajar a las cocinas y pedir un buen
“caldito de ave” para milady y aseguraos de que no sufre percance alguno
en su camino desde las cocinas hasta aquí.
Leroy saltó como un resorte de la cama poniéndose muy derecho tornando
su rostro serio como un soldado de misión.
-Nosotros cuidaremos de que nadie envenene el caldo de milady. Vos
deberíais llamar al médico.
Adrien se rio, pero fue su tía la que entrando por la puerta con Janet de la
mano.
-Ya estoy aquí yo para asegurarme de que este conde cumple con su
cometido, Leroy, no has de apurarte.
En cuanto los niños salieron de la estancia y notando que Emma no
apartaba la vista recelosa de Adrien que sonreía como un niño inocente
puesto en pie mientras le cedía el asiento, supo que éste había dado un paso
en la dirección conveniente, o al menos la que ella y Marian querían.
Azuzado y con efectos más que favorables, ahora le quedaba azuzar a la
otra que miraba al pobre Adrien como si estando fuera de la cama y en
plenas facultades, le arrancaría la cabeza por cualquier cosa que él hubiere
hecho antes de regresar junto a Emma.
- ¿Cómo te encuentras, cielo? -Preguntó haciendose la ignorante de lo que
pudiere ocurrir.
-Mejor. -Contestó tan rápido y firme que supo que mentía.
Adrien carraspeó situado de pie a su lado.
-Le duele, tía, y sigue teniendo calentura.
-Ya estoy acompañada. ¿No tenéis mejores cosas que hacer? -Preguntó
Emma mirando a Adrien con cara de pocos amigos haciéndole sonreír
claramente divertido.
- ¿Qué mejor cosa que hacer que cuidar de nuestra querida “prima Emma”?
-Preguntó con retintín.
Emma gruñó dejando caer la cabeza en los almohadones cerrando los ojos:
- ¿Dónde está Dulcy? -Preguntó de pronto consciente de que no la había
visto junto a ella.
-En Carmond House. La he mandado a recoger algunos enseres para que
puedas estar más cómoda.
-Supongo que eso significa que he de permanecer varios días aquí. -Suspiró
pesarosa.
-Me temo que sí, milady. -Sonreía Cam llevando su maletín de galeno en
una mano-. Milord, creo que mejor salís. -Miró a Adrien burlón sabiéndole
contener una réplica mordaz.
-Esperaré en el salón contiguo. -Tomó a Janet en brazos mientras decía-.
Vamos, nenita, dejemos a este galeno intentar no ser asesinado.
- ¿No tenéis mejores cosas que hacer? Marchaos. -Insistió Emma sin
importarle que Cam estuviere delante como también la duquesa de Chester
que en ese momento entraba por la puerta.
-Nada mejor que hacer. -Replicó Adrien burlón sin volverse si quiera ni
detener sus pasos-. Salvo llevarme a Janet a esperar a ese hermano
pendenciero que tiene y asegurarnos de que trae el rico caldito de ave.
La escuchó gruñir a su espalda sin detenerse ni contener la sonrisa que se
dibujó en sus labios.
Unos minutos después Alex y Cam, sonriendo divertidos, entraron en el
salón contiguo donde se hallaba con Janet sentada en la alfombra frente a la
chimenea con su muñeca.
-Ni preguntaremos qué has hecho esta vez para enfadar a cierta joven.
Adrien alzó los ojos hacia Cam y sonrió:
- ¿Quién sabe? Quizás solo respirar.
Alejandra tomó asiento frente a él ya que se había puesto en pie para que
pudiere de nuevo tomar asiento.
-Pues, sea lo que sea, recuerda que está convaleciente. -Le tiró de las orejas
Alejandra.
- ¿Está mejor?
-Poco a poco, hombre impaciente. -Contestaba Cam-. Es una herida de bala,
no minimicemos el peligro.
Adrien le miró largos segundos antes de señalar:
-Habrá que vigilarla. La creo capaz de escaparse para ir a casa de sus
padres.
- ¿De sus padres? -Preguntaron los dos a la vez.
-Al despertar, y creo que es porque ha debido recordar algo en sueños,
aunque no sepa exactamente qué, ha dicho que deseaba ir a la casa de sus
padres.
-Umm… pues quizás no sea mala idea. -Meditaba Alejandra tras unos
segundos-. Quizás allí haya alguna prueba contra el marqués, no en vano
corrió el riesgo de acudir a casa de los padres de milady para matar a quién
creía le había descubierto o podía descubrirle, de modo que, si
encontrásemos alguna cosa que o nos conduzca a esas pruebas o pista
alguna para encontrarlas, deberemos considerarlo un triunfo.
-Eso si antes no le pasa nada. -Refunfuñó Adrien haciendo reír a Alejandra
y sonreír a Cam burlón.
- ¿Hemos de entender que por fin lo admites? -Preguntaba Cam al tiempo
que se ponía en pie y se acercaba al mueble de las bebidas.
-Sí. -Contestó a regañadientes-. Y aléjate de esas bebidas que te necesito
sereno para atender a mi condesa.
Cam soltó una carcajada girándose para mirarlo.
-Si fuese otro noble displicente el que me soltase semejante sandez
recubierta de impertinencia le instaría a un duelo de espadas. -Contestó
burlón haciendo a Adrien rodar los ojos antes de mirar hacia la puerta de
comunicación al escuchar voces en el dormitorio que no le costó saber de su
hermano y de Leroy.
-Voy a asegurarme de que esos dos enanos peligrosos no importunan en
exceso a esa terca paciente de un doctor con tendencia a la bebida. Cuidad
de Janet. -Ordenó empezando a caminar hacia el dormitorio de Emma.
Leroy sentado en el borde de la cama con los pies colgando y Josh a los
pies de esta de rodillas sobre la banqueta parecían contar a Emma cómo
habían estado vigilando que nadie se acercase a su “caldito” mientras a ella
la veía con la bandeja colocada en el regazo y una evidente desgana hacia el
caliente alimento lo que le hizo sonreír divertido pues no dudaba se lo
tomase solo por no desairar a los niños.
- ¿Hemos de entender que estáis por entero seguros de que no hay peligro
alguno en ese caldo? -Preguntaba mirándolos desafiante al alcanzar el lugar
junto a Leroy.
-Sí, habéis de entenderlo. -Contestó tajante Leroy mirándole con
seguridad-. Los dos hemos probado el caldo para asegurarnos. -Asintió
como si de ese modo confirmase con más ahínco su postura antes de mirar a
Emma y sonreírla-. Podéis tomarlo. Es seguro.
Emma sonrió negando con la cabeza elevando el cubreplatos y tomando
enseguida la cuchara se llevó un poco a la boca.
-Está rica. -Dijo sonriendo a los dos indistintamente.
-Pues habéis de tomárosla toda para poneros buena pronto. -Aseveró firme
Leroy antes de mirar en derredor frunciendo el ceño-. ¿dónde está Janet? -
Preguntó a Adrien mirándolo acusatorio.
-En el salón con la duquesa. -Contestó rodando los ojos.
-Ah bueno…
-Ah bueno… -Repitió divertido por su contestación y su tono-. ¿Habéis
terminado de estudiar los mapas? -Los dos negaron con la cabeza-. Pues si
no lo hacéis consideraré no cumplido vuestro deber en el día de hoy y
vuestros estipendios no los recibiréis al final de la semana por este día.
Josh bufó:
-Hermano, te estás volviendo roñoso.
Emma se rio, pero pronto paró al notar el dolor, aunque sí sonreía divertida
por el comentario.
-Ese, sin duda, es un defecto horrible. Un lord roñoso… -Negaba con la
cabeza antes de llevarse otra cucharada de caldo a los labios mirando de
soslayo a Adrien.
-Quizás deba recordar al que me tacha de tal que soy su empleador y que en
nada le beneficia ponerse a malas conmigo…
Josh de nuevo se rio:
- ¿De modo que eres nuestro empleador? Yo que te consideraba nuestro
mecenas.
Emma casi escupe la cucharada de sopa al escuchar esa respuesta
empezando a reírse a pesar del dolor de su costado.
-Primo Josh, creo que deberíais solicitar asiento en la Cámara para debatir
en vez de vuestro hermano. Estoy segura que no habrá debate que no
consigáis vencer.
Josh sonrió:
-También lo creo. Pero al parecer solo puede ocupar ese lugar mi torpe
hermano mayor. -Contestaba burlón mirando burlón a Adrien que rodó los
ojos.
-Tenéis dos segundos para despediros de Emma y dejarla descansar, enanos
respondones.
Leroy frunció el ceño y miró a Emma.
-Estáis cansada.
Emma se encogió de hombros.
-Idos abajo y estudiad los mapas. Emma ha de descansar y obedecer al
doctor. -Insistió Adrien mirándolos con fingida impaciencia.
-Ah, ¿entonces son órdenes del doctor? -Leroy asintió saltando del asiento-.
Pues entonces os dejamos descansar.
Adrien rodó los ojos con resignación.
-Si son órdenes del doctor obedeces, si son mías, las cuestionas.
Leroy sonrió de medio lado mirándolo de soslayo mientras echaba a andar
hacia la puerta como hacía Josh.
-El doctor es un caballero muy inteligente.
Emma se rio por la impertinencia teñida de chascarrillo.
-Leroy. -Lo llamó haciendo que girase para mirarla-. Si cuando os sirvan el
té encuentras en la bandeja de dulces esas galletas de miel que hornea la
duquesa, espero que seas tan generoso de guardarme algunas.
Leroy asintió sonriendo:
-Lo haré.
Adrien se rio entre dientes por el orgullo de saberse el caballerete al que
habían hecho esa petición y cuando la puerta se cerró tras ellos miró a
Emma que ya había dejado de tomar el caldo, claro signo de que solo lo
había probado por deferencia a los niños.
-Llevas todo el día sin comer. Será mejor que pidamos algo para que
recuperes fuerzas.
Emma suspiró apartando la bandeja antes de deslizarse hacia abajo para
apoyar de nuevo la cabeza en los almohadones.
-No tengo apetito, milord, y vos seguro que sí tenéis algo que hacer. Milady
ya se encuentra aquí para hacerme compañía.
Adrien miró a su tía que fingía no estar escuchando mientras bordaba
sentada junto a la cama. Se sentó en el borde y se acercó a su rostro
mientras ella entrecerraba los ojos con desconfianza.
-Tienes una preocupante tendencia a ordenarme marchar. -Sonrió travieso
dándole rápidamente un beso en la frente antes de ponerse en pie-. Vendré
después a verte y me aseguraré que te traen algo de comer.
-Y vos tenéis una preocupante tendencia a ordenar los pasos que he de dar
cuando ya no sois mi tutor. -Replicó molesta cruzando los brazos al pecho
mirándolo contrariada.
-No, efectivamente ya no soy tu tutor. -Se rio entre dientes caminando hacia
la puerta lanzando una media sonrisa a su tía mientras a ella la sabía
conteniendo una sonrisa satisfecha consciente de que había caído como sus
primos antes que él.
Al cerrarse la puerta Emma miró enfadada a lady Nora.
- ¿Por qué le habéis dejado besarme?
Lady Nora sin siquiera alzar la vista de su bordado sonrió divertida:
-Cielo, no he visto nada. -Emma abrió la boca sorprendida sabiendo que
mentía descaradamente-. Además, nada podría ser mejor para ti que ese
arrogante y canalla sobrino mío.
- ¿Mejor para mí? -Preguntó casi alzando la voz antes de mirarla fijamente-.
¿No estaréis haciendo de alcahueta?
Lady Nora la miró sonriendo:
-Cielo, no me hace falta. Si no estuvieras tan obcecada te darías cuenta de
que vosotros dos no necesitáis alcahueta.
- ¿Obcecada? ¿Y qué queréis decir con que no necesitamos alcahueta? -
Preguntaba alarmada.
-Cielo, creo que no empezasteis con buen pie y que por ello no quieres ver
más allá de tu enfado inicial para con ese pobre hombre. Si fueses sincera
contigo misma reconocerías que mi sobrino, pese a que tiene fama de
seductor y calavera, no es sino un excelente partido, y no me refiero solo a
su posición social, su título y su fortuna. Es un hombre honorable, honrado,
fiel a quienes ama y protector de los suyos. Nos ha acogido bajo su
protección y aunque creamos que nos bastamos solas, ambas sabemos, en el
fondo, que la sociedad es peligrosa para dos mujeres solas y Phillip, que en
gloria esté, se aseguró de dejarnos en manos de Adrien porque lo sabía el
hombre en el que podía confiar no solo nuestro porvenir sino también
nuestra seguridad.
Emma le sostuvo la mirada con fijeza unos instantes antes de que en su
cabeza surgiese una duda:
-Deseasteis venir a vivir aquí para intentar desposarme con vuestro sobrino.
Lady Nora negó con la cabeza sonriendo:
-No, cielo, jamás te habría instado a casarte con él si no te hubiese gustado
y tú a él. De hecho, no te estoy instando a casarte con él si no es lo que
deseas, más, creo que estás siendo injusta con él y que eso puede llevarte a
perder algo antes incluso de tenerlo. Intenta ver a Adrien con ojos nuevos,
quizás te lleves una sorpresa sobre él, más, también, sobre ti. Después de
todo no ha sido considerado un seductor infalible por nada. Más de una
virtud ha de tener que le hace ser deseado por las damas y envidiado por los
caballeros, ¿no crees?
Emma bufó:
-Sí, la virtud de la tiranía y de no escuchar a nadie que no sea él mismo.
Lady Nora se rio por su terquedad.
-Bien, bueno, pues quizás no sea el hombre para ti. De alguna dama lo será,
eso seguro.
Emma se le quedó mirando unos instantes mientras volvía al bordar como si
nada. Mientras ella se quedaba allí desconcertada por esa conversación y
más por esa nueva faceta que mostraba la que hasta ese momento jamás le
hubo hablado de caballeros, más allá que lo necesario para desenvolverse
en sociedad.
Intentó acomodarse para cerrar los ojos y relajarse, pero no encontraba
postura alguna que le permitiese tal cosa. Le dolía el costado y también la
cabeza y tener, ahora, al conde metido en su cabeza no ayudaba en demasía.
-Cielo, ¿le pido al doctor un poco de láudano para que duermas?
Emma gruñó.
-No, gracias.
Lady Nora contuvo una sonrisa pues sabía qué le pasaba y qué le molestaba
realmente, más allá del dolor de su costado.
Abajo, en uno de los salones, Adrien se acomodaba con Cam y Sebastian
que acababa de regresar de su paseo con los niños y Teresa.
- ¿Qué sabéis del padre de Emma?
Sebastian se rio entre dientes porque su primo ya no disimulaba ni siquiera
obviando referirse a ella por su nombre de pila. Como su esposa le había
informado satisfecha en cuanto él llegó, “por fin había entrado en razón”.
- ¿Del barón de Levain? Pues yo nada sé de él pues no llegué a conocerle.
Tampoco dio tiempo a ello ya que debió morir al poco de instalarse en
Londres con la hija del duque y lady Emmaline.
-Umm… -Respondía meditabundo-. Quizás no sea mala idea pedir a lord
Wilbor que nos ayude para averiguar lo que pueda de él.
Sebastian le miró alzando una ceja, inquisitivo, por la mención del primo de
lady Ashton y sus más que notables habilidades para saberlo todo de los
nobles y aristócratas de Londres.
- ¿Por qué esa preocupación?
-Emma quiere ir a la casa de sus padres. Quizás para recordar algo, quizás
para cerciorarse de algo que ya ha recordado. Como fuere, estoy seguro de
que irá le dejemos o no y me convendría conocer bien el terreno que voy a
pisar. Salvo que era un aristócrata francés nada sé del barón de Levain.
Sebastian le señaló el tirador de llamada.
- ¿Por qué no envías aviso de que iremos a verle esta noche a su club?
- ¿Quiénes y por qué iréis a un club? -Preguntó Alejandra tomando asiento
junto a Sebastian sin darles tiempo siquiera de levantarse por cortesía.
- ¿Los niños se han dormido bien? -Preguntaba Sebastian antes de besarla
en la sien instándola a dejarse caer en su costado para encajarla en su
cuerpo como a él le gustaba tenerla.
-Si. No cambies de tema. -Le miró acusatoria-. ¿Por qué mi esposo se va a
ir a un club sin mí?
Sebastian se rio:
-Solo voy a acompañar a ese pobre conde de ahí a visitar a lord Wilbor.
-Entiendo… -Miró a Adrien sonriendo-. ¿Qué necesitas que averigüe por ti,
mi pobre conde?
Adrien rodó los ojos mientras Cam y Sebastian se reían.
-Definitivamente estabais destinados a ser esposos. Sois igual de incordios.
En ese momento entró Leroy con Janet de la mano sonriendo travieso lo
que le hizo sospechar de alguna travesura.
- ¿Qué estará tramando ese pelirrojo pendenciero?
Alejandra miró por encima del hombro de Sebastian y al ver a Leroy sonrió.
-Está orgulloso. Ha conseguido que cooker le dé el bote de galletas de miel
para subírselo a milady y que las pueda comer cuando guste.
Adrien sonrió negando con la cabeza:
-En cuanto crezca vamos a tener que atarlo en corto o irá conquistado
mujeres sin contención.
Alejandra se rio:
-Y eso lo dice uno de los cuatro condes del apocalipsis. -Se burló trayendo a
colación el apelativo con el que eran conocidos antes de desposarse dos de
ellos, los cuatro primos mayores de su esposo.
Cam se rio mientras que Sebastian y Adrien suspiraban pesadamente
porque odiaban desde adolescentes, que fue cuando empezaron sus
primeras conquistas y travesuras en sociedad, semejante forma de referirse
a ellos.
-Eh, enano. -Lo llamó sin moverse.
Leroy giró como un resorte y caminó hacia ellos llevando de la mano a su
hermana.
- ¿Dónde vas?
Leroy señaló el rincón en el que ahora veía a Josh tumbado con los mapas
frente a él.
-Esperaremos el té.
Adrien se inclinó hacia delante y tomó a Janet de la cintura sentándola en su
regazo acomodándola contra su pecho para que se apoyase.
-Ve con ese hermano impertinente que tengo y yo me quedo con Janet para
que esté cómoda.
Leroy miró un instante a su hermana y después asintió:
-Y cuando traigan la bandeja de té aseguraos que se toma su vaso de leche.
Adrien se rio entre dientes por el mandato.
-Y después me tildan a mí de tirano. -Musitaba viéndole atravesar todo el
salón con paso vivo antes de bajar los ojos a Janet que, como siempre
aferraba su muñeca Polly contra ella-. Tu hermano es un mandón.
Janet sonrió tras su muñeca.
Media hora después algunos de los miembros de la familia habían ido
llegando, acomodándose alrededor de las bandejas de té conversando
relajados mientras que él aún le daba vueltas a la idea de que Emma, a la
primera oportunidad que le surgiese iría a casa de sus padres. Al escuchar la
risa de su hermano David alzó la vista y le vio mirándolo con sorna.
- ¿Crees que esa pobre pequeña se te va a escapar? -Señaló con la cabeza a
Janet a la que aún mantenía en su regazo tras tomar el vaso de leche que tan
imperiosamente le hubo ordenado Leroy darle y algunos bocaditos dulces y
que, ahora, abrazada a su muñeca, dormitaba sobre él.
Contuvo una réplica, sobre todo porque en los últimos meses no hacían sino
burlarse de Sebastian por llevar a sus hijos en brazos constantemente o
mantenerlos acunados dormidos mientras conversaba con ellos en uno de
los salones en vez de llevarlos a su cuna. Pero realmente era agradable
mantener en brazos a un niño que se sentía seguro en sus brazos y que
formaba parte de la familia.
-Acabamos de estudiar posibles rutas para cuando Emma se reponga y
quiera salir a pasear con nosotros. -Señaló Josh mientras se sentaba en uno
de los reposapiés al tiempo que alcanzaba de una de las bandejas un bollito
de crema y le miraba dándole un buen tiento.
-Pues antes de “usar” esas rutas no solo deberé estudiarlas, sino que deberás
contar con que seréis acompañados en todo momento por guardias.
Josh asintió desviando los ojos a la puerta por la que el mayordomo acababa
de entrar anunciando la llegada del duque de Carmond y su madre.
- ¿Crees que el duque querrá llevarse a Emma?
Adrien asintió:
-Sí, pero hasta que no se reponga no podrá regresar a Carmond House.
Tardará al menos tres o cuatro días.
-Umm… pues entonces también habremos de estudiar rutas desde Carmond
House. -Replicó antes de salir de nuevo hacia el lugar donde estaba Leroy
con Teresa.
David sonrió negando con la cabeza:
-Te pasa por nombrarlos guardias de Emma.
-No hice tal cosa. Ellos mismos se autoproclamaron como tal.
-Excelencias, milores, miladies. -Saludaron con cortesía el duque y su
madre al acercarse lo que todos imitaron de inmediato.
- ¿Gustáis un té antes de subir a ver a vuestra sobrina, excelencia? Así
podremos comentaros su estado. -Sonrió Alejandra con calma.
-Y así yo también podré poneros al día de mis avances. -Sonrió la duquesa
de Carmond divertida de pronto despertando la curiosidad de todos-. He
almorzado en la mansión de los condes de Shelley y, dado que había
algunos de esos personajes ávidos de noticias y de esparcirlos con premura,
he aprovechado la oportunidad para dar algunos pasos a nuestro favor. -
Anunciaba tras aceptar la taza de té que le entregaba Alejandra divertida
por esa dama que parecía estirada y excesivamente estricta, más, que, por el
contrario, era una caja de sorpresa.
-Imagino más de uno de esos personajes ha prestado oídos más que gustoso.
-Intervino la duquesa madre sonriendo, conociendo a más de uno de los
personajes que estarían en esa reunión pues ella misma había sido invitada.
La duquesa de Carmond asintió:
-He mencionado aquí y allá que Emma se encontraba con un ligero catarro
y que la hemos obligado a estar en casa reposando unos días ya que la
temporada acaba de empezar y es mejor atajarlo ahora.
-Obviamente ese hecho ha despertado interés inmediato pues todos parecen
interesados en ver en los salones a Emmaline. -Añadía el duque-. Y con su
interés ya despertado por noticias y cotilleos hemos empezado a dejar caer
algunas perlas para azuzar la imaginación de los mal pensantes.
La duquesa se rio entre dientes maliciosa.
-Lo cierto es que no ha hecho falta más que un par de comentarios para ver
nuestra rueda rodar. He comentado a un par de gran dames que Emma se
mostró recelosa para con un caballero de la recepción pues de algún modo
recordaba su rostro y mi hijo, por su parte, ha ido comentando a algún que
otro caballero que el regreso de Emmaline ha supuesto un acicate para que
Bond Street reabra la investigación de la muerte de sus padres ya que ahora
sabemos con certeza que fueron asesinados por la Rosa Galesa.
-La mención de personaje ha surtido un inmediato clamor callado en toda la
reunión De hecho, al marcharnos sabemos a más de uno empezando a atar
cabos cuando susurré a un caballero que el dibujo de un hombre que escapó
de la mansión esa noche se halla en poder de los agentes y que éstos me han
puesto sobre aviso especialmente por la gravedad que parecen adquirir las
nuevas informaciones.
-Pero aún las sospechas no recaen en el marqués… -Inquirió Adrien.
La duquesa se rio entre dientes.
-Oh bueno, en realidad, un par de damas deben estar susurrando el nombre
del marqués aquí y allá tras nuestra partida pues interesadas como estaban
en la fiesta de presentación de Emmaline y, por supuesto, el selecto grupo
de invitados, mencioné que algunos caballeros están siendo descartados
bien por su fama de busca fortunas, bien por motivos algo más privados y
serios. He mencionado algunos nombres como si fuese un secreto entre esas
dos damas y yo y, obviamente, no hace falta que sepan de esos nombres a
quienes descartamos por crápulas y a quienes por “otros motivos” que, sin
duda, han generado la curiosidad en ambas.
-Y claro incluir el nombre del marqués entre los mencionados sabiendo que
no es un cazafortunas llevará a despertar interés sobre cuál es el motivo
para su descarte. -Sonrió la duquesa madre.
-He mencionado otros personajes que obviamente no son cazafortunas,
claro, pero pronto deducirán el motivo de que no estén invitados, como un
par de caballeros con tendencia a molestar a jovencitas o alguno con
reputación de bebedor sin capacidad para la contención y algún detalle
similar.
Adrien negó con la cabeza sonriendo, empezando a saber de dónde le surgía
a Emma esa vena por llevar siempre las riendas y marcar las pautas de su
vida. El duque y su madre parecían gustar de manejar las riendas de lo que
acontecía a su alrededor.
-Excelencia. -Leroy se plantó con una reverencia formal ante el duque
enderezándose como si estuviese formado ante su general-. Hemos cuidado
de milady y le hemos llevado su caldo asegurándonos de que nadie lo
envenenaba. -Le informó serio-. Estamos estudiando las rutas para los
paseos de milady y cerca de Carmond House hay muchos recodos
peligrosos donde pueden esconderse los asesinos.
El duque alzó las cejas sonriendo:
- ¿De veras? ¿Dónde están esos recodos?
Leroy salió a la carrera y regresó con un mapa que puso sobre la mesa
frente a él:
- ¿Veis? -Dijo señalando ciertos puntos alrededor de la mansión-. Son
lugares donde uno puede esconderse y donde nadie vería a los malos.
El duque entrecerró los ojos observando el mapa y después miró serio a
Leroy comprendiendo que cuando tuvo que vivir en la calle la prioridad del
pequeño sería encontrar lugares donde esconderse para sentirse seguro y
donde proteger a su hermana.
-Bien, veo que estáis en lo cierto, señor Smith. ¿Y qué sugerís para evitar
esos peligros?
-Poner hombres que vigilen esos recodos y decid a los serenos que pasen
más veces por la mansión. Podríais disfrazar a un par de guardias de
serenos para que parezcan inofensivos a los ojos de otros.
Adrien alzó las cejas porque realmente no eran sugerencias baladís. Ese
enano peleón realmente iba a ser un general francamente destacado. Miró a
Sebastian que por la sonrisa que había dibujado en su rostro supo
pensándolo igual que él.
-Pues, señor Smith, creo que voy a haceros caso. -Señalaba el duque
mirándolo serio.
Leroy asintió satisfecho antes de girar el rostro hacia Janet y después miró a
la duquesa de Carmond.
- ¿Queréis que os acompañe a ver a milady? Lady Nora está haciéndole
compañía.
La duquesa asintió poniéndose en pie lo que, por cortesía, hicieron todos los
caballeros.
-Presumo se encuentra mejor. -Señaló el duque tras ver salir a su madre
siguiendo a Leroy.
-Mientras no se infecte la herida, podremos decir que mejora por
momentos, excelencia. -Contestaba Cam.
- ¿Alguna pista del tirador? -Preguntó Adrien.
-Me temo que no. Había pocas personas en el parque a esas horas y nadie lo
vio una vez se escapó de los guardias.
Adrien suspiró pesadamente.
-Creo mi deber informaros, excelencia, que, al despertar, vuestra sobrina ha
expresado su deseo de ir a visitar la casa de sus padres.
Vio al duque fruncir el ceño antes de suspirar.
- ¿Creéis que recuerda algo o que trata de recordar algo?
Adrien sonrió por la intuición del duque.
-No sabría deciros, más sí que vuestra sobrina intenta recordar o por lo
menos obligarse a hacerlo.
-Lo que quizás sea peligroso para ella… -Meditaba el duque pensativo.
- ¿Creéis que el esposo de vuestra hermana podría tener alguna prueba
contra el marqués? -Preguntó Alejandra.
-Pues, me temo, lo desconozco. Puedo haber ido a la casa de mi hermana en
tres o cuatro ocasiones, a lo sumo, durante estos años solo para cerciorarme
que todo estaba bien, pero ¿cómo saberlo? Al desconocer lo ocurrido, no he
buscado nada en su interior, más, de haberlo algo allí, no estará a la vista
sino escondido, salvo que ese canalla, tras asesinar al esposo de Adele se lo
llevare.
-Umm, no había pensado en esa posibilidad. -Reconoció Alejandra-. Pero,
quizás, no le dio tiempo o no las halló. No perdamos la esperanza.
Sebastian se rio por el tono final de su esposa.
Apoyada sobre los almohadones observaba por la ventana cómo poco a
poco empezaba a anochecer. Dulcy se movía a su alrededor colocando
algunas de las cosas que hubo traído de Carmond House aprovechando que
tanto la duquesa como lady Nora se habían marchado, la segunda para
prepararse para la cena. Leroy hubo entrado a verla justo antes de
marcharse las dos damas y bromeó un rato con él y con los planes que,
decía, había estado elaborando junto a su tío para su seguridad.
-Milady. -La voz de dulcy la hizo mirarla-. ¿Le dejo el arcón de escritura
cerca? -Preguntaba sosteniendo el pequeño arcón de madera en el que ella
llevaba sus escritos y lo necesario para poder escribir donde estuviere.
-Mejor escóndelo. Dudo aquí pueda escribir con un poco de tranquilidad.
Además, por lo que parece, aquí puede entrar cualquiera sin siquiera pedir
permiso y podrían descubrirme. -Señaló sintiendo cierto enfado, no tanto
con que cualquiera entrase, sino con el hecho de que el conde lo hiciere
cuando quisiese incluso estando ella dormida.
Observó a Dulcy esconder el pequeño arcón dentro del grande situado a los
pies de la cama y cuando se enderezó y la miró preguntó:
- ¿Qué piensas del conde?
-Milady, habéis de especificar. Estamos rodeadas de condes.
Esa respuesta le hizo reír pues ciertamente en la familia ducal había varios
condes.
-Me refiero al sobrino de milady. Empiezo a sospechar que lady Nora tenía
planes antes de salir de casa.
Dulcy se rio entre dientes.
-Quizás los tenga ahora, pero dudo los tuviere al salir.
Emma bufó:
-Pues asevera que el conde es el candidato perfecto. Bueno, ella lo ha
tildado de adecuado, pero se intuyen a millas de distancias sus intenciones.
De nuevo Dulcy se rio divertida mientras doblaba una prenda fingiéndose
atareada.
-Quizás sea que ha observado vuestra reacción para con él.
- ¿Mi reacción?
Dulcy asintió sonriendo:
-Siempre parecéis enfadada con él. Nunca os enfadáis con nadie. Ni
siquiera de niña os enfadabais con Linette a pesar de las maldades que os
hacía.
Emma frunció el ceño recordando las perrerías que de niña le había hecho
la vecina cercana a su casa que siempre se burlaba de ella y la llamaba
zanahoria.
-Bah, es que Linette no merecía el esfuerzo de enfadarse. Era demasiado
tonta.
Dulcy sonrió negando con la cabeza.
-Pues, en ese caso, el conde ha de ser el hombre más listo del mundo porque
os enfadáis mucho con él.
Emma entrecerró los ojos mirándola fijamente:
-Estás insinuando que me gusta.
-No me atrevería, milady. -Contestó conteniendo una sonrisa.
Emma gruñó.
-Sigues sin contestar a mi pregunta.
- ¿A cuál, milady?
- ¿A qué piensas del conde?
-Ah pues no sabría decirle, milady. No soy quién para pensar sobre un
conde.
-No me lo puedo creer… -Gruñó-. ¿Vas a decirme que nada piensas del
conde?
-Milady, solo soy una doncella.
Emma gruñó sabiendo que no quería contestarla.
-Está bien, pues dime que comentan en el servicio sobre él o qué has oído
en el comedor. Allí siempre habláis de los habitantes de las casas.
Dulcy sonrió con inocencia:
-Aquí se quiere mucho a los señores, milady.
-Oh, por el amor de Dios. Deja de hacerte la despistada. Dime de una vez lo
que dicen de él.
Dulcy se rio acercándose a la cama:
- ¿Y si se enteran de que os he hablado de él?
-Pero ¿quién va a enterarse? Y deja de hacerte de rogar o me enfado y
contigo sí que puedo enfadarme porque no eres tonta. Anda, siéntate y
cuéntame. -Decía dando un par de palmaditas sobre la colcha a su lado.
Dulcy se subió riéndose:
-Pero no podéis decirle nada y menos a milady.
-Que no, pesada… -Replicaba con impaciencia.
-Pues las criadas y doncellas suspiran a su paso y dicen que es tan hermoso
como todos los caballeros de la familia del duque y tan seductor como los
demás. Pero nunca tienen líos de faldas con las mujeres que trabajan en la
casa y muchas de las criadas que han trabajado en otras casas de nobles
aseguran que la mayoría se toman libertades e incluso se propasan con las
criadas bonitas. Los lacayos dicen que los caballeros de la familia suelen
tener muchas amantes hasta que se casan. El duque, hasta que se desposó
con la duquesa, solía tener varias amantes incluso en una misma semana. Y
los condes también. En las casas en las que trabajaban contaban historias de
ello. Decían que eran irresistibles para las damas y que los hombres los
envidiaban. Además, ningún caballero se atreve a enfrentarse directamente
a ellos pues dicen son demasiado temibles cuando tienen un enemigo.
Contaron que el conde tuvo un affair con una de las artistas del Drury Lane
el pasado año y que ella intentó enredarlo para casarse con él u obligarle a
pasarle dinero cada mes, pero el conde, que es muy listo, la atrapó y como
no le gustan los engaños y menos que intenten engañarlo a él, se vengó de
ella. Ahora no la contrata nadie y dicen que tampoco la quiere como amante
ningún caballero pues saben que no pueden confiar en ella.
Bufó:
-Eso le pasa por enredarse con ese tipo de mujeres.
Dulcy asintió sonriendo:
-También he oído que protege mucho a sus hermanos. Hace dos años un
caballero celoso de lord David, pues ambos parecían agasajar a la misma
mujer, quiso hacerle daño de un modo tramposo, uno de los lacayos dice
que sabe de buena tinta que contrató a un par de matones para que le
golpeasen a la salida de un club de caballeros. Pero el conde se enteró y fue
a enfrentarse a esos hombres y después consiguió que ese caballero no fuere
recibido en ninguna de las casas de la nobleza.
-Así que es vengativo…
Dulcy sonrió:
-Yo también me querría vengar de quién quisiera hacerme daño, milady, y
más a mi familia.
- ¿Por qué presumo te gusta el conde?
Dulce soltó una risita:
-Milady, habría que estar ciega para no gustarme el conde. -Emma rodó los
ojos-. Además, siempre es bueno con Janet y eso dice mucho de un
caballero como él. Las dos sabemos que los hermanos Smith son huérfanos
sin familia y que los nobles a los niños como ellos los desprecian, pero en la
casa del duque los tratan como parte de la familia y el conde es bueno y
cariñoso con Janet cuando está cerca de ella. Eso dice mucho del tipo de
caballero que es, ¿no creéis? El cochero de Chesterhills me contó que
cuando el anterior conde falleció, lord Josh apenas era un bebé y milord ha
cuidado de él procurando que no notase la ausencia de un padre. Nunca está
mucho tiempo alejado de la familia cuando ha de viajar y, en vez de dejar a
su madre y hermanos en el campo, procura que lord Josh siempre esté cerca
de él y de lord David. Dice que él es el encargado de buscar a lord Josh y
lord Albert a la escuela siempre que tienen un día de descanso para que lo
pasen con la familia y también que lord Valleyland visita a su hermano en la
escuela para cerciorarse de que está bien.
Emma entrecerró los ojos:
-Así que piensas que, por ser bueno con los niños, ha de ser un buen
caballero.
Dulcy se rio:
- ¿Me permitís preguntaros qué es lo que no os agrada de milord?
Emma bufó:
-Es un mandón y no gusta que yo haga lo que considero mejor según mi
entender.
Dulcy de nuevo se rio:
-Milady, eso lo son todos los caballeros.
-No es verdad. Lord Phillip no estaba dándome órdenes sin parar.
-Milady, no os molestéis, pero sabéis que eso no es verdad. Lord Phillip
siempre os estaba diciendo lo que hacer como hija suya que erais. Cuando
no queríais montar a caballo, os obligó a aprender y hasta que no fuisteis
buena amazona no os dejó rendiros. Os recuerdo que no hacíais más que
protestar por ello y ahora os encanta montar. También os enfadabais cuando
os obligaba a estudiar todos esos libros con esa institutriz que vino de Kent
cuando las niñas de los alrededores aprendían bordado y canto.
Emma se rio entre dientes:
-Sabes que canto horriblemente mal.

-Bueno, eso es cierto, pero quizás con unas clases hubieseis podido
aprender a no desafinar.
-Dulcy. -Intentó reprenderla, pero no pudo evitar reírse por la maldad.
Adrien permanecía de pie, en silencio, apoyado junto a la puerta de
comunicación con el salón contiguo que, abierta como estaba, le permitía
escuchar la conversación entre Emma y su doncella y en más de una
ocasión tuvo que evitar reírse por los comentarios de la doncella y también
por la terquedad de Emma. Había subido para verla antes de la cena
aprovechando que sabía que todos estaban arreglándose y que Leroy y Josh
habían ido a esperar en las cocinas mientras preparaban la bandeja de
Emma para “asegurarse de que era segura”, dijeron con firmeza, antes de
desaparecer como alma que lleva el diablo. Escucharla preguntar a la
doncella por él le hizo detenerse para escuchar, por incorrecto que fuese. Su
curiosidad se hubo despertado y más cuando tanto insistía a la doncella por
conocer su parecer sobre él.
Escucharla reír le hizo decidir entrar pensando que mejor tomarla por
sorpresa cuando parecía divertirse.
-Me alegra comprobar que luces de mejor humor. -Señaló entrando para
hacerse notar haciendo que ella le mirase y que la doncella saltase como un
resorte de la cama para hacer una reverencia.
- ¿Por qué entráis como si tal cosa en mi alcoba? Os recuerdo que soy una
joven casadera. Estoy segura a mi tío no gustará saberos aquí sin lady Nora
a mi lado.
Adrien sonrió canalla mientras se acercaba a ella pues no estaba seguro que
opinaría el duque de saberlo en la alcoba de Emma sin más compañía que
esa doncella, pero no sería él quien fuere a informarlo y menos en ese
momento.
-En realidad, no creo que supusiere un problema pues vengo como
avanzadilla de Leroy y Josh que están en las cocinas volviendo locos al
personal que prepara tu bandeja.
Emma entrecerraba los ojos mientras él se acercaba y se sentaba,
finalmente, en el borde de la cama como si eso no fuere del todo impropio.
-No creo que os necesite aquí para que me traigan la bandeja, milord.
Adrien se rio entre dientes pues como le decía la doncella ella siempre se
enfadaba con él y eso era “revelador”.
-No para que te la traigan, pero sí para asegurarme que comes todo lo que
contiene.
-No soy una niña pequeña. -Protestó.
Adrien tornó su rostro serio fingiendo enfadarse mirando a la doncella un
instante antes de decir:
-Déjenos solos unos instantes. Espere fuera a que llegue la cena de milady.
En cuanto Dulcy cerró la puerta Emma le miró acusatorio:
-No sois quien para decir a mi doncella que salga.
Adrien se inclinó hacia delante poniendo una mano a cada lado de su
cuerpo obligándola a dejarse caer hacia atrás y quedar atrapada entre los
almohadones.
-Vas a tener que empezar a comprender que en lo que a ti se refiere soy algo
más que un simple caballero que se preocupa por ti.
- ¿Y eso que significa?
Adrien sonrió como si acabase de preguntar lo que de verdad quería.
-Significa, Emma, que tarde o temprano vas a admitir que la contrariedad
que muestras cuando estoy a tu lado, no es tal, sino, por el contrario, es algo
inevitable que había de ocurrir.
- ¿Qué había de ocurrir? -Preguntó desconcertada.
-Que tú acabases encontrando tu destino y ese destino te liga a mí porque,
quieras o no, tú eres y serás la señora de mi casa, de mi título y de mi hogar.
Emma le puso las manos en los hombros empujándolo hacia atrás.
- ¿No estaréis hablando en serio? Os asesinaría antes incluso de acabar la
ceremonia ante el vicario.
Adrien se rio antes de volver a inclinarse hacia delante poniendo sus rostros
a escasos centímetros.
-No, no lo harás. -Respondía bajando la voz enronqueciéndola, sabiendo
que surtía efecto en ella pues su piel, sus ojos y su respiración le avisaban
de modo muy claro que él la afectaba más allá de lo que jamás reconocería-.
No lo harás porque desearás pasar conmigo la noche de bodas y todas las
noches restantes pues en mis brazos conocerás lo que solo yo puedo
enseñarte y desearás no encontrarte en otro lugar que no sea mis brazos.
-Sois un arrogante y un petulante. -Contestó tras unos segundos en que de
pronto parecía que su cerebro estaba en otro lugar.
Adrien ladeó ligeramente la cabeza y posó los labios en el punto sensible
tras su oreja besándoselo suave antes de deslizar los labios por su cuello
sintiendo, más que oyendo, el ligero gemido de placer que escapó de sus
labios.
-Soy un arrogante, un petulante y seguro que también un tirano, pero no un
mentiroso. -Susurró sin separar los labios de su cálida piel-. Gozarás en mis
brazos y desearás más cada vez. Me pedirás que no me separe de ti y te
aseguro que no lo haré.
Escuchó pasos por el pasillo sabiendo que se trataba de Josh y Leroy por el
repiqueteo de los zapatos en el suelo de modo acelerado. Sonriendo
depositó un beso suave en el punto de unión de cuello y hombro antes de
enderezarse y ponerse en pie como si nada mientras ella parpadeaba
desconcertada con el rostro cubierto de un ligero rubor y le miraba incapaz
de articular palabra.
Dos golpecitos en la puerta le hicieron dar permiso para entrar sin apartar
sus ojos de ella ni dejar de sonreír como un niño travieso.
-Milady, le traemos la cena. -Anunció Leroy entrando con Josh a la carrera
mientras una doncella les seguía con paso más tranquilo llevando la
bandeja.
Emma tardó más de lo que a ella le hubiere gustado en contestar pues se
sabía acalorada y con el rostro, seguramente, de un color rubí vergonzoso.
-Gracias. -Contestaba con la voz algo grave por lo que rápidamente
carraspeó.
-La señora Cooker ha dicho que os repondréis rápido porque va a
prepararos guisos muy sabrosos y nutrivos.
-Nutritivos. -Le corrigió Adrien conteniendo una carcajada.
Leroy le miró entrecerrando los ojos mientras se aupaba a la cama y la
doncella ponía sobre el regazo de Emma la bandeja.
-Deberías ir a prepararos para la cena. -Dijo Emma sonriendo al ver que le
habían puesto crema de setas, uno de sus platos preferidos.
-Yo me quedo contigo. Es mi guardia. -Sonrió Josh aupándose al otro lado
de la cama del ocupado por Leroy-. Ya he pedido que me suban una
bandeja. Así cenamos juntos.
Adrien contuvo un gemido porque él quería haberse quedado con ella antes
de bajar al comedor para unirse a los demás.
Emma sonreía mirando a Josh divertida:
- ¿Qué estás tramando, primo Josh? A leguas se ve que algo estás
pergeñando.
Josh se rio:
-Empiezas a adquirir los malos hábitos de mis hermanos mostrándote
desconfiada y suspicaz.
Emma se rio mirando a Adrien que rodaba los ojos:
-Ciertamente malos hábitos es lo que parece adquiero por la compañía de
vuestro hermano.
Josh se rio mirando también a Adrien.
-Realmente eres una influencia nada provechosa para buenas almas como
Emma y yo, hermano.
Adrien gruñó:
-Estás a un paso muy corto de ser lanzado por el balcón por impertinente e
irrespetuoso.
-Prima Ema no te dejará hacer tal cosa. Soy su primo preferido.
- ¿Lo eres? -Preguntaba Emma mirándolo con una ceja alzada.
-Lo soy. Cuido de Mr. Carrots y además soy el más inteligente y atractivo
primo que tienes.
Emma se rio:
-Ya que mencionas a mi conejito, deberías ir a por él y traérmelo pues,
aunque no dudo estés cuidando muy bien de él, lo echo de menos.
-Bien, pues después de la cena iré a por él. -Sonrió travieso mirando a
Adrien-. ¿No deberías ir a cambiarte para la cena? Tía Olivia no dejará que
te sientes a su mesa vestido de tarde.
Adrien gruñó por el tirón de orejas.
-Vamos, Leroy, engalanémonos para la cena antes de que nos dejen en
ayunas.
Leroy sonrió antes de mirar a Emma:
-Esta noche os acompañaré pues es mi guardia.
Emma se rio entre dientes
-No pienso dejarte dormir en el sillón.
Leroy saltó de la cama y le miró travieso.
-Dormiré a vuestro lado. La cama es muy grande. Cabremos vos, Mr Carrot
y yo.
Adrien soltó una carcajada por la ocurrencia.
-Leroy, no puedes meterte en la cama de una joven casadera y menos aun
estando convaleciente.
- ¿Por qué no? He de protegerla. Si estoy junto a ella notaré antes si le
ocurre algo.
Adrien caminaba hacia la puerta con Leroy a su lado pensando que la
técnica de seducción de ese enano tampoco era desdeñable pues con la
excusa de protegerla no solo se había colado en su alcoba sino ahora
también intentaba hacerlo en su lecho.
Tras la cena en la que anduvo distraído recordando el interludio anterior con
Emma, Adrien apenas si prestaba atención a nada de lo que ocurría a su
alrededor, ni siquiera cuando Leroy anunció, una vez se retiraron las damas
al salón quedándose solo los caballeros en el comedor, que subía para
relevar a su compañero.
-Presumo ese enano pretende quedarse toda la noche en la alcoba de lady
Emmaline. -Señaló Sebastian mirando a Adrien que tardó un poco en
contestarle ganándose una sonrisa burlona de Calvin, David y Sebastian.
-Pero ya me encargaré yo de que duerma en su propia cama cuando
regresemos del club.
- ¿Intentas avisarme de que he de hacerme el ignorante ante la evidencia de
que vas a colarte en la alcoba de mi invitada? -Preguntó con sorna
Sebastian.
-De igual modo que nosotros nos hacíamos los ignorantes cuando
desaparecías durante horas con tu duquesa cuando aún no era tal.
Sebastian sonrió canalla:
-Alex fue mi duquesa desde el mismo instante de pisar Chesterhills.
-Pues hazte a la idea de que Emma es mi condesa desde antes incluso de
pisar esta morada.
Apenas llegaron al club de lord Wilbor, este les condujo a una de las
estancias privadas para hablar con calma y reserva.
- ¿Cómo se encuentra lady Emmaline? -Preguntó mientras les entregaba a
los tres, pues Calvin los hubo acompañado, una copa de licor.
- ¿Cómo os habéis enterado? -Preguntó Adrien desconfiado haciéndole
sonreír.
-Os recuerdo, milord, que los guardias que contrató el duque fueron parte
de mi regimiento.
Adrien suspiró:
-Tenéis oídos en todos lados, por lo que parece.
-Motivo que os ha traído aquí. -Se rio entre dientes-. Decidme, ¿queréis
información del marqués?
Adrien alzó las cejas:
- ¿Tenéis alguna novedad referente al marqués de Villton?
-Bien, no puedo decir que sean noticias que os lleven a condenarlo por
traición, pero quizás sí que os permita obtener alguna información útil. -Los
tres le miraron con interés-. Se encuentra seriamente endeudado.
-Bromeáis. -Señaló Sebastian realmente sorprendido pues era uno de los
hombres más adinerados de las islas.
Lord Paul negó con la cabeza sonriendo.
-Invirtió importantes sumas de dinero en un proyecto industrial que tenía la
esperanza saliere adelante con el apoyo de su majestad, más, la reina no
solo no ha apoyado ese proyecto, pues el príncipe le aconsejó de ese modo,
sino que su pérdida de poder en palacio le ha llevado a una precaria
situación respecto a los socios que tenía y a los que había prometido lograr
el apoyo de su majestad y los acuerdos para poder realizar ese negocio.
- ¿Quiénes son esos socios? -Preguntó Adrien interesado.
-Más que por los socios, milord, debierais preguntar por aquéllos a los que
pidió dinero para poner su parte en el negocio y que no solo le reclaman
esas sumas sino que lo presionan para cederles parte de su patrimonio.
- ¿Por qué presumo os referís a prestamistas nada amigables?
-Todo lo contrario. Son empresarios que vienen de América no
acostumbrados ni con gusto por los nobles morosos.
- ¿De veras? -Sonrió pues él, como parte de sus negocios, había entrado en
contacto con personajes importantes venidos de las antiguas colonias con
excelentes relaciones con sus compatriotas.
-De hecho, milord, creo que vos conocéis al más importante de esos
acreedores. -De nuevo sonrió divertido antes de decir-. El señor Spencer
Carrintong.
Adrien alzó las cejas realmente sorprendido pues Carrintong era un hombre
al que no convenía despreciar. Hecho a sí mismo, desde la misma pobreza
había creado todo un imperio hotelero y naviero que había asentado tanto
en el nuevo como el viejo mundo. Se decía que era un hombre recto en los
negocios que despreciaba los enredos y las falsedades y que no perdonaba a
quiénes intentaban engañarlo. Un aliado poderoso más un enemigo
realmente temible.
- ¿Le conocéis? -Preguntó Sebastian.
Adrien asintió:
-Cuando Lucas y yo quisimos ampliar nuestra editorial para poder también
vender en América nos asociamos con una editorial asentada en Nueva
York. Después descubrimos que Carrintong era el dueño pues vino a la
firma del acuerdo él mismo.
-Deberías reunirte con él e intentar obtener su ayuda. -Señaló serio Calvin-.
Si es tan temible como se dice, quizás te convenga como aliado.
-O quizás nos tome a nosotros por enemigos por entorpecer su posible
cobro de la deuda de llevar al marqués a la horca.
Paul se rio entre dientes:
-Dudo le preocupe cobrar la deuda, milord, que no así castigar al marqués
por enredarlo en un negocio abocado al fracaso.
-Es un hombre de negocios, ha de saber que los riesgos existen. -Pensó en
alto Calvin.
-No cuando el marqués aseguraba que tenía ya la venía real y todos los
permisos.
-Y yo que consideraba al marqués un tipo astuto. -Dijo Adrien.
-Y lo es, más también ambicioso… -Bebió de su copa y sonrió a Adrien-. Si
no es del marqués de quién buscabais información, ¿a qué se debe esta
visita?
-El barón de Levain.
- ¿El padre de lady Emmaline? -Preguntaba siendo él el sorprendido en esta
ocasión-. ¿Y puedo preguntar el motivo de querer información del barón
tras tantos años?
-Quizás saber de él y sobre todo lo que nos lleve a descubrir que llevó al
marqués a matarlo aquella noche. Saber que tenía contra él o que supo que
forzó al marqués a cometer el que parece su único error hasta la fecha.
Paul se rio entre dientes:
-Dudo fuere su único error y, si los rumores que tan hábilmente han
empezado a verter su excelencia y su madre por los salones surten efecto,
seguro más de un enemigo del marqués estará deseando soltar su lengua.
- ¿Ya os han llegado esos rumores? -Preguntó Sebastian divertido.
-Algún caballero que estuvo esta mañana en la reunión de los condes de
Shelly y que ha estado gustoso de contar allí y aquí sus sospechas sobre
algunos caballeros, ha logrado que más de uno alzase la ceja ante la
mención del marqués. -Sonrió acercándose al mueble de las bebidas para
tomar la licorera de fino cristal tallado y rellenar las copas de coñac de
todos-. De cualquier modo, intentaré averiguar algo sobre el barón, más,
sabed que hace mucho que falleció y que el poco tiempo que residió en las
islas no le llevó a socializar demasiado.
-Pero quizás lo que supiere del marqués lo descubriese mientras residía en
Francia, no en vano, se instaló aquí para huir de Napoleón y sus locas ideas
grandilocuentes. -Señaló Adrien.
-Umm… eso es cierto… deberé acudir a fuentes de aquellos lares. -Sonrió-.
Más, ¿por qué no preguntáis al duque? Al fin y cabo estuvo casado con su
hermana y ha de saber cosas de él.
-Pero nada que le lleve a saber qué era lo que tenía contra el marqués. -
Contestaba Sebastian.
-Umm… supongo que tampoco tuvo tiempo de conocer demasiado al
esposo de su hermana pues al desposarse marcharon de regreso a Paris y
solo Napoleón les hizo regresar a Londres por pura seguridad. Está bien, -
asintió-, intentaré averiguar algo de su vida en Paris antes de partir de allí y
con suerte descubramos algo de interés. Sinceramente, a mí también me
interesa conocer cuánto podamos del marqués después de saberlo la rosa
galesa. En un par de ocasiones estuve a punto de ser descubierto en mis
labores en Francia y sospecho se debía a que de antemano me esperaban.
Mientras los otros tres caballeros se ponían a conversar sobre las nuevas de
los gemelos de Ashton y Lucas, Adrien se puso en pie para poder mirar el
salón principal del club desde el enorme ventanal que su anfitrión tenía en
esa estancia y que presumía su rincón privado, sabiendo, además, que nadie
podía verlo desde abajo. Tras unos minutos observó con detalle alguna de
las cortesanas del lugar y tuvo ganas de gemir al descubrir junto a un viejo
conocido a Audrey, su amante en los últimos seis meses, a la que ahora
recordaba debía una conversación para poner fin a su acuerdo pues si algo
no gustaba a Adrien era compartir amante con otros, de ahí que ella supiere
que podía tontear y ganarse los favores de ciertos caballeros pero no
acostarse con ellos mientras su acuerdo estuviere en pie, de hecho, ella
recibía generosos emolumentos por esa exclusividad.
Dejando la copa en la mesa caminó hacia la puerta mientras decía:
-Caballeros, si me disculpan unos minutos, he de ir a tratar un asunto.
Al alcanzar el salón, supo enseguida que Audrey le hubo visto porque
atravesó el lugar en su dirección sin siquiera llamarla.
-Querido, has tardado en venir a buscarme. Llevas días en Londres y
esperaba que vinieras a verme antes.
El beso en los labios que le dio en cuanto lo alcanzó le dejó completamente
frío. Por primera vez no sentía nada, su cuerpo no reaccionaba en modo
alguno ante sus más que evidentes encantos ni su pericia como amante. La
tomó del codo y la llevó a un reservado temiendo que le hiciere una escena
al saberse abandonada pues sabiendo lo exagerada que era, dudaba la
noticia que le iba a dar no sacase a la luz su vena más histriónica.
Al subir de nuevo, pensaba que su cabeza no se equivocó. Gritos, llantos
exagerados y del todo teatrales, reproches y más de una velada amenaza que
bien sabía ella, de intentar siquiera llevar a cabo, la que saldría mal parada
sería la propia Audrey. Gruñó al venírsele a la mente la frase de cierta
pelirroja impertinente que esa misma tarde había señalado que “la culpa era
suya por enredarse con ese tipo de mujeres”. Como fuere, su época de
canalla impenitente saltando de cama en cama de cuanta mujer hermosa se
le antojaba había por fin acabado, no en vano, solo una mujer hermosa
ocuparía un lecho con él y era precisamente la pelirroja que él estaba
deseando abrazar esa noche.
-Presumo Audrey no se ha tomado bien el abandono. -Se rio entre dientes
Sebastian con sorna en el carruaje camino de Chester House.
Adrien se encogió de hombros indiferente:
-Debía sospecharlo ya que llevo semanas sin verla.
Sebastian sonrió.
-Mejor guardemos este interludio de la velada en secreto o mi siempre
inquisitiva esposa no tardará en sonsacarnos toda la información.
Adrien rodó los ojos como también lo hizo al llegar a la mansión y ser
abordados por esa esposa en exceso inquisitiva.
-Mejor os dejo mientras voy a ver a mi condesa. -Señalaba tras entregar su
capa y sombreros al mayordomo y comenzaba a caminar en dirección a la
escalera principal.
-Pues agacha la cabeza al abrir la puerta que Leroy lanza objetos al que
intente entrar en la alcoba de su protegida
Adrien se detuvo y la miró con las cejas alzadas.
- ¿Perdón? ¿Has dicho que lanza objetos?
Alejandra se rio:
-Hace un rato un lacayo, que ha empezado a trabajar hoy, ha subido a llevar
una jarra de agua caliente para que la doncella de milady le sirviese un té y
Leroy, al no reconocerlo, le ha lanzado una jarra que demos gracias a los
cielos era de porcelana y no de cobre o lo habría desgraciado de por vida. -
Se rio entre dientes.
Adrien suspiró pesadamente girando y echando a andar mientras escuchaba
las carcajadas de Sebastian y Calvin a su espalda por la ocurrencia del
pequeño.
Abrió la puerta con cuidado y metió la cabeza con precaución, pero nada
ocurrió y tras unos pasos después de cerrar la puerta tras él algo le golpeó
en la pierna y enseguida también en la pantorrilla.
-Leroy, estate quieto. -Le ordenó cuando salió de la oscuridad dispuesto a
pegarle una nueva patada.
- ¿Qué hacéis entrando a hurtadillas en la alcoba de milady? -Preguntó
acusatorio sosteniendo en una mano una navaja.
Adrien gruñó pasándose la mano por el muslo dolorido.
-Suelta ese cuchillo, enano peligroso… -Gruñó.
Leroy sonrió:
-Sois un asaltador nocturno.
Adrien no puedo evitar reírse pues ciertamente podría decirse que lo era.
-Vengo a relevarte para que puedas descansar. Si mañana el doctor da
permiso a milady para bajar a los salones, necesitaréis estar muy pendientes
de ella y para eso has de descansar.
Leroy frunció el ceño mientras guardaba el cuchillo a su espalda.
-¿Y vais a quedaros de guardia toda la noche? -Preguntaba con
desconfianza, pero sin ser consciente de que no era hacer guardia
precisamente lo que pretendía.
-Toda la noche. -Contestó enderezándose por fin.
Leroy le sostuvo la mirada un instante antes de asentir.
-Está bien. No despertéis a milady que la duquesa ha dicho que ha de
descansar.
Adrien sonrió:
-Bien, si la duquesa lo ha dicho, así lo haré. -Lo tomó de los hombros y lo
giró hacia la puerta del salón contiguo más allá de la que se encontraba la
alcoba que habían asignado para los tres niños y Teresa que había decidido
dormir con ellos-. Ahora a dormir. Asegúrate de que Janet está bien tapada
que hoy hace frío.
La mención de su hermana como suponía tuvo un efecto inmediato pues
salió casi a la carrera en dirección al salón mientras que él, tras verlo
desparecer, se acercaba a la cama. Vio sentada a la doncella en un sillón
junto a la chimenea y tras hacerle un gesto desapareció por la puerta del
vestidor lo que le hizo sonreír porque la doncella de su condesa parecía
estar de su parte ya que, en caso contrario, no se habría movido de su lugar.
Abrió uno de los cortinajes de la cama y vio que habían dejado un candil
colgando de uno de los postes encendido.
-Emma. -Susurró para asegurarse de que estaba dormida.
Al no obtener respuesta se quitó la levita, la lazada y las botas y se tumbó
junto a ella que estaba ligeramente de costado de espaldas a él, supuso que
por ser el único modo de dejar el costado herido lejos de roces. Sonrió a
tomar uno de los mechones ondulados de su cabello que bajo la luz el
candil brillaba de un bonito color rojizo.
Disfrutó del ritmo suave y acompasado de su respiración dejándose
disfrutar de esa tranquilidad momentánea y, apoyando la cabeza en los
almohadones, cerró los ojos quedándose poco después profundamente
dormido.
- ¿Pero se puede saber qué demonios hacéis?
La voz iracunda de Emma, así como un fuerte dolor en el costado, le
hicieron despertar de golpe encontrándose en el suelo junto a la cama.
Gruñó enderezándose ligeramente escuchando a la voz de Emma cada vez
más enfadada.
- ¿Eso es lo que pretendáis? ¿Qué nos sorprendieren juntos para obligarme
a desposarme con vos? Porque eso no va a ocurrir.
Adrien se enderezó tocándose la costilla por encima de la camisa mientras
la miraba adormilado aún.
-Emma, no pienso obligarte a nada. -Decía intentando que dejase de mirarlo
tan enfadada-. Aunque nos sorprendiesen, nadie en la casa diría nada.
- ¿Y si nos sorprendiese mi tío? ¿O la duquesa? ¿Creéis que no dirían nada?
-Le espetó furiosa.
- ¿Siempre te despiertas con la mente tan lúcida?
Preguntaba sentándose en el borde de la cama aun sintiendo el golpe en el
costado pues no dudaba le hubiese empujado con fuerza al suelo. La
escuchó bufar a su espalda y giró para mirarla encontrándola hermosa como
nunca con su cabellera cayendo en cascada por sus hombros, su ceño
fruncido y ese bonito rubor de sus mejillas. Sonrió divertido no solo por su
enfado sino porque sabiendo que el empujón que le había dado le habría
dolido al tener que hacer fuerza, ella no había dudado en hacer ese esfuerzo
para lanzarlo de su lecho.
-Emma, ni la duquesa ni tu tío vendrán hasta la mañana y te aseguro nadie
en la casa insinuará nada de descubrirme aquí pues no tendrá oportunidad
de ello tras recibir una tunda por mi parte. No serás mi condesa obligada,
aunque claro, tampoco esperaba que te mostrases tan tercamente negativa a
la idea de tenerme por esposo. No es por presumir ante ti, pero se me
considera uno de los mejores partidos del país y el candidato que toda
matrona desea para su palomita.
-Pues que se queden con vos. -Contestaba dejándose caer hacia atrás en los
almohadones-. Aunque dudo os consideren ese dechado de virtudes que
pensáis sois si os saben asaltando alcobas de jóvenes casaderas.
Adrien se rio acomodándose a su lado como si no hubiere ocurrido lo
anterior.
-Pues no sabría decir… mis virtudes creo que compensan mis defectos y
faltas. -Señalaba burlón estirando las piernas cruzándolas a la altura de los
tobillos.
-Y lo grave de semejante sandez es que os la creéis con firmeza, estoy
segura.
Adrien se rio y después ladeó el cuerpo para poder mirarla cara a cara:
-¿Cómo te encuentras, mi terca dama?
-No me llaméis así. -Se quejó.
Adrien sonrió canalla alargando el brazo para, con la palma de la mano,
acariciarle la mejilla:
-No tienes calentura, eso es bueno.
-También lo sería poder tener mi cama para mí sola y dormir a pierna
suelta.
-No creo que sea mi presencia la que evita que duermas “a pierna suelta”.
¿Qué te ha despertado?
Emma suspiró no queriendo decir que le dolía el costado como tampoco
que había tenido una pesadilla.
- ¿De qué era la pesadilla?
Emma frunció el ceño queriendo reprenderse a sí misma por ser tan
transparente para él.
-No estoy segura. -Admitió a regañadientes.
-Quizás te ayude hablar de ello para recordar o simplemente para desasirte
de esa sensación que parece atenazarte e impide que duermas “a pierna
suelta”.
Emma entrecerró los ojos mirándolo con desconfianza.
- ¿Por qué os interesa tanto?
-Me interesa todo lo relacionado contigo. -Contestó sonriendo canalla.
Emma bufó y él sonrió más aún-. Vamos, Emma, dime con qué o quién
estabas teniendo esa pesadilla.
-Os lo he dicho, no lo sé. No me gusta la sensación de no controlar lo que
ocurre.
Adrien asintió comprendiéndola muy bien.
-Cierra los ojos, Emma. Controlemos o no lo que ocurre, te aseguro que
aquí estás a salvo y que nada te pasará.
-Eso decíais tras ir a ver a la reina y al contrario de lo que decíais, me han
disparado y ese hombre no parece sentir temor alguno.
Adrien negó con la cabeza:
-Al contrario, se ha de sentir inquieto para cometer semejante imprudencia.
-Emma bufó mostrando su incredulidad-. De cualquier modo, debes estar
segura que vamos a atraparlo y que podrás verlo camino de la horca antes
de lo que crees.
-Estáis muy seguro de ello cuando sabéis que carecemos de pruebas.
Adrien de nuevo asintió:
-Lo estoy porque no pienso dejar que nada me separe de mi condesa
francesa. He decidido que quiero a cierta pelirroja terca y gruñona por
esposa y no cejaré hasta lograrlo.
Emma lo miró con desconfianza:
-No deberíais decir esas cosas. No me casaré con vos. Sois insoportable.
Adrien se rio entre dientes mientras que ella le sostenía la mirada con gesto
terco.
-Emma, ¿cuáles son tus verdaderos recelos hacía mí? ¿Qué me consideras
mandón e impositivo? Has de reconocer que tú simplemente recelas incluso
de mis sugerencias, aunque no te las imponga. Además, por si no te has
dado cuenta, soy conde, responsable de mi título, mi hogar, mis propiedades
y mis negocios. Muchas vidas dependen de que cumpla con mi deber y
también de que tome decisiones y las haga cumplir. ¿Crees que sería bueno
para mi título y mi hogar que no impusiere mis decisiones cuando las
considero convenientes?
Emma hizo una mueca antes de negar con la cabeza:
-Pero eso no justifica que siempre estéis dándome órdenes. No soy alguien
que esté bajo vuestras órdenes y si pensáis que sería una esposa sumisa que
obedece cuanto ordena su esposo os estáis equivocando de esposa. No
seríamos esposos con una convivencia pacífica. Os lo aseguro.
Adrien se rio divertido ante la idea de tener una “convivencia pacífica” con
su pelirroja terca.
-Quizás no quiera una esposa sumisa y obediente, ¿lo has pensado? Dudo
soportase largo tiempo tener una esposa que necesita constante guía y
mandato.
-Más tampoco una esposa rebelde que os contraríe a la menor oportunidad,
¿no es cierto?
-No que me contraríe siempre, pero una esposa con opinión y juicio propios
sí que lo espero, como también que, si no está de acuerdo conmigo, me lo
haga saber y consensue conmigo un entendimiento mutuo. Después de todo,
un matrimonio ha de compartir una vida.
Emma entrecerró los ojos observándole callada unos instantes antes de
decir:
-Si eso es cierto, ¿por qué os empeñáis en darme órdenes constantemente?
¿En lograr que obedezca a como dé lugar?
-Si fueras justa, reconocerías que no he intentado imponerte sin más mis
deseos. Te he escuchado cuando me has expresado tus opiniones e incluso
en más de una ocasión he procurado atender a tus deseos cuando así me los
has expresados.
Emma bufó:
- ¿Cuándo habéis hecho eso?
-Pues, por ejemplo, cuando llegó vuestro tío a Chesterhills. Si no recuerdo
mal escuché tus recelos y procure aconsejarte no imponerte ni te dije que
obedecieses sin más al duque, más, por el contrario, te aconsejé que
intentares llegar a un acuerdo con él, que conversases con él antes de tomar
una decisión o de dejar que él la tomase sin escuchar tus deseos.
Emma abrió la boca para protestar, pero enseguida la cerró frunciendo el
ceño pues recordaba la conversación con él en los jardines antes de conocer
a su tío y ciertamente había hecho eso. La había alentado a lograr que su tío
la escuchase y tomase en cuenta en sus decisiones.
-Bah, eso no cuenta. -Contestó sabedora de que carecía de una réplica
mordaz.
Adrien de nuevo se rio entre dientes antes de mirarla con fijeza largos
segundos.
-Debes dormir, Emma. Recuéstate y cierra los ojos. Prometo no moverme
de dónde me hallo y protegerte como ese fiero pelirrojo temerario prometió
hacer.
Emma rodó los ojos:
-Idos a dormir al sillón, o mejor, a vuestra propia alcoba.
- ¿Y faltar a mi deber de custodio? -Preguntó con tono burlón.
-Lo que yo decía. Sois insoportable. -Masculló girándose para darle la
espalda-. Si roncáis recibiréis un golpe del atizador. Que lo sepáis.
Adrien se rio viéndola acomodarse con sumo cuidado mientras él
permanecía quieto pensando que, en cuanto se durmiese, él se acercaría y la
abrazaría para saberla a salvo entre sus brazos. No le dio tiempo a llevar a
cabo su idea pues antes de dormirse ella, él cayó en un profundo sueño.
Emma se giró cuando notó la respiración pausada a su espalda y observó el
rostro tranquilo del conde. Era innegable que era demasiado atractivo para
su propio bien. Perfil regio, facciones perfectamente proporcionadas y
aunque en esos momentos sus ojos estuvieren cerrados sabía bien que el
azul de sus ojos era uno de sus rasgos más destacados no en vano incluso
ella era capaz de reconocer que en un par de ocasiones habían hecho
estragos en su cerebro dejándola incapaz de pensamiento coherente alguno.
Además, su espeso y brillante cabello rubio bruñido le dotaba de un aire de
traviesa displicencia que no dudaba gustaba por doquier entre las damas.
Le observaba en silencio cuando el pensamiento de tenerlo por esposo no
parecía de repente tan terrible. Tuvo ganas de gemir ante esa idea pues
parecía a punto de sucumbir a sus encantos por mucho que la enervase las
más de las veces. ¿Cómo diantres lograba salirse con la suya tan a menudo?
Y la mejor prueba de ello era que se hallaba en su alcoba, en su lecho a
pesar del escándalo que ello supondría de saberlo alguien.
Tras unos minutos más observándolo cayó dormida sin remedio.
Adrien despertó antes del alba y tras cerciorarse que más allá de los
cortinajes de la cama no se encontraba ni la doncella ni ningún otro
habitante de Chester House, fue hasta la chimenea azuzando el fuego y
después a la recámara contigua para tirar de cordón de llamada para pedir té
y chocolate para él y Emma sabiendo que quién respondería sería su valet,
no cualquier lacayo o doncella pues él mismo se hubo asegurado de
que Lutor, como se llamaba su valet, le sirviese de protección en
esos momentos.
Apenas diez minutos después apareció Lutor con una bandeja y una discreta
información sobre los personajes que ya se encontraban despiertos en la
casa dándole a entender que no contaba con más de treinta minutos para
estar junto a Emma.
Colocó la bandeja en la mesilla de noche junto a Emma y se sentó en el
borde de la cama inclinándose para depositar un beso suave en el cuello de
Emma ganándose por ello un golpe de ella como si fuera una mosca
molesta lo que casi le hace reírse a carcajadas.
-No me agredas, fierecilla, que bastante hiciste lanzándome con saña de la
cama la pasada noche. -Susurró divertido antes de llamarla para
despertarla-. Emma, despierta. -La llamó hasta en tres ocasiones antes de
que ella abriera los ojos mirándole primero somnolienta y desconcertada y
después con esa mirada suspicaz que ya reconocía.
-Aún estáis aquí. Idos antes de que os vean. -Le ordenaba enterrando su
rostro en la almohada.
-Fierecilla, nadie va a verme. Anda, enderézate y toma un chocolate
mientras yo tomo mis cosas.
Emma abrió de nuevo los ojos y le observó rodear la cama y tomar su levita
y demás cosas que hubo dejado en un sillón la noche anterior, pero el olor
del cacao caliente la distrajo abriéndole el apetito y las ganas de ignorarlo.
Tras servirse una taza le observó por encima del borde de la taza mientras
bebía pequeños sorbos. Sus hábiles movimientos para vestirse sin ayuda de
su valet le hicieron entrecerrar los ojos.
- ¿Cuántas alcobas habéis asaltado para saber vestiros con esa rapidez y
agilidad sin ayuda? -Se le escapó de entre los labios al mismo tiempo que se
cruzaba dicha pregunta por su cabeza.
Adrien la miró sin detener sus movimientos mientras se anudaba la lazada
del cuello sin necesidad de mirarse en espejo alguno.
-Presumes que mi habilidad se debe a que he asaltado muchas alcobas,
como dices, más, debieras saber, mi pequeña impertinente condesa, que esta
“habilidad” fue adquirida durante mis años en la escuela donde nos veíamos
en la tesitura de aprender con eficacia las tareas del correcto aseo de no
querer ser severamente reprendidos por los preceptores.
Emma le observó con la mirada de desconfianza tan propia de ella y él no
pudo sino sonreír divertido. Rodeando de nuevo la cama se acercó a ella y
se sentó en el borde a su lado tomando la tetera y sirviéndose una taza de té:
- ¿Crees que te encuentras mejor para poder permanecer en uno de los
salones y así no quedarte sola aquí?
- ¿Sola? En el día que llevo aquí no creo haber pasado ni cinco minutos en
soledad.
Adrien se rio de nuevo:
-Bien, ¿qué podemos decir? Nos aseguramos de tu bienestar…
Emm bufó.
-Es un modo de expresarlo. Yo empiezo a sospechar que temen que me
fugue.
Adrien no diría que ciertamente su deseo de acudir a casa de sus padres le
había hecho pensar en tal posibilidad.
-Tendrías que fugarte con dos enanos que afirman ser tus guardias.
-Serían una compañía bien recibida. -Contestó mirándolo desafiante.
Adrien sonrió tras apurar su taza de té.
-No consideraré ese comentario un dardo envenenado hacia mi persona.
Ahora, sé buena y deja a tu doncella cuidarte y si ese conde, que tiene la
osadía de denominarse a sí mismo doctor, da su permiso, espero que seas lo
bastante sensata para no bajar por tu pie a los salones y dejar que te baje yo.
Emma bufó:
-No bajaré por mi propio pie, pero tampoco vos me llevaréis en brazos.
-Te subí en brazos ¿o acaso ya estás desmemoriada?
Emma rodó los ojos:
-No me distéis opción para quejarme.
Adrien sonrió canalla inclinándose hacia ella para poner sus rostros cara a
cara al tiempo que ponía un brazo a cada lado de ella:
-Y tampoco te la daré más tarde. -Le advertía con cierta sorna y sin darle
tiempo a replica la besó suavemente en los labios disfrutando de su
sorpresa, del sabor a cacao de sus labios e incluso de ese pequeño gemido
mitad queja mitad placer que salió de sus labios sin que ella se diere cuenta.
Antes de separarse le dio un suave beso en la mejilla, más una caricia que
un beso como tal, y se enderezó poniéndose en pie de un solo movimiento-.
Sé buena en mi ausencia, mi condesa. -Añadía mientras ella parpadeaba aún
aturdida sin tiempo a decir nada pues él salió presto de la estancia.
Dulcy entró enseguida y se colocó a su lado tomando la bandeja dejándola
en una mesa apartada para que no estorbase sin dejar de esbozar una
sonrisa.
Emma entrecerró los ojos al verla acercarse a ella de nuevo:
-Dulcy ¿por qué sonríes como si acabases de robarle el pastel a la señora
Caster?
Dulcy se rio por la ocurrencia pues ciertamente nada le gustaba más, en los
tiempos en que residían en su antigua casa, que robarle los dulces a la vieja
cocinera.
-No sé de lo que habláis, milady.
Emma rodó los ojos:
-Sí lo sabes, y ¿desde cuándo me llamas milady?
-Desde que lo sois oficialmente. -Contestó con una mirada divertida
bailando en sus ojos mientras retiraba el edredón de ella-. Os he preparado
ya el baño pues la duquesa me ha informado por su doncella que podríais
bañaros tomando cuidado.
-Dulcy, ¿por qué sonreías? -Insistía sospechosa mientras le dejaba ayudarla
a bajarse de la cama.
-Porque hace un día precioso.
-Oh por favor… -Refunfuñó poniéndose en pie lentamente mirándola
acusatoria-. No me intentes engañar. Dime la verdad.
Dulcy se rio entre dientes mientras tomaba la bata para ayudarla a
ponérsela:
-Me ha gustado que milord os llamase su condesa.
Emma jadeó:
- ¡Nos estabas escuchando!
-No quería interrumpir. -Dijo con fingida inocencia.
-Dulcy, tendrías que ponerte de mi parte y haber entrado obligándolo a
marcharse de una vez. No se lo digas a lady Nora, pero ha dormido a mi
lado.
Dulcy asintió:
-Lo sé.
- ¿Lo sabes y no has hecho nada? -Preguntó mirándola asombrada.
-Por supuesto que lo he hecho. He guardado callado secreto. -Respondió
orgullosa.
Emma la miró con la boca abierta completamente asombrada.
- ¿Te parece bonito? Un momento. -La miró de pronto comprendiendo lo
ocurrido-. Tú también quieres que me despose con el conde.
Dulcy se rio sacudiendo la cama con fuerza:
-Seríais condesa. Con un esposo bien hermoso que, además, os colmaría de
caprichos pues todos los barones de la familia ducal cuidan mucho de sus
esposas y dejan que gobiernen sus casas con libertad.
Emma gruñó y antes de dar un paso sintió un fuerte golpe en el costado que
la hizo gemir.
-No podéis andar. -Se apresuró Dulcy a tomarla con cuidado y ayudarla-.
Voy a llamar al conde para que os meta en la tina.
- ¿Te has vuelto loca? ¿Cómo va a meterme en la tina?
Ducy se rio:
-No creo que ocurra nada indecoroso. Al fin y al cabo, los esposos conocen
a sus esposas íntimamente.
- ¡No es mi esposo! -se quejó ella.
-Pero lo será. ¿No le diréis que no? Es demasiado guapo para negaros a ser
su esposa.
Emma volvió a gruñir.
-Dulcy, no me obligues a perseguirte y darte una tunda… ni se te ocurra
llamar al conde para que me meta en la tina así que empieza a pensar cómo
llegaremos hasta ella y cómo lograré meterme dentro.
Dulcy se rio:
-Umm… -La miró fingiendo pensárselo y enseguida giró hacia la puerta de
comunicación al vestidor-. Sujetaos a la cama que ahora regreso. Se me ha
ocurrido una idea.
La vio salir como alma que lleva el diablo dejándola allí sin saber qué se le
había ocurrido.
Adrien estaba quitándose la camisa para meterse en el baño ya preparado
por su valet cuando dos golpecitos en la puerta hicieron a éste ir hacia ella.
Unos segundos después, y tras escuchar unos susurros a su espalda, Lutor
se colocó a su lado justo cuando iba a desprenderse del pantalón.
-La doncella de milady dice que necesita ayuda para que su señora pueda
entrar en la tina.
Adrien le miró alzando las cejas y después sonrió canalla:
-Algo me dice que esa idea no proviene de su señora precisamente. -Alargó
la mano indicándole que le acercase su batín para cubrirse.
Entró en la habitación de Emma encontrándosela de pie junto a la cama
apoyando las manos en esta seguramente para sujetarse. Caminó hacia ella
seguro y sonriente.
- ¡Dulcy! Voy a matarte. Tus ideas no son bienvenidas, que lo sepas.
Adrien negó con la cabeza viendo a la doncella encogerse de hombros con
indiferencia mientras tomaba ropas limpias.
- ¿Me has llamado? -Preguntó burlón ante la cara de enfado de Emma.
-No, yo no. -contestaba mirando acusatoria a Dulcy que fingía no verla.
-Bien, bueno, ya que estoy aquí seré un caballero útil y te ayudaré.
-Ni hablar. -Lo miró alargando una mano para evitar que se acercase más
logrando solo que su mano acabare en el pecho descubierto por la parte al
aire que dejaba el batín sintiendo toda la dureza bajo sus músculos y la
tibieza de su piel.
Adrien frente a ella la miró alzando una ceja mientras sonreía divertido.
-Cielo, voy a meterte en la tina y después te dejaré en manos de tu doncella
así que no discutas que solo lograrás que se enfríe el agua y tengan que
llenarla de nuevo.
Emma abrió la boca y después miró a Dulcy:
-Pienso decirla a la señora Johnson quién rompió su taza de porcelana
preferida.
-No puedo impedíroslo. -Contestaba con una más que palpable incredulidad
sin dejar de sacar prendas de los cajones.
Adrien se rio pues sin duda la doncella de su dama era demasiado parecida
a ella para no caerle en gracia. Aprovechando que Emma miraba a la
doncella se inclinó y la tomó pasando un brazo por debajo de sus rodillas y
otro por su espalda a la altura de sus brazos.
-No podéis verme desnuda. -Se quejaba Emma mientras él ya caminaba
hacia la tina situada en la habitación contigua.
-Claro que podré. -Contestaba canalla sin detenerse-. Pero no será hoy ya
que mi muy recatada dama no quiere. Te dejaré en la tina y me marcharé.
- ¿Y si le digo a lady Nora que os habéis tomado libertades?
-Dirá que hemos de desposarnos. -Contestaba burlón.
Emma gruñó:
-Sois un aprovechado.
-Podrías verlo de ese modo o, en cambio, considerarme un caballero en
extremo amable y con gusto por cuidar de mi condesa.
- ¿Queréis dejar de llamarme vuestra condesa? Alguien podría oíros. -
Refunfuñó sabedora de que él no atendería su petición.
Adrien sonrió y sin dejar de mirarla a los ojos la posó dentro de la tina
lentamente dejándola de pie con los bajos del camisón y la bata
empapándose. Tomó su rostro entre sus manos enredando sus dedos en esos
brillantes rizos rojos que tanto le llamaban y con ternura la besó en las
mejillas, la frente y después suavemente en los labios.
-No permanezcas mucho en el agua que no conviene que la herida esté
mucho en remojo. -dijo al separar sus labios dejándola aturdida y
desconcertada mientras giraba y salía de la estancia dejándola allí, de pie y
sin saber qué demonios pasaba cuando él se tomaba esas licencias con ella y
ella no lograba que su cuerpo se negase.
- ¿Veis? A vos también os gusta.
La voz de Dulcy la trajo de regreso y la miró frunciendo el ceño.
-Esta me la vas a pagar.
De nuevo Dulcy se encogió de hombros indiferente lo que de nuevo la hizo
resoplar y refunfuñar que tomaría venganza.
En el comedor de mañana mientras tomaba el desayuno con los miembros
más madrugadores de la familia, Adrien no pudo evitar una sonrisa escapar
de sus labios recordando lo ocurrido apenas una hora antes en la alcoba de
Emma.
-Bien, ya que doy permiso a milady para permanecer en uno de los salones
ruego la colaboración de todos para evitar que haga esfuerzos y tenga
sobresaltos. -Anunciaba Cam tras tomar asiento besando antes a Alexa
sentada a su lado.
-Estupendo. -Sonrió Adrien poniéndose en pie-. Voy a por ella.
Cam se rio entre dientes:
-Innecesario, mi muy tardío conde. -se burló-. Ya he bajado yo a milady.
Ella misma me lo ha pedido.
Adrien rodó los ojos dejándose caer desgarbadamente de nuevo en el
asiento mientras mascullaba un “doctor del demonio”.
-De modo que milady ha evitado que tú la bajases… -Se reía Sebastian
divertido-. ¿La has vuelto a hacer enfadar, amigo mío?
-Más bien ella se enfada sola conmigo.
Sebastian y Cam se rieron divertidos por la cara de niño contrariado que se
hubiere quedado sin su juguete preferido.
-Adrien, el tenerla en el salón tendrá sus ventajas. -Señaló Alejandra al
tiempo que le cedía a Sebastian, sentado en la cabecera, a su hija María tras
ver por el rabillo del ojo entrar a la niñera con Andrés en sus brazos que ella
tomaría enseguida.
-A salvo que estará rodeada de gente y eso me dejará un poco más tranquilo
respecto a la idea de que alguien entre y le haga daño, no encuentro más
ventajas. -Refunfuñó.
Cam se rio negando con la cabeza, divertido por la situación del primo de
su esposa.
-Lo mejor es que podrás estar junto a ella todo el tiempo que gustes sin
necesidad de encontrar una excusa para colarte en su alcoba. -Señaló
sonriendo con evidente sorna.
-La verdad es que ese conde no creía necesitar excusa alguna. -Se burló
también Sebastian logrando que Adrien rodase los ojos con resignación.
- ¡Milady no está en su alcoba! ¡La han secuestrado! -Entró gritando Leroy
con su pelo revuelto con las ropas de cama desordenadas y un cuchillo en la
mano.
Adrien sonrió:
-Se encuentra en uno de los salones, Leroy. El doctor ha dado finalmente
permiso para que permanezca en tranquilo lugar en los salones.
Lo vio relajar ligeramente el cuerpo antes de mirar en derredor para
enseguida caminar hacia Alejandra acercando el rostro al bebé y tras
observarlo fue hasta Sebastian dando un beso en la cabecita de María antes
de enderezarse y mirar a Adrien con mirada acusatoria.
- ¿Por qué no estáis con milady? Dijisteis que no os separaríais de ella.
Sebastian se rio porque con ese comentario descubría a Adrien y su noche
acompañando a la joven. Adrien suspiró:
-Leroy, debes saber que a las damas hay que dejarles privacidad para
arreglarse.
Leroy cruzó los brazos al pecho con la misma mirada fija en él:
-Habéis dicho que está en un salón. Deberíais estar con ella. ¿Quién está
con ella?
Adrien sonrió mientras que Sebastian y Cam se reían.
-Está con dos guardias que dejé apostados en su puerta y que no han de
separarse de ella.
-Eso no es suficiente. -Se quejó terco girando para comenzar a caminar
hacia la puerta.
-Leroy. -Lo llamó al tiempo que se ponía en pie-. Mejor ve a asearte y
después baja a desayunar con Janet que yo iré a acompañar a milady.
Entrecerró los ojos observándolo antes de asentir con un golpe de cabeza:
-Bueno, pero no os separéis de ella. Los malos pueden entrar por cualquier
puerta.
Adrien se rio metiendo las manos en los bolsillos caminando hacia la salida
tras él.
-Procurad poneros de cara a las puertas que den a los jardines. Así veréis si
alguien se acerca. -Le iba diciendo Leroy-. Y decid a milady que se tape
con una manta que no debe coger frío. Después le llevaré un caldito de ave
para que se ponga buena.
Adrien se reía como también a su espalda los cuatro sentados a la mesa
divertidos por la voz de viejo sabio mandón que ponía.
Llegó al salón encontrándose a su dama con un secreter de viaje sobre las
rodillas concentrada mientras escribía algo y su doncella, sentada en una
silla junto a ella le iba diciendo algo al tiempo.
-Veo que os habéis acomodado en un discreto lugar. -Dijo sin detenerse
mirando el rincón junto a la chimenea en el que se encontraba.
Emma alzó los ojos y el miró un segundo antes de seguir escribiendo.
-En realidad, es el lugar en el que ha considerado conveniente el doctor
dejarme.
- ¿Me has echado de menos? -Preguntaba mientras acercaba uno de los
sillones para ponerlo frente al de ella.
-Ni un ápice. -Contestó sin levantar la vista.
-No te creo. -Replicaba sonriendo-. Leroy me manda informarte que más
tarde te traerá un sabroso caldito de ave.
Emma le miró alzando una ceja:
-Bueno supongo que no me hará mal.
Adrien se rio porque veía la bandeja del desayuno que había tomado en la
mesita y que no parecía en absoluto ligero.
-Deduzco que has comido con apetito.
Emma miró de soslayo la bandeja y después bajó la vista a su secreter.
-Pues sí. Si seguís empeñado en insistir para que sea vuestra esposa, sabed
que el gasto de comida no será nimio. No me precio de ser una damita con
poco interés por comer.
Adrien sonrió:
-Creo que será soportable una fierecilla impetuosa con un apetito voraz.
Emma bufó:
-Yo no he dicho que sea voraz.
- ¿Qué estáis escribiendo tan concentrada?
-Estoy haciendo una lista de enseres que quiero llevarme de regreso al
campo en cuanto por fin mis carceleros decidan que puedo irme de esta
ciudad tan poco halagüeña.
Adrien sonrió:
-Has tenido malas experiencias en ella, solo eso.
-Sí, solo eso. -Repetía con sarcasmo sin mirarlo.
- ¿Y puedo preguntar que enseres son esos que quieres llevar contigo?
-Podéis, pero cuestión distinta es si yo querré contestaros.
Adrien se rio por lo peleona que se mostraba con él lo que era, como hubo
escuchado decir a la doncella el día anterior, realmente revelador de los
sentimientos de Emma hacia él, aunque aún no lo reconociese o no fuere
consciente de ellos. Hizo un discreto gesto a la doncella que sonriendo se
levantó al tiempo que decía:
-Milady, voy a asegurarme de que dejan preparada su alcoba.
Emma alzó la cabeza y la miró entrecerrando los ojos:
- ¿Ahora? -Dulcy asentía caminando ya hacia la puerta-. Dulcy. -La llamó y
Adrien casi pudo ver la doncella dudar si detenerse-. Cuando regreses
tráeme a Mr. Carrots, por favor. No quiero que esté solito todo el día.
Adrien sonrió por el gesto de la doncella que parecía contener una mueca de
resignación como si pensare que el conejo mimado de su dama nada notaría
por dejarlo en cómodo lugar todo el día solo.
-Seré un esposo comprensivo y dejaré que ese rechoncho conejo que mi
dama tiene por mascota comparta alcoba conmigo.
Emma alzó los ojos al techo al tiempo que suspiraba.
-Qué pesado sois. Estáis muy lejos de lograr que os considere un esposo
siquiera conveniente.
Adrien se rio:
-Desde luego que soy un esposo conveniente. Conveniente y perfecto para
ti.
-Perfecto para mí. Bueno… -hizo una mueca-… no puedo negar que seríais
perfecto si mis planes fueren quedarme viuda con prontitud pues dudo
echase en falta y menos aún lamentase vuestro inmediato deceso.
Adrien sonrió inclinándose hacia ella sorprendiéndola porque al alzar el
rostro quedaron frente a frente a escasos centímetros.
-Echarías en falta mis besos, mis abrazos y mi compañía en las frías noches,
te lo aseguro. – Contestaba con voz ronca esbozando una media sonrisa.
Emma abrió la boca.
-Eso es escandaloso. -Dijo con voz de señorita cursi, esas que ella tanto
detestaba.
Adrien se rio:
-No veo que hay de escandaloso en dar calor y abrigo entre mis brazos a mi
esposa. Al fin y al cabo, cuidar de mi esposa será mi principal deber una
vez el vicario me declare esposo.
Emma bufó:
-Dudo ese sea vuestro principal deber. ¿No se supone que debéis asegurar la
estirpe y proteger el título?
-Precisamente lo que acabo de mencionar. -Contestó burlón.
Emma jadeó:
-Sois insoportable.
Adrien se rio levantándose y sin permiso sentándose en el brazo del sillón
ocupado por ella.
-A ver… -Se inclinó y leyó las primeras líneas-. ¿Para qué necesitas tantos
pliegos de papel? -Preguntó extrañado.
Emma puso la mano encima de su hoja y le miró frunciendo el ceño:
-No es de vuestra incumbencia.
Adrien entrecerró los ojos y la miró sospechoso:
- ¿Eso es lo que haces tantas horas en tu alcoba? ¿Escribir cartas? -Emma le
miró si contestar-. Serían unas cartas realmente extensas con esa cantidad
de papel… -decía pensativo-… No, no puede ser eso. -La miró fijamente y
Emma sintiendo su escrutinio y temiendo esa endiablada intuición que tenía
con ella apartó la mirada empezando a ruborizarse-. Emma. -La llamó pero
ella no lo miró-. ¿Qué es lo que tratas de ocultar? -Preguntó empezando a
ponerse suspicaz-. No tendrás relación epistolar con hombre alguno ¿verdad
que no? -Preguntó de pronto sintiendo de un modo muy visceral unos celos
carcomerlo.
Emma alzó los ojos y empezó a reírse para de inmediato prorrumpir en
carcajadas por la ocurrencia. Adrien la miraba mientras ella tenía un ataque
de hilaridad ante él.
-Emma… -La llamó más calmo pues no se habría reído de ese modo si
fuere cierto, más, por el contrario, le habría espetado alguna impertinencia o
habría eludido la pregunta como solía hacer cuando un tema la incomodaba.
Cuando de nuevo lo miró con los ojos llorosos de su ataque de risa, él la
sonrió-. ¿Para qué necesitas tanto papel?
Emma se encogió de hombros.
-No os importa.
Adrien entrecerró los ojos porque esa sí era una respuesta propia de ella.
-Si no me lo dices tendré que mandar a Josh y Leroy investigar y con lo
insistentes e incisivos que son no dejarán de torturarte hasta averiguarlo.
- ¡No os atreváis! -Adrien sonrió canalla-. No es asunto vuestro. ¿Por qué
insistís en meteros en mi vida?
Adrien se inclinó y la besó en la frente sorprendiéndola y sin separar los
labios de su piel murmuró:
-Tu vida es mi vida, Emma. Debieras empezar a comprenderlo.
No se movió porque esa respuesta no solo la tomó por sorpresa por el tono
sincero y realmente cariñoso con que la dijo sino también por el modo en
que su cuerpo pareció responder a la misma. Como si se hubiese calentado
con un calor agradable, dulce y cargado de una sensación de protección y
seguridad. Alzó los ojos y le miró unos segundos en silencio.
- ¿Cuándo tomasteis la decisión de que me queríais por esposa?
Adrien sonrió por el giro de la conversación:
- ¿Importa? -Emma alzó una ceja lanzándole una mirada inquisitiva-. Bien,
supongo que importa… siendo sincero conmigo mismo tendría que decir
que el mismo día de tu llegada. -Emma frunció el ceño y abrió la boca para
protestar, pero él se adelantó-. Más, tardé un poco en darme cuenta. No me
enredes, Emma, ¿para qué necesitas tanto papel? ¿Escribes tus memorias? -
Preguntó burlón, pero al ver el inmediato rubor de sus mejillas y que ella
desvió la mirada sospechó-. Un momento. -Tomó su mentón con dos dedos
y la hizo mirarlo-. Emma, ¿qué escribes?
-No quiero contestaros. No tengo por qué contestaros.
Adrien le quitó del secreter del regazo y lo dejó en una mesa antes de
regresar con ella y tomándola con sumo cuidado a pesar de sus quejas se
sentó en el sillón ocupado por ella con Emma en su regazo.
-Emma, quiero que me escuches atentamente. Los esposos, los verdaderos
esposos, no guardan secretos entre ellos pues una vida en común necesita de
una confianza mutua y de una complicidad que ayude a mantener la
relación entre ellos viva. No quiero secretos entre nosotros. Sea lo que sea
que guardes no has de temer que te reprenda o que te impida continuar con
ello si no supone peligro alguno para ti.
Emma permanecía quieta mirándolo, notando sus brazos a su alrededor, su
duro cuerpo envolverla, aunque no se sentía aprisionada ni agobiada, más
por el contrario, el calor de su cuerpo y la suavidad con la que parecía
querer abrazarla le volvió a hacer sentir el calor de antes.
-Me prohibiréis continuar. Los nobles no gustan que las damas hagan algo
más que bordar, pintar o tocar el piano.
Adrien sonrió divertido pues ciertamente muchos nobles no gustaban que
las damas hicieren algo más allá de lucir hermosas y dedicar su tiempo a
actividades despreocupadas.
-Bueno, algunos nobles no gustarán de esa posibilidad, pero yo te aseguro
que no soy de esos. Prefiero una esposa con inteligencia y habilidades a una
esposa boba.
Emma bufó:
-Eso lo decís ahora, pero seguro que luego pensaréis que es escandaloso
tener una esposa que gana dinero con su trabajo. -se le escapó sin querer.
-Que gana dinero con su trabajo… -Repitió sin dejar de mirarla-. Emma,
¿con qué ganas dinero? -Emma se encogió de hombros sin contestar con
gesto terco-. Emma, contesta que empiezo a enfadarme por tu empeño en
guardar secretos.
-No pienso contestar sin que prometáis que no me impediréis seguir
haciendo lo que hago.
-No puedo prometer eso sin saber qué es.
-Pues no os lo diré.
Adrien gruñó porque sabía que ella se mantendría firme con terquedad y
cabezonería y él no dejaría de preocuparse hasta saberlo.
-Prometo sopesar todo y escuchar tu opinión.
Emma bufó:
-No es una opinión, es una decisión que no pienso cambiar. Me gusta hacer
lo que hago y no hay nada de malo en ello y si a otros no les gusta o lo
consideran impropio de una dama, nada me importará.
Adrien sonrió divertido y orgulloso por su más que inquebrantable carácter:
- ¿No serás de esas damas que promueven el sufragio femenino con
denodado énfasis?
-No, pero debería serlo. De hecho, creo que empezaré a serlo cuando todo
este embrollo termine y por fin el marqués sea ahorcado.
Adrien se rio:
-Bien, pues con ese nuevo objetivo en mente, ahora dime qué es eso que
haces con lo que ganas dinero.
Emma sonrió divertida ante la idea que cruzó su cabeza:
-En realidad, vos también ganáis dinero…
Adrien abrió los ojos como platos comprendiéndolo de golpe:
-Escribes libros. Un momento… ¿qué libros? -Preguntaba entrecerrando los
ojos.
- ¿No lo sospecháis? -Preguntó sonriendo, ladeando el rostro, traviesa.
-Eres la señora Pottifield. -Respondió con seguridad al tener esa intuición.
-Pues no sois tan tonto como parecíais. -Respondía riéndose entre dientes.
-Espera, espera… -Sonrió aliviado porque empezaba a temer qué era eso
con lo que ganaba dinero y libros infantiles no era nada de lo que
avergonzarse-… Lord Phillips tenía que saberlo…
Emma asintió:
-Me animó a escribir y a publicar después. Un amigo suyo es el único que
lo sabe y es quién gestiona los contratos y hace de intermediario.
-Ese abogado americano… -Comprendió. Emma asintió-. Emma, no me
importa si otros piensan si es o no demasiado burgués ganar dinero con
negocios, yo lo hago como ya sabes, de modo que tampoco me importará
que piensen impropio de una condesa escribir. Eres una gran escritora.
-Bueno, lo es la señora Pottifield. Yo quiero seguir siendo anónima.
Adrien se rio entre dientes.
-El día que te enteraste de que Lucas y yo poseemos la editorial, te
asustaste.
Emma se encogió de hombros.
-Me sorprendió.
Adrien sonrió y ladeando el rostro lo enterró en el cuello de Emma
besándola suavemente.
-Mi condesa es mi escritora más exitosa.
Emma se separó ligeramente y le miró seria:
- ¿No os importa? -Adrien negó con la cabeza-. Pero no se lo podéis a mi
tío. Dudo le agrade la idea de que escriba y que, además, gane dinero con
ello.
-Espera. Ciertamente ganas dinero con ello. Mucho dinero. En los bienes
que lord Phillip me informó poseéis tú y mi tía no figura nada donde se
indique ese dinero. ¿Dónde está?
Emma sonrió:
-En el banco. En una cuenta que lord Phillips abrió para mí y que solo yo
puedo manejar porque el abogado se aseguró de que yo tuviese acceso y
control de ese dinero sin que nadie lo sepa.
Adrien se rio entre dientes:
-Bien, pues solo tú tendrás acceso a ese dinero mi muy adinerada dama.
Emma asintió:
-Prometed que no le diréis a nadie quién es la señora Pottifield, ni siquiera
lady Nora lo sabe.
Adrien sonrió;
-Será nuestro secreto. Prometido… aunque alguien más ha de saberlo pues
tus escritos no llegan a manos de abogado sin alguien que te ayude…
-Dulcy. Ella pone su nombre en los paquetes postales y los enviamos desde
el estanco del pueblo.
-Entiendo. -Sonrió divertido y también orgulloso porque ya se lo había
demostrado con su trato a todos los sirvientes y criados a su alrededor, saber
que ella no solo confiaba en su doncella, sino que era capaz de considerarla
una aliada, le gustaba-. También deberemos asegurarnos de que los enanos
peligrosos que nos rodean no lleguen a saberlo nunca o te asediarán
constantemente. Son tus más fervientes admiradores.
Emma sonrió:
-Tienen muchas teorías alocadas sobre el origen de la señora Pottifield.
Adrien se rio entre dientes:
-Y yo también pues si no recuerdo te creía americana.
-Es cierto. No estuvisteis muy acertado.
Un carraspeo a la espalda de Emma hizo a Adrien girar el rostro hacia la
puerta.
-No creo que mi permiso para estar en los salones en cómodo lugar hiciese
referencia a acomodarla en ese lugar, milord. -Decía Cam acercándose con
Alexa de su brazo.
-La culpa es de él. Yo apenas si puedo moverme. -Dijo Emma mirándolo
con firmeza.
Adrien sonrió canalla al tiempo que se ponía en pie con ella en sus brazos
antes de depositarla de nuevo en el sillón.
- ¿Qué puedo decir? Soy culpable, no he de negarlo.
Le cedió el sillón frente a Emma a Alexa ya que en su avanzado estado de
buena esperanza no era dada a permitir que le privasen de los más cómodos
lugares.
-Devolvedme mi secreter. -Le ordenó Emma mirándolo acusatorio.
Adrien sonrió como un niño inocente acercándoselo con premura.
-Lo que mi dama pida, mi dama lo tendrá.
-Sois un pesado. No soy vuestra dama. Sigo siendo una dama soltera y con
opciones. -Replicó alzando la barbilla.
-Soltera sí. Con opciones no. -Añadía él con un brillo malicioso en la
mirada.
-Veremos lo que opina mi tío. Seguro que tiene una lista de candidatos bien
confirmada por la duquesa y sospecho que no estáis en ella.
-Y yo, en cambio, presumo que estaré a la cabeza de esa lista. -Replicó
mordaz y con aire altanero.
Cam y Alexa se rieron:
-No exageres, Adrien, que tampoco es que seas el premio mayor del reino. -
Decía Alexa alargando la mano para tomar de la bandeja dejada por Emma
un par de galletitas-. Cielo, sé bueno y pide un platito más de estas.
Cam negó con la cabeza sentándose en el brazo del sillón ocupado por ella.
-Ni hablar que has tomado un copioso desayuno y luego me reprendes por
dejarte comer en exceso.
-Eso es una grosería. -Le miró Alexa frunciendo el ceño sin dejar de
masticar su galletita-. Hoy duermes en las cuadras.
Cam se rio divertido por la amenaza que le decía varias veces al día y que
no cumpliría jamás.
-Bien, pues saludaré a mis caballos en esa ocasión. -Respondía con tono
jocoso.
Josh y Leroy entraron en ese momento, el primero llevando de la mano a
Janet y un bollito en la otra que se iba comiendo sin detenerse con Teresa
siguiéndoles con aire distraído mientras leía un libro.
-Prima Emma.-Decía con la boca llena-. ¿A qué juego quieres que
juguemos hoy?
Emma sonrió mientras Leroy daba un pequeño empujoncito a Adrien
colocándose a un lado del sillón privando a éste de su lugar.
-Podríamos jugar al juego de los detectives. -Dijo mientras se aseguraba de
que Josh colocaba a Janet en uno de los sillones junto a Alexa cerca de la
chimenea-. No se deben perder facultades y vuestro tío dijo que él y yo -
señaló a Josh- somos excelentes detectives.
Emma se rio:
- ¿Eso ha dicho? -Leroy asintió tajante-. Bien, pues no perdamos esas
valiosas facultades.
Adrien se acomodó en uno de los sillones durante unos minutos viendo
cómo Alexa y Emma se inventaban un supuesto robo de joyas que ellos
debían resolver. Tras esos minutos hizo un discreto gesto a Cam para que
supiere que se marchaba y se quedare con ellos. Entró en el despacho de
Sebastian encontrándoselo ya concentrado en sus papeles tras su enorme
escritorio.
-Vengo a avisarte que me marcho un par de horas. Voy a hablar con
Carrintong y con suerte éste nos ayude con el marqués.
Sebastian asintió mirándolo serio:
-Si es cierto que no espera la devolución del dinero como sí, en cambio,
cierto escarmiento para el marqués, será fácil convencerlo de prestarnos su
ayuda. Más, no te confíes tampoco. Los americanos son imprevisibles.
Adrien se rio:
-Pueden serlo, sí, más tampoco son los salvajes descerebrados y carentes de
modales que muchos nobles en los clubes opinan son.
Sebastian sonrió y antes de que Adrien saliese por la puerta lo llamó:
-Adrien, admite un consejo. -Esperó a que se diere la vuelta y lo mirase
para añadir-. Pide al duque cuanto antes la mano de milady. Si la duquesa
encuentra un candidato que estime adecuado para ella, dudo ceje en su
empeño. No parece dada a que le lleven la contraria.
Adrien alzó una ceja:
-Sabes tan bien como yo que pocos caballeros podrían competir conmigo.
-Tú lo has dicho. Pocos, pero no ninguno. Recuerda la posición del duque.
Su sobrina será un trofeo que querrán conseguir las grandes casas de la
nobleza.
Adrien entrecerró los ojos:
- ¿Por qué presumo tras ese consejo se esconde algo que tú ya sabes?
Sebastian sonrió:
-Nada que tú no sospeches ya. La presentación ante la reina se hizo con
algunas de las grandes cabezas de las familias más prominentes más que
encantadas de saber que la sobrina del duque era una belleza y una que sería
auspiciada por el duque y su madre lo que le garantiza a quién se alce con
su mano, relación directa con la familia ducal y sus contactos.
Adrien gruñó girando para abrir la puerta al tiempo que decía:
-Asegúrate de que el duque sigue en la casa cuando regrese.
Sebastian se rio:
-Y tú asegúrate antes de tener la venia de cierta dama.
-En realidad, hace unos minutos comprendí que ella es mía no solo por mis
deseos sino por los suyos, aunque aún no sea muy consciente. -Sonrió sin
volverse pues en la hora anterior había logrado unos grandes progresos con
Emma, el más destacado, que confiase en él de una vez por todas.
Tardó bastante en llegar al edificio donde se encontraban el principal hotel
en Londres del señor Carrintong y donde sabía estaba su oficina pues ese
día parecía haber bullicio en la ciudad. Tras entregar su tarjeta al ayudante
del magnate americano, no esperando más que unos minutos para que le
recibiese siendo conducido por ese ayudante hasta un elegante y amplio
despacho con enormes cristaleras, modernas y luminosas con excelentes
vistas de Saint James Park.
-Milord, no puedo por menos que reconocerme sorprendido por su visita
pues ciertamente no tenemos asuntos nuevos que tratar, ¿me equivoco?
Adrien sonrió tomando asiento donde le indicó en unos elegantes sillones
junto a la chimenea:
-Si por asuntos nuevos se refiere a nuestros negocios, no, no tenemos nada
nuevo que tratar pues todo sigue como hasta el día de hoy según nuestros
acuerdos. En realidad, vengo a tratar un tema privado que he sido
informado quizás pueda ayudarme a solucionar.
Le vio alzar las cejas y un brillo de curiosidad bailó tras sus ojos castaños
antes de ponerse en pie diciendo mientras se acercaba a un aparador de
bonita madera rubia veteada:
- ¿Gustáis una copa de licor?
-No gracias. Prefiero tener la cabeza despejada para tratar el asunto que me
ha traído hasta aquí.
Tras tomar de nuevo asiento le miró serio:
-Bien, pues vos diréis.
-El marqués de Vistoll. -La sola mención no pareció alterarle por lo que
continuó-. Fue un espía bonapartista que estoy decidido a desenmascarar y
llevar a la horca a como dé lugar, no en vano asesinó a los padres de mi
prometida y ha intentado asesinarla en varias ocasiones en las últimas
semanas. La última ayer mismo.
-Desconocía que estuvierais prometido, ciertamente, más de ser ciertas esas
acusaciones y no ignorando lo grave del asunto, no logro entender por qué
decíais podría ayudaros.
Adrien sonrió:
-Según creo ciertos negocios con el marqués no salieron como esperaban y
de salirme con la mía, vos no solo no recuperaréis el dinero invertido sino
que perderéis aquello que os adeude el marqués.
Le vio sonreír con cierta inteligencia maliciosa en ese brillo de ojos:
-Veo que alguien os ha informado bien. Más, mi posible pérdida no logro
atisbar en qué os podría ayudar.
-En realidad, busco o bien vuestra alianza o bien vuestra promesa de no
interferir en mis planes ya que soy consciente saldréis perjudicado.
-Umm… Entiendo… ¿Venís a preguntarme si tomaría represalias contra vos
de saliros con la vuestra o si mi mal negocio me ha predispuesto contra el
marqués hasta el extremo de buscar venganza? -Adrien asintió con una
media sonrisa-. Bien, tras los acontecimientos relativos al negocio no he de
negar que el marqués no es un caballero al que estime y en mis planes no
está facilitar su vida, por decirlo de algún modo.
-De modo que… -Lo instó a continuar.
Sonrió más abiertamente al mirarlo y dijo:
-De modo que vuestra venganza no encontrará en mi un escollo.
- ¿Y podría ser que también llegaseis a ser un aliado?
-Si por aliado entendéis prestaros ayuda, dependerá del tipo de ayuda que
busquéis.
Adrien lo miró fijamente unos segundos:
- ¿Tenéis alguna información que pueda servirme de ayuda? ¿algo en su
contra para presionarlo o ponerlo nervioso?
Se rio entre dientes claramente divertido:
-Pues… detalles aquí y allá. Rumores en algunos casos…
-Rumores, ¿Cómo…?
De nuevo se rio entre dientes:
-Deberíais buscar a su amante, milord. Si alguien en este mundo conoce al
marqués es ella, y no la creáis cuando afirme que no sabe nada de él más
que es quien costea su vida. Esa mujer sabe más de lo que debiera.
- ¿Puedo preguntar cómo sabéis que ella tiene información útil?
Lo vio sonreír ladino:
-Recibió una visita de mis detectives y éstos no son pusilánimes a la hora de
conseguir información cuando es necesario, bien era cierto yo solo
necesitaba saber ciertas cosas y no indagaron en extremo, más, sed incisivo
y seguro sacaréis más de un detalle jugoso del marqués.
Adrien asintió:
-Supongo entonces no me queda más que daros las gracias y esperar que las
pérdidas con el marqués no sean cuantiosas.
Chasqueó la lengua al tiempo que se ponía en pie como estaba ya haciendo
Adrien:
-Lo sean o no, soy consciente de que perdidas están sin posibilidad de
retorno. El marqués no me dio buena espina desde el principio. No debo
dejar de lado mi instinto pues nunca me falla y con él acerté.
-Si os sirve de consuelo, habéis sido el único al que su instinto previno
contra él. Lleva muchos años engañándonos a todos como a verdaderos
estúpidos.
-Decidme si no es demasiado indiscreción, ¿por qué ha intentado matar a
vuestra prometida?
-Porque es la única que le ha visto siendo quién era. Un asesino y un traidor.
Se marchó a los pocos minutos deseando llegar a Chester House con el
único pensamiento de tener una conversación con el duque no antes de ver a
Emma y saberla bien.
Nada más cruzar el umbral de la mansión pasaron ante él como almas que
llevan el diablo Leroy y Josh en dirección a las cocinas lo que le hizo
fruncir el ceño mientras entregaba su sombrero, gabán, guantes y bastón al
mayordomo.
-Presumo nada ocurre para que esos dos enanos corran en dirección, atisbo
a suponer, a las cocinas, como si hubiere un incendio.
-No sabría deciros, milord, lord Josh y el señor Smith llevan varias horas
corriendo por la casa buscando pistas para resolver un misterio, un
asesinato o un robo… a estas alturas no estoy seguro.
Adrien se rio por la cara de resignación contenida del viejo mayordomo
ducal.
-En ese caso, dejemos que el señor de esta morada se preocupe por lo que
ocurra con ese asesinato o robo o misterio mientras el resto de nosotros
intentamos no inmiscuirnos en problemas.
Contestaba caminando decidido hacia el salón donde hubo dejado a Emma.
Sonrió nada más cruzar el umbral al encontrarla en el mismo lugar riéndose
con Alejandra, Alexa y la duquesa viuda de Carmond en lo que parecía una
animada conversación.
-Excelencias, miladies. -Las saludaba con cortesía-. Parecen de excelente
humor.
-Pues ciertamente lo estamos. Acabamos de complicar el misterio que han
de resolver ciertos caballeretes gracias a la inestimable ayuda de su
excelencia que ha introducido en el asesinato una nueva trama, el robo de
unas inestimables joyas. -Contestó Alejandra-. Y al parecer es un robo
verídico ocurrido hace unos años en Londres.
Adrien sonrió tomando asiento en una silla que acercó al sillón ocupado por
Emma que le observaba con cierta desconfianza lo que le hizo sonreír más
aún pues la sabía a la espera de que hiciera algo para azuzarla y no sería él
quién la decepcionase.
-Excelencia. -Esperó que la duquesa viuda le mirase-. Milady vaticinó esta
misma mañana que, seguramente, vos tendréis una lista de candidatos
adecuados para una damita como ella y que yo no figuraría en la misma.
Decidme, ¿es eso cierto?
La duquesa sonrió con maliciosa diversión:
-Pues siendo fiel a la verdad, milord, me temo que Emmaline no yerra.
Tengo esa lista y no, vos no estáis en ella, no en vano, desconocía que
buscaseis esposa.
-Bien, ciertamente no la buscaba, más, ello no me ha impedido encontrarla.
-Sonrió inocente lanzando una mirada a Emma que enrojeció como una
amapola antes de mirar a la duquesa que se rio entre dientes.
-Vamos, vamos, milord, esa declaración dista mucho de ser romántica y
tampoco puede decirse que seáis el mejor de los candidatos para una joven
como Emma con una inteligencia y belleza pareja a su pedigrí. Al fin y al
cabo, va a ser una de las piezas que con más ahínco deseará atrapar todo
caballero de buena posición con deseos de formalizar un matrimonio
conveniente.
Adrien alzó una ceja mirándola con fijeza:
-Aún sonando arrogante, excelencia, más, informadme si sois tan amable,
¿qué candidatos serían mejores para milady, o al menos, mejores que yo?
-Pues así de pronto se me ocurre el duque de Cornualles o el marqués de
Grosher. Después de todo, ambos son apuestos, de impoluta familia, con
fortuna y una más que destacada posición en nuestra sociedad. Emmaline
formaría una excelente unión y una bonita pareja con cualquiera de ellos.
Emma sonrió de oreja a oreja mirándolo desafiante mientras asentía con un
golpe de cabeza:
-Ya lo habéis oído. Formaría una bonita pareja con cualquiera de ellos.
Adrien entrecerró los ojos mirándola intensamente:
-No, no formarías una bonita pareja con ninguno de ellos porque eres la
pareja del conde de Valleyland.
Emma resopló mirándolo desafiante:
-Eso decís vos.
Adrien se acercó ligeramente a ella poniendo sus rostros muy cerca
logrando que ella se ruborizase y temblase ligeramente de una anticipación
que él ya reconocía pues esa misma mañana hubo experimentado eso
mismo antes de abrazarla.
-Emma, por muy terca que te muestres, yo lo soy más y, te recuerdo,
confías en mí más de lo que has confiado en nadie y eso es un inequívoco
síntoma de que sabes que tú y yo somos la pareja del otro.
Emma jadeó ruborizándose aún más, abriendo sus ojos pues por mucho que
quisiera espetarle una réplica mordaz no podía ya que había confiado en él
como hacía mucho no confiaba en nadie.
-Que os tenga confianza no significa que haya de casarme con vos. -Acabó
quejándose.
- ¿Vos que opináis, excelencia? ¿La confianza es uno de los pilares
esenciales de todo matrimonio o por el contrario no es más que otro peldaño
favorable?
La duquesa sonrió divertida:
-Pues, no sabría deciros, milord, hay quien confunde confianza con cercanía
e incluso con idoneidad, más, quizás solo sea una consecuencia inevitable
de una relación familiar.
Emma se rio entre dientes.
-Pues sí, una consecuencia inevitable de haber sido mi tutor.
Adrien suspiró:
-No soy tu tutor, Emma. -Protestó entre dientes ignorando el haberla tuteado
delante de la duquesa-. De hecho, incluso cuando lo fui no me dejaste
ejercer de tal pues ignorabas sistemáticamente todo lo que te decía y pedía.
-Es que soléis decir y pedir cosas que mis oídos no tienden a escuchar ni mi
cabeza atender. -Le aguijoneó sonriente.
Adrien gruñó mientras Alejandra y Alexa se reían.
-Es lo que solemos hacer con los caballeros de esta familia. No atender sus
imperiosos requerimientos. -Decía Alejandra sonriendo.
Adrien rodó los ojos:
-Y a pesar de ello, los caballeros de esta familia seguimos guardándoos
cariño. Nos estamos ganando un lugar preferente junto a los santos y
benditos.
Emma se rio:
-No llegaríais a santo ni aunque dedicaseis el resto de vuestra vida a la
santidad.
Adrien se rio mirándola:
-Esa es una afirmación algo severa… -Se levantó haciendo enseguida una
cortesía y mirando a Emma sonrió con inocencia-. Creo, mis damas, que
voy a charlar pausadamente con el duque.
Cuando se alejó la duquesa se rio entre dientes:
-Presumo esa conversación versará sobre la idea de tirar a la chimenea mi
bien elaborada lista.
- ¿Qué? -Preguntó Emma mirándola con los ojos como platos.
-Pues que si no me equivoco ese conde desea a como dé lugar asegurarse
que ningún caballero intente cortejar a cierta joven.
- ¿No irá a pedir mi mano? -Preguntaba alarmada.
-No lo descarto. -Se reía la duquesa satisfecha.
Emma hizo el amago de levantarse e ir tras él, pero solo quedó en eso, un
amago, pues sintió una fuerte punzada en el costado, además de hacerla
gemir y caer de nuevo en el sillón.
-Emma. -La reprendió la duquesa para que no se moviere y cuando ella le
miró añadió-. Que pida tu mano no significa que hayas de desposarte con él
si no es de tu agrado, más, algo me dice que sí que lo es y que si te estás
mostrando obcecada es por terquedad y por no dar tu brazo a torcer. Si
piensas que ceder ahora implicará que él asumirá que cederás siempre, creo
que estás equivocada. Ese pobre caballero cede más de lo que cedes tú, te lo
aseguro. Que se haya mostrado tan abiertamente es una concesión que
reconozco es más una hazaña que un modo de hacerte enfadar, pequeña.
Emma entrecerró los ojos observando a la duquesa unos instantes antes de
decir:
-Os gusta el conde.
La duquesa se rio:
-Desde luego que sí. Será un perfecto esposo con que solo sea una mínima
parte similar al resto de los caballeros del ducado de Chester.
Alejandra se rio entre dientes:
-Es que todos acaban siendo unos canallas reformados.
Sebastian la sorprendió llegando por detrás besándola en la mejilla y,
riéndose, dijo claramente divertido:
-Cielo, aquí está tu canalla reformado.
Alejandra alzó el rostro y lo besó en los labios:
-Hice un excelente trabajo en tu reforma, ¿no es cierto, mi antaño canalla?
Sebastian se rio tomando una de sus manos al tiempo que se sentaba en el
brazo del sillón ocupado por ella.
- ¿Dónde están mis pequeños? -Preguntó mirándolo acusatoria ya que ella
los hubo dejado con su padre en el despacho media hora antes.
-Teresa me ha ordenado imperiosamente llevarlos a su cuna para leerles su
cuento en español pues afirma hoy les toca la historia de un fiero bandolero
andaluz.
Alejandra se rio asintiendo.
- ¿Qué es un bandolero andaluz? -Preguntó Emma curiosa olvidando
momentáneamente su preocupación anterior.
-Un asaltador de caminos, un tunante en toda regla, un ladrón y un bandido.
-Se rio Alejandra- pero suelen ser admirados pues nunca roban a los pobres
ni a los desvalidos.
-Ahh, entiendo…
Sebastian se rio:
-Bueno, esa es la parte romántica del personaje, presumo, pues seguro que
parte de sus fechorías no serán tan buenas.
Alejandra se encogió de hombros:
-A mis pequeños solo se les contará la parte buena.
Adrien se sentó frente al duque en el despacho pues Sebastian salió para
dejarles privacidad y mientras el duque le observaba con inquisitiva
curiosidad, él, de repente, se sintió algo incómodo ante un caballero de una
edad similar a la suya que guardaba más parecido con él que con el padre de
cualquier posible debutante ante el que hubiere imaginado tener que pedir la
mano años atrás cuando no era más que consciente de tener que pasar ese
trámite tarde o temprano para dar continuidad al título aunque esa sola idea
le disgustase tiempo atrás.
-Ahorrémonos innecesarios circunloquios y parlamentos aburridos, milord.
-Empezó a decir el duque con una media sonrisa claramente satisfecha-. Si
queréis la mano de Emmaline, tendréis que demostrarme que vos cuidaréis
de ella como se merece. Si bien es cierto que el que lord Phillips os dejase a
su cuidado al fallecer me indica que os creía el hombre apto para ello, yo he
de juzgar por mí mismo, es mi deber como su tutor y como su familia.
Adrien entrecerró los ojos observándolo calladamente unos segundos:
-Lo sospechasteis antes de venir a Londres, ¿no es cierto?
El duque sonrió:
-Desde el día de mi llegada a Chesterhills, no en vano antes de hablar con
mi sobrina os vi conversar con ella en los jardines.
Adrien suspiró pensando que incluso para un desconocido como el duque
había sido transparente respecto a Emma. Definitivamente el haberse
enamorado le había privado de toda su habilidad en materia de mujeres y en
sus innatas facultades para contener sus emociones como había hecho toda
su vida. Gruñó para sí al ser consciente de que el pensamiento que había
acudido a su cabeza es que estaba enamorado. Realmente había sucumbido
a Emma sin posibilidad alguna de lucha ni defensa.
-Está bien, ¿y cómo proponéis que os demuestre que cuidaré de ella más
allá de daros mi palabra de honor?
El duque sonrió:
-Quizás logrando que sea la propia Emma la que afirme que os desea a vos
como esposo pues confía en que cuidaréis de ella como se merece.
Adrien gruñó:
-Sabéis a vuestra sobrina demasiado terca para plegarse sin más a los
deseos de nadie y menos aún a los míos y ya que lo admita ante vos o ante
nadie se me antoja más difícil que alcanzar las estrellas con las manos.
El duque se rio:
-Pues, milord, os aconsejo busquéis una escalera bien alta pues o escucho
de sus labios esa declaración o no os concederé su mano. Os sé un
candidato con la fortuna, relaciones y la familia adecuada, más, no ignoráis
que, como vos, hay algún candidato hoy día y que ninguno de ellos
desaprovecharía la ocasión de hacerse con la mano de Emmaline. A vuestro
favor diré que, dadas las circunstancias actuales, no voy a alentar la
búsqueda inmediata de candidatos pues ambos sabemos primero hemos de
solucionar problemas mayores, más, si para cuando los solucionemos,
Emmaline no ha pronunciado tales palabras, deberéis competir con otros
posibles candidatos en igualdad de condiciones y en justa liza, es decir, los
salones y reuniones sociales.
-Qué aciago futuro. -Masculló dejándose caer en el respaldo del sillón sin
dejar de mirarlo sabiendo que estaba disfrutando.
En ese momento entraron Leroy y Josh y tras mirar a ambos lados se
dirigieron a ellos con paso firme no sin antes hacer Leroy una formal
cortesía al duque ignorando a Adrien lo que le hizo sonreír pues solo el
duque y la madre de Sebastian habían logrado que Leroy hiciere una formal
reverencia ante ellos
-Hoy no recibiréis vuestros emolumentos. -Dijo Adrien mirándolos
desafiantes-. Estáis dejando muy abandonada a milady.
-No es verdad. -Se quejó Josh-. Nos hemos asegurado de que siempre estén
Sebastian, Cam o David en el salón con ella.
- ¿David está en la casa? -Preguntó pues no lo había visto.
Josh asintió:
-Está en el salón con mamá y tía Nora elaborando no sé qué lista de
invitados para la duquesa para la presentación de prima Emma.
Adrien gruñó y miró al duque:
-Pensáis mantener la fecha de su presentación dentro de cuatro días.
-Si la retrasásemos correrán rumores y vos lo sabéis. Podemos contener el
que esté sin ir a fiestas y bailes dos o tres días, más sería sospechoso
retrasar su presentación.
Adrien suspiró pues en eso tenía razón. Volvió a mirar a los dos niños y alzó
una ceja:
- ¿Qué hacéis aquí? -Preguntó con desconfianza.
-Seb nos ha dicho que el libro de la nobleza está aquí. Queremos buscar un
blasón.
Adrien sonrió y señaló una estantería.
-El libro grande de lomos azules con letras doradas.
-Ah bien. -Respondía Leroy caminando directo hacia el lugar señalado-.
¿Habrá muchos emblemas con un halcón en ellos?
El duque se rio:
-Pues me temo que sí.
- ¿En serio? -Se giró como un resorte con evidente desilusión-. Pues así
tardaremos una eternidad.
-Eso depende. ¿Alguna pista más aparte del halcón? -Preguntó Adrien
divertido.
-Pues que mira al este. Eso descartará algunos, ¿no? -Señaló Josh
esperanzado.
Los dos caballeros se rieron porque muchos blasones con animales tenían a
éste mirando al este pues durante una época se pensó traía fortuna.
-Os deseo toda la suerte para resolver el misterio, más, sigo pensando que
no merecéis vuestros emolumentos pues uno de los dos debería estar con su
protegida en todo momento. Ese fue nuestro acuerdo.
Josh le miró cruzando los brazos al pecho ofendido:
-Estás ahorrándote dos libras buscándote una excusa barata, hermano.
Realmente te estás volviendo roñoso.
Sebastian, que en ese momento entraba en el despacho, se carcajeó:
-Josh, amigo mío, ¿cuántas veces te he dicho que no aguijonees al conde
que maneja tu asignación? -Preguntaba divertido acercándose a los dos
niños viendo a Leroy con el gran tomo bajo su brazo sosteniéndolo con
evidente esfuerzo-. Id al salón y acompañad a las damas.
Los dos salieron no sin antes sacarle Josh la lengua a su hermano que rodó
los ojos con resignación.
-Mi duquesa me ha pedido que os informe que sois bienvenido al almuerzo,
excelencia. -Sonrió mirando al duque mientras tomaba asiento en uno de
sus sillones de cuero preferido.
-Pues será un placer ya que Emmaline podrá almorzar en el comedor y así
podremos conversar sobre su presentación.
-Una conversación que estoy seguro le encantará. -señaló Adrien con ironía.
El duque se rio.
-Le guste o no ha de pasar por ese trámite. Además, es preferible exponerla
a los ojos de extraños en casa que no lejos donde será más difícil protegerla.
Pienso llenar la casa de guardias y esconder algunos detectives en lugares
discretos, dentro y fuera de la mansión.
Adrien entrecerró los ojos:
- ¿Pensáis al marqués capaz de atacarla en vuestra casa estando está llena de
nobles y aristócratas? Sin mencionar que su sola presencia en Carmond
House será un aviso de sus intenciones ya que vuestra madre se ha
asegurado de que varios supiesen no sería invitado a tal evento.
-Llena de nobles y de la reina. Hoy mismo ha confirmado que asistirá.
Adrien alzó las cejas.
- ¿A qué creéis que es debida la presencia de su majestad? Nunca asiste a
presentaciones de debutantes para no destacar a una sobre otra.
El duque sonrió:
-Presumo la reina empieza a sospechar de la posibilidad de que el traidor se
encuentre tan cerca de ella como nosotros le hicimos entrever y quiere
desenmascáralo cuanto antes y para ello ¿qué mejor modo que alentar sus
suspicacias acudiendo a la presentación de su principal acusadora?
-De modo que ya no solo os ha creído, sino que estima importante sacarlo a
la luz incluso aunque eso suponga un descredito para la corona de ser cierto
que formaba parte del círculo cercano a los reyes.
El duque asintió mirando firme a Adrien.
-La reina no es responsable de lo que hicieren los monarcas anteriores. Más,
sí habría de sobrellevar el momentáneo descrédito de la corona cuando se
sepa quién es el traidor. -Contestaba el duque mirando a ambos caballeros
indistintamente-. Al menos, siendo el marqués un personaje al que ella
públicamente no ha hecho demasiado aprecio, restará un poco de ese
descrédito.
Sebastian asintió:
-Aún con ello, no dejará de ser alarmante a los ojos de muchos que un
traidor que tanto daño ha hecho a nuestro país fuese la mano derecha de los
dos monarcas anteriores. Apoyar en público a la víctima incluso antes de
saberse que ésta era tal, dejará claro a quién apoya la reina. Quizás la reina
no sea del todo ignorante de ese paso y de las consecuencias de él.
-Lo sé. Mi madre piensa igual. De hecho, cree que ha sido el príncipe
Alberto el que ha aconsejado a su majestad de ese modo sabiendo que
conviene no dejar dudas sobre cuál es su posición y menos a qué noble
apoya desde antes del posterior escándalo que saben saldrá a la luz
inevitablemente.
Enseguida se reunieron con los demás en el salón pues poco tardarían en
anunciar el almuerzo y él, caminando hacia Emma, sonrió al notar la mirada
de desconfianza en ella, pues estaba seguro sabría sobre lo que había
versado su conversación con el duque.
-Puedes estar tranquila, aún no estás comprometida. -Dijo bajando la voz
nada más tomar asiento junto a ella aprovechando que Alexa y Alejandra se
encontraban entretenidas con los gemelos de Sebastian y que la duquesa
estaba sentada lejos de ellos junto a su madre y su tía.
Emma bufó:
-Pero habéis estado hablando de ello con mi tío.
Adrien asintió.
-Le he dado a conocer mis intenciones.
- ¿Y mi tío que ha dicho a esas intenciones? -Preguntaba desconfiada.
Adrien sonrió:
-Que tú eres quién ha de tomar la decisión.
- ¿Eso ha dicho? -Preguntó completamente sorprendida.
Adrien de nuevo asintió:
-Sí, eso ha dicho, más tú y yo sabemos que por terca que te muestres ya has
tomado una decisión.
De nuevo bufó:
-No estéis tan seguro. -Replicó con cabezonería.
Adrien se inclinó ligeramente hacia ella alargando el brazo por detrás de
ella de modo que no le veían acariciando con el pulgar la línea de su cuello
bajo su espeso cabello notando el ligero estremecimiento de su piel bajo su
caricia.
-Emma, es de tus labios de los que han de salir las palabras adecuadas, más,
en tu interior sabes que ningún caballero te hará sentir como yo pues ningún
caballero será adecuado para ti. Eres mi condesa. Además, piensa en lo que
la posición de tal te reportará. Lo principal es que serás la única con el
poder de mandar sobre mí.
-Sí, seguro… -Replicaba con sarcasmo-. Todas las esposas mandan sobre
sus esposos… - Añadía con ironía.
Adrien se rio:
-Todas las esposas de los caballeros de esta familia sí. Al parecer, somos
esposos que nos convertimos en corderitos ante nuestras esposas.
-Pues no creo que vuestro primo sea un corderito precisamente. -Contestaba
mirando de soslayo a Sebastian que, de pie, frente a la chimenea conversaba
con el duque de Carmond y con Cam.
-Sí lo es cuando se trata de su duquesa pues es tenerla cerca y convertirse en
un caballero plegado a los deseos de su esposa como lo son el resto de los
caballeros unidos ya dentro de la familia. ¿O no juzgas a Ashton y Allegra
con la inteligencia suficiente para lograr que sus dos embobados esposos
hagan cuanto ellas desean?
Emma se rio.
-Puede. Más dudo vuestros primos sean los mansos corderitos que intentáis
hacerme creer pues seguro también logran imponerse a sus esposas en más
de una ocasión.
-Lo hacen, pero solo en contadas ocasiones. -Sonrió divertido al pensar en
la verdad de esa afirmación.
Emma entrecerró los ojos sosteniéndole la mirada:
-Pero vos no seréis como ellos. Tenéis un carácter menos agradable, además
tendéis a la tiranía a la menor ocasión.
Adrien se carcajeó:
-Si piensas que yo soy tirano en comparación con, por ejemplo, Sebastian,
es que no has sabido juzgar bien su carácter y, ya puestos, el mío.
Emma bufó e involuntariamente hizo un gesto de dolor pues al cruzar los
brazos se rozó la herida.
-Emma. -Susurró Adrien acercándose un poco más a ella preocupado-.
¿Nos hemos precipitado al dejar que bajes?
Emma se apresuró a negar con la cabeza:
-Es solo que he olvidado momentáneamente la herida. No es nada.
Adrien suspiró pesadamente pues su “nada” en realidad, no solo por su
gesto, sino por su errático movimiento intentando no rozar su espalda con
nada, significaba que sí era algo. Cuando el mayordomo anunció el
almuerzo, se inclinó pasando los brazos por debajo de sus rodillas sin pedir
permiso y sin importarle que la duquesa y su hijo estuvieran presentes, y la
aupó con cuidado.
- ¿Veis como sois impositivo? Ni siquiera habéis pedido permiso. -Dijo ella
mirándolo desafiante y acusatoria.
Adrien sonrió:
-Circunstancias excepcionales requieren medidas excepcionales. Pasa un
brazo por mis hombros para equilibrarte mejor. -Le pidió mintiendo como
un bellaco pues simplemente quería que ella se encajare mejor en su pecho.
Emma obedeció sonriendo al ver a Leroy aparecer delante de ellos.
-Yo me siento a vuestro lado.
-Bien, y así me cuentas los progresos en vuestra investigación. Recuerda
que vais a contrarreloj ya que a las cuatro de la tarde acaba vuestro plazo.
Leroy le miró con el ceño fruncido un instante:
-Lo resolveremos. -Afirmó tajante haciéndola reír.
-Me gustan los caballeros con confianza y seguros de sí mismos.
- ¿Ah sí? -Preguntaba Adrien con ironía-. Y yo que pensaba que los
considerabas arrogantes y con tendencia al nepotismo.
-Pues pensabais mal. -Le contestaba ella con una media sonrisa.
Nada más acomodarla con cuidado en una de las sillas del comedor y ver a
Leroy tomar asiento a su lado, él fue a sentarse al otro apartando con un
empujoncito a Josh que iba directo a tomar el mismo lugar.
-Eh, que soy su protector.
-Ya tiene al otro sentado justo en el otro lado. -Sonrió inocente mientras su
hermano bufaba girando airado.
Mientras la observaba comer sin mucho apetito, fue prestando atención a la
conversación que fluía a su alrededor sin querer intervenir mucho pues el
duque y la duquesa parecían decididos, con ayuda de su tía Nora, a lograr
que Emma aceptase de buen grado no solo presentarse sino todos los
rituales posteriores, con algunas precauciones, describiendo, no solo
enumerando, algunos de los bailes y fiestas a los que habría de acudir en los
días siguientes a su presentación.
-Pero no lo entiendo. -Intentó protestar Emma-. La presentación y la
primera temporada ¿no se supone que son para que surjan buenos
pretendientes, aunque luego no sea necesario aceptarlos sino solo tener
opciones? Pues yo ya le tengo a él como pretendiente y dice que es el mejor
de las islas. -Señaló con un dedo a Adrien-. Ya he cumplido. El próximo
año ya acudiré a más bailes en busca de más.
Sebastian y Cam se carcajearon por la cara de Adrien que casi escupe el
vino que acababa de beber.
- ¿Cómo que el próximo año buscarás más? -Preguntó mirándola ceñudo.
-Bueno, nunca hay que quedarse con el primer pez que se pesca. Eso decía
lord Phillip.
Las carcajadas de Cam y de Sebastian junto con las de David se hicieron
aún más sonoras mientras él la miraba parpadeando un poco desconcertado.
-Emma, ni soy un pez ni me has pescado. Si acaso, sería lo contrario. -
Protestó-. De hecho, diría que más bien tú caíste en mi red sin siquiera yo
proponérmelo.
Emma le miró alzando las cejas y después se rio.
-Oh vamos… - Se burló ella mientras Adrien gruñía.
-Quizás sea yo el que decida escoger entre los muchos pececitos que están
deseando saltar a mi red…
Emma se encogió de hombros.
-Bueno, libre sois de hacerlo como yo de buscar peces más interesantes…
después de todo, su excelencia mencionó no sé qué duque, marqués o no sé
qué caballeros con los que haría una bonita pareja.
-Oh ¿tienes pretendientes que son duques? -Sonrió Josh divertido mientras
la miraba desde el otro lado de la mesa con los carrillos llenos-. Pues si te
casas con alguno, él tendrá que ir siempre por detrás de ti en las cenas,
fiestas y demás. Solo es conde.
Adrien rodó los ojos:
-Josh, acabas de perder tu derecho a entrar en la casa del que “solo es
conde”.
Josh se rio encogiéndose de hombros.
-Tú me acogerías, ¿verdad, Seb? Eres el cabeza de familia y has de cuidar
de todos.
Sebastian se rio entre dientes.
-Pues no he de negar que te acogería.
-Seb no le ayudes -protestó antes de volver a mirar a Emma desafiante-.
Bien, entonces, ¿he de entender que esperas una nueva temporada?
Emma se encogió de hombros:
-En realidad, no espero ni esta. Os recuerdo que fuisteis vos uno de los que
tanto insistían en la necesidad de venir a Londres a socializar.
Adrien gruñó tocándose el puente de la nariz con dos dedos mientras
cerraba un instante los ojos:
-Eso fue antes.
-Pues eso. -Emma sonrió complacida por haberle ganado la palabra en esa
ocasión y mirando al duque añadió-: ¿Entonces? Después del baile en
Carmond House, quedo libre de otras fiestas. Yo ya he cumplido.
El duque, que se contenía para no reírse sabiendo que el antaño calavera
conde de Valleyland se hallaba en un serio aprieto con su terca y más que
resuelta sobrina y su mordaz lengua, la miró con una media sonrisa.
-Habrás de acudir a esas otras fiestas, Emma. Quizás descubras interesantes
peces a tu alrededor.
Emma se rio entre dientes mirando de soslayo a Adrien que volví a gruñir
tras mascullar un “gracias, excelencia” con sarcasmo.
-Yo iré con vos. -Concluyó Leroy sonriendo-. Alejaré a todos los caballeros
peligrosos.
Adrien sonrió negando con la cabeza pensando que ese enano lo que haría
sería patear a todo caballero que siquiera le pidiese un baile.
-Excelente idea.
Emma rodó los ojos antes de mirar a Leroy.
-Eres muy joven para asistir a bailes.
Se encogió de hombros indiferente:
-Ya acudí a un baile con lady Ashton y tomé chocolate con Joe.
-¿Quién es Joe?
-El cochero de milady. -Sonrió-. Me enseñó a montar y siempre me riñe
cuando no cepillo bien a mi caballo.
Emma se rio entre dientes negando con la cabeza.
-Bien, pues en mi baile de presentación, como podrás asistir como invitado,
podrás tomar chocolate y cuanto gustes.
-Ah qué bien.
-Sí, qué bien. -Repitió Adrien sonriendo y negando con la cabeza, divertido.
En cuanto sirvieron los postres aprovechó que Emma se había quedado
callada desde hacía un buen rato y parecía adormilada para ponerse en pie y
tomándola en brazos sin pedir siquiera la venia del duque señaló con
descaro:
-Si me disculpan, creo que será mejor que suba a milady a descansar pues
parece fatigada.
Emma que apenas si fue consciente de lo que ocurría hasta que se vio en sus
brazos iba a protestar, pero él la miró girando antes de echar a andar.
-Como digas que no estas cansada te insto a decirme algo de lo dicho en la
mesa en los últimos veinte minutos.
Emma abrió la boca y enseguida gruñó:
-Estaba distraída.
-Estabas a punto de dormirte sobre el plato de cordero.
Leroy pasó como una exhalación a su lado al tiempo que decía:
-Voy a revisar la habitación de milady.
Adrien se rio:
-Hasta ese enano me da la razón.
Emma miró por encima de su hombro a su tío.
- ¿Esto no se considera un proceder inapropiado?
-Pues depende de las circunstancias… En esta en concreto, optaré por
fingirme no ofendido.
-Pero si la que se ofende soy yo. -Exclamaba alzando la voz pues Adrien no
se había detenido y seguía su camino alejándose de los demás que solo se
reían indiferentes. Miró a Adrien acusatoria y con el ceño fruncido-. Dejad
de tomarme en brazos cuando os venga en gana.
-Quizás lo haga cuando puedas caminar por tu propio pie. -Contestó
desafiante-. Y ya hablaremos sobre esos planes tuyos de buscar
pretendientes en la próxima temporada. Métete en esa cabeza terca que esta
temporada la acabarás desposada y feliz de serlo.
Emma bufó:
-Sois un presuntuoso.
Adrien sonrió sin apartar los ojos de las escaleras que subía en ese momento
no queriendo distraerse no fuera ser que por un descuido ambos cayesen
escalera abajo.
-Ya he reconocido ante ti que lo soy como también arrogante, mandón y
pagado de mí mismo, más, aun así, me adoras.
-Sí, claro, una adoración que roza la locura. -Contestó con sarcasmo.
-No hay malos a la vista. - Leroy se acercó corriendo a ellos jadeante y con
el pelo revuelto.
-Es bueno saberlo. ¿Le has dicho a la doncella de milady que vaya abriendo
su lecho para que pueda descansar?
-Uy no. -Giró como un resorte y salió a la carrera por el corredor.
-Otra licencia impropia que os tomáis. -Se quejó Emma-. Dad órdenes a mi
doncella y encima mencionando mi lecho.
Adrien se rio por el tono de señorita estirada que adoptaba cuando la sabía
bien alejado de esa pose pues solo lo hacía para tener algo con que
reprenderlo.
-Deberías agradecer que no haya dicho que abra el lecho para nosotros.
Emma jadeó mirándolo con los ojos como platos.
-Ni se os ocurra.
Adrien le miró alzando una ceja:
-No me desafíes, Emma. Si tú me aguijoneas con la posibilidad de buscar
pretendientes yo puedo hacerlo de otros muchos modos.
-No estaba aguijoneándoos.
Adrien sonrió mordaz mirándola de soslayo.
-Mientes y lo sabes. Estabas intentando aguijonearme sabiendo, además,
que tu tío te seguirá la corriente.
Emma sonrió divertida:
-Es un buen tío, ¿no creéis?
Adrien sonrió negando con la cabeza:
-Qué paciencia he de tener contigo.
-Yo diría que más bien lo contrario.
Adrien se rio entre dientes llegando a la puerta de su alcoba que se abrió de
golpe apareciendo Leroy sonriendo travieso.
-Dulcy dice que ya tenéis la cama abierta y que puedo subirme el postre y
comérmelo mientras os vigilo.
Adrien se rio:
-No prestarás atención a peligro alguno mientras devoras dulces. Mejor
tómatelo con calma abajo e intenta descifrar el enigma mientras yo vigilo a
milady.
Emma gimió:
-Mi tío está abajo. No os dejará quedaros a solas conmigo.
Adrien sonrió:
-A solas no, con tu doncella.
Emma gruñó porque intuía que, como la noche anterior, Dulcy se marcharía
dejándolos solos pues había quedado clara su predilección por el conde.
-Leroy, ¿estás seguro de que la habitación está libre de peligro? -Preguntaba
caminando con Emma en brazos hacia la cama.
-Lo estoy. He mirado en cada rincón peligroso y detrás de las cortinas y
debajo de la cama.
Adrien sonrió dejando a Emma sentada en el borde de la cama mientras
Dulcy se acercaba con el camisón en los brazos.
-Bien, pues vayamos a inspeccionar el salón mientras ayudan a milady a
acomodarse para la siesta.
-No quiero dormir una siesta. -Se quejó inútilmente, lo sabía. Además, sí
que le gustaría dormir un poco. Notaba los ojos pesados desde hacía un
buen rato y le costaba concentrarse.
Adrien, que había tomado a Leroy por los hombros girándolo en dirección
al salón le lanzó una mirada burlona antes de volverse y caminar hacia la
puerta de comunicación con la otra estancia.
-No se te ocurra marcharte, aunque te lo ordene ese tirano.
Dulcy se rio por la mirada que le lanzó por encima de su hombro mientras
ella desanudaba la trasera del vestido.
-Milady, solo soy una doncella. Nada puedo hacer o decir cuando lo ordena
milord.
-Dulcy no intentes engañarme. Podrías negarte perfectamente. Eres mi
doncella y no estás bajo su mando.
Dulcy sonrió pues ella no la veía.
-Pero estamos en la mansión del primo de milord.
Emma gruñó:
-Vas a hacer lo que te dé en gana, ¿no es cierto?
-Yo no lo diría de ese modo… quizás haré lo que le dé en gana a milord.
-Estupendo… -Masculló con sarcasmo-. Lograrás que mi tío me obligue a
casarme con él por hallarme a solas aquí con ese pesado.
Dulcy contuvo una carcajada porque bien sabía que su tío podría haberlos
obligado a casarse días atrás pues había pasado muchos momentos a solas
con el conde y él lo sabía a buen seguro.
-Dudo ello acontezca, milady. Vuestro tío no parece el tipo de caballero que
impone su voluntad sobre las damas de su familia sin un motivo realmente
importante.
- ¿Y no te parece bastante importante el que se vea mancillado mi honor?
-Oh vamos, sabéis el conde no haría nada que mancillase vuestro honor.
- ¿Ah no? Pues anoche se coló en mi alcoba y pasó la noche aquí. -se le
escapó y quiso darse con un libro en la cabeza por deslenguada.
Dulcy se rio:
-Es cierto, más solo vos y yo lo sabemos y nadie más lo sabrá.
-Realmente no vas a ayudarme…
-Al contrario, creo que os presto una ayuda inestimable. -Contestaba
burlona.
Tras ayudarla a tumbarse y taparla, se ausentó de la alcoba alegando ir a
llevar su vestido a la planchadora dejándola sola de nuevo. Adrien que
observaba a la doncella escabullirse con una tonta excusa desde el umbral
de la puerta de comunicación del salón, cerró ésta echando el pestillo antes
de acercarse a la cama rodeándola y tras quitarse el calzado y la levita se
subió apoyando la espalda en el cabecero estirando las piernas quedando
sentado junto a ella que le miraba con la cabeza apoyada en los
almohadones sin moverse.
-Habéis dicho que soy yo la que ha de decir que os acepta por esposo.
¿Cómo voy a tener elección si os tomáis estas licencias?
Adrien sonrió;
-Emma, tu terquedad es lo único que se interpone entre tú y yo en estos
momentos. Si quisiere privarte de esa elección podría haberlo hecho en
infinidad de ocasiones y no solo no aconteció, sino que no acontecerá. Te
quiero como esposa por voluntad propia y consciente de ello, pues sé que
ya has tomado una decisión, aunque no quieras reconocerlo. -Sonrió
deslizándose ligeramente hacia abajo sin dejar de mirarla-. ¿De qué va tu
próximo libro?
Emma rodó los ojos:
-No lo vais a saber hasta que lo acabe. Bien sabéis que la señora Pottifield
no muestra sus libros hasta que están terminados.
-Pero eso era antes de que yo fuese más que su editor.
-Qué pesado. Dejadme dormir que estoy cansada.
Adrien se inclinó sobre ella alargando el brazo para tirar del cordón que
sujetaba los cortinajes de la cama liberando estos para evitar que entrase
tanta luz e inclinándose un poco más la besó en la frente.
-Duerme. Yo me quedaré vigilándote.
Emma gruñó ladeando el cuerpo para acomodarse mejor.
-Qué suerte la mía. -Masculló con sarcasmo cerrando los ojos.
En cuanto se durmió, lo que no tardó apenas pues no se equivocaba al
saberla muy cansada, bajó de la cama y se sentó, tras vestirse de nuevo, en
uno de los sillones consciente de que el duque o la duquesa subiría para
estar con ella y, ya puestos, vigilarlo.
No tardó en aparecer viéndolo tomar asiento junto a él cerca de la cama de
Emma cuyos cortinajes seguían echados.
-He de hacerme el ignorante ante el hecho de que no esté aquí la doncella
de Emmaline, ¿no es cierto?
Adrien sonrió:
-A cambio de esa ignorancia os informaré de mi conversación con el señor
Carrintong.
Tras reseñarle la conversación con el americano esa misma mañana el
duque lo miró pensativo.
- ¿Por qué presumo vais a visitar a la amante del marqués y no darle opción
alguna de callar como os ha sugerido ese hombre?
Adrien de nuevo sonrió:
-Porque sois inteligente. He mandado a mi valet a vigilar la casa para
cerciorarme de saber su paradero si sale. No cejaré hasta que me diga lo que
sepa.
El duque asintió serio y después le miró con interés.
-No es un encaprichamiento, ¿no es cierto? Realmente queréis a Emmaline.
Adrien desvió los ojos a los cortinajes a través de los que no se veía nada
pues eran de terciopelo.
-Podría fingir que no es así, que simplemente comprendo la idoneidad y
conveniencia de vuestra sobrina para con mi casa y título, pero no me
gustan los engaños. Vuestra sobrina es mi pareja y nada ni nadie ocupará su
lugar ni en mi casa ni en mi título.
-Y de esa respuesta supongo he de entender que sí, que la queréis.
Adrien sonrió pues ciertamente no se lo había dicho con esas palabras pues
tampoco hubo usado dichas palabras ante Emmaline aunque ya no podía
ignorar que su corazón era solo de esa pelirroja con tendencia a llevarle la
contraria y por mucho que insistiere el duque sería a ella a la que se lo diría,
no a su tutor.
-Y no queréis que termine su temporada social, por lo que logro atisbar de
la conversación del almuerzo.
-No, al menos, sin que todos la sepan comprometida. Pensar en espantar a
todo crápula que intente acercarse a ella no es mi idea de un cortejo
precisamente. -Contestaba con sinceridad. -Además, vos, como yo, sabéis
que ella no desea pasearse por los salones, pues en eso se diferencia mucho
de la mayoría de las debutantes, lo que no seré yo quien critique pues,
sinceramente, tener que socializar por todos los salones de la nobleza no es
lo que más me agrade.
El duque se rio entre dientes negando con la cabeza, divertido, por la
situación del, antaño, calavera redomado.
-Pues os guste o no, os agrade o no, Emmaline tendrá su completa
temporada social. En vuestra mano está lograr que sea como una debutante
más o como una ya comprometida, más, de cualquier modo, habréis de
hacerlo de modo honorable, os lo advierto. Os permito ciertas licencias,
más no tenséis en exceso la cuerda, milord, pues quizás no os agrade rumbo
que pueda tomar respecto a Emmaline.
Adrien entrecerró los ojos.
-Pues correspondiendo a vuestra sinceridad, excelencia, no pienso dejar que
nadie me aleje de la está destinada a ser mi condesa, ni siquiera vos.
El duque se rio:
-Muy osado os veo, milord.
Adrien le miró alzando una ceja dando las gracias a los cielos porque en ese
momento entrasen Leroy, Josh con Janet y Teresa tras ellos pues estaba a
punto de replicarle que se llevaría a Emma a Gretna Green a casarse sin el
permiso de nadie ni siquiera el de su tutor por muy duque de Carmond que
fuere.
Vio a Teresa llevarse a Janet al otro lado de la habitación en dirección al
salón contiguo y le decía que iba a darle su lección de dictado mientras que
Leroy y Josh iban directos a la cama de Emma.
-Dejadla dormir. -Les ordenó Adrien sin apartar los ojos de ellos-. No la
despertéis que necesita descanso.
- ¿Está otra vez malita? -Preguntó Leroy con el ceño fruncido-. Debería
haber tomado un caldo de ave en el almuerzo.
Adrien sonrió por la terquedad del pequeño:
-Venid a contarnos vuestros progresos en el misterio.
-Ah bueno, ya sabemos quién es el ladrón, pero ahora tenemos que
averiguar si también es el asesino. -Contestaba Josh tajante.
Adrien sonrió por la mirada de su hermano.
-Bien, pues no os entretengáis que vuestro pundonor de supuestos
detectives está en juego. -Vio a Leroy fijar la vista en los cortinajes de la
cama-. Leroy, -Cuando le miró señaló-, está bien. Solo necesita descansar.
Id al salón de al lado mientras el duque y yo echamos una partida de naipes
dejando a milady descansar.
Emma desde el otro lado de las cortinas llevaba un rato dolorida incapaz de
dormir, pero con tal de que no le dieren de nuevo láudano, que la dejaría de
nuevo dormida e incapaz de pensamiento alguno coherente, había estado
escuchando toda la conversación. No había contestado directamente a su tío
si la quería, pero su forma de hablar y de dejar claro a su tío que él no solo
no cejaría, sino que incluso se enfrentaría a él, había sido muy evidente. Le
gustó que se mostrase tan franco y más que incluso dejase claro que se
enfrentaría a cualquiera por ella. ¿Cuántos hombres harían tal cosa? Y más
aún ¿cuántos lo admitirían tan abiertamente? En su mente apareció retazos
de la conversación que habían tenido sobre la amante del marqués. De
algún modo sentía peligroso que acudiese a esa casa a interrogarla como su
intuyese que se escondía algo arriesgado en ir o peor en presionar a esa
mujer. No había mencionado cuando iría a verla, ¿o si lo había hecho?
Suspiró porque cuando estaban conversando de eso, ella aún estaba en un
duermevela. Debería asegurarse que no fuere. ¿Y si le pasaba algo? Un
momento. De pronto miró fijamente el blasón de dosel de la cama sobre ella
y frunció el ceño. ¿Por qué le importaba tanto? Bueno tampoco era tan
mezquina para desear que le pasare algo ¿no era cierto? No, no lo era, se
reprendió. ¿Por qué intentaba buscar una verdad que ella misma sabía no
existía? Maldito fuera. Iba a ser cierto que ella también sentía algo por él,
pero ¿le quería? ¿Cómo diantres se sabía si se quería a alguien? Estupendo,
ahora tenía un quebradero nuevo de cabeza… Maldito conde… Los
escuchó de pronto conversar relajados mientras era obvio que estaban
jugando a los naipes como habían anunciado mientras ella maldecía el dolor
de su costado y el no poder dormir. Empezó a contar ovejas, a contar
cerditos, a contar flores e incluso instrumentos musicales. Cualquier cosa
que le ayudase a concentrarse en otra que no fuere su dolor, pero no había
manera y si intentaba llamar a Dulcy el duque y el conde armaría un
escándalo por haber bajado esa mañana e insistirían en que no se moviere
de la cama, o incluso Dulcy, haría que lady Nora la instase a tomar láudano
y también insistiría en que no se moviere. Cruel destino ese de hallarse de
manos atadas y peor, en manos de otros constantemente. ¿Quién fuera
hombre para hacer lo que le diere en gana? Ese pensamiento casi le hace
reír porque no se imaginaba a sí misma como hombre.
- ¿Está dormida?
Escuchó a voz de lady Nora sabiendo que se acercaría a cerciorarse por lo
que cerró los ojos y permaneció muy quieta unos minutos hasta que la
volvió a escuchar algo alejada suponiendo que se habría acomodado en uno
de los sillones cercanos a la chimenea. Intentó no moverse unos minutos
más, pero entre el dolor y la incómoda postura acabó cediendo y girando
para quedar boca arriba maldiciendo al marqués y al asesino que hubiese
contratado.
Al cabo de unos minutos escuchó a su tío disculparse para marchar e ir a
atender unos asuntos. Pensó que seguramente el conde se marcharía al
poco, pero lejos de hacerlo la sorprendió a los pocos minutos metiendo la
cabeza entre los cortinajes. La pilló despierta. Adrien la observó unos
segundos en silencio y después sacó la cabeza.
-Tía Nora, ¿por qué no vas a reunirte con mi madre y tía Olivia? Emma
sigue dormida y yo me quedaré aquí vigilando que esos dos enanos no
vienen a perturbarla.
-Está bien. Pero cuando se despierte llama al doctor para que revise su
herida.
Las cortinas volvieron a abrirse y ella le observó subirse en la cama, sin
zapatos, levita ni lazada y con un vaso en la mano.
-Toma. Bébetelo. Te ayudará a dormir.
- ¿Cómo sabéis que me duele? -Preguntaba incorporándose ligeramente
tomando el vaso.
-Intuición. -Respondió acomodándose a su lado.
-La duquesa o mi tío pueden venir. Os encontrarán aquí.
-No lo harán. Dulcy vigila a los niños y yo he cerrado las puertas. Tendrían
que acceder por el salón y antes ella nos avisaría.
-Estupendo. Habéis convertido a mi doncella en vuestra cómplice.
Adrien sonrió tomando su vaso de su mano tras bebérselo entero.
-Solo es leche. -Señalaba mientras él dejaba el vaso en la mesita y cerraba
las cortinas.
-Si te duele y no has querido decirlo es porque no quieres que te den
láudano, pero has de dormir. -Giró suavemente sorprendiéndola y la abrazó
por la espalda al tiempo que la colocaba de costado-. Con la leche caliente y
un caballero encantador abrazándote debes poder relajarte y dormir. -La
besó en el cuello mientras ella suspiraba tras unos minutos notando su
cuerpo relajarse ligeramente.
- ¿Vais a ir a casa de la amante del marqués esta noche? -Preguntó
sorprendiéndolo y sorprendiéndose a sí misma porque esa preocupación que
tenía instalada en su cabeza desde que le había escuchado.
Adrien sonrió incorporándose ligeramente sin dejar de abrazarla para poder
mirarla a la cara.
-Voy a ir a averiguar que sabe del marqués.
-Es peligroso. -Señaló tajante girando la cabeza mirándolo a los ojos.
-Tendré cuidado. -La besó suavemente en la mejilla y sonrió-. No te
preocupes, no te quedarás viuda antes de desposarnos.
Emma suspiró llamándole pesado antes de volver a acomodar la cabeza en
el almohadón cerrando los ojos. Notó que él volvía a abrazarla con sumo
cuidado y ella se dejó abrazar pues era agradable sentirlo rodearla y sentir
que, además, ponía tanto cuidado en hacerlo de modo protector y suave.
-Si vais esta noche, prometedme que os acompañará alguien.
Adrien la besó en el cuello enterrando el rostro en él disfrutando de la
suavidad de su piel, del aroma afrutado de su cabello y de la tibieza de su
cuerpo dentro del suyo.
-Te prometo que iré acompañado y que tomaré precauciones. Tengo una
condesa esperándome para que regrese a su lado.
-Ah, ¿Qué una condesa os espera…? -Preguntó con sarcasmo sabiendo bien
lo que quería decir.
-Sí, una terca pelirroja, peleona, con tendencia a llevarme la contraria y que
logra hacerme reír y enfadar con la misma facilidad.
Sin moverse y sin abrir los ojos Emma sonrió:
-Tenéis un carácter fácil de arañar. -Bromeó.
Adrien sonrió antes de darle un suave bocado en la piel.
-No sabes cuán fácil puedes arañarme y lo mucho que me gustará. -
Contestaba con un tono sensual y provocativo.
- ¿Esas cosas se hacen? -Preguntó de pronto con curiosidad.
Adrien se rio:
-Te enseñaré muchísimas cosas.
-Eso será si yo os dejo.
Adrien se rio sin separar los labios de su piel.
-Me dejarás. Ahora, calla y duerme. Te quiero repuesta pronto pues hemos
de desposarnos.
-Eso será si os dejo. -Repitió, aunque se le escapó una sonrisa.
-Me dejarás. -Replicó él-. Y ahora duerme.
-Que conste que lo voy a hacer porque quiero, no porque me lo ordenéis.
-Bien, pues porque quieres, duerme.
Al cabo de unos minutos, a pesar del dolor de su costado, comenzó a
adormilarse y finalmente cayó en un profundo sueño mientras él la abrazaba
y la acariciaba con suavidad.
Adrien permaneció abrazándola hasta saberla dormida por fin y después de
separarse con suavidad caminó hacia la puerta del salón haciendo una señal
a Dulcy para que fuera a acompañar a su señora.
-Niños, -cuando los cuatro le miraron desde su lugar frente a la chimenea
añadió-: no despertéis a Emma que necesita dormir.
Leroy se puso en pie como un resorte y corrió a la puerta de comunicación
para mirar dentro.
-Nosotros vigilaremos.
Adrien asintió sonriendo. Enseguida entró en el despacho de Sebastian al
que encontró leyendo lo que parecían cartas con aire preocupado.
- ¿Qué ocurre?
Sebastian levantó la vista y miró a su primo dejando la carta sobre la mesa.
-Carta de Gregory. Estará más tiempo de lo pensado en las Indias. Acaban
de nombrarlo gobernador del sur pues el anterior ha caído enfermo y
regresa a Inglaterra.
Adrien chasqueó la lengua.
- ¿Lucas lo sabe?
Sebastian asintió:
-Él me ha enviado la carta de Gregory. Será un duro golpe para Teresa.
-No se lo digas, Seb. Deja que se acostumbre poco a poco a su ausencia.
Sebastian asintió suspirando pesadamente antes de mirarlo.
- ¿Duerme?
Adrien asintió:
-Por fin. La muy terca con tal de que no le den láudano estaba aguantando
el dolor sin decir nada. -Negó con la cabeza sentándose frente a su primo en
uno de los confidentes-. Esta noche iré a la casa que el marqués tiene para
su amante. Le diré a Calvin que me acompañe.
Sebastian entrecerró los ojos:
- ¿Crees que puede pasar algo?
Sebastian se encogió de hombros:
-Prefiero prevenir… -Sonrió sin quererlo recordando que Emma le hubo
pedido que tuviese cuidado.
-Será mejor que te marches ahora y descanses pues dudo lo hayas hecho
mucho estos dos días. Lady Emmaline está bien y me aseguraré de que
Alejandra y Cam la revisan para cerciorarse de que cura bien a pesar de las
reticencias de ella de que la vean y le den láudano.
Adrien asintió e iba a ponerse en pie, pero reculó para mirarlo serio:
-Manda aviso a Lucas y Christian, ¿quieres? Me gustaría que estuvieren en
el baile de presentación de Emma. Prefiero tener más ojos vigilando lo que
ocurra a su alrededor. Tengo un mal presentimiento.
Sebastian suspiró:
-Realmente malo ha de ser para que le pidas a Lucas y Christian que
abandonen unos días a sus esposas cuando Ashton acaba de tener a los
gemelos y Allegra está a punto de tener a su hijo.
-Lo sé. -suspiró-. Sé que no les agradará, pero realmente tengo un
presentimiento horrible y solo si sé que todos estamos atentos a lo que
ocurra podré concentrarme en los detalles no en todo lo que acontezca a
nuestro alrededor.
-Está bien. Les pediré a Julian y Albert que vengan también. De cualquier
modo, no hemos de olvidar que el duque está convirtiendo la mansión en
una fortaleza.
-No hay fortaleza inexpugnable, Seb, bien lo sabes.
Tras marcharse y echarse un rato en su cama, a la que llevaba días sin
volver y que de algún modo no añoraba en absoluto pues extrañaba la
sensación de tener el cálido cuerpo de Emma a su lado y su aroma
impregnando sus fosas nasales, se apresuró a vestirse pues cuando despertó
ya había anochecido y no quería retrasar mucho su llegada a la casa de la
amante del marqués y con ello después regresar a Chester hills y poder ver
a Emma. Se detuvo en casa de Calvin, al que por suerte encontró antes de
que marchase al club de caballeros al que solían acudir pues tenía, decía,
una cita con unos viejos amigos.
-Realmente debes creer a esa mujer peligrosa para pedirme que te
acompañe. -Dijo apenas a unos metros de alcanzar la casa, situada en una
buena zona de la ciudad, donde ya se encontraba Lutor esperándolos en
discreto lugar.
-Sinceramente no sabría decir si es peligrosa, pero desde hace un par de
días tengo una sensación de peligro que no me abandona y Emma hoy me
ha pedido que tenga cuidado.
Calvin se rio entre dientes:
-Enhorabuena. ¿Así que tu dama por fin se preocupa por ti?
Adrien rodó los ojos con resignación deteniéndose a unos metros de la casa
pues Lutor les interceptó:
-Hemos de esperar, milores. El marqués está dentro. Llegó hace un par de
horas y pidió a su cochero que le recogiese en dos horas.
-A ese viejo orondo le sobra una hora y media. -Se burló Calvin con sorna.
Adrien negó con la cabeza, pero no pudo evitar esbozar una sonrisa ladina
por el chascarrillo. Situados en un callejón desde el que podían observar la
entrada de la casa, esperaron ocultos por la oscuridad del lugar observando
calladamente tanto la casa como el entorno.
-Presumo algunas de estas casas pertenecen a cortesanas por la llegada de
varios carruajes con caballeros. -Señaló Calvin-. Es una buena zona, más
tampoco puede decirse que se trate de protectores en exceso generosos, ¿no
crees?
Adrien chasqueó la lengua pues ciertamente las cortesanas mejor pagadas
residían en casas en los alrededores de Mayfair, a mano de sus protectores.
-Ya sale, milord.
El aviso de Lutor les puso a los dos en guardia.
- ¿Hay muchos sirvientes en la casa? -Preguntó mientras veían al cochero
arrear los caballos saliendo prestos.
-Cuando el marqués viene a verla, se queda a solas con su doncella y con el
mayordomo, que, si me permitís decirlo, milores, no creo que sea un simple
mayordomo.
Adrien alzó la ceja.
- ¿Armado?
Lutor asintió:
-Eso creo, milord. Al menos creo haber apreciado un bulto en su espalda
cuando acudía a abrir la puerta del coche del marqués.
Adrien gruñó y sacó su pistola del gabán.
-Bien, pues no dejemos que nos sorprenda.
-Dejad que vaya yo primero, milord. Diré que llevo una misiva para milady
y cuando abra la puerta para tomarla mejor la empujaré.
Adrien asintió:
-Pero iremos detrás de ti, Lutor. Prefiero saber que tenemos pistolas con las
que sorprenderlo rápidamente antes de que saque contra ti su arma.
Lutor asintió conteniendo una sonrisa pues su señor, al que ya había servido
como segundo en las guerras napoleónicas, nunca abandonaría su vena
protectora incluso de aquéllos que estaban por debajo de él. Ese era uno de
los principales motivos por los que cualquiera que trabajase para él, daría su
vida por los miembros de la familia condal.
Tras llamar a la aldaba de cobre y esperar unos minutos la puerta se abrió
dejando ver al mayordomo que solo abría una pequeña parte de la puerta.
-Vengo a traer una misiva para la señora. Me han pedido que espere la
respuesta.
-La señora no recibe a nadie y menos a sirvientes.
-Pero mi señor me ha dicho que la señora sabía que venía. -Diciendo eso se
aseguraba de que el mayordomo o bien le dejase pasar o bien acudiese a
preguntar a su señor lo que les daba la oportunidad de entrar mientras él
acudía a ella.
Gruñó abriendo ligeramente la puerta al tiempo que decía:
-Dame la misiva. Se la llevaré a la señora.
Antes incluso de abrir la mano para tomar la supuesta nota Lutor empujó
con fuerza la puerta abriéndose camino entrando rápidamente tras él Adrien
y Calvin con las pistolas en las manos, apuntando al mayordomo de
inmediato.
-Mejor le damos el mensaje en persona a su señora. -Sonrió canalla sin
dejar de apuntarlo-. Regístralo. -Le ordenó a Lutor que enseguida le quitó la
pistola que llevaba en la espalda como había imaginado-. Vaya, un
mayordomo armado… qué cosa más extraña. -Bromeó.
- ¿Qué quieren? No pueden irrumpir así en…
Calvin le interrumpió:
-Podamos o no lo hemos hecho, ahora, manténgase callado o habremos de
callarle nosotros. -Hizo un gesto a Lutor para que lo maniatase y
amordazase-. Vayamos arriba. -Añadió cuando ya estaba atado de manos y
sin peligro.
Adrien asintió manteniéndose en guardia con la pistola en la mano. No
tardaron en alcanzar la alcoba principal abriendola sin ceremonias.
-Buenas noches.
Calvin y él se encontraron cara a cara con la amante del marqués
apuntándoles desde la cama donde permanecía sin más atavío que una
negligé que dejaba poco a la imaginación. Para ser una cortesana de
cuarenta años se conservaba bien y continuaba teniendo un atractivo
innegable lo que seguramente era uno de los motivos por los que el marqués
la había mantenido tantos años.
-Guarden las armas.
Adrien sonrió:
-Salvo que lo hagáis vos, no. Si se os ocurre disparar recordad que somos
dos los que os apuntamos.
La vio entrecerrar os ojos y dudar unos instantes antes de apartar el arma
que, no obstante, dejó al alcance de su mano.
-El conde de Valleyland y el conde de Frenshire, ¿a qué debo tan augusto
honor?
Adrien sonrió:
-Quizás no lo juzguéis un honor tras lo que venimos a hacer.
Les miró desafiante al tiempo que preguntaba:
- ¿Y qué es lo que venís a hacer?
-Obtener información que vais darnos si queréis salir con vida de esta
habitación y antes de que nos juguéis incapaces de haceros daño y menos de
mataros, intentad recordad que vuestro protector no solo es un traidor
causante de la muerte de muchos ingleses lo que nos predispone a hacer lo
que sea necesario para llevarlo ante la horca incluso tomar ciertas medidas
nada agradables de las que seréis víctima directa, sino que, además, ha
intentado matar a mi condesa lo que es algo que simplemente me
predispone a mí a arrasar con todo y todos los que se interpongan en mi
camino, incluida vos.
La vio dudar de la veracidad de sus palabras, pero él, con gesto
imperturbable no dudó pues algo dentro de él le decía que esas palabras
estaban más próximas a la verdad de lo que ni ella ni nadie podría imaginar
pues por Emma mataría a todo el que supusiere un peligro para ella.
-No sé qué pensáis que sé o puedo saber, pero milord no me guarda el tipo
de confidencias que parecéis venir a buscar.
Adrien sonrió:
-No solo sabéis más de lo que decís, sino que vais a decirnos incluso lo que
no sabéis pero intuís porque, señora mía, vuestra vida depende de ello. -
Dijo con voz ronca cerrando la puerta a su espalda caminando con paso
firme y gesto amenazante hacia ella.
Tres horas después salían de la mansión dejando en manos de un agente de
Bond Street de su confianza tanto a esa mujer como al mayordomo a los
que acusarían, cuando llegare el momento, de alta traición. De momento,
les bastaba con mantenerlos en una celda lejos del alcance del marqués.
En el carruaje que les llevaba a Chester House reinó el silencio unos
minutos hasta que Calvin mirándolo serio lo rompió:
-He dudado si ibas a matarla.
Adrien le miró serio.
-Y yo también. -Suspiró-. Esa lealtad que parecía guardar al marqués me ha
hecho dudar incluso de que ella no fuere más que una víctima…
-Pero al final has comprendido que era cómplice. Cómplice con su silencio
interesado tantos años, ¿no es cierto? -Adrien asintió-. Si no hubiera
hablado…
Adrien suspiró cerrando un instante los ojos:
-No me hagas pensar en ello, Calvin. Quizás no te guste la respuesta. Por
Emma soy capaz de hacer lo impensable. Saberla en peligro me está
matando. Sentirme impotente ante ese peligro no es algo que consiga
soportar, te lo aseguro.
Calvin asintió.
-Lo sé. Te conozco, Adrien. Si alguno de nosotros no mira jamás por su
bienestar cuando se trata de proteger y cuidar a los demás, ese eres tú.
Siempre has sido el más protector de todos. Ni siquiera Sebastian al que el
papel de protector le viene por ser el cabeza de familia. Cuando la has
golpeado he comprendido hasta qué punto llegaba tu desesperación.
Adrien gruñó pues realmente le hubo dado dos puñetazos a esa víbora. Por
primera vez en su vida, había golpeado a una mujer y la sensación aún le
corroía, pero su instinto le avisó que les estaba mintiendo, que jugaba con
ellos al saberlos hombres de honor.
-No creo que vuelvas a verme en esa tesitura. No negaré que me ha
asqueado hacerlo, pero he sabido que no nos tomaba en serio, que nos creía
incapaces de dañarla y que por eso nos mentía con esa tranquilidad.
Calvin asintió sabiendo que decía la verdad pues él también la supo jugando
con ellos.
-Al menos ahora sabemos que planea marcharse.
-Escaparse, querrás decir. Presiente su caída y no duda en huir para salvar el
cuello.
-Pero antes intentará salir airoso y evitar esa huía y si para ello ha de matar,
lo hará. Ha quedado claro.
-Aún dudo si ha dicho la verdad sobre desconocer el nombre del asesino
que emplea ese bastardo.
Calvin suspiró:
-No sabría decir… Es hábil mintiendo. En un par de ocasiones incluso la he
creído, aunque después se haya contradicho… Yo creía tener instinto para
los mentirosos, más, esta miente con destreza, eso es innegable.
-Y por eso no podemos dejar que el marqués descubra su paradero.
-El detective Shaw es de confianza, no temas. No revelará su paradero a
nadie ni siquiera a sus superiores si no lo cree necesario. La mantendrá
alejada del marqués hasta que decidamos qué hacer con ella y con ese tipejo
que se hacía pasar por mayordomo.
Adrien por fin sonrió.
-Sí, ese tipo es evidente es cualquier cosa menos un mayordomo. De hecho,
algo me dice que ha debido ser marinero o algo similar por el modo de
increpar a Lutor antes de amordazarlo.
Calvin se rio:
-Sí, desde luego, perdió de golpe todo su papel de mayordomo constreñido.
Tras unos segundos, miró fijamente a Calvin.
-No pienso separarme de Emma ni aunque ello suponga un escándalo.
Hasta que ese bastardo no esté en la horca, estaré tan cerca de Emma que
empezarán a dudar si no somos uno.
Calvin asintió:
-Consigue que diga las palabras que exige el duque y conviértela en tu
prometida antes de que abandone Chester House.
-Es fácil decir eso cuando no tienes que enfrentarte a la más terca de las
mujeres.
Calvin se rio de nuevo viendo a su primo con cara de verse superado por
esa pelirroja que desde que arribó a su puerta le había alterado la vida de
todos los modos posibles. El más evidente que lograba bien ignorarlo bien
hacer lo contrario de lo que el pedía y esa no era sino una cualidad más que
destacable pues Adrien, junto con Sebastian, tenía la facultad de salirse con
la suya las más de las veces, bien usando su verborrea bien con su agudo
ingenio.
-Pues a ver si te aplicas en la tarea como es menester. -Se burló recordando
una de las frases que solía repetir el profesor de latín que tuvieron en la
escuela todos ellos.
Adrien rodó los ojos haciendo reír a Calvin relajándose por fin después de
lo ocurrido en las horas anteriores.
Al llegar a Chester House y tras entregar sus gabanes, sombreros y guantes
al mayordomo comenzó a caminar hacia la escalera principal al tiempo que
decía:
-Informa tú a Sebastian, por favor, yo voy a aplicarme en cierta tarea “como
es menester” tal y como sabiamente me has aconsejado.
Calvin sonrió negando con la cabeza viéndole caminar con paso decidido en
pos de su terca condesa.
Adrien abrió con cuidado la puerta del dormitorio de Emma y enseguida
gimió al sentir un dolor en su espinilla en cuanto puso un pie en la estancia.
-Leroy. -Gruñó apartándose a tiempo de evitar recibir otra patada.
- ¿Por qué diantres siempre entráis a hurtadillas? -Se quejó mirándolo
airado mientras sostenía en una mano su cuchillo.
-Guarda el arma, guardián del demonio… -Suspiró-. ¿Alguna novedad? -Le
preguntó con aire divertido viéndole guardar el cuchillo en el bolsillo de la
bata con sus desordenados rizos más desordenados de lo normal.
-Bah, nada destacable. -Respondió con aire ausente haciendo a Adrien
contener una carcajada.
-Es tarde, Leroy. Vete a dormir con los demás. Yo me quedo vigilando a
milady esta noche.
Lery le miró entrecerrando los ojos:
-Pero no dejéis que la bajen en la mañana sin avisarnos. Hemos de revisar la
estancia antes de que ella entre.
Adrien sonrió viéndole marchar hacia la puerta de comunicación del salón y
él rápidamente le siguió para echar el pestillo como haría de inmediato con
el resto de las puertas. Después se desprendió de la levita, el calzado y la
lazada del cuello antes de abrir los cortinajes de la cama y subir en ella
dejando bajo el almohadón la pistola que había llevado esa noche.
-Fuisteis armado.
Giró el rostro encontrándose a Emma mirándolo con fijeza. Sonrió porque
supo que había estado esperándolo y que por eso seguía el candil que
colgaba del poste del cabecero prendido.
-Como cierta dama me aconsejó, debía ser precavido y no confiarme.
La vio incorporarse apoyándose sobre los almohadones sin dejar de mirarlo.
- ¿Qué habéis descubierto?
-Interesante. Hoy no me reprendes por colarme en tu alcoba y tu lecho por
muy tarde que sea.
Emma bufó:
-No os hagáis el misterioso. ¿Qué habéis descubierto?
Adrien sonrió apoyándose en los almohadones como ella.
-Pues bastantes detalles que, desde luego, resulta insólito que hayan pasado
desapercibido para el resto de la sociedad tantos años.
- ¿Cómo por ejemplo? -Lo azuzó ella ansiosa.
-Que es marqués tras las más que sospechosas muertes de su tío y primo
justo antes de que empezaren las guerras napoleónicas y supuestamente él
regresaba de haber estado viajando por el continente durante varios años.
- ¿Sospechosas quiere decir que creéis que él los mató para hacerse con el
título?
-Para eso y para introducirse en la sociedad inglesa después de pasar tiempo
con los bonapartistas, no viajando como piensa su amante. Bueno, como
piensa o como finge pensar pues esa mujer se ha revelado una mentirosa
más que hábil.
Emma entrecerró os ojos:
- ¿Os ha engañado?
Adrien sonrió:
-Desde luego lo ha intentado con ahínco y quizás algún embuste nos ha
podido colar entre tantas medias verdades, más, ten un poco de fe en mí.
Emma de pronto se rio por su cara de ofensa.
-Sois fácil de herir… -Se burló.
Adrien suspiró pesadamente al tiempo que se acercaba a ella y pasaba su
brazo su espalda con cuidado y la inclinaba hacia él para acomodarla en su
costado.
-Acomódate. Voy a quedarme contigo para que duermas segura.
Emma se dejó acomodar apoyando la cabeza en el hueco de su hombro
aceptando gustosa esa cómoda sensación que ya reconocía de esa tarde y,
aunque le costase admitirlo, de la noche anterior. Sintió sus labios en su
frente que acariciaba lentamente mientras con sus dedos enredaba un par de
mechones con aire distraído.
-Emma, sé que has aceptado desposarte conmigo, aunque aún te muestres
reticente a admitirlo en voz alta, pero me harías, no solo el hombre más
afortunado, sino también uno algo más tranquilo en cuanto a tu seguridad se
refiere, si le dijeses a tu tío que me aceptas.
Emma alzó la vista y le miró seria y callada unos largos segundos.
- ¿Qué tiene que ver mi seguridad con estar comprometida con vos?
Adrien sonrió canalla.
-Si estuviésemos comprometidos no tendría que separarme de ti más que de
noche.
-Pero si no os separáis ni siquiera de noche ahora… -Masculló.
Adrien de nuevo se rio:
-Cierto, pero podría hacerlo sin tener que esconderme.
-Ah ¿pero os escondéis? -Preguntaba con ironía no disimulada, pero se la
notaba divertida.
-Emma… -La sonrió canalla mientras acercaba sus labios a los de ella
acariciándoselos tentadoramente-. Te enseñaría lo bien que encajas en mi
cuerpo si no estuvieses convaleciente.
Emma entrecerró los ojos separando ligeramente el rostro:
- ¿Habláis de robarme la honra?
Adrien se rio:
-Podría decirse que sí, más, tu honra, cielo, está más que a salvo conmigo
pues es mía y a nadie más le corresponde protegerla.
-Pues creo que mi tío tendría que decir algo al respecto… -Se burló.
-No, no lo hará porque pienso ser el primer y único hombre que te toque.
-Que caraduras sois los hombres. No preguntaré quién fue la primera mujer
a la que tocasteis por no mencionar la última.
Adrien sonrió notando cierto deje de celos en su acusación.
-Pues nada importa quién fuere la primera ni ninguna otra, más ten por
seguro que tú eres y serás siempre la última.
Emma le miró seria unos segundos:
- ¿Seguro? -Preguntaba claramente dudosa sabiendo que casi todos los
esposos eran infieles a sus esposas pues la mayoría de los matrimonios
entre nobles y aristócratas era concertado o nacido de intereses mutuos.
Adrien se cernió sobre ella asegurándose de tener cuidado y no dejar caer su
peso del todo sobre ella.
-Emma, solo hay y habrá una mujer en mi vida. Mi condesa. Te seré fiel, te
lo puedo asegurar pues no hay ni habrá mujer que pueda compararse
contigo ni con lo perfectamente que encajamos. Ninguna mujer podrá
siquiera resultar tentadora pues con solo posar mis ojos en ti mi cuerpo se
enciende pues se sabe tuyo.
Emma emitió una risita traviesa mientras alzaba una mano enredándola
detrás de su oreja con su espeso cabello bruñido que ahora lucía
ligeramente desordenado.
-Vaya, conde, sois un poeta. Uno pecaminosamente escandaloso, pero un
poeta al fin. -Se burló, aunque por dentro su cuerpo entero parecía
corroborar esa afirmación pues sentirlo engullirla de esa manera le resultaba
tan tentador como excitante.
Adrien se rio ladeando la cabeza para enterrar el rostro en su cuello dándole
un mordisco juguetón antes de deslizar los labios por su piel en una caricia
caliente y sensual en dirección a su rostro.
-Dilo, Emma, di que te casarás conmigo y que así se lo dirás al duque…-
Susurraba acariciándole los labios con los suyos de modo suave, cálido y al
tiempo lascivo deslizando la punta de su lengua por los labios de Emma que
se supo completamente indefensa.
Esa idea le hizo apartarse y mirarlo fijamente unos segundos. ¿Era así como
se sentía por estar enamorada? Indefensa pues era suya y su cuerpo y su
cabeza no la dejarían nunca alejarse de él…
- ¿Así es cómo he de sentirme para saber que os amo?
Adrien frunció el ceño:
- ¿Así?
-Indefensa.
-No. Has de sentirte segura, a salvo, protegida, en el lugar al que
perteneces, Emma. Has de sentirme como tu hogar. -Emma le sostuvo la
mirada mientras él la observaba preocupado- ¿Te sientes indefensa
conmigo? ¿No te crees a salvo a mi lado?, ¿en mis brazos?
-Sí, no… quiero decir… -Suspiró sintiéndose culpable por la mirada
torturada que le lanzaba-. Me sé a salvo, pero… -Se mordió el labio y de
nuevo suspiró-. No sé cómo explicarlo… cuando he dicho que me siento
indefensa es porque parece que no puedo negaros nada. Es como si mi
cabeza, mi cuerpo y algo dentro de mi desease plegarse a vuestros deseos
sin más, aunque también haya una parte que no quiera hacerlo sino
rebelarse e imponer mi voluntad, aunque a veces no sea distinta a la vuestra.
Pero no quiero obedecer sin más.
-Por eso me llevas la contraria por pura cabezonería, no porque no estés de
acuerdo conmigo en algunas ocasiones. -Sonrió divertido mientras ella se
encogía de hombros-. Quiero que te muestres terca, aunque a veces eso me
vuelva loco. Pero en cuanto a lo de sentirte indefensa, por lo que entiendo te
refieres a cuando estás en mis brazos. Tu cuerpo no desea rebelarse pues se
sabe mío. Más, para tu tranquilidad, a mi cuerpo le ocurre lo mismo con el
tuyo. No desea mantener distancia alguna del tuyo.
-Ah… - Lo miraba seria asimilando lo que decía-. ¿Eso es amor?
-Es pasión. El amor ha de implicar que además de saberte mía, sabes que
solo conmigo serás feliz y darías todo lo que posees para estar conmigo.
-Pero ese es un amor egoísta.
-El amor tiene una parte de egoísmo. -Sonrió acariciando su rostro con las
yemas de los dedos de ambas manos-. Más, un amor sincero ha de implicar
que te importan más el bienestar y la felicidad de la otra persona que las
tuyas.
Emma le sostuvo la mirada firme:
- ¿Y preocuparse por la otra persona?
Adrien sonrió:
-También. -Le acarició los labios con los suyos antes de preguntarle-. Has
estado preocupada por mi visita a esa mujer.
Emma se encogió de hombros:
-En cuanto el marqués sepa que fuisteis a verla querrá haceros daño.
-No se enterará.
- ¿No se enterará? ¿Creéis que esa mujer o sus criados no lo dirán?
-El único criado que nos ha visto y esa mujer no tendrán ocasión de contar
nada al marqués.
- ¿Los habéis matado? -Preguntó abriendo los ojos desmesuradamente.
Adrien negó con la cabeza:
-Un agente de Bond Street de la confianza de Calvin se los ha llevado preso
y mantendrá su arresto lo más discreto posible para que el marqués no
pueda encontrarlos, al menos hasta que solucionemos esto.
-Ah… entiendo… pero cuando no la encuentre, ¿qué creéis hará?
-Imaginarse que no es casualidad tu aparición con la desaparición de su
amante, más, ¿qué va a hacer? ¿Acusarte a ti? ¿A tu tío?
- ¿A vos?
Adrien sonrió de nuevo:
-De nuevo preocupada por mí. ¿Le dirás en la mañana a tu tío que me has
aceptado y que me sabes el hombre adecuado para ti?
Emma suspiró:
-Si hago eso no podéis empezar a darme órdenes dejando a sus ancha a ese
tirano que lleváis dentro.
Adrien se rio:
-No prometo que lo contendré siempre, más, prometo contenerlo y no dejar
que intente atarte cada vez que me lleves la contraria, al menos no te ataré
lejos de nuestro lecho.
- ¿Por qué ibais a atarme en…? -Se quedó callada entrecerrando los ojos-…
¿Es otra de esas cosas pecaminosas que sabéis?
Adrien se rio enterrando el rostro en su cuello para evitar que sus carcajadas
se oyesen más allá de esa alcoba. Tras unos segundos riéndose alzó el rostro
para mirarla divertido.
-Digamos que son cosas que pondré en práctica en cuanto te repongas.
-No os dejaré atarme. Si acaso os ataré yo cuando quiera.
Adrien la miró seductor y con ese aire de canalla impenitente que sabía
irresistible para las mujeres pues le había granjeado numerosas conquistas
durante todos esos años desde que dejase de ser un niño.
-No creas que me importará mucho ser atado por mi imperiosa pelirroja.
Emma se rio:
-Sois un canalla. -Decía entre risas divertida por lo sátiro que se mostraba
con ella no tratándola como una boba que no debiere escuchar nada fuera de
la cortesía.
-Lo soy, o lo era porque mi condesa me ha reformado…
-La duquesa dijo que había reformado al duque ¿qué quería decir? -
Preguntó curiosa.
Adrien sonrió divertido por su siempre inquisitiva mente:
-Cielo, te voy a enseñar cómo la duquesa domó a su duque y cómo al
hacerlo lo convirtió en un hombre carente de toda capacidad e interés por
mirar a otra mujer que no fuere ella, incapaz de pensar en otra cosa que no
sea tener siempre al alcance de su mano a su duquesa. Más, yo te aseguro,
ya solo pienso en tenerte al mi alcance y en que cuando te recuperes te voy
a devorar con placer hasta el fin de mis días.
- ¿Me vais a devorar? -Preguntó riéndose.
-Con un apetito voraz. -Respondía ronco acariciando la piel de su cuello
con los labios de modo lento deslizando la lengua por su cálida piel
haciendo que de golpe dejase de reírse para pasar a un estado de cálida
dejadez ante sus caricias.
Le fue abriendo poco a poco el frontal del camisón al tiempo que iba
besando y acariciando la piel que descubría disfrutando de su tersura, de esa
suavidad tersa y cálida y de ese bonito color rojizo que iba adquiriendo bajo
su mano…
-Rosados … -Sonrió tras murmurar ronco con veneración antes de
apoderarse de uno de sus pezones arrancándole un pequeño gritito de
asombro y placer-… Shh… fierecilla… - Murmuraba con la boca llena
mientras con su mano acariciaba su otro pecho-. No te muevas. -Le ordenó
tajante recordando que tenía la herida en el costado y que él no solo había
de tener cuidado y ser delicado sino evitar que ella se moviere.
-¿Qué… qué hacéis…? -Preguntaba jadeante.
-Disfrutar de mi esposa. -Contestó antes de incorporarse ligeramente y
devorar sus labios con ansia pues había despertado a la fiera aletargada y
ahora solo deseaba amarla y alimentar ese deseo inusitado que sentía por
ella.
Adrien sonrió por la cara de desconcierto y de tranquilo placer que lucía
Emma mientras le miraba. Sí, había despertado una pasión que el tarde o
temprano iba a llevar hasta el inevitable punto de amarla y tomarla para
siempre, pero de momento, se conformaría con simplemente avivar esa
inusitada pasión que leía en ella. Inexperta y con una contenida respuesta al
principio, más, en cuanto se dejó llevar, Emma demostró lo que él ya intuía,
que era tan apasionada como él pues no solo respondía a sus besos, sino que
parecía reclamar ser amada y no sería él quién no la complaciere.
-Vas a ser una esposa que me reproche mis actos sin dudarlo, ¿no es cierto?
Estás a punto de reñirme como si fuera un niño travieso tras una trastada.
Emma frunció el ceño antes de negar con la cabeza:
-No os voy a reprender. Sin duda lo haré mucho en el futuro pues os soléis
mostrar obcecado y obtuso en numerosas ocasiones.
Adrien se rio atrapando su enrojecido rostro entre las manos:
-Obcecado y obtuso… no puede decirse que sea un dechado de virtudes,
¿verdad que no?
-No, no lo sois.
-Deja de tratarme con formalidad, Emma.
Ella entrecerró los ojos y asintió:
-Bueno, supongo que en la intimidad los esposos se tutean.
Adrien sonrió:
-En la intimidad y en público, Emma. No vas a tratarme de vos nunca más.
Salvo delante de tu tío mañana cuando admitas que me quieres y adoras
como el esposo perfecto para una fierecilla como tú.
-Semejante necedad no saldrá de mis labios. Admitiré que acepto casarme
contigo porque es mejor lo malo conocido que lo bueno por conocer. -Dijo
con gesto terco y aire burlón al tiempo.
Adrien se rio:
-Por mí, suficiente. -Contestó con el mismo tono burlón y una sonrisa
satisfecha mientras se dejaba caer a su lado y la atraía hacia él con cuidado
para que se acomodase dejando el costado herido al aire.
-Pues esas mismas palabras serán las que emplearé. -Sonrió apoyando la
mejilla en el hueco de su hombro-. Si anuncian el compromiso el día de mi
presentación podrías lograr que mi tío me dispense de ir a todas esas fiestas
a las que tanto desea asista.
Adrien se rio entre dientes tomando la mano que ella apoyó en su pecho
enredando sus dedos con los suyos.
-Quizás logre que no asistamos a tantas como imagino la duquesa tiene en
mente, más, dudo logre librarnos de todas.
- ¿Librarnos?
-Si tú vas a una fiesta, lo harás de mi brazo. No pienso dejar a crápula
alguno con deseos de atrapar a una pelirroja peligrosa siquiera acercarse a
ti.
Emma se rio:
-Para eso ya están Josh y Leroy. -Se rio alzando la vista a su rostro-. Antes
te ha dado una buena patada, ¿no es cierto?
Adrien rodó los ojos:
-No te rías que mis pobres espinillas empiezan a tener la marca permanente
de la bota de ese enano.
Sentada esperando la llegada de su tío, Emma meditaba con detenimiento lo
ocurrido la pasada noche. Era como si su cuerpo hubiere sabido incluso
antes que ella que lo que surgía entre ella y el conde no era sino lo que
debiera ocurrir. Se preguntaba si no lo sabía desde hacía tiempo y que solo
por su rebeldía hacía él, había estado retrasando lo inevitable, claro que,
quizás, no solo había sido su rebeldía la responsable de ello sino también el
constante impulso de llevarle la contraria, consecuencia inevitable de la
costumbre que tenía de darle órdenes por mucho que él se empeñase en
decir que no le daba tantas órdenes como ella decía, ni le imponía su
criterio tanto como ella afirmaba.
Frunció el ceño desviando a mirada hacia el rincón en el que Leroy leía
bajo la atención de la duquesa Alejandra su libro de tareas escuchando de
soslayo al duque y al conde conversar sobre un asunto de negocios que a
ella se le antojaba aburrido y del todo ajeno a su persona. Le observó en
silencio. Parecía serio, atento a la conversación y a los comentarios del
duque y de lord Calvin y, de vez en cuando, hacia algún comentario
logrando que los otros dos interesados asintiesen o hiciesen algún
comentario. No era como lo había juzgado en un principio. Sí, a veces era
muy mandón e impositivo, pero con ella, ahora comprendía, solía
ser más permisivo de lo que imaginaría los caballeros serían con las damas
no solo de su familia sino también sus esposas. No le había importado que
fuese escritora ni tampoco que tuviere intención de continuar siéndolo, de
hecho, no había sino dicho que el dinero que ella ganaba y que gestionaba
por su cuenta, seguiría siendo suyo y ajeno a él. ¿Sabría lord Phillip cuando
las dejó en sus manos que él actuaría de ese modo?
Fingió mirar más allá de él cuando sorprendiéndola giró el rostro y sus
miradas se cruzaron esbozando una sonrisa satisfecha y arrogante. A los
pocos segundos estaba sentándose en el brazo del sillón ocupado por ella.
- ¿Me necesitabas? -Preguntaba burlón bajando la voz.
-No.
-Mentirosa. -Susurró inclinándose para besarla en la frente.
-Estate quieto que no eres mi prometido.
-Lo soy. La formalidad de que tu tío me declare como tal no es más que un
mero trámite.
Bufó alzando el rostro hacia él.
-No creo que él opine lo mismo. -Protestó absurdamente.
-Bueno, él que guste pensar como crea conveniente que yo pensaré de igual
modo en el sentido más favorable a mis intereses. -Contestó arrogante sin
dejar de sonreír.
- ¿No pensarás actuar así el resto de nuestra vida? -Al mirarla alzando las
cejas ella añadía-: Actuando solo en función de cómo piensas tú sin atender
voces discrepantes.
Adrien se rio entre dientes:
-Como dictador que he de preciarme ser, según el parecer de mi augusta
condesa, he de responder que sí, que creo que seguiré actuando de ese
modo, aunque, quizás, en mis momentos de magnanimidad, puede que
atienda al criterio y parecer de mi condesa.
Emma entrecerró los ojos sosteniéndole la mirada desafiante.
-Bien, pues, creo que yo actuaré de igual modo y no solo no atenderé más
criterio e idea que los míos, sino que solo cuando esté en un periodo de
graciosa magnanimidad, escuche, que no así atienda, las ideas absurdas de
cierto conde que quizás no llegue a alcanzar la vejez.
Adrien se rio inclinándose para besar de nuevo su frente:
-En tal caso, cielo, deberemos esperar ser los esposos más magnánimos de
las islas o pobres de aquéllos sometidos a nuestro tiránico yugo.
Emma se rio por el modo de expresarlo y negando con la cabeza alzó los
ojos hacia él.
-Todos huirán prestos para evitarnos.
-Mejor, así no tendré que compartirte con nadie.
De nuevo ella se rio entre dientes apartando la vista de él cuando escuchó al
mayordomo anunciar a su tío y a la duquesa dándole un codazo al tiempo
que decía:
-Levántate y aléjate o sabrán que te has tomado licencias conmigo.
Adrien se reía levantándose mientras pensaba que se había tomado ciertas
licencias, ciertamente, más no tantas como iba a tomarse en cuanto ella
estuviere del todo recuperada.
Tras las cortesías de rigor y tomar asiento la duquesa junto a la duquesa
viuda de Chester, madre de Sebastian, el duque se acercó a ella y con gesto
amable preguntó:
- ¿Cómo te encuentras hoy, querida?
-Pues iba a decir que bien, más, he tomado cierta decisión que desmentiría
esa afirmación y demostraría, por el contrario, que lejos de estar bien he
perdido el juicio.
El duque alzó las cejas mientras que Adrien contenía una carcajada,
sabiendo además que Sebastian, Calvin y más de una dama de la familia
atentos a las palabras de Emma.
-Querida, como no te expliques no creo que logre entender el hilo de tus
pensamientos. -Contestaba el duque paciente.
Emma suspiró antes de mirar a su tío con determinación:
-Pues, veréis, tío. He decidido aceptar la proposición del conde. En fin,
quizás sea mejor lo malo conocido que lo bueno por conocer.
Adrien se rio acercándose a ella para tomar asiento en el brazo del sillón
que ocupaba:
-Gracias, mi encantadora prometida. Me siento profundamente admirado e
incluso idolatrado por tan bella dama. -Señalaba con retintín.
El duque rodó los ojos antes de mirar a Adrien:
-Prometida si yo doy mi venia.
Adrien sonrió canalla:
-Una formalidad más, supongo. -Respondía desafiante.
-No le hagáis caso, tío. Tiende a no escuchar a nadie que no sea sí mismo,
así que correspondedle de igual modo y no atendáis a su falta de raciocinio.
Adrien se carcajeó al igual que Sebastian y Calvin.
-Cielo, acabas de admitir que me deseas por esposo, ¿crees que es buena
idea tacharme de caballero carente de razón a los ojos de tu tutor? -
Preguntaba burlón mirándola.
-Bah, mi tío ya tiene una opinión formada de tu persona, dudo que decirle
que careces de ideas cabales le suponga sorpresa alguna.
De nuevo Sebastian y Calvin se rieron mirando con sorna a Adrien que lejos
de ofenderse la miraba divertido y satisfecho por saberla embromándolo.
-Supongo entonces, habré de ceder mi despacho para que conversen
relajados. -Señalaba Sebastian mirando al duque mientras que Adrien se
limitaba a sonreír acomodado junto a Emma.
-Pero no acordéis nada sin consultarme. -Se quejó Emma mirando
indistintamente a su tío y a Adrien haciendo al primero rodar los ojos con
impaciencia y a Adrien sonreír divertido.
-Sé buena mientras regreso. -Señaló poniéndose en pie tras besarla en la
frente.
-Estate quieto que no eres aún mi prometido.
-Precisamente. -Señalaba el duque comenzando a caminar hacia la puerta
antes de girar y mirar a Emma-. Lo que me recuerda, querida, que deberías
pedir a tu doncella que recoja tus enseres ya que hoy regresas con nosotros
a Carmond House pues lejos está de mis intenciones dejarte bajo el mismo
techo que tu prometido y menos aún lejos de mis severos ojos. -Decía con
evidente aire socarrón.
Emma enrojeció de vergüenza pues sabía que su tío desconocía lo ocurrido
esos días durante las noches, más aún así, ella sintió toda su sangre acudir a
su rostro.
Adrien que contuvo una sonrisa por esa repentina rojez que él sí sabía a qué
se debía caminó en la dirección tomada por el duque mientras decía alzando
ligeramente la voz:
-Josh, Leroy, más os vale velar como corresponde de mi prometida.
-Eso aún está por ver… - Se burló el duque sin detener su caminar mientras
que Josh y Leroy, hasta ese momento ajenos a lo que ocurría se levantaban
como un resorte de sus respectivos lugares acercándose a Emma.
- ¿Te vas a casar con Adrien? -Preguntaba Josh sonriendo de oreja a oreja
mientras se acercaba a ella.
Emma se encogió de hombros.
-Quizás lo mate antes de desposarnos, ¿quién sabe? Tu hermano tiende a ser
un tirano molesto que logra que propios y extraños deseen atizarle con
fuerza.
Josh se carcajeó echando la cabeza hacia atrás mientras que Leroy, tras
observar de soslayo a Janet sentada sin moverse junto a su muñeca con un
libro de ilustraciones frente a ella, se acomodó en el brazo del sillón de
Emma.
-Si el conde es malo con vos habéis de decírmelo. Yo le atizaré.
Emma se rio por la mirada terca de Leroy antes de besarlo en la mejilla.
-Mejor dejamos eso en manos de mi tío. Al ser duque no le reñirán por
atizar a un mero conde.
Sebastian y Calvin se rieron especialmente por el gesto de asentimiento
de Leroy como si confirmase el acierto de tal decisión.
-Bien, decidme, ¿cuándo le pedisteis la mano a Emmaline? No es incierto
afirmar que ayer aún no tenía intención alguna de desposarse con vos. -
Inquirió el duque tras tomar asiento en el despacho de Sebastian frente
a Adrien.
-En la mañana bien temprano. -Contestó con seguridad pues en el fondo no
mentía. Era pasada la medianoche y por lo tanto podría considerarse que
casi se lo pidió al alba.
-Es decir, que aún estaba dormida y sin su cabeza del todo en el mundo de
los conscientes. -Se burló.
Adrien se rio por el chascarrillo.
-No podía arriesgarme a que su peligrosa cabecita diere un segundo
pensamiento a mi propuesta, excelencia. -Contestó con igual tono.
El duque sonrió:
-Algo me dice que vuestra premura tiene más motivos que el de evitaros
perseguir a Emmaline por todos los salones como un pretendiente más.
-No negaré que ese es un motivo más que poderoso, más estáis en lo cierto.
Quiero estar a su lado el mayor tiempo posible no solo para vigilarla y
protegerla, sino para asegurarme de que no comete alguna locura. De
hecho, excelencia, pretendo que, dentro de tres días, durante su baile de
presentación, anunciéis el compromiso.
-Evitándoos así que aparezca ningún pretendiente ansioso en lo que resta de
temporada, que no es poco tiempo. -Sonrió divertido-. Bien, ya os dije que
si ella os aceptaba y admitía que os consideraba el hombre que iba a
cuidarla como es menester, no pondría objeciones, de modo que, nada he de
objetar, bien es cierto que, para hacer ese anuncio en el baile de
presentación, me temo, habréis de plegaros a las condiciones de mi madre
que no creo que quiera privar a Emmaline de su momento de debutante ante
toda la nobleza.
-Lo que imagino supondrá que hasta el final de la velada habré de
comportarme como un caballero contenido y circunspecto, ¿no es cierto?
El duque se rio entre dientes asintiendo.
Leroy entró con paso decidido tras escucharse dos golpes en la puerta que
por la fuerza de éstos debía haberlos dado el lacayo, no él.
-Eh, enano, estamos aquí. -Lo llamó Adrien al verlo dar vueltas
buscándolos.
Se acercó a ellos y se puso frente al duque haciendo una
cortesía enderezándose después para mirarlo con fijeza lo que hizo sonreír
a Adrien.
-Dice lady Emma que si lord Josh y yo podemos ir con ella. Somos sus
protectores. Donde vaya ella iremos nosotros hasta que ese hombre malo
esté preso.
El duque sonrió:
-Lo daba por descontado como también que Janet vendrá con nosotros.
Leroy asintió sonriendo.
-¿Podré montar el caballito negro?
El duque se rio porque sabía que Leroy estaba prendado del caballo negro,
algo manso y por ello perfecto para jóvenes aún en periodo de aprendizaje,
que había permitido montase los días pasados.
-Podrás, más, dado que Emmaline aún no podrá montar, ¿no crees que
estarás faltando a tu deber de cuidarla si te separas de ella para ir a montar?
Leroy abrió la boca y la cerró frunciendo el ceño mientras parecía meditarlo
antes de chasquear la lengua:
-Bueno, supongo que habré de esperar que milady pueda también montar.
Pero puedo ir a cepillarlo y darle de comer mientras milady duerme y sea el
turno de lord Josh.
-Excelente idea. – Respondía el duque mirándolo con fijeza pues sabía que
ese pequeño quería algo más por lo que le dejó unos segundos para hablar.
- ¿Podré asistir a la fiesta de milady?
El duque sonrió porque era un tema que él y su madre hubieron hablado
días atrás.
-Bien, hemos decidido que tú y lord Josh podréis asistir, más, con algunas
condiciones, no en vano, sois aún muy jóvenes para ese tipo de eventos y
para estar despiertos hasta tan tarde.
Leroy frunció el ceño al tiempo que preguntaba:
- ¿Qué condiciones?
-La primera, que habréis de vestir de etiqueta. Mi sastre vendrá a haceros
las ropas adecuadas en Carmond House.
- ¿Tendré que llevar esos zapatos con borlas y esos lazos que lucen los
niños cursis? -Preguntaba con cara de espanto arrancando una carcajada
a Adrien y al duque.
-No creo que sea necesario llegar a ese extremo, pero habrás de lucir
chaleco, levita y lazada formal.
-Ahh, bueno… - chasqueó la lengua-. Supongo que eso podré soportarlo.
-Será un sacrificio que todos apreciaremos. -Contestaba el duque con
socarronería solo logrando que Leroy asintiese con un golpe de cabeza
como si esa apreciación fuese esperada.
- ¿Qué otras condiciones habrá? -Preguntó con desconfianza.
-Habréis de aseguraros que Emmaline no sale sola nunca del salón. Si
la veis alejarse con alguien ajeno a la familia habréis de ir a buscar
rápidamente ayuda.
Leroy frunció el ceño ladeando la cabeza:
- ¿Y no sería mejor que uno de nosotros buscase ayuda y el otro la siguiese
para que no se pierda?
Adrien se rio entre dientes porque realmente era listo como un zorro y
demasiado desconfiado para dejar que otros lo enredasen.
El duque se rio también y asintió asertivo:
-Bien, no he de negar que tu estrategia es mejor que la mía.
Leroy se enderezó con orgullo y sonrió:
-Un general tiene que prever los posibles pasos del enemigo. Eso dice el
duque de Sucré y cuando sea general habré de ser más listo que mis
enemigos.
Adrien de nuevo se rio pensando que ese enano sería un excelente general.
Mandón, protector, temerario y sobre todo listo como una ardilla.
-A ver, general, ya hablaréis con detalle del resto de las condiciones, más,
ahora, ¿qué te parece si subes a recoger todos tus enseres y los de Janet
antes del almuerzo para que todo lo tengáis listo para el momento de
vuestra partida? Además, si no me equivoco, aún has de hacer los deberes
de cálculo.
Leroy bufó mirando a Adrien.
-Ya sé sumar muy bien.
Adrien estiró el brazo tomando de uno de los cajones de Sebastian un pliego
en blanco y una pluma y escribió varias cifras rápidamente.
-Bien, pues si eso es cierto, esta tarea te resultará sumamente fácil. Has de
decirme cuánto suman todas estas cifras y no puedes valerte de la ayuda de
ninguna damita fácil de embelesar por tus temerarios rizos, ni de Josh por
mucho que quiera ayudarte.
Leroy tomó la hoja y abrió la boca exageradamente al ver las cifras.
-No tengo tantos dedos en la mano. -Se quejó arrancando una carcajada
a Adrien y al duque.
-Y precisamente eso demuestra que aún no has perfeccionado las sumas.
Has de saber sumar sin usar esos deditos peligrosos tuyos.
Leroy le miró entrecerrando los ojos:
-Si lo sumo bien, ¿qué premio me daréis?
-Tu premio será la sabiduría.
Leroy resopló:
-Estoy negociando, milord. Habéis de hacerme una oferta.
Adrien se carcajeó porque presumía eso de “negociar” se lo había enseñado
ese hermano suyo que tanto los enredaba a todos.
-Dile a Josh que deje de enseñarte enredos y modos de sonsacar cosas a
propios y extraños.
Leroy sonrió:
-Lady Ashton siempre dice que no he de aceptar la primera oferta.
Adrien se rio de nuevo.
-De modo que es esa condesa peligrosa la que te enseña semejantes
artimañas… -Leroy asintió complacido.
-Bien, pues, en tal caso, negociemos. Tú haces tu tarea y yo no le digo a
cierta damita quién se ha comido las galletas de limón que dejaron esta
mañana en su alcoba junto a su chocolate caliente.
Leroy abrió los ojos sosteniéndole la mirada:
-No se enfadará. Siempre acabo comiéndolas yo.
-Es posible, más, imagino siempre te ofrece ella comértelas y no se las
robas antes de que las vea.
Leroy bufó:
-No se las robé. Es que ella nunca se las come.
-Hum hum… -Se burló Adrien sonriendo.
-Bueno, vale… pero no se lo digáis que no quiero que se enfade conmigo. -
Acabó cediendo, aunque bien sabía Adrien que Emma lejos estaba de
enfadarse con ese enano por muchas galletas que tomase a escondidas.
-Bien, pues con la negociación finalizada, ve a cumplir tu tarea antes del
almuerzo. -Decía Adrien tomándolo por los hombros haciéndolo girar en
dirección a la puerta.
En cuanto salió por la puerta el duque que miraba a Adrien con fijeza
preguntó:
- ¿Y vos como sabéis que Emmaline no ha tomado dichas galletas? De
hecho, ¿Cómo sabéis que se las ponen en la bandeja?
Adrien sonrió:
-Porque yo mismo pido que se las pongan junto con el chocolate sabiendo
que se las acabará cediendo a ese enano. Así me aseguro que Leroy no
se mueve de su lado hasta que su doncella va a prepararla para bajar.
El duque se rio negando con la cabeza:
-Ni un minuto a solas, ¿no es cierto?
Adrien asintió:
-No me agrada la idea de que la encuentre alguien a solas y tampoco que de
nuevo surja en su cabeza la idea de visitar la casa de sus padres lo que
presumo insistirá en hacer tarde o temprano y quizás si nos negamos, con la
excusa de que aún no está restablecida, tome ella la iniciativa por su
cuenta.
El duque suspiró:
-Quizás no sea mala idea llevarla. Después de todo es la única que tiene
recuerdos reales no solo de esa noche, sino de la vida en esa casa.
-Hablando de la vida en esa casa. ¿Qué fue de los sirvientes? ¿Ninguno de
ellos vio u oyó nada?
-Ese bastardo fue muy listo. Supo que un día a la semana se quedaban casi a
solas con un par de criadas y un par de lacayos y aprovechó esa
circunstancia para entrar con los menos testigos posibles.
Adrien suspiró porque él también tenía la costumbre de permitir que la
mayoría del servicio tomase su día de asueto en el mismo día, costumbre
que quizás debiera empezar a cambiar y pedir que se hicieren en días
separados para que la casa no se quedare tan vacía.
-Prima Emma dice que quiere pasear. -Iba diciendo Josh entrando sin llamar
y sin cortesía alguna mientras mordisqueaba una manzana.
Adrien gruñó.
-Josh, esos modales…
Le miró indiferente antes de encogerse de hombros y continuar su paso
mientras añadía:
- ¿Podemos pasear por el jardín?
Adrien inspiraba lentamente mientras se ponía en pie antes de decir:
-Josh, aún no tiene fuerzas para caminar por su propio pie, menos para un
paseo por el jardín.
-Pero podemos usar la silla que Cam tiene para cuando tiene un paciente
muy ajado y que se cansa al caminar. Con las ruedas podemos llevarla por
los senderos.
Adrien miró al duque que como él lo pensó un segundo:
-Primero, ve a avisar a los guardias para que se coloquen en el jardín e
inspeccionen éste y después, si todo está en orden, sacaremos a Emma. Y
deja de llamarla prima Emma que desde ahora será tu hermana no tu prima.
-Ah, es verdad… -Sonrió divertido-. Qué cosas… -Añadía con
sorna caminando hacia la puerta-. ¿Eso significa que seréis mi tío? -
Preguntaba mirando al duque que también se había puesto en pie y
caminaba hacia la puerta.
El duque alzó las cejas antes de reírse:
-Que los cielos me asistan de teneros como sobrino, milord. Algo me dice
que acabaría sufriendo severos ataques al corazón.
Josh se carcajeó y en cuanto llegaron al corredor salió presto al tiempo que
decía:
-Voy a avisar a los guardias y a Leroy. Inspeccionaremos los jardines.
Adrien suspiró pesadamente antes de mirar al duque.
-Deberíamos redoblar los guardias en los jardines para la
presentación. Carmond house tiene unos jardines demasiado grandes para
que no haya recodos donde esconderse.
El duque asintió:
-También lo he pensado, más aún en la noche con lugares carentes de luz.
-Habremos de asegurarnos que Emma no sale al jardín durante la velada ni
se deja enredar por nadie para ello.
El duque se rio:
-Aún conocéis poco a Emmaline si pensáis que es fácil de enredar cuando
no quiere hacer algo.
Adrien sonrió pensando que ciertamente solía hacer las cosas a su antojo y
gusto no atendiendo razón que no fuere la suya.
En cuanto entró en el salón sintió los ojos fijos de Emma sobre él sonriendo
al toparse con ellos con un inconfundible recelo bailando en su
inconfundible miada. Se acercó hasta ella tomando asiento en el brazo de su
sillón.
- ¿Así que deseas salir al jardín?
Emma rodó los ojos con impaciencia:
- ¿De qué has hablado con mi tío? -Preguntaba bajando la voz.
Adrien sonrió mientras se inclinaba y la besaba en la frente tras mirar de
soslayo al duque para asegurarse que no estaba mirando.
-Hemos hablado de que soy el mejor de los candidatos a esposo de una
fierecilla como tú. -Contestaba acariciando su frente con los labios.
Emma bufó separando ligeramente su rostro para poder mirarlo.
-Dudo que mi tío haya convenido tal cosa. Seguramente habrá llegado a la
misma conclusión que yo y ha decidido que es mejor un conde conocido
que un duque por conocer.
Adrien se rio por su mirada desafiante y su tono burlón.
-No cambiarías a tu conde por mil duques.
-Pues no estés tan seguro. -Contestó ella con desafío en la mirada y en su
media sonrisa antes de desviar los ojos hacia los ventanales por los que
hubo visto salir a la carrera a Josh y a Leroy-. ¿Por qué se han ido Leroy y
Josh?
-A inspeccionar los jardines junto con los guardias.
Emma entrecerró los ojos:
-Creéis que entrarían en los jardines en pleno día.
-Entraron en el parque en pleno día, Emma. Es evidente que no temen ser
capturados o al menos no tanto como debieran. Tenlo presente porque
durante tu presentación has de procurar no quedarte a solas con nadie y
también evitar en lo posible salir a los jardines.
Emma asintió:
-De noche no vería nada por los jardines de Carmond house. Dudo desee
recorrerlos en la oscuridad sabiendo que hay un asesino persiguiéndome.
Adrien sonrió inclinándose para volver a besarla, esta vez suavemente en
los labios, antes de decir:
-No debiera olvidar que eres una damita muy lista, ¿no es cierto?
Emma asintió sonriendo:
-Más lista que cierto conde, según mi parecer.
Adrien se rio negando con la cabeza antes de levantarse para enseguida
tomarla en brazos sorprendiéndola:
-¿Qué…?
Sin dejar terminar la pregunta echó a andar hacia los ventanales al tiempo
que hacía una señal al mayordomo para que le acercare la silla con ruedas
de la que habían hablado los niños, aunque, de momento, él no se privaría
de llevarla en brazos disfrutando de su tacto mientras rodeaba su cuello con
los brazos y su suave aroma afrutado inundando sus fosas nasales. Al
alcanzar la terraza sonrió como un lobo porque no veía moros en la costa y
sin esperar la llegada de los niños o de otros acompañantes que se le
antojarían indeseables por inoportunos, la besó suave en los labios.
-Mi condesa será un delicioso manjar que no tendré reparos ni vergüenza de
devorar a placer en cuanto la tenga a mi alcance.
Emma gruñó enterrando su rostro en su pecho.
- ¿Por qué presumo tendré que ir escondiéndome como una mera ladrona en
mi propia casa para encontrar un poco de paz para escribir mientras mi
esposo intentará encontrarme para asaltarme sin esa vergüenza y reparo que
anuncia no tendrá?
Adrien se rio mirándola travieso.
-Cielo, tú podrás escribir mientras yo trabaje o despache con los
administradores, más, después de ese tiempo, serás mía pues pienso
devorarte sin mesura.
- ¿A que me busco un duque menos hambriento? -Preguntaba desafiante
mirándole con cierta picardía.
Adrien se rio al tiempo que notaba al mayordomo acercándose.
-No lo harás. Prefieres ser mi condesa que una duquesa más.
Emma bufó:
-Cuanta arrogancia, milord. -Respondía con un tono de señorita estirada que
no hizo sino que él se riese más aún antes de depositarla con sumo cuidado
sobre la silla, tomando enseguida la manta que le cedía el mayordomo para
ponerla sobre sus piernas. En cuanto empujó la silla unos metros Emma
alzó el rostro hacia él que se encontraba a su espalda y sonriendo dijo-: Un
método francamente cómodo de ir.
Adrien sonrió inclinándose para besarla en los labios rápidamente y después
en su frente.
-Siempre a su servicio, condesa.
Emma entrecerró los ojos mientras le observaba enderezarse para volver a
empujar la silla hacia uno de los senderos.
- ¿Siempre serás servicial?
Adrien se rio entre dientes bajando la mirada hacia ella:
-Siempre, salvo cuando se te ocurra llevarme la contraria como tanto gustas
solo por el placer de contrariarme no de rebatirme.
Emma resopló:
-Yo no hago eso. Solo te llevo la contraria cuando no tienes razón, lo cual
no tengo yo la culpa que sea en numerosas ocasiones.
Adrien soltó una carcajada antes de mirar al fondo del sendero por el que se
acercaban a la carrera Josh y Leroy.
-Ahí llegan esos dos terribles protectores.
Emma sonrió viéndolos llegar hasta ella jadeantes.
-No hay enemigos en el jardín. -Anunció Josh casi sin resuello-. Y no hay
serpientes ni animales peligrosos.
Emma asintió como si así confirmase su eficacia:
-Bueno es saberlo. Supongo que entonces podremos pasear tranquilos.
Estuvieron paseando durante más de una hora pues Josh y Leroy no hacían
sino instarlos a ir a tal o cual rincón de los jardines de Chester House lo que
no hacía sino reír a Emma por lo que Adrien les dejó que la enredasen a
placer. Al regresar y tras un ligero refrigerio, ayudó a que Emma subiere al
carruaje ducal con ayuda de Josh y Leroy para su traslado a Carmond
House.
La idea de saberla bajo el techo del duque le producía cierta tranquilidad
pues, como le hubo enseñado su excelencia nada más llegar, la mansión
ducal se había convertido en una fortaleza plagada de guardias, más, al
mismo tiempo le producía cierta inquietud ya que no sería él el que se
asegurase del bienestar y protección de su condesa, especialmente porque
dada esa protección extra no veía cómo colarse en las habitaciones de
Emma para pasar las noches con ella, lo que, siendo sincero consigo mismo,
era más una necesidad para él que para la seguridad de ella.
Sentado en el salón de su propia casa, con David al otro lado en uno de los
escritorios y su madre en un sillón bordando tras una tranquila cena,
observaba el baile de las llamas en la chimenea con callada tensión no
ignorando que el saber casi imposible colarse en las estancias de Emma le
estaba poniendo ansioso.
-Presumo, -Empezó a decir su madre lo que le hizo alzar los ojos hacia
ella-, habremos de empezar los preparativos para los esponsales.
Adrien asintió entrecerrando los ojos esperando dónde querría su madre
llegar con ese comienzo.
-Y si el anuncio se realizará la noche de la presentación, no podremos
demorarnos demasiado en poner en marcha todos los preparativos… -
Adrien sonrió comenzando a intuir lo que deseaba preguntarle.
-Sí, madre, puedes estar segura de que pienso poner todo de mi parte para
tener hijos con premura lo que significa que podéis planear los esponsales y
a corto plazo la llegada de nuevos miembros en Valleyland.
-Es bueno saberlo, más, haznos un favor, Adrien, sé discreto a la hora de
asegurarte esa descendencia.
David se carcajeó porque era evidente las damas de la familia no ignoraban
que todos los varones desposados recientemente se habían saltado las
normas de un cortejo meramente formal compartiendo lecho con sus
prometidas antes de los esponsales.
Adrien gruñó mientras que su madre sonreía divertida por el rostro que
lucía. Se levantó dejando la copa a un lado y colocándose bien las puntas de
su chaleco dijo antes de caminar hacia las puertas dobles de salón.
-Si me disculpáis, creo que iré a reunirme con Calvin al club.
-Te acompaño. -Se apresuró a decir David levantándose como un resorte.
Nada más llegar al club encontraron a Calvin conversando en uno de los
salones con varios caballeros de los que se despidió para acomodarse con
sus dos primos en unos sillones apartados del gran salón. Sonriendo ladino
miró a Adrien tras tomar las copas que les entregaba un lacayo:
- ¿Esa cara que luces se debe a que no puedes colarte en la alcoba de cierta
prometida? -Adrien rodó los ojos mientras su hermano se reía.
-Al menos está a salvo. -Decía David entre risas-. Especialmente vigilada
como está por Leroy y nuestro hermano.
-No me recuerdes que esos dos enanos están enredando a Emma que me
pongo aún de peor humor. -Reconoció haciendo a sus dos acompañantes
reírse más aún.
Y más se habrían reído cuando en la mañana temprano no esperó siquiera a
terminar un desayuno temprano para marcharse a visitar a su terca
prometida que ya se encontraba acomodada en uno de los salones, con
Leroy, Josh y Janet sobre una alfombra frente a una gran chimenea
jugueteando con Caramelo, su perrito.
Sonrió acercándose a ella viéndola charlar con Leroy y Josh sobre posibles
pesquisas para detectar a “los malos”, como los llamaba Leroy, mientras
paseaban por Londres.
-Hola, mi hermosa prometida. -La saludó sorprendiéndola pues la besó en la
mejilla haciendo que ella se ruborizase ligeramente, lo que le encantó
porque traslucía más de lo que ella imaginaba.
Emma suspiró mirándolo sorprendida y silenciosamente encantada de que
se tomase ese tipo de libertades con esa soltura. Adrien se sentó en el brazo
del sillón donde ella estaba acomodada.
-Bien, mis jóvenes custodios, ahora la damita queda en mis manos mientras
vosotros dos podéis iros a montar a caballo.
Josh se impulsó de golpe quedando de pie y después con más calma Leroy
que frunciendo el ceño miró a Emma y después a Janet.
-Yo cuidaré de mis damitas. -Le aseguró Adrien con una media sonrisa.
-Pero…
Emma le sonrió deteniéndolo:
-Estaremos muy bien. Janet se quedará con Dulcy mientras el conde me
saca de paseo por el jardín. Vosotros podéis ir a montar y así cuando
regreséis estaréis despejados para vigilarme como halcones.
Adrien se rio entre dientes:
- ¿No querías montar el caballito negro de su excelencia?
Leroy chasqueó la lengua antes de mirar a Emma y después a él:
-No os separéis de milady. El peligro se cierne sobre ella.
Emma se rio y Adrien se carcajeó por la mirada y el gesto de Leroy y más
por esa expresión en exceso teatral.
-Está bien, no dejaré que ese peligro se cierna en exceso sobre ella.
En cuanto se marcharon y una vez Dulcy tomó a Janet y su cachorro y se
los llevó al cuarto de juegos, Adrien tomó en brazos a Emma para llevarla
al pequeño invernadero que el día anterior vio en los jardines de Carmond
House y que le daría un poco de intimidad.
- ¿Puedo saber dónde me llevas? -Preguntaba mientras rodeaba sus
hombros con sus brazos acomodándose mejor en los brazos de Adrien.
Sonriendo la besó en la mejilla sin detener su caminar encontrándose ya en
la terraza:
-Te llevo a un lugar donde poder disfrutar de mi prometida con cierta
reserva, lejos de la mirada de guardias y, sobre todo, de familiares
sobreprotectores.
Emma sonrió:
-Anoche no viniste a verme.
-Digamos que no me iba a resultar fácil colarme en la alcoba de cierta
damita sin ser detenido por hombres armados.
Emma se rio entre dientes:
- ¿He de deducir, milord, que no sois lo bastante hábil para colaros en la
alcoba de una dama sin ser detectado? Y yo que os presumía un canalla
curtido en ese tipo de hazañas.
Adrien se rio por la impertinencia y el tirón de orejas.
-Pequeña impertinente. Lo creas o no, conozco mis propios límites, y medio
centenar de hombres rodeando una casa en Londres podría ser considerado
uno de ellos.
-Oh, pobrecito conde… no saber colarse en la alcoba de su prometida… -Se
burló divertida-. Pero, gracias a la ignorancia e incompetencia de cierto
prometido, yo he dormido a pierna suelta.
Adrien se detuvo y observó con detalle su rostro sabiendo enseguida que
mentía por la ligera sombra bajo sus ojos. Gruñó y de nuevo caminó en
dirección al pequeño invernadero deseando tenerla para él solo porque esa
noche hubo notado como nunca la ausencia de alguien a su lado, buscando
constantemente su cuerpo, su aroma, la tersura de su piel.
Se acomodó en unos sillones de madera con enormes cojines situados junto
a una pequeña fuente en el centro del invernadero, dejándola a ella en su
regazo plenamente rodeada por sus brazos.
-No has dormido. -Afirmó tajante pasando las yemas de sus dedos bajo sus
ojos-. ¿Me has añorado o has tenido de nuevo pesadillas?
Emma suspiró pesadamente pues él era el único que siempre parecía saber
lo que le ocurría.
-Un poco de ambas cosas. -Reconoció-. Pero no empieces a hinchar tu
orgullo.
Adrien sonrió ladeando el rostro para enterrarlo en su cuello inhalando su
aroma afrutado y disfrutando de la tibieza de su piel mientras deslizaba sus
labios por su cuello.
-Es tarde para pedir que no hinche mi orgullo… -Murmuró-. Me has
añorado. Y yo a ti.
Emma separó el rostro para mirarlo bien midiendo la verdad de sus
palabras.
- ¿Me has añorado?
-Sí. Eres ya parte de mí. Deberías metértelo en esa terca cabeza. Ya no
puedo ni quiero separarme de mi condesa francesa.
Emma sonrió:
-Solo soy medio francesa. Además, nací aquí y no hablo muy bien francés.
Adrien sonrió canalla.
-Pues mi querida condesa, seré tu profesor y te enseñaré cuán delicioso
pueden resultar a los oídos ciertas frases en francés susurradas en el
momento oportuno.
- ¿El momento oportuno? -Preguntó curiosa mirándolo con evidente interés.
-Amor, cuando te tenga entre mis brazos, ambos deliciosamente desnudos y
disfrutemos de nuestra íntima privacidad, te prometo que te susurraré
licenciosas palabras en francés y te encantarán.
Emma sonrió divertida por lo pecaminoso que se mostraba sin tapujos.
- ¿Así que me enseñarás el idioma de mi padre solo para tu placer?
-Para nuestro placer.
-Umm… interesante… sois un peligro para una inocente dama como yo,
milord.
Adrien de nuevo se rio y rápidamente la besó con lentitud queriendo
aturdirla ligeramente. La agradable sensación de tenerla entre sus brazos,
entregada y con esas suaves manos acariciando su nuca tuvo el inmediato
efecto en él, esperando no resultar demasiado evidente para su muy
inocente prometida sentada precisamente ante la prueba de esa reacción.
Emma se separó de él ligeramente rompiendo el beso sonriendo.
-Interesante…
Adrien alzó las cejas mientras ella sonreía traviesa.
-Emma… -Ella se rio divertida mientras Adrien gruñía incómodo por
hallarse duro como una roca con sus nalgas precisamente acomodadas sobre
esa excitación-. No te muevas. -Le ordenó con voz ronca lo que hizo que
ella se detuviese y le mirase con las cejas alzadas-. Eres mala… -Gruñó
enterrando el rostro en su cuello-. Quiero devorarte entera. No creo poder
esperar a una boda que no se celebrará hasta dentro de un mes, con suerte.
Emma le tomó el rostro entre las menos y se lo alzó para que lo mirase.
-Creí que habías dicho que los prometidos pueden tomarse ciertas licencias.
Quizás no tantas como querrías, pero dado que no voy a echarme atrás, no
creo que pase nada por tomarnos algunas más, siempre que, mi muy experto
canalla sea capaz de hacerlo con la discreción requerida.
Adrien se rio entre dientes negando con la cabeza:
- ¿Estás pidiéndome que me tome más licencias que las ya tomadas? Porque
te aseguro pensaba tomármelas, más no ahora, sino cuando mi muy
impulsiva prometida se hubiese recuperado del todo y cuando pueda lograr
llevarla a lugares privados, lejos del hogar de su tutor y más aún lejos de
guardias que nos vigilen.
Emma emitió una risilla traviesa:
-Pues milord, para eso primero tendría que asegurarte que el marqués es
apresado y llevado a la torre para que deje de incordiar.
Adrien la miró con fijeza unos segundos tornando su rostro serio:
-Emma, prométeme que no harás nada que te haga correr riesgo alguno
hasta que lo atrapemos y eso implica no hallarte nunca sola ni lejos de la
protección de los guardias. En la fiesta de tu presentación no te alejes de los
salones principales si no es conmigo y no dejes que nadie te lleve a rincón
alguno lejos de la protección de la cercanía de otras personas.
Emma asintió:
-Solo dejaré que un conde pecaminoso me lleve lejos de las miradas de los
demás.
Adrien sonrió y mirando a su alrededor para asegurarse que nadie se había
acercado al invernadero llevó sus dedos a la botonadura que cerraba la parte
delantera de su vestido abriéndolo con asombrosa facilidad demostrando
cuán hábil era en esas lides. Dejó expuesto su pecho apenas cubierto por
una ligera camisola de lino y con una mirada maliciosa y una sonrisa ladina
deslizó los dedos por el borde de esa camisola bajándosela con rapidez
exponiendo sus rosados pezones que acarició lentamente antes de besarla
con deliberada lentitud.
-Estas delicias han de ser devoradas. -Murmuró bajando la cabeza hacia sus
pechos apoderándose de uno de ellos arrancando un gemido de placer en
Emma que se aferró a sus hombros mientras se arqueaba de modo atávico e
involuntario exponiéndose aún más a él. Tomó su otro pecho con la mano y
empezó a torturarlo mientras devoraba hambriento ese pezón que
mordisqueaba y lamía con deliberada entrega.
Gruñó pasando de un pecho a otro con hambre mientras deslizaba su mano
por debajo de su falda alcanzando el interior de sus muslos abriéndoselos
ligeramente antes de dar un tirón a sus pantaloncitos escuchándose un
desgarro que claramente implicaba haberlos roto.
-Adrien. -Se quejó ella mientras sus ojos nublados demostraban su poca
lucidez.
-Shhh. -Le ordenó sin detener su pequeño festín deslizando los dedos entre
sus muslos arrancándole un pequeño grito-. Silencio…- Le ordenó alzando
el rostro apoderándose de sus labios-. Silencio, amor, o nos hallaremos
rodeados rápidamente de guardias que se escandalizarán.
Emma gimió incapaz de detenerlo, no queriendo detenerlo. Adrien la
colocó en el banco entre los cojines arrodillándose delante de ella entre sus
piernas rodeándola con los brazos lanzándose de nuevo hacia esos preciosos
pechos sonrosados, tiernos, perfectos al tiempo que sus manos descendían
por su cuerpo alzando la parte delantera de sus faldones.
-Ahora, mi terca fierecilla, deberás guardar silencio. -Murmuró contra sus
labios antes de descender lentamente por sus pechos hasta la cumbre de sus
muslos.
Abrió más sus muslos mientras tiraba de ella ligeramente hacia el borde sin
detenerse antes de dar un lametón a ese botón sonrosado, húmedo y
expuesto que le supo, como la vez anterior, a pura ambrosía. El gemido de
placer de Emma le sirvió de acicate para repetir su acción varias veces
mientras con los dedos empezaba a torturarla al mismo tiempo. Ella se
removía con nerviosismo aferrándose con ambas manos al banco mientras
él sin detener su hábil tortura la devoraba introduciendo sus dedos en ella
con ávida agilidad. Los pequeños mordiscos en su pequeño botón lograban
arrancarle pequeños gritos que a él le sonaban a la mejor música. La
suavidad de su piel, la humedad que empezaba a ser fruto de su placer le
llevó a endurecerse aún más que antes y con ansia alzó su cabeza
apoderándose de sus pechos que mesuró, mordisqueó y lamió mientras con
sus dedos seguía entrando y saliendo de ella con un ritmo bien pautado
logrando que ella apretase sus dedos en su interior en inconsciente
respuesta.
Emma, sorprendiéndolo, tiró de su cabello alzando su rostro para besarlo
con la misma hambre que él.
-Más… -Murmuró contra sus labios.
Adrien gruñó sin dejar de devorarla.
-No, cariño, no pienso robarte la virtud en un invernadero.
Emma se detuvo mirándolo, seria, aferrando su rostro entre sus manos.
-Quiero ser tuya y no quiero esperar.
Adrien le sostuvo la mirada con firmeza sabiendo que tras esa petición se
escondía algo más. Se aupó para poder abrazarla pegándosela del todo
quedando cara a cara.
- ¿Por qué quieres que nos tomemos tan apresuradamente?
- ¿Y si me matan antes de desposarnos? Nunca sabré lo que es…
Adrien le detuvo besándola.
-No permitiré que te alejen de mí y menos aún que te lleven de mi lado para
siempre. -Afirmó con rotundidad.
Emma sonrió asintiendo, rodeando su nuca con sus brazos mientras lo
miraba con los ojos nublados de deseo. Adrien sonrió como un lobo antes
de besarla y volver a descender por su cuerpo que lamía, besaba y
mordisqueaba a placer. Casi estuvo a punto de estallar cuando ella lo hizo
bajo sus manos y boca solo conteniéndose por no querer perder el control si
no era con ella en una cama, completamente desnuda y con ambos
entregados al mero placer de tomarse el uno al otro.
Mientras recobraba el oremus, él la acomodó de nuevo ajustando sus ropas
y la sentó en sus rodillas abrazándola y dejándola descansar sobre su pecho
mientras él besaba y acariciaba su cuello y sonrosado rostro con calmada
tranquilidad.
-No vas a poder llegar a mi alcoba. -Dijo sonriendo traviesa mientras alzaba
por fin el rostro y rodeaba su cuello con sus brazos.
Adrien gruñó:
-Y esa certeza es la que ha impedido que duerma con mi condesa entre los
brazos en la pasada noche y no me ha gustado en absoluto.
Emma se rio entre dientes.
-Bueno, Leroy y Josh han hecho bien de cancerberos y Leroy ha dormido
gran parte de la noche en mi cama.
Adrien gruñó:
-Voy a tener que enseñar a ese enano a no meterse en la cama de mi esposa
si no quiere recibir azotes por osado.
Emma se rio:
- ¿Así que osado? ¿Y cómo os tildáis a vos mismo, milord, por hacer eso
cuando ni siquiera eráis mi prometido?
-Tú, Emma, ya eras mi prometida desde el instante de aparecer en
Valleyland pues en cuanto pisaste mis tierras pasaste a ser parte de ellas y,
por lo tanto, parte de mí.
Emma se rio:
-Pero si no me soportabas, de hecho, yo te detestaba pues como buen
déspota y tirano tenías un carácter de imposible sufrimiento.
- ¿Tenía? ¿De modo que reconoces que ya no lo tengo?
-No corras, no corras que ese tipo de caracteres imposibles tardan años,
siglos, seguramente, en corregirse.
Adrien se rio enterrando el rostro en su cuello inhalando su aroma y
disfrutando de la tibieza de su piel.
-Pues tendrás que pasarte siglos a mi lado, incluso cuando ya no seamos
más que almas no terrenales, y corregir mi despótico y tiránico carácter.
-Bueno, siempre puedo simplemente mandarte al más allá y dejar que sean
Dios o el Demonio el que se encargue de tal tarea mientras yo, como
doliente viuda, disfruto de las mieles de mi tranquila viudedad.
Adrien se rio:
-Me añorarías en exceso.
Emma se encogió de hombros:
-Sería cuestión de probarlo. Quizás sea una añoranza soportable… -Añadía
con picardía mientras que él negaba con la cabeza sonriendo.
-No podrías soportarlo.
Escucharon ruidos más allá y Adrien supo enseguida que era alguien
acercándose. La sentó con cuidado a su lado y él, tomando su mano entre la
suya, se separó solo lo imprescindible para conservar el decoro. Sonriendo
la observó mirar en dirección al sendero presumiendo que sería su tío pues
se había enderezado ligeramente al tiempo que se ruborizaba como si se
supiere pillada en falta.
-Mi prometida se vuelve ligeramente tímida cuando se sabe culpable de un
pequeño interludio con su prometido. -Susurró inclinándose para besarla
pícaro en el cuello.
-Estaos quieto, pesado. Si su excelencia os pilla besándome sin carabina…
- ¿Qué haría? -Preguntó travieso-. ¿Nos obligaría a desposarnos con
premura?
Emma rodó los ojos.
-Quizás mande doblar la guardia y os impediría entrar hasta el mismo día de
los esponsales.
Adrien se rio negando con la cabeza pues dudaba tal cosa aconteciera y más
aún que él lo permitiese.
Para su sorpresa quiénes aparecieron fueron Sebastian y Alejandra que
llevaban sendos cochecitos de bebé rodando por la gravilla del sendero.
Adrien sonrió poniéndose en pie instándola a hacerlo también con sumo
cuidado quedando apoyada en él para evitar que se cansare en exceso.
-Pero ¿Qué ven mis ojos? ¿Sus excelencias nos honran con su visita? -
Preguntaba con evidente diversión.
-Pues sí, os honramos. -Contestaba Alejandra de igual modo-. Vamos al
parque de paseo con mis pequeños para presumir como corresponde
mientras Teresa y Cami están en su lección de esgrima.
Adrien negó con la cabeza sonriendo:
-Lo que es una información interesante, más, en absoluto aclaratoria del
motivo que os trae por estos lares a tan temprana hora.
Sebastian suspiró pesadamente:
-Quizás mi motivo sea darte con una piedra en la cabeza, mentecato… -
Miró a Emma sonriendo amable-. ¿Cómo os encontráis? Lucís francamente
restablecida.
-Me encuentro mucho mejor, excelencia. Aunque aún me cueste un poco
caminar ya que me canso con facilidad.
-Razón por la que un encantador prometido tiene a bien llevarte en brazos. -
Se apresuró a decir Adrien al tiempo que la tomaba en ellos a pesar de los
refunfuños de Emma-. Excelencias, vayamos al interior donde poder
acomodar a mi hermosa prometida en cálido y confortable lugar antes de
que os marchéis a pasear.
Alejandra rodó los ojos:
-Seguimos sin decir qué nos ha traído hasta aquí, “conde”. -Añadía
mirándolo falsamente reprobatoria.
-Cierto, más, podéis informarnos de ello camino de la casa. -Contestaba
saliendo del templete con Emma en sus brazos.
Caminaban de regreso a la casa con Alex y Sebastian llevando sendos
cochecitos tras ellos cuando Sebastian señaló:
-Lo que veníamos a hacer, además de querer ver a milady y su mejoría, es
informar a su excelencia de la visita en la tarde de lord Wilbor pues ha
mandado misiva para hacernos saber que tiene algunas novedades sobre el
marqués de las que cree oportuno informarnos. De modo que me he tomado
la licencia de pedir que venga a Carmond House, ya que su excelencia
querrá ser el primero en ser informado.
- ¿Lord Wilbor? -Preguntó Emma desconcertada.
-Es una larga historia. Ya te la contaré más adelante… -Contestaba Adrien
con calma haciendo que ella le mirase entrecerrando los ojos antes de
asentir.
Alejandra sonrió mirando a Emma por encima del hombro:
-Milord posee un establecimiento al que acude la flor y nata de la sociedad
y personajes no tan bien recibidos en las casas de rancio abolengo de
Mayfair. -Señalaba con una más que palpable diversión en su tono y
mirada.
-Ahh…
-Sí, ah. -Se reía Adrien divertido por la respuesta de Emma a la que sabía
con la curiosidad despierta hacia el primo de la esposa de Lucas.
-Bueno, ya me enteraré de la historia de lord Wilbor, parece prometedora. -
Añadía divertida.
Alejandra se rio:
-Sí, desde luego es “prometedora”.
Al llegar al salón donde ya habían regresado Janet y Dulcy, Adrien la
acomodó en el mismo sillón ocupado cuando él llegó mientras que Dulcy,
ya puesta en pie, preguntaba a Emma si deseaban un té a lo que ella asintió
ofreciendo asiento a los duques, pidiendo, al tiempo, que informasen a su
tío de que los duques se encontraban allí.
-Buenos días, señorita Janet. -Sonreía Sebastian tomándola en brazos para
sentarla junto a Alejandra-. ¿Dónde se encuentra ese peligro que tiene por
hermano?
-Ha ido a montar a caballo. Milord le ha dicho que podía ir con su hermano.
-Contestaba con timidez.
Adrien sonrió asintiendo:
-Así es. He dado permiso a esos dos enanos para que dejen descansar a mi
prometida.
-Ah, ¿Qué eso es lo que has hecho? -Preguntaba ella con sorna.
Adrien, sentado en el brazo del sillón, se rio asintiendo.
-Precisamente eso es lo que he hecho.
-Excelencias, milord, disculpad mi retraso, pero estaba atendiendo asuntos
de inexcusable aplazamiento. – Iba diciendo el duque mientras se acercaba
una vez dentro de la estancia haciendo a ambos caballeros ponerse en pie
para hacer una ligera cortesía-. Querida, ¿Has pedido una bandeja para
atender a nuestros invitados?
-Sí, tío. -Contestaba Emma sonriendo cuando vio a Adrien quedarse de pie
a su lado en vez de volver a tomar asiento junto a ella.
-Excelencia, espero no me consideréis en exceso descortés, más, he pedido
a lord Wilbor que venga en la tarde a Carmond House ya que parece contar
con novedades sobre el marqués.
- ¿De veras? Quizás alguna prueba que nos resulte útil…
En el momento en que se acercaron dos doncellas con las bandejas, uno de
los gemelos tuvo a bien ponerse a llorar y lejos de pedir a la niñera, sentada
al fondo de la sala, que atendiera a su hija, Sebastian la tomó en brazos
acunándola y meciéndola con cariño.
Adrien sonrió porque incluso el duque parecía ya acostumbrado a ese tipo
de gestos de Sebastian y ya ni se alteraba lo más mínimo pues simplemente
continuó conversando relajado con los demás mientras Sebastian caminaba
alrededor de la estancia meciendo a su pequeña.
-Hola. -Saludaba Josh entrando en la estancia besando de inmediato a
Alejandra en la mejilla antes de sentarse en un taburete sonriendo y
tomando enseguida un par de galletas, una de las cuales entregó a Janet.
-Madre no gustará saber que pareces haber olvidado toda norma de
cortesía… -Le reprendió Adrien.
Josh sonrió:
-Me temo, hermano, que no alcanzo a entender a qué te refieres, pues si es
por no haber saludado como corresponde a mi anfitrión, he de informarte
que nos hemos visto en el vestíbulo hace unos minutos donde he
considerado una norma de decoro y cortesía saludarlo como su augusta
persona merece.
Emma se rio entre dientes mirando de soslayo a Adrien que suspiraba
pesadamente mientras rodaba los ojos.
-Bien, pues informa a mi augusta persona, ¿Dónde se halla tu compinche de
fechorías?
-Leroy estaba terminando de cepillar a su caballito. Se pone muy pesado
con cepillarlo dos veces. -Respondía antes de llevarse una nueva galleta a la
boca.
Emma de nuevo se rio entre dientes alzando los ojos hacia Adrien:
-Es muy concienzudo…
-Ya veo. -Sonrió negando con la cabeza antes de desviar los ojos a su
hermano que de nuevo tomaba una galleta y se la daba a Janet que la
tomaba sonriendo a ese enano que lograba embelesar a la damita más
curtida con solo su sonrisa y, desde luego, era de los pocos que conseguía
arrancar una sonrisa sincera a la pequeña Janet.
-Uy… -La voz de Leroy les hizo girar la cabeza hacia la puerta antes de
verlo acercarse a la carrera y detenerse frente a Alejandra a la que besaba en
la mejilla y después se acercaba al duque haciendo una cortesía obviando a
los demás pues se acercó al cochecito donde aún dormía el pequeño Andrés.
- ¿Dónde está lady María?
-Aquí. -Contestaba Sebastian acercándose y al tenerlo frente a él se agachó
para que viere a su, ahora, dormida hija a la que besó en la frente como
solía gustarle hacer cuando veía a la pequeña hija de Alejandra.
- ¿Habéis venido a visitar a milady? -Preguntaba curioso.
-Y después vamos a pasear al parque con mis pequeños. -Contestaba
Alejandra.
Leroy entrecerró los ojos y miró a Sebastian.
- ¿Os acompañan guardias? La ciudad es peligrosa para los niños
pequeñitos.
Sebastian se carcajeó:
- ¿No me crees capaz de cuidar de mis vástagos y mi esposa como
imponente duque que soy?
Leroy se encogió de hombros.
-Sois solo uno para proteger a tres. Tenéis desventaja.
Esta vez no solo Sebastian sino el duque de Carmond se carcajearon.
-Hay que reconocer que los libros de batallas empiezan a convertirte en un
estratega peligroso incluso sin ejército alguno acechando.
Leroy sonrió orgulloso al duque como si hubiere recibido el mejor de los
cumplidos haciendo reír a todos.
-Ven, mi peligroso estratega. -Decía Emma dando un par de golpecitos en el
brazo de su sillón instándolo a subirse en él-. Cuéntame que tal el paseo.
-Hemos hecho una carrera con unos estirados que estaban molestando a
unas damitas bonitas y les hemos vencido.
Josh se rio.
-Eran los sobrinos de lady Cooper. Los muy tontos se creían capaces de
vencernos. Con el peso que tienen que soportar esos pobres caballos con
semejantes jinetes lo increíble es que puedan dar dos meras zancadas.
Adrien se rio negando con la cabeza:
-De modo que habéis salido en defensa de esas damitas bonitas.
-Aja. -Asintió Leroy- Y cuando hemos regresado, después de ganar, nos han
dado un beso a cada uno.
Adrien de nuevo se rio:
-Menudos trúhanes estáis hechos vosotros dos, enanos peligrosos.
-Nos han llamado caballeros valientes. -Añadía Leroy hinchando el pecho.
Emma se rio mientras que Adrien, tomando su mano, sonrió;
-No alientes el ego de este enano que empieza a tornarse un peligroso
rompecorazones.
Leroy sonrió orgulloso antes de saltar del sillón y acercarse a su hermana.
- ¿Qué os parece si nos acompañáis al paseo y después os venís a Chester
House a almorzar? -Sugería Alejandra mirando a los tres niños.
-Estamos de guardia. -Contestaba Josh llevándose a la boca una nueva
galleta.
-Emma se queda bajo mis cuidados. -Señalaba Adrien-. Podéis marcharos
para proteger a la duquesa y sus vástagos.
Sebastian sonrió mirándolo con sorna:
-Ya te diré yo lo que pienso de considerarme incapaz de proteger a mi
duquesa y mis pequeños sin la ayuda de dos enanos peleones.
-De proteger a tus pequeños, a tu esposa y a Janet pues a ella habrás,
además, de invitarla a un rico chocolate y esos bollitos que tanto gustan a
las damas de la familia. -Señalaba Alejandra sonriendo traviesa.
Josh se puso en pie rápidamente y tomando la mano de Janet la ayudó a
saltar del asiento que ocupaba antes de mirar a Dulcy que permanecía en
discreto lugar.
-Vamos a por nuestros abrigos. -Anunciaba antes de caminar con ella de la
mano hacia la puerta lo que rápidamente imitó Leroy sonriendo.
Emma se rio entre dientes viendo a los tres salir del salón antes de dirigir
los ojos hacia su tío.
-Pues cuando tienen en mente bollos, se olvidan de toda cortesía.
El duque de Carmond suspiró pesadamente antes de mirar hacia la puerta.
- ¿Te encuentras lo bastante recuperada para acompañar en la tarde a esos
tres pequeños a comprar sus ropas para la fiesta o pedimos a la modista y al
sastre que vengan aquí?
-Mejor que acudan a Carmond House, excelencia. -Señalaba Adrien sin
soltar la mano de Emma.
El duque asintió antes de ponerse en pie haciendo una cortesía.
-En tal caso, si me disculpan me encargaré de hacer los preparativos
mientras mando aviso a mi madre que se halla ultimando los detalles de la
fiesta.
Una vez salió del salón, Adrien se acomodó mejor junto a Emma
rodeándola con un brazo mientras Sebastian dejaba a su hija en su cochecito
tomando asiento después junto a Alejandra.
- ¿Entonces hemos de suponer que la fiesta sigue su curso como hasta
ahora? -Preguntaba Alejandra.
-Así parece. La duquesa y lady Nora no parecen dispuestas a que la fiestas
no sea por menos que tildada de la fiesta del año. Hay un ejército de
mujeres y hombres preparando el salón de baile y los colindantes como si
fuese a celebrarse la fiesta de la mismísima coronación. Hay flores y telas
por doquier. -Contestaba Emma como si no fuese con ella la propia
celebración que se preparaba.
-Bueno, es lógico que quieran que se hable de la presentación como la
mejor en años, más aún cuando la reina ha anunciado su presencia. -Sonreía
Alejandra.
Emma suspiró pesadamente alzando los ojos hacia Adrien que divertido la
sonrió:
-No me mires a mí que no hay forma humana de librarte de esa noche y
menos con la duquesa y la tía Nora como fieras custodias de mi dama.
-No sois nada prometedor como rescatador.
Alejandra se rio:
-No es más que un mero condecillo, milady. No le exijáis demasiado…
Sebastian se carcajeó al igual que Adrien que negando con la cabeza deslizó
los ojos hacia Emma que sonreía divertida.
- ¿No te he dicho ya, mi condesa, que no des alas a los dementes que nos
rodean?
En ese momento entraron Josh y Leroy con Janet de la mano y con sus
abrigos ya colocados convenientemente.
-Podemos irnos. -Anunciaba el primero-. Si tenemos suerte nos
encontraremos con el cambio de la guardia real. Así veremos los cambios
en sus uniformes. La duquesa nos ha dicho esta mañana que desde hace
unos días lucen pequeños cambios en las jarreteras en homenaje a la reina.
Sebastian sonrió poniéndose en pie, ayudando a Alejandra a hacerlo antes
de acercarse hacia los cochecitos de los niños.
-El cambio de guardia se produjo hace más de dos horas, Josh. Se realiza
antes del alba.
-Oh, vaya, pues deberemos encontrar el modo de verlos. -Contestaba
tomando de la mano a Janet mientras Leroy aprovechaba para acercarse al
cochecito donde iba la pequeña Maria.
-Cuando sea mayor, me habéis de nombrar la mano derecha del ducado para
que vele por vuestros hijos. -Afirmaba Leroy tajante mirando a Sebastian.
- ¿Mano derecha del ducado? ¿Cómo la mano derecha de su majestad?
-Aja. Lady Ashton me ha nombrado mano derecha del conde y así cuando
él no esté yo tomaré las decisiones importantes y me aseguraré de que todo
esté en orden.
Sebastian, que ya caminaba hacia la puerta con Leroy a su lado, se carcajeó
por la ocurrencia.
- ¿Y sabe ese pobre primo mío que su esposa os ha nombrado tal cosa?
-Pues… no sé… pero dudo importe. Es milady la que manda. Es mejor
espadachín que lord Lucas.
Eso fue lo último que Adrien escuchó al cerrarse la puerta tras ellos, junto
con la carcajada de Sebastian. Tomó de nuevo a Emma en brazos y la llevó
hacia el piano situado en la esquina del enorme salón junto a unos grandes
ventanales que daban a un invernadero.
-Vamos, mi dama, ya que hemos de esperar con calma el regreso de esos
enanos, debes tocar deliciosas melodías para mí. Sé que tocabas mucho en
casa de tía Nora y que gustas hacerlo para relajarte.
Emma sonrió negando con la cabeza:
-En realidad, lo que me gusta para relajarme es escribir.
Adrien, que se sentó a su lado en la banqueta frente al piano, abría la tapa
sonriendo.
-Ya me encargaré yo de que mi escritora estrella tenga un adecuado lugar
donde poder relajarse a diario para llenar sus bolsillos y de paso los míos.
Emma se rio:
-Eso es muy egoísta.
-Sí que lo es, pero me precio de encontrar el lado rentable a los pequeños
detalles. Es por eso por lo que me encanta actuar como un burgués y no
como un noble de rancio abolengo cuando se trata de negocios y tú, querida
mía, eres un negocio muy rentable para tu esposo. -Decía enronqueciendo la
voz al tiempo que se inclinaba y la besaba en la comisura de los labios de
modo provocativo.
- ¿A que me cambio de editor solo para que dejes de verme como un
negocio rentable? -Preguntaba retándolo con la mirada a pesar de que
sonreía claramente divertida.
-No lo harás, cielo, ahora sé quién se esconde detrás la señora Potiffield y
lejos de ser una excéntrica americana ajada, es mi deliciosa condesa la que
se halla tras ese nombre.
Emma se rio:
- ¿Así que además de creerme americana, me creías una ajada y excéntrica
dama? Qué escasa intuición tenéis, Milord. -Añadía con sorna.
Tas un almuerzo relajado en Carmond House, con las damas de la familia
imbuidas de pleno en los preparativos de la presentación y el duque en los
preparativos más serios de la velada, Adrien pudo disfrutar de la relajada
compañía de Emma con los niños entretenidos jugando en los jardines.
Mantenía a Emma sentada a su lado, ligeramente acomodada en su costado
mientras ambos leían sendos libros, él, en concreto, el manuscrito de un
joven escritor que parecía prometedor.
- ¿Te gusta? -Preguntó Emma mirándolo de soslayo ya que parecía muy
concentrado en la lectura.
-Creo que tiene talento, aunque es Lucas el que mejor sabe intuir las
posibilidades de un escritor novel, más, de momento, creo que yo le daré mi
voto de confianza.
-Milady, tenéis visita. -Anunciaba el mayordomo haciendo una cortesía-. El
señor Joseph Carlton y su hija.
-Hacedlo pasad, por favor y llamad a mi tío pues no dudo guste conocer a
uno de los amigos de lord Phillip.
Adrien, que ya se había puesto en pie la miró frunciendo el ceño mientras
salía el mayordomo.
-Creía que no deseabas que tu tío conociere tu secreto y bien sé que el señor
Carlton es el abogado que negocia por ti.
Emma sonrió:
-Es cierto. Tú ya le conoces. Más, eso no significa que mi tío haya de saber
la relación profesional que tenemos. Es cierto que era amigo de lord Phillip
y además, los he invitado a mi presentación, lo menos que puedo hacer es
presentarles a mi tutor estando en su casa.
Adrien asintió tomando su mano antes de que apareciesen en la puerta los
invitados.
-Pues será mejor que tranquilices a ese hombre antes de que aparezca tu tío
pues en cuanto me vea sabrá que algo ha ocurrido, ya que como dices, yo sí
le conozco y presuntamente no he de conocer quién es la dama a la que
representa.
Emma se rio entre dientes.
-Londres parece un pequeño pueblo ya que todo el mundo parece
encontrarse en los lugares más sorprendentes.
Adrien sonrió negando con la cabeza.
-Pero… -El abogado nada más entrar se detuvo en seco fijando los ojos en
Adrien como si hubiese visto un fantasma y fuese incapaz de moverse.
-No os preocupéis, señor Carlton, nada pasa. Entrad que os explicaremos lo
ocurrido antes de que mi tío se una a nosotros, os lo ruego. -Lo animó
Emma.
Tras entrar y hacer las cortesías se acercaron a ellos y Emma, sin dejar de
sonreír animosa a sus dos invitados les señaló la chaise longe frente a ella.
-Lord Valleyland, os presento al señor Carlton y a su hija Ariana. El señor
Carlton fue un buen y cercano amigo de lord Phillip y puedo preciarme de
ser amiga de su hija, aunque sea la primera vez que nos vemos. -Sonrió
posando los ojos en la muchacha de enormes ojos grises y de un cabello
rizado azabache que bien podría rivalizar en belleza con la duquesa
Alejandra.
Ariana sonrió divertida pues conocía casi como si hubiesen convivido
juntas a la pelirroja dama sentada frente a ella gracias a su extensa y
dilatada relación epistolar de los últimos años.
Adrien sonrió posando los ojos en el hombre que meses atrás pensó era un
fiero negociador y excelente abogado y que ahora sabía protector de su
dama por lo que le caía en gracia.
-Señor Carlton, no habéis de apuraros. Milady y yo estamos prometidos y
ella ha tenido a bien confiarme ese secreto que le une a ella, además, de la
relación que os unía a mi tío.
- ¿Prometida? -Preguntó Ariana sorprendida.
Emma sonrió:
-Han ocurrido muchas cosas en los pasados días, por eso quería veros antes
de la presentación que la duquesa y mi tío están ultimando. Todas esas
cosas no han sido buenas, no he de mentir, más, lo menos que puedo hacer
en aras a la buena amistad que nos une es ser sincera con quienes siempre
he considerado no solo mis amigos sino mis más leales aliados.
-Pero habremos de esperar a contar esos detalles más tarde guardando
reserva de la relación más allá de lord Phillip pues me temo su excelencia
ya se acerca. -La detuvo Adrien escuchando pasos más allá.
Emma asintió:
-Milord lo sabe todo, que no así mi tío, de modo que mejor esperar a
encontrarnos solos dentro de un rato.
Ariana se rio:
-Parece que volvemos a ser vuestros cómplices.
Emma sonrió:
-Pues me temo que nunca habéis dejado de serlo.
Ariana asintió:
-Luego, ¿nunca hemos perdido nuestro poder de extorsión? -Alzó varias
veces las cejas a modo de diversión arrancando una risa a Emma, aunque
Adrien se tensó ligeramente.
-Puedes estar tranquilo, -Lo miró Emma aun riéndose-, es una broma entre
las dos.
Adrien rodó los ojos antes de volver a mirar a esa joven que, siendo muy
bella con esos ojos tan grises y ese cabello tan oscuro, tan alejado de la
moda en boga, también traslucía una inteligencia tras esa apariencia que no
pasaría desapercibida a nadie que le prestase realmente atención pues tras
ese rostro era palpable una inteligencia nada desdeñable.
-Excelencia. -Enseguida el curtido abogado se puso en pie haciendo una
cortesía gesto que imitó su hija guardando silencio antes de tomar asiento
de nuevo cuando el duque les instó a ello antes de hacerlo él.
-Tío, el señor Carlton ha sido durante muchos años un buen y querido
amigo de lord Phillips, no en vano, hasta nuestra llegada a Inglaterra, fue el
que ayudó a lord Phillips en sus asuntos, más también a lady Nora y a mí
misma. Además, nos ayudó en extremo cuando lord Phillips falleció y
siempre procuró facilitarnos todo lo posible nuestro duelo.
-En tal caso, señor, sed bienvenidos y consideraos un hombre apreciado en
esta morada. -Contestaba el duque amable.
-Gracias, excelencia.
Durante la siguiente media hora y tras servir el té, tanto Emma como el
duque informaron a padre e hija de lo ocurrido esas semanas mientras tanto
el señor Carlton como Ariana observaban con asombro a Emma sabiendo
que el encontrarse en Londres intentando sacar a la luz al traidor que mató a
sus padres la ponía en peligro.
-Lo que no logro entender es ¿Qué podría ganar ese hombre asesinando a
una testigo poco fiable por cuanto apenas era una niña que además carece
de pruebas contra él o de lo contrario ya se encontraría en la Torre de
Londres con grilletes? -Preguntó serio el abogado.
-Bueno, era una niña, sí, pero mis recuerdos los conservo y para él el poder
crear dudas sobre su persona puede suponer a la larga un riesgo. Lo de
carecer de pruebas… -se encogió de hombros-… bueno, a mis padres los
asesinó por algún motivo, quizás tema que descubra ese motivo o lo que
temiere de ellos para dar ese paso tantos años atrás.
-Lo que me lleva a preguntar, -intervino Ariana mirándola seria-, ¿Por qué
no habéis ido a la casa de vuestros padres a intentar recordar algo que
quizás sea importante?
-Eso mismo he intentado yo, pero no me han dejado. -Se quejó mirando a
Adrien que rodando los ojos volvió a tomar su mano entre la suya.
-Te recuerdo, mi terca prometida, que no hemos tenido ocasión ya que te
han disparado.
-Eso no es más que una excusa. Ahora podríais llevarme.
El duque intercambió una mirada con Adrien y ambos supieron que ella no
pararía hasta lograr lo que quería. Suspirando asintió:
-Está bien. Te llevaremos.
-Estupendo. -Giró la cabeza hacia Ariana sonriendo-. ¿Me acompañas?
Quizás unos ojos ajenos nos ayuden a tener una perspectiva distinta de lo
ocurrido esa noche.
Ariana asintió seria sacando de su ridículo una libretita que abrió tomando
su lápiz:
-Veamos… tendremos que inspeccionar bien la alcoba y el despacho de tu
padre… -iba apuntando en su libreta mientras Adrien y el duque alzaban las
cejas-… también aquellas estancias que recuerdes fueren del especial
aprecio de tus padres… y no estaría de más inspeccionar también la del
mayordomo o el ama de llaves. A veces, ellos esconden algunos de los
secretos de sus señores a petición de éstos…
Emma se rio entre dientes observando la cara del duque y de Adrien.
-Le encantan los misterios…
Ariana sonrió de medio lado pues era un modo de decirlo. En el último año
su novela de misterio y asesinatos situada en un tren que recorría Inglaterra
se había convertido en todo un éxito y solo Emma y su padre sabían quién
era el autor ya que, para el resto del mundo, el libro había sido escrito por
un hombre.
- ¿Cuándo podemos ir?
- ¿Qué tal mañana? -Sugirió Emma y aunque Adrien y el duque iban a
quejarse ella se adelantó-. Solo faltan dos días para la presentación y o voy
ahora o después será complicado pues seguramente seré objeto de miradas
curiosas cada vez que salga de esta casa.
Adrien gruñó:
-Ya eres objeto de miradas curiosas desde tu presentación ante la reina….
-Pues lo que yo decía… mejor no perder más tiempo… -Sonrió satisfecha
mientras ambos caballeros fruncían el ceño y ella mirando a Ariana sonrió
más aún-. Ven a recogerme mañana por la mañana.
Ariana asintió, pero fue Adrien el que añadía:
-Seré yo el que te recoja y después recogeremos a la señorita Carlton. No
vas a salir de esta casa sin guardias a tu alrededor y conmigo a tu lado.
Emma se encogió de hombros sonriendo cuando vio a Josh y Leroy entrar
por las puertas francesas que daban a la terraza deteniéndose un instante
antes de correr hacia ellos con la vista fija en los dos invitados.
- ¿Quién sois? -Preguntó Leroy poniéndose frente al abogado con gesto
defensivo.
Emma se rio entre dientes:
-No temas, Leroy, son amigos, buenos y queridos amigos. Él es el señor
Carlton y ella la señorita Ariana Carlton.
Leroy asintió y sonrió a Ariana:
-Si sois amiga de milady, también lo sois mía.
Adrien se rio tomándolo de los hombros para apartarlo de la pareja:
-Anda, seductor de medio pelo, ve a por tu hermanita que habéis de
prepararos para la lección de hoy que no se me olvida que en la mañana no
habéis tenido clase.
Leroy gruñó:
-Estamos en estado de alarma.
Adrien sonrió:
-No busques excusas. Has de formarte para ser un general bien informado y
cultivado.
Leroy entrecerró los ojos antes de asentir:
-Vale. Pero no os separéis de milady. -Giró e hizo una cortesía al duque
antes de salir con paso vivo mientras Josh se sentaba junto a Ariana tras
atrapar una galletita de la bandeja.
- ¿Sois amiga de Emma de la escuela?
-En realidad, es la primera vez que nos vemos en persona. Llevamos
algunos años escribiéndonos.
- ¿De veras? -Sonrió divertido antes de girar el rostro hacia su hermano-.
Creo que empieza a salir a la luz lo que prima Emma hacía tanto tiempo en
su dormitorio.
Adrien rodó los ojos mientras que Emma alzaba las cejas:
- ¿Perdón?
Josh se rio:
-Sentía mucha curiosidad por lo que hacías tantas horas solas en tu alcoba
sin salir…
Emma se rio alzando el rostro hacia Adrien que de nuevo rodó los ojos:
-Así que mucha curiosidad…
Adrien suspiró y la miró alzando las cejas de modo inquisitivo:
-Sí, y ahora sabemos que escribías… cartas para tu buena amiga…
Emma enrojeció como una amapola por el tirón de orejas que se había
llevado por azuzarlo.
-Una amiga americana… nunca he tenido un amigo americano…
decidme… ¿Sois tan salvajes como afirman esos aburridos esnobs que hay
en mi escuela? -Preguntaba Josh ignorando a su hermano.
Ariana se rio por el desparpajo de aquel niño que obviamente pertenecía a
la más alta nobleza, no solo por su aspecto y modo de hablar sino por esa
seguridad casi arrogancia que solo transmitían los nobles incluso ante los
desconocidos, aunque él, además, translucía cierto relajo realmente
refrescante y divertido.
-Pues, no sabría deciros, milord, al parecer debemos serlo ya que todos
huyen de nosotros despavoridos cuando nos saben cerca.
Josh echó la cabeza hacia atrás riéndose divertido antes de mirarla de
nuevo.
-Sois ingeniosa. Me caéis en gracia.
Adrien rodó los ojos de nuevo incapaz de controlar a su hermano y así se
sentía siempre con él.
-Josh, ¿no te han dicho nunca que un poco de circunspección no sobra?
-Pues, creo que no… al menos no lo recuerdo… -Contestó con el mismo
tono que su hermano mirándolo burlón haciendo a Emma reírse-. Mientras
Leroy está en sus clases, yo me quedo de guardia.
Emma se rio mirando a Adrien que gruñía tocándose el puente de la nariz
vencido por su hermano menor.
-Josh y Leroy son mi particular guardia. -Dijo mirando a Ariana-. Siempre
están custodiándome y procuran que no se me acerque nadie.
-Hemos de atrapar a un traidor. Y cuando la reina nos declare los héroes de
la nación, nos condecorará. -Afirmó sonriendo.
Ariana sonrió:
-De modo que vais a atrapar al traidor… y decidme milord, ¿tenéis algún
plan?
Josh se encogió de hombros:
-En cuanto se acerque a Emma, le daremos garrote.
- ¿Garrote? -Preguntaron a la vez Emma y Ariana.
-Así lo llama Teresa. Dar un buen mamporro en la cabeza y después ponerle
grilletes. Teresa es mi prima.
Emma se rio mirando a Ariana.
-Es la hermana de la duquesa de Chester. Una española muy fiera.
Ariana se rio:
-Entiendo… -Miró seria a Josh antes de añadir-. Pues, milord, permitidme
un consejo. Habéis de tener un plan alternativo por si las cosas no salen
bien con vuestro primer plan.
- ¿Un plan alternativo? – Preguntaba enderezándose en el asiento
claramente interesado.
-Claro. A veces las cosas no salen como uno lo ha planeado o lo espera y es
bueno prever una segunda opción para poder reaccionar a tiempo. Un plan
B para poder reaccionar con presteza sin que vuestro objetivo final, ya sea
atrapar al malo, ya sea poner a milady a salvo, corra peligro.
-Umm… interesante… un plan por si las cosas se tuercen… tendremos que
estudiarlo…
Adrien se rio por la mirada de pronto suspicaz de su hermano:
-Pues ya que tu guardia no es necesaria ahora mismo pues yo estoy con
Emma, ¿por qué no vas a estudiar planes alternativos?
-Aunque sé que solo intentas librarte de mí, fingiré que no es el caso y
marcharé pues ciertamente la idea de la señorita Carlton me parece muy
certera -Sonrió mirando a Ariana con esa sonrisa de canalla impenitente tan
parecida a la de Adrien y David-. Señorita, ahora no solo me caéis en
gracia, sino que os considero una persona con una inteligencia digna de ser
tenida en cuenta y escuchada cuando necesite un consejo certero…
Ariana se rio viendo al niño ponerse en pie y hacer una cortesía antes de
caminar con paso risueño hacia la puerta.
- ¿Así que guardias? -Se rio mirando a Emma que se encogía de hombros
divertida.
Mientras el duque, Adrien y el abogado se despedían, ella lo hacía de
Ariana quedando con ella para la mañana siguiente pues no quería perder la
oportunidad que su amiga le había brindado de visitar la casa de sus padres.
Tras acomodarse de nuevo en el salón, algo cansada, Adrien se acercó a ella
observándola como un halcón.
-Excelencia, dado que lord Wilbor no creo que tarde en llegar y que vuestra
sobrina ha de descansar, ¿me permitís subirla a su alcoba antes de reunirme
con vos para esperar a milord? -Tras el asentimiento del duque, él, sin
mediar palabra la tomó en brazos susurrándole-: No te quejes que te sé
cansada.
Emma suspiró rodeando sus hombros con los brazos para acomodarse
mejor:
-No me quejo, pero ni se te ocurra poner excusa alguna mañana como que
estoy recuperándome aún o que no conviene que salga de casa para evitar
llevarme a casa de mis padres.
Adrien, que ya caminaba con ella en brazos, asintió:
-No pondré excusa alguna, más, tú no podrás alejarte de mí en ningún
momento.
Emma le miró a los ojos un instante antes de asentir pues parecía realmente
preocupado.
- ¿Qué te han parecido mis, al parecer, salvajes amigos?
Adrien gruñó:
-Voy a tener que empezar a controlar la incontenible lengua de ese enano
que tengo por hermano…
Emma se rio:
-Puedes intentarlo…
Adrien gruñó caminando hacia la alcoba de Emma mientras lacayos y
doncellas se hacían los indiferentes a que fuere el conde el que llevare en
brazos a la sobrina del duque. Al llegar a la alcoba, dado que Dulcy estaba
con los niños en el aula de clases, Adrien, sonriendo como un lobo, la llevo
al lecho después de cerrar la puerta con la punta del zapato.
-No te muevas de ahí. -Dijo tras depositarla con cuidado en la cama yendo
presto a cerrar la puerta principal y la de comunicación al salón contiguo y
al vestidor. Después regresó con ella desprendiéndose de su levita-. Mi
querida condesa, creo que disponemos de unos pocos minutos antes de que
tenga que regresar a buscar la compañía de cierto duque…. -Iba diciendo
mientras se cernía sobre ella obligándola a quedar tumbada.
Emma le rodeó el cuello con los brazos sonriendo:
-Creía que ibas a comportarte decentemente bajo el techo de mi tío.
- ¿Qué hay más decente que asegurar el cómodo descanso de mi dama? -
Contestaba mientras le iba abriendo el frontal del vestido-. Ante la ausencia
de tu doncella me veo en la obligación de ayudarte a acomodarte para un
descanso placentero…
Gruñó apoderándose de su pezón ya descubierto al tiempo que deslizaba las
manos por sus piernas alzándole ligeramente el vestido abriéndole
ligeramente las piernas para situarse entre ellas. Alzó el rostro tras
deleitarse con sus ya endurecidos pezones y la besó ansioso mientras se
removía ligeramente entre sus muslos encendiéndolos a ambos. Gruñó
rompiendo el beso antes de girarla con suavidad.
-Voy a quitarte este vestido… -Iba diciendo mientras le iba abriendo todo el
vestido que enseguida deslizó por su cuerpo dejándolo caer junto a la cama
para de inmediato desprenderla de las manoletinas, las medias e incluso los
peinecillos que sujetaban su hermosa cabellera sin dejar en ningún
momento de acariciarla por doquier, besarla y lamer su delicada piel-. Voy a
pasarme la vida besando y lamiendo cada una de las deliciosas pecas de tu
piel… -susurraba mientras deslizaba la lengua por las pecas que rodeaban
su pecho antes de alzarle el frontal de la camisola abriendo su pretina pues
su pene gritaba ser liberado. Bajó hasta ese delicioso botón que ya había
probado y que se moría por torturar para arrancar un orgasmo a Emma que
la aturdiese más aún y así hacerla dormir relajada, pero en esta ocasión, ya
libre del peligro de ser descubierto con los calzones bajados, se iba a liberar
con ella pues mientras devoraba ese punto sensible de su condesa él
sujetaba firme su verga con una mano asegurándose de estallar lo que dado
el estado en el que ella le ponía dudaba costase demasiado. Los temblores
de Emma le hicieron azuzarla más para escuchar y sentir su estallido y al
tiempo aumentar el ritmo de su mano en su propio tronco y cuando la
escuchó estallar, él se sentó a su lado sabiéndola tan aturdida que no se
enteraría de nada y con rapidez terminó su propia felación.
Emma abrió los ojos viéndole sujetar ese duro falo en su mano y moverla
con rapidez echando la cabeza hacia atrás antes de ver como un líquido
salía de él mientras temblaba. No necesitaba saber lo que ocurría pues
Dulcy le había dado una muy detallada explicación de cómo los hombres
lograban su placer, cómo lograr dárselo y sobre todo el efecto de hacerlo
estando dentro de una mujer. Osada se sentó y antes de que él soltase su
pene lo acarició curiosa. Adrien abrió los ojos de golpe y la observó en
silencio unos segundos viéndola deslizar sus dedos por la punta de su pene,
todavía húmeda y él retirando su mano dejó que tocase toda su envergadura
con lentitud logrando que se endureciese de golpe de nuevo cuando él ni
siquiera había recuperado el resuello.
-Es suave… -Susurró Emma sin apartar sus inquisitivos ojos del objeto de
su curiosidad.
Adrien sonrió y, tomando su pequeña mano, la guio para que la sujetase con
fuerza.
-Ahora, mi condesa, ya que conocéis a vuestro siervo, os insto a lograr que
se pliegue a vuestros deseos… -Susurró en su oído mientras con su mano la
iba guiando para que supiere como moverla-… Así pequeña… sin miedo…
soy tuyo… -Arriba, abajo, arriba, abajo… Emma apenas tardó unos
segundos en comprender lo que debía hacer y cómo con cierto ritmo el
parecía perder el aire y su cuerpo se tensaba. Apuró el ritmo sintiéndose
poderosa, excitada y extrañamente unida a él… le quitó su mano y ella
tomó el mando mientras él observaba con detalle cada movimiento con la
respiración entrecortada y los ojos brillantes. Con la otra mano tomó una de
sus bolsas y la mesuró ligeramente arrancándole un gruñido que supo de
placer sin necesidad de mirarlo y enseguida él se tensó más.
-Más deprisa, más deprisa… apriétalo con fuerza, Emma… -La azuzó entre
jadeos y, cuando ella obedeció, echó la cabeza hacia atrás mordiéndose el
labio antes de gruñir mientras sus caderas se movían ligeramente sintiendo
ella en su mano como temblaba y enseguida volvió a verter ese líquido que
caliente manchó su mano mientras él respiraba casi sin resuello sujetando
su mano dentro de la suya evitando que lo soltare e instándola a agarrarlo
fuerte.
-Maldita sea… -Gruñó sacando su pañuelo del chaleco antes de tomar su
pequeña mano y limpiarle los restos de su pasión-… eres demasiado
impulsiva… -Decía terminando de limpiarla y besar sus dedos uno a uno
para de inmediato limpiarse él subiéndose los pantalones. Ella que no había
dejado de observar cada uno de sus movimientos, sonrió orgullosa haciendo
que él también sonriese por ese gesto. Se cernió sobre ella y la besó-. Vas a
llevarme a la muerte. Una muerte en extremo placentera, eso es innegable…
Emma se rio mientras él la besaba por el rostro, los labios y el cuello.
-Ahora soy tan pecaminosa como tú.
Adrien se rio alzando el rostro.
-Aún te queda mucho camino que recorrer, cielo, más, no has de
preocuparte que voy a llevarte de la mano por ese sendero hasta que lo
conozcas a la perfección.
Unos minutos después, la dejaba totalmente adormilada, perfectamente
tapada bajo las mantas de su alcoba y con dos guardias en la puerta.
Caminaba hacia el salón donde le esperaba el duque dando gracias a los
cielos por no haberse demorado en exceso en ese pequeño interludio.
Sonrió al recordarlo. Su condesa no era nada timorata ni fácil de asustar,
sonrió de nuevo, una gran ventaja de la que él iba a disfrutar como un loco
como minutos antes ya que había estallado sobre la pequeña pero curiosa
mano de Emma con un orgasmo que casi le hace gritar. Inocente y curiosa y
aun así con un efecto en él que no solo lo ponía duro como una roca, sino
que lograba arrancarle dos orgasmos en apenas unos minutos y ambos
capaces de haberle hecho gritar cual salvaje satisfecho.
Al llegar al salón se topó con Sebastian, Calvin y lord Wilbor ya
acomodados en unos sillones haciéndole fruncir el ceño pues temía de
pronto haber tardado más de lo que le había parecido. Se acercó haciendo
las cortesías de rigor antes de tomar asiento a instancias del duque que
acababa de servir una copa de licor a los recién llegados.
-Bien, milord, no por menos que me hallo agradecido ante vuestra ayuda,
más, no por eso espero no me halléis un ser desconsiderado si os pido nos
informéis de las nuevas que nos traéis. -Dijo el duque mirando a lord
Wilbor que sonrió divertido.
-No lo sois, excelencia. Lo cierto es que consideraba de vital importancia
haceros partícipe de las noticias que traigo con cierta premura pues me
hacen sospechar que el marqués, si va a hacer algo contra vuestra sobrina,
no tarde demasiado en actuar. -Miró a Adrien sonriendo-. Anda buscando
con cierta desesperación a su amante y, aunque, por un lado, juzga posible
que haya huido intuyendo la caída del marqués, por otro, también sospecha
que no se marchase por voluntad propia. Mi fuente me asegura que parece
tener ambas situaciones como posibles, más, en cualquier caso, sabe que
ambas no le favorecen.
Adrien sonrió:
-De modo que va a precipitar su próxima jugada.
-De hecho, ya la ha precipitado. Ha acudido a casa de cierto prestamista
poniendo en sus manos pagarés para hacerse con el máximo capital posible
poniendo como avales sus casas de Londres, Devonshire y Cork, a pesar de
que dos de ellas están vinculadas al título lo que cuando llegue a oídos de la
reina sabe no gustará.
-Lo que no parece importarle o no lo bastante lo que significa que está
preparando su huida. -Concluyó Adrien serio a lo que lord Paul asintió
asertivo-. Pero si va a huir, ¿para que arriesgarse a ser atrapado matando a
Emma?
Lord Wilbor sonrió:
-Creo que no se trata de una cuestión meramente banal sino de una
venganza personal. Dudo el marqués matase al barón y su esposa por temor
a que estos le desenmascarasen, lo cual, quizás, sí fuese posible y un riesgo
que no estaría dispuesto a correr…- sonrió-… pero creo que había algo más,
algo más personal y que le hizo actuar de un modo tan poco discreto. Según
ha llegado a mi conocimiento, el barón y vuestra hermana, excelencia,
debieron conocer al marqués cuando aún no era tal, mientras todos ellos
residían en Francia. En aquella época, Napoleón ya empezaba a causar
estragos por Europa y dentro de Francia, no en vano, empezaba a hacer una
ligera criba de personajes notables que no fueran favorables a su causa,
razón que llevó a vuestra hermana y a su esposo a regresar a Inglaterra. -El
duque asintió-. Por entonces, entraron en contacto con varios personajes
que ya dejaban traslucir su carácter arribista. prueba de ello era que se
acercaron pronto a Napoleón y a buscar su favor. El marqués fue uno de
ellos, más, aquí se ignoraba tal hecho porque por entonces, como decía, no
era más que un caballero sin título. No había heredado aún el marquesado y,
de ordinario, no debería tener viso alguno de poder heredarlo ya que antes
que él había dos herederos, además del marqués que lo ostentaba.
- ¿Y cómo fue a parar a sus manos? -Preguntó Sebastian suspicaz.
-Excelente pregunta. Aunque nunca lo sabremos, me temo. ¿Mala fortuna
de esos herederos, buena para el marqués? Quizás sus muertes no fueren
fortuitas, pero ¿Quién lo sabe? Como digo, a estas alturas dudo sea posible
saberlo con certeza. En cualquier caso, cuando regresase a Inglaterra, ya
como marqués, nadie tendría conocimiento de su vida anterior y por lo tanto
sospechas de su carácter e intereses.
-A salvo mi hermana y mi cuñado. -Intervino el duque.
-Bueno, al menos la parte en la que a sus ojos, ese hombre, que conocieron
en otras circunstancias y bajo otro prisma, parecía más interesado en ser
amigo y provechoso beneficiado de las acciones de Napoleón que un inglés
entregado a la causa de Inglaterra. Sea como fuera, solo podemos conjeturar
sobre ello, me temo, más, lo que quería afirmar respecto a que la venganza
del marqués para con vuestra hermana y su esposo no era por el motivo de
que sospecharen que él fuere un espía y no un mero arribista que cambiase
de intereses según su propia conveniencia puntual, sino que el marqués les
tenía inquina personal. -Miró al duque con fijeza-. El marqués se prendó de
vuestra hermana nada más verla en Paris cuando aún no estaba desposada
con el barón, más ella lo ignoró desde el primer momento, pero el marqués
nunca dejó de perseguirla, incluso cuando se anunció su compromiso. -El
duque alzó las cejas sorprendido mientras Lord Paul sonreía-… Sí,
excelencia, mis fuentes en Francia, a las que creo pues las estimo bien
informadas y creíbles, me aseguran que intentó que vuestra hermana no
solo no se desposare, sino que se marchare con él. Al parecer, vuestra
hermana informó al barón del acoso al que le sometía ese hombre y éste
intervino. No sé qué haría el barón y dudo pueda llegar a averiguarlo, más,
el marqués desapareció de la vida de la pareja hasta que pocos años después
se vieron de nuevo, pero ya bajo otros rostros. Ellos, como unos asentados
nobles, feliz pareja y padres de una niña y, él, como un marqués que
empezaba a tomar influencia más que notoria entre la nobleza, y más
preocupante aún, entre el círculo más cercano a su majestad. Imagino, el
marqués veía peligrar su papel de impoluto inglés, más, a mi entender, fue
más la inquina hacia lo ocurrido en el pasado que el riesgo de sospechas
sobre su persona lo que llevaría al marqués a actuar de aquel modo. No en
vano, los asesinatos, sobre todo el modo en que ocurrieron, juzgo que
revelan un interés personal contra las víctimas. -Giró el rostro para mirar a
los ojos a Adrien-. Y algo me dice que el parecido de vuestra prometida con
su madre, le debe recordar en demasía lo ocurrido en el pasado, su rechazo
y su desprecio, aunque, evidentemente, el hecho de ser descubierto como el
traidor más odiado de las islas, también lo predispone contra ella.
Adrien suspiró pesadamente:
-Y aunque ahora tengamos quizás una certeza mayor sobre nuestras
sospechas, seguimos sin pruebas de lo ocurrido.
-No diría tanto… -Sonrió-. Esas fuentes de las que os he hablado me van a
enviar una misiva narrando con todo lujo de detalles lo que os acabo de
reseñar. Misiva que será firmada y sellada por la condesa viuda de
Lombardía, que no por ajada deja de tener una prodigiosa memoria y una
no menos prodigiosa reputación que será difícil ignorar. Esa misiva,
entregada a la reina y dada a conocer a todo el mundo, pondrá en una muy
difícil situación al marqués pues las sospechas se cernirán sobre él como el
personaje que tanto se ha buscado durante estos años. No serán pruebas
irrefutables de su identidad, pero sí de su pasado bonapartista y de su
sospechoso vínculo con Francia durante la guerra.
Calvin, que se había puesto en pie, se acercó a los ventanales de los jardines
para observar disimuladamente la guardia colocada por los jardines
pensando si sería suficiente para la protección de lady Emmaline porque un
hombre discretamente podría colarse entre la multitud de la fiesta y los
invitados apenas si lo notarían, menos aún los guardias.
-Excelencia… -Se giró y miró al duque-. No os molestéis, más, ¿juzgáis
buena idea celebrar la presentación de milady dentro de dos noches?
-En realidad, no creo que tengamos opción. De no celebrarse surgirán mil
rumores sobre mi sobrina y, además, cuanto antes acabemos con esto antes
quedará libre de este peligro. No ignoro el riesgo, milord, creedme, sé que
corre serio peligro, más, no veo cómo evitarlo.
Leroy entró a la carrera y tras una desgarbada reverencia al duque,
ignorando al resto, se acercó a lord Paul con gesto de alarma.
- ¿Milady está bien?
Lord Wilbor sonrió comprensivo porque intuía que el creerlo allí le hacía
pensar que Ashton corría peligro o le había ocurrido algo malo y ese enano
pecoso adoraba a su prima y a sus gemelos.
-Puedes estar tranquilo, Ashton está perfectamente y sus dos pequeños
también.
Leroy asintió antes de mirarle frunciendo el ceño:
-Entonces ¿Qué hacéis aquí?
Lord Wilbor se carcajeó:
-Esa es una pequeña impertinencia, mi querido amigo… -Leroy resopló
cruzando los brazos al pecho sin dejar de mirarlo ceñudo-. Para tu
información, pequeñajo terco, vengo de visita para conversar con su
excelencia, cosa que no he de justificar ni ante ti ni ante nadie…
Leroy abrió la boca para protestar, pero después la cerró girando para mirar
a Adrien.
- ¿Quién está con milady?
Adrien se rio:
-El caso es reprendernos a alguno, ¿no es cierto? -Leroy iba a protestar,
pero se adelantó a decir-: Está arriba descansando con dos guardias armados
en la puerta.
- ¿Y quién está con ella dentro? Dulcy está con Janet… -Lo miró
acusatorio-. No puede quedarse sola, alguien puede colarse sin que lo noten
los guardias. -Giró y empezó a andar hacia la puerta decidido al tiempo que
decía-. Voy a hacer guardia.
-El caso es librarte de la tarea de dictado, ¿verdad? -Protestó Adrien entre
risas.
-El deber es lo primero. -Contestó mirándolo por encima del hombro
sonriendo travieso-. Me debéis otro chelín.
Adrien se carcajeó negando con la cabeza mientras lord Wilbor lo miraba
curioso.
-Se ha nombrado protector de Emma y no he tenido mejor ocurrencia que
prometer a Josh y a ese pelirrojo peligroso que por cada día que la cuiden
les daré un chelín.
Lord Paul se rio negando con la cabeza:
- ¿Así que regresará a manos de mi tío con una abultada bolsa a vuestra
costa?
Adrien asintió:
-Eso parece. -Suspiró mirando al duque-. ¿Alguna idea de qué hacer para
evitar que el marqués escape, o peor aún, atente contra Emma?
El duque negó con la cabeza, pero lo miró serio:
-Aunque ignore cómo conseguir llevarlo hasta la torre sin pruebas aún, sí
que pienso acudir a la corte hoy mismo a informar a su majestad de lo que
nos ha informado milord y de la posible llegada en breve de esa misiva.
Quizás eso haga a la reina tomar medidas contra el marqués.
-A salvo ponerlo bajo vigilancia, dudo pueda hacer mucho más sin que se
considere que abusa de su autoridad por guiarse solo por rumores. -
Señalaba Sebastian.
-Cierto, más ello nos daría tiempo para lograr encontrar pruebas en su
contra. Sin ir más lejos, mi sobrina acudirá mañana a la antigua casa de mi
hermana y su esposo y quizás recuerde algo o encuentre algo de provecho.
¿Quién sabe?
Adrien suspiró pesadamente porque la idea de saberla acudiendo a un lugar
que podría traerle recuerdos tan terribles le disgustaba tanto que incluso
podía incluso decir que le asustaba.
Durante los siguientes minutos los caballeros conversaban relajadamente
mientras él se acercaba a la ventana donde Calvin aún observaba con
desconfianza el terreno.
-Por muchos guardias que coloquéis, una sola persona se puede colar entre
la multitud sin que nadie se percate.
Adrien asintió.
-Lo sé. ¿Por qué crees que he pedido a Christian y Lucas que vengan? Si
soy sincero tengo la sensación de que algo va a ocurrir en cualquier
momento.
Calvin lo observó ligeramente antes de asentir dándole una palmada en la
espalda.
-No te preocupes, con lo que te ha costado convencer a esa terca dama de
aceptarte, no te dejaremos sin ella.
Adrien rodó los ojos, aunque en el fondo sentía el alivio de saber que cada
miembro de su familia protegería a Emma sin dudarlo, especialmente
Sebastian, Lucas, Calvin y Christian pues ya la consideraban parte de su
familia y para ellos era sagrado.
Al girar vio a Josh sentado junto a Sebastian masticando lo que juzgaba un
panecillo que seguramente habría tomado de las cocinas.
-Entonces, ¿ese canalla va a intentar huir?
Adrien gruñó al escucharlo:
-Teníais que darle detalles… -Se quejó pues su hermano tendía a
entrometerse en todo sin medir las consecuencias.
-En realidad, las ha deducido. -Se rio Sebastian-. La culpa la tienes tú por
poner en sus manos tanto libro de misterio e investigaciones.
-No recuerdo haber hecho tal cosa. Él se basta y sobra para hacerse con
ellos solito.
Josh se rio:
-Estimo que padre tenía la misma inclinación que yo por estos temas pues
en la biblioteca hay muchos ejemplares sobre crímenes… claro que la otra
opción es estimar que teníamos un ancestro con tendencia a los escabroso y
las historias truculentamente macabras…
Adrien sonrió negando con la cabeza porque su hermano era único
haciéndolo reír.
-Anda, hermano macabro, ve a acompañar a Leroy en su vigilancia.
Josh rodó los ojos poniéndose en pie:
-Aunque vuelves a intentar librarte de mi de un modo nada sutil, ignoraré
esa certeza para asegurarme que no te vales de esa excusa más tarde para no
pagarme mi chelín de hoy. -Giró mirando a Sebastian-. Se ha revelado
como un caballero realmente roñoso…
Sebastian y Calvin se carcajearon mientras su primo salía del salón con
pasos risueños mientras Adrien gruñía.
-Nunca logrará contener esa lengua.
Una hora después se marchaba de Carmond House sin poder despedirse de
Emma ya que aun descansaba y subir a despertarla se le antojaba la peor de
las ideas a sugerir al duque. Al llegar a su casa, con su madre saliendo de un
salón con su tía Olivia, su tía Nora y la duquesa de Carmond, justo en ese
momento, comprendió que desde ese día las damas de la familia iban a estar
de lo más atareadas con la presentación de Emma y su enlace lo que
implicaba que no iban a darle cuartel a “los novios” no solo exigiéndoles ir
a ciertos lugares sino insistiendo en que tomasen decisiones sobre los
esponsales, las fiestas y demás asuntos que a él se le tornaban una tortura
con solo pensarlo.
Tras las cortesías se escabulló a su despacho para pensar con tranquilidad
cómo actuar para mantener a Emma a salvo. Allí seguía, sin ideas y con la
sensación de quiere ir corriendo a mansión ducal para tomar en brazos a
Emma bailando en su cuerpo, cuando dos golpes en la puerta le sacaron de
su ensoñación. David apareció vestido de noche lo que recordó que debía
subir a asearse y vestirse.
- ¿Tienes alguna cita hoy?
-Acudir al baile de los condes de Grumbel acompañando a Juliet y
Samantha. Antes de partir del campo, Christian nos hizo prometer a
Charles, Albert y a mí que nos rotaríamos para acompañar a las gemelas a
los bailes para que tía Claire no acuda siempre a vigilarlas, además,
presumo tendré que vigilar a Gloria también.
Adrien sonrió porque hacer de custodios de sus primas no era nada pesado
en sí mismo ya que todas habían resultado bastante sensatas, pero ese papel
de custodio había que hacerlo en los salones de baile y ese sí era un trago
difícil de soportar porque prácticamente implicaba evitar a como diere lugar
a las matronas y sus palomitas durante toda la velada.
-Te deseo una noche provechosa…
David rodó los ojos antes de acercarse a él señalándole una de las misivas
dejadas sobre su mesa y que él había ignorado distraído como estaba.
-Christian y Lucas llegarán mañana en la tarde. No has de preocuparte.
Adrien asintió:
-Ashton y Allegra desearán mi muerte…
David se rio:
-No tanto, pero presumo ellos sí estarán de mal humor al llegar. -Se levantó
y ajustó el chaleco bajo su levita de noche-. Ya que no puedes acudir a
“custodiar” a tu dama, te aconsejo acudas al club a despejarte o te vas a
pasar la noche sin dejar de pensar cosas terribles.
Adrien notó como las comisuras de sus labios se elevaron porque David le
conocía muy bien. Salió tras él tomando después la dirección de las
escaleras principales. Sonreía recordando cómo tras la muerte de su padre,
él tuvo que hacerse cargo del título y sobre todo de sus hermanos. Josh
nació después de la muerte de su padre de modo que apenas si notó su
ausencia, más aún porque David ejerció con él de hermano mayor y él, en
cambio, de padre. En cambio, David sí que supo lo que era perder un padre,
uno que además había procurado durante toda su vida que ambos lo
sintieran cercano y atento. Aún con ello, era aún muy niño pues apenas
contaba con la edad de Josh, a pesar de todo, siempre fue muy responsable
y no dio problema alguno. Cierto era que junto a Julian, Charles y Albert
cometió algunas tropelías, pero nada en comparación con las que él había
cometido a su edad o siendo mayor. Y al alcanzar la edad adulta, se había
convertido, de modo natural, en un buen amigo y aliado, uno que, además,
parecía conocerlo bastante bien.
Tras cenar con su madre y hermano, relajados, David y él marcharon a
distintos destinos. Al llegar al club, fue directamente a las mesas de billar
esperando encontrar a alguno de sus primos o amigos.
-Davenport. -Saludó al vizconde en cuanto lo vio en la sala.
-Milord. -Lo saludó con una cortesía y una sonrisa amigable.
Davenport había sido siempre un acicate para su primo Sebastian. Un
amigo-enemigo durante sus años de escuela que no dejaba en realidad de
ser un buen amigo de todos ellos que, por mano del destino, había acabado
siendo parte de a familia, ya que era el tío de Allegra, la esposa de
Christian.
-Según parece, hemos de acudir a la presentación de vuestra hermosa
pelirroja pues el marqués sigue haciendo de las suyas. -Dijo unos minutos
después cuando se hallaban sentados en cómodo y discreto lugar con sendas
copas de coñac.
-Te lo agradecería, sí. Algo me dice que ese tipejo no tardará en hacer algo
bien contra ella bien contra todos nosotros. Al fin y al cabo, debe creer que
ya no tiene nada que perder.
-A salvo su cabeza. Como la corona tenga certeza de su identidad lo
mandará decapitar. Desde luego así lo exigirá toda Inglaterra. Ese canalla
tiene muchas muertes a sus espaldas.
Adrien asintió serio con los ojos fijos en el líquido ambarino que bailaba en
la copa que sostenía.
-Milord, primo.
La voz de Calvin le hizo alzar el rostro hacia él.
- ¿No custodias a Gloria esta noche?
Sonrió ladino.
-En cuanto he visto a David entrar con las gemelas he dejado el papel de
cuidador a mi madre y a ese servicial primo.
Adrien sonrió divertido, pero pronto un lacayo le entregó una misiva que se
apresuró a abrir poniéndose tenso.
-Decid al caballero que entre y acompañadlo hasta aquí. -En cuanto el
lacayo se marchó miró a sus dos acompañantes-. En la tarde he conocido a
un buen amigo de mi tío Phillip y parece que tiene algo importante que
decirme. Grave ha de ser para que me busque.
Se puso en pie en cuanto lo vio entrar en la sala y lo instó a sentarse.
-Señor Carlton, mi primo, lord Frenshire y lord Davenport. Caballeros, el
señor Carlton.
-Milores… disculpen la molestia más, ¿Podría hablar con urgencia con vos
en privado?
-Señor Carlton, creo que puede hablar abiertamente ante mis dos
acompañantes, créame que les confiaría mi vida.
El señor Carlton asintió y después miró de soslayo alrededor.
-Además de a milady, milord, creo que nos une un personaje que ambos
tenemos el placer de conocer, en mi caso, porque es mi cliente y, en el
vuestro, porque es socio en algunos negocios. -Adrien alzó las cejas sin
comprender-. Digamos que es mi compatriota, milord.
Adrien sonrió comprendiendo rápido que se refería al señor Carrintong,
asintiendo para que supiere que había adivinado de quién se trataba.
-Él desconoce la relación que me une a vos, milord, de modo que el encargo
que me ha hecho hace unas horas tiene más que ver con vos que conmigo
pues ha considerado que debía poneros al tanto de los movimientos de
cierto caballero por el que vos acudisteis a verlo.
Adrien asintió serio comprendiendo que Carrintong desconocía que Emma
era cliente de Carlton y por lo tanto la razón por la que se conocían, más
también que si le iba a dar información del marqués debía ser importante.
-Ese caballero por el que preguntasteis ha acudido a solicitar los servicios
de un hombre que él desconoce trabaja para mi cliente, de lo contrario había
sido una temeridad pedir ayuda a tal individuo conociendo el deseo que
tiene mi cliente de vengarse de él.
-Entiendo.
Carlton suspiró y puso un papel sobre la mesa.
-Ese caballero pretende tomar un navío para trasladarse a las Américas
dentro de dos noches, bien es cierto que lejos de su mano estará esa
posibilidad ya que mi cliente no dejará que tome navío alguno y menos uno
de su propiedad, alejándose de las “obligaciones” que tiene aquí.
Adrien, que entrecerró los ojos, asintió serio:
-Gracias, señor Carlton.
El señor Carlton asintió sonriendo al tiempo que se ponía en pie.
-Creo que marcho, milord, ya que mi hija aún me espera para cenar y voy,
como es mi costumbre, con excesivo retraso.
Tras verlo marchar tomó la nota y la leyó sonriendo.
-Wilbor tenía razón. Pretende huir sin mirar atrás.
Davenport que lo escuchaba atentamente lo miró también con gesto pétreo:
-Pero aún así, no podéis simplemente apresarlo y llevarlo ante la corte.
Marcharse así es un indicio de que huye, más no prueba alguna de sus
delitos.
-No, pero sabremos donde estará y precisamente la noche de la presentación
de Emma. No creo que sea casualidad que elija esa noche para huir. Algo
me dice que planea algo justo antes de marcharse como golpe final.
Calvin asintió:
-Sí, si piensa que nada tiene que perder y se cree que el camino de huía
preparado, es capaz de hacer algo bien como venganza bien como simple
golpe de efecto para reivindicarse tras tantos años habiéndose burlado de
todos.
-Hemos de estar atentos y en guardia. -Dijo poniéndose en pie-. Caballeros,
creo que marcho a informar a su excelencia de estas nuevas.
-Y así poder tener la excusa para ver a cierta damita. -Se burló entre risas
Calvin.
-Si el destino pone en mis manos la ocasión quién soy yo para negarlo… -
Contestaba caminando hacia la puerta.
Desde luego que sí, pensaba entregando su gabán, sombrero y guantes al
mayordomo ducal, si el destino le permitía acercarse a su deliciosa dama,
no sería él quién se hiciere el despistado… Sonreía mientras el mayordomo
lo guiaba a un salón donde pronto sus ojos se clavaron en Emma que
permanecía acomodada en un sillón cerca de la chimenea leyendo mientras
Josh y Leroy dormitaban cerca de ella.
-Excelencia, mi dama… -Sonrió acercándose a ella dándole un suave beso
en la frente antes de mirar hacia el diván donde se encontraban los cuerpos
desgarbados de los dos niños completamente dormidos-. Menudos
guardianes de pacotilla.
Emma sonrió:
-Déjales. Los pobres se han pasado una hora recorriendo, candil en mano,
los jardines para asegurarse que nadie se escondía tras lo que denominan
recodos peligrosos.
Adrien se rio tomando asiento junto a ella tras la invitación del duque.
-Excelencia, le traigo una noticia. El marqués pretende marchar a las
Américas y hacerlo dentro de dos noches en un navío americano.
-Dos noches… no es casualidad…
Adrien asintió:
-Pienso lo mismo.
- ¿Qué no es casualidad? -Emma abrió los ojos de golpe comprendiendo
que era la noche de su presentación-. Ah… Luego sí que voy a librarme de
él de un modo u otro, pero si huye no habrá justicia…
-Sin mencionar que siempre podrá volver… -Añadía Adrien tomando su
mano dentro de la suya, aunque miraba al duque al hablar.
-Cierto. -Asintió sabiendo que no solo la justicia quedaría desvalida si huía,
sino el futuro de Emma de regresar por sorpresa para vengarse.
-Ehh… -Leroy se levantó de golpe sobresaltado adoptando una postura de
defensa.
Adrien se rio:
-Leroy, despierta a Josh y subiros los dos a dormir. Janet no gusta dormir
sola, ¿recuerdas? -Leroy miró a Emma y entrecerró los ojos-. Su excelencia
y yo cuidaremos de milady.
-Bueno, pero no os distraigáis…
Adrien se carcajeó por el comentario sobre todo porque el “distraído” había
sido él… Cuando los dos niños salieron de la estancia sonrió a Emma.
-Deberías subir a descansar también. Mañana vendré temprano a recogerte.
Emma asintió mirando a su tío que asintió a su vez.
-Te subo antes de marchar. -Dijo levantándose, tomándola en brazos
lanzando una somera mirada al duque que al parecer se hacía el despistado,
aunque dudaba no estuviese atento a su marcha de la mansión en pocos
minutos.
Emma le rodeó el cuello con los brazos mientras él caminaba con ella en los
suyos.
-Podías haber mandado una misiva.
-Podía… pero no habría visto a mi hermosa dama antes de dormir.
Emma negó con la cabeza antes de besarlo en la mejilla.
-Lástima que cierto mayordomo esté a la espera de tu marcha.
Adrien sonrió:
-Cierto mayordomo y, también, cierto tutor que no dudo esté con los ojos
fijos en el reloj de cuco calculando el tiempo que se tarda en subir y bajar
dos pisos.
Emma se rio asintiendo y acariciando su nuca con los dedos.
-Yo tenía la esperanza de que no fueres un prometido tan torpe como
pareces y supieres colarte en mi alcoba y así poder dormir abrazando a tu
muy abandonada prometida.
Adrien se rio entre dientes mirándola de soslayo ya que mantenía la vista
fija en el enorme corredor que llevaba a su alcoba donde varios lacayos, que
sabía armados, continuaban apostados en varios lugares.
-Cielo, ni aunque volase conseguiría colarme en tu habitación sin ser visto.
-Pues menudo prometido me he buscado… tendré que darle un segundo
pensamiento al duque, al marqués, al…
Adrien se detuvo interrumpiéndola.
-No se te ocurra… Como tu conde no hay caballero alguno.
-Seguro que alguno de esos otros caballeros encontraría un modo de abrazar
a su prometida cuando gustasen.
Adrien de nuevo se rio:
-Sé que me estás azuzando, más también sé que tú eres lo bastante lista para
intuir la imposibilidad de tu petición. Abre la puerta… -Le pidió al llegar a
su alcoba.
- ¿Y si tuvieses la inestimable ayuda de una encantadora prometida que
conoce una forma de entrar en la mansión sin ser visto? Claro que después
deberás encontrar el modo de moverte por la casa sin que nadie te vea…
Adrien la dejó en el borde de la cama mirándola serio mientras posaba una
mano a casa lado de su cuerpo.
-Cariño, ¿hay un modo de entrar sin ser visto? -Preguntó claramente
preocupado.
-Bueno, me he acordado que, de pequeña, jugaba al escondite con mi madre
y ella me enseñó un corredor desde el que se llega a los jardines y que está
escondido tras unos setos. Está tras un tapiz del despacho ducal.
-Emma, ¿cuántas personas conocen ese acceso a la casa?
-No lo sé. Imagino que no muchas.
Adrien gruñó antes de sentarse a su lado tomando su mano.
-Eso es algo que voy a asegurarme de recordar a tu tío ahora mismo. -
Suspiró pesadamente porque le preocupaba en extremo su seguridad y, al
mismo tiempo, no deseaba separarse de ella por nada del mundo-. Cielo,
nada me gustaría más que colarme en tu alcoba y tenerte toda la noche en
mis brazos, pero eso habremos de dejarlo para cuando todo este lío termine
y para entonces no te separarás de mis brazos en lo que nos reste de vida.
Emma sonrió:
-No puedes vivir sin mí, ¿no es cierto, conde?
Adrien sonrió inclinándose para besarla en los labios.
-Ciertamente no puedo vivir sin mi condesa francesa.
-Medio francesa.
Se rio.
-Está bien, a partir de ahora serás mi condesa pecosa.
-Ehh, eso es una grosería.
-No lo es. Me encantan tus pecas y pienso devorarlas todas ellas. -ladeó el
rostro y atrapó su lóbulo entre los dientes arrancándole un jadeo cuando
lamió ligeramente su punta-. Creo que les pondré nombre.
Emma se rio por la ocurrencia.
-Anda, loco, si no vas a quedarte conmigo, lo mejor será que marches ya y
me dejes descansar. -Contestaba empujándolo por los hombros.
Al alcanzar el salón y tras comentar con el duque el detalle de ese “pasadizo
secreto”, se marchó con desgana, pero con la firme decisión de estar bien
temprano allí para tomar el desayuno con ella antes de marchar a visitar la
casa de los barones. No sería muy ortodoxo aparecer a esas tempranas horas
en la casa de su prometida, más, llegados a ese punto, a él poco le
preocupaba ya seguir al pie de la letra las normas de cortesía.
-Buenos días, hermano. Cada día madrugas más. -Le saludaba Josh sentado
en la mesa del comedor de mañana junto a Emma, Janet, su tía, la duquesa
y el duque, mientras Leroy permanecía junto al aparador haciendo acopio
de lo que parecía el desayuno de un regimiento.
Tras hacer las cortesías y morderse la lengua para no contestar el
chascarrillo de su hermano, se acomodó junto a Emma pues tomó la silla de
su hermano y la desplazó para hacerse un hueco.
-Me siento ofendido. -Dijo Josh mirándolo burlón.
-Tengo preferencia para estar junto a mi dama. -Contestó mirándola,
sonriendo-. Buenos días, mi dama.
Emma se rio entre dientes mirando a Adrien y después a Josh.
-No eres nada consciente de que ese hermano al que has desplazado se halla
detrás de ti y que posee cuchillos a mano…
Adrien sonrió divertido por la advertencia al tiempo que miraba de soslayo
a Josh.
-Tiene mejores cosas que hacer que matar a su hermano mayor…
-No lo des por sentado, hermano, quizás haya cambiado mis prioridades y
llenar tu ajado cuerpo de agujeros se encuentre en el primer lugar.
Emma se rio de nuevo antes de girar el rostro hacia Leroy que se sentaba
entre ella y su hermanita poniendo ante esta un plato repleto de comida.
-Leroy, Janet no podrá comerse esa montaña.
-Yo la ayudaré.
-Durante la mañana quedáis relegados del servicio pues seré yo el que
acompañe a Emma.
Los dos le miraron como un resorte deteniendo su comilona.
-Pero somos su guardia. -Se quejó Josh.
-Y lo seguiréis siendo cuando regresemos. Mientras tanto, iréis a Chester
House y acompañaréis a ese pobre duque superado por sus hijos.
Leroy sonrió:
-Pero si solo son bebés…
-Pues precisamente, es incapaz de dominar sin ser dominado por unos bebés
regordetes.
Leroy se rio entre dientes.
-Está bien, iré a ayudar al duque. Pero vos no podéis separaros de milady.
-Prometo no separarme de ella.
El carraspeo de Emma les hizo mirarla:
-Disculpad, pero estáis hablando de mí.
Los dos sonrieron con cara de inocencia lo que la hizo resoplar.
Apenas una hora después se encontraban camino de la casa que el señor
Carlton y su hija habían alquilado para unos días cerca de Mayfair.
Era la primera vez que Emma iba a salir caminando, aunque lo hiciere
lentamente, y él no iba a separarse de ella por nada del mundo. Tomó su
mano dentro de la suya tras quitar su guante y el de ella, para sentirla más
aún. Emma le miró frunciendo el ceño.
-Nada nos separará.
Emma se rio:
-Eso es demasiado literal, ¿no crees?
-Lo es. Y aun así no pienso dejar que nada me separe de mi condesa
pelirroja.
Emma rodó los ojos antes de volver su rostro serio:
-No sé si seré capaz de recordar algo importante.
Adrien giró y la sentó en su regazo con cuidado, la abrazó fuerte y posó sus
labios en su cuello acariciándoselo con suavidad.
-Cariño, si no recuerdas nada importante, no ha de importar pues
atraparemos al marqués cueste lo que cueste. Y no has de temer a esa casa.
Has de procurar que los buenos recuerdos primen sobre lo que ocurrió
aquella noche. Además, cielo, piensa que todo lo ocurrido nos ha traído
hasta aquí. Te ha traído a mí. Y no pienso dejar que te alejes nunca.
Emma alzó el rostro y lo miró rodeando su cuello con los brazos.
- ¿Así que piensas que tú eras mi destino?
-Lo soy y mi terca pelirroja pecosa es mi destino. -Sonrió besando
suavemente sus labios-. Estoy deseando tener preciosos pelirrojos que
llenarán nuestro hogar de travesuras y siempre achararé a su rojizo cabello
su impetuoso carácter.
- ¿Y cuando tengamos alguno con el cabello del color del trigo?
-En ese caso, podré presumir de tener al más listo y liante de los hijos, no
en vano, si se parece una pizca a Josh nos volverá locos.
Emma se rio:
-Es muy listo, eso es innegable, y un liante encantador…
-Y por eso, siempre parece salirse con la suya. Como nuestros hijos se
parezcan un ápice a él, estaremos perdidos.
Emma se rio:
-Siempre ha podido contigo, ¿no es cierto? Te sonríe, te enreda y ya te tiene
en sus redes.
-Y el muy pillo lo sabe… más tú tampoco te resistes a su encanto, como
tampoco a Leroy que basta que te diga algo para que te derritas.
-Es que es pelirrojo. -Contestó sonriendo antes de girar el rostro cuando el
carruaje se detuvo-. Hemos llegado a casa de los Carlton.
Adrien la dejó en el asiento antes de besarla.
-No te muevas de aquí. -Bajó abriendo la portezuela el mismo y dijo al
lacayo que fuere a buscar a la señorita Ariana pues él no se separaría de
Emma. Con la portezuela abierta observó a Emma colocarse la manta en el
regazo antes de mirarlo-. ¿Tienes frío?
Emma negó con la cabeza:
-No has de preocuparte, estoy bien.
Adrien entrecerró los ojos, pero no tuvo tiempo de añadir nada pues en ese
momento apareció la señorita Ariana a la que ayudó a subir antes de volver
a tomar asiento junto a Emma.
- ¿Alguna novedad? -Preguntó Ariana sonriendo mientras sacaba de su
ridículo una libreta de notas y un lápiz.
Emma se rio entre dientes.
- ¿Piensas tomar notas?
Ariana asintió seria:
-No quiero que se nos pase ningún detalle.
Emma de nuevo se rio y apoyando la cabeza en el hombro de Adrien.
-Bien, pues tú toma las notas y después las repasamos juntas.
Adrien sonrió besando la frente de Emma que alzó el rostro para mirarlo.
- Si llego a saberlo traigo a Josh para que nos haga de escriba.
Emma se rio:
-Dudo consiguieses que solo tomase notas sin meter mil ideas sobre lo que
se le vaya ocurriendo. Tiene una muy vívida imaginación.
Adrien sonrió negando con la cabeza.
En cuanto llegaron a la mansión Adrien las ayudó a descender asegurándose
de que Emma quedase en todo momento a su lado.
-Cielo, ¿estás segura? -Preguntó deteniéndose frente a la enorme puerta
principal.
-Lo estoy. -Asintió con terquedad antes de entregarle las llaves que le hubo
entregado su tío esa mañana.
-Está bien… -Asintió tomando las llaves abriendo con ellas-. Esperad aquí,
me aseguraré de tomar un par de candelabros pues dudo entre luz alguna
con las contraventanas cerradas. -Hizo un gesto a dos hombres armados que
se colocaron tras Emma y Ariana para protegerlas.
No le costó encontrar un par de candelabros pues estaban en la mesa del
centro del recibidor con velas y una yesca a mano. Tras unos minutos en
que se aseguró con los dos lacayos que no había peligro las hizo entrar, él
tomando de la mano a Emma sin perder de vista ni un segundo ni su rostro
ni sus gestos, preocupado por cómo podía afectarle regresar a ese lugar.
-Con las telas tapando los muebles y cuadros es difícil recobrar mis
recuerdos con nitidez, más, reconozco el lugar… -Iba diciendo, caminando
con Adrien y Ariana a su lado-. Aquélla es la puerta del despacho de mi
padre.
Adrien la detuvo cuando pareció querer ir allí directamente e hizo un gesto
a los dos hombres armados para que se adelantasen. Después, tomándola de
nuevo de la mano, fueron hasta allí. Dejó el candelabro en una de las mesas
y pidió a uno de los lacayos que abriese las ventanas y contraventanas
iluminándose de golpe toda la estancia en la que había bastante polvo.
Emma se quedó mirando todo en silencio unos minutos y de pronto le vino
la imagen de su padre llevándola de la mano hasta su escritorio y abriendo
un pequeño saliente, sacar una llave al tiempo que decía.
-Cielo, te contaré por qué compramos esta casa mamá y yo. -La tomó de la
mano llevando en la otra la llave y la guió hasta un rincón apartando lo
que parecía una figura grabada en la madera de la enorme estantería y
metió la llave para, de inmediato, girarla abriéndose un lateral-. Mira,
cielo, es una habitación secreta. Aquí guardamos cosas importantes, como
las bonitas joyas que tú lucirás cuando seas una dama como mamá.
Caminó decidida hacia la mesa cubierta por una enorme tela blanca y sin
miedo la quitó de golpe levantando todo el polvo. Tiró del saliente y al
abrirse tomó la llave. Girando miró a Adrien con la llave en la mano.
-Hay una habitación secreta.
Señaló la esquina de la estantería caminando hacia ella sabiendo a Adrien
tras ella. Apartó la figura de la estantería y después metió la llave girándola.
-Me encantan las mansiones antiguas inglesas. -Dijo Ariana entusiasmada
metiendo la cabeza en la estancia en cuanto se apartó el panel-. Necesito
luz.
Emma se rio negando con la cabeza mientras su amiga le arrebata el
candelabro a Adrien de la mano entusiasmada.
-Bueno, es que es americana. Es imperiosa. -Decía por la cara de
resignación de Adrien cuando Ariana entraba en la estancia con el
candelabro alzándolo para poder ver bien.
Adrien rodó los ojos siguiendo a Ariana que miraba en derredor cuando
ellos entraron.
-En fin, no es lo que esperaba… creí que habría esqueletos y cosas por el
estilo.
Emma se rio por el comentario de Ariana.
-Esqueleros no, pero creo que aquí era donde mi padre guardaba las cosas
importantes.
Adrien miró a los lados encontrándose una caja fuerte enorme y varias
estanterías con libros grandes y varios documentos.
-Será mejor que llamemos a Sebastian y a Calvin. Creo que serían los
mejores para encontrar cualquier cosa que implicase al marqués entre todos
estos documentos.
Emma se acercó a la caja fuerte y como si lo hubiese hecho antes, se agachó
y empezó a girar la rueda a ambos lados al alcanzar números que no sabía
cómo pero recordaba a la perfección. Giró la palanca y la caja se abrió.
Adrien la tomó ayudándola a enderezarse abriendo después la puerta del
todo para ver su contenido.
-Bueno, por lo que parece, aquí hay joyas y cosas de la familia.
Emma se quedó mirando en silencio la caja mientras Adrien la rodeaba con
los brazos.
-Cariño, eso es tuyo, más no tienes por qué ser tú la que pase por esto.
Emma suspiró girando para apoyar la mejilla en su pecho dejándose abrazar
y acomodar.
-Uy, uy, uy que empiezo a creer que tu padre era espía en la época de la
guerra y buscaba a bonapartistas y traidores aquí en Inglaterra.
Los dos giraron como un resorte para encontrarse a Ariana con uno de los
libros en las manos abierto.
-¿Era espía? -Preguntó Emma acercándose a ella.
-Sí, mira. Aquí tiene escritas las órdenes de la corona y su contacto en el
gobierno para que le hiciere de enlace. -La sonrió animosa-. Tú padre era
muy listo. Mira todos los nombres que tenía apuntados y los delitos que
cometieron…
Adrien la abrazó por la espalda queriendo que se sintiere reconfortada o por
lo menos protegida.
-¿Aparece el nombre del marqués? -Preguntó seria.
-Pues en este libro no, pero quizás en otro de los libros o documentos… -
Contestaba cerrándolo-. No te preocupes, si hay una pista o prueba contra
ese canalla lo encontraré. -Añadía apretando una de sus manos.
Emma la sonrió ligeramente:
-Sí, si alguien puede encontrar algo esa eres tú.
-Bueno, milord ha mencionado a dos caballeros, si quieres les pedimos
ayuda también.
Adrien se rio entre dientes:
-¿Por qué sospecho que realmente sois buena en eso de buscar cosas entre
libros y papeles? Sin mencionar que os veo muy animada.
Ariana se rio:
-Me encantan los misterios y resolverlos…
Emma sonrió negando con la cabeza:
-Creo que deberíamos dejar en sus manos todos estos papeles.
Ariana sonrió encantada:
-Sí, sí, por favor… -Miró a Adrien que suspiró pesadamente.
-Pero mandaré a Calvin para que os ayude y os supervise.
-Ah, no, no, no… ayudarme sí, supervisarme no…
-Está bien, supervisión no. -Se rio entre dientes por la mirada que le lanzó
claramente de ofensa que le recordó a la de Emma cuando reclamaba su
independencia y no esta bajo la mano de nadie-. Más, como Calvin también
hizo labores de inteligencia durante las guerras, no os vendría de más esa
ayuda.
-Bueno, admito la ayuda. Pero dejadle claro que yo soy la que investigo.
-Los dos investigaréis. Pero es un asunto que nos corre prisa pues ese
canalla, como lo habéis tildado, pretende escaparse dentro de dos noches.
-Está bien. -Miró a Emma y sonrió-. Creo que yo me quedo aquí y me
dedico a investigar un poco.
Adrien rodó los ojos.
-Dejaré dos guardias aquí para que os acompañeb y enviaremos aviso a
vuestro padre. -Tomó la mano de Emma y la sonrió-. ¿Quieres que sigamos
paseando por la casa?
Emma asintió dejando después que la guiase tranquilamente por las
estancias y después por el jardín en algunos de cuyos recodos pudo recordar
algunas vivencias del pasado mientras Adrien no se separaba de su lado.
-Ven. -La abrazó cuando alcanzaron uno de los salones tras regresar del
jardín-. Deberíamos volver a casa para que descanses. Recuerda que
mañana en la noche es tu presentación y has de estar deslumbrante para que
todos los hombres de las islas envidien mi suerte al tener la más preciosa de
las prometidas.
-Así que solo quieres presumir de prometida… interesante… ¿y crees que
yo podré presumir de prometido en algún momento?
-Presumirás de mi por doquier, no en vano te llevas al mejor de los
especímenes.
Emma se carcajeó alzando el rostro para poder mirarlo mejor:
-El mejor de los especímenes… qué pagado de vos mismo estáis, conde.
Adrien se rio bajando el rostro al de Emma besándola suavemente en los
labios.
-Si no te supiese cansada y mí con la obligación de devolverte a Carmond
House, ahora mismo te subía a una de las alcobas y te demostraba cuán
magnífico especímen estoy hecho.
Emma sonrió traviesa:
-Déjate de demostraciones y llévame de regreso a las seguras paredes de la
mansión ducal. Dejaremos a Ariana a la que presumo más que
entusiasmada leyendo sin parar sobre posibles espías, complots y enredos
de los siempre inefables nobles ingleses.
Adrien se rio negando con la cabeza:
-Empiezo a creer que las dos sois más peligrosas de lo que nadie podrá
imaginar.
-Mucho, pero que mucho más…
-Vamos, mi peligrosísima dama… -La tomó de la mano y la llevó hasta el
vestíbulo-. Nos despediremos de esa intrépida americana y después te
llevaré a ese lugar a salvo.
-Ariana. -La llamó al llegar al despacho viéndola sacar la cabeza de la
estancia secreta unos segundos después-. Nosotros nos marchamos ¿seguro
que quieres quedarte aquí?
-Sí, sí. Tú deja los guardias que yo me encargo de todo esto.
Emma se rio negando con la cabeza porque realmente estaba entusiasmada.
-Bien, pues cuando termines, ven si quieres a Carmond House y nos cuentas
qué has descubierto.
-Lo primero que he descubierto es que los nobles sois muy, muy sibilinos…
-Se rio entre dientes-… Menudos compatriotas tienes, Emma. Si lo llego a
saber prohíbo a mi padre instalarnos aquí. Menudo peligro corremos las
buenas y cándidas almas venidas de tierras lejanas.
Emma se rio y miró a Adrien:
-Ciertamente los pobres extranjeros corremos peligro entre tanto noble
innoble.
Adrien se carcajeó:
-Lo reitero, sois peligrosas. Vamos mi damita peligrosa. Dejemos a esta
colona peligrosa seguir con sus pesquisas antes de que me acuse a mí de
delitos de lesa majestad.
-Pues si encuentro vuestro nombre aquí, no dudéis lo haré. -Respondía
regresando a la habitación mientras Emma se rería.
En cuanto atravesaron Carmond House se vieron abordados por Leroy y
Josh que les miraban ansiosos.
-Hemos encontrado algunas cosas interesantes. -Respondía a la pregunta no
formulada-. Pero antes de informaros, mejor os dejo acompañar a mi dama
a su alcoba que ha de descansar.
Entró en el salón donde se encontraban la duquesa viuda, su tía Nora y el
duque sentados cerca de la chimenea al parecer muy entretenidos con los
preparativos de la fiesta. Tras la cortesía, tomó asiento cerca del duque.
-¿Dónde se halla mi sobrina?
-La he dejado en manos de esos dos enanos para que la acompañen a
descansar, ya que me temo la visita a su antiguo hogar la ha dejado
exhausta. Aunque al menos, ha sido una visita provechosa. Hemos
encontrado el lugar en el que el esposo de vuesta hermana guardaba
innumerables legajos de lo ocurrido años atrás. Con suerte la señorita
Ariana encuentre pruebas que impliquen al marqués.
-¿Habéis dejado a la señorita Ariana sola en la casa?
-Con la compañía de varios guardias, más, si me permitís papel y pluma
escribiré a mi primo lord Frenshire para que acuda a ayudarla. Creo que dos
mentes incisivas son mejor que una.
El duque asintió señalándole un secreter donde encontraría lo pedido.
Enseguida Escribió la nota que entregó a un lacayo para hacérsela llegar lo
antes posible.
-Bien, decidnos, ¿qué tal la visita de Emma?
Adrien miró con fijeza al duque antes de contestar:
-No soy ignorante ante su reacción. Le ha afectado. Se ha mostrado entera
en todo momento, más, no era difícil percibir su tristeza en muchos
momentos por lo que la sé recordando con solo estar allí. Quizás, más
adelante, podríamos llevarla en un momento más propicio, alejado de la
preocupación de saberse en peligro y sin la presión de saber al marqués a
nuestro alrededor.
El duque asintió manteniéndole la mirada firmemente.
-Será mejor que termine los preparativos para la fiesta y nos aseguremos
que todos los guardias se encuentran en adecuado lugar para evitar peligros.
Cuando regresó a casa tras el almuerzo, dejando a Emma en manos de su tío
y de la tía Nora, se encontró con Calvin esperándolo en el salón
acompañado de David.
-Presumo el que te halles aquí significa que has dejado en manos de cierta
americana la investigación más detallada.
Calvin gruñó:
-Sería más correcto decir que esa americana me ha dejado sin opciones pues
ha marchado a Carmond House con toda la documentación acompañada de
los guardias mientras a mí me ha “ordenado” intentar no molestarla.
Adrien se rio negando con la cabeza:
-¿De veras? ¿Y tú has contenido tu lengua ante semejante mandato?
Calvin volvió a gruñir:
-Los americanos no se caracterizan por tener un talante fácil de doblegar.
Menudas dulces palabras salen de esa damita. -Señalaba con evidente ironía
haciendo a Adrien reírse de nuevo.
-Bueno, has de reconocer que es una damita preciosa y, además, amiga de
mi condesa, de modo que, te guste o no, has de ser amable con ella si no
quieres ganarte no solo los idus de esa americana sino, también, de mi
dama. Sin mencionar la de Josh que ha declarado que le agrada esa dama.
Tras degustar unos licores y dejar a David trabajando en el despacho, los
dos marcharon a Chester House con intención de poner al día a Sebastian de
las pocas novedades con que contaban. Enseguida Calvin sonrió al toparse
con Sebastian en su despacho sentado en un sillón con sendos niños en sus
brazos.
-Veo que has decidido acaparar a tus vástagos.
Sebastian alzó la vista y sonrió al verlos.
-Tengo que aprovechar las pocas ocasiones en que se me deja a solas con
ellos.
Adrien sonrió sentándose frente a él.
-Lo que su excelencia diga. -contestaba con una sonrisa sardónica-. ¿Cuánto
tardará tu fiera esposa en reclamar a sus hijos?
Sebastian sonrió;
-No vendrá a reclamarlos sino a hacerme compañía.
Y desde luego fue lo que ocurrío apenas unos minutos después tomando
asiento junto a Sebastian tras tomar a su hijo Andrés en brazos
manteniéndolo dormido como su hermana en brazos de su padre.
Tras narrarles lo ocurrido, Alejandra sonriendo divertida miraba a Calvin
con interés.
-¿De modo que te ha parecido demasiado imperiosa esa joven americana?
-Imperiosa… -Repetía mirándola-. Es una forma en exceso amable y
generosa de decir que gusta salirse con la suya y no dejar que nada la
perturbe. Ni siquiera me ha dejado posar los ojos en legajo alguno pues
consideraba que era más importante llevadlos a Carmond House para que
fuesen inspeccionados por ojos críticos ajenos a la nobleza reseñada en esos
textos y que, al parecer, adolece de todos los vicios y defectos posibles.
Robos, asesinatos, complots… Todo tipo de tropelías parecen ser capaces
de cometer las nobles testas de estas islas. Y, por ello, no debieran ser
investigados por dichas testas sino por otras ajenas a esa vida corrompida y
sí en cambio, inocente a tales corruptelas.
Alejandra tuvo que contener la carcajada para no despertar a su hijo
mientras que Sebastian, por el contrario, se reía entre dientes mirando a su
primo con sorna.
-Bueno, dinos, ¿Crees que podrá averiguar algo interesante?
-Eso espero. Bien es cierto había mucha documentación y el tiempo corre
en nuestra contra ya que el marqués prepara la huída para mañana lo que
significa que o le atrapamos antes o se nos escapará sin posibilidad de
tomar justicia.
-Y sin que podamos saber a salvo a lady Emmaline hasta que lo sepamos
bien encerrado bien muerto. -Añadía Sebastian serio.
Calvin asintió antes de ponerse en pie y sonriendo echó a andar hacia la
puerta.
-Bien, duques, yo marcho a casa que he de preparar algunas cosas antes de
que nos reunamos todos mañana en la noche.
A media tarde Adrien se encaminaba hacia Carmond House cuando tuvo el
presentimiento de que le seguían. Decidiendo cambiar de dirección, giró en
una de las calles antes de la rotonda central para de inmediato volver a girar
deteniéndose en un recodo oscuro y lejos de la vista de otros a la espera de
que quién fuere que le siguiere apareciese.
No se equivocó. Apenas unos segundos después un hombre enorme, con la
piel tiznada lo alcanzó. Le sorprendió golpeándolo en el rostro y cuando por
inercia cayó hacia atrás, sacó la pistola que llevaba desde hacía días con él,
apuntándolo de inmediato.
-Creo que acabo de pillar a quién ha intentado matar a mi prometida y como
no pienso daros la oportunidad de escapar he de decirlos que no os mováis
ni un ápice o simplemente dispararé.
Alzó el rostro para mirarlo y Adrien pudo darse cuenta que tras esos ojos
negros no había nada más que muerte. Le dio un fuerte golpe con la culata
dejándolo inconsciente de inmediato.
Apenas media hora después, con ese hombre llevado por dos lacayos de
Carmond House a una estancia que se encontraba en los sótanos de la gran
mansión ducal, Adrien, el duque y Sebastian observaban a ese hombre
pacientes a su despertar y que permanecía convenientemente encadenado.
-Imagino no será fácil sonsacarle dato alguno a un asesino como este. -
Comentaba el duque con gesto tranquilo.
-Sobre todo porque ni siquiera sabemos si habla nuestro idioma.
-Presumid que sí, ya que ha de haber recibido órdenes del marqués. Aunque
quizás sepa francés. -Contestaba Sebastian mirando su reloj de bolsillo
comprobando la hora-. Sin ser descortés, pero he de volver antes de una
hora a mi hogar o mi siempre temible esposa se preocupará. De modo que,
¿Qué me dirían, caballeros, si le despertamos?
-Pues es una excelente idea porque dentro de poco he de relevar a Leroy.
La voz de Josh les hizo a los tres girar para encontrárselo sentado en los
escalones de piedra mirándolos con evidente aburrimiento. Adrien suspiró
pesadamente:
-Josh ¿qué haces aquí?
-Pues qué voy a hacer, hermano, asegurarme que este asesino dice la verdad
antes de ser llevado a la Torre de Londres para que pague por sus crímenes.
-De nuevo Adrien rodó los ojos-. Propongo echarle un cubo de agua para
devolverle al mundo de los conscientes. Esta espera empieza a resultar
tediosa.
Sebastian se rio entre dientes girando en derredor.
-Bien, caballeros, yo también encuentro la espera tediosa, de modo que
pongamos en práctica lo que este joven caballero propone.
Media hora después, tras haber expulsado a Josh, pues comprendían que por
las buenas pocas cosas iban a sacar de ese hombre, con un par golpes y
nudillos magullados y con una más que evidente frustración, Adrien subía
las escaleras de acceso al sótano de mal humor por no haber sonsacado nada
a ese hombre, nada de nada, se maldecía con cada escalón que subía.
-Hemos de reconocer que tiene mucho aguante. -Resoplaba el duque serio-.
Mandaré aviso a Bond Street para que envíen agentes para que vengan a por
él.
-No, excelencia. -Lo detuvo Sebastian-. Mejor lo dejamos bajo nuestra
mano de momento. Algo me dice que el marqués podría llegar hasta él si se
encuentra bajo la custodia de los agentes.
-Conozco a un agente de confianza. Él se asegurará que no llegue a oídos a
los que no convenga avisar. Mantiene a la amante del marqués y a ese
mayordomo tan extraño en lugar seguro.
-Bien, pues en ese caso, milord, mandad vos ese aviso a ese agente y que se
lo lleve. Sinceramente, no me agrada la idea de tenerlo en mi casa, más aún
cuando mañana en la noche celebraremos la fiesta.
Adrien asintió mirando al duque sin detener, como hacían sus dos
acompañantes, su paso en dirección al despacho. Al llegar allí se
encontraron a Leroy, sentado en uno de los grandes sillones, con un libro
abierto entre las piernas y al verlos saltó de su lugar y apartando el libro.
-¿Ha dicho algo ese asesino?
El duque de Carmond suspiró pesadamente antes de tomar asiento tras su
escritorio.
-Señor Smith, ha olvidado sus modales.
Leroy chasqueó la lengua e hizo una rápida cortesía con desgana sin apartar
sus ansiosos ojos del duque.
-No, señor Smith, nada ha dicho ese hombre.
Leroy cruzó los brazos al pecho sin dirigir los ojos a Adrien y Sebastian, el
primero de los cuales, tras hacer un gesto pidiendo la venia para ello, servía
tres copas de licor.
-Dejádme a solas con él y yo le sonsacaré la verdad. He visto a los hombres
de los muelles lograr hablar a hombres muy grandes que parecían muy
duros y que no tardaron en cantar.
-¿Cantar? -Preguntó Adrien sonriendo dejándose caer en uno de los asientos
delante del imponente escritorio del duque tras cederles sus copas a
Sebastian y al duque.
-Pues sí, cantar. -Asentía severo-. Decir todo lo que saben.
Adrien se rió entre dientes.
-No dudo lograses ese y cualquier otro propósito que se te pase por esa
cabecita tuya, más, me temo, Leroy, en este caso, nos hallamos antes un
asesino que carece de escrúpulos.
Leroy de nuevo chasqueó la lengua antes de rodear la mesa y acercarse al
duque.
-Hay que vigilarlo. No puede escaparse.
-De eso ya nos vamos a encargar, no temas. Y ahora dime, ¿qué hacías
aquí?
-Pues…. -Le miró con cierto remordimiento-… es el turno de milord de
vigilar a milady y yo quería que la señorita Ariana me dejare ayudarle en su
investigación y ella me ha pedido que busque un blasón en concreto… -
Rodeó de nuevo la mesa tomando el pesado libro y se lo llevó al duque-…
he pensado que vos tendríais ese libro azul que había en Chester house pero
vuestro secretario me ha dicho que este es mejor.
Sebastian se carcajeó porque obviaba que se encontraba allí y que ese libro
que mencionaba era suyo.
-Eh, enano, ¿insinuas que mis libros no son completos o bien informados?
Leroy se encongió de hombros.
-Yo no, lo dice el secretario de su excelencia.
Esta vez fue el duque el que se rio.
-Señor Smith, ¿qué blasón buscaba?
-Uno con un águila, una corona y un escudo que tiene una estrellas de diez
puntas en él.
El duque frunció el ceño pues no le venía a la cabeza ese blasón.
-¿Para qué lo buscas?
-La señorita Ariana cree que era el intermediario entre ese traidor y su
contacto con los gabachos.
-Gabachos. -Repitió divertido Adrien con una media sonrisa-. ¿Eso lo has
aprendido también en los muelles?
Negó con la cabeza:
-Lo dice la señorita Ariana. Dice que un mal francés es un gabacho y un
mal inglés es un noble arrogante.
El duque escupió el trago que acababa de beber mientras que Adrien y
Sebastian se reían. Leroy sonrió.
-Es muy lista. Además, me gusta mucho su acento. Es muy divertida.
El duque sonrió negando con la cabeza antes de devolverle el libro.
-Anda, ve con esa señorita americana a ver si necesita más ayuda y, en todo
caso, quédate con ella para protegerla. Y mientras tanto intenta encontrar
ese blasón.
-Bueno, pero a lo mejor no lo encuentro. Este libro es solo de nobles
ingleses. Me lo dijo su secretario.
Sebastian tornó el rostro serio mientras Leroy se marchaba con su libro
entre los brazos.
-Pues no va a ser que ese enano nos acaba de abrir los ojos. También
deberíamos investigar a nobles venidos de Francia. Alguno podía haber
ayudado al marqués y quizás le ayude a escapar ahora.
Adrien entrecerró los ojos pensativo.
-¿Qué ganaría ayudándolo a salvo correr riesgo de desesmascarse si es que
en el pasado fue su cómplice? Además, ¿No creéis que ya se investigó a
todos los huidos de los bonapartistas como posibles espías?
El duque le mantuvo la mirada unos segundos antes de asentir:
-Ciertamente se les investigó, más, quizás no contásemos entonces con las
sospechas de ahora como con el marqués. ¿Algún oriundo de Francia que
pueda tener relación estrecha con el marqués les consta?
Sebastian negó con la cabeza pero pronto añadió:
-Si era en el pasado bien su cómplice bien un espía, no mantendrían su
relación como cercana a los ojos de terceros.
-O en cambio sí. Recordad que hasta ahora el marqués se mantenía muy a la
vista y ha actuado muy a la vista de todos pues nadie sospechaba de él. -
Añadía Adrien-. De hecho, se me ocurre quién podría ser…
-¿Lo sabéis? -Preguntó el duque enderezando la espalda mirándolo con
cierta tensión.
-Si no recuerdo mal, el segundo de vuestro padre en el ministerio era Lord
Drevris…
El duque de Carmond abrió mucho los ojos.
-No puedo creerlo. Drevris… ¿por qué sospecháis de él?
-Porque desde que he estado en casa de vuestra sobrina, algo ronda mi
cabeza. El barón no hubiese dejado entrar al marqués de noche, estando
solo en la casa, con vuestra hermana y vuestra sobrina en ella. Pero, ¿y si
dejase entrar a un noble compatriota del que no sospechaba? especialmente
cuando era ayudante vuestro padre.
-¿Esa idea se os ha ocurrido ahora?
-Sí, más, cobra importancia si atamos cabos… Por ir a verle no perdemos
nada, de hecho, por ir a verle de inmediato no perderíamos ni el tiempo.
Sebastian se puso en pie mirándolo serio:
-Creo que deberé mandar aviso a casa para avisar que llegaré tarde. Esto no
deberíamos posponerlo.
El duque que también se puso en pie les miró serio.
-Imagino deberemos actuar de inmediato, más, digánme caballeros, ¿vamos
a interrogarlo sin prueba alguna?
-En realidad, vamos a mantener una seria charla con milord… -Señalaba
Adrien mirándolo con una media sonrisa.
Caminaban hacia la puerta cuando dos golpecitos les hicieron detenerse
dando el duque la venia.
-Caballeros. -Les saludaba Ariana haciendo una reverencia-. Siento
interrumpirles, más, creo que ya sé qué es lo que el marqués quería del
padre de Emma… quiero decir de lady Emmaline. -Los tres la miraron con
ávido interés y ella abrió el libro que mantenía entre las manos-. El barón
encontró el lugar donde el marqués enviaba el dinero de los bonapartistas.
Las Americas. En concreto lo enviaba a Jamaica donde ese hombre invirtió
grandes cantidades de dinero en esclavos y tierras de cultivo.
El duque se acercó a ella en zancadas tomando de sus manos el libro y
enseguida ella le empezó a enseñar escrituras, pagarés y letras donde
figuraban muchos nombres franceses.
-Pero esto no demuestra que fuera el marqués… -Empezó a decir el duque
pero ella sin decir palabra alguna le detuvo moviendo el dedo por uno de
los escritos-… ahh entiendo… pero esto solo demuestra que alguien, que
suponemos es la rosa galesa y usaba ese blasón, no solo era espía sino
además un intermediario de los intereses bonapartistas más allá del viejo
continente.
-Excelencia, tenéis poca visión global… observad los nombres de quienes
contrataban con la rosa galesa… si no me equivoco, y sé que no porque son
nombres que llevo horas viendo en numerosos documentos, son todos
ingleses que han hecho negocios en las Americas desde hace muchos años,
y muchos de ellos, aunque puedan estar algo ajados, están con vida, lo que
significa que pueden dar testimonio de con quién contrataron, es decir, con
qué hombre firmaron estos contratos, acuerdos o pagarés.
El duque sonrió desviando los ojos a sus dos acompañantes.
-Creo, caballeros, que si vamos a visitar a Drevris podríamos aprovechar
esta información. Después de todo, el marqués pretende su huída
deshaciéndose de todos sus bienes en las islas, pero algo me dice que le
esperan en tierras americanas los réditos obtenidos por su traición. Quizás a
Drevris le interese saber que, mientras él va a acabar con grilletes en su
manos y tobillos, el marqués estará en lugar plácido lejos de toda justicia.
-Me suena ese nombre… -Meditaba unos segundos Ariana antes de girar
para salir a la carrera diciendo al tiempo-… no os mováis, enseguida
regreso…
-Muy impetuosos estos americanos…. -Señalaba divertido el duque
mientras que Adrien, sin pedir permiso tomaba de sus manos el libro.
-Explicadme lo que acaba de pasar.
El duque se rio enseñándole las hojas que él había visto, el sello mostrado
por Ariana y después las fechas y nombres relacionados.
-Esto no es prueba directa contra el marqués. -Se quejaba Adrien.
-No, solo son indicios de los que podremos ir tirando, sobre todo, si
tenemos amigables conversaciones con los nombres ahí reseñados. Seguro
que alguno recuerda haber realizado ese negocio con el marqués ignorando
que lo hacían con un espía francés que además usaba dinero de Francia para
tales negocios.
Adrien suspiró pesadamente cerrando el libro.
-Va a ser cierto lo que decía vuestra sobrina acerca de la señorita Carlton.
Es muy inteligente y perspicaz y, desde luego, tenaz como ninguna otra a la
hora de buscar enredos.
-¿Dónde está la señorita Ariana? -La voz de Leroy les hizo girar el rostro
hacia la puerta mientras este miraba en derredor-. Me había dicho que venía
hacia aquí.
-Ha ido a tomar una cosa antes de regresar. -Le contestó Adrien-. ¿Has
encontrado el blasón?
Negó con la cabeza:
-Seguro que es gabacho. -Concluyó antes de dar una vuelta sobre sí
mismo-. Voy a por la señorita Ariana.
-No hace falta, mi querido señor Smith. -Contestaba la mentada entrando
ufana en la sala-. Aquí está. -Dijo resulta ofreciéndole al duque un legajo
que él tomó de inmediato-. Sabía que me sonaba ese nombre. Es un barón
venido de Francia justo antes del comienzo de las guerras napoleónicas que
rápidamente obtuvo privilegios entre algunos nobles. Imagino que usó esos
privilegios para ascender socialmente, más también, políticamente. Desde
luego tenía que ser hábil pues con lo desconfiados que son los ingleses,
especialmente la nobleza con los “arribistas extranjeros” debía tener una
inteligencia destacada para que no lo considerasen más que un advenedizo
no nacido en tierras de la sagrada Inglaterra.
El duque sonrió negando con la cabeza:
-Tomaré esa descripción como una nada velada insinuación de lo poco
favorecedoras que son las palabras escuchadas por una dama extranjera
venida de tierras lejanas a la Sagrada Inglaterra.
La señorita Ariana se encogió de hombros antes de sonreír a Leroy.
-Al menos no soy gabacha. – Le guiñó un ojo a Leroy que sonrió mientras
le tomaba la mano.
-Pero sois colona así que sois salvaje y temeraria como lo somos los
pelirrojos.
Adrien se rio.
-¿Embelesando a una nueva damita?
Leroy alzó el rostro hacia él sonriendo.
-Es amiga de milady, así que también es mi amiga y a las amigas se las
cuida y se les dicen palabras bonitas.
El duque carraspeó sin apartar los ojos del legajo.
-¿He de entender que Drevris es, como ha insinuado milord, cómplice del
marqués?
- ¡Eureka! Un noble con algo dentro de su noble testa… -Sonreía satisfecha
Ariana-. Mi teoría, caballeros, es que la rosa galesa usaba a Drevris, a tenor
de su puesto, no solo como enlace con quié hiciera de intermediario con los
franceses, de modo que él no solo no corría riesgo directo de ser
descubierto ni relacionado con los franceses, sino también como fuente de
información, al fin y al cabo, era el segundo de un alto cargo en el
ministerio, nada más y nada menos que vuestro padre, excelencia. Solo que
hasta ahora, no lo he relacionado… -Chasqueó la lengua reprendiéndose a
sí misma-… Al final mi muy inteligente padre va a tener razón y voy a
tener que prestar más atención a los nombres de los nobles, incluso de
aquéllos que salen en los folletines o secciones de la gaceta sobre los
cotilleos de cada fiesta o reunión de los nacidos en alta cuna… -Añadía
esto con cierta mofa.
Sebastian sonrió negando con la cabeza convencido de que esa americana
iba a traer de cabeza a su primo Calvin sobre todo porque había
refunfuñado de ella más de lo que se esperaría siendo simplemente una
damita casadera.
-Deberíamos haberos tenido durante la Guerra, señorita Carlton, habríais
acabado con los Franceses vos solita.
-Lo consideraré un halago, excelencia, no en vano, sois inglés y
reconociendo a una una antigua colona como capaz de derrocar a Napoleón,
no os sentiréis de menos sabiendo que la expulsión de las Americas de todo
colonialista vino de la mano de mis compatriotas.
Sebastian se rio divertido con esa damita tan fuera de lo común.
-Será mejor que partamos y que antes de marchar yo mandaré una misiva a
mi esposa si no quiero perecer antes de la noche de manos de la furia
española.
Leroy sonrió divertido:
-Si habéis hecho enfadar a la duquesa debéis pedirle perdón, regalarle un
ramo de flores bonitas y prometer no volver a hacerlo. Lady Ashton
siempre dice que el propósito de merienda y poner cara compungida es lo
que mejor funciona.
-¿Y no te habrá dicho propósito de enmienda? -Preguntaba Adrien riéndose
entre dientes.
-Ah, pues… no sé… -Lo miraba frunciendo el ceño.
-Ya que nosotros hemos cumplido nuestra misión, ¿no creéis, señor Smith,
que podríamos subir a visitar a lady Emmaline y pedir una copiosa bandeja
de té? Estoy famélica.
Leroy asintió y sin soltar su mano giró para salir con ella de la estancia
mientras los tres caballeros los veían salir ignorándolos.
-No sé qué es peor que nos obvie o que no tenga reparos en considerarme
indiferente para cualquier cosa que haga en mi propia casa.
Adrien se rio por el comentario y el suspiro resignado del duque.
En la noche, antes de la cena, Emma tamborileaba sobre la mesa en la que
jugaba a las cartas con Leroy y Josh, molesta pues desde la mañana no
había visto al conde. La había tenido totalmente abandonada, se quejaba
para sí misma. Josh le había dicho que su hermano se encontraba ocupado
buscando pruebas contra el marqués, y Ariana le confirmó esa tarde que
había hablado con su tío, el conde y el duque de Chester acerca de algunas
cosas que había encontrado en los documentos de su padre, pero aún con
ello, habían pasado muchas horas y ni una sola nota había recibido.
-Emma, es tu turno.
Emma miró a Josh que mantenía su mirada fija en ella y suspirando mostró
su mano perdedora dejando que sus dos compañeros continuasen solos esa
partida.
-Seguro que viene para la cena. -Emma miró a Josh que sonreía de medio
lado y ella alzando las cejas ni siquiera tuvo tiempo de preguntar porque
enseguida añadió-; Adrien, seguro viene a cenar. No aguantará mucho sin
venir a darnos órdenes. Es muy mandón.
Emma se rio porque repetía lo que ella decía.
-Veo que compartimos las mismas impresiones sobre vuestro hermano.
Josh se encogió de hombros.
-Bueno, yo le conozco mejor.
Dos golpecitos en la puerta les hizo mirar a los tres hacia allí entrando
enseguida Dulcy llevando de la mano a Janet que ya lucía sus ropas de
cama.
-Milady, voy a acostar a Janet y enseguida os ayudo a vestiros para la cena.
El conde se encuentra abajo con vuestro tío. Acaba de ser anunciado.
-¿Veis? Lo conozco muy bien. -Sonreía Josh poniéndose en pie para de
inmediato tomar la mano de Janet-. Voy a leer un cuento a Janet y después
nos vamos a cenar.
Emma sonrió:
-¿Cómo habéis conseguido que mi tío os deje cenar en el salón todas las
noches?
-Somos vuestros guardias. -Contestaba orgulloso Leroy.
-Además, le hemos dicho a la duquesa que así nos puede instruir mejor para
la fiesta de mañana. -Añadía Josh con picardía.
-¿La duquesa dejará que mañana cenéis con nosotros? -Preguntaba del todo
asombrada.
-Bueno, no, pero si hemos de estar en el baile nos conviene un poco de
“pulido”. -Contestaba satisfecho.
Emma se reía divertida por la excusa que estaba segura se le había ocurrido
a ese ingenioso hermano pequeño que tenía el conde.
-Bueno, pues yo voy a arreglarme y, mis muy valientes guardias, nos
encontraremos en el salón.
-No. Vendré a buscaros. -Contestaba tajante Leroy poniéndose en pie frente
a ella- No podéis andar por la casa sin vuestra guardia.
Emma sonrió:
-En ese caso, mi querido señor Smith, nos encontraremos en la puerta de mi
alcoba dentro de treinta minutos. No os retraseís o dejaré a mi guardia en la
retaguardia.
Se rio al salir de su habitación al ver a Leroy con el pelo revuelto intentando
atarse la lazada del cuello.
-Ven, mi fiero guardia. –se arrodillaba frente a él tomando rápidamente la
lazada para hacerle un nudo-. Presumo que tanta prisa ha obligado a tu
cabello a lucir como un huracán en pleno movimiento.
Mientras ella terminaba la lazada, él se pasaba sus deditos inquietos por sus
rizos no logrando gran mejora.
-Ya podemos bajar a cenar. Estoy hambriento. -Afirmaba Josh saliendo de
la habitación contigua a la suya.
-Nunca creí posible que tal cosa aconteciera, ¿tú hambriento? Creo que los
dioses deben estar anonadados ante tamaña novedad. -Añadía Emma
sonriendo.
Al entrar en el salón previo a la comedor, Emma sonrió al ver a lady Nora
concentrada junto a la duquesa en algún asunto relativo a la fiesta pues
ambas estaban escribiendo muy poco interesadas en lo que pasare alrededor,
sentadas en una de las mesas de la esquina.
-Ven, querida, siéntate aquí. No queremos que te esfuerces en exceso
porque mañana has de estar descansada para la noche.
Emma se sentó donde su tío le hubo indicado y de inmediato Adrien se
sentó a su lado tomando su mano.
-Buenas noches, mi dama.
Emma le miró frunciendo el ceño.
-No has venido a verme esta tarde.
-Es lo que más me habría gustado, más, tenía que investigar.
-Y ¿Esa investigación ha dado algún fruto?
-Tu amiga, la señorita Carlton ha resultado una más que competente
investigadora.
-Te lo dije. Si hay un misterio, historia oculta o algo que implique delitos,
ella lo averiguaría.
Adrien sonrió llevándose su mano a los labios.
-Sí, en un solo día, gracias a las muchas pesquisas de tu padre y a su agudo
olfato, la señorita Carlton averiguó lo que nadie había sospechado. La rosa
galesa se servía de un noble que hacía las veces de intermediario y de
informador. Hemos apresado a lord Drevris, que era quién conseguía gran
parte de la información junto al marqués que luego usaba Napoleón para
eliminar a nuestras tropas o espías
-A ver si lo entiendo, ¿ a ningún noble se le ocurrió buscar entre los
miembros que formaban parte no solo del gobierno sino de las personas que
tenían acceso a información delicada?
-Cariño, no me reprendas por lo ocurrido en el pasado, más cuando la
mayor parte de ese tiempo yo me encontraba luchando en tierras galas. Si te
sirve de consuelo, tu padre fue el que empezó a sospecharlo y creo que su
investigación le puso en el punto de mira del marqués, bien era cierto que
ya antes sentía inquina por él por sus celos ya que nunca consiguió el
aprecio de tu madre.
-Mi madre tenía un excelente gusto.
Adrien la besó en la frente sonriendo.
-Tan excelente como su hija pues ambas solo escogieron excelentes
caballeros.
-Bah, tampoco puede decirse que heredase ese gusto de mi madre. En mi
caso, creo que solo me has encontrado en un momento de debilidad mental.
Adrien se rio negando con la cabeza.
-Mentirosa.
-Vamos al comedor. Milady tiene que comer para ponerse buena.
Leroy frente a ellos les miraba con firmeza lo que hizo a Emma sonreír
mientras se ponía en pie con ayuda de Adrien y rápidamente Leroy tomó su
mano.
-Que conste que te dejo tomar la mano de mi prometida porque irá de mi
brazo.
Tras la cena y dejar que Leroy y Josh subiesen con Emma al dormitorio,
Adrien se quedó en el salón hablando con el duque sobre lo ocurrido esa
tarde. Cómo tuvieron que amordazar a lord Drevris poniéndolo después en
manos de ese agente que él conocía, tras escharle admitir que “ayudó” al
marqués, que no así formar parte de las tropas bonapartistas, bien es cierto
que con tiempo y un poco más de la coacción usada esa tarde lograrían que
confesare lo que realmente hizo. Pero lo primero era lo primero, lograr
atrapar al marqués y ese hombre no les dio información alguna al respecto.
-Imagino mañana temprano acudiréis a palacio a mostrar a la reina lo
averiguado.
-Sí, aunque solo sea para que no solo nosotros sino los guardias reales así
como todos los agentes de Bond Street busquen al marqués a petición de la
reina. -Contestaba el duque.
Adrien suspiró:
-Por si acaso no dejemos que mañana ocurra nada en la fiesta. Sigo
teniendo ese incómodo presentimiento de que algo malo va a pasar.
-Mañana en la fiesta, incluso antes de anunciar el compromiso, os concedo
no separaros de Emmaline, más, también os insto a procurar que ella no se
aleje de vuestra mano.
Adrien se rio entre dientes.
-No os preocupéis, no pienso separarme de ella.
Ariana apareció en la mañana muy temprano en Carmond House
encontrándose a toda la familia desayunando en el comedor de mañana
mientras que el resto de la mansión era un bullir de lacayos, doncellas y
mozos preparando la mansión para la fiesta de la noche. Tras ser anunciada
por el mayordomo, este le cedió el paso a la estancia.
-Siento presentarme tan temprano, excelencias, más, quería poder seguir
inspeccionando los documentos pues quizás, si el marqués se escapa,
podamos saber de ellos, cuál es su destino, o al menos alguna parada que
pueda hacer en su trayecto.
Emma se rio entre dientes mirando a su tío que rodando los ojos con
impaciecia le hizo un gesto para que les acompañase, lo que sonriendo
satisfecha aceptó tomando asiento junto a Josh.
-Bien, os concedo la venia para seguir investigando en esos documentos,
más, prometed que antes del mediodía saldreís para almorzar y en la tarde,
antes de las tres os marcharéis para contar con tiempo para descasar y para
preparaos parala fiesta.
-Tenéis mi palabra de honor. -Respondió llevándose dos dedos al corazón lo
que hizo reír a Emma y alzar las cejas a Leroy.
-¿Por qué hacéis eso?
Ariana le sonrió:
-Pues porque así prometo hacerlo sobre el corazón. No hay palabra más
firme que la hecha sobre el corazón. -Contestó tajante aunque sonreía
divertida al igual que Emma.
-Ah… -Sonrió mirando a Emma-. Tenéis que decir al conde que os prometa
ser buen esposo con dos dedos en el corazón. Si no, no habéis de casaros.
Josh se rio entre dientes.
-Eso quiero verlo… Seguro que enmascara bajo una perorata alegando que
dudar de su palabra ya es en sí un deshonor y que poner dos dedos sobre su
corazón no hace más que hurgar en la herida y la ofensa de ese ataque a su
honor y palabra.
Emma sonrió:
-Creo que deberé favorecer la causa para que tú, amigo mío, seas el que
ocupe la silla en la cámara de los lores cuando sea necesario debatir con
ahínco y sobre todo, con interés para enredar a propios y extraños.
Josh sonrió alcanzando la fuente donde había panecillos.
-Sería una causa loable.
-¿Qué sería una causa loable? -La voz de Adrien les hizo a todos girar el
rostro hacia la entrada-. Buenos días, excelencias, señorita Carlton, mi
dama, enanos… ¿dónde se halla mi bonita Janet?
-Está arriba con Dulcy ayudándola a hacer guirnaldas de flores. A Janet le
gustan mucho las flores. -Respondía Emma sin apartar los ojos de él
mientras se acercaba donde ella estaba sentada e inclinándose la besaba en
la frente. -No te he dado permiso para besarme.
-Claro que sí. Me has aceptado como esposo. -Contestaba sonriendo
apartando la silla de Josh para tomar otra y ocupar él su asiento.
-¿Tío, no tienes nada que decir a esos arrebatos que tiene milord?
El duque fingía leer la gaceta haciendo reír a Adrien y mirar a Leroy y a la
señorita Ariana.
-Señorita Carlton, ¿ha venido a hacer compañía a mi dama o a investigar la
documentación que aún le resta por leer?
-Bueno, diría que las dos, pero ambos sabemos, milord, que faltaría a la
verdad y no soy dada a ese tipo de comportamientos, de modo que me
ahorraré mentir y a vos fingir que me cree. Aún me queda por averiguar de
quién es el blasón del águila.
Leroy asintió:
-Es cierto. Aún hemos de encontrarlo. Pero seguro que no es inglés. Lo
habría encontrado ya.
Ariana se rio asintiendo.
-¿Qué decís, señor Smith, os quedáis conmigo para intentar dar con ese
blasón?
Leroy de nuevo asntió:
-Bueno. Pero cuando me toque la guardia nos quedamos con milady.
-Señor Smith, tenemos un trato.
Leroy saltó como un resorte del asiento y rodeó la mesa colocándose a su
lado y de puntillas le dio un beso en la mejilla.
-Lady Ashton siempre dice que los acuerdos se sellan con un apretón de
manos o con un beso.
-Y, por supuesto, tú eliges el beso. -Se reía Adrien divertido-. Eres un
seductor de menos de un metro.
Leroy sonrió orgulloso.
-A las damas buenas se las ha de tratar bien.
Ariana le guiñó un ojo.
-Bien, pues si su excelencia nos da la venia, tú y yo nos iremos a trabajar.
-Y yo me marcho de paseo que llevo demasiado tiempo encerrada. -Añadía
Emma.
-Doy mi venia a la primera sugerencia y mi más rotunda negativa a la
segunda. -Contestaba el duque mirando serio a Emma-. Hoy has de
descansar y, sobre todo, evitar peligros, Emmaline.
-Pero…
Adrien detuvo su queja tomando su mano.
-Cielo, mejor paseemos por los jardines, y así verás la decoración porque
esta noche, ya te advierto, no saldrás a verla. No saldrás de la casa de
noche.
Emma bufó:
-No tenía intención de salir a los jardines de noche, pesado…
-Pues, por esa razón, pasearemos ahora en la mañana, disfrutarás de la
decoración y de mi inestimable y siempre bien apreciada compañía.
Emma rodó los ojos aunque no se quejó.
A media mañana, mientras permanecía en un rincón de la terraza, sentada
junto a Adrien, Josh y Janet, esta última arrollidada junto a la mesa
dibujando sobre unas hojas que ella le había dado junto con carboncillos,
observaba a Adrien enredar a Josh en un juego de aciertos a ciegas, como lo
llamaban ellos.
-Cariño, las patitas del gatito tienen que ser todas iguales. -Señaló a Janet
que durante un segundo detuvo su mano, miró con fijeza el dibujo y
después asintió.
La observó con fijeza unos minutos y empezó a darse cuenta que la pequeña
tenía buena mano con el dibujo…
-Janet, ¿te gustaría dar clases de dibujo?
La pequeña le miró y después sonrió:
-Bueno…
Sonrió dejándose caer en el suelo para sentarse a su lado:
-Creo que le diré a su excelencia el duque de Sucre que deberías recibir
clases de pintura y seguro que lady Cornelly querrá que, cuando estéis con
ella Leroy y tú, continúes con tus clases. Lady Ashton no querrá que se
desperdicie tu talento, sobre todo, si sabe que te gusta el dibujo.
-Bueno…
Emma sonrió acariciando el bonito cabello pelirrojo de Janet mientras ella
seguía dibujando.
-Sí, cielo, nosotros también tendremos bonitos pelirrojos… -Le susurró
Adrien inclinado hacia delante posando sus labios en su oreja antes de dejar
un suave beso en el cuello arrancándole un jadeo involuntario y cuando se
enderezó tras ella y ella le miró por encima de su hombro, le vio sonreír con
satisfecha arrogancia.
-Ahh, ¿no tenéis ninguna bandeja de comida? -Preguntaba Leroy mirando
en derredor mientras se dejaba caer en uno de los sillones con evidente
desilusión.
Emma se rio:
-¿Pedimos una?
-Ya la pido yo. -Se levantó como un resorte regresando unos minutos
después sonriendo encantado de la vida-. La señorita Carlton se ha ido con
premura. Me ha pedido que os diga que os verá en la noche. Va a investigar
una pista que ha encontrado…
-¿Ha encontrado una pista? -Preguntó enderezándose con ayuda de Adrien
que la acomodó a su lado.
-Aja. Dice que ya sabe quién está detrás de ese blasón pero que había de
acudir a un sitio para cerciorarse.
-Espera, espera, por un sitio ¿no se referiría a ir a ver al hombre tras ese
blasón? Podría ser peligroso. -Preguntó con tensión mirándolo fijamente.
-No, iba a la biblioteca. Ese no es un sitio peligroso. Allí solo hay
eruditos… eso me ha dicho.
Emma se carcajeó porque sabía que había sido capaz de usar esa expresión
no solo para tranquilizar a Leroy sino también porque así evitaría que él
insitiere en ir con ella.
-Emma. -La llamó Adrien en un susurro-. Ven un momento…
Se alejaron y ella le miró frunciendo el ceño.
-Pequeña, voy a dejarte con estos enanos glotones para que disfrutes de esa
bandeja que presumo copiosa si la ha pedido Leroy.
-¿Dónde vas?
-A asegurarme que esa colona de ideas peligrosas no se mete de lleno en
algún lío. Algo me dice que encontrar una pista constituye un reto
demasiado atrayente como para apreciar posibles peligros… -Se inclinó y la
besó en la frente.
Emma alzó el rostro y le miró sonriendo:
-Creo que debería advertirte que esa peligrosa colona siempre va armada.
No la sorprendas por la espalda o llegarás a mi fiesta con más de un agujero
en tu noble cuerpo.
Adrien de nuevo se rio.
-Gracias por el aviso, mi condesa. Sé buena y no salgas de casa ni enredes
en demasía. Quiero que descanses para que estés tan relajada y radiantes de
felicidad que todos los hombres del salón me envidien como el caballero
más afortunado.
-Radiante de felicidad… puff, conde cuando os ponéis meloso no me
agradáis…
Adrien se carcajeó:
-Es verdad, a ti te agrada el conde mandón que conociste cuando llegaste a
Valley Rose.
-No diría tanto.
Se reía acompañándola de nuevo hacia el asiento donde mientras la
acomodaba señalaba:
-Leroy, Josh, no os separéis de mis damitas.
-¿Dónde vas? -Preguntaba Josh alzando la mirada hacia él.
-A evitar que ciertos peligros se ciernan sobre los pobres desventurados que
nos rodean.
-Esa es una respuesta esquiva, hermano. Mejor dí que no quieres revelarme
ni tu destino ni tu objetivo y así al menos no insultarás la destacada
inteligencia de “los que te rodean”.
Adrien suspiró rodando los ojos con impaciencia mientras que Emma se
reía.
-No logro entender como nuestros padres no se limitaron a dejarnos a David
y a mí como sus únicos vástagos.
-Oh bueno, ya conoces la respuesta a eso, hermano mío: Madre y padre
sabían que a la tercera conseguirían el hijo soñado.
De nuevo Emma se rio logrando que Adrien gruñese y le mirase con falsa
reprobación.
-Por todos los santos, ¿Dónde estará esa dichosa mujer? -Mascullaba más
de una hora después.
Llevaba recorriendo ese lugar varios minutos, en concreto, ahí estaba, de
nuevo en uno de los pasillos de la enorme biblioteca Guildhall pues algo le
había hecho ir hacia allí intuyendo que esa amerinaca tenaz habría sabido
casi de inmediato que para la búsqueda de asuntos públicos y, sobre todo,
de asuntos relacionados con los antecedentes familiares, especialmente de
las grandes testas de la nobleza, ese había de ser su destino. De repente el
bajo de una falda de color malva, el color que llevaba la señorita Carlton
esa mañana, paso como una exhalación por el rabillo de su ojo. No lo dudó,
acelerando el paso siguió la estela para tras un par de recovecos,
encontrársela sentada en una mesa rodeada de varios tomos de enormes
libros abiertos y esparcidos de modo que parecía un caos.
-Señorita Carlton.
Ariana alzó los ojos del libro que tenía frente a ella sobre otros tantos y
sonriendo con inocencia le correspondió:
-Milord, ¡qué sorpresa! -Le miró con inocencia.
Adrien sonrió:
-¿Y bien? ¿Alguna novedad?
-Pues… Vereis, -comenzaba a decir mientras se ponía en pie y él apoyaba la
cadera en el borde de la mesa-… he pensado… ¿y si no es un blasón? ¿Y si
solo es un sello que alguien hizo diseñar para sí aunque no perteneciese a
ninguna familia noble o de la aristocracia? En América, muchos granjeros y
propietarios de propiedades donde se cría ganado, se hacen forjar sellos
para marcar su ganado y luego convierten en ese sello en el símbolo
familiar. ¿Y si nos hallamos ante un caso similar?
-Umm, podría ser… algunos burgueses han adoptado esa costumbre, sobre
todo aquéllos que quieren remarcar su familia de otras.
-Pues, ahí es donde entran estos libros, milord. -Señaló varios libros
abiertos donde aparecían árboles genealógicos de lo que parecían familias
completas.
-¿Alguna pista?
-Pues veréis, no lo estoy encontrando ya que la mayoría son señeras
bastante menos elaboradas o enrevesadas que las de los nobles…
-Entiendo… y la que buscamos, además de un águila tenía una corona y una
estrella de diez puntas dentro de un escudo. ¿Y si… esos signos no son de
una sola familia sino una mezcla de varias que acaban reuniéndose en una
sola?
Ariana le miró seria unos segundos antes de sonreír abiertamente.
-No es una mala teoría… bien… -tomó varios libros y se los entregó sin
mediar opción alguna a negarse, obligándolo a cogerlos si no quería que
cayeren a plomo al suelo-… pues, manos a la obra, milord. Cuatro ojos ven
mejor que dos…
Adrien le miró asombrado mientras ella indiferente a esa mirada tomaba
asiento de nuevo y abría un nuevo libro. Suspirando rodeó la mesa para
sentarse frente a ella consciente de que no le iba a quedar otra que ayudarla
antes de que le diese por recorrer todas las bibliotecas de Londres
perdiéndose en esos pasillos sin dar cuenta de su paradero a alma alguna
para poder buscarla después.
Cuatro horas después quería darse cabezazos contra esos libros pues por
mucho que lo intentó no logró separar a esa terca americana de su objetivo,
ni siquiera la posible excusa de comer algo consiguió hacer que se levantare
de la silla.
-Umm… interesante…
De pronto la miró serio esperando saber que era eso que le resultaba
interesante y al no añadir nada más carraspeó.
-¿Señorita Carlton?
-Ah sí… mire, aquí hay dos emblemas de dos familias de la baja
aristocracia, una con una corona y otra con una estrella de diez puntas.
Adrien se levantó rodeando la mesa y se inclinó ligeramente tras colocarse
tras su silla para poder mirar lo que le enseñaba.
-¿Y sabeis si las dos familias de esa corona y de esa estrella han acabado
emparentadas?
-Pues no lo encuentro, más, seguro encontramos alguna pista más…
-Bien, pero eso lo dejaremos para mañana porque hoy tenemos una fiesta a
la que acudir y ni vos ni yo podemos faltar. Vos como amiga y yo como
prometido.
Ariana sonrió cerrando el libro ante ella y poniéndose en pie se lo cedió
que, obligado a tomarlo, solo se quedó esperando que ella tuviese a bien
marcharse de una santa vez… gruñó al verla tomar dos libros más que le
cedió sin posibilidad alguna de negarse antes de tomar su sombrero,
guantes, abrigo y su ridículo girando para mirarlo con una sonrisa inocente.
-Bien, milord… -Le miró entrecerrando los ojos-. Creo que ambos tenemos
prisa, y yo sobre todo, tengo hambre.
Adrien, cediéndole el paso, suspiró pesadamente gruñendo para sí mientras
pensaba que ahora sí se acordaba de su apetito cuando hacía horas que
estaban allí y él había sido incapaz de lograr que se alejare de esos libros.
Caminando tras ella con los libros que no se atrevía a soltar so pena de
verse disparado por su acompañante, la observaba mientras ella, sin detener
su paso, se iba colocando abrigo, guantes y sombrero.
-¿Hemos de llevarnos estos libros? Y más importante ¿Podemos llevarnos
estos libros?
Ella le miró por encima de su hombro con una media sonrisa que se le
antojó peligrosa:
-¿Quién dice que vaya a informar de que me los llevo? -Adrien se detuvo en
seco mirándola asombrado pero ella riéndose ni se detuvo-. Vamos, milord,
ni siquiera a una salvaje como yo se le ocurriría robar libros de tan augusta
institución. Al entrar solicité la venia para llevarme algún libro en caso de
necesitarlo, bien es cierto que no he dicho que fueran para usarlos yo, sino
que me he valido del título y del imponente nombre de su excelencia.
Seguro que a mí no me habrían dejado ni siquiera abrir uno solo de estos
libros, menos aún, llevármelo, pero al duque de Carmond ¿Quién se lo
negaría? -Se giró y lo miró con un brillo peligroso en sus ojos grises-. Esta
noche no se me ha de olvidar informar a su excelencia del uso de sus
prerrogativas como ilustrísimo noble inglés para salirme con la mía.
Adrien alzó las cejas atónito y, por una vez, mudo de estupefacción, tras
unos segundos la miró con cierta perspectiva y sonriendo preguntó:
-¿He de entender que la buena amistad entre Emma y vos surgió de ese
talento innato que atisbo en ambas para enredar sin ningún rubor y para
conseguir cuanto se proponen independientemente de si cumple o no las
normas sociales?
Arian lo miró divertida y asintió:
-Creo que debería entenderlo, sí.
-Tomaremos un coche de punto y os dejaré en vuestra casa.
-Estupendo. Residimos en una casa en la linde de Bloombury square
Garden. He de decir que me encanta el ambiente bohemio del barrio. -
Sonrió traviesa-. Creo que es así como lo denominó Emma. El barrio
bohemio.
Adrien sonreía un par de horas después acercándose a Chester House pues
tras dejar a la señorita Carlton en su casa, acompañada convenientemente
de esos libros supuestamente no robados, fue a su casa donde tomó algo
rápido pues realmente también tenía apetito. Había decidido ir a Chester
House para enterarse de cualquier nueva, más también para informar a
Sebastian de lo descubierto, aunque más bien, había de decir de lo que ellos
estaban conjeturando.
En cuanto dejó su abrigo y sombrero en manos del mayordomo se le cruzó
Sebastian con sus dos hijos correteando penosamente por delante de él con
esos primeros pasitos que ya daban los gemelos ducales. Sonrió negando
con la cabeza observando en silencio la escena sin moverse pues realmente
la escena era enternededora y claramente cómica.
-Eh, mentecato, ayúdamente y coge a mi pequeña. -Le ordenaba mientras
traspasaba el umbral de uno de los salones sin ni siquiera mirarlo pues se
centraba en su hijo.
Se rio entre dientes apretando el paso para alcanzar a la pequeña Maria que
tambaleante casi se cae sobre sus nalgas. La tomó en brazos besando sus
bonitos ricitos del color castaño de su madre.
-Vamos, María, no dejemos a tu padre alejarse demasiado que se pone
ansioso cuando os sabe a alguno lejos.
-Te imaginaba en Carmond House.
-Y allí habría estado de no haberme visto en la tesitura de seguir a la
peligrosa amiga de mi dama.
Sebastian le miró alzando las cejas antes de sonreír al ver entrar con paso
brioso a Alejandra seguida de Alexa, Cam, Lucas, Calvin y Christian.
-¿Pero qué ven mis ojos? Si es el conde a punto de encontrarse prometido…
-Se burlaba Calvin.
-Que conste que mi esposa y la de Christian nos van a guardar rencor por
abandonarlas aunque solo sea por dos días en estos momentos. -Señaló
Lucas acerándose a él.
-Y yo prometo compensarlas por la privación de sus esposos en estos
momentos. -Contestaba ufano mientras dejaba que Alejandra le tomase a su
hija de los brazos.
-Adrien iba a contarnos que es lo que ha estado haciendo en el día de hoy.
Adrien tomó asiento cuando lo hicieron Alejandra y Alexa instando a Cam,
que se había acercado al muble de las bebidas, a servirle un licor. Durante
unos minutos estuvo narrándoles todo lo ocurrido desde que Sebastian se
separase de ellos el día anterior una vez dejaron en manos del agente a lord
Drevris y hasta el instante mismo en que dejó la la señorita Carlton en su
casa. No supo qué fue peor si las burlas de sus primos por tener que hacer
de custodio de la tenaz colona o la mirada complacida de las dos damas de
la familia presente.
-Sí, esa americana es cualquier cosa menos apresta a la más sencilla lógica.
-Se quejó Calvin.
-Pues yo creo que usa su inteligencia con una lógica loable, no en vano la
considero capaz de descubrir hasta los misterios de la vida. Tenacidad y
prestancia no le faltan.
-Y también absoluta indisposición a escuchar cualquier otra voz que no sea
la suya. -Insistió Calvin.
-Lo dices porque no te dejó meter tu noble nariz en los libros del padre de
lady Emmaline y te encuentras ligeramente resentido. -Le sonrió Alejandra
con inocencia.
Calvin gruñó tragándose una maldición mientras Sebastian se reía besando
la sien de Alejandra antes de murmurarle un “no seas mala”.
-Bueno, como sea, yo solo os pido que esta noche estéis atentos porque
aunque el duque iba en la mañana a tener una reunión privada con la reina
para informarle de todos lo descubierto, y, por supuesto, solicitar que
guardias y agentes lo apresaren, no soy tan iluso para creer que darán con
él.
Christian apoyando los codos en las rodillas, mirándolo con fijeza,
señalaba con gesto tranquilo.
-Es difícil que consiga llegar hasta milady en la noche, bien es cierto que
nada es imposible, aún con ello, el marqués sería un completo descerebrado
si pusiese en riesgo su libertad por simplemente vengarse de lady
Emmaline. Si algo ha demostrado hasta ahora es que no es estúpido.
-Estúpido no, más rencoroso más de lo que me conviene dadas las
circunstancias. Además, estamos presuponiendo que además de Drevris no
tiene más ayuda directa en Londres, al menos que conozca su secreto, pero
¿y si no es así? O peor, ¿y si hay más implicados que desconozcamos?
-Pues habrá que estar atentos, como nos decías al principio, Adrien. -
Convino Lucas-. Pero no podemos ponernos a imaginar que todo Londres
se halla como parte de este enredo o nos volveremos locos, sin mencionar,
dudo pudiésemos conseguir mantener la calma.
Adrien gruñó e iba a decir algo cuando apareció Leroy caminando decidido
hacia ellos.
-Enano, ¿qué haces aquí? -Preguntaba levantándose como un resorte.
Leroy no se detuvo hasta que vio a Lucas allí y con gesto severo se
encaminó hacia él.
-¿Dónde está milady? ¿ Y dónde están lord Paul y lady Anne? ¿Y
caramelo?
Lucas sonrió:
-Mis pequeños y mi esposa, así como tu perrito, se encuentran
perfectamente en el campo acompañados de mi siempre temible madre, así
como de su madre, mis hermanos y un no menos temible duque de Sucré.
-Ah, es verdad, es duque y está cuidando de milady. Entonces está bien.
Lucas se carcajeó:
-¿De modo que está bien que deje a mis vástagos y a mi dama con el
duque?
-Sí, el duque cuidará bien de ellas. A él nadie le replica. Es un duque muy
anciano y sabe muchas cosas.
-Eh, pelirrojo impertinente…. Te recuerdo que yo soy duque y no me
consideras capaz de proteger a mi esposa e hijos en un paseo por el parque.
Leroy miró a Sebastian sonriendo acercándose a él decidido observando al
detalle a su hijo en sus brazos y después se inclinó dando un beso a
Alejandra en la mejilla y otro a María en sus brazos.
-Vos sois viejo pero su excelencia lo es más. Además, él es muy listo.
Alejandra se rio mirando a su esposo que refunfuñaba sobre pelirrojos
irreverentes que no apreciaban su imponente figura.
Adrien que seguía en pie detrás de él, le tomó de los brazos y le hizo
mirarlo.
-Vuelvo a insistir mi pregunta por lo que parece totalmente ignorada. ¿Qué
haces aquí?
-Ah sí. -Sonrió divertido-. Milady está descansando, la duquesa se lo ha
ordenado y el duque ha regresado de ver a la reina y me ha pedido que os
avise de que deberíais ir a verlo para informaros de… -Frunció el ceño
quedándose un momento pensativo-… lo nuevo.
-¿No querrás decir de las nuevas? -Le preguntaba alzando las cejas.
-Emmm… ¿eso son noticias? -Adrien asintió-. Ah, pues entonces sí.
Detrás de él Lucas se rio entre dientes.
-¿Y te ha mandado a ti solo?
-No. Quería que viniese un lacayo, pero le he dicho que yo llegaría antes
porque conozco mejor los atajos y porque también quería ver a lady Teresa.
Ella va dejarnos un par de tirachinas. Las espadas solo se pueden usar a
corta distancia, pero con los tirachinas podemos herir a los malos desde
lejos.
Lucas se carcajeó.
-Y esa idea ¿ha surgido de tu peligrosa cabecita? Has estado planeando
batallas.
-Bueno, la señorita Carlton dice que hay que tener todas las opciones
abiertas. Si un plan no sale bien hay que tener un “plan B”.
Calvin gruñó:
-Otra dama peligrosa influyendo en las cabecitas aprehensivas.
-Lady Emma dice que las damas americanas son intrépidas y valientes. Yo
creo que se parecen mucho a los pelirrojos. -Sonreía satisfecho girando para
mirar a Alejandra-. ¿Puedo subir a ver a lady Teresa?
-Mejor espérala aquí. Pedimos una bandeja y que sea avisada de que estás
aquí.
-Bueno… -sonriendo se sentó junto a ella sin siquiera pedir permiso-. ¿Doy
un paseo con lady María? Le gusta que yo le coja la manita.
Alejandra sonrió posando los pies de su hija sobre la alfombra mientras la
sujetaba por la cintura, Leroy saltó del sillón tomando las dos manitas de la
pequeña y sonriendo fue dando pasitos hacia atrás instándola a caminar.
Pero tras unos pasos alzó el rostro y miró frunciendo el ceño a Adrien.
-¿Todavía estáis aquí?
Adrien se rio negando con la cabeza sorprendido y divertido.
-Menudo tirano.
-Te acompañamos. -Señalaban Christian, Lucas y Calvin.
Al llegar a la mansión aquello era un hervidero de lacayos, criadas,
doncellas y mozos en pleno trabajo ultimando los detalles de la fiesta de la
noche, por lo que solicitaron de inmediato reunirse con el duque que los
recibió en su despacho.
-Caballeros… -Les instó a sentarse haciendo un gesto al mayordomo para
que les sirviera unos licores antes de retirarse.
-Según cierto pelirrojo temerario teníais noticias, excelencia.
-Más que noticias, simplemente ponerles al día de lo ocurrido hoy. La reina
no pareció muy sorprendida sobre todo lo que le fui narrando. De hecho,
aunque desconocía muchas de las cosas que iba narrándole, no así otras.
Puso en manos de un buen agente de la corona tomar medidas contra el
marqués, o más concretamente, seguirle la pista. Pero es escurridizo.
-Queréis decir, que se les escapó de las manos. -Añadía Lucas serio.
-Eso me temo, más, sí que han averiguado algunas cosas. Entre ellas que se
había endeudado con distintos negocios y que, además, había pedido
grandes cantidades de dinero a hombres de negocios, más, también, a
ciertos prestamistas.
-Eso ya lo sabíamos, excelencia, el señor Carrintong ya nos puso
sobreaviso.
-Lo sé, como también que varios de esos negocios se vieron entorpecidos
por no lograr la venia de la reina para con ellos. Pero lo que ignorábamos es
que pretendía obtener la venia real y antes incluso de que esos negocios se
pusieran en marcha huir con el dinero de sus socios.
-Pues dudo eso agrade a los inversores, más, ello sigue sin darnos pista
alguna de su paradero. -Insistía Lucas.
-Lo sé. -Repitió el duque-. Pero no por ello deja de ser destacable que la
llegada de Emmaline no ha supuesto el motivo inicial de su fuga, aunque
quizás la haya precipitado…
-Excelencia, he de deciros que el salón cuando esté abarrotado de mis
congéneres, supondrá un enorme riesgo para la prima Emma. Apenas podrá
respirar. -Iba diciendo Josh entrando ufano en el salón.
-En primer lugar, Josh, saluda como es menester y, en segundo, ¿no
deberías estar con Emma?
Hizo una rápida cortesía continuando de inmediato su camino hacia ellos
mientras Adrien rodaba los ojos.
-Emma está dormida con Dulcy sentada a su lado y con Janet durmiendo en
la misma cama. Incluso mr Carrots está durmiendo en la misma después de
que entre las dos lo hayan cebado como un cochinillo a punto de asado.
Adrien gruñó, pero el duque sonriendo señaló:
-Milord, no habéis de preocuparos, todos los salones contiguos no solose
están engalanando para la ocasión sino que serán abiertos para comunicar
con el salón de baile de modo que no todos los invitados estén al unísono en
el mismo lugar.
-Bueno, supongo que eso aliviará un poco la aglomeración, más, según la
duquesa, habéis invitado a más de quinientas almas desventuradas que se
apretujarán en esta morada con el pretexto de cotillear, comer y beber.
-Y bailar. -Añadió Calvin divertido.
-Bueno, no habrá demasiado espacio para tal actividad.
Adrien volvió a gruñir levantándose para tomarlo de los hombros.
-Hermano, mejor sube a descansar que tú no estás acostumbrado a quedarte
hasta tan tarde y capaz de quedarte dormido en medio de la fiesta.
Josh bufó aunque se dejaba empujar en dirección a la puerta.
-Hermano, ya no soy un imberbe incapaz de aguantar algunas horas de más
sin dormir. Además, he de esperar la llegada de Leroy pues vamos a
inspeccionar el perímetro y estudiar posibles rutas de escape.
-Rutas de escape.
-Claro… si un malo entra tendrá previstos modos por los que salir. Además,
nos vendrán bien por si necesitamos sacar a Emma a toda prisa.
-Emma no va a salor de la casa, Josh. Dentro de ella es donde estará más a
salvo.
-Con esa visión tan corta hermano, no llegarás muy lejos. Hay que tenerlo
todo previsto por si acaso, no importa si era o no lo planeado al principio.
Calvin, Christian y Lucas se carcajearon mientras que Adrien suspiraba con
pesadez.
-No entiendo cómo he dejado que llegues a tener la capacidad de hablar sin
haberte extrangulado antes.
-Sencillo, tengo mayor poder de convicción que tú y además, madre jamás
te dejaría matar a su hijo más querido.
-¿Su hijo más querido?
-Lo soy. -Sonrió satisfecho antes de girar y encaminarse hacia la puerta-.
Hermano, voy a buscar un poco de comida antes de que aparezca Leroy,
seguro que querrá comer antes de ponernos manos a la obra. Los dos
pensamos mejor con el estómago lleno.
Adrien suspiró de nuevo y en cuanto las puertas se cerraron miró a su
primos.
-Qué ganas de que regrese a la escuela.
Lucas se carcajeó:
-Te aburrirás…
-¿Con mi condesa y su tendencia a enredar? Lo dudo.
Tras un par de horas en los que estuvo inspeccionando la casa junto a sus
primos, ya que de nada les servía manenerse ociosos, marcharon para
prepararse para el baile de esa noche.
Esperaba en el salón de su casa que su madre bajare así como David para ir
todos juntos al baile. Él, como toda su familia, acudirían a la cena previa, y
después, junto al duque, la duquesa, su tía y Emma, recibirían a los
invitados del baile. Tarea que en ese momento se le antojaba poco atractiva.
-¿Llevas la sortija? -Preguntaba su madre entrando en el salón.
Adrien se apartó del dintel de la chimenea en el que permanecía apoyado y
la miró.
-No voy a regalarle una sortija madre. Vuestra sortija será el regalo para
cuando nazca nuestro primer hijo.
-Entonces ¿Qué joya has elegido?
-La verás cuando se la entregue. -Su madre alzó las cejas reprobatoria-. No
pertenece al título, madre. La mandé hacer en cuanto supe que la quería por
esposa. Ella es única y como tal merece una joya hecha para ella
exclusivamente.
Su madre rodó los ojos.
-Eres peor que tu padre. A este paso habrá tantas joyas que no habrá tiempo
de lucirlas. A cada nuevo conde, nuevas joyas…
Adrien sonrió travieso.
-Ya estamos listos, -Anunciaba Davis sonriente entrando en el salón-. Mejor
partamos que no es galante que el novio llegue tarde a la fiesta de su dama.
Al atravesar los grandes portones de Carmond House ni se fijaba en la
decoración, los candelabros colocados por doquier iluminando cada rincón,
las flores, las telas o tapices, solo buscaba con la mirada a Emma siendo
esta la única que no se encontraba en el gran vestíbulo de la recepción,
Mientras el mayordomo le tomaba el sombrero y la capa, miraba a Josh,
completamente engalanado que se acercaba a ellos decidido con una sonrisa
más que satisfecha en los labios. Desde luego era la viva imagen de él
mismo y de David pero en versión reducida.
-Buenas noches. -Sonrió besando a su madre en la mejilla antes de estirarse
a todo lo largo sonriendo encantado-. Estoy francamente atractivo ¿no es
cierto, madre?
Su madre se rio entre dientes tomándolo de los hombros para girarlo.
-Vamos, mi apuesto hijo, vayamos a prestar cortesía a nuestros anfitriones.
-Emma está en el saloncito con Leroy y con Janet. Quería que viera cómo
ha quedado la mansión.
Andrien se apresuró a saludar al duque y su madre y se encaminó hacia el
saloncito que decían y enseguida se encontró a Leroy subido a una banqueta
con Janet a su lado sonriendo mientras un lacayo encendía un candelabro
frente a ellos. Ladeó la cabeza y observó a Emma, con su bonito rostro
perfectamente enmarcado por los ligeros rizos que rodeaban su rostro
dejados sueltos de su recogido. Llevaba un vestido de color marfil con
pequeñas incrustaciones de cristal que arrancaban destellos a cada curva de
su cuerpo logrando, además, que cada brillo y cada reflejo se notase en sus
ojos.
-Buenas noches, mi hermosa dama. -Se acercó a ella sonriendo con ese aire
de seductor impenitente-. Estás preciosa.
-Pues claro. ¿No era mi misión lograr que todos los caballeros de la fiesta te
envidiasen? Además, siempre puedo decidir que no sé que duque y no sé
que marqués que la duquesa consideraba perfectos para mí, podrían hacer
una mejor pareja conmigo y si me ven deslumbrante no podrán negarse.
-Retira eso. -Sonreía rodeándola con los brazos-. Nadie hace una mejor
pareja con mi hermosísima Emmaline que yo.
-Estoy hermosa, ¿no es verdad?
Adrien posó los labios en su frente sonriendo.
-Realmente has logrado que sea la envidia de todos los hombres de este
baile, más también, de todo Londres. Estarán tan celosos de mi suerte que
solo recibiré miradas de envidia.
-Por supuesto. Has tenido tanta suerte conmigo que creerán que la Diosa
fortuna ha posado los ojos en tí y no parece apartarlos. -Contestaba osada
alzando los brazos y rodeándole los brazos con ellos.
Adrien sonrió cerrando más los brazos alrededor de su cintura.
-Espero que seas consciente que todos los valses de hoy los bailarás
conmigo.
-Ah, no, no… voy a bailar uno con mi tío y otro con mi futuro hermano
menor. Dice que baila magníficamente. Además, la duquesa me ha
advertido que quizás deba bailar con el príncipe Alberto ya que mi tío habrá
de abrir el baile con su majestad.
-Tu tío y el príncipe Alberto. Creo que eso podría soportarlo… Pero ese
inconsciente que mis padres tuvieron la poco acertada idea de darme como
hermano pequeñotiene la osadía de arrebatarme las atenciones de mi dama
sin rubor alguno. Eso no puedo consentirlo… Debería encadenarlo.
-Podrías intentarlo, pero dudo lograses conseguir tal proeza, hermano. Soy
más hágil, joven e inteligente que tú. Además, Emma no va a perder la
oportunidad de bailar con el más apuesto de los caballeros de la fiesta. -
Sonreía entrando ufano en el salón haciéndoles separarse pues tras ellos iba
su madre, hermano y lady Nora.
-Cariño, será mejor que te coloques junto a la duquesa. Los invitados a la
cena no tardarán en llegar. -Le decía Lady Nora.
-Está bien. -Sonrió apartándose más áun alargando la mano en dirección a
Janet-. Ven, Janet, te acompañaré a dar las buenas noches a los duques antes
de acostarte.
Adrien negó con la cabeza al ver a Leroy y Josh, vestidos exactamente
igual, con el traje de gala, caminando con ese aire de caballeretes por
delante de Emma en dirección al vestíbulo.
-Y que me vaya a tener que pasar la noche con esos dos incordios tiranos
sin apartarse un ápice de mi dama…
-Te recuerdo, mi poco hábil hermano, que esa idea fue tuya, -Se reía David
siguiendo la estela de Emmaline con su madre del brazo.
Tras la inicial recepción previa a la cena donde los duques presentaron a
Emmaline a algunas de las grandes cabezas de la aristocracia y tras la
llegada de los miembros de la familia del ducado de Chester, incluyendo a
su tía Olivia, sus primos y algunas de sus primas y justo antes de la llegada
de la reina junto al príncipe Alberto, todos fueron conducidos al gran
comedor ducal. Si no lo hubiese visto con sus propios ojos, no lo habría
creído. La reina y el príncipe estaban situados a la cabecera y al lado de
cada uno, el duque y la duquesa viuda, más para sorpresa de todos, Emma,
situada a la derecha del duque, tenía sentado a cada lado a Leroy y a Josh
que no pararon de contar a la reina sus deberes de protección de Emma
mientras su tía Olivia, Sebastian y Alejandra que no pararon de dar cuerda a
esos dos pequeñajos arrancando una risa a la reina y al príncipe con sus
“ideas para la adecuada custodia” de Emma. Como se encontraban a cierta
distancia de los invitados ajenos a la familia, nadie pudo escuchar los
detalles de esas conversaciones. Él, sentado junto a su madre, que estaba
justo al lado de Josh, no paraba de reírse divertida ante la idea de que junto
a la cabecera se encontrasen Josh y Leroy. Suerte tendrían si el principal
cotilleo a día siguiente junto al anuncio de su compromiso, no aparecía la
anécdota de que los niños de la familia habían acaparado a la pareja real.
Durante la recepción posterior con la llegada del resto de los invitados, a
Adrien le quedó claro que no había personaje de la nobleza que no hubiese
acudido. La presencia de la reina había sido el acicate final para que nadie
se perdiese al velada. Él permaneció en todo momento vigilando a Emma
desde cerca mientras Sebastian, Alejandra y las grandes damas de su
familia, acompañaban a la reina y el príncipe, más él solo tenía su atención
en Emma y ese par de enano embaucadores que permanecía tras ella en
posición de firme como dos soldados de guardia. En alguna ocasión vio a
Leroy mirar y gruñir a algún caballero demasiado entusiasta que besó la
mano engatuada de Emma, pero eso lejos de molestarle, no dejaba de
resultarle símpatico. Ese enano era un fiero cancerbero… Sonrió mirándolo
poner mala cara a un caballero que parecía demorar en exceso su saludo a
Emma y decir algo que pareció sorprender al caballero pues enseguida se
alejó mientras Emma parecía decir algo como disculpa.
-¿Qué le habrá dicho ese enano temerario a lord Cornelton?
La voz de Lucas a su lado le hizo mirarlo de soslayo pues no apartaba los
ojos de Emma más de lo necesario.
-Estoy seguro que nada grave pues Emma no parece haberse esforzado
demasiado en disculparlo, más, no pienso reñir a ese custodio en miniatura
si lo que hace es librarla de cuanto caballero ose posarse ante los ojos de mi
dama.
Lucas negó co la cabeza sonriendo:
-Pues yo, con tu permiso, y dado observo no vas a osar alejar tus ojos de tu
dama, yo regreso con las damas de la familia que luego no quiero que se me
tilde de desatenderlas. Bastante será lo que me dirá mi esposa cuando
regrese a su lado por el abandono al que la he sometido a ella y a mis dos
pequeños.
Tras unos minutos Adrien vio al duque hacerle un gesto para que tomase a
Emma y la guiase al salón de baile, ¿Y quién era él para negar tal deseo al
anfitrión? Especialmente porque ese gesto le permitía dejar claro, incluso
antes del anuncio, a quién iba a prestar atenciones en exclusiva su dama.
Sonriendo satisfecho se acercó a ella y la tomó por el codo girándola.
-Ven, mi preciosa dama. Voy a acompañarte al salón de baile donde en
breve tu tío abrirá la velada.
Emma suspiró posando la mano enguatada en su manga mientras Leroy y
Josh la rodeaban para ponerse por delante de ellos.
-En cuanto alcancemos el salón estos dos caballeretes pueden ir a tomarse
un pequeño refrigerio.
Leroy le miró por encima del hombro y sonrió.
-Yo os llevaré una limonada. Lady Ashton siempre dice que las damitas
solo pueden tomar limonada en las fiestas.
Emma se rio entredientes mientras que Adrien rodaba los ojos.
-Debiera empezar a preocuparnos las muchas cosas que te enseñan las
damas de esta familia.
Leroy le miró por encima de su hombro con una sonrisa canalla haciendo a
Emma reírse, pero se detuvo en cuanto llegaron a lo alto de las escaleras del
salón de baile pues estaba a rebosar.
Adrien la miró posando su mano en la de ella apretándosela ligeramente.
-No te pongas nerviosa. Estoy aquí y no me separaré de tu lado.
Emma suspiró y miró a Adrien.
-Siendo sincera me tranquiliza más el saber a mis fieros guardianes a mi
lado.
Josh y Leroy se rieron complacidos.
-Eh, enanos, más atentos a los peligros y menos a las lisonjas de una damita
demasiado blanda con caballeretes como tú.
-Esta fiesta va a ser un tortura… -Murmuró Emma queriendo gemir.
Adrien sonrió porque la sabía nerviosa y también inquieta por tener todos
los ojos posados en ellos.
-Vamos, empecemos la tortura porque cuanto antes empecemos antes
terminaremos.
Fue más fácil decirlo que vivirlo. Durante horas asediaron a Emma y tras el
anuncio del compromiso, el asedio fue aún más duro para los dos. Solo se
libró de un poco de ese acoso mientras bailaba con ella y mientras, tras
escabullirse con ayuda de la siempre eficiente Alejandra, que les dio la
oportunidad de meterse en un saloncito con la única compañía de Leroy,
Josh y de Cam acompañado de Alexa, degustaron un refrigerio frío, aunque
más que degustar se pasaron todo el tiempo viendo a Josh y Leroy engullir
mientras Alexa y Emma les iban mimando como locos.
-Debería sentirme de menos por las atenciones que les has prestado a esos
dos mentecatos durante la cena fría.
Emma, que en ese momento bailaba con ella el último vals de la noche, le
sonrió con esa sonrisa mitad traviesa mitad malvada que ya empezaba a
reconocer en ella y que le encantaba.
-Bueno, no se puede hacer la guardia con hambre y has de reconocer que
han sido unos guardianes francamente intimidantes. Incluso Leroy ha
conseguido apartar a ese marqués tan pesado que estaba empezando a ser
insoportablemente entusiasta con sus halagos hacia mi persona.
Adrien sonrió mirando en derredor y en como todas las ocasiones anteriores
en las que Emma bailaba, Josh y Leroy se encontraban en el borde de la
pista sin perder la vista de ella y de cuantos les rodeaban. Parecían dos
cachorritos de cancerberos, especialmente Leroy que miraba a cuanto
hombre les rodeaba como si fueran asesinos en potencia.
-Menudos guardianes. Se dedican a dar empujones a los caballeros que se te
acercan. ¿O crees que no he visto que se dedican a dar empujoncitos como
si nada y luego ponen cara de inocentes?
-Bueno, también han ayudado a que cierta dama deje caer su copa de
ponche en las piernas de un caballero… -Sonrió divertida-. Y no se han
dado ni cuenta de que ellos han sido los responsables… Creo que en mi
próximo cuento incluiré a dos gnomos tercos y valientes capaces de derribar
al más grande de los gigantes del reino con su ingenio y su talento para el
enredo.
Adrien se rio entre dientes cerrando ligeramente más su mano en su cadera
logrando acercarla un poco más a ella en cada vuelta y lejos de mostrarse
avergonzado por tamaña falta al decoro más estricto, sonrió como un lobo.
-Como se te ocurra incluir a esos dos enanos peleones en tus escritos y no a
un valiente, irresistible e innegablemente brillante caballero como yo, no
llegaré a publicar tus historias.
Emma se rio por su “supuesta amenaza”:
-No renunciarás a las cuantiosas ganancias que te proporciona tu más
rentable escritora ni siquiera sabiendo que prefiere a otros caballeros como
protagonistas de sus escritos.
-¿Protagonistas? ¿Ahora los vas a elevar a la categoría de protagonistas?
-Pues creo que sí. Creo que comenzaré una zaga sobre dos gnomos astutos,
aventureros y pendencieros que imparten justicia allá donde van.
Adrien sonrió:
-Eso me ocurre por azuzarte, ¿no es cierto?
-Pues sí que va a ser cierto que eres un caballero inteligente, aunque quizás
no tanto como para llegar a la categoría de protagonista.
-Te haré pagar tantas chanzas a mi costa.
-Bah, como dice la siempre inteligente duquesa de Chester; no eres más que
condecito poco intimidante.
Adrien de nuevo se rio.
Tras ese vals y una vez la reina se hubo retirado, los invitados se fueron
marchando poco a poco y él, tras despedir a parte de su familia, se quedó a
solas con los duques, su tía Nora y los caballeros de su familia.
-No ha aparecido. -Suspiró Emma dejándose caer en un sillón tras enviar a
Leroy y a Josh a la cama a pesar de sus refunfuños.
-Bien, quizás no lo haga nunca ya que sabemos que pretende marcharse hoy
o mañana. -Mencionaba el duque con gesto cansado mientras servía copas
para los caballeros.
Adrien se sentó en el brazo del sillón que ocupaba Emma para tenerla todo
lo cerca posible.
-No te preocupes, pequeña, lo peor ha pasado.
-¿Según qué prisma? Te recuerdo que desde hoy estamos oficialmente
prometidos. A mis ojos, hoy mismo comienza mi tortuoso destino.
Los caballeros se rieron mientras que él sonrió inclinándose para darle un
beso en la frente.
-Pues sí, hoy ha comenzado oficialmente tu tortuoso camino y no te
escaparás de él.
-Pues, damas y caballeros, si me disculpan, uo creo que ha llegado el
momento de descansar pues hoy ha sido un día agotador. -Iba diciendo la tía
Nora poniéndose en pie lo que imitaron los caballeros y la duquesa que
también se excusó para descansar.
-Emma, deberías subir a descansar. -La instó el duque.
-Sí, cielo, sube. -Comentaba Adrien tomando su mano-. Excelencia, creo
que si me dais permiso acompañaré a mi prometida a su alcoba ya que esos
dos guardias perezosos ya han subido a descansar. Además, aún he de
entregarle a mi prometida su regalo de compromiso. -Sonrió travieso-. Aún
me he de sorprender porque mi augusta madre no haya gritado con furia tras
anunciar el compromiso y no verme entregar su regalo.
Emma sonrió:
-Es verdad, no has sido un prometido nada galante. Creo que mereces
quedar en manos de mis fieros guardias. Además, Leroy me instó a
informarle en caso de que no me trataséis bien para daros “una buena
tunda”.
De nuevo Adrien se rio.
-Ni se te ocurra instar a ese enano peleón a darme una tunda que es capaz
de dejar las marcas de sus nuevos zapatos en mis piernas.
-Merecido lo tendríais… -Iba diciendo caminando decidida hacia la salida
mientras Adrien suspiraba antes de mirar al duque que sonriendo le dio la
venia para subir tras ella.
-Os esperamos aquí, milord, para tomar una copa. -Le advertdía antes de
salir del salón.
-Ahora que lo pienso… ¿Alguno ha visto a la señorita Carlton en el baile? -
Preguntaba Calvin.
Sebastian se guardó la sonrisa burlona que estuvo a punto de salirle más
simplemente contestó:
-Había demasiada gente. Apenas si me he percatado de la presencia de unas
pocas personas.
El duque asintió:
-No, no ha asistido. Su padre envió una misiva disculpándose por la
ausencia de ambos. Decía que su hija se encontraba ligeramente resfriada,
pero si me gustase apostar, cosa que me temo no me gusta, apostaría a que
la señorita Carlton se ha quedado en casa estudiando los libros que se llevó
de la biblioteca, según he sido informado en mi nombre. Estoy convencido
que ni se ha dado cuenta de la hora que sería.
Sebastian se rio.
Arriba, Adrien caminaba por el corredor de acceso a la alcoba de Emma
llevándola de la mano de manera relajada.
-¿Dónde está mi regalo? -Preguntaba Emma sin detenerse.
-En tu alcoba, salvo que ese impertinente enano haya tenido la osadía de
inspeccionarlo como si fuera un peligro para mi dama.
Emma sonrió:
-Quizás piense que es un artefacto de esos incendiarios que se usan en las
guerras.
-Ese enano sí que es incendiario.
Al entrar en la alcoba, Dulcy apareció de inmediato.
-Buenas noches, Dulcy. Te llamaremos en un momento, pero antes quiero
entregar a mi condesa cierto presente que espero mi valet haya sido lo
bastante inteligente de entregarte antes de la cena.
-Sí, milord, se encuentra sonre la banqueta. -Señaló la banqueta a los pies
de la cama y sonriendo se retiró cerrando la puerta tras ella.
Satisfecho se acercó a la banqueta sin soltar su mano obligándola a seguirlo.
-Creo que me va a gustar saber a Dulcy, una mujer sabia y competente,
como la doncella de mi dama.
Emma resopló:
-No lo dudo. Al parecer te la ganaste sin demasiado problema… lo cual no
debería dejar de preocuparme. Fue débil.
Adrien se rio.
-Yo, por el contrario, la considero una mujer con excelente criterio y mejor
gusto. Ven… -La sentó en la banqueta y después tomó una caja de
terciopelo que se encontraba en la esquina de la banqueta-. Al parecer,
según siempre e escuchado de labios de los caballeros de la familia, al
menos de los Condes de Valleyland, que cuando se encuentra a la dama
adecuada, no se le entrega una joya de la familia, sino que se debe escoger
una joya especial para una dama especial. -Sonrió travieso-. Esta misma
tarde mi madre ha aseguado qeue con esa costumbre lo único que
conseguimos es que haya más joyas de las que son posibles lucir.
Emma se rio entre dientes:
-¿Y es cierto? ¿Habéis sido tan inconscientes de tener más joyas de las
necesarias?
Adrien sonrió travieso:
-Las tradiciones teñidas de cierta inconsciencia y sobre todo de cierto poso
de romanticismo, mi muy descreída dama, no han de ser ignoradas.
-Está bien, pues si no la has ignorado, enséñame de una vez esa joya para
una dama especial como yo.
Adrien se rio de nuevo abriendo la caja poniéndosela en el regazo para de
inmediato rodear su cuello y abrir el broche del collar de diamantes que la
duquesa le hubo entregado esa misma noche para lucirlo en el baile.
-Mi dama lucirá diamantes amarillos pues su cabello y sus bonitos ojos
verdes resaltarán aún más con el brillo de unos diamantes que brillan como
el sol.
-Eso es preocupandamente cursi…
Adrien se rio mientras tomaba el collar y se lo colocaba en el cuello, para
de inmediato hacer lo mismo que anteriormente con los pendientes, el
brazalete y el anillo, desprendiéndole de los que ella lucía para ponerle los
que él le regalaba.
-Eres una dama poco romántica…
Emma sonrió alzando el rostro para besarlo en la mejilla.
-Deberás acostumbrarte.
-No lo creáis… no le dará tiempo a ello.
Una voz extraña les hizo a los dos girarse como un resorte para encontrarse
al marqués, pistola en mano y apuntándoles, cerca de los ventanales.
Adrien, por instinto se levantó instando a Emma a hacer lo mismo y se
colocó delante de ella protegiéndola por entero por su cuerpo.
-Marqués, qué desagradable verle.
-Sí, lo supongo. -Sonrió acercándose a ello-. Más, desagradable o no, aquí
me hallo.
-¿Para qué? ¿Por venganza? ¿Por ella vais a arriesgar vuestra libertad y
seguramente vuestra vida?
-En realidad, no voy a arriesgar ni una cosa ni la otra pues saldré esta
misma noche de Inglaterra para no regresar, más antes necesitaré una cosa.
Y milady, sabrá cómo conseguirla.
-¿Yo? -Preguntaba Emma apretando la mano que tenía aferrada a la levita
de Adrien sin salir de detrás de él pues se lo impedía, ya que con un brazo
la inmovilizaba para no moverse de allí.
-Sí, vos. Sabéis dónde vuestro padre guardaba las joyas, en especial una de
un valor destacado, que pienso llevar conmigo a mi destino. El que mi
hombre no lograra mataros las tres veces que lo intentó, ha resultado ser
una torpeza que finalmente no es sino un excelente golpe de suerte para mí,
pues he recordado que vuestro padre, ese estúpido arrogante que casi logra
atraparme una vez, trajo de Francia una joya familiar que bien puede valer
el rescate de un rey.
-El corazón de Atenea… -Murmuró Emma recordando de inmediato la
enorme esmeralda en forma de corazón que vio lucir en el cuello de su
madre en alguna ocasión especial y que junto con el intrincado collar de
diamantes rosas y azules formaba una pieza única.
El marqués asintió sonriendo como un lobo poniendole los pelos de punta
pues ella le miraba solo ladeando ligeramente la cabeza por detrás del brazo
de Adrien.
-Me alegra comprobar que no solo habéis sido capaz de recordarme tras
tantos años sino también esa pieza pues así será más fácil que me la
entreguéis.
-Pero yo no la tengo.
-No, imagino que no, pero sabéis en qué lugar de la casa de vuestros padres
se halla. Lo creáis o no, hace años tenía la prioridad deshacerme de vuestro
padre antes que encontrar una joya que ya entonces podría haberme sido de
gran ayuda.
-¿Cómo demonios pensáis salir de esta casa con nosotros sin que os
detengan los guardias?
-Con vos no, milord, solo con ella.
-Olvidáos de esa idea. Donde vaya Emma iré yo, salvo que penséis
dispararme en cuyo caso de nada os servirá intentar escapar pues guardias,
lacayos y agentes que rodean y están dentro de la mansión entrarán en
apenas unos minutos aquí imposibilitándoos vuestra huida.
-No le des ideas. -Masculló Emma tras él. Se puso de puntillas y miró por
encima de su hombro al marqués-. ¿Cómo habéis entrado?
-Por lo que parece, os habéis deshecho de Drevris ya que no lo localizo y
dudo haya huído pues de sobra sabe que soy despiadado con quienes me
traicionan. Pero aún con ello, parece no haberos informado que conozco
todos los modos de entrar en esta mansión pues él como ayudante de
vuestro abuelo conocía al dedillo este lugar y tuvo a bien informarme de
cada cosa. Al parecer, milady, podéis sentiros orgullosa, vuestros ancestros
resultaron muy ingeniosos y desarrollaron un pequeño medio de escape
desde la estancia principal.
Emma abrió los ojos como platos pues de golpe recordó que su madre le
había hablado de una entrada que llevaba de la habitación ducal a la puerta
sur de los jardines sin que nadie pudiere verles.
-Ay Dios bendito… -Murmuró lo que hizo a Adrien girar el rostro y mirarla
por encima de su hombro-. En la alcoba de mi tío.
El marqués se rio:
-De nuevo demostráis una excelente memoria. Lo cual es excelente para mí,
pero inconvenientemente peligroso para vos. Milord. Atad las manos de
milady y amordazarla. No queremos que haga ruido…
Adrien gruñó mirando al marqués un segundo y después a Emma sabiendo
que, al menos de momento iba a tener que seguirle la corriente.
-Cielo, toma los cordones que sujetan los cortinajes de la cama.
Emma asintió pues de nada le servirían ni histrionismos ni hacerse la
estúpida.
Enseguida él, sin dejar de ponerse de tal modo que él estaba entre el
marqués y ella, le ató las manos por delante sin apretar demasiado, con la
esperanza de, en caso de sarse la ocasión, ella pudiese desatarse y huir.
Miró al marqués con inquina antes de decir:
-No voy a amordazarla. No dirá nada mientras nos apuntéis.
-Amordazadla si no queréis que la golpee y tengáis que cargar con ella
inconsciente. Si la amordazáis solo tendréis que llevarla en brazos, así me
aseguro que tendréis las manos ocupadas y no haréis tonterías.
-Está bien, pero mientras tanto, decidme, ¿Dónde nos lleváis?
-No sois tan hábil al parecer, milord, y yo que creía que las funciones de
información durante la guerra os habían dotado de cierta capacidad… -Se
burló-. A la mansión de los padres de milady y quizás después os deje allí
mientras me marcho. La duda estará en si os dejaré con vida. Imaginad que
dependerá de vuestra cooperación. Y antes de que se os ocurra hacer alguna
estupidez como intentar que nos atrapen dando la voz de alarma o huyendo,
os advierto que ante la tesitura de ser capturado, me llevaré conmigo la vida
de milady antes que la vuestra. Creo que eso os frenará antes de hacer
cualquier tontería, ¿No es cierto? Parecéis encaprichado de la milady y no
la querréis ver morir…
Adrien gruñó amordazando con su propia lazada a Emma.
-Ahora tomadla en brazos, milord. Porque iréis por delante de mi por el
corredor evitando que me vean.
Adrien suspiró tomando en brazos a Emma dudando los guardias apostados
al fondo del pasillo les viesen.
En cuanto salieron al pasillo, Emma le fue indicando mientras el marqués
les seguía apretando el cañón del arma en la espalda de Adrien. Apenas
alcanzaron el recodo que llevaba a las estancias ducales, Emma miró hacia
atrás observando si tenían la fortuna de que alguien les hubiese visto. Quiso
gruñir porque tenían que haber hecho caso a Leroy y haber apostado un
guardia en cada puerta y en cada esquina.
Leroy escuchó ruido en la estancia de milady y al mirar hacia la puerta vio
luz bajo la rendija de la puerta así que corriendo fue a ver si era Dulcy o si
milady ya había subido, porque si lo había hecho a él le tocaba dormir con
ella.
Sonrió mirando a Janet que dormía bien tapada y colocándose unos
pantalones encima de la ropa de cama y tomando sus botas, su navaja y el
tirachinas caminó hacia la puerta abriéndola con cuidado. No estaban ni
milady ni Dulcy, eso era muy extraño porque cuando subieron Dulcy estaba
allí esperando a milady. Se acercó a la cama y vio las joyas de milady
encima de la banqueta. Corrió a la puerta y la abrió ligeramente sacando la
cabeza y justo al mirar al fondo del corredor vio una chaqueta de caballero
de color azabache desaparecer por allí. Ese era el corredor del duque y el
duque iba vestido de negro… Corrió y vio que ese hombre entraba en la
habitación del duque. Tenía que seguirlo.
Se pegó a la pared y se apresuró a llegar hasta la puerta antes de que se
cerrase y al hacerlo escuchó una voz que no le resultaba familiar así que se
coló rápidamente escondiéndose tras un enorme aparador. Abrió mucho los
ojos al ver al conde con milady en brazos y ese hombre detrás de ellos con
una pistola.
-Abrid el pasadizo, milord, que está detrás del espejo, habéis de tirar de la
pata del caballo. -Ordenó tajante-. En cuanto entremos os detenéis para que
encienda un par de antorchas, nos os mováis si no querréis que me ponga a
disparar en la oscuridad. Podría dar a milady, a vos ¿quién sabe? a ambos, y
tras cerrar la puerta, no nos oirán. Ese pasadizo está construido entre
enorme muros de piedra.
Leroy esperó a que se cerrara la puerta y corriendo fue hasta su habitación y
sin delicadeza alguna zarandeó a lord Josh para despertarlo que al verlo,
como un resorte, saltó de la cama tomando su navaja de encima de la
mesita.
-Corre, corre, se ha llevado a milady y a vuestro…
Josh se puso los zapatos corriendo y tomó los pantalones decidiendo
ponérselos después.
-Demos la voz de alarma.
-No hay tiempo. Se van a escapar. Hay un pasadizo en la estancia del
duque. Hay que seguirles. -Decía cogiendo la palmatoria de la mesita de
noche.
Josh corrió detrás de él. Y tras abrir el espejo como hubo visto minutos
antes entraron. Por el pasadizo fueron bajando unas escaleras que parecían
rodear la casa.
-¿Dónde da este corredor? -Preguntaba Josh bajando la voz.
-No lo sé, pero creo que vamos hacia la parte trasera de la casa…
-Si tienen carruaje esperándoles se nos pueden escapar…
Leroy asintió apretando el paso llegando justo a una reja cubierta de
vegetación que estaba abierta.
-Corre, corre… -Decía Josh corriendo como alma que lleva el diablo hacia
la verja de los jardines-… Hay que ver dónde los llevan…
-Yo saltaré a la parte trasera y…
-Los dos saltaremos… -Contestaba tajante sin dejar de correr deteniéndose
de golpe al alcanzar la calle. Se miraron el uno al otro porque allí no había
carruaje alguno.
-Vamos, corre, calle abajo, escucho cascos de caballo…
Corrieron y al ver un carruaje moviéndose calle abajo ni lo pensaron,
corrieron hacia él.
Leroy se saltó al saliente entre las ruedas traseras agarrándose a una argolla
y después girando el cuerpo alargó el brazo hacia Josh abriendo la mano
que enseguida tomó saltando con su ayuda justo en el instante en que el
carruaje empezaba a tomar un poco más de velocidad.
-Mira dentro sin que te vean. Hay que saber quienes son… -Decía sin
resuello agarrándose a la otra argolla mientras precariamente iba
poniéndose los pantalones.
Leroy asintió y con cuidado miró por el pequeño ventanuco de la parte de
atrás que tenía las cortinillas cerradas apenas dejando una rendija para
poder mirar. Con la luz de dentro apagada no veía muy bien el interior pero
sí logró atisbar al conde y a milady.
-Vuestro hermano y milady están dentro pero no sé si hay uno o dos
hombres más…
-Mejor nos sentamos y esperamos a que se detengan. No podemos
arriesgarnos a caernos ni a que nos vean.
Leroy asintió afianzándose en su lugar.
-En cuanto lleguen a su destino hemos de escabullirnos o pueden vernos. -
Dijo serio. Josh asintió sin dejar de fijarse en las calles.
-¿Sabes dónde estamos? -Preguntó Josh minutos después cuando empezó a
darse cuenta que parecían ir más despacio.
-Cerca de la casa de vuestro primo el duque.
-¿Estamos cerca de Chester house? Si se detienen cerca, uno de los dos
debería ir allí y pedir ayuda.
Leroy asintió sin apartar los ojos de las calles memorizando el trayecto
como hacía siempre que iba a un lugar nuevo.
Nada más detenerse el carruaje, Josh y Leroy saltaron y se colocaron detrás
de un murete.
-¿De quién es esta casa? No es la del marqués. -Preguntaba Josh mirando en
derredor disimuladamente.
-No lo sé, pero la casa de vuestro primo la dejamos tres manzanas atrás, hay
que ir a dar la voz de alarma.
-Iré yo. Si vuelven a irse tú conoces mejor las calles de Londres y podrás
encontrar algún modo de volver.
-Bien. Esperemos a verlos entrar.
Precisamente decían eso cuando vieron al Adrien bajar con Emma en
brazos con cuidado mientras ese hombre saltaba segundos después sin dejar
de apuntarles.
-Riley, da un par de vueltas a la manzana. No quiero llamar la atención
encontrándose un carruaje a las puertas de la casa a estas horas.
El carruaje marchó mientras que Adrien, con Emma en brazos subía las
escaleras de acceso a la mansión del fallecido barón. En cuanto entraron el
marqués preguntó:
-Bien, milady, vuestro turno. Veamos si recordáis tan bien como habéis
demostrado. ¿Dónde guardaba vuestro padre el corazón de Atenea?
-Umm…ummm… -Se quejaba mirándolo enfadada.
El marqués sonrió acercándose y bajándole de un tirón la mordaza
liberando sus labios.
-Volved a tocar a mi prometida, bastardo, y juro que os estrangularé con mis
propias manos. -Le amenazó Adrien dando un paso atrás apartando a Emma
del marqués.
De nuevo el marqués sonrió alzando la pistola apuntando directamente al
pecho de Emma.
-Lo volveré a preguntar. ¿Dónde está el corazón de Atenea?
-Pues, veréis, milord, -Esperó mirándolo con odio-, no puedo estar segura.
Os recuerdo que era una niña. Ciertas cosas no se revelan a los niños. -
Mintió porque sabía estaba en la caja del la habitación secreta del despacho
de su padre en la que habían estado apenas un par de días antes.
-Pues más os vale recordalo, milady, o de aquí no saldréis con vida. Sería
una lástima morir con el vestido del baile de vuestra presentación puesto y
luciendo las hermosas joyas de vuestro compromiso. Dicho lo cual, creo
que serían un estipendio justo por las molestias que me habéis causado
estos últimos días.
-Las tendréis que arrancar de mi cuerpo sin vida. -Respondía.
-Cielo, no le des ideas… -Masculló Adrien sin apartar los ojos del
marqués-. Si os llevamos a esa joya, no tendréis motivo para dejarnos con
vida, de hecho, suponemos un riesgo para vuestra fuga, de modo que no
vamos a poner en vuestras manos ese botín.
-Au cointreu, monsieur, o poneis en mis manos esa joya o no me encontraré
lo bastante magnanimo para dejaros encerrados mientras huyo.
Adrien gruñó bajando los ojos a Emma.
-Dí dónde, cielo. Ya nos preocuparemos después de otros menesteres.
Emma suspiró pues sabía que no le daba opciones, no, al menos si quería
ganar tiempo.
Leroy se puso en pie tras el murete siguiendo a Josh que caminó hacia la
escalinata:
-Tú entra sin que te vean y procura que no hagan daño a Adrien ni a Emma.
Yo voy corriendo a Chester House a buscar ayuda.
-¿Ayuda para qué?
La voz de Ariana a la espalda de ambos les hizo girar como un resorte
ligeramente asustados.
-Señorita Carlton ¿qué hacéis aquí?
-Esa misma pregunta debiera hacerla yo una vez contesten a la
anteriormente formulada ¿ayuda para qué o quién?
Leroy la miró serio:
-Han secuestrado a milady y al conde. Un hombre los ha metido en esa casa
a punta de pistola y…
Ariana le detuvo mirando la puerta tirando de ambos detrás del murete.
-¿Qué hombre?
-No lo sabemos. Les hemos seguido desde la casa del duque. Yo iba a ir a
Chester house a pedir ayuda. -Contestaba Josh.
Ariana miró la puerta y después a ellos dos mientras sacaba de su abrigo
una pistola.
-Bien, milord, vos id a buscar ayuda. El señor Smith y yo intentaremos
averiguar cómo ayudar a vuestro hermano y a Emma.
-Está bien. No tardaré. -Contestaba saliendo a la carrera.
Leroy la miró entrecerrando los ojos:
-¿Por qué habéis venido a estas horas?
Ariana sonrió por la desconfianza comprensible del chico.
-He venido a buscar una pista que creo se encuentra en el despacho del
barón.
-¿Barón?
-Es la casa del padre de Emma, señor Smith.
Leroy agudizó su ceño fruncido girando para mirar hacia la casa.
-¿Es la casa de milady? ¿Y para qué ha traído ese hombre a milady aquí?
-Una excelente pregunta a la que esperemos poder responder más tarde,
amigo mío. De momento procuremos poner a salvo a nuestros amigos. -
Miró en derredor dudosa-. ¿Está ese hombre solo o tiene ayuda?
-Un tal Riley, que llevaba el coche, está dando un par de vueltas a la
manzana porque ese hombre le ha dicho que sería sospechoso que estuviere
parado en la puerta a estas horas de la noche.
-Sí, lo sería. -Miró hacia un lado y le hizo un gesto con la cabeza a Leroy
para que le siguiere-. Entremos por uno de los ventanales que dan a la
terraza.
-Pero estarán cerrados. -Decía siguiéndola.
-Suerte que traigo mis ganzúas.
-¿Tenéis ganzúas? ¿Y sabéis usarlas?
-Sería estúpido llevarlas si no supiere usarlas, ¿no creéis?
Leroy sonrió:
-Sí, supongo que sí… ¿Cómo sabéis usarlas?
Ariana le miró ligeramente por encima de su hombro en la oscuridad de la
noche sonriendo:
-Cuando salgamos de este embrollo, prometo contaros esa historia.
-Bien.
Adrien hubo dejado a Emma delante de la puerta ya abierta de la habitación
secreta y tomando una palmatoria encendió una luz.
-Muy precavido vuestro padre teniendo una habitación oculta… -Decía a su
espalda el marqués.
Emma miró detrás de ella antes de deslizar los ojos hacia Adrien que le
animó a entrar por delante de él que alzaba la palmatoria para que pudiere
ver sin dificultad. El marqués se quedó en la puerta apuntándolos y al ver la
caja fuerte sonrió.
-Si sabíais de la existencia de esta estancia algo me dice que también
conoceréis cómo abrir esa caja…
Emma se acuclilló ante la caja y con las manos aún atadas fue rodando a
ambos lados la rueda de la clave hasta marcar la combinación y tras abrirla
tomó una caja de terciopelo que sabía era la que guardaba la joya pues no
solo tenía el emblema de su padre en la parte de arriba sino también un
grabado de la diosa Atenea.
Adrien la ayudó a incorporar y tras tomar la caja de sus manos la pasó a su
espalda volviendo a hacer de parapeto entre el marqués y ella.
-Tomad.
El marqués la tomó con una mano dando unos pasos atrás para alejarse
ligeramente antes de abrirla sin dejar de apuntarlos. Sonrió claramente
satisfecho.
-Debería haberme hecho con esta maravilla hace años, pero de nada sirve
mirar a atrás, lección que deberíais haber aprendido, milady.
Emma abrió la boca para decirle cuatro exabruptos, pero Adrien se lo
impidió apretando su mano y mirándola por encima de su hombro.
-Ahora ya podéis marcharos, tenéis lo que queríais.
-Esas joyas tan bonitas que lucís también las quiero.
Emma se pegó a la espalda de Adrien al tiempo que decía.
-Ni hablar.
-Pues me llevaré las que haya en la caja fuerte.
Sin pensarlo demasiado se agachó cerrando la puerta haciendo rodar la
rueda.
-Intentad cogerlas. -Le espetó mirándolo con odio mientras volvía a ponerse
en pie.
-Pues ahora me llevaré las que lleváis en vuestro cuello si no queréis
perderlo.
-Emma, dáselas. Prefiero perder eso a tu vida. -Le pidió Andrien mientras
giraba para empezar a quitárselasal tiempo que decía-. No te muevas-.
Bajando el rostro susurró-. Mete la mano en el interior de mi levita y saca
mi cuchillo.
Emma mientras él le iba abriendo el broche del collar y después tomando
sus pendientes, metió las dos manos pues aún las llevaba maniatadas y tomó
con ambas el mango del cuchillo.
-Pásalo a mi bolsillo del pantalón, a la derecha. -Le susurró pegando sus
labios a su oreja antes de enderezarse y añadir para disimular-. Ya falta
menos, cielo. Ahora te quitaré el brazalete y el anillo.
Tomándolos se giró y miró al marqués manteniendo en la mano izquierda
las joyas extendiendo ese brazo hacia él.
-Tomad.
-Dádselas a milady y que ella se acerque.
-Eso no va a ocurrir. -Contestó tajante-. Si las queréis tomadlas. A mi
prometida no volvéis a acercaros.
El marqués sonrió ladino mientras tras meter la caja en el bolsillo de su
chaqueta extendía el brazo para tomar las joyas sin dejar de apuntarles con
la otra mano. En cuanto abrió la mano Adrien puso las joyas en su palma y,
sorprendiéndole, cerró su mano sobre la suya apresándolo y tirando de él
hacía sí para de inmediato clavar su cuchillo en el brazo. Se oyó un disparo
y Adrien permaneció impasible mientras el marqués gritaba dejando caer
las joyas y echándose hacia atrás martilleando de nuevo la pistola.
-¡Deje a milady!
El grito de Leroy se escuchó solo un segundo antes de que apareciese él
clavando su navaja en el muslo del marqués y un nuevo disparo se escuchó
quedándose todos sin moverse y sin decir nada como si permaneciesen
expectantes al próximo movimiento. De golpe el marqués se desplomó
cayendo de rodillas. Leroy se apartó un poco respirando forzosamente
mientras con una mano apresaba con fuerza el cuchillo.
Una mano le tomó de los hombros y lo giró hacia Adrien y Emma.
-Ayuda a milady. -Dijo Ariana seria apartándolo del marqués sin dejar de
apuntar con el arma, aún humeante, a la cabeza de este.
Leroy entró en la habitación y rodeó a Adrien para mirar a Emma.
-¿Estáis bien? ¿Estáis herida?
Emma negó con la cabeza sorprendiéndose porque en cuanto lo hizo Adrien
cayó de rodillas delante de ellos.
-¡Adrien! -Gritó dejandose caer a su lado-. ¿Estás… estás herido?
Adrien le miró.
-Creo… creo que sí… -Gruñó antes de meter la mano en su levita sacándola
después con un gran rastro de sangre.
-No, no, no… -Emma lo ayudó a apoyarse en la pared antes de girar y mirar
a Leroy que en posición de defensa ante ellos y blandiendo su cuchillo
ensangrentado no apartaba los ojos del cuerpo del marqués que respiraba
trabajosamente mientras Ariana no dejaba de apuntarle.
-Leroy, desátame y busca alguna tela para apretar la herida de milord.
Leroy giró y rasgó sus ataduras y enseguida obededeció saliendo de la
estancia mientras ella abría la levita de Adrien mirando la herida de su
costado.
-Sangra mucho. -Decía abriendo su chaleco sin perder tiempo.
-Emma, mírame. -La detuvo Adrien posando su mano sobre las suyas
ligeramente temblorosas. Cuando ella alzó la vista la sonrió-. No creo que
sea grave.
-Sí lo es. Sangráis y… -Decía empezando a llorar sin saberlo.
Adrien apretó sus manos e insistió:
-Emma, mírame. -Al volver a mirarlo al rostro la sonrió-. Empieza de una
vez a creer en mi palabra sin dudar y no te asustes. Seguro ese conde que le
gusta ser llamado doctor estará encantado de remendarme.
Emma hipó sin dejar de mirarle.
-No se puede negar que he sido oportuna y yo que me estaba sintiendo
culpable por colarme en la casa de un noble, aunque hubiere sido francés…
Adrien alzó el rostro y vio a Ariana de pie sin dejar de apuntar al marqués
que tal y como respiraba no parecía quedarle mucho de vida.
-Sois oportuna, eso es innegable. Más tarde hablaremos del hecho de
encontraros aquí, más, mientras tanto, hacedme un favor antes de que
lleguen los agentes de Bond Street, tomad esas joyas del suelo y la caja de
la chaqueta de ese bastardo y ponedlas en lugar seguro.
Ariana obedeció ocultando las joyas en uno de los estantes de la estancia
tras unos libros que ella ya había visto días atrás,
-¿Además de asesino es ladrón? Menuda joyita… -Decía mirando el que
parecía ya el cadáver del marqués.
Adrien se rio pero enseguida se detuvo tosiendo ligeramente.
-Tomad, tomad… tenéis que apretar para que no sangre más. Se lo vi hacer
al doctor cuando dispararon a lord Lucas e hirieron a milady.
Emma tomó la tela que le cedía apretándosela a Adrien en el costado que
gruñó ligeramente.
-¿Cuándo dispararon a lord Lucas? -Preguntaba Ariana interesada.
-Unas mujeres malas raptaron a milady y a lady Alexa. Pero yo ayudé a
apresarlas. -Sonrió divertido antes de volver la vista a Emma-. ¿Seguro
estáis bien?
Emma le miró parpadeando unos instantes y después sonrió por la evidente
preocupación del pequeño.
-Estoy bien, te lo prometo. No me han herido. Milord en todo momento me
estuvo protegiendo.
-Ah bien.
-Sí bien. -Añadía Adrien con sarcasmo mirando la cara complacida de
Leroy-. Eh enano, ¿podrías ir a buscar ayuda? Más concretamente traer a
Lord Cameron…
-Ah no hace falta, milord. -Le interrumpió-. Vuestro hermano ha ido a
buscar ayuda.
-Ah bien. -Contestó como Leroy unos instantes antes antes de alzar la vista
a Ariana sorprendiéndola dando una patadita al marqués-. ¿Señorita
Carlton? -Ariana se giró sonriendo.
-Creo que está muerto.
Leroy se acercó a ella y le dio varias patadas nada delicadas al marqués en
el costado.
-Sí, yo también lo creo. Mejor, un malo menos.
Ariana sonrió divertida antes de volver a mirar a Adrien.
-Tengo una excelente puntería. Le he dado justo debajo del brazo que
alzaba para apuntaros. La bala le tiene que haber atravesado los pulmones.
Adrien la miró alzando las cejas.
-No sé si me alarma que sepáis eso, amén de saber hacerlo o saber que
estábais colándoos en la mansión a estas horas.
-Uy, bueno… teniendo en cuenta que os he salvado… -Bajó los ojos a
Leroy que carraspeaba y sonriendo de nuevo se corrigió-… que os hemos
salvado, creo que deberíais pasar por alto mi falta, ¿no creeís milord?
-Aja, es lo justo. -Asintió Leroy antes de mirar a Adrien con una sonrisa
complacida-. También sería justo que pidiéseis una medalla a la reina.
Hemos matado a un traidor. Porque este es el marqués ¿verdad?
Adrien se rio pero de nuevo se detuvo por el dolor.
-Ya veremos qué conseguimos de su majestad… de momento, yo solo he
conseguido una bala.
-Pero es una herida de valor. Representa vuestro honor, como la de los
soldados. -Afirmó tajante Leroy antes de girarse y volver a dar una patada
al marqués-. Debería registrarlo por si lleva más armas y no está muerto.
Adrien contuvo una carcajada.
-Deja que eso lo hagan más tarde los agentes. Algo me dice que ese hombre
ya no disparará a nadie de este mundo.
-Ah bien. -Asintió no sin volver a darle una nueva patada mirándolo con
desconfianza antes de alzar el rostro y mirar más allá-. Escucho voces.
Seguro que es vuestro hermano con ayuda. -Dio un paso hacia la salida pero
Ariana le detuvo alzando el arma pasando por delante de él.
-Espera. Quizás sea ese tal Riley o alguien que ayudase al marqués.
Quédate aquí y protege a milady.
-Pero no podéis ir sola. -Se quejó.
Ariana le miro por encima de su hombro sonriendo:
-No voy sola, me acompaña mi buena amiga la pistola de doble cañón que
he demostrado saber usar con tino.
Tras eso salió de la estancia dejando a Leroy en la puerta tomando de nuevo
su cuchillo blandiéndolo como si fuera una espada y mirando con fiereza
fuera.
-Esa es la inconfundible voz de mi hermano, de modo que dudo esa
americana con tan buen tino en el uso de “su amiga” necesite ayuda, Leroy.
Deberías relajarte. -Le instó Adrien un par de minutos después.
Emma arrodillada a su lado sin apartar las manos de su costado apretando la
herida le miró seria.
-Sigues sangrando.
Adrien la miró y la sonrió:
-¿Vuelves a poner en duda mi palabra, mi muy descreída dama?
Enseguida apareció Cam con su maletín acercándose a él mirando de
soslayo al pasar el cuerpo del marqués.
-Si está herido, deberá esperar que le atienda otro. Yo no pienso hacerlo.
Adrien le miró mientras se agachaba a su lado.
-No me oiréis quejarme. Emma, cielo, deja a este conde ayudarme y tú
quédate al lado de Leroy…
Emma se enderezó sin dejar de mirarlo mientras Cam empezaba a trabajar.
-¿Se pondrá bien? -Preguntaba mientras Leroy le tomaba la mano como si
supiere que necesitaba su apoyo.
Cam sin mirarla asintió:
-Sí, no os preocupéis. La bala ha salido y no parece haber dado a nada
importante, más, hasta no llevarlo a casa, no podré atenderle en
condiciones. De momento, voy a intentar que no pierda más sangre…
Avisad a mi hermana, os lo ruego, ella puede ayudarme.
Salió de la habitación encontrándose a la duquesa entrando con un rifle
entre las manos con Ariana a su lado y Josh que entraba sonriendo de oreja
a oreja.
-Excelencia, vuestro hermano os necesita. Adrien está herido.
En cuanto dijo eso, Alejandra entró deprisa en la habitación con Josh
apresurándose a seguirla para ver qué le pasaba a Adrien.
En cuanto vio a Alejandra y Cam trabajar sin parecer alarmados se relajó
ligeramente.
-Hermano, ¿has dejado que te disparen?
Adrien gruñó girando el rostro para verlo.
-Josh, no me obligues a azotarte antes de mandarte de vuelta a la escuela.
Josh sonrió porque si bromeaba es que no estaba grave.
-Deja los azotes para otros que Leroy y yo os hemos salvado.
-Y yo también, milord, no os olvidéis de mí. -Añadía Ariana sonriendo tras
Josh mientras que Leroy, que no soltaba la mano de Emma sonreía también:
-Merecemos tres medallas.
-Seguimos sin saber qué hacíais aquí, señorita Carlton. -Añadió Josh
divertido.
-Ah, bueno, venía a buscar una pista. He encontrado el blasón del águila, la
corona y la estrella de diez puntas y me acordé de algo que había visto en
uno de los documentos que vi aquí. Y bueno… digamos que cuando se me
mete una idea en la cabeza, sobre todo si es un misterio o un rompecabezas,
pues no puedo dormir sin resolverlo…
Emma se sorprendió riéndose.
-¿Y te has colado en la casa para averiguarlo a estas horas? ¿Viniendo sola?
-Bah, he venido con Vincent que está esperándome en la esquina.
-¿Quién es Vincent? -Preguntó Josh curioso.
-Es el hombre de confianza de mi padre. Me ha criado desde pequeña. Me
enseñó a montar, a disparar y a hacer nudos… está un poco ajado, pero
sigue siendo temible.
Emma de nuevo se rio porque de sus cartas sabía mucho de ese personaje al
que todavía no conocía.
-Te has perdido mi baile.
-No os ofendáis, milady, pero visto uno vistos todos…
Emma de nuevo se rio al igual que Alejandra que sin dejar de ayudar a su
hermano a vendar ligeramente a Adrien añadía:
-Cuánta verdad en esas palabras, señorita Carlton. No tenía el gusto de
conoceros personalmente, pero puedo aseguraros que me agradáis…
-Claro, soy muy agradable. -Contestaba Ariana sonriendo arrancando una
carcajada a Cam.
-Otra damita imperiosa. -Decía bajando la voz mirando a Adrien. -Josh, ve
a buscar un coche para poder llevar a tu hermano a Chester House.
-¡El cochero! -Exclamó Leroy sacando su cuchillo de nuevo.
Josh le miró y abrió los ojos de golpe.
-Uy, es verdad.
Ambos giraron para echar a correr pero Ariana, demostrando tener buenos
reflejos se puso delante de ambos con las manos en las caderas.
-Caballeros, navajas frente a un hombre sentado en un pescante no es un
plan muy bien meditado. Se os escapará en cuanto os vea, no digamos antes
incluso de que podáis alcanzarlo. -Sacó su pistola y sonrió-. Pero una
pistola, se me antoja más efectiva y por ello mejor plan. ¿Me permiten que
en cuanto se detenga en la puerta le inste a bajar so pena de recibir una bala
de mi mano? Pueden acompañarme indicándome si se trata de quién
buscamos.
-Estupendo. -La rodeó Josh y enseguida Leroy también.
En cuanto salieron Cam miró a su hermana poniéndose en pie de golpe
dejándola con Adrien.
-Voy a asegurarme de que esos tres impetuosos no acaban disparando a un
inocente o peor aún, a sí mismos…
Ya había salido de la habitación cuando escuchó a Alejandra decir alzando
la voz.
-Sé un caballero útil y además de hacer eso busca un carruaje para llevar a
este pobre conde a casa.
Emma se arrodilló junto a Adrien tomando su mano.
-No sé qué parte de esta noche resulta más extraña…
Adrien sonrió mirándola divertido de pronto.
-Apostaría que sería el vernos salvados por tu amiga americana que se ha
colado en casa de tu padre para ponerse a rebuscar entre sus libros…
Emma hizo una mueca con los labios.
-Es un poquito excéntrica…
Alejandra se rio:
-Peculiar… mejor utilicemos la expresión peculiar que excéntrica se suele
emplear para ajadas damas que parecen haber perdido el oremus y viven
rodeadas de gatos o de esas muñecas de porcelana que siempre me han
puesto los pelos de punta porque parecen mirarte como si pensaren modos
de asesinarte por vestirlas como niñas almidonadas….
Emma se rio entre dientes mientras que Adrien simplemente rodaba los
ojos.
-No quiero ni pensar lo que dirá Sebastian cuando se entere que me he
marchado de casa.
Adrien gruñó mirando a Alejandra.
-No debiera preocuparte ese duque en cambio sí habría de preocuparte que
yo no llegue vivo a mañana cuando otro duque se percate que tardo en
exceso en regresar al salón donde aún me deben estar esperando.
-Tienes una excusa. Te has dejado secuestrar… -Se burló Emma.
-¿Te burlas de tu prometido herido?
Emma chasqueó la lengua.
-Es verdad, he sido cruel. Eres un blanco demasiado fácil.
Alejandra se rio.
-Vamos, vamos, milady, no os burléis de él. Después de todo no es más que
un mero conde.
-Estupendo, chanzas a mi costa de dos damas lenguaraces. -Emma y
Alejandra sonrieron divertidas. Adrien miró hacia la puerta preocupado-.
¿No tardan mucho?
Alejandra miró hacia la puerta enderezándose.
-Pues ciertamente están tardando un poco…. -Se enderezó tomando su rifle
y miró a Adrien-. Voy a ver por qué el torpe de mi hermano no ha
regresado. Desde que es noble oficialmente su mente parece ir un poco más
lenta.
Adrien rodó los ojos mientras que Emma se reía entre dientes.
-No te rías que te recuerdo que tú también eres noble.
En cuanto Alejandra salió de la casa se topó con Cam y Ariana observando
cómo Leroy y Josh le daban patadas a un hombre hecho un ovillo en el
suelo.
-Pero ¿Qué hacéis?
Cam se rio y Ariana se encogió de hombros.
-Digamos que dejamos que dos caballeros tengan una pelea justa con un
“hombre malo”.
Alejandra se rio entre dientes mientras Leroy le soltaba improperios sin
detener sus movimientos.
-Y mientras tanto cierto conde permanece a la espera de que le llevemos a
casa.
-Buen punto, mi duquesa, ¿Por qué no te hallas en casa?
La voz de Sebastian a su espalda llegando seguido de su hermano Julian,
Lucas, Christian, Calvin, Lucas y el duque de Carmond, hizo a los tres
girarse para mirarlo que no así a los niños detener su acción.
-Ah, ya estáis aquí. ¿Cómo sabíais dónde estábamos?
-Hemos ido a Chester house y enseguida me han dado cuenta de la rápida
salida de mi esposa fuertemente armada.
Alejandra sonrió:
-Hemos venido al rescate de dos jóvenes prometidos, más me temo, nuestra
ayuda ha sido tardía y solo hemos prestado apoyo sanitario.
-¿Emma está herida? -Preguntó alarmado el duque.
-No, no. Solo nuestro primo, excelencia. De hecho, nos vendría muy bien
llevarlo a casa y para ello que alguno de ustedes, competentes caballeros,
tomase el carruaje de este hombre al que espero atéis como es menester
antes de que nuestros dos fieros guardias lo dejen impedido de por vida,
sería en todo punto agradecido.
Lucas riéndose tomó a Leroy de la cintura deteniéndolo y manteniéndolo
con brazos y piernas colgando preguntó:
-¿Por qué golpeáis a este hombre al que la duquesa pide salvemos de
vosotros?
-Es un hombre malo. Ayudaba a ese traidor a secuestrar a milady. -
Contestaba una vez lo hubo dejado de nuevo en el suelo y mientras lo
miraba acusatorio por impedirle seguir con su castigo.
-Buen argumento para molerlo a palos… Más, ¿qué les parece, caballeros,
si lo atamos y dejamos que sean las autoridades las que impartan justicia?
-Bueno, pero que no se escape. -Señalaba mirándolo cruzándose de brazos
antes de girar y correr hacia el interior de la casa-. Voy a cuidar de milady.
El duque le siguió paciente mientras Sebastian abrazaba a su esposa
después de entregarle el rifle a Christian, observando ambos como entre
Calvin y Julian tomaban a ese hombre.
-Luc, sube al pescante y dale la vuelta al carruaje. Hay que llevar a Adrien a
casa para que le curen. -Señalaba Josh jadeante del esfuerzo-. Y cuando esté
mejor nos habéis de llevar ante su majestad para que nos rindan honores.
Hemos sido unos héroes que hemos apresado al traidor que todo inglés
quería atrapar. Además, la señorita Carlton nos ha ayudado. Las antiguas
colonias se han alineado para prestarnos su inestimable ayuda y es justo que
también tengan recompensa.
-Pues no le digáis a su majestad que me nombre lady que no creo que me
agrade. Prefiero un castillo. Uno de esos llenos de fantasmas. En esta isla
tiene que haber unos cuantos con historias truculentas llenas de sórdidos
secretos del pasado…
Josh sonrió divertido caminando hacia ella ofreciéndole el brazo de manera
exagerada.
-Pues unos cuantos sí que hay. -Abrió muchos los ojos y la miró con una
media sonrisa-. Quizás podamos pedir una de las propiedades o castillos de
ese traidor.
-Excelente sugerencia… -Respondía aceptando su brazo echando a andar
hacia la casa-. Me gustaría uno con torreones llenos de polvo y telarañas…
Así tendría más aspecto de tétrica morada de antiguos caballeros que
lucharon para salvar su hogar de quienes intentaren arrebatársela…
Eso fue lo último que escucharon cuando desaparecieron en el interior de la
casa mientras todos miraban mitad asombrados mitad desconcertados.
-¿Qué hace la señorita Carlton aquí? -Preguntó Calvin frunciendo el ceño.
-Una excelente pregunta, más, ¿Qué les parece condes ociosos si van a
buscar a ese primo suyo herido y lo traen para que podamos curarlo como
es menester antes de que nos metamos en el siguiente enredo? -Sugería
Cam mirando a Calvin, Christian y Julian-. Mientras, este padre ansioso por
volver con sus jóvenes vástagos podría tomar el carruaje y hacer caso a la
petición de ese lord que espera laureles y odas por su heroica acción de esta
noche en favor de la gloria inglesa.
Todos los mentados rodaron los ojos obedeciendo sin rechistar, sin
embargo, instantes después.
Emma permanecía sentada en el borde de la cama en Chester house
tomando la mano de Adrien después de que este hubiere sido atendido por
el doctor y la duquesa mientras el resto de la familia, incluido su tío, se
encontraba abajo con un par de agentes y un representante de su majestad
narrándoles lo ocurrido esa noche, obteniendo la promesa de discreción
respecto a ciertos detalles que no debieran ser mencionados más que ante su
majestad y el magistrado que se encargaría de todos los involucrados que
tenían apresados.
Emma suspiró pesadamente mirando el rostro de Adrien que permanecía
abotargado tras haber tomado un poco de láudano para el dolor.
-Estoy bien. Ve a descansar…
Emma sonrió cuando él abrió los ojos para mirarla.
-Voy a hacer como tú cuando yo estaba herida… -Se tumbó a su lado con
cuidado-.. voy a quedarme aquí hasta que te duermas y aprovechando que
lo estarás simplemente me dormiré y fingiré que ese no era mi plan.
Adrien se rio entre dientes dejándola acomodarse a su lado.
-Al menos acércate y abrazame.
Emma sonrió apoyando la cabeza en el hueco de su hombro pasando con
sumo cuidado su brazo por encima de él evitando tocar su herida.
-Si mi tío nos ve así, nos obligará a casarnos de inmediato y yo me niego a
que eso ocurra antes de que ver a mis dos fieros guardianes elavados a la
cateroría de héroes patrios.
Adrien la rodeó con su brazo besándola en la frente.
-Y no te olvides de esa americana de excelente puntería y poco juicio.
Aunque me surge la duda de qué era eso tan importante que no dejaba
dormir su inquieta cabecita y que la llevó a colarse en una mansión en plena
noche.
Emma se rio entre dientes alzando la vista hacia él.
-El escudo que buscaba lo ha hallado. Hemos estado dando por sentado que
era un escudo de una familia de la baja aristocracia o de una familia
enriquecida que se lo hizo forjar, más, al parecer, no era nada de eso. Es un
entramado de personas de distintas familias y orígenes que usaban ese
escudo para reconocerse. Durante las guerras napoleónicas era el símbolo
que usaban para su red de espías, pero desde entonces lo han ocultado
conscientes de que de saberse lo ocurrido podrían ser condenados a la horca
por traidores. Ariana cree que la lista de nombres que estaban en esa red
podrían obtenerla cruzando datos de los documentos de mi padre. El que
usaren esos símbolos, el águila, la corona y la estrella tiene que ver con el
origen de cada uno de ellos. Ahora habrá que dejarla dar con los nombres
de todos o nos volverá locos intentando averiguarlo sola.
Adrien sonrió de nuevo.
-Dejemos eso en manos de vuestro tío. Seguro él consiente en darle acceso
a toda la información que necesite aunque solo sea para no ver asaltado su
hogar en la oscuridad de la noche.
Emma sonrió:
-Pero hemos de lograr que la premien. Ha demostrado ser una excelente
detective y nos ha salvado la vida.
-Cierto…
Dos horas después, con toda la casa por fin tranquila, Sebastian permanecía
en su despacho con Cam, Lucas, Calvin, Christian y Julian, acompañados
del duque. Haber pasado las últimas horas explicando a dos agentes de
Bond Street de confianza así como al secretario de su majestad y dos
guardias personales de la corona lo ocurrido les había dejado a todos
exhaustos así como por fin algo más tranquilos.
-Al menos ahora puedo saberme tranquilo sabiendo a Emmaline por fin a
salvo.
-Bueno, a salvo del marqués sí, más, ¿estamos todos a salvo de esos
traidores? -Preguntaba Lucas tras tomar un trago de coñac.
El duque suspiró:
-No dudo la reina ordene encontrar a cada último eslavón de esa cadena,
más, cortada la cabeza de la serpiente dudo corramos peligro alguno.
-¿Tan valiosa es la joya que pretendía tomar para arriesgarse a ser apresado?
-Preguntaba Sebastian curioso.
El duque asintió:
-Siendo sincero daba por perdida esa joya pues creía que mi hermana se la
había llevado consigo cuando huyó. Es la joya que su esposo le regaló en
sus esponsales. Pero respondiendo a vuestra pregunta, excelencia, lo es. Es
de un valor inestimable. Gemas únicas cada una de ellas, especialmente la
pieza central, una enorme esmeralda en forma de corazón. Dudo haya una
pieza igual en toda Inglaterra. Ni siquiera su majestad tiene una como ella
en su colección. De hecho, pertenecía a la familia del padre de Emmaline
desde tiempos que ni sé recordar. Al no pertecener al título cada uno de los
barones o baronesas se la entregaba a aquél de sus vástagos que tenía a
bien. Ahora pertenece a Emmaline. El marqués podría haber vivido con
lujos el resto de su vida. Teniendo en cuenta su precaria situación, no dudo
la posibilidad de hacerse con ella era una tentación demasiado poderosa
para incluso arriesgar su vida.
Christian de pronto se rio:
-¿Alguno es consciente de que cierta americana amiga de lady Emmaline,
ha conseguido en pocos días lo que muchos ingleses no han logrado en
décadas? Claro que su padre, al venir a recogerla ha obviado ese detalle
mirándola muy airado y no dudo tenga por único objetivo conseguir
encerrarla los próximos meses como castigo por todas las tropelías que
juzgará ha cometido los últimos días.
-Me parece que ese pobre señor es incapaz de domeñar el carácter de esa
joven como tampoco ninguno de nosotros hemos sido capaces de hacerlo
con el de nuestras hermanas y esposas, caballeros. -Se rio Cam divertido
recordando la cara de la señorita Carlton cuando vio aparecer a su padre
considerando una flagrante ofensa el haberlo avisado.
-Caballeros, mejor marcho a mi hogar llevándome conmigo al siempre
inquieto señor Smith pues dudo me perdone dejarlo aquí mientras su
hermana duerme bajo mi techo… -Señalaba el duque poniéndose en pie
dejando la copa en la mesa para de inmediato hacer una señal a un lacayo
para que tomare a Leroy que permanecía dormido en un sillón cerca de la
chimenea al igual que Josh-. Dejaré aquí a lord Josh para que luego no
digan que he separado un guardia de mi sobrina privándolos de su deber. Y
me haré el ignorante al hecho de saberla acompañando a su prometido,
claro que al hallarse herido no creo que deba preocuparme en exceso.
Mandaré a su doncella el la mañana temprano.
Sebastian sonría puesto en pie para acompañarlo a la puerta.
-Uno de los dos habrá de conseguir que la reina premie a esos dos guardias
o nos torturarán por no haber hecho a su majestad escuchar con todas las
alabanzas adecuadas su heróicos actos de estos días.
-Lo dejaré en manos de mi madre. -Sonrió el duque-. Seguro sabe susurrar a
la reina qué medalla sería la adecuada para dos pequeñajos peligrosos.
-Qué dios nos asista… después de eso no habrá quién los aguante con
semejante baño de oropeles para sus egos… -Señalaba Lucas riéndose-.
Cuando mi esposa no tuvo mejor idea que ponerle una medalla ese enano
peleón se pasó meses exhibiéndola y exigiendo glorias y prevendas por su
condición de héroe. Si es la reina la que se la impone nos exigirá que le
entreguemos las llaves de nuestras casas…
Sebastian se reía caminando con el duque hacia el vestíbulo con un lacayo
llevando a un agotado Leroy en brazos ajeno a nada más que el sueño.
Adrien amaneció con un fuerte dolor en el costado y un poco de fiebre más
no pensaba quejarse pues mantenía a Emma, por fin a salvo, a su lado y
completamente dormida. Cuando apareció Cam le hizo un gesto para que
no despertara a Emma que debía estar agotada y se dejó revisar por él sin
que ninguno de los dos la alertase.
Al bajar al comedor de mañana, Cam se topó con todos los caballeros de la
familia, incluido Josh, tomando un copioso desayuno mientras Teresa
escuchaba con toda atención como Josh le iba narrando entre bocado y
bocado con una extraordinaria dosis de épica, cómo habían acabado con el
traidor salvando a Adrien y Emma, mientras en más de una ocasión los
caballeros no podían evitar reír por el dramatismo que otorgaba a cada paso
dado.
Alejandra, sentada junto a Sebastian, cada uno con un bebé en sus brazos,
no podían evitar reírse con los demás, especialmente cuando relataba la
aparición y “ayuda inestimable”, como él la calificó, de la señorita Carlton.
-He de decir, mis muy queridos primos, -Señaló de pronto con una sonrisa
burlona-, que en esta familia, los herederos a títulos parecen dados a elegir
por esposas damas que corren peligro … Claro que también es verdad que
al final suelen ser ellos los heridos…
-Yo no resulté herido, mi muy impertinente primo. -Señaló con orgullo
Sebastian.
-Bueno, en realidad, si no recuerdo mal, primo, te caíste del caballo de
nuestra querida prima unos días después de la boda y estuviste cojeando por
una semana.
Alejandra se rio recordando como Sebastian se cayó de su caballo arábigo y
por orgullo no reconoció haberse hecho daño en el tobillo.
-No le rías las locuras a este mentecato, esposa… -Le reprendió sin mucha
convicción Sebastian antes de volver a mirar a Josh-. Primo, ¿es necesario
que te recuerde bajo qué techo te hallas?
-Una nada velada amenaza, sin duda, más, no puedes tocarle un pelo a un
héroe nacional. Seguro a la reina no le gustaría… -Contestaba burlón
arrancando una carcajada a más de uno de los presentes.
-Josh, querido amigo, no te valgas de esa gloria todavía no reconocida por
la reina no vaya a ser que no llegues a conocerla por morir extrangulado a
manos de un duque malherido en su pundonor. -Le sugirió Cam entre risas.
-Imagino que ambos regresaréis al campo hoy mismo. -Señalaba Sebastian
mirando a Lucas y Christian.
-Y por la cuenta que le trae, nos acompañará ese doctor de ahí pues mi
esposa ha exigido que sea atendida como ella se merece. -Se apresuró a
decir Christian mirando fijamente a Cam que se rio entre dientes.
-Mi esposa ya se haya ultimando los detalles de nuestro regreso a Valley
Rose, no os preocupéis mi muy aprehensivo conde. No dejaré que esa fiera
italiana os asesine por regresar sin mis diestras manos.
Christian rodó los ojos con impaciencia antes de volver a mirar a Sebastian.
-¿Alguna noticia del duque?
-A estas horas debe encontrarse en palacio con la reina. Después vendrá a
vernos junto a la duquesa y lady Nora. Imagino traerá consigo a Janet y
Leroy.
-Estupendo. Pues quizás me los lleve de regreso a casa. Mi esposa no me
perdonaría no llevar a ese enano para que enseñe peligrosas cosas a mis
hijos.
-Eso no puede ser. -Decía Josh con la boca llena tragando apresuradamente
antes de añadir-: Hasta que la reina no nos imponga nuestras medallas no
puede irse. Además, Adrien aún ha de abonarnos nuestra abultada bolsa por
nuestro trabajo.
Sebastian se carcajeó:
-Eres un mercenario…
-Soy un guardia asalariado. -Contestaba sonriendo-. En mi opinión poco
valorado pues mis honorarios no se corresponden con la importancia del
servicio prestado a tenor de los excelentes resultados…
De nuevo Sebastian se carcajeó.

Emma no podía dejar de reírse dos semanas después saliendo de la sala del
trono con Leroy y Josh cada uno a su lado sonriendo de oreja a oreja
caminando como dos pavos reales contoneándose satisfechos con sendas
medallas prendidas al pecho tras haber recibido “honores” de la propia reina
en una audiencia privada y totalmente reservada con toda la familia
presente mientras ellos era agasajados por sus “servicios prestados a la
corona y a su majestad” según expresó la reina, al parecer tan divertida
como los demás, con esos dos pequeños “valientes caballeros” como os
tildó.
En la sala contigua, con toda la familia esperándolos, ella miró a su lado a
Leroy que sin soltar su mano iba arrogante mirando encantado a su
alrededor.
-Ahora que sois héroes nacionales deberéis hacer honor a tan tamaño cargo,
recordando lo solicitado por la reina y no informar a nadie de lo ocurrido,
ya que tal y como se ha informado a la nación, un traidor ha sido por fin
apresado por la corona con ayuda del ducado de Chester y la familia ducal y
del ducado de Carmond, pero ningún otro detalle puede ser revelado.
Leroy asintió tajante, desordenando de nuevo sus rizos pelirrojos.
-Se lo hemos prometido a la reina y una promesa no puede romperse. Pero -
alzó el rostro hacia ella sonriendo- como toda la familia del duque sabe lo
que ha ocurrido ellos sí han de tratarnos como héroes, ¿verdad?
Emma se rio asintiendo.
-De hecho, creo que es el momento de que todos ellos os agasajen en la
fiesta que mi tío dará en vuestro honor en cuanto salgamos de palacio…
Enseguida todos ellos, que ya les rodeaban, hicieron eso precisamente
mientras que ella era apartada por Adrien, por fin recuperado.
-Mi turno para recibir las atenciones de mi dama que llevo horas viendo
como solo agasaja a esos dos enanos arrogantes. No va a ver quién los
aguante.
Emma se rio dejándose abrazar por Adrien a pesar de hallarse en público.
-Dentro de dos días nos casamos, no creo que merezcas atenciones
excesivas hasta entonces.
Adrien se rio entre dientes porque había tardado una semana en conseguir
recuperarse medianamente de la herida de bala, pero desde entonces había
recibido, así como entregado, muchísimas atenciones de Emma pues había
acudido a visitarla a diario a Carmond house y se la había llevado “de
paseo” todos esos días, bien era cierto que sus paseos habían acabado como
era menester con él hundido en ese precioso cuerpo en la casa que tenía
cerca de Hyde Park. Había retozado con ella cada uno de esos días en la
privacidad que le daba su refugio, como ya pensaba en esa casa de la que no
se desprendería ni siquiera una vez desposado pues en ella iba a conseguir
toda la privacidad que deseaba para acaparar a su esposa el resto de sus
vidas. Sonrió posando los labios en su frente apretando un poco más su
abrazo al tiempo que inhalaba su aroma suave y frugal que le volvía loco,
recordando esos momentos con ella. Perdía el oremus con ella entre sus
brazos y ella había aprendido como una avezada alumna logrando que él
dejase de lado más que la cordura cuando se enredaban uno en los brazos
del otro.
Caminando en dirección a la salida de palacio, con ella de su brazo, en
dirección a los carruajes que les esperaban para llevarlos a todos a Carmond
House al almuerzo en los jardines preparados por el duque en “honor” a los
dos caballeros, como se hacían llamar esos dos enanos, sonrió pues le vino
a la cabeza la tarde anterior donde tras un paseo en cabriolé por Hyde Park
la llevó a ese refugio desnudándola con presta eficiencia dejándola sobre
esa cama tan ansiosa como lo estaba él.
Le vino la imagen de Emma sentada sobre él, Casi pudo sentir con nitidez,
como en aquél momento, el pulso de su miembro mientras lo estranguló con
ansia una vez lo tuvo por entero dentro de ella.
Sonrió recordando como si estuviere de nuevo en ese lecho cómo era estar
con ella, dentro de ella, rodeándola con todo su cuerpo.
Miró de soslayo a Emma que iba conversando con Alexa que iba del brazo
de Cam y se dejó llevar por sus recuerdos mientras recorrían palacio, él en
silencio disfrutando de sus pensamientos.
La tarde anterior…
En cuanto entraron en la casa, como durante los días anteriores, ambos se
apresuraron a subir a la alcoba y él la desvistió con rapidez desnudándose
enseguida para acariciarla y sentir su piel contra la suya pues la sensación
de su sedosa piel frotándose contra su cuerpo era un deleite del que no se
privaría ni un solo día de su vida. La hubo tomado con ansia durante una
primera vez bombeando en ella frenéticamente mientras ella se dejaba
tomar con igual deseo. Cuando apenas había recuperado el resuello la tomó
desde atrás en una postura que ella parecía disfrutar desde el primer
momento en que se la enseñó, con ella de rodillas sobre una banqueta y él
hundiéndose en ella con fuerza apresando sus caderas. Después de esa
primera vez así, ella hubo declarado que le encantaba pues él se hundía en
ella con fuerza y ella se sentía llena y no tratada como una florecilla
delicada. Desde esa primera vez en tal postura, no había día que no la
tomara así. En esa semana, se había revelado como una dama reclamante y
que no quería dejar de aprender más y más “sobre el deseo”. En esa semana
no solo la hubo tomado como su esposa sino como su amante para el resto
de sus días. Era valiente, deseosa de ser amada y de amar y él no iba a
privarla de tal deseo. Aquél primer día así, también le enseñó otro modo de
tomar su cuerpo tomando ese trasero que a él se le antojó delicioso y desde
luego no solo demostró ser un recodo realmente perfecto para su verga sino
también para lograr que ella gritase de placer tras unos primeros momentos
en que la enseñó a acomodarlo para no sentir dolor sino solo placer.
Sentada sobre él, engullendo esa espada dura y firme, Emma sentía su calor,
su suavidad rugosa y esa palpitación dentro de ella y todo su cuerpo se
sintió arder, vivo y reclamante por verse satisfecho. Clavó las uñas en su
hombro en inconsciente reacción cuando él la arqueó hacia atrás atrapando
entre los dientes uno de sus pezones torturándolo con pequeños mordiscos y
succiones que le hacían vibrar y temblar a partes iguales. Los dedos de
Adrien se clavaron en sus nalgas empujándola ligeramente hacia él
anclándola en el lugar. Gimió porque deseaba con inusitada fuerza que él
empezase a moverse más y más fuerte dentro de ella y calmar ese reclamo,
pero en lugar de eso no solo no se movía, sino que le impedía a ella hacerlo.
Alzó su mano y apresó con fuerza su cabello entre sus dedos tirando de él
hacia atrás obligándolo a alzar la cabeza y mirarla.
-Maldito seas, más. -Exigió arrancando una sonrisa canalla de sus labios.
-Quieres que me clave más en ti, ¿no es cierto? -Preguntó malicioso.
-Te odio.
Adrien se rio.
-No es cierto, me deseas tanto que eres incapaz de mantenerme alejado.
-Hazme tuya, maldita sea.
Adrien de nuevo se rio y la giró dejándola bajo su cuerpo apoyando sendas
manos a ambos lados de su cabeza impulsando su torso mientras se
apoderaba sin ninguna delicadeza de su boca. Salió de ella hasta la punta
antes de dar un fuerte empellón que la hizo gritar echando la cabeza hacia
atrás. Sonrió sin moverse mientras ella volvía a mirarlo.
- ¿Quieres más? -Preguntó con ironía.
-Muévete. -Le ordenó con el rostro enrojecido, los ojos vidriosos de pasión
y la mirada turbia de deseo.
Movió las caderas en circulo creando una fricción que sabía la enfebrecía
antes de salir de ella casi del todo y volver a empujar con un golpe certero
chocando sus caderas con sus muslos sintiendo el latir de su verga y el calor
que la envolvía con una nitidez asombrosa mientras ella lo acogía y
ahogaba con fuerza. La miró fijamente, sus ojos, sus labios entreabiertos
mientras gemía y respiraba descompasadamente y mientras con un ritmo
fiero empezó a bombear en ella con fuerza, sin límites, sintiéndola vibrar
con cada envite, con cada empujón de su verga que más y más enterraba en
ella con brío renovado. Pulsó su botón para hacerla estallar y en pleno
éxtasis y con sus contracciones ahogando su espada, salió de ella, pues
quería alargar más su placer y evitar estallar. La volteó con un solo
movimiento y la colocó a cuatro patas abriéndole el trasero con las manos
sujetándolo con fuerza antes de empujar y clavarse dentro de ese culo
estrecho con una sola estocada haciéndola gritar de la impresión, arquearse
y apretarlo con fuerza cuando lo tuvo del todo en ella. Sonrió sin moverse
con los ojos clavados en ese trasero que ahora lo acogía y abriendo una
mano la deslizó por esa espalda tersa y cálida hasta su hombro cerrando la
mano para sujetarla con fuerza.
-Grita. -Le pidió-. Grita, pequeña porque voy a tomarte sin parar marcando
cada recodo de este cuerpo que es mío, solo mío. -Susurró en su oído antes
de enderezarse y empezar un implacable ritmo de golpes de sus caderas con
sus nalgas enterrándose en ella más y más y más con frenético deseo e
inagotable fuerza. Se corrió en ella con un grito que se acompasó al de ella
y, antes de dejarla recobrar el hálito, salió de su interior y, alzando sus
caderas, se enterró de nuevo en su cueva empezando a moverse con
renovado reclamo mientras ella se abría más a él como si lo deseara con el
mismo apetito que el suyo, apoyando los codos en el colchón mientras se
dejaba tomar desde atrás.
Estalló con la misma fuerza que antes pulsando su botón para que ambos
estallaren juntos impidiendo que se dejare caer y con ello rompiese su unión
anclándola allí para exprimirse hasta la última gota dentro de ella,
disfrutando de ese calor y esos temblores que lo acogían.
Finalmente la dejó caer sobre el colchón con él en un agotado enredo de
cuerpos dándole la vuelta para que quedase cara a cara con él. Apartó un
mechón de su enrojecido rostro que mantenía los ojos cerrados aún con la
respiración forzada del esfuerzo. Sonrió porque su pelirroja pecosa, como la
había llamado, era todo pasión, todo fuerza, todo un volcán en el que él
quería morir cada noche y que los cielos lo amparasen porque él no se
separaría de ella por nada del mundo.
Cerró los brazos atrayéndola más hacía él dejándose caer de espaldas al
cochón acomodándola sobre él con su mejilla en el hueco de su hombro y
sus desordenados mechones pelirrojos cayendo a un lado, acariciándole
hombros y brazos antes de estirar el brazo y tirar de las puntas de una de las
mantas de piel que pasó por la espalda de ella para cubrirlos a ambos. Aún
contaba con una hora para poder devolverla a Carmond House.
- ¿Ya te sientes más calma? -Preguntó con una evidente sorna en su tono y
voz mientras deslizaba sus dedos por la línea de su espalda y su otra mano
enredaba sus mechones entre sus dedos.
Sentirse vaciar su verga en ella era el mayor de los placeres. Sentir cómo
ella le apretaba cuando lo acogía, ya fuere en su deliciosa cueva ya en ese
trasero que él se hubo empleado a fondo para entrenar por puro interés, ya
fuere cuando ella lo devoraba con esa impertinente boca que sabía cómo
emplear cuando quería postrarlo a sus pies, sin duda, era demasiado
adictivo para que un hombre como él, adicto a su “esposa”, permitiese que
el objeto de su adicción se separare de él.
Emma alzó los ojos y lo miró somnolienta.
- ¿Por qué presumes que soy yo a la que habías de calmar?
Adrien se rio:
-Cielo, cuando hemos entrado en el lecho has sido tú la que me ha atacado
hambrienta.
Esta vez fue ella la que se rio:
- ¿Qué te he atacado? Serás canalla… Pero si yo no he tenido opción alguna
mientras me ibas quitando prenda a prenda no dejándome moverme.
-Cierto, más, después tú me has arrancado las ropas con mucho brío.
Emma se rio girando para quedar de costado de espaldas a él y como supo
que haría, Adrien la abrazó por la espalda acomodando su vara entre sus
dos medias lunas, sabiendo, además, que en unos minutos volvería a
endurecerse y la volvería a tomar pues durante todos esos días no se
marchaban de ese lugar secreto solo para ellos hasta saciarse ambos y
acabar agotados, lo que a veces los llevaba a hacer el amor sin parar hasta el
momento en que arreglaban presurosos para regresar.
-Deberías dejarme dormir unos minutos, las prometidas con prometidos
ansiosos necesitan renovar fuerzas por mucho que ellos digan que se sienten
atacados por prometidas “briosas”. -Se burló cerrando los ojos sonriendo
incapaz de borrar esa sonrisa satisfecha y divertida que solo él lograba
arrancarle.
-Fierecilla, sabes tan bien como yo que esta espada aún necesita de su
preciosa vaina para sentir su ansia colmada, de modo que deberás dejar el
descanso para más tarde… -La besó en el cuello mientras removía
ligeramente su cuerpo tras ella haciéndola sentir la fricción-. Después, te
dejaré descansar para que no me taches de abusón…
Epílogo

-Pues yo sigo pensando que será un niño. Así David dejará de ser heredero.
-Se rio Josh antes de morder la manzana con cara de pillo deslizando los
ojos hacia su hermano David.
-Crucemos los dedos para que sea niño en tal caso. -Comentó el mentado
con aire distraído sin apartar los ojos del tablero de ajedrez cuya partida
disputaba con Teresa ya que sus dos hermanos se encontraban arriba
ayudando a la madre a traer al mundo al nuevo vástago de la familia.
-Esperemos que se parezca a la madre y con eso ya nos podremos dar por
contentos. -Señalaba Sebastian sonriendo pues su pequeño Andrés y su
pequeña María correteaban a su alrededor con sus graciosos pasitos.
El duque de Carmond sonrió sentado con algunos de los caballeros jugando
una partida de naipes. Julian y Calvin sin apartar los ojos de las cartas
también sonrieron por el chascarrillo.
-Hola…
La voz de Leroy hizo a los presentes girar el rostro viéndolo entrar con paso
vivo mientras Janet lo hacía con paso más calmo tras él precediendo a
Lucas y Ashton que llevaba cada uno un bebé en los brazos.
-Leroy, esos modales…
Vieron al pequeño rodar los ojos antes de detenerse y hacer una cortesía tras
el aviso de Ashton y después continuar camino hacia Josh.
- ¿Ha nacido?
-Estamos esperando… -Contestaba masticando un bollito antes de sonreír a
Janet y hacerla sentar a su lado cediéndole un bollito y alzar los ojos hacia
Leroy-. Pide una nueva bandeja de té.
Leroy obedeció mientras los demás se iban acomodando y después se
acercó a Sebastian para ver a los niños con los que se puso a jugar.
-Sebastian si no fuera tu esposa estrangularía a tu duquesa.
Sebastian se carcajeó deslizando los ojos hacia la puerta por la que entraba
Adrien con cara de enfado.
-Presumo te ha echado.
Adrien bufó dejándose caer en el sillón.
-Esos hermanos están perdiendo su habilidad. Llevamos horas esperando…
Sebastian sonrió mirándolo divertido antes de tomar en brazos a su hija que
alzaba los bracitos hacia él reclamando ser cogida por ellos.
-Ven, nenita, y no escuches nada de lo que diga el primo Adrien que no sabe
lo que dice.
Adrien gruñó antes de girar el rostro y ver a Leroy sentado junto a Josh y
Janet enredando con el pequeño Andrés.
-Leroy. -Lo llamó y enseguida él lo miró serio-. ¿Cómo guardián de mi
esposa no deberías estar arriba diciéndole a ese doctor de pacotilla que
debería ir más deprisa pues tu protegida lleva muchas horas sufriendo?
Se levantó como un resorte y fue hasta él.
- ¿Está sufriendo?
-Mentecato…- Murmuró Lucas con su hija en brazos reprendiendo a Adrien
antes de mirar a Leroy-. No te preocupes, Leroy, este conde de pacotilla no
sabe lo que dice…
- ¿No sufre? -Insistió mirando esta vez a Ashton que negó con la cabeza
apartando los ojos de su hija que a su vez dormía en sus brazos.
-No, cielo, traer al mundo a un bebé puede doler un poco, pero es normal. -
Cuando le vio fruncir el ceño añadió-: Ya verás que cuando podamos subir a
verla, estará sonriendo muy feliz.
-Bueno… -Giró y caminó de nuevo donde estaban los demás niños mientras
Ashton dedicaba una mirada airada a Adrien.
-No me miréis así. No soy yo el que no saca al bebé de una vez y deja
descansar a Emma. -Se quejaba de nuevo Adrien cansado por sentirse
impotente ya que Emma llevaba de parto casi un día y él no conseguía
hacer que dejase de sentir esos dolores y era algo que le mataba.
A los pocos minutos entró Alejandra con gesto relajado acercándose
directamente hacia Sebastian besando la cabecita de su hija en brazos de su
padre.
-Conde, ya podéis subir a ver a vuestro vástago. Un precioso y pelirrojo
varón.
Adrien se levantó de golpe y salió corriendo escaleras arriba mientras los
demás se reían.
- ¿Así que un niño? -Preguntaba Josh divertido antes de mirar a su hermano
David-. Por fin te libras de ese yugo, hermano.
David se rio negando con la cabeza.
- ¿Cielo?
Adrien entró en la habitación mientras Cam terminaba de abrocharse las
mangas de la camisa, Dulcy colocaba mantas sobre la cama y su tía Nora y
su madre mariposeaban alrededor de la cama como gallinitas. Vio a Emma
alzar los ojos hacia él y se detuvo sin aire con una sola idea cruzando su
mente; su esposa era lo más bonito que existía. Con esos rizos rojos
alrededor de su rostro cayendo en cascada por sus hombros, su bonito y
ligeramente enrojecido rostro, su sonrisa increíblemente brillante y esos
ojos que traslucían una innegable felicidad.
- ¿Adrien?
Su voz le hizo salir del estupor y sonreír volviendo a encaminarse hacia
ella. Se sentó a su lado sin apartar los ojos de su rostro.
-Estás preciosa…
Emma se rio entre dientes negando con la cabeza:
-O te has quedado ciego o mientes muy bien.
-Ni una ni otra… -Susurró inclinándose para besarla en la frente-. Estás
preciosa.
Emma alzó el rostro hacia él y lo besó en los labios.
-Quiero que se llame Phillip.
Adrien sonrió bajando los ojos al bulto que sostenía entre sus brazos y
abriendo la mano apartó ligeramente la tela que lo cubría. Acarició la
pelusilla de su cabeza ensanchando su sonrisa.
-Pelirrojo como mi condesa. Será tan terco y peligroso como tú. -Lo tomó
en sus brazos acunándolo con cuidado-. Mi heredero.
- ¿Eso significa que ya no te necesito?
Adrien se rio girando el rostro hacia Emma.
-No podrías vivir sin mí. Me quieres en demasía…
-Eso aún está por ver…
Adrien la besó en la frente acariciándosela unos segundos disfrutando de
esa sensación tan natural y al mismo tiempo increíble de tener a su hijo en
brazos y a su esposa a su lado.
-Dentro de unos minutos, exigirán verlo todos los pesados que están ahí
abajo.
Emma apoyó la cabeza en su hombro y sonrió:
-Pues al menos tenemos unos minutos a solas con Phillip.
Adrien le acarició la frente con los labios.
-En cuanto vean a mi bonito heredero, nos quedaremos a solas de nuevo,
amor, y podré teneros a los dos para mí solo.

FIN

Argumento:
Emma conoce a la familia de lady Nora tras muchos años escuchando
hablar de ellos cuando se trasladan a vivir a Valle Rose tras la muerte de
lord Phillip. Se había críado como la ahijada de lord Phillip y lady Nora
pero ella sabía quién era en realidad y el peligro que corría de ser
descubierta.
Cuando conoce a lord Adrien, un conde demasiado atractivo, demasiado
seguro de sí mismo y demasiado mandón para su bien comprende por fin lo
que es la atracción y el deseo más, también su firme voluntad de no verse
sometida bajo la mano de nadie por muy conde que fuera.
Lord Adrien, conde de Valleyland perteneciente a la poderosa casa del
ducado de Chester, llevaba semanas malhumorado, maldiciendo su suerte
por verse obligado por el honor y por la voluntad del difunto esposo de su
tía Nora, hermana de su madre, a ser el responsable y quién debía velar por
el porvenir de su tía y de una ahijada terca, incapaz de obedecer ni una sola
petición aunque fuere por su bien y tendente a llevarle la contraria solo por
el placer de llevársela o al menos eso le parecía a él.
¿Velar por dos damas? No, no era ese el destino que le esperaba. Al parecer
debía impedir que la vida de esa terca pelirroja y de su propia familia
corriese peligro y mientras lograba eso no podía imaginar que algo surgiese
entre ellos, algo que cambiaría la vida de todos, especialmente la suya y la
de su título.

[i]
Las aulagas de Wicklow son unas flores irlandesas de color amarillo brillante que tienen la
particularidad de que huelen a coco cuando hace calor.

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