Tema 26. Orígenes del feudalismo. La economía señorial.
Debate
historiográfico
Introducción:
A grandes rasgos, podría decirse que el feudalismo fue el sistema de gobierno y
organización social y económica que caracterizó a la Edad Media. El feudalismo
se extendió por Europa occidental durante los siglos X, XI, XII y XIII, e inició su
crisis en los siglos XIV y XV. A lo largo de este tema trataremos de analizar la
problemática historiográfica en torno al concepto de feudalismo, los
fundamentos que caracterizaron la economía señorial y la sociedad feudal, sus
principales instituciones y la evolución que este sistema conoció durante los
siglos medievales.
1. Debate y corrientes historiográficas sobre el feudalismo
1.1. En torno al concepto de feudalismo
1.2. Aspectos básicos del debate historiográfico
2. Origen y desarrollo del feudalismo
2.1. Orígenes del feudalismo
2.2. Desarrollo del feudalismo
3. La economía señorial
3.1. Agricultura
3.2. Comercio
4. La sociedad feudal
4.1. Pirámide social
4.2. Sociedad urbana
5. Expansión y crisis del feudalismo
5.1. Expansión del feudalismo
5.2. Crisis del feudalismo
6. Conclusión
7. Bibliografía
De acuerdo con el Decreto 83/2013, de 4 de julio, que establece el currículo en
la Educación Secundaria Obligatoria y en el Bachillerato en la Comunidad
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Autónoma de Canarias, este tema contribuye al desarrollo de las asignaturas de
Geografía e Historia en 2º de ESO y de Historia de España de 2º de Bachillerato.
1. Debate y corrientes historiográficas sobre el feudalismo
Se entiende como feudalismo el “sistema de gobierno y de organización
económica, social y política propio de la Edad Media, basado en una serie de
lazos y obligaciones que vinculaban a vasallos y señores”. Cada escuela
historiográfica ha ofrecido su particular visión acerca de lo que es el feudalismo.
Atendiendo a E. Moradiellos en Las caras de Clío (2001) la historiografía
marxista considera el feudalismo como un modo de producción, sucesor del
sistema esclavista y antecesor del sistema capitalista, en el que predomina la
economía agraria, y que muestra un escaso desarrollo de las fuerzas
productivas. Pensamiento defendido por historiadores como el propio Karl
Marx, Maurice Dobb o Pierre Vilar.
Frente a esta interpretación, fundamentalmente económica, Louis
Ganshof, mediante una interpretación jurídico institucional, establece que el
feudalismo se define como un conjunto de instituciones que obligan a la
obediencia y servicio de un hombre libre, llamado vasallo, hacia otro hombre
libre, llamado señor, el cual tiene obligaciones de protección y sostenimiento
respecto al vasallo.
Por su parte, Marc Bloch de la Escuela de los Annales, trató de unificar
criterios económicos y sociales en el estudio del feudalismo, sin desatender a
los aspectos políticos considerando el feudalismo como un modo de producción
agrícola en el que existe un ejercicio de derechos sobre los siervos por parte del
señor debido a la supremacía de una clase social de guerreros.
Finalmente, se puede indicar una última alternativa político-ideológica
del feudalismo desarrollada por Lemarignier que insiste en la importancia de los
pactos y cesiones de poder, que condujeron irremediablemente a una
atomización del poder central, lo que supuso una serie de consecuencias
sociales de vínculos de dependencia que se inscriben en un estadio de la historia
económica preindustrial.
1.2. Aspectos básicos del debate historiográfico
Además de la problemática en torno al concepto y consideración del
feudalismo, los aspectos más estudiados en este debate historiográfico son sus
límites cronológicos, sus límites espaciales y su transición hacia la Edad
Moderna y el capitalismo.
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Cada escuela historiográfica fija los límites cronológicos del feudalismo
de forma diferente. Para algunos historiadores liberales como Thiers y Mignet,
el feudalismo concluyó en 1789 con la Asamblea Constituyente francesa. Otros
autores, como Georges Duby, lo hacen coincidir con el fin de la Edad Media con
el establecimiento de las nuevas formas de organización política (monarquías
autoritarias) y el desarrollo de la economía monetaria. Una problemática similar
se presenta al fijar el origen del feudalismo: para los institucionalistas se sitúa
en el siglo IX (Imperio carolingio), mientras que para los marxistas se sitúa en la
crisis del siglo III del Imperio romano (cambio de producción esclavista a
colonato).
En lo que se refiere a los límites espaciales, Claude Cahen afirma que no
ha existido nunca un sistema íntegramente feudal y que solo las sociedades
medievales que habitaron en los territorios del Imperio carolingio se
aproximaron a lo que entendemos como modelo feudal. De igual parece es
Sánchez-Albornoz quien afirma que en Castilla no hubo feudalismo propiamente
dicho.
En lo que respecta a la transición del feudalismo al capitalismo, de la
Edad Media a la Edad Moderna, una de las escuelas que más ha tratado este
aspecto ha sido la marxista. Maurice Dobb afirma que el tránsito fue por causas
endógenas, precipitándose por la ineficacia del feudalismo como modo de
producción; por su parte, Paul Sweezy establece causas exógenas, como la
aparición de la economía monetaria y la consolidación de la burguesía como
nueva clase social. Aunque, Pierre Vilar, establece que el tránsito solo fue
decisivo cuando los cambios políticos permitieron la creación de las monarquías
autoritarias.
Como resumen de las anteriores cuestiones, actualmente, la mayor parte
de los historiadores coinciden al afirmar que, desde el punto de vista
cronológico, el momento de plena vigencia feudal corresponde a los siglos X a
XIII, es decir, la Plena Edad Media. El periodo formativo correspondería a los
siglos VII a IX, conocido como Alta Edad Media. La decadencia del sistema se
vivió en el siglo XIV y parte del XV, durante la Baja Edad Media. Su ámbito
geográfico fue Europa occidental y, por excelencia, los límites del Imperio
carolingio.
2. Origen y desarrollo del feudalismo
2.1. Orígenes del feudalismo
Existen dos acepciones contrapuestas en torno a los orígenes del feudalismo:
El feudalismo desde arriba
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Se trata de una interpretación institucionalista propuesta por Henri Pirenne
quien establece que la formación del clientelismo político iniciado por los
merovingios y continuado por los carolingios consolidaron institucionalmente el
sistema feudal como modo de organización para hacer frente a la expansión del
islam. Por lo que el feudalismo sería, en origen, una institución política de la que
se deriva la organización social y económica de la sociedad.
El feudalismo desde abajo
Se trata de una interpretación marxista propuesta por autores, como Duby, que
retrotraen el proceso de formación a la época del Bajo Imperio de Roma (siglos
III, IV y V) coincidiendo con la decadencia de esta (crisis económica, auge del
poder militar, conflictos civiles e invasiones). Así, en busca de la autosuficiencia,
la economía empezó a estar centrada en el latifundio (antecesor del señorío
feudal), donde los esclavos (poco productivos) se convirtieron en colonos,
libertos vinculados a la tierra (antecesor del ciervo feudal).
De forma paralela, comenzaron a extenderse los vínculos de dependencia
personales, ante la inseguridad general del periodo. Con el tiempo, el latifundio
empezó a funcionar como una unidad autónoma, en la cual el señor, con su
ejército personal, se encargaba de la protección de sus colonos, obligados a
obediencia a su señor. Por lo que el feudalismo sería, en origen, un modo de
producción económico, del que se deriva la organización social y política.
2.2. Desarrollo del feudalismo
M.A. Ladero Quesada en Historia Universal. La Edad Media (2010), establece las
siguientes etapas en el desarrollo del feudalismo:
La formación de las primeras clientelas merovingias (VII)
Ante el clima de inseguridad general de Europa tras la caída del Imperio romano
de Occidente. Se establecían vínculos de dependencia entre personas a
distintos niveles: en un nivel inferior, entre los colonos y sus señores, y en un
nivel superior, entre los señores y el rey. Estas últimas relaciones eran clientelas
políticas, mediante las cuales el rey concedía determinados beneficios o tierras
al señor para que gobernara en su nombre y bajo su autoridad.
El sistema feudovasallático carolingio (VIII-IX)
Para administrar el vasto imperio, Carlomagno adapta el sistema clientelar
merovingio instituyendo el vasallaje. Se trata de un sistema piramidal, con el
emperador en la cúspide, en el que un señor entrega a un vasallo, mediante un
contrato, un feudo (territorio a gobernar) no hereditario, a cambio del
juramento de fidelidad, ayuda militar (auxilium) y consejo (consilium). Para
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controlar el buen hacer de sus vasallos directos, los condes, Carlomagno, creó la
institución de los missi dominici, una pareja de laico y eclesiástico que recorrían
los condados inspeccionando el derecho y la administración. Si se incumplían los
compromisos de vasallaje, se cometía felonía, suponiendo la disolución del
contrato y la retirada del feudo al vasallo.
Feudalismo clásico (X-XIII)
Con la ruptura del Imperio por el enfrentamiento de sus herederos, la pirámide
feudovasallática se fracturó; se atomizó el poder político y los feudos se
hicieron hereditarios. El contrato de vasallaje adquirió formas más complejas
consistiendo en una ceremonia de homenaje, dentro de la que se incluía el
juramento de fidelidad al señor y la investidura del feudo al vasallo que podía
llegar a ser, no solo un territorio, sino posesiones materiales o, incluso, dinero.
Fue habitual que un mismo vasallo jurase fidelidad a varios señores, por lo que,
si estos entraban en conflicto, mediante el homenaje ligio, el vasallo elegía a
que señor prestaba auxilium durante la disputa.
3. Expansión y crisis del feudalismo
3.1. Expansión del feudalismo
Atendiendo a García De Cortázar en Manual de Historia Medieval (2008), a
partir del siglo X, el régimen feudal estuvo perfectamente consolidado en los
territorios del Imperio carolingio. Los siglos XI al XIII conocieron la expansión
del régimen feudal fuera de las originarias fronteras carolingias. El aumento, en
número, de las familias con títulos nobiliarios derivado de las concesiones
carolingias trajo consigo una expansión de los territorios establecidos como
señoríos, y, con ello, el cultivo de nuevas tierras que permitían al señor vivir de
la explotación campesina; el aumento de sus posesiones suponía, también,
mayores rentas y mayores beneficios.
En este periodo, el feudalismo se instaló en los reinos cristianos
peninsulares, en Europa central y Europa del Este y, también, en las regiones
nórdicas e Inglaterra. Las iniciativas de colonización de nuevas tierras no
ocupadas no solo corrieron a cargo de señores laicos, sino, también y en gran
medida, del estamento eclesiástico. Los casos de vasallaje entre campesinos y
órdenes monásticas eran muy similares a los de los señoríos. De hecho, una vez
consolidado y generalizado el feudalismo en Europa, la Iglesia fue la que le
proporcionó legitimación ideológica.
En este sentido, las órdenes militares y las cruzadas jugaron un papel
esencial, configurándose como un eficaz cauce de transmisión y establecimiento
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del régimen feudal. Los cruzados llegaron a crear auténticos Estados feudales en
los territorios del Imperio bizantino; es el caso del reino de Salónica, de Enrique
de Montferrat, del que dependían el principado de Acaya y el ducado de Atenas.
3.2. Crisis del feudalismo
La crisis y el fin del feudalismo han sido protagonistas durante décadas de un
intenso debate. Existen dos posturas diferenciadas: la de aquellos que
entienden el final del feudalismo como la consecuencia última de un proceso de
transformación gradual; y los que optan por la alternativa revolucionaria, como
la que tuvo lugar en Francia a finales del siglo XVIII.
En la actualidad, parece haber cierto consenso al afirmar que el sistema
feudal, entendido globalmente, desapareció en torno a los siglos XIV y XV; si
bien su abolición total no se consumó hasta principios del XIX (pervivencia de
instituciones como la servidumbre).
La clave para comprender el fin del feudalismo está en analizar la
multiplicidad de factores:
Transformaciones políticas:
Las monarquías se fueron progresivamente fortaleciendo, gracias a una mayor
concentración de poder económico, judicial y militar. A este hecho
contribuyeron las habituales revueltas de labradores frente a sus señores
feudales. Además, las constantes guerras favorecieron la creación de un ejército
semiprofesional (masas populares y mercenarios), con lo que los pactos de
vasallaje comenzaron a carecer de sentido. Los propios señores feudales se
vieron obligados a acercar posiciones a la Corte, llegando a convertirse más en
una nobleza cortesana que en domini de sus feudos.
Transformaciones socioeconómicas
El auge de la vida urbana trajo consigo una disminución de las relaciones
señoriales con el campesinado. La aparición de grandes fortunas, familias de
banqueros o comerciantes determinó la existencia de nuevas formas de
organización social, más acordes con los intereses de las clases urbanas, de la
burguesía. Se fue abriendo, de esta forma, el camino hacia una nueva economía
monetaria vinculada al capitalismo que supuso, en el occidente cristiano, la
caída definitiva del régimen feudal.
4. La economía señorial
4.1. Agricultura
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Atendiendo a C. Cahen en El modo de producción feudal (1979), De forma
general, la agricultura feudal se caracterizó por una baja productividad por
hectárea, con el empleo de utillaje muy rudimentario y por el escaso empleo de
abonos biológicos. La producción estaba dirigida al autoconsumo,
predominando los cultivos de base cerealística como el trigo y la cebada.
La célula económica básica de la Edad Media era el señorío: dominio
territorial e institucional de un señor feudal. El señorío tendía a ser
autosuficiente (alimenticio y artesanal) y se dividía en tres partes: la tierra
dominicata explotada directamente para el señor, donde residía este y donde se
encontraban los establecimientos principales (fragua, horno, molino, etc.); la
tierra indominicata, resto del señorío dividido en mansos, lugar donde habitaba
y trabajaba el siervo; las tierras comunales (prados y bosques) de las que se
obtenía la madera y el alimento para el ganado.
A partir del siglo XI, Europa vivió un renacimiento económico, que duró
hasta la crisis demográfica derivada de la peste negra del siglo XIV. Este periodo
está marcado por tres grandes desarrollos tecnológicos aplicados a la
producción agrícola: la utilización técnica del agua y del viento con el uso del
molino; el empleo de animales de tiro como el caballo y el buey; y la
generalización del arado con ruedas y vertederas, que favoreció las enormes
roturaciones de los siglos XII y XIII.
4.2. Comercio
El comercio medieval se caracterizó por el escaso volumen de productos para
comerciar; productos, en su mayoría, de pequeño tamaño y elevado valor tales
como minerales, metales, especias, armas y artículos manufacturados y de lujo.
Esto era debido a la escasez de infraestructuras y a unos medios de transporte
primitivos. El comercio interior estaba integrado por los mercados locales, que
se reunían con una regularidad semanal o quincenal. El comercio exterior se
organizaba mediante ferias, en las que se vendían artículos procedentes de
largas distancias, especialmente de Oriente.
A partir del siglo XII se fraguó en Europa un renacimiento comercial
como consecuencia: del aumento demográfico, derivado de la mejora de la
producción agraria; el renacimiento de las ciudades y de la vida monetaria; y la
mejora de las infraestructuras, como la reconstrucción de los puentes romanos.
La actividad mercantil estableció, a lo largo de la Plena y Baja Edad
Media, un importante circuito económico con dos núcleos principales:
Circuito comercial del Norte: destaca Flandes, con ciudades como Cambray,
Amiens y Brujas, donde se especializaron en la fabricación de paños
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(destinados a la exportación), proveyéndose de lanas importadas de
Inglaterra, colorantes de Normandía y alumbre del Mediterráneo oriental.
Además, encontramos la Hansa, una liga de ciudades comerciales que
llegaron a monopolizar el comercio en el mar Báltico en el siglo XIII.
Circuito comercial mediterráneo: dominado por Venecia y Génova,
monopolizaron el comercio con Oriente y en el siglo XIII se abren paso al mar
Negro (monopolizado por los bizantinos).
La relación entre el grupo italiano y el del mar del Norte se realizó a través de
las ferias de Champaña (Francia), y en menor medida, en Brie, se
intercambiaban paños de lana y pieles por productos orientales (especias,
tejidos de seda, etc.). Su decadencia como centro comercial llegó a mediados
del siglo XIII, por el progreso de la vida urbana y el establecimiento de los
comerciantes italianos en Brujas; si bien estos centros reconvirtieron su
actividad hacia enclaves financieros, función que mantendrían hasta el siglo
XVII.
5. La sociedad feudal
5.1. Pirámide social
Atendiendo a M. Bloch en La sociedad Feudal (ed. 2002), la mayor peculiaridad
de la sociedad feudal (además de su estructuración en función de los vínculos
de dependencia) fue su carácter marcadamente teológico. El orden social era
predicado por la Iglesia y estaba organizado en una división tripartita de la
sociedad: los oratores, los que rezan, el clero; los bellatores, los que luchan, la
nobleza; y los laboratores, los que trabajan, los siervos. Los dos primeros
pertenecían al estamento privilegiado, mientras que los últimos carecían de
cualquier tipo de privilegio o prebenda.
Por tanto, en la cúspide de la pirámide feudal se encontraba el rey.
Aunque de derecho era la autoridad máxima, de hecho, solo era autoridad en
sus dominios (señoríos reales). A él, mediante lazos de vasallaje, se vinculaban
todos los habitantes del reino en calidad de vasallos; directamente, la alta
nobleza, e indirectamente, los siervos de esta.
El siguiente escalón lo componía la alta nobleza: duques, marqueses,
condes, vizcondes, etc.; que poseían los "feudos de dignidad", que se
correspondían con los antiguos distritos del Imperio carolingio, directamente
concedidos por el rey. Al igual que el rey, la alta nobleza dividía sus territorios y
los entregaba a sus vasallos directos constituyendo los “feudos militares”, cuyo
señorío era el castillo o castellanía. Este, a su vez, se dividía en los llamados
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"feudos de caballería", cotos territoriales cuyo rendimiento económico era
suficiente para sustentar a un caballero.
Estos señores feudales no solo tenían poder político, sino que, con el
debilitamiento y fragmentación del poder real, habían asumido la delegación
del mando judicial y fiscal: tenían la capacidad de juzgar a sus vasallos y otros
derechos económicos como el cobro de tributos, impuestos, rentas, peajes, etc.
El señorío se había convertido, así, en la unidad fundamental de poder del
sistema feudal.
La Iglesia, como orden incluido dentro de la clase dirigente, también
estaba sometida a esta feudalización de la sociedad. Por una parte, tenía
prerrogativas similares a las de los señores laicos, ya que podía administrar
justicia, cobrar impuestos y rentas; por otro lado, era frecuente su intervención
en cuestiones de Estado, que realizaban en función de sus intereses. Esto dio
lugar a no pocas controversias, sobre todo, a partir de la reforma gregoriana.
Entrando ya en las clases bajas, desde el punto de vista jurídico, el primer
escalón lo constituye el campesinado alodial (propietario), el cual, a medida
que transcurre la Edad Media, fue entrando en régimen de servidumbre, ya sea
buscando protección, por deudas o por la violencia de los grandes señores. En
segundo lugar, encontramos a los propios siervos (en muchos casos adscritos a
la tierra) que, en líneas generales, se comprometían a pagar, en forma de
prestaciones (en la tierra dominicata) o de un canon (en dinero o en especie), a
cambio de la concesión de un manso y de la protección por parte del señor.
Finalmente, tenemos a los esclavos, ya muy poco numerosos, privados de
cualquier derecho.
5.2. Sociedad urbana
La vida urbana del alto medievo fue muy reducida. Las ciudades se limitaban a
ser la residencia del obispo o de un gran señor, formando parte de un señorío.
Progresivamente, a partir del siglo XII, estos burgueses fueron accediendo a una
cierta independencia política. Era habitual que formasen una comuna de
individuos ocupados en la defensa de su ciudad y que eligiesen a sus alcaldes
mediante formas democráticas.
Los derechos de las ciudades eran reconocidos en las llamadas cartas de
privilegios, fueros o cartas pueblas. Las ciudades, generalmente, buscaban el
apoyo del rey, y este el de los burgueses, para enfrentarse al resto de los
estamentos sociales (clero y nobleza), con los cuales pugnaban en defensa de
sus intereses de clase.
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La figura social del comerciante y del artesano fue mínima durante la Alta
Edad Media: el campesinado vendía sus propios productos en los mercados
semanales y fabricaba sus herramientas en el taller señorial. A partir del siglo
XII, aumentaron tanto la figura del comerciante como la del artesano;
vinculados al renacimiento urbano y al comercio de largas distancias,
comerciantes y artesanos se agruparon formando gremios.
6. Conclusión
Como hemos visto, cabría resumir que el feudalismo fue la forma de
organización política, social y económica que, principalmente, caracterizó la
Edad Media europea. Esta breve definición solo persigue recoger lo que
comúnmente puede entenderse por feudalismo, pues, hoy en día, la
historiografía mantiene un enconado debate teórico sobre este concepto y su
alcance.
7. Bibliografía
Bloch, M. L. B., (ed. 2002). La sociedad feudal. Madrid: Akal.
Cahen, C. (1979). El modo de producción feudal. Madrid: Akal.
García De Cortázar, et al. (2008). Manual de Historia Medieval. Madrid,
España: Alianza.
Ladero, M. A. (2010). Historia Universal. La Edad Media. Barcelona: Vicens
Vives.
Moradiellos, E. (2001). Las caras de Clío. Madrid: Siglo XXI.
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