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Introducción a la Axiología

Este documento introduce el tema de los valores y su estudio, la axiología. Explica que los valores constituyen un área nueva de estudio filosófico aunque conceptos como la belleza y la justicia han sido estudiados por filósofos durante siglos. Los valores se distinguen del ser y su estudio como una categoría propia es uno de los descubrimientos más importantes de la filosofía reciente. La filosofía ha explorado tres áreas de la realidad: el mundo físico, el mundo de las esencias y el mundo psíquico-

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Introducción a la Axiología

Este documento introduce el tema de los valores y su estudio, la axiología. Explica que los valores constituyen un área nueva de estudio filosófico aunque conceptos como la belleza y la justicia han sido estudiados por filósofos durante siglos. Los valores se distinguen del ser y su estudio como una categoría propia es uno de los descubrimientos más importantes de la filosofía reciente. La filosofía ha explorado tres áreas de la realidad: el mundo físico, el mundo de las esencias y el mundo psíquico-

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¿Qué son los valores?

Introducción a la axiolo gía

por RISIERI FRONDIZI

SE
FONDO DE CULTURA ECONÓMICA
México - Buenos Aires
Primera edición, 1958

¿QUÉ SON LOS VALORES?

1. EL MUNDO DE LOS VALORES

Los valores constituyen un tema nuevo en la filoso-


fía: la disciplina que los estudia —la axiología— ensaya
sus primeros pasos en la segunda mitad del siglo xrx.
Es cierto que algunos valores inspiraron profundas pá-
ginas a más de un filósofo, desde Platón en adelante,
y que la belleza, la justicia, el bien, la santidad, fueron
temas de viva preocupación de los pensadores de todas
las épocas. No es menos cierto, sin cmbargo, que lales
preocupaciones no lograban recortar una región propia,
sino que cada valor era estudiado aisladamente. La
belleza, por ejemplo, interesaba por sí misma y no como
representante de una especie más amplia.
Si bien no se ha perdido interés en el estudio de la
belleza, ésta aparece hoy como una de las formas de
una peculiar manera de asomarse al mundo que se
llama el valor. Este descubrimiento es uno de los más
£ importantes de la filosofía reciente y consiste, en lo fun-
l damental, en distinguir el ser del valer. Tanto los an-
tiguos como los modernos incluían, sin tener concien-
cia de ello, el valor en el ser, y medían a ambos con la
misma vara. Los amagos de axiología se dirigían, sin
excepción, a valores aislados. El estudio de estos valores
aislados adquiere hoy nueva significación al advertirse
el hilo sutil que los une y la proyección de luz sobre
cada uno de esos sectores que arroja toda investigación
de conjunto sobre la naturaleza propia del valor. De
Derechos reservados conforme a la ley
ahí que tanto la ética como la estética —de vieja es-
O Fondo de Cultura Económica, 1958 tirpe filosófica— hayan dado, en los últimos años, un
Av. de la Universidad, 975
- México 12, D. Y. gran paso adelante al afinarse la capacidad de examen
del valor en tanto valor.
Impreso y hecho en México
Printed and made in Mexico No puede menospreciarse el descubrimiento de una
7
EL MUNDO DE LOS VALORES
8 ¿QUÉ SON LOS VALORES? ción que el anterior, un mundo ideal, digamos así.
nueva provincia del mundo. Si la filosofía tiende, por Es el mundo de las esencias, los conceptos, las relacio-
su misma esencia, a dar una explicación de la totali- nes, esto es, de lo que hoy se denominan objetos
dad de lo existente, cualquier hallazgo que ensanche ideales. Los pitagóricos, Sócrates y Platón son los des-
nuestra visión será un verdadero descubrimiento filo- cubridorcs de este mundo de las esencias.
sófico. Tanto o más importante que una nueva expli- A la realidad física y a los objetos ideales se agregó
cación del mundo es el descubrimiento de una zona más tarde el mundo psíquico-espiritual. Además de pie-
antes no explorada, pues mal podrá satisfacernos un dras, animales, ríos y montañas, y de números, concep-
esquema interpretativo si ha dejado fuera, por ignorar- tos y relaciones, existen mis propias vivencias, mis es-
la, una región completa con todas sus categorías. “Todo tados psíquicos, mi dolor y mi alegría, mi esperanza y
descubrimiento polariza la atención sobre lo descu- mi preocupación, mi percepción y mi recuerdo. Esta
bierto, en pasajero menoscabo de lo ya sabido. La realidad es innegable; estaba, sin embargo, tan cerca del
primera reacción consiste en forzar las cosas para aco- hombre que éste tardó mucho tiempo en reparar en ella.
modarlas a la modalidad del recién llegado. Se pre- Como el ojo que ve las cosas exteriores y sólo años des-
tende ver la totalidad del mundo a través de la grieta pués se descubre a sí mismo —según la analogía de
abierta por el nuevo descubrimiento. Esto explica la Locke— el espiritu se volcó primero hacia afuera y, una
enorme proliferación de escritos sobre axiología y la pre- vez maduro, se replegó sobre sí mismo. :
tendida reducción de la totalidad de la filosofía a la Cuando se descubre una zona nueva se producen,
teoría de los valores. por lo general, dos movimientos opuestos. Uno, al que
¿A qué viene a agregarse esta nueva zona? ¿Qué va aludimos, y que encabezan los más entusiastas del
regiones habían sido ya exploradas cuando se descubren hallazgo, pretende ver todo por el nuevo hueco, e in-
los valores? Desde su iniciación, la filosofía pretendió tenta reducir la realidad anterior a la nueva. En opo-
dar una visión abarcadora de la totalidad del mundo. sición a este movimiento, se origina otro que pretende
Pero, en sus comienzos, confundió la totalidad con reducir lo nuevo a lo viejo. Mientras unos sostienen
uno de sus aspectos. La filosofía occidental comenzó que toda la filosofía no es más que axiología, otros se
hace 26 siglos con una preocupación sobre el ser del empeñan en que los valores no constituyen ninguna
mundo exterior. Cuando los jónicos en el siglo vi a. C. novedad, que se ha descubierto un nombre nuevo para
se preguntan cuál es el principio, o arché, de la reali- designar viejos modos del ser.
dad, entienden por realidad la naturaleza, el mundo ¿A qué podrían reducirse los valores, según esta úl-
exterior. De ahí que hayan escogido como respuesta sus- tima concepción? Tres eran los grandes sectores de la
tancias matcrialcs, llámense agua, apeiron o aire. El realidad que habíamos señalado: las cosas, las esencias
mundo exterior es, pues, el primer tema de investiga- y los estados psicológicos. Se intentó, en primer tér-
ción filosófica y las “cosas”, en el sentido habitual del mino, reducir los valores a los estados psicológicos. El
término, la primera forma de realidad. Pero un pue- valor equivale a lo que nos agrada, dijeron unos; se iden-
blo de la capacidad racional del griego —se ha dicho tifica con lo descado, agregaron otros; es el objeto de
más de una vez, exageradamente, que cl griego “descu- nuestro interés, insistieron unos terceros. El agrado, el
bre” la razón— no podía conformarse con la contem- deseo, cl interés, son estados psicológicos; el valor, para
plación del mundo físico, y pronto advierte que junto estos autores, se reduce a meras vivencias.
a ese mundo existe otro, de tanta o mayor significa-
10 ¿QUÉ SON LOS VALORES? LOS VALORES COMO CUALIDADES IRREALES 11
En abierta oposición a esta interpretación psicolo- son, por consiguiente, ni cosas, ni vivencias, ni esen-
gista del valor se constituyó una doctrina que adquirió cias: son valores.
pronto gran significación y prestigio, y que terminó por
sostener, con Nicolai Hartmann, que los valores son 2. Los vALORES COMO CUALIDADES IRREALES
esencias, ideas platónicas. El error de esta asimilación
de los valores a las esencias se debe, en parte, a la con- Y bien, ¿qué son los valores?
fusión de la irrealidad —nota peculiar del valor— con Dijimos que los valores no existen por sí mismos, all
la idealidad, que caracteriza a las esencias. La supuesta menos en este mundo: necesitan de un depositario en
intemporalidad del valor ha prestado un gran apoyo a la quien descansar. Se nos aparecen, por lo tanto, como|
doctrina que pretende incluir a los valores entre los meras cualidades de esos depositarios: belleza de un
objetos ideales. cuadro, elegancia de un vestido, utilidad de una herra-"
Si bien nadie ha intentado reducir los valores a las mienta. Si observamos el cuadro, el vestido o la he-
cosas, no hay duda que se confundió a aquéllos con los rramienta veremos, sin embargo, que la cualidad valora-
objetos materiales que los sostienen, esto es, con sus tiva es distinta de las otras cualidades. N
depositarios. La confusión sc originó en el hecho real Hay cn los objctos mencionados algunas cualidades
de que los valores no existen por sí mismos, sino que que parecen esenciales para la existencia misma del ob-
descansan en un depositario o sostén que, por lo ge- jeto; la extensión, la impenetrabilidad y el peso, por!
neral, es de orden corporal. Asi, la belleza, por ejem- ejemplo. Ninguno de esos objetos podría existir si
plo, no existe por sí sola flotando en el aire, sino que le faltara alguna de estas cualidades. Por otra parte,
está incorporada a algún objeto físico: una tela, una son cualidades que los objetos valiosos comparten con
piedra, un cuerpo humano, etc. La necesidad de un de- los demás objetos y que ellos mismos poseían antes de
que se les incorporara un valor. Tales cualidades for-
positario en quien descansar da al valor un carácter pecu-
liar, le condena a una vida “parasitaria”, pero tal idio- man parte de la existencia del objeto, le confieren ser.
Pero el valor no confiere ni agrega ser, pues la piedra

o
sincrasia no puede justificar la confusión del sostén con

m-.
existía plenamente antes de ser tallada, antes de que
“lo sostenido. Para evitar confusiones en el futuro, con-
se transformara en un bien. Aquellas cualidades funda-
viene distinguir, desde ya, entre los “valores” y los
mentales, sin las cuales los objetos no podrían existir,
“bienes”. Los bienes equivalen a las cosas valiosas, esto son llamadas “cualidades primarias”. Junto a ellas
es, a las cosas más el valor que se les ha incorporado.
están las “cualidades secundarias” o cualidades sensibles,
Así, un trozo de mármol es una mera cosa; la mano del
como el color, el sabor, el olor, etc. —que pueden dis-
escultor le agrega belleza al “quitarle todo lo que le tinguirse de las “primarias” debido a su mayor o me-
sobra”, según la irónica imágen de un escultor, y el már- nor subjetividad, pero que se asemejan a aquéllas pues
mol-cosa se transformará en una estatua, en un “bien”. forman parte del ser del objeto. Sea el color una im-
La estatua continúa conservando todas las caracte- presión subjetiva o esté en el objeto, es evidente que
rísticas del mármol común —su peso, su constitución no puede haber un hierro, una tela o un mármol que no
química, su dureza, etc—; se le ha agregado algo, sin tenga color. El color pertenece a la realidad del obje-
embargo, que la ha convertido en cstatua. Lo que to, a su ser. La elegancia, la utilidad o la belleza, en
se le ha agregado es un valor estético. Los valores no cambio, no forman parte necesariamente del ser del ob-
12 ¿QUÉ SON LOS VALORES?
jeto pues pueden existir cosas que no tengan tales POLARIDAD Y JERARQUÍA 13
y valores. de los “bienes”. Mientras que las cualidades primarias
“Cualidades terciarias” llamó alguien a los valores, mo pueden eliminarse de los objetos, bastan unos golpes
a fin de distinguirlos de las otras dos clases de cualida- de martillo para terminar con la utilidad de un instru-
des. La denominación no es adecuada porque los valo- mento o la belleza de una estatua. Antes de incorpo-
res no constituyen una tercera espccie de cualidades, de rarse al respectivo portador o depositario, los valores
acuerdo a un criterio de división común, sino una clase son meras “posibilidades”, esto es, no tienen existen-
nueva, según un criterio también nuevo de división. kia real.
í Más apropiado sería afirmar que los valores son “cua- f No hay que confundir a los valores con los llamados
| lidades irreales” —aunque no ideales—, pues, como vi- objetos ideales —esencias, relaciones, conceptos, entes
Í mos, no agregan realidad o ser a los objetos, sino tan matemáticos—; la diferencia está en que éstos son idea-
sólo valer. Cualquiera que sca la denominación, lo les mientras que los valores son irreales. Mejor se verá
[cierto es que los valores no son cosas ni elementos de la diferencia si se compara la belleza, que es un valor,
lcosas sino propiedades, cualidades sui generis, que po- ¡con la idea de belleza, que es un objeto ideal. Capta-
lar ciertos objetos llamados bienes. mos la belleza, primordialmente, por vía emocional,
Como las cualidades no pueden existir por sí mis- mientras que la idea de belleza se aprehende por vía
mas, los valores pertenecen a los objetos que Husserl intelectual. Una obra sobre estética no nos produce
llama “no independientes”, es decir, que no tienen ninguna emoción, pues está constituida por conceptos
sustantividad. Esta propiedad, aparentemente sencilla, y proposiciones con significación y sentido intelectual.
es una nota fundamental de los valores. Muchos des- No sucede lo mismo con un pocma, donde la metáfora
varios de ciertas teorías axiológicas objetivistas se deben que usa el poeta tiene una intención expresiva y de
al olvido de que cl valor es una cualidad, un adjetivo. contagio emocional, y no representativa o de conoci-
Tales teorías resbalaron del adjetivo al sustantivo, y al miento. De ahí también que los creadores de belleza
sustantivar al valor cayeron en especulaciones sin sen- —poetas, pintores, compositores— scan con frecuencia
tido y en la imposibilidad de descubrir su carácter pecu- malos teóricos aun del propio arte que cultivan.
liar. La filosofía actual se ha curado de la tendencia Acostúmbrase a distinguir los valores de los objetos
tradicional de sustantivar todos los elementos constitu- ideales afirmando que estos últimos “son”, mientras
tivos de la realidad. Iloy se destacan, en cambio, los que los valores no “son” sino que “valen”. Esta dis-
verbos, los adjetivos y aun los adverbios. Detrás de tinción de Lotzc, como veremos en los capítulos siguien-
muchos sustantivos tradicionales hay un adjetivo im- tes, es muy útil para destacar una diferencia entre ob-
plícito. No hay que dejarse engañar con el lenguaje. La jetos que habitualmente se confunden, pero es teórica-
lengua asimila las formas de pensar que prevalecen y mente objetable.
la nueva teoría no pucde quedar prisionera de la len-
gua: exigc hábitos lingiísticos que se adapten mejor a 3. POLARIDAD Y JERARQUÍA
las nuevas formas de pensar.
Por ser cualidades, los valores son entes parasitarios Otra característica fundamental de los valores es la
—que no pueden vivir sin apoyarse en objetos rea- polaridad. Mientras que las cosas son lo que son, los
les— y de frágil existencia, al menos en tanto adjetivos valores se presentan desdoblados en un valor positivo
X
y el correspondiente valor negativo. Así, a la belleza
14 ¿QUÉ SON LOS VALORES? POLARIDAD Y JERARQUÍA 15
se le opone la fealdad; a lo bueno, lo malo; a lo justo, lo los criterios que se habían utilizado para determinarlas.
injusto, etc... . No se crea que el disvalor, o valor nega- Un ejemplo concreto de tal afirmación lo constituye la
tivo, implica la mera inexistencia del valor positivo: el tabla axiológica de Max Scheler, expucsta en el capítu-
valor negativo existe por sí mismo —“*positivamente”— lo IV, que ha sido tomada como paradigma en diccio-
y no por ausencia del valor positivo. La “fealdad” tiene narios y tratados en lengua castellana, y que está lejos
tanta presencia efectiva como la “belleza”; nos topa- de ofrecer seguridad y consistencia.
mos con ella a cada rato. Lo mismo puede decirse de La existencia de un orden jerárquico es una incita-
los demás valores negativos como la injusticia, lo des- ción permanente a la acción creadora y a la elevación
agradable, la deslealtad, etcétera. moral. El sentido creador y ascendente de la vida se
Se ha dicho muchas veces que la polaridad implica basa, fundamentalmente, en la afirmación del valor
la ruptura de la indiferencia. Frente a los objetos del positivo frente al negativo y del valor superior frente al
mundo físico podemos ser indiferentes. En el momen- inferior.
to en que se ha incorporado a ellos un valor, en cam- El hombre individualmente, tanto como las comu-
bio, tal indiferencia no es posible; nuestra reacción —y nidades v grupos culturales concretos, se manejan con
el valor correspondiente— serán positivos o negativos, alguna tabla. Es cicrto que tales tablas no son fijas
de aproximación o rechazo. No hay obra de arte que sino fluctuantes, y no siempre coherentes, pero es indu-
sea neutra, ni espectador que pueda mantenerse indife- dable que nuestro comportamiento frente al prójimo, sus
rente al escuchar una sinfonía, leer un poema o ver un actos, las creaciones estéticas, etc., son juzgados y prefe-
cuadro. ridos de acuerdo a una tabla de valores. Someter a un
Los valores están, además, ordenados jerárquicamen- examen critico esas tablas de valores que oscuramente
te, esto es, hay valores inferiores y superiores. No debe influyen en nuestra conducta y nuestras preferencias, es
confundirse la ordenación jerárquica de los valores con tarea irrenunciable de todo hombre culto. No podrá,
la clasificación de los mismos. Una clasificación no sin embargo, determinar críticamente una tabla de valo-
implica, necesariamente, un orden jerárquico. Se puede res —dejamos de lado la posibilidad de afirmar dogmá-
clasificar a los hombres en gordos y flacos, altos y bajos, ticamente un orden jerárquico— sin examinar previa-
solteros y casados, etc., sin que ninguno de los grupos mente la validez de los criterios que pueden utilizarse
tenga mayor jerarquía que el otro. Los valores, en cam- para descubrirla. Ésta es una de las cuestiones que estu-
bio, se dan en su orden jerárquico o tabla de valores. diaremos en el capítulo siguiente.
La preferencia revela ese orden jerárquico; al enfrentarse
a dos valores, el hombre “prefiere” comúnmente el su-
perior, aunque a veces “elija” el inferior por razones
circunstanciales,
Resulta, desde luego, más sencillo indicar que existe
un orden jerárquico que señalar concretamente cuál es
este orden. No han faltado, por cierto, axiólogos que
han propuesto “una” tabla de valores con la pretensión
de que se trataba de “la” tabla. La crítica ulterior ha
mostrado los errores de tales tablas y especialmente de
BIBLIOGRAFÍA II
Durrézgz, Fugéne, Esquisse une Philosophie des Valeurs PROBLEMAS FUNDAMENTALES DE LA
(Paris, Alcan, 1939).
AXIOLOGÍA
GLANSDORE, Maxime, Théorie Générale de la Valeur et ses
aplications en esthétique et en économique (Institut de Socio-
1. Los PROBLEMAS AXIOLÓGICOS EN LA VIDA DIARIA
logie, Université Libre de Bruxelles, 1954).
HaLt, Everett W., What is Value? An Essay in Philosophical
Analysis (London, Routledge 8 Kecgan Paul, 1952). Los problemas fundamentales de la axiología no se
Kozx, Alejandro, “Axiología”, en La libertad creadora (Buenos plantean únicamente en los libros, revistas y congresos
Aires, Losada, 1944). filosoficos, sino que están presentes en las manifestacio-
Larro, Jolm, The Idea of Value (Cambridge, 1929). nes más diversas de la vida diaria. No hav discusión, o
Lerter, Ray, The Language of Value (New York, Columbia desacuerdo, sobre la conducta de una persona, la elegan-
University Press, 1956). cia de una mujer, la justicia de una sentencia o el agra-
Messer, Augusto, La estimativa o la filosofía de los valores do de una comida, que no suponga la reapertura de la
en la actualidad (Madrid, Sindicato Exportador del Libro problemática sobre los valores. Las más complicadas
Español, 1932). cuestiones axiológicas se debaten a diario en la calle,
Romero, Francisco, Teoría del hombre (Buenos Aires, Lo-
en el parlamento, en el café y en las casas más humildes,
sada, 1952). Ver cap. VII.
Romero, Francisco, “Trascendencia y valor”, en Papeles para si bien con una actitud y en un lenguaje poco filosóficos.
una filosofía (Buenos Aires, Losada, 1945). Por lo general, las discusiones traducen, sin embargo,
Rosso, Corrado, Figure e dottrine nella filosofia dei valori las posiciones extremas de la axiología. Cuando dos
(Torino, Ed. Filosofia, 1950). personas no están de acuerdo si una comida o bebida es
Ruver, Raymond, Philosophie de la valeur (Paris, Librairie agradable o no y fracasan en el intento de convencerse
Armand Colin, 1952). mutuamente, la discusión termina, por lo general, con
STERN, Alfredo, La filosofía de los valores. Panorama de las la afirmación de uno o de ambos interlocutores, de que
tendencias actuales en Alemania (México, Universidad Na- a él le gusta o no le gusta, y nadie podrá convencerle
cional de México, 1944). de lo contrario. Si se trata de una discusión entre perso-
nas Cultas, seguramente alguien recordará el adagio lati-
no, tan traído y llevado: de gustibus non disputandun.
Este adagio puede poner fin a una discusión callejera
o de salón, pero no resuelve el problema de fondo que
está detrás de tal discusión. ¿Es cierto que no puede
discutirse sobre el gusto? ¿Es impropio, entonces, hablar
de personas de mal gusto? ¿Acaso no se ha debatido du-
rante tantos años sobre el valor estético de no pocas
estatuas, cuadros y poemas? ¿Son esas discusiones inúti-
les y no hay modo de determinar el valor de una obra
artística o la conducta de un hombre?
17
18 PROBLEMAS DE LA AXIOLOGÍA ¿SON LOS VALORES OBJETIVOS O SUBJETIVOS? 19

Dl
Quien sostiene la tesis de gustibus non disputandum wumando las diversas soluciones que se han propuesto
quiere afirmar una nota peculiar del valor, esto es, el para resolverlo. Aunque con distinta significación, la

as
carácter íntimo e inmediato de la valoración. El agrado cuestión está ya presente en Platón, la planteó Shakes-
que nos produce un vaso de buen vino, la lectura de un peare en Troilo y Crésida (Il, 2), y Spinoza decidióse
poema, un preludio de Chopin, es algo personal, inti- por una de las alternativas en su Ética (II, prop. IX).

e
mo, privado y, con frecuencia, inefable. No queremos
renunciar a esa intimidad pues de lo contrario se nos 2. ¿SON LOS VALORES OBJETIVOS O SUBJETIVOS?
escapa de las manos una nota esencial del goce esté-
tico. ¿Cómo podrán convencernos con silogismos y Ci- Si bien no es fácil reducir a términos sencillos la
tas eruditas cuando nuestro goce es tan inmediato y di- constelación de problemas que preocupan hoy a los axió-
recto que no admite posibilidades de equívoco? logos, el núcleo de la cuestión puede encerrarse en la
Si uno se refugia, sin embargo, en el puerto acogedor pregunta: ¿Tienen valor las cosas porque las deseamos
de la subjetividad, y trata de mantener la cabeza serena O las deseamos porque tienen valor? “¿Es el deseo, el
a pesar de que tiene agitado el corazón, descubrirá muy agrado o el interés lo que confiere valor a una cosa o,
pronto que esta doctrina no puede satisfacernos por com- por el contrario, sentimos tales preferencias debido a que
pleto. ¿Qué sería del mundo ético y estético si, a fuer de dichos objetos poseen un valor que es previo y ajeno a
afirmar la subjetividad del gusto, cada uno se atuviera nuestras reacciones psicológicas u orgánicas? O si se
a la propia manera de ver las cosas? ¿Cómo podría prefieren términos más técnicos y tradicionales: ¿son los
evitarse el caos si no hay pautas de valoración ni nor- valores objetivos o subjetivos?
mas de conducta? Si cada uno tiene debajo del brazo Tal planteamiento exige una previa aclaración ter-
el propio metro de la valoración, ¿con qué patrón de- minológica que nos impida caer en una disputatio de no-
cidiremos los conflictos axiológicos? La educación es- minem. El valor será “objetivo” si cxiste independien-
tética y moral serían imposibles, la vida decente no temente de un sujeto o de una conciencia valorativa; a
tendría sentido, el arrepentimiento del pecado parece- su vez, será “subjetivo” si debe su existencia, su sentido
ría absurdo. ¿Decente” para quién? ¿“Pecado” para o su validez a reacciones, ya sean fisiológicas o psicoló-
quién?, habría que preguntar constantemente. Por otra gicas, del sujeto que valora.
parte, si se midiera el valor estético por la intensidad de Un ejemplo puede aclarar aún más, si fuera nece-
la emoción individual o colectiva, mayor valor tendría sario, el sentido de este primer problema. Como he-
el melodrama radial o cinematográfico —que ha hecho mos indicado, los objetos físicos tienen ciertas cualida-
derramar tantas lágrimas— que Hamlet o El Rey Lear des. llamadas “primarias” que pertenecen a los objetos
que conmueven a un número reducido de personas. Si mismos; Otras, en cambio, como las cualidades sensi-
convertimos al hombre en la medida del gusto estético bles o “secundarias” dependen, al menos en parte, de
y de la ley moral, parecería que no pudiera haber, en un sujeto que las percibe. ¿A cuál de las dos se apro-
sentido estricto, ni “buen gusto” ni ley efectiva. xima más la belleza, para tomar un valor concreto? ¿Se
Este conflicto es uno de los que tiene más agitada aproximará a cualidades como la extensión, que per-
a la axiología contemporánea. En verdad, nació con la manecen en el objeto aun en ausencia del sujeto? ¿O
axiología misma y podría escribirse la historia de la teo- sera más bien como el olor, que para existir en tanto
ría de los valores tomando este problema como eje e hil- olor necesita de la presencia de un sujeto que lo per-
¿SON LOS VALORES OBJETIVOS O SUBJETIVOS? 21
20 PROBLEMAS DE LA AXIOLOGÍA walor. Y el valor es anterior a la valoración. Si no hu-
ciba, puesto que un olor que nadie puede percibir carece brera valores ¿qué habríamos de valorar? Confundir la
de sentido? valoración con el valor es como confundir la percepción
A ratos nos inclinamos por el subjetivismo y creemos con el objeto percibido. La percepción no crea al objeto
descubrir en la posición contraria un mero engaño se- sino que lo capta; lo mismo sucede con la valoración.
mejante al que padece el alucinado que se asusta de los Lo subjetivo es el proceso de captación del valor.
fantasmas creados por su propia imaginación. Otras Ante razonamientos de esta naturaleza, el subjeti-
veces, en cambio, nos parece evidente que los valores vismo se atrinchera en la experiencia. Si los valores
son realidades objetivas, ante las cuales debemos rendir- fueran objetivos —dice— los hombres se habrían pues-
nos, pues tienen una fuerza impositiva que salta por to de acuerdo acerca de tales valores. Pero la historia
encima de nuestras preferencias y doblega nuestra volun- nos demuestra un desacuerdo permanente; ello se debe
tad. ¿Acaso no nos esforzamos, a veces, por crear una a que cada uno tiene sus gustos y no puede renunciar a
obra de arte —un poema, un cuadro, una novela— y ellos. ¿Acaso la historia nos revela un acuerdo sobre los
nos rendimos pronto ante la evidencia del fracaso al ad- principios fundamentales de la ciencia? , contesta el ob-
vertir que la belleza está ausente de nuestra creación? jetivista. El error en que caen ciertas personas no in-
Si dependiera de nosotros, proyectaríamos la belleza so- valida la objetividad de la verdad. Ilay todavía gente
bre lo que hemos hecho y encontraríamos luego lo que que crec en la generación espontánea. La verdad no
hemos puesto. Lo mismo sucede cuando valoramos descansa en la opinión de las personas sino en la obje-
positivamente objetos que nos disgustan, o advertimos tividad de los hechos; de ahí que no pueda reforzarse
el poco valor que tiene aquello que nos cmociona por ni aminorarse por el democrático procedimiento de los
razones puramente personales. votos. Lo mismo sucede con los valores. La opinión de
Pero, volviendo a la posición primera, ¿qué valor po- la gente de mal gusto en nada perjudica la belleza
drían tener los objetos si nosotros pasáramos indiferen- de una obra de arte. Tarea ociosa es intentar conse-
tes frente a ellos, si no produjeran en nosotros ningún guir unanimidad en la opinión. Pero hay más —prosi-
goce o satisfacción, si no los deseáramos ni pudiéramos gue el objetivista—, la discrepancia se refiere a los
desearlos? bienes, no a los valores. Nadie deja de valorar la be-
Un punto parece claro: no podemos hablar de valo- lleza; lo que puede suceder es que la gente no crea
res fuera de una valoración real o posible. En efecto, reconocer la presencia de la belleza en un bien deter-
¿qué sentido tendría la existencia de valores que esca- minado, sea una estatua, un cuadro o una sinfonía. Lo
paran a toda posibilidad de ser apreciados por el hom- mismo sucede con los demás valores. ¿Quién deja de
bre? ¿Cómo sabríamos que existen tales valores si es- valorar la utilidad, preferir lo agradable o estimar la ho-
tuvieran condenados a mantenerse fucra de la esfera nestidad?
de las valoraciones humanas? En este punto el sub- No es verdad, replicará el subjetivista: la discrepan-
jetivismo parece pisar tierra firme: el valor no puede cia alcanza a los valores mismos. Cuando un italiano
ser ajeno a la valoración. El objetivismo, por su parte, Y un norteamericano no se ponen de acuerdo sobre la
hace aquí una distinción fundamental que nos impide elezancia de un par de zapatos, tal disputa sobre un
proseguir por el camino ya abierto de la subjetividad. bien concreto se debe a una manera distinta de concebir
Es cierto que la valoración es subjetiva, sostiene el obje- la elegancia misma. Es lo que sucede también en nu-
tivista, pero es indispensable distinguir la valoración del
22 PROBLEMAS DE LA AXIOLOGÍA ¿SON LOS VALORES OBJETIVOS O SUBJETIVOS? 23
merosas discusiones sobre el valor de un poema, la justi- percológico del acierto de la valoración. Es tan percep-
cia de una sentencia, la honestidad de una conducta: el «aén, del punto de vista subjetivo, la que se equivoca
desacuerdo sobre tales bienes delata, con frecuencia, como la correcta; no por eso las equiparamos al juzgar
una discrepancia profunda sobre lo que debe entender- su validez.
se por belleza, justicia u honestidad. Tales ejemplos son, para los subjetivistas, una mues-
Hay casos concretos —proseguirá el subjetivista— tra de la superficialidad con que se toma la tesis que
que demuestran claramente la subjetividad de los valo- ellos sostienen. Parece evidente, a primera vista, que el
res. Los sellos de correo constituyen uno de esos casos. dentista nos provoca una molestia o un dolor cuando
¿Dónde está el valor de los sellos de correo? ¿Hay algo nos perfora un diente con su torno y que, por consi-
en la calidad del papel o en la belleza del dibujo o en guiente, el valor que reconocemos a su trabajo nada
la impresión, que explique el valor que tienen? Sin los tiene que ver con el placer que nos causa, sino que está
filatélicos no tendrían ningún valor. Nuestro deseo de regido por un elemento superior. En verdad, está re-
coleccionarlos es lo que les ha conferido valor. Si se gido por un valor superior; pero éste también se sustenta
pierde ese interés, el valor que se les ha conferido des- en el placer: preferimos el dolor pasajero durante unos
aparece ipso facto. Aunque el problema es más com- minutos, al dolor de muelas que anticipamos en Caso
plejo, algo semejante sucede con los valores estéticos. de no tratarnos la caries. O si es por razones estéticas por
Ellos también dependen de una serie de condiciones sub- lo que nos sometemos al sufrimiento en el sillón del den-
jetivas, culturales, ctc. ¿Qué valor estético tendría la pin- tista —como sucede especialmente con las mujeres— es
tura si los hombres no tuvieran ojos? ¿Y qué sentido porque se prefiere el placer más duradero que propor-
tendría hablar del valer estético de la música si Dios nos ciona una dentadura agradable al malestar que supone
hubiera condenado a una sordera eterna? En última exhibir una dentadura en malas condiciones. El ejem-
instancia valoramos lo que deseamos y lo que nos agrada. plo de la amputación de la pierna pone aún más de
No cs así, replicará cl objetivista: valoramos también manifiesto la confusión que señalamos. Aceptamos el
lo que nos desagrada. ¿A quién le agrada arriesgar la dolor de la amputación de la pierna porque preferimos
vida para salvar a un hombre que se está ahogando, es- el placer de conservar la vida. En ambos casos sacri-
pecialmente si ese hombre es nuestro enemigo? Sin em- ficamos el placer pasajero en beneficio de otro más
bargo, lo hacemos cuando queremos cumplir con nuestro duradero.
deber. Ponemos nuestro deber por encima del agrado No puede elaborarse una teoría sobre dos ejemplos.
o desagrado. El deber es objetivo y descansa en un ¿Qué agrado nos produce salvar la vida a nuestro ene-
valor moral que tiene igual carácter y que está por en- migo? Quizás quiera argiiirse que es el agrado de haber
cima de los vaivenes de muestros gustos o disgustos, cumplido con nuestro deber. Nuestro deber no puede
nuestros intereses o nuestras conveniencias. O si se identificarse con lo placentero; de lo contrario todo el
prefieren ejemplos más comunes: ¿a quién le agrada la mundo cumpliría con su deber. El mérito de la ho-
“tortura” a que nos someten los dentistas? Sin embargo, nestidad radica en su capacidad de sobreponerse a los
valoramos su trabajo. ¿Es agradable que nos amputen reclamos de nuestros placeres, apetitos y conveniencias,
una pierna? No obstante el desagrado, quedamos agra- El placer se mueve en un plano bajo de nuestra per-
decidos al hombre que nos ha salvado la vida de ese sonalidad v no podemos sacrificar lo más alto —-como
modo. Hay que distinguir la valoración como hecho son los valores morales— a lo más bajo. Pcro aun en el
24 PROBLEMAS DE LA AXIOLOGÍA
SUGESTIONES PARA UNA PROBLEMÁTICA NUEVA 25
plano del placer y del agrado hay que distinguir entre
lo que nos agrada y lo que reconocemos como agradable. un mundo meta-empírico; lo que queremos decir es que
Distinguimos con frecuencia lo agradable de lo que sería deseado por una persona en circunstancias nor-
nos agrada por razones personales o circunstanciales. males. El ejemplo de los sellos de correo prueba, clara-
Aún me agrada escuchar un viejo vals que me emocio- mente, que es el deseo real y efectivo el que confiere
naba en la adolescencia y, sin embargo, no admito que valor a las cosas; cuando éste falta, el valor se desvanece.
sea más agradable que la Sinfonía Inconclusa de Schu- Los argumentos subjetivistas no logran convencer
bert, por ejemplo. Lo mismo sucede con el deseo, don- a quienes se adhieren a la tesis objetivista. Éstos sosten-
de hay que separar también lo deseado y lo deseable. drán que no puede hacerse descansar toda una teoría
El hecho de que la gente descc una cosa no la convierte axiológica sobre el ejemplo de los sellos de correo; el
en deseable. A su vez, puedo no tener el menor deseo examen de cualquier ejemplo, en todos los otros ni-
de tomar champagne en este momento, por ejemplo, veles axiológicos, prueba lo contrario. De ahí que re-
pero no puedo dejar de reconocer que es una bebida petirán que las cosas no tienen valor porque las de-
agradable, deseable. seamos, sino que las deseamos justamente porque tienen
El subjetivista no cree que deba postularse un mun- valor. Parece, en efecto, que no las deseamos porque
do de lo agradable o lo deseable “en sí”; ambos tienen sí, caprichosa e injustificadamente, sino porque hay en
que ver con agrados y descos concretos, cfectivos. Cuan- ellas algo que nos incita a desearlas.
do admito que es “agradable” algo que, en determina-
das circunstancias, me desagrada, no se debe a que 3. SUGESTIONES PARA UNA PROBLEMÁTICA NUEVA
reconozca una cualidad intrínseca ajena a las experien-
cias concretas de agrado. Por ejemplo, si reconozco que Si bien a cada argumento, de una y otra parte, la
cuestión revela un matiz nuevo y el espíritu se enriquece
el champagne es agradable aunque me resulte desagrada-
en la disputa, ésta no tiene trazas de acabar. Tampoco se
ble beberlo cuando trabajo es porque considero que, en
pone fin a los problemas al decidirse por una u otra
cualquier otra circunstancia, me agrada. Estoy opo-
posición. Si admitimos que el valor tiene naturaleza sub-
niendo dos reacciones personales; una pasajera y circuns-
tancial —que es la presente— y otra más permanente y jetiva quedará todavía por decidir qué aspecto de la
común en mí. Y no mi reacción personal frente a la su- subjetividad es el que da vigencia al valor. ¿Tendrán las
puesta objetividad del valor amado “agradable”. Todo cosas un valor porque nos agradan? ¿O será, más bien,
lo que tiene de agradable un bien se deriva del agrado porque las deseamos, o porque tenemos interés en ellas?
que, de hecho, provoca. ¿Podría ser algo agradable si ¿Y por qué tenemos interés en ciertas cosas y en otras
no agradara a nadie, ni hubiera la posibilidad de que
no? ¿Por qué nos agrada o preferimos esto o aquello?
agradara? Lo agradable es un concepto que se sostiene ¿Será una reacción psicológica caprichosa o habrá algo
en las vivencias concretas de agrado y no vive en un en el objeto que nos compele a reaccionar de un modo
mundo metafísico. Si cortamos las conexiones entre el determinado?
agrado y lo agradable, éste se esfuma por completo. Igua- Y caemos, así, en el objetivismo. Aquí tampoco las
cosas están muy claras. ¿Es el valor completamente
les consideraciones habría que hacer sobre lo deseado
Cuando definimos lo deseable como ajeno a la constitución biológica y psicológica del hom-
y lo deseable.
aquel concepto a bre? ¿O toda la objetividad consiste en que el hombre,
lo que debe descarse no trasladamos
al enfrentar un valor, no puede dejar de reconocerlo?
26 PROBLEMAS DE LA AXIOLOCÍA SUGESTIONES PARA UNA PROBLEMÁTICA NUEVA 27
¿No será la objetividad de un orden completamente es el objeto sino el sujeto la fuente del agrado y desagra-
distinto? ¿Una objetividad social, por ejemplo, en la que do. Si cada uno reacciona de un modo distinto frente al
la objetividad del valor descansa en el carácter inter- mismo estímulo, la diferencia radicará en el sujeto. No
subjetivo de la reacción? Y volvemos al subjetivismo. es refutación aceptable la afirmación de que hay gente
Esta vuelta en círculo, de una posición a la contra- de mal gusto incapaz de captar lo agradable del vino,
ria y de ésta a la primera, nos hace pensar que quizás la o que ha pervertido su gusto y encuentra agradable lo
dificultad se derive de que el problema ha sido mal que no lo es. Si comparamos el vino francés con el ita-
planteado. ¿Tendrá que ser el valor necesariamente ob- liano, ambos de jerarquía reconocida, advertimos que las
jetivo o subjetivo? ¿No estaremos ofuscados por el afán preferencias se deberán a idiosincrasias personales o al
de reducir el todo a uno de sus elementos constitutivos? hábito adquirido por haber vivido en uno u otro país.
Es posible, por ejemplo, que los estados psicológicos de Aquí es donde tiene sentido el adagio de gustibus non
agrado, deseo o interés scan una condición necesaria pero disputandum, que es un reconocimiento del predomi-
no suficiente, y que tales estados no excluyan elementos nio de lo subjetivo sobre lo objetivo en el nivel axio-
objetivos sino que los supongan. Esto es, que el valor lógico más bajo.
sea el resultado de una tensión entre el sujeto y el ob- Este predominio se perderá si saltamos a lo más alto
jeto, y ofrezca, por tal razón, una cara subjetiva y otra en la escala axiológica: a los valores éticos, por ejem-
objetiva, engañando a quienes se atienen a una sola faz. plo. ¿Dependerá de nuestros estados fisiológicos o psi-
Examinaremos esta posibilidad en el capítulo V, In- cológicos que juzguemos honesta o deshonesta una acti-
tentemos ahora otros nuevos caminos. ¿Tendrán todos tud, o justa o injusta una sentencia? No, desde luego.
los valores el mismo carácter? El problema central se Tenemos que sobreponernos a esas condiciones subje-
refiere a la naturaleza del valor. ¿No será previo al tivas deformadoras de nuestra valoración ética. ¿Qué
intento de su determinación, preguntarse si todos los clase de juez sería aquel que condicionara sus sentencias
valores tienen una naturaleza semejante, en lo que se al funcionamiento de su estómago o de su higado, o a
refiere a la objetividad o subjetividad? ¿No variará el los disgustos que haya temido con su mujer? El valor
ingrediente de subjetividad u objetividad según el tipo ético tiene una fuerza impositiva que nos obliga a re-
de jerarquía del valor? Exploremos un momento esta conocerlo aun contra nuestros deseos, tendencias e inte-
posibilidad examinando valores que pertenezcan a di- reses personales. Al menos parece evidente que el in-
versas jerarquías. grediente de objetividad es, en este caso, mucho mayor
Comencemos por los más bajos: los que se refieren que en la estimación de lo agradable.
al agrado o desagrado. Bebo un vaso de vino y lo en- En medio de estos dos extremos están los demás va-
cuentro agradable. ¿Dónde está lo agradable, en mí o lores: útiles, vitales, estéticos. En estos últimos es don-
en el vino? ¿Estamos frente a un valor subjetivo u ob- de el equilibrio entre lo subjetivo y lo objetivo parece
jetivo? Parecería que lo agradable fuera una cualidad mayor, aunque variando también según la naturaleza del
que posee el vino, pues la Coca-cola, por ejemplo, no valor estético. Hay, por ejemplo, un predominio del ele-
logra producirme un agrado semejante. Si reflexiono un mento subjetivo al valorar la elegancia de un traje —im-
momento, advierto, sin embargo, que otra persona po- posible de separar de la moda y de otros ingredientes
dría hacer justamente la afirmación contraria: que le circunstanciales— que está ausente cuando estimamos
agrada la Coca-cola y le desagrada el vino. Si es así, no la belleza de un cuadro.
28 PROBLEMAS DE LA AXIOLOGÍA EL PROBLEMA METODOLÓGICO 29
claridad, el criterio a utilizarse, la discusión no sólo es
4, EL PROBLEMA METODOLÓGICO interminable sino ociosa. Á su vez, un método adecua-
do puede arrojar mucha luz sobre el problema, espe-
En los últimos tiempos ha ido creciendo la impre- cialmente si el método no supone un compromiso anti-
sión de que el problema de la naturaleza última del cipado con una teoría determinada.
valor ha entrado en un impasse. La historia de la cien- ¿Cuál es el camino a seguir? Dos son las posibili-
cia y de la filosofía ha atravesado muchas veces una dades principales que se abren ante nosotros: una es
situación semejante en que el problema capital debe empírica, la otra a priori. ¿Tendremos que ajustarnos a
postergarse para dar entrada a un problema previo. Á la experiencia y atenernos a sus decisiones,o, debemos
principios del siglo xvi, era más importante que encon- confiar en la intuición emocional —como quiere Sche-
trar nuevas verdades hallar la ruta que permitiera descu- ler— capaz de trasladarnos a la intimidad de las esen-
brirlas. Tal fue la contribución de Prancis Bacon y Des- cias y asegurarnos un saber indubitable?
cartes, entre otros. Algo semejante sucedió a fines del La experiencia es el juez supremo sobre cuestiones de
siglo xv cuando Locke postergó las cuestiones meta- hecho; ella nos dirá, si realizamos una investigación
físicas para plantear previamente el problema del ori- prolija, qué prefiere realmente la gente, qué es lo que
gen de nuestras ideas o, un siglo más tarde, cuando Kant valora y qué considera un disvalor. Pero de la observa-
centra la filosofía teórica en el problema del conoci- ción de que la gente valora de un modo determinado no
miento en menoscabo del problema metafísico. podemos extraer la conclusión de que así debe valo-
Ante la imposibilidad de poner fin a la disputa rar. Ya vimos que si hiciéramos depender el valor de
entre subjetivistas y objetivistas, muchos han pensado la realidad, no habría la posibilidad de una reforma
que ha llegado el momento de postergar ese problema moral, puesto que la ley moral se identificaría con la
para dar prioridad al problema metodológico y criterio- costumbre de esa comunidad. Está en la esencia del re-
lógico. ¿Qué criterio utilizaremos para decidir quién formador moral y del creador en el campo del arte no
está en lo cierto? ¿Cuál es el método más apropiado ajustarse a las normas o a los gustos predominantes, le-
para descubrir la naturaleza última del valor? John De- vantar el pabcllón del “deber-ser” por encima de la
wey es uno de los pensadores que cree que el problema realidad social en que vive.
metodológico es hoy el principal. Después de haberse ¿Nos queda tan sólo el otro camino, el de la intui-
preocupado por cuestiones axiológicas durante varias dé- ción infalible, que, con soberbia poco filosófica, declara
cadas, escribe Dewey a los 90 años: “En la situación ciego para las esencias a quien no coincide con sus teo-
actual del problema de los valorcs, la cuestión decisiva rías? ¿Qué hacer si las intuiciones infalibles de dos de
es de orden metodológico”. Y Dewey no está solo; hay los “elegidos” no coinciden? ¿Y qué pensar de la infali-
muchos que sienten como él que la axiología no saldrá bilidad de la intuición cuando es la misma persona
del estado en que se encuentra si no se aclara previa- —como sucede en el propio caso de Scheler— quien
mente el problema del método. tiene a lo largo de su vida intuiciones “infalibles” con-
Es cierto que el método que se escoge no puede se- tradictorias?
pararse por completo de las predilecciones teóricas, pues Estas dificultades nos revelan una característica pro-
en el planteamiento va indicado ya un derrotero; pero pia de la filosofía. Los problemas científicos, con todas
no es menos cierto que si no se determina, con cierta las dificultades que ofrecen, descansan en un subsuelo
30 PROBLEMAS DE LA AXIOLOGÍA ¿CÓMO CAPTAMOS LOS VALORES? 31
común, constituido por el acuerdo sobre el criterio a orden real —piedra, lienzo, papel, gesto, movimiento—
utilizarse, para determinar la verdad o falsedad de una y lo captamos por los sentidos. ¿Captamos de igual
teoría o una hipótesis. Se puede hacer pie en ese modo el valor que en él se apoya? No se confunda la
sólido subsuelo en el que descansa el edificio todo de la cuestión: es evidente que si no captamos el depositario
ciencia. En filosofía, en cambio, el criterio a utilizarse, por los sentidos, el valor que en él descansa se nos man-
la vara con que vamos a medir el terreno, está también tendrá oculto. La cuestión que planteamos es distinta.
en discusión, es un problema por resolver. No hay vara Queremos saber si es por los sentidos, o por qué otro
para medir la vara. Esto no debe arrojarnos en brazos medio, que captamos los valores que cabalgan tales de-
de la desesperación o del escepticismo; debe revelarnos positarios. Así, por ejemplo, cuando vemos dos manza-
la complejidad de los problemas filosóficos y ponernos nas, captamos Cada una de ellas con los ojos, pero la
en actitud de alerta frente a las soluciones simplistas semejanza no la captamos con los ojos de la cara sino
que resuelven los problemas pasándoles a la vera. La con los del intelecto. Es evidente que no sería posible
actitud filosófica es, fundamentalmente, problemática. captar intelectivamente la semejanza si antes no hubié-
Quien no sea capaz de captar el sentido de los problemas ramos percibido sensorialmente objetos semejantes. Esta
y prefiera montarse a la grupa de la primera solución verdad no excluve la anterior. Lo mismo sucede con los
que se le presente —y que le ofrezca una ilusoria estabi- valores: podemos —y debemos— separar la captación
lidad— corre el peligro de hundirse, con la supuesta de los objetos reales, que sirven de vehículo de los va-
solución, en un mar de dificultades. Porque no puede lores, de los valores mismos, y preguntarnos si ambos
entenderse ninguna teoría axiológica sin haber compren- se captan de un modo semejante.
dido previamente cuáles son los problemas que intenta Fuera del interés que ofrece de por sí el problema
solucionar, es por lo que dedicamos este capítulo a la pro- de la captación de los valores, su solución arrojará luz
blemática de la axiología actual. Y no se crea que los sobre la naturaleza de los valores mismos. Como no
problemas han terminado aquí. Los indicados son podemos introducirnos en el seno de los objetos “en sí”,
los más importantes pero no los únicos. Antes de pasar eliminando nuestra propia persona, debemos resignar-
a las soluciones propuestas conviene echar un vistazo a nos a descubrir la naturaleza de los objetos según la
otros problemas axiológicos que no dejan de tener im- relación que podamos tener con ellos. Así, por ejemplo,
portancia. En la imposibilidad de exponerlos todos, des- la diferencia que hay entre un caballo, el caballo (como
tacamos aquellos que parecen tener mayor significación. especie o esencia) y un centauro, se desprende del trato
que podemos tener con uno y otro. Podemos ver, en-
5. ¿CÓMO CAPTAMOS LOS VALORES? lazar, cabalgar un caballo; no podemos hacer lo mis-
mo con el caballo o un centauro. Al centauro lo pode-
Restrinjamos el problema metodológico a la cues- mos imaginar, pero no palpar; a el caballo, ni imaginar
tión, más reducida, pero no menos importante, refe- ni palpar. ¿De qué pelaje, raza, edad, sexo será el ca-
rente a la aprehensión de los valores. ¿Cómo captamos ballo? Como no tiene ninguna de estas características
los valores? concretas no podemos imaginarlo; podemos, en cambio,
Vimos en el capítulo I que los valores no se dan ais- pensarlo. Porque somos capaces tan sólo de pensarlo,
lados, sino que tienen una existencia parasitaria: se nos sabemos que el caballo es un concepto, y no un indi-
presentan siempre apoyados en un sostén. El sostén es de viduo real.
22 PROBLEMAS DE LA AXIOLOCÍA ¿CÓMO CAPTAMOS LOS VALORES? 33
La relación o trato que podemos tener con un ob- tiva; nuevos tratos nos depararán nuevas sorpresas. En
jeto, nos revela, pues, la naturaleza del mismo. Ahora el plano ético las cosas son aún más complicadas. La
bien, ¿qué trato podemos tener con los valores? honestidad de una conducta, o la injusticia de una
Max Scheler sostiene que la inteligencia es ciega para sentencia, no nos resultan patentes a primera inspección.
los valores, esto es, que no puede tener con ellos ninguna Reparos semejantes habrá que dirigir al carácter emo-
clase de trato directo. Los valores se nos revelan —según cional de la supuesta intuición captadora del valor. Aun
la difundida doctrina de este filósofo germano— en la en el plano estético —donde cl aspecto emocional pa-
intuición emocional. La intuición es certera y no nece- rece predominar— no faltan elementos intelectivos que
sita apoyarse en la experiencia anterior ni en el respec- forman parte de nuestra captación. Si pasamos del pla-
tivo depositario. “Conocemos un estadio en la capta- no estético al ético o al jurídico, la presencia de los
ción de los valores ——escribe—, en el cual nos es dado elementos racionales es innegable. En la esfera axioló-
ya clara y evidentemente el valor de una cosa, sin que gica de lo útil, a su vez, lo intelectual ha excluido por
nos estén dados aún los depositarios de ese valor.”1 completo a lo emotivo; no puede captarse la utilidad
José Ortega y Gasset, quien difundió en el mundo de de un objeto sin un concepto previo del fin que debe
habla hispana la concepción axiológica de Scheler, escri- cumplir y del modo como lo cumple.
bió en 1923: “La experiencia de valores es independiente Por otra parte, si fuera cierto que captamos los valo-
de la experiencia de cosas. Pero, además, es de índole muy res plena e intuitivamente, ¿qué hacer frente a intui-
distinta. Las cosas, las realidades son por naturaleza ciones antitéticas? No cabe la menor duda que tales
opacás a nuestra percepción. No hay manera que vea- intuiciones existen. Acusar a quien tiene una intuición
mos nunca del todo a una manzana: tenemos que darle distinta a la nuestra de que padece ceguera para los
vueltas, abrirla, dividirla, y nunca Megaremos a perci- valores supone arrogancia y falta de espíritu crítico; el
birla integramente. Nuestra experiencia de ella será cada choque de intuiciones se produce en hombres de jerar-
vez más aproximada, pero nunca será perfecta. En cam- quía similar. ¿Qué intuición será la que resuelva la con-
bio, lo irreal —un número, un triángulo, un concepto, tradicción intuitiva?
un valor— son naturalezas transparentes. Las vemos de Estos reparos tienen como propósito fundamental
una vez en su integridad”.2 ¿Es cierto lo que sostienen mostrar las dificultades que debe enfrentar toda teoría
Max Scheler y Ortega? ¿Vemos los valores de una vez axiológica y la imposibilidad de que se eliminen las di-
en su integridad? ¿Son realmente transparentes? ¿Se ficultades a fuer de afirmar dogmáticamente una posi-
nos revelan en una intuición emotiva? ción. La problemática axiológica continúa abierta, Lo
La experiencia de artistas, críticos e historiadores del importante, para quien desee cultivar esta disciplina,
arte no coincide con esta descripción optimista de la es captar el sentido, profundidad y complejidad de tal
captación del valor. Un largo y penoso trato es a veces problemática. Semejante captación le preservará de caer
necesario para que la obra de arte corra lentamente el en la afirmación fácil de una doctrina dogmática, o des-
velo que cubre su belleza. Jamás la captación es defini- orientarse frente a actitudes contradictorias que, apa-
1 Max Scheler, Ética, tomo 1 (Madrid, Revista de Occi- rentemente, reclaman con igual fucrza nuestra adhesión.
dente, 1941), p. 45. .
2 J. Ortega y Gasset, Obras Completas, vol, VI (Madrid,
Revista de Occidente, 1947), p. 333,
BIBLIOGRAFÍA rl

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Library, 1946). Trad. cast.: El hombre y sus problemas
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Durxuerm, Émile, “Jugements de valeur et jugements de
réalité”, en Sociologie et Philosophie (Paris, Presses Universi- Fue Alexius von Meinong (1853-1921) el primero
taires de France, 1951). Trad. cast.: Sociología y filosofía que enunció, en forma sistemática, la interpretación sub-
(Buenos Aires, Kraft, 1951). jetivista de los valores en su obra titulada Investigacio-
Hessen, Johannes, Lehrbuch der Philosophie. Lweiter Band:
1948). nes psicológico-éticas para una teoría del valor. No fue
Wertlehre. (Minchen, J. € S. Federmann Verlag,
Huye, Johanues Erich, Wert, eine philosophische Grund- él, sin embargo, el iniciador de la axiología, como han
legung (Erfurt, Verlag Kurt Stenger, 1926). sostenido erróneamente algunos autores de habla espa-
KLuckHonn, Clyde, “Values and Value-Orientations in the ñola. Si bien resulta difícil señalar la fuente inicial de
Theory of Actions”, en Toward a General Theory of Action una disciplina filosófica, pues ésta rara vez surge como
(Cambridge, Harvard University Press, 1952). por arte de magia de manos de un pensador, no es tan
Laverte, Louis, Traite des Valeurs. 2 vols. (Paris, Presses difícil hallar los antecedentes o descubrir las circunstan-
Universitaires de Trance, 1951-1955). cias que le dieron origen.
Obstacle et Valeur (Paris, Aubier, 1934), Ver
Le Sexne, Prescindiendo de los antecedentes que pudieran
capítulo IV. encontrarse en la filosofía antigua, medieval y moder-
Lewis, Clarence Irving, An Analysis of Knowledge dnd Va-
na,? habrá que reconocer que los economistas y en par-
luation (La Salle, Illinois, The Open Court Publishing Com- ticular Adam Smith (1723-1790), fueron los primeros
pany, 1946). Ver libro III.
en interesarse en los valores. Pero tales preocupaciones
MuLLer-Frrient Els, Richard, “Grundzúge einer neuen Wert:
lchre”, en Anndlen der Philosophie (Leipzig, Feliz Meiner,
1, 1919). 1 Psychologische-ethische Untersuchungen zur Werttheo-
Travaux du IXe. Congres International de Philosophie, Fas- rie, Graz, 1894. Hubo, desde luego, afirmaciones de tipo
cicules X. XI, XI (Paris, Hermann et Cie, 1937). subjetivista que anteceden a Meinong. Spinoza, por ejem-
plo, escribió en la Ética: “Queda, pues, establecido por todo
esto que no nos esforzamos en nada, ni queremos, apetecemos
o deseamos cosa alguna porque la juzguemos buena; sino que
por el contrario, juzgamos que una cosa es buena porque
nos esforzamos hacia ella, la queremos, apetecemos y desea:
mos” (1H, prop. IX, esc.).
2 Sobre estos antecedentes, véase Louis Lavelle, Traité
des Valeurs, tomo l (Paris, Presses Universitairos des France
1951), libro 1, parte 2, pp. 33-91; y Corrado Rosso, Figure
e dottrine della filosofia dei valori (Torino, Fd. Filosofia
1950). Puede consultarse también R. Múller-Freienfels, Me.
taphysik des irrationalen (1927), pp. 364-433,
35
36 LAS DOCTRINAS SUBJETIVISTAS INICIACIÓN DE LA AXIOLOCÍA 37
han quedado restringidas al campo de la economía será suplantada por otra. Es cierto que el pensamiento
política. de Nictzsche se expresa en fórmulas violentas y paradó-
Entre los filósofos, es el alemán H. Lotze (1817- jicas, que difícilmente podrían cristalizar en una doctri-
1881) quien se adelanta en el estudio de los valores. na axiológica rigurosa, pero no es menos cierto que él
Cuando el positivismo se esforzaba por establecer una fue quien convirtió a los valores en el tema apasionante
realidad libre de valores —que hiciera posible la aplica- finisecular,
ción rigurosa de los métodos naturalistas—, Lotze con- Es necesario pasar de Alemania a Austria para que
cibió la idea de los valores como algo libre de realidad. se pueda observar de cerca el desarrollo de las primeras
Tal concepción le permitió circunscribir una zona a etapas de la axiología y, en particular, la formación de la
cubierto de cualquier invasión naturalista e introducir, tesis subjetivista.
de ese modo, la distinción entre el ser y el valer con su ., Mencionamos ya a Meinong, iniciador de la concep-
famosa afirmación, tan repetida como discutible, de que ción subjetivista. Su filosofía resulta incomprensible, sin
los valores no son sino que valen. Tanta era la im- embargo, si se ignora la doctrina de su maestro, Fran-
portancia que asignaba Lotzc a los valores que pretendió cisco Brentano (1838-1917). De Brentano parten las
reducir la lógica, la ética y la metafísica a la axiología. corrientes más fecundas del pensamiento germano. Mei-
La introducción del valor permitió separar las cien- nong y Ehrenfels son sus discípulos. Husserl, fundador
cias culturales, en germen de constitución, de las ciencias de la fenomenología se inspira en él, y en particular en
naturales que se encontraban ya en la edad adulta. Con su doctrina de la intencionalidad. La influencia de Hus-
esta separación se evitaban los intentos imperialistas del serl, a su vez, alcanza a los máximos filósofos recientes
positivismo naturalista, pues la naturaleza era ajena al de habla alemana, dos de ellos, los sostenes más fir-
valor y, por consiguiente, los métodos de las ciencias mes de la doctrina objetivista: Max Scheler y Nicolai
naturales no serían aplicables a una realidad donde el Hartmann.
valor asumía importancia de primer orden, Ésta fue la -. Meinong y Ehrenfels, primeros protagonistas del sub-
tarea de la cscuela de Baden, y en particular de W. jetivismo, fueron discípulos de Brentano en la Univer-
Windelband (1848-1915), influido por Lotze, y de su sidad de Viena. El maestro, sin embargo, no tenía una
sucesor en la Universidad de Heidelberg, H. Rickert orientación subjetivista; al contrario, sostenía el carác-
(1863-1936), muy conocido entre nosotros por su obra ter evidente y absoluto de los juicios axiológicos.
Ciencia cultural y ciencia natural. Brentano echa las bases de la axiología con sus in-
Poco antes de tales estudios científico-filosóficos, vestigaciones sobre la intencionalidad de la conciencia.
F. Nietzsche (1844-1900) convierte a los valores en el Si bien esta característica de la conciencia era conocida
tema vivo y apasionante de la época. Proclama Nietz- por los escolásticos, y hay atisbos de ella en Aristóteles
sche la necesidad de la “trasmutación de los valores” que San Anselmo y Abelardo, es Brentano (y más tarde
permitirá el surgimiento de una nueva cultura humana, Fusserl) quien descubre la rica cantera hoy conocida
en sustitución de la civilización que él llama cristia- por todos. La intencionalidad de la conciencia permi-
na. Interpreta el sentido dinámico de la historia como tirá a Brentano pasar del examen de la vivencia al objeto
una continua creación y aniquilamiento de valores. Tales al cual esa vivencia se refiere. No deja de llamar la
valores, creados por el hombre, se estabilizan en una atención que Brentano sea el punto de partida del sub-
tabla que adquiere vigencia pasajera, pues más tarde jetivismo, que desarrollan Meinong y Ehrenfels, y que,
38 LAS DOCTRINAS SUBJETIVISTAS LA POLÉMICA DE MEINONG CON YHRENFELS 39
al mismo tiempo, el objetivismo haya encontrado en él Wertdefinition zum Motivationgesetze (De la definición
un punto seguro de apoyo. de valor a la ley de motivación). Al año siguiente apa-
Meinong dio la primera respuesta subjetivista al pro- rece el primer tomo de la gran obra de Ehrenfels, Sys-
blema de la naturaleza del valor. Como discípulo de tem der Werttheorie 3 (Sistema de la teoría de los va-
Brentano, Meinong busca en el dominio de la psicolo- lores), y un año después el segundo tomo,* en cuvo
gía la clave al problema de los valores, y cree que éstos apéndice encontramos un cco de esta polémica, mag-
deben arraigar en la vida emotiva. Enuncia una tesis nífico ejemplo de discrepancia creadora.
que perdura hasta nuestros días, pero que él abandonará Toda polémica fecunda supone que la discrepancia
al evolucionar poco a poco, hacia la posición contraria. descanse en un acuerdo sobre puntos fundamentales.
Dice Meinong: una cosa tiene valor cuando nos agrada Cuando el desacuerdo cs total, el diálogo se torna impo-
y en la medida en que nos agrada. Ésta es la tesis sible y la disputa resulta estéril. Meinong y Ehrenfels
que criticará Christian von Ehrenfels (1850-1932), dis- no sólo tenían en común una misma orientación subjeti-
cípulo de Meinong, e iniciará con su crítica una polémica vista sino también un maestro; Brentano. Sin contar
famosa en la historia de la axiología y notable por el la amistosa relación personal y académica que los unía.
espíritu amistoso, y crítico al mismo tiempo, que la Reducida a términos escuctos, la polémica se puede
anima. sintetizar así. Sostenía Meinong en sus Investigaciones
psicológico-éticas que es necesario partir de la valoración
2. LA POLÉMICA DE MEINONG CON EHRENFELS
como hecho psíquico. Cuando examinamos tal hecho
psíquico encontramos que pertenece al campo de la
Esta polémica ejemplar, que ha permitido el enri- vida emotiva, que se trata de un sentimiento. De acuer-
quecimiento de la doctrina subjetivista —al contrastarse do con la teoría de Brentano sobre la facultad de juz-
la opinión de dos hombres que parten de un punto de gar, como postulación de la existencia o no existencia
vista semejante pero que discrepan al escoger el aspecto de un objeto, sostiene Mcinong que tal sentimiento es de
de la subjetividad que da validez al valor—, no se ori- existencia. De modo que cn toda valoración está im-
plícito un juicio que afirma o niega la existencia de
gina realmente con la obra de Meinong ya citada, puesto un objeto; basado en tal juicio, se produce en nos-
que Ehrenfels había publicado un año antes, en 1893,
ctros un estado de placer o de dolor. El valor es, en
un escrito titulado Werttheorie und Ethik3 (Teoría de verdad, un estado subjetivo, de orden sentimental, pero
los valores y ética). No reclamaba Ehrenfels, desde se mantiene una referencia al objeto a través del juicio
luego, prioridad por las ideas contenidas en ese escrito,
puesto que habían sido recogidas en los seminarios de existencial. Escribe Meinong que “un objeto tiene valor
Meinong. Éste intenta una solución a las divergencias en tanto posee la capacidad de suministrar una base
efectiva a un sentimiento de valor”.7
y publica en 1895 un ensayo titulado Ueber Werthalten
und Wert * (Sobre la posición valorativa y el valor), al
Ehrenfels advierte muy pronto que la tesis de Mei-
que responde Ehrenfels al año siguiente con un artículo nong tiene un gran defecto. Si una cosa es valiosa
publicado en la misma revista y que titula Von der 5 Vol. 1: Allgemeine Werttheorie, Leipzig, 1897.
6 Vol. II: Crundziige einer Ethik, Leipzig, 1898.
1 Psychologische-ethische Untersuchungen zur Werttheo-
3 Vierteljahrschrift fiir wissenschaftliche Philos.
rie, Graz, Leuschner U. Lubensky, 1894, p. 25.
4 Archiv fiir systemat. Philos.
40 LAS DOCTRINAS SUBJETIVISTAS LA POLÉMICA DE MEINONG CON EHRENFELS 4]
cuando es capaz de producir en nosotros un sentimiento es el que tiene el objeto presente que provoca mi agra-
de agrado, scrán valiosas tan sólo las cosas existentes. do, y ci segundo es el que posee ese mismo objeto cuando
En verdad, valoramos también lo que no existe: la jus- está ausente. El valor de un objeto —escribe Mci-
ticia perfecta, el bien moral jamás realizado. Por esta nong— consiste en la capacidad para determinar el sen-
razón, no cree Ehrenfels que el fundamento de los va- timiento del sujeto, no sólo por la existencia del ob-
lores pueda encontrarse en el sentimiento de placer o jeto, sino también por su no existencia. Reconoce la
agrado, sino que hay que buscarlo en el apetito, en el existencia de una lucha de motivos dentro de la con-
deseo. Son valiosas las cosas que deseamos o apetecemos ciencia y con tal reconocimiento se acerca a Ebrenfels,
y porque las deseamos y apetecemos. puesto que el valor consistiría cn la capacidad que tiene
El traslado del fundamento de los valores del agrado un objeto de ser apctecido en esa lucha de motivos.
al deseo no implica, por supuesto, una modificación No renuncia Meinong con esto a su tesis fundamental
sustancial de la tcsis subjetivista, pero permite a Mei que ve en el sentimiento de agrado cl fundamento
nong hacer algunas objeciones que obligarán a su colega último del valor.
a reajustar la doctrina. En efecto, sostiene Meinong El eco último de la polémica se encuentra en el
que el valor de un objeto no puede depender de que apéndice al segundo tomo de la obra de Ehrenfels, antes
se lo desee o apetezca, puesto que se desea lo que no se citada, System der Werttheorie (1898), donde define
posee, y valoramos, en cambio, las cosas existentes, que al valor como la relación, falsamente objetivada por cl
ya poseemos, como el cuadro que tenemos en nuestra idioma, cntre un objeto y la disposición de apetencia
sala, la riqueza que hemos acumulado a lo largo de de un sujeto, según la cual sería apetecido por el sujeto
nuestra vida, etc. tan pronto como éste perdiera la certidumbre de la exis-
Ante tal objeción, Ehrenfels admite la necesidad de tencia de aquél.
reexaminar su teoría, pero sin renunciar al fundamento Así termina la polémica entre estos dos famosos
último. Valoramos ciertas cosas existentes porque pen- filósofos austriacos.¿ Con cl comienzo del silo actual,
samos que de no existir o de no poscerlas, las desea- el interés de uno y otro se orienta por caminos muv
ríamos, replica Ehrenfels. Esta modificación le permite distintos. Mientras que Ehrenfcls abandona el campo
proponer una nueva definición: el valor es una rela- de la axiologia para dedicarse a investigaciones psicoló-
ción entre un sujeto y un objeto que, por una repre- gicas, al pasar a la Universidad alemana de Praga, que le
sentación fuerte y completa del ser del objeto determina da justificada fama como iniciador de la psicología de la
en nosotros, dentro de la escala de nuestros sentimientos Gestalt, Meinong continúa sus investigaciones axiológi-
de placer y dolor, un estado emotivo más intenso que cas que, bajo la influencia de su famosa teoría de los
la representación del no ser de ese mismo objeto. objetos, rematarán en la posición opucsta a la del sub-
Con tal definición se acerca a la teoría de Meinong, jetivismo inicial.
quien también está dispuesto a reconocer su error en un
proceso de aproximación mutua. Admite Meinong que
valoramos también lo inexistente pero que, al valorarlo,
queremos afirmar que si el objeto llegase a existir nos 8 Sobre esta polémica puede consultarse, en castellano,
produciría un sentimiento de agrado. Distingue Mei- la obra de Francesco Orestano, Los valores humanos (Buenos
nong un valor actual y un valor potencial. El primero Aires, Argos, 1947), parte Il.
42 LAS DOCTRINAS SUBJETIVISTAS EL SUBJETIVISMO AXIOLÓGICO EN EL SICLO XxX 43
El subjetivismo se convirtió muy pronto, en nuestro
3, EL SUBJETIVISMO AXIOLÓGICO EN EL SIGLO XX medio, en la doctrina de los principiantes;10 y no hubo
manual o diccionario de filosofía que no hablara de la
La “conversión” de Mcinong al objetivismo pareció objetividad como una nota de los valores admitida sin
a muchos como un símbolo del recto camino que debía reparo por la axiología contemporánea.
emprender la axiología. Se consideró que el psicolo- Del mismo modo como el espíritu humano tiene
gismo —y el empirismo que lo sosteniía— pertenecian una gran capacidad para reaccionar frente a las formas
a la historia de la filosofía y era imposible resucitar lo decadentes del escepticismo y el pesimismo —porque
que ésta sepultó. La famosa refutación al psicologis- no puede desprenderse del sentido positivo, creador y fe-
mo, que hizo Husserl en el vol. 1 de las Investigaciones cundo que lo anima— tampoco se deja atrapar defini-
lógicas, constituyó en el mundo germánico la partida tivamente por el dogmatismo que resuelve los problemas
de defunción no sólo del psicologismo sino de toda con afirmaciones enfáticas. El sentido creador lo salva
forma de empirismo. Se iniciaba la nueva era de la del primer peligro; el espíritu crítico, del segundo.
verdad absoluta donde los relativismos no tenian Ca- Cuando el mundo de habla germánica —que había
bida. Al fin se había hecho pie en la roca viva —gra- monopolizado la axiología casi por completo— ha-
cias, en buena parte, a la fenomenología— y el sólido bía descartado, al parecer definitivamente, la tesis sub-
edificio de la filosofía comenzaba a construirse sobre jetivista, ésta reaparece con un vigor creciente en el
base segura. mundo de habla inglesa. No es un azar que haya resur-
La doctrina axiológica de Scheler, que examinare- gido justamente en este mundo: allí adquirieron madu-
mos en el capítulo siguiente, partía de este supuesto rez las formas radicales del individualismo político y
que fue indiscutido en Alemania en el primer cuarto
10 En 1937 afirmó M. García Morente en Tucumán
de siglo. Esa seguridad la trasmitió a Iberoamérica la la objetividad de los valores constituía el “puente de burro” de
que
Revista de Occidente y, en el orden de los valores, el los principiantes: quien no la entendía no podía estudiar filo-
propio Ortega y Gasset, quien llegó a escribir las siguien- sofía.
tes palabras que se tomaron como verdad indiscutida: 11 No todos se inclinaron, desde luego, ante la autoridad
“Lo irreal —un número, un triángulo, un concepto, de Ortega y Gasset y de los gruesos volúmenes de saber
un valor— son naturalezas transparentes. Las vemos de germánico que difundía la Revista de Occidente. Alejandro
una vez en su integridad. Meditaciones sucesivas nos Korn, por ejemplo, escribía en 1930 en su Axiología: “En la
proporcionarán nociones más minuciosas de ellas, pero filosofía contemporánea se manifiesta cierta tendencia a dis-
tinguir entre valores relativos y absolutos
desde la primera visión nos entregaron entera su estruc- y aun a reducir la
axiología al examen de los valores absolutos. Con este cri-
tura [...] De aquí que la matemática sea una Ciencia terio metafísico se simplifica la tarea, se ahorra el examen de
a priori de verdades absolutas. Pues bien, la Estimativa la realidad empírica o se le complica con divagaciones es-
o ciencia de los valores será asimismo un sistema de peculativas. Sin duda por cualquier camino que enderece-
verdades evidentes e invariables, de tipo parejo a la mos, al deslinde metafísico hemos de llegar, pero conviene
matemática”.? recorrer primero el camino llano. No es solución de nuestros
problemas apelar de continuo a la intervención divina o expli-
9 Ortega y Gasset, Obras completas, vol. VI (Revista de car lo conocido por lo desconocido, lo empírico por lo tras-
Occidente, 1947), p. 333. cendente”.
44 LAS DOCTRINAS SUBJETIVISTAS EL SUBJETIVISMO AXIOLÓGICO EN EL SIGLO XX 45
religioso, y jamás se perdió la tradición nominalista y hace pie de nuevo en su tradición empírica. Y tan
empirista que inician Guillermo de Occam y Francis pronto se lleya el problema de los valores al terreno de
Bacon. Tenía razón William James cuando afirmaba la experiencia se lo pone en el camino que conduce al
que hay una línea filosófica que va de Hume al em- subjetivismo.!*
pirismo contemporáneo a través de J. S. Mill y que El desarrollo de la axiología de habla inglesa no es
deja de lado a Kant, con su a priori, y a los grandes ajeno, pues, a la evolución general de la filosofía en ese
sistemas del idealismo post-kantiano. La afirmación país. Urban pertenecía al movimiento idealista. Las
es cierta, al menos, para el pensamiento de habla in- nuevas tendencias de la axiología cstarán emparentadas
glesa que ha mirado siempre con recelo a todo preten- con los dos movimientos característicos del pensamiento
dido conocimiento a priori y a la existencia de entes norteamericano contemporáneo; el realismo —en sus di-
meta-empíricos. versas formas— y el pragmatismo. Como es sabido,
Es cierto que entre los primeros axiólogos norte- ambos movimientos surgen como una reacción en con-
americanos predominaron los objetivistas; uno de los tra del idealismo de Royce. En Inglatcrra se inicia
iniciadores fue Wilbur M. Urban, autor en 1909 de un movimiento neo-realista —que corre parejo con el
una importante obra titulada Valuation, its Nature and norteamericano— a partir del famoso artículo de G. E.
Laws, (La valoración, su naturaleza y sus leyes).12 No Moore titulado The Refutation of Idealism (Refuta-
es menos cierto, sin embargo, que Urban y el objetivis- ción del idealismo), publicado en la revista Mind en
mo de raíz idealista significaban el trasplante de un 1903.
pensamiento foráneo, justamente de origen germánico.13 En Norteamérica la reacción comienza con el ar-
Cuando en Gran Bretaña y Estados Unidos se pro- tículo de William James Does Consciousness Exist?
duce la reacción frente a ese idealismo de raíz germáni- (¿Existe la conciencia?) publicado en 1904. Otros artícu-
ca —al iniciarse la polémica en contra de Fr. H. Brad- los de William James y la publicación, en 1910, del
ley y Josiah Royce— el pensamiento de habla inglesa Programa y Primera Plataforma de Seis Realistas, que dio
origen al movimiento denominado nco-realista, mostra-
ron claramente que la hegemonía del idealismo comen-
12 London-New York, MacMillan, 1909. Desde entonces
Urban publicó numerosos trabajos sobre axiología; es hoy un
zaba a declinar en Norteamérica.
hombre anciano y no ejerce ninguna influencia sobre los ac: Junto al realismo gnoseológico, los seis jóvenes 15
tuales estudiosos. que propiciaron el movimiento neo-realista sostuvieron
13 La influencia germánica se debió no sólo a que las
principales figuras del pensamiento filosófico de principio de 14 No hay que dejarse engañar por las etiquetas: cl sub-
siglo estudiaron en Alemania (Royce, B. P. Bowne, Hoc- jetivismo axiológico está emparentado con el realismo gnoseo:
king, etc.), sino también a la llegada de algunos filósofos lógico, y no con el idealismo, como pudiera creerse. R. B.
alemanes. Según R. B. Perry, los norteamericanos oyeron ha- Perry, B. Russell y tantos otros filósofos de habla inglesa
blar de “falores” antes de que de “valores” (“they heard of “wa- lo prueban claramente. El idealismo inglés y norteamericano
lues” before they hcard of “values” ”, Realms of Value, p. 4), contemporáneo fue un idealismo absoluto, a lo Hegel, y no
debido a la pronunciación germánica de Hugo Munsterberg subjetivo y empírico como en Berkeley; de ahí que haya
(1863-1916) quien, como profesor en la Universidad de Har- sostenido el carácter objetivo y absoluto de los valores.
vard a principios de siglo, fuc uno de los que introdujeron en 15 W. P. Montague, R. B. Perry, E. B. Holt, W. T,
Norteamérica los temas axiológicos. Marvin, E. G. Spaulding y G. B. Pitkin.
46 LAS DOCTRINAS SUBJETIVISTAS R. B. PERRY 47
la necesidad de adoptar una actitud similar a la de los los valores, Perry deja de lado las teorías objetivistas y
hombres de ciencia. En primer lugar, señalaron que busca el origen y fundamento del valor en el sujeto que
debían aislarse los problemas y examinarlos uno a uno; valora.
e indicaron, además, que debía sustituirse la labor Después de examinar y descartar (cap. 111) las teo-
solitaria del filósofo tradicional por grupos de trabajo rías que niegan la relación entre el valor y el interés,
similar al de los científicos.16 La actitud general del afirma que un objeto adquiere valor cuando se le presta
grupo era empirista y todos sus micmbros vieron con interés. No se crea que Perry sostiene que el objeto
simpatía el desarrollo de las nuevas formas de la psico- debe tener determinada cualidad para ser valioso, o que
logía norteamericana. ciertos y determinados intereses son los únicos capa-
ces de conferir valor a un objeto;!8 para él, cualquier
4. R. B. PerrY Y EL INTERÉS COMO FUNDAMENTO DEL interés confiere valor a cualquier objeto. Lo dice ex-
VALOR presamente: “Lo que es objcto de interés adquiere eo
ipso valor. Un objeto, de cualquier clase que sea,
Justamente uno de estos jóvenes neo-realistas —R. adquiere valor cuando se le presta un interés, de cual-
B. Perry— es quien elabora la primera y más destacada quier clase que sea”.19
doctrina subjetivista en el campo de la axiología nor- Veintiocho años más tarde, al publicar una nueva
teamericana contemporánea. investigación sobre los valores, titulada Realms of Value,
Ralph Barton Perry (1876-1957) fue discípulo de reitera Perry su concepción del valor como la propie-
Royce y de James en la Universidad de Harvard. A dad que adquiere una cosa al ser objeto de interés. Se
los 25 años de edad publicó un artículo refutando la expresa en términos que recuerdan a los anteriores y que
tesis de su maestro idealista y pronto encontró en Wil.- no pueden dar lugar a equívocos: “una cosa —cualquie-
liam James un sostén intelectual y un amigo para el ra que sea— tiene valor, o es valiosa, en su sentido ori-
resto de la vida. Una vez acallada la polémica en con- ha publicado las siguientes obras: The Approach to Philo-
tra del idealismo, Perry deja de lado los problemas de sophy (1905); The Moral Economy (1908); Present Philoso-
la gnoscología y se interesa por cuestiones éticas y phical Tendencies (1912); The Present Conflict of Ideals
axiológicas. (1918); Philosophy of the Recent Past (1926); The Thought
El mismo año (1926) en que Nicolai Hartmann pu- and Character of William James (1935); In the Spirit of
blica en Berlín su famosa Ethik, en la que sostiene la William James (1938); Shall not Perish from the Earth
teoría extrema del objetivismo axiológico, R. B. Perry (1940); Puritanism and Democracy (1944); Characteristically
publica en la editorial de la Universidad de Harvard American (1949).
su General Theory of Value, en la que define una posi- 18 Dedica el capítulo 111 al examen de la tesis que sos:
tiene que el valor depende de un “qualified object of interest”,
ción subjetivista que todavía goza de cnorme prestigio
y el capítulo IV a la que afirma que el valor depende de
en Norteamérica.1?7 En esta voluminosa obra sobre un “qualified interest”.
16 Pusieron en práctica tal idea al publicar, en 1912, un 19 “That which is an object of interest is eo ipso invested
volumen en colaboración titulado The New Realism. Coope- with value. Any object, whatever it be, acquires value whene-
rative Studies in Philosophy. ver any interest, whatever it be, is taken in it.” General Theory
17 Además de las dos grandes obras de axiología y de nu- of Value, 2% ed. (Cambridge, Mass., Harvard University
merosos artículos sobre los más diversos temas filosóficos, Perry Press, 1950), pp. 115-116.
48 LAS DOCTRINAS SUBJETIVISTAS R. B. PERRY 49
ginal y genérico, cuando es objeto de un interés, cual- “El silencio del desierto carece de valor hasta cl mo-
quiera que sea. O, lo que es objeto de interés es mento que algún viajero errante lo encuentra desolado
ipso facto valioso”. Se puede establecer, por lo tanto, y aterrador; lo mismo sucede con la catarata hasta que
la siguiente ccuación: “x es valioso — se ha tomado una sensibilidad humana la encuentra sublime.” 25
interés en x”.21 ¿Por qué cl viajero encuentra desolado y aterrador
Si cualquier clase de interés confiere valor a cual- el desierto y sublime la catarata? ¿No será porque el
quier clase de objeto, sea real o imaginario, el con- desierto posee cualidades distintas a la catarata y que,
cepto de interés adquicre singular importancia en axio- en su presencia, nosotros no podemos dejar de reaccionar
logía. De ahí que Perry le haya dedicado un cuidadoso de un modo también distinto? Desde luego, el de-
estudio que el lector podrá leer con provecho en la obra sierto no podría ser aterrador si no hubiera hombres
citada.22 capaces de aterrarse, pero de tal verdad no puede dedu-
El “interés” tiene que ver —scgún Perry— con toda cirse que nosotros conferimos al desierto ese carácter
la vida [Link] y no debe restringirse a su sig- al aterrarnos. Las palomas podrían provocar terror a
nificación común. En muchas circunstancias podrá sus- un neurótico sin que ese hecho nos permita afirmar
tituirse este término por “deseo”, “voluntad”, “propósi- que las palomas son aterradoras. Existe en Perry, como
to”. No tiene, desde luego, el significado habitual de en muchos otros subjetivistas, una capitalización inde-
“curiosidad” o de “objeto capaz de provocar curiosi- bida en favor de la propia doctrina de los errores del
dad” (intcresante), sino que desea expresar una actitud objetivismo axiológico. De la justa afirmación de que
compleja de todo ser vivo de estar a favor o en contra algo no puede ser aterrador si no hay un sujeto que lo
de ciertas cosas. Comprende, por lo tanto, el deseo y valore, tan sólo puede deducirse, legítimamente, que el
la aversión, la búsqueda y cl rechazo, el “agrado y el sujeto valorante no puede ser descartado al cxaminar la
desagrado; por otra parte, el interés no se refiere tan naturaleza del valor.
sólo al estado sino también al acto, disposición o actitud Toda definición exclusivamente psicológica, por otra
en favor o en contra de algo.*3 La relación del “interés” parte, tendrá que enfrentar, además, las dificultades
a toda la vida afectivo-motora revela las preferencias de que surgen al querer identificar lo “bueno” con la reac-
Perry por la psicología “científica” y el rechazo del dua- ción psicológica. Si tomamos al pie de la letra la
lismo cartesiano de alma v cuerpo.?* definición de Perry, que afirma que una cosa cualquiera
Perry parece dejar completamente de lado las cua- tiene valor cuando es objeto de un interés cualquicra,
lidades del objeto mismo, capaces de provocar en nos- no podríamos tener intereses deshonestos o pecaminosos.
otros cl interés que transforma al objeto cn valioso. La verdad es que los tencmos y que en el plano ético
habrá que añadir al interés un calificativo de orden mo-
20 Realms of Value. A Critique of Human Civilization ral: habrá intereses malos y buenos. En tal caso la
(Cambridge, Mass., Harvard University Press, 1954), p. 3.
definición psicológica sirve muy poco, pues el carácter
21 General Theory of Value, p. 116.
22 Véanse especialmente los capítulos sobre el aspecto
valioso lo da el adjetivo que se le agrega.
biológico del interés (cap. VI), la definición psicológica de Si está ausente el adjetivo que confiere valor al ob-
interés (cap. VIT) y los modos de interés (caps. VIIEX). jeto, parecería que se careciera de toda forma de deter-
22 General Theory, p. 27, espec. n. l; y $ 49.
24 Ibid., pp. 142-145. 25 Ibid, p. 125.
50 LAS DOCTRINAS SUB JETIVISTAS EL EMPIRISMO LÓGICO 51
minación de lo “mejor”, ya que éste supone lo “bue- posibles confusiones. Es cierto que la tesis del empi-
no”. Perry no comparte esta tesis e intenta determinar rismo lógico puede considerarse como una expresión
la escala o medida de los valores con criterios que tie- del subjetivismo —y por tal razón la incluímos en este
nen que ver con su interpretación de los valores mismos. capítulo— pero tal subjetivismo no coincide con el an-
Perry enuncia tres criterios: intensidad, preferencia y terior y se arriba a él por una vía que las formas ante-
amplitud.26 Un objeto —el vino, por ejemplo— es riores no habían contemplado.
mejor que otro objeto —el agua, por ejemplo —si el Acostúmbrase a tomar como punto de partida del
interés en el vino es más intenso que el interés en empirismo lógico la obra de Ludwig Wittgenstein Trac-
el agua, si el vino es preferido al agua y si el interés tatus Logico-philosophicus, publicada por primera vez
en el vino es más amplio que el interés que se ten- en 1921 en los Annalen der Naturphilosophie de Os-
ga en el agua.?7 wald. Como sucede con todos los movimientos filosó-
Sostiene Perry que estos tres criterios han sido re- ficos, pueden encontrarse precursores o antecedentes en
conocidos tanto por la filosofía como por el sentido el pensamiento anterior. En general, todos los filósofos
común. La escuela hedonista ha destacado el principio que han tenido una actitud anti-metafísica podrían figu-
de la intensidad, el humanismo cl de la preferencia rar en la lista de precursores. En la antigiedad, los so-
y el rigorismo moral el de la amplitud. Los tres princi- fistas y los epicúreos han sido expresamente mencionados
pios son independientes, en el sentido de que no pueden por representantes del empirismo lógico; en la edad
ser reducidos unos a otros y, a su juicio, deben ser media los nominalistas y en la época moderna Otto
contemplados por toda teoría que pretenda dar criterios Neurath da tres listas correspondientes a Inglaterra,
válidos sobre el valor comparativo de los objetos. Francia y Alemania.*8
Como el empirismo lógico tiene varias direcciones
5. EL EMPIRISMO LÓGICO Y LAS NUEVAS FORMAS DEL y se ha interesado en distintos problemas, los antece-
SUB JETIVISMO dentes varían en cada caso. No hay que confundir, pot
otra parte, los antecedentes con los movimientos con-
Con el empirismo lógico se inicia una posición real. temporáneos similares. El pragmatismo, instrumentalis-
mente nueva en la filosofía contemporánea. Que sea mo, operacionalismo y la escuela analista inglesa tienen
nueva no quiere decir que sea verdadera. Es síntoma muchos puntos de contacto con el empirismo lógico
de falta de madurez cultural tomar por verdadera —o pero no constituyen, por cierto, un antecedente.
más próxima a la verdad— la última obra publicada. El Cualesquiera que sean los antecedentes, es correcto
progreso en filosofia es muy distinto al de las ciencias; tomar la obra de Wittgenstein como punto convencio-
no tiene, desde luego, un sentido lineal ascendente. nal de partida, pues es su primera expresión escrita y la
Señalamos la novedad de este movimiento filosófico
con el propósito de poner al lector en guardia frente a 28 Bacon, Hobbes, Locke, Hume, Bentham, J. S. Mill
26 Tales criterios corresponden a las magnitudes intensi- y Spencer, en Inglaterra; Descartes, Bayle, D'Alembert,
vas, distensivas y extensivas, señaladas por W. E. Johnson en Saint-Simon, Comte y Poincaré, en Francia; Lcibniz, Bolzano
su Logic, parte II, cap. VII, como lo reconoce el propio y Mach, en Alemania. Otto Neurath, Le Développement du
Perry. Cercle de Vienne et Pavenir de Pempirisme logique (Paris,
27 Perry, General Theory, p. 248. Hermann ér Cie., 1935).
52 LAS DOCTRINAS SUBJETIVISTAS EL EMPIRISMO LÓGICO 53
que difundió en el mundo entero algunas de sus tesis método permitiría eliminar los problemas metafísicos y
principales.-? todas las afirmaciones que carecieran de significación,
El núcleo inicial del empirismo lógico, sin embargo, y serviría para aclarar los conceptos y las proposiciones
lo constituye el llamado Círculo de Viena (Wiener de las ciencias empíricas al mostrar su contenido obser-
Kreis), que se forma alrededor de un seminario diri- vable en forma inmediata (das Gegebene).
gido por Moritz Schlick en 1923. En 1925 el núcleo El análisis lógico permite, por lo tanto, determinar
estaba claramente constituido y al año siguiente el mo- el significado de las proposiciones empíricas, reducién-
vimiento adquiere nuevo impulso al ser llamado Rudolf dolas a proposiciones simples sobre lo dado empíri-
Camap a la Universidad de Viena. Muy pronto la obra camente en forma inmediata. Además de las pro-
de Carnap Der logische Aufbau der Welt (Berlín, posiciones empíricas existen las proposiciones llamadas
1928), y en particular su teoría sobre la constitución metafísicas, que carecen completamente de sentido. Ta-
de los conceptos empíricos, y el Tractatus de Wittgen- les proposiciones no afirman nada y no pueden, por
steim constituyen los temas centrales de discusión del consiguiente, ser declaradas verdaderas o falsas. Son,
Ciírculo.?% tan sólo, la expresión de un estado emocional, perte-
_ La labor de este grupo inicial adquiere significa- necen más bien al arte y carecen de todo contenido
ción internacional al publicarse, en 1929, su programa teórico o cognoscitivo.
de ideas bajo el título de Wissenschaftliche W eltauffas- Esta doctrina inicial del Círculo de Viena se man-
sung: Der Wiener Kreis. La unificación de la ciencia tendrá en líneas generales en el desenvolvimiento ul-
(Einheitswissenschaft) constituyó uno de los primeros terior del empirismo lógico y se extenderá de la meta-
móviles del grupo. El procedimiento para lograr la uni- física a la teoría de los valores.
ficación de las ciencias, tanto físicas como sociales o El análisis lógico del lenguaje condujo fácilmente
culturales, incluyendo a la propia filosofía, debía ser al problema de la significación, y una nueva disciplina
el método lógico del análisis, tal cual había sido ini- filosófica surgió vigorosa de manos de los empiristas
ciado por Peano, Frege, Whitehead y Russell. Dicho lógicos: la semántica. El problema axiológico pudo muy
pronto reducirse al examen del significado de términos
29 Recuérdese que un año después de su aparición en los como “bueno”, “bello”, “justo” y otros de importancia
Annalen, se publicó en forma de libro el texto original alemán semejante en el mundo de los valores.
acompañado de su traducción al inglés (London, Routledge €: En verdad, dos hombres que no pertenecen al em-
Kegan Paul, 1922). La acogida que le dispensaron Russell
pirismo lógico se habían anticipado a realizar un aná-
y Otras figuras prestigiosas de la filosofía inglesa aseguraron
eran difusión al Tractatus. lisis semejante y habían llegado a conclusiones simi-
30 Sobre la iniciación y desarrollo del empirismo lógico, lares a las de aquel movimiento. C. K. Ogden e l. A.
véase H. Feigl, “Logical Empiricism” en Twentieth Century Richards en la obra escrita en común y titulada El sig-
Philosophy, ed. por D. D. Runes (New York, Philosophical nificado del significado *2 plantearon, en 1923, la nece-
Library, 1947); Joergen Joergensen, The Development of Lo- sidad del análisis de la significación de las palabras y
gical Empiricism (The University of Chicago Press, 1951); y 31 Cfr. Wissenschaftliche Weltauffassung, pp. 16-17.
Otto Neurath, Le Développement du Cercle de Vienne, et 32 The Meaning of Meaning. A Study of the Influence of
Pavenir de Pempirisme logique (Paris, Hermann € Cie, Language upon Thought and of the Science of Symbolism
1935). (London. Routledge € Kegan Paul, 1923).
54 LAS DOCTRINAS SUBJETIVISTAS EL EMPIRISMO LÓGICO 55
la relación del lenguaje con el pensamiento. Estos hom- filosófico. No decimos nada del objeto, acto o per-
bres, que no son filósofos sino estudiosos de la lengua, sona al cual adjudicamos la propiedad de ser “bueno”,
denunciaron, a través del análisis semántico, la existencia sino que expresamos tan solamente nuestro propio estado
de numerosos pseudo-problemas filosóficos. Muchos de emotivo.
estos problemas surgieron de la ambigiiedad de pala- Esta doctrina va más allá de las habituales con-
bras fundamentales en la filosofía clásica, como sustan- cepciones subjetivistas. No conferimos nosotros valor a
cia, existencia, etc. un objeto con nuestro agrado, deseo o interés ——como
Hay dos términos que representan tradicionalmente sostienen los subjetivistas que hemos examinado— sino
los conceptos básicos de la ética y de la estética: el bien que cometemos el error de creer que estamos hablan-
y la belleza. Se trata, por otra parte, de dos valores do de un objeto cuando, en verdad, estamos expre-
fundamentales. De modo que el análisis que hacen Og- saudo un estado anímico.
den y Richards de estos términos nos revela una actitud No se trata, por cierto, de una actitud de estos
axiológica. pensadores frente a la ética. Interpretación semejante
Veamos la interpretación de la palabra bueno (good). hacen de la palabra “belleza” (beauty).3%
Escriben: “Se dice que este concepto constituye el ob- En otra obra,25 Richards sostiene una teoría axio-
jeto de estudio de la ética. Sugerimos que este peculiar lógica distinta y de franca orientación subjetivista. “Algo
uso ético de la palabra “bueno” tiene un carácter pura- es valioso —escribe— si satisface una apetencia, sin que
mente emotivo. Cuando se la utiliza así, tal palabra tal satisfacción implique la frustración de una ape-
no representa nada y no tiene ninguna función simbó- tencia igual o más importante.” 35 Le resulta muy com-
lica. Por ejemplo, cuando la usamos en la oración “Esto plicado, desde luego, establecer un criterio adecuado
es bueno”, nos referimos tan sólo a esto, y el agregado para determinar el grado de importancia de una ape-
de “es bueno” no modifica en nada nuestra referencia. tencia.27 Por otra parte, la doctrina está apoyada en
En cambio, cuando afirmamos “esto es rojo”, el agre- una psicología que no cumple con las exigencias que él
gado “es rojo” simboliza una extensión de nucstra re- mismo se ha impuesto como fundamento de toda su
ferencia, esto es, a otra cosa roja. Pero “es bueno” teoría.
no tiene ninguna función simbólica semejante; sirve Charles L. Stevenson, quizás con el deseo de eli-
tan sólo como un signo emotivo que expresa nuestra minar las dificultades que se derivan de la determinación
actitud hacia esto”,33 del concepto de “importante”, interpreta la doctrina
Una actitud semejante, como veremos más adelan- de Richards en un sentido cuantitativo. Escribe: “x es
te, adoptarán varios representantes del empirismo ló- valioso” tiene el mismo significado que “x satisfará más
gico. Estos hombres creen, sencillamente, que no deci- apetencias que las que frustra”.38 La corrección no pa-
mos nada cuando usamos estas palabras que han sido
34 Cfr. The Meaning of Meaning, pp. 146-147.
y son fundamentales en nucstro vocabulario diario y 35 Principles of Literary Criticism (New York, Harcourt,
Brace €r Co., 1924).
33 The Meaning of Meaning (3% ed., London, Routledge 36 Richards, of. cit., p- 48.
8: Kegan Paul, 1930), p. 125. Ver trad. cast. de la décima 37 Cfr. ibid., p. 51.
ed. inglesa, El significado del significado (Buenos Aires, 38 Cfr. su obra Ethics and Language (New Haven, Yale
Paidos, 1954), p. 143. University Press, 1944) p. 9.
56 LAS DOCTRINAS SUBJETIVISTAS RUDOLF CARNAP 57
rece aceptable pues la importancia de una apetencia, y se publicó en inglés, con algunos agregados, bajo el tí-
con ella su carácter valioso, no siempre depende de la tulo de The Logical Syntax of Language.10
cantidad sino de la calidad o tipo de apetencia. Ea expansión del hitlerismo en Europa obligó a Car-
En cualquier caso, como las apetencias varían con nap, Reichenbach y otros miembros destacados del em-
los sujetos, la naturaleza valiosa de los objetos variará pirismo lógico, a abandonar el continente europeo y
de un individuo a otro. establecerse en Norteamérica, donde muy pronto conti-
nuaron sus investigaciones.
6, RupoLr CARNAP Además de su labor docente en diversas universida-
des norteamericanas, Carnap contribuyó al desarrollo del
Debido a los trabajos realizados, primero en Europa empirismo lógico con varios artículos y cuatro obras
y luego en Nortcamérica, v la influencia personal ejer- fundamentales: Foundations of Logic and Mathematics
cida en las universidades de Viena, Praga v Chicago, (1939); Introduction to Semantics (1942); Formaliza-
Rudolf Camap (n. 1891) es hov la cabeza principal tion of Logic (1943); Meaning and Necessity (1947).
del empirismo lógico. Mucho puede esperarse aún de En sus obras Logische Syntax der Sprache y en Phi-
este hombre que está trabajando cn la actualidad con
gran fervor científico y que cs capaz de abandonar una 40 Una exposición más sencilla de la teoría expuesta en
doctrina anterior que le hizo famoso si advierte en ella esta obra se encuentra en su trabajo titulado Die Aufgabe der
algún error que pasó inadvertido a sus críticos. Wissenschaftslogik, publicado en 1934 y que constituye el
tercer volumen de la colección “Einheitswissenschaft”; y en
No cs nuestro propósito, por cierto, examinar la con- sus tres conferencias de la Universidad de Londres en octu-
tribución de Carnap al desarrollo del empirismo lógico bre de 1934, que se publicaron un año después con el nombre
o realizar un examen de sus diversas doctrinas. Baste de Philosophy and Logical Syntax.
recordar sus trabajos principales, antes de ir al proble- +41 The Journal of Unified Science continuó bajo la di-
ma concreto que nos interesa. rección de Carmnap y Reichenbach la labor iniciada en 1930
Como se recordará, Carnap fue llamado a la Uni- por la revista Erkenntnís. En 1938 se iniciaron dos series de
versidad de Viena en 1926, cuando el empirismo ló- publicaciones. Una titulada Library of Unified Science Series
gico daba sus primeros pasos guiado por Schlick.32 Dos y otra, que se continúa aún publicando, con el título de
años después publicó su importante obra titulada Der International Encyclopedia of Unified Science. El Congreso
logische Aufbau der Welt (La construcción lógica del de Harvard, realizado en 1939 y los trabajos de los repre-
sentantes del empirismo lógico demuestran la continuidad
mundo), en la que desarrolla su teoría de la constitución
de la labor. Una década después de la llegada de Carnap
empírica de los conceptos que dio gran impulso al a Norteamérica el empirismo lógico había penetrado a tal
Círculo de Viena. Su obra principal, publicada en punto en el pensamiento norteamericano que constituía la
luropa, es la que apareció en 1934 con el titulo de dirección más pujante de la filosofía en el norte. Hace unos
Logische Syntax der Sprache, que dos años después pocos años su influencia comenzó a declinar, pero el im-
pacto del empirismo lógico está definitivamente incorporado
59 Fue profesor en Viena (1926-1931), cn la Universidad al pensamiento norteamericano. En Hispanoamérica, su in-
Alemana de Praga (1931-1935) y en la Universidad de Chi- fluencia ha comenzado a hacerse sentir en los últimos años.
cago (1938-1954). En la actualidad es profesor en la Uni: Lo mismo que en Europa, el movimiento se inició entre
versidad de California. hombres dedicados a la matemática y la física,
58 LAS DOCTRINAS SUBJETIVISIAS ALFRED AYER 59
losophy and Logical Syntax examina Carnap el proble- constituirse una ciencia filosófica, como la axiología,
ma de la ctica y enuncia su tesis sobre la axiología. con juicios que no son ni verdaderos ni falsos, esto cs,
Para Carmap, los juicios de valor son formas disfra- que no afirman nada, sino que expresan un deseo.
zadas de normas o imperativos. Entre el juicio de va- Carnap no niega, según sus palabras, la posibilidad
lor “matar es malo” v el imperativo “no mates” no hay y la importancia de una investigación científica sobre
ninguna diferencia de contenido, sino tan sólo de formu- los juicios de valor y los actos de valoración. Por ser
lación. Ahora bien, la norma no afirma nada sino que actos de individuos concretos, tales hechos pueden ser
ordena o expresa un deseo; igual cosa le sucede, por lo objeto de investigación empírica. Los historiadores, psi-
tanto, al juicio de valor correspondiente. En ambos casos cólogos y sociólogos pueden analizar y dar explicacio-
se trata de la expresión de un deseo. La forma grama- nes causales de dichos actos; cualquier estudio de esta
tical del juicio de valor cs lo ae ha engañado a muchos, naturaleza tiene carácter empírico y, por lo tanto, es
quienes, al creer que se trataba de una afirmación, bus- legítimo.
caban argumentos para probar su verdad o falsedad. Pero
el juicio de valor no afirma nada v, por consiguiente, no 7. ÁLFRED AYER
puede ser ni verdadero ni falso. En el lenguaje tradi-
cional del empirismo lógico, tal juicio no es verificable Una concepción cercana a la del empirismo lógico
y carece, por lo tanto, de significado.*2 Mal podría es la que sostiene el filósofo inglés Alfred J. Ayer, de la
42 En carta dirigida a Ray Lepley, aclara Carnap que se
Universidad de Londres. Coincide con el empirismo
refiere al significado cognoscitivo y que niega tal significado lógico al afirmar que los Yamados juicios de valor, y
a las afirmaciones sobre valores absolutos. No adopta seme- en particular los juicios éticos o estéticos, no son ni
jante actitud cuando se trata de las probables consecuencias verdaderos ni falsos porque no afirman nada, sino que
que pudieran tener determinados actos. Escribe: “Llamar bue- expresan los sentimientos de quien enuncia el juicio.
na o mala a una determinada clase de conducta puede signi- No debe confundirse la concepción de Ayer con las
ficar lo mismo que si se dijera que es un modo adecuado o in- doctrinas subjetivistas tradicionales. La diferencia pue-
adecuado para lograr un determinado fin. Por ejemplo, matar de mostrarse claramente echando mano a su distinción
es malo” puede querer decir lo mismo que 'matar no es un entre expresar un sentimiento y afirmar que se tiene
modo adecuado para promover la vida armoniosa de la comu- un determinado sentimiento.
nidad”. Si se basa en una interpretación de esta naturaleza, La confusión entre “afirmar” y “expresar” un deter-
es decir, si se habla en términos de función instrumental
minado estado de ánimo se debe a que, frecuentemente,
o de intereses humanos, o algo semejante, un juicio de valor
tiene, por cierto, contenido factual, cognoscitivo”. Y agrega: la afirmación de que se tiene ese estado es un modo
“Como la palabra “significado” se usa a menudo en un sen- de expresión del mismo. Así, por ejemplo, puedo ex-
tido amplio, deseo destacar que la clase de significado que presar que estoy aburrido y afirmar que lo estoy; mi afir-
nicgo a los juicios sobre valores absolutos es tan sólo el sig- mación puede tomarse como uno de los modos de ex-
nificado cognoscitivo. Tales juicios tienen, por cicrto, significa- presión de mi aburrimiento. Pero puedo expresar mi
ción expresiva, especialmente emotiva y de incitación; este aburrimiento de otro modo, sin llegar a afirmarlo.
hecho es de gran importancia por sus consccuencias sociales”. El subjetivismo tradicional sostiene que el hombre
Cfr. R. Lepley, Verifiability of Value (New York, Columbia que enuncia un juicio de valor afirma la existencia de
University Press, 1944), pp. 137-138, nota 14. un determinado estado de ánimo; por ejemplo, su apro-
60 LAS DOCTRINAS SUBJETIVISTAS ALFRED AYER 61
bación al valor en cuestión. En tal caso, su juicio será haber proposiciones axiológicas que se contradigan. Y va
verdadero o falso, pues es cierto o no que él tiene el más allá: afirma que nunca disputamos sobre cuestiones
estado de ánimo que afirma. de valor sino sobre cuestiones de hecho.+* Si estamos
Para Ayer, en cambio, quien enuncia un juicio ético, en desacuerdo con otra persona sobre el valor moral de
o de valor, está meramente expresando —no afirman- una acción determinada es evidente que usamos argu-
do— un determinado sentimiento. Y la expresión de mentos para convencerle que nosotros estamos en lo
un sentimiento no es ni verdadera ni falsa, como no es cierto. Pero no intentamos —afirma Ayer— demos-
falsa ni verdadera una carcajada o un grito de terror. trarle que él tiene una actitud o un sentimiento ético
Por ejemplo, quien dice “¡qué bello es este cuadro!”, equivocado, sino que él está en un error acerca de
no está afirmando nada sobre el cuadro —como pre- hechos que se refieren al caso en discusión. Sostendre-
tenden los objetivistas—, ni sobre su estado de ánimo mos, por ejemplo, que él no ha sabido interpretar los
—como quieren los subjetivistas—: sencillamente está ex- motivos que ha tenido la persona que ha cometido el
presando un estado de ánimo. Podría igualmente haber acto, o que ha calculado mal los efectos de la acción,
dado un grito de alegría o haber pronunciado una inter- o que no ha tomado en consideración las circunstancias
jección. Rechaza Áyer, por otra parte, la doctrina especiales en que se encontraba la persona que come-
subjetivista que sostiene que llamar a una cosa o acto tió el hecho. Como la persona con quien generalmente
“bueno” es lo mismo que decir que merece la aproba- disputamos ha tenido una educación moral semejante a
ción general, pues no es contradictorio afirmar que al- la nuestra y vive dentro de nuestro mismo orden social,
gunas acciones que merecen general aprobación no son nuestros esfuerzos por convencerle con razones de he-
“correctas” o “buenas”. Por razones semejantes, rechaza cho, sobre una cuestión aparentemente axiológica, están
la doctrina estrictamente subjetivista —en oposición justificados. Pero si nuestro interlocutor no coincide
a la anterior de raíz sociológica— que sostiene que una con nosotros en la apreciación axiológica —después de
persona que afirma que un acto es correcto, o una cosa estar en completo acuerdo sobre los hechos— por-
buena, quiere decir que merece su aprobación. En efec- que tiene una tabla de valores distinta a la nuestra,
to, dice Ayer, el hombre que confiesa que aprueba lo tenemos que abandonar el intento de convencerle por
incorrecto, o lo malo, no se contradice. medio de razones. Sostendremos que su tabla de va-
De acuerdo con las doctrinas subjetivistas y objeti- lores es errónea, o que la nuestra es superior, pero no
vistas tradicionales, los juicios de valor son verdaderos o habrá ningún modo de probar que efectivamente es
falsos. Para Ayer no hay tal cosa; él sostiene que no así, pues tal afirmación es un juicio de valor que no po-
podemos disputar sobre cuestiones axiológicas, pues si demos respaldar con ninguna tabla.
un juicio de valor no implica una proposición no puede Por consiguiente, puede haber una discusión sobre
43 Alfred J. Ayer, Language, Truth and Logic (London problemas morales y axiológicos en general sólo si se
Gollacz, 1950), p. 114. Su doctrina axiológica está expuesta halla implícita una tabla de valores. Toda discusión axio-
en la primera parte del cap. VI. Ver también Introd., pp. 20- lógica —y especialmente de orden moral— consiste en
22. La obra se publicó en enero de 1936 y en noviembre mostrar al prójimo que el hecho en discusión pertenece
del mismo año estaba en su tercera edición. En 1950 se al tipo de actos que él condena o aprueba. Para con-
habían impreso once ediciones; tal fue el éxito de esta obra
tan valiente como discutible. 4% Ibid., p. 110.
62 LAS DOCTRINAS SUBJETIVISTAS ALFRED AYER 63
vencerle tendremos que examinar el hecho y ver si tra desaprobación. Nada hay en ello que sea verdadero
realmente tiene las características de los actos que apro- o falso y una persona que tuviera sentimientos distintos
bamos o repudiamos. acerca del robo de libros podrá estar en desacuerdo
Todo esto sucede, según Ayer, porque los llamados con nosotros, pero no puede contradecirnos, porque ni
conceptos y normas éticas —y, en general, los valores— ella ni nosotros estamos afirmando ningún contenido
son pseudo-conceptos v, por lo tanto, no se los puede empírico.
analizar. De ahí que la presencia de una de estas Si los juicios que contienen términos éticos, O en ge-
palabras no agregue nada al contenido fáctico de la neral valores, carecen de rcal significación al no poderse
proposición. Por ejemplo, si digo: “Ud. actuó deshones- determinar su verdad o falsedad, pues no afirman nada,
tamente al robar ese libro” estoy realmente afirmando lo único que legítimamente podemos investigar sobre
lo mismo que si digo: “Ud. robó ese libro”. Al agregar tales términos es qué reacciones provocan o qué tipo
que la acción ha sido deshonesta, no añado absoluta- de sentimientos expresan. Ambas tareas pertenecen a la
mente nada al contenido empírico de la proposición; psicología y no a la ética. En verdad, la ética, como
lo único que hago es expresar mi desaprobación, del rama de conccimiento legítimo, no tiene posibilidad
punto de vista moral. Es lo mismo que si hubiera de existencia para Ayer. Los supuestos problemas éti-
dicho: “Ud. robó ese libro”, en un tono de voz que cos, cuando tienen sentido, pertenecen realmente a la
expresara mi condena moral de tal acto.* psicología y a la sociología.
Ahora bien, si pasamos del hecho concreto a la afir- No hay, pues, forma de determinar la validez de un
mación de carácter general —“robar libros es deshones- sistema ético y, por consiguiente, carece de sentido
to”— nos encontramos con un juicio que no tiene nin- preguntarse si es verdadero o falso. Podemos tan sólo
gún significado real y, por consiguiente, no puede ser indagar cuál es la tabla de valores, o el principio
ni verdadero ni falso. Es como si dijéramos: “¡con que ético, de una determinada persona o grupo de personas.
robando libros!” en un tono de voz que revela nues- Y cuáles son las causas que han influido para que esa
persona tenga la tabla de valores que realmente tiene.
45 Ibid, p. 107. Como veremos al examinar críticamente Eo que se ha afirmado sobre la ética se aplica igual-
la tesis de Ayer, este filósofo comete dos errores típicos de mente a la estética;*ó en verdad puede generalizarse
los empirismos a medias. Por un lado no deja entrar lo que a todo el reino de los valores. Aver niega expresamente
contradice su doctrina, porque le interesa más la arquitectura la existencia de un mundo de los valores distinto al
lógica de su teoría que la realidad; por el otro, deja entrar mundo de los hechos.*? O, mejor dicho, sostiene que
subrepticiamente elementos que, de acuerdo a su doctrina,
no son empíricos. El ejemplo anterior nos muestra este se-
los llamados juicios de valor son juicios empíricos, O
gundo defecto. Podemos suprimir el adverbio “deshonesta- carecen de significación al ser meras expresiones de na-
mente”, que califica a “robar”, porque este último término turaleza emotiva. Ésta es la famosa teoría emotiva de
lleva implícito un juicio de valor: no se puede “robar” hones- la ética y la axiología, que tiene en Charles L. Steven-
tamente. El término “robar” no es puramente descriptivo, sino son un entusiasta continuador.
que está cargado de significación axiológica. Si la sustituímos Pero examinemos ahora la doctrina de Bertrand Rus-
por “tomar”, u otro término neutro, veremos que el signifi-
cado de la proposición que queremos enunciar no es completo 46 Ibid., pp. 103 y 113.
si no se agrega el adverbio. 47 Ibid., p. 114.
64 LAS DOCTRINAS SUBJETIVISTAS BERTRAND RUSSELL 65
sell, tan similar a la de Ayer en muchos aspectos, y tud “científica” frente a la filosofía y tal actitud le ha
dejemos para el capítulo V el examen crítico de ésta aproximado al empirismo lógico. Se distinguió, en un
y las demás doctrinas subjetivistas. principio, por sus preocupaciones sobre el fundamento
de la matemática y por sus contribuciones a la lógica
8. BeErRTRAND RussrLL simbólica, pero bien pronto se lanzó, con entusiasmo
juvenil, a examinar la mayor parte de los problemas
Bertrand Russell (n. 1872) es una de las persona- filosóficos y sociales de la época. Su pacifismo le llevó
lidades más brillantes del mundo filosófico contempo- a la cárcel durante la primera Guerra Mundial y sus
ráneo. Nada le es ajeno y en todos los campos ha con- escritos sobre el divorcio, los problemas sexuales, las
tribuido con teorías ingeniosas y, muchas veces, fecun- relaciones internacionales y otros espinosos temas polí-
das. Su mayor contribución debe buscarse en las dis- ticos y sociales de este siglo, le valieron muchos sinsa-
ciplinas estrictamente técnicas y, en particular, en la bores y disputas que siempre enfrentó con fina ironía.
lógica matemática.*$ Ha adoptado siempre una acti-- Es uno de los filósofos más fecundos y su estilo claro
y ágil facilitó su gran popularidad. Publicó más de cin-
48 Como se sabe, en 1903 publicó The Principles of Ma- cuenta volúmenes y varios centenares de artículos; en
thematics y en 1910 el primer volumen de los Principia Mathe- 1935 se habían traducido al alemán 17 volúmenes. No
matica, escrito en colaboración con Whitehead. Los otros
hay idioma culto que no conozca la traducción de una
dos volúmenes se publicaron en 1912 y 1913, Las siguien-
tes pueden considerarse como sus obras principales: An Essay obra de Russell; en español existen traducciones de sus
on the Foundations of Geometry (1897); A Critical Exposi- obras principales. Es el único filósofo que ha mereci-
tion of the Philosophy of Leibniz (1900); The Principles of do el honor del premio Nobel y hoy, a los 85 años, su
Mathematics (1903); Philosophical Essays (1910); The Pro- fecundidad no ha decrecido.
blems of Philosophy (1912); Our Knowledge of the External Junto a la voluminosa obra polémica tiene Russell
World as a Field for Scientific Method in Philosophy (1914); contribuciones filosóficas de primera categoría. Por eso
Scientific Method in Philosophy (1914); Principles of Social es apreciado igualmente por el gran público y por el
Reconstruction (1916); Political Ideals (1917); Mysticism and especialista. Su teoría de los valores está expuesta prin-
Logic and Other Essays (1918); Roads to Freedom: Socialism, cipalmente en una obra de tono polémico y popular
Anarchism and Syndicalism (1918); Introduction to Mathe-
—Religión y ciencid—*% pero que recoge la actitud
matical Philosophy (1919); The Analysis of Mind (1921);
Free Thought and Official Propaganda (1922); The AB C of
Atoms (1923); Logical Atomism (1924); The AB C of Re- puede encontrarse en la obra editada por P. A. Schilpp, The
lativity (1925); On Education Especially in Early Childhood
Philosophy of Bertrand Russell (Evanston, Northwestern Uni-
(1926); The Analysis of Matter (1927); An Outline of Philo- versity, 1944). Con posterioridad a esta fecha Russell publicó
sophy (1927); Sceptical Essays (1928); The Conquest of numerosos artículos y varias obras.
Happiness (1930), The Scientific Outlook (1931); Education 19 Religion and Science (New York, Henry Holt, 1935,
and the Social Order (1932); Freedom and Organization y Home University of Modern Knowledge. Londres, Butter-
1814-1914 (1934); Which Way to Peace? (1936); Determi- worth-Nelson, 1935). Se ocupó también de los valores en
nism and Physics (1936); An Inquiry into Meaning and Truth otros escritos, aunque en forma tangencial. En 1944 aclara
en parte su pensamiento cn la respuesta a ]. Buchler en el
(1940); A History of Western Philosophy (1946); Physics
and Experience (1946); Human Knowledge (1948). Una volumen editado por P. A. Schilpp, "The Philosophy of Ber-
bibliografía completa de los escritos de Russell hasta 1944 trand Russell, pp. 719-725,
66 LAS DOCTRINAS SUBJETIVISTAS BERTRAND RUSSELL 67
filosófica que siempre le ha distinguido. Su pensamiento deseado constituye el supuesto de toda su doctrina, que
antirreligioso y antimetafísico está unido, en esta obra, Russell no analiza críticamente en ningún momento.
a una actitud polémica que en él es sicmpre una mez- Para él, la ética es el intento de conferir significación
cla de fina y punzante ironía y agria actitud combativa. universal a ciertos deseos personales.
Espíritu amplio, siempre dispuesto a rectificarse, e in- El hombre no advierte la conexión de lo bueno con
dividualista por temperamento y convicción, ha com- lo deseado, según Russell, porque no entiende el sen-
batido abiertamente al totalitarismo y a todas las ins- tido de sus palabras. Así, cuando afirma “esto es bueno
tituciones que pudieran significar un cercenamiento a la en sí mismo”, cree que está haciendo una afirmación
libertad del hombre. Como gran defensor de la tole- semejante a si dijera “esto es cuadrado” o “esto es
rancia religiosa, juzgó siempre con dureza a las organi dulce”. Mientras que en estas últimas proposiciones se
zaciones religiosas y en particular al clericalismo. enuncia una propiedad objetiva de algo, en la primera
Esta caracterización general puede ayudarnos no afirmación sólo se expresa un deseo. Podría muy bien
sólo a comprender al hombre que está detrás de la sustituirse por esta otra: “quiero que todos descen
doctrina que nos interesa, sino también a captar el sen- esto”, o más bien, “¡ojalá que todos lo deseen!”. En tal
tido íntimo de su teoría que es el resultado de una caso no puede discutirse la verdad o falsedad de lo
mezcla, frecuente en Russell, de un objetivo y sereno afirmado pues se ha expresado meramente un deseo.
examen “científico” y una pasión polémica incontrolada. Si se quiere dar a lo enunciado algún contenido habrá
Sostiene Russell que las cuestiones referentes a los que interpretarlo como una afirmación de un deseo
valores están fuera del dominio de la ciencia, no porque personal.
pertenezcan a la filosofía, sino porque “están entera- Lo que llega a confundir a la gente y sirve de base
mente fuera del dominio del conocimiento”.30 Cuando al supuesto carácter objetivo del valor —según Russell—
decimos que algo tiene valor, no afirmamos un hecho es que el deseo, en tanto acaecer, es personal, pero lo
independiente de nuestros personales sentimientos, sino que desea es universal. Para aclarar la cuestión com-
que “estamos dando expresión a nuestras propias emo- para una supuesta proposición, de contenido ético, con
ciones”.51 otra que efectivamente lo sea. Si digo, “todos los chi-
Para demostrar su tesis parte del análisis de la idea nos son budistas” puede demostrárseme la falsedad de
de bien. Lo que afirma sobre este valor puede aplicarse la afirmación indicándoseme un chino que sea crstiano,
a los demás valores. Sostiene que “es obvio que toda por ejemplo. En cambio si digo “yo creo que todos los
idea de lo bueno y de lo malo tiene alguna conexión chinos son budistas”, la refutación no podrá tener igual
con el deseo”.52 Esta conexión de lo bueno con lo carácter sino que deberá probárseme que no creo lo
que digo. Si alguien afirma “la belleza es el bien”,
50 B. Russell, Religión y ciencia (Breviario n* 55), p.
142. Con anterioridad había señalado Russell la conexión puedo interpretarlo como si dijera “¡ojalá todos amaran
del bien con el deseo. Escribió en An Outline of Philosophy lo bello!” (que corresponde a “todos los chinos son bu-
que “llamamos algo “bueno” cuando lo deseamos” (p. 242); distas”) o como si afirmara “yo deseo que todos amen
y en What I Belieye que son “nuestros deseos los que con- lo bello” (que corresponde a “yo creo que todos
fieren valor” (p. 17). los chinos son budistas”). La primera oración no afir-
51 Loc. cit. ma nada, sino que expresa un deseo. La segunda hace
$2 Loc. cit. una afirmación que se refiere al estado de ánimo de
68 LAS DOCTRINAS SUBJETIVISTAS BERTRAND RUSSELL 69
la persona; pertenece, por lo tanto, a la psicología. La probar que esto o aquello tiene un valor intrínseco”.55
primera oración, que pertenece a la ética, al expresar Dejemos para su momento oportuno el examen crí-
un deseo, no tiene ningún contenido cognoscitivo y no tico de éste y otros aspectos de la tesis de Russell y
es ni verdadera ni falsa. veamos qué consecuencias tiene la doctrina, tal cual
La doctrina de Russell coincide, en este aspecto, la expone el propio Russell.
con la de Ayer.3% Para ambos no hay proposiciones Si toda disputa sobre los valores implica una dife-
éticas, es decir, oraciones con contenido cognoscitivo rencia de gusto y no hay ningún criterio objetivo para
y, por lo tanto, la ética y la axiología cstán fuera del determinar quién está en lo cierto, el “pecado” des-
dominio del conocimiento “científico”. Pero micntras aparece. Un acto que es pecaminoso para un hombre
Ayer rechaza expresamente al subjetivismo, Russell es- escribe Russell, puede ser virtuoso para otro. No hay
cribe que su teoría es “una forma de la doctrina lla- argumento valedero que pueda usar uno y otro para
mada de la “subjetividad” de los valores”.5* Si dos hom- convencer a quien opina en forma distinta de que se
bres difieren sobre los valores —afirma Russell— no halla en un error. “El infierno, como lugar de castigo
hay desacuerdo sobre ninguna clase de verdad sino tan para los pecadores, se hace irracional.” 56 :
sólo una diferencia de gusto. El hecho de que esta doctrina elimine toda forma
Hasta aquí, Russell ha sido más bien dogmático de pecado no implica, para Russell, que tenga conse-
en la exposición de su doctrina; dice lo que piensa sin Cuencias inmorales y, menos aún, supone el debilita-
respaldar su tesis en hechos y nos deja, colgada de los miento del sentido de la obligación moral. Para que
labios, una gran cantidad dc objeciones y preguntas. En la obligación moral influya en nuestra conducta no debe
este punto nos ofrece la primera razón en favor de su consistir cn una mera creencia, sino en un deseo. Rus-
teoría. Escribe: “La base principal para adoptar esta sell tiene razón al hacer esta afirmación: lo que no se
opinión [la doctrina subjetivista de los valores] es la MS ero es qué impide que ese deseo no sea inmoral.
completa imposibilidad de encontrar argumentos para ,5 q e es el criterio que él usa para valorar
seo? a clase de vida que admira la mayor par-
e de nosotros —escribe— es la que se guía por grandes
53 En verdad, Russell se anticipó a Ayer, Religión y cien-
cia, en la que recoge ideas anteriores, se publicó en 1935, OS. irmpersonales, 87 ¿Por qué los deseos imperso-
mientras que la obra de Ayer apareció cn enero de 1936. Pero periores a aquellos que alimenta el egoís-
Russell no comparte, con sobrada razón, las preocupa
ciones mo? En tanto deseos, tienen la misma jerarquía; habrá
de algunos filósofos españoles e hispanoamericanos sobre la un elemento axiológico que los diferencia. Como todo
prioridad de una teoría. En este mismo capítulo, sobre “Cien- “cientificista” extremo, Russell se ve obligado a de-
cia y ética”, observa al pasar que “el filósofo puede bajar Jar entrar por la ventana lo que la doctrina impidió que
al nivel del jugador de bolsa cuando reclama prioridad paa rara por la puerta. Él quiere —con razón— que. se
su descubrimiento. Pero ésta es una caída; cn su carácter
estimulen por el ejemplo y la educación los deseos
de filósofo quiere sólo gozar de la contemplación de la ver- personales, pero no nos ofrece un criterio aceptable
dad, lo cual, de ninguna manera, interfiere con Otros que quie- para saber cuándo un deseo es superior a otro. “El de-
ren hacer lo mismo”. Íbid., pp. 143-144.
54 Ibid, p. 146. Stevenson afirma que Russell y Aver 55 Ibid., p. 146.
tienen una posición cast idéntica frente u este prublema. Cfr, 58 Ibid, p. 147.
57 Ibid., p. 148.
Ethics and Language, p. 265.
70 LAS DOCTRINAS SUBJETIVISTAS BERTRAND RUSSELL 71
seo de ser “bueno” generalmente se resuelve en el Lo afirmado por Russell puede quizás admitirse en
deseo de ser aprobado o, alternativamente, de actuar de el plano axiológico más bajo —del agrado y desagra-
manera de atraer ciertas consecuencias generales que do— y aun en el orden político y jurídico, pero no en
deseamos.” 58 La segunda alternativa sólo posterga la el plano ético. El agrado depende de la costumbre y
cuestión: ¿cómo sabemos que las consecuencias que elementos convencionales; lo mismo sucede, en buena
deseamos serán buenas? Queda como único criterio el medida, con el orden político y jurídico: no hay formas
sociológico: deseamos que la sociedad apruebe nuestra de gobierno buenas en sí, su bondad depende de ele-
conducta. ¿Qué criterio usará la sociedad para aprobar o mentos circunstanciales, históricos, culturales. El or-
desaprobar nuestra conducta? Si no hay un criterio ético, den moral es distinto: si se identifica el deber ser con
deberá valorar por las costumbres, es decir, por los deseos el ser —lo bueno con lo deseado— se renuncia defini-
que predominan en esa sociedad. Y si se trata de una tivamente a todo criterio de moralidad. Las consecuen-
sociedad corrompida, ¿nuestros deseos serán buenos cias inmorales de tal doctrina son obvias.
cuando merezcan la aprobación de la inmoralidad? La
respuesta de Russell será que no hay argumento vale-
dero para determinar que una sociedad es “corrompi-
da” o “inmoral”; lo único que podemos decir es que
tiene costumbres distintas a las nuestras. Si es así, las
consecuencias inmorales de la doctrina saltan a la vista.
Y si ésa no es su respuesta, tendrá que admitir algún ele-
mento axiológico, por encima de la mera aprobación
social, al juzgar moralmente a una sociedad. Repeti-
mos que Russell tiene un criterio para distinguir mo-
ralmente un individuo de otro, pero como no puede
traducir dicho criterio al lenguaje de su doctrina filo-
sófica, lo usa y, al mismo tiempo, sostiene que no
existe. El pasaje citado sobre los “grandes deseos im-
personales” lo prueba, y lo confirma su afirmación de
que es por medio de “el cultivo de deseos grandes y
generosos mediante la inteligencia, la felicidad y la l-
beración del temor” como los hombres pueden impulsar
“la felicidad general de la humanidad”.$9 ¿Por qué he-
mos de preferir los deseos impersonales, grandes y gene-
rosos a los egoístas, pequeños y mezquinos? ¿Hay o no
hay un criterio axiológico que otorga jerarquía ética a
algunos deseos nuestros?

58 Loc. cit.
$9 Ibid., p. 149.
BIBLIOGRAFÍA IV
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dia of Unified Science, vol. HL n* 4; The University of Chica- en contra del relativismo implícito en la interpretación
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EunrexreLs, Christian von, System der Werttheorie. 2 vols. den moral estable. Parecería que el hombre necesitara
(Leipzig, 1897-1898). , ajustar su conducta a principios que le trascienden, y
HiLuiarD, A. L., The Forms of Value. The Extension of a que el mérito de la moral consistiera en sobreponerse
Hedonistic Axiology (New York, Columbia University Press, a los llamados de la propia subjctividad. Meinong sufrió
1950). interiormente la transformación que tendría que atra-
Jai Ray, Verifiability of Value (New York, Columbia vesar más tarde la axiología alemana, que se inició con
University Press, 1944). , la cruda identificación del valor con el agrado.
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MernoNG, Alexius von, Psychologische-ethische Untersu- surgimiento de doctrinas objetivistas extremas que supu-
chungen zur Werttheorie (Graz, Leuschner u. Lubensky, sieron que tales errores les permitían saltar, sin más, a
1894). la posición opuesta. Como cl subjetivismo partía de la
nano, Francesco, Los valores humanos (Buenos Aires, experiencia, tales doctrinas volvieron la espalda a todo
Ed. Argos, 1947). elemento empírico y prefirieron adoptar un método a
Perry, R. B., General Theory of Value (Cambridge, Har- priori, que tiene la doble ventaja de asegurarnos la su-
vard University Press, 1950). o puesta objetividad que buscamos y de ofrecernos la segu-
Perry, R. B., Realms of Value: A Critique of Human Civi- ridad de que la experiencia no nos desmentirá. Sólo
lization (Cambridge, Harvard University Press, 1954). hay que cuidar la coherencia lógica y la presentación
RusseiL, Bertrand, Religión y ciencia (México, Fondo de estética del sistema; el uso de un lenguaje apropiado lo-
Cultura Económica; Breviario n* 55). Ver cap. IX.
Scutick, Moritz, Fragen der Ethik (Viena, 1930).
grará la adhesión emocional del lector.
STEVENSON, Charles L., Ethics and Language (New Haven, Muchos no creyeron necesario oponer argumentos al
Yale University Press, 1945). subjetivismo —-que dieron por refutado definitivamen-
te— y prefirieron menospreciarlo adjudicando ceguera
para los valores a quienes no compartían sus ideas. No
faltó —especialmente en nuestro medio— quien simu-
lara ver con tal de no parecer ciego.
Como creemos inadecuado exponer aquí la teoría
general del objetivismo —entresacada arbitrariamente de
las diversas formas particulares— y al mismo tiempo
73
74 MAX SCHELER SU PERSONALIDAD 75
resultaría fatigosa la exposición de todas las teorías obje- hombre que puede alimentarse con esencias; Scheler
tivas aparecidas en este siglo, parece aconsejable limitar vive y siente la vida en su plenitud existencial. “Poda
este capítulo a la exposición de una doctrina que se su inquieta vida lo demuestra y se pone claramente
destaca entre todas las demás por la solidez de sus de manifiesto en su acogida a la filosofía de Bergson
fundamentos y el prestigio que ha adquirido tanto en a la que valora por ser un “movimiento de profunda
Alemania como en el mundo de habla hispánica. Nos confianza en todo lo que sc da inmediatamente, como
referimos, desde luego, a la doctrina de Max Scheler. una animosa acción de darse y de abandonar su yo a
la intuición y a la tendencia de amor hacia el mun-
1. PeErsoONALIDAD DE MAX SCHELER do” y agrega que el fundamento de tal posición “no
es una voluntad de dominar el mundo, sino un impul-
Quizás no haya en toda la filosofía de este siglo so de gozo de su existencia”.1 De ahí que haya te-
un hombre comparable a Schcler por el vigor del pen- nido que retorcer el sentido de la fenomenología y apelar
samiento y el estilo cautivante de su prosa. En opo- a una intuición emocional que su maestro desaprobaba.
sición al frío rigor lógico de su maestro Husserl y al En este injerto de lo emocional en el mundo de las
espíritu excesivamente sistemático de Hartmann, Sche- esencias radica la grandeza y debilidad de Scheler. Gran-
ler ha logrado transmitir a la prosa el aliento emotivo deza porque amplió el sentido del movimiento fenome-
que inspira su doctrina. No puso Scheler su persona- nológico; debilidad porque aplicó un pensamiento que
lidad al servicio de sus ideas, sino que éstas siguieron es extraño al orden emocional e intentó bajar la lógica
el cauce que les trazaba una pasión incontenible. Tal intelectual de la cabeza al corazón.
pasión se revela al escoger los temas de sus meditacio- La pasión es enemiga de lo sistemático; de ahí que
nes. Alejado de la matemática v las ciencias de la Scheler no haya logrado —ni intentado— forjar un siste-
naturaleza por razones temperamentales, se sintió siem- ma. En verdad, su vida y pensamiento tempestuosos su-
pre atraído por los problemas del hombre, a los que con- frieron grandes cambios y no pueden colocarse dentro de
sagró toda la vida. La muerte le impidió que dedicara los esquemas tradicionales del pensamiento filosófico. Se
a la antropología filosófica su obra principal. acostumbra a distinguir en la vida de Scheler tres épo-
Generalmente se destacan los hombres que influye- cas. Fue en su juventud alumno y discípulo de Rodolfo
ron en él para explicar en parte su formación. En el Eucken bajo cuya influencia escribió su tesis de la Uni-
caso de Scheler —y de otros pensadores en quienes pre- versidad de Jena, titulada Contribuciones a la determi
domina la lógica del corazón— sucede lo contrario: nación de las relaciones entre los principios lógicos y éti-
llegan a ciertos autores, no parten de ellos. Scheler, por cos? y un trabajo que revela su ulterior orientación El
ejemplo, apagó en San Agustín, Pascal, Nietzsche y los método trascendental y el método psicológico.3 Poco des-
“filósofos de la vida” la sed que ningún otro pensa- pués entró en contacto con la fenomenología de Husser]
dor podría satisfacer. Es accidental en él, a mi juicio,
que ese torrente de pasión canalizara por la vía de 1 Cfr. Vom Umsturz der Werte, pp. 164-165.
las esencias “descubiertas” por una fenomenología, La 2 Beitráge zur Feststellung der Beziehungen zwischen der
fenomenología es para él más bien una “salida” fren- logischen und cthischen Prinzipien (1899).
te al logicismo trascendentalista kantiano y el psico- 3 Die traszendentdle und die psychologische Methode
logismo empirista que no le satisfacen. Husserl es un (1900).
SU PERSONALIDAD 7
76 MAX SCHELER
por si”. Es la vieja idea de Spinoza, de Hegel y de
y a través de éste, con Franz Brentano. Bajo la in- otros muchos; el Ser primordial adquiere conciencia
fluencia de la fenomenología logra la madurez del de sí mismo en el hombre[...]. El advenimiento del
propio pensamiento; este período se inicia con el primer hombre y el advenimiento de Dios se implican, pues,
volumen de la Ética, publicado justamente en el pri- mutudmente, desde un principio, según nuestra con-
mer tomo del Anuario de Filosofía e Investigación Feno- cepción. Ni el hombre puede cumplir su destino sin
menologicas * que apareció en 1913 bajo la dirección de conocerse como miembro de aquellos dos atributos
Husserl; y termina en 1922. Pertenecen a esta época gran del Ser Supremo y como habitante de ese Ser, ni el
cantidad de ensayos, que él recoge en dos volúmenes, Ens a se, sin la cooperación del hombre. El espíritu
Acerca de la subversión de los valores * y De lo eterno y el impulso, los dos atributos del ser, no están en
en el hombre $ —y su obra principal que, en castellano, sí perfectos —prescindiendo de su paulatina compene-
lleva el título de Ética? Esta obra contiene el pensa- tración mutua, como fin último—, sino que se des-
miento central de la axiología scheleriana puesto que arrollan a través de sus manifestaciones en la historia
su ética se resuelve en una teoría de los valores. del espíritu humano y en la evolución de la vida
En los últimos años de su vida —de 1923 a 1928— universal”.
sufre Scheler una profunda transformación. Abandona “Se me dirá —y se me ha dicho, en efecto— que
la concepción teísta y cristiana —que había servido de no le es posible al hombre soportar un Dios imper-
fundamento a su axiología— para lanzarse en la ruta fecto, un Dios que se está haciendo. Respondo que
de una concepción teológica revolucionaria que no lo- la metafísica no es una institución de seguros para
gra cuajar por completo pero que está sugerida con tra- hombres débiles y necesitados de apoyo.”
zos vigorosos en las páginas finales de su última obra, En El puesto del hombre en el cosmos adelanta
El puesto del hombre en el cosmos, cuando escribe: una importante teoría del hombre que ha tenido enor-
“Negamos el supuesto teísta de “un Dios espiritual me influencia en la antropología filosófica de este si-
y personal, omnipotente en su espiritualidad”. Para glo y que la muerte que lo sorprende en 1928 % —cuan-
nosotros la relación del hombre con el principio del do estaba a punto de iniciar los cursos en la Universidad
universo consiste en que este principio se aprehende de Francfort del Meno— 1% le impide desarrollar. Esta
inmediatamente y se realiza en el hombre mismo, el transformación profunda de su pensamiento se anun-
cual, como ser vivo y ser espiritual, es sólo un cen- cia ya en la obra Las formas del saber y la sociedad,“
tro parcial del impulso y del espíritu del “ser existente
2 Había nacido en Munich en 1874.
4 Jahrbuch fúr Philosophie und phánomenologische For- lo Scheler fue profesor, sucesivamente, en las Universida-
schung. des de Jena, Munich y Colonia; en esta última desde 1919
5 Vom Umsturz der Werte (1919). hasta poco antes de su muerte. La Universidad de Francfort
68 Vom Ewigen im Menschen (1921). del Meno lo había amado pero murió antes de haber iniciado
7 Der Formalismus in der Ethik und die materíale Wert- los cursos.
ethik (El formalismo en la ética y la ética material de los 11 Die Wissensformen und die Gesellschaft (1926). Las
valores). La primera parte apareció, como indicamos, en el demás obras principales de Scheler son las siguientes:
primer tomo del Anuario en 1913; la segunda, en el segundo Ueber Ressentiment und moralisches Werturteil (1912),
tomo en julio de 1916. trad. cast.: El resentimiento en la moral (1927); Wesen und
8 Die Stellung des Menschen im Kosmos (1928).
78 MAX SCHELER SU ÉTICA 79
supuesto del autor el creer que la ética de Kant ha
2. La Érica DE SCHELER sido, desde luego, criticada, corregida v completada
con tino aquí y allá por los filósofos que le han se-
La ética de Scheler nace del deseo de continuar guido, mas no así tocada en sus bases esenciales” .13
la ética kantiana, aunque superando su formalismo ra- “El aprecio incondicionado” que tiene para la obra
cionalista. No cabe la menor duda que Scheler con- de Kant resulta evidente aun allí donde sus palabras de
sidera la ética de Kant como lo más elevado que ha crítica no están libres de dureza. Más adelante le llama
producido el genio filosófico moderno. Lscriec cn “coloso de acero y bronce”,14
el Prólogo a la primera edición: “La ética de Kant Había que salvar, sin embargo, a la ética kantiana
—y la de nadie más entre los modernos filósofos— es de la justa acusación de formalismo. Esto no significa,
la que representa hasta el día de hoy lo más perfecto desde luego, que Scheler admita que alguna de las di-
que poseemos”.12 Y agrega que “es igualmente un recciones de la ética material postkantiana haya refutado
a Kant.1% Su doctrina repudia las éticas materiales an-
Formen der Sympathie (1923), trad. cast.: Esencia y formas
de la simpatía (1943); Schriften zur Soziologie und Weltan- teriores, que han sido éticas empiristas de bienes y de
schauungslehre: 1. Moralia (1923); IL Nation und Welt. fines, y reafirma el principio apriorístico establecido por
anschauung (1923); TIL 1. Confessionen (1924); III. 2. Kant. Este principio es el punto de partida del pen-
Arbeits und Bevólkerungsprobleme (1924) [Escritos para la samiento de Scheler. Advierte, sin embargo, que Kant
sociología y teoría de la concepción del mundo: 1. Moralia; cometió dos errores. En primer término confundió lo
II. Nación y concepción del mundo; II. 1. Confesiones; 111. 2. a priori con lo formal, también confundió lo a priori con
Problemas acerca de la población y del trabajo]. lo racional. La ética de Scheler se propone corregir estos
Obras póstumas: Mensch und Geschichte (1929), trad. dos errores por medio de una ética material de los va-
cast.: La idea del hombre y la historia (1942); Philosophi- lores y un apriorismo emotivo. Tal es la síntesis del
sche Weltanschauung (1929) [Concepción filosófica del mun- pensamiento ético scheleriano.
do]. Sobre los escritos inéditos de Scheler véase el artículo
Como la axiología scheleriana surgió del deseo de
de María Scheler, “Bericht úber die Arbeit am philosophischen
continuar y corregir la ética kantiana, quizás el modo
Nachlass M. Schelers”, en Zeitschrift fir philosophische For-
schung. IL, 4, 1948.
más adecuado de exponerla consista en proyectarla so-
Además de la Ética y de El puesto del hombre en el cos- bre el fonde de la ética de Kant.
mos se han traducido al castellano los siguientes trabajos de Scheler parte del apriorismo kantiano y da por re-
Scheler: El resentimiento en la moral (1927); El saber y la futadas. por Kant, las éticas materiales anteriores de base
cultura (1934); Muerte y supervivencia (1934); Sociología empírica y de validez inductiva, y que convirtieron a la
del saber (1935); De lo eterno en el hombre (1940); La idea vida, el bienestar, etc., en el valor material básico.
del hombre y la historia (1942); El porvenir del hombre El crror de Kant consistió en identificar lo a priori
(1942); Esencia y formas de la simpatía (1943).
12 Max Scheler, Ética. Nuevo ensayo de fundamentación
misma editorial en 1948, el traductor introdujo algunas va-
de un personalismo ético. Trad. de H. Rodríguez Sanz, 1?
riantes de estilo y corrigió varios errores.
ed., tomo 1 (Madrid, Revista de Occidente, 1941), p. 10. 13 Loc. cit.
La traducción castellana está hecha sobre la tercera edi- 14 Ibid., p. 32.
ción alemana. Todas las citas se refieren a la primera 15 Ibid., p. 31.
edición castellana; en la segunda edición, publicada por la
80 MAX SCHELER BIENES, FINES Y VALORES 81
con lo formal y en considerar que toda ética material los méritos de Kant el haber refutado toda ética de fines
tenía que ser, forzosamente, ética de bienes y de fines y bienes. Su error consiste, como ya lo indicamos, en
y tener validez empírica, inductiva. Suponía también creer que cualquier ética material es, necesariamente, una
erróneamente Kant que toda ética material era una ética ética de bienes y de fines y, por lo tanto, queda incluida
heterónoma, hedonista, del éxito, que conducía a la en las éticas que deben rechazarse por su contenido
mera legalidad del obrar y no a la moralidad del querer empírico. Esto sería cierto, según Scheler, si los valores
y que colocaba el fundamento de las valoraciones éticas fueran abstraídos de los bienes, en lugar de ser inde-
en el egoísmo instintivo del hombre. pendientes. Tal independencia le permite elaborar una
Admite Scheler, desde luego, que Kant refutó toda ética axiológica, que es material y a priori al mismo
ética de bienes y de fines. Confundió, sin embargo, los tiempo.
bienes con los valores. Los bienes son “cosas” valio- Para dar fundamento a este propósito tendrá que
sas; €s un error, por lo tanto, querer extraer los valores mostrar Scheler que los valores son independientes de
de los bienes o considerar a ambos en un pie de igual- los bienes y de los contenidos de los fines. Y ésa es, en
dad. El mundo de los bienes, al estar constituido por verdad, la tarea que emprende.
cosas, puede ser destruido por las fuerzas de la natu-
raleza o de la historia y si el valor moral de nuestra 3. BIENES, FINES Y VALORES
voluntad dependiese de los bienes tal destrucción le
afectaría. Por otra parte, los bienes tienen validez induc- Sin entrar al examen a fondo del problema de la
tiva, empírica, y cualquier principio que en ellos se naturaleza de los valores, Scheler los comparará con
apoye está condenado al relativismo. ¿Cómo podría los colores para mostrar que, en ambos casos, se trata
extraerse un principio universal y necesario de una rea- de cualidades que existen independientemente de los
lidad cambiante, inestable? Si se admitiera la ética respectivos depositarios. Puedo referirme al “rojo” como
de bienes, los principios morales tendrían que estar un puro color del espectro, sin tener necesidad de con-
a la zaga de la evolución histórica y sería imposible cebirlo como la cobertura de una superficie corpórea,
—dice Scheler— la crítica al mundo de los bienes sino como un quale extensivo.
existentes en una época, pues la ética se fundaría jus- Del mismo modo, el valor que descansa en un depo-
tamente en esos bienes. sitario con el que constituye un “bien” es independiente
También es errónea toda ética que quiera establecer del depositario. No es a través de una inducción gene-
un fin,16 en relación al cual se mida el valor moral del realizadora, según Scheler, como llegamos a captar los
querer. Los fines, como tales, nunca son buenos o ma- valores de lo agradable o lo estético, por ejemplo. En
los, independientemente de los valores que se pro- ciertos casos nos basta un solo objeto, o acto, para
ponen realizar. La buena o mala conducta, por lo que aprehendamos plenamente el valor que en él se
tanto, no puede medirse por la relación a un fin, puesto da. Por otra parte, la presencia del valor confiere el
que los conceptos de bueno y malo no pueden abstraerse carácter de “bien” al objeto valioso. Así, no extraemos
de los contenidos empíricos de los fines. Está entre la belleza de las cosas bellas, sino que la belleza las
16 Entiende Scheler por fin (Ziel) “un contenido cual- antecede.
quiera —contenido del pensar, del representar, del percibir Ya tendremos oportunidad de examinar con cierto
posibles— que está dado como por realizar”. Ibid., p. 62. detenimiento el realismo axiológico de Scheler y el re-
82 MAX SCHELER NATURALEZA DE LOS VALORES 83
chazo del nominalismo contenido en estas afirmaciones. que llamamos buenas? No cabe la menor duda que de-
Veamos ahora la relación que tienen los valores con bemos tener un concepto premio de lo bueno y lo
los fines. malo para poder apartar estas acciones de aquéllas y
Como ya indicamos, “fin” es, para Scheler, cual- elevarnos así inductivamente al concepto genérico de
quier contenido del pensar, del representar, etc., que “lo bueno”.
está dado por realizar, siendo indiferente quién o qué Para Scheler, el empirismo no está en un error
lo haya de realizar. Lo esencial es que el contenido —como creyó Kant— porque el deber no puede extraer-
pertenezca a la esfera de los contenidos representativos se del ser, sino porque el ser de los valores no puede
y que esté dado como algo por realizar. El valor, en deducirse del ser real, del que es independiente.
cambio, está desprovisto de toda imagen. Distingue Según Kant el deber, la conciencia de la ley ética,
Scheler, por otra parte, entre fines y objetivos. El ob- precede al valor; sostiene Scheler, en cambio, que el va-
jetivo reside en el proceso del apetecer y no está condi- lor precede al deber y sirve de base a la ley moral.
cionado por ningún acto representativo, sino que es Señalamos de paso que, si bien antepone Scheler los
inmanente a la tendencia misma. “Nada puede llegar valores al deber y a la ley moral, no admite que aquéllos
a ser fin sin que fuera antes objetivo. El fin está fun- tengan un fundamento empírico. Si lo tuvieran ten-
dado sobre el objetivo. Los objetivos pueden estar dados drían que depender de los bienes y de los fines y, por
sin fines, pero nunca los fines pueden estar dados sin lo tanto, les alcanzarían las críticas que Kant dirige a
objetivos precedentes. No podemos crear de la nada toda ética empirista. La ética de Scheler es una ética
un fin, ni tampoco “proponerle” sin una “tendencia material de los valores, pero no empírica sino a priori.
hacia algo” que le preceda” 18 Ahora bien, los valores Toda su ética está basada, por lo tanto, en una axiología
no dependen de los fines ni pueden abstraerse de ellos, y del acierto de tal axiología dependerá la validez de
sino que van ya incluidos en los objetivos de la tenden- tal ética.
cia como su fundamento. Con mayor razón serán el
fundamento de los fines que, según vimos, dependen de 4. NATURALEZA DE LOS VALORES
los objetivos. Ahora bien, ¿qué son los valores para Scheler? Ya
Como son únicamente los fines los que tienen con- vimos que son cualidades independientes de los bienes:
tenidos representativos, una ética material de los valo- los bienes son cosas valiosas. Esta independencia com-
res tendrá que ser a priori frente a todos los contenidos prende a toda forma empírica, esto es, los valores son
representativos de la experiencia. cualidades a priori. La independencia se refiere no sólo
Toda experiencia sobre lo “bueno” y lo “malo” su- a los objetos que están en el mundo —cuadros, esta-
pone el conocimiento esencial previo de qué sea “bue- tuas, actos humanos, etc.—, sino también a nuestras re-
no” y “malo”. Refutó Kant todo intento de extraer, en acciones frente a los bienes o los valores. “Aunque nunca
forma inductiva, de la experiencia —histórica O psi- se hubiera juzgado” que el asesinato era malo, hubiera
cológica— el concepto del bien o de la ley moral. En continuado el asesinato siendo malo. Y aun cuando el
efecto, ¿con qué criterio escogeríamos determinadas ac- bien nunca hubiera “valido” como “bueno”, sería, no obs-
ciones y no otras para saber qué tienen de común las tante, bueno.” 1? “Es completamente indiferente a la
17 Ibid., p. 62.
18 Ibid. p. 72. 19 Ibid., p. 80.
84 MAX SCHELER
NATURALEZA DE LOS VALORES 85
esencia de los valores, en general, si un yo “tiene valores
o los “experimenta” [...] Así como la existencia de obje- John Locke y aceptada en parte por Kant, de que los
tos (por ejemplo, los números) o la naturaleza no supo- valores, si bien no son propiedades de las cosas, muy
ne un “yo”, mucho menos lo supone el ser de los va- bien podrían ser fuerzas, capacidades o disposiciones
lores.” 20 ínsitas en los objetos y capaces de causar en los sujetos
Los valores, en tanto cualidades independientes, los correspondientes estados. Si esta teoría fuera exacta,
no varían con las cosas. Así como el color azul no se dice Scheler, toda experiencia de los valores debería de-
torna rojo cuando se pinta de rojo un objeto azul, tam- pender de los efectos causados por estas fuerzas, y las
poco los valores resultan afectados por los cambios relaciones de jerarquía entre los valores tendrían que
que puedan sufrir sus depositarios. La traición de mi derivarse, pues, de la magnitud de tales fuerzas o dispo-
amigo, por ejemplo, no altera el valor de la amistad. siciones.
La independencia de los valores implica su inmutabili- Descarta esta doctrina, pensada originariamente para
dad; los valores no cambian. Son, además, absolutos; no las cualidades secundarias, como los colores. “En vano
están condicionados por ningún hecho, cualquiera que habríamos de preguntarnos —escribe— en dónde pue-
sea su naturaleza, histórica, social, biológica o puramente den residir esas “fuerzas”, “capacidades” y “disposicio-
individual. Sólo nuestro conocimiento de los valores nes'.”21 Sin embargo, la respuesta parece sencilla: resi-
es relativo, no los valores mismos. den en los objetos. Scheler no puede admitir, desde
Scheler rechazará, una a una, las doctrinas axiológi- luego, que se trate de propiedades que residen en los
cas subjetivistas. Las disyuntivas de la problemática filo- objetos porque ya ha dado por sentado la independencia
sófica contemporánea son tan pobres —afirma— que si del valor respecto a los depositarios. “Conocemos un
no se admite la reducción del valor al deber-ser, la estadio en la capacidad de los valores, en el cual nos es
norma o el imperativo, se cae en la doctrina de que el dado ya clara y evidentemente el valor de una cosa, sin
ser valioso de un objeto depende de la relación que que nos estén dados aún los depositarios de ese valor.
tiene con nuestras vivencias de placer. Así, por ejemplo, un hombre nos resulta desagradable y
repulsivo, o agradable y simpático, sin que podamos
Rechaza Scheler la creencia, admitida aun por Kant,
indicar en qué consiste eso.” 22
de que el hombre tiende necesariamente al placer. Mas
no sólo rechaza Scheler la teoría que intenta equiparar La independencia de los valores frente a sus res-
el valor al placer, sino también aquella que ve en el pectivos depositarios es uno de los supuestos de la axio-
logía scheleriana. Ánotemos, de paso, que se trata
valor una relación de tipo causal con efecto placentero.
de un supuesto muy discutible: ¿acaso la belleza plástica
Para Scheler, como vimos, el valor no es una relación
—como “igual”, “distinto”, etc.—, sino una cualidad, no depende del material que se utiliza? Por otra parte,
semejante a rojo o a azul. Por la misma razón, las
en el ejemplo que da Scheler en el pasaje arriba citado,
vivencias de valor no se pueden reducir a vivencias de parece haber una confusión entre el depositario y la con-
relaciones. Distinguimos comúnmente, escribe, entre el
ciencia, no siempre lúcida, de quien capta las caracte-
valor “en sí” de un objeto y el que tiene “para nosotros”. rísticas del depositario.23
Tampoco admite Scheler la idea, ya indicada por 21 Op. cit., L p. 43.
22 Ibid., p. 45.
23 Así, por ejemplo, la belleza de una estatua puede de-
20 Op. cit, IL, p. 39. pender del material con que está hecha, sin que nosotros
86 MAX SCHELER NATURALEZA DE LOS VALORES 87
Al examinar la relación de los valores con los actos dizar por completo la existencia de los valores de su
psíquicos en que se dan, observa Scheler que del hecho captación. Para él “hay infinito número de valores que
efectivo de que el valor nos sea dado en un “percibir sen- nadie pudo hasta ahora captar ni sentir”.265 Esta verdad
timental de algo”, se ha extraído erróneamente la tesis se le presenta como una “intuición básica”, aunque,
de que los valores existen únicamente en la medida en desde luego, no es compartida por muchos otros axió-
que son, o pueden ser, sentidos o captados. Scheler logos. ¿Cómo puedo estar seguro que hay valores que
aprovecha en este punto la doctrina fenomenológica de nadie ha captado? El hombre o la humanidad no
la intencionalidad para superar la tesis subjetivista. constituyen, para Scheler, el sujeto necesario de la
Como se sabe, Husserl, basado en su maestro Bren- aprehensión de los valores.
tano, advirtió que los hechos psíquicos tienen intencio- Rechaza igualmente la relatividad de los valores a la
nalidad, esto es, tienden a apuntar hacia algo que no vida. Sostiene que si los valores fueran relativos a la vida,
es la pura vivencia: en el percibir se percibe “algo”, al quedaría excluida la posibilidad de poder atribuir algún
recordar se recuerda “algo”, al decidir se decide “algo”, valor a la vida misma, esto es, la vida en sí misma sería
etcétera. Es decir, que el objeto se nos da como algo un hecho indiferente al valor.2?7 No podría aplicarse tal
irreductible a la vivencia. Lo mismo sucede en el perci- razonamiento, desde luego, a muchas teorías axiológicas
bir sentimental que nos revela la presencia del valor. “El vitalistas para las cuales la vida es el valor supremo y algo
hecho fenomenológico precisamente es que en el per- tiene valor en la medida en que acrecienta lo vital.
cibir sentimental de un valor —escribe Scheler— está Por razones semejantes a las anteriores rechazará
dado este mismo valor con distinción de su sentir —lo también la doctrina que afirma la relatividad histórica
cual vale para todo caso posible de una función de per- de los valores. El relativismo historicista pretende abs-
cibir sentimental— y, por consiguiente, la desaparición traer, según Scheler, los valores de los bienes históricos,
del percibir sentimental no suprime el ser del valor.” 2 considerándolos productos de la historia y sometidos, por
El objetivismo axiológico de Scheler está intimamen- lo tanto, a sus vicisitudes. Comete ese error porque no
te unido a su absolutismo. De ahí que rechace todas las ha advertido el carácter independiente de los valores y
doctrinas “relativistas”, comenzando por aquellas que confunde los cambios reales que sufren los bienes y las
sostienen que los valores tienen existencia en relación normas con la variación de los valores.28
con el hombre y su organización psíquica o psico-física. No sólo rechaza Scheler el subjetivismo axiológico
Cree Scheler que esta doctrina es absurda ya que los sino que pretende explicar los motivos de tal doctrina.
animales también sienten los valores, de lo agradable, Sostiene que entre las razones que condujeron a ella
por ejemplo.?3 Se nos ocurre preguntar si no sienten “ocupa el primer lugar el hecho de que es más difícil
tales valores justamente porque tienen, lo mismo que conocer y juzgar valores obictivos que cualesquiera otros
el hombre, una determinada constitución psico-física. contenidos objctivos”.29% Es cierto que aun en doctri-
Scheler quiere ir, desde luego, más allá: desea indepen-
26 Jbid., p. 43.
alcancemos a advertir esa dependencia. Nuestra incapacidad 27 Ibid., p. 50.
28 Cfr. Ética, sec. V, cap. L, $ 6. Véase también tomo IT,
por descubrir tal hceho no suprime su existencia.
24 Ética, 1, p. 15, >. 300-301.
25 Ibid., p: 39. 29 Ética ll, p. 99.
88 MAX SCHELER NATURALEZA DE LOS VALURES 89
nas subjetivistas aparecidas con posterioridad a la obra Parecería innecesario señalar, a esta altura de la ex-
de Scheler se ha utilizado este argumento en favor de la posición, que Scheler rechaza de plano al nominalismo
subjetividad de los valores. Como se recordará, Russell axiológico, que niega contenido significativo a las pa-
afirma que él se adhiere al subjetivismo ante la imposi- labras que expresan los valores, bueno, bello, honesto,
bilidad de encontrar argumentos para probar que algo etcétera. Tales palabras son, para el nominalismo, las
tiene valor intrínseco.30 expresiones de sentimientos, intereses y apetencias de
Es para Scheler “un fenómeno chocante” que el los individuos. Refiere Scheler esta doctrina a Hobbes
escepticismo ético se halle más extendido que el teórico, y a Nietzsche; el lector recordará que el nominalismo
y al buscar las causas de tal hecho cree encontrarlas en axiológico adquiere mayor significación con posteriori-
que tenemos mayor sensibilidad y fineza respecto a las dad a la muerte de Scheler en varios representantes del
discrepancias sobre los juicios éticos que sobre los de empirismo lógico.
orden teórico. Como buscamos el apoyo social en nues- Scheler afirma, con razón, que los argumentos del
tras valoraciones éticas, nos intranquiliza cualquier dis- nominalismo ético no se distinguen csencialmente de
crepancia con los demás y esta intranquilidad es la que los que ha usado la filosofía nominalista para negar
destaca la existencia de diferencias. El escepticismo, a validez objetiva y realidad a los conceptos. Y como con-
su vez, es la consecuencia de la desilusión que experi- sidera que Husserl ha demostrado en las Investigaciones
mentamos al no encontrar la coincidencia esperada. Tal lógicas 83 la falta de fundamento del nominalismo, no
desilusión se debe a nuestra debilidad e incapacidad se empeña en una refutación a fondo de tal doctrina.
por estar solos ante los problemas morales. El senti- Cree Scheler que no puede reducirse un valor a la
miento de inferioridad y la “profunda y secreta expe- expresión de un sentimiento porque captamos, con fre-
riencia de la impotencia” para realizar los valores, y el cuencia, a los valores con independencia de los senti-
consiguiente sentimiento de depresión conduce —según mientos que experimentamos. Así, podemos comprobar
Scheler— a una “especie de acto de venganza”, que con frialdad, y aun con fastidio, la existencia de un
es la afirmación de la subjetividad de los valores. valor moral en nuestro enemigo.2* El nominalismo no
El deseo de lograr el apoyo social es —según Sche- logra explicar el real comportamiento humano frente
ler— lo que llegó a desviar a Kant de la verdad “hasta a hechos morales o estéticos; en verdad —dice— nos
querer convertir la mera aptitud de generalización de comportamos frente a los valores de un modo análogo
una máxima de la voluntad en escala de su justeza a como nos conducimos frente a los colores y los soni-
moral”.31 Para Scheler —dicho sea de paso— un que- dos, esto es, reconociendo su objetividad y distinguiendo
rer es bueno exclusivamente para un individuo sin tales cualidades de su aprehensión y del interés que
que pueda ser generalizado y “una intuición moral de tengamos en ellas.
los valores puros y absolutos de un ser y un comportarse Cree encontrar Scheler algo de común entre el no-
cuanto más adecuada es (es decir, cuanto “más objetiva minalismo ético y el platonismo —que parecería ser su
es), debe llevar consigo ese carácter circunscrito a in- opuesto— y que también rechaza. “Tanto en una
dividuos”.32 como en otra opinión se niegan los “hechos independien-
33 Cfr. Investigaciones lógicas, tomo II, investigación se-
30 Cfr. B. Russell, Religión y ciencia, p. 146.
31 Ética, 1, p. 100. gunda (Madrid, Revista de Occidente, 1929).
32 Loc. cit. Cfr. pp. 106-107. 34 Ética, l, sec. IV, cap. I, $ 2, espec. p. 227.
90 MAX SCHELER CAPTACIÓN DE LOS VALORES 91
tes de valor”... relegándose “todo el mundo de lo que hay una tercera esfera, de dignidad semejante a la
moral a la esfera de un reino conceptual no intuitivo”.35 razón, aunque independiente de ella tanto como de
Contrariamente a lo que sostendrá más tarde Hart- la sensibilidad. Es el ordre du coeur de que hablaba
mann, no cree Scheler que deban buscarse los valores Pascal. Un orden que no es caótico ni caprichoso, pero
en la esfera de los objetos ideales, junto a los números que la razón intelectual no logra comprender: “el co-
y las figuras geométricas. Es cierto que los conceptos razón tiene sus razones que la razón no comprende”.
de bondad, belleza, agrado, etc., pertenecen a ese reino, La luz de la emoción se apaga cuando se intenta llevarla
pero lo moral —y con ello todo lo axiológico— no se al intelecto. Hay que ajustar la captación a la natura-
agota en el reino de las significaciones ideales. Platón leza del objeto captado. ¿Cómo se captan los valores?
cayó en el error de incorporar los valores a esa esfera Los valores constituyen un tipo de objeto completa-

.”
porque partió de una falsa división del espíritu en “ra- mente inaccesible a la razón. Fl racionalismo, tanto
zón” y “sensibilidad”. Como los valores no pueden griego como moderno, los tuvo relegados a un plano
reducirse a contenidos de la sensación, los agrupó junto inferior o pretendió asimilarlos a los entes de razón.
a los números y las figuras geométricas, esto es, en el Ellos se ajustan a la logique du coeur, que nada tiene |
reino de la razón. que ver con la lógica del intelecto, pero que estable-¿
Hay que distinguir, para Scheler, entre el concepto ce órdenes y leyes tan precisas como las de esta ló-
de un valor y el valor mismo. Un niño pequeño siente gica. Es por medio del corazón, por la pura vía emo+
la bondad y el cuidado de la madre sin haber captado, cional, que captamos los valores. O, para decirlo en
ni ser capaz de captar, la idea de lo bueno. Por otra términos estrictamente schelerianos, los valores se nos
parte, Platón negó existencia a los valores negativos, con- revelan en el percibir sentimental, en el preferir, amar,
siderando lo malo como lo aparente, frente a la reali- odiar.97
dad plena del bien. Para mostrar el sentido profundo de la captación
de los valores por medio del percibir sentimental, rea-
5. CAPTACIÓN DE LOS VALORES liza Scheler una descripción fenomenológica de la vida
emocional, que le permite poner al descubierto diversas
La discrepancia de Scheler con Platón no se advier- capas de la esfera emocional que habitualmente no se
te tanto en la crítica que le dirige,3 sino al comparar los distinguen con claridad.
modos de captación de los valores en uno y otro filósofo. Distingue, en primer lugar, entre el “sentimiento in-
Platón es un intelectualista, frente al sensualismo tencional” (intentionales Fiúhlen) y el “estado sentimen-
de la escuela cirenaica. Scheler, en cambio, se opondrá tal sensible” (Gefiihlzustand). Este último se refiere
a toda forma de intelectualismo y continuará la línea a la pura vivencia del estado, mientras que el primero
iniciada por San Agustín y Pascal. tiene que ver con su captación. Un dolor sufrido es dis-
El intelectualismo de Platón y de los grandes filó- tinto a un dolor observado. En el estado afectivo o
sofos modernos, incluyendo a Kant, se debe a la falsa sentimental no hay ningún elemento intencional; cuan-
división del espíritu, antes señalada. Se opta por la ra- do se refiere a un objeto la referencia es mediata, esto
zón porque se rechaza la sensibilidad; no se advierte es, posterior al momento de darse el sentimiento. La
35 Ibid., p. 221. referencia puede ser de orden causal, así, el fuego es el
36 Ética, sec. 1V, cap. 1, 1. 87 Etica, 1, p. 108.
92 MAX SCHELER CAPTACIÓN DE LOS VALORES 93
objeto que me ha causado este dolor que tengo. La valores. Por lo tanto, no está a la zaga del percibir
relación se establece mediante el pensar. sentimental y del preferir sino que les precede, pues
En el sentimiento intencional, en cambio, hay una les descubre nuevos valores.
referencia directa e inmediata al objeto y dicha refe- Salvo algunas pocas excepciones ya mencionadas
rencia no es de carácter intelectual; en ella se nos reve- —como San Agustín y Pascal— la historia de la filo-
lan los valores. El percibir sentimental no está unido sofía moderna revela poca comprensión frente a la na-
al objeto exteriormente o a través de una representa- turaleza de la vida emocional y su capacidad para des-
ción, mi el objeto aparece como un signo de alzo que cubrirnos un mundo valioso.
se oculta detrás de él. Distingue Scheler dos etapas en la filosofía moderna:
Captamos los valores por medio de las vivencias la primera va desde Descartes hasta fines del siglo XvIn,
emocionales del percibir sentimental. A su vez, el or- y la segunda de Kant en adelante. Para los racionalis-
den jerárquico de los valores se presenta en el “pre- tas —Descartes, Spinoza, Leibniz— y los hombres que
ferir” y “postergar”, como veremos más adelante. No sufrieron su influencia, el percibir sentimental, el amar,
debe confundirse “preferir” con “elegir”. Se elige entre odiar, etc., no eran algo irreductible, sino fases confu-
acciones —entre un “hacer” y otro “hacer”, dice Sche- sas y oscuras del pensar y concebir. Para Leibniz, por
ler— mientras que se prefiere un bien a otro, y también ejemplo, el amor maternal es el concepto confuso de
un valor a otro, con prescindencia de los depositarios, que es bueno amar al hijo. Y así como reducen la vida
sin exigir contenidos de fin, como es el caso en el emocional a un grado inferior del pensamiento, lo bue-
elegir.88 no, lo malo y los demás valores quedan reducidos a
El amar y el odiar forman, para Scheler, el estrato grados de perfección del ser.
superior de la vida emocional intencional. No se trata Desde los comienzos del siglo x1x, en cambio, se ha
de “estados” sino que ambos tienen un carácter clara- ido reconociendo la irreductibilidad de la vida emocio-
mente intencional. Lo revela el idioma; se dice amo y nal, pero la influencia del intelectualismo anterior ha
odio “algo”, y no amo y odio a secas, o “por” o “en” llevado a Kant, y a los filósofos que le siguen, a degradar
algo. El amor y el odio nada tienen que ver con la ira, la vida emocional, reduciéndola a simples estados y ne-
el enojo, la cólera o cualquier otro estado semejante. gándole, por lo tanto, su carácter intencional.
Tampoco debe confundirse el amor y el odio con el Para Scheler, en cambio, la vida emocional —el per-
preferir y el postergar. El preferir exige pluralidad de cibir sentimental— es irreductible al intelecto o cual-
valores, mientras que en el amor y el cdio puede darse quiera otra forma anímica y tiene, al mismo tiempo,
un solo valor.39 El amor y el odio son, por otra parte, carácter intencional.
actos espontáncos, muy distintos a las reacciones de ré- El hecho de que la esencia de los valores se nos re-
plica, como la venganza, por ejemplo. Son actos en los vele en la intuición emocional —y no en la intuición
cuales el reino de los valores, accesibles al percibir sen- intelectual, por ejemplo— pone de manifiesto un ca-
timental, experimenta una ampliación o restricción, rácter fundamental que le impide su reducción al mun-
puesto que el amor es un auténtico descubridor de do de los objetos ideales.
38 Ibid., p. 32. Cfr. también tomo I, p. 130.
39 Ibid., p. 32; y Esencia y formas de la simpatía (Bue-
nos Aires, Losada, 1942), sección B.
94 MAX SCHELER JERARQUÍA DE LOS VALORES 95
para Scheler, la jerarquía es algo ínsito en la esencia
6. JERARQUÍA DE LOS VALORES misma de los valores y, por lo tanto, invariable y ajeno
a la experiencia. La conexión jerárquica es de natura-
Mas tal intuición emocional no sólo capta la pre- leza a priori. Esto no significa, sin embargo, que el
sencia del valor sino que aprehende —especialmente a orden jerárquico de los valores pueda ser deducido lógi-
través del preferir— la jerarquía de los valores. camente; se trata de una evidencia intuitiva de prefe-
Como se sabe, es una cualidad esencial de los valo- rencia que ninguna deducción lógica puede sustituir.
res presentarse ordenados jerárquicamente. Aun para El acto de preferencia no exije que se dé una mul-
quienes aceptan sin más la verdad de esta proposición, titud de valores en el percibir sentimental. Puede dár-
les resulta difícil decidir qué criterio debe usarse para senos una acción como preferible a toda otra acción, sin
determinar tal jerarquía. No puede usarse, desde luego, que pensemos o nos representemos las demás acciones
el criterio empírico. “Pal criterio podría decirnos cuál posibles; basta la conciencia de poder preferir cualquier
es la tabla jerárquica de una persona, un pueblo o una otra Cosa.
época, mas no cuál debe ser dicha tabla. Distingue Scheler el prefcrir, como acto, del modo
Scheler cree que los valores mantienen una relación de su realización. A veces el preferir se da intuitiva-
jerárquica a priori. La jerarquía, para él, reside en la mente, sin que scamos concientes de ninguna actividad,
esencia misma de los valores y se aplica aun a aquellos y el valor se nos aparece “como por sí mismo”. Otras
valores que no conocemos.*0 La superioridad de un va- veces, en cambio, se da un preferir conciente y acom-
lor ¿obre otro se capta por medio del “preferir”, que pañado de “reflexión”.
es un acto especial de conocimiento. Preferir no es En los modos reales del prefcrir se distinguen los
juzgar; el juicio axiológico descansa en un preferir que caracteres morales. Unos son llamados por Scheler, “crí-
le antecede. ticos” o “ascéticos”, puesto que realizan la superioridad
Como lo indicamos anteriormente, no hay que con- de los valores principalmente a través del acto de “pos-
fundir “preferir” con “elegir”. El “elegir” es una ten- tergar”. A ellos se le oponen los “caracteres positivos”,
dencia que supone ya el conocimiento de la superio- para quienes el valor inferior se les hace patente desde
ridad del valor. El “preferir”, en cambio, se realiza el superior que se le da dircctamente.
sin ningún tender, clegir mi querer. Cuando decimos Si bien en el preferir se da ya la superioridad de un
“prefiero la rosa al clavel”, no pensamos en una elec- valor sobre otro, Scheler cree necesario, con justa ra-
ción. La elección tiene lugar entre acciones, como vi- zón, exponer por separado los criterios que hay que
mos. El preferir, en cambio, se refiere a bienes y valo- utilizar para determinar la jerarquía axiológica.*1 Estos
res; en el primer caso se trata de un preferir empírico criterios, que son cinco en total, pueden separarse de los
y en el segundo apriórico. actos de preferencia, aunque revelan rasgos de las leyes
Si bien la superioridad de un valor no nos es dada del preferir. El primer criterio es el de la “extensión” del
antes del preferir sino en el preferir, no debe creerse valor. Siempre se ha preferido, observa Scheler, los bie-
que tal superioridad consista en que un valor ha sido, nes duraderos a los pasajeros y cambiantes. La capacidad
de hecho, preferido. De lo contrario, la superioridad de persistir a través del tiempo es una nota que carac-
tendría un fundamento empírico, cuando en realidad, teriza las grandes obras literarias, por ejemplo. La du-
41 Cfr. ibid., pp. 133-145.
40 Etica, Il, p. 129
96 MAX SCHELER
JERARQUÍA DE LOS VALORES 97
ración no debe referirse, desde luego, a los bienes y, me-
nos aún, a los depositarios.
su posesión—, mientras que los bienes espirituales unen
Un fósforo puede destruir
una obra de arte y una teja apagar la luz de un genio.
a los hombres en una posesión común.
La fundamentación constituye el tercer criterio. Si
La simple duración del bien, debido a la fortaleza del un valor fundamenta a otro es más alto que éste. Se pue-
AEPnotrdo 1 IABrECan JUL Ya "unico 12d LON tÍAriOr dé anfmar que un vator de 12 clase p runaamenta un
una “fca” estatua de mármol sería estéticamente supe- valor de la clase A, cuando un valor individual A re-
rior a una “bella” creación en madera o yeso. quiere, para darse, la previa existencia de un valor B.
La duración se refiere, indudablemente, a los va- El valor B es, en este ejemplo, el valor que fundamenta
lores. Afirma Scheler que “los valores más inferiores y, por lo tanto, el más alto.*3 Así, lo agradable se apoya
de todos son, a la vez, los valores esencialmente “fuga- en lo vital, en la salud, por ejemplo.
ces”; los valores supcriores a todos son, al mismo tiemn- Todos los valores sc fundan, desde luego, en los
po, valores eternos”.42 Es “de esencia” del valor de lo valores supremos que son, para Scheler, los religiosos, Al
agradable sensorial darse como mudable, frente al valor sostener esta tesis vuelve Scheler a un monismo axioló-
de la salud, por ejemplo, o el valor del conocimiento. gico semejante al medieval que el desarrollo de la cul:
El segundo criterio es el de la divisibilidad. La al- tura moderna parecía haber superado.
tura de los valores cs tanto mayor cuanto menos divi- Hay una relación csencial —para Scheler— entre la
sibles son, esto es, cuanto menos havan de ser fraccio- “profundidad de la satisfacción” que acompaña el per-
nados por la participación de muchos en ellos. Debido cibir sentimental de los valores y la jerarquía de éstos.
a que los valores de lo agradable sensible “son esencial y Como sucede con la preferencia, sin embargo, la jerar-
claramente extensivos”, la participación de muchos en quía del valor no consiste en la profundidad de la satis-
los bienes materiales sólo es posible gracias a la división facción que produce, Hay también, de igual modo, una
de éstos, como sucede con las comidas, bebidas o con “conexión de esencias” por la cual el valor más alto
un trozo de tela. En estos casos, la magnitud del produce una satisfacción más profunda.
valor se rige por la magnitud del depositario: un trozo Aclara Scheler el conceptu de “satisfacción”. En pri-
de tela o de pan vale aproximadamente el doble que la mer lugar, no debe confundírsela con el placer, si bien
mitad del trozo. En la obra de arte no sucede lo mis- éste puede ser una consecuencia de la satisfacción. Se
mo: la mitad de una estatua o un cuadro no Corres- trata, por otra parte, de una vivencia de cumplimiento,
ponde a la mitad de su valor total. Por esta razón, esto es, que se da tan sólo cuando se cumple una inten-
podemos compartir el goce de los valores estéticos sin ción hacia un valor mediante la aparición de éste. La
necesidad de fraccionar los bienes —los valores espiri- satisfacción no está necesariamente ligada a una tenden-
tuales son indiferentes al número de personas que par- cia; el más puro caso de satisfacción acaece en el tran-
ticipan de su goce— mientras que el goce de lo agradable quilo percibir sentimental y en la posesión de un bien
sensible exige el fraccionamiento de los bienes corres- 43 Ibid., p. 138. Si aceptamos esta definición no hay,
pondientes. Por eso los bienes materiales separan a las desde luego, lugar a discusión. Il problema consiste en sa-
personas —al establecerse conflictos de intereses sobre ber si valores de una región determinada —estética, por ejem-
plo— no pueden darsc sin los correspondientes valores “fun-
42 Ibid, p. 136. Véase más adelante (pp. 116-121) las dantes”, los valores religiosos, por ejemplo. Véanse nuestras
críticas a éste y los demás criterios indicados por Scheler. observaciones críticas en pp. 119-121.
98 MAX SCHELER JERARQUÍA DE LOS VALORES 99
positivamente valioso. Tampoco es necesario que la sa- tividad que se deriva de la naturaleza del depositario
tisfacción vaya precedida de una tendencia. eventual del valor. Ésta es una relatividad de “segundo
Igualmente aclara el concepto de “profundidad”. orden”, en oposición a la relatividad de “primer orden”
La distingue, cn primer término, del “grado” de satis- que se refiere a los valores.
facción. “Decimos que una satisfacción en el percibir _Ahora bien, aquellos valores que, en el sentir y pre-
sentimental de un valor cs más profunda que otra, ferir, son dados como los valores más próximos al va-
cuando su existencia se muestra independiente del per- lor absoluto, se dan, a su vez, como los más altos en
cibir sentimental del otro valor y de la “satisfacción” la intuición inmediata. Cree Scheler que existe un
a él unida, siendo ésta, empero, dependiente de aqué- percibir inmediato de la relatividad de un valor, inde-
lla.” +4 De ahí que sólo cuando nos sentimos satisfechos pendiente por completo del juicio y la reflexión. Así
en los planos profundos de nuestra vida gozamos las el valor absoluto, se da como evidente con prescindencia
ingenuas alegrías superficiales. de cualquier razonamiento lógico o hecho empírico. La
Reconoce Scheler que los cuatro criterios enunciados reflexión y los actos de comparación e inducción pueden
—extensión, divisibilidad, fundamentación y profundi- más bien, ocultarnos el carácter absoluto o relativo de
dad de la satisfacción— “no pueden expresar el último un valor. “Existe en nosotros un fondo en el que apre-
sentido de la altura de un valor, por más que descansen ciamos secretamente la naturaleza de los valores vividos
siempre en conexiones de esencias”.45 por nosotros en lo que respecta a su “relatividad”, no
Veamos qué acontece con el quinto criterio propues- obstante que intentemos a veces “ocultarnos” esa rela-
to: la relatividad. Afirma Scheler que si bien la objeti- Uvidad mediante el juicio, la comparación y la in-
vidad pertenece a todos los valores y sus conexiones de
esencias son independientes de la realidad y de la cone- Un valor es tanto más alto cuando menos relativo
xión real de los bienes en que se realizan los valores, es; el valor más alto de todos es el valor absoluto. To-
existe entre éstos una diferencia que consiste en la das las demás conexiones de esencias se basan sobre
escala de relatividad. Observa que el hecho de que un ésta que es, para Scheler, la fundamental.
valor sea “relativo” no lo convierte en “subjetivo”. Un _El preferir y la aplicación de los cinco criterios
objeto corpóreo que se presenta en la alucinación es señalados, nos ponen al descubierto una ordenación
“relativo” al individuo, mas no es subjetivo, en el sen- jerárquica, O tabla de valores que, para Schcler, es la
tido que lo es un sentimiento. siguiente. +?
El valor de lo agradable es “relativo” a un ser dota- En primer término figuran, cn el nivel más bajo
do de sentimicnto sensible; en cambio, son valores “ab- los valores de “lo agradable” y“lo desagradable”, a los
solutos” aquellos que existen para un puro sentir —pre- que corresponden los estados afectivos del placer y el
ferir, amar— esto es, para un sentir independiente de la dolor sensible. En segundo término están los valores
esencia de la sensibilidad y de la esencia de la vida. vitales, que representan una modalidad axiológica inde-
Los valores» morales pertenecen a esta última clase. pendiente e irreductible a lo agradable y lo desagradable
Tal relatividad se refiere al ser de los valores mis- La antítesis noble-vulgar es la fundamental en este es-
mos y no debe confundirse con la dependencia o rela- trato axiológico, si bien corresponden a esta esfera los
44 Tbid., p. 141. 46 Ibid., p. 144.
43 Loc. cit. 27 Ibid., pp. 151-156.
100 MAX SCHELER JERARQUÍA DE LOS VALORES 101
, O ie
valores del bienestar y, como estados, todos los modos santo a lo largde
o la historia incluyendo, desde luego
del sentimiento vital, como la salud, la enfermedad, la el conce pto más puro de Dios”. >

vejez, la muerte, el agotamiento. Los estados correspondientes a los valore


s religiosos
El reino de los valores espirituales constituye la ter- son1 los de éxtasi
asis.
s y desesperación 1, que miden la proxi-
cera modalidad axiológica. Ante ellos deben sacrificarse midad o el alejamiento de lo santo. Las
reacciones espe-
tanto los valores vitales como los de lo agradable. Cap- cíficas correspondientes son las de la fe
la
tamos estos valores por el percibir sentimental “espiri- y la adoración. El amor es, a su vez, el acto veneración
captamos en el ue
tual” y en actos como el preferir, amar y odiar espiritua- los valores de lo santo.
les, que no deben confundirse con los correspondientes Para Scheler, esta relación jerárquica de valore ?
va de lo agradable a lo santo —a través s que
actos vitales sinónimos. de lo vital 15
Dentro de los valores espirituales pueden distinguir- espiritual— es apriorística y precede, por lo tanto,
quier relación entre los bienes. Es aplicable a cual.
se, jerárquicamente, los siguientes: a) los valores de lo
nes sencillamente porque se aplica a los “valo a los bie-
beilo y de lo feo y los demás valores puramente esté- res” aue
están presentes en los bienes.
ticos; b) los valores de lo justo y de lo injusto, que no
"Examinaremos
?
hay que confundir con “lo recto” y lo “no recto” que críticamente más adelante la validez
de esta tabla de valores y de los criterios que
tenido en cuenta para establecerla. Bástenos por se han
se refieren a un orden establecido por la ley, y que son
independicntes de la idea de Estado y de cualquier legis- el mo-
lación positiva; c) los valores del “conocimiento puro mento señalar, que cada época histórica
y cada gran
filósofo, ha tenido su tabla de valores y que
de la verdad”, tal como pretende realizarlos la filoso-
mente podrá fijársela cn forma definitiv:
difícil-
fía, en la contraposición con la ciencia positiva que
tende Scheler. q
aspira al conocimiento con el fin de dominar a los fe- PE
nómenos.
Adviértase que Scheler habla del valor del “conoci-
miento” y no de la verdad misma; para él “la verdad
no pertenece al universo de los valores”.*8 Los valores
de la ciencia, tanto como los de la cultura, son “valores
por referencia” a los del conocimiento.
Por encima de los valores espirituales está la última
modalidad de los valores, la de lo santo y lo profano.
Los valores religiosos son irreductibles a los espirituales
y tienen la peculiaridad de revelársenos en objetos que
nos son dados como absolutos.
Como los valores en general son independientes
de los bienes y de todas las formas históricas, se com-
prende que Scheler reclame para los valores religiosos
completa independencia frente a lo que ha valido como

48 Ibid., p. 154, nota 34.


V
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e
cidente, 1941-42; 2? ed., idem, 1948). de ambas posiciones consiste en tomar en consideración
M., Valuation, its Nature and Laws (London
Ursan, W. tan sólo un aspecto de la cuestión.
New York, MacMillan, 1909). Así, por ejemplo, el subjetivismo tiene razón al afir-
mar que no puede separarse enteramente al valor de la
valoración, pero yerra al pretender reducir el valor a
la valoración. Si los valores fueran tan sólo una proyec-
ción del agrado, el deseo, o el interés del sujeto, reinaría
en el mundo una verdadera anarquía axiológica, pues los
descos e intereses varían de una época a otra y de hom-
bre a hombre. Y es verdad que no existe una plena
coincidencia en la apreciación de las obras de arte ni
en la valoración de la conducta humana, pero no es
menos cierto que la coincidencia es mucho mayor que la
discrepancia.
Por otra parte, si los valores fueran creados por cl
sujeto sin tener en cuenta ningún elemento que tras-
cienda al sujeto mismo, la norma de conducta se re-
duciría al capricho personal y desaparecería toda posi-
bilidad de establecer ninguna forma estable de aprecia-
ción estética. La tabla de valores sería caprichosamente
fluctuante, la educación ética y estética imposibles, el
103
104 VALOR Y SITUACIÓN UNILATERALIDAD DEL SUBJETIVISMO 105
“buen gusto” y la prédica moral no tendrían sentido por cl metodológico sin caer en el error del hombre a
y tanto valdría el corrompido como el hombre hones- quien se le había encargado que observara, por el ojo de
to: ambos se conducirían de acuerdo a los propios de- la cerradura, lo que pasaba en el interior de una habi-
seos y a los intereses que los mueven. tación y ante la imposibilidad de ver nada se dedicó a
Si el desco, el agrado y el interés confieren valor a describir el ojo de la cerradura.
un objeto, no podría haber valoración equivocada; bas- Que no se haya aún encontrado un criterio acep-
taría que lo descáramos para que tuviera valor, Al hecho table para resolver los conflictos axiológicos, o para de-
psicológico de la valoración —muy importante, por cier- terminar cuál es la naturaleza efectiva del valor, no
to— es necesario agregarle cl elemento axiológico para significa que tal criterio no exista. La humanidad tardó
saber si lo que deseamos de hecho es merecedor de ser mucho tiempo en encontrar el actual criterio que usa
deseado, esto es, si se trata de un buen deseo. Las doc- la ciencia para resolver las cuestiones que caen bajo su
trinas subjetivistas, como se ve, dejan el problema axio- dominio; una actitud de desesperada urgencia hubiera
lógico en su punto inicial. Su contribución consiste empujado a los científicos hacia la magia, v los procedi-
en indicar un elemento importante en el acto axiológico mentos científicos no se hubieran descubierto. La axio-
—la conexión del valor con el sujeto que valora— pero logía es una disciplina muy joven v sus problemas son
fracasan al dejar de lado, inconscientemente o Cn for- tan complejos, o más, que los científicos. Ante los
ma deliberada, el aspecto estrictamente axiológico de la fracasos por establecer un criterio axiológico aceptable
cuestión. no debemos desesperar y, menos aún, extraer la con-
Quienes dejan el aspecto axiológico de lado en for- clusión pesimista de que es imposible encontrar tal
ma deliberada, al afirmar que el conocimiento se refiere criterio.
tan sólo a cuestiones de hecho, lo hacen por razones Una vez convencidos de que no existe un criterio va-
metodológicas y no como respuesta al interrogante sobre ledero para determinar la naturaleza de un valor o su
la naturaleza propia del valor. Por lo general, quienes Jerarquía, estos pensadores concluven que el valor no
adoptan esta actitud son hombres inspirados en la cien- coctamos. tres propia, sino la que nosotros pro-
cia de la naturaleza que desean, para todos los órdenes
de la vida, criterios semejantes a los científicos. Tales Aun cuando no existiera —o no pudiéramos nosotros
hombres están preocupados, principalmente, por el pro- encontrar argumentos o criterios valederos—, resulta ile-
blema del método. Han visto adelantar las ciencias gítimo inferir de una dificultad axiológica la existencia
de la naturaleza en forma vertiginosa y han advertido la de ciertas cualidades en el objeto que se estudia.
posibilidad de que esos métodos se apliquen con éxito a
problemas de las ciencias del espíritu. ¿Por qué no ex- Crítica a la tesis del empirismo lógico. El empirismo
tenderlos también a la filosofía? lógico —v hombres que cstán muv cerca de este movi-
Crcemos que el problema metodológico es muy im- miento como Bertrand Russcll-—— son quienes más han
portante, pero más importante es la cuestión que se insistido cn negar la existencia de cualidades propias
refiere a la constitución misma del objeto que nos 1n- del valor debido a dificultades de orden metodológico.
teresa, en este caso, a los valores. El método es un Como se recordará, Russell afirma que la razón prin-
instrumento para descubrir la naturaleza de la reali- cipal que tiene para adoptar la doctrina de la subjeti
dad. No puede sustituirse el problema de la realidad vidad de los valores “es la completa imposibilidad de
106 VALOR Y SITUACIÓN UNILATERALIDAD DEL SUBJETIVISMO 107
encontrar argumentos para probar que esto o aquello son, en el fondo, sino discusiones de hechos; que mu-
tiene un valor intrínseco”.! chas veces disentimos porque hay un desacuerdo so-
El análisis semántico condujo a los empiristas lógi- bre los elementos fácticos. ¿Sucede algo semejante en
cos a conclusiones semejantes. Carnap sostiene, como todos los casos? No lo creemos. Hay situaciones en que
vimos, que los juicios de valor difieren tan sólo por su los interlocutores están plenamente de acuerdo sobre los
formulación de las expresiones de deseos y de los im- hechos y discrepan por razones estrictamente axiológi-
perativos. Saca luego conclusiones terminantes acerca cas. Es lo que sucede con ciertos críticos de arte, que
de la imposibilidad de la ética normativa y de la axio- están de acuerdo acerca de los hechos referentes a un
Tales conclusiones po- cuadro o a una obra musical y, sin embargo, discrepan
logía como disciplina filosófica.
drían tener validez si se probara antes la tesis que las porque tienen concepciones distintas acerca de la na-
en turaleza del valor estético. Algo semejante sucede cuan-
sostiene, cosa que Carnap no hace. No basta afirmar,
de do la discrepancia no se refiere a un valor aislado sino
efecto, que un juicio de valor es una forma disfrazada
Se a la posición de un determinado valor, con respecto a
imperativo o norma; hay que probar tal afirmación.
trata, a nuestro juicio, de una tesis errada. o otro, en la tabla axiológica.
Ayer está en un error al creer que tan sólo los hom-
Si hay alguna relación entre las normas y los juicios
bres de distintas comunidades culturales o sociales tie-
de valor, tal relación consiste en que las normas, para nen distintas tablas axiológicas. Es frecuente encontrar,
tener validez, deben apoyarse en los correspondientes entre miembros de una misma familia, que conviven
juicios de valor. De ahí que la investigación teórica
preceda a la normativa. o bajo un techo común y que han sido educados en los
mismos colegios, discrepancias axiológicas fundamenta-
Como se ve, la postulación dogmática de verdades no les. En uno predominan los valores religiosos, en otro
probadas y la eliminación automática de lo que con-
los económicos, en un tercero los estéticos. Tal pre-
tradice la propia doctrina, no es monopolio del racio- dominio tiene que ver, más bien, con los tipos psicoló-
nalismo ni del objetivismo. Indicamos en su oportunt- gicos —como lo indicó Spranger— y no con situaciones
dad2 los errores que comete Ayer al cerrar las puertas educativas o ambientales. Las discusiones en esa fami-
a los elementos que no coinciden con su doctrina y lia se refieren a los valores y no a los hechos, esto es,
dejar entrar furtivamente lo que la favorece. Como se al orden jerárquico que debe ocupar un valor respec-
recordará, sostiene este autor que los valores no agregan to a otro.
nada al contenido de una proposición y que, en verdad, La educación estética y moral no consiste tan sólo
nunca discutimos sobre valores sino sobre hechos. en llamar la atención del joven sobre determinadas cues-
Hemos demostrado ya la falsedad de la primera
tiones de hecho, o consecuencias que producirían ciertos
afirmación; analicemos ahora el segundo punto. Se actos, sino en destacar ante sus ojos la presencia de
trata de una cuestión empírica. ¿Es cierto que nues- valores que su mirada inexperta no lograba descubrir.
tras discusiones no se refieren a los valores sino a los
La tesis central de Ayer, como se recordará, consiste
hechos? No cabe la menor duda que muchas de nues-
en afirmar que los juicios de valor no son ni verdaderos
tras discusiones sobre cuestiones éticas y estéticas no ni falsos puesto que no afirman nada, sino que expresan
1 Cfr. Religión y ciencia, p. 146. tan sólo los sentimientos de quien enuncia el juicio. En
2 Cfr. cap. TIL, nota 40. un examen a fondo de esta tesis, John Dewey reprocha
108 VALOR Y SITUACIÓN UNILATERALIDAD DEL SUBJETIVISMO 109
a su autor la ambigiedad de las palabras “sentimientos” de negar valor a lo que no se puede probar lógicamen-
(feelings) y “expresar” (evince),3 reproche grave si se te? ¿Se puede probar que lo que se prueba tiene mayor
tiene en cuenta que va dirigido a un hombre que centra valor que aquello que no puede probarse?
la cuestión en un análisis semántico. La contradicción entre sus afirmaciones y su com-
La tesis de Bertrand Russell, como vimos, es muy portamiento es común en Russell. Sc adhiere, por cjem-
scmejante a la de Ayer y cac, por consiguiente, bajo plo, a la doctrina de la subjetividad de los valores y
críticas similares a las enunciadas. Examinemos por se- luego se comporta como si los valores fueran objetivos.
parado aquellos aspectos de su tesis que no coinciden Escribe: “Si dos hombres dificren sobre los valores, no
exactamente con la posición de Ayer. hay desacuerdo respecto a ninguna clase de verdad, sino
Uno de ellos fue ya destacado y se refiere al pasaj una diferencia de gusto”.* Y agrega que algo tiene va-
indebido de la imposibilidad de encontrar argumentos lor en la medida cn que satisface un deseo personal. Ello
para probar que algo tiene valor, a la negación de la no le impide abogar por “el cultivo de deseos grandes
existencia de valores intrínsecos. Fuera del error de tal y generosos” y propiciar la “felicidad de la humanidad”.5
inferencia, hav que señalar el apresuramiento de Russell ¿En qué pucde consistir un deseo “grande y gene-
al afirmar que existe “completa imposibilidad” para en- roso” si el valor depende exclusivamente del deseo? Sin
contrar argumentos. Si se hubiera atenido a los hechos, quererlo advierte la insuficiencia de la definición del
debía haber afirmado que él no conocía, hasta ese mo- valor por medio del deseo y tiene que introducir un
miento, ningún argumento que, a su parecer, probara la elemento axiológico adjetivando al deseo. El valor ra-
existencia de valores intrínsecos. No puede haber nin- dica en el adjetivo y no en el sustantivo: un desco “pe-
guna razón “de esencia” que impida encontrar en el queño” es tan desco como uno “grande”. No es el
futuro argumentos semejantes; por otra parte, Russell deseo, por lo tanto, lo que confiere valor, sino la “ampli-
que es empirista, no puede apelar a las esencias inmuta- tud” del desco. Si no hav argumentos para probar que
bles. Si los científicos de épocas pasadas hubieran adop- algo tiene valor, tampoco lo habrá para demostrar que un
tado un criterio semejante frente a la existencia de las deseo “grande” es superior a uno “pequeño”. La falta
bacterias, por ejemplo, no se hubiera logrado aún descu- de argumentos no le impide, sin embargo, defender los
brirlas. Las dificultades para advertir su presencia no descos “grandes”, “generosos” e “impersonales” e indig-
cerraron la puerta a la posibilidad de un ulterior descu- narsc frente a actos de injusticia.
brimiento. ¿No es posible acaso que el intenso y cons- Al formulárscle un reproche scmejante6 responde:
tante estudio en el campo de la axiología pueda permitir “Se me acusa, quizás con razón, de cacr en una contra-
señalar, más adelante, que algo tiene, en efecto, un valor dicción porque, si bien sostengo que las valoraciones
intrínseco? éticas son subjetivas, me permito emitir opiniones cate-
Al negarse Russell a aceptar la existencia de un cri- góricas sobre cuestiones éticas. Si hay en ello alguna
terio axiológico, debido a la falta de pruebas, cstá su- contradicción es de una naturaleza tal que no puedo li-
poniendo —sin probarlo, por cierto— la superioridad del
4 Religión y ciencia, p. 146.
valor lógico sobre los demás valores. ¿Por qué habremos 5 Ibid, p. 149.
3 Cfr. John Dewey, Theory of Valuation. International 6 Véase la crítica de Justus Buchler en The Philosophy of
Encvclopedia of Unified Science, vol. IL, n* 4 (The University Russell, ed. por P. A. Schilpp (Northwestern University, 1944),
of Chicago Press, 1939), pp. 8-12. pp. 513-535.
110 VALOR Y SITUACIÓN UNILATERALIDAD DEL SUBJETIVISMO 111
brarme de ella sin caer en la insinceridad. Más aún, un si lo fuera, no podríamos hablar de deseos “impropios”,
sistema contradictorio puede muy bien contener menos “indecentes” o “pequeños” y tampoco de deseos “gran-
falsedad que uno coherente. .. No estoy dispuesto a re- des”, “honestos” o “generosos”. El deseo, en tanto
nunciar al derecho de sentir y expresar pasiones éticas; deseo, es un estado psicológico neutro frente a los valo-
ninguna cantidad de lógica, ni siquiera de mi propia res; su Calidad ética depende de otro elemento, que es
lógica, podrá persuadirme de que debo hacer tal renun- justamente el axiológico. Hay que buscar fuera del
cia. Hay hombres a quienes admiro y otros a quienes deseo el criterio para determinar su carácter ético; lo
considero despreciables; algunos sistemas políticos me mismo pasa con el interés y el agrado.
parecen tolerables, otros detestables. Ll placer ante el Lo que da origen a cierta confusión es que los de-
espectáculo de la crueldad me horroriza y no me siento seos, agrados e intereses pueden ser buenos o malos
avergonzado por ello. No estoy más dispuesto a renun- —y, por lo tanto, tienen vinculación con la ética—
ciar a todo esto que lo que estoy a renunciar a la tabla mientras que otros estados psicológicos, y otras cosas
de multiplicar”.7 que existen en el mundo, no pueden ser ni buenas ni
Esta respuesta prueba la calidad ética del hombre malas y permanecen, por consiguiente, fuera de toda
que está detrás del pensador y, al mismo tiempo, la relación con los valores. Así, nuestras percepciones,
debilidad de la teoría. Débil, en efecto, debe ser una nuestros recuerdos, lo mismo que los triángulos y los
teoría que obliga a su autor —que ha adquirido justa árboles, no son ni buenos ni malos, sino en relación
fama por la calidad de sus trabajos lógicos— a renunciar con la conducta —deseos e intereses— de los hombres.
a la consistencia lógica para poder mantener tal teoría. Si bien es cierto que el valor se da en una valora-
Toda la contradicción radica en que Russell, en tanto ción real o posible, es evidente que hay que distinguir
hombre, tiene la convicción de que existe la justicia, la entre la valoración —como hecho psicológico— del
decencia y la dignidad, y esta convicción es la que le obli- acierto de la valoración. Si un objeto adquiriera valor
ga a rebelarse en contra de la injusticia, la deshones- cuando lo valoramos con nuestro interés, deseo o agrado,
tidad y el placer denigrante de ciertos espectáculos. Si él no habría la posibilidad de cometer un error axiológico y
creyera realmente que la justicia es una cuestión “de nuestra valoración carecería de todo significado. Si todo
gustos” o de meros deseos personales, no podría acusar es verdadero, nada es verdadero: el error da sentido y
al prójimo por tener gustos “indebidos” o deseos “im- vigencia a la verdad.
propios” o “mezquinos”: tendría que respetar los de- Que la mera valoración psicológica positiva no con-
seos y gustos del prójimo como éste respeta los suyos. fiere un determinado valor a un objeto es un hecho
En este punto radica la debilidad y la insatisfac- que parece innegable. La preferencia de la juventud
ción del subjetivismo, sea que proclame el deseo, el actual por el rock and roll no le confiere a éste superiori-
agrado o el interés como concepto central en la inter- dad estética sobre una sonata de Beethoven. Recono-
pretación del valor. La debilidad consiste en que deja cemos la superior jerarquía de la sonata por encima
el problema axiológico intacto. de las preferencias individuales y colectivas, y utiliza-
En efecto, como ya lo sugerimos, si hemos de defi- mos con frecuencia esta superior jerarquía para valorar
nir al valor por el deseo, todo deseo será valioso. Mas negativamente a las personas que no son capaces de ad-
vertirla.
1 Ibid., p. 720. Por otra parte, los deseos y valoraciones reales no se
112 VALOR Y SITUACIÓN LOS ERRORES DEL OBJETIVISMO AXIOLÓGICO 113
producen caprichosa o caóticamente; debe haber en la ¿De dónde puede derivar tal legitimidad si el valor de-
realidad objetiva algún elemento que nos obliga a va- pende exclusivamente del deseo de cada individuo?
lorar de un modo determinado. El problema axiológico
no consiste, por consiguiente, en averiguar cómo o por 2. Los ERRORES DEL OBJETIVISMO AXIOLOGICO
qué valoramos, sino cómo debemos valorar. Si deseamos
algo es porque creemos reconocer en el objeto la pre- Las exageraciones del subjetivismo axiológico. que
sencia de alguna cualidad que lo hace acreedor a nucs- hemos señalado, han servido para rcterzaz la tesis del
tro deseo. Esta observación nos permite destacar una objetivismo. Pero no hay doctrina filosotica que pue-
distinción que es fundamental en axiología y que fue da construirse con los crrores de la doctrina opuesta. Por
sugerida por Fhrenfels a fincs del siglo pasado en su otra parte, el subjetivismo no yerra sino que exagera
polémica con Mcinong y repetida luego por varios pen- alguna de sus verdades y el repudio de todo lo que él
sadores de distintos países: nos referimos a la distin- sostiene condena al adversario a exageraciones semejan-
ción entre lo deseado y lo deseable. tes, aunque de signo contrario.
Toda investigación sobre lo descado se mantiene en Para cl objetivismo, como vimos, los valores son
el plano de lo psicológico o sociológico; sólo lo “desea- independientes de los bienes y de los sujetos que los va-
ble” es estrictamente axiológico. Tal distinción no loran; son además absolutos e inmutables, sin que el
implica, desde luego, una completa separación. Lo “de- acaecer real físico o humano pueda alterarlos. La na-
seable” mantiene su cordón umbilical que lo une a turaleza del ser humano, sus cambios a través de la his-
lo “deseado”. ¿Podría scr algo deseable si jamás nadie lo toria, el fluir constante de las preferencias, las vicisitu-
deseara o pudiera descarlo? La separación absoluta des de los deseos e intereses de los hombres, deja a los
transforma al valor de lo “deseable” cn una mera fórmu- valores intactos e imperturbables. “Los valores existen
la vacía; la identificación de lo “deseable” con lo “de- con independencia de toda organización de un ser es-
seado” abre la puerta al confusionismo axiológico. Tal piritual determinado”, escribe Scheler.19 Más adelante
identificación fuc afirmada repetidas veces por el sub- subrava que “Así como la cxistencia de objetos (por
jetivismo axiológico. “Lo que “debemos” desear —escri- ejemplo, los números) o la naturaleza no supone un
be Russcll— es meramente lo que otra persona quiere “yo”, mucho menos lo supone el ser de los valores”.
que deseemos.” 9 Y rechaza a continuación “toda doctrina que quiera
Si se adhiere a la tesis de Russell ninguna persona limitar los valores, en su misma esencia, a los hombres
puede, legítimamente, aspirar a que otra desce algo. y a su organización, sea ésta “psíquica” (antropologismo y
psicologismo) o “psicofísica” (antropologismo); es de-
8 Por falta de información, cada país atribuye esta dis- cir, que pretenda poncr al ser de los valores en relación
tinción a un autor nacional; los norteamericanos se la atribu- con el hombre o su organización”.1?
yen a John Dewey. Véase, por ejemplo, el valioso artículo En el caso particular de Scheler, la separación del
de Clyde Kluckholm, “Values, and Value-Orientations in the
Theory of Action” en Toward a General Theory of Action,
valor de toda relación con la realidad humana o natural
ed. por Parsons € Shils (Cambridge, Harvard University es tan grande que llega a encerrarse dentro de su pro-
Press, 1954), p. 395. 10 M. Scheler, Fitica, tomo II, p. 33.
9 “What we “ought' to desire is merely what someone 11 Ibid., p. 39.
else whishes us to desire”, en What 1 Believe, p. 29. 12 Loc. cit.
114 VALOR Y SITUACIÓN LOS ERRORES DEL OBJETIVISMO AxIOLÓGICO 115
pia definición para ponerse a cubierto de cualquier en esencias inmutables a priori. Como por defini-
crítica. Al emplear tal procedimiento, lo único que lo- ción tales esencias son lo que son, no hay la menor
gra es caer en un error afirmando algo que la realidad posibilidad de refutarles. El ejemplo típico de esta
no confirma o, de lo contrario, mantenerse en el campo exageración basada en una simple tautología es la afir-
estéril de las tautologías. mación de Scheler de que lo nutritivo es nutritivo, aun-
Sostiene, por ejemplo, que “aunque nunca se hu- que dañe la salud de algunas personas. Son las personas
biera uzgado' que el asesinato era malo, hubiera con- “anormales” las que no se ajustan a la definición. A
tinuado el asesinato siendo malo. Y aun cuando el bien Scheler no le interesa que el concepto de nutrición sea
nunca hubiera “valido” como “bueno', sería, no obstan- de tipo relacional, situacional, que aquello que es nutri-
te, bueno”.13 ¿Por qué el asesinato es malo aunque la tivo para una persona pueda ser perjudicial a otra, que
gente no lo juzgue así? Sencillamente porque en la de- aun en la misma persona, lo que hoy le salva la vida
finición misma de asesinato está implícita la valoración mañana puede matarle; él se atiene a la afirmación tau-
negativa, esto es, su repudio. Si no se lo hubiera defi- tológica: lo nutritivo es nutritivo.
nido primero como malo, no se le podría considerar Donde se pone claramente de manifiesto la ambigua
luego a priori como malo. Sustitúyase la palabra asesi- actitud de Scheler de querer y no querer apoyarse en
nato por homicidio y se verá que su valoración positiva la experiencia es cuando examina los criterios para de-
o negativa dependerá de los móviles, causas, propósi- terminar la jerarquía de los valores.
tos y situación en que se realizó el homicidio. Esto es, Como se recordará, la tabla axiológica de Scheler es
tenemos que tomar en cuenta tales hechos reales para a priori, esto es, no depende para nada de las reacciones
saber si un homicidio debe ser valorado positiva o ne- efectivas que puedan tener los sujetos que valoran. “Esta
gativamente. jerarquía —escribe—, como la diferencia de valores en
El carácter tautológico de las afirmaciones de Sche- “positivos” y “negativos”, reside en la esencia misma de
ler se advierte mejor en el segundo ejemplo que da y los valores, y no sólo es aplicable a los “valores conocidos”
que se reduce a sostener que lo bueno es bueno. Tal por nosotros.” 1* La jerarquía axiológica, como vimos,
afirmación es tan cierta como infecunda. Lo que inte- se capta mediante un acto especial de conocimiento
resa saber es en qué consiste lo bueno. No hay duda llamado “preferir”. “El ser superior de un valor es “dado'
que a lo largo de la historia se ha considerado como forzosa y esencialmente tan sólo en el preferir,” 15 Aun-
bueno cosas muy distintas. ¿Podremos determinar la que la superioridad de un valor no nos es dada antes del
naturaleza de lo bueno con total prescindencia de lo que preferir, sino en el preferir, tal superioridad no consis-
la humanidad considera como tal? te, para Scheler, en el hecho de que el valor haya sido
Tanto Scheler como otros filósofos que se refugian realmente preferido.
en el a priori para mantenerse a cubierto del posible des- Scheler tenía que señalar alguna forma concreta de
mentido de la realidad, juegan con cartas dobles. Ex- captación de la jerarquía axiológica para que su doctri-
traen de la realidad los conceptos que constituyen sus na no se mantuviera completamente en el aire, pero
doctrinas y cortando luego toda conexión con la expe- como al mismo tiempo no podía apoyar tal superioridad
riencia transforman esos conceptos, de raíz empírica,
14 Thid,, p. 129.
13 Op. cit., tomo 1, p. 80. 15 Ibid., p. 130.
116 VALOR Y SITUACIÓN LOS ERRORES DEL OBJETIVISMO AXIOLÓGICO 117
en ese hecho empírico ——pues, de lo contrario, el aprio- “más alto” produce también una satisfacción más pro-
rismo se derrumbaba—, tuvo que afirmar que “tan funda”.16
sólo” en el preferir se da la superioridad de un valor, ¿Cómo puede afirmarse que por “concxión de csen-
pero que tal superioridad no consiste en ese hecho. Si cias” el valor más alto produce una satisfacción más
el único modo de conocimiento no nos asegura la su- profunda cuando, muchas veces, no sucede así? Habrá
pcrioridad de un valor sobre otro, ¿de qué otro modo que repetir aquí las preguntas formuladas antcriormen-
podremos enterarnos de esta supuesta superioridad? te: ¿en qué personas vamos a “medir” esta supuesta
¿Cómo podremos descubrir que la preferencia no ha sido profundidad de la satisfacción? ¿En qué circunstancias?
engañosa? La expresión, por otra parte, es poco feliz. Sugiere
Por otra parte, como el preferir es un acto psicoló- que se trata de actos de satisfacción cualitativamente
gico concreto, será necesario determinar cuáles son los semejantes v que se diferencian solamente por el “grado”
tipos de preferencia realmente reveladores de la supe- de profundidad, cuando en verdad se trata de actos
rioridad axiológica, en qué personas v en qué circuns- psiquicos cualitativamente distintos.
tancias deben producirse esos actos de preferencia. Á La ambigua actitud schclcriana se revela igualmen-
nadie se le oculta que la preferencia varía con las perso- te al proponer la extensión v la divisibilidad como cri-
nas, las edades, las culturas, las épocas históricas. Aun terios para determinar la jerarquía. Tal ambigúedad
en la misma persona, cu épocas distintas o en distintas consiste en tomar en consideración unas veces los bie-
circunstancias, varían las preferencias, tanto de bienes nes, y otras los valores, según convenga al desarrollo de
como de valores. ¿Qué clase de preferencia debemos pre- la doctrina. Aclara en primer término que la extensión
ferir? El preferir, por sí mismo, no es suficiente para o duración no se reficre a los bienes y menos aún a los
determinar la jerarquía de un valor: exige que se depositarios, pues de lo contrario la durabilidad estará
le califique, que se indique un criterio efectivo para asegurada por cl material que se ha escogido. La dura-
saber cuáles son las preferencias valederas y cuáles las ción se refiere, pues, a los valores. “Los valores supe-
falsas ya que Scheler admite, y esta vez con razón, riores —no los bienes— son dados forzosa y csencial-
que algunas veces preferimos los valores bajos a los mente como duraderos.” 17 Escribe más adclante: que
más altos. “los valores inferiores de todos son, a la vez, los valores
Este querer y no querer apoyarse en la experiencia, esencialmente “fugaces”; los valores superiores a todos
confiere a Scheler la actitud embarazosa del mal ciclista son, al mismo tiempo, valores cternos”.18 ¿Qué quiere
que, de tanto en tanto, necesita apovar el pic cn el suelo decir que los valores inferiores son fugaces? En tanto
para mantener el equilibrio, pero lo levanta tan pronto valores, los superiores como los inferiores son igualmente
logra restablecerlo o se le reprocha por hacer lo que atemporalcs. La fugacidad o permanencia tendrá que
no debía. referirse de algún modo a los bienes o a las vivencias
Críticas semejantes pueden hacerse a los criterios se- captadoras de los valores. Escribe: “A quien quiera,
ñalados por Schcler para determinar la jerarquía axio- cuando quicra y por todo cl tiempo que quieran ser da-
lógica, y en particular al criterio de “la profundidad de
la satisfacción”. Si bien la altura de los valores “no con- 16 Ibid... p. 140.
siste cn la profundidad de la satisfacción que producen, 7 Ibid, p. 134.
.

1 Ibid., p. 136.
0

es, no obstante, una conexión de esencias que el valor


118 VALOR Y SITUACIÓN LOS ERRORES DEL OBJETIVISMO AXIOLÓcICO 119
das esas vivencias, siempre son dadas como “duraderas” Es cierto que en el mundo de las esencias se está a
o “cambiantes. Cuando las vivimos —sin tener que reparo de los vientos de la realidad; lo malo es que uno
esperar la experiencia de su duración fáctica—, vivimos puede despertar del sueño.
ya en ellas mismas una durabilidad determinada, perte- Un juego semejante entre valores y bienes se pro-
neciente a su esencia”19 duce nuevamente al proponer la divisibilidad como cri-
¿Cómo sabemos que vivimos una “durabilidad deter- terio para determinar la jerarquía. Escribe: “Es indu-
minada” cuando de hecho sucede todo lo contrario? dable que los valores son tanto “más altos” cuanto menos
Sostiene que “pertenece a la esencia del auténtico acto de “divisibles” son, es decir, cuanto menos hayan de ser
amor el ser sub specie quadam aeterni [...] Y esta co- “fraccionados” por la participación de muchos en ellos”.21
nexión de esencias persiste —indiferentemente de la Los valores, por ser esencias inespaciales, carecen de la
duración fáctica del amor real—, para con la persona posibilidad de dividirse, y la participación de muchas
real, en el tiempo objetivo”.20 El adolescente vive su personas en los valores llamados “divisibles” es seme-
primera pasión amorosa con una durabilidad que le jante a la que puede existir en los valores más altos:
parece eterna. Eso no le impide, sin embargo, cambiar todos podemos participar por igual en el agrado tanto
de novia a los pocos meses. Se trataba de una ilusión como en el goce estético. Lo que acontece es que para
—dirá Scheler— y no de un amor esencialmente dura- gozar del agrado de las comidas, por ejemplo, debemos
dero. ¿Cómo podremos estar seguros de no caer en ilu- consumir el bien correspondiente, mientras que pode-
siones semejantes a las del adolescente? Afirmar que mos gozar de un cuadro sin alterar su realidad. En otros
pertenece a la esencia del auténtico amor el ser sub casos no sucede así: el agrado de un baño de mar o de
specie quadam daeterni cuando los amores reales son la temperatura primaveral no consume el correspon-
pasajeros, €s afirmar lo que a uno se le ocurre o le con- diente bien.
viene para mantener en pie su teoría. Por otra parte, En cuanto a los bienes, todos son más o menos di-
la vivencia amorosa no es estable sino cambiante; el visibles y la naturaleza de la divisibilidad depende, en
amor de los ancianos que celebran sus bodas de oro es buena parte, del depositario correspondiente. Y de la
muy distinto al sentimiento amoroso que vivieron como circunstancia en que se da el bien. En una tienda será
novios. cierto que “un trozo de tela vale —aproximadamente—
Pretende Scheler detener el fluir del mundo y, como el doble que la mitad”;22 las circunstancias, sin em-
éste se resiste, transforma por arte de magia realidades bargo, pueden conferir a la mitad un precio mayor que
efectivas en esencias, con la ventaja —para él— de que al total inicial si falta esa cantidad para terminar un
las esencias son más dóciles que las realidades: basta traje, por ejemplo, o pueden hacerle perder dicho valor,
definirlas de un modo determinado para que sigan com- como le sucede a la tela que sobra.
portándose de ese modo sin caer en ninguna contradic- De todos los criterios propuestos por Scheler, el de
ción. Lo grave es que muchas eternidades esenciales más consistencia es el de la “fundamentación”. Ello
se han esfumado con el viento. O con el esclarecimiento se debe, seguramente, a que hay aquí un elemento racio-
conceptual y terminológico, o el avance de la ciencia. nal. El valor fundante tienc que tener mayor jerarquía
que el valor fundado, pues éste existe en función de
19 Loc. cit. 21 Ibid., p. 136.
20 Ibid., p. 135. 22 Ibid., p. 137.
120 VALOR Y SITUACIÓN SUPERACIÓN DE LA ANTÍTESIS 121
aquél. Por tal razón, un valor intrínseco es superior a aquél procede”.26 Esta actitud supone la negación de la
un valor instrumental. autonomía de las distintas zonas axiológicas, que es
Aun al exponer este criterio, sin embargo, Scheler una de las conquistas del pensamiento moderno. Si
hace afirmaciones que no parecen corresponder a la bien los valores mantienen relaciones entre sí, el reino
realidad. Sostiene, por ejemplo, que “el valor de lo agra- de los valores estéticos es autónomo con respecto a los
dable -——me refiero a lo agradable como valor—, según valores éticos y ambos son autónomos en relación a
leyes de esencias, está “fundado” en un valor vital: por los valores religiosos. Scheler termina con esta autono-
ejemplo, la salud”.23 Parecería, en efecto, que las co- mía al ordenar toda la tabla según el principio regula-
sas que nos agradan fortalecicran nuestra salud y que las dor de los valores religiosos, que recuerda el ordena-
que provocan nuestra repugnancia son las que pudieran miento medieval. Por otra parte, fundar la axiología
perjudicarla. No siempre es así, desde luego; los niños en una doctrina teológica es conferirle una base poco fir-
lo saben muy bien. me; el cambio que sufrió Scheler lo prueba claramente.
Como la realidad pareccría desmentir su tesis, Sche-
¿Qué habrá pensado Scheler de todo este ordenamiento
ler se ve obligado a trasladar la afirmación sobre los jerárquico “por ley de esencias” que parte del valor
hechos al plano de las esencias. Escribe que “este prin- de un espíritu personal e infinito cuando rompió con
cipio es, como ley de esencias, independiente por com- esa concepción teológica? Tal ruptura fue la respuesta
pleto de las experiencias inductivas que los hombres de la vida a la vanidosa pretensión de querer edificar
hacen, por ejemplo, acerca de las relaciones de la salud algo para la eternidad sobre las bases inseguras de un
y la enfermedad fácticas con los sentimientos de placer y supuesto conocimiento a priori.
desplaccr —tales, por ejemplo, los hechos siguientes:
3. SUPERACIÓN DE LA ANTÍTESIS
que muchas enfermedades del pulmón, la muerte por as-
fixia en determinada fase y la euforia en la parálisis, van
unidos con fucrtes sentimientos de placer”.2* Y para
No se crea, desde luego, que toda la labor de Sche-
ler ha sido vana. Como sus afirmaciones eidéticas se ba-
probar lo que afirma se pregunta: “¿Quién —por muy
desgraciado que sea— “envidiaría” al paralítico por causa
saban en hechos reales, ha dejado análisis y enfoques
que deberán incorporarse definitivamente al desarrollo
de su euforia?” % Quizás pocos envidien al paralítico,
de la axiología. Yerra al exagerar su tesis, lo mismo que
pero son muchos los que envidian a quienes pueden em-
los subjetivistas.
borracharse o fumar mariguana. La prueba empírica
ofrecida, como de costumbre, tiene poca consistencia.
El error inicial de las dos doctrinas tiene su origen
en el sofisma de falsa oposición. Como ambos creen
La fundamentación tiene en Scheler una base teo-
que el valor tiene que ser necesariamente objetivo o
lógica. Quicre ordenar todos los valores partiendo de
subjetivo, al advertir los errores de una tesis adhieren
uno que es el supremo. Lo dice expresamente: “Todos
ciegamente a la opuesta. El argumento de Russell en
los posibles valores se “fundar” cn el valor de un espíritu
favor del subjetivismo —como se recordará— radica
personal e infinito y de un “universo de valores” que de
en la falta de razones convincentes que prueben la tesis
objetivista. Las consecuencias de orden moral y educa-
28 Ibid., p. 139.
“4 Loc. cit.
2
25 Loc. cit. 26 Ibid., p. 140.
122 VALOR Y SILUACIÓN SUPERACIÓN DE LA ANTÍTESIS 123
tivo de la posición subjetivista — su ves— han servido Que la filosofía, y en particular la ética, debe partir
para sostener artificialmente al objetivismo. de la experiencia, lo reconoce también Scheler. Escri-
Si queremos atenernos a la naturaleza de los valores be: “El conocimiento, de cualquier clase que sea, radica
y no a la coherencia de la propia doctrina, debemos en la experiencia. Y la ética debe también, a su vez,
replantear de nuevo la cuestión. ¿Tienen que ser los fundarse en la “experiencia” ”.27 Esto no le impide na-
valores necesariamente objetivos o subjetivos? ¿Tienen vegar luego por las nubes de las esencias.
todos los valores la misma naturaleza? ¿De dónde de- No basta una adhesión verbal a la experiencia para
bemos partir en nuestro examen para poder atenernos que la teoría se mantenga en relación de dependencia
a la realidad y no a nuestras creaciones? con ella. Es necesario determinar claramente qué se
Al intentar responder a la primera pregunta quizás entiende por experiencia y no perder luego contacto con
podamos advertir que los estados psicológicos de agra- tal experiencia.
do, deseo e interés son una condición necesaria pero no Hemos examinado en otra oportunidad el concepto
suficiente; por otra parte, tales estados no excluyen ele- de experiencia y mostrado de qué modo constituye el
mentos objetivos sino que los suponen. Si así fuera, el punto obligado de partida v de permanente referencia
valor se presentaría como resultado de una relación o de todo genuino filosofar.28 Al examinar nuevamente el
tensión entre el sujeto y el objeto, y presentaría una problema frente a la cuestión axiológica, advertimos que
cara subjetiva y otra objetiva. el esquema interpretativo de la experiencia mantiene su
Si en el examen que realizaremos advirtiéramos que validez. Hay también aquí, en efecto, una actividad
es así, correspondería luego averiguar si la proporción y un objeto de tal actividad. El objeto es cl valor, que
de los dos elementos integrantes del valor se aplica a resulta patente a la conciencia intencional valorativa.
todos los valores. Podría muy bien suceder que la es- No parece posible que la actividad tenga existencia y
cala axiológica estuviera justamente determinada por el significación si se niega su relación con un sujeto.
aumento progresivo de uno de los elementos. Al examinar el problema del valor, hay que tener
La tercera pregunta es la más importante en este cuidado de no incurrir en un error semejante al que se
momento en que parece haberse alcanzado un impasse ha cometido muchas veces al discutir el status metafísico
en el problema axiológico. ¿Cuál es la realidad de la de las cosas y hechos del mundo, y la relación gnoseoló-
que debemos partir? gica que tenemos con ellos. Se han preguntado muchos
Una filosofía que postula determinados entes y que si “existe” el sonido que produce un objeto al caer en
luego se atiene a sus propias definiciones puede lograr el desierto inhabitado. Las dos interpretaciones antité-
la plenitud de la coherencia pero jamás logrará dar una ticas parecen igualmente valederas, porque hay una am-
explicación de la realidad efectiva. Y la teoría filosófica bigúedad cn el planteamiento y cada una de ellas toma
debe medirse, a un mismo tiempo, por la coherencia en consideración un aspecto distinto de la cuestión. El
de su esquema conceptual y la capacidad que tiene sonido, en tanto sonido, no existe, desde luego, si no
para explicar los hechos de cste mundo. Al estudiar la hay un oído que lo oiga: un sonido es un sonido oído.
doctrina de Scheler advertimos su coherencia lógica y
su capacidad para provocar un estado emocional de 27 Cfr. Ética, tomo l, p. 215.
adhesión; le reprochamos, sin embargo, la falta de con- 28 Cfr. Risieri Frondizi, El punto de partida del filosofar,
sideración que tiene por la experiencia real. 2* ed. (Buenos Aires, Edit. Losada, 1957), caps. II y IV.
124 VALOR Y SITUACIÓN
VALOR Y SITUACIÓN 125
Si por existencia del sonido, en cambio, se entiende las
vibraciones que produce el objeto al caer, la situación
4. VALOR Y SITUACIÓN
es muy distinta, pues tal existencia no exige la presencia
de ningún oído. En el análisis de las percepciones gusta-
Comencemos por el examen de un caso sencillo: el
tivas, la distinción resulta muy patente. Si entendemos agrado que experimento al beber un vaso de cerveza.
por “dulce” la correspondiente vivencia de percepción
Para un subjetivista todo el valor de la cerveza depende
gustativa, ella no puede existir sin un paladar, es decir,
del agrado que experimento; si por alguna razón, sea
sin un sujeto que tenga la vivencia; el azúcar no es fisiológica o psicológica, no experimento ningún agrado,
dulce, en este sentido, cuando está dentro de un reci-
la cerveza no tiene valor. El objetivista, por el con-
piente. En cambio, si entendemos por dulce las propie-
trario, afirmará que el agrado está ínsito en la cerveza
dades físico-químicas que tiene el azúcar y que producen y si no lo estuviera ésta no sería agradable.
en nosotros la percepción gustativa de “dulce”, tales Por lo que vimos, el agrado supone un paladar capaz
propiedades son independientes del sujeto que puede de traducir las propiedades físico-químicas del objeto
paladear el azúcar. en vivencia de agrado; y hasta aquí tiene razón el sub-,
Í Si examinamos la relación del objeto valioso con el jetivista. Mas se trata de la “traducción” de ciertas|
sujeto que lo valora, una vez que la ambigiedad ha sido propiedades que están en el objeto y no de la creación
disipada, advertiremos claramente que el valor no pue- o proyección de estados psicológicos. De modo que la
de existir sino en relación con un sujeto que valora. presencia del objeto es indispensable para que exista
¿Qué sentido tendría el agrado de una comida, sin
e”

la valoración.
un paladar capaz de “traducir” las propiedades físico- Lo dicho no basta. El problema es mucho más com-
químicas de la comida en vivencia de agrado? Decimos plejo porque tanto el sujeto como el objeto no son ho-
comúnmente que la “comida” es agradable porque re- mogéneos ni estables. Comencemos por el lado del
ferimos la cualidad valiosa al causante, fuera de todo
sujeto.
contacto con un paladar que la saborée. Lo mismo pue- No siempre valoro la cerveza del mismo modo. Las
de afirmarse de un valor cstético musical o pictórico, condiciones biológicas y psicológicas en que me en-
que no existe sino en relación con sujetos con sensibi- cuentro modifican mi juicio. Así, por ejemplo, si tengo
lidad auditiva y visual. sed, la cerveza me produce una sensación distinta a si
Y Además del sujeto y del objeto, hay que tomar en he ingerido mucho líquido; cuando estoy enojado tiene
consideración la “actividad” del sujeto, por medio de un sabor distinto a cuando estoy contento. “Todos los
la cual éste se pone en relación con el objeto; en el otros estados fisiológicos y psicológicos influyen igual-
caso de los valores, tal actividad es la valoración. Un mente; desde la presión arterial, hasta la actitud que
panico valorando un objeto valioso será, por consiguiente, tengo frente a la vida, pasando por el funcionamiento
el punto de partida del análisis. Sólo como resultado de del sistema nervioso y glandular, el cansancio, la preo-
Jese análisis podrá afirmarse la existencia de un valor cupación y la esperanza. ]
von independencia del sujeto que lo valora —como quie- Es compleja también la situación por el lado del
ren los objetivistas— o concluirse, por el contrario, que objeto. Hablamos de la cerveza como si existiera en
lel valor no es más que una proyección del acto de va- tanto esencia inmutable, pero no es así. Hay cervezas
lloración del sujeto —como sostienen los subjetivistas. y cervezas, a juzgar por su constitución físico-química.
126 VALOR Y SITUACIÓN VALOR Y SITUACIÓN 127
Si se altera su densidad, su temperatura, etc., la sensa- En otros casos, la naturaleza del valor se altera por
ción de agrado será distinta. Otros elementos objetivos razones de carácter individual. El octavo mandamiento

_—
influyen igualmente; el vaso en que se bebe, la tempe- nos ordena que no debemos levantar falsos testimonios.
ratura del ambiente físico en que uno se encuentra, etc. ¿Rige este principio para un niño de cuatro años? La
Y Además de los elementos subjetivos y objetivos, in- psicología infantil nos revela el mundo de fantasía en

A
fluyen también factores sociales y culturales: no es lo que vive cl niño y nos obliga a tratar a éste en términos
“mismo tomar un vaso de cerveza con un amigo que con distintos a los que usamos al juzgar a los adultos.
un enemigo, solo o acompañado, en el propio país o en Si se da un vistazo a cualquiera de las escalas de
el extranjero, en un bar de moda o de pie en mala com- valores que sostienen los axiólogos objetivistas, se ad-
Fpañía. El tipo de educación gustativa que hemos reci- vertirá que todas ellas han sido forjadas teniendo en
bido, la tradición, el prestigio de la bebida y una canti- cuenta al hombre adulto europeo. “Tales escalas son el

E
dad de elementos culturales y sociales que constituyen resultado del desarrollo histórico de la cultura occiden-
la historia de la sociedad y de la cultura en que vivimos, tal; si el desarrollo hubiera sido distinto —la historia no
influyen en la valoración que hagamos de un simple vaso tiene un derrotero prefijado— la cscala de valores tam- :
de cerveza. bién sería distinta. La suerte que ha corrido el cris-
Hemos tomado inicialmente un ejemplo sencillo para tianismo —y la Iglesia católica como institución— ha
que se vea con claridad la coparticipación de elementos influido sobre las tablas axiológicas y las concepciones
de distinto origen. Si pasamos ahora del plano superfi- absolutistas del valor.
cial del agrado a las capas profundas de la valoración La organización económica, jurídica, las costumbres,
ética o estética, advertiremos el aumento de complejidad la tradición, las creencias religiosas y muchas otras for- |
y las variantes en la proporción de los ingredientes. Exa- mas de vida que trascienden la ética, son las que han Í
tninemos un valor ético, por ejemplo. El desarrollo del contribuido a configurar determinados valores morales,
sociologismo ético a partir de las doctrinas de Durkheim que luego son afirmados como existentes en un mundo
v Levy-Bruhl, y las contribuciones axiológicas de Múl- ajeno a la vida del hombre. Si bien el valor no puede /
ler-Freienfels y Heyde y la labor de la antropología cul- derivarse exclusivamente de elementos fácticos, tampo- lo
tural norteamericana, han probado la conexión que co puede cortarse toda conexión con la realidad. Un]
existe entre la valoración ética y el comportamiento real corte semejante condena a quien lo ejecuta a mantenerse
de los hombres, debido a las costumbres, religión, etc., en el plano descarnado de las esencias.
y a la organización jurídica, económica y social de la No se crea, sin embargo, que el juicio ético, estético"
comunidad en que viven. o jurídico pueda reducirse al complejo de circunstancias
Ff — "Tomemos como ejemplo el valor ético sobre el que subjetivas culturales y sociales. Tales circunstancias for-
descansa el séptimo mandamiento. El disvalor que su- man parte de la valoración pero no constituyen el todo,
pone el robo tiene sentido tan sólo cn una sociedad como ya lo hemos indicado: falta el aspecto estricta-

e
con una organización económica que garantiza la pro- mentc objetivo. ¿Qué pensaríamos de un sacerdote, un
piedad privada. ¿Qué significación podría tener el robo juez o un miembro de un jurado que valorara la con-
si hubiera comunidad de bienes? Al cambiar el sistema ducta de un hombre, o la creación estética, de acuerdo
económico cambia el valor que sostiene el séptimo man- al funcionamiento de su hígado, la tradición, o las creen-
damiento. cias e inclinaciones del grupo a que pertenece? En estos
y
—ek

128 VALOR Y SITUACIÓN VALOR Y SITUACIÓN 129


casos exigimos se atienda al objeto mismo —a la con- hemos visto anteriormente o la obra que escuchamos
ducta o al cuadro— y no se le antepongan las circuns- unos momentos antes; en verdad, todas las vivencias que
tancias que presionan sobre el sujeto a valorar. han precedido a la valoración. La influencia de las vi-
Esta exigencia del aspecto objetivo se destaca más vencias contemporáneas es aún mavor. Un olor des-
en el plano ético o estético que en el del agrado porque agradable, un ruido intenso, un dolor o una preocupa-
a medida que se asciende en la escala de valores se ción, interfieren en la valoración de un cuadro. Más
acrecienta el elemento objetivo. Mientras que nuestras aún, la cadena de asociaciones de ideas que pone en
condiciones fisiológicas y psicológicas —sed, fatiga, eno- movimiento la visión del cuadro, también contribuye
jo— debilitan el aspecto objetivo en el orden del agrado, a la valoración. Si no se puede suspender toda la estruc-
ceden su predominio a las exigencias objetivas en el tura de nuestra vida psiquica en el momento de la
plano ético. La altura del valor se podría medir, por lo valoración, ¿cómo no hemos de tomarla en cuenta al exa-
tanto, por el mavor o menor predominio de la obje- minar este problema?
tividad. Hemos hecho un corte arbitrario al hablar de viven-
/ Cualquiera que sea el caso examinado, o posición del cias contemporáneas a la valorativa. Ni la vivencia va-
valor en la tabla, siempre nos encontraremos con la lorativa ni las vivencias que la acompañan son fijas sino
presencia de las dos caras de la cuestión: subjetiva y ob- cambiantes, y mantienen entre sí una mutua relación.
jetiva. No se crea, desde luego, que ambos elementos La intensidad de la emoción estética puede apagar o
se mantienen fijos y que lo único que varía es la relación. disminuir el dolor o preocupación que estaba presente
No se trata de una relación entre entes sencillos, perma- en el momento de ver el cuadro. Este ir y venir de la
nentes u homogéncos, sino de una compleja y variable vivencia valorativa y de sus ataduras con las demás vi:
interrelación de objetos también complejos y dinámi- vencias que la acompañan muestran, tan sólo por una
cos, como lo revelará un rápido examen de la cuestión. cara, la complejidad del ingrediente subjetivo de la va-
Comencemos por el aspecto subjetivo. Ya hemos loración. Tal complejidad aumenta si echamos un vistazo
visto que un valor no tiene existencia ni sentido fuera a las vivencias pasadas que parecen mantener su presen-
de una valoración real o posible. La valoración cambia, cia en la actualidad.
a su vez, de acuerdo a las condiciones fisiológicas y psi- Comencemos por las vivencias en el mismo orden
cológicas del sujeto. El sistema nervioso, el funciona- de la valoración que examinamos. Al valorar un cua-
“miento de las glándulas de secreción interna, la presión dro está presente toda nuestra experiencia, positiva y
arterial y otros aspectos de nuestra vida biológica, con- negativa, en el orden estético. Las visiones anteriores
dicionan nuestra valoración, especialmente en los pla- del mismo cuadro, los cuadros del mismo autor que
_ nos más bajos de la escala axiológica. hemos visto con anterioridad, todos los cuadros que he-
Y. Más patente resulta la influencia del ingrediente su* mos visto en nuestra vida, conjuntamente con toda la]
jetivo si pasamos de las condiciones fisiológicas a ¿eoría estética que conozcamos O hayamos concebido por]
psicológicas. La vivencia valorativa recibe la influenc* £uenta propia, está presente al valorar cl cuadro. Peroj
de todas las otras vivencias anteriores o contemporánta: ¿mo la vida estética no puede separarse de las demás
El modo de darse la percepción visual o auditiva ip! formas de vida humana —religiosa, intelectual, política,
¡¿xétera—, a través de nuestro pasado estético se hace
fluye sobre la valoración del cuadro o del trozo Y
presente todo nuestro pasado, esto es, toda nuestra da
sical que escuchamos. 'Fambién influye el cuadro qu”
-
130 VALOR Y SITUACIÓN VALOR Y SITUACIÓN 131
anterior. Al valorar un cuadro lo hacemos, pues, con mente se cree. Si la catedral de Chartres se hubiera
toda nuestra personalidad y desde una concepción del construido con ladrillos hubiera perdido buena parte de
mundo. su valor estético. No se puede trasvasar, sin alterarla, la
No es menos compleja la naturaleza del ingrediente forma de una estatua, del mármol al bronce; la natura-
objetivo. Dijimos que no hay valor sin valoración; po- leza del material usado, su resistencia física, su color, etc.,
demos ahora afirmar que no hay valoración sin valor: la influyen en la belleza de la estatua. Lo que decimos
valoración exige la presencia de un objeto intencional. de la estatua puede extenderse a los demás campos es-
Hay cualidades en el objeto que me obligan a reaccio- téticos y también a las demás esferas del valor.
,nar de un modo determinado, a valorar positivamente Un determinado valor no se da, por otra parte, con'
aunque no me agrade o desee hacerlo, que reclaman mi independencia de los demás valores. La belleza de una
interés aunque yo prefiera desentenderme de él o que catedral gótica no se puede separar del valor religioso
| no logran despertar mi interés aunque me proponga te- que la inspira; la calidad estética de un mueble, de su
ner ese estado de ánimo y prepare todas las condiciones utilidad; la justicia de una sentencia, de la eficacia o
psicológicas que le favorezcan. Esas cualidades objetivas consecuencias de su aplicación.
son las que mantienen de pie las grandes obras de arte, El cine, como puro ejemplo de percepción de mo-
en contraste con las obras que sólo logran despertar un vimiento aparente, nos puede revelar la coparticipación
interés efímero. o de los elementos objetivos y subjetivos. A un hombre
El conjunto de cualidades objetivas de un cuadro, que no esté enterado del mecanismo de la percepción
capaz de provocarme una determinada emoción esté- de movimiento aparente, le resultará difícil admitir que
tica, no se presenta en forma aislada: el cuadro tiene los rápidos “movimientos” de la bailarina, o de las pa-
un marco, está colgado en una pared que forma parte tas de un caballo a la carrera, son una contribución del
de un edificio. El tamaño, color y forma del marco, lo sujeto. A su vez, alguien que descubriera la contribución
mismo que el color y tamaño de la pared, la posición del sujeto, podría cometer el error del subjetivismo axio-
del cuadro dentro de la sala, etc., forman parte de las lógico y afirmar que todo lo que vemos es una pura pro-
cualidades objetivas. Por eso podemos destacar o dismi- yección del sujeto. La verdad es que la contribución
: nuir el valor de un cuadro cambiando las condiciones del sujeto es la que nos permite ver al objeto en movi-
| objetivas que lo rodean. Entre esas condiciones, ade- miento, pero que si no se proyectaran las imágenes es-
' más de las señaladas, está, en primer lugar, la luz, sin táticas no habría ninguna percepción. No vemos, pues,
¡ que sean despreciables las otras condiciones físicas, Como lo que se nos ocurre o preferimos ver: la percepción en
la temperatura de la sala, su tamaño, etc. el cine es la síntesis de lo que se proyecta y de lo que
La tendencia a la abstracción, que ha revelado el pone el sujeto. Algo semejante acontece en el orden
objetivismo axiológico, le ha obligado a hablar de los de los valores.
valores con prescindencia de los depositarios, como a La relación del sujeto con el objeto se da, a su vez,
tuviéramos con aquéllos una relación directa fuera de dentro de una sociedad, una cultura y época histórica|
los bienes concretos. La verdad es que los valores que determinadas. Cualquier persona que tenga experiencia
conocemos están encamados en bienes y suponen, por en museos y salas de música sabe hasta qué punto su
¡lo tanto, un depositario. Entre el valor y su a, emoción estética depende de la compañía; la sola pre-
o sostén, hay una relación superior a lo que habttua sencia, cuando no el comentario desacertado o presun-”
A

132 VALOR Y SITUACIÓN VALOR Y SITUACIÓN 133
tuoso de ciertas personas, nos impide una relación con
el elemento estético. Tal influencia es mayor o menor No faltará quien se empeñe en defender la objeti-
| según el tipo psicológico de la persona que la sufre y el vidad e independencia del valor y afirme que las cir-
carácter de quienes le rodean. Hay quienes reaccionan cunstancias señaladas influyen en la “captación” del
siempre como miembros de un grupo determinado; nin- valor, y no en su constitución, existencia o sentido.
guno es capaz de despojarse por completo de la influen- El valor es lo que es —se dirá— y nuestras cambiantes
cia social. Tal afirmación no tiene validez tan sólo en condiciones subjetivas no podrán alterarlo; podrán tan
el plano estético, sino que se extiende a todos los demás sólo modificar nuestra capacidad de captación. ¿Acaso
campos, desde lo agradable a lo ético. La tabla de va- no sucede lo mismo —se preguntará— en el orden
lores del grupo social al que pertenecemos presiona nues- matemático? Nuestra educación, Capacidad e inteli-
tro ánimo al juzgar una conducta, apreciar una obra de gencia influyen en la captación de una relación mate-
arte o paladear una comida. Y como la comunidad en mática; la relación se mantiene intacta, sin embargo,
que vivimos se extiende desde la familia hasta las cul- aunque se empeñe nuestra inteligencia o verre nuestro
turas más amplias, nuestras valoraciones son el resultado razonamiento.
de una presión simultánea del hombre que tenemos a La fuerza de convicción de este tipo de razona-
nuestro lado y de los creadores de antiguas culturas que miento se basa en la analogía con los entes y relaciones
la nuestra ha recogido. matemáticas. La analogía supone que los valores se
4

Todas las circunstancias constitutivas de nuestra comportan como los entes matemáticos. No se ha pro-
personalidad están presentes en cualquiera de nuestras bado, sin embargo, que los valores pertenezcan, efec-
valoraciones. Juzgamos a veces como argentinos, otras tivamente, a tal reino de entes. Conocemos muchas
veces como latinoamericanos u hombres de la cultura doctrinas que sostienen —o suponen— que el valor es
occidental. Nuestra personalidad más íntima se des-
de una
esencia u objeto ideal, o se comporta como tal; no co-
grana en elementos sociales; somos miembros nocemos ninguna que lo haya probado o haya ofrecido
comunidad y actuamos como tales. Y los elementos que argumentos valederos en favor de tal tesis.
parecen privativos de nuestra comunidad provienen, mu- Las supuestas pruebas en favor de la objetividad
u chas veces, de otras formas culturales o de otras épocas e independencia del valor se basan —como en Scheler
históricas. y Hartmann— en las formas más traicioneras de la
Además de todas las circunstancias históricas y cul- subjetividad: la famosa intuición emocional. Ya seña-
está la circunstancia humana: somos hombres
turales, lamos el justificado recelo que podemos abrigar frente
y valoramos como seres humanos. Preguntarse cómo a esta forma de captar valores, puesto que tanto los
serían los valores si los hombres no existieran, es tan valores como la tabla axiológica que la intuición descu-
ocioso y carente de sentido como preguntarse qué aspec- bre como objetiva y absoluta, coinciden, por feliz ca-
to tiene un objeto cuando nadie lo mira. Cualquier sualidad, con los valores y tabla que corresponden al
respuesta que se proponga comete el error de eliminar ámbito cultural e histórico de la persona que posce esa
y, al mismo tiempo, de suponer la presencia del obser- rara Capacidad.
vador. Valoramos, pues, como individuos, como miem- La coincidencia es sospechosa y la sospecha aumenta
bros de una comunidad, cultura o época histórica de- cuando la intuición emocional se ajusta de tal modo
t terminada y, finalmente, como seres humanos. a la teoría de la persona que afirma poseerla, que el
134 VALOR Y SITUACIÓN VALOR Y SITUACIÓN 135
dato intuitivo cambia al sufrir una alteración la teoría drá que ser agradable aunque nos repugne, y con inde-
filosófica. Un claro ejemplo del ajuste de la intuición pendencia de las condiciones y hábitos fisiológicos y
a la teoría —y no al revés— se encuentra justamente psicológicos de la persona que valora. Por otra parte,,
en el máximo defensor de la intuición emocional como como no podemos desprendernos de tales hábitos, ¿qué
forma de captación de los valores. Cuando Max Scheler condiciones fisiológicas v psicológicas son necesarias
rompe con la concepción de un Dios personal, infinito para captar el agrado “objetivo” de algo agradable por
y perfecto, la intuición infalible que le había conferido definición? Parece obvio que nadie —aunque afirme
tal conocimiento absoluto se pliega a su nueva concep- poseer la rara capacidad de atrapar esencias en el aire—
ción teológica. o es capaz de saltar fuera de las condiciones fisiológicas
¿Qué hacer ante la falta de coincidencia de las y psicológicas, y de las demás circunstancias perso-]
supuestas intuiciones infalibles en la misma persona nales y sociales.

|
—como en Scheler— o en personas distintas, como €s
4

Se advierte la significación de tales circunstancias


común? No podrá tomarse el dato intuitivo como de- cuando se repara en aquellos casos en que la presencia
cisivo, ya que no se sabría a quién atender. Ante estas del valor depende de hechos y circunstancias concretas.
dificultades, sin embargo, no debe cometerse el error Un alimento, por ejemplo, que es nutritivo para una de-
opuesto y despreciarse por completo el dato intuitivo. terminada persona, no lo es para otra; la droga que'
¿Acaso despreciamos los datos de la percepción porque salva a un hombre puede matar a su esposa, o al mis-
los sentidos muchas veces nos engañan? Debe recogerse mo hombre si las circunstancias varían. Habitualmente
el dato intuitivo junto a los demás datos que nos pro- nos expresamos en términos generales porque supone-
porciona la experiencia humana. Sólo el contraste de los mos circunstancias comunes. Decimos que la leche es
diversos datos entre sí y el análisis de las distintas si- nutritiva porque lo es para la mayoría de las personas;
tuaciones en que se producen, nos permitirá una inter- a otras personas les produce más daño que el alcohol.
pretación a la luz de una experiencia completa, integral. Afirmar que la leche es nutritiva “en sí” no tiene sentido,
Cuando el realismo absoluto quiere escapar del te- pues esa cualidad se altera cuando varían las condiciones
rreno resbaladizo de la intuición emocional hace pie del sujeto que la bebe. 4
en el campo infecundo de la tautología. Sostiene Sche- Un ejemplo en el plano estético quizás muestre me-
ler, como se recordará, que aunque nunca se hubiera jor la dependencia del valor a las circunstancias. ¿Es
juzgado que el asesinato era malo, el asesinato sería elegante un sombrero elegante de señora? Evidente-
malo; y aun cuando el bien nunca hubicra valido como mente lo es, por definición. Su dueña lo exhibe orgu-
bueno sería, no obstante, bueno. Que lo bueno es bue- llosa y provoca la admiración de quienes la rodeen. ¿Qué
no, es tan cierto como infecundo; la maldad del ase- sucede si introducimos alguna alteración en la vesti-
sinato, a su vez, está implícita en la definición. Cuando menta de la señora que lo usa? ¿Si le quitamos los
bajamos del plano de las abstracciones al de la realidad, zapatos, por ejemplo, o sustituimos con un traje de
las definiciones formales de poco sirven. Si lo nutritivo baño el vestido que “hace juego” con el sombrero? Es
es nutritivo —como quiere Scheler— aunque llegue obvio que la elegancia del sombrero decrece, pues no
a matarnos, no sabremos cómo conducirnos frente a puede aislarse de las demás prendas que lo acompañan.
un fruto nutritivo por definición y mortífero por ex- Tampoco puede separarse del ambiente, la moda, el
periencia. Lo mismo sucede con lo agradable que ten- prestigio social de la persona que lo usa, las costumbres

as,
136 VALOR Y SITUACIÓN
/ aceptadas, la edad y otros factores personales y sociales.
Í De ahí que el elegante sombrero de la esposa sea ridículo ÍNDICE
en la cabeza de su marido o si lo usa la señora mientras
lava los platos en la cocina.
Ejemplos más complejos, en el plano estético o éti- L ¿QuÉ son LOS VALORES? .
co, pueden revelar, con más propiedad, la dependencia
, que tiene el valor frente al conjunto de factores pasa- 1. El mundo de los valores o.
jeros y permanentes, individuales y sociales, que inter- 2. Los valores como cualidades irreales .
vienen al estimar un objeto. 3. Polaridad y jerarquía .
Si se denomina “situación” al complejo de elemen-
Í tos y circunstancias individuales, sociales, culturales Bibliografía .
Í e históricas, sostenemos que los valores tienen existen-
cia y sentido sólo dentro de una situación concreta y IT. PROBLEMAS FUNDAMENTALES DE LA AXIO-
Ñ determinada. LOGÍA

1. Los problemas axiológicos en la vida diaria


2. ¿Son los valores objetivos o subjetivos? .
3. Sugestiones para una problemática nueva .
4. El problema metodológico
5. ¿Cómo captamos los valores?
Bibliografía .

TI. Las DOCTRINAS SUBJETIVISTAS

1. Iniciación de la axiología . o
2. La polémica de Meinong con Ehrenfels .
3. El subjetivismo axiológico en el siglo xx .
4 . R. B, Perry y el interés como fundamento
del valor .
. El empirismo lógico y las nuevas formas
del subjetivismo .
Rudolf Carnap
. Alfred Ayer
. Bertrand Russell
Bibliografía .
138 ÍNDICE GENERAL
IV. ScHELER Y EL APRIORISMO MATERIAL DE LOS
VALORES
73
. Personalidad de Max Scheler 73
La ética de Scheler 78
Due

Bienes, fines y valores 81


Naturaleza de los valores 83 Este libro se acabó de imprimir el día
Captación de los valores 90 31 de marzo de 1958 en los talleres de
Jerarquía de los valores . Gráfica Panamericana, S. de R. L., Parro-
94 quia 911, México 12, D. F. Se tiraron
10,000 ejemplares y en su composición se
Bibliografía 102 utilizaron tipos Electra 9:10 y 8:9 pts.
La edición estuvo al cuidado de
V. VALOR Y SITUACIÓN Elsa Cecilia Frost
103
1. Unilateralidad del subjetivismo 103
2. Los errores del objetivismo axiológico 115
3. Superación de la antítesis 121
4. Valor y situación

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