Para enfrentar esta situación, se han tomado varias acciones.
El Ministerio de Obras
Públicas(MOP) ha firmado 19 decretos de escasez hídrica que afectan a 135 comunas de las
regiones de Atacama, Coquimbo, Valparaíso, Metropolitana, Maule y Los Lagos, en las cuales se
cumple la condición de sequía determinada por la Dirección General de Aguas (DGA) del MOP.
Esta medida permite redistribuir las aguas de los cauces para priorizar el consumo humano y
autorizar la extracción de agua, mientras dure la emergencia, sin contar con los respectivos
derechos
La estrategia que se ha desarrollado tiene tres pilares:
1. Resguardar el abastecimiento de agua, priorizando siempre
el consumo humano, que considera el desarrollo de los Planes Estratégicos de Gestión Hídrica a
nivel de cuenca que impulsa la DGA-MOP. El 2020 se terminaron los primeros diez: Copiapó,
Huasco, Elqui, Limarí, Choapa, Quilimarí, La Ligua, Petorca, Aconcagua y Maule.
2. Asegurar la calidad del agua y proteger los ecosistemas. Con este objetivo, desde 2018 la
DGA-MOP ha declarado 96 acuíferos como áreas de prohibición de entrega de derechos de agua,
lo que, sumado a los acuíferos con restricción de otorgamiento, la cifra asciendo a 189,
correspondiente a la mitad de los acuíferos del país.
3. Modernizar el marco legal e institucional, con la creación del nuevo Ministerio de Obras
Públicas y Recursos Hídricos (que contará con la nueva Subsecretaría del Agua) y la Reforma del
Código de Aguas (que se encuentra en trámite constitucional).
TSUNAMI: El Presidente de la República,
Sebastián Piñera, presentó el “Plan Sequía”
que busca aumentar la disponibilidad de
agua y mejorar la eficiencia en su uso, con lo
cual se busca asegurar el abastecimiento
para el consumo humano y la producción de
alimentos, luego de la agudización de la crisis
hídrica luego que afecta principalmente los
territorios comprendidos entre las regiones
de Atacama y el Biobío.
Para enfrentar esta situación, se han tomado varias acciones. El Ministerio de Obras
Públicas(MOP) ha firmado 19 decretos de escasez hídrica que afectan a 135 comunas de las
regiones de Atacama, Coquimbo, Valparaíso, Metropolitana, Maule y Los Lagos, en las cuales se
cumple la condición de sequía determinada por la Dirección General de Aguas (DGA) del MOP.
Esta medida permite redistribuir las aguas de los cauces para priorizar el consumo humano y
autorizar la extracción de agua, mientras dure la emergencia, sin contar con los respectivos
derechos.
conflictos en base a nuestra relación con el agua como recurso
El concepto de zonas de
sacrificio se entiende como un
lugar o zona habitada, cuya
calidad de vida y entorno medio
ambiental ha sido afectada por
la actividad industrial instalada.
Este concepto, surgido en
Estados Unidos en los años
1980, ha sido utilizado por
diversas organizaciones de la
sociedad como un medio para describir lo difícil que es vivir en estos lugares.
El Parque Industrial Ventanas se encuentra:
• Codelco Ventanas, fundición y refinería
• Centrales termoeléctricas: Ventanas I (desde 1964, cierre programado 2020), Ventanas II
(desde 1977, cierre programado 2022), Nueva Ventanas (desde 2010, cierre programado
2025) y Campiche (desde 2013, cierre programado 2025).
• Gasmar
• GNL
• S.A. Puerto Ventanas
• Oxiquim, Terminal Marítimo y planta de resinas de
• Copec, Planta de lubricantes
• Cordex ,Terminal de combustible y asfalto
• Cementos Melón, Terminal de acopio de
• Refinerías Enap
• La población asentada en cercanías del complejo industrial Puchuncaví-Ventanas ha sido
escenario de múltiples emergencias ambientales por contaminantes aéreos, por ejemplo,
el caso de los estudiantes intoxicados en la Escuela La Greda del año 2011. Estudios
posteriores han detectado en el aire SO2, tolueno, metilcloroformo y nitrobenceno. Los
episodios se han repetido en el tiempo, siendo los principales afectados los escolares,
motivando consultas de emergencia en el hospital de Quintero por presentar mareos,
vómitos, cefalea, irritación, síntomas neurológicos, con escasos síntomas respiratorios.
También, se ha detectado metales pesados y arsénico en el suelo y también en fanéreos
(uñas y pelo). Aún no se conoce con precisión el/los agentes causales de estas
emergencias médicas, contemplándose en un futuro cercano la creación de una primera
unidad de Pediatría ambiental.
Como otros recursos naturales, el agua puede ser movilizada para generar riquezas. Esto
depende de la distribución del poder en la sociedad el control y propiedad de la tierra, pero
además el mismo régimen natural de agua. Es decir, la distribución de poder tiene estrecha
relación con la cantidad, calidad, estacionalidad, variabilidad y disponibilidad de agua. Una de
las formas más intensivas y extensivas de
movilizar el agua es a través de la construcción de represas (Molle, 2005). De esta manera, la
construcción de estas obras de infraestructura es un fenómeno complejo, que está en la
intersección entre crecimiento económico, desarrollo, soberanía y territorio, y genera una
tensión entre nativos y no nativos sobre el medio ambiente, el paisaje y el uso de recursos. En
otros términos, la construcción de represas es un proceso cultural, político, judicial, social,
económico y ambiental que trasciende el contexto inmediato de un proyecto hidroeléctrico
determinado.
En términos político-ecológicos, las represas han sido ocupadas como un símbolo de progreso
tecnológico que refleja la victoria del hombre sobre la naturaleza (Kaika, 2006; Nüsser, 2003). En
este proceso, el sistema político depende de la producción exitosa de nuevos socioambientes
para sustentar el creciente metabolismo urbano, lo que significa que nuevas represas deben ser
constantemente construidas. Algunos académicos dicen que la construcción de grandes represas
es una actividad que solo puede ser abordada por gobiernos nacionales, no solamente por los
altos costos de inversión involucrados, sino además porque solamente el Estado podría
organizar la distribución de beneficios y los costos (Heming, et al., 2001: 208). En la mayoría de
los casos, el Estado juega un rol importante en los procesos de propuesta de proyectos,
construcción, negociación, mitigación y relocalización de las comunidades afectadas.
Las manifestaciones están llenando estos días las calles de las principales ciudades de Chile. Más
de 40.000 personas se han manifestado en Santiago este fin de semana en contra de las cinco
represas hidroeléctricas que la filial local de Endesa, junto a la chilena Colbún, busca construir en
la Patagonia chilena. El proyecto, llamado Hidroaysén, ha provocado una fuerte controversia entre
los ciudadanos porque los embalses inundarán 6.000 hectáreas de la región de Aysén y sumergirán
los ríos Baker y Pascua. También, según denuncian los que se oponen a la infraestructura, se
llevarán por delante valorados ecosistemas de la zona austral.
El plan también requiere levantar un número aún indeterminado de torres para la transmisión de
la energía desde la Patagonia hasta la zona central y norte de Chile, que es la que requiere de más
electricidad. Hidroaysén tendrá que instalar torres y cableado que atravesarán unos 2.500
kilómetros del territorio.
Con todo ello, según el Consejo de Defensa de la Patagonia, un grupo que engloba a grupos
ecologistas e indigenistas, se alterarán ecosistemas boscosos y acuáticos y humedales de la zona
austral. Se arriesgará una especie que ya está en extinción, el ciervo huemul, la nutria Huillín y el
pato Correntino. La región de Aysén se sitúa a 1.800 kilómetros de Santiago. Aunque todavía no se
ha trazado la ruta que seguirán las torres, previsiblemente se verán afectadas comunidades de las
etnias huilliche y mapuche. También se habla del impacto social que significarán los 12 años que
dure la construcción de las represas, por el desplazamiento de mano de obra foránea que hará uso
de los servicios públicos.
¿de qué manera estos conflictos van conformando unidades de paisaje?
La articulación eficiente de la cuadricula fundacional, orientada según los puntos cardinales (…)
dará como resultado la estructura en zig-zag que caracteriza la versión final de la red. Se localizan
así, de preferencia, los nuevos colectores por las calles norte-sur, de mayor pendiente, y los
conductos de menor importancia por las calles oriente poniente. Larraín Bravo se había opuesto
tenazmente a aprovechar las antiguas acequias de la ciudad –que corrían desde la Colonia por la
medianería oriente-poniente de las manzanas– para el trazado del alcantarillado, aduciendo las
múltiples dificultades que el interior de las manzanas presentaba al trazado de la red, apartándose
en ello de las recomendaciones de carácter pragmático (…) en el sentido de aprovechar las
antiguas acequias. Propone, en cambio, que las nuevas obras se practiquen en la vía pública, de
propiedad común, privilegiando la disposición en zig-zag que aprovecha mejor la pendiente del
valle.
hoover dam
La Ciudad de México atraviesa una de las crisis medioambientales más serias del mundo,
sostenida por un modelo inadecuado y lineal de extracción de agua, contaminación y drenaje. La
ciudad se enfrenta a una crítica escasez de agua agravada por la disparidad socioespacial de su
distribución y gestión. Aunque existen enormes
presiones para urbanizar de forma sostenible y
compacta, el actual modelo de gestión del agua ya no
es suficiente para proveer los servicios hídricos más
básicos a sus residentes o a nuevas urbanizaciones. Por
lo tanto, la política de gestión del agua es fundamental
para la negociación entre la reurbanización urbana y la
sostenibilidad hídrica.
Este trabajo revisa la zona histórica de Tacubaya para
testear un “distrito hídrico” que podría servir para
aplicar soluciones alternativas de gestión
descentralizada del agua. El distrito hídrico es un
marco de planeación y diseño urbano que integra
infraestructura verde y gris cuya gestión se basa en la
reutilización, retención, tratamiento e infiltración del
agua urbana —lo que también aumenta la
habitabilidad, mejorando la biodiversidad urbana—.
El marco de diseño del “distrito hídrico” propone tres
lentes analíticas principales:
1. Revelar la historia del agua
2. Consolidar y ampliar el sistema de espacios abiertos
3. El agua urbana como recurso, no como residuo
TERRITORIO NACIÓN
PAISAJE NACIONAL
"En esta época de luchas y batallas", escribió
Goerke, el paisaje alemán era "lo más grande que
tenemos que defender". Se trataba de una
llamada al sacrificio familiar para millones de
alemanes que lucharon en las guerras del siglo
XX. El paisaje que se les pedía defender era el
"gran jardín verde de Alemania", una patria, o
Heimat, cuyos prados, bosques y arroyos
serpenteantes eran la cuna del carácter y el espíritu alemanes. Independientemente de los
cambios catastróficos que pudiera provocar la guerra, el paisaje natural -al igual que las
personas a las que nutría- se mantenía tranquilizador, inmutable.
Excepto, por supuesto, que no lo era. Un alemán de
1915 o 1940, transportado a 1750, se habría
asombrado de lo diferente que era el paisaje
"natural": mucho menos cultivado, mucho más
dominado por la arena o los matorrales y, sobre
todo, por el agua. El visitante del siglo XX no habría
necesitado ir muy lejos para toparse con charcas,
estanques y lagos desecados y olvidados hace
tiempo. Una pérdida total de orientación
amenazaría al viajero moderno en las marismas y
pantanos bajos que aún ocupaban gran parte de la
llanura del norte de Alemania en el siglo XVIII.
Existe una larga tradición de análisis histórico que
examina la producción de mapas, su evolución en el
tiempo y su papel en la sociedad. Dicho análisis se
refiere implícitamente al poder de la cartografía
para influir en las relaciones sociales y económicas
en determinados lugares y épocas.
Más recientemente, la investigación se ha centrado
específicamente en la política y el poder de la
cartografía; cómo se capta el poder en los mapas y
se comunica a través de ellos para afirmar el mando
y el control del territorio y las relaciones
socioespaciales; cómo se vincula el poder a la
propia creación y uso de los mapas; y cómo se
utilizan las prácticas cartográficas para resistir e
impugnar el ejercicio del poder sobre el espacio.
La cartografía crítica es post-positivista en su
enfoque, basándose en una serie de teorías sociales para reexaminar las representaciones
cartográficas y el entorno más amplio de los procesos cartográficos. A menudo es abiertamente
política en su análisis de la práctica cartográfica, tratando de deconstruir el trabajo de los mapas y
la ciencia que los produce, a menudo comprometiéndose a producir mapas alternativos que sean
sensibles a las relaciones de poder en juego. Por un lado, esto ha llevado a un examen del poder
de los mapas y del trabajo que realizan en el mundo, y por otro a nuevas formas de colaboración y
contramapeo que buscan producir cartografías empoderadoras y emancipadoras, que subviertan
el statu quo. En ambos casos, se reconoce explícitamente que los mapas son producto del poder y
que constituyen poderosas herramientas en las luchas de dominación y resistencia.
La frontera entre Estados Unidos y México es
a la vez realidad y ficción. La frontera física es
una cruda secuencia de muros, vallas, alambre
de espino, perros, agentes de la patrulla
fronteriza, puestos de control y reflectores. Su
carácter militarista proyecta una imagen de
autoridad inevitable e inflexible. Sin embargo,
su ubicación es arbitraria, producto de la
negociación y la guerra. Su función es marcar
el perímetro de una jurisdicción, su ficción una
narrativa de seguridad y poder soberano. En la
frontera, las construcciones físicas y las
estructuras sociales se entrelazan y
materializan en el espacio, combinándose en
una única práctica de poder.
Desde 2001, el Gobierno estadounidense ha
militarizado cada vez más esta frontera,
dotándola de presencia material donde antes bastaba con una línea en un mapa y utilizando la
retórica de la seguridad para cambiar la imagen que el público estadounidense tiene de ella.
Esta representación ha tenido tanto éxito que en 2016 fue posible sustituir metonímicamente
toda la frontera, que abarca enormes variaciones de terreno, densidad de población y actividad,
por una sola imagen, "el muro", y que esa imagen impulsara unas elecciones nacionales.
En el punto más occidental de la frontera entre San Diego y Tijuana hay una zona llamada
Parque de la Amistad. Se extiende a ambos lados de la frontera internacional, y durante la
mayor parte de su existencia ha estado dividida por una única valla metálica de unos 6 metros
de altura, con gruesos barrotes verticales. Aquí las familias divididas por la frontera vienen a
hablarse, cogerse de la mano y compartir comida a través de la valla. En el lado mexicano, el
Parque de la Amistad es en realidad un parque, con vegetación y bancos, vendedores de churros
y mariachis. Se puede pasear libremente hasta el límite preciso del territorio mexicano. En el
lado estadounidense, el Parque de la Amistad parece un campamento militar. Cinco días a la
semana, el lado estadounidense del parque está en silencio, dando una imagen tranquila e
impoluta del poderío estadounidense. Pero dos veces por semana, esta imagen se ve desafiada
por familias que se reúnen a través de la valla, subvirtiendo la frontera al llegar al otro lado.
El general Pinochet es geógrafo de formación y, según todos los indicios, ha conseguido
introducir la geografía en las políticas públicas. Como Presidente de la Junta Militar que derrocó
al gobierno electo de Salvador Allende en Chile el 11 de septiembre de 1973, el General Pinochet
no aprueba disciplinas académicas "subversivas" como la sociología, la política e incluso la
filosofía. Ha pedido que se impartan "lecciones de patriotismo" en todas las escuelas y
universidades chilenas, y se sabe que ve con muy buenos ojos la enseñanza de la geografía,
asignatura ideal, según él, para instruir al pueblo chileno en las
virtudes del patriotismo y transmitirle el sentido de su verdadero
destino histórico. Dado que los militares han tomado el mando de
las universidades y supervisan con frecuencia la enseñanza en las
escuelas, parece que la geografía se convertirá en una disciplina
muy importante en el sistema educativo chileno.
El 20 de octubre de 1883, mediante la firma del Tratado de Ancón,
se pone fin a la Guerra del Pacífico entre Chile y Perú,
determinando que Perú debe ceder, perpetua e
incondicionalmente, el territorio de la provincia de Tarapacá,
ocupado por fuerzas chilenas desde 1879. Además, el territorio de
las provincias de Tacna y Arica, delimitadas por el río Sama al norte
y la quebrada de Camarones por el sur, continuaría poseído por
Chile y sujeto a la legislación y autoridades chilenas durante el
término de diez años (Tratado de Ancón, 1883). La decisión
definitiva sobre la soberanía del territorio estaría a cargo de los
ciudadanos, quedando explícito en el artículo cuatro del Tratado
que, al cabo de diez años, se celebraría un plebiscito para
determinar finalmente a qué país le pertenecía la administración de
la provincia. Si bien el tratado pone fin a la guerra entre estos dos
países, no sería hasta 1884 cuando se resolverían los conflictos con
Bolivia.
Mediante el acuerdo, firmado por las máximas autoridades de
ambas naciones y bajo la estricta mirada del gobierno de Estados
Unidos, el territorio de Tacna y Arica fue dividido en dos partes, dejando la primera ciudad para
Perú y Arica para Chile. Al mismo tiempo se estableció el Punto de la Concordia, desde el que se
estableció la frontera que divide a los dos países
hasta el día de hoy. Durante los 46 años de
incertidumbre entre ambos tratados, los más de
20.000 km2 de terreno no sólo coexistieron en las
representaciones cartográficas de ambos países,
que mediante mapas se adjudicaban para sí la
provincia, clamando para cada uno el territorio,
sus riquezas y sus habitantes, sino que también
compartían en distintos niveles su administración.
difieren en su trazado, ya que ambos países
entienden que les fue atribuido.
Hoy es imposible pensar en un estado sin territorio.
Tampoco es posible pensar en la superficie terrestre de
una forma que no sea como un puzle hecho de
pequeñas piezas de colores que se unen para formar la
totalidad: a gran escala, todas las piezas calzan de forma
perfecta. Tampoco es posible en pensar una nación que
no tenga un espacio dentro del puzle, un estado sin
territorio sobre el cual ejercer su soberanía. Lejos quedó
la idea de reyes sin tierra, matrimonios que se
transformaban en uniones territoriales o la noción de
que lo que separa un poder reinante del otro es un área
de tierra sin soberanía o con reglas distintas a las que
rigen el suelo conquistado. Hoy, la distinción entre
territorio y suelo se olvida y se utilizan indistintamente,
invisibilizando las implicancias políticas que definen al
primer término, ocultando que en ese suelo
determinado actúan una serie de leyes, convenciones y
tradiciones que no tienen sentido en otro lugar del
mapa.
El territorio, pensado como suelo, se convierte en una
idea abstracta, una superficie libre y sin condiciones,
que tiene valor por su potencialidad de transformarse en un espacio productivo con el fin de
generar recursos.
Este suelo, desprovisto de normas, es distinto del territorio, que por definición tiene puntos que
refieren a un sistema de coordenadas, puntos establecidos por convención para ordenar el
sistema de referencias, dictando una forma cartesiana de entender y conocer la superficie que
nos rodea. Cuando se mira un atlas, con sus pequeñas islas de colores y cientos de líneas que
separan rojos de azules y amarillos, muchas veces se olvida que esos trazos son políticos y que
por más claros que aparezcan en las representaciones, la definición de su trazado es indisoluble
con la formación de esa superficie como estado, en constante conflicto con las superficies
vecinas. La definición de estas líneas es temporal, ya que por más fijos que aparezcan los trazos
en un mapa, su definición política hace que indiscutiblemente estén sujetos a cambios.
PROYECTOS
revista en viaje
"En estas páginas encontrará el lector el cuento ágil, el relato de aventuras sensacionales, la
información de actualidad sobre temas generales, la noticia sobre servicios ferroviarios, las
indicaciones útiles al turista, al industrial y comerciante, el programa de una excursión, todo
aquello, en suma, que le haga agradables las horas que debe permanecer sobre la línea férrea".
Estas palabras de la editorial del primer número expresan claramente el objetivo fundamental
de la revista En Viaje de La Empresa de Ferrocarriles del Estado. Comenzó a publicarse
mensualmente desde noviembre de 1933, bajo la dirección de Domingo Oyarzún y fue el
instrumento de difusión de la empresa y del turismo. A través de sus páginas daba a conocer el
país a chilenos y extranjeros, proporcionando además, los itinerarios de trenes, horarios, tarifas,
entre otros datos imprescindibles para los viajeros. Los primeros números tenían 50 páginas,
luego fue aumentando, para en su época de esplendor, llegó a sobrepasar las 200.
Hacia la década de 1940, bajo la dirección sucesiva de
Washington Espejo y Carlos Barella, se remozó En Viaje,
quedando a la altura de los principales magazines de
América. Por su excelente contenido, adquirió prestigio y
se tranformó en una publicación que se vendía
masivamente en estaciones, kioskos de diarios, librerías y
en los mismo vagones del tren. Incluso circuló en el
extranjero a través del Ministerio de Relaciones
Exteriores, que la difundió como carta de presentación del
país.
La geografía e historia nacionales también estuvieron
presentes en la revista, dedicándose espacio a temas
curiosos o difíciles de encontrar como afiches, ascensores,
cafés, calles, cementerios, circos, curanderos, vida
nocturna en Santiago, entre otros.