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LA LENGUA GRIEGA

Esta es la lengua del pueblo griego, que abarca los periodos antiguo, á tico, helenístico,
bizantino y moderno, el ú nico miembro de la subfamilia griega dentro de la familia de
las lenguas indoeuropeas. La lengua que se habló en la antigua Grecia difiere en
muchos aspectos de la que se habla hoy y que recibe el nombre de griego moderno,
aunque tanto el griego clá sico como el moderno emplean el mismo alfabeto de 24
letras, procedente del fenicio.
El griego antiguo. Indoeuropeos procedentes del Norte introdujeron el griego en la
península balcá nica en el II milenio a. de C. En tiempos prehistó ricos hubo pueblos
que emigraron procedentes del Asia septentrional y central hasta las tierras fértiles
del sur y se asentaron en varias
regiones de Grecia, donde se
formaron diferentes dialectos; los
cuatro principales fueron el
arcadio-chipriota, el dó rico, eó lico
y jó nico.
El dialecto arcadio-chipriota, del
que poco se conoce, desciende de
la lengua que se hablaba durante
el dominio de Micenas en el
Peloponeso y algunas islas
meridionales. En 1952 se descifró
lo que se ha llamado escritura
cretense B lineal, cuyas
inscripciones se encontraron en
unas tablillas de arcilla mientras
se llevaban a cabo unas
excavaciones en Creta y otras
partes de Grecia desde 1900, y se fijaron como antecedentes del arcadio-chipriota por
estar fechadas en el 1500 a. de C. Estas investigaciones demostraron que los griegos
tenían expresió n literaria varios cientos de añ os antes de su primer poeta conocido,
Homero, que probablemente perteneciera al siglo IX a. C.
El dialecto dó rico, en sus orígenes, se hablaba en el norte de Grecia, pero sustituyó al
arcadio-chipriota en el Peloponeso; ademá s, se habló en la regió n meridional en las
islas Cícladas, la isla de Creta, las colonias griegas de Asia Menor, Sicilia e Italia. En el
siglo III a. de C. se escribieron en él muchos poemas, como los de Teó crito y, también,
hay rasgos dó ricos en Píndaro.
En la regió n de Eolia se hablaba el eolio, así como en Tesalia y Beocia. Fue la lengua en
la que escribieron sus poemas Alceo y Safo, y tres de los Idilios de Teó crito.
El dialecto jó nico se hablaba en las islas del Egeo y en casi toda la costa occidental del
Asia Menor. En él se escribieron muchas obras del siglo V a. de C., como las del médico
Hipó crates y las del historiador Heró doto. En cuanto a la lengua de los poemas
homéricos, es el resultado de toda una tradició n literaria, que pudiera haberse
iniciado en el periodo micénico, transmitido a través del eó lico y jó nico, para alcanzar
una forma final en el á tico, aunque el jó nico es el dialecto má s representado.
El dialecto jó nico dio lugar al á tico, que es el elemento bá sico del griego clá sico. Era la
lengua de Atenas y su zona circundante, la Á tica, y se distinguía de otras variedades
del jó nico en su característica contracció n de las vocales. En funció n de la supremacía
política y su papel predominante en el arte, la filosofía y el teatro en torno al siglo V a.
de C., el dialecto á tico sustituyó a todos los demá s y se convirtió en la lengua literaria.
Su influencia fue aú n mayor porque en él se expresaron los mejores intelectuales,
sabios y escritores de la época, como los dramaturgos Esquilo, Só focles y Eurípides, el
orador Demó stenes, el filó sofo Plató n y los historiadores Tucídides y Jenofonte.
En el siglo IV a. de C., debido a las conquistas de Alejandro Magno y a la expansió n de
Macedonia, tuvo lugar un cambio en la població n griega que llegó desde la propia
Grecia hasta los asentamientos del Oriente Pró ximo. En este periodo, llamado
helenístico, el dialecto á tico, hablado por las clases cultas, los mercaderes y los
emigrantes, se convirtió en lengua comú n por todo el Cercano Oriente. Al mezclarse
los griegos con otros pueblos, la lengua cambió ; el á tico se convirtió en la base de una
nueva forma del griego, la koiné (la norma), que se extendió por todas las á reas de
influencia griega. Durante el imperio helenístico, la koiné fue la lengua de la corte, de
la literatura y el comercio.
La koiné se dividió en dos niveles: la literaria o culta y la lengua verná cula o popular.
Usaron y hablaron la lengua culta las clases superiores educadas que, hasta la
conquista romana, mantuvieron una vida artística e intelectual plena de vigor e
independencia, y aunque no olvidaron a los grandes escritores de tiempos anteriores,
desarrollaron una lengua que expresara sus nuevas necesidades, concretamente las
relacionadas con las ideas abstractas del á mbito de la filosofía, la gramá tica, las
ciencias físicas y las sociales. A la vez se simplificó la lengua con la supresió n de
muchas formas gramaticales irregulares y también se produjeron algunos cambios
fó nicos. Se perdió la condició n musical del á tico de Atenas; se igualaron los valores
vocá licos y los diptongos se monoptongaron.
En la lengua popular, aunque en menor medida, también influyeron el prestigio de los
clá sicos y el nuevo pensamiento helenístico. Aceptó con mayor libertad préstamos
léxicos que procedían de las lenguas del Oriente Pró ximo y se separó mucho de la
gramá tica tradicional. Esta variedad se conoce por cartas de papiros y textos de
algunos escritores de las clases populares. Las obras má s importantes fueron los
cuatro Evangelios del Nuevo Testamento, que ofrecen una peculiar forma de la koiné,
mezclada con elementos claramente semíticos. Después, los padres de la iglesia
escribieron en la forma culta.
Durante los dos primeros siglos de nuestra era, un grupo de intelectuales provocó la
vuelta al dialecto á tico puro de los siglos V y IV a. de C. No obstante el apoyo entusiasta
de Galeno, el del gramá tico del siglo II Frínico y de otros escritores, como Luciano, el
llamado movimiento aticista no obtuvo un éxito completo. Muchos escritores del siglo
II y otros posteriores, como el ensayista y bió grafo Plutarco y el geó grafo Pausanias,
utilizaron la koiné en su forma culta, pero los aticistas aparecían de vez en cuando y
esporá dicamente dominaron el panorama literario; como ejemplo está el orador del
siglo IV Libanio. Con la destrucció n de la biblioteca de Alejandría en las guerras del
siglo III, la política del emperador Teodosio en torno al añ o 191 y la desaparició n de
las escuelas atenienses de filosofía que ordenara el emperador Justiniano en el 529, la
lengua literaria, que se había cada vez má s alejado de la popular, quedó relegada a la
Iglesia, a unos pocos estudiosos y algunos escritores repetitivos.

LA LENGUA LATINA

Es el idioma de la Roma antigua y de los territorios del Lacio. Debido a la expansió n


del pueblo romano, el latín llegó a todo el mundo entonces conocido y se convirtió en
lengua predominante de Europa occidental. Se ha empleado el latín en la enseñ anza
superior y en las relaciones diplomá ticas hasta el siglo XVIII y sigue siendo la lengua
universal de la Iglesia cató lica.
No era lengua nativa de Italia, sino que, en tiempos prehistó ricos, unos pueblos que
procedían del Norte lo trajeron a la península itá lica. El latín pertenece a la familia de
lenguas indoeuropeas y es miembro de la subfamilia itá lica; por otro lado, es el
antecedente inmediato de las
actuales lenguas romá nicas. En el
conjunto de las lenguas
indoeuropeas, que no eran
itá licas, el latín se encontraba
relacionado con el sá nscrito y el
griego, y con las subfamilias
céltica y germá nica. Una vez se
introdujo en Italia, fue el dialecto
de la regió n de Roma. A las
lenguas itá licas las constituye el
grupo latino, al que
pertenecieron los dialectos
falisco, latino y algunos otros
dialectos y, por otro lado, el osco
y el umbro, menos documentados.
Las primeras inscripciones en latín son del siglo VI a. de C., en tanto los primeros
textos escritos son ligeramente anteriores al siglo III a. de C. Sufrió la influencia de los
dialectos célticos del norte de Italia, de la lengua etrusca, que no era indoeuropea, y se
hablaba en la regió n central de la península itá lica, y del griego que se hablaba en el
sur antes del siglo VIII a. de C. Bajo la influencia de la lengua y la literatura griega, que
se tradujo al latín ya en la segunda mitad del siglo III a. de C., se convirtió en una
lengua de cultura con literatura propia.
Latín clásico literario. Se suelen considerar cuatro periodos, que corresponden a los
de la literatura latina: Periodo antiguo, que se fija entre el 240 hasta el 70 a. de C. y en
él se incluyen los autores Ennio, Plauto y Terencio; Edad de oro, que
abarca desde el añ o 70 a. de C. hasta el 14 d. C.; en este periodo se incluyen los
prosistas Julio César, Ciceró n y Tito Livio, los poetas Catulo, Lucrecio, Virgilio, Horacio
y Ovidio. En esta época, la lengua alcanza los má s altos niveles de expresió n artística
tanto en prosa como en verso y permite una enorme riqueza y flexibilidad; Edad de
plata, que va desde el añ o 14 hasta el 130; se caracteriza por permitir la expresió n
retó rica y ornamental, así como la concisió n y el epigrama, todo lo cual se encuentra
en la obra del filó sofo y dramaturgo Séneca y en los escritos del historiador Tá cito;
Edad de bronce o periodo tardío, que se extiende entre el siglo II y el VI (cerca de 636);
en él se incluye la literatura de los Padres de la Iglesia, también llamada la Patrística.
En aquellos momentos, las tribus bá rbaras introducen en la lengua numerosos
préstamos léxicos y sintá cticos; a esta forma del latín se la ha llamado lingua latina
opuesta a la lingua romana, que es la forma en que se estudia este idioma.
El latín oral clásico. La forma culta de la lengua hablada aparece documentada en las
comedias de Plauto y Terencio, así como en las cartas y discursos de Ciceró n, las
Sátiras y Epístolas de Horacio y El Satiricón de Petronio. Pudiera caracterizarse por la
libertad sintá ctica, la presencia de las interjecciones y el uso frecuente de helenismos.
Esta forma culta de la lengua hablada, conocida como sermo quotidianus o coloquio
habitual, no debe confundirse con el coloquio popular, o sermo plebeius, que era el
nivel en el que hablaban las gentes no instruidas y que se caracteriza por algú n
desprecio por las reglas sintá cticas, lo que se traduce en la bú squeda de la simplicidad
en el orden de las palabras en la oració n, y un gusto por los neologismos; a estos dos
niveles de la lengua hablada, se los denomina latín vulgar, del que proceden las
lenguas romá nicas, en la época en que ya se había desarrollado la lingua romana, que
es la forma tardía del latín. Esto explica que muchas palabras romá nicas no procedan
de un término culto o clá sico sino del correspondiente del nivel coloquial popular. Así,
por ejemplo, la palabra latina equus, que significaba ‘caballo’ cayó en desuso y la
sustituyó caballus, que significaba ‘rocín’, de la que proceden la castellana caballo y la
francesa cheval; otro tanto ocurrió con la palabra que significaba ‘cabeza’, caput, forma
del latín clá sico, que se sustituyó por la vulgar testa, que significaba ‘olla’, de la que
proceden la catalana testa y la francesa tête, en tanto la castellana cabeza deriva de
una deformació n de la clá sica caput.
LITERATURA GRIEGA

El estudio de la historia de la literatura griega comprende el periodo primitivo; el


á tico, siglos VI-IV a. C.; el periodo helenístico, 323-146 a. C.; el periodo greco-romano,
siglo II a. C.-IV d. C.; el periodo bizantino, de mediados del siglo IV hasta el XV; y el
periodo moderno.
La literatura griega es la producida por los pueblos de habla griega desde finales del
segundo milenio a. C. hasta la actualidad. Se desarrolló como expresió n nacional con
escasas influencias exteriores hasta el periodo helenístico y tuvo un efecto formativo
en toda la literatura europea posterior.
Periodo primitivo. Los escritos del periodo primitivo de la literatura griega son, casi
en su totalidad, textos en verso.
Poesía épica. Los primitivos habitantes de Grecia, los pueblos de las civilizaciones
egea y micénica, poseyeron una literatura oral compuesta en su mayor parte por
canciones que hablaban de las guerras, las cosechas y los ritos funerarios. Los helenos
se apropiaron de estas canciones en el segundo milenio a. C. y, aunque no se conserva
ningú n fragmento, los cantos de los aedos dedicados a los héroes prefiguran la poesía
épica, que alcanzó su má ximo esplendor con la Ilíada y la Odisea de Homero, aunque
se cree que pueden ser obra de una sucesió n de poetas que vivieron a lo largo del
siglo IX a. C. Eran escritos en dialecto jó nico, con mezclas de eó lico; la perfecció n de
sus versos hexá metros dá ctilos indica que los poemas, má s que el principio, son la
culminació n de una tradició n literaria. Los poemas épicos homéricos se difundieron
en las recitaciones de cantores profesionales que, con actualizaciones del lenguaje, en
sucesivas generaciones, alteraron el original. Esta tradició n oral se mantuvo durante
má s de cuatro siglos.
Otros acontecimientos míticos y heroicos, que no se celebran en la obra homérica o
que no se narran en su totalidad, se convirtieron en el argumento de varios poemas
épicos posteriores, algunos de cuyos fragmentos se conservan. Un grupo de estos
poemas épicos, compuestos entre 800-550 a. C., por un nú mero indeterminado de
poetas, conocidos como poetas cíclicos, tratan de la guerra de Troya y la expedició n de
los siete contra Tebas. Entre los poetas épicos conocidos, casi todos posteriores, se
cuentan Pisandro de Rodas, autor de la Heracleia, que trata de las hazañ as del héroe
mitoló gico Heracles; Paniasis de Halicarnaso, que escribió una obra también llamada
Heracleia, de la que só lo se conservan algunos fragmentos, y Antímaco de Colofó n o
Claros, autor de la epopeya Tebas y considerado fundador de la llamada escuela de
poesía épica. Antímaco influyó poderosamente en los poetas épicos alejandrinos
posteriores.
La crítica textual contemporá nea ha establecido que varias de las obras atribuidas en
un principio a Homero son de autoría posterior. Las má s tempranas son,
probablemente, los llamados 34 himnos homéricos, fechados entre el 700 y el 400 a.
C., una magnífica serie de himnos a los dioses escritos en hexá metros dactílicos. Entre
otros poemas semejantes destaca la burlesca Batracomiomaquia.
Poco después de Homero, el poeta Hesiodo escribió su obra principal, Los trabajos y
los días, compuesta también en dialecto jó nico, con algunas mezclas de eó lico. Es el
primer poema griego que abandona la leyenda o el mito para centrarse en la vida
cotidiana, las experiencias y pensamientos de un granjero beocio. La Teogonía,
normalmente atribuida a Hesíodo, aunque algunos críticos la consideran posterior,
narra el surgimiento del orden a partir del caos y el de los dioses.
El dístico elegíaco se popularizó en toda Grecia durante el siglo VII a. C. y se utilizó en
composiciones de todas clases, desde canciones fú nebres a canciones de amor. El
primer autor conocido de elegías fue Calino de É feso. Otros famosos poetas elegíacos
primitivos fueron Tirteo de Esparta, Mimnermo de Colofó n, Arquíloco de Paros, Soló n
—el primer poeta ateniense— y Teognis de Megara.
Se cree que el creador del verso yá mbico fue Arquíloco, que lo utilizó ampliamente en
sá tiras mordaces. Soló n y muchos otros poetas también lo utilizaron en poemas
reflexivos. Puesto que representa los ritmos de la antigua habla griega con mayor
fidelidad que ningú n otro metro, el verso yá mbico empezó a emplearse también en el
diá logo de las tragedias, en la forma de trímetro yá mbico. Las fá bulas de Esopo se
escribieron originalmente en trímetros yá mbicos, aunque los textos que han llegado
hasta estos días datan de mucho tiempo después.
Poesía lírica. Esta poesía procede de canciones acompañ adas de la lira; en la antigua
Grecia, había dos tipos principales de lírica, la personal y la coral.
La lírica personal se desarrolló en la isla de Lesbos. Al poeta y mú sico Terpandro, que
había nacido en Lesbos pero que vivió casi toda su vida en Esparta, se lo considera
como el primer poeta lírico griego, porque fue el que antes compuso mú sica y poesía.
La mayor parte de sus poemas eran nomos o himnos litú rgicos en honor de Apolo, y
cantados por un solo intérprete acompañ ado de la lira.
Después de Terpandro, aparecieron, en el siglo VII a. C., los grandes poetas de Lesbos.
Los poemas líricos de Alceo, inventor de la estrofa alcea o alcaica, hablan de temas
políticos, religiosos e intimistas. Safo, la poetisa má s importante de la antigua Grecia,
creó la estrofa sá fica, aunque escribió también en otras formas líricas; sus poemas de
amor y amistad se encuentran entre los má s apasionados y mejor trabajados de la
tradició n occidental. Los poetas lésbicos, así como varios poetas líricos posteriores de
otras ciudades griegas, compusieron en dialecto eó lico.
En el siglo VI a. C., el poeta Anacreonte escribió alegres poemas sobre el vino y el amor
en varios metros líricos; sus obras posteriores, similares en tono y tema, se conocen
como anacreó nticas. También escribió dísticos (pareados) elegíacos, epigramas y
poemas en metros yá mbicos.
La lírica coral surgió en el siglo VII a. C. como obra de poetas que escribieron en
dialecto dó rico, dominante en la regió n de Esparta, y que se utilizó incluso en épocas
posteriores, cuando los poetas de otros lugares de Grecia adoptaban este género lírico.
Los poetas espartanos fueron los primeros en escribir de esta forma canciones para
celebraciones pú blicas religiosas. Má s tarde lo hicieron para celebrar triunfos
personales, como, por ejemplo, una victoria en los juegos olímpicos.
Taletas, que viajó de Creta a Esparta para sofocar una epidemia con himnos corales a
Apolo, fue probablemente el primer poeta lírico coral. Lo siguieron Terpandro, que
escribió tanto poemas líricos intimistas como corales; Alcmá n, autor sobre todo de
partheneia, es decir, himnos procesionales corales cantados por un coro de doncellas y
de cará cter parcialmente religioso, de tono má s ligero que los himnos a Apolo; y Arió n,
posible creador del ditirambo (forma poética en honor a Dionisos) y del estilo trá gico,
que se utilizó ampliamente en el drama griego. Entre los grandes escritores
posteriores de poemas líricos corales se encuentran el poeta siciliano Estesícoro,
contemporá neo de Alceo, que introdujo la forma ternaria de la oda coral, consistente
en series de grupos de tres estrofas; Íbico de Reggio, autor de un largo fragmento que
se conserva de una oda coral ternaria y de poemas líricos personales eró ticos;
Simó nides de Ceos, cuya lírica coral incluye epinicia, u odas corales en honor de los
vencedores en los juegos olímpicos, encomia, o himnos corales en honor a personas
concretas, y cantos fú nebres, ademá s de poemas líricos personales que incluyen
epigramas; y Baquílides de Ceos, sobrino de Simó nides, que escribió epinicios, de los
que se conservan trece, y ditirambos, cinco de los cuales han llegado hasta la
actualidad.
La lírica coral alcanzó su apogeo hacia mediados del siglo V a. C. en las obras de
Píndaro, que escribió muchos poemas de este género en todas las formas, lo que
incluye himnos, ditirambos y epinicios. Se conserva cerca de la cuarta parte de su
obra, principalmente epinicios con la estructura trinaria creada por Estesícoro. Las
tragedias de la época incluyen muchas odas corales importantes.
Otro género que se desarrolló en el siglo VI a. C. fue un tipo de poema filosó fico
relacionado con la épica y escrito por filó sofos griegos como Empédocles, Jenó fanes y
Parménides.
Período helenístico. Tras las conquistas de Alejandro III el Magno, en el siglo IV a. C.,
la cultura griega se expandió por un amplio imperio. La má s destacada, entre las
muchas escuelas de literatura que se crearon y la mayor biblioteca de la antigü edad,
se localizó en la ciudad de Alejandría, en Egipto.
Una de las má s admirables poéticas alejandrinas pertenece a Calímaco de Cirene,
director de una escuela en Alejandría y su principal bibliotecario. A Calímaco se lo
acredita como autor de má s de 800 volú menes, cada uno de ellos con muchas obras,
de las que se conservan só lo seis himnos, 64 epigramas y unas pocas elegías, ademá s
de otros poemas. Junto con sus seguidores, perfeccionó el empleo del epilio, un poema
corto en hexá metros, con tema épico narrativo. Ademá s de perfeccionar el epigrama,
que má s tarde adoptarían sus discípulos romanos, desarrollaron el poema didá ctico
literario y el pastoril.
El poeta siciliano Teó crito, que escribió la mayor parte de su obra en Alejandría y al
que lo consideran muchos críticos como el má s grande de los poetas alejandrinos,
escribió Idilios, una serie de poemas pastoriles que imitaron sus sucesores, como Bió n
de Esmirna, entre cuyos poemas conservados se encuentra el famoso Lamento por
Adonis, y el poeta también siciliano Mosco, que escribió el poema épico Europa y
composiciones pastoriles.
Periodo greco-romano. Algunos de los mejores versos de este periodo son los
epigramas anó nimos de la Antología griega, recopilació n de poesía y prosa griegas que
cubre casi 2000 añ os; se compone de dos libros reunidos en los siglos X y XIV d. C., que
se conocen, respectivamente, como la Antología Palatina y la Antología Planudea.
Periodo bizantino. La influencia eclesiá stica hizo que decayera la literatura secular.
Sin embargo, hubo un importante poema histó rico y legendario, la notable epopeya
popular Digenis Akritas (siglos X-XI), que se difundió por transmisió n oral hasta
cuando se escribió (se conservan textos de los siglos XV y XVI).
CARACTERÍSTICAS Y ETAPAS DE LA LITERATURA LATINA

La literatura latina se encuentra en el S. III a. C.


Roma se fundó en el añ o 753 a. C. ¿Qué ocurrió para que la literatura no empezara
hasta el siglo III a. C.? La literatura latina fue, en sus comienzos, una literatura oral.
Existía una colecció n de carminas, compuestas muchísimo antes de que existieran las
obras latinas, y se transmitieran oralmente de generació n en generació n. Entre estos
tipos de creaciones literarias orales destacan: las canciones de gesta, que eran
cantares de hazañ as de personajes populares; los “carmina convivalia”, poemas de
fiestas o banquetes; representaciones escénicas, donde unos actores improvisados
representaban “atelanas” (versos improvisados); los “versi fescenino”, versos
obscenos, que la juventud romana improvisaba en las fiestas agrícolas; los cantos
guerreros, entonados antes y después del combate; las “laudationes fúnebres”, en las
que un familiar ensalzaba las virtudes del fallecido, etc.
La literatura latina tuvo, en un primer momento, grandes influjos de las culturas que
habitaban la península itá lica. Pero la influencia má s importante la ejerció la cultura
helénica, el pueblo griego, cuando el pueblo romano lo conquistó . Una frase de
Horacio: “La Grecia conquistada conquistó a su fiero vencedor”, resume la capital
importancia de la influencia griega sobre la cultura latina, ya no só lo en el á mbito
literario, sino en todos los á mbitos. Esta influencia fue tal que el primer autor de la
literatura latina fue un griego, llamado Livio Andró nico.
En el añ o 240 a. C., se tienen las primeras documentaciones literarias. Escritas en
griego y adaptadas al latín por Livio Andró nico. Aparecen los primeros géneros
literarios, como el drama, la comedia y la prosa literaria. Otros géneros importantes
son la historiografía y la biografía.
Se suelen considerar cuatro periodos que corresponden a los de la literatura latina.
Periodo antiguo. Se fija entre el 240 hasta el 70 a. C. En él se incluyen los autores
Ennio, Plauto y Terencio.
Edad de oro. Abarca desde el añ o 70 a. C. hasta el 14 d. C. En este periodo se incluyen
los prosistas Julio César, Ciceró n y Tito Livio, los poetas Catulo, Lucrecio, Virgilio,
Horacio y Ovidio. En esta época la lengua alcanza las má s altas cotas de expresió n
artística tanto en prosa como en verso y permite una enorme riqueza y flexibilidad.
Edad de plata. Va desde el añ o 14 hasta el 130. Se caracteriza por permitir la
expresió n retó rica y ornamental, así como la concisió n y el epigrama, todo lo cual se
encuentra en la obra del filó sofo y dramaturgo Séneca y en los escritos del historiador
Tá cito.
Edad del bronce o periodo tardío. Se extiende entre el siglo II al VI (c. 636), y en él
se incluye la literatura de los padres de la Iglesia, también llamada Patrística. En
aquellos tiempos, las tribus bá rbaras introducen en la lengua numerosos préstamos
léxicos y sintá cticos; a esta forma del latín se le ha llamado lingua latina, opuesta a la
lingua romana, que es la forma en que se estudia este idioma.
LISTADO DE OBRAS DE TEATRO CLÁSICAS

Esquilo
Los persas (472 a. C.), Los siete contra Tebas (467), Las suplicantes (463), La
Orestíada (458), que comprende: Agamenón, Las coéforas, Las euménides; y Prometeo
encadenado.
Sófocles
Edipo Rey, Edipo en Colono, Antígona, Áyax, Las Traquinias, Electra y Filoctetes.
Eurípides
Alcestis (438 a. C.), Medea (431), Los Heráclidas (c. 430), Hipólito (428), Andrómaca (c.
425), Hécuba (c. 424), Las Suplicantes (c. 423), Electra (c. 420), Heracles (c. 416), Las
Troyanas (415), Ifigenia en Táuride (c. 414), Ion (c. 414), Helena (412), Las Fenicias
(c. 410), Orestes (408), Las Bacantes (406), Ifigenia en Áulide (406) y El Cíclope, que es
su ú nico drama satírico conservado.
Aristófanes
Los acarnienses, Los caballeros, Las nubes, Las avispas, La paz, Las aves, Lisístrata, Las
tesmoforias, Las ranas, Las asamblea de las mujeres, Pluto.
Menandro
El misántropo.
Plauto
Anfitrión, Los asnos, La olla, Las dos Baquis, Los cautivos, Casina, La cesta, El gorgojo,
Epídico, Los gemelos, El mercader, El soldado fanfarrón, El aparecido, El cartaginés,
Séudolo, El persa, La cuerda, Estico, Las tres monedas, Truculento y Vidularia.
Terencio
Andria (La andriana o La muchacha de Andros), Hecyra (La suegra),
Heautontimoroumenos (El que se atormenta a sí mismo), Eunuchus (El eunuco),
Phormio (Formió n) y Adelphoe (Los hermanos).
Séneca
Hércules furioso, Las troyanas, Medea, Hipólito, Edipo, Agamenón, Tiestes, Hércules en el
Eta, Las fenicias, Fedra, Octavia.

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