Relatos Inquisitoriales en Michoacán XVIII
Relatos Inquisitoriales en Michoacán XVIII
NICOLÁS DE HIDALGO
TESIS
PRESENTA:
LAURA YADIRA LÓPEZ BRIBIESCA
DIRECTORA DE TESIS:
DOCTORA ARIADNA ALVARADO LÓPEZ
RESUMEN ............................................................................................................................ 5
ABSTRACT .......................................................................................................................... 6
INTRODUCCIÓN ................................................................................................................ 7
3
2.3.3. Joseph de Villela, Francisco Vibanco y sus varitas de virtud ............................ 68
2.3.4. Juan Nepomuceno Perales, un ladrón invisible .................................................. 74
4
RESUMEN
5
ABSTRACT
In this approach to four records of the Inquisition in the eighteenth century Obispado de
Michoacán, consulted in the archives from the Archivo Histórico Casa de Morelos, we
analyze and explain the existence and construction of a coherent story through the declarants’
testimonies, guided by the inquisitorial functionaries according to their conceptualization of
the events narrated in each case as superstition, that is to say as a transgression of the Catholic
religion. In order to understand the co-construction process of the stories it was necessary to
locate the files in the context of the time; in addition, we use the notions of frame semantics
and narrative co-construction. As a result, we also present an edition of the four inquisitorial
stories: “María la Guzmana y el baile de mujeres”; “Ilícita amistad y el hechizo de Isabel
Melgosa”; “Joseph de Villela, Francisco Vibanco y sus varitas de virtud” and “Juan
Nepomuceno Perales, un ladrón invisible”.
6
INTRODUCCIÓN
El relato como género narrativo es una constante en cada ámbito de la experiencia humana
que ofrece siempre posibilidades interesantes desde la perspectiva que se le aborde; es posible
encontrar narraciones y relatos en casi cualquier situación comunicativa y es esa la
motivación que impulsa un trabajo con el que se pretende dar cuenta de la construcción de
un relato cuyo estudio requiere de una aproximación desde un enfoque multidisciplinar como
el de los estudios del discurso. Nos referimos aquí al relato inquisitorial que se construye a
partir de los fragmentos narrativos en los testimonios de cuatro expedientes resguardados en
el Archivo Histórico Casa de Morelos (AHCMO), correspondientes al fondo diocesano, serie
Inquisición del siglo XVIII en el Obispado de Michoacán.
7
Melgosa por haber hechizado a Antonio Magaña y a su esposa, entre otros. El tercer caso
estudiado corresponde a la “Denuncia contra don Joseph de Villela y don Francisco Vibanco”
(Inquisición, Exp. 21, f. 1r) también en San Miguel el Grande por el año de 1746 y, aunque
tampoco se anota el delito perseguido, a estos españoles se les acusa de emplear varitas para
encontrar tesoros. Finalmente, trabajamos con el documento que comprende el caso “Contra:
Juan Nepomuceno Perales, mestizo natural de Guanaxuato, preso en la cárzel eclesiástica de
Valladolid. Por usos maléficos” (Inquisición, Exp. 103, f. 1r), levantada precisamente en
Valladolid, en 1776.
8
encontrar construcciones discursivas similares en los expedientes del AHCMO. La
aproximación a los expedientes reveló la presencia de expresiones narrativas en los
testimonios; no obstante, desde nuestra lectura, comprendimos que para hablar de la
organización de tales estructuras narrativas en términos de relato debíamos partir de una
definición que permitiera dar cuenta de las particularidades del mismo.
Así, abordamos el estudio del relato inquisitorial desde la definición del relato co-
construido (aplicado sobre todo en el análisis del relato o narración conversacional) de Sally
Jacoby y Elinor Ochs (1995), a partir del cual encontramos factible explicar la conformación
de los cuatro relatos inquisitoriales en los documentos del archivo. De acuerdo con las
autoras, la co-construcción se define como: “the joint creation of a form, interpretation,
stance, action, activity, identity, institution, skill, ideology, emotion, or other culturally
meaningful reality” (1995: 171); por lo tanto, la co-construcción es un proceso que explica
también la configuración de textos y narraciones como las que nos ocupan, en cuya
construcción intervienen dos o más participantes.
Con base en las nociones del relato co-construido y en esta última idea acerca de las
relaciones de asimetría en el proceso de construcción planteamos que debido a las
9
características de la situación comunicativa en la que se producen los textos estudiados, el
interrogatorio y audiencias inquisitoriales, los representantes de la autoridad inquisitorial
(comisario y notario) dirigen el sentido de las narraciones de los declarantes y orientan así la
construcción general de los relatos desde sus cuestionamientos y basados en su punto de vista
acerca de los eventos narrados en las declaraciones, es decir, desde su conceptualización de
los eventos que constituyen el eje temático de los relatos.
Con base en las interrogantes señaladas, presentamos el objetivo general que orienta
la investigación:
Objetivo general. Demostrar la presencia del relato en cuatro expedientes inquisitoriales del
Obispado de Michoacán en el siglo XVIII, desde los fundamentos de la co-construcción y a
partir del análisis de la organización de las narraciones en los testimonios de los cuatro
documentos.
• Definir el relato inquisitorial desde sus rasgos particulares a partir de las nociones del
relato co-construido y presentar la edición de los cuatro relatos que conforman el
corpus.
• Exponer los aspectos del contexto de producción de los expedientes inquisitoriales,
pertinentes para comprender la construcción del relato en los documentos, desde el
contexto global de la Inquisición novohispana, por ejemplo: la conceptualización de
10
las prácticas denunciadas, la función del Santo Oficio; y, desde el contexto local: la
situación comunicativa específica que supone el interrogatorio.
• Analizar la co-construcción del relato inquisitorial a partir de la organización de las
narraciones desde el punto de vista de los representantes de la autoridad inquisitorial
y de la conceptualización de los eventos narrados como magia supersticiosa,
considerando algunas categorías de análisis de la semántica de marcos y del discurso
referido.
11
comunicativa en que se construye el relato, se indican las funciones de los representantes de
la autoridad inquisitorial (notario y comisario), las fases del proceso y la estructura del
interrogatorio a los denunciantes, testigos y acusados.
Finalmente, ya que las narraciones se organizan como relatos coherentes a partir del
punto de vista de notarios y comisarios, establecemos cuál es la conceptualización de los
eventos narrados, de acuerdo con el discurso inquisitorial del siglo XVIII, para ello tomamos
como base el trabajo del catedrático en teología y derecho canónico, Pedro Murillo Velarde
(2005) [1743]. En su obra, el autor define prácticas similares a las que se narran en nuestros
relatos y cómo éstas se vinculan con la superstición, por lo que significaban un delito contra
la religión católica y se les clasificaba como tipos de magia supersticiosa: hechicería,
maleficio, filtro amatorio o magia amorosa, prácticas zahoríes, curanderismo, etc. Cerramos
la aproximación a los relatos desde su contexto con una breve descripción de las prácticas
mágicas que aparecen en cada uno de los cuatro relatos.
12
que el relato se construye en una dinámica enunciativa en la que el notario, en tanto encargado
del registro escrito del interrogatorio y en su papel de redactor del relato, funge como locutor
y otorga la palabra a los interlocutores (comisario, denunciantes, testigos, acusados) que co-
construyen el relato.
13
Hemos emprendido la investigación desde los estudios del discurso con el propósito
específico de demostrar la presencia y configuración del relato en cuatro expedientes del
Obispado de Michoacán; no hemos pretendido nunca agotar el análisis ni de los documentos
ni de los relatos del corpus. En principio, nuestra aproximación puede representar una base
para otros acercamientos pero reconocemos que el enfoque desde los estudios del discurso
podría arrojar resultados pertinentes para las áreas de la historia y la lingüística. Las
posibilidades se potencian si consideramos la riqueza de los documentos inquisitoriales y el
valor del relato como herramienta de representación, construcción y conceptualización de la
experiencia.
Con el registro y estudio de los relatos inquisitoriales, desde esta perspectiva teórica,
proponemos un portal hacia una época en la historia regional de Michoacán y una ruta de
acceso hacia el conocimiento de un pasado tan remoto, temporalmente hablando, y
espacialmente tan próximo que resulta un desperdicio ignorar estas fuentes. Sea este trabajo
una invitación a continuar con el estudio de estos documentos y, particularmente, del relato
en los expedientes inquisitoriales del Obispado de Michoacán del siglo XVIII.
14
CAPÍTULO I. LA INQUISICIÓN EN EL OBISPADO DE MICHOACÁN DEL
SIGLO XVIII: DEL DELITO AL DOCUMENTO
Para comprender la configuración de los relatos a los que nos enfrentamos en los cuatro
expedientes inquisitoriales del Obispado de Michoacán que constituyen nuestro objeto de
estudio, necesitamos entender el contexto de producción de los mismos. Ya que las
estructuras narrativas a que denominamos “relatos inquisitoriales” se encuentran adscritos al
discurso (jurídico-religioso) de la Inquisición, es recomendable conocer algunos aspectos del
contexto inquisitorial novohispano del siglo XVIII que dan cuenta de la conceptualización1
de las prácticas que constituyen las causas perseguidas en los expedientes consultados, y que
operan, desde nuestra lectura, como eje temático de las narraciones que conforman dichos
relatos.
1
Nos referimos a la conceptualización de manera general como se define en el diccionario de Helena Beristain
(1995), como la forma en que asignamos sentido a la experiencia, es decir, la manera en que nos relacionamos
con la realidad a partir de un proceso de conocimiento o de las ideas que nos hacemos acerca de cualquier objeto
o evento.
2
Menciona Mauricio Beuchot en su explicación de la hermenéutica como interpretación de textos: “Y es que
interpretar es poner un texto en su contexto. Tenemos la intuición común de que un texto descontextualizado
no puede comprenderse de manera adecuada.” (2004: 36) “[Cuando] nos enfrentamos con algo que hemos
identificado como un texto. Un primer movimiento es buscar su contexto (aunque no se descubra plenamente,
pero al menos lo indispensable). En la contextuación se trata de conocer (a veces de adivinar) la intencionalidad
del autor. Esto exige conocer su identidad, su momento histórico, sus condicionamientos psicosociales o
culturales, lo que lo movió a escribirlo. También exige saber a quién o quiénes quiere decir lo que dice. Lo que
quiere decir constituye el contenido del texto, y ello es dependiente del autor quien quiere que interpreten eso
los destinatarios.” (2015: 28).
3
Nos referimos al proceso inquisitorial como todo el procedimiento del que se tiene registro, y en el que se ven
implicados los declarantes y la autoridad inquisitorial, desde el momento de la denuncia o acusación y hasta la
sentencia, o bien, hasta la fase de que se tenga constancia en los documentos. Al respecto, María del Camino
Fernández Giménez señala y describe tres fases del proceso inquisitorial: La fase inicial “En los tribunales
inquisitoriales lo más frecuente era que el proceso comenzase mediante denuncia o acusación presentada por
15
[…] las narraciones se organizan en virtud de los contextos en los que se las construye [pues]
aun los textos escritos pueden formar parte de una interacción comunicativa en progreso ‒
por ejemplo una disputa o una súplica, o una agenda política‒, interacción que, de maneras
sutiles y profundas, moldea el texto narrativo [es así que] Estudiosos que van desde Burke,
pasando por los formalistas rusos (Bajtín, 1981; Todorov, 1984), hasta los que proponen
estudios culturales (Williams, 1982; 1983) ruegan a los intérpretes de narraciones que
consideren estos textos dentro de los diálogos sociales e históricos de los que forman parte.
(2000: 276)
los particulares y, en su defecto, de oficio por el juez.” (2000: 22); la fase intermedia: “La actuación de los
tribunales contra un supuesto hereje no se limitaba a la mera acusación, denuncia o inquisición. Era necesario
fundamentar estas formas de iniciar el proceso de fe. Para ello, el inquisidor interrogaba a los testigos de donde
obtenía la información necesaria.” (28); fase final: “Una vez terminado el proceso, y si los inquisidores o el reo
consideraban no ser necesario aportar nuevas pruebas, inmediatamente se entra en la fase decisoria o final. Esta
constaba de la consulta de fe y de la publicación de la sentencia.” (38).
4
Señala Van Dijk sobre el contexto y su relación con el discurso: “Debido a que, por intuición, casi todo puede
volverse relevante para el discurso […] una teoría del contexto podría volverse una «Teoría de Todo». Por lo
tanto, es fundamental «definir» literalmente […] lo que de otra manera podríamos extender a una gran parte de
la sociedad.” (2012: 12) “[…] A menos que queramos perdernos en contextos infinitos, debemos concluir que
no todo lo que de alguna manera podría entenderse como «trasfondo» para el discurso es necesariamente parte
de su «contexto» [Se deben] seleccionar aquellos elementos de una situación comunicativa que son
sistemáticamente relevantes para el discurso.” (2012: 13)
5
Parafraseando a Van Dijk podemos justificar la importancia de conocer los objetivos y a los participantes que
construyen el relato inquisitorial cuando el autor señala que muchas propiedades del discurso se adaptan a
situaciones complejas, situaciones que están definidas por actividades, objetivos y participantes específicos
(2012: 175).
16
1.1. La Inquisición novohispana: establecimiento y función del aparato inquisitorial
Entre los elementos macro-contextuales6 a considerar se encuentran las funciones y causas
perseguidas por el Santo Oficio en Nueva España y en el Obispado de Michoacán del siglo
XVIII; conocer, por ejemplo, los delitos perseguidos y sancionados por el tribunal
inquisitorial permitirá percibir con mayor claridad la presencia y conceptualización de la
magia en los textos inquisitoriales.7 Mientras tanto, en un nivel microcontextual, a partir de
las fuentes documentales nos acercaremos también a algunos aspectos formales de la
situación comunicativa8 que suponía el interrogatorio inquisitorial y, así, a los propósitos y
objetivos comunicativos9 de los participantes (declarantes y autoridades inquisitoriales) y
6
De acuerdo con Van Dijk, en una situación comunicativa ‒en el caso de la producción de nuestros textos, en
el interrogatorio o audiencia inquisitorial‒ los participantes representan algunos niveles sociales como parte del
contexto; toman no sólo elementos de la situación comunicativa inmediata sino, simultáneamente, elementos o
información de un marco mayor “más global o macro” que cobran relevancia sobre todo en discursos
institucionales ‒como el de la Inquisición‒. Es decir, en la construcción de los discursos se consideran no
únicamente aspectos “en términos del escenario, los roles, o los objetivos (micro) de los participantes”, sino
aspectos de un nivel macro. En este caso, desde nuestra perspectiva, el nivel macro-contextual de los relatos
inquisitoriales pasa por la función y objetivos de la Inquisición novohispana de la época (2011: 175, 176).
Respecto a la “situación comunicativa”, Van Dijk la define en estos términos “podemos definir las
situaciones como fragmentos demarcados espacio-temporalmente de mundos (sociales) posibles […] se debe
tener en mente que los participantes viven las situaciones comunicativas o sociales como episodios reales en
sus vidas diarias y no como meras creencias […]” (2012:51).
7
No es uno de los objetivos centrales de la investigación, pero cabe mencionar que conocer la conceptualización
de la magia en los textos inquisitoriales permite vislumbrar el imaginario respecto de la misma por parte de
declarantes y autoridades inquisitoriales. Partimos aquí de la categoría de “imaginarios sociales” de Juan
Camilo Escobar Villegas (2000) quien define imaginario social o colectivo como un conjunto de “imágenes
mentales” que funcionan en un espacio, en una época determinada, que intervienen en los comportamientos
sociales y se valen de distintos medios para ser transmitidos: “Lo imaginario, o más precisamente un imaginario,
es un conjunto real y complejo de imágenes mentales, independientes de los criterios científicos de verdad y
producidas en una sociedad a partir de herencias, creaciones y transferencias relativamente conscientes;
conjunto que funciona de diversas maneras en una época determinada y que se transforma en una multiplicidad
de ritmos. Conjunto de imágenes mentales que se sirve de producciones estéticas, literarias y morales, pero
también políticas, científicas y otras, como de diferentes formas de memoria colectiva y de prácticas sociales
para sobrevivir y ser transmitido.” (2000: 113).
8
Acerca de la relevancia de la situación comunicativa en la producción ‒e interpretación‒ de los discursos, Van
Dijk señala que: “las situaciones comunicativas no solo exhiben información sobre los escenarios, los
participantes y sus acciones, sino que necesariamente también deben representar las intenciones, propósitos,
objetivos, conocimientos y posiblemente, otras propiedades «mentales» de los participantes.” (2012: 128).
9
Encontramos relevante el conocimiento del funcionamiento y los objetivos del aparato inquisitorial en tanto
para Van Dijk la situación comunicativa y la selección de los aspectos relevantes de ésta por parte de los
participantes tiene una influencia en el discurso. Así, el propósito, objetivo o intención comunicativa influye en
la construcción del discurso como ejemplifica en el caso concreto de la producción de una descripción
“podemos adaptar nuestra descripción a las restricciones contextuales, como nuestros objetivos (por ejemplo,
defendernos, atacar a los oponentes), nuestra posición [también vinculada con los objetivos] (ser un abogado o
fiscal)” (Van Dijk, 2012: 269). El mismo autor sugiere que el discurso y el uso del lenguaje dependen del
contexto y por tanto para su estudio se deben tomar en cuenta “no sólo los grupos sociales de estos contextos,
sino que también los tipos de situaciones, actividades y objetivos involucrados” (2012: 175).
17
cómo éstos han podido influir en la construcción del discurso en la narración de los
acontecimientos.
Los CÓDIGOS aplicados en Nueva España son los que estaban vigentes en los tribunales
peninsulares […] Por otra parte, el cardenal, inquisidor general y presidente del Real Consejo
don Diego de Espinosa, juzgó conveniente dar, en 1570, instrucciones complementarias para
el Tribunal de México, las cuales, sin modificar el corpus fundamental de los textos anteriores
válidos para todas las inquisiciones, permitía que el nuevo Tribunal se adaptara a las
condiciones particulares de la colonia. (2004: 68)
18
Y aunque los indígenas estaban a salvo de la acción inquisitorial, no lo estaban de aparecer
implicados en los procesos contra mulatos, mestizos y españoles; debido al inevitable
contacto entre los distintos grupos que conformaban la sociedad novohispana ‒como se verá
en algunos casos de nuestro corpus‒. Si una de las principales funciones de la Inquisición fue
la de impedir la influencia de las ideas protestantes entre los colonos y perseguir a los grupos
que difundían ideas contrarias a los dogmas de la Iglesia, Oliva Gargallo hace hincapié en
otras funciones de la institución “[La Inquisición] amplió su brazo coercitivo hacia todo dicho
o hecho que tendía a perjudicar la moral, las buenas costumbres cristianas, los sacramentos,
al sumo pontífice, a la autoridad civil y a los objetos del culto para fines paganos.” (1999:
11).
Nos adentraremos ahora en la función del aparato inquisitorial que resulta más
relevante para efectos de nuestra investigación: la persecución de la magia. De acuerdo con
Solange Alberro (2004), pese a las adecuaciones de la Institución inquisitorial al entorno
colonial, la mayoría de los textos que normaban la Inquisición en Europa siguieron vigentes
en el nuevo territorio. En este sentido, podemos suponer la validez de las discusiones y
documentos que dictaminaban el carácter delictuoso de la magia para la Inquisición en tanto
estaba vinculada con actitudes supersticiosas y heréticas.10
10
Al respecto de las prácticas mágicas como delito, Araceli Campos Moreno (1999) señala cómo existió una
identificación entre magia y herejía que se construyó a partir de 1258 cuando el Papa Alejandro IV determina
que formas de la magia como la hechicería y la adivinación debían ser juzgadas por la Inquisición cuando
implicaran herejía10. Tiempo después en el siglo XIV, señala la autora, se observa una actuación más severa
contra los seguidores de la magia en el sur de Francia aun cuando no existía una clara identificación de la magia
con la herejía. Ya durante el siglo XIV, cuando la Inquisición está funcionando en Nueva España, el inquisidor
aragonés Nicolao Eymerico reconoce en su Manual para inquisidores de España y Portugal los delitos de magia
entre los que distingue: “la hechicería, en la que incluye la adivinación, la invocación del demonio, la astrología
y la alquimia. […] Advierte, además sobre la existencia de “nuevas hechicerías” como la quiromancia, la suerte
de los dados, la interpretación de los astros y el uso de pócimas amatorias” (1999: 27). Algunos de estos delitos
son considerados menores, pero destaca el carácter herético de los invocadores del demonio, los astrólogos y
los alquimistas quienes también suelen invocar al demonio, lo cual representa una evidente transgresión a la fe
católica (27).
En palabras de Oliva Gargallo García, prácticas mágicas como la hechicería, entre otras, estaban vinculadas
inevitablemente con la herejía: “La hechicería, la superstición, el curanderismo y los delitos afines caían dentro
del grupo de herejes, pues, implicaban la existencia de creencias erróneas y contrarias a la religión católica que
debían combatirse. Castigando tanto a las hechiceras por aparentar poderes sobrenaturales, como a los que
usaban los instrumentos que ellas les proporcionaban” (1999: 66).
Por su parte, Gerardo Lara Cisneros indica acerca del carácter delictivo de la magia en el siglo XV: “Para
mediados del siglo xv, la Iglesia estableció la idea de que toda práctica mágica era herética y por lo tanto debía
19
De acuerdo con Julio Caro Baroja cuando se refiere a los delitos por magia y a la
superstición, ésta se define como: “[…] el pecado, por exceso, contra la virtud de la Religión;
ésta, como virtud moral, queda en el justo medio entre dos excesos: el de la irreligiosidad, de
un lado; el de la fe supersticiosa, de otro. Dentro de la superstición se incluye, por un lado,
el culto indebido a Dios, es decir, un culto con arreglo a formas que no son adecuadas ni
gratas, que son superfluas o alteradas; por otro, queda toda especie de Idolatría; también
todas las formas de Adivinación y las llamadas de Observancia. Es idolátrico el culto dado a
un ser o ente que no sea Dios (demonio como tal, o ídolo, o falsa divinidad, que lo ocultan
de modo más o menos engañoso). Cuando el hombre procura su socorro para obtener efectos
que sobrepasan lo natural recurre a un género de observancia, las artes adivinatorias y lo que
se llama Magia precisamente.” (1992: 26).
A pesar de que la atención del Tribunal del Santo Oficio fue captada por algunas de
las circunstancias socio-culturales como la migración de judíos11 y otros grupos, incluso los
propios colonos españoles, que esparcían ideas contrarias a la doctrina cristiana en el
territorio novohispano, es posible apreciar una preocupación moderada respecto de la magia
‒con las implicaciones señaladas‒ por parte de la incipiente Inquisición novohispana;
ser perseguida y exterminada ya que era un atentado contra Dios, contra la Iglesia y contra el reino” (2014:
106).
11
Solange Alberro indica que durante los años 1640-1645 surge un movimiento extraordinario del aparato
inquisitorial “motivado por la persecución de la ‘complicidad’ de los judeocristianos que seguían practicando
secretamente el mosaísmo” (2004: 148). “Aquí impera más bien una herejía […] como la de estos judaizantes
postrados, aferrados a restos de prácticas que se les escapan […] arrastrados por poderosos torbellinos
sincréticos […] herejía casual y original de algún corsario inglés o francés” (2004: 170).
20
aunque, la actitud de los inquisidores para con la magia fuera esencialmente el considerarla
una práctica supersticiosa y propia de ignorantes.
Así pues, en el Edicto anterior se exhorta a denunciar a cualquier persona que haya usado de
la astrología u otra “Arte mágica” (Foja 3). Sin embargo, señala Alberro que estas denuncias
no provocaron mayor reacción en el Tribunal debido a las preocupaciones más bien
económicas de la institución, pues, entonces “el Santo Oficio no acostumbra perseguir con
rigor estos delitos de poca monta que nacen la mayoría de las veces de la ignorancia y son
indignos de la atención de profesionales preparados para acometer la herejía […]” (2004:
149). De acuerdo con la autora, las prácticas de magia, “[…] erótica, el uso de hierbas, de
procedimientos adivinatorios con fines diversos, etc.” (170), ocupan el cuarto lugar entre las
causas perseguidas por la Inquisición en Nueva España; por debajo de los delitos religiosos
21
menores, las transgresiones sexuales y la herejía. No obstante ‒como se verá en el siguiente
apartado‒, no debemos perder de vista que la función y preocupaciones del Tribunal varían
en los diferentes momentos de la Inquisición.
Nos hemos valido de fuentes que pudieran aportar información sobre aspectos
contextuales de la Inquisición en Valladolid y el Obispado michoacano, pues no ha sido
posible, al momento, localizar información más específica sobre las circunstancias
particulares de cada uno de los cuatro procesos12 estudiados que corresponden, además de
Valladolid, a otras dos zonas del Obispado de Michoacán:13 San Miguel el Grande y San
Sebastián de la Piedad, jurisdicción de Tlazazalca.14
12
Nos referimos a los cuatro expedientes como procesos ‒incluso si los expedientes no están concluidos o no
cuenten con una sentencia‒, en el sentido más general del término como procedimiento y considerando que el
proceso inquisitorial iniciaba desde la denuncia o declaración inicial, como señala María del Camino Fernández
Giménez, quien reconoce que el proceso inquisitorial constaba de tres fases: “El proceso inquisitorial estaba
compuesto de una serie de actos que debían seguir un orden para la validez del mismo. Las fases del proceso
son tres: fase inicial que comprende la acusación, denuncia e inquisición; la fase intermedia que comprende el
interrogatorio de los declarantes; y, la fase final que “constaba de la consulta de fe y de la publicación de la
sentencia” (2000: 22-39)
13
Cfr. Anexo I, Mapa geográfico del Obispado de Michoacán.
14
El antiguo Obispado de Michoacán se funda en el año 1536 (De la Torre Villar, 1970: 3) y, para el año 1768,
de acuerdo con los datos del Atlas Geográfico del Estado de Michoacán, abarcaba los estados de Michoacán,
Guanajuato, Colima, Jalisco, Guerrero y San Luis Potosí (Durán Carmona y Sevilla Palacios, 2003: 14).
22
los intereses y preocupaciones de la Inquisición novohispana variaban en función de las
condiciones sociales y políticas. A partir de las fuentes documentales y la revisión de Edictos,
se detectan periodos en los que se priorizaba la persecución de la magia y las supersticiones;
otras veces, la persecución de grupos judaizantes, mahometanos o protestantes. Así, para el
siglo XVII una dinámica de mayor convivencia entre los diversos grupos que conformaban
la sociedad virreinal ‒con sus distintas creencias mágicas‒ genera, en la segunda mitad de
este siglo, un nuevo incremento en los procesos por prácticas relacionadas con magia:
Los procedimientos europeos se mezclan armoniosamente con los indígenas, los africanos, si
bien las habas [empleadas para adivinación] son sustituidas por el maíz, la belladona por el
peyote, en un sincretismo feliz cuya eficacia multiplicada constituye sin duda ninguna uno
de los mejores lubricantes de esta difícil sociedad colonial, teóricamente erizada de
prohibiciones, restricciones y conveniencias, pero que, al ser irrigada por las múltiples
corrientes de estos intercambios solapados, logra desarrollarse con asombrosa vitalidad. Esto
es lo que revela el volumen ascendente de procesos por prácticas mágicas a partir de la
segunda mitad del siglo XVII, de acuerdo con la oleada creciente de tales contactos en
numerosos niveles, compensaciones provechosas y servicios mutuos y furtivos que tienden a
establecer, en la realidad de la vida diaria e individual o en un plano simbólico, un equilibrio
flexible entre los deseos y las necesidades. (Alberro, 2004: 183)
Los datos acerca de un incremento en las denuncias y procesos por magia, así como las
posibles causas que para ello ofrece la autora, permiten realizar deducciones también acerca
de la actitud de los declarantes en torno a la magia y la influencia de estas prácticas, pues
como Alberro señala, queda evidenciado que las prácticas mágicas “llenan todos los
intersticios de la vida colonial” (2004: 183). Aunque enseguida la autora reitera que la acción
inquisitorial ante las denuncias se limita casi siempre a archivarlas sin que se desarrolle el
proceso correspondiente.
23
las hierbas, esencialmente de origen indígena como el peyote, el puyomate, el ololiuhqui,
estuvieron comúnmente asociadas a la hechicería, a la adivinación, a la sanación, a la
salvación de problemas psicológicos y a la magia erótica; fueron delitos de persecución que
debían erradicarse.” (1999: 25, 26).
En contraste con los edictos relacionados con la persecución de la magia, una gran
cantidad de los edictos archivados en el AGN, sobre todo los correspondientes a la segunda
mitad siglo XVIII, tienen que ver con la prohibición de libros. Entre los libros prohibidos,
Gargallo destaca aquellos “que contengan ideas opuestas a la religión católica, a la
dependencia y sumisión que debían al soberano […] temas de libertad, igualdad y
emancipación.” (1999: 27). Señala igualmente que las obras y manuscritos prohibidos
abarcaban una amplia variedad de temas: “desde religión, ciencia, historia, política hasta las
bellas artes” (27); podríamos agregar algunas coplas y versos populares. Este giro en la
15
En el índice en línea del AGN el edicto aparece en la foja 28, al cotejar el documento original, que corresponde
con la descripción del índice, la foja está numerada, a lápiz, con el número 27.
24
actividad del Santo Oficio tiene que ver con razones socioculturales como la entrada del
pensamiento ilustrado en Europa:
En un rápido recorrido por los edictos del siglo XVIII del AGN encontramos que,
efectivamente, entre los textos y manuscritos prohibidos abundan aquellos, escritos en
francés, inglés, latín o castellano que aluden a las tesis de Lutero o Calvino; en 1756 se
prohíben aquellos en que se ataca a los miembros del clero o a los principios y dogmas
religiosos o que contengan coplas inapropiadas16; en 1744 y 1759 respectivamente, se
prohíben “La historia civil de España” del religioso Franciscano Descalzo, Fray Nicolás de
Jesús Belando y “Plan de la Nueva República del Paraguay”. Se censuran obras de derecho
eclesiástico, en 1741; volúmenes de enciclopedias de Diderot, en 1759 (AGN, Edictos de
Inquisición, Vol. I: Fojas 2-5, 41, 49, 85; Vol. II: Foja 42; Vol. III: Foja 84, Vol. IV: Foja
31).
Por lo que se refiere al caso vallisoletano y de acuerdo con lo que los expedientes del
siglo XVIII en el Archivo Histórico Casa de Morelos17 permiten observar, los habitantes del
Obispado de Michoacán muestran un nutrido apego hacia la práctica de la magia,18 sobre
todo en la segunda parte de la centuria. De acuerdo con nuestra revisión del trabajo de Carlos
Juárez Nieto (1998), el más reciente de dos catálogos de la serie Inquisición del Fondo
Diocesano que se encuentran en el AHCMO, de los 160 casos numerados entre los delitos
perseguibles por el Santo Oficio, existen por lo menos 54 expedientes cuya temática se
16
En el texto de Oliva Gargallo (1999) quedan referidas algunas décimas y coplas censuradas por el aparato
inquisitorial vallisoletano como las coplas de la “Tizana”, catalogadas en 1779 como “sátira de la religión” y
eran recitadas en fandangos y tabernas (119-121).
17
En adelante AHCMO. En trabajos anteriores este archivo es referido como: Archivo Histórico Manuel
Castañeda Ramírez.
18
Más adelante se anota la justificación para el empleo de la categoría magia supersticiosa para referir las
prácticas descritas en los expedientes.
25
adscribe a las prácticas mágicas, y a los que María Ofelia Mendoza Briones (1981) cataloga
bajo las denominaciones de hechicerías, sortilegios, maleficios, supersticiones y herejías.
De manera general observamos que en la segunda mitad del siglo XVIII la actividad
inquisitorial novohispana se enfoca en la prohibición de obras que contravienen los principios
católicos, a la autoridad real de la corona española y a la autoridad clerical; en detrimento de
la atención que ofrecía a las prácticas mágicas, supersticiosas y heréticas. Los edictos y las
otras fuentes consultadas también dicen mucho sobre la actitud de los declarantes respecto a
la magia. En contraste con la actitud de los representantes de la autoridad inquisitorial, todo
26
parece indicar que en este momento existe un interés importante de la sociedad novohispana
por las prácticas mágicas y, como señala Gargallo en su trabajo sobre casos de hechicería en
Valladolid en la segunda mitad del siglo, la población de la época no sólo se interesa, sino
que parece creer en la efectividad de la magia19 (1999: 68, 136).
19
Tras la revisión de algunos procesos contra personas acusadas de hechicería en la Comisaría de Valladolid,
la autora sugiere que el hecho de que personas pertenecientes a distintas castas acudieran al trabajo de las
curanderas, evidencia la creencia en la hechicería, e indica cómo algunos declarantes se muestran convencidos
de poseer auténticos “poderes mágicos” (1999: 68).
20
Se ha mencionado antes acerca de los aspectos microcontextuales de acuerdo con Teun [Link] Dijk que, en
tanto el discurso se encuentra inmerso en prácticas sociales o “comunidades de práctica”, su estudio implica
tomar en cuenta la influencia, no solo de aspectos macro, sino de los participantes y sus roles, objetivos o
propósitos para la construcción del mismo durante la interacción comunicativa (2011: 175 - 182). En su ejemplo
del discurso parlamentario señala cuáles son algunas categorías macro y microcontextuales del discurso: “es
bastante probable ‒y sus discursos lo demuestran […]‒ que los MP [miembros parlamentarios] interpreten la
situación comunicativa en curso no sólo en términos del escenario, los roles o los objetivos (micro) de los
participantes actuales, sino también en términos del papel que juega la Cámara de los Comunes en la política
exterior […]” (2011: 176).
21
En el segundo capítulo de la investigación se contempla una definición del relato inquisitorial y la exposición
de las expresiones narrativas a que las que llamamos aquí “narraciones testimoniales”; por ahora, cabe señalar
que nos referimos a la existencia de relatos en los procesos en un sentido similar al de Enrique Flores y Mariana
27
de la acusación o el de defensa, si una parte del relato se añade luego de las preguntas del
comisario, dicho propósito comunicativo tendrá implicaciones en la configuración de las
mismas.
[…] tiempo del delito. Tal día, de tal mes y año (o si no se acordare bien cuándo fue, dirá
cuánto tiempo habrá a poco más o menos) estando en tal parte.
[…] lugar. De tal ciudad, villa, lugar, tratándose o haciéndose tal cosa, vio y oyó, si lo vio
solamente y no lo oyó, o lo oyó y no lo vio, lo declare que N. dijo tales palabras o hizo tal
cosa o uno y otro si ambas cosas fueron; a lo cual se hallaron presentes,
[…] Contestes. que lo vieron y oyeron, tal y tal, declara el denunciante la cosa o palabras muy
particularmente y si lo hizo o lo dijo más que una vez y cuántas y si hubo reprehensión,
replica, tu [sic] amenaza y quién la hizo y lo que a ella respondió el denunciado; y no estando
Masera (2010) cuando señalan que en las audiencias inquisitoriales existen distintas voces de declarantes que
se organizan en discursos narrativos para conformar un relato (32).
22
Esta información se retomará para el análisis de las intervenciones formulaicas y las marcas de co-
construcción activa del notario y comisario del Santo Oficio en los cuatro relatos inquisitoriales.
28
en su entero juicio y natural acuerdo, sino ebrio, colérico o enagenado de alguna pasión fuerte
[…] Y acabará diciendo: y ésta es la verdad, por el juramento que tiene hecho y siéndole
leído, léasele todo lo que hubiera dicho: dijo que estaba bien escrito y que no lo dice por odio;
prometió el secreto y firmó de su nombre; no sabiendo firmar dirá y por no saber escribir lo
firmó por él el dicho señor comisario y o firmará y a el pie dirá: pasó ante mí N. de N. Notario.
(140)
Los contestes que hubiera en la dicha denunciación los mandará llamar y los examinará a
todos con todos los demás que de ellos resultaran […] salvo que en lugar de lo que se dice,
pareció sin ser llamado, diga: pareció siendo llamado […] (140)
Preguntado si sabe o presume la causa por qué ha sido llamado […] (141)
Fuele dicho, que en este Santo Oficio hay información que el dicho tal, fuera de lo que tiene
declarado, dijo tales palabras o hizo tal cosa en el mismo tiempo y lugar, que lo demás que
acaba de decir, que por reverencia de Dios se le pide y encarga recorra su memoria y diga la
verdad enteramente […] (141)
6. Pregunta para los que no presumen por qué han sido llamados.
[…] se escribirá su respuesta diciendo: Dijo que no lo sabe ni presume. Y luego se le hará
otra pregunta. Pregunta si sabe o ha oído decir, que alguna persona haya dicho o hecho cosa
laguna, que sea o parezca ser contra nuestra Santa Fe Católica Romana o contra el recto y
Santo Oficio […] (142)
Pregunta si sabe o ha oído decir, que alguna persona haya dicho tal cosa, declarándole por
escrito todo aquello ismo de que está dado por conteste, sin declarar la persona testificada, ni
el tiempo, lugar y personas que se hallaron presentes. (142)
Fuele dicho que en este Santo Oficio hay información, que en tal tiempo y lugar […] en
presencia de ciertas personas, sin declararle cuáles, a tal propósito, dirá lo que hacía o trataba
cierta persona, la cual no la nombrará, dijo tales palabras o hizo tal cosa volviéndole a declarar
las mismas palabras o cosa de que está dado por conteste, a lo cual él se halló presente y lo
vio y oyó ,que por reverencia de Dios recorra su memoria y diga la verdad. (142)
29
15. La información se envíe sellada y cerrada;
16. Prisión no la haga salvo concurriendo tres causas: la primera, que toque el caso muy
claramente al Santo Oficio; la segunda, que haya suficiente información y la tercera, que
exista el temor de la fuga;
[Se debía indicar lugar, tiempo, datos del testigo y el comisario a cargo] el cual, estando
presentes por honestas y religiosas personas, tal y tal, clérigos y frailes si lo fueran,
Presbíteros que tienen jurado el secreto, fue recibido juramento en forma y prometió decir
verdad. Preguntado si se acuerda haber depuesto ante algún Juez o Comisario del Santo Oficio
contra persona alguna, sobre cosas tocantes a la Fe. (146)
Con respecto a la tarea del registro del proceso y de las declaraciones, queda por señalar a
los encargados de recoger y registrar las denuncias, testimonios de testigos y acusados; de
acuerdo con la investigación de Oliva Gargallo, este trabajo recaía directamente en el
comisario y en el notario del Santo Oficio: “Y por cuanto importa muchísimo el que los
comisarios reciban precisamente por sí mismos las denuncias y declaraciones, dictándoselas
al notario conforme va diciendo el que declara, sin fiar su recepción a solo el notario por
hábil que sea, lo que aun ni los Inquisidores pueden hacer y se lo prohíben las Cartas
Acordadas e Instrucciones del Santo Oficio […]” (1999:147). La pertinencia de esta
información radica en que la participación de estos miembros de la Inquisición, con la
23
Para la descripción del registro del proceso inquisitorial y del interrogatorio, tomamos los encabezados de los
pasos del proceso que cita Oliva Gargallo (1999: 42- 43) y los complementamos con la descripción de los
mismos que aparece como apéndice en el trabajo de la autora (1999: 139- 152) y que corresponden al documento
“INSTRUCCIONES QUE HAN DE GUARDAR LOS COMISARIOS DEL SANTO OFICIO DE LA
INQUISICIÓN, EN LAS CAUSAS Y NEGOCIOS DE FE Y LOS DEMÁS QUE SE OFRECIERAN” del
A.G.N. Inquisición, vol. 843, exp. 9 y 10, 1768 en Gargallo.
30
señalada actitud respecto de la magia y con sus roles respectivos como miembros del Santo
Oficio, puede influir en la configuración de las narraciones y en la conceptualización de las
prácticas denunciadas por los declarantes.
El proceso cuenta con la declaración de Joseph Lázaro Correa, quien también resulta
implicado y es llamado a audiencia por el Santo Oficio; en su declaración desmiente la
versión del baile de las mujeres y el desfile de ratones, declara haber entrado a la casa de una
mujer apodada “la Nana” para ver las sombras de quienes pasaban por fuera del lugar. El
caso finaliza con los testimonios de los testigos del segundo caso del expediente, contra
Márgara de Gloria; el caso no cierra con una sentencia ni resolución por parte del Santo
Oficio.
32
Otras partes del documento ofrecen pistas sobre la actitud de la autoridad inquisitorial
acerca de la magia. Así, en la segunda pregunta del notario a Joseph Lázaro Correa, ante la
negativa de conocer la causa porque ha sido llamado el testigo, se hace saber que el Santo
Oficio tiene conocimiento de su participación en eventos “extraordinarios” como se cita a
continuación: “ay información de que aora cinco o seis años, un día de Jueves Santo, en cierta
casa y en concurrencia de ciertas personas bailaron unas mugeres, con alguna novedad
extraordinaria; y que se vio en el quarto no sé qué marcha de ratones a lo cual se halló el
presente y lo vio” (AHCMO, Inquisición, Exp. 17, 1744: f. 5r). En esta cita apreciamos que
el notario refiere a los delitos por magia como “novedades extraordinarias”, con cierto matiz
peyorativo en la frase “y que se vio en el cuarto no sé qué marcha de ratones […]” es probable
que estas expresiones, aunadas a la falta de resolución del proceso, sugieran acaso la poca
veracidad e interés que el aparato inquisitorial otorgaba a las acusaciones de magia en la
época.
Cabe señalar un dato relevante para el análisis posterior del relato, en este caso el
interrogatorio y registro de las declaraciones son realizados por el notario del Santo Oficio.
Lo anterior consta en una carta del comisario del Santo Oficio en la villa de San Miguel el
Grande, Marcos González Galindo, fechada en 1744, en donde señala que el notario Joseph
Antonio Ramos de Castilla recibió dos denuncias que entregó después diligenciadas y
ratificadas, entre ellas la que se levanta en contra de María la Guzmana (AHCMO,
Inquisición, siglo XVIII, caja: 1235, Exp. 14, 1744: f. 2r). Esto constituye una irregularidad
importante pues, como se ha señalado antes, las instrucciones de los inquisidores ordenaban
que el comisario debía ejecutar el interrogatorio, siempre en presencia del notario quien era
encargado de registrarlo detalladamente, levantar las actas y firmar las actas con las
declaraciones como testigo (Gargallo, 1999: 36).
El expediente contiene las declaraciones, también omitidas, de otros tres testigos: don
Francisco Caballero y Esquivel, español, (f. 14r); don Joachín Martínez de las Heras, español,
(f. 14v) y don Vicente Carrillo (f. 15v) quienes declaran en favor de la denunciada Isabel
Melgosa. El primero de ellos se refiere a la acusación de Magaña contra Isabel como “el
cuento tan sonado”, lo que resulta interesante en tanto evidencia que el relato sobre los
hechizos de Isabel era en realidad conocido y compartido por la sociedad. Por otra parte, es
relevante porque nuevamente la expresión con que el testigo se refiere a estas historias indica
que hay un sector de la sociedad que comparte una actitud ante la magia similar a la de los
inquisidores de mediados del siglo XVIII ‒de acuerdo con algunas fuentes‒, es decir, que el
declarante consideraba que la historia era ficcional y falsa.
El caso cuenta con sentencia a favor de la acusada por no contar con las pruebas
suficientes en su contra, así como por la buena opinión que de ella se tiene, por acudir a misa
y comulgar como señala el testigo de defensa. Y está fechada el once de mayo de 1756, se
indica que se realizó por orden del Ynqquisidor Fiscal y firmada por don Thomas Cuber y
Liniar (ff. 29r, 29v).
Para la edición del relato, partimos de la denuncia de Juan Joseph Gonsales Colado
contra Joseph Villela. Y ya que las actas del proceso nos permiten conocer la declaración de
los dos acusados, Villela y Vibanco, se integran también sus testimonios. El relato se ve
nutrido por otros testimonios de múltiples testigos que se van integrando a la audiencia
conforme se ven implicados en las acciones narradas en alguna declaración. Así, se anexan
las declaraciones de Nicolás de Peñaranda quien, de acuerdo con Francisco Miguel Vibanco
era el dueño de las varas; éste, a su vez, señala como dueño anterior de las varas a Juan
Guillermo Sisneros y Baca quien declara cómo el que contó de la virtud y modo de
fabricación de las varas había sido don Julián de los reinos de Castilla.
Se han omitido las ratificaciones y contestes levantados en los folios siguientes (Exp.
21, 1746: ff. 5v - 7v) porque en éstos no se narran eventos diferentes a los contenidos en los
otros testimonios. Cabe señalar también la falta de resolución del proceso el cual no cuenta
con una sentencia.
Como ya se indicó, en este punto nos proponemos tratar también algunos aspectos
micro-contextuales, sobre todo si atañen a la conceptualización de las prácticas mágicas en
los relatos o si pueden ofrecer claves para identificar la actitud hacia la magia por parte de la
autoridad inquisitorial o de los involucrados en los casos. Entonces, merece la pena comentar
algunas circunstancias, sobre el proceso, expuestas en la correspondencia entre el notario, el
comisario y el Santo Oficio en México. En apartados anteriores se mencionó que era
obligación del comisario levantar las declaraciones y dictarlas al notario, y que éste, en
ningún caso, debería tomar declaración por su cuenta. Llama la atención, entonces, la carta
del notario Martín Zamudio donde indica que, debido a las ocupaciones del comisario, don
Juan Manuel Villegas, queda a cargo de las diligencias encomendadas por el Santo Tribunal.
Estas obligaciones delegadas constan también en un escrito firmado por el mismo comisario
35
(AHCMO, Inquisición, Exp. 21, 1746: ff. 2r, 3v). Delegar obligaciones con respecto a la
examinación de los contestes, lo mismo que la falta de sentencia en el proceso, puede ser un
indicador de relajación de las normas inquisitoriales debido a la falta de interés en los delitos
de magia en esa época.
El relato está compuesto por información obtenida de la denuncia realizada por José
Bernardo Torres (AHCMO, Inquisición, Exp. 103, 1776: ff. 6v - 7V), y por el testimonio del
propio acusado Juan Nepomuceno Perales. La denuncia inicial la realiza don Fermín de
Monrreal y Erros en 1776, ante el comisario, doctor don Domingo de Arana, canónigo
lectoral de la Santa Iglesia Catedral y examinador sinodal del Obispado de Michoacán (ff.
6r, 6v); tomamos además de las intervenciones de los declarantes señalados, la denuncia de
Bernardo Torres en que la narración de los acontecimientos, además de contener la
información de la denuncia precedente, es más detalla.
Digo: que según lo asentado por el mismo reo en su declaración [ilegible] parece que
ciertamente ha incurrido en bastante defecto creiendo experimentaría efectos maravillosos y
favorables a sus intereses con solo traer las [ilegible] y paxarillo muerto que se le encontraron.
Bien que se advierte una gran ignorancia en él por ser bastante [ilegible]. En ese supuesto
jusgo que en quanto los testigos aseguran que trahia Perales consigo esos chismes, y que el
traherlos es de supersticiosos, dicen verdad; y aunque añaden se hacía invisible, esto lo
aseguran sobre la fee de otros […]. (AHCMO, Inquisición, Exp. 103, 1776: f. 10r)
36
La importancia del párrafo anterior radica en la información contextual que ofrece con
respecto a la actitud hacia la práctica de la magia por parte de la autoridad inquisitorial
novohispana y que coincide con la información de los autores citados cuando señalan que la
Inquisición a mediados del siglo XVIII concibe a la magia, y a los delitos con ella
relacionados, como elucubraciones de personas ignorantes y supersticiosas.
Aun cuando ésta no es una discusión sencilla, queremos empezar por aludir a la
definición de la magia que se hace en el trabajo de Julio Caro Baroja, y que se ha citado
anteriormente;24 en ésta, la magia aparece vinculada con la superstición y por tanto como una
de las formas de delito contra la fe católica por exceso.25
24
Ver la cita en el apartado: “1.1 La inquisición Novohispana: establecimiento y función del aparato
inquisitorial”.
25
También resulta ilustrativa la definición de la “magia” en el Diccionario de Autoridades de la RAE (1734):
MAGIA: Ciencia o arte que enseña a hacer cosas extraordinarias y admirables. Lat. Magia. Niermb. Philos. ocult.
lib. a. cap. 95. La magia legítima y pura, assí natural, como artificial, va por diferente camino lícito y sin tropiezo,
y toca a la consideración del artificio de la naturaleza.
MAGIA NATURAL. Es la que con causas naturales produce efectos extraordinarios. Llámese magia blanca, a
diferencia de la diabólica. Lat. Magia naturalis.
MAGIA NEGRA. Es el abominable arte de invocar al demonio, y hacer pacto con él, para obrar con su ayuda
cosas admirables y extraordinarias. Lat. Magia supersticiosa, vel diabólica. (255)
Y, por otra parte, dada la naturaleza de los textos estudiados, de acuerdo con un enfoque más teológico católico
mostramos la definición de magia del Diccionario enciclopédico de la fe católica que también permite acercarse
a la conceptualización, más actual, de la magia de acuerdo con la religión católica:
MAGIA (turiano imga, profundo, origen del persa antiguo magus, un hechicero). La potestad o práctica de
producir efectos físicos maravillosos ya por la invocación de los espíritus malos (ésa es la magia negra, pecado
muy grave de superstición, v.) o por medios que generalmente se tiene por desproporcionados con relación a los
efectos que producen (ésta es la magia blanca, que en materia de gravedad varía de acuerdo con la gravedad de la
materia y la medida de la desproporción). La Iglesia ha reconocido siempre la posibilidad de la magia negra (cf.
Brujería) y ha prohibido a sus hijos el ejercicio de ella; pero su incidencia varía grandemente con las épocas y
lugares, y no da por sentada con facilidad la actividad de los espíritus malignos a solicitud de los hombres.
Entrando al estudio de la religión comparada, encontramos que la magia es una corrupción de la religión,
epidémica durante los períodos de decadencia de las civilizaciones. (Zuloaga y Palomar, 1953: 360)
37
Como Caro Baroja, unos siglos atrás, Pedro Murillo Velarde parte de Sano Tomás
para definir la superstición como un delito contra la religión católica que se comete de dos
maneras ya sea adorando a Dios de una forma o por vías indebidas o bien, rindiendo el culto
y la adoración, que se debe sólo a Dios, a una creatura o falsa divinidad. Así según el texto
de Murillo Velarde, Curso de derecho canónico indiano e hispano (1743), existirían cuatro
tipos principales de superstición: idolatría, adivinación, vana observancia y magia.
La magia entendida como el arte de obrar efectos admirables estaría dividida en dos
clases: la magia natural, cuyos efectos se atribuyen a causas o medios naturales; y, la magia
supersticiosa, cuya práctica y consecución de fines se atribuye a la intervención del demonio
por medio de pacto implícito o explícito. La magia supersticiosa, de acuerdo con el
catedrático de teología y derecho canónico, contendría a su vez distintas prácticas, entre las
que destacan: la hechicería, el maleficio y el filtro amatorio ‒magia amorosa de acuerdo con
otros autores‒; el autor señala igualmente que son sospechosos de superstición y vínculo con
el demonio las encantadoras, ensalmadoras o santiguadoras, los curanderos y zahoríes
(Murillo Velarde, 2005: 189- 191).26
26
Retomaremos las definiciones de magia como superstición y los tipos de magia o prácticas mágicas en el
tercer capítulo de la investigación, cuando revisemos si esta conceptualización de las prácticas en los cuatro
expedientes como magia supersticiosa constituye el marco dentro del cual se construye el sentido global de los
textos y si este opera, simultáneamente, como el eje temático en torno del cual se organizan las narraciones de
los declarantes como relatos coherentes.
27
Además, esta fuente resulta adecuada ya que, en palabras de Alberto Carrillo Cázares en la presentación de
Curso de Derecho Canónico Hispano e Indiano: “La obra de Murillo fue un texto usado extensamente en la
formación de juristas en las cátedras de ambos derechos de las escuelas del mundo hispánico y en la dilucidación
de innumerables problemas jurídico- morales de la sociedad hispana peninsular y ultramarina, en los siglos
XVIII y XIX.” (1997: 13). Por otra parte, se menciona que “El curso de Derecho de Pedro Murillo Velarde,
sigue la estructura del Texto del derecho canónico, conocido como Decretales de Gregorio IX, que es el segundo
de los cinco volúmenes que forman el Cuerpo de Derecho Canónico que fue la norma jurídica de la Iglesia
católica desde el Medioevo hasta el primer cuarto del siglo XX.” (16).
38
que constituyen los delitos en los cuatro textos inquisitoriales de donde tomamos los relatos,
como veremos en los siguientes apartados.28
Dada la variedad de prácticas y elementos en torno a los que se organizan los relatos
de nuestro corpus, aun en un mismo texto, y en tanto los miembros del Santo Oficio y los
declarantes se refieren a estos elementos como supersticiones, maleficios, hechicería, etc.,
así como por cuestiones de operatividad, hemos recurrido a una categoría que nos permitiera
referir y, acaso, englobar estos sucesos, elementos y prácticas, de manera que no sea sino
hasta el análisis de los textos que denominemos cada práctica de acuerdo con el concepto que
se utilice en cada caso. Magia es entonces la categoría bajo la cual se ha denominado a estas
prácticas, por el discurso inquisitorial del siglo XVIII, por ello optamos por referirnos así ‒
magia, práctica mágica‒ a estos elementos mediante los cuales se obran actos extraordinarios
y se satisfacen deseos y necesidades humanas que no podrían satisfacerse por otros medios.
Con base en las anteriores reflexiones, se mencionan enseguida los distintos tipos de
magia que constituyen los delitos en los textos del corpus.
28
Algunos autores consultados han referido otras fuentes en las que también se trata de la magia y de la
conceptualización de las prácticas mencionadas como tal; Araceli Campos Moreno (1999) señala que la magia
también se trató en otros manuales como el de Eymerico y en los Abecedarios, donde ésta se clasificaba en tres
diferentes tipos: astrología judiciaria, brujería y hechicería (30). Aunque, debemos señalar que la brujería que
implica siempre pacto con el demonio, no es parte de la magia perseguida en los expedientes del corpus ‒por
lo menos desde la clasificación que se sugiere en los índices del archivo‒.
29
En el texto de Flores y Masera, Relatos populares de la Inquisición Novohispana. Rito, magia y otras
supersticiones. (2010) es posible consultar algunas hierbas populares entre las hechiceras.
39
adjudica la capacidad de transformarse en animales, metamorfosis, aunque esta capacidad
parece tener más que ver con la magia asociada con la brujería; indican Enrique Flores y
Mariana Masera (2010) que en algunos de sus relatos inquisitoriales “el rasgo determinante
para identificar a una bruja es su capacidad para transformarse en diferentes animales como
la culebra y el guajolote.” (44). Se le imputa también a otra de sus familiares la capacidad de
realizar hechizos con fines de venganza, así cuando a dicha mujer le es robada una gallina,
quien la hurta no puede disfrutarla porque el animal aparece muerto un día después.
Es posible asociar la hechicería en este caso con el maleficio y con lo que Oliva
Gargallo denomina “hechicería destructiva” que “se dirigió a alterar negativamente la
existencia exterior de la persona a la cual estuvo dirigido el hechizo, provocando enfermedad
e incluso la muerte.” (1999: 59).
[Link]. Joseph de Villela y Francisco Vibanco, dos españoles en busca de tesoros. Magia
por indicio y varitas de virtud
Sobre los delitos mágicos por uso de “varitas” para encontrar tesoros, del que son acusados
Joseph de Villela y Francisco Vibanco, se puede decir primero que es un tipo de magia a la
que se puede denominar “Magia por indicio”32 (Flores y Masera, 2010: 55). Según los
criterios de los autores, “existen diferentes prácticas mágicas llamadas de indicio que se
30
Revisar la definición de hechicería de Oliva Gargallo García (1999) en apartado “1.2 La Inquisición en el
siglo XVIII: magia en el Obispado de Michoacán”.
31
Ver Flores y Masera sobre hechizo y maleficio mediante el uso de muñecos (2010: 52).
32
Para el análisis de los relatos inquisitoriales, en el tercer capítulo abordaremos la denominación y
características de esta práctica, con mayor profundidad, de acuerdo con otros autores.
40
utilizan para indagar quién realizó un hurto o dónde se halla un tesoro.” (2010: 55), los
autores señalan que la búsqueda de tesoros por medio de “varitas de virtud” es una de las
variantes de este tipo de magia, de las más frecuentes en la Nueva España y de claro origen
español; dichas varitas señalaban la ubicación de los tesoros al inclinarse en su dirección
(2010: 56).
Se han comentado antes las razones por las que los delitos de magia se encuentran
vinculados a la superstición. Cabe señalar que la magia por indicio en este caso expone su
relación con la superstición ya que parte del ritual para encontrar los tesoros consistía en
rezar el credo al tiempo de sostener las varas para activar su poder, lo que supone desde luego
una creencia equivocada y un uso indebido de elementos de la religión católica.
[Link]. Juan Nepomuceno Perales, un ladrón invisible. Usos maléficos y magia amorosa
Entre las acusaciones que pesan sobre Perales se cuentan distintos tipos de magia. La
denuncia principal puede considerarse una variedad de metamorfosis, ya que el denunciado
es acusado de poder hacerse invisible para cometer hurto; para obtener tal efecto, el acusado
se vale de un amuleto construido con un chuparrosa, peyote, huesos, piel de coyote, trozos
de cera y cabellos, entre otras cosas de que usaban los hechiceros. Se indica en el relato que,
además de lo señalado, el amuleto contenía unas estampas religiosas por lo que se evidencia
su condición de supersticioso.
En su declaración, Juan Nepomuceno relata que obtuvo el envoltorio, con los objetos
señalados, de un hombre que se lo dio para ganar en el juego y para que las mujeres lo
quisieran. De esta manera, a sus faltas se anexa también la de la magia amorosa, sobre la cual
Oliva Gargallo menciona que aun en los últimos cincuenta años de la colonia se puede
observar en los documentos inquisitoriales de Valladolid la creencia en el poder mágico de
los amuletos y refiere que no solamente las mujeres, sino también los hombres, usaban de
ellos para obtener el amor; previamente se ha citado que los elementos de que éstos se
componían eran, entre otros, peyote, chupamirtos y cabellos, precisamente algunos de los
cuales conformaban el amuleto de Perales (1999: 62,63).
Hasta aquí hemos llegado con el recorrido por el contexto ‒global y local‒, estructura
y contenido general de los cuatro procesos inquisitoriales del siglo XVIII resguardados en la
41
ciudad de Valladolid (Morelia) hasta el día de hoy. En este último apartado hemos podido
apreciar que, aun si los delitos registrados en los procesos no se definen con suficiente
claridad, sí se distingue en ellos un principio mágico por medio del cual, los implicados obran
efectos extraordinarios o admirables que impregnan sus narraciones de un carácter
igualmente mágico y supersticioso. Y, si bien dichos eventos, situaciones o elementos
resultaban admirables y extraordinarios, aparentemente gozaban de crédito y, así, eran
compartidos por la sociedad novohispana de la época en el Obispado.
De acuerdo con lo investigado, magia es un acto admirable por medio del cual se
satisfacen los deseos y necesidades de las personas y que implica la sospecha de ser llevado
a cabo por medio del pacto con el demonio. Para el Santo Oficio la magia se relaciona con la
superstición, con la desobediencia y contradicción de los principios de la fe y la religión
católica.
El aparato inquisitorial reconoce en los indios una creencia arraigada en las prácticas
mágicas de ahí, por ejemplo, la expedición de edictos advirtiendo sobre el uso que hacen del
peyote y otras yerbas con propiedades mágicas; no obstante, les exime de juicio al ser
“nuevos en la fe”. Se entiende que los inquisidores atribuyen el empleo de la magia por parte
de los indios no a la maldad, sino al desconocimiento de los preceptos y la ley de la “Santa
Madre Iglesia”.
A pesar de que la actitud del Santo Oficio con respecto a la magia en esta época sea
más indiferente, los representantes de la autoridad inquisitorial llevan a cabo la búsqueda de
la creencia en estas prácticas conceptualizadas como superstición, han perseguido las huellas
de las prácticas mágicas en los testimonios de los declarantes, revelando y dejando constancia
escrita además de la conceptualización de la magia de otros grupos de la sociedad
novohispana.
En el segundo capítulo de este trabajo se presentan los relatos editados a partir de las
expresiones narrativas seleccionadas en cada expediente, orientados por la definición del
relato inquisitorial. Se expone el corpus, así como los criterios para su edición.
43
CAPÍTULO II. DE RELATOS Y MAGIA
Los textos jurídicos a los que nos enfrentamos surgen por su propia naturaleza de un
tipo de interacción comunicativa entre distintos participantes, los representantes de la
autoridad inquisitorial y los declarantes,33 durante la audiencia. Y aunque en principio
podrían ubicarse en el género argumentativo, lo cierto es que, en las intervenciones de los
declarantes, los testimonios se desarrollan como textos narrativos. La presencia de la
narración en los expedientes no es de extrañar, tal como señala Elinor Ochs: “La narrativa
no sólo puede alojar otras actividades lingüísticas, sino que ella misma puede estar
incorporada en un género o una actividad mayor. Por ejemplo, una narración puede, además
de contener una disputa, estar ella misma alojada dentro de una disputa actual, como cuando
alguien cuenta una historia para ilustrar el punto de vista que quiere sostener” (2000: 275);
el ejemplo de Ochs es pertinente toda vez que, por medio de las narraciones en los
expedientes, precisamente se pretende demostrar un punto de vista sobre unos
acontecimientos específicos y la culpabilidad o inocencia de quienes participan de los
mismos.
33
Hacemos esta distinción entre los representantes de la autoridad inquisitorial y los distintos declarantes, de
manera general, pero entendemos y aludimos en el Capítulo I, en el apartado de edición de los relatos y en el
análisis, los distintos roles que cumplen estos participantes de la interacción (comisario, notario, denunciante,
acusado, testigo) y, sobre todo durante el análisis, se tomará nota de las implicaciones de estos roles en la
construcción de los relatos.
44
De vuelta a la definición de los textos inquisitoriales como relatos, nos interesan las
nociones de Elinor Ochs cuando se refiere al relato como una narración de acontecimientos
organizados temporalmente, lo mismo que sus señalamientos sobre el relato co-construido.
Respecto al primer punto, Ochs señala que narrativa puede emplearse de forma específica
para denominar al género del relato o bien para referir una serie más amplia de géneros,
además de éste, como los informes, las noticias, transmisiones deportivas, etc. (2000: 277).
Entre las características comunes a las distintas narraciones se destaca el orden temporal de
los acontecimientos, es decir que “describen una transición temporal de un estado de cosas a
otro” (277), no obstante, esta característica de la narración no es suficiente para determinar
que ésta constituya efectivamente un relato (277).
34
En el apartado “1.3.3 La magia en el relato inquisitorial: distintos delitos, un mismo principio”, se explica la
conceptualización de los eventos narrados en los expedientes del corpus como magia supersticiosa.
35
Acerca del punto de vista y de las características comunes a cualquier tipo de relato, verdadero o de ficción,
Paul Ricoeur (1994) señala que además de un orden secuencial o cronológico, las historias o el relato
propiamente dicho tiene una dimensión “configuracional”, que se basa en el punto de vista que vincula al
narrador con la historia, a partir del cual los distintos eventos, ordenados cronológicamente, o no, son
comprendidos como parte de una “totalidad”: “la actividad de contar no consiste simplemente en añadir
45
propósito: narrar unos acontecimientos en los que se presenta uno o más elementos asociados
con la magia que se configura o conceptualiza como una transgresión, hasta cierto punto, de
la religión católica,36 ocasionando así que los involucrados sean susceptibles de denuncia
ante el Santo Oficio.
Por otra parte, para nuestro estudio resultan relevantes algunas consideraciones sobre
el relato co-construido. Haciendo referencia al trabajo de Bajtín, Bauman y Goodwin, entre
otros, Elinor Ochs señala lo siguiente: “los autores de las narraciones no son solamente
aquellos que las presentan sino también los muchos lectores e interlocutores que influyen en
la dirección de la narración […] Esta coautoría resulta bien evidente en las narraciones
conversacionales, en las que los interlocutores hacen preguntas y comentarios, y además
contribuyen explícitamente a un relato en desarrollo” (2000: 271-272). Hemos referido que,
aunque se han preservado por medio de la escritura, los textos inquisitoriales son producto
de una interacción comunicativa oral ‒entre representantes de la autoridad inquisitorial y una
serie de declarantes‒ y en consecuencia poseen un cierto carácter, si no necesariamente
conversacional, sí dialógico.
episodios unos después de otros: construye totalidades significantes, también a partir de eventos dispersos”
(Ricoeur, 1994: 44- 47). Acerca del “punto de vista” señala que en el relato no ficcional éste abarca toda una
serie de actitudes del narrador con respecto a la historia que narra: “se puede afirmar que pertenece al arte
narrativo ligar una historia a un narrador. Esta relación envuelve toda la gama de actitudes del narrador con
respecto a su historia. Esas actitudes constituyen lo que Scholes y Kellog llaman ‘punto de vista en el relato’”
(Ricoeur, 1994: 47).
36
En el apartado “1.2 La Inquisición en el siglo XVIII: Magia en el Obispado de Michoacán”, con base en los
trabajos de Solange Alberro, Oliva Gargallo y Rocío Alamillos, se explica cómo la magia como superstición
debía ser perseguida y erradicada pues era “un pecado más, entre los muchos que contradecían los dogmas
religiosos” (Alamillos Álvarez, 2015: 131).
37
Traducción personal: “La creación conjunta de una forma, interpretación, postura, acción, actividad,
identidad, institución, habilidad, ideología, emoción u otra realidad culturalmente significativa”.
46
por parte de los declarantes38, como se ilustra en el siguiente ejemplo tomado del primer
relato “Baile de mujeres (María, la Guzmana)”, en el que resaltamos en negritas la parte que
corresponde a la participación de la autoridad inquisitorial para distinguirla de la que
pertenece a la voz de los declarantes:
Y, preguntado si sabe o presume la causa porque ha sido llamado, dixo que no sabe ni lo
presume. Preguntado si sabe o ha oído decir que alguna persona aya dicho o echo cosa
alguna que sea o paresca ser contra nuestra sancta fee cathólica, ley evangélica que
predica y enseña la Sancta Madre Yglesia cathólica, romana o contra el recto y libre
exercicio de el Sancto Oficio. Dixo el que aora sinco [o] seis años el domingo de pasqua de
resurrección le contó un bermejo llamado Esmeregildo González, casado con Francisca de
Vanda, vendedor de pollos y huevos en el monte de San Nicolás, que el Jueves o Viernes
Santo de dicho año como a las diez de la mañana, haviéndole dicho Joseph Correa que si
quería ver un fandanguito, y respondió que sí; lo llevó a una casa en donde no sabía dicho
bermejo quién vivía y, después, enseñándosela a dicho Francisco Xavier de León, éste le dixo
que vivía en ella una muger llamada la Guzmana ‒de cuio nombre no se acuerda pero sí sabe
que es muger de un yndio arriero‒ […] (AHCMO, Diocesano, Justicia, Inquisición, Siglo
XVIII, Expediente 17: f 4v.)
38
Las implicaciones de la intervención de los participantes en la construcción de los relatos inquisitoriales se
explicarán con mayor profundidad en el tercer capítulo de la investigación.
39
Los casos referidos son los que siguen la causa contra Juan Nepomuceno Perales y contra los españoles,
Joseph de Villela y Francisco Vibanco; se profundizará en su análisis en el tercer capítulo.
47
1995: 178). Así, dadas las características del evento comunicativo en el que surgen los textos
inquisitoriales, es innegable que los representantes de la autoridad inquisitorial, comisario y
notario, como interlocutores-coautores juegan un papel particular en la interacción y en la
co-construcción de los mismos.40
Cabe señalar desde ahora que notario, comisario y los declarantes co-construyen la
narración de los sucesos, pero también la conceptualización de la magia ‒los distintos eventos
y elementos asociados a ella‒ como transgresión de la religión católica. Es decir, desde las
nociones de la co-construcción, notario y comisario como coautores ‒desde su posición en la
interacción comunicativa‒ orientan, desde el nivel semántico, el sentido de las practicas
mágicas hacia la superstición y la transgresión y, de este modo, dirigen o propician también
la narración de determinados eventos por parte de los co-narradores: denunciantes, testigos
y acusados; generando así, en colaboración, la producción de un relato coherente en torno de
un evento mágico transgresor.41
Las ideas de Ochs acerca del relato y la co-construcción han orientado igualmente
algunas decisiones durante el proceso de edición de los relatos; pues al considerar que los
40
Este rol jerárquico de los representantes de la autoridad inquisitorial se retoma también para el análisis de la
conceptualización de la magia como transgresión de la religión católica ‒que constituye el eje de la narración‒
en el último capítulo de la investigación para entender cómo era la conceptualización de la magia, como
transgresión de la religión católica por parte del discurso inquisitorial de la época, lo que orienta la
conceptualización de lo mágico en los relatos inquisitoriales e influye así en los sucesos específicos que narran
los declarantes.
Igualmente importante es señalar que la asimetría en la co-construcción del relato inquisitorial por
parte de la autoridad inquisitorial se manifiesta incluso antes de la interacción comunicativa que representan los
interrogatorios; el discurso de los inquisidores ejercía una primera intervención en el proceso de co-construcción
de los relatos inquisitoriales a través de los edictos de fe, pues a partir de la publicación y lectura de estos
documentos, la población y los futuros delarantes eran informados de las prohibiciones y faltas perseguidas por
el Santo Oficio. De manera que los eventos narrados en las denuncias y testimonios no deben considerarse del
todo espontáneos. “Este documento, uno de los más célebres del Santo Oficio y de más larga vida, se leía al
público que acudía a oír misa en las diferentes iglesias para luego colgarlo en sus puertas con el objetivo de que
todo el mundo se enterara de su contenido. En el edicto se conminaba a la población a confesar las posibles
herejías que ellos mismos hubieran hecho o dicho, así como pretendían que delatasen a otras personas, incluso
familiares, a las que hubieran visto cometer herejías u oído decir palabras heréticas o narraciones relativas a
ellas” (Galende Díaz y Cabezas Fontanilla, 2012: 135).
41
Las consideraciones sobre la co-construcción y la influencia simultánea de las intervenciones de las
autoridades inquisitoriales en la conceptualización de la magia, y por ende en la narración de determinados
sucesos por parte de los declarantes, se desarrollarán con mayor profundidad durante el análisis en el Capítulo
III, en el que se describirá la manera en que la magia se conceptualiza en los relatos como transgresión de lo
católico, para comprender así la disposición de los distintos fragmentos narrativos que conforman los relatos
inquisitoriales.
48
relatos poseen un carácter dialógico y se construyen mediante la colaboración de una serie
de participantes, se conservan las narraciones de los declarantes y, también, los
cuestionamientos e intervenciones de los representantes de la autoridad inquisitorial, de este
modo podemos apreciar mejor el registro de la co-construcción asimétrica del relato
inquisitorial. Además, a partir del concepto de la trama como prueba de la existencia del
relato, se ha decidido considerar los distintos fragmentos narrativos de los expedientes como
parte de un mismo relato co-construido pues existe un objetivo y un evento central que son
el eje de la narración en los distintos testimonios; aun cuando la relación de los
acontecimientos se construye desde la colaboración de distintos participantes co-narradores
y, principalmente, bajo la orientación de las intervenciones de los funcionarios del Santo
Oficio.
Por ejemplo, en el primer expediente42 se introduce el relato central del baile “con tal
arte y encanto de el demonio” de la acusada, durante el cual tienen lugar algunos elementos
mágicos; pero, también se incluyen otros fragmentos narrativos que abonan al relato principal
y al objetivo de éste: demostrar la calidad de hechicera maléfica ‒y por tanto transgresora de
la religión católica‒ de la denunciada. Sin embargo, en la parte final de este relato, la
narración del testigo, directamente implicado en los hechos, aporta una relación de
acontecimientos que atenúan el sentido transgresor de los eventos mágicos ocurridos,
específicamente los que tienen que ver directamente con el baile de la Guzmana. Así, aunque
los conarradores relatan eventos similares y aportan otros distintos, consideramos que lo que
hacen con cada participación es nutrir, co-construir, un mismo relato que se introduce en la
denuncia o testimonio inicial.
Igualmente, las consideraciones acerca de la trama como base del relato, y del evento
mágico central, conceptualizado como superstición y transgresión de la religión católica,
como eje para la construcción del relato, ha servido de guía para la selección del material
narrativo que se integra en cada uno de los cuatro relatos inquisitoriales en el proceso de
42
Expediente “Contra Márgara de Gloria, mulata o negra y otras por maléfica”. AHCMO, Fondo Diocesano,
Inquisición, Siglo XVIII (1744), Caja 1235, Expediente 17.
49
edición. Durante la revisión de las narraciones en los testimonios, se integran al relato sólo
aquellas cuyo sentido se orienta en torno de la magia supersticiosa.43
43
El ejemplo más claro se presenta en el capítulo III cuando se analiza el primer relato estudiado, apartado:
3.1.1. “María la Guzmana y el baile de Mujeres”.
44
Branka M. Tanodi (2000) explica: “La diversidad en el modo de transcribir documentos históricos
manuscritos se ha debido principalmente a dos tendencias, podríamos decir que opuestas entre sí, que adoptaron
copistas y editores. La primera se refiere al manuscrito con el propósito de transcribirlo de la manera más fiel
en su aspecto paleográfico y la otra se ocupa más del lector para ofrecerle el texto en forma accesible y
comprensible. Una tercera tendencia […] se esfuerza en presentar el texto fiel y al mismo tiempo en la forma
más accesible al lector.” (2000: 260) esta tercera tendencia es la transcripción literal modernizada.
45
Para definir los criterios para la edición de los textos inquisitoriales se tomaron en cuenta los trabajos de
Branka M. Tanodi (2000) y los criterios en Relatos populares de la Inquisición novohispana. Rito magia y otras
supersticiones, siglos XVII- XVIII (2010) coordinado por Enrique Flores y Mariana Masera.
Para contraste de la transcripción se contó con el apoyo de las transcripciones del catálogo en línea: “Brujería
y hechicería en el siglo XVIII en Michoacán. Catálogo Razonado de Expedientes Inquisitoriales” coordinado
por Cecilia López Ridaura. «[Link]
46
Como señala Branka M. Tanodi: “En las ediciones de divulgación se mantendrá la fidelidad del texto pero
podrá modernizarse la ortografía y la puntuación.” (2000: 270)
47
Para desarrollar las abreviaturas se recurrió a la revisión del trabajo coordinado por Enrique Flores y Mariana
Masera; así como a la herramienta en línea “Diccionario de abreviaturas novohispanas Ak’ ab Ts’ ib”,
coordinado por María Elena Guerrero del Instituto de Investigaciones Filológicas de la UNAM.
50
• Si es evidente la falta de un apalabra que dé sentido a una frase, se colocará ésta entre
corchetes: “Y que, porque él no [la] regañara, las había tapado.”
• Se respeta la unión de dos palabras como: desta, della.
51
2.3. Relatos inquisitoriales del Obispado michoacano
2.3.1. María la Guzmana y el baile de mujeres
Fondo: Diocesano
Sección: Justicia
Siglo: XVIII
Serie: Inquisición
Caja: 1235
Expediente: 17
[9 folios numerados]
[Portada f. 1r]
[Denuncia de Juana Antonia Niño contra María, la Guzmana, y declaración sobre sus
familiares. En la villa de San Miguel el Grande, 1743]48
[f. 3r]
48
Cabe recordar que en el testimonio inicial que compone cada relato aparecen los datos generales del procesado
entre corchetes, pero también en el cuerpo del texto; en los fragmentos narrativos siguientes, los datos se anotan
sólo entre corchetes para facilitar la lectura.
49
Puede ser Nino o Niño, el trazo (virgulilla) sobre la “n” no es suficientemente claro en esta parte del texto
como para determinar si se trata de una letra “n” o “ñ”; en un caso posterior sí se distingue con claridad el trazo
sobre la palabra “niño”.
52
dos años, estando en su cassa en dicha villa, le oió decir a Francisco Xavier de León ‒que
vive en la hacienda de la Petaca, como quatro leguas distante de esta villa‒ que le contó por
cierto un mozo bermejo colorado y robusto, a quien le comienza a apuntar el bozo, el que no
sabe cómo se llama, pero sí sabe que vive en un paraje de estos alrededores llamado Las
Chamaqueras,50 ‒a quién sí conoce dicho Francisco Xavier León‒. Y, a éste le contó dicho
mozo que, haviendo ido en compañía de uno de los Correas (que vive en la labor de el padre
don Hypolito de Aguado, en cassa de las Guzmanas, junto a las Lucías, en donde vive María
Guzmana, loba, casada con un yndio blanco llamado Cayetano) 51, halló dicho bermejo y su
compañero Correa (quien lo llevó) a esta dicha María Guzmana con otra muger que la
acompañaba el día Jueves Santo en la tarde. Y, metiéndolos adentro de su cassa, cerraron la
puerta y comenzaron las dos a bailar con tal encanto y arte de el demonio que, siendo ellas
sólo dos, se les hicieron diez mugeres, las que, en cueros, su modo de baylar era pegar los
pies en las vigas y dar brincos por todo el quarto, de lo que quedó atemorizado dicho bermejo;
durando dicho baile hasta como las quatro de la tarde, haviendo comenzado como después
del medio día.
Otrosí declara dicha denunciante que en el año de onze que vino a esta villa, vio que en ella
fue azotada públicamente la dicha María Guzmana en tiempo de don Joseph de Marroquín,
comisario de el Santo Oficio, por no sé qué echiserías que hazía con varias hiervas.
Y declara que toda la familia de esta tal Guzmana ha tenido esta lacra; pues una tía
suia, era cosa común y sabida en esta villa, que decía siempre el que Antonio (hablando de
el santo) le traía todos los días un peso y se lo metía baxo de la almohada.
Y, de ésta misma se supo en esta villa que por causa de impedirle a una muger el que
entrase a curar a la muger de un fulano Lara, que se hallaba en esta dicha villa, se puso en
medio de la calle transformada en la figura de un sapo horroroso, estorvándole con esto el
50
El subrayado en este relato aparece en el documento.
51
Este paréntesis que no se cierra y los otros, que aparecen en este relato, aparecen en el documento original;
hemos colocado el paréntesis final para facilitar la lectura.
52
Aquí encontramos un fragmento narrativo en que se distinguen dos acciones centrales distintas, no obstante
consideramos que al referirse al mismo “personaje” era conveniente mantenerlo como un mismo fragmento.
53
que entrara a curar a la enferma; la cual tía se llama Manuela Guzmana y vive en la misma
calle en que vive dicha María, aunque no en una misma cassa.
Otrosí declara y denuncia que una sobrina de esta dicha María Guzmana, llamada Antonia
Efigenia, la Guzmana, que vive como la otra en la misma calle, aunque en cassa diversa, supo
de esta tal que estando en su cassa y cama acostada con un hombre, a el inclinarse éste a cojer
la xícara o vacinica, halló debaxo de la cama tres velas encendidas tapadas con unas ollitas.
Y preguntándole el hombre ¿qué era aquello? le respondió la tal Antonia que una vezina se
las havía dado para que las encendiera y que, porque él no [la] regañara, [f. 3v] las havía
tapado.
Asimismo, que supo el que haviéndole hurtado a la dicha María Guzmana una gallina, y la
persona que la hurtó, haviéndola vendido a una muger llamada Michaela, ésta la metió baxo
de un huacal; y haviendo dicha María conocido el hurto, se peleó con la que se la havía
hurtado, resultando de esto que la dicha Michaela, que compró la gallina, la halló al otro día
(baxo de el mismo huacal donde la avía metido) muerta y toda llena de gusanos.
Finalmente, dice que ha oído decir comúnmente en esta villa que, siempre que está con otras
de su jaés, se pelea: unas y otras se sacan a la cara varias porquerías de echizos y hiervas de
que se valen y de que usan. Y ella también, algunas veces, las ha oído. Y que esta hierva de
que usan discurre llamarse rosa maría, la llaman ellas la hierva del niño,53 la cual siembran
en unos huertecitos de su casa.
53
Es probable que la hierba a la que se alude sea el peyote, como señala Gonzalo Aguirre Beltrán: según los
registros de la Inquisición, el peyote recibía distintas denominaciones durante todo el periodo de la dominación
española, entre ellas: Niño Jesús (Ciudad de México en 1617) y Santa María (Valladolid a partir de 1625) (1973:
148).
54
Y todo lo dicho es la verdad por el juramento que tiene echo. Y, siéndole leído, dixo
que estaba bien escrito y que no lo dice por odio; prometió el secreto y, por no saber firmar,
lo firmó por él el presente notario de que da fee.
[f. 3v]
Y, preguntado si sabe o presume la causa porque ha sido llamado, dixo que no sabe ni la
presume. Preguntado si sabe o ha oído decir que alguna persona aya dicho o echo cosa alguna
que sea o paresca ser contra nuestra sancta fee cathólica, ley evangélica que predica y enseña
la Sancta Madre Yglesia cathólica romana o contra el recto y libre exercicio de el Sancto
Oficio. Dixo el que aora sinco u seis años el Domingo de Pasqua de resurrección le contó un
bermejo llamado Esmeregildo González, casado con Francisca de Vanda, vendedor de pollos
y huevos en el monte de San Nicolás, que el Jueves o Viernes Santo de dicho año como a las
diez de la mañana, haviéndole dicho Joseph Correa que si quería ver un fandang[u]ito, y
respondió que sí; lo llevó a una casa en donde no sabía dicho bermejo quién vivía y, después,
enseñándosela a dicho Francisco Xavier de León, éste le dixo que vivía en ella una muger
llamada la Guzmana ‒de cuio nombre no se acuerda pero sí sabe que es muger de un yndio
arriero‒. Hallaron en la dicha cassa a la la [sic] [f. 4r] dicha Guzmana con otra muger que la
acompañaba y, metiéndolos allá dentro, cerraron las mugeres la puerta; y, quedando el quarto
totalmente obscuro, se aparecieron repentinamente muchas luces; y, haviendo entrado solas
dos mugeres, vio en dicho quarto muchas, todas las quales comenzaron a bailar siendo el
modo de su baile brincar desde el suelo hasta las bigas en donde hazían el son con los pies,
de lo que quedó asustado dicho Esmeregildo González y más porque, antes de entrar, le dixo
dicha Guzmana que se quitase el rosario, lo qual no hizo. Quedando el quarto después de el
baile, (el que no se acuerda si le dixo hasta qué horas duró) obscuro como al principio;
hallando solas a las dos mugeres que havían entrado, las que le pidieron un real, el que no
dio por no tenerlo, aunque su compañero Correa dixo que él lo daría por él, quedando dicho
González temeroso de que, no por no haver dado el real, le hizieran algún daño.
55
Asimismo, dize y declara dicho Francisco Xavier de León que, a el oír lo que dicho
González le contaba, jusgando que aquello que havía visto fuera cosa de títeres o juego de
manos, le dixo a dicho González le enseñase la cassa donde avía sido. Y, llevándolo a caballo,
le enseñó la cassa, señalándosela con el dedo y es la misma (dize) en donde vive dicha
Guzmana. Diciéndole dicho González que no era cosa de títeres, sino cosas de bailes de
mujeres. Asimismo, dize que, este mismo día que supo esto, aquella mañana se lo contó dicho
Francisco Xavier a Juana Antonia Niño, puestera de la plaza, la que le dixo le enseñase a el
bermejo, como se lo enseñó, llevándolo a su puesto después del medio día. Y platicando el
dicho Francisco Xavier con dicha Juana, a la noche, este suceso, ésta le dixo que la dicha
Guzmana avía sido azotada en esta villa por orden de el Santo Officio, por causa de que
parando unos forasteros en su cassa y estando la muger de uno de ellos enferma, le hizo la
dicha Guzmana algunos remedios. Y la dicha enferma le dijo a su marido la sacase de allí
porque avía visto en aquella casa no sé qué cosas; y no sabe si por esto la azotaron, y si estos
la acusaron al Santo Officio, pero sí sabe que dichos forasteros luego se salieron de la cassa.
Y esta es la verdad por el juramento que tiene echo y, siéndole leído, dixo que está
bien escrito y que no lo dice por odio; prometió el secreto y, por no saber escribir, lo firmó
por él el dicho notario de que da fee.
[f. 4v]
Preguntado si sabe o presume la causa porque ha sido llamado, dixo que no sabe ni presume
la causa. Preguntado si sabe o ha oído decir que alguna persona aya dicho o echo cosa alguna
que sea o paresca ser contra nuestra sancta fee cathólica, ley evangélica que predica y enseña
la Sancta Madre Yglesia cathólica, romana o contra el recto y libre exercicio de el Santo
Officio, dixo que no sabe ni ha oído decir cosa alguna de las que se le preguntan. Preguntado
si sabe o ha oído decir que alguna persona aya echo algunas brujerías como lo es haver bolado
56
dentro de algún quarto o haver bailado en él de modo que aya causado su baile algún asombro
en los circunstantes, dixo que no sabe ni ha oído decir tal cosa.
Dixo que es verdad el que aora se acuerda que havrá seis años, más o menos, que el
Jueves Santo de dicho año, estando en casa de un hombre llamado Santiago de León, llegó a
él Joseph Lázaro Correa con quien saliendo a pasear le dixo dicho Correa que si quería ir a
veer una marcha de ratones; a que respondió que sí. Y, llevándolo a una cassa, que no sabe
cuál es ni como se llama quien vive en ella, halló en la tal cassa a una muger sola y no sabe
si adentro havía otras; y al entrar en ella le dixo dicho Correa que se quitara el rosario, lo que
le instaba con persuasiones, a que respondió que no haría tal cosa.
Habiéndose sentado, le dixo Correa a la muger estas palabras: “vaia usted señora
echando esa ynfanteria”. Y, cerrando la muger la puerta, se salió fuera de el aposento y
discurre el que se fue dicha muger a la asotea. Y de allí a un rato de haverse salido, vio con
la poca luz que entraba por las renhendijas de la puerta, vio andar por las vigas las sombras
de unos ratones que, en su propia figura de ratones, traían todos cargadas unas escopetas,
siendo los ratones de el mismo tamaño que son ellos. Cuia marcha duró en pasar por las vigas
poco espacio; y, viniendo después la mujer, abrió la puerta y ellos se salieron luego de la
cassa. Saliendo de ella, dicho Esmeregildo, lleno de pavor y miedo.
Así mismo, dize que también concurrió con ellos a esto un harriero de Parras [f. 5r]
llamado Phelipe Alexandro de quien no sabe dónde ni en qué lugar vive y sea vezino. No
sabiendo otra cosa alguna de esta materia ni vio otra cosa más de lo que lleva dicho. Y esta
es la verdad por el juramento que tiene echo. Y, siéndole leído, dixo que estaba bien escrito
y que no lo dize por odio. Encargósele el secreto, prometiolo y, por no saber firmar, lo firmó
por él dicho notario de que da fee.
57
El expediente está compuesto por dos denuncias: contra María Guzmana y sus
familiares y, una segunda contra Márgara de Gloria por hechizar a Xavier García
[f. 8r]. Se ha tomado únicamente la primera denuncia porque en el corpus se cuenta
con otro caso similar a la segunda. Se omitieron las ratificaciones de la española
Juana Antonia Niño quien agrega que no ha sido Manuela Guzmana, tía de María,
quien se transformó en un sapo horroroso, sino una india hechicera que le impidió
el seguir curando de hechizo a otra persona [f. 6r]; así, se omite también la
ratificación de Francisco Xavier de León [f. 6v] quien no añade nada distinto a lo
declarado y la ratificación de Esmeregildo González quien añade únicamente que no
recuerda que las sombras de ratones tuvieran esa forma exacta.
[…]se estuvieron divirtiendo el tiempo que puede durar el resar tres o quatro credos,
mirando las sombras de los que por la calle pasaban; pues cerrando la puerta o la
bentana se veían las sombras de los que pasaban vocabaxo con los pies en las soleras
de el embigado […] y que esto que vio como es cosa que no le hizo fuerza alguna,
pues dize que en cualquier tiempo que cierran dicha puerta o ventana, haviendo sol,
siempre se veen dichas sombras […][f. 5r-5v]
El proceso no cuenta con una sentencia. El notario del Santo Oficio encargado de
este expediente es el bachiller Joseph Anttonio Ramos de Castilla.
54
Este testimonio no se ha considerado para la edición del relato en tanto no aporta directamente a la co-
construcción del relato inquisitorial central en que se conceptualiza la magia como transgresión de la religión
católica. Sin embargo, Joseph Lázaro Correa participa en la co-construcción del texto, aunque no de forma
colaborativa al no compartir el punto de vista sobre los acontecimientos ni el objetivo comunicativo, pues lo
que hace es normalizar los eventos acaecidos y atenuar así el rasgo mágico y transgresor de los mismos. Puede
encontrarse un estudio respecto a este caso en el trabajo de Jorge Amós Martínez Ayala (en Martínez Ayala y
Gutiérrez López, 2012: 17- 28).
58
2.3.2. Ilícita amistad y el hechizo de Isabel Melgosa
Fondo: Diocesano
Sección: Justicia
Siglo: XVIII
Serie: Inquisición
Caja: 1236
Expediente: 39
[29 folios numerados]
[Portada f. 1r]
Isabel Melgosa.
Piedad y Tlasasalca año de 1755
El secretario que haze oficio de fiscal del Santo Officio de México
Contra Isabel Melgosa, soltera, mestiza, vecina de la estancia de Purépero del curato de
Tlasasalca.
[f. 4r]
59
que dirá verdad un homvre que dixo llamarse Antonio Magaña, español y besino de esta
jurisdicción en la estancia de Purépero, curato de Tlasasalca, casado con Rita Baes, española
de edad de cuarenta años. El qual, por descargo de su conciencia, dice y denuncia que havrá
materia de quince años, siendo ya casado con la enunciada consorte, que tubo ylícita amistad
con Ysavel Melgosa, soltera, mestiza y becina de dicha estancia de Purépero, la que se tiene
por parienta del espresado Magaña; y, aunque dice ylícita amistad, no fue con frecuencia
porque sólo una vez cayó en aquel entonces con ella, pues, aunque la dicha lo siguió y
persiguió varias vezes, no le hizo caso.
Por los años de cincuenta y tres pasado, le sucedió que haviéndose quedado solo en
su cassa sin su esposa, por haver hido al pueblo de Penxamillo a apadrinar a un hermano
suyo, le cayó la dicha Ysabel acompañada de María Antonia, que se tiene por mestiza, casada
con un becino de dicha estancia llamado Donato; y le dijo que le llevava aquella mujer. A lo
que el que denuncia le dijo que él no le havía pedido tal muger, haciéndole cargo y llamándole
[f. 4v] y acordándole la amistad que ellos havían tenido. Esto pasó a fines de fevrero del
citado año, estando el dicho Magaña una noche antes de cenar con Bernardo, el sastre, vezino
del puevlo de Tlasasalca, casado con una yndia llamada Lucía, quien bio llegar a las dichas
dos mugeres y que llamaron a solas al que denuncia. Haviéndose visto a solas con ellas,
aunque procuró escusar la provocación con la dicha María Antonia para quien fue provocado
de la misma Ysabel, y llevado tamvién a la ymportunidad de la espresada María Antonia, la
qual asta le dijo que por no dar un rreal dormiría con una piedra, con esto se dejó llevar de
su fragilidad y, al tener cópula con la dicha María Antonia, la halló totalmente ynpotente e
yncapaz de penetrar. Esto pasó a bista, ciencia y paciencia de la Ysabel, las que maltrató de
razones haciéndoles patente la burla que fueron a hacerle; con la que se sintió desde aquel
día emvarado y enfermo del estómago, con una debilidad de pies que por seis meses estuvo
sin poder salir de su cassa.
Biniendo ya la dicha su esposa del puevlo de Penxamillo adonde avía ydo, como lleva
declarado, le acometieron en el camino unas bascas. Llegó a su cassa y, al tener a la noche
con ella el uso matrimonial, la halló totalmente ligada e ympotente como le a sucedido asta
el día de oy. Hubo por fin andando días de declararse con el que denuncia, y le dijo que de a
dónde podría haverles venido y originádoseles aquel daño, y le respondió que de las dos
60
mencionadas Ysabel y María Antonia por el caso que le pasó en su ausencia. Entonces la
dicha su muger partió a casa de la espresada Ysabel y le dio de palos tratándola de echicera
por el daño que les havía echo. Desto resultó que, a la dicha Rita, su esposa, le empezó a
crecer el bientre como si estuviera preñada y por tal lo juzgaron las parteras; pero ella, con
gran desconfianza de que no fuera preñez, pasados los nueve meses, fue al puevlo de Zacapo
a encomendarse al señor san Antonio. Venida que fue de allá se le enjutó y secó el bientre
pero quedó asta el día de oy con bascas continuas y envarado el estómago. Afligidos de berse
enfermos ocurrieron al remedio del cielo, se encomendó a María Santísima y al Señor
Sacramentado a quien le mandó decir una missa.
Echa esta diligencia, [f. 5r] se le ynformó de cassa de Diego Duarte, vezino de dicha
estancia, hallarse en dicha su cassa una yndia soltera llamada Lucía, vezina del pueblo de
Chilchota, colindante del dicho curato de Tlasasalca; curandera que estaba curando de echizo,
según le digeron, a una muchacha doncella, hija de dicho Duarte. La mandó llamar y, venida
que fue dicha curandera, le dijo que tenía echizo pero que lo curaría con una ayuda que havía
de tomar. Otro día por la mañana le untó el vientre, a lo que vio, con sebo rebuelto con unos
polvos que no supo su calidad. Le echó la ayuda y, al tiempo de deponerla, le puso su muger
el baso en que, ya sentado y deponiendo dicha ayuda, sintió dentro del baso un animal que
saltava; halló que era un sapo, el que lazó la curandera con una cuerda, le echó una poca de
sal y lo colgó a bista de su esposa, madre y hermanas del que declara. Depuso también unos
como chochos llenos de sangre y enbueltos en una tela. Con este remedio quedó sano del
estómago y le declaró la curandera que ese daño se lo havía hecho Ysabel Melgosa, como
tamvién se lo hizo a su muger pero que a ésta no se hallaba capaz de curar.
Pasando esto, a los quince días, se le ofreció al declarante matar un puerco para
vender. Llegó a comprar Micaela Melgosa, hermana de la enunciada Ysabel, tomó una parte
de carne a la que le echó chile de adobo y la conpuso Juana, muchacha, hija del dicho
Magaña, doncella, y a poco tiempo de haberse despedido la dicha Micaela, sintió la doncella
un dolor behemente en el dedo de una mano que le fue suviendo asta las fauzes de la
respiración como que la haogava. Después le repitió el mismo accidente y, entendido el que
declara que semejantes daños le venían por dichas Melgosas, pasó a Tlasasalca a querellarse
ante su cura el bachiller don Phelipe Martínez de Borja quien le dijo no le recibía la denuncia
61
por tocarle a dicho señor comisario. Volbió a su cassa y halló en ella a dicha su curandera
Lucía la que le ratificó que las dichas Melgosas eran tamvién las que havían enfermado a su
hija; que ella la sanaría, como de facto tomó una ventosa con la que le echó del omvro un
chocho y quedó buena y sana la enferma.
Deseoso siempre y anelando por la salud de su muger, huvo quien le aconsejara que
procurara gratificar y llebarse bien con Ysabel. Y, no hallando otro modo o pareciéndole el
más [f. 5v] eficaz, la trató ylícitamente y reyncidió con ella unas cuatro vezes, acariciándola
al fin de que le sanara a su esposa. En una de estas ocasiones le dijo la dicha Ysabel que
vuscara remedio y que sanaría pero que le digera, si en caso de morir su esposa, se casaría
con ella, lo que repudió y replicó que de ningún modo. Después, lo mandó a llamar a su cassa
con una muchachuela, hija de la dicha, que fue al llamado y le pidió un poco de lienzo y le
dio tres varas de bretaña; recomvínola que por qué no se avían bisto donde otras ocasiones,
a que le satisfizo que por andar allí el theniente.
A esto acaeció que sugerido y aconsejado citó a Ysabel al campo una noche para
amedrentarla. Con amenazas y castigo, temerosa, hubo de decirle que ella tenía enferma a su
esposa y que le prometía curarla; en bista de esto, la amarró de las manos y la llebó cuarteando
o dándole unos azotes, a lo que le ayudó un manzebo llamado Juan Magaña, asta la orilla de
dicha estancia. Allí mandó llamar a Joseph de Espinoza y a don Bicente Carrillo para que
fuesen testigos de la declaración y promesa de Ysabel. Carrillo se escusó y bino Espinoza en
compañía de Juan Ramos y Cayetano Ramos, parientes del que declara, ante quienes declaró
ser ella la que tenía emferma a su esposa y que prometía su curación. Pidiole que la llevase
a ver a dicha su esposa, fueron juntos los dos, haviéndose ydo los otros a sus cassas, estubo
con la espresada su esposa; le pidió perdón y le dijo que al día siguiente la curaría, lo que no
cumplió porque luego por la mañana le mandó decir con su hija que bebiese un poco de azeite
y ella se pasó a Tlasasalca a poner demanda de querella por los azotes ante el theniente de
alcalde mayor. Que esto fue el pasado mes de marzo del corriente.
Que cree y se persuade a ser verdad todo lo dicho por la mala fama y opinión que
tiene la dicha Ysabel y su hermana Micaela en lo que lleba dicho, como tamvién su hermana
Dionisia y su compañera Gertrudis de Orozco. Que todas son tenidas por echiceras en la
62
referida estancia. A esto se agrega haver oýdo decir a Juan de Hornelas que Ysabel mató a
su muger de echizo. Que tamvién oyó decir a Antonio Reyes que dicha Ysabel avía muerto
tres mugeres con encantos y echizos. Que tamvién le dijo don Joseph de Borja de la mala
opinión [f. 6r] de Ysabel y que, en caso necesario, declararía mucho por ciertas diligencias
que hizo de orden del cura su hermano.
Que todo lo que lleva dicho y declarado es la berdad, so cargo del juramento que
fecho tiene, en el que se afirmó y rratificó. Siéndole leýda esta su denuncia de berbo ad
berbum, dijo que estava vien escrita, que no lo dice por odio. Prometió el secreto y firmolo
de su puño.
[Testimonio de Juan de Hornelas, español, casado, de treinta y cuatro años, fue llamado el
mismo día, 13 de mayo de 1755, por el Santo Oficio y declaró contra Ysabel Melgoza con
quien también sostuvo ilícita amistad]
[f. 6v]
Preguntado si sabe o presume la causa porque a sido llamado, dijo que presume será para que
declare lo que, aora siete años, le pasó con Ysabel Melgosa, mestiza y soltera de dicha
estancia de Purépero. Y declara que aviendo tenido antes, siendo soltero, amistad ylízita con
la dicha Ysabel por espacio de seis años, le sucedió que estando una vez con ella le metió la
mano en la volsa y le sacó un muñeco de cera del tamaño de un geme56 con unas espinas
clavadas al pecho y envuelto en unos cavellos; lo quemó y este lance le sirvió para avrir los
ojos y retirarse de la dicha Ysabel y dar forma de casarse con Catalina Magaña, su primera
esposa, como lo hizo. Aunque la dicha Ysabel procuró ympedirle dicho matrimonio y le puso
ympedimento ante el theniente de cura de Tlasasalca llamado don Manuel, siendo cura
55
En este proceso aparecen señaladas las intervenciones de los distintos involucrados en el documento original,
por eso no aparecen entre corchetes.
56
Xeme, de acuerdo con la definición del Diccionario de Autoridades de la Real Academia Española (1734):
“La distancia que hai desde la extremidad del dedo pulgar a la del dedo índice, que sirve de medida […]”
«[Link] ».
63
ynterino don Phelipe Martínez Borja, por el qual ympedimento se le detuvo el matrimonio
algún tiempo.
Por fin, la dicha le amenazó de muerte a su muger y sucediole a los nueve meses de
casados que, haviendo parido, se fue a bañar al ojo del agua de dicha estancia de adonde,
repentinamente, rresultó con el bientre tan ynchado como si estuviese otra vez preñada. Y
que esto lo vieron Onofre Magaña, [f. 7r] que ya murió, y Roque Magaña, que aún vive,
todos vecinos. Así que vio a su muger de esa forma, presumió ser echizo por la misma Ysabel
por lo que le avía pasado del muñeco. Solicitó curanderas y a la boz de la yndia María que
vivía en Tlasasalca, y murió el año pasado, fue a berla para que curase a su esposa y se le
escusó diciéndole que no se atrevía a curarla porque le tenía miedo a Ysabel de Melgosa, la
que había enfermado a dicha su esposa. Hallábase en dicha estancia una forastera, que no
save su nomvre, tamvién curandera; valiose de ella, la llevó a su cassa y le dio a la enferma
un saumerio de la yerba que llaman de santa maría con el qual le provocó una basca y despidió
por la voca unos popotes y unas tecatas de pino y una estaquilla de ocote y una maraña de
cabellos. De todo lo qual es testigo Juan Ramos, vezino de dicha estancia, casado con
Quiteria de la Cerda, y pariente del declarante. Al día siguiente, requirió a la dicha forastera
que prosiguiese su curación y se le escusó diciéndole que no volvía a curarla porque, la noche
de antes, la habían estacado de pies y manos y que se desapareció de dicha estancia, luego
yncontinenti y no a sabido más ni tiene razón adónde se halla esta curandera. Como la
enferma no sentía aliento, bino al puevlo de Numarán a la boz de otra yndia curandera
llamada María que no save si es viva o muerta; la llevó a su cassa y, haviendo bisto y
rreconocido a la emferma, le dijo que ya no tenía remedio, que tenía comidas las partes
ynteriores, que no llegaría a la noche con vida, como así le sucedió, como pueden decirlo
Roque Magaña y Cayetano y Juan Ramos.
Que declara también cómo mató por vía echizo a Juan Francisco de la Cerda, en el
dicho Purépero, de una ynchazón en una rodilla porque no quiso casarse con Micaela
Melgosa, hermana de la dicha Ysabel, que esto es púvlico y notorio. Declara tamvién que
pocos días hace que, estando en casa de Joseph Magaña, vio llegar a la dicha Ysabel en
compañía de Gertrudis de Orosco, en solicitud de una bieja curandera llamada Beatriz para
que curase a Ysabel de unos azotes que le dio Antonio Magaña; escusose dicha Beatriz a la
64
curación mientras no diese fee de los azotes la justicia. Ynstole Gertrudis a que la curase y
oyole decir el que declara cómo ya se avía puesto la querella ante el cura de Tlasasalca; y,
que si dicho cura se cargase a la parte de Magaña, estuviese cierto que le clavaría un malacate
en el corazón como se lo clavaron a Miguel de la Cerda y a Balerio Melgosa los que, de
público y notorio, fallecieron de un accidente que no se conoció.
Que esta es la verdad por el juramento que tiene fecho [f. 7v] y siéndole leýdo dijo
que estaba bien escrito y que no lo dice por odio. Prometió el secreto. No firmó por no saver,
firmolo por él dicho señor comisario.
[Tres días después de haber declarado, 16 de mayo de 1755, Juan de Hornelas acude
nuevamente para ratificar su testimonio]
[f. 7v]
Preguntado si se acuerda haver depuesto ante algún juez contra persona alguna sovre cosas
tocantes a la fee. dixo acordarse de la declarazión echa ante su merced contra Ysabel Melgosa
y sus hermanas y refirió en sustancia lo en ella contenido. Pidió se le leyese, y se le dijo que
se esté atento y se leerá su dicho y si en el huviere que alterar, añadir o enmendar, lo haga de
manera que en todo diga la berdad y se afirme y ratifique en ella porque lo que aora digere
parará perjuicio a la dicha Ysabel y sus hermanas. Y que el señor fiscal del Santo Officio le
presenta por testigo en una causa que trata con las dichas; y, siéndole leýdo, lo oyó y dijo que
lo abía entendido y dicho según se le abía leýdo, que estava vien escrito y asentado.
Sólo añade que estando la citada María de Numarán curando a su esposa, le mostró
una noche por la ventana a Ysavel que le rrodeava la cassa; salió en pos de ella el que declara
y, al alcanzarla, se le bolvió piedra que no la pudo mover del suelo, allí le dio unas patadas y
golpes a la dicha piedra que hacía vulto de media vara. Otro día, remaneció querella de la
dicha ante el comisario Béjar de la billa de Zamora, contra el que declara, por haver aporreado
a la dicha Ysabel; siendo así, que no había tenido con ella otro encuentro.
65
Que esta es la verdad en que se ratifica y de nuevo la produce no por odio, sino en
descargo de su conciencia. Encargósele el secreto en forma, prometiolo y, por no saber
firmar, lo hizo por él dicho señor comisario con los bachilleres arriva mencionados.
[f. 11r]
Preguntado si save la causa por que a sido llamado, dijo que la sabe y declarava en descargo
de su conciencia cómo, habrá tiempo de tres años, que llegó a su cassa Gerardo Orozco, y
que oy se halla en un presidio, y dijo al que declara, en presencia de su muger e hijas, que no
se fiasen de su hermana Gertrudis Orozco ni de Ysabel Melgosa por ser echiceras tales que
tenían tres debajo de tierra, y, aunque lo tenía por hombre de verdad, no le hizo caso ni
aprecio ni se metió en preguntarle. Pero es corriente bulgar opinión que la Ysabel es echicera.
Declarava también, para descargo de su conciencia, que en años pasados tubo amistad
ylícita con Micaela Melgosa, hermana de Ysabel; apartose buenamente y, al cavo de dos
años, resultó la muger del que declara como preñada. Pasó el tiempo de la preñez y, entrando
en cuidado, ocurrió a hacerse barios remedios y vevedizos, entre los quales tomó por consejo
de una vieja que allí asomó de los puevlos de Chilchota, y ya es muerta, una bevida con un
palito con la qual sanó y se declaró no ser preñez. Que, de este mismo palo, por haverlo
guardado su mujer, le dio a la muger de Antonio Magaña porque decían [f. 11v] estava del
mismo modo. Que quando la esposa del que declara se enfermó, no tuvo presunciones de que
a su esposa la huviesen burlado. Que esto es lo que save y no se le ofrece otra cosa que
declarar y es la verdad por el juramento que tiene echo. Que estava vien escrito, no lo dice
por odio, prometió el secreto. No firmó por no saber, firmolo dicho señor comisario.
66
y cuarto testigos: Juan Ramos [ff. 7v, 8r, 8v y 9r], Cayetano Ramos [ff. 9r, 9v y 10r]
y Alonso Magaña [ff. 10r, 10v y 11r], por no aportar nueva información contra la
acusada.
El expediente contiene las declaraciones de tres testigos más: don Francisco
Caballero y Esquivel, español, [f. 14r]; don Joachín Martínez de las Heras, español,
[f. 14v] y don Vicente Carrillo [f. 15v] quienes declaran en favor de la denunciada
Isabel Melgosa. El primero de ellos, por ejemplo, se refiere a la acusación de Magaña
contra Isabel como “el cuento tan sonado”.
Dan fe de los testimonios el comisario Augustín Francisco de Esquivel y
Bargas; el notario Augustín Zarco y Serrano, alguacil del Santo Oficio, en suplencia
del notario Antonio Pérez de la Busta. Son testigos de las ratificaciones los
bachilleres Joseph de Aguilar y Francisco Javier Ruíz.
El caso cuenta con sentencia a favor de la acusada con fecha del 11 de mayo
de 1756, a petición del ynqquisidor fiscal y firmada por don Thomas Cuber y Liniar
[ff. 29r y 29v].
67
2.3.3. Joseph de Villela, Francisco Vibanco y sus varitas de virtud
Fondo: Diocesano
Sección: Justicia
Siglo: XVIII
Serie: Inquisición
Clasificación: Justicia
Caja: 1235
Expediente: 21
[10 folios - 7 folios numerados]
J/S XVIII/ 0327/ Caja 1235
[Portada f. 1r]
[f. 3r]
[Denuncia de Juan Joseph Gonsales Colado contra Joseph Villela en la villa de San Miguel
el Grande por hablar sobre el uso de varitas de virtud, 1746]
En la villa de San Miguel el Grande en veinte seis días del mes de abril de este presente año
de mil setesientos y quarenta y seis años, por la tarde, ante el señor comissario del Santo
Oficio de esta dicha villa, pareció sin ser llamado, y juró en forma que diría verdad, un
hombre que dijo llamarse Juan Joseph Gonzales Colado de oficio de barbero, español, vesino
de dicha villa, de edad de treinta años. El qual por descargo de su consiencia dice y denuncia
que ahora como quince días, poco más o menos, estando en la plasa de los gallos como a las
onse y media de la mañana, le oió desir a un hombre que le preguntó a Joseph Villela, viudo,
vesino de esta villa, (que del nombre de quien le pregunta a Joseph no se acuerda):
A que respondió:
68
‒Y an echo sus hollos y no an hallado nada.
Y respondió Villela y dijo que eran dos varitas que juntas las tenían con ambas manos y
resaban; y que éstas, al tiempo que le resaban, se inclinaban a un lado y allí escarbaban a fin
de buscar minas o plata porque esa virtud tenían. A que respondió el hombre ‒de cuio nombre
no se acuerda‒ y le dijo que si no era christiano, que para qué creía en las varitas; y dijo
Villela que él cría en el en el57 credo nomás, que en las varitas, no. Que eso [¿aía?] con
Guillermo y Peñaranda que eran los que andavan con las varitas. Entonces, el que declara
dijo que creen en el credo revuelto con las varitas. Que no respondieron nada y se rieron. Que
todos estaban en su entero juicio y, aunque avían varias personas, no atendieron a lo que
hablaban. Y esta es la verdad por el juramento que tiene echo y, siéndole leído, dijo que
estaba bien escrito y que no lo dice por odio. Y añade que el hombre ‒de cuio nombre no se
acuerda‒ le dijo a Villela:
Que respondió Villela no se lo avrán dicho, pues no los abía llamado. Y esto es todo lo que
pasó y lo firmó de su nombre y prometió el secreto.
[Testimonio del acusado don Joseph Villela, español, viudo, llamado a declarar el día 27 de
abril de 1746 ante el padre Martín Samudio, notario y revisor del Santo Oficio y por orden
del comisario, Juan Manuel Villegas]
[f. 3v]
Y, preguntado si sabe o presume la causa porque fue llamado, dijo no saber la causa por que
fue llamado. Y, abiéndosele apuntado la denuncia antecedente, dijo que es verdad que, en la
plasa de los gallos, contó a otros que tubo en sus manos unas baritas que llaman de virtud
57
Esta repetición está en el texto original.
69
para que señalen dónde ai dinero enterrado, con la sircunstancia de resar el credo teniéndolas
juntas en las manos. Y que, de facto, abiendo tomado las dichas baritas él y don Francisco
Bivanco, quien resó el credo, se comensaron a mober y declinar a donde desían abía dinero;
esto es unidas para donde se presumía estar el dinero y donde no abía dinero se desunían y
quedaban abiertas pero pendientes de la punta todas quatro, que es el número de que se
componen. Y que quien las tralla y se las dio fue don Nicolás de Peñaranda, vesino de esta
villa y oficial de platero, y que les dijo a dicho don Francisco Bivanco y a Nicolás de
Peñaranda, después de aber visto lo que tiene referido, que él no creía en abusiones, [f. 4r]
sino sólo en el credo. Y que ésta es la verdad por el juramento que tiene echo y, siéndole
leído su dicho, dijo que está bien escrito y que no tiene que añadir y que no lo dise por odio;
prometió el secreto y lo firmó de su nombre.
[Testimonio del acusado Francisco Miguel Bibanco, estudiante español de veinticinco años
el día 28 de abril de 1746 ante el notario y el comisario del Santo Oficio]
[f. 4r]
Y preguntando si sabe o presume la causa porque a sido llamado, dijo que no sabía ni
presumía para qué lo era y abiéndole apuntado de las antesedentes denunsias dijo acordarce
aber tenido en sus manos unas baritas que desían tener virtud para descubrir dinero, con las
quales resó el credo, avemaría y salve por aber dicho quien se las dio se abía de resar el credo,
y él añadió las demás orasiones y que, abiéndoles escondido un peso, se inclinaron las dichas
baritas, que eran quatro, para donde estaba el peso. Que dichas baritas eran de don Nicolás
de Peñaranda y que, abiéndole echo fuerza el mobimiento sobrenatural, me balí de don
Francisco Marroquín para que las pidiera y, luego que las consiguió, fuimos ambos a
enseñárselas a los bachilleres, don Baltasar de los Reyes y don Phelipe, su hermano, y don
Christoval de Aguado quien dijo que abisaría a el señor comisario del Santo Oficio. Y,
abiéndosele leído su dicho, dijo que estaba bien escrito y ésta es la verdad por el juramento
que tiene echo y que no lo dise por odio; prometió el secreto y firmolo de su nombre.
70
“Las varas: de su virtud y el modo de su fabricación”
[f. 4r]
El qual, por descargo de su consiencia, dijo y fuele preguntado si sabe o presume la causa
por que a sido llamado; respondió que presume será para saber del tocante a unas baritas que
tubo en su poder y las ubo de Juan Guillermo Baca quien las consiguió de don Julián, vesino
de de58 Guanajuato. Y que dicho Guillermo y el contenido escribieron a dicho Real, para el
fin de conseguirlas, por aber oído desir que con ellas se descubrían tesoros y que abiendo
venido dicho don Julián a esta villa, trajo las dichas baritas con las que hisieron barias
esperiensias de las quales, el mismo que declara, las tomó en su manos y, abiendo ocultado
quatro pesos y unas cucharas de plata, resó el credo teniendo él y Martín Betancur, oficial de
platero y vesino desta villa, las dichas baritas comensaron a moberse para donde tenían
escondido el dinero y las cucharas de plata.
Y que, después, para sersiorarse fueron a casa de Nicolás Joseph, oficial de herrero,
donde desía aber visto una lus o llama, para que señalara el lugar donde se presumía aber
dinero y ejecutaron la misma diligencia que antes con dichas baritas y no allaron nada
después de aber cabado adonde señalaban las baritas; por lo qual, dijo el que declara que era
una patarata pues no descubría donde señalaba.
58
Esta repetición “de de” aparece en el documento original.
59
*Ara, de acuerdo con la definición del Diccionario de Autoridades de la Real Academia Española (1726):
Altar para hacer sacrificio a Dios. « [Link]
71
dichas baritas y se quedaban en dicho lugar asta selebrar otra ves el santo sacrificio de la
missa, y que desta suerte quedaban con la virtud dicha.
Y preguntado dicho don Nicolás si tenía en su poder dichas baritas, dijo que las tenía
Juan Guillermo a quien se las devolvió. Y que ésta es la verdad por el juramento que tiene
echo y, siéndole leído, dijo que estaba bien escrito y que no lo dice por odio; prometió el
secreto y firmolo de su nombre: Nicolás Palazios y Peñaranda.
[Testimonio de Juan Guillermo Sisneros y Baca cirujano, casado, vecino de San Miguel el
Grande, de sesenta y un años, llamado por el Santo Oficio el día 2 de mayo de 1746]
[f. 5r]
Por descargo de su consiencia dice y denuncia que el día juebes treinta y uno de marzo deste
presente año, estando en esta villa, y preguntándole si save o presume la causa por que a sido
llamado, dijo que presume será para saber del tocante a unas baritas que, en dicho día jueves
treinta y uno de marzo, en dicha villa, trajo de Guanajuato un don Julián de los reinos de
Castilla, el qual fue en compañía de don Nicolás de Peñaranda a mi casa y llevó dichas
baritas, asiéndome relación de la virtud que tenían y de el modo que se fabricaban; que
descubrían tesoros ocultos cojidas en las manos todas quatro y, que teniéndolas dos en las
manos, resado el credo, se mueben y inclinan para donde está el tesoro y no abiéndolo, se
abren por iguales partes.
Y que le informó, el dicho don Julián, que en España corrían aprobadas por la Santa
Ynquisición. Que el modo de haserlas era el cortarlas una doncella de una palma y que se las
entregaba a un sacerdote y éste las labraba en los quatro primeros viernes de marzo y que el
día Jueves Santo las ponía de bajo de el ara asta el Domingo de Pasqua; se cantaba misa sobre
ellas y después las sacaba de debajo del ara y las llebava a la sacristía y las bendesía y las
entregaba a su dueño. Y que abiendo echo, el mensionado don Nicolás Peñaranda y otros en
compañía de don Julián, barias pruebas dentro y fuera desta villa y no aber descubierto nada,
olló desir que sólo abían sacado unos guesos de muerto y que, el que declara, dijo ser todo
ficticio.
72
Que el dicho don Julián, al tiempo de su partida, le dejó las dichas baritas con la
condisión de todo lo que con ellas descubriera se isieran quatro partes: la una, para redenzión
de cautivos; la otra, para el dueño de las baras; la otra, para el dueño del sitio donde se alla
el tesoro y la otra, para los descubridores. Y que, teniéndolas en su casa y siéndole presiso el
salir fuera de esta villa, luego que benía allaba grande nobedad de los que pretendían dichas
baritas por lo que las guardó y llebó consigo y en el camino se le perdieron; que las tiene
encargadas y, luego que las alle, las entregará a el señor comisario del Santo Oficio. Y ésta
es la verdad por el juramento que tiene echo y, siéndole leído, dijo que está bien escrito y que
no lo dise por odio; prometió el secreto y firmolo de su nombre.
Se han omitido los contestes de otros testigos [ff. 6r-7v], pues no ofrecen información
diferente a la ofrecida en los testimonios iniciales de los declarantes. Dan fe de los
testimonios el notario y revisor del Santo Oficio, Martín Samudio, por orden del
comisario, Juan Manuel Villegas, y el notario, Juan Hipólito Aguado. El expediente
no cuenta con sentencia.
73
2.3.4. Juan Nepomuceno Perales, un ladrón invisible
Fondo: Diocesano
Sección: Justicia
Siglo: XVIII
Serie: Inquisición
Caja: 1241
Expediente: 103
[58 folios - 41 folios numerados]
[Portada f. 1r]
Valladolid Año de 1776
El señor ynqquisidor fiscal de este Santo Oficio.
Contra: Juan Nepomuceno Perales Mestizo natural de Guanaxuato preso en la cárzel
eclesiástica de Valladolid. Por usos maléficos.60
[Declaración de Domingo de Arana, canónigo y comisario del Santo Oficio, quien declara en
Valladolid el 4 de enero de 1776 las razones por que se aprehendió a Juan Nepomuceno
Perales, ante el notario Arellano]
[f. 6r]
En la ciudad de Valladolid, a 4 días del mes de enero de 1776 años, el señor doctor don
Domingo de Arana, canónigo lectural de la santa Iglesia Cathedral [¿de ella?], examinador
sinodal de este Obispado y comisario del Santo Oficio de la Inquisición en la misma ciudad.
Y dijo que, por cuanto estando en la clavería de dicha Santa Iglesia, acudió ante su señoría
don Fermín de Monreal y Erros, rejidor, fiel ejecutor de este ilustre cabildo, diciendo se había
aprehendido por Bernardo Torres en la Plaza mayor a Juan Nepomuceno Perales robando
varias cosas. Y que, preguntando a los robados, dixeron no haver visto tal hombre, siendo así
que delante de ellos, o a sus ojos, se tomaba las cosas o efectos robados. Y que, registrándole
el cuerpo, dicho Bernardo Torres, al reo le habían hallado un envoltorillo o lío que exhibió a
60
El subrayado aparece en el documento original.
74
su señoría, donde se encontraron piote y yerba de Santa Rosa; y en la mano traía un pajarillo
muerto que llaman chupa rosas, que arrojó al suelo luego que le sorprendieron, instrumentos
todos de que usan los hechiceros. En cuya atención mandara, y mandó, se formase este auto,
y con arreglo a derecho se instruía el expediente, y lo firmó de que doy fe.
[f. 6v]
Preguntado según el tenor del auto arriba, dixo que el día que se contaron quatro del próximo
anterior mes ‒con el motivo de estar turnando en la [¿?] de segundo bota por ausencia de don
Juan Lerrarate que lo es en propiedad‒, le presentó Bernardo Torres a un hombre
asegurándole haberlo aprehendido en la plaza mayor robando sin que le viesen los robados y
que le encontró o le halló, al registrarlo, un emboltorillo con yerba de santa Rosa y otros
chismes de brujerías por lo que lo mandó poner en la cárcel.
Considerando que el conocimiento de esta causa tocaba a dicho señor comisario, pasó
a la clavería de esta Santa Iglesia y le dio aviso de que ya quedaba preso y le presentó dicho
envoltorillo que es el mismo que ahora se le demuestra. Que, asimismo, preguntó a dicho
señor comisario si pondría a la mujer en las recogidas porque la consideraba unodada con el
delicto, y porque no anduviese suelta, y dicho señor comisario le respondió que sí; y, de facto,
la mandó poner en dicha causa y recogidas. Y que esta declaración hace para descargo de su
conciencia y no por odio ni otro motivo. Y esta es la verdad por el juramento que tiene hecho
y, siéndole leído, dijo que estaba bien escrito, prometió el secreto y lo firmó de su nombre.
75
“«Hombre, ¿todavía andas con chupa rosas que me dicen que es para urtar
haciéndose imbisible?»”
[f. 6v]
En dicha ciudad, en el mismo día cinco de febrero, ante el referido señor comisario,
pareciendo siendo llamado, y juró, en forma que dirá verdad, un hombre que expresó llamarse
José Bernardo Torres, ser español que no tiene oficio conocido, vezino de esta ciudad, de
más de 40 años de edad. Y, preguntado según el thenor del autto con que principia este
expediente, dixo que el día 24 de diziembre de el año pasado [f. 7r] de setecientos setenta y
quatro ‒con el motivo de ser alcaide de la real cárcel de esta ciudad‒ el declarante recibió
por preso a Juan Nepomuceno Perales; que lo aprehendieron en la plaza y, registrándolo, le
hallaron un paxarillo muerto de los que llaman chuparosas, un muñeco liado, unos huesos y
unos cabellos y piote que todos son instrumentos de que se valen los hechizeros.
Que por aquel entonces no hizo el declarante aprecio de nada pero el día quatro de
enero del corriente año, estando en la plaza referida, observó cómo dicho Perales se arrimó a
un puesto de carne salada de zerdo y se tomó un pernil ‒dice lomo, no pernil‒ a los ojos de
el dueño; por lo que el declarante se llegó a el robado y le dixo o preguntó:
Y el robado le respondió que no, que ni lo havía visto llegar; que entonces le hechó
mano y, hallándole un guangoche nuevo, se hizo juicio de que lo havía robado a un jatero
que estaba en la misma plaza (y es de fuera de esta ciudad por lo que ni lo conoce ni tampoco
al de la carne salada de res)61 a quien acudió y, de hecho, halló le faltava dicho guangoche.
Y esto fue motivo para que el declarante hiziera que José Sagaus, ministro de vara, lo
amarrase y llevase ante el señor alcalde en turno, don Fermín de Monrreal. Que, en el camino,
vio que arrojó el reo un canuto, que lo alzó el declarante y halló en él un chuparosas. Que lo
61
Los paréntesis aparecen en el documento original.
76
registraron y le hallaron cola de coiote y otras varatijas en un emboltorillo ‒que es el mismo
que se le demuestra ahora, de [¿orden?] del señor comisario‒. Que haviendo reconvenido a
dicho reo, Juan Nepomuceno, diciéndole el declarante:
‒Hombre, ¿todavía andas con chupa-rosas, que me dicen que es para urtar haciéndose
imbisible?
Y él respondió:
‒No señor.
Y esta es la verdad por el juramento que tiene hecho y, siéndole [f. 7v] leído, dixo
que estaba bien escrito y que no lo dice por odio. Prometió el secreto y no firmó porque dixo
no sabía escrivir, hízolo el señor comisario.
“Reincidir en ‘brugerías’”
[Testimonio de José Antonio Sagas, hombre mestizo de cincuenta y ocho años, ministro de
la Real Justicia y casado, quien es llamado a declarar el seis de febrero de 1776]
Preguntado si sabe o presume la causa para que ha sido llamado, dixo que presume será
porque haviendo aprehendido a Juan Nepomuceno Perales en la plaza maior de esta ciudad
(de pedimiento de Bernardo Torres, a quien se havía quexado un tozinero por haverlo robado
dicho Perales), registrando a éste, le hallaron la yerva que llaman de el peyote, un pedazo de
piel de coyote y un paxarillo que llaman chuparosas, que todos estos son instrumentos de
brugerías. Que el paxarillo lo trahía en un canuto que arrojó al tiempo que lo registraban; que
no es ésta la primera vez que se le encuentran estas baratijas por quanto en otra ocasión, en
que también lo aprehendió el declarante, se le hallaron otras tales y un anzuelo y un poco de
maíz que, presume el declarante, será para urtar gallinas. Y ésta es la verdad por el juramento
que tiene hecho y, siéndole leydo, dixo que estava vien escrito y que no lo dice por odio.
Prometió el secreto y no firmó porque dixo no saber escribir; firmolo por él el señor comisario
y prometió dicho testigo el secreto.
77
“Afortunado en el juego, afortunado en el amor”
[Testimonio del acusado, Juan Nepomuceno Perales, hombre mestizo de veintisiete años,
originario de Guanajuato, casado, llamado por orden del comisario el día seis de febrero de
1776]
[f. 7v]
Preguntado si sabe o presume la causa [f. 8r] porque ha sido trahído, dixo que presume será
porque cierto día le llevaron a la cárcel pública de esta ciudad y, al registrarlo, le encontraron
un paxarillo muerto de los que llaman chupa-rosas, y la yerva que llaman del peyote; que
ambas cosas le dio un hombre (a quien no conoce, y concurrió con él en una casa de juego
en el pueblo de Curucupaceo) con la ocasión de haver salido mohino del juego porque havía
perdido. Y viéndolo dicho hombre así, le dixo al declarante que no se confundiera porque
havía perdido que le diera el ciñidor que trahía puesto y que él le daría un remedio eficaz
para ganar en el juego y que lo quisieran las mugeres que enamorara y que en su oficio de
barretero trabajaría bien, dando su tarea cabal. Que oiendo esto el declarante, luego se quitó
el ciñidor y se lo dio al referido hombre el qual le dio dicho pájaro chupa rosas y la yerva del
peiote, encargándole que lo traxera consigo y vería los buenos efectos que le havía prometido.
Que el declarante, como frágil, es verdad que tomó las referidas cosas con el fin de ganar en
el juego.
Que al cabo de un año de la prisión que lleva referida, ahora en el mes de enero, un
jueves, lo topó Bernardo Torres en la plaza maior de esta ciudad con una manta de guangoche
y le preguntó de dónde la havía tomado y el declarante le respondió que la havía comprado.
Que fue Bernardo Torres y preguntando a los jateros, dixeron que no havían puesto cuidado;
y, entonces, dixo Torres al declarante que se fuera pero a poco rato le mandó llamar con José
[¿Sagas?], ministro de vara de la Real Justicia de esta ciudad, y lo esculcaron ambos y le
hallaron un pedazo de cuero de coyote, la yerva nombrada peyote, unos cabellos que son de
su muger, y el chupa rosas que havía tirado porque no se lo vieran. Que el guangoche lo
compró y los cavellos trahe para hacer toquillas para su sombrero, no por malicia de hechizo
o encanto.
78
Y, en este estado, mandó el señor comisario traher a su presencia un emboltorio [f.
8v] hecho con un guangoche, o nombrado istle, y que se desembolviera por mí, el infrascripto
notario, como de hecho lo desembolví; y, haviendo registrado unas bolsillas de gamuza que
en dicho guangoche estaban, se encontraron varias estampas de la beatísima trinidad de
nuestra señora, la Virgen María, en sus sagradas advocaciones de Guadalupe, Betlem y
Soterrana; otra de san Antonio y otra de un ánima del purgatorio. A más de lo qual se halló
un poco de romero molido, unos pedazos de cera, unos cavellos, un pedazo de piel de coyote
y un paxarillo muerto de los que llaman chupa rosas. Y todo se lo demostró al reo que dixo
que todo lo cargaba i reconocía por suio: las estampas para que Dios lo ayudara y el romero
para curarse cuando se diera un golpe o se cortara y lo demás, con los fines arriba expresados.
Y que esta es la verdad por el juramento que tiene hecho y, siéndole leýdo, dixo que estaba
bien escrito. Y, por no saber escrivir, firmó por él el señor comisario.
En este caso, la denuncia inicial la realiza don Fermín de Monrreal y Erros en 1776,
ante el comisario, Doctor don Domingo de Arana, canónigo lectoral de la santa
Iglesia Catedral y examinador sinodal del Obispado de Michoacán [ff. 6r y 6v].
Tomamos así la declaración del comisario Domingo de Arana, el testimonio de
Monreal y el de Bernardo Torres en que la narración de los acontecimientos, además
de contener la información de los testimonios precedentes, es más detallada. Se anota
también el testimonio de José Antonio Sagas. Finalmente, se incluye la declaración
del propio acusado, Juan Nepomuceno Perales.
79
CAPÍTULO III. LA CO-CONSTRUCCIÓN DEL RELATO INQUISITORIAL
3.1. Relatos co-construidos a partir del marco semántico: magia como superstición y
transgresión de la religión católica.
En los capítulos anteriores presentamos los elementos pertinentes para la edición y para el
análisis de los cuatro relatos inquisitoriales desde el contexto. Limitamos el estudio del
contexto a nivel macro-contextual desde los objetivos del aparato inquisitorial novohispano
del siglo XVIII, sobre todo en lo que respecta a las prácticas que conforman la causa
perseguida en los textos. Nos hemos referido también a la situación comunicativa, los roles
y objetivos comunicativos de los interlocutores, cuyas declaraciones conforman los cuatro
relatos, con la intención de entender la forma en que se activa la estructura o sistema
semántico que permite la configuración del relato a través de las intervenciones de distintos
participantes.
Hasta este punto habíamos empleado las categorías interlocutores y coautores para
referirnos a los participantes de la situación comunicativa en que se produjeron los relatos
inquisitoriales de manera general; ahora tomamos las nociones de locutor e interlocutor en el
análisis semántico para dar cuenta del papel de estos participantes en la negociación del
sentido y los significados que permiten la organización de las narraciones como un relato.
Desde la lógica natural del proceso de la comunicación humana de J. B. Grize y J. M. Adam,
Juan Herrero Cecilia define los textos como enunciaciones y representaciones discursivas co-
construidas en la interacción de los interlocutores a partir de nociones y significados
compartidos, y con base en sus objetivos comunicativos:
80
Durante el interrogatorio inquisitorial los interlocutores (declarantes: testigos, denunciantes,
acusados; así como los representantes de la autoridad inquisitorial: el comisario y el notario
del Santo Oficio) configuran el discurso en cada intervención de acuerdo con sus objetivos
comunicativos (defender, acusar, justificar, indagar) y los de los otros interlocutores, en una
suerte de esquema mental previo a la enunciación del mismo: “Toda esquematización
realizada por un locutor propone, en efecto, una serie de imágenes y de marcas que van a
ayudar a su reconstrucción e interpretación por el interlocutor: la imagen que el locutor se
hace del interlocutor […], la imagen que él ofrece de sí mismo[…], y la imagen que él tiene
del tema tratado” (Herrero Cecilia, 2006: 95).
El autor explica también que “toda esquematización discursiva implica una actividad
de «co-construcción» porque tanto el locutor como el interlocutor ocupan posiciones activas
en los procesos de producción / interpretación del intercambio verbal, que es esencialmente
dialógico como ha puesto de relieve M. Bajtín” (2006: 95); no obstante, ya se ha dicho en el
segundo capítulo, estamos ante una situación de relación asimétrica en el proceso de co-
construcción del relato inquisitorial, en términos de Elinor Ochs (2000), pues los
representantes de la autoridad inquisitorial desde su posición jerárquica en la situación
comunicativa, orientan la narración de las acciones del relato por parte de los declarantes.
Después de todo, el principal objetivo de los representantes del Santo Oficio durante el
interrogatorio es indagar si ha existido transgresión de la religión católica en algún grado. Es
así que, nuevamente cobra relevancia la exposición de la conceptualización de la magia en
el discurso inquisitorial novohispano del siglo XVIII desde la investigación documental, pues
81
serán las autoridades del Santo Tribunal quienes dirijan los relatos a partir de su
conceptualización de la magia como superstición y lo que esto implica.62
62
Se ha dicho antes que en los expedientes no nos encontramos con el discurso directo y totalmente espontáneo
de los declarantes, los comisarios orientan por medio de sus preguntas y los notarios del Santo Oficio filtran el
discurso al registrar sus testimonios. Una investigación futura desde un contexto más local que abarcara
información acerca de los funcionarios inquisitoriales de cada proceso podría arrojar resultados enriquecedores;
por ahora planteamos el análisis desde un nivel contextual más global y consideramos que notarios y comisarios
se rigen por las normas y parámetros generales de la Inquisición novohispana de la época e influyen en la
transcripción de los testimonios a partir de éstos.
82
significado total del mismo, pues para el autor el marco es un sistema de conceptos
relacionados de tal manera que para entender cualquiera de ellos se debe comprender la
totalidad de la estructura en que se encuentra (1982: 111). Vemos que esta estructura
conceptual, este marco de la magia opuesta a la religión católica, se activa simultáneamente
a la construcción del relato y de manera explícita; primero, a través de las intervenciones de
los representantes de la autoridad inquisitorial con el empleo de conceptos asociados con la
magia como superstición y después se reafirma en las narraciones de los declarantes también
con el empleo de dichos conceptos, y a partir de las relaciones que establecen entre conceptos
mágico-supersticiosos y conceptos asociados con la religión católica, relación que enfatiza
el sentido transgresor de la magia.
Siguiendo a Crotf y Cruse (2008), contrario a las teorías de que los conceptos son
entidades fijas con significados establecidos, encontramos que el significado de los conceptos
con que se denominan las acciones del relato se co-construye y se integra en el sentido global
del relato de acuerdo con el marco de interpretación delimitado por el discurso inquisitorial
de la época. Nos acercamos al estudio de la co-construcción del relato también desde la
perspectiva de la conceptualización dinámica del significado: “[…] las palabras carecerían
realmente de significado, al igual que las oraciones, dado que los significados constituyen el
83
resultado de nuestra conceptualización, para la que hacemos uso, en parte, de las propiedades
de los elementos lingüísticos, de la información disponible a partir del contexto, del
conocimiento y de las conjeturas relativas al estado mental de los oyentes, etcétera. (Croft y
Cruse, 2008: 135)
Fillmore explica cómo algunas palabras permiten que los participantes del proceso
comunicativo accedan al conocimiento de un marco determinado y a la vez sirven para
realizar una categorización que da por sentado dicho marco (1982: 119). En el relato
inquisitorial, la puesta en escena de unidades léxicas como: hechicería, maleficio, hechizo,
63
William Croft y Alan Cruce señalan lo siguiente respecto a la manera en que opera la contrariedad como
relación de sentido entre dos conceptos: “Al igual que sucede con las restantes relaciones de sentido, la
contrariedad es una cuestión de conceptualización y está sujeta a restricciones cognitivas, convencionales y
contextuales” (Croft y Cruce, 2008: 217); e indican que hay relaciones de oposición que son, más
evidentemente, producto de restricciones contextuales como en el caso de campo: ciudad o rural: urbano.
84
brujería permiten el acceso a un marco de interpretación, instituido esencialmente por los
representantes del Santo Oficio pero compartido por los otros interlocutores. En este marco
la magia, y los conceptos vinculados con ésta, va estar asociada semánticamente con lo que
represente oposición o transgresión de la religión católica; dicho sentido o conceptualización
consta en manuales de derecho canónico como el de Pedro Murillo Velarde [1743]64 en el
que la magia como un tipo de superstición65 se define así:
La magia, que es el arte de obrar cosas admirables, una es natural, otra supersticiosa. La
natural es aquella que por causas naturales produce algunos efectos admirables […] La
supersticiosa es, cuando tales cosas se obran por acción del demonio: invocándolo o expresa
o tácitamente, por medio de signos que no tienen ninguna conexión natural con el efecto. Si
tiende a dañar a otro, se llama maleficio, o hechicería. Alguna vez se hace para conciliar un
amor y se llama filtro amatorio, o hechizos […] y a veces se hace para excitar el odio. (Pedro
Murillo Velarde, 2005: 191)
Cuando además los declarantes emplean las palabras señaladas junto a palabras como:
demonio, Jueves Santo, rosario, quaresma, Antonio hablando del santo en sus narraciones
para poner de manifiesto la relación de oposición y transgresión de la magia respecto de la
religión, se observa que este marco es compartido por todos los interlocutores y eso posibilita
la creación conjunta de una narración que se organiza como relato coherente en torno de la
magia como transgresión de lo católico.66
64
En el primer capítulo, apartado “1.3.3 El contenido. La magia en el relato: distintos delitos, un mismo
principio”, se puede leer sobre la pertinencia de esta obra para el conocimiento de la conceptualización de la
magia en el contexto de producción de los cuatro expedientes inquisitoriales.
65
En el primer capítulo de la investigación se explica que el empleo de la categoría magia para englobar las
distintas prácticas narradas en los procesos se debe a la relación de esta categoría con la superstición, el pacto
con el demonio y por tanto la transgresión u oposición con respecto a la religión católica; aunque la
denominación “superstición” parecía viable, resultaba menos apropiada y más general, en tanto existen otro
tipo de supersticiones que no implican eventos mágicos: la idolatría, adivinación (de eventos futuros o secretos)
y la vana observancia (Murillo Velarde, 2005:189- 195).
66
Ver el capítulo uno para revisar las funciones del aparato inquisitorial. Como nos enfrentamos a textos que
se originan principalmente con el objetivo de indagar si existe o no transgresión de la religión católica, resulta
lógico que las narraciones se construyan a partir de un sistema en el que los conceptos asociados con la magia
se vinculen con conceptos católicos en una relación que sugiere contrariedad u oposición entre ambos campos.
85
interacción comunicativa cuando existe una interacción verbal encaminada a alguna meta
común entre los participantes; señala además que “Entre los múltiples rasgos verbales que se
evidencian en el habla co-construida se aprecian los mecanismos para que los participantes
sostengan sus conversaciones, creen marcos de referencia compartidos, negocien
significados, y establezcan una relación de afiliación” (Koike, 2003: 13). Nosotros
encontramos que estos principios del análisis del habla co-construida se aplican bien al
estudio de las narraciones co-construidas en los textos inquisitoriales; también nos parece
que en los textos se evidencian los mecanismos mediante los cuales los interlocutores
sostienen y co-construyen el relato y se crea el marco semántico dentro del que se negocian
los significados que dan coherencia al mismo.
En nuestro caso, los mecanismos que permiten la construcción conjunta del sentido
que da coherencia al relato inquisitorial, la manera en que se negocia el significado de lo
mágico como superstición y transgresión, se da primero a partir de la orientación explícita
del comisario y del notario mediante el uso de conceptos vinculados con la magia como
superstición y mediante el establecimiento de lo perseguido en edictos y en las intervenciones
del interrogatorio; esto propicia que el resto de los interlocutores recurran a los mismos
conceptos para denominar las acciones narradas y además empleen otros conceptos
vinculados con la religión católica en una relación de sentido opuesto a los conceptos
mágicos, para enfatizar el significado transgresor de éstos a lo largo del relato.
86
Tribunal que se han publicado; y juró en forma que dirá verdad, una muger que dixo
llamarse Juana Antonia Niño […]”(Exp. 17, f. 3r: 52).67
Para entender por qué el comisario y el notario del santo oficio conceptualizan los
actos narrados en contra de María, la Guzmana, como superstición y maleficio, es preciso
recordar la definición de dicho concepto como se menciona en el Curso de Derecho
Canónico hispano e indiano de Pedro Murillo Velarde; en él se reconoce al maleficio y la
hechicería como un tipo de magia que se emplea en perjuicio de otros, y que se clasifica
67
Este número después de los dos puntos indica la página aproximada en que se encuentra el fragmento citado
del relato dentro de esta investigación, en el capítulo II. DE RELATOS Y MAGIA. En este caso, el fragmento
se localiza en la página 52 del trabajo.
68
En los fragmentos narrativos citados, para el análisis, los conceptos aparecen resaltados en negritas; en las
explicaciones aportadas por nosotros dichos conceptos se anotan en versalitas.
69
Entendemos “concepto” como una unidad de significado asociada a un significante o como se define en el
Diccionario Básico e Lingüística: “Forma de representación mental abstracta que un hablante establece respecto
de un referente.” (Luna, Ávila y Baez, 2005: 59, 60).
87
como superstición en tanto que, como todas las supersticiones, supone una transgresión de la
religión católica y sus principios porque implica el pacto70 explícito o tácito con el demonio
(2005: 191).
En este caso, los conceptos empleados para denominar las prácticas de la acusada,
HECHICERÍA y MALEFICIO71 pueden tener algunos rasgos o carga semántica compartida, así se
observa en la definición de magia supersticiosa de Pedro Murillo Velarde cuando señala que
la magia empleada para dañar a otros se denomina maleficio o hechicería ([1743] 2005: 191).
A continuación, citamos las definiciones de hechizar y maleficio del Diccionario de
Autoridades, Tomo IV (1734), en la que podemos observar cómo ambos conceptos aparecen
vinculados:
MALEFICIO. f. m. Se toma también por hechicería para dañar o hacer mal a otro […]
(Diccionario de Autoridades- Tomo IV, 1734: 463, 1)
70
Sobre el carácter supersticioso de las prácticas mágicas y sus efectos, así como de su vínculo con la
transgresión de la religión católica mediante el pacto con el demonio, el autor del Curso de derecho canónico…
anota: “En suma, cuantas veces el efecto [de la magia] no tenga una causa natural que lo contenga en su virtud
y, por otra parte, no conste de que tal efecto provenga sobrenaturalmente, existe una gran sospecha de que es
hecho por pacto del demonio” (Murillo Velarde, 2005: 192).
71
De acuerdo con la definición de maleficio del Diccionario de Autoridades- Tomo IV, encontramos una
equivalencia entre éste y la hechicería, como lo sugiere Pedro Murillo Velarde: “[El maleficio] se toma también
por hechicería, para dañar o hacer mal a otro.” (1734).
88
El marco semántico en el que se encuadra este relato, y en el que se inscriben las narraciones,
es el de la magia supersticiosa, específicamente el MALEFICIO o la HECHICERÍA,72 como
práctica supersticiosa que transgrede o se opone a la religión católica. En adelante veremos
cuáles son los conceptos con los que se asocian los eventos narrados por los declarantes; y,
si se evidencia, en las elecciones léxicas, que el marco semántico es compartido por el resto
de los interlocutores que configuran el relato.
[…] halló dicho bermejo y su compañero Correa (quien lo llevó) a esta dicha María Guzmana
con otra muger que la acompañaba el día Jueves Santo en la tarde. Y, metiéndolos adentro
de su cassa, cerraron la puerta y comenzaron las dos a bailar con tal encanto y arte de el
demonio que, siendo ellas sólo dos, se les hicieron diez mugeres, las que, en cueros, su
modo de baylar era pegar los pies en las vigas y dar brincos por todo el quarto, de lo que
quedó atemorizado dicho bermejo […] (Exp.17, f. 3r: 53)
En el párrafo anterior no existe una categorización de los eventos por medio de algún
concepto específico, la denunciante narra las acciones de la acusada, como el baile,
vinculándolas con los conceptos ARTE y ENCANTO del DEMONIO. El baile, salvo aquel que
implique actos inmorales no representa una acción censurable para la Inquisición, no
obstante, ubicarlo temporalmente en el JUEVES SANTO,73 consigue insertarlo en cierta medida
dentro del marco de la transgresión, pues de acuerdo con el Diccionario enciclopédico de la
fe católica la danza o el baile resulta una diversión inocente cuando no conlleva conductas
inmorales (de las que sí se dota al baile de la Guzmana: “bailar en cueros”) pero se ordena la
abstinencia del baile durante los días de la cuaresma: “Durante la cuaresma los fieles deben
observar la ley del ayuno […] y se les amonesta para que den limosnas, hagan buenas obras
72
En adelante empelaremos versalitas para resaltar los conceptos asociados con la magia supersticiosa y con la
religión católica que aparecen en los relatos inquisitoriales, es decir, para resaltar el valor semántico de las
unidades léxicas asociadas con el marco que da coherencia al relato; usaremos cursivas para referir las unidades
léxicas que aluden a los conceptos tal como aparecen en el texto y entrecomillaremos secciones del relato citadas
textualmente.
73
El Jueves Santo se celebra la instauración de la eucaristía se conoce como el día de la cena del Señor (Zuloaga
y Paloma, 1953: 325).
89
y se entreguen a prácticas piadosas especiales, y para que se abstengan de bailes, etc.”
(Zuloaga y Palomar, 1953: 170).
Juana Antonia Niño continúa con la narración de eventos que abonan al sentido de la
magia como transgresión de la religión; declara que la acusada ha tenido problemas con el
Santo Oficio en el pasado y cita un par de eventos relativos a las familiares de la denunciada:
“Otrosí declara dicha denunciante que en el año de onze que vino a esta villa, vio que en ella
fue azotada públicamente la dicha María Guzmana en tiempo de don Joseph de Marroquín,
comisario de el Santo Oficio, por no sé qué echiserías que hazía con varias hiervas.” (Exp.
17, f. 3r: 53). En el fragmento citado encontramos el concepto HECHICERÍAS asociado
directamente con la magia como superstición ya que, como se ha sugerido, la hechicería se
74
En el Diccionario enciclopédico de la fe católica se define el demonio como sigue: “Nombre que se da
comúnmente a los ángeles caídos o espíritus malignos que son satélites de Satán que es el demonio (cf. Diablo)”
(Zuloaga y Palomar, 1953: 182). “Diablo […] Nombre que se da comúnmente a aquellos ángeles que con
Lucifer o Satán (el Diablo) se rebelaron contra Dios […] El Diablo o Satán. El jefe supremo de los ángeles
rebeldes y por tanto de los espíritus malignos que ahora son.” (190).
De acuerdo con el catecismo de la Iglesia Católica en el sitio oficial del Vaticano en el apartado en el que
explica la caída de los ángeles señala que el responsable de la desobediencia de Adán y Eva es una criatura a
quien la tradición de la iglesia considera “un ángel caído, llamado satán o diablo […] La iglesia enseña que
primero fue un ángel bueno, creado por Dios. Diabolus enim et alii daemones a Deo quidem natura creati sunt
boni, sed ipsi per se facti sunt mali (“El diablo y los otros demonios fueron creados por Dios con una naturaleza
buena, pero ellos se hicieron a sí mismos malos”)” «[Link]
90
concibe como un tipo de magia similar al maleficio, pues, en el fondo, la intención de la
hechicería es muchas veces causar algún daño.
Dentro del nivel semántico y desde la consideración del relato inquisitorial a partir de
la narración co-construida podemos decir que, en cierto sentido, estamos ante un tipo de
“afiliación” (affiliation)75 entre los interlocutores (comisario, notario y denunciante),
mediante las elecciones léxicas y el uso concreto del concepto HECHICERÍA - MALEFICIO para
denominar los eventos del relato como acciones transgresoras. Oliva Gargallo, lo mismo que
Lara Cisneros, enfatiza esta relación entre la hechicería y el maleficio: “La hechicería fue
conceptualizada por las autoridades inquisitoriales, como un maleficio o daño dirigido haca
alguna persona a través de poderes mágicos que se atribuían las hechiceras, aunado a ello, el
uso de yerbas, objetos, brebajes o pócimas, ritos, oraciones e invocaciones de ayuda a las
fuerzas sobrenaturales (el Diablo) con la finalidad de propiciar en su totalidad el hechizo o
daño.” (1999: 58).
En las secciones siguientes, Juana Antonia Niño, sigue construyendo el relato dentro
de los límites del marco indicado por la autoridad inquisitorial, ahora, mediante la narración
de un par de acontecimientos acerca de la familia de la Guzmana, primero, sobre la tía,
Manuela Guzmana:
Y declara que toda la familia de esta tal Guzmana ha tenido esta lacra; pues una tía suia, era
cosa común y sabida en esta villa, que decía siempre el que Antonio (hablando de el santo)
le traía todos los días un peso y se lo metía baxo de la almohada.
Y, de ésta misma se supo en esta villa que por causa de impedirle a una muger el que
entrase a curar a la muger de un fulano Lara, que se hallaba en esta dicha villa, se puso en
medio de la calle transformada en la figura de un sapo horroroso, estorvándole con esto
el que entrara a curar a la enferma; la cual tía se llama Manuela Guzmana y vive en la misma
calle en que vive dicha María, aunque no en una misma cassa. (Exp. 17, f. 3r: 53, 54)
75
Mandelbaum indica que lo que corresponde a la afiliación, o affiliation, es el grado de aceptación o rechazo
de los receptores hacia la postura que, quien cuenta la historia, mantiene respecto de los eventos contados: “In
responding to storytellings, recipients may adopt the teller’s stance toward the events, or resist it. Endorsing
and / or displaying support of the teller’s perspective constitutes affiliation” (Stivers en Mandelbaum, 2013:
500).
De acuerdo con Mandelbaum, Aurora M. Romero Martínez y Bernardo E. Pérez Álvarez (2018)
definen “afiliación” como el grado de apoyo que un participante muestra con respecto a la postura o perspectiva
de otro de los participantes en la construcción conjunta de un texto.
91
En el primer párrafo la adscripción al marco semántico se da a partir del empleo de una
unidad conceptual ANTONIO, EL SANTO,76 (es posible que se refiriera a San Antonio de Padua,
conocido como “martillo de herejes”) y lo vincula con la superstición77 (aparición de
monedas) al narrar una manera errónea de entender las acciones de que los santos son capaces
de acuerdo con la doctrina católica, esencialmente la capacidad de intercesión (De Acevedo,
1790; Zuloaga y Palomar, 1953: 45 ).
76
Entendemos que el santo al que se refiere la denunciante es San Antonio de Padua (1195-1231), pues de
acuerdo con fuentes consultadas este santo portugués contaba con fama universal y era reconocido por realizar
innumerables milagros pero todos mediante la intercesión que se anota como la manera de obrar de los santos:
“Fr. Angélico de Vincenza imprimió en Basano la vida de S. Antonio, a quien preceden dos doctísimas
Disertaciones: una de los milagros de los Santos, y otra sobre su invocación. No deberán parecer superfluas
éstas, si se considera que no solamente a las personas devotas y bien creyentes, sino acaso también a los
indóciles espíritus que se ríen de todo efecto sobrenatural, creyendo inútil toda confianza en la intercesión de
los santos, si leen la maravillosa vida de nuestro Santo, cuyos milagros fueron tan copiosos, en particular
después de su muerte, que le dieron el nombre de Santo de los milagros.” (De Acevedo, 1790: 304).
77
Cuando decimos superstición debe entenderse que nos referimos también a la transgresión de la religión
católica que ésta implica.
78
También en fuentes como el Malleus Maleficarum… [1486] (2006) y Las brujas y su mundo (1969) se anota
la capacidad de transformarse en animales como característica esencial de la bruja.
92
2004: 25); observamos de nuevo la conceptualización de la magia en los eventos narrados
por la denunciante como superstición y transgresión.
79
Podemos entender el valor ritual de las velas como se sugiere en el Diccionario enciclopédico de la fe católica
sobre éstas: “Se usan en muchos ritos y ceremonias de la Iglesia, empezando con el bautismo y terminando con
los funerales. Se requieren en el altar para la debida celebración de la Misa, durante el Oficio Divino, en número
de acuerdo con la solemnidad, y no menos de doce en la bendición. […] Las velas no se emplean litúrgicamente
para fines de iluminación, sino como señal de alegría y para rendir homenaje a Dios, a las cosas santas o a los
dignatarios Eclesiásticos; se sabe con certeza que su uso parte del siglo IV” (Zuloaga y Palomar, 1953: 599).
80
Probablemente la sospecha de que los fines con que se emplean las velas no son lícitos, y por tanto hacen el
suceso digno de mención en la audiencia, surge de que éstas se encontraban ocultas bajo la cama y con unas
ollitas encima.
93
Ambos conceptos, ECHIZOS y HIERBAS, que emplea Juana Antonia para referir los
elementos que utilizan comúnmente la acusada y sus familiares, se encuentran inscritos en
este marco de la magia como superstición; sobre todo la elección del concepto HECHIZO, para
denominar la actividad de las tres mujeres, es muestra de “afiliación” entre los interlocutores
citados hasta ahora. O sea que, desde la narración de los testigos se aprecia lo que en términos
de la co-construcción narrativa se conoce como afiliación y se comprueba la orientación del
sentido del relato por parte de la autoridad inquisitorial, pues Juana Antonia Niño emplea un
concepto, HECHIZO, para referir las prácticas de María la Guzmana; ambos interlocutores,
comisario y denunciante, conceptualizan las acciones de la misma forma como HECHICERÍA
y MALEFICIO.
Por otro lado, HIERBAS también se inscribe aquí en el marco dentro del que se
construye el sentido del relato, pues el uso de hierbas en la narración de la denunciante,
aunado al concepto HECHIZOS81, enseguida refiere un tipo de magia y hechicería que se
perpetra por medio de pócimas y hierbas de acuerdo con la conceptualización del Santo
Oficio; Así por ejemplo Oliva Gargallo identifica como herramienta común de las hechiceras
el uso de hierbas82 para propiciar daños: “[…] las hechiceras además de utilizar diversas
herramientas que pudieron palparse, también se presentaron como personas conocedoras de
las ricas propiedades de yerbas y brebajes para los más diversos fines.” (1999: 58). Y, una
vez más, con base en el Curso de derecho canónico hispano e indiano de Murillo Velarde,
se describe a las encantadoras como un tipo de magas y se les asocia con el uso de hierbas
para realizar encantamientos como sigue: “[…] son mujeres ensalmadoras o santiguadoras,
81
Hay unidades léxicas que aluden de manera más directa al marco conceptual de la magia como superstición
tal es el caso de: HECHIZO, BRUJERÍA, MALEFICIO, ENCANTO, etc., de éstos podría decirse que constituyen
símbolos en este marco de la magia supersticiosa en tanto su significado está altamente convencionalizado
(signo-símbolo): “Un símbolo es aquel signo que, en la relación signo-objeto, se refiere al objeto que denota en
virtud de una ley o convención que es su condición constitutiva y que suele consistir en una asociación de ideas
generales que determina la interpretación del símbolo por referencia al objeto […] La de los símbolos, es la
única clase de signos, que se basan por definición, en una convención” ( Beristain, 1995: 458). Hay, pues,
unidades léxicas que requieren apoyarse de otras en su cotexto (contexto lingüístico) para orientar su sentido
hacia dicho marco de interpretación. Así sucede con la palabra hiervas en el ejemplo, cuyo sentido se adquiere
en colaboración con el concepto HECHIZO cuyo significado está más altamente convencionalizado y se vincula
más directamente con la magia supersticiosa y transgresora en el contexto de la audiencia inquisitorial, como
se ha constatado en el derecho canónico del siglo XVIII.
82
Flores y Masera (2010) hacen un breve recuento de las hierbas usadas comúnmente en los expedientes de
donde tomaron los relatos que aparecen citados en su obra. Así mismo Gonzalo Aguirre Beltrán (1973) realiza
una investigación de las hierbas asociadas con la magia en la Nueva España.
94
que curan con cánticos, o con ciertas hierbas, por lo regular son sospechosas, sobre todo, si
añaden palabras desconocidas.” (2014: 226).
En esa parte del relato encontramos ya una intervención del comisario del Santo
Tribunal en la que cuestiona al testigo sobre algún evento que represente una transgresión de
la religión católica: “Preguntado si sabe o ha oído decir que alguna persona aya dicho o echo
cosa alguna que sea o paresca ser contra nuestra sancta fee cathólica, ley evangélica que
predica y enseña la Sancta Madre Yglesia cathólica romana o contra el recto y libre exercicio
de el Sancto Oficio” (Exp. 17, f. 3v: 55). Si bien, dicha pregunta puede ser considerada
pregunta formulaica83 propia del interrogatorio inquisitorial, nos parece que cumple un papel
orientador de los eventos a narrar por parte de los declarantes.
83
Anotamos aquí esta pregunta como una pregunta formulaica del interrogatorio inquisitorial, en tanto puede
ser considerada una fórmula de apertura del interrogatorio inquisitorial cuando se cita a declarar a los testigos
o acusados (se puede revisar la estructura de los procesos y la manera en que se interrogaba a los declarantes
en el Capítulo I, apartado: 1.3.1 El lugar y la función del relato testimonial en el proceso inquisitorial: La
estructura general de los procesos.). En lo sucesivo sólo nos referiremos a esta intervención como “pregunta
formulaica” cuando aparezca en el análisis del resto de los relatos. Más adelante se profundizará en el papel de
estas intervenciones.
95
Hallaron en la dicha cassa a la la [f. 4r] dicha Guzmana con otra muger que la
acompañaba y, metiéndolos allá dentro, cerraron las mugeres la puerta; y, quedando el quarto
totalmente obscuro, se aparecieron repentinamente muchas luces; y, haviendo entrado
solas dos mugeres, vio en dicho quarto muchas, todas las quales comenzaron a bailar siendo
el modo de su baile brincar desde el suelo hasta las bigas en donde hazían el son con los
pies, de lo que quedó asustado dicho Esmeregildo González y más porque, antes de entrar, le
dixo dicha Guzmana que se quitase el rosario, lo qual no hizo. (Exp. 17, ff. 4r-4v: 55)
En esta parte de la narración encontramos, más que conceptos puntuales, algunas frases que
evocan conceptos relacionados con la superstición mágica: la APARICIÓN en “aparecieron
repentinamente muchas luces”84 y en “habiendo entrado solas dos mujeres, vio en dicho
cuarto muchas [mujeres]”; se evoca el concepto del BAILE HECHICERIL:“todas las quales
[mujeres] comenzaron a bailar siendo el modo de su baile brincar desde el suelo hasta las
bigas en donde hazían el son con los pies”. En el Malleus Maleficarum (2006) [1486], así
como en Flores y Masera (2010) y en Caro Baroja (1969), se anotan la danza ‒relacionada
con el aquelarre‒ y la capacidad de volar como características de la brujería.
Parece que, para la Inquisición novohispana del siglo XVIII, la brujería, la hechicería
y el maleficio, como prácticas supersticiosas y opuestas a la fe católica, están estrechamente
relacionadas; eran conceptualizadas como parte de un mismo marco o sistema, es así que la
evocación de uno de los conceptos vinculados con la magia supersticiosa HECHICERÍA, por
ejemplo, activa otra serie de conceptos del sistema como: VUELO, APARICIONES e, incluso,
BRUJERÍA.
84
Es posible que la aparición de luces sea un intento más por insertar los acontecimientos dentro del marco de
la magia supersticiosa y en el de la brujería, pues de acuerdo con Flores y Masera, en algunos procesos
inquisitoriales de San Luis Potosí, las brujas novohispanas tenían la capacidad de transformarse en luz (2010:
42, 43).
96
exige a Esmeregildo González que se quite el rosario85 que llevaba puesto para poder
presenciar el baile descrito. El rosario es un símbolo vinculado conceptualmente con la
religión católica como instrumento auxiliar en la oración; la exigencia de prescindir de éste
como requisito para la ejecución del baile, manifiesta una relación de opuestos entre dicho
elemento católico y los sucesos asociados con la magia que ocurren en casa de la acusada,
pues ambos elementos se conceptualizan como incompatibles en la narración.
En seguida nos enfrentamos a una sección del relato en que la contribución de los
representantes de la autoridad inquisitorial es más evidente. En este punto merece la pena
resaltar que los interlocutores están conscientes del proyecto comunicativo del que forman
parte y existe un grado alto de “alineación”86 entre ellos, es decir que se negocian las
intervenciones y lo que de ellas se espera en extensión y contenido, en función del tipo de
interacción que supone el interrogatorio; las preguntas de los comisarios y notarios se
responden con una narración que ofrece información pertinente para quienes dirigen el
evento comunicativo. En tanto, las intervenciones de las autoridades del Santo Oficio son
breves y marcan la dirección de lo narrado.
85
En el diccionario enciclopédico de la fe católica, “ROSARIO: (lat. rosarium, jardín de rosas, y de aquí, una
corona o guirnalda). i. Un hilo de cuentas que consiste en cinco series (decenas), cada una de las cuales se
compone de diez cuentas pequeñas y una más grande. Por lo regular se le agrega un crucifijo con dos cuentas
grandes y tres pequeñas. Cada decena está asociada con un hecho de la Vida, Pasión y Muerte de Jesucristo,
que vulgarmente se llama misterio […] El método de rezar el rosario, ya sea en público, ya en privado, es el de
recitar un Padre Nuestro (la cuenta mayor), diez Ave María (las cuentas menores) y un Gloria Patri, mientras
se medita en el misterio que corresponde. […] Hay una pía tradición de que el rosario fue revelado por Nuestra
Señora a Santo Domingo, y esta devoción ha estado particularmente asociada con su Orden por más de
cuatrocientos años.” (Zuloaga y Palomar, 1953: 514).
86
Mandelbaum explica el término tomando como base la actitud de los participantes en una conversación
cotidiana ante la configuración de una historia por parte de alguno de los interlocutores: “Aligment concerns
the orientation that a recipient takes up with regard to the current state of talk, treating it as a storytelling by
showing an understanding that there has been an adjustment of the turn- taking arrangement to accommodate
one party taking an extended turn-a-talk, with minimal contributions from the recipient(s), until the storytelling
is possibly complete.” (2013: 500).
Alineación como concepto “pertenece a la parte de la conversación y, por medio de ella, se evita
competir con el proyecto comunicativo que se está llevando a cabo […]” (Romero Martínez y Pérez Álvarez,
2018: 149).
97
novohispana del siglo XVIII y sus objetivos. Consideramos que este aspecto contextual es
más relevante que otros para comprender la manera en que las narraciones de los declarantes
se configuran en los relatos inquisitoriales, y es desde esta perspectiva que entendemos que
las intervenciones de comisarios y notarios ‒desde sus respectivas funciones‒ son
preponderantes e indican el sentido de la narración desde su conceptualización de la magia
supersticiosa. Tanya Stivers y John Heritage apuntan acerca de esta influencia de la función
de las instituciones en las interacciones que albergan, desde el análisis de la conversación y
sus aplicaciones en la sociología, en términos de “institutional talk”:
[…] focused on interactions in which transparently institutional tasks are being pursued by
interactants who occupy institutional roles such as doctor and patient, teacher and student,
lawyer and witness [en nuestro caso: comisario y declarantes] […] This institutional talk
program has examined ways in which the fundamental organization of interaction is inflected
in the context of these tasks and the social roles associated with them. (2013: 667)
87
Respecto a los verbos de comunicación, Elena Méndez García de Paredes señala que son los verbos que
“remiten a alguno de los sentidos de decir ‘articular fónicamente un acto de reflexión interior’”, además de ser
“verbos introductores del discurso ajeno” (2001: 350).
Acerca de los verbos de comunicación también se puede confrontar el texto de Concepción Maldonado
(1999), “Discurso directo y discurso indirecto”.
88
La noción de discurso referido supone dar lugar (referir) en un discurso a las palabras o al discurso de alguien
más. Al respecto se puede consultar el trabajo de Elena Méndez García de Paredes (2001) y de Oswald Ducrot
(1984), este último sugiere que “la posibilidad de hacer hablar al otro dentro de nuestro propio discurso desborda
el campo de lo que se llama habitualmente “discurso referido”” (1984: 139).
89
Para definir los roles de los distintos participantes en la construcción del relato inquisitorial, tomamos como
base las definiciones de enunciación, locutor y enunciadores de Oswald Ducrot (1989). Según el autor, la
enunciación constituye la realización de un enunciado, es la existencia misma del enunciado; en este caso,
identificamos a la enunciación con las narraciones de los declarantes, con las preguntas y otras intervenciones
98
los acontecimientos que constituyen el relato; al respecto, Oswald Ducrot señala que en
determinadas condiciones90 “el discurso referido implica un cambio de enunciador y hace
aparecer una pluralidad de voces diferentes sostenidas por un único locutor” (1984: 139), en
el relato inquisitorial no es un solo locutor el que sostiene las voces pero sí podemos hablar
de la presencia de distintos enunciadores y por ende de una pluralidad de voces que
configuran el relato.91
Preguntado si sabe o presume la causa porque ha sido llamado, dixo que no sabe ni
presume la causa. Preguntado si sabe o ha oído decir que alguna persona aya dicho o
echo cosa alguna que sea o paresca ser contra nuestra sancta fee cathólica, ley evangélica
del comisario y del notario en el texto inquisitorial transcrito por este último. Acerca del locutor y el enunciador,
Ducrot señala: “La necesidad de estas nociones nace de la permanente posibilidad que ofrece el lenguaje, y que
el discurso explota constantemente, de “dar la palabra” a personas que no son la persona que habla, es decir,
diferentes de la que produce efectivamente el enunciado, y que recibe el nombre de locutor.” (1984: 137). Y
explica que, cuando un locutor dirige un enunciado a un alocutario, se denomina “enunciador” a aquella persona
a quien este locutor atribuye la responsabilidad de lo que se dice en el enunciado o bien al responsable de la
enunciación ‒a quien enuncia lo narrado en los testimonios y en cada intervención en el caso del relato
inquisitorial‒ (137).
90
Esas condiciones tienen que ver con el hecho de que lo que está en juego no es únicamente referir las palabras
de otros, sino que existe otra finalidad discursiva entre las que Ducrot anota, por ejemplo: la apelación a la
autoridad, ironía y concesión (1984: 139, 140).
91
Para la parte final del análisis de este relato, se retomará y profundizará el análisis de este proceso de co-
construcción a partir de los verbos de comunicación y del discurso referido.
99
que predica y enseña la Sancta Madre Yglesia cathólica, romana o contra el recto y libre
exercicio de el Santo Officio, dixo que no sabe ni ha oído decir cosa alguna de las que se le
preguntan. (Exp. 17, f. 4v: 56)
En el párrafo anterior se leen las preguntas (en negritas) de los funcionarios inquisitoriales
que pueden considerarse intervenciones formulaicas; se ha señalado ya que se denomina
formulaicas a algunas preguntas del interrogatorio inquisitorial que se registran en los
expedientes, porque son precisamente una fórmula de apertura para los testimonios de los
declarantes posteriores a la denuncia. A pesar del carácter formulaico de estas intervenciones,
nos parece que cumplen un papel en la orientación del relato al exponer el tipo de eventos
sancionados por la Inquisición. El declarante responde y niega conocer acontecimiento
alguno que represente una transgresión de la religión católica, fe, iglesia o del ejercicio del
Santo Oficio; hecho predecible dado el rol del testigo y su grado de implicación en los
acontecimientos sospechosos que persigue y castiga la Inquisición.
92
Nuevamente, en el apartado “1.3.1 La función del relato en el proceso inquisitorial: estructura general de los
procesos”, aparecen los pasos que debe seguir el proceso inquisitorial y se puede constatar el carácter formulaico
de las intervenciones del comisario y notario del Santo Oficio en contraste con las participaciones que orientan
el sentido del relato de forma más específica y directa.
93
El subrayado lo hemos colocado para diferenciar la respuesta del declarante de la pregunta del comisario.
100
56, 57). En esta parte, la conceptualización de la magia como transgresión de la religión
católica aparece de forma clara, los acontecimientos conceptualizados en las otras
narraciones como hechicería o maleficio son aquí denominados explícitamente con el
concepto BRUJERÍAS, éste evoca una de las mayores transgresiones de la religión, hemos
dicho que la brujería implica el pacto explícito con el demonio de acuerdo con los manuales
del Santo Oficio y según estudios de varios autores94.
En torno del concepto BRUJERÍA se activan otros relacionados con éste y que el notario
emplea para conceptualizar el resto de los eventos narrados; así, el baile descrito como “con
tal encanto y arte del demonio” y en el que tuvieron lugar apariciones de luces y mujeres se
conceptualiza como bailar causando asombro95, entiéndase como un acontecimiento de
carácter mágico en el que ocurren cosas admirables. Mientras que el baile en el que hacían
el son con los pies pegados en las vigas de la casa, es aquí conceptualizado como VUELO96,
94
Revisar los autores en el primer capítulo. Puede obtenerse información detallada sobre la brujería en el
Malleus Maleficarum (2006) [1486], la obra de Cecilia López Ridaura (2011), Enrique Flores y Mariana Masera
(2010), Araceli Campos Moreno (1999), Julio Caro Baroja (1969), entre otros.
Diana luz Ceballos Gómez menciona acerca de la brujería:
La brujería diabólica, de proveniencia europea, tiene como rasgo fundamental la exigencia de un pacto implícito
o explícito con el Demonio, por medio del cual se entrega el alma y se reniega de la fe cristiana, a cambio de la
adquisición de poderes supranaturales malignos, de carácter nocivo, que se pueden usar a voluntad de quien los
posee o por los que se adquieren los servicio de un Diablo acompañante, quien siempre está dispuesto a cumplir
la voluntad y deseos del brujo, siempre y cuando se reciban por lo menos las siguientes contraprestaciones: la
mencionada donación del alma, rendir adoración al Demonio mayor (Satanás o Lucifer) durante las juntas o
aquelarres, frecuentemente bajo la forma de macho cabrío[…] La brujería diabólica es voluntaria, negativa, su
objetivo es dañar y suele ser de carácter colectivo: sus practicantes se agrupan en juntas con el propósito de atacar
a la sociedad[…] Normalmente el cuadro va acompañado de la asistencia regular a aquelarres (Sabbaths),
celebraciones éstas en las que se realizan misas negras, se adora al Diablo, se practica el canibalismo, se efectúan
grandes orgías y todo lo que se hace está regido por una forma de comportamiento simbólicamente inversa a la
del cristianismo. (2002: 110- 111)
95
Caro Baroja en Las Brujas y su mundo, anota una descripción de las reuniones de las brujas y cómo el baile
formaba parte de sus rituales de adoración demoniaca: “A veces bailan antes, otras después del banquete […]
A veces teniendo en la mano candelas encendidas con las que adoran al demonio, besándole en la forma dicha,
cantan poemas obscenos en su honor y bailan al son del tambor y la flauta […]” (1969: 159)
96
Citando a otros autores del siglo XVII, Julio Caro Baroja anota distintas capacidades de las brujas: “se dice
que untándose con ciertos ungüentos, hechos con grasa de gato o de lobo, leche de burra y no sé qué cosa más,
pueden salir de sus casas montadas en palos o escobas por una vía común e incluso por un agujero angosto y
volar por los aires, y así transportarse de un lugar a otro hasta donde celebran sus festines y francachelas con
los diablos.” (1969: 163- 164).
De igual manera, Caro Baroja refiere que los autores del Malleus Maleficarum identifican la habilidad de volar
como característica de la bruja: “Una vez dentro de la secta, con la ciencia maléfica infusa, comienzan a llevar
a cabo aquellos actos tan conocidos ya para nosotros como son los de volar por los aires untadas con unto de
niños y caballeras en escobas, rejas de arado, etc., hacer ligazones amatorias y físicas de diversas clases , algunas
de aire cómico, convertir a los hombres en animales, endemoniarlos, enfermarlos, matarlos, producir granizos,
tempestades, etc.” (1969: 130).
101
“haver bolado”, concepto que está vinculado con el de la brujería como hemos dicho antes la
capacidad de volar es un rasgo característico de las brujas de acuerdo con diversas fuentes.
También acerca de la capacidad de volar de la bruja se indica en Espejo de brujas. Mujeres transgresoras a
través de la historia “¿Qué hay acerca de que las brujas vuelan? […] Se supone que volando acudían a sus
reuniones “aquelarres” que al parecer solían tener lugar en las vísperas de las fiestas católicas solemnes, el
viernes especialmente porque era cuando había muerto cristo.” (Zamora Calvo y Ortiz, 2012: 11)
102
acontecimientos narrados en los relatos. No obstante, la respuesta negativa del testigo va a
influir también y reorientar la siguiente pregunta de las autoridades del Santo Tribunal.
Fuele dicho que en el Sancto Officio ay información de que, por el tiempo de la quaresma,
en esta villa, un día de Jueves Santo en presencia de algunas personas, en cierta cassa, se
vieron bailar pegando los pies en las bigas a ciertas mugeres con otras que se aparecieron
repentinamente, a lo cual él se halló presente y lo vio y oió. Y que, así por reverencia de
Dios, nuestro señor, recorra bien su memoria y diga la verdad. (Exp. 17, f. 4v: 57)
según Flores y Masera (2010), es una idea asociada con la BRUJERÍA; señalan los autores que,
de acuerdo con el Tesoro de la lengua castellana o española (1998) [1611], las brujas
andaban por las vigas transformadas en animales: “Las brujas también se identifican por sus
conjuros. En la Nueva España dicen el difundido conjuro «De viga en viga/ sin Dios ni Santa
María» […] De acuerdo con Covarrubias la expresión proviene de la acción de «andar de
viga en viga; suelen aplicar esto a las brujas, que, según algunos, toman varias formas de
aves nocturnas, gatos y otros animales»” (Covarrubias en Flores y Masera, 2010: 46).
97
En su trabajo sobre el análisis de la conversación en la corte (Conversation Analysis in the Courtroom),
Martha Komter señala que el contexto inmediato que influye en las intervenciones en una situación
comunicativa en la Corte, similar a la que nos ocupa, está compuesto por la pregunta o respuesta anterior a la
intervención en turno: “To the question of what constitutes the context of the local organization of courtroom
talk, the most simple and obvious answer is that a question (or an immediately preceding configuration of
actions) is the context for the answer, and that the answer provides the context for the next question (or the next
set of utterances). It is, among other things, through the organization of questions and answers that the
participants exhibit, step by step, what aspects of the setting are relevant to them.” (2013: 627- 628).
103
Esta vez, en respuesta a la nueva pregunta del notario, el declarante reconoce los
eventos narrados y refiere así los acontecimientos de que fue testigo:
Dixo que es verdad el que aora se acuerda que havrá seis años, más o menos, que el Jueves
Santo de dicho año, estando en casa de un hombre llamado Santiago de León, llegó a él
Joseph Lázaro Correa con quien saliendo a pasear le dixo dicho Correa que si quería ir a veer
una marcha de ratones; a que respondió que sí. Y, llevándolo a una cassa, que no sabe cuál
es ni como se llama quien vive en ella, halló en la tal cassa a una muger sola y no sabe si
adentro havía otras; y al entrar en ella le dixo dicho Correa que se quitara el rosario, lo que
le instaba con persuasiones, a que respondió que no haría tal cosa. (Exp. 17, f. 4v: 57)
Ahora bien, Esmeregildo ubica los acontecimientos el día Jueves Santo y, aunque refiere que
se dirigió a ver una “marcha de ratones”, al parecer, consciente de su papel y el de sus
interlocutores en la situación comunicativa98, desvía la atención del evento central del relato
que es el baile de la Guzmana. Sin embargo, conserva la parte que concierne a la petición de
quitarse el rosario y asegura no haberlo hecho, es posible que esté consciente también de que
la alusión de un elemento asociado semánticamente con la religión católica en el relato puede
atenuar el sentido transgresor de los acontecimientos en que se ha visto involucrado. Es el
conocimiento compartido acerca del interrogatorio inquisitorial y los objetivos de los
interlocutores lo que permite al testigo configurar su intervención de manera favorable para
él de acuerdo con su propio rol en el evento comunicativo.
98
Al respecto del conocimiento de los roles por parte de los interlocutores en la interacción comunicativa y la
influencia de tal conocimiento en la configuración de sus enunciaciones Komter señala:
The pre- allocation of turns in the courtroom is a manifestation of the specific division of labor in the courtroom
that prescribes, among other things, who asks the questions and who gives the answers. The participant’s’
institutional identities are manifested in the kinds of actions that questions and answers are seen to perform. Their
defensive responses to seemingly factual questions show the defendants’ or witnesses’ orientations to the
institutional business at hand. […] In this way these questions and answers make visible participants’ orientation
to the institutional dimensions of context.
104
Habiéndose sentado, le dixo Correa a la muger estas palabras: “vaia usted señora echando esa
ynfanteria”. Y, cerrando la muger la puerta, se salió fuera de el aposento y discurre el que se
fue dicha muger a la asotea. Y de allí a un rato de haverse salido, vio con la poca luz que
entraba por las renhendijas de la puerta, vio andar por las vigas las sombras de unos
ratones que, en su propia figura de ratones, traían todos cargadas unas escopetas, siendo
los ratones de el mismo tamaño que son ellos. Cuia marcha duró en pasar por las vigas poco
espacio; y, viniendo después la mujer, abrió la puerta y ellos se salieron luego de la cassa.
Saliendo de ella, dicho Esmeregildo, lleno de pavor y miedo. (Exp. 17, f. 4v: 57)
Puede decirse que el grado de afiliación entre los interlocutores, notario y testigo, es menor
que entre el notario y el resto de los interlocutores, no obstante podemos reconocer en la
configuración de su narración que ésta se organiza dentro del marco conceptual propuesto
por los representantes de la autoridad inquisitorial, pues aun si el sentido transgresor de las
acciones relatadas por el testigo es menor al que se aprecia en las narraciones de los otros
interlocutores, Esmeregildo plantea su narración en torno de un evento ‒la aparición de
ratones con escopeta‒ con cierto contenido semántico vinculado con la magia, entendida ésta
como se ha definido: “El arte de obrar cosas admirables […] cuantas veces el efecto no tenga
una causa natural que lo contenga en su virtud y, por otra parte, no conste de que tal efecto
provenga sobrenaturalmente, existe una gran sospecha de que es hecho por pacto del
demonio” (Pedro Murillo Velarde, 2005: 191-192). El declarante construye su narración en
función de la relación de oposición entre la magia y la religión católica mediante la
disposición del concepto ROSARIO y la marcha de ratones ‒que alude a la magia en cierto
sentido‒ de la que salió “lleno de pavor y miedo” (Exp. 17, f. 4v: 57). Y es que ante la
solicitud de retirarse el rosario para poder ingresar a casa de la Gusmana se infiere que la
presencia de uno del símbolo católico representaba un impedimento o era contraria a los
sucesos que ocurrían dentro de la casa, a los que el declarante describe como la aparición de
una marcha de ratones.
105
términos de la dinámica enunciativa99, la cual opera a lo largo de dicho proceso y se evidencia
con el empleo de los verbos de comunicación y del discurso referido en este relato.
Esperamos que esta herramienta nos permita igualmente llegar a algunas conclusiones
respecto a la manera en que los declarantes organizan sus narraciones en cada intervención
durante el interrogatorio.
99
Para revisar las nociones de estructura y dinámica enunciativa del discurso, confrontar el trabajo de Bernardo
Enrique Pérez Álvarez (2018) “La dinámica de la categoría de persona desde la multidimensionalidad del
discurso”.
100
No se pretende un análisis exhaustivo de las variaciones en los roles de los participantes durante la audiencia,
sino llamar la atención sobre el rol preponderante de los representantes de la autoridad inquisitorial en la
orientación de las narraciones y del sentido del relato ‒circunstancia que no varía de un relato a otro‒, razón
por la cual el esquema se presenta solamente en el caso que abre el análisis.
106
Figura 1. Proceso de co-construcción en “María La Guzmana y el baile de Mujeres”
De acuerdo con el esquema, en este caso, el notario es el autor central del relato, organiza y
registra las narraciones de los declarantes, y funge como locutor,101 de acuerdo con Ducrot,
al ceder la palabra a una serie de enunciadores y narradores que van a co-construir el relato
101
Una vez más, recordemos que en este relato y en este expediente en específico el notario toma el papel del
comisario, recibe y registra las declaraciones; pero, en circunstancias normales, el notario sólo registra el
interrogatorio dictado por el comisario así que, aunque en este caso sí opera como coautor orientador del relato
desde el interrogatorio, autor y locutor, normalmente detrás de su registro y su participación como locutor
estaría la voz del comisario.
Cabe señalar igualmente que cuando referimos el papel del notario y del comisario como autores- locutores en
el esquema lo hacemos para efectos del análisis de la dinámica enunciativa, ya que es a través de éstos que se
otorga la palabra a los distintos enunciadores en el texto como ha llegado a nosotros de mano del notario; sin
embargo, como se ha señalado desde la definición del relato co-construido, declarantes y representantes de la
autoridad del Santo Oficio comparten la autoría del relato inquisitorial.
107
inquisitorial a través de su propia enunciación. Así, en primer lugar, el notario narra las
circunstancias en las que Juana Antonia Niño acude a declarar ante el Santo Oficio, presenta
los datos generales de la denunciante y, enseguida, le da la palabra: “La que, para descargo
de su conciencia, dize y denuncia102 que…” (Exp. 17, f. 3r: 52).
Sin embargo, la denunciante opera a su vez como un segundo locutor pues señala
como responsable de la enunciación (narración de los eventos) a Francisco Xavier de León
que es la persona que contó los hechos narrados en su declaración: “por la quaresma de ahora
dos años, estando en su cassa en dicha villa, le oió decir a Francisco Xavier de León ‒que
vive en la hacienda de la Petaca, como quatro leguas distante de esta villa‒” (Exp. 17, f. 3r:
52, 53).
Juana Antonia Niño señala además como responsable último de la enunciación a “un
mozo bermejo colorado y robusto” (Esmeregildo González), pues, en su narración, Francisco
Xavier de León es un tercer locutor que indica haber escuchado lo acontecido en casa de
María la Guzmana de boca del mozo bermejo. Así, de acuerdo con la denunciante, el discurso
referido corresponde a la enunciación de Esmeregildo González:
[…] por la quaresma de ahora dos años, estando en su cassa en dicha villa, le oió decir a
Francisco Xavier de León ‒que vive en la hacienda de la Petaca, como quatro leguas distante
de esta villa‒ que le contó por cierto un mozo bermejo colorado y robusto, a quien le
comienza a puntar el bozo, el que no sabe cómo se llama, pero sí sabe que vive en un paraje
de estos alrededores llamado Las Chamaqueras,103‒ a quién sí conoce dicho Francisco Xavier
León‒. Y, a éste le contó dicho mozo que, haviendo ido en compañía de uno de los Correas
[…] halló dicho bermejo y su compañero Correa (quien lo llevó) a esta dicha María Guzmana
con otra muger que la acompañaba el día Jueves Santo en la tarde. (Exp. 17, f. 3r: 52, 53)
Esmeregildo González funge como enunciador de los hechos narrados y da cuenta de los
sucesos asombrosos que ocurrieron en la casa de “La Guzmana”. A continuación, la
denunciante retoma el papel de enunciadora, de voz del notario, y narra otros eventos
102
Resaltamos en negritas los verbos de comunicación como marcas del discurso referido que indica la cesión
de la voz.
103
El subrayado en este relato aparece en el documento.
108
asociados con la magia supersticiosa en los que María y sus familiares se han visto
involucradas:
Otrosí declara dicha denunciante que en el año de onze que vino a esta villa, vio que en ella
fue azotada públicamente la dicha María Guzmana [..] Y declara que toda la familia de esta
tal Guzmana ha tenido esta lacra[…] Otrosí declara y denuncia que una sobrina de esta dicha
María Guzmana, llamada Antonia Efigenia, la Guzmana, que vive como la otra en la misma
calle, aunque en cassa diversa, supo de esta tal que estando en su cassa y cama acostada con
un hombre[…] Finalmente, dice que ha oído decir comúnmente en esta villa que,
siempre que está con otras de su jaes, se pelea: unas y otras se sacan a la cara varias
porquerías de echizos y hiervas […] (Exp. 17, ff. 3r-3v: 53, 54)
109
el que aora se acuerda que havrá seis años…” (Exp. 17, f. 4v: 57). Tras un par de
cuestionamientos del comisario, el testigo asume el rol de enunciador y narrador de los
acontecimientos, aunque, de tanto en tanto, transfiere la responsabilidad de la narración a
otra persona. Esmeregildo actúa, de manera intermitente, como locutor y refiere el discurso
de Joseph Lázaro Correa especialmente cuando se narran acontecimientos que pueden
vincularse semánticamente con el marco de la magia supersticiosa:
Dixo que es verdad el que aora se acuerda que havrá seis años, más o menos, que el Jueves
Santo de dicho año, estando en casa de un hombre llamado Santiago de León, llegó a él Joseph
Lázaro Correa con quien saliendo a pasear le dixo dicho Correa que si quería ir a veer una
marcha de ratones; a que respondió que sí. Y, llevándolo a una cassa, que no sabe cuál es ni
como se llama quien vive en ella, halló en la tal cassa a una muger sola y no sabe si adentro
havía otras; y al entrar en ella le dixo dicho Correa que se quitara el rosario, lo que le instaba
con persuasiones, a que respondió que no haría tal cosa. (Exp. 17, f. 4v: 57)
110
de los representantes de la autoridad inquisitorial quienes desde su posición jerárquica en la
audiencia inquisitorial, en donde se produce el relato, orientan las narraciones que lo
constituyen.
Este relato inquisitorial comienza con la denuncia voluntaria de Antonio Magaña que
acusa a Isabel Melgosa, con quien había sostenido “Ilícita amistad”104, de haberle hechizado
con ayuda de su amiga María Antonia, un día que se encontraba separado de Rita, su esposa.
El efecto de este hechizo fue que el denunciante quedara impedido para tener relaciones
sexuales con su esposa y que ambos enfermaran gravemente.
“Entonces la dicha su muger partió a casa de la espresada Ysabel y le dio de palos tratándola
de echicera por el daño que les havía echo. Desto resultó que, a la dicha Rita, su esposa, le
empezó a crecer el bientre como si estuviera preñada y por tal lo juzgaron las parteras” (f.
104
Es decir, haber mantenido una relación íntima sin estar casados bajo la norma católica.
105
De acuerdo con el Curso de derecho canónico… de Murillo Velarde la magia supersticiosa “Si tiende a
dañar a otro, se llama maleficio, o hechicería. Alguna vez se hace para conciliar un amor y se llama filtro
amatorio, o hechizos […] y a veces se hace para excitar el odio” (2005:191).
111
4v) […] “La mandó llamar y, venida que fue dicha curandera, le dijo que tenía echizo pero
que lo curaría con una ayuda que havía de tomar.” (Exp. 39, ff. 4v-5r: 61).106
Como se ha dicho ya, de acuerdo con Pedro Murillo Velarde, la magia supersticiosa implica
la obra del demonio y contiene a la hechicería o maleficio y al filtro amatorio (denominado
también magia amorosa). El Diccionario de Autoridades, tomo IV, (1734) define el hechizo
como: “Encanto, maleficio que se hace a alguno por arte mágica o por sortilegio”. A
continuación, presentamos algunos ejemplos de las prácticas mágicas que se adjudican a la
acusada en la narración de Antonio Magaña y que se denominan mediante el empleo del
concepto HECHIZO107, o bien MALEFICIO, puesto que en este caso el hechizo tiene el propósito
de perjudicar o hacer daño a otros.
106
El número después de los dos puntos corresponde a la página aproximada en que se encuentra la cita dentro
del relato editado en esta investigación.
107
Es pertinente para entender la conceptualización de las prácticas narradas como hechizo, el significado de
hechizar de acuerdo con el Diccionario de Autoridades, Tomo IV, (1734): “HECHIZAR: Hacer a alguno mui
grave daño, ya en la salud, ya trastornándole el juicio vehementemente, interviniendo pacto con el demonio, yá
sea implícito, yá explícito. Viene del Latino Fascinum, que vale Hechicería. Antiguamente se decía Fechizar.
Latín. Veneficiis aliquem inficere. Maleficiis laedere. […] Entendemos por hechiceros solos aquellos que por
arte del diablo hacen mal y grave daño a otro en la salud, en la vida, &c y así suelen decir: Lo hechizaron.”
108
En el Curso de derecho canónico hispano e indiano, el adulterio se define como:
112
en primer lugar, la incapacidad de Antonio Magaña, como se vio en la cita anterior, y lo que
Isabel Melgosa persigue es la disolución de su matrimonio “si en caso de morir su esposa, se
casaría con ella”, como se aprecia en el fragmento siguiente:
“Deseoso siempre y anelando por la salud de su muger, huvo quien le aconsejara que
procurara gratificar y llebarse bien con Ysabel. Y, no hallando otro modo o pareciéndole el
más [f. 5v] eficaz, la trató ylícitamente y reyncidió con ella unas cuatro vezes, acariciándola
al fin de que le sanara a su esposa. En una de estas ocasiones le dijo la dicha Ysabel que
vuscara remedio y que sanaría pero que le digera, si en caso de morir su esposa, se casaría
con ella, lo que repudió y replicó que de ningún modo” (Exp. 39, ff. 5r-5v: 62).
Básicamente tenemos un hechizo ocasionado por un medio o ritual109, como suele ser
ejecutada la hechicería; el encuentro sexual, entre Magaña y la mujer, desencadena el daño.
El solo medio implica ya una transgresión de la religión católica en cierto sentido, pues se
atenta contra la institución del MATRIMONIO110 católico. Lo mismo puede decirse del efecto
dañino del hechizo sobre la esposa del declarante, pues de acuerdo con el relato el fin que se
persigue es el término del matrimonio a través del asesinato de uno de sus miembros.
[…] aunque algunas veces sea tomado en sentido lato por cualquier unión carnal no conyugal […] sin embargo,
estrictamente es la violación del lecho ajeno: o de la fidelidad y del lecho conyugal […] ahí: Adulterio es yerro,
que ome fase a sabiendas, y haciendo con mujer casada, o desposada (de praesenti) con otro: é tomó ese nome
de dos palabras de latín: alter, y thorus, que quiere tanto decir, como ome, que vá, ó fue al lecho de otro. Y puede
ser cometido, o por marido ajeno con soltera, o al contrario, por mujer ajena con soltero y se llama adulterio simple
o unilateral […] (Murillo Velarde, 2005: 140- 141)
109
Diana Luz Ceballos Gómez dice respecto a la manera en que opera la hechicería:
La hechicería necesita de un vehículo, de un medio o filtro para cumplir su fin, sea éste material o simbólico,
amuleto, planta, animal, objeto, oración, palabras, imagen…‒, y de un ritual o puesta en escena para realizarse.
El ritual ‒ puesta en obra‒ acompaña siempre y es connecesario a toda práctica mágica, siempre que esta sea
voluntaria. La hechicería es individual, voluntaria, puede o no obrar a distancia y está destinada a un fin particular.
Puede ser de carácter positivo o negativo, de acuerdo con la voluntad del hechicero o con el deseo de la persona
para quien se realiza el hechizo: para bien o mal querer, para sanar o enfermar, para tener buena fortuna o
infortunio, para predecir el futuro, para encontrar tesoros, etc. (2002: 110)
110
Murillo Velarde anota sobre la transgresión al matrimonio y a Dios a través del adulterio: “y, aunque el
marido consienta en el adulterio, aún permanece la malicia del adulterio, aunque el marido, entonces, no pueda
emprender ninguna acción por tal injuria, porque aun consintiendo el marido, la injuria se le hace a Dios, Autor
de la naturaleza, pues Dios unió a ambos cónyuges con vínculo indisoluble, más aún, se le hace injuria también
al mismo matrimonio.” (2005: 141)
113
[…]y, al tener cópula con la dicha María Antonia, la halló totalmente ynpotente e
incapaz de penetrar.
[…] Llegó a su cassa y , al tener a la noche con ella el uso matrimonial, la halló
totalmente ligada e ympotente […] pero ella, con gran desconfianza de que no fuera preñez,
pasados los nueve meses, fue al puevlo de Zacapo a encomendarse al señor san Antonio.
Venida que fue de allá se le enjutó y secó el bientre pero quedó asta el día de oy con bascas
continuas y envarado el estómago. Afligidos de berse enfermos, recurrieron al remedio del
cielo, se encomendó a María Santísima y al Señor Sacramentado a quien le mandó decir
una missa. (Exp. 39, f. 4v: 60, 61)
Los efectos maléficos del hechizo de Isabel Melgosa en el matrimonio y salud de los
Magaña pueden evitarse solo mediante la acción de entidades católicas, así en la enunciación
del denunciante se aprecia la conceptualización del HECHIZO como contrario a los elementos
católicos referidos; de modo que su narración está orientada por un sentido de oposición entre
conceptos mágicos y católicos que se percibe a partir de las elecciones léxicas del
declarante.112
111
Estos conceptos se asocian semánticamente con el campo de la religión católica, María santísima y el Señor
sacramentado vinculados con la santidad (perfección y ausencia de culpa) como virtud católica propia de Dios
(Diccionario de Autoridades, Tomo VI), y la misa como representación ritual del sacrificio del Dios católico
(Zuloaga y Palomar, 1953: 368, 387).
112
Al mismo tiempo recurrir antes al remedio del cielo que a la magia para deshacer el daño es una estrategia
para atenuar su responsabilidad al acudir con curanderas más tarde en la narración.
114
manera en que se conceptualiza la magia en las intervenciones de los participantes y se
aprecia cómo dicha elección de conceptos activa en mayor o menor grado el marco
semántico: magia como superstición y transgresión de la religión católica. Como señalan
Mario Crespo Miguel y Antonio Frías Delgado con base en la semántica de marcos de
Fillmore: las unidades léxicas (las palabras, frases) disparan o activan el marco en nuestra
mente cuando aparecen en el discurso, los marcos pues son evocados a partir de las unidades
del vocabulario (2008: 67).
De acuerdo con la narración del denunciante en este caso, tras acudir al auxilio de la
religión católica, el matrimonio Magaña recurre al servicio de una india, Lucía, que curaba
de hechizo a una joven. Cuando el declarante se refiere a la mujer que les ofrece remedio, no
emplea la palabra hechicera, sino curandera. De esta manera, activa un marco conceptual
parcialmente distinto o periférico al de la magia transgresora de la religión católica, como se
aprecia en el siguiente fragmento narrativo:
Echa esta diligencia, [f. 5r] se le ynformó de cassa de Diego Duarte, vezino de dicha estancia,
hallarse en dicha su cassa una yndia soltera llamada Lucía, vezina del pueblo de Chilchota,
colindante del dicho curato de Tlasasalca; curandera que estaba curando de echizo, según le
digeron, a una muchacha doncella, hija de dicho Duarte. La mandó llamar y, venida que fue
dicha curandera, le dijo que tenía echizo pero que lo curaría con una ayuda que havía de
tomar. Otro día por la mañana le untó el vientre, a lo que vio, con sebo rebuelto con unos
polvos que no supo su calidad. Le echó la ayuda y, al tiempo de deponerla, le puso su muger
el baso en que, ya sentado y deponiendo dicha ayuda, sintió dentro del baso un animal que
saltava; halló que era un sapo, el que lazó la curandera […] Depuso también unos como
chochos llenos de sangre y enbueltos en una tela. Con este remedio quedó sano del estómago
y le declaró la curandera que ese daño se lo havía hecho Ysabel Melgosa, como tamvién se
lo hizo a su muger pero que a ésta no se hallaba capaz de curar. (Exp. 39, f. 5r: 61)
Observamos, en esta sección del relato, que las prácticas mágicas, vinculadas con la
participación de Lucía y el denunciante, son conceptualizadas como CURANDERISMO y se
asocian con conceptos como el REMEDIO, AYUDA, CURACIÓN, es así que se activa un marco
en que el CURANDERISMO se vincula con el REMEDIO más que con la magia supersticiosa. En
cambio, cuando se mencionan las prácticas de Isabel Melgosa, éstas se denominan mediante
115
el concepto HECHIZO y se asocian semánticamente con DAÑO: “dicha curandera113, le dijo
que tenía echizo pero que lo curaría con una ayuda que havía de tomar […] y le declaró la
curandera que ese daño se lo havía hecho Ysabel Melgosa, como tamvién se lo hizo a su
muger pero que a ésta no se hallaba capaz de curar.” (Exp. 39, f. 5r: 61). Aunque de acuerdo
con las fuentes documentales curanderas y hechiceras comparten características114 y la
ejecución de algunas prácticas mágicas, el declarante procura atenuar el sentido transgresor
de las prácticas realizadas por la curandera Lucía en las que él ha tomado parte
voluntariamente.
113
En esta parte, el subrayado doble se asigna a los conceptos asociados con el curanderismo para diferenciarlos
de los conceptos vinculados con la hechicería (en negritas).
114
Acerca del curanderismo Diana Luz Ceballos Gómez anota:
El curanderismo, como la hechicería, es voluntario y expresa la dualidad fines lesivos- positivos. Los curanderos
curan o enferman, dan éxito o lo quitan, traen amor o desamor. Había curanderos/as blancos, indios y negros,
aunque su caracterización no era exactamente la misma. Muchos de los curanderos blancos y negros tenían a su
vez fama de “hechiceros”, porque también realizaban ensalmos y conjuros, daban filtros y yerbas de bienquerer y
de buena fortuna. Muchos negros aprendieron al lado de los indios el uso de plantas curativas y lesivas y algunos
llegaron hasta iniciarse un poco en las prácticas indígenas, llegando hasta “tomar tabaco” para curar, en forma
ritual, como lo hacían los indios. Los indios tenían fama de “hechiceros” más por las formas rituales que
acompañaban a sus curas y por el conocimiento, real o supuesto, de las plantas del entorno, sobre todo de las
lesivas y psicotrópicas. (2001: 62-63)
115
No podemos saber con precisión qué profundidad alcanzaba el conocimiento de los habitantes del Obispado
de Michoacán en el siglo XVIII acerca de los objetivos y funcionamiento del Santo Oficio ni de la
conceptualización de la magia del Santo Tribunal; sin embargo, dada la existencia de los Edictos, así como la
116
interrogatorio inquisitorial, de los objetivos y roles de interacción de los participantes; este
conocimiento o modelo contextual del denunciante acerca de la situación comunicativa en
que se produce el relato inquisitorial marca el sentido de su narración y evidencia la
negociación del significado de la magia, la conceptualización de estas prácticas mágicas, que
dirige también la co- construcción del relato a nivel narrativo.
[…]a los quince días, se le ofreció al declarante matar un puerco para vender. Llegó a comprar
Micaela Melgosa, hermana de la enunciada Ysabel, tomó una parte de carne a la que le
echó chile de adobo, y la conpuso Juana, muchacha, hija del dicho Magaña, doncella, y
a poco tiempo de haberse despedido la dicha Micaela, sintió la doncella un dolor
behemente en el dedo de una mano que le fue suviendo asta las fauzes de la respiración
como que la haogava. Después le repitió el mismo accidente y, entendido el que declara que
semejantes daños le venían por dichas Melgosas. (Exp. 39, f. 5r: 61)
Al revisar el fragmento anterior, encontramos que las acciones que evocan el marco de la
magia (resaltadas en negritas) están asociadas de forma más o menos evidente con las
prácticas mágicas que los inquisidores y autoridades inquisitoriales conceptualizaban como
HECHICERÍA. De la narración del denunciante se entiende pues la presencia de un medio, la
extendida presencia de la Inquisición para el siglo XVIII, parece lógico que las personas tuvieran alguna noticia
al respecto. Los procesos de construcción de los relatos estudiados nos permiten inferir un conocimiento algo
más que básico. A este respecto Diana Luz Ceballos Gómez señala lo siguiente sobre los declarantes en el
Nuevo Reino de Granada:
Entre la gente existía la conciencia de cómo se había de tartar con el Santo Oficio y de cómo éste al igual que las
justicias seculares, diferenciaba y clasificaba los delitos. La diferenciación entre los delitos “blandos” ‒ yerbatería,
hechicería; adivinación […]‒ y la brujería era tan clara para los jueces, que también lo era para los demás, o
viceversa. La imagen de la bruja que adoraba al Demonio y volaba al aquelarre venía difundida desde arriba, desde
la cultura oficial, y se superponía a los imaginarios populares por medio de los procesos criminales, fueran estos
inquisitoriales o seculares. Las imágenes de las hechiceras/os, yerbateras/os, herbolarios/as, curanderos/as
sortílegos/as, nigromantes, zahoríes, brujas/os, mohanes y mohanas de proveniencia popular o tradicional tenían
otros rasgos y otras características. (2002: 107)
117
carne tomada por Micaela Melgosa, la cual, al haber sido preparada por la hija de Magaña,
desencadena en ella los efectos dañinos del hechizo o maleficio como el dolor y la sensación
de ahogamiento. Y es que, como ha señalado Diana Luz Ceballos Gómez, la hechicera posee
la cualidad de hacer daño a distancia mediante el uso de algún medio material o simbólico
(2002: 110).
118
el primer texto estudiado, desde los cuestionamientos del comisario. Por ejemplo, ante la
primera pregunta del comisario, el primer testigo llamado declara sobre los acontecimientos
en cuestión: “Preguntado si sabe o presume la causa porque a sido llamado, dijo que
presume será para que declare lo que, aora siete años, le pasó con Ysabel Melgosa, mestiza
y soltera de dicha estancia de Purépero.” (Exp. 39, f. 6v: 63).
Y declara que aviendo tenido antes, siendo soltero, amistad ylízita con la dicha
Ysabel por espacio de seis años, le sucedió que estando una vez con ella le metió la mano en
la volsa y le sacó un muñeco de cera del tamaño de un geme117 con unas espinas clavadas
al pecho y envuelto en unos cavellos; lo quemó y este lance le sirvió para avrir los ojos y
retirarse de la dicha Ysabel y dar forma de casarse con Catalina Magaña, su primera esposa,
como lo hizo. Aunque la dicha Ysabel procuró ympedirle dicho matrimonio. (Exp. 39, f.
6v: 63)
116
A propósito del empleo de muñecos vinculado con la magia, específicamente, con la hechicería en Europa
y Nueva España, Flores y Masera, con base en la definición de “magia a distancia” de Aguirre Beltrán, señalan:
La magia a distancia también era muy común y estaba basada en la consubstancialidad del objeto, que permitía
que «las acciones que se ejecuten sobre la imagen repercutan inexorablemente sobre la persona» […] Para realizar
este tipo de magia se confeccionaban, a menudo, muñecos, cuyo material variaba según quien lo hiciera. Los
europeos prefieren realizar el muñeco de cera y pincharlo con objetos puntiagudos de metal, en tanto que los
indígenas prefieren hacerlo con masa y pincharlo con espinas de maguey (Aguirre Beltrán en Flores y Masera,
2010: 52)
117
*Xeme, de acuerdo con la definición del Diccionario de Autoridades de la Real Academia Española (1734):
“La distancia que hai desde la extremidad del dedo pulgar a la del dedo índice, que sirve de medida […]”.
119
asociados con la magia (en negritas), como el uso de muñecos de cera pinchados con espinas,
lo que hacen es activar el marco de la magia supersticiosa, es decir, aquella que provoca daño
como la hechicería, y acentúa el sentido transgresor y opuesto a la religión de las acciones de
la denunciada quien además de sostener amistad ilícita e impedir el matrimonio usa
instrumental de hechicería. De igual manera se pone de manifiesto la afiliación de los
declarantes, ambos comparten el mismo punto de vista y configuran sus narraciones dentro
del marco señalado.
Por otra parte, Hornelas también recurre a quien puede revertir el hechizo pero, como
lo hiciera Antonio Magaña en su enunciación, conceptualiza las acciones de las personas a
quienes recurre como CURANDERÍA; así sitúa los eventos, en los que se ve involucrado
directamente, en la periferia del marco de la magia como transgresión: “Solicitó curanderas
y a la boz de la yndia María que vivía en Tlasasalca, y murió el año pasado, fue a berla para
que curase a su esposa y se le escusó diciéndole que no se atrevía a curarla porque le tenía
miedo a Ysabel de Melgosa, la que había enfermado a dicha su esposa. Hallábase en dicha
estancia una forastera, que no save su nomvre, tamvién curandera; valiose de ella […]”
(Exp. 39, f. 7r: 64).
El marco que otorga coherencia al relato se ve activado una y otra vez a lo largo de la
intervención narrativa del testigo, mediante el empleo de unidades léxicas que funcionan
como disparadores de dicho marco, por ejemplo: “Que declara también cómo mató por vía
echizo a Juan Francisco de la Cerda, en el dicho Purépero, de una ynchazón en una rodilla
porque no quiso casarse con Micaela Melgosa, hermana de la dicha Ysabel […]” (Exp. 39,
120
f. 7r: 64). En este fragmento nuevamente se establece un vínculo entre la magia, echizo, y la
generación de un daño o el MALEFICIO, “mató […] de una ynchazón en una rodilla”.
Sólo añade que estando la citada María de Numarán curando a su esposa, le mostró
una noche por la ventana a Ysavel que le rrodeava la cassa; salió en pos de ella el que declara
y, al alcanzarla, se le bolvió piedra que no la pudo mover del suelo, allí le dio unas patadas
y golpes a la dicha piedra que hacía vulto de media vara. Otro día, remaneció querella de la
dicha ante el comisario Béjar de la billa de Zamora, contra el que declara, por haver aporreado
a la dicha Ysabel; siendo así, que no había tenido con ella otro encuentro. (Exp. 39, f. 7v: 65).
En este caso el disparador del marco, magia como superstición y transgresión de la religión
católica, se da en la frase se le volvió piedra es decir a partir de la conceptualización de dicho
evento como METAMORFOSIS118, capacidad mágica asociada con la BRUJERÍA.
Preguntado si save la causa por que a sido llamado, dijo que la sabe y declarará en
descargo de su conciencia cómo había tiempo de tres años que llegó a su cassa Gerardo
Orozco, y que oy se halla en un presidio, y dijo al que declara, en presencia de su muger e
hijas, que no se fiasen de su hermana Gertrudis Orozco ni de Ysabel Melgosa por ser
echiceras tales que tenían tres debajo de tierra, y, aunque lo tenía por hombre de verdad, no
le hizo caso ni aprecio ni se metió en preguntarle. Pero es corriente bulgar opinión que la
Ysabel es echicera. (Exp. 39, f. 11r: 66)
En esta parte de la narración encontramos las unidades léxicas en la enunciación del testigo:
hechiceras, hechicera, que forman parte del sistema conceptual dentro del marco, magia
como superstición. Igualmente, Reyes narra cómo es que por venganza ante el rechazo de
Miacela Melgosa con quien tuvo ilícita amistad, ésta hechizó a su esposa provocándole daños
118
Se ha mencionado antes la capacidad mágica de la metamorfosis como rasgo distintivo de la bruja en el
trabajo de Flores y Masera (2010).
121
semejantes a los descritos en las intervenciones de los otros interlocutores. Esto demuestra
nuevamente la afiliación entre los interlocutores y co-narradores, misma que permite
configurar sus narraciones como un relato coherente.
Cabe recordar que se ha prescindido de las declaraciones de tres testigos que declaran
a favor de la denunciada; dicha omisión obedece sobre todo la falta de una estructura
narrativa en los testimonios de dichos testigos quienes afirman que Isabel Melgosa es persona
católica y que el padecimiento de Antonio Magaña es enfermedad natural. No obstante, la
discriminación de estas intervenciones como parte del relato inquisitorial se ha hecho con
ciertas reservas y no está exenta de discusión aun en este punto, pues consideramos que ,si
bien los declarantes afirman en vez de narrar, sus declaraciones sí se orientan desde el marco
de la magia como transgresión de la religión católica. Es decir, que al referir la calidad de
católica devota de Isabel Melgosa, argumentan bajo la lógica de lo mágico como superstición
y transgresión y opuesto de la religión católica; y, su objetivo es orientar las acciones de la
denunciada hacia un sentido opuesto al de la magia y por tanto fuera del rango de sospecha
del Santo Oficio.
El marco semántico, que orienta el relato, opera por el empleo de unidades léxicas
que aluden a conceptos vinculados al sistema o marco de la magia supersticiosa en las
narraciones. Tomaremos algunos ejemplos e intentaremos mostrar cómo estos conceptos
119
De acuerdo con la investigación en fuentes documentales encontramos que varas e incluso varas de virtud
era un concepto cuya asociación con la magia supersticiosa estaba muy convencionalizada; así aparece el
registro del uso de varas para encontrar fuentes y metales como una práctica asociada con el pacto demoniaco
(Murillo Velarde, 2005: 191, 192).
122
empleados por el denunciante se ensamblan e insertan la narración en el sistema conceptual
de la magia que transgrede la religión de acuerdo con el discurso inquisitorial:
le oió desir a un hombre que le preguntó a Joseph Villela, viudo, vesino de esta villa, (que
del nombre de quien le pregunta a Joseph no se acuerda):
A que respondió:
Y respondió Villela y dijo que eran dos varitas que juntas las tenían con ambas
manos y resaban; y que éstas, al tiempo que le resaban, se inclinaban a un lado y allí
escarbaban a fin de buscar minas o plata, porque esa virtud tenían. A que respondió el
hombre ‒de cuio nombre no se acuerda‒ y le dijo que si no era christiano, que para qué creía
en las varitas; y dijo Villela que él cría en el en el120 credo nomás, que en las varitas, no.
Que eso [¿oía?] con Guillermo y Peñaranda que eran los que andavan con las varitas;
entonces, el que declara dijo que creen en el credo revuelto con las varitas. (Exp. 21, f. 3r:
68, 69)
La primera observación acerca de la narración del denunciante, Juan Joseph Gonzales, es que
en ella se conceptualizan las acciones de los acusados como el uso de VARITAS, y que dicho
concepto está vinculado con el de uso de VARA ADIVINATORIA que es como se conceptualiza
el uso de dichas varas de acuerdo con el derecho canónico de la época. En la obra de Pedro
Murillo Velarde se explica el vínculo entre la práctica del zahorí y la transgresión de la
religión católica en tanto los zahoríes, al adivinar, son cuando menos sospechoso de recibir
asistencia del demonio (concepto opuesto a las virtudes del Dios cristiano) y otro tanto dice
del uso de la vara para adivinar: “Los zahoríes no pueden, sin el arte del demonio, ver las
entrañas de la tierra, u otras cosas semejantes. El polvo simpático que, mezclado con la sangre
del herido, cura la herida reciente del hombre a trescientos pasos, por lo menos es sospechoso,
igualmente, la vara adivinatoria, para encontrar metales y fuentes” (2005: 191-192). Así,
120
Esta repetición está en el texto original.
123
vemos que las acciones de los acusados son orientadas hacia la transgresión de la religión
católica.
Como señalan los autores, el funcionamiento de las varitas de virtud ‒ como también
se les llama a las varitas en el relato analizado‒ es relativamente sencillo: las varitas se
sostienen por los extremos y éstas apuntan en dirección al tesoro escondido. Pero, para que
las varas desempeñen su función es necesario además rezar el credo: “varitas que juntas las
tenían con ambas manos y resaban; y que éstas, al tiempo que le resaban, se inclinaban a
un lado y allí escarbaban a fin de buscar minas o plata, porque esa virtud tenían.” (Exp. 21,
f. 3r: 69). En esta parte de la narración el sentido transgresor de la magia, es decir, el marco
“magia como superstición y transgresión” se activa mediante la elección de conceptos
mágicos, VARITAS, asociados con los conceptos católicos, REZAR y CREDO121; como hemos
revisado en la definición de la superstición, el empelo de elementos propios de la doctrina
católica, que sirven para rendir culto a la deidad cristiana, dirigidos con otros fines como
activar el funcionamiento de las varas implica una falta o transgresión.
121
El credo se define así en Enciclopedia del Católico (1950): “Profesión de fe, llamada también, Símbolo, es
decir, contraseña, o Regula Fidei, expresada en diversas fórmulas […] su origen es muy antiguo, anterior al
siglo II. Era una fórmula de doctrina cristiana que los catecúmenos aprendían de memoria para rezarla
públicamente el Sábado Santo.” (247).
122
Esta repetición está en el texto original.
124
esta parte se evidencia la relación de opuestos entre conceptos del campo semántico de la
magia (subrayados y en negritas) y aquellos del campo asociado con la religión católica (sólo
en negritas).
125
En la declaración de Joseph Villela, éste señala que es verdad lo denunciado por Juan
Joseph Gonzales respecto al empleo de las varitas de virtud para encontrar dinero escondido:
“contó a otros que tubo en sus manos unas baritas que llaman de virtud para que señalen
dónde ai dinero enterrado, con la sircunstancia de resar el credo teniéndolas juntas en las
manos.” (Exp. 21, f. 3v: 69, 70). Pero muestra un punto de vista contrario al del denunciante,
cuando afirma que él y los involucrados creen en la mezcla de las varas con el credo, pues
narra cómo mientras se encontraba probando el poder de las varitas con Francisco Vibanco,
afirmó “que él no creía en abusiones123, sino sólo en el credo” (Exp. 21, f. 4r: 70). El
interlocutor parece estar consciente de que el empleo de las varas está conceptualizado como
superstición (abusiones) pero en lugar de negar los acontecimientos su estrategia consiste en
deslindarse de los conceptos asociados con la magia supersticiosa que supone el uso de las
varas y orienta la atención de las acciones hacia la creencia en los conceptos vinculados con
la religión católica.
Durante la intervención de Villela se involucra a dos testigos más que son llamados a
declarar: Francisco Miguel Vibanco y Nicolás de Peñaranda. El primero de ellos, nuevamente
muestra un grado alto de alineación, es decir de colaboración positiva en el proyecto
comunicativo al responder inmediatamente al primer cuestionamiento del comisario; del
mismo modo, muestra afiliación con las narraciones que precedieron a su intervención y
cuenta eventos similares: “Y preguntando si sabe o presume la causa porque a sido llamado,
dijo que no sabía ni presumía para qué lo era y abiéndole apuntado de las antesedentes
denunsias dijo acordarce aber tenido en sus manos unas baritas que desían tener virtud
para descubrir dinero […]” (Exp. 21, f. 4r: 70).
Vibanco narra los eventos relacionados con las varitas de virtud relacionándolos con
los conceptos católicos; es posible que no entendiera que en este caso la transgresión de la
magia radica en la mezcla de la magia y los elementos de la religión católica. Como se percibe
en el próximo fragmento, el testigo emplea algunos conceptos que evocan el marco de lo
mágico como transgresor en tanto sugiere la mezcla de lo católico y lo profano, lo mágico:
123
De acuerdo con la definición del Diccionario de Autoridades. Tomo I (1726), entendemos que el declarante
emplea la palabra abusiones refiriéndose al significado de este concepto como el de supersticiones:
“Vulgarmente se suele también tomar por supersticion ò mal agüéro. Lat. Superstitio. Vanum augúrium”.
126
“[…] aber tenido en sus manos unas baritas que desían tener virtud para descubrir dinero,
con las quales resó el credo, avemaría y salve por aber dicho quien se las dio se abía de
resar el credo, y el añadió las demás orasiones y que, abiéndoles escondido un peso, se
inclinaron las dichas baritas, que eran quatro, para donde estaba el peso.” (Exp. 21, f. 4r:
70)124
124
Los conceptos asociados con el campo de la magia se resaltan con subrayado y negritas; los de la religión,
con negritas.
125
Se puede constatar esta exigencia del Santo Oficio en el edicto de fe que se cita en el primer capítulo de la
investigación, apartado: 1.2 La Inquisición en el siglo XVIII: magia en el Obispado de Michoacán.
127
dichas baritas comensaron a moberse para donde tenían escondido el dinero y las
cucharas de plata.” (Exp. 21, f. 4r: 71).
Pero, el declarante varía en la forma que orienta su narración hacia un sentido distinto
al del marco (magia = superstición). Emplea el concepto patarata126, o sea, mentira, para
referirse a las varitas y su eficacia, pues de esa manera se desmarca de la sospecha de creer
en la virtud de las varas:
Y que, después, para sersiorarse fueron a casa de Nicolás Joseph, oficial de herrero, donde
desía aber visto una lus o llama, para que señalara el lugar donde se presumía aber dinero y
ejecutaron la misma diligencia que antes con dichas baritas y no allaron nada después de
aber cabado adonde señalaban las baritas; por lo qual, dijo el que declara que era una
patarata pues no descubría donde señalaba. (Exp. 21, f. 4r: 71)
Enseguida el testigo narra el procedimiento para la fabricación de las varas, en esta parte de
su intervención de nuevo aparece una serie de conceptos católicos en relación con el concepto
VARITAS que evoca el marco de la magia supersticiosa:
126
“PATARATA. s. f. Ficción, mentíra o patraña. Latín. […]” Diccionario de autoridades. Tomo V (1737).
127
Ara, de acuerdo con la definición del Diccionario de Autoridades de la Real Academia Española (1726):
Altar para hacer sacrificio a Dios. « [Link]
En la Enciclopedia del Católico (1950), el ara aparece definida como el altar: “… el altar sobre el que
se realiza el sacrificio es el centro ideal de la casa de Dios. El altar (alta ara), ya sea fijo o portátil, debe ser
construido conforme a la regla dada por los cans. 1197- 1198 del Código de Derecho Canónico. El altar fijo
debe constar de tres partes: la mesa, que será de una sola piedra natural, entera puesto que es, en realidad, la
figura de Jesucristo (piedra angular)” (413); el resto de las partes del altar son el soporte y el hoyuelo para las
reliquias (413).
128
aludidos en la narración, que se emplean para dotar de la virtud adivinatoria a las varitas
(práctica supersticiosa y sospechosa de ser obra del demonio): La alusión a los días viernes,
asociado como se ha dicho antes con la muerte de Jesucristo; la implicación de un sacerdote,
el ara o altar y la missa como parte del ritual para brindar la virtud a las varitas supone desde
luego un empleo supersticioso de los conceptos y símbolos católicos, por lo tanto una
transgresión a las normas de la religión católica.
Cuando el declarante relata la manera en que las varas obtienen su virtud adivinatoria,
aporta otros conceptos asociados semánticamente con la religión católica y que, en relación
con los conceptos mágicos, evocan el marco de la magia como superstición y transgresión,
algunos de éstos habían sido empleados por Nicolás de Peñaranda y otros aparecen por
primera vez:
Y que le informó, el dicho don Julián, que en España corrían aprobadas por la Santa
Ynquisición. Que el modo de haserlas era el cortarlas una doncella de una palma y que se las
entregaba a un sacerdote y éste las labraba en los quatro primeros viernes de marzo y que el
día Jueves Santo las ponía de bajo de el ara asta el Domingo de Pasqua; se cantaba misa
sobre ellas y después las sacaba de debajo del ara y las llebava a la sacristía y las bendesía
y las entregaba a su dueño. (Exp. 21, f. 5r: 72)
129
El declarante añade principalmente unidades léxicas que aluden a conceptos católicos, fechas
importantes para la Iglesia128 como el Domingo de Pascua129 y el Jueves Santo. Como se ha
visto en un párrafo previo, otro tanto puede decirse acerca del ARA como concepto religioso,
pues, como se ha referido, en la definición de la Enciclopedia del católico (1950) se explica
el carácter simbólico del ARA en la celebración del sacrificio de la misa ya que la piedra
central que compone el ara simboliza la figura de Jesucristo (una de las personas de la
divinidad católica); de manera que, realizar el ritual para dotar de poder a las varas de virtud
bajo el ara, mientras se celebra la misa, constituye una transgresión a la religión en tanto
representa un empleo erróneo de los elementos del culto cristiano (413). La misma relación
semántica de oposición se configura entre los conceptos asociados con la religión católica
como la SACRISTÍA130 y la BENDICIÓN vinculadas con la magia supersticiosa que implica la
virtud de las varas para encontrar tesoros.
128
Por cierto, en su narración los conceptos y acciones descritas evocan la forma de actuar de hechiceras y
brujas. Las elecciones léxicas en la narración del testigo podrían activar el marco de la magia supersticiosa y,
probablemente, de forma específica el de la brujería; por ejemplo, en el trabajo de Caro Baroja se explica que
las brujas actúan en señal de transgresión al dios cristiano los días que para la Iglesia son significativos: “Las
brujas y brujos reniegan de Dios y de su ley, de la Virgen y de los santos por ofrecimiento que les hace el
Demonio […] Es el viernes (como en Italia) el día señalado para las juntas o, mejor dicho, la noche del viernes
al sábado, por razones muy vinculadas a las creencias cristianas: en memoria de haber sido el Viernes la
crucifixión. Celebran asimismo mucho el Jueves Santo por razón de la Pasión también…” (1969: 192).
129
La importancia de esta fecha para la Iglesia católica radica en que este es el día en que se conmemora la
resurrección de Jesucristo: “prevaleció en la Iglesia occidental la idea de adoptar como fiesta principal el día en
que se conmemora la Resurrección, fijado irrevocablemente en un domingo: esta fue la Pascua de
Resurrección.” (Montserrat, Tomo II, 1950: 702).
130
Sacristía: “Estancia anexa a una iglesia, donde se guardan los vasos, libros y ornamentos sagrados, así como
otros objetos del culto divino, y donde el clero se reviste para el desempeño del culto.” (Montserrat, 1950: 521).
130
Aunque un tanto inesperado, el grado de afiliación de los interlocutores que
construyen este tercer relato inquisitorial, permite inferir un conocimiento común de la
conceptualización de la magia como superstición, en tanto ésta incluye también una manera
inadecuada de emplear los signos de la Iglesia católica como se ha revisado en el Curso de
derecho canónico indiano e hispano de Pedro Murillo Velarde (2005) y en Caro Baroja
(1969), con base en la definición de superstición de Santo Tomás. Aunque conscientes de las
implicaciones del uso simultáneo de varas y oraciones para encontrar tesoros, los
interlocutores configuran sus narraciones dentro del marco de la magia supersticiosa y
transgresora pero emplean algunas estrategias para orientar sus declaraciones en un sentido
asociado en menor medida con la superstición.
El proceso no concluye con una sentencia, no conocemos la resolución final del Santo
Oficio ni qué suerte corrió don Julián de los reinos de Castilla; lo que sí podemos conocer a
través de este relato es que el uso de varas de virtud era bien conocido en España, que había
recorrido un largo trayecto hasta el Obispado michoacano y que, a pesar de ser reconocido
por los implicados como una práctica supersticiosa, su uso en el siglo XVIII estaba muy
extendido.
SANTA ROSA, conceptos cuyo significado se encontraba para entonces asociado con el de la
HECHICERÍA y que en este caso se vinculan de manera explícita con el mismo: “Y que
registrándole el cuerpo, dicho Bernardo Torres, al reo le habían hallado un envoltorillo o lío
que exhibió a su señoría, donde se encontraron piote y yerba de santa Rosa; y en la mano
traía un pajarillo muerto que llaman chupa rosas, que arrojó al suelo luego que le
sorprendieron, instrumentos todos de que usan los hechiceros131.” (Exp. 103, f. 6r: 74, 75).132
La declaración de Domingo de Arana es también relevante porque, dada su cualidad de
comisario, permite acceder a la conceptualización de las prácticas del acusado como
HECHICERÍA por parte de la autoridad inquisitorial de la época.
131
En este caso resaltamos con negritas las unidades léxicas asociadas semánticamente con la hechicería y por
lo tanto con el marco de la magia y la superstición.
132
Recordamos nuevamente que el número después de los dos puntos corresponde a la página aproximada en
que se encuentra la cita dentro del relato editado en esta investigación.
133
Sobre el concepto de la brujería, revisar las notas: 93,94 y 95 en el apartado 3.1.1. “María, La Guzmana, y
el baile de Mujeres”.
132
En este expediente en particular, las declaraciones permiten acercarse a la
conceptualización de las prácticas mágicas del acusado de acuerdo con el discurso de los
representantes de la autoridad inquisitorial a través del comisario y de la autoridad civil, en
la figura del regidor de la ciudad. En la correspondencia que se ha registrado en este caso
encontramos además evidencia de la conceptualización de los inquisidores de la época con
respecto a estas prácticas mágicas, como consta en el fragmento de la siguiente carta del
inquisidor fiscal:
El yinquisidor fiscal de este Santo Officio, en vista del abiso del comisario de Valladolid en
carta de 22 del antecedente julio de que Juan Nepomuceno Perales, fugitibo de aquellas
cárceles eclesiásticas, fue aprehendido y buelto a ella, donde permanece en calidad de
detenido, por este Santo Tribunal, dijo que, de los autos contra el formador, resulta que este
reo trahía consigo y usaba de los instrumentos que cargan los hechiceros y supersticiosos
para sus malos fines; creyendo por este medio ganar el juego, atraer las mugeres a sus
lascivos fines y conseguir los demás intentos que se figurase, y con que el [¿demonio?]134
engañaba a este supersticioso que, desde luego, consintió en ello por el hecho de usar y traer
un chupamirtos, la hierba que nombran peyote, cola de coyote y cavellos; como más bien
consta de los autos y de los citados chismes que se le quitaron y permanecen en este secreto
[…] (Exp. 103, f. 2r)
A partir de la carta del inquisidor acerca de las acusaciones contra Juan Nepomuceno Perales,
inferimos, como se ha revisado en las fuentes ‒principalmente en Julio Caro Baroja y en
Pedro Murillo Velarde‒, que en el discurso inquisitorial novohispano del siglo XVIII se
asociaba a la hechicería con la superstición: “trahía consigo y usaba de los instrumentos que
cargan los hechiceros y supersticiosos para sus malos fines” (Exp. 103, f. 2r). A la vez, se
observa que las prácticas supersticiosas que se narran en el relato se vinculan con la
intervención del demonio135: “Y con que el [¿demonio?] engañaba a este supersticioso que,
desde luego, consintió en ello por el hecho de usar y traer un chupamirtos, la hierba que
nombran peyote, cola de coyote y cavellos […]” (Exp. 103, f. 2r). Observamos, pues, que en
la carta del inquisidor fiscal todos los conceptos con que se describen y denominan las
134
Tomamos con reserva la interpretación de esta palabra, la transcripción podría ser incorrecta, además de
estar dañado el documento, no localizamos la abreviatura en el Diccionario de abreviaturas novohispanas.
135
Esta observación sólo es válida en caso de que nuestra interpretación sea correcta, pues en el documento no
se percibe con claridad la palabra “demonio”, el documento está dañado y la abreviatura no es clara desde
nuestra lectura. Recordemos que en el Curso de derecho canónico hispano e indiano, Murillo Velarde señala
que siempre que algún suceso no tenga causa natural reconocible ni tenga origen sobrenatural, se sospecha que
se haya obrado por intervención o pacto con el demonio (2005:192).
133
acciones del acusado, Juan Nepomuceno, se adscriben al marco de la superstición, la magia
supersticiosa y la transgresión de la religión católica.
La narración del relato continúa con la declaración de José Bernardo Torres, testigo
presencial de los acontecimientos y alcaide de la real cárcel de Valladolid, en contra de Juan
Nepomuceno Perales. En primer lugar, el declarante señala que Perlaes había sido
aprehendido en una plaza el día 24 de diciembre de 1774 por el siguiente motivo:
“registrándolo, le hallaron un paxarillo muerto de los que llaman chupa-rosas, un muñeco
liado, unos huesos, y unos cabellos y piote que todos son instrumentos de que se valen los
hechizeros” (Exp. 103, f. 7r: 76). 136
136
En este punto el denunciante ya emplea en la narración de los acontecimientos varios conceptos que activan
el marco de la magia como superstición. No obstante, nos detenemos un poco en la fecha mencionada, víspera
de navidad, en que se afirma haber aprehendido al acusado, y es que, es muy posible que su detención haya
sucedido justo en la fecha indicada pero no deja de llamar la atención que sea precisamente un día relevante
para la religión católica, como el 24 de diciembre, cuando se descubre a Nepomuceno Perales portando varios
elementos asociados con la hechicería. La mención de esta fecha en la narración nos hizo recordar que las brujas
eran conocidas por realizar sus actos mágicos en las fechas importantes para la iglesia católica. Encontramos
una nota interesante al respecto en el Malleus Maleficarum, de acuerdo con el texto, una de las fechas predilectas
para la obra de las brujas es por ejemplo el día de navidad: “Las brujas efectúan por lo común sus hechizos
mediante los sacramentos de la Iglesia […] Por una razón semejante llevan a cabo sus hechizos en los momentos
más sagrados del año, en particular durante el Adviento de Nuestro Señor y en Navidad” (Kramer y Sprenger,
2006: 252).
137
Merece la pena destacar alguna información acerca del empleo de esta hierba en Nueva España, en el trabajo
de Gonzalo Aguirre Beltrán (1973) se indica que el peyote fue una de las plantas mágicas de mayor prestigio y
de uso más socorrido desde el periodo posterior a la conquista y durante toda la dominación española (140). De
acuerdo con el autor, el peyote era considerado como un dios por los grupos indígenas y el rechazo de la
sociedad dominante hacia quienes recurrían a la hierba derivó en el sincretismo que estos grupos manifestaron
al identificarla con nombres de santos o entidades cristianas: “La compulsión ejercida por el grupo dominante
sobre los adictos a la divina planta, obligó a éstos a su sincretismo con santos de la hagiografía católica […] La
primera identificación de que guardan memoria los archivos inquisitoriales, se realizó en la Ciudad de México,
en 1617, con el Niño Jesús […] Un sincretismo superior pero más durable ‒de 1626 a 1665 en Zacatecas‒ es el
que identifica al peyote con Nuestra Señora. Esta Nuestra Señora es nada menos que Santa María, nombre que
se aplica desde 1625 en Valladolid.” (148).
134
propósito de crear amuletos138 para incitar el amor, entre otros fines, así Oliva Gargallo señala
que la práctica de la magia amorosa no era privativa del género femenino y que los hombres
también recurrieron al uso de instrumentos de hechicería: “Los cabellos de mujer, el chupa
rosa o chupamirto de gran utilidad para curar el mal de amor y el peyote cuyas propiedades
mágicas lo situaron como uno de los alucinógenos más difundidos en el México Colonial,
fueron los utensilios que con mayor frecuencia les proporcionaron las hechiceras, todo ello
para enamorar a las mujeres” (1999: 62).
El alcaide declara no haber tomado cartas en el asunto en esa ocasión que encontraron
a Perales con el amuleto; sin embargo, dos años más tarde captura al acusado porque le vio
robando una pieza de carne y un guangoche sin que ninguna de sus víctimas lo hubiera visto,
el declarante narra así lo sucedido después del hurto:
Y esto fue motivo para que el declarante hiziera que José Sagaus, ministro de vara,
lo amarrase y llevase ante el señor alcalde en turno, don Fermín de Monrreal. Que, en el
camino, vio que arrojó el reo un canuto, que lo alzó el declarante y halló en él un chuparosas.
Que lo registraron y le hallaron cola de coiote y otras varatijas en un emboltorillo ‒que es
el mismo que se le demuestra ahora, de [¿orden?] del señor comisario‒. Que haviendo
reconvenido a dicho reo, Juan Nepomuceno, diciéndole el declarante:
138
Con base en las observaciones de los documentos del Archivo Histórico Casa de Morelos, Oliva Gargallo
advierte acerca de la creencia en amuletos durante el siglo XVIII novohispano: “En los últimos cincuenta años
de vida colonial, aún se observa a través de los papeles de la inquisición la persistencia de la credulidad en el
poder mágico de amuletos.” (1999: 63).
135
‒Hombre, ¿todavía andas con chupa-rosas, que me dicen que es para urtar
haciéndose imbisible? (Exp. 103, f. 7r: 76, 77)
‒Hombre, ¿todavía andas con chupa-rosas, que me dicen que es para urtar haciéndose
imbisible? (Exp. 103, f. 7r: 77)
La inserción de las narraciones que componen el relato en el marco semántico, magia como
superstición, se evidencia también en el testimonio de José Antonio Sagas quien detuvo en
la cárcel a Nepomuceno Perales por petición de José Bernardo Torres:
Preguntado si sabe o presume la causa para que ha sido llamado, dixo que presume
será porque haviendo aprehendido a Juan Nepomuceno Perales en la plaza maior de esta
ciudad (de pedimiento de Bernardo Torres, a quien se havía quexado un tozinero por haverlo
robado dicho Perales), registrando a éste, le hallaron la yerva que llaman de el peyote, un
pedazo de piel de coyote y un paxarillo que llaman chuparosas, que todos estos son
instrumentos de brugerías. (Exp. 103, f. 7v: 77)
136
La narración de este testigo se encuentra afiliada a la del declarante anterior, observamos el
empleo de los mismos conceptos que se ubican dentro del sistema conceptual que parece
regir el sentido del presente relato inquisitorial; no obstante el sentido de la narración se
orienta, no solo al marco de la magia supersticiosa que se evoca mediante el uso del concepto
HECHICERÍA, sino que se activa incluso el marco de una transgresión mayor cuando el
declarante conceptualiza las prácticas del acusado como brugerías139.
El relato cierra con la narración referida del denunciado, Juan Nepomuceno Perales,
observamos ahora cómo configura su intervención narrativa ante los cuestionamientos del
comisario del Santo Oficio, y si en dicha narración se activa el marco de la magia
supersticiosa: “Preguntado si sabe o presume la causa [f. 8r] porque ha sido trahido, dixo que
presume será porque cierto día le llevaron a la cárcel pública de esta ciudad y, al registrarlo,
le encontraron un paxarillo muerto de los que llaman chupa-rosas, y la yerva que llaman
del peyote.” (Exp. 103, f. 8r: 78). En este punto del relato, Perales activa también el marco
que orienta las narraciones de los otros interlocutores y reconoce haber traído consigo
elementos asociados con la magia supersticiosa (específicamente la hechicería y magia
amorosa).
139
Se puede encontrar información acerca de la brujería de acuerdo con varios autores en el análisis del primer
relato, apartado: 3.1.1 “María, la Guzmana, y el baile de mujeres”.
137
El declarante continúa la narración de los acontecimientos como sigue:
[…] le encontraron un paxarillo muerto de los que llaman chupa-rosas, y la yerva que llaman
del peyote; que ambas cosas le dio un hombre (a quien no conoce, y concurrió con él en una
casa de juego en el pueblo de Curucupaceo) con la ocasión de haver salido mohino del juego
porque havía perdido. Y viéndolo dicho hombre así, le dixo al declarante que no se
confundiera porque havía perdido que le diera el ciñidor que trahía puesto y que él le daría
un remedio eficaz para ganar en el juego y que lo quisieran las mugeres que enamorara
y que en su oficio de barretero trabajaría bien, dando su tarea cabal. Que oiendo esto el
declarante, luego se quitó el ciñidor y se lo dio al referido hombre el qual le dio dicho pájaro
chupa rosas y la yerva del peiote, encargándole que lo traxera consigo y vería los buenos
efectos que le havía prometido. Que el declarante, como frágil, es verdad que tomó las
referidas cosas con el fin de ganar en el juego. (Exp. 103, f. 8r: 78)
138
en su oficio de barretero trabajaría bien” (Exp. 103, f. 8r: 78); sin embargo, no desatiende
su papel de acusado en la interacción que es el contexto de producción del relato inquisitorial,
así, adjudica el ejercicio directo de estas prácticas a otra persona en su discurso.
Con respecto de los acontecimientos que Bernardo Torres narró y tuvieron lugar en
la plaza cuando fue visto robando, el acusado dice lo siguiente:
Que fue Bernardo Torres y preguntando a los jateros, dixeron que no havían puesto
cuidado; y, entonces, dixo Torres al declarante que se fuera pero a poco rato le mandó llamar
con José [¿Sagas?], ministro de vara de la Real Justicia de esta ciudad, y lo esculcaron ambos
y le hallaron un pedazo de cuero de coyote, la yerva nombrada peyote, unos cabellos que
son de su muger, y el chupa rosas que havía tirado porque no se lo vieran. Que el guangoche
lo compró y los cavellos trahe para hacer toquillas para su sombrero, no por malicia de
hechizo o encanto. (Exp. 103, f. 8r: 78)
Y el robado le respondió que no, que ni lo havía visto llegar. (Exp. 103, f. 7r: 76)
Esta respuesta del robado en la narración del testigo acusador, “ni lo había visto llegar”, se
orienta más hacia el concepto de la INVISIBILIDAD alcanzada por medio de la magia
supersticiosa que la respuesta referida en la intervención narrativa del acusado: “Que fue
Bernardo Torres y preguntando a los jateros, dixeron que no havían puesto cuidado” (Exp.
103, f. 8r: 73), en esta respuesta se infiere que el robo inadvertido del acusado se debe más a
un descuido de los vendedores que a la capacidad de hacerse invisible de Perales.
139
y, entonces, dixo Torres al declarante que se fuera pero a poco rato le mandó llamar
con José [¿Sagas?], ministro de vara de la Real Justicia de esta ciudad, y lo esculcaron ambos
y le hallaron un pedazo de cuero de coyote, la yerva nombrada peyote, unos cabellos que
son de su muger, y el chupa rosas que havía tirado porque no se lo vieran. Que el guangoche
lo compró y los cavellos trahe para hacer toquillas para su sombrero, no por malicia de
hechizo o encanto. (Exp. 103, f. 8r: 78)
Nos interesa ahora resaltar, en la parte citada, cómo se configura la narración de los eventos
con base en el marco de la magia supersticiosa. En primer lugar, Juan Nepomuceno menciona
haber traído consigo los instrumentos ya mencionados antes que se vinculan con la práctica
de los hechiceros y de la magia o filtro amoroso, en su narración se alude al concepto de la
HECHICERÍA y la MAGIA AMOROSA a partir de los signos o unidades léxicas: pedazo de cuero
de coyote, peyote, cabellos, chupa rosas, estos elementos enunciados fungen como el medio
que posibilita el hechizo, pues la hechicería requiere, ha señalado Ceballos Gómez que para
cumplir su cometido la hechicería requiere un medio (2001:58).
Sin embargo, Perales brinda una explicación, para cada objeto que porta, que se sale
del marco de la magia supersticiosa. Explica que ha comprado el guangoche que aseguran
que ha robado; que los cabellos que tenía eran de su mujer y los empleaba con fines tan
normales como hacer toquillas. Finalmente, señala explícitamente que sus intenciones al
portar los objetos decomisados por la autoridad inquisitorial no eran empleados con fines
mágicos como el ENCANTO y el HECHIZO a los cuales asocia con la maldad o malicia.
Perales reconoce incluso haber portado algunos elementos para los que no hay
explicación que permita permanecer fuera del marco de la superstición, tal es el caso del
chupa rosas muerto, para el que no tiene excusa, pero abiertamente niega que los objetos
sean empleados con los fines que persigue y castiga la Inquisición (encanto y hechizo).
Vemos pues que continúa organizando la narración de los eventos de acuerdo con la
estructura conceptual que supone el marco de la magia supersticiosa y transgresora.
140
presencia un emboltorio [f. 8v] hecho con un guangoche, o nombrado istle, y que se
desembolviera por mí, el infrascripto notario, como de hecho lo desembolví[…]” (Exp. 103,
f. 8v: 79). El notario toma la palabra y la responsabilidad de la enunciación y narra cómo el
comisario le da la orden de traer las pruebas del delito, confiscadas a Perales:
Esta intervención del notario en la transcripción es distinta de las intervenciones del notario
en los otros relatos ‒con la excepción del primer relato en que actúa como comisario‒ pero
en esta intervención como notario narra su propia participación durante el interrogatorio e
indica además su participación y la el comisario como representantes de la autoridad
inquisitorial en dicho caso.
En esta parte del relato inquisitorial, nuevamente, notario y comisario del Santo
Oficio sitúan los eventos narrados dentro de los límites del marco de la magia supersticiosa.
Esta vez, insinúan el vínculo de las prácticas del acusado con la transgresión de la religión
católica aludiendo a las pruebas de que Perales empleaba elementos asociados con la magia
amorosa (romero molido, cera, cabellos, piel de coyote y chuparrosas) y otros asociados con
la religión católica (imágenes de la virgen María en sus advocaciones de Guadalupe,
Betlem141, Soterrana; San Antonio142 y un ánima del purgatorio) con el fin de satisfacer
deseos y necesidades. En tanto el uso indebido de símbolos religiosos, o el uso de éstos
140
En este fragmento del relato señalamos con negritas y subrayado las unidades léxicas que aluden a conceptos
asociados con la magia, y en negritas aparecen los conceptos y frases asociadas con la religión católica.
141
En el trabajo de Diana Luz Ceballos Gómez se indica el uso de oraciones dedicadas a varios santos y a la
virgen de Belén con fines amorosos: “Para atraer al ausente y desamorado: San Erasmo, Santa Elena, San Antón,
del Espíritu Santo, Virgen de Belén [Betlem], San Silvestre, Justo Juez.” (2014: 159).
142
En el análisis del primer relato, a partir de las fuentes, hemos señalado la extendida devoción de San Antonio
durante el siglo XVIII novohispano, resulta interesante poder constatar dicha información en la revisión de los
textos, pues esta figura religiosa es mencionada en tres de los relatos estudiados.
141
combinados con elementos no católicos, se conceptualiza como una práctica también
supersticiosa, encontramos que el relato se construye dentro del marco señalado.
Hacia el final del relato, el comisario como locutor ‒a través de la transcripción del
notario‒ una vez más da paso a la intervención o enunciación narrativa del acusado y,
entonces, éste reconfigura su narración como sigue: “Y todo se lo demostró al reo que dixo143
que todo lo cargaba i reconocía por suio: las estampas para que Dios lo ayudara y el
romero para curarse cuando se diera un golpe o se cortara y lo demás, con los fines
arriba expresados.” (Exp. 103, f. 8v: 79). En este último fragmento del relato observamos
otra vez que el declarante recurre a la misma estrategia de justificación y narra los fines
inocuos para los que usaba las imágenes religiosas. Reitera el uso práctico que daba a los
instrumentos asociados inicialmente con la HECHICERÍA y se desmarca de la magia
supersticiosa, evocando también conceptos asociados con la religión católica, cuando afirma
acudir al auxilio de DIOS a través de las ESTAMPAS RELIGIOSAS.
143
Marca de discurso referido que indica como responsable de la enunciación al acusado.
142
CONCLUSIONES
Las primeras aproximaciones a los cuatro expedientes inquisitoriales del corpus revelaron la
presencia de expresiones narrativas en los testimonios; no obstante, para hablar de estas
estructuras narrativas en términos de relato, debimos partir de una definición que permitió
dar cuenta de las particularidades del mismo. Esta búsqueda del relato en los documentos de
la Inquisición, desde la línea de los estudios del discurso, hizo posible que, mediante las
nociones de Elinor Ochs, Sally Jacoby, Paul Ricoeur, entre otros, un relato distinto y único
se mostrara ante nosotros.
Nosotros consideramos algunas nociones del discurso referido para intentar dar
cuenta del proceso de co-construcción de los relatos inquisitoriales, nuestra aproximación
puede representar una propuesta de base para futuros acercamientos pero reconocemos que
un estudio minucioso de los textos desde el discurso referido y el discurso directo e indirecto
aportaría otros resultados enriquecedores.
Una vez establecido que el comisario y el notario ‒este último principalmente desde
su papel de transcriptor, quien transmite la voz del comisario‒, como representantes de la
autoridad inquisitorial, orientan el sentido general de los relatos, fue preciso entender cómo
conceptualizaban o dotaban de significado a los sucesos que constituyen el eje temático en
torno al cual se organizan las narraciones de los declarantes. La investigación documental
del contexto supuso un paso ineludible para descifrar la manera en que el relato se abría paso
a través de los interrogatorios inquisitoriales. La consulta se limitó sobre todo a las fuentes
que exponen la función del Santo Tribunal, la estructura de los documentos, y a aquellas que
muestran la definición y conceptualización de las prácticas, eje de las narraciones
testimoniales, por parte de la Inquisición.
En la medida que otros saberes, como los descritos en los textos, amenazaban con
suplir o invadir las competencias de la Iglesia y la religión cristiana, ésta procuró asignarles
un sentido transgresor que justificaba su persecución, censura y castigo, con el objetivo de
mantener su hegemonía. Sin embargo, los relatos inquisitoriales evidencian un uso extendido
de las prácticas mágicas y demuestran que su conceptualización como delitos contra la
religión católica era compartida, pero para algunos miembros de la sociedad, para quienes
estas prácticas cumplían una función en la satisfacción de necesidades y deseos inasequibles
por otros medios, éstas no representaban transgresiones graves.
146
Además de comprobar la presencia efectiva del relato en los textos estudiados y
explicar la manera en que éstos se construyen, el análisis justificó los parámetros para la
discriminación de material durante la edición de los relatos. Las declaraciones que conforman
los relatos editados son aquellas que se construyen bajo la lógica del marco: magia como
superstición y transgresión de la religión católica; si alguno de los declarantes organizaba la
narración de los eventos fuera del marco que rige al resto de las narraciones, éste no se
incluyó en el relato editado, como sucedió con el testimonio de Joseph Lázaro Correa en el
relato: “María la Guzmana y el baile de mujeres”.
A la manera de Ochs (2000), entendemos ahora que a través del relato y de la co-
narración se evidencia la manera en que se conceptualiza o dota de sentido a la experiencia
en cualquier circunstancia y durante los eventos comunicativos de cualquier ámbito:
institucional o cotidiano. Mediante el relato se explican y construyen realidades también.
147
la brujería; en tanto los imaginarios colectivos constituyen una serie de imágenes mentales ‒
equiparables con el proceso de asignación del significado que supone la conceptualización‒
que operan en un espacio y tiempo determinados, influyendo en los comportamientos sociales
y que se crean y transmiten valiéndose de prácticas sociales y producciones discursivas de
todo tipo: políticas, religiosas, literarias, morales, etcétera (Escobar Villegas, 2000).
148
experiencia de la magia, por lo menos de aquella de la que se tiene registro en los expedientes
estudiados, en distintas regiones del Obispado michoacano de mediados del siglo XVIII.
149
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AHCMO. Fondo Diocesano, Inquisición, Siglo XVIII (1744), Caja: 1235, Expediente 17
AHCMO. Fondo Diocesano, Inquisición, Siglo XVIII (1746), Caja: 1235, Expediente 21
AHCMO. Fondo Diocesano, Inquisición, Siglo XVIII (1755), Caja: 1236, Expediente 39
AHCMO. Fondo Diocesano, Inquisición, Siglo XVIII (1776), Caja: 1241, Expediente 103
158
ANEXOS
Tlasasalca
San Miguel el
Grande
Valladolid
«[Link]
159
ANEXO II. TABLA: RASTREO DE CONCEPTOS
160
• “Echizo” ▪ “se casaría con ella”
161
Villela y • “se inclinaban a un lado y allí
Francisco escarbaban a fin de buscar minas o
Vibanco)” plata porque esa virtud tenían”
[f. 3r] • “creía en las varitas” ▪ “él cría en el en el credo nomás que
en las varitas, no”
• “creen en el credo144 revuelto con las
varitas”
[f. 3v] • “baritas que llaman de virtud para que ▪ “con la sircunstancia de resar el credo
señalen dónde ai dinero enterrado” teniéndolas juntas en las manos”
144
En este caso credo y varitas, subrayados con línea punteada, están en campos invertidos pero se conservan
en las frases que aparecen para mantener el sentido que cobran en sus apariciones dentro del relato.
162
• “sólo abían sacado unos guesos de ▪ “cortarlas, una doncella, de una palma
muerto” y que se las entregaba a un sacerdote
y éste las labraba en los quatro
primeros viernes de marzo y que el
día Jueves Santo las ponía de bajo de
el Ara asta el domingo de pasqua; se
cantaba misa sobre ellas y después las
sacaba de debajo del Ara y las llebava
a la sacristía y las bendesía”
163
ANEXO III. PORTADA DE LOS EXPEDIENTES
Portada del expediente I. AHCMO. Fondo Diocesano, Inquisición, Siglo XVIII (1744), Caja: 1235, Expediente 17
164
Portada del expediente II. AHCMO. Fondo Diocesano, Inquisición, Siglo XVIII (1755), Caja: 1236, Expediente 39
165
Portada del expediente III. AHCMO. Fondo Diocesano, Inquisición, Siglo XVIII (1746), Caja: 1235, Expediente 21
166
Portada del expediente IV. AHCMO. Fondo Diocesano, Inquisición, Siglo XVIII (1776), Caja: 1241, Expediente 103
167