LA FILOSOFÍA ESTOICA
¿QUÉ ES EL ESTOICISMO?
El estoicismo es una filosofía que pretende dar dirección a nuestras vidas. Aporta además herramientas
concretas para potenciar la felicidad y vencer la adversidad. Podríamos también definir el estoicismo
como una especie de sistema operativo mental, que dada una situación actual te ayuda a determina cómo
actuar para alcanzar tus objetivos y a mantener la calma en medio del caos.
El estoicismo ha sido
una de las
doctrinas más
influyentes de la
historia. Cuando
oímos que alguien se toma las cosas «con filosofía» suele ser porque afronta la vida bajo las enseñanzas
de los estoicos, y es que este movimiento filosófico tiene varias herramientas para, si bien no
solucionarla, sí hacernos la vida más fácil. Para los estoicos, el objetivo final de la vida era alcanzar
la eudaimonia, traducida generalmente como felicidad. Sin embargo, esta traducción no representa
fielmente el sentido filosófico que le atribuían los estoicos, y algunos prefieren darle un significado más
ligado a la autorrealización o al florecimiento [Link] esta perspectiva, la eudaimonia consistiría
en desarrollar tu potencial, cerrando la brecha entre lo que eres y lo que podrías llegar a ser. A su vez, la
eudaimonia se apoya en dos grandes ideas: la virtud y la tranquilidad.
Virtud (o Areté)
La virtud es con diferencia la principal preocupación de los estoicos. Consideraban que actuar con virtud
era condición necesaria y suficiente para lograr la ansiada eudaimonia o [Link] referirse a la virtud
usaban en realidad el término Areté, traducible también como excelencia, o como conjunto de acciones
que te permitirán alcanzar tu [Link] cuatro virtudes principales: sabiduría, justicia,
coraje y templanza. Por templanza entendían una combinación de moderación y autocontrol, y algunos
autores se refieren a esta cuarta virtud como disciplina.
Si hay una filosofía que ha conseguido encandilar a personas de toda condición y época esa es el
estoicismo. Esta rama del pensamiento, cuya fundación debemos a Zenón de Citio, se mantendría en
primera fila de la cultura filosófica durante nada menos que medio milenio (del siglo III a. C. al siglo II d.
C.) y mantendría una influencia a través de los siguientes siglos como pocas veces ha visto la historiael
fundador del estoicismo fue Zenón de Citio, un discípulo de Crates de Tebas que desarrolló su
pensamiento a partir de las tesis cínicas de su maestro (de ahí la clara sintonía entre ambas filosofías en
varios aspectos).Sin embargo, quien convirtió al estoicismo en una doctrina de relevancia fue Crisipo de
Solos, quien dirigió la Stoa (la escuela estoica, ubicada en el pórtico pintado de Atenas) desde el 232 a.
C. al 204 a. C. Gracias a su enorme talento dialéctico y a su gigantesca producción -nada menos que
unas 700 obras, de las que tristemente solo nos han llegado fragmentos-, Crisipo consiguió no solo que el
estoicismo fuera una filosofía de gran relevancia, sino que la Stoa llegase a superar a la Academia de
Platón y el Liceo de Aristóteles.
Si bien hubo otros filósofos de renombre en esta escuela -como Cleantes, Panecio, Posidonio y su más
famoso discípulo, Cicerón- tendríamos que esperar al Imperio Romano para que llegara la nueva remesa
de filósofos de enorme fama, con Séneca, Epicteto y el emperador filósofo Marco [Link] centro del
estudio de los estoicos es muy claro: el ser humano. Toda su filosofía está destinada al hombre, y más
concretamente, a su moral. Lógica, física y ética se presentan al servicio de la persona con un objetivo
que nunca parece perder el rumbo: enseñarnos a vivir de acuerdo a nuestra naturaleza. Los estoicos
admiten dos principios: la materia y la razón. Pero esta última, en realidad, no es algo separado, sino que
podemos encontrarla en todas partes. Razón y Dios se identifican, según los estoicos, porque Dios es el
rector del mundo y, al mismo tiempo, su sustancia. Es por este motivo que podemos decir que la
naturaleza del mundo es [Link] los cínicos, los estoicos consideran que el ideal del sabio es
conseguir no necesitar nada ni a nadie para alcanzar la felicidad en la vida. ¿Y cómo se alcanza esa
felicidad? Viviendo conforme a nuestra naturaleza racional, es decir, viviendo virtuosamente.
Puesto que el sabio vive en comunión con el universo y este está perfectamente determinado, el ideal
estoico es el que nos transmitió Epicteto: soporta y renuncia. Soporta, porque tu destino va a ser el mismo
te guste o no. Es un plan establecido por la divinidad del que no puedes escapar, así que no tenemos
más elección que seguirlo dócilmente o dejar que nos arrastre. Y renuncia, porque siempre nos será más
fácil alcanzar la paz, y con ella la ansiada felicidad, si no estamos dominados por nuestros deseos y
apetitos. Si tenemos pocas necesidades y sabemos controlar nuestras emociones, vivir felizmente será
muy sencillo, de ahí la importancia de seguir ambas reglas. El punto de partida de la ética estoica es que
la verdadera felicidad depende únicamente de nosotros mismos. Estas ideas son las que convierten al
estoico en un personaje inexpugnable. Nada de lo que hay en el exterior le importa, puesto que todo su
esfuerzo está en alcanzar la virtud, en lo que de él depende, en lo que nadie puede arrebatarle… en su
interior. Esa es la clave de su fortaleza.
Por mal que le vayan las cosas, el estoico nada teme, pues ha alcanzado la ataraxia, la imperturbabilidad
de ánimo. Este concepto es su objetivo final, de la misma manera que el budista persigue alcanzar la
iluminación. De este modo el estoico logra vivir en completa paz conforme a su naturaleza. Ante un
hombre que acepta su destino y solo se preocupa por vivir de manera virtuosa, ni las emociones, ni el
placer, ni el dolor o las riquezas tienen poder. Centrándose en su vida interior, el estoico se posiciona por
encima de las cosas materiales y se hace completamente [Link] estoicos, tienen esa visión
crítica, pero no comparten la forma. De hecho, para ellos la idea de comunidad es sumamente importante.
Ahora bien, fieles a su pensamiento y su idea de que el mundo está unido por el fino hilo de la
racionalidad, se consideraban ciudadanos del mundo. No creían en ser de aquí o allá por motivos de
nacimiento o cultura. Ellos eran de la razón y la virtud, dondequiera que estas reinaran.