REPUBLICA BOLIVARIANA DE VENEZUELA
MINISTERIO DEL PODER POPULAR PARA LA EDUCACION SUPERIOR
UNELLEZ. NUCLEO BISCUCUY.
BISCUCUY. MCPIO SUCRE
PROFESOR: ROSA ECHENIQUE
CATEDRA: DERECHO CIVIL II
2do AÑO DERECHO
INTEGRANTES
ARIANNA LEON CRESPO CI 30422598
JOSE BERNABE ASUAJE CI 30926979
ANYISBEL HERNANDEZ CI 29593424
ARELYS MONSALVE CI 30426403
Febrero 2022
INDICE
Introducción
Evolución histórica. Evolución en Venezuela. Importancia. Caracteres.
Contenido del Derecho de las Obligaciones.
Ubicación.
Modernas Tendencias del derecho de las Obligaciones.
o La obligación.
- Concepto.
- Definición de las Institutas.
- Criticas.
- Definiciones Modernas.
- Caracteres.
Estructura de la Relación Obligatoria:
a. Elemento Subjetivo. Requisitos.
b. Elemento Objetivo. Requisitos de la prestación. Clases.
c. Elemento Jurídico: Diversas Concepciones. Naturaleza. Elementos del
vínculo
Conclusión
Bibliografía
INTRODUCCION
En roma se estudió más a fondo el derecho de obligaciones y se crean las bases de
la teoría general de las mismas. Sin embargo en el derecho moderno enfoca las
obligaciones a una manera más científica y una mejor sistematización, preservando
aun las concepciones romanas.
La obligación es la institución jurídica que tiene mayor vigencia y mayor campo de
aplicación, pues a través de ella los hombres en sociedad satisfacen las más
variedades necesidades de la vida ordinaria por la producción de relaciones jurídicas
que generan obligaciones. Ej: arrendar una casa, chocar con su vehículo, su perro
muerde al vecino, etc.
Tradicionalmente, la parte del Derecho civil dedicada al estudio de las relaciones
jurídicas que sirven de soporte al intercambio de bienes y servicios entre las
personas se ha denominado, en expresión sintética, "Derecho de obligaciones".
Sin embargo, es comprensible que la dinámica social no puede estar compuesta sólo
de "obligados" personas obligadas, aisladamente consideradas, sino que al mismo
tiempo tales personas quedan obligadas frente a alguien o, incluso frente a "algo".
Por consiguiente, queda claro que la idea de obligación requiere ad initio considerar
la existencia de sujetos que ocupan posiciones contrapuestas.
En el caso de una situación jurídica o una norma jurídica propiamente dicha que
impone a alguien una obligación al mismo tiempo que faculta a otro para exigirla o
reclamarla.
Por ello, es claro que resulta mucho más correcto, por omnicomprensivo, hablar de
"relación obligatoria" que, simple y llanamente de obligación. Ésta ofrece una visión
parcial y unilateral del vínculo existente entre dos personas que ocupan posiciones
contrapuestas mientras que, por el contrario, la idea de relación obligatoria está
referida, conjuntamente, a la doble posición de personas vinculadas por dicha
relación.
EVOLUCIÓN HISTÓRICA.
Demogue, en su Tratado de las Obligaciones (1925), formula esta clasificación,
distinguiendo entre obligaciones de medio y obligaciones de resultado, idea que ya
había sido concebida en el Derecho Romano, y desarrollada posteriormente por
numerosos autores.
Derecho Romano: En materia contractual, esta clasificación se encuentra
claramente establecida. Existen contratos peligrosos para los acreedores, y son
aquellos en que una parte remitió un cuerpo cierto a otra, con cargo ésta última a
restituirlo, quedando el deudor obligado a un acto determinado, cual es esa
restitución. Si no cumple su obligación, su responsabilidad nace por ese sólo hecho,
a menos que pruebe que el incumplimiento se debió a causa ajena a su voluntad. En
otras convenciones los jurisconsultos señalan que la obligación del deudor no estaba
tan exactamente determinada, no había prometido un hecho preciso pero sí un
“esfuerzo constante y sincero” para dar cumplimiento a su obligación, además de
actuar de buena fe y abstenerse de todo dolo. Por lo tanto, para que el deudor sea
condenado debe examinarse su conducta y probarse su falta de diligencia.
Derecho Antiguo En este período los autores abandonan la idea de protección,
contentándose con el análisis de la intención de las partes, lo que les revela que el
deudor a veces se obligó estrictamente a una cosa y, por lo tanto, no será necesario
apreciar su conducta; mientras que en otras se obligó a ejecutarla sin negligencia ni
imprudencia, y habrá que examinar su comportamiento, si actuó o no con culpa.
Domat resume esta teoría diciendo que cuando no hay ni dolo ni mala fe en el hecho
que causó el perjuicio, hay que considerar aún si hubo negligencia o culpa, o nada
puede ser imputado al obligado. Así, si alguien toma un caballo y lo lleva a un lugar
pedregoso y en noche oscura, y éste se accidenta, o si por su falta de cuidado se
desbarranca, se le podrá imputar culpa. Pero si le fuera robado a pleno día en el
camino, es el dueño el que sufrirá la pérdida, ya que nos encontramos aquí ante un
caso fortuito. Pero aunque no haya culpa alguna de parte de a quien se está
demandando una indemnización, ello no es suficiente para liberarlo, porque a veces
se debe indemnización de perjuicios sin que haya culpa alguna, por el sólo hecho de
existir la obligación, y es el caso del que vende una cosa que creía le pertenecía.
Código Civil Francés En el artículo 1137 se contempla la obligación de
conservación del cuerpo cierto, que el Derecho Antiguo consideraba como una
obligación de prudencia y diligencia, además de sostener que el deudor debe actuar
como un buen padre de familia. El artículo 1147 se refiere a las obligaciones
determinadas, afirmándose que es suficiente constatar el incumplimiento por el
deudor y que no hay una causa extraña que lo justifique, para establecer su
responsabilidad.
Evolución Posterior: Glasson hace alusión a esta clasificación cuando opone a la
obligación de dar o de hacer la de precaución o de diligencia. M. Georges Robin y M.
Planiol se refieren también a ella. Saleilles habla de “la culpa dejada a la apreciación
del juez” y “la culpa definida por la ley”.
Pero es en Demogue en que esta clasificación se aprecia en plenitud, cuando nos
habla de obligaciones de medio y obligaciones de resultado, en que por una parte
tenemos un deudor obligado a un acto determinado, y otro que sólo ha prometido
conducirse con prudencia y diligencia en una orientación determinada. Desde la
aparición del libro de Demogue (1925) problemas relativos a la responsabilidad,
culpa y carga de la prueba encuentran solución gracias a esta clasificación. Y
ciertamente también ha tenido detractores como Henri Capitant y Paul Esmein, pero
parece ser que sus críticas atacan más bien la terminología usada por Demogue que
la clasificación misma.
Más allá del Código Civil Francés, la codificación europea ha dado consagración
legal a esta clasificación netamente doctrinaria cuando hace responsable al deudor
“de no haberse comportado con los cuidados que exigen las relaciones leales o una
relación jurídica determinada”.
Cabe destacar que si bien fueron los romanos y los juristas del Derecho Antiguo
quienes primero la concibieron, sólo la aplicaron al ámbito contractual, extendiéndose
sólo con posterioridad al extracontractual, convirtiéndose en una clasificación general
aplicable a ambos campos. En materia contractual se ha verificado un aumento del
número de obligaciones determinadas en desmedro de las de prudencia y diligencia,
perdiendo los jueces con ello su poder de apreciación y análisis de la conducta del
deudor y de la culpa, como consecuencia de la necesidad de conocer las
consecuencias jurídicas de los actos, lo permitido y lo prohibido. De allí que los
romanos quisieron asegurar una protección eficaz para ciertas personas mediante el
reforzamiento de la responsabilidad.
En materia extracontractual, la Costumbre, la Ley y la Jurisprudencia cooperan en
esta tendencia, ya sea por la creación de usos que trazan reglas de conducta cada
vez más precisas, la dictación de códigos como el Código de la Ruta, y la creación
de la obligación de guarda, respectivamente.
En materia contractual, la Jurisprudencia, por una necesidad de proteger al acreedor,
determina el contenido de los contratos fundándose en la intención presunta de las
partes, y para ello aumenta los casos en que el deudor es obligado a una prestación
determinada. Ha creado en ciertos contratos una obligación determinada de
seguridad que afecta a una de las partes.
EVOLUCIÓN EN VENEZUELA.
Evolución del Derecho de Obligaciones en Venezuela Es la rama del Derecho Civil
con mayor tradición y sistematización. Por su carácter abstracto conserva sus
primitivas concepciones. En los pueblos antiguos posiblemente aparecieron sus
primeras sistematizaciones. En legislaciones babilónicas, griegas y romanas se
conocen sus primeras estructuras. Las instituciones romanas generalmente perduran
en la Edad Media y se hace sentir en el Derecho Moderno.
En general los autores del siglo XIX consideraron al Derecho de Obligaciones como
una herencia del Derecho Romano66 aunque en éste la relación obligatoria estaba
cargada de formalismos y el deudor quedaba sujeto al poder del acreedor. No
obstante, aclara Palacios Herrera, que el romano nunca tuvo un concepto general del
contrato ni de la responsabilidad civil por lo que la “idea un poco ingenua de que los
romanos fueron los creadores exclusivos del Derecho de Obligaciones, ya ha sido
superada” aunque el aporte cultural de la historia del Derecho Romano, está en el
campo de las obligaciones, y no en el campo de las personas, taradas por la
esclavitud.
El Código Napoleón toma sus conceptos del Derecho Romano, traduce a Justiniano,
pero entre uno y otro, “se extiende un vasto campo de la historia”. El Código Civil
napoleónico de 1.804 se hace importante en este sentido por ser el primer código
moderno que inspiró el sistema romano o continental francés. De Francia vienen
pues muchas de nuestras instituciones civiles.
En Venezuela, antes de nuestro primer Código Civil entre 1830 y 1862 se dictan
algunas leyes que regularon aspectos de nuestras obligaciones. Nuestros Códigos
Civiles han sido los textos de 1862, 1867, 1873, 1880, 1896, 1904, 1916, 1922, 1942
y el vigente de 1982. Nuestro primer Código Civil fue de 1862 el cual se inspiró en
Código Civil francés o de Napoleón de 1804 y en el Código Civil de Andrés Bello
para Chile de 1855. Nuestro segundo Código Civil fue el de 1867, el cual fue una
“copia servil” en expresión de algunos del Proyecto de Código Civil español de
Florencio García Goyena.
El tercer Código Civil fue el de 1873 que se inspira en su equivalente italiano de 1865
influenciado por el Código Napoleón pero mejorado, por lo que la influencia indirecta
del Código francés sigue presente. Se afirma que “no fue una mera trasplantación
sino una adaptación a las circunstancias de la realidad venezolana”. Sus
disposiciones en materia de obligaciones y contratos son reproducidas en los textos
siguientes de 1880, 1896, 1904.
El Código Civil de 1916 que para algunos representa un hito en la codificación patria,
mejora los textos anteriores inclinándose hacia la doctrina italiana, haciéndolo más
técnico y es reproducido en 1922. Lagrange comenta que en ese tiempo Pedro
Manuel Arcaya observó que la jurisprudencia y doctrina venezolana era escasa y que
por tal convenía reformar el Código Civil con la finalidad de eliminar las pocas
diferencias que existían con el Código italiano de 1865, a fin de que Venezuela
aprovechara la doctrina y jurisprudencia italiana que era abundante.
El Código Civil de 1942 se inspira en el Proyecto Franco Italiano de las Obligaciones
de 1927 inicialmente concebido por Scialoja que fue producto del intento de
unificación derivada de la alianza bélica entre Francia e Italia: introduce nuevas
fuentes de obligaciones como el enriquecimiento sin causa, trata expresamente el
abuso de derecho, incluye responsabilidades objetivas complejas e incluye
expresamente el daño moral.
La Reforma del Código Civil de 1982 no afectó lo relativo a las Obligaciones, pero
con posterioridad multiplicidad de leyes especiales han afectado la materia
especialmente con especial referencia a los contratos.
Cabe finalmente referir la estructura de las obligaciones en el Código Civil
venezolano. Las “Obligaciones” se ubican en el LIBRO TERCERO (De las maneras
de adquirir y transmitir la propiedad y otros derechos. Arts. 796 y ss.). Se aprecia un
TÍTULO III “De las obligaciones”, Capítulo I “De las fuentes de las obligaciones” (Arts.
1133 y ss.), Del Contrato, de la gestión de negocios, pago de lo indebido,
enriquecimiento sin causa, de los hechos ilícitos. En su Capítulo II “De las diversas
especies de Obligaciones” (Arts. 1197 y ss.); Capítulo III “De los efectos de las
obligaciones” (Arts. 1264 y ss.); Capítulo IV “De la extinción de las Obligaciones”
(Arts. 1282 y ss.); Capítulo V, “De la prueba de las Obligaciones” (Arts. 1354 y ss.).
IMPORTANCIA.
Conocer las fuentes de las obligaciones es fundamental para saber las razones por
las que se contraen o generan en nuestra vida diaria en actos como: abordar un
autobús, anunciar una recompensa para quien dé informes sobre alguna cosa, por
mencionar algunos.
Citando a Fernando Montero Piña, una obligación es la relación entre dos o más
personas, de las cuales una de ellas puede exigir de otra el cumplimiento de una
determinada prestación. Consiste en dar, hacer o no alguna cosa. Por otra parte,
Albaladejo lo define como una "relación jurídica que liga a dos o más personas (...),
donde una de ellas queda sujeta a realizar una prestación a favor de la otra.
Las obligaciones son parte de nuestra sociedad y su estudio es de suma
importancia, ya que con él conocemos su estructura, sus normas, sus reglas. Lo más
importante de las obligaciones civiles es que es un vínculo jurídico entre personas y
como personas somos seres complejos, necesitamos de reglas o estipulaciones qué
seguir. Cualquier Estado necesita del orden público para sobrevivir como tal. Por lo
tanto necesita un Ordenamiento Jurídico que regule el comportamiento de las
personas, sin afectar su vida privada como tal; y este último aspecto es esencial,
pues a pesar que cada quién puede hacer con su vida lo que mejor le convenga, se
necesita de una serie de normas o reglas que regulen esto para que nadie, en pro de
su libertad, viole los derechos fundamentales de otra persona.
Es aquí donde entra la relevancia del estudio de obligaciones civiles, ya que, una
obligación, en nuestro país, puede ser originada por contratos, cuasicontratos,
delitos, cuasidelitos y la ley. Por ejemplo, aunque un contrato se dé entre dos o más
personas, hay normas que regulan esta relación y que estipulan cualquier
acontecimiento que se pueda dar en éste.
Las obligaciones civiles son parte de nuestra vida diaria. Todos, en algún momento,
estaremos sujetos a algún tipo de contrato o cuasi contrato; cualquier persona puede
necesitar un crédito del banco, o simplemente la ley nos obliga a cumplir con ciertas
normas. Como sea, conocer las reglas referentes a las obligaciones es de suma
importancia en la sociedad.
CARACTERES.
1. Universalidad: Los principios que rigen la materia de las Obligaciones son
semejantes en los diversos ordenamientos aunque sean diferentes.
2. Permanencia: Dado su contenido de “teoría general” algunos ven la materia
“invariable en el tiempo”. Se afirma que el Derecho de Obligaciones ha sido en cierta
medida resistente o impermeable a las influencias ideológicas, sociales y políticas, o
por lo menos sin afectar la esencia misma de las instituciones. Se refiere sin
embargo, que el adjudicado carácter inmutable de las Obligaciones es una simple
“ilusión”: no es cierta la pretendida permanencia de la materia, lo que sucede es que
las variaciones son más lentas que otras ramas del Derecho como el de Familia,
pues desde el Derecho Romano hasta la fecha han acontecido variaciones
sustanciales. Aunque Obligaciones y Contratos es la parte del Derecho Civil que
durante más tiempo se ha mantenido apegada a la tradición romana. Álvarez
Caperochipi alude a dos principios informadores del Derecho moderno de
Obligaciones, a saber:
3. Patrimonialidad de la responsabilidad: Supone necesariamente que el deudor
responde con todo su patrimonio y no con su persona. Ello “significa el fin de la
coacción personal” que era el modo ordinario de exigencia de la obligación en el
antiguo régimen. La historia presenta estremecedores relatos de deudores
encarcelados por no pagar sus deudas, lo que repugna a la mentalidad moderna. Por
ello, los tipos penales derivados del incumplimiento de obligaciones civiles son
excepcionales (estafa, apropiación indebida o provisión de cheque sin fondo). Ha
quedado en la historia la entrega personal del deudor incumplidor al acreedor o la
prisión por deudas. La garantía del acreedor para la ejecución práctica de la
obligación, no es ya la persona del deudor, sino el patrimonio de éste. En los inicios
la sanción al incumplimiento recaía sobre la persona del deudor, pero luego tuvo
lugar la humanización de los procedimientos ejecutorios romanos. Luego en la época
del Derecho clásico se asumió en forma irrevocable que la ejecución es
esencialmente patrimonial. Hoy constituye un principio general que la obligación
responde a un concepto económico y patrimonial y no de sujeción persona. La
responsabilidad civil patrimonial circunscribe la sanción de que puede ser objeto el
infractor de un deber jurídico a todos sus bienes habidos y por haber (artículo 1863
del Código Civil), de aquí tenemos como corolario que la garantía por excelencia en
materia de responsabilidad civil (tanto contractual como extracontractual) es el
patrimonio de toda persona.
“Resulta llamativo que la idea de responsabilidad personal del deudor todavía
estuviera vigente hasta mitad del siglo XIX en la pena de prisión por deudas”36.
Actualmente, como el acreedor no tiene efectivamente ninguna medida personal
coactiva contra el deudor, el patrimonio de éste es la única garantía para el
cumplimiento de la obligación, inclusive en aquellas prestaciones de carácter
personal cuyo incumplimiento queda reducido a una indemnización de tipo
pecuniario. La consecuencia del incumplimiento de la obligación está limitada a la
sola agresión del patrimonio del deudor. Se alude así al “principio de la
responsabilidad patrimonial universal” como componente esencial que integra la
estructura de la obligación, pues su dinámica es la responsabilidad del deudor en
caso de incumplimiento que se hará efectivo sobre su patrimonio abolida la prisión
por deudas, responsabilidad que es personal y universal. Se señala así entre los
principios rectores del Derecho Civil que el patrimonio es la prenda común de los
acreedores.
4.Libertad de obligarse: El principio de la autonomía de la voluntad es, a decir de
Álvarez Caperochipi, el otro pilar del moderno Derecho de Obligaciones, reflejado en
la libertad de contratar en la forma que se estime conveniente, constituye una de las
expresiones fundamentales y más genuinas de la autonomía de la persona, que se
hace efectiva, a través de la principal fuente de las obligaciones, a saber, el
“contrato”. Denominado también por ello “libertad contractual” o “libertad de
contratar”, aunque se aclara que esta última es expresión característica de la
autonomía de la voluntad, que si bien algunos confunden, es una especie de ésta, la
cual es el género. Lo que tiene sentido si se piensa que la autonomía de la voluntad,
esto es, la libertad de voluntad excede el ámbito contractual y se proyecta inclusive
en negocios jurídicos unilaterales como el testamento. Se desprende del artículo 6
del CC: “No pueden renunciarse ni relajarse por convenios particulares las leyes en
cuya observancia están interesados el orden público o las buenas costumbres”. De
dicha norma se deriva la diferencia entre normas imperativas y normas dispositivas y
a su vez se desprende por interpretación a contrario sensu el principio de autonomía
de la voluntad, y se perfilan claramente los límites jurídicos de la misma, a saber, el
orden público y las buenas costumbres. A lo que podemos agregar los “derechos de
los demás” a tenor del artículo 20 de la Constitución que consagra el principio del
libre desenvolvimiento de la personalidad y refiere tales límites y agrega
expresamente los derechos de los demás. Según el principio de autonomía de la
voluntad, las partes son libres de autorregular su conducta dentro de las limitaciones
derivadas de la ley y del orden público. Este último, según veremos, constituye el
tope, la pared o el límite con el que generalmente se encuentra dicha libertad. El
principio de la autonomía de la voluntad puede a su vez desglosarse en varios
postulados: las partes pueden libremente crear relaciones jurídicas; nadie puede ser
obligado a contratar contra su voluntad; las partes son libres para atribuir efectos que
estimen convenientes; los interesados pueden modificar de común acuerdo los
contratos celebrados; la voluntad de las partes determina el contenido del contrato; lo
convenido por las partes es intangible y en principio no puede ser alterado por vía
legal o judicial. La autonomía de la voluntad se asocia necesariamente a la noción de
“libertad” y el de la “voluntad”; dicho principio es núcleo generador de las relaciones
jurídicas, pues sin libertad y sin voluntad son inimaginables e inconcebibles las
primeras. La teoría de la autonomía de la voluntad sostiene que el hombre es libre de
obligarse y solo puede obligarse por su voluntad. Pero no pudiendo el hombre actuar
contra sus intereses, esas obligaciones voluntariamente consentidas han de ser
justas. Siendo la única función del Derecho asegurar la igualdad de las libertades en
presencia: todo contrato libre es un contrato justo. La autonomía de la voluntad es
pues tema fundamental del Derecho Civil, encontrando sus límites en el orden
público, las buenas costumbres y los derechos de los demás. Límites que según
veremos han propiciado que el principio haya quedado diluido en algunas materias, y
suela hablarse de un franco “declive”. A nivel extranjero se alude a las “vicisitudes”
de tal principio, pues la intangibilidad del contrato deja paso a otros principios que
apuntan a que este sea justo y eficiente.
CONTENIDO DEL DERECHO DE LAS OBLIGACIONES.
CONCEPTO: Obligación: vínculo o relación jurídica en virtud de la cual una persona (
acreedor) tiene la facultad de exigir de otra ( deudor) un determinado
comportamiento positivo o negativo ( prestación), de cuyo cumplimiento responderá
en última instancia el patrimonio del deudor.
Es la rama del derecho que se dedica al estudio del surgimiento, clases, efectos y
extinción de las obligaciones.
El contenido programático de la materia de “Obligaciones” puede dividirse en dos
grandes partes, lo cual se proyecta inclusive en el programa de la asignatura en la
Escuela de Derecho de la Universidad Central de Venezuela, a saber, una primera
parte relativa a la “Teoría General de las Obligaciones” y una segunda referida a las
“Fuentes de las Obligaciones”. La Teoría General de las Obligaciones estudia en
puridad la obligación: noción, estructura o elementos, clases, efectos, cumplimiento,
acciones protectoras del acreedor y extinción de las obligaciones. Las fuentes de las
obligaciones: contrato, enriquecimiento sin causa, pago de lo indebido, gestión de
negocios, hecho ilícito, abuso de derecho y regímenes especiales de responsabilidad
civil. En sentido amplio, la expresión “Derecho de Obligaciones” comprende la
temática propia de las obligaciones en general, la teoría general del contrato, el
estudio de los cuasicontratos y la responsabilidad civil.
UBICACIÓN.
La materia se ubica o encuadra dentro del Derecho Civil o Derecho Privado General,
en su parte patrimonial. El derecho privado general según su naturaleza tiene
normas de contenido patrimonial y extrapatrimonial. El Derecho de Obligaciones
tiene carácter patrimonial, pecuniario o económico. Existe una parte en principio
extrapatrimonial del Derecho Civil conformada sustancialmente por la Persona
(Derecho Civil I) y Familia. Finalmente, se aprecia un área del Derecho Civil que
constituye una mezcla entre lo patrimonial y lo familiar, a saber, el Derecho
Sucesorio pues aunque normalmente se le asigna contenido económico, sus normas
contienen un importante componente familiar. “Obligaciones” a la par de “Bienes o
Derecho Reales” (Derecho Civil II) y “Contratos y Garantías”, conforman las
asignaturas que integran el sector netamente patrimonial del Derecho Civil. Así se
afirma que si bien el Derecho Civil regula la persona, la familia y el patrimonio, este
último conforma el “Derecho Civil patrimonial”, que a su vez regula la circulación de
los bienes, las obligaciones y contratos. Se presenta sin lugar a dudas como la parte
más fascinante del Derecho Civil patrimonial, contentiva de los principios regulares
de éste, que por su carácter fundamentalmente inmutable, contiene la teoría general
que inspira buena parte de sus instituciones.
MODERNAS TENDENCIAS DEL DERECHO DE LAS OBLIGACIONES.
La doctrina refiere varias tendencias modernas en materia de Obligaciones:
1. La atenuación del rigor contra el deudor: ha desaparecido la prisión por deudas.
Ya indicamos que la patrimonialidad de la responsabilidad del deudor constituye un
principio en materia de las Obligaciones. Pero se afirma que inclusive éste ha sufrido
atenuaciones. Se alude en el mismo sentido a “la relajación del principio de la
responsabilidad patrimonial universal” porque si bien el deudor responde
patrimonialmente con todos sus bienes habidos y por haber, razones humanitarias
“permiten dulcificar esta responsabilidad universal, de manera que no sean todos los
bienes del deudor los que afronten su responsabilidad, sino que sean inmunes a esta
potencial ejecución algunos bienes que permitan asegurar la subsistencia del deudor
y los suyos”. Se dice así que la “universalidad” supone que el deudor responde sólo
con sus bienes patrimoniales pero responde con todos y cada uno de ellos, salvo la
reserva que hace el ordenamiento de un mínimo de recursos vitales para preservar
una subsistencia digna. Ejemplo de ello son los bienes inejecutables, el hogar
legalmente constituido, el salario mínimo, etc..
2. La crisis del principio de la autonomía de la voluntad89, que es cada vez más
limitado. El dogma clásico de la autonomía de la voluntad ha sido vivamente atacado
por ciertas concepciones modernas. El tan mencionado principio que se consideró la
mayor expresión de la libertad en el Derecho Civil, e impregnó el Código Napoleón,
no rige siempre en el ámbito del Derecho Civil patrimonial. Al contrario, el Máximo
Tribunal lo aclaró expresamente en la sentencia de los créditos indexados: “la
autonomía de la voluntad de las contratantes en la realidad no es tan libre, ni exenta
de influencias, que pueden sostenerse que ella actúa plenamente en cada persona
por ser ella capaz”. Y a pesar de la crítica de la doctrina a dicha sentencia, lo cierto
es que la abstracción y flexibilidad de la noción de orden público viene
progresivamente desvaneciendo a la autonomía de la voluntad y ha impregnado el
ámbito del Derecho Civil patrimonial. Tales limitaciones aun teniendo carácter
excepcional han restringido en realidad enormemente el alcance práctico del
mencionado principio. Desde finales de la Edad Moderna hasta nuestros días, se
aprecia que el Derecho de la Contratación ha sufrido grandes cambios, debido
fundamentalmente a las exigencias del sistema capitalista y a la intervención del
Estado en la economía. La intervención del Estado es frecuente en protección al
denominado débil jurídico como es el caso del consumidor, pues “la supuesta
igualdad entre las partes contratantes es más un mito que una realidad”. Pues al
consagrar el principio de la igualdad jurídica se descuidó el hecho de que en la
práctica no existía igualdad económica por lo que en la actualidad se observa una
intensa reforma legislativa que pretende remediar el estado de un “individualismo
antisocial y disolvente”. Por ello, afirma Lete del Río que “no puede desconocerse
que este dogma de la autonomía de la voluntad se encuentra en la actualidad
bastante atenuado, en virtud de los principios de equidad y de equivalencia de las
prestaciones”. Inclusive, ya Larenz comentaba que si bien se admite como
manifestación de la libertad de contratación y conclusión que nadie puede ser
constreñido a realizar contratos existen casos en que rehusar la conclusión puede
violar un derecho moral, por ejemplo, cuando el único médico que puede ser avisado
rechaza visitar a una persona gravemente enferma por no serle simpática. Extensible
a los concesionarios de bienes y servicios esenciales. Se advierte, sin embargo, que
la intervención del Estado ha de ser “prudente”. Finalmente, se indica acertadamente
que “no deja de ser una libertad llena de riesgo, pues aunque las partes puedan
acordar lo que quieran, la correcta calificación de los contratos trasciende a la
autonomía de la voluntad y se determina por su causa”. En otras ocasiones se afirma
por ejemplo que los excesos amparados en la autonomía voluntad no pueden romper
la justa “equivalencia de prestaciones”, lo que permite según veremos rechazar el
excesivo predominio de una parte sobre la otra aun en contra de la propia voluntad
inicial con base a que el “objeto” del contrato no puede contrariar el orden público.
Pues a fin de cuenta, existen materias que trascienden la voluntad inclusive en el
ámbito del Derecho patrimonial o de las Obligaciones, donde si bien se es libre de
obligarse, no se puede ni por propia voluntad exceder el límite de lo irrenunciable. De
tal suerte que estamos en presencia de una “relativa” autonomía de la voluntad o
más precisamente de una libertad sustancialmente limitada. Se reseñan supuestos
donde la autonomía está ausente. Ello ha llevado a aludir a la crisis del contrato o la
decadencia de la noción de contrato. En efecto, la referida decadencia de la
autonomía de la voluntad conlleva al declive práctico de la noción de la fuente más
importante de las Obligaciones, a saber, el contrato. El Código de Napoleón plasma
la concepción liberal y la voluntad de los sujetos. Sin embargo, ello entra en crisis
inmediata por la quiebra de sus postulados. La igualdad de las partes, necesaria para
sustentar la noción de contrato como acuerdo de voluntades se revela como un
sarcasmo cuando hay inmensas masas que poco tienen que convenir ante los
grandes propietarios. Es allí cuando el Estado tiene que intervenir estableciendo
limitaciones a la libertad de contratar, en relación al contenido del contrato y a la
fijación imperativa de cierta categoría de bienes y servicios, dada la debilitación de la
autonomía de la voluntad. Lo que se evidencia en materias como las relativas al
consumo y vivienda (hipoteca y arrendamiento). La relación obligatoria es un
instrumento jurídico destinado a promover y concretar una efectiva cooperación
social mediante el intercambio de bienes y servicios. De hecho se coloca como
ejemplo de ruptura a la libertad contractual el caso del contrato dirigido, forzoso o
impuesto, por el cual el Legislador pretende en protección del más débil fijar ciertas
cláusulas o limitaciones. Pero, la figura del contrato dista mucho hoy de ser aquel
libre acuerdo de voluntades, en que los contratantes podían establecer libremente los
pactos, cláusulas y condiciones que tuvieran por conveniente. La desigualdad de las
partes en la formación del contrato es una de las causas de la intervención del
Estado a través de la legislación, para proteger al débil e imponer un equilibrio en la
relación contractual que dé satisfacción al principio de justicia. La crisis del principio
de la libertad contractual. Sobreviene como una resultante necesaria pues el
concepto de contrato descansa en una equivalencia de partes y prestaciones, cuyo
equilibrio en la realidad aparece roto. Sin embargo aclaraba tiempo atrás Mélich, que
el poliformismo de la contratación contemporánea no prueba que la ley haya
desplazado al contrato como fuente del Derecho Civil. La crisis del contrato y el
socialismo real ante la proliferación de nuevos tipos contractuales podría dar lugar
más bien a aludir a la “publicación del contrato”. Los nuevos tipos contractuales
indóciles chocan con los principios tradicionales recogidos por los Códigos
tradicionales: se pasa así de una ideología liberal a una ideología socialista del
contrato y de un retorno a un nuevo liberalismo en que el protagonismo del individuo
es compartido por una policromía de grupos sociales diferentes.
3. Unificación de las Obligaciones. Mediante sistemas supracionales. Ese fue el caso
del Proyecto Franco-Italiano de las obligaciones de 1927 en el cual se inspiró nuestro
CC de 1942 en materia de Obligaciones. Recientemente la referencia cobra vigencia
en sistemas como el europeo, en materia contractual y de responsabilidad civil.
También que se aprecia cierta tendencia a la codificación de un modo independiente
de las obligaciones en general. Existiendo Códigos en que todo lo que atañe a las
obligaciones está legislado en un cuerpo aparte del Código Civil. Y así por ejemplo,
se alude a la europeización del Derecho privado y los principles of european tort law,
en un proceso que parece imparable y supone una suerte de retorno a una especie
de ius commune.
En Venezuela se pensó en la década de los 60 en la unificación del Derecho Civil
y Derecho Mercantil en algunas áreas que eran susceptibles de ser unidas. El único
intento consistente en la materia se reduce al trabajo de la Comisión de Reforma del
Derecho Mercantil. En 1976 el Ministerio de Justicia creó una Comisión encargada
de reformar el Código de Comercio entre cuyas previsiones se apuntaba la
posibilidad de incorporar el Derecho Mercantil a un Código Único de Derecho
Privado. Algunos países consideraron la posibilidad de unificación legislativa de
obligaciones civiles y comerciales, especialmente en materia de contratos
4. Superación del excesivo formalismo: Se refiere que en principio como regla
general quedó atrás la solemnidad contractual que imponía a ultranza el Derecho
Romano, y así la época clásica romana apuntó a una liberación de moldes
restrictivos, así como las tendencias espiritualistas del Derecho Canónico
contribuyeron a desmoronar las viejas estructuras formales del Derecho de
Obligaciones. Aunque en algunas áreas en pro de la seguridad jurídica se está
retornando a la idea del formalismo, no en los términos limitantes ya superados sino
como premisa necesaria para la certeza del tráfico jurídico. Pero el Derecho Civil
actual sólo establece formalidades necesarias para pocos negocios jurídicos
5. Influencia de la jurisprudencia: Se indica que la jurisprudencia ha jugado un
importante papel en la adaptación de algunas instituciones a la realidad social, como
ha sido el caso en materia de indexación o el alcance de la autonomía de la voluntad.
El incremento de decisiones judiciales relativas a la materia de obligaciones ha
evidenciado su importante tráfico jurídico y evolución. La labor de la jurisprudencia en
la materia de Obligaciones supera la abundancia de los tribunales de instancia, pues
también en dicha área se ha hecho sentir el carácter vinculante que el artículo 335 de
la Constitución refiere respecto de algunas decisiones de la Sala Constitucional que
interpreten la Carta Magna, como ocurre con las decisiones citadas relativas a los
créditos indexados, tarjetas de crédito o la prescripción de los honorarios del
abogado. En función de dicha norma constitucional cabe dudar del carácter
simplemente interpretativo o no vinculante que hasta la Constitución de 1999 se le
atribuyó a la jurisprudencia; dicho carácter obligatorio puede ciertamente presentar
relevancia en el Derecho Civil como fuente de Derecho
6. Primacía de la Constitución: Refiere la doctrina española pero perfectamente
aplicable a nuestro caso: “La Constitución puede actuar de soporte, pero también de
límite, de los principios en los que se inspira el régimen legal de la responsabilidad
civil; y también de la jurisprudencia que lo interpreta. No existe una norma
constitucional que recoja el principio de “no dañar a nadie” (neminen laedere), ni la
regla del deber de reparar el daño causado injustamente. Pero ese silencio se
solventa con la idea de que las reglas y los principios rectores del Derecho Privado
se entienden incluidos en la “justicia” que, en el caso español, constituye, junto con la
libertad y la igualdad y el pluralismo político, uno de los valores superiores del
ordenamiento jurídico”. La Carta Magna venezolana también alude en sus artículos 1
y 2 a los valores de libertad, igualdad y justicia. Esta última se encuentra presente en
figuras en materia de obligaciones que ha desarrollado la doctrina, tales como la
indexación o la teoría de la imprevisión (dificultad de cumplimiento de la prestación
por onerosidad excesiva). Lo mismo puede decirse de la igualdad a propósito de la
“proporcionalidad” de las prestaciones. No se puede desconocer entonces el valor de
la Constitución que como norma superior rige también la materia que nos ocupa y de
lo cual deja muestra no solo algunas instituciones sino múltiples decisiones de la
Sala Constitucional del Tribunal Supremo de Justicia. El creciente influjo de la
Constitución en el Derecho Privado ha suscitado todo tipo de reflexiones pero la
supremacía normativa de la Constitución determina la obligación de los Jueces de
considerar en los análisis de cualquier disputa contractual las cuestiones
constitucionales que se vinculen a la misma
7. Influencia de la técnica: Las innovaciones científicas y tecnológicas han
revolucionado el orden legal no sólo en el ámbito del Derecho de la Persona, sino
también en el área de las Obligaciones. Los retos de la sociedad tecnológica han
afectado las reglas relativas a la responsabilidad civil y el alcance de la
indemnización por daños138. Se alude así al impacto de la era tecnológica en el
derecho de daños en particular en materia de responsabilidad civil por productos
defectuosos, daños derivados de la energía nuclear, daño ambiental, daño
informático, daños causados por biotecnología, etc.. Las negociaciones electrónicas
han tenido que verse adaptadas a la luz de la teoría general de las Obligaciones,
haciéndose referencia a la “contratación electrónica”. Se alude así en un sentido más
amplio a la “influencia de las nuevas circunstancias económicas y sociales sobre el
Derecho de las Obligaciones”, pues no es inmune frente a los cambios que
experimenta la sociedad. El mito de la permanencia e inmutabilidad hace ya tiempo
que ha caído.
8. Protección de la persona: Se refiere a que no deja de ser objeto de las
Obligaciones la protección de la persona como derecho y como necesidad. Toda vez
que el hombre es causa y meta del Derecho; por lo que éste debe estar al servicio de
aquel. Debe evitarse el ataque a la persona preservando su integridad frente a los
hechos y actos de otros; por lo que todo daño debe ser reparado. El Derecho existe
por y para la persona; cualquier interpretación debe estar orientada por su protección
y el Derecho de Obligaciones mal podría perder de vista al protagonista del orden
jurídico, a saber, la persona, aunque la relación obligatoria esté conformada por dos
sujetos: acreedor y deudor. La responsabilidad civil tiende a reflejar fuertemente las
circunstancias sociales cambiantes. La multiplicación de los daños a las personas y a
sus bienes debido a las modernas condiciones de vida, impone el derecho de daños
el propósito de garantizar contra ciertas formas de lesiones por su proyección
perjudicial. Se alude inclusive a la protección constitucional de la persona lo cual
tendría consecuencias en la interpretación del Derecho de Daños.
9. Proporcionalidad o equilibrio de las prestaciones Ha quedado de lado la idea –
como hemos reiterado– de que la autonomía de la voluntad puede llevar a cualquier
resultado, más aun si este es desproporcionado, abusivo o rompe el justo equilibrio
de las prestaciones. Por lo que la libertad tiene que hacerse presente en la relación
obligatoria con un mínimo de proporcionalidad. Así la “equidad” y la
“proporcionalidad” han sido referidas en algunas decisiones judiciales1. Y en
particular se ha indicado que “las nuevas tendencias apuntan a la necesidad de
luchar contra aquellos comportamientos en los cuales una persona no ejerce
violencia sobre la otra, sino que se aprovecha de la situación de ella para obtener un
beneficio desproporcionado”.
Se ha dicho que “el desequilibrio entre las prestaciones no es relevante per se en
nuestro ordenamiento jurídico”. Pudiera decirse que tal vez no en el texto expreso de
la ley, más sí se deriva el orden jurídico. Pues de seguidas se concluye “no obstante,
cuando falten los presupuestos de una contratación correcta, o cuando no exista
igualdad material en el ejercicio de la autonomía contractual, el ordenamiento debe
entrar en el mérito del reglamento de intereses de las partes, a fin de determinar si la
mayor fuerza contractual fue utilizada en forma desleal, para imponer un reglamento
de intereses gravemente desventajoso para el cocontratante. Lo anterior no implica
prescindir de la asimetría de poder de las partes o de los presupuestos que activan el
control sobre el contenido del contrato, sino verificar la subsistencia de dichos
presupuestos, incluso para no despojar de significado a los valores fundamentales
del ordenamiento jurídico venezolano. De allí que recientemente la aspiración de las
contrataciones se caractericen por el “equilibrio” en el intercambio, o lo que es lo
mismo, la “justicia contractual”. La tendencia del derecho moderno es proteger la
justicia en el contrato y que logre preservar un “equilibrio mínimo”. La protección de
la libertad de los contratantes y la justicia de las transacciones corresponde a un
valor del ordenamiento constitucional. La relación contractual como fuente primaria
de las obligaciones ha de procurar “el equilibrio de las prestaciones”. La exclusión de
una norma dispositiva pudiera afectar el orden público en aquellos casos en que el
alejamiento de la respectiva norma produzca un desequilibrio injustificado de las
respectivas obligaciones; debiendo predominar la equivalencia de las prestaciones.
Por ello según se indicó, los excesos de la voluntad no pueden contrariar “el alma
misma del Derecho Patrimonial” que debe estar inspirada en la “equivalencia de
prestaciones”
10. La protección del consumidor Se aprecia una tendencia general en los distintos
países a establecer normas protectoras especiales al consumidor, por ser la parte
contratante débil cuya necesidad le impone el negocio jurídico de que se trate. De allí
que las dudas de interpretación deben resolverse a favor del consumidor por ser la
parte más desprotegida del contrato. “La necesidad de proteger los derechos de los
consumidores es relativamente nueva y obedece al surgimiento del Estado Social de
Derecho, el cual se basa en el bienestar de los ciudadanos y la primacía del interés
general sobre el particular”. El sentimiento social de protección de los consumidores
y usuarios se tradujo en la sensibilización del Constituyente venezolano, al incorporar
su tutela al rango de derechos constitucionales en el artículo 117 de la Constitución
de la República Bolivariana de Venezuela, consagrando un derecho a la protección
del consumidor y del usuario. La doctrina inclusive ha referido que se aprecia una
excesiva tendencia a proteger al consumidor, la cual ha sido criticada. No obstante
admitirse que “la irrenunciabilidad de los derechos del consumidor es un instrumento
necesario en cualquier sistema normativo de protección del consumidor”. Así pues, la
protección en materia de consumo se erige si se quiere como una tendencia
moderna del Derecho de Obligaciones y del Derecho en general. En materias como
la derivada del consumo, el consumidor se enfrenta a técnicas de mercadeo que le
impiden discernir sobre los alcances del contrato, amén de que opera la imposición
de cláusulas no negociadas. No puede ser tratado el consumidor con el criterio
formal de la autonomía de la voluntad, cuando no ha mediado verdadera libertad en
la contratación, sino que se le impone por obvia necesidad. La sentencia de la Sala
Constitucional del Tribunal Supremo de Justicia sobre las tarjetas de crédito, a decir
de la doctrina es importante, no solo por el campo de protección que reconoció a los
tarjetahabientes, sino como referencia para el futuro Derecho de Consumo en
Venezuela. La escasez de jurisprudencia en materia de protección al consumidor en
Venezuela se vio de alguna manera compensada con la sentencia. El artículo 117 de
la Constitución consagra el derecho genérico de todas las personas a contar con una
información adecuada y no engañosa sobre el contenido y características de los
productos que consumen. Agrega que las cláusulas ambiguas deben ser
interpretadas del modo más favorable al consumidor por tratarse de un contrato de
adhesión. Otras sentencias importantes de la Sala Constitucional que apuntan a
considerar el consumidor como débil jurídico son las relativas a los créditos
indexados y la concerniente a la solicitud de declaración de nulidad de la antigua Ley
de Protección al Consumidor y al Usuario169. Decisiones estas referidas por la
doctrina entre los ejemplos de controles a posteriori ejercidos por el Juez a la libertad
contractual. También existe una nueva tendencia hacia la constitucionalización del
Derecho de seguro, hacia el establecimiento de normas que lo regulen de estricto
orden público y hacia una marcada intervención y control de la actividad aseguradora
por parte del Estado, así como en materia bancaria. En las cuales es fundamental la
“proporcionalidad”. Aun cuando la tendencia general apunta hacia la protección del
consumidor, curiosamente se reseña que la Ley de Precios Justos constituye un
retroceso en materia de tutela de este, toda vez que entre sus disposiciones
derogatorias incluye la Ley para la Defensa de las Personas en el Acceso de los
Bienes y Servicios de 2010, que contenía una mayor protección o más detallada al
consumidor
11. Recientes tendencias en materia de responsabilidad civil, entre las que cabe citar
11.1. Desplazamiento de la teoría de la culpabilidad a la responsabilidad objetiva.
Veremos que nuestro sistema ordinario de responsabilidad civil, a saber de
responsabilidad subjetiva, requiere de tres elementos concurrentes: daño, culpa y
relación de causalidad. Entre los elementos que debe “probar” el actor se ubica la
“culpa” entendida como intención o también error en la conducta. Ello hace pesada la
carga del actor o demandante. De allí que el Legislador en determinado ámbito ya
sea contractual o extracontractual establece responsabilidades objetivas, ajenas a la
idea de culpa y orientadas por el sentido del riesgo o beneficio. Tal es el caso de
algunas responsabilidades especiales complejas como las derivadas de la vigilancia
del animal o de la cosa, o las previstas en algunas leyes o regímenes especiales
(tránsito y aéreo). En los que se responde del daño al margen de la culpa. Se afirma
así que el Código Civil generalmente fundamenta la responsabilidad civil en el
concepto de culpa pero dicho sistema ha sido profundamente modificado por la
incidencia de la legislación especial extraordinariamente compleja, desarrollada a
partir de la revolución industrial. Sin embargo, otro sector doctrinario contrariamente
alude entre las tendencias la “superación de la teoría del riesgo”, promoviendo un
retorno a la responsabilidad subjetiva, por considerar que la culpa apreciada
objetivamente camufla una obligación de garantía de los daños causados a otros.
11.2. El carácter preventivo de la responsabilidad civil. Se dice que la
indemnización por daño tiene por función básica indemnizar. Sin embargo,
modernamente se le reconoce a la responsabilidad civil y a la respectiva
indemnización, aunque con carácter subsidiario, un sentido preventivo o persuasivo,
en el sentido de inhibir la conducta ilícita. De alguna manera el saber que se
responderá patrimonialmente de la conducta indebida, disuade de la realización del
hecho ilícito. Se alude así a la “prevención” en el Derecho de daños.
11.3. Se ha ampliado la nómina de los daños indemnizables, flexibilizándose los
requisitos del daño. Se alude al carácter expansivo de la responsabilidad civil en el
sentido de que la indemnización por daño puede alcanzar multiplicidad de materias,
como es el caso del Derecho de Familia y Derecho Civil extrapatrimonial en general.
11.4. Se procura aligerar a la víctima de la carga probatoria, surgiendo
mecanismos tendientes a asegurarles el cobro de la indemnización, a través de las
presunciones de culpa.
11.5. Difuminación de los criterios de distinción entre responsabilidad contractual o
extracontractual. Toda vez que los rasgos o elementos diferenciales que siempre se
han manejado son ahora controvertidos, así como el problema si se justifica un
tratamiento diferente. Ello en atención a la “unidad” de la responsabilidad civil. Se
alude así modernamente a la tesis de la unicidad del fenómeno resarcitorio que
conduce a través del elemento del daño a la concepción unitaria de la
responsabilidad civil. Se expone el sistema de responsabilidad con un criterio unitario
que, más allá de los ámbitos contractual o extracontractual en los cuales se origine,
destacan la trascendencia del daño como elemento común y tipificante del fenómeno
resarcitorio188. Para algunos se comparten más semejanzas que diferencias o en
todo caso no presentan diferencias sustanciales de fondo.
11.6. La responsabilidad patrimonial es extensible al Estado bajo ciertas
particularidades. La responsabilidad patrimonial por hecho ilícito es igualmente
extensible al Estado por aplicación del artículo 140 de la Constitución. Funciona
como una garantía a favor del administrado: “la realización plena del sistema integral
de responsabilidad patrimonial del Estado consagrado en la Constitución de la
República Bolivariana de Venezuela, comporta necesariamente que la misma sea
concebida como una garantía patrimonial del administrado frente a las actuaciones
de la Administración generadoras de daño y no como una garantía en favor de los
entes públicos, cuya interpretación debe formularse en términos amplios y
progresistas a favor del administrado”. La responsabilidad del Estado es extensible a
diversas hipótesis según ha planteado la doctrina.
11.7. Gradual proceso de socialización de los daños: Con la difusión de
mecanismos alternativos de la responsabilidad civil como el seguro (obligatorio u
optativo), los fondos de garantía, la seguridad social, la asunción de daños por el
Estado, los que no desplazan a la responsabilidad civil, sino que coexisten con ella y
garantizan a la víctima el cobro del resarcimiento.
• LA OBLIGACIÓN.
- Concepto.
Concepto de obligación. La obligación es un vínculo jurídico entre dos sujetos, por
el cual uno de ellos, llamado deudor, se ve en la necesidad de dar, hacer o no hacer
algo a favor de otro sujeto, denominado acreedor.
CONCEPTO EN DERECHO
Dentro del ámbito del derecho, existe lo que se conoce por el nombre de obligación
jurídica. Este es un término que se emplea para referirse a la relación o vínculo
jurídico que se establece entre dos personas, una acreedora y una deudora. Al estar
unidas se hace vital que esta última tenga que llevar a cabo el cumplimiento de una
prestación a la primera.
En concreto, partiendo de ese concepto, tendríamos que establecer que en ese caso,
la obligación puede ser de diversos tipos:
De pluralidad de sujetos: conjuntas o solidarias.
Según el objeto se puede hablar de dos grandes grupos: las de dar, hacer o
no hacer y, por otro lado, las positivas y negativas.
En base a las modalidades, tendríamos que decir que la obligación jurídica
puede ser sujeta a ellas (a término o a condición) o pura y simple.
En este sentido, también es importante saber que la citada obligación se puede
transmitir o ceder. En los casos que así se haga efectiva hay que tener en cuenta
que lo único que cambia es la persona y no la obligación en sí, que sigue siendo la
misma.
- DEFINICIÓN DE LAS INSTITUTAS.
Concepto de Institutas
Recoge Anderson Arboleda Echevarry la siguiente definición de Institutas, aplicable
al Derecho comparado, histórico o internacional: Obra del jurista Romano Gayo,
destinada a la enseñanza del derecho civil que sirvió de base para la obra de
Justiniano del mismo nombre.
Un significado atribuido a institutas es el siguiente: Obra del jurista Romano Gayo,
destinada a la enseñanza del derecho civil que sirvió de base para la obra de
Justiniano del mismo nombre (véase entradas sobre derecho romano en la
Enciclopedia)
Las Institutiones o Institutas ('Instituciones' > del latín instituere: enseñar, iniciar,
ordenar ) son un conjunto de libros o manuales destinado a la enseñanza
introductoria del Derecho romano. Aunque varios autores de la Antigua Roma
escribieron "institutas" hay dos versiones principales: las Institutas originales, escritas
por el jurista Gayo en el siglo II, y la obra de los profesores de Derecho Teófilo y
Doroteo (supervisados por Triboniano), que forma parte del Corpus iuris civilis
('Cuerpo de Derecho civil') mandado a recopilar por el emperador bizantino
Justiniano I entre los años 529 y 534.
Instituta
Compendio de Derecho Civil romano, basado especialmente en la jurisprudencia,
como expresión ésta de la opinión de los más famosos jurisperitos o jurisconsultos.
Por antonomasia, la de Justiniano.
DE GAYO. Célebre texto de Derecho Romano, compuesto o recopilado por
el jurisconsulto Gayo o Cayo, en tiempos de Marco Aurelio, a mediados del siglo II de
la era cristiana.
DE JUSTINIANO. Obra compuesta por orden del emperador Justiniano, para
la enseñanza del Derecho; pero que, posteriormente recibió fuerza de ley en virtud
de la constitución imperial del 21 de noviembre de 553, que la publicó y por
la constitución Tanta, del 30 de diciembre del mismo año, que la puso en vigencia.
DE TEÓFILO. Paráfrasis de la Instituta de Justiniano, compuesta en griego por
el jurisconsulto Teófilo, por encargo del emperador Focas.
- CRITICAS DE LA OBLIGACIÓN.
La Crítica jurídica, vista como enfoque metodológico del estudio del derecho, se
deconstruye en una serie de teorías que de forma aislada o en conjunto tienen como
objetivo primordial evidenciar, a partir de la reflexión, la falta de concordancia entre la
construcción teórica y el reconocimiento formal de los derechos...
La crítica jurídica busca la reflexión, desde postulados progresistas y de corte social,
de los sistemas jurídicos a partir de sus expresiones lingüísticas. El uso alternativo
del derecho representa, como política jurídica, la cristalización de las
reflexiones críticas llevadas a la práctica.
- DEFINICIONES MODERNAS DE LA OBLIGACIÓN.
La obligación es un vínculo jurídico abstracto en virtud del cual una parte,
denominada deudor, se compromete a ejecutar una prestación de contenido
patrimonial en favor de otra, denominada acreedor, pudiendo esta última exigir su
cumplimiento o, en su defecto, la indemnización que corresponda.
Definiciones modernas:
-Planiol: lazo de derecho por el cual una persona está obligada frente a otra
persona a hacer, o no hacer alguna cosa.
-Colin y Capitant: es una necesidad jurídica por efecto de la cual una persona
está sujeta respecto de otra a una prestación positiva o negativa.
Nota: los componentes de la definición son: lazo, compromiso, contenido de la
prestación, valoración económica, carácter coactivo.
- CARACTERES DE LA OBLIGACIÓN.
1° La obligación es un vínculo de derecho en virtud del cual el deudor está sujeto a
ejecutar una prestación. Las obligaciones van acompañadas de medidas coactivas.
2° La obligación es un derecho de naturaleza pecuniaria y se opone así a las
relaciones de familia, tales como la patria potestad, y a los derechos de la
personalidad.
3° La obligación es una relación personal entre acreedor y deudor. El acreedor
carece de derecho directo sobre los bienes de su deudor; y solo tiene, a través de
este último, un derecho contra su patrimonio en el estado en que el mismo se
encuentra en el momento del embargo; este derecho del acreedor se llama
impropiamente derecho de prenda general sobre el patrimonio del deudor. Las
obligaciones pueden serlo en número ilimitadas
ESTRUCTURA DE LA RELACIÓN OBLIGATORIA DE LA OBLIGACIÓN:
Elementos de las obligaciones.
Como apuntamos en el parágrafo anterior, tres son los elementos constitutivos de la
obligación civil, los sujetos, el objeto y la relación jurídica.
a).- Los sujetos de la relación jurídica obligación son el acreedor y el deudor. El
acreedor es el sujeto activo de la obligación que es titular de un derecho subjetivo,
comúnmente llamado derecho personal o derecho de crédito. El deudor es el sujeto
pasivo de dicha relación que tiene a su cargo un deber jurídico denominado deuda.
b).- El objeto es la conducta que el deudor queda constreñido a realizar, y que puede
consistir en un dar, hacer o un no hacer.
c).- La relación jurídica, según el maestro Bejarano Sánchez, es "…un vínculo
reconocido y disciplinado por el Derecho objetivo, y por lo que se refiere a la relación
jurídica de la obligación o derecho personal, es un vínculo creado por el Derecho
objetivo, el cual faculta al acreedor a exigir una conducta del deudor y asegura su
cumplimiento con la posibilidad de obtener compulsivamente su acatamiento".
En efecto, el vínculo jurídico que caracteriza a la obligación no es otra cosa que la
coercibilidad o posibilidad de utilizar la fuerza para vencer la actitud contumaz del
obligado que distingue al derecho de los otros sistemas normativos que rigen la
conducta humana, verbigracia, la moral o los convencionalismos sociales.
a. Elemento Subjetivo. Requisitos.
Elemento subjetivo de la obligación
1- Elemento subjetivo: integrado por los sujetos de la obligación, deudor y
acreedor. El deudor (pas) es el comprometido a realizar una prestación a favor del
acreedor. Y el acreedor (act) en beneficio de la cual el deudor va a realizar
la conducta o actividad que se ha comprometido.
-los deudores pueden ser varios cuando la obligación sea divisible, se denomina
deudores mancomunados o pueden ser obligados cada uno por la totalidad de la
prestación que se denomina deudores solidarios.
-los acreedores pueden ser varios cuando pueden exigir solo una parte de la
prestación que serían los acreedores mancomunados, o puede tener cada uno el
derecho de exigir la totalidad de la prestación que serían los acreedores solidarios.
Nota: los sujetos de la obligación deben ser determinados o determinables.
REQUISITOS: Toda obligación necesariamente plantea la existencia de al menos
dos sujetos, un deudor y un acreedor. El deudor es la parte pasiva de la relación
obligatoria; el acreedor es la parte activa. Así, el deudor es quien tiene que cumplir
con ejecutar el objeto de la obligación, en tanto el acreedor es quien tiene derecho a
exigir el cumplimiento de esa prestación.
Cuando en una obligación nos encontremos en presencia de más de un acreedor y
un deudor, de un acreedor y de más de un deudor, o de más de un deudor y de más
de un acreedor, estaremos ante las denominadas obligaciones con pluralidad de
sujetos u obligaciones con sujeto plural.
Estas obligaciones con sujeto plural son las que se conocen con el nombre de
divisibles, indivisibles, mancomunadas y solidarias.
b. Elemento Objetivo. Requisitos de la prestación. Clases.
Elemento objetivo:
Está constituido por la prestación que es la actividad o conducta que el deudor se
compromete a realizar frente al acreedor.
Clasificación:
-Prestación de dar: su objeto es la trasmisión de la propiedad u otro derecho real.
-Prestación de hacer: actuación del deudor que constituye una actividad personal, y
no implica la transmisión de la propiedad.
-Prestacón de no hacer: abstención por parte del deudor en una actuación negativa.
–Prestaciones de género y especie: tienen como objeto una cantidad de cosas de
un género. Mientras que las de especie se refieren a una cosa determinada, un
cuerpo cierto.
Requisitos de la prestación:
-Que sea posible: es decir factible, en el terreno de la realidad y desde el punto de
vista jurídico. Por consiguiente la imposibilidad puede ser natural (la prestación no es
susceptible de cumplirse en el campo de la realidad) y jurídica (es imposible de
realizarse por oponerse al ordenamiento jurídico).
-Que sea lícita: es decir que su ejecución no viole el orden público y las buenas
costumbres.
-Que sea determinada o determinable: debe ser determinada al asumir la relación,
sin embargo no es necesario que exista en el momento que se contrae la relación
basta con que haya la posibilidad de su existencia futura.
-Que sea valorable económicamente: debe ser susceptible de apreciarse en dinero.
-Que corresponda a un interés legítimo: el interés no debe ser solamente económico,
puede ser el disfrute artístico o intelectual.
El patrimonio del deudor como garantía del acreedor:
Cuando el deudor no cumple con su obligación, el acreedor tiene derecho de agredir
jurídicamente el patrimonio de aquel para hacer efectiva su acreencia. Por ello el
acreedor tiene como garantía dicho patrimonio, el cual está integrado por los bienes
presentes y futuros del deudor.
*Primer Principio:
De acuerdo al art 1864, "los bienes son prenda común de sus acreedores quienes
tienen en ellos derecho igual, sino hay causa legitima de preferencia, como
privilegios e hipotecas". Los acreedores concurren a hacer efectivo su crédito sobre
el patrimonio del deudor en igualdad de derechos, sin derecho de preferencia.
-Los acreedores quirografarios son los acreedores que recurren al patrimonio del
deudor en igualdad de condiciones.
-Los acreedores privilegiados son aquellos cuya acreencia tiene un privilegio, ósea
están autorizados por la ley para que se paguen con preferencia. (el acreedor
privilegiado satisface primero su crédito).
*Segundo Principio:
De acuerdo al art 1863: "el obligado personalmente está sujeto a cumplir su
obligación con todos sus bienes habidos y por haber".
-El acreedor no puede intervenir directamente ante el patrimonio del deudor. Ante el
incumplimiento debe acudir a órganos jurisdiccionales del estado. Al tener una
sentencia favorable ejecuta los del deudor por medio de los órganos jurisdiccionales.
-La ejecución en especie consiste en la entrega de la cosa objeto de la prestación al
acreedor o la destrucción de la cosa construida en contravención a una prestación de
no hacer.
-En los demás casos el proceso de ejecución consiste en convertir bienes del deudor
en dinero para el pago de la obligación.
-El patrimonio del deudor está constituido por su activo y pasivo. Activo se refiere a
los bienes propiedad del deudo, derechos reales, personales, patrimoniales etc., y el
pasivo a las obligaciones a su cargo.
-cuando el pasivo es mayor que el activo, se considera el deduro como insolvente.
-Los bienes que no están sujetos ejecución o embargo son: el hogar, si está
constituido legalmente, los muebles que estrictamente necesiten, libros, útiles para el
ejercicio de su profesión, terrenos o panteones y sus accesorios en cementerios, etc.
- Positivas: depende de la realización del hecho.
- Negativa: depende de la no realización del hecho.
c. Elemento Jurídico: Diversas Concepciones. Naturaleza. Elementos del
vínculo
Elemento jurídico: EL VÍNCULO: Es la sujeción que tiene el deudor a la necesidad de
cumplir al acreedor la actividad y el poder jurídico que tiene el acreedor de obligar al
deudor a cumplir mediante la intervención de los órganos jurisdiccionales.
Posiciones doctrinarias:
-Concepción personalista: se concibe al vínculo como un lazo o relación que une a
las personas del acreedor y del deudor.
-Concepción patrimonial: se concibe al vínculo como una relación de carácter
patrimonial es decir real, como una relación que enlaza al acreedor con el patrimonio
del deudor.
Elementos del vínculo:
-el débito: conducta que el deudor se compromete a realizar en beneficio del
acreedor.
-la responsabilidad: es el poder jurídico potencial que tiene el acreedor de obligar al
deudor a cumplir la actividad a la que se ha comprometido.
*intereses prácticos de la distinción entre débito y responsabilidad:
-casos de débito sin responsabilidad: el acreedor carece de poder jurídico de obligar
al deudor a cumplir, pues no puede agredir su patrimonio. Ej: una obligación pre-
escrita.
-casos de responsabilidad sin debito: situaciones en que una persona sin tener un
debito tiene responsabilidad, ya que puede ver expuesto su patrimonio a una
agresión jurídicas por parte del acreedor. (generalmente son obligaciones de
garantía). Ej: en el caso de una hipoteca (leer).
-casos en que la responsabilidad es menor que el débito: cuando la prestación que
pueda exigir coactivamente el acreedor mediante la agresión al patrimonio del
deudor, es menor que la prestación original a que se comprometió este. Se da en los
casos de aceptación de una herencia a beneficio de inventario, en el caso que el
deudor tiene la facultad de liberarse de la cosa o renuncia de un derecho, y en
clausulas limitantes y eximentes de responsabilidad.
-casos en que la responsabilidad es mayor que el débito: deudores solidarios y el
acreedor exige a uno de ellos el pago de la totalidad.
Nota: la responsabilidad y el débito no son autónomos, son vinculantes.
CONCLUSION
Muchos son los ejemplos, por no decir infinitos, de la cotidianidad en que acontecen
obligaciones. Rodríguez Ferrara refiere varias situaciones: deuda por compra, pago
de lo indebido, gestión de negocios, responsabilidad civil. “En la vida diaria es fácil
observar que las relaciones jurídicas obligacionales se establecen con mayor número
y frecuencia que cuales quiera otra de las relaciones jurídicas”. El desarrollo de la
industria y del comercio explica que el mayor número de los asuntos legales
constituyen aplicaciones prácticas de la teoría de las obligaciones. A cada momento
estamos celebrando contratos, aunque sean de cuantía insignificante y sin
formalidades de ninguna clase alguna. No puede dudarse de la importancia práctica
del Derecho de Obligaciones no solo en el campo del Derecho Civil sino en la
totalidad de los restantes sectores de la ciencia del Derecho, como es el caso del
Derecho público. Se trata pues de una materia de notable incidencia práctica y
cotidiana, que marca o define a su vez los lineamientos o bases de otras ramas del
Derecho Civil (como “Contratos y Garantías”), del Derecho Privado (como “Derecho
Mercantil”) y se proyecta inclusive en el Derecho en general. “Su importancia es
indiscutible. Discurre por todos los campos del Derecho, y no hay área del mismo
que no disponga sobre obligaciones. En cualquier lugar del mundo jurídico que nos
ubiquemos las encontramos”. No sin razón se afirma que la materia constituye la
médula espinal de la carrera de Derecho. La cabal comprensión de sus nociones y
principios, sin lugar a dudas, se proyectará en una aguda formación del profesional
que le servirá en otras ramas del Derecho y en la realidad cotidiana del ejercicio
profesional. No en vano se ha calificado el Derecho de las Obligaciones como el
“Centro del Derecho Civil”, pues las reglas fundamentales de las obligaciones
constituyen las primordiales del Derecho, se demuestra con el hecho que aquellas
pueden comprenderse sin el auxilio de ninguna otra noción jurídica, son accesibles a
los que ignoran las demás. Ninguna materia del Derecho presente este mismo
carácter.
El objeto de la obligación es la prestación y se define como la actividad humana que
va a tener que ser desplegada por el deudor y que va a consistir en un efectivo dar,
en un efectivo hacer o en un efectivo no hacer. Toda obligación, entonces, tiene por
prestación el dar, el hacer o el no hacer algo.
El objeto de una obligación es la conducta que se pretende obtener, una conducta
específica que puede consistir en una prestación o una abstención y las cosas sobre
las cuales recae la conducta.
La palabra obligación tiene tanta energía y expansividad, que resulta comprensible
su frecuente utilización tanto en el sentido técnico, como en sentido coloquial. Por
consiguiente, es evidente que no proponemos el abandono de la denominación
clásica, sino describir de entrada que -en términos técnicos- es más correcto y
adecuado hablar de relación obligatoria que de obligación a secas.
Por otro lado, -además de otras circunstancias aquí omitidas- los propios datos
legales han favorecido la denominación clásica.
Como veremos, la existencia de cualquier contrato supone un entrecruzamiento de
derechos y obligaciones entre las partes contratantes. Sin embargo, el propio CC
prefiere optar por insistir en la idea de obligación en vez de resaltar la de derecho
(derecho de crédito), aunque evidentemente se da por supuesto que la idea de
obligación lleva inherente la existencia de un crédito frente al obligado.
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