Etnohistoria. Culturas de Mesoamerica
Etnohistoria. Culturas de Mesoamerica
Mesoamérica es una región histórica del continente americano que comprendía los actuales
países de Costa Rica, Nicaragua, Honduras, El Salvador, Guatemala, Belice y centro-sur de
México. Su nombre proviene del griego, mesos que significa “medio” o “intermedio” y alude a
las tierras del centro de América. La región es considerada una de las seis cunas de la civilización
temprana del mundo, habitada por diversos pueblos en distintas épocas.
Durante miles de años Mesoamérica estuvo poblada por sociedades sedentarias, como los
olmecas, zapotecas, mayas, toltecas y aztecas. Estas civilizaciones se caracterizaron por su gran
desarrollo cultural con un estilo arquitectónico sofisticado, por las prácticas de cultivo (de maíz,
frijoles, aguacate y vainilla) y por los complejos sistemas de gobierno y de religión.
Los arqueólogos estiman que en el 11.000 a.C. los pueblos de cazadores y recolectores
ocupaban la mayor parte del territorio de Mesoamérica. El cambio hacia la agricultura comenzó
a partir del 7.000 a.C. y permitió que los pueblos se establezcan de manera sedentaria.
La domesticación gradual de las plantas alimenticias, como maíz, frijoles y calabazas, dio lugar a
la vida agrícola que se vio beneficiada por las propiedades del terreno húmedo y fértil. La lucha
por el control de esas tierras agrícolas por parte de los sectores dominantes dio origen a la
primera civilización mesoamericana, los olmecas.
LOS OLMECAS
Los olmecas conformaron la primera civilización de Mesoamérica que habitó en las tierras bajas
del Golfo de México, entre los actuales estados de Veracruz y Tabasco. Fueron los antecesores
de otras culturas precolombinas como la azteca, tolteca y maya. Se estima que habitaron la
región en¿Qué significa "olmeca"? Se desconoce el nombre con el que ellos mismos se
identificaban. La palabra “olmeca” es de origen azteca y significa “habitantes de la región de
hule” debido a que en esa región abundaban los árboles de hule, de los que los olmecas
extraían la sustancia de látex para elaborar el caucho.
Durante mucho tiempo se consideró que la olmeca era la cultura madre de todas de la
civilización mesoamericana. Sin embargo, no está claro el proceso que dio origen al estilo
artístico identificado con esta sociedad, ni hasta qué punto los rasgos culturales que se revelan
en la evidencia arqueológica son creación de los olmecas del área nuclear. Se sabe, por ejemplo,
que algunos de los atributos propiamente olmecas podrían haber aparecido primero en Chiapas
o en los Valles Centrales de Oaxaca. Entre otras dudas que están pendientes de respuesta
definitiva está la cuestión de los numerosos sitios asociados a esta cultura en la Depresión del
Balsas (centro de Guerrero).
Sea cual haya sido el origen de la cultura olmeca, la red de intercambios comerciales entre
distintas zonas de Mesoamérica contribuyó a la difusión de muchos elementos culturales que
son identificados con la cultura olmeca, incluidos el culto a las montañas y a las cuevas, el culto
a la Serpiente Emplumada como deidad asociada a la agricultura, el simbolismo religioso del
jade e incluso el propio estilo artístico, que fue reelaborado intensamente en los siglos
posteriores al declive de los principales centros de esta época.
La civilización olmeca se desarrolló en la llanura de la costa del Golfo de México, en los actuales
territorios de Veracruz y Tabasco. Era una región de selva tropical espesa, cálida y húmeda,
atravesada por numerosos ríos y lagunas sobre los que se ubicaron los asentamientos urbanos.
Además, construyeron grandes centros urbanos (como San Lorenzo y La Venta) que utilizaron
con fines ceremoniales y en los que la élite desarrollaba sus actividades. Las construcciones y
los monumentos olmecas demuestran el avanzado nivel de complejidad y sofisticación de su
civilización.
Según evidencias arqueológicas, se han encontrado artefactos olmecas (hechos con roca
volcánica y con piedras semipreciosas, como el jade y la obsidiana), en toda la región
mesoamericana, lo que indicaría la existencia de una amplia red comercial.
La economía de los olmecas estaba basada principalmente en los productos agrícolas, con los
que comerciaban tanto entre ellos como con otros pueblos vecinos, sobre todo con los pueblos
nómadas, principalmente los olmecas reproducían cultivo del maíz, además del frijol, calabaza,
cacao, entre otros. Además construyeron grandes centros urbanos (como san lorenzo y la
venta).
Su religión desarrolló todos los temas importantes encontrados en los cultos posteriores. Tenían
una religión politeísta, gran número de sus dioses eran relacionados con la agricultura y otros
elementos como el sol, el agua, los volcanes, animales, etc.
Hay muchos animales considerados dioses, como el caimán, sapos, reptiles, todos los animales
de la zona. Normalmente, aparecen mezclados entre ellos, cabezas de unos y cuerpos de otros,
creando seres mitológicos. En ocasiones para sus representaciones religiosas tienden a la
abstracción, con lo cual no se sabe exactamente qué pudo significar la muerte.
Se cree que pudo ser una religión dinástica, sus dioses estarían relacionados directamente con
los gobernantes, con los señores de los centros ceremoniales, gobernantes con poderes
sobrenaturales, descendientes directos de las divinidades.
Es una religión compleja, que no se ha conseguido descifrar aún. Pero se cree que pudo tener
toda una doctrina aceptada por el pueblo, para justificar, explicar y legitimar a los linajes
gobernantes, las desigualdades sociales, las fuerzas sobrenaturales y establecer vínculos entre
éstas y los gobernantes. La religión estaría institucionalizada, con un cuerpo doctrinal y su
panteón. De esta forma también los líderes gubernamentales utilizaban un símbolo de una
figura de animal para identificarse.
· El espíritu de lluvia
· El monstruo pez
Las ceremonias religiosas dirigidas a los dioses, que incluían ofrendas y rituales, probablemente
eran dirigidas por la élite gobernante, los sacerdotes, y tenían lugar en los centros ceremoniales
de La Venta y San Lorenzo.
Ya que la cultura olmeca fue la primera civilización en Mesoamérica, se especula que muchos
logros mesoamericanos tuvieron lugar por primera vez en el seno de su cultura. Entre otras
cosas, se acredita a los olmecas el desarrollo del calendario, la escritura y la epigrafía.
Se han encontrado ciertas inscripciones en algunas estelas que contienen glifos. Según algunos
historiadores, una de estas estelas cuenta la vida de un gobernante, pero todavía no obtiene la
unanimidad de la comunidad internacional. Entre 1991 y 1994 los lingüistas Terrence Kaufman y
John Justeson llevaron a cabo un trabajo de desciframiento que les llevó a identificar la lengua
de las inscripciones olmecas como una lengua mixe-zoque, en particular una lengua antecesora
del proto-zoque y por tanto emparentada algo más distantemente con el proto-mixe. Este
desciframiento muestra que los glifos son de hecho parte de un silabario.
arte olmeca se refiere a las manifestaciones artísticas que se conservan de la cultura olmeca que
se desarrolló durante el Preclásico Medio de Mesoamérica (floreció entre 1200 a. C. y 500 a. C.)
y es considerada la primera de las grandes civilizaciones de esa región.8 Aunque los olmecas
ocuparon en especial la zona norte del istmo de Tehuantepec los principales sitios
arqueológicos están en San Lorenzo, La Venta y Tres Zapotes, así como en Villahermosa y
Tabasco su influencia se extendió a muchas regiones mesoamericanas y muchos aspectos
culturales comunes de esas culturas se iniciaron con ellos, como el culto a las montañas y a los
lugares elevados (como la pirámide cónica de La Venta), el culto a la Serpiente Emplumada y al
dios jaguar, el juego de pelota o el simbolismo religioso del jade. La cultura olmeca, que inventó
la escritura usando pictogramas e ideogramas, y el calendario, fue identificada en un principio
como un estilo artístico y ese sigue siendo su sello distintivo.9 Fue una referencia y un legado
para todas las culturas posteriores de América Central toltecas, zapotecas y hasta los aztecas
siendo ejemplo la escritura maya, que tiene sus raíces en el primer sistema glífico desarrollado
por los olmecas.
«Altares» rectangulares (probablemente tronos según Ann Cypher)171819 como el famoso altar
de La Venta, con una cavidad en su parte frontal que representa una puerta al inframundo, de
donde sale un personaje mitológico que sostiene una cuerda que rodea todo el altar a modo de
cenefa.
Estelas, introducidas más tarde que las cabezas colosales, los altares o las esculturas
independientes. En sus inicios eran una simple representación de figuras como el monumento
19 o la estela 1 de La Venta, pero más adelante llegaron a representar eventos históricos, en
particular actos que legitimarian a los gobernantes. Esa tendencia culminaría en monumentos
post-olmecas como la estela 1 de La Mojarra, que combina imágenes de gobernantes con glifos
y fechas del calendario de cuenta larga.
Otro tipo de artefactos mucho más pequeños son las tallas de piedra dura en jade de una cara
en forma de máscara. El jade era un material particularmente precioso y sería utilizado como
una señal de rango por las clases dominantes.Ya en 1500 a. C., los primeros escultores olmecas
dominaban la forma humana,22 como atestiguan las esculturas de madera descubiertas en los
zonas pantanosas de El Manatí.Los curadores y estudiosos se refieren a las máscaras faciales de
«estilo olmeca» —cabezas humanas lo bastante grandes en comparación con el cuerpo del
personaje, una combinación de ojos hundidos, fosas nasales chatas y boca amplia en arco
ligeramente asimétrica, con el labio superior grueso (el labio olmeca, que se ha relacionado con
la forma de la boca del jaguar)y un mentón pequeño, con a veces con una hendidura en la
cabeza— pero, hasta la fecha, no se ha recuperado ningún ejemplo en un contexto olmeca
controlado arqueológicamente. Han sido recuperadas en sitios de otras culturas, incluido una
depositada deliberadamente en el recinto ceremonial de Tenochtitlan (Ciudad de México). La
máscara presumiblemente tendría unos 2000 años cuando los aztecas la habrían enterrado, lo
que sugiere que tales máscaras fueron valoradas y coleccionadas como lo fueron las
antigüedades romanas en Europa. Como las artes olmecas estaban fuertemente ligadas a su
religión, que destacaba a los jaguares —creían que en el pasado lejano se habría formado una
raza de «hombres-jaguar» entre la unión de un jaguar y una mujer el «estilo olmeca» también
combina características faciales de humanos y jaguares.
Destacan también una serie de figurillas de arcilla y piedra, conocidas como miniaturas olmecas,
que se encuentran abundantemente en yacimientos arqueológicos a lo largo del periodo
formativo, y entre ellas, los llamados rostros de bebé, pequeñas esculturas de cerámica de color
blanco, con cara de niño, cabeza grande, ojos almendrados, labios gruesos, ataviadas con un
casco, y el cuerpo en forma de pera. También pueden citarse las hachas Kunz (también
conocidas como «hachas votivas»), figuras que representarían a los «hombres-jaguar» y que
aparentemente fueron utilizadas para rituales. En la mayoría de los casos, la cabeza es la mitad
del volumen total de la figura. Todas las hachas Kunz tienen la nariz plana y una boca abierta. El
nombre «Kunz» proviene de George Frederick Kunz, un mineralogista estadounidense, que
describió una figura en 1890. Otros jades característicos son las llamadas «cucharas olmecas».
Las muestras artísticas son muy complejas y aun hay muchos objetos que se están investigando.
En la zona del istmo de Tehuantepec también se desarrolló la cerámica, que en Barra, Locona y
Ocós alcanza grandes alturas artísticas.
Las principales piezas olmecas han sido recuperadas de los yacimientos excavados y han sido
trasladadas a museos, siendo las mejores colecciones las del Museo de Antropología de Xalapa
y del Parque Museo La Venta, con destacados ejemplares también en el Museo Nacional de
Antropología de la capital mexicana.
La población olmeca disminuyó de manera brusca entre el 400 y el 350 a. C. Aunque no hay
evidencias claras sobre las razones de su desaparición, los arqueólogos estiman que tuvo que
ver con los severos cambios ambientales a los que se enfrentaron: las inundaciones, la
desviación del curso de ríos de la región y la actividad del volcán Xitle fueron algunas de las
principales amenazas.
Se cree que estos factores disminuyeron la fertilidad de la tierra y esta situación forzó a los
olmecas a trasladar sus asentamientos, lo que les provocó una pérdida paulatina de fuerza y
poder.
ZAPOTECAS
La cultura de los zapotecos fue una civilización mesoamericana cuyos herederos habitan en los
actuales estados mexicanos de Oaxaca, Guerrero, Puebla y Veracruz. En la actualidad los
herederos de tal cultura viven aún concentrados en las tres entidades federativas del México
actual señaladas, pero el mayor número de ellos se encuentra como antaño, en el estado de
Oaxaca.
La antigua civilización zapoteca habitó el valle de Oaxaca, las sierras del norte del valle y parte
del Istmo de Tehuantepec, en el sur del actual México. Se desarrolló durante los periodos
Preclásico y Clásico de la historia mesoamericana, entre los años 500 a. C. y 900 d. C.
Sin embargo, luego del declive de la civilización zapoteca (con capital en Monte Albán), la
cultura perduró a lo largo de los siglos a través de poblaciones pequeñas que continuaron
habitando la región. Hoy en día, más de 800.000 personas se consideran descendientes
zapotecos.
Los zapotecas desarrollaron una agricultura muy variada. Ellos cultivaron varias especies de
chile, frijol, calabaza, cacao y, el más importante de todos: el maíz que a principios del periodo
clásico daba sustento a numerosas aldeas. Para tener buenas cosechas rendían culto al sol, la
lluvia, la tierra y el maíz.
Las mujeres y hombres del pueblo, que vivían en las aldeas, estaban obligados a entregar como
tributo: el maíz, los guajolotes, la miel y el frijol. Además de agricultores los zapotecos
destacaron como tejedores y alfareros. Son famosas las urnas funerarias zapotecas que eran
vasijas de barro que se colocaban en las tumbas. Los zapotecos alcanzaron un elevado nivel
cultural y fueron, junto con los mayas, el único pueblo de la época que desarrolló un sistema
completo de escritura. Por medio de jeroglíficos y otros símbolos grabados en piedra o pintados
en los edificios y tumbas, combinan la representación de ideas y sonidos.
Las grandes ciudades que construyeron los pueblos agrícolas de Mesoamérica, crecieron y
estuvieron habitadas durante varios siglos. Sin embargo, entre los años 700 y 800 d. C., casi
todas ellas fueron abandonadas. Primero en Teotihuacán, después en la zona maya y luego en
Monte Albán. A pesar de eso, florecieron nuevos centros ceremoniales como Cacaxtla y El Tajín.
Durante este periodo también subsistieron señoríos avanzados en el Altiplano, como los de
Cholula y Xochicalco; y en los estados de Guerrero, Michoacán, Colima, Jalisco, Nayarit, Sinaloa,
Guanajuato, Aguascalientes y Querétaro, se desarrollaron las culturas de Occidente.La mayor
parte del tiempo, se dedicaban a la agricultura.
La religión de los zapotecas era politeísta, es decir, creían en la existencia de múltiples dioses. El
cielo y la tierra estaban regidos por dioses que eran benevolentes, pero que podían enojarse y
perjudicar al pueblo zapoteca a través de desastres naturales como los terremotos o la sequía.
En su cosmovisión, la superficie de la tierra era llamada yoo yeche layo, que significa “casa de la
tierra”. Arriba de la tierra había nueve cielos y al superior lo llamaban yoo yaba, que significaba
“casa del cielo”. Debajo de la superficie de la tierra, había nueve inframundos y el inferior era
llamado yoo gabila, es decir, “casa del inframundo”. Cada una de estas casas estaba dividida en
cuatro cuadrantes (norte, sur, este y oeste) y un centro.
Para los zapotecas, los dioses eran la causa de todo lo que sucedía. Pensaban que cada uno de
los aspectos de la vida de las personas y de la naturaleza estaba regido por el designio de los
dioses. El panteón zapoteca estaba conformado por:
· Pitao Cozaana y Pitao Huichaana. Patrón de la caza y patrona de la fertilidad, fueron los
dioses creadores de los elementos naturales (montañas, ríos y valles) y de los seres vivos
(animales, peces y humanos).
· Pitao Copiycha. Dios del sol, proveía de la luz que los seres vivos necesitan para
sobrevivir.
· Cocijo. Dios de la lluvia, los abastecía de agua necesaria para los cultivos y la
supervivencia de las personas.
· Pitao Cozobi. Dios del maíz, aseguraba las buenas cosechas para la alimentación de los
zapotecas.
· Pitao Paa. Dios de la fortuna, podía enriquecer a los mercaderes y cuidar las rutas
comerciales.
· Pitao Peeze. Patrón de los hechiceros y ladrones, podía enviar embrujos y engañar a las
personas.
· Pitao Pezeelao y Xonaxi Quecuya. Patrones del más allá, recibían a los muertos en la casa
del inframundo y, si eran venerados, podían ayudar a superar enfermedades y
epidemias. Eran especialmente consultados antes de comenzar las guerras con
enemigos.
Los zapotecas creían que las familias nobles (entre ellas la del gobernante) descendían
directamente de los dioses. Cuando un noble moría, volvía a los cielos y podía comunicarse con
los dioses, para pedir su favor e interceder por la comunidad zapoteca en situaciones de crisis.
La ciudad de Mitla, ubicada en la Sierra Norte de Oaxaca, era el centro ceremonial religioso de
los zapotecas. Allí se ubicaba el templo principal y habitaba la jerarquía sacerdotal. Además, se
cree que allí funcionaban grupos de oráculos que eran, a su vez, centros de peregrinación. En
los oráculos se consultaba a los sacerdotes tanto por asuntos de la vida cotidiana como por
cuestiones políticas y militares.
Todas las ciudades y aldeas zapotecas tenían templos y residencias para sus sacerdotes. Allí se
realizaban los rituales y ceremonias para venerar a los dioses y pedirles favores. Cada ciudad
tenía un dios patrón al que se lo veneraba especialmente.
Los sacerdotes debían practicar el celibato (no podían casarse ni tener relaciones físicas con
otras personas) y mantener un código estricto de comportamiento. Además, en los templos
había vírgenes sacerdotisas que atendían a los sacerdotes y llevaban adelante tareas menores
en algunas ceremonias.
Actualmente, los arqueólogos han logrado reunir más de cien glifos que pertenecieron a este
sistema. Sin embargo, la escritura zapoteca no ha sido aún del todo descifrada. Se cree que se
trata de un sistema logosilábico (cada glifo puede representar sonidos o ideas) y que se lee por
columnas, de arriba hacia abajo.
· Calendario ritual. Los zapotecas creían que el tiempo era cíclico: para ellos, en vez de
estar en un devenir continuo hasta el futuro, el tiempo volvía sobre sí mismo y se movía
como una rueda a través de los años. Esta creencia marcaba el calendario ritual, creado
para organizar las ceremonias y respetar los tiempos sagrados: 13 meses identificados
con números marcaban 20 días.
· Calendario solar. Además, crearon otro calendario relacionado con los ciclos agrarios.
Contaba con 18 meses de 20 días, y unos 5 días restantes. Esta organización se utilizaba
para marcar los tiempos de siembra y cosecha, fundamentales en la producción agrícola.
La organización social de los zapotecas estuvo marcada por una rígida estructura que dividía a la
población en dos castas: la nobleza y el pueblo. Esta separación respondía a un criterio religioso.
Creían que cuando una persona noble moría, se convertía en un ancestro que podía hablar con
los dioses e interceder a favor del pueblo zapoteca. En cambio, cuando una persona plebeya
moría, volvía a la tierra de donde provenía.
Por otro lado, el sacerdocio constituía un grupo social aparte en el que las diferencias de clase
quedaban relegadas ante el rol religioso.
· Nobleza. Era un grupo de familias cerrado y endogámico; una persona noble nacía y se
relacionaba con gente de la nobleza y solo podía contraer matrimonio con otra persona
noble. Dentro de la clase alta existía una jerarquía determinada por la cercanía a la
familia del gobernante. Vivían en las “casas nobles” que habían sido construidas en
Monte Albán para tal fin, mientras que la familia del gobernante habitaba el “palacio
real”. Todos los altos cargos de gobierno y las altas jerarquías militares eran asignados a
personas de la nobleza.
Más allá de la estructura rígida que dividía a las castas, dentro de la plebe primaba cierta
libertad de acción, de la que carecían otros pueblos mesoamericanos. No había limitaciones
ocupacionales ni de movimiento social. Los esclavos podían volver a ganarse su libertad,
dedicarse a una ocupación de su gusto y hasta casarse con cualquier otra persona (que no fuera
noble).
Orden sacerdotal. Técnicamente la orden sacerdotal no puede considerarse como una clase
aparte. Sin embargo, dentro de este grupo social se notaba menos la división estricta que
afectaba al resto de la sociedad. La jerarquía eclesiástica estaba compuesta por personas de
origen noble, pero a la orden sacerdotal también podían unirse plebeyos. El estilo y la calidad
de vida que llevaban no estaba tan diferenciado y, si bien los roles de la alta jerarquía eran más
importantes, compartían con el resto de los sacerdotes muchas responsabilidades y actos
ceremoniales. En muchas ocasiones, el servicio a los dioses primaba por sobre la familia de
nacimiento. En los sacrificios ceremoniales que se ofrecían a los dioses, se aceptaba tanto la
sangre de los sacerdotes nobles como la de los plebeyos.
A partir del estudio de las ruinas y los restos arqueológicos, los especialistas pudieron descifrar
muchas de las costumbres de los antiguos zapotecas.
Las diferencias de jerarquía social se notaban por el lugar de residencia, la ocupación laboral, la
vestimenta y el lugar que se ocupaba en las ceremonias religiosas o los actos públicos. Por
ejemplo, la ropa de los nobles era de algodón teñido en diferentes colores, un material cómodo
para el clima templado y las temperaturas de la región. Además, utilizaban adornos con plumas
y joyas de oro y piedras preciosas. En cambio, la plebe vestía ropa hecha con fibra de agave y de
colores naturales, una tela más rústica y menos fresca. Esta diferencia de vestimenta permitía
que los nobles ostenten su estatus y, de esa manera, los plebeyos muestren el debido respeto a
su encuentro.
Numerosas ciudades y aldeas tenían espacios dedicados al juego de pelota. Los arqueólogos
aún no están seguros de cómo eran las reglas del juego. Sin embargo, a partir de los glifos que
rodean los campos de juego se sabe que los jugadores debían usar rodilleras, guantes, y otros
elementos de protección. Las pelotas eran de caucho, lo que les permitía rebotar.
En las aldeas más pequeñas, estos campos de juego solo implicaban un espacio delimitado al
aire libre, muchas veces acompañado por alguna representación pictórica del juego en alguna
pared de las cercanías. En cambio, en las grandes ciudades se realizaban construcciones
decoradas y el espacio parecía tener un lugar de importancia en el planeamiento de la ciudad. El
campo de juego más imponente fue el de la ciudad de Dainzu. Allí las paredes del complejo
tienen grabados con competidores del juego de pelota.
Los zapotecas eran expertos trabajadores del oro y piedras preciosas, como el jade. Los orfebres
eran artesanos especializados en joyería para la nobleza. En cambio, los alfareros que producían
cerámica lo hacían para personas de ambas castas. La cerámica se utilizaba tanto para piezas de
uso cotidiano de almacenamiento y cocción de alimentos, como para adornar hogares, edificios
públicos o templos. Muchas cerámicas tenían dibujos complejos que, junto a algunos glifos de
escritura, contaban una historia o representaban una imagen específica de las creencias
zapotecas.
Arquitectura zapoteca
Desde los centros urbanos con sus imponentes construcciones se dominaba toda la sociedad.
Las ciudades más importantes de la cultura zapoteca fueron San José Mogote, Monte Albán y
Mitla.
Las familias nobles zapotecas construían monumentos y edificios públicos para consolidar su
lugar junto a los gobernantes. En el interior, sus amplios ambientes se destinaban a las
actividades ceremoniales y de gobierno, la acumulación de bienes y la organización de la
ciudad. Además, construían sus residencias en las cercanías del palacio real, con materiales
costosos y abundantes decoraciones. Las construcciones de las casas plebeyas eran realizadas
con piedra y barro y eran más pequeñas que las de la nobleza.
Monte Albán era el centro de la política y la economía zapoteca. Desde el palacio real, el
gobernante regía sobre toda la población que se encontraba bajo su dominio. Aunque algunos
pueblos y ciudades que estaban más alejados tenían cierto grado de autonomía para manejar
sus asuntos, todos debían acatar las órdenes del gobernante y pagar los tributos que se
imponían desde la ciudad capital.
Viniendo del norte, los mixtecas sustituyeron a los zapotecas en Monte Albán y posteriormente
en Mitla; los zapotecas capturaron Tehuantepec de los zoques y los huaves del golfo de
Tehuantepec. Para la mitad de siglo xv, los zapotecas y mixtecas lucharon para evitar que los
mexicas ganaran el control de las rutas comerciales hacia Chiapas, Veracruz y Guatemala. Bajo
el mando de Cosijoeza, los zapotecas soportaron un largo sitio en la montaña rocosa de
Guiengola, manteniendo la vista sobre Tehuantepec. Finalmente, para conservar su autonomía
política, establecieron una alianza con los mexicas, misma que se vería rota con la llegada de los
españoles y la posterior caída de Tenochtitlan.
MAYAS
La cultura maya fue una de las más importantes civilizaciones mesoamericanas. Habitó la
Península de Yucatán desde 2000 a. C. hasta la conquista de los españoles, en 1527 d. C.
Profundizaron los conocimientos sobre los astros y crearon un sistema de escritura complejo, un
sistema numérico propio y nuevas técnicas de cultivo para perfeccionar la producción de
alimentos.
A lo largo de su historia, los mayas ocuparon un extenso territorio, que comprendía tres
regiones diferenciadas por sus características geográficas:
· Las tierras altas. En los actuales países de Guatemala, Honduras y El Salvador, era una
zona montañosa con gran actividad volcánica.
· Las tierras bajas del Petén. En Guatemala, Belice y el sur de la Península de Yucatán, era
una zona de bosques y selvas.
· Las tierras bajas del norte. Al norte de la Península de Yucatán, era un territorio de
bosques, montes y una llanura con pocos ríos.
La historia de la civilización maya abarca más de 3500 años y se divide en los siguientes
periodos:
· Preclásico (2000 a. C.-250 d. C.). En este periodo, los mayas desarrollaron su cultura
agrícola y adoptaron formas de vida sedentarias. Hacia el 320 d. C. y durante el último
lapso de este período (llamado Preclásico tardío) aparecieron los primeros centros
urbanos.
· Clásico (250-900 d. C.). Este periodo abarca el desarrollo del llamado “Imperio Antiguo”,
con el auge de importantes ciudades como Tikal, Palenque, Bonampak y Copán. Hacia
finales del siglo IX d. C., los pobladores mayas abandonaron las ciudades y emigraron
hacia el norte de la Península de Yucatán. Los especialistas creen que las causas de estas
migraciones estuvieron ligadas al agotamiento de la fertilidad de los suelos, a los
problemas políticos entre la ciudades y a invasiones de otros pueblos mesoamericanos.
· Posclásico (950-1527 d. C.). En estos siglos se dio el desarrollo del “Imperio nuevo”,
marcado por la alianza de las ciudades de Chichén Itzá, Mayapán y Uxmal. Durante el
siglo XV d. C., las disputas entre estos centros urbanos llevaron a la disolución de su
unidad política. Finalmente, durante la primera mitad del siglo XVI, los españoles
conquistaron el territorio.
Los mayas parecen haberse desarrollado junto a la vecina civilización olmeca, la cual algunos
consideran una de las sociedades más influyentes de la antigüedad, e intercambiaron ideas con
ella. Los investigadores creen que fue entonces cuando los mayas adoptaron los complejos
rituales por los que se harían famosos. Al igual que los olmecas, los mayas pronto se centraron
en la construcción de ciudades alrededor de sus áreas rituales. Estos avances en la agricultura y
el desarrollo urbano se conocen ahora como el periodo preclásico de los mayas, entre el 1500 y
el 200 a.C.
A medida que los mayas fueron construyendo su sociedad, sentaron las bases de complejas
redes de comercio, técnicas avanzadas de irrigación, purificación del agua y agricultura, guerra,
deportes, escritura y un complejo calendario. El intrincado calendario incluía tres sistemas de
datación: uno para los dioses, otro para la vida civil y un tercer calendario astronómico conocido
como la Cuenta Larga. El punto de partida de este tercer calendario se fijaba en la fecha
legendaria de la creación de los humanos, correspondiente al 11 de agosto de 3114 a.C. El
calendario de la Cuenta Larga comenzaba un nuevo ciclo el 21 de diciembre de 2012, lo que dio
lugar al mito de que el mundo se acabaría en esa fecha. (Sin embargo, a pesar de las leyendas
urbanas y de las largas interpretaciones erróneas de la tradición maya, el cambio de ciclo del
calendario no trajo consigo el fin del mundo).
Durante el periodo clásico (200-900 d.C.), la civilización maya alcanzó su máximo esplendor.
También lo hizo su arquitectura: los mayas perfeccionaron sus templos piramidales y sus
grandes edificios que parecen ser palacios, aunque no está claro si se utilizaban realmente
como residencias de la élite o si cumplían alguna otra función.
Entre las ciudades mayas más importantes estaban Palenque, Chichén Itzá, Tikal, Copán y
Calakmul. Pero aunque los mayas compartían una sociedad, no era un imperio. En cambio, las
ciudades-estado y los gobernantes locales vacilaban entre la coexistencia pacífica y la lucha por
el control. Algunos lugares, como la aldea de Joya de Cerén, parecen haber sido dirigidos por un
gobierno colectivo en lugar de un señor de élite.
La arquitectura y el arte mayas reflejaban creencias religiosas muy arraigadas. Los mayas
abrazaron la creencia de K'uh y k'uhul: que la divinidad podía encontrarse en todas las cosas,
incluso en los objetos inanimados. Una vez más, el maíz era vital para estas creencias: Entre los
dioses mayas más importantes estaba Hun Hunahpu, el dios del maíz, y la tradición maya
sostenía que las deidades crearon a los humanos primero de barro, luego de madera y después
de maíz.
Los mayas adoraban a sus dioses con una variedad de rituales. Entre ellos se encontraban los
sacrificios humanos y las sangrías, costumbres que capturan la imaginación moderna. El
deporte maya del pitz, precursor del fútbol, tenía sus propias implicaciones rituales: los
investigadores creen que a veces se sacrificaba a los perdedores del juego en reconocimiento a
los dioses mayas del sol y de la luna, de los que se dice que jugaban al mismo juego en el mito
de la creación maya, el Popol Vuh.
Los mayas organizaron un sistema político de ciudades-Estado. Cada ciudad era independiente,
controlaba una porción de territorio aledaño y tenía sus propias autoridades políticas y
religiosas. Entre las ciudades mayas había fuertes vínculos comerciales y culturales.
En la cultura maya, los gobiernos eran teocráticos: el poder político y el religioso estaban
unidos. Cada ciudad era dirigida por un jefe supremo llamado halach huinic, que además de
tener poderes civiles y militares, cumplía importantes funciones religiosas. Se creía que el
halach huinic era un mediador entre los dioses y los hombres. Este gobernante era asesorado
por un sumo sacerdote (máxima autoridad religiosa) y un consejo conformado por nobles y
clérigos.
a sociedad maya estaba dividida en grupos diferenciados por su origen, sus actividades y su
importancia dentro de la comunidad:
Los esclavos. Eran prisioneros de guerra que estaban obligados a trabajar en la construcción de
edificios públicos y templos, además de llevar cargas para los comerciantes.
Organización económica
En cambio, en las tierras altas utilizaron un sistema de cultivo en terrazas: construían escalones
en las laderas de las montañas, con varios metros de profundidad y cientos de metros de ancho,
sostenidos con piedras que les permitían mantener la tierra fértil.
Los mayas cultivaban maíz, calabazas, frijoles, mandioca, batata, ajíes, tomate y cacao. Además,
recolectaban frutos silvestres como la guayaba, el aguacate y la papaya, y cazaban venados,
monos y aves. Por su fibra, utilizaban la planta maguey para hacer sogas y bolsos.
Los mayas fueron asiduos guerreros y tuvieron numerosos conflictos político-militares a lo largo
de su historia. Los reinos mayas competían entre sí por diversas razones: control de territorios y
rutas comerciales, o por supremacía política. No se sabe con certeza cómo era la organización
militar interna en sus ejércitos. Sin embargo, los especialistas afirman que los altos cargos
militares quedaban a manos de la nobleza y que, en muchos casos, los campesinos eran
llamados a tomar las armas como soldados cuando era necesario.
Sus armas predilectas fueron las cerbatanas, espadas de obsidiana y, sobre todo, el atlatl, una
lanza larga. En el arte maya, especialmente en el periodo Clásico, abundan las escenas bélicas,
así como en algunas inscripciones. Se relatan historias y, en algunos casos, el sacrificio del
gobernante derrocado.
Arquitectura maya
civilización maya
Cada ciudad maya se distinguía en el estilo de su arquitectura ya que dependía de los materiales
disponibles, la topografía específica y los gustos de la élite.
Todas las ciudades construían palacios de gobierno y distintos tipos de edificios religiosos. Los
templos más importantes eran de piedra con forma de pirámide escalonada, con muros
exteriores e interiores pintados con colores vivos.
Muchas ciudades mayas tenían canchas de juego de pelota. Era un juego sagrado, en el que se
trataba de pasar una pelota de caucho por un aro de piedra colocado a gran altura en la pared.
Si bien no se conoce en detalle la dinámica del juego, los especialistas creen que los jugadores
solo podían tocar la pelota con la espalda, las rodillas, los codos o la cadera.
Escritura maya
Se cree que los mayas heredaron algunos elementos de la antigua escritura olmeca.
Los mayas desarrollaron un sistema de escritura logosilábico. A través de glifos simbolizaban
ideas, palabras y sílabas. La escritura era utilizada principalmente por los sacerdotes, que
escribían en códices elaborados con tiras de papel obtenido de la corteza de los árboles.
Además, se escribía en las paredes de los templos y algunos edificios públicos, en estelas de
piedra y en vasijas para denotar el contenido o acompañar su decoración.
Los mayas también crearon un sistema de numeración vigesimal (basado en 20 dígitos) que
combinaba tres signos e incluyeron la noción del cero (que, en Europa fue introducida por los
árabes recién 900 años después).
Los arqueólogos y lingüistas han descubierto que en la cultura maya no se hablaba un solo
idioma. Se cree que durante la historia de esta civilización, existieron más de treinta lenguas
distintas, derivadas del protomaya (el idioma original ancestral, que los lingüistas suponen que
se hablaba al comienzo del periodo preclásico).
La mayoría de los textos e inscripciones del periodo clásico se encuentran escritos en choltí
clásico. Sin embargo, los especialistas consideran que se trataba de un idioma litúrgico utilizado
por la nobleza y los sacerdotes, y que el resto de la población hablaba otras lenguas.
Las prácticas religiosas mayas se basaron en agradecer eternamente a los dioses por su
existencia, a través de ofrendas y ceremonias para evitar su ira. Las ofrendas podían ser de todo
tipo; desde flores, alimentos y otros elementos de la naturaleza, hasta sacrificios de animales y
personas.
Los mayas eran politeístas, es decir, creían en muchos dioses. Algunos de estos eran:
· Kin. Dios del sol, protector de la salud y, a la vez, señor de las sequías y el hambre.
Las teorías sobre la desaparición de la civilización varían. Una hipótesis, respaldada por
simulaciones climáticas, es que una larga sequía (combinada con técnicas agrícolas de tala y
quema que destruyeron los bosques de los que dependían los mayas) fue lo que llevó el
desastre a sus puertas. De repente, los centros de las ciudades, que antes eran ricos, se
convirtieron en páramos desiertos, ya que algunos mayas murieron y otros se dispersaron hacia
tierras más fértiles y montañosas del sur. Mientras que ciudades antaño masivas como Chichén
Itza cayeron, ciudades como Mayapán cobraron protagonismo. Otros mayas abandonaron las
ciudades y se instalaron en pequeñas aldeas.
Aunque el pueblo maya persistió, la caída de la civilización maya dejó a los que se quedaron
vulnerables a las presiones de la colonización europea que comenzó en el siglo XVI. Cuando
España conquistó por completo a los mayas alrededor de en 1524, la mayoría de las ciudades
más importantes de los mayas ya habían sido abandonadas.
Mientras tanto, los exploradores españoles recién llegados prestaron poca atención a las ruinas
que yacían esparcidas por sus colonias, incluso mientras se apoderaban de las tierras mayas y
obligaban a sus indígenas a convertirse al cristianismo.
Entre 1511 y 1521, los mayas resistieron los intentos de conquista de los españoles. Luego de la
caída de Tenochtitlán, diversos ejércitos fueron enviados a la península de Yucatán. Los
españoles aprovecharon las disputas y enemistades entre las ciudades mayas, y pudieron
completar la conquista del norte de la península hacia 1546.
Sin embargo, algunas ciudades mayas en las tierras bajas del Petén se mantuvieron
independientes. Fue recién en 1697 que cayó la última de las ciudades mayas, Nojpetén, del
reino Itzá, en manos de Martín de Urzúa.
Cultura teotihuacana
La cultura teotihuacana fue una de las más importantes civilizaciones precolombinas
mesoamericanas. Surgió en el noreste del valle de México, alrededor de la ciudad de
Teotihuacán y su esplendor fue entre 200 d. C. y 550 d. C.
La cultura teotihuacana es una de las culturas precolombinas más misteriosas del continente.
Las ruinas de la ciudad Teotihuacán permiten imaginar la grandeza y el esplendor de su cultura,
pero debido a la escasez de otras fuentes, los especialistas aún debaten cuáles fueron sus
orígenes e intentan comprender las causas de su desaparición.
Teotihuacán fue el primer gran centro urbano en el valle de México, que alcanzó a tener 20
kilómetros cuadrados de extensión y llegó a albergar más de 150.000 habitantes. Tuvo gran
influencia en otras civilizaciones mesoamericanas. Las ciudades mayas de Tikal y Chichén Itzá
tomaron elementos del arte y la arquitectura teotihuacanos. Siglos después, los aztecas
peregrinaban a la ciudad abandonada de Teotihuacán para rendir culto y homenajear a sus
dioses. Sin embargo, los teotihuacanos se caracterizaron por tener una organización social muy
diferente a la del resto de los pueblos mesoamericanos, y los especialistas aún no están seguros
de cómo era la organización de su estado.
Hoy en día, las ruinas de la ciudad de Teotihuacán constituyen una zona de monumentos
arqueológicos de alto interés turístico y antropológico. La ciudad se destaca por su trazado y los
enormes palacios y pirámides que aún hoy conservan sus colores. En 1987, toda la zona fue
declarada Patrimonio Cultural de la Humanidad por la UNESCO.
Tuvo su esplendor entre 200 y 550 d. C., y ocupó el noreste del Valle de México.
· Su sociedad estaba estratificada en dos clases, con un grupo dirigente que controlaba
todas las tareas de gobierno y el ceremonial religioso.
La civilización teotihuacana ocupó la zona noreste del actual valle de México, específicamente
entre los municipios de Teotihuacán y San Martín de las Pirámides, a 78 kilómetros de la Ciudad
de México.
Las evidencias más antiguas de esta cultura datan del siglo II d. C., aunque su esplendor se situó
entre 200 d. C. y 650 d. C. Luego de su decadencia, hay evidencias de que la ciudad se mantuvo
habitada hasta que fue totalmente abandonada hacia mediados del siglo VIII d. C.
Sociedad teotihuacana
En la sociedad teotihuacana existían dos clases bien diferenciadas. La clase dirigente estaba
integrada por sacerdotes, militares y administradores. Este sector controlaba la organización de
la ciudad y ocupaba todos los cargos de gobierno y las funciones religiosas de importancia.
Vivían en palacios y palacetes del centro de la ciudad y se cree que se diferenciaban a través de
sus vestimentas.
La gran ciudad fue abandonada gradualmente alrededor del año 750 d.C.
Teotihuacán fue uno de los primeros grandes centros urbanos de importancia en América, por
eso se la conocía como “la gran ciudad”. Llegó a albergar a una población de casi 150.000
habitantes, en más de 2000 estructuras habitacionales y a ocupar una superficie de casi 21 km2.
Con estas magnitudes, es probable que haya sido un enorme centro de intercambio cultural y
comercial.
Una característica fundamental de Teotihuacán es que fue una ciudad planificada desde sus
inicios. Se dividió en barrios artesanales con mercados, grandes conjuntos habitacionales,
avenidas y templos. En el centro de la ciudad se construyeron numerosos palacios, templos,
espacios religiosos y edificios de gobierno.
Entre las ruinas actuales, se destacan las Pirámides del Sol y la Pirámide de la Luna, la Casa del
Sacerdote, el Palacio de los Jaguares, el Templo de Quetzalcóatl y el Palacio de Quetzalpapalotl.
Alrededor de este centro urbano, se construyeron cientos de casas para la población
trabajadora.
Cultura teotihuacana
La cerámica y la pintura mural fueron manifestaciones artísticas muy frecuentes en esta cultura,
en las que se mostraban comúnmente escenas mitológicas e iconografía relacionada con los
dioses. Los teotihuacanos elaboraban figurillas de barro cocido y vasijas con decoraciones en
bajorrelieve, selladas o pintadas. También crearon placas de barro con las que adornaban los
muros de los grandes palacios y templos, y esculturas de piedra pintadas con colores vivos.
Religión
A partir de las representaciones en los restos arqueológicos, los especialistas sostienen que
entre las principales creencias religiosas de los teotihuacanos se encontraban los siguientes
dioses:
· Dios de la lluvia. En base a ciertas evidencias, se considera que el principal culto era al
dios de la lluvia y de la tormenta. No se conoce el nombre que los teotihuacanos le
daban a este dios, pero la cultura azteca posterior lo llamaba Tlaloc y lo representaba
con los mismos elementos que en la iconografía teotihuacana. En las imágenes, este dios
tenía elementos de animales sagrados como el jaguar (de largos colmillos y grandes
garras), la serpiente (con lengua bífida), la lechuza (colocada en posición invertida), el
quetzal (de múltiples plumas) y la mariposa (con antenas y alas).
· Dios del fuego. Las representaciones del dios del fuego muestran un hombre viejo
desnudo que sostiene en la cabeza un brasero o incendiario.
Actualmente, no se conoce con certeza el origen del pueblo teotihuacano. Las palabras que hoy
se utilizan para nombrar los diferentes elementos de su cultura proceden de la cultura azteca,
que ocupó la ciudad de Teotihuacán muchos siglos después del abandono de los teotihuacanos.
El nombre Teotihuacán procede del náhuatl y significa “lugar donde los dioses han nacido”.
Según la cosmovisión azteca, los pobladores originales de la ciudad habían sido los quinametzin,
una raza de gigantes previos a la existencia humana. Sin embargo, se desconoce el idioma de
sus pobladores originales teotihuacanos y el nombre que con el que ellos se llamaban a sí
mismos.
Los historiadores y arqueólogos aún discuten cómo era la organización política del Estado
teotihuacano. Algunos consideran que había un gobernante único y otros sostienen que en
Teotihuacán existió un cogobierno colectivo, en el que los grupos étnicos tenían diferentes
niveles de poder y representación.
Sin embargo, se cree que la clase dirigente organizaba, administraba y tomaba las decisiones de
gobierno; mientras que la producción de alimentos y productos artesanales quedaba en manos
del resto de la población.
A través del comercio, los teotihuacanos conseguían otros elementos importantes para su arte y
arquitectura, como el jade, la turquesa, el cinabrio y la hematita.
Influencia económica. Más allá de su territorio, los teotihuacanos desarrollaron una gran red
comercial que llegó hasta las ciudades mayas de Tikal y Chichén Itzá.
Algunos autores creen que a finales del periodo Clásico la ciudad fue saqueada, quemada y
destruida sucumbiendo ante la sobreexplotación de los recursos naturales, las invasiones de
otros pueblos y los conflic- tos internos.
CULTURA TOLTECA.
La cultura tolteca fue una antigua civilización mesoamericana que habitó el norte del altiplano
mexicano entre 900 d. C. y 1200 d. C.
La ciudad principal de los toltecas fue Tollan-Xicocotitlan (también conocida como “Tula”) y se
cree que eran un pueblo guerrero que conquistó gran parte de la región. Su lengua principal era
el náhuatl, pero hay evidencias de que el estado tolteca era multiétnico (con población otomí y
huasteca).
Los toltecas son reconocidos por su amplia influencia en otras culturas de la región, como los
mayas y los aztecas. Sin embargo, para historiadores y arqueólogos constituyen uno de los
misterios más interesantes de las culturas precolombinas. Para la época de la conquista
española, muchas de las dinastías reinantes de las civilizaciones americanas (como los
zapotecas, los aztecas y los quiché) afirmaban ser descendientes de los toltecas. Sin embargo,
muchos de los registros sobre la cultura tolteca mezclan elementos mitológicos con datos de la
realidad, por lo que su historia es difícil de interpretar.
Los toltecas habitaron el norte de la región mesoamericana, en los actuales estados mexicanos
de Zacatecas, Hidalgo y parte de Jalisco. Se cree que durante el siglo X d. C. emigraron desde los
desiertos del norte (al que en su mitología llamaban Huehuetlapallan o “Vieja tierra roja”) hasta
Culhuacán, en el valle de México.
La historia de los toltecas nos ha llegado a través de los aztecas y de los relatos que los
conquistadores españoles escribieron para conocer a los pueblos americanos. En estos textos se
mezclan sucesos históricos con creencias y suposiciones. Sin embargo, el análisis de las fuentes
escritas y su comparación con los restos arqueológicos permitieron a los especialistas conocer
mejor la historia y la cultura tolteca.
Aunque algunas de las crónicas mitológicas afirman que el primer gobernante tolteca data del
siglo VII d. C., las evidencias arqueológicas ubican el origen de la cultura tolteca tres siglos más
tarde, con la llegada del pueblo al valle de México.
Según las crónicas, bajo el liderazgo del rey Topiltzin (también llamado Quetzalcoatl), hacia 960
d. C. los toltecas se instalaron en la ciudad de Tula y la convirtieron en su capital. El auge de la
civilización tolteca con capital en Tula duró hasta 1156 d. C., cuando el poder fue derrocado y la
ciudad se sumió en una crisis profunda por disputas internas.
La última etapa de su historia comenzó cuando Huemac, el último rey de la dinastía tolteca,
mudó la capital a Chapultepec. Luego de su muerte, cerca de 1162 d. C., se dio el fin de la
independencia de la dinastía real y la caída del imperio tolteca. Durante el siglo siguiente, la
influencia y el poder toltecas decayeron, cuando diferentes pueblos bárbaros penetraron en la
región desde el norte y atacaron las ciudades de la zona central del Valle de México.
La sociedad tolteca era profundamente militarista. Los toltecas obedecían a una monarquía
guerrera legitimada por las creencias religiosas. La élite gobernante estaba integrada por
guerreros, funcionarios, sacerdotes y jerarcas, encargados del gobierno, la organización estatal,
la expansión militar y las ceremonias religiosas.
Monarcas toltecas
Las listas de reyes que llegaron a los historiadores enumeran a los gobernantes del pueblo
tolteca. Sin embargo, las listas difieren entre sí y algunas incluyen datos que no pudieron ser
corroborados con las evidencias arqueológicas (como la existencia del pueblo tolteca previa al
siglo X d. C.).
A partir de las crónicas de Fernando de Alva Ixtlilxochitl (cronista del siglo XVII), se conoce una
lista de gobernantes que estuvieron, en su mayoría, 52 años en el poder. La datación
corresponde a una mirada mitológica que posiciona a los reyes toltecas en un pasado lejano.
La religión tolteca era politeísta, es decir, creían en la existencia de múltiples dioses. Veneraban
a los dioses que consideraban más poderosos. Entre ellos se encontraban:
En su veneración a los dioses, los toltecas practicaban ceremonias religiosas que incluían
sacrificios humanos. Entre los edificios principales de la ciudad de Tula se descubrieron
tzompantli, altares en los que se apoyaban los cráneos humanos. Dentro del Palacio Quemado y
de los templos principales, los arqueólogos hallaron Chac Mool, pequeñas estatuas con forma
humana con un contenedor sobre el que se depositaban los corazones humanos de las personas
que se sacrificaban.
Es característico de los toltecas el trabajo artístico sobre las columnas y otras estructuras de los
templos. Es especialmente conocida la “Pirámide B” del sitio, en la que cuatro estatuas de
guerreros toltecas (también conocidas como “los atlantes”) sostenían el techo. Algunos
arqueólogos creen que este edificio fue un santuario de uso privado de la dinastía gobernante y
que estaba dedicado a Quetzalcoatl, en su imagen de dios guerrero Tlahuizcalpantecuhtli.
En la ciudad se identificaron tres campos de “juego de pelota”, juego que practicaron diferentes
culturas mesoamericanas a lo largo de su historia. Se cree que además de tener fines de
entretenimiento, el juego tenía un papel sagrado.
Además de las pirámides principales, en el centro de la ciudad se ubicaba un gran edificio que
los arqueólogos llaman “Palacio Quemado”. Se cree que allí vivía la familia gobernante, pero
algunos especialistas consideran que puede haber utilizado con propósitos religiosos. Lo
llamativo de este edificio es su estructura e ingeniería: cada una de las tres salas que lo
componen tenía un patio interno abierto que cumplía funciones de ventilación, entrada de luz y
recolección de agua.
La producción artesanal y artística tolteca estaba vinculada a los rituales y la práctica religiosa.
Como en otras culturas mesoamericanas, a través de estas piezas se ostentaba el estatus social
y se veneraba a los dioses.
Una de las principales obras de la cultura tolteca que ha perdurado hasta nuestros días es el
conjunto de guerreros de piedra o “atlantes” que aún permanecen en la ciudad de Tula, y que
habrían estado decorados con mosaicos y plumas. Estas estatuas fueron labradas en bloques de
basalto ensamblados, miden más de 4,5 metros de altura y sostenían el techo del templo. Los
guerreros son representaciones de Quetzalcoatl y visten los trajes bélicos, con pechera y armas
curvas, típicas del estilo tolteca.
La base de la economía tolteca fueron la agricultura y los tributos impuestos a los pueblos
conquistados.
La agricultura se centraba en el cultivo de campos irrigados por un sistema complejo de canales.
Allí se cosechaba maíz, frijoles y otras hortalizas características de la región mesoamericana.
Además, algunos estudios indican que el amaranto era un alimento clave en la dieta tolteca.
Muchos relatos sobre el pueblo tolteca sobrevivieron a través de la tradición oral azteca y sus
escritos del siglo XVII. Sin embargo, en estas historias los toltecas son vistos como un ideal
elevado al que debían apuntar como sociedad: un pueblo civilizado, distinguido por su
sabiduría, riqueza y poder.
Según los aztecas, los toltecas inventaron todas las artes y los oficios sagrados (como el
calendario y la escritura) y fueron gobernados por el dios Quetzalcoatl. Además, creían que sus
líderes eran semidivinos, y sostenían que la clase gobernante azteca descendía directamente de
ellos. De esta manera, a través de historias mitológicas sobre los toltecas, la élite azteca
legitimaba su poder.
Desde el punto de vista religioso, el culto a Quetzalcoatl se esparció entre otras culturas
mesoamericanas durante el auge de la civilización tolteca. En la ciudad maya de Chichen Itzá,
además de otras similitudes arquitectónicas con la ciudad de Tula, se levantó un templo
dedicado únicamente al dios tolteca Quetzalcoatl.
Existe hoy en día un interés renovado por la cultura tolteca y por recuperar algunos de sus
sentidos culturales y religiosos, considerados herencia perdida de los pueblos mesoamericanos.
Sin embargo, hay tantas discrepancias respecto a la interpretación de los mitos y los códices
conservados, de la ubicación exacta de las ciudades toltecas y tal disparidad de versiones de sus
mitos fundacionales, que este término y estas pretensiones son tenidas con recelo por los
especialistas y académicos.
La desaparición del Imperio Tolteca fue muy rápida y está envuelta en el misterio, pero todos los
signos apuntan a un final violento. El registro arqueológico indica que Tollan fue atacado en el
siglo XII por una combinación de Chichimecas y Aztecas.
AZTECAS
La civilización azteca fue una de las más importantes culturas mesoamericanas. Habitó el valle
de México entre 1345 d. C. y 1521 d. C., y se convirtió en la cultura dominante de la región hasta
la llegada de los conquistadores españoles.
Conquistando a los pueblos vecinos e imponiendo el pago de tributos, los aztecas crearon un
imperio teocrático desde la ciudad Tenochtitlán. Fueron reconocidos por la ferocidad de sus
guerreros y la riqueza de sus ciudades. Además, desarrollaron su propio sistema de escritura
con el que registraron sus historias, la genealogía de sus reyes y sus creencias religiosas.
· Habitaron el valle de México durante 200 años: desde 1325 d. C., hasta la conquista de
los españoles en 1521 d. C.
· Tenían una sociedad estratificada, dividida en tres grupos: pipiltin (nobles), macehualtin
(gente común) y los esclavos.
· Tuvieron una religión politeísta que influenciaba todos los aspectos de la vida social y
política.
La palabra “azteca” proviene de la lengua náhuatl y significa “gente que vino de Aztlán”. Según
sus leyendas, el pueblo azteca abandonó Aztlán (un lugar mítico) y migró por décadas hasta
encontrar el lugar ideal para asentarse y construir su capital.
Las evidencias arqueológicas indican que hacia 1325 d. C. los mexicas se establecieron en una
isla dentro del lago Texcoco y fundaron la ciudad de Tenochtitlán. Hacia el siglo XV, formaron
una alianza con los pueblos vecinos de Texcoco y Tlacopan, lograron el dominio sobre el resto de
los pueblos de la región y, de esta manera, conformaron un imperio.
· Esclavos. Eran prisioneros de las guerras que llevaban a cabo los aztecas para conquistar
territorios. También podían ser personas que habían cometido algún delito y la
esclavitud era su castigo. Debían trabajar para sus amos y podían ser víctimas de los
sacrificios humanos en los rituales religiosos.
Además, toda la sociedad azteca estaba dividida veinte clanes llamados calpullis (palabra
nahuátl que significa “casa grande”). Cada calpulli estaba conformado por familias de
ascendencia común, y tenía un templo, tierras de cultivo y un jefe o calpullec. La ciudad de
Tenochtitlan se dividía en cuatro sectores y cada uno contaba con varios calpullis.
El Imperio azteca era una teocracia gobernada por un monarca, llamado tlatoani. Los aztecas
creían que el poder del monarca era sagrado y venía de los dioses. En la práctica, el tlatoani era
elegido por un consejo integrado por representantes de cada uno de los veinte calpullis (grupo
de parentesco en el que se dividía la sociedad azteca).
El tlatoani electo gobernaba de por vida y se convertía en el jefe supremo del Estado, del
ejército y de la religión. Además, era asesorado por funcionarios de gobierno como el
cihuacóatl, que lo reemplazaba en casos de ausencia y lo ayudaba a deliberar sobre decisiones
importantes.
El control sobre los pueblos vecinos les proporcionó mano de obra constante para realizar todo
tipo de trabajos, como la construcción de templos, palacios, caminos, obras de irrigación, el
acarreo de mercaderías comerciales o la agricultura. Además, los pueblos sometidos debían
pagar tributos en especie, por lo que los pipiltin (nobles) contaban con abundantes materias
primas y productos.
El desarrollo de técnicas agrícolas les permitió cultivar todo tipo de tierras. Como la ciudad de
Tenochtitlán había sido fundada en una isla en el centro del lago Texcoco, los aztecas crearon
una técnica que les permitía cultivar sobre el agua: las chinampas. Construían balsas de tierra,
ramas y plantas acuáticas; las anclaban con palos, las cubrían con tierra y luego cultivaban sobre
ellas. Además, en las laderas de las zonas montañosas construyeron terrazas de cultivo
utilizando abonos animales y vegetales.
La extensa red comercial les permitió intercambiar alimentos y artesanías tanto en mercados
locales como en regiones alejadas. Los comerciantes, a su vez, traían información sobre otros
pueblos, acerca de su organización militar o sus riquezas.
Según las creencias aztecas, las fuerzas divinas estaban atravesadas por la dualidad del bien y el
mal. Aunque los dioses habían creado a los humanos y los podían proteger, también podían
enojarse y destruirlos. Por eso, los aztecas consideraban fundamental para su supervivencia
venerar a los dioses para evitar su ira. En este sentido, la religión azteca tenía una fuerte
influencia en las leyes y las costumbres.
Para mantener el camino del sol y la vida del universo, los aztecas realizaban ceremonias que
incluían sacrificios humanos. Consideraban que la vida de las personas era sagrada porque
había sido otorgada por los dioses. Sin embargo, también creían que a través de rituales con
ofrendas de sangre y corazones humanos podían aplacar la ira de los dioses y conseguir su
protección.
En este sentido, la guerra tenía un rol sagrado: obtener prisioneros de guerra que sirvieran
como sacrificio a los dioses para mantener el equilibrio del universo y evitar el fin del mundo.
El fin del Imperio azteca ocurrió el 13 de agosto de 1521, cuando los españoles —en alianza con
los tlaxcaltecas y totonacas, entre otros pueblos indígenas— derrotaron la resistencia mexica en
Tenochtitlan y Tlatelolco.