5 ORGANIZACIÓN PROCESAL
ROMANA
5.1 JUICIOS PÚBLICOS Y JUICIOS PRIVADOS
El acto jurídico por excelencia es la acción, es decir, la actuación enderezada
a resolver una controversia mediante una decisión definitiva (iudicatum),
fundada en la opinión (sententia) de un juez privado. El que ejercita la
acción es un actor (demandante) y el demandado es designado como aquel
cum quo agitur o defensor, y el objeto es la res de qua agitur. Por tanto, el
derecho procesal es la rama del derecho cuyo tema principal son las
actiones.
La posibilidad de reclamar es esencial para poder hablar de “tener un
derecho”. El Edicto anuncia las acciones posibles, propone las fórmulas
civiles, y “tener derecho” quiere decir contar con una de esas acciones y
esperar un resultado favorable.
En la época clásica, los juicios relativos al ius son juicios privados, no solo
por razón de la materia, sino sobre todo por la condición privada de los
litigantes y el juez, el cual no es ni un magistrado ni un funcionario, sino un
particular al que se encarga el juicio (iudex privatus). Estos iudicia privata se
distinguen así de los “juicios públicos”, que se corresponden a los juicios
criminales, políticos, etc. En los juicios privados, el magistrado interviene
con su jurisdicción tan solo para encauzar el litigio, a veces con previa
cognición (causae cognitio). Este podía autorizar el trámite de la
reclamación (dare actionem), o podía impedirlo durante el tiempo de su
magistratura (denegare actionem), controlando así la efectividad de todo el
derecho, tanto pretorio como civil. A esta iurisdictio del magistrado le
seguía la la iudicatio del juez elegido, es decir, a la fase ante el magistrado
(in iure) le seguía la fase ante el juez (apud iudicem).
Hay que señalar que se habla también de iurisdictio en el sentido de
competencia del magistrado para ordenar los litigios, y en época tardía, de
competencia de los jueces. Además, no hay que olvidar que los ediles tenían
una iurisdictio especial limitada.
5.2 PROCEDIMIENTO DE LAS LEGIS ACTIONES
En época arcaica, las actuaciones procesales se acomodaban a lo prescrito
en las leyes, y consistían en determinados gestos y formas orales que
debían tener lugar ante el magistrado. El número de estas legis actiones
debió de ser limitado, y su tramitación muy rígida. Las dos principales y más
antiguas son: la del sacramentum in rem, que servía principalmente para
apoderarse de la cosa propia, y la de la manus iniectio, que servía para
apoderarse de un deudor que no pagaba. Esta perduró como acción de
ejecución cuando un deudor la reclamación de los deudores hubo de
tramitarse mediante un previo juicio declarativo.
Más progresiva, aunque ya conocida por la Ley de las XII Tablas, es la legis
actio per iudicis arbitrive postulationem. En ella el demandante formulaba
oralmente su pretensión indicando la causa de la misma, y si no satisfacía al
demandado, se procedía al nombramiento de un juez o de un árbitro que
hiciera la estimación del reparto si había que valorar o dividir algo. Se
concedía esta acción para reclamar deudas pecuniarias nacidas de una
sponsio (forma de prometer cuya sanción antes era puramente religiosa),
para dividir herencias, o en virtud de una ley Licinia hacia el 210 a. C., para
dividir cualquier copropriedad.
La ley Silia, del s. III a.C., introduce una legis actio per condictionem para
reclamar deudas pecuniarias de cantidad determinada (certa pecunia), y
fue extendida después por una ley Calpurnia de mediados del s.II a.C. a las
deudas de cualquier objeto determinado (alia certa res). En esta forma de
litigar, el demandante pedía directamente la comparecencia a los 30 días,
sin indicar la causa de la reclamación, a fin de elegir un juez.
Esta forma de reclamación parece imitar la que servía para las
reclamaciones dirigidas contra pueblos extranjeros.
La manus iniectio, el sacramentum, y la condictio no son propiamente
acciones, sino modos procesales, que aparecen como manifestaciones de un
progreso que va desde una antigua concepción sacral a una moderna
secularizada.
5.3 LEY EBUCIA: IUDICIUM LEGITIMUM Y IUDICIUM
QUOD IMPERIUM CONTINENTUR
Una ley Ebucia, hacia el 130 a.C. cambió la fórmula oral de la condictio por
una fórmula escrita, posiblemente a imitación de lo que se hacía en los
procesos con extranjeros ante el Pretor peregrino, de forma que a condena
en dinero se supeditaba en la redacción de tal fórmula a la comprobación
de la existencia de la deuda (si paret oportere), y a su estimación en dinero
si el objeto de la deuda no era ya una cantidad de dinero. Este hecho marca
el inicio de la etapa clásica.
La ley Ebucia dio carácter “legítimo” a la nueva condictio con fórmula
escrita, pero otras fórmulas servían para fundar juicios pretorios, que
fueron suplantando poco a poco a las antiguas legis actiones, incluso a las
vindicationes por sacramentum, hasta que por la ley Julia de juicios
privados del 17 a.C. y posteriormente la municipal, Augusto reconoció la
legalidad del nuevo procedimiento, desapareciendo así las legis actiones
salvo para algún tipo de litigio.
De este modo, se introdujo también un nuevo criterio para diferenciar dos
tipos de juicios privados. En primer lugar, se entendía por iudicium
legitimum o “legal” aquel que se interponía entre ciudadanos, con un iudex
unus y dentro de Roma. A falta de algunos de estos requisitos, el juicio no
se fundaba en la ley, sino en el imperio del magistrado, dando así los iudicia
quod imperium continentur. Según la ley Julia, los juicios legítimos tenían
un plazo de caducidad (mors litis) de 18 meses, mientras que para los
imperiales era el de la duración de la magistratura del que dependían. Esta
caducidad no podía confundirse con el plazo que tenían algunas acciones
para ser ejercitadas.
Así pues, el procedimiento formulario, propio de la época clásica, coexistió
durante más de un siglo con el arcaico de las legis actiones, sufriendo el
primero además, la competencia desde Adriano del procedimiento
extraordinario de la cognitio oficial, procedimiento propio de la época post-
clásica.