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La Feria: Juan José Arreola

Este documento presenta varios fragmentos de la obra "La feria" de Juan José Arreola. Los fragmentos describen las actividades y tradiciones asociadas con una feria anual en el pueblo de Zapotlán, incluyendo la llegada de visitantes de otras comunidades cercanas y lejanas. También describen las dificultades de viaje entre pueblos debido a las condiciones del terreno, y dos eventos históricos desastrosos que ocurrieron en la región. Un fragmento final presenta una conversación entre un doctor y un

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La Feria: Juan José Arreola

Este documento presenta varios fragmentos de la obra "La feria" de Juan José Arreola. Los fragmentos describen las actividades y tradiciones asociadas con una feria anual en el pueblo de Zapotlán, incluyendo la llegada de visitantes de otras comunidades cercanas y lejanas. También describen las dificultades de viaje entre pueblos debido a las condiciones del terreno, y dos eventos históricos desastrosos que ocurrieron en la región. Un fragmento final presenta una conversación entre un doctor y un

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La feria

(Fragmentos)

Juan José Arreola

Y nosotros salimos ganando porque la feria de Zapotlán se hizo famosa por


todo este rumbo. Como que no hay otra igual. Nadie se arrepiente cuando viene a
pasar esos días con nosotros. Llegan de todas partes, de cerquitas y de lejos, de San
Sebastián y de Zapotiltic, de Pihuamo y desde Jilotlán de los Dolores. Da gusto ver
al pueblo lleno de fuereños, que traen sombreros y cobijas de otro modo, guaraches
que no se ven por aquí. Nomás al verles la traza se sabe si vienen de la sierra o de
la costa. Muchos tienen que quedarse a dormir en los portales, en el atrio de la
Parroquia o en la plaza, junto a los puestos de la feria, porque no hay lugar para
tanta gente. En todas las casas hay parientes de visita y duermen de a tres y de a
cuatro en cada pieza. Los corrales se vacían de gallinas y guajolotes. Y no hay
puerco gordo, ni chivo ni borrego que llegue vivo al Día de la Función...

***

Poco más de una semana se ha llevado el deslome, primer fierro del barbecho.
Consiste en abrir con el arado el lomo del antiguo surco, que con el beneficio y
cultivo de la cosecha anterior ha quedado reducido a la hilera de montoncitos de
tierra que arroparon cada uno su planta. Hoy por la mañana, en tanto que las yuntas
daban la primera vuelta, el bueyero procedió a hacer la lumbre y yo me quedé a
almorzar con los mozos. Ya hechas las brasas, cada quien saca de su morral un
tambache de tortillas. El mayordomo manda: "A tender, muchachos". Todos se
apresuran a echarlas sobre el fuego. Algunas tortillas las llevan apareadas, esto es
cara con cara y con frijoles adentro de esos negros que a ellos les gustan tanto. No
falta quien traiga además un tasajo de carne, un trozo de pepena o de cecina. Cada

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quien consume de su ración lo que le conviene, dejando lo suficiente para la otra
comida, que se compone de lo mismo. Todos llevan su sal y sus chiles para darle
gusto al bastimento. Mientras dura la comida de medio día, se desuncen los bueyes
para que también ellos coman cada uno su manojo de hoja y se les conduzca luego
al aguaje más próximo. Aquí, en el Tacamo, tenemos dos barranquillas que nos
sirven de agostadero, porque por ellas bajan corrientes de temporal.

***

 La Cuesta de Sayula es un lugar muy funesto. Zapotlán y Sayula no se


llevan muy bien, desde que tuvieron un pleito de aguas en 1542. Entre un pueblo y
otro está la cuesta, un enredijo de curvas, paredones y desfiladeros que son la suma
de nuestras dificultades... Y por el otro lado Tamazula, con el mal paso de Río de
Cobianes que cada año nos separa con las crecidas como un largo pleito. Así son
las cosas, todo lo malo nos llega de fuera, por un lado de Tamazula, y por el otro de
Sayula. En la Cuesta han ocurrido muchas muertes y desastres, sobre todo dos: el
descarrilamiento y la batalla de 1915. La batalla la ganó Francisco Villa en persona,
y a los que lo felicitaron les contestaba: "Otra victoria como ésta y se nos acaba la
División del Norte". Les dio a sus yaquis de premio quince días de jolgorio en
Zapotlán, a costillas de nosotros. El descarrilamiento también lo perdió Diéguez, y
es el más grande que ha ocurrido en la República, con tantos muertos que nadie
pudo contarlos. No se perdió mucha tropa porque el tren iba atestado casi de puras
mujeres, galletas y vivanderas, la alegría de los regimientos. Nos habían saqueado
bien y bonito, y los carros repletos de botín se desparramaron por el barranco. Para
qué le cuento, todo aquel campo estuvo un año negro de zopilotes. Y hubo gentes
de buen ánimo, de por aquí nada menos, que se entretuvieron desvalijando a los
muertos. Ladrón que roba a ladrón...

***

 Por acá está el enfermo, doctor.


 Déjame primero ver tu corral. Ya me han dicho que lo tienes muy bonito,

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con tantos animales y matas...
 Pásele, doctor.
 Estos puercos chinos que parecen borregos ¿cómo te hiciste de la cría?
 Con las Contreras, doctor, ellas tienen un puerco entero. Sabe, aquel
Sebastián pasó muy mala noche, quéjese y quéjese.
 De esta rosa de Alejandría me tienes que dar un codito, a ver si prende. Mi
mujer tenía una y se le secó. Todo lo que planta se le seca, y a mí me gusta que
haya flores en mi casa.
 Con mucho gusto, doctor. Le di tres veces sus gotas a Sebastián y no se
durmió...
 ¿De dónde sacaste este guajolote? Hacía mucho tiempo que no veía yo un
guajolote canelo así de grande y de gordo... ya los guajolotes se están acabando por
aquí.
 Es que da mucho trabajo criarlos, doctor. De diez o doce que nacen, sólo
me viven dos o tres. Es una lata enseñarlos a comer, porque las guajolotas ni
siquiera eso les enseñan. Andan allí nomás con el pescuezo estirado, grito y grito
sin ver la comida en el suelo, y los guajolotitos se mueren de hambre y de frío
porque ni los cobijan. Y esto si no les ponen la pata encima y los apachurran...
 Me lo tienes que guardar para la Navidad, porque a este coruco yo me lo
como.
 Como usted quiera, doctor. Este Sebastián...
 No le hagas tanto caso a Sebastián, que se está chiqueando como todos los
enfermos. Desde que lo sacamos del hospital, su herida está cicatrizando que da
gusto mirarla...
Así es siempre este doctor. Le gusta hacer un inventario lo más completo
posible de los bienes terrenales de sus clientes, para formarse una idea clara de las
condiciones y de la duración del tratamiento, sin cometer injusticias. Porque...
según el sapo es la pedrada…

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