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Módulo

Este documento presenta una introducción a la ética como disciplina filosófica. Explica que la antropología filosófica es el punto de partida para abordar el problema ético, ya que considera al ser humano, sujeto de la actividad moral. Define antropología como el estudio del hombre y distingue la antropología filosófica de otras perspectivas como las científico-positivas y la teológica. Finalmente, introduce los conceptos de persona, sus facultades y el valor absoluto de la persona, elementos centrales para comprender la ética.

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Este documento presenta una introducción a la ética como disciplina filosófica. Explica que la antropología filosófica es el punto de partida para abordar el problema ético, ya que considera al ser humano, sujeto de la actividad moral. Define antropología como el estudio del hombre y distingue la antropología filosófica de otras perspectivas como las científico-positivas y la teológica. Finalmente, introduce los conceptos de persona, sus facultades y el valor absoluto de la persona, elementos centrales para comprender la ética.

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INDICE

INTRODUCCION ...................................................... 4
EJE IV: VALORES Y DERECHOS HUMANOS -
EJE I: INTRODUCCIÓN - LA ÉTICA COMO HÁBITOS MORALES .................................. 50
DISCIPLINA FILOSÓFICA....................................... 5 NOCIÓN .................................................................. 50
ANTROPOLOGÍA - ANTROPOLOGÍA FILOSÓFI- VALOR Y BIEN ....................................................... 51
CA ............................................................................. 5 CARACTERÍSTICAS DE LOS VALORES .............. 51
NOCIÓN DE “PERSONA” ........................................ 8 VALORES MORALES ............................................ 52
CONSTITUCIÓN ESENCIAL DE LA PERSONA TEORÍAS AXIOLÓGICAS ...................................... 53
HUMANA .................................................................. 9 VALORES UNIVERSALES - DERECHOS HUMA-
FACULTADES DE LA PERSONA .......................... 10 NOS - CONCEPTO................................................. 54
VALOR ABSOLUTO DE LA PERSONA ................. 11 LOS DERECHOS HUMANOS: POSICIONES QUE
CARACTERÍSTICAS ESPECÍFICAS DEL HOM- LOS FUNDAMENTAN ............................................ 56
BRE......................................................................... 12 CLASIFICACIÓN DE LOS DERECHOS HUMA-
1. INTERIORIDAD .................................................. 12 NOS ........................................................................ 56
2. UNICIDAD .......................................................... 13 ACTIVIDADES: DE AUTOEVALUACIÓN - ........... 59
3- APERTURA A LOS DEMÁS: ............................. 13 OBLIGATORIAS: .................................................... 59
ACTIVIDADES: DE AUTOEVALUACIÓN -
OBLIGATORIAS ..................................................... 16 ÉTICA APLICADA.................................................. 60

ÉTICA GENERAL .................................................. 17 EJE V: ÉTICA PROFESIONAL ...................... 60


EL ORIGEN DE LO DEBERES Y DERECHOS ..... 60
EJE II: ÉTICA Y MORAL ................................ 17 LA PROFESIÓN ..................................................... 62
ESENCIA DE LA MORAL ....................................... 17 REQUISITOS NECESARIOS PARA EL EJERCI-
LO NORMATIVO Y LO FÁCTICO .......................... 17 CIO DE UNA PROFESIÓN ..................................... 64
MORAL Y MORALIDAD ......................................... 18 CARACTERÍSTICAS DE LA PROFESIÓN ............ 64
CARÁCTER SOCIAL DE LA MORAL .................... 18 EL PROFESIONAL ................................................. 65
LO INDIVIDUAL Y LO COLECTIVO EN LA MO- CUALIDADES MORALES DE LA PROFESIÓN .... 67
RAL ......................................................................... 19
DEONTOLOGÍA PROFESIONAL............... ........... 69
MORAL CONVENCIONAL Y MORAL CRÍTICA .... 20
LA ÉTICA COMO FILOSOFÍA MORAL .................. 21 ACTIVIDADES: DE AUTOEVALUACIÓN - ........... 70
CONCEPCIONES ÉTICAS..................................... 25 OBLIGATORIAS .....................................................70
ACTIVIDADES: DE AUTOEVALUACIÓN - ........... 33 VOCABULARIO ...................................................... 71
OBLIGATORIAS ..................................................... 34
BIBLIOGRAFÍA ....................................................... 72
EJE III: LIBERTAD Y RESPONSABILIDAD
MORAl - HÁBITOS MORALES ............................. 35
ACCIÓN HUMANA ................................................. 35
ANÁLISIS ANTROPOLÓGICO DE LA ACCIÓN
HUMANA ................................................................ 36
ESTRUCTURA DEL ACTO MORAL ...................... 37
LA LIBERTAD ......................................................... 39
LIBERTAD Y VALORES MORALES O ÉTICOS .... 40
CONCIENCIA MORAL ........................................... 40
LA OBJECIÓN DE CONCIENCIA .......................... 41
RESPONSABILIDAD MORAL ................................ 42
HÁBITOS MORALES. VIRTUDES Y VICIOS. ....... 43
ACTIVIDADES: DE AUTOEVALUACIÓN - ........... 49
OBLIGATORIAS ..................................................... 49

Ética y Práctica Profesional | 2


REFERENCIAS DE ÍCONOS

Actividad en el Foro.

Actividad de Reflexión no obligatoria.

Actividad Grupal.

Actividad Individual.

Actividad Obligatoria. Debe ser enviada para su evaluación.

Atención.

Audio

Bibliografía. Lecturas Complementarias.

Glosario.

Página web - Internet.

Sugerencia.

Video.

Ética y Práctica Profesional | 3


INTRODUCCION

Para el desarrollo de la materia Ética Profesional se prevé el tratamiento de los


contenidos en dos partes: en la primera parte consideraremos los conceptos
fundamentales de la Ética General. En tanto que en la segunda parte, nos
concentraremos en la Ética Aplicada.

Iniciaremos la materia, con el planteo antropológico, pues para abordar los principios
éticos que son requeridos para que la persona obre correctamente, se necesita
previamente tener en cuenta qué es el ser humano, en qué consiste la realidad que
llamamos “persona”; lo cual es el problema filosófico tratado por una disciplina: la
Antropología Filosófica.

Continuaremos con los conceptos básicos de la Ética que permiten orientar el


comportamiento humano en el proceso de toma de decisiones, ya que los valores
asumidos inciden en forma directa en el ejercicio del rol.

En un segundo momento, trataremos las cuestiones referidas a la Ética Aplicada,


donde desarrollaremos primeramente la Ética Profesional, en la medida en que las
reflexiones y análisis realizados deben ser una guía para la futura práctica profesional;
teniendo en cuenta las repercusiones que las mismas tienen en sí mismo y en los
demás.

En el material de estudio presentado, se integran diferentes fuentes, consignándose la


bibliografía utilizada que puede ser consultada por los estudiantes.

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EJE I:

INTRODUCCIÓN
LA ÉTICA COMO DISCIPLINA FILOSÓFICA.
Antropología Filosófica. Persona: concepto y constitución esencial. Su valor absoluto.
La Ética como disciplina filosófica.

ANTROPOLOGÍA - ANTROPOLOGÍA FILOSÓFICA


Como dijimos anteriormente, el punto de partida para ingresar al problema ético es la
persona humana, quien es origen y sujeto de la actividad moral. De tal modo, es
imposible plantear la ética sin un fundamento antropológico, que considere al hombre
en cualquier tiempo y espacio.

El ser humano siempre se preguntó sobre sí mismo; y deseó saber quién es, cuál es
su naturaleza y su destino. Cuando fue capaz de distanciarse de las cosas que lo
rodeaban, la propia capacidad racional lo llevó a buscar respuestas acerca del mundo,
de sí mismo, de su realidad.

Es por esto que encontramos que ya en los mitos arcaicos, el ser humano trataba de
responder a esos interrogantes y conforme progresaba en el ejercicio de sus
capacidades propias, sus respuestas iban adquiriendo una mayor relevancia
conceptual.

De este modo, en la Antigüedad, cuando el hombre llegó a elaborar un saber crítico,


las reflexiones acerca del ser humano se hicieron presentes en diferentes pensadores.
Pero el uso del término “Antropología”, para hacer referencia a una disciplina que
abordara el estudio del hombre, es mucho más reciente y data de fines del siglo XVIII.

Etimológicamente, el nombre de Antropología proviene del griego anthropos (hombre)


y logos (estudio); desde este punto de vista, es la ciencia o el estudio del hombre.

En la actualidad el término Antropología designa cualquier saber crítico sobre el Antropología:


hombre. Pero la perspectiva con que se estudia a éste puede variar. Por esta razón, disciplina que
es necesario distinguir la Antropología Filosófica de las Antropologías científico- aborda el
estudio del
positivas y de la Antropología Teológica. hombre.

Las Antropologías científico-positivas, surgidas a fines del siglo XVIII, se mantienen en


el campo fenoménico: nos dicen cómo es el hombre, lo que acontece en él, pero no
nos dan una respuesta acerca del ser humano como totalidad.

En este ámbito podemos distinguir:

a) La Antropología Física, que estudia el hombre en cuanto animal, sobre todo su


origen y evolución, Estudia la estructura, el crecimiento y la fisiología del cuerpo
humano; indaga sobre el qué y el cómo del proceso de la evolución, los grupos
raciales, etc. Para ello realiza un estudio comparativo de los restos fósiles de
animales y de seres humanos, utilizando también los conocimientos sobre la
genética humana. Se ubica entre las Ciencias Naturales.
b) La Antropología Cultural, estudia los comportamientos humanos, “las normas de
conducta aprendidas, las ideas y los valores adquiridos por el hombre, como

Ética y Práctica Profesional | 5


miembro de un grupo social”. Esta Antropología apela a datos etnológicos y
arqueológicos, estudiando la naturaleza, formas y condiciones de las culturas
humanas, teniendo en cuenta las costumbres, lenguajes, tradiciones, relaciones
familiares, etc. Pertenece, por lo tanto, a las Ciencias Humanas.

La Antropología Filosófica, en cambio es una rama de la Filosofía que estudia al La Antropología


hombre desde la perspectiva de aquello que propiamente lo distingue como tal. Trata Filosófica
de responder a la pregunta: ¿qué es el hombre?; es decir, se propone descubrir la indaga: ¿qué
es el hombre?
esencia humana.

Podemos decir que la Antropología filosófica es la disciplina de la Filosofía que se


ocupa de considerar al hombre integralmente, de manera esencial, como totalidad,
preguntándose por el puesto que éste ocupa en el universo, su relación con la realidad
última y el sentido de su existencia, tanto individual, como histórica y social.

Al enfocar la totalidad del ser humano, la Antropología filosófica busca captar las
dimensiones que caracterizan al hombre como tal, que definen su auto- comprensión
espiritual y que le confieren un sentido total a la existencia humana.

Por consiguiente, para saber qué es el hombre, no son suficientes las Antropologías
científico – positivas; sino que se requieren respuestas más profundas. Los
conocimientos que éstas aportan son muy valiosos; pero son conocimientos parciales
y limitados por el método y finalidades propios de las ciencias empíricas.

Por eso, Ítalo Gastaldi afirma, que el hombre que estudian las demás ciencias no es el
hombre vivido realmente por el hombre, sino el “hombre-objeto” de estudio, como
realidad física, vegetativa, psíquica o social. Mientras que la Filosofía estudia al
hombre como sujeto personal, se interesa por su ser y por su obrar específico,
formulando una pregunta que cuestiona la existencia del mismo que la formula.

Siendo “filosófica” esta Antropología se enfrenta al hombre como todo, se abre, al


para qué, el sentido de su existencia como posibilidad, como proyecto, como
compromiso ofrecido a su libertad… Y se pone en marcha hacia una meta, hacia el
mundo de los valores que le hacen crecer como persona.

Su pregunta por el hombre no termina en el conocimiento, sino en la acción: “¿Qué es


el hombre?” implica el “¿cómo debe ser?, ¿qué debe hacer?” La respuesta está
destinada a traducirse en conducta. Por eso es preámbulo para la ética, la educación,
la política…, en una palabra, para la “praxis” humana individual y social.

La Antropología filosófica, sostiene Gastaldi, no desconoce las “lecturas” de las


Antropologías científico – positivas del ser humano, sino que utiliza ese saber científico
haciendo una segunda lectura, a nivel más profundo; es decir, con una visión reflexiva
de su esencia y de su existencia, una comprensión metafísica de cuanto las ciencias
positivas han aportado al conocimiento del hombre.

Por otra parte, la Antropología Filosófica se diferencia de la Antropología Teológica,


porque ésta al afrontar el problema del hombre recurre a una fuente de conocimiento
distinta de la simple razón: la revelación, la Palabra de Dios. Estudia al hombre según
Dios lo ve y lo quiere; se reserva las últimas preguntas sobre el origen, el destino del
hombre y el sentido de la vida, preguntas que hallan su respuesta en el “Proyecto de
Dios sobre el hombre y el mundo”, revelado definitivamente por Cristo.

Los tipos de Antropología que hemos señalado, se presentan en el siguiente gráfico:

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ANTROPOLOGIA

FILOSOFIA
CIENCIA
TEOLOGIA

DIVISIÓN

PROBLEMA
S
Del Conocer
Del Obrar

Del Ser
Antrop. Científico -
Positivas [Link]ógica

Antropología
Filosófica
Estudia al hombre
según Dios lo ve
y lo quiere; se
Antropol. Objeto: El hombre como plantea preguntas
Física totalidad. sobre el origen,
Antropol.
¿Qué es? - ¿Cómo debe destino y sentido
Cultural de la vida
ser?
humana
Método: Filosófico.
Principio: “El obrar sigue
al ser”.

Fases:
1. Fenomenológica –
descriptiva.
2. Reflexión crítica
(hermenéutica)
3. Trascendental
(metafísica)

Ética y Práctica Profesional | 7


NOCIÓN DE “PERSONA”
Ahora trataremos de comprender qué entendemos por persona. Para ello haremos
referencia primero al significado del término y luego, al modo en que fue definida a lo
largo de la historia.

Es probable que el origen del término latino “persona” provenga de la palabra griega
prosopon, que significa máscara; se trata de la máscara que los actores utilizaban en
el teatro para representar diferentes personajes.

En el derecho romano, la noción de persona se encuentra muy ligada al nombre que


se recibe con el nacimiento, y en virtud del cual pasa a ser reconocido como parte de
una sociedad, con capacidad de acción respecto de los demás. Corresponde a una
configuración social del carácter de persona, y con ésta se relacionan la mayoría de
los estudios psicológicos, sociológicos o de la antropología cultural. Relacionada con
esta idea, desde el punto de vista filosófico, algunos sostienen la necesidad de la
intersubjetividad para que el ser humano se constituya existencialmente,
reconociéndose como sujeto.

El cristianismo influyó de manera decisiva en la meditación filosófica sobre la persona.


En efecto, el problema que planteaban dos misterios fundamentales de la revelación
cristiana, a saber: la Trinidad, en la que en una sola naturaleza subsisten tres
personas distintas, y la naturaleza humana de Cristo, unida con el Verbo o segunda
persona de la Trinidad, obligaron a los santos Padres a buscar una distinción entre
“naturaleza” y “persona” en Dios y en Cristo y estimularon la reflexión de los
pensadores cristianos para encontrar la propiedad definitoria de la persona.

Ismael Quiles, en su obra “Filosofía de la Educación Personalista”, expresa lo


siguiente con respecto a la noción de persona (págs 58 a 60):

“Por el uso primitivo del término en el mundo clásico romano, aplicado a los
actores del teatro (que todavía llamamos ‘personajes’), cuya voz resonaba
(personare) a través de la máscara con que caracterizaban su papel, el término
‘persona’ significa un ‘sujeto especial’ con una ‘función especial’ que le distingue
de los otros y lo manifiesta como un ‘centro particular’ de acciones y reacciones.
El teatro era, en realidad, una imagen o reflejo de la vida, de la sociedad humana,
donde cada hombre, es un actor (personaje), como un centro particular de
acciones y reacciones, bien caracterizado y con un modo propio distinto de los
demás. Así, el término ‘persona’ se convierte en sinónimo de ‘individuo humano’,
de ‘hombre’, y por él se expresaba su distinción específica de los seres inani-
mados a los simples animales. La misma trasformación experimentó el término
que usaban los griegos para los personajes en el teatro ‘prósopos’ (máscara que
cubre el rostro).
Las disputas filosóficas y teológicas fueron precisando el sentido propio del
término ‘persona’, aplicado tanto al hombre como a Dios; así se llegó a una exacta
noción, que parece expresar con fidelidad ese aspecto de los seres a que hoy lo
aplicamos. ”

La definición clásica de persona, es la de Severino Boecio, autor latino (480 – 526), Para Severino
para quien la persona es “sustancia individual de naturaleza racional”. Boecio:
La persona es
Esta definición hace referencia a tres elementos fundamentales: “substancia
individual de
naturaleza
a. substancia: en sentido metafísico, la persona es un ser en sí, no un ser en otro racional”
como el accidente. La altura, el color de la piel, la ubicación en el tiempo y en el
espacio, los sentimientos, son accidentes de la persona.

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b. individual: un ser individual es aquel que es uno en sí; es lo que en sí mismo no
está dividido, pero sí lo está de cualquier otra cosa. Esta indivisión interna no
significa que la substancia no sea un compuesto y que excluya que tenga partes;
sino que se refiere a que las partes no están separadas o divididas y, por lo tanto,
conforman un todo unitario.
c. racional: es decir, que es capaz de un conocimiento intelectual, con autocon-
ciencia, que tiene dominio de sus propios actos; diferenciándose así de las cosas,
de las plantas y de los animales.

Santo Tomás define a la persona como “una realidad distinta y subsistente de


naturaleza intelectual”. Existen tres
tipos de
personas.
Antonio Rosmini la llama: “Un sujeto inteligente en cuanto contiene en sí un principio
activo, supremo, incomunicable”.

Jacques Maritain, dice que “La persona es una substancia individual, completa, de
naturaleza intelectual y dueña de sus acciones, sui juris, autónoma”.

Emerich Coreth, dice: “Llamamos Persona a la unidad esencial humana de cuerpo y


espíritu, como ser individual autónomo, que se realiza en la posesión consciente y en
la libre disposición de sí mismo”.

Afirmamos entonces que el hombre es persona. A esta persona se la llama “humana”


para distinguirla de otras personas, como las angélicas y las divinas.

CONSTITUCIÓN ESENCIAL DE LA PERSONA HUMANA


La persona humana está formada por dos elementos, uno material y otro facultades de
la persona espiritual, por lo cual podemos decir que es un compuesto corpóreo -
espiritual en unidad esencial.

El componente corpóreo está sujeto a las leyes físicas, químicas y biológicas. Por su
materialidad se encuentra limitado en el tiempo y en el espacio. Este componente le
permite tomar contacto con el mundo exterior y comunicarse con los demás.

El cuerpo es mantenido en la existencia por el alma espiritual. En razón del cuerpo,


cada uno se encuentra en una cierta condición o situación; por ejemplo, es varón o
mujer, joven o viejo, fuerte o débil. Además, en razón del cuerpo se encuentra en un
determinado lugar.

En su cuerpo y por medio de él, el ser humano permanece siempre manifiesto y


revelado. En tanto el componente espiritual es el que informa un cuerpo.

Sin embargo, en cuanto es espíritu, trasciende el cuerpo y participa de la condición de


las creaturas espirituales. Está marcada por la relación directa con Dios y sobrepasa a
la especie de la que participa. Como espíritu el hombre está por encima del espacio y
del tiempo. Y como espíritu no puede ser medio sino sólo fin. En razón de su
espiritualidad, la persona es libre y responsable de sus acciones, tiene dominio de sus
propios actos y es capaz de derechos y deberes. Ella tiene la posibilidad de crecer, de
amar, de ser enriquecida con la elevación a un orden sobrenatural.

La persona humana es un espíritu en la materia, es espíritu y cuerpo. Ambas


substancias (espíritu y cuerpo) operan según su naturaleza, y como consecuencia, no
debemos sumergir ni a una ni a otra, pues las dos se integran en la persona.

Ética y Práctica Profesional | 9


Ítalo Gastaldi sintetiza los rasgos fundamentales del misterio del hombre, diciendo:

“La persona se manifiesta esencialmente como un ser único, irrepetible,


dotado de interioridad —autoconciencia y libertad—, y destinado a la
comunión; es decir, es un sujeto que existe corporalmente con otros en el
mundo, para realizarse con ellos en la historia, personal y comunitariamente,
tomando una actitud o, lo que es lo mismo, comprometiéndose libremente
frente a los valores, frente a las demás personas y, sobre todo, frente a
1
Dios” .

FACULTADES DE LA PERSONA
La persona se diferencia del animal por poseer ciertas facultades que le son propias.

Pero, ¿qué es una facultad? Una facultad es una capacidad o potencia que permite
realizar ciertas operaciones. En el ser humano encontramos capacidades tales como
el entendimiento, la voluntad, los fenómenos afectivos (sentimientos, emociones y
pasiones).

El entendimiento es una facultad cognoscitiva que posibilita el pensamiento abstracto.


Aunque necesita de la colaboración de los sentidos, trasciende el dominio de éstos y Facultad: es
alcanza la realidad suprasensible. una capacidad
o potencia que
permite realizar
Esta presencia de lo universal y de lo necesario en el pensar, es una de las diferencias ciertas
que tiene el ser humano con el animal irracional. El hombre por su intelecto es capaz operaciones.
de abstraer, de pasar de lo singular a lo universal (ej de esta montaña a la idea de
montaña); así elabora conceptos, juicios y razonamientos y es capaz de dedicarse a
una actividad práctica en busca del bien del hombre en cuanto tal (moral) o del bien de
tal o cual artefacto (técnica).

En tanto que la voluntad es la tendencia racional hacia un objeto conocido, por lo cual
es llamado apetito racional. La voluntad tiende hacia cierto bien (una cosa que
encierra un valor) presentado por el intelecto; es libre frente a los bienes finitos (que
perecen) o finitamente conocidos.

La voluntad goza de libre albedrío o libre arbitrio, que consiste en la capacidad que
tiene el ser humano para elegir entre diferentes alternativas; se trata de la posibilidad
de decidir o de elegir, lo cual constituye la fase esencial del acto voluntario. El acto
libre no está predeterminado, porque está exento de una inclinación necesaria a elegir
o tomar una determinada decisión. Es decir, se trata de la capacidad de hacer o no
hacer, de obrar de una manera o de otra.

En el hombre existen también fenómenos afectivos: los sentimientos, las emociones y


las pasiones.

Los sentimientos son estados afectivos duraderos. Los extremos de los sentimientos
son lo agradable y lo desagradable. También encontramos variantes como el amor, el
odio, la depresión.

Estos estados de ánimo surgen como consecuencia de un suceso, de algún


acontecimiento y se desarrollan en nosotros porque hemos tomado conciencia de algo
que nos agrada o nos desagrada. Rara vez se dan los sentimientos de un modo
aislado, pues se manifiestan dentro de un todo más complejo.
1
GASTALDI, Italo (1.990) “El Hombre. Un misterio.” Quito. (Ecuador.) : Edit. Inst. Sup. Salesiano pag 169

Ética y Práctica Profesional | 10


En tanto que las emociones son estados afectivos de mayor intensidad y menor
duración (angustia, miedo, alegría y tristeza). Siempre vienen acompañadas por
reacciones externas o internas (rubor, llanto, grito, risa, temblor, modificación del ritmo
cardíaco, etc.).

Las pasiones, por su parte, son disposiciones sentimentales internas; se trata de


afecciones o modificaciones de la afectividad, de carácter más o menos permanente.
Son movimientos del apetito. Por eso si no poseemos un bien, el amor es deseo; si
está presente es delectación o goce. Ante un bien difícil de obtener, el deseo genera
dos pasiones: si es alcanzable, esperanza y, si no lo es, desesperación. Si luchamos
ante un mal presente aparece la cólera; si el mal lo consideramos vencible, vamos a
su encuentro con audacia; pero si no es vencible, nos alejamos de él por el temor.

VALOR ABSOLUTO DE LA PERSONA 2

La antropología que presentamos es personalista sobre todo porque afirma el valor El hombre es
autónomo y absoluto del hombre, en cuanto sujeto no referenciable a otra realidad: el un fin en sí
hombre es un fin en sí mismo y nunca puede ser utilizado como medio. mismo y nunca
puede ser
utilizado como
En esto, el hombre se distingue radicalmente de las cosas y es totalmente original medio.
frente al resto de la realidad. “La lengua misma lo distingue: algo y alguien, nada y
nadie, qué y quién. Es lo que ha llevado a la pareja de conceptos cosa y persona”.

El fundamento lo hallamos claramente sintetizado en Rahner: “El hombre es persona


que consciente y libremente se posee. Por tanto, está objetivamente referido a sí
mismo, y por ello no tiene ontológicamente carácter de medio, sino de fin; posee, no
obstante, una orientación —saliendo de sí— hacia personas, no ya hacia cosas (que
más bien están orientadas hacia personas). Por todo ello le compete un valor absoluto
y, por tanto, una dignidad absoluta”.

a. Nuestra dignidad radica en la autoconciencia y en la autodeterminación que nos


elevan sobre el mundo infrahumano, y hacen posible la autocomunicación o
sociabilidad. El hombre no es una cosa neutra, impersonal, un “trozo de mundo”,
sino un sujeto que consciente y libremente “se posee”, que goza de autoposesión.
Esto está en la base de su autofinalidad: tiene un fin suyo, personal, que es su feli-
cidad, su realización. Nació “para sí”: por eso nunca puede ser usado como
“medio”, como los animales, que son “seres referenciales”, referidos al hombre. Por
eso, podemos usar un animal para alimentarnos; pero no podemos “usar” a un
hombre corno quien usa un engranaje o una palanca, para hacer triunfar una
empresa o hacer rendir una fábrica, o hacer triunfar una ideología.

b. Por todo esto, toda persona tiene un valor absoluto, simplemente por lo que es, no
por lo que tiene o por lo que hace.
Este conocimiento de su propia riqueza es lo que engendra en el hombre el sentido
de su dignidad, una dignidad que por ser “esencial” nunca se borra, ni siquiera
cuando se tiene una conducta indigna.

c. El valor absoluto de la persona abarca tres núcleos que no pueden ser


desconocidos sin serias consecuencias éticas:

2
Reproducimos los conceptos que Ítalo Gastaldi expone en su obra “El hombre. Un misterio”, pags 169 – 171, realizando las
adaptaciones que consideramos necesarias.

Ética y Práctica Profesional | 11


1º. El primer núcleo es el valor del individuo, del “yo”. Frente a toda tentación
colectivista de resolver la realidad humana en “estructuras” o “mediaciones
sociales”, el enunciado de la dignidad humana recuerda permanentemente que
cada uno de nosotros es único, insustituible, irrepetible; que no es un “trozo de
mundo”, sino un mundo aparte y nadie lo pueden sustituir en la elección y
realización de su destino.
2º. Pero esto no implica una postura “privatizante”, una concepción cerrada de sí
mismo. Somos interioridades abiertas, destinadas a la comunión. La dimensión
social entra en la definición de la persona. Hoy se insiste en que el hecho
decisivo que da origen a la persona es la intersubjetividad.
La “alteridad”, la “orientación al otro” corrige la posible concepción individualista
y abstracta del personalismo.
3º. Por último no hay que olvidar la afirmación de las estructuras o “mediaciones”
éticas del individuo y de la alteridad. Las mediaciones políticas, económicas,
culturales, etc., condicionan enormemente la realización individual y social de
las personas, influyen decisivamente en la construcción de la historia humana,
por tanto, tienen que ser objeto de nuestro compromiso.

d. Hoy se acentúa sobre todo la relación interpersonal, frente al “dominio del mundo”.
El humanismo que se va imponiendo es el humanismo personalista y dialogal, que
ubica la dimensión social en el centro de la Antropología.
La verdad más profunda del hombre es su relación con el “otro”. El hombre es un
“ser-en-relación”, un “ser-para-el-encuentro”. La clave de su realización está en
reconocer a los otros, promover a los otros, ser alguien frente a los otros. El sentido
de la existencia del hombre está vinculado a la existencia del otro.

e. El hombre no acaba en la piel: es pluridimensional, es “un-ser-en-el-mundo-con-


otros”..., pero abierto a la trascendencia.
La persona creada por Dios está ordenada a Dios. Esta realidad no la disminuye,
porque está ordenada no en calidad de “medio” sino como un “fin-en-sí”.

CARACTERÍSTICAS ESPECÍFICAS DEL HOMBRE 3

1. INTERIORIDAD

La persona posee vida interior, a diferencia de los animales que sólo poseen
exterioridad.

Por la interioridad el hombre se percibe como un “yo”, como origen de sus actividades,
como un ser capaz de pensar y obrar conscientemente y como responsable de sus
opciones libres. Es decir, se percibe como sujeto, centro consciente de atribución de
todas las realidades que constituyen su ser. Por eso es capaz de una vida biográfica,
pues la persona puede entender y querer.

Por tener interioridad, el hombre es capaz de:

- Autoconciencia: es el “darse cuenta de sí mismo”, es el acto de afirmación de sí


mismo frente a todo otro ser; es un rasgo propio del hombre que no solamente sabe
(conoce), que “sabe que sabe” (advierte que conoce), se da cuenta de que obra.
Más aún, se da cuenta de sí mismo y atribuye a su yo todas sus actividades, al
mismo tiempo que reconoce la entidad propia de las demás cosas frente a la suya.
3
Para este tema, tomamos el cap. 3 de la obra de Ítalo Gastaldi, pags. 83 a 97, introduciendo las adaptaciones y aclaraciones
necesarias.

Ética y Práctica Profesional | 12


- Autodeterminación: es el poder que tiene el hombre de realizarse (perseguir la
felicidad) saliendo por sí mismo de la indeterminación en que ordinariamente lo dejan
los motivos que tiene para obrar: eso que llamamos libertad. Por la autodecisión, se
actúa con plena conciencia y control de su propio ser, y de su ubicación en las
circunstancias en que debe decidir.

2. UNICIDAD

La interioridad fundamenta la unicidad del hombre, el hecho de que cada uno tenga
una manera rigurosamente sin igual de ser persona.

a. Los animales, “individuos” pertenecientes a una especie, se definen por las


características generales de la especie; basta predicarlas de cada uno. Es cierto, un
perro no es el otro: se distinguen entre sí por la forma, el peso, el color, etc., por los
“caracteres individuantes”.

b. También el hombre es un “individuo”, porque también él pertenece a una especie


determinada, como individuo forma número con los demás y se distingue de los
demás por el peso, el color, la forma, etc.: por los “caracteres individuantes”.
Pero al añadir que el hombre es “persona”, afirmamos algo absolutamente diverso
del individuo, irreductible a las cualidades abstractas que puedo atribuirle:
afirmamos que cada uno, como sujeto, realiza la especie “hombre” de un modo
irrepetible e irremplazable. No parece existir “el hombre”, sino únicamente
“hombres”.

c. La interioridad fundamenta la unicidad del hombre, pero también su libertad, el


poder ser dueño de la propia individualidad y de poder moldearla: esto es lo que lo
va configurando y diferenciándolo de los demás. Esto hace que aún en el caso de
los gemelos, cada uno reaccione diversamente ante los mismos estímulos y se
diferencie radicalmente del otro.

CONCLUYENDO: las cosas son “trozos de mundo”; el hombre, en cambio, perci-


be su radical “alteridad” frente a las cosas y frente a los demás: no forma con ellas
un todo único, es un mundo aparte, siempre nuevo y original. Por eso la persona
es misteriosa. Pretender esclarecer su misterio es emprender un imposible viaje
de estudios al país de la “alteridad”.

3- APERTURA A LOS DEMÁS:

Superación del individualismo y descubrimiento del “otro”

a- Planteamiento del problema

El surgir del sentido comunitario, el hecho del diálogo en todos los niveles y para las
empresas más diversas y el fenómeno de la socialización, han llevado a la conclusión
de que la dimensión social es esencial, constitutiva del hombre.

El filósofo se pregunta: Todas estas manifestaciones, ¿son solamente hechos ins-


tintivos, biológicos, fenoménicos, hechos “brutos”, sin sentido profundo..., o bien brotan
de una exigencia natural, revelando una dimensión esencial del hombre? ¿Hasta qué
grado el “tú” y el “nosotros” entran en el “yo”? ¿Se puede resolver el problema del
hombre sin hablar explícitamente de las otras personas?

Ética y Práctica Profesional | 13


En otras palabras: “ser-en-el-mundo-con-otros”. ¿es para mí algo accidental, como
para el vino estar en el vaso o en la botella o en la cuba..., o significa más bien lo que
para el pez vivir en el agua? (el pez tiene que vivir allí y su organismo esta
internamente organizado para vivir allí).

“Yo soy yo y mis circunstancias”, escribía Ortega y Gasset en 1914. Pertenecemos a


un entramado social. Vivimos en un contexto mundano del que jamás podemos
prescindir y al que constantemente estamos referidos. Nos volcamos hacia el no-yo
como complemento necesario del propio existir.

Somos “seres-en-el-mundo-a-través-del-cuerpo”: eso es innegable. Pero la pregunta


fundamental que nos permite entender la problemática que atormenta la época actual
y que al mismo tiempo nos introduce en el misterio eterno del hombre, se puede
expresar así: “El hombre, ¿es un ser (individual) orientado en primer lugar hacia el
mundo— en el cual existen también otros hombres— o bien es, antes que nada, un
ser en comunión con otras personas en el mundo? Según la respuesta que se dé, la
Antropología es muy distinta.

b- El hombre “ser - en - el - mundo”

No cabe duda de que el hombre es un “ser-en-el-mundo”. Diferenciamos


tres sentidos
Le debemos a Martín Heidegger el haber insistido en esto. También Carlos Marx del término
“mundo”
insistía en que “el mundo es como el cuerpo inorgánico del hombre” y nuestra vida “es
un metabolismo con el mundo”.

a. La primera experiencia que nos sale al paso es que nos hallamos rodeados de
cosas que influyen sobre nosotros y con las que nos vinculan muchas relaciones.
Nuestra vida está orientada hacia el mundo infrahumano, ese mundo que es
nuestro espacio vital, donde hay seres que nos sirven de alimento, vestido y
habitación y de los cuales echamos mano para subsistir. Vivimos en un constante
intercambio con el mundo que nos rodea, intercambio que nos enriquece y nos
permite realizarnos. Formamos con él un sistema de reciprocidad, de sentido y de
vida.
El hombre es un “ser-en-el-mundo”; nos insertamos en él a través del cuerpo. Pero
no estamos como el animal simplemente vinculados al entorno: vivimos en un
mundo abierto, con fronteras fluidas que se ensanchan continuamente...
b. “Ser-en-el-mundo” no es algo periférico, algo adjetivo, sino algo estructural, ori-
ginario, constitutivo del hombre: sólo somos si somos en-el-mundo.
El mundo es como el cuerpo grande del hombre, la prolongación de la corporeidad.
No hay hombre sin mundo, como no hay hombre sin prójimo. Tanto que los
materialistas absolutizan esta característica hasta reducir al hombre a una “porción
del mundo”.
c. Martín Buber dice que gracias al hombre existe el mundo. Sin el hombre habría
muchas cosas, pero ningún ser que las captara en su conjunto. Sólo el hombre
puede pensar la pluralidad como unidad, como totalidad de la experiencia externa.

Así, pues, al decir “mundo” no nos referimos al mundo objetivista, visto


independientemente de su relación con nosotros, ese mundo regido por las leyes que
las ciencias van descubriendo.

No somos espectadores pasivos en el mundo: estamos en diálogo con él. Mediante la


ciencia, la técnica y el arte ponemos un sello espiritual a la materia y la “hominizamos”,
llenándola de significados: elevamos la “naturaleza” al rango de “cultura”.

Ética y Práctica Profesional | 14


No es sólo el mundo físico el que está ante nosotros, sino también el mundo simbólico.
Aquí nos referimos al mundo del hombre, ese mundo que hemos construido a través
de nuestras propias experiencias, teñido de subjetividad. Nos vemos en un ámbito
repleto de significados, en un ambiente organizado por el hombre mismo.

c- El “hecho fundamental de la existencia”

Todo lo que precede nos está diciendo que nuestra dimensión social es una dimensión
original, que no puede ser reducida a ninguna otra, ni derivada de ninguna otra.

Somos “interioridades”, no hay duda, pero interioridades abiertas, destinadas a la


comunión interpersonal. El hombre es un ser “alterocéntrico” por naturaleza. La
“alteridad” pertenece esencialmente al concepto y a la realidad de la persona.

Y la dimensión social no es una realidad adjetiva, añadida a la interioridad ya


constituida; es una realidad constitutiva de la persona.

En efecto, el hombre no se puede conocer a sí mismo mirándose al espejo: “El hombre


se torna un yo a través del tú”. Sólo así se descubre idéntico a sí mismo. No tiene
primero relación a sí mismo y luego, en un segundo momento, relación al tú del otro.
No; el yo no es traslúcido para sí mismo: se autoconoce al mismo tiempo que entra en
relación con los demás.

La persona nace de una llamada y se orienta hacia una respuesta. Podemos decir que
el “nosotros” es la matriz y el ámbito constitutivo de las personas: el yo es “yo” en el
nosotros, y el tú es “tú” en el nosotros. Sartre consideraba al otro como una amenaza
no, “el otro no es un límite sino un manantial del yo”.

El hecho fundamental de la existencia es que todo hombre es interpelado como


persona por otro ser humano, en la palabra, en el amor y en la obra, y debe dar su
respuesta: aceptación o rechazo.

d- Amor

El ser humano tiene el impulso de “ser – más por la comunicación”. Desde lo más
profundo de su ser necesita comunicarse con otros, y la comunicación más plena se
cumple por el amor.

Afirma Ismael Quiles, que toda persona, todo espíritu tiene, como primera aspiración
de su esencia, el amor. Este es el aspecto de la vida que más puede realizar al ser
humano como persona.

e- Apertura a la Trascendencia

La fenomenología nos muestra, entonces, que el otro está delante de mí como un


valor que se me impone por sí mismo; un valor que el hombre mismo no ha creado ni
puede destruir, pues se identifica con la misma dignidad de la persona humana,
fundada en su conciencia y libertad. Se trata de un “dato primario”, de una
constatación inmediata que no puede ser negada sin la conciencia íntima de
infidelidad con nosotros mismos. Hay que decirle que “si” a su existencia,
independientemente del color de la piel, de su pertenencia a una raza o a una
condición social y de la posibilidad de utilizarlo más tarde en el proceso de producción.
Hay que aceptarlo simplemente porque es un ser humano.

Ética y Práctica Profesional | 15


La existencia del otro, su presencia soberana, es algo situado “más allá” de la voluntad
arbitraria del otro, es algo trascendente. En último análisis no depende de él existir de
ese modo.

Por eso podemos concluir que en la exigencia incondicional del prójimo está en cierta
forma presente el totalmente Otro, Dios, que protege la criatura humana, porque fue
querida y hecha por El. Tomar en serio al otro, incondicionalmente; reconocer –por lo
menos implícitamente- la realidad misteriosa que está detrás del hombre y lo
constituye precisamente en su singularidad inviolable.

ACTIVIDADES
DE AUTOEVALUACIÓN

• ¿Por qué afirmamos que la Antropología Filosófica considera al


hombre como totalidad?
• Dé razones por las cuales podemos afirmar que el hombre posee
un valor absoluto.
• Decimos que el hombre es un ser-en-el-mundo. En este caso, ¿qué
se entiende por “mundo”?.

OBLIGATORIAS:

• Seleccione cinco afirmaciones del texto referido a la “Constitución


esencial de la persona humana”, que ud. considere más
significativas para sintetizar el contenido del mismo.
• Elabore un texto de no más de una página, donde explicite las
capacidades propias del ser humano, y aquellas notas o
características que le son propias y lo diferencian de los demás
seres.
• Realice un esquema o una red conceptual de la unidad I.

Ética y Práctica Profesional | 16


ÉTICA GENERAL
EJE II:
ÉTICA Y MORAL

La Moral: su esencia. Lo normativo y lo fáctico en la moral. Carácter social de la moral.


Lo individual y lo colectivo en la moral. Moral convencional y moral crítica. Moral y
Ética. Su objeto de estudio material y formal. Acción humana. Análisis antropológico
de la acción humana. Estructura del acto moral.

Para tratar el tema de la Moral, partiremos de los conceptos que Adolfo Sánchez
Vázquez trabaja en su libro “Ética”, del cual hemos extraído el texto que sigue a
continuación:

ESENCIA DE LA MORAL
Partiendo del hecho de la moral, es decir de la existencia de una serie de morales “La moral es un
concretas, que se han sucedido históricamente, podemos intentar dar una definición conjunto de
de la moral, válida para todas ellas. Esta definición de la moral, no podrá abarcar en normas
aceptadas, libre
modo alguno todos los rasgos esenciales de cada una de esas morales históricas ni y conciente-
reflejar toda la riqueza de la vida moral, pero sí ha de aspirar a expresar los rasgos mente, que
esenciales que permiten diferenciarla de otras formas de comportamiento humano. regulan la
conducta
individual y
La definición sería: “La moral es un conjunto de normas aceptadas, libre y
social de los
concientemente, que regulan la conducta individual y social de los hombres”. hombres”.

LO NORMATIVO Y LO FÁCTICO
En la moral están explícitos dos planos:

1) lo normativo, constituido por las normas (o reglas de acción) imperativas que


enuncian algo que debe ser;
2) lo fáctico (o plano de los hechos morales) constituido por ciertos actos humanos
que se dan efectivamente, es decir, que son, independientemente de cómo
estimamos que debieron ser.

Al plano normativo pertenecen las reglas que postulan determinado tipo de


comportamiento: “ama al prójimo como a ti mismo”, “respeta a tus padres”, “no seas
cómplice de una injusticia”.

Al plano fáctico corresponden siempre acciones concretas: “el acto por el que X se
muestra solidario de Y”, el acto de respeto a los padres, etc. Todos estos actos se
ajustan a determinadas normas morales, y justamente porque pueden ser puestas en
una relación positiva con una norma, (en cuanto que se ajustan a ella o la ponen en
práctica) cobran un significado moral. Son actos morales positivos o moralmente
valiosos.

Consideremos otro tipo de actos: “el incumplimiento de una promesa dada, la falta de
solidaridad con un compañero”, no pueden ser consideradas moralmente positivas en

Ética y Práctica Profesional | 17


cuanto que implican la violación de normas morales o una forma de conducta indebida
pero no por ello dejan de pertenecer a la esfera de lo moral.

Son actos moralmente negativos, pero justamente por su referencia a una norma
(porque implican una violación o un incumplimiento de ella) tienen un significado
moral. Así pues, su relación con lo normativo, determina la pertenencia de ciertos
hechos a la esfera de lo moral.

Lo normativo se encuentra a la vez, en una peculiar relación con lo fáctico, ya que toda
norma al postular algo que debe ser, apunta a la esfera de los hechos, a un tipo de
realización. Lo normativo no se da al margen de lo fáctico, sino que apunta a un
comportamiento efectivo. Lo normativo existe para ser realizado, lo cual no quiere
decir que se realice necesariamente; postula una conducta que se considera debida,
es decir, que debe realizarse, aunque en la realidad efectiva no se cumpla la norma:
un cambio de señalización en calles de zonas periféricas, no determina que toda la
comunidad cumpla la norma.

Las normas se dan y valen independientemente del grado en que se cumplan o violen.
Lo normativo y lo fáctico se encuentran en relación: lo normativo exige ser realizado y
apunta por ello a lo fáctico; lo realizado (lo fáctico) sólo cobra significado moral en
cuanto puede ser referido a una norma. Lo normativo y lo fáctico en el terreno moral
(la norma y el hecho) son dos planos que pueden ser distinguidos, pero no separados.

MORAL Y MORALIDAD

La moral efectiva comprende un conjunto de principios, valores y prescripciones que


los hombres, en una comunidad dada, consideran válidos como los actos reales en
que aquellas se plasman.

La necesidad de mantener una distinción entre el plano puramente normativo o ideal y


el fáctico o real, ha llevado a algunos autores a proponer dos términos para designar
un término y otro: “Moral y Moralidad”.

La “moral” designaría el conjunto de principios, normas, imperativos o ideas morales La moral se


daría
de una época en una sociedad dada. La moralidad es el conjunto de relaciones “idealmente” y
efectivas o actos concretos que cobran un significado moral con respecto a la moral la moralidad
dada. La moral se daría “idealmente” y la moralidad “realmente”. “realmente”.

La moralidad constituye un tipo de comportamiento de los hombres, y como tal formará


parte de su existencia individual y colectiva. La moral tiende a convertirse en moralidad
en virtud de la existencia de lo normativo. La moralidad es la moral en acción, la moral
práctica. Por ello es mejor emplear un solo término, el de “Moral” como se hace
tradicionalmente; con él se designan los dos planos: el normativo o prescriptivo y el
práctico o efectivo, integrados ambos en la conducta humana concreta.

Así, en la moral se conjugan le normativo y lo fáctico, o lo moral como hecho de la


conciencia individual y social, y como un tipo de comportamiento efectivo de los
hombres.

CARÁCTER SOCIAL DE LA MORAL


La moral tiene esencialmente un carácter social, pues sólo se da en la sociedad,
respondiendo a sus necesidades y cumpliendo una determinada función en ella. Un

Ética y Práctica Profesional | 18


cambio radical de la estructura social da lugar a un cambio fundamental de moral. La
moral, como forma de comportamiento humano, tiene un carácter social, ya que es
propio de un ser, que incluso al comportarse individualmente, lo hace como un ser
social.

Aspectos fundamentales de la cualidad social de la moral:

a. Cada individuo, al comportarse moralmente, se sujeta a determinados principios,


valores o normas morales. Los individuos forman parte de una época dada y de
determinada comunidad humana, donde rigen determinados valores, principios o
normas.
El individuo se encuentra con lo normativo como algo ya establecido y aceptado por La moral
determinado medio social sin que tenga posibilidad de crear nuevas normas ni de cumple una
modificarlas de acuerdo a su exigencia personal. función social
muy precisa.
b. El comportamiento moral es tanto comportamiento de individuos como de grupos
sociales humanos. Cuando se trata de una conducta de un individuo, no solamente
afecta a si mismo, sino que se trata de una conducta que tiene consecuencias en
un sentido u otro para los demás, y que es objeto de su aprobación o reprobación.
Los actos morales individuales que no tienen consecuencia alguna para los demás
no pueden ser objeto de una calificación moral, por tanto quedan fuera de la moral
aquellos actos que son estrictamente personales por sus resultados y efectos.

c. Las ideas, normas y relaciones morales surgen y se desarrollan respondiendo a


una necesidad social. La función social de la moral estriba en regular las relaciones
entre los hombres, para contribuir así a mantener y asegurar determinado orden
social. Se pretende que los individuos acepten libre y conscientemente el orden
social establecido.

Así, la moral cumple una función social muy precisa: contribuir a que los actos de los
individuos, o de un grupo social, se desarrollen en forma favorable para toda la
sociedad o para un sector de ella. La moral tiende a que los individuos pongan en
consonancia, voluntariamente, sus propios intereses con los intereses colectivos de
determinado grupo social, o de la sociedad entera.

LO INDIVIDUAL Y LO COLECTIVO EN LA MORAL


El carácter social de la moral entraña una peculiar relación entre el individuo y la
comunidad, o entre lo individual y lo colectivo. En efecto, desde su infancia se
encuentra sujeto a una influencia social que le llega por diversas conductas y a la que
no puede escapar: de los padres, del medio escolar, de los amigos, de las costumbres
y tradiciones arraigadas, del ámbito profesional, de los medios masivos de difusión
(cine, tv, prensa, radio). Bajo esta variada influencia, se van formando sus ideas
morales y sus modelos de conducta moral.

Una parte de la conducta moral se manifiesta en forma de hábitos y costumbres. Esta El individuo
forma de regulación de la conducta, es la que predomina en las sociedades primitivas. sólo puede
La costumbre representa en ellas lo que debe ser. Para las sociedades más actuar
evolucionadas, no desaparece por completo la costumbre como forma de regulación moralmente en
sociedad.
moral. Las normas que rigen así en la sociedad, tienen a veces, larga vida, sobreviven
a cambios sociales importantes y se hallan respaldadas por el peso de la tradición.
Toda nueva moral tiene que romper con la vieja moral, que trata de sobrevivirse como
costumbre; pero, por otro lado, lo nuevo moralmente tiende a consolidarse como
costumbre.

Ética y Práctica Profesional | 19


La costumbre espera como un medio eficaz para integrar al individuo en la comunidad,
para fortalecer su sociedad, y para que sus actos contribuyan a mantener y no a
disgregar el orden establecido. El individuo actúa entonces de acuerdo con las normas
emitidas por un grupo social, o por toda la comunidad.

La convicción íntima de lo que fue ayer, debe ser también hoy, y de la relación
consuetudinaria o habitual de la conducta cobra significación moral.

En sociedades primitivas, la costumbre cobra especial relevancia y el individuo se


encuentra tan apegado que le queda poco margen para discrepar de ella. Esta forma
de regulación de la conducta tiene un carácter moral, que se presenta como una
pretensión normativa, ya que las normas que prevalecen forman parte de los hábitos y
costumbres.

Esta sujeción del individuo pone de manifiesto el carácter social de la relación entre
individuo y comunidad y de la conducta moral individual. El sujeto del comportamiento
propiamente moral, es una persona singular. Cualesquiera sean las causas que
rodeen la decisión y el acto correspondiente, ambos emanan de un individuo que libre
y conscientemente asume una responsabilidad personal.

La conciencia individual, esfera donde operan las decisiones de orden moral, al


hallarse condicionada socialmente, no puede dejar de reflejar una situación social
concreta, de allí que distintos individuos de un mismo grupo social, reaccionen de un
modo análogo.

Así pues, cuando se subraya el carácter social de la moral y la relación de lo individual


y lo colectivo, se está lejos de negar el papel del individuo en el comportamiento moral, Como no existe
aunque este varíe histórica y socialmente. el individuo
aislado, sino
como ser
En conclusión, la moral implica siempre una conciencia individual que hace suyas las social, no existe
reglas de acción que se le presentan con carácter normativo, aunque se trate de una moral
reglas establecidas por la costumbre. Como no existe el individuo aislado, sino como estrictamente
ser social, no existe una moral estrictamente personal. personal.

MORAL CONVENCIONAL Y MORAL CRÍTICA


La Moral convencional es aquella que está vigente en una sociedad determinada,
que meramente es reproducida por los individuos que la integran, sin realizar un
examen crítico de las normas. Nos encontramos de este modo con normas no
cuestionadas; en donde la conducta individual sólo se ajusta a dichas normas y se
juzga negativamente toda conducta que se aparte de las mismas.

La Moral Crítica, por el contrario, es aquella que no se conforma con decir qué se
debe hacer, sino que se plantea la pregunta del por qué, tratando de responderla; es
decir, adopta una actitud reflexiva, buscando los fundamentos de las normas y
criticando aquellas que no aparecen suficientemente fundamentadas.

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LA ÉTICA COMO FILOSOFÍA MORAL 4
Pasaremos ahora a analizar en que consiste la Ética o Filosofía Moral. Para ello
presentamos los conceptos que Adela Cortina expone en su obra “ÉTICA”.

La Ética es entendida como aquella parte de la Filosofía que se dedica a la reflexión


sobre la moral. Como parte de la Filosofía, la Ética es un tipo de saber que intenta
construirse racionalmente, utilizando para ello el rigor conceptual y los métodos de
análisis y explicación propios de la Filosofía. Como reflexión sobre cuestiones morales,
la Ética pretende desplegar los conceptos y argumentos que permiten comprender la
dimensión moral de la persona humana en cuanto la dimensión moral, es decir, sin La Ética es
reducirla a componentes psicológicos, sociológicos, económicos o de cualquier otro entendida como
tipo (aunque por supuesto, la ética no ignora que tales factores condicionan de hecho aquella parte
el mundo moral). de la Filosofía
que se dedica a
la reflexión
Una vez desplegados los conceptos y argumentos pertinentes, se puede decir que la sobre la moral.
Ética, la Filosofía Moral, habrá conseguido dar razón del fenómeno moral, dar cuenta
racionalmente de la dimensión moral humana, de modo que habremos crecido en
saber acerca de nosotros mismos, y, por lo tanto, habremos alcanzado un mayor
grado de libertad. En definitiva, filosofamos para encontrar sentido a lo que somos y
hacemos, y buscamos sentido para colmar nuestras ansias de libertad, dado que la
falta de sentido la experimentamos como cierto tipo de esclavitud.

Recomendamos ver el video “De que va la Ética” en:

[Link], com /user/gracielaregil

Consigna:

1.-- ¿Qué diferencia la conducta humana de la del animal?


2.- ¿En qué consiste la libertad humana?
3.- ¿En qué consiste la Ética según Fernando Savater?

1. La Ética es indirectamente normativa

Desde sus orígenes entre los filósofos de la antigua Grecia, la Ética es un tipo de
saber normativo, esto es un saber que pretende orientar las acciones de los seres
humanos. También la moral es un saber que ofrece orientaciones para la acción, pero
mientras esta última propone acciones concretas en casos concretos, la Ética – como
filosofía moral – se remonta a la reflexión sobre las distintas morales y sobre los
distintos modos de justificar racionalmente la vida moral, de modo que su manera de
orientar la acción es indirecta: a lo sumo puede señalar qué concepción moral es más
razonable para que, a partir de ella, podamos orientar nuestros comportamientos.

Por tanto, en principio, la Filosofía Moral o Ética, no tiene por qué tener una incidencia
inmediata en la vida cotidiana, dado que su objetivo último es el de esclarecer
reflexivamente el campo de la moral. Pero semejante esclarecimiento sí puede servir
de modo indirecto como orientación moral para quienes pretenden obrar racionalmente
en el conjunto de la vida entera.

Por ejemplo: supongamos que alguien nos pide que elaboremos un “juicio ético” sobre
el problema de la desocupación, o sobre el aborto, o sobre cualquier otra cuestión
moral de las de las que están en discusión en nuestra sociedad; para empezar
4
CORTINA, Adela (1.999) “Ética”. Editorial Akal.

Ética y Práctica Profesional | 21


tendríamos que aclarar que en realidad se nos está pidiendo un juicio moral, es decir
una opinión suficientemente mediata acerca de la bondad o malicia de las intenciones,
actos y consecuencias que están implicados en cada uno de esos problemas. A
continuación, deberíamos aclarar que un juicio moral se hace siempre a partir de
alguna concepción moral determinada, y una vez que hayamos anunciado cuál de
ellas consideramos válida, podemos proceder a formular, desde ella, el juicio moral
que nos reclamaban. Para hacer un juicio moral correcto acerca de alguno de los
asuntos morales cotidianos no es preciso ser experto en filosofía moral. Basta con
tener cierta habilidad de raciocinio, conocer los principios básicos de la doctrina moral
que consideramos válida, podemos proceder a formular, desde ella, el juicio moral que
nos reclamaban. Para hacer un juicio moral correcto acerca de alguno de los asuntos
morales cotidianos no es preciso ser experto en filosofía moral. Basta con tener cierta
habilidad de raciocinio, conocer los principios básicos de la doctrina moral que nos
sirvió de referencia para nuestro juicio moral anterior. Ese juicio ético estará
correctamente formulado si es la conclusión de una serie de argumentos filosóficos,
sólidamente construidos, que muestren nuestras razones para preferir la doctrina
moral escogida. En general, tal juicio ético está al alcance de los especialistas en
filosofía moral, pero a veces, también puede manifestarse con cierto grado de calidad
entre las personas que cultiven la afición a pensar, siempre que hayan hecho el
esfuerzo de pensar los problemas “hasta el final”.

2. El término “Ética”

A menudo se utiliza la palabra “Ética” como sinónimo de “moral”, es decir de un


conjunto de principios, preceptos y valores que rigen la vida de los pueblos y de los
individuos. La palabra “Ética” procede del griego “ethos”, que significaba originalmente
“morada”, “lugar donde vivimos”, pero posteriormente pasó a significar “el carácter”, “el Ética procede
del griego ethos
modo de ser” que una persona o grupo va adquiriendo a lo largo de su vida. Por su
parte, el término “moral” procede del latín “mos, moris”, que originalmente significaba
“costumbre” confluyen etimológicamente en un significado casi idéntico: todo aquello
que se refiere al modo de ser o carácter adquirido como resultado de poner en práctica
unas costumbres o hábitos considerados buenos.

Dadas esas coincidencias etimológicas, no es extraño que los términos “moral” y


“ética” aparezcan como intercambiables en muchos contextos cotidianos: se habla, por
ej, de una “actitud ética” para referirse a una actitud “moralmente correcta” según
determinado código moral; o se dice de un comportamiento que “ha sido poco ético”,
para significar que no se ha ajustado a los patrones habituales de la moral vigente.
Este uso de los términos “ética” y “moral” como sinónimos está tan extendido en
castellano que no vale la pena intentar impugnarlo. Pero conviene que seamos
conscientes de que tal uso denota, en la mayoría de los contextos lo que aquí venimos
llamando “la moral”, es decir, la referencia a algún código moral concreto.

No obstante lo anterior, podemos proponernos reservar en el contexto académico, el


término “Ética” para referirnos a la Filosofía moral, y mantener el término “moral” para
denotar los distintos códigos morales concretos.

3. La Ética no es ni puede ser “neutral”

La ética no se identifica, en principio con ningún código moral determinado. Esto no


significa que permanezca “neutral ante los distintos códigos morales que hayan
existido o puedan existir. No es posible semejante “neutralidad” o “asepsia axiológica”,
puesto que los métodos y objetivos de la Ética la comprometen con ciertos valores y la
obligan a denunciar a algunos códigos morales como “incorrectos” o incluso como
“inhumanos”, al tiempo que otros pueden ser reafirmados por ella en la medida en que
los encuentre “razonables”, “recomendables “ o incluso “excelentes”.

Ética y Práctica Profesional | 22


4. Funciones de la Ética

Corresponde a la Ética una triple función:

1) Aclarar qué es la moral, cuáles son sus rasgos específicos.


2) Fundamentar la moralidad, es decir, tratar de averiguar cuáles son las razones por
las que tiene sentido que los seres humanos se esfuercen en vivir moralmente.

Aplicar a los distintos ámbitos de la vida social los resultados obtenidos en las dos
primeras funciones, de manera que se adopte en esos ámbitos sociales una moral
crítica (es decir, racionalmente fundada), en lugar de un código moral dogmáticamente
impuesto o de la ausencia de referencias morales.

A lo largo de la historia de la Filosofía se han ofrecido distintos modelos éticos que


tratan de cumplir las tres funciones anteriores: son las teorías éticas. Son constructos
filosóficos que intentan dar cuenta del fenómeno de la moralidad en general, y de la
preferibilidad de ciertos códigos morales en la medida en que éstos se ajustan a los
principios de racionalidad que rigen en el modelo filosófico de que se trate.

En el siguiente cuadro comparamos las doctrinas morales y las doctrinas éticas:

DOCTRINAS MORALES DOCTRINAS ÉTICAS


Sistematizaciones de conjuntos de valores, Reflexiones acerca de la moral.
principios y normas concretas.

No son teorías filosóficas. Son teorías filosóficas.

Responden a cuestiones concretas, orientan No orientan en forma inmediata la vida


en forma inmediata la vida moral de las moral de la persona. Analiza el
personas. fenómeno de la moralidad.

Ética y Práctica Profesional | 23


MORAL Conjunto de principios, normas y valores, que cada generación
transmite a la siguiente y que orientan sobre el modo de comportarse
para llevar una vida buena y justa.

Parte de la Filosofía que se dedica a la • Saber que intenta construirse racionalmente.


reflexión sobre la moral. • Intenta desplegar conceptos y argumentos
que permitan comprender la dimensión
moral de la persona humana.

ÉTICA Su objetivo: es esclarecer reflexivamente el


campo de la moral.

• Saber indirectamente normativo: orienta


indirectamente la acción, señalando qué
Funciones: concepción de moral es más razonable.
• Aclarar qué es la moral. (sus rasgos) • No se identifica con ningún código moral
• Fundamentar la moralidad. determinado.
• Aplicar a los distintos ámbitos de la vida • La Ética no permanece neutral ante los
social los resultados obtenidos en las distintos códigos morales.
dos primeras funciones (para que se
adopte una moral crítica).

Ética y Práctica Profesional | 24


CONCEPCIONES ÉTICAS
A lo largo de la historia de la Filosofía, la cuestión del obrar humano, la pregunta sobre
lo que es bueno para el hombre, ha recibido múltiples respuestas. De ese modo, se
han sucedido escuelas de pensamiento que han pretendido encontrar el fundamento a
la moralidad de las acciones humanas. Pero, si bien las respuestas son diversas, es
posible agrupar las escuelas éticas en tres categorías, de acuerdo al modo como cada
una concibe el soberano bien y, por lo tanto, la regla de moralidad.

I. Concepciones Utilitarias
II. Concepciones Sentimentales o altruistas
III. Concepciones Racionales

I. Concepciones Utilitarias

El carácter común de las concepciones utilitarias es que colocan el soberano bien del
hombre en el placer o el goce, y hacen por tanto del placer el criterio del bien y del
mal: es bueno lo que nos trae un goce; es malo lo que nos impide gozar o nos hace
sufrir.

Las teorías utilitarias se diferencian entre sí según la manera como estiman que hay
que seguir el placer.

a) Hedonismo: Esta posición enseña que hay que aprovechar el placer cada vez que
se nos presenta delante.
En el siglo IV Aristipo de Cirene, que funda la escuela Cirenaica después de la
muerte de Sócrates, sostiene la moral del placer. Según él, para el hombre no
existe más que un bien: la hedoné (el placer); por ello la suprema regla es el goce
inmediato. Un placer perdido no se vuelve a recobrar. El sumo bien de la vida es el
placer sensible y actual; como los placeres corporales son los más intensos, son,
por consiguiente los más deseables y deben ser preferidos a todos los demás. La
sabiduría y la virtud consisten en buscar los medios para obtener la mayor cantidad
posible de placer. Pero se debe obrar con prudencia, acomodándose a las
circunstancias y conservando siempre la libertad interior y la tranquilidad; o sea, hay
que dominar los placeres y no dejarse dominar por ellos. La prudencia aconseja
también ajustar la conducta a las leyes establecidas, sobre todo a las leyes
penales.

b) Epicureísmo: hacia fines del siglo III a. de C. aparece Epicuro, natural de Samos,
maestro de “los filósofos del jardín” y fundador de la escuela que lleva su nombre.
Epicuro considera que el placer es el valor supremo, entendido como el bien
primitivo e innato, y constituye el principio y el fin de la vida feliz. Entonces, coloca
en el placer el fundamento del comportamiento humano, pero rechaza la regla del
goce inmediato: hay que buscar los placeres que no van seguidos de ninguna pena,
los que no nos privan de un placer mayor, los que no son artificiales, los placeres
tranquilos más bien que los placeres violentos. Los placeres del alma (el gozo) son
más elevados que los del cuerpo, que son carnales.
Los placeres espirituales consisten en recordar, imaginar o proyectar acciones
gozosas, lo cual no es posible si previamente no existen auténticas situaciones
placenteras, que consisten en los deleites del cuerpo.
Diferencia, entonces, los placeres en reposo y los en movimiento. Los placeres en
reposo son los que advienen al alma como algo que es natural a su actividad,
consistiendo en la satisfacción de una necesidad, el ejercicio de las operaciones.
Así, por ejemplo, el placer de reposar tras la fatiga, de beber agua cuando se tiene
sed. En tanto que los placeres en movimiento, se refieren a aquellos que se
experimentan como algo sobreañadido a su naturaleza, algo que se busca en el
exterior porque no pertenecen a la normal actividad del alma. Éstos a la larga
producen dolor y convertidos en hábitos, esclavizan al alma a cosas externas, dice
Epicuro. Son ejemplos de éstos el beber bebidas alcohólicas, las drogas. De allí
que prefiera los placeres en reposo. Por eso, mediante la prudencia, el hombre
debe buscar el equilibrio, la paz interior y la tranquilidad.
El hedonismo de Epicuro no es tan grosero como el de Aristipo, y hasta propone,
por medio del ejercicio de las virtudes, como el valor, la templanza y la justicia, la
búsqueda de un cierto estado de tranquilidad (ataraxia) o indiferencia, en la cual
consistiría la felicidad.

c) Utilitarismo: Es una corriente que caracteriza al siglo XIX, siglo del positivismo, de
la explosión industrial, científico y técnico. El bien útil avala, fundamenta, excusa y
justifica cualquier procedimiento en el seno de la sociedad que es típicamente
materialista. Los fines pierden su condición de tales.

Según Jeremías Bentham (1.784 – 1.832), la utilidad es el principio de la felicidad. La


naturaleza humana ha colocado al hombre bajo el imperio del placer y del dolor, por
eso, todo lo que hay en el hombre tiene por único objeto buscar el placer y evitar el
dolor. El principio de la utilidad subordina todo esto a dos móviles, a saber: lo útil es lo
que aumenta el placer y disminuye el dolor.

La única regla moral es la del interés, por lo cual el problema moral consiste en
calcularlo bien. Hay que aplicar el criterio de lo útil para procurar la mayor cantidad de
dicha sensual; es necesario fijar una aritmética de los placeres que permita elegir entre
éstos los que sean superiores por su intensidad, duración y pureza. Sostiene así, que
colocado el hombre entre el bien y el mal, que son inseparables, necesariamente elige
lo mejor y más útil, aquello en que el placer excede al dolor, de modo que este exceso
o utilidad es la base y medida de la moralidad.

El utilitarismo, postula además, que el placer puede extenderse a un mayor o menor


número de individuos de la sociedad. En este punto radica la diferencia esencial entre
el hedonismo y el utilitarismo, ya que éste tiene un carácter más social frente al
individualismo y egoísmo del primero. Por ello, al considerar una escala en lo útil, es
preciso tener en cuenta la intensidad del placer producido, así como la extensión a un
mayor o menor número de individuos. La persona no es verdaderamente feliz si no
vive en concordancia con sus semejantes, si no es amado. Para serlo se ocupa de los
demás. De ahí que, un acto será bueno cuando sea útil y, a la vez, alcance la máxima
utilidad posible para el mayor número de individuos.

Por su parte, John Stuart Mill (1.773 – 1.833) adopta una postura semejante, pero
aclara que no sólo hay que tener la cantidad de placer, sino también la calidad; y que,
en caso de conflicto entre el interés general y el particular, éste debe ser sacrificado
(moral del interés general).

Valoración crítica

- En lo que respecta al hedonismo se puede decir que la regla del placer no tiene valor
moral. En efecto, el placer, inmediato o diferido, no puede presentarse como
obligatorio. El placer solicita las inclinaciones, pero no se impone a la razón como la
suprema ley de nuestra actividad. Por otra parte, los placeres, aun prudentemente
dosificados, no nos traen la felicidad sino por el contrario, son fuente de inquietudes
porque, al ser finitos en sí mismos y en su duración, dejan más bien una sensación
de vacío que un sentimiento de plenitud. Además, los placeres se transforman en

Ética y Práctica Profesional | 26


sus contrarios: el placer tiende a un estado de exasperación y se cambia en dolor. Si
el placer es la regla suprema, todos los crímenes se encuentran justificados por el
hecho de haber servido a procurar el placer a sus autores; y el sacrificio de su
tranquilidad, fortuna, salud y vida por el bien de los demás sería reprobado.

- El epicureísmo y el utilitarismo de Bentham no corrige a fondo el hedonismo, ya que


mantiene la soberanía del placer. El método que preconiza no tiene ninguna fuerza
obligatoria, y no son más que recetas para gozar mejor; no permitiendo condenar a
quien prefiera gozar inmediatamente de todos los placeres que pudiera tener a
mano. En cuanto al utilitarismo de Bentham, la aritmética del placer exigiría una
contabilidad complicada, de tal modo que la búsqueda del placer suprimiría el placer
y, por otro lado, no se puede apreciar en cifras lo que es propio de la cualidad.

Además, si bien es cierto que el interés y la búsqueda de la felicidad son móviles


fundamentales de la conducta humana, no deben ser entendidos en forma material y
biológica. La experiencia indica que, muchas veces, la moral y el deber obligan a
cada hombre al sacrificio de los intereses contingentes y materiales en nombre de
bienes intelectuales y espirituales más altos, que valen por sí, cuya posesión dan a
la persona su pleno valor. No es la eficacia y la utilidad de la acción lo que la hace
moralmente buena, sino que es la bondad moral la que obliga al hombre a una
acción que sea instrumento de verdadero perfeccionamiento humano.

- La teoría del interés general de Stuart Mill, exige tener en cuenta la calidad de los
placeres. Además, no aparece claro porque afirma la primacía del interés general,
pues si el placer es la regla suprema, ¿por qué razón se debería sacrificar el placer
propio por la sociedad?

II. Concepciones Sentimentales o altruistas

Estas teorías son llamadas así porque piden a los sentimientos, y especialmente a los
sentimientos desinteresados o altruistas que presenten la regla de moralidad, ya que
para ellos el soberano bien consiste en la satisfacción de esos sentimientos altruistas.

a) Ética del sentimiento: es sostenida por Francis Hutcheson (1.694 – 1.746). Para
él, el sentido moral es la fuente de nuestra conciencia moral y mediante él pueden
percibirse las diferencias entre las acciones moralmente buenas y las acciones
moralmente malas. El sentido moral nos empuja a aprobar las primeras.
El objeto de nuestra aprobación es la benevolencia, que es una cualidad real en las
acciones que excita o suscita nuestra aprobación. Hutcheson identifica con
frecuencia la benevolencia con la virtud. La benevolencia es una especie de instinto
existente en cada hombre que le impele a promover el bien de los demás y es la
fuente de nuestros juicios morales. En efecto, para este autor, únicamente el
sentimiento es capaz de hacernos conocer el deber, pues la vida moral está hecha
de matices que sólo el sentimiento puede captar. Éste está al principio de los juicios
que de continuo hacemos sobre las personas y las cosas, en virtud de una regla de
benevolencia, que es su ley esencial. La verdadera bondad resulta necesariamente
para nosotros de la obediencia a esta desinteresada inclinación que se expresa en
nosotros bajo la forma de sentido moral.
b) Ética de la simpatía: es la que sostiene Adam Smith (1.723 – 1.790), el cual
prefiere fundar la moral en la simpatía. Considera que el hombre necesita para ser
feliz de la admiración de los demás. Parte del principio de la simpatía que consiste
en la constatación de que la persona es capaz, por naturaleza, de colocarse en el
lugar de los demás, comprender sus motivaciones y evaluar la moralidad de sus
acciones.

Ética y Práctica Profesional | 27


La simpatía es la tendencia natural e instintiva que inclina a entregarse a los
sentimientos de los demás. Surge como una necesidad primaria porque el hombre es
naturalmente sociable y las personas necesitan experimentar simpatía dándola y
recibiéndola.

Para Smith la sola benevolencia no basta, sino que es necesario que ese sentimiento
esté regido por alguna norma de justicia y de reciprocidad que proceda de la razón y
que haga de la simpatía natural un deber. Por eso, la regla moral que rige el
comportamiento sería: “Obra de manera tal que provoque la mayor simpatía en el
mayor número de personas” La simpatía pasa a ser la regla del bien. La moral
consistirá entonces en desarrollar en sí la simpatía desinteresada que nos hace gozar
de la felicidad de los demás, compartiéndola, y que nos impulsa a obrar de manera tal
que siempre merezcamos de parte de nuestros semejantes la simpatía más pura y
universal.

Valoración crítica:

- El sentimiento no puede constituir una reglas moral, porque si bien tiene su


importancia en moral, no puede ser la regla de moralidad, porque es ciego,
caprichoso e inconstante y porque todos los actos realizados a impulsos de un
sentimiento cualquiera estarían sin más justificados. De no ser así, habría que
distinguir un buen y mal uso del sentimiento, lo que equivaldría a confesar que hay
una regla superior a los sentimientos. Estas observaciones se aplican especialmente
a las éticas de la benevolencia (Hutcheson) y de la simpatía (Adam Smith).

- Por otra parte, en relación a la simpatía, si bien ésta desempeña un gran papel en la
vida del hombre, también lo hacen otras tendencias fundamentales, y como todas
están presentes en las acciones, se puede representar toda la vida como
dependiente esencialmente de alguna de ellas. No es posible tampoco reducir todas
las acciones a la simpatía que provocan, ni hacer depender de ella toda virtud y todo
vicio.

Es importante la consideración que hace de la persona; ésta no se encuentra sola,


depende de la sociedad a la que pertenece y por lo tanto, el ideal moral no puede
expresarse por una fórmula de aislamiento, sino contando con la colaboración de
otros.

III. Concepciones Racionales

Se agrupan bajo este título todas las escuelas que ponen el soberano bien en la
perfección de nuestra naturaleza racional y que, por lo tanto, piden a la razón que sirva
de regla de moralidad. Buscan el fundamento en un principio racional que lleve a
afirmar la existencia de una realidad que trasciende al hombre.
a) Eudemonismo racional: su representante es Aristóteles (384 – 322 a. C), quien
parte de señalar que el sentido de nuestras acciones es comprensible a partir de la
noción de bien o fin, es decir, el propósito al que apunta la acción. Los fines son
múltiples pero se subordinan unos a otros; los fines subordinados son medios para
los fines ulteriores. Sin embargo, la cadena de fines debe culminar con un fin último,
algo que sea querido por sí mismo y no por otra cosa.
Considera que el fin último es indudablemente la felicidad; la palabra griega
correspondiente es eudaimonía y puede traducirse también por “buena fortuna” y
“bienestar”. Sostiene que el hombre tiende naturalmente a la felicidad y que el único
camino que conduce a ella es la rectitud moral. Esa aspiración a ser feliz es la
coincidencia máxima y más universal entre los hombres.

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El tipo de vida en que consiste la felicidad es la vida activa del ser dotado de razón.
Lo propio del ser humano es la actividad que realiza conforme a la razón o por lo
menos no desprovista de razón. La vida contemplativa o teorética, la vida dedicada
al conocimiento, es el grado culminante de la vida activa del hombre. En esta
actividad encuentra su perfección, su autorrealización y en esto consiste su
felicidad.

Es decir, que para Aristóteles, la felicidad debe resultar para el hombre del progreso
y de la perfección de su naturaleza, del ejercicio de la inteligencia, en su forma más
elevada, la contemplación de la vedad y del objeto más inteligible, que es Dios.
Este es el bien más preciado y agradable, pero se requiere conquistarlo mediante la
virtud; a la cual define como “un hábito, una cualidad que depende de nuestra
voluntad, consistiendo en este medio que hace relación a nosotros y que está
regulado por la razón en la forma en que lo regularía el hombre verdaderamente
sabio “. La virtud es un hábito adquirido mediante el esfuerzo y la constancia. Se
tienen ciertas disposiciones para la virtud, pero para que se conviertan en hábitos
es necesario ejercitarse. Es, además, un hábito voluntario ya que no basta con
conocer el bien para practicarlo ni el mal para evitarlo, ya que se necesita querer.
Por eso en la virtud intervienen la inteligencia, que delibera, y la voluntad, que elige.

Como el hombre es, a la vez, racional e irracional, hay que distinguir dos clases de
virtudes: las intelectuales o dianoéticas, que operan sobre la razón, y prácticas o
éticas, que operan sobre lo que hay en él de irracional, es decir, sus pasiones y
apetitos, encauzándolos racionalmente. La virtud es, por consiguiente, un equilibrio
entre dos extremos inestables e igualmente perjudiciales. La felicidad que se
alcanza mediante la virtud, y que es el coronamiento de ella, requiere
necesariamente de algunas condiciones, tales como madurez, bienes externos,
libertad personal, salud, etc., aunque las mismas por sí solas no bastan para lograr
ser feliz.

Para Aristóteles, la recta razón o prudencia constituye la norma de moralidad que


señala la medida de las acciones y los medios más idóneos para obtener la
felicidad, entendida como vida virtuosa.

Sin embargo, la verdadera vida moral es propia sólo de una élite que puede llevarla
a cabo, o sea, consagrarse a buscar la felicidad en la contemplación, en el marco
de una sociedad basada en la esclavitud.

b) Estoicismo: Zenón de Citio, fundador del estoicismo, resume su doctrina en esta


máxima fundamental: “Hay que seguir a la naturaleza”, es decir a la razón; porque
la razón es lo que distingue al hombre del animal. La razón nos muestra que existe
una sabiduría, que consiste en aceptar el orden universal, que no depende de
nosotros, y de renunciar a los deseos, que engendran la inquietud y la discordia.
Unicamente así podrá el hombre sustraerse a las pasiones, identificándose con la
Razón universal (Dios o el destino).

Para el estoico el bien moral reside sólo en el juicio. No consiste en hacer tal o cual
cosa, sino en hacerla de acuerdo y en conformidad con el orden universal. La vida
virtuosa consiste en obrar racional y libremente, ajustando la propia conducta al
orden universal de toda la Naturaleza, regida por la Razón Universal, es decir, a la
ley eterna, fija e inmutable. La perfección moral se alcanza en la apatheia, que
consiste en la ausencia de pasión: es el estado del que ha llegado a dominar sus
pasiones hasta el punto de no sufrir ya su imperio en modo alguno. La apatía o la
serenidad perfecta es, pues, el ideal del sabio y el nombre mismo de la beatitud. A
ese estado se llega practicando la ataraxia, que consiste en no dejarse turbar por

Ética y Práctica Profesional | 29


nada; para eso, basta con darse cuenta de que lo que sucede fuera de la voluntad
no depende del propio sujeto, que nada puede contra ello y que es inútil alegrarse o
afligirse.

Según el estoicismo, la virtud es la regla de la razón y, como tal, se identifica con el


bien, que es la razón misma, porque es orden y perfección. La virtud se resume en
la voluntad de obrar siempre según la razón. La virtud es completa y perfecta desde
el principio: por eso, quien posea una sola virtud, las posee necesariamente a todas
y quien carece de una sola, carece absolutamente de todas.

El estoicismo muestra una absoluta confianza en la razón; considera que las


pasiones son males y por eso no entran en la ética. Desprecia los bienes materiales
porque el hombre tiene que estar por encima de ellos. La ética estoica es así, un
intento de neutralizar el sufrimiento humano, una ética del autodominio, que
pretende hacer al hombre capaz de resistir los influjos que lo afectan desde afuera.

El ideal estoico de la virtud y de la moral estaba matizado con un sello de cierta


insensibilidad (o aparente insensibilidad), ofreciendo un esquema en el que los
rasgos humanos quedan totalmente desdibujados. Esos rasgos son:

- El sabio no debe dejarse perturbar por nada.


- Debe mantenerse impasible ante el sufrimiento físico y moral, ante el dolor y la
enfermedad, ante la muerte, los bienes de fortuna y las opiniones de los hombres.
- Debe distinguirse por su firmeza ante las contrariedades.
- Ha de ser como una roca contra la que se estrellen todas las olas; ella está firme
y el oleaje se amansa a su derredor.
- Debe mantenerse siempre en un mismo querer y no querer.
- Tiene que aguantar y renunciar.

c) Ética tomista: Santo Tomás de Aquino (1.225 – 1.274) corrige y completa a


Aristóteles. En efecto, recoge la idea aristotélica que considera que el hombre,
aspirando a distintos bienes, debe buscar sobre todo el bien que mejor corresponde
a su naturaleza racional ya que en él encontrará su felicidad, y postula que la
primera cuestión que plantea la moral es la felicidad. Sin embargo, si bien el fin del
hombre es, como en Aristóteles la felicidad, para Santo Tomás, esa felicidad no
consiste en la vida contemplativa; porque considera que ésta es insuficiente, a
menos que se entienda como contemplación y disfrute de Dios. Por tal motivo,
sostiene que Dios Creador constituye para el hombre el fin último objetivo,
superando el intelectualismo aristotélico que concebía la felicidad como una mera
contemplación intelectual.

El fin de la actividad moral es el bien, pero este bien se halla fundado en Dios, único
ser que es absolutamente el Bien. Por eso, la recta voluntad tiende al Bien, como la
recta inteligencia tiende a la Verdad. Todos los otros bienes no son fines últimos,
pero no son descartados, por cuanto son fines subordinados al fin último y medios
para alcanzar este fin.

Para Santo Tomás, el objeto de la moral es el hombre libre que, gracias a su


capacidad racional, puede regular moralmente su conducta. Considera que en el
obrar humano se da la interacción de la inteligencia y de la voluntad, son dos
facultades que se complementan, de tal modo que todo acto de voluntad es
necesariamente precedido por un acto de inteligencia.

En cuanto a las pasiones, estas tendencias serán buenas o malas moralmente


según estén o no en conformidad con las normas de moralidad. Sin embargo, Santo

Ética y Práctica Profesional | 30


Tomás no las niega, ni condena los sentimientos; exige que los sentimientos, por
los que se manifiestan nuestras más profundas tendencias, colaboren en la vida
moral, y que, debidamente jerarquizados por la razón, reciban las satisfacciones
que le son debidas, debiendo estar subordinados a lo que la recta razón señala
como bueno.

Por otra parte, Tomás de Aquino, a partir de la idea de creación que explica el
orden universal, sostiene la existencia de una ley eterna, que es ese plan divino que
ha ordenado el mundo de modo que cada criatura cumpla su fin de un modo
peculiar y propio, según su naturaleza y de acuerdo con las leyes que gobiernan su
acción. Justamente la ley eterna ordena los actos humanos al fin debido. Las
criaturas racionales la conocen con su inteligencia y se dirigen a ella libremente. El
efecto esencial de la ley moral consiste en la obligación; es decir, en la necesidad
moral que se impone al hombre de cumplir un acto o no hacerlo, según que la ley lo
mande o lo prohíba. Esta necesidad moral ata la voluntad sin violentarla, puesto
que nuestro fin está inscripto en nuestra propia naturaleza, que hemos recibido de
Dios. La obligación moral o deber tiene como fundamento próximo el orden esencial
de las cosas, en virtud del cual existe conexión necesaria entre tal o cual acto y el
último fin; y como fundamento último la ordenación de la Razón divina.

Prueba así, con estos argumentos, que la perfección y la felicidad deben ser
accesibles a todos los seres humanos (y no sólo a unos pocos privilegiados, como
sostenía Aristóteles) y requieren las sanciones de la vida futura. Sostiene que la
perfección humana consiste, mediante la práctica de las virtudes morales, en
acercarse a Dios, fin y bien objetivo del hombre.

Enseña también, que el bien moral es obligatorio, en cuanto que expresa un orden
de derecho, querido por Dios, creador y legislador de nuestra naturaleza.

d) Ética kantiana: este sistema ético tiene por fundador al filósofo alemán Emmanuel
Kant (1.727 – 1.804). Kant distingue la materia de la forma en los actos morales. La
materia es el objeto del acto, el contenido, es decir, lo que se hace o lo que se
omite; en tanto que la forma es el aspecto bajo el cual aparece al espíritu., es el por
qué se hace, el por qué se omite.

Kant trata el problema ético en dos obras: la “Fundamentación de la metafísica de


las costumbres”, de 1.785 y la “Crítica de la razón práctica”, de 1.788. Sostiene que
puede haber muchas cosas que sean buenas (como el valor, la decisión, la
perseverancia, etc.) pero ninguna de ellas puede ser llamada buena sin restricción,
porque cualquiera de esas cualidades puede llegar a ser extraordinariamente malas
y dañinas si la voluntad que ha de hacer uso de ellas no es buena. Lo valioso es la
buena voluntad misma, con independencia de que alcance o no algún fin propuesto.
La utilidad o la esterilidad no pueden añadir ni quitar nada a ese valor. Lo que
interesa es el querer o la intención, no como mero deseo, sino como el acopio de
todos los medios que están en nuestro poder.

Para este filósofo, si el fin último del hombre fuera el logro de la felicidad, la
naturaleza no habría dotado al hombre de razón, pues el instinto es mucho más
adecuado para el logro de ese propósito, por el contrario, la razón hace más bien
desgraciados a los hombres. Pero, como nos ha sido concedida la razón como
facultad práctica, es decir, como una facultad que debe tener influjo sobre la
voluntad, su tarea es producir una voluntad que sea buena en sí misma con
independencia de lo que efectúe o realice. Pero, ¿cuándo, en qué circunstancias
una voluntad es buena en sí misma? Para explicar esto introduce la noción de
deber. Kant afirma entonces, que el valor moral de un acto radica en hacer el bien

Ética y Práctica Profesional | 31


no por inclinación sino por deber. Entiende por inclinaciones el conjunto de
tendencias a las que nos impulsa nuestra sensibilidad (amor, odio, orgullo, avaricia,
etc.) La voluntad es buena en sí misma cuando dejando de lado las inclinaciones
actúa por deber.

Diferencia el obrar por deber y obrar conforme al deber. Así, la acción conforme al
deber es la que coincide con lo que el deber manda, pero que en realidad no es
realizada por deber, sino siguiendo alguna inclinación (ej.: si una persona hace
beneficencia porque experimentan cierto regocijo al hacerlo, entonces obra
conforme al deber pero no por deber). En tanto que el obrar por deber, implica
hacer el bien no por inclinación sino por deber (por ej. si alguien que por sufrir un
dolor propio no siente ninguna conmiseración por los demás y dejando de lado su
insensibilidad, obra sin seguir una inclinación y sólo porque el deber manda y ayuda
a los demás, entonces ese acto es plenamente digno de estimación moral, porque
se hizo el bien por deber). De ahí que, para Kant, sólo el acto realizado por deber y
no el que se realiza conforme al deber ha de ser estimado como moralmente
bueno.

Según este filósofo, la razón es capaz de conocer lo que todo hombre está obligado
a hacer. La razón práctica da a la voluntad una ley suprema capaz de tornarla
buena en sí misma. Esa ley moral universal se expresa del siguiente modo: …yo no
debo obrar nunca más que de modo que pueda querer que mi máxima deba
convertirse en ley universal. Es decir, al obrar debemos guiarnos por máximas que
puedan ser universalizables, no permitiéndonos a nosotros mismos aquello que no
le permitiríamos a los demás. La ley moral universal, que es llamada por Kant
imperativo categórico, nos dice que sólo obramos moralmente bien cuando
podemos querer que el principio de nuestro querer se convierta en ley válida para
todos.

Valoración crítica

- La doctrina aristotélica constituye una concepción elevada, pero tiene el defecto de


no poder presentarse como obligatoria, de proponer un ideal que sólo es accesible a
un pequeño número de privilegiados y esto durante muy poco tiempo. Además,
concibe el soberano bien de un modo demasiado y exclusivamente subjetivo, ya que
sólo define la felicidad como un estado de goce perfecto.

La ética aristotélica es el primer intento de exposición científica y total de una teoría


de las costumbres que acaba con un sistema de las diversas virtudes y sus
fundamentos. Para Aristóteles, siempre que haya una opción, se produce una
situación moral y en ella el hombre éticamente valioso posee, gracias a su
experiencia, la capacidad adquirida de juzgar y combinar todos los elementos en
cuestión para elegir rectamente. La recta razón o prudencia es la norma de
moralidad que señala la medida de las acciones y los medios más idóneos para
obtener la felicidad, entendida como vida virtuosa.

- El estoicismo constituye una posición que es inhumana, porque sólo considera la


razón en el ser humano, y sabemos que existe en éste la sensibilidad y las
necesidades del corazón, que si bien deben estar subordinadas a la razón, no
pueden ser sacrificadas a ésta. Además, aconseja aceptar el destino y pone la
felicidad en esta aceptación.

Del estoicismo se puede rescatar el principio de que la perfección del hombre está
en la vida según la razón; también, la importancia objetiva del orden universal y la
sumisión a ese orden y, por último, la distinción del bien y la felicidad, y la fijación de
la moral en el problema del bien.

Ética y Práctica Profesional | 32


- La ética tomista reconoce a la razón el derecho y la obligación de determinar el
deber, pero no condena el sentimiento; por el contrario, exige que éstos colaboren
en la vida moral y que, debidamente jerarquizadas las tendencias por la razón,
reciban la satisfacción que les es debida. Si bien esta doctrina excluye cualquier
posibilidad de tomar el placer como fin de la actividad humana, enseña que la
felicidad es verdaderamente el aspecto subjetivo de nuestra perfección realizada, y
que esta felicidad debe ser realmente, en dependencia del bien objetivo que es Dios,
último fin de todas las cosas, el fruto de nuestra actividad moral. El placer también
entra como integrante en la felicidad total, pues no es malo por sí mismo, pero
siendo medio y no fin, debe estar siempre subordinado a los fines últimos de la vida
moral. También reconoce la autonomía del agente moral, ya que la ley eterna a la
que está ordenado no es una prescripción arbitraria venida desde fuera, sino que es
la ley de su naturaleza, que al obedecerla, obedece al mismo tiempo a los profundos
anhelos de su naturaleza y al propio Dios. En síntesis, esta doctrina da satisfacción a
todo lo que hay de justo en lo que reclaman las otras teorías éticas.

- La ética kantiana es una ética a priori, o sea, elaborada con independencia de la


experiencia, entonces la deducción que realiza es puramente lógica, haciendo de la
razón humana un absoluto. También es formal, porque la ley morales una pura
forma, no dice que debe hacer el hombre, sino que prescribe formalmente el marco
al que deben ajustarse nuestras acciones; en este sentido, tampoco tiene en cuenta
las aspiraciones del corazón y las exigencias de la sensibilidad, que son tendencias
esenciales en nuestra naturaleza:

¿Cómo entender que la alegría de obrar bien vicie a fondo el cumplimiento del bien?
Por otra parte es autónoma, en la medida que es el propio hombre que se da a sí
mismo los mandatos de la moralidad; las normas morales no proceden de una
autoridad externa, sino que cada uno es su propia autoridad moral.

ACTIVIDADES
DE AUTOEVALUACIÓN

Lea el texto que se presenta a continuación y teniendo en cuenta el


marco teórico analizado, elabore una reflexión (de aproximadamente
diez renglones) acerca del tema.

“La necesidad de la ética” por Adela Cortina

“La ética está de moda: al menos verbalmente de moda. Políticos y


empresarios, periodistas y agentes económicos, médicos y docentes se
lamentan día tras día de la escasa moral de que hacen gala en sus
actividades y profesiones y añoran -nostálgicos- un tiempo futuro en que los
valores morales auténticos se coticen más en la vida social que la aburrida
charlatanería de los políticos, el morbo de programas macabros y anuncios
provocativos, la carrera descompuesta hacia los puestos de poder.
¿Qué diferente sería todo -vienen a decir- si los periodistas y publicistas no
entendiéramos la información y la publicidad sólo como mercancía, si
empresarios y trabajadores tuviéramos la empresa como un servicio
cooperativo a la sociedad, si los políticos aprendiéramos que es nuestra

Ética y Práctica Profesional | 33


razón de ser la defensa de intereses universalizables, si el personal
sanitario tomáramos en serio que el bien del paciente es nuestro primer
deber, si algún día los docentes creyéramos de verdad que la calidad de la
enseñanza es un valor prioritario...!¿Qué diferente sería todo - en definitiva -
– si viviéramos moralmente!.
Porque la moralidad no es un extraño artefacto, venido de un desconocido
lugar, sino simplemente el reto de vivir como hombre - mujer, varón - en el
más pleno sentido de la palabra; cosa imposible si no es a través de todas
nuestras actividades y dedicaciones”.

Reflexione sobre la siguiente cuestión: ¿toda norma moral, por el


hecho de ser establecida por la sociedad, reporta un beneficio y lleva
al perfeccionamiento de la persona? Fundamente su respuesta.

OBLIGATORIAS

Proponga dos ejemplos de normas morales de esta o de otra


sociedad, de la época actual o de otra época. Luego, justifique en
cada caso porque la cumpliría o dejaría de cumplir.

Ética y Práctica Profesional | 34


EJE III:
LIBERTAD Y RESPONSABILIDAD MORAL
HÁBITOS MORALES

Libertad externa e interna. Libertad y valores morales o éticos. Conciencia moral.


Objeción de conciencia. La responsabilidad de los actos. Responsabilidad directa e
indirecta.

Los hábitos morales: virtudes y vicios. Las virtudes cardinales.

La Ética estudia los actos humanos, que también denominamos actos morales o
acciones humanas.

ACCIÓN HUMANA
Aristóteles, en la Ética a Nicómaco, afirma que los animales no actúan, ya que sus
actividades tienen forzosamente éxito porque son instintivas o porque son
consecuencia de un aprendizaje, pero no porque hayan sido planeadas o sean
creativas; son siempre las mismas, es decir, son estáticas en cuanto a su resultado.

En cambio, en relación a otros animales, el ser humano es de una medianía biológica


alarmante y sólo se compensa de esa carencia mediante sus manos y su inteligencia.
Por esta razón, la acción aparece como un factor humanizador, constituyéndose en el
instrumento por el cual el ser humano transforma el medio convirtiéndolo en “mundo”.
Si los comparamos con el animal, los actos humanos son modos completamente
nuevos de dirigir la vida.

Es conveniente distinguir entre actos humanos y actos del hombre, ya que no todos
los actos realizados por el ser humano son actos libres. Para que un acto sea
considerado “humano”, se requiere que sea voluntario. En cambio, cuando una
persona realiza un acto sin la voluntad de realizarlo o en contra su voluntad, ese acto
se denomina acto del hombre. Éstos son actos amorales, o sea, no son ni buenos ni
malos.

Según Aristóteles, para que una acción sea objeto de elogio o de censura debe ser Para que un
voluntaria; en caso contrario sólo merecerá indulgencia o compasión. Aristóteles acto sea
entiende por acción voluntaria a aquella cuyo principio está en el agente, es decir, en considerado
quien obra y, además, cuando el agente conoce las circunstancias en que se cumple “humano”, se
dicho acto. No son acciones voluntarias aquellas que se cumplen por fuerza requiere que
sea voluntario.
(compulsión, coacción) o por ignorancia (aunque en éste último caso no siempre nos
exime de responsabilidad moral).

Entonces, para que un acto sea considerado como humano (lo que denominamos
acción humana o acto moral) tiene que reunir ciertas condiciones:

- Que sea realizado con conciencia de lo que se está haciendo (conociendo las
circunstancias que rodean la acción y sus posibles consecuencias).
- Que exista libertad psicológica o libertad interior (que el sujeto no esté coaccionado),
o sea que la causa de la acción esté en el sujeto mismo. Se trata por eso de una

Ética y Práctica Profesional | 35


acción voluntaria, que responde al propósito de realizar algo previamente decidido
por el sujeto.
- Que exista uso de razón, o sea capacidad para discernir, para analizar la situación,
conociendo el fin que se persigue, los medios que pueden estar al alcance y su
correspondiente aplicación para la consecución del fin.

Si alguna de estas condiciones faltase, el acto realizado sería considerado como acto
del hombre y no como acto humano. Sólo cuando existen actos humanos, podemos
hablar de responsabilidad moral.

Un ejemplo de acto humano, es el de una persona que después de un proceso


deliberativo, decide incorporarse como voluntaria a un grupo que prestará ayuda a
gente que sufrió pérdidas por catástrofes naturales; o bien que decide no hacerlo por
cuestiones de salud.

En tanto que una persona que es obligada por otra a realizar un acto indebido,
contrario a las normas o en consonancia con ellas, bajo una amenaza grave, como la
pérdida de la vida (coacción exterior), no realiza un acto humano sino del hombre,
porque no decidió, no pudo hacerlo. En el caso de una persona que sufre un trastorno
psiquiátrico grave (coacción interior), tampoco tiene dominio ni control de sus actos.
No decide por sí misma y por lo tanto no realiza un acto humano sino del hombre.

Los actos humanos o acciones humanas están condicionados por el medio natural, los
Fernando
límites de la constitución biológica, los productos tecnológicos, las acciones de las Savater
demás personas. Los modos de responder a esos condicionamientos varían de un afirma que el
sujeto a otro, e incluso en el mismo sujeto en diferentes momentos o situaciones. ser humano no
es libre de
elegir lo que le
Si bien las acciones humanas están condicionadas, no se encuentran determinadas, pasa pero sí es
ya que los límites no son absolutos y no anulan la libertad. Por eso la acción humana libre de
es libre, ya que el ser humano puede responder a su situación de diversas maneras, responder a lo
siendo consciente de las circunstancias que rodean su acción y de sus posibles que le pasa.
consecuencias.

ANÁLISIS ANTROPOLÓGICO DE LA ACCIÓN HUMANA


La persona dispone de su ser a través de su acción. De allí que toda fundamentación
antropológica de la ética, tiene que partir de un estudio de las acciones humanas.

Lo específicamente humano es proceder de una manera reflexiva, racional, y por lo


mismo, libre. La persona es dueña de sus actos por la razón y por la voluntad.

La acción voluntaria fue definida de un modo clásico como aquella que procede de un
principio intrínseco con conocimiento formal del fin.

La acción voluntaria tiene su origen en una facultad apetitiva del sujeto, la voluntad, la
cual actúa desde dentro de él (procede de un principio intrínseco.).

Por otra parte, la acción voluntaria implica el conocimiento del fin por parte del sujeto;
es decir, que antes de obrar, la persona conoce la meta que pretende alcanzar.

Ángel Rodríguez Luño, en su libro Ética General 5, destaca las siguientes


características de la intencionalidad de la voluntad:

RODRÍGUEZ LUÑO, Ángel. Ética General. EUNSA Pamplona, 1.991


5

Ética y Práctica Profesional | 36


- es consciente: es decir, que antes de actuar, el propio sujeto planea y se
representa la acción. Al conocer el fin, relaciona su acción con el objetivo que
pretende conseguir. Proyectar y representar constituyen actos de la razón que están
implicados en la acción voluntaria, por lo cual, cada persona se experimenta como
autora de sus propios actos;
- es activa: la persona y el fin entran en relación por iniciativa del propio sujeto; La intencionali-
- es guiada y ordenada por la razón: porque la inteligencia presenta a la voluntad el dad de la
objeto intencional, la acción o el objeto deseado por la voluntad.; por su parte, el voluntad: es
juicio racional establece entre la acción y su fin un motivo (por ej. :quiero hacer esta consciente, es
acción porque es buena o porque es útil); activa, es
guiada y
- es autorreferencial: pues toda acción voluntaria si bien posee un objeto intencional, ordenada por la
tiene a la propia persona como sujeto, en la medida en que revierte sobre ella misma razón, es
(ej: no es posible robar sin que la persona se convierta en ladrón), porque el querer autorreferen-
implica una valoración personal de lo querido que no se da en el conocer como tal y cial.
todo lo que el ser humano hace tiene efectos que no sólo son externos, sino que
también, se va realizando y haciendo a sí mismo.

La voluntad es la inclinación racional al bien y éste es aquello que conviene a la


persona. Las acciones son objeto de la voluntad en la medida en que son vistas como
convenientes y apetecibles. Ahora, algo puede ser querido como medio o como fin. Si
se lo considera como un fin, se trata de algo bueno en sí mismo que puede
presentarse en tres modalidades: como honesto, como deleitable y como útil. Un bien
es honesto, cuando una cosa o una acción son queridas en sí misma porque se
presenta como objetivamente buena y digna de ser amada. El bien deleitable es
querido porque causa una resonancia afectiva positiva: placer, satisfacción, alegría. El
bien útil es querido no en sí mismo, sino porque se presenta como ordenado a la
consecución del fin.

ESTRUCTURA DEL ACTO MORAL


Los actos humanos, como dijimos anteriormente, son actos morales, y por lo tanto,
están siempre sujetos a la aprobación o condena por parte de los demás.

No son actos morales aquellos cuya realización no puede ser evitada o cuyas
consecuencias no pueden ser previstas (son ejemplos: el respirar; o el acto de
entregar el dinero a un asaltante).

Para analizar un acto moral tenemos que tener en cuenta los elementos que
intervienen en su estructura. Esos elementos, que están articulados entre sí son los
siguientes:

a) Motivo: es aquello que impulsa a actuar y mantiene la acción, lo que mueve al


sujeto a perseguir determinado fin. Un mismo acto puede realizarse por diferentes
motivos, y a su vez, el mismo motivo puede impulsar a realizar actos distintos con
diferentes fines.

b) Fin de la acción: todo acto humano se realiza con un fin; el acto moral exige que el
sujeto tenga conciencia del fin que se persigue. En el acto moral no sólo se anticipa
idealmente como un fin un determinado resultado, sino que además hay una
decisión de alcanzar el resultado que dicho fin anticipa. La conciencia del fin y la
decisión de alcanzarlo dan el carácter de un acto voluntario y esta voluntariedad en
el acto moral se distingue de los actos fisiológicos, psíquicos, automáticos
(instintivos o habituales). Dichos actos no responden a un fin trazado por la
conciencia, son inconscientes e involuntarios y no son morales.

Ética y Práctica Profesional | 37


El acto moral implica la conciencia de un fin, así como la decisión de realizarlo; pero Estructura del
esta decisión presupone en muchos casos una elección entre varios fines posibles. acto moral:
Motivo-
c) Medios: al realizar la elección de los medios adecuados para alcanzar el fin Fin de la acción
Medios-
elegido, tiene que darse una adecuación moral y no sólo instrumental entre el fin y Consecuencias
los medios. No es lícito el empleo de cualquier medio aún supuesto que el fin de la acción.
elegido sea correcto. Es por eso importante tener en cuenta que “el fin no justifica
los medios”.

d) Consecuencias de la acción: se refiere a que en el acto moral, es necesario tener


en cuenta las consecuencias previsibles de la acción, ya que el sujeto no puede
desentenderse de las repercusiones que sus actos tienen en la convivencia social
cuya regulación también es un elemento moral.

El acto moral se presenta con un aspecto subjetivo (motivos, conciencia del fin,
conciencia de los medios y decisión personal), pero a la vez, muestra un lado objetivo
que trasciende a la conciencia (empleo de determinados medios, consecuencias que
se siguen a la acción). El acto moral no puede estar reducido a uno de sus elementos,
así por ejemplo los medios no pueden ser aislados de los fines, las consecuencias no
se aíslan de la intención

Para que el acto moral sea considerado bueno, se requiere que todos los elementos
sean buenos. Si alguno de ellos fuera malo (por ejemplo, si el fin es bueno pero los
medios utilizados son malos) todo el acto es considerado malo.

ÉTICA

ACCIÓN HUMANA O
ACTO HUMANO

CONDICIONES: ESTRUCTURA:

- uso de razón - Objeto o acto en sí mismo


- libertad psicológica ( o (alternativa elegida)
libre albedrío) - Fin o intención (fin del sujeto,
- conciencia psicológica con los medios elegidos)
- Circunstancias (situación y
consecuencias)

RESPONSABILIDAD
MORAL

ACTO BUENO Ó ACTO


MALO

Ética y Práctica Profesional | 38


MORALIDAD DE LA DECISIÓN

¿Es honesta la meta que se persigue?


INTENCIÓN ¿Podría mejorar la calidad moral de la intención?

¿Lesiona algún derecho humano? - ¿Se opone a alguna ley


justa? - ¿Cumple con los derechos contractuales? - ¿Es
OBJETO conforme a la justicia distributiva? - ¿Es una acción desleal? -
¿Contribuye a la solidaridad? – Es favorable a otros valores
éticos? – Hay alguna alternativa mejor?

¿Hay alguna circunstancia que aumente o disminuya el valor


CIRCUNSTANCIAS moral de la decisión? (Quién lo hace, quiénes son los afectados,
cómo, cuándo, cuánto, de qué manera, con qué
consecuencias....)

LA LIBERTAD
Libertad, en general, significa “ausencia de constricción”, estar exento de coacción.
Libertad, en
Pero la coacción puede depender de diversas causas; por eso se pueden distinguir general,
varios tipos (análogos) de libertad, que se pueden reducir a dos formas principales: significa
libertad exterior y libertad interior. “ausencia de
constricción”,
estar exento de
1. Libertad exterior coacción.

Libertad exterior o libertad de hacer, o libertad de ejecución, es una situación en la que


no existen trabas, presiones, impedimentos, estorbos exteriores. Es decir, supone
ausencia de coacción exterior. Estas “libertades” se refieren al ejercicio de la libertad
(interior) y no a su existencia. En este grupo caben las siguientes:

a) La libertad física que es la capacidad de podernos mover de un lugar a otro, de


circular libremente, sin que ninguna fuerza externa nos lo impida (cárceles,
cadenas, fronteras…).
b) La liberad moral (o licitud): estar exento de obligaciones o prohibiciones relativas al
orden moral. Por ejemplo: gozo de libertad física para envenenar al vecino, pero no
de libertad moral (no me es “lícito” hacerlo).
c) La libertad civil, política, religiosa, etc. de ellas gozo cuando no existen leyes
positivas —dictadas por la autoridad— que traban mi libre acción (libertad de
asociación, de prensa, de opinión, de comercio, etc.).
d) La libertad social es distinta: es ausencia de determinismos sociales, de influjos
sociales que me inclinen fatalmente en una dirección sin que yo lo advierta
(manipulación de la propaganda, ambientes corrompidos, etc.).
e) Libertad ascética o “liberación”: de ella goza el que domina sus instintos, sus pa-
siones.

Se requieren, por cierto, estas libertades exteriores, porque el hombre se realiza en “lo
otro”, su libertad interior necesita un espacio para su autodefinición y desarrollo. Estas

Ética y Práctica Profesional | 39


libertades deben ayudar al desarrollo de la capacidad de autodeterminación del ser
humano, pero pueden entrar en colisión, por lo que requieren de control, ejercido a
través de las leyes.

2. Libertad interior

La libertad interior o libertad de querer, se define como ausencia de determinación


interna previa a la acción. Supone el reconocimiento de la capacidad para poder elegir
y decidir en un momento dado entre diferentes opciones que se presenten, eligiendo
aquello que se desea llevar a la práctica.

La libertad sicológica o libertad de elección o libre albedrío es “el poder que tiene el
hombre de obrar o no obrar, hacer esto o aquello, cuando ya se dan todas las
condiciones requeridas para obrar”.

El hombre, puesto ante un abanico de posibilidades, de valores (bienes limitados), no


está determinado por su naturaleza, ni es atraído fatalmente por uno de los valores en
juego, sino que puede autodeterminarse por uno de ellos. En este dominio sobre los
actos consiste la libertad sicológica.

Sin embargo, no se trata de una libertad absoluta, totalmente libre de


condicionamientos, sino de una libertad “dentro de lo que cabe”.

LIBERTAD Y VALORES MORALES O ÉTICOS


Muchos valores perfeccionan al hombre en alguna zona de su personalidad, ya sea su
inteligencia, sentido estético, contextura física, etc., pero no lo afectan de tal manera
que por ellos se convierta en “hombre bueno” u “hombre malo”.

En cambio existen valores, los valores morales, que afectan a la persona en su


totalidad, llevándola al desarrollo y realización plena de su ser propiamente humano.

Los valores morales suponen la libertad y provocan como respuesta específica la


experiencia de la obligación, del “tú debes”, afectando al nivel práctico de la acción
humana libre.

La libertad le permite al hombre asumir los valores y realizarse.

CONCIENCIA MORAL
La conciencia no es una facultad más, unida a la inteligencia y a la voluntad, sino que
es un acto de la inteligencia por el cual la persona juzga la moralidad de una acción.
Se trata de un juicio teórico – práctico con el cual ésta juzga si su acción es buena o
mala en sentido moral.

Desde el punto de vista psicológico, se llama conciencia al conocimiento íntimo que Conciencia
moral: es un
tiene el ser humano acerca de sí mismo y de los actos que realiza. Pero, al referirnos a juicio teórico –
la conciencia en sentido moral, lo que interesa fundamentalmente es su connotación práctico con el
moral. cual ésta juzga
si su acción es
Es en este último sentido en que nos referimos a la conciencia como la aplicación de buena o mala
en sentido
normas universales a un acto particular. Se supone que la conciencia moral, cuyos moral.

Ética y Práctica Profesional | 40


dictados seguirá la persona, está fundamentada en razones objetivas. Sin embargo,
pueden darse casos en que se registre error en el juicio de conciencia. De allí que sea
preciso analizar las diferentes modalidades que pueden presentarse y los principios
que hay que aplicar para seguir el dictamen de la conciencia.

Entonces, teniendo en cuenta su conformidad con la ley moral, la conciencia puede


ser:

a) Verdadera o recta: cuando juzga la bondad o malicia de un acto rectamente, en


conformidad con la ley moral; en este caso el juicio moral es verdadero, buscando
sinceramente el bien.
b) Errónea o falsa: cuando juzga en desacuerdo con la ley moral, al considerar buena
una acción que es mala y viceversa. Puede ser que la causa del error en el juicio
sea la ignorancia.

Según el tipo de consentimiento con que el sujeto asiente al juicio de conciencia, ésta
puede ser:

a) Cierta: es la que juzga con firmeza que un acto es bueno o malo sin temor a errar.
b) Probable: no existe seguridad por parte del sujeto al emitir el juicio, por lo cual sólo
dictamina con probabilidad acerca de la moralidad del acto, inclinándose por una de
las alternativas posibles.
c) Dudosa: en este caso se suspende el juicio por temor a equivocarse, ya que el
sujeto no puede tomar una decisión acerca de la bondad o maldad del acto.

Nunca se puede obrar en contra de la propia conciencia, si ésta es conciencia cierta,


porque es actuar en contra de uno mismo y de las convicciones más profundas. A
veces, por la imperfección humana, a pesar de la diligencia debida, la persona estima
recta una conciencia que en realidad es falsa, juzgando como bueno algo que no lo es.
En este caso no es culpable al obrar, porque obró de buena fe. Ahora, quien obra a
pesar de una duda fundada en serias razones acerca de la moralidad de la acción,
puede actuar mal, por lo cual se impone resolver la duda antes de actuar.

Cada persona tiene la responsabilidad de formar la propia conciencia, de tal modo que
siempre tienda a la verdad y al bien. Para ello, es preciso poner los medios adecuados
para adquirir la ciencia moral debida que dependerá de la capacidad personal, del tipo
de ocupación y de responsabilidad que tiene, de las circunstancias del ambiente en
que se desenvuelve. También, es importante en determinados casos la petición de
consejo a personas con mayor experiencia.

Sin embargo, no se debe olvidar que cada persona es responsable de la decisión que
toma.

LA OBJECIÓN DE CONCIENCIA
Muchas veces las personas se ven obligadas a actuar en contra de lo que en
conciencia consideran bueno o justo. En ocasiones, los superiores por el cargo o
poder que detentan, exigen a sus subordinados que participen en acciones que son
incompatibles con el respeto debido a un determinado valor moral percibido por la
conciencia. En estas circunstancias, la persona tiene el derecho a la objeción de
conciencia, es decir, a la resistencia a una orden superior que la conciencia opone por
fidelidad a sus propias convicciones religiosas o morales (Patricia Debeljuh, 2.005).

Ética y Práctica Profesional | 41


La desobediencia al imperativo de la conciencia produce la renuncia de la persona a Objeción de
su verdadera esencia humana, un atentado a su propia dignidad. En la intimidad, la conciencia:
persona no puede ocultar la ruptura consigo misma provocada por un acto desviado Resistencia a
de la norma imperada por su conciencia. una orden
superior que la
conciencia
La objeción de conciencia no implica un desprecio del sujeto hacia la ley, sino una opone por
coherente fidelidad a sus profundas convicciones, una muestra clara de su fidelidad a sus
compromiso de buscar el bien. propias
convicciones
religiosas o
Por ello es posible afirmar la existencia de límites de la obediencia. El asentimiento a morales.
una orden recibida de un superior es exigible en virtud de algún compromiso
previamente adquirido, como un contrato de trabajo. El superior puede exigir cualquier
orden o mandato siempre y cuando no sean opuestas a las convicciones éticas y
morales del sujeto. Si surge algún conflicto entre ambos, esa situación debe resolverse
a favor de la objeción de conciencia.

RESPONSABILIDAD MORAL
Se entiende por responsabilidad la capacidad de las personas para responder de sus Responsabili-
actos; esta capacidad exige la obligación de reparar los daños ocasionados y de dad moral:
soportar el castigo previsto para la infracción cometida. es la capacidad
de las personas
para responder
Se dice de una persona que es responsable cuando está obligada a responder de sus de sus actos y
propios actos. de las
consecuencias.
Un sujeto es responsable cuando actúa con libertad; esto implica:

a) Conciencia de las circunstancias y las consecuencias de su acción.


b) Que no existan causas externas que lo obliguen a actuar de un solo modo.

La ignorancia y la coacción eximen al individuo de responsabilidad. Pero la ignorancia


debe ser de cosas que no tiene la obligación de conocer; es decir que sólo el que
ignora lo que no pudo haber sabido está eximido de responsabilidad. En cambio,
ignorar lo que se debía saber, sufrir presiones o pasar por situaciones difíciles, pueden
atenuar nuestra responsabilidad pero no eximirnos de ella. Si un individuo es
consciente de las circunstancias y de las consecuencias previsibles de su acción y si
no han existido causas que lo hayan obligado a actuar de un solo modo, es
responsable del acto producido.

En cuanto a la coacción, debe ser muy fuerte para condicionar realmente la acción, de La coacción y
tal modo que quite al agente moral de toda posibilidad de actuar de otro modo. la ignorancia de
lo que no se
La libertad psicológica o libertad de voluntad no debe confundirse con la legal ni con la tiene la
física. En los tres casos tiene que existir ausencia de limitación. Lo que limita la obligación de
saber eximen al
libertad psicológica son las tendencias interiores que fuerzan a realizar determinadas individuo de
acciones o que impiden realizar otras. El estado consciente del sujeto es un darse responsabili-
cuenta de lo que está haciendo; si es pleno, lleva consigo la máxima responsabilidad dad.
del acto, y si es limitada, reduce proporcionalmente la responsabilidad del acto.

Podemos diferenciar dos tipos de responsabilidad moral: la responsabilidad moral


directa y la indirecta.

Ética y Práctica Profesional | 42


Existe responsabilidad moral directa cuando nos encontramos ante el caso de que
existe pleno uso de razón, libertad y conciencia por parte del sujeto al realizar un acto.

En cambio, si no existe libertad psicológica, ni conciencia, no hay responsabilidad


moral directa. Sin embargo puede existir responsabilidad moral indirecta, que es la
que se le imputa al sujeto que libre y conscientemente, se coloca en un estado
inconsciente y carente de libertad, sabiendo o previendo que clase de actos haría o
podría hacer en este último estado. Es el caso del que se droga o embriaga.

Podemos también reconocer lo que denominamos responsabilidad directiva. El sentido


de responsabilidad es parte esencial de la calidad humana del directivo. Requiere que
éste sea plenamente consciente de su condición y de lo que exige su cargo en la
empresa y en la sociedad. Actuar de modo responsable exige saber qué se debe
hacer y las repercusiones de las propias acciones en los demás, conocerse a sí mismo
– talentos y posibilidades – y las posibilidades de acción en cada situación.

Modos de responsabilidad directiva:

• Por comisión (o acción voluntaria): corresponde a actos directamente voluntarios.


Se trata de actos realizados con intención de conseguir algún objetivo o meta. Se
incurre en la responsabilidad propia el acto y en la responsabilidad de las
consecuencias razonablemente previsibles y evitables.

• Por omisión: cuando no se realizan actos que había obligación de hacer y


realmente se podían hacer. Hay culpabilidad cuando se omite algo debido y posible
de modo deliberado y con pleno consentimiento, o bien por negligencia u otros
modos de imprudencia.

• Por su influencia en acciones ajenas: ya sea por inducción ( cuando pide o manda
algo, persuadiendo a que se realice una acción y estimulando a otros con la propia
conducta), ya sea por cooperación ( por participación inmediata, colaboración u
omisión

Lecturas complementarias: Principios del obrar humano. Leyes. Tipos.

HÁBITOS MORALES. VIRTUDES Y VICIOS.


Entendemos por hábito una disposición permanente y adquirida para reproducir
determinados actos. Se trata de cualidades estables y no de meras disposiciones
transeúntes. Son la base de todo el desarrollo humano, ya que por ellos las personas
aprenden a hablar, a escribir y todas aquellas actitudes que son propias de éstas, que
se adquieren con la educación, permitiéndoles vivir con dignidad.

Un hábito se conforma por la repetición de los actos correspondientes. Pero, cualquier Hábito una
acción en sí misma considerada no es un hábito. De allí que podemos decir que, disposición
cuando observamos que una persona fuma, no quiere decir que tenga el hábito de permanente y
fumar y, si tiene este hábito, no está fumando en todo momento. adquirida para
reproducir
determinados
El origen de un hábito está en un acto o en varios actos que se han realizado y que actos.
dejan una especie de huella en el mecanismo mental o en el fisiológico, lo cual genera
una tendencia a reproducir lo que se ha hecho una o varias veces, de tal modo que va
adquiriendo la disposición para reproducir otra vez el acto.

Ética y Práctica Profesional | 43


Los hábitos se adquieren consciente o inconscientemente, o con escaso margen de
conciencia; en forma voluntaria o involuntaria, ya que se lo puede adquirir por voluntad
ajena (por ejemplo, los hábitos que adquieren los niños pequeños, en los que actúa la
voluntad de los padres) o tan sólo por imitación no consciente.

Existen dos fases del hábito:

1º La formación: que consiste en la repetición de varios actos de la misma especie,


con la cual se producen una serie de transformaciones internas que hacen posible
la mayor soltura, rapidez y perfección de la conducta habitual.
2º La estabilización: los actos habituales, además de estas tres características,
adquieren una cuarta, que consiste en que estos actos se realizan
subconscientemente o con escaso margen de conciencia.

Sólo la persona humana, por estar dotada de libertad, puede aumentar a través de los
hábitos, el dominio que goza sobre sus actos. El hábito existe cuando se da una
inclinación permanente a obrar en un sentido y, por lo general, se manifiesta como una
línea de conducta que caracteriza a cada individuo. Además, los hábitos son como una
segunda naturaleza, ya que capacitan para un modo nuevo de obrar y dan a las
acciones libres una espontaneidad equiparable a la de otras operaciones puramente
naturales.

Virtudes y vicios

Los hábitos que conciernen a la problemática ética son las virtudes y los vicios. Éstos
constituyen hábitos operativos, es decir, son cualidades estables de las potencias
(facultades) del hombre, que lo disponen e inclinan a obrar en un sentido. Son
prácticos, porque se refieren a la acción.

La virtud es un hábito operativo bueno. No puede confundirse con la mera costumbre,


ya que ésta se trata de una simple repetición de actos externos; mientras que la virtud
implica un creciente conocimiento y amor del bien y un orden de las pasiones, por lo
cual aumenta la perfección de la libertad a través de esas acciones. Dispone al ser
humano a comportarse de una manera adecuada a su propia naturaleza, fortalece la
voluntad y el rendimiento positivo de la libertad.

El término virtud proviene del vocablo latino virtus, que equivale al término vis, cuyo Virtud: hábito
sentido es fuerza. En una acepción más limitada significa un hábito adquirido que operativo
perfecciona o refuerza alguna potencia activa. bueno.

La virtud es esencialmente personal e implica fuerza espiritual para vencer las


dificultades que se presentan en su ejercicio. Se adquiere con dificultad, porque
requiere esfuerzo y produce placer espiritual, pero generalmente no produce placer
material.

Las virtudes nacen de la actividad humana libre y dan una mayor firmeza, facilidad,
eficacia y satisfacción para obrar bien. Se las clasifica en virtudes intelectuales y
virtudes morales.

Las virtudes intelectuales inhieren y perfeccionan la razón especulativa o práctica. Son


las que perfeccionan al hombre en el conocimiento de la verdad; posibilitando a la
inteligencia conocer el orden moral y la manera adecuada de moverse dentro de él,
para que el ser humano pueda alcanzar su fin último.

Ética y Práctica Profesional | 44


En tanto que las virtudes morales perfeccionan la voluntad y las tendencias sensibles,
ayudando a las personas a obrar rectamente respecto de la elección del bien. Son las
que inclinan al ser humano a practicar el bien propio de su naturaleza, o sea, el bien
moral. De esto se infiere que las virtudes morales no pueden usarse para hacer el mal.

Entre todas las virtudes morales ocupan un sitial de preferencia las llamadas virtudes Virtudes
cardinales, del latín cardo, que significa quicio; por ser como los quicios sobre los que cardinales:
gira toda la vida moral de la persona. prudencia –
justicia –
fortaleza y
- Prudencia o sabiduría práctica: es la virtud que dicta a la razón el cómo y el templanza.
cuándo se debe actuar. Es la que contribuye al bien de la persona, ayudando a
descubrir qué es realmente lo que conviene hacer para actuar bien en cada situación
particular y así mejorar como persona. Su finalidad inmediata es gobernar el modo y
las circunstancias todas de la conducta moral.

La prudencia es la virtud del equilibrio, de la sensatez; la que debe gravitar en los


momentos de las graves decisiones personales y sociales, privadas y públicas. Los
jefes de las naciones, las autoridades que tienen a su cargo la dirección de grupos
humanos, requieren necesariamente de esta virtud.

Se la considera la madre de las demás virtudes, porque es la rectora de las otras


virtudes cardinales, ya que facilita descubrir a la razón qué constituye “lo moderado”,
“lo fuerte”, “lo justo”, en cada caso singular.

La prudencia se ejercita mediante tres actos principales:

a) El conocimiento: se trata de conocer con claridad la realidad de las cosas y los


principios morales que guían a la conciencia. Este conocimiento es muy importante,
y puede verse enriquecido por el estudio, la memoria de experiencias pasadas y el
consejo de personas prudentes.
b) El juicio: se refiere a la moralidad de la acción concreta que se va a realizar;
también abarca los medios previstos para alcanzar el fin propuesto. La virtud de la
prudencia ayuda al sujeto a valorar la información, eligiendo el comportamiento más
adecuado. Aquí es especialmente importante la coherencia que lleva a actuar de
acuerdo con lo que se piensa.
c) El imperio: que moviliza a la voluntad a realizar la acción o bien a abstenerse de
actuar. La prudencia impulsa a realizar aquello que se considera bueno en cada
situación.

La prudencia interviene a la hora de tomar decisiones, ayudando a detectar el


problema, moviendo a tomar decisiones ante las soluciones posibles que se presentan
y apoyando la ejecución de lo decidido.

- Justicia: es la constante y perpetua voluntad de dar a cada uno lo suyo (su


derecho). Analizando esta definición, podemos distinguir, por un lado el verbo “dar”,
que según el contexto, puede significar entregar, respetar, devolver, transferir y otras
acciones parecidas. La expresión “a cada uno”, indica la capacidad de tener
derechos, con independencia de la condición o estatus del sujeto; puede referirse a
una persona, a un grupo de personas o a una comunidad en su conjunto; al bien de
personas singulares o al bien común de una sociedad. Por otro lado, al referirse a “lo
suyo”, que se refiere a “su derecho”, se quiere significar que se trata de aquello de lo
que uno es dueño con dominio libre y personal.

Ética y Práctica Profesional | 45


Suelen distinguirse tres formas de justicia:

FORMAS DE LA JUSTICIA

COMUNIDAD

Justicia general Justicia distributiva

Justicia conmutativa
PARTICULAR PARTICULAR

La justicia general se refiere a la exigencia de justicia que cada uno tiene con los
demás, por ser personas y miembros de una comunidad. Se incluye aquí aquello que
es necesario para el bien común de la sociedad. A veces se la denomina también
justicia legal, porque incluye las leyes que concretan lo que cada individuo debe
equitativamente a la comunidad a la que pertenece. Sin embargo, la justicia general o
legal no se agota con las leyes, que siempre son contingentes y limitadas.

En la medida en que las leyes especifican deberes generales de justicia, hay


obligación moral de cumplirlas (leyes mercantiles, impuestos, por ejemplo); pero, las
leyes humanas dejan de obligar (por ser injustas) si son contrarias a algún derecho
fundamental de la persona. Si se da tal situación será necesario presentar objeción de
conciencia.

En tanto que la justicia entre particulares (individuos o grupos) se denomina justicia


conmutativa, y viene exigida por los intercambios (ejemplo, una compraventa o
arriendo), exigiendo igualdad relativa entre lo que se da y lo que se recibe, por lo cual
se hace necesaria una valoración lo más objetiva posible. En la práctica, esa
valoración se determina por lo general a través de una libre negociación entre las
partes. Pero, cuando existe una notoria asimetría en el poder negociador, se requiere
estar vigilantes para ser justos, porque se puede llegar a un acuerdo poco justo si la
parte poderosa se aprovecha de la situación de necesidad de la parte débil. De allí
que, tanto en los monopolios como en general, en las posiciones prepotentes, puede
haber abuso de poder.

La justicia conmutativa obliga a cumplir estrictamente los contratos y a dar lo


libremente acordado.

Por su parte, la justicia distributiva, es la voluntad de distribuir con equidad, evitando


hacer acepción de personas (amiguismos, favoritismos, etc), dando a cada uno lo que
le corresponde por su condición y aportaciones dentro de la comunidad.

El directivo se encuentra con relativa frecuencia con problemas de justicia distributiva,


pues tiene que repartir algo común entre las personas que integran la comunidad
organizacional, tanto lo que es ventajoso (cargos, gratificaciones, etc) como lo que es
oneroso (turnos incómodos, reducciones de planilla, etc.). Por eso, cuando se
distribuye algo de una comunidad, tanto las ventajas como las cargas o desventajas,
tiene que hacerse de acuerdo con criterios objetivos determinados con prudencia, los
que deben considerar los casos, las capacidades, los méritos y las necesidades de
cada uno.

A veces, quien ejerce un cargo directivo debe aplicar sanciones ante indisciplinas o
faltas que vulneran el bien común de la organización. En ese sentido, castigar con
justicia implica penalizar algún delito de un modo proporcionado y siempre buscando

Ética y Práctica Profesional | 46


cumplir el bien superior de la justicia o con la sana intención de corregir al culpable, y
no con afán de venganza o por odio.

La ética orienta la excelencia humana, y estas exigencias son mínimos que de ningún
modo agotan el deber de buscar siempre lo mejor, el valor más alto que posibilite el
perfeccionamiento humano.

- Fortaleza: la palabra fortaleza significa firmeza corporal y/ o espiritual contra toda


situación externa o interna dolorosa o molesta para el individuo. Es la virtud que
contribuye al bien de la persona ayudándola a resistir dificultades y superar los
obstáculos que se presentan para alcanzar una vida plenamente humana o bien para
sufrirlos con paciencia cuando las fuerzas propias no logran superarlos.

Con la fortaleza se evitan tanto la cobardía como la temeridad al asumir riesgos. En


efecto, esta virtud modera la tendencia de la persona de arriesgarse más de lo que
sería prudente, refrenando la temeridad y, a su vez, impulsando a contrarrestar la
tentación de esquivar los bienes que son difíciles de alcanzar, adoptando una actitud
de cobardía.

Lo propio de la fortaleza es que a pesar del conocimiento del miedo por parte del
sujeto, lo dispone a que éste no lo arrastre hacia el mal o le impida la realización del
bien.

Según Santo Tomás, la virtud de la fortaleza se pone de manifiesto en dos actos


fundamentales, que son el atacar y el resistir, es decir, enfrentarse con aquellos
peligros que se presentan cuando quiera realizar el bien (en este caso actúa la
valentía) o soportar las contrariedades que sobrevengan por una causa justa
(actuando la paciencia y la perseverancia), superando el desaliento ante las
limitaciones propias y ajenas, moviendo a seguir con firmeza el objetivo propuesto.
El acto más propio de la fortaleza es este último.

Una dimensión de la fortaleza es la coherencia, es decir, vivir de acuerdo con lo que


se cree, aceptando el riesgo de la incomprensión.

- Templanza: es la virtud que contribuye al bien de la persona ayudando a


autorregular y moderar la atracción por todo aquello que resulta placentero, pero que
sólo en su justa medida es bueno. Se trata de la virtud de la moderación de los
placeres espirituales o sensoriales, y consiste en buscar o aceptar éstos con medida,
sin excesos que son perjudiciales a la salud corporal o que, si no lo son, degradan a
la persona en forma manifiesta (alcoholismo, desenfreno sexual, drogadicción,
codicia, etc).

La templanza dirige las pasiones bajo el dominio de la razón y de la voluntad,


encauzándolas hacia el bien, fomentando la armonía entre los sentidos y la razón.
Las pasiones no son malas en cuanto logran sus bienes deleitables dentro del orden
racional o del perfeccionamiento integral humano. Por eso, la templanza edifica y
defienden el orden interior de la persona y gracias a ella puede tener señoría sobre
sí misma y tranquilidad de espíritu.

De aquí se desprende la moderación con que hay que vivir en otros campos, tales
como la justa aplicación al trabajo (laboriosidad), la recta autoestima personal la
humildad), el medido control de la agresividad la mansedumbre) y la modestia que
modera la ostentación en el porte exterior.

Ética y Práctica Profesional | 47


Aunque la virtud implica la perfección personal, está siempre facilitada u obstaculizada
por factores externos. Una vez que las virtudes fueron interiorizadas por la persona,
éstas se convierten en guías y pautas que señalan el camino hacia una conducta
coherente con lo que ella es. No son una meta que se alcanza de una vez para
siempre, por lo cual, requieren el esfuerzo constante de vivirlas.

En cuanto al vicio, éste constituye un hábito operativo malo. Se adquiere con facilidad, Vicio:
porque produce placer y se pierde con mucha dificultad. Hábito
operativo malo.
Daniel Ruiz 6 sostiene que, para que un hábito sea considerado como vicio, debe reunir
las siguientes características:

- que provoque un grave ataque a la salud corporal o espiritual de la persona (ej: el


hábito de fumar o de drogarse);
- que la satisfacción de ese acto produzca desarreglos económicos perjudiciales para
los miembros de la familia que están a cargo del sujeto vicioso;
- que se cause un mal físico o espiritual a otras personas (Ej : fumar en lugares
públicos cerrados);
- que la no realización del acto habitual produzca la impresión psico- fisiológica de
necesidad, de modo que el sujeto advierta que está sometido a una tiránica
esclavitud.

Aunque en el hábito no se cumpla ninguna de las tres primeras características, sólo


basta la última para considerarlo un vicio.

Los vicios principales, (que desde el punto de vista religioso han sido llamados los
siete pecados capitales) considerados los más importantes por lo grave que son y por
lo mucho que están difundidos en la humanidad de todos los tiempos son:

1. La soberbia (orgullo), que es la tendencia a buscar desmedidamente la propia


alabanza y a gozarla también en forma desmedida, generalmente con
subestimación y desprecio de los demás.
2. La lujuria: es la tendencia a la búsqueda excesiva, desordenada, refinada y hasta
artificial de los placeres sexuales.
3. La avaricia: es la inclinación a poseer sin medida toda clase de bienes materiales,
preferentemente dinero, aunque no únicamente.
4. La gula: es la tendencia exagerada a la búsqueda de los placeres que proporciona
el comer y el beber.
5. La ira: es la tendencia afectiva de enojo y agresión ante un hecho o ante una
persona que han provocado en el sujeto un disgusto grave.
6. La envidia: es la tendencia a entristecerse por el bien ajeno conocido.
7. La pereza, que es la inclinación a la inactividad ante el trabajo que se debe hacer, o
ante los esfuerzos que requiere el trabajo mismo.

Es importante tratar de extirpar el vicio y evitar que se instale cuando todavía se da la


posibilidad de hacerlo, porque aleja a la persona de la perfección a la que está
llamada.

6
RUIZ, Daniel. (1.988) Ética y Deontología Docente. Bs. As.: Ediciones Braga. Pag 101 y ss.

Ética y Práctica Profesional | 48


ACTIVIDADES
DE AUTOEVALUACIÓN

De un ejemplo de cada tipo de libertad exterior, teniendo presente


alguna decisión tomada por libertad interior o libre albedrío.

OBLIGATORIAS:

Elabore un ejemplo de una situación en que un acto realizado por


una persona conlleve responsabilidad moral y otro en que el acto no
implique responsabilidad moral. Fundamente.

Proponga dos ejemplos de actos que implique responsabilidad moral


directa, uno por omisión y el otro por influencia en acciones ajenas.

Reflexione acerca de las virtudes que debería tener en su profesión,


y elabore un listado de las mismas en orden de importancia,
definiendo qué entiende por cada una de ellas.

Ética y Práctica Profesional | 49


EJE IV:
VALORES Y DERECHOS HUMANOS
HÁBITOS MORALES

Concepto y características. Teorías axiológicas. Valor y bien. Valores universales. Los


derechos humanos. Conceptos. Fundamentación de los Derechos Humanos.
Clasificación de los DDHH Derechos de primera, segunda y tercera generación.

Pasaremos a considerar otro elemento importante a ser tenido en cuenta en la toma


de decisiones: los valores. Cuando decidimos entre las alternativas que se nos
presentan, escogemos entre diferentes bienes, los que pueden encerrar valores de
diferente jerarquía. Por ello partiremos del concepto de valor, para luego considerar las
posiciones que explican el tipo de realidad que les corresponde.

NOCIÓN
La Axiología o Teoría de los valores, es una rama de la Filosofía que tiene por objeto Axiología o
la reflexión sobre la naturaleza y características de los valores y de los juicios de valor. Teoría de los
valores: rama
de la Filosofía
A pesar de que encontramos en doctrinas filosóficas de la antigüedad ciertas que tiene por
especulaciones referidas a los juicios de valor, no se había constituido como tal la objeto la
Axiología. Esta disciplina filosófica es relativamente reciente, ya que se constituye reflexión sobre
como tal a partir de la segunda mitad del siglo XIX, adquiriendo un mayor apogeo a la naturaleza y
caracterís-ticas
fines de ese siglo y en las primeras décadas del siguiente. de los valores y
de los juicios de
A partir de esos tiempos, el término valor comenzó a ser utilizado en diferentes valor.
ámbitos de la vida personal y social, y en algunas ciencias como la sociología y la
psicología.

El concepto de valor se presenta como de gran alcance, entrañando gran dificultad


para definirlo.

Sin embargo podemos encontrar dos clases de connotaciones analógicas:

a. Con el término valor, nos referimos a ciertas cualidades especiales, ya sea de los
objetos, de las personas, de sus actividades, realizaciones o aspiraciones.
b. Estas cualidades sólo pueden ser descubiertas y puestas de relieve por la persona.

Marín Ibáñez (1976) afirma que el valor es la perfección o dignidad que tiene lo real o Valoración:
que debe tener y que reclama de nosotros el adecuado juicio y estimación. aprecio o
rechazo por
Risieri Frondizi, filósofo argentino, propone definir al valor como una cualidad una cualidad
determinada.
estructural que surge de la reacción de un sujeto frente a propiedades que se hallan
en un objeto. Señala que la reacción del sujeto no se da en el vacío, sino en una
situación física y humana determinada.

Los valores se perciben mediante una operación no intelectual denominada


estimación.

Ética y Práctica Profesional | 50


Cuando hacemos referencia al término valoración, estamos indicando la preferencia o
aprecio, o bien el rechazo por una cualidad determinada por parte de una persona. De
este modo, cuando hablamos de valoración nos referimos al valor que le atribuimos a
una cosa.

En este acto encontramos tres elementos:

- una cosa, ya sea algo real o ideal, que es lo que se considera valioso en forma
positiva o negativa;
- una cualidad, sea positiva o negativa, que es lo que hace que una cosa sea
considerada valiosa;
- una reacción por parte del sujeto, que es la valoración o juicio de valor que hace
resaltar una cualidad determinada del objeto.

Por medio de los juicios de valor el ser humano afirma lo que las cosas son para él; a Juicio de valor:
través de ellos expresa la resonancia que las cosas producen en sí mismo, es decir, lo expresión de la
que las cosas valen para él. resonancia que
las cosas
producen en el
Es importante tener en cuenta que el valor de una cosa no puede disociarse de la cosa sujeto.
misma, ni del sujeto que valora, ni del conocimiento de las cualidades, ya sean
positivas o negativas, de la cosa.

VALOR Y BIEN
Denominamos “bien” a los entes concretos capaces de realizar el valor. Las cosas
existen y tienen una esencia que puede ser captada a través de la inteligencia; pero
también ellas despiertan en los seres humanos sentimientos de adhesión o de
rechazo.

Según Frondizzi, el bien es un objeto con el valor que se le incorpora. En una palabra,
los bienes son objetos que valen.

Scheler, por su parte, afirma que la presencia del valor confiere el carácter de “bien” al
objeto valioso.

Decimos entonces, que el bien es el sujeto del valor y, un mismo bien puede tener
valores diferentes. Por ejemplo, una joya puede tener el valor belleza y a la vez un
valor económico.

CARACTERÍSTICAS DE LOS VALORES


a. Los valores se caracterizan por su dependencia de los entes; es decir, no existen
por sí mismos, requieren siempre de un objeto al cual añadirse. Por eso decimos
que los valores son cualidades que, al estar en los objetos, tienen existencia real.
Los valores no son cualidades empíricas de los objetos (como por ejemplo el color,
la forma)
Tampoco son objetos ideales; la diferencia la podemos realizar por vía de la
aprehensión: así los valores se captan por vía emocional, en tanto que los objetos
ideales son captados intelectualmente. Sin embargo, esto no quiere decir que en la
captación de los valores no intervenga la actividad intelectual. De este modo,
podemos afirmar que tanto el conocimiento intelectual como los sentimientos se
hacen presentes en la captación de los valores.

Ética y Práctica Profesional | 51


b. Los valores se presentan como polares: la polaridad de los valores es la propiedad
que poseen éstos, en virtud de la cual a todo valor corresponde un contravalor o
disvalor; es decir, a cada valor positivo, corresponde un valor negativo, (así al valor
belleza le corresponde el contravalor fealdad y al valor bueno, el contravalor malo).
Cabe destacar que todo valor negativo no es meramente la ausencia del valor
positivo, sino que también posee una realidad propia.

c. Por otra parte, los valores son jerárquicos, lo que significa que existen valores Los valores
superiores y valores inferiores. Sin embargo, cuando se trata de establecer una dependen de
ordenación jerárquica de los mismos, no todas las personas coinciden ni son los entes,
capaces de descubrir en la realidad los mismos valores. Por eso se hace difícil son polares y
jerárquicos.
coincidir en los principios, criterios o procedimientos adecuados para establecer una
ordenación jerárquica de valores. Además, las jerarquías de valores son
fluctuantes, cambiantes y sujetas a influencias sociales, históricas, económicas,
políticas, etc, del contexto.

Max Scheler, filósofo alemán (1874 – 1928), perteneciente a la corriente objetivista


respecto a los valores, propuso una escala de valores que se ha convertido en clásica.
Admite cuatro especies o modalidades de valores, cuyo rango o jerarquía progresa de
los más bajos a los más altos, según la siguiente tabla:

1. Los valores de lo agradable y desagradable (aquí también se encontraría lo útil)


2. Los valores vitales ( todos los valores situados en la esfera de lo que se entiende
por bienestar, como salud – enfermedad , fuerza – debilidad, etc)
3. Los valores espirituales que, a su vez, se escinden en tres grupos:
- los valores estéticos ( lo bello y lo feo)
- los valores jurídicos ( lo justo y lo injusto )
- los valores del puro conocimiento de lo verdadero (por ej. la filosofía)
4. Los valores religiosos ( lo santo y lo profano).

Toda ordenación de valores posee un profundo sentido moral para la persona, pues
siempre que exista un conflicto entre valores, está obligada a elegir los valores
superiores y a rechazar los inferiores, los de menor jerarquía. Así, por ejemplo, entre el
valor ínfimo del agrado producido por un alimento que daña su salud, la persona tiene
que elegir el valor más alto, en este caso la salud, y no ingerir ese alimento, por más
que le sea apetecible.

VALORES MORALES
Los valores morales sólo son propios de las personas y de sus actos. Todos los Los valores
demás son valores de cosas valiosas. morales son
propios de las
Los valores morales no tienen una especificidad propia, porque se dan en la personas
realización del valor que ha sido preferido por la persona como más elevado, siempre
que haya elegido correctamente. El acto será bueno cuando se escogió un valor
positivo, teniendo en cuenta la jerarquía de los valores; en caso contrario el acto será
malo.

Sólo la persona es sujeto de valores morales porque posee conciencia, libertad y


capacidad para discernir, y por lo tanto, es responsable de sus acciones.

Ética y Práctica Profesional | 52


TEORÍAS AXIOLÓGICAS
Con respecto a la realidad del valor, existen dos posiciones axiológicas
contrapuestas:

- La posición subjetivista: quienes representan esta posición defienden que no


existen cosas valiosas por sí mismas, ni tampoco valores en sí. Los valores
dependen de las opiniones o del gusto de las personas. Para estos filósofos el valor
sólo es una proyección mudable, tanto del sujeto como de las colectividades
históricas. En esta perspectiva el valor queda reducido a un puro fenómeno
subjetivo, pasajero y cambiable. Esto supone supeditar la existencia de los valores a
las reacciones de la persona o conciencia valorativa. Es decir que “valioso” es lo que
los seres humanos consideran como tal.
El subjetivismo lleva al relativismo axiológico, porque los valores no son absolutos,
sino relativos; no son universales sino particulares.
Entre los representantes más importantes de esta posición encontramos a
Nietzsche, Meinong y Ehrenfels.
- La posición objetivista: los defensores consideran que valorar consiste en
descubrir valores, ya que éstos son propiedades de las cosas. Esto implica afirmar
que los valores existen con independencia del sujeto que valora.
En esta posición, encontramos dos concepciones distintas. Por un lado, para
pensadores como Max Scheler y N. Hartmann, los valores son entes ideales, que
existen en sí y por sí, con una esencia propia, por lo que son independientes de los
sujetos y de las cosas en que se encuentran. Mientras que para la otra concepción,
en las que se encuentran filósofos como J. Maritain y J. Ortega y Gasset, los valores
no existirían en forma independiente de las cosas, sino en objetos reales e ideales
(bienes), que poseen valor y se presentan como bienes a las personas.
Para los objetivistas, los valores son universales y absolutos, no relativos a las
cambiantes apreciaciones históricas.

Intentando superar las posiciones mencionadas, Risieri Frondizi, propone una


concepción del valor que considere su estructura y la situación en que se da.

Para él, los valores no son simples, sino que poseen un carácter relacional en la
medida en que necesitan de la presencia de un sujeto y un objeto; de este modo son
la síntesis de reacciones subjetivas frente a cualidades que se encuentran en el objeto
mismo.

Además, los valores adquieren su sentido en una situación concreta y en relación con
otros valores a los que está ligado. Esa situación a la que hace referencia es el
ambiente físico, cultural, social, las expectativas que se manifiestan en él, así como el
factor espacio – tiempo.

Según el autor no sólo las necesidades y aspiraciones modifican una situación y por lo
tanto la escala axiológica, sino también las posibilidades de satisfacerlas. Así, por
ejemplo, al realizar una evaluación moral una persona que se abstiene de realizar
actos riesgosos para salvar a un niño, tiene que contemplar las posibilidades mínimas
que tenía de alcanzar el objetivo, es decir el poder realmente salvarlo.

Sostiene Frondizi que en la consideración del valor intervienen entonces tres


elementos: el objeto, el sujeto y la situación. Pero el objetivismo sólo considera al
objeto, y el subjetivismo al sujeto; ambos no tienen en cuenta la situación que también
es importante, ya que un cambio situacional puede provocar una alteración de los
valores.

Ética y Práctica Profesional | 53


Por estas razones, este filósofo considera injustificada la pretensión de establecer una
escala fija y permanente de valores para toda la humanidad.

VALORES UNIVERSALES - DERECHOS HUMANOS -


CONCEPTO
Nino afirma que “los llamados derechos humanos son aquellos derechos morales de
que gozan todas las personas morales, por el solo hecho de ser tales, es decir todos
los seres con capacidad potencial para tener conciencia de su identidad como un
titular independiente de intereses y para ajustar su vida a sus propios juicios de valor” 7

Este autor considera que los derechos humanos son derechos morales, debido a que Los derechos
su objetividad no se funda en el reconocimiento efectivo por parte de individuos o humanos son
naciones, sino en su validez como principios de una moral crítica o ideal. Estos sirven valores morales
universales.
de parámetro para juzgar las leyes positivas o los preceptos de la moral convencional.

Todos los seres humanos son beneficiarios de estos derechos.

La definición de derechos humanos se basa en un criterio moral, que se explicita en Principios:


tres principios 8: inviolabilidad –
dignidad y
- La inviolabilidad de la persona: que se refiere a la prohibición de imponer autonomía de
la persona
sacrificios a una persona en beneficio de otros. (Por ejemplo, no se puede obligar a
alguien a donar su vida o sus órganos para el bien de otro/s).
- La dignidad de la persona: que ordena tratar a las personas de acuerdo a sus
actos de voluntad y no según propiedades sobre las cuales no tienen control (como
la raza).
- La autonomía de la persona: por la que se atribuye valor a los ideales, proyectos
de la persona, prohibiendo interferir en ellos.

Pedro Nikken en “Estudios Básicos de Derechos Humanos” 9 aporta el concepto de


derechos humanos que sigue:

“La noción de derechos humanos se corresponde con la afirmación de la


dignidad de la persona frente al Estado. El poder público debe ejercerse al
servicio del ser humano, debe favorecer a la dignidad del ser humano
como así también su vida en sociedad.

Todo ser humano, por ser tal, tiene derechos frente al Estado, derechos
que éste, o bien tiene el deber de respetar y garantizar o bien está llamado
a organizar su acción a fin de satisfacer su plena realización. Estos
derechos, atributos de toda persona e inherentes a su dignidad; que el
Estado está en el deber de respetar, garantizar o satisfacer son los que se
conocen como derechos humanos.”

“A partir de esta noción, se ponen de manifiesto dos notas; por un lado se


habla de derechos inherentes a la persona humana; por otro, son derechos
que se afirman frente al poder público.”

7
NINO, C. S. (1.984) Ética y Derechos Humanos. Bs. As.: Edit. Paidós.
8
BRUNET, Graciela. . (1.996) Hablemos de Ética. Rosario: Edit. Homo Sapiens. Pag 81
9
INSTITUTO INTERAMERICANO DE DERECHOS HUMANOS. Estudios Básicos de Derechos Humanos, Tomo I,

Ética y Práctica Profesional | 54


En relación a la inherencia de los derechos humanos expresa:

“El mundo contemporáneo reconoce, de que toda persona, por el hecho de


serlo, tiene derechos que la sociedad no puede dejarlos de lado. Son
derechos universales que tienen todas las personas, no dependen, en lo
que hace a su reconocimiento, del Estado; ni de la nacionalidad ni de la
cultura de la persona. Así la da a entender el Articulo 1 de la Declaración
Universal de Derechos Humanos: `Todos los seres humanos nacen libres
e iguales en dignidad y derechos y, dotados como están de razón y
conciencia, deben comportarse fraternalmente los unos con los otros’.”

El reconocimiento de los derechos humanos como atributos inherentes a la persona,


que no son una concesión de la sociedad ni dependen del reconocimiento de un
gobierno, acarrea consecuencias que se enuncian a continuación.
10
Consecuencias de la inherencia

1. El Estado de Derecho: el poder no puede lícitamente ejercerse de cualquier


manera. Más concretamente, debe ejercerse a favor de los derechos de la persona
y no contra ellos.
Esto supone que el ejercicio del poder debe sujetarse a ciertas reglas, las cuales
deben comprender mecanismos para la protección y garantía de los derechos
humanos. Ese conjunto de reglas que definen el ámbito del poder y lo subordinan a
los derechos y atributos inherentes a la dignidad humana es lo que configura el
Estado de Derecho.

2. Universalidad: por ser inherentes a la condición humana todas las personas son
titulares de los derechos humanos y no pueden invocarse diferencias de regímenes
políticos, sociales o culturales como pretexto para ofenderlos o menoscabarlos.

3. Transnacionalidad: si los derechos humanos son inherentes a la persona como


tal, no dependen de la nacionalidad de ésta o del territorio donde se encuentre: los
porta en sí misma. Si ellos limitan el ejercicio del poder, no puede invocarse la
actuación soberana del gobierno para violarlos o impedir su protección
internacional. Los derechos humanos están por encima del estado y su soberanía y
no puede considerarse que se violenta el principio de no intervención cuando se
ponen en movimiento los mecanismos organizados por la comunidad internacional
para su promoción y protección.

4. Irreversibilidad: una vez que un determinado derecho ha sido formalmente


reconocido como inherente a la persona humana queda definitiva e
irreversiblemente integrado a la categoría de aquellos derechos cuya inviolabilidad
debe ser respetada y garantizada. La dignidad humana no admite relativismos, de
modo que sería inconcebible que lo que hoy se reconoce como un atributo
inherente a la persona, mañana pudiera dejar de serlo por una decisión
gubernamental.

5. Progresividad: como los derechos son inherentes a la persona y su existencia no


depende del reconocimiento de un Estado, siempre es posible extender el ámbito
de la protección a derechos que anteriormente no gozaban de la misma. Es así
como han aparecido las sucesivas “generaciones” de derechos humanos y como e
han multiplicado los medios para su protección.

10
INSTITUTO INTERAMERICANO DE DERECHOS HUMANOS. Estudios Básicos de Derechos Humanos, Tomo I, pags 21 a
25

Ética y Práctica Profesional | 55


Los derechos humanos se afirman frente al poder público11

Los derechos humanos implican obligaciones a cargo del gobierno. Él es el


responsable de respetarlos, garantizarlos o satisfacerlos y, por otro lado, en sentido
estricto, sólo él puede violarlos.

La nota característica de las violaciones de los derechos humanos es que ellas se


cometen desde el poder público o gracias a los medios que éste pone a disposición de
quienes lo ejercen. No todo abuso contra una persona ni toda forma de violencia social
son técnicamente atentados contra los derechos humanos. Pueden ser crímenes,
incluso gravísimos, pero si es la mera obra de particulares no será una violación de los
derechos humanos.

LOS DERECHOS HUMANOS: POSICIONES QUE LOS


FUNDAMENTAN 12
No existe un criterio uniforme en relación al concepto de derechos humanos y al origen
de su desarrollo histórico. En este sentido, hay diferentes corrientes cuyas posturas
intentaremos sintetizar:

• El Iusnaturalismo: sostiene que los derechos humanos corresponden al hombre


desde su nacimiento y están integrados por todas aquellas garantías que necesita el
ser humano para desarrollarse en la vida social como persona, esto es, ser dotado
de racionalidad y sentido, para disfrutar de una vida digna, que permita la
satisfacción de las necesidades esenciales.
Según esta postura, los derechos de los seres humanos son superiores y anteriores Iusnaturalis-mo
a la actuación del Estado, lo que significa que no es necesaria una normativa y Positivismo
jurídica, para la existencia de los mismos, y que el Estado tampoco puede Jurídico
eliminarlos mediante la imposición de normas.
• Positivismo Jurídico: el cual se fundamenta en que las normas jurídicas deben
explicarse por sí solas, sin buscar elementos que estén fuera de ellas, por lo tanto
los derechos humanos son el producto de la acción normativa del Estado y sólo
pueden ser reclamados cuando han sido consagrados en dichas normas.

De acuerdo a una u otra corriente el origen e los derechos humanos varía. Si nos
referimos al Iusnaturalismo la historia de estos derechos se remonta a la antigüedad.;
si optamos por el Positivismo, tendríamos que afirmar que la historia de los derechos
humanos es relativamente reciente.

Resumiendo, podría decirse que para los primeros estos derechos constituyen
valores, mientras que para los segundos, son normas jurídicas.

CLASIFICACIÓN DE LOS DERECHOS HUMANOS


Derechos humanos de primera, segunda y tercer generación

La filosofía del derecho describe tres momentos históricos en el reconocimiento de los


derechos humanos.

11
INSTITUTO INTERAMERICANO DE DERECHOS HUMANOS. Estudios Básicos de Derechos Humanos, Tomo I, pag 27
12
Texto tomado de PALACIOS, María Julia (comp) (1.999) “Defender los derechos humanos”. Universidad Nacional de Salta.
(pags 30 a 32)

Ética y Práctica Profesional | 56


Desde el siglo XVIII hasta principios del siglo XX, la filosofía del derecho sólo
reconocía los derechos civiles o individuales. Estos derechos -actualmente llamados
derechos humanos de primera generación- consideran a la persona como un
individuo, dotado de libertad y autonomía.

La palabra individuo tiene un significado particular dentro de la filosofía del derecho, ya


que, en los enunciados de los derechos civiles, se indica que los titulares de los
derechos son personas, los habitantes o los ciudadanos. En ningún caso se piensa en
un sujeto colectivo, tal como el pueblo o la clase obrera.

Estos derechos son inmediatamente exigibles y el Estado tiene la obligación ante las
personas de abstenerse de ejecutar todo acto que pueda lesionar sus derechos y
asegurar su ejercicio cuando sean lesionados.

Desde fines del siglo XIX, y, en un segundo momento, a partir de mediados del siglo
XX, se agregaron al concepto de derechos humanos un conjunto de derechos
económicos y sociales. Estos derechos ya no consideran exclusivamente la iniciativa
individual, sino que sitúan al individuo en un determinado conjunto social, ya sea por la
actividad que desempeña (trabajador, empresario, sindicalista, científico, universitario)
o porque requiere una protección especial (está desempleado, es menor, es anciano,
está enfermo, es pobre). A estos derechos se los denomina derechos humanos de
segunda generación. El sujeto de estos derechos ya no es sólo un individuo, también
puede serlo cualquier organización social. El Estado actúa como promotor de estos
derechos y debe procurar una distribución igualitaria de la libertad y remover
obstáculos que impidan el desarrollo integral de las personas sobre todo de los grupos
sociales. La vigencia de estos derechos se encuentra condicionada a las posibilidades
reales de cada país. Indudablemente la escasez de recursos representa una gran
limitación para el goce efectivo de estos derechos.

Más recientemente, la filosofía del derecho ha incorporado a la clasificación de los Las tres
derechos humanos los denominados derechos de tercera generación o derechos de la generaciones
solidaridad. El contenido de estos derechos no está totalmente determinado, sin de derechos
embargo muchos de ellos están consagrados en diversas disposiciones de algunas humanos
convenciones internacionales. La titularidad de estos derechos recae sobre sujetos corresponden a
tres momentos
colectivos -la humanidad, un pueblo, una nación, una comunidad, una etnia - y sólo históricos en el
pueden garantizarse mediante la participación solidaria de todos los actores: el reconocimiento
Estado, los individuos, las organizaciones públicas y las organizaciones no de éstos.
gubernamentales. Es decir, que para hacerlos efectivos es necesaria la actuación de
la comunidad internacional, por cuanto se requiere la creación e condiciones
nacionales e internacionales para su efectiva realización. Por otra parte, los derechos
de tercera generación pueden ser demandados a los Estados, pero también los
Estados pueden exigir cualquiera de ellos.

a. Derechos de primera generación: civiles y políticos.

Comprenden:

• El derecho a la vida, a la integridad física y psíquica, a la propiedad, al honor y la


fama, a la libre expresión del pensamiento y a la comunicación de ideas; la libertad
de tránsito, de conciencia, de religión y de enseñanza.
• El derecho al uso de la propiedad privada.
• Los derechos de contratar, de comerciar, de asociarse, de reunirse, de contraer
matrimonio.
• La inviolabilidad del domicilio, de la correspondencia y de los papeles privados.

Ética y Práctica Profesional | 57


A esta enumeración, el derecho político agrega los derechos de elegir gobernantes y
de ser elegidos.

Si alguno de estos principios es vulnerado, se daña la libertad y la autonomía de las


personas.

b. Derechos de la segunda generación: sociales, económicos y culturales.

Comprenden:

• El derecho a trabajar en condiciones dignas, a integrar y dirigir asociaciones


sindicales habilitadas para negociar colectivamente y disponer medidas de fuerza y
huelgas.
• El derecho al descanso diario, semanal y a vacaciones pagas, a la protección de la
maternidad, a la seguridad social, a ser beneficiario de subsidios por desempleo.
• El derecho al acceso a una vivienda digna, al esparcimiento.
• El derecho a la educación y a la cultura.
• Derecho a la protección y asistencia a los menores y la familia.

c. Derechos de tercera generación: de solidaridad

Estos derechos comprenden:

• El derecho a la paz, que implica el derecho de todo hombre de luchar contra los
crímenes de guerra, los crímenes contra la humanidad, los atentados contra la paz;
incluye la posibilidad que tiene toda persona de negarse a cumplir órdenes que
violen leyes humanitarias, de recibir protección contra todo acto de violencia o
terrorismo y el derecho al desarme por medio de la prohibición de armas de
destrucción masiva;
• El derecho al desarrollo, que comprende el derecho al progreso global tanto
económico como social, cultural, político y jurídico en provecho de todo hombre y de
todos los hombres tomados colectivamente; el derecho de todas las personas al libre
desarrollo de su personalidad y al derecho de toda colectividad al respeto de su
identidad cultural (protección de las minorías);
• El derecho a un medio ambiente sano y equilibrado, que comprende la obligación de
los Estados de adoptar todas las medidas necesarias para prevenir y reprimir los
actos qué atentan contra las condiciones naturales de vida;
• El derecho al respeto del patrimonio común de la humanidad, que comprende tanto
el derecho de que ningún hombre pueda reivindicar un derecho exclusivo de
propiedad sobre los bienes que componen ese patrimonio común, como el de que
todos los hombres tengan, colectiva e individualmente, el derecho de valerse de
esos bienes.

Es importante destacar que los derechos de primera, segunda y tercera generación no


se excluyen ni se superponen sino que se complementan. Así, por ejemplo, el pleno
goce del derecho a la vida (derecho de primera generación) necesita del acceso a una
vivienda digna (derecho de segunda generación) y de la preservación de la paz
(derecho de tercera generación).

Los derechos humanos no sólo se complementan sino que son interdependientes, de


manera tal que la realización de uno de ellos no puede implicar el desconocimiento o
la negación de los demás.

Ética y Práctica Profesional | 58


ACTIVIDADES
DE AUTOEVALUACIÓN

- A través de un ejemplo, explique qué es el valor, la valoración y el


juicio de valor.

OBLIGATORIAS:

- Lea el siguiente texto y señale a que posición axiológica


corresponde. Fundamente su respuesta.

Todos los deseos y repulsiones están motivados por valores, pero


éstos no valen porque nos agraden o los deseemos, sino al revés,
nos agradan y los deseamos porque nos parece que valen. Por lo
tanto, tienen los valores su validez antes e independientemente de
que funcionen como metas de nuestro sentimiento. Muchos de
ellos son reconocidos por nosotros sin que nos ocurra desearlos o
gozarlos.

- Proponga una situación que podría plantearse en su profesión, en


que un agente moral realice una elección entre valores de diferente
grado o jerarquía, teniendo en cuenta la tabla de valores propuesta
por Max Scheler.

- A su juicio, ¿qué valores son los más sostenidos en nuestra


sociedad y cuáles son los disvalores más notorios en ella?

- ¿En qué artículos de nuestra Constitución Nacional se consagran


los derechos humanos de primera, segunda y tercera generación?

Ética y Práctica Profesional | 59


ÉTICA APLICADA
EJE V:
ÉTICA PROFESIONAL

El origen de los deberes y derechos. La profesión. La profesión como


perfeccionamiento propio y como servicio social. Requisitos para el recto ejercicio de
la profesión. Características. El profesional: condiciones que debe reunir. Cualidades
morales de la profesión. La profesionalidad: Análisis Deontológico. Desempeño de la
Actividad Rol: Profesionalidad como especialización Su nivel universitario como
carrera. La colegiación: Su validez constitucional Requisitos. Legislación nacional y la
regulación provincial. Tribunal de Ética: Sanciones y medios impugna torios. Cuestión
filosófica e histórica de ambas actividades.

Las profesiones son actividades humanas, que generan en quienes las ejercen Ética
obligaciones y derechos especiales; por eso nació la Ética Profesional. Profesional

La Ética Profesional no es una ética aparte, sino es la misma Ética que desciende a
las actividades concretas de cada profesión, especificando las aplicaciones que
derivan racionalmente de los principios generales para el buen ejercicio de cada
profesión

En tanto que el término Deontología (del participio griego deon = lo que conviene), se
Deontología
refiere al conjunto de principios y reglas éticas que regulan y guían una actividad Profesional
profesional. Dichas normas determinan los deberes mínimamente exigibles a los
profesionales en el desempeño de su actividad y por lo general son establecidas por el
propio colectivo profesional, que los institucionaliza mediante los códigos
deontológicos. Éstos son documentos que rigen la actuación de los representantes de
una profesión con el fin de que a través del buen hacer se obtengan resultados
deseables.

EL ORIGEN DE LO DEBERES Y DERECHOS


El ser humano se desenvuelve dentro de dos órdenes o mundos distintos: el que viene
dado por la naturaleza y el que surge de su condición de ser libre, en virtud del cual es
autor de todo aquello que agrega a la naturaleza. Es la distinción entre lo que recibe
de hecho y lo que él conforma o hace: la cultura. Este mundo del quehacer del hombre
da lugar al orden moral.

El hombre, cada hombre es el único sujeto de la Ética, por ser el único ser vivo que
posee la capacidad de diferenciar el bien y el mal y de obrar según su libre elección.
El obrar ético se asienta en las virtudes y en los valores, que deben triunfar sobre los
vicios y los disvalores sociales, para transitar el camino de la realización humana.

La existencia en sociedad impone al hombre deberes y derechos que debe observar


para poder convivir con sus semejantes. La libertad debe reconocer límites, sin los
cuales sería prácticamente imposible la vida, no sólo del hombre, sino de la naturaleza
toda. De esas limitaciones surgen tanto los derechos como las obligaciones.

Ética y Práctica Profesional | 60


Los hombres establecieron pautas de comportamiento social que hacen a la cultura de
los pueblos.

Los deberes: deber es todo aquello que está obligado a cumplir el hombre para dar
satisfacción a las demandas sociales que su vida de relación le impone.

El primero de sus deberes es subsistir, y luego, como un mandato natural de


solidaridad, el permitir a sus semejantes realizarse como personas humanas.

Los derechos: el derecho es la facultad de hacer o de exigir todo aquello que le está
permitido por las leyes naturales, por las positivas y por las normas de comportamiento
social. En este campo encontramos el derecho a la vida, y a la libertad y todos
aquellos que no entren en colisión con los derechos de los demás.

Así el derecho de ser feliz y a realizarse como persona tiene su correlato con la
obligación que tiene la organización social de permitirlo.

El orden social

En la vocación humana existen dos dimensiones: una común y otra particular. La


primera de ellas es la más excelente y fundamento del valor de la segunda, porque el
bien común prevalece sobre el bien particular y es fuente y principio de ordenación de
éste. En función de esto, toda la vida humana adquiere significación y estructura. El
cauce que ordena y el camino recto del obrar humano son los valores. Ellos, además
de constituir el núcleo fundamental del destino individual, son la condición que vuelve
posible la vida social.

El orden social es la conveniente disposición de las partes de un todo según el fin que
ese todo persigue. Es la disposición de las conductas de las partes. Dentro del todo
social se incluyen los diversos planos en que la vida social se desarrolla: familias,
municipios, corporaciones profesionales, económicas, educativas y deportivas, el
Estado y sus dependencias funcionales… todos están ordenados entre sí.

El orden moral

El hombre se realiza naturalmente hacia dos direcciones, por un lado como individuo
y por el otro como ser social.

Como individuo, el hombre se autorrealiza -se hace a sí mismo- a lo largo de toda su


vida.

Como ser social permite que la humanidad como civilización se haga a lo largo de toda
la historia.

Por lo tanto, vivir demanda al hombre una tarea, que debe estar en el marco de los
valores para su plena realización. El orden moral está fundado en valores éticos.

En este marco, el orden moral es aquel al que el hombre está ligado por el mero hecho
de ser hombre, independientemente de toda legislación positiva. El orden moral se
refiere a todo lo que hace al libre obrar del hombre según su recta conciencia,
inspirada en valores rectores.

Ética y Práctica Profesional | 61


El bien común

El bien común no es la suma de los derechos particulares y privados, ni tampoco lo


que sirve a los intereses de uno o de unos pocos frente al bienestar común. Es el
clima social que favorece el desarrollo de la personalidad, el conjunto de acciones del
poder público a fin de que sean reconocidos, respetados, armonizados, definidos y
promovidos tanto el ejercicio de los derechos como el cumplimiento de los deberes por
parte de los ciudadanos y los cuerpos intermedios.

El bien común, en cuanto a fin de la sociedad política, exige que concurran a su logro
todos los ciudadanos y las entidades intermedias. Su importancia se pone de
manifiesto no sólo porque constituye la razón de ser de la comunidad política, de los
poderes públicos, del derecho de darse un ordenamiento jurídico, sino porque
representa el elemento discriminador entre los ordenamientos absolutistas, totalitarios
y democráticos. La realización de la igualdad en la participación del bien común no se
verifica si faltan las estructuras adecuadas.

La sociedad política tiene el derecho y el deber de facilitar a los ciudadanos y a los


grupos por ellos formados las condiciones generales sin las cuales no podría
prosperar ni desarrollarse. El bien común favorece el desarrollo de la personalidad, y
exige un conjunto de atenciones por parte del poder público a fin de que sea
reconocido, respetado, armonizado, defendido y promovido el ejercicio de los
derechos y el cumplimiento de los deberes de los ciudadanos.

LA PROFESIÓN
Profesión es un término que proviene del latín “professio”, que nos indica la acción y el
efecto de profesar, de ejercer una cosa, empleo o facultad conforme una inclinación
natural que se manifiesta en nosotros, o que por un motivo circunstancial debemos
ejercitar. También, el término profesión proviene del latín “profiter”: que significa
declaración pública.

La profesión es un compromiso entre lo individual, que busca con la profesión los


medios de vida; y la sociedad, con sus necesidades que son las que justifican la
profesión. Es común denominar las profesiones como manuales o intelectuales,
según requieran mayor actividad del intelecto o de la capacidad física. En realidad
ninguna profesión es totalmente intelectual o manual.

Una profesión es el lugar desde el cual debemos servir a la sociedad de acuerdo con
nuestras capacidades.

Para ejercer la profesión es preciso una preparación de las aptitudes necesarias para
desempeñarla. No es mera instrucción profesional. “La instrucción se caracteriza por
dirigirse a una parte especial del hombre y a un sector del mundo. La formación tiene
como fin la totalidad del hombre. Persona es aquella que sabe lo que pasa en el
mundo tomado como totalidad” (PIEPER, Josef, 1971),

La profesión como actividad humana

El trabajo corresponde a la naturaleza social del hombre, porque es la ocupación que La profesión
se ejerce habitualmente a cambio de una remuneración que debiera permitir la lleva al
subsistencia, asegurar un porvenir. El trabajo es la extensión activa de la persona a la perfecciona-
comunidad. miento propio y
servicio social

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La profesión se caracteriza por dos rasgos:

- El perfeccionamiento propio, del individuo como tal, mediante el ejercicio pleno de la


actividad a la que libremente aplica sus energías espirituales y físicas;
- El servicio social, con el cual está relacionada toda profesión.

Todo trabajo honesto dignifica al hombre, además de facilitarle los medios honestos
para subsistir. El trabajo tiene un fin que es el desarrollo del mismo hombre, de sus
facultades espirituales y corporales.

A su vez, el trabajo cumple una función social. Sea remunerativo o sin cargo,
voluntario o involuntario, sus frutos se extienden a la sociedad. Si el trabajo es
honesto, esos frutos son un bien para la sociedad.

Aunque una persona no necesite del trabajo para subsistir, tiene que trabajar para
darle algún sentido serio a su existencia. El hecho de que sea rica no la exime de esa
obligación, porque puede trabajar sin percibir paga, gratuitamente. Y de ese modo se
hace un bien a sí mismo y a los demás.

El trabajo humano es virtud y ayuda a las demás virtudes. La ociosidad es un [Link]


pequeño que sea el grupo social se hace indispensable la distribución de las tareas
que satisfagan los objetivos de toda comunidad humana

La persona que ejerce un oficio o una profesión realiza un acto humano en beneficio
de seres humanos. La connotación ética de los actos realizados por un profesional
está marcada por una relación binaria en la que intervienen el profesional y el que
solicita los servicios del profesional. Además lleva implícito un contrato, aunque no
esté de por medio ningún acto jurídico, ningún documento escrito. El que solicita la
atención de un profesional -con o sin honorarios- lo hace para que el profesional lo
ayude en la solución de un problema; si el profesional acepta -con o sin honorarios-
queda establecido un contrato, como relación bilateral.

La profesión es un medio de vida; es actividad lucrativa, es decir, con ella se obtiene


lucro, ganancia de dinero, el cual se utiliza como medio para conseguir todas aquellas
cosas que ayudan a conservar y a perfeccionar la existencia. Pero, además, es un
servicio para la comunidad, que revierte al propio sujeto que sirve, al profesional.

La profesión y el servicio social

La necesidad social de una profesión es la que da sentido al ejercicio de la misma y es


la que regula todo su accionar.

Por la profesión humana el que se consagra a ella declara oficialmente ante la


sociedad la intención de dedicarse a las actividades de una determinada profesión; se
consagra a una determinada línea de actividades en forma preferencial.

De esto se derivan las obligaciones y derechos que la profesión supone:

- la 1º condición de la profesión como obligación social es un público abrazar de la La profesión


profesión previo un período de aprendizaje; supone
derechos y
- la 2º condición: es el compromiso social por parte del profesional de brindar sus obligaciones.
servicios al público con honestidad y seriedad.

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REQUISITOS NECESARIOS PARA EL EJERCICIO DE UNA
PROFESIÓN
Para el ejercicio de toda actividad profesional son indispensables:

a. Vocación: es una inclinación o disposición especial que, saliendo del interior de la


persona, la lleva a cumplir determinada actividad en su vida. Es la inclinación
natural a la realización personal, que impulsa a desarrollar una tarea determinada
en la sociedad.
Es el amor manifestado en el querer y en el hacer, respondiendo a los dictados del
corazón con la inteligencia y voluntad. Es realizar un compromiso con uno mismo y
con la sociedad durante toda la vida, conforme a los ideales abrazados.
Es el requisito más difícil de detectar objetivamente, porque es totalmente personal.
“Vocación” significa “llamado” interno hacia un tipo determinado de actividad. Se
trata de una inclinación del espíritu hacia una actividad que produce en el sujeto
satisfacción y gusto. La ciencia a veces origina la vocación; otras, la vocación lleva
a la adquisición de la ciencia, sin la cual el llamado nunca se convertirá en realidad.

b. Competencia: en el sentido de aptitud e idoneidad para conocer y resolver un


asunto. Nace de las incumbencias que nos atribuyen los estudios, del grado de
capacidad alcanzado en alguna actividad, pero, por sobre todo, de la voluntad de
hacer realidad determinado anhelo.
El progreso de las ciencias, las técnicas y las artes, tan rápido en estos tiempos,
requiere del hombre una constante actualización para contar con capacidad
necesaria de aprender y aprehender los nuevos saberes.
Supone, por lo tanto, la ciencia y la idoneidad.
Ciencia: porque toda profesión supone conocimientos específicos en quien la
ejerce. El título oficial es una garantía de la preparación científica o técnica del
sujeto que lo ha obtenido. Por razones de ética, el profesional debe acrecentar sus
conocimientos, debe actualizarse en los contenidos, métodos y procedimientos,
según la índole de la profesión. La Ética exige que el profesional no traspase los
límites de la especialidad a la que se dedica, salvo en casos de emergencia, y
advirtiendo al consultante que su especialidad no contempla el problema sobre el
que se lo consulta. Cuando no se trata de una emergencia, la actitud ética que
corresponde es aconsejar al cliente que acuda a un especialista en la materia.
Idoneidad: es la aptitud para ejercer la profesión (física y psicológica).

CARACTERÍSTICAS DE LA PROFESIÓN
- Es una actividad humana:
El trabajo, en tanto acción y efecto de trabajar, es la facultad del hombre de poner en
ejecución sus aptitudes con una finalidad útil para su realización como persona, en
su vida de relación social.
El trabajo requiere de una potencia del hombre, tanto intelectiva como manual, pero
al mismo tiempo, se encuentra reglado por normas morales y por las reglas propias
de cada profesión.

- Es el ejercicio de una vocación:


El ejercicio de una profesión o de un empleo requiere de la vocación, que idealmente
resulta de la libre elección del trabajador. Pero, por diversas razones, es común que
las personas terminen ejerciendo una profesión para la cual no poseían vocación.
Ante la disyuntiva de aceptar esta condición o no trabajar, la elección es evidente.
Sin embargo, es siempre el hombre quien dignifica al trabajo, y la naturaleza social

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del hombre lo incita a cumplir su primer vocación: la de realizarse como persona,
tanto en el ámbito laboral como familiar, valiéndose para ello de su formación
profesional y de los mismos valores presentes en la cultura social.

- Implica un esfuerzo:
Todo trabajo implica un esfuerzo intelectual y físico, porque significa poner en
disposición de hacer las potencias del hombre.
El profesional universitario recibe de la sociedad, por medio de una Universidad, un
título que le confiere un grado y le reconoce determinadas incumbencias
profesionales. Puede ejercer éstas de forma autónoma (sin relación de dependencia)
o vinculado por una relación de empleo.

- Es un factor productivo:
El ejercicio de una profesión es un factor productivo, tanto para el sujeto que la
ejerce, pues mediante la misma obtiene los medios necesarios para su subsistencia;
como para la sociedad, que es enriquecida con el servicio recibido.
Mediante el trabajo se produce el movimiento de todos los factores de la producción,
y a través de él la sociedad puede llegar a su fin de bienestar general, permitiendo
también que el trabajador alcance su bienestar particular.

- Es un fideicomiso social:
La sociedad hace posible que el hombre adquiera una profesión con el fin de que
aplique en forma ordenada y racional, parte de su actividad a la consecución de
cualquiera de los fines inmediatos y fundamentales para la vida humana. Es la
sociedad la que asigna al trabajo humano una función social, ya que toda profesión
tiene siempre carácter de actividad social. La organización social supone que los
distintos trabajos se distribuyen para lograr el bien común. La función social de la
profesión debe estar en concordancia con el bien particular de quien la ejerce.

EL PROFESIONAL
El servicio que realiza el profesional dentro de la sociedad y actuando con carácter
público requiere:

- Conciencia profesional: El ejercicio de una profesión tiene íntima relación con la


moral que debe imprimirse a todos los actos relacionados con el servicio que se
presta.

La conciencia profesional es una manifestación de la justicia distributiva, por cuanto


que debe tender a vigilar que cada acto profesional se encuentre amparado en los
criterios de veracidad en la prestación, eficiencia, oportunidad y plazo.

“Ofende a la justicia conmutativa si no se cumple en integridad y calidad el trabajo


establecido previamente, o si se exigen honorarios exorbitantes, que no están
legitimados y que exceden a las normas comunes. Va contra la justicia distributiva si,
tratándose de cargos públicos, se realizan actos que favorecen los intereses
individuales, familiares o de grupos. Se lesiona la justicia social cuando se defrauda a
la sociedad cobrando por trabajos no realizados, realizados a medias o de forma
deficiente” (Letizia, 1.989). 13

El ejercicio de toda profesión debe efectuarse buscando lo mejor para el profesional y


para el destinatario del servicio).
13
Citado por WIERNA, G.: LETIZIA, F. “El problema de la moral profesional”. Mendoza, 1989.

Ética y Práctica Profesional | 65


- Deontología propia: cada una de las profesiones ejercidas por los hombres tiene
características propias, que hacen que deba regirse por normas éticas de
comportamiento, aplicadas a su caso particular.
Menéndez Reinaga nos dice que las faltas a la conciencia profesional obedecen al
aflojamiento de la conciencia moral, a la falsa doctrina acerca de los contratos, al
olvido del bien común, al desprestigio de las leyes, pero, en modo particular, a la
deshumanización de las relaciones humanas.

- La especialización
Hoy es imposible la práctica eficiente de una profesión sin un mínimo de
especialización; pero no debe perder la visión general de los problemas de su
profesión.
La especialización posibilita el dominio en profundidad de un sector de la actividad
profesional y confiere al profesional una autoridad moral dentro de la profesión.
La vocación es la que indica los temas de preferencia dentro de la profesión para
elegir la especialidad.
El grado de avance encontrado en la especialización elegida, puede ser enriquecido
con la propia investigación.
La profesión también implica deberes y si el profesional no puede cumplirlos, lo
correcto y honrado es abandonarla.
La Universidad brinda sólo un mínimo de base de lanzamiento hacia una vida de
estudio y de investigación profesional.

- Seriedad profesional
El profesional está obligado a brindar a sus clientes el máximo de seguridad
profesional, sobre todo si de eso depende la vida, salud o los bienes del cliente.
Se debe atener a lo más seguro para el cliente, y si hay algún riesgo el profesional
debe dárselo a conocer al cliente, para que éste decida asesorado por el profesional.
La seriedad supone que el profesional se actualice, investigue. Supone también
adaptarse al tiempo histórico en que le toca vivir; requiere una gran capacidad de
trabajo y de adaptación para adquirir los nuevos conocimientos y nuevos enfoques
de los problemas profesionales.

- La defensa de los derechos de la persona humana:


La persona no puede nunca estar subordinada a algo inferior a ella.
Dentro de su jurisdicción (al menos moral) el profesional debe ser celoso custodio de
los derechos de la persona humana. Existen ejemplos negativos de profesionales
que, llevados por el afán de lucro, se aprovecharon de las necesidades de las
personas; así, por ejemplo ingenieros construyeron viviendas inseguras, o médicos
que dieron a pacientes tratamientos innecesarios.

- La defensa de la vigencia de un orden socialmente más justo:


La sociedad trae al individuo múltiples bienes; pero esto no es un privilegio para
unos pocos que dirigen la sociedad. Se debe buscar el bienestar de la sociedad
entera, sin exclusión de ningún sector.
El profesional tiene que ser un defensor de las normas éticas, porque la sociedad se
preserva en el orden y la justicia.

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CUALIDADES MORALES DE LA PROFESIÓN
a. Autoridad y responsabilidad: el profesional es una autoridad, no en sentido
político sino en sentido científico.
Se llama autoridad en sentido científico, a una persona que, en una determinada
rama de la ciencia, posee un vasto y profundo conocimiento y tiene la virtud de la
veracidad, que consiste en manifestar lo que piensa. En otras palabras: una
autoridad es una persona competente en un determinado nivel científico y es veraz.
Los que conocen estas cualidades de una persona están dispuestos a creer lo que
esa persona diga respecto de los otros temas. La autoridad es el fundamento de los
actos de fe que una persona hace en cuanto a lo que manifiesta otra persona
acerca de los temas que conoce. Pero para que uno crea lo que el otro dice deben
darse simultáneamente las dos condiciones mencionadas: competencia en los
conocimientos y veracidad en la manifestación de esos conocimientos. Eso otorga
confianza.
Cabe, entonces, una enorme responsabilidad ética y jurídica en el profesional; y
más ética que jurídica, porque algunos actos humanos del profesional sólo son
conocidos por él, por su conciencia moral y, por lo tanto, no están al alcance de la
acción jurídica.
Es un deber de justicia, en el ámbito de la Deontología, el cumplimiento de todo
aquello que el profesional promete hacer para satisfacer a su cliente; si hace todo lo
que puede, cumple con la justicia, aunque no se obtengan los resultados
apetecidos; si es negligente en preocuparse de lo que interesa a su cliente, comete
injusticia en la medida de su negligencia.

b. La honestidad intelectual: buscar, aceptar, amar, vivir y transmitir la verdad. La


expresión “honestidad intelectual” designa una combinación de voluntad e
inteligencia, puesto que “honestidad “es lo mismo que decir” bondad moral”, y el
adjetivo “intelectual” designa todo lo que es relativo a la inteligencia. De modo que
la honestidad intelectual es la conducta moralmente buena en el ejercicio de la
inteligencia.
Buscar la verdad es conocer la verdad, entendida en su acepción lógica
(adecuación del pensamiento con la realidad objetiva). La única forma de
comprobar la verdad de un juicio es confrontarlo – directa o indirectamente – con la
realidad objetiva. A veces no es fácil esta confrontación. Pero al profesional le
incumbe realizar la búsqueda de la verdad respecto de todo lo que está relacionado
con su actividad específica. La búsqueda de la verdad se la realiza en el plano del
conocer. Las decisiones que se tomen después de conocida dependen de muchos
factores, independientes de la verdad misma. Hay virtudes morales, entre ellas la
prudencia, que aconsejan en qué sentido debe tomarse una decisión.
Transmitir la verdad es honesto, siempre que esa transmisión se ajuste a las
normas de moralidad; porque aunque la verdad en sí siempre es un bien, los
efectos de su conocimiento pueden ser a veces malos, física o psíquicamente, para
aquellos a quienes se transmite. En este caso también es importante la prudencia.
La única verdad, éticamente hablando, es que siempre que se daba decir la verdad,
hay que decir la verdad. Si un profesional revela un secreto de su cliente a otra
persona, dice la verdad y comete un acto inmoral y, además, ilegal. Hay que
señalar que, si bien no siempre hay obligación de decir la verdad, también hay
obligación moral de no mentir. La mentira es la expresión oral o escrita destinada,
por la intención del que la usa, a engañar a otra persona.

Todas estas consideraciones señalan un camino de rectitud moral, una conducta ética
que no debiera nunca estar separada de la actividad profesional.

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La película “Tiempos Modernos” de Charles Chaplin muestra como algunos trabajos
enajenan al ser humano, y pueden destruirlo. De allí la necesidad de
buscar condiciones laborales más dignas, que posibiliten que el trabajo
verdaderamente desarrolle y perfeccione al hombre.

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DEONTOLOGÍA PROFESIONAL

La Deontología Profesional está orientada al deber, y se ocupa de regular los


deberes, traduciéndose en preceptos, normas morales y reglas que son
mínimamente exigibles a los profesionales en el desempeño de su actividad, que se
recoge en códigos deontológicos elaborados generalmente por el colectivo
profesional (médico, abogado, periodista, etc) Constituye así un instrumento eficaz
para aplicar las reglas generales de la ética al trabajo profesional.

Un Código Deontológico es el conjunto de normas que rigen la profesión, es


decir, los deberes éticos mínimamente exigibles a los profesionales en el ejercicio de
su actividad profesional. Se trata de un documento que recoge el conjunto de
normas que rige la actuación de los representantes de una profesión con el fin de que a
través del buen hacer se obtengan resultados deseables.

Como fuera expresado anteriormente, los códigos deontológicos, en nuestro país, son
elaborados por los Colegios Profesionales que “son corporaciones de derecho público,
amparadas por la ley y reconocidas por el Estado, con personalidad jurídica propia y
plena capacidad para el cumplimiento de sus fines, entre los que se encuentra la
ordenación del ejercicio de las profesiones”.

Los códigos deontológicos cumplen las siguientes funciones:


a. Establecen una serie de criterios científico - funcionales, para el ejercicio de la
profesión, a los fines de otorgar operatividad y eficacia a las actividades propias de Código
Deontológico
la misma. es el conjunto
de normas que
b. Plasmar en el código deontológico de la profesión ciertas orientaciones éticas para rigen la
profesión.
el ejercicio de la misma; que sin embargo no agotan las convicciones morales del
profesional, pudiendo dar lugar a acciones por parte de éstos que lejos de
contradecir el código, sean de mayor exigencia.

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ACTIVIDADES

DE AUTOEVALUACIÓN

- ¿Qué relaciones se pueden establecer entre Ética Profesional y


Deontología Profesional?

- ¿Qué es un Código deontológico y cuáles son sus funciones?

OBLIGATORIAS:

- ¿Por qué es importante establecer un código deontológico?

- Proponga algunos principios de acción que considere que deberían


integrar el Código Deontológico de tu Profesión.

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VOCABULARIO

Atributo: propiedad necesaria de algo.

Apetito: tendencia sensible o espiritual hacia algo.

Autoconciencia: es el “darse cuenta de sí mismo”, es el acto de afirmación de sí


mismo frente a todo otro ser.

Autodeterminación: es la capacidad que tiene la persona para asumir el control de su


propio ser.

Conciencia: conocimiento reflejo del propio yo; también puede referirse a la


advertencia de la bondad o malicia moral de un acto concreto.

Deliberación: examen mental de las razones a favor o en contra de un acto humano


susceptible de ser realizado u omitido.

Ente: todo lo que es o puede ser. Aquello cuyo acto es ser.

Existencia: hecho de estar un ente fuera de la nada o de sus causas.

Experiencia: conocimiento adquirido por repetidas percepciones sensibles.

Evidencia: manifestación patente del ser.

Facultad: potencia o capacidad operativa de un ente viviente.

Hábito: cualidad perfectiva de una esencia o potencia (capacidad), que la habilita a


realizar bien los actos respectivos.

Individuo: lo indiviso en sí mismo y dividido respecto de todo lo demás.

Inmanente: lo que queda dentro de algo; lo interior a nuestra conciencia.

Intención: 1. Acto de voluntad por el que se tiende a un fin. 2. Acto de los sentidos y/o
intelecto por el que se conoce algo. 3. Concepto.

Intuición: conocimiento directo y sin intermediarios de alguna cosa.

Metafísica: es la disciplina filosófica que tiene por objeto el ente en cuanto ente y se
eleva hasta sus primeras causas y principios.

Noético: es lo referido al conocimiento intelectual.

Trascendente: lo que está “más allá” de algo: Dios como trascendente al mundo: el
ente real como trascendente a la subjetividad.

Ética y Práctica Profesional | 84


BIBLIOGRAFÍA

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Ética y Práctica Profesional | 85


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