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Ética Profesional y Psicología 2023

Este documento explora las bases éticas de la psicología como disciplina científica y profesión. Argumenta que la psicología requiere tanto un sólido conjunto de conocimientos como principios éticos para guiar su práctica. También analiza el Meta-código de Ética de la Federación Europea de Asociaciones de Psicólogos, el cual establece cuatro principios éticos fundamentales y ha influido en los códigos éticos de las asociaciones miembros. Finalmente, discute cómo los retos éticos pueden

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Ética Profesional y Psicología 2023

Este documento explora las bases éticas de la psicología como disciplina científica y profesión. Argumenta que la psicología requiere tanto un sólido conjunto de conocimientos como principios éticos para guiar su práctica. También analiza el Meta-código de Ética de la Federación Europea de Asociaciones de Psicólogos, el cual establece cuatro principios éticos fundamentales y ha influido en los códigos éticos de las asociaciones miembros. Finalmente, discute cómo los retos éticos pueden

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ÉTICA PROFESIONAL Y PSICOLOGÍA Geoff Lindsay Comité Permanente de Ética de la Federación

Europea de Asociaciones de Psicólogos (EFPA) Este artículo explora las bases para el fomento de la
ética dentro de la psicología. Un código ético es una característica de profesiones consolidadas y la
necesidad de una práctica ética es aplicable a todos psicólogos, sean investigadores o clínicos; por
consiguiente, los códigos éticos deben contemplar toda la extensión de la práctica profesional.
Existe también un beneficio potencial si se adopta un criterio común (commonality) a través de
países y culturas, pero esto nos lleva a preguntarnos: ¿son los códigos éticos generalizables? Este
aspecto se explora a través del análisis del Meta-código de Ética de la Federación Europea de
Asociaciones de Psicólogos (EFPA) elaborado por un grupo de psicólogos de distintos países de
Europa. Basado en los cuatro principios éticos: Respeto, Competencia, Responsabilidad e
Integridad, el Meta-código fue originalmente diseñado para guiar a las asociaciones profesionales
de los países miembros en la elaboración o revisión de sus códigos. Sin embargo, la experiencia
nos ha mostrado que los psicólogos también encuentran el Meta-código útil para su propia
práctica profesional. Finalmente, considero el desarrollo de cuestiones éticas que guíen la práctica
en el futuro. Palabras clave: Ética, Meta-código de Ética, Principios éticos

La práctica de la psicología, bien sea como disciplina científica o como servicio público, está basada
en dos fundamentos principales. El primero está compuesto por un conjunto de conocimientos y
habilidades que se han ido adquiriendo a través de la investigación y la práctica psicológica. El
segundo se compone de la ética en el desarrollo de ese conjunto de conocimientos y habilidades, y
de las acciones llevadas a cabo cuando éstas se aplican para responder a las demandas de
prestación de servicios a los usuarios. Las profesiones tienen estos elementos en común, si bien
existe variabilidad en cada una de ellas. Por ejemplo, la psicología está firmemente basada en la
investigación científica, basándose fuertemente en ciertos enfoques como la experimentación e
intentando optimizar la objetividad y replicabilidad de los hallazgos. Al mismo tiempo, la
observación meticulosa, descripción y reflexión de acontecimientos únicos que ocurren de forma
natural son también esenciales para el desarrollo científico de la psicología. Este trabajo en el que
nos centraremos en el fundamento ético de la psicología, se basa en el capítulo introductorio del
libro Ethics for European Psychologists (Lindsay, Koene, Ovreeide y Lang, 2008). Nuestra intención
fue elaborar un libro práctico que ayudase a los psicólogos en las distintas etapas de su carrera,
desde a pre-graduados que comienzan a estudiar en la universidad una materia científica, a
psicólogos profesionales en formación o nuevos investigadores y a psicólogos experimentados.
Para resumir, sostengo que la práctica ética no constituye algo que se aprende al inicio de una
carrera profesional sino que se desarrolla a medida de que nuestra experiencia profesional
aumenta y surgen nuevos retos. A pesar de que este documento está dirigido principalmente a
apoyar a los psicólogos en el nivel individual, es también necesario ofrecer apoyo a aquellas
asociaciones que están implicadas en el desarrollo de la profesión, como por ejemplo el Colegio
Oficial de Psicólogos en España. A medida que la popularidad y la influencia de la psicología como
disciplina va aumentado por todo el mundo, se van creando nuevas asociaciones de psicólogos.
Además, a medida que esos países van desarrollando su ciencia psicológica van también sentando
las bases de su práctica profesional. Este desarrollo requerirá la posterior reflexión acerca de la
ética en el ámbito de las asociaciones nacionales de psicología. Pero ¿cual debería ser la base o el
principio organizativo de la reflexión sobre ética para los psicólogos europeos? ¿No es cierto que
la riqueza en la diversidad cultural en Europa (y por supuesto en el mundo) conlleva efectivamente
a que cualquier intento de alcanzar un criterio común (commonality) sea un sueño imposible? Mi
respuesta es un rotundo ¡NO! y no está basada en prejuicios o en un factor pro-europeísmo que
nos haga “sentirnos bien”, sino que mis opiniones y compromiso nacen de la experiencia práctica
de haber trabajado durante muchos años con los colegas de la Federación Europea de
Asociaciones de Psicólogos (EFPA), especialmente con los coautores del libro mencionado
anteriormente, en el desarrollo de directrices éticas para los psicólogos europeos y sus
asociaciones profesionales. Este trabajo se ha presentado en el Comité Permanente de Ética de la
EFPA, en conferencias y en talleres invitados en varios países. En este artículo “preparo el terreno”
para el debate sobre ética de dos formas. En primer lugar, examino la naturaleza de la psicología y
el impacto que tiene en el desarrollo de un código ético. En concreto, considero que los psicólogos
podrían ser principalmente profesionales aplicados, (ej., psicólogos clínicos, educativos, forenses)
pero es cierto que muchos son también investigadores no implicados de forma directa en la
prestación de servicios a los usuarios. Sin embargo, ambos grupos están compuestos por
psicólogos. ¿Debería aplicarse el código ético a ambos o sólo a los profesionales aplicados? En
Segundo lugar, describo brevemente el desarrollo del Meta-código de Ética de la EFPA. Este ha
tenido una gran influencia ya que todas las asociaciones de psicólogos que pertenecen a la EFPA
deben asegurarse de que sus códigos éticos estén en armonía y por supuesto no entren en
conflicto con el Meta-código. En las siguientes secciones se examinará la naturaleza de la
psicología como ciencia y como profesión aplicada: ¿son las cuestiones éticas de los psicólogos que
se dedican a la ciencia (investigadores) similares o distintas a la de los profesionales aplicados? LA
PSICOLOGÍA COMO CIENCIA La psicología tiene mucho en común con otras disciplinas científicas.
La investigación en psicología puede incluir tanto a participantes humanos como no humanos. Esto
nos hace cuestionarnos la generalización de los modelos de las especies y su ubicación en una
jerarquía ética. Para simplificar, ¿deberían ser distintas nuestras preocupaciones éticas en la
investigación con humanos respecto a aquellas relativas a la investigación con lombrices o ratas?
Si es así, ¿en que nos basamos para justificar esto, acaso existe una escala desde animales
inferiores a superiores (incluidos los humanos)? Si este es el caso, ¿dónde se ubica a cada especie,
y qué es apropiado e inapropiado para cada una? Esta cuestión ha dado lugar a posiciones
discrepantes que resaltan dos aspectos. Primero, la ética y por lo tanto la determinación de la
conducta adecuada por parte de los psicólogos investigadores está basada en los valores.
Segundo, los propios valores están supeditados y determinados por factores como la religión, las
creencias y las expectativas de influencia cultural. Siendo esto así, es necesario emprender las
investigaciones dentro de un marco que tenga aceptación en la sociedad de acogida. Esta
aceptación podría cambiar con el tiempo y ser diferente entre culturas. Como disciplina, la
psicología no puede verse como “libre de valores” (Lindsay, 1995). Mientras algunas
investigaciones podrían plantear relativamente pocas y menores cuestiones éticas, otras podrían
referirse a cuestiones éticas importantes y polémicas. Un ejemplo de lo primero podría ser la
realización de tests de lectura con estudiantes de 11 años, mientras ejemplos de lo segundo
podrían ser la investigación de creencias religiosas, sobre el comportamiento sexual o los patrones
de votación en las elecciones: todos estos son asuntos esencialmente personales y privados. Con
respecto a la investigación, la preocupación por las cuestiones éticas del tema, la organización del
procedimiento de la investigación, la publicación y divulgación de los resultados y los efectos de
interacción. El tema La psicología entendida como el estudio del comportamiento y la mente
abarca un campo inmenso. Por consiguiente, el contexto de cada investigación en particular
planteará cuestiones éticas diferentes. No es fácil categorizar qué temas tienen más
probabilidades de plantearnos más o menos problemas éticos y, además, este juicio puede
cambiar con el tiempo. Por ejemplo, se han llevado a cabo estudios que han examinado los
procesos cognitivos básicos, cómo estos se relacionan entre ellos y cómo se aplican en entornos
naturales. Mientras los estudios de laboratorio sobre el razonamiento podrían plantear pocas
preocupaciones éticas, los resultados de estudios colectivos nos podrían plantear desafíos éticos
muy serios. Esto se ejemplifica por los hallazgos que indican que existen diferencias entre grupos
raciales o étnicos en las medias obtenidas en habilidades cognitivas. Preocupan cuestiones como
el rigor y la validez científica de los estudios y la utilidad de los hallazgos (Phinney, 1996). En este
ejemplo, el concepto de raza es visto ahora como polémico, afectando a la validez científica de los
resultados. Esto a su vez plantea cuestiones éticas relativas a la divulgación de los resultados de
dichos estudios. Pero todavía existe una preocupación ética más: ¿deberían estas investigaciones
llevarse a cabo? El trabajo de Jensen y Eysenck, por ejemplo, fue criticado no tanto por lo
puramente científico sino por las implicaciones que se podrían extraer y el consiguiente impacto,
en este caso, en las relaciones entre los diferentes grupos (ej., Eysenck, 1971). Esto nos plantea un
tema delicado ¿se deberían evitar ciertos temas de investigación no por causas científicas sino
porque son socialmente sensibles? La realización de la investigación Los métodos de investigación
en psicología abarcan un campo muy amplio. En un extremo del continuo encontramos
procedimientos quirúrgicos invasivos, ej., la implantación de electrodos en los cerebros de
animales para examinar la relación entre comportamiento, pensamiento o percepción con la
actividad cerebral. La técnica en este caso es invasiva y se emprende para el propósito del
experimento. Esto se podría comparar con la investigación de la actividad cerebral en pacientes
sometidos a cirugía con finalidades terapéuticas. En el otro extremo del continuo se pueden
encontrar las técnicas experimentales interpersonales. Una de estas técnicas poco invasivas es la
cumplimentación de cuestionarios, especialmente en grandes grupos. Compárese esto con un
estudio con entrevistas individuales en las que el investigador hace preguntas indagadoras y
difíciles sobre el comportamiento y las opiniones del participante. Estos ejemplos implican por lo
menos dos dimensiones: física-interpersonal e intrusión baja-alta (Lindsay, 2000). Por lo tanto, la
intrusión se puede conceptualizar bien como física, ej., cirugía, o por un interrogatorio. Cada una
de éstas tiene implicaciones respecto al bienestar de los participantes, que también pueden
considerarse con respecto a la salud física y psicológica. Es decir, no sólo plantea potenciales
cuestiones éticas la intrusión física, sino que también lo hace el interrogatorio. Un ejemplo, que
también nos sugiere cómo van cambiando las actitudes acerca de lo que es permisible en la
experimentación, se refiere al experimento realizado por Landis en 1924 en Estados Unidos
(descrito en Crafts et al, 1938). Veinticinco “sujetos” en su mayoría adultos pero que incluía a un
niño de 13 años, y a un paciente hospitalizado con tensión arterial alta, fueron expuestos a varias
condiciones experimentales para provocarles respuestas emocionales, siendo el propósito la
evaluación de la expresión facial de las emociones. Las 17 situaciones incluían escuchar música de
jazz, lecturas de la Biblia – probablemente consideradas como bastante benignas dependiendo de
las opiniones que tenían sobre el jazz o la Biblia en un país predominantemente cristiano. Sin
embargo, otras condiciones incluían el engaño, ej., oler amoniaco en lugar de “sirope de limón”
como les había sido indicado por el experimentador. Otras tareas consistían en pedir a la persona
que le cortara la cabeza a una rata; y solicitarle que metiera la mano en un cubo cubierto, sin mirar
ni palpar dentro de él. El cubo contenía varias pulgadas de agua y ranas vivas, y se le asestaba una
fuerte descarga eléctrica. Una tercera dimensión aquí implícita es la vulnerabilidad del
participante con respecto a su status evolutivo, tanto de la edad como de la habilidad intelectual,
su salud psicológica y física y su capacidad de resistencia – en el caso del niño y del paciente
hospitalizado. La consideración ética de la realización de la investigación, por tanto, requiere
prestar atención a varias dimensiones que conciernen a los participantes, y por supuesto, a los
experimentadores. Además, existen preocupaciones éticas relacionadas con la realización de la
investigación, incluyendo el consentimiento, la verificación del participante, y la validez y fiabilidad
de las medidas. Aunque éstas a menudo se conciben como cuestiones técnicas, tienen una
dimensión ética: datos inválidos plantean posibles problemas para la competencia e integridad de
los resultados de la investigación y la reputación del experimentador. Publicación y divulgación La
divulgación de los resultados de una investigación adopta diversas formas; ej., informes a los
patrocinadores, artículos en revistas científicas destinados a otros investiga dores o profesionales,
y presentaciones en los medios de comunicación. Existen consideraciones éticas aplicables todas
ellas, pero también hay grandes variaciones. En cada caso existe el requerimiento de integridad,
que se caracteriza aquí por una presentación precisa, veraz y comprensible. En lo más básico, los
datos no deberán ser inventados o ignorados si interfieren con los resultados deseados por el
investigador. Un ejemplo de cómo esto ha sido cuestionado tiene relación con Sir Cyril Burt, un
eminente psicólogo británico que fue el primer psicólogo educativo del país. Tras su muerte, se
alegó que su influyente trabajo sobre el CI, utilizando datos de gemelos, era sospechoso; se sugirió
que había falseado los resultados y que, incluso, al menos uno de los colaboradores en la
investigación, había sido inventado, todo ello, con objeto de reforzar su visión sobre el carácter
hereditario de la inteligencia (Kamin, 1974). Para una discusión más detallada de esta caso
celebre, ver Mackintosh (1995). Mientras el invento descarado de resultados es inequívocamente
poco ético, otros ejemplos pueden resultar menos obvios. Los psicólogos pueden informar
legítimamente de los resultados de un estudio que presta apoyo a sus teorías; sin embargo, no
considerar los hallazgos opuestos, o no llevar a cabo estudios que pudieran cuestionar sus
resultados, tampoco sería ético. Consecuentemente, cuando se informe sobre un estudio, si no se
contextualizan los hallazgos en relación con los de otros estudios, representaría una falta de
integridad. La naturaleza del medio representa una cuestión ética más. Se requieren diferentes
expectativas en base a si el destinatario es un investigador o un miembro del público. Estas se
refieren tanto al medio de publicación como al estilo de presentación. Mientras los artículos de
revistas científicas están generalmente escritos con sumo cuidado y en una prosa muy meditada,
un programa de televisión o un periódico sensacionalista podrían acentuar o posiblemente
distorsionar el significado. La responsabilidad en última instancia siempre será del investigador,
incluso cuando el causante de la (mala) presentación sea otra persona o agencia. Esto se aplica no
sólo a la presentación deliberadamente cuestionable sino también a garantizar la evitación de
malentendidos por parte de la audiencia. Por tanto, las consideraciones éticas implican no sólo la
honestidad sino también claridad. Las cuestiones planteadas aquí se aplican también a la otra
forma principal de divulgación: la enseñanza. Está la dimensión de la audiencia, por ejemplo desde
un seminario experto para posgraduados hasta una presentación invitada ante un grupo de la
comunidad. En cada caso existe un requerimiento ético para tratar de comunicarse de manera
efectiva no sólo por razones de buena ciencia sino también sobre la base ética de evitar que se
adquiera desinformación. Interacción Finalmente, es necesario considerar la interacción de estos
tres elementos y de éstos con los valores personales de los psicólogos. Por ejemplo, se podría
argumentar que algunas investigaciones no son éticas en sí mismas, pero que sus efectos son
beneficiosos – el argumento de que “el fin justifica los medios”. Un ejemplo de esto es el trabajo
de Milgram sobre la conformidad (ej., Milgram, 1963). En un clásico experimento les pidió a los
participantes que le dieran una descarga eléctrica a un “sujeto” situado fuera de su campo de
visión cada vez que respondiera incorrectamente a las preguntas. La intensidad de las descargas
eléctricas iba en aumento. La vacilación o reticencia por parte del participante hacía que un
supervisor vestido con bata blanca les insistiera para que continuara. A pesar de los aparentes
signos de malestar, se encontró que los participantes sí aplicaron las descargas cada vez más
severas, un hallazgo que se interpretó como la conformidad en la situación y en la presencia de
una figura de autoridad dando órdenes. Es difícil imaginar que se permita realizar un experimento
así en la actualidad, si bien se podría argumentar que este experimento tuvo una contribución
significativa a en la comprensión de un importante fenómeno de psicología social. Un ejemplo
similar es el famoso Experimento de la Prisión de Standford llevado a cabo por Zimbardo y ahora
descrito con detalle por primera vez en su libro The Lucifer Effect (Zimbardo, 2007). Una cuestión
diferente concierne a los sesgos potenciales que podrían tener un impacto en cualquiera de los
tres elementos mencionados anteriormente, y por consiguiente dar lugar a la predisposición
acumulativa al sesgo de la disciplina. Por ejemplo, se ha argumentado que a la psicología le falta
diversidad socio-política y que la mayor parte de los psicólogos son políticamente liberales,
estando los conservadores infra-representados en la disciplina y la profesión. Los temas de
investigación que se eligen, se argumenta, son aquellos que concuerdan con los valores de los
psicólogos: estos podrían interpretarse con un sesgo liberal; los hallazgos podrían ser presentados
dentro del campo de valores de los psicólogos. En tal caso, existe un sesgo potencial desde el
principio hasta el final del proceso de investigación. Puede que no sea intencionado, sino que más
bien se trate de una manifestación sutil de los sistemas de valores individuales de los psicólogos. El
problema se complica si, tal y como se argumenta para la psicología, los miembros de la profesión
tienen un alto nivel de homogeneidad de valores. PSICOLOGÍA COMO PROFESIÓN La necesidad de
las Asociaciones (colegios) de Psicólogos La psicología organizada sólo existe desde hace unos cien
años. Fue a finales del siglo XIX cuando se crearon laboratorios para el estudio de la psicología,
aunque no representaban necesariamente a la psicología como disciplina independiente. Por
ejemplo, en la Universidad del Reino Unido en la que realicé mis estudios de Grado, fue bastante
después de la segunda Guerra mundial cuando se estableció un departamento de psicología. Antes
de eso, había profesores de psicología en el departamento de filosofía. Estos avances se
sucedieron a diferentes ritmos tanto dentro como entre distintos países. De hecho, incluso ahora
para algunos psicólogos es de poco o ningún interés, si ejercen o no dentro de una organización
considerada “psicológica”, ya sea en un departamento universitario, un servicio público, una
industria, un comercio o en la práctica privada. Otros están más preocupados por ser reconocidos
personalmente como psicólogos y ejercer dentro de organizaciones o sub-secciones de psicología.
De más relevancia para la presente discusión es el desarrollo de las organizaciones formales de
psicología. Las más antiguas son la Asociación Americana de Psicología (American Psychological
Association, APA) y la Sociedad Británica de Psicología (the British Psychological Society, BPS)
ambas con más de 100 años. Estas siempre han sido organizaciones de psicólogos. Esto es, el ser
miembro está abierto a todos los que cumplan unos requisitos relacionados con la formación en
psicología, Estas organizaciones han sido fundamentales en el desarrollo de los códigos éticos, ya
que ha sido en su seno donde se han llevado a cabo los debates, y en última instancia donde se
han tomado las decisiones acerca de la naturaleza y esencia de los códigos que se han ido
desarrollando. Además, siendo órganos democráticos, dichas asociaciones o colegios profesionales
necesitan del apoyo de sus miembros para la aprobación de políticas y de procedimientos de
reglamentación, incluyendo los códigos éticos. Por consiguiente, el desarrollo de los códigos éticos
depende de la existencia, fuerza y organización de las asociaciones de psicólogos, así como de las
universidades y de las sociedades profesionales, respecto a los procedimientos para informar y
obtener el apoyo de sus miembros y de las opiniones de éstos respecto a cuestiones éticas. Estos
factores son influenciados por varios elementos, no menos importante en el contexto social
general. Por ejemplo, el desarrollo de asociaciones de psicólogos desde la caída de los antiguos
regímenes comunistas en Europa Oriental ha permitido que asociaciones anteriormente
restringidas pudieran desarrollar su práctica y nuevos códigos éticos. La importancia de las
asociaciones de psicólogos en el desarrollo de códigos éticos es probablemente más evidente en
aquellos países en los que dichas organizaciones se han establecido más tardíamente. Sin
embargo, su papel también puede verse cuando se sigue el desarrollo de códigos éticos dentro de
asociaciones bien establecidas Al hacer esto, es necesario considerar lo siguiente: ¿qué es una
profesión? ¿Y por qué tener un código ético? ¿Qué es una profesión? Pryzwansky y Wendt (1999)

argumentan que una profesión puede caracterizarse por lo siguiente: ✔ La existencia de una

organización formal de profesionales ✔ Una formación sistemática ✔ Un cuerpo de conocimientos

✔ Un código de ética ✔ La regulación de los miembros que proporcionan los servicios No obstante,
estas no son cuestiones sencillas. Por ejemplo, en muchos países los psicólogos han ejercido con
una organización limitada. Asimismo, hasta hace relativamente poco tiempo, los psicólogos no han
tenido un código ético específico. El de la APA, que generalmente se considera como el primero,
no se aprobó hasta1953, bastante más de medio siglo después de que fuera fundada la APA y
cuando un gran número de psicólogos ya llevaban muchos años ejerciendo. En Europa, muchos
países han desarrollado sus códigos éticos siguiendo la iniciativa de la EFPA, organismo que creó
un grupo de trabajo para el desarrollo de un código ético en 1990 (tras la aprobación del Meta-
código en 1995 este Grupo de Trabajo pasó a ser el Comité Permanente de Ética). Incluso ahora,
existen asociaciones de psicólogos que no disponen de procedimientos disciplinarios como
elemento de un sistema de regulación, una limitación que ha sido abordada recientemente por el
Comité Permanente de Ética de la EFPA. La definición de las profesiones es, por tanto, compleja.
Existen factores históricos y culturales que cuestionan los criterios generalmente aceptados. Más

aun, hay otros factores a considerar que incluyen: ✔ La especificidad de los conocimientos y

habilidades ✔ Nivel de habilidad de aplicación ✔ Interés propio y social La psicología por excelencia
es una disciplina que ha contribuido en una gama de profesiones, incluyendo la atención sanitaria,
la enseñanza, el trabajo social y las relaciones personales y humanas y la publicidad, entre otras.
Muchas, pero no todas, tienen su propio código ético. Por ejemplo, hasta hace poco no existía un
código ético para los profesores en Inglaterra y Gales, una limitación que ha sido tratada por el
Consejo General de Enseñanza (General Teaching Council) de nueva creación. El nivel requerido de
habilidad podría distinguir, entre y dentro de las profesiones. Una vez más la complejidad se
incrementa con un conjunto de competencias que se solapan. Por ejemplo, un maestro de escuela
se puede formar en la medición en educación alcanzando un alto nivel, pero no tendrá la amplitud
en la experiencia en evaluación psico-educativa adquirida por un psicólogo educativo o escolar.
Por tanto, la psicología es aplicada por otros así como por los psicólogos – debemos perfilar la
definición de psicólogo para así delimitar quién es competente y quién está sometido a un código
ético para psicólogos. El tercer asunto tiene que ver con la naturaleza del trabajo llevado a cabo y
la sociedad en la que ocurre. Esto es también problemático con las diferencias en los servicios
prestados en la práctica privada y pública y esto varía, además, entre los distintos países. Algunos
argumentan que una orientación principal hacia el interés comunitario y no hacia el interés
individual es una característica del comportamiento profesional, lo cual es difícil de rebatir. El
tradicional compromiso con la sociedad caracterizado por bajos salarios e inadecuadas
condiciones de trabajo ha sido cuestionado por los trabajadores organizados y los cambios en la
perspectiva social sobre lo que es apropiado. Además, quienes ejercen en la práctica privada
tienen esencialmente un grado de interés propio inherente a su actividad: necesitan clientes para
sobrevivir. Sin embargo, otros podrían estar expuestos a presiones más sutiles, incluidos los que
ejercen en organismos públicos o en régimen de voluntariado. Por ejemplo, las críticas a la
educación especial argumentan que los profesionales pueden querer mantener el sistema por
propio interés, ya que de esto dependen sus sustentos. Curiosamente estos críticos no tienden a
aplicarse el mismo alegato a sí mismos, cuyas carreras profesionales podrían estar basadas en la
promulgación de tales críticas. En resumen, la cuestión sobre qué es una profesión es
problemática y polémica. Sin embargo, para los propósitos presentes el principal enfoque será el
desarrollo de un código de ética, y la regulación del comportamiento de los profesionales. ¿POR
QUÉ TENEMOS UN CÓDIGO ÉTICO? Los códigos éticos se caracterizan, de forma explícita o
implícita, por dos elementos: una serie de principios éticos y unas declaraciones sobre la práctica
que normalmente están escritas en forma de normas de obligado cumplimiento. Por lo tanto, los
códigos éticos, son medios para traducir las creencias acerca del comportamiento adecuado en
declaraciones que especifican cómo los profesionales pueden actuar apropiadamente. Estos
principios se derivan de posiciones morales generales incluyendo los valores. Pero, ¿para qué
tener un código ético? Esta cuestión nos podría parecer absurda en este momento, pero en el
desarrollo del primer código de la APA hubo un debate activo en el que el argumento a favor de no
tener un código fue expuesto con fuerza por Hall (1952). No era un argumento en contra de la
conducta ética sino que Hall alegaba que no era necesario tener un código ético oficial. En su
lugar, argumentó, que el comportamiento ético debería ser algo que se asume de los psicólogos y
que, la implementación de un código oficial era un paso retrógrado ya que “Creo que por un lado
da juego a los sinvergüenzas y por el otro hace que aquellos que se saben cubiertos por el código
se sientan pagados de sí mismos y santificados.” (p. 430). Este punto de vista no prevaleció pero su
mensaje es importante. Primero, distingue el comportamiento ético del código ético oficial, pero
implícitamente plantea la cuestión sobre la formación. La postura de Hall se basó en la creencia
sobre la bondad de los psicólogos sensatos pero no dijo nada respecto a cómo éstos desarrollaron
esa forma recta de pensar: “las personas maduras y decentes no necesitan que se les diga cómo
comportarse” (p. 430) , sin embargo, la experiencia nos muestra que esta postura resulta ingenua.
Por ejemplo, cada año tanto la BPS como la APA publican estadísticas en referencia a las denuncias
recibidas por la conducta de algunos de sus miembros. Aunque en términos de porcentaje estas
no presentan índices muy elevados, el número de denuncias no es insignificante. En 2006 la
Sociedad Británica de Psicología (BPS) recibió 109 denuncias, designó 20 grupos para la
investigación de las denuncias, y siete de ellas fueron llevadas al Comité de Conducta; la APA
informó que fueron interpuestas 82 denuncias y se abrieron 29 nuevos casos (véase el informe
anual de la Sociedad Británica de psicología www.bps.org.uk y el número especial del American
Psychologist que se publica cada agosto). Una cuestión más referida al alcance y amplitud de
cualquier código y a su impacto en los miembros de la profesión. Los códigos éticos están
típicamente diseñados para su aplicación a profesionales ejercientes. La práctica psicológica es
inusual en un gran número de psicólogos que no proporcionan servicios al público, a saber,
investigadores y educadores. En profesiones típicas, existe una abrumadora mayoría de miembros
que son ejercientes (ej., médicos, enfermeras). Los códigos éticos están por tanto dirigidos a la
práctica con los clientes. Psicología, sin embargo, tiene una considerable proporción de miembros
que desarrollan la disciplina a través de la investigación y la divulgan a través de la enseñanza. Un
enfoque podría ser el de limitar los códigos éticos sólo a los miembros que ofrecen servicios al
público. Esta no ha sido la dirección tomada por la mayoría de sociedades nacionales en Europa o
la APA. Mientras existen factores prácticos que separan a los miembros en distintos grupos, existe
también una tradición de unir la ciencia y la práctica. Esto se puede ejemplificar por la situación
ocurrida en la APA a finales de los años 40, principios de los 50. En esa época los profesionales en
ejercicio de la psicología se formaban desde la investigación, siendo el doctorado visto como la
máxima cualificación. Esta postura fue debatida y rebatida, y la conferencia de Boulder de 1949
fue un importante acontecimiento donde se consolidó el concepto de que los psicólogos clínicos
debían formarse a partir de la investigación básica y que las aplicaciones clínicas deberían ser
consecuencia y desarrollarse partiendo de ese fundamento. Este enfoque frecuentemente llamado
el modelo del “profesional-científico” se ha seguido en otros ámbitos de la psicología aplicada
(Lindsay, 1998) pero continúa siendo un motivo de controversia (Rice, 1997). Estos debates se
llevaron a cabo al mismo tiempo que los del primer código de ética de la APA y los investigadores,
algunos de los cuales trabajaban con clientes, fueron importantes contribuyentes. Esta política de
inclusión por parte de las asociaciones de psicólogos no se corresponde con la de las instancias
que otorgan licencias para el ejercicio, las cuales, normalmente, no requieren a los investigadores
o profesores de psicología tener licencia para ejercer. Por lo tanto, estos psicólogos quedan fuera
del ámbito de competencias de dichas instancias, y por ello la asociación de psicología deberá
proporcionar los procedimientos necesarios de investigación y disciplinarios, así como orientación
ética. Esta cuestión de la cobertura es importante ya que hay diferentes implicaciones para los
códigos de ética. Cuando se considera la práctica (ej., como psicólogo clínico), el código de ética
debe contemplar el comportamiento del psicólogo con el cliente, una persona. Por otro lado,
investigar requiere la consideración de personas que no son clientes en el mismo sentido (ej.,
participantes de una investigación) si bien también es necesario contemplar otro concepto más
abstracto, a saber, el cuerpo de conocimiento de la ciencia. Esto no es un argumento para una
simple dicotomía, el concepto de cliente, por ejemplo, es complejo (ver Ovreeide y Lindsay, 2008).
Los investigadores pueden tener clientes en forma de organizaciones que les financian, mientras
que los que proporcionan servicios pueden tener clientes múltiples, o distintos órdenes de clientes
tales como un niño dentro de la familia, o trabajadores dentro de una empresa. No obstante,
existe una situación jurídica en muchos países que reconoce la relación particular, y por tanto las
obligaciones, entre un profesional y un cliente identificado. Esto podría considerarse como un
deber especial de cuidar del bienestar de sus clientes o pacientes. Sin embargo, dicho deber de
cuidado también podría ser atribuido al investigador con respecto a los participantes de la
investigación en particular. Por consiguiente, debe esperarse un comportamiento ético de todos lo
psicólogos, y los sistemas para garantizar que eso suceda, deberán abarcar esta amplia gama,
incluyendo a los investigadores y educadores. EL DESARROLLO DEL META-CÓDIGO DE LA EFPA La
Federación Europea de Asociaciones de Psicólogos (EFPA) fue fundada en 1981 como Federación
Europea de Asociaciones de Psicólogos Profesionales (EFPPA), y cambió su nombre en 2001. La
EFPA es una federación y por ende, tiene poder limitado sobre las asociaciones que la forman, una
por cada país miembro. Son las asociaciones nacionales las que ejercen el poder directo sobre los
miembros individuales. La posición de la psicología en Europa es muy variada y esto se
corresponde por la naturaleza de las asociaciones. Mientras algunos organismos son
fundamentalmente científicos y/o profesionales, otros son asociaciones sindicales/sindicatos.
Además, mientras algunos países (ej., Reino Unido) tienen una asociación predominante para
todos los psicólogos, otros (ej., Francia) tienen muchas asociaciones. Consecuentemente, mientras
el reino Unido está representado por la Sociedad Británica de Psicología (British Psychological
Society, BPS), Francia está representada por ANOP, una federación de asociaciones. Estas
realidades políticas son importantes cuando se considera el desarrollo de un código de ética
común. En las fases iníciales de la existencia de la EFPA esto se identificó como un objetivo
elemental. El Grupo de Trabajo sobre Ética fue creado en 1990 con el objetivo de elaborar un
código de ética común para los psicólogos en Europa. Teniendo en cuenta la libertad de
movimiento de los profesionales dentro de la Unión Europea (que abarca mucho pero no toda
Europa) existen beneficios en los procedimientos comunes. Una preocupación era el que un
psicólogo sancionado en, digamos por ejemplo, Portugal, pudiera trasladarse al Reino Unido sin
que esto se conociera. Este no es el caso en Estados Unidos o Canadá donde los Consejos Estatales
de las asociaciones de psicólogos facilitan la comunicación. No obstante, resultó evidente en la
primera reunión del grupo de trabajo en Copenhague 1990, que esta aspiración no era realista. Un
número de asociaciones tenían sus propios códigos, pero no todas. Estos códigos tenían muchas
similitudes (Lindsay, 1992) pero también tenían un número de diferencias significativas
principalmente referentes a detalles más que a principios (véase Figura 1). Desde ese análisis los
códigos éticos de estas asociaciones nacionales se han seguido desarrollando. Sin embargo, cada
código había sido concebido por la asociación en cuestión para satisfacer sus necesidades
específicas, y un código en común podría no asegurar que esto ocurriera. Asimismo, en muchos
casos (ej., BPS) se necesitaba del voto de los miembros para cambiar el código. Se decidió, por
tanto, que un código común era demasiado difícil de conseguir. El modelo alternativo era diseñar
un Meta-código. Más que un código para psicólogos, el Grupo de Trabajo diseñó un Meta-código
para las asociaciones nacionales. En él se establecía todo lo que debería contemplar el código de
cada una de las asociaciones adscritas pero dejaba que fueran ellas las que elaboraran sus códigos
específicos y sus elementos. Este enfoque tuvo éxito y el Meta-código fue aprobado en 1995 por la
Asamblea General de la EFPPA. Es el Meta-código de la EFPA (revisado en 2005) el que establece el
marco para Ethics for European Psychologists (Lindsay et al, 2008) (véase www.efpa.be). El
desarrollo del Meta-código es de interés ya que representa una estrategia inclusiva diseñada
deliberadamente para alcanzar máxima generalización y aceptación. Un análisis previo, que se
mencionó anteriormente, indicaba la existencia de similitudes así como de diferencias entre los
códigos de diferentes asociaciones nacionales de psicólogos. Más aún, era sabido que en esa
época en Europa algunas asociaciones no tenían código o se encontraban en proceso de
elaboración del mismo. Por consiguiente, existían diferencias en las etapas de su desarrollo; en
contenido, en diferentes grados, cuando existían códigos; en el tamaño y status de las diferentes
asociaciones nacionales; y diferencias en el lenguaje, lo que suponía dificultades a nivel conceptual
y lingüístico para la elaboración de un Meta-código. Además, también era importante reconocer
las diferencias entre los distintos países (en el nivel socio-político más que de la asociación de
psicólogos) incluyendo aquellas referidas a la cultura, historia y política así como al idioma. El éxito
del Meta-código se puede atestiguar con dos fuentes de evidencia. Primero, se aprobó por la
Asamblea General de la EFPA. Segundo, las asociaciones que no tenían código o que estaban en
proceso de su elaboración han utilizado el Meta-código como patrón, tal y como se pretendía.
Tercero, la revisión de 2005 se logró exitosamente con escasas enmiendas. El proceso que llevó a
este éxito fue sencillo. Cada una de las asociaciones miembro fueron invitadas a enviar a un
miembro para formar parte del Grupo de Trabajo de Ética. Desde sus inicios, de forma regular
siempre hubo miembros procedentes de al menos 10 países de toda Europa, desde el norte
Nórdico hasta en sur Latino, e incluyendo la Europa del este post-comunista. El Grupo de Trabajo
consideró los diferentes modelos que existían en sus propios países además de aquellos de
asociaciones no europeas, especialmente el código de la APA y el código de la Asociación
Canadiense de Psicología (APC). Esta última era particularmente atractiva por su fuerte orientación
educativa acompañada de manual ampliado con casos (Sinclair & Pettitfor, 1991). El Grupo de
Trabajo se sirvió de una amplia gama de material pero desde el principio estaba comprometido a
no replicar simplemente otro código; sin embargo, las consultas fueron positivas. Se estimó
apropiada la estructura de principios éticos seguidos de normas más específicas, si bien el Grupo
de Trabajo, después de un largo debate, decidió estructurarlo alrededor de cuatro principios en
lugar de, por ejemplo, los cinco que caracterizan la entonces versión actual del código de la APA.
Esa decisión estuvo en parte influenciada por el deseo de no seguir simplemente a la APA y la
determinación de que el código debía ser europeo, pero más importante aún, por el desacuerdo
con la estructura de cinco principios de la APA (su código actual tiene cuatro principios). La precisa
especificación de los principios y de las diferentes normas se llevo a cabo a lo largo de varios años,
con el Grupo de Trabajo reuniéndose dos veces al año. Una de las primeras decisiones del grupo
fue crucial en la simplificación del proceso: el código debería estar escrito en inglés. Con esta
decisión el Grupo de Trabajo se pudo centrar en una sola versión. Sin embargo, esto también
permitió un enfoque relativamente sencillo para hacer frente a las diferencias lingüísticas. En cada
punto, el texto en inglés era analizado por los miembros del Grupo de Trabajo para identificar
posibles problemas con los distintos idiomas nacionales. La política era que cada asociación
tradujera la versión inglesa a su(s) lengua(s) por lo que la ruta directa requerida evitaba la
ambigüedad tras la traducción. A pesar de que este proceso requirió muchos debates fue
productivo. Hubo muy pocas preocupaciones importantes con respecto al texto en inglés. La más
importante fue el debate sobre la palabra inglesa confidentiality. En los países del sur de Europa el
término común sería traducido al equivalente en ingles de secreto profesional y hubo mucha
discusión sobre si estos dos términos tenían un poder equivalente. Por lo demás, el desarrollo del
Meta-código fue un reto pero finalmente un éxito con la propuesta del Grupo de Trabajo
aprobada por Asamblea General de la EFPA en 1995. Posteriormente, el Grupo de Trabajo de
Ética, como se ha indicado anteriormente, pasó a ser la Comisión Permanente de Ética (SCE). La
SCE dedicó los años siguientes a desarrollar otras directrices, incluyendo la evaluación de las
denuncias. Fue entonces cuando se decidió que el décimo aniversario del Meta-código en 2005
era un momento apropiado para que fuese revisado por la Asamblea General de la EFPA. El
fundamento de esta decisión era que las revisiones tienden a ser necesarias con el tiempo.
Ciertamente el código APA ya había sido sometido a una serie de revisiones durante sus 50 años
de existencia, algunas bastante importantes. La SCE inició la revisión como comité pero solicitó
comentarios de las asociaciones nacionales. Se organizaron dos simposios en Praga en 2004 y 2005
a los que asistieron representantes de las asociaciones nacionales así como de la SCE. Una revisión
rigurosa del contenido del Meta-código fue completada con la consideración de cuestiones y
dilemas éticos actuales tales como el uso de internet (para lo cual la SCE también había
proporcionado directrices por separado). Como resultado de este trabajo, el Meta-código revisado
fue aprobado por la Asamblea General de EFPA en 2005. Curiosamente, esta intensa interrogación
de su contenido resultó en muy pocos cambios, sugiriendo que la estructura y contenido original
eran sólidos, adecuados a su propósito y probablemente lo seguirán siendo durante algún tiempo.
Otras orientaciones éticas En el periodo hasta la revisión del 2005 la SCE elaboró otras directrices
éticas además del Meta-código. Por ejemplo, orientaciones sobre cómo una asociación nacional
podría tramitar las denuncias de supuestas conductas poco éticas por parte de un psicólogo (ver
Koene, 2008). Por consiguiente, el Meta-código revisado era capaz de hacer referencia a la
necesidad de procedimientos para solucionar tales denuncias. Hay que tener en cuenta que el
enfoque no era meramente punitivo. Las denuncias necesitan ser evaluadas pero existen varios
enfoques. Uno, la mediación, trata de evitar -cuando sea apropiado- la forma oficial de resolver las
denuncias, reemplazando lo que son procesos esencialmente cuasi- legales o incluso legales por
un enfoque más discreto de resolver desacuerdos (ver Koene, 2008). En algunos casos las
sanciones disciplinarias son necesarias, ya que la supuesta conducta no ética es grave (¿quizá
incluso siempre?), también es importante asegurarse de que el psicólogo mejore su
comportamiento en el futuro independientemente de que se considere apropiado o no
sancionarle por la conducta poco ética pasada. CONCLUSIONES En este manuscrito, he presentado
el Meta-código de ética de la EFPA, contextualizado dentro de una discusión sobre la naturaleza de
la psicología y el alcance de la práctica psicológica. El Meta-código fue diseñado para su aplicación
en las asociaciones de psicólogos y está escrito como tal (véase Lindsay et al. (2008), Anexo 1). Sin
embargo, mi experiencia de muchos años ha sido que muchos psicólogos lo han encontrado útil
también como guía en su propia práctica. En los trabajos de mis co-autores del libro Ética para
psicólogos europeos (Ethics for European Psychologists) se ofrecen ideas de cómo el Meta-código
puede ser utilizado de esa manera. El Meta-código también incluye asuntos que son transversales
a contenidos específicos. Estos incluyen la definición de cliente y la naturaleza de la relación entre
psicólogo y cliente u otros. Es fundamental en el Metacódigo la explicación de los cuatro principios
que conforman su marco: Respeto, Competencia, Responsabilidad e Integridad. Nótese que el
marco se compone de principios en lugar de ámbitos de intervención tales como evaluación,
terapia o investigación. La distinción entre diferentes códigos es importante y el Meta-código está
intencionadamente impulsado por principios. El fundamento para esto es que los principios
pueden aplicarse a través de un número de áreas prácticas, pero son estos principios los que
fundamentalmente deben orientar nuestro trabajo. La conceptualización del Meta-código procede
de esto. Cada uno se explora con respecto al principio mismo y las especificaciones que
proporcionan ejemplos de los elementos de la práctica a la que cada principio se aplica. Un peligro
de tener un código radica en que el psicólogo lo utilice simplemente como un libro de cocina y
espere encontrar “una respuesta” a cada cuestión sólo con buscar la “receta” adecuada. Este no es
mi punto de vista, y no fue el fundamento del Meta-código, sino que éste proporciona un marco,
un estímulo para la reflexión. Se necesita algo más que simplemente seguir ciegamente una serie
de orientaciones como si estuvieran grabadas en piedra. Finalmente, como psicólogos, aliento a
todos a que reflexionen sobre una práctica ética, utilizando los códigos y documentos como el
presente que sirvan de orientación, pero ciertamente, no para proporcionar incuestionables
“reglas”. Con esto en mente merece la pena mirar hacia el futuro. La experiencia nos ha enseñado
que los códigos éticos se cambian – la APA ha elaborado una serie de revisiones de su código
durante los últimos 50 años o más. Normalmente no son enmiendas realizadas al azar o casuales,
aunque a veces sean bastante limitadas, sino que son el reflejo de los desarrollos en el
pensamiento, y están influenciadas por nuevos factores en nuestro entorno. En la actualidad,
incluyen la prestación de servicios psicológicos a distancia, incluyendo la evaluación y terapia, y
también la creciente influencia de la noción de “seguridad nacional”. A pesar de haberse originado
como un desarrollo aparentemente benigno, se evidencian aspectos cada vez más problemáticos y
éticamente desafiantes. Probablemente los más conocidos sean los asuntos que surgen a los
psicólogos en el ejército y la naturaleza de su implicación en establecimientos tales como la bahía
de Guantanamo y centros de detención de dudosa legalidad en el derecho la internacional
(Lindsay, 2008). El Meta-código ha sido muy útil para los psicólogos europeos hasta el momento,
pero ¿tendremos la necesidad de contemplar nuevos retos éticos en el futuro? Por ejemplo,
¿Internet planteará retos especiales? ¿llevarán la llamada “guerra contra el terror” y el enfoque en
la “seguridad nacional” a tener diferentes expectativas con respecto a la práctica ética en los
países europeos? Finalizo afirmando que la base de la práctica ética está firmemente enraizada en
los cuatro principios éticos del Meta-código de la EFPA que se han descrito aquí brevemente, pero
en un mundo cambiante todos debemos seguir reflexionando y aprender de los retos planteados
por la evolución, ya sea dentro de la psicología como ciencia, de la psicología aplicada o de la
sociedad en su conjunto.

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