Llamados a servir
1Ts 1:9
Por Juan Ramón Chávez
Introducción
Una noche mientras Jesús y sus discípulos cenaban, Jesús se levantó de la mesa
y se dirigió a la pared donde estaba una toalla colgada y luego puso agua en una
palangana. Nadie sabía lo que Jesús iba hacer con ello, hasta que se pudo de
rodillas y tomo los pies de uno de sus discípulos y los comenzó a lavar. Jesús
estaba tocando los pies callosos de sus discípulos para quitarles la mugre. No lo
merecían, pero Jesús quería hacerlo. El rey estaba tomando el papel de siervo.
Todos estaban sorprendidos pero nadie decía nada y tampoco nadie hacía nada.
El único que se opuso fue Pedro, pero fue obligado por el Señor a dejarse, porque
todos tenían que aprender la lección. La lección era simple, debían hacer lo
mismo. “Pues si yo, el Señor y el Maestro, he lavado vuestros pies, vosotros
también debéis lavaros los pies los unos a los otros” (Juan 13:14). Debían también
tomar el papel de siervos. Porque había sido llamados a servir.
Jesús nunca nos pedirá algo que no haya hecho primero.
I). Las áreas de nuestro servicio.
A. Podemos servir en predicación del evangelio.
Pablo es un ejemplo de ello: “Porque testigo me es Dios, a quien sirvo en mi
espíritu en el evangelio de su Hijo…” (Romanos 1:9). Pablo sirvió a Dios en la
predicación del evangelio y dado que a nosotros se ha instruido también a
predicar (Romanos 10:14-15) ésta es una área en la que podemos servir. la
palabra “evangelio” significa “Buena nueva”. Se necesita que comuniquemos la
buena nueva a la gente. Que Dios a través de Cristo, tiene algo nuevo para
ellos. Que en Cristo “todas las cosas son hechas nuevas” (2 Corintios 2:17).
Algo nuevo que es bueno y que es para su beneficio. Este predicar es para
alguien que no lo conoce, porque el evangelio es para salvación (Romanos
1:16). Se trata de comunicar que Dios ama al hombre pecador, que le ha
provisto la salvación y que esa salvación se encuentra en Cristo. Este es un
servicio noble. Porque estamos brindando esperanza y bienestar para el
individuo como para aquellos que le rodean.
B. Podemos servir en ayudar a los necesitados.
Jesús enseño que en aquel día a algunos se les daría la bienvenida al reino
preparado desde antes de la fundación del mundo y la razón es: “Porque tuve
hambre, y me disteis de comer; tuve sed, y me disteis de beber; fui forastero,
y me recogisteis; 36 estuve desnudo, y me cubristeis; enfermo, y me
visitasteis; en la cárcel, y vinisteis a mí”. Y también dice que algunos no
entraran en el reino porque algunos no lo ayudaron. “Entonces también ellos le
responderán diciendo: Señor, ¿cuándo te vimos hambriento, sediento,
forastero, desnudo, enfermo, o en la cárcel, y no te servimos? 45 Entonces les
responderá diciendo: De cierto os digo que en cuanto no lo hicisteis a uno de
estos más pequeños, tampoco a mí lo hicisteis” (Mateo 25:31-46).
Jesús está enseñando que, al ayudar a uno de sus más pequeños hermanos
es ayudarlo a él. Estas expresiones de amor no requieren riqueza, habilidad ni
inteligencia. Lo que si requiere amor, empatía y misericordia. Todos podemos
hacerlo. Todos podemos ayudar. Por ejemplo:
1. Proveyendo alimentos. “Porque tuve hambre, y me disteis de comer; tuve
sed, y me disteis de beber”
2. Proveyendo un techo. “fui forastero, y me recogisteis”
3. Proveyendo Ropa. “estuve desnudo, y me cubristeis”
4. Proveyendo medicinas. “enfermo, y me visitasteis”
5. Proveyendo visitación. “en la cárcel, y vinisteis a mí” (Hebreos 10:34)
Jesús toma muy en serio los actos de misericordia a los necesitados. Porque al
hacerlo a ellos, Jesús lo toma como un servicio a su persona. Jesús no quiere
que nos sintamos satisfechos con no hacer mal a nadie, quiere que nos
preguntemos: ¿Estoy haciendo algo por alguien? Por eso Pablo dice: “Así que,
según tengamos oportunidad, hagamos bien a todos, y mayormente a los de la
familia de la fe” (Gálatas 6:10).
C. Podemos servir en las tareas congregacionales.
En la iglesia primitiva el crecimiento congregacional presento desafíos. Los
apóstoles no se daban abasto para repartir ayuda las viudas de los griegos y a
la vez predicar la palabra. “Entonces los doce convocaron a la multitud de los
discípulos, y dijeron: No es justo que nosotros dejemos la palabra de Dios,
para servir a las mesas. 3 Buscad, pues, hermanos, de entre vosotros a siete
varones de buen testimonio, llenos del Espíritu Santo y de sabiduría, a quienes
encarguemos de este trabajo”. (Hechos 6:2). Y la iglesia eligió a 7 hermanos
para servir a las mesas tanto en la distribución de los alimentos, como en la
administración de los recursos. Es probable que estos hermanos también
tuvieran que servir en los ágapes (Fiestas de amor Judas 12). Porque el
trabajo en la iglesia alguien lo tiene que hacer.
Esta historia nos enseña que entre más crezca una congregación se necesitará
del servicio de hermanos fieles. En toda congregación hay oportunidad para
servir. Por ejemplo: enseñando en clases Bíblicas, cocinando en las
necesidades, en el transporte de la iglesia, participando en la limpieza,
cuidando el jardín, etc. Ningún hermano debe pensar que no puede servir,
porque todos podemos hacerlo de acuerdo a nuestras capacidades. Nadie está
demás en la congregación, todos podemos contribuir haciendo algo. No se
puede ser parte de una congregación local y no prestar algún servicio. Todos
debemos ser acomedidos para servir. El dicho dice: “El que no vive para servir,
no sirve para vivir”.
II). Las exigencias de nuestro servicio.
A. Dios desea ser servido con exclusivo.
Si hemos de servir a Dios, Dios demanda un servicio exclusivo. Es por eso que
Josué le dijo al Pueblo que se decidiera a quien servir. Si a los dioses de las
naciones paganas o a servir a Jehová Dios (Josué 24:15). Pero él había
decidido servir a Jehová. Por eso Jesús dijo: “Ningún siervo puede servir a dos
señores; porque o aborrecerá al uno y amará al otro, o estimará al uno y
menospreciará al otro. No podéis servir a Dios y a las riquezas” (Lucas 16:13).
Entonces ni el dinero, ni el trabajo, ni la diversión, ni los amigos, ni los ídolos, ni
mis deseos, ni nada debe ocupar el lugar de Dios. Nadie puede estar bajo dos
órdenes. Porque es cuestión de lealtad. En el contexto en que fueron escritas
palabras un esclavo no podía tener dos amos. No era como hoy que un
trabajador puede tener varios trabajos y estar al servicio de varias empresas al
mismo tiempo. Pero esto no era posible para un esclavo. Porque pertenecía a
un solo amo. Lo mismo sucede en el ámbito espiritual. Solo tenemos un solo
amo.
Hay muchos procuran servir a Dios y seguir conservando sus “santitos”. Pero
Dios dice: “No tendrás dioses ajenos delante de mí” (Éxodo 20:3). Otros
procuran conservar su afición al mundo. Pero la Biblia dice: “Cualquiera, pues,
que quiera ser amigo del mundo, se constituye enemigo de Dios” (Santiago
4.4). Otros procuran seguir conservando sus prácticas supersticiosas. Pero los
efesios nos dan un gran ejemplo. Cuando se convirtieron trajeron todos su
libros de magia los quemaron delante de todos (Hechos 19:19). Así que, no
hay manera de hacer las dos cosas a la misma vez. “Satanás acepta con todo
gusto una parte de nuestro servicio, porque sabe que si le damos una parte de
nuestro servicio, Dios nos rechazará. Por lo tanto, el servicio parcial para
Satanás es servicio total para él” (Notas sobre el Evangelio de Mateo por Wayne Partain).
B. Dios desea ser servido con diligencia.
Pablo escribió “En lo que requiere diligencia, no perezosos; fervientes en
espíritu, sirviendo al Señor” (Romanos 12:11). Pablo nos dice aquí dos
maneras más como requiere Dios su servicio. Y la primera es con “diligencia”.
Que es, “Rapidez o cuidado al hacer una cosa” (Diccionario Manual de la Lengua Española Vox). Las
cosas de Dios se deben hacer con prontitud, pero también con cuidado. No se
deben hacer las cosas atrabancadas. La “diligencia” o rapidez, es lo opuesto a
la pereza. Servir con rapidez indica intencionalidad. Salir de nuestra zona de
comodidad y hacer lo que Dios nos pide. Hay cosas que requieren nuestra
pronta atención y no debemos desatenderlas. Dios no quiere perezoso
espirituales. Porque el perezoso no hace nada. No comienza nada ni acaba
nada. En la guerra el soldado que no cumple con su deber es acusado de
traición. En una empresa si un empleado es perezoso lo despiden. Porque un
perezoso no le cae bien a nadie. Pero un cristiano diligente nunca está ocioso;
siempre está buscando qué hacer. Y pregunta: “¿Qué hago?”, “¿En qué puedo
ayudar?”. El muro de Jerusalén estuvo destruido muchos años. Pero vino
Nehemías y unos cuantos con él y poniendo toda diligencia lo terminaron en 52
días (Nehemías 6:15). ¿Estamos siendo nosotros diligentes en edificar el
cuerpo de Cristo?
C. Dios desea ser servido con fervor.
La segunda manera como Dios desea ser servido es con “Fervor”.
“…fervientes en espíritu, sirviendo al Señor” (Romanos 12:11). La palabra
“fervientes” también puede ser traducida “Estar caliente” o “hirviente”. Presenta
la imagen de una hoya que está en la lumbre y está hirviendo su contenido. Así
que, al decir que debemos ser “fervientes en espíritu” significa que debemos
servir con entusiasmo. Que nuestro espíritu este burbujeando de entusiasmo al
servir al Señor. Porque algunos pueden ser “diligentes”, pero lo hacen de mala
gana. Pero aquí se trata de ponerle pasión a lo que haces por Dios. Ser
“fervientes” es lo contrario a ser frio, indiferente, o apático. La única clase de
cristianos que complace a Dios son los fervientes. No los fríos o los tibios
(Apocalipsis 3:15-16). Sin embargo, admite que los fríos tienen más esperanza
que los tibios. Porque tienen más probabilidad de cambiar que los que andan
sirviendo a los dos bandos. No solo es importante el servicio, sino también la
actitud en el servicio. Y el entusiasmo es contagioso.
D. Dios desea ser servido conforme su voluntad.
Pablo dejó esto bien establecido cuando escribió: “Pero ahora estamos libres
de la ley, por haber muerto para aquella en que estábamos sujetos, de modo
que sirvamos bajo el régimen nuevo del Espíritu y no bajo el régimen viejo de
la letra” (Romanos 7:6). Entonces se trata de servir a Dios bajo el “régimen” es
decir, bajo el sistema, o administración o gobierno “nuevo del Espíritu” Santo. Y
este “régimen nuevo del Espíritu” Santo es el nuevo pacto. En otras palabras
debemos servir a Dios ahora bajo las leyes reveladas del Nuevo Pacto
(Hebreos 8:6). No servir bajo el régimen viejo de la letra, tampoco servir como
las otras naciones lo hacen, tampoco servir a nuestra manera, a nuestro gusto.
Siempre que la gente quiere servir a Dios a su manera comete grandes
errores. Tal fue el proceder de los judíos en el tiempo de Cristo que dejaban
“de honrar a su padre o a su madre. Así habéis invalidado el mandamiento de
Dios por vuestra tradición” (Mateo 15:6). Jesús mismo anuncio que llegaría “la
hora cuando cualquiera que os mate, pensará que rinde servicio a Dios” (Juan
16:2).
Jesús es nuestro máximo ejemplo de servir a Dios conforme a su voluntad y no
la nuestra. En el Getsemaní estaban dos voluntades en juego, la de Jesús y la
de Dios; pero Jesús renuncio a la suya para acatar la de Dios. Lo que Dios
quisiera en el cielo, Jesús lo querría en la tierra. Por tanto, dijo: “Padre, si
quieres, pasa de mí esta copa; pero no se haga mi voluntad, sino la tuya”
(Lucas 22:42). Si realmente queremos complacer a Dios, sirvamos como él
quiere, porque él quiere y a la hora que él quiere.
III). Las motivaciones para nuestro servicio.
Hablar de motivaciones es hablar de los motivos, causas, que nos impulsan a
llevar a cabo el servicio.
A. Servir por amor.
Pablo dijo: “Porque vosotros, hermanos, a libertad fuisteis llamados; solamente
que no uséis la libertad como ocasión para la carne, sino servíos por amor los
unos a los otros” (Gálatas 5:13). El amor es un poderoso motivador para servir.
Quien sirve por amor lo hace voluntad propia y con gusto. Quien sirve por amor
no lo hace por interés. Quien sirve por amor no lo ve un sacrificio, sino un
privilegio. Pablo declara en 1 Corintios 13:1-3 que si no le ponemos amor a lo
que hacemos, todo carecerá de sentido. Con razón Agustín de Hipona (354-
430 D.C) dijo: “Ama y haz lo que quieras, porque de esta buena raíz del amor
es imposible que brote ningún fruto malo” (Com. Bíblico de Matthew Henry). Solo cuando se
sirve por amor podemos encontrar verdadera satisfacción. Muchos sirven por
obligación, otros por reconocimiento, otro interés, pero el Espíritu Santo quiere
que seamos siervos a nivel del corazón antes de ir a la acción. Por eso dice
que el servicio tiene que ser motivado por amor. Solo así estaremos
manifestando la presencia del Espíritu Santo en nuestras vidas (Gálatas 5:22).
B. Servir por gratitud.
El escritor a los Hebreos dijo: “Así que, recibiendo nosotros un reino
inconmovible, tengamos gratitud, y mediante ella sirvamos a Dios agradándole
con temor y reverencia” (Hebreos 12:28). El escritor espera que por la
bendición recibida mostremos gratitud sirviendo a Dios. Servir a Dios por
agradecimiento es estar consiente de todo lo que Dios ha hecho por nosotros
en el pasado, por lo que está haciendo por nosotros en el presenta y por lo que
prometido hacer por nosotros en el futuro. La medida de gratitud que tengamos
será el nivel de servicio que le demos. La persona que no está agradecida con
Dios no va a prestar ningún servicio. Pero la que si esta agradecida por lo que
ha hecho en su vida, le servirá de la misma manera que lo hizo la suegra de
Pedro después que fue sanada (Mateo 8:14-16).
A veces hay quien quiere servir pero en lo que ellos quieran y no en lo que se
necesita. El cristiano que está agradecido sirve donde que quiera que se
necesite o donde quiera que lo pongan. Está dispuesto a hacer cualquier cosa
y en cualquier momento. “No es lo mismo servir que ser un siervo. El siervo
sirve dondequiera que esté, porque es su forma de ser y no algo que él hace”
(Una iglesia conforme al corazón de Dios por Miguel Núñez).
C. Servir por esperanza.
A veces los siervos o siervas de Dios después de un tiempo de servicio fiel,
llegan a pensar que no son valorados, que los demás no ven lo que ellos
hacen (Y muchas veces esto es cierto) y se sienten desilusionados o
frustrados. Y a veces sin ánimo para seguir sirviendo. Pero el Escritor a los
hebreos escribió algo que nos debe dar mucha esperanza en nuestro servicio:
“Porque Dios no es injusto para olvidar vuestra obra y el trabajo de amor que
habéis mostrado hacia su nombre, habiendo servido a los santos y sirviéndoles
aún” (Hebreos 6:10). Dios nunca pasará por alto la dedicación que hemos
mostrado. Un siervo de Dios no debe esperar que le reconozcan lo que hace.
Porque Dios lo hará. Dios no es injusto como nosotros que a veces se nos
olvida quien nos sirvió. Dios no se olvidará y es una promesa. Esto debe
motivarnos a seguir en la marcha sirviendo al Señor.
Conclusión
Hemos hablado de que fuimos llamados servir. Y hemos hablado de las áreas
en las que podemos servir, las exigencias de nuestro servicio y las
motivaciones que no ayudaran a servir. ¿Qué clase de servicio está
brindándole a Dios? ¿Estamos haciendo que Dios se sienta orgullo de nosotros
o le estamos causando vergüenzas? Si usted quiere escuchar estas palabras,
“Bien, buen siervo y fiel; sobre poco has sido fiel, sobre mucho te pondré; entra
en el gozo de tu señor” (Mateo 25:23) necesitamos mejorar nuestro servicio a
Dios. Y usted no ha comenzado a servir a Dios, hay algo que usted debe
hacer, convertirse a Dios. Pablo lo enseño: “porque ellos mismos cuentan de
nosotros la manera en que nos recibisteis, y cómo os convertisteis de los
ídolos a Dios, para servir al Dios vivo y verdadero” (1 Tesalonicenses 1:9). Así
que, si usted no es cristiano, conviértase y comience a servir a Dios.
Juan Ramón Chávez
monche91@[Link]
[Link]