Se conoce como conquista del Imperio incaico, conquista del Perú 789 o periodo
transicional al proceso histórico desarrollado en el siglo xvi que comienza en
Panamá con los viajes de los conquistadores, sigue con la caída y desaparición del
Imperio incaico, la creación de las gobernaciones provisionales de Nueva Castilla y
Nueva Toledo, el establecimiento del Virreinato del Perú como parte del Imperio
español, y termina con la derrota de la resistencia de Vilcabamba el 24 de junio de
1572.
Fue precedida por exploraciones iniciales llevadas a cabo por Pascual de Andagoya
desde Panamá que recorrió la costa norte, obtuvo noticias del mítico "Birú" pero
terminó abandonando. Dio comienzo entonces la conquista del imperio Inca con la
empresa formada por Francisco Pizarro, Diego de Almagro y Hernando de Luque.
Se arma una hueste de una centena de hombres y se financian dos carabelas, la
llamada «Armada del Levante». Pizarro zarpa de Panamá rumbo al mítico "Birú" el
14 de noviembre de 1524 a bordo de la carabela "Santiago" y meses más tarde, en
julio de 1525, es seguido por Almagro en la carabela "San Cristobal". Estas huestes
consiguen tomar contacto con el imperio Inca a poco de haber finalizado la guerra
civil, por el trono incaico, entre los dos hermanos Huáscar y Atahualpa (hijos del
inca Huayna Cápac), con las acciones del 16 de noviembre de 1532 cuando el
vencedor de la guerra y nuevo inca, Atahualpa, se reunió en Cajamarca con los
conquistadores españoles encabezados por Francisco Pizarro. En dicho encuentro,
16 de noviembre de 1532, Atahualpa, su comitiva y su ejército fueron emboscados
y este tomado preso por los españoles y meses después ejecutado, el 26 de julio
de 1533. Posteriormente los españoles, forjaron una alianza con las panacas o
linaje inca de Huáscar, además de cañaris, chachapoyas, huancas y otras etnias
anteriormente sometidas por los incas, que marcharon al Cuzco, la capital del
Tahuantinsuyo, donde ingresaron el 15 de noviembre de 1533 y proclamaron como
nuevo inca a Manco Inca, con la intención de convertirlo en un rey títere. Pero
Manco Inca, relegado a vasallo de la corona española, les traicionó y al mando de
un ejército encabezó una guerra para restaurar el incanato que inició el 6 de mayo
de 1536 con el sitio del Cuzco, donde se encontraba la mayor fuerza española
comandada por Hernando Pizarro. Aunque causaron grandes bajas a los
españoles,4 las fuerzas de Manco Inca no lograron tomar el Cuzco por la
permanencia de muchos de sus hermanos (como Paullu Inca) y de varios pueblos
del Tahuantinsuyo apoyando al bando español. Finalmente, Manco Inca tuvo que
disolver a su ejército y retirarse a las agrestes montañas de Vilcabamba, donde
instaló la sede de la monarquía incaica (1538), mientras que el resto del territorio
fue ocupado por los españoles, quienes tras un periodo de guerra civil entre
españoles llevaron adelante el proceso de asentamiento y colonización del Perú. El
reinado de los Incas de Vilcabamba duraría hasta 1572, cuando el virrey Francisco
de Toledo ejecutó al último Inca: Túpac Amaru I. La conquista de Vilcabamba
prolongó la del Tahuantinsuyo pues, en propiedad, cuarenta años más (1532-
1572).
Antecedentes
El primer encuentro entre europeos e incas
Véase también: Invasiones guaraníes
Grabado imaginario del supuesto encuentro entre el inca Huayna Cápac y el
conquistador español Pedro de Candía, según el cronista Guaman Poma de Ayala.
Felipe Guamán Poma de Ayala, cronista mestizo (inicios del siglo xvii), afirma que
el inca Huayna Cápac tuvo un encuentro en el Cuzco con el conquistador Pedro de
Candía (griego al servicio de España), lo cual sería el primer contacto directo de los
europeos con el Imperio inca. Ello debió ocurrir no antes de 1526. Se dice que la
entrevista fue utilizando señas, según la cual el Inca interpretó que Candía comía
oro, por lo que le brindó oro en polvo[cita requerida] y luego le permitió
marcharse. Pedro de Candía se llevó consigo a un indio huancavilca a España y lo
presentó al rey, siendo luego traído de vuelta al Tahuantinsuyo para que hiciera de
intérprete. Este indio sería conocido luego como Felipillo. El informe de Candía,
según Guamán Poma, alentó a numerosos aventureros españoles a marchar hacia
el Nuevo Mundo.10 Sin embargo, se considera que la crónica de Guamán Poma
contiene datos erróneos y que este encuentro entre Candía y Huayna Cápac no es
sino una leyenda.11
Un autor moderno, José Antonio del Busto, refiere que el primer encuentro de los
europeos con el imperio incaico se habría producido en realidad entre 1524 y
1526, cuando el portugués Aleixo Garcia, junto con un grupo de sus compatriotas
atraídos por la leyenda del “Rey blanco” o Reino de la plata, avanzó desde el Brasil
recorriendo los actuales territorios de Paraguay y Bolivia, hasta internarse en suelo
del Tawantinsuyu. Incluso, Aleixo García habría comandando una fuerza de 2000
indios chiriguanas y guarayos, que asaltaron la fortaleza incaica de Cuscotuyo y
aniquilaron su guarnición. Dicha fortaleza marcaba el límite oriental del imperio
incaico, protegiendo la provincia de Charcas (en el Collasuyo) de los avances de las
tribus de los chiriguanas. El cronista Pedro Sarmiento de Gamboa, cuenta,
efectivamente, que durante el reinado de Huayna Cápac los chiriguanas asaltaron
dicha fortaleza, por lo que el inca mandó tropas al mando del general Yasca, que
lograron repeler a los invasores, aunque no menciona la presencia de Aleixo
García. Este emprendió luego el retorno, cargado de un rico botín e incluso
informó a Martim Afonso de Sousa, gobernador de San Vicente de Brasil, hoy
Santos, sobre la existencia de un opulento reino hacia el oeste de su gobernación.
Pero el portugués y sus compañeros acabaron siendo asesinados por sus propios
aliados indios, en la orilla izquierda del río Paraguay, desapareciendo también su
botín y las pruebas de la existencia del imperio incaico.12
Situación del Imperio incaico
Artículo principal: Guerra civil incaica
Mapa del Tahuantinsuyo antes de la conquista española, conformadas con sus
suyos (regiones) y wamanis (provincias).
En 1527, cuando los españoles se hallaban explorando las costas norteñas del
imperio incaico, el inca Huayna Cápac y su heredero Ninan Cuyuchi murieron a
causa de una rara enfermedad,13 que algunos autores atribuyen a la viruela traída
con los europeos, aunque también se ha sugerido que Huayna Cápac fue
envenenado por un curaca chachapoya.14
Tras la anarquía posterior al deceso del Inca, Huáscar asumió el gobierno por
orden de los orejones (nobles) del Cuzco, quienes creían que su experiencia como
vicegobernante era suficiente para asumir el mando. Huáscar, preocupado por el
excesivo poder que tenía su hermano Atahualpa en la región de Quito, donde era
apoyado por los generales Quizquiz, Rumiñahui y Chalcuchímac, ordenó a
Atahualpa que le rindiera vasallaje. Pero este reaccionó organizando un ejército y
declarándole la guerra. El enfrentamiento, que habría de durar tres años, finalizó
con la victoria de Atahualpa y la captura y posterior muerte de Huáscar.1516
Situación de España
Pintura romántica de la llegada de Cristóbal Colón a América (Dióscoro Puebla,
1862).
Mapa del mundo que representa a los imperios español (amarillo) y la inca (rojo) a
inicios del siglo xvi.
En 1479 se produjo la unidad de los reinos más importantes de la península
ibérica: Castilla y Aragón, a través del matrimonio de sus reyes: Isabel I y Fernando
II, más conocidos como los Reyes Católicos. La nobleza dejó de ser señorial y se
hizo cortesana, al servicio del rey. La unidad de España se complementó con la
conquista del reino moro de Granada, en 1492. Ese mismo año ocurrió el
descubrimiento de América, que amplió el horizonte territorial al naciente Estado.
En el plano económico, España entró en un periodo de paulatina decadencia,
debido a los siguientes factores:
La tierra recuperada de los moros pasaron, en su mayor parte, a manos de la
Iglesia, de los señores feudales, órdenes de caballería, etc., que carecieron de
interés por mejorar la producción de abono.
La expulsión de los horticultores moros y moriscos influyó en el atraso técnico y el
abandono del sistema de riego, que contribuyó a la decadencia de la agricultura.
Junto con la agricultura decae también la manufactura, mayormente debido a la
escasez de mano de obra calificada, carencia de capitales y exceso tributario.
En el aspecto social, había profundas diferencias. Existían nobles y plebeyos y
dentro de cada clase social una serie de categorías menores. En cuanto a la
mentalidad, los españoles que pasaron al América, estaban influidos por las ideas
medievales y renacentistas. De credo católico, creían a pie firme que Dios los había
destinado a conquistar y evangelizar a los habitantes de las tierras descubiertas en
ultramar.
Exploración y descubrimiento
Los españoles en Tierra Firme
Divisiones coloniales de Tierra Firme.
Tras los viajes descubridores de Cristóbal Colón, los españoles se fueron asentando
en las islas de las Antillas y se dedicaron a explorar las costas septentrionales de
América Central y América del Sur, territorio al que llamaron Tierra Firme.17
En 1508 la corona española dividió a Tierra Firme en dos circunscripciones, con
miras a su colonización, teniendo como eje el golfo de Urabá:18
Veragua, futura Castilla de Oro, que comprendía el territorio al oeste del golfo de
Urabá hasta el Cabo Gracias a Dios (en la frontera entre los actuales estados de
Honduras y Nicaragua). Es decir las actuales costas de Nicaragua, Costa Rica y
Panamá. Fue concedida a Diego de Nicuesa.
Nueva Andalucía, llamada también Urabá, que comprendía el territorio al este del
golfo de Urabá hasta el Cabo de la Vela, en la península de la Guajira, es decir la
actual costa atlántica de Colombia. Fue concedida al capitán Alonso de Ojeda.
Ambos conquistadores, Nicuesa y Ojeda, partieron hacia sus provincias desde la
isla de La Española (Santo Domingo), que por entonces era el centro de las
operaciones de los españoles en el Nuevo Mundo.19
Nicuesa tomó posesión de su gobernación en 1511, donde fundó Nombre de Dios,
pero hubo de enfrentar lo agreste del territorio y la hostilidad de los indígenas.
Por su parte, Ojeda desembarcó en la actual Cartagena de Indias y tras soportar un
recio combate con los indígenas, fundó el fuerte de San Sebastián. Herido
gravemente, Ojeda retornó a La Española, dejando al mando del fuerte a un
entonces oscuro soldado llamado Francisco Pizarro.20 Desde La Española, Ojeda
envió refuerzos al mando del bachiller Martín Fernández de Enciso, que partió al
mando de una armadilla en la que viajaba de polizón Vasco Núñez de Balboa, que
pronto habría de tener figuración en la empresa conquistadora. Estando en alta
mar, Enciso se tropezó con un bergantín, en donde iban Pizarro y unos cuantos
sobrevivientes de la expedición de Ojeda, que habían decidido abandonar el fuerte
de San Sebastián y retornar a La Española. Pizarro, contra su voluntad, se unió a las
huestes de Enciso y juntos retornaron a Tierra Firme.21
Adentrándose más al oeste del golfo de Urabá, en territorio que legalmente
pertenecía a Nicuesa, Enciso fundó la villa de Santa María la Antigua del Darién (o
simplemente La Antigua), el primer asentamiento estable del continente
americano (1510).22 Enciso, convertido en alcalde, se hizo pronto odioso por su
despotismo. Balboa se perfiló entonces como caudillo de los descontentos y
pregonó que al estar el nuevo poblado situado en territorio de Nicuesa, Enciso no
era sino un usurpador. La autoridad de Enciso mermó aún más cuando los colonos
nombraron como alcaldes a Balboa y a Martín de Zamudio. Enciso fue remitido
preso a España, donde llegó en 1512.
Por su parte, Nicuesa, enterado de estos sucesos, partió desde Nombre de Dios
hacia La Antigua, pero a la semana de su arribo fue arrestado y desposeído del
mando por Balboa. Contra su voluntad fue embarcado en 1511, rumbo a La
Española, pero no se supo más de él. Debió de morir durante el trayecto en el
mar.23
El descubrimiento del Mar del Sur
Vasco Núñez de Balboa fue el primer europeo en divisar el océano Pacífico ("Mar
del Sur" como lo llamó).
Ruta del viaje de Núñez de Balboa al Mar del Sur en 1513.
Fue así como Balboa se convirtió en el único caudillo de los colonos de Tierra
Firme. Fue también el primero en recibir noticias de un fabuloso imperio situado
más al sur, por el lado donde se abría un inmenso mar. Las crónicas cuentan que,
en una ocasión, estando un grupo de españoles riñendo por una pequeña cantidad
de oro, se alzó la voz de Panquiaco, el hijo del cacique Comagre, quien les increpó:
«¿Qué es esto cristianos? ¿Por tan poca cosa reñís? Si tanta gana tenéis de oro...
yo os mostraré provincia donde podáis cumplir vuestro deseo; pero es menester
para esto que seáis más en número de los que sois, porque habéis de tener
pendencia con grandes reyes, que con mucho esfuerzo y rigor defienden sus
tierras».
Y al decir esto señaló hacia el sur, añadiendo que allí había un mar
«donde navegan otras gentes con navíos o barcos... con velas y remos».
(Bartolomé de las Casas, Historia de las Indias, libro III, cap. XLI).24
Balboa tomó muy en serio la información y organizó una expedición que partió de
La Antigua con dirección al oeste. Tras cruzar el istmo en medio de una penosa
travesía, el 25 de septiembre de 1513 avistó un gran mar, al que denominó Mar del
Sur, que no era otro que el Océano Pacífico. Fue este un momento crucial para la
historia de la conquista del Perú, pues a partir de entonces la meta de los
españoles fue avanzar más hacia las costas meridionales, en busca del imperio rico
en oro mencionado por Panquiaco.25
Primeros intentos de llegar al Perú
Fue así como el istmo de Panamá quedó convertido de hecho en el nudo de la
conquista y colonización de América del Sur. Balboa fue nombrado Adelantado de
la Mar del Sur (1514)26 y planeó una expedición destinada a avanzar por las costas
del Mar de Sur. Para tal efecto empezó a construir una flota. Pero no llegó a
cristalizar este proyecto pues sucumbió ante las intrigas que urdieron contra él sus
enemigos desde España. En efecto, el depuesto bachiller Enciso, al arribar a
España presentó su queja ante el rey, sosteniendo que Balboa no había tenido
facultad para deponerlo como alcalde. La Corona, haciéndose eco de los reclamos
de Enciso, nombró a Pedro Arias Dávila o Pedrarias como gobernador de las
nuevas tierras conquistadas. Este arribó al mando de una expedición de más de
2000 hombres, la más numerosa y completa que había salido de España para el
Nuevo Mundo.27
Ejecución de Vasco Núñez de Balboa.
Pedrarias, hombre sanguinario y astuto, buscó la manera de eliminar a Balboa;
finalmente, lo acusó de conspiración y ordenó su apresamiento. Esta orden la
cumplió un piquete al mando de Pizarro. Balboa fue llevado de regreso a La
Antigua, donde Pedrarias y el alcalde Gaspar de Espinoza aceleraron su juicio,
siendo condenado a muerte y decapitado en Acla (1519).28 Tal fue el triste final
del descubridor del Mar del Sur, que de haber sobrevivido se hubiera convertido,
sin duda, en el descubridor y conquistador del imperio incaico.
Pedrarias dedujo la gran importancia que tendría la Mar del Sur u Océano Pacífico
para los futuros descubrimientos y conquistas, y decidió trasladar la sede de su
gobernación a Panamá, que fundó para tal efecto el 15 de agosto de 1519. A partir
de entonces, esta villa, que obtuvo el título real de ciudad en 1521, vino a ser la
llave de comunicaciones con el Pacífico y la puerta por donde se entraría al Perú.29
Nombre de Dios fue el puerto destinado a ponerlo en comunicación con el
Atlántico.
Las noticias de la existencia de un imperio con enormes riquezas en oro y plata,
influyó sin duda en el ánimo de los aventureros españoles y aportó el ingrediente
decisivo para la preparación de expediciones hacia esos rumbos. En 1522 Pascual
de Andagoya fue el primero en intentar realizar esta empresa, pero su expedición
terminó en un estrepitoso fracaso.30
Fue precisamente a partir de Andagoya que las tierras situadas más al sur del Golfo
de San Miguel (sureste de Panamá) se denominaron Birú (palabra que después se
convertiría en Perú).31 Se desconoce el origen de este vocablo; posiblemente se
trataba del nombre de un cacique que gobernaba una pequeña comarca en la
actual costa pacífica colombiana, nombre que los soldados españoles, en el habla
coloquial, harían paulatinamente extensivo a todo el Levante, como también se
conocía a esa región (este último término es de uso geográfico).
Los tres socios de la Conquista
El conquistador Francisco Pizarro, natural de Trujillo.
Hacia 1523, el conquistador extremeño Francisco Pizarro radicaba en Panamá
como un vecino más o menos acomodado, como todos los residentes españoles en
Panamá. Empezó a entenderse con su más cercano amigo, el capitán Diego de
Almagro, sobre la posibilidad de organizar una expedición hacia el tan mentado
Birú. Ambos eran rudos y curtidos soldados con experiencia en la conquista de
Tierra Firme. La sociedad se concretó en 1524, sumándose un tercer socio, el cura
Hernando de Luque, quien debía aportar el dinero necesario para la empresa. Se
repartieron las responsabilidades de la expedición: Pizarro la comandaría, Almagro
se encargaría del abastecimiento militar y de alimentos y Luque se encargaría de
las finanzas y de la provisión de ayuda. Se convino en que todas las utilidades se
dividirían en tres partes iguales para cada socio o sus herederos, y que ninguno
tendría más ventaja que otro.3233
El análisis histórico se inclina a creer que Pizarro poseía una fortuna modesta,
porque para emprender la aventura, él y Almagro tuvieron que asociarse con un
cura influyente, Hernando de Luque, que a la sazón era párroco de Panamá. Se
menciona a un cuarto "socio oculto": el licenciado Gaspar de Espinosa, que no
quiso figurar públicamente, pero que fue el verdadero financista de las
expediciones, usando como testaferro a Luque y aportando 20.000 pesos.34 Ello
debió ser así, por cuanto nunca uno solo de los socios decidía de manera unilateral
las acciones. Solo posteriormente, iniciada ya la conquista física del Perú, Pizarro
tomaría decisiones de campaña o sobre acciones militares y administrativas,
prerrogativas de su cargo de gobernador de Nueva Castilla, concedido por la
corona española a través de la Capitulación de Toledo, firmada en 1529.
Primer viaje de Pizarro
El conquistador Diego de Almagro, natural de la villa de Almagro, uno de los tres
socios de la conquista del Perú.
Conseguida la autorización del gobernador Pedrarias Dávila, el 14 de noviembre de
1524 (dato de Jerez) partió Pizarro de Panamá a bordo de un pequeño bergantín,
el Santiago, con cerca de 80 hombres, algunos indios nicaraguas de servicio y
cuatro caballos.35 Dejó a Almagro el encargo de reclutar más voluntarios y armar
otra nave para que le siguiera cuando estuviera listo.
Pizarro llegó a las islas Perlas, bordeó las costas de Chochama o Chicamá, llegando
hasta Puerto Piñas y Puerto del Hambre (costa pacífica de la actual Colombia);35
prosiguió viaje, luego de una serie de padecimientos y falta de víveres, hasta
Pueblo Quemado (también llamado Puerto de las Piedras o Río de la Espera),
donde sostuvo un recio combate con los indígenas, con el resultado de dos
españoles muertos y veinte heridos (según Cieza) o cinco muertos y diecisiete
heridos (según Jerez). El mismo Pizarro sufrió siete heridas.36
La hostilidad de los indios y la insalubridad de la zona obligaron a Pizarro a
enrumbar de vuelta hacia el norte, arribando nuevamente a las costas de
Chochama. Por su parte, Almagro, que ya había partido de Panamá en un
bergantín con 60 hombres, debió cruzarse con Pizarro en alta mar, aunque no se
llegaron a avistar. Siguiendo el rastro de Pizarro, Almagro desembarcó en Pueblo
Quemado, donde igualmente libró un feroz combate con los indios, perdiendo un
ojo a consecuencia de un lanzazo o un flechazo.37
Almagro decidió continuar más al sur, llegando hasta el río San Juan, pero no halló
a su socio y decidió regresar a la isla de Perlas, donde se enteró de los trajines de
Pizarro. Partió entonces a encontrarse con su socio en Chochama. Pizarro,
interesado en continuar con la empresa, ordenó a Almagro que dejara allí a sus
soldados y que retornara él solo a Panamá para reparar los dos navíos y juntar más
gente.37
En Panamá, el gobernador Pedrarias culpó del fracaso de la expedición y de la
pérdida de vidas españolas a Pizarro. Ello motivó a que Almagro y Luque
intercedieran por Pizarro ante el gobernador, logrando aplacar por el momento la
tensa situación. Pedrarias autorizó, no sin recelos, la continuación de la empresa.
De pasada, Almagro logró el nombramiento de capitán adjunto.38
Segundo viaje de Pizarro
Véase también: Trece de la Fama
Antes de emprender un segundo viaje, los tres socios formalizaron su sociedad
ante un notario de Panamá, en las mismas condiciones en que verbalmente la
habían conformado. A este acuerdo escrito se conoce como el Contrato de
Panamá, que se suscribió el 10 de marzo de 1526. Sin embargo, hay discrepancias
en cuanto a la fecha, pues por entonces, Pizarro todavía no regresaba a Panamá.39
En diciembre de 1525, Almagro partió de Panamá, llevando dos navíos, el Santiago
y el San Cristóbal, a bordo de los cuales iban 110 soldados, entre ellos dos grandes
adquisiciones: el piloto Bartolomé Ruiz y el artillero griego Pedro de Candía.40
Almagro se dirigió a Chochama, al encuentro de Pizarro y sus hombres. Estos
habían quedado reducidos a 50; reunidos con los hombres traídos por Almagro,
llegaron a 160.41
A principios de 1526, Pizarro y Almagro, junto con sus 160 hombres, se hicieron
nuevamente a la mar. Siguieron la ruta anterior hasta llegar al río San Juan, donde
fue enviado Almagro de regreso a Panamá en busca de refuerzos y provisiones; de
otro lado, el piloto Bartolomé Ruiz fue enviado hacia el sur a fin de que explorase
esas regiones.42
Ruiz avistó la isla del Gallo, la bahía de San Mateo, Atacames y Coaque; a la altura
de esta última se tropezó con una balsa de indios tumbesinos que iban a
comerciar, según parece, a Panamá. Ruiz tomó algunas de las mercaderías: objetos
de oro y plata, tejidos de algodón, frutas y víveres, y retuvo a tres muchachos
indios, que los llevó consigo para prepararlos como intérpretes. Luego enrumbó al
norte, de vuelta al río San Juan, donde le esperaba Pizarro.43
Rutas de Bartolomé Ruiz de Estrada (1526-1528).
Bartolomé Ruiz fue el primer navegante europeo que traspasó la línea ecuatorial
en el Océano Pacífico, de norte a sur (Magallanes también lo había hecho en 1521,
pero de sur a norte),44 descendiendo uno o dos grados de la línea equinoccial
(1527).42
Mientras que Almagro estaba en Panamá y Ruiz navegaba el océano, Pizarro se
dedicó a explorar el río San Juan, sus brazos y afluentes. Muchos de sus hombres
murieron a consecuencia de las enfermedades y otros fueron devorados por los
caimanes.45 Cuando regresó Ruiz, Pizarro prometió a sus hombres que, no bien
llegado Almagro, partirían hacia el sur, a la tierra donde decían venir los
muchachos indios que había traído el piloto. Cuando finalmente arribó Almagro,
con 30 hombres y seis cabalgaduras, todos se embarcaron y enrumbaron hacia el
sur.46
Pasaron por la isla del Gallo y luego por la boca del río Santiago. A continuación, se
adentraron en la bahía de San Mateo. Viendo que la costa era muy segura y sin
manglares, saltaron todos a tierra, incluyendo los caballos y se dedicaron a
explorar la región. Habían arribado a la boca del río Esmeraldas, donde vieron
ocho canoas grandes, tripuladas por indígenas.47
Continuando su marcha, llegaron hasta el poblado de Atacames, donde
sostuvieron un combate o guazábara con los nativos. Allí encontraron comida y
vieron que los indígenas llevaban algunas joyas de oro.48 Ello sin embargo no
contentó a los españoles, pues no veían recompensados los sufrimientos que
padecían. Nada menos que unos 180 españoles habían fallecido hasta ese
momento, desde que empezaran los viajes de Pizarro. Fue en Atacames donde se
produjo la llamada “Porfía de Atacames”, entre Almagro y Pizarro. Ella se originó
cuando Almagro reprendió severamente a los soldados que querían volver a
Panamá, calificándoles de cobardes, ante lo cual reaccionó Pizarro defendiendo a
sus hombres, pues él también había sufrido con ellos. Ambos capitanes fueron a
las palabras mayores, llegando hasta a sacar sus espadas, y se hubieran batido en
duelo si no fuese porque Bartolomé Ruiz, Nicolás de Ribera y otros lograron
separarlos y avenirlos en conciliación.49
Calmados los ánimos, los expedicionarios retrocedieron hasta el río Santiago, que
los nativos llamaban Tempulla. Mientras tanto, continuaban las penalidades entre
los soldados, traducidas en enfermedades y muertes. Finalmente, buscando un
lugar más propicio, Pizarro y Almagro decidieron pasar a la isla del Gallo, donde
llegaron en mayo de 1527. Se acordó que, nuevamente, Almagro debería volver
con un navío a Panamá a traer nuevos contingentes.50
Pizarro y Almagro solían tener mucho cuidado de que no llegaran a Panamá las
cartas que los soldados enviaban a sus familiares, para evitar que las quejas de
estos fueran conocidas por las autoridades. En Panamá, Almagro tuvo sin embargo
dificultades pues en un ovillo de lana que había sido enviado como obsequio a
Catalina de Saavedra (la esposa del nuevo gobernador, Pedro de los Ríos, sucesor
de Pedrarias), un soldado descontento había remitido escondida la siguiente
copla:5152
"Pues señor gobernador,
mírelo bien por entero,
que allá va el recogedor
y aquí queda el carnicero".
Informado así de los padecimientos de los expedicionarios, el gobernador impidió
la salida de Almagro con nuevos auxilios y, por el contrario, envió un barco al
mando del capitán Juan Tafur para que recogiese a Pizarro y sus acompañantes,
que se hallaban en la isla del Gallo.53
Ciertamente, el descontento entre los soldados de Pizarro era muy grande, pues
llevaban mucho tiempo pasando calamidades. Habían transcurrido dos años y
medio de viajes hacia el sur afrontando toda clase de peligros y calamidades, sin
conseguir ningún resultado. Pizarro intentó convencer a sus hombres para que
siguieran adelante, sin embargo la mayoría de ellos quería desertar y regresar a
Panamá. Eran en total 80 los hombres que se hallaban en la isla del Gallo, todos
flacos y macilentos, de los cuales 20 ni podían ya mantenerse en pie.54
Los 13 de la Isla del Gallo. Óleo de Juan B. Lepiani, que representa a Francisco
Pizarro en la isla del Gallo, invitando a sus soldados a cruzar la línea trazada en el
suelo.
Tafur llegó a la isla del Gallo en agosto de 1527, en medio de la alegría de los
hombres de Pizarro, que veían así finalizado sus sufrimientos. Fue en ese momento
cuando se produjo la acción épica de Pizarro, de trazar con su espada una raya en
las arenas de la isla exhortando a sus hombres a decidir entre seguir o no en la
expedición descubridora. Tan solo cruzaron la línea trece hombres. Estos "Trece de
la Fama", o los "Trece de la isla del Gallo", fueron:55
Nicolás de Ribera, el viejo
Pedro de Halcón
Alonso Briceño
Pedro de Candía
Antón de Carrión
Francisco de Cuéllar
García de Jarén
Alonso de Molina
Cristóbal de Peralta
Domingo de Soraluce
Juan de la Torre
Martín de Paz
Gonzalo Martín de Trujillo (que falleció poco después en la isla Gorgona, por lo que
su puesto fue ocupado por el piloto Bartolomé Ruiz, que pese a ser también uno
de los que cruzaron la raya, por orden de Pizarro debió regresar a Panamá, con la
misión de traer refuerzos).56
Sobre la escena que se vivió en la Isla del Gallo, luego que Juan Tafur le trasmitiera
a Pizarro la orden del gobernador Pedro de los Ríos, cuenta el historiador José
Antonio del Busto:
"El trujillano [Pizarro] no se dejó ganar por la pasión y, desenvainando su espada,
avanzó con ella desnuda hasta sus hombres. Se detuvo frente a ellos, los miró a
todos y evitándose una arenga larga se limitó a decir, al tiempo que, según
posteriores testimonios, trazaba con el arma una raya sobre la arena: Por este lado
se va a Panamá, a ser pobres, por este otro al Perú, a ser ricos; escoja el que fuere
buen castellano lo que más bien le estuviere. Un silencio de muerte rubricó las
palabras del héroe, pero pasados los primeros instantes de la duda, se sintió crujir
la arena húmeda bajo los borceguíes y las alpargatas de los valientes, que en
número de trece, pasaron la raya. Pizarro, cuando los vio cruzar la línea, "no poco
se alegró, dando gracias a Dios por ello, pues había sido servido de ponelles en
corazón la quedada". Sus nombres han quedado en la Historia".
José Antonio del Busto, La conquista del Perú.57
Pizarro y los Trece de la Fama esperaron cinco meses por los refuerzos, los cuales
llegaron de Panamá enviados por Diego de Almagro y Hernando de Luque, al
mando de Bartolomé Ruiz (enero de 1528)58. El navío encontró a Pizarro y los
suyos en la isla Gorgona, (situada más al norte de la isla del Gallo), hambrientos y
acosados por los indios.59 Ese mismo día, Pizarro ordenó zarpar hacia el sur,
dejando en la Gorgona a tres de los “Trece” que se hallaban enfermos: Cristóbal de
Peralta, Gonzalo Martín de Trujillo y Martín de Paz. Estos quedaron al cuidado de
unos indios de servicio.60
Grabado que representa a Pedro de Candía disparando con un arcabuz de mecha,
con el propósito de mostrar y sorprender a los nativos de Tumbes.
El tesón indoblegable de Pizarro daría sus frutos. Los expedicionarios llegaron
hasta las playas de Tumbes (extremo norte del actual Perú), la primera ciudad
incaica que divisaban. Allí, un orejón o noble inca se les acercó en una balsa,
siendo recibido cortésmente por Pizarro. El noble invitó a Pizarro a que
desembarcase para que visitara a Chilimasa, el cacique tallán de la ciudad de
Tumbes, que era tributario del Imperio Inca. Pizarro ordenó a Alonso de Molina
que desembarcara con un esclavo negro y llevara como obsequios para el cacique
un par de puercos y unas gallinas, todo lo cual causó gran impresión entre los
indígenas.61 Luego fue enviado el griego Pedro de Candía, para que con su arcabuz
demostrara a los indios el poder de las armas españolas. Los indios acogieron
hospitalariamente a Candía, dejándole que visitara los principales edificios de la
ciudad: el Templo del Sol, el Acllahuasi o casa de las escogidas y la Pucara o
fortaleza, donde el griego apreció los ricos ornamentos de oro y plata. Luego,
sobre un paño Candía trazó el plano de la ciudad, y posteriormente escribió una
relación, hoy perdida. De vuelta donde sus compañeros, relató su experiencia,
afirmando que Tumbes era una gran ciudad construida a base de piedra, todo lo
cual causó asombro y alentó más a continuar en la empresa conquistadora.6263
Pizarro navegando por la costas que actualmente son peruanas. Grabado que
aparece en la edición española de la obra de William H. Prescott, 1851.
Pizarro ordenó continuar la exploración más hacia el sur, recorriendo las costas de
los actuales departamentos peruanos de Piura, Lambayeque y La Libertad, hasta la
desembocadura del río Santa (13 de mayo de 1528). En algún punto de la costa
piurana (posiblemente en Sechura), se entrevistó con la cacica lugareña, de la etnia
de los tallanes, a la que los españoles dieron el nombre de Capullana, por la forma
de su vestido. Durante el banquete con el que le agasajó la Capullana, Pizarro
aprovechó para tomar posesión del lugar a nombre de la Corona de Castilla. Se
dice que uno de los Trece de la Fama, Pedro de Halcón, se enamoró locamente de
la Capullana y quiso quedarse en tierra, pero sus compañeros lo subieron a la
fuerza al navío y zarparon todos.64
Ya en viaje de retorno a Panamá, Pizarro recaló nuevamente en Tumbes, donde el
soldado Alonso de Molina obtuvo permiso para quedarse entre los indios, confiado
en las muestras de hospitalidad que daban estos.65 Ya anteriormente, otros
españoles habían optado también por quedarse entre los indios: Bocanegra, que
desertó en algún punto de la costa del actual departamento de La Libertad;66 y
Ginés, que se quedó en Paita (costa de Piura).67 Los tres españoles, Molina,
Bocanegra y Ginés, se reunieron probablemente en Tumbes, con la idea de
reunirse con Pizarro cuando este regresase en su tercer viaje.
Pizarro continuó su viaje de retorno a Panamá; al pasar por la isla Gorgona, recogió
a los tres expedicionarios que había dejado recuperándose de sus males, pero se
enteró de que uno de ellos, Gonzalo Martín de Trujillo, había fallecido.68 Arribó
finalmente a Panamá, con la seguridad de haber descubierto un opulento imperio,
cuya riqueza y alta civilización lo atestiguaban los mismos nobles indígenas, que
iban vestidos con primorosos y coloridos ropajes, y que llevaban adornos de oro y
plata labrados con exquisita técnica.
Capitulación de Toledo
Artículo principal: Capitulación de Toledo
Grabado que representa al conquistador español Francisco Pizarro exponiendo
ante el rey Carlos I de España las pruebas del descubrimiento del fabuloso Imperio
de los incas.
Ante la negativa del gobernador De los Ríos de otorgar permiso para un nuevo
viaje, los socios Pizarro, Almagro y Luque acordaron gestionar este permiso ante la
misma corte. De mutuo acuerdo designaron a Pizarro como el procurador o
mensajero que expusiera la petición directamente al rey Carlos I de España.69 Esa
elección, entre otras razones, se debió a que, pese a ser iletrado, Pizarro tenía
porte y fluidez de palabra. Almagro no quiso acompañar a Pizarro, ya que creía que
su falta de modales y el hecho de ser tuerto podrían de alguna manera afectar
negativamente al éxito de las negociaciones, decisión de la que se arrepentiría
posteriormente, ya que Pizarro lograría grandes ventajas para sí mismo, en
desmedro de sus socios, pese a que antes de partir prometió velar por los
intereses de cada uno de ellos.70
Pizarro salió de Panamá en septiembre de 1528, cruzó el istmo y llegó a Nombre
de Dios, en donde se embarcó rumbo a España, haciendo una escala en Santo
Domingo (isla de La Española). Le acompañaban el griego Pedro de Candía y el
vasco Domingo de Soraluce, así como algunos indígenas tallanes de Tumbes (entre
ellos el intérprete Felipillo); llevaba también consigo camélidos sudamericanos,
primorosos tejidos de lana, objetos de oro y plata y otras cosas que había recogido
en sus viajes, para mostrarlas al soberano español, como pruebas del
descubrimiento de un gran imperio.71
Después de una travesía sin contratiempos, Pizarro desembarcó en Sanlúcar de
Barrameda y arribó a Sevilla en marzo de 1529. No bien desembarcó, fue apresado
por una demanda de deudas que le entabló el bachiller Martín Fernández de
Enciso, por un asunto que se remontaba a los primeros trabajos de Pizarro en
Tierra Firme. Sin embargo, el rey Carlos I ordenó que lo pusieran inmediatamente
en libertad.72
Pizarro, junto con sus acompañantes, partió hacia Toledo para entrevistarse con el
monarca. Allí se encontró con su pariente, el conquistador Hernán Cortés, ya
prestigiado por la conquista de México y próximo a recibir su título de Marqués del
Valle de Oaxaca, quien se dice que lo ayudó a vincularse con la Corte. Pizarro fue
recibido por Carlos I en Toledo, pero este monarca, que estaba a punto de partir a
Italia, dejó el asunto en manos del Consejo de Indias.7374
Fue así como Francisco Pizarro terminó negociando con el Consejo de Indias,
presidido entonces por el conde de Osorno, García Fernández Manrique. Tanto
Pizarro como el griego Candía expusieron ante los consejeros sus razones para que
el rey diera la autorización para la conquista y población de la provincia del Perú;
Candía exhibió su paño donde había dibujado el plano de la ciudad de Tumbes.75
La emperatriz Isabel de Portugal, quien en nombre del emperador Carlos I de
España, su esposo, firmó con Pizarro la Capitulación de Toledo.
Terminada la larga negociación, los consejeros redactaron las cláusulas del
contrato entre la Corona y Pizarro, que la historia conoce como la Capitulación de
Toledo. Ante la ausencia del rey Carlos I, la reina consorte Isabel de Portugal firmó
el documento el 26 de julio de 1529. Estos fueron los principales acuerdos de esta
Capitulación:76
Se autorizó a Francisco Pizarro el descubrimiento y conquista de toda la provincia
del Perú o Nueva Castilla, situada desde el pueblo de Tempulla o Santiago (actual
Ecuador) hasta 200 leguas al sur, terminando en el pueblo de Chincha (actual
Perú).
Se dio a Pizarro los títulos de Gobernador y Capitán General de la provincia del
Perú, así como los de Alguacil Mayor y Adelantado, todos ellos de por vida, con un
sueldo anual de 725.000 maravedíes.
A Diego de Almagro se le concedió la gobernación de la fortaleza que debía
elevarse en Tumbes, así como el título de hidalgo, con un salario de 5.000
maravedíes al año y con una ayuda de gastos de 200.000 maravedíes.
Hernando de Luque recibió el Obispado de Tumbes y el título de “Protector de los
Indios”, con 1000 ducados de sueldo al año.
A los Trece de la Isla del Gallo se los elevó a la categoría de hidalgos de solar
conocido, y a los que ya lo eran, se les concedió el título de “Caballeros de la
Espuela Dorada”.
Bartolomé Ruiz fue nombrado “Piloto Mayor de la Mar del Sur”, con 75.000
maravedíes de salario anual.
Pedro de Candía fue nombrado “Artillero Mayor del Perú” y Regidor de Tumbes.
Pizarro debía salir a los seis meses a partir de la fecha del documento, y desde
Panamá tenía otros seis meses para seguir a las tierras del Perú. Se le autorizaba a
llevar 150 peninsulares, 100 que podían reclutar en América, así como 50 esclavos
negros, oficiales de la Real Hacienda, eclesiásticos y religiosos.
Como se puede ver, el gran beneficiado por esta Capitulación fue Francisco Pizarro,
en desmedro de sus socios Almagro y Luque. En el caso de Almagro, Pizarro arguyó
en su defensa que fue el rey en persona quien se opuso a que el mando se
dividiera entre ambos socios;7778 fue así que Pizarro concentró en su persona los
títulos de Gobernador, Capitán General, Alguacil Mayor y Adelantado, mientras
que a Almagro solo se le dio la gobernación de Tumbes.
Tercer viaje de Pizarro
"Los españoles transportados en una balsa a la isla de Puná" (en Historia de la
conquista del Perú, de William Prescott, edición en español. 1851).
Pizarro aprovechó su estancia en la península ibérica para visitar Trujillo, su ciudad
natal, donde se reunió con sus hermanos Gonzalo, Hernando y Juan, a quienes
convenció para que se sumaran a la empresa conquistadora.7980 Con ellos
preparó su tercer y definitivo viaje por la conquista del Perú. Reunió cuatro naves:
tres galeones y una zabra destinada a capitana, pero le fue difícil reunir los 150
hombres que le exigía una de las cláusulas de la capitulación. Sin embargo, Pizarro
logró burlar los controles de las autoridades y el 26 de enero de 1530, último día
de plazo, se adelantó a bordo de la capitana, zarpando de Sanlúcar. Los otros
navíos, al mando de su hermano Hernando, le siguieron después, convenciendo al
factor (inspector) de la Casa Contratación de Sevilla que llevaban más de 150
hombres. En realidad llevaban menos de esa cantidad.81
Tras un viaje sin contratiempos, Pizarro arribó a Nombre de Dios, donde se
encontró con su socio Almagro que, como era de esperarse, recibió con desagrado
la noticia de las pocas prerrogativas conseguidas para él en la capitulación, en
comparación a los títulos y poderes otorgados a Pizarro. A este disgusto se sumó la
actitud prepotente de Hernando Pizarro, el más temperamental de los hermanos
Pizarro. Almagro pensó incluso a separarse de la sociedad, pero Luque logró, una
vez más, reconciliar a los dos socios.828378
De Nombre de Dios, los tres socios y sus hombres pasaron a la ciudad de Panamá.
Empezaron los preparativos. Durante ocho meses, de abril a diciembre de 1530,
los soldados reclutados realizaron su adiestramiento militar.84 Pizarro logró reunir
tres naves a las que proveyó con todo lo necesario para realizar la “entrada”
definitiva al Perú.83
El 28 de diciembre de 1530 los expedicionarios oyeron misa en la iglesia de La
Merced de Panamá.83 Estaban ya listos para embarcarse, pero tuvieron que
esperar unos días más para dar cumplimiento a las disposiciones que exigía que la
expedición llevara oficiales reales.83Los que se preparaban para embarcar "fueron
ciento y ochenta hombres y treinta y siete caballos".85
Pizarro partió finalmente de Panamá el 20 de enero de 1531, con dos navíos,
dejando el otro barco en el puerto al mando del capitán Cristóbal de Mena, con el
encargo de seguirle después. Como en anteriores ocasiones, Almagro se quedó en
Panamá para proveer de todo lo necesario para la expedición.86 Después de 13
días de navegación (dato de Jerez), Pizarro llegó a la bahía de San Mateo, donde
decidió avanzar por tierra.87 Los expedicionarios caminaron bajo las inclemencias
del clima tropical, la creciente de los ríos, el hambre y las enfermedades tropicales.
Encontraron algunos pueblos indios abandonados, y en uno de ellos, Coaque,
permanecieron varios meses, hallando oro, plata y esmeraldas, en algunas
cantidades apreciables. Pizarro despachó a los tres navíos con dichas riquezas para
que sirvieran de aliciente a los españoles: dos de ellos rumbo a Panamá y uno a
Nicaragua. La táctica hizo efecto: los navíos regresaron de Panamá con treinta
infantes y veintiséis jinetes, mientras que en Nicaragua el capitán Hernando de
Soto, entusiasmado al ver las muestras de oro, empezó a reclutar gente para partir
rumbo al Perú. El botín hallado en Coaque fue, pues, el comienzo de la tentación
por llegar al Perú.88
En Coaque, muchos de los soldados de Pizarro enfermaron de un extraño mal que
denominaron bubas, por los tumores que les brotaban en la piel, mal que cobró
algunas víctimas. Del Busto señala: "Una epidemia de verrugas había atacado el
campamento".8990
Pizarro partió de Coaque en octubre de 1531. Siguiendo al sur, empezó a recorrer
la actual costa de Ecuador. Pasó el cabo de Pasao o Pasado, habitada por indios
belicosos y caníbales.91 Recorrió luego la bahía de Caráquez, donde embarcaron a
toda la gente enferma, continuado el resto por tierra. A toda esa región los
cronistas llaman Puerto Viejo o Portoviejo.92 Pasaron luego por Tocagua,
Charapotó y Mataglan; en esta última se encontraron con Sebastián de Belalcázar,
venido de Nicaragua y que estaba al mando de 30 hombres bien armados, con
doce cabalgaduras, todos los cuales se sumaron a la expedición de Pizarro
(noviembre de 1531).93
Pasaron después por Picuaza, Marchan, Manta, la Punta de Santa Elena, Odón,
hasta la entrada del golfo de Guayaquil.94 El hambre y la sed siguieron castigando
a los expedicionarios, pero se hallaban ya cerca de las puertas del imperio
incaico.95
La conquista
Mapa que muestra la ruta de la expedición encabezada por Pizarro durante la
conquista del Perú, desde el inicio de su Tercer Viaje, hasta la llegada al Cuzco, la
capital de los incas.
Conquista de la isla de Puná
Véase también: Batalla de Puná
Pasando por el golfo de Guayaquil, Pizarro y sus expedicionarios avistaron la gran
isla de Puná, separada de tierra firme por un delgado brazo de mar, llamado «el
paso de Huayna Cápac». El curaca de la isla, llamado Tumbalá, invitó a los
españoles a que cruzaran el paso y visitaran sus dominios. Pizarro aceptó, pese al
peligro de una emboscada, pues planeaba usar la isla como cabeza de puente para
el desembarco en Tumbes.9690
En Puná, Pizarro se enteró del violento fin que tuvo Alonso de Molina y otros
soldados españoles que se habían quedado entre los nativos en el curso de su
segundo viaje. Una versión afirma que los tumbesinos condujeron a los tres
españoles hasta Tomebamba, para presentarlos ante el inca Huayna Cápac, pero
enterados de que este monarca había fallecido, procedieron a asesinarlos. Otra
versión sostiene que Molina y sus compañeros mostraron un comportamiento
excesivamente lujurioso hacia las mujeres, por lo que fueron aniquilados por los
pobladores. Y finalmente, una versión dice que Molina, huyendo de los
tumbesinos, dio a parar en la isla Puná, donde fue apresado, situación que
aprovechó para adoctrinar a los niños a la fe católica. Ganada la confianza de los
punaeños, estos lo invistieron como su caudillo en la guerra que libraban contra los
chonos y tallanes. Molina peleó en varios combates, hasta que, en cierta ocasión,
hallándose de pesca a bordo de una balsa, fue sorprendido y ultimado por los
chonos. El cronista Diego de Trujillo sostiene que esta última es la versión más
creíble y asegura que cuando Pizarro arribó a Puná en el curso de su tercer viaje,
halló en la isla un lugar que tenía una cruz alta y una casa con un crucifijo pintado
en una puerta y una campanilla colgada y que luego salieron de dicha casa más de
treinta chiquillos de ambos sexos, diciendo en coro «Loado sea Jesucristo, Molina,
Molina».97
Tumbalá entró en tratos con Pizarro, ofreciéndole su ayuda en su proyectado
avance hacia Tumbes.98 Y es que entre Puná y Tumbes existía una continua guerra;
incluso, en la isla había unos 600 prisioneros tumbesinos, esclavizados por los
punaeños. Los españoles recibieron regalos e instrumentos musicales por parte de
Tumbalá, como símbolo de la alianza.
Llegó por entonces a Puná el curaca Chilimasa de Tumbes que, al enterarse de la
presencia de los extranjeros, se entrevistó secretamente con Pizarro; este hizo que
Chilimasa y Tumbalá se amistaran e hicieran las paces. El odio entre las dos etnias
era profundo y Pizarro no quería molestar a sus invitados, pero sabía que
necesitaba a los habitantes de Tumbes para sus planes futuros y sin escrúpulos se
entregó a favorecer a los recién llegados. La tensión creció de inmediato y los
españoles decidieron aprovecharla.
Lo que ignoraba el conquistador español era que ambos curacas ya no peleaban
entre sí, sino que se hallaban sometidos a la voluntad del inca Atahualpa, a través
de un noble inca que ejercía como gobernador de Tumbes y Puná. Ambos
guardaban también un secreto plan para exterminar a los españoles, siguiendo las
directivas del Inca.99
Grabado que representa a Hernando Pizarro herido, durante la lucha contra los
nativos de Puná.
Tumbalá se preparaba para realizar el exterminio de los españoles, cuando
Felipillo, el intérprete de los españoles (uno de los muchachos recogidos de la
balsa tumbesina por Ruiz), se enteró de aquel plan y lo puso al tanto de Pizarro,
que ordenó entonces apresar a Tumbalá. En plena lucha entre punaeños y
españoles, arribó a Puná el capitán Hernando de Soto, procedente de Nicaragua,
posiblemente a fines de 1531. Soto trajo consigo un centenar de hombres, entre
ellos 25 jinetes, refuerzo significativo que decidió el triunfo español sobre los
nativos.100
“Esta es una isla habitada por una raza populosa y guerrera. Salieron
pacíficamente; y al enterarse de lo que pretendían los cristianos, atacaron su
campamento al amanecer una mañana, y pusieron a los cristianos en una gran
situación. Hirieron a Hernando Pizarro, quien cayó de su caballo. Vencidos los
indios y sometida la isla, llegaron al campamento abundantes provisiones; y allí
esperó Pizarro, sin desembarcar en la costa opuesta, hasta que llegó Hernando de
Soto de Nicaragua con las otras naves, y refuerzos de hombres y caballos”.101
Narrativa de las Actas de Pedrarias Dávila de Pascual de Andagoya
Pizarro, para ganarse el apoyo de los tumbesinos, les entregó a algunos de los jefes
de Puná que habían sido tomados prisioneros y puso en libertad a los seiscientos
tumbesinos esclavizados que se hallaban en la isla. Como señal de agradecimiento,
Chilimasa aceptó prestar sus balsas para que los españoles pudieran trasladar en
ellas sus fardajes. Pero detrás de esas muestras de amistad, Chilimasa mantenía su
plan secreto de exterminar a los españoles, siguiendo las directiva que le había
dado Atahualpa.102
Pizarro permaneció en Puná hasta abril de 1532, cuando emprendió el avance
hacia la costa tumbesina.103
Desembarco en Tumbes
Desembarco de Pizarro en Tumbes en 1532. Esta pintura se localiza en la Catedral
de Lima, exactamente en la tumba del conquistador.
Pizarro tenía muy buenos recuerdos de la ciudad. Sus habitantes se habían
mostrado cordiales y hospitalarios cuando se presentó con un pequeño barco y
algunos compañeros en su segundo viaje y ahora esperaba una amistosa
bienvenida, sobre todo porque ambos eran veteranos de una guerra común contra
la isla de Puná.
La navegación de los españoles hacia Tumbes duró tres días. Estando todavía en
alta mar, Pizarro ordenó que se adelantaran las cuatro balsas que Chilimasa le
había cedido para transportar los equipajes, en las cuales iban tripulantes
indígenas y tres españoles en cada una de ellas. Fue entonces cuando los nativos
procedieron a realizar la estratagema destinada a exterminar a los españoles. La
primera balsa que llegó a tierra fue rodeada por los tumbesinos y los tres
españoles que en ella iban fueron atacados y arrastrados hasta un bosquecillo,
donde fueron descuartizados y echados sus pedazos en grandes ollas con agua
hirviente. Los barcos no pudieron intervenir debido al escaso fondo marino y las
otras balsas tuvieron que arreglárselas solas. La misma suerte iban a correr otros
dos españoles que llegaban en la segunda balsa, pero los voces de auxilio gritadas
a tiempo hicieron efecto, ya que Hernando Pizarro, con un grupo de españoles a
caballo, arremetió contra los nativos. Muchos de estos murieron a manos de los
españoles y otros huyeron a los bosques.104
Los españoles, que no entendían el motivo de la belicosidad de los tumbesinos, a
quienes habían considerado como aliados, encontraron a la ciudad de Tumbes
completamente destruida. Los ricos templos admirados por Pedro de Candía
habían sido arrasados y las casas de piedra, que tanto había elogiado Pizarro a
Carlos I, también estaban demolidas y en ruinas. Sólo quedaban escombros y entre
ellos ningún habitante, y comprobaron que no era una gran ciudad de piedra,
como había informado el griego Candía, sino de adobes, lo que desilusionó a no
pocos.105
Pizarro se quedó estupefacto. Ya sus hombres comenzaban a murmurar al recordar
todas las descripciones hechas en Panamá sobre las riquezas de Tumbes, que en
cambio resultaron ser sólo un montón de ruinas. Era necesario tomar la iniciativa
antes de que el desánimo se apoderara de la tropa y el gobernador, como ahora se
llamaba el viejo conquistador, decidió ir en busca de los escondidos habitantes.
Fueron encontrados al otro lado del río Tumbes alineados con equipo de guerra.
Hernando de Soto con su tropa persiguió a los tumbesinos levantados durante
toda la noche y en la mañana: los españoles construyeron una balsa y, cruzando el
curso de agua cayeron sobre sus campamentos, sorprendiéndolos y matándolos. Al
día siguiente continuó la persecución. El curaca Chilimasa con las debidas garantías
para su vida, se presentó ante Soto, quien lo llevó ante Pizarro. Interrogado por la
razón de su rebeldía, Chilimasa se limitó a negar todo y acusó a sus jefes
principales de haber tramado la conjura contra los españoles. Pizarro le pidió que
entregara a esos jefes, pero Chilimasa dijo que eso estaba ya fuera de su alcance,
pues aquellos ya habían fugado de la comarca. Superado el incidente, Chilimasa se
amistó de nuevo con los españoles y no volvió a traicionarlos.106
Con los datos proporcionados por los cronistas españoles, se puede reconstruir el
contexto en que ocurrió la destrucción de Tumbes, tal como la hallaron los
conquistadores españoles: este poblado había sido arrasado por orden de
Atahualpa, en castigo por haber apoyado a Huáscar, en plena guerra civil incaica.
Es posible también que una epidemia diezmara a sus pobladores, tal vez la viruela
traída por los españoles, la misma que acabara con la vida del inca Huayna Cápac.
Los tumbesinos fueron obligados a rendir vasallaje a Atahualpa, quien ordenó a su
curaca Chilimasa realizar una comisión especial, para demostrar su lealtad: ganarse
la confianza de los españoles, para luego, una vez en pleno desembarco, matarlos
a todos. Sin embargo, parece ser que quien llevó a cabo el plan fue el capitán
incaico dejado en Tumbes por el mismo Atahualpa, con el apoyo de algunos jefes
de Chilimasa, mientras que este se mantuvo al margen. De todos modos, el plan
fracasó.107
Fue en Tumbes donde Pizarro se enteró de la existencia de la ciudad del Cuzco, a
través de una conversación que sostuvo con un indio tumbesino, según se relata
en la crónica de Pedro Pizarro:
«...pues preguntando al indio qué era, el dijo que era un pueblo grande donde
residía el Señor de todos ellos, y que había mucha tierra poblada y muchos
cántaros de oro y plata, y casas chapeadas con planchas de oro...».
Se informó también sobre la existencia de valles más fértiles. Todos estos informes
entusiasmaron a Pizarro, quien quedó muy alentado para continuar con la
conquista.108
Cabe contar también que hubo un conato de rebelión entre los españoles,
específicamente en la persona de Hernando de Soto. Este, durante la correría que
hizo al interior persiguiendo a los tumbesinos rebeldes, quedó maravillado al ver el
majestuoso camino inca (el Qhapaq Ñan) que iba hacia el norte, a la provincia de
Quito. Quiso entonces Soto, que comandaba una nutrida hueste, independizarse
de Pizarro y dirigir por su cuenta una expedición a ese territorio, pero varios de sus
hombres no quisieron seguirle, y algunos fueron a contarle a Pizarro, por lo que el
motín debió frustrarse. Pizarro hizo como que no se enteró, pero a partir de
entonces vigiló rigurosamente a Soto.109
El 16 de mayo de 1532 Pizarro abandonó Tumbes, donde dejó una guarnición
española al mando de los oficiales reales.110
Los españoles en Poechos y las primeras noticias sobre Atahualpa
Los españoles tomaron entonces conocimiento de la situación real del territorio en
el que habían desembarcado. Como ya habían adivinado, estaban lidiando con un
imperio organizado que nada tenía que ver con las simples y primitivas
comunidades nativas con las que, hasta entonces, tuvieron que recorrer.
Las huestes de Pizarro, que sumaban unos 200 hombres, avanzaron con dirección a
Poechos, divididos en dos grupos. La vanguardia estaba al mando del mismo
Francisco Pizarro, acompañado por Hernando de Soto. La retaguardia, que
constituía el grueso de las tropas, y que estaba al mando de Hernando Pizarro,
salió de Tumbes poco después, avanzando lentamente porque en sus filas había
enfermos.111
El 25 de mayo de 1532 los españoles llegaron a Poechos,112 que era una localidad
habitada por los tallanes y gobernada por el curaca Maizavilca, un nativo
rechoncho y muy astuto. Este recibió cordialmente a los españoles y para ganarse
más la voluntad de Pizarro, le regaló a su sobrino, un muchacho que fue bautizado
como Martinillo y que se convirtió en intérprete.113
Poco después, llegó a Poechos la retaguardia de conquistadores que venía con
Hernando Pizarro. Francisco Pizarro mandó a sus hombres a explorar la región: a
Juan Pizarro y a Sebastián de Belalcázar envió a las provincias adyacentes a
Poechos; y a Hernando de Soto le comisionó recorrer las márgenes del río Chira.
Soto halló poblaciones numerosas, con curacas o caciques muy revoltosos, a los
cuales capturó y llevó a Poechos, donde fueron obligados a jurar vasallaje al rey de
España.114
Atahualpa, último Inca del Tahuantinsuyo (1532-1533). Museo Brooklyn.
Fue en Poechos donde los españoles supieron de la existencia de un gran monarca
que dominaba todo un vasto imperio, el inca Atahualpa, el cual se estaba
desplazando de Quito a Cajamarca. Además, tuvieron detalles de la guerra que
aquel rey sostuvo con su hermano Huáscar, el cual, tras ser derrotado, se hallaba
cautivo. Preocupado por la guarnición dejada en Tumbes, Francisco comisionó a
Hernando Pizarro a que volviera allá y trajera consigo a todos sus hombres.115
Hernando Pizarro regresó por tierra, pero algunos españoles lo hicieron por mar.
Por entonces se habían levantado los curacas de la Chira y de Amotape, obligando
a los españoles de Hernando Pizarro, a atrincherarse en la huaca Chira y enviar un
mensaje a Francisco Pizarro en demanda de ayuda. Este, al mando de 50 jinetes, se
dirigió a auxiliar a sus compañeros de armas, logrando salvarlos. Pizarro castigó
severamente a los curacas: luego de someterlos a tormento para que confesaran
su conjura, trece de ellos fueron estrangulados y quemados sus cuerpos, según lo
cuenta Pedro Pizarro en su crónica.116
El orejón espía
Pizarro quería tener una visión lo más clara posible de las fuerzas a las que se
disponía a enfrentarse y además esperaba refuerzos. Entonces decidió tomarse su
tiempo y montar una especie de colonia que podía servir como cabeza de puente
de cara a futuras operaciones.
Enterado Maizavilca que Pizarro planeaba fundar una ciudad de cristianos cerca de
su territorio, se incomodó y se puso de acuerdo con los demás curacas tallanes
sobre la manera de deshacerse de los españoles. Enviaron mensajeros al inca
Atahualpa, que se encontraba entonces en Huamachuco celebrando su triunfo
sobre Huáscar, para informarle de la presencia en Tumbes y Piura de gente
extraña, de tez blanca y con barba, salidos del mar, que según ellos podían ser los
dioses viracochas, aludiendo a una antigua leyenda que vaticinaba la llegada de
seres divinos con esas características. Querían de esa manera que el inca se
interesara y que invitara a los españoles a su encuentro.117
En efecto, Atahualpa se interesó en el asunto y envió un espía a Poechos. Pedro
Pizarro, que había quedado con Hernando Pizarro en Poechos, describe al espía
como un orejón o noble inca, al que llama Apo (que en realidad es un título, que
significa “señor”). Cristóbal de Mena lo llama simplemente “capitán del Inca” y
Juan de Betanzos afirma que se llamaba Ciquinchara y que era un orejón natural
de Jaquijahuana.118
Disfrazado de un rústico vendedor de pacaes, Ciquinchara se adentró en el
campamento de los españoles sin levantar sospechas. Pero Hernando Pizarro,
maliciando de su presencia, lo empujó y le dio de puntapiés, armándose entonces
un alboroto entre los indígenas, lo que aprovechó Ciquinchara para escabullirse e
ir donde el Inca, a quien dio un informe. Particularmente, llamaron la atención del
orejón tres españoles: el domador de caballos, el barbero que con su arte
“rejuvenecía a los viejos” y el herrero que forjaba espadas. El orejón opinó ante
Atahualpa, que cuando se procediese a exterminar a los españoles, se conservaran
a estos tres, pues serían de gran utilidad para los incas.119
La fundación de San Miguel
Retrato de la fundación de San Miguel de Tangarará por parte de Pizarro, primera
ciudad española en el Perú.
Luego de apaciguar a Chira, Pizarro se dirigió a Tangarará o Tangarala, a orillas del
río Chira, en donde se propuso fundar una villa. Se encomendó la exploración de la
región al fraile dominico Vicente de Valverde.
La villa de San Miguel de Tangarará, fue fundada el 15 de agosto de 1532 (según el
cálculo hecho por el historiador José Antonio del Busto).120n 1 Se eligió ese lugar
pues era muy fértil y se hallaba regularmente poblada de nativos; estaba a la
margen derecha del río Chira, a unas 6 leguas de un lugar llamado Amotape y a 40
km del mar.121 Luego de la ceremonia se inscribieron como vecinos 46
conquistadores. Como su teniente de gobernador fue nombrado el contador
Antonio Navarro y como alcaldes ordinarios al asturiano Gonzalo Farfán de los
Godos y al castellano Blas de Atienza. Francisco Pizarro hizo el primer reparto de
tierras y siervos indios entre los españoles que quisieron afincarse en la villa. Este
primer reparto incluyó además de Piura, Tumbes, el más codiciado repartimiento,
que le fue concedido a Hernando de Soto.122
Tenía todas las apariencias de un pequeño pueblo español. Estaba dotado de una
iglesia, una fortaleza y hasta una sala de audiencias, donde funcionaban distintas
instituciones, cada una con sus propios administradores civiles o eclesiásticos. Este
acto pretendía demostrar que la colonización de la región había comenzado.
Para validar mejor la posesión del distrito, Pizarro impuso a todos los habitantes el
respeto a las leyes españolas, suscitando evidentemente un descontento
generalizado que derivó, en algunos casos, en abierta rebelión. Sin embargo, los
españoles no tenían la intención de soportar acciones hostiles y golpearon con una
violencia despiadada.
San Miguel de Tangarará, actual ciudad de Piura, fue la primera ciudad española
fundada en el Perú y en todo el hemisferio sur. Tiempo después, en 1588, su sede
fue trasladada a donde se halla actualmente, en Tacalá, en el valle del río Piura.123
El miedo de los españoles
Los españoles siguieron recibiendo noticias sobre la riqueza y la inmensidad del
imperio incaico. Así, supieron de la existencia, más al sur, en la costa, de Chincha,
gran emporio comercial, marítimo y terrestre; y de la fabulosa ciudad del Cuzco,
que se hallaba más adentro, en la sierra, capital del imperio. Sabían también que el
inca Atahualpa, luego de vencer a su hermano Huáscar, se hallaba en Cajamarca, a
doce o quince jornadas de San Miguel, a donde se llegaba cruzando una inmensa
cordillera. El miedo cundió en algunos españoles, que querían regresar a Panamá.
Cierto día se halló en la puerta de la iglesia de San Miguel un papel clavado donde
estaba escrita una copla contra Pizarro. Se acusó de ser su autor a Juan de la Torre,
uno de los trece de la fama, quien, sometido a tortura, confesó su responsabilidad,
siendo condenado a muerte. Pero Pizarro le conmutó la pena y lo desterró, siendo
embarcado en un navío mercante. Algunos años después se comprobó su
inocencia y retornó al Perú.124
La marcha a Cajamarca
Hernando de Soto, fue uno de los embajadores españoles que se entrevistaron con
el inca Atahualpa en Pultumarca o los Baños del Inca, cerca de Cajamarca.
Pizarro entendió que tenía que intervenir en la disputa si quería ganarse la
confianza de uno de los dos contendientes. Por ahora, ese era su objetivo, salvo
apuntar más alto si las circunstancias se lo permitían. El primero de los dos
hermanos que lucharon por interesarse por los españoles fue Atahualpa. El señor
de Quito envió una verdadera embajada, especialmente con el objetivo de recoger
noticias sobre los extranjeros. No sabemos en cuál de los dos rivales decidió
apoyarse Pizarro. Tal vez se inclinó hacia a Huáscar que pensó que era el ganador
más probable, pero ciertamente no tenía simpatías preconcebidas cuando decidió
escalar los Andes para encontrarse con Atahualpa.
Luego de dictar una serie de disposiciones y de reforzar su retaguardia, Pizarro
emprendió la marcha a Cajamarca.
El cronista Jerez dice que Pizarro salió de San Miguel el 24 de septiembre de 1532.
Pizarro cruzó el río Chira y luego de tres días de marcha, llegó al fértil valle del río
Piura, donde se detuvo diez días. Descontando algunos que regresaron a San
Miguel (a solicitud del teniente de gobernador de esa villa), la hueste de Pizarro
quedó conformada por 62 jinetes y 102 infantes.125126
Pizarro partió de Piura el 8 de octubre de 1532. Ese mismo día envió una avanzada
de 50 a 60 soldados, al mando de Hernando de Soto, hacia el pueblo de Caxas o
Cajas (actualmente desaparecido), donde se decía que estaba el ejército de
Atahualpa; de paso, Soto debía conseguir el vasallaje de los nativos.127 Soto llegó
a Caxas el 10 de octubre, encontrando el poblado destruido y casi despoblado,
enterándose de que todo ello era obra de los atahualpistas, que castigaron así al
curaca del pueblo por ser huascarista. No obstante, los españoles hallaron
depósitos de alimentos y ropas, y un acllahuasi con más de 500 acllas o vírgenes
del Sol, que Soto repartió entre sus hombres. Fue entonces cuando apareció
Ciquinchara, el espía inca enviado a Poechos, quien recriminó a Soto por su osadía;
luego se presentó como embajador de Atahualpa, con la misión de ir a invitar a
Pizarro para que fuese al encuentro con el Sapa Inca. Ciquinchara llevaba unos
curiosos presentes para Pizarro: unos patos desollados y unas fortalecillas de
piedra.128
Soto partió de Caxas el 13 de octubre, acompañado de Ciquinchara, y llegó a
Huancabamba, un pueblo con mejores edificios y una fortaleza de piedra bien
labrada. Por allí pasaba el camino del Inca o Qhapaq Ñan, que causó asombro a los
españoles por su grandeza y su buena fábrica, enterándose de que unía Quito con
el Cuzco a lo largo de 300 leguas.129
Mientras tanto, Pizarro llegó al pueblo de Pavur, en la orilla derecha del río Piura.
Luego, pasando a la margen opuesta, el 10 de octubre llegó al pueblo o fortaleza
de Zarán o Serrán, donde acampó para esperar a Soto, quien llegó el 16 de
octubre.130 Ciquinchara se entrevistó con Pizarro para hacerle saber que el Inca
«tiene la voluntad de ser su amigo, y esperalle en paz en Caxamarca». Luego de
esto el embajador retornó donde Atahualpa llevando consigo unos regalos que
enviaba con él Francisco Pizarro (una camisa blanca y muy fina, cuchillos, tijeras,
peines y espejos de España) y para informarle que el jefe español «se apresuraría
en llegar a Caxamarca y ser amigo del Inca».131
Tras descansar ocho días en Serrán, Pizarro partió el 19 de octubre de 1532,
continuando su marcha hacia Cajamarca. Pasó por los pueblos de Copis, Motupe,
Jayanca y Túcume, en tierra de los lambayeque. El 30 de octubre llegó al pueblo de
Cinto, cuyo curaca informó a Pizarro de que Atahualpa había estado en
Huamachuco y de que se dirigía a Cajamarca con cincuenta mil hombres de guerra.
Desde Cinto, Pizarro envió a un jefe tallán, de nombre Guachapuro, como su
mensajero para hablar con Atahualpa, con algunos presentes (una copa de cristal
de Venecia, borceguíes, camisas de Holanda, cuenta de vidrio y perlas).132 Cinto,
unida posteriormente a Collique, sería el origen de la ciudad de Chiclayo.133
El 4 de noviembre Pizarro prosiguió su marcha, pasando por Reque, Mocupe y
Saña, esta última una población grande y con mucha comida, al pie de la sierra.134
Allí los españoles encontraron una bifurcación del camino. Uno de ellos llevaba a
Chincha y el otro a Cajamarca. Algunos españoles opinaban que sería mejor ir a
Chincha y postergar el encuentro con Atahualpa. Sin embargo, Pizarro decidió
continuar hacia Cajamarca, aduciendo que ya el Inca sabía que había partido de
San Miguel y que iba a su encuentro, habiéndole incluso enviado mensajes en ese
sentido; cambiar la ruta haría creer a Atahualpa de que los españoles rehuían por
cobardía.135 Asimismo, Pizarro quería capturar al principal líder indígena,
siguiendo las recomendaciones de Hernán Cortés: "lo primero que hay que hacer
es apoderarse del jefe, lo consideran como su dios y tienen poder absoluto. Con
ello, los demás no saben qué hacer". Él mismo ya lo había experimentado en
Coaque, Puná y Tumbes, y sabía que apresando un curaca y teniéndolo como
rehén se ganaba mucho. En cambio, suelto, el curaca se convertía en enemigo
peligroso.136
El conquistador español, Francisco Pizarro, al frente de su caballo en busca de El
Dorado, la mítica tierra del oro.
El 8 de noviembre de 1532, los españoles empezaron a subir la cordillera.137
Pizarro decidió dividir su ejército en dos grupos: la vanguardia con él y cuarenta de
a caballo y sesenta de a pie. El resto, al mando de Hernando Pizarro, formaría la
retaguardia y se uniría a Pizarro cuando él lo indicase. Luego de un día de marcha,
Pizarro mandó decir a su hermano Hernando que se le uniese para continuar el
viaje juntos.136
El camino serpenteaba entre impresionantes acantilados y cruzaba oscuros
desfiladeros donde un puñado de hombres fácilmente podría haber obstruido el
camino, pero no había el menor indicio de nativos armados. Atormentados por el
intenso frío y preocupados por la suerte de los caballos, poco acostumbrados a
caminar por senderos de cabras, los españoles avanzaban con cautela, cada vez
más inquietos por el extraño comportamiento de Atahualpa y nada tranquilizados
por los mensajes que este, de vez en cuando, enviaba.
El 9 de noviembre de 1532 Pizarro acampó en medio del frío de la sierra, donde
recibió una embajada de Atahualpa, con diez llamas que el Inca había enviado
como regalo y avisándole que este se hallaba hacía cinco días en Cajamarca. El 10
de diciembre Pizarro prosiguió su camino y acampó en un lugar que podría ser la
actual población de Pallaques.138 Aquí recibió otra embajada del Inca, encabezada
nuevamente por Ciquinchara, que traía otro obsequio de diez llamas, y ratificaba
los informes de la anterior embajada, en el sentido de que Atahualpa se hallaba en
Cajamarca, donde esperaba en son de paz a los españoles. Ciquinchara acompañó
a Pizarro durante todo el camino a Cajamarca.139
Pizarro continuó el viaje, llegando el 11 de noviembre a un lugar que posiblemente
es la actual Llapa, donde descansó todo el día 12. El camino era muy fatigoso, por
ser muy áspero, lleno de riscales y abismos.138
Pelea entre el mensajero y el embajador
El 13 de noviembre de 1532 regresó Guachapuro, el mensajero tallán que envió
Pizarro ante Atahualpa. Cuenta Jerez que Guachapuro, viendo al embajador del
Sapa Inca (Ciquinchara), arremetió contra él y lo cogió de las orejas, siendo
separado por Pizarro, que le preguntó la razón de su agresión. Guachapuro dio las
siguientes explicaciones: que el enviado del Sapa Inca era un mentiroso, que
Atahualpa no estaba en Cajamarca sino en el campo (Baños del Inca) y tenía
mucha gente de guerra acampadas en innumerables tiendas; que a él lo habían
querido matar, pero se había salvado porque amenazó con que los embajadores de
Atahualpa serían ajusticiados por Pizarro; que no permitieron que hablara
directamente con el Inca, porque estaba ayunando, y se entrevistó, por fin, con un
tío de Atahualpa, quien le requirió por los cristianos, siendo esta su respuesta:
«Y yo les dije que son valientes hombres y muy guerreros; que traen caballos que
corren como viento y los que van en ellos, llevan unas lanzas largas, y con ellas
matan a cuantos hallan, porque luego en dos saltos los alcanzan, y los caballos con
los pies y bocas matan muchos. Los cristianos que andan a pie dije son muy
sueltos, y traen en el brazo una rodela de madera con que se defienden y jubones
fuertes colchados de algodón y unas espadas muy agudas que cortan por ambas
partes, de cada golpe, un hombre por medio, y a una oveja (nota: llama) llevan la
cabeza, y con ella cortan todas las armas que los indios tienen; y otras traen
ballestas que tiran de lejos, que de cada saeteada matan un hombre y tiros de
pólvora que tiran pelotas de fuego, que matan mucha gente».140
Por su parte, Ciquinchara, un tanto asombrado de escuchar que un tallán hablara
con tanto atrevimiento, replicó así: que si Atahualpa no estaba en Cajamarca era
porque sus casas habían sido reservadas para aposentar a los cristianos; que
Atahualpa se hallaba en el campo porque esa era su costumbre desde que estaba
en guerra con Huáscar; que cuando el Sapa Inca ayunaba no dejaban que hablara
con nadie más sino con su padre el Inti. Muy diplomáticamente, Pizarro, zanjó la
discusión, dando a entender que no tenía por qué dudar de la intención pacífica de
Atahualpa.141
Los españoles llegan a Cajamarca
"El valle de Caxamalca". Grabado que aparece en la edición española de la obra de
William H. Prescott, 1851.
Los españoles continuaron su camino. El 14 de noviembre, descansaron en Zavana,
A falta de un solo día para llegar a Cajamarca. En Zavana recibieron otra embajada
de Atahualpa, con comida.142 Estando a solo una legua de Cajamarca, «toda la
gente y caballos se armaron, y el Gobernador los puso en concierto para la entrada
del pueblo, e hizo tres haces de los españoles de pie y de caballo».
Los españoles divisaron Cajamarca desde las alturas de Shicuana, al noreste del
valle. Era el mediodía del viernes 15 de noviembre de 1532. Habían caminado 53
días desde San Miguel de Tangarará.143133
El Inca Garcilaso de la Vega y Miguel de Estete aseguran que los españoles
encontraron en Cajamarca «gente popular y algunos de la gente de guerra» de
Atahualpa. Además, que fueron bien recibidos. Otros cronistas, como Jerez,
aseguran que los españoles no encontraron gente en el poblado. Antonio de
Herrera y Tordesillas dice que «sólo se veían en un extremo de la plaza unas
mujeres que lloraban la suerte que el destino reservaba a los españoles que
habían provocado la cólera del emperador indio»144
Cuando Pizarro entró en Cajamarca, Atahualpa se encontraba a media legua de la
ciudad, en Pultumarca o los Baños del Inca, donde había asentado su real, «con
cuarenta mil indios de guerra», como cuenta Pedro Pizarro. Este campamento,
conformado por extensas hileras de tiendas blancas, con miles de guerreros y
servidores incas, apostados en la falda de una sierra, debió ofrecer una vista
sorprendente a los conquistadores. El cronista soldado Miguel de Estete, testigo de
los hechos, relata así sus impresiones:
Y eran tantas las tiendas... que cierto nos puso harto espanto; porque no
pensamos que indios pudieran tener tan soberbia estancia, ni tantas tiendas, ni
tan a punto; lo cual hasta allí en las Indias nunca se vio; que nos causó a todos los
españoles harta confusión y temor…
La embajada española ante Atahualpa
Artículo principal: Entrevista de Pultumarca
Entrada a las fuentes termales de los Baños del Inca. (Cajamarca)
Entrados en Cajamarca, Francisco Pizarro envió a Hernando de Soto con veinte
jinetes y el intérprete Felipillo, como embajada para decirle a Atahualpa «que él
venía de parte de Dios y del Rey a los predicar y tenerlos por amigos, y otras cosas
de paz y amistad, y que se viniese a ver con él.» Soto se hallaba ya a medio
camino, cuando Pizarro, viendo desde lo alto de una de las “torres” de Cajamarca
el impresionante campamento del Inca, temió que sus hombres pudieran sufrir
una emboscada y envió a su hermano Hernando Pizarro con otros veinte
encabalgados más y el intérprete Martinillo.145
Tras cruzar el campamento inca, Soto primero, y luego Hernando Pizarro, llegaron
ante el palacete del Sapa Inca, situada en medio de un pradillo, custodiado por
unos 400 guerreros incas. A través de los intérpretes, los españoles inquirieron la
presencia del Inca, pero este demoró en salir, a tal punto que inquietó a Hernando,
quien ofuscado, ordenó a Martinillo: «¡Decidle al perro que salga...!»146
Tras el exabrupto de Hernando Pizarro, un orejón o noble inca salió del palacete a
observar la situación y luego tornó al interior, informando a Atahualpa que se
hallaba afuera el mismo español irascible que lo había golpeado en Poechos, sede
del curacazgo de Maizavilca. En efecto, dicho orejón era Ciquinchara, el espía que
había sido enviado por el Sapa Inca para que observara a los españoles, cuando
estos todavía se hallaban en Poechos (en el actual departamento de Piura),
ocasión en la que sufrió la ira de Hernando Pizarro. Atahualpa se animó entonces a
salir, caminando hacia la puerta del palacete y procediendo a sentarse sobre un
banco colorado, siempre tras una cortina que únicamente dejaba ver su silueta.
De inmediato, Soto se acercó a la cortina, aún encabalgado, y le presentó la
invitación a Atahualpa, aunque éste ni siquiera lo miró. Más bien, se dirigió a uno
de sus orejones y le susurró algunas cosas. Hernando Pizarro, muy irascible, perdió
nuevamente los papeles y comenzó a vociferar una serie de cosas que acabaron
por llamar la atención del Inca, que ordenó que le retirasen la cortina. Por primera
vez, los españoles podían ver al señor del Tahuantinsuyo y los describieron como
un indio de unos 35 años, de cabellos largosn 2 y mirada feroz, vestido con un traje
multicolor, en cuya cabeza relucía una borla de rojo encarnado, la
mascapaicha.147
Atahualpa miró muy particularmente al osado que lo había llamado «perro», pero
se dirigió a Soto, diciéndole que avisara a su jefe que al día siguiente iría a verlo en
Cajamarca y que ahí deberían pagarle todo lo que tomaron durante su estancia en
sus tierras.
Hernando Pizarro, sintiéndose desplazado, le dijo a Martinillo que le comunicara al
Sapa Inca que entre él y el capitán Soto no había diferencia, porque ambos eran
capitanes de Su Majestad española. Pero Atahualpa no se inmutó, mientras cogía
dos vasos de oro, llenos de chicha o licor de maíz, que le alcanzaron algunas
mujeres. Soto le comentó al Inca que su compañero era hermano del Gobernador.
El Inca siguió mostrándose indiferente ante Hernando Pizarro, pero finalmente se
dirigió a él, diciéndole que su capitán Maizavilca le había informado sobre la
manera en que había humillado a varios caciques encadenándolos, y que, de otro
lado, el mismo Maizavilca se vanagloriaba de haber matado a tres cristianos y a un
caballo; a lo que el impulsivo Hernando contestó que Maizavilca era un bellaco y
que él y todos los indios no podrían nunca matar cristianos ni caballos porque eran
todos unas gallinas, y que si quería comprobarlo, que él mismo le acompañara en
la guerra contra sus enemigos, para que viera cómo se batían los españoles. Luego,
el Sapa Inca ofreció a los españoles los vasos de licor, pero aquellos, temerosos de
que la bebida estuviera envenenada, se excusaron de tomarla, diciendo que
estaban en ayuno. A lo que el Inca replicó diciendo que él también estaba
ayunando y que el licor de ningún modo hacía romper el ayuno. Para que se
disipara cualquier temor, el Inca probó un sorbo de cada uno de los vasos, lo que
tranquilizó a los españoles, que bebieron entonces el licor. Soto, montado en su
caballo, quiso enseguida lucirse y comenzó a galopar, haciendo cabriolas ante el
Sapa Inca; de repente avanzó sobre el monarca como queriendo atropellarle, pero
paró en seco. Soto quedó asombrado al ver que el Inca había permanecido
inmutable, sin hacer el menor gesto de miedo. Algunos de los servidores del Inca
mostraron temor y por ello fueron castigados. Atahualpa ordenó luego traer más
bebida y todos bebieron. Finalizó la entrevista con la promesa de Atahualpa de ir al
día siguiente a encontrarse con Francisco Pizarro.148
El Sapa Inca, una vez que se fueron los españoles, ordenó que veinte mil soldados
imperiales se apostasen en las afueras de Cajamarca, para capturar a los
españoles: estaba seguro de que al ver tanta gente, los españoles se rendirían.
Atahualpa ideó un plan para capturar a los españoles poniendo a cargo a
Rumiñahui para que lo ejecutara. Sin embargo, Rumiñahui huyó cuando se produjo
la captura de Atahualpa.149
Captura de Atahualpa
Artículo principal: Captura de Atahualpa
Óleo de Juan B. Lepiani que representa la captura de Atahualpa en Cajamarca.
La hueste española constaba de 165 hombres de guerra: 63 jinetes, 93 infantes, 4
artilleros, 2 arcabuceros y 2 trompetas.150 Además de Pizarro, únicamente Soto y
Candía eran soldados de profesión. Contaban además con tres intérpretes
indígenas: Felipillo, Francisquillo y Martinillo. Los esclavos negros y nicaraguas
venidos con los españoles eran muy pocos y debieron actuar solo como escuderos.
No tenían perros de guerra, pues estos se habían quedado en San Miguel.151
Era inevitable que en la noche del 15 de noviembre de 1532, previa al encuentro
con el Sapa Inca, cundiera el miedo entre la tropa española.152 Pedro Pizarro dice:
«Pues estando así los españoles, fue la noticia a Atahualpa, de indios que tenía
espiando, que los españoles estaban metidos en un galpón, llenos de miedo, y que
ninguno aparecía por la plaza. Y a la verdad el indio la decía porque yo oí a muchos
españoles que sin sentirlo se orinaban de puro temor».153 Los conquistadores a
las órdenes de Pizarro velaron armas durante la noche, Francisco Pizarro sobre la
base de los largos relatos que le hacía Hernán Cortés sobre la conquista de los
mexicas, tenía en mente capturar al Inca imitando a Cortés en México.
Esta imagen representa a Santiago Mataindios, una extensión en América de
Santiago Matamoros (santo que ayudó a España contra los musulmanes). Para
animar a sus tropas, los conquistadores decían que en los momentos más difíciles
llegaba al apoyo divino. El grito de batalla era "Santiago, a ellos".
Pizarro dispuso que el griego Pedro de Candía se colocase en lo más alto de la
fortalecilla o tambo real, en el centro de la plaza, con dos o tres infantes y dos
falconetes o cañones pequeños, adjuntándoles además dos trompetas. A los de
caballo los dividió en dos fracciones, al mando de Hernando de Soto y de
Hernando Pizarro, respectivamente. La infantería también fue dividida en dos
fracciones, una al mando de Francisco Pizarro y la otra al mando de Juan Pizarro.
Todos debían estar escondidos en los edificios que rodeaban la plaza, esperando la
llegada del Inca y hasta escuchar la señal de ataque. Esta sería un arcabuzazo
disparado por uno de los que estaban con Pizarro, y el sonoro grito de ¡Santiago!.
Si por alguna razón el disparo no fuera oído por Candia, se agitaría un pañuelo
blanco como señal para que el griego disparara su falconete e hiciera sonar las
trompetas (los trompeteros eran Juan de Segovia y Pedro de Alconchel). La orden
era causar estragos entre los indios y capturar al Sapa Inca.154
Antes de entrar en combate, Pizarro en forma de arenga alentó a sus hombres:155
Tened todos ánimo y valor para hacer lo que espero de vosotros y lo que deben
hacer todos los buenos españoles y no os alarméis por la multitud que dicen tiene
el enemigo, ni por el número reducido en que estamos los cristianos. Que aunque
fuésemos menos y el enemigo contrario fuese más numeroso, la ayuda de Dios es
mayor todavía, y en la hora de la necesidad Él ayuda y favorece a los suyos para
desconcertar y humillar el orgullo de los infieles y atraerles al conocimiento de
nuestra Santa Fe.
Los cronistas fijan las cuatro de la tarde como la hora en que Atahualpa ingresó a la
plaza de Cajamarca, pensado que su ejército de 20.000 hombres sería suficiente
para que los españoles se retiraran sin luchar, sus hombres no estaban armados.
Miguel de Estete dice: «A la hora de las cuatro comienzan a caminar por su calzada
delante, derecho a donde nosotros estábamos; y a las cinco o poco más, llegó a la
puerta de la ciudad». El Inca comenzó su entrada en Cajamarca, antecedida por su
vanguardia de cuatrocientos hombres, ingresó a la plaza con toda su gente, en una
«litera muy rica, los cabos de los maderos cubiertos de plata...; la cual traían
ochenta señores en hombros; todos vestidos de una librea azul muy rica; y él
vestido su persona muy ricamente con su corona en la cabeza y al cuello un collar
de esmeraldas grandes; y sentado en la litera en una silla muy pequeña con un
cojín muy rico». Por su parte, Jerez señala: «Entre estos venía Atahualpa en una
litera aforrada de plumas de papagayos de muchos colores, guarnecida de chapas
de oro y plata». Detrás del Sapa Inca venían otras dos literas, donde iban dos
personajes importantes del Imperio: uno de ellos era el Chinchay Cápac, el gran
señor de Chincha, y el otro probablemente era el Chimú Cápac o gran señor de los
chimúes (otros dicen que era el señor de Cajamarca). Los guerreros incas que
ingresaron al recinto se calcula en número de 6.000 a 7.000 y ocupaban media
plaza.156
Dibujo de Guamán Poma de Ayala que representa a Atahualpa en Cajamarca,
sentado en su trono o usno y acompañado de sus guerreros. Delante de él están
Francisco Pizarro y el padre Vicente de Valverde.
Francisco Pizarro envió ante el Sapa Inca al fraile dominico, fray Vicente de
Valverde, al soldado Hernando de Aldana y al intérprete Martinillo. Ante el Inca, el
fraile Valverde hizo el requerimiento formal a Atahualpa de abrazar la fe católica y
someterse al dominio del rey de España, al mismo tiempo que le entregaba un
breviario o un Evangelio de la Biblia. El diálogo que siguió es narrado de forma
diferente por los testigos. Según algunos cronistas, la reacción del Sapa Inca fue de
sorpresa, curiosidad, indignación y desdén. Atahualpa abrió y revisó el evangelio
minuciosamente. Al no encontrarle significado alguno, lo tiró al suelo, mostrando
singular desprecio. La reacción posterior de Atahualpa fue decirle a Valverde que
los españoles devolviesen todo lo que habían tomado de sus tierras sin su
consentimiento, reclamándoles en especial las ropas que habían tomado de sus
almacenes; que nadie tenía autoridad para decirle al Hijo del Sol lo que tenía que
hacer y que él haría su voluntad; y finalmente, que los extranjeros «se fuesen por
bellacos y ladrones»; en caso contrario los mataría.157
Lleno de miedo, el fraile Valverde corrió donde Pizarro, seguido de Aldana y el
indio intérprete, al tiempo que gritaba al jefe español: «¡Qué hace vuestra merced,
que Atabalipa está hecho un Lucifer!». Luego, Valverde le contó que el “perro”
(idólatra) había arrojado el evangelio a tierra, por lo que prometió la absolución a
todo aquel que saliera a combatirlo.158
Pintura que recrea la entrada sorpresiva de los españoles en la ciudad inca de
Cajamarca.
A una señal de Francisco Pizarro se puso en marcha lo planificado. Candía disparó
su falconete, tocaron las trompetas y salieron los jinetes al mando de Hernando de
Soto y de Hernando Pizarro. Los caballos fueron los que causaron más pánico a los
indígenas, que no atinaron a defenderse y solo pensaron en huir de la plaza; tal era
la desesperación, que formaron pirámides humanas para llegar a lo alto del muro
que circundaba la plaza, muriendo muchos asfixiados por la aglomeración. Hasta
que finalmente, debido a la tremenda presión, el muro se derrumbó, y por encima
de los muertos aplastados, los sobrevivientes huyeron por la campiña. Tras ellos se
lanzaron los jinetes españoles, dando alcance y matando a todos los que
pudieron.159
Mientras tanto, en la plaza de Cajamarca, Francisco Pizarro buscaba el anda del
Sapa Inca, mientras que Juan Pizarro y los suyos cercaban al Señor de Chincha y lo
mataban en su litera.156 Los españoles arremetieron especialmente contra los
nobles y curacas, que se distinguían por sus libreas (uniformes) con escaques de
color morado.160 «Otros capitanes murieron, que por ser gran número no se hace
caso de ellos, porque todos los que venían en guarda de Atahualpa eran grandes
señores.» (Jerez). Entre esos capitanes del Inca que cayeron ese día figuraba
Ciquinchara, el mismo que había oficiado de embajador ante los españoles
durante el trayecto entre Piura y Cajamarca.161
Pintura que representa a Francisco Pizarro en el momento en que captura a
Atahualpa, evitando su muerte a manos de un soldado español.
Igual suerte hubiera corrido Atahualpa, de no ser por la intervención de Francisco
Pizarro. Sucedía que los españoles no podían derribar la litera del Sapa Inca, a
pesar de que mataban a los portadores, pues cuando estos caían, otros cargadores
de refresco se apresuraban a reemplazarlos. Así estuvieron forcejeando gran
tiempo; un español quiso herir al Inca de un cuchillazo, pero Pizarro se interpuso a
tiempo, gritando que «nadie hiera al indio so pena de la vida... »; se dice que en
ese forcejeo, el mismo Pizarro sufrió una herida en la mano. Al fin cayó el anda y el
Sapa Inca fue capturado, siendo llevado preso a un edificio, llamado Amaru
Huasi.162
Jerez calcula en 2000 los muertos en Cajamarca, todos nativos, quienes durante la
media hora que duró la masacre no se defendieron (muchos murieron aplastados
por sus compañeros en el intento de huida), por lo que a dicha carnicería es
equivocado llamarla “batalla”.163
Reparto del botín
Tras la victoria en Cajamarca los vencedores se repartieron el botín de guerra en
Pultumarca o los Baños del Inca. El soldado cronista Estete dice: «... todas esas
cosas de tiendas y ropas de lana y algodón eran en tan gran cantidad que a mi
parecer fueran menester muchos navíos en que cupieran». Otro cronista dice:
«...el oro y la plata y otras cosas de valor se recogió todo y se llevó a Cajamarca y
se puso en poder del Tesorero de Su Majestad.» Jerez nos dice: «el oro y plata en
piezas monstruosas y platos grandes y pequeños, y cántaros y ollas o braseros y
copones grandes y otras piezas diversas. Atahualpa dijo que todo esto era vajilla de
su servicio, y que sus indios que habían huido habían llevado otra mucha
cantidad». Fueron los primeros trofeos de importancia que tomaron los españoles.
Los metales preciosos llegaron a sumar ochenta mil pesos en oro y siete mil
marcos en plata; también encontraron catorce esmeraldas.164 A su vez, Francisco
López de Gomara señala que «ningún soldado se enriqueció tanto en tan poco
tiempo y sin riesgo» aunque agrega «nunca se jugó de esa manera, pues hubo
muchos que perdieron su parte a los dados.»
Era tanto el botín, que los españoles, al volver a Cajamarca, decidieron solo
llevarse las piezas de oro y plata, dejando todo lo demás. Para tal fin, comenzaron
a tomar prisioneros entre los nativos, pero, ante su asombro, vieron que estos se
ofrecían voluntariamente para realizar la labor de cargueros, llevando a sumar
miles. Todos ellos se reunieron en la plaza de Cajamarca; allí, Francisco Pizarro les
habló por medio de un intérprete, diciéndoles que el Sapa Inca se hallaba vivo,
pero que era su prisionero. Luego, viendo que los indígenas eran pacíficos, ordenó
que los liberaran. Sucedía que todos esos pobladores eran huascaristas, partidarios
de Huáscar, y por lo tanto, enemigos de Atahualpa, y como tales, se hallaban
agradecidos con los españoles, a quienes veían como aliados. De entre ellos
Pizarro escogió a los más fuertes para que sirvieran de cargadores; también separó
a las nativas más jóvenes y bellas, destinadas a ser las sirvientas de los
españoles.165
Atahualpa ofrece un rescate
El Rescate de Atahualpa, pintura de Carlos Baca-Flor que representa las
negociaciones de Atahualpa en donde el inca está contabilizando la cantidad de
oro y plata «hasta donde alcanzara su mano».
Los relatos que nos han dejado los cronistas españoles y en especial los de Pedro
Pizarro, que pudo entrevistar al soberano durante su encarcelamiento, permiten
conocer las fuertes emociones que sufrió tras las traumáticas situaciones del
enfrentamiento en la plaza de Cajamarca.
Una vez conducido al recinto de una casa estrecha, Atahualpa había temido por su
vida. Cada vez que un soldado español aparecía en el umbral de su celda, se ponía
rígido ante la expectativa de un golpe fatal, pero el tiempo pasaba y nadie lo
ofendía. Finalmente apareció Pizarro y, a través de un intérprete, le dijo que se
preparara para disfrutar con él de una sencilla cena. El Inca se esforzó por
mantener durante toda la velada un porte lo más digno posible, respondiendo en
pocas palabras a las muchas preguntas que le hacían. Mientras tanto, estudiaba a
sus interlocutores.
Estando en prisión Atahualpa, recibía en visita a los curacas que le traían
obsequios, en oro y plata. El Inca se dio cuenta entonces de que esos metales
preciosos tenían para los españoles otro valor, diferente, al que él y su pueblo le
daban. También se dio cuenta y se convenció de que la única forma de salvarse era
ofreciéndoles gran cantidad de oro y plata. Y así lo hizo. Le propuso a Francisco
Pizarro que le daría, a cambio de su libertad, una sala llena, hasta donde alcanzaba
su mano alzada, con diversas piezas de oro: cántaros, ollas, tejuelos, etc.; y dos
veces la misma sala llena de objetos de plata. La sala, conocida ahora como el
Cuarto del Rescate, medía 22 pies de largo y 17 de ancho (datos de Jerez).
Atahualpa prometió que cumpliría en reunir toda esa cantidad de metales
preciosos en un plazo de dos meses.
Pizarro, incrédulo, no había pensado en un rescate y aún estudiaba cómo sacar el
mejor provecho de su prisionero real. Evidentemente, el encarcelamiento hirió al
gobernante inca y le provocó alucinaciones. Sin embargo, al ver que el Inca
persistía, le siguió el juego, tal vez pensando que aunque solo obtuviera una
cantidad mínima de oro, sería mejor que nada. Para evitar dudas, Pizarro hizo venir
a un notario y se estipuló un contrato en toda regla.166
El Cuarto del Rescate (Cajamarca), habitación donde estuvo prisionero Atahualpa.
Pizarro comenzó a tomar una serie de providencias; reforzó la seguridad de
Cajamarca, con obras civiles, en las cuales trabajaron «muchos indios
huascaristas». La vigilancia se hizo permanente, por rondas, de 50 soldados de a
caballo, durante el día y gran parte de la noche. Durante las madrugadas, era de
150 de a caballo, amén de los espías, informantes y vigías de pie; indios y
españoles.136
El primer cargamento de oro ofrecido por Atahualpa llegó del sur y lo trajo un
hermano del Inca, «trájole unas hermanas y mujeres de Atahualpa, y trajo muchas
vasillas de oro; cántaros y ollas y otras piezas y mucha plata, y dijo que por el
camino venía más; que como es tan larga la jornada, cansan los indios que lo traen
y no pueden llegar tan aína; que cada día entrará más oro y plata de los que
quedan más atrás». «Y así, entran algunos días veinte mil, y otras veces treinta mil,
y otras cincuenta, y otras sesenta mil pesos de oro en cántaros y ollas grandes de
tres arrobas y de a dos, y cántaros y ollas grandes de plata y otras muchas vasijas».
Pizarro, cambiado de percepción, iba acumulando esas piezas en uno de los
aposentos donde estaba Atahualpa, «hasta que cumpla su promesa».
Sin embargo, los soldados españoles comenzaron a murmurar que, al ritmo que
iba la recolección, no se llenarían los cuartos o galpones en el plazo fijado. Al darse
cuenta de esos comentarios, Atahualpa propuso a Pizarro que, para agilizar el
acarreo del oro y la plata, enviara a sus soldados, tanto al santuario de
Pachacámac, que se encontraba a «diez jornadas al sur», como a la ciudad del
Cuzco, capital del Imperio, lugares que estaban repletos de esas riquezas. Pizarro
aceptó la propuesta.167
El avance de Almagro
Mientras ocurrían los sucesos de Cajamarca, arribaron al puerto de Manta (actual
Ecuador) seis navíos. El 20 de enero de 1533, Pizarro recibió mensajeros enviados
desde San Miguel de Tangarará, avisándole de tal arribo. Tres de las naves mayores
venían de Panamá, al mando de Diego de Almagro, con 120 hombres. Las otras
tres carabelas llegaron de Nicaragua, con 30 hombres más. En total
desembarcaron 150 hombres, además de 84 caballos, refuerzo apreciable para la
empresa de la conquista. El curaca de Tumbes entró en rebeldía, mas no levantó a
su gente.
Se iniciaba una nueva etapa de la conquista, que fue más de consolidación del
triunfo que habían tenido en la plaza de Cajamarca y de reparto del primer botín
de guerra. A Francisco Pizarro debió preocuparle no sólo la presión de sus hombres
para el reparto del oro y la plata, sino la presión que debían estar recibiendo sus
socios en Panamá y Nicaragua para el pago de los fletes y demás pertrechos, para
demostrar el éxito de su empresa y poder así reclutar más gente para la empresa,
gente que por otro lado debía necesitar con suma urgencia, dada la escasez de
hombres con que contaban.136
Expedición a Pachacámac
Siguiendo el consejo de Atahualpa para apresurar la recolecta del oro y la plata,
Pizarro envió a un grupo de españoles a Pachacámac, en la costa del valle de Lima;
se trataba de un célebre santuario de origen preinca, sede de un oráculo de
prestigio, donde iban en peregrinación los nativos.168 La expedición a Pachacámac
estuvo al mando de Hernando Pizarro; lo conformaban 14 jinetes, 9 infantes y un
número indeterminado de cargueros indígenas. Entre los expedicionarios se
hallaba Miguel de Estete, quien escribiría una Relación de este viaje. Para que les
sirvieran de guías, Atahualpa entregó a los españoles al gran sacerdote de
Pachacámac y otros cuatro sacerdotes menores; también fueron en la expedición
cuatro orejones o nobles incaicos.169 Atahualpa no sentía ningún respeto por el
dios Pachacámac, pues, en una ocasión, no acertó en uno de sus oráculos
consultados con respecto a su persona, durante la guerra contra Huáscar.170
La expedición partió de Cajamarca el 5 de enero de 1533 y siguió el camino real o
Qhapaq Ñan. La primera escala importante fue Huamachuco. Luego siguieron por
el Callejón de Huaylas, Huaylas, Huaraz y Recuay, bajando a la costa. Pasaron luego
por la fortaleza de Paramonga, Barranca y Chancay, y entrando al valle de Lima, se
detuvieron en el pueblo de Surco, antes de llegar a Pachacámac, el 2 de febrero de
1533.171
Templo del Sol en Pachacámac.
Llegado ante el templo principal de Pachacámac (llamado Templo del Sol), que era
una pirámide escalonada, Hernando exigió a los servidores del templo que le
entregaran todo el oro que guardaban. Estos le dieron una pequeña cantidad, que
no contentó al español, quien ingresó al recinto sagrado y subió hasta la cima,
donde se hallaba, dentro de una bóveda pequeña, el ídolo del dios Pachacámac,
tallado en madera. Viéndolo como cosa de idolatría, Hernando sacó la imagen y lo
quemó, aprovechando la ocasión para adoctrinar a los pobladores en la fe
cristiana.172 La profanación conmovió a los nativos, quienes temieron una
catástrofe como castigo; sin embargo, nada ocurrió.
Como encontró poco metal precioso en Pachacámac, en los siguientes días,
Hernando mandó mensajeros a los curacazgos aledaños, ordenándoles que
trajeran todo el oro posible. Llegaron cargamentos de distintas zonas, como de
Chincha, Yauyos y Huarochirí. Los españoles reunieron un botín valorado en 90.000
pesos.173 Según Cieza «es público entre los indios que los principales y los
sacerdotes del templo [de Pachacámac] habían sacado [de este] más de 400 cargas
de oro, lo cual no ha aparecido ni los indios que hoy son vivos saben donde
está».168
El 26 de febrero de 1533, Hernando Pizarro partió de Pachacámac y se adentró en
la sierra, rumbo a Jauja, pues se enteró de que allí se encontraba el general
atahualpista Chalcuchímac, con gente de guerra y más oro. Pasando por la meseta
de Bombón y Tarma, Hernando llegó a Jauja, el 16 de marzo. Allí, Chalcuchímac lo
recibió con grandes fiestas y comedimientos. Hernando, con astucia, convenció al
general atahualpista para que lo acompañara con sus tropas a Cajamarca: "sería un
deshonor que tan prestigioso general no visite a su majestad inca".174
La expedición de Hernando Pizarro regresó a Cajamarca el 14 de abril de 1533,
trayendo «veintisiete cargas de oro y dos mil de plata», pero quizás lo más
importante: traía como rehén al feroz Chalcuchímac, así como el conocimiento del
vasto territorio en que se extendía el Tahuantinsuyo, al que pudo recorrer gracias a
su maravilloso camino o Qhapaq Ñan.175
La misión al Cusco
Mientras tanto, el 21 de enero de 1533, ingresó a Cajamarca otro cargamento de
oro y plata, traídos por un hermano de Atahualpa. Fueron «trescientas cargas de
oro y plata en cántaros y ollas grandes y otras diversas piezas».
Francisco Pizarro, desde Cajamarca, comisionó a un orejón o noble incaico
(posiblemente un hermano de Atahualpa), junto con los españoles Pedro Martín
de Moguer, Martín Bueno y Juan de Zárate (que se ofrecieron de voluntarios), para
que viajaran hacia el Cuzco. Su misión era apresurar el envío del oro y plata, tomar
posesión de la capital del Imperio e informarse de su situación.176177
Cuzco en una lámina de Civitates orbis terrarum (segunda mitad del siglo xvi).
Los comisionados salieron de Cajamarca el 15 de febrero de 1533, acompañados
de negros esclavos y cientos de nativos aliados. Los españoles iban en hamacas
cargadas por muchos indios y con la confianza que les inspiraba la compañía del
noble incaico, que garantizaba el respeto de los nativos hacia sus personas.178
Los tres españoles llegaron a Jauja, continuando a Vilcashuamán, y finalmente, tras
dos semanas de viaje, avistaron la gran ciudad del Cuzco, de la que sin duda
quedaron impresionados. Fueron los primeros europeos en ver la capital de los
incas. Allí se hallaba acantonado el general atahualpista Quizquiz, con tropas
quiteñas que sumaban unos 30 000 hombres. Este acogió amigablemente a los
españoles, pues iban acompañados del orejón o noble inca, por lo que les dejó en
plena libertad de actuar. Los españoles procedieron a saquear la ciudad todo lo
que pudieron, llegando a deschapar las planchas de oro del templo de Coricancha.
Al descubrir el acllahuasi o casa de las vírgenes del sol, se dedicaron a violar a las
doncellas.179
Los tres españoles retornaron a Cajamarca llevando unas 600 arrobas de oro, no
pudiendo llevar el cargamento de plata, por ser excesivo, dejándolo al cuidado de
Quizquiz, que prometió guardarlo hasta la llegada de Francisco Pizarro. Uno de
esos españoles, Juan de Zárate, que era escribano, informó a Pizarro que «se había
tomado posesión en nombre de su majestad en aquella ciudad del Cuzco», entre
otras cosas, como el número y descripción de las ciudades existentes entre
Cajamarca y el Cuzco, de la cantidad de oro y plata recogidas. Un dato importante
que informaron a Pizarro fue la presencia en el Cuzco del general Quízquiz con
«treinta mil hombres de guarnición.» (marzo de 1533).180
La muerte de Huáscar
Grabado que representa la muerte del inca Huáscar, arrojado a un río desde un
precipicio, por orden de su hermano Atahualpa (en Historia de la conquista del
Perú, de William Prescott, edición en español. 1851).
Atahualpa, en su prisión, se mostraba desenvuelto, alegre y conversador con los
españoles, aunque sin perder nunca su solemnidad de gran monarca. Sus captores
le permitieron tener todas las comodidades, siendo atendido por sus servidores y
sus mujeres. Demostraba tener una inteligencia superior. Los españoles le
enseñaron a jugar ajedrez y a los dados.181
Atahualpa recibía todas las noches la visita de Francisco Pizarro. Ambos cenaban y
conversaban a través de un intérprete. En una de esas conversaciones, el español
se enteró de que Huáscar, el hermano y rival de Atahualpa, estaba vivo y prisionero
de los atahualpistas, en las cercanías del Cuzco. Pizarro hizo prometer a Atahualpa
que no mataría a su propio hermano y que lo trajese a Cajamarca sano y salvo.182
En efecto, Huáscar fue trasladado con dirección a Cajamarca, a través de los
caminos de la cordillera, con los hombros horadados con las cuerdas que
arrastraban sus custodios. En algún momento Huáscar, ya enterado de la prisión de
Atahualpa a manos de extrañas gentes, se enteró de que aquel había ofrecido un
enorme tesoro en oro y plata por su libertad. Se dice que en ese momento,
Huáscar dijo en voz alta que él era el verdadero dueño de todos esos metales, y
que se los entregaría a los españoles para salvarse y sería Atahualpa el que fuera
muerto. Al parecer, ello llegó a oídos de Atahualpa, quien decidió entonces
eliminar a Huáscar antes de que se encontrara con los españoles, enviando un
mensajero con el encargo. Los atahualpistas cumplieron la misión: arrojaron a
Huáscar desde un acantilado al río Andamarca (en la sierra de Áncash).183
Asimismo, la mujer y la madre de Huáscar, que le acompañaban en su cautiverio,
fueron asesinadas. Ello debió ocurrir por el mes de febrero de 1533.184
La llegada de Almagro
El 25 de marzo de 1533, poco antes del retorno de Hernando Pizarro de
Pachacámac, arribó Diego de Almagro a Cajamarca. Traía 120 hombres de Tierra
Firme y 84 caballos, más los 30 soldados procedentes de Nicaragua que se le
sumaron en la bahía de San Mateo. En total, 150 hombres. Entre ellos estaban el
tesorero Alonso de Riquelme, y dos de los Trece de la Fama, Nicolás de Ribera y
Laredo y Martín de Paz. También estaban Nicolás de Heredia, Juan de Saavedra,
entre otros.185
Almagro y sus hombres quedaron completamente decepcionados al enterarse de
que no les correspondía nada del fabuloso rescate del Inca, pues habían llegado
muy tarde. Sin embargo, se tranquilizaron en algo al saber que, en adelante, todo
lo recaudado se repartiría entre todos. Pero para que ello pudiera ser viable debía
morir el Inca.186 Fue por eso que Almagro fue uno de los que más instigó la
ejecución de Atahualpa, contra la opinión de los hermanos Francisco y Hernando
Pizarro, en especial de este último, quien trabó amistad con el Inca cautivo.
La fundición del oro y la plata
Habitación donde ocurrió el rescate del inca Atahualpa en Cajamarca.
Mientras tanto, seguían llegando a Cajamarca los cargamentos de metales
preciosos. El 28 de marzo de 1533 entró un envío de oro y plata procedente de
Jauja, que traía «ciento siete cargas de oro y siete de plata.»
Pizarro y los suyos, ansiosos por repartirse el rescate, no esperaron a que se
llenaran las habitaciones y dispusieron el inicio de la tarea del reparto. El 13 de
mayo de 1533, se empezaron a fundir las piezas de oro y plata, labor que
realizaron metalistas indígenas, de acuerdo con su método. Los tomó un mes
entero en realizar la labor.187 Comúnmente se fundían cada día cincuenta o
sesenta mil pesos. No entró en la fundición el trono o sitial que el Inca usaba
cuando entró en andas en la plaza de Cajamarca, el cual era una pieza de gran
valor, pues era oro de 11 quilates y pesaba 83 kilos. Esta pieza quedó en poder de
Francisco Pizarro.188
El reparto del tesoro
El 17 de junio de 1533, culminada la fundición, Francisco Pizarro ordenó por bando
el reparto del botín. Al día siguiente presidió dicho reparto.189 La suma total del
oro alcanzó «un millón y trescientos veintiséis mil quinientos treinta y nueve pesos
de oro» (1.326.539 pesos de oro). El total de plata fundida se valorizó en
«cincuenta y un mil seiscientos diez marcos.» (51.610 marcos de plata). Para dar
una idea de la magnitud del valor del oro, Prescott dice que «teniendo presente el
mayor valor de la moneda en el siglo XVI, vendría a equivaler en el actual (siglo
XIX) a cerca de tres millones y medio de libras esterlinas o poco menos de quince
millones y medio de duros… La historia no ofrece ejemplos de semejante botín,
todo en metal precioso y reducible como era a dinero constante.»190n 3
Luego de pagar los derechos del fundidor español (1% del total, que da 13.421
pesos), se separó el quinto real para la Corona española, que fue de 262.259 pesos
de oro de alta pureza. En cuanto a la plata, a la Corona le tocó 10.121 marcos.
Pizarro, según su criterio, premió a unos con más y a otros les quitó algo. A
continuación, reseñamos algunos datos tomados del acta de repartición del
rescate de Atahualpa levantada por el escribano Pedro Sánchez de la Hoz. Para el
obispado de Tumbes se separó 2220 pesos de oro y 90 marcos de plata. A Pizarro,
el gobernador, se le otorgaron 57.220 pesos de oro y 2350 marcos de plata. A
Hernando Pizarro le correspondió 31.080 pesos y 1267 marcos; a Hernando de
Soto, 1.740 pesos y 724 marcos; a Juan Pizarro, 11.100 pesos y 407,2 marcos; a
Pedro de Candía, 9.909 pesos y 407,2 marcos; a Sebastián de Benalcázar, 9.909
pesos y 407.2 marcos… Los de a caballo recibieron en total 610.131 pesos de oro y
25.798,60 marcos de plata, lo que da un promedio individual de 8880 pesos de oro
y 362 marcos de plata. Los de infantería recibieron en total 360.994 pesos de oro y
15.061,70 marcos de plata, lo que da un promedio individual de 4.440 pesos de
oro y 181 marcos de plata. Algunos más o algunos menos; se trata solo de
promedios.191
También se entregó unos 15.000 pesos de oro a los vecinos que quedaron en San
Miguel. A pesar de que a Diego de Almagro y su hueste no le correspondía nada
del rescate, Pizarro quiso mostrarse algo generoso y les otorgó 20.000 pesos de
oro para que se repartieran entre todos ellos (150 hombres), es decir, a cada uno
les correspondió muchísimo menos que a los caballeros e infantes que
intervinieron directamente en la captura de Atahualpa (si tenemos en cuenta que a
cada uno de estos se les dio una cifra que va de 4.000 a 8.000 pesos).191 Almagro
había pedido que a él y a sus compañeros les tocase la mitad que a los de
Cajamarca. Como no se pusieron de acuerdo, fue otro motivo para que ambos
socios se distanciasen más, arrastrando en sus diferencias a los soldados que
estaban bajo el mando de cada uno de ellos.
Pablo Macera nos da cifras calculando el peso del oro y la plata en kilogramos: «El
Rescate de Atahualpa consistió en 6,087 kilogramos de oro y 11,793 kilogramos de
plata. A cada soldado a caballo le tocaba 40 kilogramos de oro y 80 kilogramos de
plata. A los peones, la mitad. A los soldados con perros más que a los peones. A
Pizarro 7 veces lo que a un jinete de caballo, además del trono de Atahualpa que
pesaba 83 kilogramos de oro. Los sacerdotes recibieron la mitad de un peón.»
Lámina gruesa de oro que revestía un muro inca. Museo del oro. Lima-Perú.
Muchos españoles decidieron entonces retornar a España, con miras a disfrutar en
su patria de las riquezas que habían conseguido; y así fue que unos treinta de los
que participaron en la captura del Inca, colmados de oro y plata, arribaron a
principios de 1535 a Sevilla. Sin embargo, no habían podido enterarse de que, por
orden de Carlos I, todos sus bienes les serían confiscados apenas al desembarcar,
ya que el emperador estaba reuniendo fondos para costear sus empresas de
conquista en el norte de África.192Dice el cronista Jerez, uno de los que abandonó
la conquista, que era tanta la abundancia de dinero que hizo que aumentara
enormemente el valor de las cosas. Se ha dicho que fue la primera inflación de la
historia del Perú.n 4 Este fenómeno se produjo también en España, cuando
llegaron a Sevilla los tesoros procedentes del Perú.188
Los conquistadores pudieron hacer todo ello gracias a la cooperación prestada por
los indígenas y a la tranquilidad que reinaba en el Imperio. Nada turbó la paz de
los españoles: ninguno de los generales de Atahualpa, ni Rumiñahui en el norte, ni
Chalcuchímac en el centro, ni Quizquiz en el sur, movilizaron sus ejércitos,
posiblemente en acatamiento de lo ordenado por el Sapa Inca que esperaba
confiado su libertad. Ya vimos que incluso Chalcuchímac fue traído a Cajamarca
por Hernando Pizarro, donde quedó vigilado;193 incluso, fue torturado con fuego
para que revelara el lugar donde ocultaba el tesoro del rescate proveniente del
Cuzco. El general atahualpista se limitó a responder que todo el oro lo guardaba
Quizquiz en dicha ciudad. Sufrió quemaduras en las piernas y quedó bajo la
custodia de Hernando Pizarro.194
Viaje de Hernando Pizarro a España
El 12 de junio de 1533, Hernando Pizarro partió de Cajamarca, rumbo a España,
comisionado para llevar lo que hasta ese día se había separado del Quinto
Real.195 Francisco Pizarro se deshacía así de uno de los más fervorosos defensores
de la vida del Inca; evidentemente planeaba acabar ya con el problema que
significaba la prisión de Atahualpa.196n 5Hernando llegó a San Miguel de
Tangarará; ahí embarcó rumbo a Panamá. Cruzando el istmo, se embarcó
nuevamente, rumbo a Sevilla, España. La primera de las cuatro naos, llegó a
Sevilla, el 5 de diciembre de 1533, con los españoles Cristóbal de Mena y Juan de
Sosa (misionero de la Orden de La Merced); el oro y la plata que se desembarcó de
dicha nao, ascendía a 38.946 pesos. El 4 de enero de 1534, arribó y ancló en Sevilla
la nao Santa María del Campo, en donde estaba embarcado Hernando Pizarro.
Desembarcó con 153.000 pesos de oro y 5.048 marcos de plata. Todo lo traído de
Perú, fue depositado en la Casa de la Contratación de Indias; de ahí fue trasladado
al aposento del rey de España. Finalmente, el 3 de junio de 1534, llegaron las otras
dos naos, en donde estaban embarcados Francisco de Jerez, primer secretario del
gobernador Francisco Pizarro y Francisco Rodríguez, en una y otra nao; se
desembarcó de estas naos, 146.518 pesos de oro y 30.511 marcos de plata.
Villanueva dice que el total desembarcado por las cuatro naos «… fue valorizado
en 708.580 pesos. El peso y el castellano eran monedas equivalentes; pero cada
uno era igual a 450 maravedíes. Sólo el oro fundido (convertido en barras y otros
pedazos) se valorizó en 318.861.000 maravedíes. La plata fundida valió
180.307.680 maravedíes».
El proceso de Atahualpa
Grabado de Guamán Poma de Ayala, que representa a Atahualpa prisionero y
custodiado por un soldado español.
Uno de los acontecimientos de la conquista del Perú del cual se carece de
documentación fidedigna es el proceso que se le siguió al Inca Atahualpa. Todo
indica que Pizarro nunca tuvo la intención de dejar libre al Sapa Inca. Cuando
terminó el reparto del rescate, la situación de los españoles en Cajamarca se tornó
espinosa para Pizarro. Especialmente por la gente que había llegado con Almagro,
que estaban ansiosos por entrar en acción y marchar al sur, hacia los territorios
aún desconocidos.197
El carácter del Inca y su digno comportamiento, hicieron que muchos de los
capitanes de Pizarro tomaran partido por su persona. De entre ellos sobresalen
Hernando de Soto y Hernando Pizarro, que se opusieron tenazmente a la muerte
del Atahualpa. En especial, se resalta la amistad que trabó Hernando Pizarro con el
Inca. En cuanto a Soto, se dice que quería que Atahualpa fuera llevado a España.
Pero otros, los más, deseaban la eliminación del Inca, entre los que se contaban
Almagro y los suyos (quienes querían de una vez salir de Cajamarca y continuar
con la conquista), el cura Valverde (que se escandalizaba por los “pecados” del
Inca), el tesorero Riquelme y otros más.198
También es de mencionar el papel desempeñado por el intérprete Felipillo, que
puso sus ojos en una de las jóvenes prometidas de Atahualpa, Cuxirimay Ocllo,n 6
lo que le atrajo la ira del Inca. Tuvo que intervenir el mismo Pizarro para obligar a
Felipillo a desistir de sus pretensiones. El intérprete se vengó del Inca
transmitiendo noticias alarmantes a los españoles, fingiendo que aquel preparaba
su fuga en connivencia con sus generales y planeaba la muerte de todos los
cristianos.199
Francisco Pizarro utilizó una vez más la astucia, urdiendo todo un esquema para
deshacerse de Atahualpa. Su hermano Hernando ya estaba lejos, comisionado
para llevar el Quinto Real a España. Solo quedaba Hernando de Soto como único
opositor prominente de la muerte del Inca. Pizarro, aprovechando las denuncias
formuladas contra el Inca, en el sentido de que estaba en secretas connivencias
con sus capitanes para atacar a los españoles por sorpresa, despachó a Hernando
de Soto con una fuerte dotación hacia Huamachuco, a fin de comprobar y batir si
era preciso a los nativos que se hallaran en pie de guerra. Apartado así Soto,
Pizarro hizo abrir un proceso al Inca con la finalidad de justificar la sentencia de
muerte que le tenía reservada.200
El tribunal que juzgó a Atahualpa fue un consejo de guerra. Lo presidió el mismo
Francisco Pizarro. Lo integraba un “doctor” (no identificado) y un escribano
(posiblemente Pedro Sancho de la Hoz). También es probable que lo conformasen
el tesorero Alonso de Riquelme, el alcalde mayor Juan de Porras, el fraile Vicente
de Valverde y algunos capitanes como Diego de Almagro, Pedro de Candía, Juan
Pizarro y Cristóbal de Mena. También se nombraron un fiscal, un defensor del reo y
se citaron diez testigos. El juicio fue sumario y se realizó en Cajamarca, iniciándose
el 25 de julio de 1533, y culminando al amanecer siguiente.201 Se dice que las
respuestas del Inca, como las declaraciones de los testigos debieron ser amañadas
y modificadas por el intérprete Felipillo, quien así remataba su venganza contra el
Inca.202200
Vargas Ugarte dice que sobre el proceso, «no conocemos ni ha llegado a nuestras
manos y por lo tanto, sobre el mismo no existen sino conjeturas». Agrega que las
famosas preguntas del proceso mencionadas en la Historia General del Perú (Libro
1, capítulo 37) del Inca Garcilaso de la Vega, «o fueron un amaño del Inca
Historiador, bastante propenso a tejer estas marañas, o bien, se las sugirió a él, o a
alguno de los cronistas de entonces los partidos del Cuzco que, en el hermano de
Huáscar no veían sino un usurpador sanguinario».200 Sin embargo, el historiador
Del Busto considera que esas preguntas bien pueden merecer alguna
credibilidad.203 Las preguntas que transcribe Garcilaso fueron las siguientes:
¿Qué mujeres había tenido Huayna Cápac? ¿Si Huáscar era hijo legítimo y
Atahualpa bastardo? ¿Si Huayna Cápac había tenido otros hijos fuera de los
citados? ¿Cómo había llegado Atahualpa a adueñarse del Imperio? ¿Fue Huáscar
declarado heredero de su padre o lo destituyó éste? ¿Cuándo y cómo tuvo lugar la
muerte de Huáscar? ¿Atahualpa forzaba a sus súbditos a sacrificar a sus dioses
mujeres y niños? ¿Habían sido justas las guerras que movió Atahualpa, pereciendo
en ellas mucha gente? ¿Habían derrochado las riquezas del Imperio? ¿Favoreció a
sus parientes en estos derroches? ¿Hallándose preso, dio órdenes para que se
diese muerte a los españoles?200
Atahualpa fue hallado culpable de idolatría, herejía, regicidio, fratricidio, traición,
poligamia e incesto y fue condenado a morir quemado en la hoguera. La sentencia
se dio el 26 de julio de 1533 y para ese mismo día se programó la ejecución de la
misma. Atahualpa rechazó todas las acusaciones y solicitó hablar en privado con
Pizarro, pero este se negó.204
La ejecución de Atahualpa
Ejecución de Atahualpa, según grabado del siglo xix.
A las 7 de la noche Atahualpa fue sacado de su celda y llevado al centro de la plaza,
donde se hallaba clavado un tronco. Allí, rodeado de los soldados españoles que
portaban antorchas y del cura Valverde, fue puesto de espaldas al tronco y luego
atado fuertemente, mientras que a sus pies eran arrimados leños. Un español se
acercó con una tea encendida. Viendo que iba a ser quemado, Atahualpa entabló
un diálogo con Valverde. Preocupado por el hecho de que su cuerpo fuera
consumido por las llamas y no conservado como se estilaba entre los incas, aceptó
la oferta que Valverde le hizo, es decir, bautizarse como cristiano para de esa
manera cambiar la pena de hoguera por la del garrote (ahorcamiento); de esa
manera su cuerpo sería enterrado.n 7 Fue bautizado allí mismo y le pusieron de
nombre Francisco (no Juan, como algunas versiones dicen). Luego se le enrolló una
soga al cuello ajustándola al tronco, y aplicando un torniquete, se procedió a su
estrangulamiento (26 de julio de 1533).205
Ha habido mucha discusión sobre la fecha de este acontecimiento. Prescott
menciona el 29 de agosto como la fecha de la ejecución del Inca.206 Pero María
Rostworowski la considera errónea:
«…parece lógico suponer que la muerte del Atahualpa ocurriera después del 8 de
junio y antes del 29 de julio de 1533. Los españoles se quedaron aún unos días en
Cajamarca preparando la partida que tuvo lugar hacia mediados de agosto. El día
26 [de agosto] ya estaban en Andamarca y el dos de septiembre en Huaylas. Es
importante aclarar la fecha de la muerte de Atahualpa y rectificar que no tuvo
lugar el 29 de agosto como ha sido sugerido sin fundamento alguno».207
Fue el historiador peruano Rafael Loredo quien fijó la fecha en el 26 de julio,
basándose en un documento que halló en el Archivo de Indias de Sevilla en
1954,208 donde se dice lo siguiente:
“Y en dicho pueblo de Caxamalca en treinta y un días del dicho mes de julio en
presencia de los dichos oficiales de S.M. manifestó Francisco Pizarro mil ciento
ochenta y cinco pesos en piezas labradas de indios que dijo que se le había dado el
cacique Atahualpa y manifestóles después de la muerte de dicho Atahualpa cinco
días”.
Lo que, haciendo cuentas, nos da la fecha de 26 de julio de 1533. El historiador Del
Busto apoya esta fecha.208
Los funerales de Atahualpa, pintura de Luis Montero que representa a Atahualpa
muerto.
Muerto Atahualpa, terminó la dinastía de los Incas, que gobernaron el Imperio más
grande de la América precolombina (aunque Atahualpa no fuera reconocido por
las panacas reales cusqueñas, los españoles si lo consideraron Sapa Inca). Para
guardar las apariencias, y tener un seguro hasta la toma del Cuzco, Francisco
Pizarro, decidió nombrar otro Inca, título que recayó en otro de los hijos del inca
Huayna Cápac: Túpac Hualpa, que los cronistas españoles nombran como Toparpa,
un gobernante títere, que reconoció vasallaje al rey de España.
Empieza la marcha al Cusco
A pesar de tener casi dominado el norte del Imperio incaico, de tener de rehenes a
varios curacas y haber asesinado al Inca y contar con el apoyo de muchos indios
huascaristas y de las diversas etnias o naciones esperanzadas en ser liberadas del
yugo inca, los españoles aún no habían consolidado la conquista. Sabían los
españoles que el camino que iba al Cuzco, la capital del Tahuantinsuyo, estaba
amenazado por las tropas atahualpistas, cuyo caudillo era Quizquiz.
Pizarro decidió partir de Cajamarca, rumbo al sur, con dirección al Cuzco.
Previamente, envió una comitiva de 10 soldados a San Miguel con la finalidad que
esperasen en ese lugar al primer navío procedente de Panamá o de Nicaragua. Con
lo desembarcado, deberían reunirse con él en el trayecto.
Grabado que personifica el retrato del Marqués Pizarro como Gobernador de la
Nueva Castilla posteriormente llamada Perú o Pirú.
La hueste española salió de Cajamarca el lunes 11 de agosto de 1533, muy de
mañana. Eran aproximadamente 400 españoles y un número desconocido pero
grande de guerreros indios aliados de los españoles, así como cargueros nativos,
mayormente indios cajamarcas, que transportaban el oro y la plata. Iba también,
como prisionero, el general atahualpista Chalcuchímac, todavía con las secuelas de
las torturas que había sufrido en Cajamarca, pero que aún era temido por su
calidad de caudillo militar.
En la vanguardia iba Túpac Hualpa o Toparpa, el Sapa Inca coronado por los
españoles, acompañado por un gran séquito de cortesanos, todos alegres porque
iban a recuperar el Cuzco. Detrás avanzaban los infantes españoles, luego seguían
los cargueros indios, vigilados por los negros esclavos y los indios nicaraguas; al
final iban los jinetes españoles.209
En el primer día de viaje, luego de avanzar algunas leguas, acamparon cerca del río
Cajamarca. Fue allí donde se enteraron de la muerte de Huari Tito, hermano de
Túpac Hualpa, quien había salido a verificar el buen estado de los puentes y
caminos. Los autores del crimen fueron los atahualpistas.210
Llegaron a Cajabamba el 14 de agosto y a Huamachuco el 17 de agosto. Esta última
era una ciudad de piedra, cuyo trazo recordaba a Cajamarca; se trataba de la
capital de un gran señorío y centro religioso donde se rendía culto al dios Catequil.
Aún se recordaba la profanación cometida tiempo atrás por Atahualpa, que había
derribado el ídolo y asesinado a su anciano sacerdote; por ellos, los huamachucos
eran huascaristas y recibieron a los españoles como libertadores.211 Luego de
reponer fuerzas por dos días, Pizarro continuó la marcha al sur, enviando
previamente una avanzada al mando de Diego de Almagro. Ambos se encuentran
en Huaylas, el 31 de agosto de 1533, donde descansaron una semana.212
Grabado de Guamán Poma de Ayala, que representa a Diego de Almagro en lado
izquierdo y a Francisco Pizarro en el derecho.
El 8 de septiembre, los españoles continuaron la marcha al sur a través del llamado
callejón de Huaylas. Pasaron por Andamarca, Corongo, Yungay, Huaraz y Recuay.
El 1 de octubre los españoles llegaron a Cajatambo. Ahí, Pizarro reforzó su
vanguardia y retaguardia, ante el temor de levantamientos y ataques de los
naturales, preocupándole el hecho de que los pueblos por donde pasaban siempre
estaban abandonados.
El 2 de octubre los españoles partieron de Cajatambo, llegando al día siguiente a
Oyón, a 4.890 m s. n. m. El 4 de octubre continuaron la marcha, virando hacia el
camino que cruza la cordillera de Huayhuash. Avistaron la laguna de
Chinchaycocha, bordeándola por su lado occidental y avistaron el río Mantaro.213
En el camino, Francisco Pizarro se enteró, por informantes, que los generales
atahualpistas Yncorabaliba, Yguaparro y Mortay, venían reclutando gente de guerra
en Bombón (Pumpu); y que conocían los movimientos de los españoles por
noticias enviadas por Chalcuchímac. Pizarro ordenó entonces que se vigilara
rigurosamente a este.214 El cronista Sancho de la Hoz, dice que el motivo de los
atahualpistas era que «querían guerra con los cristianos, porque veían la tierra
ganada por los españoles y querían gobernarla ellos».
Los españoles prosiguieron a Bombón, pueblo que ocuparon el 7 de octubre.
Pizarro redobló la vigilancia, pues temió un ataque de los atahualpistas. Por la
noche se enteró de que a cinco leguas de Jauja se habían reunido los quiteños y
otros indios de guerra, cuyo plan era replegarse al Cuzco y unirse a Quizquiz, no sin
antes dejar arrasada toda la localidad jaujina para que los españoles no
encontraran nada para aprovisionarse. Pizarro no quiso perder tiempo y se
adelantó rumbo a Jauja (9 de octubre). Llevaba a Chalcuchímac encadenado, tal
vez con el propósito de usarlo como rehén.214
Los españoles llegaron a Chacamarca, donde hallaron 70.000 pesos en oro, parte
del rescate de Atahualpa, que se había quedado allí tras la muerte del Inca. Pizarro
dejó el oro al cuidado de dos jinetes y continuó su marcha. Todo el paisaje era
silencioso. No se veían ni espías. Al atardecer del 10 de octubre los españoles
arribaron a Tarma, sin encontrar resistencia. Allí pasaron la noche, padeciendo
hambre, sed, lluvia y granizo. Al amanecer reemprendieron la marcha hacia
Jauja.215
Batalla de Jauja o Huaripampa
A dos leguas de Jauja, Pizarro dividió su ejército. Ya cerca, se dio cuenta de que el
pueblo estaba íntegro; más aún, tuvieron un recibimiento cordial de parte de los
indígenas, «celebrando su venida, porque con ella pensaban que saldrían de la
esclavitud en que les tenía gente extranjera». El valle de Jauja era tan hermoso,
que los españoles no pudieron reprimir su admiración.216
Pero Pizarro no solo encontró en Jauja a gente amistosa, sino también a las tropas
atahualpistas de los generales Yurac Huallpa e Ihua Paru, en pie de guerra. El
enfrentamiento resultó una atroz matanza de indios; los españoles y los indios
auxiliares, emboscaron a las tropas atahualpistas, haciendo una gran matanza. Los
mismos lugareños, enemigos de los quiteños, ayudaron a los españoles a
exterminar a estos, indicándoles donde se escondían. A este encuentro bélico se le
conoce como la batalla de Jauja o de Huaripampa.217
Esas tropas quiteñas habían sido enviadas por los generales Yncorabaliba,
Yguaparro y Mortay, que se encontraban con el grueso de su ejército a 6 leguas de
Jauja y en permanente contacto con el ejército de Quizquiz, que se hallaba
acantonado en el Cuzco. Enterado Francisco Pizarro, envió a un grupo de sus
soldados para hacerles frente, más los atahualpistas los hicieron retroceder.
Pizarro, ante esto, pretendió atacarlos por sorpresa; pero fue engañado y cuando
quiso continuar hacia el Cuzco, se dio cuenta de que los puentes estratégicos
habían sido cortados.
Muerte de Túpac Hualpa
En Jauja murió misteriosamente Túpac Hualpa. Se dice que ya se hallaba enfermo
desde la partida de Cajamarca y que en Jauja empeoró: de pronto perdió el
conocimiento y cayó desvanecido. El rumor que corrió fue que Chalcuchímac lo
había envenenado, dándole un bebebizo de acción letal retardada en Cajamarca.
Pero por lo pronto Pizarro obvió esta sospecha y convocó a Chalcuchímac y otros
nobles incas colaboracionistas que viajaban con él, para que propusieran un nuevo
Sapa Inca. En esta reunión y frente al enemigo común, nuevamente se notaron las
diferencias entre huascaristas y atahualpistas, lo que fue explotado hábilmente por
Francisco Pizarro. Chalcuchímac, propuso a Aticoc, hijo quiteño de Atahualpa,
mientras que los nobles cuzqueños propusieron a un hermano del Sapa Inca
muerto, pero de origen cuzqueño. Como estaban cerca del Cuzco, Pizarro,
hábilmente, se decidió por el Inca de origen cuzqueño.
Mientras los nobles incas buscaban a ese Sapa Inca cusqueño, Pizarro enviaba
expediciones a la costa, con la finalidad de encontrar lugares idóneos para instalar
puertos marítimos, y esperando los resultados, se quedó en Jauja. Entre tanto,
envió otra tropilla con rumbo al Cusco, a fin de que fueran reponiendo los puentes
que estuvieran cortados.
Asentamiento español en Jauja
Pizarro se percató que se había alejado mucho de San Miguel de Tangarará, la
primera ciudad que fundara en el Perú, sin dejar en el camino acantonamientos
para conservar lo ganado. Atraído por la comarca en que ahora se hallaba, que era
abundante de mantenimientos y muy poblada de nativos amistosos (los huancas),
decidió hacer en ella la segunda población de españoles. Fue en ese entonces
cuando se originó la frase “país de Jauja”, para indicar un lugar pródigo en
riquezas. Se entiende que los huancas se mostraran demasiado serviciales con los
españoles, pues los vieron como aliados para luchar contra los incas, sus jurados
enemigos.
Pizarro informó a su gente de su proyecto, recibiendo buena acogida. Unos
ochenta españoles pidieron ser admitidos como vecinos y se ofrecieron a guardar
el oro y la plata de sus compañeros, mientras estos continuaban su marcha al
Cusco. Se empezaban a realizar los preparativos para la fundación, cuando Pizarro
recibió noticias alarmantes de parte de sus aliados huancas: los atahualpistas
asolaban los campos, destruían sus cosechas y cada vez eran más numerosos. De
modo que pospuso la fundación y decidió continuar la marcha.
Dejando una pequeña guarnición al mando del tesorero Alonso de Riquelme,
Pizarro partió con el resto de su ejército, continuado el viaje al Cusco. Era el 27 de
octubre de 1533; había permanecido 15 días en Jauja. El capitán Hernando de Soto
se le había adelantado, al mando de una avanzada de jinetes.218
Batalla de Vilcas o Vilcashuamán
Iglesia de Vilcashuamán elevada sobre un antiguo Templo del Sol incaico.
Los españoles, en su viaje por todo el valle del Mantaro, continuaron recibiendo el
apoyo de los huancas, alianza que sería de vital importancia para la conquista.
Llegaron al pueblo de Panarai (Paucaray) el 30 de octubre de 1533, encontrándolo
destruido, aunque pudieron hallar algo de comida. Continuando el viaje, el 31 de
octubre de 1533 llegaron al pueblo de Tarcos (Parcos), donde los recibió un curaca
que les agasajó con comida y bebida, y les informó acerca del paso de Hernando
de Soto, que se preparaba para luchar contra los atahualpistas atrincherados en las
cercanías. Continuando la marcha, Pizarro llegó a un pueblo semidestruido
(posiblemente el actual Tambillo de Illahuasi), donde recibió una carta de
Hernando de Soto, que le refería el combate que sostuvo en Vilcas, cinco leguas
más adelante. Era el 3 de noviembre.219
Efectivamente, Hernando de Soto, que iba de avanzada con un grupo de jinetes
españoles y un nutrido ejército de indios jaujas y huancas aliados, había llegado a
Vilcas (hoy Vilcashuamán), sede de una imponente ciudadela incaica, guarnecida
por los soldados atahualpistas al mando de Apo Maila, pero que en ese momento
se hallaban en el campo, dedicados a un gran chaku o cacería. Solo se hallaban en
Vilcas las mujeres, que fueron tomadas cautivas por Soto. Enterado Apo Maila de
la presencia de los españoles, retornó apresuradamente a defender la fortaleza. Se
trabó entonces un recio combate, entre el 27 y 28 de octubre de 1533. Los
españoles y sus aliados indígenas se vieron rodeados por fuerzas numerosas, pero
pudieron resistir firmemente. Apo Maila cayó en la lucha y sus tropas,
desmoralizadas, se retiraron, perseguidos por los jinetes españoles. No obstante,
las fuerzas quiteñas se rehicieron y contraatacaron. Para apaciguar a los sitiadores,
Soto entabló negociaciones y entregó a las mujeres que había capturado en la
ciudadela. Poco después, Quizquiz ordenó a sus tropas retirarse más al sur, ya que
el grueso de las tropas españolas, con Pizarro a la cabeza, se acercaba a Vilcas. Los
españoles tuvieron varios heridos y un caballo muerto.220
Algo que también contribuyó a debilitar los ataques de los atahualpistas, en este
tramo del viaje hacia el Cusco, fue el hecho que tuvieran los españoles como rehén
al general Chalcuchímac, hombre muy querido por sus tropas. Temían la represalia
de Pizarro y la muerte del valiente general atahualpista.
Continúa la marcha española
El Qhapaq Ñan (red vial del Tahuantinsuyo) fue uno de los factores que facilitó la
conquista española.
Pizarro llegó a Vilcas el 4 de noviembre y se cercioró que Soto había partido de allí
hacía dos días. Al día siguiente, Pizarro prosiguió la marcha. A la altura de Curamba
notó que había galgas o piedras grandes acomodadas en lo alto de los cerros, con
claro propósito bélico, lo que le dio un mal presentimiento. Temiendo que Soto
hubiera sido atacado nuevamente, envió a Diego de Almagro en su auxilio, con
treinta jinetes.221
El 6 de noviembre, Pizarro entró en Andahuaylas (Andabailla, para los españoles),
sin ser molestado, donde pasó la noche. Al día siguiente continuaron hasta
Airamba, en donde encontraron dos caballos muertos, lo que preocupó a Pizarro
sobre la suerte de Hernando de Soto y su gente. Pero enseguida recibió otra carta
de Soto, donde este le informaba que se encontraba en el camino al Cusco, que
estaba bloqueado, pero que no había tropas indias enemigas y que los caballos
habían muerto de «tanto calentarse y enfriarse». No mencionaba a Almagro, señal
que no se habían encontrado todavía.222
Abandonando Andahuaylas, Pizarro continuó su viaje pasando por Curahuasi y
estando cerca de un gran río (el Apurímac), recibió una tercera carta de Soto, con
la noticia de que se hallaba acorralado en Vilcaconga por un crecido número de
indios guerreros. La carta se interrumpía bruscamente y el mensajero indio no
supo dar noticia de lo que había ocurrido con posterioridad, pues salió a traer el
mensaje muy entrada la noche. Esto hizo temer a Pizarro que Soto y su tropa
habían sido ya exterminados.222
Batalla de Vilcaconga
Grabado que representa a la hueste española de Pizarro viajando por la agreste
cordillera de los Andes.
Lo que había pasado era que Hernando de Soto y su gente quisieron adelantarse
en llegar al Cuzco, para apoderarse de sus riquezas y no compartir con el resto de
los españoles. Pero luego de vadear un río, al que había cortado los puentes, se
encontró con tropas atahualpistas, que le trabaron batalla en la empinada cuesta
de Vilcaconga (8 de noviembre de 1533). Estas tropas pertenecían al ejército de
Quizquiz, y tenían como aliados a los indios tarmas; su jefe era Yurac Huallpa.223
Los tarmas estaban aliados con Quizquiz debido a que anteriormente habían
sufrido una grave afrenta de parte de Soto: sus embajadores a los que enviaron
para solicitar alianza con los españoles fueron mutilados, pues Soto no confió en
ellos y temió un engaño.224225
Los atahualpistas se habían dado cuenta de que ya los españoles estaban
cansados, de igual manera que sus caballos y perros, por lo que, de propia
voluntad, a veces sin órdenes de Quizquiz, atacaban a los españoles. Eso fue lo que
pasó luego del vadeo del río, al subir la cuesta, fueron atacados por los quiteños,
que presionaron con tanta fuerza que mataron a cinco jinetes españoles. «A cinco
cristianos cuyos caballos no pudieron subir a lo alto, cargó tanto la muchedumbre,
que a dos de ellos les fue imposible apearse y los mataron encima de sus
caballos…»; «les abrieron a todos la cabeza por medio, con sus hachas y porras».
Los cinco españoles muertos eran: Hernando de Toro (de Trujillo); Francisco
Martín, el narigudo; el sastre Rodas; el vasco Gaspar de Marquina y Miguel
Ruiz.226
Luego de este ataque, los atahualpistas se fueron a una colina cercana, esperando
el enfrentamiento franco, «casi concertado, esperando siempre un arreglo
amistoso», costumbre de la guerra andina; mientras que Hernando de Soto
recurría al engaño, al fingir que se refugiaba en un llano, aparentando huir,
mientras que una parte de la tropa imperial, los perseguía a hondazos, hasta que
una vez que los hubieron alejado lo suficiente del grueso de las tropas quiteñas,
sobreparó la caballería y arremetió contra ellos, aniquilándolos. Cuando el grueso
del ejército atahualpista vio esto, se retiró, pero acamparon muy cerca los dos
ejércitos, que se oían las voces.
La llegada inesperada de Diego de Almagro, con 40 a caballo, anunciada por la
trompeta de Pedro de Alconchel, hizo que los indios se retiraran, sin presentar
batalla. Esa es la versión española; según la versión de Titu Cusi Yupanqui, Quizquiz
ordenó la retirada, porque fue informado de que Manco Inca, el noble inca del
bando cuzqueño o huascarista (es decir, enemigo de los atahualpistas), marchaba
contra él a combatirlo, lo que comprometía seriamente su retaguardia. Manco Inca
guardaba también el propósito de aliarse con los españoles, y justamente iba ya al
encuentro de estos.227
Superada la adversidad, Hernando de Soto y Diego de Almagro continuaron juntos
el viaje hacia el Cuzco, cuando fueron informados de la presencia de una tropa
enviada por Quizquiz, por lo que optaron por atrincherarse en un pueblo, en
donde esperaron a Francisco Pizarro.
Muerte de Chalcuchímac
El capitán Chalcuchímac luchando contra las etnias del norte, según un dibujo de
Guaman Poma.
Conocedor de los ataques que había sufrido su avanzada encabezada por Soto,
Francisco Pizarro sospechó que todos sus movimientos eran espiados y que
Chalcuchímac era el que enviaba dichos informes a las tropas atahualpistas.
Continuando el camino y estando ya cerca del Cuzco, Diego de Almagro se
presentó en el campamento de Pizarro y continuaron hasta donde se encontraba
Hernando de Soto. Unidos así, siguieron ese mismo día a Jaquijahuana
(Sacsahuana), donde acamparon (12 de noviembre de 1533).224
En el trayecto, ocurrió un hecho de mucha trascendencia: los belicosos cañaris,
con su caudillo Chilche, ofrecieron su apoyo a los españoles, quienes gustosos
aceptaron. Esta etnia, procedente del actual territorio de Ecuador, habían formado
parte de las huestes de Quizquiz, pero debido a un desacuerdo con este jefe, se
plegaron en masa a los españoles.228
Diego de Almagro y Hernando de Soto, convencieron a Francisco Pizarro, de que
los ataques de los atahualpistas en Vilcashuamán y en Vilcaconga eran producto de
la «infidencia de Chalcuchímac», pues de otro modo no se entendía que el
enemigo conociera el movimiento de los españoles al detalle. Pizarro sabía que, en
realidad, había sido la indisciplina de Soto la que había propiciado la muerte de los
españoles en Vilcaconga, al querer adelantarse a tomar el Cusco, pero disimuló,
pues Soto era jefe de una numerosa hueste y no convenía en esos instantes crear
divisionismo entre ellos.229230
Los jefes españoles acordaron condenar a Chalcuchímac a morir en la hoguera. Por
intermedio de un intérprete, el cura Valverde trató de persuadir al capitán incaico
a que se hiciera cristiano, diciéndole que los que se bautizaban y creían en
Jesucristo iban a la gloria del paraíso, y los que no creían en él, iban al infierno.
Mas Chalcuchímac se negó a ser cristiano, diciendo que no sabía qué cosa fuese
esa ley y comenzó a invocar a su dios Pachacámac para que, por intermedio del
capitán Quizquiz, viniera a socorrerlo.231
Chalcuchímac murió quemado vivo en la plaza de Jaquijahuana, negándose en
todo momento a bautizarse como cristiano (12 de noviembre de 1533). Un
cronista asevera que «toda la gente de la tierra se alegró infinito de su muerte,
porque era muy aborrecido de todos por conocer lo cruel que era». Pizarro
prometió que atraparía y haría lo mismo con Quizquiz , el otro general atahualpista
que continuaba en rebeldía.232 Al día siguiente fue anunciada la visita de un
príncipe quechua o cuzqueño al campamento español, lo cual tomó por sorpresa a
Pizarro.233
Manco Inca se alía con los españoles
El 14 de noviembre de 1533, se presentó en el campamento de Francisco Pizarro,
en Jaquijahuana, Manco Inca, hijo de Huayna Cápac, de ascendencia cuzqueña (es
decir, del bando huascarista). Este personaje, llamado también Manco II, era uno
de los hijos de Huayna Cápac con la coya imperial, nacido probablemente en 1515,
de modo que era todavía muy joven. Había escapado de la matanza de nobles
cuzqueños que los atahualpistas hicieron en el Cuzco, durante la guerra civil, y
desde esa época había permanecido escondido. Ahora reaparecía, para ofrecer su
apoyo a los españoles, en la guerra común que enfrentaban contra las tropas
atahualpistas de Quizquiz. Pizarro aceptó gustoso esta alianza, y apresuró la
marcha al Cusco, que según Manco, se hallaba amenazada de ser incendiada por
los quiteños.234
Villanueva Sotomayor opina que los incas habían observado las costumbres de los
españoles, y que fatalmente, no pudieron aprovechar las debilidades de los
mismos, por las rivalidades, producto de la guerra civil que aún continuaba, a
pesar de la presencia del verdadero invasor. Y lo gráfica muy bien, diciendo que
Manco Inca, sabía muy bien que los españoles en día domingo, no comían carne
roja y habiendo ido a pescar con unos indios la «comida de los españoles del día
de guardar», recibió a un chasqui que le avisaba noticias del Cuzco. Regresó Manco
Inca al campamento donde Francisco Pizarro para decirle: «… dice que Quízquiz
con su gente de guerra va a quemar el Cusco y que está ya cerca, y he querido
avisártelo para que pongas remedio».
Batalla de Anta
Las tropas de Quizquiz se enfrentaron al ejército combinado de Manco Inca y
Pizarro. Pintura de Juan Bravo para la municipalidad del Cuzco.
La adhesión de Manco Inca a los españoles, adicionó más tropas cuzqueñas al lado
de Francisco Pizarro; este inesperado apoyo, influyó en el ánimo del conquistador
para entrar al Cuzco. Ya cerca de la ciudad imperial, se toparon con las huestes de
Quizquiz, a las que presentaron batalla en Anta. Los atahualpistas atacaron y
lograron matar a 3 caballos y a herir a muchos más; muchos españoles resultaron
también heridos (se salvaban más que nada por estar protegidos con corazas y
cascos de metal), y llegaron incluso a retroceder varios grupos de jinetes. Pero
finalmente, viendo que era improbable ganar la batalla, los hombres de Quizquiz
se retiraron; tampoco quisieron defender el Cuzco, pues vieron lo difícil que sería
defender la ciudad imperial calle por calle.235 Cansados de una larga campaña
llevada tan lejos de su tierra, muchos de ellos querían solo volver a Quito.236
Toma y saqueo del Cusco
Véase también: Toma del Cuzco
Restauración digital de lo que probablemente fue la ciudad del Cusco en la época
incaica. Se puede apreciar en la imagen, la plaza central dividida por el río Saphy
en dos sectores, la Huacaypata (lugar del llanto) y la Cusipata (lugar del regocijo).
Sin obstáculos, Pizarro entró al Cusco, junto con Manco Inca, la hueste española y
los aliados incas (huascaristas o cusqueños).
«De este modo entró el Gobernador con su gente en aquella gran ciudad del Cusco
sin otra resistencia ni batalla, el viernes a la hora de misa mayor, a quince días del
mes de noviembre del año del Nacimiento de Nuestro Salvador y Redentor
Jesucristo MDXXXIII [año 1533].»
Representación de las cuatro divisiones del Imperio incaico (o Tahuantinsuyu), que
partían del Cuzco, la ciudad capital con forma de puma.
No hay duda que en el Cuzco era la ciudad principal de todo el Tahuantinsuyo. Al
ser tomada por los españoles, mermó significativamente la resistencia nativa, no
sólo porque allí se encontraba toda la organización del imperio, sino por el
significado que tenía para los ejércitos incas ver su capital tomada y dominada por
los españoles.
Hay en dicha ciudad otros muchos aposentos y grandezas; pasan por ambos lados
dos ríos que nacen una legua (5,5 kilómetros) más arriba del y desde allí hasta que
llegan a la ciudad y dos leguas (11 kilómetros) más abajo, todos van enlosados
para que el agua corra limpia y clara y aunque crezca no se desborde; tienen sus
puentes por lo que se entra a la ciudad...
Pizarro llegó con su gente hasta la gran plaza cuadrada y, después de escudriñar
sus edificios, mandó a algunos peones para que los visitasen. Como no
encontraron nada que los llevase a desconfiar el gobernador tomó para sí el
palacio de Casana, morada que fue del inca Huayna Cápac. Almagro se apropió de
otro palacio que daba a la plaza ubicado junto al de su compañero. Gonzalo Pizarro
hizo lo propio con el de Cora-Cora, mansión edificada por el inca Túpac
Yupanqui.237
Según explica el historiador José Antonio del Busto; parece que a continuación los
soldados pidieron permiso para saquear la ciudad y el gobernador les concedió la
gracia; por lo que los españoles entraron en los edificios de piedra, algunos de los
cuales habían sido incendiados por los atahualpistas pero la mayoría se encontraba
en buen estado. Dentro no hallaron tanto oro como quisieron encontrar pero
recogieron, en cambio, muchísima cantidad de plata y piedras preciosas, chaquira
reluciente, topos artísticos, cántaros metálicos y plumería multicolor. Después
visitaron los depósitos de ropa fina siguiendo por los depósitos de comida, de
calzado, de sogas de todos los tamaños, de armas ofensivas y defensivas, de
barretas de cobre, los depósitos de coca y de ají; encontraron, también, los
depósitos de cuerpos desollados usados para fabricar tambores de guerra.237
El saqueo de Coricancha (Templo del Sol del Cuzco), por parte de los
conquistadores españoles. Cuadro del pintor peruano Teófilo Castillo.
Los españoles prosiguieron el saqueo hacia los barrios sacerdotales. Primero
enrumbaron al Acllahuasi o Casa de las Vírgenes, con la intención de violar a las
vírgenes del Sol, pero los atahualpistas se las habían llevado para librarlas de ser
profanadas junto con el oro y la plata del recinto. Enfadados y llenos de
indignación, prosiguieron al Coricancha esperando hallar allí "más oro que en todo
el Cuzco junto". Se cuenta que los soldados iban corriendo por las calles de muros
pétreos rumbo al Templo del Sol cuando salió de aquel el anciano Víllac Umu o
sumo sacerdote "lleno de santa ira" quien, tratando de cerrarles el paso, les
advirtió que para entrar al recinto sagrado se debía ayunar un año, además de
estar descalzo y con un carga sobre los hombros. Los españoles se detuvieron un
instante y alguien tradujo sus palabras. Al entender estas ideas, lanzaron una
carcajada y se precipitaron al interior del templo.238
El oro y plata recolectados fueron fundidos, obteniéndose 580.200 pesos de «buen
oro». El quinto real representó 116.460 pesos de oro; además la plata representó
25.000 marcos: 170.000 «eran de plata buena en vajilla y planchas limpias y
buena, y el resto no porque estaba en planchas y piezas mezcladas con otros
metales conforme se sacaba de la mina.»
Proclamación de Manco Inca
Dibujo de Guamán Poma de Ayala, que representa al inca Manco Inca Yupanqui
sentado en su trono o usno.
Francisco Pizarro se apresuró en nombrar Sapa Inca a Manco Inca, por las razones
que nos explica Villanueva Sotomayor:
“El 16 de noviembre, a un año de la toma de Cajamarca y de la captura de
Atahualpa, Pizarro convirtió a Manco Inca en Sapa Inca. … e hízolo tan presto para
que los señores y caciques no se fueran a sus tierras, que eran de diversas
provincias y muy lejos unas de otras, y para que los naturales, no se juntaran con
los de Quito sino que tuvieran un señor separado al que habían de reverenciar y
obedecer y no se abanderizaran, y así mandó a todos los caciques que lo
obedecieran por señor e hicieran todo lo que les mandara”.
Era costumbre inca que cada curaca tuviera en el Cuzco su alojamiento, porque
tenía que venir a la ciudad imperial para entregar sus tributos al Sapa Inca, a las
fiestas (principalmente, al Inti Raymi) y a toda convocatoria que se le hiciera desde
el «Ombligo del mundo». Pero, además, el auqui del curaca (su hermano o uno de
sus hijos) siempre estaba en el Cusco, disfrutando de los favores de la corte del
Inca. Su permanencia era la garantía del vínculo entre el Estado cuzqueño y los
dominios del curaca. Era una especie de rehén. Si Pizarro no optaba por darle el
mando imperial a Manco Inca, los auquis y los curacas que estaban en esos
momentos en el Cuzco, podían romper ese vínculo y actuar a su manera. Tal vez,
podrían haberse unido a las tropas rebeldes de Quizquiz u organizar de otro modo
la resistencia.
Los nobles del Cusco no se daban cuenta aún de que Francisco Pizarro estaba
manipulando el gobierno del Imperio al nombrar como Sapa Inca primero a Túpac
Hualpa y luego a Manco Inca, manteniéndolos como rehenes, incluso. Para
organizar mejor la resistencia inca, bien pudieron haber nombrado los curacas del
Cusco al nuevo Inca de entre las panacas reales y manejar el gobierno con más
independencia, pero la guerra civil ya había llegado a la capital del imperio. Lo
cierto es que ni huascaristas ni atahualpistas lo hicieron, con lo que se perdió la
oportunidad de unir nuevamente al Imperio y ofrecer a los españoles una
resistencia más organizada y efectiva.
El otro concepto que podría explicar la aislada resistencia sería el modo de
combatir de ambos ejércitos: mientras los incas ofrecían batalla en campo abierto
de manera franca; los españoles apelaban a argucias para derrotarlos incluso antes
de presentar batalla.
Manco Inca fue proclamado Sapa Inca, pero a la vez vasallo de la corona española.
Los españoles lo llamaron Manco II, pues se enteraron de que el primer Inca se
llamaba también Manco (Manco Cápac). Francisco Pizarro hizo legalizar el vasallaje
de Manco Inca un día domingo saliendo de misa a la que había asistido junto con
él. Los hizo salir a la plaza al Sapa Inca, y le ordenó a su secretario Sancho de la Hoz
que leyera la «demanda y requerimiento.» Pizarro siguió el protocolo español
tradicional para estos casos; al final Pizarro abrazó a Manco Inca y este retribuyó el
gesto, ofreciéndole chicha en un vaso de oro.
Batalla de Capi
Pizarro, entre tanto, al no ser hostilizado cuando tomó el Cusco, organizó otro
ejército con gente de Manco Inca que logró reunir «cinco mil guerreros». Pizarro
ordenó a Hernando de Soto, que apoyara a dicha tropa indígena con 50 de a
caballo, saliendo del Cuzco para presentar batalla a Quizquiz a 5 leguas de la
ciudad, en donde estaba su campamento. En la localidad de Capi, se enfrentaron
ambos ejércitos, de donde salió victoriosa la tropa combinada de Manco Inca y los
españoles, pero sin poder redondear su triunfo. Luego de esta batalla, regresaron
al Cusco. El general Paullu Inca, que comandaba las tropas de Manco Inca,
persiguió al ejército de Quizquiz, siendo derrotados en esa persecución; en el
Cuzco se recibió la noticia «que les habían muerto mil indios». Entre tanto Manco
Inca solicitó a los curacas «gente de guerra», y en menos de diez días, tenía en el
Cuzco un ejército de 10 mil guerreros.
Segunda batalla de Jauja
Llegado el verano y las copiosas lluvias estivales, no se organizó ninguna campaña
contra las tropas de Quizquiz. En febrero de 1534, el ejército de Manco Inca, que a
la sazón contaba con 25 mil soldados y los 50 de a caballo de Hernando de Soto, se
puso en movimiento, persiguiendo al general atahualpista, por la ruta de
Vilcashuamán. Llegando a Vilcashuamán, el ejército de Manco Inca, descansó; allí
fueron noticiados de que el ejército de Quizquiz marchaba sobre Jauja. Esto
preocupó sobremanera a la tropa española, porque en Jauja, se encontraba la
guarnición que había dejado Pizarro, durante su avance sobre el Cuzco. No
pudiendo cruzar el río Pampas en balsas, demoraron 20 días en rehacer el puente
destruido por los atahualpistas.
Mientras tanto, en Jauja se producía una cruenta batalla, entre el capitán Gabriel
de Rojas y Córdova y el general Quizquiz. El primero tenía a su mando 40
españoles, 20 de ellos jinetes, y estaba apoyado por 3000 huancas, especialmente
jaujinos, enemigos mortales de los atahualpistas. Los españoles alinearon también
en su bando a los indios yanaconas, que por primera vez participaban como
soldados. La alianza indo-española surtió efecto y las tropas de Quizquiz tuvieron
que retirarse sin lograr tomar Jauja.239
Por su parte, los jinetes de Hernando de Soto más 4.000 guerreros del ejército de
Paullu Inca, se apresuraron a ir en auxilio de los españoles de Jauja. Manco Inca y
el resto de su ejército, regresó al Cuzco.
Fundación española del Cusco
Detalle de una galería de retratos de los emperadores del Perú donde los reyes
españoles (lado derecho) figuran como sucesores de los soberanos incas (lado
izquierdo). Lámina publicada en 1744 en la obra Relación del Viaje a la América
Meridional en la que Jorge Juan y Antonio de Ulloa fueron sus autores.
El 23 de marzo de 1534, Francisco Pizarro realiza la fundación española de la
ciudad del Cuzco con el título de «La Muy Noble y Gran Ciudad de Cuzco». Se hizo
el acta de fundación, extendida por el escribano Pedro Sancho de la Hoz, que
firmaron Diego de Almagro, Hernando de Soto, Juan Pizarro y el capitán Gabriel de
Rojas y Córdova. Al día siguiente se formó el primer Cabildo: como alcaldes
ordinarios figuraban Francisco Beltrán de Castro y Pedro de Candía; y como
regidores, Juan Pizarro, Rodrigo Orgóñez, Gonzalo Pizarro, Pedro del Barco, Juan de
Valdivieso, Gonzalo de los Nidos, Francisco Mexía y Diego Bazán.240 Como en toda
ciudad española, se escogió la Plaza Mayor, el sitio de la iglesia, y se procedió a
hacerse el reparto de solares, tierras e indios, entre los 40 españoles que
decidieron instalarse como vecinos.
Bajo el pretexto de «los enseñaran y doctrinarán en las cosas de nuestra santa fe
católica», se entregó a los españoles una cantidad de indios para su uso en trabajo
e impuestos. Pizarro favoreció a sus amigos en el reparto de solares, tierras y
nativos. Ello disminuyó la ya frágil cohesión española, aumentó las diferencias y
ahondó los resentimientos entre ellos.
Por ese tiempo llegó la noticia de que Pedro de Alvarado, el conquistador que
actuó en México y Guatemala, se hallaba proyectando un expedición al Perú,
reuniendo barcos y gente, con el evidente propósito de arrebatarle a Pizarro y a
sus hombres la conquista del imperio incaico. Esa fue una de las razones que
impulsó a Pizarro la fundación del Cuzco, a fin de que Alvarado no arguyera que la
tierra carecía de dueño y que podía reclamar derechos sobre ella. Pizarro envió
también a Diego de Almagro a que bajara a la costa y la tomara en posesión del rey
de España. Luego, como ya vimos, envió a Hernando de Soto con una partida de
jinetes e indios aliados en persecución de Quizquiz. Por su parte, Pizarro se alistó
para regresar a Jauja, donde dejara una guarnición al mando de Alonso de
Riquelme; se proponía fundar allí una ciudad destinada a ser la capital de su
gobernación.241
Fundación española de Jauja
Fundación española de Jauja en 1534.
Preocupado por la situación de Jauja, Francisco Pizarro, en compañía de Manco
Inca y de su ejército, salió del Cuzco con dirección al norte, en busca de Quizquiz.
En el trayecto encontró las señales de guerra que dejaron los atahualpistas en su
retirada: puentes quemados, campos de cultivo arrasados, tambos saqueados. En
Vilcas, se enteró de que Quízquiz y su ejército se hallaban en retirada hacia el
norte, tras haber sido rechazados por los españoles de Jauja y sus aliados huancas.
Pero junto con esta noticia alentadora, llegó otra preocupante: un hijo de
Atahualpa bajaba desde Quito con un gran ejército de indios caníbales, dispuesto a
vengar la muerte de su padre. Pizarro le pidió entonces a Manco Inca que avisara a
los suyos el envío de un refuerzo de 2000 indios; luego continuó a Jauja, donde
entró el 20 de abril de 1534. Allí le recibió alborozado Riquelme, quien le puso al
tanto de los sucesos ocurridos.242
El 25 de abril de 1534, Pizarro fundó la nueva ciudad española de Jauja, con el
propósito de convertirla en la capital de su gobernación. Se realizó el reparto de
solares y demás actos protocolares de la ocasión. En este ínterin llegaron los
refuerzos del Cuzco, consistente en otros 2000 indígenas, que se sumaron a los
españoles.
Batalla de Maracaylla
Véase también: Batalla de Maraycalla
Paullu Inca en Recuerdos de la monarquía peruana de Justo Sahuaraura Inca
(1850).
Hernando de Soto y Paullu Inca, al frente de 20 españoles de a caballo y 3000
guerreros incas, fueron en búsqueda de Quizquiz, alcanzándolo en Maracaylla, en
donde se produjo el enfrentamiento (posiblemente a fines de mayo de 1534).
Villanueva, dice que el enfrentamiento fue duro, aunque no de «cuerpo a cuerpo»,
ya que un ejército se encontraba en una orilla del río Mantaro y el otro, en la otra
orilla; las armas que más se usaron en esta batalla, fueron la ballesta, flechas y
«arcos como de piedra». Los españoles, decidieron cruzar el río, mientras las
tropas atahualpistas iniciaron la retirada del lugar, siendo perseguidas por las
tropas de Paullu Inca «hasta hacerlas ocultar en un monte». Como no salían de él,
las tropas de Paullu Inca, las atacaron en ese monte, muriendo varios curacas
comarcanos y miles de las tropas de Quizquiz, que se retiraron, siendo perseguidos
por Paullu Inca, «tres leguas». Maracaylla significó la derrota definitiva de
Quizquiz.
El ejército atahualpista se retiró a Tarma. Allí, el curaca lugareño le impidió la
entrada al pueblo, presentándole batalla. Quizquiz continuó entonces su retirada
hacia Quito.
Conquista de Quito
Véase también: Tercera batalla de Tiocajas
Principales asentamientos españoles entre 1532 a 1547 en las rutas de los
conquistadores.
Por su parte, Diego de Almagro recorría la costa. Cerca de la antigua ciudad chimú
de Chan Chan realizó la primera fundación de la ciudad de Trujillo.
Siguiendo más al norte, Almagro llegó a San Miguel de Tangarará (Piura), donde se
enteró de que el capitán Sebastián de Belalcázar (que había quedado allí al frente
de la guarnición española), había partido rumbo a Quito, al frente de 200 hombres,
atraído por las inmensas riquezas que, según se decía, poseía esa región.
Grabado de la historia de Prescott que representa una de las batallas libradas en
Riobamba entre españoles y nativos.
Belalcázar emprendió así, por su cuenta la conquista de Quito, donde se hallaba en
pie de guerra el general atahualpista Rumiñahui, que había levantado un
numeroso y aguerrido ejército de quiteños. Los cañaris, que hasta entonces
formaban parte de la confederación quiteña, se aliaron con los españoles, y juntos
marcharon contra Rumiñahui. Se libró la sangrienta batalla de Tiocajas o Teocaxas.
En ella se revelaron los cañaris como excelentes guerreros, convirtiéndose así en
valiosos auxiliares de los españoles. Las tropas hispano-cañaris lograron romper el
cerco de los quiteños y maniobrando con la caballería, atacaron al enemigo por la
retaguardia, derrotándole. Rumiñahui se fortificó en Riobamba, donde los
españoles y cañaris le atacaron; aunque estos en un primer momento fueron
rechazados, luego contraatacaron dando un rodeo y capturaron la ciudad. Otra
victoria española se produjo en Pancallo, cerca de Ambato.243
Es muy célebre un episodio de esta guerra, que cuenta que, estando Rumiñahui a
punto de ganar a las tropas españolas y cañaris, erupcionó el volcán Tungurahua
(julio de 1534), lo que causó que parte de su ejército, temiendo la ira divina, se
desmoralizara y se retirara, pudiendo así los españoles contraatacar y hacerse del
triunfo.244245
Los quiteños se retiraron más hacia el norte. Rumiñahui, viendo que era imposible
defender la ciudad de Quito, la abandonó, llevándose sus riquezas y matando a las
acllas o vírgenes del sol, para evitar que cayeran en poder de los hispanos.
Belalcázar ingresó a Quito, encontrándola incendiada.246247
Rumiñahui, con los últimos restos de sus diezmadas tropas, puso todavía alguna
resistencia en Yurbo, hasta que se adentró en la selva y no se supo de él por algún
tiempo.246
Tras la retirada de Rumiñahui, Almagro y Benalcázar se encontraron cerca de
Riobamba, donde fundaron, en las llanuras de Cicalpa, cerca de la laguna de Colta,
la ciudad de Santiago de Quito (antecedente de la actual Quito), el 15 de agosto de
1534.248 Pero antes de consolidar la conquista, los dos capitanes españoles se
pusieron de acuerdo para enfrentar otro peligro que se cernía: la presencia del
adelantado Pedro de Alvarado, que pretendía arrebatarles sus conquistas.246
La expedición de Pedro de Alvarado
Efectivamente, una expedición de cuatro navíos, procedente de Guatemala y al
mando Pedro de Alvarado, había arribado a las costas del actual Ecuador,
desembarcando en Puerto Viejo, más precisamente en la Bahía de Caráquez, el 10
de febrero de 1534.249 En total eran 500 soldados españoles, de los cuales 150
eran de a caballo, así como 2000 indios centroamericanos y considerable número
de negros. Enrumbaron hacia Quito, a través de una región tropical poblada de
pantanos y maleza. Fue una de las más desgraciadas expediciones de la conquista
española. El hambre y el frío causaron grandes estragos. Murieron 85 españoles y
6 mujeres castellanas; así como un crecido número de indios auxiliares y negros
esclavos, aunque nadie se preocupó en llevar la cuenta exacta. La marcha por la
cordillera fue igualmente penosa, en medio de la nieve que cegaba la vista y en el
preciso momento en que erupcionaba el volcán Cotopaxi. Pero Alvarado insistió en
su empeño de llegar a Quito y no torció de rumbo.250
Preocupado Francisco Pizarro por la presencia de Pedro de Alvarado en el Perú,
instruyó a Diego de Almagro para que celebrase negociaciones con él. Almagro
dejó a Sebastián de Benalcázar como gobernador en Quito y fue al encuentro de
Pedro de Alvarado. En el trayecto, trabó un encuentro con los indios rebeldes, a
quienes derrotó en la batalla de Liriabamba.251
El encuentro entre Almagro y Alvarado se produjo en Riobamba.251 En un
principio se temió un enfrentamiento bélico entre ambos, a tal punto que el
intérprete de Almagro, el célebre Felipillo, viendo que las fuerzas de Alvarado eran
más numerosas, se pasó al campamento de este y le ofreció su apoyo, llevando
consigo a algunos curacas o caciques indios. Pero ambos capitanes españoles
optaron por celebrar conversaciones para solucionar el problema de manera
pacífica. Alvarado sostenía que la ciudad del Cuzco no estaba incluida dentro de los
límites de la gobernación de Pizarro, por lo que cualquiera podía ir a marchar a
conquistar esa ciudad y los territorios situados más al sur. Alvarado se equivocaba,
pero se dice que Almagro, al principio, quiso negociar con él una alianza para ir a
conquistar juntos las regiones situadas al sur del Cuzco. Pero luego de tres días de
conversaciones, Almagro notó que los títulos de Alvarado no estaban del todo
claros, por lo que optó por defender la causa de Pizarro. Almagro aprovechó
también la ocasión para ganarse a los soldados de Alvarado, quienes se pasaron a
su bando. Pedro de Alvarado, viendo que tenía las de perder, optó por transar con
Almagro: decidió retornar a Guatemala, dejando en el Perú a su tropa, buques y
todo el parque, a cambio una crecida suma de dinero: 100.000 pesos de oro.252
Esa compensación significaba el doble del oro que recibió Francisco Pizarro en la
repartición de Cajamarca. Por solo llegar hasta el Perú, Alvarado recibió más oro
que la que obtuvo por todas sus conquistas de Mesoamérica.136 El acuerdo se
firmó el 26 de agosto de 1534.253
Posteriormente, a principios de 1535, Alvarado se entrevistó con Pizarro en
Pachacámac, y recibió su pago en oro. Hubo festejos por este acontecimiento.254
Se dice que Pizarro, no tan conforme con el abultado precio acordado, adulteró el
oro con cobre.255 De todos modos, para Pizarro y Almagro, fue un gran negocio
haber adquirido las tropas, los navíos y los pertrechos traídos por Pedro de
Alvarado, pues con ellos podían consolidar la conquista.
Fundación española de Quito
Poco después de la firma del pacto con Alvarado, Almagro fundó la villa de San
Francisco de Quito, el 28 de agosto de 1534. Esta fundación se realizó en la llanura
de Cicalpa, en el mismo sitio donde poco antes fundara la ciudad de Santiago de
Quito. Sentó el acta respectiva el escribano Gonzalo Díaz. Se nombró a los
funcionarios del cabildo y se designó a Sebastián de Benalcázar como teniente de
gobernador. Sin embargo, se trataba solo de disposiciones nominales, ya que la
conquista aún no se había definido.256
Benalcázar se quedó en Quito, mientras que Diego de Almagro y Pedro de
Alvarado, iniciaron su marcha hacia el sur, rumbo al Perú, al encuentro de
Pizarro.257
Benalcázar se encargó de asentar la conquista española de Quito, lo que le llevó
algunos meses. Finalmente, el 6 de diciembre de 1534, ingresaba, por segunda
vez, en el centro de la ciudad incaica de Quitu, fundando, sobre los escombros que
dejara Rumiñahui, la villa de San Francisco de Quito, actual ciudad de Quito.258
Campaña de Quizquiz en el norte
Mientras que Almagro y Alvarado avanzaban al sur, Quizquiz, que había escapado
de la persecución de Hernando de Soto y Manco Inca, reorganizaba sus fuerzas y
marchaba hacia la región de Quito. Planeaba recuperar esta ciudad. Actuando con
habilidad, el general atahualpista logró separar a las fuerzas de Almagro y
Alvarado, y se abalanzó sobre este último. Pero Alvarado, hábil militar fogueado en
la conquista de México, pasó a la ofensiva y capturó al general Socta Urco, jefe de
la vanguardia de Quizquiz.259
Envalentonado, Alvarado prosiguió su avance hacia el sur, sin esperar a Almagro,
que se había quedado rezagado. En una pelea que entabló con Quizquiz perdió a
14 españoles. Por su parte, Almagro enfrentaba a un lugarteniente atahualpista,
Huayna Palcón (un noble de sangre inca), sin lograr desalojarlo de las posiciones
que ocupaba.259
En otro ocasión, Quizquiz atacó a los españoles cuando subían por una cuesta
luego de cruzar un río, logrando matar a 53 de ellos y a un buen número de
caballos. Fue la primera batalla en la que murieron un número crecido de
españoles, si se compara con el número total de la hueste hispana. Sin embargo,
unos 4.000 hombres atahualpistas desertaron y se pasaron al bando español
(posiblemente eran los cargadores, reclutados a la fuerza). A partir de entonces,
Quizquiz sufrió grandes derrotas, hasta que finalmente, los últimos restos de sus
tropas fueron deshechas por Benalcázar en la segunda batalla de Riobamba.260
Muerte de Quizquiz
Quizquiz, junto con Huayna Palcón, se replegó hacia la selva para planear la
estrategia a seguir en la lucha contra los invasores hispanos. Quizquiz quería
desarrollar una lucha de guerrillas hasta rehacer sus fuerzas, a lo que Huayna
Palcón se opuso. Este, al parecer, deseaba un entendimiento con los españoles. En
medio de la acalorada discusión que se desató, Huayna Palcón cogió una lanza y
atravesó el pecho de Quizquiz, matándolo.255
Así terminó la vida el indómito general de Atahualpa que en todo momento se
mantuvo fiel a su señor. Se sabe que, al igual que Chalcuchímac, era cuzqueño, de
origen plebeyo, y que por sus hazañas militares mereció su ascenso a la nobleza de
privilegio. Su nombre quechua significa “langosta” y dícese que lo adoptó pues al
igual que el sonido de las langostas atemorizaba a sus enemigos. Cabe señalar que
del famoso trío de generales atahualpistas –Rumiñahui, Quisquis y Chalcuchímac–,
solo el primero era quiteño; sin embargo, hay que destacar que todos ellos
condujeron tropas quiteñas en apoyo de Atahualpa, enfrentando al bando
cusqueño u huascarista, durante la guerra civil incaica.
El fin de Rumiñahui
Representación del jefe militar inca Rumiñahui, óleo sobre lienzo del artista
quiteño José Yépez.
Rumiñahui intentó reorganizar la resistencia indígena y recuperar Quito, pero
fracasó ante la poderosa alianza forjada entre españoles e indios. Si bien los
españoles eran solo unos cientos, sus aliados indígenas eran miles; estos últimos
fueron sin duda los que inclinaron la balanza a favor de los invasores europeos. No
solo eran los cañaris los que apoyaban a los españoles, sino también los
cuzqueños, traídos por Almagro, que clamaban venganza contra los quiteños por
las masacres que estos habían cometido en el Cuzco durante la guerra civil incaica.
Los cuzqueños pensaban que los españoles les ayudaban a recuperar la comarca
de Quito; pronto se darían cuenta de su error. El indómito Rumiñahui fue
finalmente reducido y capturado junto con algunos de sus capitanes, siendo
ejecutado en Quito, en junio de 1535. Posiblemente fue ahorcado,245 aunque una
leyenda muy popular dice que fue quemado vivo en la actual Plaza Grande de
Quito.
Con la muerte de Quizquiz y Rumiñahui, se cerró todo un ciclo de la conquista
española del Tahuantinsuyo. En resumen, esta etapa se vio marcada por la
resistencia que los atahualpistas, al mando de Quizquiz y Rumiñahui, dieron a los
españoles, mientras que estos eran apoyados por los cusqueños o huascaristas, así
como por diversas etnias del imperio incaico, como los cañaris y los huancas. En la
siguiente etapa, sería un grupo de rebeldes incas propiamente dichos, es decir,
pertenecientes a la etnia del Cuzco, quienes, al mando de Manco Inca,
emprenderían un levantamiento armado que se convertiría en una cruzada por la
reconquista, enfrentando a los españoles, los demás nobles incaicos y a sus aliados
nativos de otras etnias.
La resistencia inca y los inicios de la era virreinal
La fundación de la Ciudad de los Reyes (Lima)
Fundación de Lima. Óleo sobre tela de José Effio (1845-1920) en el Museo
Nacional de Antropología, Arqueología e Historia del Perú.
Con la entrada de los españoles en la ciudad del Cuzco en noviembre de 1533,
concluyó la conquista militar del Tahuantinsuyo llevada a cabo por Francisco
Pizarro, y dio comienzo el desarrollo del asentamiento español en el área
dominada hasta ese momento por el Imperio inca. La corona española nombró a
Pizarro gobernador de las tierras que había conquistado,261 éste emprendió la
búsqueda de un lugar adecuado para establecer su capital.
Su primera elección fue la ciudad de Jauja, sin embargo, esta ubicación fue
considerada inconveniente por su altitud y su lejanía del mar al estar situada en
medio de los Andes.262 Exploradores españoles dieron cuenta de un mejor lugar
en el valle del Rímac, cerca del océano Pacífico, con abundantes provisiones de
agua y madera, extensos campos de cultivo y un buen clima. Se trataba del pueblo
de Rimac (pronunciado por los Yungas como Limac), habitado aproximadamente
por 20.000 habitantes263 y ubicado en territorios del curaca de Rímac,
Taulichusco.
En la que sería la Plaza Mayor de Lima, Pizarro, como era costumbre entre los
conquistadores españoles, fundó su nueva capital sobre una ciudad ya existente, el
18 de enero de 1535 con el nombre de "Ciudad de los Reyes", denominada de esta
forma en honor a la epifanía.264 Con todo, al igual que había sucedido con la
región, en un principio llamada Nueva Castilla y después Perú, la Ciudad de los
Reyes perdió pronto su nombre en favor de "Lima".265 Pizarro, con la colaboración
de Nicolás de Ribera, Diego de Agüero y Francisco Quintero trazaron
personalmente la Plaza de Armas y el resto de la cuadrícula de la ciudad,
construyendo el Palacio Virreinal (hoy día transformado en el Palacio de Gobierno
del Perú, que de ahí conserva el nombre tradicional de "Casa de Pizarro") y la
Catedral, cuya primera piedra puso Pizarro con sus propias manos.266
En agosto de 1536, la floreciente ciudad fue sitiada por las tropas de Manco Inca,
pero los españoles y sus aliados indígenas consiguieron derrotarlas.267 En los
siguientes años Lima ganó prestigio al ser designada capital del Virreinato del Perú
y sede de una Real Audiencia en 1543.268
Expedición de Almagro al Collasuyo
Artículo principal: Conquista de Bolivia
Véase también: Expedición de Almagro a Chile
Reforzada el dominio español por el norte del Tahuantinsuyo, Almagro inició los
preparativos de su expedición al Collasuyo con buenos auspicios. Le llegaron
noticias de los incas de que la región al sur del Cuzco estaba poblada de oro, por lo
que juntó fácilmente 500 españoles para la expedición, muchos de los cuales no lo
habían acompañado al Perú. Iban también en la expedición unos 100 esclavos
negros y unos 1500 yanaconas para el transporte de las armas, ropas y víveres.
Las noticias que les llegaban del valle de Chile eran absolutamente falsas, pues los
incas planeaban una rebelión contra sus dominadores y deseaban que aquel grupo
tan numeroso de españoles se alejara del Perú, sabiendo que al sur solo
encontrarían indígenas hostiles. Para convencerlos, Almagro le pidió a Manco Inca
que les preparara el camino junto a tres soldados españoles, el Inca les entregó a
Vila Oma (sumo sacerdote inca) y a su hermano Paullu Inca como guías.
Almagro encomendó a Juan de Saavedra que se adelantase con una columna de
100 soldados para que, a la distancia de unas 130 leguas, fundase un pueblo y lo
esperase con los alimentos e indios de relevo que pudiera reunir en aquellas
comarcas.
Expedición de Almagro a Chile, pintura de fray Pedro Subercaseaux.
Terminada los preparativos, el conquistador español salió del Cuzco el 3 de julio de
1535 con 50 hombres y se detuvo en Moina (a 5 leguas al oeste del Cuzco) hasta el
20 de ese mes, detenido por el inesperado arresto de Manco Inca por Juan Pizarro,
acción que le dio problemas. En el Cuzco Almagro dejó a Rodrigo Orgóñez
reclutando soldados para unirse a la expedición, cumpliendo Juan de Rada la
misma comisión en la Ciudad de los Reyes.
Dejada atrás Moina, Almagro se encaminó por el Qhapaq Ñan recorriendo el área
occidental del lago Titicaca. Cruzó el río Desaguadero y se encontró con Saavedra
en Paria (Bolivia) a principios de agosto, quien había reunido a sus fuerzas a 50
españoles más, que pertenecían al grupo del capitán Gabriel de Rojas, y que
decidieron abandonar a su jefe y dirigirse a Chile.
En Tupiza, Paullu Inca y Vila Oma habían recolectado oro de los tributos de la
región. Los tres españoles que los acompañaban, mientras esperaban a Almagro,
se habían dedicado al pillaje y continuaron el viaje sin esperarlo. Una caravana que
supuestamente provenía de Chile con 90 000 pesos de oro fino de los tributos al
Inca fue entregada a Almagro. En dicha ciudad, el conquistador se informó de los
dos caminos posibles para llegar a Chile, desechando el del inhóspito desierto de
Atacama.
Antes de que Almagro llegara a Tupiza, Vila Oma se escapó de la expedición con
todos los porteadores y volvió al norte con planes de aprovechar la división de las
fuerzas españolas. Pero Almagro y sus hombres siguieron adelante, ya que aún
contaban con Paullu Inca como aliado.
En el otoño austral de 1536 llegaron al pie de la cordillera de los Andes, Almagro
inició la transmontada con aproximadamente 2.500 hombres entre españoles,
yanaconas y esclavos negros. En su avance por la cordillera, los expedicionarios
sufrieron muchas penalidades, ya que caminaban agotados por el frío y el
congelamiento de sus manos y pies, y además las penurias aumentaron al
internarse por ese paisaje helado, inhóspito y silencioso, llegando incluso a
detener el avance por falta de ánimos.
Después de cruzar la cordillera llegaron al valle de Copiapó y continuaron hacia el
sur. En el valle de Aconcagua los indígenas fueron amistosos, gracias a la influencia
que Gonzalo Calvo de Barrientos tenía sobre el cacique. Calvo era un español que
se había establecido entre los indígenas luego de que en el Perú le cortaran las
orejas como castigo por robo. Instalaron allí su campamento base y en el invierno
de 1536, Gómez de Alvarado, con cerca de 90 hombres, avanzó por el valle central
hasta el río Itata, donde se enfrentaron por primera vez con los mapuches en la
batalla que después se conoció como Reinohuelén.
La ausencia de oro y ciudades indígenas, pero principalmente la noticia de que los
representantes de la capitulación para resolver la jurisdicción sobre el Cuzco,
habían llegado de España, decidieron a Almagro regresar a Copiapó. Allí, dos de
sus capitanes que habían salido más tarde del Cuzco, le informaron que los
españoles se encontraban sitiados en esa ciudad por un levantamiento por parte
de Manco Inca. Tal situación reafirmó su intención de regresar al Cuzco, ayudar a
los españoles, y después reclamar la ciudad de Cuzco para su gobernación. Una vez
en Perú, el conflicto entre Almagro y Pizarro se agudizó convirtiéndose en una
cruenta guerra civil.
Manco Inca se subleva contra el régimen español
Manco Inca liderando la rebelión, detalle de pintura de Juan Bravo, en la
municipalidad del Cuzco.
Finalizada la guerra contra los que acabaron con su panaca, se esperaría que
existiese una armonía entre Manco Inca y los españoles, sin embargo la realidad
fue diferente. Pronto el nuevo monarca se dio cuenta del craso error de confiar en
los peninsulares por la serie de razones siguientes:
Estando en el palacio de sus antepasados, no podía reinar.
No podía recibir a sus súbditos sin ser vigilado.
No podía circular por el Cuzco con libertad.
Veía múltiples abusos que cometían los españoles contra las mujeres de la
nobleza, pueblo y vírgenes del sol.
Se burlaban de él con bromas muy pesadas.
Era, desde el principio, un rehén de los conquistadores, llegando a ser en dos
ocasiones un vilipendiado prisionero.
Por estas y otras razones planeó sacudirse de la influencia española. No obstante,
sus planes fueron descubiertos y fue hecho prisionero a mediados del año 1535.
Mientras seguía prisionero Manco Inca, llegó a la capital imperial el conquistador
Hernando Pizarro, incipiente teniente de gobernador general del Cuzco, quien
prontamente lo puso en libertad en febrero de 1536, aunque sin que pudiera salir
de la ciudad de Cuzco.
El monarca escondió su ira y se mostró resignado ante el español, al cual en señal
de agradecimiento le regaló una vajilla, estatuas, vigas del Coricancha y aríbalos,
todos hechos enteramente de oro. Notando el aumento de la ambición de
Hernando le ofreció traerle la estatua del Inca Huayna Cápac «toda de oro, incluso
las tripas».269 El comandante español mordió el anzuelo y dejó salir al Inca y a Vila
Oma (mismo que se había escapado de la expedición de Almagro) de la ciudad, el
18 de abril de 1536, haciéndoles prometer su retorno.269 Sin embargo, la
verdadera intención de Manco era reunir a sus generales y capitanes en Calca para
rebelarse contra los españoles.
Hernando Pizarro, tras darse cuenta de su error, encabezó una expedición contra el
ejército inca, que se había reunido en el cercano valle de Yucay. Este ataque fue un
fracaso debido a que los españoles subestimaron gravemente el tamaño del
ejército de Manco Inca. Éste, sin embargo, no atacó Cusco directamente sino que
esperó hasta que reunió a todo su ejército, de entre 100.000 y 200.000 soldados
con los que el 3 de mayo de 1536, de acuerdo con la cronología establecida por el
historiador José Antonio del Busto,270 inició el cerco del Cusco contra las tropas
españolas compuestas por 190 españoles (80 de ellos a caballo) y algunos miles de
auxiliares indios.271
Asedio del Cuzco
Véase también: Sitio del Cuzco
Manco Inca dividió su ejército en cuatro cuerpos: las tropas del Chinchaysuyo eran
conducidas por los generales Coyllas, Osca, Curi Atao y Taype; las del Collasuyo, las
más numerosas, eran conducidas por el general Lliclli; las del Contisuyo, por los
generales Sarandaman, Huaman Quilcana y Curi Huallpa; y las del Antisuyo,
mayormente flecheros y cerbataneros, por los generales Rampa Yupanqui y Anta
Allca.
El ejército inca lanzó un ataque a gran escala contra la plaza principal de la ciudad,
conquistando gran parte de esta. Los 190 conquistadores comandados por
Hernando, Juan y Gonzalo Pizarro, junto con esclavos negros, nicaraguas,
guatemalas, chachapoyas, cañaris, huascaristas y miles de indios auxiliares a su
servicio, se hicieron fuertes en dos grandes edificios cercanos a la plaza central,
desde donde consiguieron rechazar los ataques incas y lanzaron frecuentes
contraataques.272
La estrategia inicial de los españoles fue resistir el ataque perpetrado en los
edificios. Ello generó burlas por parte del ejército de Manco Inca, quienes desde
sus posiciones avanzaron sobre la ciudad, logrando incendiar los tejados de las
casas. Los españoles, presas del pánico, creyeron ver al Apóstol Santiago el Mayor
luchando contra los incas y a la Virgen María apagando los incendios.
Nuevamente la situación de los conquistadores se logró empeorar, cuando las
tropas de Manco Inca tomaron Sacsayhuamán, lugar estratégico para dominar el
Cuzco. Una vez roto el cerco, impetuosamente se dirige el ataque español a la
fortaleza, chocando varias veces con las enormes murallas del complejo.
Batalla de Sacsayhuamán
Véase también: Batalla de Sacsayhuamán
Sacsayhuamán, escenario del conflicto bélico.
Tras varios días de lucha, las tropas incas conquistaron la fortaleza de
Sacsayhuamán desde la que se dominaba la ciudad, lo que ponía en graves
dificultades a los defensores españoles.
Como respuesta, cincuenta soldados a caballo al mando de Juan Pizarro,
acompañados por auxiliares indios, fingieron una retirada y salieron del Cusco,
rodearon la ciudad y atacaron Sacsayhuamán desde el exterior de la ciudad.
Durante el ataque, Juan Pizarro fue alcanzado por una piedra en la cabeza y murió
varios días después debido a sus heridas. Muchos españoles cayeron de la misma
forma y tuvieron que ser retirados de la lucha en dirección a la ciudad.
Al día siguiente, las fuerzas españolas y sus aliados indígenas rechazaron varios
contraataques incas e intentaron un nuevo asalto nocturno con escalas. En este
ataque consiguieron el control de las murallas de Sacsayhuamán y el ejército inca
tuvo que refugiarse en dos torres del complejo. El comandante inca Paúcar
Huaman decidió abandonar las torres con parte de sus soldados para dirigirse
hacia Calca (donde se encontraba el cuartel de Manco Inca) y volver con
refuerzos.273 Con el número de defensores disminuido, los españoles
consiguieron conquistar el resto de la fortaleza, y cuando Paúcar Huaman volvió
con refuerzos, la encontró bajo firme control español.
La lucha había sido tan intensa que comenzó a disminuir el número de flechas y
piedras que llovían de la fortaleza. El agua, así mismo, empezó a escasear y el
ánimo de los cusqueños comenzó a decaer. El sumo sacerdote Vila Oma dispuso
que se abandone la lucha, pero muchos de sus capitanes decidieron permanecer
en el lugar.
Dado esto, los españoles apreciaron que un gran número de soldados enemigos se
retiraban, por lo que presionaron con mayor continuidad hasta ganar las terrazas y
llegar a los torreones de la fortaleza.
El capitán inca Cahuide defendiendo la fortaleza de Sacsayhuamán de las manos
españolas.
En la defensa de una de los torres de Sacsayhuamán se destacó un "jefe orejón"
(de la realeza incaica), llamado Cahuide por los españoles, quien, con una maza de
puntas de cobre y armado de coraza y escudos españoles, causó estragos entre los
españoles que escalaban la fortaleza. Al fin, estos atacaron con más número,
aniquilando la poca resistencia que quedaba. Hernando Pizarro, admirado del valor
del capitán incaico ordenó que lo capturaran vivo. Pero Cahuide cuando fue
evidente que los españoles iban a conquistar la torre se lanzó al vacío
envolviéndose en su manto, "se arrojó al vacío donde se hizo muchos
pedazos".274
Campañas de Quizu Yupanqui en la sierra central
Iniciada la rebelión inca, Quizu Yupanqui fue nombrado capitán general
(apuquispay) del ejército de la sierra central, por Manco Inca y Vila Oma (sumo
sacerdote inca). Salió de Tambo para atacar Lima y acabar con la recién fundada
ciudad española, de manera simultánea al sitio del Cusco.275
En su avance hacia Lima, derrotó a cuatro expediciones de españoles, que
partiendo de Lima iban en auxilio de la guarnición sitiada en el Cusco:276
La primera, que estaba al mando del capitán Gonzalo de Tapia, fue derrotada en
Huaytará.
La segunda, que estaba al mando del capitán Diego Pizarro, fue derrotada en
Parcos.
La tercera, al mando del capitán Juan de Mogrovejo y Quiñones, fue derrotada en
el camino a Vilcashuamán.
La cuarta, al mando del capitán Alonso de Gaete, fue derrotada en Jauja.
Todos los expedicionarios españoles, incluyendo sus indios auxiliares, fueron
exterminados por Quizu Yupanqui. Solo se salvaron dos soldados españoles,
quienes en su huida a la costa se tropezaron con el capitán y alcalde de Lima,
Francisco de Godoy, quien subía a la sierra al frente de una quinta expedición.
Enterado de los hechos, Godoy ordenó el repliegue total de sus tropas a Lima (120
españoles y miles de aliados indígenas). En total, durante estas expediciones
frustradas, los españoles perdieron casi 200 hombres y cuatro capitanes
experimentados. Pizarro llegó a creer que los indios habían acabado con todos los
españoles que se hallaban en el Cusco, entre ellos sus hermanos Hernando,
Gonzalo y Juan.277
Luego de sus triunfos, y contando con la colaboración de capitanes como Illa
Túpac, Páucar Huamán, Puyo Vilca, Allin Sonco Inca, entre otros, Quizu Yupanqui
prosiguió su marcha hacia Lima, aunque perdió mucho tiempo reclutando gente en
el valle de Jauja. Esto permitió que llegaran refuerzos desde el norte a Francisco
Pizarro.278
Cerco de Lima
Véase también: Sitio de Lima
Dibujo de Guamán Poma de Ayala que muestra el asesinato de Quizu Yupanqui,
líder inca, por un soldado español durante el asedio de la Ciudad de los Reyes.
Con una fuerza aproximada de 40.000 hombres, Quizu Yupanqui inició la marcha
hacia Lima. Iba acompañado de los capitanes Illa Túpac y Puyo Vilca. Algunas
crónicas mencionan también los nombres de otros capitanes, como Páucar
Huamán, Yanqui Yupanqui, Hualpa Roca, Apu Siloalla y Allín Songo Inca.
Quizu Yupanqui descendió sobre la sierra de Huarochirí, por el pueblo de Mama y
acampó en las faldas del actual cerro San Cristóbal, previamente capturado antes
de entrar en Lima y destruida la cruz que allí se encontraba. En Lima los vecinos
españoles se refugiaron en el puerto a la espera de que los barcos los recojan para
Panamá mientras los defendía Francisco Pizarro y unos mil soldados españoles,
quienes se prepararon para la lucha, contaban, además, con el valioso apoyo de
miles de indios aliados.
Una avanzada del ejército incaico trabó combate con un contingente español-
indígena al mando de Pedro de Lerma, en el lecho seco del río Rímac. Los
cuzqueños lograron matar un caballo y a un español, y a herir a varios españoles;
sin embargo, la lucha más recia se trabó entre las fuerzas indígenas rivales. Luego
de la lucha, ambas fuerzas se retiraron a sus posiciones.
Según una Relación Anónima de 1539, Quizu Yupanqui, al sexto día de asedio,
reunió a sus capitanes y les dijo:
”Yo quiero entrar hoy en el pueblo y matar todos los españoles que están en él, y
tomaremos sus mujeres con quien nosotros nos casaremos y haremos generación
fuerte para la guerra, los que fueren conmigo han de ir con esta condición, que si
yo muriese mueran todos y si yo huyese huyan todos”.279
Tras estas palabras, el ejército inca, luciendo sus estandartes y sus indumentos de
vistosa policromía, y al compás de sus pututos y tambores, inició el asalto de la
ciudad de Lima, al grito de “¡A la mar barbudos!”.280
Quizu Yupanqui, que iba adelante, cargado en andas, junto con un selecto número
de sus capitanes, cruzó el río Rímac, pero cuando ya comenzaba a entrar por las
calles de la ciudad, en la zona donde después se elevaría el barrio de Santa Ana,
fue emboscado por la caballería española. Según fuentes españolas, Quizu, que
combatía desde su litera, recibió un lanzazo en el pecho, que le privó de la vida; la
autoría de esa hazaña se le atribuye a Pedro Martín de Sicilia. Los demás jefes
incas que acompañaban a Quizu sufrieron la misma suerte.281 En otras versiones
se asegura que Quizu Yupanqui recibió un disparo de arcabuz que le destrozó una
pierna, herida que le causó la muerte, cuando ya se hallaba retirado en la meseta
de Bombón, cerca al lago Chinchaycocha, en la sierra central del Perú.282
A pesar de ello, la lucha continuó por algún tiempo más, aunque con resultados
desfavorables a los incas, pues no sólo tenían que enfrentar a la caballería, armas
de fuego y ballestas españolas sino también a los miles de aliados indios de estos
(entre ellos los huaylas, que según una teoría moderna, fueron llamados enviados
por Contarhuacho, curaca de Huaylas y madre de Inés Huaylas, la concubina de
Pizarro) y un último contingente indígena-español que acudió a Lima para apoyar a
los españoles.
Ante los resultados desfavorables del asalto a la ciudad, los capitanes Páucar
Huamán e Illa Túpac, convencidos de la inutilidad de sus esfuerzos, decidieron
levantar el cerco y replegarse por el valle del Chillón, obligando a Puyo Vilca
hacerlo por el de Lurín.283
Según una interpretación del historiador José Antonio del Busto, influyó mucho en
la retirada de las tropas incas el hecho que Manco Inca no les enviara capitanes de
relevo284 (los soldados incas, acostumbrados a la disciplina militar, seguían la
costumbre de imponer la retirada al perder a la mayoría de sus jefes). Pero para
Juan José Vega, el fracaso del cerco de Lima se debió, fundamentalmente, a la
deserción de los huancas y otras etnias, las cuales debían penetrar por el sur en
apoyo de Quizu Yupanqui. Los huancas, en especial, se convirtieron en los más
entusiastas aliados de los españoles. Los mismos españoles reconocieron que, de
haberse puesto en práctica el plan completo de Quizu, no habría sobrevivido
ningún español en Lima.