0% encontró este documento útil (0 votos)
78 vistas3 páginas

Americo Barrios

El documento describe la vida y carrera del escritor y periodista argentino Américo Barrios, incluyendo detalles sobre su trabajo en televisión y su lealtad al peronismo y a Juan Domingo Perón durante el exilio de este último.

Cargado por

Marcelo Ohienart
Derechos de autor
© © All Rights Reserved
Nos tomamos en serio los derechos de los contenidos. Si sospechas que se trata de tu contenido, reclámalo aquí.
Formatos disponibles
Descarga como DOCX, PDF, TXT o lee en línea desde Scribd
0% encontró este documento útil (0 votos)
78 vistas3 páginas

Americo Barrios

El documento describe la vida y carrera del escritor y periodista argentino Américo Barrios, incluyendo detalles sobre su trabajo en televisión y su lealtad al peronismo y a Juan Domingo Perón durante el exilio de este último.

Cargado por

Marcelo Ohienart
Derechos de autor
© © All Rights Reserved
Nos tomamos en serio los derechos de los contenidos. Si sospechas que se trata de tu contenido, reclámalo aquí.
Formatos disponibles
Descarga como DOCX, PDF, TXT o lee en línea desde Scribd

“Soy peronista

Y lo continuare siendo
Hasta que me ofrezcan
Algo mejor”

AMERICO BARRIOS, EL ESCRITOR DEPUESTO.

1.
Cuando en la década del setenta, el actual canal de las tres pelotitas, era
simplemente Canal 11 y su logo era el dibujo de un rey león, estaba en
manos de Héctor Ricardo García, el creador de Crónica. Enrique Medina,
autor de Las Tumbas, fue por esos años uno de los tantos cameraman del
canal. Hace unos años recordó que la mano creativa del ‘gallego’ García,
convirtió a canal 11 en el más moderno de los canales. Su eslogan: “el ca-
nal de las noticas” y “en vivo y en directo” lo diferenciaba del resto, que
no eran tantos, apenas tres más o cuatro si se incluye al canal 2.

Su equipo periodístico contaba con grandes


personalidades: Ulises Barrera, Dante Pan-
zeri, Juan Carlos Mareco, Pinky, Andrés Per-
civale, Américo Barrios, Pepe Peña, Roberto
Galán y muchos jóvenes que más tarde se-
rían también grandes protagonistas como
Juan Alberto Badía. El Reporter Esso, con-
ducido por Armando Repetto, fue el primer
noticiero patrocinado por una empresa pri-
vada. Medina rememoró hace unos años en
una nota en Página 12 que Américo Barrios
se llegaba hasta el canal los sábados, muni-
do de varios sacos y corbatas, para grabar
cada uno de los micros que luego saldrían
durante la semana en el noticiero central de la noche.

2.
Se sentaba en la cabecera de la mesa, veía la televisión de manera directa,
puesto que la misma estaba ubicada en el extremo opuesto, el resto, de-
bíamos girar nuestras cabezas para poder verla. Un repasador doblado al
medio frente a sus brazos sobre la mesa, un vaso medio martona de vi-
drio, la botella de vino Rojo Trapal –que era de litro-, la soda y el cenicero.
Solía vestir un camisaco, a opinión de quién escribe, una de las prendas
más cómodas, por algo también las vestía el General. Fumaba Particulares
30 y tenía un encendedor Carucita, esos de Holanda. Me sentaba a su iz-
quierda, pero sólo durante el noticiero, porque para la cena, era mi viejo
el que se sentaba junto a él.

Notaba con que fruición lo escuchaba. En algunos momentos hasta dialo-


gaba con él, que por supuesto no lo escuchaba. Me decía “¡escucha! Escu-
cha lo que dice.” Pocas veces lo vi disentir, normalmente coincidía plena-
mente con sus monólogos. Y por supuesto el broche de oro era el final,
cuando pisando su relato, el repetía las palabras de ese Américo. ¿No le
parece?.. Con éste Américo, el mío, había logrado su objetivo: la complici-
dad y adhesión del oyente.

3.
Vamos a decir de él, que nació en Chabás, provincia de Santa Fe, un marzo
de 1911. Sus padres lo llamaron Luis María Albamonte. No es pretensión
de ésta columna trazar su biografía, sino hacer mención de algunos aspec-
tos quizás no tan públicos de su vida. Del ’34 al ’40 tuvo una prolífica acti-
vidad creativa. Fue varias veces premiado. Se dice de él, que creo el géne-
ro literario de ‘la fantasía’; algunos quieren creer que Ray Bradbury, cuan-
do en 1950 publicó Crónicas Marcianas, creando el género de ciencia-fic-
ción, fue porque primero leyó a Américo Barrios. Con el golpe de estado
de 1955, se exilia en Paraguay. Solía decir so-
bre sí mismo, que fue un escritor depuesto.
Se incorpora a la resistencia peronista. Fue
secretario privado del general Perón durante
su exilio, presenció el abrazo entre Elio Mon-
taño y el General en Panamá, además de ofi-
ciar en algún momento el papel de Delegado
Personal y cumplir misiones en Montevideo.
De esa experiencia escribiría el libro “Con Pe-
rón en el exilio”. Después de 14 largos años
de silencio, sobre su género favorito, en 1967
publicó el libro de cuentos “Los Invasores”.

“La corriente de la historia siempre va para adelante;


nunca para atrás. Entonces, él acompaña la corriente histórica.
Por eso Perón siempre tiene razón.
En cambio, el resto de los políticos lucha para que
la corriente histórica los siga a ellos”.

Coincidirá conmigo estimado lector, que resulta difícil hoy en día, encon-
trar a alguien que por el mero placer de la lectura lea a Plutarco, y no por-
que no valga la pena leerlo, al contrario, voy al hecho de que eso hacía
Barrios. Supo ganar un Martin Fierro como mejor periodista de televisión,
sin embargo, como el mismo confesara en una nota a Otelo Borroni en
1973, sus mayores logros fueron recurrir al periodismo para que sus pala-
bras llegaran por lo menos a un millón ochocientas mil personas; compar-
tir con Perón un duro derrotero y un largo destierro, que fue su grito de
orgullo.

Sin embargo, lo que consideraba como lo más importante hecho en su


vida fue haber organizado los Campeonatos
Infantiles Evita. Y dice respecto de ello: No
porque los pibes jugaran al fútbol y porque
de ellos hayan surgido Sívori, Maschio o An-
gelillo, sino porque allí cuidábamos la salud
de toda una generación. Se sacaban radio-
grafías y se detectaban y solucionaban los
problemas de la salud.

En febrero de 1982 dejó esta tierra para siem-


pre, cuando tenía 70 años, lamentablemente
su epitafio no reza lo que alguna vez deseo:
“Quiero que se sepa que mantuve hasta mi
muerte la lealtad al amigo, a la mina, a Pe-
rón, al jefe. Por eso, simplemente, pondría:
Fue leal”.

También podría gustarte