Relacion Entre Sobrecarga Afrontamiento
Relacion Entre Sobrecarga Afrontamiento
Año 2019
AGRADECIMIENTOS
A Dios, por el don de la vida, por darme fortaleza y perseverancia para poder superar
todos los obstáculos que se me presentaron y así poder llegar al final de esta etapa.
A mi abuela Leticia, que fue mi luz, fuente de amor y de inspiración para esta tesis. Hoy
me guía y cuida desde el cielo. Gracias por el amor infinito que me diste siempre.
A mis padres María Rosa y Roberto, por los valores que me transmiten, por el amor
incondicional que me brindan y porque como quieren lo mejor para mí, con todo su
esfuerzo me dieron la posibilidad de formarme en esta Universidad. A ellos que siempre se
preocuparon, me apoyaron y estuvieron pendientes de todo. Gracias mamá por el
sacrificio que hiciste mes a mes para que yo pueda finalizar mis estudios; de otra manera
no hubiese sido posible.
A mi hermana Emilia, mi sostén, mi compañera de vida. A ella que siempre me alentó para
seguir adelante, que me dictó, leyó, y escuchó preparar exámenes. Soportó mis noches de
insomnio, mis cambios de humor previos a rendir, y festejó conmigo cada pequeño logro.
Gracias por creer en mí, por ayudarme a no bajar los brazos nunca, por intentar calmar
mis ansiedades y espantar mis miedos. Gracias por darme un motivo más para pensar en
mi futuro, a Thiago quien fue mi compañía y alegría en mis mañanas de estudio. Te amo
infinitamente.
A los amigos que me dejó esta etapa Universitaria, Paula, Florencia, Agustina, Valentina
y Pedro. Excelentes personas con quienes compartí el aula, innumerables trabajos en
equipo, días y noches de estudio. Gracias por hacer mis días de cursado más placenteros,
por permitirme aprender de ustedes, por su compañerismo y amistad, incluso en esta etapa
final de nuestra formación.
A las amigas que me dio la vida, Agustina, Ileana, Ailín, Eugenia, Carolina y Ayelén
personas hermosas, sinceras, atentas, leales, y podría seguir diciendo infinitas cualidades.
Gracias por acompañarme siempre, por entender mis distancias cuando debía estudiar,
por apoyarme y alentarme, por darme los mejores consejos y momentos de distracción
2
cuando pensaba que ya no podía más. Gracias por tanto amor, por estar en los buenos y
malos momentos.
A Verónica, a Silvia y toda su familia, por ser parte de mi vida, por sus palabras de
aliento, su entusiasmo y constante preocupación por mi formación profesional. Personas
muy importantes para mí, que siempre estuvieron y están para lo que sea. Gracias por
tanto cariño, por dejarme ser parte de su vida y familia.
A mi director de tesis, el Dr. José Eduardo Moreno, por su ayuda, apoyo y colaboración
en la realización de esta tesis. Excelente profesional y docente de quien tuve la suerte de
aprender en distintos momentos de la carrera.
“Enseñarás a volar,
pero no volarán tu vuelo.
Enseñarás a soñar,
pero no soñarán tu sueño.
Enseñarás a vivir,
pero no vivirán tu vida.
Sin embargo…
en cada vuelo,
en cada sueño,
en cada vida,
perdurará siempre la huella
del camino enseñado.”
Madre Teresa de Calcuta.
3
ÍNDICE
Tabla de contenido
Resumen .......................................................................................................................... 6
CAPITULO I................................................................................................................... 7
1. Introducción ................................................................................................................ 8
1.1. Planteamiento del Problema ............................................................................. 8
1.2. Objetivos de la investigación .......................................................................... 10
1.3. Hipótesis ........................................................................................................ 10
1.4. Justificación del estudio ................................................................................ 10
CAPITULO II ............................................................................................................... 11
2. Marco teórico ............................................................................................................ 12
2.1. Estado del arte: antecedentes de investigación ............................................... 12
Internacionales ....................................................................................................... 12
Nacionales .............................................................................................................. 14
2.2. Encuadre teórico ............................................................................................ 16
2.2.1. Adultos mayores: Envejecimiento y enfermedad .................................... 16
[Link] Demencia ............................................................................................... 19
2.2.2. Residencias y Centros de día ................................................................... 23
2.2.3. Cuidadores ............................................................................................... 27
2.2.4. Sobrecarga ............................................................................................... 30
2.2.5. Estrés ........................................................................................................ 33
2.2.6. Afrontamiento ....................................................................................... 39
2.2.7. Relación Estrés y Sobrecarga del cuidador ........................................... 45
CAPITULO III .............................................................................................................. 47
3. Encuadre Metodológico ............................................................................................ 48
3.1. Tipo de estudio................................................................................................ 48
3.2. Participantes .................................................................................................... 48
3.3. Técnicas de recolección de datos .................................................................... 48
3.4. Procedimientos de recolección de datos ......................................................... 49
3.5. Plan de tratamiento y análisis de datos ........................................................... 50
CAPITULO IV .............................................................................................................. 51
4. Resultados ................................................................................................................. 52
CAPITULO V ............................................................................................................... 57
4
5. Discusión .............................................................................................................. 58
6. Conclusión ............................................................................................................ 61
7. Limitaciones ......................................................................................................... 63
8. Sugerencias........................................................................................................... 64
Referencias Bibliográficas............................................................................................ 65
ANEXOS ....................................................................................................................... 71
Instrumentos de recolección de datos .......................................................................... 76
Consentimiento informado ........................................................................................... 81
Lista de Tablas
Tabla 1 Cuestionario de Afrontamiento al Estrés, estadísticos descriptivos. ................... 52
Tabla 2 Tabla de frecuencia de la Escala de Sobrecarga. ................................................ 53
Tabla 3 Correlaciones entre Sobrecarga y Afrontamiento al Estrés ................................ 55
5
Resumen
6
CAPITULO I
7
1. Introducción
Preguntas
¿Cuáles son las estrategias de afrontamiento que utilizan los cuidadores formales de
pacientes con demencia en la ciudad de Paraná?
¿Cuál es el nivel de sobrecarga que experimentan los cuidadores formales de pacientes
con demencia en la ciudad de Paraná?
¿Existe relación entre el nivel de sobrecarga y las estrategias de afrontamiento que
experimentan los cuidadores formales de pacientes con demencia en la ciudad de Paraná?
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1.2. Objetivos de la investigación
1.3. Hipótesis
Las estrategias de afrontamiento que utilizan los cuidadores formales de pacientes con
demencia en la ciudad de Paraná, se relacionan con el nivel de sobrecarga que perciben en
su labor. La sobrecarga intensa se asocia con el uso de estrategias de afrontamiento
disfuncionales dirigidos a la emoción y evitación del problema.
10
CAPITULO II
11
2. Marco teórico
Internacionales
Nacional
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2.2. Encuadre teórico
La vejez, representa situaciones de crisis que se dan a lo largo del ciclo vital. En la
actualidad, la sociedad suele verla como algo temido, negado, haciendo incluso que
muchas personas adopten de manera inconsciente, aunque gran parte de las veces
conscientes, conductas negativas hacia las personas mayores (Tamer, 2008).
Envejecer, es un proceso inherente y progresivo que sucede a todos los seres vivos y
que culmina con la muerte. Se caracteriza por ser heterogéneo, dado que el proceso ocurre
en los individuos de distintas maneras y las personas se vuelven cada vez más diferentes
unas de otras. Con frecuencia, suelen confundirse los cambios propios del envejecimiento
fisiológico con aquellos que se originan debido a enfermedades que se presentan en el
adulto mayor (Hoyl Moreno, 2016).
Como bien menciona la autora (Hoyl Moreno, 2016), se puede hablar de un
envejecimiento exitoso y uno no exitoso. En el primer caso, la persona goza de buena salud
mental, calidad de vida y es autovalente para las actividades de la vida diaria a pesar de la
edad cronológica. Por el contrario, en los casos de envejecimiento no exitoso, las personas
se han vuelto dependientes de terceros debido a alguna limitación funcional o de salud
mental y requieren ayuda para realizar sus actividades cotidianas, dando cuenta de un
deterioro en su calidad de vida.
Bellami (1998, citado en Hoyl Moreno, 2016), define envejecimiento como el último
periodo de la vida, el cual se caracteriza por un declive global a nivel fisiológico que
resulta en una falla en la capacidad para adaptarse a las demandas del ambiente y que
resulta en la muerte.
Landinez Parra, Contreras Valencia y Castro Villamil (2012), exponen que el
envejecimiento es un proceso multifactorial, fundamentalmente biológico, que comienza
en la concepción y produce cambios en la especie a lo largo de la vida. Es importante
aclarar que no todos los cambios relacionados con la edad tienen consecuencias negativas.
A nivel biológico, el envejecimiento se asocia con la acumulación de daños moleculares
y celulares. Con el tiempo, éstos disminuyen la capacidad intrínseca del individuo, reducen
las reservas fisiológicas y aumentan el riesgo de muchas enfermedades (Organización
Mundial de la Salud, 2015).
16
En los seres vivos, tal como exponen Landinez Parra, et al. (2012), el envejecimiento se
caracteriza por ser:
Universal: propio de todos los seres vivos.
Progresivo: a lo largo de la vida se van produciendo efectos sobre el organismo,
que se acumulan y originan los cambios propios del envejecimiento.
Irreversible: no puede detenerse ni revertirse.
Heterogéneo e individual: la velocidad de declinación funcional varía de
persona a persona e incluso dentro de la misma.
Deletéreo: lleva a una progresiva pérdida de función.
Intrínseco: no es debido a factores ambientales modificables.
Existen diferentes teorías acerca del proceso de envejecimiento. Goldman y col. (citado
en Hernández González y González Martínez, 2013) agruparon estas en dos grupos, por un
lado se pueden encontrar las teorías estocásticas y por el otro las no estocásticas. Las
primeras abordan el envejecimiento como algo aleatorio producto de una acumulación de
diferentes alteraciones, mientras que las segundas, explican que el proceso de
envejecimiento es algo ya programado y está determinado genéticamente por lo tanto se
transmite por herencia.
El color del cabello, la piel, la figura corporal entre otros, son los signos más
destacables de la vejez. Los problemas más importantes, por lo general, se relacionan con
17
los sentidos, generando en ocasiones depresión y aislamiento social (Berger, 2008). Como
menciona la autora, también se dan modificaciones a nivel cognitivo. Durante la vejez, se
produce un cambio en este nivel que hace que los adultos mayores reaccionen con mayor
lentitud que los adultos más jóvenes. El procesamiento cognitivo, se ve entumecido por la
disminución de las sensaciones y la percepción reducida. Este enlentecimiento afecta la
memoria inmediata y los procesos de control.
Como plantea la autora, en los viejos se da lo que se llama senilidad. Esto consiste en la
pérdida de las habilidades intelectuales. Más precisamente se puede denominar a esta
patología del funcionamiento del cerebro como “demencia”. La demencia se caracteriza
por la pérdida de memoria y confusión. Teniendo en cuenta la edad en la que se manifiesta
la demencia, podemos encontrar la demencia presenil, aquella que se manifiesta antes de
los 60 años, o la demencia senil o psicosis senil cuando ocurre después de los 60 años.
Existen múltiples enfermedades que pueden causar demencia, tales como la enfermedad de
Alzheimer, los derrames cerebrales y la enfermedad de Parkinson, entre otras (Berger,
2008).
19
complejo, y por lo tanto muchos factores pueden interferir en su funcionamiento normal
(Moya Chávez, Mamani Mamani, 2013).
En lo que respecta a la etiología de las demencias, ésta puede variar de acuerdo con la
edad de la persona. Los autores Álvarez Linera Pardo y Jiménez Huete (2018), explican
que aquellos casos de inicio precoz suelen deberse a causas genéticas y secundarias tales
como infecciones, traumatismos y accidentes cerebrovasculares; mientras que, en los
adultos mayores de 65 años, gran parte de los casos son debido a problemas vasculares,
esporádicos, o una combinación de ambas. No obstante, se puede realizar una clasificación
etiológica en dos grandes grupos: por un lado, las demencias primarias, degenerativas que
son las más frecuentes y por otro lado las secundarias que ocurren como consecuencias de
otras patologías tanto neurológicas como sistémicas específicas. Es importante mencionar
que las primeras, suelen caracterizarse por presentar un curso lento y progresivo y ser en su
mayoría esporádicas aunque no se descarta la posibilidad de que tengan un origen genético
dominante.
En cuanto al diagnóstico, poder llegar a definirlo en estadios avanzados es más fácil que
lograrlo en el inicio de la enfermedad dado que los síntomas suelen pasar fácilmente
desapercibidos. Esto se debe a que muchas veces la sintomatología inicial es tan insidiosa,
que tanto el paciente como la familia y hasta incluso el médico, la interpretan como
cambios propios de la edad (Tárraga y Boada, 1999). Sucede también, como mencionan los
autores, que algunas personas, intentan encubrir u ocultar los síntomas; otras al no ser
conscientes de sus limitaciones, llegan a un diagnóstico en un estadio muy avanzado. Para
poder diagnosticarla en su inicio, no son suficiente la historia clínica y la exploración tanto
neurológica como física, particularmente cuando no se recibe adecuada información de los
antecedentes por parte de los familiares, cuando no conocen la situación general de la
persona o bien cuando no se encuentran presentes para ratificar la información que brinda
el paciente. Tárraga y Boada (1999), exponen que la detección precoz de la demencia antes
de que quienes la padecen se encuentren en un estadio muy avanzado, tiene ciertas ventajas
tales como identificar las causas reversibles y tratables de demencia, controlar la
comorbilidad con otras patologías, utilizar estrategias no farmacológicas y farmacológicas
20
adecuadas para poder retardar el avance de la enfermedad, y mejorar la calidad de vida del
paciente, su familia y cuidador.
Fase tardía: en esta fase, la dependencia y la inactividad son casi totales. Los
síntomas y signos físicos se hacen más evidentes, y en cuanto a las alteraciones
de la memoria, éstas ya son graves. Algunos de los síntomas propios de esta
fase son:
o progresiva desubicación en el tiempo y espacio
o dificultades para reconocer a sus familiares, amigos y hasta incluso a sí
mismo en el espejo
o aumento en la necesidad de ayuda para el cuidado personal
o dificultades para caminar
o modificaciones del comportamiento que pueden exacerbarse y
desencadenar agresiones
21
Como se mencionó con anterioridad, se pueden encontrar diferentes formas de
demencia. Álvarez Linera Pardo y Jiménez Huete (2018) las clasifican según su etiología
de la siguiente manera:
1. Enfermedades degenerativas:
• Demencia como manifestación principal: enfermedad de Alzheimer, demencia
con cuerpos de Lewy, degeneración frontotemporal
• Otras enfermedades degenerativas: enfermedad de Parkinson, otros
parkinsonismos, ataxias, epilepsias mioclónicas progresivas
2. Enfermedades cerebrovasculares:
• Isquémicas: demencia multiinfarto, demencia por infarto estratégico, enfermedad
isquémica de pequeño vaso
• Hemorrágicas: angiopatía hipertensiva, angiopatía amiloide, hemorragia
subaracnoidea, hematomas subdurales
3. Enfermedades infecciosas: VIH, sífilis, encefalitis víricas, enfermedad de
Whipple, abscesos, enfermedad de Creutzfeldt-Jakob.
4. Enfermedades metabólicas: enfermedad de Wilson, enfermedades
mitocondriales, enfermedades lisosómicas, leucodistrofias
5. Neoplasias:
• Tumores primarios y metastásicos
• Síndromes paraneoplásicos
6. Epilepsias: epilepsias mioclónicas progresivas, epilepsias resistentes al
tratamiento, estatus epiléptico
7. Enfermedades desmielinizantes: esclerosis múltiple
8. Enfermedades sistémicas, endocrinas y carenciales:
• Hipotiroidismo, hipertiroidismo y encefalitis de Hashimoto
• Hipercalcemia y otros trastornos electrolíticos
• Hipopituitarismo
• Encefalopatía hepática y encefalopatía urémica
• Encefalopatía hipóxico-isquémica e insuficiencia respiratoria
• Hipoglucemia
• Déficit de vitamina B12, encefalopatía de Wernicke y pelagra
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• Vasculitis, conectivopatías y encefalitis autoinmunitarias asociadas a anticuerpos
onconeuronales y antineuropilo
9. Tóxicos: alcohol, drogas, fármacos, metales pesados, monóxido de carbono,
solventes orgánicos
10. Enfermedades psiquiátricas: depresión, esquizofrenia, trastornos
conversivos
11. Hidrocefalias
12. Traumatismos craneales VIH: virus de la inmunodeficiencia humana.
(p.68).
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deben responder a las características específicas de la persona mayor que va a recibir el
servicio de residencia (Guillemard, 1992, citado en Dabove, 2014).
Como bien mencionan Jiménez Díaz y Gutiérrez Rodríguez (2008), a todos aquellos
pacientes que se encuentren institucionalizados en residencias, se les debe realizar una
evaluación para conocer su estado cognitivo. Para esto, se pueden utilizar tanto el Mini
Mental State Examination de Folstein, en su versión española y el Mini Examen
Cognoscitivo de Lobo. Es de suma importancia utilizar instrumentos validados como los
recién mencionados y de buen rendimiento diagnóstico. Cabe mencionar que aparte de esta
valoración inicial, en aquellos casos en los que algún paciente comience a dar signos de
síndrome confusional o fallos en la memoria, se debe realizar una reevaluación cognitiva o
una evaluación neuropsicológica más detallada si el personal se encuentra formado en este
campo y la situación lo amerita. Tan pronto como se diagnostique una demencia, se deberá
determinar la causa subyacente y la gravedad de la misma. Para esta última se pueden
utilizar diferentes escalas, siendo las más utilizadas el Global Deterioration Scale (GDS), el
Functional Assessment Staging (FAST), y el Clinical Dementia Rating (CDR). Puede
suceder que sea necesario derivar al paciente para poder lograr un diagnóstico adecuado,
acompañado de pruebas de imágenes y especialistas con quienes serían recomendable
mantener contacto para una continuidad que permita tramitar desplazamientos para
procedimientos diagnósticos o terapéuticos, así como también la posibilidad de realizar
evaluaciones en la residencia, sesiones y consultas de casos.
Los Centros de día (CD), se caracterizan por ser unidades cerradas donde diariamente
acuden pacientes con distintos tipos de demencia y en diferentes estadios de la enfermedad
para pasar ahí parte del día. Los mismos no pueden retirarse sin permiso de sus cuidadores
habituales o sin autorización previa (Olazarán Rodríguez y Marín Carmona, 2008). Los
autores explican que en estos centros si bien las personas que acuden reciben su
tratamiento farmacológico habitual, también se realizan intervenciones no farmacológicas
las cuales suelen incluir a sus cuidadores primarios, desarrollan actividades lúdico-
recreativas y ocupacionales.
Es significativo señalar que como mencionan los autores (Olazarán Rodríguez y Marín
Carmona, 2008) cada CD debe diseñar sus programas de intervención de acuerdo a las
características del centro y sus pacientes.
2.2.3. Cuidadores
Ramos Pozón (2011), plantea que el concepto de cuidado se puede definir de cuatro
formas: como actividad, como tarea profesional, como compromiso moral y como actitud.
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una labor profesional regulada. El cuidado puede definirse como un bien interno de
una tarea profesional que da validez social y sentido a la profesión.
Actualmente se puede realizar una distinción entre dos tipos de cuidadores, el formal y
el informal. El primero hace referencia a aquellas personas ajenas a la familia del adulto
enfermo que reciben una remuneración económica por su labor y que pueden estar o no
capacitadas para ejercer dicho rol. Por el contrario, el segundo alude a un miembro de la
red social de quien recibe el cuidado, quien brinda atención de manera voluntaria y sin
remuneración económica (Aparicio et al., 2008 y Rogero, 2009, citado en Cerquera
Córdoba, y Galvis Aparicio, 2014).
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proporcionen conocimientos sobre el envejecimiento y los ancianos, así como sobre las
aptitudes requeridas que le permitirán a cada profesional realizar mejor las tareas. Quienes
se encargan del cuidado de adultos mayores, deben tener en cuenta que los objetivos de
trabajar con esta población consisten en reforzar sus aptitudes, permitirles que hagan las
cosas por si solos, en la medida que puedan, y dejar que desarrollen todo su potencial.
Para mejorar la calidad del personal dedicado a los adultos mayores, los organismos
gubernamentales deben trabajar con las organizaciones profesionales y educacionales que
regulan las capacitaciones a aquellos que proveen los servicios de cuidado.
Cerquera Córdoba y Galvis Aparicio (2014), afirman, tal como se ha mencionado con
anterioridad, que con relación a los cuidadores formales son pocas las investigaciones
respecto a su perfil, formación para el cuidado o los efectos, tanto positivos como
negativos, de la labor en la que se desenvuelven. Esto se debe a que el interés principal se
vuelca siempre sobre el cuidador informal.
Aparicio et al., (citado en Cerquera Córdoba y Galvis Aparicio, 2014) indican que los
cuidadores formales, deben hacer frente a múltiples estresores al igual que los cuidadores
informales, no obstante, el hecho de recibir un salario y cumplir un horario hace que la
labor difiera considerablemente de la que realizan éstos. Ahora bien, a pesar de que los
cuidadores suelen estar capacitados para el manejo de enfermedades, puede suceder que
haya quienes no sean competentes para desempeñar su labor y por esta razón se encuentren
expuestos a altos niveles de estrés y se vean afectados en su salud mental (Camacho et al.,
citado en Cerquera Córdoba y Galvis Aparicio, 2014).
Como plantea Torres (citado en Cerquera Córdoba y Galvis Aparicio, 2014), los
cuidadores formales se ven expuestos a varios estresores, tanto a nivel laboral como
personal, que pueden influirlos emocionalmente, crear repercusiones en su ajuste personal
al entorno laboral y afectar la forma en que lleva a cabo su labor de cuidado de las
personas mayores.
Las fuentes de estrés y las tareas requeridas no serán las mismas para los cuidadores, si
el contexto en que realizan su labor es diferente. A saber, las demandas para aquellos que
atienden un paciente en su domicilio no serán las mismas que para aquellos que trabajan en
hogares geriátricos (Aparicio et al., citado en Cerquera Córdoba y Galvis Aparicio, 2014).
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En resumidas cuentas, los cuidadores se han convertido en un recurso muy valioso para
lograr el bienestar de la población que cuidan. Por consiguiente, teniendo en cuenta que el
desempeño de su labor les puede provocar consecuencias negativas para su salud, es
necesario conocer cuál es el nivel de sobrecarga en el desempeño del rol y cuáles son los
factores relacionados (Flores et al., 2012).
2.2.4. Sobrecarga
Pearlin y Zarit (1996, citado en Painepán y Kühne, 2012), afirman que la sobrecarga es
el término con el que se conoce al estrés en el ámbito del cuidado. A medida que la
sobrecarga aumenta, se va deteriorando la salud física, mental, social y familiar del
cuidador.
Cuidar a una persona mayor, aún más cuando tiene patologías que generan dependencia
del cuidador como es el caso de la demencia, implica que éste realice una gran cantidad de
actividades con responsabilidad que terminan resultando altamente demandante y
estresante. La demencia es una patología neurológica crónica y degenerativa, por lo tanto,
la dependencia que va a tener el adulto de su cuidador va a ir aumentando al mismo tiempo
que la dedicación que éste debe cumplir (Pearlin, Mullan, Semple y Skaff, 1990, citado en
Painepán y Kühne, 2012).
Como bien exponen los autores, al estar la sobrecarga ligada a la dependencia, es
importante conocer cuál es el nivel de ésta para poder estar pendiente del paciente y
satisfacer sus necesidades. Asimismo, el cuidar debe tener objetivos definidos y plausibles
de ser cumplidos para poder alcanzar el beneficio del paciente (Alfaro, Morales, Vázquez,
Sánchez, Ramos y Guevara, 2008, citado en Ynfante Niquén, 2018).
Los pacientes deben ser atendidos por cuidadores que puedan afrontar las cargas que
generan la convivencia y la necesidad de atención (Soro, 2012, citado en Giraldo Montoya,
Zuluaga Machado y Uribe Gómez, 2018).
Como señalan Giraldo Montoya et al. (2018), cuidar a una persona dependiente implica
el riesgo de que exista un exceso de trabajo. Habitualmente las jornadas de los cuidadores
suelen ser largas, esto lleva a que se produzca en el cuidador un malestar significativo que
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aumenta con el tiempo (Soro, 2012, citado en Giraldo Montoya et al., 2018). A raíz de
esto, como mencionan (Pérez, Abanto y Labarta, 1996, citado en Giraldo Montoya et al.,
2018), aparecen problemas de salud acompañados de una sobrecarga física y emocional.
Espín y Picardi (2007, citado en Espín Arande, 2012) señalan que la carga que
experimenta quien cuida, es en un predictor de la calidad del cuidado que ofrece. Para
poder prevenirla, es indispensable identificar los factores de riesgo que influyen en su
aparición. Las variables que contribuyen a la carga del cuidador son múltiples, pueden
estar relacionadas con el enfermo o bien con las características del cuidador (Espín Arande,
2012).
Melo de Souza, Wegner y Pinto (2007, citado en Sánchez Martinez, Molina Cardona y
Gómez Ortega, 2016) sostienen la importancia del cuidador y ponen énfasis en la
necesidad de cuidar a quien cuida, dado que éste influye en la atención de la salud del
enfermo encargándose de los cuidados directos. Los autores también exponen que el
sistema de salud no dimensiona la importancia de los cuidadores en la rehabilitación y
recuperación de los sujetos de cuidado, y por lo tanto quienes cuidan no reciben mucha
atención.
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A menudo el cuidador ve afectada su salud, bienestar y se siente incapaz de enfrentar
esta responsabilidad (Lara, Díaz, Herrera y Silveira, 2001, citado en Flores et al., 2012). Al
mismo tiempo, se sienten abrumados por las exigencias de su labor pudiendo mostrar
ansiedad y depresión. Esto puede verse con mayor frecuencia en cuidadores de personas
con problemas conductuales, tales como agresividad y conducta errante, y en aquellos
casos en que el curso de la enfermedad es impredecible (Shultz, 2004, citado en Flores et
al., 2012).
Para poder conocer la carga del cuidador y sus efectos adversos se pueden utilizar varias
pruebas que dan cuenta de esta sobrecarga que tiene el cuidador en su rutina diaria de
cuidar de otra persona. La más utilizada es la Zarit Burden Interview. Ésta examina el
grado de sobrecarga, factores físicos, emocionales, financieros, la actitud y relación del
cuidador con el destinatario de sus cuidados, entre otras. Esta escala es sumamente valiosa
dado que mide el riesgo de deterioro de su vida laboral, social, familiar y principalmente el
sentimiento de sobrecarga en su rol de cuidar (Giraldo Montoya et al., 2018).
Al hablar de carga, nos referimos a la experiencia subjetiva del cuidador, se trata de un
concepto multidimensional, con características objetivas y subjetivas (Zarit, Bottigi y
Gaugler, 2007, citado en Flores et al., 2012). Zarit, Miller y Montgomery (1990, citado en
Jofré Aravena y Sanhueza Alvarado, 2010), realizan una diferenciación entre sobrecarga
personal y sobrecarga interpersonal. La primera, se refiere a la valoración que realiza el
cuidador en lo que respecta a la limitación de sus actividades personales. La sobrecarga
interpersonal, hace referencia a la percepción que posee el cuidador sobre la problemática
de la persona que cuida. También se diferencia entre sobrecarga objetiva y subjetiva. La
sobrecarga objetiva se vincula al grado de dedicación que se da al cuidado y los impactos
que tiene sobre el cuidador; mientras que la sobrecarga subjetiva se refiere al sentimiento
psicológico asociado al cuidar y al grado en que el cuidador se siente agotado y percibe
inconvenientes para llevar adelante la tarea de cuidar.
Flores et al. (2012), afirman que son poco concluyentes los estudios que establecen si el
estado de dependencia en las actividades básicas cotidianas (ABC) del paciente se
relaciona en forma directa con la sobrecarga percibida por el cuidador. Ocampo, Herrera,
Torres, Rodríguez, Loboa y García, (2007) indican que “el trabajo de Zarit et al. no
encontró asociación entre el deterioro en las ABC físicas y la carga del cuidador, mientras
que Farran et al. y Pearson et al. sí hallaron esa relación” (p.41).
32
2.2.5. Estrés
Las repercusiones que tiene el estrés sobre la salud son complejas y puede tener efectos
psicológicos y fisiológicos que la alteran directamente. Una persona expuesta
continuamente a situaciones de estrés elevado puede padecer trastornos de ansiedad, del
estado de ánimo y psicofisiológicos. Del mismo modo, el estrés puede incidir
indirectamente en la salud mediante conductas no saludables o estrategias de afrontamiento
perjudiciales tales como el consumo de estupefacientes, conductas de riesgo, o inhibir
conductas saludables como el ejercicio físico (Guerrero Barona, 2003).
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las fuerzas externas, como el peso; el estrés es el área de la estructura sobre la que se aplica
la carga y la tensión es la deformación de la estructura, producida por la conjunción de la
carga y del estrés” (Lazarus, 2000, p. 43).
Lazarus (2000), expone que hubo dos esfuerzos iniciales por dividir el estrés. En un
primer momento, Hans Selye sugirió dos tipos: Eustres y Distres. El Eustres se encuentra
representado por emociones que se asocian con la preocupación empática por los demás y
con esfuerzos positivos, es de tipo cognitivo y se indica que protege la salud del individuo.
Por el contrario, el Distres, es de tipo destructivo y se manifiesta por la ira y agresión;
suele ser perjudicial para la salud.
En un segundo momento Lazarus (1996, citado en Lazarus, 2000), diferenció tres tipos
de estrés psicológicos. El daño/pérdida, el cual se vincula con el perjuicio o pérdida que ya
se produjo; el desafío, consiste en la capacidad de que las dificultades puedan ser
superadas con entusiasmo, persistencia y confianza en sí mismo; y por último la amenaza,
que se encuentra relacionada con el daño o pérdida que aún no se produjo, pero que tiene
posibilidades de suceder en un futuro cercano.
Puesto que existen diferentes tipos de estrés, es importante poder establecer una
diferencia entre el estrés agudo y el crónico. El primero afecta en un momento particular de
la vida de una persona durante un periodo breve y se origina tanto por acontecimientos
mayores como menores de carácter limitado en el tiempo; mientras que el estrés crónico
surge a partir de circunstancias perjudiciales o amenazadoras estables y de roles estresantes
que las personas desempeñan continuamente. Los autores Repetti y Wood (1997, citado en
Lazarus, 2000), refieren que el estrés crónico requiere de esfuerzos especiales de manejo,
sin embargo por lo general no se advierte de forma inmediata su presencia.
“La Organización Mundial de la Salud, define el estrés laboral como la respuesta del
individuo ante exigencias y obligaciones laborales que no concuerdan con sus habilidades
34
y competencias, poniendo a prueba su capacidad para enfrentar estas circunstancias”
(Leka, Griffiths y Cox, 2004, citado en Menghi, 2015, p.12)
Se pueden diferenciar dos tipos de estrés laboral, por un lado, el episódico, no
permanente y relacionado con algo eventual puesto que luego de su afrontamiento
desaparecen los síntomas; y por otro lado, el estrés crónico, el cual surge cuando la persona
frecuenta con elevada intensidad situaciones estresantes (Slipack, 1996, citado en Menghi,
2015). “Una respuesta al estrés laboral crónico es el sentirse emocionalmente agotado, con
sentimientos contrariados frente al rol laboral y hacia los individuos con los que se trabaja”
(Menghi, 2015, p.12).
Méndez Venegas (2004), afirma que el estrés laboral compromete la calidad de la
atención que ofrece la persona afectada, y esto se debe a que este padecimiento es una de
las principales causas de ausentismo y enfermedad en el ámbito laboral. En consecuencia
es habitual que como respuesta al estrés laboral crónico los empleados sufran del síndrome
de quemarse por el trabajo o también llamado “Burnout”.
Ahora bien, la exposición al estrés va a depender de las características del lugar de
trabajo, reglas o condiciones de la profesión que incrementan la tensión emocional y física
Méndez Venegas (2004).
Puede establecerse, que las reacciones de estrés son aquellos procesos que afectan a la
persona como respuesta a un estresor. Estas reacciones pueden ser de tres formas,
comportamentales, corporales y cognitivo-emocional.
Las reacciones corporales que se dan frente a situaciones de estrés, conducen a una
activación corporal y movilización de energía. Hans Selye, realizó investigaciones y
formulaciones teóricas que detallan la forma que tiene el organismo para responder,
cuando debe movilizarse para manejar los peligros y amenazas a su integridad (Lazarus,
2000). Selye, designa a la reacción de estrés corporal como un síndrome de adaptación
general (SAG) el cual se compone de tres estadios: reacción de alarma, resistencia y
agotamiento. El primero se pone en marcha a partir de un agente nocivo fisiológico o una
amenaza o daño psicológico que inicia el proceso de defensa; el segundo se activa cuando
el estrés persiste, poniendo en movimiento el cuerpo para auto defenderse; por último el
tercer estadio sucede cuando el estrés continúa durante tiempo prolongado generando un
cese en las respuestas de los recursos orgánicos. Pese a esto, “aunque el SAG nos ayuda a
sobrevivir ante los entornos nocivos, la merma de los recursos es el potencial coste
fisiológico de la defensa” (Lazarus, 2000, p.55). Por otro lado, Kaluza, Cornaglia y Basler
(2001) caracterizan la reacción de estrés corporal, a partir de los siguientes indicadores:
El corazón recibe mayor irrigación lo que mejora su rendimiento.
36
Mejora la irrigación de la musculatura esquelética y se eleva la tensión
muscular.
Se eleva la capacidad de coagulación de la sangre.
Se eleva la frecuencia del ritmo cardíaco y se acelera la respiración.
Se restringe la respuesta a estímulos sexuales.
Disminuye la actividad excretora del estómago e intestino.
Se reduce la respuesta inmunológica.
Por último, como plantean estos autores, encontramos que existen reacciones cognitivo-
emocionales que aparecen en situaciones de estrés. A diferencia de las reacciones
comportamentales, estos acontecimientos intrapsíquicos no son visibles para las otras
personas. Las reacciones cognitivo-emocionales más frecuentes son:
Sentimientos de insatisfacción y enojo.
Sentimientos de desamparo.
Autoreproches.
Pensamientos rumiantes.
Sentimientos de intranquilidad, nerviosismo.
Bloqueo de pensamiento.
De la misma manera que todas las personas somos diferentes, las reacciones frente al
estrés varían de acuerdo a la persona y la situación. A ciertas personas una situación
determinada, puede generarle perturbaciones complejas, mientras que a otras puede no
generarle ninguna reacción. Como afirma Lazarus, “el estrés y la emoción, dependen del
37
modo en que el individuo evalúa (valora) las transacciones con el entorno” (Lazarus, 2000,
p.47).
Siguiendo con lo anterior, Lazarus (2000), afirma que la mente de una persona evalúa lo
que sucede y lucha para manejar el estrés. En el ámbito psicológico es necesario realizar un
juicio para evaluar la amenaza de una situación y consiguientemente las opciones de
manejo. Se podría decir que una persona se encuentra estresada cuando se encuentra en
peligro o se impide el compromiso de una meta importante y sus intenciones, o se violan
expectativas.
Lazarus (2000), expone que la activación del estrés y la forma en que influye sobre las
personas va a depender del el modo en que el individuo evalúa la importancia personal de
lo que le sucede. De esta manera, el estrés se vincula al significado de lo que la persona
atribuye a lo que le sucede.
El término valoración, implica una evaluación del significado personal de lo que está
ocurriendo. Esta teoría de la valoración tiene como premisa que “las personas (y algunos
animales también) evalúan constantemente sus relaciones con el medio con respecto a sus
implicaciones para el bienestar” (Lazarus, 2000, p.86).
Este autor, aduce que el acto de valorar forma parte de una serie de acciones cognitivas
conscientes o inconscientes. Deben diferenciarse dos actos de valoración: primario y
secundario. Las valoraciones primarias, refieren a la apreciación de la situación; es decir a
38
valorar acerca de si lo que sucede es importante para los propios valores, creencias sobre el
self y el mundo, compromisos relativos a objetivos e intenciones. Si no existe compromiso
con un objetivo, si no hay nada en juego para el bienestar, no habrá ni emociones ni estrés.
Aquí radica la importancia de valorar si hay algo o no en juego. Si, se realiza una
valoración acerca de que lo que está sucediendo es una situación de estrés, las alternativas
transaccionales son, daño/pérdida, amenaza o desafío. En lo que respecta a las valoraciones
secundarias, según Kaluza, Cornaglia y Basler (2001), hacen referencia a la apreciación de
capacidades y posibilidades de superación propias de cada uno. Es decir, se realiza un
proceso cognitivo-evaluador, que tal como explica Lazarus, “se centra en lo que puede
hacer la persona sobre la relación estresante persona-medio, especialmente cuando se ha
producido una valoración primaria de daño, amenaza o desafío” (Lazarus, 2000, p.87).
Tanto las valoraciones primarias, como las secundarias, pueden superponerse en el tiempo
o influenciarse.
¿Cómo se valoran las valoraciones? Magda Arnold (1960, citada en Lazarus, 2000)
revelaba que el acto de valorar es inmediato y deliberado. Por su parte, Lazarus (2000), en
contraste con lo que planteaba Arnold, considera el valorar como algo más consciente,
deliberado y abstracto. De ahí que afirma que se sabe poco acerca del funcionamiento de
las valoraciones, pero sí que hay certeza de que se producen con gran velocidad y que para
decidir el modo de respuesta se basan en claves aprendidas por la experiencia previa,
características de la personalidad, intenciones, aptitudes personales, etc. Sin embargo, no
niega el carácter automático, intuitivo e inconsciente del proceso de valoración,
concluyendo que la diferencia va a depender de las circunstancias en el momento de la
valoración.
2.2.6. Afrontamiento
El afrontamiento, consiste en las habilidades que posee una persona para enfrentarse a
las exigencias de la situación estresante. Las personas de acuerdo con sus capacidades
39
activan las estrategias que poseen, para evitar la amenaza anticipada, superar el daño-
perdida que ocurrió o para superar el desafío.
40
Mantheny (1986, citado en Salazar Ganchala, 2013), habla acerca del sentido adaptativo
del afrontamiento que admite cualquier esfuerzo para eliminar, evitar o aminorar los
estímulos estresantes o para tolerar sus efectos de una manera menos nociva para la salud.
Sin embargo, hay que tener en claro que adaptación y afrontamiento no significan lo
mismo. La primera es una conducta automatizada de autorregulación funcional, mientras
que el afrontamiento si bien es automatizado, se da cuando la situación desborda o requiere
esfuerzos del sujeto para su manejo (Salazar Ganchala, 2013).
Tal como afirman Lazarus y Richard (2000, citado en Salazar Ganchala, 2013), el
afrontamiento se trata de aquello que una persona piensa y hace frente a una situación
estresante, al intentar regular la tensión y las emociones. Esto va a depender de la situación
a la que se enfrenten, las amenazas, y los objetivos, creencias, compromisos, etc. de la
persona. En el caso de los cuidadores de pacientes con demencia, frente a cada
acontecimiento nuevo que pueda surgir durante el cuidado y que resulte estresante, se pone
en marcha el afrontamiento.
El grupo de Lazarus asume que la persona utiliza estrategias adaptativas o no, para
tratar el estrés. Lazarus (1993; Lazarus y Folkman, 1984, citado en Sandín y Chorot,
2003), considera que las estrategias de afrontamiento pueden ser estables en diferentes
situaciones. Mencionan que este concepto es coherente con la idea de que las respuestas de
una persona suelen estar determinadas por una interacción entre las habilidades personales
y las situaciones externas. De acuerdo con esto, Torestad, Magnuson y Oláh (1990, citado
en Sandín y Chorot, 2003) enfatizan que el afrontamiento está determinado tanto por la
situación como por los rasgos de la persona, dejando en evidencia el carácter estable del
afrontamiento.
Salazar Ganchala (2013), menciona que cuando hay una perturbación emocional el
afrontamiento actúa como regulador, es decir, si es efectivo no habrá malestar, de lo
contrario la perturbación emocional continuará repercutiendo de manera negativa en la
salud.
42
Lazarus y Folkman (1986) abordan dos modos o estrategias de afrontamiento, que, si
bien son diferentes, se complementan mutuamente.
Modos de afrontamiento dirigidos a la emoción: “Tiene más probabilidades de
aparecer cuando ha habido una evaluación de que no se puede hacer nada para
modificar las condiciones lesivas, amenazantes o desafiantes del entorno”
(Lazarus y Folkman, 1986, p.172).
Esta estrategia de afrontamiento hace referencia a los procesos cognitivos que
tienen como finalidad disminuir el nivel de trastorno emocional e incluyen
estrategias como la evitación, minimización, atención selectiva, distanciamiento,
comparaciones positivas y la extracción de valores positivos a las situaciones
negativas. Las estrategias que equivalen a la reevaluación cognitiva suelen
utilizarse para reducir la amenaza. Hay que tener en cuenta, que en este tipo de
afrontamiento, puede darse lo que Lazarus y Folkman (1986) denominan como
autodecepción o distorsión de la realidad. Estas interpretaciones distorsionadas,
pueden darse debido a que el afrontamiento dirigido a la emoción suele
utilizarse “para conservar la esperanza y el optimismo, para negar tanto el hecho
como su implicación, para no tener que aceptar lo peor, para actuar como si lo
ocurrido no nos importara, etcétera” (Lazarus y Folkman, p.174).
44
2.2.7. Relación Estrés y Sobrecarga del cuidador
Una serie de investigaciones que se han realizado, muestran cómo el inadecuado uso de
las Estrategias de Afrontamiento afecta el estado emocional de los cuidadores, generando
consecuencias como el aumento en los niveles de sentimiento de sobrecarga, depresión y
ansiedad (Lazarus y Folkman, 1991; Muela Martínez, Torres Colmenero y Peláez Peláez,
2002; Powers, Gallagher Thompson y Kraemer, 2002; Mc Clendon, Smyth y Neundorfer,
2004; Mausbach, Aschbacher, Patterson, Ancoli Israel, Känel, Mills, Dimsdale, et al., 2006
y Crespo y López, 2007, citado en Tartaglini, Ofman y Stefani, 2010).
Haley, Levine, Brown & Bartolucci (1987, citado en Tartaglini, Ofman y Stefani, 2010)
exponen que las estrategias de afrontamiento utilizadas, pueden predecir el nivel de estrés
experimentado por quienes se desempeñan como cuidadores. En la investigación realizada
por Tartaglini, Ofman y Stefani (2010) se obtuvo que en aquellos cuidadores que utilizaban
la “descarga emocional” la misma se encontraba en relación con niveles altos de
sobrecarga.
“La percepción que el sujeto tenga de los estresores ambientales y de sus capacidades,
junto a las estrategias de afrontamiento que emplee para afrontar el estrés, determinarán el
grado de sentirse quemado por el trabajo” (Gil-Monte y Peiró, 1997, citado en Contreras y
Burguillos Peña, 2014, p.307).
Dri (2017), cuya investigación tenía como objetivo, analizar la relación entre Estrés
Laboral y las Estrategias de Afrontamiento, pudo corroborar que la variable estrés se
correlaciona de manera positiva con las estrategias de evitación cognitiva y descarga
emocional.
45
“La sobrecarga del cuidador se origina en el conjunto de sentimientos y percepciones
negativas que él tiene respecto de la prestación continua de cuidado que solicita el
paciente” (Feldberg, Saux, Tartaglini, Irrazába, Leis, Roja, Somale, Cáceres, Demey,
Allegri y Stefani, 2016, p.260) Aquí puede evidenciarse cómo la valoración que haga el
cuidador respecto de la situación laboral, va a incidir en la sobrecarga percibida.
46
CAPITULO III
47
3. Encuadre Metodológico
3.2. Participantes
El muestreo utilizado es de tipo no probabilístico (intencional). La muestra estuvo
conformada por cuidadores formales adultos de ambos sexos, que trabajaban en
instituciones residenciales y centros de día con adultos mayores que padecen demencia en
la ciudad de Paraná. La muestra resultante comprendió a 30 cuidadores.
El criterio de exclusión para seleccionar la misma fue que los cuidadores debían trabajar
en instituciones residenciales o centros de día y cuidar adultos con cualquier tipo de
demencia.
Para evaluar el nivel de sobrecarga, se utilizó la versión española abreviada del Zarit
Caregiver Burden Interview (ZCBI) de Zarit, Reever y Bach-Peterson (1980) en su
adaptación al español realizada por Martín et al (1996). Es un cuestionario que consta de 7
ítems en forma de pregunta, que el cuidador respondió en una escala tipo Likert de 5
puntos (1 = Nunca; 2 = Casi nunca; 3 = A veces; 4 = Bastantes veces; 5 = Casi siempre).
Tal como exponen Crespo y Rivas (2015), la escala presenta adecuadas propiedades
psicométricas (alfa de cronbach: .91). Es preciso aclarar que se realizó una modificación
en cada ítem, se cambió la palabra familiar por pacientes. Esto fue necesario dado que esta
escala fue hecha para evaluar cuidadores familiares. Sin embargo, al no existir otra que
evalúe a aquellos que no son familiares y como se ha utilizado en otras investigaciones
para evaluar los cuidadores formales, se decidió luego de recibir asesoramiento, cambiar
esa palabra por una más adecuada a la situación que se pretendía estudiar.
48
Para medir las estrategias de afrontamiento, se empleó el Cuestionario de
Afrontamiento al Estrés (CAE) de Sandín y Chorot (2003), siendo esta, una versión
adaptada al español, modificada y mejorada del Way of Coping (WOC) desarrollada por
Lazarus y Folkman (1986). Este instrumento es una medida de autoinforme que consta de
42 ítems y 7 subescalas: focalización en la solución del problema, reevaluación positiva,
búsqueda de apoyo social, expresión emocional abierta, evitación, religión y
autofocalización negativa. La escala, presenta adecuadas propiedades psicométricas con un
coeficiente de fiabilidad de Cronbach de 0.79 (Sandín y Chorot, 2003).
50
CAPITULO IV
51
4. Resultados
52
Tabla 2 Tabla de frecuencia de la Escala de Sobrecarga.
PUNTAJE de Porcentaje
Frecuencia Porcentaje
SOBRECARGA acumulado
7 2 6,7 6,7
9 1 3,3 10,0
10 4 13,3 23,3
11 4 13,3 36,7
12 1 3,3 40,0
13 1 3,3 43,3
14 2 6,7 50,0
15 2 6,7 56,7
16 3 10,0 66,7
18 2 6,7 73,3
19 1 3,3 76,7
21 3 10,0 86,7
25 1 3,3 90,0
27 1 3,3 93,3
30 1 3,3 96,7
31 1 3,3 100,0
Total 30 100,0
53
Gráfico 1
Sobrecarga
intensa; 33,3 Ausencia de
sobrecarga; 66,7
54
En lo que respecta al ítem 6, un 70% expresó nunca haber perdido el control de su
vida desde que sus pacientes comenzaron a presentar la enfermedad. Tan solo un 13,3%
manifestó sentirse así algunas veces.
El último ítem, 7, evalúa a nivel global el sentimiento de “carga” experimentado al
cuidar los pacientes. Un 36% manifestó sentir “carga” al cuidar sus pacientes, un 10%
expresó sentir la carga siempre o bastantes veces, mientras que un 23% afirmó nunca sentir
“carga” al cuidar de sus pacientes.
56
CAPITULO V
57
5. Discusión
Uno de los principales motivos que puso en marcha este estudio fue la falta de
investigaciones sobre cuidadores de adultos con demencia que no sean familiares de los
mismos. Como pudo verse en los antecedentes hallados y expuestos al comienzo de este
trabajo, casi todos se enfocan en estudiar la sobrecarga y/o afrontamiento al estrés de
cuidadores primarios, familiares, de adultos con demencia.
El propósito que orientó la investigación a lo largo de todo su proceso fue poder
identificar si el nivel de sobrecarga se asocia con los estilos de afrontamiento al estrés que
presentan los cuidadores formales de pacientes con demencia en la ciudad de Paraná, es
decir aquellos que trabajan cuidando a adultos mayores que habitan en Residencias
Gerontológicas o aquellos que concurren diariamente a Centros de Día.
Para ello fue necesario en primer lugar poder identificar, mediante el cuestionario Zarit
Caregiver Burden Interview, los niveles de sobrecarga que presentaban los cuidadores
formales de adultos mayores con demencia. Para esto, se concurrió a distintas instituciones
Residenciales donde se realizó la toma del cuestionario a 30 cuidadores adultos de ambos
sexo, arrojando como resultado la ausencia de sobrecarga a nivel general con un 66,7%
dado que los puntajes obtenidos con mayor frecuencia fueron menores de 16 puntos; tan
solo un 33,3% presentó niveles de sobrecarga intensa. Como se mencionó anteriormente,
en cuanto al nivel de sobrecarga los resultados de esta investigación coinciden con el
realizado por Cerquera et al. (2014) respecto a la ausencia o baja sobrecarga. Los autores
en su estudio encontraron que un 44% de su muestra de cuidadores no presento ningún tipo
de sobrecarga, un 15% presentó sobrecarga leve, y un 41% presentó sobrecarga intensa.
Estas correlaciones encontradas, dan cuenta que en la mayoría de los casos hay una
actitud pasiva hacia las situaciones de estrés. Guerrero, (2003, citado en Reyna, 2011)
plantea que la conducta de afrontamiento puede implicar una actitud activa tendiente a
controlar la situación o una actitud pasiva ante las situaciones de estrés. Sin embargo, los
resultados muestran que los niveles de sobrecarga no son altos, por el contrario las pruebas
arrojaron una ausencia de sobrecarga. Esto puede deberse a que una de las principales
limitaciones es que la Escala de Sobrecarga del Cuidador de Zarit fue diseñada para
59
evaluar a cuidadores familiares. Si bien, la misma fue adaptada para los fines de esta tesis,
algunos de sus ítems no coinciden del todo con las situaciones que experimentan los
cuidadores formales, es decir los no familiares. Esto coincide con lo que plantean
Montorio, Izal, López y Sánchez (1998, citado en Sánchez y Zamora, 2008), quienes
exponen que la sobrecarga laboral, es una carga percibida por el cuidador a partir de la
valoración que él mismo hace de los estresores que resultan del cuidar. Esto reafirma el
hecho de que un cuidador familiar puede percibir estresores distintos al cuidar a su
familiar, particularmente por el vínculo que los une. Esto da cuenta que la valoración que
haga el cuidador respecto de la situación, va a incidir en la sobrecarga percibida.
Es por esto que sería recomendable la construcción y validación de una escala que
pueda evaluar a aquellos cuidadores que trabajan ya sea dentro del hogar del enfermo o
fuera de él, como es el caso de quienes cuidan adultos mayores que habitan en residencias
gerontológicas y/o centros de días.
60
6. Conclusión
61
sobrecarga que perciben en su labor; así como también que la sobrecarga intensa se asocia
con el uso de estrategias de afrontamiento disfuncionales dirigidos a la emoción y
evitación del problema. Si bien la muestra de esta investigación no arrojó niveles de
sobrecarga intensa, este supuesto se puede comprobar con las correlaciones obtenidas a
partir de las estrategias utilizadas por los cuidadores y la sobrecarga.
Cabe destacar que es de suma importancia seguir investigando sobre esta temática,
particularmente a los cuidadores formales que trabajan en ámbitos en los cuales se
encuentran con más de una persona a su cargo. En muchas ocasiones, las residencias,
centros de día, hospitales o cualquier institución en la que se desempeñen cuentan con
numerosos adultos dependientes internados en comparación con el número de cuidadores
que trabajan en dicho lugar. Este factor, sumado a los horarios de los turnos de la jornada
laboral, como así también la ausencia de formación y capacitación del cuidador en temas
de cuidado de personas puede ser un elemento altamente influenciable en el nivel de
sobrecarga percibido y experimentado por quienes dedican sus días a cuidar adultos con
demencia o cualquier otro tipo de patología que requiera ese nivel de cuidado.
62
7. Limitaciones
63
8. Sugerencias
64
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70
ANEXOS
ESCALA SOBRECARGA
Sobrecarga
N Válidos 30
Perdidos 0
Media 15,6333
Desv. típ. 6,43527
Sobrecarga
Porcentaje Porcentaje
Frecuencia Porcentaje válido acumulado
Válidos 7,00 2 6,7 6,7 6,7
9,00 1 3,3 3,3 10,0
10,00 4 13,3 13,3 23,3
11,00 4 13,3 13,3 36,7
12,00 1 3,3 3,3 40,0
13,00 1 3,3 3,3 43,3
14,00 2 6,7 6,7 50,0
15,00 2 6,7 6,7 56,7
16,00 3 10,0 10,0 66,7
18,00 2 6,7 6,7 73,3
19,00 1 3,3 3,3 76,7
21,00 3 10,0 10,0 86,7
25,00 1 3,3 3,3 90,0
27,00 1 3,3 3,3 93,3
30,00 1 3,3 3,3 96,7
31,00 1 3,3 3,3 100,0
Total 30 100,0 100,0
71
Estadísticos por ítem
1. ¿Siente
usted que, 2. ¿Se siente 6. ¿Siente
a causa del agobiado por 3. ¿Piensa 4. 5. ¿Se que ha 7.
tiempo que intentar que el cuidar ¿Piensa siente perdido el Globalment
gasta con compatibilizar de sus que su tenso o control de e ¿Qué
sus el cuidado de pacientes salud ha agotado su vida grado de
pacientes, sus pacientes afecta empeorad cuando desde que "carga"
ya no tiene con otras negativament o debido a tiene que comenzó experiment
tiempo responsabilid e la relación tener que cuidar a la a por el
suficiente ades (con su que Ud. tiene cuidar sus sus enfermeda hecho de
para usted familia, en el con su familia pacientes pacientes d de su cuidar sus
misma/o? trabajo, etc)? y amigos? ? ? paciente? pacientes?
N 30 30 30 30 30 30 30
Media 2,5333 2,4000 1,9000 2,3333 2,2333 1,6000 2,6333
Desv. 1,2129 1,1351
1,00801 1,19193 1,12495 1,06997 1,24522
típ. 6 2
1. ¿Siente usted que, a causa del tiempo que gasta con sus pacientes, ya no tiene tiempo suficiente
para usted misma/o?
Porcentaje Porcentaje
Frecuencia Porcentaje válido acumulado
Válidos nunca 6 20,0 20,0 20,0
rara vez 7 23,3 23,3 43,3
algunas veces 12 40,0 40,0 83,3
bastantes veces 5 16,7 16,7 100,0
Total 30 100,0 100,0
2. ¿Se siente agobiado por intentar compatibilizar el cuidado de sus pacientes con otras
responsabilidades (con su familia, en el trabajo, etc)?
Porcentaje Porcentaje
Frecuencia Porcentaje válido acumulado
Válidos nunca 7 23,3 23,3 23,3
rara vez 12 40,0 40,0 63,3
algunas veces 5 16,7 16,7 80,0
bastantes veces 4 13,3 13,3 93,3
casi siempre 2 6,7 6,7 100,0
Total 30 100,0 100,0
72
3. ¿Piensa que el cuidar de sus pacientes afecta negativamente la relación que Ud. tiene con su
familia y amigos?
Porcentaje Porcentaje
Frecuencia Porcentaje válido acumulado
Válidos nunca 16 53,3 53,3 53,3
rara vez 4 13,3 13,3 66,7
algunas veces 8 26,7 26,7 93,3
bastantes veces 1 3,3 3,3 96,7
casi siempre 1 3,3 3,3 100,0
Total 30 100,0 100,0
4. ¿Piensa que su salud ha empeorado debido a tener que cuidar sus pacientes?
Porcentaje Porcentaje
Frecuencia Porcentaje válido acumulado
Válidos nunca 10 33,3 33,3 33,3
rara vez 7 23,3 23,3 56,7
algunas veces 7 23,3 23,3 80,0
bastantes veces 5 16,7 16,7 96,7
casi siempre 1 3,3 3,3 100,0
Total 30 100,0 100,0
5. ¿Se siente tenso o agotado cuando tiene que cuidar a sus pacientes?
Porcentaje Porcentaje
Frecuencia Porcentaje válido acumulado
Válidos nunca 9 30,0 30,0 30,0
rara vez 10 33,3 33,3 63,3
algunas veces 8 26,7 26,7 90,0
bastantes veces 1 3,3 3,3 93,3
casi siempre 2 6,7 6,7 100,0
Total 30 100,0 100,0
6. ¿Siente que ha perdido el control de su vida desde que comenzó la enfermedad de sus pacientes?
Porcentaje Porcentaje
Frecuencia Porcentaje válido acumulado
Válidos nunca 21 70,0 70,0 70,0
rara vez 3 10,0 10,0 80,0
algunas veces 4 13,3 13,3 93,3
bastantes veces 1 3,3 3,3 96,7
casi siempre 1 3,3 3,3 100,0
Total 30 100,0 100,0
73
7. Globalmente ¿Qué grado de "carga" experimenta por el hecho de cuidar sus pacientes?
Porcentaje Porcentaje
Frecuencia Porcentaje válido acumulado
Válidos nunca 7 23,3 23,3 23,3
rara vez 6 20,0 20,0 43,3
algunas veces 11 36,7 36,7 80,0
bastantes veces 3 10,0 10,0 90,0
casi siempre 3 10,0 10,0 100,0
Total 30 100,0 100,0
74
Cuestionario de Afrontamiento al Estrés
Estadísticos descriptivos
75
Instrumentos de recolección de datos
Cuestionario Sociodemográfico
Nombre:...........................................................................................
Edad:...............................................................................................
Sexo:................................................................................................
Estado Civil:....................................................................................
Cantidad de hijos:............................................................................
Grupo de convivencia:.....................................................................
Profesión/ocupación:.......................................................................
Actividad de ocio:...........................................................................
Religión:..........................................................................................
76
Escala de sobrecarga del cuidador de Zarit
Instrucciones: A continuación se presentan una lista de frases que reflejan cómo se sienten
algunas personas cuando cuidan a otras. Marque la opción que mejor represente su
situación.
77
CAE
Cuestionario de Afrontamiento del Estrés
(Bonifacino Sandín y Paloma Chorot, 2003)
Instrucciones: En las páginas que siguen se describen formas de pensar y comportarse que
la gente suele emplear para afrontar los problemas o situaciones estresantes que ocurren en
la vida. Las formas de afrontamiento descritas no son ni buenas ni malas, ni tampoco unas
son mejores o peores que otras. Simplemente ciertas personas utilizan unas formas más que
otras. Para contestar debe leer con detenimiento cada una de las formas de afrontamiento y
recordar en qué medida Ud. la ha utilizado recientemente cuando ha tenido que hacer
frente a situaciones de estrés. Rodee con un círculo el número que mejor represente el
grado en que empleó cada una de las formas de afrontamiento del estrés que se
indican. Aunque este cuestionario a veces hace referencia a una situación o problema,
tenga en cuenta que esto no quiere decir que Ud. piense en un único acontecimiento, sino
más bien en las situaciones o problemas estresantes vividos recientemente
(aproximadamente durante el año pasado).
0 1 2 3 4
Nunca Pocas veces A veces Frecuentemente Casi siempre
80
Consentimiento informado
CONSENTIMIENTO INFORMADO
FIRMA:
ACLARACIÓN:
FECHA:
Datos de contacto
elii.92_@[Link]
0343 - 4375860
81