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Animalidad en "El pez de oro" de Churata

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entre caníbales

revista de literatura
Año 2, n.o 9, diciembre 2018

Sobre el concepto de animal en


el pez de oro de gamaliel churata

About the concept of animal in


el pez de oro by gamaliel churata

Cesar Augusto López Nuñez


Universidad Nacional Mayor de San Marcos
octaviomermao@[Link]

Fecha de recepción: 17 de septiembre de 2018


Fecha de aceptación: 08 de noviembre de 2018

Resumen

El pez de oro ha sido emparentado con la vanguardia por diver-


sos aspectos como la pertinencia del surrealismo en sus líneas
o por su experimentación formal. Sin embargo, parece que
supera su situación “vanguardista”, pues recurre a lo animal
como componente relevante para la comprensión de lo huma-
no. Es decir, la presencia animal en el texto no representaría
un interés onírico, sino ontológico, estético y político. Ya no
tendríamos una obra que se debate contra la razón, sino que
descubriría una razón divergente. En ese sentido, nuestro tra-
bajo busca aproximarse a lo que se intenta desvelar con este
aspecto y si responde a un afán innovador o a la presentación
consistente de un sistema más amplio de entendimiento. Ire-
mos descubriendo, entonces, que lo animal permitiría aproxi-
marnos a la vida y, con ello, abrir un espectro interpretativo
rico que intenta recuperar lo humano desde una visión ame-
rindia.

Palabras clave: Gamaliel Churata, literatura y animalidad,


vanguardia, El pez de oro, vitalismo.

Abstract

El pez de oro has been related to the avant-garde by various


aspects such as the relevance of surrealism in its lines or its
186 césar augusto lópez nuñez

formal experimentation. However, it seems that it overcomes


its ‘‘avant-garde’’ situation, because it appeals to the animal as
a relevant component for the understanding of the human.
That is to say, the animal presence in the text would not repre-
sent an onirical interest, but ontological, aesthetic and politi-
cal. We would no longer have a work that debates against rea-
son, but would discover a divergent reason. In this sense, our
work seeks to approximate what we are trying to reveal with
this aspect and whether it responds to an innovative desire or
to the consistent presentation of a broader system of unders-
tanding. We will discover, then, that the animal would allow us
to approach life and, with it, open a rich interpretive spectrum
that tries to recover the human from an Amerindian vision.

Keywords: Gamaliel Churata, literatura and animality,


avant-garde, El pez de oro, vitalism.

1. El problema de lo animal1

La cuestión de lo animal ha tenido un crecimiento exponencial en


los últimos decenios como consecuencia de la destrucción que el
hombre ha ejercido sobre la existencia de miles de especies vivientes
y la del planeta mismo. Por otro lado, el pensar lo animal sería una
secuela del proceso de deshumanización que caracteriza a nuestro
tiempo; es decir, una situación en la que no se puede reconocer
qué o quién es el hombre, ya que, después de las atrocidades de la
Segunda Guerra Mundial, se puso en jaque aquel principio triple
de la Revolución francesa traducido en las palabras libertad, igual-
dad y fraternidad. Ya no se sabe lo humano, porque lo ilimitado se
tradujo en locura; la repartición de la justicia nunca asomó plena-
mente; y la hermandad era realmente enemistad. Probablemente,
estas formas nunca existieron o fueron solo un modo de aspirar a
realidades lejanas de lo que el hombre ha podido demostrar con su
comportamiento agresivo y con el sistema económico que deriva
de él. Valga la aclaración de que este panorama debería haberse re-

1
Esta parte es gran deudora del libro Literatura e animalidade de Maria
Esther Maciel, quien se podría considerar, sin temor a equivocarnos, una es-
pecialista continental sobre el tema.
sobre el concepto de animal en el pez de oro 187

conocido y asumido antes por los horrores efectuados en África y


América, fundamentalmente2, pero solo se convirtieron en urgen-
cias después de la segunda mitad del siglo xx con la amenaza del fin
del mundo por efectos de la contaminación ambiental. O sea, por
la crisis planetaria generada por Occidente y su lógica expoliadora.
El animal ha estado presente al lado del hombre como anta-
gonista o compañero desde hace buen tiempo, pero siempre bajo
un halo de ambigüedad: nunca tan próximo a nuestra subjetividad;
nunca tan lejos de la misma. En esa zona intermedia, en esa si-
tuación problemática, es que la vanguardia, de alguna manera, por
su crítica a la racionalidad, preparó el terreno para darle paso a la
cuestión de la animalidad. Quizá uno de los primeros en relacionar
lo animal y lo humano en el siglo xx, al traducir la relativización
del factor humano, sea Kafka y su emblemática Metamorfosis. La
estela es larga dentro de la lista de creadores que le dedicaron líneas
a lo animal y entre ellos podríamos considerar a los brasileños João
Guimarães Rosa o Clarice Lispector como casos resaltantes para
América Latina. En esta investigación, nos centraremos en la idea
de animal que expuso Gamaliel Churata en El pez de oro, su obra
más comentada en la actualidad y que pertenecería a la “tradición”
vanguardista, a pesar de que fue publicada en 1957. Antes de con-
tinuar, es importante ocuparnos de la reflexión sobre los animales
para situar, de la mejor manera, a Churata y su propuesta literaria.
Una primera aclaración por realizar tiene que ver con los tér-
minos que serán empleados. Por un lado, tenemos al animal, al
ser carnal, tan carnal como nosotros, con el cual compartimos el
espacio y que forma parte de nuestro cotidiano de manera variada:
el animal vivo, muerto, agónico, herramienta, acompañante, feti-

2
Aime Cesaire en su Discurso sobre el colonialismo aborda estas cuestiones
de manera más que clara: “Sí, valdría la pena estudiar, clínicamente, en de-
talle, los pasos dados por Hitler y el hitlerismo, y enterar al muy distinguido
burgués del siglo xx de que lleva dentro de sí a un Hitler ignorado, que Hitler
lo habita, que Hitler es su demonio, que si él, burgués, lo vitupera, no es más
que por falta de lógica, y que, en el fondo, lo que no perdona a Hitler no es
el crimen en sí, el crimen contra el hombre, no es la humillación del hombre
en sí, sino el crimen contra el hombre blanco, la humillación del hombre
blanco, y el haber aplicado a Europa procedimientos colonialistas contra los
que se alzaban hasta ahora sólo los árabes de Argelia, los culíes de la India y
los negros de África” (1979: 7-8).
188 césar augusto lópez nuñez

che, alimento, etc. Por otro lado, se nos presenta lo animal como
concepto o forma de abordaje analítico. Es importante informar, en
este punto, que lo animal como reflexión de la literatura y del arte
en general es fruto de un encuentro perceptivo con una realidad
que precisaría ser traducida de alguna forma y que, a su vez, tendría
que generar una comunidad estética. Así, la invitación estaría hecha
para conformar un sensus comunis de imágenes sobre una realidad
múltiple (lo animal) que nos abordaría de modo activo, y que, en
realidad, nos desbordaría para cuestionar no solo nuestro mono-
logismo, sino nuestra propia idea de diálogo. En este sentido, lo
animal como una opción reflexiva se toparía con un primer pro-
blema. El hombre puede reflexionarse a sí mismo, y muchas veces
con dificultad. Este puede reflexionar objetos, puesto que estos se
encontrarían en una situación pasiva frente a las potencias del pen-
sar. Sin embargo, en términos generales, el animal y lo animal, no
serían completamente objetos ni completamente sujetos; son esta-
dos medios que pondrían en jaque nuestras herramientas analíticas
o las fronteras que establecemos para no mezclarnos con la materia
que colocamos bajo nuestra lente de estudio3.
Lo animal, así, neutro, difícil de abordar y explicar, tendría
como principio de comprensión lo indeterminado. Justamente por
esta situación es que se ha convertido en una urgencia, ya que a
partir de lo no humano es que se han construido nuestros mun-
dos tanto estéticos como políticos. A través del abismo de lo que
siente un animal es que hemos creado nuestras formas de sentir
y, también, de la inferioridad de una gama abundante de seres no
humanos es que se formó nuestra manera de legislar y decidir, verbi
gratia, la vida y la muerte. En este sentido, regir sobre lo que debe y
puede existir, o no, se ha sustentado sobre ese primer otro llamado
animal: nombre derivado de anima, término que nos aproxima a su
realidad, a pesar de denodados intentos de desligarnos de esta base

3
Al respecto, el capítulo 10 de Mil mesetas (2010), titulado “Devenir-in-
tenso, devenir animal, devenir imperceptible…”, recurre a procesos de trans-
formación que transitan de lo humano, entendido como materia de compren-
sión “endurecida”, hacia a lo animal como parte de un flujo de comprensión
“plástico”. En otros términos, la aproximación a lo animal permitiría generar
una crítica frente a formas dictatoriales de conocimiento.
sobre el concepto de animal en el pez de oro 189

cimentada en la vida4. Una consecuencia inmediata se desprende de


esta situación primigenia.
Los movimientos ecológicos son el efecto de una segunda
destrucción cósmica. Ya no el hombre contra el hombre, sino el
hombre contra lo vivo. Así, todo aquello que represente vida por
salvar y, sobre todo, no humana, merecerá innumerables esfuerzos
o sacrificios, ya que existiría una terrible culpa sobre la perniciosa
existencia del hombre. Habría, pues, que pagar nuestras cuentas
de todas las formas posibles, porque no hemos sabido ser respon-
sables del planeta que nos sostiene5. En este rastro, una forma de
aproximarse a la creación literaria bajo esta óptica corresponde a la
ecocrítica; es decir, a la investigación de todo aquel texto artístico
que se ocupe en la destrucción del planeta o a las cuestiones que se
levantan en cuanto al desequilibrio que se le provocaría a este6. Des-
de nuestro punto de vista, el presente trabajo no se correspondería
con estas prácticas hermenéuticas, ya que se reducirían a tematizar
problemas ecológicos y procurarlos en la tradición literaria. Una
situación parecida puede localizarse en lo que se conoce ahora como
literatura de la violencia para referirse a creaciones que se remiten
al problema del conflicto armado interno en el Perú. Dada esta cir-
cunstancia, nos gustaría enfatizar en la singularidad de la(s) obra(s)
y no hacerla(s) depender de tópicos externos a su comprensión y
configuración estéticas. De este modo, podríamos liberar la diná-
mica de las obras antes que catalogarlas con extrema practicidad.

4
La afirmación de Maria Esther Maciel sobre este punto es pertinente:
“Cabe lembrar que a cisão entre homem e animal, humanidade e animalida-
de —tal como ela se instituiu na sociedade ocidental— teve seu ponto crucial
na era moderna, mais especificamente a partir do século 18, com o triunfo do
pensamento cartesiano. Visto como máquina, um mero corpo automatizado
e sem alma, o animal passou, desde então, a ser investigado com base em cri-
térios científicos bem definidos, tanto sob os imperativos de uma taxonomia
rigorosa [...] quanto sob o impacto do surgimento das ciências de observação
e experimentação que precederam o surgimento dos zoológicos na Europa”
(2016: 16).
5
Según Philippe Descola esta cuestión deviene de una visión romántica
del paraíso perdido que no conseguiría salir de su asentamiento ontológico
principal: la diferencia entre naturaleza y cultura (Descola 2012: 565-566).
6
Para tener un panorama de este punto, recomendamos consultar la sec-
ción monográfica de la Revista de Crítica Literaria Latinoamericana, n.o 79.
190 césar augusto lópez nuñez

Bajo la óptica presentada, lo animal no quedaría subsumido


al problema ecológico en la literatura, sino que se abriría como un
punto crítico que se aproxima a la suspensión de lo humano enten-
dido como único punto interpretativo del mundo. Lo animal, en
este sentido, no sería un tema solamente, sino un vértice de investi-
gación al que la poesía le ha dedicado un espacio privilegiado y que
se ha vuelto un lugar de la reflexión filosófica de la segunda mitad
del siglo xx7. De una u otra forma, lo humano y lo no humano se
relanzarían en la tradición del pensamiento para establecer nuevos
contactos y sobre todo nuevos modos de iluminarse mutuamente.
Es posible que el descentramiento antropológico devenido de estas
circunstancias reflexivas se asocie con la refundación del hombre
como una existencia no tan ilimitada, como se creía, para dar paso
a una situación de humildad de lo humano frente al cosmos. He
aquí que lo animal llega a escena para descentrar al άνθρωπος, para
manifestar incluso su soledad y su infinita ignorancia frente a una
multiplicidad de vivientes que le han enseñado, a lo largo de siglos,
a sobrevivir y formar comunidades. Las Mitológicas de Lévi-Strauss,
sin duda, insisten sobre este punto desde diversas miradas narra-
tivas que expone. El efecto final será paradójico, pues lo animal
será insuficientemente expulsado bajo las premisas de un prejuicio
narrativo que pesa, a sobremanera, en el pensamiento greco-roma-
no-judeo-cristiano; a saber, la superioridad, sin remilgos, de la cria-
tura humana.
Existiría un deslinde final para poder hablar de lo animal en
Gamaliel Churata. Como hemos podido anotar, este tópico del
pensamiento surgió motivado como consecuencia de los hechos
negativos ocasionados por lo humano y su relación asimétrica con
todo aquello que no se le asemejara. No obstante, la existencia de
los animales y el reconocimiento de su sufrimiento, catalizador de la
reflexión filosófica occidental, no ha de salir de los marcos de com-
prensión de corte europeo, como es lógico. Y esto no porque haya
un complot epistémico, sino porque sus métodos hermenéuticos
son insoslayables. Es decir, la diferencia entre naturaleza y cultura

7
Una exploración clave se puede encontrar en El animal que luego estoy
si(gui)endo (2008) de Jaques Derrida. Aquí el filósofo intenta emparentar al
hombre con el animal en la capacidad de sufrir, de experimental el dolor.
sobre el concepto de animal en el pez de oro 191

es insalvable, por lo menos, para este tiempo. Somos infinitos deu-


dores de nuestras narrativas. A lo mucho, seremos testigos de una
suspensión epistémica, la cual implica una suspensión ético-moral,
o una crítica radical reflejada en el mentado poshumanismo. To-
dos estos movimientos representarían una autoanulación antes que
propiamente un reconocimiento, forman parte del paroxismo de la
locura de la razón8.
Fuera de todo esto, la comunión con los no humanos ya ha
sido reflexionada, pero en otros marcos de entendimiento como en
el caso del pensamiento amerindio. Ellos (los animales) serían tan
dignos y partícipes del cosmos como nosotros y formarían grupos
de pleno derecho sobre la tierra, porque la pueblan y pueden es-
tablecer alianzas con la comunidad humana9. Es decir, la vida no
sería un privilegio en relación con la conciencia y lenguaje de una
comunidad de vivientes, sino una pauta general de diálogo que Oc-
cidente parece haber olvidado en su bastión moderno comenzado
con Descartes, quien limitó lo animal a lo maquinal. Bajo la pre-
misa del “yo pienso, luego existo” se le dio una estocada al corazón
de una posible solidaridad generalizada. Después de Descartes no
pudimos haber quedado más solos en el universo, ensimismados en
la construcción del mundo a través de los “privilegiados” poderes
del pensar sobre el sentir: este último, el gran engañador que Platón
evitó con la expulsión de la poesía de su República10. En ese sentido,
el ritmo con el cual trabajaría Churata para desarrollar su propuesta
estética se vería fuertemente influida por pautas de entendimiento
otros. Incluso, a lo largo de todo El pez de oro, el cuestionado prin-
cipal de la disquisición churatiana será el discípulo de Sócrates.
Es posible que se plantee una objeción sobre los nombres con
los cuales establece contacto Churata. Vemos desfilar en el texto un
número abultado de luminarias de Occidente como Plotino, Kant,

8
Un texto que se arriesga en la tentativa de ofrecer una respuesta planetaria
a la actual crisis del sistema cósmico occidental, desde el pensamiento ame-
rindio se titula Há mundo por vir? (2015) de Déborah Danowski y Eduardo
Viveiros de Castro.
9
Un libro que explora de manera estimulante todos estos aspectos es Me-
tafísicas caníbales de Eduardo Viveiros de Castro.
10
República x 605 b. Cabe recordar que Platón consideraba buena aquella
poesía que estaba destinada a servir a los intereses del Estado (III 401 b).
192 césar augusto lópez nuñez

Hegel, Marx, entre otros. Esto podría significar una sumisión o li-
mitación dialógica, pero sería bueno preguntarnos por lo objetivos
del autor arequipeño. Estos autores aparecen no para confirmar el
valor del pensamiento andino del altiplano, sino para demostrar
que la filosofía del invasor no es satisfactoria para nuestro continen-
te, puesto que sus posibilidades analíticas no poseen la ductilidad
para dar cuenta del amplio espectro interpretativo de las narrativas
americanas, las cuales se cimentarían en la continuidad entre natu-
raleza y cultura. Aquí el animal desempeñaría un papel privilegiado
porque sería el puente idóneo para comprender este lazo que no se
ha perdido, salvo para las construcciones de la episteme del colo-
nizador.

2. Un Pez de oro

No solo por el título, sino por sus personajes11, El pez de oro se pre-
senta como un libro animal porque quien traería un nuevo orden
a la sociedad y al cosmos sería el Pez de oro, con sus leyes incluidas
(Churata 2012: 898-899). Si vale el término, el libro se encuentra
“infestado” de vivientes. La insistencia poética gira en torno a la
población del artefacto textual, porque una de las pautas estéticas
que se nos presentan, en él, tiene que ver con la germinación, la
fertilidad, la reproducción misma como parámetro fundamental de
lectura del mundo. Este punto tiene una relevancia capital, ya que,
contra Platón, será la carne uno de los principales factores existen-
ciales que desarrollará una alianza íntima con la vida y, por ende,
con la verdad12. No se habla, pues, de ideas eternas antecedentes de
la carne, sino de existencias encarnadas que deberían ser entendidas
bajo el imperativo de la procreación (Churata 2012: 213).

11
El Pez de oro (Khori Challwa) el hijo del Puma de Oro (Khori Puma)
y la Sirena del lago Titikaka. Fuera de esto hay una serie de dramatis personae
como la Pachamama, Khesti Challwas (peces de plata), perros, Montes, Nu-
bes, Vientos, Bacterias, Versos y Etcéteras. (Churata 2012: 149).
12
Esta importante relación posee una gran similitud con las propuestas
fenomenológicas sobre la vida de Michel Henry; no obstante, la gran e in-
salvable diferencia tiene que ver con la remisión antropocéntrica del filósofo
francés frente al interés vital amplio de Churata. Esta misma cuestión analíti-
ca puede observarse en las clases que Deleuze le dedica a la obra de Foucault
(2015) en referencia a los procesos de subjetivación.
sobre el concepto de animal en el pez de oro 193

Desde nuestro punto de vista, esta relación animal(es), vida


y verdad no tendría posibilidad de despliegue en el texto, si no se
contemplara una de las piezas que permite establecer el descubri-
miento de su íntima relación. Esta se sitúa en el laykhakuy o delirio
chamánico13 que pauta las secciones del libro, el cual, dicho sea de
paso, es ofrecido al lector como un retablo. Tenemos entonces dos
elementos más para sumar. El libro-retablo sería un objeto religio-
so que precisaría de la voluntad artística de un artesano cósmico14
quien ampliaría la visión de la existencia hacia una multiplicidad
de perspectivas que se entrecruzarían y harían posible la forma del
mundo15. Dicho sea de paso, este no sería producto de una volun-
tad, sino de una relación de voluntades o potencias de existencia
que estarían enlazadas indefectiblemente. Y para insistir sobre el
punto de vista artístico chamánico, este revelaría la mayor canti-
dad de relaciones de poder en el cosmos. Así, El pez de oro sería un
libro diagramático, un trabajo cartográfico que excede lo huma-
no, a través de la mudanza de visiones, el cual resalta la variedad
y heterogeneidad como principios de habitación de la tierra. No
por coincidencia el viaje ritual del Laykha (tipo de chamán andino)
atraviesa transversalmente diversos espacios anunciados en la reali-
dad “retáblica” de la perspectiva creativa del texto16.

13
El delirio chamánico podría entenderse como una desterritorialización
tal como la entiende David Lapoujade, intérprete de Deleuze: “o que signifi-
ca desterritorializar? Desterritorializar não quer dizer deixar a terra ocupada
pelos homens, mas, ao contrário, arrancar os homens da terra, das percepções
e das afecções humanas como tantas territorialidades e devolvê-la ao seu mo-
vimento e a sua imobilidade próprios - abri-la ao cosmos” (2015: 294).
14
Esta propuesta es desarrollada por nosotros en nuestra tesis de licen-
ciatura titulada Óscar Colchado Lucio, artesano cósmico. La propuesta
cosmopolítica de Rosa Cuchillo. Para explicarla brevemente, un artesano cós-
mico es el artista que desborda la perspectiva del pensamiento occidental al
permitir la entrada, en su producción estética, de subjetividades y experien-
cias alejadas de lo antropocéntrico. De esta manera, personajes como anima-
les, plantas o espíritus tendrían una participación plena en la construcción
del cosmos.
15
Sobre la perspectiva y su relevancia capital en el pensamiento amerindio
se recomienda consultar el artículo “Perspectivismo e multinaturalismo na
América indígena” presente en el libro A inconstância da alma selvagem de
Eduardo Viveiros de Castro (2002).
16
La conciencia de una diversidad amplia de estratos o pliegues que el
texto explora no solo depende de su experimentación estética, sino de los pro-
194 césar augusto lópez nuñez

¿Qué es lo que buscaría Churata al traer lo animal como una


de sus piedras de toque? No solo descentrar lo humano, como ya
hemos dicho, sino demostrar que su forma de abordar la vida es
insuficiente para comprender la existencia misma. Por todo esto,
la verdad construida por el Occidente no sería completa, ya que su
modo de contemplar el mundo solo ocuparía una parcela diminuta
en (des)relación a lo que ofrecen las posibilidades de la experiencia
o potencias estéticas situadas en lo animal. El juego es complicado y
sinuoso, ya que se pondría en tela de juicio toda una tradición y, so-
bre todo, la hegemónica. Sin embargo, no consideramos que la pos-
tura de Churata intente dividirse de lo traído por lo europeos, sino
proponer sus limitaciones elementales17. Esto tiene que ver con la
totalidad de la vida como una extensión infinita y no como un pri-
vilegio humano en todos sus sentidos. De este modo, experimentar
la vida implicaría una posibilidad dialógica de pleno derecho. Es
por esta razón que excluir al animal y lo animal representaría un
atentado ético, estético, político o epistémico, para resumir18. El
evento de la vida, por ende, sería el plano privilegiado sobre el que
la práctica de lo bello y de la administración del poder adquiriría
un conocimiento amplio o ampliado, tal como intenta demostrar el
libro en su fértil despliegue.
Como hemos expuesto, no existiría una relevancia de lo ani-
mal, sino nos remitiera a la vida y a un conocimiento distinto de
esta. De este modo, los personajes de El pez de oro se nos presentan
como pautas críticas del pensamiento occidental y no como me-
ros adornos textuales que procurarían sorprender al lector. Aquí el

cesos históricos, sociales y económicos que marcaron la producción del libro.


Nos referimos a las transformaciones que llevó el ferrocarril a la ciudad de
Puno (1857), las revueltas reivindicativas acontecidas en ese tiempo contra los
gobiernos de turno como el Oncenio de Leguía (1919-1930) y la posibilidad
de acceso al conocimiento, y la respectiva aparición de círculos intelectuales.
Para una contextualización esmeradamente detallada recomendamos los tex-
tos de Ulises Zevallos Aguilar (2013) y Elizabeth Monasterios (2015).
17
Mabel Moraña, desde el título de su texto dedicado al escritor arequi-
peño (Churata postcolonial), asume las potencialidades que se presentan en la
creación este. Recomendamos, sobre todo, dirigirse al apéndice del libro, en
el cual se ofrecen 30 claves para su estudio (2015: 207-244).
18
Paola Mancosu (2017) relaciona lo ontológico y lo político en El pez de
oro bajo la idea de que el texto realiza una práctica de curación del susto o de
la pérdida del impulso vital, cultural, identitario, etc.
sobre el concepto de animal en el pez de oro 195

giro es dejar de sostener que la abundancia de lo animal en el libro


respondería a una lógica mágica o primitiva, sino a un método de
comprensión e interpretación válido para abordar el problema de
la existencia. Sobre este aspecto, Ricardo Badini (2010) indica que
la percepción animal y su lenguaje coexisten ontológicamente con
la del hombre (27). Esto quiere decir que los aspectos estéticos ad-
quieren centralidad porque el abordaje objetivista del cosmos no
sería el adecuado: es en multiplicidad que se debe de leer, multi-
plicidad de personas que no dependerían de la forma y saber hu-
manos. Existiría un proceso de transformación del sentir necesario
para entender: “¿Es que ya traduzco la vieja lengua del Arun-tha-
ya19 porque animal humanidad afina mis sentidos?” (Churata 2012:
250). La animalidad antecedería lo humano y daría paso a formas
soterradas de saber que dependen de una estética distinta. El libro
sería, pues, un viaje hacia esa forma de sentir otra que se requiere
para dar cuenta de una situación velada. Es probable que la expe-
rimentación vanguardista haya motivado a Churata ir más lejos en
su intento por restablecer un código aún presente en las prácticas
sociales andinas. Es por eso que el rito crítico que se aprecia en El
pez de oro es necesario; no porque procure traer abajo la episteme
occidental, sino porque busca relanzar una modalidad distinta de
entendimiento a partir de su fundamento20.
La gran diferencia entre la episteme occidental y amerindia
sería la discontinuidad y continuidad, respectivamente, entre natu-
raleza y cultura. Es por esta razón que Occidente no tendría nada
que aprender de los animales, ya que pertenecen a la esfera natural;
una circunstancia muda que espera del hombre para ser enunciada,
explicada, dominada. Por otro lado, no existiría un hiato radical
entre el animal y el hombre, debido a que ambos forman parte
de un continuum existencial en el que la comunicación no sería
19
Según el Guión lexicográfico del libro esta palabra aymara significa
“Viento del Véspero que impele el velamen de las barquichuelas lago adentro”
(2012: 978).
20
En La resurrección de los muertos, libro que continuaría el proyecto inau-
gurado en El pez de oro, el debate se centrará en el concepto de Ahayu-watan o
alma amarra, el cual se relaciona con el continuum de la vida sobre la muerte.
Esta, en la conclusión final del libro, sería una de las ficciones más terribles
a la que se nos ha encadenado y se debería dejar de lado por el bien de la
humanidad.
196 césar augusto lópez nuñez

un hecho imposible. El lenguaje humano no sería el patrón úni-


co de discernimiento, sino todo aquel lenguaje que dé cuenta de
una personalidad ligada a la vida. Sobre este punto, Viveiros de
Castro (2002) explica la diferencia metodológica subyacente a estas
perspectivas: “Em suma, se no mundo naturalista da modernidade
um sujeito é um objeto insuficientemente analisado, a convenção
interpretativa ameríndia segue o princípio inverso: um objeto é um
sujeito incompletamente interpretado. Aqui, é preciso saber per-
sonificar, porque é preciso personificar para saber” (360). La crisis
humana sería producto, entonces, del olvido de una situación de
diálogo generalizado al que el ser humano debería someterse para
acceder a una construcción total del mundo en el que se vive. La
sustracción de lo animal en el hombre es una de las peores decisio-
nes de este porque mermaría sus potencias. Vale incluir el mito en
esta ecuación, debido a que esa juntura entre animal y hombre es
narrada insistentemente por los mal llamados “salvajes”. En ese sen-
tido, la prédica del fin del mito enarbolada por Kant en su “¿Qué es
el iluminismo?” confirmaría un error de principio que no ha hecho
más que ahondar la debilidad del concepto de hombre. Churata lo
explica así:

CXXXII. La antología de la morbilidad aterra; si decir del hom-


bre que es la bestia civilizada no pasa de eufemismo, porque, tris-
te, pero indiscutiblemente, el hombre civilizado es la bestia en-
ferma; de ahí acaso su poder bélico y su teología, Don Miguel de
Unamuno sintió así; mas Zaratustra fue más lejos; pues para él
“el hombre es la enfermedad de la tierra”. Se trata de postulados
gemebundos. Por eso mismo, investigar si, como quería Una-
muno, “el hombre es un animal enfermo”, o es “la enfermedad
de la tierra”, como Nietzsche siente, y decidirse por cualquiera
de esas profecías, valdrá haber puesto un pie en el camino de las
soluciones para la tragedia humana (2012: 341).

La desanimalización del hombre es el principal problema que


lo aqueja y recuperar su animalidad es la opción correcta para res-
ponder a su debacle. Como podemos apreciar, la variación debe ser
ontológica porque se debe recuperar el flujo de comprensión que
ha sido cortado por el marco epistémico occidental. Solo a partir
sobre el concepto de animal en el pez de oro 197

de esta modificación elemental se podría pasar al reconocimiento


de otras formas de sentir y, como sería lógico, otras formas de hacer
política lejos del poder bélico, como se menciona en el fragmen-
to21. Y sobre el aspecto teológico el escritor arequipeño escribirá lo
siguiente:

El verdadero tóxico es la presunción de divinidad que infla a


los hombres y les arranca de su naturaleza animal. Allégate a la
banda del Khori-Puma, a la cual afiliamos ya muchos hombres.
Su rugido anuncia el milenio de EL PEZ DE ORO; y en él el
hombre se iluminara con la sabiduría santa de la bestia (Churata:
537).

Aquí la presunción de divinidad no solo significa la negación


de lo animal, sino también de lo material, lo inmanente. Reestable-
cer el flujo de las existencias implicaría eliminar los diques que las
han limitado y que, consecuentemente, han limitado a los hombres.
Podríamos afirmar que una filosofía animal subyace en las líneas de
El pez de oro porque, al parecer, este se encuentra con una disposi-
ción superior frente a la vida22. Superior, debido a que no apunta
a la trascendencia, sino a la inmediatez del diálogo interespecífico.
Así, la vida, y solo la vida, sería el sustrato de cualquier comunica-
ción y alianza entre una ingente cantidad de comunidades. En este
rastro, incluso, se critica al psicoanálisis, ya que este evadiría o sos-
layaría lo animal que insiste en lo vital como única vía cognoscitiva
y de valor filosófico: “El psicoanálisis especuló con las etiologías de
la represión sexual. Diagnóstico equivocado: no había represión;
todo lo contrario. La mía era vida mental, psíquica, fisiológica, de
orden honestamente animal, y, podré agregar que, filosóficamente,
de valores animalescos” (Churata 2012: 492). En otras palabras,
todo aquello que se presente como crítico frente a lo vital y sus ob-
21
En un artículo reciente, Meritxell Hernando afirma esto de la siguiente
manera: “la perspectiva animal que Churata adopta es radical, porque sub-
vierte las bases de la administración de la vida y reivindica el zoos como espa-
cio política” (2018: 33).
22
La situación de lo animal y lo humano en relación a la vida son tratados
con detenimiento en Lo abierto de Giorgio Agamben. Aquí, el pensador ita-
liano acompañado, sobre todo, por la reflexión de Martin Heidegger dejará
en suspenso aquella diferencia insalvable que la vida unificaría.
198 césar augusto lópez nuñez

vias consecuencias de poblamiento del mundo no tendría sentido


alguno, sino que, antes bien, sería la marca de la negación de una
existencia plena. Aquí se lucha por la recuperación de lo material
lleno de espíritu, ambos unidos indisolublemente y, por ende, to-
tales, pues bajo esta fórmula se podría gozar de lo correctamente
humano: “Thumos23 me introdujo al respeto de la bestia; y no por-
que en él identificara el alma platónica del animal sino porque en él
descubrí una humanidad libre de las deshumanidades del hombre”
(Churata 2012: 736). El centro ya no es el alma platónica porque,
se podría decir junto a Churata, que esta es una presentación falsa
de la realidad. El hombre más humano sería el animal24, porque este
no habría dejado de ser en tanto que intima con la vida sin restric-
ciones. La humanidad sería posible en tanto su anclaje a la vida. De
alguna manera, habría una modificación de la pregunta por el ser
para desembocar en el problema de la existencia como fundamento
analítico y, aún más, edificante, puesto que el imperativo requiere
de voluntad de multiplicación.
En este punto, habría que agregar dos cuestiones más. La pri-
mera se refiere al objetivo de redención que encierra el libro. No en
vano hay elementos religiosos en él. Esto significa que sí habría un
intento de retomar la discusión sobre la esencia, pero bajo otra luz
o, mejor dicho, desde una luz que no había sido tenido en cuenta o
que, simplemente, había caído en descrédito por la propagandística
de la eficiencia epistémica occidental. El pez de oro, así, libra una
lucha por releer y religar. En el libro se nos explica desde varias
perspectivas que no hay un solo modo de entender el cosmos y que
los personajes que se despliegan en él jamás estuvieron realmente
separados. La enfermedad mortal del humano, por ende, es haberse
perdido de todo lo animal que es y, peor aún, negarlo. Y la negación
de la totalidad tiene que ver también con la cuestión del dolor de
la que los vivientes no se sustraerían y que confirmaría también
23
Personaje canino de la obra que funge de exégeta de la vida y de las
bondades de lo animal contra las limitaciones del hombre enceguecido por
una mítica inadecuada, desde el punto de vista de Churata.
24
Esta afirmación paradójica se corresponde con el principio antropogé-
nico de las existencias del cosmos. Esto quiere decir que el principio común
de la diversidad de los seres es lo humano y la única diferencia se establecería
entre las formas corporales como propone Viveiros de Castro en su texto titu-
lado Metafísicas caníbales (2010).
sobre el concepto de animal en el pez de oro 199

un saber. En otras palabras, la sociedad contemporánea en su afán


de eliminar el sufrimiento lo acrecentaría de manera devastadora:
“—¡No te lamentes: Job, mi animal doloroso! Si el dolor está con-
tigo, es qué tú estás en el dolor. El dolor se hizo para la vida; y la
vida es él” (Churata 2012: 370). Vida, animalidad y dolor serían
otras de las líneas de fuerza en las cuales el texto de Churata insiste
como parte de su rebelión epistémica. Antes de realizar un balance
de nuestro trabajo, nos gustaría presentar una cita final:

Por lo demás, y ya que he tomado su bandera, os diré que el


Khori-Puma es de aquellos animales de sentidos primitivos que
sostienen que si la sabiduría se ha extraviado en el hombre, es
porque el hombre ha amontonado basura en la sabiduría animal.
Volver a las razones de la espelunca es regresar al hombre, para
nosotros volver al indio; y que la mentalidad clara del Inka se
inocule en el cerebro del hotentote cruzado. Podría resumir su
posición, diciendo, que persigue que la fatigada razón del hom-
bre debe redimirse en la sabiduría cósmica, sin cuna ni sepulcro.
Lúbrica irracional de la vida.
—¿Es, pues, un bestiólatra? ¿El nuevo profeta del animal puro?
—Nada de superanimales ni de ruselismos. —No es el profeta
del animal puro; es el puro animal: he ahí su entelequia. Paraos:
me ha fatigado el reposo (Churata 2012: 623-624).

Como puede observarse, lo animal se ha borrado del hombre


y es precisamente esto lo que se quiere recuperar; con la purifica-
ción del laykhakuy, en el cual el artesano cósmico se convierte en
un diplomático no humano para humanizar o presentar un nuevo
humano: el Pez de oro. Curiosamente, volver al animal es volver
al hombre, ya que no hay que destruirlo, sino tornarlo pleno. De
este modo, el puro animal sería el supremo objetivo filosófico de
perfeccionamiento (entelequia) de El pez de oro. La dificultad que
se desprende de todo esto es que el modo de análisis es viviente, ya
que en movimiento, en flujo, es que se puede comprender y no en
una situación estática de vivisección. Finalmente, la propuesta del
texto sería un compuesto espacial en el que se demostraría el apogeo
de la relación como regente de la sabiduría.
200 césar augusto lópez nuñez

3. Balance analítico

Podemos afirmar después de esta primera aproximación a lo ani-


mal en El pez de oro que Churata lo concibe como una pauta pre-
paratoria para penetrar en la vida. La relevancia vanguardista de
esta obra se localizaría, entonces, en que su crítica radical contra el
racionalismo no depende de este, sino que lo aborda por la vía del
pensamiento amerindio25. Es decir, no parte de la corroboración de
la irracionalidad humana, sino de la existencia de otra racionalidad;
una que se presenta con mayor aptitud para entender el problema
de América Latina. Se nos muestra en el texto un más allá de la
vanguardia, porque se rebasa sus posibilidades. Ya no estaríamos
remitidos a la realidad del sueño, a malabares formales o lingüísti-
cos frente la absurda vigilia de la razón, sino, más bien, a la lucidez
del animal que se abre a la pluralidad de la vida26. Por este motivo
es que lo animal no podría ser uno, porque se presentaría como lo
más creativo e, incluso, experimental27. De esta manera, a partir de
25
Para Mauro Mamani, en su libro Quechumara, habrían tres etapas de la
producción churatiana: modernista, vanguardista y andina. El investigador
opta por colocar en esta última a El pez de oro. Nosotros concordamos con
Mamani y agregamos que la vertiente andina supera el vanguardismo sin ne-
garlo o aprovechándose de él.
26
En consonancia con nuestra lectura Marco Thomas Bosshard afirma que
«El llamado “surrealismo” o vanguardismo de El pez de oro se convierte, en-
tonces, en la causa aparente de su hermetismo. Se impone la sospecha de que
el calificativo del texto como surrealista en realidad quiere decir “incompren-
sible” y en muchos casos no se interpreta tanto como el resultado descriptivo
de una atenta lectura fenomenológica de El pez de oro cuanto como manifes-
tación de la impotencia del lector peruano tradicional y europeizado de pen-
sar en la heterogeneidad cultural del país. Mientras que los lectores aceptan las
técnicas surrealistas de escritura adoptadas conscientemente por los autores
del boom para la presentación literaria de las culturas indígenas de América,
ya que finalmente sirven también a sus expectativas de exotismo, el enfoque
surrealista de Churata no satisface tales expectativas, puesto que no sólo se
debe entender como un intento —en todo caso problemático— de expresar
literariamente la mentalidad indígena apoyándose en el discurso irracional de
las vanguardias, sino en igual medida como una ruptura ambivalente con la
tradición literaria modernista-realista en el ámbito cultural de lengua castella-
na, tal como la han propagado los ultraístas» (2014:234).
27
Valiéndose de una gama amplia de investigaciones modernas sobre los
animales Brian Massumi intenta presentar una política animal en su libro O
que os animais nos ensinam sobre política. Aquí se destaca el carácter artístico
y lúdico de los animales a los que se les han negado estas formas de práctica y
sobre el concepto de animal en el pez de oro 201

su voluntad reproductiva, alcanzaría el imperativo que la vida, en su


flujo infinito, no cesaría de proponer a cada uno de los personajes o
sujetos que la experimentan.

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