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Despertar Sexual en Lacan y Wedekind

La obra de Wedekind aborda el despertar sexual en la adolescencia y cómo los jóvenes enfrentan la ausencia de un saber sobre la sexualidad. Lacan señala que Wedekind anticipa a Freud al vincular el despertar sexual con los sueños. Los cambios corporales de la pubertad no son suficientes para asumir la identidad sexual, siendo necesarias elaboraciones simbólicas. La obra muestra cómo la imposibilidad de significar la sexualidad puede llevar a desenlaces trágicos como el suicidio.

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Despertar Sexual en Lacan y Wedekind

La obra de Wedekind aborda el despertar sexual en la adolescencia y cómo los jóvenes enfrentan la ausencia de un saber sobre la sexualidad. Lacan señala que Wedekind anticipa a Freud al vincular el despertar sexual con los sueños. Los cambios corporales de la pubertad no son suficientes para asumir la identidad sexual, siendo necesarias elaboraciones simbólicas. La obra muestra cómo la imposibilidad de significar la sexualidad puede llevar a desenlaces trágicos como el suicidio.

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“Prefacio de Lacan”

Lacan afirma que el autor anticipa a Freud abordando en 1891 el segundo despertar
sexual: “el asunto de lo que es para los varones hacer el amor con las chicas,
marcando que ellos no pensarían en esto sin el despertar de sus sueños”
Es un drama en tres actos cuyos protagonistas son un grupo de compañeros de
escuela en plena edad del despertar sexual (14- 15 años) cuyo drama es justamente
hacer algo con eso real que sucede a nivel del cuerpo.
El despertar sexual En “Tres ensayos de teoría sexual” Freud (1905) nomina a este
despertar sexual como “La metamorfosis de la pubertad”, haciendo referencia a la
transformación que ésta implica, una metamorfosis en si refiere a un cambio que es
irreversible. Hay algo que irrumpe, y que no vuelve a ser lo mismo.
La tesis más fuerte de “Tres ensayos” es que la sexualidad humana acontece en dos
tiempos:
- una sexualidad infantil que se interrumpe y queda sepultada por el período de
latencia
- un segundo despertar en la pubertad.
Esta interrupción no es sin consecuencias, más adelante dirá que es uno de los
factores predisponentes de las neurosis.
El primer tiempo corresponde a la sexualidad infantil cuyas características son:
autoerotismo y primacía de las pulsiones parciales, así como las primeras elecciones
de objeto en el Complejo de Edipo. Este primer tiempo debe ser sepultado justamente
por ser infantil, esa energía que no puede llegar a los fines propiamente sexuales por
la inmadurez orgánica será sepultada por la represión dando lugar al periodo de
latencia, la misma se sublimará para fines sociales y volverá a emerger con la
pubertad.
Para Freud la pubertad implica la unificación de las pulsiones parciales bajo el
primado de los genitales y la elección de objeto definitiva: una elección
exogámica. También esto implica el desasimiento de la autoridad parental, que
deja al sujeto frente a una toma de posición subjetiva mas allá de los padres.
Para Lacan, con la metáfora paterna o la inscripción del nombre del padre en el
ser hablante se establece: la prohibición del incesto, el mundo adquiere una
significación fálica (aquí comenzaría la novela familiar del neurótico) y el niño
como hombre o como mujer “guarda sus títulos en el bolsillo” para usarlos más
adelante. Será en la pubertad donde esto se pondrá en juego en el encuentro
con el otro sexo.
Lacan afirmará que si bien la segunda oleada de la sexualidad implica
transformaciones reales en el cuerpo (caracteres sexuales secundarios) con el
consiguiente cambio a nivel de la imagen especular, esto no es suficiente para
asumirse como hombre o mujer. Todos estos cambios deberán acompañarse de
entramados simbólicos que son el despertar de los sueños y las fantasías. Lacan
(1974) destaca que lo delimitado Freud como sexualidad hace “agujero en lo real” y
“es lo que se palpa en el hecho de que al nadie zafarse bien del asunto, nadie se
preocupe más por él.” Este real que acontece debe ser simbolizado para no quedar
como un real puro, un fuera de sentido que sería traumático. La realidad para el
hablanteser implica una mixtura de los tres registros: simbólico - imaginario - real, una
dimensión fantasmática, una estructura de ficción.
En la sexualidad infantil las teorías sexuales infantiles son las que dan sentido a
aquello que sucede en el cuerpo, en la adolescencia estas teorías tiemblan y es
necesario crear otros semblantes, buscar en el Otro los semblantes que orienten en
relación a la época. Lacan formula como axioma de estructura un agujero: No hay
relación sexual, esto es: no hay proporción, medida que ponga en relación a los polos
sexuales macho - hembra tal como sucede en los animales gracias a la biología.
Lacan postula que lo que tiene que hacer el sujeto como hombre o como mujer lo tiene
que buscar en el mundo, que lo tenga que buscar refiere a que no lo es, a que su ser
es de falta
¿Por qué Mauricio elige matarse? Lacan dirá que estaba muerto de antemano, tenía
sensaciones de que algo le ocurría y elegía negarlas, no quería saber y en el reino de
los muertos, de “los excluidos de lo real”, se empeñará en continuar negando los
problemas de los vivos presentándose como “más allá” de todo esto. Lacan (1974) dirá
que “es el reino de los muertos donde los incautos yerran” y es necesario engañarse
un poco, creer en los semblantes para intentar vivir en el mundo de los vivos.
Melchor movido por el deseo de saber escribe el ensayo “El coito”, ha observado a los
animales aparearse y tiene un encuentro puramente sexual con Wendla, le dice: “No
creas en el amor! No hay nada más que egoísmo! (…) No te quiero, ni tu a mi”. Delata
así que el goce sexual siempre es del cuerpo propio y que se debe hacer algún arreglo
para congeniarlo con el cuerpo del otro.
El personaje del enmascarado, uno de los Nombres del Padre.
- Este personaje se presenta haciendo una invitación a la confianza, a confiar en
los semblantes que están sobre lo que no hay.
- Este personaje es el único adulto que responde a las preguntas de los jóvenes
y que le tiende una mano para guiarlo en el mundo de los hombres, le dice que
confíe en él y le presenta el mundo sin garantías.
- Melchor le pregunta si cree en Dios y el Enmascarado responde “depende la
ocasión”; también sobre qué es la moral y le dice “un producto real de dos
cantidades imaginarias (…) el deber y el querer”, introduciendo de esta manera
el deseo y rompiendo con las Verdades Absolutas.
- Lacan dirá que entre los nombres del padre existe el del Hombre Enmascarado
que representa el semblante por excelencia: el nombre como ex -sistencia.
Detrás de la máscara no hay nada, el nombre del padre es una apuesta a creer
en los semblantes, a poner velos sobre la nada.
Algunas conclusiones Tal como manifestó Lacan (1974) Wedekind anticipa al creador
del psicoanálisis articulando el despertar sexual con el de los sueños. Pone de
manifiesto que hay una relación del sentido con el goce, estando el sentido en el lugar
de lo sexual que falta. Son los semblantes quienes friccionan eso que pulsa en lo real
del cuerpo, estableciendo así algún encuentro posible entre los sexos. Los semblantes
de la época indicarán lo que es asumirse como hombre o como mujer, pero estos
semblantes hay que buscarlos. “El hombre se hace El hombre por situarse como Uno-
entre-otros, por incluirse entre sus semejantes” y La mujer no existe, es siempre no-
toda, por esto la posición femenina debe guiarse por las mascaradas de la época
La necesidad de las elaboraciones simbólico imaginarias para algún encuentro
posible, Melchor lo dice bien: el goce es del Uno y debe articularse con el otro para
que haya encuentro sexual. No hay recetas para saber hacer con la sexualidad, no
hay una manera adecuada acorde a la biología, necesariamente eso fracasa para
cada uno.
*En el escrito en que Lacan aborda a Wedekind, dirá que el dramaturgo aborda en
esta obra “…el asunto de qué es para los muchachos hacer el amor con las
muchachas, marcando que no pensarían en ello sin el despertar de sus sueños”
(Lacan, 1974: Pág. 109). De este modo, hace referencia al encuentro del adolescente
con la sexualidad y al lugar de la fantasía como primera instancia psíquica para el
despliegue de la misma, así como también lo planteara Freud al decir que la elección
de objeto es llevada a cabo al principio tan sólo imaginativamente (Freud, 1905)
Wedekind nos muestra como los obstáculos en el encuentro de la sexualidad y la
imposibilidad de significarla, pueden llevar a los adolescentes a los más trágicos
desenlaces, incluso la muerte.
“No hay relación sexual” nunca hay una adecuación perfecta entre el sujeto y su
objeto. Se puede decir que el joven generalmente se enfrenta a la ausencia de un
saber sobre el sexo. De este modo también se puede decir que el acceso a la
sexualidad esta mediatizado por el Otro del discurso, y es por el Otro que se posibilita
el acceso al otro sexo. Esto justamente es lo que no ocurre en los animales, ya que
disponen de la información que dirige su accionar, en el orden instintivo de la
necesidad y no del deseo.
En las escenas de la obra de Wedekind se puede ver como esta inerte el tema de la
moral sexual de la época y como es el proceder de los adolescentes en su despertar.
La información está vedada para ellos, algunos desconocen lo más elemental sobre el
origen de los niños; Melchior es expulsado del colegio porque descubren algo escrito
por él sobre el coito, que es criticado por parte del director del colegio con las
siguientes menciones: “desvergonzadas porquerías”, “inaudita fechoría”, producto del
“desquiciamiento moral del malhechor”. En este sentido, es que en el momento de
enfrentarse a lo real de los cambios corporales de ese momento de la vida por lo que
están atravesando, las manifestaciones de los jóvenes vinculadas a la curiosidad, la
experimentación, son violentamente reprobadas y castigadas por los adultos, tanto
padres como profesores de la escuela.
Por último, se puede mencionar una cita que muestra el estado de desamparo
psíquico y angustia en el cual queda el adolescente cuando no recibe del mundo
adulto más que desaprobación y castigo. Mauricio dice: “Podemos compadecer a la
juventud que se alimenta de idealismo y a la vejez que con su superioridad estoica le
quiebra el corazón”.
* Los síntomas con que se presentan los adolescentes son las respuesta de lo que
“Freud llamaba el malestar en la cultura y que Lacan descifra como los callejones sin
salida de la civilización” manifestándose principalmente durante la pubertad debido a
que es el momento de la vida donde el encuentro sexual se mal logra para cada uno
ocasionando un traumatismo* en el sentido de que hace agujero en lo real.
En la obra de Wedekind el suicidio aparece como el acto más radical de separación
del adolescente, es el personaje de Moritz (Mauricio) quien denuncia los semblantes
para encontrarse que detrás no hay más que un vacío. Freud dirá al respecto que “la
escuela media tiene que conseguir algo más que no empujar a sus alumnos al
suicidio; debe instilarles el goce de vivir, en una edad en que por las condiciones de su
desarrollo se ven precisados a alojar sus lazos con la casa paterna y la familia” donde
“los profesores de escuela secundaria se convirtieron de pronto en padres” para sus
alumnos. De esta manera la función de la escuela para Freud estaría más del orden
de la separación que de la educación, en el sentido estricto, revelándonos
los impasses de la sexualidad de los adolescentes. Al respecto, Lacan llegara a decir
que el hombre se educa solo.
El siglo XXI esta caracterizado por la modernidad liquida basada en la fragilidad de los
vínculos y por el hiper-individualismo donde “el sexo está condenado a sufrir las
formas del hiper-consumo y la ley de la economía de mercado: rendimiento, rapidez,
competición, etcétera” dando lugar a nuevos síntomas: anorexia, toxicomanías,
suicidio y otros pasajes al acto. Lo que ha ocasionado que la adolescencia sea
considerada a partir de un nuevo “real clínico” ya que ahora viven pegados a sus
gadgets* donde se programa el no-encuentro. Serge Cottet lo señala cuando dice: “No
es el encuentro imposible, sino la indiferencia ante este, como forma moderna de la
no-relación sexual”.
De esta manera, podríamos concluir diciendo que el interés de Lacan por la obra de
Wedekind está centrado en el personaje del Hombre enmascarado, principalmente
como semblante por excelencia del Nombre-del-Padre, que vivifica, para que el
adolescente se vea confrontado y convocado a hacer sus propias invenciones frente al
agujero en lo real que no deja de no escribirse en cada uno en la época del Otro que
no existe.

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