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23338-Texto Del Artículo-91641-2-10-20210210

El documento analiza cómo la reforma agraria en Puno, Perú llevó a trayectorias diferenciadas regionalmente, tomando formas particulares debido a las lógicas de tenencia de tierra y dinámicas comunales previas. Se estudian dos empresas asociativas agrícolas después de la reforma, Picotani y Kunurana, mostrando cómo la implementación del modelo agroasociativo generó procesos con variantes regionales y luchas que consolidaron el surgimiento de nuevas comunidades campesinas.
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23338-Texto Del Artículo-91641-2-10-20210210

El documento analiza cómo la reforma agraria en Puno, Perú llevó a trayectorias diferenciadas regionalmente, tomando formas particulares debido a las lógicas de tenencia de tierra y dinámicas comunales previas. Se estudian dos empresas asociativas agrícolas después de la reforma, Picotani y Kunurana, mostrando cómo la implementación del modelo agroasociativo generó procesos con variantes regionales y luchas que consolidaron el surgimiento de nuevas comunidades campesinas.
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Agro asociativo, lucha por la tierra y

comunidad después de la reforma agraria en


Puno, Perú1

Associative agriculture, the struggle for land


and community after the agrarian reform in
Puno, Peru

María Luisa Burneo2


Instituto de Estudios Peruanos

Resumen

El artículo traza las trayectorias que siguieron las empresas


asociativas en Puno después de la reforma agraria. Analiza los
cambios en la estructura de la tierra a la luz de los procesos de
reestructuración agraria y de la formación de nuevas comu-
nidades campesinas. El planteamiento central es que la re-
forma agraria implementada por el gobierno de Velasco tuvo
particularidades que deben ser incorporadas en la lectura de
esta como un proceso con variaciones regionales. Asimismo,

1 Este artículo es producto de la investigación Agro asociativo y procesos


sociales: Transformaciones rurales desde la reforma agraria en la sierra centro
y sur peruana, desarrollada con la dirección del profesor Alejandro Diez
Hurtado y el apoyo del Instituto Riva Agüero, de la Pontificia Universi-
dad Católica del Perú.
2 Magíster en Antropología Social y Etnología por la Escuela de Altos Es-
tudios de Ciencias Sociales (París, Francia) y licenciada en Antropología
por la Pontifica Universidad Católica del Perú. Desde hace veinte años,
trabaja sobre los procesos de cambio en las sociedades rurales, referidos
particularmente a las comunidades campesinas, la política local y la ges-
tión de los recursos naturales. Código ORCID: 0000-0002-3212-2921.
Contacto: mburneo@[Link]
RIRA vol. 5, n° 2 (octubre 2020) pp. 339-374 / ISSN: 2415-5896
[Link]
Agro asociativo, lucha por la tierra y comunidad después de la reforma agraria en Puno, Perú

se sostiene, a partir del análisis y trayectoria de dos grandes


empresas asociativas –Picotani y Kunurana–, que el aparato
del gobierno velasquista no realizó una lectura adecuada de
las distintas lógicas de tenencia de la tierra de las familias
campesinas ganaderas, ni de la presión de las comunidades
colindantes por los recursos de agua y tierra. La lucha por
la tierra, surgida por las expectativas de miles de familias
comuneras y por una distribución considerada desigual, es
uno de los ejes centrales de este texto. Desde esa perspectiva,
la reforma agraria, más que un evento que duró unos años
(1969-1975), fue un proceso que se superpuso a dinámicas
previas de más largo plazo y se insertó en territorios diversos
y en microprocesos sociales en curso con los cuales se tras-
lapó, lo que generó tensiones y conflictos en las siguientes
dos décadas. En el caso que se ha estudiado, ello implicó la
reconfiguración del espacio surandino y la consolidación de
cientos de comunidades con un régimen de tenencia de la
tierra parcelario en su interior.

Palabras clave: reforma agraria, apropiación de tierras, agro


asociativo, movimientos campesinos, sociedades agrícolas de
interés social, SAIS, comunidades campesinas, Puno, Perú

Abstract

The article traces the trajectories followed by associative en-


terprises after the agrarian reform in Puno. It analyzes the
340 changes in the structure of the land in light of the processes
of agrarian restructuring and the formation of new peasant
communities. The central argument is that the agrarian re-
form implemented by the Velasco government had peculiari-
ties that should be incorporated in the reading of it as a pro-
cess with regional variations. Likewise, it is argued, based on
the analysis and history of two large associative companies
–Picotani and Kunurana– that the Velasquista government’s

Revista del Instituto Riva-Agüero


María Luisa Burneo

apparatus did not make an adequate reading of the different


land tenure logics of the peasant livestock families, nor of
the pressure for water and land resources of the surrounding
communities. The struggle for land, which arose from the
expectations of thousands of communal families and from
a distribution considered unequal, is one of the central axes
of this text. From this perspective, the reform, more than an
event that lasted from 1969 to 1975, was a process that was
superimposed on previous, longer-term dynamics, which was
inserted in diverse territories and in ongoing social micro-
processes with which it overlapped, generating tensions and
conflicts in the two following decades. In the case studied,
this implied the reconfiguration of the South Andean space
and the consolidation of hundreds of communities with a
land tenure regime within it.

Keywords: agrarian reform, land appropriation, associative


agriculture, peasant movements, agricultural societies of so-
cial interest, SAIS, peasant communities, Puno, Perú
***

Introducción

Se ha tendido a interpretar la reforma agraria peruana como un


evento radical por la cantidad de fundos expropiados y tierras
afectadas (Eguren, 1988 y 2004), que significó, sin duda, un
profundo cambio en la sociedad rural peruana. Este cambio se 341
ha discutido, principalmente, en términos de éxito o fracaso
y en función de la manera en que el gobierno velasquista la
implementó, imponiendo lo que se podría llamar el modelo
del agro asociativo (Caballero, V. 1990; Caballero y Álvarez
1980). Sin embargo, no se ha relevado la importancia de los
procesos regionales y locales que hicieron que esta reforma to-
mara caminos distintos. Como ha señalado Enrique Mayer,
Agro asociativo, lucha por la tierra y comunidad después de la reforma agraria en Puno, Perú

hace falta comprender que también se hizo una reforma “desde


abajo” 3. En el caso de Puno, ámbito del presente artículo, la
presencia del movimiento campesino y su búsqueda de una
mejor redistribución de la tierra expropiada a través de las to-
mas de tierra fueron el motor de la reestructuración agraria
(Caballero, 1990; Rénique, 2004; Scurrah, 1987). Al igual
que este caso, en otros lugares del Perú el aparato velasquista
también encontró demandas locales previas que, si bien aplau-
dían la expropiación de las haciendas, estuvieron en desacuer-
do con el modelo del agro asociativo (Diez y Burneo, 2019) e
incluso propusieron alternativas comunales propias (Burneo,
2019; Diez, 2017; Van Der Ploeg, 2018).

Partiendo de lo anterior, se propone una lectura de la refor-


ma agraria como un proceso de trayectorias regionales dife-
renciadas, que tomó formas particulares en función de las
distintas lógicas de tenencia de la tierra y dinámicas comuna-
les previas. Para ello, se desarrolla el proceso del agro refor-
mado en Puno, un proceso de luchas y reestructuraciones no
saneadas, que dejaron espacio para el surgimiento de nuevas
formas de organización y la consolidación de la vía comu-
nera. Cabe anotar, que esa vía comunera se dio también en
otros ámbitos regionales, como en el caso de Junín, pero con
las particularidades de un espacio dinámico y en transforma-
ción, con mayor articulación al mercado (Long y Roberts,
1978). En este texto, se aborda el caso del sur andino, Puno
en particular, que presenta una trayectoria caracterizada por
la búsqueda de las familias campesinas y comuneras al acce-
342
so y control directo de la tierra, que durante décadas estuvo
bajo el poder de las haciendas.

3 Sesión de debate con Enrique Mayer organizada por el Taller Etnológico


de Cultura Política de la Pontificia Universidad Católica del Perú en el
año 2017 con la conducción de la autora y del profesor Alejandro Diez
Hurtado.

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María Luisa Burneo

Se desarrolla la idea propuesta en el párrafo anterior a partir


del análisis de las trayectorias de dos empresas asociativas de
zonas representativas de la reestructuración agraria ocurrida
luego de la implementación de la reforma. La primera, la
SAIS Picotani en el distrito de Macusani, provincia de Ca-
rabaya, y su proceso de fragmentación, el cual dio origen a
las comunidades campesinas Culloc, Belén y Chuquini. La
segunda, la Empresa Rural de Producción Social (ERPS) Ku-
nurana en el distrito de Melgar, ámbito emblemático de las
tomas de tierra4. Los hallazgos del análisis realizado permiten
sostener que la reforma agraria, si bien impuso el modelo
asociativo, generó un conjunto de procesos con variantes re-
gionales que se explican por las estructuras de la propiedad,
las formas de tenencia de la tierra y la lógica de la apropia-
ción espacial previas, además de los ya estudiados problemas
de gestión de las cooperativas y las SAIS que se repiten en
diferentes zonas del país (Caballero, 1990; Scurrah, 1987).
Esta superposición de lógicas y las brechas entre el modelo
velasquista y las expectativas (y necesidades) de las familias
campesinas son el eje de la discusión del presente texto.

El artículo está organizado en tres partes. La primera, desa-


rrolla el contexto regional puneño –referido a la propiedad y
formas de tenencia– sobre el que se implementó la reforma

4 El material recolectado para estos casos proviene de los archivos de la


ex Dirección Regional de Reforma Agraria de Puno, los archivos de la
343
Dirección Regional Agraria de Puno, así como de los informes inéditos
del estudio Reforma y reestructuración agraria dirigido por José María Ca-
ballero en 1978, actualmente en custodia del Archivo Documental del
Instituto del Perú, de la Universidad San Martín de Porres. Expreso mi
agradecimiento a Giovanni Bonfiglio, investigador de dicho instituto,
por facilitarnos el material referido. La información se ha complementa-
do con entrevistas en profundidad realizadas en agosto de 2018 en Puno
a exdirigentes campesinos y exfuncionarios de la reforma agraria. A todos
ellos, mi sincero agradecimiento.
Agro asociativo, lucha por la tierra y comunidad después de la reforma agraria en Puno, Perú

agraria en Puno. La segunda, trata el problema de la presión


interna por los pastos y presenta información que permite
dar cuenta de las trayectorias posteriores a la reforma y sus
tensiones en el interior de las empresas asociativas. La tercera
y última parte analiza la presión de las comunidades colin-
dantes, así como las razones de las tomas de tierra lideradas
por las comunidades indígenas de Melgar, con existencia pre-
via a la reforma, y el proceso de formación de nuevas comu-
nidades campesinas.

La reforma agraria en Puno: gamonalismo, despojo y ex-


pectativa por la tierra

Antes de la reforma agraria, Puno presentaba un escenario


caracterizado por la presencia de un número importante
de haciendas que podrían definirse como “tradicionales”,
en las que imperaba el régimen del gamonalismo (Bourri-
caud, 1967; Gascón, 1999 y 2017; Jacobsen, 2013; Matos
Mar y Mejía, 1980), y al mismo tiempo por el avance de
un movimiento campesino que sin alcanzar una articula-
ción departamental estaba tomando forma en diversas lo-
calidades, como en la zona de Melgar (Rénique, 2004). El
gamonalismo es el régimen asociado a este tipo de hacien-
das, que albergaban a la población indígena y campesina
en situación de explotación y condiciones inhumanas bajo
la forma del pongaje (Matos Mar y Mejía, 1980; Mayer,
2009). Para las comunidades circundantes a las haciendas,
344 así como para los feudatarios de estas últimas, el problema
central era el acceso a la tierra. Además, a diferencia de otras
zonas del país, en donde existían haciendas con un régimen
asalariado y trabajadores permanentes y eventuales, en el
sur andino, el pongo pertenecía al universo de la hacien-
da, debía prestar servicios al gamonal más allá de su mano
de obra agrícola o pastoril, y era sometido –junto con su
familia– a servicios personales, al despojo de sus tierras y

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María Luisa Burneo

ganado, así como a castigos físicos5. No es por azar que


haya sido en Puno donde se gestaron, varias décadas antes,
importantes levantamientos y rebeliones contra la explota-
ción de los gamonales, como la de Juan Bustamante (1867)
o la de Rumi Maqui (1915). Gascón (1999) retrata, para el
caso de Amantaní en el mismo departamento, el sistema de
explotación de los indígenas en el interior de la hacienda y
resalta la dependencia del gamonal para su sobrevivencia,
así como el control casi absoluto que este tenía de la ad-
ministración de la justicia local, como parte de un pacto
implícito con el Estado (Gascón, 2017).

Tratándose de zonas altas, entre los 3 800 y los 4 300


m.s.n.m., la actividad ganadera era fundamental y las fami-
lias feudatarias poseían su propio ganado huaccho o criollo,
para lo cual requerían extensiones de pasturas considera-
bles. El régimen de apropiación espacial de las sociedades
pastoriles es de alta movilidad, por lo que no es suficiente
contar con un área pequeña de pastoreo, sino que se re-
quieren varias zonas dentro de un territorio amplio que les
permita el acceso a bofedales y un manejo rotativo de los
pastos (Damonte y Rodríguez, 2016). Para ello, existían
acuerdos de uso y ocupación del espacio de la puna, que
funcionaban en el interior de la hacienda (y sus colonos)
y entre esta y las comunidades colindantes. Este pequeño
ejemplo de los pastores de hacienda o huacchilleros señala
que el mundo de las haciendas era menos homogéneo y
estático de lo que en ocasiones se asume en el imaginario
345
colectivo respecto a su funcionamiento en las zonas alto an-
dinas. Una combinación de relaciones de explotación, que
diversos autores han clasificado como servil (Bourricaud,
1967; Favre, 1976), coexistía con arreglos informales, pero

5 El documental Agripino, del cineasta sueco Jan Lindqvisk (1971), recoge


testimonios de primera mano sobre estas formas de explotación en la
sierra sur del departamento de Cusco.
Agro asociativo, lucha por la tierra y comunidad después de la reforma agraria en Puno, Perú

institucionalizados a lo largo de generaciones sobre el uso


del espacio entre los pastores de puna, la hacienda y las co-
munidades (Del Pozo-Vergnes, 2004).

Otra de las características del espacio del altiplano puneño


antes de la reforma agraria es que se trataba de un territo-
rio con importantes comunidades y parcialidades indígenas,
que en 1969 eran 486 y 500, respectivamente. A lo largo
de décadas, muchas de estas redujeron sus territorios por el
avance de las haciendas. Sin embargo, luego de que el gobier-
no revolucionario expropiara 1450 fundos en Puno, solo 76
comunidades se convirtieron en adjudicatarias directas de la
reforma agraria (Vega, 2005). El modelo del agro reformado,
por tanto, no contentó a miles de familias que esperaban el
acceso directo a la tierra. En respuesta, las familias campe-
sinas y las comunidades jugaron un rol central en los años
posteriores de la reforma y en las trayectorias que tomaron
las empresas asociativas y sus socios.

En Puno, el proceso de implementación de la reforma


agraria dio origen a 23 sociedades agrarias de interés social
(SAIS), 5 empresas rurales de propiedad social (ERPS) y 14
cooperativas agrarias de producción (CAP) (Vega, 2005).
Puno era uno de los departamentos con las haciendas ga-
naderas más grandes del país, por lo que las extensiones
de pastura abarcaban varios miles de hectáreas. Algunas de
estas habían logrado un nivel de tecnificación considerable
para el procesamiento de la fibra de alpaca (Bourricaud,
346 1962). A pesar de ello, no se había producido una trans-
ferencia importante de tecnología hacia las comunidades,
a diferencia de otras regiones, como en el centro del país,
que sí se beneficiaron con el desarrollo tecnológico de las
haciendas más modernas (Long y Roberts, 1978). En las
haciendas puneñas existían diversos sistemas de tenencia de
la tierra; se conocen casos en los que las tierras de los indios
continuaban siendo manejadas con una lógica parcelaria
previa a la conformación de la hacienda misma (Del Pozo-

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María Luisa Burneo

Vergnes, 2004). Cuando llegó la reforma agraria a Puno,


la formación de las grandes empresas asociativas implicó la
integración o concentración parcelaria, que reunió bajo el
modelo cooperativista a miles de familias campesinas que
conducían sus tierras individualmente, muchas de las cua-
les provenían de antiguas parcialidades indígenas y habían
sido absorbidas dentro del territorio de las haciendas años
atrás. Es decir, las grandes empresas del agro reformado se
formaron sobre las bases productivas de las exhaciendas,
además de las familias feudatarias (y sus lógicas previas), y
también se anexaron e integraron a las comunidades de la
zona. Otras se resistieron y quedaron en áreas colindantes.

La implementación de la reforma agraria fue a paso lento en


el caso de Puno. Recién en 1973 se iniciaron las afectaciones
y se llegó a expropiar un área de 2 094 479 hectáreas, de las
cuales el 88 % pasó a manos de las empresas asociativas. A
partir de 1980, diversos sucesos en Puno aceleraron la liqui-
dación de las SAIS y las ERPS, como se describe en los casos
analizados de la sección siguiente. En las entrevistas realiza-
das durante esta investigación, exfuncionarios de la reforma
agraria en Puno se refieren a problemas internos de gestión y
corrupción en los propios equipos técnicos del Sistema Na-
cional de Apoyo a la Movilización Social (SINAMOS) y de
los consejos de vigilancia y administración de las empresas
asociativas. Como relata Juan Palao, alto funcionario de la
reforma agraria en Puno, el descontento entre los socios be-
neficiarios y campesinos había crecido tanto en la zona nor-
347
te como en el sur de la región6. Sin embargo, también se
identificaron otras variables que explican ese descontento, las
cuales se vinculan con el acceso a la tierra. Así, por ejemplo,
Palao señala que la ley de cooperativas solo permitía que los
hijos residentes heredasen la tierra en condición de socios.

6 Exjefe de la Oficina Nacional de Desarrollo Cooperativo (ONDECOP)


Puno, durante la implementación de la reforma agraria.
Agro asociativo, lucha por la tierra y comunidad después de la reforma agraria en Puno, Perú

Por tanto, quienes querían enviar a sus hijos a estudiar fuera,


arriesgaban su herencia futura, ya que las tierras revertirían
a la empresa. Esto habría sido uno de los factores que in-
centivaron a las familias feudatarias de las empresas asocia-
tivas a presionar por la parcelación, ya que querían asegurar
el acceso y control de la tierra para las generaciones futuras7.
Sin embargo, existía otro factor importante: la presión de las
comunidades colindantes, que no habían sido beneficiarias
directas de las adjudicaciones de tierras.

A través de los archivos revisados y las entrevistas, se han


identificado los siguientes procesos posteriores a la reforma
agraria en Puno: (i) parcelación de las empresas asociativas
–CAP, SAIS y ERPS–; (ii) presión interna por parte de las co-
munidades socias (anexadas); (iii) demandas de las comuni-
dades colindantes de las empresas y conflictos por tierras; (iv)
demandas de reestructuración llevadas a la acción a través de
las tomas de tierra; (v) repartos de tierras a comunidades y
grupos campesinos; (vi) formación de nuevas comunidades
campesinas; y (vii) inscripción y registro formal de comuni-
dades campesinas (a partir de los dos procesos anteriores). A
continuación, se analizan los casos de las dos grandes empre-
sas asociativas elegidas, los que ayudarán a graficar los pro-
cesos señalados y a comprender las trayectorias posteriores a
la reforma que originaron la actual estructura de propiedad
parcelaria y comunera en el sur andino.

348 El asedio interno: lógicas agropastoriles diferenciadas y


la presión sobre los recursos

Según las cifras de los informes inéditos del equipo dirigido


por José María Caballero (1978), que recogió información

7 Entrevistas realizadas a exfuncionarios de la reforma agraria y a exdirigen-


tes campesinos de Puno.

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de todas las SAIS a nivel nacional, uno de los problemas


centrales en el sur andino era el uso de los pastos8. La SAIS
Picotani había sido conformada sobre la base de 14 fundos
expropiados y sumaba un total de 94 940 hectáreas, que
se extendían en más de cuatro distritos (Azángaro, Putina,
Muñina y Huancané). En el cuadro 1, se observa que la
mayor extensión de la SAIS correspondía a pastos naturales,
salvo la avena forrajera para el ganado que apenas ocupaba
33 hectáreas. Es importante comprender que esas cantida-
des no incluían a las comunidades anexadas a la empresa
como socias; es decir, esas tierras eran administradas a tra-
vés de la gerencia para uso del ganado de la SAIS y de los
exfeudatarios de la hacienda, los socios actuales. Este punto
es fundamental para comprender las trayectorias y tensio-
nes posteriores.

Luego de las adjudicaciones de las tierras expropiadas a las


haciendas de la zona, la SAIS Picotani quedó conformada en
1974 por diez fundos y cuatro comunidades: Huayllapata,
Uyuni, Pistuni y Quilca Puncu. El ganado de la hacienda
comprendía 79 508 cabezas, mientras que los socios tenían
28 507 huacchos (Che Piu Salazar, 1976, p. 59)9. Ello im-
plica que cuando se creó la SAIS, el ganado de la empre-
sa y de los exfeudatarios sumaban más de cien mil cabezas,
principalmente ovinos. La presión que ello generaba sobre
las pasturas era grande y a ello se añadió la presión por pastos

349
8 Informes técnicos de la ERPS Kunurana y de la SAIS Picotani sistemati-
zados por José María Caballero (1978); actualmente custodiados por el
Instituto del Perú de la Universidad San Martín de Porres.
9 Se denominaba huaccho al ganado de baja calidad, propiedad de los pas-
tores en el ámbito de las haciendas ganaderas del sur andino. Por lo ge-
neral, los huacchilleros (pastores de hacienda) pastaban su propio ganado
en el interior de la hacienda, por lo que se les solía descontar un pago
mensual de sus salarios; este pago, en ocasiones, equivalía al total del
salario (Del Pozo-Vergnes, 2004).
Agro asociativo, lucha por la tierra y comunidad después de la reforma agraria en Puno, Perú

de las comunidades incorporadas a la SAIS, cuyas familias


miembro consideraban que no contaban con suficiente tierra
y que la distribución de las tierras expropiadas debió consi-
derarlas como beneficiarias directas. Así, el descontento por
el acceso a las pasturas se sintió desde muy temprano en las
nuevas empresas asociativas.

Cuadro 1. Distribución de terrenos según la capacidad


receptiva SAIS Picotani, 1978

Extensión en Pastos naturales según Capacidad Ov. a


Has. tipo Red.
500 1º clase x 4.0 Ov. Red. 2,000
13,628 2º clase x 3.0 “ “ 40,884
59,052 3º clase x 2.0 “ “ 1,128,104
16,675 4º clase x 1.0 “ “ 16,675
1,438 5º clase x 0.5. “ “ 719
33 Avena forrajera x 25 Ov. 825
Red.
45 Cultivos anuales -----
3,569.44 Terrenos marginales ------
94,940.44 Has. Totales 179, 207
Fuente: Informe de la SAIS Picotani. Informes de José M. Caballero (1978).
Elaboración: José M. Caballero

350 Como se ha señalado, Picotani agrupaba a feudatarios (di-


versos entre sí) y a comunidades con lógicas propias de
tenencia de la tierra que por lo general combinaban zonas
de parcelas familiares, zonas de rotación reguladas por la
comunidad (aynokas) y pasturas de uso colectivo. En el
caso de los huacchilleros, estos habían forjado a lo largo
de años sus propios acuerdos con la hacienda, los que les
permitía acceder a distintas zonas de pastoreo en diver-
sos momentos del año. Con lo anterior, Picotani era una

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mezcla de exfeudatarios y comunidades socias, con lógicas


de producción diferenciadas y sistemas de tenencia de la
tierra distintos. La idea central que se desprende de lo
anterior es que más allá de los problemas de gestión de la
empresa, en el interior de la misma y en la práctica ya exis-
tían las condiciones para su posterior fragmentación. Así,
por ejemplo, el informe técnico elaborado para el IDISA-
Puno en 1976 registraba la falta de control respecto al uso
de tierras en la SAIS. El informe señala que en los nuevos
fundos incorporados a la empresa en las zonas colindantes
a la antigua hacienda, los campesinos se apropiaban de
parcelas de tierra a su antojo: “cuando tienen un ingreso
extra, las siembran [las áreas anexadas] sin consultar a la
administración central” (Instituto de Investigaciones So-
ciales del Altiplano, 1976, pp. 60-61).

Lo anterior indica que la superposición de lógicas de tenen-


cia de la tierra y uso de pastos sumada a la presión de las
comunidades colindantes anunciaban desde el inicio un pro-
yecto sin cohesión interna, social y culturalmente difícil de
consolidar. Más allá de los temas financieros y administrati-
vos de la empresa, interesa mostrar las tensiones sociales por
el acceso a la tierra vinculadas a la presión sobre lo pastos y
las inconsistencias internas que influyeron en las trayectorias
de los socios en los años siguientes. Así como se daba un uso
al suelo que escapaba de la planificación de la empresa –y
que más bien respondía a la lógica parcelaria de agricultura
de autoconsumo de las familias campesinas–, también ocu-
351
rría que los pastores se negaban a ir reduciendo su ganado
huaccho en beneficio del ganado de la empresa y lo seguían
manteniendo.

De los expedientes de adjudicaciones se desprende otro tema


que se debe tomar en cuenta. Y es que para el aparato de la
reforma velasquista, el ganado huaccho no solo era un proble-
ma productivo –puesto que dificultaba la rotación y el respeto
Agro asociativo, lucha por la tierra y comunidad después de la reforma agraria en Puno, Perú

a la nueva zonificación de pastos–, sino que también era un


problema ideológico, indispensable de erradicar. Sucede que
el sistema de acceso a pasturas de los huacchilleros se mantu-
vo durante décadas mediante acuerdos con la hacienda; por
ejemplo, a cambio de la entrega de la fuerza de trabajo familiar
–no solo del jefe de familia, sino de las mujeres y niños– para
cuidar y pastear el ganado del hacendado, este permitía que
el ganado huaccho pastara por algunas zonas de la hacienda.
También ocurría, cuando existía un salario, que se les descon-
taba un pago por el acceso a las pasturas. Los pastores que
habían logrado acumular mayor cantidad de cabezas de ga-
nado reprodujeron este sistema con los pastores más pobres o
con menos tiempo en la hacienda. Este arreglo sobrevivió a la
reforma agraria y continuó de manera informal en las SAIS re-
cientemente conformadas. Para los funcionarios del gobierno,
esta modalidad constituía el nodo de las relaciones serviles y
de la “explotación del campesino por el campesino” y no debía
permitirse. En efecto, los expedientes técnicos de la Dirección
Regional Agraria (DRA) de la época evidencian la posición y
preocupación de los funcionarios sobre el tema. Frente a ello,
estos decidieron implementar una estrategia de capacitación
de los campesinos y asumieron que los huacchilleros irían re-
duciendo su ganado huaccho al verse involucrados en la lógica
capitalista de la empresa. Asumieron, también, que al ir cons-
tatando que el ganado de la empresa, de mejor calidad, obtenía
mejores ganancias en el mercado, y al tener todos los socios
salarios más altos gracias a ello, se iría reduciendo el ganado
352
huaccho en beneficio de las ganancias colectivas. Sin embargo,
cometieron un grave error.

Lo anterior permite señalar que, al parecer, el aparato técni-


co del gobierno y sus asesores tuvieron dificultad para com-
prender las lógicas pastoriles y las expectativas de la familias
campesinas y ganaderas. Es posible hallar fragmentos de citas
que resumen el pensamiento y la apuesta de los funcionarios;
según ellos, eliminar el ganado huaccho era la acción im-

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prescindible para “acabar con las relaciones serviles y lograr


la capitalización de la empresa” (Che Piu Salazar, 1976, p.
63). Pocos años después, la realidad mostró que las lógicas
comunales y las dinámicas sociales de apropiación y uso del
espacio tuvieron mayor peso que la apuesta por la empresa
asociativa manejada por un equipo de técnicos y por pocos
socios, en los cuales los exfeudatarios no confiaban. Y si estos
no lo hacían, menos aún lo harían las familias de las comu-
nidades anexadas.

En efecto, en lugar de reducirse, en 1978, los informes recupe-


rados por el equipo de José María Caballero dan cuenta de que
el ganado de la empresa superaba los 70 mil animales (había
55 mil ovinos, 14 550 auquénidos y 1800 vacunos), mientras
que el ganado huaccho de ovinos sumaban 45 mil unidades.
Los exhuacchilleros de hacienda, para entonces socios de la
SAIS, seguían manteniendo su propio ganado y sus sistemas
de utilización de pastos en las zonas altas, sin apostar necesaria-
mente por el modelo asociativo. Los informes económicos de
la Dirección Regional de Reforma Agraria de Puno muestran
que Picotani no estaba en pérdida en 1978; los egresos totales
de la empresa sumaban poco más de veinticuatro millones de
soles, mientras que los ingresos netos daban un total de 33 000
210 soles; esto quiere decir en 1978, la SAIS habría tenido una
ganancia de 8 000 993 soles. No existen informes económicos
exhaustivos de los años previos, por lo que José María Caba-
llero y su equipo concluyen que no es posible determinar si
Picotani avizoraba un crecimiento sostenible o si iba hacia su
353
descapitalización. Sin embargo, aunque no está formulado de
esta manera, los hallazgos de Caballero del año 1978 permiten
esbozar la idea de que los factores de índole social y cultural
–incluidos los regímenes diferenciados de tenencia de la tierra,
las tensiones familiares internas y los conflictos con las comu-
nidades colindantes– explican, en buena parte, las trayectorias
posteriores a la reforma agraria que llevaron a la disolución de
esta empresa asociativa y de otras.
Agro asociativo, lucha por la tierra y comunidad después de la reforma agraria en Puno, Perú

El caso de la SAIS Picotani no es excepcional. En la provincia


de Melgar, la ERPS Kunurana muestra lo recurrente de este
problema10. Así, los informes técnicos presentados por la Co-
misión Nacional de Propiedad Social del gobierno (CONAPS)
en 1978 muestran una situación denominada por los propios
funcionarios de la reforma como “asedio interno”. Esta situa-
ción se caracteriza por la presencia de ganado huaccho (se cal-
culó que existían 16 779 cabezas en 1976 y 1977), cuando la
mayoría de pastos de la exhacienda se limitaba a pasturas altas
de baja calidad. El cuadro 2 muestra el recuento de ganado
realizado en 1978 y da cuenta de un incremento de 1 552 uni-
dades de ganado huaccho en dos años, luego de conformada
la empresa. Lo anterior, como anota Caballero (1978), estaría
evidenciando que el plan del gobierno para reducir el ganado
de los feudatarios no estaba dando resultado.
Cuadro 2. Cantidad y tipo de ganado de la ERPS Kunurana, 1978

Ganado de la empresa Ganado huaccho de


Tipo de ganado
(marzo 1978) los socios (mayo 1978)
Ovinos 34 841 4 713
Vacunos 22 496 7 741
Alpacuchos 17 850 3 864
Equinos 360 2 013
Total 75 547 18 331
Fuente: Informe de la ERPS Kunurana, recuperado por José María Caballero
(1978).
354

10 La ERPS Kunurama, en la provincia de Melgar, comprendía 38 956 hectá-


reas. Anteriormente, Kunurana había sido una SAIS perteneciente al PIAR
-III (Umachiri-Nuñoa). La empresa ganadera se había conformada a través
de la adjudicación de un conjunto de fundos expropiados en distintos mo-
mentos durante la década de 1970. En 1976, se le adjudicaron 14 nuevos
predios rústicos con una extensión de veintinueve mil hectáreas y la Direc-
ción Regional de Reforma Agraria la convirtió en una ERPS.

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María Luisa Burneo

La situación anterior se agravó si se considera la calidad y


el tipo de pastos de la ERPS. Como muestra la figura 1, los
pastos cultivados y el forrajero ocupaban una extensión mí-
nima en el territorio de la Kunurana, lo cual hacía inviable
la mejora de la productividad ganadera. Todo ello muestra
un problema mayor: la presión por los pastos sumada a la
incongruencia de dos lógicas distintas de manejo y tenen-
cia. La permanencia de una lógica pastoril previa, que data
de la época de la hacienda, no fue bien comprendida por el
aparato de la reforma agraria que apostó por (i) la progresiva
reducción del ganado familiar, (ii) el establecimiento de un
vínculo puramente salarial con los feudatarios y (iii) el acceso
regulado a los pastos a partir de una zonificación técnica de
los mismos. Si bien esta última buscaba un mejor uso de las
pasturas, rompía al mismo tiempo los antiguos sistemas de
ocupación espacial y de rotación de pastizales atravesados por
relaciones sociales que iban más allá de un arreglo contrac-
tual basado en una lógica de eficiencia. Así, por ejemplo, el
pago por yerbaje impuesto por la empresa era percibido de
manera negativa por los exfeudatarios socios de la ERPS. A
esta discusión hay que agregar el peso y la tensión generada
por las comunidades socias que quedaban como islotes en el
interior de la empresa.

Retomando lo anterior, en 1978, la SAIS Picotani –a pesar


de no tener pérdidas– y la ERPS Kunurana –que sí mostraba
crisis financiera–, compartían tres situaciones contraprodu-
centes: (i) la presión del ganado huaccho sobre los pastos y
355
cientos de socios que mantenían miles de unidades de gana-
do de su propiedad fuera del manejo técnico de la empresa;
(ii) los pastores exfeudatarios reproducían la lógica de uso de
pastizales en las zonas altas para su ganado huaccho y mante-
nían relaciones de subordinación con los pastores que tenían
menos acceso y menores recursos, con lo cual contradecían el
principio básico de la empresa asociativa; y (iii) las comuni-
dades socias no se llegaron a integrar al modelo, con lo cual
Agro asociativo, lucha por la tierra y comunidad después de la reforma agraria en Puno, Perú

la presión interna por tierras siguió latente. A ello se sumó la


presión externa de las comunidades colindantes, tema que se
aborda a continuación.
Figura 1. Calidad de pastos de la ERPS Kunurana (Informe
CONAPS s/f )

Fuente: Informe de CONAPS, citado en informes de José María Caballero


(1978).

Asedio externo: comunidades colindantes, tomas de tie-


rra y procesos de comunalización

Entre la adjudicación de tierras a las SAIS y las tomas de


tierra en diversos lugares del departamento, transcurrió una
década en la cual ni los niveles productivos de la SAIS me-
joraron, ni las tensiones con las familias comuneras se apa-
356
ciguaron. Como se analizó en la sección previa, la SAIS era
frágil tanto en su estructura de funcionamiento como en la
cohesión interna entre directivos, exfeudatarios y comunida-
des socias. Además, el resonar de las famosas tomas de tierra
de las comunidades de Melgar hacia la ERPS Kunurana en
1985 y la consolidación de un movimiento campesino que
había logrado posicionarse a nivel provincial y departamental
(Rénique, 2004; Vega, 2000) generaban presión política a la

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María Luisa Burneo

Dirección Agraria Regional y, al mismo tiempo, respaldaba


otros pedidos de repartos de tierra en Puno. La revisión de los
archivos de la Dirección Regional de Reforma Agraria mues-
tra que el caso de Picotani no fue la excepción; un conjunto
de pedidos de reestructuración puede rastrearse en actas pre-
sentadas por las comunidades colindantes de diversas SAIS.
Por su parte, Kunurana se convirtió en el caso emblemático
de la reestructuración agraria en Puno y en el país por las
masivas movilizaciones campesinas que reconfiguraron la es-
tructura de la propiedad en el sur –con más de un millón de
hectáreas redistribuidas– e impulsaron un proceso de comu-
nalización que resultó en la formación de más de 500 nuevas
comunidades campesinas (Rénique, 2004; Vega, 2005).

En el caso de Picotani, las comunidades indígenas de ori-


gen previo a la reforma, vecinas de la SAIS, habían queda-
do inconformes con la adjudicación de tierras realizada por
el gobierno militar. Estas prácticamente no habían recibido
tierras de los fundos expropiados y consideraban que las fa-
milias de exfeudatarios se habían beneficiado de manera des-
proporcionada. Aprovechando la coyuntura en el resto del
departamento, y haciendo referencia al decreto de reestruc-
turación agraria aprobado por el gobierno aprista en 1987,
las comunidades decidieron presentar el expediente de pedi-
dos de repartos de tierra a la administración de Picotani. El
escenario que se configuró a partir de ello es revelador: las
comunidades socias de la SAIS tomaron posición a favor de
las comunidades colindantes, de acuerdo con el principio de
357
que “las tierras deben ser para los hermanos campesinos que
las necesitan”, como consta en diversas actas de asambleas
comunales. Entre 1985 y 1987, se realizaron numerosas
asambleas convocadas por las comunidades de Huayllapata,
Uyuni, Pistuni y Quilca Puncu, socias de Picotani, en las que
discutieron durante horas y días la postura respecto a las tie-
rras de la SAIS para finalmente acordar que apoyarían la en-
trega de tierras a las cuatro comunidades vecinas (Figura 2).
Agro asociativo, lucha por la tierra y comunidad después de la reforma agraria en Puno, Perú

A fines de 1987, se aprobó la resolución directorial para la


transferencia de tierras de Picotani a favor de las comuni-
dades campesinas de Cullco Belén, Coullco Jurinsaya, Chu-
quine y Llaulli. Así, se repartieron entre 350 y 22 000 ha,
dependiendo de la comunidad, ubicadas en los distritos de
Muñuni y Putina, en la provincia de Azángaro. Se les cedie-
ron varios fundos de las zonas altas, a más de 4200 m.s.n.m.
y las comunidades se comprometieron a mantenerlos bajo
régimen de tenencia colectiva, como se registra en el pun-
to cuarto del acta de adjudicación a favor de la comunidad
Culloc Belén (Figura 2)11. Sin embargo, al poco tiempo, las
comunidades acordaron parcelarse internamente para adop-
tar un régimen de tenencia familiar, aunque siguieron man-
teniendo el régimen jurídico de comunidad campesina, que
otorgaba protección al territorio comunal12.

358

11 Expediente de adjudicación de tierras de la SAIS Picotani a favor de co-


munidades (DRA-Puno-1988).
12 La propiedad comunal gozaba de la protección de sus tierras al ser con-
sideradas como inalienables, imprescriptibles e inembargables por las
constituciones de 1933 y 1979. Esto cambió en 1993, con la constitu-
ción neoliberal aprobada por el gobierno de Alberto Fujimori.

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Figura 2. Acta de adjudicación de la SAIS Picotani a la


comunidad Cullco Belén (DRA- Puno-1988)

359

Uno de los aspectos sociales que merece unas líneas aparte


es el de la postura de los comuneros en las propias SAIS. El
Agro asociativo, lucha por la tierra y comunidad después de la reforma agraria en Puno, Perú

caso Picotani ejemplifica este punto. En más de diez actas de


asambleas13 constan las posturas de las comunidades socias
respecto a los pedidos de tierras de las comunidades colin-
dantes, como se transcribe a continuación:
Que la SAIS Picotani, especialmente los beneficiarios adjudicados
de Reforma Agraria, están conscientes de que deben colaborar
con los esfuerzos de entregar tierras a las comunidades, cooperan-
do así con los trabajos de reestructuración de las empresas campe-
sinas, para beneficiar a los hermanos comuneros14.

El registro anterior es significativo, ya que muestra el acuer-


do, en un sentido político, sobre la disposición de las tierras
de la SAIS y la situación injusta de la distribución y acceso
a tierras de las comunidades no adjudicatarias. En este caso,
a diferencia de la Kunurana, las tomas de tierra no fueron
necesarias. La presión política de las comunidades socias
contribuyó a hacer realidad la cesión de tierras de Picotani a
favor de las comunidades colindantes. Luego de las primeras
entregas de tierra, en 1992, la administración de Picotani
aprobó la transferencia de 52 236 hectáreas a la DRA-Puno,
para que esta las transfiera a su vez a 21 comunidades y a un
GAST15, que solicitaba tierras desde años atrás. Así, las tie-
rras de Picotani se fragmentaron a lo largo de una década y
se aceleró la parcelación interna que llevó a su desaparición.

13 Estas actas están a escritas a mano y se encuentran fotocopiadas en los


expedientes de adjudicación a las comunidades de la SAIS Picotani y
360
transferencias de tierras a la D.G.R.A. y A.R. (DRA-Puno-1988).
14 Fragmento de asamblea comunal, SAIS Picotani 1987, registrada en el
Expediente de transferencia de tierras rústicas en calidad de “donación”
de la SAIS Picotani a la DRA-Puno para la reestructuración agraria. Folio
de “Adjudicación a la comunidad campesina Chuquine de la SAIS Pico-
tani” (DRA-Puno-1988).
15 Expediente de transferencia de tierras rústicas en calidad de “donación”
de la SAIS Picotani a la DRA-Puno para la reestructuración agraria
(1992).

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¿Cómo fue posible este resultado? La respuesta no es simple.


Como se ha visto, la trayectoria hacia la comunalización y la
parcelación se relaciona principalmente con la búsqueda de
las familias campesinas de tener acceso directo a la tierra. Ello
se hizo realidad mediante la suma de factores: por un lado, la
capacidad de las dirigencias comunales –y sus asesores– para
mostrar la desigual distribución de las tierras y, por otro lado,
el respaldo del movimiento campesino que había realizado
tomas de tierra por diversos lugares del departamento y que
en esa época era capaz de movilizar a miles de familias comu-
neras. A lo anterior se sumó la situación interna de falta de
cohesión de las propias SAIS, expresada parcialmente en la
postura comunal y en el fragmento transcrito, pero también,
como se ha mostrado en la sección previa, en las dinámicas
de los pastores y la distancia entre el manejo empresarial del
ganado y el uso de los pastos que transgredía, a todas luces,
los intentos de zonificación de los mismos. Estos fueron reali-
zados con criterios técnicos, que excluyeron consideraciones
históricas y culturales de la apropiación de dicho territorio.

Por los mismos años, en otro ámbito del departamento, en


la zona de Melgar, se gestaba el más grande proceso de rees-
tructuración agraria a nivel nacional. En ese caso, mediado a
través de la acción política del movimiento campesino y la es-
trategia de las tomas de tierra. Las comunidades campesinas
de ese ámbito, como Macarí y Santa Rosa, desde los años de
la formación de la ERPS Kunurana (1976)16, demandaban
al gobierno la reestructuración de las tierras de la empresa a
361
favor de las comunidades que no habían sido beneficiarias de
la reforma agraria. Para ello, las comunidades habían traba-
jado con organismos de desarrollo, como el Centro de Capa-
citación Campesina de Puno (CCCP), dirigido por Ricardo
Vega. En un proceso de casi diez años, las comunidades ha-

16 Expedientes del proyecto de transferencia de predios rústicos a la ERPS


Kunurana. DRA-Puno (1976, 1977, 1980).
Agro asociativo, lucha por la tierra y comunidad después de la reforma agraria en Puno, Perú

bían formulado pedidos a la Dirección Regional de Reforma


Agraria de Puno y al Ministerio de Agricultura en Lima, para
lo cual habían elaborado un expediente de reestructuración
en el que constaban las diferencias en la distribución de tie-
rras, como se muestra en el cuadro 3. Además del problema
de la cantidad de tierra, las ocho comunidades colindantes de
la ERPS argumentaban que la empresa había concentrado las
mejores tierras, mientras que las comunidades tenían un gran
porcentaje de sus territorios en zonas eriazas, tierras arcillosas
y laderas rocosas de los cerros.

Cuadro 3. Estructura y tenencia de la tierra en la ERPS


Kunurana y las comunidades colindantes antes de la
reestructuración (Melgar, Puno)

Promedio de
Comunidad Cantidad de Número de
hectáreas/
campesina hectáreas familias
familia
Macarí 753 120 6.2
Selque 7 322 106 69
Huamanruro 3 688 223 16.5
Quishuara 7 140 376 19
Santa Rosa 544 65 8.4
Kunurana alto 4 190 101 41.5
Kunurana bajo 4 960 100 49.6
Picchu 433 59 7.3
362
Total de ha 8 29 030 1150 ----
C.C.
ERPS Kunurana 38 956 154 253
Fuente: Expediente del Comité Técnico de Reestructuración (Elaboración: R.
Vega, 2005, p. 66).

Además del expediente técnico de reestructuración –elabora-


do inicialmente para solicitar tierras a favor de la comunidad

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María Luisa Burneo

indígena Macarí–, es posible comprobar en otras fuentes la


diferencia en el acceso a pastos entre los exfeudatarios, socios
de la ERPS y las familias de las comunidades vecinas17. Así,
por ejemplo, el atlas estadístico microrregional de 1977 seña-
la que Kunurana contaba con 90 962 cabezas de ganado, 405
hectáreas de pastos cultivados y más de 38 000 hectáreas de
pastos naturales, mientras que las ocho comunidades colin-
dantes sumaban un total de 66 hectáreas de pastos instalados
y unas 29 000 hectáreas de pastos naturales y zonas eriazas18.

En 1981, la elaboración del expediente técnico venía de la


mano con un proceso organizativo: se conformó el comité
técnico para la reestructuración democrática, que incluyó a
los asesores técnicos y a representantes de las comunidades
de la zona, así como a dirigentes de la Federación Unitaria
de Campesinos de Melgar (FUCAM), como Julián Páucar,
y de la Federación Departamental de Campesinos de Puno
(FDCP)19. Entre 1981 y 1985, hubo diversos pedidos de re-
estructuración, que no fueron atendidos por el gobierno. En
1983, el informe técnico fue presentado a CORPUNO y en
1984 al Ministerio de Agricultura. Sin embargo, las federa-
ciones campesinas nacional, departamental y provincial no
tuvieron respuesta. Ante la reiterada negativa de la Dirección
Regional Agraria y los vanos intentos de llegar al ejecutivo
nacional, en una gran asamblea campesina con la presen-
cia de todas las comunidades de Melgar, de dirigentes de la

363
17 CCP-FDCP “Reestructuración democrática del agro puneño. Vía cam-
pesinas comunera” (1986, p. 8).
18 Atlas estadístico de las micro regiones del departamento de Puno - Ofici-
na de Planificación Agraria, 1977.
19 Creada en 1978, la Federación Departamental de Campesinos de Puno
fue cercana a Vanguardia Revolucionaria entre 1978 y 1985, año de las
tomas de tierra de Melgar, y luego al Partido Unificado Mariateguista
(PUM) en los años 1985-1993. (Entrevista a Julián Páucar, dirigente de
la FUCAM y la FDCP).
Agro asociativo, lucha por la tierra y comunidad después de la reforma agraria en Puno, Perú

FUCAM y de la Confederación Campesina del Perú se deci-


dió la toma de tierras del Fundo Unión Milloni, propiedad
de la ERPS Kunurana20.

Así, luego de casi una década de pedidos y negociaciones in-


fructuosas, el 13 de diciembre de 1985 se movilizaron miles
de comuneros para tomar 10 000 hectáreas de tierras de Ku-
nurana, como relata el entonces presidente de la FUCAM:
“fueron días de lucha, llegaron miles de comuneros de todos
los sitios, marchamos para tomar las tierras del fundo Unión
Milloni [perteneciente a Kunurana], iban llegando a pie, en
camiones, así ha sido”21.

Los eventos descritos permiten argumentar que las tomas de


tierra por las comunidades de Melgar fueron el resultado de
un proceso de debate y movilización, y no una acción im-
provisada. Luego de estas primeras tomas, el gobierno aprista
aprobó una primera reestructuración de la ERPS, pero las
trabas del proceso terminaron por desencadenar las tomas
de tierra más grandes del país. Los dirigentes de la FDCP
y de la FUCAM la catalogaron como una reestructuración
fraudulenta, una estrategia para apaciguar a las comunidades.
Como expresa el fragmento siguiente rescatado por Vega, las
comunidades consideraban que se trataba de “una reestruc-
turación autoritaria, antidemocrática y antitécnica, sin par-
ticipación de las comunidades campesinas ni la FDCP…”
(Vega, 2005, p. 90). Asimismo, denunciaban que a las comu-
nidades se les había entregado nuevas tierras, pero en zonas
364 muy alejadas e incluso con superposición de beneficiarios
(dos comunidades con una misma zona adjudicada), lo cual

20 Para comprender las federaciones campesinas, la presencia de los partidos


de la llamada nueva izquierda y la Iglesia católica a través de las vicarías
del sur andino, véase Rénique, 2004.
21 Entrevista a Julián Páucar, actual presidente de la FDCP y expresidente
de la FUCAM durante las tomas de tierra en Melgar en 1985 y 1987.

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María Luisa Burneo

generó problemas de linderos, que es posible rastrear hasta


la actualidad. Esta situación llevo en 1987 a una moviliza-
ción de alcance departamental. Se calcula que unas 15 000
familias de 300 comunidades campesinas tomaron 640 000
hectáreas de diversas SAIS y ERPS en todo Puno, entre mayo
y junio. Luego de ello, el gobierno aprista se vio en la necesi-
dad de emitir el Decreto Supremo 006-1987, “aprobando” la
reestructuración de las tierras de las empresas asociativas del
departamento en beneficio de las comunidades campesinas.

El resultado de este proceso reacomodó la estructura de la


propiedad en Puno: de 1 740 311 hectáreas adjudicadas a las
42 empresas asociativas entre 1973 y 1976, las comunidades
se reapropiarían de 1 010 992 hectáreas durante el período
de la reestructuración. Con ello, la comunidad campesina se
consolidó como una organización y como instancia de de-
cisión colectiva. Se formalizaron e inscribieron alrededor de
500 nuevas comunidades en el departamento entre 1985 y
1990. En estas, como es sabido, el régimen de tenencia fue
el de parcelas individuales administradas directamente por
las familias comuneras, en coexistencia con ciertas áreas de
tenencia mixta o de manejo comunal de pastos con variantes
entre comunidades (Burneo y Trelles, 2019). Durante la dé-
cada de 1980, entre comunidades originarias que no gozaban
de inscripción previa y comunidades conformadas a raíz de
la reorganización de las tierras, se inscribieron oficialmente
788 comunidades campesinas, que agregadas a las existentes
sumaban 1274 en 199422. 365

Las trayectorias posteriores a la reforma agraria en el sur an-


dino tuvieron, por tanto, como principal característica, un
proceso de comunalización como estrategia de las familias

22 Archivos internos proporcionados en formato digital (Excel) para esta in-


vestigación por la Dirección Agraria Regional de Puno en julio de 2018.
Agro asociativo, lucha por la tierra y comunidad después de la reforma agraria en Puno, Perú

campesinas para garantizar su acceso a la tierra con reconoci-


miento estatal, un régimen variable de tenencia en su interior
y una clara tendencia hacia la tenencia familiar o individual.
Como han evidenciado Burneo y Trelles (2019) para el caso
de Ilave y Azángaro en el mismo departamento, entre 1992 y
1994 –y en adelante–, muchas de estas comunidades siguie-
ron el camino hacia la parcelación23. Es decir, un régimen
comunero pero basado en la microocupación familiar del
espacio, en el que la comunidad se transformó y redefinió
sus funciones, pero permaneció como un espacio de decisión
en aspectos colectivos que confluyeron en la década de los
años noventa con nuevos agentes políticos e institucionales
–como las municipalidades de centros poblados, las rondas
campesinas y los tenientes gobernadores–, que paulatina-
mente fueron cobrando mayor peso en la nueva configura-
ción del poder local.

Conclusiones

Las grandes empresas asociativas formadas durante la refor-


ma agraria en Puno, al igual que en otras regiones, siguieron
un camino marcado por presiones internas y externas que
las llevaron a su parcelación y disolución, con muy pocas
excepciones en el país. En este departamento, la trayectoria
regional lo llevó hacia un proceso de comunalización, similar

366
23 Entre los factores que explican la parcelación, se puede mencionar el pro-
ceso de municipalización (Quiñones, 2011), el abandono progresivo de
las comunidades y la pequeña agricultura familiar por parte del Esta-
do (Eguren, 2004) y nuevos flujos migratorios (Burneo y Trelles, 2019;
Pajuelo, 2005; Vilca, 2015), entre otros cambios. A pesar de ello, a fines
de 2018 existían 1303 comunidades campesinas inscritas en el departa-
mento, propietarias de más de dos millones de hectáreas de tierra titula-
das, es decir, la tercera parte de todo Puno.

Revista del Instituto Riva-Agüero


María Luisa Burneo

al del centro (Junín), pero con la particularidad de que se


consolidó un régimen de apropiación individual que coexis-
tió con una instancia colectiva. Las trayectorias presentadas
a partir del caso de la SAIS Picotani y la ERPS Kunurana
muestran inconsistencias del modelo del agro asociativo, que
van más allá del manejo administrativo y financiero, y rele-
van el peso de la dimensión histórica y social. Estas suponen
lógicas y patrones diferenciados de usos del espacio y de los
recursos que se combinan con acuerdos previos, cuyas huellas
no fueron fáciles de borrar, como tal vez asumieron algunos
cuadros técnicos del aparato reformista. Tanto los informes
técnicos revisados, como los archivos de actas de asambleas
comunales y las entrevistas realizadas a actores clave de esta
historia en Puno plantean la importancia de dos procesos
paralelos: la presión interna por recursos –principalmente
pastos–, y la presión de las comunidades vecinas, cuyas ex-
pectativas por el acceso a más y mejores tierras no se había
visto cubierta con las adjudicaciones de la década de 1970.
Ambos procesos definieron buena parte de las trayectorias
posteriores de las empresas asociativas en el departamento.

Los casos de Picotani y Kunurana dan cuenta de las limitacio-


nes de un cambio apresurado e impuesto sobre los regímenes
de tenencia de los pastores de altura. La nueva zonificación
de pastos emprendida por la Dirección Regional de Refor-
ma Agraria no tuvo los efectos esperados en un territorio,
donde los huaccchilleros circulaban en extensiones de pastu-
ras de forma estacional. Por otra parte, la apuesta ideológica
367
–sustentada en jornadas de capacitación y concientización
dirigidas a los exfeudatarios–, no bastó para romper una ló-
gica previa de manejo agropastoril ni para que las familias
abandonaran su ganado familiar en beneficio del ganado
de la empresa. El “asedio interno”, como lo llama Caballe-
ro (1978), no se superó. Una escasa comprensión del peso
de las lógicas previas y la ausencia de una lectura diacrónica
constituyeron un error. Si bien este no explica por sí solo el
Agro asociativo, lucha por la tierra y comunidad después de la reforma agraria en Puno, Perú

fracaso del modelo, en el caso del sur andino sí se convirtió


en una carga que las grandes empresas asociativas arrastraron
como un lastre hasta su desintegración.

Los casos estudiados muestran también que es fundamen-


tal tomar en cuenta la configuración regional particular: el
peso de las comunidades y la confluencia de un conjunto
de actores que van desde la ONG de desarrollo rural, parti-
dos de la nueva izquierda, federaciones campesinas (FCDP y
FUCAM) y hasta la apuesta de la Iglesia católica surandina
por la vía comunera, que le otorgaron un sustento institucio-
nal fuerte al proceso de la reestructuración. Este se dio por
la vía de las tomas de tierra, pero tenía como base acciones
previas tanto técnicas como jurídicas. A lo anterior se sumó
que en Puno Sendero Luminoso no logró tener el impacto
que tuvo en la destrucción parcial de SAIS, como la Cahuide
en Junín, entre otras (Comisión de la Verdad, 2003). Así, la
tan discutida vía comunera (Rénique, 2004, p. 284; Vega,
2005), finalmente, terminó siendo una apuesta distinta por
la recuperación no solo de las tierras, sino de un proyecto
comunal de reorganización del espacio y del poder local.

Todo ello, enfatiza la importancia que tuvieron los procesos


sociales –de origen previo a la reforma y que fueron más allá
de ella– en las transformaciones rurales del espacio sur andi-
no. Dentro de esos procesos, se consideran especialmente: (i)
la movilización de las familias comuneras por la administra-
ción directa de la tierra, (ii) la presencia de comunidades (al-
368 gunas de ellas consideradas ancestrales por su origen previo a
la llegada de las haciendas) y (iii) los nuevos procesos de co-
munalización derivados de las tomas de tierras y la reestruc-
turación agraria. En suma, los efectos de la reforma agraria a
mediano plazo en el caso de Puno permitieron mayor acceso
a las tierras para las familias campesinas y comunidades. Es
importante señalar que esto no quiere decir que todas ellas
sean de origen reciente; un grupo de estas comunidades –no

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es posible señalar la cifra exacta– en efecto lo son, ya que


se formaron de nuevos grupos campesinos conformados du-
rante la reforma, pero otras son antiguas comunidades que
habían sido parcialmente absorbidas o habían quedado en la
periferia de las haciendas y lograron su inscripción luego de
la reestructuración y de la aprobación de la Ley General de
Comunidades de 1987; otras, finalmente, provienen de an-
tiguas parcialidades indígenas –que aún hablan de sus ayllus
de procedencia– y se juntan para formar una sola comuni-
dad, logrando así reconocimiento y protección estatales.

Lo anterior permite concluir que las trayectorias regionales


de la reforma agraria –que incorporaron microprocesos pre-
vios–, contribuyeron a trascender una lectura de esta como
un evento puntual que culminó con la caída del modelo del
agro asociativo, para enmarcarla como parte de un proceso
de mayor alcance en el que se traslaparon proyectos distintos
–como la recuperación campesina de las tierras–, que toma-
ron una forma o rumbo particular a partir de ella. Más allá de
la desintegración de las grandes SAIS, lo cierto es que la re-
forma agraria en su trayectoria regional particular abrió paso
a la reestructuración de más de un millón de hectáreas y a
un proceso de comunalización con una forma de ocupación
familiar de la tierra. Luego de ello, el camino seguido por un
número importante de comunidades fue el de la parcelación
de las tierras entre sus comuneros, manteniendo sin embargo
la organización comunal como espacio de gestión y toma de
decisiones colectivas.
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Recibido: 15 de noviembre de 2019
Aprobado: 20 de marzo de 2020
Agro asociativo, lucha por la tierra y comunidad después de la reforma agraria en Puno, Perú

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