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Introducción a la Filosofía y su Naturaleza

Documento realizado para comprender el término que tiene la filosofía y su importancia en el ámbito
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Filosofía

Daniel Busdygan
Santiago Ginnobili
(editores)
Alejandro Adan
Christián Carman
Anabella Di Pego
Christián Riopa
Luis Robledo
María Jimena Solé
Juliana Udi

Índice de contenidos
Introducción

Versión digital de la Unidad

Carpeta de trabajo Unidad


Unidad
Unidad
Unidad

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19

Filosofía acerca de la filosofía

Daniel Busdygan
Alejandro Adan

Objetivos
•• Comprender las características principales de la disciplina.
•• Reconocer algunas de las dificultades que se abren en el momento de dar
una definición última de la filosofía.
•• Comprender la importancia de la filosofía.
•• Aproximarse a las características de los problemas filosóficos.
•• Reconocer los periodos del pensamiento filosófico.

1.1. ¿Qué es eso que llamamos filosofía?


Quienes emprenden una introducción a la filosofía suelen enfrentarse con un
primer gran interrogante: ¿qué es la filosofía? Como veremos a lo largo de este
capítulo inicial, la respuesta a esa pregunta clave no es para nada sencilla.
No obstante, entendemos necesario realizar un primer abordaje del problema
de la definición de la filosofía en el que se puedan intuir los lineamientos
generales de la disciplina.
En el momento de intentar responder la pregunta acerca de la filosofía pue-
den brindarse al menos dos estrategias. La primera de las estrategias para
saber qué es la filosofía acude al modo en que los grandes pensadores carac-
terizaron la disciplina. Como la filosofía es lo que los filósofos hacen, será en
los escritos filosóficos de ellos donde encontraremos la clave para desentra-
ñar el significado de la filosofía. La segunda estrategia para acercarnos a la
filosofía es filosofando. Esta estrategia práctica pone en el centro de la escena
a los problemas filosóficos y nos invita, por un lado, a que reconozcamos la
importancia que pueden tener para nuestra vida y, por otro, a que experimen-
temos las dificultades que se presentan cuando pretendemos dar respuesta
a una pregunta filosófica. Ambos abordajes conllevan dificultades, el primero
por los desacuerdos que existen entre los filósofos en la definición de la dis-
ciplina, el segundo, por la complejidad misma de la empresa. Más allá de los
resultados a los que lleguemos por una vía u otra, en ambos casos el objetivo
final es brindarnos la posibilidad de aprehender el quehacer filosófico y el tipo
de disciplina en particular en la que nos estamos iniciando.
Comenzaremos por el análisis de esta problemática. Para ello, considera-
remos una primera definición, intuitiva y provisional, y algunos problemas que
allí se presentan. Veremos que en el momento de abrírsenos una puerta para

Filosofía Daniel Busdygan - Santiago Ginnobili


20

entender su significado, emergen aparejados algunos problemas filosóficos


que dificultan arribar a una solución definitiva y con ello a una definición última.

1.1.1. Una primera aproximación a la naturaleza de la filosofía


Cuando atendemos a la etimología de la palabra filosofía (gr. φιλοσοφια,
lat. philosophía) vemos que es un sustantivo que nace de la conjunción de
dos palabras griegas; φιλο (philo: amor, amistad) y σοφια (sofía: sabiduría).
La etimología refiere al sentido de quien está cerca de la sabiduría, a una rela-
ción de amor o amistad con la sabiduría. Sin embargo, podemos preguntarnos
muchas cosas que aquí no quedan claras a partir de los dos conceptos que
componen la palabra: ¿cómo es la amistad o el amor a los que la etimología
hace referencia? ¿En qué medida ese o esos sentidos que les dieron los
griegos se han mantenido? ¿Es la sabiduría un saber de carácter personal y
vital o es de tipo impersonal y objetivo? (Villoro, 1975). Lo que motiva estas
preguntas entre muchas otras que pueden realizarse es la búsqueda de un
fundamento para validar el significado.
La etimología simple y llana que suele darse en forma de respuesta a la
pregunta acerca de qué es la filosofía poco aclara sobre su naturaleza. Es evi-
dente que para poder captar el significado de la filosofía debemos seguir inda-
gando, introduciendo preguntas que develen el entramado de cuestiones allí
dadas. Así pues, nos vemos de lleno en el quehacer filosófico. La respuesta
a un interrogante filosófico nos abre la puerta a otros interrogantes, nos invi-
ta a filosofar. Abrir una reflexión filosófica es dar cuenta de una actitud, una
motivación personal por la búsqueda de fundamentos.
En el momento de habernos preguntado por la naturaleza de la filosofía, el
acercamiento que nos abrió su etimología echó a andar otras preguntas que
agudizan el asunto. El sentido del concepto “sabiduría” abre, al menos, un
primer dilema. Sabiduría, por una parte, puede comprenderse como un ideal
de conocimiento intersubjetivo, mientras que por otra, puede pensarse como
una búsqueda personal e intransferible. También se abren polisemias y ambi-
güedades en referencia a lo que entendemos como amor o amistad: ¿qué es
el amor?, ¿qué es la amistad? Muchas son las respuestas a estos interrogan-
tes. Revisar la respuesta etimológica nos abrió a nuevos problemas. Esa bús-
queda incesante, esa indagación permanente e insatisfecha, que nos impone
nuevos interrogantes, nos coloca en el camino de la respuesta por el signifi-
cado de la filosofía: nos obliga a filosofar. Al filosofar arribaremos a una com-
prensión subjetiva del quehacer filosófico, puesto que habremos experimen-
tado en carne propia la filosofía.
Brindemos una primera respuesta provisoria a esa pregunta que indaga
acerca de la naturaleza de la filosofía. La filosofía es una actividad cognitiva
que pretende hallar la manera correcta de pensar sobre el conjunto de las
cosas y, a su vez, sobre los problemas que surgen en esa indagación. La inda-
gación filosófica es de suma importancia para nuestra vida y enfrentar sus
interrogantes implica una gran dificultad.

Filosofía Daniel Busdygan - Santiago Ginnobili


21

LECTURA OBLIGATORIA

No va para
Berlin, I. (2013), “El objeto de la filosofía”, en: Conceptos y catego-

OO rías, FCE, México, pp. 27-42.


Pensamiento Filosófico

LEER CON ATENCIÓN

La filosofía supone una actitud abierta a la libertad de pensar por

LL nosotros mismos los problemas y ponerlos bajo la lupa de la razón.


La filosofía pone en entredicho la trama de sentidos heredados, la
validez de creencias y opiniones, y hasta la legitimidad de nuestras
instituciones. Así es que esta actividad cognitiva se define por la bús-
queda de clarificación de las opiniones, las creencias, las preguntas
que nos hacemos, de los supuestos sobre los que asentamos gran parte
de nuestras convicciones y conocimientos, e incluso, de las palabras
mismas con las que pensamos.

El modo en el que se lleva adelante esa tarea de elucidación o desenmasca-


ramiento se basa siempre en justificaciones, es decir, ofreciéndose razones
a favor o en contra de las tesis (posiciones) que se abracen o se den por
supuestas. Así es que solo podremos establecer maneras más correctas
de pensar las cosas si consideramos, analizamos y examinamos nuestras
creencias, nuestros supuestos, opiniones y conocimientos, apoyándonos
sobre fundamentos razonados y justificados. Asimismo, lo que se sostiene
en filosofía siempre corre el riesgo de ser objetado, pero dicha objeción solo
podrá hacernos cambiar de parecer o posición si ella misma está sostenida
por razones atendibles y claramente identificables. Por otra parte, además
de la fundamentación y justificación de nuestras posiciones, el ejercicio de la
filosofía exige el atento examen de la consistencia del conjunto de proposi-
ciones que se analizan. Un conjunto de proposiciones es consistente cuando
es posible afirmarlas simultáneamente como verdaderas. Indicar un conjunto
de proposiciones que relevan un problema filosófico como inconsistente será
la evidencia de su impropiedad y ofrecerá la posibilidad de establecer nuevas
construcciones teóricas.

Una forma de tomar contacto con la actividad filosófica es observando,

xx experimentado y reflexionando sobre el modo en el que los filósofos


hacen filosofía. Veamos el siguiente caso.
Si nos preguntásemos, por ejemplo, “¿cuál es el significado de la vida?”,
el accionar filosófico habitual es intentar clarificar la pregunta antes que
darnos una respuesta (Hospers, 1980: 26). Y esto no es una evasiva pues,
en cualquier ámbito del conocimiento solo hay respuestas claras si antes
hubo preguntas claras. Ante esa pregunta, es preciso clarificar el concep-
to de “significado” que se utiliza en ella y para ello debemos examinar en

Filosofía Daniel Busdygan - Santiago Ginnobili


22

qué sentido se utiliza la palabra “significado” en la pregunta, ¿de forma


designativa o de manera expresiva? Ciertamente, palabras como “silla”,
“árbol”, “flor” o “gato” hacen referencia a ciertos significados y puede
atribuirse a ellas una definición designativa, pero ¿puede atribuirse a “la
vida” un significado en el mismo sentido que a las cosas mencionadas?
Pareciera que no. Por otro lado, los cuadros, las películas o las cancio-
nes pueden abordarse desde un sentido expresivo, desde los sentimientos
que nos inspiran en el momento de experimentarlos: ¿es en este senti-
do amplio y expresivo en el que se usa el término “significado” en este
caso? ¿Es “la vida” comparable a los cuadros, las películas, etc.? Aclarar
la pregunta es aclarar cómo entendemos el concepto de “significado”; a
su vez, esto nos lleva a un terreno de análisis del lenguaje que entrecru-
zará aspectos semánticos y pragmáticos en los que se nos abrirán nuevos
interrogantes acerca de cómo funciona el lenguaje en tanto representa-
ción de la realidad ¿En qué medida y cómo podemos acercarnos a una
“respuesta verdadera” para nuestras preguntas, valiéndonos del lenguaje?
La filosofía como actividad busca que clarifiquemos el modo en el que
pensamos. Permítasenos el siguiente juego reflexivo: que pensemos
sobre la manera en la que pensamos las cosas, sobre todo las que pue-
den ser de mayor importancia para nosotros.
Preguntarse por el significado de la vida parece un interrogante de la
mayor importancia. Como puede verse, de no clarificarse la pregunta no
podremos dar alguna buena respuesta; es más, no sabemos qué tipos de
respuestas serían aceptables para aquella pregunta. Pero demos una vuel-
ta más sobre el ejemplo antes de dejarlo de lado. Por amor de la argu-
mentación pensemos que la pregunta por el significado de la vida sea
aproblemática; ahora bien, ¿estaríamos en condiciones de responderla?
Ciertamente, nos traería serios inconvenientes precisar cómo daremos
tal respuesta, pues, puede ser que “la solución del enigma de la vida en
el espacio y el tiempo [circunstancia de la que no podemos salir] resid[a]
fuera del espacio y del tiempo” (Wittgenstein, 1997:179-181, §6.4312).
Preguntémonos: ¿podría saberse racionalmente desde adentro de la vida
cuál es el significado de ella o deberíamos permanecer escépticos a esa
posibilidad? Si pudiéramos dar una respuesta positiva en términos racio-
nales, ¿cómo se accede desde la razón a conocer el sentido de la vida? ¿Es
la filosofía o la religión la que debe responder este asunto? ¿Cómo sabre-
mos racionalmente cuándo hemos llegado a la respuesta correcta? ¿Cuál
es el criterio para determinar que es correcta? ¿Es una o son múltiples las
posibles respuestas correctas? ¿Cabe la posibilidad de que haya múltiples
respuestas y de que estas no sean contradictorias entre sí?
Ya finalizado este apartado en el que presentamos simplemente el
comienzo de un análisis, preguntamos: ¿podría darle respuesta racional
a la pregunta sobre el significado de la vida sin antes haber respondido
los interrogantes que surgieron a partir de su análisis?

Como el ejemplo lo muestra, la actividad filosófica ejerce con la pregunta un


análisis cuyo principal objetivo es pensar exhaustiva y claramente las cosas
que más nos preocupan. Los filósofos se han preocupado por cuestiones tales
como la mejor manera de vivir la vida, teorías sobre la verdad, cuál es la mejor
forma de gobierno, qué es el conocimiento, la justicia, la libertad, el poder,
el progreso, entre otras. Nuestro breve ejemplo no es solo una invitación a

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comenzar a filosofar seriamente y a conocer, desde a dentro, de qué puede


tratarse la filosofía sino que, además, intenta ilustrarnos sobre la manera en
que los filósofos procuran realizar un análisis crítico riguroso tanto del lenguaje
como de la estructura del pensamiento mismo.
Cuando llevamos adelante esta actividad cognitiva en la que pretendemos
hallar la manera correcta de pensar las cuestiones que más nos preocupan, lo
hacemos examinando cuidadosamente muchos de los conceptos con los que
acostumbramos pensar y sobre los que no solemos detenernos críticamente.

LEER CON ATENCIÓN

En este pensamiento crítico razonado, solo podremos encontrar esa

LL manera correcta si volvemos nuestra atención hacia el modo en que se


relacionan entre sí los conceptos que utilizamos, cuáles son las estruc-
turas lógicas de razonamiento que ponemos en juego cuando pensa-
mos y cuáles son los límites –cognitivos, culturales e históricos– que
poseemos en tanto seres humanos.

La actividad filosófica tiene un particular interés en revisar, pensar, examinar


los presupuestos sobre los que se alzan nuestros conocimientos; al decir de
René Descartes (1596-1650), los cimientos sobre los que se erige el edificio
del conocimiento y el proceso por el que se lo construye. Es por ello que,
cuando hacemos filosofía, debemos estar atentos a (a) si el conjunto de las
proposiciones es consistente y (b) si está justificada esa visión del mundo
–propia o ajena–. De nuestra actividad crítico-reflexiva surgirá alguna posición
sobre el asunto que estemos tratando –o quizá más de una–, la cual deberá
estar claramente justificada, es decir, sostenida sobre razones. Esa posición a
la que se llegue puede ser objetada o reafirmada, pero siempre estará abierta
al intercambio argumentativo en el juego filosófico.

LEER CON ATENCIÓN

Consiguientemente, en la actividad filosófica hay un doble movimien-

LL to: negativo y positivo. Por un lado, se deconstruye a través del aná-


lisis, poniendo en evidencia los supuestos injustificados de una posi-
ción que se analiza –y se nos libera de la ingenuidad de sostener una
creencia de modo dogmático–. Por otro lado, se construyen respuestas
que proponen, plantean algún tipo de saber que nos permita pensar
el mundo de una forma en particular.

Ciertamente, cualquier posible planteo que se dé o cualquier tesis a la que se


arriba en el terreno filosófico están expuestos a la deconstrucción, al análisis
crítico y a la reconstrucción que pueden hacer otros de ellos.
Retornemos a la cuestión inicial que habíamos disparado al inicio de este
apartado. A lo largo del texto, nos hemos acercado de un modo provisorio a
una definición de la filosofía, pero la pregunta por la naturaleza de la filosofía

Filosofía Daniel Busdygan - Santiago Ginnobili


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no queda respondida; aún resta darnos alguna definición acabada de qué es.
Y esto se debe a que, en el momento de tomarnos en serio la pregunta, se
abre una caja de Pandora con muchas otras preguntas filosóficas, las cuales
deben ser respondidas si se quiere aprehender de un modo definitivo la natu-
raleza de la filosofía, a saber: ¿es la filosofía una actividad sin contenido o es
una ciencia con un corpus de saber? ¿Es un tipo de saber que aspira a ser
ciencia? ¿Es un tipo de saber subjetivo, provisional e intransferible? ¿Posee
un método específico? ¿Se puede hablar de progreso en filosofía?
Por cierto, la pregunta “¿qué es la filosofía?” nos llevó a problemas serios
en el orden filosófico, que nos impiden asir fácilmente una definición definitiva
de filosofía. Podría incluso pensarse que cualquier definición que se dé estará
sujeta a objeciones y a nuevas miradas que nos sugieren la imposibilidad de
dar una definición inobjetable. No obstante, veamos en la siguiente sección
algunas definiciones de la filosofía que fueron dadas por filósofos importantes
y juzguemos si alguna de ellas responde a la pregunta.

No va para
EE
Pensamiento Filosófico

Examined Life (Vida examinada) es un gran documental de Zeigeist


Film, dirigido por Astra Taylor, en el que algunos de los más impor-
tantes filósofos contemporáneos reflexionan sobre la filosofía y sus prin-
cipales problemas.
<http://www.youtube.com/watch?v=D1RyVTMZJB8>
No va para
Pensamiento Filosófico

1.

KK Luego de haber visto el documental, explicite al menos tres definicio-


nes sobre qué es la filosofía, según lo dicho por algunos de los filósofos
que lo protagonizan. Asimismo, responda ¿para qué sirve la filosofía?

LECTURA RECOMENDADA
No va para
Pensamiento Filosófico

RR
Russell, B. (1912), Los problemas de la filosofía. Varias ediciones. Disponible en:
http://www.enxarxa.com/biblioteca/RUSSELL%20Los%20problemas%20de%20
la%20filosofia.pdf

Nagel, T. (1995), ¿Qué significa todo esto? Una brevísima introducción a la filosofía,
FCE, Buenos Aires.
Blackburn, S. (1999), Pensar. Una incitación a la filosofía, Paidós, Barcelona.

Kenny, A. (2005). Breve historia de la filosofía Occidental, Paidós, Barcelona.

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25

1.1.2. La filosofía se dice de muchas maneras


Para responder a la pregunta “¿qué es la filosofía?”, podemos utilizar una
estrategia en la que se revise una diversidad de definiciones sobre la filosofía
dadas por prestigiosos filósofos a lo largo de distintos periodos y desde dife-
rentes concepciones. Recorramos, entonces, algunas de las definiciones de
la filosofía que se ofrecieron.

1. Los primeros que procuraron una definición de la filosofía fueron los grie-
gos del siglo VI antes de Cristo. Para ellos la filosofía constituye un cuer-
po de conocimientos racionalmente fundados cuyo contenido nos permite
explicar la totalidad de la realidad.

CC
Al filósofo le corresponde la posibilidad de especular sobre todo […]
(Aristóteles, 2000c, Metafísica IV, 2: 1004).

Lejos del mito, del arte y de la religión, la filosofía es ciencia universal; ciencia,
porque es un saber inherentemente racional y universal porque nos permite
dar cuenta del sentido de la realidad como totalidad. La razón de ser de esta
ciencia no persigue objetivos pragmáticos, es desinteresada, es la búsqueda
del saber por el saber mismo. Sócrates (470-399 a. C.) refrendará esta idea
también en el orden práctico y sostendrá que

CC
Una vida sin examen [filosófico] no vale la pena ser vivida (Platón, 2000:
XXVIII).

A través de Sócrates, la filosofía griega toma para sí el apotegma délfico


“conócete a ti mismo” y lo reinterpreta para repensar lo humano de modo
racional. Conocernos a nosotros mismos implica llevar adelante (a) una actitud
de asombro por lo dado, por lo ordinario que nos conduce a la búsqueda de
la verdad y (b) nos somete a los interrogantes que la realidad nos presenta,
buscando siempre darnos respuestas racionalmente justificadas. Al tiempo
que un hombre, un ciudadano practica la filosofía, actualiza lo que para los
clásicos era lo propio –lo específico– de lo humano: la razón. Por tanto, la defi-
nición entiende que la filosofía es una ciencia que tiene acceso al porqué de
todas las cosas, no se queda simplemente con la experiencia sino que debe
brindarnos una explicación racional sobre las causas, ir hasta los principios
fundamentales.

2. Muchos siglos más tarde René Descartes (1596-1650) dará su definición


de filosofía comenzando por la etimología para después ponerla en un lugar
privilegiado en relación con los demás saberes.

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26

CC
[…] Esta palabra ‘filosofía’ significa el estudio de la sabiduría y que por sabidu-
ría no se entiende solo la prudencia en el obrar, sino un perfecto conocimiento
de todas las cosas que el hombre puede saber tanto para la conducta de su vi-
da como para la conserva­ción de la salud y la invención de todas las artes; y
que para que este conocimiento sea tal, es necesa­rio deducirlo de las prime-
ras causas; de manera que, para aplicarse a adquirirlo –lo que propiamente se
llama filosofar–, haya que comenzar por la investigación de estas primeras cau-
sas, es decir, de los principios; y que estos principios deben tener dos condi-
ciones: una, que sean tan claros y tan evidentes que el espíritu humano no
pueda dudar de su verdad, cuando se aplica con atención a considerarlos; la
otra, que de ellos dependa el conocimiento de las demás cosas de manera
que puedan ser conocidos sin ellas, pero no a la inversa, Estas sin aquellos
[…] (Descartes, 1980: 297).

Descartes nos llama a filosofar para hacernos de los conocimientos fundamen-


tales, de una verdad que guíe la prudencia. Para Descartes, la filosofía tiene la
capacidad de llegar a verdades de las que todos los demás saberes dependen.

3. Para Immanuel Kant (1724-1804), existen conjuntamente dos conceptos


de la filosofía que no son más que polos de una tensión interna en la dis-
ciplina. Uno, la filosofía es ciencia de los principios y las leyes que rigen el
entendimiento humano. En ese sentido, la filosofía es un sistema riguroso
de conocimientos y nociones propias que son equivalentes a los de cual-
quier ciencia especializada (Schulbegrift), la filosofía es un saber al modo
escolástico. Por otro lado, la filosofía es una actividad que plantea pregun-
tas sobre cuestiones universales inherentes a la condición humana y sus
fines últimos (Weltbegriff) –las cuales quizá no puedan responderse–, un
interrogarse cósmico sobre las grandes cuestiones del hombre. En todo
caso Kant nos recuerda que:

CC
[…] deber es de la filosofía el disipar los engaños producidos por la mala inte-
ligencia, aunque para ello no sea menester destruir las más queridas y encan-
tadoras ilusiones (Kant, 1984: 82-83).

4. Bertrand Russell (1872-1970) nos dice que la filosofía, es una actividad


que

CC
aspira primordialmente al conocimiento… una clase de conocimiento que nos
da la unidad y el sistema del cuerpo de las ciencias, y el que resulta del exa-
men crítico del fundamento de nuestras convicciones, prejuicios y creencias.
Pero no se puede sostener que la filosofía haya obtenido un éxito realmente
grande en su intento de proporcionar una respuesta concreta a estas cuestio-
nes (Russell, 1912: 75).

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27

Para el filósofo inglés, si bien la filosofía no ha llegado a obtener conocimien-


tos comparables con los de las ciencias, aspira a llegar a ellos. Su valor
reside, para el autor, en que la filosofía es una actividad racional más empa-
rentada con el encuentro con las incertidumbres en el conocimiento que con
las certezas, un ejercicio en el que nos desfamiliarizamos de lo familiar, nos
abrimos a preguntas analítico-críticas sobre nuestros conceptos, creencias y
convicciones.

5. Ludwig Wittgenstein (1889-1951) va más allá, y dice que

CC
[…] La filosofía no es una doctrina, sino una actividad. Una obra filosófica
consta esencialmente de aclaraciones […]
La filosofía delimita el ámbito disputable de la ciencia natural
(Wittgenstein, 1997: 67: §4.112, §4.113).

En tal sentido, según el austriaco, no deberíamos entender a la filosofía como


un sistema de conocimientos y menos como una ciencia. Por esto, para él, no
existen verdades filosóficas. Al hacer filosofía subimos por una escalera que
debemos arrojar después, al finalizar su recorrido (1997: 183: §6.54); para él
la filosofía constituye una terapia que disuelve muchos problemas que se nos
abren a partir de la naturaleza engañosa del lenguaje. Es un tipo de actividad
peculiar que nos ayuda a “deshacer los nudos” que puede haber en nuestro
pensamiento y que se vale del lenguaje mismo, esto es, no está provista de
otro lenguaje con algún contenido propio. Es una actividad indispensable para
delimitar los dominios de las ciencias naturales.

6. Desde otra tradición filosófica, Michel Foucault (1962-1984) sostiene que

CC
[…] después de Nietzsche, la filosofía tiene como tarea diagnosticar y no tratar
más de decir una verdad que pueda valer para todos y para todos los tiempos
[…] [el filósofo debe] […] realizar un diagnóstico del presente: decir lo que no-
sotros somos hoy y lo que significa, hoy, decir lo que somos. Este trabajo de
excavación bajo nuestros pies caracteriza desde Nietzsche al pensamiento
contemporáneo (Foucault, 1994: 606).

Este pensador contemporáneo nos invita a circunscribir a la filosofía como


una reflexión situada, en la que estamos obligados a “excavar” en el suelo
de certezas que pisamos. Ese trabajo no nos llevará a ninguna verdad última,
Foucault nos alienta a no creer en las verdades porque detrás de ellas se
encubre una historia de poder. Así, filosofía no es más que la reflexión del
presente sobre un presente contingente.

7. Max Horkheimer (1895-1973) señala que la filosofía es un saber crítico


de lo que la sociedad nos dicta como metas, como proyectos personales.

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28

CC
La filosofía descubre la contrariedad en la que están envueltos los hombres
cuando, en su vida cotidiana, están obligados a aferrarse a ideas y conceptos
aislados. […] es el intento metódico y perseverante de introducir la razón en el
mundo; eso hace que su posición sea precaria y cuestionada. La filosofía es
incómoda, obstinada y, además, carece de utilidad inmediata; es, pues, una
verdadera fuente de contrariedades (Horkheimer, 1974: 272).

8. Por otro lado, Gilles Deleuze (1925-1995) nos dice que la filosofía es “la
disciplina que consiste en crear conceptos”. El filósofo es aquel que tiene
el poder sobre los conceptos y la potencia de crearlos. El francés recuer-
da que

CC
[fue] Nietzsche [quien] determinó la tarea de la filosofía cuando escribió ‘Los
filósofos ya no deben darse por satisfechos con aceptar los conceptos que se
les da para limitarse a limpiarlos y darles lustre sino que tienen que empezar
por fabricarlos, plantearlos y convencer a los hombres de que recurran a ellos.
Hasta ahora, en resumidas cuentas, cada cual confiaba en sus conceptos co-
mo en una dote milagrosa procedente de algún mundo igual de milagroso’, pe-
ro hay que sustituir la confianza por la desconfianza, y de lo que más tiene que
desconfiar el filósofo es de los conceptos mientras no los haya creado él mis-
mo […] (Deleuze y Guattari, 1993: 11).

La filosofía, para Deleuze, tiene por propósito pensar críticamente y ser, por
definición, contraria a su tiempo. En ella está la inutilidad a todo poder: no
sirve para servir, sirve para manifestar la mediocridad. Nos dice, además, que:

CC
Cuando alguien pregunta para qué sirve la filosofía, la respuesta deber ser
agresiva ya que la pregunta se tiene por irónica y mordaz. La filosofía no sirve
ni al Estado ni a la Iglesia […] No sirve a ningún poder establecido… sirve pa-
ra entristecer, la filosofía que no entristece o contraría a nadie no es filosofía.
Sirve para detestar la estupidez, hace de la estupidez una cosa vergonzosa.
Solo tiene este uso: denunciar la bajeza del pensamiento en todas sus formas
(Deleuze, 1971: 149).

9. Para Isaiah Berlin (1909-1997) la filosofía es un saber que se abre al aná-


lisis de los modos de pensar de su tiempo y que, luego, tiene el deber de
pensarse a sí misma.

CC
La tarea de la filosofía […], consiste en desenterrar, en sacar a luz las catego-
rías y los modelos ocultos en función de los cuales piensan los seres huma-
nos (estos es, el uso que hacen de palabras, imágenes y otros símbolos) […]
y, luego, en nivel todavía ‘más alto’, consiste en examinar la naturaleza de su
propia actividad […] y sacar a la luz los modelos ocultos que actúan en esta
actividad de segundo orden, filosófica (Berlin, 2013: 40-41).

Filosofía Daniel Busdygan - Santiago Ginnobili


29

Conforme iban dándose anteriormente las definiciones, podía advertirse que


en la filosofía hay algo fundamental: una actitud de develar, desenterrar o expli-
citar cuáles son los supuestos que están detrás de nuestros conocimientos,
opiniones, modos de vida, formas de pensar, etc. La forma de hacerlo consiste
en el ejercicio libre de la pregunta pertinente, la pregunta de la que difícilmente
podemos escapar si queremos resolver el asunto en juego.
Las preguntas filosóficas están surgiendo a medida que intentamos reflexio-
nar sobre la naturaleza de la filosofía. Estas nos invitan a que habilitemos una
nueva mirada sobre lo que sabemos e incluso a que cambiemos la perspectiva
desde donde lo hacemos. Cabe preguntarnos si efectivamente una de las defini-
ciones anteriores capta la definición de filosofía o si esa empresa es imposible.
Ciertamente, tanto la respuesta positiva como negativa son harto problemáticas.
Aunque cada definición de la filosofía nos brinde un acercamiento a la com-
prensión de lo que es, ellas en conjunto son la evidencia del desacuerdo pro-
fundo que hay en esa materia. Las definiciones que presentamos no abordan
la problemática desde una misma perspectiva y en muchos casos se oponen
abiertamente. No hemos llegado más que a la suma de definiciones que, indu-
bitablemente, no van todas en el mismo sentido y, con frecuencia, son inco-
nexas. Parecería que la filosofía puede ser tanto una ciencia como no, una
actividad terapéutica, política o hasta incluso artística.
Si bien para saber qué es la filosofía podríamos simplemente dejarnos
habitar por filosofías, filósofos y “filosofemas”, eso conlleva el riesgo de tra-
zar un mapa tan amplio como el territorio que se intenta retratar. Para no caer
en ese error, ni hacer un recorte sesgado, es preciso buscar (provisoriamen-
te) alguna/s naturaleza/s de la filosofía, claro está, intentando evitar hacerlo
desde una concepción determinada. En caso de no hacerse ese intento, no
habría introducción más frustrante a un campo de saber que aquella que tiene
en su letrero de entrada la leyenda: “Nadie pudo saber jamás qué es especí-
ficamente este lugar al que Ud. está entrando”.

II

Relatividad (litografía, 1960), por Maurist Cornelis Escher


Fuente: http://www.mcescher.com/

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30

2.

KK a. Desarrolle cuáles son algunos de los denominadores comunes que


aparecen en las definiciones de filosofía antes ofrecidas.
b. ¿Qué analogía(s) puede establecer entre el cuadro de Escher y las
definiciones de la filosofía dadas?

1.2. El problema de la pregunta acerca de la filosofía


Toda introducción a la filosofía que evite ser sesgada, parcial o dogmática
resulta una tarea complicada. Nuestra introducción, que comenzó con el
enfrentamiento al interrogante acerca de la naturaleza de la filosofía, nos obli-
ga a seguir analizando con mayor profundidad qué es la filosofía. Desde algu-
nas tradiciones filosóficas se ha defendido la tesis de que la filosofía posee
una sustancia similar a la de las ciencias; otras han sostenido que esta no
constituye ninguna materia en particular sino más bien una actividad con par-
ticularidades precisas; asimismo, están quienes afirman que la filosofía debe
pensarse en el terreno de la política más que en el terreno de las ciencias, o
que quizá deba pensarse con similitud a la perspectiva reflexiva que el arte
–i.e. poiesis– nos abre del mundo. Por ello, al plantearnos el interrogante “¿qué
es la filosofía?”, no nos hicimos una pregunta fácil. Con aquella pregunta, nos
acercamos y nos abrimos a un interrogante al que muchos filósofos de distin-
tas épocas han intentando dar alguna respuesta concluyente y sobre el cual, a
pesar de los buenos intentos realizados por ellos, no existe desde dentro de la
filosofía o del quehacer filosófico una respuesta definitiva, incontrovertible, en
la que se dibujen con precisión los límites de lo que entendemos por filosofía.

1.2.1. La búsqueda de una definición entre las definiciones


El camino recorrido hasta aquí nos permite decir algo sobre la filosofía.

LEER CON ATENCIÓN

Que a lo largo de la historia de la filosofía se hayan dado varios sig-

LL nificados de ella y, en muchos casos, contrariándose entre sí, ya nos


está dando ciertas referencias sobre este campo del saber: la filosofía
posee una naturaleza polimorfa, abierta y dinámica. Esa naturaleza
particular de la filosofía, ciertamente, no puede aprehenderse de un
único modo.

Prueba de esto es que la historia de la filosofía ha concebido múltiples formas


de ser y de hacer filosofía. En nuestros días subsisten y coexisten muchas
tradiciones filosóficas diferentes, variados y disímiles estilos de escritura
filosófica, distintos modos en los que la producción filosófica se institucio-
naliza y se canaliza, diversas formas de argumentación y de relación que las
filosofías llevan adelante con otros campos del saber. Tamaña diversidad en
la que se da la filosofía tiene un carácter tan dinámico que no solo impide que
podamos encerrar a este tipo de saber o actividad en alguna de sus formas

Filosofía Daniel Busdygan - Santiago Ginnobili


31

en particular, sino que además evita que encontremos un conjunto de carac-


terísticas definitivo y definitorio. La filosofía alberga en su seno a pensadores
y filosofías muy heterogéneas. Son manifestaciones de la filosofía las que se
desarrollan en el estilo que va de Aristóteles, Descartes, Marx, Russell a Rawls
como en el que va de Heráclito de Éfeso, Nietzsche, Heidegger a Benjamin. Lo La filosofía toma la forma de un
que no es claro es determinar qué tienen estas manifestaciones en común. metalenguaje, es decir, un len-
Al mirar la historia de la filosofía podemos reconocer una multiplicidad de guaje que se utiliza para analizar
detalladamente a otro. A pesar de
filosofías en la que, de hecho, convergen y divergen diversos vocabularios, fina- que el lenguaje de la metafiloso-
lidades, métodos y estilos. En ella se abren significados en disputa, diversas fía sea idéntico al de la filosofía
formas de hacer y decir qué es la filosofía. Una investigación que intente defi- sobre la que se habla, constitu-
ye un lenguaje de orden superior
nir la filosofía implica ahondar en el quehacer filosófico, en aquello que refleja
porque este tiene como propósito
sus múltiples caras. ¿Qué caracteriza a la filosofía? ¿Será acaso que hay filo- elucidar la estructura de la activi-
sofías y no solo una filosofía? En cada caso ¿es una materia con un corpus dad filosófica. Para resolver qué
de conocimientos o más bien una serie de actos de clarificación? es la filosofía se precisa analizar-
la desde un nivel superior aunque
también filosófico. ¿Podría ana-
lizarse la metafilosofía? ¿Podría
1.2.2. La autorreflexión disciplinar haber metafilosofías?
La filosofía es una disciplina que vuelve sobre sí misma, de la que ella misma
es un contenido. La definición de la filosofía ha constituido todo un problema
filosófico del cual en particular se ha encargado la perifilosofía, la “filoso-
fía de la filosofía” (Dilthey [1945], 1997), posteriormente denominada como
“metafilosofía” (Lazerowitz [1940], 1963). La metafilosofía abre la indagación
sobre la/s naturaleza/s de la filosofía, las características del lenguaje y del Richard Rorty (1967) fue quien
discurso filosófico, el contenido, si existen filosofías más que filosofía y cuál dio mayor relevancia al término
es su método. acuñado por Lazerowitz. A pesar
de cierto consenso, este térmi-
La filosofía de la filosofía, o la metafilosofía, intenta responder: ¿para qué
no también suele utilizarse de
sirve la filosofía?, ¿progresan en algún sentido sus conocimientos, en el caso modo muy diferente para referir-
de tenerlos?, ¿existe/n los método/s filosófico/s?, ¿qué hace que un proble- se al fin de la filosofía. El prefijo
ma sea un problema filosófico?, etc. Está claro que esta disciplina filosófica griego meta puede leerse como
“más allá” o “después de” y en
se ha encargado de poner en discusión a la actividad filosófica, lo que signi- ese sentido se ha tomado como
fica ciertamente que la filosofía se ha vuelto sobre sí misma, ha generado un sinónimo de posfilosofía.
pensamiento reflexivo acerca de su quehacer, sus problemas y sus solucio-
nes. Con ello, algo más podemos decir sobre la filosofía: que ella es para sí
un objeto de investigación propio. A propósito de este particular se podrían
subrayar dos puntos.

1. Esta capacidad autorreflexiva diferencia a la filosofía de otras formas de


saber, pues, esta disciplina abre un campo problemático en el que ella
misma es la que está siendo examinada, en el que se “(auto)plantea” cuá-
les son sus bordes, hurga en cuáles son sus propios fundamentos, investi-
ga cuál y cómo es su actividad, e indaga cuáles son su presente y su futu-
ro. Cuando la filosofía no está acompañada por la reflexión metafilosófica,
corre el serio riesgo de convertirse en dogma. Por ello, la pregunta “¿qué es
la filosofía?” no persigue un propósito sencillo, abre una búsqueda metafi-
losófica que en el momento de intentar dar las características definitorias y
relacionales con otros saberes desencadena muchísimas preguntas cuyas
respuestas en alguna medida redirigen y transforman a la filosofía misma
desde su interior. Los resultados a los que se llega en la metafilosofía, la
descripción que se hace de la filosofía misma, tienen un componente nor-
mativo, porque no solo se dice qué es, sino que simultáneamente se esta-
blece cómo debe ser.

Filosofía Daniel Busdygan - Santiago Ginnobili


32

II

Manos dibujando (1948), Maurist Cornelis Escher.


Mientras que el papel está clavado, las manos se dibujan mutuamente,
rompen con la planicie de la superficie y se despegan de la hoja.
Fuente: http://www.mcescher.com/

2. Entre muchos de los problemas que la filosofía trata –aquellos que induda-
blemente aparecen en su repertorio de asuntos y que serán objeto de exa-
men en esta carpeta– “la filosofía” cuenta como uno más de ellos. Pero
el problema de caracterizar la disciplina filosófica no es un problema más
como cualquier otro, y esto por al menos dos razones.
La primera de estas razones es que el problema de qué es la filosofía es
autorreferencial necesariamente. Cuando se plantea la cuestión, se esta-
blece desde y hacia adentro de ella misma, en otras palabras, “[…] la filo-
sofía, para saber sobre sí misma, no puede recurrir a una mirada ajena,
desde otra disciplina, solo puede recurrir a su propia imagen en el espejo.
Ese espejo, devuelve, por cierto, tantas imágenes diferentes como filoso-
fías distintas se proyectan en él” (Nudler, 2010: 20). En alguna medida,
para saber qué es la filosofía deberíamos situarnos adentro de la filosofía,
no podemos esperar que la definición provenga de la física, la economía
o del arte: ella solo puede recurrir a reflejarse en su propia mirada. Solo
se sabe qué es la filosofía desde el interior de la filosofía. De este modo,
en el momento de acercarnos a su definición, la filosofía parece habernos
tendido algún tipo de sutil trampa, nos encontramos en alguno de sus labe-
rínticos territorios filosóficos sin habérnoslo propuesto. Esto no sucede con
la física, por ejemplo, que bien se puede saber qué es sin tener que hacer
física.
La segunda razón es que el problema de la naturaleza de la filosofía no
constituye un problema al que la filosofía pueda estar o elegir ser ajena, no
es un problema de autorreferencialidad del que pueda desligarse fácilmen-
te un filósofo. Cierta característica analítico-crítica de la filosofía necesaria-
mente obliga a intentar resolver estos temas de su identidad, sus límites,
su práctica, etc., y esa necesidad se funda sobre la naturaleza indagadora
de la filosofía.

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33

II

El efecto Droste, una clase de imagen recursiva que adquiere su nombre


del diseño del envase de cacao en polvo de una de las marcas alimenti-
cias principales de Holanda. De Jan (Johannes) Musset.
Fuente: <http://escherdroste.math.leidenuniv.nl/images/droste.jpg>

Dado que la naturaleza de la filosofía constituye un serio tema-problema dentro


de un gran repertorio de problemas filosóficos, ¿qué podemos precisar enton-
ces acerca de la filosofía? Siguiendo un consejo de Russell que sugiere mejor
tener incertidumbres seguras que certidumbres inseguras, podemos decir que
la naturaleza de la filosofía es racional, autorreflexiva, polimorfa, dinámica y
cambiante. Las respuestas sobre la actividad filosófica van desde conside-
rarla una actividad científica que puede llegar a verdades hasta una actividad
terapéutica sin contenido, una actividad política, poiética, moral e incluso un
tipo de pensamiento análogo al pensar poético. En ese sentido, podemos
realizar una categorización de cada una de estas orientaciones y determinar
los denominadores comunes en cada caso. Evidentemente, es difícil aceptar
o sintetizar todas las orientaciones dentro de una definición. Veamos cuáles
son esas orientaciones u concepciones en las que se pueden desplegar los
ejes de la filosofía.

LECTURA RECOMENDADA No va para


Pensamiento Filosófico

RR
Nudler, O. (2010), “Los problemas de la Filosofía de la filosofía”, en: “Filosofía de la
filosofía”, Enciclopedia Iberoamericana de Filosofía, vol. 31, Trotta, Madrid, pp. 19-48.

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34

No va para
Pensamiento Filosófico
3.

KK A partir del cuadro de Escher Manos dibujando, ¿qué vinculación puede


establecer entre esa imagen y la tarea de la metafilosofía?
Comparta sus conclusiones en el foro.

1.2.3. Concepciones de la filosofía


El significado de filosofía parece poseer un carácter polisémico abordado y
caracterizado de diversas formas desde distintas escuelas, concepciones,
doctrinas, tradiciones o movimientos filosóficos. En ese sentido, si intentára-
mos una presentación que pretenda una demarcación definitiva y universal del
significado, esa empresa parecería destinada al fracaso. Filósofos analíticos
o continentales, escolásticos o marxistas, pragmáticos o positivistas lógicos,
fenomenólogos, estructuralistas o posestructuralistas han dado explicaciones
muchas veces encontradas sobre lo que significa la filosofía. En consecuencia,
queda apuntar nuestra mirada hacia cuáles han sido las principales respues-
tas que se han dado al asunto y trazar a partir de allí ciertos ejes que nos
permitan ver distintas orientaciones de la filosofía. En ese sentido podemos
decir que hay dos concepciones u orientaciones acerca de la filosofía; (a)
como ciencia; (b) como actividad –articulada con o complementaria del saber
científico–. Las doctrinas filosóficas responden en algún punto de forma com-
pleta o parcial a las características que presentan en estas categorías puras,
por ello, estas orientaciones pueden verse como modos de ser de la filosofía,
excluyentes entre sí en algunos casos o con algún grado de recíproca comple-
mentariedad en otros.
En sendas orientaciones, se plantean diversas caracterizaciones sobre tópi-
cos insertos en la pregunta por la definición: el/los objeto/s de estudio de la
filosofía, su/s naturaleza/s, método/s, finalidad/es o función/es y modo/s de
hacerse. Cada una de las orientaciones presentadas da diferentes respues-
tas o presenta ciertas notas relevantes sobre los cinco tópicos mencionados
arriba. La manera en la que se definen esos tópicos en cada caso nos hablará
no solo de la filosofía sino también de su relación con materias de diferentes
campos del saber –científico o religioso– y de cuál es su valor social, político
o personal, si por caso lo tuviera.

La filosofía como ciencia


Quienes sustentan esta orientación cognoscitiva de la filosofía lo hacen sobre
la base de dos postulados: “(I) la filosofía se distingue de las ciencias aunque
está estrechamente relacionada con ellas; (II) en esa relación la filosofía tiene
[…] una posición jerárquica en el corpus del saber” (Nudler, 2010: 24). Es así
que la filosofía concebida como una ciencia o semejante a ella, se define como
un saber: (a) teórico desinteresado, (b) objetivo (c) universal, (d) sistemático
y metódico.
La filosofía no es un medio para sino un fin en sí mismo. Posee rigurosidad
analítica y conceptual al igual que toda ciencia, y cabe esperar que puedan
darse ciertos avances en sus teorías a lo largo de la historia de la disciplina.
La filosofía constituiría un corpus de conocimientos positivos en el que todo
se sostiene porque: es evidente, es producto de una demostración a priori a
partir de principios innegables, o ha sido verificado, aceptado o comprobado
a posteriori siguiendo metódicamente algún proceso justificado. Pero la orien-

Filosofía Daniel Busdygan - Santiago Ginnobili


35

tación cientista de la filosofía entiende que el conocimiento filosófico no solo


se caracterizaría por poder desplegar rigurosidad conceptual, afirmaciones jus-
tificadas y reflexividad crítica, sino que además constituiría un tipo de conoci-
miento privilegiado en relación con las demás ciencias.
El saber filosófico no solo constituye el saber más general de todos los
saberes sino que además es un tipo de saber sin supuestos, se funda a sí
mismo (Villoro, 2006: 64-73), y poseería la capacidad de ser el fundamento de
los demás conocimientos. La filosofía constituye una materia cuyo objeto de
estudio son temas-problemas con un alto grado de generalidad; en ese senti-
do, se pregunta sobre la naturaleza (o estructura) de la realidad, la forma en
la que conocemos, los fundamentos sobre los que yacen todas las verdades,
cómo los entes están conectados, etcétera.
A diferencia de las demás ciencias que solo aplican sobre parciales, el
saber filosófico posee conocimientos que son de suma importancia en gene-
ral para la condición humana, conocimientos que guardan una relación profun-
da –aunque no evidentemente directa– con todos los valores, la política, las
religiones, las culturas y los demás conocimientos de las ciencias. Así, esta
materia constituye un conjunto de conocimientos que permiten hacerse de
una rigurosa visión sinóptica en la que sus conceptos muestran la estructura
de la realidad; se pretende desplegar un saber fundacional con justificaciones
universalmente válidas que posean peso normativo. El objeto de estudio que
tiene la filosofía le permite desplegar una visión sinóptica –que solo podría
desplegar la filosofía (Nudler, 2010; Rorty, 1991)– obteniendo o dándose a
sí misma la mayor jerarquía epistémica en relación con las demás formas de
conocimientos.
Si hiciéramos una división de las ciencias por sus objetos de estudio e
importancia en términos relacionales, la filosofía poseería un lugar cardinal, un
estatuto teórico superior, en relación con los otros saberes. O bien madre de
todas las ciencias (Aristóteles) o bien jueza escrutadora del conocimiento cien-
tíficamente posible (Kant), la filosofía puede ser aquella ciencia que tiene un
acceso directo a un objeto de estudio que le entrega una visión sobre la tota-
lidad del saber, o bien aquella ciencia en la que se constituye un tipo de saber
crítico de orden superior al de la ciencia (un conocimiento de segundo orden,
es decir un conocimiento acerca del conocimiento). Son Platón y Aristóteles
quienes nos legaron esta perspectiva de la filosofía como un saber riguroso
sobre la totalidad, un tipo de saber en el que los filósofos se coronaron a sí
mismos hace muchos siglos en el terreno de las ciencias.
Esta primera orientación sobre la naturaleza de la filosofía es quizá la más
difundida entre las tres que presentaremos y, a su vez, la más discutida debi-
do a las pretensiones que ostenta y persigue tanto en el terreno epistémico
como en el político. A lo largo de la historia del pensamiento muchas tradicio-
nes filosóficas han entendido y practicado la filosofía de esta forma, desde
los orígenes de la filosofía en la Grecia clásica hasta el siglo XX en la fenome-
nología de Husserl, pasando por algunas de las más importantes doctrinas
filosóficas de la Modernidad. A continuación ofrecemos algunos ejemplos sin
que esto constituya una presentación exhaustiva de quienes abogaron por
esta concepción de la filosofía.
Tanto Platón como Aristóteles han sido precursores paradigmáticos de la
orientación cientista en la antigüedad. Para ellos, la filosofía –dialéctica para
Platón o filosofía primera (metafísica) para Aristóteles– constituye una mate-
ria que trata con proposiciones necesarias, es decir, aquellas que no pue-

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den ser de otra manera. Cualquier ciencia que no sea la filosofía es en algún
punto desestimada por estudiar solo una fracción, un recorte, una parcialidad
de la realidad; antónimamente, el filósofo poseería un punto de vista en el
que puede visualizar (¿neutralmente?) la totalidad. En efecto, la filosofía es
la reina de las ciencias, pues constituye una ciencia de los fundamentos últi-
mos de todo conocimiento y, en ese sentido, sería un tipo de saber ontológi-
camente anterior y jerárquicamente superior a cualquier otro. En palabras de
Aristóteles:

CC
Hay una ciencia que estudia el ser en tanto ser y las condiciones que le son in-
trínsecas por sí mismo. Ella no se identifica con ninguna de las que tienen ob-
jeto particular, porque ninguna de las otras [ciencias] considera al ser en cuan-
to ser de manera universal, sino que recortando una cierta parte […] (2000c,
IV, 1: 1003).
[…] Lo que es objeto de ciencia es necesario […] (2000b, VI, 3: 1138).
Creemos saber enteramente una cosa […] cuando creemos conocer la causa por
la cual la cosa es (y conocer) que esta es precisamente la causa de ella y que
no hay ninguna otra posibilidad de que sea de otra manera (2000a, I, 2: 71).
El grado sumo del saber es contemplar el porqué (2000a, I, 14: 79)

La filosofía primera es entonces para Aristóteles la ciencia contemplativa cuyo


objeto de estudio es la naturaleza única del ente en tanto ente. Cabe resaltar
esto último: no se ocupa del ente matemático o del físico, v.g. sino del ente
en tanto ente. En la filosofía se elucidan los primeros principios y las primeras
causas (Aristóteles, 2000c, I: 982a), se logra el acceso al porqué de todo.
Desde esta visión, al filósofo “nada le es ajeno”, mientras que las demás
ciencias se ocupan de objetos de estudio que constituyen en alguna medida
un recorte, una parcela, de la realidad. Por ello, estas solo otorgan un saber
provisorio, imperfecto o propedéutico.
Esta perspectiva en la antigüedad enfatizó como objeto de la filosofía la
“cuestión del ser”; sin embargo, a partir de esas investigaciones teóricas –
que produjeron un reconocido corpus textual– se llega a la definición de con-
ceptos morales, definiciones que por supuesto repercuten en el orden práctico
de la polis y en la vida de los ciudadanos. La filosofía así es también la cien-
cia que puede dispensar una definición de lo bueno, lo justo, la mejor forma
de gobierno y la óptima organización del Estado. A diferencia del modo en el
que la religión puede llegar a estos conceptos normativos, la definición desde
la filosofía se da a partir de la sistemática indagación racional. En definitiva,
el legado de los clásicos pone a la indagación filosófica como aquella capaz
de producir conocimientos que provean una unidad sistemática y fundacional
para las demás ciencias, la moral y la política.
Muchos siglos más tarde, al igual que en la época de los griegos, hubo
muchas concepciones de la filosofía moderna que entendieron que la filoso-
fía tenía que (y debía) concebirse en esta orientación cognoscitiva. Pero no lo
hicieron del modo en que la habían entendido los griegos, sino que cambiaron
la perspectiva de análisis, giraron la mirada hacia la manera en que conoce-
mos cuando conocemos (giro epistemológico). Hacia los primeros momentos
de la Modernidad, René Descartes vuelve la mirada de la filosofía hacia la sub-
jetividad y cambia con ello la perspectiva de los problemas filosóficos tal como

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37

se venía dando; así, antepone la indagación acerca del conocimiento por sobre
la cuestión del ser. Los filósofos modernos abogan por una refundación de la
filosofía y, para ello, se alejan de la ontología aristotélico-tomista medieval, del
silogismo como método de indagación, y del aprisionamiento en el que había
caído la inquisición filosófica a manos de los escolásticos.
La preocupación moderna por el cómo conocemos el mundo pone el énfa-
sis en la búsqueda de nuevos métodos para la filosofía como ciencia mater,
pero atendiendo los avances de las matemáticas y las ciencias de la época.
Para los filósofos modernos, el saber filosófico puede proporcionarnos cono-
cimientos certeros al igual que, o sin diferencia con, las ciencias naturales y
las formales. El problema gnoseológico intenta encontrar la vía, el método,
para el progreso de la razón y de los conocimientos filosóficos. Es la filoso-
fía cartesiana la que busca suministrar los conocimientos fundamentales –el
punto “arquimédico”– sobre los cuales erigir todo “el edificio” del conocimien-
to científico, procurando su unidad. Porque, a su entender, la naturaleza de la
filosofía está en dar cuenta de los fundamentos del conocimiento y del hom-
bre en tanto sujeto cognoscente. En tal sentido, la filosofía es ciencia de fun-
damentación absoluta. En un famoso pasaje del inicio de Meditaciones meta-
físicas, Descartes no oculta su ideal y aspiración fundacionalista y nos dice
necesitar deshacerse

CC
[…] de todas las opiniones que hasta entonces había creído y empezar entera-
mente de nuevo desde los fundamentos si quería establecer algo firme y cons-
tante en la ciencia (Descartes, 1967: 216).

Para él, la filosofía posee este estatuto superior y la posibilidad de llegar a


conocimientos certeros a través de un método: la duda cartesiana. Este ideal
cartesiano de filosofía encontrará continuidad y nueva fuerza en el siglo XX
con las Meditaciones cartesianas de Edmund Husserl, para quien también
la filosofía constituye una ciencia rigurosa que guarda supremacía sobre las
demás ciencias.
Otros importantes pensadores como Bacon, Hobbes, Marx –visto este últi-
mo en su perspectiva más moderna–, entre otros, entendieron que la filoso-
fía es una ciencia que reúne, coordina y unifica los resultados de las demás
ciencias particulares. Sin comprometerse completamente con el postulado
que la posiciona en una jerarquía epistémica superior, en ella se da una con-
cepción del mundo que sistematiza u organiza aquello a lo que las ciencias
han llegado.
A partir de los avances en las ciencias naturales que comienzan en el siglo
XVII y se fortalecen hacia el siglo XVIII, aparece una creciente degradación del
tipo de saber que da la filosofía. Ciertamente, los logros palpables produci-
dos por las ciencias naturales se oponían a las interminables e infructuosas
discusiones filosóficas. Particularmente, Kant corrió a la filosofía del lugar de
proveedora de conocimientos fundamentales o de sintetizadora última, para
ubicarla en su lugar de privilegio en tanto magistrada que dirime las condi-
ciones de posibilidad del conocimiento humano. A través de una crítica de la
razón y de sus pretensiones teóricas, Kant establece la imposibilidad de llegar
a determinados conocimientos a los que había aspirado tradicionalmente la
filosofía –la metafísica en particular– y determina la potencialidad del enten-

Filosofía Daniel Busdygan - Santiago Ginnobili


38

dimiento humano, y con ello, cuáles son los límites del conocimiento posible.
Así la filosofía es una ciencia de lo a priori que determina cuáles son los lími-
tes de lo cognoscible.

4.

KK Realice un mapa conceptual con las características que posee la orienta-


ción cientista de la filosofía.

La filosofía como actividad


Concebir a la filosofía como una actividad significa que esta constituye un ejer-
cicio crítico de análisis, una forma de examen o de elucidación del lenguaje,
del conocimiento –sea este científico o en general– o del mundo. Desde esta
concepción, la filosofía toma el significado de una empresa racional cuyo prin-
cipal objeto es la clarificación de nuestras ideas, de nuestros conceptos y las
creencias con los que pensamos, y el modo o la manera en que lo hacemos.
Por ello, la filosofía constituye una actividad de análisis de distintos problemas
que pueden darse en las ciencias, el derecho, la política o en nuestro pensa-
miento. Así, ella disuelve problemas, desenreda nudos, y lo hace detectando,
analizando dónde están algunos usos indebidos de términos o conceptos.
Este tipo de actividad crítica abre un particular análisis sobre los elementos
que están insertos en alguna problemática en particular y cuestiona lo obvio,
indaga y explora posibilidades de resolución o disolución, poniendo especial
atención en cómo se utiliza allí el lenguaje. Uno de los principales filósofos
que defendió un modo de llevar adelante esta concepción de filosofía fue
Wittgenstein, quien dice:

CC
El objeto de la ‘filosofía’ es la clarificación lógica de los pensamientos. La filo-
sofía no es una doctrina, sino una actividad. Una obra filosófica consta esen-
cialmente de aclaraciones. El resultado de la filosofía no son ‘proposiciones fi-
losóficas’ sino el que las proposiciones lleguen a clarificarse. La filosofía debe
clarificar y delimitar nítidamente los pensamientos, que de otro modo son, por
así decirlo, turbio y borrosos (Wittgenstein, 1997: 65: § 4.112)

Así, la filosofía se diferencia de la ciencia en tanto ningún conocimiento es


filosófico y se concibe a sí misma como un hacer, sin otro contenido más que
el de aclarar, elucidar el lenguaje y el pensamiento. Es más, esta actividad
crítica carece de un lenguaje exclusivo o propio. Lejos de las aspiraciones del
ideal cientista antes visto, no se pretende construir una doctrina filosófica
en tanto sistema de proposiciones, puesto que la filosofía es una actividad
de clarificación, depuración, refinamiento del pensamiento y de lo pensado;
los problemas se resuelven clarificándolos o se disuelven mostrándonos las
confusiones o los sinsentidos que se ocultan. Por esto, la función de la filoso-
fía es en alguna medida terapéutica, una cura de enfermedades (problemas
filosóficos) que ella misma quizás haya creado.
Dentro de esta orientación podemos preguntarnos: ¿cuál es el lugar que
se le confiere a la filosofía en el corpus de las ciencias?

Filosofía Daniel Busdygan - Santiago Ginnobili


39

CC
La filosofía no es ninguna de las ciencias naturales. (La palabra ‘filosofía’ ha
de significar algo que está por arriba o por debajo, pero no junto a las ciencias
naturales). […] delimita el ámbito disputable de la ciencia natural. (1997: 65:
§4.111, §4.113).

Esta orientación se desentiende de la filosofía como ciencia aunque no le


quite importancia. Que el objeto de estudio de las ciencias naturales no sea
el objeto de la filosofía no significa que esta no tenga vinculación alguna con
el avance de las ciencias. A pesar de no ser sistemática y de no ser una doc-
trina, de no saberse bien si la filosofía está “por arriba” o “por abajo”, esta es
sumamente importante para las ciencias en su trabajo de estar disputando y
esclareciendo, aspectos que tienen que ver con los supuestos que en ellas se
dan por válidos, incuestionables y “naturales”. La importancia de la filosofía
como actividad se acrecienta sobre todo en tiempos en los que las ciencias
poseen tensiones o disputas profundas entre doctrinas antagónicas y le es
necesario revisar críticamente algunos de los conceptos fundamentales sobre
los que se sustentan esas disciplinas. Asimismo, no solo para las ciencias es
importante sino también para nosotros en la medida en que queramos pensar
con mayor claridad.
Vale resaltar que si bien la filosofía no es ciencia, es imprescindible para
esta. La filosofía constituye un auxiliar crítico no solo del quehacer científico
sino también del ámbito cultural y político (Nudler, 2003: 23 y ss.). A diferen-
cia de las posibles relaciones de ayudas teóricas o técnicas que existen entre
las ciencias –como la biología con la genética o las matemáticas con la eco-
nomía–, la filosofía es un auxiliar inquisidor que, en algún sentido, hace suyos
ciertos contenidos de otros y los cuestiona justificadamente, denuncia natura-
lizaciones indebidas en diferentes áreas de la realidad, pregunta sobre lo que
no se espera que se pregunte, problematiza lo que el sentido común invisibi-
liza e intenta mostrar los sinsentidos donde los hay. La filosofía nos muestra
las incertidumbres que no vemos.
Cuando atendemos a esta concepción de la filosofía como actividad, pode-
mos ver que tiene una cercanía mayor a la etimología de la palabra filosofía que
la orientación cientista. Como vimos al inicio de la unidad, la etimología refiere
al sentido de quien está cerca de la sabiduría, más no en ella; de quien traza
una relación de amor o amistad con la sabiduría o el conocimiento, pero no de
posesión. El filósofo por definición no es un sabio, no es alguien que posee o
llegó a la verdad, sino más bien un buscador incansable, un amigo que trans-
forma, pues goza de la proximidad con la sabiduría, alguien que “tiende a”
pero por definición no llega. El filósofo no es un científico que llega y entrega
a otros la verdadera concepción del mundo, él está a la búsqueda. La filoso-
fía entendida como actividad registra algo que parece esencial en la filosofía:
su permanente apertura.
Atendiendo a la historia del concepto, mucho antes de la aparición de la
palabra sustantivada se utilizó el verbo “filosofar” y la denominación de “filó-
sofo” para aquel que ejercía la actividad de búsqueda por disconformidad con
lo dado (Ferrater Mora, 2001: 1270; Naishtat, 2003: 170). La filosofía en su
orientación cognitiva podría llegar a ciertas verdades, más en su concepción
como actividad está abierta, siempre tendiente a, es búsqueda constante. La
filosofía como actividad analítico-crítica que carece de un corpus de conoci-
mientos positivos parece acoger el espíritu etimológico del concepto, en tanto

Filosofía Daniel Busdygan - Santiago Ginnobili


40

práctica de esclarecimiento constante de lo que tiene y da sentido, lo que


puede y quiere ser conocido, y los dominios de las ciencias.

1.2.4. La filosofía como crítica subversiva, deconstructiva o


radical
Para caracterizar esta posición, existen varias propuestas filosóficas, todas
ellas bastante disímiles entre sí, que se sirven de proponer a la filosofía
como un modo de análisis que exige distintos tipos de transformación, en
ocasiones, radical. Puede pensarse en varios tipos de filósofos: normales,
reformadores y revolucionarios. Están quienes tienen como menester desa-
rrollar y resolver los problemas teóricos, prácticos o de aplicabilidad de una
teoría dada por algún gran filósofo. Esos son los filósofos normales. Por otro
lado, están quienes son fuertemente críticos e intentan reformas estructura-
les sobre las principales teorías filosóficas, encontrando así otras preguntas,
nuevos argumentos y formas ingeniosas de replantear los asuntos. Esos son
los filósofos reformadores. Por último, hay una clase de filósofos que no dis-
cuten en los mismos términos que lo hacen los anteriores y abren así nuevos
lenguajes y formas de discursos, trastocan las reglas del juego y se vuelven
objeto de atención cuidadosa de parte de los otros dos tipos de filósofos. Son
creadores radicales (Rabossi, 2003: 92).
Comencemos presentando esta última orientación con Karl Marx. Si bien
pueden hacerse algunas lecturas razonables de la teoría de Marx como una
teoría con orientación cientista, existe a partir de él una concepción renovado-
ra de la filosofía en tanto crítica que subvierte y transforma la realidad. En el
momento en que él emite su Tesis XI sobre Feuerbach, la filosofía toda sufre
una revolución:

CC
Los filósofos se han limitado a interpretar el mundo de distintos modos; de lo
que se trata es de transformarlo (Marx y Engels, 1974: 668).

Esta tesis tiene un carácter performativo: lo que se dice coincide con el acto
enunciativo. Con esto se entiende que la filosofía ya no es mera contempla-
ción, sino que su naturaleza está en su proyección transformadora; ella se
proyecta en la práctica, siendo esta última condición constitutiva de ella. La
filosofía se torna conscientemente entonces en un instrumento de acción
política, en la realización de una práctica transformadora que deja de ser pen-
samiento filosófico meramente especulativo. Después de este llamamiento a
la actividad terrenal, se produce un quiebre con lo que tradicionalmente se
entendió y con lo que algunos siguieron entendiendo por filosofía. La filosofía
es reflexión crítica para la praxis y desde la praxis; es el motor del cambio para
y por la transformación social; lejos de una crítica filosófico especulativa, “el
ser” en el que está interesado Marx ya no es “el ser en sí”, ni “el ser en tanto
que producto meramente espiritual”. Para él, la filosofía está dirigida al ser
constituido por la praxis humana, ese ser que es transformado y transformable
por la actividad humana. La filosofía se inserta en la transformación real de lo
real y se abre a las prácticas reales y realizables.
Desde otras concepciones filosóficas que han seguido esta última orien-
tación, se piensa que la naturaleza de la filosofía se asemeja más al arte de

Filosofía Daniel Busdygan - Santiago Ginnobili


41

vanguardia y su capacidad, tanto sea para la búsqueda conceptual como para


las construcciones conceptuales que se vuelven espejos críticos y transfor-
madores del presente. Pensada desde esta perspectiva, la filosofía, al igual
que el arte, es una disposición tendiente a desacomodar lo acomodado, a
subvertir lo reverenciado, a desarmar una cotidianeidad alienante. Lejos de
lo que pretende la orientación cientista de la filosofía que subsume todo a la
racionalidad, la filosofía debe estar abierta a la sensibilidad y a las emocio-
nes. Este tipo de reflexión crítica que se abre hacia, desde y para la cultura no
es únicamente una actividad de interpretación o de análisis crítico de la reali-
dad, sino que también, en su acto de darse, constituye un acto de creación y
de transformación. Deleuze por ejemplo nos decía que:

CC
La filosofía es el arte de formar, de inventar, de fabricar conceptos… El filósofo
es el amigo del concepto, está en poder del concepto (Deleuze y Guatari, 1993:
12).

El artista crea conceptos que describen, literaria, poética o metafóricamente


nuestra representación del mundo, sin que ello mismo pretenda ser otra cosa
más que un señalamiento. Esta perspectiva no pone a las teorías filosóficas
en confrontación teórica entre sí, sino que se nutre de ellas como representa-
ciones, descripciones que nos permiten pensar la realidad de diversos modos.
Aunque podemos trazar cierta analogía entre la filosofía y el arte, para muchos
filósofos ambas actividades toman direcciones opuestas en un punto –i.e. con
relación a su autolimitación–, pues el arte tiende a trascender todos sus lími-
tes y la filosofía busca en alguna medida encontrarlos, asentarlos, acotarlos.
Por otro lado, para Heidegger la filosofía es un modo de pensar cuya forma
de ser debería constituirse en analogía a la poesía. El filósofo se abre a la
pregunta por el ser, a la búsqueda de un misterio, pero sin pretensión funda-
cional, al igual que lo hace el poeta. Heidegger entiende que está caduca, cul-
minada, la labor llevada adelante por los filósofos desde Aristóteles a la actua-
lidad y que la filosofía está llamada al retorno de las cuestiones planteadas
por los presocráticos, al decir del alemán, “los pensadores esenciales”. Así,
habla de la filosofía como la búsqueda de un pensamiento que nos reconcilie
en la búsqueda del ser con el sentido del ser, y el ser se devela en el lengua-
je poético, no en el científico. Son los sentimientos y un lenguaje apropiado a
estos lo que devela mejor el ser.
Por último, para Richard Rorty (1980), la filosofía debe emanciparse de
aquella concepción constructiva y sistemática cuyo pensador paradigmático
fue Kant. Lejos de ello, debe proponerse como disciplina terapéutica y edi-
ficante. Para él los paradigmas de esto lo encarnan filósofos como Dewey,
Wittgenstein y el antes mencionado Heidegger. La búsqueda de un conoci-
miento objetivo de la realidad y de un enfoque racional es lo que caracteriza
a la filosofía normal, él exhorta a combatir ese tipo de filosofía por una que
se aproxime a los valores estéticos y se aleje de la epistemología que ocupó
el centro de la escena filosófica. La filosofía edificante constituye un tipo de
filosofía que se entiende en el espacio de las humanidades y tiene como pro-
pósito desmontar convenciones políticas y culturales. Para Rorty, el filósofo
debe estar más del lado del hermeneuta que del epistemólogo, debe ser un
cristalizador de varios discursos enfrentados más que la última palabra que

Filosofía Daniel Busdygan - Santiago Ginnobili


42

se emite en la cultura desde el altar de la razón. El filósofo es quien va encon-


trando las nuevas formas de diálogo y conversación entre tradiciones, cam-
bia la objetividad por intersubjetividad (solidaridad), abre el lenguaje a nuevas
palabras y nuevos modos de pensar que nos acerquen más y mejor a la liber-
tad política y cultural.

1.2.5. Una (in)conclusión sobre el problema de la definición


La historia de la filosofía está caracterizada por cambios, giros y rupturas que
se han venido dando desde siempre al interior del quehacer filosófico, sobre
todo en el pasado siglo. Y esta dinámica de cambios no solo hace dificultosa
la empresa de proponer una respuesta última y abarcadora sobre la naturaleza
de la filosofía, sino que nos habla de los límites a los que podemos aspirar
cuando queremos emprender tamaña empresa. Por ello, a diferencia de lo que
ocurre con las ciencias, no cabe ser demasiado optimista acerca de encon-
trarnos con un único modo definitivo de saldar con claridad y precisión el sig-
nificado de la filosofía. La filosofía se dice (y se hace) en muchos sentidos. La
existencia de disímiles formas de definir la filosofía a lo largo de las distintas
tradiciones nos habla indirectamente de este complejo objeto de estudio. El
pensamiento metafilosófico sobre la filosofía nos devuelve diversas imáge-
nes de filosofías más que una sola. Las principales tradiciones filosóficas, al
momento de preguntarse qué es la filosofía, vieron imágenes muy distintas
en el espejo acerca de lo que es la filosofía.
Más allá de cuál sea la definición de filosofía o la orientación de esta más
representativa de la disciplina, están los problemas filosóficos. Sin duda la
historia de la filosofía es un amplio muestrario de múltiples problemas filosó-
ficos; algunos de ellos aún siguen vigentes y otros, o bien han sido tomados y
respondidos por las ciencias, o bien han caído en desuso y quedaron circuns-
criptos a los intereses de sus épocas. Así pues, si la unidad de la filosofía
difícilmente puede encontrarse en las definiciones plurales y en las diferen-
tes orientaciones en las que se despliegan las concepciones filosóficas, quizá
puede hallarse en conjuntos de interrogantes filosóficos que recurrentemente
se abren y se tratan en la filosofía. Por ello, preguntémonos: ¿cuáles son los
problemas de la filosofía?, ¿qué hace que un problema sea filosófico?

1.3. Los problemas de la filosofía


Históricamente, han llegado hasta nosotros múltiples problemas filosóficos
cuyos variados tratamientos se han ido sedimentando en diferentes momen-
tos sociales, políticos y culturales. Esos interrogantes exploraron y exploran
los más variados asuntos que hacen a la condición humana y versan sobre: la
existencia, el pensamiento, el lenguaje, el conocimiento, el poder, la felicidad,
la verdad, el bien, la justicia, etcétera.

Filosofía Daniel Busdygan - Santiago Ginnobili


61

9.

KK Realice un cuadro comparativo entre sendos estilos de filosofía.

1.6. Las etapas de la filosofía


Es tradicional dividir la historia de la filosofía occidental en cuatro etapas:
la filosofía antigua, la filosofía medieval, la filosofía moderna y la filosofía
contemporánea. Sin embargo, como toda división esquemática, refleja cierta
arbitrariedad, no siempre hay acuerdo entre los expertos para determinar el
comienzo o incluso el final de cierto periodo. También se suma la complejidad
de dar cuenta de los rasgos generales de estos periodos extensos, compara-
ble a la de dar cuenta del Zeitgeist (el espíritu de la época) de cada uno. ¿Qué
nos puede asegurar que esa empresa es siquiera posible? Más allá de estas
dificultades, establecer una clasificación por épocas puede resultar de utilidad
para construir un mapa general de la disciplina, que se irá enriqueciendo y
adquiriendo sentido (o perdiéndolo definitivamente) con las profundizaciones
individuales posteriores.

1.6.1. La filosofía antigua


La categoría “filosofía antigua” abarca la reflexión de un conjunto de pensa-
dores greco-romanos en un intervalo de aproximadamente 1000 años, desde
el 600 a. C. con Tales de Mileto y los llamados presocráticos, prolongándose
hasta los neoplatónicos tardíos de mediados del primer milenio posterior.
Es frecuente dividir este intervalo amplio en cuatro periodos principales: el
periodo presocrático, la llamada época clásica, el periodo helenístico de fuerte
influencia aristotélica y, por último, el periodo neoplatónico, atravesado por el
cristianismo durante la época imperial.
Comenzaremos nuestro análisis desde la llamada época clásica, que abar-
ca los siglos V y IV a. C. Los filósofos más destacados de esta etapa fueron
principalmente Platón (427-347 a. C.) y Aristóteles (384-322 a. C.). El recono-
cimiento de estos pensadores no solamente radica en la naturaleza superior
de su trabajo filosófico, de gran influencia posterior, sino que, además, sirvie-
ron y fueron de gran importancia para reconstruir la filosofía antecedente cuyo
comienzo se recupera desde el siglo VI a. C.
Tanto Platón como Aristóteles, cada uno con su estilo, hicieron reconstruc-
ciones de la tradición anterior. En principio, a ellos se les debe –pero principal-
mente a Aristóteles– el haberse preocupado por dar una historia de la filosofía
de quienes los antecedieron. Son ellos quienes trazan una reconstrucción del
periodo naturalista o cosmológico (siglos V y VI a. C.) en el que la preocupación
de los presocráticos estaba centrada en responder cómo surge el cosmos y
cuáles son las fuerzas que allí intervienen. Platón, por una parte, resume en
El sofista las posiciones ontológicas anteriores como monistas, dualistas o
pluralistas, como así también el compromiso de estas con el mundo sensible
o la realidad inteligible. Aristóteles, por otra parte, recupera en la tradición
previa los rastros confundidos de cuatro formas de explicación que se corres-
ponden con su teoría de las causas: la causa material, la formal, la causa efi-
ciente y la final. Ambos contribuyeron también a la reconstrucción de la figu-
ra central de Sócrates (470-399 a. C.), cuya profunda reflexión ética y cuyo
escepticismo constructivo sirvieron para delimitar el método filosófico poste-

Filosofía Daniel Busdygan - Santiago Ginnobili


62

rior. Con Sócrates y los sofistas, la filosofía abre sus cuestiones a problemas
humanos, dando así inicio al periodo antropológico o humanista. Sirvan estas
pocas líneas simplemente para indicar algunos de los aportes, entre tantos
otros, que estos pensadores ofrecieron al intentar captar aspectos filosóficos
valiosos del pensamiento filosófico.
Muchos han sido los elementos de la reflexión presocrática que reconocie-
ron los clásicos, pero, sin embargo, no solo ellos han encontrado la riqueza de
las reflexiones de aquellos primeros pensadores. Por ejemplo, los intereses de
Parménides (540-470 a. C.) y de Heráclito (535-475 a. C.) hacia las relaciones
entre el lenguaje, el pensamiento y el mundo han sido producto de fructuosas
controversias, y sus ideas han sido resignificadas hasta el presente, v.g. por
Nietzsche y Heidegger. Las preocupaciones de Parménides sobre los límites
de lo pensable y lo decible o los aforismos de Heráclito sobre el carácter con-
tradictorio de la verdad han seguido siendo un manantial del que se han nutri-
do múltiples doctrinas filosóficas y muchos filósofos a lo largo de la historia.

EE
No va para
Pensamiento Filosófico

Recomendamos ver el documental sobre Heráclito y Parménides, pre-


sentado en el marco del programa Filósofos, de Canal (á).
<http://www.youtube.com/watch?v=7kP2y6ST1KY&list=PLN1BfBY
gA1E2VXgi6MdD5ubAl-20-2reG>

El pensamiento de Platón y Aristóteles y sus preocupaciones tuvieron gran


influencia en pensadores posteriores que, sin embargo, desarrollaron líneas
de reflexión originales. Primeramente, es importante mencionar las escuelas
filosóficas del llamado periodo helenístico (desde el siglo III hasta el I a. C.)
entre las que se cuentan los desarrollos filosóficos del estoicismo, el epicu-
reísmo y el escepticismo. Entre los neoplatónicos podemos destacar, entre
otros, a Plotino (205-270), autor de Las Enéadas, y Agustín de Hipona (354-
430), de gran influencia posterior en la época medieval. Por otra parte, es inte-
resante destacar a comentadores de Aristóteles como Simplicio (490-560),
quien intentó conciliar las filosofías de Platón y Aristóteles y, en especial, de
Juan Filópono (490-566), quien desarrolló comentarios sobre muchas de las
obras de Aristóteles con gran influencia en la oración.
Es interesante intentar trazar temas y delimitar líneas de pensamiento
comunes en estos 1000 años de filosofía. Los temas centrales de esta etapa
son: el estatus ontológico de elementos no perceptibles como, por ejemplo,

Filosofía Daniel Busdygan - Santiago Ginnobili


63

los números, los dioses o los universales, la búsqueda de las causas de la


generación y la corrupción, el análisis y la evaluación de patrones de razo-
namiento, la preocupación por determinar la naturaleza humana y las condi-
ciones para una vida buena y la centralidad del concepto de justicia para la
comprensión de la naturaleza de los sistemas políticos, entre otros. Estas
inquietudes filosóficas sirvieron para formar disciplinas filosóficas y campos
de reflexión como la ontología (estudio de lo que es), la gnoseología (estudio
del conocimiento), la lógica (estudio de la inferencia válida), la ética (estudio
de la moral) y la filosofía política (estudio de los fundamentos de lo político).
Además, determinaron figuras cruciales de una metodología filosófica como
son la mentalidad abierta y sin dogmatismos sobre los problemas, y la con-
cepción del progreso racional a través de la argumentación y el debate.

LECTURA RECOMENDADA
No va para
Pensamiento Filosófico
Mondolfo, R. (2004) [1942], El pensamiento antiguo, Losada, Buenos Aires.

RR
EE No va para
Pensamiento Filosófico

Recomendamos el documental del filósofo Alain de Botton, Filosofía:


una guía para la felicidad, capítulos: “Epicuro y la felicidad” y “Sócrates
y la autoconfianza”.
<http://www.youtube.com/watch?v=j4bX6B27t5E>
<http://www.youtube.com/watch?v=S24FxdvfOko>

1.6.2. La filosofía medieval


La llegada del cristianismo en los últimos años de la filosofía antigua propi-
ció un periodo religioso en el que comenzaron a desplegarse algunas de las
características principales de la filosofía medieval. Ese periodo coincide con
la época cristiana, en la que comenzó a desarrollarse un pensamiento que
tenía como propósito explicar los dogmas religiosos a partir de las catego-
rías filosóficas precedentes o bien impugnándolas o bien reinterpretándolas.
La doctrina cristiana fue objeto de persecuciones hasta el año 313 cuando
Constantino promulgó la libertad religiosa; setenta años después se volvió
religión oficial y comenzó un periodo hegemónico en el que la filosofía quedó
por siglos sujetada. El hito histórico con el que suele marcarse el pasaje de
Antigüedad a la Edad Media es la caída del imperio romano, hecho vivenciado
por Agustín de Hipona (354-430).

Filosofía Daniel Busdygan - Santiago Ginnobili


64

La influencia de Agustín de Hipona sobre la filosofía medieval fue profun-


da y fundamental. Asimismo, sus aportes teológicos fueron de vital importan-
cia para el desarrollo de los basamentos de una filosofía cristiana, esto a tal
punto que le ha valido, al interior del dogma, su santificación. La motivación
central de la filosofía medieval compartida por Agustín, era comprender el fenó-
meno del cristianismo. Agustín, que había reflexionado sobre la elucidación
de conceptos centrales de la cristiandad como la creación, el bien y el mal, la
eternidad, el tiempo y Dios de manera sistemática, representaba un modelo de
reflexión inevitable. En términos filosóficos la llamada Baja Edad Media no se
caracterizó por un desarrollo de los distintos ámbitos de la filosofía a los que
ya habían dado apertura los griegos. No es hasta la llegada del Renacimiento
carolingio, a fines del siglo VIII y principios del siglo IX, que se dio un resur-
gimiento cultural en el que puede resaltarse la talla del filósofo Juan Escoto
Eriúgena (810-877). Este pensador concibió que razón y fe permiten acceder
al conocimiento verdadero, pero la primera debe prevalecer en caso de con-
tienda entre ambas. Ejemplo del sujetamiento al que estaba expuesta la filo-
sofía, podemos decir que aquella posición le valió la acusación de hereje, de
modo que aunque estuviera la inquietud hacia el equilibrio entre razón y fe, no
existía demasiada libertad para expresar todas las posiciones.
Algunos siglos después, Anselmo de Canterbury (1033-1109) ilustra esta
inquietud transversal a partir de su famosa frase fides quaerens intellectum
(la fe que busca comprenderse mediante la razón). Gran parte del programa
de los pensadores es, entonces, demostrar que la cristiandad no era incom-
patible con la filosofía, o sea, con aquello que puede demostrarse a partir de
la razón. Sin embargo, el papel de la filosofía queda relegado a oficiar como
mera sirviente de la fe y, en caso de oponerse en ciertas cuestiones, es sim-
plemente rechazada.
La obra de Aristóteles, acompañada con importantes comentarios, llega
al mundo occidental a partir de pensadores musulmanes como Avicena (980-
1037) y Averroes (1126-1198) con una influencia crucial. Este hecho acaeci-
do en el siglo XII permite hacer un distingo entre la Baja y la Alta Edad Media.
Surge entonces la necesidad intelectual de reconciliar la filosofía aristotéli-
ca con los dogmas cristianos. Tomás de Aquino (1224-1274) es el principal
representante de esa orientación. Una tensión, por ejemplo, se producía con
la tesis aristotélica de la eternidad del mundo, puesto que contradecía abier-
tamente el Génesis. Alberto el Grande (1193-1206) consideraba que en este
punto Aristóteles estaba equivocado y que la doctrina del comienzo del mundo
podría ser comprobada. Otros autores evadían la problemática, considerando
que Aristóteles no afirmaba la tesis como propia, sino como una tesis mera-
mente posible. En ese sentido, el pensamiento aristotélico se mantenía com-
patible con los dogmas de la cristiandad. Tomás, por su parte, sostenía que
“el mundo es eterno” no es filosóficamente demostrable.
Las doctrinas aristotélicas generaron controversias en varios sectores, par-
ticularmente, al interior de nuevas instituciones educativas que surgen en el
siglo XIII, las universidades. En esos contextos escolares surge la escolástica,
entendida como una forma de abordar y resolver los problemas que se tra-
taban en esos contextos. En este periodo, la rigurosidad analítica de los tex-
tos, sagrados y no sagrados, permite un avance en la gramática como campo.
Otro de los debates más famosos de la Edad Media lo propició la llamada
disputa de los universales. La controversia giraba en torno a la posición realis-
ta o platónica que sostenía que los universales tenían una existencia separada

Filosofía Daniel Busdygan - Santiago Ginnobili


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como las formas o ideas platónicas, y la de los nominalistas como Guillermo


de Ockham (1280-1347), que sostenían que los universales en tanto con-
ceptos son predicables de las cosas, pero solo ellas tienen una existencia
separada. Una versión interesante de este debate tenía que ver con la exis-
tencia de valores. ¿Qué es la virtud? ¿Qué es la bondad? ¿Dios nos ordena
realizar ciertos actos porque son buenos o la bondad de un acto radica en el
hecho de que Dios lo ha ordenado? Si nos inclinamos por el primer disyunto
estamos sosteniendo una posición realista, que considera los conceptos uni-
versales como reales; en cambio, si nos inclinamos por el segundo disyunto
entonces avalamos una posición nominalista, que atribuye existencia solo a
los particulares.
Como se pone de manifiesto en la totalidad de los debates mencionados,
el tema central de este periodo es la teología. El lugar de la filosofía se encua-
dra en la controversia entre la razón y la fe, comprendida como la posibilidad o
imposibilidad de reconciliar la razón con la fe. En esta controversia se encon-
traron diferentes posiciones. Agustín de Hipona, al igual que Anselmo, defien-
de el cristianismo como la verdadera filosofía y, en ese sentido, encuentran
una continuidad entre la fe y la razón. Esta posición queda caracterizada en
las frases agustinianas Crede ut intelligas (creo para comprender), Intellige ut
credas (comprendo para creer). Otra de las posiciones sobresalientes en esta
controversia fue la de Tomás de Aquino, quien separa el conocimiento basa-
do en la fe (conocimiento sobrenatural) del conocimiento basado en la razón
(conocimiento natural), pero indica que estos conocimientos no son incompa-
tibles en la medida en que los dos dependen de Dios. Durante esta época, la
filosofía pierde su lugar de privilegio en la reflexión humana y deviene, simple-
mente, en ancilla theologiae (se subordina a la especulación religiosa).
Hacia finales del siglo XIV, la fractura entre razón y fe queda evidenciada de
tal modo que se comienzan a comprender como ámbitos autónomos, comen-
zándose a dibujar nuevos horizontes para el desarrollo de la razón. Asimismo,
en este siglo comienzan a aparecer pensadores del humanismo, como
Petrarca (1304-1374), que exhortan a renacer las ideas de la antigüedad para
dejar atrás la Edad Oscura signada como una época de decadencia cultural.

LECTURA RECOMENDADA
No va para
Pensamiento Filosófico

RR
Le Goff, J. (1993), Los intelectuales en la Edad Media, Gedisa, Barcelona.

1.6.3. El periodo moderno


La transición al periodo moderno se da a partir del periodo histórico conocido
como Renacimiento, el cual puede situarse entre los siglos XV y XVI. El renacer
de la cultura que se da en esos tiempos revaloriza a los artistas y filósofos
clásicos de la antigüedad, dando con ello un crecimiento exponencial a las
humanidades, las artes y la ciencia. En la transición a la Modernidad apare-
cen importantes desarrollos y cambios al interior de las ciencias naturales, la
astronomía, la filosofía política y particularmente en la religión cristiana. A lo
largo de estos tiempos y en adelante, la filosofía estará nutrida cada vez más

Filosofía Daniel Busdygan - Santiago Ginnobili


66

de un ámbito de discusión, difusión y crecimiento que llega hasta nuestros


días. El Renacimiento no solo da paso a la Modernidad, sino que marca un
horizonte de compromiso con las actividades intelectuales. Suele discutirse en
qué medida el Renacimiento termina y comienza la Modernidad, si por caso el
Renacimiento no es un periodo dentro de la Modernidad propiamente dicha.
Apelando a las convenciones, la Modernidad suele situarse en 1453, con la
caída del Imperio de Occidente, y culmina con la Revolución francesa.
El periodo moderno en filosofía se caracteriza por el reconocimiento de la
autonomía del hombre en el plano cognoscitivo. Ícono de esta etapa es la bús-
queda de René Descartes (1596-1650) de un conocimiento seguro, a salvo
de las dudas escépticas. Esta etapa de la filosofía está signada por la bús-
queda de fundamentos en torno al conocimiento, el poder político y la histo-
ria. Avanzados los primeros siglos de la era moderna, irrumpe la Ilustración
en el siglo XVIII, época sobre la cuál nos detendremos de modo pormenoriza-
do en la Unidad 3.
Con gran parte de los filósofos de era moderna la crítica se abre hacia los
clásicos, los modelos explicativos de la física, la fundamentación de las cien-
cias y el conocimiento. Los clásicos habían tomado a todo rasgo de la percep-
ción como una “verdad absoluta” (Dotti, 1994), dándose con ello un sistema
de creencias equivocado. Tanto la comunidad como el lugar propio del hombre
y la finalidad en la naturaleza son ejemplos de un paradigma que será profun-
damente discutido. La filosofía clásica concibió tanto la politicidad como algo
innato en el hombre y un modelo ontoteleológico organizado que los modernos
objetaron en muchas direcciones. Surgen el iusnaturalismo y la tentativa de
fundamentar la obediencia política. Asimismo aparecen ideas que irán ensan-
chando su cauce a lo largo de las discusiones en la filosofía social y política,
a saber, el poder de la razón, la igualdad entre los hombres y la libertad.
La Ilustración fue un movimiento muy prolífico que afectó a todas las ciuda-
des europeas en todas las esferas de la vida y del pensamiento (en la Unidad
3 ahondaremos en una pormenorizada caracterización de este periodo). La
ilustración contrasta con la supersticiosa oscuridad que supuestamente carac-
terizaba al periodo medieval. Immanuel Kant identificaba los ideales de esta
época con la frase ¡Sapere aude! (atrévete a saber). Las ideas centrales de
este periodo son: el hombre es por naturaleza racional, la razón es la capaci-
dad central del ser humano, tanto el hombre como la humanidad pueden pro-
gresar infinitamente hacia la perfección, los hombres son iguales en tanto a
la razón y por ello deben ser iguales ante la ley y el respeto de su libertad; las
creencias deben justificarse sobre la base de la razón.
El ideario de la Ilustración puede considerarse como ahistórico. Siendo que
los hombres son iguales en naturaleza, las diferencias entre ellos son acci-
dentales y en cierta medida dispensables. Sin embargo, tuvo una considera-
ble influencia en el campo de la historiografía. Voltaire, quien acuña el con-
cepto de filosofía de la historia, concebía la historia como la lucha progresiva
del hombre hacia la cultura racional.
Es complejo establecer con precisión el final de esta etapa. Suele incluir-
se en su desarrollo un movimiento reflexivo y crítico sobre los preceptos men-
cionados. Hay múltiples hechos históricos que suelen indicar la ruptura de la
época. Algunos autores la identifican con la Revolución francesa (1789) que,
si bien establecía por una parte los ideales de libertad, igualdad y fraternidad
propios del Iluminismo, también servía contradictoriamente para reafirmar
el nacionalismo y posibilitar las diferencias entre las naciones soberanas.

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67

Revisiones similares pueden realizarse sobre las revoluciones independentis-


tas americanas, las revoluciones burguesas (1820), las nacionalistas (1830) o
sobre las revoluciones obreras en Europa (1848). Otros identifican el corte de
esta etapa con la muerte de Georg Hegel (1770-1831). Es importante indicar
que algunos autores, como Zygmunt Bauman (1925), sostienen que la concep-
ción del mundo iniciada en la Modernidad, de algún modo, aún sigue vigente.

1.6.4. Periodo contemporáneo


El periodo contemporáneo se extiende desde finales del siglo XIX hasta nues-
tros días. Si bien nos ocuparemos de él detenidamente en la Unidad 4 pre-
sentaremos algunos ejes. En este periodo se abre una gran cantidad de giros
y rupturas en la filosofía, posibilitando múltiples abordajes. El siglo XX es el
escenario de grandes sucesos histórico-políticos que ponen en cuestión el
ideario de la Ilustración. Las ideas de progreso, fundamento, sujeto, verdad,
etc., comienzan a desvanecerse conforme avanzaron las grandes guerras
mundiales, las bombas atómicas, los desastres ecológicos, el terrorismo, el
totalitarismo, el capitalismo global, los medios de comunicación, la clonación,
entre otros sucesos. La novedad que se abría en la Modernidad en el campo
de la ciencia, la política y la historia aparece ahora enmohecida. Los nuevos
sucesos abren el interrogante acerca de si ha culminado la Modernidad y está
comenzando un nuevo periodo o bien si el proyecto moderno aún se encuentra
inacabado.
La filosofía contemporánea está signada por la caída del sujeto moderno
preponderantemente racional, autónomo, que puede autoperfeccionarse pro-
gresivamente. Una de las grandes críticas que se yerguen sobre la Modernidad
pone su acento sobre la razón como discurso globalizador. Entre los ataques
que se han alzado sobre la razón, uno de los más imponentes lo lleva adelan-
te Sigmund Freud (1856-1939) con su teoría psicoanalítica. Dicha teoría se
apoya sobre una premisa fundamental que afirma que la mayor parte de nues-
tra vida mental, sea de pensamiento, volición o sentimiento, es inconsciente.
La posibilidad de lo inconsciente marca un duro límite sobre el programa de
la razón en tanto discurso globalizador. El desarrollo de la psicología y de las
neurociencias ha seguido abriendo esta idea de varios modos, mostrándonos
estas cuánto pesan en y cómo influyen las emociones y las pasiones en la
vida social y política.
La filosofía contemporánea hereda la fuerza de la incredulidad nietzschea-
na acerca de los valores de la cultura y hace suya, en parte, la crítica radical
a toda verdad que no se entienda desde la perspectiva del poder. Nietzsche
(1844-1900) expone su rechazo a todo valor absoluto o a cualquier orden obje-
tivo en la parábola del loco, aquel que se atreve a desenmascararle a su comu-
nidad un estado de cosas no admitido: “Dios ha muerto. Dios sigue muerto. Y
nosotros lo hemos matado. ¿Cómo podríamos reconfortarnos, los asesinos de
todos los asesinos? El más santo y el más poderoso que el mundo ha poseí-
do se ha desangrado bajo nuestros cuchillos: ¿quién limpiará esta sangre de
nosotros? ¿Qué agua nos limpiará? ¿Qué rito expiatorio, qué juegos sagrados
deberíamos inventar? ¿No es la grandeza de este hecho demasiado grande
para nosotros? ¿Debemos aparecer dignos de ella?” (La gaya ciencia, sección
125). La muerte de Dios representa el rechazo de la creencia en una objetivi-
dad, de una ley moral universal que se ejerce sobre todos los individuos. Esa

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incredulidad abre en la posmodernidad una época de fragmentación y plura-


lismo. Asimismo, para Michel Foucault (1926-1984) esa crítica puede exten-
derse aún más allá de Dios como concepto y aplicarse al hombre mismo. Para
Foucault, el sujeto epistemológico cartesiano no es ya quien está en el cen-
tro de la realidad ni es quien alcanza a dominarla. No hay un sujeto dado, no
existe ese testigo privilegiado de la realidad, sino que se construye a partir de
las estructuras sociales e históricas que determinan tramas de poder, con-
tingentes, disruptivas. Así como se indicaba la muerte de Dios en Nietzsche,
también Foucault indica la muerte del hombre.
La crítica del sujeto como centro de conocimiento se encuentra también
relacionada con el lenguaje y he allí una ruptura radical que se da en el siglo
pasado y que ha sido caracterizada como el giro lingüístico. Uno de los puntos
de referencia comunes en la época contemporánea es, principalmente, el lla-
mado giro lingüístico, el cual se incorpora de modos muy variados en todas las
disciplinas filosóficas y en las diferentes concepciones que las trasuntan. El
lenguaje toma un lugar central en el análisis de problemas filosóficos en tanto
conformador de la realidad y del sujeto. Nuestro conocimiento del mundo es
lingüístico, no factual, es decir, no se da que nuestro conocimiento realice una
descripción de las características y de relaciones de los objetos físicos y men-
tales que pertenecen a una realidad objetiva desde un lenguaje transparente.
Como no podemos hablar de la realidad ni de los sujetos fuera del lenguaje
sino que, más bien, el lenguaje es la condición de posibilidad de la construc-
ción de estos discursos, se comprende que la idea cartesiana de sujeto no
puede pensarse sino en relación con el lenguaje y como fenómeno del mismo.
El conjunto de estos autores representativos comparte entonces, en sus
análisis, una revisión crítica de las diferentes dimensiones del lenguaje que
se llevará adelante desde distintas perspectivas teóricas. Referentes en este
sentido y con sustanciales diferencias metodológicas serán autores como
Bertrand Russell (1872-1970) que, apoyado en su teoría de las descripcio-
nes, propone un análisis lógico que consiste en la sustitución de formas ver-
bales confusas por formas claras y lógicamente precisas; Ludwig Wittgenstein
(1889-1951), que ofrece dos análisis diferentes en relación con el lenguaje: en
primer lugar el análisis del significado como figura, donde el lenguaje consis-
te en proposiciones que figuran el mundo y, en segundo lugar, los juegos del
lenguaje como la diversidad de formas en que el lenguaje funciona como una
actividad interpersonal; tampoco podemos dejar de mencionar otros pensado-
res relevantes como Rudolf Carnap (1891-1970), John Austin (1911-1960),
George Moore (1873-1958), Willard Van Orman Quine (1908-2000), Hillary
Putnam (1936), Richard Rorty (1931-2007), etc., con importantes aportes a
la comprensión de la problemática del lenguaje. En adición al giro lingüístico y
como una profundización del mismo, algunos autores indican también un giro
hermenéutico entendido como la interpretación diacrónica del lenguaje en el
marco histórico y sociocultural. Podemos destacar en esta línea de profundiza-
ción autores como Martín Heidegger (1889-1976), Paul Ricoeur (1913-2005)
y Hans Georg Gadamer (1900-2002).
Algunos autores, como Jean-François Lyotard (1924-1998), identifican
esta etapa como el periodo posmoderno. En La condición posmoderna (1979),
Lyotard definía el posmodernismo como una época de “incredulidad respecto
de los grandes metarrelatos”. Con esto se refería a los grandes relatos de la
Modernidad en tanto portadores de un sentido único y universal, que están
dados en términos de lógicas cohesionadoras de la vida de las personas. Para

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Lyotard, ejemplos de esos relatos totalizadores son aquellos que brindan las
religiones, la política, las ciencias e incluso ciertas filosofías. El fin de los gran-
des relatos abre el camino para investigar, reflotar y pensar los relatos débiles,
los mínimos, que fueron desplazados por no ser funcionales a los ejes cardina-
les que trazaban los relatos hegemónicos. Se abre un clima de incredulidad y
sospecha sobre todo relato que tenga pretensiones totalizantes, absolutistas.
Con la caída de estos relatos absolutos se encuentra lo que Gianni Vattimo
(1936) llama “el fin de la historia”. La historia era entendida como teleología,
otro modo de discurso globalizador propio de la Modernidad. Pero la razón tam-
bién, según Vattimo, es insuficiente para comprender el devenir de la historia,
lo que se manifiesta en los permanentes conflictos de racionalidad. La histo-
ria no parece tener un fin dado como afirmaban los grandes sistemas de la
Modernidad. Al problematizar el sentido teleológico de la historia que atribuía
la Modernidad, Vattimo entiende que se traza el fin mismo de dicha época y
se impone la visión de la historia como final.
Hasta aquí este recorrido incompleto; este sobrevolar sobre algunos de los
desarrollos filosóficos más destacados tiene por objeto presentar un panora-
ma renovado y complejo que nos exhibe el periodo contemporáneo. Las crí-
ticas y rupturas, la crisis del sistema de representación, las múltiples bifur-
caciones que ha tomado la filosofía nos abren el interrogante radical sobre
la naturaleza de esta disciplina. Un interrogante indisoluble cuya vigencia se
hace presente ahora más que nunca. Llegar a desentrañar la naturaleza de la
filosofía y su búsqueda es una tarea tan compleja y profunda como necesaria.

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LECTURA RECOMENDADA
Pensamiento Filosófico

RR
Villacañas, J. (2001), Enciclopedia Iberoamericana de Filosofía. La filosofía del siglo XX,
vol. 23, Trotta, Madrid.

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