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Vanda

Este documento narra la historia de un hombre que conoce a una mujer de cabello morado en la calle. Queda fascinado por ella y no puede dejar de pensar en ella, inspirándolo a escribir. Dos meses después se vuelven a encontrar por casualidad y entablan una larga conversación filosófica sobre la vida y la muerte. Caminan juntos por horas hablando de temas profundos, sintiendo una conexión y entendimiento mutuo.
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Vanda

Este documento narra la historia de un hombre que conoce a una mujer de cabello morado en la calle. Queda fascinado por ella y no puede dejar de pensar en ella, inspirándolo a escribir. Dos meses después se vuelven a encontrar por casualidad y entablan una larga conversación filosófica sobre la vida y la muerte. Caminan juntos por horas hablando de temas profundos, sintiendo una conexión y entendimiento mutuo.
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Capítulo I

Hola extraño, supongo que llegaste aquí porque como todos quieres saber
en qué momento literalmente perdí la cabeza, quieres saber cómo llegué a
cometer tal atrocidad.
Pero tranquilo, extraño, te prometo que realmente no es tan pertubador,
podría decirte que es incluso poético lo que hice.

Sigue avanzando que muy pronto vas a saber la razón por la cuál tomé
malas decisiones...

Ah, por cierto, no le creas nada a nadie

Capítulo II

Pié izquierdo salta la raya, pié derecho pisa la raya, pie izquierdo salta la
raya, pié derecho pisa la raya. Bien, dos calles más y llego a casa, dos calles
más y romperé mi record de saltar y pisar rayas, dos calles más y ¡mierda!
-¿Es que acaso no ves por dónde caminas?
-¿Qué clase de adulto idiota va jugando a no pisar líneas?
-¡Vete a la mierda!
Pfff, que fastidio de mujer "Qui clisi di idiiti bla bla bla..." ¡TONTA! ¿Qué no
sabe que tiene el cabello morado? ¡Ja! Ridícula. Y perdí, que es lo peor de
todo. Maldita sea, y ahora ni siquiera me siento de humor, es como si su
maldito aroma a orquídeas me hubiera envuelto por un momento. Esto
reafirma mi teoría la cual dicta que todos son idiotas menos yo.
Llego a casa y todo está justo como lo dejé, sí, hecho un desastre; limpiar
no es lo mío. Creo que nada lo es.
Camino hacia el estudio y saco mi computadora de su lugar, camino hacia
el corredor, entro en mi habitación y me siento sobre la cama decidido a
escribir la maldita historia que llevo días posponiendo y quiero cumplir ya
que no quiero a mi madre marcándome a cada rato para decirme que no
puedo fallarle (una vez más) en otro trabajo.
Porque sí, acertaste; Soy un apuesto hombre, independiente que aún vive
bajo las faldas de una madre atosigadora que se niega a dejarme crecer con
el supuesto pretexto del amor. El amor que hace que me de empleo, el
amor que hace pagar mis cuentas cuando me atraso, el amor que me
alimenta incluso cuando no quiero ser alimentado.
Bien, vamos a escribir, vamos a teclear algo, algo, lo qué sea...
Y no, no puedo, ninguna maldita palabra sale ¿Quién diría que escribir
cuentos para niños sería tan difícil?
Digo, ¿Cuántos niños leen en la actualidad?
Cierro el programa de escritura y decido navegar por la web. Quizás una
jalada me ayude a sentirme relajado y por fin pueda escribirle a cientos de
escuincles come crayolas.

CapítuIo III

Han pasado varios días y en la calle no busco otra cosa que no sea cabello
morado, piel clara y ojos miel.
Tonta niña, tonto cabello, tontos todos, los odio, odio que no desaparezcan
y me dejen verla una vez más. Me odio por querer verla de nuevo, odio que
su linda piel me llene de versos la mente y me transforme los dedos en
máquinas de crear historias.
El otro día recordándola fugazmente pude tener inspiración para escribir
sobre una nueva historia para niños, y sí, el personaje principal es una chica
de cabello morado con poderes curativos que vigila los parques y salva a
los niños de ser lastimados por otros más grandes y los cuida mientras se
deslizan por los toboganes.

He caminado tanto sin darme cuenta, he andado por ahí en modo


automático lamentándome como un pobre idiota por la vida que tengo; he
caminado tantas calles que ahora recién me doy cuenta lo que me duelen
los pies. Bien, ahí hay una banca, puedo descansar ahí.

Me siento, pongo aún más fuerte el volumen de la música, los auriculares


casi me hacen daño, perfecto.
Cierro los ojos y me dejo llevar al ritmo de "A little piece of heaven"
La música estalla en mi cerebro y con los ojos cerrados las piernas relajadas
y un cigarro entre mis dedos me dejo llevar
"'Cause I really always knew that my little crime
Would be cold that's why I got a heater for your thighs
And I know, I know it's not your time
But bye, bye..."
Que relajante, que increíble que mientras más fuerte y rápido vaya una
canción más relajado y en paz me sienta.
Termina la canción, termino mi cigarro y vuelvo a ponerme de pie para ir a
casa.
Sé que es una locura, pero no he dejado de pensar en la chica tonta del
cabello morado, y es qué ella me ha metido palabras acompañadas de
creatividad y todo tipo de pensamientos que me ayudan a escribir, o eso he
creído estos últimos cinco días.
Sólo quiero verla de nuevo y descubrir si es ella quien realmente me hace
escribir, ella con ese cabello loco, esa piel tan linda, esos ojos brillosos y
ese trasero caído del cielo, maldita sea, ¡qué trasero! o sólo ha sido una
extraña pero afortunada coincidencia.

Capítuo IV

Sí, lo sé, hubiera sido excelente y a la vez predecible que aparecieran esa
banca junto a mí; pero no pasó. No he vuelto a verla, han pasado dos
meses, dos largos y agonizantes meses.
Dios, ¿Qué tan loco debo estar para extrañar y fantasear con alguien a
quien sólo he visto una maldita vez y fue un completo desastre?

Estoy sentado en una mesa, en la banqueta de un café, bebiendo un


americano, con la computadora frente a mí y el cursor parpadeando,
esperando salgan las primeras letras de un capítulo nuevo.
..."Y así es como Purple Girl logra salvar una vez más a otro pequeño que la
ha necesitado"
Sí, sí, que nombre tan original, pero realmente los niños asocian así las
cosas y es más fácil que logre atraparlos y envolverlos en la lectura.
Estaba por poner mi dedo sobre el punto para darle final a la historia
cuando la cosa más extraña y cliché del mundo pasó.
Así, de la nada, como si hubiera cobrado vida y salido del libro estaba
frente a mí; ahí estaba ella, caminando, pasando junto a mí y ha volteado
a verme. Sé que me ha reconocido, sé que sabe quién soy , al menos eso
espero. Pero sigue de largo y no regresa,
¿Es una broma?
No, espera, ven. Quiero gritarle, pero no lo hago. Agacho la mirada a mi
computadora y sigo en lo mío, un poco más molesto, un poco más
melancólico.
Pongo el maldito punto final y cierro el programa murmurando y
reprochándome por ser tan cobarde, por no atreverme a hacer algo loco o
estúpido por primera vez
– ¿Cuándo tendrás pelotas, eh? ¿Cuándo harás algo por ti y no se lo dejarás
al destino?– Soy un tonto. Cierro de golpe la computadora cuando escucho
la silla frente a mí moverse
¡MALDITA SEA MI SUERTE!
¡Está aquí, sus hermosos ojos miel están aquí, viéndome, retándome,
haciendo mofa por haberme escuchado hablar solo.

Capítulo V

Intento levantarme torpemente para irme, porque así soy, un idiota que ha
extrañado a alguien que creyó nunca volver a ver y ahora que está aquí,
solo quiere correr lejos.
Pero no me lo permite, me sujeta de la mano y tira de ella hasta hacerme
sentar de nuevo. No ha dicho una palabra pero no lo ha necesitado, he
entendido que quiere que esté aquí. Así que me siento de nuevo y ordeno
más café para mí y uno para ella.
Comienzo una charla tan vaga sobre el clima y ella ríe, ríe provocando algo
de una risa tonta en mí, así sigue el hilo de nuestra conversación y
seguimos hablando.
No sé cuantas horas llevamos, la gente pasa junto a nosotros y nos ve
extraño, supongo que su cabello y belleza extraordinaria llaman la atención
y no digamos nada de su sonora risa que cada nada está al viento.
Yo podría estar todo el tiempo mirándola sin descansar.
Hablamos sobre tantas cosas y cada palabra que sale de su boca era un
susurro a mi alma, una dulce melodía llenando mi ser; lo sorprendente es
que no se acaban los temas de conversación. Nunca había hablado tanto
con nadie. Es como si supiera todo lo que hay en mi cabeza, en mi mente.
Nos alejamos del café y caminamos un par de horas como mínimo,
seguíamos hablando del mundo, de la vida, de la muerte, de lo absurdo
que se puede llegar a ser vivir una vida a medias y que sin un propósito sólo
se anda como un muerto por la vida.
Me entendía, la entendía, lo que no lograba entender era a la gente pasar y
vernos de forma extraña y juiciosa, incluso una chica la vio con pena, con
lástima, como si de un enfermo se tratase.
Sigan de largo, idiotas, les gritaba en mi mente. No puedo creer que la
gente sea tan superficial y tonta, mira que juzgar a alguien por su cabello,
bah.
–¿Crees que al morir se acaba todo? - Me pregunta sacándome de mis
pensamientos de odio hacia todos los que nos miran a su paso.
–Ojalá, -le contesté- pero no, el mundo, la vida, el universo no es fácil,
repetimos una y otra vez hasta poder subir el espiral, hasta poder elevar
nuestro nivel de ser
–¡Vaya! Sí que has fumado buena hierba
–¡No! -casi le grité- sólo que para mí, no tendría sentido sólo vivir para
morir, digo, técnicamente lo hacemos, pero no puede ser todo, quiero
creer que la vida se repite una y otra vez hasta que logras entender el
sentido, hasta qué logras saber qué propósito tiene y entonces ser
consciente.
–La vida puede llegar a repetirse mil veces si no se hace nada diferente
cada vez -me dijo viendo hacia la nada-
– ¿Quién es la que ha fumado hierba ahora, eh? - Le pregunto bromeando
mientras con mi codo toco su brazo en forma de burla.
Tal vez sea algo estúpido para cualquiera que nos haya escuchado hablar
de lo mismo durante horas, sacando conjeturas y haciendo teorías de la
vida
pero para mí tenía sentido cada una de sus malditas pero muy sabias
palabras, es como si viviera en mi mente, nadara sobre los mares de mis
pensamientos y supiera cada cosa que hay en mi cabeza. Es narcisismo, lo
sé, pero me agrada.

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