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De Color Modesto

Cuento de Julio Ramón Ribeyro
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© que hizo Alfredo al entrar a la fiesta fue ir directa- i se sirvid dos vasos de ron y luego, apoyandose en puerta, se puso a observar el baile. Casi todo el parejado, a excepcién de tres o cuatro tipos que, ban por cl bar o fumaban en la terraza un cigarrillo. mpo comenz6 a aburritse y se pregunté para qué i. El detestaba las fiestas, en parte porque bailaba parte porque no sabia qué hablar con las mucha- eral, los malos bailarines retenian a su pareja con iiosa que disimulaba los pisotones e, inversamen- que no sab/an hablar aprendian a bailar tan bien as se disputaban por estar en sus brazos. Peto cualidades de los unos ni de los otros, pero con os, era un ser condenado a fracasar infaliblemente rvia el tercer vaso de ron, se observé en el espejo estaban un poco empafiados y algo en la expresién indicaba que el licor producia sus efectos. Para :rc6 al tocadiscos, donde un grupo de muchachas las piezas que luego tocarian. olero —sugirid. lo iio con sorpresa. Sin duda se trataba de iar. Las fiestas de Miraflores, a pesar de realizar- casas diferentes, congregaban a la misma pan- 281 “a de jovenmuelos en busca de enamorads. De esos bale, dilla dej burguesas salian csi todos los nova, “Pe idencias nos en resi : May, neni eens «t mambo —respondi Ia mis sy chachas~ El bolero esté bien para los viejos. ba mu ‘Alfredo no insistié pero smentras regresaba al bar se Pregunes esa alusion a los viejos tendria algo que ver con. SU persona, Voli, bservarse en el espejo. Su cutis estaba terso atin, pero era en ig fe donde una precoz madurct, pago de voraces lecturs, parca fai se aporentado. 08 de viejo», pensd Alfredo desalentado ‘vig un cuarto vaso de ron. ' Mientras tanto, la animacién crecfa a su alrededor, La fest, iy al.comieno, iba tomando punto. Las parejas se soltaban para con torsionarse, Era la influencia de la mésica afrocubana, suprimiend, Ta censura de los pacatos ¢ hipécritas habitantes de Lima. Alfrdy caminé hasta la terraza y miré hacia la calle, En la calzada se vein vidos ojos, cabezas estiradas, manos aferradas a la verja. Era gente del pueblo, al margen de la alegria. Una vor soné a sus espaldas: —jAllfedo! ‘Alvvoltear la cabeza se encontré con un hombrecillo de corbata plateada, que lo miraba con incredulidad. —Pero ;qué haces aqui, hombre? Un artista como ti... He venido acompafiando a mi hermana. -No es justo que estés solo. Ven, te voy a presentar unas amigi. Alfredo se dejé remolcar por su amigo entre los bailarines hasa una segunda sala, donde se vefan algunas muchachas sentadas en un sofé. Una afinidad notoria las habfa reunido alli: eran feas. Aut les presento a un amigo —dijo y, sin afiadir nada mis abandoné, » Y $e sit. Las muchachas lo miraron un momento y luego siguieron cor versando, Alfredo se sintié incémodo. No supo si permanece allio retirarse. Opté heroicamente por lo primero pero teso, sin abi boca, como si fuera un ujier encargado de vigilarlas. Ells elev? de cuando en cuando la vista y le echaban una ripida mirade** 282 van al cine? furd una tercera pregunta: no abrirén esa ventana? Hace mucho calor fue peor: ni siquiera obtuvo respuesta, A partir de exe 10 despegs los labios. Las muchachas, ilenciosa, se levantaron y pasaron a la la inmensa habitacién, sin intimidadas por otra sala, Alfredo ndo que el sudor empa- illo de la corbata plateada reaparec asigues parado alli? jNo me dirds que no has bailado! =mintié Alfredo. jente que todavia no has saludado a mi hermana. Jui con su enamorado. faron a la sala vecina. La duefia del santo bailaba un un cadete de la Escuela Militar, Alfredo quiere saludarte. ie termine la pieza! —respondié Elsa sin interrumpir Iteretas. Alfredo quedé cerca, esperando, meditando ituales saludos de cumpleafios. Pero Elsa empalmé siguiente y en seguida, del brazo del cadete, se enca- nnte hacia el comedor, donde se veia una larga mesa iditos. , olvidado, se acercd una vez mas al bar. «Tengo que bai: . Era ya una cuestién de orden moral. Mientras bebia el , buscé en vano a su hermana entre los concurrentes. Su se cruz con la de dos hombres maduros que observaban 283 Iujuriosamente a las nifias y de inmediato se Vio asaltady reabellin de pensamientos hicidos y lncerantes. {Qué , hombre de yeinticinco afios, en una fiesta de adolescentey

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