El gato con botas
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Cuento de Charles Perrault
© Versión escrita por Paola Artmann
Audio de texto a voz para una lectura asistida
Érase una vez un molinero muy pobre que dejó a sus tres hijos por herencia un
molino, un asno y un gato. En el reparto, el molino fue para el hijo mayor, el asno
para el segundo y el gato para el más joven. Éste último se lamentó de su suerte
en cuanto supo cuál era su parte.
—¿Qué será de mí? Mis hermanos trabajarán juntos y harán fortuna, pero yo sólo
tengo un gato.
El gato escuchó las palabras de su joven amo y decidido a ayudarlo, dijo:
—No se preocupe mi señor, yo puedo ser más útil y valioso de lo que piensa. Le
pido que por favor me regale un saco y un par de botas para andar entre los
matorrales.
Aunque el joven amo no creyó en las palabras del gato, le dio lo que pedía pues
sabía que él era un animal muy astuto.
Poniendo su plan en marcha, el gato reunió algunas zanahorias y se fue al bosque
a cazar conejos. Con el saco lleno de conejos y sus botas nuevas, se dirigió hacia
el palacio real y consiguió ser recibido por el rey.
—Su majestad, soy el gato con botas, leal servidor del marqués de Carabás —
este fue el primer nombre que se le ocurrió al gato—. El marqués quiere ofrecerle
estos regalos.
Los conejos agradaron mucho al rey.
Al día siguiente, el gato con botas volvió al bosque y atrapó un jabalí. Una vez
más, lo presentó al rey, como un regalo del marqués de Carabás.
Durante varias semanas, el gato con botas atrapó más animales para presentarlos
como regalos al rey. El rey estaba muy complacido con el marqués de Carabás.
Un día, el gato se enteró que el rey iba de visita al río en compañía de su hija, la
princesa, y le dijo a su amo:
—Haga lo que le pido mi señor, vaya al río y báñese en el lugar indicado. Yo me
encargaré del resto.
El joven amo le hizo caso al gato. Cuando la carroza del rey pasó junto al río, el
gato se puso a gritar con todas sus fuerzas:
—¡Socorro, socorro! ¡El señor marqués de Carabás se está ahogando!
Recordando todos los regalos que el marqués le había dado, el rey ordenó a su
guarda a ayudar al joven. Como el supuesto marqués de Carabás se encontraba
empapado y su ropa se había perdido en la corriente del río, el rey también ordenó
que lo vistieran con el traje más elegante y lo invitó a pasar al carruaje. En el
interior del carruaje se encontraba la princesa quien se enamoró inmediatamente
del apuesto y elegante marqués de Carabás.
El gato, encantado de ver que su plan empezaba a dar resultado, se fue delante
de ellos. Al encontrar unos campesinos que cortaban el prado en un enorme
terreno, dijo:
—Señores campesinos, si el rey llegara a preguntarles a quién pertenecen estas
tierras, deben contestarle que pertenecen al marqués de Carabás. Háganlo y
recibirán una gran recompensa.
Cuando el rey se detuvo a preguntar, los campesinos contestaron al unísono:
—Su majestad, estas tierras son de mi señor, el marqués de Carabás.
El gato, caminando adelante de la carroza, iba diciendo lo mismo a todos los
campesinos que se encontraba. El rey preguntaba lo mismo y con cada respuesta
de los campesinos, se asombraba más de la riqueza del señor marqués de
Carabás.