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Robo y Legítima Defensa en Córdoba

El documento describe un caso judicial sobre dos hechos delictivos. En el primero, un hombre intentó robar una bicicleta y prendas de vestir de una casa, y fue herido de bala por el dueño de la casa al resistirse. En el segundo, el mismo hombre robó objetos de otra casa y también fue herido de bala por el dueño al huir.

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Robo y Legítima Defensa en Córdoba

El documento describe un caso judicial sobre dos hechos delictivos. En el primero, un hombre intentó robar una bicicleta y prendas de vestir de una casa, y fue herido de bala por el dueño de la casa al resistirse. En el segundo, el mismo hombre robó objetos de otra casa y también fue herido de bala por el dueño al huir.

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“G., C. E. s/ p.s.a. hurto calificado, etc; S., S. I. p.s.a.

Lesiones graves con exceso en la legítima


defensa”
Juzgado de Control y Faltas Nro 4 de Córdoba(JControlyFaltasNro4Córdoba) Sent. 19/04/2023

Expediente SAC: 11228109


1ª Instancia.- Córdoba, abril 19 de 2023.
Resulta:
Que el Sr. Fiscal interviniente estableció la plataforma fáctica del hecho que les atribuye a los
imputados, en los siguientes términos:... Segundo hecho: El día jueves veinticinco de agosto del
año dos mil veintidós siendo aproximadamente las 04.00 hs., el imputado C. E. o E. G. con fines
furtivos y aprovechando la oscuridad de la noche se constituyó en el domicilio de S. I. S. sito en
calle ... de B. de esta ciudad, morada que se encuentra perimetrada con rejas de dos metros de altura
y cerrada con una puerta, también de rejas, que se hallaba con las medidas de seguridad colocadas.
Así las cosas, el incoado G., escaló este perímetro hacia el interior del jardín delantero de la
vivienda y desde allí al techo luego de lo cual se dirigió al patio trasero de la propiedad -de S.I. S.-
utilizando para ello su destreza física. Una vez en el sector del patio, se apoderó ilegítimamente -sin
ejercer fuerza en las cosas ni violencia en las personas- de una bicicleta marca KSW rodado 29
color negro con detalles rojo y blanco que se hallaba apoyada en una pared y dos prendas
femeninas, un buzo color gris y una campera de hilo con botones de color negro que estaban
colgadas en la soga existente en el patio mencionado; todos elementos de propiedad de la familia S.
I. S. cuya ajenidad le constaba, luego de lo cual y con los objetos en su poder -cargando la bicicleta
sobre su hombro- intentó trepar la pared del patio en dirección al techo de la vivienda. En esas
circunstancias, el propietario S. I. S. de profesión policía adscripto a la Fuerza Policial
Antinarcotrafico (FPA), alertado por los ruidos, y al descubrir al intruso cuando se asomó por la
ventana de la cocina, le gritó: “alto policía!”. Inmediatamente e ignorando la advertencia, el
imputado G. se acercó hacia la ventana que posee rejas para tomar contacto visual con S. I. S., tras
lo cual éste, rechazando la ilegítima agresión sufrida en la nocturnidad, en su hogar y dependencias,
efectuó alrededor de tres disparos con su arma reglamentaria -pistola calibre 9 mm Marca Beretta- a
través de la ventana. Inmediatamente, eludiendo los disparos y dispuesto a escapar, el imputado G.
trepó la pared mencionada hacia el techo con la bicicleta y las prendas en dirección a la vía pública,
siendo interceptado en el jardín delantero por S. I. S. quien le repite “tirate al piso, soy policía, soltá
la bici”. Así las cosas, haciendo caso omiso a la reiterada advertencia, el imputado G. arrojó desde
el techo la bicicleta hacia el jardín de la propiedad colindante a la de S. I. S., esto es en calle de B.
de esta ciudad de Córdoba, contra la voluntad expresa o presunta de su morador A. M. V., momento
en el cual —S. I. S.— efectuó nuevamente alrededor de tres disparos con su arma reglamentaria
hacia el imputado, quien sin ser alcanzado por los proyectiles, saltó hacia el techo de la camioneta
Peugeot modelo Partner de color blanca dominio ... que se hallaba estacionada bajo el techo, en la
vivienda vecina, para seguidamente volver a saltar sobre el otro vehículo que también estaba
estacionado detrás del anterior -en hilera, siendo esta una camioneta Peugeot modelo Partner de
color blanca dominio ...; ambos de propiedad de la empresa Máquinas del Centro. Ante la pertinaz
huida del encartado, el damnificado S. I. S. a fin de lograr la reducción de G., efectuó otros tres
disparos hacia este, luego de lo cual —el incoado G.—, eludiendo todos los obstáculos y con suma
temeridad, continuó su huida, trepando el perímetro de la casa colindante consistente en una verja
de cemento y portón de hierro corredizo de 2 mts. de altura hacia la vía pública. Una vez en la calle
se dirigió a pie hacia la intersección de las calles Pública y, circunstancia en la que el nombrado S. I.
S., con el objeto de evitar que G. escapara consumando el ilícito y en exceso de los límites
impuestos por la ley y la necesidad, efectuó nuevamente disparos —alrededor de cuatro— con su
arma reglamentaria desde el Jardín delantero hacia la vía pública en dirección a la esquina en la que
el imputado se fugaba. Es en esta tercera oportunidad, luego de ser alcanzado por los disparos, que
G. se desvaneció, recobrando momentos después la conciencia continuando con su huida hacia la
intersección mencionada, previo a arrojar una bolsa con las prendas sustraídas hacia el jardín
delantero de la propiedad ubicada en calle ... de B°, para finalmente desplomarse en el asfalto
siendo alcanzado por S. I. S. quien logró reducirlo hasta la llegada de personal policial alertado por
vecinos de la zona. A raíz de lo narrado, G. C. E. sufrió las siguientes lesiones de carácter grave:
lesiones múltiples por heridas de arma de fuego en sector abdominal, con lesión al intestino delgado
y colon, que requirieron cirugía de urgencia. Asimismo, presenta herida de arma de fuego en tórax,
región anterior derecha y abdomen con orificio de entrada en fosa ilíaca izquierda y orificio en
glúteo izquierdo. Dichas lesiones, pusieron en peligro la vida y se le diagnosticaron 25 días de
curación e inhabilitación laboral”.
Considerando: I) Declaración de los imputados: El Imputado S. I. S., en oportunidad de convocado
a prestar declaración (con fecha 19 de octubre de 2022, y posteriormente el 05 de diciembre del
mismo año) contando con la debida asistencia técnica de su defensor José Enrique Chumbita, optó
por negar los hechos y abstenerse de seguir declarando. A su vez, el imputado C. E. G., con fecha
01 de diciembre de 2022, al momento de ejercer su defensa material, en presencia de su abogado
defensor, negó los hechos y se abstuvo de continuar declarando.
II. Elementos probatorios: ...
III. Requerimiento Fiscal: Que con fecha siete de diciembre de dos mil veintidós, el Sr. Fiscal de
Instrucción del Distrito II, Turno 3° de esta ciudad de Córdoba, Dr. Luis Fernando Micheli, al
estimar concluida la investigación penal preparatoria, y tras efectuar la valoración del plexo
probatorio obrante en autos, concluyó que existen elementos de prueba suficientes para sostener con
el grado de probabilidad requerido en esta etapa procesal, tanto la existencia material de los hechos
descriptos en la plataforma fáctica como la participación responsable que les cupo a los imputados
en los mismos. En virtud de ello, dictó el decreto de citación a juicio de C. E. G., ya filiado, como
supuesto autor responsable de los delitos de: Hurto en grado de tentativa (Art. 162 y Art. 42 del CP)
y Violación de domicilio en concurso real (Art. 55 del CP) —Hecho nominado primero—; y autor
responsable de los delitos de Hurto calificado por escalamiento (Art. 163 inc. 04 y Art. 45 del CP) y
Violación de domicilio (Art. 150 del CP) -Hecho nominado segundo- en concurso real (Art. 55 del
CP); y de S. S. I., ya filiado por considerarlo autor responsable del delito de Lesiones Graves con
Exceso en la Legítima Defensa (Art. 35, 45 y 90 del CP) -Hecho nominado segundo-; conforme a lo
establecido por los arts. 354 y 355 CPP. Como fundamento de dicha solicitud, el Sr. Fiscal
requirente argumentó en los siguientes términos:
“(...) Conforme a lo expuesto, cuento con la declaración del Of. Subinspector B. K. I. (fs. 116/117),
en el que da cuenta del procedimiento llevado a cabo el día 13 de agosto de 2022 (sólo doce días
antes de ocurrido el Hecho nominado segundo) en el que fue comisionado siendo aproximadamente
las 21: 40 hs., junto a su dupla el Cabo Á. G. para constituirse en calle ... de B°, por una
aprehensión civil. Expresó -al llegar al lugar- que vio a dos sujetos masculinos de pie y uno sentado
en la vereda retenido por los otros dos. Uno de los sujetos de pie, se identificó como Sgto. Primero
J. C. F., perteneciente al personal policial adscripto a la dotación de bomberos, encontrándose en
esos momentos de franco. Seguidamente le relató, que momentos antes, mientras salía de su hogar
junto a su vecino R. Á. en dirección a la casa de otro vecino, de nombre L. D., ubicada en el lugar
comisionado —calle ... de B°—, es que observaron que un sujeto masculino ingresó a la casa de L.
—lugar donde funciona un pequeño taller de motos—, por el jardín delantero abriendo la puerta del
jardín sin forzarla. De allí se dirigió al patio de la vivienda, abriendo la puerta que cierra el
perímetro, también sin forzarla. Que les llamó la atención, que se trataba de un sujeto desconocido,
más alto que L. que ingresaba a su casa. Sospechando un ardid delictivo, siguieron a este sujeto y lo
sorprendieron manipulando los cables de una de las cinco motocicletas que se hallaban en el lugar.
Así las cosas y advertida la presencia de los vecinos por el sospechado, este les manifiesta que
“buscaba su motocicleta que había dejado para arreglar”. Puesta en duda estos dichos, los vecinos
proceden a retener al sujeto y llamar a la policía. De modo simultáneo, llamaron al propietario L.
D., quien se hallaba en el interior de la vivienda. Que al dar cuenta de los hechos, y al consultarle si
conoce al aprehendido, les responde que no lo conoce y que tampoco posee ningún vehículo que le
pertenezca para su reparación. Por lo que a continuación, se procedió a la aprehensión del imputado
G., a quien luego de un palpado preventivo, se le secuestró entre otros elementos personales, un
cortaplumas color negro y plateado, y un trozo de destapa botellas. Seguidamente, se procedió a
entrevistar a R. Á., quien manifestó ser adscripto al personal policial de la División Transporte,
siendo su relato coincidente con el receptado a F., agregando que entre la casa de F. y del
damnificado L. hay 10 mts. de distancia. Entre la calle y el patio donde están las motos hay una
verja —en el jardín delantero— de 1.60 mts., y luego, la puerta del patio que se ubica en una pared
de 1.50 mts que cierra el perímetro, pudiendo visualizarse las motos desde la calle. A posterior, se
entrevistó al damnificado D. L., quien en esta oportunidad refirió, que momentos antes, se
encontraba en el interior de su hogar, cuando escuchó el llamado de sus vecinos. Al salir, se
encontró que el sujeto retenido, a quien no había visto en su vida, estaba en el interior de su
domicilio sin su permiso o autorización. Asimismo, manifestó que tanto la puerta del jardín como
del patio se hallaban sin medidas de seguridad colocadas, y que no se produjo faltante ni daño a su
propiedad... Valora esta Instrucción también lo vertido por J. C. F. (fs. 123), quien luego de ratificar
sus dichos agregó que cuando junto a su vecino Á. observaron a un sujeto masculino ingresar a la
casa de L., en un primer momento supusieron que se trataba de él o de su hijo, pero al acercarse, se
dieron cuenta que no era ninguno de los dos. Cuando lo siguieron y observaron manipulando los
cables, primero llamaron a la policía y luego le tocaron la puerta a L. para avisarle lo sucedido.
Cuando L. les dijo que era falso lo que decía el sujeto y que nunca lo había visto en su vida,
procedieron a retenerlo y casi de inmediato llegó el móvil policial. Por otra parte, se incorporó a fs.
124 la declaración del damnificado L. D., en donde ratificó la versión manifestada a personal
policial y agregó que cuando R. lo llamó y le avisó que había un tipo metido en su casa, se encontró
con el sujeto en cuestión. Éste le refirió que “le había avisado por teléfono que venía a buscar su
moto Vespa”, pero que en ese momento el damnificado no tenía una moto de esa marca en
reparación. Que la moto que el sujeto manipuló, se trataría de una Zanella Style 150 cc color verde
que tenía el frente medio desarmado, por lo que supone que el malviviente, aprovechando esta
situación, quería hacerla arrancar. A modo de epitome, no se advierte causa de justificación alguna
en el proceder del incoado, reparándose asimismo que el hecho en cuestión fue en flagrancia y que,
en relación a tal supuesto, la doctrina ha señalado: “...la flagrancia es la prueba más directa, la
prueba apodíctica del delito...” (José I. Cafferata Nores y Aida Tarditti, “Código Procesal Penal de
la Provincia de Córdoba— Comentado”, Editorial Mediterránea, T. 1, p. 663). Todos los elementos
de prueba —legal y válidamente incorporados a estos autos— analizados en la presente, facultan a
afirmar que existen elementos de convicción suficientes para sostener como probable la
participación punible del imputado G. en el hecho y con los alcances fijados. En relación al Hecho
nominado segundo procederé a analizar y valorar la prueba reunida en autos, en relación a la
existencia y participación punible de los imputados G. C. E. y S. I. S. en el mismo. En primer lugar,
analizaremos la existencia del hecho y la participación en el mismo que le cupo al imputado G. C.
E. Debemos comenzar diciendo que la aprehensión civil del encartado fue realizada por S. I. S. con
la colaboración del Sgto. G. J. y su dupla Sgto. R. J., cuyas declaraciones se encuentran
incorporadas en autos en la que narran, que fueron comisionados el día 25/08/2022 a las 03:51
horas por la central de radio para constituirse en calle Carlos Paz detrás del Carrefour de Barrio
Jardín de esta ciudad. Que al llegar, observaron un tumulto de gente rodeando a un sujeto masculino
que se hallaba herido en el asfalto, el que fue identificado como el imputado C. E. G. que decía “me
dispararon, me dispararon. Yo estaba en el patio porque quería ir al baño”. Que seguidamente
entrevistaron a S. I. S., quien espontáneamente refirió ser víctima de un ilícito perpetrado momentos
antes, por el sujeto que se encontraba reducido. Que el sujeto aprehendido había trepado el
perímetro de rejas de 2 mts. de altura de su propiedad hacia el techo y luego hacia el sector del
patio, lugar en el que sustrajo una bicicleta KSW modelo rodado 29 color negro con detalles rojo y
blanco y dos prendas femeninas consistentes en un buzo color gris y una campera de hilo con
botones de color negro pertenecientes a su mujer N. C. T. Que alertado por los ruidos, el
entrevistado —perteneciente a la Fuerza Provincial Antinarcotráfico— descubrió al maleante
cargando su bicicleta y con las prendas, que se disponía a escalar la pared para seguidamente darle
la voz de alto —la que fue omitida por el encartado— quien además se acercó a la ventana en la que
se encontraba S. I. S. Que éste —prosigue— temiendo por su integridad y la de su familia, efectuó
alrededor de tres disparos a través de la ventana con su arma reglamentaria consistente en una
pistola calibre 9 mm Marca Beretta. Que dichas detonaciones no impactaron en el sujeto invasor,
quien con fines de lograr su impunidad y el éxito del ilícito, cargó las prendas y la bicicleta en su
hombro y con llamativa destreza, nuevamente escaló la pared del patio hacia los techos. Que, desde
allí, cruzó al techo del vecino de nombre A. M. V. que se ubica en calle N° de B°, lugar, en el que
nuevamente es interceptado por el damnificado S. I. S. que se dirigió al jardín delantero de su
domicilio. Allí, le reiteró la advertencia y le ordenó que soltara los objetos que le pertenecían.
Ignorando —por segunda vez las advertencias— el imputado G. arrojó la bicicleta al jardín
delantero vecino perteneciente a A. M. V. y se lanzó primero a una camioneta (dominio ...) y luego
hacia otra camioneta peugeot partner (dominio ...) de la empresa Máquinas del Centro en la que
trabaja el Sr. V. que se hallaban estacionadas en hilera, bajo un semi techo. En estas circunstancias,
S. I. S. efectuó otra serie de tres disparos, que tampoco impactaron en el encartado, quien una vez
recuperado, emprendió la huida con las prendas femeninas hacia el perímetro de portón de dos
metros de altura de la morada vecina, en dirección a la vía pública. Luego y por tercera vez y a fin
de evitar la huida del imputado, S. I. S. efectuó tres disparos, los cuáles esta vez lograron impactar
en C. G. y lo desvanecieron en el piso. Que ello no impidió, que momentos después y luego de
recobrar la consciencia, hallándose herido, el imputado G. persistiera en la huida hacia la
intersección de las calles y Pública de B°, lugar donde, previo a arrojar una bolsa con las prendas
femeninas en el domicilio ubicado en la esquina, finalmente se desplomara en la intersección
referida y fuera reducido por S. I. S. hasta la llegada de personal policial. En el mismo
procedimiento, se entrevistó al vecino —A. M. V.— quien le refirió a personal policial actuante ser
el vecino de S. I. S. con domicilio en calle N° de B°, y que momentos antes se despertó al sentir
ruidos de disparos y pasos en los techos que se dirigían al sector delantero de su vivienda. Que una
vez allí, observó al sujeto (G. C. E.) saltar desde el techo hacia una de las camionetas Partner que
estaba estacionada en el jardín, y que por miedo ingresó nuevamente a su hogar. Destáquese que,
personal policial, continuó realizando investigaciones constatando —en esas tareas— la vivienda
situada en la esquina en donde fue reducido el encartado y en la que arrojó al hall, una bolsa con
vestimentas, pertenece al ciudadano Z., F. G. Dicha vivienda se ubica en frente-diagonal al del
damnificado, más precisamente en Manzana casa de B° ... En dicha propiedad, se constató el
impacto de un disparo en el marco de chapa derecho (vista de frente) de la ventana que se ubica en
la fachada de la morada y un proyectil. En esta misma ventana, en su cristal, se comprobó un
orificio de 5 cm x 3 cm consistentes con un disparo. Así también se halló dos orificios (en el sector
medio y en el extremo superior izquierdo) en el portón de material chapa que se encuentra debajo
de la mencionada ventana, también compatibles con disparos de arma de fuego. Que entrevistado el
Sr. Z. —dueño de la morada— refirió que se despertó por los ruidos de disparos de arma de fuego,
dirigiéndose a la ventana que tiene frente con la calle, donde observó al sujeto que ahora se hallaba
herido y reducido, correr por el techo de la vivienda de su vecino V. hacia el jardín delantero,
llevando una bicicleta en el hombro, la que tiró al jardín y luego se arrojó a una camioneta que
estaba estacionada y posterior, saltó al capot de la otra camioneta. De allí se dirigió hasta el portón
que perimetra el domicilio, lo escaló y egresó a la calle. En estas circunstancias, escuchó
nuevamente disparos de arma de fuego y observó a su vecino S. I. S. en el jardín delantero de su
morada, luego de lo cual decidió salir de su vivienda encontrando —en la esquina— al maleante
herido. Por otro lado, del domicilio de S. I. S., se secuestraron tres vainas servidas ubicadas en el
jardín delantero, y en la vereda a 40 cms de distancia de las rejas, se secuestró dos vainas servidas, y
un proyectil, constatándose además —en el domicilio del Sr. V.— los siguientes daños producidos a
las camionetas Partner estacionadas: dominio ...: abolladura de 30 x 40 cms aproximadamente;
dominio ... capot abollado y en el sector izquierdo y en la puerta trasera derecha, orificios
compatibles con el disparo de arma de fuego. Por otro lado, en la vía pública, frente a este domicilio
se secuestró otro proyectil. En atención al mismo procedimiento, se procedió al secuestro del arma
reglamentaria de S. I. S., consistente en una Pistola calibre 9 mm marca Beretta, modelo PX4 con
numeración PX323048, con cargador conteniendo 3 municiones y uno en recámara. Por otro lado,
recibida la asistencia médica por el Servicio 107 al encartado G. C. E., el galeno —Dr. Rondom—
le diagnosticó herida de arma de fuego, siendo dos orificios con entrada y salida en zona de los
glúteos, siendo trasladado con custodia al Hospital de Urgencias para tratamiento más profundo. De
otro costado se hallan incorporados en autos, Croquis Ilustrativo (fs. 09), que describe el lugar del
hecho, y la trayectoria que efectuó G. en su huida, como así también se marcan los lugares en los
que se descubrieron los diferentes proyectiles y vainas y demás objetos de importancia en el hecho.
En el marco de la pesquisa se procedió a receptársele declaración testimonial a A. M. V. (fs. 58/59),
quien en esta oportunidad agregó que se despertó por los ruidos de aproximadamente tres disparos y
que intentó accionar el botón de alarma comunitaria, pero la misma no funcionaba. Que al egresar
de la vivienda observó el daño en las camionetas, una bicicleta entre medio de ellas y momentos
después a su vecino S. I. S. en la esquina reteniendo a un sujeto masculino que se hallaba boca
abajo, enterándose después —a través de personal policial— que la bicicleta pertenecía a S. I. S. Se
cuenta en autos también con lo declarado por Z., F. G. (fs. 60/62), que en esta oportunidad agregó
que se despertó, cuando escuchó una voz masculina que decía “Tirate al piso soy policía, soltá la
bici”. Que se dirigió a la ventana que se ubica frente a la calle Carlos Paz, y desde allí pudo
observar todo el despliegue de conducta del incoado ya descripto en la entrevista policial. Que
luego observó a su vecino —S. I. S.— y momentos después, un destello seguido del ruido de una
detonación y la explosión de cristales de la ventana de su cocina, ocasionando con ello que se
alejara del lugar para buscar resguardo, escuchando a continuación el disparo de cuatro
detonaciones más. Que segundos después, decidió salir de su vivienda y observó al encartado
desvanecerse sobre el asfalto casi en la esquina de la intersección de las calles Carlos Paz y Pública.
Que los vecinos, desde el interior de sus viviendas le gritaban al maleante “tirate al piso, ya
perdiste” y otras expresiones similares. Acto seguido, observó que el sujeto, recobró la conciencia, y
rengueando se dirigió a la esquina antes mencionada donde se encuentra emplazada su vivienda,
previo a arrojar un bulto hacia el jardín. Continua —Z.— con su narración expresando que visualizó
a S. I. S. que le decía al malviviente “Tirate al piso, quédate ahí” a lo que ya rendido, el encartado
se arrojó al piso boca arriba, escuchando que S. I. S. le decía “Negro ya te metiste como tres veces a
mi casa” —marcando que el vocablo negro lo hizo sin ánimo despectivo sino, como una forma de
nombrar al desconocido—, a lo que éste le contestó “cómo me vas a pegar de atrás, cómo me vas a
pegar de atrás, no ves que estoy drogado?”. Seguidamente, su vecino —S. I. S.— giró al maleante
boca abajo y lo retuvo hasta la llegada de personal policial. Refirió el testigo Z. que posterior al
arribo de la policía, su vecino S. I. S. se hallaba conmocionado, le pidió disculpas y le preguntó si
todos se hallaban bien, que también, y luego del hecho, se hizo cargo en la reparación de los daños
ocasionados. Por otro lado, al revisar el bulto arrojado momentos antes por el incoado, descubrió
que contenía en su interior dos prendas femeninas que su vecino S. I. S. reconoció como de
propiedad de su mujer, por lo que decidió entregárselas. Dichas prendas fueron secuestradas por el
área de policía judicial para análisis y consisten en una remera tipo polo de color negro, con detalles
grises en el cuello y dos botones plásticos negros en el frente, marca Newport talle XXL, y un
sweater color negro, fino, con mangas ¾ y cuello redondo. Por su parte, se hallan incorporadas (fs.
63, 64 y 65) tres fotografías tomadas el día del hecho aportadas por el testigo Z. de la perspectiva
visual que tuvo desde la ventana hacia los domicilios de S. I. S. y V., en las mismas se aprecian el
sobre techo en la que se observó a G. trepado, las camionetas partner estacionadas, el perímetro de
ambos domicilios y el daño que sufrió su ventana producto de los disparos. Así también, una de las
fotografías muestra la esquina en la que fue aprehendido el imputado G. Toda la prueba recolectada,
su incorporación, valoración y lo expuesto ut supra, es demostrativo con el grado de probabilidad
requerido en esta etapa del proceso de la existencia y participación que le cupo al encartado G. C. E.
en los hechos investigados. Ello es así, ya que -además del damnificado S. I. S.- dos testigos
independientes observaron al encartado G. en el techo de las viviendas con al menos uno de los
objetos sustraídos —bicicleta— cargada sobre su hombro, describiendo —los testigos— la
conducta desplegada posteriormente por G. tendientes a eludir obstáculos y defensas con la
finalidad de lograr el éxito del delito y de su huida para lograr con ello, su impunidad, la cual por
causas ajenas a su voluntad —el despliegue del accionar de S. I. S. que hirió al incoado con su arma
de fuego— fue evitada, lográndose el recupero de los objetos sustraídos y la aprehensión —civil—
por el mismo damnificado en el lugar y a metros del sitio donde se cometió el ilícito. Podemos
concluir que no advirtiéndose causa de justificación alguna en el proceder de G., este Hecho —
Nominado segundo— ha sido cometido en flagrancia.
En relación a ello, la doctrina ha señalado que “...la flagrancia es la prueba más directa, la prueba
apodíctica del delito...” (José I. Cafferata Nores y Aida Tarditti, “Código Procesal Penal de la
Provincia de Córdoba - Comentado”, Editorial Mediterránea, T. 1, p. 663). Lo hasta aquí expuesto,
acreditan los hechos tal cual fueron descriptos e imputados al encartado G. C. E. En cuanto a la
calificante, es menester señalar que G., se valió de su destreza física para escalar el frente de la
propiedad, que se hallaba perimetrada con rejas de dos metros de altura y puntas en sus extremos.
Claro indicio de una defensa real impuesta por el damnificado, que el imputado utilizando sus
esfuerzos, sorteó hasta el patio de la vivienda, donde finalmente se apoderó ilegítimamente de los
objetos ajenos ya descriptos, y utilizó estas mismas destrezas para escapar. Es importante resaltar el
empecinamiento de G. en huir con las cosas desapoderadas a toda costa, y que ninguna advertencia,
obstáculo físico y hasta peligros hacia su integridad física lo detuvieron. Sólo vencida su resistencia
pudo ser aprehendido frustrándose de este modo el éxito del ilícito. Ahora bien y en el otro extremo
de la investigación, procederé ahora al análisis y valoración de la participación y la existencia de los
hechos que le cupo al imputado S. I. S. Debemos decir que además de la prueba ya mencionada y
analizada ut supra, en la que tiene incidencia la participación de G., se hallan incorporados en autos,
los informes técnicos recolectados por Policía Judicial, los que confirman y robustecen las
afirmaciones de este Ministerio. Así, se incorpora el Informe de Química Legal en plataforma
digital, concluyendo que respecto al análisis de sangre humana en manchas compatibles halladas en
la carpeta asfáltica (casa 01 manzana 04 de B°, y dos sectores de la vereda del mismo lugar), sector
en el que se aprehendió a G. y su recorrido, resultó positivo. También se incorporó digitalmente
Informe Químico de Dermotest practicada a S. I. S., de resultado positivo en su mano derecha,
confirmando que el encartado ha manipulado un arma de fuego o la ha disparado. Lo expuesto es
contundente por cuanto tanto las heridas sufridas por el imputado G., como los diversos impactos,
han sido producidas por el arma reglamentaria de S. I. S., la que ha sido accionada —por lo menos
— en siete oportunidades. Resulta importante destacar, la naturaleza y gravedad de las lesiones de
G., que se detallan en las copias de su Historia Clínica en el Hospital de Urgencias incorporada en
autos a fs. 25/26, de las que surge también su ingreso al nosocomio el día 25/08/2022 a las 07.55 hs.
para cirugía menor por heridas múltiples de arma de fuego en abdomen, en la región lumbo sacra y
en la pelvis. El relevamiento toxicológico del imputado resultó Positivo en el análisis de orina,
hallándose restos de Cocaína, anfetaminas/ metanfetaminas y marihuana. Por su parte, del Informe
de Clínicas y Hospitales incorporada a fs. 37, surge que el encartado G., padeció lesiones múltiples
por heridas de arma de fuego en sector abdominal, con lesión al intestino delgado y colon, que
requirieron cirugía de urgencia. Asimismo, presenta herida de arma de fuego en tórax, región
anterior derecha y abdomen con orificio de entrada en fosa ilíaca izquierda y orificio en glúteo
izquierdo. Respecto al estudio toxicológico en sangre y orina, coincide con lo informado en la
Historia Clínica. El presente informe concluye que las heridas sufridas por G. C. E., fueron Graves,
pusieron en peligro la vida y se le diagnosticaron 25 días de curación e inhabilitación laboral. Toda
la prueba recolectada, su incorporación, valoración y lo expuesto ut supra, es demostrativo con el
grado de probabilidad requerido en esta etapa del proceso de la existencia y participación que le
cupo al encartado S. I. S. en los hechos investigados. Ahora bien, este Ministerio se referirá al
instituto de la Legitima Defensa y a su exceso. En este sentido no se encuentran controvertidas las
acciones defensivas llevadas a cabo por S. I. S., puesto que se hallan ampliamente probadas sus
circunstancias, en las que, aprovechando las horas de la noche, el otro imputado G. —con fines
criminales— trepó el perímetro de rejas hasta el techo de la propiedad de S. I. S. Que luego y desde
allí descendió al patio y se apoderó de objetos ajenos con los que decidió escapar, y es en este
contexto en que es descubierto por S. I. S., al escuchar los ruidos provenientes de ese sector. Resulta
relevante destacar que S. I. S. se hallaba descansando en su vivienda junto a su mujer y sus hijos
cuando se percató que un sujeto masculino se hallaba en el interior de su propiedad. Luego —el
imputado S. I. S.— temiendo por su integridad física y de su familia y en defensa de sus bienes,
utilizando su entrenamiento policial y atendiendo a los protocolos establecidos, se identificó como
miembro de la fuerza, y luego de dar la voz de alto, y frente a la negativa, efectuó disparos con su
arma reglamentaria para hacer cesar los efectos del delito. Dicho actuar persuasivo no produjo los
resultados deseados, y lejos de desistir, el imputado G. —ileso— cargó la bicicleta sobre su hombro
y emprendió la huida escalando por los techos hacia una propiedad vecina. Así las cosas,
nuevamente repeliendo los efectos del delito, el encartado S. I. S. egresó de su vivienda hacia el
jardín, observando desde allí a G. en el techo vecino, quien sostenía la bicicleta. En esas
circunstancias, nuevamente —S. I. S.— le dio la voz de alto y le ordenó que soltara los elementos y
desistiera en su actuar. Ignorando las advertencias, G. lanzó la bicicleta hacia la propiedad vecina y
se arrojó en huida a unos vehículos estacionados. Dicha situación origino que S. I. S. efectuara
nuevamente disparos con el objeto de evitar que el maleante consume sus fines delictivos y se
entregue. Renuente a ello y abandonando la res delictuae, el imputado G. emprendió la huida hacia
el perímetro de portón de hierro vecino, en dirección a la vía pública. Claro está que —lo hasta aquí
expuesto— ingresa dentro de los parámetros objetivos, subjetivos y límites impuestos en la causa de
justificación -legítima defensa privilegiada- establecida en el Art. 34 último párrafo en función del
inc. 6 del CP. Las circunstancias establecidas por parte de quien se defiende (agresión ilegítima,
racionalidad del medio empleado para repelerla, falta de provocación) se entienden cumplimentadas
de iure cuando la agresión ilegítima es realizada de noche y se rechazare el escalamiento de paredes
o entradas a la casa, cualquiera sea el daño ocasionado al agresor. Toda conducta que el imputado S.
I. S. hubiere desplegado en estas circunstancias en clara actitud defensiva, estarían justificadas,
cualquiera sea el daño que se ocasione, consistiendo en ello el privilegio de esta defensa
privilegiada, cuyo fundamento atiende a que —en el caso que se investiga en autos— el
escalamiento llevado a cabo durante la noche, es una agresión ilegítima gravísima, que ningún
motivo puede justificar; y que, por lo común, se produce sin provocación suficiente y aun sin
provocación de cualquier entidad. En semejante situación, es racional la necesidad del agredido de
emplear todos los medios seguros a su alcance para repeler el ataque y prevenir sus consecuencias.
El momento de la agresión, la ignorancia misma en punto a la importancia de ésta y a todo lo que
entra en los designios del agresor y la inminencia del peligro, demuestran la necesidad de que el
agredido se sirva de los medios más rápidos y adecuados para detener y rechazar el ataque. En esas
circunstancias no es posible exigirle, y sería imprudente de su parte que lo hiciera, el examen de si
por el empleo de otro medio menos susceptible de dañar podría obtener el resultado apetecido.
Ahora bien, como todo derecho encuentra sus límites en la racionalidad y la lógica de su ejercicio.
Bien lo ha expresado el Dr. Eugenio Zaffaroni cuando refiere que el fundamento de la legítima
defensa es el derecho del ciudadano a ejercer la coerción directa cuando el Estado no puede
proporcionarla en el caso concreto con parecida eficacia. Y como todo derecho, los límites son los
impuestos por la necesidad y racionalidad propias del ejercicio de un derecho, que no lo privan de
su naturaleza sino que lo acotan de modo republicano - Zaffaroni, Alagia y Slokar, ob. Cit., p. 583.
“Si la racionalidad es la acotante, lo es respecto de los límites de ese derecho, tal como deben
plantearse en todos los ejercicios de derechos. No se plantea en términos de tolerancia, puesto que
cuando la acción defensiva causa una lesión de una intensidad inusitada, cesa la legitimidad por su
falta de racionalidad, la cual es característica de toda República y en la legítima defensa sólo se trata
de averiguar cómo se manifiesta limitativamente en particular en ese ejercicio de un derecho”.
(Lucrati, Carina, “Revista de Derecho Penal; Delitos contra las personas”, I. 2003-1 p. 271-297) En
el mismo sentido, la autora mencionada concluye el análisis propuesto por Zaffaroni manifestando
que “en las situaciones concretas en que deba resolverse si la antijuridicidad de la agresión justifica
la desproporción con la lesión inferida, la racionalidad será el principio correctivo que debe
proporcionar la respuesta, entendiéndola como la ausencia de una desproporción insólita y grosera
entre el mal que se evita y el que se causa (...) La defensa dejará de ser legítima cuando el empleo
del medio necesario para evitar el resultado tenga por efecto la producción de un resultado lesivo
concreto que, por su inusitada y escandalosa desproporción respecto de la agresión, provoque más
inseguridad jurídica que la agresión misma.” En los hechos que aquí se investigan, este Ministerio
Público estima que se han excedido los límites de la norma, aún del privilegio otorgado, en las
conductas desplegadas a partir de la segunda advertencia realizada por S. I. S. y a los ulteriores
disparos efectuados con su arma reglamentaria. Y ello es así por las siguientes razones: Cesación de
los efectos del delito: luego de la conducta descripta ut supra, el imputado G. arrojó el objeto
sustraído —bicicleta— en el jardín delantero vecino, y abandonando la idea de asirse de este
valioso elemento, emprendió la huida sólo con dos prendas de poco valor (prendas que S. I. S.
ignoraba que estaban en su poder) con la intención de escapar del lugar, y lograr su impunidad,
sorteando todos los obstáculos que se le cruzasen. Es decir, ya habían cesado los efectos delictivos
hacia el damnificado, el imputado G. se había desprendido del bien sustraído, abandonándolo, y su
ahora, único interés es escapar impune. Cesación del peligro: El exceso se produce, porque cesó la
agresión, no hay provocación alguna por parte de G., como tampoco hay defensa de bienes —ya
que— reitero —S. I. S.— ignoraba que también habían sido sustraídas las prendas de vestir —ni
protección de terceras personas— las que se encontraban a resguardo en el hogar. La finalidad de S.
I. S. se transforma, no ya en defensa, sino en impedir con los medios disponibles la huida del
malviviente, por lo que continúa ejerciendo acciones, ahora ofensivas, que en este marco se tornan
ilegítimas y vaya si lo son, porque los disparos efectuados, se dirigen hacia el agresor de espaldas,
en plena huida, a través de las rejas del jardín delantero perimetrado de su propiedad —es decir—,
se hallaba resguardado, protegido, sin peligro para sí o su familia. Intensidad inusitada -
Desproporción: Por su parte, advertida esta situación por S. I. S. —la huida— y observando el
recorrido que efectuaba el imputado G. para escapar del lugar, y habiendo comprobado, hasta ese
momento, que el malviviente no poseía ningún elemento defensivo —como armas de fuego— con
el que podría repeler su propia conducta defensiva, continuó la ofensiva disparando a través de las
rejas del jardín delantero y hacia la espalda de G., logrando impactarle en esta tercera oportunidad,
hiriéndolo de gravedad y evitando el escape. Esto se halla probado, con la declaración del testigo Z.
quien (fs. 61) relató que escuchó la conversación entre S. I. S. y G., posterior a que éste último fuera
alcanzado por los disparos y cuándo éste se hallaba tendido en el asfalto, oyó que el imputado G. le
dijo a S. I. S.: “cómo me vas a pegar de atrás, cómo me vas a pegar de atrás, no ves que estoy
drogado” (SIC). Como así también la declaración del policía que entregó el procedimiento —Sgto.
G. J. fs. 08— quien manifestó que el diagnóstico del médico del 107 que asistió al imputado en el
lugar del hecho fue “herida de arma de fuego, dos orificios con entrada y salida en zona glúteos”.
Por otro lado, la Historia Clínica de G., incorporada a fs. 26 refiere herida de arma de fuego en
región “lumbo sacra” diagnóstico coincidente con el Informe de Clínicas y Hospitales a fs. 37 que
concluye que las heridas sufridas por G. son múltiples con lesión en intestino delgado y colon (...)
tórax en región anterior derecha y abdomen con orificio de entrada en fosa ilíaca y orificio en glúteo
izquierdo. Como ya se expresó tu supra, estas lesiones fueron de naturaleza Grave y pusieron en
peligro la vida de G., quien al recibir la pronta asistencia médica y cirugía de urgencia pudo
recobrar su salud. La intensidad se configura no sólo cuando dejando de estar en peligro y cesado
los efectos del delito, S. I. S. continúa la ofensiva, sino que lo hace desde un lugar de resguardo y
cuando G. no representaba ningún peligro ni riesgo hacia sí ni hacia terceros —estaba de espaldas
en clara intención de huida—, cuando el imputado S. I. S. continúa una ofensiva de carácter grave
como la de disparar un arma de fuego hacia la calle, conducta generada que sí representa un peligro
cierto y concreto hacia terceros. Peligro y daños a terceros que no se encuentran abarcados en el
deber jurídico de tolerancia: La conducta que describo en el apartado anterior, puede ser enmarcada
por su intensidad en la creación de un riesgo no permitido y su consecuente inseguridad Jurídica. Ya
que al haberse excedido los límites de la norma no sólo se puso en riesgo a los vecinos, sino que
fueron víctimas de daños producidos a su propiedad que se hallan fuera del deber de tolerancia. Ello
se desprende del Informe de Balística incorporado en la plataforma digital que concluye que los
impactos identificados como N° 01 y N° 02 que se hallaron en el lateral izquierdo de la camioneta
peugeot partner dominio ... y en la puerta trasera derecha del mismo vehículo, propiedad del vecino
V., fueron producto de los disparos efectuados por S. I. S. a través del jardín delantero y en
dirección a G. Otro de los disparos, el identificado con el N° 03, impactó en el portón de hierro
también de V. Y, por último, el resto de los disparos, identificados con los N° 04, 05, 06 impactaron
directamente en la propiedad vecina frontal a la de S. I. S., perteneciente a su vecino Z., más
precisamente en el portón de la vivienda; y los impactos N° 07 en la persiana de la ventana, y N°
08, en la columna del interior del garaje. Del mismo informe, se desprende la trayectoria que
realizaron los disparos desde el momento mismo en que fueron disparados por S. I. S. desde su
domicilio. Sumado a ello, se hallan incorporadas las fotografías de policía judicial y del propio
damnificado Z. (fs. 64), que dan cuenta de los daños ocasionados por el coimputado. Es decir, no
sólo produjo daños patrimoniales a por lo menos dos vecinos, sino que también puso en riesgo y
peligro concreto al testigo Z., quien de acuerdo a su declaración de fs. 60 vta. luego de ver a S. I. S.
en el jardín delantero de su propia casa, “observó un destello, seguido de un sonido compatible con
el disparo de un arma de fuego y seguido a ello escuchó la rotura de un cristal de la ventana de la
cocina por lo que se alejó de inmediato de la ventana a los fines de salvaguardar su integridad
física” (SIC), sino también, generó un peligro potencial a la integridad física de cualquier otro
vecino. Lo hasta aquí expuesto, tanto los daños como el peligro concreto y potencial, son
consecuencias que los terceros ajenos a las conductas defensivas excedidas de S. I. S., no deben
soportar ni tolerar. Es este mismo exceso que los excluye de este deber de tolerancia jurídico, ya
que las conductas que en un principio presentaban un marco de legítima defensa privilegiada
sobrepasaron los límites propios del derecho, la normal y racional tolerancia, y que hacen injusto el
deber antes mencionado. Lo analizado nos indica que la conducta de S. I. S. de repeler o rechazar la
agresión realizada por G. al escalar las paredes de su domicilio, ya había finalizado de manera
exitosa. Por ello, el exceso se produce cuando con la misma intensidad pretende detener la huida de
G., colocando a la vecindad en peligro y provocando daños, ahora innecesarios. En conclusión y a
modo de epitome, considero que la conducta del aquí traído a proceso S. I. S., —valorada, analizada
y probada con el grado de probabilidad que esta etapa del proceso requiere— debe ser enmarcada
en el delito de Lesiones Graves en Exceso de la Legítima Defensa, tal y como fueron detalladas en
la plataforma fáctica.
Todos estos elementos legal y válidamente incorporados a estos autos, y analizados en la presente,
facultan a afirmar que existen elementos de convicción suficientes para sostener como probable la
participación punible de los imputados G. y S. I. S. en el hecho y con los alcances fijados...
Por su parte, el imputado S. I. S. deberá responder como autor del delito Lesiones Graves con
Exceso en la Legítima Defensa (Art. 35, 45 y 90 del CP), toda vez que ejerciendo acciones
defensivas repeliendo la agresión ilegítima perpetrada por el imputado G., una vez cesado los
efectos del delito y sin peligro alguno para sí o terceros, el encartado S. I. S. excediendo los límites
de la ley y la necesidad, disparó su arma reglamentaria hacia las espaldas de G. C. E. mientras éste
—una vez abandonada la res furtiva- emprendía la huida por la vía pública, causándole heridas de
carácter grave que pusieron en peligro su vida...”.
IV. Oposición: Notificadas las partes correspondientes del decreto de Citación a Juicio, los
abogados defensores de S. I. S., en tiempo oportuno, impugnaron la decisión fiscal, solicitando el
sobreseimiento de su defendido por considerar que resulta evidente que se presenta en el caso una
causa de justificación -Legítima Defensa Privilegiada— (Art. 350 Inc. 2 del CPP y Art. 34 Inc. 6 c
del CP). Los defensores aclaran en su presentación que no discutirán la existencia del hecho,
entendido como el ingreso ilegítimo a la propiedad de su asistido y los disparos efectuados por este
con su arma reglamentaria en su patio trasero luego de gritar en la primera oportunidad la voz de
alto. Luego, especifican que discrepan con la valoración fiscal de los hechos entendiendo que el
accionar de su defendido encuadra en una legítima defensa privilegiada (Art. 34 Inc. 6 c del CP),
que enerva su responsabilidad por encontrarse inmerso en una causa de justificación.
Previo a desarrollar los fundamentos de su oposición, los recurrentes solicitan que su oposición sea
tramitada por cuerda separada respecto de la situación del coimputado G., al respecto arguyen que
el hecho que existan dos sujetos que presuntamente revisten la calidad de imputados y ofendidos
penales al mismo tiempo (uno para con el otro) es una circunstancia que permite advertir la
existencia de dos situaciones jurídicamente contrarias en un mismo proceso, que según su criterio,
puede confundir los roles y también las posibilidades defensivas de los involucrados por cuanto, las
cuestiones que se pudieran plantear por ambas partes benefician y/o perjudican a todos los
involucrados por igual. Asimismo, la defensa resalta que la realidad procesal del coimputado G.
indica que fue descubierto en flagrancia y se encuentra con el dictado de prisión preventiva siendo
que, su asistido se encuentra en libertad y el proceso seguido en su contra no se suscita bajo
flagrancia.
Seguidamente, desarrolló sus fundamentos disidentes con la postura del Acusador. En este sentido,
sostiene que no se encuentra controvertida la intromisión de G. con motivos delictivos en la
nocturnidad al domicilio de su asistido S. I. S. ni que este haya efectuado tres disparos en clara
defensa propia y de su familia sin que aquellos logren impactar contra G. Lo cual resulta lógico
dada la situación (advertir la inesperada presencia de un sujeto extraño en el interior de su vivienda,
precisamente en el techo del quincho trasero con una bicicleta de su propiedad apoderada y prendas
de vestir, siendo que el mismo, al escuchar la voz de “alto policía” lejos de alejarse, encaró
intempestivamente hacia el lugar donde estaba el Sr. S. I. S. gritando la voz de alto). Sin embargo,
considera errada la posición del Acusador en lo relativo al momento de impacto del proyectil en el
cuerpo de G. En este sentido, la defensa considera que son los “segundos” tres disparos los que le
impactaron a G. luego de la voz de alto impartida, y que, en ese momento este sujeto aún se
encontraba en la propiedad de su defendido, más precisamente en la pared colindante frontal y el
techo de su vecino, el cual hizo caso omiso a la segunda advertencia para que se detuviera su
accionar ilegítimo. Ello en consecuencia, enmarca el actuar enrostrado a S. I. S. en una legítima
defensa privilegiada. Para arribar a tal conclusión, transcribió fragmentos de la declaración del Sr. F.
G. Z., y realizó una interpretación acorde a la postura defensiva, pues infiere de sus dichos que “(...)
los disparos que le impactan a G. son los efectuados mientras aquel se encontraba con el bien ajeno
en mano y momentos previos a saltar desde la pared de las viviendas colindantes, o sea en el marco
de la legítima defensa privilegiada pues se encontraba en proceso de escalamiento de una propiedad
ajena y apoderado de un bien también ajeno, todo de manera nocturna y con las actitudes
increpantes ya mencionadas previamente (...)”. Seguidamente, realiza la misma labor intelectual con
el testimonio prestado por el Sr. A. M. V., y concluye que de la declaración del testigo mencionado
se desprende que, previo a la visualización de las camionetas abolladas por los disparos (que luego
terminaron —conforme la pericia balística impactando en la zona superior de la pared de la
vivienda del frente—) ya había escuchado previamente entre dos o tres disparos que son los que, de
un análisis probatorio y cronológico impactaron al Sr. G. En definitiva, la defensa considera que de
ambos testimonios presenciales se puede concluir que “(...) se escucharon tres disparos en la parte
trasera de la vivienda de mi defendido S. I. S., últimos cuales no impactaron al invasor y generaron
que aquel se trasladase hasta la parte frontal de la vivienda de mi pupilo, momento en el cual se
escuchan (entre 3 y 4 disparos según lo expuesto por aquellos), pero mientras el invasor, repito, se
encontraba en la pared colindante entre la vivienda de mi asistido S. I. S. y la cochera del vecino
colindante con la bicicleta bajo su poder. Luego de dichos disparos que impactaron al Sr. G., surge
que este arroja la bicicleta al patio delantero del vecino y —posteriormente salta por las dos
camionetas y el portón frontal— terminando desvanecido en la calle o vereda, volviendo a
levantarse para retomar su huida y finalmente desvanecerse en la esquina(...). Enfatiza que los
proyectiles que le impactan a G. son los que tuvieron origen en los disparos mientras este último se
encontraba entre la propiedad de su asistido S. I. S. y el techo de su vecino (pared colindante) con la
bicicleta en su poder. Por otro lado, valora la altura a la que se produjeron los impactos que la zona
media baja del cuerpo del Sr. G. (fueron en la zona del tórax, región anterior derecha y abdomen
con orificio de entrada en fosa ilíaca izquierda y orificio en glúteo izquierdo) destacándolo como un
dato de relevancia habida cuenta que desde el sitio donde los testigos relatan que se encontraba S. I.
S. (en la zona de la entrada de su vivienda) es el lugar de donde, con lógica, pueden llegar
direccionalmente a impactar en a la altura corporal mencionada los proyectiles en el Sr. G. (que se
encontraba en la pared colindante derecha y luego en la cochera del vecino, observadas las
viviendas desde frente), y no cuando el mismo se encontraba corriendo en diagonal a la zona de la
intersección de la esquina como sostiene la Fiscalía.
La defensa arguye que resulta una contradicción lógica que los disparos que le impactaron a G., se
produjeran cuando aquel se encontraba huyendo en la calle (fuera de las viviendas), como sostiene
la instrucción, ya que G. inmediatamente de saltar el portón ya se había desvanecido por primera
vez, extremo que les permite inferir que los impactos fueron previos al primer desvanecimiento y
por ende previos al momento que aquel huía por la arteria.
En suma, entienden que los disparos que le impactaron a G. fueron los efectuados al momento del
escalamiento entre las propiedades de S. I. S. y su vecino. Por otro lado, en abono de esta postura,
los defensores sostienen que existían dos camionetas y un portón de hierro que evitaba el paso de
las balas desde donde S. I. S. estaba posicionado (la entrada de su casa abajo del hall de entrada)
resultando imposible que desde allí y con todos los obstáculos de por medio impacten tres balas en
el Sr. G., a la altura donde se produjeron las lesiones, huyendo en diagonal por la calle y previo a
haberse ya desvanecido (remite a fotos 30, 31, 37, 38, 40 y 42 de fotografía legal) y recapitula en
los argumentos ya expuestos enumerando las aristas del razonamiento y argumentos brindados. En
definitiva, concluyen que los impactos que lesionaron a G. fueron en el momento en que el mismo
se encontraba escalando y posicionado entre las dos propiedades ajenas con los bienes en su poder.
Finalmente, en cuanto a la zona donde se encontraba la sangre al momento de la aprehensión
(intersección entre las dos calles en dirección hacia donde corría en diagonal el Sr. G. o sea la
esquina) refieren que, aquella apareció allí debido a que fue el lugar donde mayor tiempo estuvo G.
desvanecido y aprehendido en el piso; lo que lógicamente generó que la sangre discurra a diferencia
de los momentos donde el mismo se encontraba en movimiento. Seguidamente hicieron mención a
los efectos que científicamente causan las quemaduras producto de los impactos de balas, refiriendo
que limitan el sangrado, máxime cuando la persona se encuentra en movimiento. Seguidamente, la
defensa brindó el fundamento jurídico de su petición, en este sentido, dada su postura en cuanto al
momento en el sostienen se produjo el impacto de los proyectiles en el cuerpo de G., los letrados
refirieron que el accionar de su defendido se enmarca en la causa de justificación denominada
legítima defensa privilegiada (Art. 34 Inc. 6 c del CP). Ello, por cuanto su accionar tuvo como
objetivo repeler una agresión ilegítima, no provocada, en defensa de sus derechos (propiedad por la
morada, la bicicleta y las prendas), e incluso en defensa propia atento a la actitud increpante del Sr.
G., que al recibir la voz de alto avanzó e ingresó dentro del hogar y hacia la dirección en donde el
morador se encontraba. Del mismo modo, el hecho se produjo de noche y rechazando el
escalamiento de las paredes de su casa (zona del techo de la cochera) y luego pared colindante. Al
respecto, los defensores remarcan lo desesperante del momento vivido por su defendido al
visualizar a un extraño acercándose velozmente hacía donde el mismo se encontraba dando la voz
de alto. Describen como altamente intimidatorio el accionar de G., refiriendo que en cualquier
mente de un hombre medio esta situación genera una suposición de ataque, de invasión, de
agresión, todas las cuales en medio de la oscuridad en altas horas de la madrugada, no puede
significar otra cosa que una reacción como la sucedida en el patio anterior y frontal de la vivienda
de S. I. S.
Luego, argumentan que nuestro código de fondo elimina frente a situaciones como la descripta
previamente, la “racionalidad del medio empleado”, tanto en la relación agresión-defensa, como en
la relación bien defendido-bien afectado, por cuanto el legislador ha decidido priorizar y contemplar
la indefensa situación en la que se encuentra una persona cuando, en plena nocturnidad, un extraño
pretende o en mayor medida ingresa a su vivienda sin consentimiento y —como sucede en el caso
— con claro objetivo delictivo e intimidatorio, citando doctrina en ese sentido.
En virtud de ello, sostienen que el accionar de su defendido, que provocó las lesiones a G., se
encuentra en el marco de una legítima defensa privilegiada que enerva la antijuridicidad de la
conducta enrostrada y en su caso la responsabilidad penal de aquel, consecuentemente, solicitan se
dicte el sobreseimiento de S. I. S. a tenor de lo dispuesto en el Art. 350 inc. 3 del CPP. Finalmente,
realizan reserva de casación y de caso federal. V. Posición del Sr. Fiscal: Admitida la oposición
interpuesta el Sr. Fiscal de Instrucción, elevó las presentes actuaciones por ante este Juzgado
conforme lo previsto en nuestra ley ritual (art. 357 CPP).
VI. Pronunciamiento jurisdiccional:
… c) En efecto no se han presentado en el sub lite controversias relacionadas con la existencia
material del hecho tal como ha sido fijado en el factum ni relativas a la participación del encartado
S. I. S. en el segmento del ilícito nominado segundo que se le adjudica, pues defensa y acusación
coinciden en estimar que éste obró en el marco de la legítima defensa de su derecho de propiedad,
cuestión que, insisto, no ha resultado materia de disidencias y por lo tanto no amerita mayores
consideraciones. Liminarmente cabe señalar que el Sr. Fiscal ha dividido el suceso criminoso
endilgado a S. I. S. en tres segmentos relevantes que conciernen a la legítima defensa ejercida por
éste, considerando a los dos primeros captados por la causa de justificación prevista por el art. 34
inc. 6 del CP, mientras que el último suceso en el que se describe la conducta específicamente
vinculada a los disparos que —en su criterio— causaron las heridas constatadas en G., la reputa
excesiva y consecuentemente estima al imputado incurso en el delito captado por el art. 35 del CP.
Sobre esta base y respetando la plataforma fáctica tal como ha sido fijada por el instructor, se
impone una breve referencia con relación a los presupuestos necesarios para la procedencia de la
causal de justificación bajo tratamiento que emergen del art. 34 inc. 6° del CP y han resultado
ampliamente desarrollados por el Sr. Fiscal con sustento en la doctrina y jurisprudencia citadas en la
providencia objeto de embate opositor, lo cual también obliga a efectuar algunas precisiones de
índole probatoria en función de los particulares extremos que han resultado acreditados, todo ello
relacionado a la conducta de S. I. S. en el segmento actuacional que resulta materia de reproche. Así
tanto la existencia de una agresión ilegítima, entendida como un ataque en curso no autorizado o
justificado por el derecho contra un bien jurídico, como la ausencia de provocación por parte de
quien se defiende, constituyen presupuestos necesarios para que opere la causal de justificación bajo
examen (TSJ., Sala Penal, Sent. N° 123, 07/05/2014, autos “Serafín”). Con arreglo a ello cabe una
breve digresión con relación al primero de los aspectos referenciados, toda vez que bajo el epígrafe
“Cesación de los efectos del delito” el Sr. Fiscal ha señalado que “el imputado G... arrojó el objeto
sustraído —bicicleta— en el jardín delantero vecino, y abandonando la idea de asirse de este
valioso elemento, emprendió la huida sólo con dos prendas de poco valor (prendas que S. I. S.
ignoraba que estaban en su poder) con la intención de escapar del lugar, y lograr su impunidad,
sorteando todos los obstáculos que se le cruzasen. Es decir, ya habían cesado los efectos delictivos
hacia el damnificado, el imputado G. se había desprendido del bien sustraído, abandonándolo, y su
ahora, único interés es escapar impune”. En otros pasajes del decisorio atacado el Sr. Fiscal formula
aseveraciones vinculadas con dicho extremo que poseen idénticas repercusiones y que entiendo, tal
como lo adelantara, merecen una aclaración en función de la prueba recabada, indisolublemente
unida —en el caso— a la calificación legal asignada a la conducta e impugnada por la defensa de S.
I. S. Al respecto la configuración legal de la causa de justificación que el Sr. Fiscal ha considerado
acreditada —pues el exceso necesariamente la presupone— solo puede verificarse frente a una
agresión actual, puesto que cuando el ataque al bien jurídicamente tutelado cesó o era desconocido
por su titular —como lo sostuvo, a mi entender erróneamente el fiscal— las conductas que eventual
y ulteriormente desarrolle el incuso, no se encuentran legitimadas en modo alguno. Sobre este
puntual aspecto la doctrina es absolutamente coincidente: “...la defensa solo puede ser necesaria
cuando la agresión sea actual —es decir que se encuentre en curso— o por lo menos aparezca como
inminente, es decir cuando el peligro para la agresión es suficientemente próximo como para que el
agente se vea obligado a actuar para neutralizarla” (Creus, Carlos en “Derecho Penal. Parte
General”, 4ª edición actualizada y ampliada, Ed. Astrea, 1996, p. 318 y 321). Es decir que la
exclusión de responsabilidad penal sólo ampara al que obra para evitar un daño y no al que
reacciona contra el daño causado o contra una agresión que ha cesado, pues en el primer caso su
acción se transforma en venganza y en el segundo no se justificaría —CCC, 07/06/1957, LA LEY
89, p. 397’ (Justo Laje Anaya-Cristóbal Laje Ros, Defensa en legítima defensa, p. 252, Ed. Marcos
Lerner, 2000). En el caso resulta en mi criterio claro, que el ataque a la propiedad se mantuvo
durante el despliegue de toda la actividad defensiva que desarrollara S. I. S. y culminó con la
aprehensión de G., con prescindencia de la consumación del delito por parte de éste último, criterio
que el representante del Ministerio Público mantuvo al disponer que la causa marche a plenario, en
la intelección que el ilícito efectivamente se perfeccionó. Es decir que no debe identificarse el cese
de la agresión con el momento consumativo del delito achacado a G. (hurto calificado por
escalamiento), pues el aludido perfeccionamiento no excluyó la actualidad del ataque que continuó
desarrollándose de modo independiente, pues el agresor, una vez consumada la sustracción,
abandonó parte del botín que le dificultaba el escape, y continuó huyendo con el resto de los bienes
sustraídos en su poder de los que recién se deshizo luego de ser herido, tal como se relata en el
factum. La conclusión propiciada reposa en un análisis integral de ordenamiento jurídico, que en el
orden civil (art. 2240) autoriza al despojado de la tenencia o posesión a recobrarla sin intervalo de
tiempo y sin exceder los límites de la propia defensa, lo cual resulta en un todo aplicable al caso que
nos ocupa, pues pese a la consumación del delito contra la propiedad la actividad defensiva se
encaminó a la recuperación de los efectos sustraídos. (Cfr. Justo Laje Anaya-Cristóbal Laje Ríos,
Defensa en legítima defensa, p. 165 y ss., Ed. Marcos Lerner, 2000). En función de lo expuesto, el
acto que el ordenamiento civil reputa lícito no puede —sin implicar una contradicción insalvable—
considerarse fuera de los supuestos propios de la legítima defensa. Traspolando las consideraciones
expuestas al particular evento bajo examen, considero que la prueba colectada conduce a sostener
que la agresión desplegada por S. I. S. hacia G., se perpetró mientras éste último huía del lugar del
hecho con los efectos de los cuales se había previamente apoderado, vale decir que el ataque a la
propiedad efectivamente se encontraba en pleno desarrollo, tal es así que los elementos sustraídos o
al menos parte de ellos, se encontraban en su poder al momento inmediatamente anterior a la
aprehensión. A lo expuesto se adita que no es posible extraer de las probanzas glosadas el argüido
desconocimiento por parte de S. I. S. acerca de la sustracción de las prendas ulteriormente
secuestradas, dato cuyo origen se ignora y que resulta contradictorio con las consideraciones que el
Sr. Fiscal efectúa en la providencia cuestionada.
También merece un parágrafo aparte la consideración del momento en el cual se produjeron las
heridas de arma de fuego constatadas en G., que el Sr. Fiscal ubica témporo-espacialmente en el
último segmento del hecho que se le reprocha, vale decir hallándose el prevenido en la vía pública y
huyendo del lugar con parte de lo sustraído. Sobre el particular entiendo que el aludido extremo no
emerge de las probanzas glosadas con el grado de probabilidad que el ordenamiento ritual exige
para esta etapa, pues los elementos conviccionales que dirigen la conclusión en el sentido expuesto,
no resultan en mi criterio suficientes para fundarla. En efecto, conforme se desprende de la
declaración rendida por el funcionario policial que tomó intervención en el hecho inmediatamente
después de ocurrido, “sólo se constataron manchas de color rojo compatibles con sangre humana en
el lugar donde fue hallado G.” (fs. 07 vta., acta de inspección ocular de fs. 12 y fotografías tomadas
del lugar del hecho e incorporadas al presente sumario digital). Vale decir que ni en el lugar en el
que —conforme la plataforma fáctica— G. fue herido, ni en el resto de los espacios que transitó en
el itinerario furtivo, se hallaron rastros que permitan determinar en qué momento y en qué lugar se
produjeron las heridas. Siendo ello así resulta tan válida y plausible la conclusión que esboza el
Ministerio Público como aquella que esgrime la defensa, a lo cual se adita que los dos impactos de
bala —que pudieron haberse provocado mediando solución de continuidad— no causaron la caída
de G. de manera inmediata, pues aun admitiendo por vía de hipótesis que se hayan producido como
lo describe el Sr. Fiscal, es claro que luego de ello G. se reincorporó y continuó su marcha hasta ser
aprehendido. En función de lo expuesto considero que se deriva de la prueba colectada un estado
conviccional de duda con relación a este particular extremo que, habida cuenta del estado en que se
encuentra la pesquisa, no resulta superable.
d) Aclarado, en base a las consideraciones expuestas, la actualidad del ataque a la propiedad, pues
solo así o frente a su inminencia, puede estimarse configurada una legítima defensa, la materia
sobre la cual debe focalizarse el análisis gira en torno al medio defensivo empleado para repelerla y
a los atributos de necesidad y racionalidad que la ley exige, para luego determinar si efectivamente
ha existido o no un exceso en el accionar del imputado cuya situación se analiza. Sobre el particular
prestigiosa doctrina ha señalado que se entiende por “necesario” aquel medio que “...es suficiente
para neutralizar el ataque antijurídico” (Creus, Carlos. ob. cit. p. 320). También se ha dicho “el
requisito de la racionalidad significa que se excluyen de la legítima defensa los casos de lesiones
inusitada o aberrantemente desproporcionadas” (Zaffaroni, Eugenio Raúl, “Manual de Derecho
Penal. Parte General”, Ed. Ediar, 2010, p. 477). Por su parte el exceso consiste en la “intensificación
innecesaria de una acción inicialmente justificada” que “se configura en cuanto se rebasa el límite
de la necesidad para efectuar la repulsa” (Justo Laje Anaya y Cristobal Laje Ros “Defensa en
Legítima Defensa”, Ed. Lerner, 2000, p. 301 y ss.). En torno a esta cuestión, la Sala Penal de
nuestro TSJ ha señalado que “tal exigencia no debe identificarse con la de una necesidad absoluta,
sino con aquélla, más flexible, que establezca tal razonabilidad o proporcionalidad en el contexto
situacional del caso concreto” (TSJ, Sala Penal, “Palma”, S. N° 207, 13/08/2008; “Molina”, S. N°
S. N° 313, 17/11/2008; “Pompolo”, S. N° 300, 15/11/2010; “Sosa”, S. N° 464, 14/10/2015). De
modo que la evaluación de estas específicas circunstancias permiten trazar el límite entre lo
excesivo y lo necesario, faena que en modo alguno puede efectuarse en abstracto, pues
necesariamente se encuentra ligada a las particularidades penalmente relevantes que asumió el
suceso, pues solo así podrá elucidarse si medió un injusto o si por el contrario, el imputado obró al
amparo de la causa de justificación bajo tratamiento. Dicha ponderación impone recalar en “las
situaciones individuales de las personas intervinientes, los medios de que dispone el agredido para
actuar, las circunstancias de tiempo y lugar, el objetivo del ataque y la intensidad de éste” (Núñez,
Ricardo C., “Derecho Penal Argentino”, Lerner, T. I, p. 372 a 374), todo cual permitirá establecer
“no sólo los límites impuestos por la necesidad sino también los que devienen de la racionalidad”,
que conforma un límite jurídico (valorativo) y “es una característica del derecho de toda república
(art. 1° de la CN)...” (Zaffaroni, Raúl Eugenio - Alagia, Alejandro - Slokar, Alejandro; Derecho
Penal-Parte General, Ediar, 2000, p. 583 y 584).
Como punto de partida, deben considerarse las circunstancias de tiempo y lugar en que acaeció el
episodio que diera origen a la reacción de S. I. S., inicialmente reconstruidas por la instrucción en
base a las aseveraciones del propio imputado trasmitidas espontáneamente al policía actuante en la
emergencia. Trátase de un atentado a la intimidad seguido de una afectación al derecho a la
propiedad, perpetrado en horario nocturno y mientras los moradores se encontraban durmiendo. En
efecto, conforme al hecho que el Sr. Fiscal ha estimado acreditado, tras escuchar ruidos
provenientes del patio, S. I. S. divisó al intruso quien, previo escalar las rejas perimetrales de la
vivienda ingresó al patio de la morada y tras ello sustrajo ilegítimamente objetos del primero.
En el citado contexto, el Sargento G. (fs. 05/08) reprodujo la información que le diera S. I. S.,
referenciando que éste efectuó disparos con su arma reglamentaria en tres tramos secuenciales que
se encuentran descriptos en factum. En el primero y luego de gritarle “alto policía” efectuó tres “no
especificando en qué dirección, logrando que el sujeto se aleje subiendo hacia el techo de la
vivienda” (fs. 06). Siguiendo la literialidad del testimonio es a mi entender claro, que los disparos
tuvieron un contenido disuasivo o intimidatorio, pues el objetivo que el imputado le explicitara al
testigo efectivamente no era otro. Tampoco es posible soslayar en el presente escrutinio que el
imputado reviste la calidad de funcionario policial (ejerce como Oficial de 5° en la Fuerza Policial
Antinarcotráfico según constancias del para agregar SAC N° 11724951), y ello, indefectiblemente
impacta a la hora de valorar el comportamiento que desplegó, pues su accionar al repeler la agresión
se presenta íntimamente vinculado al ejercicio de su profesión. Ello es así por cuanto, si bien en el
momento que sucedió el hecho investigado el nombrado no se encontraba prestando servicios, su
calidad de miembro de la fuerza policial en actividad no lo exime del deber de intervenir frente a un
hecho delictual, accionar regulado por leyes específicas que rigen su actuación. En esta línea de
análisis, la institución de la que forma parte el encartado S. I. S. asigna como equipamiento policial
a sus miembros, diversos elementos materiales inherentes a la función que ejercen entre los que se
encuentran las armas de fuego de dotación individual. La reglamentación vigente establece que
dichas armas son provistas a través de la División Armamentos y Equipos, y que, a los efectos de la
provisión del armamento, el agente deberá reunir los requisitos de aptitud psicofísica y técnica, en
relación al manejo de armas y tiro. También prevé la convalidación al menos una vez al año, de las
aptitudes de tiro y manejo de armas oportunamente alcanzadas. (punto 1 y punto 2 del art. 33 del
Decreto 763/2012 Reglamentario de la Ley de Personal Policial de la Provincia de Córdoba N°
9728). A su vez, en cuanto al uso del armamento, el punto 10 de la disposición legal precitada,
establece que “I. El uso del armamento provisto, debe enmarcarse siempre, dentro de los parámetros
establecidos por la legislación vigente a través del CP, Código Procesal Penal, Ley de Personal
Policial de la Provincia de Córdoba y la presente Reglamentación; sin perjuicio de las disposiciones
que establezca el Jefe de Policía. II) El personal policial debe partir de la premisa que el uso del
arma es una medida extrema, y solo debe ser utilizada como último recurso, a fin de hacer cesar la
comisión de un ilícito o evitar que los mismos se concreten, como así también para salvaguardar su
vida, la de terceros y los bienes y derechos propios y de la sociedad. III) La elección del armamento
para hacer frente a situaciones extremas por parte del personal policial, deberá adecuarse de
conformidad a las circunstancias del caso, tipo de acción que se deba repeler, teniendo en cuenta
además la disponibilidad de armamento que se tiene”. Y, en lo que aquí interesa, surge de las
constancias de autos que el medio utilizado por el encartado para repeler el accionar del agresor, ha
sido su arma reglamentaria (ver acta de secuestro de fs. 10 y constancias del para agregar SAC N°
XXXXXX), es decir aquel equipamiento que se le brinda para ejercer sus funciones, y que resultó
ser el instrumento del cual disponía y tenía a su alcance en el momento del hecho para repeler el
ataque.
En cuanto a la racionalidad en utilización del medio defensivo, estimo adecuado ponderar además
de la normativa vigente arriba citada, las siguientes circunstancias objetivamente acreditadas.
1) Cantidad de disparos efectuados: Tal como surge de la plataforma fáctica que el Sr. Fiscal ha
considerado acreditada S. I. S. efectuó numerosos disparos con su arma reglamentaria. Ahora bien,
analizado el contexto en el cual se produjeron no puede omitirse la llamativa actitud de G. quien,
tras haber sido sorprendido en su plan delictivo y frente a las reiteradas advertencias verbales y los
disparos que S. I. S. efectuara —algunos de los cuales bien pudieron resultar disuasivos- asumió
una actitud desafiante y persistió en su designio criminal, despojándose sólo de parte de los efectos
mal habidos, continuando su huida con parte del botín. De ello da cuenta lo depuesto por el sargento
Jonathan G. fs. 05/8 quien expuso que S. I. S. le manifestó que “...momentos antes se encontraba en
su domicilio durmiendo con su esposa, N. C. T. ... y se despiertan porque escuchan ruidos en el
patio, al fijarse por la ventana de su habitación, la cual se encuentra en la planta alta, observa al
sujeto que estaba tirado allí en el piso identificado como G., con la bicicleta de su propiedad
cargada al hombro, subiendo hacia el techo que se encuentra debajo de la ventana por la que él
estaba observando, al gritarle “alto policía” el sujeto atina a irse en contra de él, es decir acercarse
hacia la ventana (la cual tiene rejas) y por esa razón es que efectúa tres disparos (no especifica en
qué dirección) con su arma reglamentaria, logrando que el sujeto se aleje subiendo hacia el techo de
la vivienda. Que en ese momento desciende y sale corriendo hacia el frente de la
vivienda...nuevamente da la voz de alto y realiza tres disparos más...”.
Asimismo, corroboran estas circunstancias el testigo A. M. V. que refirió haberse despertado por los
ruidos y haber escuchado 2 o 3 disparos (fs. 58/59) y el vecino F. G. Z. que dijo que: “se despertó al
escuchar gritos proferidos por una voz masculina que decía “Tirate al piso soy policía, soltá la bici”
(textual). Ante ello el deponente se dirigió hacia la ventana de su habitación desde donde no pudo
observar nada por lo que se dirigió hacia la ventana de la cocina de su vivienda y con visual hacia la
vía pública de calle Carlos Paz. Que desde la misma pudo observar a un sujeto de sexo masculino
desconocido, el cual se encontraba de pie sobre el techo de la cochera de su vecino de en frente,
(cuyo nombre desconoce por ser éste nuevo en el barrio) llevando en su poder una bicicleta de color
negro. En esas circunstancias pudo observar que dicho sujeto, en primera medida arrojó la bicicleta
en el jardín delantero de su vecino y luego el masculino, saltó desde allí hacia el techo de una
camioneta Peugeot Partner de color blanca de su vecino la cual se encontraba estacionada en la
entrada del garaje. En esas circunstancias el deponente pudo observar a su vecino de nombre S. I.
S., el cual reside en la casa colindante hacia la izquierda vista de frente de donde visualizó al sujeto
desconocido. S. I. S. se encontraba en el jardín delantero de su propio domicilio y en esas
circunstancias el deponente desde la ventana de la cocina de su domicilio observó un destello
seguido de un sonido compatible con el disparo de un arma de fuego y seguido a ello escuchó la
rotura del cristal de la ventana de su cocina por lo que de inmediato se alejó de la ventana a los fines
de salvaguardar su integridad física. Inmediatamente después a lo relatado escuchó 4 detonaciones
más aproximadamente...”. Luego, dicho testigo continuó declarando que: “...pudo advertir que el
masculino arrojó un bulto hacia el jardín de su vivienda, sin poder advertir en ese acto qué elemento
arrojó el mismo” y que luego, al arribar personal policial al lugar, les permitió el acceso a su
vivienda y al respecto especificó “...Tras realizar una minuciosa inspección de la misma, el personal
policial halló en el patio delantero de su vivienda del lado que da hacia calle Pública una remera de
color negro y un sweater de color negro que su vecino S. I. S. reconoció como de su propiedad...”
(fs. 60 vta., 61). Consiguientemente, se advierte que las reiteradas advertencias verbales y los
disparos realizados por S. I. S. estaban dirigidos a repeler el ataque del agresor evitando que el
delito —hurto calificado por escalamiento— se perfeccionara, pues hasta el momento en que G.
resultó aprehendido, continuaba obstinadamente huyendo con parte del botín en su poder, ignorando
las advertencias del funcionario policial, de lo cual se sigue que la cantidad de disparos se
relacionan directamente con la tenacidad y persistencia delictual del agresor. Debe destacarse que
G. se detuvo por una causa ajena a su voluntad, cual fue el impacto en su cuerpo de dos proyectiles
que tras lesionarlo ocasionaron que se desvaneciera y consecuentemente detuviera su marcha.
2) Zona en la cual se verificaron las lesiones: Especial relevancia cobra el lugar donde impactaron
los proyectiles que lesionaron a G., pues ello permite válidamente hipotetizar con suficiente
sustento conviccional, que fueron ex profeso dirigidos a una zona en la cual resultado esperable no
comprendía un desenlace fatal (zona media baja del cuerpo: glúteo izquierdo y región lumbosacra y
de la pelvis (según historia clínica fs. 26 e informe de fs. 37) y desde mi punto de vista, tal
circunstancia no fue azarosa. Por el contrario, siendo el imputado integrante de la fuerza policial y,
como tal, formado y entrenado en el uso y manejo de armas de fuego, no es irrazonable concluir que
los disparos fueron deliberadamente dirigidos, evitando causar daños en zonas vitales.
3) Trayectoria de los proyectiles: Los resultados que arrojaran tanto el informe técnico balístico
elaborado por Policía Judicial de fecha 01/09/2022 como el remitido por la sección de Fotografía
Legal, abonan el corolario expuesto toda vez que permiten aseverar que la mayoría de los
proyectiles detonados tuvieron trayectoria descendente de derecha a izquierda (impacto N° 1,
impactos N° 2 y 3 —relacionados al N° 1— e impactos N° 5, 6 y 8 —relacionado al 6—), sólo uno
tuvo trayectoria recta (impacto 4) y uno con trayectoria ascendente de derecha a izquierda (impacto
N° 7). Consecuentemente, teniendo en cuenta la topografía del lugar donde se produjo el episodio y
la zona desde donde S. I. S. realizó los disparos (jardín delantero de su propiedad), como así
también los sectores en que impactaron los proyectiles, es dable concluir que la dirección de dichos
disparos —de arriba hacia abajo— abona la conclusión adelantada. 4) Objetivo del ataque. Las
circunstancias apuntadas precedentemente permiten colegir que S. I. S. resultó ilegítimamente
agredido en una situación ni remotamente provocada por él, ataque que operó como desencadenante
de la reacción defensiva, desplegada conforme a su calidad de funcionario policial y de acuerdo a lo
que la situación demandaba. Para finalizar cabe, a mi entender, un parágrafo en términos
coloquiales que considero clarifica el contenido del presente decisorio. Desprovistos de tecnicismos
penales, el exceso, conforme la RAE, es la parte que excede y pasa más allá de la medida o regla” o,
dicho de otro modo, lo que sobra con respecto a otra cosa que se toma como referencia. Por
confrontación exceso es aquello que va más allá de lo necesario y de lo racional, parámetros que,
para mensurarlo, proporcionan la ley, la doctrina y la jurisprudencia. En el caso, contextualizado del
modo en que se detallara supra, cabría preguntarse: ¿traspuso S. I. S. la frontera de lo estrictamente
necesario para conjurar el ataque a la propiedad del que fuera víctima? Para contestar el
interrogante se debería antes responder: ¿Qué era en el caso lo necesario para repeler la agresión?
La respuesta que hasta un neófito brindaría es: “dar la voz de alto e identificarse como Policía”,
advertencia ignorada en el caso; “efectuar disparos intimidatorios o disuasivos en procura de
recuperar los efectos que ya habían sido sacados de su ámbito material de custodia”, acciones que
tampoco surtieron efecto alguno, pues G. persistió en huir con lo previamente sustraído. Frente a
ello, caben dos opciones: cesar en la defensa, omitiendo cualquier actividad frente al delito o
dispararle al agresor provocándole el menor daño posible. Esto último hizo el policía S. I. S.,
conducta que colijo resultó la estrictamente necesaria frente al ataque y constituye, precisamente, lo
que la ley le exige y lo que la sociedad en su conjunto espera de un funcionario policial. En efecto,
las prescripciones de la ley 9728 de la Pcia. de Córdoba, son prístinas con relación a ello, detallando
en su art. 15, entre otros, los deberes esenciales que incumben al personal policial en actividad, “...
Defender, contra las vías de hecho o riesgo inminente, la vida, libertad y propiedad, adoptando en
cualquier lugar y momento el procedimiento policial conveniente para prevenir o interrumpir la
ejecución de un delito o contravención, aun cuando se encontrare franco de servicio...”. Asimismo,
la Ley N° 9235, Ley de Seguridad Pública para la Provincia de Córdoba en su artículo 2° establece
que “...La seguridad pública está a cargo exclusivo del Estado Provincial y tiene por objeto
preservar la integridad y derechos de las personas, la libertad, el orden y la paz pública,
implementando políticas públicas tendientes a asegurar la convivencia y fortalecer la cohesión
social, dentro del estado de derecho, posibilitando el goce y pleno ejercicio, por parte de las
personas, de las libertades, derechos y garantías constitucionalmente consagrados...”. y en su art. 22
prevé que “...La función de la Policía de la Provincia de Córdoba consiste esencialmente en el
mantenimiento del orden y la tranquilidad pública, en la prevención de las contravenciones y en la
disuasión, prevención y conjuración temprana del delito, como así también su investigación, cuando
corresponda de acuerdo a la ley...”.
Por último, no se desconoce que el encartado G. resultó con lesiones graves con motivo del accionar
desplegado por S. I. S., sin embargo la proporcionalidad o racionalidad del medio defensivo
empleado, no está dada por la equivalencia de bienes jurídicos en pugna, pues es lícita la defensa
que resultó necesaria, aunque el bien jurídico lesionado (integridad física) sea objetivamente más
valioso que el que se defiende (propiedad); pues la justificación de la legítima defensa reside en la
prevalencia del interés por la protección del bien del agredido respecto del interés por la protección
del bien del agresor, dada la injusticia de la agresión desplegada por el titular de este último bien
jurídico. En suma, si bien difiero con la fundamentación defensiva a la hora de solicitar el cambio
de calificación legal, estimo que la pretensión debe ser acogida en base al análisis y valoración
previamente expuestos en este pronunciamiento.
Por todo lo expuesto y normas legales citadas, resuelvo: I) Hacer lugar a la oposición interpuesta
por los Dres. Ezequiel Felipe Mallía y José Enrique Chumbita y, consecuentemente, disponer el
sobreseimiento parcial en la causa y total a su favor, de S. I. S., ya filiado, por el hecho relatado y
calificado como Lesiones Graves con exceso en la legítima defensa (Art. 35, 45 y 90 del CP) —
hecho nominado segundo— a tenor de lo dispuesto por el art. 34 inc. 6° del CP y en función de los
arts. 348 última parte, 350 inc. 3° —primer supuesto— y 351 del CPP.

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